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Elba Bairon

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01/08/2014

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Lady Bairon

Este mes, el MALBA presenta una muestra de la escultora Elba Bairon. ¡Atención! Por allí viene marchando su ejército de seres sin rostro...

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Elba Bairon. en su taller de Montserrat, rodeada por sus obras.

Por Fernando García Fotos de Emma Livingston

asta que la punta de la birome presione el papel del bloc de notas para que por debajo se difumine un polvo blanco, microscópico, que en segundos podría enharinarlo todo. Elba Bairon pide disculpas y corre presurosa a buscar uno de los manteles de papel finito que usa para poner a resguardo cualquier superficie ajena a esta caspa de estrellas que es la atmósfera natural de su refugio. Si fuera una mala de Batman, “Lady Byron” subiría a sus víctimas los tres largos pisos de mármol por escalera hasta el atelier donde trabaja para convertirlas en estatuas. Y quedarían fijas, como estas criaturas sin cara ni nombre ni color que la luz de Monserrat que entra por los enormes ventanales recorta a su antojo. ¿Byron? Sí. Elba, de 65 estupendos años, habría mantenido el emblemático nombre inglés asociado al romanticismo, la poesía y los excesos aristocráticos si no fuera porque su padre, Max, un profesor de historia vinculado al Partido Comunista, lo acriolló a “Bairon” cuando formó familia con una mujer de linaje aymara. ¿Tendría algo que ver esta Elba con el famoso Lord Byron? “¡Todo!”, dice y sacude su pelo corto, negrísimo, tan ochenta que entra perfectamente en un mameluco de M57. Si el profesor de Historia le expropió el nombre, a Elba parece haberle quedado una ironía leve y ese acento que puede asimilarse más a un modo (neutral, diplomático, elegante) que a un lugar geográfico. Elba no suena porteña; tampoco boliviana. Sin embargo, nació en Bolivia. Y vuelve todo lo que puede aunque se haya ido de La Paz a los cinco años. Vuelve a buscar algo muy profundo de ella que se quedó para siempre a vivir en la altura: “Cuando vuelvo de La Paz, que es tan caótica y atractiva, con tanto color, Buenos Aires, por contraste, parece una ciudad tranquila…”. Los humanoides característicos de Elba Bairon empezarán a exhibirse este mes y andarán hasta febrero por el subsuelo del MALBA, en ese espacio llamado “Contemporáneo”. Son figuras rematadas en pasta de papel que –se dijo– no tienen rasgos. No son de aquí; no son de allá, podrían ser de cualquier lugar del mundo. Ninguna marca hay en estas esculturas (una palabra no del todo exacta para describir su obra, que también invoca la artesanía y la estatuaria de jardín) del Altiplano o del Río de la Plata. Bairon arquea las cejas como diciendo “Dios no lo permita” porque lo que menos quiere es que se la reduzca a una curiosidad folclórica del TEG. Pero hay marcas. Y, para verlas, hay que escucharla con extrema atención. Fijar la mirada en el cuento que cuenta. Aunque ella se resista a contarlo todo: “¿Mi vida? ¿Para qué?”, repregunta. Si fuera por Elba ni hablaríamos. Sería una posibilidad. Venir al ruinoso Palacio México (el edificio de 1888 donde se refugia) y nada más verla, chiquitita y toda de negro, moverse con premura entre sus siluetas blancas. Elba, aunque no quiera, aunque le cueste, se va diciendo de a poco. Y dice, por ejemplo, que este desfile de criaturas sin cara viene a representar algo de ese tiempo perdido que se empeña en recobrar cuando va a La Paz. Solita reflexiona sobre cómo es lo que no se ve cuando se indaga en un recuerdo borroso. Desliza entonces que sus esculturas tienen cara de “no me acuerdo”: “Algo así… Como la forma de la memoria a la que no se puede llegar. Como cuando no te podés acordar la cara de alguien”.
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Entre las figuras que están trepadas a las mesas metálicas se distinguen algunas, otras permanecen cubiertas con fundas también blancas. Como burkas o mortajas. Cada vez que Bairon deja la sala para calentar té, tienta la curiosidad malsana por descorrer el velo. ¿Por qué hay Entre tanto, el chino. Las clases eran en la Biblioteca obras tapadas? Son las que no voy a usar en la muestra Nacional, un “edificio hermoso” en la 18 de Julio. Un –explica–. Y si están ahí y las puedo ver, me distraen. año entero se podía ir en afinar los trazos de un ideograma No me dejan terminar las nuevas. Me desconcentran”. pero a Elba no le importaba porque de esa concentración Viejas, nuevas… ¡Pero si no tienen cara ni nombre! y paciencia está hecha su obra: se disfruta tanto o más del Sería muy difícil determinar el año de una obra de Baiproceso que del resultado. Y en sus criaturas –se ha visto– ron porque todas parecen partir de un mismo cuerpo el fin, el remate, se suspende: no hay rasgo acabado. aunque, cada tanto, tenga que separarlas en muestras. “Es cierto: transitan”, dice ella. Entonces podrían penlba traza su autorretrato de Lady Bairon en Buesarse como parte de un plan secreto. Las muestras, el nos Aires, circa 1968: “La melancolía de Monmercado, el calendario del mundo-arte, todo disimula tevideo se me hizo insoportable y me vine a vivir su verdadero propósito: la creación de una especie de sola acá porque la época pedía emanciparse muy nuevo ejército de guerreros chinos de terracota. rápido. Buenos Aires tenía otra energía, mucho más Elba sonríe cómplice porque sabe que detrás de esta empuje que Montevideo. Qué más… Usaba minifalda forma que ha creado y que es enteramente suya, además y botas y me gustaba mucho Deep Purple. Iba al Di de Inglaterra, Bolivia y Argentina, hay algo, sí, de China. Tella, vi montones de cosas”. Fin. Es la primera vez que lo revela: “Siao Iu”. Nunca antes Nada de la épica trágica de los 70 le pertehabía dicho así, en una entrevista, para que nece. Se dedicó a crear en la intimidad y en la muchos más lo sepan, el nombre de su profeintimidad crió a su hija Albertina (a la que se sor de pintura china en Montevideo. ¿Por qué agregaron luego Pablo, Serena y Carolina Montevideo? ¿Por qué un pintor chino? Por“Está bueno como la progenie extendida por ensamble). que a la familia Bairon (ex Byron) la corrieron que mi vida la Tal que Elba Bairon, como otros de su genede Bolivia a fines de los años 50. Hicieron pie ración, se salteó los 70 y apareció en los 80 y en Buenos Aires y, después, vino el cruce del cuenten otros, 90, orbitando en el anillo de la magnética gran charco. La adolescencia de Elba transasí me voy Liliana Maresca (1954-1994), reina del under currió entonces en una Montevideo “de posenterando de y la performance. Primero se hizo un nombre tal”, como ella misma grafica. “De Montevicomo grabadora y escenógrafa en el Centro deo me gustaba esa cosa de ir caminando y lo que hice”. Cultural Rojas y, de a poco, se recortó como que, de pronto, te puedas meter en el río como escultora o, mejor, siluetista. Fueron aparesi nada, como si te cayeras… Tengo el ciendo estas formas que hay ahora. recuerdo del puerto, toda esa zona era muy Marcos López le hizo un retrato en blanco linda”. Cuatro años de todos los que estuvo y negro inolvidable. Muchos conocen a Lady Bairon por en la capital uruguaya los pasó concentrada en las enseesa foto de 1992, una morocha que parece asomar a la ñanzas del maestro chino que se había escapado de Mao. imagen dejando atrás la bruma de una Rivendel (el paraíso Pero no estudió escultura en Bellas Artes como dicen élfico de Tolkien) litoral. La geometría exacta de sus clalas cronologías (“Por eso está bueno que mi vida la cuenvículas sostiene en el espacio un bouquet de flores blancas. ten otros, así me voy enterando de lo que hice”, ironiza) La mirada de Elba es allí puro silencio y, sin embargo, aunque su paso por el claustro le abrió los ojos a la vanesta imagen está hecha en una tarde de fiesta. “No guardia estética. “Fue solo un año pero muy, muy recuerdo en qué estudio Marcos hizo esta foto pero sí intenso. También en el sentido político porque los milila situación. Estábamos con Liliana (Maresca), que fue tantes interrumpían las clases todo el tiempo para arena darle una mano con los detalles, y se escuchaba música garnos. A mí no me interesaba nada de eso… ¡Yo quería muy fuerte. La estábamos pasando realmente bien”. mi clase y no veía la hora de que se fueran!”. A su espalda va y viene, 180 grados, una estufita marca “Liliana” que le trae calor o un souvenir de aquella gema incandescente. Tan radiante como la plata de las minas de Oruro. Brillantes, hasta sacar el nombre Byron de la vieja isla para que se desdibuje en el bravo Nuevo Mundo y se transforme en otra cosa. El nombre de unas siluetas sin cara, por ejemplo. n

Elba Bairon, Buenos Aires, 1992. Foto de Marcos López.

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