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Historia de La Moneda

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Instituto Técnico de San Pedro Sula

Asignatura: Filosofía

Tema: El Idealismo Alemán Catedrático: Petrona Mejia

Alumnas: Melany Roció Escalante Karol Sarahi Navarro Claudia Tatiana Gómez

Curso: II de Mercadotecnia Sección: única

Fecha: 19 de octubre del 2008

Historia de la Moneda

Introducción
Las primeras monedas fueron acuñadas con carácter oficial, en Lidia (hoy Turquía), un pueblo de Asia Menor, aproximadamente en el año 600 antes de Cristo, aunque su origen y uso provenía de muchísimos años antes. Estas acuñaciones eran de oro y de plata y llevaban estampado el sello del león del Rey. Luego comenzaron a acuñarse también en China y posteriormente en Grecia, para ser adoptado luego, por todos los pueblos. Su nombre proviene del latín 'moneta', apodo con que se nombraba a la Diosa Juno, cuyo templo en Roma era usado para acuñar las monedas. En países de Asia y África se usaron valvas de cauríes, unos moluscos, como monedas primitivas, especialmente en China e India, unos 3.500 años antes. Los chinos usaron monedas de hierro hacia el siglo IX a C., pero las reemplazaron por papel moneda, pues eran muy pesadas. Una vez creadas, las monedas originaron un sistema monetario cuyas características han permanecido, en esencia, constantes durante milenios; uno de los cambios que ha perdurado fue la introducción, en las monedas europeas del siglo XVII, de las ranuras en los bordes con el fin de evitar que se limasen. El papel moneda fue introducido por primera vez en China, en torno al siglo IX, como dinero en efectivo intercambiable por certificados emitidos para el gobierno de la dinastía Tang por los bancos privados. Respaldado por la potente autoridad del Estado chino, este dinero conservaba su valor en todo el imperio, evitando así la necesidad de transportar la pesada plata. Convertido en monopolio del Estado bajo la dinastía Song, el papel moneda ha pervivido durante toda la historia china a pesar de las perturbaciones causadas por los cambios políticos y de que la emisión del papel moneda no estaba respaldada ni por plata ni por otras reservas. El problema de la depreciación hizo que, a partir de entonces, se mantuviera la plata como patrón de cambio chino para

las transacciones importantes. El papel moneda apareció por primera vez en Occidente en el siglo XVI, cuando se empezaron a emitir pagarés por parte de los bancos para respaldar los depósitos monetarios de sus clientes. Estos medios de cambio proliferaron y las autoridades coloniales francesas de Canadá utilizaban cartas de juego firmadas por el gobernador como promesa de pago desde 1685, ya que el envío de dinero desde Francia era muy lento. La mayoría de los países disponen ahora de una Casa de la Moneda única, aunque la creación de dinero puede depender de varias instituciones. Por ejemplo, aunque la creación de dinero en España depende únicamente del Banco de España, las monedas las acuña el Tesoro, en la Casa Real de la Moneda, y los billetes los emite el Banco de España directamente. Otros países no tienen Casa de la Moneda propia, pero contratan el servicio en exclusiva con otra de otro país. Esto puede deberse a razones técnicas (que no se tenga la tecnología suficiente) o por razones políticas, cuando la demanda de dinero nacional no justifica una oferta independiente que resultaría enormemente cara, o porque la moneda nacional no tenga credibilidad, como ha ocurrido en algunos países de América Latina que utilizan el dólar estadounidense como sistema de valor de equivalencia, aunque imprimen moneda nacional en sus propias Casas de la Moneda o bancos centrales. La Casa de la Moneda suele encargarse de retirar de la circulación el dinero antiguo y de poner en circulación nuevas monedas y billetes, destruyendo los antiguos y refundiendo las monedas viejas. Muchas también realizan otro tipo de actividades, como es la refundición de metales preciosos, el diseño de grabados de alta calidad o la creación de medallas y monedas de colección.

Historia de la Moneda
Antes del 2.500 antes de Cristo existía en las ciudades del valle del Tigris y del Eufrates, en las del Indo y en las del Nilo un tipo de moneda muy especial. Las gentes traían la parte sobrante de sus productos a los templos de las ciudades amuralladas. Allá los sacerdotes-contables abrían una cuenta corriente con fichas de barro a cada persona, ingresando sus productos en el almacén del templo y estableciendo una cantidad de dinero abstracto en función de las mercancías ingresadas. Posteriormente, si estas mismas personas querían otro tipo de productos del templo, se hacía la transacción inversa. Para cada intercambio, se establecía un documento, hecho de barro cocido, con el nombre del comprador, el del vendedor, la mercancía intercambiada y la cantidad de unidades monetarias utilizada. Es lo que llamamos «factura-cheque». Para intercambios importantes y entre ciudades diferentes, se establecía un sistema de transporte garantizado, basado en las «bullae». En el carro del transportista había una bola de barro cocido en el interior de la cual había unas fichas que representaban los diferentes productos transportados. También había grabadas las fichas en la superficie de la bola. Al llegar a destino, se abría la bola y se comprobaba que su contenido coincidía con el del carro. En aquella época se producía una pacificación creciente entre las diferentes ciudades, en parte debido a la inexpugnabilidad de las murallas, en parte debido a la prosperidad que suponía este sistema de intercambio citado. La moneda era un instrumento abstracto que sólo tenía valor en función de una mercancía realmente existente. Cada intercambio comercial dejaba su rastro jurídico correspondiente, bajo la forma de tablas de barro. Todo ello se vino abajo con la aparición de la moneda anónima de oro, plata, cobre y bronce. Este otro tipo de moneda, anónimo, concreto e

independiente de las mercancías, permite con mucha más facilidad la corrupción y el soborno. Con la aparición de la moneda anónima, en el 2.500 a. C., vino el advenimiento de la banca privada, auténtico «poder en la sombra». Y los funcionarios de los templos cambiaron su vocación y se dedicaron a inventarse las religiones. A partir de este momento volvieron los imperialismos. Las inexpugnables murallas caían, no bajo los mazazos de unas entonces inexistentes catapultas y ballestas, sino bajo el soborno de los sitiadores a algunos de los guardianes. Posteriormente los traidores sobornados podían ser discretamente ejecutados y los ocupantes inventarían mitos como los del «Caballo de Troya» y las «Trompetas de Jericó». El dinero anónimo seguiría su evolución, hasta convertirse en los modernos billetes de banco y talones anónimos al portador. Las distintas instituciones políticas creadas para que los ciudadanos se hagan la ilusión de ser protegidos por ellas sufren el acoso de los «poderes fácticos» que sobornan y corrompen políticos, técnicos y jueces. Y ahora viene el momento de las propuestas económicas del Centro de Estudios Joan Bardina. Por nuestra parte, se trataría de volver a un sistema de intercambio no-anónimo y responsabilizados, como el de los antiguos templos, pero con el sistema tecnológico actual, utilizando de nuevo la «factura-cheque». Para ello es necesario el establecimiento de una red telemática pública, de uso obligatorio para todos y gratuita. Y también una serie de garantías para evitar la concentración de poder que podría suponer el dominio de esta red. Entre estas garantías proponemos una auténtica separación del ejecutivo, el legislativo y la justicia. La justicia, independiente del ejecutivo y del legislativo, debería tener un tanto por ciento fijo de los presupuestos generales del Estado asignados por mandato constitucional, y no contar con órganos como el «Consejo General del Poder Judicial», que existe en el Estado español y que pretende controlar la justicia desde los partidos políticos dominantes a través del ejecutivo y del legislativo. Creemos que el control telemático de la población ya está siendo ejercido por la banca privada a través de sus redes. Nuestra propuesta, más que crear una red telemática

nueva, tiende a poner orden a las ya existentes, haciendo que la información privada de cada persona esté a disposición de esta misma persona, y del juez solamente en caso de abrirse un proceso. La información estadística del conjunto del mercado debe quedar a disposición de todos sus miembros. Un aspecto importante a tener en cuenta es que, con esta reforma, la comunidad ha de garantizar una renta mínima para todas las personas que no tienen un sistema de subsistencia, ya sea trabajo o pensión por cualquier motivo. Es lógico que, con este sistema, desaparezcan las indignas vías de subsistencia provenientes del mercado negro. Para equilibrar el presupuesto, formulamos una hipótesis que, de verificarse, podría proporcionar esta renta básica o salario social sin tener que recurrir a gravosos sistemas de impuestos. Esta hipótesis está basada en la riqueza comunitaria que puede crearse dentro del mercado, riqueza comunitaria basada en los excedentes de producción y del dinero que se puede inventar para adquirirlos. Este dinero se repartiría entre los más desfavorecidos.

Se encuentra representada la historia de la moneda desde las primeras acuñaciones en electrón (S. VII a.C.), las series griega y romana con importantes ejemplares como las monedas acuñadas en Siracusa, Atenas, Engina, etc... y las primeras emisiones de la República romana: aes rude, sistema libral y semilibral. Destaca

especialmente la colección de moneda hispánica, cuyos ejemplares proceden, en su mayoría de la antigua colección Gómez Moreno. La colección de moneda medieval ofrece una significativa muestra de las acuñaciones de oro de los reyes suevos y visigodos y una amplia representación de las emisiones islámicas en la Península, así como de los reyes cristianos durante la reconquista. Las series de moneda moderna y contemporánea abarcan desde los Reyes Católicos hasta las actuales emisiones del euro. Destacan por su belleza y significación histórica los excelentes y ducados de los Reyes Católicos, los reales de a ocho, moneda universalmente aceptada hasta el siglo XIX, las onzas de oro y las emisiones del Gobierno Provisional, que estableció la peseta como unidad del sistema monetario español.

Desde ejemplares representativos del billete en sus orígenes, como un billete chino del siglo XIV fabricado en morera, hasta los sofisticados billetes actuales, que incorporan las más modernas tecnologías en materia de seguridad, la colección del Museo cuenta con una amplia muestra de papel moneda, que permite conocer su evolución histórica: billetes españoles de los siglos XIX y XX; billetes emitidos por el Congreso Continental de los Estados Unidos en el siglo XVIII con el respaldo del peso o duro español, tal como se hace mención expresa en los mismos; billetes de banco privados de Norte y Sudamérica; billetes coloniales; billetes de emergencia alemanes del período de Entreguerras; billetes de la revolución Rusa;etc...

Historia de la Moneda en Honduras

Época Precolombina
En América, antes de la llegada de los españoles y de acuerdo a la documentación dejada por los primeros cronistas europeos, se sabe que los antiguos pueblos Mayas y Lencas en Honduras y en general, todos los pueblos Mesoamericanos utilizaban como medio de pago en sus transacciones comerciales el "trueque" (intercambio de un objeto por otro) de cuentas de piedra, como el jade, la albita o la serpentina (de preferencia en tonalidad verde), tabaco, pieles, sal, plumas de quetzal y guacamaya, conchas marinas y en época tardía hachitas de cobre, pero sobre todo granos de cacao. El Cronista Español Gonzalo Fernández de Oviedo, decía que entre algunos pueblos indígenas de Centro América, las almendras de cacao corrían como moneda y con ellas se podía comprar esclavos, vestidos, alimentos, en fin, todos los servicios ofrecidos en los mercados. El cronista da algunos ejemplos: 4 almendras de cacao = 8 nísperos 10 almendras de cacao = 1 conejo 100 almendras de cacao = 1 esclavo

Claro que no todo resultaba tan sencillo. Para cambiar un objeto por otro, primero había que ponerse de acuerdo, por ejemplo: Si alguien quería cambiar una vasija por un cuchillo, tenía que buscar a alguien que tuviera el cuchillo y ver si estaba dispuesto a recibir la vasija. A veces el trato se cerraba sin problemas: ¡Tome su vasija! ¡Déme mi cuchillo! Pero otras veces, al dueño del cuchillo no le interesaba cambiarlo por una vasija, sino por un collar de conchas marinas. De manera que el dueño de la vasija, a quien le interesaba el cuchillo, tenía que buscar a alguien que tuviera un collar de conchas marinas y quisiera cambiarlo por la vasija. Entonces, si conseguía cambiar la vasija, corría a casa del dueño del cuchillo y finalmente hacía el trueque por el collar de conchas marinas. Como se observa, este intercambio era un enredo. Por eso la gente se puso de acuerdo, para darle valor a algunos objetos y poder cambiarlos por lo que cada uno necesitaba o deseaba. Así, a través del tiempo y en diversas comunidades, ciertos objetos y alimentos fueron utilizados como dinero para comprar y vender mercancía. También cuando alguien ayudaba o servía a otro, podía recibir a cambio una cantidad de esos objetos.

Periodo colonial

Una vez que los españoles iniciaron la colonización de estas tierras, trajeron consigo las primeras monedas: Castellano, Ducado, Doblón, Pesos, Reales, Cuartillos y Maravedis. Por Cédula Real en mayo de 1535, se autorizó instalar la Casa de la Moneda en el Virreinato de la Nueva España (México), iniciando al año siguiente la acuñación con denominaciones de 1/4, 1/2, 1, 2 y 3 Reales de plata, posteriormente esta última se sustituyó por la de 4 Reales (llamada tostón). Las monedas tenían grabadas alegorías de las casas reinantes, escudos de armas, coronas y nombres de reyes en latín. Los virreinatos de la Nueva España (México) y Perú, acuñaron sus propias monedas y en la Capitanía General de Guatemala (Centro América) circularon ambas, y desde luego las que venían de España. En 1728, por mandato real se autorizó a las Casas de Monedas de Indias (Nombre que se le daba a las Casas de Monedas en América), acuñar monedas de plata de las denominaciones ya conocidas e incluso las de 1, 2, 4 y 8 Escudos de oro de 22 quilates. Procedente del Perú, circularon en las provincias de la Capitanía General de Guatemala, monedas de poco contenido de plata y con notorias deficiencias en el grabado, su redondez y grosor. El circulante en la capitanía llegó a escasear a mediados del siglo XVII, obligando a los mineros a fragmentar la plata extraída y utilizarla como moneda a fin de cubrir los gastos de sus operaciones. Estas monedas se conocieron con el nombre de "MACACOS" o "MACUQUINAS", pero oficialmente fueron denominadas "CORTADAS". Monedas de bordes recortados, sin cordoncillo, selladas en cospeles irregulares a golpe de martillo y de tosca acuñación. Para 1733, la Casa de la Moneda de la ciudad de Guatemala acuñó este tipo de moneda, utilizándose plata extraída de las minas de Tegucigalpa, El Corpus y

posteriormente de la región de Yuscarán. Las autoridades españolas trataron por todos los medios disponibles, de sustituir la Macuquina por la de 1/4 traída de España, a fin de "facilitar el comercio y cómodo uso", según disposición real de 1793; es de mencionar, que las monedas Macuquinas buenas o enteras, eran exportadas a España.

“Caxa Real” o “Real Tesorería” en Comayagua
En 1739, al hacerse cargo de la gobernación en Honduras, Don Francisco de Parga, dio principio a la construcción de la Caxa Real o Real Tesorería en Comayagua, encomendándose dicha construcción al Arquitecto Bartolomé de Maradiaga, la cual fue terminada en 1741, siendo utilizada para el ensayo y fundición de la plata; no obstante, a acuñación de monedas se efectuó en fechas posteriores. En 1774 y 1809, hubo dos terremotos, dañando severamente la Caxa Real, quedando la edificación destruida casi en su totalidad, posteriormente fue restaurada, sirviendo como casa de Gobierno después del año de 1821, dejando de funcionar como tal, debido a que ésta se incendió en su totalidad; para 1840, únicamente se conservaban sus paredes y sus pisos de cerámica. De la construcción que inicialmente ocupaba dicha casa acuñadora, actualmente sólo existe una parte de sus paredes exteriores originales, con batientes de ventanas y dos portales, de los cuales aun se conserva la inscripción sobre su dintel, en el portal principal, que se traduce en lo siguiente: "Reinando Don Felipe V, el animoso y doña Isabel Farnesio, Reyes Católicos de las Españas y de las Indias, hicieron esta Caxa Real sus oficiales reales de orden del muy ilustre Señor Don Pedro de Rivera Villalón mariscal de campo de los reales ejércitos Gobernador y Capitán General de este reino y Presidente de la real avenida de Guatemala, siendo Gobernador y Capitán General de esta provincia el Teniente Coronel Don Francisco de Parga: Se acabó año de 1741".

Periodo de Independencia y Anexión a México
El 15 de septiembre de 1821, se firmó en la Ciudad de Guatemala el Acta de Independencia de la Capitanía General de Guatemala, implicando un nuevo despertar para las provincias que la formaban; había mucho que planificar, organizar y dirigir. El 5 de enero de 1822, se formalizó la Anexión de las Provincias Centroamericanas a México. La Casa de la Moneda de México, para conmemorar los dos eventos, notificó a los recién incorporados la acuñación de una nueva moneda, teniendo en el anverso el busto del Emperador Agustín de Iturbide y al reverso un águila sobre un nopal. La circulación de esta moneda fue efímera, como también lo fue la anexión. En este mismo año se eleva formal petición al Emperador Iturbide, para que establezca la Casa de la Moneda en Tegucigalpa, ya que eran las minas de plata de este lugar las que abastecían en forma casi total a la Casa de la Moneda de Guatemala y en cantidad aceptable a la Casa de Moneda de México. Aún con los eventos anteriores, continuaron en uso monedas españolas. El 24 de junio de 1823, en la ciudad de Guatemala, se instaló la Asamblea Nacional Constituyente, que proclamó el carácter absoluto y definitivo de la Independencia de Centroamérica, no sólo con respecto a los imperios españoles y mexicano, sino también ante cualquier otra potencia colonial.

Federación Centroamericana

En 1823, los Estados Centroamericanos adoptaron el sistema de Gobierno Federal y el problema monetario tomó nuevamente tintes de emergencia, en consideración a los males que causaba la moneda falsa que circulaba en el Estado, y aun en los otros países que conformaban la Federación. En marzo de 1824, la Asamblea Constituyente reunida en Guatemala, consideró prohibir la acuñación de toda clase de monedas con bustos, escudos de arma y cualquier otro distintivo que identificara a la monarquía española y se adoptaría una en cuyo anverso tendría una cordillera de cinco volcanes y un sol naciente, más la leyenda Republica del Centro América, al reverso un árbol como emblema de la libertad y la inscripción de Libre, Cresca, Fecundo. En este mismo año, se forma el Código Criminal contra los falsificadores de moneda. El 2 de agosto de 1831, se instaló "La Casa de la Moneda" en la ciudad de Tegucigalpa (antiguo local de la Tipografía Nacional), la cual anteriormente se denominó "Caja Real" o "Casa de Rescates", acuñándose monedas de 1/4, 1/2, 1 y 2 Reales. En 1832, a consecuencia de la invasión y toma de los puertos de Omoa y Trujillo por enemigos de la Federación, el Estado de Honduras se vio obligado a acuñar "moneda provisional" para levantar y mantener un ejército que estableciera la paz. Esta moneda fue mitad plata y mitad cobre, conociéndose con el nombre de "Media Leche". Las monedas de 1 y 2 reales, en el anverso llevan, al centro, la cordillera de cinco volcanes, el sol naciente tras el primer volcán, al contorno la leyenda: "MON. PROVISIONAL DEL EST. DE HON." En el reverso, al centro un árbol de cedro (como emblema de libertad) y en la circunferencia: "LIBRE CRESCA FECUNDO. T.

1832. F". Posteriormente con la escasez de plata sólo se acuñó en cobre, ocasionando problemas en su aceptación y aún a pesar de este inconveniente continuó acuñándose más circulante de este tipo de problemas en su aceptación y aún a pesar de este inconveniente continuó acuñándose más circulante de este tipo.

Periodo Republicano
En 1840, al disolverse la Federación Centroamericana, se constituye el nuevo modelo de desarrollo de la República para cada uno de los Estados Centroamericanos, debido a que no existió un grupo dominante lo suficientemente fuerte como para identificar al Estado Federal como la institución representativa de los intereses nacionales. En 1860, con respecto a los ingresos y egresos de la Hacienda Pública, se tomaron disposiciones para reglamentar y divulgar una tabla de cotizaciones con relación a las monedas extranjeras: Libra Esterlina o Soberano Inglés, Franco Francés, Guilder Neolandés, Dólar Norteamericano, Águila, Cóndor Chileno, Doblón Español, Onza de Costa Rica, Sevillana, Florín, Peniques y Chelines. En 1861, la Casa de la Moneda se arrendó a particulares, otorgando el Gobierno dispensas necesarias para introducir cobre en pasta, ya que se agotó en los minerales de Cedros y Minas de Oro. En 1862, durante la administración del liberal Victoriano Castellanos, cuyo partido, en esta fecha era denominado el de los Coquimbos (Partido Rojo), dio la aprobación legal y puso en circulación, las nuevas monedas provisionales de cobre acuñadas en Inglaterra (en las denominaciones de 1, 2, 4 y 8 Pesos), conocidas por el pueblo como "coquimbas", debido a su color rojo encendido; las cuales por su excesivo número acuñado permitió que descendiera y desapareciera su valor y circulación. La Constitución emitida en 1865 todavía expresaba reglamentar sobre la moneda y su respectiva ley, esto muestra que los problemas sobre la circulación de distintas monedas extranjeras continuaron.

Un informe oficial de 1869 manifestaba: "... la necesidad que se siente en todos los pueblos de una moneda propia para las transacciones comerciales y que al mismo tiempo por su valor legítimo pueda concurrir sin demérito ninguno a los mercados como las monedas de otras naciones". Ante tal situación, el gobierno firmó contrato con banqueros franceses para el suministro de monedas, lo cual significó la traída por primera vez de las "monedas de níquel". Con esta acuñación también se trató de reemplazar la "provisional", en vista de falsificaciones que de ellas se hacían. En 1871, en la ciudad norteamericana de Filadelfia, se firmó contrato para fabricar y enviar a Honduras - vía Amapala - varios troqueles. Estos llegaron al final del mismo año, pero en combates entre tropas de Honduras y El Salvador en la Isla del Tigre, los accesorios fueron llevados a El Salvador, siendo devueltos en 1877 por gestiones del Presidente, Dr. Marco Aurelio Soto. En 1879, el Dr. Soto mediante Decreto N° 46, Artículo N°1, declaró establecida en la ciudad de Tegucigalpa "La Casa Nacional de la Moneda" para la acuñación de monedas de oro, plata y cobre; asimismo, mediante el Artículo N° 2, adoptó el Sistema Monetario Decimal y declara como unidad monetaria, el PESO DE PLATA, fraccionable en 100 centavos. Durante la Administración del Presidente General Don Luis Bográn (1883-1891), estando la Casa de la Moneda arrendada a una sociedad privada nacional (Señores Agurcia, Soto y Lazo), se acuñó por primera vez en Honduras (1886) monedas de oro en las denominaciones de 1, 5, 10 y 20 Pesos. Cabe mencionar que el 30 de octubre de 1880, mediante Decreto No. 11, la Asamblea Nacional Constituyente durante el Gobierno del Dr. Soto, acordó trasladar la Capital de la República, de Comayagua a Tegucigalpa, por el hecho de que en esta última ciudad se encontraban edificios importantes para la residencia del Gobierno como ser: "El Almacén Principal de la Guerra, La Casa de la Moneda y la Imprenta Nacional".

Sistema Monetario Lempira
Lempira, fue un héroe indígena de origen Maya-Lenca, que luchó contra los españoles en defensa de la libertad y cultura de su pueblo. En honor a este héroe nacional y con el propósito de establecer la uniformidad del sistema monetario de Honduras, el gobierno de la República mediante Decreto Legislativo No. 102 del 3 de abril de 1926, adoptó como unidad monetaria el “Lempira”. Conforme a dicho Decreto y sus reformas, el Poder Ejecutivo quedó facultado para acuñar las monedas siguientes:

Denominación en Lempiras 20 10 1 0.5 0.2 0.1 0.05 0.02 0.01

Peso en grs Metales 16.71 Oro de 900 milésimas de fino 8.35 Oro de 900 milésimas de fino Plata de 900 milésimas de 12.5 fino Plata de 900 milésimas de 6.25 fino Plata de 900 milésimas de 2.5 fino 7 75% Cobre 25% Níquel 5 75% Cobre 25% Níquel 3 95% Cobre 5% Estaño y Zinc 2 95% Cobre 5% Estaño y Zinc

Asimismo, con base a dicho decreto, en el año 1931 se pusieron en circulación monedas de 5, 20, 50 centavos y de Un Lempira. Al año siguiente circularon las de 10 centavos, en el año 1935 las de 1 centavo y finalmente en el año 1939, las de 2 centavos. De las monedas de oro no se realizó ninguna acuñación, a pesar de haber sido consideradas dentro la estructura del nuevo sistema monetario denominado “LEMPIRA”.

Creación del Banco Central de Honduras
Tomando en consideración el incremento de la economía de Honduras, la falta de un sistema monetario bien desarrollado y que las instituciones de crédito existentes no contribuían suficientemente al desarrollo que se estaba alcanzando, mediante Decreto Legislativo No. 53 del 3 de febrero de 1950, se creó el Banco Central de Honduras, institución privilegiada de duración indefinida y dedicada exclusivamente al servicio público, teniendo por objeto promover las condiciones monetarias, crediticias y cambiarias que sean más favorables para el desarrollo de la economía nacional; el Banco Central inició operaciones el 1 de julio de 1950. En el Artículo 26 de la Ley del Banco Central de Honduras, se establece que: “El Banco Central será el único emisor de monedas y billetes de curso legal, en el territorio del país, y para ello se regirá por dicha ley y por los reglamentos que sobre esta materia dicte el Directorio y que apruebe el Poder Ejecutivo. Los billetes y monedas emitidos por el Banco Central tendrán fuerza legal y poder liberatorio ilimitado en el territorio de la República. Las personas o entidades que hagan circular objetos o documentos con el fin de que sirvan como moneda

convencional, incurrirán en las penas que establece el Código Penal para los casos de falsificación.” En su artículo 27 dice que: ”Los billetes tendrán las denominaciones, dibujos, leyendas y demás características que señale el Directorio del Banco y llevarán la firma facsimilar del Presidente y del Gerente del Banco Central y del Secretario de Estado en el Despacho de Finanzas (Hacienda y Crédito Público) y se imprimen en las cantidades que autoriza el propio Directorio. La denominación no será inferior de un Lempira. Las monedas metálicas tendrán el peso, tipo, ley, tamaño, grabados y denominaciones que indiquen las leyes especiales dictadas por el Congreso Nacional y se emitirán en las cantidades que determine el Directorio”. En la actualidad, el Banco Central emite billetes en las denominaciones siguientes: Uno, Dos, Cinco, Diez, Veinte, Cincuenta, Cien y Quinientos Lempiras. De conformidad a la Ley Monetaria vigente (Decreto No. 51 del 31 de enero de 1950 y sus reformas) y dependiendo del precio de los metales, el Banco Central de Honduras está facultado para acuñar monedas con las especificaciones siguientes: Denominación en Lempiras 1 Peso en grs. 12.5 12.5 6.25 5.67 5 2.5 2.27 2 7 6

0.5

0.2

0.1

Metales plata de 900 milésimas 90% de acero y 10% níquel plata de 900 milésimas 75% Cobre y 25% Níquel 90% de Acero y 10% de Níquel Plata de 900 milésimas de fino 75% Cobre y 25% Níquel 90% de Acero y 10% de Níquel 75% Cobre y 25% Níquel 70% Cobre y 30% Zinc

0.05

5 3.2 3 2.7 1.5 1.35

0.02

0.01

75% Cobre y 25% Níquel 70% Cobre y 30% Zinc 95% Cobre y 5% Estaño y Zinc 90% Acero y 10% Cobre 95% Cobre y 5% Estaño y Zinc 90% Acero y 10% Cobre

Es importante mencionar que las monedas de Un Lempira, Cincuenta y Veinte Centavos, se acuñaron en plata por última vez en los años de 1937, 1951 y 1958, respectivamente; en la actualidad se continúa emitiendo únicamente las monedas de Cincuenta y Veinte Centavos, pero con aleación diferente a la plata. Primer Directorio Banco Central de Honduras Ing. Eugenio Director por Molina Fuerzas Vivas Lic. Arturo H. Medrano Gerente Ing. Manuel A. Director por Banca Zelaya Privada Director por Ing. Rafael Dávila Fuerzas Vivas P.M. Tomás Cálix Moncada Vice-presidente Lic. Roberto Ramírez Presidente Ministro de Dr. Marco A. Batres Hacienda y Lic. Guillermo López R. Crédito Público Billete de un lempira, emisión 1980

Billete de dos lempiras, emisiones 1993 - 1994.

Billete de diez lempiras, emisión 1989.

Billete de veinte lempiras, emisión 1994.

Billete de cincuenta lempiras, emisión 1994.

Billete de cien lempiras, emisión 1976.

Billete de cien lempiras, emisión 1994.

Billete de cien lempiras con segundo diseño, emisión 1994.

Billete de quinientos lempiras, emisión 1995.

Billete de cinco lempiras, emisión 1997.

Billete de cinco lempiras, emisión 2000

Billete de veinte lempiras, emisión 2003.

CONCLUSION
Como pudimos ver en este trabajo cada país a lo largo de la historia a contado con su propio sistema de monedas válido y que los mismos han ido cambiando a través de los años siendo hoy en día mucho más fáciles de manejar. Se pueden imaginar ir a comprar hoy en día ropa o alimento y pagar con otros artículos de vuelta, que complicado sería. Que sería de nosotros sin el vital efectivo, los cheques o las tarjetas de crédito. A medida que transcurran los años estos sistemas irán cambiado que podemos esperar del futuro, no lo sabemos, lo que si puedo asegurarles es que la moneda sufrirá muchos cambios y modificaciones en bien del usuario y comerciantes.

Bibliografía www.google.com www.minasdeoro.info/imgs/museo.pdf cgi.ebay.es/ws/ebayisapi.dll www.geocifies.com www.educar.org/inventos/lamoneda.htm www.wikipedia.org www.bch.com

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