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ALAN PAULS I

Elpudor

del

. pornilgrafor

EDITORIAL SUDAMERICANA

BUENOS AIBES

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LIBRARY

UAR 2 ó 2004

IMPRESO EN LA ARGENTINA

Quefu

hccho el dePósito qac Previe'

nc to by 77.721t. @ lilSIh Editorinl

Sufumirü:arn Soóúedd Antnimq col|¿ Humbc¡to Io 6tl, Buetrr,s Airca

ISBN 960'0?{111il

"A menudo pienso

durante muchas horas

únicamente en

eorreo, pienso.

gún dla llegaró una carta que no te defraudará,

quién? No serla agradable, querido doctor,

abrir una cart¿ y decirse: ¡Vaya, voy a morir el

el cartero. Tiene que llegar .

¡Correo!

¡Correo! ¡'JVoúrci¿sJ Al-

¿De

241',

\

"No quibiera otra cosa que tenerte tomada

de l¡ mano y sentir tu proqimidad.

¿Modesto

deseo? Y sin embargo no rasga ni la lejanfa ni

ld noehe."

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1

Ursula solfa esperarme en el amplio parque que se extiende frente p mi easa. Convencida de que en sole- dad mi trabajo gan'abe'en efieiencia y rapidez, habla

elegido el panque porque desde alll -por un¿ ra¡z6n

posician&l- le era posible divisar el

peque[o balcón

de mi casa, una blanea saliente eon r;ja; a h que yo

me asomaba a fin de apacigr¡ar con gestos su erpecta-

tiva. Entre carta y carta, yo salfa al aire y perm¿ne-

cla alll unos minutos, fijado en la contemplación de su

pequefla silueta, Qüe ella acomod¿ba eon decoro eR

uno de los descoloridos banpos del p¿rque. Cuando ella alzaba los ojos hacia el balcón (su cabeza parda,

en la que los reflejos del sol se entrelazaban, ascendfá

levemente como si yo la hubiese ll¿mado eon silen- ciosa consigna), yo intentaba haeerme entender por medio de contorsiones corporales. Ursula se incorpo-

raba de pronto, creyendo sin duda que lo que yo te

anunciaba con mi aparición en el balcón era el térmi-

no de una nueva jornada de trabajo.

¡Cuánto

me cos-

taba entonces disuadirla: expliearle eon ademanes

que me mostraba ante ella con el solo objeto de pre-

servar nuestro contaeto!

10

ALAN PAULS

Más tarde el trabcio aumentó; las eartas comenz4-

ron a llegar

abandon"f,,

por paquetes que un fatigado cartero dlscuidadamentl frente a mi puerta. En-

tonces ursula

perar. En

modificó sensiblemente su forma de es-

98gs

una ocasión, aprove.ehando le p?ull

por

vezmás estrecha entre una carla y otra, sall al balcón con la intención de ofreeerme a ella, 8la que imagins-

ba ya exasperada

la espera, mirando insistente-

mrnt" h¿cia el

de un llder

balión comó quien aguafda la salida

religioso. Pero' para mi sorpresa, ellA no

como enclavado en detenido en la mor}

estaba alll. Queá¿ unos "instantes

el banco en el que sorla sentarse,

sa verifieacién de su ausencia, hasta que mis oios'

Ii ir.

I,

,1,' i.

desplazóndose

que, fueron a

tinguieron

lentos por toda la exten¡ión det par- dar a uni zontlateral, sombrfa; allf dis-'

qUe reconocieron el

la masa compacta de unos árboles agita-

contra ellos' una

dOs por el viento Y, .reeortad¿

*an*h,

viva, una siiueta en l¿

cuerpo de Ursula.

gué

Sf¡bitos interrogantes me asaltaron3 ¿por

obedecfa ese lnesperado cambio de

qué alll' a

posición, 9ué

efectos desencadenaria? La respuesta de este f¡ltimo

me serla dada de inmediato, spenas intentara des'

cifrar aquella mancha rojiza

p"nurbiosa: conforme a

que se

debatla en F zona

I

esta arbitrafl

-r9disp9-$

ción del espacio, resultaba que yo pos*la de ell¡ una

visión ruyr

relativa claridad me facilitaba el acceso

sus detalies; pero he aqul que ella, al dirigirlg yo mis

enfáticos geslos con sus correspondientes

dos, no p"i"cla cap

- al parecef -

d;

Quedábamos, por

az de recogerl,os, alejada

significs-

mi figura

los llmitás de su campo visual.

asl decir, desconectados utio del

|.,:

EL PuDoR DEL PonNocnAro

-

11

otro: ¡ro^to

eI lozo óptbo

gue noe encú,etwbol Obser'

-

vóndola desde el balcón, me pareela estar ,'frente A

uno de esos vidrios que permiten la visión de qülen

está detrás, impidiendo sin embargo que este reco-

nozca a qulen lo contempla, dado que eso que el que

contempla toma por vidrio (por transparencia), solo es para el contemplado una superficie opaca.

Desde entonces, Ursula nunca volvió a interrumpir

Sin duda debido al creciente nfimero de yo recibl¿, y tambié:¡ a gierto hastlo deri-

mi trabajo.

cart¿s que

vado ,de la espera, prefirió aparecer, enigmática' en aquellas rófagas de visión, como üna suerte de piezA

piincipal camuflada en elemento accésorio. Ftqg*en- los dsContemplaeión: pegue[os cu¿dros de los que el cuerpo de Ursul¡, enfund¿do en vestidos de colores

extravagantes, hacl¿ su propio escenario, el lugar de

su expocieión,

Nobescribiré aquf lo que de ella pude constatar en

aquellas visiones; diré, sl, que si bien ella quedaba

marginada del sentido de mis "envlos" 0os gestos

que yo improvisaba a falta de un sistema de cOmuni''

cación más eonveniente), no por ello parecfa molests por'la contemplación unilateral a la gue ella misma, cambiando su postura en relación al balcón, ge habla

entregado,

ñh, que

sino todo lo eontrario: de est¿ visión $olo Ie era del todo imposible correspondef, IJf-

sula supo sin dud¿ explotar las peculiaridades.

EL PUDOR DEL PORNOGRAFO

13

2

Peculiar fue, en verdad, la forma en que Ursula

[* fr

sprovechó aquella

;'óptico";

modificación de nuestro vlneulo

aún encerrada en el marco de mi campo vi-

el heeho de que su nueva posición me excluyera royo pareció cbnferirle un derecho que no esperó

,uil,

del

muchó üómpo

pars comenz1t a ejereer. La primera

vb salido al.balcón y dirigido mi mirada

zoBa cuyas sombras

vez)habiendo

hacia la zona 'ieste" del farque,

n¿da

bueno auguraban,

que

-

UrsUla, a la

"n

eontrar rbclinada

ñsca de la silueta de mi

eomo siempf - esperaba ell-

contra l¡r ruinosa casilla, €D postura

iaog"ida

y

como abandonada al frescor de la tarde, eI

rye-

on

silueIa colorida a mi Ursula, pero fue su pos-

imperceptible de al-

de su cuerpo amado, lo que obtigó a fi-

,espáctóculo qué seofreció a mis ojos reveló entl9

detalles el i"tm"o

de un trastorno. Reconócf

,aqueila

'tura anorm¿I,

la variaeión

e¿si

:grto

,í"r,

miembno

mi ¿tención de un modo inusual en el desarrollo

una transformación se h¿bla

áe h escena. En efeeto,

op"i.d;,

HIerfuima,

en su cuerpo' en la armoniosa

¿'isp*ición-de sus miembros, transformaeión cuyas

repercusiones interiores no supe

ioi" con ta debida prudencia, y

en ese inst¿nte eva-

cuya señ¿l mós nftida'

a.

más, por decirlo de algrtn modo, uiiibte, consistl¿ en el hecho de que Ursula yaela sentada en el piso, a la sombra de un árbol de voluminoso troneo, sentada y

con la delicada espalda apoyada eontra aquel, inmóvil'

todo su cuerpo a no ser por la tenue vibración de una

de sus piernas, que ella se ocupaba de mantener

abiert¿s y flexionadas, como aprestadas

vibración que me parecla destinada a, Íozar un muslo

con otro bajo la débil resisteneia del vestido' que se

entrelazaba y jugueteaba en sus tobillos desnudos. A medida que Ursula prolongaba su ejercicio, cuyo re-

gocijo no era ajeno

de que, des$e mi lugar, arln he era

que,- ni al hecho

posible asistir a s'Us- demostraciones, las inciertas

lensaciones que experimentaba, extratlas para ml en

aquellos escareeos primitivos, debieron hallar en'el

ruave tejido que envolvla su cuerpo un obstáculo pa-

ra su prosec¿ción, ya que de otra forma no se hubiera

a su cambio de ubicaeión en el par-

a un parto,

explicado que con ayuda de sus dos manos, antes al- ) zadas sobre su cabe ?,a, en contaeto directo con la ru- gosidad del enorme tronco, mi Ursula se abocara con

cuidado a la tarea de &rremangar su pollera hasta

desnudar sus piernas

a la altura de la mitad de los

muslos, que aquel

rítmieo vaivén no dejaba de aproxi- \

mar uno al otro en un concertado dispositivo mecáni- co. Arretnangada la molesta prenda, desnudadas las dos piernas en incesante fricción, Ursula procedió en- tonces a extenderlas sobre el piso de tierra, abrién-

dolas en una asombrosa areada y volviendo a

eerrarlas impetuosamente, aceleración que levantó

on torno del cuerpo recostado una gran nube de pol- vo, polvo negruzco y ensuciador detrás del cual toda

1$

I

\.-

14

ALAÑ PAuLs

:

mi ursula derapareció vlctima de un prodigioso_efec'

to teatraL;;;bahda

fo, desde el balcón,

a interrogsrme.

por un designio sobre el

qle

incapa z de conjurarlo, comenzaba

3

reeibl tu imprevista

carta, Ursula, hace unos pocos

necesario par¿ sobreponefme',¿ la

sorpresa y ¿l cabo dgl cual ya estaba sentado escri-

biéndote

la re$puest¿. No tieneo ya'nada que temer,

minutos, tiempo

amor: tui'lfneas se hallan en mi poder, tu carta no se

ha extraviado,

Y yo eelebro el feliz momento en que

eicribirme. "Par¿ sustituir la espera",

¿por

qu9 recurres a un¿ justificis-

ge te ocurrió

me escribes; pero

ción que yo sérfa incapa z de pedirüe? No tengo nada que preguntarte acerea de tu decisión, nada scerca rie hI rizones que te han estimulado a adopt¿rla¡ Pe-

ro ya que th mslas comunicas, ¿qué

me queda a rnf si'

pgrmaneclss en el

de mis noticias h menudo tan pe-

nosamente enviadas que no aleanzabas a enten-

psrqu€, ¡ la espera

no apliudirlaslEl tiempo que

derlas), era Un tiempo perdido,

ler la objeción al hecho. de ¡bandonAt ese tacto".

X no veo cuál pueda

que tú hayas resuelto

preCario rirodo de ponernos "en eon-

Ursulat Pues tu cart¿ ha cafdo

¡Enhorabuenl,

¡oúre ml como

desde l¿s nubes (yo no la eEperaba: es-

pero diariaménte otro tipo de cartas, que son'l¿s que

1,6

ALAN PAULS

EL PUDOR DEL PORNOGRAFO

T7

nos obligaron a suspender nuestros encuéntros),

el destino de

contaminación. Además, aeostumbrado ya a contes-

tar ese tipo de cartas, me ato¡menta la idea de que

decir (¡porque es

tanto!) Adivino que no lograré transcribir con fluidez

nada de lo que previamente componga'dentro de un

orden. Es cierto que mi memoria es débil, pero inclu- so la mejor de las memorias serla incapaz de ayudar-

me a transcritqir con exactitud. un párrafo, por pe-

queño que sea, pensedo y retenido de antemano; pues

dentro de eada frase hay transicioqes que deben per-

manecer en suspenso con anterioridad a, su redac-

ción. Cuando me siente luego, con el objeto de escri-

bir la retenida frase, no veré sino fragmentos que es-

tarán alll, y que no lograré atravesar ni sobreP4gar

ante las tuyas no sepa ya qué

cuando ya

a inquietarme

como si tri

-comenz¿ba

nuestr r\iiiirón. Fue

hubieses c,aptado el

deseo que en ml comenzaba p desnertarse' Y'-lpenas

convocado, reclamaba urgeriie

el tono como el contenido,

ta eI valor de preómbulo

dencia que taÍ

satisfacción.

Y tanto

Ursula, l€ otorgan a tu car-

para una ulterior correspon-

vezestreche aún más nuestro vfnculo.

una pubrta comienza a abrirse o al me-

Entre ttl y Yo,

nos ambos

tenemos la mano sobre el picaporte. Yqué

nos sea dado descubrir

del otro lado, eso depe-nderá '

nuestro intercambio' Todo lo que

' del curso que siga

it

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I

sé,Ursul","'quehabiendopuestorep€ntinofina

esas ,.sesiones de contemplación mútua" a tr¿vés de

todo del otro, se habla

las cuales uno pretendla sab"r

vuelto

para ml'imperiosa la necesidad de encontrar el

introducirnos' por¿sl decir,

q *o¡o qup nos permitiera

uno

"i

otro. y ese camino, th lo has hallado y me lo

propones "o para que yo también tome cartas en el

camino, ursul¿,9ü€ sin embargo

¿ronto. Itlrnejorable

no creo póa"t recorrer sin tropezar, aquí { "ll{: con

cierto, ar.ollos. Como s¿bes, con mi "trabajo"

amor, mi

queza'las penurias

:5Y--

go ya suficiente correspondencia Pa.{a

í"t. (¡Oh, not No lo diie para que te enfadases' rni

leer y contes-

ausente, sino- para confiarte con toda fran-

de mi situación, de la que ttt-1o

tienes por qué

prometes

con la mirada. Si siguiera

tirg la pluma. ¡Y Yo, Ursula, si

hay algo que quiero - añora que es el momento de

et dictado de mi indolencia

s que trl no pierdas n8-

no haría otra cosa que

enun.iár nuestros deseos -,

da, ni el trozo más insignificante de lo que tengo para decirte! Además: si por una parte te he tranquilizado ase-

ten- gurándote que tu earta ha llegado' por otra habré de

confesarte que tus preoeupaciones no carecen de fun-

damento. Por lo tanto, si realmente está en nuestro

deseo el llevar adelante esta "eorrespondeneia" (¡qué

extratla me suena esa palabra: como de otra épocat)'

nos aseguraremos de que cada carta goce de todas las

medidaé de seguridad. eon' qüe seamos capaees de

lil

participar, perg estar al tanto' ¿Me , ,

atgírn

|abe.r

P:fq:

otro

sin qle el

nó odscarte? Deberh

: preservarla; eunque

mejor gsrantla que entre-

¿qué

que

poder

advierta.) comprenderás

tachar lo que uno ha escrito

d"

lo

entonces que frente a tus

tomar una serie de medidaq a fin

¿qué

gártela a ti personalmente, verdad? Pero si asl fuera,

it a ml nada me apartase de nosotros' entonces

envlos yo habtS

de que no se

mezclen eon los otros, de los que-terno la

necesidad habrla de escribirnos? Te confieso lo

18

ALAN PAULS

yo harl¿ si fuese el cartero: si yo fuese el e¿rtero en-

cargado de llevar esta carta a tu casa, no d.ejarfa que nadie me contara el paso, que nada me impidiera atra-

vesar en llnea rect¿ todas las habitaciones hasta ll€-

gar a ti y depositar la carta en tu propia mEno.

¡En

tu

to

propia manol Pero debes gaber, Ursula, que pese a

dos los "inconvenientel" que te he citado, poso a los

temores que me asaltan, ardo en deseos de abrir esa

puerta en euya cerradura juntos la llave hemos intro-

ducido; puert¡ detrás de la cual encontr¿remos lo que

uno desóa para el otro y para ambos: ¿la

Bien, amor, €l tiernpo apremia. Debo

felicida¿f

volver a mis

"otras" eartas, aunque tbdo mi deseo me arragtre ha"

cia la tuya, sobre la que en este instante pongo mi

mano para sentir que la poseo.

PD. Una pregunür; casi al mismo tiempo que guardo

esta carta dentro del sobre: ¿de quién fue la idea

de eseribirme? ¿Tuya, o de alguien a quien, tlle-

gado I ti, tú diste parte de la singularid¿d de

nuestra situación?

4

/

cosas nos separsr, Ursula, cuántas cosa$ palabras, cuántas palabras que no pose'

emos! Y entre las palabras: ¡cuántas

cantidad de insignificaneias! Si no

extraflo y tenaz poder que tienp,n-de dis'

tanci¡rnos, por el empefto que ponen en diferir el

¡cuántas

hechas de

irrelevantes,

qué sorprendente

furta pór el

;;;.on'ti

que soüamos una y otra ve?.,las archiva-

rla cono

las verdaderas iormas del cuerpo. Harla con ellas (¡oh, cómo lo deseo, Ursulal) una pulpa informe, lae

aplastarla y entremeuclarla de m¿neras tan diversas'

a un viejo traje que ye comienza a traicionar

que nadie

serla eepaiz de reeonocer lue$o en ellas el

resto de ningfin mensaje.

Pero, ¡ayt,

ellas no me dejary fne sujetan, Y si acaso

hago algtln

gesto que denuncia imprudentemente mis

inhneiónes para con ellas, de inmediato se produce

general de lrs cosas: otra

un revuelo, una agftación

vezel üimbre que suena,

esperándome en el eseritorio -Y la desolación se apodera de ml y rindo mis fuerzas al desigual comba-

otra vez una ristra de cartas

te. Pero ttt y yo bien sabemos que no 8e trata

solo de

\

22

respuesta.

ALAN PAULs

¿Desde dónde la envfas?

¿Cuóles

son las

precauciones

que tomas psra evitar que ella sucumba

de un modo u otro al poder de las "influencias" que te he mencionado, "influeneias'l qüe sutilmente en torno

' a nosotros tejen su peligroso cereo?

Es tarde. Esta invoeación debe llegar a su fin. Hay

sobre mi escritorio cantidades de cartas que esperan mi respuesta: innumerables espfritus deseoncertadoq aguardando.una luz que gufe su camino. Yó, Ursula,

yo soy el seflalado:

mis hombros pega la res-

¡sobre

ponsabilidad de iluminar a los extr¡viados! No puedo

abandonarlos, aunque tri te quejes de que ocupen una

desmesurada parte de mi tiempo. Todo mi tieñpo, en

u

realidsd, no está lleno sino de palabras - palabras

que mi amor por ti ordena

dirón con todas los lctru la inmensidad que las inspi.

y seleceiona y- Que nunca

rB, ¡oh Ursulat

Q

b

adorada, distante Ursula:

Debes

saber que las cartas ya no me deian en liber-

üad ni siquiera por

lerar et ritmo qu€

unos rninutos: debo enüonces 8ce'

sigue mi lectur¿ (que, como sa'.

suele ser desdichadamente lento), y spresurar

también la velocidad que mi pulso imprime sobre el

bes,

eseribir.

Pero

contigo todo es distinto, para ti arrancg tit*-

tus cartas desfilan ante mis ojos

a cada leetura me parece eomo si

po de mis en[ranas:

nn" y mil vec€s, y

durante el breve

tiempo que tu earta ha pasado el-

cerr¿da en el cajón

exelusivamente

(eñ

ml escritorio poseo un caión

destinado I guardar lo que tú me

escribes),

inmensos deseog, agregara' entre llneas nuevas fra-

una mano invisible, ls fuerza de nuestros

ses, ¡frases'llenas de esperanzas y sueflol qu9 ereo no

haber leldo antest

,itt6os

me

áas cuenta, urgula, hasta qué

puede arrastrarrne la necesidad de hallar-

¿Te

junto a tif Pero: ¿cómo

sortear los infinitos obstó' Pienso en el tiempo' amor'

que tlrdarla en llegar " tir en el tiempo

culos que se interponen?

en el,tiempo

q;" ;nt

t"para, y exporimento la horrible sensación

EL PUDOR DEL FORNOGRAFO

26

24

ALAN PAULS

''l

de su brevedad: he caleulado apenas diez, quinee mi- nutos a lo sumo. Y esüa brevedad ds horribie porque

es ercesiva: todo tiempo, por fugaz que sea, sé me sp8reee interminable en relación con la intensidad de mi deseo de llegar junto a ti; supera mis fuerzas y

aplaza mis deseos mós imperativos

sabes de I¿s

condiciones en las que.me eneuentro, y tal pausa

-por mfnima que sea- se torna asf desc¿bellida.

Por eso, ursula, mi más ferviente deseo es que am-

bos aproveehemos hasta la más imaginaria posibili-

dad de acercamieúto, lo que trl has hecho

a mi,ruego,

m¿ri"illosa-

mente, antieipándote

última carta esta fotografla que, al parecer,

tl enviarme en tu

por lo

que puedo distinguir en el fondo sobre el eual tu in-

comparable cuerpo se recorta, te hiciste tomar en el

parque, deseosa seguramente

de mitigar de alguna

forma la espera a la que no yo,

tpor Dios!, sino este

parque, no

hay dudas. Veo alll, a tus espaldss, l tronco monu-

terrible trabajo mfo, nos condena. sft es el

mental del órbol que hablas elegido para que

yo te

eontemplara desde mi balcón, l mismo troneo contra

el cual dfas pasados, antes de que interrumpiéramos

aquella modalidad, decidiste sentarte con lai piernas

muy abiertas y el vestido recogido hasta las rodillas.

cielo, Ursula, por haber heeho que el

fotógrafo que tuvo

el extra4o

espeetáculo que tú

Doy gracias al

a su cargo esta fotografla ilágara

y se evitara asl

seguramente brindabas a

riq

en otro momento

ojos, y solo a ellos. (Porque trl no podlas verme a ml,

¿verdad?)

En cuanto a la foto, te ves hermosa como

siemprb,

Ursulr, x aunque el color no sea rnuy bueno y pare zea,

haber padecido el torpe rigor de los empleados de

correo que transporüaron hasta mf tu sobre, puede advertirse en tus mejillas el resto ya empalidecido de

un rubor cuyb origen

posteriores, si es que

deberás explicarme en cartas

lo deseas, asl como justificar los

á"racostumbrados pliegues afean considerablemente

gü€, en la zona inferior,

tu apostllra

fuY gué

puedes decirme de la singular

labios? ¿Dirlas que se trata

sonrisa que turba tus

de la sonrisa eon que

la contemplación de los dichosos fo-

sueles regalar

tógfafos que eliges para ser tomada como modelo?

p,,rcibido ya eómo, de qué modo pérfido y mali-

¿Has

cioso, sobre la comisura izquierda de tu boca, asoma

un pequeño eolmillo, producto sin duda de algún eo- mentario obsceno que tu hermosura suscitó en ese "fotóglafo"?)

Basta: tantas preguntas acabarán por cansarte. Y si pudieras imaginar por un momento la eantidad que

no puedo formular, ya sea porque nunca me a,lcanza-

rla el tiempo, o porque nunca habrá suficiente papel y

tinüa para'eseribirlas, seguramente desistirlas de le-

er yA miS eartAs

Todos mis sueños, Ursula, están

at¿dos indisolublemente a lo imposible. Quisiers' por ejemplo, que mi mano comiera a una velocidad tan

extraordinaria que me fuera posible escribir todo lo

que tengo para decirte; quisiera disponer

de una má'

quina que registrara por escrito cada uno de mis pel'

samientos en el

ritu y solo en ese orden; una máquina que exeluyera

tanto la omisión como la seleceión; Un artefacto dota' do del poder sobrenatural de decirlo todo sin olvidar

nAda, ni siquiera lo más insignificante

Pero, ¡ay, Ur'

orden en que se presentan a mi esill

26

ALAN PAULS

sula!, ¿es que la realidad reserva algun lugar par¿ s-

mejante instrumento? ¿Y qué sentido tieng gasüar

¡- no gasüar sino:

¡despilfarrart- todas mis fuerzas

en eldeseo de tal instrumento,

una mente sublevada contra las ligaduran que la en- cadenan al régimen despótico del escribir? Por eso, Ursula, eualquier signo tuyo me llena de felicidad. Por eso la dedicatoria que egcribiste sobre el borde derecho de la fotograffa representa para ml

desolada inveneión de

el punto en que mós eercs estamos uno del otro, el lu-

gar en que tod¿s las dlst¡ncias pareeen abolirse,

euando en realidad solo se suspenden

¿Llega-

Tengo miedo: un miedo nepentino, Ursul¿.

esta carta que ahora escribo eon pulso febril,

que en el camino deba pasar por las sueias manos de quienes la'llevarán hasüa ti?; ¿llegará aunque alguien

que nos desea mal se inmiscuya y desgarre nuestra intimidad, develando nuestros secretos? Apenas la

haya echado al buzón, el tenor me llevar f el eneierro

enviarás la respuesta?

y s la desesperación.

8ün-

¿Cuándo

¿No puedes lograr que algún bonocido, alguien qué te

. deb¿ algún fbvor, alguien de quien puedas exigirlo

todo sin temor al rech Lzo,se eneargue de transportar

nuestra eorrespondencia?

Nada- me harfa más feliz.

Ño hay seguridad ninguna para mf. El miedo me

acorrala y por las noches busco avivar las escasas fuerzar que me quedan en la contemplación de tu fo-

tografla. Ella me permite sobrevivir hasta la llegada de tu siguieñte carta.

Adióg, omor mfo, te deseo una budna noehé. Temo que mi earta, plagada de padecimientos, perturbe tu

descanso. Deseo estar presente en tus sueños; pero

' Et PuDoR DEL PoRNocRAFo

2?

no cotno el hornbre qusioso y débil que firm¿ estas cartas, sino eomo ese hombre que ofreee dulcemente

su cuello a

brazos.

tus

labios piira luego protegerte entre sus

EI, PUDOR DEL PORNOGRAFO

29

6

tni ursula:

tQué delicioso enojo advierto en tu cartal Al leerla no puedo evitar imaginar todo tu cuerpo puesto al

servieio de tus palabras, tu rostro teñido de un rubor que quisiera estar preseneiando en persona, a tu la-

do, como si juntos eonfabuláramos contra un tereero. Pero el destinatario de esa eólera soy yo o, eomo tú

me escribes, mi

de mi "trabajo".

¡Amor mfo!

tácíta negativa a informarte acerca

¿No erees que semejante minucia es in-

la flui dezde nuestra comunicaeión?

digna de obstruir

Y sin embargo pones

tanto énfasis en Ia cuestión que

ereer que las eartas qu"

QUe, mal que me pese,

estoy easi dispuesto a

diariamentb recibo, eartas

constituyen el principal sustento de mi penosa exis-

tencia, son más importantes para ti que para ml mis-

mo. ¿Es posible?

¡Ah, Ursulal Si trl supieras j

De mi "trabajo" puedo confesarte

algo que supon-

go te aterrará: me siento cada vez más absorbid,o por é1. Uno de mis aislados entretenimientos de solitario

eonsiste en representármelo a veees

bajo formas

extrallas, a la manera de esos diagramas que los eien_

tíficos utilizan para eselarecer sus reflexioneg. Una

de estas representaeiones quizá sirva para darte una

idea aproximada: mi "trabajo" es eomo un perfecto

mecanismo de s¿c ci6n de cuyo eomplejo engranaje mi

cuerpo no es sino la principal fuente de aldmentwihn

Esas cartas, Ursula, esas carradas de cartas que,,re-

cibidas, van apropiándose de mis energfas, se

adhieren como ventosas a