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Abraham Valdelomar - Cuentos Completos

Abraham Valdelomar - Cuentos Completos

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ABRAHAM VALDELOMAR (PERU, 1888-1919). CUENTOS COMPLETOS. Esta obra recoge todos los cuentos de Valdelomar. Figuran sus famosos "cuentos criollos" (El Caballero Carmelo, Los ojos de Judas, El vuelo de los cóndores, Yerba Santa, Hebaristo el sauce que murió de amor, La paraca y El buque negro) así como los cuentos incaicos (Los hermanos Ayar, El alma de la quena, El alfarero, entre otros) y otros más pertenecientes a sus cuentos yanquis, chinos, humorísticos y fantásticos.
ABRAHAM VALDELOMAR (PERU, 1888-1919). CUENTOS COMPLETOS. Esta obra recoge todos los cuentos de Valdelomar. Figuran sus famosos "cuentos criollos" (El Caballero Carmelo, Los ojos de Judas, El vuelo de los cóndores, Yerba Santa, Hebaristo el sauce que murió de amor, La paraca y El buque negro) así como los cuentos incaicos (Los hermanos Ayar, El alma de la quena, El alfarero, entre otros) y otros más pertenecientes a sus cuentos yanquis, chinos, humorísticos y fantásticos.

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Pedro Abraham Valdelomar nació en Ica el 16 de abril de 1888.
Hijo de Anfiloquio Valdelomar y de Carolina Pinto, vivió su niñez en
el puerto de Pisco que tanto influiría en sus cuentos y en sus
poemas. A los cinco años de edad viajó a Lima, donde culminó su
instrucción secundaria en el colegio nacional Nuestra Señora de
Guadalupe. Siendo aún colegial fundó con su condiscípulo Manuel

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Bedoya la revista La Idea Guadalupana, iniciándose en el cultivo de
las letras. Al término de sus estudios secundarios ingresó a la
Escuela de Ingenieros, que luego abandonó para matricularse en la
facultad de Letras de la Universidad de San Marcos, en 1911. Aquí
fundó el “Club Universitario Billinghurst”, que propició la candidatura
de Guillermo Billinghurst a la presidencia de la República.

En el periodismo se inició con una caricatura publicada el 1º de
setiembre de 1906 en la revista Aplausos y Silbidos, para seguir en
Actualidades en 1907. Alcanzó luego notoriedad también como
dibujante en Monos y Monadas y en Gil Blas. Su primer poema de
corte modernista, “Ha vivido mi alma”, fue publicado el 15 de julio
de 1909 en la revista Contemporáneos. Su primer cuento, “El
suicidio de Richard Tennyson”
apareció en enero y febrero de
1910 en la revista Variedades. Otro cuento “El beso de Evans”,
apareció en agosto de 1910 en Balnearios.

Incorporado al ejército ante el peligro de una conflagración con el
Ecuador, se dio a conocer como prosista con la publicación de las
crónicas que desde la Escuela Militar de Chorrillos envió a El Diario
bajo el título “Con la argelina al viento”; crónicas que se iniciaron el
12 de abril de 1910. Su éxito se consolidó con dos novelas: La
ciudad muerta
y La ciudad de los tísicos, publicadas por entregas
en 1911 en Ilustración Peruana y en Variedades, respectivamente.

En 1912 disputó la presidencia del centro universitario de la
Universidad de San Marcos con Alberto Ulloa Sotomayor,
representante de los estudiantes capitalinos. Valdelomar, quien
representaba al grupo provinciano, perdió las elecciones. Sin

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embargo, al llegar Billinghurst a la presidencia de la República, lo
nombró director del diario oficial El Peruano; y más tarde, en 1913, lo
envió a Roma como miembro de la legación del Perú. En mayo de
dicho año salió del puerto del Callao con dirección a Panamá, viajó
luego a Estados Unidos, para llegar finalmente a Europa, desde
donde escribe para La Nación de Lima sus “Crónicas de Roma”.

En Italia escribió también “El caballero Carmelo”, cuento con el
que ganó el premio del diario La Nación, en el mismo año de 1913,
tan significativo para su vida. Proyectó publicar un libro de Cuentos
criollos
con el título de “La aldea encantada” pero no se concretó.
Se matriculó en la Universidad de Roma, pero ante el golpe de
estado del coronel Óscar R. Benavides (que depuso a Billinghurst el
4 de febrero de 1914), Valdelomar optó por renunciar a su cargo
diplomático. No obstante, antes de volver a Lima, recorrió Florencia,
Milán, Marsella y París.

Una vez en el Perú, La Prensa de Lima lo acogió como redactor
(1915). En este diario tuvo, hasta 1918, una sección de crónicas
parlamentarias llamada “Palabras”, además de otras llamadas:
Diálogos máximos, La ciudad sentimental, Impresiones y
Fuegos fatuos. Firmaba sus publicaciones, por lo general, con el
seudónimo “Conde de Lemos”, entre otros.

El mismo año de su llegada al Perú (1914) escribió la biografía
novelada de doña Francisca Zubiaga Bernales de Gamarra, “La
Mariscala”,
que luego convirtió en obra teatral en colaboración con
José Carlos Mariátegui (1916, en un prólogo y seis jornadas). Por
entonces compuso además sus Cuentos chinos y sus Cuentos

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yanquis, y otro grupo de relatos que proyectaba publicar con el título
de “Los hijos del Sol” (que cambiaría luego al de “El caballero
Carmelo”)

En 1916 fundó y dirigió la revista Colónida, que reunió a lo más
representativo de la intelectualidad peruana de la época. Sólo
llegaron a salir cuatro números con los retratos en la portada de
José Santos Chocano, José María Eguren, Javier Prado y Percy
Gibson, respectivamente, hechos por el propio Valdelomar, quien
además colaboró con las notas líricas tituladas “Falsa Carátula”,
así como con otros artículos. Los “colónidas” publicaron
mancomunadamente el poemario “Las voces múltiples” (1916),
donde figuraba 10 poemas de Valdelomar,

En 1917 empezó a publicar en la revista Mundo Limeño la serie
de artículos “Decoraciones de ánfora”. Obtuvo el premio del
concurso de Círculo de Periodistas con su ensayo “La psicología
de gallinazo”.
Por esa época aparecieron textos suyos en
Variedades, Sudamericana, Almanaque de la Prensa. En Mundo
Limeño apareció en dos entregas su novela corta Yerba santa, y el
cuento “Evaristo, el sauce que murió de amor”. Escribe también
su tragedia “Verdolaga”.

En 1918 renunció a La Prensa seguido de un conato de duelo con
su director, Glicerio Tassara. Ese año salieron a la luz su colección
de cuentos “El caballero Carmelo” (encabezada por el cuento del
mismo nombre) y su ensayo “Belmonte el trágico” (1918).

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Nuevamente, siguiendo motivaciones políticas, realizó giras y dio
conferencias. Viajó a las provincias del norte del país (Trujillo,
Cajamarca, Chiclayo, Piura y otras ciudades) y se dirigió luego al
sur, recorriendo los departamentos de Arequipa, Puno, Cuzco y
Moquegua.

De regreso a su tierra natal fue aclamado unánimemente por la
población iqueña. De ahí que el 24 de setiembre de 1919,
Valdelomar Pinto resultó electo diputado por Ica ante el Congreso
Regional del Centro, con sede en la ciudad de Ayacucho, donde a
causa de un trágico accidente (rotura de la columna vertebral, tras
caerse del segundo piso del hotel donde se alojaba), muere el 3 de
noviembre de 1919, a los 31 años de edad. Póstumamente se
publicaron “Los hijos del Sol”, cuentos y leyendas incaicas que
dejara listos para la prensa (1921).

En un ensayo sugestivo, “El vuelo del poeta”, Julio Ramón
Ribeyro anotó que: “A no ser por este accidente, por simple
deducción, hubiera cambiado la fisonomía de nuestra literatura.
Había escrito los cuentos más hermosos del Perú, algunos versos
inmortales, novelas audacísimas para su tiempo, piezas de teatro,
ensayos y crónicas de una gracia inimitable. Con él desapareció una
probabilidad, un derrotero, un mapa inacabado de nuestro espacio
espiritual”.

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