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Alain Touraine. Mas Alla del Neoliberalismo -Introduccion

Alain Touraine. Mas Alla del Neoliberalismo -Introduccion

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Traduccion de la introduccion de Alain Touraine al libro "Mas Alla del Neoliberalismo" (2001), con nota preliminar y formateo para el blog http://apristaverde.blogspot.com.
Traduccion de la introduccion de Alain Touraine al libro "Mas Alla del Neoliberalismo" (2001), con nota preliminar y formateo para el blog http://apristaverde.blogspot.com.

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Published by: Luis Zaldivar Schrader on Jul 14, 2009
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2009

http://apristaverde.blogspot.com
Luis Zaldivar

[ALAIN TOURAINE: MAS ALLA DEL NEOLIBERALISMO (INTRODUCCION EN CASTELLANO)]

Nota Preliminar: Esta es una traducción de la introducción al libro Beyond Neoliberalism que Alain Touraine publico el 2001 como una discusión sobre lo que el considera son los nuevos paradigmas políticos del siglo XXI. Si has llegado a este documento por scribd o alguna referencia no relacionada a este traductor, lo mas probable es que quieras pasar a leer el texto inmediatamente. Si has llegado aquí por el blog http://apristaverde.blogspot.com, a continuación doy unas líneas de la importancia de este aporte al análisis político peruano y el partido aprista. Alain Touraine es uno de los sociólogos contemporáneos más importantes e influyentes para los politólogos, antropólogos, y sociólogos que nos sentimos identificados con el paradigma de los “nuevos movimientos sociales”, en donde consideramos que en el mundo post-industrial, las dinámicas sociales incluyen una serie de elementos culturales que la teoría del “actor racional” –osea, que la gente reclama simplemente porque no tiene- tiende a obviar1. Mas importante, la influencia de Touraine es crucial en la critica contemporánea a las explicaciones marxistas estructurales, en donde el “ciudadano de pie” (para usar los términos neo marxistas criollos) se revela en contra de las estructuras económicas porque no las ve a su conveniencia. Gracias a Touraine, y otros intelectuales en esa onda, ahora hay los que pensamos que las luchas sociales son en gran parte luchas por identidades y significados propios más que determinaciones económicas. Conocido históricamente como un “socialista”, Touraine es considerado una fuerte influencia en la izquierda Europea, para que no digan luego que es un miembro del Opus Dei. En el libro que le da introducción aquí, Touraine hace una crítica aguda a los discursos polarizantes que identifican a la globalización como un gran enemigo o al mercado como un gran salvador. En franca oposición al establishment intelectual progresista francés –del cual Latino América se alimenta de manera casi enfermiza-, Touraine marca aquí diferencias entre una crítica en contra de la exclusión o la pobreza y un discurso ideologizado en contra de la

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Una discusión mas profunda de NSMs (new social movements por sus siglas en ingles) puede ser encontrada aquí http://www.scribd.com/doc/3210465/Los-nuevos-movimientos-socialesMG

globalización. De la misma manera, Touraine también marca distancias (más profundamente al final del libro) de la “tercera vía” en la que algunos proyectos pretenden enmascarar tendencias institucionalistas que no quieren cambiar nada, y llama una reorganización del discurso político para darle prioridad a la acción de los actores sociales en vez de las ideologías de los intelectuales e instituciones políticas que no terminan representando a nadie. Ahora, ¿qué tiene que ver esto con el Latino América, con el Perú, con el APRA, con el último cambio de gabinete, etc.? Pues en realidad todo, la crítica de Touraine al discurso progresista cae como anillo al dedo a los que se rajan las vestiduras argumentando que el proyecto de ingresar al mercado mundial –llámese TLC, inversión privada, etc.- trae necesariamente pobreza al país y beneficia a los ricos. Como el mismo Touraine dice aquí sobre el mundo globalizado: “no existe ninguna razón para acertar que políticas sociales ahora son imposibles, que la tecnología solo sirve los intereses de finanzas dominantes, y que el colapso de las viejas formas de administrar y manejar la economía pueda llevar solo al triunfo de mercados desregulados”. Así es, la quimera izquierdista que ahora es compartida por casi todo el mundo que quiere protestar por algo no tiene ningún valor empírico. No existe una razón por la cual no podamos tener una globalización benigna, incluyente, participativa, en la cual la grandes mayorías se beneficien abriendo mercados. El problema es, como dice Touraine, que los ultraliberales se han encargado de alimentarnos otra falacia: que es imposible tener estado y marcados abiertos. La verdad es que ninguno de los dos extremos es verdad y las experiencias se han dado para todos los casos. En un artículo para la revista Nueva Sociedad2, Touraine argumenta que el caso chileno es un ejemplo claro de globalización sin la catástrofe que personajes ideologizados nos pretenden hacer creer. Es mi consideración pues que en el Perú, el APRA y el resto de partidos políticos aun nos falta aprender esa lección. Que no se gano nada por años repitiendo el discurso

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Touraine, Alain. 2006. Entre Bachelet y Morales, existe una izquierda en America Latina? . NUSO 205. http://www.scribd.com/doc/6637780/Alain-Touraine-Entre-Bachelet-y-Morales-Existe-Una-Izquierda-en-AmericaLatina

antiglobalización y que felizmente ahora el presidente ya reconoce su ambivalencia 3. La oposición, de la misma manera, debe de dejar de tildarnos de neoliberales simplemente por apoyar una versión del libre mercado, dado que aun el APRA mantiene el rol del estado en la regularización del a economía, un principio que es obvio luego de las intervenciones americanas durante la recesión del 2008-2009, y hay por lo menos una decena de ejemplos de países que han combatido la pobreza con políticas parecidas. Es necesario ahora pues cambiar de discurso e ir mas allá del neoliberalismo (titulo traducido del libro de Touraine) no en el sentido que debemos simplemente superar las políticas económicas autárquicas del fujimorismo –que eso creo ya se ha hecho bastante- sino que debemos superar el enredo ideológico que tenemos de llamar neoliberal a cualquiera que se opone al status quo de la cero producción en las zonas alejadas. A cambio, los apristas debemos de empujar al gobierno a tomar acción concreta para que no se pueda decir que “no hay estado”, porque no podemos olvidar que hay aun muchísimo que hacer. Fraternalmente Luis Zaldivar

Alan Garcia, en La Revolución Constructiva del Aprismo (2008) dice: La globalización es una realidad, se reducen las fronteras, avanzan las informaciones, las inversiones y los productos. Pero esta realidad es, en los términos de Haya de la Torre, tan ambivalente como el imperialismo que el definió en 1928, y el esfuerzo de la democracia social es potenciar productivamente el país para hacerlo mas resistente los movimientos internacionales y hacerlo más capaz de aprovechar comercial y tecnológicamente el crecimiento mundial

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Mas Allá del Neoliberalismo Introducción4 Alain Touraine ¿Es nuestra sociedad aun capaz de usar sus ideas, esperanzas, y conflictos para actuar por si misma? Hay intentos de todas las partes de convencernos que la respuesta a esta pregunta es negativa. Los liberales nos piden que abandonemos lo que ellos ven como una pesada excepción y nos dejemos guiar por el mercado. En el otro extremo, la ultra izquierda está contenta con denunciar la dominación y hablar en nombre de victimas que supuestamente han sido prevenidas de entender el significado de la situación. Estas reacciones son compartidas en otros países, pero estas tienen más peso en Francia que en cualquier otra parte. Esto es porque Francia es la cuna de la obsesiva idea que somos esclavos del “pensamiento único”, al cual (al parecer), la izquierda y la derecha se han apegado por igual. Esto implica que el escoger entre izquierda y derecha no tiene sentido. La creencia en la omnipotencia de la economía globalizada da paso a la idea de que las victimas no están en posición de hacer nada más que revelar las contradicciones del sistema y que es entonces la tarea del intelectual y activistas políticos ensenarles el camino hacia la acción. Estas posiciones contrarias, que pudiésemos describir como pensamiento único y contrapensamiento único, tienen un rasgo en común: ninguno cree en la existencia de actores sociales autónomos capaces de influenciar las decisiones políticas.

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Esta es una traducción cacera y a sido editada y formateada para su publicación en la web

http://apristaverde.blogspot.com. Cualquier error de traducción o objeción a su publicación en la web por favor dirigirse a luis.zaldivar@unf.edu, o a Zaldivar_luis@hotmail.com. La versión original es: Touraine, Alan. 2001.Introduction. In Beyond Neoliberalism, 1-7. Trans. David Macey. Polity

Este pesimismo produce como reacción una defensa de las instituciones casi fundamentalista, las cuales son vistas como la última barrera en contra de la descomposición continuada de la sociedad que está en estado de descomposición avanzado. Estas llamadas ideas Republicanas no le dan más reconocimiento a la existencia de actores sociales más que las ideas que oponen. Al contrario, ellos divorcian deliberadamente la defensa de las instituciones de las demandas sociales. Los que apoyan esta tercera posición entonces defienden lo que Norbert Elias llamaba los “insiders” establecidos de los “outsiders” marginados o excluidos. Esto es muy diferente de la vieja estancia de defender la República porque se le considera un espacio un espacio de equidad y solidaridad. Estas tres corrientes de pensamiento5, obviamente contradictorias pero también interdependientes, están dominando el campo social incrementalmente y mantienen la convicción que el cambio social y político ya no es posible. La esencia común de estas tres interpretaciones puede ser definida en una frase: la única acción posible que puede ser tomada en contra de la dominación económica es el rechazo y la indiferencia, lo cual lleva a la fractura social. La única defensa contra esto es facilitada por las instituciones, las cuales están sobre las diferencias y demandas sociales6.. Para mí, estas tres proposiciones son complementarias en vez de contradictorias y escribo para refutarlas. Intentare aquí defender tres ideas: • La primera es que la globalización de la economía no disuelve nuestra capacidad para acción política • La segunda es que las acciones de las categorías menos privilegiadas no están restrictas a la rebelión en contra de la dominación, que también pueden demandar derechos, particularmente derechos culturales, y así pueden proponer una concepción de sociedad de innovación (en vez de simplemente critica). • La tercera es que si no están basadas en demandas por equidad y solidaridad, el mundo institucional es poco efectivo y hasta represivo
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Touraine se refiere aquí a la corriente liberal, a la ultra izquierda, y a la reaccionaria Énfasis de la traducción al español

Tenemos que reemplazar la lógica del orden y desorden por una lógica de acción social y política que demuestran que en ves tener que escoger entre la esfera institucional puramente defensiva y rebeliones puramente anti sistema, tenemos que reconocer y revitalizar el espacio público para que envuelva ambos conflictos sociales y la integración. Hace cien años nuestras sociedades vivían en un mundo de expansión mundial del capitalismo financiero. Su brutalidad, que no conocía control, provoco revoluciones anticapitalistas. Pero nuestras sociedades finalmente entendieron que era posible lo que los Británicos llamaron primero la democracia industrial. La democracia Industrial fue consecuentemente transformada en políticas social-demócratas y luego de la Segunda Guerra Mundial en el Estado del Bienestar7. Esto probó que no era imposible intervenir y disputar a la economía en su propio terreno, aun cuando esta era abierta al mundo como era la Británica a comienzos del siglo pasado. Aquellos que creían en la necesidad de un cambio rápido inevitablemente establecieron sistemas totalitarios, mientras aquellos que fueron llamados a la mala reformistas, porque creían en la posibilidad de la emergencia de nuevos actores sociales, tuvieron nueva vida en la democracia. Como en el pasado, ahora tenemos que escoger entre dos propuestas y dos políticas. SI tú crees en la dominación implacable de de las fuerzas económicas, entonces no puedes vivir con la posibilidad de un movimiento social; a lo mejor verías el movimiento de la sociedad como una expresión de las contradicciones internas del sistema, o como una manifestación de la pobreza y sufrimiento objetivos. Esto puede llevarnos a un pesimismo radical que no ofrece salidas, o la búsqueda de las famosas leyes “científicas” que “gobiernan” la historia. Un pueblo dominado y alienado entonces tendría que depender de la intervención del os intelectuales convertidos en líderes políticos que supuestamente pelean la dominación económica en el nombre de la visión racional de la sociedad. La proposición opuesta está basada en la creencia que la acción es posible, y que puede transformar las organizaciones sociales en formas que no solo son necesarias pero efectivas.

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Discucion del Estado del Bienestar (en el sentido usado por Touraine) puede ser encontrado aqui http://www.oposinet.com/filosofia/temas/oposiciones_filosofia_T45.php

Para ponerlo de otra manera: si queremos combatir el sufrimiento y la exclusión sin retraernos a posiciones puramente defensivas, entonces debemos confiar en ideologías que claman tener el monopolio del análisis de la acción, o reconocer el hecho que las victimas también son actores cuando apelan a principios universales como justicia e igualdad, y que pueden obtener fuerzas mayoritarias a su lado. ¿Creemos entonces en la necesidad de una ruptura absoluta o creemos en la posibilidad de un movimiento colectivo que pueda aumentar la capacidad de acción de las categorías sociales que son dominadas pero no completamente alienadas? Como el lector puede ver, yo estoy defendiendo esta última posición. No lo hago solo por principio, pero por que las realidades contemporáneas están ya modelando nuevos actores. No hay que negar, sin embargo, que el argumento contrario tiene alguna pertinencia. Es un hecho que, en Francia particularmente, hemos perdido confianza en la acción política, y que nos damos cuenta brutalmente de la continua e irremediable deterioro de la situación social, especialmente la situación de los trabajadores desempleados y de seguridad de trabajo. En una palabra, es fácil entender la emergencia de movimientos cargados de dolor y sublevación, pero son precisamente estos movimientos los que esparcen aberraciones ideológicas basadas en la falsa idea que las victimas no tienen ningún poder. Ahora, esta es una convicción peligrosa porque lleva las protestas a un callejón oscuro o los resultados de la defensa de un estatismo fallido que beneficia solo a los ideólogos que hablan en nombre de la gente que, según ellos, no pueden defender conscientemente sus propios intereses y su propia situación. En el periodo contemporáneo podemos encontrar tres formas de crítica social: La primera, que es la menos idónea para entender y preparar acción colectiva, combate la globalización, denuncia la caída de instituciones nacionales, y tiende a recaer en los sectores que están aun protegidos para reducir la proliferación de la inseguridad laboral. Pero no veo como defender los trabajos seguros y el estado como actor económico puede ayudar la situación de los desempleados o aquellos que solamente tienen trabajos inseguros, o puede generar nuevos trabajos. La segunda forma de crítica esta mejor construida. No ataca a la globalización pero hace un ataque directo en los poderes que la promueven. Estos son financieros más que

económicos. Esta critica denuncia la pobreza e inequidad en la que los países, categorías sociales y sectores económicos han sido llevados. La respuesta a las políticas liberales es, o parece ser, intervencionismo estatal, pero muy pocas veces hace propuestas concretas. La tercera, en la cual está inspirada este libro, esta opuesta a todas las representaciones que niegan la posibilidad de acción positiva. Al contrario, acierta que los nuevos actores están apareciendo y demandan derechos e identidades. Este modo de critica también mantiene que la demanda por derechos culturales es hoy el factor que va a permitir a los nuevos actores aparecer y que esta es la demanda que puede restaurar la capacidad de acción que ha sido minada por los últimos veinte años, sobre todo por fuerzas de resistencia y oposición que se ahogan en un intento de defender un modelo económico que ha sido inadecuado y cuyos efectos se hacen cada vez más perversos. Esto nos permite analizar una situación, definir posibles actores y hasta sugerir que se va a convertir en política social. Sin embargo, si vamos a entender la naturaleza y posibilidad de la acción colectiva, debemos eliminar primero el invasivo tema de la globalización que actúa como una droga. La globalización es una representación ideológica o una expresión de la desesperación y ansiedad de aquellos que si son las victimas de nuevas tecnológicas, concentración industrial, apuestas financieras y la relocalización de ciertas actividades en los nuevos países industriales. Debemos romper este círculo vicioso para empezar nuestro analisis. Aunque estamos sumergidos en discursos sobre la globalización, no tenemos ninguna prueba concreta de nuestra impotencia social y política de cara a lo que debe ser llamado por su verdadero nombre: una ofensiva capitalista. De hecho, no existe ninguna razón para acertar que políticas sociales ahora son imposibles, que la tecnología solo sirve los intereses de finanzas dominantes, y que el colapso de las viejas formas de administrar y manejar la economía pueda llevar solo al triunfo de mercados desregulados. Esta posición implica que debemos hacer alianzas con aquellos que apuntan a las debilidades y fallos de la economía administrada, que ni siquiera tiene los efectos igualitarios que algunos le adscriben. Así es, tenemos que abandonar completamente la economía administrada, porque es económicamente destructiva y porque abrir el mercado

mundial permite, o hasta demanda, nuevas políticas sociales y la búsqueda de participación y justicia. Debemos parar pues las adivinanzas y la repetición de la letanía del “pensamiento único”, cuyo argumento principal –compartido por enemigos y partidarios por igual- es que la globalización económica deja a los estados nación y movimientos sociales importentes. En ves, debemos ver la realidad a la luz de las siguientes tres proposiciones: (1) La globalización no es más que una serie de tendencias. Estas son todas importantes, pero hay poca conexión entre ellas. La afirmación que un mundo social esencialmente liberal está siendo creado y que sus políticas son impermeables a intervenciones nacionales son puramente ideológicas. (2) Aun las protestas mas justificadas pueden llevarnos a un callejón sin salida si aquellos que las llevan no creen en la posibilidad colectiva de transformar la sociedad y establecer nuevas formas de control social en la economía. (3) Este trabajo de reconstrucción presupone que la acción social e intervención política se complementan, a pesar que van a haber tenciones entre los dos. Durante este análisis, estaré refiriéndome al a situaciones sociales y las acciones colectivas contemporáneas para demostrar que estas tienen por lo menos dos significados. En una mano, tenemos las denuncias de las contradicciones del sistema capitalista, que pueden llevar solo a sublevaciones marginales o dependencia en poder autoritario; en la otra, tenemos el deseo de ayudar a las victimas transformarse en actores. Este primer significado tiende a convertirse en dominante, el segundo tiende obviamente a desaparecer. Por eso que nuestro análisis no debe ser una crítica de lo que podemos llamar el movimiento de sociedad, pero de las interpretaciones más exclusivistas que se han hecho y que pueden ser aceptadas rápidamente en un país el cual, por veinte años, ya sabe que está viviendo una crisis, y que la situación social puede inevitablemente empeorarse bajo el impacto de los golpes infligidos por los mercados mundiales. Finalmente, debemos reconocer que los intelectuales tienen una responsabilidad particular. Ellos, mas que cualquier otra categoría, deben ver que las protestas no se

degenenarn en denuncias sin sentido y que ellos, por el contrario, llevan a la formación de nuevos actores sociales, e indirectamente nuevas políticas sociales y económicas. Este análisis crítico, sin embargo, nos llevaría a ninguna parte si el poder político se mantiene indiferente a las luchas sociales, es sospechoso de ellas y se contenta con adoptar una política centrista de combinar administración neoliberal de la economía con una preocupación simplista del orden público y seguridad. Si la mayoría reinante no siente que es su deber el representar a los sectores no privilegiados de la sociedad, ¿Por qué sorprendernos s que esos actores sean seducidos por los profetas del catástrofe y la destrucción? Casi toda Europa Occidental está gobernada por partidos de centro izquierda y coaliciones. Pero todos los gobiernos aun parecen estar oscilando entre las políticas centristas crecientemente sensitivas al interés de la vasta clase media que tiene que ser defendida y asegurada, y la política de luchar activamente la exclusión social. Algunos piensan que es desventajoso incrementar la distancia, en palabras y hechos, que divorcian los programas políticos de las luchas sociales. Por el contrario, a mi me gustaría ver gobiernos dando sus programas mayor contenido social. Por último, este libro es un intento de defender ambos movimientos sociales independientes y políticas más activas en la lucha contra la exclusión.

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