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historia de la minería boliviana

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HISTORIA DE LA MINERÍA ANDINA BOLIVIANA (SIGLOS XVI-XX

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CARLOS SERRANO BRAVO

POTOSÍ, DICIEMBRE DE 2004

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CONTENIDO INTRODUCCIÓN 1.- SIGUIENDO LA TECNOLOGÍA DE GEORGIUS AGRÍCOLA (siglo XVI-XVIII) 1.1.- En la minería 1.1.1.- Un ejemplo: la explotación en el Cerro Rico de Potosí 1.1.2.- La forma de realizar la explotación minera 1.1.3.- Complementación sobre la forma de explotar las minas del Cerro 1.1.4.- El personal y los oficios de los mitayos y mingas 1.1.5.- Insumos empleados 1.1.6.- Herramientas empleadas 1.2.- Intercambio reversible de experiencias en la amalgamación 1.2.1.- El proceso de cajones y las variantes introducidas 1.2.2.- La amalgamación y su desarrollo en la América española 1.2.3.- Un ejemplo de mecanización 1.3.- El monopolio en la fundición y su posterior desarrollo 1.4.- Comentarios al capítulo 2.- LA ACTIVIDAD MINERA EN LA AUDIENCIA DE CHARCAS (siglo XVIII-XIX) 2.1.- La minería en Potosí 2.1.1.- Partido de Porco 2.1.2.- Partido de Chayanta 2.1.3.- Partido de Chichas 2.1.4.- Partido de Lípez 2.1.5.- Partido de Atacama 2.1.6.- En diversos lugares de Potosí 2.2.- Otros distritos mineros 2.2.1.- La minería en Oruro 2.2.2.- La minería en La Paz 2.2.3.- La minería en Cochabamba 2.2.4.- La minería en Chuquisaca 2.3.- Comentarios al capítulo 3.- CASO DE ESTUDIO: LOS ORÍGENES Y CONSECUENCIAS DE LA CONTAMINACIÓN EN EL POTOSÍ COLONIAL (siglos XVI-XIX) 3.1.- Antecedentes 3.2.- Contaminación del aire 3.2.1.- En la fundición 3.2.2.- En la explotación minera 3.2.3.- En el tratamiento 3.2.4.- Sanidad ambiental 3.3.- Contaminación del agua 3.3.1.- Proveniente de las minas 3.3.2.- Debida al consuno doméstico 3.3.3.- Como resultado del procesamiento 3.3.4.- El efecto de la gran catástrofe hidráulica 3.4.- Contaminación de los suelos 3.5.- Contaminación por ruido 9 9 9 9 13 17 21 22 24 25 25 29 32 41 46 51 51 51 57 61 63 68 71 71 72 76 82 82 82 85 85 85 85 86 87 88 88 89 89 90 91 92 95 3

3.6.- Efectos generales de la contaminación 3.7.- Comentarios al capítulo 4.- EL INFORME PENTLAND (siglo XIX) 4.1.- Yacimientos argentíferos 4.2.- Yacimientos auríferos 4.3.- Yacimientos estanníferos 4.4.- Yacimientos cupríferos 4.5.- Producción boliviana 4.6.- Algunos datos sobre el clima 4.7.- Comentarios al capítulo 5.- EL INTERÉS DE EXTRANJEROS Y NACIONALES (siglo XIX) 5.1.- Un emprendedor empresario 5.2.- Tres hermanos argentinos, inventores 5.3.- Empresas en el Cerro Rico de Potosí 5.3.1.- 'Compañía del Real Socavón' y 'Sociedad Bolívar' 5.3.2.- 'La Riva y Compañía' 5.3.3.- Guillermo Schmidt y sus intereses 5.3.4.- 'The Royal Silver Mines of Potosí Bolivia, Limited' 5.4.- Otras empresas en el departamento de Potosí y el resto de Bolivia 5.4.1.- Huanchaca 5.4.2.- La transición de la minería 5.5.- La metalurgia de la plata 5.6.- Comentarios al capítulo 6. LA MINERÍA EN LAS PRIMERAS CUATRO DÉCADAS DEL SIGLO XX 6.1.- Principales materias primas 6.2.- Principales empresas hasta 1910 6.2.1.- Departamento de Potosí 6.2.2.- Departamento de Oruro 6.2.3.- Departamento de La Paz 6.2.4.- Departamento de Cochabamba 6.2.5.- Departamento de Tarija 6.3.- Empresas en actividad, por 1941 6.3.1.- En el departamento de Potosí 6.3.2.- En el departamento de Oruro 6.3.3.- En el departamento de La Paz 6.3.4.- En diferentes departamentos 6.4.- Comentarios al capítulo 7.- CASO DE ESTUDIO: INFORMES DE INSPECCIONES PRACTICADAS 7.1.- Informe de 1911 7.1.1.- Sobre la explotación 7.1.2.- Sobre el tratamiento 7.2.- Informe de 1922 7.2.1.- La explotación 7.2.2.- El tratamiento de las menas 7.3.- Comentarios al capítulo

95 96 97 92 101 103 103 103 103 104 106 106 111 114 115 117 118 120 124 134 137 140 144 146 146 151 151 158 161 168 169 170 170 174 176 178 178 180 180 180 182 185 185 188 188 4

8.- EL ESTAÑO ENTRE DOS GUERRAS MUNDIALES ( siglo XX) 8.1.- Minería del estaño 8.1.1.- Orígenes de la minería estannífera en Bolivia 8.1.2.- La caída de la Bolsa y sus consecuencias 8.1.3.- Problemas directos y colaterales en la actividad de los barones 8.2.- Los adelantos introducidos 8.2.1.- En la explotación 8.2.2.- En el procesamiento 8.2.3.- En la fundición 8.3.- La formación profesional y los expertos 8.3.1.- Los antecedentes 8.3.2.- La formación en parte de la república 8.3.3.- Expertos y consultoras 8.4.- Comentarios al capítulo

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9.- SEMBLANZA o COMENTARIOS SOBRE ALGUNOS EMPRESARIOS MINEROS 234 9.1.- Los patriarcas de la plata 235 9.2.- Algunos personajes en Lípez 239 9.3.-Los que se ocuparon de explotar el estaño y/o el wolfram 241 9.4.- Los empresarios que se ocuparon de otras menas 248 9.5.- La dinastía de los Aramayo, “los reyes de la plata” 250 9.5.1.- José Avelino (Ortiz de) Aramayo Oballe 250 9.5.2.- Félix Avelino Aramayo Vega 254 9.5.3.- Carlos Víctor Aramayo Zeballos 256 9.6.- Un ingeniero francés y sus siete empresas 259 9.6.1.- Algunos datos sobre su accionar en la actividad minera 260 9.6.2.- Empresas predecesoras y posteriores 260 9.6.3.- Adelantos tecnológicos 254 9.7.- Un judío alemán y sus negocios mineros 267 9.7.1.- Su actividad en Bolivia 267 9.7.2.- Su actividad en el Cerro Rico 268 9.8.- Un monarca boliviano, Patiño, “el rey del estaño” 269 9.8.1.- De pobre empleado a próspero minero 270 9.8.2.- El imperio de Patiño 272 9.9.- Los mineros medianos y sus empresas 277 9.10.- Comentarios al capítulo 287 10.- EPÍLOGO: ¿NACIONALIZACIÓN O CONFISCACIÓN? LA COMIBOL (1952-1985) 10.1.- Consecuencias, avances y retrocesos con la nacionalización 10.1.1.- En la administración de las empresas 10.1.2.- En la minería o explotación 10.1.3.- En el tratamiento 10.1.4.- En la fundición 10.1.5.- En la comercialización 10.2.- La ingeniería en la COMIBOL 10.2.1.- El rol de los consultoras 10.2.2.- Complemento a la formación profesional 288 289 289 294 299 301 305 316 317 319 5

10.3.- Comentarios al capítulo BIBLIOGRAFÍA

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INTRODUCCIÓN El presente trabajo: “Historia de la Minería Andina Boliviana (siglos XVI-XX)”, se lo ejecuta a solicitud de la UNESCO, sobre la base de un contrato firmado en el mes de julio del presente año. En el actual territorio de la república de Bolivia, se ha practicado la minería desde cuando el yacimiento argentífero del Cerro Rico de Potosí, fue descubierto casualmente por los españo-les. Luego se explotaron otros en la Audiencia de Charcas, principalmente, de: oro, plata, cobre y estaño. La magnitud de las operaciones fue variable pero sostenida, incluyendo sus épocas de crisis como las de bonanza. Muchos booms mineros se dieron entre 1544 y nuestros días. No debemos olvidar que los actores implicados en la actividad minero-metalúrgica, tenían también por dedicación las labores agrícolas. Sin embargo, no se debe perder de vista la inquietud de los extranjeros que, en diversas épocas, llegaron atraídos por el sueño de fortuna. Los menos, tuvieron la suerte de encontrar yacimientos ricos; los más, fueron parte del aparato productor y pasaron desapercibidos. Por otro lado, el “Encuentro de Dos Culturas”, llevó a un intercambio de experiencias de ida y vuelta, en todos los aspectos. De este contexto no pueden abstraerse las políticas mineras, porque tuvo que darse la interculturalidad en materia de prácticas en la explotación, el trata-miento y la fundición de las distintas materias primas minerales. Ambas culturas también usufructuaron la interculturalidad, durante el coloniaje, ya demostrada en el caso concreto de la fundición de la plata (que era efectuada en un principio bajo el monopolio de los yanakuna) o la introducción de la amalgamación (traída a Potosí desde Nueva España, pero perfeccionada por los metalurgistas potosinos); asimismo, algún invento fue llevado a Europa y retornó a la Villa Imperial, en manos de consultores. Ya en la República, el intercambio de experiencias parecería de una sola dirección, el “know how” se lo debía comprar; no obstante, en muchos casos los bolivianos tuvimos que conformarnos con “elefantes blancos”, gracias a la falta de experiencia para manejar el negocio minero. A partir de estas consideraciones conviene aclarar algunos puntos trascendentales referentes a esta temática a ser estudiada. Queremos centrar nuestro enfoque al análisis del problema mine-rometalúrgico, primero de los charquenses y más tarde de los bolivianos, en la dinámica mundial. Al hacerlo, debemos adentrarnos a los aspectos colaterales de la vida de los mineros y de los empresarios; algunos muy pujantes. También nos interesa la magnitud, intensidad y duración de ciertas empresas. No pretendemos en este informe reconstruir toda la actividad minero-metalúrgica; aunque sí, conjuncionamos diversos elementos que permiten un esbozo, para que en el futuro se los pue-da investigar a profundidad. Consiguientemente, el objetivo principal, es: mostrar las tres principales etapas de la historia minera andina, que abarca desde el siglo XVI hasta el XX; relacionarla en lo posible con el clima y los efectos que ésta ha tenido hacia el medio ambiente. Entonces, el espacio cronológi-co de nuestro estudio abarca todo el período virreinal; o sea, el íntimamente ligado a la explo-tación de la plata (de 1544 a 1825); su continuación en la República, también con la plata (1825-1885); la explotación del estaño y, en menor escala, del: antimonio-bismuto-cobre-oro-plata-plomowolfram-zinc (1885-1985) y la explotación de sulfuros de zinc-plata-plomo y en pequeña escala los anteriores elementos metálicos (1985 hasta nuestros días). 7

Hemos elegido la forma de capítulos, en el deseo de lograr una cierta unidad de conjunto. A pesar de que son independientes, no se puede evitar duplicidades. Hay un hecho sobre el cual queremos llamar la atención: el presente trabajo, no es una verdadera historia de la minería andina; sino que se basa en la revisión de la bibliografía de historiadores y expertos sobre la actividad de la minería, y el aporte que ellos efectuaron en la problemática de la tecnología. En el primer capítulo, seguimos la tecnología medieval de un experto sajón. Tomamos como ejemplo la práctica minera (siglos XVI-XVIII) en el Cerro Rico de Potosí. La forma de reali-zar la explotación minera. Una complementación sobre esa forma de explotar. Nos preocupa-mos del personal y los oficios de la mano de obra, los insumos y las herramientas empleadas. Pasamos a considerar el intercambio de experiencias en la amalgamación. El proceso de cajones y las variantes introducidas. Su desarrollo en la América española. Tratamos la rueda hidráulica y sus elementos. Para terminar, consideramos lo relativo a la fundición. El segundo capítulo, esboza la actividad minera en la Audiencia de Charcas (especialmente en los actuales departamentos de Potosí, Oruro, la Paz, Cochabamba y Chuquisaca). En el tercer capítulo, nos ocupamos de un caso de estudio relacionado con los orígenes y consecuencias de la contami-nación, como resultado de las actividades minero-metalúrgicas. En el siguiente capítulo, pasa-mos a la minería republicana, empleando un informe del siglo XIX, que describe principal-mente los principales yacimientos metalíferos en la joven Bolivia. El quinto, muestra el interés de los extranjeros y nacionales para trabajar en la industria minera; hubieron empresarios emprendedores y empresas que colaboraron en el desarrollo de esta actividad productiva. El capítulo sexto, se concentra en la minería en las primeras décadas del siglo XX, cuáles eran las principales materias primas en los distintos departamentos (1910) y la actividad de las empre-sas (1941). El siguiente, también es un caso de estudio, que analiza dos informes de cómo se explotaban las minas en el Cerro Rico y qué procesos y equipos se empleaban para su trata-miento. El octavo, se ocupa del estaño, entre las dos confrontaciones mundiales; cómo surge la minería estañífera en Bolivia, la caída de la bolsa, los problemas directos y colaterales en la actividad de los grandes productores; los adelantos introducidos tanto en la explotación, el procesamiento y la fundición; se presenta lo relacionado a la formación académica, los exper-tos y el rol de las consultoras. El noveno, se ocupa de una semblanza sobre las principales personalidades mineras; algunas de sus actividades e inquietudes. Por último, en el décimo, pretendemos mostrar qué pasó como consecuencia de la nacionalización de la industria mine-ra; o sea, la administración empírica de las empresas nacionalizadas; la ingeniería en la estatal y el rol de las consultoras. La larga historia minera andina boliviana (siglos XVI-XX) no es fácil condensarla en pocos temas, ya que ella abarca todo un abanico e involucra muchos aspectos; de los cuales hemos elegido aquellos que, pensamos, fueron los más importantes, ya que fueron tratados por los entendidos de la problemática nacional. Eso sí, los temas no son tratados con profundidad, aunque den esa impresión; ya que se trata de ensayos. Con respecto a las fuentes primarias y secundarias empleadas en el presente informe, comenzaremos declarando que se ha hecho una revisión de la frondosa bibliografía sobre la minería y especialmente de las fuentes secundarias, que terminaron orientando nuestra investigación.

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1.- SIGUIENDO LA TECNOLOGÍA DE GEORGIUS AGRÍCOLA (SIGLO XVI-XVIII) Antes de entrar al tema de estudio, presentamos cronológicamente las etapas de la minería boliviana que queremos tratar en éste y los siguientes capítulos: desde 1544 hasta 1884, época y explotación de la plata, 340 años; de 1885 a 1985, época y explotación del estaño (se diversifica la actividad exportándose además: plomo, zinc, antimonio, cobre, wolfram, bismu-to, plata y oro), prácticamente, una centuria; por último, desde 1986 hasta el presente, época y explotación de los sulfuros complejos (plata-zinc y algo de plomo, cobre y estaño) y, en menor tonelaje para otros metales, 18 años. Por lo tanto, estamos hablando de 460 años de actividad; tiempo en el cual su aporte a la economía del mundo y del país no deja duda. En este capítulo nos limitaremos a la primera era de la plata durante todo el coloniaje. El médico sajón Georg Pawer o Bauer (Georgius Agricola) se concretó a la redacción de un tratado y después de dos décadas de trabajo envió el manuscrito que contenía 292 tallados en madera, a la editorial en Basilea/Suiza, que lo publicó en forma póstuma en 1556 bajo el título: De re metallica libri XII (Doce libros sobre la minería y la metalurgia).1 Como veremos en lo que sigue las prácticas minero-metalúrgicas en Charcas y en otros lugares llevan el sello de lo que este médico practicaba en la Europa medieval. En su obra desarrolló los principios cientí-ficos, entre otros de la minería, geología, el tratamiento o procesamiento de los minerales, su metalurgia, etc. Increíblemente todavía tienen vigencia en países como Bolivia, Brasil y otros (Serrano 1995: 122, 130). 1.1.- En la minería Muy avanzadas eran las técnicas incaicas del laboreo de minas. De ser posible se trabajaban los afloramientos a tajo abierto. Caso contrario, se hacían socavones angostos de hasta 70 metros de longitud. Los mineros usaban los martillos, cinceles, cuñas y la barreta; fabricados de piedras, madera dura, astas, bronce y cobre. El mineral se lo extraía empleando sacos de cuero o canastas de caña (Bakewell 1989: 29). Tomaremos el ejemplo de Potosí para generalizar lo referente a la explotación de los diversos yacimientos argentíferos de la Audiencia de Charcas a lo que sucedía y practicaba en los otros centros mineros.2 Los primeros españoles que arribaron a Potosí sabían muy poco y/o descono-cían las técnicas de explotación; y por ello confiaron en los mineros de Porco. Consecuente-mente, adoptaron la tecnología nativa. 1.1.1.- Un ejemplo: la explotación en el Cerro Rico de Potosí
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Georgius Agricola nació el 24 de marzo de 1494 en Glauchau, en el valle de Zwickau (hoy RFA). En 1514 se matriculó en la Universidad de Leipzig (hoy RFA). En la Universidad de Bolonia (hoy Italia) comenzó él a estudiar literatura y medicina y más tarde perfeccionó sus conocimientos en Venecia y Padua. En 1526 regresó a Sajonia con su título de Doctor en Medicina. Adquirió conocimientos en minería y en técnicas metalúrgicas. Visitó plantas de procesamiento y de fundición. Sus conclusiones sobre dichos conocimientos los reflejó en su obra Bergmannus (1530). Allí habló tanto de los problemas geológico mineralógicos, de las mensuras, de la economía minera, etc., como de las relaciones con la política, la técnica, la medicina, la filosofía, la historia y sobre los problemas sociales. Después de padecer de una fiebre intermitente murió el 21 de noviembre de 1555 en la ciudad de Chemnitz (hoy RFA). En: Serrano 1995: 120-122. En este capítulo y en los que siguen se ha mantenido el nombre de los yacimientos tal cual fueron nombrados en los informes, documentos y contribuciones empleadas. Lo mismo vale para los nombres de los asientos, minas, distritos, mineros, pueblos, ciudades y países (salvo de los muy conocidos).

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Para los primeros trabajos en el famoso Cerro (hoy Bolivia), tampoco era necesaria la expe-riencia, por la bonanza de los minerales. La explotación en los primeros años consistía en tanteos o trabajos superficiales y a tajo o a cielo abierto, siguiendo el curso de las vetas primi-genias que afloraban (Serrano 1998a: 122). Esas vetas fueron así trabajadas hasta donde fue posible; y eran tan hondas que en todo un día un natural hacía el camino de subida, cargando el mineral, en dos etapas (Ocaña 1969: 186). La forma de trabajar de los barreteros en las labores a cielo abierto era siempre en grupos de a dos, que se alternaban uno sujetando el barreno y el otro con el combo cogido con ambas manos (Bertolio 1919: 85).3 La tecnología del trabajo subterráneo es tan antigua que los españoles la habían heredado de los romanos, quienes trabajaron así las minas de mercurio en Almadén/España. Luego la trans-firieron a Potosí y junto a las técnicas incaicas en un principio convivieron bien hasta el empleo de puntas aceradas o barretas traídas exprofesamente, que reemplazaron a los imple-mentos nativos a lo sumo recubiertos en la punta con bronce o cobre (Serrano 1998a: 122). La profundidad y extensión creciente de las minas potosinas habían conducido a la generali-zación de las labores subterráneas mediante socavones y galerías. Con ello se facilitaban la explotación, el transporte, el drenaje y la ventilación. Para la extracción de los minerales y rocas duras se utilizaba los barrenos, herramienta que antiguamente en España se llamaba punterola. No obstante, hacían la roca menos resistente sometiéndola alternativamente a la acción del fuego y del agua. El avance mediante esta técnica era lento. En las labores subterráneas con los barrenos se hacían unos agujeros cilíndricos de menos de un metro de profundidad y de 2.5 a 3.5 centímetros de diámetro, golpeándolos con los combos. Para abrirlos se empleaba un surtido de ellos, variando su longitud; eso sí, todos coronados en uno de sus extremos por una forma de cuchilla. Hacer un barreno de unos 80 centímetros costaba una jornada de trabajo (Bertolio 1919: 84). En 1556 fue iniciado el primer socavón, obra del florentino Benino, dirigido a la veta Rica; terminándose 29 años más tarde. Tuvo 209 metros de longitud y 2.4 metros cuadrados de sección. Para su construcción se empleó la técnica de adozado de fuego para romper por dilatación térmica la roca; sugerida por el inglés Enrique Sandi que, junto con otros naturales, murió asfixiado. Al llegar a la veta el socavón permitió desarrollar muchas minas encima de él; asimismo mejoró el transporte, ya que era más fácil bajar el mineral 58 metros mediante escaleras, que subir 225 por ellas hasta la superficie (Capoche 1959 [1585]: 106). Los trabajos de profundidad se acrecentaron a medida que aumentaba la producción y la ley de cabeza empobrecía. Un problema radicaba en la construcción de los respectivos caminos. En los primeros años (antes de la visita de Toledo), se emplearon las escaleras de patilla que consistían en el uso de grandes vigas de madera como sostenes para colocar los pies. Como los pasos no tenían igual espaciamiento, la seguridad de estas escaleras no era buena (Cobb 1977: 82; Abecia 1988: 52). Hacia 1573 (después de Toledo), Niccolò de Benino nos da a conocer que las minas en el cerro llegaron en promedio a unos 250 metros de profundidad, o sea 165-330 metros, y que se había
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Para la minería subterránea ver en Llanos (1983 [1609]: 11, 21).

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generalizado el uso de escaleras de tres ramales fabricadas con tiras retorcidas de cuero de vaca, como gruesas maromas, y de un ramal a otro puestos palos o peldaños de madera; debían ser anchas, ya que servían a la vez para subir y bajar. Tienen estas escaleras de largo 165 metros, y al fin de ellas está otra que comienza de un apoyo con andamios en que podían descansar, que eran las barbacoas. Existían estos lugares de descanso entre cada nivel (que podía tener hasta 120 metros). Normalmente subían en grupos de tres personas con el mineral, el jefe llevaba una vela atada a su dedo pulgar (Capoche 1959 [1585]: 109). Cada apiri lleva-ba algunos kilogramos en un saco como mochila en su espalda, teniendo las manos libres para sujetarse (Cobb 1977: 82). De acuerdo a las ordenanzas de seguridad del virrey Toledo, de 1574, basadas en las de 1561, para Potosí las reglas sobre seguridad vigentes eran: se prohibía el trabajo a tajo abierto, en razón de los peligros de derrumbamiento, y ordenaba que los soportes (puentes) de roca natural sean dejados para que apuntalen las obras subterráneas y que las escaleras debían ser lo suficientemente fuertes; se especificaba sus dimensiones (25 metros de largo y con una separa-ción entre travesaños de 40 centímetros). Encargado de su cumplimiento era el alcalde mayor de minas o veedor (Bakewell 1989: 152). Al ser retirados los puentes no tenían "sobre qué estribar, y así con el peso de la parte del Cerro que carga sobre ella, se viene y cae sobre la otra de abajo, cierra y hunde los caminos y labores con el daño ordinario de muertes y encierro de indios y deja la mina imposibili-tada de poder labrar (...)" (Llanos 1983 [1609]: 107-108).4 Ya en 1582 se tenía en el cerro nueve socavones que habían cortado las diferentes vetas y otros siete aún no; la longitud de los últimos era de unos 500 metros. Todos recibieron mano de obra mitaya de acuerdo al repartimiento, tanto para mantenerlos limpios cuanto para terminarlos (Capoche 1959 [1585]: 105-107). Los propietarios de una mina cruzada por un socavón estaban obligados a pagar un quinto de todo el mineral que sacaban al constructor del socavón, y todas las vetas en trabajo debían ser registradas por el propietario del mismo. Esto traía muchas dificultades, ya que era difícil determinar si la veta había sido trabajada. Los dueños de las minas no podían rehusar el paso del socavón por su propiedad, y por ley se debían sacar por los socavones el mineral de las minas (Cobb 1977: 83). A principios del siglo XVII, el padre Ocaña comentaba sobre lo primitivo del laboreo de las minas y se compadecía de la forma cómo se efectuaba el transporte de los minerales con ayuda de un zurrón atado a las espaldas; gastando para ello mucho tiempo en bajar y subir por unas escaleras de palo y sogas. Habían muchos socavones por los cuales se entraba; ya adentro las galerías iban culebreando unas por aquí y otras por allá o se encontraban unas con otras, y se podía salir por donde uno quería; eran tan estrechas y profundas que faltaba el aire para su ventilación y para que ardan las velas, muy necesarias para la iluminación. Otro problema radicaba en el peligro de derrumbamientos que era inminente y a cuya causa muchos indígenas perecieron enterrados (Ocaña 1969 [1601]: 186). Es importante referirse a la iluminación dentro de las labores mineras subterráneas. Se gasta-ban anualmente en velas de sebo cincuenta mil pesos; cuatro, costaban un real (Ocaña 1969 [1601]: 186). Las velas, como otros insumos y herramientas, ponían los naturales. Para fines del siglo
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Se ha mejorado la redacción de los textos de las citas textuales (si era necesario). Vale para todos los capítu-los del trabajo.

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XVIII y de los datos de la visita general del gobernador Juan del Pino Manrique y Lara, 5 en las 44 minas en explotación en el Cerro Rico se gastaba anualmente 34 000 pesos sólo en velas (Serrano 1998a: 124). Respecto a la ventilación, especialmente en los piques se tenía malas condiciones de aire. A medida que las labores fueron profundizándose se idearon sistemas de ventilación. Para ello se construyeron socavones por debajo de las bocaminas. Estas labores también servían para efectuar el reconocimiento y para la extracción de las menas. Cada socavón debía tener 2.2 metros de ancho por 1.9 de alto; debían ser horizontales y una persona caminar erecta por ellos. Como estos socavones situábanse en roca y eran muy largos, su costo era alto (de 20 hasta 30 mil pesos). La construcción de éstos era una lotería, ya que estas labores no necesa-riamente cortaban vetas a las cuales iban dirigidas; además, su costo aumentaba porque se construían conductos verticales llamados cimbas, para su ventilación (Cobb 1977: 82-83). Los métodos de explotación y extracción no mejoraron en el siglo XVI y parte del XVII, y las minas se iban profundizando más. Se tuvieron que abrir más socavones, con lo cual se descubrieron "nuevas vetas"; pero que se las siguió trabajando con los métodos rutinarios. Las minas alcanzaron profundidades de hasta 330 metros; no obstante, los mineros no confrontaron grandes problemas con el agua (aunque en 1609 los planes de algunas minas estaban inunda-dos). Lo primitivo de la forma de trabajo se neutralizaba por el empleo de gran número de mano de obra coaccionada y gracias a ello se podía mantener la producción y competir con otros centros mineros (Serrano 1998a: 124). Para principios del siglo XVII, llamábase parajes aquellas partes del Cerro donde había con-curso de labores. Los más renombrados fueron: Muñiza, Centeno, El Estaño, Medina, Santa Bárbara, Lobato, Chinchilla, Sojo, Juan de Ortiz, Socavón del Rey, Flamencos, Ciegos Altos y Bajos, Santa Catalina, Cevicos, Amoladeras, San Juan de la Pedrera, etc. (Llanos, 1983: 99). Un hecho notable tecnológico fue la introducción de la pólvora para realizar el arranque. Esta transferencia de Europa a Potosí necesitó muchos años. Este explosivo se utilizó por primera vez en 1627, en Schemnitz/Baja Hungría; y en este continente, allá por 1676, en Nueva España o México (Bargallo 1955: 238-239). Al parecer, en Potosí la pólvora fue introducida en la segunda mitad del siglo XVII6 y esto habría aumentado los riesgos de enfermedades profesio-nales, por la gran profusión de polvo originado por las explosiones (Bakewell 1989: 29). La explotación en el Cerro Rico jugó un importante rol para la Corona y ello se deduce de la implantación de esta tecnología de punta mucho más antes que en las reales minas de mercurio de Almadén (1698), lo que elevó la producción; aunque su empleo no se generalizó hasta 1703 (Maturana/Hernández 1995: 52).

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Elaboración propia tomando el testimonio de la visita. AGI. Duplicados de Gobernadores, años 1788 al 1791. “La pólvora fue aplicada por vez primera a las labores exteriores de las minas de Europa, el año de 1613; y en el interior, el 1627 en Schemnitz, por Gaspar Weindle; en las del Harz en 1632; y en las de cobre de Staffordshire, en 1665 (...). De una descripción de Basadre, parece deducirse que en la segunda mitad del siglo xvii, los indios de las minas de Potosí utilizaban ya la pólvora en sus labores, (...)’En Potosí, una vez repartidos en las diferentes minas, los indios subían al cerro con sus botas a sacar el metal [la mena] (...). Llevaban además las herramientas necesarias, pólvora y una vela’”. En: Bargalló 1955: 238-239.

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Para el año de 1788 se sabe que el acopiamiento semanal de pólvora para las 44 minas activas en ese momento en el Cerro de Potosí era de 584 kilogramos, y que se extraían 740 toneladas de minerales por semana.7 Interesante resulta el hecho que por el empleo de la pólvora en Potosí se haya desatado un problema social y que derivó en lo que podría haber sido la “primera huelga”, tanto de los mineros como de los trabajadores. Resulta que los dueños se negaban a comprar la pólvora al precio de 8 reales la libra; cuando lo rebajaron, tampoco, ya que en el mercado costaba sólo 2.5 reales. Su uso había conducido a la rebaja de la mita, lo cual molestaba a los propietarios. También se exigía el traslado de los polvorines situados en la ciudad, a sus afueras (Serrano 1998a: 125). Significativo fue cuando en 1721 llegó a Potosí un ingeniero francés, quien propuso desaguar la mina Cevicos cuya profundidad alcanzaba 835 metros. Para ello tuvo que construir una “bomba”. Más tarde y para probar un segundo artefacto decidió hacerlo en la mina Cotamito. Para esa época muchas operaciones estaban inundadas y no era fácil desaguarlas por lo intricado del recorrido de las labores (Arzáns 1965, III: 130-131). La explotación en el Cerro Rico poco cambió en el siglo XVIII, ya que la tecnología minera se mantuvo casi sin innovación. Todas las operaciones eran efectuadas por los mingas y mitayos, con diverso grado de entrenamiento (Tandeter 1992: 22). 1.1.2.- La forma de realizar la explotación minera El extracto que presentamos corresponde a pasajes del Diccionario de García de Llanos (apoyada con otras fuentes), minero nombrado veedor del cerro; cargo que ejerció durante unos ocho años que le dan el aval de conocedor de la terminología minera empleada en Charcas y que ha sido tomada para poder “reconstruir” lo más importante de la actividad minera en el Cerro de Potosí: la explotación; ya que ésta no puede hacerse de un modo arbitrario, sino necesariamente procediendo de una manera sistemática. El significado de la palabra minero en el coloniaje fue muy restringido y se lo entendía como a los mayordomos de las minas u hombres que ganan salario trabajando una labor ajena. Consis-tía ser minero en saber muy bien labrar (explotar o extraer), reparar (fortificar) las minas y tener afición para hacer muchas otras cosas más que no pertenecían a este arte (Llanos 1983 [1609]: 92; Serrano 1998a: 126). Por otro lado, labor involucra a todos los mitayos de un dueño que labran en una misma mina. Labores sería el plural y se entendería además de diferentes propietarios; si era de uno sólo, podían ser diferentes minas (Llanos 1983 [1609]: 64). El término labrar, de la agricultura, fue introducido como sinónimo de cultivar las minas para que den fruto. “Labrar en diviso”, significaba explotar cada uno su mina; por el contrario, “indiviso” lo era entre muchos una mina por dividirse y cada uno lo hacía por donde quería. Esta manera de trabajar, favorecida por las ordenanzas del virrey Toledo, con el tiempo se constató que era muy perjudicial (Llanos 1983 [1609]: 61-62).

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AGI. Duplicados de Gobernadores, años 1788 al 1791.

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La mina era definida como una unidad de longitud de 50-67 metros de una veta con sus cuadras.8 Dícese cuadras a la pertenencia que por lo ancho le corresponde a cada mina y veta (Llanos 1983 [1609]: 92). Mina Descubridora en una veta, era aquella que su descubridor la registraba para él, teniendo la facultad de señalarla donde él quería; pues los 50 metros podían correr a partir de un punto, todo en una dirección o una mitad en una y la otra mitad en otra, y asimismo los metros que quería a cada lado. La primera mina y las otras se numeraban correlativamente; o sea que había siempre dos segundas. La estaca era un mojón entre minas; dentro de las minas eran señaladas mediante cruces en las paredes con caja y en la superficie con mojones o piedra (Llanos 1983 [1609]: 37-38).9 La actividad comenzaba los lunes en una cancha grande al pie del Cerro donde se repartían a los propietarios los indios de cédula; y una forma era quilcar o contarlos porque entonces se les tomaba el nombre, su ayllo y el pueblo al que pertenecían (Llanos 1983 [1609]: 109). La semana comprendía 5 jornadas, o sea todas las noches menos las del sábado y domingo. Los días de precepto religioso eran respetados estrictamente y daban lugar a varias semanas incompletas en el año. Guardas armados cuidaban y defendían las minas desde el sábado en la tarde hasta el lunes y también los días de fiesta (Arduz 1985: 102). Una vez que los mitayos estaban en la mina o coya empezaban a labrar, lo que consistía básicamente en dos formas (cada una con sus peculiaridades) y que eran: explotar en sueltos y en un lugar virgen. a) Una labor hacia arriba era una labor en sueltos y estaba íntimamente relacionada con el término ayzar (de ayzani=alzar). Cuando se trabajaba una veta y se sacaba la mena, el hueco o rajo dejado fue al principio rellenado con minerales de baja ley para no gastar en trans-portarlos afuera. Después de un tiempo esos materiales eran nuevamente explotados, y de ahí el término de labores en sueltos (lugares ya trabajados) (Llanos 1983 [1609]: 5, 63). Primero se efectuaba una inspección para ubicar la labor, que debía estar apartada unos 84 centímetros y por seguridad pegada a una de las cajas (roca estéril situada a los lados de la veta). Luego se construía una pirca y a veces dos contrapircas y ahí se colocaba el indígena, que con ayuda de un callapo hacía caer el material. Luego lo escogía y el apiri (aprendiz o criado del barretero) lo sacaba a la cancha; el resto del material quedaba en el lugar. Este trabajo era muy peligroso, ya que si el hueco era muy grande aumentaba el peligro de hundi-mientos y enterramiento. Los que se ocupaban de este trabajo eran los ayciris o llamadores (Llanos 1983 [1609]: 5-7). b) El trabajo de abrir una labor en un lugar virgen se efectuaba con barretas y se reducía a tres, por la dirección que ella tomaba: a frontón, si era horizontal o se trataba de un socavón; a pozo o a pique si estaba dirigida hacia abajo; y a chiflón cuando lo era hacia arriba o inclina-da. En otras palabras, explotar a frontón se denominaba cuando se iba rompiendo la mina por sus frontones, es decir enfrente de quien los mira; explotar a pique es ir con la labor al pozo o al chile (plan o planes es lo mismo que chiles) o sea lo más hondo de una mina; y explotar a chiflón consistía en seguir al
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“(...) se usa decir la mina de una persona a las varas [metros] que tiene en una veta o mina sin atender a que sea mina entera de sesenta varas [50 metros] o que sea más”. En: Llanos 1983: 92. “Cuadras, f. Superficie legalmente adjudicable sobre la veta a un peticionario”. En: Mendoza 1959: 201. “Caja, f. Rocas o tierra no minerales dentro de las cuales co[r]re la veta y que, a medida de irse labrando ésta, iban formando las paredes de la mina”. En: Mendoza 1959: 200.

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brazo en ángulo agudo (Llanos 1983 [1609]: 63).10 Ahora trataremos los detalles de cómo se hacían ciertas tareas en el interior de las minas. Sea cual fuere la forma del trabajo, habían actividades que recibían apelativos propios y estos términos eran usuales para describir algunas formas de explotar una mina. -Hacer una pirca (proviene de pircani), es lo mismo que hacer paredes. Era la forma común de fortificar para evitar hundimientos y accidentes de trabajo. Para ello empleaban piedra y raras veces madera. Los mitayos diestros en hacer pircas eran los llamados pirquiris o ayci-ris. En las pircas se dejaba un espacio que podía servir para algún menester o pincha coladero (Llanos 1983 [1609]: 101-103). -La circana, consistía en el tallado de la piedra para usarla como material de fortificación. A veces se empleaba la misma caja con algo de mineral (ciques). El circado, consistía en abrir las cajas lo suficiente para sacar el mineral y trabajar cómodamente en el barreteado. A veces las vetas eran tan potentes, que no había necesidad de llegar a sus cajas. El material inser-vible se lo botaba a los desmontes (Llanos 1983 [1609]: 30, 36).11 -Las barrigas, eran los promontorios de caja de las vetas sobresalientes por estar mal circadas (Llanos 1983 [1609]: 11). “Barriga, f. Parte prominente de la caja donde quedan residuos de mineral beneficiable” (Mendoza 1959: 201). -Barreno, era una galería muy estrecha, lo necesario para una persona; servía para comunicar una labor con otra o salir a alguna ajena; y si convenía se la ensanchaba (Llanos 1983: 11). -La locución barrenar el Cerro, significaba perforarlo en sentido horizontal o poco oblicuo; en cambio barretear, consistía en trabajar la veta separando el mineral de la caja empleando barretas (Mendoza 1959: 200). -Laca botija, eran labores muy estrechas debido a que las cajas se iba dejando en las galerías, por no pagarse jornales; los que más sufrían eran los apiris que tenían que circular a menudo por estos lugares (Llanos 1983 [1609]: 65). -La pocusca (que viene de pucuni=soplar), se refería en las minas a la comunicación entre una labor y otra para mejorar la ventilación o “para que ardan mejor las candelas” por la presen-cia de oxígeno. A las lumbreras también les llamaban las pucusca o pocuscas (Llanos 1983 [1609]: 105). -Para la ventilación de un socavón se construían cimbas o conductos dirigidos hacia arriba. En otro significado, cimpa se empleaba en el Cerro para bajar a lo más profundo de las minas (Llanos 1983 [1609]: 29).12

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“Chile, m. (Del quechua y aymara chjilli, entrañable, profundo). Plan o fondo de la mina” . En: Mendoza 1959: 201. 11 “Sircar, vt. (Del quechua sirk’a, veta). Modo especial de labrar las vetas muy ricas, descubriendo prime-ro la caja del poniente, donde el metal [mineral] solía ser menos rico, a fin de evitar su desperdicio”. En: Mendoza 1959: 206. 12 “De estas criznejas [cimpa o cimba] se han usado y usan puentes en este Reino que toman nombre de ellas, y se usó asimismo en el Cerro de Potosí para bajar al fondo de las minas, haciendo de dos ramales que colgaban con sus callapos o escalones a trechos escaleras para el efecto, (...)”. En: Llanos 1983 [1609]: 29.

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-En las minas se decía mineral “moromoro”, cuando se encontraba diseminado (Llanos 1983 [1609]: 95). -Las vetas se perdían o se estrechaban y al hecho de seguirlas hasta que mejorasen se llamaba chingado (chincani). Si ella se estrechaba hasta perderse y luego reaparecía con potencia y esto se repetía muchas veces, se tenía una bolsonera (Llanos 1983 [1609]: 34-35).13 -Cuando dos filones con diferente rumbo se encontraban cortándose a manera de aspa, se denominaba crucero (también lo era si se cruzaban dos socavones).14 En el Cerro se decía que justo allí el mineral mejoraba de ley (Llanos 1983 [1609]: 26-27). -El buscar vetas mediante algunos pozos poco profundos, se decía catas15 y a la acción, catear. Asimismo, cerro arriba y cerro abajo eran vocablos para designar el transcurso de los filones (Llanos 1983 [1609]: 17, 28). -Las juntas de dos vetas igual que dos ríos, o sea el ángulo así formado se denominaba palca. Por otro lado, los mantos16 de las vetas indicaban que éstas iban notablemente echadas (Lla-nos 1983 [1609]: 75, 96). -Por decaída de una veta, entenderíamos su pendiente o buzonamiento. La derecera, era lo mismo que rumbo de las vetas desde el afloramiento hacia el interior (Llanos 1983 [1609]: 35-36). “Derribar el metal”, significaba en una labor en virgen que ella se la ejecutaba cuando las vetas no eran lo suficientemente potentes y donde no se circaba. Para facilitar la extracción se ensanchaba la galería (Llanos 1983 [1609]: 36). -El encampanado, sucedía cuando se hacía deslizar los sueltos por el rajo de alguna veta. Algún material de tamaño de grano grueso que taponaba y obstruía el deslizamiento originaba la “ratonera” o una campana de aire y a esto se llamó los sueltos encampanados; que cuando por algún motivo caían ocasionaban hundimientos por la falta de puentes o estribos (Llanos 1983 [1609]: 45). -Si en la mina se hacían unos huecos grandes por efecto de la extracción no sólo de la veta sino también de la caja, se originaban las pampas (saloneos) (Llanos 1983 [1609]: 98). -Es bueno referirse a los estribos o puentes.17 Ellos eran los pilares que deberían dejarse en las vetas cuando se explotaba en virgen y los filones eran muy inclinados (Llanos 1983:107-108). -Cuando se explotaban vetas en virgen con corridas y no existía suficiente circulación de aire, entonces se construían las lumbreras para ventilarlas (Llanos 1983 [1609]: 73-74). -El término “peinar las cajas”, se refería a apartar de la caja el mineral de las vetas al tiempo de
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Bolsonera o “bolsa, f. Acumulación más o menos grande de mineral en depósitos esporádicos que no formaban veta”. En: Mendoza 1959: 200. 14 “Crucero, m. Punto de encuentro entre el socavón y la veta”. En: Mendoza 1959: 201. 15 “Cata, f. Labor de tanteo en una mina”. “Catilla, f. Cata superficial”. En: Mendoza 1959: 200. 16 “Manto, m. Yacimiento mineral estratiforme”. En: Mendoza 1959: 203. 17 En 1561, Toledo dictó tres reglas de seguridad (la primera y segunda atañen a los puentes). “La primera (...) ordena que los soportes (puentes) de roca natural sean dejados para que apuntalen las obras bajo tierra. La segunda prohíbe quitar o debilitar estos soportes”. En: Bakewell 1989: 152.

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extraerlo (Llanos 1983 [1609]: 100-101). -En muchas ocasiones había necesidad de “romper cajas” con barretas o hacer corridas para buscar la veta o atravesarla o para verificar si dos vetas eran una misma o diferentes (Llanos 1983 [1609]: 115). -Decíase “tener cajas las vetas”, cuando eran durísimas y firmes y se garantizaba una explo-tación segura (Llanos 1983 [1609]: 120).18 -Otros términos eran “tomar humedad las minas”, “tomar las vetas” o “tomar por despoblado”. El primero, está claro que significaba presencia de agua a medida que se profundizaba; el segundo, cuando las labores se dirigían a los planes, las cajas de las vetas se hacían más firmes y; el tercero, si una mina no se trabajaba la Corona la adjudicaba y la persona que la tomaba lo hacía porque no se la estaba explotando (Llanos 1983 [1609]: 122). En las labores del Cerro se podía distinguir ciertas costumbres. Así por ejemplo: -Las achupas o achuras (ración o porción), consistían en que los mitayos después de trabajar para sus dueños sacaban para ellos una quipiña o quipi (mochila), de mineral, consistente en unos 23 kilogramos, a fin de que supliera aquello su magro salario. Este rescate permitido degeneró posteriormente en el robo de minerales, que es tan corriente hasta nuestros días. Para evitar que los naturales cuando encontraban buen mineral lo hurten o para que lo hagan en menor escala, se señalaba el suyo o lo que les debía tocar (Llanos 1983 [1609]: 4-5). -El doblar, era una práctica de trabajo muy desalmada que estuvo vigente durante muchos años. Recién a principios del siglo XVII se empezó a remediar esa situación. Consistía en que los sábados en las noches hacían quedar a los mitayos a trabajar hasta el domingo por la mañana, y también la víspera de alguna fiesta. Se le llamó así porque se doblaba el trabajo de ellos (trabajaban de día y luego de noche, o sea un turno de trabajo de 24 horas), pero no así su jornal (Llanos 1983 [1609]: 41). Cuando había una mina rica se pedía licencia al dueño para explotarla un sábado en la noche, después que se haya terminado la jornada. El que solicitaba trabajarla alquilaba buenos indios y lo hacía en realidad hasta el lunes en la noche. También a esta actividad se denominó doblar o doblas de trabajo. Después, no sólo se doblaba unos días sino hasta una semana. Lo perjudicial de esto era que a veces no se solicitaba permiso al propietario o arrendatario de la mina en cuestión (Llanos 1983 [1609]: 42). -Para controlar el trabajo de los mitayos cada dos días, o sea miércoles y viernes (semana entera de 5 días), se hacía la cancha o los días de cancha; esto consistía en que cada indígena iba colocando el mineral que sacaba en montones, dando cuenta así de sus “mitas”. Luego cada uno recogía su producción tomándola del suelo (y a eso se llamaba pallar), y la hacía anotar (quilcar) (Llanos 1983 [1609]: 41). -Los “mordedores”, eran algunas personas en las minas, que no eran mineros o entendían poco de ella, pero que estaban siempre observando y se daban formas de ingresar a extraer (con gente alquilada para el efecto), lo que otros habían descubierto. Eran despreciados por eso; sin embargo, los toleraban para que no sean ociosos (Llanos 1983 [1609]: 94).
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“Este defecto tienen las minas de Berenguela, y aún en lo más alto del Cerro de Potosí hay malas cajas en Santandia, Patero Sojo y al sombrío del Cerro en el paraje de Cevicos”. En: Llanos 1983: 120-121.

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-En el Diccionario de Llanos no aparece el término de k'ajcha o cajcha, 19 ya que en 1609 no se había acabado de consumar. Más tarde, estos trabajadores independientes legalmente acepta-dos, eran naturales que robaban el mineral para su venta a los rescatadores. Finalmente, los indios no se contentaban con robar minerales paralelamente con su trabajo; sino que termina-ron entrando clandestinamente en las minas de noche, perjudicando las labores ya que derribaban reparos o puentes (Serrano 1998a: 130). - En el siglo XVI aparece el término corpa. “Mineral de plata de muy elevada ley. También trozo grande de metal [mena]. El término designaba además el pedazo de metal [mineral] que podía llevarse fuera de la mina el Indio o el operario; era una especie de robo acepta-do. Este sistema colonial, sobrevivió durante el siglo XIX, fue aceptado por los empresa-rios quienes lo consideraban como una forma de atraer mano de obra a las minas. Esta corpa era percibida por los trabajadores como un derecho natural de su trabajo en las minas subterráneas. Era el pago que el cerro hacía a quienes labraban en sus profundi-dades” (Langue/Salazar-Soler 1993: 155). 1.1.3.-Complementación sobre la forma de explotar las minas del Cerro Basándonos en el trabajo de varios historiadores (válido para la primera centuria de explota-ción en el Cerro y cuando se diga expresamente para otra época), y resumiendo a lo que varios documentos de la época nos comentan, podemos presentar además la diferenciación de los diversos tipos de trabajo que se realizaban en el Cerro. a) El personaje más importante, directamente encargado de la explotación, fue el barretero (de barreta o barra).20 Eran los nativos, generalmente mingas, que explotaban minas vírgenes. El mineral rico era arrancado por ellos con barrenos; y los brosiris (indios mingas), rompían los trozos usando pesados combos de 14-18 kilogramos. Si el mineral era muy duro para sacarlo a golpes, se implantó la técnica de las cuñas de 30 centímetros de longitud (Cobb 1977: 81). En realidad eran siempre dos personas -y por eso se llamaba una compaña-, que trabajaban en una misma pertenencia (suyo, cuadra, llancana). Ellos con ayuda de las dos herramientas mencionadas realizaban el avance de las labores. Se alternaban en esa actividad. Como barreteros, los españoles seleccionaban a los indígenas más fuertes y musculosos (Llanos 1983: 11, 21). En cada mina la extracción del mineral estaba a cargo de diestros barreteros que trabajaban bajo la dirección de un natural denominado auqui-pongo (Arduz 1985: 102). Barreteros y apiris estaban legalmente obligados a extraer cierta cantidad de mineral por jornada, según su clase y la mayor o menor facilidad de transitarlos (Serrano 1998a: 132). b) Los ayciris o llamadores, estaban comprendidos dentro de la denominación de barreteros, y eran todas esas personas ocupadas en buscar y juntar el mineral; y aquellos que tenían por tarea el “tojear” o derribar los sueltos, golpeándolos para que caigan. El mineral del techo del socavón se
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“Su trabajo consistía en extraer mineral de las minas del Cerro sin control alguno entre el sábado por la tarde y el domingo por la noche. Casi al finalizar el período colonial el kajcheo se había extendido hacia otros distritos mineros potosinos, introduciendo la costumbre, que se intentó sistematizar en el Código Carolino, de partir el mineral entre los kajchas y el propietario minero”. En: Langue/Salazar-Soler 1993: 304). 20 Barretero. “Operario de la mina, con barra, cuña, o pico”. En: Langue/Salazar-Soler 1993: 70. “Barretero. Trabajador de las minas cuya tarea principal era cortar [extraer] el mineral con martillos, cuñas y barras (barretas)”. En: Bakewell 1989: 201. “Barretero. Trabajador minga que por medio de la barreta o de cargas de pólvora desgajaba el mineral de la roca o caja que le circundaba”. En: Buechler 1989, II, 495.

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lo hacía caer con ayuda de barretas (Llanos 1983 [1609]: 7, 21). Ayzar o llamar, se usa cuando en las minas hay algunos lienzos (los planchones o pedazos de caja de las paredes), padrastos (si eran como peñascos que hacían difícil la explotación de la veta) o sueltos por desprenderse amenazando peligro, ya que por no gastar jornales en fortificarlos los derribaban o ayzaban para que no lastimen después a la gente descuidada (Llanos 1983 [1609]: 7). Llamador, no es derivado del verbo llamar. Esta palabra actualmente significaría lamear. Consistía el trabajo de un llamador en hacer caer material suelto que se encuentra en la parte superior de la labor. También se decía llamar algunos lienzos o padrastos.21 Entonces, nos estaríamos refiriendo a lo que hoy los mineros en su jerga denominan “lamear tojos” que constituían un peligro no sólo para las personas de los naturales, sino porque ocasionan hundimientos y obstrucción de las labores de explotación (Serrano 1998a: 131). c) El material se lo tenía que extraer, desde el frente de trabajo al exterior, atravesando los socavones sobre las espaldas de los mitayos apires o sacadores (del quichua apay=transportar, cargar) que empleaban para ello mantas de lana.22 Lo amontonaban en la cancha-mina bajo la dirección de un apiri-pongo (Bakewell 1989: 201; Arduz 1985: 102). También se servían de un cuero crudo amoldado a los hombros llamado cotama (“bota de pellejo a modo de zurrón”, en el cual trasladaban el mineral extraído hasta la bocamina. Las cotamas (cutamas) o costales de cuero de llama, tenían más de 80 centímetros de alto por 40 de ancho y se las cerraba por medio de correones. Cada apiri trasladaba, amarrado en sus espaldas, entre 23-46 kilogramos (Mendoza 1959: 201). Si la labor era estrecha se lo arras-traba utilizando para el efecto una huasca. Cada costal ya en la cancha hacía un montón que también se llamaba mita, y con el cual se formaban las hileras o suyos correspondiente para los que habían barreteado. Especialmente a los apiris principiantes se les asignaba este trabajo y eran como criados de los que barreteaban, y a quines servían para cualquier manda-do (Llanos 1983 [1609]: 11, 93-94). También a los apiris se los llamaba ayzadores (de ayzar), cuando levantaban la carga para ayudarse; y al mismo tiempo cuando por lo angosto de las galerías la arrastraban. d) Numerosos siquepinches (los que limpian por detrás),23 mantenían despejados los caminos para el paso de los apiris, quienes se alumbraban con velas; es decir, el trabajo de los prime-ros consistía en juntar y apartar los escombros (Bakewell 1989: 144). e) El trabajo de fortificación o de reparo para dar estabilidad a las minas era efectuado por los pirquiris (del quichua pirqai=construir muros), casi siempre empleando arcos de medio punto o bóvedas circadas de piedra; algunas veces, y por lo caro y ser de difícil aprovisionamiento, se empleaba la madera: los callapos o los mazos de madera soto en desuso de los ingenios

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“Lienzos. Donde están las vetas muy labradas, sin puentes, estribos ni otros reparos y las cajas de ellas con alguna decaída [pendiente] y descarnadas (como de ordinario sucede), suelen caerse grandes pedazos de ellas como lienzos de murallas [planchones], y así tienen el mismo nombre cuando algunos están para caer (...) Y si no son prolongados, sino como peñascos en forma redonda, se dicen padrastos, que los suele haber pendientes de las cajas y tienen el mismo reparo”. En: Llanos 1983 [1609]: 71. 22 “Dícense comúnmente apiris los indios que van de un pueblo a otro con algunas cargas de los pasaje-ros, y en las minas son los indios que se ocupan en sacar el metal [mineral] que otros barretean o juntan en la mina a la haz de la tierra. Dícense apiris de apia, que quiere decir lleva, y ri, que significa ve, (...)”. En: Llanos 1983 [1609]: 8-9. “Apire. Trabajador, usualmente mitayo, empleado para cargar mineral u otro material en una mina”. En: Bakewell 1989: 201. 23 “Numerosos siquepinches (término quechua vulgar que significa, aproximadamente, ‘los que van lim-piando por detrás’) mantenían despejado el paso de los apiris en las obras de la mina; su trabajo era juntar y apartar escombros”. En: Bakewell 1989: 201.

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hidráulicos. La parte superior de la bóveda de un socavón se denominaba montera (Serrano 1998a: 132; Bakewell 1989: 144). f) Chasquis, eran los indios que se dedicaban a las operaciones de salvamento cuando una llancana se había hundido y existía la necesidad de sacar material hacia afuera; también a veces para introducir piedras con el objeto de fortificar alguna labor. Y como los caminos eran tan estrechos, se colocaban los chasquis en hilera y se pasaban esos materiales de mano en mano (Llanos 1983 [1609]: 33). g) Los huatacamayos (viene de huatani=atar, comayoc=oficial de cualquier cosa), eran los alguaciles. En el Cerro ciertos naturales eran algo así como los ayudantes de los veedores. Se ocupaban de la defensa de los mitayos y de controlar las labores de fortificación (Llanos 1983 [1609]: 58). h) Los quintocamayos, eran los cobradores de quintos en los socavones o de los derechos que se debían pagar (Llanos 1983 [1609]: 110). i) El mineral extraído de los lugares de trabajo era transportado hacia la bocamina bajo la dirección de un capitán palliri. Ya en la cancha se procedía a una rudimentaria selección o al escogido, mejor conocido por palleo; para eso se tenían a los palliris (del quichua pa-llay=juntar) y que podían ser jóvenes o indios ancianos que con la ayuda de cateadores hacían la selección (Llanos 1983 [1609]: 97).24 Palliri, se deriva también de pallar (pallani o del quichua pallayta), que en general significa coger del suelo. En el Cerro había varias formas de hacerlo: una, recoger en los desmontes los trozos de mineral aptos para su procesamiento; el material juntado se llamaba pallacos y las personas que a ello se dedicaban eran los palladores.25 La otra, consistía en escoger el mineral directamente en las canchas. Finalmente, en los días de cancha o de pallar, salían los mineros a dar cuenta de su trabajo mostrando para ello su hilera de montones (Llanos 1983 [1609]: 97). j) De la cancha, los minerales se llevaron primero a los hornos de fundición y posteriormente eran bajados a lomo de bestias a los ingenios de amalgamación. Este trabajo fue realizado por los arrieros o cumuris (del quichua kúmu=agachado o agobiado, y del sufijo iri=acción o calidad), agobiados por el peso (Abecia 1988: 51). Para las bajas normalmente se fletaba ese servicio; preguntar a cómo andaban ellas, era in-dagar cuánto costaba el traslado de un quintal de mineral. Cada llama portaba de 70-92 kilo-gramos (Llanos 1983 [1609]: 12). k) Chacanadores (viene de chacnani), eran como los arrieros y necesitaban para el efecto de recuas de llamas que pastaban en las afueras de la ciudad. La mita para éstos consistía en un trabajo de 34 semanas, con lo cual los animales quedaban exhaustos ya que por la carencia de pastos en Potosí casi no pastaban durante ese tiempo (Llanos 1983 [1609]: 32). l) Los indios principiantes en el trabajo minero eran los mozorunas, que viene de: runa=hombre y mozo=joven (los españoles combinaban a menudo mal la lengua quichua con el castellano) (Llanos 1983 [1609]: 94).
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“Era seleccionado y descartado el material que restaba por los pallires (del quechua pallay: juntar) que podían ser mujeres”. En: Bakewell 1989: 144. 25 “Y lo que así se junta se dice pallaco, la cual se vende por cargas para revolver [mezclar] con otros me-tales [menas], y los indios que se ocupan en esto se dicen palladores, (...)”. En: Llanos 1983 [1609]: 97.

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m) Los pongos (de puncu=puerta y portero), eran los encargados de cuidar las puertas de las minas, ya que algunas tenían una verja metálica en la entrada de la bocamina (Capoche 1959: 151; Mendoza 1959: 205). Sin embargo, significaba cuidar cuanto había en ella: el mineral, las herramientas y los insumos. Recibían este apelativo por no darles el título de mayordomos y los trabajos muy especializados eran supervisados por ellos. Un apire-pongo era el jefe de un grupo de apires. Por cada veinte naturales en una mina debería haber un pongo (Bakewell 1989: 145). n) En las labores los tenientes (los verdaderos mayordomos), controlaban a que todos cumplan sus obligaciones. Para ello se escogía a los más diestros, briosos y mandones (Serrano 1998a: 133). o) Un capitán de herramientas, tenía la responsabilidad de distribuirlas y recogerlas. Sobres-tantes y herradores gobernaban el trabajo dentro y fuera de la mina; debiendo uno de ellos supervigilar la extracción y el otro la palla con la autoridad de cancha-minero. El trabajo se hacía hasta el amanecer, lo que sugiere una jornada de 12 ó 13 horas, sin duda interrumpida por algunos descansos (Serrano 1998a: 134). 1.1.4.- El personal y los oficios de los mitayos y mingas Muchos cargos de dirección y administración ligados a la actividad de explotación estaban en manos de los españoles y de los nativos. Queremos presentar los más importantes: a) El Alcalde de Minas, era un español y actuaba como juez encargado de los asuntos relativos a la minería, el beneficio y la mita (Mendoza 1959: 199). b) Los Veedores, normalmente españoles (su número varió de 2-4), eran los encargados de observar la seguridad en las minas (Llanos 1983 [1609]: 124). c) El Capitán (un funcionario indio, generalmente un cacique), que tenía a su cargo un cierto número de mitayos (Mendoza 1959: 200). d) El Fiscal, era un nativo designado por el párroco para hacer las veces de bedel o mayordo-mo en una doctrina (Mendoza 1959: 201). Todos los oficios o tareas relacionadas con la explotación de las minas, generalmente fueron efectuados por los mitayos y mingas. Mita, del aymara o del quichua mit'a, significa trabajo por turno. Era un sistema de trabajo minero forzado y basado en el principio de la alternabilidad por turnos. La gruesa, era el núme-ro total de naturales sujetos a la mita ordinaria; ésta consistía en cada una de las tres partes en que se dividía el conjunto de mitayos asistentes regularmente a Potosí para trabajar en turnos semanales.26 El señalar indios, era la concesión de mitayos para realizar trabajos mineros (Serrano 1998a: 134). Por el contrario, mingas (de mincani o del aymara y quichua minkja=alquiler), eran aquellas personas que por su propia voluntad se alquilaban. Había dos formas de mingar: la una, cuando los
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En 1609, para los coaccionados en Potosí “no se usa el nombre de mitayos, sino solamente para los que se dejen los días de fiesta en el Cerro a guardar el metal [las menas], y los demás y todos comúnmente se dicen indios de mita, supuesto que en rigor es todo uno”. En: Llanos 1983 [1609]: 93.

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españoles, señores de las minas, no tenían nativos propios alquilaban mano de obra; y la otra, que la gente de repartimiento o sea la que tenía obligación de servir en Potosí, a cambio de plata se liberaba de trabajar para su patrón y lo hacía para otro; esto quiere decir que su sistema de trabajo estaba basado en un convenio entre partes (Llanos 1983 [1609]: 92-93). Algunas palabras con relación al aporte de las mujeres en el trabajo minero. En los primeros años ellas conjuntamente sus esposos yanaconas fundían en las wayras la plata rica.27 Cuando se introdujo la amalgamación, por la falta de mano de obra se contrataba en los ingenios como mingas a mujeres indias y jóvenes a los cuales les pagaban al día 2 reales. Su trabajo consistía en clasificar manualmente las menas fragmentadas, para su posterior amalgamación (Capoche 1959 [1585]: 122). En las últimas décadas del siglo XVI las mujeres no solamente escogían trozos útiles en los desmontes, trabajando como palliris, sino que seguían dedicándose a la fundición. En sus casas recolectaban el mineral pallado y lo juntaban con trozos de alta ley que los barreteros seleccionaban y les entregaban cuando salían los días miércoles. Esta práctica era tan común y aceptada, que los dueños así como los supervisores la toleraban. Finalmente, otras mujeres indias se habían vuelto expertas en la comercialización de menas argentíferas; ya que desde fines del siglo XVI las vendían a los rescatadores en la famosa plaza o cancha del Khatu (predio actual de la Casa Nacional de Moneda) (Bakewell 1989: 146). La razón fundamental de su incorporación al proceso productivo, sin duda alguna radica en querer mejorar las pagas de sus esposos o sea mejorar el ingreso familiar. No existen eviden-cias concretas de que ellas hayan sido incorporadas al trabajo dentro de las minas. A continuación se da un listado de los cargos y oficios que desempeñaban los naturales, relacionados directamente con las tareas de explotación de las minas: cacique o curaca, capitán, fiscal, indios advenedizos o extranjeros, indios de cédula o mitayos (los cédulas), indios de metal, indios mingas, indios repartidos, indios tributarios, indios vacos, indios varas, minero (normalmente españoles, aunque los había indígenas), pongo, segunda persona o hilacata, yana-cona, indios de ruego, indios de faltriquera o indios de bolsillo, indios meses, indios venture-ros e indios de parroquias (Mendoza 1959: 200-205, 208). 1.1.5.- Insumos empleados Nos vamos a referir sólo a algunos de ellos, y que eran de gran utilidad: la coca, las velas, el coxoro, los callapos y la pólvora. a) El primero, no fue un insumo particular minero, sino de los mineros. Tampoco era un vocablo propio de la minería, pero fue usado en el Cerro. Era definida como “yerba grande-cilla (...) y tiene la hoja como sen sen, aunque mucho mayor, (...)". Dado el hecho de las duras faenas, como lo era el trabajo de la mita, los naturales la masticaban ya que “tienen la superstición que les da fuerza” (Llanos 1983 [1609]: 19-20). Los naturales decían cocaui a la comida o matalotaje que llevaban para sí. Entonces la coca era una especie de alimento, porque en la semana comían muy poco y les daba energías para soportar el trabajo. El abuso del uso de la coca y los daños ocasionados por el acullico de las hojas por parte de los naturales está bien documentado (Capoche 1959 [1585]: 175-176). Está claro asimismo que el consumo de coca aumentó drásticamente en la época colonial y sobre todo en el siglo XVI;
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“Fundición pequeña, loc. La que se hacía en las guairas”. En: Mendoza 1959: 202.

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declinando en los siguientes. b) Las velas, eran necesarias para la iluminación. En el siglo XVI, cada semana de cinco días se gastaba en el Cerro como 4000 pesos en esto. Ya en el siglo XVIII, el gasto era de unos 640 pesos semanales y en cada mina fluctuaba entre 80-480 (5-30 maitos). Un maito costaba 1 peso y contenía 16 velas. Los fabricantes eran conocidos como candelacamayos u “oficia-les de hacer candelas” y también como candeleros (Llanos 1983 [1609]: 16). En 1613, los naturales tenían que gastar anualmente más de cien mil pesos en velas; no se descarta que los propietarios proveían algunas. Esto quiere decir que en promedio cada mitayo gastaba 4 reales a la semana, vale decir la quinta parte de su paga semanal que eran 20 pesos (Bakewell 1989: 160). Las velas de sebo pesaban poco más de 41 gramos cada una y un kilogramo tenía generalmente 24 velas. c) El coxoro (coxuro), que no era otra cosa que la cáscara de las cañas bravas que se recogía de los cañaverales, servía para fabricar los cestos para transportar la coca a Potosí. Luego, los candeleros las mojaban y acomodaban en él las velas que vendían a los mineros en forma de manojos o maitos bien amarrados (para que en interior mina no se derritan). Coxorar candelas, significaba hacer esos manojos. En la mina se repartía el coxoro para envolver las velas que no se estaban empleando y para trajinarlas. La vela se sujetaba con ese material al dedo, y los españoles cuando ingresaban a las minas hacían lo propio, porque llevarla en la mano, por el calor de ella y del interior, ocasionaba su derretimiento. Este material por lo visto era un insumo para múltiples aplicaciones. El coxoro era también empleado por el barretero, quien lo colocaba dentro del taladro para evitar se atasque la barreta en la caja y para que toda la fuerza al golpear se irradie en todas direcciones, quebrando así de esta forma más fácilmente la peña (Llanos 1983 [1609]: 24-26). d) Muy importantes eran los callapos o callapus. Por su semejanza los trabajadores le asigna-ron ese nombre a unos palos muy empleados en las minas, de aproximadamente unos 84 centímetros de largo y “del grueso de la muñeca y algunos como el brazo” de ancho. Servían para muchas tareas como las de fortificación o de escalones en las cimbas o escaleras y, finalmente, colocados transversalmente a las cajas (paredes laterales de una labor sin mineral), para subir y bajar por los rajos y en las barbacoas (Llanos 1983 [1609]: 15-16). Para que la madera que se colocaba entre caja y caja quede firme, se hacían unos agujeros a punta de barreta y a esta operación se llamaba “encajes en las cajas” (Llanos 1983 [1609]: 44). Estos eran como andamios o tabladillos que se armaban para explotar a frontón desde lo alto para abajo en forma pareja; se colocaban dos palos gruesos (de madera de soto o de cualquier otro tipo), de pared a pared, para fortificar y en otros lugares para facilitar el transporte (Llanos 1983 [1609]: 12). Hablando de sotos (de secciones circulares), éstos tenían muchas aplicaciones porque eran más duros que los callapos y tenían aproximadamente 2.5 metros de largo. Se fabricaban también de esta madera los mazos de los ingenios; y como ya hemos mencionado, cuando se encontraban muy gastados eran llevados a las minas para ser empleados en la fortificación que se hacía con madera (Llanos 1983 [1609]: 118119). Caso contrario, era utilizada la piedra. e) Ya hemos manifestado que uno de los adelantos técnicos transferidos de Europa a Potosí fue la pólvora; que en los primeros años fue empleada para facilitar las tareas del arranque. Empero, para fines del siglo XVIII encontramos que su uso se había generalizado a todas las minas que en ese tiempo se explotaban en el Cerro; y los cancha-mineros entre otros insumos la distribuían ya que era un material requerido para la explotación en las minas (Serrano 1998a: 137). La pólvora de mina tenía poca fuerza expansiva y su composición era: 65% salitre, 30% azufre y el resto carbón; se la fabricaba en Lípez y esa producción abastecía a todas las minas de la Real 23

Audiencia de Charcas (Serrano 1998a: 137). 1.1.6.- Herramientas empleadas En las actividades del Cerro los dueños o encargados de minas, a través del capitán de herramientas, estaban acostumbrados a proporcionar a sus dependientes algunas herramientas como: las barretas, martillos, cuñas y sillos que servían para las tareas de explotación (Llanos 1983 [1609]: 54).28 a) El principal instrumento de trabajo era la barreta instrumento de trabajo del barretero. Sinó-nimo de barretero: “era, comparado con la barra, un instrumento muy ligero, que debía pe-sar entre dos y tres libras [0.9-1.4 kilogramos], aunque su forma fuera parecida” (Lan-gue/Salazar-Soler 1993: 67). El minero proporcionaba las barretas, que los naturales las calzaban y aguzaban a su costa. Hoy en día podríamos comparar esa herramienta con el barreno de las perforadoras. b) La comba, que fue designada también cumpa, era un martillo grande. Los nativos las fabrica-ban empleando piedras redondas como bolas, porque no disponían de otro material (de esa forma significa también galga). En las labores antiguas de Oruro y otros centros mineros fueron encontradas estas herramientas. Combear, es lo mismo que golpear (Llanos 1983 [1609]: 21, 54). Los martillos pesaban 14-18 kilogramos. c) Sillo o sillu, significa uña de animal o garra. Por su parecido este instrumento recibió esa alusión; era fabricado de hierro y servía para revolver los materiales sueltos, las piedras y la caja, con más comodidad y con menos gasto de energías, en comparación al uso de sólo las manos (Llanos 1983 [1609]: 54-55). d) Menos importantes eran los callapos o callapus, que en aymara quiere decir “palo” o “instrumento para deshacer terrones” o hacer caer los sueltos (Llanos 1983 [1609]: 15). e) Un instrumento que no les era proporcionado a los naturales y su uso estaba prohibido en las minas, fue la famulia. Estaba fabricada de acero como escoplo, y se diferenciaba de éste solamente por su punta redonda. Con ella se ayudaban los mineros, con su martillo, como quien escoplea, para sacar el mineral de la veta (Llanos 1983 [1609]: 49). Los españoles habían denegado su utilización, ya que se hacía mal uso de ella, respecto a que no circaban el mineral. De la visita general efectuada por el gobernador Juan del Pino Manrique y Lara, sabemos que en el Socavón Real había un almacén de herramientas; y de acuerdo al inventario se contaba con: 27 barretas servibles de 21 arrobas; 34 piezas servibles entre llancanas, taqueadores, barrenos, cucharas y una espadilla; 34 piezas inútiles de llancanas y taquedores; 6 combos en buen estado de casi 3 arrobas, 4 azadas, 16 grilletes, 6 picos, 1 badilejo, 3 azadones, 6 palas grandes y otras 6 pequeñas, una sierra y una romana grande, un andamio de poteo, 2 adoberas, 16 piquetes grandes y 14 pequeños, 3 reglas con niveles, 2 linternas, un báculo enumerado, 23 cabos viejos de combos y muchos otros objetos más.29 Esto nos ilustra sobre otras herramientas empleadas a fines del siglo XVIII, y que no las hemos descrito.
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En una visita a las minas en las provincias de Chayanta y Tinta, se constató que los barreteros contaban con setenta piezas de herramientas entre: combas, llaucanas, barrenas, taqueadoras, cuñas, cucharas y espadillas. AGI Charcas 436-B. 29 AGI, Duplicados de Gobernadores.

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1.2.- Intercambio reversible de experiencias en la amalgamación Desde hace casi 450 años que se empieza a hablar de la amalgamación 30 con el objetivo de enriquecer las menas argentíferas en la América española, y su introducción práctica iba a revolucionar primero la minería mexicana, años después la charquense (potosina y orureña) y mucho más tarde la europea. Dicha transferencia de tecnología y las relaciones de intercambio que tuvieron que darse queremos mostrar en el presente subcapítulo. Empezaremos escudri-ñando lo que se va a denominar primera etapa; es decir, su desarrollo en los virreinatos de México y del Perú. No enfocaremos la segunda fase de su evolución, o sea en Europa (Serrano 1994a: 407). 1.2.1.- El proceso de cajones y las variantes introducidas No vamos a discutir si el proceso vino o no de la Madre Patria, o tuvo su origen en algún país de Europa central. Lo cierto es que a gran escala se empezó a emplear en Pachuca/Nueva España el “método del patio o de Medina” en la planta de beneficio o Hacienda de Loreto. 31 El intercambio tecnológico llegó a Potosí proveniente de alguna planta mexicana, y no precisa-mente aprovechando el conocimiento de algún “ingeniero”; las primeras innovaciones se dieron y en estas tierras se lo conoció o denominó “método de cajones”.32 También, la transfe-rencia se dio en dirección Europa, lamentablemente no logró imponerse en esa primera etapa de evolución (Serrano 1994a: 407-408). “Los ‘cajones’ eran recintos rectangulares de piso y paredes de piedras, divididos en sec-ciones por tabiques de madera. En cada departamento o cajón se echaban unos 50 quintales [2.3 toneladas] de mena molida (harina). Si el cajón debía ser calentado, se construían sobre hornos, y se les llamaba buitrones (...) Los buitrones de fuego, al calentarlos, se cubrían con una tapadera de madera, para evitar escapes de vapor de mercurio y un mejor calentamiento. El material de cada cajón era amasado o traspaleado con azadón o pala [o con los pies] por un peón o dos que se colocaban en su interior (Bargalló 1955: 134).33
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“Amalgamación de la plata. Proceso de enriquecimiento para la recuperación de metales (especial-mente oro y plata) a partir de sus minerales [menas] y por medio del azogue o mercurio. No se sabe a ciencia cierta lo que el sevillano B. de Medina podía saber sobre este proceso en 1553; asegura que la noticia la tuvo en su patria (según sus propias palabras, lo aprendió de ‘pláticas con un alemán de que se podía sacar la plata de los metales [minerales] sin fundición ni aficiones y sin otras grandes costas’ y se trataba de una operación en pequeña escala y que no consideraba el aspecto de costos); después de dos años de ensayos en la Nueva España, no lograba obtener plata con azogue, hasta que finalmente le dio dimensiones industriales, con todos sus detalles y pormenores: a más de medio siglo de la conquista, en la Mina ‘Purísima Grande’ de Pachuca y en muchas otras haciendas de beneficio, a partir de 1556 se fue introduciendo la amalgamación de minerales argentíferos mediante el proceso en frío ‘de patio’ (...)”. En: Serrano 2002, I: 112-113. 31 El proceso del patio no era desconocido en Potosí y varios personajes ya habían intentado su introducción, pero fracasó por no conocerse todos los detalles o porque los minerales potosinos necesitaban condiciones algo diferentes. El virrey Francisco de Toledo entró en la Villa Imperial en diciembre de 1572 con ambos problemas resueltos, ya que estaba organizando la producción de azogue desde Huancavelica. Ni un momento dudó que el proceso fracasaría, ya que unos meses antes, en Cuzco, mandó en su presencia realizar “pruebas de laboratorio” con minerales de la Villa. Lo que faltaba, y a eso venía a Potosí, era organizar e implantar la amalgamación. En: Serrano 1994c: 201. 32 “Cajón. Recipiente para purificar [recuperar] la plata por medio de la amalgamación. El cajón es una división del buitrón, piedra contenedora rectangular, construida sobre una bóveda. El buitrón podía estar dividido con tablas en doce o más cajones. En Potosí un cajón tenía una capacidad de 50 quintales (2.300 kilos) de mineral triturado. En el siglo XVI, los procesos de purificación [procesamiento] en cajones se aceleraban a menudo mediante la aplicación de calor, desde la bóveda, por debajo del buitrón”. En: Bakewell 1989: 202. 33 Con el tiempo, varios cronistas e historiadores generalizaron el nombre de buitrón, para la amalgamación en cajones; aunque no se lo calentara.

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Capoche afirma: que estando la mena molida se le echa salmuera y se formaba un barro, y colocado en los cajones, dos naturales la iban repasando con los pies para que el azogue se vaya incorporando con la plata (Capoche 1959 [1585]: 123). El padre Acosta, vivió en Potosí de 1572 a 1585, y observó la práctica de la amalgamación, años más tarde de su desarrollo en Nueva España. Su descripción fue tomada por varios cronistas. Según ella, se pueden considerar tres etapas en su práctica, en tierras charquenses: en la primera, no se empleó el calor y se realizaba el proceso en cajones o artesas; en la segunda, se introdujo el calor y se amalgamaba en buitrones;34 y la tercera, se volvió al beneficio en frío (Bargalló 1955: 134). El historiador Bargalló, empleando la descripción de Acosta y Solórzano, más o menos nos da esta descripción de cómo se amalgamaba en estos lugares fuera de México: tritúrase el mineral en los ingenios hidráulicos o sea con ayuda de las trituradoras de pisones.35 Luego se clasifica este material en cedazos de telas de alambre y se echa a los cajones las 2.3 toneladas de material, al cual se añade 230 kilogramos de sal (relación 1:10) y sobre esa mezcla se agrega el azogue a “ojo de buen cubero”, o como se decía en ese entonces: “lo que era necesario”, para que el material se amase e incorpore uno con otro. La amalgama se obtenía después de unos 20 días o más, y en el mejor de los casos sólo en 9. Recalcamos, durante este tiempo se requería que la mezcla sea removida con mucha continuidad. Luego se lavaba esta mezcla en unas tinas grandes o pozos de agua;36 según Acosta, estos artificios contaban con un “molinete o ruedas”, para que en el fondo quede el azogue y la plata. Esta amalgama se la exprimía fuertemente con ayuda de un lienzo, en el que quedaba la pella, que era recogida en bateas. Con estas pellas “se hacen las piñas a modo de panes de azúcar en vasos de barro (...) huecas por dentro y hácenlas de 100 libras [46 kilogramos] de ordinario. Y para apartar la plata del azogue pónenlas a fuego fuerte, donde las cubren con un vaso de barro de la hechura de los moldes de panes de azúcar, que son unos caperuzones, y cúbrelas de carbón, y dánles fuego y un cañon de la cobertera recibe el azogue que se destila” (Bargalló 1955: 135). El proceso de amalgamación constaba de cuatro etapas características: la reducción, de los tamaños de grano y su respectiva clasificación; la amalgamación, propiamente dicha (en dependencia de la mena, se podía previamente tostarlas37); el lavado, para separar la amalgama de los acompañantes indeseados y poder obtenerse la pella (exprimiendo la turbia pesada); y finalmente, se procedía a la separación del mercurio de la plata, obteniéndose las piñas (por destilación o desazogado). En la crónica del Cronista, encontramos el gráfico de un ingenio y del proceso de cajones; y del mismo, podemos describir lo que sigue (Arzáns 1965, I: 168):
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Según Acosta, los buitrones se inventaron para acortar el tiempo de la amalgamación, dadas las características climatológicas reinantes en Potosí; “con fuego manso por debajo de los buitrones, se terminaba la operación en cinco o seis días”. En: Bargalló 1955: 134. 35 Los primeros sitios industriales no estuvieron directamente en la Villa. Se construyeron ruedas hidráulicas en Chalviri, Chaquí, Tarapaya y otros lugares donde había gran cantidad de agua; y recién en diciembre de 1574, se empezó a construir el canal de la Ribera, que estuvo terminado años después y se lo inauguró en marzo de 1577, seis meses después de la conclusión de la construcción de las primeras lagunas del Kari-Kari; y su caudal era del orden de 160-250 litros por segundo. En: Gioda/Serrano 2000: 57-58. 36 Quedan un par de ruinas en Potosí, con lo que fueron las tinas; construcciones, por cierto, muy grandes. 37 Algunos minerales complejos (negrillos) requerían tostación antes de ser amalgamados. El mineral era colocado en un horno parecido a los empleados para hacer pan; aunque su construcción, en la parte interior, difería en algo. Mediante la tostación, los minerales despedían sus componentes de azufre y antimonio, como gases. En: Cobb 1977: 94.

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a) Respecto a la infraestructura: el ingenio estaba amurallado y muestra dos puertas (la princi-pal y otra posterior). A mano derecha de la puerta principal se observa la vivienda principal del azoguero; a mano izquierda, estaban los ambientes para almacenar la plata y el azogue; y casi en la esquina existía una capilla, donde se celebraba el santo sacrificio de la misa. Por la puerta posterior, entraban los “carneros [llamas] en que bajan el metal [los mine-rales] y segunda puerta que tienen todos los ingenios”. Mirando del frente o puerta prin-cipal, a mano derecha se ve y lee: “aposentos o galpones donde se guarda el metal [los minerales] que bajan del Cerro”; y a mano izquierda: “varias oficinas donde se guarda el cobre, la sal, la ucha [el ichu], la cal y otros materiales para el beneficio de los metales [menas]”. En el muro izquierdo, se observa la ramada o piñawasi (del cual nos ocuparemos en b) y otros galpones o dependencias, sin descripción de su uso. Muchos arrieros y sus llamas se encuentran en este lugar. b) Con relación a la sección reducción-clasificación: se muestra dos ruedas hidráulicas; la una, perteneciente al ingenio precedente (una cabeza con 5 pisones o mazos) y el agua de ella corre a través del canal y mueve la segunda rueda (de dos cabezas, cada una con 6 pisones o mazos) que golpean sobre el morterado (en el gráfico, mortero). Se observa, dos personas situadas delante de las almadanetas en cada cabeza. La leyenda dice: “piedra donde las almadanetas muelen el metal [mineral] que llaman mortero”. A mano izquierda, la depen-dencia destinada a la clasificación, donde se ve dos “cedazos de alambre donde ciernen el metal [mineral] después de molido” y dos personas encargadas de este trabajo. Más abajo, frente a la dependencia donde se amalgamaba y la puerta principal, un sitio al aire libre para secar los minerales húmedos, que llaman “pampear” o pampeo. Este material, pasaba a la sección amalgamación (tres dependencias), de izquierda a derecha: un“sitio donde los indios repasan los cajones de metales [minerales] negrillos, y es llama-do buitrón”; al centro, el “buitrón donde se preparan los cajones para el beneficio”; y en la última, “otro buitrón donde los indios repasan los metales [minerales] con los pies y los azadones para la preparación del beneficio”. Al lado, de la primera dependencia, se encuentra la ramada, donde se tostaban los minerales negrillos previos a ser amalgamados. Además, pertenece a esta sección una dependencia al lado de la clasificación, y se lee: “medida llamada topo”. Podemos inferir que en esta dependencia se procedía a preparar los volúmenes o tonelajes de mineral a ser tratados en los cajones. Esta sección ocupaba mucha gente (unos 30 trabajadores). La sección lavado, presenta dos descripciones. Vemos, que: parte del agua que viene de la rueda de una cabeza se recolecta en cuatro “tinas que llaman cochas a donde se lavan los cajones de metal [mineral] y se saca la pella”; observamos, dos personas por cada cocha efectuando esa tarea. A mano derecha de las cochas, una “ramada donde se pone el benefi-ciador [eran dos] para lavar los metales [minerales] de los cajones. Por último, en la sección desazogado, se encontraba la “ramada donde se pone a requemar las piñas de plata”. En muchos casos con autorización real los innovadores estaban obligados a transmitir, tanto a los españoles como a los nativos, sus descubrimientos, comenzando así su lucimiento, de este arte durante muchos años, prácticamente hasta fines del siglo XIX. En Europa la cosa parece ser diferente, ya que para el tiempo que corre su investigación, existía un buen intercambio de experiencias, gracias a la erección de centros de enseñanza, la realización de reuniones internacionales científicas, etc. (Serrano 1994a: 408). De los documentos existentes se sabe que en Potosí se desarrollaron variantes al beneficio del patio. Con referencia al proceso de amalgamación para los diferentes tipos de minera-les, también 27

encontramos diferencias y avances desarrollados en diversos centros mineros; por ejemplo: amalgamación en frío, luego en caliente o viceversa, con uso de reductores o sin éstos (se trata de la introducción de un grupo de magistrales como el estaño, plomo, hierro, cobre y el empleo del sulfato de cobre), amalgamación con o sin tostación,38 etc., constituyendo esto un aporte importante al desarrollo de la metalurgia, y que merece ser rescatado como ejemplo del reconocimiento científico al que se hacen acreedores quienes lo inventaron o “patentaron” (Serrano 1994a: 408). Mencionaremos algunos de estos adelantos y a los azogueros dedicados a su desarrollo en la Villa Imperial de Potosí (Serrano 1994c: 206-207): -Gaspar Ortiz de Picón,39 en un manuscrito fechado de 1586, proponía el retratamiento de colas antiguas, a las cuales se debía agregar, además de sal y mercurio, por cada 2 ó 2.3 toneladas de mineral 250 ó 270 kilogramos de “tierra cernida”. Este método permitía también aprobé-char las lamas quemadas en salmuera muy concentrada y poco agua, echándole a 690 kilogra-mos de material 230 de tierra clasificada. -En 1587, los hermanos Juan Andrea y Carlos Corzo de Leca desarrollaron el beneficio de amalgamación con limaduras de hierro en su ingenio de Tarapaya/Potosí; para esto se construyó una maquinaria para limar el hierro.40 De los informes existentes se constata que este proceso salvó la minería en Potosí, ya que permitía tratar minerales muy pobres, de cualquier tipo y en frío, con un ahorro de combustible. Para esa época ya se empleaba en la Villa Imperial una variante con buitrones de fuego y que con el empleo del citado magistral se la abandonó. -En 1588, Juan Fernández Montano (o Montalvo) descubre el uso del sulfato de cobre (copa-piri o piedra azul de los Lípez o caparrosa natural) y de la salmuera, en buitrones de fuego. Este invento potosino fue sumamente importante para el desarrollo de la amalgamación.41 -Domingo Gallegos, en 1596, reemplazó el uso de hierro metálico con el empleo de estaño, plomo y cobre metálicos (todos reductores). Notable descubrimiento que se utilizó hasta la época republicana.42 El plomo, el cobre y el estaño provenían de los propios yacimientos argentíferos.
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“1593. Entre los primeros en proponer la tostación figura Diego López de Medina, el cual sugiere echar la harina [mineral fino] cernida y molida en ‘hornillos de a 24 ollas, cada uno con su tapadera hasta que se queme, de manera que con el mucho fuego estén las ollas muy acaloradas”. En: Serrano 1994c: 221. 39 Gaspar Ortiz de Picón, a los 5 días del mes de febrero de 1586, solicitaba al licenciado Juan Díaz Lupidana (oidor y juez de la Real Audiencia de Charcas) merced respecto a la introducción y divulgación de un beneficio de menas y lamas quemadas, con salmuera. Estuvo trabajando al parecer unos tres años en esta modificación potosina. En: Bargalló 1955: 145. 40 La mayor parte del hierro que se necesitaba para el proceso Corzo se lo traía de Vizcaya/España (en lo galeones como lastre). En 1593 se consumieron 92 toneladas. En: Cobb 1977: 94. En 1587, los hermanos Corzo, basándose en las investigaciones de Garci Sánchez, desarrollaron un nuevo beneficio de menas, lamas y relaves. Este invento llegó a oídos del virrey en Lima, conde de Villar, quien informó a España en 1588. Este método en frío al que se añadía hierro en suspensión, disminuía el gasto de mercurio y combustible; por otra parte tenía el problema que se debía importar el hierro. Garci Sánchez abrió proceso a Corzo “por expropiación del know how”. Tristán Sánchez en 1590 se opuso el empleo del hierro, ya que el quintal (46 kilogramos) costaba 70 pesos. En: Abecia 1988: 156. 41 Fernández presentó la variante consistente en la introducción de sulfato de cobre en solución de sal, inspirado en los experimentos que en 1582 había efectuado Juan Capellín. En: Abecia 1988: 157. 42 El 18 de abril de 1596, durante una reunión ordinaria del Cabildo de Potosí en la que se encontraba el visitador Antonio Gutiérrez de Ulloa, se presentó Domingo Gallegos quien previamente exigía el pago de 50 mil pesos ensayados para dar a conocer su invento a los dueños de minas e ingenios. Se trataba de los reductores metálicos plomo, estaño y cobre aplicable a la amalgamación de todo tipo de menas (pacos y negrillos) en reemplazo del

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-Aquí vale la pena rescatar la obra del Padre Álvaro Alonso-Barba, ya que su “método de cazo y cocimiento”43 que es una de las variantes desarrolladas en tierras charqueñas (hoy Bolivia), casi dos siglos más tarde de alguna manera fue la base para que la amalgamación sea mejorada e interpretada científicamente y puesta en práctica con éxito en Europa; vale decir, dio lugar al “método del Barón de Born” y su posterior evolución como método de barriles o de Freiberg/Sajonia y que vuelve al lugar de origen gracias a la ignorancia y conserva-durismo de los azogueros mexicanos y potosinos, constituyéndose en parte de las reformas borbónicas, a través de las misiones sajonas encabezadas por Friedrich Sonnenschmidt (a Nueva España) y del sueco Timotheus von Nordenflycht (al Perú y de paso a Potosí); un magnífico ejemplo de intercambio de tecnología entre el nuevo y el viejo mundo y viceversa. Sin embargo, su implantación tanto en México como en Potosí estuvo acompañada de fracasos, a diferencia de su diversificación en los países europeos. Tal vez, y esto no analiza-remos en detalle, se debió a que la América española no estaba preparada para una transfor-mación industrial y los azogueros de la época se contentaban con procedimientos, por cierto más rústicos, pero eficaces y no les interesaba la implantación de equipo en reemplazo de la mano de obra nativa barata (Serrano 1994a:409). 1.2.2.- La amalgamación y su desarrollo en la América española Es de vital importancia referirse a este asunto como buen ejemplo de relaciones científicas e intercambio entre Europa y la América española, o entre países latinoamericanos. Lo que pudo saber el sevillano Bartolomé de Medina sobre la amalgamación al comenzar a desarrollarla, no se sabe a ciencia cierta. Él nos indica que lo supo de conversaciones con un alemán de que se podía sacar la plata de sus minerales sin recurrir a la fundición y a bajo costo. No obstante, estando ya dos años en Nueva España no lograba obtener dicho metal mediante azogue o mercurio y meditó en la posibilidad de hacer venir al sajón, idea que fue rechazada por las autoridades de la Corona. Sajonia en ese momento era un centro importante de desarrollo en el campo de la minería; una muestra constituye la famosa obra De re metallica, publicada en 1556 por el médico Georgius Agricola, que nos da a conocer los muchos avances que se estaban llevando a cabo (Serrano 1994a: 409). Que el oro se amalgamaba con el mercurio, era un asunto conocido por los romanos; mientras para la plata el mérito sería para los alquimistas medioevales. A mediados del siglo XVI se lo encontraba descrito en las cartillas alemanas relativas al ensayo de menas de los metales. Sin embargo, hay que hacer notar que no se trataba de la recuperación de la plata de sus menas o minerales de valor. Por lo tanto, debe considerarse al metalurgista italiano Vannoccio Birin-guccio como el primero que ha descrito un proceso de amalgamación para menas de plata, que se puede encontrar en su obra: De la Pirotecchnia (1540) (Serrano 1994a: 409).44 Retomando el tema, el sevillano nos asegura que la noticia la tuvo en su patria y se trataba de una operación a pequeña escala y que no consideraba el aspecto económico; ya en Nueva España, el 29 de diciembre de 1555, lo transforma en un verdadero método industrial, con todos sus detalles y
hierro. En: Serrano 1994c: 222. Debemos mencionar al inventor del proceso de cazo y cocimiento (1609, en Tarabuco cerca de La Plata) basado en el empleo del cobre metálico en caliente como reductor, el padre Álvaro Alonso-Barba, quien en 1640, lo describe en el “Arte de los metales”. En: Serrano 1994c: 207. 44 Bargalló hace hincapié‚ en que el método no puede ser originario del italiano, sino, tal vez, de algún minero alemán que se lo diera a conocer en las visitas que éste realizó por esas tierras. El propio Biringuccio declara no ser el inventor. En: Bargalló 1955: 110, 117 y 119.
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pormenores, que revolucionó por completo la metalurgia de la plata y que inundó de barras de plata al mundo. Su apogeo sobrepasa los trescientos años, imponiéndose luego la cianuración hasta nuestros días. Sólo como referencia diremos que en 1562, en el distrito minero de Zacatecas/México estaban en operación 35 instalaciones empleando esta tecnología de punta (para la época) y tratando menas de baja ley no aptas para ser fundidas. Entre la primera concepción sobre la amalgamación a escala muy pequeña y lo último de gran proceso industrial, hay un trecho abismal (Serrano 1994a: 410). Las ideas que sirvieron de base para el proceso de Medina eran parte del ambiente alquimista y técnico del siglo XVI y Medina estaba al tanto de ello. La mejor evidencia de esta influencia podría ser la Instrucción dada al administrador de las minas de Guadalcanal/España, Francisco de Mendoza, a fines de octubre de 1557. Después de las primeras pruebas en el continente europeo, el fracaso era evidente y tuvieron que traer, el 10 de abril de 1562, a un nativo llama-do Mosén Boteller, quien realizó pruebas siguiendo muy de cerca la descripción de Birin-guccio‚ éste quiso hacerse reconocer como el inventor, petición que fue rechazada. Al parecer, Boteller vio o trabajó con Medina antes de su viaje a España. Los cambios o variantes al proceso original los efectuó el propio inventor y otras personas (en los primeros años), y lamentablemente no están documentados, como es el caso de las variantes desarrolladas en la Villa de Potosí (Serrano 1994a: 410). No hay duda alguna de que mientras el proceso de Medina se usaba intensamente en los virreynatos de México y Perú, en Europa se lo ignoraba y hasta despreciaba. Si el proceso sufrió evolución, luego que se lo transfirió de Nueva España más propiamente a Potosí, tuvo que ser aproximadamente entre 1557 y 1572; es decir, en los 15 años que median entre su aplicación en la Mina Purísima Grande (hacienda de Beneficio Loreto) de Pachuca/México y la aplicación por Pedro Fernández (o Hernández)de Velasco en Potosí. Tuvieron que transcurrir más de 35 años para que tanto en México como en Potosí se diera importancia a la aclaración de lo más esencial del mismo, aunque directamente no se lo mencionaba como “beneficio de Medina”.45 Veamos ahora el aspecto relativo al intercambio tecnológico que acompañó a su evolución, especialmente relacionada a la plata potosina; para ello veamos algunos antecedentes históri-cos. La industria argentífera del Cerro de Potosí, cuya actividad se remonta a fines de 1544, involucraba una variedad de actividades de exploración, explotación, tratamiento, fundición46 y la comercialización de las menas de plata que exigían algún conocimiento de las personas que a ella se dedicaban. En España, había la tradición necesaria, ya que a su turno griegos, cartagineses y romanos explotaron yacimientos de oro y plata y se sabe que unas 500 minas fueron trabajadas. Debemos admitir no obstante, que los primeros españoles colonizadores eran soldados y aventureros que probablemente no estaban al tanto de esta tradición. Es importante referirse a este tema: La administración colonial peruana mandó, en 1558, al
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En 1591, el doctor Juan Cárdenas de México fue el primero que describió y trató de explicar lo esencial del beneficio del patio. En: Bargalló 1955: 125. Un año antes, uno de los primeros en hacer una descripción del proceso del patio en Potosí fue el padre Joseph de Acosta en su Historia Natural y Moral de las Indias. El llegó a la Villa Imperial en 1574 y en el Capítulo XII de su libro IV de su obra describe la modalidad introducida por Fernández que rápidamente se la empezó a modificar, primero se inventó los buitrones, y luego, en una época notable por su productividad técnica, en 1580 y 1626, se le dio su forma notable. En: (Serrano 1994c: 221. 46 A los procesos de tratamiento y fundición, en general se los englobaba en el término beneficio. Beneficio por azogue sería la amalgamación; en cambio beneficio por fuego, sería la reducción de los concentrados por fundición; beneficio por crudo o beneficio de los minerales en frío. En: Langue/Salazar-Soler 1993: 80.

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portugués Enrique Garcés a aprender el proceso y a su vuelta, en 1559, llevó a cabo varias pruebas con éxito; pero como el tratamiento mediante fundición marchaba bien, no hubo mayor interés. A partir de 1564, cuando ya se vislumbraba la crisis, se hicieron varias pruebas en Potosí, las cuales fracasaron, ya que si bien se conocía el proceso no se dominaban los detalles técnicos. Incluso es posible que alguno hubiera tenido éxito, pero por diversas razones no se llegó a difundir. Podemos mencionar, por ejemplo, a Hernán Martínez que el 4 de enero de 1572 decía en una carta dirigida al virrey Francisco de Toledo haber venido de la Nueva España a las minas de Porco y alegaba que había sido el “la persona que primero vino a dar la industria de como se puede beneficiar la dicha plata con el azogue (...)”. Sin embargo, hay suficiente información de primera fuente para asegurar que fue Pedro Fernández de Velasco, en 1571, el que finalmente logró introducir el método de Medina en frío en la minería de la Imperial Villa, que fue modificado y mejor conocido como método de cajones; su introducción revolucionó la minería potosina y el lucimiento de su inventor. Toledo, como premio, le concedió un salario anual de 400 pesos ensayados (744 pesos corrientes) el 7 de febrero de 1572 declarándolo “Maestro Mayor de Azogues”, señalándole la obligación de enseñar el proceso y garantizándole una especie de patente durante seis años (Serrano 1994a: 412; Serra-no 1994c: 206). En pocas palabras, sería promotor de la propagación de las nuevas corrientes técnicas, aunque al parecer alguien colaboró en ello, ya que él no tenía muchas aptitudes, pero si estaba ligado a la actividad ya que era dueño de una fundidora. Ya hemos visto que el proceso no era desconocido en la Villa Imperial y que muchos otros personajes habían intentado su implementación; si al principio fracasó o fracasó a medias, el hecho radicaba en que no se conocían todos los detalles del mismo o porque los minerales potosinos necesitaban condiciones algo diferentes. Otro de los asuntos difíciles de resolver era la provisión de mercurio. Toledo entró a la villa el 23 de diciembre de 1572 con ambos problemas resueltos, ya que estaba organizando la producción de azogue desde Huancavelica, habiendo manifestado públicamente que iba a realizar “el casamiento más importante de la historia”. Se refería naturalmente al mercurio de Huancavelica, aleado con la plata de Potosí. Tampoco dudaba que el proceso de amalgamación fracasaría, ya que como hemos ya manifes-tado, unos meses antes había mandado efectuar en su presencia “pruebas de laboratorio” con minerales del Cerro. Lo que faltaba era organizar el trabajo de amalgamación, para lo que se necesitaba que las menas sean molidas finamente, por debajo de 2 milímetros. Los españoles contaban con diferentes posibilidades para realizar esta tarea; se podía usar y se usó el “maray” indígena (consistía de un bolón de piedra que se balanceaba sobre una piedra plana),47 disponían de la batería de pisones (mazos con almadanetas) inventada en Freiberg/ Sajonia hacia 1550 (muy bien descritas por Agrícola), y también se podían usar los antiguos molinos de muelas que se empleaban para la molienda del trigo desde épocas romanas. Para el empleo de motores de fuerza había varias posibilidades; naturalmente estaba la fuerza de los nativos, la fuerza animal de caballos y mulas y, finalmente, el motor más eficiente de todos: la rueda hidráulica que ya había sido usada por los romanos y que se aplicaba en ese tiempo en las regiones mineras europeas. Ante tamaña revolución, Potosí, que se estaba despoblando, dio un giro en sus fortunas y pronto personas de todo rango y distinción estaban aplicando todos estos procedimientos a la vez (Serrano 1994a: 412, 414). Otro ejemplo del intercambio tecnológico entre Nueva España y Potosí radica en lo siguiente: la idea de emplear el calor en la amalgamación, posiblemente llegó de esas tierras. Como lo manifiesta Capoche, los buitrones fueron un invento potosino: “y este modo de beneficiar en buitrones ha sido cosa muy necesaria porque antes que se hicieran se tardaba mucho en sacar la plata, porque duraba el repasar el metal [la mena] veinticinco días, y ocupábase mucho azogue
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Solera, “nombre que ha distinguido siempre a la piedra inferior del quimbalete; la superior que se mueve sobre ella para la molienda se llama voladora”. En: Vignale 1944: 66).

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por tenerlo tanto tiempo incorporado; y cierto español dio este aviso por haberlo visto en México. Son estos buitrones unos hechos de piedra y otros de tabla. Tienen Por el largo comúnmente cuarenta pies [11.1 metros], y de ancho, diez [2.8 metros] por lo hueco; y tienen de alto, desde su planta y bóvedas, seis o siete pies [1.7 ó 1.9 metros]. Este hueco por debajo, que carga su pavimento y suelo sobre una bóveda y paredes que reciben en sí unas losas o tablas que le ponen; y tienen sus humeros y vías por donde corre el humo; y sobre este primer suelo se levantan sus paredes; y esta dividido el suelo en seis partes de seis pies [1.7 metros] cada una de ancho y diez [2.8 metros] de largo, que llaman cajones; y estos cajones están divididos con tablas que impiden no se junte el metal [mineral] de un cajón con el de otro” (Capoche 1959 [1585]: 123). La fecha de su introducción podría ser 1574. En México se usaron sistemas diferentes; por ejemplo, en 1599, Gonzalo Gómez de Cervantes describe el método de “canoas y estufas”. El ahorro en tiempo está debidamente documentado y tiene mucho que ver con la cinética de las reacciones químicas, las cuales son aceleradas por un aumento de la temperatura (Serrano 1994a: 416). Si bien en Pachuca se lo usó mucho, en Potosí, allá por 1580, era muy costoso a causa de la carencia de combustible. La necesidad de un proceso más eficiente conlleva al descubrimiento de los reductores o magistrales, eliminándose los buitrones que se volviera al proceso en frío en cajones. Con el tiempo, los potosinos siguieron empleando el término buitrón como sinóni-mo de lugar en donde se llevaba a efecto la amalgamación y no de horno, que es su verdadera acepción (Serrano 1994c: 208). Volviendo al punto importante ya mencionado recalcamos que, de los documentos existentes se sabe que en Potosí se desarrollaron innovaciones al proceso del patio o de Medina para los diferentes tipos de minerales, consistentes en la introducción de un grupo de reductores como hierro, plomo, estaño, cobre y el empleo del sulfato de cobre; se propuso la tostación de las menas antes de su amalgamación (especialmente para minerales sulfurosos o negrillos) y por último está el empleo de la cal;48 constituyendo esto un aporte importante al desarrollo de la metalurgia de la plata. Sin duda, muchas de estas variantes más tarde se aplicaron en las plantas mexicanas, haciéndonos ver que la transferencia era recíproca o reversible (Serrano 1994a: 416). 1.2.3.- Un ejemplo de mecanización En las plantas amalgamadoras, la rueda movida por la fuerza del agua o sea una rueda hidráulica, era lo único mecanizado que había en esas instalaciones. Para comprender el funcionamiento de las ruedas, es bueno conocer las partes componentes del sistema de frag-mentación que logró imponerse en Potosí (además, de los partidos de Porco, Chayanta, Chichas y Lípez) y Oruro (sobre todo en la Villa y Garcimendoza). De acuerdo a la definición sobre un ingenio, de 1609, en el Diccionario de García de Llanos leemos: “Aunque el nombre de ingenio comprende otras muchas cosas concernientes a él, propiamente es ingenio el artificio con que se muele el metal [mineral], que las partes prin-cipales de que consta son: canal, chiflón, rueda, eje, quijo, cureñas, chumaceras, castillo, triángulo, cabezales, cadenas, mazos, levas, sobarbos, almadanetas, tejos y mortero, (...) ” (Llanos: 1983 [1609]: 62). Todos los ingenios hidráulicos estaban equipados con la rueda, el sistema de mazos respectivo y los otros componentes. Si los mazos se encontraban a un solo lado de la rueda, se
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De 1603 data el uso dela cal como consta de una carta de la Audiencia de Charcas del 26 de diciembre: “la cal, en el beneficio del cobre, purifica la plata de manera que sale muy blanca y centrada y de toda la ley, que ha sido una cosa de mucha importancia, porque antes de esto, con solo el cobre, aunque se sacaba plata en cantidad era muy morena y no de la ley (...)”. En: Serrano 1994c: 223.

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denominaba ingenio de una cabeza. Cuando el eje llevaba un surtimiento de 4 a 6 mazos en cada uno de los lados, atravesando el cárcamo, al ingenio se lo llamaba de dos cabezas.49 “Y es cosa admirable ver que con tan poca agua pueda con aquella rueda y desmesurado eje, y que si es de dos cabezas el ingenio baje y suba solamente el hierro (de las almadanetas) [de unos] 25 quintales [1.1 toneladas]; y que los mazos con su almadaneta, con los sobarbos y cinchones pesarán por lo menos otros 10 quintales [0.5 toneladas]” (Arzáns 1965, I: 169). Aunque a principios del siglo XVII, como hemos visto de la definición de ingenio, no era necesario referirse a los componentes, creemos que si para la historia de las técnicas y son: a) La almadaneta, “es a modo de yunque de hierro, de ocho o nueve arrobas [92-103 kilogra-mos] de hierro (y algunos se hacen de cobre en esta Villa) y sirve de cabeza al mazo con que se quiebra y muele el metal [mineral]; y la almadaneta está metida en el mazo por un buen espigón que tiene, y el dicho mazo por la parte que tiene el espigón de la almada-neta está ceñido con un cinchón de hierro”(Arzánz 1965, I: 169). Se refiere a un aro de ese metal, al que también lo llamaban suncho (Vignale 1944: 66). Por otro lado, se entiende que el espigón está metido en el mazo por una cuña que tiene.50 También se puede definirla como la parte del mecanismo hecho de hierro o bronce en forma de una pirámide trunca, que servía para golpear el mineral y reducirlo a grano fino (Lan-gue/SalazarSoler 1993: 343). La almadaneta caía con fuerza sobre un bloque fijo de piedra o morterado.51 b) El canal, como su nombre indica, es una acequia o canaleta que servía para conducir el líquido elemento; la toma respectiva estaba situada a algunos metros aguas arriba. “También se llama canaleta la caja, por donde va el agua al chiflón y cae así a la rueda como al lavadero”. Las canaletas por donde corren las lamas o relaves eran también conoci-das como recochas (Vignale 1944: 67). Según Rück: “acequia era la zanja o canal por donde se conducían las aguas que servían de fuerza motriz a algún ingenio o a otras máquinas” (Langue /Salazar-Soler 1993: 4). c)El cárcamo o casco,52 era el lugar donde se hallaba instalada la rueda; en la pared superior y a un extremo estaba el canal y éste se comunicaba con ella mediante el chiflón; los otros componentes del sistema de fragmentación situábase fuera de él.
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“Cabeza de ingenio debe interpretarse como cabeza de eje, la unidad eje-almadaneta. Cuando el eje llevaba una almadaneta en cada extremo, atravesando el cárcamo, al ingenio se lo llamaba de dos cabezas”. En: Vignale 1944: 66.

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El pisón, era equivalente de almadaneta, o sea una pieza de hierro de más o menos 30 kilogramos de peso empleada para romper el mineral en los las llamadas trituradoras de pisones (Langue/Salazar-Soler 1993: 16). Consiguientemente, el cabo de pisón, se denominaba al eje de madera que levanta los pisones de una quebradora de mineral.
Según Rück, “también le daban ese nombre [morterado] al granito más sólido de color oscuro, o sea a la piedra de ala de mosca”. En: Langue/Salazar-Soler 1993: 17.

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Cárcamo, era también definido como un desagüe o conducto de las materias terrosas a las tinas, durante el lavado de la amalgama. En: Langue/Salazar-Soler 1993: 118. No se sabe desde cuando este término se lo empezó a emplear en la minería potosina, para designar al lugar donde se alojaba la rueda. Casco, era aquella parte del ingenio donde se hallaban instaladas las máquinas (es lo material del edificio sin adornos ni otros adherentes). En: Vignale 1944: 66. 33

d) Castillo, el eje con la rueda está suspendido sobre unas horcas de fortísimos troncos (Arzáns 1965, I: 169). También en Nueva España se lo definía como la fuente o armazón de vigas gruesas de la maquinaria para quebrar minerales (Langue/Salazar-Soler 1993: 124). e) “Dícese chiflón, el del ingenio por donde cae el agua del canal para herir en la rueda” (Vignale 1944: 67). Otra forma de describirlo sería: “chiflón es un cañón de madera por donde cae el agua al lavadero, y también por donde con violencia cae asimismo el agua a la rueda para moler el metal [mineral]” (Arzáns 1965, I: 169).53 En forma sencilla, se trata de una canaleta de madera por donde cae el agua a los cajones de la rueda. f) El eje, “labrado de un formidable soto tendrá diez baras [8.4 metros] de largo, y si es de una sola cabeza tendrá seis baras [5 metros] poco más o menos. Estos ejes o sotos, que es la madera más fuerte de cuantas en este reino produce la tierra para obras gruesas, se traen en carretas (tirándolas ocho bueyes o doce mulas) de las provincias de Tucumán, caminando más de trescientas leguas [1 672 kilómetros]; en aquellos tiempos, a principios de esta gran fábrica compraron los dueños de ingenio, cada uno de estos ejes por [valor de] dos mil pesos. En esta viga gruesa está armada la rueda de madera fuerte que llaman tipa” (Arzáns 1965, I: 169 y Vignale 1944: 68). Como sinónimo se tomaba al soto: “Digo que un palo que se llama eje, que tiene 22 pies [6.1 metros] de largo y cuadrado de dos pies [56 centímetros] de ancho, vale 900 y 1000 pesos ensayados” (Vignale 1944: 68).54 g) La chumacera, era una pieza metálica donde descansaba el eje de una máquina. h) Las levas “son unas rosas de madera que están asesgadas en el dicho eje, y alzan los mazos para moler el metal [la mena]” (Arzáns 1965, I: 169). Como acepción se puede usar la palabra álave (Vignale 1944: 68). i) “Los mazos de los ingenios son de madera muy fuerte y pesada que el árbol, se dice soto. Tiene de largo como tres baras [2.5 metros] poco más o menos, más grueso que el muslo. Después de muy gastados y que no pueden servir en los ingenios, son de provecho para el reparo de las minas y en las partes que es fuerza hacerse de madera, porque no siéndolo más convenientes son los reparos de piedra por su firmeza y duración” (Llanos 1983: 74). Como sinónimo se usó el término masas,55 y por ella se entiende “aquella viga o eje que es el que hace andar la rueda del ingenio, y por la parte de adentro hace subir y bajar las masas con las levas que están asidas al mismo eje” (Vignale 1944: 68). Otra forma de definirlas sería: “son unos cuarterones de madera recia donde están las almadanetas que muelen el metal [mineral]” (Arzáns 1965, I: 169). Cada mazo terminaba por abajo en una almadaneta de hierro o bronce de 69-92 kilogramos y un sobarbo en su parte media (Langue/Salazar-Soler 1993: 16). Debajo de los mazos estaba dispuesta una plancha de hierro de longitud igual a la que ocupaba la serie de mazos de 20-22 centímetros de alto y 15 a 17 de ancho, engastada de canto entre dos tablones de encino, unidos entre sí, y los
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“EL vocablo es usado en la actualidad, y no sólo para referirlo al caño por donde desemboca el agua a la vertedera, sino también para calificar toda corriente demasiado violenta”. En: Vignale 1944: 67.

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Por su parte Capoche, comenta que un palo que tenía 21 pies [5.8 metros] de largo y 2 de ancho [56 centímetros] por cuadra, cada eje de ingenio de agua costaba 1 500 pesos ensayados. En: Capoche 1959: 117. Este elemento “es el que hace andar la rueda del ingenio, y por la parte de adentro hace subir y bajar los mazos con las levas que están asidas [unidas] al mismo eje”. En: Arzáns 1965, I: 169.
Maza “cabeza de las quebradoras de mineral”.En: Langue/Salazar-Soler 1993: 343.

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mortantes del armazón.56 j) El morterado, de acuerdo a los testigos que se encuentran en diversas ruinas a lo largo de la Ribera, algunos en sus sitios originales, otros ya movidos, eran de una piedra maciza de granito, de color oscuro o como en Potosí mucha gente la denominaba y todavía lo hace actualmente: ala de mosca. El mortero o morterado, era “la piedra adonde dan el golpe los mazos para moler el metal [mineral], que los indios llaman morteros y los españoles dado” (Arzáns 1965, I: 169). Rück dice que mortiri, es el peón que atiende la molienda (Vignale 1944: 69). Se puede también llamar mortero, al compartimiento del ingenio donde se llevaba a cabo la reducción; vale decir, es la “viga grande sobre la cual golpean los mazos de ingenio”. En otros lugares, el mineral era fragmentado por los mazos que caían con fuerza sobre el bloque fijo de hierro llamado “chapa”, que tenía un pesado marco de madera apoyado en el suelo. El conjunto de este marco y bloque de hierro constituía el mortero. k) Quijo o guixo, hemos ubicado esta palabra bajo guijo: “Y en cada cabo del eje está metido un espigón grueso de hierro, que llaman guijo, los cuales puestos sobre los castillos van dando la vuelta de su ordinario curso, y éstos continuamente se han de ir mojando con agua porque si así no lo hacen, calentándose fuertemente se saldrá el dicho espigón o quijo del eje y se hará pedazos la rueda, que sólo ella tiene de costo de madera, cincho-nes de hierro y clavos más de 500 pesos” (Arzáns 1965, I: 169).57 l) Respecto a la rueda, Toledo decía: “En esta Villa y fuera en los valles comarcanos se han fundado cantidad de ingenios para el beneficio del azogue de agua y mazos, y unas ruedas que llaman gruetas, a las cuales mandé visitar”. La rueda puesta sobre el eje era movida por el agua. Aquí vale la pena aclarar el otro término o sinónimo de rueda: “en esta viga gruesa –el eje- esta armada la rueda de madera fuerte que llaman Tipa, cuyo círculo –igualmente en todas ellas- tiene treinta baras [25 metros], y de grueso tres cuartas [unos 70 centímetros] con sus huescas a manera de cajoncillos a donde recibe el golpe del agua que baja del chiflón” (Vignale 1944: 70; Arzáns 1965, I: 169). En los ingenios de amalgamación la rueda era movida por la fuerza del agua. Cuando esta caía por arriba, se llamaba de artesas, de cajones o por encima (Langue/Salazar-Soler 1993: 538).Por contrarrueda, se designaba un canal de madera, que evitaba que el agua caiga fuera de la rueda (Langue/Salazar-Soler 1993: 151, 538). m) Los sobarbos “son unos espigones a manera de cuchara de madera fuerte que están asidos en los mazos de donde las levas del eje levantan el mazo y almadaneta” (Arzáns 1965, I: 169; Vignale 1944: 70). En otras, palabras, eran unos dientes o ganchos conectados con la rueda hidráulica que levantan los brazos de los mazos. n) Los tejos, eran planchas de hierro que cubrían el mortero y sobre ellos golpean las almadanetas para moler el mineral. Su uso no se extendió en Potosí y Oruro.
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Los mazos puestos en movimiento por un árbol horizontal de levas alternas de 3 a 4 muñones en una misma circunferencia, que elevaban y soltaban los sobarbos de los mazos para fragmentar el mineral. Los ejes, las chumaceras y las levas eran en un principio de maderas duras, pero posteriormente se protegieron y reforzaron con metal. En Nueva España por pilón, se entendía la madera vertical, con su cabeza o calzadura con la cual quiebran el mineral. En: Langue/Salazar-Soler 1993: 444. 57 Espigón. “Está metida en el mazo por un espigón que tiene”. Espiga equivalente de cuña. En: Vignale 1944: 68.

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o) El triángulo, se definía como el diente o cama del pisón de una quebradora de mineral. También cualquier diente, engranaje o pieza que proyectaba de una rueda y que convertía un movimiento circular en otro. La descripción para el triángulo, en el sentido de su aplicación al presente caso. Por otro lado, “palos” significaba el elemento que detiene a los mazos de las almadanetas y que eran denominados cadenas (Vignale 1944: 69).58 El término cureñas no se ha detectado. No obstante sabemos que Francisco Ortiz de Aulestia, maestro constructor de las primeras lagunas y que era de profesión cantero, allá por 1577, se comprometió hacer cuatro cureñas para un ingenio. La prueba más consistente de la transferencia de Europa a América sería el uso de estas ruedas hidráulicas que están muy bien descritas en el libro de Georgius Agricola y fueron usadas desde1572 hasta comienzos del siglo XX en la Ribera de Ingenios de la Vera Cruz, en la Villa Imperial y sus alrededores. ¿Cómo se construyeron estas ruedas y los ingenios? Francisco de Toledo llegó a Potosí el 23 de diciembre de 1572, habiendo adquirido conocimiento sobre el proceso de amalgamación, en Cuzco, con Pedro Fernández de Velasco. Propuso a los mineros la erección de plantas de amalgamación con fuerza hidráulica en el centro de la Villa, para lo cual también sugirió la construcción de lagunas. Los mineros aceptaron la idea, pero como la construcción del sistema hidráulico tomaría tiempo varios mineros empezaron a edificar, por la existencia de agua, en la cercanía del valle de Tarapaya, el valle Cayara y Chiracoro, como también en la quebrada de Tabaconuño que viene de Chalviri, e incluso en lugares más lejanos (Serrano/Peláez/Bouzo 1996: 56). Según Capoche el primer ingenio hidráulico fue el del tesorero Diego de Robles Cornejo (Capoche 1959 [1585]: 117). Otros decidieron montar ingenios con fuerza animal e incluso de hombres en el centro de la Villa. La construcción en realidad ya había empezado antes de la llegada del Virrey debido a que éste mandó por delante a Fernández de Velasco y por intermedio del Intendente Damián de la Vandera los vecinos de Potosí se enteraron rápida-mente del éxito de las pruebas de Fernández de Velasco. Es así que el 17 de marzo de 1572 el cabildo realizado en la ciudad de Potosí, previa investigación, adjudicó a Pedro Hernández o Fernández de Velasco un lugar para la construcción de una planta “en la parroquia de indios de Santiago con cargo de que se aproveche el agua sin perjuicio de los indios de ella (...)” (Bakewell 1977). El cabildo del 2 de agosto del mismo año, resolvió que la petición realizada por muchas personas para la construcción de plantas de amalgamación se concedería pero que era necesario fijar los lugares para la construcción de las mismas. De esta manera el cabildo, realizado el 15 de septiembre, acordó que: “creciendo cada día el beneficio de metales [mi-nerales] con azogue por cuya razón se dieron solares y sitios para ingenios, era necesario también adjudicar a los indios en cada doctrina 200 pies [55.6 metros] en cuadrado para el mismo efecto, y aunque se haya dado a otra persona se los compense en otro lugar” (Arzáns 1965, I: 168).59

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“De otros muchos artificios se compone la máquina de lo que solamente toca a la molienda del metal [de la mena], como son los palos que detienen los mazos de las almadanetas, que llaman cadenas”. En: Arzáns 1965, I: 169. 59 “Cada ingenio está cercado de murallas de piedra, algunas de vara y media [1.2 metros] de ancho y otras de dos varas [1.7 metros], con sus portadas grandes y postigos; y cada uno de estos ingenios tiene de ancho y largo una cuadra en proporción geométrica, aunque algunos pocos son más prolongados que anchos”. En: Arzáns 1965, I: 168.

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Documentos del Archivo Histórico de Potosí de la Casa de la Moneda, señalan que la construcción de plantas de tratamiento empezó a principios de 1572.60 En resumen tenemos: - 9 de enero de 1572, contrato de Hernán Martínez para construir dos ingenios de madera para Juan de Anguciana. - En febrero de 1572, Francisco Ramírez firma contrato con Francisco Ramos para un ingenio de madera. - En marzo de 1572, Pedro Hernández recibe autorización para construir un ingenio hidráulico en la parroquia de Santiago. - 1 de septiembre de 1572, Gaspar de la Rúa y Hernando Márquez hacen contrato con Jorge Candia para fabricar una “grúa” como la que hicieron para Alonso Sierra. Según Arzáns, en octubre de 1574 los ingenios hidráulicos de Tarapaya y Tabaconuño empe-zaron a triturar minerales y en diciembre de ese año después de un solemne acto y descubierto el Santo Cristo de la Vera Cruz de San Francisco, se inició la construcción de ingenios hidráu-licos en el centro de la Villa, es decir en la Ribera de la Vera Cruz (Arzáns 1965, I: 155, 157). Ya hemos indicado que, “antes de la construcción de los embalses, los ingenios se instala-ron unos diez kilómetros de Potosí, en el río de Cayara. Para evitar el transporte demasia-do largo del mineral, los españoles levantaron diques más cercanos a la Villa y excavaron el canal colector de la Ribera, que atraviesa Potosí siguiendo la madre de un río intermi-tente. Los trabajos del canal de la Ribera, empezados en diciembre de 1574, movilizaron 200 soldados españoles y a 4 000 obreros indios. La Ribera se inauguró en marzo de 1577 seis meses después de la conclusión de las primeras lagunas. Su caudal era del orden de 160-250 litros por segundo”. Gioda/Serrano 2000: 57-58; Gioda/Serrano 1999: 43). En el período de 1572-1577 Potosí fue un lugar de febril actividad, se estaban construyendo las lagunas;61 había plantas trabajando con fuerza humana (ingenio a pie), animal (ingenio a caballo) e hidráulica (ingenio de agua), otras estaban en plena construcción; por lo que no debemos sorprendernos ante la confusión de datos e informes que nos han llegado de esa época. El historiador Bakewell de ésta época ha encontrado un valioso documento, se trata de un informe de Francisco Miguel de Orruño de 1576 titulado “Copia de los ingenios del asiento de Potosí, visitados por Francisco Miguel de Orruño, veedor del Cerro”. De acuerdo a este informe existían 108 plantas, 22 con fuerza humana, 22 fuerza animal, 15 fuerza hidráulica y 49 que no se especifica el tipo de fuerza empleada. Además, había 39 plantas en construcción de las cuales 5 eran con fuerza humana, 15 fuerza animal, 18 fuerza hidráulica y uno no especifi-cado. De las 15 instalaciones hidráulicas que funcionaban 10 estaban en Tarapaya y lugares aledaños, 2 en Potosí (con dos cabezas y 16 almadanetas) y 3 en el Mataca. Finalmente, de las plantas de fuerza hidráulica en construcción 8 estaban en Tarapaya, 3 en Potosí, 1 en el Pilco-mayo y 6 no se indica el lugar (Bakewell 1977).

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Documentos del Archivo de la Casa Nacional de Moneda de Potosí. Escrituras Notariales Nº 4 y 8. Los mineros “se proponían sacar partido de la topografía de la región [del Kari-Kari] y engarzar todas las lagunas artificiales en una vasta red para alimentar los ingenios. La construcción de los embalses comenzó en 1573 con el de la laguna de Chalviri. Cincuenta años más tarde, unas dieciocho lagunas reunían un total de cinco millones de metros cúbicos de agua. Repartidas en seis quebradas que cubren 65 kilómetros cuadrados, la represas colectan la totalidad de las aguas en una cuenca natural de aproximadamente 20 kilómetros cuadrados que reúne el desagüe intermitente de los pequeños valles de Sal Ildefonso y San Sebastián. La alimentación regular de energía hidráulica asegura el apogeo de las minas coloniales de Potosí (...)”. En: Gioda/Serrano 1999: 42; Gioda/Serrano 2000: 58.

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Las primeras trituradoras, consistían de un redezno; o sea, una rueda horizontal de 3 metros de diámetro, movida por fuerza hidráulica que descendía, a través de una canaleta inclinada, sobre las 26 paletas que había en la circunferencia de la rueda. El eje de la rueda de agua, movía una rueda vertical, perpendicular a la anterior, que daba vueltas sobre una superficie plana cubierta con mineral. Naturalmente, este equipo fue mejorado con el paso del tiempo. El agua chocaba contra la rueda con una fuerza tremenda, ya que la caída era de unos 8.3 a 11.1 metros de altura. La nueva rueda vertical tenía 6.1 metros de diámetro, si era de una cabeza; y 7.2 metros, si lo era de dos cabezas.62 En ambas instalaciones variaba el número de pisones. La rueda se movía sobre un eje fabricado de un tronco de madera muy dura y pesada. Los pisones eran construidos de madera dura, de 33 centímetros de circunferencia y de 2.6 a 2.9 metros de longitud. Los pisones, golpeaban sobre un mortero o solera de piedra; se movían alternativa-mente para caer sobre el mineral, que y así era reducido de tamaño. A cada lado del mortero, dos o tres naturales iban echando el mineral y lo retiraban ya triturado. La capacidad, de esta máquina, de una cabeza, era de 6.9 a 9.2 toneladas al día; y la de dos cabezas, el doble de ese tonelaje (Cobb 1977: 91).63 Las máquinas de trituración, eran de toda clase: algunas, impulsadas por caballos; y otras, por el agua. Estos requerían mucho de este elemento, y dependían de las condiciones climato-lógicas del lugar donde se instalaron. En Potosí, la época de lluvias comprendía los meses de diciembre, enero y febrero. Para ello tuvieron que construirse varias lagunas en el Kari-Kari, que trabajaban en cascada. En dependencia de los años de lluvia o de sequía, operaba la trituración con ruedas hidráulicas. En realidad, la cantidad de: ingenios (hidráulicos, a caballo y molinos), los mitayos asignados, los lugares de su ubicación, número de cabezas y mazos están descritos en la Relación, de Luis Capoche (Capoche 1959 [1582]: 118-122). a) Ingenios hidráulicos. En la Ribera de Potosí, 49 (con 81 cabezas y 548 mazos), para sus ingenios se dispusieron 1 304 mitayos; en Tabaconuño, había 4 ingenios (6 cabezas y 44 mazos) y 104 mitayos; en Tarapaya, 23 ingenios, de los cuales uno en construcción (32 cabezas y 231 mazos) y 696 mitayos; y en el río de Chaquí, se contó un ingenio, pero en construcción, y le destinaron 28 mitayos. Un total de 77 ingenios (119 cabezas y 823 mazos); con un total de 2 132 mitayos, asignados. b) Ingenios de caballo. En Potosí, se contaron 29, con 219 mazos y 638 mitayos; en el valle del Mataca, una planta con 6 mazos y 22 mitayos; y en el valle del Pilcomayo, una instalación con 6 mazos. Hacía un total de 31 ingenios de caballos, con 231 mazos y 682 mitayos, asignados. c) Molinos (en seco). En Potosí, había tres molinos: “un artificio de moler metal [mineral] con una piedra que traen dos caballos, a manera de ingenio [molino] de yeso. Diéronle por el repartimiento diez y ocho indios, y es de las primeras invenciones que hubo de moler en este asiento”. Otro azoguero, fabricó un molino “a manera de los de trigo, con rodezno de alavés y herido de agua [accionado por agua] para moler granzas, (...) Y habían quedado muchas los años pasados, de cuando se molía en mazos de pies, que dejaban muchas, y por no tener fuerzas para consumirlas. Repartiéronle diez y seis indios”. Por último, a una piedra de moler granzas, como la
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Una trituradora, de una cabeza, costaba 12 000 pesos; y la de dos cabezas, 20 000. El peso de una trituradora de pisones, rondaba entre 115 y 138 kilogramos. En: Cobb 1977: 91. 63 Para operar una trituradora de pisones, se necesitaba cierto personal; por ejemplo, un mayordomo, un carpintero y unos 50 naturales. Aunque esta cantidad se dio en función de la disponibilidad de mano de obra y varió en dependencia de muchos factores.

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ya descrita, le asignaron 4 mitayos. Haciendo un total de 38 mitayos, asignados. De los tres tipos de plantas, el más caro de instalar era el ingenio de agua, seguido por el de caballo. No obstante, la efectividad del primero por su potencia instalada y economía de funcionamiento era dos veces superior al de caballo y cuatro veces al de a pie. Esto explica por qué se construían más ingenios de agua que cualquier otro tipo, y por qué con el transcurso del tiempo fue el único en sobrevivir (Serrano/Peláez/Bouzo 1996: 57). Capoche al relatar los tipos de ingenios de esta época nos presenta sub-clases de cada uno de ellos. En sus tiempos, 1582, él detalla la existencia de: 49 ingenios de agua, con 81 cabezas y 548 almadanetas (Capoche 1959 [1585]: 117-119).64 Para su estudio, y desde un punto de vista de la ingeniería, podemos pensar en, primero: el origen de la potencia generada; segundo, las máquinas (ingenios) a las que se aplica esa potencia. Pueden surgir diversas combinaciones entre fuerza humana, animal o hidráulica y diversos tipos de molinos (Serrano/Peláez/Bouzo 1996: 57). La construcción de ingenios estuvo íntimamente ligada a la de las lagunas y con la llegada de Toledo se plantea la construcción de algunas de ellas. La primera en construirse fue la de Tabaconuño, más tarde llamada Chalviri. Esta fue una empresa privada cuyos socios fueron: el capitán Illanes, el capitán Iñigo de Mendoza, Sebastián de Arles y un tal Villafranea. E1 virrey ofreció cooperar con la ayuda de 20 000 indígenas de mita y el mantenimiento a perpetuidad. La oferta se legalizó por Real Cédula despachada por Felipe II en 1574.65 Casi inmediatamente los socios de la empresa se dieron cuenta que sus ingenios de Tabaconuño estaban demasiado lejos del Cerro por lo que se pusieron de acuerdo con los azogueros de la Villa para intercambiar servicios. Los unos cederían sus derechos de agua y los otros construirían a su costo para reemplazar los de Tabaconuño. Para fines de 1576 algunos ingenios de la Ribera, el canal principal, las lagunas de San Ildefonso y San Sebastián y “otros tres vasos menores cerca de la Villa” se habían concluido (Arzáns 1965, I: 156-157, 163-164). Se trataba de una altura vertical de 594 metros con un flujo, que más tarde, llegaría a tener 250 l/s y que suministraría 600 caballos de potencia (Rudolph 1936: 532-533). Cabe hacer notar que el sistema en realidad se componía de muchas lagunas interconectadas (que funcionaban en cascada) y que se terminó recién en 1621. Su historia detallada todavía no se ha escrito. En marzo de 1577 la primera parte del sistema empezó a funcionar alimentando a los pocos ingenios hidráulicos que Orruño había visitado el año anterior (2 en operación), y a los otros tipos de plantas que consumían agua en la amalgamación (Serrano/Peláez/Bouzo 1996: 57). Como es conocido, en marzo de 1626 la represa de San Ildefonso se rompió ocasionando en sólo 2 horas una terrible destrucción. La trágica historia de esa terrible tarde de domingo todavía se recuerda en Potosí; Cómo 126 de las 132 instalaciones de procesamiento, de todo tipo, fueron destruidas, junto con 46 manzanas de la sección española con 370 casas y 800 ranchos de los indígenas. Las muertes se han calculado en 4 000 (un censo hecho por los jesuitas dio 3 800) y la
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Entre las diversas máquinas para reducir los tamaños de granos, tenemos: “de mozos que decían por mover-se con ellos, que fueron los primeros; otros, de hechura que llamaban de mano; otros, de caballo, con piedra a manera de molino de yeso; otro, de rodezno de alavés; otros, de caballos con ciertas ruedas que mueven mazos; otros, de grúa, que la traen indios como rueda de muelles; otros, de agua con eje y rueda grande a manera de aceña, edificándolos en el arroyo que corre por esta villa y en el río de Tarapaya y Pilcomayo y Tauaconuño. Y de todas estas suertes [clases] e invenciones sólo ha quedado la molienda de los metales [minerales] en sangre y agua, que son ingenios de caballos y agua, como cosa más conveniente para la molienda”. En: Capoche 1959 [1585]: 117. 65 El desaparecido historiador Gunnar Mendoza ha hecho notar que no hay vestigios de esta cédula real en las fuentes consultadas hasta ahora.

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pérdida de propiedad en 12 millones de pesos fuertes (Rudolph 1936: 537). La administración española a cuya cabeza estaba el virrey marqués de Guadalcázar tomaron medidas oportunas y en 1636 ya estaba reconstruida la Ribera con más ingenios y cabezas (81 ingenios y 109 cabezas) que los que había en 1624 (59 ingenios de agua, con 86 cabezas y 481 almadanetas). Sin embargo, Potosí empieza a declinar a partir de esta fecha y para 1692 el virrey de la Monclova sólo pudo contar 57 cabezas de ingenio (Serrano/Pe-láez/Bouzo 1996: 57). Potosí empieza a renacer a comienzos del siglo XVIII gracias a las medidas administrativas españolas. Hay una nueva etapa de construcciones en la Ribera; así: en 1781, se contaron 29 ingenios hidráulicos con 68 cabezas y 343 almadanetas. Y cuando Juan del Pino Manrique y Lara realiza su visita de las minas del cerro y de los ingenios el 28 de octubre de 1788 existían 33 ingenios de agua con 79 cabezas y 402 almadanetas, como se puede leer del extenso legajo de más de 100 fojas de esta visita y que Luis Soux hizo copiar del Archivo General de Indias en 1885.66 Para terminar, algunas palabras para destacar que en Oruro y sus cercanías, en el siglo XVII, enumera en su Relación, Felipe de Godoy, un total de 24 ingenios de agua y uno de caballos, distribuidos así: 4 ingenios en Paria, 11 en Sepulturas y 9 en Sorasora.67 La escasez de agua, influyó para que se los instalara en esos lugares distantes a 15, 11 y 20 kilómetros de la Villa de Oruro, respectivamente (Gavira 1997: 20). Durante la sublevación indígena (1781), que afectó a Oruro, numerosos ingenios y minas fueron tomados y saqueados. Pertenecían a la elite minera. Manuel de Herrera, fue detenido como consecuencia de esos actos y lo acusaron de haberse aliado a los sublevados; como él era propietario de un ingenio de dos cabezas, en la ribera de Sepulturas, llamado San José de Buenavista, éste fue embargado. Lo propio le pasó a Jacinto Rodríguez, a quien le embargaron una mina y un trapiche, en los extramuros de Oruro. Diego Flores, poseía un ingenio en la ribera de Sorasora, que no pudo ser embargado por pertenecer a la dote de su mujer (heredera de un minero importante). También, mineros de menor abolengo que los anteriores, fueron detenidos: Clemente Menacho, que poseía una mina y un ingenio, en la ribera de Sepulturas; Felipe Azeñas, Isidro de la Riba y Nicolás Iriarte, que eran dueños de trapiches. La produc-ción, de todos estos detenidos, significaba un 65% del total (esto, desde mayo de 1764, hasta abril de 1765) (Gavira 1997: 23). Según un informe, de 1791, un ingenio con tres cabezas perteneciente a Juan de Dios Rodrí-guez, ubicado en el partido de Paria, estuvo en depósito por 7 meses en poder de Miguel Sánchez; otras personas le sucedieron con diferentes períodos de tiempo, y cada vez el alquiler de la instalación iba en descenso, ya que no había minerales para tratar. Cosa similar le ocurrió al mismo propietario, con su ingenio Huasihuasi: en 1787, lo arrendó en la suma de 950 pesos; cuatro años
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Audiencia de Charcas. Duplicados de Gobernadores años 1788-1791. Otra visita fue efectuada el 15 de febrero de 1790 por Francisco de Paula Sanz, igual de extenso que el anterior y corresponde también a una copia hecha para Soux de un documento del Archivo de Sevilla (legajo4, cajón 1, estante 122). En esta visita participó el barón de Nordenflycht y Pedro Vicente Cañete y Domínguez. Ellos dan el mismo número de ingenios que en el anterior informe, pero con 78 cabezas y 391 almadanetas.
Se ubicaron los ingenios en Sepulturas, porque fue posible construir la laguna del mismo nombre. En 1751, se gastó unos 10 000 pesos para repararla; y los 8 dueños de ingenios se comprometieron a aportar con mil pesos por cada propiedad. Algunos (salvo 2) no pudieron honrar este compromiso y fueron rematados; los dueños no se inmutaron y tampoco se opusieron a su venta. Los 6 ingenios estaban parados por falta de mate-ria prima a tratar y por el mal estado de la laguna (1764). Dos años más tarde, los oficiales reales comunican no haber ningún postor para los ingenios hipotecados. En: Gavira 1997: 25.

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más tarde bajó a 40 pesos, y esto se debía al estado de decadencia de la instala-ción. El ingenio Alantaña Chico, estaba arrendado por Andrés Sentellas y no podía trabajar, por falta de menas (también estaba embargado) (Gavira 1997: 25).68 1.3.- El monopolio de la fundición y su posterior desarrollo En este tema no seguiremos directamente a Agricola. Se sabe que De re metallica, ya en 1569, fue traducido en Madrid al español. No cabe duda que algún minero o metalurgista español trajo el libro o partes del mismo, o talvez sólo copias de los dibujos; y como Alonso-Barba cita a Agrícola; entonces, posiblemente en 1630, el libro del sajón era ya conocido en Potosí e inspiró a los metalurgistas en el campo de los hornos de fundición (Serrano 1995: 128) La historiadora Cobb, citando a los cronistas, historiadores y viajeros: Álvaro Alonso-Barba, José de Acosta, Bernabé Cobo, Diego Fernández, Juan López de Velasco, José Eusebio de Llano Zapata, Polo de Ondegardo y Agustín de Zárate, ha podido “armar” lo relativo a la tecnología de fundición imperante en el siglo XVI y los subsiguientes. Los originarios escogían los minerales ricos en la mina y los colocaban en sus hornos nativos denominados guayrachinas o guayras (wayra, quiere decir viento).69 Estos hornos eran cilín-dricos (más angostos por la base y anchos en parte superior) y variaban entre 0.8 y 1.7 metros de altura. Tenían agujeros en todas sus paredes laterales, en forma de orejas, para permitir el paso del aire y, además, que las aprovechaba para añadir el combustible. Las wayras, estaban construidas de piedra, adobe y arcilla. La piedra era meticulosamente elegida: ya que no debía contener grietas, porque a través de ellas podía romperse por efecto del calor; tampoco se empleaba las piedras calizas, ya que si se calcinaban se convertían en polvo; las piedras “suaves”, llamadas amolederas, que resistían el calor, eran las preferidas. La arcilla, por otra parte debía estar libre: de toda humedad, de sulfuros de hierro (pirita), de alumbre y de nitratos; porque estos compuestos se descomponían con el calor. Por esta misma razón, los ladrillos debían ser gruesos y porosos. Si se conseguía arcilla fina, usada para la fabricación de crisoles, era la preferida. Sólo así se fabricaba las wayras más resistentes. El piso del horno, que era el receptáculo para la plata fundida, estaba construido de partes iguales de carbón vegetal y tierra (Cobb 1977: 84). Los hornos eran ubicados a lo largo de las cumbres y en las laderas de los cerros, orientadolos en dirección del viento. Estas wayras, sólo trabajaban cuando el viento era moderado (entonces se fundía gran cantidad de plata);70 ya que si éste era fuerte, el combustible (taquia o excremento seco de las llamas, carbón de madera y madera) se consumía muy rápidamente sin fundir el mineral rico (Cobb 1977: 84).
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Dos hermanos aparecieron siendo dueños de 8 ingenios: 2 en Alantaña (provincia de Paria), 1 en la ribera de Sepulturas, 2 en Sicasica/Oruro, 2 en Toracari (provincia de Chayanta/Potosí) y el último en Pacajes/La Paz. En: Gavira 1997: 25.

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El cura de Lepe, presenta cuatro tipos de hornos para fundir la plata: la wayra, de los naturales; el tocochim-po (semejante a las muflas de los plateros); el horno castellano, de base cuadrada; y el horno castellano, redondo (Alonso-Barba 1967 [1640]: 134). 70 Gracilazo, comenta otros detalles: “era necesario templar el viento, como los metales, porque si el viento era muy recio, gastaba el carbón y enfriaba el metal; y si era blando, no tenía fuerza para fundirlo. Por esto se iban de noche a los cerros, y collados, y se ponían en las laderas, altas o bajas, conforme el viento que corría poco, o mucho templarlo con el sitio, más, o menos abrigado”. En: Bargalló 1955: 96.

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Para una buena operación con la wayra, se alimentaba el mineral alternándolo con capas de combustible, y luego se procedía a su encendido. La taquia, era el combustible preferido, el más barato y el que se encontraba a la mano, ya que se quemaba lentamente. 71 La madera (pequeños palos y ramas), servía para el encendido de la wayra, porque producía una llama fuerte; no era difícil de encontrar en las cercanías a las fundidoras. En los primeros años no hubo problemas de abastecimiento de combustible; pero con el transcurrir del tiempo sí los hubo, y el costo de su transporte influyó tremendamente en la estructura de los costos de fundición (Cobb 1977: 85). Los nativos cargaban la wayra, con trozos del tamaño de más o menos 10 centímetros o menos. Se fundía simultáneamente una carga de 2.3 toneladas, durante unas 40 horas que debían permanecer los hornos encendidos. El metal se licuaba y formaba una espuma. “Cuando el mineral estaba fundido los metales se separaban uno de otro y puesto que los varios metales buscaban su propio nivel cuando estaban fundidos, la plata y el plomo que eran los más pesados se hundían al fondo; mientras que el estaño y el cobre subían a la superficie con el sulfato de cobre y con el azufre encima de ellos”. Terminada esta operación, el fundidor abría una puerta a un lado de la wayra, y dejaba que la parte superior del fundido saliese. Ésta, no contenía la plata. Después, removía el resto (la plata con el plomo y algún otro acompañante) y hacía correr el fundido pesado, por el piso, a través de una canaleta situada en la base del horno. Una vez que se solidificaba, tenía la apariencia de plomo y se lo denominaba en la jerga popular, “crudio”. Este material era nuevamente fundido, 5 ó 6 días después y era tratado de la misma manera que hemos descrito líneas arriba, pero sólo durante unas 30 horas. De esta manera se mejoraba la calidad del metálico; y esta operación recibía el apelativo de “endulzar el crudio”. Así se obtenía una barra plata-plomo (Cobb 1977: 86-87). Para terminar de purificar la plata, se la calentaba, por tercera vez, durante más o menos 2 horas; en dependencia de las características del metal. Se empleaba los hornos denominados tocochimbos (también de tecnología originaria), para este proceso final de refinación. Estos hornos eran pequeños, redondos, de no más de 0.8 metros de diámetro y poseían dos puertas. Sólo pequeñas cantidades de metal se procesaba en ellos. De la misma forma que en la wayra aquí, conforme el metal hervía se formaba una espuma en la parte superior; que era soplada con ayuda de fuelles, dejando la plata pura (Cobb 1977: 85).72 Muchos años más tarde, los españoles recuperaron el dominio del negocio minero. Uno de los rubros más importantes fue la fundición;73 ya que los mercados de la corona exigían que los metales preciosos se comercialicen como barras fundidas. Entonces, se dedicaron a construir hornos, que empleaban carbón de madera. Eran verticales, de base cuadrada o ligeramente rectangular; más anchos que altos (0.8-1.7 metros) en dependencia del lado en que se ubicaba los fuelles. En su parte posterior había una ventana, para acomodar los fuelles. El piso estaba construido de una mezcla, en iguales proporciones, de carbón de leña y tierra apisonada suavemente. Hacia el frente del horno castellano, había un pequeño hueco por donde la temperatura era mantenida mediante el uso de fuelles. Algunos de estos hornos eran cilíndricos (mayor diámetro en la parte superior, con relación a la base). Se parecían algo a las wayras, y no eran muy
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Diez arrieros, con unas cien llamas, ganaban en un mes acarreando combustible para la fundición, más que veinte, transportando cualquier otra cosa, en un año. En: Cobb 1977: 85. 72 “Fundición de fuelles, loc. La que se hacía en hornos de fuelles. También fundición grande”. En: Men-doza 1959: 202. 73 Los primeros nativos que se especializaron en la aplicación de tecnología española fueron los que aprendie-ron a usar los hornos a viento, del tipo castellano, en Porco (que al parecer fueron construidos hacia 1549). Bakewell deduce esta afirmación del escrito de Cieza de León sobre el fundido de la plata en ese asiento, en ese año, “con fuego teniendo (los refinadores) para ello sus fuelles grandes”. En: Bakewell 1989: 144.

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comunes en Potosí; y esto se debía simplemente al hecho, que los minerales de la Villa Imperial, no respondían al uso de fuelles (Cobb 1977: 85). Otro tipo de hornos empleados para minerales de menor ley, eran los hornos de reverbero; parecidos a los hornos de panificación, “excepto que la puerta a través de la cual se caldea-ba el horno con fuego estaba algo más de un pie [28 centímetros] por encima del piso del horno”. Eran cuadrados o casi de esa forma, y sus dimensiones variaban de eran: 1.7 a 2.5 metros en los lados, por un metro de alto. Sus paredes, eran fabricadas de adobes de barro; y las esquinas, en la parte interna, se rellenaba con madera que se introducía al horno a través de una pequeña puerta, “la llama de la leña lamía el techo y la parte interna del horno y el calor liquificaba [licuaba] el mineral en el piso del horno que quedaba debajo de la llama” Un segundo horno, estaba pegado al primero; y el humo salía de él, a través de la chimenea del segundo. Obviamente, la altura de este conducto era más alta que el resto del horno, que se encontraba herméticamente cerrado por todo lado. La base, tenía que ser resistente para sostener la masa de mineral a fundirse. Para el efecto se empleaba una mezcla de huesos pulverizados, carbón de leña y arena, que se sujetaban con una parrilla de hierro para hacer más firme el piso. Terminada la fundición se necesitaba remover el piso y preparar el nuevo, para la siguiente (Cobb 1977: 86). Por los restos de wayras, encontrados en diversos lugares, y según las descripciones de Baltazar de Ramírez (1597) y de Alonso-Barba (1640), se deduce que había diversos modelos de estos hornos nativos; inclusive portátiles y fijos. Los primeros, eran cilíndricos, de un metro de altura y 40 centímetros de diámetro; no todos tenían los orificios grandes en la cara lateral y pequeños en la opuesta (Bargalló 1955: 96-97). En honor a la verdad, la fundición de las menas argentíferas fue conocida en Porco, por los nativos, antes de la llegada de los ibéricos; y allí Diego Wallpa, ocultamente fundió los mine-rales ricos extraídos de las primeras vetas descubiertas por él en el Cerro Rico. Según Cieza de León, “en Porco y en otras partes del reino se trata el mineral por fundición con fuelles grandes” (Bargalló 1955: 95). No existen datos precisos sobre la producción de plata en Potosí y en su distrito, entre 1544 y 1550,74 que corresponde a la etapa donde exclusivamente la fundición de los minerales y la producción estaba en manos de los originarios. Lo cierto es que se necesitaron varios años para que ésta ascienda desde cero; y su descenso, en los subsiguientes años, reflejaba la disminución de los minerales de alta ley que, además, afloraban (Bakewell 1989: 40). En el Cerro Rico de Potosí, dada la bondad de las cuatro o cinco vetas principales en los primeros 20 años, el material extraído, que contenía más del 20% de plata, era abundante; y se fundía directamente en las wayras, las menas de plata (plata nativa, cerargirita y argentita). Se mezclaba el mineral de plata de alta ley, con galena, que hacía de fundente. El estiércol y leña o carbón vegetal actuaban como combustible. El viento, soplaba a través de las aberturas de las piedras y así se fundía el metal. Esta tecnología fue largamente practicada en la Villa Imperial, al extremo que los nativos poseían, en los primeros años, el monopolio sobre los españoles, de la fundición de la plata.75 Lo cierto es que muchos cronistas pasaron por alto lo relativo a la transferencia tecnológica
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“Se estima en 30 000 t[oneladas] la plata producida en Potosí entre 1545-1825”. En: Serrano/Peláez 1997: 16. Arduz indica que 706 345 576 onzas troy finas (21 897 toneladas) se produjeron de plata entre 1556 hasta 1799 (244 años y representaba el 20% de la producción mundial en ese lapso de tiempo). En: Arduz 1985: 44. 75 En Potosí, y a lo ancho y largo de Charcas, con las wayras se fundió por mucho tiempo la plata. En un prin-cipio, esta labor fue monopolio de los yanakuna o del subsector laboral: el de los “guayradores” (Barnadas 2002, II: 1180). Creemos que este proceso nunca perdió su importancia, en tanto hubieron minerales de muy alta ley de plata.

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nativa, a los españoles (que en este caso era la única conocida) quienes la usufructuaron y no omitieron mostrarla en sus bondades y ventajas (Serrano 1994c: 205-206). ¿Cómo funcionaba la wayra? Una vez triturado y molido el material extraído del Cerro Rico, lo lavaban para separar la tierra o las colas acompañantes. A dos porciones de este material limpio, le añadían una parte del suruqchiq (soroche o plomo argentífero, con 2 y 3 pesos de ley de plata, por quintal).76 Por último, se agregaba escorias, de fundiciones previas. Preparada esta mezcla en húmedo, para evitar pérdidas de metal muy fino, la introducían a la wayra, previamente cargada con algún combustible: ichu (stipa pungens), que es la paja brava, o con taquia, bosta de las llamas. Los hornos tenían unos 80 centímetros de alto. Su boca superior o de alimentación, era casi cuadrada; y poseía aberturas en sus paredes, aptas para que el viento efectúe su trabajo. Este horno iba disminuyendo de sección, de arriba hacia abajo; además, en el piso descansaba un alambique, por donde se destilaba la plata fundida. Se la instalaba un tanto elevada del suelo (unos 120 centímetros), sobre un asiento a manera de pedestal, para que la “señoree más el viento”. El aire, hacía arder su interior con prisa y movimiento (Capoche 1959 [1585]: 110. No debemos omitir la opinión del metalurgista Alonso-Barba, quien recalca que los naturales no pudieron operar con los fuelles y emplearon su propia tecnología en los diversos centros mineros en actividad. Como defensor de la técnica española, para él, las wayras, eran semejan-tes a los hornos castellanos, “diferéncianse en que por todas partes están llenos de agujeros por donde entra el aire cuando el viento sopla, tiempo en que sólo pueden fundir. Salen por la parte de debajo de cada uno de estos agujeros unas como orejas pequeñas, en que se sustenta con carbón por la banda de afuera, para que entre el aire caliente. Pónense en lugares altos, y donde corra viento de ordinario” (Alonso-Barba 1967 [1640]: 133. Cañete, sobre la fundición en Potosí, escribe: “como los indios no alcanzaron otro modo de beneficiar los metales [minerales] de plata, que fundiéndolos con plomo, según lo anotan Acosta y Garcilaso, continuaron los españoles el mismo método de fundición en esta forma. Construyeron en el Cerro más de seis mil hornillos, que llamaron ‘guairas’; echa-ban allí los minerales de plata, sin mezcla de otro alguno, siendo dóciles, corrientes y de toda ley, y daban fuego hasta derretir la plata quedando aparte la escoria. Los metales [minerales] que no tenían corriente mezclaban con otro más bajo, muy cargado de plomo, que llaman ‘soroche’, que en lengua de indio quiere decir ‘cosa que hace derretir o desli-zar’, y uniendo ambas materias con cuenta y razón, daban fuego a los hornillos hasta derre-tirse y sacar la plata pura, como antes se dijo”. Además, añade que la fundición fue empleada mientras duró la “tacana”, mineral (cerargirita) riquísimo del Cerro, por más de dos décadas, desde 1545 hasta 1566 (Cañete 1952 [1791]: 64). Las colas, de ese tratamiento (lo que no se fundía) se botaban a los desmontes y en parte se dejaba en las mismas minas. Recalcamos, para este trabajo de fundir la plata, se empleó el conocimiento indígena, que no era nada despreciable. Hacia la década de 1560, los minerales ricos se hicieron escasos y la ley promedio de ellos descendió a tan sólo 2% en plata, haciendo inviable la fusión
Se debe destacar, que el trabajo de fundición y refinación de la plata, lo efectuaban las mujeres de la mano de obra (mitayos y mingas), que inclusive procesaban y fundían los minerales robados o rescatados en sus ranchos o en la denominada plaza del Khatu. 76 También en la fundición de la plata se presentó el saturnismo; o sea, el envenenamiento lento de la gente por la utilización de los sulfuros de plomo (suruqchiq). “Conforme el mineral tenía un alto contenido de plomo respondía más rápidamente a la fusión” y por eso los naturales tenían el hábito de añadir soroche para mejorar la fundición. En: Cobb 1977: 87.

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directa. Para la época de la primera crisis minera, aproximadamente 1565, la Corona, empeñada en su solución, no dudó en implantar tecnologías interesantes; es así que en 1573, en la Villa Imperial, se aplicó el proceso del patio, desarrollado hacía 15 años (Serrano 1994c: 205-206). En pocas palabras: en las faldas del cerro, primero se fundía la plata en las wayras y, más tarde, en las viviendas o ranchos de los mitayos, donde se realizaba la refinación con otro tipo de hornos, ayudados por cañutos de cobre con los que soplaban. A esta operación la denomina-ban las segundas y terceras, para apurar la plata y gastar el plomo.77 Así se obtenía la plata muy pura. Respecto al números de hornos que funcionaron, un conocido industrial minero reporta que, antes de 1582, por lo menos en el Cerro Rico de Potosí y otros lugares, ardieron unas seis mil cuatrocientas noventa y siete hornazas (Capoche 1959 [1585]: 111). “La vista que de noche se podía contemplar en las laderas del cerro, para J. de Acosta –que habla de 6.000 wayrakuna- era un ‘agradable espectáculo’; para Lizárraga, ‘no parecía sino que el pueblo se abrasaba’” (Barnadas 2002, II: 1180). “Según el P[adre] Acosta había en Potosí en los primeros años de su explotación, seis mil guairas ‘al modo de luminarias, que verlos arder de noche y dar lumbre tan lejos y estar en si hechos una ascua roja de fuego, era espectáculo agradable. Agora [después de introdu-cido el beneficio por amalgamación] si llegan a mil o dos mil guairas será mucho” (Bargalló 1955: 96). La era de la wayra, fue pasando a la historia de las técnicas y, en la primera década del siglo XVII, entraba en franca decadencia; ya que la ley de los minerales había caído, haciéndola tecnológicamente inviable. “No hay en estos tiempos [1609] tantas huairas como solía por los pocos metales ricos que hay. Más, cuando desde el Cerro se descubren muchas de noche [que se parecen mejor], es señal de que andan buenas las labores. Cuando más suele haber en este tiempo llegan a quince muy pocas más o menos” (Llanos 1994 [1609]: 57). “Una carta escrita por Diego Cabeza de Vaca, de Potosí, al Virrey del Perú, en 8 de abril de 1581, muestra que la fundición mediante las guayras había sido abandonada por com-pleto [por] los indios después que el proceso por amalgamación se introdujo en Potosí” (Cobb 1977: 87). La fundición dejó de ser el principal método para obtener la codiciada plata. Sin embargo, ocurrió que con el paso de los años y siglos se la practicó largamente, a pesar de haberse impuesto la amalgamación, o el método de cajones. La fundición era más efectiva y práctica que la amalgamación para menas ricas. Al no haber muchos minerales de esa carac-terística, dejó su posición de privilegio al tratamiento mediante azogue. Pero, obtenida la piña por amalgamación, se procedía a su fundición en los hornos castellanos y de reverberación. 1.4.- Comentarios al capítulo No es posible pensar en el desarrollo de la Ciencia y de la Técnica, sin destacar el aspecto de la transferencia de tecnología y de las relaciones científicas y su intercambio. En el aspecto minerometalúrgico, hemos notado que ella en muchos casos fue reversible. Muchas personas tienen que ver con ese hecho y, lo más destacable, es que a través de ciertas instituciones se llevó a cabo una trasmisión de los conocimientos; no importa si muchas veces fue “boca a boca”.

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Otra opción, consistió en el empleo de los tocochimpo o tocochimbos.

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Una consideración preliminar que podemos sacar de la actividad minero-metalúrgica, es: que el número de minas, socavones, bocaminas; ingenios, cabezas de ingenio, ruedas, mazosalmadanetas, trapiches, wayras, tocochimpos, otros hornos de fundición, lagunas y represas variaban con el tiempo. Las épocas de bonanza o los bomms mineros, podían ayudar a que su número aumente y; cuando se presentaban las crisis podía suceder lo contrario. La producción de la plata en 1588 sobrepasó las 200 toneladas. Entre 1581 y 1600, Potosí produjo más del 42% de la plata mundial; no teniendo prácticamente competencia de ningún otro yacimiento. Desde 1573 hasta 1650, tres factores aseguraron esta posesión de privilegio: uno, tecnológico (la introducción de la amalgamación y las variantes desarrolladas en el lugar); el segundo, de orden social (consistente en un régimen de trabajos forzados: la mita); y el último, energético (energía barata aplicada en la fragmentación de los minerales, para lo cual se construyó uno de los sistemas hidráulicos más grandes de América).78 Hemos analizado a grandes rasgos la producción argentífera; además, sin considerar el tremendo contrabando de plata que se practicó y que no está debidamente cuantificado. El distrito de Potosí (de que formaron parte los asientos de: Porco, Chayanta, Chichas y Lípez), fue el mayor aportarte del quinto y del diezmo. La era de oro de su producción, podemos señalarla entre 1544 y 1650; luego, inexorablemente fue cayendo. A principios del siglo XVII surge Oruro, como un fuerte productor. En ambos distritos decae la producción; entre otros, porque disminuye la ley de plata en los yacimientos que se explotaban con la misma tecnología, o sea la misma rutina sin cambios trascendentales; y otro factor que podemos señalar, radica en la complejidad de los minerales de plata, que requería mejoras en el proceso de amalgamación. Nunca se intentó mejorar la tecnología en la fundición (como fue el caso euro-peo, ideando nuevos procesos piro-metalúrgicos) y nos quedamos con los hornos nativos perfeccionados. En el siglo XVIII, mejora la producción sin alcanzar los picos anteriores, y esto se debe a las reformas borbónicas (se crea o se intenta crear centros de enseñanza, se envían de España misiones de consultores para asesorar a los peritos locales y se trata de mejorar la tecnología en la amalgamación, con la introducción del método de barriles, que fracasa; ya que los azogueros potosinos no querían perder la mano de obra, con la que no contaba la minería orureña). La minería orureña fue tremendamente afectada por la sublevación indígena (su punto de inflexión), que repercutió en los precios de las propiedades mineras (minas, ingenios y fundidoras), en los precios de los arrendamientos; y por el hecho de haber sido confiscadas. La falta de un sector fuerte de empresarios mineros es notoria, unida a su falta de capacidad de inversión. En la literatura consultada se da mucha importancia al proceso de amalgamación. No olvide-mos, por ejemplo, que hubieron autoridades reales que, cuando la producción bajaba, disponían la demolición de los ingenios de agua o de otro tipo. Algo parecido ocurrió con las instalaciones de fundición. Y qué decir de las minas; cuando éstas dejaron de explotarse ya sea porque estaban inundadas (un mal generalizado para todos los centros mineros de la Colonia), sus dueños tapaban los accesos o bocaminas, o simplemente las derrumbaban. a) Sobre la explotación Como en otros yacimientos del mundo, y en toda época, lo que hicieron otras culturas precolombinas, como la inca, en un principio, fue trabajar a cielo abierto los afloramientos de vetas
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Entre 1556 hasta 1600, Potosí produjo 5 124 toneladas de plata, dando un promedio anual de casi 117 tone-ladas; correspondiéndole un 27% de la producción mundial durante casi medio siglo.

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mineralógicas superficiales, hasta donde la profundidad y la ley lo permitían.79 Luego, pasaron a ser explotados esos yacimientos con labores normales subterráneas (socavones, galerías o corridas, chimeneas y pozos). El auge de la producción de plata comenzó después del descubrimiento del continente americano, cuando inmensos y ricos yacimientos fueron explotados con casi la misma tecnología; y donde las pequeñas diferencias se marcaban más por el uso de términos diferentes, para significar lo mismo. Sin duda alguna, la explotación minera de las vetas argentíferas en el Cerro Rico de Potosí, dependiente de la Real Audiencia de Charcas y consiguientemente del Virreinato del Perú (hoy Bolivia), ha sido para la Corona Española y toda Europa -en la Colonia-, de mucha significación económica; ya que éste fue y es considerado todavía el más grande yacimiento de plata del mundo, pese a las más de cuatro centurias de su trabajo intensivo desde 1544. Este es el motivo para que, en este capítulo, se lo haya elegido como ejemplo; y porque, en un principio, para su explotación convivieron muy de cerca las técnicas incaicas y aquellas transferidas por los españoles. Por este motivo la obra de García de Llanos (1609), que ha sido tomada en este trabajo, sirve de base para reconstruir lo más importante de la actividad minera en el Cerro Rico: la forma de su explotación. Esta actividad se volvió tan rutinaria que, por ejemplo, hasta el presente perdura. Salvo la introducción de las perforadoras neumáticas que han reemplazado a las barretas, o en parte los vagones mineros a la mochila que cada trabajador portaba para trasladar el mineral del interior a la bocamina, o el uso del ANFO conjuntamente la dinamita que por su poder explosivo habían desplazado a la pólvora y esta a la barreta, o el reemplazo de las velas por los lamparines de carburo para pasar a las lámparas a batería, el resto del trabajo en el interior de las pequeñas minas sigue siendo manual y muy primitivo. En Charcas (especialmente Potosí y Oruro) en la terminología empleada, y por el origen de la mano de obra en su mayor parte campesinos dedicados a la agricultura y crianza de animales (auquénidos), se introdujeron y usaron muchos términos provenientes de esa actividad. Recordemos que las “minas daban frutos y por ese motivo había que labrarlas”. Nos podemos imaginar, y volvemos a insistir, que también mucho de lo dicho para Potosí ocurrió en los otros centros mineros como Nueva España, Nueva Granada, en el propio Perú, en la Capitanía de Chile, etc.; vale decir, la tecnología empleada en los primeros años era la misma, y seguramente con el transcurso del tiempo y la naturaleza del yacimiento se hicieron modificaciones o innovaciones tecnológicas y, en el mejor de los casos como sucedió con la amalgamación, hubo un interesante intercambio de experiencias entre los diferentes centros mineros de las diferentes actividades, que podemos resumirlas en: I) El arranque con barretas y posterior voladura con la introducción de la pólvora. II) El método propiamente de explotación o cómo trabajar las vetas. III) La forma de efectuar el transporte y de toda clase de labores existentes. IV) La fortificación y los materiales empleados para ello.
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En el Cerro Rico de Potosí se trabajaron las vetas que afloraron, en todo caso lo más rico de ellas y la explo-tación se redujo a una simple extracción y transporte de las menas. Esos concentrados fueron directamente fundidos. Cuando la parte rica del yacimiento se terminó, quedaron dos opciones: a) abandonar el laboreo de los tajos y explotar con labores subterráneas, y b) abandonar definitivamente las minas.

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V) La ventilación, el desagüe, la iluminación de los parajes y la seguridad industrial ocupa-ban lugares secundarios por razones obvias. Un hecho importante que destaca a la minería potosina para poder competir con otros centros en la América española, constituyó el pedido que los dueños de minas, ingenios y fundidoras formularon al virrey don Francisco de Toledo, el Solón del Perú, que entre sus reformas sean ellos favorecidos con la mita o trabajo bajo coacción de los nativos. Con este valor agregado, que rebajaba los costos de operación al ser la mano de obra prácticamente gratuita, Potosí mantuvo su lugar de privilegio y de aportador de las regalías (quinto y diezmo, respectiva-mente) al Rey. En este capítulo ha sido posible: reconstruir la forma de realizar la explotación, las tareas que se llevaban a cabo, las herramientas y los insumos empleados; la diferenciación de los diversos tipos de trabajos, el personal y los oficios de la mano de obra forzada. La tecno-logía minera se mantuvo con pocos cambios por largos años (siglos XVI al XVIII) y, salvo algunas excepciones, se la sigue practicando recordándonos las técnicas medievales del médico sajón Georgius Agrícola. b) En el tratamiento de las menas El desarrollo de la amalgamación, desde su concepción inicial por los romanos, pasando por su ego alquimista y de poca importancia, hasta la aplicación industrial que el sevillano Bartolomé de Medina (proceso del patio) le supo dar, y su posterior modificación tanto en Nueva España, Europa y Potosí (proceso de cajones) consistente en: introducción o aplica-ción del calor, empleo de magistrales o reductores, mejoramiento del equipo (como ser la trituradora de mazos-almadanetas, la máquina de barriles, etc.), constituyen un esfuerzo para reforzar la idea anterior. La transferencia no se puede atribuir a una sola corriente de pensa-miento o a algún centro minero (hoy un país), en particular. Lo cierto es que el intercambio de tecnología se llevó a cabo y, para satisfacción nuestra, hubo un gran aporte de Potosí a la metalurgia mundial; no despreciable, con relación a lo que en otros lugares o centros mineros también lo hicieron. En Potosí y posiblemente en otros centros el método pasó por las siguientes etapas: I) Aplicación del proceso de Medina, tal cual fue desarrollado en Nueva España, para los minerales de la zona de oxidación del yacimiento. La operación consistía en mezclar la mena molida con agua a la que se agregaba mucha sal y luego el mercurio. Para otro tipo de menas, obviamente se lo modificó: método de cajones. II) Procesos evolutivos propios potosinos que se usaron sólo algún tiempo, pero que no dejan de ser interesantes; por ejemplo, la aplicación del calor. Esto vale también para México; en Potosí, el uso del calor se descartó por el alto costo del combustible. III) Aplicación de magistrales; es decir, de ciertos materiales adicionales. Se los probó entre 1580 hasta 1596, consistentes en la aplicación de metales como el hierro, cobre, estaño y plomo. Son reductores fuertes del ion plata a plata metálica. IV) Aplicación del magistral sulfato de cobre; si el ion cobre permite la transformación de minerales de plata en cloruro de plata. V) Inventos posteriores como el método de cazo y cocimiento basado en el empleo de cobre metálico en caliente como reductor. La introducción de la tostación para tratar los minerales 48

negrillos ya figura en una carta de 1597, empleándose diversos tipos de hornos. Posible-mente hasta el siglo XIX no se usó la tostación clorurante. Un otro tema es la evolución de los precios de las instalaciones entre Oruro y Potosí. Se nota en ellas una gran diferencia. En Oruro, las instalaciones bajan de precio por la falta de minerales a tratar; en el caso potosino, los ingenios tenían un valor agregado, debido a la mano de obra coaccionada. En Oruro, el alquiler más alto era de 29 pesos por semana; ni la mitad de un ingenio sin mita, en Potosí. Claro que había excepciones; así, el ingenio Huasi-huasi/Oruro (que permaneció 11 meses sin arrendar), en 1791, se lo alquiló en 40 pesos anuales; mientras que en 1794, fue arrendado en 60 pesos. Por estos años la falta de azogue afectaba la producción. La producción de plata dependía de muchos factores: uno que afectaba la estructura de costos era el precio del azogue, que variaba en dependencia de muchos factores. Por ejemplo, una temporada hubo un derrumbe en la mina Huancavelica y el aprovisionamiento para Charcas creaba un dolor de cabeza a las autoridades; los conflictos internacionales afectaron también el suministro; y lo propio sucedió por la Guerra de la Independencia. Entonces, el mercado negro del mercurio se hizo latente. c) En la fundición Para nadie es desconocido el hecho que, hasta aproximadamente 1570, los españoles depen-dieron en alto grado de las técnicas indígenas para fundir las menas argentíferas; entre las que sobresalían los hornos a viento o wayras. Hasta esos años, los conquistadores confiaron las labores de refinación a los peritos nativos. Años más tarde estuvieron presentes algunas tecnologías traídas de Europa. Entonces, los conocimientos lugareños dieron paso a la modernidad; pero, por razones atribuibles a las menas (ley, composición mineralógica, grado de entrecrecimiento de los minerales, etc.), que hicieron inviable el tratamiento directo mediante hornos de fundición. Esta modernidad, en Charcas y otros lugares, fue la introduc-ción en 1572, de la amalgamación. Claro, la fundición no desapareció definitivamente; ya que las piñas (plata con algunas impurezas) igual tenían que pasar por una etapa de refinación, ahora, en hornos castellanos. Para finalizar, queremos hacer hincapié en el hecho que la fundición en Charcas, quedó como proceso auxiliar; en cambio, en Halsbrücke/Sajonia, se empleaba con mayor ventaja a la amalgamación en barriles. Allí, se desarrollaron otros tipos de hornos y aquí nos quedamos con los pocos tipos de hornos tradicionales hasta muy entrada la república.

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2.- LA ACTIVIDAD MINERA EN LA AUDIENCIA DE CHARCAS (siglo XVIII-XIX) A continuación presentaremos esbozos de lo que fue esta actividad en el ámbito de la Audien-cia de Charcas y, para no confundir al lector, designaremos a los centros de trabajo con el nombre actual de su departamento. Esta información resumida da la pauta de lo que fueron: las prácticas en la minería, las técnicas de beneficio (reducidas al proceso de amalgamación para las menas de plata), la fundición y alguna que otra técnica para la recuperación de otros metales. Muy poco se dice, sobre: las medidas de seguridad, el régimen del trabajo y los salarios. Pero sí se incluyen algunos comentarios sobre la geografía del lugar considerado y sobre sus condiciones climatológicas. 2.1.- La minería en Potosí En el capítulo precedente nos hemos referido casi exclusivamente a la actividad minero-metalúrgica en el Cerro Rico de Potosí, por ser el lugar más estudiado y porque su generalización puede servir de marco para tratar los otros distritos mineros. El régimen administrativo intro-ducido en 1782 (pero efectivamente recién dos años más tarde), abarcó las subdelegaciones o Partidos de los antiguos corregimientos de naturales.80 Así, para 1787, la intendencia de Potosí estaba dividida en seis Partidos; y esta división no terminará sino hasta muy entrada la Repú-blica. Lamentablemente, del Partido de Tarija no se posee ninguna referencia sobre el presente tema de estudio. 81 También, incluimos cortas referencias sobre otros lugares (que por razones obvias no podemos ordenarlos en los partidos), donde se realizaron exploraciones; ya que el vasto territorio potosino fue objeto de la búsqueda infatigable sobre todo de menas de plata. 2.1.1- Partido de Porco Pertenecía a la jurisdicción de Potosí por la parte del Oeste y se extendía más de 1 672 kilómetros en circuito. Su capital era el pueblo de Puna, distante a 56 kilómetros de la Villa Imperial. Su clima era frío y no muy apropiado para la siembra de granos; pero tenía muchos valles fértiles con algo de ganado mayor y menor; y las llamas y alpacas abundaban en la puna (Cañete 1952 [1791]: 225).82
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Partido. “En la estructura administrativa colonial, con la creación del sistema de intendencias se dió este nuevo nombre (o el de subdelegación) a los antiguos territorios de los corregimientos o provincias de indios; no hubo un número fijo, sino que varió en cada intendencia. En Charcas, la de S. [anta] Cruz de la Sierra tuvo ocho; las de La Plata y Potosí, seis; y la de La Paz, sólo cinco”. En Barnadas 2002, II: 475. En La Plata, los partidos de: Yampara, Tomina, Pilaya y Paspaya o Cinti, Oruro, Paria y Carangas. En Potosí: Porco, Chayanta, Chichas, Lípez, Atacama y Tarija. En la Paz: Omasuyos, Pacajes, Yungas y Apolobamba, Larecaja y Sicasica. En Santa Cruz: Misque, Sacasa, Cliza, Ayopampa, Tapacarí, Arque, Valle Grande y Santa Cruz de la Sierra. Alonso-Barba, indica la presencia de fósiles (muelas y huesos de gigantes, petrificados), que se habían desenterrado en Tarija. En: Alonso-Barba 1967 [1640]: 23. El partido de Porco tenía seis valles fértiles; uno de los mejores estaba en la quebrada de Esquri donde existían muchas chacras, viñas y huertos, donde que gracias al río de su nombre era posible cultivar peras, higos, tunas, duraznos y algunas legumbres. Su vino, era más de cantidad que de calidad. En las cabeceras de las quebradas se criaban cabras, corderos, ovejas y vacas; se cultivaba trigo, aunque su harina era de mala calidad. El principal comercio de los nativos consistía en lanas, carbón y sal. Casi privativo de los indígenas de Toropalca eran los montes de churquis, de cuya madera elaboraban el carbón empleado en la fundición de la plata. Coro-ma poseía un gran salar; empleándose la sal para la amalgamación y en la alimentación. Vale la pena destacar que todo el Partido gozaba de un espléndido comercio con la Villa Imperial. En Cañete 1952 [1791]: 227.

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Cieza de León comenta los trabajos antiguos y el realizado por los españoles en este yaci-miento: “Parece por lo que oí que los Indios dicen, que en tiempo de los reyes Inga [que] mandaron este gran reino del Perú, les sacaban en algunas partes de esta provincia de los Charcas cantidad grande de metal [minerales] de plata, y para ello estaban puestos [asigna-dos] Indios, los cuales daban el metal de plata que sacaban a los veedores y delegados suyos. Y en este cerro de Porco, que está cerca de la villa de Plata, había minas [de] donde sacaban plata para los señores. Y afirman que mucha de la plata que estaba en el templo del Sol de Curicancha fue sacada de este cerro; y los Españoles han sacado mucha de el. Ahora en este año [1549] se está limpiando una mina del capitán Hernando Pizarro: que afirman le valdrá por año las asendradas que de ella sacarán más de doscientos mil pesos de oro. Antonio Álvarez, vecino de esta villa se mostró en la ciudad de los Reyes con un poco de metal [mine-ral], sacado de otra mina que él tiene en este cerro de Porco, que casi todo parecía plata. Por manera que Porco fue antiguamente cosa riquísima, y ahora lo es; y se cree, que será para siempre” (Cieza de León 1956 [1553]: 288289).83 Porco era uno de los yacimientos de plata precolombinos que se siguió explotando durante el coloniaje; lamentablemente, no se sabe con exactitud desde y hasta cuándo hubo allí actividad minera. “El cerro más rico que conocieron los Incas, fue el de Porco, distante de Potosí seis leguas [33 kilómetros], según Murillo, y según otros siete leguas [39 kilómetros], de donde se dice sacaron la mayor parte de la plata que había en el Templo del Sol de Curianche, (Koricancha) teniendo destinados un considerable número de indios para el trabajo de ellos, como principal tesoro de las riquezas de su Imperio, por no haberse descubierto todavía en aquellos tiempos el famoso Cerro de Potosí, (...)” (Cañete 1952 [1791]: 225-226). Se dice que un indígena de Chaquí dio la noticia sobre las riquezas de Porco a Hernando Pizarro. Efectivamente, los españoles hallaron algunas labores en una veta rica de éste y tomaron para sí dos minas: una, le dieron a Francisca Pizarro, su sobrina; hija del marqués, su hermano.84 La ley de plata en ambas minas era tan alta (casi 50%) que directamente se aplicaba la fundición a estas menas empleando las wayras.85 Más tarde, se registraron más minas en nuevas vetas descubiertas; pero a medida que iban profundizándose las labores, el agua fue el principal enemigo de los mineros a tal punto que las minas fueron abandonadas. Igual suerte corrían las viviendas; en el poblado se contaban más de cien casas de españoles, y durante la crisis sólo cuarenta. (Capoche 1957 [1585]: 124-125).86
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La predicción sobre Porco se ha cumplido. Porco, mina alquilada por COMIBOL a COMSUR, actualmente es fuerte productora de blenda o esfalerita. En 1574, se tiene una carta poder: Hernando Delgadillo, apoderado de Francisca Pizarro, mujer de Hernando Pizarro (ambos ausentes) concedida a Francisco Díez Pelellin para encargarse de sus asuntos de minas en el asiento de Porco, donde Francisca tenía la mina Rica y de la cual le pertenecía la cuarta parte del “metal lim-pio”. ANB Minas SG 152a. 1574, La Plata. “En las fundiciones del rico asiento y mineral de Porco, se usó desde que se descubrió esta tierra este modo de fundir por [mediante hornos] castellanos, debajo de chimeneas, el riquísimo metal cochizo y rosicler de que abundaban sus minas. Estuve yo en sus fundiciones muchas veces, por ser por allí el camino real desde esta imperial villa a la provincia de los Lípez, en que residí siete años, y supe que de estas antiguas chimeneas habían sacado algunos provecho considerable”. En: Alonso-Barba 1967 [1640]: 159-160. La wayra no dejó de ser empleada. Su uso continuó para fundir las pellas obtenidas en los ingenios de amalgamación (etapa de refinación). Eso sí, su número bajó ostensiblemente. Capoche (1582), afirma que los minerales de plata se encontraban en bolsoneras “y eran tan ricos que sucedía sacar de una a ocho y diez mil pesos; pero como la tierra de este cerro es esponjosa y húmeda, se aniegan las minas de manera que no se pueden labrar, porque en llegado a treinta estados [50 metros] es mucha el agua que tienen. Y aunque esto es grande inconveniente y costoso, si no hubieran dado las minas en quijo, que es topar la veta en duro, y no se hubiera perdido la riqueza, todavía las labraran y agotaran su agua” . En Capoche 1959

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Algunas informaciones las encontramos en el Archivo Nacional de Bolivia (en Sucre), válidas para el siglo XVI. Empero, la primera referencia que tenemos sobre los trabajos mineros en este yacimiento se remonta a 1549: Antonio Álvarez y Lope de Mendieta daban por anulada la sociedad que habían conformado para trabajar minas en el asiento de Porco. 87 En 1555, en una carta de promisión de dote, Juan Albertos y su esposa daban en favor de Inés de Arana, la dote consistente en casi 42 metros de mina (26.8 metros en el cerro de Porco, y 15 en el Cerro de Potosí, en las vetas del Estaño, Rica y Centeno).88 En una carta de donación: Beatriz, indígena natural de Chucuito, regalaba al morador Vasco Valverde, la mitad de las minas que ella tenía en el cerro de Andacawa (Andacaba), en Porco.89 Garci Michel y Mateo Paniagua efectuaron varios acuerdos para trabajar en las vetas del Cerro Rico como también en la veta de Hernando Pizarro, en el cerro de Porco; y en la veta que descubrió Lope de Villarreal, en el cerro Huayna Porco. 90 En carta de concierto (contrato): “Habrá 10 años poco más o menos que Alonso Alegre le vendió [a Juan Clavijo] media mina de metal de plata en el cerro de Porco y media ranchería y una casa sin edificio en el asiento de las minas de Porco”.91 Continuando con la información de primera mano, tenemos el formalismo de la posesión de una mina. Auto de posesión: Marcos de Chiaramonte, teniente de corregidor del asiento de Porco, a Juan Albertos, residente, de una mina de 16.7 metros en este asiento. La escritura está fechada en los cerros de las minas del asiento de Porco, “estando en un cerro e veta que se llama el cerro de la veta Larga, que será un cuarto de legua [1.4 kilómetros] poco más o menos del dicho asiento de Porco”. La posesión fue dada en virtud de una carta ejecutoriada de la Audiencia de Charcas. Formalidades de la posesión: El teniente de corregidor “tomó con su mano derecha del dicho Juan Albertos e dijo que le metía e metío (...) en la posesión real e corporal, civil, natural, juridomine vel casi, de las dichas 20 varas [16.7 metros] de mina; y el dicho Juan Albertos, habiendo tomado posesión de mano del señor teniente se dio por entre-gado de ella (...), y continuándola cavó en ella con una barreta y echó piedras y tierra de una parte a otra y se paseó por ella”.92 También cursa una carta de finiquito: Antonio Álvarez, por las cuentas que Cristóbal Álvarez Meléndez ha dado de las minas que tuvo a su cargo en el asiento de Porco. Las cuentas se refieren a recibos de casillas,93 ventas de mineral; pagos a mineros, yanaconas, naturales alquilados; pertrechos, víveres, etc. Entre los pertrechos: fuelles, maguey, acero, lata, cueros, candelas y manteca. Ésta última empleada “en la labor de las minas con que se alumbran los indios”.94 Carta poder: el capitán Juan Ortiz de Zárate para poder obtener arrendamiento de la mina de los hijos de Juan Vendrel en Porco.95 En carta de donación, Cristóbal Díaz de los Santos, clérigo presbítero, a favor de Albertos Damián, de la tercera parte de una mina. “Dicha mina es en el asiento de Porco, en la Isla que llaman, que es un cerro apartado del cerro principal de Porco, que es veta larga” .96
[1585]: 125. “Sus menas fueron principalmente pirargirita o plata roja, la cual era conocida también con el nombre de cochizo o rosicler”. En: Langue y Salazar-Soler 1993: 463; Bargalló 1955: 73. 87 ANB Minas SG 6. 1549, Potosí. Mendieta tenía en encomienda a los naturales de Carangas, que son los prime-ros que aparecen en las faenas mineras de Potosí y Porco. ANB Minas, SG 24h. 1555, La Plata. 88 ANB Minas SG 24g. 1555, La Plata. 89 ANB Minas SG 41i. 1559, Potosí. 90 ANB Minas SG 42i. 1559, Potosí. 91 ANB Minas SG 48x. 1561,La Plata. 92 ANB Minas SG 58a. 1562, Porco. 93 Casilla. “Mineral de plata fundible por el método de la guayra en las épocas tempranas de Potosí”. En: Langue/Salazar-Soler 1993: 123. 94 ANB Minas SG 58e. 1563, La Plata. 95 ANB Minas SG 61a. 1563, La Plata. 96 ANB Minas SG 86a. 1565, La Plata.

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En una carta de constitución de compañía, Manuel Álvarez y Hernando Barreno deciden trabajar asociados varias minas; tanto en el Cerro Rico, como en el de Porco, “en la veta de Gonzalo [sic, por Juan] Albertos”.97 Recapitulando. En el Imperio Inca, se empleaban las técnicas tradicionales de la recolección de las minerales más ricos pero superficiales, y que afloraban, para su posterior refinamiento empleando la tecnología por ellos desarrollada: de las “wayrakunas” o wayras; el combustible era el ichu y el estiércol de las llamas. En 1538, fue ocupado por Gonzalo Pizarro cuando éste se disponía a fundar La Plata.98 Su importancia quedó eclipsada por el descubrimiento del Cerro Rico (1544); no obstante, por su proximidad a la Villa Imperial sus minas recibieron mitayos de parte del corregidor potosino mucho antes del repartimiento del virrey Toledo (1573); y por este motivo y desde ese momento su minería quedó subordinada a Potosí, pasando su producción a figurar o completar la del centro mayor. Según el repartimiento de 1578, Porco recibió mil indígenas; en 1603, eran sólo 800; y para 1608, sus galerías estaban inundadas y su mano de obra coaccionada había sido destinada a otras actividades secundarias, así como en 1626-1627, se la asignó para la reconstrucción de los ingenios en la villa de Potosí destruidos por la gran inundación. En 1633, se le seguía destinando 380 mitayos; pero hay noticias que sólo 80 efectivamente trabajaban allí, y el resto pasó a engrosar la mita potosina. Entonces, a mediados del siglo XVII, Porco dejó de ser un asiento argentífero de importancia, recalcamos: “primero lo había eclipsado Potosí y, luego, lo había destruido la inundación de sus galerías” (Cole 2002, II: 635). El problema de minas inundadas se repetía en este asiento y no faltaron propuestas para el empleo de ciertos “inventos” para achicar el agua con ayuda de bombas. Así, se presentaron dos expertos que decían haber trabajado en Castilla: uno, con Juan Helo; y el otro, era vecino de Lima. Visitaron Porco y al no poder cumplir con el desagüe, propusieron fabricar una máquina de molienda con agua, a su costa; eso sí el “know how” les pertenecería durante diez años y pasado ese tiempo recién podrían usar los otros. Claro que habría penalidades para los que no cumplan estas condiciones. Los mineros de Porco en realidad no querían saber nada de inventos y lo que sí les interesaba era obtener la plata, con pequeñas pérdidas de azogue. Más tarde, se construyeron dos ingenios hidráulicos en un arroyo cercano al poblado. Con esta medida, la molienda estuvo garantizada durante el año entero, lo que favoreció para trabajar minas nuevas o los desmontes. La fundición con la wayra99 cedió paso a la amalgamación y, de la decadencia, Porco volvió a florecer (Capoche 1957 [1585]: 125). El minero sevillano, en su Relación, da la lista de los propietarios de minas en Porco: en la veta de Hernando Pizarro, seis minas pertenecientes a varios dueños entre ellos Francisca Pizarro y la mina de la Corona que estaba arrendada; en la veta de Los Zoras, cuatro mineros construyeron un socavón y había once minas (más una de la Corona) adjudicadas a una o varias personas e incluso a menores huérfanos; y en la segunda veta del mismo nombre, se contaban 23 adjudicaciones con características similares a la anterior (Capoche 1957 [1585]: 126-127).100
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ANB Minas SG 146. 1573, La Plata. “Siguiendo los vaivenes de las luchas entre los conquistadores, pasaron a manos de Almagro, regresaron a las de Pizarro, fueron enseguida a las del hijo de Almagro, después a las de Gonzalo Pizarro, hasta que por último, el virrey Gasca las incorporó a la Corona”. En: Bargalló 1955: 73. 99 Ya lo dijimos, la wayra no dejó de ser empleada. Su uso continuó para fundir las pellas obtenidas en los inge-nios de amalgamación (etapa de refinación). Eso sí, su número bajó ostensiblemente. 100 “Juan Juárez halló una veta de metal de plata en el cerro que llaman Guacache, que está camino de Porco”. Juan Gutiérrez Bernal descubrió una veta de plata en este mismo cerro y le puso por nombre San Juan Bautista”. En: Capoche 1957 [1585]: 131.

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Fray Diego de Ocaña, visitó Porco en 1600 y contó hasta 30 españoles dueños de minas. Su principal observación va dirigida a la forma de explotación a cielo o tajo abierto, y que fue la característica de laboreo de las vetas que afloraban, y se admiró de la magnitud de esa forma de laboreo minero. En su libro se refiere al yacimiento de Porco, en estos términos: “Aquí labraba el Inca las minas antes que Potosí se descubriese, y de aquí sacaba toda la plata que había menester, porque tienen estas minas unas bolsas [bolsoneras] que tienen la plata machacada, que es decir que no tiene necesidad de fundición, porque es toda plata limpia, sino que dan luego las minas en agua y así no se pueden labrar (...) las minas de plata, tan ricas que en todo este reino no ha habido cosa semejante, las cuales duran poco por la razón dicha, que dan luego en agua, respecto de que están en tierra baja. De esta plata, que es toda ley y más blanca que la de Potosí, hacía el Inca el carro y andas en que andaba y todas las demás cosas de su servicio, que toda era plata y oro. A las cuales minas yo subí y entré en ellas por ver todo lo que había y vi un cerro muy cavado a tajo, abierto y partido por en medio de una parte a otra, porque la veta corría de norte a sur, derecha, y el tajo me pareció que tendría de ancho como doce varas [10 metros] desde una orilla a la otra; y tan profundo que mirando hacia abajo, no tiene dónde reparar la vista según está de hondo. Y dijéronme que todo lo que de allí faltaba, había sido plata (...). Yo subí a ver los socavones de don Francisco Pizarro, y es grandísima la profundidad que tienen; y la consideración que yo tenía de que todo aquel vacío había sido plata, me causaba admiración. Ahora se beneficia por azogue la tierra de que no hacían caso en aquel tiempo; y la van pasando toda. Y fue tanta la leña que se gastó en aquellos tiempos, ansí del Inca como de don Francisco Pizarro, que con ser todo aquello de alrededor montes en que había mucha madera de quina [kehuiña], no hay en día de hoy en todo aquello, doce leguas [67 kilómetros] alrede-dor de Potosí, ni un árbol; y como cosa notable lo escribo. La plata que [de] aquí se sacó el día de hoy es más ley, más fina y blanca que la de Potosí” (Ocaña 1969 [1600]: 182-184). Y como sucedió en el Cerro Rico, los trabajos a tajo abierto dieron paso a la explotación subterránea; que no sabemos cuándo fue iniciada o sí corría paralelamente a ellas. El potenta-do Antonio López de Quiroga, incursionó en varios distritos fuera de la Montaña de Plata y uno cercano a su casa fue Porco, donde sus paisanos en 1538 habían comenzado a extraer sus minerales de plata y en el siglo XVII su explotación era esporádica, y López de Quiroga la reinició trabajando una labor que se decía había estado durante años paralizada. Entre 1668-1669, atacó el yacimiento que estaba totalmente anegado y practicó en él lo que había hecho en las Amoladeras del Cerro Rico; o sea, la técnica de desaguar las minas construyendo un socavón bajo que las drenara y facilitara el acceso, el transporte y la ventilación. En 1674, López de Quiroga informaba que por la dureza de la roca, en cinco años apenas logró avanzar unos 422 metros,101 y que gastó más de 13.8 toneladas de pólvora para el arranque o voladura de la roca. En principio, López de Quiroga no consiguió llenar sus expectativas y obtuvo sólo moderadas recompensas a sus esfuerzos (300 000 pesos de inversión en su proyecto), hasta que en julio de 1681, una lumbrera de ventilación (chimenea) abierta verticalmente desde el socavón, mostró una bolsonera conteniendo minerales de relativa buena ley. Ocho años más tarde, todavía el trabajo estaba sin concluir, el socavón llegaba ya a tener la longitud 928 metros, y las vetas cortadas por galerías no habían resultado tan ricas como él esperaba (Bakewell 1988: 81-82). No cabe duda que este socavón fue espectacular e incluso revolucionario, desde el punto de vista de un trabajo minero aún no visto en América española; ya que perece haber sido la primera empresa tanto en Sudamérica como en México, donde se empleó la pólvora para volar la roca y
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Se habla de 500 yardas; no obstante, puede referirse a la vara o yarda española de 0.84389 metros y no a 1 vara = 836 milímetros. En: Langue y Salazar-Soler 1993: 656.

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obtener las menas de plata.102 Lo que no se sabe y tampoco López de Quiroga informó, es cuándo empezó a usarse la pólvora como explosivo; tal vez en 1674, en el socavón de Porco, que lo había comenzado a fines de los sesenta (Bakewell 1988: 82). Permítasenos decir, que éste fue un gran salto tecnológico. Lastimosamente, no existen cálcu-los numéricos de los beneficios que la implantación de esta nueva técnica reportó. Se carece también de información sobre los costos mineros; pero sí se puede pensar que las labores de avance se agilizaron, porque ya era posible construir labores subterráneas: largas galerías, niveles y cuadros más profundos o labores verticales en menor tiempo, que haciendo lo mismo en forma manual y lenta, empleando barretas y combos. Lo negativo, ha tenido que ser la intensificación de las enfermedades laborales o profesionales, y la demanda de mano de obra para efectuar la extracción de mayores tonelajes de escombros y menas. Un ingeniero inglés comentaba hace 70 años o algo así, sobre esta innovación practicada por Antonio López de Quiroga, en Porco: “la más dura roca que exista puede ser destrozada con pólvora” (Bake-well 1988: 82-83). Según Cañete, los españoles no olvidaron el repartimiento de la mita para el cerro de Porco, como lo hicieron para el trabajo de las minas de Berenguela (en el corregimiento de Pacajes). 103 Al haberse paralizado los trabajos mineros en el cerro de Porco; obviamente, la mita de ese partido estaba disponible para el servicio de las minas de Potosí. Los pueblos mitarios de Porco, fueron: Chaquí, Yura, Caiza, Toropalca, Tacobamba, Potobamba, Colocaquina (lla-mada Tinguipaya), Puna, Tomave, Tolapampa y Coroma.104 Como estos pueblos se encon-traban a distinta distancia de Potosí, el pago del leguaje se resolvió contabilizándolo recién a partir de un lugar donde todos se podían reunir para marchar juntos a la Villa Imperial; y esto fue decidido por el Capitán de la Mita, en común acuerdo con el Protector de Naturales, el 25 de septiembre de 1771, siendo superintendente Pedro Tagle (oidor de Charcas). Santiago de Chaquí, fue elegido como lugar de concentración de la mita, pagándose desde allí medio real por cada legua (5.6 kilómetros); entonces, todos los mitayos de Porco recibieron a razón de 3.5 reales por su leguaje (Cañete 1952 [1791]: 226). Por último, nos cabe mencionar que, además del cerro de Porco se explotaban otros yaci-mientos argentíferos en ese partido, como en: Tomahave o Tomave y en el cerro de Andacaba. En el informe de Pedro Agustín de Agreda, fechado el 16 de marzo de 1754, leemos: “2. Item, este metal [mineral] se trabaja en el cerro de Andacaba, 6 leguas [33 kilómetros] de esta villa [de Potosí], de la provincia de Porco; es veta que llaman Real, su rumbo del este a oeste; y es tradición que la trabajaron en su antigüedad los reyes ingas, y después los españoles; que en más de tres leguas [17 kilómetros] que se descubre la veta, ha tenido muchos interesados y así tiene diferentes labores, y por dar en agua a los 50 estados [125 metros] la han desampara-do” (Galaor
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Un uso anterior no puede ser totalmente descartado, ya que la pólvora en la década de 1630 se la utilizó en la mina de mercurio de Huancavelica, con el objeto de aumentar la velocidad de avance de un socavón compara-do con lo que se podría hacer barreteando. En: Bakewell 1988: 82. 103 Berenguela fue un famoso yacimiento argentífero por sus riquezas. Más tarde sus minas se inundaron. Este asiento tuvo “indios de cédula” aún antes que en Potosí. Por Real provisión del virrey Toledo, fechada en Lima el 12 de septiembre de 1576, se disponía “que los Oficiales Reales de Potosí, con asistencia del Corregidor de la Villa, arrendasen las minas a S.M. , así las de su Cerro Rico como las de Porco y Berenguela”. En Cañete 1952 [1791]: 226. 104 “Según una certificación del Contador de Retasas, de 15 de junio de 1733, siendo Virrey el Sr. Marqués de Castelfuerte, consta que los citados pueblos, por las últimas revisitas aprobadas por el Superior Gobierno, tenían 418 indios mitarios de gruesa de séptima y 136 para el continuo trabajo, con dos descansos”. En Cañete 1952 [1791]: 226.

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et al. 1998: 59). Álvaro Alonso-Barba105 se refiere elogiosamente a las minas de Porco y Andacaba: “las de Porco, famoso mineral de los incas y el primero de que los espa-ñoles sacaron plata. Las de Andacaba, cuyas labores [son] también antiguas, admiran con su profundidad, disposición y reparos a los más experimentados mineros, y con su multitud y abundancia, aseguran por muchos siglos metales [menas] de plata, en cuya saca pueden ocuparse todos los indios de la mitad de este reino” (Alonso-Barba 1967 [1641]: 47). En 1750, el azoguero Joaquín de Herboso tenía arrendada una estaca, de la Corona, en el cerro de Andacaba (Galaor et al. 1998: 58).106 2.1.2.- Partido de Chayanta Esta región estaba situada al Norte, a unos 251 kilómetros de la Villa Imperial y, su capital, fue bautizada como Espíritu Santo de Chayanta. Su territorio se extendía 334 kilómetros de longitud (rumbo Este-Oeste) y de ancho hasta 223 kilómetros (Norte-Sur). Al Norte, colindaba con Larama/Cochabamba, por un desierto de muchos kilómetros cuadrados; por el Oeste, hacia Paria con Huanuni; por el Sur, hacia Porco, con Actara; y por el Este, hacia Mizque con Zucuzuma y, hacia Yampará con Guañoma y Zapiri. Muchos ríos atravesaban su territorio, como: el Morachaca (de Oeste a Este), el Huanuni (de Norte a Sur), el Moscarí y el San Pedro de Buenavista (ambos de Oeste a Sudeste), el Pitantora y Guaycoma (ambos de Sur a Norte); todos ellos formaban el río Grande que bañaba medio partido y desembocaba en el río Mizque (que corría de Oeste a Este) y se unía al Cochabamba, en Guayabos. Ninguno era navegable (Cañete 1952 [1791]: 243, 246).

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Nació en Lepe (1569?) y falleció en Sevilla (1662). Se supone que pasó a Charcas hacia 1600; nueve años después ocupaba la doctrina de Tarabuco; después pasó a las de Tiwanaku (1615), Lípez (1616), cura de la matriz de Oruro (1625), Ulluma de Pacajes (1630), Yutala (1634), San Bernardo de Potosí (1635); cura titular de la Catedral de La Plata (1644). Su obra Arte de los metales (1640), “fue acogida mundialmente como una obra clásica en la materia y que puede considerarse la cima de la irradiación tecnológica de la minería y metalurgia charqueñas. Sus fuentes combinan, por un lado el saber teórico de la Antigüedad clásica, de la Edad Media y de los modernos (hasta sus propios contemporáneos; por otro lado, el saber práctico de los mineros de Charcas y sus ininterrumpidas experiencias propias”. En 1658, se ausentó de Charcas y exploró los escoriales del Río Tinto, en Huelva/España. En: Barnadas 2002, I: 97-98. “Sacerdote, minero y metalurgista español, residente en Potosí. Alonso Barba nació en Lepes [Lepe], diócesis de Sevilla en 1565. Según la documentación en 1590 ya se encuentra en el virreinato del Perú, en Tarabuco, en donde exploró los diferentes yacimientos de la provincia de Charcas. Hacia 1615 viajó a Tiahuanacu provincia de Pacajes, y luego a Yatala provincia de Lipes, donde se encuentra el asiento de San Cristóbal donde Alonso Barba hizo sus primeros ensayos y experimentos. El presidente de la Audiencia de La Plata lo trasladó a Yatala a la parroquia de San Bernardo de Potosí con la finalidad que aportara sus conocimientos en el beneficio de los metales [minerales]. Estando en Potosí viajó varias veces a Porco, Lipes y otros asientos, dirigiendo varios establecimientos de beneficio como los de Chaupa, Porco y Oruro. Además de haber sido un excelente minero, [geólogo] y metalurgista, Alonso Barba fue autor del El Arte de los Metales, publicado en Madrid en 1640, que constituye el manual de metalurgia más importante del Renacimiento (...)y expuso sus conocimientos sobre los diferentes aspectos de la minería como: el modo de hallar vetas, descripción de los principales metales [minerales y menas] la necesidad de prepararlos [o procesarlos] convenientemente por medio del lavado o calcinación [tostación], procedimientos de amalgamación, etc. Fue el inventor del método de Cazos, un método de amalgamación en caliente”. En: Langue/Salazar-Soler 1993: 17-18. 106 “3. Item, hasta que en el año de 1747 don Pedro Agustín de Agreda pidió un barreno, que halló principiado con 60 varas [50 metros], por despoblado, y se le concedió licencia, (...) siguió dicho barreno, y a los 3 años de su trabajo cortó la veta, que está a una profundidad de 80 estados [134 metros], poco más o menos. Hoy [1754] continúa trabajándola por sus costados y frontones, porque sus chiles o piques, que [así] llaman, le impiden las aguas, que por sus tajos le entran en el tiempo de lluvias, y como la veta la trabajaron los antiguos por la cima del monte a tajo abierto, no es fácil agotar el agua que se le comunica a sus planes, si no por diferentes barrenos y a costa de muchos pesos”. En: Galaor et al. 1998: 59.

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Las principales poblaciones o pueblos de este partido eran 19: Chayanta, Aymaya, Panacachi, Pocoata, Macha, Aullagas, Chairapata, Moromoro, Sacaca, Chayala, Pitantora, Guaycoma, San Marcos, Surumí, Carasí, Micaní, Moscarí, San Pedro de Buenavista y Acacio. Los nueve primeros tenían temperaturas frígidas por estar en el Altiplano o puna, y albergaban yaci-mientos de plata. Sobresalía Aullagas, que era un asiento muy poblado; pero, urbanísticamente con calles en desorden y casas mal construidas. Por la altura a que se encontraban estas pobla-ciones, sus moradores no acostumbrados sufrían del “mal de altura” con vómitos y fuertes dolores de cabeza; a lo que llamaban “apunarse”. Con todo, sus habitantes gozaban de muchas frutas y verduras que llegaban de los valles cercanos, y se aprovisionaban de la puna con papas sabrosas de las que preparaban chuño (Cañete 1952 [1791]: 243-244, 246). Vale la pena mencionar que el trigo de Pitantora era el de mejor calidad y se contaba con unos 168 molinos de trigo que aprovisionaban de harina a muchos poblados, como: Potosí, Carangas, Paria, Porco, etc. En la misma Chayanta se hacían grandes negocios en tiempo de la cosecha. Sus valles contaban con maderas de excelente calidad, como: el roble, el algarrobo, el pino, el mazo, la tipa y el soto; muchos de ellos con seguridad se empleaban en las labores de interior mina para fortificar y apuntalar la roca y, sobre todo, para fabricar ruedas y ejes en los ingenios hidráulicos. Insistimos que sus pobladores y los de muchos otros lugares aledaños se favorecían con los productos agrícolas producidos en este partido. Los valles más conocidos, eran: la quebrada de San Pedro de Buenavista, Moscarí, Pitantora, Guaycoma, Carasí, San Marcos, Quinamara, Zucuzuma, Micaní y Acacio, tierras fértiles todas ellas donde se cultivaba muchas plantas gramíneas (trigo y maíz), frutas (duraznos, manzanas, peras, ciruelas, guindas, chirimoyas y uvas). Toda esa producción provenía de los diez pueblos ubicados en los valles templados de este partido (Cañete 1952 [1791]: 245-246). Capoche, relata, aunque no lo había comprobado, que: “al presente [por 1582] anda voz en este pueblo de unas minas que se han descubierto hacía los Lipes e indios chichas en los Aullagas, treinta leguas [167 kilómetros] de esta villa [de Potosí]. El metal [mineral] es rico sobremanera y cuentan grandes cosas de esto; y antes de ahora se ha tenido noticia de estas minas, aunque no con la certinidad [certeza] de ahora” (Capoche 1957 [1585]: 132). En 1586, la Audiencia de Charcas le informa mediante carta al virrey, sobre las riquezas que se iban descubriendo cada día en las minas de Aullagas, en Chayanta.107 Según Alonso-Barba, el partido de Chayanta “estaba lleno” de vetas auríferas y existían algunos socavones antiguos, que daban crédito de que fueron trabajadas muchas minas. En el río Grande, se podía encontrar pepitas de oro entre sus arenas; y lo mismo sucedía en el río de Tinguipaya (a 39 kilómetros de Potosí) (Alonso-Barba 1967 [1640]: 46).108 Como buen narra-dor que era el padre Alonso-Barba de las riquezas mineralógicas de la Audiencia de Charcas, nos da a conocer su ubicación, aunque esto no signifique que necesariamente eran yacimientos en producción. Él menciona la presencia en el partido de Chayanta, de menas de cobre, oro, plata y estaño. Más exactamente: en Macha y Pocoata, de cobre; en Mallcocata, de plata (Alonso-Barba 1967 [1640]: 41, 46, 48, 50, 54). Ya nos hemos referido al accionar de Antonio López de Quiroga, en Porco. Aparte del soca-vón en este asiento y en el de Laicacota/Puno, este industrial minero para fines de 1672 tenía proyectada
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ANB Minas SG 231. 1586, Chayanta. Desde principios del siglo XVII, en Chayanta se explotaba estaño en abundancia. En: Bargalló 1955: 222. Se menciona que había socavones en sus minas prehispánicas de oro y plata. En: Bargalló 1955: 38, 72. Ya en la Colonia se explotó menas argentíferas y auríferas. En: Bargalló 1955: 38, 300.

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la construcción de otros cuatro: tres de ellos en Chayanta y el último en Lípez. En Chayanta, en los asientos de Aullagas, Ocurí y Titiri (cuya ubicación geográfica no está muy clara) (Bakewell 1988: 83). En 1657, López de Quiroga y su socio de negocios Antonio de Cea, reclamaron haber descu-bierto las vetas argentíferas de Aullagas. No obstante que, aparentemente, hubieron trabajos mineros ya por 1650; y seis años más tarde los oficiales de las Cajas Reales de Potosí expresaban su esperanza de que con los trabajos de desagüe en las minas de este asiento, la producción argentífera de Potosí podía elevarse. En 1680, el presidente de la Real Audiencia de Charcas describía a Aullagas como un yacimiento de poca importancia. Llama la atención, que López de Quiroga en 1679, en un recuento de sus propiedades donde estaba incluido un listado de sus socavones, no figure el de este asiento; talvez, porque perdió el interés de seguir desarrollando esas minas o porque otras le ofrecían mejores y mayores recompensas (Bake-well 1988: 83). Otra es la historia de Ocurí, a 27 kilómetros al Sureste de Aullagas. Ya desde 1649 era un centro productor de plata. Después de 1670, López de Quiroga invirtió en sus negocios mineros, y cuatro años más tarde no sólo poseía minas sino: una planta de procesamiento o amalgamadora, la propiedad total sobre un socavón y de otro a medias, con su socio Martín de Naruaja. Éste era quien lo había empezado y López de Quiroga puso la inversión para su continuación; y gracias a ello el socavón alcanzó, a mediados de 1675, una extensión de 232 metros (Bakewell 1988: 84).109 Entre julio de 1674 y septiembre de 1677, el administrador Largáñez recibió 107 000 pesos para operar el ingenio de Ocurí y asimismo él tenía que mantener un control estricto sobre: el dinero en efectivo, mercurio, mazos-almadanetas, palancas, cuñas, azadones, sierras, azuelas, cedazos y sus telas, láminas, pesas, puntas, hierro, lata, cobre, sebo, mechas, grasa y coca. Durante ese tiempo el ingenio fue reconstruido con un costo de 14 142 pesos, y produjo unas 2.7 toneladas de plata, valorada en 76 772 pesos (Bakewell 1988: 84). Se debe reconocer el mérito de Antonio López de Quiroga, cuya filosofía de trabajo era rein-vertir las ganancias inmediatamente en medios de producción de plata, “lo que procediere del [ingenio] sea para el gasto del socavón” le ordenaba a su administrador en julio de 1674; y dos años más tarde, dispuso que sus menas sean amalgamadas a la brevedad posible para producir plata para el avío y para su sueño dorado: el socavón, que debía ser perforado lo antes posible, empleando cargas explosivas de pólvora.110 En 1689, nuestro empresario todavía esta-ba en plena actividad en Ocurí. Para ese entonces, contaba ya con cuatro instalaciones amalgama-doras: dos en Ocurí, una en Titiri y la última en San Antonio de los Lípez (Bakewell 1988: 85). Todas fueron descritas como “hermosas fábricas”; lo que en términos actuales sería calificarlas como modernamente equipadas, bien construidas o que poseían una excelente infraestructura. Sus dos socavones en Ocurí habían costado la friolera de 200 000 pesos. Estaban funcionando y daban acceso a minas de donde se extraía suficiente carga para alimentar a sus dos ingenios
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López de Quiroga nunca estuvo en Ocurí y derivó en 1674, su administración, a Antonio Largáñez. Éste era teniente corregidor de Ocurí y Aullagas, “y como tal estaba en el límite de la ley al aceptar un trabajo privado de López. Era suficientemente consciente de este conflicto como para rehusar hacer las solicitudes de minas para López; ya que era precisamente la tarea de un corregidor o de su teniente registrador, aprobar tales solicitudes. Sin embargo, estuvo de acuerdo en usar su conocimiento en Ocurí para promocionar los negocios de López allí, y supervisar las operaciones de sus minas, socavones y refinerías [e ingenios]”. En: Bakewell 1988: 82. 110 Posiblemente, en Aullagas no se utilizó la pólvora para la voladura, pero en Ocurí sí lo hizo hacia 1674; ya que Largáñez, informó en una carta fechada en agosto, que el indígena, portador de la misiva, llevaba la pólvora y la palanca que su merced solicitaba. En: Bakewell 1988: 84-85.

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situados en el mismo asiento. Para ese entonces, administraba sus negocios el maestre de campo Juan Antonio de Bóveda, uno de sus cuñados. Lo que demostraba que la confianza de López de Quiroga recaía más en sus parientes, que en sus meros socios (Bakewell 1988: 85). Otro éxito duradero en el accionar minero del potentado López de Quiroga fue Titiri, que databa de las décadas de 1640. Nuestro empresario fijó sus ojos en él allá por 1670; o sea, la misma época en que empezó operaciones en Ocurí y Aullagas. En Titiri, explotó la veta bautizada como Santo Domingo Soriano, que fue atacada justo después de que Titiri fuera abierta por primera vez y luego abandonada allá por 1650. El problema radicaba en los constantes derrumbes que bloqueaban los accesos a las menas, y el consiguiente peligro para los trabajadores. A eso, se añadía lo usual que era la presencia de agua; y que, en realidad eran las que causaban mayores dificultades en la actividad minera. Entonces, López de Quiroga decidió construir un socavón dirigido al nivel inferior de las labores ya existentes, y pensó que ésa era la solución tecnológica. Por ello en 1671, presentó una petición para ese desarrollo, la que le fue concedida; y aprovechó la existencia de un socavón abandonado en 1650, debido a la dureza de la roca y que por eso tenía un avance de apenas 6.7 metros. El trabajo fue iniciado a mediados de 1671 y ya tenía 67.5 metros, cortando dos nuevas vetas. En octubre de 1675, ya había duplicado su longitud (135 metros) y había interceptado no sólo las explotaciones antiguas y abandonadas de la veta Santo Domingo Soriano, sino que también, a unos 3 metros más adelante cortó otro filón; que su representante no tardó en reclamar. El monto invertido en este proyecto sobrepasó los 30 000 pesos (Bakewell 1988: 85).111 La explotación minera seguía el modelo aplicado en el Cerro Rico de Potosí y en otros yacimientos fuera de la Audiencia de Charcas; o sea, de seguir a las vetas ricas mediante labores normales subterráneas, por medio de: socavones, galerías, corridas, pozos o cuadros, ramplas o barrenos y chimeneas o lumbreras. No se debe descartar que inicialmente las labores hubieran sido a tajo abierto. En ciertas labores, una vez que se profundizaba aparecía el agua, lo que daba lugar a su anegamiento; y esto obligaba a abandonar la(s) mina(s) o a la construcción de socavones de drenaje. Nada se dice de las condiciones de trabajo debido al aumento de temperatura con la profundidad, y del estado de ventilación existente en esas labores por el método de explotación y de arranque. La seguridad industrial no estaba vigente, aunque algunas medidas con seguridad que estaban consignadas en las Ordenanzas de Minas. Naturalmente que no se trabajaba a ciegas cualquier clase de minerales. Los mineros elegían las brozas (con 2.5-5 kg/t de plata), piritas (8-10 kg/t), chamiscos (30 kg/t), rayadillos (de 1.5-2 kg/t) y llampus (de 800-1000 g/t Ag).112 Prácticamente, con la ley tan baja de los llampus, el azoguero
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No hay pruebas que señalen la utilización de la pólvora en la construcción del socavón de Titiri; aunque es probable que lo hicieron, dada la velocidad de su avance en tres meses. Sí hay evidencias de su uso, cuando intentaron reabrir las viejas explotaciones de Santo Domingo Soriano; y especialmente la emplearon para abrir lumbreras de ventilación y para agrandar los estrechos pasajes de comunicación (barrenos), debido a la dureza de la roca. Ya en 1672, se informaba sobre la calidad buena de los minerales; y a mediados de 1675, se justificaba la instalación de una planta amalgamadora en Titiri, la cual en 1690 todavía estaba operando; aunque había dudas sobre su rentabilidad. En: Bakewell 1988: 85. 112 El llampu en general significa cosa blanda y suave al tacto y así se denominaba a los materiales muy finos; su ley era buena, casi como el mineral de veta, “sin las cuales hay otros que se juntan, pallan y recogen en la haz de la tierra donde ha habido canchas y buhíos que han tenido buenos metales [minerales] que son de la utilidad que los pallacos como se dirá”. En: Llanos 1983 [1609]: 72. “Llampo o llampu. Blando al tacto o cosa lisa o suave (...). Llamaban la parte menuda del mineral, pequeños fragmentos y el polvo que se recogía de las galerías de explotación, o de las canchas de las minas. Su ley de plata variaba mucho, pero solía contener de 30 a 35 marcos por cajón [3 a 3.5 kg/t]”. En: Langue-Salazar-Soler 1983: 326.

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quebraba; salvo que tenga mitayos y que los ingenios no se hallen muy distantes de las minas. En Cañete 1952 [1791]: 244-245). Tenemos reportes de la actividad en este partido que, aunque escuálidos, nos dan idea sobre la explotación y el tratamiento de la plata. En Aullagas existía una ribera de ingenios; todos de una cabeza, similares a los construidos en Potosí. Los parajes de sus sitios eran: Rosario, Palca, Angostura, Churicala, Ayoma y Huancaraní. Estaban ubicados a alguna distancia del asiento de Aullagas; así, el más lejano no pasaba de 45 kilómetros y el más cercano estaba a 2.8. El transporte de las menas, empleando recuas de llamas desde las minas hasta las instalaciones de procesamiento, elevaba los costos de operación; ya que tenían que pagar por cada cajón (de 2.3 toneladas) desde 4.5 hasta 8 pesos, en dependencia de la distancia. A esto se sumaba otro costo, porque para el beneficio se tostaba el mineral con el fuego producido por la taquia de las llamas; y de acuerdo a la capacidad de las instalaciones este costo crecía (Cañete 1952 [1791]: 244). El asiento “del Rosario, tiene 100 indios yanaconas de repartimiento, libres de la Mita de Potosí, con la pensión de trabajar el lunes todos juntos, por el salario de un real, también es el más proporcionado para enriquecer a su amo, como lo hemos visto en Dn. Baltasar Alvarez Reyero, que allí ha formado un caudal de cerca de 300.000 pesos” (Cañete 1952 [1791]: 245). Malcocota, era otro yacimiento, el más antiguo del Partido. Estaba situado al Noroeste de Aullagas. Su asiento era Toracarí (perteneciente al curato de Acacio). A 17 kilómetros existían dos ingenios de una cabeza, pertenecientes a un azoguero. A pesar de que la ley de cabeza era baja, en el ingenio bastaban de tres a cinco días exclusivamente para amalgamar la plata en los buitrones. Hacia 1787, este asiento estaba en decadencia y prácticamente abandonado. Ocurí, fue otro yacimiento antiquísimo, a 39 kilómetros al Este de Aullagas, y ahí quedaban vestigios de cuatro ingenios. Por esos años, se trataba sólo los desmontes, empleando para la molienda quimbaletes (Cañete 1952 [1791]: 245). En cuanto a la actividad aurífera, existían dos yacimientos ya abandonados: Aymayapampa (jurisdicción de Chayanta; hoy Amayapampa) y Capacirca (jurisdicción de Aymaya). Este último al Oeste de Chayanta. La razón para la paralización de las actividades mineras en Aymayapampa se debía a que las minas se habían inundado. Varios vecinos emprendieron la construcción de un costosísimo socavón de unos 585 metros; y después de haber desaguado la mina no se encontró el codiciado oro que buscaban. En Capacirca, la producción decayó conforme fueron profundizándose las labores (Cañete 1952 [1791]: 245). 2.1.3.- Partido de Chichas Este partido remonta su existencia a la época del Reino del Perú.113 Tenía de longitud, desde el arroyo de La Quiaca (provincia de Tucumán) hasta Quirve, que colinda con Porco, 267 kilómetros; y de ancho, 251. A 17 kilómetros de Esmoraca, colindaba con el partido de Lípez hasta Livilivi. Su Altiplano colindaba también con Lípez y tenía clima muy frío. Pero, hacia Tarija se ubicaban algunos valles donde se disfrutaba de clima entre frío y caluroso, llamado por los naturales “chaupi-yunga”. El principal río de este partido era el Toropalca, que pasando por el partido de Cinti, se junta con el río Suipacha y forman el Pilaya; que termina desembocando en el río Pilcomayo, que ya era navegable (Cañete 1952 [1791]: 231-232).

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Los yacimientos en Chichas empezaron a explotarse en el siglo XVII. Tupiza en 1602, Esmoraca en 1606, Tatasi en 1612 y Chocaya el 1633. En: Bakewell 1989: 45.

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La población chicheña gozaba de sus cultivos de maíz y trigo. Salo y Mochará, poseían tierras muy fértiles para la siembra de trigo, cebada, maíz, papas y alfa alfa. También, favorecía la crianza de toda especie de ganado mayor y menor; unos, se criaban y otros que se traían de la provincia de Tucumán se comercializaban “de cuyas carnes se beneficia el sebo, grasa, charqui, y cecina, para provisión de aquellos minerales [asientos o distritos mineros] y para Potosí, haciéndose las matanzas por mayo o junio que se regulan de seis a siete mil cabezas” . En el distrito de Tupiza trabajaba una molinera. Además, en la quebrada del río Grande y en otros valles se plantaron algunos frutales como higueras y duraznos; y hasta había allí la única viña de la jurisdicción (Cañete 1952 [1791]: 233). Por 1582, “Gaspar Ortiz, registró una veta de plata en una loma que está camino de los Chichas” (Capoche 1957 [1585]: 131).114 La capital de este partido era Tupiza, ubicada en un valle distante 284 kilómetros de la ciudad de Potosí. Otros pueblos, eran: Talina, Santiago de Cotagaita, Calcha, Tocha o Tocla, Chagna-choca, Escara, Vichacla, Checuatí, y otras pobladas sólo por indígenas. Algunos de sus mora-dores explotaban las minas de plata del cerro de Coroma; algo de oro en: Estarca, los altos de Nazareno y Suipacha. De Coroma, más propiamente de la mina Blanca, se sacó mucha plata. Lo propio sucedió de otros cerros circundantes. La Blanca, poseía dos ingenios de a dos cabezas cada una, y tres trapiches de agua en la ribera de este pueblo. Además, había bastantes veneros, donde los naturales “juqueaban” o robaban minerales; y no hay registro de sus actividades. Cosa similar sucedía en Estarca. A 28 kilómetros de Tupiza, quebrada arriba, se halla la “hacienda de Oploca, con otros dos ingenios, de una cabeza cada uno, y se surte el primero de una mina del asiento de Tatasi, nombrada ‘Palomino’, que dista del ingenio cator-ce leguas [78 kilómetros]” (Cañete 1952 [1791]: 232). No cabe dudas que este partido albergaba varios yacimientos auríferos, y para 1787 estaban diez minas registradas. La pureza del oro, en veta, alcanzaba a 23 quilates; 115 en Esmoraca sólo era de 18 quilates, y de otros lugares no era raro encontrar de 21-21.5 quilates; y no más (Cañete [1791] 1952: 231). La Gran Chocaya, era otro pueblo de españoles y de cuyas rique-zas se admiró el viajero Antonio de Ulloa. En su distrito, cuya cabecera es Tatasi, se ubicaba el cerro Chorolque, donde se contabilizaron unas cien minas de plata registradas (algunas conteniendo 10 kg/t); además, de dos de oro, en Chilco. El principal asiento fue Ventillas, nombrado Portugalete, con tres ingenios de molienda; y donde de sólo trabajar los desmontes un minero podía enriquecerse (Cañete 1952 [1791]: 233). Había muchos veneros en Talina, donde también los lugareños se ocupaban de juquear. 116 Los minerales rescatados eran tratados en seis ingenios, repartidos en los distritos de: Santiago de Cotagaita, Tumusla, Chati, Mojo, Talina y Tupiza. Una apreciación sobre la producción de plata, incluyendo a San Vicente, Monserrate, Tasna, Ubina y Chocaya la Nueva, indica que al año se producía más de 3.8 toneladas de plata; y la venta de oro significaba hasta 100 000 pesos (Cañete 1952 [1791]: 233).
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“Martín de Mójica descubrió una veta de metal [mineral] de plata junto al pueblo de Lalava [La Lava], cami-no de los Chichas, en la cual están dado un pozo de un estado [1.7 metros] de hondo; y el metal [la mena] beneficio por azogue y saco plata”. En: Capoche 1959 [1585]: 131. 115 Quilate. Unidad de peso para el oro y piedras preciosas. Cada una de las veinticuatro partes de oro fino que contiene una mezcla. El oro de veintidós quilates contiene, 22 partes de oro fino y 2 de cobre. 116 Juguero o juquero. “Ladrón de mineral de vetas. ‘Ladrones del metal [mena] que está en la veta, quienes con herramientas a propósito lo sacan del frontón, o alsas, sin romper las cajas que lo contienen”. En: Langue-SalazarSoler 1993: 302.

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Este partido contribuía a la mita potosina con naturales, procedentes de las comunidades de: Talina (con ocho), Santiago (con once) y Calcha (con seis); todos ellos asignados al ingenio de Agua de Castilla, en los comienzos de la Ribera de Potosí. También en Chichas surgieron los problemas del cálculo del leguaje, y la gente afectada se quejaba por la defraudación (en cuanto a las distancias) que practicaban en perjuicio de ellos los sujetos encargados de su pago (Cañete 1952 [1791]: 234). Para Chichas, contamos con los jornales que se pagaban en las minas y este dato puede, de alguna manera, dar una idea o reflejar la situación salarial en los distintos asientos mineros. La falta de mano de obra coaccionada hacía que muchas minas no estuvieran en operación; y los libres, se alquilaban por nada o gastaban el adelanto que les daba el minero ya sea en Potosí donde los iban a reclutar o en otros lugares, para gastarlo en dos o tres días mientras esperaban salir a su destino. “Como allí trabajan fuera de su costumbre, y los alimentos del maíz, coca y charque se les vende a unos precios tan subidos, tratan de desertar en breve, viendo que el salario se consume en comer. El minero que sabe de esto muy bien, lo compele con rigor, llegando al exceso de ponerles grillos y otras prisiones como a reos. Les paga su jornal a cuatro reales y al barretero seis; mitad plata, mitad géneros a precios exorbitantes. Los domingos se les da [como] ración la mitad del jornal diario, en coca o aguardiente, para toda la semana; al cabo del mes, ajustadas [las] cuentas, regularmente salen alcanzados; con lo que son unos esclavos disimulados, que trabajan toda su vida por lo que comen y beben” (Cañete 1952 [1791]: 235). La política de los españoles de no pagarles en efectivo radicaba en el hecho de que lo gastarían en borracheras; y eso, derivaba en no poderlos juntar a todos para que trabajen. Pero, si se les pagaba en trago, no se inmutaban si se emborrachaban. Las pulperías existentes servían para que los naturales gasten su triste jornal. 2.1.4.- Partido de Lípez Lípez, de no menor importancia por sus riquezas mineralógicas, tenía una extensión de 418 kilómetros de ancho por 11 de largo; y su capital era San Antonio, distante de Potosí 457 kilómetros.117 Su clima era demasiado frío y poco adecuado para el trabajo agrícola (salvo para el cultivo de la quinua). Eso sí, abundaban en su territorio: llamas, alpacas, vicuñas y guanacos (Cañete 1952 [1791]: 237). Más puntualizaciones sobre su clima, su geografía y sus poblado-res: “es fría y seca, y siempre corren recios vientos. Llueve poco y es inhabitable, sino fuera por la bárbara nación de que está poblada, por ser gente sin ningún concierto ni policía. Tiene sierras altísimas de perpetua nieve y llanos que son unos salitrales [salares] sin ningún fruto ni hierba. En las faldas de sus sierras están las poblaciones de sus indios, que se man-tienen de raíces y quinua y algunas papas, sin otro mantenimiento” (Capoche 1957: 127).118 Veremos a continuación la presencia de menas de plata, oro, plomo, cobre y de no metálicos. Juan de Lizarazu, presidente de la Audiencia de Charcas, informaba al rey el 8 de marzo de 1635, de este partido, en estos términos: “La provincia de Lípez es una de las más particu-lares que tienen estos reinos, porque además que hay en ella cosas que la naturaleza no produce en otras partes de tan extraña variedad, es la más copiosa de ricos minerales de plata, y algunos ríos de
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San Antonio de Nuevo Mundo comenzó a explotarse en 1648 y San Antonio de Padua en 1652. En: Bakewell 1989: 45. 118 “Tiene esta gente mucho ganado de la tierra [llamas], y vicuñas y guanacos, de que se mantienen. Hay mucha caza de perdices y vizcachas (...) Vacas ni cabras no se crían, ni caballos, y los que echan al campo se tornan locos de los recios vientos que corren, y el que comúnmente persevera es poniente. Hay grandes hielos y nieves, que comienzan a caer desde principio de marzo hasta fin de agosto, que es el verano [invierno] y tiempo seco, porque no llueve en él, y es el más frío del año. Y cuando llueve hay templanza: entran las aguas en invierno [primavera] por septiembre”. En Capoche 1957 [1585]: 128.

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que [se] sacó oro, de cuantas tiene todo lo descubierto (...) Conven-dría mucho que se tornase a visitar, catear toda la tierra y descubrir una porción de ella que esté entre el camino que va a Tucumán y la costa que se va a Chile. Llámanla por acá el Nuevo Mundo, no por su grandeza, sino por ser incógnita y no haberla penetrado ninguno. Entró en años pasados Luis del Castillo, con cuatro compañeros, y caminaron hasta siete leguas [39 kilómetros], y por la prisa que les dieron algunos indios cimarrones se volvieron. Asegúrome, y es hombre de toda verdad, que por el camino que anduvieron toparon muchos minerales muy poderosos y que según la disposición de todo lo que pudieron notar, promete grandes descubrimientos aquella tierra. Con menos de cuarenta hombres se puede catear toda. Poco es lo que esto ha de embarazar, y mucho lo que se aventura”.119 A pesar de no contar Lípez, con una Caja Real, no cabe duda del descubrimiento en los años 70 del siglo XVI, de un yacimiento argentífero en Uslluqui u Oslloque; y aunque no hay evidencias sobre su inmediata explotación, debido a la crisis potosina se depositó en este lugar unas expectativas que no se confirmaron, y quedaron estas minas en manos de los naturales que extraían la plata para fundirla en sus wayras. En 1581, el factor Lorenzo Machuca, afir-maba que la producción de plata había activado el comercio de coca y maíz (Barnadas 2002, II: 85). Por 1582, el cerro de Oslloque contenía vetas de plata que no corrían hacia la cúspide, sino que iban atravesadas de Este a Oeste, y se situaban a principio de su falda. Por esto se infería que no eran muy ricas. A la primera veta descubierta la denominaron Rica, y estaba junto a un salar o salitral. Habían labrado en ella unos 38 metros y dieron en agua, lo que obligó a abandonarla. Cerca de ella se descubrió otra veta, con el mismo rumbo que la Rica, y en ella trabajaban unos diez a doce españoles que tenían poblado el asiento, a 84 kilómetros de Colcha.120 Sus menas se las fundía, ya que no tenían experiencia en amalgamar. Junto a la falda del cerro, cerca de la veta Vieja, estaba una población de cristianos constituida por una veintena de casas y la ranchería de naturales cerca de ella. Los naturales trabajaban volunta-riamente en esas minas y recibían dos reales y medio de jornal. Otras minas, como la del cerro de Sacacha, a 28 kilómetros de Oslloque, no eran tan ricas; aunque la fundición era la forma de obtener el argento, que costaba ocho pesos (Capoche 1957 [1585]: 128). Más tarde, se descubrieron otras vetas que fueron trabajadas por el corregidor, el capitán Martín García de Loyola, quien descubrió una veta a 2.7 kilómetros de Oslloque; más propia-mente, en el cerro Guantara. Este corregidor también registró otra veta que descubrió y el mineral lo amalgamó, con buenos resultados. Domingo de Basurto, registró otra veta de plata que descubrió a 5.6 kilómetros del asiento y también se probó su beneficio por azogue. Tomás de Ibarra, registró un filón con galena argentífera (plata y soroche) a 2.8 kilómetros, en un cerro del valle de Escalla; y otra veta ubicada a la misma distancia del cerro principal. También, Cristóbal Flores, registró un filón a 5.6 kilómetros del asiento, y obtuvo plata con el empleo de mercurio (Capoche 1957 [1585]: 128-129). Ahora vamos a mostrar con cierto detalle cómo practicó lo que sabía hacer, el minero Antonio López de Quiroga, en Lípez.121 En 1647, quince personas interesadas en trabajar minas estaban allí
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AGI Charcas 20. En 1573, se trabajaba una mina en el cerro de Capi, la veta San Mateo. El descubridor de la veta fue Juan Catalán y el ingenio se edificó en Colcha. ANB Minas SG 151a. 1573, Berenguela/Cochabamba. 121 “En ‘San Antonio del Nuevo Mundo’, centro activo siquiera desde 1648, desde 1672 hasta 1678 el potentado [Antonio] López de Quiroga hizo (asociado con el

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queriendo iniciar operaciones en la “prometida mina”, ya que se habían descubierto filones argentíferos. Un año después, la población florecía, así como los negocios. Por ejemplo, se conoce de un transportista de Potosí, que tomó un contrato de transportar casi tres toneladas de harina de trigo desde la Villa Imperial a San Antonio, con sus recuas de llamas. Luego, hechos de esta naturaleza se repetirían hasta convertirse en una actividad rutinaria, de suministros y hombres recorriendo esa ruta (Bakewell 1988: 89). Dada la bonanza de las vetas que afloraban, las menas se podían extraer casi sin esfuerzo; a muy bajo costo y a poca profundidad. Conforme aumentaba la intensidad de la extracción, esos afloramientos fueron agotándose, y la explotación tuvo que empezar en serio. Las labores fueron profundizándose y se necesitó mayor cantidad de brazos, elevándose consecuentemente los costos de explotación. Con la profundidad creciente disminuía la ley de la plata, y pronto alcanzaron el nivel del subsuelo acuífero; y las minas empezaron a inundarse (Bakewell 1988: 89). En vista de esta situación, López de Quiroga decidió empezar la construcción de un socavón, el 19 de octubre de 1672. Para ello se asoció con el capitán Álvaro Espinoza Patiño de Velas-co, tesorero de la Real Casa de Moneda e hijo de un conocido minero, natural de Oploca, donde poseía tierras. La primera medida adoptada por el socio fue tramitar el permiso para excavar el socavón, presentando su solicitud ante el corregidor de Potosí. Luego, empezó a negociar con los otros dueños de minas de San Antonio, el monto que ellos debían pagar por beneficiarse con el drenaje de sus labores anegadas. Los propietarios decidieron entregar a los constructores del socavón: a) si las minas fuesen completamente drenadas, la mitad completa de cada beneficiada, “desde su salida a la superficie hasta sus niveles más profundos” y b) si el nivel de agua bajaba, ofrecían “un medio de la parte de las minas que estaban por entonces ya abiertas; pero que lo que en ese momento estaba por encima del nivel de agua permanece-rían como propiedad exclusiva de los actuales propietarios” (Bakewell 1988: 89-90).122 Ambos socios se pusieron manos a la obra, en el nuevo proyecto minero. López de Quiroga llevó al minero Alonso Ruiz, quien había trabajado en el socavón de Porco, como supervisor de la excavación; y éste se puso a reclutar naturales en Potosí. Logró juntar 25 hombres a los cuales les entregó entre 60 y 70 pesos como anticipo. Tuvo la idea de elegir “indios que no cabían en [el] poblado, silleros, zapateros, arpistas y ladrones”. En San Antonio se erigió un pequeño poblado de casuchas con techo de paja brava o ichu, donde vivían los trabajadores; y no faltó la capilla con su sacerdote responsable. Ruiz se encargó de un buen aprovi-sionamiento en ese lugar tan alejado; de modo que no faltaban el azúcar, los dulces, la comida, también la coca y medicinas; y con esto, el trabajo del socavón estaba garantizado (Bakewell 1988: 91).
Tesorero de la Casa de Moneda potosina, el Cap. A. Espinoza Patiño) grandes inversiones en la apertura de un socavón que solventara el problema de la inundación dando acceso a las cuatro vetas conocidas (‘La Concepción’, ‘Veta Rica’, ‘San Juan Bautista’ y ‘Espinoza’), en cuyo trabajo parecen haberse utilizado por primera vez carretillas, además de la pólvora, (...), ambos socios anduvieron enzarzados en pleitos durante una década”. En: Barnadas 2002, II: 85-86.
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Por disposiciones de la Corona, los pagos convencionales que recibían los propietarios de socavones eran del 20% del mineral extraído de la mina. Ver Ordenanza 10 del título “de los socavones”, de las Ordenanzas de Minas del virrey Francisco de Toledo. La Plata, 7 de febrero de 1574.

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El trabajo empezó el 5 de diciembre de 1672. Se trabajó día y noche, salvo el jueves y viernes Santos, hasta el 2 de enero de 1678. Total, 263 semanas (más de cinco años). La longitud total excavada fue de 1 356 metros; esto incluía: más de 122 metros de canal para el drenaje del agua hacia el exterior,123 luego 66 metros de tajo abierto, 687 metros de socavón desde la entrada hasta el tope, 311 metros en lumbreras para la ventilación y 170 metros en cuatro galerías estrechas de comunicación o barrenos, que unían el socavón con las minas en cuatro de las vetas argentíferas: La Concepción, Rica, San Juan Bautista y Espinoza. Hacía 1678, los cuatro frentes de trabajo en estos filones fueron drenados. El responsable Ruiz, gastó 242 p 4r en la adquisición de un carretón para sacar los trozos o caja que los barreteros removían. Éste se sentía satisfecho con la obra y calidad de su trabajo, y opinaba que: “hasta hoy no se ha visto otra (obra del socavón) más perfecta de nivel, derechura, ancho y alto”. Las medidas de este socavón eran dos metros de ancho por tres a cuatro metros de alto (Bakewell 1988: 91). Medidas más que impresionantes para esos años, ya que una persona montada a caballo podía entrar sin dificultad; además que presentaba ventajas incomparables: facilitaba no sólo el drenaje sino la ventilación, la iluminación, el transporte o extracción, y la seguridad. Una verdadera obra de ingeniería que muestra el adelanto tecnológico logrado por Antonio López de Quiroga, industrial minero emprendedor y visionario, de la colonia. Hasta fines de diciembre de 1677, Alonso Ruiz utilizó 8 460 kilogramos de pólvora, con un costo de 16 112p 2r; y gracias a esto pudo luchar contra la dureza de la roca, ya que el arran-que con este explosivo le permitió un avance rápido. Otro problema que venció, casi sin dificultad fue la humedad de la roca; que la superó inventando el “embrebado” de los cartu-chos para proteger a la pólvora. Con esta técnica pudo efectuar la voladura en roca húmeda. Cada cartucho llevaba una carga de 173 gramos de explosivo, y cada equipo de trabajo (o barreta) de tres naturales, empleaba un promedio de dos de tales cargas en un turno de doce horas, tanto diurno como nocturno. Así pues, resulta que, haciendo cálculos, fueron explosio-nadas cerca de 48 902 cargas hasta enero de 1678. Resultando que de la inversión en el proyecto del socavón (desde el 5 de diciembre de 1672 hasta el 31 de diciembre de 1677), fue de 217 748p 2r (Bakewell 1988: 92, 94). En cuanto a la sociedad, López de Quiroga acusó a Álvaro Espinoza, ya que éste no cumplió el compromiso de dividirse los gastos de construcción del socavón. De su parte en la inversión, de aproximadamente 109 000 pesos, sólo había adelantado 40 000, y López de Quiroga le reclamaba los restantes 69 000 pesos. Inclusive, el adelanto no había salido de los bolsillos de Espinoza, sino de dos tíos suyos que habían suministrado insumos y víveres por esa cantidad. La sociedad fue disuelta en 1678, “con la especificada mitad de cada mina que fue beneficiada por el socavón dividido en partes iguales entre los dos socios”. López de Quiroga, no recuperó lo que pedía y, una vez muerto su socio Espinoza (en 1687), aceptó de los herederos 6 000 pesos en especie, 460 toneladas de carne atasajada y 23 toneladas de sebo hecho de ganado oriundo de la hacienda Oploca. Además, desde ese momento (mayo de 1687) y en adelante, todos los beneficios y ganancias del socavón de San Antonio eran para López de Quiroga, exclusivamente (Bakewell 1988: 95). Con Alfonso Ruiz, las cosas llegaron a definirse en la justicia; ya que éste demandó a su ex-aliado por la suma de 20 000 pesos por la construcción del socavón (una bonificación), alegando un contrato verbal que López de Quiroga negaba haberlo hecho. Éste, a su vez, demandó a Ruiz por la
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El “canal cubierto cortado sobre el suelo del socavón (y en el tramo del tajo abierto), por el que el agua que se drenaba del interior de las minas podía discurrir sin inundar el suelo de la galería. Este canal (larca) tenía 2 pies [0.56 metros] de profundidad por 1 píe y 5 pulgadas [0.40 metros] de ancho, y estaba pavimentado con lozas”. En: Bakewell 1988: 91.

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suma de 50 000 pesos por suministros que no aparecieron especifi-cados y que le fueron entregados. Ruiz también fue acusado de haber identificado errónea y maliciosamente las vetas que el socavón había cortado, de forma que podía registrar minas a su nombre. Cargo que no le fue comprobado. De todas maneras, López de Quiroga se impuso y en 1689 el tribunal de La Plata falló, en apelación; y Ruiz debía a López de Quiroga 18 560p 4r que debían ser pagados en el plazo de diez días. En 1691, Ruiz todavía sostenía que había sido estafado de su derecho como socio de la obra del gran socavón de San Antonio (Bakewell 1988: 94-95). Allá por 1703, un corregidor de Lípez daba cuenta que la mayoría de las minas estaban “imposibilitadas” o habían parado operaciones. La causa radicaba en que muchos mineros habían efectuado labores queriendo extraer las menas debajo del nivel del socavón, y confron-taron el sempiterno problema de la aparición de agua; y quisieron resolver el problema exca-vando una taza o pozo para reunir el agua y sacarla por el socavón con ayuda de tornos. Idea que si bien funcionó por un lapso corto de tiempo, confrontó con el costo elevado de esa operación. Como consecuencia, las labores mineras fueron paulatinamente cerradas: en 1685 en las vetas Rica y Concepción; en 1690 ó 1691 en la veta Ancha (Bakewell 1988: 96). En 1719, la gran peste potosina, que se trasladó hasta estos alejados lares, provocó una nueva paralización de las labores minero-metalúrgicas. La mina Hedionda, fue descubierta por dos gallegos, en el asiento de San Cristóbal de los Lípez. Se trataba de una veta riquísima de tacana y a poco de haberla ahondado se suspen-dieron las labores, porque despedía un olor pestilente y mortífero; de lo que se derivó su nombre y que hasta 1787 lo conservaba. Más tarde, quisieron volver a trabajarla; pero, otra vez los gases mataron a los obreros. Este fenómeno se repetía en cualquier parte donde se cavaba y exigía su ventilación para reiniciar labores. En esos tiempos, se explicaban que esos gases eran la combinación entre azufre, caparrosa y otros “venenos antimonios” (Cañete 1952 [1791]: 240). En los años 80 del siglo XVIII, el asesor Cañete deja traslucir que la actividad minera argentífera está muy venida a menos; por no decir paralizada (Barnadas 2002, II: 86). En otros tiempos, abundaban las minas de plata y oro. Ulloa, cita entre los famosos cerros del virreinato del Perú, el de San Cristóbal de Acócala, por la riqueza de sus minas argentíferas y se responsabilizaba a su decadencia a la falta de brazos para trabajarlas. Otro yacimiento fue el famoso cerro de Santa Isabel del Nuevo Potosí, especialmente por la presencia del rosicler 124 casi puro de plata, y junto a éste se explotó cristales muy lindos de amatista. De Encomen-deros, extrajeron gran cantidad de plata los hermanos Tapia, en razón de la encomienda; de ahí el nombre de la mina (Cañete 1952 [1791]: 238). Álvaro Alonso-Barba, que recorrió las calles de muchos pueblos, se admiraba por estar “llenas de granza menuda de metal [mineral] muy rico, que yo recogí y aproveché [las procesé]”. (Alonso-Barba 1967 [1640]: 49.125 Ricas vetas auríferas se trabajaron en un cerro junto a Colcha. A 17 kilómetros de dicho pueblo existía un socavón antiguo, en un paraje denominado Abitanis (que quiere decir “mina de oro”). En el cerro Escapi, a 11 kilómetros de Chuica, se encontraba una labor de cobre. Asimismo, se
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Rosicler oscuro o pirargirita (un sulfoantimoniuro de plata, con un 60% Ag. “Es el metal más rico que se cono-ce bajo las apariencias de piedra, deja un color carmín muy vivo a cualquiera cosa que lo muela”. Rosicler claro o proustita (un sulfoarseniuro de plata, con un 65% Ag. Langue/Salazar-Soler 1993: 538. 125 Esto nos recuerda que allá por los años 70 del siglo XX, en Potosí, las calles a ser adoquinadas y los caminos eran cubiertos con colas o granza de la concentración gravimétrica (jigs), procedente de la planta de preconcen-tración de Pailaviri. Estas colas contenían cantidades de estaño que hoy permitirían su tratamiento con ganancia.

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detectaron: alumbre en Colcha, también caparrosa muy azul o “piedra de Lípez” y azufre en gran abundancia en los distintos volcanes allí existentes. Entre los Lípez y las salinas de Garcimendoza/Oruro, se ubicaba un gran salar sin nombre en esos tiempos (se trataba sin duda alguna del gran salar de Uyuni), conteniendo sal muy cristalina y pura. El salar, cuya travesía por lo más corto tenía 89 kilómetros de ancho y más de 223 de largo, fue el lugar donde muchos caminantes se hundieron, sumergiéndose debajo de la capa de cloruro de sodio, en la salmuera. A 22 kilómetros “de las minas de San Cristóbal de Achocalla, había una laguna pequeña sobre un cerrillo, en cuyo centro hierve el agua en imponderable tumul-to, desaguándose por un pequeño conducto; y cuanta por allí sale se convierte en sal colora-da” (Cañete 1952 [1791]: 238). “En la comarca del cerro hay minas de cobre muy fino [diseminado] y algunas labradas por el Inca, y las minas de soroche con ley de plata y muchos colores finísimos, y un azul muy singular para pintores. Hay casa de fundición [hornos de fundición] [con] cinco hornazas, las cuatro para fundir y una para refinar” (Capoche 1957 [1585]: 129). Entonces, en este partido de Lípez no sólo había plata y oro, sino también plomo, cobre y no metálicos (sal, azufre, borax y piedras semi preciosas). Un hecho interesante ocurrió en el siglo XVII. A comienzos de éste, el corregidor enviaba indígenas de su jurisdicción a Potosí; y de donde ya no volvían, por las deudas que contraían. Hacia 1660, la región alertaba a sus autoridades porque sus mineros se dedicaban a un lucrativo negocio que consistía en la sustracción de los mitayos destinados a la mita de Potosí, para venderlos luego al precio de 250 pesos cada persona. A esto se agregó el contrabando de plata que se empezó a practicar por parte de los holandeses a través de Buenos Aires, quienes para contentar a las autoridades de la Corona mencionaban que las galerías en las minas estaban inundadas (Barnadas 2002, II: 85). 2.1.5.- Partido de Atacama “Este Partido se dilata por lo ancho sobre la costa del Mar del Sur, a poco más de 100 leguas [557 kilómetros] desde el Río Salado, que lo divide del Reino de Chile hasta el de Loa, que sirve de lindero con la jurisdicción de Pica”. Todo el partido se dividía en dos doctrinas, nombradas: San Pedro y Chiuchiu; con la diferencia de llamarse la primera, Atacama la Alta; y la segunda, Atacama la Baja.126 La capital era San Pedro, distante de la Villa Imperial 775 kilómetros; tenía clima frigidísimo en las montañas y árido acercándose al océano; poseía valles gracias a los manantiales de agua existentes. La jurisdicción de Tarapacá estaba bañada por un gran río que corría hasta las inmediaciones de Calama, donde se dividía en dos brazos. A 5.6 kilómetros de esta población, corre un riachuelo salado y venía de las salitreras de Cazpana; y por este motivo lo eran las aguas de los ríos Miño, Guacate y Chacane. La carencia de agua en esos lares, hacía de estos territorios poco aptos para la actividad agrícola; y los po-cos lugares que gozaban del elemento vital favorecían el cultivo del maíz, que era comerciali-zado a los pobladores de Lípez, Tarapacá y
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Atacama la Alta, fuera de San Pedro, su capital, albergaba los pueblos de Toconao, Soncor, Socaire, Peyne, Suzquis e Ingahuasi (con seis ayllus: Condeduque, Sequitur, Coyo, Vetere, Solo y Solcor); vivían unos 2 936 naturales en casas dispersas como islas, con grandes trechos despoblados. Atacama la Baja, comprendía seis pueblos, a saber: Chiuchiu, Cazpana, Ayquina, Calama, Conchi o Conche y Cobija ( que es el Puerto de Mar); la población de esta Atacama no pasaba de 721 personas. En: Cañete 1952 [1791]: 264-265. El partido de Atacama, con la conquista, pasó a formar parte de la Audiencia de Charcas. Estaba dividida en dos corregimientos: Atacama la Baja, con Chiuchiu como centro; y Atacama la Alta o Grande, con su capital San Pedro de Atacama (Galaor et al. 1998: 51).

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Pica (Cañete 1952 [1791]: 263, 265). En este partido eran muy famosas las cacerías, con perros, de: vicuñas, guanacos, alpacas y llamas. Especialmente la lana de vicuña, por su calidad era comercializada en los poblados limítrofes; y su carne se utilizaba en la alimentación. Varios cronistas e historiadores dan cuenta de sus riquezas metalíferas. En esta zona se explo-tó cobre desde épocas prehispánicas (Bargalló 1955: 38). En 1558, el cronista Gerónimo de Vivar, daba referencias de la existencia principalmente de yacimientos de plata, cobre y estaño (Galaor et al. 1998: 51). También, Juan Lozano Machuca, le dedica en su relación (redactada en Potosí, el 9 de noviembre de 1581) unas líneas para hablar de la riqueza cuprífera del partido de Atacama, y dice que ahí se labraban muchas minas y que con cinceles se cortaba el cobre, y le recomendaba al rey su explotación ya que por estar esta zona junto al mar se podría trasladar el mineral o el metal España, por el Estrecho (Jiménez de la Espada 1965: II, 61). Alonso-Barba escribe en su célebre obra: Arte de los Metales: “En Atacama hay muy caudalosas vetas y algunas descabezan en la mar en farellones grandes de este metal macizo” (Alonso-Barba 1967 [1640]: 50). Ya en la época colonial la actividad minera de ese alejado partido fue modestísima e incluso algún geógrafo, que no negó la existencia de yacimientos auríferos y argentíferos, lamentaba, eso sí, la falta de operaciones mineras; y algún otro, menciona el auge de la minería atacameña recién en el siglo XIX. Aunque a muy pequeña escala, probablemente se realizaron explo-taciones ya en el siglo XVII. Esa falta de actividad minera sostenida se explica por su lejanía a los centros poblados y, por otro lado, su cercanía al desierto; lo que fue un impedimento para que el sistema colonial y sus instituciones, como la encomienda, puedan institucionalizarse. Donde sí trabajaban los españoles fue más al Norte, en el corregimiento de Arica y cerca de Iquique; de las minas de Huantajaya se explotaron cantidades de consideración, de plata (Galaor et al. 1998: 51-52). Del siglo XVII, tenemos una vaga referencia minera. Asencio Núñez de Azurduy y Gaspar Ruiz, conferían una carta poder al presbítero Esteban Justiniano y a Juan Velásquez Altami-rano (ausente), para asuntos de minas. Justiniano, residente en la doctrina de naturales de Atacama, mediante ese poder, podía: solicitar, registrar, estacar y labrar minas.127 ¿Y dónde se empleaba el cobre producido en Atacama? Pues, nada menos que en la Real Casa de Moneda de Potosí, para lograr la ley exacta en la acuñación de las monedas de plata. Segu-ro que alguna cantidad de cobre se utilizaba también en la amalgamación de las menas argentí-feras, como “magistral”. El yacimiento cuprífero de Conchi, abastecía con esa materia prima a los azogueros potosinos; ya que de cobre eran fabricados los mazos de las trituradoras de pisones instaladas en todos los ingenios hidráulicos a lo largo de su Ribera (Galaor et al. 1998: 52). Cañete, confirma a fines del siglo XVIII, del trabajo en este yacimiento. “El mineral de Conchi (que es de cobre) es donde más se trabaja en la granalla. Con todo, están poco apro-vechadas aquellas riquezas naturales, porque no tienen ningún establecimiento de industria en qué dar valor a sus producciones” (Cañete 1952 [1791]: 266).
127

ANB Minas SG 141e. 1573, La Plata.

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Finalmente, en el informe128 del corregidor y justicia mayor, Manuel Fernández Valdivieso, fechado el 17 de abril de 1754 en San Francisco de Chiuchiu, comenta su visita a las minas de cobre ubicadas en el lugar nombrado Santa Bárbara (a 84 kilómetros del pueblo de San Francisco). Primero, visitó la mina Nuestra Señora del Carmen, situada en Conchi y pertene-ciente a José Rodrigo Galleguillos. Éste declaró, que la mina la halló trabajada desde el “tiempo de la gentilidad” y por noticias que recabó, el descubridor del cerro fue Juan Barbosa, cuando tenía bajo su servicio a Andrés Cayo, natural de Pica; que aunque no la trabajó, se lo comunicó a Dionisio Salvatierra, quien con un hermano suyo empezaron a trabajar en los socavones de los gentiles. “Y habiendo entregado el referido José Rodrigo Galleguillos dos quintales [92 kilogramos] de metal [mineral], el uno de ellos de rosicler [mineral de plata], cuya saca es de algún más costo por su dureza, cuya guía se pierde en partes y la otra se embolsa”.129 Respecto al trabajo en las minas se menciona que las vetas se perdían; y porque no eran fijas había que seguirlas y esto aumentaba el costo de explotación. Existían sólo siete vetas fijas y de alguna potencia, y se producía semanalmente, con buenos avíos de gente y mantenimientos, 1.4 toneladas; y en el peor de los casos, de las vetas no fijas, 322 kilogramos. “El número de gente que suele trabajar en veta descubierta son dos barreteros y un apiri. Y si es la veta de las que reparten en varios trozos, es necesario aumentar el número de barreteros y apiris, con cuya diligencia pasan a hacer sus obras y piden los acreedores, o bien las llevan a despender a la villa de Potosí, cuyo tiempo dedicado para este trabajo es sólo por el más templado del año”. Hasta aquí lo más interesante de lo que contiene el informe (Galaor et al. 1998: 54). Y no sólo se explotaba el cobre. Ya era conocido el yacimiento argentífero de Chaltipor; o los de oro, de: Olaros, Ingahuasi, Susquiz y San Antonio del Cobre. “Todos ellos abundan de una admirable multitud de veneros. No pongo duda en que rendirían mucha riqueza en traba-jándose con método y con inteligencia; pero estas gentes jamás se mueven al examen de las minas, ni se atreven a emplear su caudal sino cuando hay ruido de alguna boya en que se puede sacar a cincel el oro y la plata; por esto es que las de Atacama, se hallan entregadas al juqueo de cuatro indios infelices, que no son capaces de hacer ningún progreso a su ventaja ni en beneficio del Estado” (Cañete 1952 [1791]: 266).130 Álvaro Alonso-Barba, dice haber cambiado hojas de coca por diamantes, lo cual parece no tener credibilidad; y lo que sí constató fue la presencia de turquesa de buenos tamaños; y si los mineros no estuvieran tan empeñados en buscar metales preciosos, podrían hacer buenos negocios con esta piedra preciosa. También, se menciona la presencia de mármol en diferentes tonalidades, y que algunas muestras se llevaron a España; ya que este material era de mejor calidad que los de Berenguela, en Pacajes. Según el cura de Lepe, en la costa también había perlas, de buena calidad (Cañete 1952 [1791]: 267; Alonso-Barba 1967 [1640]: 27-28,136). 2.1.6.- En diversos lugares de Potosí
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La visita empezó el 4 de diciembre de 1753. En realidad se recuperaba el cobre y se lo fundía en hornos empleando como combustible el carbón. Se abría la sangradera y por allí salía la escoria (se lo hacía doce veces); y después se volvía a abrir la sangradera por donde salía, esta vez, el metal y “queda hecha una plancha”. En: Galaor et al. 1998: 54. 130 Salvo el oro que se presenta en veneros, la plata y el cobre no se encuentran en yacimientos secundarios o de placeres. También, se infería la presencia de oro por la abundancia de lapislázuli.

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En la Relación, de Capoche, encontramos el registro de vetas argentíferas en diversos lugares de la geografía potosina. Hacemos notar, que esta información es válida hasta 1582. El flamenco Pedro Panus y Pedro Sande, descubrieron varios cerros (Añar, Caguar, Chiarqui, Calabana, Titicaca y Cupayara) en los que hallaron diez vetas, distantes 134 kilómetros de la Villa de Potosí; más propiamente en el pueblo de Quillacas. Cuatro de los cerros estaban muy cerca (5.6 kilómetros) del pueblo de Chayapata; otro cerro, en el pueblo de Condocondo (a 2.8 kilómetros de los demás). Andrés García, descubrió una veta en el cerro Andacagua (Anda-caba y por otro nombre, Chantiri), a 33 kilómetros de la Villa, por La Lava. Al pie de este cerro había una laguna y casi de inmediato allí se depositaban las colas de la mina, en un desmonte. Juan del Castillo, descubrió un filón en el cerro de Tunqui (Yocalla, a 33 kilómetros de Potosí), en la cumbre Este-Oeste, y lo bautizó con el apelativo de Nuestra Señora de Luna (Capoche 1957 [1585]: 131). Catalina Arupo, se registró como descubridora de tres filones en el cerro de Patipati o Cullapata (a 17 kilómetros de la villa), en todos los casos ella comprobó ser factible recuperar la plata con ayuda del azogue. El natural de Quillacas, Juan Nullo, descubrió una veta en el cerro de Tama, que está a 28 kilómetros de la Villa Imperial, en la cordillera de Guariguari; él mismo registró otra en el cerro Condori; y Catalina Arupo, diestra minera exploradora, descubrió dos filones: uno, en el cerro Chaquil, en la misma cordillera; y el otro, en el cerro Parani, que está cerca del Chaquil. A su turno, Martín Clara, natural del valle de Jauja, en el cerro Poconche (a 28 kilómetros de Potosí), descubrió dos vetas. Juan Hurcuni, indígena de Chapa, descubrió una veta en el cerro Pocosirca. Otras cuatro vetas fueron descubiertas en la cumbre del cerro Tollocsi (dos, con dirección al Este; y las otras dos, al umbrío del poniente; ambos pares separados por casi 6 kilómetros); en el camino real a Chiracoro se halló un socavón antiguo tapado, y de la cata se obtuvo plata empleando el mercurio; y en un cerro junto al de Chiracoro, o sea en el Tollocsi, Juan Niño de Figueroa, registró dos vetas a 11 kilómetros de la villa de Potosí. También en Tarapaya (a 22 kilómetros y a 2.8 del último ingenio de María Castellanos, río abajo), Pedro de Grado, registró una veta (Capoche 1957 [1585]: 132).131 La persona que más se dedicó a la prospección en busca de yacimientos metalíferos fue el padre Álvaro Alonso-Barba, quien nos ha dejado testificación de su trabajo en su célebre tratado. Aquí presentaremos un listado de algunos asientos. Oro en: el partido o distrito de Chayanta, en el río de Tinquipaya (cerca de la Villa de Potosí); abundaba también en la confluencia de los ríos San Juan y Calchaguyes, en los Chichas. En Esmoraca y Chilco, en el mismo partido donde había trabajos antiguos. En el partido de Lípez, en unos cerros junto a Colcha; existía un socavón a 17 kilómetros de este pueblo, en Abitanis (que quiere decir: mina de oro); y en el partido de Atacama, se presumía su presencia por la abundancia del lapislázuli fino (Alonso-Barba 1967 [1640]: 46). Plata: prácticamente todo Potosí fue explorado. A 2.8 kilómetros del asiento de San Cristóbal, alcanzaron fama: Santa Isabel del Nuevo Mundo, la Trinidad, Esmoruco, el Bonete, Kanquegua del Nuevo Mundo, Abilcha, Todos Santos, Osllo-que, San Cristóbal de Asochalla, Sabalcha,
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Estos registros tienen validez hasta 1582. “Don García Caye, natural de

Collapata, en el distrito de Cuzco, descubrió una veta que halló cerca del pueblo de Lamaota, pasando la pachita (cascada), en un alto junto al camino cerca de este asiento”. En: Capoche 1957 [1585]: 131. En el tiempo del corregidor Martín García de Loyola, se halló un manto de plata (conteniendo más de 150 g/t) en un cerrillo denominado Vilasirca. En: Capoche 1957 [1585]: 132.

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Montesclaros y otros; todos en los Lípez. En el asiento de Chocaya (mucho machacado132): San Vicente, Tatasi, Monserrate, Esmoraca, Tasna, Ubina, Chorolque (la Vieja y la Nueva); todas en el partido de Chichas. También eran conocidas las minas de Tabaconuño (donde está la laguna Chalviri), Huari Huari o Guariguari, las de la cordillera del Kari-Kari, Piquiza, la Vera Cruz, Chaquí y Siporo; todas a pocos kilómetros de la Villa Imperial. (Alonso-Barba 1967 [1640]: 4748). Cobre en: la mina Oslloque (cobre nativo), en el cerro Escapi (a 11 kilómetros de Chuyca), a 5.6 kilómetros de Sabalcha (machacado), en el cerro Pereira y alrededores; todos en Lípez . En el partido de Atacama, muchos yacimientos ricos. En los Chichas, no lejos de Esmoraca. En el partido de Chayanta, se mencionan: Macha, Pocoata y Chayanta (Alonso-Barba 1967 [1640]: 50). Hierro: en Oroncota (un gran yacimiento, con buena ley de cobre). Mucha cantidad en el Cerro Rico y en el cerro de Chocaya (Alonso-Barba 1967 [1640]: 52). Plomo: En el partido de Chichas, se lo encontraba y era empleado en la fundición de la plata; en Andacaba (cerca de la Villa de Potosí, como galena con buena ley de plata) y en el Cerro Rico (paraje Cívicos, muchas vetas de plomo con algo de plata) (Alonso-Barba 1967 [1640]: 53). Estaño en: el partido de Chayanta, en el Cerro Rico (veta del Estaño) y a 1.4 kilómetros de la parroquia de San Bernardo, de Potosí, Alonso-Barba descubrió unas vetas riquísimas (Alonso-Barba 1967 [1640]: 54). 2.2.- Otros distritos mineros Presentaremos a continuación al partido de Oruro (antes incluido en el de Paria), por conside-rarse a su minería, la alternativa de Potosí. Pese a sus crisis y bonanzas, Oruro llegó a consti-tuirse en un centro importante, en cuanto a la producción de plata, del virreinato peruano; más propiamente, de la Real Audiencia de Charcas. 2.2.1.- La minería en Oruro Mediante una carta de donación (1572), nos enteramos que Garci Ruiz de Orellana, donaba a Ana Montenegro, 25 metros en la mina salteada de la veta que el clérigo y bachiller Antonio Montoro, descubrió en el cerro de Oruro. Otros tantos metros de mina, le pertenecían a éste.133 Entre los acuerdos de la Audiencia de Charcas, hay uno que se refiere a las minas recién descubiertas en San Pedro de las Salinas, partido de Paria.134 Se dice que el cura de Colque-marca, conocedor de las riquezas de Oruro, se asentó en ellas, ya en 1595; construyó las primeras casas, ocupó el Pie de Gallo y las faldas del Cerrato (a 3 706 metros de altitud). Para otros, este rico yacimiento fue descubierto por Álvarez de Nava,135 señalándose el año de 1606 para el
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Machacado. “Plata nativa, blanca, pura, visible en granos, hilos u hojuelas (...). Minerales y especialmente los pacos, en donde la plata (...), son visibles”. En: Langue/Salazar-Soler 1993: 329. 133 ANB Minas SG 133b. 1572, La Plata. Carta de donación: “30 varas en la mina salteada de dos minas pertenecientes al bachiller Antonio de Montoro, clérigo presbítero, como descubridor de una veta ‘en el cerro de Horuro [sic] o junto al dicho cerro”. ANB Minas SG 134a. 1572, La Plata. 134 ANB Minas SG 228. 1586, La Plata. En Paria abundaba la leña tan necesaria para la fundición de la plata (empleando fuelles, hornos de reverberación, hornos
135

castellanos

y

barquines

o

fuelles

grandes).

En:

Alonso-Barba

1967

[1640]: 112, 138. Nava, iba de La Paz a Potosí llevando tabaco; próximo a los cerros de Oruro, dio a un mendigo algo de comer y le regaló tabaco. Éste en señal de agradecimiento le participó que en aquellos cerros había descubierto una labor antigua y unas vetas de plata. En: Bargalló 1955: 215. Entonces, las minas de Oruro empezaron a explo-tarse intensivamente a fines del siglo XVI, aunque hay indicios de haberse trabajado en los tiempos del Tawan-tinsuyu. En: Gavira 2002, II: 429. La explotación minera en Garcimendoza se remonta a 1603 y Oruro, la minería sustancial

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descubrimiento de la veta principal;136 y luego vendrían otros filones más ricos y potentes, como: La Flamenca, San Cristóbal, Colorada y Pie de Gallo (debido al cerro en que se asienta y por el aspecto que presentaba mirándolo desde el camino de Arica a Oruro) . Así describe a este asiento Bargalló (1955: 215). Alonso-Barba, asevera: “en el Corregimiento de Paña [Pazña] están juntos los tres cerros San Cristóbal, Pie de Gallo y el de la Flamenca, de que se compone el mineral de Oruro, ilustre villa de este reino. En su contorno están Avicaya, Berenguela, Sicasica, La Hoya y Colquiri, que aunque es mineral de estaño, se cuajan en sus vetas, de cuando en cuando, metales [minerales] riquísimos de plata que llaman Lliptas” (Alonso-Barba 1967 [1640]: 48). El oro o la plata nativos, encajonados en roca, eran denominados “machacados”. Los que descubrieron este rico mineral de plata en Turco (partido de Carangas), fueron tratados o beneficiados con ayuda del método de “tintín”, que un cura franciscano les enseñó (Alonso-Barba 1967 [1640]: 117). “Los cerros de plata de la insigne Villa de San Felipe de Austria de Oruro, están rodeados por todas partes de otros en que hay muchas y muy caudalosas vetas de purísimo oro, labradas del tiempo antiguo: una sola se trabajó en el mío, a mi instancia y persuasión, en la loma que corre sobre los ingenios de plata que llaman de las Sepulturas, de cuyos metales molidos y beneficiados con azogue se sacó no poco provecho: no se siguen hasta ahora las demás, o por falta de aplicación, por tratar todos de plata, o lo que es más cierto, por no ser tanto el oro como se quisiera en las vetas de que se ha hecho experiencia; aunque no debe dudarse que haya algunas muy ricas entre tantas, como en los mejores minerales de plata ha sucedido” En: Alonso-Barba 1967 [1640]: 45.137 Los mineros y/o azogueros orureños, reclamaron los mismos privilegios que sus colegas potosinos, como: la concesión de mitayos o trabajadores forzosos, la instalación de una Caja Real, que se materializó en 1607, para abastecerse de azogue, y la exención del pago de alcabalas (Gavira 2002,
comenzó en 1606 . En: Bakewell 1989: 45. En ese año las autoridades de la Real Audiencia de Charcas enviaron al Oidor y Visitador Manuel Castro y Padilla, quien fundó la villa de San Felipe de Austria y señaló los límites del nuevo Corregimiento de Oruro. En: Gavira 2002, II: 429. 137 “En Oruro, junto a la veta de Santa Brígida, está en el Huaico o quebrada una veta de hierro. Hiciéronse de su metal algunos clavos, no más que por curiosidad y muestra, estando yo en aquella villa”. En: Alonso-Barba 1967 [1640]: 52. En el riquísimo asiento de Tuno (partido de Carangas), de encontraron vetas de plata blanca en forma muy casual. En Alonso-Barba 1967 [1640]: 40. “No lejos de la Coylla de San Felipe de Austria de Oruro, por el mucho y muy bueno que de sus minas se ha sacado y se saca para todo aqueste reino, entre cuyos metales [menas], como ya queda advertido, se hallan a veces ricas bolsas [bolsoneras] de metal de plata” (Alonso-Barba 1967 [1640]: 54). En la veta al sombrío, San Cristóbal, había vetas de plomo con algo de plata. En: Alonso-Barba 1967 [1640]: 53. Cobre se detectó en el cerro Turco (partido de Carangas, donde abundaba la leña); junto a Curaguara de Pacajes había labores antiguas y también en Paria. En: Alonso-Barba 1967 [1640]: 51. “En el cerro de Pie de Gallo, de Oruro, hay mucho estaño, aunque lo conocen pocos, y por no hallarle la plata que todos buscan, le echan por ahí”. En: Alonso-Barba 1967 [1640]: 54. Salares existían en: Curaguara de Carangas, en Garcimendoza (89 kilómetros de ancho por 223 de largo) y junto a la ribera de Langacollo (vetas de sal). En: Alonso-Barba 1967 [1640]: 15-16. Alumbre se detectó en: las pampas de Oruro y en algunas partes de la ribera de Langacollo (Carangas). En: Alonso-Barba 1967 [1640]: 13. “Un género de tierra blanca hallé yo en Oruro, en el cerro que llaman de la Tetilla [Carangas] que me ahorró del cuidado de juntar y preparar cenizas, porque se hacían de ella cendradas [copelas o crisoles] excelentísimas para las refinaciones, y así gastaban y embebían el plomo, como las que se tienen por mejores”. En: Alonso-Barba 1967 [1640]: 167. “El Alatón se hace de pedazos de cobre pequeños puestos en crisoles capaces, cúbrese con polvo de jalamina, que es un medio mineral amarillo; haylo no lejos de Turco en la provincia [el partido] de Carangas. En: Alonso-Barba 1967 [1640]: 56.
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II: 430).138 El padre Bernabé Cobo, visitando Oruro, en 1617, comprobó personalmente cómo se vendía entre 1 000 y 2 000 pesos la vara (0.84 metros) de mina y; lo más paradójico, que apenas se descubría una mina, ella ya se la estaba vendiendo al contado en 50 000 pesos. Pasadas algunas décadas de este primer boom minero, empezó su decadencia; pero, sin dejar de ser uno de los principales centros mineros de Charcas (Galaor et al. 1998: 91). El viajero Antonio de Ulloa, habla de esa época como de las “vacas gordas”, refiriéndose a la abundancia de minas de oro y plata (ya trabajadas antes y muy conocidas por su riqueza); que algunas minas estaban en decadencia y otras anegadas, a pesar de los esfuerzos de los indus-triales mineros para desaguarlas. Mejor suerte en esos tiempos tuvieron las minas situadas en Poopó (minas que distaban 67 kilómetros de la Real Villa de San Felipe de Austria (nombre con el que fue fundada). La producción de Poopó era alta y contaba con una población floreciente y dedicada al comercio, gracias a su actividad minera (Galaor et al. 1998: 91). La historiadora Gavira, nos presenta el siguiente resumen de la actividad minera orureña hasta el siglo XVII. “Oruro empieza su producción como actividad estable en 1595, y durante aproximadamente 25 años se puede hablar de una etapa de apogeo y optimismo. Felipe de Godoy, enviado por la Audiencia de Charcas en 1607, recoge las características del centro minero, en una relación sobre el asiento y minas de Oruro, calculando una población de 905 vecinos en la villa, de los que se ocupaban en la actividad minera 258, y en torno a 6.000 indios. Describe una industria minera en todo su apogeo, haciendo una detallada relación de las vetas, las minas, ingenios y los nombres de sus propietarios. El asiento minero está situado a una altura de 3.700 metros aproximadamente, entre grandes cerros que albergan importantes vetas de plata y estaño principalmente. Las dificultades que suponían su altura y ubicación geográfica van a acarrear problemas con respecto a las comunicaciones y abastecimientos” (Gavira 1997: 20). Como sucedió en Potosí, la ubicación de las plantas de amalgamación creó dificultades y los azogueros buscaron cursos de agua; y por eso los ingenios o sitios industriales se instalaron en lugares lejanos a la villa de San Felipe. En el informe de Godoy, se da un listado de 24 ingenios hidráulicos y uno de caballo; los primeros distribuidos así: cuatro en Paria (a 15 kilómetros de Oruro), once en Sepulturas (a 10) y nueve en Sorasora (a 20 kilómetros) (Gavira 1997: 20; Gavira 2002, II: 430). En los primeros años, el apogeo de sus minas permitió el pago de jornales más altos que los ofrecidos en la Villa Imperial. De hecho, las minas orureñas representaban una fuerte competencia, a través de la mano de obra contratada y a los mitayos que iban a Potosí, por algunas ventajas que ellas tenían, como: ser minas jóvenes, poco profundas y su ley de plata “in situ” alta. No faltaron las reclamaciones de las autoridades y de los dueños de minas y/o azogueros, ante la fuga frecuente de los mitayos; además, éstos se opusieron a que Oruro cuente con el servicio de la mita o trabajo obligatorio. Las autoridades y mineros de ese centro minero tramitaron la concesión de la coacción forzada y sólo obtuvieron durante varios años una asignación de 530 mitayos, que debían ser provenientes de centros empobrecidos; asignación ésta que se canceló por Real Cédula de 1618. Esta mano de obra debía ser devuelta a su centro de procedencia: las salinas de Garcimendoza “pues son más necesarios allí que en Oruro a donde de ordinario acuden más de
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“Alcabala. Tasa del orden del 4% del valor de las mercaderías, se cobraba en los asuntos de compra y venta, en cualquier operación comercial”. Los productos destinados o saliendo de las minas, estaban exentos de este impuesto por Real Cédula de 1591 y 1791. En: Langue y Salazar-Soler 1993: 12.

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diez mil indios voluntariamente, por estar como está en el camino Real”139 (Gavira 1997: 20-21, 26). Álvaro Alonso-Barba, el cura metalurgista de Lepe, vivió en la villa de San Felipe de Austria cinco años (1625-1630); en los años del boom ya mencionado líneas arriba. Sobre sus expe-riencias y valoración de los yacimientos argentíferos, escribe: “en ningún otro mineral he visto hasta ahora, lo que observé en Oruro, en los metales que se sacaban de una veta del cerro de San Cristóbal, que además de las hojuelas de plata blanca y pura que se veían en sus piedras o corpas, estaba también la tierra menuda o llampos, llena de plata en polvo sutilísi-mo, que sin más artificio que lavarla, pudiera recogerse como oro” (Alonso-Barba 1967: 47). Entonces, en la segunda década del siglo XVII, empezó a repetirse la historia ya conocida en Potosí, consistente en dos factores principales: carencia de mercurio y falta de brazos. Respecto al primer factor, las quejas de los azogueros y oficiales reales fueron frecuentes y se hablaba del favoritismo que mostraban las autoridades hacia el Cerro Rico. Pasada la época de bonanza, se desata una grave crisis en torno a 1650 (parecido a lo que en Potosí sucedió), que perduró hasta principios del siglo XVIII. En 1663, la crisis tocó fondo; muchas de las minas pararon, los ingenios en actividad sólo eran tres, la mano de obra ahora estaba constituida por voluntarios y jornaleros, los costos habían aumentado y los impuestos que generaba la plata bajaron (de una producción aproximada de 200 000 pesos ensayados recogidos en el anterior período, en estos años de crisis difícilmente sobrepasaron los 50 000 pesos (Gavira 1997: 21). En el siglo XVIII, Oruro se constituyó en el segundo centro en cuanto a la producción argentí-fera de Charcas, y se pueden identificar dos secuencias en el ciclo productivo del metal argen-tífero. La primera mitad de este siglo “se caracteriza por la inestabilidad; cortos perío-dos de bonanza, como el que se produce en la segunda década, se alternan con otros menos propi-cios; pero de forma general puede hablarse de cierta recuperación. A partir de 1750, donde se consolida un período más estable de resurgimiento, al que pone fin la crisis de 1781, de la que no se recuperará Oruro en lo que resta del período colonial” (Gavira 1997: 21). A partir de los años treinta del siglo XVIII, en Oruro se dieron fuertes tensiones y conflictos dentro de la élite local, que involucraron a su corregidor, Miguel de Landaeta, contra uno de sus opositores, Martín de Ezpeleta y Villanueva. El apogeo a mediados de ese siglo no duró mucho, y para 1779, con la rebelión de Tupac Amaru, se redujo la producción de la plata a un tercio de lo que fue. A pesar de las medidas adoptadas, su recuperación no logró alcanzar los niveles pasados. Años más tarde, la producción volvió a descender como resultado de la Guerra de Independencia, que causó serios daños en las actividades productivas (Galaor et al. 1998: 92). Entre los factores de esta crisis de fin de siglo, podemos mencionar: la disminución de la ley de cabeza, propio de la explotación en un principio sólo de lo más rico o de las vetas con mayor riqueza; cuando baja la ley del yacimiento, como resultado de la formación del mismo, los costos de operación suben a tal extremo que hacen inviable la rentabilidad de una operación minera; y por otro lado, la carencia de un sector minero con capacidad de efectuar inversiones. Este hecho se presentará en muchos centros o asientos mineros. Sus efectos inmediatos, son: la desocupación, el abandono del propio centro quedando como un poblado fantasma, y la eliminación de los ingresos para la Corona por falta de actividad.

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AGI, Audiencia de Charcas 415. Libro III.

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Cuánto se produjo en las minas orureñas, no es fácil estimar; ya que, una cosa era la contabi-lidad que figuraba en las Cajas Reales y otra la plata contrabandeada, y con este dato sólo se puede especular. Sabemos que la cantidad de azogue entregado por los encargados a los azo-gueros da solamente una pista, en cierto modo, de la producción. Por otro lado, el cobrar las deudas a los azogueros, del metal líquido fiado, se convirtió en inviable y ocasionaron la quiebra de los bancos. 2.2.2.- La minería en La Paz Alonso-Barba, describe muchos de los yacimientos metalíferos que pertenecían a esta jurisdicción. Hacia 1640, él se refiere a que están los argentíferos, en: Achocalla (a 2.8 kilómetros de las minas de San Cristóbal de Achocalla), Berenguela de Pacajes (en el cerro de Santa Juana), Caquingora (una mina rica en el pueblo), Colquri (bolsoneras y lliptas junto con estaño), Choquepiña (a 11 kilómetros de Berenguela, ya trabajada por los incas), la Hoya, Pacajes (en su partido había minas), Pacocaba, Sicasica (desde 1600), Tampaya (en su cerro), Tiahuanacu, Todos Santos y Yaco (cerro del Milagro); los auríferos, en: Carabaya (en algunos de sus arroyos, en forma y color de perdigones de plomo, parduscos), Coroico (en sus valles, por fuera como plomo), Choquiyapu (directo en el río que cruza la villa de La Paz), Larecaja (partido con abundancia de este metal) y Tipuani (muchas pepitas de oro en sus ríos); los cupríferos, en: Berenguela de Pacajes (vetas vírgenes en el camino que va a Calacoto), Callapa (a 5.6 kilómetros, en el camino que va a La Paz), Caquingora (mucho cobre macha-cado sobre calinchal blanco), Choquepiña (machacado) y Yulloma (en los Pacajes, minas muy ricas); los estañíferos, en: Carabuco (cerca del lago Titicaca labores ya desde los incas y proseguidas por los españoles), Colquri (con plata), Coylla (asiento cercano a Colquiri) y Larecaja (había labores en este partido); de hierro, en: Ancoraimes (labores de los incas en el partido de Omasuyos); y de mercurio, en: Huarina (partido de Omasuyos) (Alonso-Barba 1967 [1640]: 9-10, 20, 40, 45, 47-49, 51-52, 54, 56, 76, 138). Entre los yacimientos no metalí-feros, piedras, sin especificación, en: Berenguela (en el cerro Pacocaba, a 5.6 kilómetros de sus minas), Callapa y Camapa (competía en hermosura a los diamantes); salinas, en: Caquingora; azufre, en: Pacajes (en los confines de la puna) (Alonso-Barba 1967 [1640]: 16, 23, 27, 29). Todos estos yacimientos habían sido prospectados, y no significaba necesaria-mente que estaban en actividad. Para mediados del siglo XVIII, la población de Achacachi, al Este del lago Titicaca, era la sede del corregimiento del partido de Omasuyos. La minería no era la principal actividad de la región; no obstante, corría la noticia de su existencia antes de la llegada de los ibéricos. Los originarios probablemente se dedicaron a la explotación del oro en los valles vecinos de Larecaja y Carabaya. En Huarina, al Sur de Achacachi, había unas bocaminas (de casi 13 metros de profundidad) de cinabrio, sin explotar; y que al ser procesado dio mercurio de lo más rico que se haya visto en Charcas; así informaba Martín Antonio de Vertiz Verea, al rey. En 1770, Bueno, daba a conocer la existencia de minas de oro y plata, pero paralizadas; que pudieron haberse trabajado antes, con algún provecho (Galaor et al. 1998: 95-97). No cabe duda que la Corona, en todo tiempo, estuvo presionando a sus subalternos a la exploración de nuevos yacimientos en sus jurisdicciones; y la idea en el siglo XVIII era la erección del Real Gabinete de Historia Natural. Por eso, esas autoridades debían recoger toda suerte de muestras de minerales de oro, plata, de cualquier metal y de piedras preciosas, para su envío a la Madre Patria. Esto consta en una carta dirigida al rey. “Y estando en dichos cateos, los dichos cateadores y mineros hallaron en un cerro de la jurisdicción del cerro de Carabuco, dos leguas [11 kilómetros] distante de él, una veta trabajada antiguamente de estaño, con hondura de más de sesenta varas [50 metros] con una cuarta [más o menos 20 centímetros] de guía, de que hice 75

sacar diez arrobas [y] diez libras [120 kilogramos] de metales [mena], los que remito a Vuestra Majestad en esta ocasión encajonados, precintados, y marcados, rotulados a vuestra real persona, (...)”.140 El padre Alonso-Barba, al respecto, escribió: “No lejos de Carabuco, uno de los pueblos que cercan la orilla de la grandiosa laguna de Chucuito [lago Titicaca], hacia la banda de la provincia de Larecaja, hay también labores de este metal [estaño], que los indios trabajaron en tiempo de sus incas y después han proseguido los españoles. Son las vetas caudalosas y ricos los metales [minerales] en su género: sácanse también entre ellos algunos de mucha plata y todos participan de algún cobre, por cuya mezcla es este estaño más vistoso y duro. La fama de la riqueza de estas vetas, me llevó a verlas, además de la curiosidad que he tenido en ver y experimentar los minerales de todas estas provincias” (Alonso-Barba 1967 [1640]: 54). Respecto al corregimiento de Larecaja (creado en 1586; cuya cabecera, en el siglo XVIII era Sorata), estaba situado al Este del lago Sagrado.141 La zona aurífera del Collao comprendía los corregimientos de Larecaja, Carabaya y partes de Azángaro; en esta zona se destacaban los asientos de: Ananea, Poto, Aporoma, San Juan del Oro, Buenavista y Tipuani (Galaor et al. 1998: 99, 102). Por los años cuarenta del siglo XVII, los españoles no consiguieron dominar la zona aurífera. En Carabaya, no tuvieron mayor problema; pero en Larecaja (que se destacó por su produc-ción de oro en la Colonia), la conquista resultó muy difícil. “Cuando veinte años después de la visita de Pedro Sancho de la Hoz, un corregidor de La Paz, que era también encomendero de Larecaja, intentó reabrir las minas de oro de Tipuani y otros sitios de la zona, fue expulsado por los indígenas”. (Galaor et al. 1998: 102). Alonso-Barba, describe la forma en que se presentaba el oro: Carabaya, colindaba con el partido de Larecaja, donde abundaba el oro, el cual se presentaba en los arroyos en forma y color de perdigones de plomo, que cuando se fundían tomaban un color rubio. El que lo descu-brió no conocía esto por oro, hasta que un amigo se lo dijo; y a éste, por habérselo dicho el propio cura de Lepe (Alonso-Barba 1967 [1640]: 45). En el siglo XVII, se prospectó muchas zonas auríferas y muchos españoles intentaron apode-rarse de las regiones exploradas. Por ejemplo, Pedro Leigue Urquiza, que en 1615, pidió el título de “gobernador, capitán general y poblador de las provincias del Reino de Tipuani, Chunchos y Paititi”. A principios de los 80, del mismo siglo, se dio una corta bonanza en los diversos placeres del cerro del Illimani. Larecaja, tuvo que esperar al nuevo siglo para que la producción de oro alcanzara niveles interesantes (Galaor et al. 1998: 103). Para Antonio de Ulloa, en toda la intendencia existían minas ricas de oro, al extremo que su ley era de 23 quilates, y tres granos. Sobresalía el cerro de Sunchuli, donde hacía unos cin-cuenta años, se
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Carta de Martín Antonio de Vértiz Verea, al rey. Achacachi, 2 de diciembre de 1753. En: Galaor et al. 1998: 96-98. Allá por 1480, los incas prosiguieron los trabajos de sus antecesores en algunas minas, mediante el empleo de las técnicas más eficientes con que contaban. La producción de oro se dividió en dos categorías: las minas controladas por los incas, con un nivel técnico y organizativo muy sofisticado; y las minas pertenecientes a las comunidades indígenas (lavaderos en ríos y arroyos), trabajadas en forma primitiva. Los yacimientos en ese entonces se concentraban en Aporoma (con galerías subterráneas), Vilcabamba, El río Grande de Callana e Hipara. El ritmo estacional estaba de acuerdo a los distintos métodos de tratamiento: los simples lavaderos en los meses secos (mayo a septiembre), cuando no estaban activos en las labores agrícolas; y en los sitios que empleaban depósitos de agua, artificiales, para el lavado, se trabajaba de octubre a fines de marzo. En: Galaor et al. 1998: 99-100.

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descubrió una mina, de donde se sacaron buenas cantidades del metal amarillo; pero después se inundó e intentaron desaguarla mediante un socavón, lo que significó grandes erogaciones, y por error de cálculo, no se logró el objetivo deseado (Galaor et al. 1998: 103). Para el virrey Amat, Larecaja era la principal zona aurífera del Virreinato del Perú; y se decía que entraban en La Paz, al año, 680 kilogramos de oro, en tiempos regulares, que hacían la suma de 25 000 pesos. Sin embargo, para mediados del siglo XVIII, la producción más importante del corregimiento salía del asiento minero de San Juan de los Suches. El más conocido, sin duda alguna, fue Tipuani (o Tipoane, aparece como Tipoyane en un informe de 1573) (Galaor et al. 1998: 103-104).142 “Junto a Larecaja hasta Tipuani tierra de indios de guerra, a que se hizo entrada más ha de veinte años desde la ciudad de La Paz, estando yo en ella. Lo mucho que se dice de la riqueza de oro que en sus ríos tienen, pusiera su crédito en duda, a no haber tantos testigos de vista que lo afirman” (Alonso-Barba 1967 [1640]: 45). La fama de Tipuani, la describen: el paraguayo Pedro Vicente Cañete, el alemán Anton Zacharias Helms (miembro de la famosa misión de Nordenflycht) y el bohemio Tadeo Hanke.143 Respecto a Chucuito, podemos decir que en el siglo XVIII, estaba subordinada a la Audiencia de Charcas y limitaba al Norte con Paucarcolla, al Sur con Pacajes y al Oeste con el lago Titicaca (llamado primitivamente laguna de Chucuito). Hoy en día pertenece al departamento de Puno/Perú (Galaor et al. 1998: 158). Como resultado de las disposiciones vigentes: la encomienda y la mita, Chucuito aportó a la primera, mediante la cual los españoles querían aprovechar los ricos recursos naturales de la zona; y para lo segundo, el virrey Toledo dispuso que la población indígena estaba obligada a participar activamente en la mita de Potosí, trabajando en las minas, ingenios y otras labores. Localizada a 480 kilómetros, los lugareños necesitaban dos meses para llegar a su destino y esto se repetía cada año. Otro lazo de unión entre Chucuito y Potosí fue el comercio; ya que por la abundancia de llamas y otros animales de carga, los arrieros y comerciantes realizaban su trabajo de abastecimiento a la Ciudad Minera (Galaor et al. 1998: 158). En cuanto a la actividad minera de la región de Chucuito, sólo ésta se destacó en alguna época y de manera pasajera. En el informe al rey, encontramos más datos interesantes.144 Mineros en actividad
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Suche, es un pescado de la zona. El yacimiento de Suches, situado cerca del río del mismo nombre y de los diversos glaciales en la actual frontera entre Bolivia y Perú, al norte del lago Titicaca. Suches, cerca de Pele-chuco. En: Galaor et al. 1998: 104. 143 Para Helms, la región de Tipuani, a 223 kilómetros de La Paz, era incluso más rica que la propia La Paz, en cuanto a sus cerros auríferos; y cualquier vil indígena, gracias a encontrar el metal preciado, se volvía el más rico. Hanke, escribió (el 28 de mayo de 1795) una misiva a sus padres desde Potosí, comunicándoles su viaje desde La Paz a Tipuani y de sus cerros y su riqueza. Se expresó de ellos como “Montes de Oro”, por la manera simple de obtenerse y en gran cantidad; y llamaba a sus habitantes, los más ricos del virreinato de Buenos Aires. También, les describe las barbaridades que ocurrían cuando un pobre trabajador era pescado robando algo de oro; lo colgaban a éste, desnudo, para consternación de los parroquianos. En: Galaor et al. 1998: 105. 144 Del informe de Pedro Miguel de Meneses Montalvo Bravo de Saravia. Chucuito. del 29 de octubre de 1753. En: Galaor et al. 1998: 162-170. Meneces Montalvo remitió casi 100 kilogramos de mena de la veta del cerro “Tarucachi, alias San Juan de Dios del asiento de Pichicani, (...), que trabaja el referido gobernador que fue, don Francisco León de Yturria, desde el haz de la tierra y tiene setenta estados [119 metros] de profundidad. El primer quintal [es] del más rico, que llaman corpas, en siete trozos; el segundo quintal de brozas, en crecido número de pedazos, no remitiendo de esta veta el quintal del más pobre, porque es tierra líquida sin brizna de plata. Su ley: él de la corpa es de ocho a diez marcos por cajón [800 a 1 000 g/t], y él de la broza de a tres marcos [300 g/t]”. En. Galaor et al. 1998: 163.

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fueron: Francisco León de Yturria, Pedro Antonio de Velasco, José Lino de Urbi-caín, Francisco de Heredia, Polonia Fernández Hidalgo y Manuela Bulnes de Miranda. Se citan algunos asientos mineros en la zona, como: Nuestra Señora de los Desamparados de Pichicani, de San Antonio de Esquilache, de Huacullani y del mineral de Ipabeco; cuyas menas argentíferas se beneficiaban en trapiches e ingenios con azogue. Muestras se recogieron de la mina y veta del cerro Tarucachi (alias San Juan, del asiento de Pichicani); del cerro Nuestra señora de las Mercedes y veta de San Cristóbal (asiento de San Antonio de Esquila-che), más propiamente de la mina Tucumana. Otra muestra, del cerro Ipabeco de la veta La Cordillera y bocamina Nuestra Señora de la Soledad. 145 Otra muestra, del asiento de Huacu-llani, de la veta y mina Espíritu Santo, de los cerros Suncacollo y la Gabia (con algo de plata). También, de San Antonio de Esquilache, de la veta Copacabana, que coge el cerro de Mercedes.146 De uno de los primeros yacimientos descubiertos, ahora despoblado: el de Sacata. 147 Finalmente, se debe mencionar que se tomaron muestras del mineral de Cacachara. Aquí, debemos detenernos y tratar con cierto detalle el asiento del corregimiento de San Antonio de Esquilache (a 4 750 msnm).148 Sus minas fueron descubiertas allá por 1619 ó 1620, y su nombre tiene relación con el virrey, de la época: Francisco de Borja y Aragón, príncipe de Esquilache. De acuerdo a una versión, las minas fueron descubiertas por Juan Durán, compañero de José Salcedo, el “desgraciado dueño de las minas de Laicacota”. Las labores en San Antonio, se convirtieron muy rápidamente en un polo de atracción para inversionistas en minería. En 1634, los empresarios del lugar solicitaron que se les concediese una cuota anual de 9.2 toneladas de azogue, que las querían pagar al contado en la caja de Arica. “Durante el gobierno del virrey conde de Salvatierra, San Antonio de Esquilache estaba en plena bonan-za, por lo tanto, el virrey estableció allí una caja real. La minería de la región gozaba en ese entonces de la concesión de pagar únicamente el sexto (el 16,67%) en vez del quinto (el 20%) como contribución fiscal, hasta que el virrey conde de Lemos abolió este privilegio hacia 1668” (Galaor et al. 1998: 159). El yacimiento argentífero de San Antonio de Esquilache, al Oeste del asiento de Chucuito, en plena cordillera que corre de la provincia de Pauparcolla hasta la de Pacajes, dio inmensas riquezas; y prometía mucho aún, si sus moradores tuvieran ánimo para empeñarse en continuar explotando sus minas; que todavía poseían leyes de 1-2 kg/t Ag. El anegamiento de muchas labores mineras creó dificultades a los mineros; pero, si los hubieran solucionado, algunas minas rendirían entre 28-115 kg/t de plata. Lamentablemente, la falta de visión de los propie-tarios para
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La veta cedía sólo a los barrenos y tiros de pólvora. La explotación y el beneficio se realizaban con 70 obreros, hábiles en siete oficios: barreteros, apiris, palliris, cargadores, morteros, horneros y repasiris. Normalmente, los dueños de minas y/o ingenios luchaban contra la falta de mano de obra, y a la poca forastera que conseguían le tenían que ofertar buenos salarios. 146 Los minerales eran procesados en la hacienda Juncal, a 11 kilómetros del asiento, y acarreados por cien perso-nas a las que pagaban un jornal diario de cuatro reales. Se calculaba el costo de cada cajón (2.3 toneladas), incluyendo el costo de transporte, de 60-70 pesos. Producía semanalmente, cerca de 11.5 toneladas de corpas y brozas. 147 Sus minas se encontraban derrumbadas, ciegas e inundadas por lo poroso y frágil de sus cerros; tratar de explotarlas significaba un costosísimo trabajo de pirquería o “relejería”; es decir, intentando fortificar las labo-res, que su geología, no lo permitía. 148 A fines del siglo XVII, la minería de este distrito entró en crisis y decadencia; sin embargo, no fue un asiento abandonado como sus similares en cualquier otro asiento. Especialmente la mina La Fragua, se convirtió en leyenda, por el alto arrendamiento que su propietario cobró a los interesados en explotarla; y se indican los problemas a que estaba sometido el laboreo. Las causas eran muchas y no radicaban en las condiciones clima-tológicas o sea por el frío debido a su altura. A mediados del siglo XVIII, las dificultades se habían agudizado tanto que toda la actividad minera sucumbió; tampoco, hay evidencias de que más tarde haya mejorado ella. La zona, a fines de ese siglo, se convirtió en escenario de la rebelión de Tupac Amaru y los hermanos Katari; y la población de Chucuito, resultó incendiada. En: Galaor et al. 1998: 159-160.

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drenar esas ricas minas, ocasionó su estado de para; y sí más bien, propusieron que la Corona se responsabilizara del desagüe mediante la construcción de socavones, y que la mano de obra mitaya de esta población no viaje hacia Potosí, y en su lugar les favorezca. Entre las minas famosas se menciona: La Fragua; y las que estaban ya fuera de actividad: Ipaveco, Zaacata y Huacullani (Galaor et al. 1998: 160-161).149 El informe incluye la forma del tratamiento de las menas y algunos costos vigentes (para el siglo XVIII). “Su beneficio: se saca por quema [tostación] [de] sus harinas [materiales finos], y se incorpora con azogue y sal a prudente conocimiento. Tiene de costo cada cajón, desde la mina hasta la piña, cincuenta pesos, aunque a veces, encontrando dureza, pasa de sesenta y cinco, por lo que no puede haber punto fijo en pérdida ni ganancia. Y con diez peones a jornal de cuatro reales al día, se saca a la semana un cajón de metal [mineral], a mitad supremo e ínfimo, por no haber del más pobre, como va referido, cuyas dos especies van enzurronados con el número primero y marca del margen”.150 En 1818, se explotaban nueve minas en San Antonio de Esquilache, con un total de 162 obreros; producían 1.4 toneladas de plata. “Ocho años después, San Antonio de Esquilache era sólo una miserable aldea poblada por cerca de 200 mineros pobres. Toda la zona estaba cubierta con un sinnúmero de bocaminas abandonadas. Había once vetas conocidas, pero solamente una, la de Victoria, se trabajaba a través de dos socavones”. Un socavón, fue obra del minero Orellana, dueño de la mina de Jesús María. Ya alrededor de 1775, para su explotación intensa, la mina Victoria, se había convertido en una de las más profundas del cerro; pues desde la bocamina, prácticamente en la cúspide del cerro, hasta los últimos planes medía casi 17 metros. Para ese entonces, la mina fue dividida entre ocho accionistas, y arrendada a una sociedad, conformada por: Pedro José Valdivia, Manuel Pino, Domingo Infantas, Atanasio Hernández y otros. Por cada acción, se pagaba semestralmente 1 500 pesos de arrendamiento. Trabajaban en la mina Victoria, cerca de 60 barreteros, que cobraban de jornal diario cuatro reales cada uno. A la semana se extraía, por grupos de seis personas cada uno, casi 15 toneladas de mena. En cada jornada de trabajo, consumían 5 750 gramos de pólvora; poniéndose 115 gramos por armada o tiro. Para el alumbrado, cada trabajador recibía 115 gramos de sebo. En total, se invertían semanalmente, entre 600-700 pesos. Por cada cajón (2.3 toneladas) de “corpa [mineral de alta ley de plata o pedazo grande de mineral], puesto en la cancha, los dueños gastaban en promedio entre ochenta y noventa pesos, y por el cajón de broza, veinticinco”. La extracción de los minerales era de 14-18 toneladas, con un contenido de 13.8 kg/t de plata, que eran beneficiados en un trapiche en Santa Rosa (a 28 kilómetros de la mina) (Galaor et al. 1998: 161-162). Merece consideración el yacimiento de Paucarcolla que, en la Colonia, estaba subordinado a la Audiencia de Charcas. A mediados del siglo XVII se descubrieron muchas minas, lo que produjo un auge minero que hizo famoso a este distrito. Sobresalían, las minas: San José, Cancharani y Laicacota. En la segunda mitad de ese siglo, el 73% de los ingresos totales generaba la actividad minera, con un monto anual de 180 000 pesos en promedio (Galaor et al. 1998: 131). Laicacota, fue descubierta en 1657, por los hermanos José y Gaspar Salcedo; y como en otros casos ya vistos, impresionaba por las leyes de cabeza de sus vetas. “Quebraron un crestón , y reconociendo metales [minerales] buenos, dieron un barreno a la laguna con lo que hizo patente
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En el distrito de Huacullani, en 1826, estaban en trabajo cuatro minas; con

60 operarios y una producción de 230 kilogramos de plata. En: Galaor et al. 1998: 161.
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En el informe de Pedro de Meneces. En: Galaor et al. 1998: 163-164.

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la veta, y en ella una inmensa cantidad de plata blanca, que se sacaba a poca costa. Se abrieron otras bocaminas, la de las Animas y Laycacota la baja, en menos de una cuadra igualmente ricas”. (Galaor et al. 1998: 131).151 Arzáns, menciona en su larga crónica, la potencia de los filones y la opulencia de Laicacota. “La riqueza de aquel asiento fue sino segundo en este reino, porque la veta principal en parte tuvo de anchura seis varas [5 metros] y en otras más y menos, pero cuanto mayor su grandeza fue menos su duración, que no pasó desde su primer descubrimiento 10 años cabales, y de éstos sólo los cinco se sacó la admirable y mayor riqueza. Pudiera si durara ésta competir con la de nuestro gran Potosí, pero la quitó Dios por las graves maldades y derramamiento de sangre que en aquel asiento hubo (...)” (Arzáns 1965, II: 234). Las minas de Laicacota, tuvieron un historial turbulento; pero eso sí muy breve. Su decadencia se debe principalmente a las fuertes tensiones y discordias sobre el control de las minas, que a principios de los años sesenta estallaron en francas luchas entre sus pobladores. En 1668, el virrey del Perú, conde de Lemos, fue al lugar a resolver un conflicto que involucraba a los hermanos Salcedo. José, fue enviado a Lima, prisionero, y terminó siendo ejecutado; a Gaspar, se lo expulsó del distrito y sus bienes fueron embargados (Galaor et al. 1998: 133). “El asentamiento de San Luis de Alba en Laicacota, compuesto supuestamente por más de tres mil casas, fue destruido, trasladándose la sede del corregidor al cercano San Carlos de Puno. Fue en 1678 cuando se rehabilitó a los Salcedo. Sus bienes fueron liberados y el rey le perdonó a Gaspar el destierro (...). Aunque de esta manera quedó restablecida la paz, los acontecimientos referidos significaron un grave golpe para las minas de Laicacota, las que nunca más llegarían a tener su viejo esplendor” (Galaor et al. 1998: 133).152 2.2.3- La minería en Cochabamba Podemos mencionar a los asientos de Berenguela y Challacollo, 153 a 167 kilómetros de la Villa Imperial, camino del valle de Cochabamba, de donde se aprovisionaba con harina y diversos productos alimenticios. A 17 kilómetros del repartimiento de Sacaca, había unas minas con bolsoneras de plata (como en Porco), en el asiento de Berenguela. En 1582, estaba habitado por una decena de españoles y, para el trabajo minero, estaban disponibles los indígenas comarcanos (130 charcas y zoras); que obtenían plata por fundición. A 84 kilómetros de estas minas se ubicaban otras de galena (soroche), que la empleaban para fundir la plata. Aquí habitaban la misma cantidad de españoles y unos cien naturales urus, del repartimiento de Challacollo (Capoche 1957 [1585]: 129).
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El

cronista

mayor el año

de de

Potosí, 1656: “el

se

expresa día

literariamente que se

sobre

su

descubrimiento

mismo

descubrió

aquella

monstruosa riqueza apareció en el aire un cometa muy amarillo y encendido a la parte de poniente, que así se vio en esta Villa, en aquel asiento y en todo el Perú. Muchos dijeron que signifi-caba guerras, y aunque las echaban a otros reinos no se pasaron muchos días sin que se experimentasen en aquel asiento”. En: Arzáns 1965, II: 169.
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“En 1678 se reivindicó a los Salcedo, revocando la irremediable sentencia del Conde de Lemos contra José; quedaron libres los bienes de ambos, aunque con pago de costas; perdonó el rey el destierro de Gaspar; y se concedió en 1703 el título de Marqués de Villarica de Salcedo a un hijo de José”. En: Bargalló 1955: 218. 153 El yacimiento de Berenguela, cerca de Cochabamba fue explotado desde 1555. En: Bakewell 1989: 45.

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Otras minas en Cochabamba: Bartolomé García y Pedro Calizaya, descubrieron dos vetas conteniendo minerales de plata, en un cerro llamado Chipave, camino hacia Cochabamba a 89 kilómetros (Capoche 1957 [1585]: 131). 2.2.4.- La minería en Chuquisaca Alonso González, registró una veta argentífera que descubrió en la puna de Yotala, un pueblo de indígenas a 17 kilómetros de La Plata. Juanes Basualto, registró otra veta argentífera que estaba situada en el camino a Chuquisaca (también a 17 kilómetros). Baldelomar, hizo regis-trar un filón de plata en un cerro que está junto al camino real de Chuquisaca, y que era deno-minado Chibitara. La indígena cuzqueña, Catalina Arupo, descubrió una veta de plata en el camino a Chuquisaca, en un cerro denominado Copacoya, y dio una cata y por ella sacó metal [mineral] que acudió por el beneficio del azogue” (Capoche 1957 [1585]: 131-132). Álvaro Alonso-Barba, da escuetas referencias sobre la presencia de materias primas minerales en Chuquisaca. El personalmente descubrió una de soroche (sulfuro de plomo), en su hacienda, haciendo “barbechear” una loma. Dado su espíritu de explorador, detecto algunas catas de plata en sus alrededores y supo de una mina rica de azogue, no lejos de Moromoro (a 39 kilómetros de La Plata); aunque por la muerte del descubridor de la mina, se perdió su rastro. Menciona, que cerca de La Plata, en Paccha, Chuqichuquí y Presto, había socavones de cuyos desmontes se sacó oro; y lo propio del río de Sopachuy. Sobre Tarabuco, lugar donde vivió, señala la existencia de plata. No debemos olvidar que, en este lugar (a 60 kilómetros de La Plata), nuestro metalurgista desarrolló su invención: el célebre método de “cazo y coci-miento” para amalgamar la plata en perolillos de cobre, dándolo a conocer y publicándolo; “sin hacer misterio de reservar” para él solo (AlonsoBarba 1967 [1640]: 39, 46, 48, 56, 90). 2.3. Comentarios al capítulo La intensa actividad de prospección, desarrollada por los españoles y los naturales, en muchos casos tiene su origen en épocas previas a la llegada de los conquistadores. En América, sabemos que existieron culturas precolombinas, que basaron su actividad en el tratamiento del cobre, oro y plata nativos. Con el descubrimiento del Nuevo Mundo, comienza la búsqueda y explotación de menas, especialmente argentíferas y auríferas, por parte de la Corona española. Los españoles se dedicaron a la búsqueda de materias primas. Uno de los distritos más prospectados fue, y no cabe duda alguna, Potosí y todos sus partidos (hoy provincias). Hemos detectado los consiguientes centros mineros que, en algunos casos sólo tuvieron corta duración sus actividades mineras. Para ello, influía: la calidad de sus menas, la distancia a los centros comerciales, su grado de mecanización, la posibilidad de aprovisionamiento y las condiciones de vida del lugar. En el caso de Charcas, los yacimientos más trabajados fueron de plata y muy poco de oro y plomo. Deseamos destacar al cura de Lepe, Álvaro Alonso-Barba, no en su accionar como metalur-gista sino como el mayor explorador y geólogo del siglo XVII. Los yacimientos por él descritos sirvieron para que, en los inicios de la república e inclusive hasta nuestros días, nuestros geólogos “descubran” yacimientos metalíferos y no metalíferos; como veremos en otros capítulos de esta historiación de la minería andina.

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Sobresalen (en paréntesis el nombre de la provincia actual) en el actual departamento de Potosí: Abitanis (Lípez), Achocalla de San Cristóbal (Nor Lípez), Agua-caliente (Lípez), Andacaba (Linares), Atacama, Avilcha, Bonete (cerro, en Nor Lípez), Colcha (Nor Lípez), Challatiri (cerca del Cerro Rico), Charcas (Gnral. Bilbao Rioja), Chayanta (Bustillo), Chichas (Nor y Sud Chichas), Chocaya (Quijarro), Chorolque (Sud Chichas), Chuica (en el cerro de Escapi, Sud Lípez), Colquechaca (Bustillo), Escapi (Sud Lípez), Esmoraca (Sud Lípez), Guariguari (Frías), Hedionda (Sud Lípez), Huatacondo (Daniel Campos). Lagunillas (Cor-nelio Saavedra), Macha (Chayanta), Mallcacota (Chayanta), Mejillones, Monserrate (Sud Chichas), Moromoro (Nor Chichas), Montesclaros (Nor Lípez), Nuevo Mundo (Nor Lípez), Nuevo Potosí (Nor Lípez), Oslloque (Nor Lípez), Oroncota (Linares), Pereira (cerro, en Nor Lípez), Piquisa (Cornelio Saavedra), Pitantora (Chayanta), Pocoata. (Chayanta), Porco (Anto-nio Quijarro), Potosí, Sabalcha (cerro en Colcha, Nor Lípez), San Antonio de Esmoruco (Sud Lípez), San Cristóbal (Nor Lípez), San Cristóbal de Achocalla. (cerro, en Nor Lípez), San Pedro de Buena Vista (Charcas), San Juan (río, Sud Chichas), San Vicente (Sud Chichas), Santa Catalina (ingenio, en Nor Lípez), Santa Isabel del Nuevo Potosí (Nor Lípez), Seapi (Nor Lípez), Siporo (Cornelio Saavedra),Tabaconuño (cerro en Cuchu Ingenio, en Linares), Tasna (Nor Chichas), Tatasi (cerro, en Sud Chichas), Tinguipaya (antes Colocaquina, en Frías), Trinidad (cerro, en Nor Lípez), Ubina (Quijarro),Ventilla (en el camino de Oruro a Chayanta), Vera Cruz (Cornelio Saavedra), Xauquehua o Xanquena (Nor Lípez), Yocalla (Salinas de, en Frías) y Yura (Quijarro). En La Paz: Ancoraimes (Omasuyos), Berenguela (Pacajes), Calacoto (Pacajes), Callapa. (Pacajes), Camata (Muñecas), Caquingora (Pacajes), Carabaya (Larecaja), Carabuco (Camacho), Colquiri (Inquisivi), Corocoro (Pacajes), Coroico (Nor Yungas), Chacapa (Larecaja), Cho-quepiña. (Larecaja), Choquiyapu o Chuquiabu (río en La Paz), La Hoya (Inquisivi), Huarina (Omasuyos), La Paz, Larecaja (Larecaja), Omasuyos (Omasuyos), Pacocaba (cerro cerca de las minas de Berenguela), Santa Juana (cerro, en Pacajes), Sicasica. (Aroma), Tampaya (cerro, en Pacajes), Tipuani (Larecaja), Tiwanacu (Ingavi), Yaco (cerro del Milagro, en Inquisivi) y Yuyolla o Ulloma (Pacajes). En Oruro: Avicaya (Poopó), Coylla de San Felipe de Austria, Curahuara de Carangas (Saja-ma), Flamenca (Pazña), Garcimendoza (Salinas de, Ladislao Cabrera), Langacollo (río, en Carangas), Oruro, Paria (Cercado), Pazña (Poopó), Pie del Gallo, San Cristóbal (cerro, en Oru-ro), Tetilla (cerro, en Carangas), Todos Santos (Carangas), Turco (Carangas) y Tuno. (Caran-gas). En Chuquisaca: Chilco (en la cordillera de Tomina), Chuqui-chuqui (Oropeza), Paccha. (Yamparáez), Presto (Zudáñez), Sopachuy (Tomina) y Tarabuco (Yamparáez).

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3.- CASO DE ESTUDIO: LOS ORÍGENES Y CONSECUENCIAS DE LA CONTAMI-NACIÓN EN EL POTOSÍ COLONIAL (siglos XVI-XIX) 3.1.- Antecedentes “En términos generales se entiende por contaminación el conjunto de efectos que alteran la pureza del aire, de las aguas o de la tierra [de los suelos] o, genéricamente, del ambiente en el que se desarrolla toda forma de vida” (Hispánica 1992, IV: 265). En el presente capítulo queremos presentar los inicios y secuencias posteriores de la contaminación: del aire, del agua, del suelo, por ruido y los efectos generales de ella; con especial mención a la salud de los habitantes y trabajadores potosinos durante el coloniaje. De acuerdo a las antiguas concepciones, y vigentes en esos tiempos: “los cuatro elementos están ocupados en el beneficio de la plata; la tierra nos da el metal [las menas o los mine-rales], el fuego lo refina, el agua lo lava y ayuda, el viento lo sopla y hace los fuelles, que parece que están sirviendo y haciendo favor al hombre, socorriéndole con la plata que de allí procede para la necesidad de la vida” (Capoche 1959 [1585]: 110). Los cuatro elementos mencionados, o generan contaminación (el fuego) o son contaminados (el aire, agua y los suelos); vale la pena recalcar que estos tres últimos están íntimamente ligados a efectos contaminantes o son susceptibles de ser contaminados; hecho al que en esa época no se le prestaba ninguna atención, y que hoy en día o con el pasar del tiempo sí juega un gran rol. 3.2.- Contaminación del aire En 1967, el Consejo de Europa la definía así: “Existe contaminación del aire cuando la presencia de una sustancia extraña o la variación importante en la proporción de los consti-tuyentes del mismo es susceptible de provocar efectos perjudiciales o de crear molestias” (Hispánica 1992, IV: 265). A continuación vamos a presentar ejemplos donde, pensamos, se originaba la contaminación del aire, las afecciones a la salud resultante de los diversos procesos y la sanidad ambiental. 3.2.1.- En la fundición En el caso de Potosí, la contaminación del aire empieza exactamente el día que operó la prime-ra wayra, fundiendo las menas argentíferas del Cerro Rico para obtener barras o rieles de plata metálica. Podemos afirmar, que entre el mes de abril y mayo de 1545 se marca el inicio de este tipo de contaminación. El efecto contaminante de la fundición se refleja en algunos comentarios que aparecen en las fuentes documentales respecto al número de hornos (ver 1.3). Al disminuir ostensiblemente el número de las wayras, esta fuente contaminadora (que arrojaba a la atmósfera gases de combustión, óxidos de azufre y otros gases nocivos) disminuyó; pero otras causales empezaron a surgir y el problema ambiental siguió creciendo día a día y no se hizo nada para mitigarlo, menos se pensó en su saneamiento.

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La gente encargada de obtener las barras o lingotes de plata estaba expuesta a muchos factores de contaminación ambiental y de daño a su salud, por: la inhalación de gases tóxicos, las quemaduras debidas al manipuleo de las escorias y de la plata fundida, la inhalación de polvos durante el carguío de los hornos previo a la fundición y otros menores (Serrano 2003: 49). Lo que no se dijo es que este trabajo lo efectuaban las mujeres de los mitayos, que inclusive procesaban y fundían los minerales robados o rescatados en sus ranchos. Los niños eran empleados como mano de obra barata, ya sea en los ingenios o en sus casas. Esto daba lugar a enfermedades y dolencias que afectaban grandemente a las familias (Serrano 2003: 51). Ya lo hemos manifestado, que si bien la fundición dejó de ser un método principal, ocurrió que a los pocos años ésta se practicó largamente a otro nivel; ya que después de la amalgamación, las piñas de plata necesariamente tenían que ser fundidas en hornos pequeños, afectando así a la salud de los pobladores que radicaban en las cercanías de los ingenios o de la Casa Real de Moneda; así como de los mingas y mitayos que estaban en contacto directo con esa operación, porque se volatilizaba el mercurio para ser reutilizado. Dada la característica de las desazoga-deras, aparatos muy rústicos por cierto, se puede deducir que el escape de gases de mercurio a la atmósfera era muy común. 3.2.2.- En la explotación minera En un principio, cuando se explotaban las minas a tajo abierto, al barretear se originaba polvo. Así nació la contaminación ambiental en muy pequeña escala y surgieron también los primeros problemas de salud de la mano de obra coaccionada. A partir de 1556 los tajos dieron paso a labores formales subterráneas y, por las Ordenanzas toledanas (1572), cualquier forma de trabajo a cielo abierto fue prohibida.154 El barreteado, otras formas de avance, el botado de colas a los desmontes (pasivos ambientales muy peligrosos) contribuyeron a la contaminación del aire y principalmente de los suelos (ver detalles en 3.4). Un hecho tecnológico notable fue la utilización de la pólvora que, al parecer, fue introducida a mediados del siglo XVII; y esto, con seguridad, habrá aumentado los riesgos y el recrude-cimiento de enfermedades laborales y elevado la contaminación ambiental por la gran profusión de polvo originado por las explosiones. Todo esto dio paso al recrudecimiento de los males pulmonares, como: la tuberculosis (tisis), la silicosis, la neumoconiosis, el mal de costado (pleuresía), el asma, la bronquitis, accesos de tos y fiebre (Serrano 2003: 49-50).155 No sólo los obreros ligados íntimamente a la explotación complotaban contra los ambientes de trabajo; los ancianos, fuera de la edad de la mita, trabajaban en labores poco pesadas pero contaminadoras del aire; como por ejemplo, realizando la selección de los minerales (palleo) y separándolos, con ayuda de combos de la caja, en las canchaminas y botando las colas al desmonte al píe de ellas.
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“Por la clase de trabajo manual extendido a casi todos los procesos productivos [en la minería y la meta-lurgia], las contusiones y heridas en diversas partes del cuerpo de los afectados eran cuadros rutinarios” . En: Serrano 2003: 51. 155 El efecto contaminante de la pólvora negra de mina resultaba de su propia composición química: 20 a 15 partes en peso de azufre mezclado con 60 a 70 partes de salitre y 20 a 15 de carbón. Se la fabricaba en Lípez para abastecer a toda Charcas. En: Serrano 1998a: 137.

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3.2.3.- En el tratamiento Aquí nos referimos al proceso de amalgamación en los “cajones” con ayuda del azogue o mer-curio (argentum vivum), que revolucionó la minería potosina ya que era muy apta para tratar minerales de plata de baja ley (<20 kg/t).156 En la trituración-molienda-clasificación de las menas argentíferas se originaba mucho polvo, porque se realizaba estas operaciones en seco. Al parecer éste no fue un gran problema ambiental durante el resto del siglo XVI, ya que dibujos de la época nos muestran que estas labores eran efectuadas al aire libre. En los siglos siguientes estas operaciones empezaron a efectuarse en ambientes cerrados, como lo documentan los restos de estuco que se encuentran en las ruinas actuales. Por lo tanto, hemos de convenir que el término “mata gentes”, para nombrar estos locales, no era solamente una alusión humorística.157 Cada cedazo, estaba equipado con un embudo, para bajar el mineral triturado. Esto producía tanto polvo, que los trabajadores tenían que cubrirse la boca y la nariz, con algodón o con lana; y utilizaban una máscara de cuero sobre sus bocas, para evitar la entrada de polvo a sus pulmones. La capacidad de la clasificación, era de 1.3 toneladas al día (día y noche); la cantidad de polvo producida y perdida era alta, cuando el cedazo se movía de adelante a atrás, por el encargado de efectuar esta operación (Cobb 1977: 92). Si las menas contenían sulfosales (sulfuros de plata conteniendo antimonio y arsénico; denomi-nados negrillos y mulatos),158 se procedía a efectuar la tostación con el objeto de eliminar el azufre como dióxido, que es un fuerte contaminante del medio ambiente (responsable de la lluvia ácida) y principalmente de la salud no sólo de los trabajadores, sino también de la pobla-ción que vivía aledaña a la Ribera, situada en pleno dentro de la villa y que por este motivo congregaba a una gran cantidad, compuesta de individuos de toda nacionalidad, edad y sexo. La tostación se la realizaba en hornos o ramadas rústicas y los gases sulfurosos iban o eran evacuados directamente a la atmósfera (Serrano 2003: 50). Otra forma de contaminar el ambiente surgió cuando se introdujeron los “buitrones”. En otras palabras, se pasó de la amalgamación en frío a la con calor. Al parecer, a principios del siglo XVII desaparecieron los buitrones; sin embargo, sus ventajas no opacaban sus desventajas (alto costo del combustible, escaso por cierto en las alturas de Potosí). La siguiente operación consistía en lavar el material amalgamado (lo cual nos vamos a referir en 3.3.3).
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Podemos afirmar, que entre el mes de enero y febrero de 1572 se marca el inicio de este tipo de contamina-ción (del aire, de los ríos y de los suelos) por el empleo del azogue o mercurio y que durará hasta fines del siglo XIX, ¡más de tres centurias! 157 “Para evitar la inhalación de polvos, los indígenas empleaban pedazos de tela colocados a la altura de la nariz y la boca. La coca masticada por ellos servía también como un filtro (...). A pesa de ello, estas primitivas fuentes de protección no fueron suficientes para prevenir el riesgo de enfermedades y de patologías laborales”. En: Serrano 2003: 50. 158 Negrillo. “Minerales de plata cupríferos, muy oscuros. Minerales muy complejos de sulfaarseniatos [sulfoarseniuros] y sulfantomoniatos [sulfoantimoniuros] en los cuales predomina la plata. Los negrillos son: acerado, cochizo, chumbe, rosicler, (...). Sulfuros de plata. De los metales [minerales] de vetas el último es el metal [mineral] negrillo y el que más profundo está en ellas, por lo cual viene a ser metal [mineral] cudrio de mucha maleza y así muy dificultoso de beneficiar”. En: Langue/Salazar-Soler 1993: 385. Mulatos. “Mineral de plata de colores oscuros, hasta verde de cobre. Son minerales con predominio de sulfuros, y forman una transición a oxi-sulfuros (...). Son simples sulfuros que se presentan debajo de los pacos y encima de los negrillos”. En: Langue/Salazar-Soler 1993: 383.

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Lo más trágico, dadas las condiciones climatológicas de Potosí, sin duda constituyó el hecho de que los minerales molidos en forma de una turbia espesa, en muchos casos para ayudar a la amalgamación eran mezclados directamente con los pies. El mercurio y la plata (la pella) se separaban en forma mecánica empleando pedazos de tela para exprimirla; además, existía otra forma de separarlos y así surgían las piñas, llamadas así por la forma que adquirían. No obs-tante, la piña seguía conteniendo plata con restos de azogue, y por esto se la llevaba a la desa-zogadera, una especie de horno donde se lo volatilizaba y se obtenía gases de mercurio que, al ser enfriados se condensaban en metal líquido que era recir-culado. A pesar de los cuidados que se ponía en sellar los hornos, es comprensible imaginarse fugas de gas mercurial que daba lugar a enfermedades nerviosas y afecciones a la dentadura. El hidrargirismo o envenenamiento con el mercurio no puede estar fuera de estas consideraciones (Serrano 2003: 51).159 Al respecto vale un comentario de un gobernador de Potosí, Ventura de Santelices, quien retrata dramaticamente su clima y sus problemas ambientales, sostenía: “no obstante la suma seque-dad, es muy reparable la niebla o nube espesa que se forma en la atmósfera sobre la Villa y se descubre claramente en cualquier noche serena, y de luna, esto sin duda [proviene] de vapores y exalaciones venenosas [de] muchas partes: de los cuerpos de anima-les muertos, de basurales, y otras inmundicias, del polvo sutil de los metales [minerales] y del humo del azogue en la quema y requema de las piñas, de manera que pasan de 250 libras [115 kilogramos] de azogue que anualmente se van en humo en dichas operaciones. Esta multifaria mezcla de tan malos vapores y exalaciones no puede ser saludable (...)” (Inch 2002: 1). Si bien se hace notar el efecto negativo del trabajo con el contaminante mercurio y de otras causales como el envenenamiento, no se dice una palabra de cómo evitarlo y mitigarlo o de cómo curar a los “azogados”. 3.2.4.- Sanidad ambiental En lo que respecta a este tema encontramos un Acuerdo del Cabildo, contra el mal olor que causaba el “matadero de carnes”, porque ordenaba su traslado junto a un arroyo cerca de la ranchería de los Carangas.160 “En este cabildo se trató (...) a causa de que los indios que residen en esta Villa tienen muchas carnicerías matando en ellas mucha suma e cantidad de carneros de la tierra gordos e muy buenos para el trabajo, y si en ello no se pusiese remedio, vendría a faltar el dicho ganado que es medio para bajar los metales [minerales] del Cerro a los ingenios (...) los indios no maten ni pueden matar carneros de la tierra [llamas] (...) so pena (...) a los indios de que se les den cien azotes y los trasquilen (...)”.161 3.3.- Contaminación del agua Se considera al elemento vital, contaminado: cuando no es apto para el consumo humano, cuando los animales acuáticos no pueden vivir en él, cuando por la presencia de impurezas hacen desagradable o dañino su uso recreativo y, por último, cuando no puede destinarse a aplicación industrial alguna. De diversa manera es alterada la composición de los agentes contaminantes; por
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“El empleo del mercurio, (...), para la extracción de la plata por el método de amalgamación, sembraba graves envenenamientos mercuriales unas veces y otras alteraciones lentas como la caída del cabello y de los dientes, y un temblor análogo a la parálisis agitante. Este temblor era típico del mercurismo, en los llamados ‘azogados’ que arrastraban su larga miseria fisiológica pidiendo limosna en las ciudades”. En: Otero 1975: 89. 160 ANB Minas SG 109, Potosí 1568. 161 ANB Minas SG 245, Potosí 1587; ANB Minas SG 334b, Potosí 1593.

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lo general, relacionados con sustancias que son vertidas como residuos de las fábricas, a los ríos (Hispánica 1992, IV: 266). Para el caso potosino apuntamos cuatro fuentes de contaminación del agua: la proveniente de las minas, la debida al consumo doméstico, la que se tiene como resultado del procesamiento y por efecto de la gran catástrofe hidráulica de la laguna de San Ildefonso. 3.3.1.- Proveniente de las minas En el caso de la industria minera potosina, las aguas de las minas del Cerro eran y son denominadas en la jerga de los trabajadores: “aguas de copajira”. Estas, contenían sales disueltas, de: cobre, hierro, etc.; con un valor de pH ácido y eran vertidas al río Suco Mayu (que se junta con la Ribera). Su origen se debe a lluvias, granizadas y nevadas (fenómenos naturales). 3.3.2.- Debida al consumo doméstico Gran parte del agua almacenada en el sistema hidráulico (5 a 6 millones de toneladas) se destinaba a labores industriales y sólo una pequeña parte (un millón de toneladas) se empleaba en el uso doméstico: para la preparación de las comidas, el aseo personal y el lavado de la ropa. Estas tres fuentes contaminantes no fueron ni sospechadas por aquellos tiempos. Poco sabemos de las prácticas de aseo corporal de españoles e indígenas. Eso sí, nos enteramos de la utilización de los rebalses de las aguas de las lagunas; más propiamente que el arroyo de Agua de Castilla servía también para el lavado de ropa y hábitos religiosos. Este trabajo se efectuaba en unas bateas de piedra, existentes en ese lugar (Serrano/Peláez 1997: 58). Un rebalse de San Ildefonso, por detrás de la parroquia de San Roque, en las afueras, era denominado por los naturales Cusimayu (río del Contento), el cual era visitado por un multitud de mujeres que lavaban ropa, especialmente entre los meses de enero hasta abril (Arzáns 1965, I: 163). Los desechos de la limpieza corporal y del lavado de la ropa de parte de la población, eran vertidos directamente a la calle o en los interiores de las viviendas junto con orines y aguas servidas.162 La tenencia de servicios, como: agua en las pilas de las viviendas, era nula; pues ya sabemos que en la villa existían pilas públicas de donde los vecinos se proveían. Las casas del centro podían tener agua para beber, de las vertientes o lugares conocidos, y para otros usos utilizaban sus pozos. No existen evidencias concretas sobre que todas las rancherías hayan tenido agua para el consumo humano y otras necesidades. Lo propio podemos decir de los desagües del alcantarillado. Sin embargo, ésta no es la única forma de contaminación del agua. 163 Otra causa indicada, fue que “las Indias delas rancherías laban con el Agua de dicha cañería toda quanta porquería tienen en sus casas y ranchos de que es mui factible que por esta Infeczión rresulte Peste en la rrepublica y
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Esta práctica perduró hasta el siglo XX y perdura en pleno XXI en los barrios marginales. La poca existencia de detergentes y jabones no significa la no presencia de grasas en la cocina. 163 En un informe pericial se hacía notar la necesidad de efectuar el mantenimiento de las cañerías o conductos o acequias para el agua empleada en el uso doméstico, ya que ellos no estaban enterrados profundamente; lo que contribuía a su deterioro; y por otra parte, estaba siendo contaminada por la basura de las calles debido a infiltraciones, con lo cual llegaba incluso a tener un sabor inmundo y mal sabor. En: Serrano/Peláez 1997: 38.

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que por lo qual tienen por mui util u conbeniente se haga cañería nueba en la forma que tiene pedido el cañero por la petición antecedente”.164 3.3.3.- Como resultado del procesamiento No sin exageración podemos afirmar que, en el beneficio que se llevaba a cabo en los ingenios de procesamiento, al haberse cambiado la tecnología a partir de 1572 con la introducción del método de amalgamación de cajones, se aumentó la contaminación de las aguas, de varias maneras: por el vertido de las colas del tratamiento o beneficio de los minerales (se trata de sólidos en suspensión muy perjudiciales) y por el vertido de azogue empleado en la amalgama-ción junto a los otros insumos químicos. En ambos casos, estos residuos tóxicos o no son los responsables de la contaminación de la cuenca del río Pilcomayo. En 1609, existían formas de lavar el material amalgamado en los cajones. Una consistía en echar los “relaves” por una canaleta; y la otra, en “tinar los relaves”. La tina servía en los ingenios para lavar el mineral después de ser amalgamado; o sea, para separar la plata del mercurio y de las colas. Se construían de tal manera que estaban enterradas unos 40 centímetros en el suelo (no podían moverse). Constaban de un molinete a manera de rodezno y eran accionadas en forma manual por dos naturales, quienes removían el material con ayuda de agua. Otras tinas más desarrolladas eran accionadas por el rebalse de las ruedas hidráulicas, y esta operación era denominada lavadero. Después de hacer correr el agua por el chiflón hasta la rueda, y antes de llegar al suelo, la recogían en un “artesón” exprofesamente instalado y hacía donde corría el agua que era utilizada en el lavadero. Consiguientemente, el agua era aprove-chada dos veces antes que acabara de caer (Llanos 1983 [1609]: 9-10). El efecto contaminante del azogue es desconocido; y solamente los azogueros se quejaban de sus pérdidas (por el costo y no otro motivo), las cuales variaron en relación con el tiempo; ya que la cantidad de azogue empleada era dependiente de la ley de cabeza de las menas a ser tratadas, de su composición o mineralogía y de otros factores.165 Recalcamos que, parte de los materiales lamosos del lavado, junto a los diversos reactivos como de la sal, de la cal, de los magistrales (cobre, hierro, plomo y estaño) y el propio azogue iban a parar a la Ribera; y hasta ahora no se han estudiado sus consecuencias hacia la vida animal y vegetal o sea de la biodiversidad; pero, no directamente en Potosí, sino, por ejemplo, en su desembocadura: en el río de la Plata, donde ha creado hoy un problema internacional. No perdamos de vista que la contaminación de ríos debida al uso del mercurio se extendió a las afueras de la villa; ya que los primeros lugares industriales fueron: Chalviri, Tarapaya, el Mataca y Chaquí; para luego trasladarse al centro del poblado (la Ribera), recién en 1577.166

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Archivo Casa de la Moneda de Potosí. Cabildo Gobierno Intendencia CGI 123, Acta del 14 de abril de 1704, f. 122. 165 Por ejemplo: en 1587, por cada 46 kilogramos (un quintal) se debía agregar 2.8 kilogramos de mercurio. En: Bargalló 1955: 146. Y en 1609, a un cajón (2.3 toneladas) se le añadía 46 kilogramos de mercurio. En: Lla-nos 1983 [1609]: 69. 166 La Ribera se empezó a construir en diciembre de 1574 y fue inaugurada en marzo de 1577. En: Gioda/Serra-no 1999: 43.

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Aquí vale la pena detenerse y reflexionar sobre las cantidades de compuestos químicos emplea-dos en la amalgamación. Juan Alcalá Amurrio, en su “Directorio del beneficio del azogue en los metales de plata” (escrita en 1691), detalla dos formas de amalgamar: el beneficio de azogue suelto, y el beneficio de azogue con estaño.167 Ambas, para minerales pacos;168 el prime-ro, para menas que contenían principalmente argentita (Ag2S); mientras que el segundo, se aplicaba para menas donde la cerargirita (AgCl) predominaba. En el primer método, el día uno a un cajón (con 2 300 kilogramos), se le echaba 230-276 kilogramos de sal y luego agua para formar una masa. El mercurio se añadía de acuerdo con la ley de plata. El primer día del proce-so con estaño, se echaba 230-276 kilogramos de sal a la mena y luego agua para formar una masa. Después se preparaba una mezcla conteniendo 460 gramos de estaño con una cantidad de azogue, según la ley del mineral (Amurrio 1691: 37-58). Las plantas amalgamadoras en el siglo XVIII funcionaban con bajos parámetros técnicos. Un par de datos importantes podemos darlos y serían: la recuperación no era superior a 60%; y para 1790 se registró una pérdida promedio de 1.6 kilogramos de mercurio por cajón, el cual junto con las colas iba a parar al río de la Ribera (Serrano 1994b: 6). En 1790, la capacidad de la planta Dolores era de 138 toneladas por mes. Se efectuaba una lava semanal de 15 cajones con 290 kilogramos de mercurio en total; de éstas se perdía en pro-medio 36 kilogramos. El trabajo empezaba colocando el material molido y cribado en montones de medio cajón cada uno. Luego se añadía 209 kilogramos de sal por cajón, se agregaba plomo metálico a razón de 460 gramos por cajón y se dejaba reposar después de mezclar todo bien. Se añadía el mercurio en la proporción de 7.4 kilogramos por cajón y se procedía a los repasos. Además, el azoguero, al final de la amalgamación, añadía 9.2 kilogramos por cajón de azogue y a esto se denominaba baño. La cal se empleaba según el parecer del azoguero. Así se producía 76.5 kilogramos de plata al mes (Serrano/Peláez/Bouso 1996: 65-66). A propósito de las colas: hemos podido estimar la capacidad de tratamiento instalada sólo en la Ribera de Ingenios. Así el año 1633, después de la catástrofe hidráulica, existían 81 ingenios de agua (con 109 cabezas) y a pesar de que en ese año sólo un 63% de los ingenios estaban operando, se trataba unas 320 toneladas al día (más o menos 9 600 al mes) o cerca de 115 000 toneladas anualmente. Gran parte de este tonelaje lo constituían las colas arrojadas al río de la Ribera, ya que eran materiales finos resultantes del proceso (Serrano/Peláez/Bouso 1996: 66). 3.3.4.- El efecto de la gran catástrofe hidráulica En este acápite, es bueno referirse a la catástrofe hidráulica del domingo 15 de marzo de 1626. La reserva de agua de la laguna de San Ildefonso (del Rey, a 4 410 metros de altura), se derramó sobre la Villa Imperial. “Según algunos testigos, de 122 cabezas de ingenio instaladas en Potosí y Tarapaya menos de la mitad resistieron las oleadas. Parte de la ciudad, a unos dos kilómetros aguas abajo del embalse, quedó bajo el agua; 360 casas de españoles y 800
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Se trata de un manuscrito gentilmente enviado por Fernando Baptista G. Pacos. “Minerales de aspecto terroso o compacto, más o menos colorados, amarillentos o pardos, que contienen distintos minerales de plomo, cobre y plata (...). Minerales de una apariencia terrosa que (...) consisten en una composición íntima de partículas casi imperceptibles de plata nativa con el óxido de bruto de hierro ”.En: Langue/Salazar-Soler 1993: 422.

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ranchos de indígenas fueron destruidos (...). A esto se agrega una fuerte contaminación ambiental por la cantidad de mercurio, plata pura, sal, sulfato de cobre, cal, hierro, estaño, plomo, de minerales a ser tratados y colas o ganga que se llevaron las aguas exclusivamente de las instalaciones amalgamadoras, a lo largo de la Ribera” (Serrano/Gioda 1999: 79; Gioda/Serrano/Forenza 2002: 165; Gioda/Serrano 2000: 60).169 Podemos hacer referencia al efecto contaminante del agua, que ya estuvo azotada durante muchos años previos a la catástrofe, con el vertido de los insumos de la amalgamación ya indicados. El mercurio en existencia y el distribuido en casi una década, para los años 16171626, hacía un total de 1 897 toneladas para el primero y 1 862 toneladas para el segundo. Obtenemos de este dato el promedio anual de 207 toneladas, lo que nos da un consumo diario de más de media tonelada.170 Si tomamos 252 toneladas distribuidos en el año de la catástrofe, consiguientemente, el consumo diario subiría a 690 kilogramos (Serrano/Gioda 1999: 109).171 Por otro lado, como no sabemos exactamente cuántas eran las instalaciones o cabezas de ingenio y tampoco cuántos propietarios o administradores fueron afectados por el desastre, nos contentamos sólo con especular sobre la cantidad perdida de azogue de los cajones, tinas y depósitos (mercurio de reserva), el día de la riada; es decir, se tratarían de 19.3 toneladas del metal líquido (Serrano/Gioda 1999: 109).172 No cabe duda, que la cantidad de azogue fue altísi-ma (concentración, 48 mg/l Hg), considerando la capacidad de almacenamiento de la laguna afectada de 400 000 toneladas de agua y que se derramó en dos horas con un caudal de 60 m³/s (Gioda/Serrano/Forenza 2002: 165-166, 169). La cantidad de azogue perdido parece alta, frente a la cantidad de plata producida, pero esto significa que las pérdidas de mercurio en el proceso de amalgamación y por fuga de las desazogaderas ya contaminaban cada día el medio ambiente potosino: el río de la Ribera y sus alrededores.173 Este tipo de alteración medio ambiental puede, sin lugar a dudas, ser calificada hoy en día como uno de los “desastres ecológicos”, del período colonial, y uno de los mayores de todos los tiempos y sólo comparable con la actual contaminación de la Ribera; debida, primero al tratamiento mediante concentración gravimétrica de las menas estañíferas y, años más tarde, mediante la flotación de sulfuros de plata-zinc (con el uso de muchos reactivos químicos, algunos muy tóxicos, como los colectores, espumantes, activadores, depresores y reguladores del medio) (Gioda/Serrano/Forenza 2002: 165, 169). 3.4.- Contaminación de los suelos Debido a su contaminación existen serias amenazas para la agricultura, como: la gran pérdida de suelos o de la cobertura superficial, dando lugar a su erosión y desertificación. Debemos
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“Dos factores explican la magnitud de la catástrofe: la fragilidad de las construcciones potosinas y la superpoblación a lo largo de la Ribera”. En: Gioda/Serrano 2000: 60. 170 Carta del 30 de mayo de 1652. Archivo General de Indias, Charcas 21. 171 Entre 1627-30 se entregó del almacén real a más o menos 150 personas, muchos de ellos conocidos azogue-ros, el mercurio sujeto a gravamen de los cuatro pesos; o sea, la cantidad aproximada de 608 toneladas; esto significa unos 413 kilogramos por día. En: Serrano/Gioda 1999: 109. 172 El año de 1626 se distribuyó casi 19.3 toneladas más que es la diferencia entre el valor del mercurio distri-buido y el promedio de la década predecesora; y esa podría haber sido la cantidad total perdida (el mercurio de los depósitos o sea la reserva ). En: Serrano/Gioda 1999: 109; Gioda/Serrano/Forenza 2002: 165, 169. 173 El día de la gran catástrofe fueron arrastradas por el agua: mercurio junto a los otros insumos, casas, ranchos, ruedas hidráulicas, ejes, basura, etc.

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mencionar el fenómeno conocido como lluvia ácida. “Se trata de un proceso de depósito de gases tóxicos suspendidos en la atmósfera y que son arrastrados a la tierra por las precipi-taciones” (Hispánica 1992, IV: 266). Nos vamos a detener a presentar información que podría hacer confundir al lector, de no interpretársela en forma correcta. Mucha fantasía existe en algunas leyendas sobre el descubrimiento del Cerro Rico. Una, la de Wallpa, en su declaración antes de morir ante un clérigo y que vale la pena reproducirla:174 “He querido decir esta particularidad, porque hoy no se hallará en toda la redondez del cerro ni en todo el poblado de Potosí un árbol ni apenas otra cosa que le parezca, por estar ya muy trillado ansí de indios como de españoles” (Subieta 1913: 15). Desertificación si hubo como resultado del empleo de especies nativas existentes en el Cerro y sus alrededores como combustible;175 y como ya lo hemos visto, fueron utilizadas en distintas épocas y para distintas fases del procesamiento de las menas argentíferas (ejemplo: la fundición y tostación). Y otra del desaparecido Arduz, citando un manuscrito anónimo titulado “La Villa Imperial de Potosí-1603”, nos hace conocer aspectos sobre la fabulosa Montaña de Plata y que: estaba “poblado de unos árboles que llaman quinca, de cuya madera se fabricaron las primeras casas de este asiento y había gran cantidad de vicuñas, huanacos y vizcachas, como también vena-dos de asta. Hoy ni la yerba se halla en el Cerro, ni aún donde pudiesen hallar raíces los ár-boles, que es lo que más espanta, porque todo él es un pedrisco suelto (...)” (Arduz 1985: 81). A principios del siglo XVII fue tan trabajada y removida la cumbre del cerro, que en menor grado ya perfilaba el aspecto que hoy tiene. En este caso no aceptamos la pérdida de la cober-tura superficial y que por ese motivo desapareció sobre todo su flora y fauna (la biodiversidad en el cerro); pues, la fauna pudo ser espantada, ya que hoy en día todavía se observa la presencia de vizcachas y existen asimismo algunas formas o especies de flora. Ahora, unas palabras para referirnos a la etapa del lavado, después de la amalgamación, donde de alguna manera había un contacto directo trabajador-agua y que era causante de males como el reumatismo o la artritis. Esta etapa desde el punto de vista ecológico tuvo y tiene sus consecuencias. Las lamas o materiales finísimos impermeabilizan los terrenos y ocasionan problemas al agro por la mala calidad de los suelos. Respecto a la gestión urbana: la basura y el saneamiento básico, podemos dar unas pinceladas. No nos hemos referido al desorden que presentaba el nuevo poblado, tal cual ha quedado testimoniado en el grabado de Pedro Cieza de León. Juan de Matienzo, fue uno de los pocos en anotar los problemas de los migrantes o sea los suscitados por la población y la necesidad de separar las rancherías de los indios de la de los españoles; del reordenamiento urbano de ésta, dándole el trazado de cuadras, cada una con sus cuatro solares, con calles “anchas” y la plaza en medio. Llama la atención que los cronistas no mencionen sus problemas sanitarios. No es de extrañar -ya que ni Madrid lo poseía-, la falta de
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Wallpa, comentó que en la cumbre, en esos tiempos, había como 10-12 arbustos de kehuiña (polilepsis inca-na) (o queuña o quewña) y mostró un palo grueso que tenía en su vivienda. Para el confesor esto era extraor-dinario. En: Subieta 1913: 15. 175 Ellas fueron: la kehuiña (polilepsis incana), el ichu (stipa pungens) (paja brava), la tola (lepidophyllun quadrangulare), la yareta (azorella yareta o azorella glabra) (diarita o timillo) y yaretilla (pyenophylium).

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alcantarillado y; a pesar de correr el río de la Ribera por el poblado. Éste no fue empleado para arrastrar las aguas servidas y sólo el frío pudo contrarrestar la falta de higiene de sus pobladores (Abecia 1988: 22).176 Un tema tratado por diversos cronistas viajeros y otros, se refiere a la falta de limpieza de las plazas, calles, callejones, canchas y mercados. Se culpaba de esta situación a los indígenas que no tenían donde dormir y lo hacían en las calles y plazas, dejándolas muy sucias.177 Para mejorar la imagen de la Villa, Toledo dispuso la apertura y el empedrado de las calles. Hay muchas críticas a la tarea de empedrar calles y plazuelas, ya que éste era desigual y colo-cado “sin arte”. Los rodados de piedra empleados en esta tarea hacían demasiado moles-toso el caminar y ofrecían dificultades para el trajín de animales y carruajes. Con seguridad que entre las piedras se juntaban: basura, aguas sucias y estancadas, y, sobre todo, la orina y las heces fecales de tanto animal existente y empleado para todo tipo de actividades de una villa pujante. No debemos pasar por alto, otro problema: el de los residuos orgánicos de los estantes. Las casas de los españoles con seguridad contaban con un corral para estos desperdicios. En las rancherías se empleaba los lugares aledaños para que sus habitantes realizaran sus necesidades corporales. No obstante, lugares cercanos a San Lorenzo, ya en los escritos, aparecen desig-nados como “muladares” y, entonces, debemos entender que eran los lugares donde además de basura se juntaban excrementos de personas y animales. Todo esto conducía a la formación de focos de infección que las autoridades observaban a diario y hacían poco para eliminarlos. Otro problema sanitario constituyeron los desechos sólidos. La basura era arrojada en las noches a las angostas calles y eventualmente era recogida por los indios de trajines para de igual manera echarla en las afueras de la Villa. Lo propio sucedía con las aguas del lavado corporal y de la ropa, que era arrojada sin contemplación por los vecinos desde sus ventanas y puertas directamente a las calles y callejones, para juntarse con los excrementos de cuanto animal circulaba por sus poco rectas y tortuosas callejuelas (Abecia 1988: 22). Estos son, y no los únicos, contribuyentes a la contaminación de los suelos que hoy en día lamentamos; y que se remonta a los primeros días del Asiento Minero de Potosí, luego Villa Imperial.178 Debido al intenso comercio de animales, cargando: los minerales rumbo a los ingenios, los abastecimientos de víveres, sal, carbón, leña y toda clase de mercaderías, era inmensa la canti-dad de basura originada. Muchos vecinos reclamaban a los miembros del Cabildo que dichos animales que venían, salgan del poblado llevando 34 a 46 kilogramos de basura hacia otros lugares.179

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Para mediados del siglo XVIII (en el plano de Pedro de Tagle) figura el trazado de cuadras en el centro de la Villa destacándose entre otras, por los personajes que en ella vivían o por la actividad; se destacan algunas plazas y plazuelas, hay pocas calles nombradas y aparecen diversas rancherías sin nombre. Tagle hizo construir el sistema de aprovisionamiento de agua para la flamante ceca. En el plano existente de 1772 se ve, con línea de puntos, parte del sistema de alcantarillado de la Villa y que presumimos iba a parar al río de la Ribera. En: Serrano/Peláez 1997: 39. 177 Se alude a las “siete vueltas”, como una calle angosta, por estar siempre “inundada de inmundicia”; y se exigía que las autoridades hagan efectivas las providencias de policía, para que los estantes se vayan acostumbrando al aseo, véase Cañete (1939 [1791]: 132). 178 Algunas anécdotas se cuentan sobre la gran inundación que ya hemos tratado. Así, se menciona que el primi-tivo convento y templo de los franciscanos se salvó de ser arrasado; ya que un tremendo basural existente delante del mismo dividió en dos brazos la riada, quedando sus dependencias al medio, como en una isla. 179 “Así quedaría el pueblo purgado de esta inmunda vecindad y el campo mantendría inalterable su super-ficie, lográndose además un gran espacio de terreno que podía venderse o repartirse para sementeras de cebada y de otras hierbas útiles al comercio y provisión de la Villa”. En: Cañete 1939 [1791]: 150.

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Esta idea de arrojar la basura en sus afueras y no en un botadero sanitario originó que “se han ido formando unos cerros que casi igualan [la altura de] los edificios más altos de la Villa. Cuatro cuadras de la plaza, junto a San Lorenzo, al Norte, hay un basural que casi tapa el mojinete del templo; en San Martín, San Francisco y otras partes se encuentran otros tantos montones tan crecidos que parecen cerros” (Cañete 1939 [1791]: 134-135). Lo anterior de-muestra que por resolver un problema se creaba otro y que a la larga, hasta nuestros días adquieren características de irresoluble: la contaminación de suelos, la ambiental y de los ríos (gracias a la basura). 3.5.- Contaminación por ruido “Una forma particular de contaminación es la del ruido, que se produce cuando alguien o algo emite un sonido no deseado” (Hispánica 1992, IV: 266). La mano de obra coaccionada constituía un problema en la vida cotidiana del poblado y motivo de preocupación para su Cabildo, ya que ella era proclive e iniciadora de la contaminación sonora (ruido), ya que los fines de semana, los que estaban de turno o mita, 180 en su tiempo libre la pasaban bebiendo y peleando; y los otros, que estaban en su turno de descanso, también tomaban a toda hora y estaban causando siempre disturbios. Por este motivo en 1552, existía la prohibición o “ley seca” para los naturales; salvo el domingo, que podían hacerlo sin el acom-pañamiento de sus tambores. Esta disposición no sólo se promulgó porque la gente era bulliciosa y peleadora cuando se desenfrenaba gracias al alcohol, sino que gastando su poco dinero en la semana no estaría disponible para su alimentación, lo que lo exponía a ciertas enfermedades y, una vez enfermos, era casi imposible curarlos (Cobb 1977: 28). No se puede descartar las dolencias de oído de los mortiris, por el ruido ocasionado por los mazos-almadanetas de cobre o hierro de las instalaciones de pisones al golpear los pedazos de mineral contra el morterado. No sólo se producía ruido en las instalaciones hidráulicas, sino cuando se empleaban otras formas de reducir el tamaño de las menas. Mayor contaminación acústica sin duda alguna se presentaba dentro de las minas, afectando a los trabajadores. Ocaña comenta: “Yo entré por el socavón de Juan Ortiz a ver estas minas, para poder escribir esto que escribo, hasta que no pude pasar adelante por la estrechez del lugar y por los hábitos que llevaba; donde miraba a una parte y a otra y veía tantas luces y oía tantos golpes, que me pareció que estaba en el infierno” (Ocaña 1969 [1601]: 147).181 3.6.- Efectos generales de la contaminación “Los agentes contaminantes dañan todos los tejidos orgánicos animales, pero sobre todo aquellos que pertenecen al sistema nervioso y al aparato respiratorio. Causan enfermedades respiratorias (bronquitis, laringitis, asma, etc. y trastornos neurológicos (mareos, dolores de cabeza y otros), manifestaciones cancerígenas e incluso alteraciones genéticas.
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“Dadas las condiciones del trabajo forzado y la mala alimentación, las afecciones estomacales o las enfermedades gastro-intestinales, males hepáticas (derivadas del consumo excesivo de la chicha), enfer-medades reumáticas, males hematológicos y otras, no pueden ser descartadas”. En: Serrano 2003: 51. 181 Ocaña narra el trabajo en interior mina como “un retrato del infierno entrar dentro, porque ver tantas cuevas y tan hondas, y tantas luces por tan diversas partes, y oír tantos golpes de los que están barre-teando, es cosa que pierde el hombre el tino y aun el sentido”. En: Ocaña 1969 [1601]: 147.

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Sobre el medio, la principal acción de los agentes contaminantes se traduce en lluvias ácidas o radioactivas, destrucción de las capas altas de la atmósfera [capa de ozono] (que protegen la vida terrestre de las radiaciones solares perjudiciales), aumento gradual de la tempera-tura del planeta, desarrollo de organismos patógenos (virus o bacterias), etc.” (Hispánica 1992, IV: 267). El anterior comentario, muy de nuestra época, tiene sus raíces en los diversos elementos contaminadores del medio ambiente que se remontan en nuestro caso particular a la época virreinal y, salvo excepciones como la contaminación luminosa y radioactiva, el resto sí estuvo presente acompañando del brazo a la actividad minero-metalúrgica. El estado de salubridad de los estantes de la Villa Imperial y el medio ambiente fueron por este motivo tremendamente afectados y quedaron sus efectos marcados hasta el presente. Tal es el caso de la contaminación del río de la Ribera. Con el paso del tiempo sabemos que en Potosí la tecnología y la organización del trabajo fueron extremadamente retrasadas. Podemos resumir de todo lo anterior que, los trabajadores en las minas, ingenios y fundidoras estaban propensos a contraer diversas enfermedades o males. Dadas las condiciones del trabajo y la mala alimentación, las afecciones estomacales no pueden ser descartadas. Por la clase de trabajo manual extendido a todos los procesos productivos, las contusiones y heridas en diversas partes del cuerpo u órganos de los afectados eran cuadros rutinarios. No cabe duda alguna que, las pérdidas reportadas de mercurio en forma líquida o de gases, fueron elevadas durante las dos centurias y media de empleo de la amalgamación, sólo durante la Colonia. A ello podemos añadir otras tres décadas para contabilizar el inicio de la contaminación sólo debida a la actividad minera, caracterizada por ser depredadora. Estamos seguros que el conocimiento de los orígenes de la contaminación en el período colonial, sirve para la solución del problema en la actualidad: el saneamiento ambiental. Es necesario reconocer que todos los ciudadanos de la Villa Imperial fueron y somos responsables del mismo, y debemos cooperar con su solución. 3.7. Comentarios al capítulo Podemos asegurar que, todas las formas de contaminación (del aire, del agua, de los suelos y del ruido) nacieron primero en Potosí y sus alrededores, a partir de 1544 y a medida que otros centros mineros entraron en actividad. Tanto los procesos de la explotación, del tratamiento y de la fundición, condujeron al deterioro del medio ambiente, afectaron la biodiversidad y la propia salud de los trabajadores. Podemos afirmar, generalizando, que lo que pasó en Potosí, se dio en otros centros y asientos mineros; ya que en ellos la contaminación ambiental se presentó en igual o menor grado.

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4.- EL INFORME PENTLAND (siglo XIX) Un punto de vista nada despreciable para analizar el estado de la actividad minerometalúrgica de la naciente República de Bolivia, constituye el “Report on Bolivia” o “Informe sobre Boli-via”, escrito en 1827, por el irlandés Joseph Barclay Pentland;182 para cumplir, entre otros obje-tivos, con la confección de un mapa geográfico de las provincias, amén del examen geológico del joven país; además de una relación del número y capacidad de las minas, con miras a la posible introducción de tecnología y de capital británico, para trabajarlas en su provecho. El general Simón Bolívar, estaba de acuerdo con el viaje del investigador, en un periplo que fue realizado durante siete meses (de septiembre de 1826 hasta abril de 1827) a lomo de mula, recorriendo alrededor de 3 200 kilómetros, especialmente de la región occidental (en este orden; los departamentos de: La Paz, Oruro, Potosí, Chuquisaca y Cochabamba), por ser el lu-gar de ubicación de los principales yacimientos, por orden de importancia, de: plata, oro, esta-ño y cobre. 4.1.- Yacimientos argentíferos En lo que respecta a la actividad minera en el Cerro Rico de Potosí, el viajero inglés primero hace una retrospectiva sobre la producción de plata desde el descubrimiento y el contrabando de ella; luego pasa a comentar el estado actual del yacimiento.183 Ya en la República, en 1827, sostiene que el número de habitantes de la ciudad apenas llegaba a nueve mil, y que la causa para ello era la crisis en las operaciones mineras en el Coloso de Plata, que antes empleaban a miles de personas. Por otro lado, algunos datos geológicos de su informe podemos rescatarlos. Así, la Montaña de Plata en su base estaba compuesta de estratos inclinados de pizarras en descomposición y de rocas cuarcíferas soportando una inmensa masa porfirítica piramidal, en la cual se sitúan exclusivamente sus menas metalíferas. Tres vetas principales, casi paralelas, la atraviesan: “la Veta del ‘Estaño’, que parece que fue la primera en descubrirse, situada en el lado N. O.; la Veta ‘Rica’ que atraviesa el centro de la montaña, pasando por su punto más alto; y la Veta ‘Tajo Polo’ en su declive sudoccidental. Además de estas tres Vetas principales hay varias otras menos regulares e importantes y en algunos lugares el total de la masa porfirítica está [diseminada con minerales metálicos] penetrada con substancias metálicas” (Pentland 1975 [1827]: 73).184
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Pentland, nació en Irlanda, en 1797. Cursó estudios en la Universidad de París. Efectuó exploraciones de los Andes entre 1826 y 27, recorriendo la mayor parte de esta cordillera. Durante el transcurso de su viaje por Bolivia, la estudia determinando alturas y posiciones geográficas y analiza la producción de sus minas, entre otros temas. Murió en Londres, el 12 de julio de 1873. 183 “El distrito minero de Potosí, que de tanta celebridad [goza] dado el inmenso volúmen de plata que ha produ-cido, fue descubierto poco después de la conquista, por el año de 1545”. En: Pentland 1975 [1827]: 73. Res-pecto a la producción de todas las minas del Alto Perú (hoy Bolivia) durante el coloniaje, el irlandés estima, considerando la plata registrada y los impuestos cobrados sobre la misma en las Cajas Reales y la que fue enviada a Europa, “la enorme suma de: $ 1.614.045.538 dólares [pesos] o sea Lbrs. 322.809.102 esterlinas; formando una masa de plata pura que pesaría más de 46.000 toneladas”. En: Pentland 1975 [1827]: 89. El traductor del libro de Pentland, aclara: “por lo tanto, léanse DOLARES como PESOS corrientes de 8 reales, moneda de curso legal, en esa fecha, en Bolivia”. En: Pentland 1975 [1827]: 180. Y así se ha adoptado en este capítulo. 184 Al parecer, la relación de las primeras vetas sigue la siguiente cronología: “!544 Se descubren, en septiembre, las vetas Centeno y Rica, por el indio Guallpa. La Centeno, fue la primera en ser registrada: el 21 de abril de 1545 en Porco, por el capitán Juan de Villarroel; mientras que la hoy existente veta Rica, fue la primera en descubrirse. La primera bocamina en la veta Centeno, denominábase La Cueva”. En: Serrano 1996: 69. “1545 En abril, es descubierta por Juan Sánchez, la veta Estaño, y en agosto, por el muchacho Rodrigo de Bena-vente, la famosa veta, que pasó a la propiedad de Lope de Mendieta, y cuyo nombre [veta Mendieta] perdura”. En: Serrano 1996: 69. “1573 Nicolás del Benino, además, fuera de las cinco vetas originales [Centeno, Rica, Estaño, Mendieta y Oñate],

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Sobre la ubicación geográfica, nuestro informante comenta: “consiste en el Cerro o montaña de Potosí (Latitud 19º36'2'' S. [y longitud 65º12'45'' Oeste]), en cuya base norte está situada la ciudad a la cual ha dado su nombre. La altura del Cerro, dada por él, es de 4 901; metros, 845 sobre la Villa Imperial. Altura de la plaza 4 056 metros y en uno de sus suburbios 4 176 metros; latitud 19º34'15'' y longitud 65º15'45'' (Pentland 1975 [1827]: 59, 73).185 Pentland, ratifica el hecho de que al principio se trabajaron las vetas a tajo o cielo abierto, y pasado un tiempo se continuó el trabajo de explotación con operaciones regulares subterráneas (socavones, galerías, chimeneas y pozos), y que el número de minas creció rápidamente duran-te el siglo XVII y comienzos del siguiente, “las minas de Potosí, eran las más productivas del mundo conocido; su prosperidad permaneció casi estacionaria hasta el comienzo del siglo XIX” (Pentland 1975 [1827]: 73-74).186 El irlandés, critica que a comienzos de 1825, la empresa 'Potosí, La Paz and Peruvian Mining Association', conformada en Londres, “no haya dirigido su atención a un proyecto de esta naturaleza [continuar con el proyecto del Real Socavón],187 que solamente requería capital de operación, en lugar de gastar inmensas sumas en establecimientos extravagantes y en la compra de maquinaria totalmente inadecuada para la localidad, una gran parte de la cual no podría haber sido transportada desde la costa al interior del continente y aún llegando a su destino hubiera sido inadecuada para el objeto propuesto” (Pentland 1975 [1827]: 74-75). Respecto a que el Cerro estaba excavado en todas direcciones, no se equivoca en esa aseve-ración nuestro informante; pero no así en la afirmación de que en él se registraba la apertura de cerca de ocho mil minas. Un inventario moderno, realizado el año pasado, da un número apenas superior a 500 bocaminas. Su apreciación de que las labores “consisten en pozos estre-chos y tortuosas galerías trabajadas sin ningún sistema siguiendo los minerales donde se los puede encontrar, este número inmenso ha disminuido considerablemente; muchas se han derrumbado, otras han sido abandonadas, mientras varias permanecen inundadas sin que sus propietarios tengan los medios de extraer el agua”, no está alejada de la verdad (Pentland 1975 [1827]: 75). En enero de 1827, sólo seis minas estaban en actividad; y todavía existían en ellas minerales con una ley de cabeza
ya nombra el descubrimiento de ramificaciones; aunque sin especificaciones con-cretas. Por ejemplo: San Juan de la Pedrera, Lobato, Polo (posteriormente pudo dar lugar al filón Tajo Polo), de Xpoval [Cristóbal] López, Flamengas, de las Ciegas (al parecer la veta Rica), y otras de poca considera-ción”. En: Serrano 1996: 71. 185 Estos son los datos en el texto. Sin embargo, en el anexo aparecen ligeras discrepancias: para la altura de la plaza se da 4 067 metros y su latitud 19º34'20''; y para la altura del Cerro 4 901 metros y que no se determinó su latitud. En Pentland 1975 [1827]: 169. 186 La caída de la ley de alimentación (de cabeza) o el empobrecimiento en la calidad de los minerales argentíferos -si se quiere entender así el aumento de su complejidad-, con el paso del tiempo fue solucionado con mejoras en el proceso cerrarse metalúrgico el siglo (tratamiento XVIII, las mediante del cajones 

de de

amalgamación). generaban

Al un

minas

distrito

Potosí

ingreso anual de cerca de dos millones de pesos; abruptamente. En: Pentland 1975 [1827]: 74.
187

pero, a partir de 1809, sus

habitantes y los mineros-azogueros la fueron abandonando y la producción cayó Entre una de las consideraciones necesarias para mejorar la producción, Pentland planteaba seguir excavando el Gran Socavón (Real Socavón), y decía: "Llegará el día en que las minas de Potosí, alcanzarán su primitiva celebridad y un grado de importancia de ninguna manera inferior al de los distritos mineros más productivos del Nuevo Mundo". En: Pentland 1975 [1827]: 77.

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entre 1 875-2 500 g/t Ag. Por lo general, en el Cerro, se estaban explotando dos clases de materiales: los pacos en el interior y los rodados en su exterior (ambas con una ley entre 660-800 g/t); y cuyos costos de operación eran bajos, y por la gran abundancia de ellos generaban una utilidad de 20-25%; lo que no sucedía si los mine-rales eran extraídos de las pocas minas aún en actividad.188 En esos años, el 80% de la producción que realizaban 1 450 obreros se obtenía de esa clase de minerales. Entre las muchas causas para el estado de crisis en la producción argentífera, se nombran: la forma poco juiciosa en que fueron trabajadas las vetas principales, y las dificulta-des encontradas en limpiar los antiguos trabajos en períodos subsecuentes; por la ignorancia de parte de quienes la emprendieron. En cuanto a las plantas de procesamiento, sólo estaban en funcionamiento unas quince, ocupando a unas 450 personas (Pentland 1975 [1827]: 76).189 La producción en el Cerro, en 1826, fue de 23 toneladas; y en ese tiempo se le asignó un valor de 900 000 pesos. Según estimaciones del irlandés, sobrepasarían en 1827, los 1 300 000 pesos (Pentland 1975 [1827]: 77). Él era muy optimista y no compartía la idea que las minas de Potosí se habían agotado. El tiempo le sigue dando razón; ya que después de la crisis del estaño en 1985, la plata potosina, sola o acompañando a los concentrados de zinc, vuelve a ser el producto de exportación de importancia en cuanto a la generación de divisas, de Bolivia. Volviendo a los primeros años, Pentland afirma que la explotación de rodados podría generar 4.6 toneladas de plata mensualmente o sea cerca de dos millones de pesos al año; pero condi-cionado, entre otros, a un buen abastecimiento de mercurio a precio razonable. Esta era una suposición que él hacía basándose en la información que recabó de “personas respetables”, con mucha experiencia en el negocio minero (Pentland 1975 [1827]: 77). Respecto a Porco (latitud 19º54'00''), dice que sus minas se trabajaron mucho antes de la Conquista, y que grandes cantidades de plata fueron usadas por los Incas. En la Colonia se derrum-bó la mina principal con pérdida de muchas vidas, y por eso fueron abandonados los trabajos; y así las encontró el irlandés. Las minas de Siporo, cerca de Potosí, produjeron grandes cantidades de plata para la Corona (su mineralización consistía de sulfuros argentíferos de plomo y cobre). Fueron abandonadas durante la Guerra de la Independencia y se presumía que permanecerían por largo tiempo en ese estado (Pentland 1975 [1827]: 78). Portugalete, un interesante distrito minero en Potosí, ya era considerado como uno de los más grandes yacimientos de Bolivia. Sus minerales consistían de galenas argentíferas y cobre gris (ley 1 875-3 125 g/t Ag). La producción anual de concentrados era de 11 toneladas, lo que ge-neraba 400 000 pesos; y con optimismo se esperaba la introducción del método sajón de amalgamación, y se calculaba que para 1827 la producción generaría más de 700 mil pesos (Pentland 1975 [1827]: 78).
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Estos rodados formaban parte de las paredes de las vetas y de la roca porfirítica muy diseminada. Estaban constituidos de plata nativa, sulfuros complejos y pacos (hidratos de hierro originados por la descomposición de piritas argentíferas). “Hoy día, cuatro quintos de la plata producida en el distrito minero de Potosí, se obtiene de esta clase de minerales”. En: Pentland 1975 [1827]: 75-76. 189 “La cantidad de plata producida por los 15 ingenios subió en 1826, a 53.130 marcos [12 toneladas]; además de los cuales cerca de 1.000 marcos [230 kilogramos] se obtienen semanalmente por ciertos individuos en sus propias casas, de minerales recogidos en una especie de hurto (...)”. En: Pentland 1975 [1827]: 76.

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La región de Lípez, conocida por su clima muy frío, ausencia de población, carencia de servicios y baja calidad de vida, albergaba el mineral de Ubina y poseía los más ricos yacimientos de Bolivia. Las minas de San Cristóbal (capital de la provincia de Colcha y de Tomave), fueron trabajadas y posteriormente abandonadas; y para la fecha de la visita no mostraban actividad alguna. De todas maneras, había una incipiente producción de casi una tonelada de plata o sea 35 000 pesos al año (Pentland 1975 [1827]: 79). También, sobre las minas que rodeaban al miserable poblado de Aullagas190 (provincia Chayan-ta), en tiempos pasados apenas inferiores en fama a las del Cerro Rico. Antes de la Guerra de la Independencia estas minas eran altamente productivas; y ahora, estaban las labores paralizadas y no producían un gramo de plata.191 En 1826, se conformó una empresa con un capital de 60 000 pesos para concluir la construcción de un socavón que conducía al cuadro de la Gallofa, una de las minas más célebres de este distrito.192 Las minas de la Gallofa, la de Colquechaca y la de Fajardo, dieron utilidades en las últimas dos décadas; la primera, era propiedad de un alemán y por los motivos conocidos y reinantes en ese tiempo, la abandonó. La mina de Colquechaca, podía a corto plazo entrar en producción de grandes cantidades de plata, si se instalaban bombas (Pentland 1975 [1827]: 79-81). Al Este de Aullagas, se situaban las minas de Moromoro y Maragua, donde además de plata se menciona la presencia de cobalto, antimonio (con oro, que fueron trabajadas antes) y arsénico. Las minas de Maragua, produjeron en 1825, más de una tonelada de plata (45 000 pesos). Finalmente, se tiene minas en la provincia Chayanta, como Ocurí, trabajada antes por plata y ahora abandonada; a pesar de contar, según la opinión de mineros alemanes, con considerables reservas de casiterita, y que, por la falta de transporte y la altura de su ubicación, eran irrentables (Pentland 1975 [1827]: 81). El distrito minero de Oruro, está situado cerca de la ciudad. Al principio de la República, las minas estaban abandonadas; ya que a fines de la Colonia se inundaron y fue imposible drenarlas por medio de socavones. Durante su visita, Pentland, comprobó que alguna gente se dedicaba a recolectar los desechos o colas pobres, y así se obtenía una pequeña cantidad de plata. A principios de 1827, se descubrió una potente veta que producía unos 92 kilogramos de plata a la semana, con un valor anual de cerca de 400 000 pesos. La gran profundidad de las minas, sin embargo, no favorecía su desagüe con ayuda de socavones y sí se podía emplear bombas para el efecto. Con eso se podría hacer rentables las minas orureñas; pero, lastimosa-mente, no había capitales para esa tarea de reactivación (Pentland 1975 [1827]: 71-72). Las minas de Poopó, al Sur de Oruro, estaban en el mismo estado que las de la ciudad; aunque su decadencia se debía a la rebelión de los naturales, y así las encontró nuestro informante. Para ambos distritos mineros, la producción anual subió a 62 600 pesos (válido para los años 1820 a 1825). No se podía determinar la cantidad de plata producida, ya que una parte salía como
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Aullagas, contaba con una cierta infraestructura; lo que permitía su abastecimiento con productos agrícolas. Poseía una población numerosa y pacífica. Se podía construir equipos y maquinarias necesarias para la explotación de la plata, y contaba con abundancia de combustible. En: Pentland 1975 [1827]: 81. 191 La mineralización de Aullagas, consistía de plata nativa, minerales antimoniales y plata roja (rosicler), sulfuros de plata y sulfuros argentíferos de plomo y cobre. Como proceso de enriquecimiento se usó la amalgamación. No obstante, el empleo de hornos de fundición podría ser ventajoso; ya que había mucho combustible en los lugares adyacentes. En: Pentland 1975 [1827]: 80. 192 Pentland recomendaba la inversión entre 150-200 mil pesos en Aullagas. Además, opinaba que las minas de Fajardo, de Colquechaca y de la Gallofa, podrían adquirirse ventajosamente negociando con sus propietarios, quienes no tenían capitales para volverlas a poner en producción. En: Pentland 1975 [1827]: 80.

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contrabando a Arica, y servía para cambiarla con hierro, mercurio e insumos mineros (Pentland 1975 [1827]: 72). Las minas de plata de San Juan de Berenguela (provincia Pacajes/La Paz), muy cerca del pueblo de Santiago de Machaca. Sus minerales eran complejos argentíferos de sulfuros de plomo-cobre y de plata roja y antimonial, con un tenor de 3 750-4 375 g/t. Las vetas eran poco potentes y las minas tenían mucha agua; y durante la visita del irlandés estaban abandonadas y a la espera de inversiones para drenarlas (Pentland 1975 [1827]: 69). Sobre Sicasica (latitud 17º20'15''), se anota que dos eran los distritos mineros: Pascani y Laurani. Las minas del primero, estaban situadas sobre vetas poco potentes y portaban galenas argentíferas y sulfuros de cobre-antimonio y plata blanca (daban un promedio de 9.4-94 kg/t). Las minas de Laurani, tenían similar mineralogía que en Pascani (ley 25-31 kg/t).193 Cuando Pentland las visitó, en noviembre de 1826, unas 5 ó 6 estaban en trabajo y daban buenas ganancias, a pesar de los altos precios del mercurio. Los minerales de ambas operaciones se trataban en el ingenio de amalgamación de Belén, situado sobre el río Ayoayo. Antes, las minas que rodean Sicasica, producían 11.5 toneladas de plata; o sea, generaban un ingreso anual de 425 000 pesos. Entre 1825 y 1826, la producción fue sólo una décima parte y, obvia-mente, también los ingresos en pesos (Pentland 1975 [1827]: 70-71).194 4.2.- Yacimientos auríferos El Cónsul General británico en el Perú, Charles Milner Ricketts, comentando el informe de Pentland y con relación a estos yacimientos, dice que el oro se lo obtenía o recuperaba en los lechos y despojos de los torrentes montañosos. Uno de los lavaderos importantes fue el de Tipuani/La Paz, donde las pepitas se encontraban en diversos tamaños y casi pesaban 460 gramos. El tratamiento era muy sencillo, y el consultor irlandés aconsejó mejoras a la 'Begg y Cía.', quien era adjudicataría de muchas concesiones en el río. Por otro lado, el oro se encon-traba también en vetas de cuarzo, en pizarras, en el Illimani/La Paz; aunque el acceso era muy difícil. En Chayanta/Potosí, se ubicaron yacimientos de antimonio aurífero, en rocas porfiríti-cas. Para 1826, se calculaba el ingreso debido a la explotación aurífera en 800 000 pesos; que podían igualar el promedio anual: superior al millón, aunque los cálculos podían variar por efecto del contrabando, que estaba inmerso en esta actividad productiva.195 En el Informe se menciona que en Tipuani (provincia Larecaja/La Paz), se lavaba oro en am-bos lados del río. Físicamente, el metal se hallaba en forma de “laminillas, polvo y masas de varios tamaños”, junto a un manto de arcilla que reposaba sobre estratos de pizarra en descomposición, y cuyo espesor variaba entre 1.2-3.7 metros. La explotación se realizaba reti-rando la capa de arena y grava hasta dejar al descubierto la napa aurífera. Este material arcillo-so era transportado, en las espaldas de los naturales, hasta la orilla del río; donde era lavado por ellos y algunos esclavos negros pertenecientes a pobladores de esa región. La extracción de las arcillas auríferas se efectuaba entre los meses de mayo y septiembre, para su posterior lavado en octubre y noviembre. Debido a la intensidad de las lluvias, el resto de los meses era suspendida. Está claro que dichas
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En el siglo XVIII, más de 200 minas estaban en operación en los cerros de Laurani; y ahora, estaban la mayoría abandonadas, por estar inundadas y por el estado turbulento del joven país. Lo propio sucedía con las de Pacuani. En: Pentland 1975 [1827]: 70. 194 Al Sud Este de Sicasica, se situaban las minas de La Silla, a orillas del río Desaguadero; estaban abandonadas y se cuenta que antes fueron muy productivas. 195 En la nota oficial del Cónsul C.M. Ricketts, enviada a Londres, el 15 de diciembre de 1827. En: Pentland 1975 [1827]: 7.

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operaciones eran manuales, y siempre estaba latente la inundación de los cuadros, que eran abandonados por no contarse con bombas para el desalojo de las aguas. Para minimizar la labor manual se recomendaba el empleo de angarillas (bolsas), azadas y palas; la introducción de bombas para sacar el agua de los lugares anegados; además del empleo de maquinaria similar a la utilizada en los relaves de estaño, en Cornwell/Inglate-rra (Pentland 1975 [1827]: 66). No sólo se explotaba en el río Tipuani; sino, y aunque en menor escala, en el Mapiri, el Kaka, el Cuca y el Coroico; o sea, los ríos que descienden de la Cordillera Real en las provincias Larecaja y Yungas, y nuestro informante recomendaba la inversión de capitales ingleses o europeos para continuar con esta actividad. Según Pentland, el Illimani (provincia de Yungas y una altura de 7 376 metros!),196 está confor-mado por estratos de arcilla en transición, atravesados por un sin fin de vetas de cuarzo, y don-de el oro está diseminado o se lo encuentra como pirita aurífera. Antes de la Conquista, pue-den haberse trabajado vetas ubicadas hasta los 5 182 metros de altura (Pentland 1975: 67-68). La producción de Tipuani, antes de la conformación de la República, sobrepasaba del millón de pesos al año; y se esperaba que para 1826, sus lavaderos produzcan 800 000 pesos. Ade-más, se estimó que los otros lavaderos paceños podían generar medio millón de pesos (100 mil libras esterlinas) (Pentland 1975 [1827]: 67).197 En Potosí, provincia Chayanta, se situaba la mina de antimonio de Capasilca, que antigua-mente produjo importantes cantidades de oro. En las cercanías de las aldeas de Chipara y Pocoata, había numerosos lavaderos de oro en producción, y que nuestro viajero no pudo visitarlas por ser la estación lluviosa. El general Sucre, le informó que los lavaderos de Cha-yanta, generaron en 1826, cerca de 400 000 pesos; y que en cinco años podría generar cerca de 1.5 millones de pesos la minería de la plata y el oro (Pentland 1975 [1827]: 81-82). Por último, menciona que de los numerosos valles del departamento de Cochabamba, que descienden de la Cordillera Real, se recuperaba pequeñas cantidades de oro. En la provincia de Ayopaya, se encontraban las minas de Choquecamata; lavaderos similares a los de Tipuani y que en el último siglo produjeron anualmente un valor entre 2-3 millones de pesos. Hacía más de dos décadas que dos alemanes emprendieron trabajos allí; y construyeron un acueducto para llevar el agua necesaria; más tarde, y por falta de dinero, se vieron obligados a abandonar esas labores (Pentland 1975 [1827]: 82). 4.3.- Yacimientos estañíferos Una buena cantidad de estaño era recuperada de las colas del tratamiento por amalgamación de la plata, en Oruro y sus alrededores. La casiterita era recuperada por gravimetría, y luego los concentrados se fundían (empleando tecnología inglesa o sajona); así se obtenía 400 toneladas de
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Este dato puede ser erróneo. Por otro lado, para el tercer pico del Illimani, Pentland da su altura con 6 998 metros. En: Pentland 1975 [1827]: 168. 197 En 1826, dos industriales obtuvieron en seis meses 713 kilogramos, con un valor de 420 000 pesos (±0.6 pesos por gramo de oro); y el costo de la mano de obra subía a ⅔ y ¾ del valor del oro producido. La empresa 'Begg y Cía.' tenía un egreso diario de 113 pesos 6 reales, y un ingreso de 180 pesos, dando una ganancia neta del 59% (67 pesos); lo que demostraba que a pesar de las desventajas con que se trabajaba, las utilidades las compensaban y podrían mejorar si se aplicaban las sugerencias dadas. El producto de otros lavaderos de Larecaja y Yungas, no era superior a 50 000 pesos. En: Pentland 1975 [1827]: 67.

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estaño al año. El yacimiento de Huanuni, cerca de Oruro, producía minerales de buena ley y menor complejidad, y por eso este tipo de concentrados era muy requerido. En 1825-26, Oruro exportaba a Arica, 322 toneladas, con un valor de 64 000 pesos al año (Pentland 1975 [1827]: 72). En el informe se predice que la producción del estaño de Oruro, decrecerá en poco tiempo (ya que las minas de Huanuni, estaban abandonadas); cosa que el tiempo se encargaría de desmentir, ya que en la era del “metal del diablo”, las minas orureñas, y sobre todo Huanuni, se constituirían en un importante productor de Bolivia. 4.4.- Yacimientos cupríferos Se menciona que las mina de Corocoro (provincia de Pacajes/La Paz), durante muchos años había proporcionado grandes cantidades de cobre a los dos Perús. Destacan la presencia de cobre nativo o “charque de cobre”, óxidos y carbonatos, conjuntamente areniscas rojas. Obvia-mente, se explotaba antes de la Conquista sólo el cobre nativo; ya que los naturales no conocían técnicas de tratamiento para los otros minerales. El consultor irlandés, indica la existencia de grandes tonelajes de minerales de baja ley, y que al haberse descubierto carbón en las inmediaciones, se hacía atractiva su explotación. Una desventaja era el hecho de la gran distancia de estas minas al puerto, para la exportación de concentrados a los mercados en el extranjero; y por eso se pensaba sólo en la importancia del consumo interno (Pentland 1975 [1827]: 69-70). Ya en esos años se menciona la riqueza cuprífera de Atacama; pero que no estaba trabajada, por la poca demanda del cobre y del hierro; del primero, no estaba en explotación; y del segúndo, se llevaron concentrados a Jujuy (Pentland 1975 [1827]: 79). 4.5. Producción boliviana Cuando el irlandés, en la última parte de su Informe, habla sobre las relaciones comerciales de Bolivia, no deja de llamar la atención la información sobre las exportaciones y, especialmente de las materias primas. Así en 1826: la plata, en especial de Potosí, su exportación alcanzó o superó los 2 620 000 pesos; el oro, lo exportado mayoritariamente de La Paz, constituye el total producido en las minas y superó los 800 000 pesos; el estaño, producto de exportación importante en las últimas dos décadas, especialmente de Huanuni/Oruro, no pasaba de 66 750 pesos. El valor exportado de estos tres metales, sumaría 3 486 750 pesos; lo que significaba más del 96% del total exportado, que incluía, además: corteza o quinina (84 000 pesos), lanas de vicuña y alpaca (15 000 pesos), vainilla y otras drogas (10 000 pesos) y peletería y géneros varios (20 mil pesos) (Pentland 1975 [1827]: 124).198 4.6.- Algunos datos sobre el clima Al hacer la descripción geográfica de los cinco departamentos, el irlandés da para algunos de ellos, referencias sobre el clima. Menciona por ejemplo, que: “el clima y productos del Departamento de La Paz, presentan la más grande variedad; los distritos situados al Oeste de la Cordillera Oriental son en general áridos e improductivos, mientras que aquellos situados sobre el declive oriental de la misma cadena y que descienden hacia los llanos de Moxos, po-seen un

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En el texto, la explotación de la plata para 1826, alcanzó la suma de 2 619 918 pesos; se confirma el dato para el oro y para el estaño (que puede tratarse de un error, la cifra de 64 750 pesos). En: Pentland 1975 [1827]: 121-122.

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clima tropical y la mayoría de los productos de los países intertropicales” (Pentland 1975 [1827]: 44).199 Respecto al departamento de Oruro (la ciudad: latitud 17º57'40'' y longitud 67º13'00''), dada su elevación (3 749-3 792 metros) el clima es frío y su territorio improductivo; desventaja que es compensada con la abundancia de minerales. “El territorio del Departamento [de Potosí] está colocado [situado] en su mayor parte a gran elevación; aquí el suelo es improductivo, mientras que en los distritos orientales de las provincias de Chichas y Chayanta, donde los valles descienden por debajo de los 10.000 pies [3 048 metros], el clima se vuelve temperado y saludable y el suelo rico en sus producciones agrícolas” (Pentland 1975 [1827]: 57). El clima de Chuquisaca, era considerado en general suave; eso sí, sujeto a transiciones bruscas de temperatura y a fuertes lluvias en los meses de enero a marzo (Pentland 1975 [1827]: 60). Para Cochabamba, se indica que su clima es saludable, en aquellos valles que no descendían por debajo de 2 286 metros (límite donde se presentaban las fiebres intermitentes) (Pentland 1975 [1827]: 60). 4.7.- Comentarios al capítulo Las desventajas o inconvenientes bajo los cuales operaba la minería en los comienzos de la República, podrían resumirse a los siguientes puntos: falta de capital, escasez de mano de obra, irregularidad en el abastecimiento de mercurio, falta de conocimientos en los mineros y metalurgistas, y los altos tributos a que estaba sometida. Entre las ventajas para los inversores extranjeros, se menciona, que: era muy fácil comprar minas a bajo precio. Del informe, nos interesa el problema de la explotación y la dotación de maquinarias que puedan facilitar la extracción del mineral. Mayormente, nunca interesó el sistema de trabajo ni la seguridad de los trabajadores; y la falta de conocimientos, hizo que la mayor parte de las labores se efectúen en forma rudimentaria. Las labores mineras (socavones, galerías, chime-neas y cuadros) eran tortuosas y mal ventiladas, donde todo se hacía en forma manual; la más simple maquinaria era desconocida, ni qué hablar del motor a vapor. La minería, en los comienzos de la República y en la etapa que le antecedía, se había mantenido como hacía tres centurias. Insistiremos que, en esa forma de explotación no cabía el uso de maquinaria, y las únicas aplicaciones que se vislumbraban, eran: para el desagüe y para extraer los minerales sin valor o la ganga. Para lo primero, la solución fue abrir socavones para drenar las galerías; mientras que para lo segundo, continuaba la forma manual de transportarla, a cargo de los apiris. Pensar en un sistema mecanizado, no cabía; por el hecho ya mencionado de que las labores eran tortuosas e irregulares. En ese tiempo, se hablaba de introducir el bombeo como parte importante de la tecnología extractiva, y alguna forma de transporte; por lo menos en los socavones principales. No se menciona en detalle la forma de explotación de las minas, y apenas se dice algo sobre los procesos de tratamiento y fundición, de muchas de las materias primas que se estudiaron. Esto no es una crítica; ya que el informante no era experto en varios de esos temas, pero sí nos lo legó a nosotros como tema de investigación. A más de 178 años, de esa visita, gran parte de los pequeños productores (cooperativistas y mineros chicos), todavía no han aprendido la lección que el famoso visitante irlandés nos dio,
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La ciudad de La Paz, según mediciones de diciembre de 1826 y marzo de 1827, estaba situada en la latitud de 16º29'15'' y longitud 68º32'00''; y a una altura de 3 717 metros. En: Pentland 1975 [1827]: 46.

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respecto a cómo mejorar la actividad extractiva. COMIBOL (la gran empresa) y la minería mediana, en ciertos aspectos, tampoco se salvan de esta crítica. Para la Historia de la Minería Andina, este informe es de utilidad; ya que nos presenta con mucha prolijidad, la descripción: de los principales yacimientos argentíferos, de los auríferos, un poco menos de los cupríferos y estañíferos; e indirectamente menciona a los plumbíferos, antimoníferos y los de hierro. En algunos casos, sus presunciones se han cumplido con el paso del tiempo; en otros casos, no. Sin embargo, es una fuente de primera mano para poder corre-lacionar su información con otros similares, y el de los expertos en la minería boliviana. Y cuál es esta información? Creemos que merece destacarse la proporcionada, sobre: los yaci-mientos, la mineralogía, la ubicación geográfica, lo relativo a las producciones y el valor que generaban.

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5.- EL INTERÉS DE LOS EXTRANJEROS Y LOS NACIONALES En este capítulo nos limitaremos a la segunda era de la plata y la transición al estaño. Comentemos el tema relacionándolo directamente a la idea y política inglesa de invertir en actividades mineras en la nueva nación y, en particular, en el cerro de Potosí. De otras fuentes sabemos que se formaron y organizaron muchas empresas en los primeros años, cuando justamente élla nacía como República de Bolivia. La Montaña de Plata, atraía a los inversio-nistas por su reciente pasado; y es así que, con el correr del tiempo surgen sociedades en muchos lugares que también gozaron de fama y de las que trataremos brevemente. 5.1.- Un emprendedor empresario Dámaso de Uriburu, es calificado como el empresario minero más renombrado de principios del siglo XIX, en Bolivia.200 Actuaba por encargo de un grupo de inversionistas bonaerenses a quienes los representaba en diversos negocios mineros. Su contraparte, fuera del país para la toma de decisiones, era Manuel José de Haedo.201 Una vez en Bolivia, Uriburu debía actuar bajo estas condiciones: obtener concesiones por medio siglo (en el peor de los casos, por dos déca-das) de minas abandonadas o fuera de actividad en Potosí; se le garantice que esas peti-ciones serían respetadas y; por último, los inversionistas querían que él obtenga la liberación de impuestos para toda importación de maquinaria, herramientas, suministros y materiales (insu-mos mineros); así como la libre exportación de oro, plata y cobre, salvo el pago del impuesto básico del 10% (Lofstrom 1982: 31).202 Su primera tarea, ya en la Villa Imperial, consistió en informar a sus mandantes sobre el estado de las labores mineras en el Cerro Rico. Su apreciación personal al respecto era, que: pocas minas estaban siendo explotadas, muchas se encontraban inundadas, y a otras les faltaba capital de inversión. Opinaba también sobre la necesidad de adquirir minas pero con sus respectivas plantas de procesamiento. En junio de 1825, empezó a negociar con los propietarios de doce “buenas minas”, pero derrumbadas, e hizo realizar análisis de muestras de minerales. A nombre de la sociedad, había presentado al Gobierno Nacional la solicitud formal de concesión sobre muchas minas.
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Uriburu, era originario de Salta/Argentina, aunque de ascendencia vasca. Llegó a Potosí, un 22 de mayo de 1825. En el Archivo Histórico de la Casa de Moneda, en la Sección Escrituras Notariales, consta una serie de peticiones mineras que efectuó ante el escribano del cabildo potosino. El 20 de julio de 1826, varias minas fue-ron adjudicadas a la 'Sociedad Inglesa' representada por Dámaso de Uriburu, ellas fueron: Ichuichu, Dolores, Rosario, Santo Domingo, Santa Bárbara y San Lorenzo. El 25 de septiembre le fueron adjudicadas las conce-siones que siguen: Angeles, el barreno de Mondragón, Encarnación, barreno San Vicente, Jesús María, barreno Chaca-polo, loma nombrada San José, Guadalupe, Mondragón-chico, Caminito (arriba de Quimsa Cruz), Tajo (camino de Antona), Tajillo, Trinidad, Monserrate, Escomulgada, pie de Jesús María, Macho-lobato, Lojo-Rosario, Belencita, Rollo, Candelaria, San Diego, Cabrán, Chiguanguayo, Conquista, Cieneguillas, Viscachani, Moropoto, barreno de San Nicolás, Zabaleta, San Rafael, labor al lado de la Cueva, Zapatera, Santo Domingo, cata al pie de Santa María, barreno al costado de Pimentel, Brisuelas, Sumac Tabaco, Chilimpico, San Agustín, Remedios, San Francisco, Soledad Loma, Loma (a la esquina del camino grande) y San José. En: Omiste 1981, I: 111-112. 201 La sociedad estaba conformada por 21 accionistas, incluyendo a Haedo. Sólo figura un comerciante-empresario inglés, William P. Robertson, encabezando la lista; los restantes tenían apellidos españoles. En: Lofstrom 1982: 89 (en la nota 3 del capítulo III). 202 “Los accionistas tuvieron cuidado de incluir en sus instrucciones confidenciales una estricta prohibición de mencionar un período de tiempo fijo dentro del cual debiera empezar la producción. Por el contrario, Uriburu debía dejar claramente establecido a los personeros del gobierno que quizás se necesitarían hasta tres o cuatro años para establecer operaciones de la magnitud prevista”. En: Lofstrom 1982: 31-32.

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Lamentablemente, estaba envuelto en muchos litigios; ya que, en su afán de apoyar sus peticiones, había contratado obreros para que empezaran a limpiar los socavones o en su caso las bocaminas de esas labores derrumbadas. Otra causa de su desventura radicaba en haber adelantado dinero a mineros que lo engañaron; ya que, por ejemplo, los propietarios no tenían sus papeles al día. En septiembre, informa a Haedo, haber comprado o presentado solicitudes sobre más de cincuenta minas (Lofstrom 1982: 33-34). Al mismo tiempo, en el mes de mayo (durante su viaje de Salta a Potosí), el empresario argentino se interesó por conocer información de propiedades mineras argentíferas en la rica provincia de Chichas: verbigracia, de Choroma, que tuvo buena producción antes de 1825; y después, estuvo inundada y abandonada y; lo peor, que el título de la concesión estaba en disputa entre los herederos del ex-general realista Pedro de Olañeta y el anterior concesiona-rio, un tal Montellanos. Uriburu y éste llegaron a un buen acuerdo para la venta de Choroma, en nueve mil pesos; eso sí, pagaderos en tres meses, con pagarés. El contrato notariado se efectuó en el mes de septiembre (Lofstrom 1982: 35). Al pasar por Chichas, también hizo contacto con agentes del minero Martín Jáuregui, dueño de varias minas en Portugalete que estaban en producción y poseían instalaciones de procesa-miento. Jáuregui, pensaba irse a España, de ahí su necesidad de querer venderlas. Uriburu, recomendó a la sociedad comprar las propiedades de Jáuregui, para revenderlas a inversionis-tas ingleses o; en su caso, trabajarlas por su cuenta y producir anualmente entre 2.8-5.5 tonela-das de plata (Lofstrom 1982: 35-36).203 Jáuregui, ofertó al agente del argentino, Pedro Costas, todas sus propiedades mineras (minas, ingenios, relaves y desmontes) por el monto de 90 000 pesos. Las negociaciones finalizaron en junio de 1826, y no estuvieron libres de “arreglos”, como: bajar el pecio de la venta en los papeles; para que sea menor el pago del impuesto de transferencia o alcabala, que era equiva-lente al 8%. Costas, por su parte, comenzó a negociar la adquisición de la mina Aranzazu, colindante con la de Jáuregui. Su propietario, Diego Felipe de Ovando, quería cobrar 48 000 pesos bajo las mismas condiciones propuestas a Jáuregui: un monto al contado y el resto en medio año. Ovando, sabiendo el interés que mostraban otros por su mina, subió su monto a 50 mil pesos, todo al contado; pero, terminó aceptando sólo 20 000 en pagarés a noventa días, y Uriburu se comprometió a pagar la mitad de la alcabala sobre el negocio concertado con el propietario (Lofstrom 1982: 36-38). Otro grupo de inversionistas argentinos tenía por agente en Bolivia, con funciones parecidas a las de Uriburu, a Pedro Andrés García. Entre ambos llegaron en julio de 1825 al acuerdo para la constitución de una nueva compañía, para trabajar más minas bolivianas.204 García se puso a la tarea de captar o interesar capitales europeos y, Uriburu, debía tomar el control de las minas improductivas, utilizando a bolivianos como “palos blancos” o concesionarios; eso sí, podían ser
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“Las negociaciones entre Jáuregui y Uriburu continuaron en junio. El siete, el negociante argentino escribió a Jáuregui, aceptando su invitación de enviar un experto a Portugalete. Una semana más tarde el agente de Uriburu, Pedro Costas, y un experto en minas o práctico, llamado Antonio Zuvieta [Subieta], dejaron la Villa imperial con rumbo a Cotagaita”. En: Lofstrom 1982: 36. 204 Esta sociedad incluía a Mariano Sarratia, Juan de Santiago Barros y la firma porteña Samuel Phillips & Co. Uriburu, tardó un poco en comunicar a Haedo, su nueva asociación con García, hasta fines de agosto. “Como pago por el manejo de todos los asuntos de García, en Potosí, por Uriburu, Haedo y sus asociados debían recibir sesenta acciones de la compañía operadora. Uriburu, debía recibir una comisión no especificada, (...) Diez días más tarde, Uriburu, aseguró a Haedo, que, tan pronto como Bolívar, concediera el reconocimiento de constitución, se enviarían los agentes a Londres, para buscar apoyo financiero de la firma Pillips & Rotschild”. En: Lofstrom 1982: 40.

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accionistas a la larga. Uriburu, informó, a Sarratia que había hecho peticiones en el abandonado asiento de Porco y Oruro (minas de Poopó y Sicasica), a nombre de bolivianos y que contaba con la ayuda de dos buenos amigos: el gobernador de Oruro y el cura de Sicasica (Lofstrom 1982: 3839). La nueva sociedad solicitaba esta vez concesiones exclusivamente por 25 años, de minas abandonadas e improductivas. El porque de ese tiempo radicaba en el hecho que todas las concesiones e instalaciones, con excepción de la maquinaria, se revertirían al Estado. Obviamente, Uriburu, solicitaba liberación de impuestos para importar insumos y la libre exporta-ción de los metales; salvo el pago del impuesto básico del 10% (Lofstrom 1982: 41). En septiembre, Uriburu, informaba a Sarratia que unas 200 minas en la vecindad de Potosí (Chayanta, Portugalete, etc.), habían sido solicitadas a nombre de la compañía aprovechando la complicidad de un minero boliviano. Para este negocio esperaba cómo interpretaba el Estado el artículo tercero del Decreto de Pucará,205 que establecía que las minas abandonadas, legalmente solicitadas por ciudadanos, aún después del 6 de agosto de 1825, fecha de la Declaración de la Independencia, no se revertirían al Estado. Añadía, que si el Gobierno negaba las solicitudes ya efectuadas, la única pérdida para la compañía serían los derechos de solicitud y el costo de limpieza de algunos socavones abandonados (Lofstrom 1982: 42-43). La nueva asociación García-Uriburu, mostró a este último como un agente doble, representan-do los intereses de los inversionistas argentinos: el grupo de Haedo y el de Sarratia; ambos, con la idea de controlar minas o centros mineros que en la Colonia se explotaron principal-mente por plata, y queriendo aprovechar la política minera en gestación que era impulsada por los dos primeros mandatarios: Bolívar y Sucre, deseando favorecer al capital inglés. En los primeros meses de la República se dictaron muchas medidas en materia minera. Una de ellas es la Resolución del 6 de diciembre de 1825, que textualmente decía: “Los extranjeros no pueden catear minas, pero si comprarlas”.206 O sea no estaban los extranjeros autorizados a efectuar tareas de exploración y descubrimiento de ninguna clase de yacimientos; pero, si podían comprar minas y efectuar contratos particulares con los legítimos propietarios. Pode-mos decir que, Uriburu, amparándose en esta clase de disposiciones, manejó su estrategia de poder controlar minas, como él las denominaba: “abandonadas e improductivas”. Las especulaciones del empresario argentino a fines de 1825, se habían paralizado como consecuencia de la crisis financiera londinense; más propiamente, por el colapso del mercado monetario. Uriburu, a pesar de haber logrado la aprobación de los contratos de concesiones, termina manifestando que “todo el asunto se ha derrumbado y las compañías que se formaron con este propósito, se han esfumado después de gastar sumas considerables” (Lofstrom 1982: 38, 45). Uriburu, no levantó las manos y optó por permanecer en Bolivia, y comenzar otra faceta de su vida, el de industrial minero. Tomó posesión formal de Portugalete, salvo su ingenio, donde Martín Jáuregui retrataba sus relaves y desmontes, que no fueron incluidos en la negociación ya tratada
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Resolución del 29 de agosto de 1825. “Para que en las provincias del Alto Perú se cumpla el decreto expedido en Pucará, á 2 de dicho mes, declarando propiedad del Estado las minas derrumbadas, aguadas ó abandona-das”. Colección oficial de Leyes, Decretos, Órdenes y Resoluciones que se han expedido para el régimen de la República de Bolivia 1834, I: 31. En lo que sigue, Colección. 206 Colección 1834, I: 65-66.

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líneas arriba; y terminó asociándose con éste para aprovechar su experiencia en trabajos mineros (Lofstrom 1982: 49). Lofstrom, afirma que el argentino quería trabajar Portugalete, por un tiempo corto, con la ilusión de venderla a inversionistas europeos. A principios de 1826, se le presentó la oportu-nidad, el general James Paroissien, como agente de la 'Potosí, La Paz and Peruvian Mining Association'. La visita tan esperada de este agente se concretó por un par de días en el mes de abril y, para sorpresa del empresario argentino, el general le propuso la conformación de una sociedad en la que él contribuiría con el suministro de azogue y otros insumos, hasta el monto de 25 000 pesos. Propuesta que no fue aceptada (Lofstrom 1982: 49-50). Entonces, Uriburu decidió trabajar personalmente Portugalete, y desde medianos de abril Jáuregui le entregó el ingenio Guadalupe, donde podía amalgamar unas 262 toneladas de mineral, acumulado desde noviembre del pasado 1825. En mayo, su hermano menor, portando el mercurio para dos meses emprendió viaje al asiento minero, y él lo hizo recién a fines de ese mes para administrarla; y donde podía ganar 4 000 pesos al año (Lofstrom 1982: 50).207 Sabemos por su experiencia, que: un barretero, trabajando diez horas diarias, cobraba el jornal dos pesos; y que el apiri, por el mismo tiempo, ganaba la mitad. Los obreros recibían su salario semanalmente, y de él se descontaba la “alanoca”; o sea, el importe por la pulpería suministrada o por los artículos de primera necesidad (pan, coca, charque, maíz, papas, chuño y chicha). Esta alanoca, no debía exceder de tres reales por día (Lofstrom 1982: 52). La provisión de mano de obra208 fue el principal dolor de cabeza para Uriburu; y a esto se sumó el aprovisionamiento de la pulpería, que tampoco era sencillo. La coca, era imprescindible para los trabajadores y; la carne, tuvo que importar de Salta. Además, otra dificultad radicaba en las existencias de los insumos para la amalgamación, como: la sal, cal y calcopiritas (éstas tenían que traerse desde la provincia de Atacama) fuera del mercurio.209 Amén, del suministro de la leña, combustible necesario para hacer funcionar los hornos de fundición y de tostación instalados en el ingenio Guadalupe. Debemos recalcar que, una falencia de importancia para el tratamiento de las menas argentífe-ras radicaba en la falta del mercurio;210 y cuando éste existía, su precio estaba sujeto al mercado; o sea,
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Uriburu, aceptó esas condiciones sólo porque era accionista de la empresa de Haedo; y le manifestó a éste, que el trabajo de las minas y el de la amalgamación de las menas de plata era más complicado de lo que se había imaginado, cuando en 1825, apareció en Potosí, como especulador. En: Lofstrom 1982: 51. 208 Como la carencia de mano de obra era una herencia de los últimos años del régimen colonial, los azogueros ha-bían solicitado a las autoridades, que obligasen a trabajar a los vagabundos. A mediados de 1826, el Congre-so presentó un proyecto de ley destinado a incrementar la mano de obra para la minería. En: Lofstrom 1982: 52. 209 Podemos mencionar algunas medidas al respecto, mediante Ley del 22 de agosto de 1826, se daba: “Libertad de derechos concedida al azogue, hierro, pólvora, y demás útiles de minas: ofrescanse premios por la introducción y beneficio del azogue”. En: Colección 1834, I: 261-262. Significaba que el mercurio, hierro, en cualquier forma que se introduzcan, estaban liberados de todo pago arancelario. Lo propio valía para la pólvora de minas, el salitre beneficiado en el territorio, el azufre, la madera empleada para fortificar las labores y para construir maquinaria en los ingenios (ruedas y ejes). 210 Mediante Decreto del 17 de junio de 1837, se concedía un “premio á los buques que traigan azogue”. Válido para todos los barcos que traían 13.8 toneladas a los puertos de la Confederación Perú-Boliviana, consistente en una rebaja del 3% del impuesto o derechos de importación. En: Colección 1857, IV: 274-275. Mediante Decreto del 31 de diciembre de 1837: Se ofrecen premios á los descubridores e introductores de azogue (...)”. En el primer artículo, de esa disposición, se concedía un premio de 2 000 pesos en plata “y sera habilitado por el Gobierno con la cantidad de 5,000 pesos para continuar sus labores”. El tercer artículo, contempla los

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a la oferta y la demanda. Para solucionar este inconveniente, en 1826, se vio la posibilidad de trabajar o explotar el cinabrio (sulfuro de mercurio) de yacimientos bolivianos; y en último caso, de proveerse del cercano Perú y de la Argentina. La primera opción práctica-mente fracasó, ya que los yacimientos no eran económicamente atractivos para su explotación (conspiraba la baja ley de ellos y ser potencialmente pequeños). Entonces, el Gobierno tomó la decisión de estudiar su importación. José Mariano Serrano, fue comisionado para negociar en Buenos Aires contratos de suministro de mercurio allende los mares. Otra medida consistió en liberar del impuesto de importación, para este vital insumo. Esta última medida tuvo poco efecto; pues no había suministro, tampoco bajó su precio. Uriburu, anotició de este hecho a Haedo y que, en Potosí, un quintal costaba nada menos que 130 pesos. Para colmo de males, un comerciante argentino le ofertó 46 toneladas puesto en Tacna/Perú, al precio de 90 el quintal, que Uriburu la rechazó pensando en el alto costo de su transporte hasta Portugalete; decisión que más tarde lamentaría (Lofstrom 1982: 62).211 En realidad, los esfuerzos para aprovisionarse de azogue en Buenos Aires, Lima, Arequipa; y desde varias ciudades europeas, fracasaron. A pesar de todo, se hicieron varios intentos entre 18261827. A fines de julio de 1827, Uriburu estaba pagando 4 348 pesos la tonelada de azogue, para poder operar en el ingenio Guadalupe; y un mes más tarde tuvo que suspender trabajos en las minas Cochinoca y Aranzazu. Gracias al mercurio que logró acumular, pudo operar un tiempo más; para finalmente, a fines de octubre de 1828, cerrar sus operaciones en esa región de Potosí (Lofstrom 1982: 67).212
montos de 5 000, 3 000 y 1 500 pesos, para los que acrediten haber extraído en cualquier punto de la República una cantidad mayor de 4.6 toneladas (5 000 pesos para los que produzcan más de 13.8 toneladas; 3 000 pesos para los que estén entre 9.2 y menos de 13.8 toneladas; y 1 500 pesos entre más de 4.6 y menos de 9.2 toneladas). El minero debía probar haber hecho el descubrimiento y registrado la propiedad de acuerdo a las ordenanzas vigentes. En el cuarto artículo, se exigía que el minero debía probar haber “elaborado por sí el azogue en mina propia, (...)” y que daba las garantías para continuar la explotación. En: Colección 1857, IV: 339-341. Este decreto quedó sin efecto, por la disposición del 27 de agosto de 1839. Y en otro decreto, también del 31 de diciembre de 1837, “se ofrecen premios á los introductores de azogue y requisitos para obtenerlos”. En su primer artículo, se estipulaba: El Gobierno concede un premio de 6 pesos por cada quintal de azogue importado en algún puerto de la Confederación, en una parte que no baje de 100 quintales [4.6 toneladas] y no pase de 200 [9.2 toneladas]; de 8 pesos si la partida es de 200 á 400 quintales [9.2-18.4 toneladas]; y de 10 pesos por toda partida que exceda de este último número”. En el segundo, se dice que: “El premio determinado en el artículo precedente será abonable en derechos de importación y exportación, sobre toda clase de mercaderías, en todos los puertos de los Estados Confederados”. En: Colección 1857, IV: 342-343. Este decreto quedó sin efecto, por las disposiciones del 27 de agosto de 1839, más los decretos del 7 de abril y del 30 de junio de 1849, que declaraba libres los derechos de la alcabala sólo cuando se importaba el mercurio. 211 Dada la escasez, muchas firmas aparecieron en el mercado con propuestas de aprovisionamiento. Así, la ‘Parish, Robertson y Cía.’; ofertó azogue a 75 pesos el quintal, más el 1% de comisión. Una segunda propuesta consistía en proveer 92 toneladas en el puerto La Mar, a diez meses una vez firmado el respectivo contrato, y a 60 pesos. A esto surgió una contrapropuesta de los azogueros potosinos: 46 toneladas debían ser entregados en Arica, en el término de ocho meses, la mitad al contado y el resto en pagarés a sesenta días. Además, los azogueros querían que el vendedor cubra los gastos del pago del impuesto en el puerto peruano; y como ellos estaban descapitalizados solicitaron que la compra fuera financiada con un préstamo del Banco de Rescate. En: Lofstrom 1982: 63. 212 La producción de Portugalete, reportada desde principios de abril de 1826, hasta mediados de junio, consistió en diez piñas de plata amalgamada, con un peso de 275 kilogramos, y que fueron vendidas al Banco de Rescate. El empresario argentino asevera que necesitaba 4 000 pesos para cubrir sus costos de operación y tomó la decisión de vender plata refinada equivalente a ese monto y el resto exportarlo o “contrabandearlo” a su país, en forma de “pastas”. “El Cónsul General Británico en Lima, estimaba que el valor de la plata boliviana exportada clandestinamente en 1826, ascendía aproximadamente a 1.048.000 ps. [pesos]; o sea dos tercios del valor total de

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El accionar de este industrial minero argentino nos muestra las dificultades que había que ven-cer para explotar minas en la naciente Bolivia. Faltaba: la tecnología, la mano de obra, los insumos y todo lo que se importaba para su materialización; por otro lado, no se podía contro-lar el contrabando de plata. La falta de seguridad jurídica, asimismo, ahuyento la inversión de capitales foráneos y, a pesar del esplendor y de la historia, las minas no pudieron ser reacti-vadas. 5.2.- Tres hermanos argentinos, inventores Pasemos ahora brevemente a tratar el caso de tres hermanos nacidos en Salta/Argentina: Manuel,213 Francisco de Paula y Serapio Ortiz, quienes inventaron, en 1836, una maquinaria para efectuar el repaso durante la amalgamación de la plata; lo que les permitió ahorrar los salarios de los “repasiris”, o sea, de la gente encargada de efectuar el mezclado de la mena fina con el azogue.214 La solución tecnológica por ellos desarrollada, fue construir una máquina mezcladora o de revolver. De esta manera consolidaron una posición de privilegio, entre los azogueros de la Ribera de Potosí. Esta innovación despertó mucho interés entre sus colegas de oficio y, para poder compartir su invento o “know how”, firmaron un acuerdo con el gobierno de Santa Cruz, a cambio de una generosa indemnización (Platt 1996: 1).215 Dos etapas caracte-rizan la presencia de los tres hermanos en Potosí: una primera, entre 1816 y 1830; y la segunda, entre 1831 y 1880 (cuando la ciudad de Potosí, en 1830, apenas tenía unos 8 000 habitantes; y treinta años más tarde se había duplicado). Manuel, Francisco de Paula y Serapio, fueron los industriales mineros que más produjeron en la Ribera, durante buenos años (hasta las décadas de l850, ellos estuvieron a la cabeza de los productores). No se sabe dónde aprendieron a amalgamar y cómo consiguieron el capital para adquirir minas y el ingenio de Jesús María.216 Pío Gorostiaga, otro salteño, más tarde sería administrador del ingenio de Guariguari o Huari Huari, para Manuel Ortiz; en 1828, adminis-tró el
la plata vendida al Banco de Rescate y acuñada en la Villa Imperial”. En Lofstrom 1982: 68-69. Manuel, contrajo nupcias con la residente de la calle Bolívar, de Potosí, María del Carmen Fullá, hija adoptiva del español Salvador Fullá, dueño del ingenio de Guariguari. Manuel, dirigió las empresas heredadas por su esposa y fue el único que se quedó a vivir en Bolivia. Sus hermanos se casaron en Salta, y volvieron a su patria chica a gozar de sus fortunas. En: Platt 1996: 35. 214 Los repasos facilitaban la distribución del mercurio y su contacto con la mena; además, de que lo calentaba, y esto favorecía la amalgamación, declaraba Alonso-Barba. Para Stubbe: fue el trabajo de pisar la mezcla de mineral molido y ciertos reactivos, efectuado dentro del patio. Cuando en el primer repaso no se lograba amalgamar toda la plata, se procedía a un repaso fuerte que aludía a una segunda pisada. Repasar o dar repaso, era revolver y menear los montones en que se van incorporando los magistrales y el azogue para beneficiar la plata, afirmaba Gamboa. Por último, para G. Mendoza “revolver, los Indios con los pies o por medio de pisadas de animales, la mezcla de mineral y azogue en los cajones del buitrón, con objeto de acelerar el proceso de la amalgama”. Los encargados de efectuar el repaso, desde la Colonia, fueron llamados repasiris. En: Langue/Salazar-Soler 1993: 530-531. 215 Agradezco este trabajo del historiador Tristan Platt, presentado en el Coloquio en Homenaje a Carlos Sempat Assadourian, y que se llevó a cabo en México. Este historiador denomina a los años 1838 y 1842, como “un primer ciclo republicano de la plata”. 216 Sabemos que, en 1830, los jóvenes Francisco de Paula y Serapio, ya estaban
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procesando menas argentíferas en su primer ingenio denominado Jesús María. Dos años después, empleaban más trabajadores que cualquier otro azoguero en Potosí, y obtuvieron un préstamo de más de 6 000 pesos del Banco Nacional de Rescates (casi el doble del crédito otorgado a su rival más próximo, José María Velásquez). En 1833, los Ortiz producían semanalmente el triple que Velásquez. En: Platt 1996: 12.

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ingenio del azoguero Juan José de la Rúa. Gorostiaga, contrajo nupcias con la hija de su patrón, Tomasa de la Rúa. (Platt 1996: 12, 31, 44). Los Ortiz, antes de la construcción de la maquinaria, estaban a la cabeza entre los productores del argento y, desde 1836, su invento les permitió aumentar su producción. Lamentablemente, como en otros casos que mencionaremos, no se conocen datos técnicos de este singular equipo; y lo que sí existe, son las relaciones entre los costos comparativos de concentrar un cajón (normalmente, 2.3 toneladas de mena) (Platt 1996: 13). Más o menos, los hermanos denominaban a su invento, como: el sistema de circos mecaniza-dos. En todo caso, se trataba de una invención americana de bajo costo. Su éxito radicaba en que por falta de mano de obra, ya que la coacción había sido abolida, ésta fue reemplazada por un equipo de mezclado, que constaba de “un eje horizontal de madera, adornado con paletas en forma de espiral, daba vueltas dentro de un circo amurallado en torno a un eje vertical central, girando al mismo tiempo sobre su propio eje y así revolviendo el mineral con el azogue en todo el circo por la fuerza de sus paletas en rotación” (Platt 1996: 14).217 Una comisión conformada, por: Nicolás Corominola, Domingo Estevan Garrón y Mariano Caballero (todos miembros del Gremio de Azogueros), en mayo de 1836, realizaron pruebas con cantidades variables de menas; desde algunos kilogramos, hasta una última experimen-tación con casi 14 toneladas. Se efectuaron simultáneamente las pruebas entre los dos métodos y, algunas de sus conclusiones, fueron: a) reducción del tiempo de amalgamación de veinte (tradicional) a catorce días (Ortiz); b) el tiempo podía todavía reducirse más, si se cambiaba la mula por agua, viento o vapor (esto significaba más horas de mezclado); c) el costo de tratamiento era de 115 pesos (del tradicional) contra 50 (del nuevo); d) para tratar las casi 14 toneladas, en el método tradicional se ocupaba entre 8-10 trabajadores, que se ahorraban con el nuevo método; e) la pérdida de azogue en el circo era mínima (345 gramos) contra 4.7 kilogramos en el proceso tradicional; f) se podía trabajar con el método nuevo en invierno, lo cual no era fácil con el tradicional, por las heladas; y, g) la nueva máquina permitía rebajar gastos en trabajadores, tiempo, azogue, herramientas, riesgos de robo, etc., etc. Estas conclu-siones fueron confirmadas en Cerro de Pasco, un año después (Platt 1996: 17). Otro azoguero, Inocente Agustín Telles, llevó a la práctica en mayo de 1831, en el ingenio Charichari,218 perteneciente a Leandro de Uzín, una maquinaria que empleaba el agua como fuerza motriz. La diferencia entre ambos equipos consistía, en que: la de los Ortiz, daba preferencia a las paletas de madera (hasta 40, 5 a cada lado de la palanca octogonal); estas paletas (fijadas sobre el eje horizontal) rasaban el enlosado del circo, alzando la mezcla hasta dejarla caer en cada rotación. Por su parte, la de Telles, constaba de “seis ruedas [de aplasta-miento] como tinternillas a tres por lado, unas grandes otras pequeñas, no en altura sino en longitud, con el fin de que las unas amontonan, pisen y deshagan las otras” (Platt 1996: 15).219
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“Todo su mecanismo es el siguiente: en el medio de un circo de ocho varas [6.7 metros] de diámetro esta un trozo de madera sobre cuyo centro está un gorrón de fierro, en el que descansa la manga de un eje de madera todo cubierto en forma espiral de cuarenta paletas de lo mismo; y cuyo otro extremo sobresaliendo vara y cuarta [un metro] de la línea exterior del circo, se apoya sobre una rueda vertical que movida en torno del mismo círculo por una sola mula, da al eje un movimiento de rotación con el que bate y mezcla la masa de metal [mineral] con una prontitud, igualdad y perfección admirable (...). La única bestia que hoy mueve la máquina puede ser fácilmente reemplazada por agua y vapor”. En: Platt 1996: 14. 218 Chari-chari, en el original. Posiblemente se refería a Guariguari. 219 La máquina de los Ortiz, se probó en Cerro de Pasco/Perú; y otra vez se compararon los dos equipos, uno de fabricación local (circo de caballos) y el de los salteños. En: Platt 1996: 16-20.

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A mediados de 1836, Manuel Ortiz viajó al Perú, para solicitar al gobierno de la Confede-ración Perú-Boliviana, una indemnización para el uso irrestricto de su maquinaria en todos los centros mineros. Una vez que arribó a Cerro de Pasco, mandó construir un prototipo en la hacienda Sacrafamilia; y el 10 de septiembre, la Diputación de Minería de ese centro minero, conformó una comisión (integrada por Mariano Soto, José Bermúdez y Simón Dupui), para “su reconocimiento y examen” (Platt 1996: 17). Un inglés residente en Cerro de Pasco, Abraham Woolcott, inventó otra máquina de repasado para entrar en competencia con la de los Ortiz. No obstante, el prefecto se adelantó a presagiar que el invento de Ortiz tenía prioridad por la simplicidad de su construcción; pues la del inglés, era cara (Platt 1996: 17-18).220 En 1837, Andrés de Santa Cruz, resolvió que debería realizarse una nueva demostración de su máquina mezcladora y que, de acuerdo a los resultados, el gobierno decidiría “si era más conveniente conceder al inventor el privilegio de hacer uso exclusivo de la máquina por un número determinado de años, período durante el cual los demás mineros podrían tener acceso a sus ventajas mediante contratas directas con Ortiz; o si más bien sería [fuese] preferible pagarle una indemnización por el uso general de la máquina por todos los mineros” (Platt 1996: 17). No hemos de entrar en los detalles de esta controversia, ni del largo juicio que confrontaron los tres hermanos contra el gobierno. En 1840, Calixto Yánez, estaba experimentando un nuevo aparato, una variante de las máquinas de Ortiz y Telles; su capacidad era pequeña (procesaba no más de media tonelada, contra las casi 14 toneladas de la máquina de los Ortiz). No había constancia que este nuevo equipo se haya instalado y aplicado en la Ribera de Potosí; aunque, en 1861, los empresarios Pacheco y Ramírez, seguían experimentando con este aparato en el ingenio de Guadalupe (Platt 1996: 34). Podemos decir que esta nueva máquina se la probó y trabajó en la Ribera de Potosí, en cinco instalaciones propias de los Ortiz; y entre otros, en el ingenio de la Concepción, nombrado Zabaleta; y otras dos, se instalaron en los ingenios Guayllaguasi y Quintanilla. En todas se construyeron seis circos y se emplearon 14 mulas, y 2 ó 3 peones diarios en cada uno de ellos. También, se menciona la existencia de una máquina instalada en las Salinas de Garcimendoza (Oruro) y en Guariguari (cerca de Potosí) (Platt 1996: 27-28).221 Se instalaron más mezcladoras en los ingenios, ya que algunos azogueros adoptaron la nueva tecnología. Serapio Ortiz, informó que su equipo ya lo empleaba el industrial minero Palacios, de Arque (donde se procesaba más de 690 toneladas de mena); un tal Lemos, en la ciudad mandó instalar esta innovación en su ingenio; y el mismo Serapio, construyó a su costa una para el
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La máquina de los Ortiz, podía ser construida por cualquier persona y era fácil de trasladarla. El protector, de la Confederación Perú-Boliviana, debía decidir si se concedía al inventor el privilegio de hacer uso exclusivo de su equipo por un número determinado de años.; durante ese tiempo, los demás mineros podían acceder a la nueva tecnología haciendo contratos con los Ortiz. Otra opción era, pagarles una indemnización y que todos puedan usar la idea. En: Platt 1996: 17. 221 La mina Moladera, sería la operación más rentable y productiva de los hermanos Ortiz, en los años cuarenta; reemplazando la boya que se había dado en los treinta; en la mina San Bartolomé (Platt 1996: 27). Moladera, podría tratarse de la mina Amoladera, trabajada con mucho éxito en el siglo XVII, por el famoso minero y azoguero, Antonio López de Quiroga. La nueva máquina construida en Guariguari, aumentó la producción hasta colocar a los Ortiz como los principales productores de la Ribera; y prescindiendo enteramente de los repasiris. En: Platt 1996: 40.

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azoguero Garrón, y éste pueda así amalgamar unas 18 toneladas a la semana. Al parecer, esta máquina se construyó también para que la Comisión pueda hacer sus exámenes comparativos (Platt 1996: 23). En 1843, Manuel y Francisco de Paula, formaron una empresa para trabajar con el ingenio de Siporo, la 'Sociedad Siporo', de Machacamarca. Después, en 1846, otra empresa, para cons-truir un socavón y explotar las minas de Guariguari; la misma que, en 1852, se convirtió en la 'Sociedad Ortiz y Dermit'. En 1856, la 'Sociedad Guariguari', aparece como el tercer productor de plata de la Ribera. Pero, con el paso de los años, los negocios empiezan a tambalearse. En 1852, el hijo de Manuel, se presta 1 020 dólares de José Montero, hipotecando sus bienes y arrendando por cuatro años dos minas en el Cerro Rico a María Orueta, pagándole 270 pesos al año. Estas actividades duraron poco; pues en 1856, ya estaba vendiendo las minas Medina y Hundimiento, ubicadas en el Cerro a Ignacio Osio; y otras dos minas: San Agustín e Ichuichu, a Manuel Alquizalete. En 1864, compra el socavón y la mina Candelaria, en el cerro Canu-tillos, de Machacamarca, en 6 000 pesos; hipotecando su hacienda y las minas de Guariguari. Este desplazamiento desde este último asiento a Machacamarca, fue anticipado por su padre Manuel, en 1842, cuando conformó la 'Sociedad Siporo'. En 1872, Manuel y sus hijos pierden la hacienda de Guariguari, que fue adjudicada a su acreedor Salvador Gutiérrez; por no haber podido honrar la deuda de 8 000 pesos prestados por Gutiérrez, al apoderado e hijo político de Manuel, Juan Urioste. Serapio, también entró en decadencia; y por 1867, todavía las minas de Garcimendoza estaban en poder de la familia, cuando llegó a una transacción con ciertos acreedores bolivianos, y el empresario Jacobo Aillón, se apoderó de los últimos restos del sueño minero de Serapio Ortiz. (Platt 1996: 38, 40). Para terminar, Platt se pregunta por qué no se generalizó el invento de los Ortiz, entre los azogueros potosinos. Y la respuesta, es: por el apego a lo tradicional que los industriales mine-ros tenían. Lo que nos recuerda el fracaso, a fines del siglo XVIII con el método de barriles (método de Born), cuando los azogueros potosinos lo rechazaron, para no perder la mano de obra coaccionada. Los inventores quisieron implantar su tecnología en grande, habiendo negociado un crédito de 20 000 pesos en el comercio chuquisaqueño, hipotecando uno de sus ingenios (Platt 1996: 30). Este capítulo se cierra indicando que tres hermanos, huérfanos de padre, y que llegaron a Potosí, casi niños, acompañando a su madre, surgieron de la nada para convertirse en innovadores de la técnica de mezclado o repasado en la amalgamación; que hicieron fortuna y la compartieron entre Potosí/Bolivia y Salta/Argentina.222 5.3.- Empresas en el Cerro Rico de Potosí La actividad en la Montaña de Plata, nos sirve de ejemplo, y no debe llamar la atención la poca referencia a otras operaciones en los Andes bolivianos; ya que, la primera, atrajo a los inversionistas por su reciente rol jugado en la Colonia y porque existe mayor documentación, frente a los otros distritos mineros.

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Lo interesante radica en la red familiar que se establece a partir de Manuel Ortiz (el único que permaneció en Bolivia, hasta su muerte; ya que los otros dos hermanos regresaron a Salta) y sus hijos: “desde Fullá (EspañaPotosí), hasta Linares (Sucre), los Lizarazu y Frías (Potosí), y finalmente Patiño (Cochabamba, Oruro, Potosí, Paris ...). En Bolivia, la élite que se internacionaliza tiene sus raices en el centro-sur del país, pero dentro de esa macro-región cruza varias fronteras regionales. Por otra parte; los Ortiz, de Salta, se concentran en una sola red intrarregional: los Otero, Isasmendi, Gorostiaga, Alemán, Gomez Rincón, etc., son todos de Salta (...)”. En: Platt 1996: 48.

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En 1825, la empresa 'Chilena and Peruvian Company', envió a su representante que llegó a Potosí. Éste obtuvo una serie de concesiones mineras en distintos lugares. Lamentablemente, los contratos no fueron ratificados por su casa matriz en Londres (Capriles 1977: 83). También, en ese año, se conformó una compañía en Londres: 'Potosí, La Paz and Peruvian Mining Association', con un capital de un millón de libras esterlinas (unos cinco millones de bolivianos).223 Su presidente fue Juan García del Río; y su vicepresidente, el general James Paroissien. Ambos, con el rango de ministros plenipotenciarios del Perú, en las cortes euro-peas. Como directores figuraban: W.A. Ingilby, William Russell, Charles Tennyson, John Walpole, Francis Desanges, William Holmes, Lyndon Evelyn, C.A. Thiselton, J.B. Lousada, J.D. Carvalho, James Hunter y Emanuel Lousada. Eran sus agentes, en Sudamérica: en Potosí: Joaquín de la Quintana; en La Paz: N. Mariaca; en Lima: Francisco Álvarez Calderón; en Trujillo: Modesto de la Vega; en Tucumán: José Ignacio Garmendia y en Buenos Aires: Félix Castro.224 El principal objetivo de esta asociación era emplear el dinero en yacimientos de oro, plata, platino, mercurio, cobre y otros minerales en las regiones de Potosí y La Paz. El capital se componía de 20 000 acciones, cada una de 50 libras esterlinas. La primera entrega de 5 libras por acción, debía ser pagada antes o el 30 de abril, en mano de los banqueros de la Asociación a la cuenta de los directores; y el remanente de 45 libras por acción, en aquellos plazos fijados por los directores. Las cancelaciones se harían a los 21 días de conocida la notificación.225 Entre las consideraciones que se hicieron para invertir capitales, y con respecto a la minería, se comentaba: Las minas potosinas desde el tiempo de su descubrimiento hasta 1803, aparecen en todos los informes oficiales que fueron trabajadas mal; y que sin embargo habían producido anualmente en promedio cerca de un millón de libras esterlinas. Consiguientemente, eran bien conocidas y no requerían mayor comentario. En otra fuente se dice que una compañía inglesa, que tiene que ser la arriba nombrada, traía en el buque Potosí, todo lo necesario para iniciar una operación a gran escala (Aramayo 1874: 15). 226 Esto significa, que se había embarcado una numerosa comisión de expertos, con la maquinaria apropiada, el mercurio, herramientas y toda clase de insumos. Esta misión que llegó a gastar 100 000 libras esterlinas, llegó a Arica. Como ya hemos comentado, el pánico monetario de 1826, repercutió; y todo el cargamento del buque se vendió o fue confiscado por los acreedores; y los miembros de la misión tuvieron que regresar a Europa. 5.3.1.- 'Compañía del Real Socavón' y 'Sociedad Bolívar' En 1828, se formó en Potosí una pequeña compañía de 40 accionistas que querían continuar la obra del Real Socavón; y después de haber invertido el equivalente a unos 75 000 dólares
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Agradezco este documento al desaparecido historiador inglés William A.S. Sarjeant. La Compañía, compró a unos españoles sus intereses mineros en Potosí, por 10 000 libras esterlinas. Invirtie-ron en herramientas e insumos mineros y en técnicos contratados en Durhan y Cornwall (Capriles 1977: 83). 224 Además, figuraban, como auditores: R. Arbuthnot, J.R. Ward y Lewis Henry Desanges; banqueros: William Curtis del Bart. Robarts & Curtis y Richard Carr Glyn del Bart. Mills, & Co.; como consejero permanente: L. Shadwell; Solicitador: John Crosland; y secretario: John Channon. En: Aramayo 1874: 1. 225 Calificación de un director, equivalía a 30 acciones, y la calificación de un auditor, 20 acciones. De todos los presentes en la reunión, a cada propietario de 10 acciones tenía derecho a un voto, y de 20 y más acciones valía por dos votos. En: Aramayo 1874: 2. 226 De la carta de Isidoro Aramayo, enviada a Romualdo de La Riva, el 30 de marzo de 1874; y que fue publicada (como: Potosí, Historia de sus minas). En: Aramayo 1874: 1-35.

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suspendieron el trabajo (Aramayo 1874: 15-16). El abogado Modesto Omiste, elevó un informe sobre los títulos de propiedad de la 'Compañía del Real Socavón'.227 Del mismo, obtenemos valiosos datos sobre las empresas que le precedieron y las de una de mayor magnitud. Sobre ellas trataremos en detalle más adelante. El 19 de septiembre de 1840, el prefecto de Potosí, adjudicó a la 'Sociedad Bolívar', el socavón llamado Berríos y las cuatro minas de Cotamito y Pampa-Oruro, por el hecho de estar abandonadas. El auto prefectural fue aprobado el 7 de octubre, por el Supremo Gobierno. Citados los colindantes: Pedro Laureano de Quezada y Mariano Barrenechea no hicieron oposición; pero se salvaron los derechos del primero por los rodados, en cuyo interior se hallaban los referidos intereses (Documentos 1885: 1).228 Por otro lado, Antonio Rojas, representante de la Sociedad Potosina, y dueño de los socavones Forzados y Berríos, se opuso a la anterior concesión alegando la falta de notificación. Esta empresa era adjudicataria del socavón Berríos, por Decreto del 1 de junio de 1827. Sin embar-go, Rojas, se retiró el 22 de enero de 1841 y, consiguientemente, subsistió la adjudica-ción con la 'Sociedad Bolívar', a la que se ministró posesión de los intereses adjudicados por el alcalde veedor Eduardo Subieta, en 30 de enero de 1841 (Documentos 1885: 1). Los indígenas Carlos Flores y Pedro Zelaya, solicitaron y obtuvieron el 29 de agosto de 1849, tres estacas en la catamita Santa Rosa. La 'Sociedad Bolívar', les entabló un juicio alegando estar dicha adjudicación dentro de las cuadras de Pampa-Oruro y Cotamito. Una vez que se procedió al reconocimiento pericial se dio en parte razón a los nativos; ya que, si bien la bocamina estaba fuera de las cuadras del socavón, a los 168 metros su corrida se internaba en los límites de Pampa-Oruro, y por este motivo les anularon su petición. Las mismas personas volvieron a pedir la susodicha mina, ahora con el nombre de Nuestra Señora del Pilar, alegando que no estaba en trabajo o sea que era despoblada, en todo lo que se encontraba fuera de las cuatro cuadras de Pampa-Oruro. La 'Sociedad Bolívar', terminó indemnizando a Flores y Zelaya, los que desistieron de su acción en enero de 1850 (Documentos 1885: 2). La 'Compañía del Real Socavón', surgió el 25 de septiembre de 1854, sobre la base de las propiedades adquiridas a Francisco Paula Ortiz, quien tenía en su poder 98 acciones efectivas de 1 300 pesos cada una, formando un capital de 127 400 pesos.229 Entre 1854 y 1861, sus minas produjeron 3.5 toneladas de plata, avaluadas en 150 673 pesos; de éstos, con 82 073 cubrían sus gastos de operación (mina e ingenio), quedando un saldo a favor de 68 600 pesos que fueron reinvertidos, especialmente en infraestructura. En esos casi siete años, la compañía invirtió 280 906 pesos, y terminó con un déficit de 60 412 pesos (Empresa:1-16).

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Informe del suscrito abogado sobre los títulos de propiedad de la Empresa del Real Socavón de Potosí. En: Documentos 1885: 1-10. 228 Modesto Omiste, fue nombrado abogado por John Hugh Teare, que era el representante de la compañía 'The Royal Silver Mines of Potosi'. El abogado tenía que examinar y averiguar los títulos de pertenencia de la 'Compañía del Real Socavón', con arreglo a los poderes otorgados en Londres, fechados el 11 de agosto de 1884; y en cumplimiento de ello elevó su informe, el 21 de noviembre de 1884, el mismo y que fue publicado ( Documentos referentes a la Compañía del Real Socavón. Potosí). Se adjuntan al informe, comentarios y algunas actas de reuniones efectuadas en el mes de diciembre, de Pedro H. Vargas. 229 “Los verdaderos y únicos títulos de propiedad de la Compañía del Real Socavón, son: la adjudicación de 10 de octubre de 1854, la de 31 de octubre de 1856, y la de 11 de agosto de 1857”. En: Documentos 1885: 5.

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El 28 de septiembre de 1854, José Avelino Aramayo, denunció por despoblado el socavón Berríos o del Rey, junto con las minas que le corresponden (Pampa-Oruro y Cotamito). Puestos los carteles de ley y recibida la información de los testigos: Romualdo de la Riva, Manuel Lizarazu y José María Caso, le fueron adjudicados por auto de 10 de octubre del mismo año. También pasó lo mismo con el socavón Forzados y Don Aurelio, que se adjudicó pese a la oposición de Luis Bartolomé Montero. Se ratificó la concesión prefectural de fecha 31 de octubre de 1856. Como en el caso anterior, no hay evidencia de la diligencia de posesión ni la citación que debía darse a los colindantes. Finalmente, Aramayo solicitó en fecha 8 de mayo de 1857, a la Prefectura, que de acuerdo al Código de Minería se le adjudiquen todos los planes de las minas inundadas y abandonadas; ya que era necesario desaguar sus socavones. Obviamente, hubieron personas que presentaron sus oposiciones. Citemos algunas: Félix A. Revilla, pidió se separe de esa adjudicación un socavón de su pertenencia situado al Oeste del Cerro y corrido a planes de la veta Encinas; Guillermo Carder Petrik, los planes de las minas San Agustín, Carmen y Viscachani; Manuel Pablo Nieto los planes de la mina Blas Encinas; Miguel Torres, administrador de Francisco de Paula Ortiz, de los planes de la mina Arenas, contigua al socavón Forzados y Rey Socavón. El 11 de agosto, se ratificó la anterior adjudica-ción (Documentos 1885: 2-4). Resumiendo: los únicos títulos de propiedad de la 'Compañía del Real Socavón', a través de José Avelino Aramayo, eran las adjudicaciones señaladas en el párrafo anterior. Está claro que la Compañía, se hizo propietaria del socavón Berríos o del Rey, y de las minas que le corres-ponden ubicadas debajo de la bocamina Jerusalén; así como del socavón Forzados y del ingenio Quintanilla. La petición relacionada con los planes inundados y abandonados, adolecía de fallas, porque no se había especificado a cuáles vetas iba dirigida y porque afectaba a otros mineros (Documentos 1885: 10). En muchos documentos aparece entonces José Avelino Ortiz de Aramayo, como el organi-zador de la Compañía; figurando el año de 1854, como el de consolidación. Hasta el 31 de enero de 1872, esta empresa había dispuesto para las obras más de 391 487 dólares. Un famoso recolector de documentos sobre la minería, Ernesto O. Rück,230 ha calculado que en el famoso Real Socavón, que se principió por el Berríos, se había invertido hasta 1869, la friolera de 1 066 415 dólares (Aramayo 1874: 16). 5.3.2.- 'La Riva y Compañía' El 8 de agosto de 1857, se fundó 'La Riva y Compañía'. Tres conocidos industriales mineros potosinos se habían asociado para ello: Romualdo La Riva, José María Basabe y Anselmo Hernández. Gracias a la constancia y tenacidad de sus administradores y superando momentos difíciles,231 logró éxitos impresionantes; a tal extremo que los dividendos fueron altos y sus socios saborearon excelentes ganancias. Trabajaron unas 20 minas en el Cerro, entre las que figuraban: La Riva, Caracoles, Arenas y Rey Socavón; y su producción, ya beneficiada, alcanzaba a 506-690 kilogramos de plata al mes (Roncal 1984: 87). En la carta ya citada de I. Aramayo, del 30 de marzo de 1874, se dice que las dos principales empresas del Cerro Rico: La 'Compañía Minera del Real Socavón' de Potosí y la sociedad 'La Riva y Compañía', se habían reunido para buscar capitales en el exterior. No obstante, hasta esa fecha no se había efectuado inversión alguna. Aquí valdría la pena detenerse para comen-tar el estado y la
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Esta colección está depositada en el Archivo Nacional de Bolivia, en Sucre. Llegó un momento en que no tenían para pagar, 16 000 bolivianos, por concepto de pan de su pulpería. En: Roncal 1984: 87.

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forma de la explotación que se practicaba en esos años, caracterizados por una de las tantas crisis mineras. Las causas para la decadencia de la actividad minera, radicaban en: a) pésima explotación en las minas, b) falta de conocimientos metalúrgicos, c) falta de capital y d) un último argumento que se discutía, se refería al k’ajcheo (Aramayo 1874: 30-31). En el primer caso, que es junto a los dos últimos, el que en este trabajo nos interesa, se nombraba que se había explotado en la Colonia sin tener conocimiento del laboreo de minas, y que ahora eso repercutía negativamente; junto a la falta de capital, originado por la Guerra de la Independencia. El dinero se necesitaba para adquirir, principalmente: perforadoras, com-presoras (para la ventilación) y bombas (para desaguar). El último punto era conflictivo; consistía en una negociación entre los propietarios de minas y los obreros, por medio del cual los últimos eran pagados por su trabajo con la mitad de la producción o extracción. “Si esto fuera todo, el mal no sería grave; pero, burlando la vigilancia de los dependientes, ocultan y hacen contrabando del metal mineral más rico, y sacan a la boca-mina sólo el resto, para que sea repartido entre el patrón y ellos” (Aramayo 1874: 30). Los k’ajchas o cajchas, trabajaban sin preocuparse de la fortificación; ya que, extraían los puentes, obstruían los socavones llenándolos de cajas, impidiendo así la ventilación y el libre tránsito. Esta forma tan caótica de explotar, sin acordarse que la recuperación de la mayor parte del mineral es una premisa para abandonar una labor, condujo a que ellos sigan practicando la “explotación de rapiña”; además, era la única que practicaban.232 Es bueno, además, considerar los comentarios de los expertos Woodfield y Bawden: “Hacemos notar que, los resultados que probablemente se obtendrían trabajando las minas de Potosí por una Compañía con suficiente capital para abrir socavones en la vecindad de las vetas, para atender a los desagües y ventilación, y para llevar adelante arreglos sistemáticos con objeto de adquirir una duradera y permanente renta sobre un capital juiciosamente gastado, no pueden compararse con los que se obtienen en el día por el sistema en uso. Las operaciones mineras, se llevan invariablemente por dos medios ruinosos: el cajcheo, especie de tributo; y la mita, trabajo seguido de 36 horas. Si á esto se agrega la ineficaz superinten-dencia [de] planificación en los trabajos, inevitablemente deben sufrirse grandes pérdidas” (Aramayo 1874: 31-32). El comentario es obvio y dejamos al lector sacar sus propias conclusiones. Ellos también reclamaban la falta absoluta de mantenimiento y; esto, como base para tener costos más bajos. La causa radicaba en la mala calidad de las herramientas. Finalmente, se deja entrever que la mano de obra en Potosí, estaba muy relajada en sus costumbres y actuaba ya con mucho cinismo, porque no había minero que no haya “robado mineral”. Esto ocasionaba que el trabajador deambule de una empresa a otra, y siempre esté buscando buenas minas para practicar su habilidad. 5.3.3.- Guillermo Schmidt y sus intereses Pasamos ahora a presentar a otra empresa. El 20 de mayo de 1881, se efectuó la Junta Ordinaria, de la 'Sociedad G. Schmidt y Cª.'.233 Entre el centenar de sus acciones figuraban:
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“El sistema de cajcheo ha prevalecido anteriormente en todas las minas de Bolivia, pero sólo en Potosí se [la] practica en el día; es cierto que no ha habido tentativas serias para abolirlo, a consecuencia de la falta de cordial cooperación entre los propietarios de minas”. En: Aramayo 1874: 31). 233 Junta Ordinaria, de 20 de mayo de 1881. A eso se añadía la Sesión ordinaria del 26 de mayo y un Balance de comprobación, de 24 de abril. En: Sociedad 1881: 1-9.

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a) Acciones representadas (65): Guillermo Schmidt, por sí 16 acciones; Narciso Mayora, por sí 12; Félix Moreira por José N. Morales, 12; Ignacio Osio por José María Arce, 7; Severo Fernández Alonso, por sí 4; Juan Manuel Basabe, 3; Melitón Pacheco por Daniel Álvarez, 2; Evaristo Costas por Manuel M. Garrón, 2; Pedro Coss, 2; Demetrio Calbimonte, por sí 1; Romualdo de la Riva, 1; Manuel Revilla, 1; Antonio Bellido, 1 y Moisés Arce, 1 acción. b) Acciones no representadas (35): Manuel Cuellar, 11 acciones; Daniel Michel, 5; Reservadas, 5; Gregorio Pacheco, 3; Olañeta Alarcón, 2; Antonio Reinolds, 2; Melchor Chavarría, 2; Camilo Gil de Muro, 1; José Montero, 1; Félix A. Revilla, 1; Candelaria Argandoña, 1 y Telmo Ichazu, 1 acción. Su presidente, informaba de las actividades mineras en el Cerro. Así, decía: el trabajo de “limpia y madero Carril del Socavón”, que se estaba efectuando desde el año de 1879, fue paralizado durante cuatro meses debido a la falta de recursos. En vista del deterioro que estaba sufriendo el tránsito del socavón, Schmidt, decidió darle más impulso y se prestó 1 000 Bs.; y con eso logró cortar tres vetas conocidas y sólo faltaban unos 17 metros para tender riel hasta el tope (Sociedad 1881: 2-3). La construcción del socavón de 86 metros enfrentaba problemas inherentes a la constitución petrográfica de la roca, una caja muy gredosa (en una extensión de 33 metros) y, fuera de ella, muy floja; lo que ocasionaba constantes derrumbes. Con este trabajo y con recortes o corridas adicionales se había alcanzado la veta Polo (con ley de 4 kg/t Ag), de fácil explotación. Otra corrida cortó otra veta que tenía una ley de 7.5-8 kg/t. Para proseguir la explotación se proponía la limpieza del camino o abrir otro, sobre la veta con minerales de la misma calidad en plata. De este modo mejoraría la ventilación y se podría extraer las menas de San Antonio, que habían costeado el trabajo. Otra sugerencia era seguir la corrida en dirección Oeste, para cortar la Veta Encinas. 234 Esta veta debía cortarse a los 17 metros, según referencias de los entendidos en la materia; y esto debería haber sido confirmado al practicar la mensura de las estacas (Sociedad 1881: 3-4). Los datos del informe del Presidente de esa Sociedad Minera, debían ser verificados por una comisión que se formó para el efecto, y que estaba compuesta por los señores Evaristo Costas e Ignacio Osio; otra, debía revisar la contabilidad y estuvo conformada por los señores Moisés Arce y Melitón Pacheco (Sociedad 1881: 4). A la semana, una nueva sesión ordinaria fue convocada; donde informaron los comisionados sobre el socavón Candelaria. Su informe pericial, dice que: El rumbo giraba de NE a SO; tenía una longitud total de 401 metros, todo con madero carril; una pendiente de 0.42 metros %; desde ese punto existía un avance de unos 27 metros. Otro detalle era, que la fortificación de madera iba a ser reemplazada por mampostería de piedra labrada. No había problemas de ventilación y el desagüe funcionaba (Sociedad 1881: 5). Una indicación interesante tenemos respecto a la potencia de las vetas y al tipo de mineral. Así, la veta Polo, estaba dividida en tres cuerpos: La primera parte, tenía un ancho de 0.42 a 0.63 metros de “metal chumbe acerado y bronce” en roca dura, que se dejaba explotar; el segundo cuerpo, vetillas de 2.5-5 centímetros de “metal acerado”; y el tercer cuerpo, de 0.63 metros de “metal chumbe con puntas acerado cochiso”. De este tope, a la veta Encinas, tenía que hacerse un avance de 67-75 metros, mediante el socavón Potosí; y ésta era una recomen-dación que dieron varios
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Más al Norte tenía trabajos el industrial minero Girdwood, y ese mineral tenía una ley de 50-100 kg/t. En: Sociedad 1881: 4.

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ingenieros (Sociedad 1881: 5-6). Revisados: el libro Diario, el Mayor, de Caja y el de Planillas; con respecto al socavón Cande-laria y la mina San Antonio, no había observaciones al balance presentado el 24 de abril. Las cuentas habían sido cerradas desde el 1º de agosto de 1878, hasta el 31 de diciembre de 1880. De la misma forma, se aprobó el déficit de Bs. 2 003 con 40 centavos, que él arrojaba. Como recomendación final, la Junta autorizó seguir con la corrida al Oeste, para cortar la veta Encinas y otras ( Sociedad 1881: 6-7). Fue elegido un nuevo directorio, en conformidad a la escritura de erección y a los estatutos. Los nominados fueron: Presidente propietario, el socio Manuel Cuellar; Tesorero propietario, el socio José María Arce; Secretario propietario, el socio José N. Morales; Suplente propie-tario, el socio Guillermo Schmidt y Moisés Arce (Sociedad 1881: 7). Los asistentes a esta Junta, fueron: D. Calbimonte, G. Schmidt, Narciso Mayora, pp. J.N. Morales, Félix Moreira, pp. José M. Arce, José I. Osio, pp. Daniel Alvarez, Melitón Pacheco, pp. Manuel M. Garrón, y Antonio Bellido, E. Costas; Severo Alonso, Secretario (Sociedad 1881: 8). Guillermo Schmidt, murió en Potosí; y los restos de este dinámico empresario, conocido como un fuerte productor de rosicler, en el Cerro Rico, descansan en la Iglesia de San Juan de Dios. 5.3.4.- 'The Royal Silver Mines of Potosí Bolivia, Limited' Veamos ahora otro informe de la época, y la consolidación de una de las más importantes empresas que operó en el Cerro: 'The Royal Silver Mines of Potosí Bolivia, Limited'. Pedro H. Vargas, también nos hace conocer su opinión sobre los derechos propietarios (sobre los socavones Pampa Oruro, Real Socavón y Forzados) de José Avelino Aramayo, en carta del 6 de diciembre de 1884 (Documentos 1885: 12).235 El, fuera de tratar ese tema, hace comentarios valiosos; y eso nos da idea sobre el estado de la minería en el cerro de Potosí. En el año de 1857, sólo existían o trabajaban en el cerro un pequeño número de empresas. La mayoría de las minas eran explotadas por el sistema de “cajcheo” o el “pallaqueo”, de los innumerables desmontes. Por este motivo, no nos alarmemos al conocer que muchas de las minas estaban inundadas; y por esta causa, abandonadas (Documentos 1885: 13). Por esos motivos y otros, se tuvo que hacer la reconstitución de los intereses de la Compañía, con arreglo a la nueva legislación de minas; esto era indispensable, ya que la nueva sociedad formada en Londres, exigía que todos los papeles estuvieran en orden, y ése había sido el trabajo encomendado a su representante John H. Teare, a quien le otorgaron poderes (a 11 de agosto de 1884). De un memorando, publicado por el Directorio de la 'Compañía del Real Socavón', llegamos a conocer datos complementarios y los entorpecimientos que habían sobrevenido, a tiempo de constituirse la nueva empresa formada en Londres (Memorandum: I-II). Como antecedente, nos informan que la fecha del inicio de trabajos de la arriba mencionada compañía, fue 1857; cuando acometió la obra magna de perforar el Cerro mediante el Real Socavón y el de Forzados. Hacen resaltar que si bien otros habían fallado en esa tarea, y que varias sociedades fracasaron en el intento, sin “poder llegar a término esta obra colosal”, ellos
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Consta en la contestación que dio P.H. Vargas, en fecha 6 de diciembre de 1884, al Dr. Modesto Omiste, y presentada luego a la Junta Directiva de la 'Compañía del Real Socavón' mediante el al apoderado de la nueva Compañía conformada en Londres, a 11 de agosto de 1884. En: Documentos 1885: 11-15.

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emprendieron el reto luego que se efectuaron investigaciones costosas. La dureza de la roca, la falta de equipos y otros percances e imprevistos, hicieron que los fondos, más de medio millón de pesos, se agotaran. La Empresa no se desanimó y autorizó a Félix Avelino Aramayo, hijo de José Avelino, motive a inversionistas tanto nacionales como extranjeros. Por fin, consiguió en Londres formar la gran Compañía, según consta por el contrato celebrado el 1 de julio de 1882, con los señores 'John Hegan Teare y Compañía'. Consolidada la empresa, el directorio de Londres, mandó a este señor con plenos poderes para que acredite todos los intereses pertenecientes a la 'Compañía del Real Socavón' (Memorandum: I-II). Teare, pasó todos los documentos al Dr. Omiste, y fueron también discutidos por Pedro H. Vargas. Es interesante saber, quiénes fueron los convocados, potosinos principales, para formar parte de la empresa 'The Royal Silver Mines of Potosí Bolivia, Limited'. Para ello nos valemos de un acta de la reunión efectuada el 11 de diciembre de 1884. Figuran como asistentes, los ya conocidos industriales mineros o sus representantes: Pedro H. Vargas, John Hugh Teare, Félix Avelino Aramayo, Modesto Omiste, Guillermo Schmidt, Demetrio Calbimonte, E. Costas, M. Iraola, José N. Morales, F. Zamora y A.F. Vargas. Obviamente, hubieron personas que no quisieron conformar la futura empresa; otros, estaban dudando, ya que no tenían respuesta confiable de las personas consultadas; otros, recién se estaban enterando del proyecto. Final-mente, otros querían firmar el pacto ad-referendum. El representante inglés, por su lado, exigía una definición casi inmediata (Documentos 1885: 16-17). Una semana más tarde se volvieron a reunir P.H. Vargas, M. Omiste, M. Iraola, D. Calbimon-te, J.N. Morales, F.A. Aramayo, A.F. Vargas y J.H. Teare. Abierta la sesión, J.N. Morales indicó que no se acepte el arreglo propuesto, y más bien se vendan los intereses de 'Schmidt y Compañía' a la firma británica. Calbimonte, estaba de acuerdo, en nombre de 'La Riva y Compañía', de incorporar sus propiedades a la sociedad. El señor Iraola, sólo quería responder por sus propios intereses y que ellos formen parte de la compañía (Documentos 1885: 18-19). Como los criterios seguían divididos, decidieron que cada industrial minero presente una propuesta de incorporación de sus intereses a la sociedad organizada en Londres; ya sea para vender o alguna otra forma de arreglo. Hasta ahí este importante documento sobre los antece-dentes de la conformación de la 'Compañía Inglesa'; como se la solía designar a 'The Royal Silver Mines of Potosí Bolivia, Limited' (Documentos 1885: 19). En lo que sí encontramos una diversidad de opiniones, es en lo que se relaciona a cómo y cuándo se conformó la nueva empresa; cuyo origen, como ya hemos discutido, se basó en las pertenencias de la 'Compañía del Real Socavón'. Veamos lo controversial. Tres generaciones de Aramayos (ver 9.5), dieron impulso a la industria minera boliviana, destacándose José Avelino Aramayo, quien adquirió en 1850, de la empresa británica 'The Royal Silver Mines of Potosí', una concesión en el cerro de Potosí, denominada el Real Socavón; y llegó a cortar los planes de las vetas Mendieta y Rica (Geddes 1984: 101). Otros, no dan crédito a esta versión y dicen que la empresa se llamó 'The Potosi Silver Mines Co. Ltd'.; que su capital era de 200 000 libras esterlinas, proveniente de accionistas privados. Su objetivo era proseguir los trabajos de la 'Compañía del Real Socavón', de Potosí, que Aramayo y otros (entre ellos Ramírez y Arce), habían emprendido sin éxito hacia 1856. Crespo, indica que el año de fundación de la compañía era 1858, “con el propósito de explotar aquellos parajes del Cerro visitados un día por

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Martín Jáuregui”(Peñaloza 1987: 252).236 El proyecto, que no se cristalizó en una operación con beneficio económico, fracasó y los socios se deshicieron de sus acciones. La empresa se reconstituyó más tarde, bajo otras modalidades, y aparece registrada con domicilio principal en Londres y Potosí, el 16 de abril de 1886; fecha en la cual el Gobierno boliviano la reconoció, ya que figuraba en el Registro de Sociedades Anónimas (Peñaloza 1987: 252). También el historiador Roncal, nos da su versión. En 1886, basándose en todos los trabajos anteriores, la 'Compañía Inglesa del Real Socavón', continuó con el proyecto, habiendo comprado para el efecto las respectivas propiedades. Su capital de 360.000 libras esterlinas, estaba dividido en acciones de dos series, cada una de 36.000 y un valor nominal de 10 libras esterlinas cada una. Ese año dependían de ella unos 1 000 trabajadores; y en 1890, ya estaban produciendo 1 150 kilogramos de plata al mes; o sea, más o menos 14 toneladas por año. Esta empresa trabajó con mucho éxito los antiguos parajes conocidos como Cotamito y Pampa-Oruro. Ellos introdujeron el transporte con rieles, empleando los carros mineros o lo que se llamó el carroneo. Reactivó el socavón Forzados, dirigiéndose a las vetas San Miguel y Alcko Barreno, y al socavón Victoria (Roncal 1984: 85-86). El procurador de la 'Compañía Inglesa', fue el ex-presidente Eliodoro Villazón, quien el 23 de mayo de 1887, presentó un alegato de: bien probado, en el juicio contra Juan Girdwood, que reclamaba 16 hectáreas o pertenencias mineras en el Cerro Rico, sobre las antiguas vetas Tajo Polo y Encinas, a cuya concesión se había opuesto la Compañía, por estar dentro de sus posesiones, labores y socavones. Este extenso informe hace una recapitulación larga sobre los derechos propietarios de la empresa y nos da la fecha del 16 de marzo de 1886, en la cual se había hecho la transferencia de todas las propiedades de la 'Compañía del Real Socavón', a la nueva; el documento de escritura constaba de varias fojas. Claro está que, la fecha de inscripción pudo haber sido en abril 11 de 1886 (Villazón/Campuzano 1887: 1-40).237 Por suerte tenemos en nuestro poder varios documentos que tienen relación con lo que estamos analizando; y vamos a seguir utilizándolos para ampliar nuestro panorama sobre la explotación en el Cerro. De acuerdo a la carátula de uno de esos documentos, leemos que 'The Royal Silver Mines of Potosí Bolivia', era una compañía organizada en Londres, con los intereses del Real Socavón de Potosí. El documento lleva fecha de 15 de agosto de 1884, y la firma de Félix Avelino Aramayo. En partes del documento, se reproducen sendas cartas escritas por el patricio potosino Tomás Frías, desde Florencia (1869) a José Avelino y Félix Avelino Aramayo. Un comentario interesante lo vamos a transcribir: “Si, amigos míos, por muy ajeno que fuese de la empresa del ‘Socavón Real’ de Potosí el influjo en la transformación social de Bolivia, que quiero inculcar en esta publicación, no deja de ser cierto, que UU. la pusieron en el caso de llenar tan alto fin, cuando en 1856 acometieron el restablecimiento de esa perforación semi-secular. Al tiempo en que se acometió el continuar esa
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Peñaloza, en su obra, nos indica la versión de Guillermo Lora, siguiendo a Costa du Rels; quien a su vez cita un folleto que Aramayo publicó en 1917. En: Peñaloza 1987: 252. El proyecto de Aramayo, parece haber sido inspirado por Martín Jáuregui, quien posiblemente fue su patrón entre los años 1830 y 1840. 237 Documento elaborado por el abogado E. Villazón, y el procurador W. Campuzano. En el juicio iniciado por Juan Girdwood, solicitando 16 hectáreas o pertenencias mineras en el cerro de Potosí; a cuya concesión se ha opuesto la 'Compañía Inglesa', por comprender a sus posesiones, labores y socavones. Lleva fecha 23 de mayo de 1887. En: Villazón/Campuzano 1887: 1-40.

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obra colosal, salía Bolivia de una crisis semejante a la presente (...)” . En pocas palabras, Frías, resumía su punto de vista indicando que la obra del Socavón Real, compendiaba en sí toda la vida industrial del país. Está claro que el Parlamento boliviano discutió también, en 1863-1864, sobre esta problema-tica (Aramayo 1884: 2-3). Otra personalidad que estuvo ligada a este proyecto del socavón fue el pensador Mariano Baptista, quien razonaba, también en 1869: “Solo así y proveyéndose de medios que respondan a lo colosal de las obras, conseguirá ganancias que a su vez guarden relación con los extensos sacrificios: solo así, venciendo los azares de la naturaleza surgirá la industria minera al nivel de las demás, y saliendo de los pasadizos de la casualidad y de los golpes de lotería entrará en la ancha vía de provechos previstos y de cálculos asentados” (Aramayo 1884: 5). El Real Socavón, fue una idea planteada ya en el siglo XVIII. En comunicación oficial del último gobernador, Francisco de Paula Sanz, de 30 de junio de 1790, se dice, con motivo de los informes concernientes al primer Socavón Real, llamado Purísima, lo siguiente: “Poco tiempo después se varió este proyecto y se indicó la quebrada de Surco como la más a propó-sito por su inmediación a las vetas Blas, Encinas y Chaca Polo y otras notoriamente ricas y aguadas hacia esa parte. El Barón de Nordenflycht, en su informe de 26 de julio de 1790, dice igualmente: que cuando se inició el socavón de la Purísima se creyó cortar en pocos años la veta Polo y después la veta Encinas” (Villazón/Campuzano 1887: 14). Estaba ubicado por el Norte y casi concluido. La celeridad para terminarlo era necesaria para aliviar las “urgencias de la Nación”, ya que se sacaría inmensos tesoros; para lo cual sería también conveniente habilitar el socavón Forzados, que estaba dirigido a los planes. Para esta gran labor (cuyo costo superaba ya el millón de pesos), habían dado su opinión naturalistas, geólogos e ingenieros; desde Haenke, Helms, Nordenflycht, D'Orbigny y Castelnau; hasta Reck, Woudfield, Bawden, Rarhbone y Bayer. Todos concordaban en que el mineral de plata más rico del mundo era el del Cerro, y que sus minas se inundaron y se obstruyeron paulatinamente por la defectuosa forma de la explotación; a pesar de que sus ricos filones eran “inagotables”. La 'Compañía del Real Socavón', poseía tres socavones: el Real, el de Pampa-Oruro y el de Forzados. A pesar de todo el empeño que se puso en el trabajo, los resultados no eran alentadores. Sus galerías, muy avanzadas, no habían cortado las vetas vírgenes; ni, al poco tiempo; peor, a bajo costo. No obstante, se lograron algunos éxitos, como la comunicación a Pampa-Oruro, y de allí a los planes de Cotamitos, que sirvió para desaguar una gran zona muy rica. Se pensaba ya, que la operación sería rentable si ésta se la mecani-zaba; el problema radicaba en su enorme distancia, que perjudicaba las labores de extracción (Aramayo 1884: 12-13). La empresa contaba con un informe de los expertos Bainbridge Seymour y Rathbone, quienes tenían un plan de operaciones para este trabajo, único en su género en Potosí. De acuerdo al estudio de factibilidad, se aseguraba una utilidad de 40 000 libras esterlinas; sin considerar el beneficio que rentarían las propias minas. La explotación económica de las vetas existentes en las regiones de Pampa-Oruro y de Forzados, se lograría sólo si se provee de herramientas útiles apropiadas, rieles, carros metaleros, ascensores o planos inclinados que intercomuniquen las galerías y otros detalles propios de un trabajo sistemático. Esta explotación y la de los llampus existentes como taqueos en las minas, rentarían anualmente 50 000 libras esterlinas. En total, los empresarios estaban esperando 90 mil libras de ganancia. Este monto se repartiría así: el dividendo preferente a las acciones A, absorve 20 000 libras. Los accionistas primitivos B, toman una mitad del remanente, dejando 35 000 libras para distribuirse igualmente entre los accionistas de preferencia A, elevando así sus utilidades a 27.5%; y los directores tenían confianza en que estos 121

resultados se obtendrán, transcurrido que sea el tiempo indicado por los ingenieros (Aramayo 1884: 13-14). Los proyectistas habían sugerido, para el avance tanto de socavones cuanto de los principales recortes, el empleo de perforadoras accionadas por aire comprimido; a semejanza de lo que se estaba haciendo en las minas europeas y norteamericanas. Asimismo, que era importante pensar en energía barata, y para ello se pensó en turbinas hidroeléctricas. Con esto, funciona-rían las perforadoras alejadas hasta 2 286 metros. Para aliviar el costo del transporte se recomendaba la construcción de un andarivel automático, en reemplazo de las recuas de llamas y jumentos para la “bajada” de los minerales. Finalmente, una buena maestranza o taller era de necesidad para las labores de mantenimiento de ese equipo “sofisticado”, para esas épocas; y también la dotación del mínimo personal especializado y competente, como: un director en jefe, capitanes de minas, mecánicos prácticos para atender las compresoras y las perforadoras. Lo demás, el resto de la mano de obra, estaría “librado a los hijos del país y a los extranjeros habituados al idioma y las costumbres” (Aramayo 1884: 14-15). Termina el informe solicitando, al Gobierno de Bolivia y a las autoridades locales, extenderle la mano protectora, con solicitud y benevolencia, a la primera compañía inglesa que se establecía en el país y que, la transferencia de tecnología y de capitales, iba sólo donde encontraban protección de las leyes y donde había estabilidad en los impuestos. A esta altura, nos cabe un corto comentario, indicando que desde la llegada de Pentland, hasta el arribo del representante inglés J.H. Teare, muchos fueron los intereses ingleses en esta parte de América. Así que, 'The Royal Silver Mines of Potosí-Bolivia, Limited', no era la primera inversión en Potosí y mucho menos en Bolivia, ni tampoco será la última. Muchos hombres y grupos venidos del extranjero también tuvieron parte activa en la actividad minera en Potosí, durante las primeras décadas del siglo XX; destacándose, entre otras: 'The Royal Silver Mines of Potosí', 'Bebin Hermanos', Luis Soux y M. Hochschild, que prosperó en ella. En esos años se podía hacer fortuna, y sobre todo, conservarla; pues, antes de 1905, los impuestos eran sumamente bajos. Los principales tributos que atañían a la minería consistían en unos pequeños gravámenes aduaneros a la importación de mercaderías, como a la exporta-ción de minerales, y de pago de patentes por concesiones mineras. En esa época Bolivia, tuvo un signo monetario muy estable. Ya hemos mostrado a las empresas más importantes que operaban en el Cerro Rico de Potosí. Sabemos cuáles fueron los problemas que confrontaron. Al mismo tiempo, hemos reflejado el esfuerzo que muchos de ellos llevaron a cabo a fin de mejorar y corregir algunos aspectos íntimamente relacionados con la tecnología minera y; por qué no decirlo, en lo relacionado a la transferencia o intercambio de equipo y de conocimientos. Huelga decir que el yacimiento todavía era esperanzador, porque las leyes de plata y la potencia de algunas vetas así lo demostraban. El avance técnico de esas épocas, basado únicamente en conocimientos empíri-cos o algo adelantados de los profesionales traídos de afuera (ya que no había en el país escuelas de minas), seguía manejando el postulado, que: a profundidad, la ley de los minerales es más alta; y por ese motivo se insistía en la construcción del socavón Salvador. 5.4.- Otras empresas en el departamento de Potosí y el resto de Bolivia El mercurio, era el principal insumo para la amalgamación y, al haberse roto el vínculo entre la 122

Corona y sus colonias, se quebró el suministro a los diversos ingenios. Entonces, el flamante gobierno trató repetidas veces, y por distintos caminos, de solucionar el problema.238 En 1826, el Congreso Nacional aprobó una ley que liberaba de impuestos al azogue importado en cualquiera de sus formas (Colección 1857, V: 126). Al mismo tiempo, se inició una cam-paña para promocionar la formación de sociedades nacionales, para explotar minas de azogue (Mitre 1981: 118). Años más tarde, mediante Decreto del 28 de febrero de 1838 se “Establece sociedad para el laboreo de minas de azogue en Corvisa”. Entre las consideraciones se dice que Bolivia poseía mercurio y brazos; pero, no podía explotarlo por la escasez y el alto precio del mismo, que recibía del exterior. Concretamente, en el primer articulado, se lee: “Se establece una sociedad para el laboreo del azogue en el Cerro de Corvisa, en el Cantón Peñas de este Departamento [La Paz]. La sociedad captaría 50 000 pesos por la venta de 500 acciones, a 100 pesos cada una, (el Gobierno, 60; los bancos de Potosí, con 80; La Paz, con 40; Oruro, con 20 acciones; y el resto, para privados). Fue nombrado como Director de Empresa, Fermín Candioti (Colec-ción 1857, V: 120127). Iniciados los trabajos de explotación del mercurio, pronto se dieron cuenta que las bolsoneras eran superficiales y se agotaban muy rápidamente. Al poco tiempo se suspendieron las labores y la compañía fue disuelta. Entonces, la importación de azogue continuó siendo la única forma de abastecimiento. De esto trataremos más adelante. Al inicio de la vida republicana, algunas minas de plata eran apenas explotadas o se encon-traban en decadencia y a punto de ser abandonadas. Entre ellas cabe mencionar a: San Juan de Berenguela (en la provincia Pacajes, cerca del poblado de Santiago de Machaca); Pacuni y Laurani, en Sicasica (todas en La Paz); Oruro y Poopó (en Oruro); y en Potosí: Lípez, Aulla-gas y el propio Cerro Rico. La excepción era la mina en boya, de Portugalete (provincia Chichas), gracias a un empresario vasco quién introdujo mejoras tecnológicas en la amalga-mación (Capriles 1977: 83). El departamento de Potosí, a pesar de su dramática decadencia, seguía siendo la región minera más importante del país. En la actual provincia Cercado, existían sólo seis minas en actividad –todas ellas ubicadas en el famoso Cerro Rico de Potosí-; y aproximadamente quince plantas procesadoras, que se alimentaban hasta en un 50% con menas provenientes de su recolección en los desmontes. Se calcula que 1 800 minas se hallaban despobladas en esta región. En el partido de Chichas, las únicas minas trabajadas al inicio de la República fueron las del distrito de Portugalete; el resto de los centros mineros, vale decir: Choroma, Chocaya y San Vicente, estaban en ruinas, estimándose en 1 650 las minas abandonadas en esta zona. En el partido de Chayanta, las ricas minas: de Colquechaca, Gallofa y Fajardo, que durante el siglo XVIII dieron fama a Aullagas, estaban inundadas; lo propio sucedía con otras 130 minas de la región. La actividad minera en el partido de Porco; o sea, los ex-distritos coloniales, de: Huan-chaca, Ubina, Pulacayo, Tomave, Siporo, Chorolque, Tacobamba y Andacaba también estaban en para, y cerca de 1 519 minas se encontraban abandonadas (Mitre 1981: 79-80).

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Ver notas 10 y 11.

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Ya Alonso-Barba, describió el yacimiento argentífero de Andacaba,239 que más tarde pasó a poder de Aniceto Arce, gracias a los datos que le proporcionó José David Berríos, después de su viaje a Sevilla/España. Cuando aquel se adjudicó esas pertenencias, que estuvieron por mucho tiempo abandonadas, volcó sus esfuerzos para abrir nuevos frentes de trabajo. En la parte técnica le asesoró el ingeniero francés Luis Soux, quien junto a su colega Samuel Robson, abrieron el socavón Bravo, un ejemplo digno de admiración por la “obra de arte” en el acabado de esas labores, especialmente los saloneos donde encontraron cobijo las máquinas de vapor Cornich y el huinche (Roncal 1984: 93). Arce, a su regreso a Bolivia, impulsó las labores en las serranías de Andacaba; ya que sintió la misma atracción que en su tiempo le proporcionó Huanchaca, cuando visitó esta mina en compañía de Mariano Ramírez, allá por el año de 1856. Arce, bordeaba la frontera de los 60 años. La nueva sociedad que fundó éste, en Andacaba, se componía de un capital de cinco millones de bolivianos, en acciones de mil, de las cuales él poseía un millar en acciones gratuitas por haber cedido todos sus derechos sobre las pertenencias mineras que poseía y sobre Cuchu Ingenio. La 'Compañía Andacaba de Bolivia', poseía 350 hectáreas en los cerros de Andacaba (5 600 msnm): Phiña Orcko, Hundimiento y Kasiri; las minas Socavón, Ravo y Zapatera (a una altura de 4 750 metros). El rumbo de la corrida de Andacaba, es de NO a SE; en 1888-1889, se extrajo de allí mas de 2 300 toneladas de mena con 2.8 kg/t de ley promedio de plata. La composición mineralógica de la mena era: galena argentífera, blenda y “cochizos” o tetraedrita (con una ley de 2.5 a 6 kg/t de plata). La mena era molida en una batería de diez pisones. Pasaba luego a los hornos de reverbero situados en un piso inferior; y de allí a las tinas, donde se procedía a la cloruración durante 4 a 5 horas. El combustible era la turba y la yareta. Al finalizar el siglo XIX, cuando la crisis del precio de la plata, subieron los costos de tratamiento (Roncal 1984: 93-94). Al comenzar la minería a reactivarse, después de la fundación de la nación boliviana, empezaron a surgir las sociedades, compañías o empresas, basándose en la vieja élite colonial; y ellas manejaron la idea de rehabilitar minas e ingenios de amalgamación. En 1828, el minero Martín Jáuregui, logra convencer a un grupo de comerciantes a conformar la 'Compañía Begoña', para explotar sus minas de Aullagas. Cuatro años más tarde, se funda la 'Sociedad Huanchaca', que operaba en Porco, bajo la dirección del viejo minero Mariano Ramírez, en nombre de sus otros doce socios accionistas que aportaron. La primera tarea que llevaron a cabo fue el desagüe de la mina Pulacayo. Por 1833, se organiza la sociedad accionaria 'Bolívar', para trabajar en el Coloso de Plata (Mitre 1981: 84). También, en ese año, José Sánchez Reza y Calixto Yánez, forman una sociedad accionaría para explotar las minas que poseían en Portugalete y Choroma.240 Respecto a Colquechaca, podemos decir, que “en 1878, se verificó la fusión de los intereses de la antigua casa 'Arteche' y de los señores Solá, Cornejo Viaña, Urioste y Vidal y se formó la compañía anónima denominada: 'Compañía Colquechaca'”. Estaba dividida en 2 797 acciones, de 1 000 bolivianos cada una. Trabajaron el socavón San Bartolomé, que estaba a mayor plan o menor altura que otros del distrito. Sus principales vetas con rumbo NE a SO, eran: San Agustín, Carmen, Empresa, San Matías y Embudo (la de mayor rendimiento). En 1887, se extrajeron más de 321 toneladas de menas, de donde se obtuvieron 26 toneladas de plata. Antes de entrar al siglo
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El nombre original del cerro es Janay Ckahua, que más o menos quiere decir “montaña que mira al infinito”. Fuera de las instalaciones de la mina, se montó una gran maestranza (con varios tornos y una variedad de herramientas), donde se podía fabricar todo tipo de repuestos y equipos. Estaba instalada en el fundo de Cuchu Ingenio, a 14 kilómetros de la mina. En: Roncal 1984: 93. 240 El Celage, Potosí, 14 de enero de 1850. En: Mitre 1981: 84.

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XX, la compañía tuvo que parar sus operaciones debido a la abundancia de agua y por no contar con las respectivas bombas (Roncal 1984: 90). Sobre la 'Compañía Gallofa', podemos decir que estaba en actividad allá por 1891. Era una sociedad de tipo anónimo, compuesta de 2 500 acciones, cada una con un valor similar a la anterior. En ese año, logró montar una turbina de rueda vertical de 10 HP y una compresora de aire (Roncal 1984: 90). No cabe duda que, el departamento de Potosí, era el área geográfica del resurgimiento minero y, Porco, sobresale como la zona más importante. Al promediar la primera mitad del siglo XIX ya se sabía que trece empresas en actividad operaban en el Cerro Rico (provincia Cercado). Sobresalían, las de: Francisco Paula Ortiz, Romualdo La Riva, José Quezada y Narciso Téllez. Ellos ya controlaban la mayor parte de las labores mineras y poseían diez de los quince ingenios existentes; al tiempo que absorbían el 70% de la mano de obra activa en las minas y establecimientos metalúrgicos del Cercado.241 En Chayanta, las labores se concentraban sobre todo en Aullagas donde existían 21 minas en plena producción. Allí operaba la 'Compañía Gallofa', la más importante del distrito.242 Sobre la 'Compañía Aullagas', podemos decir que, bajo la dirección de su presidente y principal accionista Jacobo Aillón, trabajó el socavón Amigos. Esta sociedad tenía 2 500 acciones, con un valor nominal de 1 000 bolivianos cada una. Su directorio tenía asiento en Sucre y contaba con agentes en París, Londres, Tacna y Antofagasta (para mantener buenas relaciones comerciales con los mercados de Norteamérica y Europa). La compañía tuvo muchas boyas y, la última de importancia fue en 1890, donde produjo más de 36 toneladas de plata; y ese año los accionistas recibieron un 35% de dividendos (Roncal 1984: 89).243 En Chichas, la actividad era aún más intensa: 38 minas estaban en plena labor; y 8 ingenios, repartidos entre Portugalete y Choroma.244 Como era cosa común, en esta zona cuatro familias eran propietarias de la mitad de las minas y tenían bajo su control cinco, de los ocho ingenios de tratamiento de minerales. “La familia Yáñez posee 4 minas en Chocaya, 2 en Portugalete, 4 en Choroma y las haciendas [ingenios] de beneficio de San Ignacio y San Joaquín, ubicadas en este último distrito”. Entre las pertenencias de los Sánchez Reza, se incluían, además: la planta de Guadalupe, 4 minas en Portugalete y Chocaya. La familia Obando, tenía derechos sobre el ingenio de Sorocaya y 2 minas en Portugalete. Un tal Mendivil controlaba el ingenio de San Antonio en Choroma y 7 minas distribuidas en distintos asientos de la región.245 En Quijarro, sobresalía el yacimiento de Porco, donde se constituyó la 'Sociedad Anónima Tornohuaico' (que operaba a 5.6 kilómetros del pueblo) dirigida por Isidoro Aramayo y Ciriaco Gironás; estaba dividida en 520 acciones, cada una con valor de 1 000 bolivianos (en 1889 dio dividendos del 1% mensual, sobre el valor nominal de las acciones). Desde 1891, los accionistas contribuyeron con nuevas cuotas a fin de seguir activos. La sociedad contaba con 30 hectáreas y sólo trabajaba la veta Tornohuiaco (de 30 centímetros de potencia y 58 kg/t Ag de ley); el socavón que cortaba este filón tenía 225 metros de longitud y se concretaban a trabajar lo más rico del
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El Celage, Potosí, 14 de julio de 1851. En: Mitre 1981: 84-85. El Celage, Potosí, 21 de abril de 1852. En: Mitre 1981: 85. 243 En Santiaguillo (provincia de Chayanta), se encontró estaño madera (estaño xiloide). En: Roncal 1984: 89. 244 El Celage, Potosí, 14 de julio de 1852. En: Mitre 1981: 85. 245 Ibídem.

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yacimiento. En 1889, extrajeron 22 toneladas de mena y de ahí obtu-vieron 1.3 toneladas de plata (Roncal 1984: 91). Recalcamos que, el partido de Porco, que al principio de la República se hallaba totalmente abandonada, fue perfilándose como el asiento más importante durante la fase de la reactiva-ción minera. En 1850, un censo registraba allí más de 30 minas en plena actividad, 7 ingenios de procesamiento; que daban empleo a 1 200 trabajadores. La mayoría de las operaciones estaban así distribuidas, en: Siporo, nueve; Tacobamba, siete; Tolopampa, cinco. En los dos primeros centros mineros, controlaban la mayor parte de las propiedades mineras, las familias: Gantier, Uzín, Malpartida y Téllez.246 Para terminar con Porco, debemos mencionar a la 'Compañía Soras', que contaba con estatutos a partir de 1885 y tenía por objetivo explotar el argento del cerro San Juan de Soras, situado en el cantón del mismo nombre. Su capital fue de 60 000 bolivianos, distribuidos en 600 acciones, de 100 bolivianos cada una. Pudieron trabajar unos cuatro años y después se redujeron las labores, por falta de capital para efectuar labores de reconocimiento o “minería de pérdida”. En 1890, estaban queriendo canalizar inversiones, hasta que el industrial minero Félix Avelino Aramayo, compró todas las minas del distrito (Roncal 1984: 92). En Lípez, en el siglo XIX, había un gran interés de parte de ciertos industriales nacionales y capitalistas europeos y norteamericanos, para trabajar los yacimientos desparramados en su territorio. Se conformó la 'Compañía Lípez', una empresa constituida por Aniceto Arce; cons-taba de 6 000 acciones, de mil bolivianos cada una. Trabajó la famosa, Mesa de Plata, yacimiento muy conocido desde el coloniaje, y que perteneció (en 1662) al maestre de campo, Antonio López de Quiroga (Roncal 1984: 95). La suerte que corrieron estas empresas fue variada. Por ejemplo, la 'Sociedad Gallofa', preocupada por obtener beneficios inmediatos, se dedicaba a explotar los parajes más accesibles, sin cuidarse de realizar obras sistemáticas y duraderas. Se dice que la ganancia obtenida por este accionar, pudo ser de hasta un 33% del capital invertido; pero, en la realidad significaba que la bonanza era de corta vida, ya que cuando rápidamente terminaban de explotar la bolsonera del mineral que se encontraba muy superficialmente, los niveles inferio-res se inundaron de agua (Aramayo 1836: 40). Por otro lado, algunas empresas emprendieron trabajos costosos, financiando estas labores con el producto recolectado de alguna mina abandonada. Pero, desaguar las minas y/o rehabilitar los ingenios, demandaba muchos meses de trabajo; que se comían las inversiones y termina-ban endeudando a sus dueños (Mitre 1981: 89). La minería de la plata resurgió en el último cuarto de siglo XIX. Tuvo además la virtud de estrechar los vínculos comerciales de la nación con el extranjero. Mitre estudió el por qué del resurgimiento de la minería, y aduce provisionalmente a que, alrededor de 1830, unas cuantas casas comerciales extranjeras y nacionales monopolizaban el comercio; pero que esta política se modificó en acatamiento a la Ley de 2 de julio de 1830, que prohibía tajantemente a los mayoristas extranjeros acaparar el mercado minorista del país.247 Al no existir otra alternativa, los pequeños capitales acumulados en el comercio empezaron a fluir paulatinamente al sector de la minería. Por su parte, el Gobierno, intentó canalizar los recursos liberados de la actividad comercial hacia la
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El Celage, Potosí, del 7 de abril de 1851 y del 21 de abril de 1852. En: Mitre 1981: 86. En 1827, de las 14 casas comerciales (9 inglesas, 2 norteamericanas, 1 francesa y 2 argentinas) que operaban en Tacna y Arica, ninguna tenía representaciones en Bolivia. En: Pentland 1967 [1827]: 192.

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reactivación minera. La prensa de la época, coadyuvó, mediante una vigorosa campaña, a promover la formación de empresas mineras y a la rehabilitación de plantas de procesamiento y de minas (Mitre 1981: 88, 156). La “conquista del desierto”, entre 1840-1870, fusionó de tal manera los intereses chilenos y europeos, que la separación conceptual de los mismos resulta nada fácil. Recordemos que, desde 1840, los capitales ingleses, franceses, españoles y chilenos avanzaron sobre la costa boliviana, y su objetivo era explotar los depósitos cupríferos y de guano. En Cobija, el flujo de extranjeros paulatinamente se fue acrecentando, y la población del puerto empezó a ser mayoritariamente de chilenos. Destacaban las casas comerciales de Joaquín Dorado y José María Artola, quienes realizaban sus transacciones económicas entre Cobija y la zona minera del sur del país; y a las cuales estaba vinculado Aramayo, que más tarde obtendría préstamos para operar en sus concesiones mineras (Mitre 1981: 93). En 1852, la sociedad de Mariano Costas, se declaró en quiebra, obligándose a vender sus pertenencias a fin de pagar a sus acreedores.248 Por esos años, la sociedad a la cabeza de Bautista Palmero, abrumada por las deudas, se vio en la necesidad de vender sus propiedades mineras a la familia de José Avelino Aramayo por el monto de 20.000 pesos. En Portugalete, la empresa de Calixto Yánez y José de la Reza, dueña de los ingenios de Sorocaya y Guadalu-pe, ante la imposibilidad de poder cancelar sus adeudos a Gregorio Pacheco (habilitador de este asiento minero), perdió también sus propiedades. En 1855, cedió parte de sus intereses a cuenta de los 10 000 pesos que debía; y el resto fue comprado por la nueva sociedad organi-zada por Pacheco (Mitre 1981: 90). En 1856, igual suerte que la 'Compañía del Real Socavón', corrió la 'Sociedad Oploca', que gastaron, hasta 1861, el monto de 333 000 pesos; y sus minas de Portugalete, apenas rindieron un valor de 182 000 pesos (Aramayo 1836: 40-42). “Los déficits, en ambos casos, se cubrieron mediante préstamos negociados con los intereses chilenos e ingleses de la costa del Pacífico, con los cuales Aramayo se hallaba vinculado por anteriores contactos comerciales. La lista de acreedores de las empresas de Potosí y Ancona incluye los nombres de las casas comerciales de Guillermo Gibbs, Juan Lagarrigue, J.D. Campbell, José Heagan, José María Artola y otros. Los intereses sobre estos préstamos, por lo general muy altos, agravaron la situación financiera de las empresas” (Mitre 1981: 91-92). En 1857, se descubrió el salitre en el salar del Carmen, y esos lugares se potenciaron contribuyendo al crecimiento del puerto de La Chimba (Antofagasta), que empezó a adquirir importancia (Mitre 1981: 94). Allá por 1860, los principales yacimientos metalíferos se hallaban en manos de la nueva burguesía minera. El Real Socavón, Antequera y Carguaicollo, estaban en manos de la familia Aramayo. Aniceto Arce, dominaba en la 'Compañía Huanchaca'; y Gregorio Pacheco, era poseedor de buena parte de los intereses de Portugalete. Estos industriales mineros iniciaron la modernidad en sus empresas, consistente en la implementación o mejoras tecnológicas en el proceso de amalgamación de la plata, que seguía siendo la panacea, de acuerdo a las recomendaciones de los expertos europeos llegados con el propósito de efectuar esa cónsul-toría. Para la extracción de las cargas de minerales desde los frentes de trabajo al exterior, se implantaron los carros metaleros que
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El Celage, Potosí, 9 de septiembre de 1852. En: Mitre 1981: 89-90.

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circulaban por líneas decauville; y poco a poco se implantaron las máquinas de vapor en las minas e ingenios. A pesar de todo ello, las inver-siones de los empresarios resultaron insuficientes para cumplir con las expectativas de la rehabilitación de la industria minera. Los dinámicos empresarios volvieron a recurrir a sus colegas chilenos; así el capital internacional estuvo vinculado a empresas como la de José Avelino Aramayo y la 'Compañía Huanchaca' (Mitre 1981: 90-91). En 1863, se paralizaron labores en el Real Socavón y la compañía se declaró en bancarrota. Similar destino, corrieron las empresas de Oploca, Carguaicollo y Antequera cuyas propiedades pasaron a disposición de los acreedores (Aramayo 1864: 1-5). Por 1869, sobresalía como la principal salitrera de la zona de Antofagasta, la 'Melbourne Clark y Cía.', propiedad de los ingleses William Gibbs, Jorge Smith, Melbourne Clark y el chileno Agustín Edward. Esta fue la base para conformar la 'Compañía de Salitres', y del ferrocarril de Antofagasta, en 1872.249 Esta se encargaría de expandir los trabajos de prolongación de la vía férrea a Huanchaca. La movilización de capitales en dicha región continuó en 1870, cuando se descubrió el yacimiento argentífero de Caracoles, y se efectuaron inversiones en el orden de diez millones de dólares; siendo los inversores siempre los mismos (W. Gibbs, J. Smith, Enrique Simpson y los chilenos: A. Edward, M. Concha y Toro, Napoleón Peró, los hermanos Dorado y otros) y surgieron sociedades que dominaban esa área geográfica. Sobresalían: 'La Descubridora', 'La Deseada' y 'Flor del Desierto' (Mitre 1981: 94). El salitre, de Mejillones; y la plata, de Caracoles, impulsaron el comercio.250 El puerto de Antofagasta se expandió relegando en importancia al de Cobija. Las comercializadoras de minera-les en ese puerto y en poder de 'Edward y Cía.', 'Dorado Hermanos', Melchor Concha y Toro, Hernán Fischer y Héctor Beeche, fueron las encargadas de habilitar los distritos mineros del sur potosino, aprovechando del tráfico comercial que mantenían en la zona y; como conse-cuencia de ello, surgió la necesidad de fundar el Banco Nacional de Bolivia, en 1871 (Mitre 1981: 94-95). Esta institución crediticia y emisora, fue conformada basándose en una concesión hecha por el gobierno boliviano al ciudadano chileno Napoleón Peró, consejero del Banco Nacional de Chile y fundador de la 'Compañía Salitrera de Antofagasta'. El nuevo banco boliviano inició operaciones
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El ferrocarril Antofagasta-Bolivia, fue construido en la gestión del Dr. Aniceto Arce. Por ley de 29 de diciembre de 1888, es que la 'Compañía Huanchaca de Bolivia', obtuvo la concesión de construir la vía férrea desde Ascotán hasta Oruro, pasando por Huanchaca. Arce, soportó la oposición de los liberales de su época, que manifestaron que para el transporte eran suficientes las llamas. Como consecuencia de la construcción del ferrocarril nació Uyuni, y el tren llegó allí el 11 de julio de 1889; y después a Oruro, el 15 de mayo de 1892, conducido por el locomotorista tarateño, Avelino Ovando. El ingeniero encargado de la construcción fue Julio Pinkas, que recibía un sueldo mensual de 100 libras esterlinas. Un diario paceño comentaba el entreguismo de Arce, a Chile, por la construcción del ferrocarril Antofagasta a Bolivia. En parte, esta vía facilitó la llegada de los capitalistas chilenos o de la oligarquía mapocha, que se adjudicó las principales y más ricas minas bolivia-nas. En: Roncal 1984: 96-97. 250 El descubrimiento de, La Deseada, fue de lo más casual. Muchos exploradores recorrieron el desierto buscando el “cerro de plata”. Uno de ellos, el barón francés Arnoux de la Riviere (vecino de Mejillones), enviado por el Gobierno. “Un día, Reyes, el más ignorante de la comitiva, tropezó con un rodado de tres arrobas [34.5 kilogramos] de peso; a poco trecho, el mismo Reyes, alzó una piedra negruzca, redonda y blanda. Méndez, el jefe de la cuadrilla, reconoció el trozo y exclamó: -¡es plata!- de este modo se hizo el descubrimiento de la mina la ‘Deseada’ en Caracoles, que hizo a sus afortunados dueños los hizo multimillonarios”. Los primeros días de mayo de 1870, se descubren los riquísimos yacimientos argentíferos de Caracoles, convirtiendo su explotación en uno de los más lucrativos; lo que agravó las relaciones con la vecina Chile, por las dificultades originados por los tratados de 1833 y 1866, con relación al dominio de los territorios comprendidos entre los paralelos 23 y 25. La época de auge de Caracoles duró hasta 1878, y comenzó a declinar la producción a pesar de las concesiones que le hizo el Estado boliviano. En: Roncal 1984: 98-100.

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con un capital de tres millones de pesos, repartidos en 3 000 acciones. Su domicilio legal estaba repartido entre Valparaíso/Chile y Cobija/Bolivia.251 Debemos manifestar que la segunda era de la plata no tendría por escenario el legendario Cerro Rico de Potosí; sino, su renacimiento sería en otra región del vasto territorio potosino. Sumaron sus esfuerzos las minas, de: Pulacayo, Colquechaca, Aullagas, Guadalupe y el Real Socavón de la Virgen; que ya habían empezado a ser explotadas en distintas épocas del coloniaje. El yacimiento de Caracoles, fue la excepción; ya que fue descubierto en la región de Atacama y se explotó exclusivamente gracias a inversiones europeas y chilenas. En el departamento de La Paz, el único distrito que vale la pena señalar es el de San Juan de Berenguela, cuyos trabajos fueron esporádicos y de pequeña magnitud. Oruro, no jugó un gran papel en este resurgir, con excepción del Real Socavón de la Virgen (en la provincia Cercado); ya que no existieron operaciones mineras de gran envergadura en este departamento. Sin lugar a dudas, el departamento de Potosí fue el centro vital de esta segunda era de la plata. Destacan los yacimientos de: Porco, Colquechaca, Aullagas, Portugalete, Andacaba y los de Lípez. El distrito de Porco, fue importante y cobijaba a los asientos mineros de: Tomave, Siporo, Tacobamba, Pulacayo, Ubina, Asiento y Huanchaca. En Colquechaca y Aullagas (ambos en la provincia Chayanta), las compañías: 'Colquechaca', 'Aullagas' y 'Gallofa' fueron las más famosas; en Portugalete (provincia Chichas), la compañía 'Guadalupe', concentró la totalidad de las labores mineras de este distrito (Mitre 1981: 19-21). Todos estos distritos mineros estaban situados a más de 600 kilómetros de distancia del puerto más cercano de la costa del Pacífico, y por esos lares había carencia absoluta de carbón vege-tal. Consiguientemente, los costos de transporte y la falta de combustible eran los dos factores que los industriales mineros debían afrontar para mantener la rentabilidad de sus operaciones, al margen de que estaban amenazados por la baja de la cotización del precio de la plata en los mercados internacionales. Los nubarrones de la crisis se cernían sobre el sector minero. Para terminar este sub capítulo, queremos presentar la minería del cobre, cuyos yacimientos explotados ya en la Colonia se encontraban en las minas de Corocoro, ubicadas en Pacajes/La Paz.252 La característica de los yacimientos cupríferos de la zona (Chacarilla, en Pacajes; Corviri, en Sicasica/Oruro; y el Turco, en Carangas/Oruro) era su presencia en forma de óxi-dos muy fáciles de beneficiarse, pero cuando se encontraban a profundidad su extracción se la abandonaba. Lamentablemente, sobre: cómo se explotaba, cuál fue la forma de su concentra-ción y de su fundición, no se sabe mucho. Las experiencias que sobrevinieron están registradas en las obras de los padres Álvaro Alonso-Barba y Bernabé Cobo (Gavira 2000: 115-116).253
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Estatutos del Banco Nacional de Bolivia, aprobados por el gobierno de Bolivia: 1871, Valparaíso: f. 1. En un principio, el banco estuvo controlado por los intereses extranjeros, lo que se deduce de la lista de sus accionistas y por la composición de su primer directorio, a la cabeza de Agustín Edward, Belizario Peró, Joaquín Dorado, Francisco Smith y Carlos Heyden. Entre algunos de los accionistas, en 1872, figuran: Aniceto Arce, José Avelino Aramayo, Arturo Arana, 'Clark y Cía.', 'Calvary y Cía.', P. Cullock, José Gregorio Cuitino, 'Costa Hnos.', 'Dorado Hermanos', 'Dodt y Cía.', Agustín Edwards, 'Fischer y Cía.', Peter Fischer, James Gartly, 'Grunning y Cía.', Pedro Gudde, 'von der Heyde y Cía.', Filiberto Herrera, W.R. Henderson, 'Hermenway y Cía.', Manuel Lawson, 'Mack y Cía.', Thomas Montgomery, Hortensia Mandiacha, F.J.V. Magalhaes, Gregorio Pacheco, 'Hermanos Peró', 'Pfeiffer Thiele y Cía.', Joaquín Rigau, Couve Rondanelli, Hermann Rodatz, A. Roxburgh, Enrique Read, Buenaventura Sánchez, 'Solari y Brignardello', 'Schutte y Cía.', 'Smith Masenlli y Cía.', David Sim, S.P. Sime, Walter Squire, 'Sarratea y Cía.', 'Schuchard y Cía.', 'Soruco y Cía.', Thomas Thompson, 'Thiele y Cía.', 'Templemann y Cía.', A. Terrazas, Teodoro Torrico, Raúl Urquidi y Rafael Waddington. En: Mitre 1981: 95 y 202. 252 Corocoro, puede provenir de: Ocororo, equivalente a “oro de baja ley”, con el que se equiparaba al cobre. Se trabajaron estas por los nativos y lo utilizaban para fabricar herramientas, puntas de flechas, prendedores y otros objetos de uso casero y decorativo. En: Gavira 2000: 115. 253 Para fundir el cobre se empleaban los hornos de reverbero y el horno castellano. El metal, una vez fundido, tenía

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Después de la guerra de la Independencia y durante las primeras décadas de la República se intensificó la explotación, especialmente en el distrito de Corocoro,254 alentada por los requerimientos nacionales y extranjeros, y la facilidad de extracción del cobre nativo o charque de ese metal. Para ello, se nota el interés de empresas inglesas y chilenas en exportar sin fundir, o sea, como se llamaba en esos tiempos, en barrilla (molido, lavado y concentrado). El descenso de la producción a partir de los años 1880, fue resultado de la caída del precio en el mercado internacional y el problema recurrente debido a la profundidad que alcanzaron las minas en explotación, que hacían elevar los costos de operación. A todo esto se suma la mala administración de las empresas embargadas a la compañía chilena, por causas de la guerra del Pacífico (Gavira 2000: 139). ¿Cúales eran las características de la explotación, el tratamiento y fundición de las menas cupríferas, especialmente en Corocoro? Gavira responde esta interrogante, así: Claudio Rivero, poco después de la guerra de la Independencia, decidió volver a este centro minero, donde pidió adjudicarse la mina Rosario, aunque él buscaba plata y no cobre. Cuando su sueño llegó a realizarse, atrajo el interés de otros inversores; pero las boyas de argento no eran tan espectaculares, y de ahí, por qué los mineros terminaron explotando el cobre y recuperando la plata como co-producto (Gavira 2000: 127). Por la década de los treinta, del siglo XIX, se fueron consolidando algunas empresas y; Clau-dio Rivero, en 1840, logró un contrato para abastecer de cobre refinado a la Casa Nacional de Moneda de Potosí. Esto animó a los otros industriales mineros al extremo que, seis años más tarde, existían 64 operaciones mineras en actividad, todas de cobre; salvo una, de plata, 255 la mina de Felipe Teare, con una ley de 6 kg/t Ag y 50 metros de longitud, 1.7 de ancho y 25 de profundidad. La conformación geológica del yacimiento de Corocoro (terreno blando, pero consistente), facilitaba la extracción de las menas. En 1846, las minas de cobre eran las más regulares y modernas de Bolivia; ya que los socavones y galerías corrían con más regularidad que en otros yacimientos y se había introducido para el transporte líneas de “hierro y de madera” muy bien construidas. La forma de desaguar las labores anegadas era empleando los socavones y malacates de tracción animal. La concentración consistía de una fragmentación (trituración y molienda) en quimbaletes y trapiches, respectivamente (métodos también usados en el coloniaje), que motivaron una fuerte crítica del consultor francés, de la Ribette; ya que las barrillas eran de baja calidad, porque contenían mucha arena (Gavira 2000: 128). Las mayores dificultades radicaban en: la fragmentación (trituración y molienda) y el lavado; para la primera, se recomendaba el empleo de trituradoras de pisones accionadas por agua, y mejorar la molienda con otro tipo de equipos; y para la segunda, o etapa de lavado, segura-mente en una
que refinarse para sacarle las impurezas. Esto se lo hacía a través de sucesivas quemas o tostándolas. Alonso-Barba, comenta sus experiencias en Oruro, empleando un horno llamado “braguetilla”; apto para sepa-rar la plata del cobre. En: Gavira 2000: 116. 254 La producción de Corocoro, en toneladas, fue: en 1846, 1 610; en 1850, 4 048; en 1860, 6 000; en 1870, 7 000; entre 1879-1880, 2 024; en 1881, 2 686; en 1882, 3 298; en 1883, 1 700; entre 1884-1885, 1 518; en 1886, 1 021; en 1887, 1 315; en 1888, 1 467; en 1889, 1 665; en 1890, 2 113; en 1891, 2 931; en 1892, 2 898; en 1893, 2 944; en 1894, 3 328; en 1895, 2 525; en 1896, 3 416; en 1897, 2 790; en 1898, 3 358; en 1899, 2 944 y en 1900, 2 563. En: Gavira 2000: 126. 255 De acuerdo al experto francés C.A. de la Ribette, las capas cupríferas presentaban un cambio muy visible cuando daban paso al mineral de plata. De las 63 minas cupríferas, se registraron: 50 dueños; la mayoría de una sola mina, 5 con dos, otros 5 con tres y 3 con cuatro minas. Estaban ubicadas en los cerros: Urnuni, Tacachi, Corocoro, Pitacuiña y Condoriquiña. En: Gavira 2000: 127 y 133.

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concentración gravimétrica: mediante jiggers, maritates, canaletas y buddles. En la fundición, la carencia de combustible causaba los mayores inconvenientes y, de los cuatro hornos existentes en la planta, tan sólo operaba la mitad y no muy bien, dada su mala fabrica-ción. A mediados del siglo XIX, se introdujo la máquina de vapor256 para accionar los malaca-tes y como fuerza motriz en la molienda. Por estos motivos, la exportación de barrillas o concentrados campeó en esta actividad; pues cobre fundido no era posible; consiguientemente, los ingresos eran magros. José María Dalen-ce, da los valores que se recibían en 1846: por cobre en barrillas, 246 000 pesos bolivianos; y para el cobre fundido, apenas 16 000 (Gavira 2000: 129). El cobre no pagaba impuestos, hasta el auge de 1851. Entonces, el gobierno estableció una tasa o regalía que consistía en: dos reales por cada 46 kilogramos de barrilla, y tres reales para el fundido o barra de cobre, lo que ocasionó fuertes protestas entre los productores y los empresarios del cobre que lograron se rebaje a: medio real, para los concentrados; y un real, para el fundido. Siete años más tarde, se declaró libre de todo derecho de exportación el cobre y demás menas que no podían procesarse en el país; salvo el derecho de aduana (consistente en: un centavo, por cada 46 kilogramos sin tratamiento; y dos centavos, al que fuese procesa-do) (Gavira 2000: 130). Esta política a largo plazo resultaría nefasta; ya que los empresarios no se preocupaban de hacer mejoras tecnológicas en sus instalaciones, porque exportaban sus minerales tal cual eran extraídos y, obviamente, recibían bajas cancelaciones de parte de los comercializadores. Hasta 1850, se produjeron un gran número de traspasos de propiedades, y ahí se originaron fuertes conflictos, como el de Gurruchaga y Escudero. Los sobrevivientes, fueron los que tuvieron buenos vínculos con las casas comerciales extranjeras. Entre los que se mantuvieron figuraba Lorenzo Eguren, que se asoció con el francés Millet, en 1846, y que había trabajado en Corocoro, como habilitador; además de tener un negocio comercial en Tacna/Perú . Otra casa importante fue la de Gurruchaga, que era administrada por su yerno, Fermín Rejo (dueño de 4 minas) (Gavira 2000: 134). Otro ejemplo de movilidad. En 1831, se formó una sociedad entre Juan Pablo Eguren y los españoles Alzaga y José Castaños, que se hicieron de propiedades mineras a bajo precio. Las propiedades quedaron en manos de Castaños, que las vendió en el mismo precio a Lorenzo Eguren, el cual vendió la mina Toledo, a Ángel Marquiegui, en 9 000 pesos. Esta mina, en 1869, se estimó en 100 000 pesos (Gavira 2000: 134). Uno de los extranjeros que más fama adquirió fue el irlandés John H. Teare, que hasta 1868 adquirió varias propiedades: San Jorge, Simbani, Buen Pastor, Huma-Coya, Quinta-Cruz, Remedios, Socavón Corocoro, San Antonio, San Agustín, Vetilla y parte del socavón Gualla-tiri. Su espíritu caritativo hizo que fuera conocido como el “padre de los pobres”; ya que sus ganancias de la mina Socavón, las destinaba a la gente necesitada de Corocoro. En 1873, vendió sus propiedades a los chilenos Melchor Concha y Toro, y Juan Francisco Rivas, quienes conformaron la 'Compañía Corocoro de Bolivia', que tuvo algunos años de prosperi-dad y donde introdujeron mejoras técnicas que repercutieron en su producción; especialmente de la mina Remedios. En 1879, estas propiedades fueron secuestradas por el gobierno como consecuencia de la guerra, y nombró administradores que se hicieron cargo de las minas hasta 1884, año que las devolvieron a sus dueños chilenos. La indemnización pactada, de dos millones de pesos chilenos, le salió muy
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Se dice que la primera máquina de vapor introducida en 1850, era un motor a vapor que servía para mover otros equipos. En: Gavira 2000: 130.

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cara a Bolivia; ya que las minas habían sido mal administradas y con muchas irregularidades (Gavira 2000: 134). En 1923, cerraba sus puertas la 'Compañía Corocoro'. 5.4.1.- Huanchaca Cuenta una leyenda que una indígena condujo al minero español Mariano Ramírez, a muchos kilómetros de Tolopampa, y le enseñó un ramo de la veta Mula-cayo o Pulacayo Viejo, advirtiéndole: que fue trabajada por los españoles hacia 1770, que por la sublevación de Tupac Amaru los ibéricos fueron degollados, y que los nativos habían tapado las labores existentes (Roncal 1984: 75-76). Ramírez, no contaba con capital para reabrir operaciones. Eso sí, no tardó en encontrar la veta principal y salió a Potosí en busca de socios. Allí se juntó con sus amigos José Ignacio del Río y José Santiago de Portuendo, con quienes y según escritura del 17 de diciembre de 1833, conformaron la 'Sociedad Mineralógica de Huanchaca'. Ramírez, era el director de los trabajos mineros; del Río, estaba a cargo del ingenio; y Portuendo, era el representante en la ciudad. Ramírez, pensaba a largo plazo; mientras que sus dos socios esperaban resultados inmediatos y desconfiaban del resultado final. Por eso se disolvió esta agrupación (Roncal 1984: 76-77).257 En 1856, la 'Sociedad Huanchaca', después de 24 años de trabajo, gran parte de ellos dedicados al desagüe de la mina Pulacayo y modernización de su planta de procesamiento de minerales, había invertido 180 000 pesos; consiguientemente, no había logrado distribuir un solo dividendo a sus accionistas.258 A principios de 1856, Ramírez, estaba agobiado por las deudas y recurrió a su amigo Aniceto Arce, administrador del Real Socavón de Potosí. Un vínculo familiar los unía, ya que el español estaba casado con Rufina Argandoña, hija de Mariano; y Arce, hacía poco había contraído nupcias con otra hija de éste, Amalia Argandoña. Entonces, Ramírez presionado por los gastos entregó la dirección de la empresa a Arce, quien a su vez compró una parte de ella en 40 000 pesos y alquiló el resto. Cosa similar ocurrió con otra sociedad, que iba a explotar el yacimiento de Carguaicollo (provincia de Porco) (Mitre 1981: 89). Ya nos hemos referido, líneas arriba, al rumbo que tomaron varias sociedades mineras. La 'Compañía Huanchaca', tuvo mayor suerte; pero fue igual su final. Durante la década de los 50, del siglo XIX, tuvo saldos a favor en su flujo de caja. A pesar de ello, su ritmo de creci-miento era lento. La producción minera no pudo ser procesada en sus instalaciones de beneficio, dada su limitada capacidad y; su futuro, dependía del grado de expansión en sus ingenios y de mejorar el sistema de comunicación entre sus minas y las plantas de tratamiento. Para resolver esta problemática, obviamente que se requería la inyección de nuevos capitales (Mitre 1981: 92).259
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Según la escritura, cada socio poseía la tercera parte y debía aportar 500 pesos y, más tarde las restantes cuotas. Ramírez, fue quien más dineros invirtió, y los que obtuvo de ciertos préstamos. 258 El Minero, Potosí, 9 de septiembre de 1859. En: Mitre 1981: 89. 259 Mitre, ha comparado las listas de los accionistas del Banco Nacional de Bolivia y de la 'Compañía Huanchaca', encontrando que en ellas se hallan presentes gran parte de los intereses comerciales e industriales asentados en el litoral boliviano. También, observó que los nombres de los accionistas importantes (tanto nacionales como extranjeros), aparecen en ambos listados. Por último, constató la presencia de personalidades de la política chilena, como los Edwards y los Concha y Toro; la del senador Ezequiel Balmaceda, del diputado Ricardo Cruzat y del ministro Marcial Martínez. Consiguientemente, la introducción del capital extranjero en la minería boliviana estuvo

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Aniceto Arce, quiso promocionar esta idea entre sus amigos chilenos de influencia y éstos llegaron a Bolivia, en 1872: Melchor Concha y Toro, Gregorio Donoso y Javier Huidobro; más propiamente, visitaron el yacimiento de Huanchaca. Al año siguiente, ambas partes deci-dieron organizar la 'Compañía Huanchaca de Bolivia', con un capital nominal de tres millones de pesos, repartidos en 3 000 acciones. El directorio, estuvo así conformado: Joaquín Dorado, Melchor Concha y Toro, Luis Warny, Hernán Fischer y Aniceto Arce, el único boliviano; lo que de por sí hablaba de quién puso el dinero o en poder de quiénes estaban las mayores acciones. Arce, controlaba sólo un tercio (33%), y la inversión europea apenas figuraba (Mitre 1981: 92-93). En 1876, el Banco Nacional de Bolivia se separó en dos sociedades distintas y quedó en manos y control de accionistas netamente bolivianos; y no se debe pensar que esta separación del Banco significaba el divorcio entre sus intereses y los de la 'Compañía Huanchaca'. Más por el contrario, la dirección del Banco pasó a manos de los principales accionistas de nacio-nales de Huanchaca; concretamente: de Arce y Pacheco. En esta conyuntura, el Banco, a través de su política crediticia pudo proteger y beneficiar sus intereses mineros, al tiempo mismo que establecía tarifas discriminatorias para el resto de las otras empresas. El interés anual por préstamos a la 'Compañía Huanchaca', fluctuaba entre el 5 y el 30%; en cambio, el interés corriente para otras empresas, era del orden del 11%. Lo anterior ejemplifica lo dicho. Cabe resaltar que, el rol del Banco Nacional no se limitó a su actividad financiera sino que se dedicó a rescatar minerales argentíferos; compraba plata a los pequeños y medianos produc-tores, fijaba los precios y pagaba con billetes cuya depreciación era aún mayor que el de la moneda metálica (Mitre 1981: 98-97). Nuevamente, en 1877, el capital extranjero francés e inglés pasará de la costa hacia Bolivia; y esta vez jugando un rol importante. Ya lo dijimos, este capital estaba estrechamente vinculado entre sí a través de empresas comerciales, financieras y mineras que operaban en el litoral boliviano, con la premisa de conquistar el desierto y apresurar el momento de su introducción en la 'Compañía Huanchaca'. El segundo período de auge de la minería argentífera cubre, de 1872 hasta 1895, considerando en gran parte a la 'Compañía Huanchaca'; ya que su producción en algunos años, alcanzó a más del 50% del total nacional. Sólo desde 1877 a 1897, el valor de la producción bruta de la plata llegó al monto de casi 120 millones de pesos bolivianos. Esta gran empresa fue organizada en 1832, basándose en pequeños capitales nacionales, y tenía sus operaciones en las minas de Pulacayo y Ubina; además, poseía dos instalaciones metalúrgicas en Huanchaca y Asiento. Es de hacer notar que, durante el último cuarto de siglo se consolidó esta compañía como “un verdadero consorcio internacional y una de las operaciones mineras más grandes del continente. Se expandió luego hasta incluir los intereses del Banco Nacional de Bolivia y del ferrocarril de Antofagasta” (Mitre 1981: 18). “En los cuatro primeros años, después de su reorganización en 1873, se invirtieron [en Huanchaca] cerca de 1.535.200 pesos bolivianos, para aumentar la capacidad de los estableci-mientos de beneficio en las secciones de molienda, quema [tostación] y amalgamación” (Compañía 1878: 97). En este lapso de tiempo, la Compañía no pagó dividendos a sus accio-nistas y con las ganancias se cancelaron los saldos y cuentas atrasadas que se debían a los antiguos dueños, por la compra de la mitad de la empresa, y el resto se aplicó al fondo indus-trial. Por 1877, la compañía experimentó una nueva reorganización de sus estatutos, duplicó el número de sus accionistas,
respaldada por la acción política del gobierno de Chile. En: Mitre 1981: 96.

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porque y aumentó su capital nominal a 6 millones de pesos bolivianos, lo que permitió su apertura a la participación foránea del capital. La oligarquía del país seguía controlando casi un tercio del total de las acciones; aunque 1 003, de las pertene-cientes a Arce y Argandoña, radicaban en París (Mitre 1981: 97-99).260 De 1877 a 1885, las utilidades aumentaron considerablemente; y esta vez se distribuyeron dividendos entre los asociados. A partir de ese año, la baja del precio de la plata acentuó la crisis y obligó a la empresa a aumentar su producción, lo que motivó una nueva fase de inversiones en el sector productivo y en el área de transporte. En ese año, se modernizó la explotación en la mina Pulacayo y se inició la comunicación de las labores de Pacamayo y Pulacayo mediante un socavón de 3 275 metros de longitud que costo la friolera de 544 584 pesos bolivianos. A ello se añadió la construcción del ramal ferroviario Antofagasta; de la que participó la 'Compañía Huanchaca', y que le significó otra inversión de tres millones de pesos bolivianos. Finalmente, participaron en la construcción del gran complejo de Playa Blanca (Antofagasta), concluido en 1893, con un costo total de cuatro millones de pesos bolivianos. Gracias a este programa de inversiones y a través de economías de escala, la empresa pudo mantener sus costos de operación bajos y aumentó sus ingresos por la venta de sus productos. Esto significaba mantener un margen apreciable de utilidades para beneficio de sus accionistas (Mitre 1981: 99-100). Al finalizar la década de 1880, la Compañía gozaba de buena salud e inspiraban confianza sus operaciones hacia el futuro. Por 1887, las acciones de Huanchaca se cotizaban a más del doble de su valor nominal. Todo lo contrario acontecía con sus similares nacionales; empresas de la competencia, menos capitalizadas, como: Colquechaca, Guadalupe, Consuelo y otras, que no pudieron contrarrestar el crecimiento de los costos de producción, de manera que sus ganan-cias disminuyeron. La 'Compañía Huanchaca de Bolivia', en 1894, todavía estaba en condición de pagar dividendos de una libra esterlina por acción, y reportar utilidades equiva-lentes al 20% del capital invertido (Mitre 1981: 101). A fines del siglo XIX, en 1895, las exportaciones de plata, bolivianas, produjeron 7.5 millones de dólares; pero, en la primera década del nuevo siglo, no pasó de 2 millones. La era de la plata tocaba a su fin y se iniciaba la del estaño (Geddes 1984: 112). Sin embargo, el boom de Huanchaca, duró hasta 1895, año en que se inundó el socavón Pula-cayo, y cayó el precio de la plata en el mercado internacional. Ambos factores incidieron negativamente en el flujo de caja de la empresa. La inundación de los planes obligó a reinvertir las utilidades para cubrir los costos de desaguar la mina; obviamente, que no se repartió dividendos a su masa accionaria. Entre 1886 y 1887, por primera vez en 23 años, el balance financiero arrojó números rojos; pues el déficit de la empresa superó los 833 000 y de 1 281 000 pesos, respectivamente. Por otro lado, la millonaria inversión en Playa Blanca no generó los resarcimientos o ganancias esperadas (Mitre 1981: 101-102). La Compañía, tuvo que acudir al préstamo extranjero y negoció con la firma 'J.H. Schroeder', de Londres. Al finalizar el siglo XIX, bajó el volumen y el valor de la producción, y la Com-pañía se vio obligada a contraer nuevos créditos; esta vez en los Estados Unidos. En 1899, Huanchaca,
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La distribución de las acciones, era: París, 2 577; Santiago de Chile, 1 037; Valparaíso, 746; Sucre, 833; Bue-nos Aires, 624; Londres, 77; Tacna, 23; Hamburgo, 21; Boston, 20; Potosí, 10; Pisagua, 10; Lima, 10; Italia, 7; Cochabamba, 3 y; Huanchaca, 2. Lo que muestra el grado de internacionalización que alcanzó esta empresa minera. Compañía Huanchaca de Bolivia, XIII Memoria del Directorio, 1886. En: Mitre 1981: 98.

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entabló, a través de su emisario A. Urioste, contacto con la 'Guggenheim’s Sons', de Nueva York, un primer acuerdo (Compañía 1901). Por su parte, el consorcio americano envió a Valparaíso, a su representante M.H. Wagner, con la finalidad de lograr un convenio definitivo entre ambas partes. Después de largas tratativas lograron un arreglo que básicamente, contemplaba: el 50% de las ganancias de Huanchaca, pasarían a la Guggenheim, que le prestaba a Huanchaca, 60 000 libras esterlinas, al 5% de interés para que ésta a su vez cancele sus deudas a 'J.H. Schroeder'; y por último, la Guggen-heim, proporcionaba otras 60 000 libras esterlinas, en calidad de capital de operación, para que la empresa minera boliviana siga en carrera. Esto significó un cambio radical del capital de la 'Compañía Huanchaca de Bolivia', que le permitió sobrevivir como gran productor de plata hasta muy entrado el siglo XX (Mitre 1981: 102-103). 5.4.2.- La transición de la minería Una interesante inflexión se dio a fines del siglo XIX, que marcaría el comienzo de la era de explotación del estaño. Las pequeñas empresas mineras nacionales, cuyas minas eran catalo-gadas como secundarias, de plata, resultaron más tarde ser poseedoras de riquísimos yacimien-tos estañíferos; sobre todo, los ubicados en el departamento de Oruro y norte de Potosí. Se sabe que la inversión efectuada en la minería pequeña, entre 1880 y 1888, alcanzó el monto de 18 millones de pesos que, prorrateados entre un centenar de sociedades, resultó insuficiente para lograr su reactivación; pero sí pudo sobrevivir a la crisis del mercado. Las mayores dificultades para los pequeños productores, radicaba en: su escaso capital de inversión y de trabajo, dificultades en el transporte, e imposibilidad de comerciar su producción. Estas empresas cayeron bajo la dependencia directa de los comercializadores de minerales, nacio-nales y foráneos, quienes se dedicaron a rescatar principalmente concentrados de estaño y metales. Aquí debemos mencionar la participación alemana, representada por las firmas 'German Fricke & Co.' y 'Otto Richter'; la inglesa, como las de 'Hulman, Blanchard & Co.'; la francesa, como la de 'Castagne & Co.'; y las chilenas, como las de 'Dorado' e 'Ibernegaray'. Entonces, las casas comercializadoras, haciendo honor a su nominación, controlaban la comer-cialización de las materias primas minerales y actuaban como habilitadoras de la pequeña minería. “La alta tasa del interés gravado a los créditos y los bajos precios ofrecidos a los productores fueron otra vez el camino por el cual el capital comercial extendió su dominio sobre el sector minero” (Mitre 1981: 104-105). Mientras en los otros países las inversiones para erigir empresas con capital europeo decrecie-ron entre 1890 y 1900, en nuestra nación la demanda internacional de estaño ocasionó un flujo renovado de inversiones. Esto lo podemos ejemplificar, así: el número de compañías inglesas, apenas dos, hasta1890, subió a once en 1894, con el siguiente detalle (razón social, metal explotado y distrito minero) (Mitre 1981: 105-106): J.K. Child & Co. Penny Clark J.B. Minchin I.C. Hulman Cornish Tin Smelters Blanchard & Co. Royal Silver Mines San Miguel Thomas Mitchell cobre plata-estaño plata bismuto-plata estaño plata estaño-plata estaño-plata plata Corocoro Oruro Oruro Oruro Oruro Oruro Potosí Colquechaca Colquechaca 135

Compañía Unificada John Prout

estaño-plata plata

Colquechaca Colquechaca

La nueva corriente de inversiones procedente de Europa, hacia Iberoamérica, entre 1900-1910, acentuó la participación del capital extranjero en la minería boliviana, a pesar de estar regis-trados en la vecina Chile. Estas empresas, fueron: 'Compañía Minera de Oruro', 'Compañía San José', 'Empresa Minera de Vinto', 'Empresa Porvenir de Huanuni', 'Sociedad Estañífera del Tororal', 'Compañía Estañífera El Acre', 'Compañía Huanchaca de Bolivia', 'Compañía Oploca de Bolivia', 'Compañía Fortuna de Colquiri', 'Compañía Corocoro de Bolivia', 'Compañía Ara-ca', 'Sociedad Estañífera de Colcha', 'Compañía Minera de Monte Blanco' y 'Compañía Estañí-fera de Llallagua'. Estas 14 empresas, poseían un capital de inversión de 4 483 850 libras esterlinas, que hacían un monto de 56 048 125 pesos bolivianos (Mitre 1981: 105-107). Por otro lado, la oligarquía nacional mostraba una tendencia distinta a la del capital extranjero que se caracterizaba por el alto grado de concentración; pues la dispersión, fue el rasgo distintivo de los capitalistas nacionales. Ya hemos visto que, durante el segundo auge de la plata, los intereses de afuera se redujeron al control de pocas empresas: la 'Compañía Huanchaca de Bolivia' y la del 'Real Socavón de la Virgen' (en Oruro). Por el contrario, el capital de los poderosos mineros, como: Arce, Pacheco, Argandoña, Aillón y otros, sirvió para la conformación de varias empresas que explotaban plata, cuando el estaño todavía no era importante: Colquechaca (1878), Lípez (1881), Gallofa (1882), Aullagas (1884), etc. (Mitre 1981: 106).261 En lo que sigue, veremos el accionar de algunas de ellas. La 'Compañía Colquechaca', operó como empresa nacional desde 1878 hasta 1891. Entre los años 1878 y 1885, operó con éxito, logrando un ingreso neto de 12 129 000 pesos bolivianos, de los cuales pagó como dividendos la suma de 3 160 000 pesos. No se efectuaron grandes inversiones; pero eso sí, el yacimiento poseía plata nativa. Como era de suponer, las operaciones se dificultaron por la presencia de agua; lo que obligó a sus empresarios a solicitar un crédito al Banco Nacional de Bolivia y de otros prestamistas, por el monto de un millón de pesos. En 1889, la empresa declaraba haber agotado sus recursos y que estaba próxima a la quiebra. El 9 de marzo de 1892, decidió fusionarse legalmente con otras empresas asentadas en el lugar; la nueva empresa pasó a llamarse 'Compañía Unificada de Colquechaca',262 con un capital de 9 269 000 bolivianos (Mitre 1981: 108-109). Veamos qué ventajas trajo la reunificación de Colquechaca: a) reducción de costos administrativos, b) reducción de los gastos de desagüe (al compartir el uso de socavones), c) reducción de gastos de construcción, y d) posibilidades de reducir el costo de la mano de obra (reduciendo salarios y evitando la competencia entre empresas). No obstante, la unificación llegó muy tarde, ya que la situación económica de la 'Compañía Colquechaca-Aullagas', fue empeorando y, en 1904, un acreedor de la misma, la firma chilena 'Empresa Díaz e Hijos', embargó los bienes de la empresa y tomó el control absoluto de sus propiedades, y se dedicó a explotar estaño (Mitre 1981: 108-109).263
Las quiebras del Banco de Potosí, de la 'Casa Artola' y de la 'Déves Frère', consumieron las fortunas acumula-das por Pacheco, Argandoña y otros. También, los mineros ricos gastaron sumas importantes en la compra de bienes inmuebles; así, Arce, poseía las haciendas: La Barca, La Lava, Santa Rosa, La Oroya; y varias casas en Sucre (la propiedad suntuaria, La Florida) y Potosí. En las afueras de Sucre, Argandoña vivía en el palacio de la Glorieta. En: Mitre 1981: 110-111. 262 La nueva empresa consolidada (llamada también 'Compañía Colquechaca-Aullagas'), estaba conformada por: 'Colquechaca', con 6 000 acciones; 'Aullagas', con 2 500; 'Consuelo', con 2 400; 'Flamenca', con 2 256 y 'Por-venir Ltda.', que poseía 1 000. En: Mitre 1981: 109. 263 Compañía Colquechaca-Aullagas, Duodécima Memoria, 1904: 17. En: Mitre 1981: 108-109.
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La decadencia de la 'Compañía Guadalupe', originó el nacimiento de la 'Compañía Minera y Agrícola de Oploca', asentada en territorio chileno; la cual se convertiría en una de las más importantes productoras de estaño del país. Y esta suerte corrieron muchas empresas de los mineros nacionales; pero una que sobrevivió, fue la de los “reyes de la plata”: la familia Aramayo, que fortalecieron su poder gracias al estaño. “El éxito de Aramayo debe atribuirse parcialmente a su gran visión sobre el futuro económico del estaño, que lo convirtió en verdadero pionero de la explotación de este metal”. Otro factor que se sumó, fue la pronta internacionalización de la 'Compañía Aramayo-Francke', cuya casa matriz estaba en Londres; asegurándose así el mercado europeo (Mitre 1981: 109-110). Recalcamos. A fines del siglo XIX, la minería argentífera dio paso a la del estaño, y muchas empresas estaban abocadas a esa tarea de transformación, no de los métodos existentes y tradicionales de explotación, sino que el cambio radical se daba en lo relativo a la concen-tración de los minerales y su posterior fundición. De la amalgamación de la plata se debía pensar en la concentración gravimétrica de las menas de estaño, y lo propio para la obtención de estaño metálico. Como la transición fue paulatina y sucedió en algunos años, las plantas de preparación recuperaban la plata y el estaño; antes de convertirse en instalaciones exclusivas para el estaño. En la provincia Cercado, del departamento de Oruro, operaba de esa manera la 'Compañía Minera de Oruro' (de propiedad del Banco de Chile). Por su parte, la 'Compañía Minera San José' y de la 'Tetilla', se hallaban paralizadas por falta de capitales. Aún peor era la situación en las provincias Carangas y Paria, ya que todas las minas argentíferas no estaban en explota-ción. Cosa similar ocurrió en el departamento de Potosí, donde la producción argentífera había cesado casi por completo. En el Cercado, cuatro empresas seguían operando: la 'Compañía del Real Socavón' (inglesa), 'Empresa Soux' (francesa), y 'Bebin Hermanos' y 'Alurralde' (boli-vianas), todas ellas dedicadas casi exclusivamente a la producción de estaño y, como sub pro-ducto, algo de plata y/o cobre.264 En la provincia Chayanta, las famosas empresas 'Colque-chaca' y 'Gallofa', se encontraban paralizadas y con la mayor parte de sus minas anegadas. En la provincia Chichas, las minas del Chorolque, pertenecientes a la 'Compañía Aramayo-Francke', y la 'Compañía Minera y Agrícola de Oploca' (con residencia en Chile), eran las únicas con operaciones argentíferas; aunque, como sub producto (Mitre 1981: 103-104). 5.5.- La metalurgia de la plata Respecto a la modernización de las instalaciones, un buen ejemplo fue lo efectuado por la 'Compañía Huanchaca de Bolivia', estuvo acompañada de la llegada de consultores europeos encargados de estudiar y dar solución a la coyuntura de esa época. Llegó el ingeniero Ernest Otto Rück (o modernamente Rueck),265 quien estudió los yacimientos de Huanchaca y Potosí. En 1857,
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Durante la república, se destacan como productores de cobre: Manuel Barrau, los hermanos Juan y Alberto Almonte, los hermanos Domingo y Francisco Latrille, José María Artola (dueño de una planta de tratamiento y fundición de cobre en Calama). El 23 de marzo de 1879, a causa d ela Guerra del Pacífico, las minas cupríferas de Chuquicamata, paralizaron labores y fueron dejadas por sus dueños bolivianos y tomadas por los empresa-rios chilenos, que después las negociaron a los norteamericanos de la 'Wessel, Duval y Cía.' por una cantidad irrisoria, pensando haber hecho un gran negocio. En 1909, se conformó un consorcio bajo la razón social de 'Chile Exploration Company', que compró todas las pertenencias de Chuquicamata. Después pasó a manos de la 'Anaconda Cooper Company' (que operaba con tres empresas subsidiarias). Durante el gobierno de Allende, pasó a propiedad del estado chileno, que las nacionalizó. Chuquicamata, se constituye en la actualidad como la mina a cielo abierto más grande del mundo. En: Roncal 1984: 101-102. 265 Nació en Kassel/Alemania, en 1833; y murió en Sucre, en 1909; ingeniero de profesión y archivero. Estudió

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al estudiar Huanchaca, este ingeniero manifestaba que la producción de las minas podía ser duplicada, pero que, por la falta de capacidad en la fragmentación (trituración-mo-lienda) y amalgamación, no tenía sentido el proponérselo. Esta situación fue de conoci-miento de los empresarios mineros. Otro experto fue William Bruckner y los Franke, 266 quienes desa-rrollaron una variante de la amalgamación en tinas y que llevó su nombre (Mitre 1981: 122). A mediados del siglo XIX, Huanchaca, apenas contaba con dos ingenios “y tres viejas rastras” que necesitaban mucha agua para su funcionamiento. La capacidad de los aparatos hidráulicos era de 69 toneladas por semana, y en época de lluvias; pero en el invierno, se reducía a la mitad. La captación de aguas que tuvo que efectuar Huanchaca, consistió en emprender costo-sas obras que merecieron atención prioritaria; se captó aguas del cerro Cozuno, ubicado a más de 5 kilómetros de la planta, y se las traía mediante un acueducto y luego se las almacenaba en tres estanques construidos para esa finalidad, y desde allí se distribuía de acuerdo a las necesidades. A pesar de ello, estas medidas adoptadas fueron insuficientes para elevar la capacidad en la fragmentación, y las cargas de minerales se acumulaban en las cancha-minas de la empresa. En 1878, cuando la empresa estaba bajo control extranjero, se instaló máquinas de vapor del tipo Relámpago, y con ellas se logró recién elevar la ansiada capacidad de 69 a 124 toneladas por semana (Mitre 1981: 122-123). Un notable avance tecnológico se registró en la tostación o calcinación, con la construcción de los hornos Bruckner, de doble bóveda (empleados en California en 1864), que se llevó a cabo al finalizar la década de 1860. En 1870, la Huanchaca, contaba con nueve hornos de ese tipo, con una capacidad de tostación de 17 toneladas al día. Cinco años más tarde, se implantó el proceso Francke. “En realidad, el método Francke no se diferenciaba fundamentalmente del proceso de amalgamación por fondos: la tina no era sino ‘un fondo en gran escala’, pero a diferencia de éste, utilizaba vapor para calentar el mineral y producir el movimiento de mez-cla. La disparidad más importante entre estos dos procedimientos radicaba en la diferente capacidad de tratamiento de mineral de ambos métodos. Mientras que los fondos podían tratar cerca de media tonelada de mineral cada 24 horas, la tina Francke, con un diámetro de 6 pies [1.7 metros], era capaz de refinar [amalgamar] de 5 a 6 toneladas diarias” (Mitre 1981: 123). Al finalizar la década de 1870, el nivel tecnológico de Huanchaca, y ya lo mencionamos, no era distinto al de otros países productores de plata, como México o Estados Unidos,267 o Euro-pa; y la amalgamación, asimismo, era todavía la panacea a pesar de sus diversas variantes. El proceso Freiberg, vigente en Europa, al igual que el método de Francke, utilizaban el vapor para el calentamiento durante la amalgamación y la introducción de fuerza motriz para el mez-clado (mena-azogue-magistrales). En Huanchaca, se trataron sólo los minerales ricos, echán-dose al
minería en Clausthal-Zellerfeld; vino a Bolivia contratado por José Avelino Aramayo (1855); después de unos años de trabajo en las minas, con base en Potosí (donde en 1872 dirigió la Escuela de Minas), se instaló en Sucre, donde prestó varios servicios al Gobierno. En 1884, fue designado primer director del Archivo Nacional de Bolivia (cuya creación había promovido), inició la catalogación y recolección de documentos estatales. En 1889, fue despojado de su cargo, pero retornó a fines del siglo. Su aporte bibliográfico fue variado y pionero. Apasionado coleccionista: unos 500 manuscritos, entre ellos 33 volúmenes de las actas capitulares del cabildo potosino; 10 000 folletos y 80 colecciones completas de periódicos; muchos fueron vendidos en el extranjero y otra parte a la Biblioteca Nacional de Bolivia (1913). Su hijo Federico, también dirigió el Archivo Nacional. Se casó en 1858, con Carlota Uriburu (hija de Dámaso de Uriburu). En: Barnadas 2002, 2: 790-791. 266 El mineral franckeita (procedente de Chocaya-Animas), fue descubierto por el geólogo alemán A. Stelzner; y con seguridad que éste le puso ese nombre en honor de Francke. En: Ahlfeld/Muñoz 1955: 45. 267 El “Hot-pan amalgamation process”, fue desarrollado en los Estados Unidos, en 1861, para tratar complejos en Nevada. En lo fundamental era similar al de tinas. La diferencia radicaba en que no se usaba la tostación; eso era dable para las menas de Nevada, y no para las bolivianas. En: Mitre 1981: 124.

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desmonte gran parte de lo explotado en la mina de Pulacayo (Mitre 1981: 124, 126).268 Entre los costos que se elevaron figuraba el carbón, usado como combustible en la tostación, ya que era el resultado de la tala de los arbustos de la zona, como la yareta y el ichu o paja brava. La introducción del vapor aumentó el consumo de combustibles nativos, que tenían la desventaja de ser no renovables. Su carencia motivó la importación de carbón vegetal de Chile. En 1885, la 'Compañía Huanchaca', cancelaba más de 27 pesos bolivianos por tonelada de yareta; de modo que cada máquina de vapor consumía de 60 a 70 mil pesos en combustible. En ese año, la empresa importaba el carbón desde la costa, a 261 pesos la tonelada. Los gastos de combustible daban mucho en qué pensar a los administradores de la empresa (Mitre 1981: 127-128). En 1885, se empezó a experimentar la introducción de la energía eléctrica en la planta de procesamiento. Lamentablemente todos esos intentos fueron descartados al haberse terminado la construcción del ferrocarril. Ese año se cerró la planta Asiento, y se aceleraba la construc-ción de la fundidora de Playa Blanca, la cual comenzaría a operar en 1892. La capacidad de la fragmentación y fundición aumentó, y ya se podían tratar 150 toneladas por día. La fundición, operó hasta 1895, año en que el directorio ordenó su cierre (Mitre 1981: 133). Para concluir con Huanchaca, sabemos que a partir de 1896, se inundaron las principales labores de Pulacayo, y aumentaron los costos debido al drenaje. Cuando el anegamiento afectó a los socavones la extracción se paralizó, y los empresarios pusieron sus ojos en los parajes superiores de la mina; que habían sido descartados antes por sus bajas leyes. A principios de siglo, las máquinas de vapor resultaron insuficientes para efectuar el desagüe; y en 1903, en un último intento, la Compañía recurrió al uso de bombas eléctricas capaces de extraer hasta cinco mil toneladas de agua diariamente, desde una profundidad de 360 metros (Mitre 1981: 135-136). Por los años del segundo ciclo de la plata y comienzos de la época del estaño, se trataban con diversos procesos de amalgamación y cianuración las menas de plata, donde principalmente se encontraban en mayor o menor proporción los siguientes minerales: andorita (AgPbSb3S6), aramayoita [Ag(Sb,Bi)S2], argentita (Ag2S), argirodita (Ag8GeS6), canfieldita (Ag8SnS6), cerargirita o querargirita (plata córnea AgCl), cilindrita (Pb3Sn4Sb2S14), discrasita (Ag3Sb), franckeita [Ag(Pb5Sn3Sb2S14)], galena argentífera (AgPbS), matildita (AgBiS2), miargirita (AgSbS2), naumannita (Ag2Se), owyheeita (jamesonita argentífera 5PbS.Ag2S.3Sb2S3), pavonita (AgBi3S5), pearceita [(Ag,Cu)16As2S11], plata nativa (Ag), pirargirita (rosicler Ag3SbS3), pirostilpnita (Ag3SbS3), polibasita [(Ag,Cu)16Sb2S11], proustita (rosicler claro Ag3AsS3), stephanita (Ag5SbS4), stromeyerita (AgCuS) y tetraedrita o cobre gris [Ag(Cu3SbS3)] (Ahfeld 1955). Las menas de baja ley, se procesaban mediante lixiviación; y las de alta, aprovechando la amalgamación luego eran fundidas. Podemos citar las diversas opciones utilizadas en Bolivia (Vargas 1981: 90-96, 103-110): Lixiviación con hiposulfito de sodio (proceso Patera)269
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Entre los costos que se elevaron figuraba el carbón usado como combustible, y éste era el resultado de la tala de los arbustos de la zona, como: la yareta y el ichu o paja brava. En: Mitre 1981: 127-128. “Las técnicas de explotación en las minas de Pulacayo gozaron de un gran adelanto. El laboreo interno recibió los beneficios de máquinas compresoras de aire, uso extensivo de la dinamita e instalación de luz eléctrica. El trabajo exterior [en la planta de procesamiento] fue mecanizado con la instalación de procesos de selección magnética del mineral”. En: Mitre 1981: 132. La separación magnética se utiliza para separar, de los concentrados de casiterita, los óxidos de hierro; que son los que poseen propiedades magnéticas. 269 Basado en la solubilidad del cloruro de plata en hiposulfito de sodio, previa tostación clorurante. En Oruro, se comprobó que la

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Lixiviación con hiposulfito de calcio (proceso Kiss)270 Lixiviación con lejía de hiposulfito de sodio y cobre (proceso Rusell)271 Lixiviación con solución de cloruro de sodio (proceso Augustin)272 Lixiviación con salmuera acidulada (proceso Holt-Dern)273 Amalgamación (proceso del patio)274 Amalgamación (proceso Languasco)275 Amalgamación (proceso Krohnke)276 Amalgamación en tinas (proceso Washoe)277 Amalgamación previa tostación clorurante278 Amalgamación en barril (proceso Freiberg o Reese River)279 En 1860, Antonio Quijarro, informa sobre el descubrimiento de un método de tratamiento. “En Sorocaya [...] ha tenido lugar el descubrimiento de un sistema metalúrgico destinado a cambiar la faz de la industria más beneficiosa del país [...] el Sr. Adolfo Faucon, joven, inteli-gente y hábil minero [es el descubridor o inventor]. Consiste en que la amalgama se efectúa por la acción de un cilindro metálico que verifica un movimiento continuado y uniforme,, avanzando y retrocediendo de un extremo a otro del depósito en que está colocada la masa, depósito que adopta la forma de un cajón, teniendo por base un paralelogramo rectángulo”. Esta operación duraba cinco horas y se hicieron pruebas comparativas entre el nuevo proceso y el ordinario de “fondos”; en ambos casos se trataron 460 kilogramos, y el segundo demostró una mayor recuperación de la plata (que variaba entre 3.4 y 4.6 kilogramos). En este resultado o éxito influyó el minero Ramón Ovando, sin cuyo esfuerzo y patrocinio el descubrimiento de Faucon, no existiría. Tampoco se sabe si este proceso tenía algo que ver con el método de Krohnke (OvandoSanz 1975: 51-52).
temperatura para la cloruración óptima estaba entre 400 y 450°C. Después de la lixiviación, se precipitaba la solución madre empleando sulfuro de sodio o de calcio. Para obtener la plata metálica se copelaba el precipitado de sulfuro de plata en un horno (a más de 906°C) dentro de un baño de plomo. El proceso Patera, fue usado en Bolivia durante 30 años. En el ingenio Machacamarca, se empleó este procedi-miento hasta 1957; después fue desmantelada, para dar paso a una planta de flotación de franckeita. En: Vargas 1981: 90-91 y 94.
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En este procedimiento se emplea como lixiviante el hiposulfito de calcio, y se precipita con sulfuro de calcio. Se trata de una variante del método Patera. En: Vargas 1981: 92. 271 Lixiviación con hiposulfito de sodio. Nuevamente, lixiviación de los residuos con hiposulfito doble de sodio y cobre; precipitación, por el polisulfuro de calcio. Fundición del sulfuro de plata. En: Vargas 1981: 92. 272 Primeramente, se tuesta la mena para formar cloruro de plata, que se la lixivia con una solución concentrada y caliente de cloruro de sodio. La plata disuelta se precipita con granallas de cobre metálico. En: Vargas 1981: 93. 273 Este proceso, consiste: de un tostado clorurante en un horno Holt-Dern, seguido de una lixiviación con solu-ción caliente y concentrada de cloruro de sodio, acidulada con ácido sulfúrico. La plata se recupera por precipi-tación, con chatarra de hierro. Fueron instalados tanques de lixiviación en San Vicente y Pulacayo (ambos en Potosí). En: Vargas 1981: 94. 274 Método inventado por Bartolomé de Medina, en Pachuca/México. Este proceso, y sus variaciones subsiguien-tes, fue desarrollado y usado en la Audiencia de Charcas y otros lugares. En: Vargas 1981: 103. 275 En 1898, el proceso del patio, sufrió modificaciones básicas gracias al minero de Cerro de Pasco/Perú, Juan Languasco, quien sustituyó el cloruro de sodio por hiposulfito de sodio. En: Vargas 1981: 106. 276 Proceso inventado en Chile, el año 1860, por Krohnke, basado en el empleo de una solución concentrada caliente de cloruro cuproso en salmuera (cloruro de sodio). En: Vargas 1981: 107. 277 Fue desarrollado en 1861, en Comstock (condado de Washoe en Nevada/Estados Unidos). En: Vargas 1981: 105. 278 Cuando la plata se encuentra en forma de sulfuros complejos (Sb y As), es necesario someter previamente las menas a tostación clorurante (con cloruro de sodio). En: Vargas 1981: 109. 279 Este procedimiento aplicado por Stetefeldt, a menas arsenicales de Nevada/Estados Unidos, consistía en una tostación clorurante de la mena, humedecimiento con agua y enfriamiento en el suelo, seguido de un tratamien-to en tina similar al proceso Washoe. En: Vargas 1981: 110.

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A la etapa del avance minero, en los años 1870-1874, queremos presentar la historia de Bertoldo Krohnke, un químico alemán, que consiguió de nuestro Gobierno una patente o privilegio exclusivo para usar un método de su invención, para amalgamar plata, en su ingenio ubicado en Antofagasta.280 Es ese puerto boliviano se erigió la 'Sociedad Beneficiadora de Metales', conformada por Krohnke, 'Dorado y Valkmar', Escobar, 'Ossa y Cía.' y 'Edwards y Cía.'. Empezó sus operaciones el ingenio, a fines de septiembre de 1873, procesando 92 toneladas de menas y, un mes más tarde, estaban exportando las primeras barras de plata con destino a Inglaterra. 43 barras con un peso de 3.8 toneladas, por los cuales pagaron al Estado el arancel de exportación de 8 219 pesos bolivianos. Esta exportación a los mercados británicos continuó hasta que vino el decaimiento en la calidad de las menas, de Caracoles. No se sabe si el proceso Krohnke, fue utilizado en otras plantas bolivianas (Ovando-Sanz 1974: 53-54). El proceso fue empleado por José Avelino Aramayo, y consta en una resolución de 1886 (del Gobierno de Melgarejo). “Resolución de 30 de agosto. Se le concede privilegio de un nuevo método de amalgamación”. Esta patente podía Krohnke usufructuarla durante una década; y consistía en la amalgamación con cloruro de sodio.281 Surgieron variantes, en distintas épocas, que no han quedado registradas. La tecnología en el siglo XIX, siguió dos etapas características: la primera, de transmisión de los conocimientos empíricos de generación a generación o de boca a boca, en la época de la transición de la Colonia a la República; y la segunda, en la época de la reactivación minera (1830-1850), redescubriendo la antigua tecnología que se adecuaba todavía al tratamiento del material de desmontes. Respecto a los costos, éstos, en esta segunda fase, se mantuvieron relativamente elevados, dado el precio del azogue; y debido también a la ley de cabeza baja, de las menas a ser tratadas. Más tarde, en los años caracterizados por las grandes inversiones (1850-1873), las nuevas instalaciones de procesamiento aseguraron mejores recuperaciones de las menas argentíferas. La baja en el precio del mercurio y la extracción de minerales de labores formales subterráneas profundas, bajaron los costos de operación; su impacto no se refleja en el tonelaje producido, ya que la capacidad de los ingenios seguía siendo pequeña en comparación a la velocidad de extracción en las minas. Sobresalen en esta fase, las mejoras en los procesos de fundición y refinación, para obtener plata metálica de mejor pureza; aunque su introducción costó largos años de experimentación, antes de obtenerse buenos rendimientos metalúrgicos. En el período de auge (1873-1895), la caída del precio de la plata tiene que ser compensada con la elevación de la ley de los minerales a tratarse; esto, parece contradictorio, pero no lo era. Las empresas se ven forzadas a buscar sectores de las minas con mayor riqueza o ley, lo que exigía un trabajo de preparación y una mejor prospección de las minas. Otro factor importante para este auge fue la capacidad creciente de las instalaciones amalgamadoras. Al respecto, se puede decir que la minería boliviana tenía un nivel tecnológico comparable a los de otros países de la competencia. Mitre, nos proporciona el porcentaje de participación de diferentes factores en los costos de producción, para obtener unos 100 kilogramos de plata metálica (en los primeros años de la República). El por qué los gastos de explotación eran mucho más bajos que los de la amalgamación-fundición, se explica: y porque no existía un real costo de explotación (los minerales se recogían de los desmontes). Otro de los costos altos era el del mercurio.282 También se ve que la mano de obra era un gasto muy alto; y esto se debe entender, porque los trabajadores lo hacían
280 281

Colección oficial de leyes de la República de Bolivia, 1873. Colección oficial de leyes de la República de Bolivia, 1886. 282 El precio del frasco de azogue (de 34.5 kilogramos) en pesos, varió con el tiempo: en 1800, 54.75; en 1809, 37.50; en 1819, 89.25; en 1825, 112.05; en 1832, 118.50; en 1840, 105; en 1850, 112 y en 1854, 68. En: Mitre 1981: 117.

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tanto en las minas como en las haciendas agrícolas, o sea desempeñaban ambas labores, y eso lo demostraba la poca maquinaria que se destinaba para obtener la plata; pues no olvidemos que la amalgamación todavía se efectuaba “con los pies”. En 1836, un gran invento revolucionó la amalgamación, al reemplazarse al hombre por mulas o caballos, para realizar el mezclado de los minerales o “harinas con el azogue”. Durante la primera mitad del siglo, el consumo del azogue era considerable y fluctuaba entre 1.5-2 toneladas, por tonelada de plata (Mitre 1981: 114):283 a) Explotación: Extracción Materiales Transporte Sub total b) Amalgamación-fundición: Mano de obra Mercurio Combustible Sub total TOTAL 5.6.- Comentarios al capítulo La mayoría de las empresas dedicadas a la explotación de la plata, por la caída del precio de este metal no pudieron subsistir. A ellas se incluyó la propia 'Compañía Huanchaca de Bolivia', pese a haber rebajado considerablemente sus costos de transporte. Por su ubicación alejada a las vías del ferrocarril, compañías como: Colquechaca, Real Socavón de Potosí, Guadalupe y otras no pudieron disfrutar de tarifas de transporte bajas. Los costos de operación de todas las labores mineras sufrieron todo el impacto de la crisis; ya que producir una tonelada de plata les costaba mucho y la rentabilidad o las ganancias que recibían eran muy bajas. Entonces, los empresarios decidieron exportar sus menas y/o entregarlas a los rescatado-res; lo que ocasionó el cierre de muchas minas, plantas de procesamiento y fundidoras; y un crecimiento del problema social por la gran desocupación que ocasionó. En esos tiempos, no habían medidas de control ecológico, y este factor ni siquiera era considerado en la hoja de costos de las empresas; no obstante, el daño ambiental permanecerá como los “pasivos am-bientales”: por los desmontes dejados (tanto en la mina, como en la planta) y las emisiones de agua contaminada (con valores de pH muy ácidos o muy básicos) de las minas, de los ingenios y plantas fundidoras, que tendrán su efecto años más tarde. No cabe duda que, mientras el precio de la plata permaneció estable, la modernidad de la industria minero-metalúrgica iniciada por la burguesía minera y continuada por la inversión de capitales extranjeros, se dejó sentir. La crisis de 1895, no estimuló mucho la mejora tecnológi-ca en los métodos de explotación, del arranque, del transporte, del desagüe, de la ventilación y de la seguridad industrial. En el tratamiento de las menas argentíferas se continuó aplicando la amalgamación, y hasta el fin del siglo XX, en Bolivia, no se introdujo la cianuración (en México, sí partir de 1893). Seguramente, una novedad para los industriales fue el tratamiento de la casiterita mediante la concentración gravimétrica y, para la limpieza de los concentrados, la introducción de la separación magnética. Las plantas tuvieron que ser innovadas para dar paso a esta sustitución.
283

18% 5% 4% 27% 33% 22% 18% 73% 100%

En las minas el desagüe se empezó a efectuar en forma manual, construyéndose para el efecto los socavones, que facilitaban el drenaje natural de los sectores inundados.

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Por último, la fundición de la plata resultó carísima a causa de la falta de carbón para operar los hornos; ya que y se tuvo que recurrir a los combustibles nativos, creando la desertificación, por la tala masiva de especies nativas, como: la kehuiña, paja brava (ichu), tola, la yareta y otras. En este capítulo, no hemos podido considerar a más empresas, en detalle, por la falta de información. Aunque más dramática es la situación respecto a la tecnología; ya que en las fuentes consultadas este tema no fue tratado, o lo hicieron muy superficialmente algunos historiadores.

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6.- LA MINERÍA EN LAS PRIMERAS CUATRO DÉCADAS DEL SIGLO XX Para este capítulo nos valemos del libro de Donaciano Ibáñez, “Historia Mineral de Bolivia”, escrito en Antofagasta/Chile, en 1943.284 Primeramente, las materias primas metalíferas y no metalíferas (su ubicación, mineralogía, etc.). Seguidamente, se presentara las diversas empre-sas que operaban metálicos (plata, estaño, oro, wolfram, cobre, antimonio y plomo) en los distintos departamentos, mencionando: su razón social, sus inversiones y pertenencias, su pro-ducción, leyes, etc. Hemos mantenido la división política imperante en esos años, y no la numeración del original para distinguir a las empresas. 6.1.- Principales materias primas Donaciano Ibáñez, da la descripción de las principales materias primas o “minerales princi-pales que existen en Bolivia”, según su entender, así como su ubicación (Ibáñez 1943: 198-215).285 Este listado nos da idea clara sobre el rol de la actividad minera que se diversificó de gran manera en las primeras décadas del siglo XX; claro que, las materias primas de exporta-ción eran pocas y esta tendencia se tiene hasta fines de esa centuria. Entre ellas figuran: a) Alumbre. Abundante en las pampas de Oruro y en las riberas de Langacollo. También abun-da en Nor Lípez/Potosí; en Aguas Calientes, cerca de Ventilla, en el camino de Oruro a Chayanta; y en Porco/Potosí (quebrada o Huaico de Santiago) (Ibáñez 1943: 198-199). b) Antimonio o estibio. Se encontraba en los tres departamentos andinos. En el de Potosí: To-dos Santos, de Sud Lípez; en Estarca, Esmoraca y otras regiones de San Vicente, de Sud Chichas; en las alturas de Chilco y otras zonas de la misma provincia; en Cotagaita y otras de Nor Chichas; en las provincias Quijarro, Chayanta, Bustillo y Alonso de Ibáñez. En el departamento de Oruro:286 en la provincia del Cercado; además, de Paria, Conde-auqui, Cara-challo, Poopó, Pazña, Challapata y otras zonas. En el departamento de La Paz: en las provin-cias de Inquisivi, Murillo, Obrajes y los Andes. También se lo ubicaba en varias regiones. En muchos yacimientos acompañaba al antimonio el oro (con leyes hasta de 500 g/t), como en la mina Sucre, de Esmoraca, perteneciente a Pablo Tramontini. En San Pablo, de Sud Lí-pez; existía en el yacimiento de Buena Vista, antimonio con plata, de propiedad de R. Cruz (durante la Primera Guerra Mundial, explotó sólo sus desmontes) (Ibáñez 1943: 200-201). c) Asbesto o amianto. Los mejores yacimientos se ubicaban en el Chapare/Cochabamba. Se nombra el yacimiento a las alturas de Rejará, en Tarija (Ibáñez 1943: 198).
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También se respeta los nombres y apellidos, así como los nombres geográficos dados en el original. En lo que sigue, emplearemos los términos dados por el autor. En la bibliografía especializada se utilizan diversos términos, así: “depósito mineral”, es una concentración natural de minerales. Un “yacimiento mine-ral”, es un agregado que contiene minerales portadores de metales o metales que se pueden recuperar bajo condiciones económicas actuales, pero esta expresión se aplica más a menudo a minerales no metálicos. “Mineral”, es usado científicamente para referirse a las sustancias cristalinas que se forman naturalmente, que tienen una composición química definida, así como propiedades físicas específicas. Este término es aplicado también a una variedad de sustancias orgánicas e inorgánicas, incluyendo el petróleo y otros hidrocarburos. Un agregado natural de minerales es una “roca”. Por último, “mena”, es cualquier asociación de minerales que contiene los componentes de importancia económica o con valor económico; y “ganga”, el material que acom-paña a los minerales con valor. En: Serrano/Peláez/Ortiz 1981: 2, 13. 286 Durante la Colonia, en Oruro, el antimonio era conocido como mazacote; un mineral parecido al soroche, muy ojoso, resplandeciente y quebradizo. También, lo había en forma de hebras, y otros blanquecinos y menuda-mente graneados. En: Ibáñez 1943: 200.

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d) Asfalto. Petróleo (se lo ubicaba en Cochabamba; también en Caupolicán y Pacajes, ambos en La Paz). Betunes (antes se los encontró en la cordillera de los Chiriguanos y se los explo-taba en Camiri y Sanandita, por YPFB) (Ibáñez 1943: 198). e) Azogue o mercurio. En las minas de Challatiri, cerca de Potosí; las de Guarina, en la pro-vincia Omasuyos/La Paz; y en Moromoro/Chuquisaca (Ibáñez 1943: 199). f) Azufre. Se encontraba en toda la zona fronteriza con Chile, en el volcán Ollca, de Nor Lípez; también en los yacimientos del Tacora (en las alturas de Arica, hasta la frontera con la Argentina). Fueron los principales trabajos de explotación los del Abra de Napa, de Fran-cisco Flores; le siguieron las empresas de José López González y otros industriales. En Ollca, trabajaba el conocido empresario, Leonardo Ellis, cuyas pertenencias las obtuvo en 1904 (Ibáñez 1943: 200). g) Bismuto. Su mineral bismutina, se lo encontró en algunos veneros (Choque-cayara y otras alturas de la provincia Abaroa/Oruro). A veces acompañaba al estaño, así como en Juan del Valle, y se fundieron planchas en Catavi. Minerales más o menos ricos se encontraban en la mina de José Bach, en Sud Lípez, en la zona de Pucara y Pusacalle. En esta provincia exis-tían yacimientos inexplorados en los cerros: Bonete, Esmoruco, Abilcha, Todos Santos, Osquella, San Cristóbal, Sabalcha, Montesclaros y otros. En el Chorolque, había vetas muy ricas que eran exportadas por la Compañía Aramayo. En Chichas, se encontraban en los cerros de Tatasi, Monserrate, Esmoraca, Lezna y Sbina. En La Paz, en Larecaja y Sorata. En esas vetas se encontraban minerales de bismuto de alta ley con algo de oro en sus “llampus” y componentes (Ibáñez 1943: 201-202). h) Blendas o sulfuros de zinc. Acompañaba a la mayoría de los yacimientos plumbíferos, estañíferos, antimoníferos y wolframíferos. Se encontraba en la mayoría de los desmontes de las minas de plomo antiguas, como: Pucasalle, Pucara y cientos de labores abandonadas en Sud Lípez y otras provincias de Potosí (Quijarro, Linares, Chayanta y Bustillo); habiendo también en La Paz, Oruro y Cochabamba. Blendas argentíferas se encontraban en Pulaca-yo/Potosí, que exportaba en grandes cantidades M. Hochschild & Cía. (Ibáñez 1943: 201). i) Cal hidráulica (o mejor: calizas). Útil para la fabricación del cemento, existía en grandes tonelajes en La Paz, en las orillas del Lago Titicaca; en Calamarca y en las provincias Muñe-cas y Larecaja. En Oruro: en Poopó, Pazña y otras serranías. En Potosí: en Uyuni, Nor y Sud Lípez, Huanchaca, Yocalla y otras localidades. Además de otros lugares interesantes en Cochabamba, Chuquisaca y Tarija (Ibáñez 1943: 203). j) Caparrosa. Muy semejante al alumbre y de color algo verdoso, como en Atacama. Había también de colores blanquecino y amarillo (Ibáñez 1943:202). k) Cobalto. En varias regiones de Cornelio Saavedra, de Potosí, y en los Lípez (por la zona de Granadas y Guadalupe) (Ibáñez 1943: 202). l) Cobre. En la provincia Pacajes/La Paz, se ubicaban los mejores yacimientos cupríferos, co-mo: Corocoro, Chacarilla y Pucara. Se encontraba como elemento nativo, sulfuros, óxidos, sulfatos, etc.; en algunos casos, conjuntamente plata y oro. En la mina Oslloque, en los Lípez, a medida que se profundizaba subía la ley de plata (en el rosicler); lastimosamente, la presencia de agua obligó a dejar su explotación. En el departamento de Potosí, son dignos de mención los asientos de Lagunillas y Yura. En los Lípez, existe una labor antigua en el cerro de Scapi (cerca de Chuica); otra en Sabalcha, en el camino real de Colcha; pero, ninguna con tanta prosperidad que la del cerro 145

Pereira, y sus alrededores, hacia Guatacondo; en Sud Lípez, se destaca el yacimiento de Capilla. En Chichas, no lejos de Esmoraca, se sacaba cobre machacado. Muy rico cobre se encuentra en Oroncota, y en las alturas de Tarabuco. Hállase en los confines de Macha, Pocoata y Chayanta. En Oruro, en Paria. En La Paz, en la provincia de Carangas; en Curahuara de Pacajes (antiguas labores de los incas), en el camino que va de este pueblo a Yulloma; cerca de Callapa, en el camino que va a La Paz; no lejos de Caquingora; a poca distancia de Yulloma, junto al camino que va a Calacoto; en Choquepi-ña, cerca de Berenguela, y en todo el resto de Pacajes (Ibáñez 1943: 202-203). m) Estaño. Uno de los yacimientos más ricos era el del cerro Juan del Valle o Llallagua (donde se explotaban vetas con casiteritas del 65% Sn). Le seguía en importancia el Cerro Rico de Potosí. También, se nombra, en La Paz, a: Colquiri; Milluni, Zongo, Chacaltaya, las zonas entre Carabuco y la orilla de la laguna de Chucuito (vetas ricas trabajadas muy antiguamente); en Inquisivi, las minas de Quime, Choquetanga, Monte Blanco, Quimza Cruz, Araca, Chicote Grande y Chicote Chico y otras de menor importancia. Se descubrieron ricos yacimientos aluviales en el cantón Araca, en las faldas del Rodeo, a los que se han denominado morrenas estanníferas. Se presumía existir buenos y ricos yacimientos en las provincias Muñecas y Camacho. Muchos veneros se trabajaron durante el incanato por oro, y ahora por estaño; así, los del río Vilaque, en las faldas de las serranías de Milluni. Los indígenas trabajaron estaño con algo de oro debajo de Araca, al N de la Cordillera de Quimza Cruz y al S del valle de Yaco, donde desagua el río en la zona de la Chojñacota y Monte Blanco. En las faldas de las serranías del Chicote, hacia el S y en el río Abopaya, existen cantidades apreciables de estaño y wolfram (explotación en auge para la época) (Ibáñez 1943: 203-206). En Oruro, sobresalían: Huanuni, el Cerro Pie de Gallo, Poopó, Antequera, Pucro y la región de Macha (muy conocida por sus veneros de estaño madera). Yacimientos aluvionales en este departamento no se trabajaban formalmente; pero existen yacimientos en Colquiri y alrededores. De la zona de Huanuni, se menciona que fue explotada antiguamente, y que se espera trabajos de envergadura empleando dragas y métodos modernos. Las regiones de Negro Pabellón, debajo de las minas de Patiño, se han trabajado en años anteriores; y los lavaderos de Japo, se han explotado en pequeña escala. También existían lavaderos de faldeo en Antequera y Avicaya, explotados con galerías y piques sobre la circa. Se han trabajado veneros al S de Pazña (Ibáñez 1943: 203, 206207). En Potosí: Colquechaca, y otros de menor cuantía en las provincias Bustillo, Charcas y Chayanta; en los Chichas, destaca el famoso Cerro Chorolque; el distrito de Amayapampa; las zonas de Santa Isabel y Moroco, donde se explotan complejos de plata-estaño; en Sud Lípez y en Pusacalle, zona rica en bismuto-estaño. Por último, podemos nombrar el yaci-miento de Malmisa (veneros y vetas parecidos a Llallagua y Porco). Entre los veneros traba-jados se cita el de Colquechaca, Uncía y Llallagua (veneros Carmen y lavaderos del río Uncía, prometían ser de gran importancia) y El Pucro (todos antiguos lavaderos y que esperaban mejor tecnología, como en Huanuni). En la región de La Palca y Amayapampa, el efecto de las lluvias proveía de estaño a sus pobladores. En Porco, se concentraban muchos lavaderos. En las faldas del Cerro Rico, se recuperaba estaño mediante lavaderos; y en los lechos de los ríos Tarapaya y Pilcomayo, se lo hacía con dragas. Los lavaderos más antiguos de Bolivia se ubicaban en la zona del Chorolque; en Chocaya, se trabajaba en pequeña escala y se presumía la existencia de lavaderos en Lípez (Ibáñez 1943: 203-204, 207). Se menciona la existencia de veneros en el departamento de Santa Cruz; y la zona de Berenguela/Cochabamba, contaba con buenos lavaderos (Ibáñez 1943: 204, 206). n) Fierro o hierro. Hay abundancia en el valle de Oroncota, en lo alto del río Pilcomayo, y las alturas de Sama/Tarija. Había también en la región de Ancoraimes, de Omasuyos/La Paz. En Oruro, cerca de la veta Santa Brígida, en el Huaico o quebrada (Ibáñez 1943: 204). 146

o) Galena o sulfuro de plomo.287 Se encontraba en las minas de plata explotadas antiguamente. Galenas argentíferas (con más de 50 kg/t) se explotaban en Potosí, en: Colquechaca (la famosa veta Gallofa), Portugalete, Chocaya, Cerro Rico, Esmoraca y San Antonio de Esmo-ruco, en Sud Lípez. En Chichas, se destacan yacimientos de alta ley (80% Pb y algo de Ag). Vetas muy ricas de galena argentífera eran las de Andacaba y del paraje Síbicos (Cívicos), en el Cerro Rico de Potosí. En Lípez, son dignas de mención San Antonio de Lípez y Esmo-ruco; en Sud Lípez, Pausacalle y toda la zona, con labores abandonadas. Por último, Sud Chichas, era un centro de producción de plomo. También, en muchas minas de Oruro (San Cristóbal) y La Paz (provincia Muñecas, en las alturas de Huato y Ayata, así como entre Camacho y Omasuyos, en los altos de Ambaná y Chejepampa). En Chuquisaca, destacan vetas de plomo y plata, en Cinti (Ibáñez 1943: 205, 211-212). p) Manganeso. En la frontera con Chile, en la zona de Ollagüe, se encontraba una antigua mina (con ley superior a 70% Mn). Además de otras en Chuquisaca, y en la provincia Sud Lípez) (Ibáñez 1943: 205). q) Mármoles y piedra berenguela. Los yacimientos más ricos estaban en Lípez, y en otras regiones de Oruro, La Paz y Cochabamba. En este último, cerca de Berenguela, hay una zona de piedra de ese nombre y de una transparencia admirable (empleada en pilas de bau-tizo y mesas) (Ibáñez 1943: 215). r) Molibdeno. En la región de Choque-cayara (por Macha), habían vetas de molibdeno. Mucho se habló de su existencia en las alturas de Sorata y Zongo/La Paz (Ibáñez 1943: 205). s) Oro. Los principales yacimientos se encontraban en La Paz. 288 En Carabaya, abundaba y tenía una gran pureza (24 kilates). En la provincia Larecaja, se lo encontraba en vetas; y en Tipua-ni, en forma de pepitas y laminillas. Se encuentran bastante en riachuelos y ríos, por: Coroi-co, Zongo, las provincias de Muñecas, Inquisivi y los Yungas, de donde se lo explotaba en buenas cantidades (Ibáñez 1943: 208). Los cerros conteniendo plata, en Oruro, estaban rodeados por todas partes de vetas de oro puro, trabajadas desde la antigüedad; existía un yacimiento en las lomas del ingenio de Sepulturas (que se recuperaba mediante amalgamación). Otra zona aurífera era la de la Joya, en cuyas serranías existían vetas con leyes hasta de 400 g/t (Ibáñez 1943: 208). En Chayanta/Potosí, había muchas vetas de oro, como las de: Amayapampa (producción de unos 20 kilos/mes que se fundía en planchas), Chuqui-huta y Morachaca, hasta el río Grande, donde se encontraban arenas auríferas de importancia. También, se lo encontró en el río Tinguipaya, así como en los riachuelos de Cebadillas, Chuqui-huta (vetas auríferas). En los Chichas, hay varias zonas auríferas: Esmoraca, río San Juan de Oro, Quiriza, río de Tupiza y en las alturas de Chillco (trabajadas desde antes y ahora por los indígenas). Sud y Nor Lípez, se constituyeron en provincias promisorias, y existían trabajos en los cerros cerca de Colcha.289 Por las zonas de Granadas y Quetena y una gran cantidad de serranías adya-centes, había muchísimos yacimientos auríferos trabajados por sus pobladores, sin control alguno (Ibáñez 1943: 208-209).
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Llámase comúnmente soroches, a los criaderos de metales de plomo; vale decir, a los yacimientos de plomo. 288 El nombre propio de La Paz, fue de Chuquiyapu (chacra de oro) y erróneamente se la designaba como Chu-quiago. Se encontraron pepitas cuando llovía; luego, se hizo notable la zona de Chuquiaguillo, de donde se explotaba bastante oro. En: Ibáñez 1943: 208.

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En el socavón Abitanis (en lengua lugareña de Lipe, quiere decir “mina de oro”), había escombros con partícu-las de oro en regular cantidad. En: Ibáñez 1943: 209.

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En Chuquisaca, en los confines de Paccha, Chuqui-chuquí y Presto, existían muchos soca-vones de cuyos desmontes se ha explotado el oro. Existe oro en el río de Sopachuy, hacia la región de los chiriguanos (Ibáñez 1943: 208-209). En el departamento de Santa Cruz, se cita la provincia Velasco, donde destacaron los lavaderos de San Javier y Concepción. Era todo aurífero, el Uruguaytú y el Blanco (extensa serranía por el N de Guarayos). El Quisere, que corresponde a Santa Rosa, más al N y que fueron trabajadas por los jesuitas; Sorotoco y sus afluentes al O de San Javier; Feria; Ancha de Farel, donde está situado el pueblo de Santa Rosa. Siguen, asimismo: Pepitas, Ardaya, Clemente, Las Limas, Pleiche, Brigada Durán, Naranjos, Montero, Zoilo-Saucedo, Lino Sosa y la Honda, que, en síntesis, le dan una relativa importancia a Santa Rosa. Se calculó en 1 672 kilómetros cuadrados de superficie, en ese departamento (Ibáñez 1943: 209). En el Iténez/Beni, corre el río San Simón, cuyas orillas presentan filones de cuarzo con oro; y allí se observó la presencia de pozos para trabajar los aluviales (Ibáñez 1943: 209). t) Piedras preciosas. Lípez/Potosí, cuenta con datos seguros sobre la existencia de una varie-dad de piedras semipreciosas, como: amatistas, en el asiento minero de Esmoruco. También en el cerro Santa Isabel del Nuevo Potosí, piedras preciosas conjuntamente plata. Otra región es Pontón, en el lugar de Aguas Calientes (varias piedras cristalinas y transparentes); se mencionan turquesas, en los Lípez. En Callapa y Yulloma, de Pacajes/La Paz (topacios y granates) y en la mina Camata, provincia Larecaja/La Paz. Se dice que en algunos lugares habría diamantes (valles y quebradas del Tuichi, de Caupolicán) (Ibáñez 1943: 212-213). u) Plata. Los yacimientos trabajados en La Paz, fueron: Turco (provincia Carangas), Choque-piña (muy antigua), Pacocaba; Cachingora, de Pacajes; Tiahuanacu, Yulloma de Pacajes (antigua); los de Sicasica, Colquiri y el rico mineral de Berenguela (provincia de Pacajes), con los cerros de Santa Juana, Tampaya, y otros. En Oruro, en el cerro San Cristóbal. En el departamento de Potosí, se situaban la mayoría de los yacimientos argentíferos; algunos de los cuales se trabajaron en la Colonia.290 v) Sal amoniaco y otras sales. Muy raras, la “de mayor virtud y fuerza, la conocida por almo-jatre o sal amoniaco que es lo mismo que sal de arena, (...)”. La crisócola, que llamaban atíncar o bórax, era una especie de nitro artificial (cuya composición era el almojatre y alum-bre) (Ibáñez 1943: 214). w) Sal de cocina y sal colorada. Abundantes, del primero, en las minas de Yocalla, que alimentaron durante la Colonia de este insumo (69 t/d) para la amalgamación. Chuquisaca, se abastecía de sal de cocina de la quebrada de Morachaca, provincia Bustillo/Potosí; gran-des depósitos en el salar de Uyuni o Lago de los Lípez y Coipasa, cerca de las salinas de Garcimendoza y en Macha/Oruro, son salinas finísimas. En la provincia de Pacajes/La Paz, por Yulloma, sal de buena calidad, como las de Curaguara de Carangas; también junto a la ribera de Langacollo, vetas de sal (Ibáñez 1943: 213-214). Sales coloradas, se tiene cerca de las minas de San Cristóbal, en un lugar denominado Tumaquifa, y cerca de Caquingora (sal de mina, gema o de piedra) (Ibáñez 1943: 213). (x) Scheelita y wolframita. Importantes por su valor estratégico. Las principales zonas mineras
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“Los principales asientos minerales que han dado mejores resultados desde los tiempos antiguos son el Cerro Rico de Potosí, Huanchaca, Aullagas, Colquechaca, Ocurrí, Porco, Guadalupe, Portugalete, Carguay-Collo, Chorolque, Tomabe, Sud Lípez con Santa Isabel, Buena Vista y San Cristóbal y otras, Andacava, Chachaco-mani, Turgui [Turqui], Carangas y Turco con sus minerales de Turuquiri” En: Ibáñez 1943: 211.

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donde había scheelita se encontraban en las serranías de Conde-auqui/Oruro; en Muñecas, Camacho, Challana y Chacapa/La Paz. Wolframita se explotaba en las minas del Chorolque y Esmoraca de Sud Chichas/Potosí. En Conde–auqui era explotado por más de 30 empresas grandes y pequeñas. Minas paceñas de alta ley, eran las de Chicote Grande y Chicote Chico; siguiéndoles las minas de Araca, las del Illimani y las de Yanacachi, Sud Yungas y las del Mururata. Yacimientos de antimonio-wolfram se encontraban en Ancolaimes, provincia Bustillo/Potosí. Muchos mineros advertían la presencia de wolfram en Todos Santos, Cha-pare/Cochabamba (Ibáñez 1943: 214). y) Soda cáustica o carbonatos de sodio. En abundancia en Nor Lípez/Potosí y Oruro; y muy útil para la industria química (fabricación de hiposulfitos y carbonatos) y de vidrios. Sin embargo, no se exportaba y, por el contrario, se lo importaba de Chile (Ibáñez 1943: 215). 6.2.- Principales empresas hasta 1910 En diversos lugares de Bolivia, operaban más de doscientas empresas (que explotaban plata, estaño, bismuto, oro, cobre, wolfram, plomo y antimonio) y cuya descripción somera la presentamos por departamentos y, en ellos, en algún caso especificando la respectiva provincia y cantón.291 No sabemos la fecha de inicio de las mismas; pero lo cierto es que, en 1910, apenas un 23% de las nombradas estaban en trabajo efectivo. 6.2.1.- Departamento de Potosí.292 a) En la provincia del Cercado (Ibáñez 1943: 125-127): 1 'Real Socavón de Potosí'. Empresa entregada en 1886 a una compañía inglesa que invirtió 300 000 libras esterlinas e instaló un ingenio para tratar menas293 de estaño y plata. En 1901, produjo concentrados con 2 kg/t Ag y 10% Sn.294 2 'Casa Soux y Hernández', que contaba con suficiente capital e instalaciones de buena capacidad. Explotaba diez bocaminas que, en 1909, rindieron 407 toneladas, con una ley de 2-6 kg/t Ag y estaño que empezó a explotarse en forma regular. 3 'Empresa Soux Hernández'. Sociedad que contaba con un gran número de pertenencias en el Cerro Rico de Potosí. Poseía los ingenios de Velarde, Huayllahuasi, Quintanilla y Pampa Ingenio. En 1909, produjo 17 726 toneladas de concentrados de estaño (con leyes del 5 al 32%). También, trabajaban veneros. En ese año su producción fue de 354 toneladas de concentrados. 4 'Casa Bebin Hermanos'. Una poderosa empresa que, en 1909, alcanzó una producción de 115 toneladas de concentrados con 50% Sn. Poseía los ingenios: Santa Rosa y Huaira, que estaban muy bien equipados.
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Estos datos corresponden a un tercio de las minas de plata, estaño, bismuto y oro. Se incluyen empresas que trabajaron desde hacía tiempo. No era fácil catalogar el sinnúmero de sociedades existentes en todo el territorio boliviano; consiguientemente, era el objetivo identificar aproximadamente los principales distritos mineros. 292 Para muchos de los casos que se presentan, la producción es anual; salvo que se especifique lo contrario. Con el paso del tiempo muchas de estas empresas se fusionaron, otras fueron transferidas o seguían en manos de sus dueños. 293 Mena estañífera; por ejemplo, la casiterita Sn O2 es una mena de estaño, la cilindrita Pb2Sn4Sb2S14 no es una mena de estaño (por no tener valor comercial o no poderse exportar). 294 Su producción fue: en 1894, 9.5 toneladas; en 1985, 7.3 t; en 1896, 14.2 t; en 1897, 18.7 t; en 1898, 10.8 t; en 1899, 7.8 t y en 1900, 9.9 toneladas. Los concentrados de alta ley, en la jerga de los mineros se denominaban también barrillas; las menas, que no precisaban ser procesadas, se llamaban guías.

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5 'Casa Metting'. Su dueño Alfredo Meeting, se caracterizaba por sus buenas relaciones con Europa y su solvencia económica. En 1909, sus ingenios Candelaria y Alantaña, produjeron 323 toneladas de concentrados del 55% Sn en promedio, de sólo seis minas que poseía. Sus otras propiedades mineras no eran explotadas por estaño. 6 'Empresa Collahuasi'. Poseía 29 bocaminas, la mayoría en preparación y donde se obtenía concentrados con 15% Sn. 7 'Casa Eduardo La Iglesia'. Poseía siete minas de las que sólo se explotaban dos: La Milagros y La Patria; en 1909, produjo la primera, 110 toneladas de concentrados del 25% Sn; y la segunda, 220 toneladas con la misma ley. Su ingenio era el Laguacayo. 8 'Casa Cosme Alurralde'. Produjo su mina Rosario, 230 toneladas de concentrados con una ley mínima del 50% Sn. Sus otras minas estuvieron paralizadas por falta de un ingenio de concentración. Poseía unas once bocaminas, en el Cerro Rico, donde explotaban menas argentíferas con ley de 2 kg/t Ag. 9 'Vladislavic & Cía.'. Contaba esta firma con tres ingenios y dos minas buenas. En 1909, produjo 355 toneladas con leyes de 50-55% Sn. De la empresa dependían sólo 95 obreros. 10 'Tomás Elío'. Este empresario contaba con cuatro minas y el ingenio Escalante; producía 221 toneladas de barrillas con 57% Sn. 11 'Primitivo Calvimonte'. Contaba con dos ingenios: Golpeadero y San José; trabajaba dos buenas minas y procesó (en 1909) 232 toneladas de concentrados con 60% Sn, con unos 134 trabajadores. 12 'Matías Mendieta'. Esta empresa se encontraba en la Ribera y tenía en su poder los ingenios Chaca y Esperanza, donde produjo, en 1909, 552 toneladas de concentrados con una ley mínima del 55% Sn. Daba trabajo a 93 obreros. 13 'Román López'. Explotaba esta empresa sus minas: Victoria y San Felipe, con 120 trabaja-dores; producía unas 230 toneladas de concentrados con 50% Sn de ley. 14. 'Hermanos Villa Gómez'. Producían 46 toneladas de su mina El Carmen, con una ley promedio de los concentrados del 50% Sn. b) En la provincia Bustillo (Ibáñez 1943: 128-130). Sin duda esta provincia albergaba yacimientos estañíferos de gran importancia y que eran trabajadas, por: 15 'La Salvadora'.295 Fundada por Simón I. Patiño, constaba de cuatro hectáreas localizadas en el cerro Juan del Valle, a la altura de Uncía, y contaba con uno de los mejores ingenios gravimétricos de la época para el tratamiento de menas de estaño, bajo la dirección del Ing. Máximo Nava. Producían mensualmente 782 toneladas (unas 9 384 al año) con ley de los concentrados, mínima, del 65% Sn. Además, de 138 toneladas de “guía” de estaño, que no necesitaba ser procesada. 16 'Compañía Minera de Uncía'. Esta empresa fue fundada por el ingeniero y acaudalado industrial, Juan B. Minchin, quien trabajaba las propiedades mineras siguientes: Carmen, de 12 hectáreas; Industria, de 15; San Antonio, de 12; Pizarro, de 7; San José, de 20 y Demasías Pizarro, de 6½ hectáreas. Sus principales operaciones se concentraban en las minas Ánimas (producción en bruto 7 426 toneladas) y San Miguel (producción en bruto 4 893 toneladas); obteniendo de ambas minas 1 587 toneladas de concentrados del 65% Sn en su ingenio Victoria, con buena maquinaria, que
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Patiño, compró los derechos de la mina del señor Sergio Oporto, de Chayanta (Ibáñez 1943: 128). Este empre-sario explotaba sus minas con perforadoras y tenía mucha maquinaria eléctrica, “descolgando hasta 1909 unos 250 metros verticales y con labores ya para establecer el nivel de 280, estableció un Andarivel a fuerza motriz que se trasmitía del Ingenio ‘Miraflores’, con 3.800 metros de longitud, con capacidad de 200 mil quintales de carga diarios”. En: Ibáñez 1943: 128. Posiblemente, el dato de la capacidad no sea correcto.

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requería 120 HP.296 17 Veneros de estaño, en el río de Uncía. Existían varias propiedades de veneros que rendían leyes superiores al 60%; se distinguían las siguientes (ver 18-20). 18 'Golpeadero' y 'Tres Amigos', de Víctor Kukoc. Un estrato de 80 centímetros de espesor que producía 2.8 toneladas al mes, con una ley mínima del 60% Sn. 19 'Bella Vista', de Marcos Franjola, sobre 20 hectáreas producía al mes 2.3 toneladas de concentrados o barrillas del 60% Sn. 20 'Eira' y 'San Ricardo', de Minchin.297 Había también otras propiedades en el río que eran explotadas por sus propietarios. Los relaves del río de Uncía, se constituyeron en una promesa. 21 'Compañía Estañífera de Llallagua'. Empresa fundada por Pastor Saínz y compuesta de accionistas chilenos y bolivianos, con su directorio en Santiago de Chile. Constaba de 212 hectáreas localizadas en el famoso cerro de Llallagua. Entre sus principales labores figura el socavón Azul, por donde se extraían los minerales de las vetas Blanca y San Fermín. Luego se iniciaron los trabajos del socavón Cancañiri, que se comunicaba mediante andarivel con el ingenio de Catavi (una buena instalación concentradora), donde se procesaban 230 toneladas en 12 horas.298 22 'Esmeralda', perteneciente a Zenón Cossío y ubicada en el cerro Karavillca, de Llallagua, constaba de 28 hectáreas. No había labores formales; sólo reconocimientos, en tres vetas. 23 'El Carmen', eran veneros de Néstor Saínz, constaba de 100 hectáreas de aluviones de esta-ño provenientes del cerro Juan del Valle y de Llallagua. Producía 23 toneladas al mes con 60% Sn. c) En el cantón Chayanta (Ibáñez 1943: 130): 24 'El Pucro', fue de Agustín David, y constaba de 50 hectáreas sobre vetas, explotándose buenas barrillas del 65% Sn. De esta mina se hizo cargo la casa 'Meeting', pero los trabajos no prosperaron por la mala dirección de las labores y el despilfarro que efectuaba el empre-sario, así como manteniendo litigios con sus colindantes y por haberse fugado al Perú lleván-dose dineros. La casa 'Meeting', transfirió los derechos a Boehme Zieriacks, de Oruro; y éstos, al actual propietario Pablo Radich (uno de los nuevos ricos de Bolivia), gracias a las minas de David, y por haberse adueñado de otras empresas colindantes por el sistema de arrendamiento. 25 'Italia', empresa perteneciente a 'Abel Alurralde y Cía.', constaba de 30 hectáreas sobre vetas de estaño. Colindaba con la anterior y pasó a manos de Patiño. 26 'Luco Grande' y 'Comunidad del Pucro', eran minas que pertenecían a los hermanos Fran-jola. No se tenía datos sobre sus actividades, pero se sabía que habían explotado buenas barrillas y que dejaron de trabajarlas por la crisis y el bajo precio del estaño. Por 1910, estaban en manos de Pablo Radich. d) Provincia de Chayanta (Ibáñez 1943: 131-132). Especialmente de su capital Colquechaca por su importancia argentífera en la Colonia y después por el estaño, especialmente de las empresas 'Huaynacucho', 'Berta Copacabana' y 'Santa Teresa'; los actuales productores son:
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Esta empresa pasó a poder de Patiño, quien pagó 150 000 libras esterlinas, y pasó a ser parte de la Salvadora, que en algunos meses superó la producción mensual de 2 070 toneladas de concentrados de alta ley (65-70% Sn), colocándose como el productor más grande de estaño de toda Bolivia, con unas 24 840 toneladas al año. En: Ibáñez 1943: 129. 297 Este venero pasó también a propiedad de Patiño. 298 Más tarde, se inició las labores en el socavón Siglo XX, por donde la “Patiño Mines” extraía sus menas.

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27 El cantón Colquechaca, sobresalía y acaparó la atención mundial; y sus concentrados eran muy renombrados en Europa. Existía el socavón San Bartolomé, de fama por sus buenos trabajos de explotación, de donde en 26 años se extrajeron unos 30 millones de bolivianos. Se unificó a las minas: Aullagas, Porvenir, Consuelo, Flamenca y Colquechaca; la mala administración le trajo un recargo de deudas; además que las labores ricas en plata se inun-daron. La Patiño, la explotaba sólo por estaño; y los trabajadores sustraían rosicler para entregar a los rescatadores.299 28 'Santa Bárbara' y 'San León'. Esta empresa operaba en el cerro Yana-kaka, de Colquechaca. Constaba de 20 hectáreas sobre vetas de estaño con plata (en promedio 5% Sn y 3 kg/t Ag). 29 'Empresa Díaz, Hijos y Cía.'. Antes 'Compañía Colquechaca Aullagas de Bolivia', que pasó al poder de Simón I. Patiño. Para la concentración del estaño allí se instaló un moderno inge-nio. Sus vetas daban un promedio de 14% Sn. 30 'La Aliada', perteneció a Vicente Periza, y constaba de 33 hectáreas localizadas en los cerros Gato (de Colquechaca), Botijlaca y San Mateo; explotándose por ese entonces unas 92 toneladas de estaño del 60% (siendo el porcentaje de sus minerales en bruto, del 25% de ley). Poseía esta empresa un ingenio medianamente montado, y no se entendía por qué no surgió esta empresa; dada la bondad de sus menas y las facilidades con que contaba para atraer capitales extranjeros. 31 'Compañía Porvenir'. Estaba asentada esta empresa en la zona de San Mateo y Bitijlaca, y que sus propietarios fueron los Lora, de Sucre. Sus trabajos eran profundos y un muestreo efectuado por la Patiño, dio 15% Sn y 3 kg/t Ag. Esta empresa también pasó a la Patiño Mines y se desconocía el motivo del por qué no la explotaban. 32 'Santa Bárbara', pertenecía a Zenón Benavides y Luis Elío. Constaba de 20 hectáreas sobre vetas de estaño. La empresa no pudo surgir por falta de capitales y sus propietarios más se dedicaron a efectuar labores de reconocimiento en el cerro Botijlaca. 33 'Compañía Estañífera de Ocurí y Maragua', pertenecía a 'David N. Kirkiwood y Cía.', con la denominación de Lípez Huayco. Constaba de 87 hectáreas de veneros estañíferos en los cantones de Ocurí y Maragua. Se explotaban unas 4.6 toneladas de concentrados del 65%, que los propietarios rescataban de los trabajadores. Los contratistas entregaban 50 kilogra-mos a razón de 10 bolivianos. En 1910, explotaba cantidades apreciables de estaño. d) Provincia Porco (Ibáñez 1943: 132-133): 34 'Empresa Minera de Porco', pertenecía a A. Arana. En ella se explotaban minerales del 6% Sn y 800 g/t Ag, que, concentrados y lixiviados, daban 72% Sn y sulfuros de plata de 500 kg/t. Poseía 163 hectáreas. 35 'La Encontrada' y 'Restauradora', ambas pertenecientes a Cirilo V. Aldunate, con 110 hectá-reas sobre vetas y veneros en el cerro Tasna (cantón Tolopampa). Llegó a producir 6.9 tone-ladas de concentrados del 60% Sn, a muy bajo costo. 36 'Empresa Alianza', de J.R. Valderrama. Constaba de 60 hectáreas sobre vetas. A nombre de la 'Empresa Constancia', explotaba minerales con ley promedio del 10% Sn. Sus operaciones las efectuaba en el cerro Tasna (vice-cantón Ubina; cantón Tolopampa). Sus concentrados podían alcanzar hasta 65% Sn; y en 1909, su producción fue de 230 toneladas de inmejora-bles barrillas. 37 'La Providencia', también de Valderrama, constaba de 62 hectáreas sobre veneros de estaño en el asiento de Carguaycollo (cantón Coroma), tan ricos y abundantes como para obtener barrillas del 60% Sn. Sin embargo, no se la explotaba por falta de brazos. 38 Mineral 'Cerrillos'. Este yacimiento pertenecía a la compañía minera 'Agua Santa de Bolivia'. Tenían peticiones en 100 hectáreas, sobre vetas de estaño (10% en promedio) y plata, localizadas
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Se podía decir que, toda la zona minera de Colquechaca, estaba en poder de la 'Patiño Mines', que compró las antiguas propiedades de la empresa 'Huaynacucho', de Noerch Bahuer y Cía.; y de la empresa 'Berta Copaca-bana'. En: Ibáñez 1943: 131.

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en el cantón Coroma. Se habían hecho labores de reconocimiento y prepa-ración, pero, por la falta de personal quedaron interrumpidas. 39 Existen cadenas con formaciones argentíferas a continuación de la Cordillera Real, que pasando por Chayanta, cruzaban toda esta provincia y penetraban en Sud Chichas. La princi-pal empresa es la de 'Huanchaca' (una de las más organizadas de Bolivia), que poseía 3 468 hectáreas. La 'Compañía Huanchaca de Bolivia', contaba con 2 385 como empleados, traba-jadores, jornaleros y contratistas. Poseía un ferrocarril propio, para trasladar sus concentra-dos de Pulacayo a Uyuni (Ibáñez 1943: 134). e) Provincia Frías (Ibáñez 1943: 133, 143):300 40 Mina 'Rosario'. Esta empresa pertenecía a 'Guirwood y Cía.', constituida en el cerro de Concepción. Al haberse acometido trabajos se obtuvieron menas del 40% Sn y 3.5 kg/t Ag. Medían sus vetas: de ancho, un promedio 30 centímetros. Su producción mensual era de 46 toneladas; o sea 552 al año, de concentrados de alta ley. 41 'Lourdes', estaba situada al centro del cerro de Concepción. Se trataba de una bocamina por la cual se extraía su producción de 1.8 toneladas de concentrados. Suspendió sus operaciones por falta de capital. 42 En esta provincia se encuentra el yacimiento de Culchucani. Existía una empresa sobre vetas cupríferas, donde figuraban los siguientes grupos: Alsacia, Lorena, Estrasburgo, San Antonio, Aloisa y Mita; haciendo un total de 135 hectáreas, pertenecientes a Guth y L. Revuelta. f) Provincia Sud Chichas (Ibáñez 1943: 133-134, 149): 43 Una de las principales empresas que operaban allá era la 'Aramayo, Francke y Cía. Ltd.', con 3 543 hectáreas mineras sobre vetas de estaño, bismuto, wolfram y plata en los distritos mineros de: Chorolque, Chocaya y Tasna. La ley promedio de las vetas de estaño era del 18%; y su potencia, entre 15 y 80 centímetros, de donde a veces se sacaban guías puras que no necesitaban ser procesadas. Tasna, presentaba conformación polimetálica en sus vetas, siendo las de estaño menos puras que las de Chorolque. Contaba con ingenios para el trata-miento de sus menas; así, el del Chorolque, trató desde junio de 1908 a junio de 1909, la cantidad de 2 631 toneladas de concentrados del 65% Sn, avaluadas en 1 716 090 bolivianos. El ingenio Santa Bárbara, estaba ubicado a 4 890 msnm; y el de Cotani, a 5 300, con una producción de 373 toneladas de concentrados del 60%. La sección Chocaya, produjo 293 toneladas de barrillas del 60% y, en conjunto, la empresa produjo 3 297 toneladas valoradas en 2 150 504 bolivianos. 44 'Guernica Silver & Copper Mines Bolivia Ltd.', constaba de 117 hectáreas sobre vetas de cobreplata (sulfuros) en San Vicente (cantón Portugalete), y allí se habían efectuado inver-siones interesantes de capitales. En el ingenio, se obtenían cementos de plata con cobre (5 kg/t Ag y 5% Cu). Toda esta región se trabajó en la Colonia, y se esperaba que se reinicien las labores de extracción. 45 Otras minas en San Vicente, pertenecientes a varios empresarios (como la 'Casa Aramayo'), estaban paralizadas, a pesar de los contenidos de oro (> 400 g/t), y constituía un gran secreto cuáles eran esos yacimientos. 46 'Empresa Tihel de Esmoraca '. Esta antigua empresa constaba de 600 hectáreas sobre vetas de wolfram-bismuto-plata en las serranías de Esmoraca. Se explotaban unas 9 toneladas al mes, de barrillas de wolfram >70% en su pequeño ingenio dirigido por su propietario Fede-rico Tihel. Este
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El departamento de Potosí, contaba con formaciones cupríferas notables por la potencia de sus vetas. Como en Oruro, la actividad minera estaba orientaba mayoritariamente a la explotación del estaño, como consecuencia del precio de esta materia prima. En: Ibáñez 1943: 142-143.

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yacimiento era considerado como uno de los mejores de Bolivia, por sus riquezas. Lamentablemente, carecía de comunicaciones y de falta de interés para realizar inversiones. g) Sección Tupiza. 47 'Empresa Manning', perteneciente a Guillermo Manning. La empresa constaba de 110 hectáreas, localizadas en las quebradas de Palcahuasi y Quechisla (cantón Potugalete), sobre veneros de estaño (cuyas leyes promedio eran del 50%), y de bismuto nativo del 98%. Su producción anual era de 37 toneladas. 48 'Compañía Minera y Agrícola de Oploca de Bolivia'. Esta empresa que tenía su directorio en Santiago de Chile, y una junta consultiva en Sucre (con un capital de 140 000 libras ester-linas, dividido en acciones), fomentaba las actividades mineras y agrícolas en esta provincia. Su producción alcanzaba las 28 toneladas de concentrados del 60% Sn; y esperaban mejorar sus rendimientos instalando un nuevo ingenio. Estaba considerada como la empresa más rica de Bolivia; siendo Patiño, uno de los principales accionistas. h) Provincia Nor Chichas (Ibáñez 1943: 143-144, 148): 49 'Empresa Héctor Vidaurre'. Poseía 50 hectáreas en cada uno de cinco grupos, que en total sumaban 250 hectáreas sobre vetas de cobre en: Vicchoca, Molle-cagua, Sivingani y otros del cantón Cotagaita. Eran 8 las vetas reconocidas, con un ancho de 30 centímetros y una ley de 1215% Cu. La falta de capital no permitía su actividad. 50 'La Encontrada' y 'Restauración'. Esta empresa de Cirilo V. Aldunate, constaba de 100 hectáreas localizadas en la serranía de Tasna, cantón Río Blanco, de la provincia Nor Chi-chas. En esta región se encontraron 17 vetas, con un apotencia promedia de 0.5 metros y 25% de wolfram. Producían 2.8 toneladas de barrillas del 58% al mes, y esperaban aumentar sus recuperaciones instalando un moderno ingenio. h) Provincia Linares (Ibáñez 1943: 134-135). Existían muchas minas paradas por falta de inversiones; siendo notables por sus reconoci-mientos, las siguientes: 51 'El Carmen', de Juan Malpartida, de 6 hectáreas. Estaba localizada en la quebrada de Millu-ni en el yacimiento de Machacamarca, donde sus concentrados procesados alcanzaban leyes de 8 kg/t Ag. 52 'Andacaba', era otro de los yacimientos ricos de esta provincia. Sus pertenencias (350 hectáreas), se ubicaban sobre vetas en los cerros de Machacapiña, Orco-pelado, Belén-casiri, Cuarta y Andacaba. Después de varios años de abandono, esta empresa reanudó operaciones sobre vetas de estaño y explotaba cantidades regulares de buenos concentrados. i) Provincia Nor y Sud Chichas301 (Ibáñez 1943: 135, 148-149). 53 Existía, en la primera, vestigios de trabajos de explotación de minerales; sin que hasta 1910, se hubieran hecho reconocimientos de importancia. De la segunda, ya nos hemos referido a sus riquezas; y de los trabajos efectuados desde la Colonia, existen desmontes y ruinas de ingenios de amalgamación, en: Portugalete, Esmoraca, Chocaya, Atocha, Estarca, Chorolque, San Vicente, Talina, Tasna, etc. Entre tanto, son pocas las minas en trabajo, cha-mo: Chorolque, Chocaya, Esmoraca y Tasna; sobresaliendo las dos primeras.
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El wolfram se lo empezó a explotar desde más o menos 1903, estando los principales yacimientos en Potosí (zona del Chorolque, en Sud Chichas).

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54 'Aramayo Franke & Cía.'. Ya se ha mencionado que esta empresa fue una de las pioneras de la época. Poseía una gran extensión de pertenencias mineras y vetas muy ricas. Trabajaba sus minas de wolfram y obtenía, procesando, concentrados del 70%.302 j) Provincia Nor y Sud Lípez (Ibáñez 1943: 135, 144). 55 Ambas provincias tienen como contrafuertes: al O, el gran Dorso de los Andes; y al E, la Cordillera Real, que, en esas partes, se desarrolla con las cordilleras de los Frailes y las de Chocaya o de San Vicente. Sus minerales ya fueron trabajados por los incas y los españoles. Se dice que los trabajos pararon en 1719, debido a la peste; haciéndose posteriormente muchos intentos para reactivar las ricas vetas de: Santa Isabel, San Cristóbal, San Antonio, Guadalupe, Coyahuasi, Uturonco, Quehuacucho y Bonete, que, en 1910, permanecían abandonadas; a excepción de la mina de bismuto de José Bach, en la zona de Pucasalle, y otra denominada 'Leoplán', (en el cantón San Pablo de Sud Lípez), de donde se extrae antimonio y ricos minerales de plata. En Nor Lípez, sobresalía la empresa 'Collahuasi' (ahora territorio chileno). Entre otras que explotaban o explotaron cobre, tenemos (Ibáñez 1943: 144): 56 'Compañía Cuprífera de Bolivia'. Poseían 268 hectáreas pertenecientes a Manuel Arnal, ubicadas en el cerro Cobrizos (cantón San Cristóbal). Estas minas ofrecían grandes perspec-tivas y no eran explotadas por falta de equipamiento y capital de operación. Se sacaban char-ques (cobre nativo), en forma de enrejados o arbustos que contenían también plata nativa. 57 'California', pertenecía a Fernando Castro, y constaba de 20 hectáreas localizadas en los cerros de Colpani (cantón San Cristóbal); y se encontraba en las mismas condiciones que la anterior. 58 'Cerro Verde', ubicada en el mismo yacimiento de San Cristóbal. Esta empresa era de pro-piedad de Alejandro Lazcano. Poseía 5 hectáreas sobre vetas de cobre. 59 'Esperanza Francesa'. Esta empresa estaba situada en las serranías de Escapa, en el mismo cantón, y constaba de 30 hectáreas sobre vetas de cobre. 60 'Huallpa-Coya'. Poseían 225 hectáreas mineras sobre vetas de cobre, en Peña Blanca, del mismo cantón. 61 'Moscoy-cucho'.Esta empresa tenía derechos sobre 5 hectáreas, en Alota (cantón San Cristóbal), era de propiedad de Augusto Vargas. 62 'Rosario', era de propiedad de Ángel López, y constaba de 12 hectáreas, en Tuluma, del mencionado cantón. En Sud Lípez, también había buenos yacimientos cupríferos o acompañando a las menas de plata, bismuto y antimonio. Las vetas afloraban, pero no fueron explotadas por la falta de caminos y por la topografía de la región, semi desértica. Eran pocas las empresas asentadas allí (Ibáñez 1943: 145): 63 'Castilla & Compañía'. En la zona de Huancané, del cantón San Pablo, existía cobre, cerca de la serranía de Yana-apacheta, en unos mantos cupríferos (con 8% Cu). Se trataba de seis mantos mineralizados de los que mediante palleo, se obtenía concentrados del 25% Cu. 64 'Empresa Familiar'. A 6 kilómetros más al SO de San Pablo, existían unos escombros de la antigua empresa 'Buena Vista'; donde algún industrial explotó miles de toneladas de antimo-nio que eran botadas al desmonte, porque daban preferencia a los minerales argentíferos con 100 g/t Ag. José
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Pensamos que la ley estaba dada en WO3 (que es lo habitual).

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Bach, tenía minas donde explotaban bismuto. Roberto Oviedo, trabajaba estaño con plata, a muy pequeña escala. Se afirma que, en el futuro, Sud Lípez debía ser una zona privilegiada con buenos caminos y mejor atendida por el Gobierno, para la explotación de sus diversas materias primas. k) Provincia Charcas (Ibáñez 1943: 143). 65 La única empresa que existía era la de 'Penny Duncan', que poseía 20 hectáreas sobre vetas de cobre-antimonio, en Chalwiri (cantón Sacaca). Existían varias vetas cuya potencia era variable, con leyes promedio del 15% Cu. l) Otras 66 La región sud del departamento era considerada la zona rica en yacimientos plumbo-argentoantimoniosos, aunque no se contaba con la relación de sus dueños y producciones. Algunas empresas se destacaban, como: Pampa Grande, de la casa 'Hochschild'; 'La Españo-la', de Casimiro Bach; las minas de Quiriza y Estarca; y la rica mina Sucre, de antimonio y buen ley de oro (hasta 500 g/t). 6.2.2.- Departamento de Oruro.303 a) En la provincia del Cercado (Ibáñez 1943: 122-123): 1 'Empresa Socavón de Oruro', conocida con el nombre de 'Compañía Minera de Oruro', en un tiempo pasó al poder del Banco de Chile. Se trabajó este yacimiento desde la Colonia y poseía grandes tonelajes de estaño y plata, en una extensión de 252 hectáreas, en dos grupos mineros. Se encuentra en los cerros: Pie de Gallo, Rubiales, Itos, Atocha, Santo Tomás, Alacranes y otros, de la serranía de Oruro. Constituyó sus principales labores, en las minas: Socavón de la Virgen, Itos y Atocha. Hasta 1910, explotaban pacos y piritas que contenían plata y estaño, respectivamente. Su producción en un mes fue de 1 121 toneladas de piritas con ley de 1 kg/t Ag y 7% Sn, más otras 336 toneladas de pacos. 2 'Empresa Penny Duncan de Morococala'. Poseía 175 hectáreas sobre ricas vetas de estaño, en el cantón Sorasora. Los filones tenían en promedio del 5% Sn de ley, y producían men-sualmente 46 toneladas de barrillas del 65%. 3 'San Salvador de Negro Pabellón'. Esta empresa fue organizada por los herederos de Maria-no M. Penny, en las serranías de Negro Pabellón, en el cantón Dalence. La ley de cabeza fluctuaba entre 5-30% Sn, y producían 11.5 toneladas al mes.304 4 'San Carlos', perteneciente a Broff Swaw. Estaba localizada en el cantón Sorasora, asiento minero de Negro Pabellón, y constaba de 60 hectáreas. Sus vetas contenían entre 5-14% Sn; y se obtenían concentrados del 60%. 5 'Empresa Penny Duncan de Huanuni'.305 Fue un famoso yacimiento por sus cuantiosos volúmenes de estaño. La propiedad consistía de 193 hectáreas en el cerro Pozoconi (cuya formación geológica llamó la atención de los expertos). El ancho de sus vetas fluctuaba entre 0.6-1.5 metros. Su
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En este departamento, el cobre se presentaba en diversos lugares y formas de mineralización: sulfuros, óxidos, carbonatos; dominando estos últimos en Turco (provincia de Carangas), en cuyas serranías se podían encontrar mantos de hasta 12 metros, superpuestos y separados unos de otros por capas más o menos gruesas de calizas; y donde también se encontraban los carbonatos de cobre, con leyes que fluctuaban entre 25 y 40%. En Ibáñez 1943: 140. 304 En 1943, pertenecía esa empresa a Simón I. Patiño. 305 Para la década de los 40, pertenecía a la 'Patiño Mines'.

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producción anual era de 1 426 toneladas de concentrados del 60% Sn de ley. Poseía buenas instalaciones y equipamiento. 6 'Compañía Minera El Balcón',306 pertenecía a E. Harrison, Juan B. Minchin , Juan Hullaman y Guillermo Murra, que organizaron una sociedad con inversión inglesa. Sus operaciones se situaban en el cerro Pozoconi, en el cantón Huanuni, y poseía pertenencias en 89.5 hectá-reas; dentro de las que existían vetas de importancia como la de Cataricagua, donde se hicie-ron trabajos de envergadura. 7 'Yerba Mate'. Que no se sabe cuándo pasó a formar parte de la anterior; era explotada por Patiño. En esta provincia del Cercado, había varias formaciones cupríferas de relativa importancia, que con la inversión de capitales podrían generar una interesante actividad para sus poblado-res; lo que no se consiguió, por haberse dado mayor importancia a la producción de estaño, plata y wolfram. Las principales zonas cupríferas, fueron (Ibáñez 1943: 141): 8 'Caracollo'. En este cantón existen vetas relativamente potentes, de cobre y oro. Desde hacía mucho tiempo fueron abandonados los trabajos, sin que ninguna empresa se hubiera intere-sado en reanudarlos. 9 'Conde Auqui'.307 Ubicada en el cantón Paria, a 39 kilómetros de la ciudad de Oruro. Se encontraba esta serranía conteniendo wolframita y scheelita en abundancia; además de oro, plata, cobre y antimonio. Los pedimentos de cobre quedaron paralizados y apenas se efec-tuaron reconocimientos formales; dándose preferencia al wolfram, dada su calidad. En 1910, existían varias empresas mineras explotando muchas toneladas de wolframita y otro tanto de scheelita. Era de lamentar que por falta de capitales no se trabajen las minas de cobre. 10 'La Joya'. Este cerro era famoso por su explotación argentífera y aurífera durante la Colonia. Se encuentra situado en el cantón del mismo nombre. Sus actividades estuvieron paralizadas durante largo tiempo. Antes de 1910, grandes empresas se formaron para explo-tar el cobre-oro (ver además, 25). b) En la provincia Poopó (Ibáñez 1943: 123-125). 11 Toda la provincia fue un antiguo yacimiento argentífero trabajado por los españoles. Tam-bién contenía vetas de estaño. Operaron las siguientes empresas, hasta 1910 (ver 9-18): 12 'Compañía de Estaño de Antequera' o 'Grupo Esperanza', con 227 hectáreas en el cantón Antequera. Sus vetas eran de 0.8 metros y una ley promedio del 5% Sn. Su producción alcanzaba las 276 toneladas al año, de barrillas del 70%. En 1909, suspendió sus operaciones por falta de capitales. 13 'Empresa Alianza'. Fue organizada por el empresario Casiano Arnés, quien y llegó a explotar unas 83 toneladas al año de concentrados del 65% Sn. La propiedad constaba de 51 hectáreas, ubicadas en el cerro Chuncho. 14 'Compañía Estañífera El Acre'. Poseía pedimentos, que sumaban 96 hectáreas, sobre vetas localizadas en las alturas del Totoral, en el cantón Antequera. La ley de sus vetas era del 5% Sn. Este yacimiento prometía mucho y, por razones obvias, dejó de producir.
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Ibídem. Antes de 1910, parece que no hubo empresas interesadas en explotar el wolfram. Durante la Primera Guerra Mundial, 1914-1918, se hace famoso este yacimiento especialmente por la existencia de vetas de scheelita y otras de wolframita; ambas de buena calidad y contenido. Muchas empresas, más de treinta la explotaron con éxito; por otro lado, quedaron muchas minas que ni siquiera fueron exploradas, ya que la falta de capitales fue la razón para paralizar labores en las que se trabajaba. Otro motivo, radicaba en el temor por la desvalorización de esta materia prima. En: Ibáñez 1943: 148.

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15 'Empresa Estañífera Blacut'. Su propietario era Moisés Blacut, y operaba entre los cerros Chuncho y San Mateo, en el cantón Antequera. La propiedad constaba de 80 hectáreas, y poseía cinco vetas de 0.8 metros de potencia y ley media del 12% Sn. Producían concentra-dos del 62%, en una planta ubicada en la quebrada de Antequera. 16 'Empresa Nané'. Su propietario era Mariano Aguilar. Se componía de 30 hectáreas en el cerro Chuncho. Sus minerales eran vendidos al ingenio Olantaña, ubicado en Poopó, para su respectivo procesamiento. 17 'La Positiva'. Su dueño era Adolfo Mier. Igual que el anterior, beneficiaba sus minerales en la planta de Olantaña. Tenía una producción mensual de hasta 46 toneladas, con una ley del 8% Sn. 18 'Bella Vista'. Su propietaria era María C. de Sierra. En el cerro Chuncho, poseía 21 hectá-reas y producía 7.4 toneladas al mes, de barrillas del 60% Sn. 19 'La Vencedora'. Esta empresa era de Edelmira Quiroga, también con operaciones en el cerro Chuncho, con 15 hectáreas y una pequeña producción (1 380 kilogramos) de barrilla del 60% Sn de ley. 20 'La Prosperidad', de Andrés Espinosa, estaba localizada en el cerro China Chualla, en el cantón Antequera. Producía 4.1. toneladas por mes de concentrados del 60% Sn. No pudo prosperar por falta de inversión de capitales. 21 'Nuestra Señora de las Nieves'. Pertenecía a D. Ávila. Constaba de 20 hectáreas. Muchas minas estaban en preparación y operaban a muy pequeña escala, produciendo estaño.308 c) En el cantón Urmiri (Ibáñez 1943: 124-125). 22 'Empresa Avicaya'. Su dueño era Dante Avelli. Estaban situados sus yacimientos en el cerro Chaulla-grande, de Avicaya. Constaba de 300 hectáreas y su producción alcanzaba las 161 toneladas por mes, de barrillas del 70% Sn. Las labores eran profundas y estaban en pleno equipamiento. 23 'Magariños'. Pertenecía esta empresa a los señores Zuleta y Cía., sobre 110 hectáreas en los cerros de Chaulla, Vilacollo y Sillacollo, en Avicaya. Colindaba con las ricas minas de Dante Avelli; San Pablo, de Sabioncello y Cía.; y Exaltación. Las vetas tenían 0.5 metros de potencia, con leyes de hasta 30% Sn. Producía unas 4.6 toneladas al mes, de barrillas del 65%. Sus instalaciones eran muy rudimentarias. 24 'Iroco', muy cerca de la ciudad, frente a la serranía de Itos. Tenía muchos trabajos antiguos (algunos muy profundos), debido a la explotación aurífera. También, de los desmontes se recuperaba el oro contenido en el cuarzo. 25 'La Joya'. Situada en la serranía y pueblo del mismo nombre. Antiguamente hubo gran actividad aurífera en sus bocaminas y desmontes. Allá por 1910, una empresa explotaba cobre, con alto contenido de oro. d) En la provincia Abaroa (Ibáñez 1943: 125). 26 En el cantón Condo, se dice que un español de apellido Astete, explotó grandes cantidades de plata en unas minas allí existentes.
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Entre las propiedades donde se ubicaban muchas minas, tenemos: Dichosa, de Edelmira Quiroga, con 10 hectáreas; San Luis, de Tomás Esmaldia, con 6 hectáreas y; La Libertad, de Santiago Gonzi, con 60 hectáreas, en el cerro Coriviri. En el mismo distrito de Antequera, las minas: Marieta, de 6 hectáreas; Candelaria, con 20, en el cerro Ichocollo; San José, con 30, en el mismo cerro; Wilson, de 4, en el cerro Peñas; Santo Judío, de 17, en el cerro del mismo nombre; Betsabé, de 25, en el cerro Crucero; Industrial, de 30, en el cerro Ichocollo; Descubierta, de 15, en el cerro Chictuno; Salvadora, de 20, en el cerro Condoriquiña; y La Esperanza, de 15 hectáreas, en el cerro Coa. La mayoría eran minas preparadas; pero, por falta de inversión estaban consideradas labores abandonadas. En: Ibáñez 1943: 124.

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27 'Los Azanaques'. Muchas propiedades estaban localizadas en las serranías de Azanaques. Se hicieron allí reconocimientos por estaño y wolfram. 28 La rica cadena que atravesaba los Azanaques, de Challapata, fuera de contener estaño y wolfram, también era rica en cobre. Allí se efectuaron labores de reconocimiento, con buenos resultados. En la parte más elevada del cerro El Cerque, se encontraban las mayores manifestaciones de cobre; habiéndose constituido algunas empresas mineras para su explotación, de entre ellas las principales fueron (Ibáñez 1943: 142): 29 'Purísima'. De 40 hectáreas, pertenecía a Sebastián García Agreda. Localizada en la cadena de los Azanaques (cantón Condo), se encontraba en trabajo produciendo unas 1.2 toneladas de barrillas de cobre al mes, con sólo diez obreros a contrato. 30 'Terremoto'. Empresa organizada por Rodolfo Ametller, constaba de 40 hectáreas localiza-das en la cadena de los Azanaques. Su producción mensual era de 21 toneladas de barrillas de cobre, empleando 45 trabajadores. 31 'Hermanos', de Víctor Zaconeta, poseía 30 hectáreas en la misma zona que las anteriores. Estuvo sin trabajos de importancia. e) En la provincia Carangas. (Ibáñez 1943: 125). 32 En el cantón Turco, se encontraban los ricos yacimientos argentíferos de Turuquiri; ya explotadas durante el coloniaje. Para 1910, las labores estaban abandonadas. 33 Las formaciones en esta provincia, son las mismas que en Corocoro. No obstante, su abun-dancia se manifiesta en casi toda su intensidad, como sucede en la región de Pacariza, exclu-siva de cobre; y cuya localización se halla en el cantón Huachacalla, que está al SO de Turco. 34 'Yarbicoya'. Este yacimiento se encontraba en el cantón Turco (a 22 kilómetros hacia el NE) y fue trabajado antiguamente. Más tarde se reiniciaron las actividades, para volver a ser paralizadas por falta de inversiones. Por 1910, se trabajaban minerales de cobre para su exportación. 35 'Turuqueri'. A pocos kilómetros del cantón Turco, se encontraba este yacimiento cuprífero que dio importantes producciones en distintas épocas, por su calidad rica y abundante. Por 1910, se encontraba abandonada. 36 'Changamoco'. En la serranía se habían establecido unos ingenios para tratar los minerales de Turuqueri y Changamoco, de parte de una compañía francesa; la cual abandonó opera-ciones por el bajo precio del cobre. 37 'Pacariza'. Era un anexo del cantón Huachacalla, en cuyas serranías existían unos intere-santes mantos de carbonatos de cobre, y de lo que apenas se habían efectuado algunos reco-nocimientos. Se menciona que en Corque y Huachacalla, existían interesantes depósitos para la explotación del cobre. 6.2.3.- Departamento de La Paz (Ibáñez 1943: 113-118): 1 'Empresa Minera Huayna-Potosí y Milluni'. Sociedad anónima, cuyo directorio residía en París. Poseía ricos yacimientos estañíferos localizados en los cerros Santa Rosa, Churquini y Chirihumani; y sus adyacentes del Huaina-Potosí, el Carmen y Milluni (Aylloco). Le perte-necía un ingenio desde hacía mucho tiempo, y no se conocía su producción de casiterita cristalizada. 2. Mina 'Caluhuyo'. Cuando los Lorini trabajaban en esta empresa, explotaban 36.8 toneladas al mes de barrillas de estaño con 60%. Las minas estaban localizadas en las serranías de Antajahua y Pacolla, en Chacaltaya. 3 Minas 'Aurora' y 'Rosa Nieve'. Ambas minas estaban situadas en las serranías de los nevados de Chacaltaya, y fueron trabajadas por la 'Empresa Unificada de Chacaltaya'. Explotaba mensualmente unas 13.8 toneladas de barrillas del 60-64% Sn. Posteriormente, pasó a propiedad 159

de uno de sus socios y fue vendida a la firma 'Trepp' por casi medio millón de bolivianos. 4 'Placeres de estaño Japa-Jopo'. Estaban situados en las faldas del cerro Huayna-Potosí entre Ocomisto y Vilaque. Se producían allí barrillas de estaño, con alta ley de oro y bismuto nativo. 5 'Empresa Providencia'. Su dueño era Francisco S. Sánchez. Trabajaba sus minas ubicadas en las serranías de Milluni, Cillayes y Churihumani, de la parroquia de San Sebastián, en la provincia Murillo. 6 'Empresa Chuquiaguillo'. Organizada por Antonio Sedlmayer, pasó a depender de un sindicato norteamericano. Ya en el Incanato y en la Colonia produjo oro.309 7 'Región Estañífera de Vinujara'. Al N del Huayna-Potosí, en la cordillera de los Andes, can-tón Peñas. Antes de 1910, se explotaron bolsoneras de estaño con 70% de ley. 8 'Compañía Aurífera de Palca'. Sus dueños fueron Francisco Valentie y N. Guibert. Sus operaciones se localizaban en el cerro Chillicoya (cantón Palca), explotando oro. 9 'Danubian'. De Franz Germann, minero que trabajó y lavó oro en el río Yaco. Formó una sociedad y poseía 100 hectáreas en los lavaderos de Santa Rosa, cantón Zongo. 10 'San Francisco' y 'Concepción', pertenecían a Berthin Freire y Arturo Posnasky, en Vilaque, provincia Omasuyos y cantón Pucarani. Trabajaban a pequeña escala. En 1909, produjeron casi 3 kilogramos de oro, además de bismuto y estaño. 11 'The Incahuara Dredgin and Co.' En el Mapiri y Tipuani, se ha explotado oro desde antes y se lo seguía haciendo. En las playas del río Guanay y Kaka (provincia Larecaja), se constituyó esta empresa a base de fuertes inversiones, contando con una gran draga; lo que daba idea de la magnitud de sus trabajos. a) En el cantón Yani (Ibáñez 1943: 115-116). 12 También fue conocido como una rica zona aurífera. Existía en sus serranías bocaminas y desmontes; así como en sus riachuelos vestigios de trabajos. En 1910, en esa zona se habían concedido 15 000 hectáreas, sobresaliendo: 13 'Princesa Cristina'. Poseía Alfredo Zalles, 30 hectáreas de pertenencias sobre vetas con ley de 256 g/t Au. Colindaba con la propiedad aurífera de Nicolás Rada. 14 'Pfallaya' y 'Chontocollo'. Pertenencias de Benedicto Gotilla, que estuvieron en trabajo y se explotaban cuarzos lechosos portadores de oro. 15 'Santiago' y 'Socorropata', de Nicolás Rada, localizada en la misma zona que las anteriores. Ha producido regulares cantidades de oro. 16 'Elsa'. Muy rica en arenas auríferas al pie del nevado Tacatacani, descendiendo por el río Camaqueni. Fue explorada por el Ing. Sttumpf, y se dice que ha extraído 36 toneladas de oro puro. 17 'Cometa Halley'. Por falta de capitales esta empresa estaba de para; a pesar de que sus vetas fluctuaban entre 0.6-2 metros de cuarzos auríferos, con una ley de 10-15 g/t Au. 18 'Pallaya Grande y Chico'. Entre los cerros Pallaya y Chontacollo. Era un pedimento de 460 hectáreas, que contaba con 15 vetas con 15 g/t Au; algunas, con potencia de hasta 2 metros. 19 'Salvadora'. Eran 200 hectáreas en este yacimiento aurífero, con vetas que fluctuaban entre 0.5 y 2.5 metros, en el cerro Lacuni, en Curicurimi. 20 'Sallería' y 'Cantalulu'. Sus propiedades poseían 10 hectáreas, localizadas en los cerros de Yani. Tenía tres vetas reconocidas, con contenido de 30-50 g/t Au; pudiéndose explotar 30 toneladas diarias de mineral. 21 Existían otras empresas como: Ángeles, Santa Elena, San José, Santo Domingo, El Federal y otras; que estaban paralizadas, por falta de capitales.
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Se menciona que en la Exposición Departamental de La Paz, Benedicto Goytia presentó una gran pepita de oro con un peso de un kilogramo, ganando una medalla de Primera Clase. En: Ibáñez 1943: 114.

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b) En el cantón Challana (Ibáñez 1943: 116-117). 22 En este cantón se hicieron muchas prospecciones. Existían propiedades constituidas: La Velada, Confianza, Descubridora, Exploradora y Hortensia. Además de una empresa con la razón social 'La Alstard', de propiedad de Franz Germann, compuesta de 300 hectáreas sobre lavaderos de oro en el río Challana, a corta distancia del pueblo del mismo nombre. 23 'Tipuani'.310 Se lo conocía desde tiempos antiguos. Uno de los más grandes yacimientos de oro de Bolivia. Fue prospectado por varios geólogos. Especialmente, ha sido bastante explo-tado por mucho tiempo, el lecho del río (con profundidades hasta la peña, de 1.4-84 metros). Fueron notables los veneros de Romanplaya (bancos), y aquellos situados en el mismo pueblo de Tipuani. Muchas labores se mantuvieron secas, gracias al empleo de bombas. 24 'Gritado'. Situado a 12 kilómetros del pueblo, y en un río afluente del Tipuani. Pertenecía a Ildefonso Villamil, y se dice que éste explotó más de una tonelada de oro en una década (desde 1852 a 1862); a pesar de ser manuales las labores. 25 'Chuquini'. Las minas estaban a algunos kilómetros del río Tipuani; y no se habían profundizado las labores, hasta llegar a la peña. 26 Chuchi-Playa. Pertenecían a Emilio Sittner, sus 13 hectáreas; y La Andalucía, de 'Ernesto Schulze & Cía.', que poseía 25 hectáreas en Ticunuaja. 27 'Lealtad', de Z. Flores, tenía de 2 hectáreas, en Tujini. 'Deber', de Alcibíades Soruco, com-prendía de 12 hectáreas ricas en oro, en Cangallani; en los flancos del río Tipuani. 'San Bar-tolo', de Augusto Stumpf, en el río Tipuani. 'Angélica', de Macario Pinilla, de 75 hectáreas, también en el río Tipuani. c) En el cantón Itulaya (Ibáñez 1943: 117-118). 28 En este asiento abundaban las vetas ricas, en las serranías; y eran arrastradas cantidades de cuarzos auríferos. Entre las minas notables, sobresalían: 'Alaska', de 400 hectáreas en el cerro Itulaya (se descubrieron 12 vetas potentes, de 2 metros de ancho y ley promedio de 15 g/t Au); 'Esperanza', localizada en el lugar denominado Finca de la Iglesia, de 200 hectáreas; 'Centenario', ubicada en el cerro de Tacacani, de 230 hectáreas (vetas cuarcíferas de hasta 1.5 metros de ancho); 'Tres Amigos', de Asencio Fernández, en el cerro de Alaluilloma (con vetas de 2 metros de potencia); 'San Francisco', localizada en las serranías de Itulaya; 'San Antonio', de José Vidal, en Camaqueri, de 250 hectáreas; 'Maravillas', de la 'Empresa E. Schultz & Cía.', en Murmuntani. 29 'Gallo'. Esta empresa trabajaba, en el pueblo de Ananea, unas arenas auríferas (15 g/t Au). Entre otras minas de relativa importancia en la provincia Larecaja,311 se pueden citar: La Fortuna, de Domingo Villavicencio, de 30 hectáreas sobre lavaderos en el cantón Challana; El Porvenir, de Alcibíades Guzmán, de 200 hectáreas en ese cantón; y Boldike, de Henry Bingle, de 100 hectáreas. 30 'Viola' de James S. Gritón, de 100 hectáreas. Estaba localizada a continuación de la ante-rior. 'Laura', de Roberto W. Harvey, de 100 hectáreas, en la misma región. d) En el cantón Sorata (Ibáñez 1943: 118).

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El oro de Tipuani se encontraba en grano fino, granulado, en forma de lentejuelas y pepitas (de más o menos 60 gramos). La rica provincia aurífera de Larecaja, con sus ríos Atén, Chima-loro, San Antonio, San José, Mapiri y otros, lastimosamente, no producía, por falta de inversiones. En: Ibáñez 1943: 117-118. 311 Larecaja. Algunas referencias sobre los ríos Atén, Chima-loro, San Antonio, San José de Mapiri y otros, conocidos por su riqueza aurífera. Esta zona, la más importante de Bolivia, de contar con el factor capital, cooperaría en el desarrollo de la industria minera. En: Ibáñez 1943: 118.

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31 Esta localidad era conocida como yacimiento de bismuto, cobalto, estaño y oro. Se tenían las siguientes minas: 'San Francisco', sobre vetas de oro y estaño, de 45 hectáreas; y 'Austra-lia', de 43, sobre veneros de oro y estaño, en la región de Coca-Milliplaya. e) En la provincia Caupolicán (Ibáñez 1943: 118-119). No se podía dar datos muy exactos sobre las minas que allí estaban en trabajo. 32 'La Boliviana', empresa de Víctor Lemaitre, situada en el cantón de Pelechuco. De 165 hec-táreas de placeres de oro, en la rica zona de Suches. Cuanto producía lo exportaba vía Arequipa y Mollendo. 33 'Good Hope', de 1 020 hectáreas, pertenecía a Roberto R. Schaw. 34 'Kosmos', de Carlos Jordán y Rosas, constaba de 200 hectáreas ubicadas en la zona de Pelechuco, y trabajadas desde tiempos inmemoriales. f) En la provincia Loayza (Ibáñez 1943: 119-120). De fama desde la Colonia, por sus ricas vetas de estaño. Las principales empresas, fueron: 35 'Empresa de Estaño de Araca', de Harrison y Buttiger, que explotaban diariamente en sus minas de Viloco, 920 toneladas del 19% Sn; obteniéndose 92-115 toneladas de concentrados de estaño, del 60-65% de ley.312 36 'Empresa San Andrés', perteneció a Hugo Zalles, y constaba de 100 hectáreas, a continua-ción de la anterior empresa. La bondad de sus vetas permitía obtener 4.6 toneladas de barrillas, del 60%. 37 'Empresa Esmeralda', de 100 hectáreas, en las inmediaciones del pueblo de Araca. 38 'Monte Blanco'. Esta gran empresa estaba situada en el abra de Guallatani o Iscalluni, en la cordillera de Quimza-Cruz, del cantón Yaco. En el primer semestre de 1909, explotó algo más de 32 toneladas de barrillas del 65% Sn, a pesar de lo mal equipado de su ingenio. 39 'Mallachuma'. Esta empresa operaba en la cordillera de Quimza-Cruz, y constaba de 352 hectáreas. Tenía una producción de 9.2 toneladas de concentrados del 70% Sn. Las vetas Rival y Broza, eran muy potentes; como para asegurar el éxito de la empresa. 40 'Compañía Minera San José', en la región de Chojñacota, de la cordillera de Quimza-Cruz (cantón Yaco). Organizó esta empresa Andrés Trepp, sobre la base de las propiedades: El Caudal, de 50 hectáreas; El Cometa, con otras 50; El Tesoro, con la misma cantidad; Copa-cabana, con 100; y San José, con 50 hectáreas; o sea, un total de 300, con vetas que daban regulares cantidades de barrillas, alcanzando hasta 46 toneladas en algunos meses. En 1910, su producción mensual alcanzaba las 58 toneladas. g) En la provincia Inquisivi (Ibáñez 1943: 120-121): 41 'Empresa Andes Tin Co.', conocida con el nombre de 'La Concordia', sobre 477 hectáreas; y cuyas vetas fluctuaban entre 3 y 19% Sn. De sus desmontes se explotaban unas 9.2 toneladas al mes. 42 'La Coya', situada en la cordillera de Santa Vera Cruz. De sus diferentes vetas se explota-ban unas 4.6 toneladas al mes, de barrillas del 60% Sn. 43 'San Sixto' y 'Buena Ventura', dos grupos mineros pertenecientes a Antenor Valdés, con 100 hectáreas en conjunto. Allí existían labores desde el coloniaje, por la explotación de me-nas argentíferas.

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En 1943, era trabajada por 'Patiño Mines', con buenos resultados metalúrgicos. La operación estaba bien montada.

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44 'Gaviota' y 'Guallata', de Arturo Posnansky, con 60 hectáreas. Estaban situadas en la cordillera de Saya-quira, en el cantón Ichoca. Producía concentrados del 68% Sn, de lugares de reconocimiento. 45 'Compañía Minera Colquiri', pertenecía a una sociedad anónima con residencia en Chile; y su segundo domicilio, lo tenían en Oruro. El volumen mensual de su producción fluctuaba entre 115 a 138 toneladas de minerales que, procesados, daban 6.4 toneladas de concentra-dos del 62-68% Sn. Contaba con buenas instalaciones; empero, esta empresa adeudaba 10 mil libras esterlinas y esperaban tener mayor inversión para elevar el nivel de su producción. 46 'Riqueza del Porvenir'. Su dueño fue Enrique Palombo, que tenía peticiones sobre 100 hectáreas en los cerros León-juhuata y Nina Collo (en la cordillera de Coquetanga, cantón Quime). Su actividad se limitaba a reconocer dos vetas de un metro de ancho y 13% de ley de estaño, por falta de capitales. 47 'El Coloso', de Emilio Lanza, sobre 100 hectáreas localizadas en Choquetanga-chico (can-tón Quime). Abarcaba la zona comprendida entre las cumbres del Silla y Mocoya. Las vetas reconocidas tenían una potencia de 3 metros de ancho, y una ley media de 13% Sn. 48 'Empresa Encarnación'. Pertenecía a Bebin Hermanos. Operaba en la cordillera de Quimza-Cruz. Estaba constituida de los grupos siguientes: Concepción, en 30 hectáreas; Encarna-ción, en el lugar denominado Bajadería, con 30 hectáreas; Carolina, de 60, en Calataca; y San José, de 100 hectáreas. Su producción semestral era de casi 40 toneladas de concen-trados del 60-65% Sn. 49 'San Francisco', pertenecía a Emilio Benavides y Ceferino Zelaya. Situada en el cerro Pachaca (cordillera de Quimza-Cruz), constaba de 60 hectáreas. 50 'Empresa Minera Santiago'. Operaba en la cordillera de Huila-Coilla (comunidad de Choquetanga, cantón Quime), sobre 100 hectáreas. Poseía vetas de regular anchura, con 5% Sn de ley. Su producción era pequeña (2 300 kilogramos al mes). 51 'Jerusalem'. Estaba en Cerarani (cantón Quime), y constaba de 20 hectáreas. Su producción mensual no pasaba de 368 kilogramos. 52 'La Indefinida', de propiedad de Franz Germann, con 100 hectáreas sobre veneros, en la región de Monte Blanco (cantón Quime). Producía barrillas del 55-60% Sn. 53 'Empresa Minera Sayapuira'. Pertenecía a Emiliano Orellana. Constaba de 30 hectáreas, en el cerro Sayaquira (cantón Ichosca). Habían allí 11 vetas de wolfram y bismuto reconocidas; tres de ellas, de estaño, con 12% de ley. 54 Santa Rosa, de Emilio Orellana. Constaba de 40 hectáreas sobre vetas de estaño y galena argentífera, localizadas en las cercanías de Santa Vera Cruz, del cantón Ichoca. 55 'Mugden'. Empresa que era de propiedad de Fabián Paulette, compuesta de 15 hectáreas en el cantón Ichoca; sus vetas contenían en promedio 15% Sn y tenían un ancho de metro y medio. Sus operaciones estaban en suspenso. 56 'La Bastilla', constaba de 100 hectáreas, y su dueño era Francisco Valetie, en el cerro Wichancayani, del vice-cantón de Colquiri. Tenía vetas reconocidas de potencia de un metro de ancho y 25% Sn. 57 'The La Paz Mining Co. Ltda.'. Esta empresa fue constituida en Londres y constaba de tres grupos: Reba, de 60 hectáreas; Angélica, de 25; y San Lucas, de 6 hectáreas; todas ubicadas en el cerro Ocavi (vice-cantón Colquiri). Tenían 9 vetas reconocidas, con un ancho de 1-1.5 metros de ancho y leyes del 3-4% Sn; encontrándose bolsoneras en los puntos de contacto, con leyes del 3040% Sn y algo de plata. h) Provincia de Pacajes (Ibáñez 1943: 137-138). El yacimiento de Corocoro, ya gozaba de buena fama por la magnitud y calidad de sus minerales cupríferos y se exportaba arenas de cobre (barrillas) a Europa. La 'Casa Berthin Her-manos', explotaba esos ricos yacimientos con contenido de oro (que solos se pagaban el trans-porte; cosa 163

que no sucedía con otros industriales mineros). Allí tenemos: 58 'Compañía Corocoro de Bolivia'. En 1873 fue organizada esta empresa con un capital que pasaba el millón de bolivianos, sobre la base de los siguientes grupos: 'Remedios', de 45 hectáreas; 'Protección', de 12; 'La Deseada', de 36; 'Seguridad', de 10; 'Segunda Sección', con 69; 'La Ilusión', con 15; 'María Humilde', de 20; 'Musolino', con 24; 'San Luis', de 6; 'San Pedro', con 5; 'Santa Elena', con 24; 'El Pozo', de 10; 'Los Quillinques', de 36; 'Las Indus-trias', de 37; y 'Bolívar', con 5; haciendo un total de 351 hectáreas, al margen de sus bocami-nas: Capilla, Quimza Cruz, Humacaya y Rosario. Encontrábanse por entonces sus principa-les labores, en los grupos: Remedios y Segunda Sección, y sus menas se beneficiaban en el establecimiento San Francisco, produciendo semanalmente de 28 a 37 toneladas, en 1903. 59 'Corocoro United Koper Mines Ltd.'. Poseían 575 hectáreas, distribuidas en 19 grupos. Sobresalían: Huallatiri, Santa Rosa, Viscachani, Acollusta, Toledo y Los Quillinquis. Hasta 1910, no habían datos sobre su actividad; no obstante, se decía que era una de las empresas más prósperas de Corocoro. 60 'Noel Berthin'. Tenían 105 hectáreas sin efectuar trabajos. A 'Angel Berthin', le adjudicaron 40 hectáreas que tampoco las trabajaban; limitándose a realizar pequeños trabajos de recono-cimiento y labores de preparación. 61 'Sozzi y Alexander'. Constaba esta empresa de 116 hectáreas, distribuidas en seis grupos, de los que sólo se explotaba en dos. i) Cantón Callapa (Ibáñez 1943: 138-139). 62 Este cantón ubicado cerca de Corocoro, hacia el S (pasando por Chacarilla), igualmente era muy rico en menas cupríferas. Allí se distinguían las siguientes empresas: 63 'Gran Poder'. Contaba con 150 hectáreas, sobre mantos mineralizados de cobre. Cuando se organizó esta empresa dieron preferencia al manto Santiago, cuyas labores alcanzaron hasta el tercer plan, donde había desaparecido el mineral; y por esta razón paralizaron labores. 64 'La Amistad'. Esta empresa pertenecía a la anterior, y quedó abandonada y sin actividad. 65 'Golondrinas', constaba de 80 hectáreas y era de Pedro Bogge. Se habían reconocido dos vetas de una potencia media de 65 a 90 centímetros de ancho, con leyes que no bajaban del 75%. Un pique de reconocimiento, practicado, demostró la bondad de esta mineralización. 66 'Copacabana'. Esta empresa pertenecía a Federico Eulert, y poseía 20 hectáreas, que fueron explotadas en pequeña escala y sus labores paralizaron posteriormente. El dueño poseía otra firma denominada 'Río Tinto y Cobrizos', que también terminó paralizando sus actividades. 67 'Perpétuo Socorro'. Empresa que pertenecía a Adolfo Valdivia, constaba de 60 hectáreas. Existían además de estas, otras empresas cuyas minas estaban sin trabajar esperando capita-les; a pesar de que las proyecciones de las mismas eran buenas. j) Cantón Calacoto (Ibáñez 1943: 139). 68 Su formación geológica era similar a la de Corocoro, y allí se asentaban cuatro empresas sobre un total de 190 hectáreas solicitadas; que quedaron fuera de actividad, sin verificarse reconocimientos formales. k) Cantón Caquiaviri (Ibáñez 1943: 139).

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69 Al NO de Corocoro, cantón muy rico en cobre; y donde existieron cuatro empresas que habían obtenido un total de 280 hectáreas. La empresa 'Rosa Herminia', poseyó poderosas vetas con leyes que no bajaron del 35% Cu; y a pesar de esto estaba de para, por falta de recursos para reactivarla. l) Provincia Sicasica (Ibáñez 1943: 139). 70 Las serranías que atravesaban esta provincia eran abundantes en formaciones mineralizadas de cobre, que habían sido explotadas en distintas épocas. Las siguientes empresas, destaca-ron: 71 'Laurani'. Se la conocía desde hacía tiempo atrás, y era famosa por sus grandes rendimien-tos principalmente de plata; a los que más tarde se sumó el cobre, pero cuya explotación no fue tomada en cuenta, esperándose mejores tiempos. La empresa paralizó manteniéndose a la expectativa de que el ferrocarril Viacha-Oruro, beneficiaría a toda esa zona minera. En 1910, allí se explotaba minerales que se procesaban satisfactoriamente. 72 'Pacuani'. Poseía condiciones parecidas a la anterior en sus minerales, siendo sus leyes de cobre bastante altas, que favorecían su extracción. 73 'Curaguara'. Esta zona, era la más rica en cobre de esta provincia. Sus formaciones se encontraban en la misma cadena de Corocoro, y su prolongación austral llegaba hasta las serranías de Turco/Oruro. Este yacimiento se caracterizaba por la presencia abundante de carbonatos de cobre. 74 'Ayoayo '. Existía en este cantón una empresa minera con 90 hectáreas localizadas sobre vetas cupríferas de importancia. Habían sido reconocidas vetas de hasta dos metros de ancho, con minerales del 40% Cu; otras, con 30 centímetros con la misma ley y 60 g/t Au. Existían varios trabajos y preparaciones hasta 60 metros verticales, con cuadros bien cons-truidos. Sus productos extraídos eran fundidos y transportados gracias al ferrocarril La Paz-Antofagasta. Contaban con abundancia de agua y de brazos, en la perspectiva de aumentar el volumen de su producción. m) Provincia de Inquisivi (Ibáñez 1943: 146-147). 75 Los principales yacimientos que se empezaron a explotar en 1903, en Inquisivi, fueron: Izara, Chicote y otros.313 La mineralización se presentaba en masas cristalizadas y laminares de bastante brillo. Muchos propietarios de minas de wolfram no efectuaban ni siquiera preparaciones, para no pagar patentes. 76 No cabe duda de la riqueza minera de la provincia Inquisivi; una de las más ricas de Bolivia, por sus formaciones de estaño, plata, oro, wolfram y otros minerales. En sus pode-rosas vetas existían acumulaciones interesantes de cobre, especialmente en los cantones de Quime, Ichoca, Cavari y Mohoza; pero en ninguno de los pedimentos existieron trabajos de explotación, limitándose ellos a reconocimientos, con la idea de que allí se asentarían empresas mineras. 77 'La Poderosa', pertenecía a 'Arturo Fricke & Cía.', y estaba formada por las propiedades: Adolfo, de 30 hectáreas; Gran Poder, con 60; la Sorpresa, de 60; y la del rubro. En total, poseían 210 hectáreas. Esta empresa era una de las mejor organizadas desde 1906, habiendo obtenido verdadero éxito en sus explotaciones de vetas que, desde los afloramientos, se tenían 50% y además que eran minerales muy nobles para su tratamiento, obteniéndose barrillas del 65-70%. Al ver esto, otros industriales mineros empezaron a explorar la zona de Izara y sus alrededores. 78 'Siberia', empresa perteneciente a Julián Céspedes, constaba de 12 hectáreas en las serranías de Viscachani (cantón Caluyo); la potencia media de sus vetas era de 1.5 metros, con leyes variables del 20 al 35%. 79 'La Afortunada', de Serapio del Villar, quien formó una empresa sobre 80 hectáreas mineras en las serranías de Jarapaña (cantón Caluyo).
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No sabemos si las leyes están en WO3; suponemos, que sí.

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80 'En Trabajo', de Víctor Aldana, constaba de 60 hectáreas localizadas en el cerro Churi-caya (cantón Caluyo); habiendo practicado varios reconocimientos sobre vetas de diferente potencia, que daban leyes de 32%, por lo general. 81 'San Francisco', de Rodolfo M. Loza, y que constaba de 100 hectáreas sobre vetas de wolfram, en las serranías de Paco-pampa (cantón Mohoza). 82 'San Salvador', de propiedad de Antonio B. Quiroga, en 20 hectáreas en la serranía anterior, siendo el ancho de sus vetas hasta de 1.5 metros con leyes variables (20-27%). Se encontra-ron algunas bolsoneras de hasta 3 metros de ancho y 35% de ley. 83 'La Cabaña'. Esta empresa pertenecía a Rodolfo Zalles, con 230 hectáreas. Se exploraron dos de sus principales vetas, con buenos resultados: ley del 20-35% y potencia de 0.5-0.8 metros. 84 'La Candelaria', ubicada en la serranía de Santa Vela Cruz (cantón Ichoca), pertenecía a Emilio Orellana, quien estableció una empresa sobre la base de 30 hectáreas; reconociendo tres vetas de estaño y dos de wolfram (35% de ley), con una anchura de 1.2 metros. 85 'Santa Rosa', de Emilio Orellana, en la serranía de Santa Vera Cruz, con 40 hectáreas sobre dos vetas reconocidas de wolfram-estaño de buena calidad; lo que seguramente debió moti-var a otras personas solventes. n) Provincia de Sud Yungas (Ibáñez 1943: 147): 86 'La Andina'. Empresa perteneciente a Gerardo Zalles, de 180 hectáreas localizadas en las serranías de Yanacachi. 87 'María de la Luz'. Esta empresa de Héctor Lirini, constaba de 30 hectáreas localizadas en las mismas serranías. 88 'Wolframita', de Macario Escobari, de 30 hectáreas, localizadas en la misma región que las dos anteriores. No constaba que hubieran hecho trabajos de importancia. 6.2.4.- Departamento de Cochabamba314 (Ibáñez 1943: 135-136). Las minas estaban situadas en el ramal oriental de la cordillera de los Andes. Sus filones estañíferos eran parecidos a los que se encontraban en Oruro y tenían una larga extensión: desde Quirquiavi hasta Morococala y Negro Pabellón. Las principales empresas asentadas eran: 1 'La Mascota', de Nicolás Eterovic, de 47 hectáreas sobre vetas de estaño en el cerro Jatun-kaka, de la región de Berenguela (cantón Colcha, provincia de Areque). Sus filones recono-cidos tenían leyes de 7-10% Sn; su producción era muy limitada, de sólo 920 kilogramos al mes, con 65% Sn. 2 'Minas de Tucsuhuma'. Esta empresa tenía su residencia en Buenos Aires y poseía 64 hectáreas en los cerros Tucsuhuma y Jatun-kaka, en la serranía de Colcha. Efectuaba labores sobre una veta de un metro de potencia y 3-4% Sn. Una labor considerable se efectuaba mediante el socavón Escorial. Su producción mensual alcanzaba las 23 toneladas de barrillas del 65% Sn. Contaba con un ingenio, de suficiente capacidad para procesar sus menas. 3 'Compañía Estañífera Berenguela', ubicada en la serranía de Leque, y con peticiones sobre 55 hectáreas de ricas vetas en el cantón Colcha. Se explotaban 5 vetas (con 4% Sn); y su producción mensual era de 32 toneladas de concentrados del 66% Sn. Podía mejorar su producción introduciendo capitales y maquinaria. 4 'The Berenguela Tin Mines Ltd.', localizada en el cerro de Berenguela (cantón Colcha), poseía 50 hectáreas, dentro de las cuales dos vetas (de 4% Sn) estaban bien reconocidas. Su producción
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Cobre, existía en el cantón Izata (provincia Tarata), en extensas zonas con vetas bien conformadas, en forma de sulfuros. Hubo una empresa que, en 1907, quiso iniciar operaciones de explotación y preparación; pero, después de varios reconocimientos, de manera incompleta, se paralizaron. En: Ibáñez 1943: 142.

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mensual era 32.2 toneladas de concentrados del 64% Sn. La falta de agua impo-sibilitaba una mayor producción. a) Cantón Colcha (Ibáñez 1943: 136): 5 'Santa Rosa'. Esta empresa contaba con 35 hectáreas en los cerros Huailla-cochi y Tucsuhu-ma. Se reconocieron dos vetas con potencia de 3 metros de ancho y 8% Sn de ley, in situ. Tenía posibilidades de explotar 23 toneladas de minerales y obtener buenos concentrados para su exportación. 6 'El Carmen', sobre 13 hectáreas, en el cerro Titiri-kaka, de Berenguela. Tenía dos vetas reconocidas de 2 metros de ancho y un promedio del 4% Sn. 7 '14 de Septiembre', de Adolfo Nicolay, constaba de 60 hectáreas en el cerro Leque-grande. Tenía dos vetas de 3 metros de ancho; y una ley media del 8-10% Sn. Poseía dos ingenios, con capacidad para obtener unas 69 toneladas al mes, de barrillas. Por otro lado, tenían cam-pamentos y casas para la administración, y para sus empleados. b) Provincia de Ayopaya (Ibáñez 1943: 148): 8 En épocas pasadas, en esta provincia se descubrieron yacimientos de wolfram con buena ley promedio de sus vetas (53%). Se quiso promover empresas para explotar esas minas. 6.2.5.- Departamento de Tarija (Ibáñez 1943: 145): 1 'Los Tres Hermanos'. Esta empresa estaba localizada en Noquera y Caraparí (provincia Avilés), sobre 30 hectáreas de minerales cupríferos. Pertenecía a los hermanos Aráoz. 2 'Amistad'. En la provincia Avilés, en el lugar Alto de la Peña Rajada, tenían los Trigo Achá, 64 hectáreas mineras sobre vetas de cobre. No se sabe si fue reconocida y tampoco se tenía evidencias de que eran trabajadas. Todo lo anterior nos demuestra que, en las primeras décadas del siglo XX, se había diversifi-cado la actividad minera (W, Au, Sb, Cu-Au, Cu-Ag, Pb, Ag-Sb, Pb-Ag-Sn-Sb-Zn y W-Bi-Ag). Claro que la mayoría se seguían dedicando a la explotación del estaño, de veneros de estaño y de estañoplata. Lamentablemente, no contamos con las tablas de producción de estas 47 operaciones (grandes, medianas y chicas). Las nombraremos a algunas de ellas (Ibáñez 1943: 149-150): a) Antimonio, 3 empresas, de las cuales 'Mina Sucre' (de Pablo Tramontini, que tiene oro hasta 500 g/t); y operaciones nuevas, como 'Rosa de Oro'. b) Cobre-oro, 2 empresas: 'la Joya' y 'Corocoro de Bolivia'. c) Estaño, 19 empresas, entre las que se encuentran: 'Patiño Mines' (en Potosí y Oruro), 'Com-pañía Unificada del Cerro de Potosí', 'Compañía Aramayo' (en Potosí), 'Colquiri' (de M. Hochschild, en Oruro), 'Avicaya' (Oruro), 'Llallagua' (Oruro); y el resto, explotaban menores tonelajes. d) Estaño-plata, 6 empresas, de ellas: 'Compañía Minera de Oruro' y la 'Compañía Unificada del Cerro de Potosí'; las demás, eran operaciones de regular explotación. e) Veneros de estaño, 2 empresas; la más importante: 'El Carmen' (de Llallagua/Potosí). 167

f) Oro, 3 empresas. La más grande 'Tipuani' (de 'Aramayo Mines'); le sigue, 'Amayapampa'. g) Plata-antimonio, una empresa: 'Leoplán' (en Sud Lípez/Potosí, en la sierra de San Pablo). h) Plata-cobre, 2 empresas: la 'Compañía Huanchaca de Bolivia' y 'Aramayo Mines' (sulfuros). i) Plomo, 2 empresas: 'Pampa Grande' (de M. Hochschild) y 'La Española' (de José Bach). j) Plomo-plata-estaño-antimonio-zinc, la única es la 'Empresa Pulacayo' (ubicada en la pro-vincia Quijarro/Potosí). k) Wolfram, 5 empresas, siendo las principales: 'El Chorolque' (en Potosí), 'Chicote Grande' y 'Chicote Chico' (ambas en La Paz), 'Sociedad de Estaño de Araca', 'Grupo Patiño' y la 'Com-pañía Juliana' (que explota scheelita). l) Wolfram-bismuto-plata. Una empresa: de 'Federico Thiel' (serranía de Esmoraca) y la 'Compañía Aramayo Mines'. 6.3.- Empresas en actividad por 1941 En lo que sigue, mencionamos las distintas empresas y algunas características de su accionar durante muchos años. Esta información se encuentra, en la: Historia Mineral de Bolivia. 6.3.1.- En el departamento de Potosí 1) 'Colquechaca'. Ya conocida y explotada en la Colonia, por plata; cedió paso al estaño, que se explotó en Santa Teresa. Entre algunas empresas predecesoras se puede nombrar: la extin-guida sociedad de 'Moerch, Bauer & Cía.' (Huaynacucho); y la 'Cruzada', de Vicente Peri-zza. También, operaban minas pequeñas, como: 'Berta Copacabana', cuyos planes habían sido explotados por sus colindantes de la empresa 'Los Amigos', y sobre la base de la cual Simón Iturri Patiño, organizó un grupo minero muy poderoso: 'Bolivian Tin & Tungsten Mi-nes Corporation', que monopolizó casi todas las minas de esa zona. En 1920-37, se explota-ba estaño, en tonelajes más o menos importantes; y permaneció intocada la sección de vetas de plata, cuyos rosicleres eran extraídos clandestinamente por los obreros para venderlos a rescatadores. Los desmontes, tenían una ley promedio de 2 kg/t, según informes del Ing. Máximo Nava. Entonces, Colquechaca, se caracterizaba por ser un excelente yacimiento estañífero acompañado de buena plata (> 500 kg/t); sus labores eran muy profundas y para los años cuarenta estaban inundadas y fuera de operación las vetas de plata (negrillos, plomos broncos y charques de plata blanca y nativa). En 1941, produjo 170 toneladas finas de estaño (Ibáñez 1943: 153-154, 172). 2) 'Compañía Minera Agrícola Oploca de Bolivia'. En 1941, explotaba un volumen de 1 775 toneladas finas de estaño. Dentro del 'Grupo de Patiño', ocupaba un tercer lugar. Caracterís-tica de esta empresa era su dedicación a la explotación minera gracias a las fuertes inver-siones, y paralelamente se ocupaba de la agricultura; para el efecto, poseía una instalación molinera de harina de trigo que daba trabajo a campesinos de la región de Chichas dedicados al cultivo del trigo. La 'Compañía Minera y Agrícola Oploca de Bolivia', fuera de estaño, producía cobre (3 toneladas finas), antimonio (116 toneladas finas) y plata (609 kilogramos finos) (Ibáñez 1943: 154, 159, 172, 175, 177). 168

3) Compañía minera 'Huanchaca de Bolivia'. Esta empresa con actividades ya en el siglo XIX, distaba a 33 kilómetros de Uyuni. Poseía un ramal de ferrocarril, ya desde 1890, para expo-rtar sus concentrados al exterior vía Antofagasta. Este yacimiento contenía andesita que albergaba a los filones argentíferos (tetraedrita), junto a pirita, blenda, galena y otros sulfu-ros. Estos minerales complejos se procesaban en sus ingenios. Más tarde, dificultades técni-cas y financieras se presentaron, hasta que M. Hochschild tomó su administración mediante un contrato con la sociedad propietaria; produciéndose por los años cuarenta (del siglo XX), en mayor escala y con buenos resultados. Sus minerales ricos en plata, antimonio y plomo, una vez tratados eran exportados al extranjero. Alrededor de la operación minera, creció la gran población de Pulacayo, con más de 30 000 almas; contaba con construcciones y edifica-ciones modernas y cómodas, además de campamentos y pulpería para sus dependientes. La mina producía tonelajes importantes de galena (5 576 toneladas finas de plomo), blenda (1 856 toneladas finas de zinc), minerales de plata (complejos con cobre-antimonio; 149 toneladas finas de plata y 442 toneladas finas de antimonio y 666 toneladas finas de cobre) y oro (28 kilogramos finos), que eran procesados en sus ingenios. Además, producía concen-trados de estaño (Ibáñez 1943: 154-155, 175-177). 4) 'Compañía Unificada del Cerro de Potosí'.315 Esta empresa poseía muchas propiedades que, al haber sido unificadas bajo el control económico aportado por la firma 'Mauricio Hoch-schild SAMI', explotaba estaño; y en 1941, produjo 3 960 toneladas de estaño fino, ocupan-do el tercer puesto entre los productores. La compañía contaba con maquinaria e instalacio-nes modernas; poseía una fundidora en el propio ingenio Velarde, donde se obtenían barras del 99% de pureza. Contaba con un apreciable número de trabajadores que se aprovisiona-ban, con artículos de primera necesidad a precios rebajados (hasta de un 50%), de su pulpería, bien dotada. Se menciona que la conformación de esta sociedad liquidó las pertur-baciones que existían y que afectaban las labores en interior mina debido a los propases; disminuyendo así los pleitos entre colindantes y dueños. Esto dio tranquilidad a sus habitan-tes (Ibáñez 1943: 155, 172). 5) 'Empresa Estañífera de Llallagua'. Fue fundada por Pastor Saínz. Se trataba de accionistas bolivianos y chilenos, con su directorio en Santiago de Chile. Constaba de 212 hectáreas localizadas en el cerro de Llallagua (provincia Bustillo). Por la mala administración estuvo a punto de zozobrar, ya que el valor de las acciones cayó. Bajo la administración de Emilio Díaz, y otros, posteriormente resurgió la empresa y las acciones se revalorizaron hasta con-vertirse en la mayor empresa estañífera de Bolivia; nos referimos a la 'Patiño Mines Interprice Cons. Inc.', con una producción de 16 002 toneladas finas de estaño (Ibáñez 1943: 129, 158, 172). 6) 'Empresa Minera La Salvadora'. Patiño, compró los derechos de esta mina a Sergio Oporto, de Chayanta; y de otras minas, como la Campero, que perteneció a Dulfredo Campos y 'Bebin Hermanos', de Potosí. Luego, la unificó con las propiedades de la 'Compañía Minera de Uncía', dando lugar a la ya nombrada 'Patiño Enterprices Cons. Inc.', para convertirse en el mayor productor de estaño del país (sus concentrados superaban los 60% Sn), que le valió el calificativo del 'Rey del Estaño' o del 'Barón del Estaño' (Ibáñez 1943: 128, 158). 7) Empresa 'Centenario'. En 1911, fue organizada esta empresa sobre la base de veneros y relaves de estaño en el río de Uncía, habiéndose obtenido concentrados de más del 60% Sn. Por esas épocas se estableció en esa población la firma 'Urquidi, Bhort y Cía.', dedicada al negocio de comercialización de minerales, en combinación con su homóloga, la 'Casa Boheme, Zieriacks y Cía.', de Oruro; y cuando la liquidaron a consecuencia del mal negocio, uno de los socios se vio en
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Formada sobre la base de la antigua 'Soux-Hernández', que explotaba en el Cerro Rico de Potosí, estaño y plata, en condiciones ventajosas y satisfactorias. En: Ibáñez 1943: 155.

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la imperiosa necesidad de entregar la empresa 'Centenario', de su propiedad, como valor de las pérdidas reportadas en el balance de los 'Urquidi, Bhort y Cía.' por la ridícula suma del 10% que debía pagar el socio industrial, al cual no le permitieron sacar sus enseres e instalaciones manuales del ingenio. Más tarde, Centenario, produjo barrillas de estaño y, al parecer, se la negoció por la suma de dos millones de bolivianos, con las que se beneficio 'Boheme, Zieriacks y Cía.'. Pasada esta operación no se tuvo referencia alguna de su actividad, y sólo se hablaba de formar una nueva sociedad para dragar todas sus arenas estañíferas. Se estaba pensando en una operación a gran escala e inversión (Ibáñez 1943: 160-161). 8) 'Compañía Minera Amayapampa'. Operaba en el cantón Chayanta. Tuvo una buena época con Eduardo Okelly, que explotaba unos 38 kilogramos al mes, de oro, que lo fundía; y las barras eran vendidas en la plaza de Oruro.316 Eudoro Calbimonte, la trabajó en forma rústica y sus ingresos apenas cubrían sus gastos y necesidades. Por 1941, la empresa se había reha-bilitado y se explotaba y trataba el oro en una buena instalación, con la que contaba para el efecto (Ibáñez 1943: 161). 9) Empresa minera 'Federico Thiel'. Fue fundada en 1904, por este industrial. El yacimiento ubicado en el cerro de Esmoraca317 (provincia Sud Chichas), contaba con minerales de bis-muto, plata, oro, estaño y wolfram; además, galena argentífera, vanadita y baritina. Desde 1904, hasta 1934, se explotaron óxidos y sulfuros de bismuto; desde 1928-41, sus menas de wolfram, siendo su producción mensual unas 6.9 toneladas finas del 68-70% de wolfram.318 F. Thiel (el padre), trabajaba con poco personal y personalmente, la wolframita, obteniendo barrillas con esas leyes. Durante las épocas de crisis 1921-32 la empresa se mantuvo, gracias a la explotación aurífera. Los minerales, como: la galena argentífera, casiterita, vanadita y baritina se consideraban reservas; y lo mismo ocurrió con los minerales de bismuto. La falta de infraestructura caminera en esas zonas alejadas no permitía que esta empresa prospere. Federico Thiel (hijo), construyó más tarde un camino hasta Villazón (110 kilómetros), por su cuenta, para exportar a Santa Carolina, en la Argentina; y otro, a Tupiza (140 kilómetros). En ambos, erogó fuertes sumas y no pudo pagar el costo de un puente sobre el río San Juan, para que el camino sea transitable durante toda época del año. Este empresario pensaba en la hidro-electrificación aprovechando el caudal del citado río; electricidad que pensaba utili-zarla en la refinación del oro. Por 1941, Esmoraca, pertenecía a la 'Aramayo de Mines en Bolivia', que no explotaba nada y mantenía sus ingenios paraliza-dos (Ibáñez 1943: 161-163). 10) 'Empresa Minera José Bach'. Operaba en las proximidades del cantón Guadalupe, en la provincia Sud Lípez, en las serranías de Pucara, la llamada Colorados de Bolivia y Puca-sally (cantón Santa Isabel).319 Bach, industrial minero con residencia en Villazón, inició sus labores sobre vetas de
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Se cuenta que, durante el aculllico, las palliris llenaban una cajita de fulminantes con charques de oro; y que eran controladas por empleados extranjeros en su mayoría holandeses. Como la producción era abundante se robaba (“juqueaba”) dentro de las minas, y no se lo negociaba en el pueblo de Chayanta, prefiriéndose su venta en otras plazas. Entonces, los holandeses incendiaron el pueblo de Amayapampa, para conseguir su despobla-miento; pero, el resultado fue contraproducente, ya que los empleados sorprendidos fueron a parar a la cárcel, y por este motivo la empresa se vio en la necesidad de cerrar sus operaciones. En: Ibáñez 1943: 161. 317 En Esmoraca, en la época española se explotó ricas vetas de plata; y más tarde surgieron operaciones de importancia por capitalistas nacionales y extranjeros. En: Ibáñez 1943: 163. 318 En el original se habla de ley de wolfram. En la comercialización de esta materia prima es común dar la ley del óxido WO3. Por ejemplo, un concentrado de wolframita, (Mn,Fe4)WO4, tendrá una ley máxima de 76% WO3, equivalente a 60% W; y la scheelita, CaWO4, del 80.6% WO3, o su equivalente del 63.9% W. Pensamos que se estaban refiriendo a la ley del WO3. 319 En las zonas mineras de Santa Isabel del Nuevo Potosí, los españoles explotaron grandes cantidades de plata nativa, así como en el yacimiento de Azulejos y Buena Vista de San Pablo. Las leyes sobrepasaban los 600 kg/t; hoy en día

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bismuto y plata hacía algunos años; invirtió unos 3 millones de boli-vianos empleándolos para construir un camino de 300 kilómetros, desde la mina a Villazón. Dada la altura de estos lugares, no pudo instalar equipos para el tratamiento del bismuto; y por eso su producción era baja. Otra dificultad que encontró fue la falta de mano de obra, que tenía que ser contratada en el norte argentino y con emolumentos especiales, dado el clima frío y lo desértico de la frontera (Ibáñez 1943: 163-164). 11) 'Empresa Minera Ivanovich-St.'. Fue fundada esta sociedad por Hugo Jerique, que organi-zó un grupo de 21 concesiones con títulos en Nor y Sud Chichas. Posteriormente, pasaron a manos de Ivanovich, quien las explotó en pequeña escala, produciendo unas 40 toneladas de concentrados del 60-65% Sb, sólo en las propiedades: La Tesorera, San Pedro, Litoral, Mercedes y Complemento (cuyas distancias a Tupiza variaban entre 25 y 78 kilómetros). Las otras minas estaban de para, especialmente por falta de vías de comunicación y mano de obra; pues los trabajadores preferían emigrar a la Argentina, donde ganaban más. Para esos años el precio del antimonio estaba amenazado de desvalorizarse, como consecuencia de no haber sido posible prolongar el contrato con la 'Metals Reserve' de los Estados Unidos, por algunos años más (siquiera hasta 1946) (Ibáñez 1943: 164-165). 12) 'Empresa Bernal Hermanos'. Operaba en el cantón Estarca, provincia Sud Chichas, y tenía su sede en Tupiza. La casualidad llevó a estos hermanos a trabajar la propiedad: Rosa de Oro, y forjarse una gran empresa. Al mes, podían producir 400 toneladas de concentrados con leyes del 60% Sb. Sus actividades mineras eran las más notables en Sud Chichas, debido a la inversión de por los menos 4 millones de bolivianos (uno, exclusivo para movilidades). Contaba con buena infraestructura (maestranza y diversas instalaciones) (Ibáñez 1943: 165). 13) Mina 'Sucre', del italiano Pablo Tramontini. En ella se explotaba grandes tonelajes de anti-monio del 65%, con oro; lo que le daba un gran valor agregado. La Aduana de Villazón, había certificado hasta 500 g/t de oro, en sus menas. Años más tarde, Tramontini, se fue a radicar a la Argentina (Salta-Jujuy), y desde allí administraban su negocio minero. Sin em-bargo, se sospechaba que recibía, vía contrabando, por caminos que iban a La Quiaca/Ar-gentina, remesas de oro físico (hasta 12 kilogramos al mes). En los últimos años, explotaban regulares cantidades de concentrados de antimonio, con muy bajo contenido de oro (ni 500 g/t), que eran comercializados al Banco Minero (Ibáñez 1943: 165-166). 14) Empresa minera 'Leoplán'. En el asiento antiguo de Buena Vista, de San Pablo (Sud Lípez), se encontraba esta empresa explotando ricos minerales complejos de plata-antimo-nio; sus concentrados tenían 67% Sb y hasta 100 kg/t Ag. La falta de caminos y estar ubica-da en una zona muy alejada, le perjudicaban y ocasionaron la paralización de sus labores. La mina prometía, ya que se efectuaron labores preparatorias y descuelgues, para facilitar una extracción de proporciones (Ibáñez 1943: 171). 15) Veneros 'El Carmen'. Pertenecía a Néstor Saínz, y la que arrendó a D. Ibáñez, por cuenta de la 'Casa Metting', de Potosí.320 En sus buenos tiempos se explotó hasta 138 toneladas al mes de
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estaban semi abandonadas por falta de inversiones y de una administración dinámica. En: Ibáñez 1943: 164. Este es un buen ejemplo de las manipulaciones de que se valían los industriales mineros para adquirir propiedades mineras como la de Sainz, mediante terceras personas o palos blancos, “a base de la titulación que estaba a nombre de un señor Lozada (compadre de don Néstor Sainz y su hombre de confianza), quien a la muerte del propietario verdadero nos ofreció [a D. Ibáñez] este negocio, negándonos aceptarle; pues nos constaba el origen de propiedad único que con derecho alquilaba por unos B/36.000.00 anuales, que hemos pagado cumplidamente” En: Ibáñez

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barrillas de estaño. Allá por 1941, estos veneros provenientes de los cerros Juan del Valle y Llallagua, seguían rindiendo y dando buenos concentrados de estaño (Ibáñez 1943: 130, 159). 16) 'El Pucro-Luco Grande' y 'Comunidad de Pucro'.321 Estas dos empresas radicadas en Potosí, eran de Pablo Radich; y en 1941, producían 144 toneladas finas de estaño (Ibáñez 1943: 160). 17) 'Italia' y 'Dos Amigos'. La primera, pertenecía a 'Abel Iturralde y Cía.', y constaba de 30 hectáreas sobre vetas de estaño; colindaba con la de Pucro y pasó a manos de Patiño. La segunda, pertenecía a varios propietarios: 'Romero, Salinas y Cía.', para pasar más tarde tam-bién a ser propiedad de Patiño; sin ser trabajada por éste. Se menciona que este yacimiento de estaño contenía tenores de oro, de unos 200 g/t (Ibáñez 1943: 160). 6.3.2.- En el departamento de Oruro 1) 'Empresa del Socavón de Oruro'. Ingenio Machacamarca. 'Compañía Minera San José'. La antigua empresa denominada 'Socavón de Oruro' fue trabajada desde el coloniaje por sus ingentes riquezas de plata; y posteriormente, por estaño, que se beneficiaba en los ingenios Machacamarca y Poopó. En 1941, el primero, produjo 1 456 toneladas finas de estaño; y el segundo, 101. Además, se explotaba sulfuros de plata con leyes superiores a 800 kg/t, para ser exportados. Para ese mismo año, la firma con la razón social de 'Compañía Minera de Oruro', funcionaba bajo el control de Hochschild. Sus administradores esperaban, con esta operación, superar la producción de sus competidores, que serían afectados por el gradual empobrecimiento de sus leyes de cabeza. Ellos contaban, para el efecto, con muchas vetas todavía vírgenes y poseedoras de una interesante mineralización, propia de la que caracte-rizaba a la serranía de Oruro, rica en plata-estaño; siendo las más notables: las del Socavón de la Virgen, Itos, Atocha y La Colorada. La empresa contaba con buenas instalaciones para la administración y dependencias, cómodas construcciones habitacionales para sus emplea-dos y trabajadores; así como con ingenios modernos para el tratamiento de sus menas; y poseía, además, una pulpería bien dotada (Ibáñez 1943: 157).322 2) 'Compañía Minera La Juliana'. Se ubicaba esta empresa, por su importancia, después de la 'International Mining Cía.', pertenecía al Grupo Mediano Oruro. Operaba en el cantón Pari, distrito minero de Conde Auqui/Oruro;323) explotaba scheelita del 60% WO3. Fue considera-da una de las minas más ricas de wolfram durante la Primera Guerra Mundial. En 1941, la empresa produjo 114 toneladas (Ibáñez 1943: 166). 3) Empresa 'Bonaparte'. Fue fundada por Juan Encinas, de Oruro, en el mismo distrito de CondeAuqui. En 1941, exportaba mensualmente cerca de 7 toneladas de concentrados de buena calidad
1943: 159. Allá por 1912, trabajaban los hermanos Franjola, en Luco Grande, y exportaban algunas toneladas como “guías de estaño”, que no necesitaban ser procesadas y eran llevadas para su venta a Oruro. Gracias a esta bonanza, los Franjola, forjaron su fortuna. Posteriormente, debido a pleitos con Agustín David, abandonaron la mina. Se trataba de una bolsonera que dio lugar a un saloneo de unos 50 metros de largo por 30-40 de alto y 30 metros de ancho; lo que da una idea de la magnitud de esa labor. En Ibáñez 1943: 160. 322 Se menciona que en esos años el costo de vida en Oruro, era carísimo; y el hecho de expender artículos de primera necesidad a precios absolutamente rebajados, beneficiaba a los trabajadores. En: Ibáñez 1943: 157. 323 Donde quiera que se vaya a buscar minas de scheelita y wolframita se las encontraba. Ofrecían calidad y cantidad. No cabía duda, que la zona mejor mineralizada en wolfram, era el distrito minero de Conde-Auqui (ver números 3 al 13). A pesar de ello, muchas minas no estaban en trabajo y se encontraban a la espera de capitales de inversión para reactivar sus operaciones. En: Ibáñez 1943: 168-169.
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(65% WO3) a un costo relativamente bajo. Trabajos mal ejecutados y el no poder contar con maquinaria, motivaron su decaimiento; reflejado en una baja producción (Ibáñez 1943: 166). 4) 'Empresa Minera Mier y León'. Después de 'La Juliana', esta empresa podía ser considerada la segunda en importancia, en la producción de wolfram. Producía mensualmente 184 tone-ladas, con un mínimum de ley del 65% WO3, a muy bajo costo (6 552 bolivianos la tonela-da), mediante contratistas que trabajaban veneros y vetas. Contaba con instalaciones de procesamiento y estaba considerada como una de las mejores del distrito de Conde-Auqui; situando al empresario Manuel Mier, en un lugar alto por su posición económica debida a su dinamismo (Ibáñez 1943: 166). 5) Empresa 'Monte Real' y 'Central'. De Altamirano, y compañía. Su producción, en 1941, unas 4.6 toneladas de barrillas del 60-62% WO3. Su ingenio manual, constaba de quimba-letes y de lavadores-seleccionadores, hábilmente instaladas por el Ing. Blevis, socio de la empresa. Se estaba instalando un motor eléctrico para mejorar la planta, con la instalación de mesas Wilfley; y así lograr concentrados de hasta 70% (Ibáñez 1943: 166). 6) 'Empresa Willy Rintich'. Trabajaba en las serranías del Potosí Collo, veneros y vetas de wolfram. Explotó cantidades de importancia, en las propiedades de: Santiago y Justicia, que rindieron, en 1941, unas 18.4 toneladas de concentrados al mes, del 62-65% WO3. A pesar de contar con un ingenio muy primitivo, sus concentrados eran de buena calidad (Ibáñez 1943: 167). 7) 'La Bomba'. Esta firma fue organizada por Ernesto Leem, minero orureño. Posteriormente, fue transferida a Van Gemeren, ex-gerente de 'La Juliana', bajo cuya dirección prosperó. Trabajaba la parte O de la serranía de Conde-Auqui. En 1941, su producción era baja y esperaban mejorarla, gracias a la elevación de la ley de cabeza y al montaje de equipo mine-ro moderno (Ibáñez 1943: 167). 8) Empresa 'Eureka'. Fundada por Zenón Montalvo, que era a la vez dueño de la hacienda CondeAuqui. Se trabajaba a muy pequeña escala; y sin embargo, su producción llegó a 3.7 toneladas al mes, de concentrados de ley entre 60 y 65% de wolfram. En los últimos años, sus herederos trabajaron y explotaron ricos veneros de wolfram en las faldas de aquellas serranías, y de donde se obtenían barrillas > 60% (Ibáñez 1943: 167-168). 9) 'Empresa Boquerón'. Era uno de los yacimientos más afamados de ese distrito, y de donde se obtenían barrillas con leyes >60% de wolfram. Por desgracia, por su mala organización, al igual que 'Bonaparte', ambas de la familia Encinas, se ha mantenido sus labores en forma muy precaria y sin ninguna orientación técnica (Ibáñez 1943: 168). 10) Mina 'Pepito'. A pesar de contar con un ingenio y algunos trabajos de preparación de la mina, esta empresa estaba en dificultades económicas que le impedían expandir sus opera-ciones. Su producción no pasaba de 2.3 toneladas de concentrados del 60% de wolfram. 11) 'Empresa El Salvador'. Compuesta de 100 hectáreas, entre las minas 'Pepito' y 'Bonaparte', en una de las mejores zonas mineras de Conde-Auqui. Se hicieron trabajos de reconoci-miento y preparación; y cuando estaban por empezar con la extracción, su dueño se enfermó; lo que le obligó a levantar las manos, dejando (en 1941), materiales, herramientas y el ingenio paralizados (Ibáñez 1943: 168).

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12) 'Empresa Minera Haydée'. Una pequeña empresa que exportaba ricas barrillas. Su mina colindaba con 'Pepito', 'El Salvador', 'Boquerón' y otras. El ingenio tenía una capacidad de producción de 4.6 toneladas de barrillas del 60% de wolfram. En 1941, la trabajaban los señores Villarroel y Altamirano, con relativo éxito (Ibáñez 1943: 168). 6.3.3.- En el departamento de La Paz 1) 'Compañía Minera de Oruro' (sección Colquiri). Esta empresa perteneció a una sociedad anónima chilena, y pasó a poder de 'Mauricio Hochschild SAMI', de Oruro. Desde 1910, mejoró notablemente su producción; ya que se modernizaron sus instalaciones de tratamien-to, lo mismo que su infraestructura (administrativa, hospitalaria, caminos, depósitos en la estación Silencio y viviendas). En el yacimiento trabajaban unos 22 grupos mineros, en más de 30 vetas, algunas de hasta 12 metros de ancho y con leyes que fluctuaban entre 5 a 20% Sn y hasta 35 kg/t Ag. Su producción, en 1941, fue de 4 620 toneladas finas de estaño; y se esperaba que rindiera más, gracias a la inversión de capitales frescos. En sus diferentes gru-pos, con ubicación no indicada, la empresa producía: 13 toneladas finas de cobre, 9 tonela-das finas de plomo, 427 toneladas finas de antimonio y 2 kilogramos finos de oro; salvo que esa producción corresponda sólo a Colquiri. (Ibáñez 1943: 120, 156, 172, 174-177).324 2) 'Empresa Minera Triunfo S.A.'. Fue constituida ya en 1928, por el industrial minero José Enrique Soria e hijos. Situada a 138 kilómetros al N E de Oruro, constaba con las siguientes secciones: Lapiani,325 al S del Chicote Grande; La Aguada , al N del mismo cerro; y al N E, la llampera, La Perfeccionada; y un poco más al E, la otra, denominada Inca Rancho. Hasta 1940, en Lapiani (3 000 msnm) se trabajó estaño; y una vez paralizadas esas labores, se volcaron a la extracción del wolfram, gracias a su buena cotización. Esta empresa poseía unas 1 600 hectáreas y, según el geólogo Ahlfeld, poseía 40 millones de toneladas de llamperas estimadas con leyes 1.4-4% wolfram y vetas con 6%, obteniéndose barrillas del 72%. Sus ingenios ubicados cerca de la mina estaban equipados con buzones, canaletas y budles cuadrados y circulares. Pensaban montar otra instalación más amplia, con maquinaria moderna, que les permita mejorar sus índices técnicos (Ibáñez 1943: 152-153). 3) 'Empresa Núñez Rosales'. Una sociedad bien organizada. Fue conformada por Fermín Núñez Rosales, y estaba ubicada en el cantón Chacarilla,326 en la provincia Sicasica. Poseía las siguientes pertenencias: Esperanza, de 40 hectáreas; La Natividad, de 200; Resguardo, con 110; San Juanillo, de 120; Ancojeira, de 50; Amigos, de 6; La Escondida, con 120; La Formidable, de 80; y la Congreso, de 50 hectáreas. Todas poseían sus títulos y patentes al día. La posible explotación de cobre, cursaba en un informe sobre este grupo minero, reali-zado por el Ing. de minas E. Evans y por Armando Chacón Zuleta, quienes recomendaban la inversión de capitales para conformar una gran empresa. El informa subraya que las minas ya fueron conocidas desde la Colonia, y que ahora estaban conectadas unas con otras mediante carretera, y de ella al ferrocarril (Ibáñez 1943: 169). 327 Esta firma aparecía ocupan-do el segundo lugar como productor cuprífero, después de la
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En 1910, produjo algo así como 138 toneladas de mineral en bruto, de donde se obtuvieron 6.4 toneladas de barrillas del 62-70% Sn. En: Ibáñez 1943: 156. 325 Su campamento estaba ubicado en La Aguada, a 2 800 metros de altura, en la falda del cerro Chicote (elevación de 4 080 metros); en este lugar, cabecera de valle, se cultivaba cereales (trigo, cebada y maíz) y abundantes legumbres. En Ibáñez 1943: 152. 326 Chacarilla, estaba ubicada a 3 500 msnm, tenía un clima templado, abundaba el combustible (carbón vegetal) y el agua de pozos, apta para su empleo en el tratamiento de las menas. 327 El transporte se lo efectuaba en camiones a la estación Pando, del ferrocarril Arica-La Paz, distante 75 kilómetros desde las minas. En: Ibáñez 1943: 169.

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'American Smelting'; y mensualmente producía de 90 a 100 toneladas de concentrados del 18 al 22% Cu, sólo de las minas: Esperanza, Ancojeira y Natividad. Ocupaban 70 trabajadores (un jornal de barretero era de 15 bolivianos diarios, de peones 12, y de palliris sólo 6 bolivianos al día) y disponían de poca maquinaria (unos cedazos y quimbaletes). Una futura prospección podría cubicar sus riquezas minerales, tanto de los mantos como de los filones. De comprobarse sus existencias, se justificaba la organización de una empresa de primera magnitud. Especial-mente, los minerales a la vista (malaquita, azurita, óxidos y charque de cobre nativo) hacían inferir que, a profundidad, se encontraba la zona de sulfuros (Ibáñez 1943: 169-170). Para mejorar la ley de los productos de exportación, los consultores recomendaban la introducción del proceso Husley, que consistía en elevar la ley de los concentrados “por reducción a baja temperatura, seguido de un salto brusco de temperatura en condiciones determinadas. La barrilla obtenida por concentración física [gravimetría] en las mesas ‘Frue Venner’, es fundida en atmósfera reductora en el horno de reverbero y luego refundi-da en el horno de afino ‘trumbull’, de donde sale el metal con una pureza del noventa por ciento (90%)” (Ibáñez 1943: 170). 4) 'Compañía American Smelting'. No se tenían datos y referencias, sobre sus operaciones. No obstante, se trataba de minas antiguas y en la actualidad las más ricas de Bolivia. En 1941, explotaron 5 112 toneladas finas de cobre (425 al mes). En: Ibáñez 1943: 170. 5) 'Compañía Aramayo de Minas en Bolivia'. Poseían pertenencias en Tipuani, sobre el río Mapiri (provincia Larecaja). En 1941, figura esta compañía produciendo 3 kilogramos finos de oro. Se estaban catastrando las propiedades: Consata, de 110 hectáreas; Camata, de 1 343; Culebra, con 389; Ceibo, de apenas 4; y Sucre, de 697 hectáreas (Ibáñez 1943: 170-171, 174). 6) 'Empresa Minera Chilcani'. Organizada por Leonardo L. Ellis, industrial de Oruro, en la zo-na de Lequepalca (provincia Inquisivi). Desde 1935, era conocido como yacimiento aurífero (con 34 g/t Au, 13% Sb, 4% Cu, ±190 g/t Ag) y de baritina. Se comentaba tratarse de la mina más rica de la región, distante a 46 kilómetros de la ciudad de Oruro y conectada a ésta por un buen camino carretero. Además, contaba con un buen caudal de agua. En 1941, se trataban los minerales de Chilcani en un pequeño ingenio donde se obtenían concentrados con 95-220 g/t Au, 45% Sb, 811% Cu y 480 g/t Ag. Era muy difícil la separación del oro-antimonio en esa planta, por ser inapropiada. Después de Amayapama, con seguridad que 'Chilcani', era uno de los yacimientos más ricos en oro (Ibáñez 1943: 171). 7) La 'Sociedad Estañífera de Araca'. En 1941, produjo 841 toneladas finas de estaño y perte-necía al grupo 'Patiño Mines Cons. Inc.'. 6.3.4.- En diferentes departamentos 1) 'Patiño Enterprices Cons. Inc.' y 'Bolivian Tin & Tungsten Mines Corporation'. Ya hemos visto en las líneas precedentes, la conformación: de la primera, unificando empresas estañí-feras, entre las que resaltan: 'La Salvadora' y 'Llallagua'. La segunda, con los grupos de Canutillos y Colquechaca (en Potosí), Japo y Huanuni (en Oruro), explotando wolfram y estaño; en 1941, la producción de estaño alcanzaba las 2 432 toneladas finas, y 195 tonela-das finas de wolfram (de las sección Kami/La Paz). Mejorando su tecnología, querían supe-rar las 24 000 toneladas al año. Todo el 'Grupo Patiño', contaba con 158 concesiones mine-ras, haciendo un total de 5 695 hectáreas; ocupaban una fuerza laboral que fluctuaba entre 4 600 a 5 300 obreros (Ibáñez 1943: 159).328
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Su directorio estaba así conformado: Presidente, S.I. Patiño; Vice-presidentes, Edward J. Cornisch, en Estados Unidos; y José E. Rivera, en Bolivia. Directores, Fred M. Carter, Joseph T. Cosby, Carlos de Gumucio, Robert

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2) 'Aramayo de Mines en Bolivia'. En 1941, produjo 3 625 toneladas finas de estaño, en sus grupos mineros de Telamayu (Potosí) y Caracoles (La Paz). Además, de 724 toneladas finas de wolfram; ocupando el segundo lugar entre los productores de esta materia prima, después de la firma de 'Fily Vélez Otero' (Ibáñez 1943: 171-172). 6.4.- Comentarios al capítulo Hemos dado un listado de más de doscientas empresas distribuidas, en los diferentes departamentos, de la siguiente manera: La Paz, 88; Potosí, 66; Oruro, 37; Cochabamba, 8 y Tarija, 2. Del listado se observa que, no necesariamente se trata de empresas; por lo tanto, quizás mejor sería decir: 201 ítemes, considerados por el autor. De todas maneras, hasta antes de 1910, en realidad eran operaciones mineras, que en algún tiempo, estuvieron en actividad; algunas, con trabajos de exploración o reconocimiento; otras, en preparación; y las más, fueron explotadas. No se dice nada, sobre: el método de explotación, cómo se efectuaba el arranque, el transporte, la ventilación, el desagüe, la seguridad y la iluminación de las labores. Respecto a la concentración de las diferentes menas metalíferas, no se las detalla y nos podemos imaginar que en los ingenios, relativamente equipados, se empleaba la concentración gravimétrica; utilizando para ello: jigs, mesas y buddles; y en los menos mecanizados, o sea con mucho trabajo manual, se efectuaba el escogido manual o “palleo”; y para la concentra-ción gravimétrica se empleaban: canaletas, jiggers y furmochinas. También, no se debe des-cartar la combinación de ambos. Sí se puede decir que, para 1910, un 23%; o sea sí constaba que 47 empresas estaban operando en diversos tipos de yacimientos. Veamos: explotando estaño, 19 empresas; explotando plata-estaño, 6; explotando wolfram, 5; explotando oro, 3; explotando antimonio, 3; explotando cobre-oro, 2; explotando cobre-plata, 2; explotando veneros de estaño, 2; explotando plomo, 2; explotando plata-antimonio, 1 empresa; explotando Pb-Ag-Sn-Sb-Zn, 1 y explotando W-Bi-Ag, 1 empresa. Para fines de 1941, hemos descrito el accionar de 38 empresas que se habían consolidado y eran conocidas: 17 en Potosí, 12 en Oruro, 7 en La Paz y 2 que operaban en diferentes departa-mentos simultáneamente. Ya hemos visto cómo el panorama de la actividad minera en Bolivia, había dado un giro completo; y de la explotación argentífera se diversificó a la del estaño (vale recalcar: al comienzo de sus mejores años de producción) y de otros minerales y metales. Destacan industriales mineros nacionales y extranjeros, que conformaron sociedades para explotar, procesar y comercializar sus barrillas, gracias a las leyes altas de cabeza. En algunos casos, sólo se necesitaba embolsar los minerales de veta y; cuando la ley era “baja”, con simples procesos de gravimetría o lavado, se obtenían los productos de exportación. De todas maneras, las operaciones eran pequeñas, medianas y grandes. Se confrontaba el proble-ma del transporte y del aprovisionamiento, dada la ubicación de los yacimientos en lugares alejados de las principales ciudades. Para 1941, cursa una estadística de la producción de las distintas materias primas, donde aparece: el estaño, en primer lugar; seguido del plomo, antimonio, zinc, cobre, wolfram, plata, bismuto y oro, de acuerdo al volumen de los concentra-dos exportados.

Lehman y William F. Kemble; y Gerente General, John C. Pickering.

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Lamentablemente, muy poco se menciona sobre la actividad de los no-metálicos, en razón de que su explotación era más doméstica, y seguramente no generaba divisas a la nación. Una excepción, puede ser: el azufre. Pues en Nor Lípez/Potosí, existían explotaciones, en: San Pablo de Napa, Caite, Ocaña, Irruputunco; y en los volcanes: Ollca, Ollagüe y Cañapa. En 1942, se contabilizaron 1 442 minas, registradas en el Padrón General, de la Dirección General de Estadísticas de la Nación. A pesar de ello, siendo Bolivia un país eminentemente minero, apenas había logrado diversi-ficar su industria minera; olvidándose de explotar los yacimientos dejados por los españoles, por falta: de inversiones, comunicaciones y de una política estatal. Lugares famosos como: Santa Isabel del Nuevo Potosí, Buena Vista, San Antonio, San Cristóbal, Sabalcha, Montes Claros, Trinidad, Esmoruco, Bonete, Oslloque, Nuevo Mundo, Avilcha, Todos Santos, etc., etc., por citar algunos, fueron abandonados a su triste suerte. Otros, corrieron mejor destino y; de la plata, pasaron a la explotación de otros metales. Transcurridas las primeras cuatro déca-das del siglo XX, se clamaba por la rehabilitación minera. Toda esta información nos servirá cuando sigamos revisando la actividad en los diferentes yacimientos metálicos y no-metálicos, para ver su evolución con el paso de los años. Veremos también el paso de personas e instituciones. Respecto de los nombres de lugares geográficos: muchos habrán desaparecido, otros nombres se habrán modificado y; por qué no, dado paso a sus nuevas designaciones.

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7.- CASO DE ESTUDIO: INFORMES DE INSPECCIONES PRACTICADAS Muchas inspecciones se realizaron durante la República. Vamos a considerar dos relativas al Cerro Rico para acometer esta tarea. Queremos dar énfasis a muchos aspectos relativos a la actividad minera en el Coloso de Plata pensando que ella, otra vez, refleja de alguna manera el estándar nacional. 7.1. Informe de 1911 En cumplimiento del artículo 662 del Reglamento de Minería de 28 de octubre de 1882, fue practicada una visita o inspección de las minas existentes en el Cerro Rico de Potosí. Esta estuvo a cargo del Intendente de la Policía de Seguridad don Rodolfo Lizarazu, y el informe evacuado al Prefecto del Departamento lleva fecha 30 de septiembre de 1911 (Lizarazu 1912: 1-73). Algunas consideraciones iniciales son: a) Datos geográficos.- El Cerro Rico de Potosí se encuentra situado a los 19°22' de latitud Sud y 63°32' de longitud Oeste del meridiano de Greenwich. Su altura es de 4 762 metros sobre el nivel del mar y 870 metros sobre el nivel de la Plaza 10 de Noviembre. Su base mide un circuito de 7 158 metros y la cúspide 8.4 metros (Lizarazu 1912: 3). b) Producción.- Una de las causas para el descenso de la producción, según nuestro informan-te, radica en la defectuosa constitución de la propiedad minera por bocaminas y no por hectáreas. Las minas trabajaban siguiendo las vetas, hasta encontrarse con los intereses del vecino. Esto daba lugar a sonados juicios (Lizarazu 1912: 3). c) Explotación.- Los trabajos en las diferentes propiedades mineras se efectuaban en la parte superior del Cerro, con muy pocas labores a planes. Esto debido a la falta de capitales para poder bombear el agua acumulada. Además, todas las minas concebían una esperanza de éxito en sus trabajos en las cabeceras y no en los planes. La idea que ya desde la Colonia en diferentes épocas se pensó y se puso en marcha, a principios del siglo XIX estaba otra vez de moda: hacer un gran socavón que corte en planes a las vetas. 7.1.1.- Sobre la explotación Algunos aspectos relevantes del Informe tomaremos para tener una idea de la forma cómo se estaba explotando en el Cerro sus riquezas. Para ese entonces las principales labores fueron: Pailaviri, Santa Rita, Moropoto, Poderosa, Santa Elena y Caracoles. La 'Compañía Minera de Potosí' contaba con 116 bocaminas que en su mayor parte se hallaban paralizadas y otras se trabajaban por medio de las labores nombradas. En 1911 en la parte superior, a través de las minas Moropoto y Medina, ya casi agotadas en las principales vetas, se reducía el trabajo a la explotación de ramos delgados y de los llampus antiguos.329 Se trataba de un trabajo muy peligroso porque las galerías eran angostas y no era
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Llampo o llampu. Blando al tacto, o cosa lisa o suave. “Llamaban la parte menuda del mineral, pequeños fragmentos y el polvo que se recogía de las galerías de explotación, o en las canchas de las minas. Su ley en plata variaba mucho, pero solía contener de 30 a 35 marcos por cajón [3 a 3.5 kg/t]”. En: Langue/Salazar-Soler 1993: 326. “Dícese de llampu, que en la general significa cosa blanda y suave al tacto, y así se les da este nombre a las tierras muy molidas, que se causan de los metales [minerales] partiéndolos de la lama y tierras que en las vetas se halla a vuelta de ellos. Y así hay llampos de estos en las labores tan ricos como el mismo metal [mineral] y más, sin

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posible potear o fortificar la labor por el costo de operación muy alto de este tipo de material. El obrero se veía obligado a arrastrarse con mucha dificultad. El intendente Lizarazu sugirió la elaboración de una reglamentación especial y se prohibiese en absoluto el trabajo cerca de la cúspide, por no reunir las condiciones prescritas en el Reglamento de Minería, en cuyos artícu-los 49-52 se establecían las condiciones de seguridad de los trabajos en resguardo de la vida y la salud de los mineros y de la estabilidad de las labores durante la explotación. Se argumen-taba que esta medida se imponía no solamente desde el punto de vista de una “prescripción legal, sino también como acto de humanidad” (Lizarazu 1912: 6-7). En la parte central del Cerro la explotación de llampus y vetas se efectuaba en buenas condi-ciones de seguridad, distinguiéndose las minas Pailaviri, Santa Rita y Caracoles de la sociedad 'SouxHernández'; el Rosario, de 'Calderón y Alurralde'; y la mina Carrasco, de la empresa 'Bebin Hermanos' (Lizarazu 1912: 7). En cuanto a las comunicaciones, especialmente las propiedades de 'Soux-Hernández' estaban comunicadas unas con otras, facilitándose de esta manera la explotación de varias minas por un solo socavón. Por otro lado, éstas daban lugar a grandes pleitos y contiendas entre colin-dantes. Una forma de resolver ese tipo de problemas fue clausurando con paredes divisorias (Lizarazu 1912: 8-9). Por el hecho de que varias minas estaban comunicadas se encontraban suficientemente venti-ladas. Otras minas tenían este problema como Rosario, Carrasco y el Real Socavón. En esta última se había instalado una ventiladora y se llevaba aire a los frentes de trabajo mediante tubería. Muchas minas carecían de aire en sus últimos planes (Lizarazu 1912: 9). El agua no causaba molestias en el trabajo desde la cumbre hasta Cotamitos; en el Real Soca-vón y Forzados se trabajaban las minas en seco, aunque el primero recibía las aguas de algu-nas minas de Cotamitos y el Rosario (Lizarazu 1912: 9). El informe habla de la existencia de innumerables desmontes, desde la cumbre hasta su base y que no era fácil enumerarlos. Muchos se trabajaban aplicando sistemas antiguos de concen-tración, a los que no nos vamos a referir aquí. Eso sí, los propietarios de las minas conserva-ban su derecho en los desmontes edificando una muralla de piedra a su alrededor (Lizarazu 1912: 9-10). En la conclusión del informe se recomendaba crear el cargo de Inspector de las minas del Cerro, cuya obligación sería: a) vigilar el estado de los socavones y de los distintos parajes de trabajo, b) reforzar la seguridad en la parte de la cumbre, donde había quedado una especie de tojal o cascabel haciéndose peligroso toda forma de trabajo, y c) se recomendaba la elabora-ción de estadísticas sobre la producción minería que sería de gran provecho e importancia (Lizarazu 1912: 72). Para tener una idea de la magnitud de los trabajos mineros en el Cerro, válido para la primera década del siglo XX, diremos que 'Soux-Hernández' poseía 76 propiedades, 'Bebin Hermanos' 16 concesiones, la 'Societé Francaise de Mines de Couvre Collahuasi la Grande' se adjudicó 14 pertenencias, 'The Royal Silver Mines of Potosí Bolivia, Limited' con 4 concesiones y los intereses de otros propietarios sumaban 60. Un total de 170 propiedades concedidas. Dentro de las
los cuales hay otros que se juntan, pallan y recogen en la haz de la tierra donde ha habido canchas y buhíos que han tenido buenos metales [menas] que son de la utilidad que los pallacos como se dirá”. En: Llanos 1983 [1609]: 72.

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propiedades no figuran los desmontes y veneros330 que cada adjudicatario podía tener. 7.1.2.- Sobre el tratamiento Rodolfo Lizarazu visitó 16 establecimientos de procesamiento: El Real Ingenio, de la 'Compa-ñía Inglesa'; Santa Rosa y Huaira, de 'Bebin Hermanos'; Candelaria, de Justino Iraola; San Marcos, de Manuel Elio; Dolores, de Angela vda. de Arce; Escalante, de Mariano Navarro; Laguacayo,331 de Eduardo La Iglesia, Jalantaña, de Justino Iraola; Mercedes, de José González; El Rey, de Francisco Pereti, San Cayetano, de Jerónimo Vladislavic y Chaca-Esperanza, de Matías Mendieta y los pertenecientes a la 'Compañía Minera de Potosí': Quintanilla, Huailla-Huasi, y Velarde (Lizarazu 1912: 63-71).332 En esta época la tecnología del enriquecimiento de menas estañíferas de moda se basaba en la concentración de densidad (por la alta densidad de la casiterita frente a la de los minerales acompañantes), especialmente se empleaban los jigger y/o jigs, maritates, mesas y buddles o furmochinas.333 Muchos trataban menas conteniendo plata-cobre-antimonio-estaño y entonces se lixiviaba la plata previa tostación o calcinación; las colas de este proceso se concentraban como ya se ha dicho en líneas precedentes. Algunas poseían hornos de fundición para tratar los concentrados o barrillas de casiterita y así se obtenía estaño metálico. Muchas instalaciones estaban bien montadas, vale decir con criterio técnico y esto significaba que ocupaban poca mano de obra eso sí especializada. Que decir de su infraestructura, podían contar con oficinas, maestranzas, laboratorios almacenes para los insumos y departamentos para sus obreros (varones y mujeres). Alguna planta por estar situada en pleno centro de la ciudad botaba el humo de sus chimeneas al medio ambiente, lo que daba lugar a reclamaciones airadas de los vecinos (Lizarazu 1912: 66). Podía darse el caso que algún ingenio contaba con cierto equipo, pero no estaba en operación y la causa podría ser la falta de material a tratarse. A continuación, presentamos el equipamiento de los distintos ingenios con fines comparativos de su grado de mecanización y tal cual se efectuaba el procesamiento. - Real Ingenio. Doce hornos de calcinación,334 diez pisones (en dos baterías), un molino de bolas Grausson y otro molino de cilindros, ocho hornos de cloruración (donde se volatilizaba el antimonio) y veinte tinas o cajones de lixiviación de la plata. Para concentrar la casiterita: cuatro jiggers335 automáticos y ocho mesas Wilfley. Otros equipos: una compresora para dar ventilación a la mina. Se obtenía barrilla del 60% Sn para su exportación (Lizarazu 1912: 64).

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Existían veneros en toda la Ribera, desde la base del Cerro hasta la finca de Mondragón (unos 35 kilómetros), la producción era de importancia y se obtenían concentrados del 40 al 60% Sn. En su mayor parte eran propieta-rios Luis Soux, Anselmo Hernández y Matías de Mendieta, este último explota toda la playa de Tarapa-ya/Potosí mediante contratistas. En: Lizarazu 1912: 10. 331 Lahuacayu en el original. 332 La visita incluyó el establecimiento Chicago que en realidad era una molinera para la elaboración de harina de trigo, la cual contaba con un generador de corriente de 6 HP para dar luz a los socavones Caracoles y Pailaviri. En: Lizarazu 1912: 68. 333 La furmochina era de construcción local y tomaba modelo del buddle americano. 334 No se empleaba combustible alguno, se utilizaba las piritas y arsenopiritas contenidas en la mena para ello. En: Lizarazu 1912: 64. 335 Se trataba de algún tipo de jig hidráulico más propiamente los de pistón o Harz Jig. El término entre los mineros de jigger, posteriormente es para referirse a un equipo hechizo y que funciona en forma manual.

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- Santa Rosa. Un horno de fundición. Para la concentración: dos jiggers, tres mesas Wilfley y dos buddles. Producían al año 166 toneladas con una ley del 55% Sn. Trabajaban veinte obreros y dos trabajadoras (con el jornal diario de 2 bolivianos) (Lizarazu 1912: 64-65). - Candelaria. Una batería de pisones, un tromel, un jigger, dos golpeadores automáticos, dos mesas Obston y dos deslamadores. Su producción consistía en liquidar lamas existentes y se obtenía 33 toneladas de barrilla del 50% Sn (Lizarazu 1912: 65). - San Marcos. Trataba llampus y menas sulfurosas de baja ley mediante calcinación en cuatro hornos (uno de reverbero). Tenía un molino Grausson, un tromel, dos jigs Harz, cuatro mari-tates, tres mesas Wilfley y cuatro buddles. Además, contaba con maestranza y laboratorio químico. Su producción en un año era de 156 toneladas de concentrados del 55% Sn. La planta daba trabajo a doce trabajadores con un jornal diario de 1.80 bolivianos (Lizarazu 1912: 65). - Huaira. Una batería de pisones, un molino de cilindros, dos jiggers automáticos, tres mesas Wilfley, dos buddles, un horno de manga para fundir el estaño, una ventiladora y un dínamo para producir luz eléctrica; contaba el ingenio con una maestranza. Producción 552 tonela-das al año y una fuerza laboral de 25 obreros, con un jornal diario de 1.50 bolivianos. Por estar situado este ingenio a pocas cuadras de la plaza los vecinos reclamaban a causa del humo de las chimeneas del horno de fundición y se imponía la necesidad de instalar cámaras de condensación (Lizarazu 1912: 6566).336 - Dolores. Una batería de pisones, un clasificador hidráulico, jigs y furmochinas. Como en otros ingenios se trataba minerales de rescate; su producción anual era de 64 toneladas de concentrados deque tenían una ley promedio de 50% Sn. Trabajaban 11 obreros (Lizarazu 1912: 66). - Escalante. Dos mesas Wilfley, dos furmochinas, una rastra y un horno de fundición. Trataba relaves y producía 88 toneladas de concentrados de 15% Sn. - Laguacayo. Se procesaban pequeñas cantidades de llampus (otro tipo de minerales se envia-ban a Velarde); consiguientemente, la planta era muy rústica o lavadero manual. Con todo producía 17 toneladas con 45% Sn; contaba con 6 trabajadores. - Jalantaña. Un clasificador, tres jiggers manuales y ocho lavaderos manuales. Producía 110 toneladas al año de barrilla con ley promedio del 55% Sn; como personal figuraba, ocho personas (Lizarazu 1912: 67). - Mercedes. Dos jiggers manuales y cuatro lavaderos de mano en los que se concentran los llampus de rescate y la producción de sus minas. Producía al año 166 toneladas de concen-trados del 55% Sn. - El Rey. Se encontraba en Cantumarca, contaba entre otros con dos mesas Wilfley pero estaba de para (Lizarazu 1912: 67). - San Cayentano. Instalado cerca de la usina eléctrica de San Antonio (de Soux); contaba con: un molino Grauson, tres jiggers o jigs y dos mesas Wilfley. Se concentraban llampus de los veneros que poseían en la Ribera. Su producción alcanzaba las nueve toneladas con una ley del 45% Sn (Lizarazu 1912: 67-68).
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Se esperaba que el Concejo Municipal modifique la ordenanza referente a alejar de la ciudad a las fundidoras.

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- Quintanilla. Un molino de cilindros de 30 HP, un clasificador, cuatro jigs, cuatro mesas Wilfley, cuatro buddles y un motor eléctrico de 12 HP. Su producción era de 115 toneladas de un concentrado con 30% Sn. Empleaba a 18 personas (Lizarazu 1912: 68). - Huailla-Huasi. Dos baterías con cinco pisones (cada uno consumía 17 HP), un pulverizador, seis jigs y tres mesas Wilfley. Se obtenían 55 toneladas de concentrados de estaño del 40%. Ocupaban 32 obreros, pagándoles un jornal de 2.40 bolivianos al día (Lizarazu 1912: 68). - Velarde. Uno de los mejores ingenios de la época, sus instalaciones permitían el flujo conti-nuo de los minerales de una sección a otra. Estaba dividido en dos secciones: Velarde y Chaupi. El primero contaba con cuatro molinos de cilindros, dos clasificadores, ocho jigs, dos mesas Wilfley, cuatro máquinas de vapor de 22 HP, seis calderos de vapor, cuatro hor-nos de manga WaterLacket,337 cinco motores eléctricos y un motor a petróleo de 10 HP. Se contaba con una buena maestranza. La segunda contaba con: una batería de cinco pisones, un clasificador, seis jigs y 10 mesas Wilfley (Lizarazu 1912: 69). El tratamiento de menas piritosas, en Velarde, consistía en: por su contenido de plata-estaño para la obtención de la primera se recurría a la lixiviación donde se obtenían sulfuros de plata (con 400 kg/t) y algo de cobre del 60%. Las colas (relaves) contenían estaño y eran transportadas al ingenio Chaupi para ser tratadas por gravimetría; después de una clasifi-cación se trataban los gruesos (+0.5 mm) en jigs, en mesas los finos (-0.5 mm) y las lamas en mesas circulares. Así, obtenían barrillas de exportación conteniendo 60% Sn, concen-trados para fundir del 30% Sn, preconcentrados que vuelven a ser retratados y finalmente colas que se enviaban al desmonte (Lizarazu 1912: 69). Por otro lado, los minerales pacos, los que tienen plata se añaden a las piritas y sigue el tratamiento ya descrito. Los demás son procesados según su contenido de estaño, Los de 30-40% Sn iban directamente a la fundición; los de 8 a 30% Sn eran tostados (calcinados) y junto con los relaves de la lixiviación eran concentrados. Los de 2-8% Sn, en su mayor parte provenientes de taqueos o de desmonte traídos por el andarivel, pasaban a una primera preconcentración , que eleva su ley entre 15 y 20% Sn, pasaban a los hornos de tostación y nuevamente eran concentrados (mezclados con los residuos de la lixiviación y los demás productos de la tostación). En resultado, como ya hemos dicho, un concentrado del 60% Sn y otro del 30% (Lizarazu 1912: 70). El ingenio Velarde producían anualmente 14 toneladas de plata con ley 400 kg/t; 230 tonela-das de estaño metálico del 93% de pureza y 368 toneladas de concentrados del 45% Sn; por su lado, Chaupi: 276 toneladas de concentrados del 40% Sn. Velarde ocupaba 250 peones y Chaupi, 30 (Lizarazu 1912: 70). - Chaca-Esperanza. Estos dos ingenios que se juntaron en uno sólo, se encontraban situados a tres kilómetros de la ciudad y procesaban llampus explotados en la playa de Tarapaya me-diante tres un molino Grauson, seis clasificadores, jiggers automáticos, cinco mesas Wilfley, cinco magnetos (para separar el hierro), dos hornos de fundición, cuatro hornos de tostación, una ventiladora, dos ruedas Pelton (movidas por turbinas) y tres hornos para secar minerales. Su producción fluctuaba entre 28 y 37 toneladas al año de barrilla del 60% Sn y 69 toneladas en barras de 23 kilogramos y daban trabajo a 35 obreros, con un jornal de 1.60 bolivianos (Lizarazu 1912: 71).

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Los hornos de manga tenían un metro de diámetro y cinco de alto; como combustible se empleaba el carbón de leña y otros combustibles no especificados. Se obtenían barras de exportación y escorias (cuya parte rica se vuelve a fundir). En: Lizarazu 1912: 69.

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Estas eran las principales plantas de procesamiento, que como hemos visto combinaban la lixiviación-tostación-concentración gravimétrica-fundición (no en todos los casos). Fuera de estas funcionaban los denominados lavaderos que consistían de maritates y furmochinas y trataban llampus y minerales rescatados. Estas pequeñas instalaciones no siempre eran trabaja-das por sus dueños. Los principales eran: El Porvenir (de la testamentaria de Centeno), produ-cía 31 toneladas de concentrado del 50% Sn, empleando 6 peones. Apenas, de Avelino Durán que producía 8 toneladas de barrilla del 60% Sn y empleaba 5 obreros. San Luis, de Eufrasio Arce. Producía 83 toneladas de concentrados del 60% Sn y empleaba a 8 trabajadores. La Bandera Blanca, de Eduviges Caviedes, tenía una producción de 22 toneladas de barrilla con 68% Sn, con sólo 3 empleados. San Anselmo, de Amalia de Castro, producía 221 toneladas de concentrados del 60% Sn, daba trabajo a 16 personas y Golpeadero, de Primitivo Calvimonte, con una producción de 221 toneladas de concentrados del 56% Sn; ocupaban 8 peones y 7 palliris (Lizarazu 1912: 71-72). 7.2. Informe de 1922 En fecha 3 de noviembre de 1922, el mayor Aparicio Morales, Jefe de la Policía Minera, elevó un informe de la inspección practicada en el Cerro Rico de Potosí en cumplimiento del artículo 120 de la Compilación de Leyes de Minería. El receptor fue el Prefecto de Potosí, quien a su vez debía hacer conocer al Supremo Gobierno (Morales 1922: 1-19). Algunos comentarios a este informe, les presentamos en forma muy resumida. 7.2.1. La explotación a) Las labores en el Cerro conservaban las características de las que se ejecutaban en la época colonial, manteniéndose ciertas costumbres que afectaban incluso la salud de los trabajado-res. Para mejorar las condiciones de producción se había aprobado una ley relacionada con los accidentes de trabajo; en el aspecto social, se daban los primeros movimientos socialis-tas. La asistencia médica se cumplía a medias y sólo por aquellas empresas que estaban en condición de hacerlo. b) Las empresas grandes asumieron el trabajo de explotación y extracción de los minerales en forma más racional, se implantaron e introdujeron tecnologías con las cuales aumentó la productividad.338 Si bien esta situación no era general, especialmente en las pequeñas minas se reclamaba la falta de la aplicación de la ingeniería de minas. c) Las disposiciones legales para trabajar minas no eran claras y esto ocasionaba a menudo disturbios, confrontaciones e incidentes desagradables. d) Se solicitaba la prohibición para que tanto las mujeres como los menores no trabajen en el interior de las minas. Se daban ejemplos: que en el socavón Canchapampa laboraban muje-res, en tanto que en muchas minas chicas lo hacían niños y mujeres. El chivato era el perso-naje más popular en las minas. e) Repetidamente se hace mención a la crisis económica del país que repercutía en bajos salarios a fin de no despedir a la mayoría de los obreros. Un tema de conflicto era la jornada de trabajo.339
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Para este tiempo y no se sabe desde cuando, para el arranque se empleaba la dinamita y en los lugares fríos se seguía recurriendo a la técnica de calentar con leña la labor. En: Morales 1922: 7. 339 La 'Compañía Minera de Potosí' estableció la jornada de 24 horas con 10% de aumento (entrando por las tardes) y en el Real Socavón también se lo implantó pero en diferentes puntas (entrando en la mañana para salir al día

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Veamos ahora las empresas que estaban en actividad, sus logros y defectos. - 'Compañía Minera de Potosí'.- Era la empresa más poderosa tanto en el ámbito local como nacional. Entre las facilidades que daba a sus trabajadores anotaremos la pulpería y un hospital. La administración de las minas estaba a cargo de dos peritos, los señores Hubter y Caviedes (Morales 1922: 4). Operaban los socavones Pailaviri, Santa Rita, Moropoto, Pode-rosa, Santa Elena y Caracoles. En total poseía 116 bocaminas, casi todas paralizadas. El transporte del mineral a su ingenio en Velarde se lo efectuaba mediante un andarivel que partía de la mina San Simón, situada cerca de la cumbre y otras dos líneas que partían de Pailaviri y Caracoles. Este andarivel fue diseñado aplicando las últimas técnicas del trans-porte. La primera línea tenía dos descansos en Quimsa Cruz y el Canchón. La que bajaba de Pailaviri contaba con 300 baldes de 250 kilogramos de capacidad cada uno. Una tercera línea, bajaba desde Caracoles hacia Velarde. Con esto se abarató los costos de transporte. Una característica de esta empresa es que contaba con una red telefónica, en todas sus minas e ingenios (Morales 1922: 9). Esta empresa utilizaba en Pailaviri perforadoras eléctricas y de aire comprimido. La energía le era aprovisionada de un motor de 300 HP; la planta estaba situada en Cayara y era transmitida “por medios modernos”. Los trabajos en planes se realizaban mediante un cuadro maestro (fortificado de madera) de 2.5 x 3 metros y 150 metros de profundidad. Para la extracción de la carga se empleaba una jaula. En planes se usaban perforadoras y continuábase barreteando. No tenía problemas de ventilación ni de seguridad; pero sí un poco de dificultades por la humedad del terreno. Para el mantenimiento de los barrenos y barretas se contaba con una herrería donde se “calzaba las herramientas”. Un hecho que nos llama la atención es que el callejón principal (unos 800 metros) estaba iluminado con focos de 16 y 20 bujías, colocados cada 25 metros. Esto facilitaba el carroneo de minerales y de la caja. La fuerza laboral era de 600 obreros. Pailaviri podía contarse entre las mejores minas del país por su “comodidad, seguridad, trabajo científico e instalaciones modernas” (Morales 1922: 4-6). En Santa Rita (al Este) no había comenzado aún la mecanización, tampoco contaba con energía eléctrica; su socavón tenía 1 400 metros en dirección de las mismas vetas, casi todas las galerías contaban con rieles, el transporte se lo efectuaba con carros y la mina estaba bien ventilada. Los cuadros se hallaban bien construidos, así como los embudos (Morales 1922: 6). Cosa similar pasaba en Moropoto (al Norte) ya que la mina, próxima a la cumbre, se encontraba en perfectas condiciones de seguridad e higiene; contaba con carros para la extracción; los cuadros y embudos se hallaban en buenas condiciones (Morales 1922: 6.-7). Poderosa (extensión 500 metros del callejón principal), que por su cercanía a la cumbre era muy fría y sus paredes casi siempre estaban revestidas de hielo; por eso se utilizaba la leña para el arranque, ya que la dinamita prestaba escasas ventajas. El transporte se efectuaba con carros ya que las galerías estaban enrieladas; cuadros y embudos estaban en perfecto estado, ofreciendo las seguridades del caso, como higiene y ventilación (Morales 1922: 7). En Santa Elena (al Nor Este), el callejón tenía 1 500 metros de longitud, de donde se bajan a las galerías (a unos 300 metros de profundidad). Poseía tres cuadros, siendo el principal de 120 metros de profundidad; la caja se extraía por la mina Porvenir. Las galerías estaban enrieladas y con el
siguiente) y el resto de las empresas pidieron continuar con la jornada de 36 horas. Estas diferencias dieron lugar a un sin fin de reclamaciones, huelgas y manifestaciones que iban contra el orden público. En: Morales 1922: 17-18.

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servicio de carros. Era una de la minas importantes ya que ofrecía seguir-dad y garantía, ya que sus labores se ajustaban a las disposiciones mineras vigentes (Morales 1922: 7-8). Finalmente Caracoles (al Nor Este), con una extensión de 1 800 metros, sus galerías se encontraban poteadas y como todas las anteriores enrieladas, contando con suficientes carros, además de numerosos embudos y cuadros. Las condiciones en la mina eran buenas y para ese tiempo consideradas como las labores extensas y amplias, que abarcaban una buena parte del Cerro (Morales 1922: 8). - 'Casa Bebin Hermanos'.- Otra empresa importante ya que ocupaba buen número de obreros. En este tiempo se ocupaba de rescatar minerales. Poseía las siguientes propiedades en traba-jo: Chingurani, San Joaquín, San Antonio, Carrasco (trabajada por k’ajchas) y California. No tenía energía eléctrica, su trabajo era manual, pero en condiciones buenas de seguridad e higiene y ventilación. Las galerías tenían rieles y estaban poteadas; los cuadros y embudos en perfectas condiciones, así como los caminos. La galería principal de la mina Carrasco tenía hasta el tope 2 000 metros, sobre la veta San Miguel. Además se trabajaba a planes por medio de un cuadro de 30 metros y una galería de 200 metros (Morales 1922: 11-12). - 'The Anglo Bolivian Mines Sindicad Ltd.'.- Trabajaba el Real Socavón, su única operación, con 1 800 metros; todas las galerías se encontraban enrieladas y con sus respectivos carros para ese servicio. Su cuadro principal tenía una profundidad de 70 metros hasta la taza y la extracción de los minerales se efectuaba con ayuda de un cable accionado por electricidad. En una galería se explotaba un mineral de plata de muy buena ley sobre una veta de 1.5 metros de ancho (Morales 1922: 13). - Otras empresa pequeñas.- Podemos nombrar a la 'Empresa Primitivo Calbimonte' (poseedora de las propiedades mineras: Victoria, Bolívar, San Martín, Visuelas, Merceditas, El Pabe-llón, Vencedora y Tajo Polo. Tenía rieles y carros; se explotaba por “cajcheo”, en condicio-nes aceptables de seguridad e higiene). La 'Empresa de César Zamora' (con las propiedades: Santa Benigna, Santa Rosa, San Antonio y Rebeca; también enrieladas y, como la anterior, trabajada mediante cajcheo). La 'Empresa de Zenón Benavides' (Cieneguillas, Carmen, Cos-tas, Mercedes y Boca Mejora de Mercedes; todas sus galerías estaban con rieles). 'Empresa de Eduardo la Iglesia' (operaba en Milagro y La Patria; la primera, una de las más ricas, al Sud Oeste. Daba servicio de botica y atención médica a sus dependientes) (Morales 1922: 14-15). - Finalmente numerosos propietarios que trabajaban sus minas por el mismo sistema y eran: San Antonio, de Mariano Santa María; Dolores, de los hermanos Pedro y José Mamani; Santo Tomás, de Eusebio y Modesto Mamani; Candelaria, de Bruno Garnica; Merceditas, de Teodoro Garnica; San Antonio, de Alfredo Metting; Rosario, de Alejandro Benavidez; Libertad y Rosario, de Antonio Medinacelli; Encarnación o Carmen, de Marcelino Goytia; La Estrella, de Juan de Dios Aguilar; San Víctor, de Pascual Montoya; Tres Amigos, perte-necía a Pablo Menz; Santa Catalina, de Nemecio Saavedra; Candelaria y San Francisquito, de Feliciano Navía; Chayanta, de Agustín Zuleta; Carmen, de Ignasia vda. de Velásquez; y 6 de Agosto, de Vidal Moreira (Morales 1922: 15-16). Otras pertenencias de las empresas grandes, medianas y chicas no estaban en operación por la falta de recursos y de mano de obra; una situación que como vemos se iba repitiendo. 7.2.2. El tratamiento de las menas 185

En 1922, la gran parte de las instalaciones de procesamiento de la 'Compañía Minera de Potosí' (Velarde, el más importante; Quintanilla, Trinidad340 y Chaupi) estaban orientadas a la concentración del estaño-plata-cobre. Estas instalaciones constaban de un proceso de fragmentación (trituración para los gruesos seguida de molienda para obtener los finos), los minerales eran tostados (calcinados) y lixiviados en tanques y de esta manera se separaba la plata-cobre del estaño. Para la concentración de éste se empleaban los jiggers y las mesas Wilfley. Los materiales muy finos se retrataban en mesas y buddles; si la mena contenía óxidos de hierro se los separaba empleando un separador magnético. Se obtenían así mensualmente 78 toneladas de concentrados, con una ley ± 60% Sn y unos 1 840-2 300 kilogramos de sulfuros de plata (con 450 kg/t) al mes (Morales 1922: 9-10). 'Bebin Hermanos' poseía los ingenios de Santa Rosa y Huayra; el primero contaba con una instalación eléctrica de 100 HP.341 Contaba con un deslamador, dos mesas Steyer-Slavig (que despachaban 28 toneladas de carga, tres mesas Obestron, ocho buddles circulares, nueve mesas Wilfley, un separador electro-magnético, tres hornos de calcinación, dos tinas para lixiviar y una dínamo para generar luz a toda la planta. Producían mensualmente 92 toneladas de barrillas del 60% Sn (Morales 1922: 12). 'The Anglo Bolivian Mines Sindicad Ltd. '. Operaba una planta situada muy cerca de la mina, muy antigua a la cual le hicieron algunas reformas y modificaciones; contaba con su instala-ción propia de luz eléctrica. La producción mensual alcanzaba 23 toneladas del 57% Sn y 368 kilogramos de sulfuros de plata (con 500 kg/t) al mes y 9.2 toneladas al año de precipitado de cemento de cobre (Morales 1922: 13-14). Los empresarios pequeños como Primitivo Calbimonte trataban sus menas en el ingenio Dolores; Cesar Zamora lo hacía en el ingenio Lavadero Amistad “establecido a la antigua, es decir sin maquinaria”. Zenón Benavides operaba el ingenio San Diego y Eduardo La Iglesia poseía el Laguacayo, montado a la rutina y sin maquinaria alguna (Morales 1922: 14-15). Se puede concluir que en muchas instalaciones se combinaba la lixiviación (para la plata) y la concentración gravimétrica (para el estaño). Pocas instalaciones estaban equipadas y otras se habían ubicado en las antiguas plantas de amalgamación y en ellas se efectuaba una separación manual que no necesitaba maquinaria. Como el caso de las minas, existía predios de los anti-guos ingenios que estaban en para. 7.3.- Comentarios al capítulo En este caso de estudio, hemos presentado dos informes de autoridad competente. Si bien existían disposiciones legales que regulaban la actividad minera, pensamos que faltaba el criterio técnico en los encargados de su cumplimiento. Eso sí, los informes nos dan a conocer algunos datos interesantes, sobre: la forma de explotar las diferentes bocaminas del Cerro Rico y cómo se estaban tratando sus menas en las instalaciones de procesamiento. Es de destacar también, la información sobre la maquinaria y el equipo imperante en esos años.
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El ingenio Trinidad, operaba con un proceso de lixiviación para recuperar la plata y aplicaba la conocida tecnología para recuperar el estaño. En: Morales 1922: 10. 341 De acuerdo a nuestro informante se trataba de un “admirable sistema de concentración automático”, la última palabra de la técnica bajo la atención de José Carrasco. En: Morales 1922: 12.

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8. EL ESTAÑO ENTRE DOS GUERRAS MUNDIALES La primera mitad del siglo XX, comprende el desarrollo de la gran minería del estaño, y en ésta se destacan las tres más poderosas empresas que operaron y a los que, con justa o injusta razón, se las denominó la “rosca minera”. También, este período marca el nacimiento: del Banco Minero de Bolivia, de la Asociación de Mineros Medianos, de la Cámara de Minería y de las Cooperativas Mineras. Entonces, tenemos el abanico completo de los distintos grupos mineros que operaron no sólo explotando el “metal del diablo”; sino que continuaron extra-yendo: menas, sobre todo las metalíferas, entre las que destacan las de antimonio, bismuto, cobre, oro, plata, plomo, wólfram y zinc. El desarrollo tecnológico ha estado unido a la contratación de empresas de consultores, de servicio, para el mantenimiento de las minas, las plantas procesadoras y las fundidoras. Pocas empresas lograban comercializar sus concentrados (barrillas) o sus barras fundidas. Aquí, jugó un destacado rol la administración de dichas compañías, que no siempre estuvo a cargo de personal especializado. Las grandes empresas sí los tenían, incluyendo a los técnicos; pero eran extranjeros, con buenas renumeraciones. Es de destacar la falta de ingenieros bolivianos y de “escuelas de minería y metalurgia”, en un país eminentemente minero y cuya actividad se remonta a la época colonial. 8.1.- Minería del estaño Sin duda alguna, el estaño es la base para la segunda etapa o período minero importante en Bolivia, después de la plata; cuyo desarrollo ya lo hemos tratado anteriormente. “Según el informante británico Joseph B. Pentland, a principios del siglo XIX existía una explotación regular en Oruro [del estaño], habiéndose ya realizado exportaciones a EE. UU., Francia y Alemania. El principal uso del estaño en este período era como aleación en la fabricación del bronce” (Contreras 1994: 3). El historiador Manuel Contreras esboza el desarrollo de la industria estañífera en Bolivia a partir de la mitad del siglo XIX, hasta la estatización de las minas acaecida el 31 de octubre de 1952. Él analiza el impacto de este rubro en la economía política de la nación y cómo se desenvolvieron las principales empresas mineras, con énfasis en la tecnología por ellos aplicada (Contreras 1994: 34). Un estudioso de la problemática minera boliviana, John Hillman, destaca cómo se pusieron los cimientos de la industria estañífera a partir del siglo XIX. A este tema se le había puesto poco interés, frente al accionar de la “rosca minera” que había sido permanentemente tratado con mucho detalle. Él se refiere a que el mercado del estaño en ese siglo estaba bajo la dependen-cia de los intereses de Cornwall/Inglaterra y, en especial, de los fundidores de esa región. Cornwall abastecía con exclusividad al mercado europeo y no admitía competencia de terce-ros. Este monopolio se rompió cuando en los años cuarenta del siglo XIX, comenzó a llegar estaño del Asia (Banka), lo que todavía aseguraba de materia prima a Inglaterra. Por otro lado, se montó otra fundidora en Alemania y, entonces, el mercado se hizo realmente competitivo. “En toda esta evolución se pueden distinguir tres fases: hasta los años cuarenta (control casi absoluto de los fundidores de Cornualles); entre los años cincuenta y sesenta (los fundidores de Cornualles lograron contener la competencia oriental aumentando sus propias disponibi-lidades de mineral); a partir de los años setenta y hasta el final del siglo (su poder –en el que se habían atrincherado por tanto 187

tiempo- acaba derrumbándose). El crecimiento de la indus-tria estañífera en Bolivia es un efecto directo de estas transformaciones en la estructura del mercado mundial” (Hillman 1987: 43-44). 8.1.1. Orígenes de la industria estañífera en Bolivia Previamente, debemos enfatizar se puede indicar que no fueron los conquistadores españoles los primeros en explotar el estaño en la actual Bolivia; pues ese privilegio le corresponde al Tawantinsuyu, donde hubo circulación de estaño refinado. En el siglo XVII, en un informe de Felipe de Godoy sobre las minas orureñas, él menciona que el estaño se extraía de la mina Flamenca (Hillman 1987: 44). En la obra de Alonso-Barba (ver 2 y 2.1) hemos señalado varios lugares donde se explotaba estaño: Chayanta, Carabuco, Colquiri y el propio Cerro Rico de Potosí (de la famosa veta Estaño). No olvidemos que el estaño se empleó como magistral, en la amalgamación de las menas argentíferas. Como en muchos yacimientos acompañaba a la plata, se lo fue dejando en los desmontes al estaño, por su poca aplicabilidad en esa época. A mediados del siglo XVII, parece ser que la única explotación de estaño era la que se hacía en Caracollo, al ritmo anual de 46 toneladas que se utilizaba para fundir campanas y artillería (de bronce), y algo se llevaba a la Nueva España (México). Cuando Charcas pasa a formar parte del virreinato del Río de la Plata, sólo dos minas de estaño eran conocidas: Chayan-ta/Potosí y Paria/Oruro (Hillman 1987: 45). A grandes rasgos, se puede señalar tres fases, sobre los inicios de la industria estañífera boli-viana; y que cubren los años 1800-1899 (casi todo el siglo XIX). La primera fase (1800-1840/1850). Para ésta, sirve como punto de partida el famoso informe Pentland (ver 4.3), donde se menciona de la existencia de una industria manufacturera nacio-nal, en Oruro, y que generaba unos 10 000 dólares (se trataba de un mercado de menas –de alta ley- en un volumen de 50 toneladas); ya que se exportaba desde el primer decenio del siglo XIX, a los Estados Unidos, Francia y Alemania (Hillman 1987: 45). El estancamiento de la industria del estaño estaba en concordancia con el estancamiento de la minería de la plata después de la guerra de la independencia. Por eso ocupó un lugar secunda-rio. Otra causa radicaba en que el estaño contenía wolfram, que le quitaba valor para ciertas aplicaciones que requerían estaño de buena calidad. La segunda fase (1850-1870). Al aumentar la producción mundial del estaño, también se activa la minería en Bolivia; y ello se debió a la presencia de técnicos extranjeros que estudia-ron la geología y mineralización de los yacimientos argentíferos.342 En 1867, aparece una publi-cación con una descripción completa de las muestras estañíferas de Bolivia, y así se forjó la idea de convertir al país en productor de estaño (Hillman 1987: 49).343
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Hugo Reck, ingeniero de la J.A Aramayo (entre 1858-1862), escribió en una revista científica alemana seis artículos, en loas que se registra una docena de minas de estaño. En: Hillman 1987: 49. 343 Hillman, cita a un D. Forbes, que informaba a Lord Russell, en octubre de 1860: “Este país [Bolivia] es probablemente el país más rico del mundo en minerales de estaño y, aunque por falta de conocimientos hasta ahora se los ha explotado relativamente poco, no por ello deja de ser considerable la cantidad exportada”. En: Hillman 1987: 49.

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Donde Bolivia estaba completamente atrasada era en la tecnología de fundición, ya que se fundía en hornos de fuelle, que dejaban escapar gran porción del estaño y; además, se depen-día del carbón o de la madera, que no existían en las cercanías de los centros mineros pro-ductores. La alternativa técnica era entonces el horno de reverberación, pero con un combus-tible nada barato (carbón de piedra). Entonces, Bolivia, no podía competir con los productores orientales. No quedaba otro camino que exportar concentrados y que éstos sean fundidos en el extranjero (Hillman 1987: 50). A mediados de los años setenta cambió la estructura del mercado del estaño boliviano. Estados Unidos, dejó de comprar estaño y no era más nuestro socio. Francia, le siguió. En cambio el Reino Unido, ocupó un lugar creciente y acaparaba las exportaciones de concentrados, lo que ayudó a los fundidores de Cornwall a activar su región. Cuando mejoraron la tecnología, los concentrados bolivianos de estaño-wolfram ya no fueron un problema para su fundición; e incluso les sacaron valor agregado, aunque no lo dijeron. “Si hay que señalar con un aconte-cimiento concreto los orígenes de la industria moderna del estaño en Bolivia, aquel podría ser la decisión de J. Hegan & Co. de enviar un agente a Oruro en 1852, quien contrató la com-pra de 24.000 quintales (1.200 ton.) [1 104 toneladas] de concentrados” (Hillman 1987: 51).344 Los concentrados de Bolivia se vendían en Liverpool/Inglaterra, según el sistema de subasta vigente en Cornwall; y la primera subasta se llevó a cabo en diciembre de 1859. Se trataba de unas 59 toneladas, que fueron compradas por los fundidores de esa ciudad. A partir de 1857, dos fundidoras, la 'Bolitho' y la 'William Harvey', empezaron a participar de las subastas (con un 25%, cada una); mientras que otras cuatro se quedaron con el resto. 345 Los fundidores, de acuerdo a la tecnología que manejaban, escogían la proporción de los concentrados bolivianos; y esto pervivió durante dos décadas (Hillman 1987; 51-52). Según Hillman, el único industrial minero de la plata que se interesó por el estaño fue José Avelino Aramayo. Entre sus propiedades figuraba Antequera/Oruro, donde en 1863, se descu-bre un paraje estannífero. En el sur se descubrió en 1871, un filón de estaño en Tasna/Potosí; y por ese entonces posiblemente se trabajaba en el Chorolque/Potosí, como subproducto del bismuto (Hillman 1987: 53). Al crecer la industria del estaño, el Estado vio en ella una fuente de ingresos para su Tesoro. Así, en 1863, subió el impuesto a la exportación (a 10 centavos el quintal de metal y la mitad cuando se trataba de concentrados; en algunos casos, directamente el mineral) (Hillman 1987: 54). Con todo, los impuestos eran bajos, equivaliendo al 0.5% del valor del concentrado puesto Liverpool; lo que no significaba que los comercializadores jamás lo evadan, ya que este mal había de perdura con el paso del tiempo. La fase tercera (1870-1899). Cuando en Cornwall la minería se estancó y la competitividad entre los fundidores aumentaba, la situación favoreció a la comercialización del estaño boli-viano. Claro
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Los Hegan, comenzaron a autonombrarse pioneros de este comercio;, aunque

sólo lograron exportar 10 tonela-das, antes de que un decreto del general Belzu, que entró en vigor el 1 de enero de 1853, prohibiera la exporta-ción de concentrados o barrillas que iban a la fundición. En: Hillman 1987: 51.
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Ya hemos mencionado que los concentrados se subastaban. Allá, por 1892, se mencionaba metidas en este nego-cio a las fundidoras de Cornwall:, 'Consolidated' y 'William Harvey' (un viejo conocido). En: Hillman 1987: 55.

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que hasta esos años nuestro país no sacó provecho, sino hasta fines de los años ochenta. En realidad, desde 1880, el grueso de las barras de estaño, potosinas, se exportaba a la Argentina; y este comercio se realizó hasta 1886. En Europa, surgieron nuevos compradores para el estaño boliviano: la 'Cooper Pass', de Bristol/Inglaterra y la 'Goldschmidts', de Essen/ Alemania; que se convirtieron en habituales clientes. Los alemanes, a pesar de contar con minas de estaño no recurrieron al de Cornwall, y se dedicaron a desarrollar sus instalaciones fundidoras. En 1891, 'Robinson and Bense', construyeron una fundición en Toestedt/Ham-burgo, con una capacidad de 3 a 4 mil toneladas al año, de concentrados bolivianos (Hillman 1987: 55).346 Vamos a presentar un par de ejemplos sobre actividades mineras de estaño; otras, se puede encontrar en el texto. 'Itos', era una empresa registrada en Chile, en 1887, de propiedad de residentes bolivianos, entre ellos Víctor Ascarrunz y Otto Richter. Comenzó en 1888, como mo-desto productor de estaño (20 toneladas de concentrados en el primer semestre); al año siguiente entregó las vetas a contratistas, quienes elevaron la producción a 38 toneladas en un semestre; en 1891, este volumen descendió, más que todo por fallas en la concentración, que luego se resolvieron, aunque producían concentrados de baja ley. En este caso, la transición al estaño no fue tarea fácil (Hillman 1987: 58). Colquiri, donde Ascarrunz también poseía intereses, tenía otro tipo de dificultades: se sobredimensionó y exageró la posible operación, se llegó a importar rieles como para tender una línea férrea en el socavón. El administrador de la mina soñaba producir 470 toneladas de barri-llas al año, y sólo logró 150. Las dificultades fueron atribuidas a la falta de agua, necesaria para efectuar la concentración gravimétrica; asimismo, no pudo asegurar ningún tipo de trans-porte, acumulándose existencias de hasta 30 toneladas, equivalentes a la producción de 10 semanas. La producción posterior aumentó, gracias a que retiraron los puentes; que se había dejado en las explotaciones anteriores (Hillman 1987: 58). En la ciudad de Potosí, muchos mineros chicos y medianos se dedicaron a explotar estaño, especialmente de los desmontes de plata, y fundían el estaño en sus propios hornos de fuelle; así como en la Colonia, mediante las wayras, se fundía la plata. La decisión de pasarse al esta-ño, no estuvo dictada sólo por el aumento de su precio; sino también, por la caída del de la plata (Hillman 1987: 58-59). La transición de la plata al estaño, para los industriales mineros tuvo diferentes caminos. El primero, como el caso de la 'Royal Silver Mines', que explotó, simultáneamente, ambas mate-rias primas. Para el historiador canadiense Hillman: “Otras minas de plata mayores respon-dieron al incentivo del aumento de los precios, explotando yacimientos hasta entonces no trabajados. Los menores siguieron la misma senda cuando les forzó a ello la caída del precio de la plata . Por uno u otro camino, los que se beneficiaron fueron las compañías y personal extranjero. La mayoría de las minas de plata eran de propiedad de compañías extranjeras, aunque los bolivianos tenían importantes participaciones minoritarias; las pequeñas sostuvie-ron a Soux” (Hillman 1987: 59). Podríamos convenir que hubo un segundo tipo, de paso de la plata al estaño, que estaba representada por la trayectoria de industriales mineros que empezaron acumulando experiencia comercial o técnica en las minas argentíferas. La mayoría de ellos fueron extranjeros, quienes posteriormente se decidieron a incursionar en la minería estañífera. Tenían la ventaja de poseer la tecnología moderna, que es base para efectuar importantes inversiones de capital. Un buen ejemplo
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Penpoll, en 1901, instaló una fundición en LiverpoolLiverpool, destinada exclusivamente para fundir concentrados bolivianos. En: Hillman 1987: 55.

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de ello, es el italiano Dante Abelli, que empezó de empleado de la casa comer-cial francesa 'Blondel et Cie.', dueña de una mina de plata-estaño en Atocha/Oruro; se retiró de allí para explotar la mina de Avicaya/Oruro, en los años ochenta, siendo el primero que utilizó un andarivel para transportar el mineral desde la bocamina al ingenio. También se destacaron otros extranjeros: J.B. Minchin, Penny, Duncan; y entre los bolivianos, la familia Téllez. Todas estas empresas, en manos de foráneos, se hicieron fuertes y contribuyeron a la expan-sión de la primera mitad del siglo XX (Hillman 1987: 59-60). Por último, el tercer tipo de transición es el más indirecto. La minería de la plata había contri-buido a la aparición de muchos comercializadores de minerales; por lo tanto, la fuerza de la atracción internacional del estaño boliviano, intensificó la competencia local entre ellos. Se menciona que una docena de entidades comercializadoras atendían a unas 35 minas. Los gran-des industriales tenían convenios estables para exportar sus concentrados, como la casa 'Aramayo'. Minchin, por su parte, trabajaba con Antony Gibbs; los chicos, no tenían inconve-niente de cambiar de comercializador, las veces que querían. Por ejemplo, la 'Compañía Mine-ra de Itos', vendía sus concentrados en 1888, por medio de 'Richter'; en el primer semestre de 1889, a través de 'Farfán'; y en el segundo, mediante de 'Martens, Dupleich y Campbell'. Obviamente, las ganancias de los comercializadores estaban sometidas a diversas presiones; por otro lado, la competencia entre ellos adoptó una forma diferente: ellos abastecían de mercancías, insumos y herramientas o adelantaban dinero, a cuenta, como garantía por la entrega de los “concentrados” (Hillman 1987: 60).347 Una experiencia que sucedió en Colquiri/La Paz, es la siguiente: Los responsables de esa mina no estaban satisfechos con el contrato suscrito con 'Alexander & Co.', por lo que, lo rompie-ron. Al cabo de medio año, se vieron forzados a volver a tratar con la comercializadora, a la que se le impuso la condición de subir el crédito de 10 000 bolivianos, al doble. Cuando la mina estaba en dificultades, los accionistas se oponían a pagar sus cuotas; única fuente de capital para el laboreo de la mina. Entonces, los comercializadores se mostraban generosos al concederles créditos a los mineros pequeños, caracterizados por la forma primitiva de su trabajo en interior mina. Así podían efectuar su trabajo gracias a estos créditos; si el minero, al poco tiempo, boyaba, no tenía ningún inconveniente para cumplir sus compromisos, incluidos los altos intereses que le cobraban los comercializadores; en caso contrario, su endeudamiento iba en crecimiento y esto lo obligaba a aumentar la explotación de rapiña, para cumplir sus obligaciones. “He ahí por qué tantos comentaristas sobre la situación de la minería boliviana de finales del siglo [XIX] se aterran por el primitivismo de los métodos de mineraje [explota-ción-concentración] y por el nivel de endeudamiento de los mineros” (Hillman 1987: 61). 8.1.2- La caída de la Bolsa y sus consecuencias En octubre de 1929, cae la Bolsa de Metales, de Nueva York, y marca en los Estados Unidos el inicio de la gran depresión (1930), que afectaría a muchos países productores de materias primas y a los parámetros: precio, producción y consumo. El precio, un año antes, comenzó a descender, motivado por la sobreoferta de concentrados. “A partir del Segundo Acuerdo se introdujo el concepto de acumular estaño en un Buffer Stock (stock
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Bajo el término concentrados o barrillas, podemos entender: minerales que directamente se extraían de las minas o veneros –los de alta ley-, o que eran procesados –los de mediana ley-, y los de baja ley, que sencilla-mente no se explotaban y menos se procesaban;, ellos se los dejaban en las minas oy se lo botaban en los desmontes; constituyéndose para el futuro como menas al emplearse nueva tecnología.

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de regulación) a efecto de controlar las oscilaciones en el precio” (Contreras 1994: 31). El precio se recuperó irregularmente a partir de 1932, hasta 1937. Respecto a la producción, podemos decir que, voluntariamente, los productores, en julio de 1929, decidieron restringirla; lo que condujo a buscar un régimen de cuotas de producción plasmados en acuerdos, que fueron administrados por el Comité Internacional del Estaño, CIE.348 “El principal objetivo de estos acuerdos era ‘asegurar un equilibrio justo y razonable entre la producción y el consumo’ y prevenir ‘oscilaciones rápidas y severas en el precio...’; lograrían esto con base en cuotas de producción” (Contreras 1994: 31).349 Finalmente, el consumo. El inicio de la depresión, en Estados Unidos (1929) afectó al consu-mo del estaño en un 11%; un año después se redujo en un 13%; alcanzando su mínimo en 1932 con una contracción del 25%. Siguió una lenta y gradual recuperación hacia 1935. Para este año, el consumo aumentó un 19%; al año siguiente, 7%; y 21% en 1937 (Contreras 1994: 31). El efecto inmediato de la depresión, en Bolivia, fue que ocasionó el cierre de muchas minas u operaciones; especialmente de las pequeñas y medianas. Se extendió por el territorio una gran desocupación y se observó un brusco descenso de las divisas que generaba el país. A lo anterior se sumaron los problemas que Bolivia afrontaba como consecuencia de la Guerra del Chaco (1932-1935). El país tenía que reconstruirse y no disponía de medios suficientes para ello. Durante los años de guerra, el Estado no llegó a endeudarse internacionalmente; y la falta de crédito le obligó a recurrir a sus propias fuentes (impuestos y contribuciones). 350 Un gran proceso inflacionario que comenzó en 1931 (circulante 37 millones de bolivianos), hacia 1936 superaba los 300 millones. Subió el costo de vida; lo que obligó al Gobierno a decretar el aumento general de salarios y, para la industria minera se introdujo un intrincado sistema de cambios diferenciales, que alentó la especulación (Crespo 1981: 294). Para cubrir los gastos de la guerra, el Estado firmó contratos de financiamiento con los tres barones del estaño. Entre 1931 y 1935, este financiamiento llegó al monto de 2 690 398 libras esterlinas; casi un 30% del total de ingresos del Presupuesto Nacional en ese período.351 La distribución de cuotas fue necesaria entre 1931 y 1933. Desde ese año, hasta 1937, Bolivia no cumplió con su cuota de exportación; por lo tanto, no había necesidad de restringir la produc-ción (Contreras 1994: 35). Tratemos ahora, de otro problema derivado de la contienda. Se trata de la mano de obra, que fue reclutada para las acciones bélicas. De las minas del grupo Patiño, fueron reclutados un millar de
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Primer Acuerdo Internacional del Estaño, (1931-33;), Segundo Acuerdo, (1934-36;) y Tercer Acuerdo, (1937-41). En 1930, la producción disminuyó en un 9%;, un año después, en 20%; y alcanzó casi un 33% en 1932. Lla producción controlada se incrementó rápidamente: 37% en 1934;, 15% el siguiente;, 3% el subsiguiente, y un 14% en 1937. En: Contreras 1994: 31. 350 “En la década del veinte se desarrollóo un eficiente sistema impositivo para gravar a la minería, la década del treinta fue aquella en la cual, a través del sistema de entrega obligatoria de divisas, el Estado logró disminuir sustancialmente la expatriación de utilidades al exterior y, al pagar a la minería por sus divisas al cambio oficial (sobrevaluado), logró imponerleas además, un impuesto adicional”. Este impuesto ascendió del 12% del valor de la exportación en 1936, al 17% en 1938;, descendiendo al 14% en 1939. En: Contreras 1994: 38. 351 El financiamiento fue dividido en porcentajes: 'Grupo Patiño', 78%; 'Grupo Hochschild', 12%; 'Grupo Arama-yo', 6%; y Minería Mediana, 4%.. Este financiamiento no sóolo cubría los gastos de guerra, sino que utilizaba también para resolver la crisis económicas y para apoyar algunas políticas del Gobierno. En: Contreras 1994: 35.

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trabajadores; casi la mitad de la fuerza laboral empleada. Recién en 1933, el personal calificado fue liberado del reclutamiento obligatorio; y un año más tarde, la medida se estén-dió para todo el personal empleado en la actividad minera. Los empresarios mineros tuvieron que recurrir a la mano de obra chilena y peruana, aunque no se dieron los resultados espera-dos; ya que éstos no pudieron rendir en ese tipo de labores; asimismo, surgieron discrepancias sobre los salarios que se pagaba a los extranjeros y a los nacionales. Por 1935, hasta 1939, la Patiño fijó un límite de 313 mujeres para trabajar en interior mina y 202 para trabajos en exterior mina. La falta de brazos repercutió en las labores de desarrollo (prospección o explo-ración y preparación de las minas) y lo poco disponible estaba exclusivamente dedicado a la explotación (esto sucedió entre 1932 y 1935). Otra consecuencia nefasta para el futuro sería explotar sin tener las suficientes reservas (Contreras 1994: 37).352 Un último problema recayó directamente sobre la pobreza que las menas ya tenían después de muchos años de explotación. En la mina de Llallagua (de Patiño), la ley de cabeza o de alimentación había descendido de 4.11 a 3.35% Sn (un 18%, entre 1930 y 1939); en la mina Ánimas (de Aramayo), de 6 a 4.44% Sn (un 27%, en el mismo período). En la década del cuarenta, cayó más la ley de cabeza, llegando a un 26% (de 3.07% Sn en 1940, a 2.27% Sn. En 1949); en las minas de Aramayo, fue más pronunciado; ya que decayó en un promedio del 48% (de 4.09% Sn en 1944, a 1.95% Sn en 1949). Consecuencia lógica, si caía la ley de alimentación se debía elevar el tonelaje extraído de la mina y asimismo aumentar la capacidad de tratamiento en el ingenio; para así mantener el nivel de producción, que significaba: mayor inversión en maquinaria, aumento de los costos de tratamiento y explotación, y disminución de las utilidades (Contreras 1994: 36 y 4748). La gran minería afectada como fue, tuvo que cerrar sus operaciones marginales.353 El grupo Patiño, lo hizo en sus empresas Araca y Oploca; sólo se dedicó a trabajar Llallagua. El grupo Aramayo, paralizó actividades en Ánimas, Tasna y Chocaya; y sólo operó en Chorolque. Por su parte el grupo Hochschild, concentró sus esfuerzos únicamente en Unificada, en Potosí. La producción de Patiño, de 20 800 toneladas (en 1929), descendió a 8 000 (en 1932). Su gerente informaba que: la mitad de la mina estaba paralizada, que los obreros sólo trabajaban cinco días de la semana, que volvieron a la perforación manual o barreteado a fin de dar trabajo a mucha gente, que se inundaron los niveles inferiores de la mina por no bombear, que el inge-nio sólo trabajaba en un turno de ocho horas y también cinco días, y finalmente, que fueron reducidos los salarios en concordancia con las medidas de austeridad y recortes en la produc-ción. Todas las operaciones que consumían electricidad funcionaron con fuerza hidroeléctri-ca, que era más barata; los trabajadores fueron concentrados en campamentos más accesibles y se simplificaron las prestaciones médicas, las de pulpería y las de enseñanza (Contreras 1994: 34 y Querejazu 1984: 174). Las empresas mineras (grandes, medianas y pequeñas) fueron afectadas por la guerra y tuvieron que reorganizar sus actividades, coincidiendo en la aplicación de las más severas restricciones,
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La falta de brazos perduró después de la contienda del Chaco y, para incentivar el empleo, los industriales le arrancaron al Gobierno: la condonación del servicio militar y una amnistía para los omisos, que beneficiaría a los que se empleen en las empresas mineras. En: Contreras 1994: 37. 353 El empobrecimiento de las menas, el incremento de los costos e impuestos, el clima social reinante y la incertidumbre sobre el futuro de la minería ocasionó la reducción del personal (aumento del desempleo) y el cierre de muchas operaciones. Así, se redujo el trabajo en Huanuni, en 1945. La 'Compañía Minera de Oruro'. tuvo que paralizar sus operaciones en 1947, ante el hecho de tener que perder 50 000 dólares al mes, dejando sin trabajo a 2 500 obreros. En: Contreras 1994: 48.

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para cumplir con los volúmenes de producción impuestos por el Comité Interna-cional del Estaño. Vamos a intentar hacer el diagnóstico de las tres grandes, y mostrar sus for-talezas y sus fracasos. a) 'Compañía Aramayo'. Se vio forzada a cerrar operaciones en muchas de sus minas. Recién en 1934, la producción se recuperó alentada por la subida de la cotización del estaño y la buena administración practicada. En 1935, el capital y reservas de la firma ascendieron a 28 857 603 francos suizos. Sus propiedades en Potosí, comprendían: las minas del Chorol-que, con su planta concentradora y metalúrgica; y las concesiones de aluviales en el río Quechisla. Las minas de estaño-wolfram-bismuto de Tasna con su ingenio de concentración y fundición de Buen Retiro; las propiedades adyacentes de Churquini. Las minas de plata-estaño de Chocaya, con la instalación de Asllani. La planta de concentración y anexos de Telamayu. Las minas de Porco, con su ingenio en Agua de Castilla. Las minas de la Con-fianza, en San Vicente. Las minas Candelaria, de Esmoraca; y Cobrizos, de Lípez. Además, las minas de estaño-wolfram de Caracoles, con su planta procesadora y fuerza eléctrica.354 En Oruro: las minas de Trinacria, de Poopó y la planta de Bella Vista. Un total de 12 877 hectáreas de concesiones mineras (Crespo 1981: 295).355 Caracoles, que se redescubrió, era un famoso yacimiento argentífero; y lo denominaron así por la presencia de tales moluscos fósiles. Si bien se tenía minerales de plata, de cobre, las guaneras y el salitre (éste último muy rudimentariamente explotado desde la época pre-hispana y durante el coloniaje), los bolivianos, en la república, por la falta de vías de comunicación y por el desorden político imperante no tuvieron una presencia ni en el desierto de Atacama ni en el Litoral boliviano. Otro era el caso en Chile, que se asoció con el capital inglés y se fue apoderando del litoral boliviano (Ovando-Sanz 1975: 53). En 1935, la producción fue de 1 954 toneladas finas de estaño, contenidas en 3 345 tonela-das de concentrados; lo que daba un promedio mensual de 163 toneladas finas. Los empresa-rios estaban optimistas por superar las 300, que no lo lograron. En el aspecto social, la em-presa contaba con el hospital obrero de Telamayu, el segundo en importancia de Bolivia, después de Catavi. La compañía concedió al sindicato, un préstamo de 15 millones de boli-vianos destinados a la adquisición de la hacienda Oploca, para otorgar parcelas a los mineros jubilados que tuvieran 25 ó más años de servicios. Apreciable ganga eran los precios en la pulpería, merced a la subvención de la empresa: carne argentina, leche norteamericana enla-tada, legumbres frescas estaban al alcance de los mineros y sus familias (Crespo 1981: 295-296). b) 'Mauricio Hochschild'. Vaticinó para Bolivia un futuro esplendoroso (en 1943). Él pensaba que en unas décadas más, el país se podía convertir en una potencia de mediana importancia, como la Argentina o Nueva Zelanda. El mundo del futuro necesitaría espacio habitable, ali-mentos y fuentes energéticas. Bolivia contaba con todo ello: gracias a su territorio podía albergar más de 50 millones de habitantes, poseía petróleo y un enorme potencial hidroeléc-trico; una llanura inmensa para desarrollar la ganadería y la agricultura. De hecho, el país ocupaba el centro de Sudamérica y esto le daba el privilegio para que las líneas aéreas ten-gan su centro de acción en Santa Cruz. Por último, poseía un potencial turístico digno de ser explotado. Él, sólo reclamaba que haya entendimiento entre los bolivianos (Crespo 1981: 315).
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John Ribon, gerente de la compañía recuerda: “las relaciones con los obreros y empleados fueron siempre muy cordiales y todas las veces que venía Don Carlos se lo agasajaba muy amistosamente en el club de obreros. Yo trabajé sobre todo en la mina Ánimas, de Chorolque. También en las secciones Chorolque, Tasna y en el inge-nio de Telamayu. El trabajo era muy interesante.Agregaré dentro de los límites de mi experiencia, juzgo que el obrero minero boliviano es muy hábil y esforzado”. En: Crespo 1981: 296. 355 “La compañía poseía propiedades inmobiliarias en Quechisla, Atocha, Solano, San José, Buen Retiro, Man-cauma y Laguna, además de la hacienda San Antonio, todas contiguas, con una extensión de cuarenta leguas [223 kilómetros] cuadradas”. En: Crespo 1981: 295.

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Hochschild, podría haber vivido y triunfado en cualquier país del mundo; no obstante, él se interesaba en los problemas bolivianos, lo que le ocasionó su enfrentamiento con los gobier-nos militares. Había concebido un increíble plan de aprovechamiento de la “hulla blanca”. Este plan consistía en el empleo de las aguas del lago Titicaca, mediante la construcción de un acueducto de unos 70 kilómetros de longitud, a través del cual se llevarían sus aguas desde una altura de 3 500 msnm, hacia el río San Cristóbal, en la ladera oriental de la cordi-llera de los Andes, perforada por un túnel. Hochschild, invirtió más de 200 000 dólares en estudios de prefactibilidad, que abarcaban todo el abanico de los aspectos considerados, desde los técnico-financieros hasta los ecológicos. Los técnicos de la Siemens, de Alemania, le presentaron un voluminoso informe en el cual se demostraba que las plantas hidroeléc-tricas puestas en acción, dotarían de energía eléctrica barata a la población e incluso se pensaba en su exportación al sur del Perú y norte de Chile y Argentina. Como era un proyec-to ambicioso, la mayoría de la gente era escéptica y los “ecologistas” de la época afirmaron que perturbaría el medio ambiente altiplánico. Por su parte, sus técnicos, indicaban que la evaporación natural de las aguas del lago, equivalía o era mayor, al tonelaje que se quería sacar; y que el costo de este proyecto estaba al alcance de las posibilidades del país (Crespo 1981: 316).356 Bolivia podía haber obtenido más de Hochschild, si no se lo hubiera perseguido con tanta saña. Como Aramayo, daba un trato humanitario a sus trabajadores y, a pesar de que la mayoría de sus minas eran marginales, jamás se produjeron problemas sociales de gravedad. Para administrar sus propiedades contó con expertos extranjeros, como: Gerardo Goldberg, George Littmann y José Anders (compadre de la mitad de la población de Huanchaca y amigo del resto). Se debe hacer notar, que nunca hubo una huelga en su tiempo. Como ven-dedor nato y comprador astuto, cumplía estrictamente sus compromisos empresariales. “Do-tado de excepcional talento organizador no trepidaba –al contrario de Patiño- en delegar responsabilidades a sus colaboradores, retribuidos con generosidad” (Crespo 1981: 314). c) 'Patiño Mines'. Durante medio siglo, de 1900 a 1952, Simón Patiño invirtió más de 50 millones de dólares,357 para: reinversión en su propia empresa, adquisición de propiedades mineras o ampliación de otras existentes. Instaló en Catavi (Ingenio Victoria), la mayor planta de concentración estañífera del mundo; y en Cancañiri, las mayores compresoras de Sudamérica. El hospital de Llallagua, era considerado el mejor de Bolivia. Y ni qué decir del hospital pediátrico Albina Patiño, en la ciudad de Cochabamba; a pesar de que los médicos nacionales desplegaron viva oposición contra un colega suizo contratado para dirigirlo (Crespo 1981: 311-312). En 1906, Patiño, fundó el Banco Mercantil, con oficina principal en Oruro, y agencias que se fueron abriendo posteriormente en las ciudades de La Paz, Cochabamba, Potosí, Sucre, Tarija y Antofagasta. El capital de un millón de libras esterlinas en oro, fue trasladado desde Londres a Oruro. La competencia: Banco Francisco Argandoña, Banco Nacional de Bolivia, Banco de Bolivia y Londres, Banco Industrial y el Banco Agrícola, poseían un capital conjunto equivalente a
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Cuando se enteraron los peruanos del proyecto surgieron objeciones de su Gobierno. S, se trata del informe Bustamante y Rivero, que reclamaba derechos de condominio sobre las aguas del lago y sacaron a luz el empleo unilateral de la parte boliviana;, lo que para Hochschild no era un escollo, haciendo al Perú partícipe de este proyecto. En: Crespo 1981: 316. 357 Este capital nominal de 50 millones se dividió en 1 380 316 acciones, con un valor de 20 dólares cada una (que hacían 27 606 320 dólares. La 'National Lead', tomó 68 000; y la 'William Harvey', una porción mucho menor. Más tarde, se vendieron 250 000 acciones al público, cumpliendo con exigencias de la legislación norteameri-cana. La gran mayoría de las acciones quedó en poder de S.I. Patiño y su familia. De este modo se convirtió en dueño de la montaña estañífera de Llallagua. En: Querejazu 1984: 145.

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cinco millones de bolivianos; o sea, la mitad del banco de Patiño (Querejazu 1984: 91). Se dice que su capital de un millón de libras se duplicó en un año, y que su capital total estaba por los cinco millones de libras esterlinas (Albarracín 2002, II: 489). De entre los tres barones del estaño, Aramayo y Hochschild tuvieron formación universita-ria; Patiño no. No obstante, en 1922 financió la obra Historia de Bolivia, encargada y escrita por Alcides Arguedas. Ocho años más tarde, tenemos la erección de la Fundación Universi-taria Patiño, que funcionaba en Ginebra/Suiza (Crespo 1981: 312). Este programa de forma-ción del pregrado, todavía beneficia actualmente con becas de estudio, a centenares de bolivianos, en su profesionalización. El estipendio, consistía en: ser alojados en confortables residencias universitarias, vacaciones pagadas, alimentación, ropa y material de estudio. 8.1.3.- Problemas directos y colaterales en la actividad de los barones De los tres barones del estaño, pervive en todo el país la imagen de: hombres de negocios mineros, succionadores de sus materias primas, explotadores del trabajo de sus obreros y empleados, y defraudadores al fisco. Muchos detalles de sus actividades no son reconocidos; y la mayoría parece contentarse con magnificar sus errores, antes que reconocer sus aciertos. Para los barones, no todo fue color de rosa. Los Aramayo, fuera de Tipuani, habían perdido en años anteriores inversiones en otras minas, entre ellas Porco y la 'Royal Silver Mines'. Durante largos años la mina Caracoles, fue un negocio irrentable, y allí empresarios como Guggenheim invirtieron sin éxito unos 16 millones de dólares. Si bien los chilenos obtuvieron fabulosas ganancias en la mina Huanchaca, los hubo otros de la misma nacionalidad que perdieron unos 6 millones de libras esterlinas en otras operaciones, a saber, en: mina Salvador, Monserrat, Chacaltaya, Kalauyu, Pilaya Gold Mining, Concordia Tin Mining, Carolina, Cerro Grande y otras. Al propio, Patiño, le fue mal en las minas de Colquechaca, donde perdió unos 2 millones de libras esterlinas; y una suma mayor, en Araca (Crespo 1981: 304). Los negocios de M. Hochschid, le sirvieron para establecer contactos con muchos industriales mineros y así tomó interés en la producción de los concentrados que compraba. Como aconte-ció con José Avelino Aramayo, puso sus ojos en las vetas del Cerro Rico de Potosí: algunas, agotadas por siglos de explotación, otras con un alto costo de producción y; lo peor, el sistema de pertenencias, heredado del coloniaje, o sea la propiedad minera por bocaminas, que engen-draba entre los mineros una serie de problemas. Y para terminar con esta querella y racionali-zar la producción, tuvo la idea de asociar a una cantidad de empresas medianas y chicas que operaban en ese yacimiento, y así surgió la 'Compañía Minera Unificada del Cerro Rico de Potosí'. La administración estuvo en sus manos y, a pesar de ser la Unificada, una mina margi-nal, llegó a convertirse en la segunda empresa estañífera del país (Crespo 1981: 313). Los grandes mineros quisieron diversificar sus ganancias. Aramayo, visitó los departamentos de Santa Cruz y Beni. De regreso tomó contacto con Hochschild, y le propuso comprar la hacienda La Loma, en el Beni; pero el alemán primeramente quería estar seguro sobre el nuevo negocio a asumir. Karl Klauver, gerente de la firma Cobana, estuvo presente en esta negociación y ambos empresarios querían convertir La Loma, en una inmensa granja para aprovisionar sus minas; ya sea por vía aérea o mediante caminos. Su ilusión era alimentar a los trabajadores mineros con leche fresca, carnes, frutas y legumbres. Esta asociación era mitad a mitad, y fundaron la 'Compañía del Oriente', con un capital inicial de 1.5 millones de dólares. Fue la primera empresa de magnitud fuera de las minas, y se constituyó en el precursor del desarrollo del Oriente boliviano. Decenas de 196

cruceños desmontaron decenas de hectáreas y plantaron semillas de girasol para elaborar aceite comestible. Colaboraron en esta empresa agrónomos estadounidenses que sugirieron instalar una fábrica en la ciudad de Cochabamba, por estar próxima a la los centros mineros. Su mayor problema era competir contra el producto importado, que contaba con concesiones del Gobierno. El resultado fue que la fábrica trabajó a pérdida (Crespo 1981: 307) Los socios querían incluir en este negocio a Antenor Patiño, y lo visitaron en Lima y le puntualizaron la necesidad de promover la ganadería, los cultivos de caña de azúcar y algodón, para estimular el autoabastecimiento. Antenor, no se dejó convencer y bajo el lema de que su padre siempre fue minero, él no quería apartarse de esa línea y, además, al diversificar activi-dades serían más los frentes de ataque que enfrentar. De todas maneras, Antenor ofreció invertir de 10 a 15 millones de dólares en La Loma, monto que para los otros dos socios era inalcanzable. Esto ocurrió en 1951. Una lástima, porque llegó la nacionalización. La fábrica de aceites pasó a manos de la firma industrial 'Said', y fue mutilada por la reforma agraria (1953) (Crespo 1981: 307).358 A Simón Patiño, le había ocurrido antes, casi lo mismo, cuando adquirió tierras en el Chapare/Cochabamba y fundó la 'Empresa Agrícola Isiboro'. Patiño, contrató expertos alemanes para elaborar un atrevido plan de comunicación, utilizando una combinación de ferrocarril y barco; soñaba salir al Atlántico a través del Amazonas y disminuir la dependencia chilena mediante Antofagasta y Arica, en el Pacífico. El ferrocarril Madera-Mamoré (arrancando en la frontera con el Brasil), llegaría a Guayaramerín en noviembre de 1911 y costaría 600 000 libras esterlinas. Lamentablemente, el Congreso rechazó esta propuesta y Patiño archivó su proyec-to; pero eso sí, no recuperó nunca esa inversión. No satisfecho con este tropiezo, propuso, en 1928, la construcción del camino que uniera Cochabamba con el Chapare y Chimoré, con su peculio personal. El sentir local proclamó la consigna: “ferrocarril o nada”, y se quedaron con lo último; las personas orgullosas quedaron con su conciencia en paz (Crespo 1981: 309). “Los principales esfuerzos de diversificación consistieron en inversiones en la colonización del Chapare para explotar allí madera para callapos y desarrollar una industria ganadera para promover carne (hasta entonces importada de la Argentina) a la minería. Lamentable-mente, estos proyectos tropezaron con trabas burocráticas y quedaron en la nada”. 'Patiño Mines', intentó invertir en la fábrica de cemento de Viacha/La Paz, y no pudo concretar el negocio con los dueños americanos, la 'Foundation Company'. Eso sí, llegó a invertir en el Crédito Hipotecario y en el Banco Minero de Bolivia (creado en 1938). Compró acciones de este banco, por valor de 5.9 millones de bolivianos. Patiño, realizó préstamos a otras empresas mineras como la 'Bolivian Tin Corporation' y a empresas agroindustriales como SAGIC, donde tenía intereses (Contreras 1994: 40-41). En otra ocasión, Patiño, quiso canalizar el río Desaguadero (que une el lago Titicaca con el Poopó). Talvez no supo que la idea original fue de José Avelino Aramayo (medio siglo atrás). La vía fluvial serviría, principalmente, para transportar los minerales (ver 9.5.1). Este proyecto también fue abortado, quizás dada la impracticabilidad técnica o porque temía la oposición de sus compatriotas.359
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En 1965, unos terrenos cultivados por el sobrino de Carlos Víctor Aramayo, Jean d’Arcangues, fueron expro-piados por el presidente René Barrientos. E, este sobrino, que había invertido y trabajado personalmente en su hacienda, fue despojado de ella sin miramientos. En: Crespo 1981: 308. 359 En realidad, Patiño, presentó tres proyectos al Gobierno: la canalización del Desaguadero, la construcción de los ferrocarriles Cochabamba-Chimoré y Machacamarca-Uncía; y todavía trabajaba en un gran proyecto, de construir una flota naviera propia para llevar sus concentrados a Liverpool/Inglaterra. En: Albarracín 2002, II: 489.

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C.V. Aramayo, retornó al país y, optimista como era, restableció su rutina de trabajo; acudía muy temprano a su oficina ubicada en la Avenida Camacho, de La Paz. El edificio estaba considerado como uno de los mejores diseñados de la ciudad. Allí cabían con holgura los encargados de la administración de la empresa (10 empleados) y tenía espacio para alojar a sus visitantes. S.I. Patiño, poseía una suntuosa edificación, en comparación al anterior. Por el contrario, M. Hochschid, alquilaba un modesto piso cerca de un mercado; ya que éste recelaba siempre de los gobernantes de turno, de que un día más temprano o más tarde, le iban a incautar sus bienes mineros y urbanos, y es por eso que no cayó en la tentación de echar raíces; y el tiempo le dio la razón (Crespo 1981: 337). 8.2. Los adelantos introducidos Antes, durante y después de la segunda Guerra Mundial, llegaron misiones de consultores para introducir tecnología de punta en las empresas de los tres principales grupos mineros, que repercutieron en los mineros medianos y pequeños; ya que la minería era la principal actividad económica del país. 8.2.1.- En la explotación Cabe destacar el papel que jugó el primer exportador boliviano de estaño. Se trata del minero de Huanuni, Fermín Téllez, que era suficientemente importante como para exportar por su cuenta a los mercados europeos. Trabajaba sus minas por contrata; esto quiere decir que com-praba a los pirkiñeros,360 el mineral escogido o pallado manualmente y les cancelaba 8 libras esterlinas la tonelada, con lo que se aseguraba para él unas 20 libras, a las que había que reducir el costo de transporte, porque hacía negocios directos (Hillman 1987: 52).361 En los albores de la industria del estaño, la mayoría de las minas eran muy superficiales; con la excepción de Huanuni, que ya en ese entonces se trabajaba a una profundidad de 182 metros. Los obreros se arrendaban la mina o una sección de ella a un pirkiñero, cuya obliga-ción era entregar el mineral escogido o seleccionado, y al precio establecido; de esta manera sólo se trabajaba el yacimiento en sus vetas más ricas o de alta ley, ya que así lograban su comercialización y obtenían ingresos con el mínimo esfuerzo. Los mineros no hacían trabajos de desarrollo, que les permitiría la exploración del yacimiento (Hillman 1987: 52). Este méto-do de explotación se conoce también como “minería de rapiña”; y que, lamentablemente, sigue siendo una práctica hasta nuestros días. Un par de palabras, para destacar los adelantos efectuados por Luis Soux, en sus minas del Cerro Rico. En el arranque: los trabajos de perforación se realizaban con perforadoras eléctri-cas y de aire comprimido, y para la voladura se empleaba dinamita producida en su propia fábrica. En la explotación: introdujo el método de “rajo suspensión” y “corte y relleno”; y desarrolló variantes en los mismos, considerando el equipo más apropiado y adecuándolo al tipo de yacimiento. En el transporte: promovió el sistema de transporte de mineral, entre la mina Caracoles y el ingenio Velarde, mediante andarivel; solicitando se le conceda la exclusi-vidad desde 1904 y por una década. A principios del siglo XX, instaló un torno con dos baldes en el cuadro López (mina Caracoles), para extraer el mineral con vaciado automático y accionado por motor eléctrico. En
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Piquinero. El minero que trabaja sin tener método ni recursos suficientes. Huanuni, el centro productor más importante de estaño, se encontraba en manos mayoritariamente extranjeras, aunque la familia Téllez conservaba algunas concesiones y cortaba el paso a posteriores. El hecho de que el yacimiento estuviera en manos de muchos propietarios dio lugar a numerosos pleitos entre ellos, lo que e impedía un trabajo racional con modernos métodos de explotación. En: Hillman 1987: 60.

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1922, el socavón Pailaviri contaba con 800 metros de línea decauville para extraer con carros el mineral explotado, y en el cuadro central se instaló una jaula para transportar obreros, materiales y mena. Se mejoraron las condiciones de higiene y seguridad en sus minas; en 1925, su empresa contaba con un reglamento preventivo contra accidentes de trabajo, y cuatro años antes estableció ya el sistema de control con fichas. Optó por dotarle a su empresa de una red telefónica e iluminó el principal socavón, Pailaviri. Y para explotar los relaves pensó en un sistema de excavadoras (Serrano 1998b: 7 y 9-10). Hablando de los métodos de explotación, Patiño contrató los servicios del consultor estadounidense, P.H. Reagan, para que hiciese un estudio de los problemas mineros que confrontaba el grupo.362 Éste presento su informe en 1940, afirmando que los costos de producción de la 'Patiño Mines', eran los más altos de Bolivia; después de los de la 'Compañía Minera de Oru-ro'. Costos más bajos del grupo, tenían: la 'Bolivian Tin Tungsten', de Huanuni, y las de 'Araca' y 'Oploca'. “El rendimiento de los obreros al cambiarse el sistema de explotación ‘shrinkage’ [rajo suspensión] por el de ‘corte y relleno’ había disminuido drásticamente. El consumo de madera, que tenía que importarse, era excesivo”. En Llallagua, su consumo era de 3 metros por tonelada de mineral; en Huanuni, Oploca y Araca, apenas de un metro. En las minas de Llallagua, Oploca y Araca, no se trabajaba en el turno de la noche. Introduciendo mejoras en el método de explotación (o de rajar), se reduciría el consumo de madera impor-tada y estimularía el rendimiento de los obreros; así se lograría disminuir los costos y aumen-tar las ganancias, en unas 120 000 libras esterlinas al año. Otro consultor de Patiño, J.F. van Dorp,363 de nacionalidad holandesa, recomendó el método “corte y relleno horizontal”, que era el más aconsejable para las condiciones de la mina Llallagua. Una vez efectuadas las consultas con París y Nueva York, y después de las discusiones en el país,364 se decidió continuar con ese método, aumentando el jornal para atraer más obreros; ya que era necesario subir la produc-ción de 700 a 1 000 toneladas mes (Querejazu 1984: 231-233).
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Patiño, comentó, que: si la mina la más grande de estaño del mundo, manejada por buenos ingenieros y bien equipada y la más moderna, tenía los costos más altos, quería decir que sus minas estaban administradas menos eficientemente. La mina, Llallagua, tenía muchas ventajas físicas sobre otras, como:; sus menas eran menos complejas que las del Cerro Rico, no se tenía el inconveniente del agua hirviente, del calor, gas y mala ventilaciónventila-ción, como era el caso en Huanchaca. Por esro, él enfatizaba que se debían introducir modificaciones, de tal manera que las ganancias estén en relación directa al capital invertido; y que esto se lo debía conseguir a corto plazo y por ello era necesario bonificar a los obreros más eficientes, para elevar la producción. En: Querejazu 1984: 232. 363 Uno de los mejores expertos llegados a la patria, había trabajado en La Salvadora, en 1922; luego, fue gerente en la 'Compañía Minera de Oruro' durante una década; y por esos años era gerente de la 'Bolivian Tin Tungten', de Huanuni. En: Querejazu 1984: 233. 364 Con autorización de Patiño se reunieron en Huanuni: Percy E. Holme (gerente general), José E. Rivera (apo-derado general asesorado por Alberto Mariaca), Miguel Etchenique (gestor de asuntos ante el Gobierno) y los expertos van Dorp y Reagan. En esta reunión, el “Plan Arce” fue considerado; y éeste básicamente sostenía en que se debía ofrecer buenos jornales, de modo que la mano de obra se quedase en la 'Patiño Mines' y no se dejase tentar de irse a otras empresas. No se debe olvidar que esta empresa pagaba los jornales más bajos;, aun-que su pulpería era la más barata. Para ello era necesario nivelar los precios de los artículos con los del comercio libre y darles un aumento de jornaljornal, hasta convertirlo en elo más alto de la República. Este plan se lo puso en ejecución en 1940, con intervención del Ministerio del Trabajo. En: Querejazu 1984: 233-234. Por otro lado, pertenecía a la plana mayor de la Patiño, Roberto Arce (ingeniero boliviano), que fue adminis-trador del Ferrocarril Machacamarca-Uncía y trabajaba en la oficina principal que de OruroOruro. Lo la trasladaron a La Paz, como subgerente. Estando en Llallagua, en el segundo lugar dentro del escalafón de empleados, no era apreciado por el gerente Holme y otros técnicos de afuera, quienes pensaban que los altos cargos debían ser ocupados sólo por los extranjeros;, pero no faltaban las excepciones, como DeWitt C. Deringer, que lo acogió con sincera cordialidad (junto a empleados y obreros). Arce, para probar la capacidad del técnico boliviano, realizaba dos visitas semanales a interior mina (hasta sus más recónditos parajes), al ingenio y la planta SAF;, vigilaba las oficinas, almacenes y pulpería. Y en lo laboral, se llevaba y mantenía buenas relaciones con los sindi-catos. En: Querejazu 1984: 228-231.

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Desde 1936, se rellenaron muchos rajos en los que no existía mineral, pero amenazaban derrumbarse; se rellenaron inclusive aquellos antiguos de la 'Compañía Minera la Salvadora' y de la 'Compañía Estañífera de Llallagua', todo con un movimiento de 800 000 toneladas de caja. En ese año también, se reabrieron 3.7 kilómetros de galerías que se hallaban completa-mente derrumbadas, y por ello se consumió mucha madera. También se enmaderaron seis cuadros (en uno se instaló un ascensor nuevo). Otro costo añadido fue que ese año se reinicia-ron los trabajos de exploración y desarrollo (en los 5 años anteriores, por la baja de la cotización, la falta de brazos y por la reducción de las exportaciones no se lo pudo hacer). En el aspecto social, se construyeron 126 casas para obreros y 23 para empleados, en el campa-mento del Socavón Patiño; y se repararon 823 casas de obreros. Esto, para argumentar aquello de la subida de costos; y a lo que se sumaba el empobrecimiento de la ley de cabeza y el agotamiento de las vetas (Querejazu 1984: 232). También hubo adelantos en el campo de la explotación de veneros estañíferos. Podemos mencionar el empleo de dragas, como la de Huanuni, que operó en 1942. Cinco años más tarde, la 'Bolivian International Mining Corporation', recibió una inyección de 150 000 dólares para rehabilitar su draga (Contreras 1994: 42).365 En muchas minas mecanizadas se introdujo y mejoraron los métodos de “corte y relleno” y “rajo suspensión” (empleando perforadoras, carros mineros, “scraper” o rastras, etc.). Para satisfacer los tonelajes a ser tratados por el nuevo proceso de sink and flota (SAF),366 la explo-tación dio paso al método de explotación masiva de block caving o de hundimiento por blo-ques; que permitía la explotación de sectores de muy baja ley de cabeza. Así, se trabajó inicialmente en Siglo XX, extendiéndose luego a otras pocas minas (Contreras 1994: 46) La principal característica de la explotación minera para las menas estañíferas, estaba en función del tipo de yacimiento. Cuando el estaño se presentaba en filones, la explotación se efectuaba mediante labores subterráneas y los métodos eran variados: desde los que se dedica-ban a la explotación de rapiña (pirkín o pirquín), hasta los más desarrollados (rajo suspensión, rajo corte y relleno, y por hundimiento de bloques o block caving). Si los yacimientos eran de aluviales, se introdujo el dragado (dragas de estacas o dragas de canguilones), donde simultá-neamente se efectuaba la concentración empleando jigs y mesas. Un avance en el transporte fue la eliminación del acarreo de los minerales en carretas y llamas al ingenio; ya que se extendió un ramal del ferrocarril, desde la estación Cancañiri, hasta Catavi, pasando por Siglo XX (Querejazu 1984: 155). Ya hemos mencionado, cómo el italiano Dante Abelli fue el primero en instalar un andarivel, en Avicaya/Oruro, allá por la década de 1880, para
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El gobierno americano, a través de War Board, facilitó créditos blandos a varias empresas medianas y chicas, para incrementar su producción. Entre 1942 y 1943, se otorgaron 2 680 000 dólares;, la mitad se gastaron en empresas o intereses americanos que sirvieron ontratadas para la prospección de nuevos depósitos y para el desarrollo de yacimientos en operación; por ejemplo, en Santa Teresa, se hizo un anticipo de 350 000 dólares, inversión que no colmóo las expectativas. En: Contreras 1994: 45. 366 Para implantar el SAF: hundir y flotar (proceso que emplea una turbia pesada; los pesados se hunden y los livianos flotan y de esta manera aprovechando la gravedad se separan), Patiño tuvo que contratar al metalur-gista Abbot Renick, y lo hizo a través de los servicios de Hebron, en el Paso, Texas/Estados Unidos, que realizaba el reclutamiento de expertos. Al principio, Patiñó le ofertó 350 dólares y 2 000 bolivianos, oferta que fue rechazada por el ingeniero. y Patiño, subió a 400 dólares y 3 000 bolivianos, al mes. La empresa, convencida que necesitaba un buen experto, mandó a Renick a visitar y familiarizarse con plantas SAF en Missouri y Dilington, Delaware/Estados Unidos, antes de venir a Bolivia. En: Contreras 1994: 81.

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transportar sus minerales de la mina al ingenio. Fue innovador de métodos modernos, tanto en la minería como en la concentración (Hillman 1987: 59). 8.2.2.- En el procesamiento En los orígenes de la industria minera, nos hemos referido al hecho de que los fundidores ingleses exigían un cierto control de calidad para comprar los concentrados bolivianos. Ellos se preocuparon de mejorar el proceso de procesamiento de los minerales: 'Enthovens', envió un técnico a Oruro, para que enseñara a los industriales mineros las nuevas técnicas de trata-miento de minerales. Instalaron plataformas, en las plantas: para la trituración, para la calcina-ción y concentración de los minerales, que les permitió monopolizar la comercializa-ción local de minerales (Hillman 1987: 52). A grandes rasgos, los flujogramas de las plantas (modernas para la época) de procesamiento de estaño, constaban de algunas etapas: primeramente, la sección de fragmentación (tritura-ción y molienda); o sea, donde se realizaba la disminución del tamaño de grano y se quería llegar al grado de liberación. La trituración se efectuaba normalmente con ayuda de las tritura-doras de mandíbulas; el material luego era molido en molinos de bolas que trabajaban en circuito cerrado con clasificadores (trommel y cribas vibratorias), de donde se obtenían dos o tres clases de tamaños de grano; los más gruesos eran remolidos y los otros dos se trataban en jigs. De estos se podía ya obtener concentrados de casiterita gruesa o un concentrado que podía ser tratado en separadores magnéticos; donde se obtenía el producto no magnético (la casiterita) y los minerales magnéticos (óxidos de hierro). Los materiales finos eran tratados mediante mesas de sacudimientos; de ellas podían obtenerse tres tipos de productos: los concentrados, los mixtos y las colas. Antes de la concentración se podía efectuar la clasifica-ción, empleando clasificadores hidráulicos delante de las mesas. Los concentrados, podían pasar a la sección de separación magnética; los mixtos, eran remolidos y retratados; y las colas, iban a parar al estanque de colas. Obviamente, y de acuerdo al tipo de mineralización presente en la mina, se tenían diversas variantes del flujograma. Cuando la mena constaba de minerales oxidados y sulfuros, se opta-ba por tratarlos por separado, dentro del mismo recinto, en los ingenios de tratamiento. Tam-bién, se daba el caso que la mena contenía plata-estaño; entonces, había dos flujogramas: uno, para tratar la plata mediante lixiviación; y otro, para tratar el estaño por gravimetría. Un productor importante de plata, que también explotó estaño, fue la 'Compañía Minera de Oruro', registrada en Chile. En 1889, descubrió un nuevo proceso de tratamiento de minerales de plata, y que permitía asimismo la recuperación en forma muy sencilla y barata del estaño. Hubieran preferido fundirlo en el país, más la falta de carbón de leña, a causa de la sequía, no lo permitió. La llegada del ferrocarril abría una esperanza. La empresa no perdió el tiempo y se puso a retratar los relaves, en vista de la demanda de estaño; pero conspiraba contra esto la falta de brazos (Hillman 1987: 57-58). Un método muy practicado fue el escogido manual o “palleo”, en las denominadas “picking plant” o plantas de selección, que no era otra cosa que la separación en seco de los minerales de valor, aprovechando su densidad y color (la casiterita), para separarlos de otros sin valor (cajas). Para esto, en los ingenios se instaló cintas transportadoras y allí se sentaban mujeres o trabajadores jóvenes (palliris) para hacer su trabajo de selección; botando los trozos grandes de caja o pirita a

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sendos cajones, y dejando que el resto sea llevado por la cinta para su tratamiento mediante procesos de gravimetría en húmedo.367 Una interesante innovación fueron las mesas de cinta Sullivan. Patiñó, requería de un especia-lista para ensamblarlas y ponerlas en funcionamiento. Buscó al ingeniero Arvid Thuanes, quién había recomendado su instalación para recuperar granos finos de casiterita. Este ingenie-ro trabajaba en Canadá y Patiño pensó contratarlo sólo como consultor, pero terminó en la em-presa como jefe metalurgista; firmó un contrato por 3 años y un salario mensual de 1 000 dóla-res, dos meses de vacaciones con 50% de su salario y un bono de 6 000 dólares al finalizar su contrato (Contreras 1994: 91-92). Especialmente, se destacan aquellos adelantos en el campo de la concentración, con la introducción de ciertos procesos y equipos. Por ejemplo: un gran aporte, no cabe duda, fue la introducción del SAF como proceso de preconcentración. La idea consistía en elevar la ley de cabeza de los minerales que se explotaban en las minas, empleando un medio pesado o turbia pesada. Con esto se quería eliminar la selección manual. Los preconcentrados eran nueva-mente procesados con ayuda de jigs y mesas.368 La primera instalación de SAF fue la de Colquiri (1943); otra, se montó en Catavi, en el ingenio Victoria (1945). Esta última tuvo un costo de inversión de 600 000 dólares. En 1948, se adoptó este proceso de preconcentración en la planta Velarde, de la 'Compañía Minera Uni-ficada del Cerro Rico de Potosí' (Contreras 1994: 46). En todo este tiempo, hasta mediados del siglo XX, en las plantas mecanizadas, para las etapas de reducción, eran muy comunes las trituradoras de mandíbulas; aunque en algunas todavía se empleaba las de pisones. Luego, seguía la clasificación mediante cribas. En la molienda, los molinos de bolas podían trabajar en circuito cerrado, con clasificadores hidráulicos. Para el enriquecimiento se observa el empleo de jigs, tipo Harz (de pistón) y Denver (de diafragma), para la concentración de los granos gruesos; y la utilización de mesas, para los granos finos. Fuera de las mesas Deister (granceras) y Wilfley (arenas), aparecieron las mesas Sullivan, para tratar lamas.369 En la concentración gravimétrica (sink and float, canaletas, jigs y mesas) se aprovecha la densidad de los minerales para su tratamiento; se separan los materiales de alta densidad (casiterita) de los de baja densidad (sulfuros, silicatos, carbonatos, etc.). La separa-ción magnética se la hacía normalmente en seco, en separadores de tambor (los productos magnéticos, eran los óxidos de hierro; y el producto no magnético, la casiterita). Un adelanto de importancia fue la introducción de la flotación, para flotar de los concentrados de casiterita a la pirita acompañante (vale decir como producto flotante se obtenían los sulfuros, y como producto no flotante quedaba la casiterita).370 Para los procesos auxiliares se empleaban: para el transporte de los materiales, elevadores de canguilones, cintas transportadoras, bombas; para la separación sólido-líquido, los
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A fines de 1929, se terminó la erección de la planta de trituración y escogido (chanqueo y palla, en la jerga de los mineros) muy mecanizada, en Siglo XX. En: Querejazu 1984: 154. 368 Se instalaron en las plantas bolivianas, todos los tipos de mesas: de sacudimientos (Wilfley y Deister), de cinta (Sullivan) y de vuelco (Buckman). 369 Por lamas, debemos entender los materiales muy finos como resultado de los diversos procesamientos emplea-dos, y de las remoliendas de los materiales mixtos, con el objetivo de elevar la recuperación. 370 Cuando se introdujo la flotación, la 'William Harvey', reclamó por la calidad de los nuevos concentrados; y Patiño, pensaba que se trataba de intrigas del presidente de la fundidora, Thomas, y de la comercializadora 'Duncan Fox', para hacerle la guerra a Dibbs y perjudicarlo. A través de su asesor Ricardo Martínez Vargas hizo saber a Thomas, que estaba decidido a traspasar sus acciones de la 'William Harvey' a otra fundidora.

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espesadores. Las colas eran depositadas en los estanques o diques de colas, y los líquidos residuales se botaban a los ríos próximos; y cuando escaseaba el agua, se los reutilizaba. En cambio, en instalaciones pequeñas, se empleaba: para la reducción de los tamaños de grano, los quimbaletes; para la concentración gravimétrica: canaletas, jiggers manuales (una variante del jig de pistón), furmochinas y buddles. Las operaciones eran tan pequeñas, que cabían en un patio (en 10 metros cuadrados). En el famoso manual Handbook of Ore Dressing, figuran flujogramas de diversas plantas que operaban en las dos primeras décadas del siglo XX, y que reflejan la tecnología imperante en Bolivia; pero que no se puede generalizar, para las plantas pequeñas. La instalación de Avica-ya, operaba en el distrito de Pazña/Oruro, tratando menas oxidadas (casiterita con ganga silícea y óxidos de hierro) y menas sulfurosas (casiterita y pirita en cuarzo con pequeñas can-tidades de calcopirita y otros sulfuros, y algo de feldespato y turmalina). La planta tenía una capacidad de 50 t/d. La ley de cabeza era 5% Sn y se obtenían concentrados del 60-65% Sn (de las menas oxidadas) y de 50-55% Sn (de las menas sulfurosas), y se arrojaban colas con 1% Sn (Taggart 1927: 206). Básicamente, la planta consistía de una etapa de trituración, con una trituradora de mandíbu-las. Luego, el material se dividía: una parte, iba a una batería de cinco pisones; y otra, a la molienda, en dos molinos de bolas Krupp, con tromel adosado de 3 mm. Los productos (<3 mm) pasaban a un clasificador de taza (1) donde los materiales gruesos o arenas pasaban a otro tromel de dos aberturas; los (<3 mm) se recirculaban a los molinos; el material intermedio (1.5-3 mm) se concentraba en un jig de émbolo, tipo Harz, de dos compartimientos (1); y los materiales finos (<1.5 mm), igualmente eran procesados en jigs (2). De ambos se obtenían concentrados y para ellos había dos alternativas: a) las menas oxidadas se almacenaban en un silo; y b) las menas sulfurosas se enviaban a la separación magnética. Las colas de los jigs se desaguaban en un separador de cono (1) y el material espesado pasaba a las mesas de sacudi-miento, tipo Wilfley (1); las colas se botaban y los mixtos se volvían a clasificar, en otro clasificador de taza (3). El nadante del separador de cono iba a un espesador, tipo Dorr; el espesado se trataba en dos mesas lameras, tipo Deister (1), de donde se obtenían concentrados finales (que se trataban de acuerdo a las alternativas a y b) y colas, que eran desaguadas en otro separador de cono (2), donde nuevamente el espesado se retrataba en dos mesas lameras Deister (2); de ahí se obtenía concentrados finales (que se trataban de acuerdo a las alterna-tivas a y b), mixtos que se recirculaban al espesador Dorr, y colas finales (Taggart 1927: 206). Sigamos, ahora, al material fino del clasificador de taza (1). Este pasaba a otro clasificador similar (2); los finos se enviaban al espesador Dorr; los gruesos se reclasificaban en un clasifi-cador hidráulico de dos compartimientos: los gruesos se trataban en dos mesas Wilfley (2); los concentrados (se trataban de acuerdo a las alternativas a y b), las colas se botaban y los mixtos pasaban a una mesa Deister (3), donde los concentrados (se trataban de acuerdo a las alterna-tivas a y b) y los mixtos se juntaban con los mixtos de la mesa Wilfley (1) y eran clasificados en el clasificador de taza (3) donde las arenas se remolían en un molino de bolas y ese material era recirculado hasta el clasificador de taza (2) y los finos o lamas se botaban (Taggart 1927: 206). La planta de separación magnética, perteneciente a la 'Compañía Estañífera de Llallagua', estaba situada en esa localidad. La mena: un concentrado de casiterita y pirita arsenical prove-niente de la concentración gravimétrica (como la que hemos tratado en las líneas precedentes) se trataba en dicha instalación que tenía una capacidad de 10 t/d. Su recuperación era del 93-95%; su radio de 203

concentración 2:1.371 El proceso constaba de un secado de los concentrados obtenidos por gravimetría, para luego ser tostados en cinco hornos Kauffman. Los polvos, después luego de pasar a un separador, eran recirculados a los hornos. El producto tostado era procesado en separadores magnéticos, tipo Stern. El producto magnético se remolía en un mo-lino Huntigton y luego pasaba a ser tratado en una mesa: las colas se botaban al río y el concentrado se juntaba con el producto no magnético (Taggart 1927: 207). Una característica de la construcción de las plantas gravimétricas, y dada la topografía del terreno donde se encontraban las minas, fue que en su mayoría eran construidas como plantas de ladera; donde el material era procesado de la parte superior hacia abajo. Los minerales tenían que estar bien liberados para evitar recirculaciones. Entonces, para la circulación de las turbias se aprovechaba la gravedad. En los ejemplos anteriores, notamos muchas recirculacio-nes y por eso podemos deducir que las plantas de ese tipo no eran de ladera sino de pisos o planas. Esta claro que para procesar casiterita acompañada de minerales; o sea, una mena muy compleja, se requerían muchas etapas y los flujogramas eran tremendamente complicados. En 1925, Patiño, desde París, autorizaba aumentar la altura del dique de la represa de Lupi Lupi, dentro del presupuesto tope de 100 000 libras esterlinas. Estos estudios se debían hacer con jerarquía y responsabilidad; y para ello recomendaba que el ingeniero debía tener expe-riencia en obras hidráulicas (Querejazu 1984: 147).372 Los tres grupos mineros grandes, encargaron se realicen investigaciones sobre cómo mejorar la técnicas de concentración, en importantes laboratorios de Estados Unidos; más propiamente en el Massachussets Institute of Technology (MIT), lo que nos permite aseverar que estaban invirtiendo en la búsqueda de nuevas tecnologías y en mejorar los flujogramas de las plantas de enriquecimiento, por lo menos hasta la primera mitad de la década del cuarenta (Contreras 1994: 46). 8.2.3.- En la fundición No nos vamos a referir en este subcapítulo a los antecedentes de la erección de hornos de fundición para nuestro estaño, en el extranjero; sino, la cronología que siguieron las plantas bolivianas. En algún caso, haremos mención a aquellas foráneas donde hubieron intereses de bolivianos.373 Durante la presidencia de Isidoro Belzu (1848-1855), se prohibió la exportación de concentra-dos de estaño, se exigía que estuviese fundido. Durante el gobierno de José María Linares (18571861), se volvió a autorizar la exportación de minerales estañíferos del 60-65% de ley (las famosas
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Esto quiere decir que para obtener una tonelada final de concentrado, se trata el doble de material. El costo de tratamiento en la planta era de 1.94 a 2.65 dólares, por tonelada tratada. En: Taggart 1927: 206. 372 Una obra importante encarada fue la reparación de la represa de Lupi-Lupi, ya que se presentaron filtraciones de hasta 3 000 litros por segundo, por los taludes laterales del reservorio y por el tubo de conducción (cons-truido de cal y canto) de aguas a la planta eléctrica. El ingeniero Werner Steinegger, inyectó cemento en las grietas y con el mismo material revistió el tubo. La coronaciónaltura de la represa se elevó hasta 78 metros de altura, y se construyeron torres con compuertas, para el desagüe y deslame. Con esto, este estanque tenía una capaci-dad de almacenamiento de 30 millones de metros cúbicos, para generar 15.5 millones de kilowatios de corrien-te eléctrica por año, con cuatro ruedas Pelton. El embalse de Chaquiri, cuya pared se levantaba a 42 metros, contenía tres millones de toneladas de agua y podía generar 400 mil kilowatios hora por año. En: Querejazu 1984: 154. 373 Muchos industriales mineros se interesaron en fundir en el propio país sus concentrados estañíferosestañíferos, ya que las razones económicas así lo demandaban: ahorro de fletes y sacos metaleros, facilidades de manejo de las barras, supresión de las mermas en el manipuleo, y mayor independencia para colocar el estaño en el mercado mundial. En: Peñaloza 1987: 349.

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barrillas), y esto hizo que no haya prisa para que se establezca una fundidora nacional. Cuando la ley bajó y se precisó tratar en los ingenios los concentrados, se obtuvieron barrillas o medias barrillas, y las exportaciones terminaron pagando fletes elevados y subieron los gastos de fundición; entonces se volvió a pensar en los hornos de fundición (Peñaloza 1989: 350). En 1869, se comenzó a fundir estaño en Quechisla/Potosí. Un tal “Hansworth’s fundió algún mineral en Oruro, que dio resultados mucho mejores que el de Potosí, que producía barras de baja ley, perdiéndose entre el 30 y 40% del estaño en un concentrado de alta ley. El mejor metal – equivalente al refinado inglés- llegaba en pequeñas cantidades de Ocurrí [Potosí], trabajando yacimientos aluviales de muy alta calidad, libres de metales deletéreos, aunque su transporte a la costa ascendía a 32 libras/ton. [14.7 kg/t]” (Hillman 1987: 52-53). Uno de los más importantes industriales mineros, Aniceto Arce, contrató al ingeniero francés, Louis Soux, quien pudo introducir algunas mejoras en la fundición local; aunque la calidad de todo el estaño en barra de Potosí, siguió siendo muy baja. El proceso de fundición dejaba una gran cantidad de escoria, que contenía un 20-30% de estaño; eso quiere decir que la recupe-ración en la fundición, sólo era del 70 a 80%. Entonces, Soux, atacó el problema queriendo subir ese índice a valores lo más alto posibles (Hillman 1987: 59). No debemos olvidar que Luis Soux, es uno de los pioneros de la fundición de estaño; quien en el ingenio Velarde/Potosí, introdujo la fundición de estaño (entre 1894-1896). Instaló un horno donde se mezclaban los concentrados de estaño con sal y cal (empleando taquia de llama como combustible). Producía lingotes del 93% Sn, y para perfeccionar la tecnología viajó, Soux, a Cornwall/Inglaterra (Serrano 1998b: 8). El historiador Mitre, menciona el año de los hornos de fundición, señalando 1890, como el de inicio, “ya que la industria minera del Cerro Rico consiguió rehabilitarse aprovechando las perspectivas abiertas por el estaño el cual, ya entonces, dominaba la atención de los mineros quienes dedicaban lo mejor de ‘sus esfuerzos a la explotación y fundición de este metal’” (Mitre 1993: 29).374 Entonces, esa década puede considerarse como el punto de inflexión en la historia minera boliviana; ya que la era de la plata tocaba a su fin y se iniciaba la del estaño. Algo similar había sucedido con la plata. En un principio, los filones eran tan ricos que sola-mente se la extraía de los afloramientos, para luego, con tecnología nativa, proceder a su fun-dición en los hornos wayras y tocochimbos (ver 2.3).
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mencionar que, muchas empresas alejadas deal paso del ferrocarrilferrocarril, no pudieron los sobrevivir ingenios los prima argento tuvieron más remedio que cerrarse. A; al no haber labores de explotación minera, tenían materia procesar. Aquellos distritos con acceso a ese moderno medio de transporte y de producción mixta (plata-esta-ño), resistieron la crisis por más tiempo e incluso aumentaron el tonelaje de los concentrados de exportación. Especialmente, la industria minera asentada en la legendaria Montaña de Plata, consiguió rehabilitarse gracias a las perspectivas abiertas por el estaño, que acaparó la atención de los mineros y, dada la nobleza de las menas estañíferas, ponían algo de énfasis en su explotación para fundirlo. En: Mitre 1993: 28-29.

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En plena ciudad de Potosí, sobresalían las fundidoras del metal del diablo, instaladas en las plantas: La Trinidad y San Miguel, pertenecientes a la conocida 'Sociedad La Riva y Cía.'. Años antes, había empezó sus operaciones metalúrgicas Velarde; y más tarde, Huaylla-Wasi, de la empresa 'Soux-Hernández'375 y Santa Rosa, de 'Bebin Hermanos'. Lo cierto es que, a principios del siglo XX, se contaban nueve fundidoras que operaban regularmente y no sorprendía a nadie que todo el estaño metálico exportado (más de mil toneladas), proviniera en forma exclusiva de Potosí. El promedio del porcentaje para los quince años (1885-1899), es del 36% de exportación de barras a Europa, con relación a la exportación total (Mitre 1993: 29-30). A comienzos del siglo XX: “Andrés Penny poseía un ingenio de fundición de barrillas de estaño de ley media 60 a 65%. La Casa Duncan fundía asimismo, minerales de estaño de la mina ‘La Tetilla’ o ‘Ánimas’ en el ingenio Cochi, utilizando minerales de ley media del 70% de propiedad de Ernesto Hagemann. Se tenía evidencia que los mineros Santiago Duncan y José Fullet se enriquecieron con estos hornos”. Penny y Duncan, constituyeron la empresa minera 'El Balcón', en Huanuni (Peñaloza 1989: 351). En 1903, el gobierno de José Manuel Pando (1899-1904), otorgó a Félix Duchén y Enrique Nogel, el monopolio para fundir estaño-plata; aprovechando los gases de carbón en la tosta-ción de minerales estañífero-argentíferos, con el consiguiente ahorro de combustible. Esta concesión era por una década; pero, y no se conocen los resultados ni la procedencia de las menas. Por esos mismos años, en Chayanta, la 'Empresa Minera de San Luis', de Garafulich y MacLenseng, tenía una fundidora de estaño. El 8 de mayo de 1909, en el gobierno de Ismael Montes (1904-1909), se autorizó a Hermann Mullighaus, instalar un ingenio para tratar minerales de estaño aplicando un método basado en hornos adecuados para obtener barras. En agosto de ese mismo año, durante la presidencia de Eliodoro Villazón (1909-1913), la empresa 'The Andes Tin Co.', obtuvo otro monopolio o privilegio para implantar un nuevo proceso con hornos eléctricos;376 esta empresa extranjera estaba inscrita en New Jersey/Estados Unidos, y con personería jurídica reconocida el 17 de mayo de 1907 (Peñaloza 1987: 351-352).377 En 1911, Patiño adquirió acciones de la fundición alemana 'Zinnerwerke Wilhensburg GmbH', y pocos años después de la inglesa 'Williams Harvey Co.'.378 En 1912, se constituyó un capital para
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Un dato, sin confirmar, es que a principios del siglo XX, 'Soux-Hernández', exportaba 1 104 toneladas de estaño metálico y 552 toneladas de concentrados de alta ley. En: Peñaloza 1987: 352. 376 'Rodgers and Cood', de Estados Unidos, solicitaron al gobierno boliviano el envío de 50 toneladas de barrillas de estaño, para hacer ensayos de fundición por procedimientos eléctricos. En: Peñaloza 1987: 365. 377 Según Albarracín: en esa época abundaron las resoluciones del gobierno autorizando la instalación de fundido-ras. Entre los beneficiados figuran: 'Arthur Lookwood y Marcus Reginald Anthony Samuel', la 'Compañía Aramayo Franke', 'Mineral Separation Ltd.', 'Fried Krupp Aktiengesellschaft-Grosonwerk', y otras. En: Peñalo-za 1987: 352. 378 “A fines de 1911, cuando ya Patiño había comprado la Compañía Minera de Uncía y las minas de Huanuni, era realmente un cliente de Williams Harvey, sus fundidores en el Reino Unido”. El envío de técnicos extranjeros a Bolivia, para analizar la factibilidad de fundir estaño, fue una artimaña de Patiño para forzar a la 'Williams Harvey', a que le vendiera acciones. En: Peñaloza 1987: 358 y 384. En carta que dirigió a Williams Harvey el 19 de marzo de 1912 les comunicaba la compra de las propiedades de Penny y Duncan y que había hecho arreglos para continuar haciendo embarques a Bootle (donde estaban las plantas de la Williams Harvey)”. Patiño, era terminante y queda claro que todos los concentrados de sus minas debían ir a parar a Inglaterra, a excepción de los concertados con la fundición alemana. Entonces, cabe pensar que todavía no era accionista de la fundición inglesa. En: Peñaloza 1987: 359.

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sufragar los gastos de una comisión de expertos que visitarían Bolivia, con el objeto de estudiar la factibilidad de montar una fundidora de estaño; los propiciadores de esta idea habían juntado un capital de 100 000 francos para este proyecto y eran: unos accionistas fran-ceses, Simón I. Patiño e Ismael Montes (cada parte proporcionó un tercio). A su vez, Montes, dividió su participación con Pedro Suárez. Los expertos estuvieron en Bolivia en 1913, visi-tando centros mineros (en Potosí, Oruro y La Paz) y lugares con agua para futuras fuentes energéticas, con el objeto de subsanar la falta de carbón; y un año más tarde retornaron a Europa, donde informaron que si no se utilizaba energía hidroeléctrica, la fundición de estaño era antieconómica. La guerra, en Europa, impidió la culminación del proyecto (Peñaloza 1987: 356-357). Consta en la Resolución Suprema del 4 de octubre de 1915, que los señores John C. Berry y J.C. Lutwieler, en representación de un grupo de capitalistas estadounidenses, propusieron la formación de una empresa dispuesta a instalar hornos de fundición, eléctricos, para estaño, en el país. Bolivia, participaría con el 40% de las acciones. Aunque este procedimiento no fue probado, llama la atención que los proponentes hayan pedido 25 años de privilegio y, lo que más llama la atención, era la dotación de 100 kilómetros alrededor de la instalación y la liberación de derechos aduaneros de importación para los insumos requeridos. El Ministerio de Justicia e Industria, pasó la misiva, que comprendía ciertos privilegios y franquicias, a consideración de la Cámara Legislativa (Peñaloza 1987: 361-366).379 Hubo una interferencia del industrial minero estadounidense, David C. Bricker, representante de 'Wile Electric Com-pany', que a su vez ofrecía hornos portátiles, de capacidad variable y que podían ser operados por cualquier persona. Ambos proyectos fracasaron, porque no se implementaron. Por 1914, se fundió estaño en Potosí, en cantidades limitadas. Sus barras eran exportadas a la Argentina. Tres años más tarde, esas exportaciones de barras potosinas adquirieron cierta importancia (321 toneladas); pero, no se tiene datos sobre el grado y calidad de esas barras (Peñaloza 1987: 367). Otros dos intentos, de bolivianos, se dieron en junio de 1917. El primero, para instalar una planta en Viacha/La Paz, mediante la 'Sociedad Fundidora Boliviana'. Entre sus socios figura-ban: Darío Gutiérrez, Macario Pinilla, Rafael Taborga, Carlos Calvo, Mauricio Mollard, Jacobo Backus, Abdón S. Saavedra, Luis Lavadenz, Ezequiel Romecín, Miguel Casanova y otros. El proceso a emplearse fue inventado por C.J. Calvin. Lanzaron la oferta para comprar concentrados, y luego desaparecieron del mapa sin efectuar ninguna inversión (Peñaloza 1987: 366).380 El segundo, fue el de Ricardo Cruz, minero chicheño, con base en Uyuni; quien invirtió un millón de bolivianos para montar un moderno horno en esa localidad. Se dice que fundió concentrados obteniendo barras del 99.12% de pureza; y al poco tiempo paró esta operación por falta de combustible. Cruz, continuó explotando antimonio y fue la base para conformar una empresa unificada (Peñaloza 1987: 367). Muy hábilmente, Patiño chantajeó a la 'Williams Harvey and Co. Ltd.', la más importante del mundo, ya que les presentó la alternativa de fundir directamente sus concentrados en territorio boliviano, lo que adsorbería su producción y, talvez, parte de Asia y África. De esa forma negoció
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Montes, informaba en su discurso del 6 de agosto de 1915, que el gobierno: “había dado aprobación a una compañía norteamericana para realizar estudios técnicos, establecer costos, fijar la capacidad de los hornos, señalar su ubicación, etc., para el fundido de barrillas de estaño”. Esta compañía no cumplió este compromiso y el gobierno desahució el contrato o autorización. En: Peñaloza 1987: 364. 380 Muchos de estos personajes estaban ligados a negocios mineros, así: Taborga, era minero que explotaba wolfram en la cordillera de Tres Cruces; Saavedra, político y cazador de minas (tenía cientos de peticiones que jamás trabajó); Mollard, minero e ingeniero; Pinilla, político; y Backus y Calvo, tuvieron mucho que ver con concesiones petrolíferas. En: Peñaloza 1987: 366.

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y adquirió un tercio de las acciones de la fundidora de Liverpool. Esta transacción ocurrió en 1916.381 Para muchos, los intentos de la época no tuvieron sino el móvil de vencer la resistencia de los accionistas ingleses. Más tarde, se asoció con la 'National Lead Co.', de los Estados Unidos, donde logró adquirir otro tercio de las acciones. La fundidora americana era la compradora de estaño metálico del mundo (Peñaloza 1987: 359). El control absoluto de la firma inglesa la tomó Patiño, a través de una filial, la 'General Tin Industries', registrada en Delaware, en 1929. 'Patiño Mines', invirtió sus reservas de 634 995 libras esterlinas, en acciones de esa filial, tomando el control de ésta; y élla a su vez, invirtió otros 1 332 000 libras, “conforme al contrato de opción que le transfirió Patiño Mines”, en acciones de la 'Williams Harvey'. El vendedor de las acciones fue la 'National Lead Co.'.382 En 1929, se conformó un “holding”,383 denominado 'Consolidated Tin Smelters Ltd.', con un capital emitido de 3 257 931 libras esterlinas (registrada en Londres). Este nuevo ente contro-laba las siguientes fundidoras, en diversas partes del mundo: 'The Penpoll Tin Smelting Co.' (de Bootle/Inglaterra), 'The Cornish Tin Smelting Co.' (de Cornwall/Inglaterra), 'Eastern Tin Smelting Co.' (de Penhang/Malasia, pero registrada en Londres), la parte de Patiño de la 'Zinnerwerke Wilhensburg GmbH'/Alemania, lo cual le daba el control sobre 85 000 tonela-das, con capacidad de tratamiento, por fundición, de un total que fluctuaba entre 170 y 200 mil toneladas de concentrados de estaño, que se producía anualmente (no incluía la fundición alemana, destruida por la guerra). Con esto, Patiño adquirió el control de numerosas empresas productoras de concentrados, repartidas por el mundo y; con ello, la ilusión de instalar una fundidora en Bolivia, quedó como tal: ¡una ilusión! (Peñaloza 1987: 360). En el pasado siglo, destaca la figura de otro pionero orureño. El hijo de Mariano Peró Aramayo,384 Fernando, destaca que en 1935, su padre, soñó con la erección de una fundición de estaño en Oruro, al observar el enorme tonelaje que el país producía y que se exportaba en forma de concentrados a las fundidoras del extranjero; además de las propias que Peró vendía y que tenían una ley del 65% Sn, casi libres de impurezas. Este industrial minero adquirió conocimientos sobre hornos de fundición de bismuto, en la 'Compañía Aramayo de Mines', en Tasna/Potosí. Previamente tuvo que viajar a Europa, para adquirir el know how o “proceso Lamy”, de fundición de estaño, que existía; y lo encontró en Francia. Pagó por la patente 800 mil libras esterlinas. El proceso consistía en la reducción de los concentrados de casiterita en hornos eléctricos, usando luego la refinación térmica hasta alcanzar lingotes de 99.8% Sn, para su exportación a la Argentina (Peró 1997: 9).

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Este año se constituyó una empresa a iniciativa de Minor Keith , con la razón social de 'South American Elec.-tric Smelting Co.', con la finalidad de montar una fundidora. Lastimosamente, los estudios indicaron su irrenta-bilidad. Keith estaba asociado a la 'United Fruit', un trust bananero. En: Peñaloza 1987: 364. 382 Patiño, por intermedio de la 'General Tin Industries' , se hizo dueño de las 72 000 acciones emitidas (al precio de 18.10 libras por acción), que hacían el total ya indicado. Memoria de la 'Patiño Mines', del 31 de diciembre de 1929. En: Peñaloza 1987: 360. 383 “Holding” (sociedad de cartera), que controla las actividades de otras, mediante la adquisición total o de una parte de sus acciones. Puede formar una compañía subsidiaria, con el propósito de adquirir una sociedad exis-tente mediante la compra de acciones con efectivo, u ofreciéndole a cambio de sus acciones. 384 Mariano Peró, falleció en septiembre de 1964. Han pasado 67 años desde la colocación de la primera piedra en la 'Fundición de Estaño de Oruro' y el sueño de su pionero, Mariano Peró, se cumplió; contribuyendo a la tecnología del país y favoreciendo con sus impuestos a la construcción de la Ciudad Universitaria de Oruro. Gracias a esta experiencia fue posible la instalación de la fundidora de estaño de ENAF; en Vinto/Oruro. En: Peró 1997: 11.

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En 1936, hizo el pedido de los equipos y éstos llegaron un año después, y decidió montar la fundidora en la ciudad de Oruro. Un 30 de mayo se inició la construcción de la planta, no sin antes haber tenido un largo trámite de expropiación del terreno en Agua de Castilla. En cuanto a la infraestructura, Oruro, presentaba buenas condiciones: ferrocarril con conexión a Chile y Argentina, luz de la 'Bolivian Rubber Co.' desde su planta hidroeléctrica de Miguillas, comunicaciones a través de 'Via All America Cables Inc.', agua, aeropuerto y caminos a las minas y departamentos aledaños (Peró 1997: 10).385 Según Peñaloza: en 1937, se constituyó una empresa unipersonal con la denominación de 'Fundición de Estaño de Oruro'. Sus instalaciones figuraban (en abril de 1942), con la razón social de 'Bony y Compañía',386 “como habiendo traspasado sus derechos y el uso de la pa-tente Lamy al señor Mariano Peró, quien quedó como dueño”. Peró se negó a explicar en qué consistía el susodicho proceso. Además, según la documentación, no se habían hechos pruebas de laboratorio, menos semi-industriales. L. Lamy, figuraba como presidente y gerente general de la 'Compagnie Francaise de L’Etain', con sede en París/Francia, y con una fundición en Alta Saboya (Annecy Vovray, con capacidad de producir 5 000 toneladas de estaño, plomo, aleaciones, metal antifricción, metal para tipos, sales de cobre y sales de zinc). Constaba que la empresa no pertenecía a ningún “holding” conocido, y que el proceso les pertenecía y que 'Bony y Compañía', eran sus representantes (cuyo capital, en 1960, era de 39 millones de francos). El proceso Lamy, no fue probado en Oruro; pero, se trató de una buena iniciativa (Peñaloza 1987: 377-378).387 En el gobierno de Germán Busch (1937-1939), se hizo un nuevo esfuerzo para montar una fundidora que tratara concentrados de baja ley. Con este motivo se firmó un contrato con la alemana 'Klockner Industrie Anlagen GmbH', de Duisburg.388 La planta estaría ubicada en Oru-ro, y tendría una capacidad de 7 500 toneladas finas al año (menos de la tercera parte de la producción boliviana). El costo de la maquinaria rondaba los 5.3 millones de dólares; para lo cual el gobierno
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Durante 1937 y 1938, se montó la nave principal que tenía 86 metros de largo por 36 metros de ancho, y una altura de 15 metros.; Sse trataba de una estructura metálica que soportaba un puente grúa de cinco toneladas. En 1940, se presentaron los obstáculos mayores, ya que la empresa de luz no podía dotarle, alegando que las minas del Norte de Potosí y OruroOruro, consumían la totalidad de su producción. Otro aspecto fue, que surgió una controversia tratando de impediría la fundición de estaño que producía y exportaba la gran minería y el Banco Minero de Bolivia. En 1944, le remataron el grupo electrógeno (de 2 500 Kw) que importó, por deudas al Bbanco Minero, y que había sido fue instalado en Pulacayo/Potosí. Un filtro electrostático de gases Cotrell, durante su traslado en un barco mercante, fue hundido por un submarino; y hubiese sido el primer filtro de esta natura-leza que se instalaba en Bolivia. En: Peró 1997: 10. 386 Mauricio Bony, figura como vendedor de la maquinaria y patente a Per ó; como propietario y no como técnico al servicio del industrial minero. El precio pactado según la escritura (entregada al Banco Minero en 1945), especifica “setecientos mil pesos” a secas. Se supone argentinos, y cuyo curso era 10:1, respecto a los bolivia-nos. Las anomalías en esta transacción pasaron por alto; ya que el presidente Villarroel, manejó el slogan que la fundición debía funcionar, a como fuere. En: Peñaloza 1987: 386. 387 El gobierno participó, a través del Banco Minero, con la cantidad 3 millones de bolivianos (unos 74 000 dólares). El 21 de septiembre de 1940, en su Carta Informativa, el Banco informaba que se continuaba fun-diendo y que la planta ocupaba a 120 obreros. En enero de 1941, el Banco informaba la paralización de la fundidora. En 1942, el Banco asignó otros 3.3 millones de bolivianos (para gastos de la infraestructura: el edificio y la provisión de energía eléctrica). En 1942, funcionaba en Potosí, una pequeña planta de fundición, de propiedad del minero Osio. En 1943, la planta volvió a parar. Entre 1945-1946, Peró, visitó al presidente G. Villarroel, para solicitarle más crédito para continuar las obras; y éste ordenó a su Ministro de Economía y al Banco Minero, para que estudiasen esa solicitud y la planta opere. En: Peñaloza 1987: 377. 388 Los gobiernos de David Toro (1935-1936) y Busch, tuvieron en mente el establecimiento de una fundición nacional. Esto no interesaba a la gran minería e incluso a los mineros medianos; y los pequeños, lo veían como una utopía. En los pronunciamientos de varios Congresos Mineros, no se manifestaron por esta aspiración y, en 1940, nadie se acordó más de la idea de fundir estaño. En: Peñaloza 1987: 386.

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alemán garantizaría el otorgamiento de un crédito. La muerte del presidente Busch, a fines de agosto, y el inicio de la guerra en Europa, frustró este proyecto (Peñaloza 1987: 368). A comienzos de 1940, estuvo de visita en Bolivia, Gerald Pearce,389 a la razón gerente de la 'Consolidated Tin Smelters Ltd.' (del “holding” de Patiño). A esta visita se le dio mucha publicidad, dentro del criterio de conservar para Inglaterra; o sea para la 'Williams Harvey', el control del comercio y la fundición de estaño, en circunstancias que Estados Unidos y Bolivia iniciaban negociaciones para la venta de parte de nuestros concentrados al país del norte. Los concentrados de alta ley, de Patiño, quedarían excluidos de este contrato para alimentar a la fundidora inglesa. Cuando la fundición de Peró, empezó a exportar estaño metálico de buena calidad (1946), las afirmaciones pesimistas de Pearce y Patiño, quedaron desmentidas por la realidad (Peñaloza 1987: 369). Peró, cambió de tecnología (entre 1945 y 1946) y habiendo conseguido un préstamo de la Argentina, encargó la construcción de tres hornos rotatorios de tambor corto, que funcionaban a petróleo. Este fue un adelanto, ya que era la primera vez, en 1945, que en Bolivia se utiliza-ban esos hornos y el combustible petróleo, para fundir concentrados estañíferos de sus minas y del Banco Minero; y hacía factible la exportación de lingotes requeridos en las fábricas argen-tinas de metales blancos, baterías y soldadura de estaño-plomo. Desde 1945, hasta 1964, la producción fue incrementándose hasta llegar a 3 000 toneladas finas anuales en ese último año; los lingotes tenían 99.86% Sn con la marca Estaño-Oruro, registrada en el London Metal Exchange, de Inglaterra (Peró 1997: 10).390 Según la versión de Peñaloza: en 1946, comenzó a operar la fundidora en Oruro, produciendo 50 toneladas al mes, con una pureza de 99.4 a 99.56% Sn, a partir de concentrados del 50% Sn que le entregaba el Banco Minero. Hasta julio de ese año, la inversión alcanzó a más de 7.8 millones de bolivianos (187 000 dólares) y, como ya se ha dicho, COMIBOL y el Banco Mi-nero apoyaron a Peró, con créditos y anticipos. Esta fundición tuvo mucho apoyo del presi-dente Gualberto Villarroel (1943-1946), ya que su orden fue : “¡Hay que fundir estaño en Bolivia. No importan las dificultades ni el costo, Sólo fundiendo sabremos manejar este negocio!” (Peñaloza 1987: 380381). La planta comenzó a funcionar, previo el período de puesta en marcha, en 1947, con una capacidad de 100 toneladas al mes de estaño metálico. La producción alcanzó en 1949, las 400 toneladas; y desde ese año empezó a decaer y paró en 1951 (Peñaloza 1987: 382). Por otro lado, en el campo de las operaciones metalúrgicas se intentó, aunque sin éxito, intro-ducir
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Antenor Patiño, aseveró que este experto fue traído hace años a Bolivia, para estudiar la factibilidad de la instalación de una fundidora de gran capacidad. Según sus conclusiones, no era posible montar tal instalación, ya que no sería competitiva frente a las ya existentes; de ahí la inviabilidad de este proyecto. Durante mucho tiempo Mister Pearce, figuró en numerosos directorios de las fundidoras en el extranjero, junto a Ernest V. Pierce y Antenor Patiño; ellas fueron: 'Willliams Harvey', 'Consolidatet Tin Smelters', 'Eastern Smelting Co.', y en compañías tenedoras (holding): 'British American Tin Mines Ltd.', British Tin Investiment Corporation Ltd.', 'General Tin Investiment Ltd.' y otras. En: Peñaloza 1987: 369. 390 Peró, estaba endeudado con los comercializadores de la 'Phillipp Brothers', con la garantía de Chojñacota y el compromiso de vender a esta firma toda su producción. La deuda estaba vencida y en mora. Delante del presi-dente Villarroel, el industrial minero le ofreció esa propiedad negando que estaba hipotecada a los comerciali-zadores. El gerente de la 'Phillipp Brothers', Grunenbaun, preguntaba al Banco Minero si era efectivo que ellos pagarían a su empresa la deuda de Peró. La falta de seriedad de Peró, entorpeció en varias ocasiones el apoyo que le prestaba el gobierno. En: Peñaloza 1987: 388.

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la volatilización para fundir concentrados de baja ley. Un ejemplo, fue la planta Taiton de la CMUCP, de M. Hochschild. El metalurgista U.S. Taiton, investigó esta tecnología en Baltimore, financiado por éste. Luego de efectuadas las pruebas de laboratorio, iniciaron el montaje de una planta piloto con capacidad de 250 t/d, que entró en operaciones el año 1944. Se maneja que la inversión en el desarrollo del “proceso Taiton”, fue superior al millón de dólares y los resultados no fueron nada alentadores, desconociéndose las causas del fracaso; pero, todo apunta al efecto de la altura de Potosí (Contreras 1994: 46). Para Crespo, el proceso serviría para elevar la recuperación en el procesamiento de minerales complejos, como eran los de la Unificada o del Cerro. “Fue un fiasco técnico y financiero que le costó cerca de dos millones de dólares y que, bien entendido, nadie le reembolsó” (Crespo 1981: 313). Otra tentativa se remonta a 1946, cuando el Banco Minero, proyectó construir primero una planta concentradora para tratar minerales de los mineros chicos (k’ajchas), que explotaban en el Cerro Rico de Potosí. Se adquirió terrenos en la ribera de los antiguos ingenios de amalga-mación, vendidos por Julio Garret. Se efectuaron pruebas metalúrgicas y para ese efecto el gobierno traspasó al Banco, el Laboratorio Metalúrgico que poseía el Ministerio de Economía (ya que su similar de Minas e Hidrocarburos recién se creó en 1952), y adquirió un laboratorio de ensayes químicos, de propiedad de José Barrand Hesse. Este fue el origen del Laboratorio Pirometalúrgico del Banco. En este recinto, a fines de la década del 40, el ingeniero Jorge Salesky, realizó una investigación con resultados prometedores. Él desarrolló los procedi-mientos: Piromet, Hormet 1 y Hormet 2, para fundir estaño. En 1951, este ingeniero formó la 'Empresa Hormet', para fundir estaño por el método que lleva este nombre, consistente en volatilizar concentrados de baja ley (Peñaloza 1987: 395). En 1948, el Banco Minero encargó a la firma americana 'Chemical Construction Corporation', la realización de una consultoría para ver la posibilidad de instalar una planta de lixiviación de minerales de baja ley, y poder enriquecerlos hasta el 60% Sn, y facilitar su fundición en el país. Este proceso era similar al que utilizaba la fundidora de la ciudad de Texas/Estados Uni-dos, y que era operada por la 'Tin Processing Corporation', por cuenta del gobierno norte-americano. Este proyecto fracasó, por las interferencias que practicó Mauricio Hochschild, quien en fecha 5 de marzo de 1949, se dirigió al gerente del Banco Minero, José Núñez Rosales, haciéndole notar que: dadas “las condiciones naturales de Bolivia no se prestan para la fundición de ningún metal”. Con esto, Hochschild, llegó a atemorizar al gobierno, y el proyecto pasó al olvido, y el gerente fue exonerado de su cargo (Peñaloza 1987: 401-402). 8.3.- La formación profesional y los expertos En lo que sigue, vamos a estudiar el surgimiento de las instituciones dedicadas a la enseñanza de la minería-metalurgia en nuestro país. Brevemente nos vamos a referir a la formación profesional en la Colonia, porque lo que allí sucedió se repitió en la República. Por último, nos ocuparemos de los expertos y del rol de las consultoras; con énfasis sólo hasta la mitad del siglo XX. 8.3.1.- Los antecedentes Debemos comenzar haciendo una retrospectiva.“Al comenzar el siglo 18 se hacen varios intentos en la América española y en España de promover la enseñanza oficial de la ‘minera-logía’ y ‘geometría subterránea’”. Según el historiador Ovando-Sanz, un primer intento se remonta al 11 de junio de 1757, cuando el gobernador Ventura de Santelises y Venero, pero-cupado por el tratamiento de menas argentíferas complejas, dispuso la conformación de una Junta o Escuela para 211

resolver ese problema y otros. La actividad de enseñanza debería comenzar a los dos días. En septiembre de 1758, la Escuela contaba con más personal e incluso incursionó en Chile, donde se descubrieron minas de plata y se envía de Potosí al metalurgista, Juan Joseph de Herrera, quien arriba a Santiago, en noviembre de 1760. Esta primera Escuela tuvo corta vida y no se sabe exactamente el día de su cierre. La Escuela se cierra por casi dos décadas, después de haber prestado servicios durante tres años (Serrano/Peláez 1991: 7-8; Serrano 1993: 55).391 Según el historiador Vásquez-Machicado, el gobernador Jorge Escobedo y Alarcón, estable-ció, en Potosí, una Academia y Escuela teórico-práctica de Metalurgia o Arte de Beneficiar Metales. En ocasión de su inauguración, el 10 de febrero de 1779, Escobedo pronunció un extenso discurso y promulgó unas ordenanzas que regulaban su accionar. En agosto, el gober-nador se dirige al ministro Gálvez, para que se le autorice la contratación de especialistas sajones y así mejorar la planta docente de la Academia. Esta institución estimuló la redacción de tres tratados sobre minería. La primera promoción culmina sus estudios en 1781; y dos años más tarde estaba agonizando, por falta de recursos económicos y humanos. Para 1783, se habla de la Academia como de un conato frustrado, en los informes de sucesor de Escobedo, Juan del Pino Manrique de Lara, a José Gálvez; y que los azogueros no tenían ni la menor formación técnica. Para remediar esta situación, el flamante gobernador proponía la contrata-ción de tres profesores españoles; llegó incluso a especificar los tratados mineros, que serían los más adecuados para divulgar los conocimientos tecnológicos entre los mineros. La llegada de una primera misión de consultores a Potosí, en 1789, a la cabeza del barón Timotheus von Nordenflycht, le dio nuevo impulso a la Academia;392 ya que algunos de sus miembros impar-tieron lecciones y otros se quedaron en Potosí (el propio barón, Daniel Weber y Zacarias Helms). Pero, en 1794, otra vez la institución estaba en crisis y Pedro Vicente Cañete y Domínguez, propone una reorganización de la Academia en su Código Carolino; este plan para la enseñanza de la mineralogía y metalurgia lo podemos considerar como el primer plan de estudios. Del 19 de mayo de 1809, se tiene un documento de la petición de contratar al ingeniero de minas, Gullermo Karvin, para enseñar en la Academia de Minería, de Potosí; que el desaparecido historiador español López de Azcona, considera “demostración de su actividad durante la primera década del siglo XIX” (Serrano/Peláez 1991: 8 y 10-12). Como vemos, Potosí, un distrito minero con más de 280 años de actividad minero-metalúr-gica, hasta la culminación del coloniaje, apenas contó con el intento de erigir dos instituciones de enseñanza de la minería, del beneficio y de la metalurgia. De Oruro, y de los otros asientos mineros, no sabemos nada.393 “La transferencia [de tecnología] no se puede atribuir a una sola corriente de pensamiento o a algún país en particular. En el aspecto minero hemos notado que ella fue en muchos casos reversible. Muchas personas tienen que ver con ese hecho y lo más
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Esta primera escuela precede en ocho años a la Academia de Minas de Freiberg/Sajonia, fundada un 13 de noviembre de 1765. La diferencia radica en que nuestra escuela, en PotosíPotosí, no tuvo continuidad. 392 Es evidente que la primera misión de consultoría extranjera trabajó en un ambiente de franca oposición por parte de los conservadores azogueros de Potosí, y el nuevo intento de que continúe prestando servicios quedó trunca-do por este motivo. En: Serrano 1993: 56. 393 Una cosa parecida sucedió con el estudio de la medicina. P, prácticamente durante el coloniaje no hubo una sola facultad de medicina en Charcas; y tampoco funcionó la institución reguladora de esa actividad y de los agentes médicos: el protomedicato. Las únicas ramas del saber o cátedras que existieron, en la Audiencia de Charcas, fueron: Teología, Filosofía y Latín, en la célebre Universidad de San Francisco Xavier, que fue fundada el 27 de marzo de 1624, en La Plata. En 1771, se propuso el funcionamiento de tres cátedras: Leyes, Filosofía y Medicina. Por 1791, se propuso unificar la enseñanza de Medicina, Cirugía y Matemática en una sola cátedra. Ambas propuestas, no superaron el escollo de la aprobación local; eso sí, la formación jurídica se consolidó. En: Barnadas 2002, II: 1063.

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destacable es que a través de ciertas instituciones se la llevó a cabo en el aspecto de una transmisión de los conocimientos, no importa si muchas veces fue ‘boca a boca’...” (Serrano 1993: 56). 8.3.2.- La formación en la república ¿Cúales fueron las escuelas de minería en la república? En 1825 (poco antes dela fundación de la república), Antonio José de Sucre escribe al prefecto de Potosí, el 7 de junio y el 29 de ju-nio, y le manifiesta su deseo de establecer una Escuela de Mineralogía y un colegio. Williams Miller, debía preocuparse de la contratación de los catedráticos, de la dotación de libros e instrumentos y de un inmueble; y por ello pensó, para el Colegio, en el convento de los franciscanos o el de los mercedarios o el de los agustinos o el de los dominicos. El 11 de diciembre de 1825, se emitió un decreto mandando establecer un Colegio de Ciencias y Artes en cada departamento; en marzo del siguiente año, se organizó esa institución en la Villa Imperial, en lo que fue el hospital de los betlemitas, ratificando la renta de medio real para dicho colegio,394 pero indicándose que de ellos se pagarían todos los gastos comunes para la Escuela de Mineralogía que debía funcionar en la antigua Casa de la Aduana (Ovando-Sanz 1975: 46-47; Serrano/Peláez 1991: 13) Pentland, en su Informe sobre Bolivia, indica que escuelas de minería fueron establecidas en La Paz y Potosí, “las cuales, como he mencionado en otra parte de este informe, parece que serán atendidas con gran ventaja adelantando la prosperidad minera” (Pentland 1975 [1827]: 150). Lo que nuestro informante escribe, en otra parte del Informe, es que debido a la falta de conocimientos en el arte de la minería, el Gobierno decidió establecer dos escuelas: una en Potosí y otra en La Paz, y que era deseo del general Sucre dotarlas de profesores europeos, que se debía hacer el intento de contratar un inglés para la dirección y de dotarles de los instru-mentos necesarios. Los alumnos de estas escuelas debían recibir educación gratuita y, una vez finalizada su formación, debían ser repartidos a los diferentes distritos mineros del país para divulgar lo aprendido (Pentland 1975 [1827]: 85). En la presidencia de Andrés de Santa Cruz (1829-1839), se dispuso que el Colegio de Ciencias y Artes (el Pichincha), se convierta en Colegio Mineralógico, reducido a cinco cátedras (Len-gua latina y castellana; Matemática y Arquitectura subterránea; Ideología, Física experimental y Química; Dibujo; y Mineralogía).395 Esto, en cumplimiento del decreto del 13 de octubre de 1829. Las clases de la cátedra de Mineralogía se las dictaba diariamente en el ingenio San Marcos, del azoguero Manuel Lizarazu, con el fin de que el beneficiador Eduardo Zubieta instruya a los alumnos en la práctica (Serrano /Peláez 1991: 14).396 Los docentes para esta institución eran contratados por examen de competencia y en su pensum figuraban las siguientes asignaturas dedicadas a la minería: Geometría subterránea, Explotación o laboreo, Mineralogía, Docimasia y Dibujo. Mediante disposición del Gobierno, del 14 de enero de 1841, de cada colegio de la república se debían enviar dos buenos estudian-tes para estudiar
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Colección oficial de leyes de la República de Bolivia. Decreto del 10 de octubre de 1825. Colección oficial de leyes de la República de Bolivia. Decreto del 13 de octubre de 1829. “Declara mineralógico al colegio de ciencias y artes de Potosí, variando su organización y plan de estudios: se deroga el decreto de 2 marzo de 1826”. 396 El 20 de abril de 1838, Santa Cruz, introdujo cambios; con lo que el Colegio se puso a la par con el Estatuto de las Universidades. En otras palabras, el Colegio Mineralógico, a pesar de su nombre, era de enseñanza superior y sus egresados eran considerados profesionales. En: Serrano/Peláez 1991: 14.

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Técnicas en análisis químico (docimasia) y Mineralogía.397 Es evidente que faltaban estudiantes interesados para este Colegio Mineralógico, después de más de once años de actividad. Para 1845, no se habla nada de esta institución de formación, que una vez más había caído en el olvido por falta de continuidad; situación crónica de muchas instituciones y, para el caso de la formación, desde la Colonia. Tomás Frías, preocupado por la creación de una Facultad de Ciencias o Escuela Especial de Ingenieros, en La Paz, pensaba en que no se debía descartar la posibilidad el hecho de su traslado a Potosí, o contar acá con un estableci-miento de minería práctica, con un ingenio modelo. A pesar de sus buenos deseos, durante sus dos presidencias (1872-1873 y 1874-1876) no se logró nada (Serrano/Peláez 1991: 15; Ovan-do-Sanz 1975: 49). Durante la presidencia de Manuel Isidoro Belzu (1848-1855), se expide el reglamento sobre el funcionamiento de los Colegios de Minas de Potosí y Oruro.398 Esta en la primera referencia que se tiene sobre la formación de especialistas en Oruro, que data de 1853. La duración de esta formación fue estipulada en tres años, y su financiamiento, se remontaban a los del Colegio de Mineralogía, de 1829 (Serrano/Peláez 1991: 15). Para 1855, a inquietud del futuro presidente Aniceto Arce, nace la idea de establecer la Escuela de Minas de Potosí (se trataba de la publicación quincenal El Minero). Arce, en sus columnas, manejaba la idea de contratar docentes extranjeros por seis años y la adquisición de equipos. Otra sugerencia consistía en establecer un ingenio modelo, como complemento de la escuela de minería.399 El historiador Ovando-Sanz, califica a esta etapa como ilusoria (Ovando-Sanz, 1975: 49-50). Aparentemente este estado de ilusión se mantendría hasta 1893, aunque en el intervalo se dictan leyes y se proponen proyectos que no se llevaron a la realidad. Por ejemplo, la ley del 30 de julio de 1861, dispone nuevamente que en la ciudad de Potosí habrá una Escuela Nacional de Minas, con las ramas de: Minería, Geología, Mineralogía, Laboreo de minas, Metalurgia, Legislación minera, Dibujo lineal e Idiomas. Para su funcionamiento, otra vez es designado el Colegio Pichincha. Los años de estudio debían ser cuatro y el requisito para los alumnos era que fuesen bachilleres en letras (Serrano/Peláez 1991: 15).400 Por los años 1877, nuevamente renace la necesidad de abrir una Escuela de Minas, y está ontenida en un folleto de Isidoro Aramayo. Un primero de abril de 1892, en la presidencia de Aniceto Arce (1888-1892), se dicta un decreto creando el Colegio de Minería.401 Intento fallido. Las causas para
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Colección oficial de leyes de la República de Bolivia. Orden del 14 de enero de 1841. Colección oficial de leyes de la República de Bolivia. Reglamento del 25 de agosto de 1853. 399 En el número tres, de El Minero, se presenta el proyecto de la creación de la Escuela de Minas;, ydonde en suel artículo cuarto, detalla las materias de estudio: matemática, física, geología y paleontología elemental, cristalografía, química general y experimental, mineralogía, mecánica y docimasia. A fines de 1855, llega a Potosí el presi-dente Jorge Córdova, y Arce le hace la propuesta de crear en Potosí una Escuela Normal de Minas. E; el presidente responde que los industriales mineros le den las bases para su establecimiento. Arce, presentó esas bases bajo el título: Proyecto para el establecimiento de un Colegio Mineralógico;, junto con las peticiones para la creación de un Directorio de Minas y la reforma del anticuado Código de Minas. En: Ovando-Sanz 1975: 50. 400 “Artículo 1º En la ciudad de Potosí habrá una Escuela Nacional de Minas [...] en sus ramas de aplicación a la minería, geología, mineralogía, laboreo de minas, metalurgia, legislación de minas, dibujo lineal e idiomas [...]. y en el decreto reglamentario se menciona: “En el local del Colegio Pichincha se establece una Escuela Nacional de Minas en la que se enseñará la ciencia del Arte de las Minas [...]”. Colección oficial de leyes de la República de Bolivia. Ley, dictada por el triunvirato a la cabeza de José María Achá, el 30 de julio de 1861. En: Ovando-Sanz 1975: 52. 401 En uno de los considerandos del decreto, se dice: “Que debiendo dicho Colegio ser el primero que se va ha destinar en el país al estudio de las ciencias físicas y matemáticas con aplicación por ahora a una de las más

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el cierre de esta institución, al poco tiempo, se debieron a la falta de estudiantes y de laboratorios. El 15 de octubre del mismo año, nace el distrito universitario de Potosí. En otros distritos ya funcionaban facultades libres y escuelas especiales, cuyos egresa-dos rendían sus exámenes en las Universidades Mayores (San Andrés, San Francisco Xavier y San Simón) o eran habilitados para ejercer su profesión en el caso de ramas técnicas. Esa era la situación de las Escuelas de Minería de Oruro y Potosí (Serrano/Peláez 1991: 16). Por ley de 15 de enero de 1900, se crea un Colegio de Ingeniería Civil y de Minas, en Oruro, aceptando la propuesta de Gustavo Barzuch; y que éste debe viajar a otras ciudades sudamericanas, para compenetrarse de sus planes de estudio. Al parecer, este Colegio no llegó a funcio-nar (Ovando-Sanz 1975: 56).402 En 1904, informa el ministro de Justicia e Instrucción Pública, que para las escuelas que se fundarán en Potosí y Oruro, se ha hecho el pedido de equipos y laboratorios de Europa, por el monto de 1 546 libras esterlinas; que ya se contrató a los directores; y estaba ya en actividad la Escuela de Potosí, que funcionaba en la Casa Nacional de Moneda. El ministro insiste que en cada escuela funcione un laboratorio de ensaye de minerales (Ovando-Sanz 1975: 56). Bajo la presidencia de Ismael Móntes (1904-1909), el 3 de julio de 1906, inicia actividades la Escuela Práctica de Minería, de Oruro, con el objeto de formar laboreros de minas y beneficiadores de minerales; con un presupuesto reducido y una planta docente de tres catedráticos y 25 alumnos.403 Con el mismo decreto, que salió en 1905, se reorganizan las Escuelas de Mine-ría, de Potosí y Oruro, con un plan de estudios idéntico para un bienio y que abarcaba las asignaturas de: Ensaye de minerales, Mineralogía y Geología, Explotación de minas, Dibujo y Geometría práctica (para los laboreros de minas); Ensayes y Química aplicada a la metalurgia; Preparación mecánica; Metalurgia de oro y plata, estaño, cobre y plomo; Dibujo y Geometría práctica; Mineralogía (para los concentradores). El cuerpo docente eran cuatro profesores, incluyendo al director; había un regente de estudios y auxiliar. Contiguo a la Escuela y bajo la dependencia del Director se encontraba el laboratorio de ensayes. El año 1906, becados por el Gobierno –estudiando ingeniería de minas, civil, agronomía, electricidad, medicina, mecánica, normalistas, etc.- viajaron al extranjero 68 alumnos.404 Al año siguiente, el cuerpo docente, en Potosí, estaba integrado por el director, el Ing. Jorge Hohagen; profesor de Dibujo y Geome-tría Descriptiva, Juan Mattis; de Matemática, Cevallos; y de Mecánica, Pinto Toranzo. Había 17 alumnos que pasaban clases en la Casa Nacional de Moneda, donde se conservan algunos equipos que fueron empleados para las prácticas (Serrano/Peláez 1991: 16).405
importantes industrias de éeste, como es el de las minas, impone al Estado el deber de establecerlo y sostenerlo sin gravamen alguno de los alumnos”. Colección oficial de leyes de la República de Bolivia. Decreto del 1 de abril de 1892. Después de 37 años, Arce cumplía su sueño de crear un Colegio y poder formar ingenieros geógrafos y de minas, industriales y metalurgistas; pudiéndose extender a la formación de ingenieros arquitec-tos, de puentes, caminos y construcciones hidráulicas, de ferrocarriles y telégrafos. Estáa claro que, Arce, quería establecer la división entre la Ingeniería de Minas y la Ingeniería Civil. El inicio de actividades debía suceder un año después, en 1893. En: Ovando-Sanz 1975: 54. 402 Colección oficial de leyes de la República de Bolivia. Ley del 15 de enero de 1900. 403 En 1986, la Universidad Técnica de OruroOruro, celebró el 80avo aniversario de la creación de esta Escuela de Minería, que posteriormente llegó a ser la Facultad Nnacional de Ingeniería, de la UTO. Aparentemente, esta Escuela recibía algún soporte económico del Gobierno y no así la de Potosí. En: Serrano/Peláez 1991: 16. 404 El ingeniero Eugene Heunze, era director de la Escuela y de la Casa de Moneda. En el informe del ministro de Educación se dice que el material científico pedido a Alemania, el año anterior, ya llegará. En: Ovando-Sanz 1975: 58. 405 En 1908, el Director de la Escuela consigue que los estudiantes sean postergados en su servicio militar obligatorio, hasta la conclusión de sus estudios. Un año después se sabe que el profesor de Física, es Manuel Zambrana. En:

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Para 1910, prácticamente, la Escuela de Minería, de Potosí, estaba cerrada; como se desprende de una nota del Ministro de Instrucción Pública, Bautista Saavedra, a un diputado por el departamento, donde se manifiesta entre otros, que el Ing. Hohagen se había retirado por “razones que son de dominio público”, que los alumnos que quedaban “no alcanzaban ni para constituir una modesta clase”, y que a esto “se agrega la imposibilidad en que se encuentra el Supremo Gobierno de sostener en condiciones aceptables dos planteles [en Oruro y Potosí] de esa naturaleza en la República, se tendrá la razón eficiente de la extinción de la escuela de minas de Potosí”. (Ovando-Sanz 1975: 59; Serrano/Peláez 1991: 16). En la Escuela Nacional de Minería, de Oruro (1906-1917), su primer director fue el ingeniero peruano, Augusto Umlauff.406 En un principio, apenas matriculó a 26 estudiantes y sólo pre-tendía formar técnicos en minería. Recién en 1917, bajo la dirección del ingeniero polaco, Ro-man Kozlowski, se decidió formar ingenieros.407 Para entonces, se graduaron 29 técnicos; y la Escuela Nacional de Ingeniería (1918-1932), contaba con 36 alumnos. Los primeros ingenie-ros egresaron en 1921 y, hasta los principios de 1930, la Escuela había formado a más de un centenar de ingenieros de minas. En 1936, esta Escuela elevó su rango y formó parte de la Fa-cultad Nacional de Ingeniería (1936, hasta nuestros días). Simultáneamente, se inició la forma-ción de ingenieros, en la Universidad Tomás Frías, de Potosí, contando para la cátedra los formados en Oruro. Por la década de los cuarenta, ambas facultades contaban con más de 50 alumnos inscritos y egresaban de 5 hasta 8 ingenieros de minas, por año (Contreras 1994: 59). Sin embargo, en 1911, por decreto supremo, en la presidencia de Eliodoro Villazón (1909-1913), se decide crear el Museo Mineralógico Nacional, anexo a la Escuela de Minería, de Potosí. El decreto se vuelve a emitir un año después, sin saberse si en realidad se crea el Museo. 408 Hasta 1928 (presidencia de Hernando Siles, 1926-1930), no hay noticias sobre la enseñanza de la minería, en Potosí; en contraste con su similar, de Oruro. Aparentemente, desde 1915, la Escuela de Minería, de Potosí, estaba otra vez en crisis; aunque el Congreso Nacional, durante el gobierno de Siles, decreta que la Escuela tiene carácter nacional y ordena se expropie el antiguo tambo Belén, para que posiblemente en ese predio se construya un edificio funcional y moderno (Ovando-Sanz 1975: 60).409 Entre 1928-1930, se trata nuevamente de hacer marchar el proyecto del Colegio de Minería, con poco éxito. En el gobierno de la Junta Militar, presidida por el general Carlos Blanco Ga-lindo (1930-1931) se dicta un decreto-ley, que en su artículo 28, recomendaba que en Potosí y Oruro, las universidades, vieran la forma de crear Escuelas Prácticas y Superiores de Minas. 410 Las actividades académicas se paralizaron a partir de 1932, por la guerra del Chaco (Serra-no/Peláez 1991. 16).
Ovando-Sanz 1975: 58. Cursa para 1913, dos certificados de trabajo:, el uno, de José García, empleado como laborero en la mina La Vencedora, por tres meses; y la de Fidel Salazar, que trabajóo como asistente de ingeniero, en la mina de Ani-ceto Arce, durante cuatro meses. En: Contreras 1990: 58. 407 El director de la Escuela, de OruroOruro, “intentaba explicar la falta de interés en el estudio de la ingeniería destacando que era común creer que el conocimiento técnico no era necesario para triunfar en la actividad minera”. En: Contreras 1994: 67. 408 Colección oficial de leyes de la República de Bolivia, 1911. 409 Colección oficial de leyes de la República de Bolivia, 1928. 410 Colección oficial de leyes de la República de Bolivia, 1930. El Rectorado, de PotosíPotosí, estudió y proyectó la creación del Instituto Superior Técnico, como un paso previo para la fundación de una Escuela Politécnica. En: Ovando-Sanz 1975: 60.
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Terminado el conflicto, la población potosina solicita se organice la cruzada pro Instituto Técnico. A este pedido se solidarizan instituciones, como: el Honorable Concejo Municipal, la Sociedad Geográfica y de Historia “Potosí”; posteriormente, el propio Rector de la Tomás Frías y el representante de la 'Compañía Minera Unificada del Cerro de Potosí' o de Mauricio Hochschild, el Dr. Gerardo Goldberg, de nacionalidad alemana El Instituto Superior Técnico de Minas, nace un primero de mayo de 1939, y desde entonces es la primera vez que subsiste casi sin interrupción hasta nuestros días; aunque sí cambia varias veces de nombre. Su primer director fue el Ing. Eduardo Lizarazu, y estaba constituido por una Sección facultativa (formando: ingenieros de minas, ingenieros químico-metalurgistas y técnicos cartógrafos) y una Sección Técnica (capacitando: laboreros de minas, químicos analistas, fundidores, constructores y electricistas, mecánicos y herreros, y carpinteros y artesanos). El 20 de enero de 1942, en sesión del Honorable Consejo Universitario, se le cambia de nombre por el de Facultad de Ingeniería (1942-1971), cuyo primer director fue el ingeniero de minas, Luis Wilson, con la Sección facultativa (áreas de: Minas,411 Química-Metalúrgica,412 Eléctrica413 y Civil) y el Anexo técnico (para: Laboreo de minas, Fundición, Química Analítica, Mecánica, Electricidad y Cartografía). Si bien la erección de una institución formadora de profesionales para la industria minera en Potosí, desde el coloniaje hasta la cuarta década del siglo XX, estuvo caracterizada por cierres y reaperturas, lo cierto es que no hay una continuidad en la formación hasta 1939. Cosa similar podríamos decir para Oruro, aunque su continuidad sobrepasa a la de Potosí (que corre desde 1906). A pesar del bajo número de graduados, en Oruro y Potosí, una veintena de bolivianos fueron formados en el extranjero. “El bajo número de ingenieros de minas, a diferencia de los abo-gados y médicos estaba sujeto a la competencia extranjera”. Donde el Estado tenía jurisdic-ción, como en las obras públicas e infraestructura, había puestos de trabajo para los naciona-les; en el caso de la minería, otra era la situación, ya que en las empresas predominaba el capital privado y no era raro que los ingenieros extranjeros dominaran el mercado, debido a lo que hemos ya anotado: que no había suficientes ingenieros formados en el país. Por otro lado, la nacionalidad del capital determinaba en gran medida la procedencia de los ingenieros. No cabe duda, que las empresas extranjeras preferían a sus ingenieros de minas y metalurgistas; sin que esto sea una generalización. A pesar de ello, los nacionales jugaron un interesante papel prestando sus servicios en la pequeña minería. La situación anterior cambiará después de la nacionalización, ya que muchos ingenieros extranjeros se irán; se dice que unos 170 aban-donaron las minas y que el Gobierno tuvo grandes dificultades para reemplazarlos (Contreras 1994: 59-60). 8.3.3.- Expertos y consultoras
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En realidad se dan tres cierres: uno, por falta de alumnos (desde febrero de 1947, hasta febrero de 1948; y se reabre ofertando becas a los postulantes); y dos, por motivos políticos o intervenciones durante las dictaduras de los generales: Hugo Banzer (1971-1972) y Luis García Mesa (1980-1981). Los dos últimos se cumplen para todo el Sistema Universitario boliviano. En 1958, la Sección Minas corría el peligro de cerrarse otra vez por falta de estudiantes y se pensaba fusionarla a la Escuela de Minas, de Oruro. El Honorable Consejo Universita-rio, dio prioridad a un reordenamiento y sde la denominó Sección Técnica Minera, teniendo que formar técnicos en laboreo de minas, metalurgistas, topógrafos, además de ingenieros de minas. En: Serrano/Peláez 1991: 18 412 Esta especialidad funcionó hasta 1945, graduándose sólo dos personas. Se cierra por falta de alumnado. 413 Esta especialidad logró funcionar cinco años, habiendo egresado de ella una persona. Se cierra por falta de alumnos.

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No hemos analizado las falencias en la formación de ingenieros. Eso sí, durante los años de esplendor y de crisis de la minería estañífera en Bolivia, se tuvo que recurrir a la contratación de expertos y consultoras. Muchos técnicos llegaron ofreciendo sus servicios, y otros fueron exprofesamente traídos por los barones, o vinieron simplemente a probar suerte. Veamos a grandes rasgos este tema. Hemos visto en los capítulos precedentes, que la minería al inicio de la República, estaba prácticamente en bancarrota: no había aprovisionamiento de azogue, se había “suprimido” la mita o la coacción, la mayoría de las minas abandonadas estaban inundadas y prácticamente en la Colonia no hubo formación académica de técnicos para afrontar los problemas mineros y los que se presentaban en la amalgamación. En 1826, llegó para estudiar el Cerro Rico de Potosí, el experto: barón de Czettritz y Neuas, contratado por una empresa inglesa para evaluar las perspectivas de este legendario yaci-miento. En realidad, este experto concluía que en ese corto tiempo no hubo cambios de impor-tancia ni en la explotación ni en el beneficio, y que los trabajadores se habían acostumbrado a trabajar en angostas labores y; en el caso de la amalgamación, no había qué aprender o eran tan flojos que seguían en la rutina de los últimos años o lo que sus abuelos practicaron, y confirmaba lo que la misión sajona de Nordenflycht había criticado respecto a la tecnología minera practicada por los potosinos.414 No olvidemos que esta misión no pudo introducir el “método de barriles” o de Born (Contreras 1994: 62). Durante la primera mitad del siglo XIX, esta situación no cambió. Entre 1860-1870, la minería argentífera se recuperó; el precio del mercurio bajó y su oferta se incrementó (el Estado puso fin a su monopolio), y los azogueros podían comercializar su plata a mejores precios. Esto generó la inversión y la mejora de la tecnología de amalgamación, y se empezó a mecanizar el laboreo minero. Además, la introducción de maquinaria trajo acompañada la llegada de un contingente de ingenieros extranjeros, que fueron contratados para resolver problemas especí-ficos; por ejemplo, la 'Compañía Minera Huanchaca' contrató al ingeniero alemán Ernesto Rück, y fue él quien, en 1857, como problema principal señaló: la molienda, antes de la amal-gamación (Contreras 1994: 63).415 Muchos fueron los expertos que llegaron al país. Así podemos citar a los hermanos Carlos y Ernesto Francke, que fueron contratados en Alemania, en 1864, por José Avelino Aramayo y que resolvieron el problema identificado por su compatriota Rück, en Huanchaca (esto sucedió entre 1874-1875). Los hermanos no tuvieron dificultades con la liberación en la molienda y resolvieron el problema amalgamando en bateas en lugar de tambores; con esto lograron mejorar la productividad en Huanchaca, para convertirla en la mejor mina boliviana de plata. Otro ingeniero
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En los Anuarios de Leyes, aparecen órdenes, resoluciones y otro tipo de

disposiciones sobre el descubrimiento o permisos de uso de ciertos procesos de amalgamación. L, lamentablemente, no se especifica en quée consisten, y difícilmente uno puede imaginarlos. A y algunos, los hemos citado en las notas.
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Este es un problema técnico relativo a la falta de liberación;, ya que el entrecrecimiento entre los minerales de plata y sus acompañantes, que cada vez era a granos más finos, requiere se reduzca o libere cada vez más. La amalgamación, como cualquier proceso, tenía sus limitaciones con respecto al tamaño de grano. En palabras más sencillas, ya no funcionaba cuando se trataba de granos muy finísimos.

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involucrado en la plata fue William Bruckner, inventor de un horno que lleva su nombre, también instalado en Huanchaca, a fines de 1870 (Contreras 1994: 64). Interesante es el hecho, que muchos de los expertos y consultores que fueron traídos por algunos industriales mineros se quedaron, echaron raíces e incursionaron como empresarios. Algunos ejemplos tenemos a la mano: los hermanos Francke, que se hicieron accionistas de 'Aramayo Francke & Co. Ltd.'; el ingeniero francés Luis Soux (ver 9.6) y su compatriota Augusto Marion, originalmente contratados por Aniceto Arce, ambos formaron varias empre-sas o sociedades con prominentes mineros bolivianos (Contreras 1994, 64) El irlandés Juan B. Minchin, que inicialmente fue contratado (en 1874) como consultor del Gobierno para asesorar en el campo de los ferrocarriles, en 1880 estaba al mando de la mina de plata, San José, en Oruro; y diez años después era propietario de una mina de estaño en Uncía; además, era accionista, junto a otros británicos, en la 'Compañía Minera El Balcón', que explotaba una parte del cerro de Huanuni. Minchin, ya era rico y le prestó (en 1892) a Severo Alonso, 60 000 libras esterlinas, para que éste adquiera parte de la mina San José (Hillman 1987: 59-60). Muchos de estos consultores se dedicaron a escribir e informar en las revistas especializadas sobre el estado de la minería, y promocionaron la inversión extranjera en Bolivia. Se destacan: Hugo Reck,416 ingeniero alemán que trabajó en las minas de J.A. Aramayo, de 1858 a 1862; Arthur Wendt,417 estadounidense, que trabajó en 'The Royal Silver Mines of Potosi'; Juan B. Minchin, sobre quien ya nos hemos referido; y Luis Soux, que, en 1917, controlaba las mayo-res operaciones mineras en el Cerro Rico de Potosí (Contreras 1994: 65). 'Aramayo Mines', que trabajaba incipientemente estaño en el Chorolque/Potosí, se convirtió en fuerte productor a principios del siglo XX; y en particular cuando contrató los servicios del consultor Malcolm Roberts, quien fue ingeniero jefe de la gran mina de Guadalupe (Hillman 1987: 57). Ya para 1909, en el ingenio Miraflores, de Patiño (el mejor de Bolivia), y que trataba las menas de la mina Salvadora, se notaba la introducción de nuevas técnicas tanto en la explota-ción, como en la concentración y el transporte.418 Sus minas eran descritas, como: dotadas de luz eléctrica, andarivel y edificios muy cómodos; mucha maquinaria fue importada de Alema-nia, ya que la gran parte de sus concentrados se exportaban a ese país; consiguientemente, llegaron ingenieros teutones, como en la época de la plata (siglos XVIII y XIX) (Contreras 1994: 68). La revista Mining Journal, informaba sobre la presencia de 20 ingenieros alemanes en la mina de Uncía, del grupo Patiño.419 Hans Block, gerente de 'Patiño Mines', recibía, como los gerentes, administradores y superintendentes, salarios moderados y un porcentaje de las ganancias o “unos cuantos dólares”
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Publicó Geographie und Statistik der Republic Bolivien, en Gotha/Alemania, seis artículos en loas que se registran una docena de operaciones de estaño. En: Hillman 1987: 49 (ver nota 1 27). 417 En 1884, año de la consolidación de la empresa 'The Royal Silver Mines of Potosí', F.A. Aramayo compró un gran paquete accionario. En 1889, el ingeniero estadounidense Arthur Wendt, encargado de desaguar la mina y desarrollando varias vetas argentíferas, encontró algunas de ellas muy ricas en estaño. Al año siguiente, la empresa estaba exportando concentrados de estaño (que además ya era la característica de muchos industriales mineros potosinos) y fue aumentado su producción a medida que pasaba el tiempo. En: Hillman 1987: 57. 418 El ingenio Miraflores (en Uncía), fue suprimido y se amplió el ingenio Victoria, de Catavi, capaz de tratar 1 400 toneladas de mena al día. En: Querejazu 1984: 154. 419 Patiño, se destacó por ser innovador de tecnología en sus operaciones mineras. La revista informaba que el trabajo en Uncía, era conducido con “las mejores prácticas por eficientes y cuidadosos ingenieros”, Mining Journal, del 23 de octubre de 1909.

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por tonelada de concentrados exportados. Comentaba Mark Lamb, en la revista técnica The Engineering and Mining Journal, en 1912 (Contreras 1994: 86).420 En 1917, el geólogo Howland Bancroft, que tenía mucha experiencia con los yacimientos bolivianos, declaraba que la minería del estaño todavía estaba en pañales; que los métodos de explotación eran demasiado “toscos”. Le llamaba tremendamente la atención, que los yaci-mientos “eran devorados” superficialmente, donde eran más ricos; y que sólo pocas compañías estaban tratando de laborar minas con “métodos mejorados”. A pesar de su esfuerzo por racio-nalizar el comportamiento de los mineros bolivianos, sucumbió en su intento; y él alegaba que esto era resultado de lo practicado o de los métodos introducidos por los españoles, hace tres siglos atrás (Contreras 1994: 66).421 Claro, la transición de la era de la plata a la del estaño, en la minería, no trajo cambios en los métodos de explotación. Las minas se continuaron trabajando de la misma manera. Donde sí hubo un cambio tecnológico fue en el tratamiento y en la fundición; las instalaciones tuvieron que ser acondicionadas con nuevos equipos y maquinaria. No cabe duda que la riqueza de los yacimientos hacía inviable el desarrollo de técnicas modernas y más racionales, en la explotación. La falta de técnicos coadyuvaba esta situación y, además, no había necesidad inmediata de cambiar las costumbres de trabajo. Los buenos ingenieros eran escasos; y las instituciones encargadas de la formación profesional durante el siglo XIX, como hemos visto líneas arriba, tuvieron vida discontinua. En el siguiente siglo, la cuestión mejoraría; dada la mejor continuidad en la formación, especialmente de la Escuela Nacional de Ingeniería, de Oruro.422 Los ingenieros europeos dominaron en la primera parte del siglo XX, y a mediados de los años veinte, los estadounidenses empezaron a invertir en Bolivia, notándose el incremento de profesionales de ese país. Entre 1921 y 1941, casi 20 ingenieros (de edad promedio entre 38 y 46 años) estaban prestando sus servicios en el país. Así: en 1921, tres estadounidenses, dos europeos, dos chilenos y un peruano; en 1941, la cantidad de americanos subió a 10 expertos y un europeo (Contreras 1994: 68).423 Desde 1901 hasta 1950, sólo 13 bolivianos se habían formado en el extranjero como ingenieros de minas: cinco en los Estados Unidos, dos en el Perú, dos en Bélgica, otros dos en Alemania, uno en Chile y otro en un país no especificado. En ese mismo período de tiempo las facultades de Oruro y Potosí, apenas formaron 186 ingenieros mineros (147 en Oruro y 13 en Potosí) (Contreras 1990: 159). Esto da una idea cabal de la preferencia por los ingenieros
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Algunos de los gerentes estaban ganando mucho dinero bajo esa forma de contrato y no se sabe hasta cuáando se practicó esa modalidad de pago; eso sí, parece que se lo hacía para atraer a los ingenieros extranjeros compe-tentes; y es sabido que Patiño, en la primera mitad del siglo XX, contó con ingenieros que manejaban tecnología de punta, que y fue la base de su éxito empresarial. En: Contreras 1994: 86-87. 421 La ausencia de planos topográficos, la falta de familiaridad con el yacimiento en explotación y la ausencia de un estudio científico sobre la naturaleza de la formación de los filones, su posible extensión en la cual sería económicamente productiva, podrían ser serian las responsables, en alguna medida, de las peculiares prácticas mineras en boga; así, pensaba Bancroft. En: Contreras 1994: 66. 422 Paul Walle, destacaba la falta de profesionales en la minería boliviana. Otro ingeniero británico, Brown Gilmour, comentaba que había pocas personas en Bolivia que tenían experiencia en operaciones mineras modernas.; Ppara él, hombres incompetentes y sin entrenamiento estaban a cargo de las minas, salvo honrosas excepciones, y les bastaba la opinión de los trabajadores indígenas. En: Contreras 1994: 67. 423 ContrerasContreras, ha estudiado el número de ingenieros inscritos en el American Institute of Mining Engineers (AIME); este número aumentó diez veces en los primeros 25 años (1900-1925) y se duplicó en los segundos 25 años. Hasta 1945 el número de miembros del AIME en BoliviaBolivia, creció a un ritmo mayor que el crecimiento del total de miembros. Claro que la mayoría de los inscritos en esa organización eran extranjeros (en 1945, 84; y de ellos, 76 extranjeros y 6 nacionales). La mayor parte de los ingenieros estadounidenses provenían de Perú, Chile o México; y rara vez venían directamente de Estados Unidos a Bolivia. En: Contreras 1994: 71.

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extranjeros y la poca predisposición de los jóvenes bolivianos para incursionar en una rama técnica (casi lo propio pasaba en las ramas de civil, agricultura, electricidad y mecánica); pues la más preferida seguía siendo y es, el Derecho.424 Las empresas con capital chileno, como la 'Compañía Minera de Oruro' o la 'Compañía Minera y Agrícola Oploca de Bolivia', empleaban ingenieros extranjeros (no chilenos). Esta era una característica de las empresas modernas grandes; mientras que las medianas daban espacio a los nacionales. Quizás porque empleaban diferente tecnología, requerían distintos perfiles profesionales. El tamaño de la empresa jugaba también su rol y se inclinaba por los extranjeros y experimentados; el hecho de exigir sueldos elevados hacía que se acomoden en las grandes empresas, ya que las otras no podían cubrir sus exigencias; y otra tendencia consistía en el tipo de administración gerencial, porque esto influía en su staff de ingenieros. En la 'Compañía Minera de Oruro', de origen mapocho, en 1938, se contrató a un gerente general estadouni-dense, lo que provocó la renuncia de tres ingenieros holandeses, porque ese gerente prefería sólo a los ingenieros de su país (Contreras 1994: 73). Veamos algunos nombres de expertos y consultoras que estuvieron en Bolivia o eran del propio país. C.C. Gordon, un metalurgista estadounidense, trabajó en la 'Compañía Minera Porvenir de Huanuni', resolviendo problemas de concentración en el ingenio. Cuando la empresa optó por el proceso de flotación, para mejorar la recuperación del estaño recurrió a la empresa americana 'Mineral Separation Ltd.' (Contreras 1994: 73). Factores externos determinaban también la presencia de expertos extranjeros. Algunos años había sobreoferta de talentos. Por ejemplo, durante la segunda Guerra Mundial, se desplazaron a Bolivia ingenieros judio-alemanes y se ubicaron en la industria o en la enseñanza.425 Entre los que llegaron y trabajaron para las grandes empresas, se puede citar a John Payne, ingeniero de la 'Patiño Mines'; y a Richard Knobler, (gerente e ingeniero de Hochschild) (Contreras 1994: 75). Sobre la presencia de austriacos, en la empresa de Mauricio Hochschild, podemos citar a: Max Schreier (doctor en física y matemática, cuya fecha de arribo se desconoce), Oswald Schneider (químico, sin fecha de arribo), Ernesto Aldor (ingeniero electricista, sin fecha), Félix Voight (ingeniero mecánico, sin fecha), y Erich Glass (técnico, que arribó en 1938). Entre los alema-nes, así: Fritz Blumenreich (ingeniero mecánico, que llegó en 1940) y Jorge Ebenstein (inge-niero electro-mecánico, con fecha de arribo desconocida) (Contreras 1990: 100). Arturo Loaiza, fue el brazo derecho de Patiño; le ayudó en Santiago de Chile a formar la 'Patiño Mines', en 1924. Por razones de salud renunció a su cargo de gerente general o apode-rado. Loaiza, fue un colaborador perfecto, identificado con la idiosincrasia de su empleador, activo, minucioso e inteligente (Querejazu 1984: 146). Reemplazó a Loaiza el hábil abogado y economista, Alfredo Delgado, que falleció al poco tiempo víctima de un ataque cardiaco. Patiño, quiso reemplazarlo contratando al hijo de Aniceto Arce, Ricardo, que no aceptó. En-tonces, y por recomendación de
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Un censo en 1950, de la Dirección de General de Estadística, constató la existencia de 224 ingenieros de minas y petróleos, 34 químicos y metalurgistas, 172 ingenieros industriales, mecánicos y eléctricos y 229 topógrafos. Entre 1906 y 1937, estaban registrados 22 ingenieros de minas en el Ministerio de Obras Públicas. En: Contreras 1990: 166, 204 y 323. 425 Años antes, también alemanes se ubicaron en la enseñanza. El Director de la Escuela Nacional de Minería, allá por 1912, fue el germano, Tartakowksky, a quien el Ministro de Educación daba crédito para la rehabilitación de la Escuela. Otro caso es la presencia del Dr. Cornelius G. Middelbeek, un ingeniero alemán, que fue Director de la Facultad de Ingeniería, de Potosí; quien allá por 1949, estaba presentando el nuevo plan de estudios de su facultad. En: Contreras 1990: 61 y 142.

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Loaiza, asumió esa responsabilidad el abogado, José E. Rivera, subgerente de la oficina de Oruro (Querejazu 1984: 175). Al parecer, J.E. Rivera, no duro mucho tiempo en el cargo, porque el historiador Querejazu indica que en lugar de Loaiza, fue designado Alejandro Dibbs, estadounidense, que había colaborado en la organización de la 'Patiño Mines' (en Santiago y Nueva York). A pesar de todo, Dibbs, estaba lejos de poseer el perfil de su antecesor, al extremo que Patiño le llamó la atención (mediante carta del 25 de septiembre de 1925), por la desorganización de los trabajos en Llallagua y Uncía; así como de los del ingenio Victoria, de Catavi (Querejazu 1984: 146).426 No todos los expertos respondieron a los requerimientos de Patiño. Dibbs, envió un cablegra-ma a Patiño, quejándose por el trabajo de los consultores Blieck e Inslee, encargados de reconstruir un ingenio; ya que no trataba el tonelaje estipulado y la recuperación de estaño fue desastrosa. Blieck, no se quiso introducir la flotación que dio buenos resultados en Cara-coles; y persistió con la calcinación; proceso ya abandonado, causando un desembolso inútil. La firma 'Easley-Inslee' (compra y venta de acciones de empresas mineras), distraía la atención de Blieck (Querejazu 1984: 150).427 A requerimiento de la bolsa de Nueva York, la Patiño mandó se efectúe una investigación, que fue encomendada a los consultores Yeatman y Berry.428 Durante los seis meses que estuvieron en Bolivia, recorrieron las minas de la 'Patiño Mines', sacaron 22 000 muestras extraídas de todo tipo de labores subterráneas. Cobraron por esta consultoría, 154 000 dólares. Su informe sobre la empresa fue favorable: las minas de Llallagua y Uncía, estaban bien equipadas y eso garantizaba una producción diaria de 1 000 a 1 200 toneladas de barrilla; la mina era muy grande y consideraban que daría utilidades por un largo tiempo, aunque era improbable se descubran filones como los que se habían trabajado antes (Querejazu 1984: 152). John. C. Pickering (1927-1939), graduado en Columbia University, en 1904, con 23 años de
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Patiño, en París, extrañaba la falta de Loaiza, y con eso quien estaba al tanto de los que sucedía en: Llallagua, Uncía, el Banco Mercantil, Huanuni, Colquechaca, Kami, Japo, el ferrocarril Machacamarca-Uncía, la empresa de luz de CochabambaCochabamba, y sus propiedades rústicas y urbanas. En: Querejazu 1984: 146. Patiño, no quiso recontratar al señor Blieck, sabedor de la mala administración de sulas minas y no autorizó el pago de indemnización alguna, e inclusiveo quería seguirle una acción judicial. El 29 de abril de 1926, escribió a Dibbs, exigiéndole se produzca mil toneladas quincenales de barrillas de alta ley. Asimismo,; le recordaba que no era justo que él descargue la responsabilidad de la falta de producciónproducción, sobre el personal técnico;, ya que éste fue designado por iniciativa de Dibbs. Los costos altos de producción no dejaban dormir a Patiño, en París. En: Querejazu 1984: 147. 427 Patiño, decidió deshacerse tanto de Dibbs como de Inslee. S, sus contratos no fueron renovados, en 1926. El primero, entabló juicio a la empresa y terminó transando un pago por 24 000 dólares a su favor. Más tarde, Patiño pensó que la salida del holandés Blieck, había sido injusta y gracias a los falsos informes de Dibbs. L, lo recompensó dándole el puesto de asesor técnico, en París, durante varios años. En: Querejazu 1984: 150. 428 Patiño, pidió a su amigo Loaiza, que volviera a tomar el timón de sus negocios y éste aceptó. Previamente, se quedó en Santiago de Chile, hasta que se resuelva la incorporación de la 'Empresa de Estaño de Araca' (donde tenía la mayoría de las acciones); y más tarde le confió la representación de la anterior empresa y de la 'Compañía Minera y Agrícola de Oploca'. En: Querejazu 1984: 152 y 175. Loaiza, llegó a La Paz, en septiembre de 1926, donde le afectó la altura y temió ir a Oruro. Patiño, y su ex-brazo derecho estaban afecta-dos del corazón y no podían dirigir desde la mina los negocios. Antenor, su hijo, acompañado de Ricardo Martínez, viajaron con plenos poderes y solicitaron a los consultores Yeatman y Berry, les den nombres de prestigiosos ingenieros, para que uno de ellos se haga cargo de la administración de Llallagua; ellos dieron el nombre de J.C. Pickering. AntenorAntenor, entrevistóo a éste y quedó satisfecho, y pidió instrucciones a su padre para firmar el respectivo contrato. De hecho se estipuló un salario inicial, anual, de 30 000 dólares. En: Querejazu 1984: 152. En noviembre de 1929, se renovó el contrato de este experto, por otros tres años;, con el sueldo de 50 mil dólares al año. En: Querejazu 1984: 155.

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experiencia en Estados Unidos, Perú y México fue gerente general de la 'Patiño Mines'. El mejor pagado en Bolivia, con un salario de 50 000 dólares al año; trabajaba 9 meses en la mina y más tarde sólo medio año, y el resto se la pasaba en la costa del Pacífico, a disposición de S.I. Patiño. 429 Años más tarde fue reemplazado por el ingeniero neocelandés, Percy Edward Holme (1940-1951), con 11 años de experiencia en la 'Patiño Mines', en calidad de subgerente general. Asumió la gerencia general, con un salario de 30 000 dólares al año, y tenía que vivir y trabajar 11 meses en la mina (Contreras 1994: 94).430 En febrero de 1928, Pickering, informaba del descubrimiento de la nueva veta Contacto (1927), de buena ley y potencia, localizada en el extremo sur de la mina, siguiendo el contacto de la pizarra y el pórfido. Este filón se había descubierto cuando se trabajaba la veta Forastera. Ya se presentía que en los futuros años la empresa confrontaría el descenso de la ley de cabe-za, y que el ingenio debía procesar un volumen mayor para defender los costos de producción; y se estaban realizando proyectos para afrontar esta situación. En la mina se insistió con la zona sur, hacia la veta Espíritu Santo, y por eso se había comenzado una corrida en el nivel 250 de la veta Salvadora; y el objetivo final era la región de La Laguna. Si llegaban ahí, habrían pasado por debajo de la Espíritu Santo (Querejazu 1984: 153-154).431 Contreras ha hecho el seguimiento profesional del ingeniero metalurgista R.B. Beard, quien prestó sus servicios profesionales en México, Bolivia y Estados Unidos, entre 1922 y 1952. En 19261929, trabajó en la 'Patiño Mines', en su rama. Cuando este profesional regresó y perma-neció en nuestro país, en 1933-1935, lo hizo como Superintendente de Ingenio, en la 'Compa-ñía Huanchaca'. Entre 1935-1944, cambió sólo de empresas, trabajando como ingeniero meta-lurgista. En 1944-1946, era gerente general, para 'M. Hochschild'. Entre 1947-1951, no figura su cargo; y desde 1951-1952, era subgerente general en la 'Patiño Mines'. Este metalurgista prestó sus servicios en el país, durante 14 años (Contreras 1994: 75-76). En 1927, Stewart Turneaure,432 fue contratado por Patiño, con un sueldo mensual de 80 libras esterlinas (aprox. 400 dólares), durante tres años. Llegó a Bolivia, después de trabajar un año en México, y tres trabajando como profesor en el Michigan College of Mines/Estados Unidos. Ya en
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Pickering, renunció a su puesto de gerente general, en agosto de 1939, después de 12 largos años de servicios en la 'Patiño Mines';, declarando estar cansado y sentir efectos de la altura. Antes de retornar a su país se quiso casar con la boliviana, Julieta Salazar, quien no aceptóo esa proposición por no saber hablar el inglés, y por que pensaba no poderse adaptar al país del norte; su ex-esposa, americana, le fue infielinfiel, con un dentista de la empresa. Pickering, le compró a su novia una casa en Oruro, una finca en Cochabamba y depositó en un banco una cierta cantidad de dólaresdólares, para ella. Nunca la olvidóo y su fallecimiento sucedió a los pocos años. Ella vivió disfrutando sus bienes y efectuando muchas acciones filantrópicas, y la gente la conocía como la “Pickerina”;, que no le resentía. En: Querejazu 1984: 229. En mayo de 1931, el empleado Moisés MaldonadoMaldonado, atacó a Pickering, hiriéndole de una puñalada. E; este trabajador de interior mina, con 15 años de antigüedadantigüedad, fue retirado; y como se encontraba enfermo exigía se le pague su indemnizaciónindemnización, que fue rechazada por el gerente y abogados de la empresa; y por eso y a falta de otro recurso atacó a su patrón. En: Querejazu 1984: 175. 430 P.E. Holme, graduado como ingeniero en su patria y con experiencia en Australia y México. Fue amigo de J.C. Pickering, cuando trabajaron juntos en ese último país. I, influyó para que lo nombraran subgerente, en 1927. En: Querejazu 1984: 153 y 229. 431 A fines de 1928, la mina tenía 140 kilómetros de galerías, con rieles y carros para la extracciónextracción;, 43 vetas se estaban explotando, con 295 ramificaciones; y contaban con 1 098 bloques de mineral cubicado. En: Querejazu 1984: 154. 432 Turneaure, se había graduado de ingeniero de minas en la University of Wisconsin/Estados Unidos, en 1921; y había estudiado dos años en Stamford/Estados Unidos, donde se graduó. Prosiguió sus estudios de postgrado en Harvard, donde terminó su maestría en ciencias, en 1931; y dos años despuésdespués, terminó su doctorado, sobre la geología de Llallagua. En: Contreras 1984: 94-95.

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la Patiño, fue jefe de geólogos y, cuando terminó su contrato, regresó a su país. Retornó a Bolivia, siendo jefe de geólogos y de exploración (1943-1947; especialmente, en ese primer año, realizó trabajos de consultoría). También estuvo asociado a otra grande; pues fue cónsul-tor de M. Hochschild, realizando un interesante estudio geológico del Cerro Rico de Potosí (entre otros, estudió el sistema de vetas de estaño). Dejó esta empresa en 1947, y retornó al ambiente académico, jubilándose en Michigan (Contreras 1984: 95). John Payne, graduado en Texas College of Mines and Metallurgy, en 1931. Debido a la depresión tomó el consejo de su profesor, de trabajar en 'Patiño Mines'; puesto que él conocía al gerente general, Pickering. Payne, trabajó en Llallagua, siendo recién graduado, y estuvo tres años como asistente de un geólogo (entrenado en Butte, Montana/Estados Unidos) y fue especializado en mapeo (una nueva técnica por esos años). Luego, firmó un nuevo contrato por año y medio, y fue ascendido al cargo de jefe de geólogos, en la mina de estaño más grande del mundo. En 1936, armó sus maletas para irse a Filipinas; y ser parte, junto a otros especialistas, de la “fiebre del oro” (Contreras 1994: 78). El ingeniero británico, A.V.L. Guise, trabajó como subgerente de la mina de estaño, Ocavi, (cerca de Colquiri/La Paz), y no gozó de las mismas comodidades que sus colegas empleados en las grandes empresas. Pero eso no fue un impedimento para ejercer su profesión y hacer di-nero. Laboró tres años allí, para irse luego con una empresa inglesa, como responsable de montar una draga para explotar oro en el río Kaka, en los Yungas paceños (Contreras 1994: 79).433 En 1941, William Tamplin, fue contratado como asesor técnico de la oficina de servicios de ingeniería o de proyectos. Tenía la responsabilidad de coordinar la contratación de ingenieros; lo que se le hizo difícil por la revuelta de 1948, donde los mineros sublevados tomaron a los técnicos extranjeros de rehenes. En estos hechos se lamentó la muerte de dos ingenieros estadounidenses. La agitación laboral llegó al extremo de comenzar a cuestionar al personal técnico y a solicitar el retiro de los extranjeros. Esto afectó a la propia Patiño, y a otras empresas que, al no poder atraer a los extranjeros, recién se vieron en la necesidad de recurrir a los nacionales (Contreras 1994: 9293). La Patiño y otras empresas grandes y medianas, dependían siempre de consultoras extranjeras. Esta práctica se incrementó por los cuarenta, del siglo XX; es decir, cuando las empresas empezaron a confrontar problemas metalúrgicos y, más propiamente, cuando las menas deca-yeron en su ley y el entrecrecimiento entre minerales de valor y caja rondaban los granos muy finos. Consiguientemente, la recuperación en las plantas bajó. Entonces, tuvieron que pagar para que se realicen trabajos de investigación.434
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Guise, comenta de su casa, así: “Yo la llamo ‘casa’, peor no es más que una choza larga, construida sobre la tierra y un techo de paja ... Mi cuarto era sin ventanas, y dependía de la puerta abierta para preverse de aire y luz”. La esposa de un inglés, Josephine Hoeppner Woods, por el contrario, se refería a su casa de Huanchaca, en 1923, así: “Nuestra casa era preciosa, bastante pretenciosa, con siete cuartos de adobe estucado por dentro y por fuera, con muchas, muchas ventanas, y un delicioso y soleado porch”. En: Contreras 1975: 79. Existían algunas empresas medianas, con buena infraestructura y una activa vida social. U, una de ellas era Chajñacota, de propiedad estadounidense. La esposa del gerente recordaba haber pasado tres años en una acogedora pequeña casa (baño, dormitorio, cuarto de estar, comedor y cocina; toda amoblada) y entre sus relaciones se contaba: el encargado del ingenio, que era un inglés;, un contador, sueco;, un superintendente mina, alemán;, un encargado de pulpería, irlandés;, y un cajero y un oficinista bolivianos. En: Contreras 1975: 85. 434 No debe extrañarnos la contratación del profesor Antoine Gaudin, del Massachussets Institute of Technology (MIT), experto en flotación en el ámbito mundial. La flotación es un proceso que aprovecha las propiedades fisicoquímicas de los minerales, para su separación. Con ayuda de reactivos químicos se hidrofoban los que se quieren flotar, y se hidrofilian a los otros para que no floten. No necesariamente, se flotaba el mineral con valor (flotación

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Contreras, manifiesta que revisando la correspondencia de la 'Patiño Mines', no encontró quejas respecto al “robo” de personal técnico. Seguramente, porque los salarios en Bolivia, para este tipo de personal, estaban en concordancia o eran algo superiores a los que se pagaba en Estados Unidos y Europa. En cambio, encontró que la correspondencia estaba llena de quejas sobre el “robo” de mineros calificados, en las distintas empresas. A pesar, de que en sus contratos había cláusulas restrictivas que impedían su movilidad, en 1936, 'Patiño Mines' lamentaba que John Reel, experto en perforadoras, se fuese a trabajar para Hochschild, ya que figuraba en su contrato que no podía prestar servicios en otras empresas en Bolivia, por tres años, luego de retirarse de la 'Patiño Mines'. El gerente de esta compañía recordaba en 1938, que en sus doce años en esta empresa no había contratado a nadie de 'M. Hochschild & Cía.'; pero que, durante ese período, esta empresa había contratado alrededor de 25 expertos técnicos de la 'Patiño Mines' (Contreras 1994: 81). A medida que los centros de formación bolivianos (por los años 20, del siglo XX), lanzaban ingenieros al mercado, éstos fueron reemplazando a los extranjeros; especialmente en el área de la mensura subterránea (mensuristas) y de ingenieros seccionales (Contreras 1994: 82). Ya lo hemos manifestado que fue la empresa mediana, quien dio cabida a los nacionales, ya que por el salario que éstas ofrecían no tenían chance de contratar expertos extranjeros. El atrac-tivo radicaba en que los medianos, pagaban a sus ingenieros en dólares; mientras que la 'Patiño Mines', al personal boliviano le pagaba en moneda nacional (Contreras 1994: 84). Vamos a documentar la carrera profesional de dos bolivianos. El primero, es el ingeniero Julio Aguirre Zeballos, que se graduó de la Facultad Nacional de Ingeniería, en Oruro, en 1938. Trabajó en muchas empresas. En 1938, estuvo en la 'Compañía Minera Unificada', como inge-niero asistente, y con un salario de 1 500 bolivianos. Un año después, en la 'Compañía Huan-chaca de Bolivia', como ingeniero seccional, y con el doble de renumeración. En 1940, en la 'Compañía Minera Monserrat', como topógrafo y muestreador (con 3 200 bolivianos); para luego ascender a segundo superintendente (con un bono y más 5 000 bolivianos de salario). En 1942, volvió a ascender a superintendente mina (sueldo de 6 000, más bonos). En 1947, era administrador general de la 'Compañía Estañífera Ocurí' (otra mediana). Dejó esta empresa en 1949, para efectuar el cálculo de reservas de la mina de Araca, de Patiño, y allí estuvo hasta 1950. Fue administrador general de la mina mediana, 'Cruz Roja', durante dos años; para luego volver a Ocurrí con su antiguo cargo (Contreras 1994: 84-85). Esto nos recuerda la carrera de algunos ingenieros, en la COMIBOL. El segundo caso, es del ingeniero Ernesto Alfonso Ossio Quesada, egresado en 1938 y que defendió su tesis en 1940. Entre 1938 y 1940, trabajó como ingeniero de minas en la 'Empresa Minera Santa Fe', una mediana, que producía 58 toneladas finas de estaño al mes. Fue ascen-dido a administrador general, en 1941. Al igual que su colega Aguirre, Ossio, hasta 1940, ganaba más que sus similares bolivianos en la 'Patiño Mines'; pues el percibía 7 000 bolivia-nos. 435 A diferencia de
directa). S, se podía flotar los minerales sin valor (flotación indirecta); aunque este proceso no depende de la densidad de los minerales. E; en resumen, se puede flotar cualquier mineral (independientemente, de la densidad que poseía). 435 En 1942, los ingenieros bolivianos, con experiencia, en la 'Patiño Mines', squei trabajaban: como ingeniero seccional, ganaban 12 480 bolivianos; un mensurista, cobraba unos 6 000 bolivianos. Con los bonos, AguirreAguirre, ganaba un total de 9 000 bolivianos. Este profesional ya era superintendente de mina, que producía 3 000 tone-ladas al mes, a 4 años de su graduacióngraduación; y era uno, de los dos ingenieros, de la 'Compañía Minera Monserrat', lugar menos confortable que en las minas de Patiño, donde se tenía con mejor nivel en las viviendas, esparcimiento y pulpería. Monserrat, era una empresa chilena, consus dos ingenieros bolivianos y el administrador, chileno. En: Contreras 1994: 84-85.

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los ingenieros de otras empresas medianas, él no tenía derecho a bonos de producción ni a parte de su salario en dólares. También a diferencia de sus colegas, en febrero de 1941, fue el único en recibir todo su salario en dólares (200 al principio y, en 1942, 350 dólares). Ossio, fue más tarde director de la Facultad de Ingeniería, de Potosí, y el primer gerente general de Llallagua, la principal operación de la 'Patiño Mines'; donde a partir de 1940, se empezó a pagar a los ingenieros extranjeros, parte de su sueldo en bolivianos (Con-treras 1994: 85-86). Sin embargo, no podemos dejar de mencionar a otros ingenieros bolivianos. Roberto Arce, llegó a la posición más alta en la 'Patiño Mines'.436 En persona, el “rey del estaño”, lo nombró subgerente general, en diciembre de 1939; a siete años de haber ingresado a esa empresa como asesor técnico. Después de la guerra del Chaco, retornó a la Patiño, como administrador del Ferrocarril Machacamarca-Uncía (1935-1939). “Durante su gestión (1940-1945) Arce mantu-vo buenas relaciones tanto con los mineros como con los ingenieros extranjeros. Otros inge-nieros bolivianos en posición de autoridad y supervisión fueron menos afortunados. Tal es el caso de Luis Nogales” (Contreras 1984: 99). Nogales, se graduó en South Dakota School of Mines/ Estados Unidos, y contaba con cierta experiencia de haber trabajado en una mina cuprífera. Se lo podría considerar como el primer ingeniero boliviano contratado por la Patiño, en 1928. Después de muchos años fue ascendido a ingeniero seccional (en 1940), un puesto exclusivo para extranjeros. Afrontó un desafortuna-do incidente con los trabajadores mineros, donde casi pierde la vida debido al hecho de que su colega estadounidense, antes de salir de vacaciones, unilateralmente había decidido reducir los jornales a los obreros, dejando a Nogales que se enfrente a los acalorados trabajadores. Reci-bió una tremenda paliza, que motivó su salida de la empresa estañífera. Después paso a ser jefe de ingenieros, del Banco Minero de Bolivia (Contreras 1984: 99-100).437 Volvamos a Arce. Cuando en 1945, renunció el gerente general, y Roberto Arce era subge-rente general, por jerarquía le correspondía ese cargo. No sucedió aquello, porque Patiño deseaba un ingeniero extranjero; y el elegido fue William Tamplin, quien reemplazó al neocelandés P.E. Holme. Esta disposición causó la oposición del sindicato, que cuestionó a la empresa esta designación e incluso llegó a presentar su queja al Ministerio del Trabajo. Patiño, justificó ese nombramiento alegando que Templin tenía el mismo rango que Arce; y como el extranjero presentó un proyecto de reestructuración de las actividades mineras, para Patiño era importante que lo llevara a cabo, como gerente general. Con esto quedó claro que Patiño, mandaba a su empresa (no importa si desde el extranjero); y que era prerrogativa suya a quién designaba como gerente de sus empresas; y que el sindicato, en eso, no tenía “ni voz ni voto” (Contreras 1984: 105). A pesar de las limitaciones impuestas por la 'Patiño Mines', varios graduados de la Facultad Nacional de Ingeniería (Oruro) y de la Facultad de Ingeniería (Potosí), compitieron en ese duro mercado de trabajo con sus colegas del extranjero. Por ejemplo: Julio Gumucio, un gra-duado de Oruro, llegó a administrar Oploca; y Raúl Salazar, fue superintendente general, de la mina Kami;
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Su formación de pregrado realizó en Chile, y se graduó de ingeniero civil de minas. Hizo e; estudios de postgrado en Berkeley/Estados Unidos. Su contrato, con Patiño, estipulaba un sueldo de 400 dólares y 15 000 bolivianos;, un poco superior al de su inmediato inferior, el superintendente de ingenio, un extranjero, que percibía 750 dólares. En 1941, debido a la devaluación del boliviano, Arce ganaba menos que los superintendentes de mina e ingenio;, ambos extranjeros. En: Contreras 1984: 98-99. 437 Arce, estaba convencido, y también sus otros colegas bolivianos, que este ingeniero estadounidense (que después fue despedido) había obrado no muy éticamente y que se trataba de un acto de sabotaje. En: Contreras 1984: 99-100.

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ambas de la Patiño. David Monje Roca, de Oruro, estuvo a cargo de la sección antimonio, de Pulacayo, perteneciente al grupo Hochschild. Más suerte, y como ya hemos visto, tuvieron los pocos graduados bolivianos en el extranjero. El primer ingeniero boliviano que prestó sus servicios en el ingenio Victoria, fue el metalurgista Oscar Dávila (graduado en Oruro y entrenado en Colorado School of Mines/Estados Unidos). Pasada la guerra, Dávila se fue a trabajar en una empresa americana, en el Perú, donde fue superintendente de ingenio e inclusive llegó a gerente general (Contreras 1984: 105) Juan Muñoz, prestaba servicios en el Ministerio de Minas y fue contratado, en 1941, por la Patiño, con un salario de 7 000 bolivianos. Cuatro años más tarde fue ascendido a jefe de ingenieros, con un salario de 350 dólares. Huáscar Velarde, trabajó para Hochschild, de 1935 a 1941, y estaba por irse a los Estados Unidos cuando fue contratado por Roberto Arce, para hacer una consultoría sobre posibles nuevas plantas hidroeléctricas (entre 1942 y 1944), con un salario de 14 000 bolivianos. Luego trabajó en la 'Empresa de Luz y Fuerza', de Cocha-bamba, (hasta 1948), de la que Patiño, era accionista. Fue su primer superintendente eléctrico, en Catavi, en 1949, donde trabajó hasta la nacionalización (Velarde contrató a muchos inge-nieros bolivianos para que le colaboren) (Contreras 1084: 107). Sin duda alguna, la 'Patiño Mines' era la principal fuente de empleo de los ingenieros de minas nacionales (tanto para los muy calificados o aquellos con mucha experiencia, así como para los recién graduados). En 1937, empleó a 38 profesionales; pero en 1941, a sólo 23; no obs-tante, que la producción en esos cuatro años casi se duplicó y que el total de personal emplea-do casi igualó a los niveles altos alcanzados en 1929. Y como concluye, nuestro historiador: “la reducción del número de ingenieros no puede ser explicada por una contracción en la actividad minera” (Contreras 1994: 87). Hemos presentado hasta aquí, algunas consideraciones sobre la actividad que desplegaban los técnicos y consultores, la mayoría de ellos de la 'Patiño Mines', como ejemplo de lo que tam-bién sucedía en las otras empresas grandes y medianas. Se tenía la idea que los ingenieros extranjeros debían estar en los puestos de mando, porque pensaban que los bolivianos no podían ganarse el respeto de los trabajadores. En contraste con la Patiño, en la 'Aramayo Mines', donde también en el nivel gerencial estaba un extranjero, había más campo para los técnicos nacionales. Aquí, encontramos una gran contradicción: los bolivianos que estaban en Estados Unidos, gracias a la Fundación Patiño, terminaron prestando sus servicios profesionales en otras empresas mineras; y todo, porque 'Patiño Mines' no quería reconocerles el salario similar que pagaba a los técnicos extranjeros. Este fue el caso de Guillermo Bilbao La Vieja (graduado en Oruro y con postgrado en Colorado School of Mines, con beca de la Fundación), que aceptó trabajar para Aramayo, don-de fue tratado igual que otros ingenieros de similar perfil, sin interesar su nacionalidad. Bilbao La Vieja, llegó a ser superintendente. Hochschild, también trataba en forma equitativa a los bolivianos y extranjeros, tanto en salario como en status. “A pesar de ello, en ninguna de ellas los ingenieros bolivianos llegaron a altas posiciones, por lo que parece que sólo había menos discriminación, peor no un trato verdaderamente equitativo”(Contreras 1984: 106). 8.4. Comentarios al capítulo Los cimientos de la industria estañífera estuvieron supeditados a aspectos endógenos, como la dependencia boliviana a los intereses de las fundidoras extranjeras. En la primera mitad del siglo XIX, los productores bolivianos aseguraron el aprovisionamiento de concentrados o barrillas de 227

alta ley (60-65% Sn, que en muchos casos se extraían de las vetas y se embolsaban directamente para su exportación) a Inglaterra. Las fundidoras de ese país, de acuerdo a la tecnología que dominaban, seleccionaban la proporción de los concentrados a ser tratados. Esto lo practicaron hasta los años setenta. La producción de estaño empezó a interesar los industriales mineros y al propio Estado boli-viano, que vio en esta materia prima una fuente de ingresos, subiendo para el efecto el impuse-to de exportación, tanto para el estaño metálico como para los concentrados. Avelino Arama-yo, productor conocido de plata (en la segunda era de la plata), descubrió en 1871, un filón estañífero en sus minas del sud potosino y así se constituyó en uno de los pioneros de esta nueva industria. Para fines del siglo XIX, la competitividad entre los fundidores extranjeros aumentaba; y esto favoreció al mercado boliviano. En 1880, ya se exportaban barras a la Argentina. Siguiendo ese ejemplo, muchos industriales, en Potosí y en Oruro, se pusieron a fundir estaño. También en el extranjero aumentó el número de instalaciones; especialmente en Inglaterra y Alemania. De los desmontes argentíferos, los mineros chicos y medianos empezaron a recuperar el estaño, que lo fundían en hornos de fuelle. Esta época marca nítidamente la transición de la minería argentífera (caracterizada por los bajos precios) a la estañífera (de mejor precio en el mercado). La transición pasó por tres etapas, bien definidas y tuvo casi los mismos actores. La primera donde los industriales mineros o empresarios se pusieron a explotar simultáneamente ambas materias primas. Esto favoreció, a los yacimientos que por sus características geológicas contenían ambas menas, y fue el precio lo que les indujo a explotarlas. No debemos olvidar, en la segunda etapa, a un grupo de industriales mineros, en su mayoría extranjeros, que hicie-ron carrera y ganaron experiencia con la plata y que después se volcaron al estaño; caracteri-zan esta época las inversiones para mejorar la tecnología. Indirectamente, en la última etapa, estarían presentes los comercializadores; gracias a la demanda internacional, se generó un atractivo para rescatar y vender el estaño, lo que motivó la demanda local. Entonces, los comercializadores también incursionaron en el campo de la explotación; y poseían una trein-tena de minas. El precio del estaño estuvo ligado a la bolsa y así, en 1929, sufrió una tremenda caída, origi-nando una de tantas crisis entre los productores y su ámbito de influencia. Los países produc-tores tuvieron que regirse por controles de producción, a través de cuotas de exportación. Así surgió el Comité Internacional del Estaño, ente que aseguraba un equilibrio entre la produc-ción y el consumo. No obstante, el negocio del estaño sería afectado (favorable y desfavorablemente), por las contiendas bélicas. Primero, le afectó la guerra del Chaco, ya que la mano de obra fue movili-zada para ir al frente de batalla. A ello se sumó el problema de la falta de reservas. Los mine-ros se habían acostumbrado a explotar las partes más ricas de los yacimientos, sin dedicarse a invertir en labores de prospección y preparación. Por último, influyó en la producción, el descenso de las leyes de alimentación o de cabeza, que obligaba a la explotación de mayores tonelajes. En los ingenios tuvieron que prestar atención a elevar la recuperación, en depen-dencia de esas leyes; ahora, más bajas. A los pocos años, la contienda mundial repercutiría también en la incipiente industria del estaño. Todos los sectores (minería grande, mediana y chica) fueron afectados por esta con-frontación. Muchas operaciones marginales tuvieron que ser cerradas, ya que los inversio-nistas esperaban la 228

llegada de “días mejores”. Uno de los empresarios que logró mejorar su situación fue sin duda Simón Iturri Patiño, que en la primera mitad del siglo XX, invirtió una fuerte suma de dinero para adquirir y consolidar sus propiedades (minas, ingenios, propieda-des rurales y citadinas, bancos, etc.) y logró consolidar su imperio, tanto a escala nacional, como internacional. Otros empresarios siguieron su ejemplo; y otros lastimosamente, no lo pudieron. La historia minera de esta época nos enseña que los dedicados a la actividad minera, especialmente los barones del estaño (Patiño, Hochschild y Aramayo), se abocaron a mejorar e intro-ducir tecnología en sus operaciones mineras y en las del tratamiento. Eso sí, nada o poco hicieron para lograr fundir el estaño en tierra boliviana; ya que estaban atados a su comercia-lización con las fundidoras extranjeras, e incluso participaron en esa parte del negocio; talvez, la que más excedentes daba. Los grandes empresarios se preocuparon poco por la formación de sus profesionales y, más bien, menospreciaron a los bolivianos, colocándolos en los mandos inferiores y supeditados a los expertos extranjeros. Las escuelas de minería de Oruro y Potosí, se abrían y cerraban cícli-camente por la falta de oportunidades para sus egresados, y la carencia de docentes y estu-diantes. Muchos fueron los intentos de los diversos mandatarios, para lograr que esas institu-ciones se consoliden. No debemos pasar por alto, el rol de los consultores y de las cónsul-toras. Buen negocio para los que tenían la suerte de asesorar en los diversos proyectos a las empresas; pero, su experiencia no fue irradiada y el país lamentó esa falta de intercambio tecnológico que en algún momento caracterizó a la actividad minera. Contados pueden resultar los expertos bolivianos que lograron descollar, especialmente aquellos que prestaron sus servicios a la minería mediana. Por otro lado, los mineros chicos, como era costumbre, no recurrían a los profesionales y se contentaban con la experiencia de los propios actores obre-ros, que salvo su experiencia no contaba con ningún grado de entrenamiento de formación al nivel de técnicos medios.

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9.- SEMBLANZA O COMENTARIOS SOBRE ALGUNOS EMPRESARIOS Aquí nos referiremos a algunos pioneros y/o empresarios mineros que en la vida minera boli-viana jugaron un destacado rol, por su accionar, por su visión para organizar compañías, porque en lo posible mostraron los avances tecnológicos que introdujeron en la explotación-procesamientofundición o en otras actividades que, indirectamente tenían que ver con el tra-bajo minero, en dos de las principales etapas de la historia minera republicana: los siglos XIX-XX. Para efectuar el seguimiento de algunas empresas, previamente anotamos que: en 1923, nueve de ellas operaban plata y/o estaño en Bolivia, pero estaban registradas en Chile (Querejazu 1984: 135136). Con el trascurso del tiempo éstas fueron pasando de mano en mano, y a algu-nas las encontraremos repetidas veces, en lo que sigue. Ellas fueron:438 -'Compañía Huanchaca', organizada en 1900, con un capital de 1 600 000 libras esterlinas; dividido en 320 000 acciones (cinco libras, cada una). -'Empresa Minera Monte Blanco', organizada en 1906. Capital, 3 370 000 bolivianos; dividido en 280 000 acciones (± 12 bolivianos, cada acción). -'Compañía Estañífera de Llallagua', organizada en 1907. Capital, 425 000 libras esterlinas; dividido en 425 000 acciones (1 libra, cada acción).439 -'Compañía Minera de Oruro', organizada en 1911, con un capital de 6 millones de bolivianos; dividido en 300 000 acciones (20 bolivianos, la acción). -'Compañía de Minas de Colquiri', organizada en 1915, con dos millones de pesos chilenos de capital; dividido en 400 000 acciones (5 pesos chilenos, la acción). -'Sociedad M440inera Fortuna de Colquiri', organizada en 1916. Capital, 1 250 000 pesos chile-nos; dividido en 125 000 acciones (cada acción, a 10 pesos chilenos). -'Sociedad Empresa de Estaño de Araca', organizada en 1917, con un capital de 200 000 libras esterlinas; y divido en igual números de acciones (1 libra, cada acción). -'Compañía Minera el Porvenir de Huanuni', organizada en 1918. Capital 200 000 libras ester-linas, para igual números de acciones (1 libra, cada acción). -'Compañía Minera María Francisca de Huanuni', organizada en 1920, contaba con 100 000 libras esterlinas como capital; dividido en 200 000 acciones (0.5 de libra, por acción). Según Hermosa, “el gran ‘quinquenio montista’, como se dio en llamar al período liberal, gracias al entendimiento y, por mejor decir a ese gran sometimiento, dio nacimiento a las si-guientes empresas foráneas (...)”(Hermosa 1979: 71-73): . -'La Paz Mining Company', fundada el 24 de diciembre de 1901.
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Estas nueve empresas controlaban más de dos tercios de la producción estañífera y una buena parte de la argentífera. En: Querejazu 1984: 136. 439 Los principales accionistas fueron personajes de la banca, la industria, el comercio y la política chilena: los Balmaceda, Alessandri, Borgoño, Subercaseaux, Errázuriz, Recabarren, Huneeus, Larraín, Lyon, Luco, Barros Silva, Rivas, Toro, Vergara, Valdivieso, Vial, Ossandon, Salas y otros. Se hace notar la presencia de este capi-tal y la forma inteligente de su administración. Las utilidades (en una década se distribuyeron más de 35 millo-nes de dólares oro, entre los accionistas; o sea, 17 veces el valor del capital invertido), devolvieron el capital invertido y permitieron reinversiones para mejorar la mina y el ingenio. En 1921, no se distribuyeron dividen-dos; la causa fue la caída del precio del estaño, y por lo que se suspendió su extracción. “Las ‘llallaguas’, se convirtieron en los valores más manipulados en las bolsas de Santiago y Valparaíso y en activos instrumentos de especulación, que hicieron y deshicieron fortunas”. En. Querejazu 1984: 89 y 137-138. 440 En 1910, los principales distritos productores de estaño fueron: Llallagua, con 11 413 t; Cerro Rico, 3 771 t; Huanuni, 3 288 t; Chorolque, 3 245 t; y otros, con 9 236 t. Se produjo un total de 30 953 toneladas de concen-trados, eso sí de alta ley. En. Mitre 1993: 29.

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-'Compañía Guernica de Bolivia', fundada el 30 de agosto de 1906. -'The Bolivian Development Sindícate Ltda.', organizada en Londres el 7 de septiembre de 1906, con un capital de 21 000 libras esterlinas. -'Empresa Minera Monte Blanco', organizada en Santiago de Chile con un capital de 280 000 libras esterlinas, fundada el 16 de septiembre de 1906. -'Compañía Minera e Industrial Sorata', fundada el 26 de noviembre de 1906, con un capital de 48 000 libras esterlinas. -'The Concordia Tin Mines of Bolivia', organizada en Londres el año 1907, con un capital de 150 000 libras esterlinas. -'The J.K. Chield Ltda.', fundada el 21 de enero de 1907. -'Compañía Minera de San José y Alantaña', fundada el 10 de julio de 1907. -'Compañía Minera de Barroscota' (Barrosquira y Jatuquira), fundada el 14 de agosto de 1907. -'Compañía Minera de Colquiri', organizada el 12 de octubre de 1907. -'The Galves State Limitada', fundada en 1908. -'Compañía Minera Corocoro, United Koper Mines Ltda.', organizada en marzo de 1909, con un capital de 250 libras esterlinas. -'Compañía Minera Gold Mines Ltda.', con un capital de 30 000 libras esterlinas, fundada y organizada el 21 de abril de 1910, con capitales franceses. -'The Vilaque Tin Mines Ltda.', fundada en Londres el año 1911, con un capital de 150 000 libras esterlinas. -'Compañía Minera de Oruro S.A.', fundada el 4 de noviembre de 1911, con un capital de 33 millones de dólares. -'Anglo Bolivian Tin Mining Sindícate of Buenos Aires', organizada en la Argentina, con un capital de 50 000 libras esterlinas. -'Compañía Estañífera Totoral Consolidated'. -'Compañía Minera Antequera', organizada en Santiago de Chile, con un capital de 100 a 150 mil libras esterlinas. -'Compañía Minera y Agrícola de Oploca, constituida con intereses chilenos. -'Compañía Minera Huanchaca'. -'Compañía Milluni, Huaina Potosí', organizada con capitales franceses. -'Compañía Sudamericana de Cobre de Corocoro', organizada en Buenos Aires, con un capital de 1 200 000 pesos oro. -'The Andes Tin Company'. 9.1.- Los patriarcas de la plata Gregorio Pacheco Leyes. Nació en Livi-Livi/Potosí, en 1823 y falleció en Atocha/Potosí, en 1899.441 Se casó en 1850, con Corina Aparicio y tuvo un hijo, Gregorio (casado a su vez con H. Calvo Calvimonte) (Calvo/Barnadas 2002, II, 445). “Catorce años menor que José Avelino Aramayo, tuvo una infancia desvalida. En su adolescencia se ganó la vida como recaudador de alcabalas en las grandes haciendas de la provincia, sin saber que un día serían suyas. Como Frías, Aramayo y otros contemporáneos, fue comerciante viajero. Su espíritu de aven-tura lo indujo a embarcarse en 1845, en un navío mercante que zarpando de Antofagasta lo llevó a las
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Este pequeño pueblo, hoy denominado Villa Pacheco, está situado al margen izquierdo del río San Juan del Oro, a más de 22 kilómetros arriba de Tojo; generalmente es conocido como el lugar de nacimiento del general Nar-ciso Campero Leyes, “aunque es más probable que éste haya nacido en el mismo Livi-Livi, lugar donde estaba localizada su familia, descendiente de Pedro Leyes, un marinero español, abuelo materno de ambos ex Presi-dentes de Bolivia, que a la vez eran primos hermanos”. En: Ibáñez 1943: 224.

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costas francesas. En Europa pasó miserias; aprendió mucho y cuando volvió a Bolivia estaba decidido a labrar fortuna” (Crespo 1981: 137). Desde muy temprano se dedicó al comercio y a las actividades mineras. En Europa, adquirió experiencia en la actividad mercantil (1845-1846). En 1855, organizó las empresas mineras 'Guadalupe' y 'Portugalete', de las que obtuvo importantes utilidades. Tuvo que prestarse de su primo Narciso Campero, 500 pesos, para primero alquilar y luego adquirir la mina Guadalupe. Después se asoció con José Avelino Aramayo, en la mina Portugalete. La paradoja del destino fue que Aramayo, no ganó dinero con esa mina; Pacheco, sí. Millonario, al cabo de unos años, fue tentado por la política. De espíritu filantrópico invirtió su fortuna en obras de beneficencia (Calvo/Barnadas 2002, II, 445-446; Crespo 1981: 137).442 Lo anterior fue confirmado en otra fuente consultada. Pacheco, fue propietario de la 'Compa-ñía Guadalupe', que allá por 1943, pertenecía a la 'Cía. Oploca'. Comenzó trabajando con un capital de 500 pesos, facilitados por su primo hermano Narciso Campero; para más tarde con-vertirse en millonario. Fue fundador y presidente del directorio del Banco Nacional de Bolivia (Ibáñez 1943: 224). La posesión y control de la 'Compañía Guadalupe', provocó un sonado pleito entre el general Narciso Campero y Gregorio Pacheco, ligados estrechamente por paren-tesco (Roncal 1984: 83). Veamos brevemente, ahora, su accionar político. Salió presidente tras intensa lucha contra otro industrial minero, Aniceto Arce. Pacheco, inició la llamada “segunda era de la plata” y el predominio del partido Conservador; con el sur del país como su centro de acción, en particu-lar la ciudad de Sucre. A pesar de no contar con mucho carisma e imaginación, fue un manda-tario constructivo. Exploró el sudeste del país, exactamente la margen derecha del río Para-guay (fundó un puerto que lleva su nombre). Fracasó en su intento de crear una flota de navegación comercial en el río Paraguay. “Pacheco veía claro: perdido el Litoral, era preciso buscar una salida al Atlántico” (Crespo 1981: 137). Recapitulando. En 1884, fue elegido Presidente y en su gestión autorizó el funcionamiento del Banco Potosí; en la Paz inauguró el alumbrado público mediante arco voltaico; en 1887 pro-mulgó la ley que organizaba la oficina de Derechos Reales; se instaló la línea telegráfica La PazArequipa-Lima y al resto del mundo. Luego, volvió a sus negocios mineros (Calvo/Bar-nadas 2002, II: 446). Un hecho, que recalcan muchos historiadores, es que Pacheco entró rico a ejercer su mandato presidencial; y salió pobre. No quiso ejercer en una embajada europea, para volver a cultivar algunas tierras que logró conservar. Allí le encontró la muerte –pobre y viejo-, un día de agosto (Crespo 1981: 138). Sus restos mortales yacían en Tatasi/Potosí, y fueron trasladados al cementerio de Sucre. Aniceto Arce Ruiz. Nació en Tarija/Bolivia, en 1824; y murió en Sucre/Bolivia, en 1906. Hijo del coronel español D.A. de Arce y de F. Ruiz de Mendoza. Gran parte de su infancia la pasó en la hacienda familiar de Charaja (muy cerca de Padcaya). En 1831, quedó huérfano de padre y siete años más tarde perdió a su madre. Estudió Derecho en la Universidad de San Francisco Xavier,
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En 1879, cuando la hambruna y peste diezmaban Sucre contribuyó a la fundación de la “olla del pobre”. Un año más tarde, cedió sus viáticos y dietas a La Paz; con destino al hospital de sangre para los heridos de la Guerra del Pacífico, lo que incrementó su popularidad. En Sucre, destinó fondos para atender a los necesitados de tra-tamiento psiquiátrico, y por eso, el manicomio lleva su nombre. En: Calvo/Barnadas 2002, II, 446.

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recibiéndose en 1847.443 Arce, trabajó en las minas del Litoral. Empezó de laborero y ascendió a administrador de La Colorada, una finca perteneciente a la familia Igualt (que estuvo asociada con José Avelino Aramayo). En esta pertenencia, Arce, montó un gigantesco gallinero, con cuyo producto logró su primera fortuna (Crespo 1981: 139).444 Ejerció la Vice-Presidencia en el gobierno de Campero. Fue acusado de simpatizar con Chile y obligado a dejar el país, el 21 de marzo de 1881. Durante su exilio estuvo en Argentina, Inglaterra, Francia, España e Italia (Mitre 2002, I: 157). De Italia, trajo en 1882, a las Hijas de Santa Ana (conocidas por su accionar en escuelas, orfelinatos y hospitales); y de Francia, a un grupo de expertos en diversas profesiones, entre otros al ingeniero Luis Soux, que conoció al industrial minero Aniceto Arce en la Exposición Indus-trial Internacional de París, en 1881. Por esos años, aquel flamante profesional francés presta-ba sus servicios en la firma Montgolfier. Firmó un acuerdo con Arce y se despidió de sus padres. Ambos se encontraron en Marsella, para iniciar la travesía del Atlántico hacia Bolivia. Soux trabajó en 1882, en la propiedad de aquel, la mina Andacaba; y luego se separó del político, cuando éste candidateaba a la presidencia de la República (Serrano 1998b: 7).445 Gobernó Bolivia, entre 1888 y 1892.446 Estableció el primer servicio de teléfonos; construyó el camino Sucre-Tarija; mejoró las rutas Potosí-Sucre (puente colgante sobre el río Pilcomayo, donde intervino Soux); también Sucre-Cochabamba (puente en el río Grande) y Oruro-La Paz. Una obra titánica fue la construcción de la vía férrea desde Ascotán/Chile, hasta Uyuni y Pu-lacayo (18891890); e inauguró personalmente el tramo Uyuni-Oruro, el 15 de mayo de 1892, saludando el arribo de la primera locomotora (Mitre 2002, I: 157; Crespo 1981: 139-140).447
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Realizó sus primeros estudios en la escuela parroquial y ganó una beca en Sucre; y para viajar a esa ciudad se alistó como ayudante de unos arrieros (como lo hizo José Avelino Aramayo, años atrás). A los 14 años ya era cadete en el escuadrón Vanguardia y combatió en la acción de armas de Montenegro, contra Rosas. En: Crespo 1981: 138. En 1856 se casó con Amalia Argandoña, convirtiéndose en cuñado del banquero y diplomático, Francisco Argandoña Revilla. En: Mitre 2002, I: 156. Francisco Argandoña, estudió mineralogía en el Instituto Macley de Valparaíso/Chile. Trabajó en la 'Compañía Huanchaca' y logró ser propietario de 200 000 pesos en acciones. Desde 1868 radicó en Sucre, donde llevó a cabo una amplia labor filantrópica y caritativa. En 1879, hizo un empréstito al Gobierno para cubrir los gastos derivados de la Guerra del Pacífico. En 1892, fundó el banco que llevó su nombre; y seis años más tarde el Papa León XIII, le concedió el título pontificio de Príncipe de la Glorieta. Se casó (en 1874) con Clotilde Urioste; no tuvo descendencia. Francisco, fue cuñado del Presidente Arce. En: Pérez 2002, I: 179-180. En 1863, Arce tomó parte de la expedición organizada por el coronel M. Rodríguez Magariños, que en agosto de ese año estuvo recorriendo los ríos Bermejo y Pilcomayo. Años más tarde, incursionó en el Chaco; fue hecho prisionero y condenado a muerte, lo que no sucedió. Durante el gobierno de Belzu, fue desterrado a la región del Mapiri/La Paz; aprovechó una crecida del río Guanay para fugarse y perderse en la selva, conjuntamente un amigo, siendo socorridos por una tribu (la mujer del cacique le regaló una bolsita con pepitas de oro y pudieron llegar al Perú, donde recuperaron su libertad. En: Crespo 1981: 138. 444 “Una pertenencia es un cuadrado de 100 metros de lado”. En: Geddes 1984: 42. 445 El ingeniero Soux fue traído por Aniceto Arce, en 1882, junto con otros ingenieros. Primeramente trabajó en las propiedades de Arce, especialmente en la mina Andacaba donde dejó trabajos que eran admirados por la técnica moderna implementada (maquinaria de vapor). En: Roncal 1984: 110. 446 Al mes de su mandato estalló un motín militar, el 8 de septiembre, urdido por el partido liberal. Disfrazado de fraile, Arce burló la vigilancia y huyó a Cochabamba, para organizar la defensa de su gobierno. Derrotó a los sublevados, cerca de Potosí, y actuó contra ellos con implacable rigor confinándolos a regiones malsanas. En: Crespo 1981: 203. 447 Es propia, la iniciativa de Arce, de construir un ferrocarril que una Chile y Bolivia: vieja idea que no pudo realizar José Avelino Aramayo. Sus enemigos, que no faltaban, pintarrajeaban las paredes con este grafiti: ¡Abajo el ferrocarril. Viva las llamas! En: Crespo: 1981: 139.

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Su vida empresarial nace cuando, luego de salir exiliado y escaparse, trabaja como adminis-trador de las minas de Chañarcillo, donde adquirió experiencia e hizo migas con empresarios y comerciantes chilenos, que más tarde tendrían una participación significativa en la vida minera boliviana. Fue accionista fundador de la 'Sociedad Mineralógica de Antequera' (1855) y de la del 'Real Socavón de Potosí' (1856), donde dos años antes trabajó como administrador. Ejerció la dirección del periódico El Minero (1855), y desde sus columnas abogó por la moderniza-ción del sector minero (Mitre 2002, I: 156). El 6 de junio de 1856, compró la mitad de las acciones que Mariano Ramírez poseía en la 'Sociedad Mineralógica de Huanchaca', y tomó su dirección. Por sus gestiones logró que los inversionistas chilenos organizaran en Valparaíso la 'Compañía Huanchaca de Bolivia' (1872); siendo él uno de los principales accionistas. La empresa se estableció en Bolivia (1873), como sociedad anónima, con un capital inicial de tres millones de pesos (3 000 acciones de 1 000 pesos cada una). El millar de acciones que Arce controlaba, aumentaron a 1 941 con la ampliación de capital a 6 000 acciones, en 1877. Además, Arce participó en la organización de las siguientes empresas mineras: 'Guadalupe de Bolivia', 'Colquechaca', 'Gallofa' y 'San Antonio de Lípez'448 Terminado su mandato, Arce retomó sus actividades mineras y se dedicó a rehabilitar la 'Compañía Huanchaca' (Mitre 2002, I: 156-157). No nos hemos de referir a su paso por las minas Huanchaca y Andacaba (ver 5.4.1). La región de Tipuani, fue descubierta en 1856, por Arce y Evaristo Valle, cuando iban en camino a la proscripción. No obstante, Arce, que se interesaba por la minería; no la volvió a nombrar sino en los momentos postreros de su vida, en Tirispaya, en 1906, cuando encargó a sus hijos que sugieran al gobierno francés que abra rutas de penetración a este lugar tan rico en oro (Roncal 1984: 122). Sigamos en este su historial, a algunas empresas donde Arce participó activamente. “A comienzos del año 1878, se organizó la Compañía Minera Guadalupe de Bolivia, mediante la adquisición que realizó el Dr. Aniceto Arce a Don Gregorio Pacheco, de la mitad de sus inte-reses mineros en Tatasi y Portugalete” (Rocal 1984: 83).449 La empresa explotó las minas de Tatasi y Portugalete, especialmente las zonas más ricas, en los años 1878, 1883 y 1893. Desde 1883, hasta 1903, estas minas produjeron cerca de 207 toneladas de plata. Hasta 1900, el procesamiento de las menas se hizo exclusivamente median-te amalgamación en el ingenio Guadalupe, situado a 50 kilómetros de Tatasi; en el año de 1899, se montó un ingenio de lixiviación (Roncal 1984: 83). Sobre la 'Compañía Colquechaca',450 se puede decir que, en 1878, se verificó la fusión de los intereses de los antiguos dueños, los Arteche, y el de los señores Solá, Cornejo Viaña, Urioste y Vidal y se conformó una sociedad anónima denominada 'Compañía Colquechaca', que traba-jó el
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Aniceto Arce, expandió sus negocios comprando fundos rústicos. Estimuló y diversificó la producción agrícola y ganadera, en sus haciendas y fincas de: La Florida (cerca de Sucre), Tirispaya y La Oroya (provincia C. Saavedra/Potosí), La Laba (provincia Linares/Potosí), Santa Rosa (provincia Chichas/Potosí), Caraparí y La Barca (provincia Oropeza/Chuquisaca), y la Constancia (provincia Campero/Tarija). En: Mitre 2002, I: 156. 449 Con posterioridad al año 1878, se incorporaron a la 'Compañía Guadalupe de Bolivia', las minas de Chocaya y Choroma; así como las propiedades de Oploca y Salo. Todas estas pertenencias sirvieron de base, a principios del siglo XX, para conformar la 'Compañía Minera y Agrícola Oploca de Bolivia'. En: Roncal 1984: 83. Fue Arce, quien para los trabajos de fortificación de sus minas importó el eucalipto desde Australia; y desde esa época, fines del siglo XIX, es que los callapos se convierten en sinónimo de eucalipto; para su empleo den-tro de las labores mineras reemplazando muchas veces a la piedra, en las tareas de fortificación. 450 La compañía estaba dividida en 2 797 acciones, de mil pesos cada una. En: Roncal 1984: 90.

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socavón San Bartolomé (que se encontraba a menor altura que todos los de la zona), siendo éste de mucha utilidad para trabajar las vetas: San Agustín, Carmen, Empresa, San Matías y Embudo (todas con dirección NE a SO). La última, fue la que generó mayor cantidad de minerales argentíferos ricos (distaba un kilómetro del socavón). En 1887, se explotaron 321 toneladas, lo que representaba unas 26 toneladas de plata. Antes de entrar al siglo XX, esta compañía paralizó sus labores debido al anegamiento de las mismas; era grande la cantidad de agua y faltaban los medios para extraerla (Roncal 1984: 90). La 'Compañía Gallofa', era de tipo anónima y tenía un capital inicial de dos y medio millones de bolivianos (se componía de 2 500 acciones, con un valor cada una de mil bolivianos). En 1891, logró montar una turbina de rueda vertical, con una potencia de 10 HP y una compresora de aire (Roncal 1984: 90). Por último, la 'Compañía Lípez' (seguramente se refiere a 'San Antonio de Lípez'), era una empresa constituida por Arce. Contaba con un capital de seis millones de bolivianos (estaba compuesta de 6 000 acciones) y explotó la famosa “Mesa de Plata”, un yacimiento conocido desde el coloniaje (Roncal 1984: 95). 9.2.- Algunos personajes en Lípez Francisco Familiar. Fue un profesional de nacionalidad portuguesa. Puede ser considerado como pionero de la industria minera en la provincia Sud Lípez/Potosí. Explotó distintos tipos de yacimientos metalíferos en Pucasalle (cantón Santa Isabel del Nuevo Potosí) y se convirtió en importante exportador de plata y plomo (Ibáñez 1943: 250). En su vida de minero hizo importantes descubrimientos, como: la veta Pucasalle, de plomo-plata (ubicada a 5 138 msnm), la veta Rica, de estaño-bismuto (también a esa altura); y la veta Dos Amigos, de plomo-plata (situada a 5 010 metros de altura). Construyó un socavón de 200 metros de longitud (a 4 903 msnm), su campamento y la administración. Trabajó también la zona de San Pablo, en el asiento de Buena Vista, formando una empresa para reiniciar la explotación de ricos rosicleres de plata (que en otros tiempos tenían una ley de 600-800 kg/t). Al poco tiempo de haber iniciado la construcción de un nuevo socavón de más de 150 metros, con el objeto de cortar y descolgar la mineralización ubicada en el corazón de la serranía, dejó de existir; con el consecuente abandono de esas labores. Su obra se concentró en ese lugar, donde existe un cuadro de 50 metros de profundidad. La veta principal de Buena Vista, era riquísima; lamentablemente, la falta de mano de obra conspiró contra su explotación. El méri-to de este industrial minero radicó en su ímpetu, demostrado para trabajar bajo condiciones muy duras de clima, con falta de medios de comunicación y, sobre todo, falta de trabajadores; característico de los lugares alejados y desérticos del sud oeste potosino. (Ibáñez 1943: 250). Eso sí, este empresario nos dejó una importante “reserva” que, se podría decir, hasta ahora se encuentra en ese estado; sin ser explotado a gran escala. Francisco H. Flores. A partir de 1908, se instaló por las regiones de Nor Lípez, primeramente dedicado a sus actividades comerciales y, después, con proyecciones de hacerse industrial azufrero y trabajar en la frontera con Chile. En ese entonces, la explotación del azufre no se había desarrollado y, si se intentaron labores, éstas fueron suspendidas por su bajo precio; y lo peor, por no tener aplicación alguna en las plazas bolivianas. A pesar de ello, siguió viviendo en los parajes de San Pedro de Napa y logró montar una planta sublimadora y de refinación de azufre, cuya erección data de 1924. Logró convertirse en gran productor y proveedor de su producto a la 235

industria vitivinícola del sud del país; además fuera de exportarlo al Brasil y a la Argentina (Ibáñez 1943: 244-245). Debido a la actividad minera generada por Flores, se logró que en esa alejada zona se asiente una población y residan sus autoridades administrativas, que funcione una oficina de la poli-cía, una escuela y la aduana. Consiguientemente, su principal rol fue sentar soberanía en ese Girón patrio. Flores, marchó al unísono con los avances de la técnica, en su planta. Así, instaló autoclaves, retortas y otros equipos para aumentar la capacidad instalada, sin recurrir a ningún crédito, ni del Banco Minero de Bolivia ni a inversiones extranjeras. Muchos lo denominaron, el “funda-dor de la industria del azufre, en grande” (Ibáñez 1943: 246). José López González. Ciudadano español asociado al negocio de aprovisionamiento de las pulperías de la 'Compañía Estañífera de Llallagua', donde trabajó durante largo tiempo; para irse después a radicar al puerto de Antofagasta, en busca de nuevos horizontes. Un azar del destino lo llevó a San Pablo de Napa (provincia Nor Lípez/Potosí) donde efectuó reconoci-mientos y pruebas con el azufre. Adquirió derechos y acciones sobre de algunas peticiones; de los dueños de la propiedad Victoria, consistente de 100 hectáreas localizadas en el volcán Caite. Organizó su empresa azufrera aportando un importante capital de 1 265 024 bolivia-nos.451 Con ese dinero montó una planta de tratamiento y de refinación, de esa materia prima no metálica. Cuando el precio del azufre subió, inició la conducción de agua dulce para su usufructo industrial y para cubrir las necesidades de sus trabajadores. Esta conducción me-diante cañerías tenía una longitud mayor a 10 kilómetros, y por ello contaba con mucho agua potable. Este sistema de aducción le costó 450 000 bolivianos (Ibáñez 1943: 243). Debido a las mejoras introducidas en su 'Empresa Minera Victoria', en pleno volcán, mejoró su producción exportando hasta 4 000 toneladas de azufre al año; y podía aumentar más sus exportaciones, en dependencia de la subida del precio de dicha materia prima, para poder aten-der los mercados brasileños y argentinos. Sin embargo, una gran competencia tenía al frente, especialmente con el azufre norteamericano, debido al alto grado de mecanización que poseían sus productores (Ibáñez 1943: 243-244). López González, se constituyó en una de los principales productores de azufre y generador de divisas para el Estado boliviano; y gastaba, sólo en aprovisionar su pulpería, la suma de 65 mil bolivianos quincenalmente, para abastecer a sus trabajadores; amén de los campamentos que había mandado edificar y de la demás infraestructura que proporcionaba a su personal. Asi-mismo, hay que recalcar que esta empresa contaba con excelentes caminos carreteros (Ibáñez 1943: 244). Plácido M. Mena. Su programa y zona de acción comprendía los Lípez, que fue escenario de sus actividades indirectamente ligadas a la minería. En la Cordillera de los Andes, estuvo a su cargo la primera venta de yareta para el consumo industrial en los mercados nacionales de este maravilloso combustible, en franca pero difícil competencia con la leña y el carbón, que en aquellas épocas abundaban. Mena, levantó su primer rancho en la solitaria estación del ferro-carril Antofagasta a Bolivia, Chiguana (a 36 kilómetros de la estación Ollagüe). Empezó capeando las inclemencias del frío y la falta de víveres, y sin contar todavía con un mercado seguro para un combustible cuyo uso y cualidades eran aún desconocidas para muchas perso-nas (Ibáñez 1943: 247-248).

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Según consta de la inscripción 223 en el Libro de Matrículas y Concesiones Mineras en Explotación, de la oficina de Impuestos Internos de la ciudad de Potosí.

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En el territorio chileno, la yareta se empleaba como combustible para el tratamiento del bórax. Mediante muchos medios (andarivel, camiones y miles de llamas) se transportaba la yareta chilena y boliviana, hacia los hornos de desecación de la empresa 'Consolidada', del Cebollar. Por otro lado, sin el uso de la yareta jamás hubiera arrancado la explotación del azufre, que en Chile empezó a adquirir importancia insospechada (Ibáñez 1943: 248).452 Por la década de los cuarenta, del siglo XX, la yareta de Lípez era considerada un artículo de primera necesidad; urgentemente solicitado por los industriales como sustituto del carbón de piedra. Los ferrocarriles del Estado, no temían a la crisis de la hulla, pensando que la yareta podía darles tracción para muchos años y a bajo costo. Mena, trabajó en la frontera durante un cuarto de siglo y por eso recibió el título popular de “rey de la yareta” (Ibáñez 1943: 249). 9.3.-Los que se ocuparon de explotar el estaño y/o wolfram453 Los hermanos Bebin. De origen francés, trabajaron minas desde 1904; algunas en el Cerro Rico y otras en lugares aledaños. Poseían las plantas de Santa Rosa, Huayra y Aroifilla (a 20 kilómetros de la ciudad), donde procesaban las menas extraídas de las playas del río hasta Tarapaya, empleando una draga mecanizada.454 También eran dueños de la usina hidroeléctrica de Yocalla, de donde se aprovisionaban de electricidad sus ingenios y minas. Esta firma, por 1958, fue denunciada por bienes vacantes y después de un trámite administrativo pasó a poder de la 'Compañía Minera del Sur' (COMSUR)455 (Roncal 1984: 111). Juan B. Minchin. Irlandés nacido en 1848 de profesión ingeniero de minas y geólogo, vino a Bolivia muy joven tentado en hacer fortuna en minas, pero tuvo que trabajar como ingeniero para el gobierno delimitando fronteras. Se casó con una dama boliviana en 1878. Terminada la guerra con Chile retomó la idea para la que llegó. Adquirió de Ramón Salinas las propiedades San Miguel, Ánimas, Bismark y otras. Cuando Patiño se instalaba en el cerro Espíritu Santo poseía 140 hectáreas y el ingenio de concentración de Catavi. En 1898 ofreció a Patiño su ayuda para oponerse a Artigue, claro que estaba interesado en adquirir información sobre el estado de la
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Por el Tratado de Paz y Amistad, Chile quedó dueño de una gran extensión de yareteras. Como productora de estaño se puede citar a la 'Compañía Antequera', de dueños chilenos, situada en la provincia Poopó (Oruro). En sus primeros años de producción sobresalió entre los principales productores de estaño; pero a medida que las labores fueron profundizándose, se presentó una complejidad en la mineralogía, lo que hacía muy complicado su tratamiento en el ingenio; y de ahí por qué esta empresa chilena tuvo un rotun-do fracaso. Calacalani y Lequepalca, fueron dos yacimientos wolframíferos ubicados en la provincia Dalen-ce/Oruro, y que tuvieron su época de auge entre 1910 y 1920; especialmente la mina San Antonio, que en 1914 produjo hasta 300 toneladas de concentrados. En: Rocal 1984: 119-120. Minas interesantes en el departamento de Cochabamba, son las ubicadas en el cerro Grande de Berenguela y 14 de Septiembre (distrito de Colcha, provincia de Arque). En algún año su producción sobrepasó las 40 toneladas finas de estaño. En las décadas de los setenta-ochenta, del sigloXIX, industriales mineros nacionales asociados con extranjeros, explotaban además del estaño, el zinc y el plomo, con buen éxito (Roncal 1984: 123). 454 La primera operación de dragado se remonta a 1930, a cargo de la empresa mediana 'Bolivian International Mining', para trabajar lo veneros de Huanuni (Playa Verde). “Hasta entonces los veneros de Bolivia se habían trabajado manualmente en forma precaria. La draga tenía una capacidad de 9.000 metros cúbicos por día y trabajó 13 años hasta sufrir un accidente; y no retornó al trabajo hasta 1945. Esta draga marcaría el inicio de la explotación de veneros con draga para la minería mediana”. La introducción de dragas representa un importante aporte tecnológico para la explotación de menas aluviales y el mérito de la Minería Mediana consiste en haberla promocionado. En: Contreras 1989: 85. 455 Entidad formada en base de las antiguas empresas: 'Bolivian Tin Corporation' y 'Bebin Hermanos', tiene actualmente propiedades mineras en diferentes departamentos de la república; la mayor parte en Potosí. En el siglo pasado ha trabajado con una draga, a 25 kilómetros de la ciudad, sobre el río Tarapaya, afluente del Pilco-mayo. En: Roncal 1984: 113-114.

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explotación y en general de todos los negocios de su colindante. En 1905, cuando Patiño y Sainz disputaban acerca de las concesiones Intermedia, La Realenga, El Inca y Tres Socias, Patiño los calificó “el zorro de Minchin no dijo nada sobre el pleito”, que concernía a las propiedades que estaban tan cerca de las suyas (Peñaloza 1987: 114). Minchin se constituyó y trabajó en la región de Llallagua-Uncía, sus concesiones, como ya lo hemos dicho, colindaban con las de La Salvadora. Conformó la 'Compañía Minera de Uncía' sobre la base de sus propiedades. En 1905, conjuntamente Sainz y Patiño hicieron aportes y construyeron un verdadero camino carretero que unía Uncía y Chayapata (vía Ancacato).456 A principios del siglo XX, estaban bajo su control las minas de Avicaya y Totoral que se encuentran en la provincia Poopó/Oruro. Por la década de los setenta, se instaló una gigantesca draga con la que se explotó estaño de buena ley (Roncal 1984: 118). José Bueno. En 1878, este minero encontró las ricas minas Viloco y Chojñacota, en la cordi-llera de Quimsa Cruz (provincia Loayza/La Paz, a una altura de 4 700 msnm), portadoras de filones de estaño-wolfram. La explotación de estos yacimientos originó el desarrollo del distri-to estañífero más importante del norte de Bolivia, y una consecuencia de ello fueron la cons-trucción de caminos, abiertos en los años 1923 y 1924. La mina de Viloco, durante muchos años perteneció a la firma 'Bottiger Trep y Cía.', que en sus mejores tiempos alcanzó a produ-cir mensualmente 400 toneladas; luego decayó la producción, por el agotamiento paulatino de sus filones. Hasta antes de la nacionalización estuvo en poder de unos chilenos, bajo la razón social de 'Compañía Minera de Araca', y luego pasó al control del grupo Patiño. A su vez, la mina Chojñacota, tuvo un boom cuando estaba bajo administración de unos belgas. Ambas minas pasaron a propiedad de COMIBOL (Roncal 1984: 121). 'Penny and Duncan'. Un importante productor en Huanuni, fue la firma británica 'Penny and Duncan'.457 Duncan, llegó al país en 1890, procedente de Aberdeen/Inglaterra; mientras que Penny, era un pariente de Andrew Penny, otro escocés instalado en Oruro, por lo menos desde 1874, y que poseía una amplia participación en San José. A fines de los noventa, 'Penny and Duncan' adquirieron otra mina en Morococala/Oruro; además de trabajar como comercia-lizadores de minerales. En: Hillman 1987: 60. Efectivamente, Morococala y Santa Fe (ambas en la provincia Dalence/Oruro), fueron traba-jadas a principios del siglo XX, por los señores 'Penny and Duncan'; posteriormente, por una empresa chilena. Hacia 1939, Morococala llegó a producir mensualmente 30 toneladas de es-taño fino. Santa Fe, fue descubierta por dos ingenieros bolivianos en 1934. Su mayor produc-ción fue de 60 toneladas finas de estaño (en 1939). Ambas operaciones pasaron a manos de COMIBOL (Roncal 1984: 119).
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Huanuni, tuvo muchos dueños antes de pasar a manos de Patiño. Fue trabajada, entre otros, por: Andrés Penny, Paula Téllez, 'Téllez Hermanos', un tal López, Eduardo Harrison (un ingeniero inglés que conformó la sociedad 'Harrison y Cía.'); y englobadas, en su mayoría, en la 'Compañía Minera El Balcón'. En 1910, se trabajaban las empresas: El Balcón (89 hectáreas), 'Penny and Duncan' (193 hectáreas), Yerba Mate (8 hectáreas) y otras. Al parecer, a principios de 1911, dos consorcios británicos: 'Penny and Duncan' y 'Harrison y Cía.', comenzaron a negociar con Patiño. Más tarde, se completó la negociación comprando a 'Bebin Hermanos' (su gerente, Miguel Cusicanqui, munido de poderes, firmó esa compra-venta). En: Peñaloza 1987: 123.

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Manuel Mier y León, abogado, industrial y ex-banquero (fue agente del Banco Mercantil, en Oruro), residente en Oruro y con actividades mineras en el asiento de Conde–auque (cantón Paria); dedicado a la explotación de wolfram de alta ley, en sus pertenencias limítrofes, con: La Juliana, Boquerón, Monte Rey, Rosario y otras empresas pequeñas wolframíferas. En los últimos dos años (1941-1942), exportó 18.4 toneladas de barrillas, con ley promedio de 64% WO3, logrando una buena ganancia y ubicándose como fuerte productor, y uno de los pocos que trabajaba con costos muy bajos. Mensualmente, podía recibir un millón de bolivianos, libres, como utilidad (Ibáñez 1943: 242-243). José Murillo Gómez. Descubrió los yacimientos de la zona de Conde-auque (ubicados en la provincia Dalence/Oruro), muy rica en wolfram, en la época de la primera Guerra Mundial; y debido a ese hecho y la presencia de buenas vetas, tuvo un significativo éxito. Esta mina, en 1940, produjo 108 toneladas finas. Arturo Quezada Alonso. La 'Empresa Minera Kumurana', ubicada a 45 kilómetros de Potosí, explotaba una mina rica de estaño, descubierta en los primeros decenios del siglo XX. Produ-cía como para exportar; lastimosamente, la mina se agotó debido a la falta de previsión y pre-paración. Pasó a manos de unos chilenos. Después de montar un ingenio mecanizado, se declaró en quiebra. Más tarde, la trabajó el ciudadano chileno Ing. Héctor Herreros y, a su muerte, sus herederos siguen con trabajos de preparación (Roncal 1984: 112). José Enrique Soria, destacado industrial que explotó las regiones del Chicote-grande y Chicotechico (en la provincia Inquisivi/La Paz), desde 1913. Al principio, extraía unas pocos tonelajes de estaño y wolfram, que eran procesados en “champa-lavadores”; para luego ser transportados esos concentrados en recuas de llamas o mulas, hasta Oruro, donde eran vendi-dos a los comercializadores (Ibáñez 1943: 237). Soria, surgió de la nada y fue considerado como uno de los verdaderos pioneros de la minería boliviana, y que no contaba con capital. Dada su tenacidad y venciendo jornadas sacrificadas, logró construir caminos de penetración, a su costa; instaló campamentos, construyó casas para la administración, así como viviendas para su personal; montó una planta de procesamiento e instaló un andarivel. Con toda esta infraestructura y buena organización, operó en forma regu-lar sus ricas vetas de wolframita en Chicote-grande y las llamperas, de la Aguada. Su mina fue calificada como una de las más notables y ricas del mundo (Ibáñez 1943: 238). En 1928, conformó la 'Empresa Minera Triunfo', sobre la base de cuatro secciones: Lapiani (al Sur del Chicote-grande), la Aguada (al Norte), las llamperas de La Perfeccionado (al Nor Oeste) e Inca Rancho (un tanto más al Este del mismo Chicote-grande). En 1942, empezó a operar la 'Empresa Minera Triunfo S.A.', donde participaban sus hijos e integraban el seno del directorio, como socios activos. Ellos recibieron la transferencia de 21 propiedades mineras, con títulos legalizados, dentro de una extensión de 1 600 hectáreas de menas de estaño-wol-fram. Esta empresa siguió su expansión adquiriendo maquinaria moderna, construyendo un camino hasta el ingenio. En éste se pretendía alcanzar mayor capacidad y, consiguientemente, mejorar los ingresos. A pesar de que se perfilaba la baja de la cotización del precio del wolfram, les quedaba el estaño, cuyo porvenir se veía más promisorio como consecuencia de un contrato de ventas a los Estados Unidos (Ibáñez 1943: 239).458

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Soria, expandió sus negocios y contaba con un excelente ato de ganado, de excelente calidad.

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Federico Thiel. En 1940, este empresario explotaba wolframita (con leyes superiores al 68% WO3) y mostraba una buena organización empresarial en la aplicación de modernos métodos de laboreo, mediante socavones que cortaban ricas vetas; y del procesamiento, instalando un ingenio movido con la fuerza motriz de una Pelton y sus motores eléctricos. La capacidad instalada se podía elevar. Este empresario, para modernizar el transporte de sus barrillas, construyó un camino carretero de cuatro metros de ancho desde Esmoraca a Villazón, una distancia de 110 kilómetros; y a Tupiza, de casi 140 kilómetros. Esmoraca, era considerada una región minera, que albergaba menas de estaño, wolfram, bismuto, plata, etc. (Ibáñez 1943: 239-241). Thiel, era un convencido de la gran importancia del “carbón blanco” (modernamente el agua es denominada la “hulla blanca”); es decir, de aprovechar las caídas de agua para generar electricidad, y que ésta se utilice para la industria minera (Ibáñez 1943: 242). Honorato Blacutt. En 1872, Blacutt, que tenía otras minas en el distrito, solicitó 4 hectáreas alrededor de la bocamina, abierta ya en la Colonia por el conquistador español Juan del Valle, que fue el primero en llegar a la montaña de Llallagua. Había fracasado en sus otros intentos de explotar minas; pero, optimista como era, le puso el nombre de La Salvadora, pensando que sería la solución a sus múltiples problemas económicos. Trabajó la mina en forma intermitente durante dos décadas, abandonándola y volviendo a ella, según sus posibilidades. Un día, can-sado de no boyar, se la vendió a David Olivares. Éste la hizo trabajar con el empírico Sergio Oporto; pero, sus recursos se le terminaron en poco tiempo. Entonces, Oporto le compró la mina a su patrón, por 80 bolivianos (más o menos 30 dólares) (Querejazu 1984: 27-28). Pedro Artigue. De nacionalidad francesa. Formó una sociedad con su hijo Armando (que trabajaba en el hotel Europa, de Colquechaca), y con el cura Camilo Ferrufino, con el abogado Andrés Avelino Iriarte y con Natalio Achá, como secretario. La sociedad 'Artigue y Compa-ñía', funcionó inicialmente en la botica del cura y luego en el hotel Europa. Entablaron juicio contra 'Patiño-Oporto', reclamando que en su concesión minera La Negra, tenían mejor dere-cho sobre la concesión La Salvadora; y aprovechando la ausencia de Sergio Oporto, ocuparon la mina con su gente. Patiño, tomó sigilosamente a los hombres de Artigue y los condujeron a Chayanta, para entregarlos a las autoridades (Querejazu 1984: 40). Sergio Oporto. Una primera versión, narra que: Oporto era un comerciante y minero orureño, socio de Juan Olivares (vecino de Chayanta/Potosí). Había solicitado 4 hectáreas de terrenos estañíferos en el cerro Espíritu Santo o Juan del Valle,459 cerca de Uncía, e hizo la petición con el nombre de La Salvadora, que le fue concedida en 1894. Como era norma en estos casos, la petición fue reclamada por Ramón Salinas, de Chayanta; habiendo durado el pleito dos años. Oporto, compró las acciones de Olivera, y casi de inmediato tuvo que afrontar otro pleito; esta vez con Pedro Artigue. En 1896, transfirió sus acciones a Patiño, en 5 000 bolivianos, sin haber recibido de este monto un solo centavo. Sergio Oporto, murió pobre, y antes de fallecer escribió a Patiño, reclamando sus derechos sobre La Salvadora (Peñaloza 1987: 87-88).460

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Se dice que, una mina de plata fue trabajada (ya en 1564) en el cerro Espíritu Santo, por el minero español, Juan del Valle, durante la época del coloniaje. Éste explotó algo de plata y la abandonó. En 1872, la pidió Honorato Blacutt, vecino y minero de Chayanta, y la obtuvo en septiembre de ese año para explotarla con un grupo reducido de obreros. Allá por 1875, Blacutt la abandonó pobre y desesperado; era la época de la plata. En: Peñaloza 1987: 95. 460 Según Peñaloza, esa información fue tomada de una misiva que Oporto le dirigió a Patiño, en París, el 19 de noviembre de 1929, antes de fallecer. Respecto al otorgamiento de la concesión por la prefectura de Potosí, cita al periódico La Razón, del 26 de abril de 1947.

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Según la segunda versión, de Manuel Carrasco: Oporto, minero potosino que trabajó en el viejo socavón de Juan del Valle, vendía sus menas de baja ley a 'Germán Fricke y Cía.', obte-niendo anticipos para laborar la mina. El 26 de agosto de 1895, Patiño y Oporto, que se habían conocido en la casa Fricke, formaron una sociedad para explotar por partes iguales las cuatro hectáreas de La Salvadora. Patiño, aportó un capital de unos 15 000 bolivianos (unos 6 mil dólares). Durante tres años explotaron la mina sin pausa; Oporto, trabajaba en la mina como administrador produciendo muy poco; y Patiño, en Oruro, vendiendo esa producción, pero sin abandonar su cargo en la comercializadora del alemán. Como el negocio no marchaba, por escritura del 26 de agosto de 1897, Patiño compró la parte de Oporto (Peñaloza 1987: 88-89).461 Finalmente, la tercera versión: Oporto era dueño de una concesión que, más o menos, la adqui-rió de esta manera: Miguel Olivares, solicitó el 23 de abril de 1894, cuatro pertenencias mine-ras en Espíritu Santo (cerro Juan del Valle); la concesión le fue otorgada e1 1 de agosto; y la posesión, en cumplimiento de las disposiciones vigentes, fue solicitada para el 17 de octubre; lo que se dispuso por decreto de 30 de noviembre de 1894 (documento que se perdió). Esto originó que la autoridad prorrogue la posesión, que se fijó recién para el 15 de agosto de 1895. Entonces, aparecieron tres personas (Román Salinas, Félix Méndez y Macedonio Zuleta) que presentaron objeciones, y la ceremonia fue suspendida. La propiedad fue finalmente entrega-da, mensurada y con todas las formalidades de ley, el 14 de octubre de 1896. “Entre tanto, Olivares había vendido esta concesión, llamada ‘La Salvadora’, el 27 de junio de 1895 en for-ma legalmente reconocida, a Oporto, su ayudante, quien quedó en plena posesión de la mis-ma”. En: Geddes 1984: 42-43. Independientemente de las tres versiones, Oporto, en septiembre de 1894, hace un último esfuerzo viajando de Uncía a Oruro, y junto a su hermano y socio Rigoberto, visitan a Fricke para solicitarle víveres, dinamita y algún dinero para cancelar a sus cinco peones. ¿A qué nos metimos en La Salvadora?. Sergio Oporto se acordó del negocio con su primer socio Olivares, y que éste fue muy vivo al haberle sacado 80 bolivianos. Por su parte, Arturo Fricke, hijo del dueño de la rescatadora, no quiso darle más préstamos; y allí se encontró con Patiño, que lo citó para reunirse después del trabajo. Patiñó, tenía ahorrados 5 000 bolivianos y prometió darlo paulatinamente para jornales, víveres y materiales, a condición que Oporto dirija perso-nalmente la explotación y envíe por lo menos 1 840 kilogramos de barrilla del 65% Sn, que Patiño los vendería a su patrón. Del producto de la comercialización deducirían los gastos, el resto lo reinvertirían en la mina, y de las ganancias se repartirían. De esta forma surgió la sociedad 'Patiño-Oporto'. Con los primeros 300 pesos, Oporto, retornó a Uncía; pero en los días siguientes la sociedad pasó momentos angustiosos; pues se gastó más dinero y la firma Fricke les cobraba la deuda cada vez más creciente, y cada vez pagaba menos por la barrilla entregada, y los intereses se comían a los socios, hasta que tuvieron que disolver la sociedad (fechada el 16 de agosto de 1897). Patiño, asumió todas las deudas con Fricke (Querejazu 1984: 28-31, 47).462

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En realidad, Oporto (según esa segunda versión), vendió el 10% de la mina a su hermano Pacífico, que era dueño legítimo del 40% de la primera sociedad. Se comprometió a rescatar la parte de su hermano, pero éste vendió su parte a la empresa 'Germán Fricke y Cía.'. Patiño, dueño del 90% de la Salvadora, se fue a la mina para trabajarla personalmente. En: Peñaloza 1987: 90. 462 La escritura decía: “De común acuerdo y amigablemente hemos convenido ambos socios en proceder a la disolución de nuestra sociedad. El señor Oporto declara que hace transferencia real y definitiva de todos sus derechos y acciones sobre la mina ‘La Salvadora’ a favor del señor Simón I. Patiño, a quien reconoce desde hoy como único y legítimo dueño. A su vez el señor Patiño declara que el señor Oporto queda libre de toda responsabilidad sobre los negocios de la propiedad. Ambos socios renuncian a cualesquier reclamos ulterio-res”. En: Querejazu 1984: 47.

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Pastor Sainz.463 En el lado opuesto de la serranía de Uncía, en Llallagua/Potosí, se iniciaron los trabajos de explotación por intermedio de la 'Compañía Estañífera de Llallagua' (pocos años antes que 'Oporto-Patiño'), que fue formada por este general y abogado. Sainz, nació en 1845, y estuvo comprometido con el golpe de Estado que, en Sucre, se produjo contra el presidente Aniceto Arce. Huyó a Chayanta, donde los parientes de su esposa, Josefa Guzmán, le cooperaron y vivió en la clandestinidad en Colquechaca/Potosí; donde trabajó como sereno nocturno de la casa comercial de Rufina Martínez, dueña de minas en Uncía. En 1888, ella era poseedora de las concesiones: La Blanca, Mercedes, Guadalupe y Manto del Carmen; así como y de un modesto ingenio en Cancañiri, que le había dejado el viejo y malaventurado minero de Chayanta, Antonio Llano.464 El activo minero Ramón Salinas, con propiedades aledañas (quien tuvo pleitos con Patiño), quiso hacer “valer sus derechos” sobre las propie-dades mencionadas. Entonces Rufina Martínez solicitó a Sainz que asumiera su defensa y éste le propuso asociarse bajo la razón social de 'SainzMartínez': ella, pondría las minas y capital (dos acciones), y él, su trabajo y el dinero que se pudiese prestar (una acción). Así compraron a Salinas, la concesión San José, de 4 hectáreas; y La Providencia, de 20. Previa-mente, compraron la pertenencia Realenga, siguiendo a la veta Blanca, al lado y hacia la cumbre, colindante con la pequeña mina de Honorato Blacutt (Querejazu 1984: 21; Peñaloza 1987: 104-106). La sociedad tuvo dificultades desde el principio, para explotar las concesiones adquiridas; y los comercializadores 'Fricke' y 'Aramayo', les pagaban muy poco (algo más de 217 bolivianos por tonelada del 65% Sn de ley). Llallagua, producía sólo 13.8 toneladas al mes y no podía elevar su producción, por falta de capital de operación y de inversión (para pagar a su gente, comprar equipos, herramientas, víveres, implementos de trabajo, etc.) (Peñaloza 1987: 106-107).465 La señora Martínez, vivía en Oruro, dedicada al comercio minorista, y Sainz le pasaba una exigua mensualidad. Ella pensaba que era pequeña, con relación al rendimiento de la mina. La explotación no prosperaba y era muy rudimentaria; hecho que no cambiaría. A pesar de ello pudieron comprar un motor a vapor de 12 HP y dos molinos. El mineral se extraía de la mina Mercedes, por el Socavón Viejo; y el de la mina Blanca, por el nuevo socavón.466 R. Martínez tomó la decisión de
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Sus padres fueron José Mariano Sainz y Narcisa Cossío (que se casaron en Cochabamba en 1840). Tuvieron cuatro hijos. El menor, nació un 22 de diciembre de 1845 y fue bautizado con el nombre de Juan Pastor Deme-trio Amadeo. Su infancia, junto a sus medio hermanos (Néstor Ballivián y Cornelia Aguirre) fue pobre, ya que su padre lo había abandonado y mezcló los estudios con el trabajo de ayudante de un zapatero para contribuir a su madre, con algo para el puchero casero. Pastor Sainz, se graduó de abogado en 1867 y se casó con Josefa Guzmán, descendiente de una familia que poseía minas en Chayanta, desde el coloniaje. Sainz inició su vida de diputado, por Sucre, en 1872; y su actuación contra Melgarejo y Morales, le valieron grados militares. Por enfermedad no pudo ir a la contienda del Pacífico. En 1888, participó en el golpe de estado contra Arce. Un golpe duro para Pastor, fue la muerte de su adorada madre, acaecida en febrero de 1895. En: Querejazu 1984: 15-18. 464 Aparte de La Blanca, Quimsachata y San Fermín, que compró de Manuel Araníbar, la Martínez tenía otras propiedades. Lo interesante es constatar que en esos años, albores de la “era del estaño”, comenzaron a valori-zarse las minas estañíferas abandonadas, en su mayoría descubiertas y detentadas por indígenas. En: Peñaloza 1987: 108. 465 La falta de capital y las necesidades de atender administrativamente la empresa, indujeron a los dos asociados a pensar en introducir a un tercer socio, el abogado orureño Rubén Diez de Medina. Se le fijó un sueldo de 130 bolivianos por mes y debía alternarse con Sainz, en la administración de la mina. Al cabo de un tiempo termi-naron su relación contractual, ya que Diez de Medina, hizo por su cuenta la petición de 8 hectáreas, Buen Augurio, contigua a las de la sociedad; lo que ocasionó un pleito de varios años y otra vez quedaron solos Martínez y Sainz. Esto ocurrió en septiembre de 1892. Más tarde, su hijo Néstor, también estaba querellándose contra el ex-socio. Su padre movió todas sus influencias para que su hijo no vaya a la cárcel y cumplió su condena de dos años con arresto domiciliario en Sucre En: Querejazu 1984: 21-23; Peñaloza 1987: 107. 466 Las ganancias por la explotación eran mínimas. Se producía 13.8 toneladas, por las que recibían más o menos tres mil bolivianos; los salarios, solamente, llegaban a 800 y 900 bolivianos (casi un tercio del ingreso). En: Peñaloza 1987: 107.

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vender sus acciones, y la primera opción la tenía Sainz. En 1897, con un adelanto que consiguió de Aramayo, él compró su parte de la mina por 15 000 bolivianos al contado, y otros 20 000 pagaderos en dos años (Peñaloza 1987: 107). De este modo, Pastor Sainz, en 1897, se hizo dueño de la totalidad de las acciones y formó lo que después sería la famosa 'Compañía Minera de Llallagua'. Por entonces Patiño, era un pequeño productor (que vendía 1 840-2 760 kilogramos de barrillas de estaño al mes). Por coincidencia, en ese mismo año ambos se hicieron dueños absolutos de sus minas (Peñaloza 1987: 108). En 1906, su hijo Néstor, estaba negociando con un grupo de capitalistas chilenos y finiquitó la venta. El precio fue estipulado en 350 000 libras esterlinas; 270 000 recibió en moneda, y el resto en acciones de la nueva compañía a conformarse, y que se constituyó con la razón social de 'Compañía Estañífera de Llallagua' y un capital de 450 000 libras (425 000 como capital pagado; cada acción a una libra, y el número de ellas para una persona estaba limitado a 3 800), que obtuvo el reconocimiento del gobierno boliviano el 19 de marzo de 1908. Se había consolidado la primera incursión de capital chileno en una importante empresa minera de esta-ño; la más grande de la época. “Los compradores pagaron una parte y la otra debían pagar en agosto. Pastor Sainz proyectaba fundar un banco y viajar al extranjero. Murió al año siguiente sin haber realizado sus proyectos. La fortuna se esfumó. Uno de sus hijos en 1910, viajó a Chile donde perdió en la Bolsa el valor de las 80 000 acciones recibidas como parte del pago. En 1914 no tenía nada” (Peñaloza 1987: 110-111).467 En 1910, Llallagua superaba a la producción de Patiño; y sus acciones en la Bolsa, de Santia-go, subieron. La explotación se orientó sobre todo a los filones más ricos, con el objeto de obtener más mena para tratar y, sobre todo, subir las ganancias. En 1912, la producción de la compañía alcanzaba a 230 toneladas de barrilla del 63% Sn; y en 1918 (último año de la primera Guerra Mundial) llegó a 1 748 toneladas con ley del 70% Sn, que, se decía, y talvez con razón, que era ya el 10% de la producción mundial de estaño. Daba trabajo a más de 2 000 obreros (Peñaloza 1987: 112).468
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Los accionistas de la 'Compañía Estañífera de Llallagua', fueron: Guillermo Amunátegui, José Tomás Alcalde, Carlos Aguirre, Carlos Aldunate Solar, Arturo Alessandri, Luis Barros Borgoño, José Manuel Balmaceda, Ar-turo Bascuñan Cruz, Ventura Blanco Viel, Luis Claro Soler, Máximo del Campo, Daniel Concha Suberca-seaux, Carlos Eastman, un tal Moisé, Manuel Foster Recabarren, Antonio Heneeus, Carlos Irarrábal, Eusebio Larraín, Raimundo Larraín, Arturo Lyon Peña, Mariano Larraín Bulnes, José A. Lira, Ignacio Larraín, Eleazar Lezaeta, Ricardo Lecaros, Javier Ortúzar, Antonio Orrego Barros, Napoleón Peró, Julio Subercaseaux, Eduar-do Salas, Carlos Ossandon, Francisco Tagle, Enrique Villegas Encalada, Javier Vial Solar, Régulo Valenzuela, Ricardo Lyon, Emilio Orrego Lugo, Enrique Morandé, Ismael Pereira, Eduardo Santafuentes, Julio Silva Ri-vas, Alejandro Valdés Riesco, Eugenio Toro, José Luis Vial, Ismael Valdés Vergara, Rodolfo Valdivieso, Leo-nidas Vial y Eleodoro Yánez. Según datos de Pedro Blanco, de 1909, la compañía adquirió entre 120 y 212 hectáreas; sus vetas de ancho promedio medían medio metro y 60% Sn de ley. Producía 294 toneladas de barri-lla y 22 080 toneladas de mena; empleando 600 trabajadores. En: Peñaloza 1987: 111-112. 468 La 'Compañía Estañífera de Llallagua', instaló, en 1910, el ingenio Chile, al que eran transportadas las menas mediante andarivel de una extensión de 5 kilómetros, y capacidad de 11.5 toneladas por hora. La capacidad instalada del ingenio era de 230 toneladas en 12 horas, y estaba equipado, con: cuatro molinos, 10 jigers, 8 me-sas y 2 budles. La empresa construyó un dique sobre el río Chayanta, para obtener electricidad, con capacidad de dos millones de kilowatios al año, en las plantas de Chaquiri y Lupilupi; y con esto podía mecanizar el tra-bajo tanto de la mina como de la planta de tratamiento. En:

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9.4. Los empresarios que se ocuparon de otras menas La lista podría resultar muy larga, y por ese motivo mencionaremos a pocas de ellas; productoras sobre todo de menas de plomo, zinc, cobre, plata, oro, antimonio y bismuto.469 Unas pocas palabras para referirnos a las minas de plomo-zinc, sin identificar a los mineros que las trabajaban. La provincia Nor Cinti/Chuquisaca, es la que más se destaca para estas menas (leyes del 75 al 80% Pb y 400-500 g/t Ag) que eran producidas por muchos industriales mineros. En la provincia Hernando Siles/Chuquisaca, se informa de la presencia de vetas de hasta dos metros de ancho, y que no se las explotaba por falta de caminos carreteros, dada la topografía del lugar. En la provincia Oropeza/Chuquisaca, muy cerca al puente en el camino Potosí-Sucre, se trabajaban yacimientos de antimonio; algo similar ocurría en la zona de Yamparaez/Chuquisaca, donde se explotaba plomo-antimonio (Roncal 1984: 125). Manuel Mª Aramayo Ortiz. Nació en Moraya/Potosí, en 1852; y falleció en La Paz, en 1922. Político y empresario (no se sabe qué parentesco tenía con José Avelino Aramayo). Estudió en La Paz, Sucre y Potosí. Desde 1870, se dedicó a las actividades mineras en Portugalete, Cho-rolque, Tasna, Esmoraca y otros lugares. Como industrial minero tuvo el mérito de descubrir, en 1890, los yacimientos de bismuto en Esmoraca/Potosí, que explotó hasta 1907 (Barnadas 2002, I: 146). Pablo Biggemann. Las minas de la Joya (provincia Dalence/Oruro), ya trabajadas en la Colo-nia por oro-cobre, estuvieron abandonadas por mucho tiempo. Este industrial minero logró reabrir las operaciones con bastante éxito, para luego transferirlas a una compañía holandesa, la cual que produjo, en 1940, 265 kilogramos de oro y 140 toneladas de cobre (Roncal 1984: 120). Max Goldschmidt. En 1935, la mina Andacaba, entró nuevamente en operación después de un largo abandono. Estaba en poder del Banco Nacional de Bolivia, y por la suma de 135 000 bolivianos se adjudicaron los señores Max Goldschmidt, Antonio Bonifaz y Guillermo Steven-son, que conformaron la 'Compañía Minera Andacaba Ltda.'. A poco de empezar el laboreo, se encontraron con una gran bolsonera estañífera (con 58% Sn de ley, en bruto; o sea, extraído de la veta). Esta boya duró alrededor de un año, para luego agotarse por completo. La compañía se dedicó entonces a explotar menas de plomo-plata (65-70% Pb y 5 kg/t Ag) y zinc-plata (45-50% Zn y 1 kg/t Ag). Años más tarde, se instaló una moderna planta donde se trataba las menas por flotación selectiva o diferencial.470 De igual manera, fue mecanizado el trabajo en interior mina; especialmente la mina que trabajó Luis Soux, cuando ésta pertenecía a Aniceto Arce. Las menas de estaño ya no se explotaron más (Roncal 1984: 112-113).
Peñaloza 1987: 112.
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'Compañía Chalviri'. Se estableció en la cordillera de Kari-Kari. Esta empresa de carácter anónimo, se compo-nía de 1 000 acciones (de las que 500 eran contribuyentes e iguales en derechos y obligaciones; 400 privilegia-das con la exoneración del 40%, correspondiente a las primeras cuotas; y 100 eran completamente gratuitas, adjudicadas a los propietarios de la propiedad minera). Esta empresa volcó sus esfuerzos a la producción de menas argentíferas (con leyes hasta de 20 kg/t Ag). Su forma de enriquecer estas menas era muy rudimentaria, llegando a vender su producción solo en “palla” (mineral escogido manualmente). Por falta de aportes de sus accionistas, esta empresa cerró sus puertas en 1892. En: Roncal 1984: 87-88. 470 Consiste en flotar primero los sulfuros de plomo-plata, depresando los de zinc. Luego, ellos son activados para ser flotados. Entonces, se trata de la flotación de la galena, seguida de la flotación de la blenda o esfalerita. Si la mena contiene sulfuros de hierro (piritas), ellas son depresadas y no pueden flotar. En este proceso se juega mucho con la regulación del valor de pH y el uso de modificadores (activadores y depresores).

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Por muchos años, en el siglo XX, Bolivia ha ocupado el segundo lugar en la producción de antimonio, después de Sudáfrica. Del total de la producción boliviana, gran parte provenía de Tupiza/Potosí, que fue calificado como el “corazón de antimonio”, de Bolivia. Tupiza, es la región donde se asentaron varios empresarios y empresas progresistas, en el siglo XX; muchas de ellas con actividad hasta el presente. Resaltan: la 'Empresa Minera San Juan Ltda.', que tiene el mérito de cumplir una gran función social en beneficio de la educación de esa zona. La 'Empresa Bernal Hermanos', se dedica sobre todo a las menas de antimonio-cobre-plomo-plata; logrando montar una fundidora de antimonio y de diversas aleaciones, en Palala, muy cerca de Tupiza. La 'Empresa Minera Boris Pocklepovic', productor de antimonio, tenía insta-laciones mecanizadas. A ellas se suman: la 'Empresa Minera Milo Ivanovic', 'Empresa Minera Abaroa', 'Empresa Minera San José de Berque' (con actuales instalaciones muy modernas, donde se recupera antimonio-oro) (Roncal 1984: 114-115). Ricardo Cruz, minero de Uyuni, operó una pequeña fundición de estaño durante la primera Guerra Mundial. Durante la crisis de 1930 a 1934, paralizó de explotar sus minas. Dejó al morir una pequeña fortuna (sobre todo en minas de antimonio, situadas en el sud; en la regiones de Agua de Castilla y Sud Chichas), a sus hijas. Una de ellas se casó con el coronel José Rocabado y, terminada la contienda del Chaco, éste reinició los trabajos mineros y se asoció con un ex-militar, René Quiroga Rico, que comenzó como empleado de la empresa (Peñaloza 1987: 396). René Quiroga Rico, ya hemos dicho que se asoció con Rocabado. Ambos encontraron tal desorden en cuanto a las concesiones de Ricardo Cruz, que hasta se habían perdido los títulos; y por suerte, ellas no fueron denunciadas de caducidad. Sí lo hizo después, el propio Quiroga, y así se volvieron a adjudicar la mayoría de las pertenencias y se formó la sociedad 'Empresa Minera Unificada Sociedad Anónima' (EMUSA). Quiroga, aportó las propiedades mineras; y los Rocabado-Cruz, las instalaciones, el nombre de Cruz y algún dinero. Quiroga, que por razones políticas fue obligado a retirarse del servicio activo militar durante el mandato de Busch, demostró excelentes cualidades como administrador: sustituyó al enfermo, Rocabado, y durante la segunda Guerra Mundial, convirtió a EMUSA en la mayor productora de antimonio de Bolivia y del mundo. En 1944, fue designado como presidente del Banco Minero de Bolivia y ocupó ese cargo hasta 1947. Quiroga, murió a fines de 1960, y con ello la fundidora METABOL perdió a su más dinámico administrador (Peñaloza 1987: 397, 400).471 Sucesores de Cruz. Consideración especial merece la 'Empresa Minera Unificada' (EMUSA) cuya mina es Chilcobija, que se encuentra en la provincia Sud Chichas. En 1973, produjo 5 357 toneladas finas; lo que representó un 36% de la producción nacional. 472 No cabe duda que estos empresarios medianos eran propietarios de las minas de antimonio catalogadas como las más grandes del mundo, cerca de Tupiza y en la provincia Quijarro. Incursionaron también en la explotación de otras menas (Roncal 1984: 113, 115). Queremos presentar la opinión del historiador tupiceño, Antonio Mariscal Paredes, en su libro Antimonio.473 Nos comenta que después de la Guerra de la Independencia, las actividades mineras
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Por haber sido condiscípulo de Gualberto Villarroel, desde la niñez, esa amistad le valió para su nombramiento. En ese mismo año: San Juan Ltda., produjo 1517 toneladas; Churqini Enterprises, 855 toneladas; y Bernal Hermanos, 287. No debemos olvidar a los pequeños productores de esta región y de otras del país (Roncal 1984: 115116). 473 Para la época pre-colonial: los pobladores chicheños fueron dominados por los aymaras y más tarde por los quechuas; y a pesar de ser culturas cuya economía era eminentemente agrícola, muchos yacimientos fueron por ellos explotados. Llegados los ibéricos, trastocaron esa economía agrícola en otra minera, y su interés radicó en la
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casi se paralizaron y, como ya era norma, ellas estaban inundadas; a lo que se sumaba, en muchas, la presencia de gases. Por otra parte, la zona oxidada era la que primero se trabajaba; y se dejaba las zonas de sulfuros, por ser profundas. Alrededor de 1900 (fines del siglo XIX), la cotización internacional de la plata cayó a límites que no permitían su explo-tación, con el consiguiente cierre de las operaciones mineras; lo que ocasionaba el despobla-miento de los asientos y la desocupación laboral (Roncal 1984: 116). El resto de la historia sabemos: se diversifica la explotación minera orientándose a la explotación del estaño; y en esta región, hacia el antimonio. Emeterio Villamil. Tipuani ejerció un gran magnetismo para muchos industriales. Hacia 1840, este concesionario descubrió una bolsonera de alta ley, en un paraje llamado La Rinco-nada. Su pariente, Ildefonso Villamil, entre 1852 y 1862, logró extraer unos 992 kilogramos de oro. Algunos buscadores se beneficiaron con hallazgos o golpes de fortuna casuales. Como era ya costumbre, fueron trabajados los veneros en forma irracional. A fines del siglo XIX, una compañía inglesa obtuvo concesiones e intentó mecanizar las operaciones importando equi-pos; y concluyó en fracaso. Otra empresa inglesa , la 'Incahuira Dredgin', consolidó varias concesiones aledañas al río Guanay e instaló una poderosa draga; mala suerte que no logró encontrar oro en cantidad suficiente, y abandono operaciones en 1920. (Crespo 1981: 299). German Walterspiel. El yacimiento de Huari-Huari,474 cerca de Potosí, a 30 kilómetros, pasó a manos de este ciudadano alemán, quien trabajó con éxito sus minas; habiendo forjado una fortuna que la sacó fuera de Bolivia. A su fallecimiento, han sido varios los empresarios que trabajaron aquí; entre ellos, la 'Compañía Minera Agrícola' (COMIGRA), compuesta de capi-tales nacionales y extranjeros (Roncal 1984: 112). 9.5. La dinastía de los Aramayo, los “reyes de la plata” Especialmente en el capítulo 6, nos hemos referido a algunos miembros de este clan; que para muchos políticos e historiadores constituyeron el grupo de los “reyes de la plata”, y más tarde figuraron como los “barones de la gran minería”. Veamos ahora su actividad minera y en otros aspectos, por separado. 9.5.1.- José Avelino (Ortiz de) Aramayo Oballe Nacío en Moraya/Potosí, en 1809 y murió en París/Francia, en 1882. 475 Conoció a la argentina Coloma Vega, hija del general Nicolás Vega. Ella tenía 19 años y él 36, cuando contrajeron nupcias en París, el 27 de septiembre de 1845. Testigos de su boda fueron José María Linares e Isidoro Echegaray. La pareja tuvo cinco hijos: Félix Avelino, Carlos, Emilia, Luis y Elvira (Crespo
explotación del oro, plata y cobre; habiendo realizado amplios trabajos de prospección y descubrimientos de importancia, que dieron lugar a la erección de asientos, como: Chilco, Gran Chocaya, San Vicente, Tatasi y Portugalete. En: Roncal 1984: 116. 474 En la Colonia, perteneció a los padres betlemitas, que la explotaron para con sus utilidades atender su hospital y cementerio. En: Roncal 1984: 111. 475 Consta en las crónicas de la familia, que Francisco Ortiz de Aramayo, contrajo nupcias con Juana de Dios de Porras y Matorras, en la segunda mitad del siglo XVIII. “En los primeros años del siglo XIX habitaba en Moraya un matrimonio integrado por Isidoro Ortiz Aramayo –hijo de Francisco Ortiz de Aramayo- y de Ma-ría Ovalle (...). El 25 de septiembre de 1809 María dio a luz en Moraya a un hijo varón , bautizado el 1 de octubre con el nombre de José Avelino. Sus padrinos fueron Bruno Ortiz de Aramayo y Manuela de Aramayo, vecinos del lugar”. José Avelino, quedó huérfano de madre (1815). En Tupiza, en la plaza, existe una estatua en su honor que fue inaugurada en 1909, por su hijo que arribó de Francia. En: Crespo 1981: 31-32, 198.

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1981: 43, 82).476 El historiador Alfonso Crespo, lo sitúa a José Avelino, como perteneciente al primer anillo de la cadena de tres generaciones de industriales mineros y figura prominente de la minería argentífera, en el siglo XIX. De familia modesta, empezó de ayudante de arrieros que comer-cializaban desde Tucumán/Argentina, hasta Cuzco/Perú; luego, fue empleado del minero y comerciante tupiceño Manuel de Jáuregui, con quien adquirió mucha experiencia (Crespo 2002, I: 145).477 Nunca estuvo de acuerdo con las políticas de Estado, relativas a la comercialización de las pastas de plata. Convencido de las ilimitadas posibilidades que ofrecía el país y las ciencias, trazó un diagnóstico muy crítico de la sociedad boliviana; emprendiendo, desde 1850, una campaña para que el país alcanzara el nivel de los europeos o de la Argentina o Chile, y la base tenía que ser la actividad minero-metalúrgica, que abarcaba simultáneamente: los ferro-carriles (que fueron proyectados por él en 1863, 1866 y 1870) para salvar el Litoral, la agrope-cuaria, los intereses territoriales y la democratización de la vida política (Crespo 2002, I: 145). Como viajero que fue, recorrió a lomo de caballo o mulo, la provincia Litoral; y llegó al convencimiento de que los yacimientos de Lípez, Portugalete, Chocaya, Ubina, Huanchaca, Porco, Potosí, Aullagas, Antequera, Poopó, Oruro, Carangas y Salinas, constituían el futuro y podrían alimentar la formación de numerosas empresas mineras (Crespo 1981: 44). Él sabía dónde se encontraban los yacimientos de oro, ya que este metal era producido en pequeñas cantidades por sus pobladores, en: Tipuani, el río de los Cajones y Chuquiaguillo (todos en La Paz); Choquecamata, Chayanta y Chichas (todos en Potosí); Mojos y Chiquitos (en el oriente) (Crespo 1981: 49). Había trabajado un tiempo en la mina Gallofa. Tenía conocimiento de la mina de Colquechaca y por eso las otras minas no tenían secretos para él; ya que conocía de su mineralogía, la potencia de sus vetas, la profundidad de sus tajos y el volumen de sus reservas. Partía de la premisa que las minas habían sido trabajadas sólo superficialmente y que estaban intactas a profundidad. Identificó, de la misma manera, las minas de cobre; y afirmaba que esas vetas eran abundantes y ricas, y estaban situadas en: el Desaguadero, Corocoro, Sicasica, Paria, Oruro, Negro Pabellón, Poopó, Condo, la cordillera de los Frailes, Lípez y Chocaya (sus vetas en Chichas y San Bartolo, en la provincia de Atacama, eran poderosas). Y la misma opinión tenía de las menas estañíferas, y aseguraba que el estaño se encontraba en todas las formacio-nes y con buena ley, que debería hacer su explotación y beneficio muy sencilla y poco costo-so; mencionaba como gran yacimiento al hermoso cerro de Huanuni,478 que apenas había sido trabajado por los antiguos, en sus afloramientos y nada a profundidad (Crespo 1981: 50-51). En 1849, nació la empresa mercantil 'Aramayo Hermanos', que se ocupaba de rescatar mine-rales. Tenían oficinas en La Paz y Potosí. Pronto la firma se hizo de nombre, en el ámbito comercial y financiero en el sur del país. Entre otros rubros se dedicó a la exportación de cascarilla o quinina (buena contra el paludismo), que obtenían en la provincia Caupolicán/La Paz y del
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Félix Avelino, estuvo casado con la peruana Elena Zeballos; Carlos, contrajo nupcias con Adelaida Alcalde, y radicaron en el Litoral; Emilia, casada con su primo Domingo Vera; Emilia, murió en París, afectada una larga dolencia; Luis, falleció a temprana edad de pulmonía, que contrajo cuando trabajaba en una mina de Potosí; y Elvira, que se unió en matrimonio con el médico francés, Alberto Charpentier. En: Crespo: 1981: 82. 477 Viajó a Europa en 1835 (que repitió en 1837, 1845, 1863 y 1871 y observó en el viejo mundo, la evolución de la revolución industrial) y regresó a Bolivia, con un pequeño capital; lo que le permitió convertirse en impor-tador de mercancías y exportador de oro. En: Crespo 2002, I: 145. 478 Por 1827, se descubrió una veta muy prometedora.

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Chapare/Cochabamba; para eso fundaron un Banco de Quinas, que tenía el monopolio para exportar anualmente 322 toneladas de corteza (Crespo 1981: 44).479 Luego del exilio, en Chile (1848-1853),480 fundó la 'Sociedad Antequera', basándose en la pertenencia minera de Caracollo y el ingenio de Sevaruyo/Oruro. Tanto en la mina como en la planta de procesamiento, se constituyeron en su época como pioneras en la mecanización y transferencia tecnológica europea; y en el campo social, patrocinó la creación de la Caja de Ahorros, para los obreros. En 1855, organizó la 'Compañía del Real Socavón' (ver 5.3.1) de la que fueron accionistas los ex-presidentes: Tomás Frías, Narciso Campero y Aniceto Arce; y a la que trasladó parte de los expertos europeos que trabajaban en Carguaicollo, Oploca, Portu-galete y Huanchaca, para acabar arraigado en San Joaquín, junto al Chorolque/Potosí. (Crespo 2002, I: 145). Veamos en detalle esos negocios mineros. En las cercanías de su casa de San Joaquín, había levantado un ingenio, para procesar parte de los minerales producidos en sus minas. Manejó esta instalación estrictamente y dio trabajo a decenas de trabajadores. Personalmente daba instrucciones en su planta. Como tenía nociones de medicina curaba a los heridos leves y las afecciones de sus mineros, sus mujeres e hijos; amén de costearles los medicamentos. Por primera vez en Bolivia, 'Aramayo Hermanos', implantó un sistema de caja de ahorros a favor de sus trabajadores; medida que después sería imitada por otras empresas y daría origen al sistema de seguro social implantado por Bautista Saavedra, recién en 1924 (Crespo 1981: 56). En 1850, adquirió la mina Carguaicollo, de propiedad del ladino cateador Juan Bautista Pal-mero. Éste, dos años antes había descubierto dos vetas de plata (de 3 kg/t de ley): la Ancona y la Tacana. En la mina aplicó lo que había visto en Francia, introduciendo por primera vez, en Bolivia, el sistema de “maderocarriles” en interior mina. Eran una especie de volquetas que servían para transportar los minerales, y se deslizaban sobre rieles de madera, recubiertas de planchas de hierro; en esta forma, las menas o el mineral de caja podían ser sacados a la boca-mina, más cómodamente que empleando las carretillas a mano (Crespo 1981: 46). Una obra de mayor envergadura se efectuó en el ingenio de Sevaruyo, donde José Avelino instaló nuevas máquinas para la molienda. A buen costo adquirió y quiso introducir el método de barriles o toneles, para amalgamar; desarrollado en Freiberg/Sajonia. Construyó hornos utilizando un sistema patentado en Europa, denominado Freiberg, y más tarde los reemplazó por hornos de doble bóveda. Dado que esa tecnología era desconocida en el país, tuvo que contratar, a su costa, a expertos (ingenieros, metalurgistas, químicos, maquinistas, operarios y artesanos) para modernizar sus empresas. Así, en 1856, trajo al mensurista y topógrafo alemán Hugo Reck,481 con el fin de
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Esta incursión no le trajo satisfacciones, ya que se produjo una sobre oferta que no pudo ser comercializada; ocasionando la tala innecesaria de bosques de esta planta medicinal. En: Crespo 1981: 44. 480 J.A. Aramayo Oballe, no tuvo predilección por la política y fue acérrimo antimilitarista. No logró admirar a A. de Santa Cruz ni a J. Ballivián. Tuvo problemas con I. Belzu, que lo exilió a Chile, a su turno, M. Melgarejo, que lo desterró a la Argentina. Apoyó a los presidentes civiles: J.M. Linares, T. Frías y A. Ballivián. En: Cres-po 2002, I: 145. 481 En 1863, Aramayo publicó un trabajo sobre una nueva vía de comunicación. En este proyecto trabajó Hugo Reck y otros profesionales extranjeros; consistía en hacer navegable el río Desaguadero, que comunicaba el la-go Titicaca con Pampa Aullagas (Poopó). Esto era posible, efectuando obras de ingeniería en una distancia de 590 kilómetros. Recomendaban los técnicos que desde Pampa Aullagas se construya un canal, y no un ferro-carril. La idea era transportar minerales de cobre, estaño y plata, y podría también ser utilizado para los mine-rales provenientes de Lípez, Chichas, Porco, Chayanta, Paria, Oruro, Sicasica y Carangas (de todo el Altipla-no). Quedaba pendiente el trazo del ferrocarril a través de la cordillera y luego por el Litoral. Los planos fueron delineados más tarde. En: Crespo 1981: 61-62.

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diseñar el mapa del Altiplano boliviano. Carlos y Ernesto Francke (alemanes), metalurgistas, se ocuparon de difundir las nuevas técnicas de amalgamación-fun-dición, ignoradas en Bolivia; y que rápidamente fueron adoptadas por numerosas empresas. Juntos fundaron la sociedad 'Aramayo, Francke & Co. Ltd.'.482 Otro experto que llegó fue Guillermo Bruckner, inventor del horno que lleva su nombre; y que se hizo famoso más tarde en México y Estados Unidos. Trabajaron para él: el ingeniero de minas, Enrique Stollwerk; el contador financista, Pedro Peruski; el ensayistametalurgista, Enrique Rosenbluth; el pedago-go, Francisco d’Avis;483 y el carpintero, H. Mack. Carguaicollo se constituyó en la mina pione-ra de la mecanización en el país; y Sevaruyo, el lugar de muchas innovaciones tecnológicas. La empresa, al cabo de tres años, rendía 300 000 pesos, al año (Crespo 1981: 46). Y no conforme con ello, buscó socios y contrajo fuertes deudas. En el siglo XIX, lo imposible se llamaba el Cerro Rico de Potosí, mina marginal que tenía plata de baja ley, mucha pirita y estaño de escasa aplicación. Ya hemos mencionado que, en 1858, organizó la 'Compañía del Real Socavón', de Potosí, con el propósito de explotar sus parajes. Primero, un día visitó el Cerro con Martín Jáuregui; y más tarde, mandó edificar el ingenio Quintanilla, al que dotó de tecnología que hasta entonces no se conocía en Bolivia, y llevó a sus expertos extranjeros contratados para Carguaicollo. Para cubrir los gastos emitió acciones en el mercado local y se asoció con personalidades, como: Tomás Frías y Narciso Campero, y otros inversores meno-res; con los que a la larga terminaría pleiteándose. Vano fue su esfuerzo: la plata del Cerro estaba agotada; no obstante, estaban los desmontes de estaño aguardando ser retratados, por-que su precio todavía no justificaba su recuperación (Crespo 1981: 49, 51). Ya hemos manifestado que la idea de construir un socavón casi en la misma base del Cerro Rico, era un proyecto colonial de la época de Jorge de Escobedo y Alarcón (por 1778). Esos trabajos posteriormente fueron abandonados. Al ser retomados por José Avelino, en 1876, éste fue el primer industrial minero en utilizar máquinas perforadoras en el Real Socavón de Potosí, y donde tuvo cierto auge en la explotación argentífera. En 1886, fueron adquiridas esas pertenencias por la 'Compañía Inglesa del Real Socavón' (ver 5.3.4) (Roncal 1984: 85). Otra sociedad que operó casi simultáneamente a la anterior, fue la que organizó con los industriales mineros Gregorio Pacheco y Calixto Yánez, para explotar los famosos yacimientos de Antequera y Oploca; o sea, las minas de Portugalete. Para completar esta situación y arries-gando todo, se lanzó a la adquisición de Huanchaca, ubicada en el cerro de Pulacayo, muy cerca de Uyuni; y que la encontró abandonada por la presencia de agua hirviente que brotaba a borbotones (Crespo 1981: 50). Huanchaca, le dio modestas utilidades y con el paso del tiempo, los elevados costos de pro-ducción le originaron serias pérdidas que le obligarían a deshacerse de la mina. Una verdadera lástima, ya que en 1894, Huanchaca, pagó dividendos superiores a 400 000 libras esterlinas; una cifra superior al presupuesto nacional de ese año. No todo le salió bien y tuvo que desha-cerse del Real Socavón de Potosí, de Huanchaca y otras minas más. Acosado por los pleitos entablados por los acreedores,
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La compañía fue registrada en Londres, en 1906, bajo esa denominación. Los Francke y otros alemanes, po-seían una sexta parte de las acciones. En: Hillman 1987: 59. 483 José Avelino Aramayo, vivía consagrado a su esposa y sus cuatro hijos, a quienes brindó esmerada educación. Su casa solariega de San Joaquín, en el valle de Tupiza, fue el aula donde, entre otros, el maestro irlandés d’Avis enseñaba a los cuatro hijos y otros amiguitos; entre ellos un tarijeño, Aniceto Arce. Desde Europa, hizo traer un piano y contrató maestros de música, italianos. En la huerta de su casa, de San Joaquín, dispuso plan-tar: perales, ciruelos, guindas, almendros, melocotones y manzanos. En: Crespo 1981: 55.

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sus adeudos sumaban cerca de medio millón de pesos. La firma 'Aramayo Hermanos', debió declararse en quiebra; a pesar que el valor de sus inversiones superaba el millón y medio de pesos (Crespo 1981: 52).484 De las líneas precedentes podemos imaginarnos la personalidad de este inquieto industrial minero: emprendedor, innovador, temerario, visionario, soñador, poco pragmático, etc., de ascendencia muy humilde y que nunca logró gran fortuna. Como hombre de temple luchó hasta el último de sus días. No alcanzó personalmente la satisfacción de conocer el triunfo; y cuando murió, dejó más deudas que fortuna, a sus hijos. 9.5.2.- Félix Avelino Aramayo Vega Nació en París/Francia, en 1846 y falleció en Biarritz/Francia, en 1929. Fue padre de Carlos Víctor Aramayo Zeballos.485 Uno de los más típicos “capitanes de la empresa”. Crespo, lo sitúa perteneciente al segundo anillo de la cadena de tres generaciones de industriales mineros. Hijo de José Avelino Aramayo Ovalle y de Coloma Vega, fue traído muy niño a Bolivia y, en 1862, su padre le asignó el cargo de cajero en el campamento San Joaquín (con 16 años y un haber de 25 pesos mensuales); además de ser su compañía, en sus desplazamientos. Al año siguiente entró a un internado inglés en Tottenham, Middlesex, próximo a Londres (el colegio de Bruce Castle), en el que permaneció hasta 1866; aprovechó en ese tiempo, de hacer un aprendizaje en las minas de estaño de Corwall (Crespo 2002, I: 146-147; Crespo 1981: 96-98). Cuando regresó a Bolivia, el 25 de abril de 1866, obtuvo licencia para prospectar el cerro Grande de Chorolque y los cantones comprendidos entre Cotagaita y Portugalete. Cuando le fueron concedidas tres estacas-minas, las bautizó con el nombre de Vega, en homenaje a su madre. Acto seguido, fundó la sociedad 'Félix Avelino Aramayo y Compañía', con sede en San Joaquín, y se asoció con los hermanos Francke, traídos por su padre (Crespo 1981: 99). Poco tiempo atrás, un laborero chicheño, Juan Arraya, había descubierto en el cerro Espíritu Santo un importante filón de bismuto, que fue registrado con el nombre de Progreso. Luego, cortaron una segunda veta, a la que bautizó con el nombre de Ferrocarril. En ambas se hallaron trazas de estaño, a las que no le dieron mayor importancia, por el bajo precio de éste. Enton-ces, se dedicó a explotar con métodos modernos el bismuto y logró, en junio de 1867, colocar las barras fundidas por el alemán Francke, en crisoles, en Tupiza, en los mercados ingleses; y fue la ocasión para que Bolivia se incorpore al mundo industrial. Félix Avelino, estando en Londres, en 1868, estableció una pequeña refinería. Ese año logró se exhiba una placa de bis-muto, procedente de sus minas, en la Exposición Universal de París. Despachó a Bolivia 600 cajones de insumos y azogue requeridos
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Estas inversiones se descomponían así: Carguaicollo, 20 ½ acciones; Real Socavón, 50; Antequera, 36; Socie-dad de Huanchaca, 3; Sociedad Oploca, un crédito activo de 68 650 pesos. A esto se agregaban cuatro estancias agrícolas: Naayu, Tunalito, Hipaguasa y Pirití; con más de mil cabezas de ganado. Y por último, una casa en la ciudad de La Paz. En: Crespo 1981: 53. 485 Felix Avelino, nació un 23 de junio de 1846 (en la casa 29 de la calle Choiseul); y fue bautizado el 7 de julio, en la iglesia de Saint-Roch. Invocando una ley de 2 de octubre de 1851, logró la ciudadanía plena boliviana. Murió un 5 de mayo de 1929. En: Crespo 1981: 43, 95, 254. Sus últimos años, Félix Avelino Aramayo, los pasó en Francia, rodeado de su familia. El 30 de junio de 1908, perdió a su madre, Coloma Vega, que había sobrevivido 26 años a José Avelino. Este suceso fue el más desga-rrador en su vida y logró consuelo en su pesar por mediación de sus hermanas Emilia y Elvira. Sus cuatro hijas estaban casadas: Elena, con Roberto Germán-Robón (un aristócrata colombiano); Emilia, con el conde Alberto de Aguilar; María Luisa, con el marqués Pierre d’Arcangues; y Mabel, con el conde Jean d’Arcangues. Carlos Víctor, el único varón, se casó con María Renée Tuckerman. En: Crespo 1981: 198. Su esposa, Elena Zeballos de Aramayo, falleció el 15 de febrero de 1940; sus restos descansan junto a los de su esposo, en el cementerio de Arcangues/Francia. En: Crespo 1981: 254.

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para amalgamar plata; además, de toda la maquinaria para montar un ingenio en Quechisla; y asimismo contrató los servicios de dos técnicos ingle-ses (John Illinworth y John Hunter), que se ocuparon de instalarla (Crespo 1981: 99, 101). Su experto laborero, Arraya, descubrió nuevas vetas en Tasna: El Rosario, La Murua, La Lealtad, La Constancia y La Tacana. Más tarde, se añadirán otras: La Milagros, San Agustín y San Ceferino (Crespo 1981: 102). En noviembre de 1870, viajó a Cobija/Potosí, a encontrase con sus parientes chilenos. Se aso-ció y fundó con Nicolás Igualt, la empresa minera 'Igualt y Aramayo', para comenzar a explo-tar el yacimiento de Caracoles/Potosí (descubierto por ese año, en la provincia de Atacama). Modesto como era el aporte de Aramayo, dos años más tarde liquidó su asociación con sus parientes, percibiendo una utilidad de 115 000 pesos; suma bienvenida para cubrir apremios de los numerosos acreedores de su padre. Su meta era invertir poco, no arriesgar mucho y contentarse con módicos dividendos; pero, seguros. Todo lo contrario a la filosofía de su padre (Crespo 1981: 105). Aramayo, demostró su interés por invertir en el Litoral y advirtió a los gobernantes de turno (A. Arce, T. Frías y G. Pacheco), sobre el peligro que entrañaba la presencia de capital chile-no. En 1880, fue elegido representante por Chichas en la Convención Nacional. El presidente Pando, lo nombró ministro en Londres; y jugó un rol importante en la formación de 'Bolivian Syndicate', un esfuerzo para impedir que el Brasil se apoderara del Acre. Como experto que era en cuestiones monetarias, escribió sobre la manera de fijar la relación entre el “patrón” oro y plata. A favor de sus intereses personales, agrandó la empresa, que comprendía las minas en Ánimas (Chocaya), Chorolque, Tasna y Quechisla; donde se producía estaño-wolfram-bismu-to, empleando unos tres mil trabajadores, con salarios superiores a los que pagaban otras empresas (Crespo 2002, I, :146147). En 1876, Félix Avelino, construye su mansión de dos pisos, en Chajrahuasi, cerca de Tupiza, rodeada por espaciosos huertos y frondosos árboles. La familia abandonó San Joaquín, para gozar de las comodidades de su nueva casona solariega; la vieja casa familiar, la vendieron para seguir pagando deudas contraídas. Chajrahuasi, resultaría ser el refugio de dos genera-ciones de Aramayos. Otra venta, por los mismos motivos, que talvez más tarde lo lamentaría, fue vender su parte o sus acciones en la 'Compañía Oploca', a una sociedad constituida por los inversores chuquisaqueños: Gregorio Pacheco y Francisco Argandoña, y el tarijeño, Aniceto Arce. Sus nuevos dueños lograron tiempo después crecidas utilidades (Crespo 1981: 102-103). Félix Avelino, fue el primero en conocer sobre el ataque a Antofagasta, el 14 de febrero de 1879; inclusive antes que el propio presidente de la república, Hilarión Daza, porque pocas semanas antes había inaugurado la línea telegráfica entre Tupiza y Buenos Aires. Entonces, la noticia se conoció vía Argentina (Crespo 1981: 118). Según Roncal, la 'Compagnie Aramayo des Mines en Bolivia' (con sede en Ginebra/Suiza y domicilio legal en Tupiza/Potosí; y años más tarde con Gerencia General en La Paz/Bolivia), fue una de las organizaciones más cimentadas, en 1879, fundada con el esfuerzo y tenacidad de Avelino Aramayo. Las principiales minas que poseía esta compañía, fueron: Chorolque, Tasna y Porco; con un total de más de 5 000 hectáreas. Chorolque, era conocida por sus ricas menas de plata-estaño-cobre. En las minas de Chocaya, se explotaba en forma exitosa estaño; la veta Colorada, tenía una potencia de tres metros de ancho; en 1930 esta veta todavía tenía leyes de 80 kg/t Ag y 10% Sn, lo que la convertía en un extraordinario yacimiento. Para sus instalaciones de 251

procesamiento contaba con motores a diesel, a gas y a turbina; con una poten-cia instalada de 1 400 HP.486 Sus principales plantas fueron: Santa Elena y Salo, en Chorolque; Buen Retiro, en Tasna; Asllani y Telamayu, en Chocaya; y Agua de Castilla, en Porco (Roncal 1984: 108-109). Ibáñez, asevera que, Félix Avelino Aramayo, fue el iniciador de la construcción de los ferrocarriles: Mejillones-Caracoles y de Arica-La Paz (Ibáñez 1943: 234). 9.5.3.- Carlos Víctor Aramayo Zeballos Nació y murió en París/Francia (1889-1981).487 A los ocho años fue matriculado en la escuela preparatoria de Kensington, barrio residencial londinense. Desde 1901, hasta 1908, fue alum-no interno del colegio Beaumont, donde recibió formación humanística. A los 19 años de edad se matriculó en Oxford, donde permaneció dos años (hasta 1910, no terminó de graduarse). Su padre lo preparó para regresar a Bolivia, y a él le impresionaron estas palabras. “cuando hayas concluido tus estudios en Londres tendrás un cargo aquí, en la Compañía” . En efecto, firmó su primer contrato, con el salario de 30 libras esterlinas por mes. Su futuro estaba trazado Crespo 1981: 207208, 211-212). Industrial minero (ubicado en el tercer anillo de la cadena de tres generaciones de mineros), hijo de Félix Avelino Aramayo Vega, fue gerente en Quechisla, de la compañía británica 'Ara-mayo, Franke Mines Ltd.'. Entre 1916 y 1922, incursionó en la política.488 Controló el capital de, La Razón,489 la empresa periodística más moderna y prestigiosa del país, en su época (Crespo 2002, I: 147-148). Muchos decían que, para Carlos Víctor Aramayo, más importante que sus negocios mineros era la circulación de “La Razón” y celebraba cualquier elogio a su diario. Probablemente, el día más feliz de su vida fue cuando recibió el premio María Moros Cabbott, en 1946. En su discurso de agradecimiento, en Nueva York, recalcó que el éxito era de su personal, que tra-bajaba en el periódico durante casi tres décadas. Un día de 1917, conoció a María Renée Tuckerman, en la casa de una amiga de su familia, Elena Dorado de Peró, en Buenos Aires. Su futura esposa era francesa, como él (de padre nor486

“Testigos del acceso de Europa y los Estados Unidos a la era tecnológica e industrial, simbolizada por las máquinas de vapor y la electricidad, quisieron incorporar su patria a ese mundo cuyo despertar percibían intuitivamente. Románticos, cada uno a su manera, padre e hijo buscarán, en tanto forjaban su prosperidad personal, labrar una patria arquetipo de progreso en Sudamérica”. En: Crespo 1981: 95. 487 Nacío el 7 de octubre de 1889, en un apartamento situado en la intersección de las calles Meissonier y Prony , a algunos pasos del parque Monceau, en París. De sus hermanas guardaba recuerdos, especialmente, de Mabel; y pocos, de Nelly. En: Crespo 1981: 203, 205-206. Su esposa falleció en diciembre de 1974 y fue un duro golpe para Carlos Víctor, y con ella desapareció “parte de su propio ser”. Él lamentaba no poder volver a ver sus montañas chicheñas; deciá: “yo he vivido demasiado. Habría querido vivir más tiempo en Bolivia y morir en mi país”. En: Crespo 1981: 410. 488 Fue diputado por Sud Chichas (1916), embajador en Londres (1926-1934), Ministro de Hacienda (1934-1935), delegado en la Conferencia de Paz del Chaco (1935); gerente en 1922 y administrador general de la compañía 'Aramayo de Mines', con sede en Ginebra/Suiza. A pesar de ello, la política le permitió ejercer sus actividades en Quechisla. En: Crespo 2002, I: 147. 489 El primer número de “La Razón” empezó a circular un 7 de febrero de 1917, bajo la dirección de Alfredo Infante. Dado el ataque que ejercitó este periódico al gobierno de Montes, éste los clausuró en diciembre de ese año. Carlos Víctor, arremetió comprando nuevas máquinas e ingresó a formar parte de su Directorio; en abierto desafío al gobierno, que asaltó su edificio ubicado en la calle Mercado. La Razón, sobrevivió porque se con-virtió en un órgano nacional. En: Crespo 1981: 223.

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teamericano y madre chuquisaqueña,), quedó huérfana de madre y al cuidado de su tía Elena. La boda se efectuó en Buenos Aires, el 27 de julio de 1918 (Crespo 1981: 221).490 En octubre de 1922, regresó la pareja Aramayo-Tuckerman, de Europa, para establecerse en Quechisla y atender los negocios familiares; ya que su padre estaba cansado y cargando 77 años. Carlos Víctor se había propuesto ampliar el radio de acción social de la compañía. Se preocupó de erigir dispensarios médicos, se dotó de viviendas confortables a los obreros; se instaló energía eléctrica, agua potable y alcantarillado; impulsó la construcción de escuelas para los hijos de los trabajadores, y a éstos los alfabetizó. Pocas empresas bolivianas hacían esto (Crespo 1981: 242) En 1924, Carlos Víctor Aramayo, agilizó la fundación de la Asociación de Industriales Mine-ros de Bolivia “con objeto de procurar, por todos los medios lícitos y con arreglo a las prescripciones legales, el desarrollo y prosperidad de la industria” (Crespo 1981: 249). En la práctica, los grandes mineros no la apoyaron y se limitó a manejar una pequeña oficina. En 1925, la firma 'Guggenheim Brothers', de Nueva York, descubridora de las minas de cobre de Chuquicamata, en el antiguo litoral boliviano, propuso a Félix Avelino la compra de Cho-caya; y éste difirió la decisión hasta consultar con su hijo Carlos Víctor, quien se opuso. Su padre aceptó esa posición; pero, con la condición que asuma la presidencia de la empresa familiar. Ese año, Carlos Víctor, fue designado presidente de la 'Compañía Aramayo de Mines en Bolivie'; nueva razón social de la empresa, con sede en Ginebra/Suiza (Crespo 1981: 247). Carlos Víctor Aramayo, continuó el laboreo minero en lugares que sus antepasados trabajaron, y era el alma y nervio de las empresas, de: Tatasi, Portugalete, Chocaya y el famoso Chorol-que. Con su fortuna adquirió minas de gran importancia en Sud Chichas, Oruro, Esmoraca y los yacimientos auríferos de la zona de Tipuani. Consta en la aduana de Uyuni, que pagó por exportaciones de wolfram, más de medio millón de bolivianos en un año; lo que significaba un aporte importante a las arcas de la nación (Ibáñez 1943: 235). En 1936, Carlos Víctor Aramayo, decidió tentar suerte en Tipuani. Contrató a muchos cónsul-tores y envió misiones exploratorias a esa región; entre ellas, una con dos expertos america-nos: C.G. Bowers (subgerente de la Compañía) y el ingeniero William Forrest Coperland. Tras extensas prospecciones confirmaron que en los lechos de los ríos de Tipuani, había veneros auríferos. Cuando éstos se encontraban a flor de tierra, su extracción no era problemática; pero, si cuando ellos se encontraban debajo del nivel del los valles y quebradas, y en ese caso había que practicar la minería subterránea, como en las otras minas (mediante socavones, galerías, etc.). Más tarde, envió a otro experto, el famoso ingeniero americano, Edwin Berry. Éste confirmó las apreciaciones de sus colegas y paisanos. Antes de lanzarse a la inversión, decidió extender la prospección a los ríos Mapiri y Kaka, realizando una serie de sondeos para cuantificar las reservas del yacimiento. Conclusión: se detectó oro en las playas, susceptible de ser extraído mediante una draga. Debía invertir en ella más de un millón de dólares, lo que las restricciones de la guerra hacían inviable (Crespo 1981: 301). Otro problema, era la falta de camino y lo difícil de su construcción. Entonces, decidieron que el mejor medio de transporte era el aéreo. Se construyó una pista, hangares y talleres de mantenimiento, desmontando parcelas en Teoponte y Tipuani. Con el paso del tiempo, esta pista
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Ella fue la compañera de su vida. Se había adaptado completamente al ambiente minero. Muchas de sus obras de beneficencia quedaron en el anonimato. Su fallecimiento acaeció en 1974. En: Crespo 1981: 245.

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adquirió pavorosa reputación. Las compañías aéreas Panagra y Lloyd Aéreo Boliviano, firmaron sendos contratos con Aramayo, para realizar vuelos muy arriesgados por cierto (Crespo 1981: 302).491 Mediante contrato con el Gobierno, en 1937, la compañía se comprometió a pagar una regalía sobre su producción bruta de oro (del 6 al 9%); también, debía vender al Banco Minero, en moneda nacional y a los precios vigentes en el mercado internacional, un porcentaje de su producción, en escala decreciente del 15 al 12%.492 Además, el contrato estipulaba una inversión no inferior a 500 000 libras esterlinas, en trabajos de exploración y explotación. La empresa podía vender el resto de la producción, libremente; ya sea, dentro o fuera del país. Entre 1937 y 1952, la compañía sólo alcanzó a producir 1 788 kilogramos de oro, cantidad insuficiente para pagar la inversión efectuada. Al 31 de diciembre de 1945, el flujo de caja arrojaba una pérdida de más de 1.9 millones de dólares; sobre una inversión de 3.7 millones de dólares. “Maravillosa como aventura, Tipuani lo fue menos como empresa lucrativa” (Crespo 1981: 303). Veamos otra versión al respecto. En el siglo XX, la firma Aramayo logró adjudicarse gran número de hectáreas en el río Tipuani (provincia Larecaja/La Paz), afluyente del río Beni. Allí tenía sus instalaciones para explotar el preciado oro. Los Aramayo, no se preocuparon de construir un camino carretero; eso sí, de una pista de aterrizaje, desde donde era embarcado lo producido, para su comercialización. El Estado boliviano, no pudo controlar lo que se trans-portaba de Tipuani. Una vez que este yacimiento pasó a poder de la empresa COMIBOL, ésta no la pudo trabajar y transfirió las instalaciones al Banco Minero de Bolivia, que trabajó en administración directa; para más tarde entregarlas a las Cooperativas Mineras, las que actualmente la explotan (Roncal 1984: 122). Interesante, es también, la historia de la mina Caracoles. La propiedad estaba asentada en varios kilómetros cerca de Eucaliptus (estación ferroviaria en el tramo Oruro-La Paz). Se decía que contenía ricas menas estañíferas y pertenecía a la Guggenheim (los reyes del cobre). Su gerente, el irlandés Horace Graham, le había propuesto varias veces a Carlos Víctor, com-prarle la mina Ánimas. Al no poderlo convencer, Graham, cambió de táctica y sugirió a Guggenheim, que tomara a su cargo la administración de la citada mina, a cambio de un por-centaje sobre utilidades. Esto le pareció interesante a Aramayo; ya que su gerente, Malcolm Roberts, estaba próximo a jubilarse y no había sucesor a la vista. La ventaja de los Guggen-heim, era que contaban con un staff de buenos consultores. El contrato fue firmado el 19 de julio de 1928; vale decir, poco antes de la depresión económica mundial, cuya repercusión en Bolivia, fue la caída del precio del estaño. En 1932, Graham visitó a Aramayo, para anunciarle la rescisión del contrato (en fecha julio de 1933). Aramayo puso algunas condiciones, como la que los técnicos se quedasen; esto lo logró y ellos efectivamente permanecieron hasta 1952, año de la confiscación de las minas. Así, Carlos G. Bowers y Claude Kemper, continuaron con Aramayo; en actividades de la compañía, en otros países (Crespo 1981: 248). Carlos Víctor, sabía que las inversiones en Caracoles, fueron elevadas; ya que en la planta de tratamiento, la usina eléctrica y la infraestructura en oficinas y edificios se gastó mucho dine-ro; sólo el camino desde Eucaliptus costó más de un millón de dólares. Entonces, propuso a Graham,
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Sobresalen entre los pilotos de esta ruta, el legendario capitán Luis Torres. Y a todos los pilotos se los conocía como los “especialistas de Tipuani”. En: Crespo 1981: 302. 492 En ese tiempo el oro tenía un precio de 32 dólares, la onza troy. Hoy, 22 de diciembre 2004, vale 441.80, la onza troy.

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que le vendiesen la propiedad de Caracoles, en 20 000 dólares; lo que la Guggen-heim, aceptó sin titubear (Crespo 1981: 248). Esta mina se valorizó cuando estalló la segunda Guerra Mundial, dado que se levantaron las restricciones a la producción estañífera. La compra, de Caracoles, incluía también la mina de wolfram de Pacuni, que le proporcionó buenas ganancias. Aramayo, esperaba que le aumenten la cuota de estaño por la producción de la mina; lo que en verdad no ocurrió, ya que esa cuota se la otorgaron a Hochschild. Esto los distanció; pero, al cabo de poco tiempo se repusieron esas relaciones (Crespo 1981: 249). Escribió un folleto sobre el estado de la minería boliviana, donde vaticinó su decadencia en el futuro si la gran minería fuese estatizada. Junto con Mauricio Hochschild, invirtió en una em-presa agropecuaria en Santa Cruz, la 'Compañía del Oriente', para suministrar buena alimen-tación a los trabajadores mineros (la cual también fue expropiada en 1953). Por otro lado, las relaciones Aramayo-Patiño, fueron siempre cordiales, aunque algo distantes. Patiño, quiso comprarle la mina Chocaya; que, por segunda vez, Aramayo no aceptó (Crespo 1981: 250). Una vez que las minas de los barones fueron nacionalizadas, Carlos Víctor y su esposa María Renée, fijaron domicilio en el quinto piso de un edificio en el boulevard Maurice Barres, en Neuilly-sur-Seine, suburbio residencial de París (cerca del bosque de Boulogne). Allí vivieron su largo exilio. Carlos Víctor, seguía dirigiendo sus negocios, contando con el apoyo de sus fieles colaboradores: Hohn Ribon y Gastón Arduz; y su secretaria, Hilda Fairthlough. Mante-nía buenos contactos con Leonardo Montero (abogado); y con Charles Bowers y Claude Kemper (ingenieros de la ex-compañía); y con Guillermo Gutiérrez Vea Murguia, su amigo de marras (Crespo 1981: 406). 9.6.- Un ingeniero francés y sus siete empresas Una de las empresas más prestigiosas asentadas en el Cerro Rico fue la 'Compañía Minera de Potosí S.A.', cuyo accionar (tecnología de vanguardia para su época), está íntimamente ligado a la vida del ingeniero francés Luis Soux. Los procesos perfeccionados por él no sólo abarca-ban la metalurgia; ya que él se preocupó por la exploración, la explotación, la concentración, la fundición y la comercialización de menas de plata, cobre y estaño (Serrano 1998: 7).493 Así, cabe mencionar los adelantos en la: lixiviación, calcinación, tostación clorurante, escogi-do, flotación, concentración gravimétrica y la fundición. Para ello diseñó los flujogramas y montó las respectivas plantas de tratamiento. Asimismo se preocupó de diseñar sistemas de transporte, de desarrollar variantes en los métodos de explotación -considerando el equipo apropiado-, se mejoraron las condiciones de higiene y seguridad industrial. (Serrano 1998: 7).
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Luis Soux, nació el 5 de noviembre de 1855 en Sainte Croix de Volûestre, de Ariege, Francia. Culminó sus estudios universitarios como

Departamento

Ingeniero de Artes y Oficios. Se vino a Bolivia junto con Aniceto Arce en 1892. Por ese entonces contrajo nupcias con doña María Hernández Tapia (hija de Eduardo Hernández y hermana de Anselmo, con quien hizo buenos negocios). De esa unión nacieron siete hijos: Eduardo, Ana, Catalina, Augusto, Adela, Julia y Antonio. En: Serrano 1998: 7.

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9.6.1.- Algunos datos sobre su accionar en la actividad minera Comenzó arrendando durante tres años unas minas en Colquechaca, mientras su familia vivía en Sucre donde nació el mayor de sus hijos. Su consorte, lo convenció de ir a Potosí a visitar las minas y propiedades de 'La Riva, Hernández y Basabe' (Pailaviri, Huailla-Huasi, etc.). Una vez en la Ciudad Minera, Luis Soux inspeccionó todo el Cerro y sugirió en una reunión de Directorio que se trabajara la parte estañífera. Romualdo de la Riva, le respondió: “Señor, nosotros somos azogueros viejos y no titisuruchis”. Ofendido Soux volvió a Colquechaca, pero ya con la idea fijada en dar el salto tecnológico: olvidarse de la plata y explotar el estaño del Cerro Rico de Potosí (Serrano 1998: 8). Nuevamente fue llamado Soux a la Villa Imperial, esta vez por la señora Ana Tapia viuda de Hernández (su suegra), para trabajar en 'La Riva, Hernández y Basabe', que estaba en decaden-cia. Por desinteligencias con los principales accionistas renunció dirigiéndose a la ciudad de Oruro en busca de trabajo. Allí se encontró con el ingeniero Pedro Dupleich, con quien deci-dió asociarse para instalar una fundidora de estaño en Potosí (Serrano 1998: 8).494 Más tarde, cuando ya trabajaba con Dupleich y Arnal, en la planta Velarde instalaron un horno de fundición. Se mezclaba los concentrados de estaño con cal y sal, y se usaba taquia como combustible. Para mejorar la tecnología, Soux viajó a Cornwall/Inglaterra, dejando a sus socios produciendo barras con 93% de estaño, y con la recomendación de “mantener las escorias fluidas”. Mas, Dupleich y Arnal o no pudieron vigilar la operación o cambiaron las proporciones de los ingredientes, haciendo que los hornos se atorasen. Desesperados, ambos empresarios solicitaron a Soux que retorne a Potosí. Mientras tanto, nuestro ingeniero, en Lon-dres, se contactó con los banqueros 'Klainworth and Sons', cita en Church Street 54, quienes le otorgaron un crédito para mejorar sus operaciones (Serrano 1998: 8). 9.6.2.- Empresas predecesoras y posteriores Muchas empresas mineras están íntimamente ligadas al accionar o a la vida del ingeniero Luis Soux. Una de ellas, la más prestigiosa y que comenzó a operar en la segunda década del presente siglo, fue la 'Compañía Minera de Potosí S.A'.495 Predecesora de esta empresa fueron varias sociedades mineras que necesariamente debemos considerar, ya que los bienes de una servían para organizar la siguiente. En realidad, presentaremos las empresas con las cuales nuestro dinámico industrial minero estuvo ligado directa o indirectamente hasta su muerte (Serrano 1998: 8). Retrocediendo en el tiempo, en marzo de 1894 se instaló en Potosí el establecimiento de Velarde, con el objeto de efectuar la compra y rescate de minerales. Años más tarde serviría esta instalación y sus predios para probar verdaderas tecnologías de vanguardia, constituyendo la época de oro de la minería potosina. Además, a la información anterior podemos añadir algunos datos sobre los bienes o activos fijos que figuraban en sus libros. De la primera empresa, 'Dupleich y Compañía de Oruro', prácticamente no sabemos nada.496 No obstante, tenemos un dato que nos enseña el tipo de sus
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Del informe impreso presentado por Francisco Riskowsky al Ministerio de Hacienda (Juicio a la CMP; Potosí, diciembre de 1921). Legajo G-524. 495 Memorias de la CMP, legajo D-517 y Extractos de títulos a la formación de la CMP, legajo A-504. 496 Existe un testimonio de escritura de disolución (número 68) de la sociedad constituida por 'Dupleich y Cía.' (ver legajos B-286 del 22-04-1896 y B-302). Para la formación y disolución de la nueva empresa 'Dupleich-Soux y

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actividades: la señora Francisca Quiroz de Vázquez vendió a Dupleich y Soux relaves que contenían plata y estaño, por la suma de 1 500 bolivianos al contado, incluyendo también las menas que se encontraban en la superficie y subsuelo en el cauce del Río de la Ribera; más propiamente en el trayecto desde el antiguo y derruído ingenio de Agua de Castilla, que está situado al Este de la ciudad, hasta el lugar denominado San Antonio, ubicado en la parte Oeste, más abajo del pueblo de Cantumarca.497 De 'Dupleich-Soux y Compañía',498 sabemos que fue adjudicataria de 27 bocaminas en el Cerro Rico, todas otorgadas por el prefecto Zenón Cossío en favor de esa nueva sociedad; ya que presentaron los escritos de petición “adheridos con un timbre de 10 bolivianos” para cada una de las bocaminas.499 Entre otros de sus bienes figuraba la planta Velarde (en la Colonia, de propiedad de los Monteros).500 El 11 de octubre de 1901, Soux compró todos los derechos y acciones de sus ex-socios Arnal y Dupleich por la suma de 300 000 Bs y así surgió por dos años la 'Empresa Minera Luis Soux'.501 Por otro lado, para esas épocas su cuñado Anselmo llegó a un acuerdo con Luis Soux quien le adelantó dinero para pagar las deudas de la firma 'La Riva, Hernández y Basabe'. Con la disolución de ésta se conformó 'Soux-Hernández'.502 Veamos ahora la aportación de los nuevos socios. El de Soux consistió en medio millón de bolivianos traducidos en instalaciones de procesamiento y también minas en el Cerro Rico, en Cantumarca, en Andacaba, etc. Un total de 44 propiedades (34 de ellas en el Cerro). Por otro lado, el aporte de su cuñado fue de cien mil bolivianos consistente en: dos ingenios y, entre las minas, las pertenecientes a la empresa 'La Riva, Hernández y Basabe' y 'Sociedad Huailla-Huasi de Potosi'.503
Compañía' (Pedro Dupleich, Luis Soux y Manuel Arnal), ver legajos B-287 del 11-10-1901, B-288 del 17-01-1901 y B-302 del 04-01-1923. 497 Según escritura del 28 de diciembre de 1897, ver legajo A-71. 498 Se conformó el 8 de abril de 1896 y operaba ya desde enero.

Las labores de esta Compañía se ejecutaban en el Cerro; contaba con el mayor número de bocaminas y soca-vones (entre ellos Pailaviri y Caracoles). Entre las plantas de concentración y lixiviación de su propiedad figu-ran Velarde y Chaupi. Poseía la planta de energía eléctrica de Cayara diseñada por L. Soux. Diversificó sus ac-tividades y de sus haciendas agrícolas se abastecía de víveres para sus pulperías. Soux montó una molinera de cereales, 'Molino Francés' y una fábrica de dinamita, 'Compañía de Explosivos Dragón'. En: Roncal 1984: 110.
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Tomado de los testimonios de adjudicación de 27 bocaminas en el Cerro de Potosí (legajo A-349 del 21-07-1901). Títulos de propiedad del Ingenio Velarde. Legajo I-205. 501 No existe un testimonio de escritura de la conformación de dicha empresa. En poderes conferidos a su hijo Eduardo, a Germán Ramos y al procurador Carlos Borda y Anze se nombra esta sociedad minera; así como en una carta de anulación. Ver también el certificado de compra de la 'Sociedad Dupleich-Soux y Compañía' del 29-05-1919 (legajo B-149) y el testimonio de escritura de reconstitución (número 58) de 21 bocaminas en el Cerro de Potosí del 11-07-1906, legajo A-353. Interesantes resultan los legajos B-211 del 03-04-1917 y A-353 sobre la compra, entre otros, de la Mina Pailaviri. 502 Testimonio de escritura (número 57) de sociedad minera establecida por Luis Soux y Anselmo Hernández bajo la razón social Soux-Hernández, con objeto de negociar en la compra, beneficio y venta de minerales y explota-ción de minas (legajo B-289 de octubre de 1902). 503 Las propiedades fueron adjudicadas en remate público a Luis Soux, según escritura del 24 de octubre de 1902. En realidad la adjudicación era para su cuñado, Anselmo Hernández y que quedó refrendada entre éste y Juan Manuel

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Como vemos, los nuevos asociados eran adjudicatarios de 60 bocaminas en el Cerro y 10 pertenencias en otros lugares. En tres años y tres meses habían logrado un capital de 446 084 bolivianos, que constituía el denominado “capital de reserva”. Obviamente que la gerencia y dirección técnica de la empresa recaía sobre el ingeniero francés, que podía ser sustituido por Anselmo en caso de necesidad. Sabemos que el total de impuestos sobre la plata y estaño que pagaban al Fisco desde 1902 hasta 1905, sumaba unos 13 012 bolivianos (el 84% correspondía al estaño y el resto a la plata).504 Al término del período del acuerdo, el 22 de octubre de 1912, Luis Soux compró la sexta parte de las acciones pertenecientes a su cuñado, pagando por ella 400 000 bolivianos, y formó su propia sociedad, la: 'Empresa Minera Luis Soux', donde su hijo Eduardo administraba los ingenios y Augusto las minas. Esta rebautizada Empresa poseía en la segunda década del pasado siglo un total de 176 propiedades y, hablando en hectáreas adjudicadas, tenía en su poder 1 590.505 Además, compró las colas de las plantas de procesamiento de plata, las fundía por estaño (empleando carbón) y exportaba las barras. Cuando se conformó la 'Compañía Minera de Potosí S.A. ', contaba entre sus bienes con: 110 bocaminas en el Cerro Rico, y en trámite la concesión de otras dos bocaminas en el mismo Cerro.506 En sus alrededores poseían 29 veneros; de ellos 7 estaban en trámite y dos como reserva. En total, estamos hablando de 850.5 hectáreas de concesiones para iniciar o continuar trabajos mineros (Serrano 1998: 9). Por otro lado, la Compañía tenía propiedades y pedimentos de vetas con un total de 1 930 hectáreas, sobresaliendo entre ellas la “Boliviana”, con 1 000. Entonces, los intereses de la familia Soux giraban sobre alrededor de 2 800 hectáreas.507 Finalmente, la Compañía poseía muchas otras propiedades; entre ellas 17 ingenios, todos ellos a lo largo de la Ribera de la Vera Cruz. Sabemos algo sobre el cambio de dueños, hasta que formaron parte de sus activos.508 Asimismo tenía varios terrenos en diferentes sitios de la ciudad y aledaños a los ingenios, y casas. También se nombra la planta hidroeléctrica de Cayara y su respectivo tendido de cables y accesorios.509
Basabe, mediante el documento público del 15-12-1903. En julio de 1906, Anselmo hizo constituir legalmente las 25 bocaminas (ver legajo A-71). 504 Testimonio del juicio a la CMP, por el Sr. F. Riskowsky. Existen los legajos G-524 y G-525 sobre este sonado juicio. 505 Resumen de las propiedades mineras de la 'Empresa Minera Luis Soux', en el legajo A-503 del 03-03-1920 (donde en realidad figuran 172; amén de los 17 ingenios). 506 Un primero de enero de 1921 se constituyó la compañía conformada según escritura de constitución del 30 de noviembre de 1920, extendida en la ciudad de La Paz. Del libro de actas de la CMP, legajo D-305 del 16-12-1920. Sobre la declaración de Luis Soux en favor de la CMP de las propiedades, ver el legajo B-301 del 22-01-1912. 507 Ver el extracto de títulos de dominio de las bocaminas y propiedades constituidas sobre veneros y vetas, de los ingenios, casas y terrenos, en los legajos A-71, A-502, A-504 y A-525. Sobre La Boliviana, el legajo A-130 del 2712-1921. 508 Muchas de estas instalaciones se remontan a las empresas predecesoras; ver los testimonios, I-143, I-205, I-207, I208 e I-294. 509 Un testimonio del 13-10-1917 (legajo C-274), nos da cuenta de pormenores y detalles del proyecto, para la construcción y funcionamiento de una usina eléctrica, solicitada por L. Soux para sus minas de Potosí a la General Electric Sudamericana, en Buenos Aires.

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Diremos también que su esposa, doña María,510 había donado una fuerte cantidad de dinero para comprar armamento bélico para la Guerra del Chaco y para la construcción del hospital Daniel Bracamonte. Eso descapitalizó a Soux que, viéndose en la necesidad de capitales accedió finalmente a la formación de la 'Compañía Minera Unificada del Cerro de Potosí'.511 No nos vamos a referir a la conformación de esta última sociedad minera. Sólo nos limitare-mos a decir que: Eduardo ayudó a su padre y siempre trató de armonizar los problemas refe-rentes a las negociaciones con Mauricio Hochschild. Estuvo en Buenos Aires donde instaló la “Agencia Soux”, que trabajó durante la Guerra del Chaco y sirvió de vínculo entre Bolivia y los prisioneros bolivianos en el Paraguay. En 1936, en Oruro, condecoraron a su primer hijo como “ciudadano predilecto”. Igual homenaje le hicieron en la ciudad de Cochabamba (Serrano 1998: 9). 9.6.3.- Adelantos tecnológicos ¿Qué obras en el campo de la actividad minera podemos destacar de la personalidad de Luis Soux, profesional inquieto, impulsor de grandes innovaciones y adelantos? En primer lugar, ya hemos hecho una explicación cronológica de la actuación de este meritorio ingeniero francés en la conformación de empresas que se dedicaron a explorar y operar minas, a tratar las menas en sus ingenios e incursionar en su fundición, y preocuparse de lo más complejo del negocio minero: la comercialización. Consiguientemente, Soux fue un buen administrador y técnico, ya que sobresalen sus conocimientos sobre la economía minera, rama que aglutina lo económico con lo tecnológico de una operación (Serrano 1998: 9). Veamos algunos ejemplos de este accionar, sin mantener un estricto ordenamiento. Eso sí, trataremos el período precedente y el posterior a la principal de sus empresas: la 'Compañía Minera de Potosí'. Primero, en lo que respecta a la minería (Serrano 1998: 9): -En los primeros años de la década de 1900, Soux efectuó estudios en la mina Caracoles; y en la boca del cuadro López instaló un torno con dos baldes para extraer el mineral con vaciado automático y accionado desde la cancha mina por un motor a petróleo, Gnome, de un cilin-dro, con generador eléctrico. -En abril de 1904, ante el enorme costo que representaba el transporte del mineral, Soux solicitó autorización para instalar un andarivel entre la mina Caracoles y la planta Velarde, contratando para el efecto al Ing. Brooks, quien realizó los estudios y la instalación respectiva; ascendiendo su costo total a la suma de 121 000 bolivianos.512 -Su hijo Augusto, Gerente de la 'Compañía Minera de Potosí', en 1921 estableció el sistema de control
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Doña María facilitó su inmueble, de la calle Padilla esquina Nogales para que, el 6 de enero de 1909, nazca el Colegio Franciscano. El objetivo principal que perseguía ese establecimiento era dedicarse a la enseñanza de los hijos de mineros e industriales pobres. Consiguientemente, las clases para ellos tenían horarios especiales. 511 Existe un informe relativo a los títulos de las minas de la CMP transferidas a la CMUCP del 30-04-1931 y 31-101933 (ver los legajos A-203 y D-436); otro testimonio de protocolización (minas en el Cerro, Ingenio Velar-de, usina eléctrica de Cayara, etc.) del 11-10-1929, legajo B-36; el de compra-venta de acciones suscrita entre la CMP y SAMI (de M. Hochschild) del 05-02-1932 (legajo B-201) y finalmente la escritura de compra-venta de los desmontes, pallacos y veneros, legajo B-446 (sin fecha). Sólo para desmontes y relaves los legajos F-482 y F-486.

El legajo D-517 contiene las memorias de la CMP, que se presentaban a consideración de los accionistas en las juntas ordinarias. En los legajos B-505 y B-509 se tienen las memorias y los balances publicados (para los años 1930-36) de la CMUCP, S.A. En este trabajo no se discutirá el aspecto económico de ninguna de las empresas. 259

con fichas y la oficina de distribución. Se controlaba de esta manera el número de jornales y el de obreros. También se optó por dotarle de una red telefónica muy bien instala-da, cuya central estaba en las dependencias de Pailaviri. -En 1922 el principal de los socavones, Pailaviri, contaba con 800 metros de línea decauville para el transporte con carros; los trabajos de perforación se efectuaban con perforadoras eléctricas y de aire comprimido; y el callejón estaba iluminado hasta el tope con focos de 16 a 20 bujías. En el cuadro había una jaula para transportar obreros, materiales y menas.513 -El Presidente de la 'Compañía Minera de Potosí', en febrero de 1925, era Fernando Leitón Hochokofler; quien puso en conocimiento del Prefecto del Departamento, y para su autorización, el Reglamento Preventivo Contra Accidentes de Trabajos en Minas. Tres meses más tarde fue aprobado en la ciudad de La Paz, por el Departamento Nacional del Trabajo.514 -Luis Soux montó una fábrica de dinamita de muy buena calidad. Esa empresa se llamó Com-pañía de Explosivos “Dragón”, que obtuvo el primer premio en la feria conmemorativa al primer centenario de la Nación. -En 1929, Luis Soux estaba pensando operar los relaves de la Ribera en su propiedad de Cantumarca, con un sistema de excavadores. En Aroifilla, ya se lo hacía para todo lo que la draga no podía explotar. -En cuanto a los sistemas de explotación, Soux introdujo los métodos “rajo suspensión” y “rajo al piso”, que fueron