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Comparación de los principios de la fundamentación ética de Aristóteles,Stuart Mill y Kant

Comparación de los principios de la fundamentación ética de Aristóteles,Stuart Mill y Kant

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República Bolivariana de Venezuela Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria Universidad Yacambu Araure edo.

Portuguesa

Orliyannis Barreto V-22326141 CJP-121-00101

Comparación de los principios de la fundamentación ética de Aristóteles, Stuart Mill y Kant. Para analizar el pensamiento sobre la ética que estos tres autores proponen es necesario entender primeramente que existe un contexto muy distinto y una distancia cronológica que alcanza los 2 mil años, es imprescindible comentarlo para entender el porqué de muchos de los planteamientos que estos presentan. Ahora bien para hablar de la ética aristotélica conviene precisar el sentido de los términos "ética" y "moral" tal como se van a emplear aquí, pues a lo largo de la historia, ha habido matices variados en la manera de entender estos términos. Así, Kant entendió la moral como la cualidad de aquellas acciones que se realizaban de manera desinteresada y atendiendo exclusivamente al deber de actuar por respecto a la ley moral, la cual se manifestaba al hombre a través de su conciencia moral. El mismo Aristóteles en alguno de sus planteamientos y los pensadores que han defendido algún tipo de intuicionismo moral han estado muy próximos al pensamiento kantiano, defendiendo, de manera implícita o explícita, la existencia de una especie de sentido moral que guiaría al ser humano para reconocer el carácter moral de sus acciones como buenas o como malas en cuanto se adaptasen o no al cumplimiento de lo moralmente correcto por puro sentimiento del deber. Otros pensadores, entre los que se debe incluir a Aristóteles al margen de que también defendiera un intuicionismo moral, consideran que la moral tiene un valor relativo, de manera que en ella el deber estaría subordinado al querer, y el querer al bien, el cual aparece como objetivo esencial de las acciones humanas, tal como sucede en la fundamentación eudemonista de la Ética de Aristóteles, quien al mismo tiempo defendió otros fundamentos morales contradictorios en muchas ocasiones con el eudemonista, como lo fue su defensa de una moral intuicionista o como lo fue hasta cierto punto su defensa de una moral social, a pesar de que el haber considerado al hombre como una realidad social pudo atenuar en cierto modo el carácter contradictorio de la defensa simultánea de una moral individualista, pues no siempre el bien individual coincide con el bien colectivo, y de hecho el propio Aristóteles excluía de dicha colectividad a los esclavos, a las mujeres, en cuanto las consideraba inferiores al varón, y a los niños deformes, a quienes había que eliminar a fin de que no fueran una carga para la sociedad. Sin embargo, desde la perspectiva de Kant, en cuanto los planteamientos aristotélicos se relacionan con la búsqueda de la eudaimonía, no serían propiamente morales a causa de su carácter interesado, a diferencia de la ética kantiana,

centrada en la idea del deber, entendido como obligación incondicional de realizar determinadas acciones al margen de las consecuencias positivas o negativas que de tales acciones pudieran derivar para quien las realiza, el cual sólo debería obrar por respeto a una supuesta ley moral absoluta. La perspectiva aristotélica sólo sería propia de una moral relativa. En muchas ocasiones, sin embargo, el pensamiento aristotélico se inclina en favor de otros puntos de vista, como el intuicionista, propio de una moral absoluta, o como el de carácter social, que se aleja del intuicionista, pero que, en cuanto desde la perspectiva aristotélica el ser humano es una realidad social, en algunas ocasiones llega a subordinar el bien individual al bien común, pues, aunque el bien del individuo está ligado al de la comunidad política a la que pertenece, hay ocasiones en que la búsqueda simultánea de ambos bienes es imposible, de manera que la comunidad política se presenta como un medio al servicio del individuo o bien el individuo es un instrumento al servicio de la comunidad política, de manera que, en cuanto Aristóteles defiende el eudemonismo individualista y una moral social relativa, tal planteamiento es coherente, pero, cuando defiende unos valores sociales absolutos, entonces incurre en contradicción con su defensa del eudemonismo o del determinismo, así como en la imposibilidad, propia de todo intuicionismo, de demostrar la existencia del deber en un sentido absoluto. La ética de Kant es también conocida como ética de los deberes pues convierte a los "deberes" en la esencia de la moral; según esta doctrina, existen deberes que tienen que cumplirse, independientemente de sus consecuencias; el valor en esta ética no es externo a la moral. Mientras que la ética de Mill, conocida también como ética de los fines, señala que el valor moral de las acciones radica en las consecuencias de éstas; por lo tanto, el valor moral de esta ética se encuentra en elementos extra morales, como el placer, la felicidad o el bienestar económico. La primera diferencia entre ambas proviene de su origen: el tipo de ética a la que pertenecen. La ética de Kant forma parte de una ética formal, y esto significa que a diferencia de la ética de Mill que es una ética material nos señala acciones o fines específicos como lo hace Mill al proponer que el único fin en la vida es alcanzar la felicidad, aumentar el placer y disminuir el dolor, sino que señala la forma en que debemos llevar a cabo esas acciones si deseamos que éstas tengan algún valor moral. Desprendido del tipo de ética al que pertenecen, tenemos entonces que para la ética de Kant, las intenciones constituyen la verdad moral; mientras que para la ética de Mill, la verdad moral radica en los efectos de las acciones. De acuerdo con la ética kantiana, el valor moral de una acción radica en la voluntad del hombre. Dice Kant que "la buena voluntad no es buena por lo que se

efectúe o realice, no es buena por su adecuación para alcanzar algún fin que nos hayamos propuesto, sino que es buena por sí misma". Mientras que la ética de Stuart Mill señala a la felicidad como el principio fundamental de la moral y fuente de obligación moral; así, Mill nos dice que "toda acción se realiza con vistas a un fin y parece natural suponer que las reglas de una acción deban tomar todo su carácter y color del fin al cual se subordinan". Por lo tanto, la ética del deber juzga a las personas en base a la intención detrás de la acción, mientras que la ética de las consecuencias como su nombre lo indica juzga a las personas por los efectos de sus acciones, no por sus intenciones. Así pues se concluye que mientras la ética del deber parte de la pregunta "¿Qué acciones debo desplegar en mi vida para actuar como un ser racional?", teniendo esta pregunta un tono personal, nos damos cuenta que, al responderla, nos ayuda a descubrir qué tipo de persona queremos ser. Por su parte, la ética de las consecuencias se pregunta: "¿Con qué medios se puede lograr los mejores efectos para los involucrados por un propósito práctico determinado?". A diferencia de la pregunta anterior, esta es más abierta y general, busca la respuesta no en nosotros, sino en algo externo, ajeno. Al responderla descubrimos cómo medir la felicidad producida en los demás gracias a nuestras acciones. Personalmente me inclino por la teoría de Kant quien señala, en su Fundamentación Metafísica de las Costumbres: "Sin embargo, el principio de la propia felicidad es el más rechazable, no sólo porque es falso y porque la experiencia contradice el supuesto de que el bienestar se rige siempre por el bien obrar; no sólo tampoco porque en nada contribuye fundamentar la moralidad, ya que es muy distinto hacer un hombre feliz que un hombre bueno". Es decir, me parece ilógico fundamentar la moralidad y a partir de ahí tratar de determinar si una acción es éticamente buena o no en las consecuencias de nuestras acciones, como si nosotros, adivinando el futuro, supiéramos cuáles van a ser éstas. De igual forma creo que un buen fin no necesariamente lleva consigo una buena acción y, por lo tanto, no convierte en bueno a un hombre. En este caso cabe mencionar que, a diferencia de como dice el dicho, "el fin NO justifica los medios". No porque el fin sea bueno, todas las acciones para llegar a él sean corrupción, asesinatos, robos serán éticamente correctas y de verdadero valor moral.

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