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Título del Texto "La Soberanía marítima del Perú" La Controversia entre el Perú y Chile Autor: Manuel Rodríguez Cuadros © Manuel Rodríguez Cuadros Av. Gregorio Escobedo 598 - Jesús María Primera Edición enero 2010 Tiraje: 1 000 ejemplares Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú Nº: 210-08780 ISBN Nº: Corrección de estilo: Prof. Nicanor Jiménez Jaimes Diseño y diagramación: Sinthia Echajaya Paredes

DIRECTORIO Presidente Jorge Luis Arteaga Salazar Vicepresidente César Horacio Farfán Cárdenas Secretario Orlando Grimaldo Luján Luján Vocales Víctor Hugo Paco Acasiete Asabedo Fernández Carretero CONSEJO DE VIGILANCIA Presidenta Esther Saturnina Taco Bellido Secretario Brígido Jorge Luis Pío Cámara Gerente General César Augusto Reyes Valle Gerente Administrativo Fernando Pazos Cherres
Impreso en Industrial Gráfica San Remo S.A.C. Gral. Varela 1843 - Breña www.impsanremo.net Email: impsanremo@yahoo.es

Reservado todos los derechos. Esta obra no puede ser reproducida, en todo o en parte, en forma alguna, sin permiso de los editores. Impreso en el Perú

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Prólogo
La fecha probable del primer tratado de buena vecindad entre dos Estados fronterizos es de 1655 y está referida al pacto suscrito por Valachie y Transilvania, provincias rumanas, que acordaron orientar sus relaciones fronterizas asumiendo la obligación de respetar el derecho. El tratadista Iftene Pop señala que este tratado es el primero en la historia de las relaciones internacionales el que subordina la buena vecindad al respeto del derecho internacional. Este antecedente firmado hace más de tres siglos, puso de relieve que la primera obligación de los Estados vecinos es no violar las normas de derecho que rigen sus relaciones mutuas. Por consiguiente, las relaciones de amistad son aquellas que desarrollan lazos de cooperación e integración y resuelven los problemas o diferendos respetando y aplicando las normas de derecho internacional. A partir de este contenido jurídico las buenas relaciones vecinales desarrollan una multiplicidad de interacciones diplomáticas, políticas, comerciales, financieras, culturales y sociales, en una trama que debe privilegiar la dinámica de la cooperación y gestionar adecuadamente, cuando existan, las diferencias y los conflictos a través de los medios pacíficos de solución de controversias. No obstante el carácter multidimensional de las relaciones vecinales, sus componentes jurídicos adquieren preeminencia sobre el resto de procesos políticos, económicos y societales, debido a que la dinámica de cooperación entre Estados, gobiernos locales y poblaciones requiere una situación de paz y estabilidad. La coope13

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ración y la integración, especialmente las inter-fronterizas, requieren imperativamente ausencia de conflictos, paz y seguridad. Las relaciones inter-estatales y particularmente las vecinales se sustentan en principios del derecho internacional, como el respecto a la integridad territorial y a la soberanía nacional, la no intervención en asuntos internos, la inviolabilidad de las fronteras, la promoción de la cooperación, la confianza mutua y los vínculos de amistad, el no uso de la fuerza o la amenaza del uso de la fuerza y la solución pacífica de las controversias. Los conflictos bélicos como realidad opuesta a la buena vecindad implican siempre la violación de los principios de la soberanía estatal y la integridad territorial. Están prohibidos por el Derecho Internacional, salvo la excepción de legítima defensa prevista en el art. 51 de la Carta de las Naciones Unidas. Al estar proscrita la guerra y la agresión, el derecho internacional ha elevado la obligación de solucionar los diferendos y las controversias por medios pacíficos a una norma de ius cogens, es decir, de cumplimiento imperativo por parte de todos los Estados. En consecuencia, el primer deber de las relaciones de amistad entre los Estados, cuando enfrentan diferendos que oponen sus intereses nacionales, es recurrir a los medios de solución pacífica que provee el derecho internacional. Como las zonas de frontera son los radares de la paz o del conflicto, constituyen los espacios privilegiados de las políticas de buena vecindad. La frontera como hecho jurídico, espacial y humano es el eje de las relaciones entre estados vecinos. El concepto tradicional de la frontera línea de separación, está siendo superado por el concepto de la frontera zona, como un área espacial y jurisdiccional que es objeto de las políticas de integración y buena vecindad. Los flujos transfronterizos de los individuos, las empresas y las entidades de la sociedad civil constituyen los agentes dinámicos de la buena vecindad en las zonas de frontera.
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En el complejo escenario de las relaciones internacionales no es grave que existan o surjan discrepancias, controversias o diferendos entre Estados, siempre que estos sean encaminados a través de los métodos de solución pacífica, sin tratar, por consiguiente, de utilizar o pretender utilizar la amenaza o el uso de la fuerza proscritas expresamente por el derecho internacional. Los problemas que atentan contra la estabilidad del sistema internacional se originan, por lo general, en la violación de esa norma imperativa de la convivencia pacífica entre las naciones. Por el contrario la paz, la legitimidad del orden internacional y la amistad entre los países se fortalece cuando los diferendos y las controversias se resuelven –como se ha precisado- aplicando los métodos de solución pacífica, entre ellos: la negociación, la investigación, la mediación, la conciliación, el arbitraje y el arreglo judicial. Como un ejemplo de esa conducta el gobierno del Perú, en observancia de normas y principios establecidos tanto a escala regional como universal, específicamente la Carta de la OEA, el Tratado Americano de Soluciones Pacíficas y la Carta de las Naciones Unidas, decidió acudir a la Corte de La Haya para solucionar la controversia marítima con Chile cumpliendo de esta manera el deber de propiciar la solución pacifica del diferendo, luego de haber agotado toda posibilidad de lograr una solución negociada bilateralmente. El Embajador Manuel Rodríguez Cuadros, Canciller de la República entre los años 2003 y 2005, publicó en noviembre de 2007 un erudito libro titulado Delimitación Marítima con Equidad. El caso de Perú y Chile, el cual constituye un ilustrado aporte sobre los derechos que sustentan la posición peruana. En dicha obra se efectúa también un exhaustivo análisis en torno a los componentes y la naturaleza de la controversia marítima con Chile. Con el propósito de ilustrar los sólidos argumentos que asisten a la posición nacional procedió, también, a precisar principios

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rectores y normas inherentes al derecho internacional marítimo, así como la jurisprudencia emanada de la Corte Internacional de Justicia que dictamina la aplicación de la equidad de resultados como el principio fundamental para la resolución de diferendos en materia de delimitación marítima. La equidad infra legem como norma rectora a ser aplicada sobre el particular en procesos litigiosos entre estados vecinales, está expresamente establecida en la Convención sobre el Derecho del Mar, conforme se precisa en la demanda interpuesta por el Perú. El nuevo libro sobre este trascendente asunto que nos ofrece Manuel Rodríguez Cuadros, aparte de enriquecer determinados argumentos jurídicos expuestos en su primera obra, la complementa y amplía con interesantes aportes, entre ellos, los capítulos II, III y VI: “Espacio e Identidad Nacional”, “El Mar y los Límites Marítimos en la Historia de las Relaciones entre el Perú y Chile” y “La Controversia Marítima entre el Perú y Chile”. Asimismo, aborda en el último punto del citado capítulo VI, lo pertinente a la Corte de La Haya y la solución pacífica de las controversias. Como es de amplio conocimiento el fallo del Tribunal, conforme lo establece el artículo 60 de su Estatuto, es definitivo e inapelable. Por consiguiente cualquiera que este fuere, definitivamente su cumplimiento es obligatorio para las partes. La Corte es la única instancia judicial de naturaleza supranacional que forma parte del sistema de paz y seguridad de la ONU y la ejecución de sus sentencias no solo está asegurada por el carácter imperativo de las mismas, sino también por el propio Consejo de Seguridad. En efecto, el artículo 94.1 de la Carta de la ONU, prescribe que “cada miembro de las Naciones Unidas se compromete a cumplir la decisión de la Corte Internacional de Justicia en todo litigio en que sea parte”. El numeral 2 del mismo artículo confiere al Consejo de Seguridad la facultad, si lo cree necesario, de hacer recomendacio-

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nes o dictar medidas con el objeto que se lleve a efecto la ejecución del fallo. Tanto en el Perú como en Chile, altas autoridades han expresado su voluntad de cumplir el fallo; su cabal ejecución tendrá la virtud de situar las relaciones bilaterales, por primera vez en su historia, en un contexto ausente de contenciosos vinculados a derechos de soberanía. Ese momento contribuirá poderosamente a dotar la relación peruano chilena de una indispensable estabilidad. Ello, además, permitirá afianzar sin eventuales tensiones o dificultades coyunturales, un nuevo capítulo presidido por la cooperación y la integración y sustentado en los principios de respeto mutuo, beneficio recíproco y transparentes confianza y amistad. Todos estos elementos están desarrollados con lucidez y rigor jurídico en este segundo libro del Embajador Manuel Rodríguez Cuadros sobre el contenciosos existente con Chile en el que –como ya he anotado- complementa y amplía su primer libro, contribuyendo ambas obras a la sustentación de los incuestionables derechos del Perú sobre el mar adyacente a sus costas hasta 200 millas, derechos que confiamos serán oportunamente confirmados por el Tribunal de La Haya. Reitero mi felicitación al Embajador Rodríguez Cuadros, por este nuevo aporte en torno a la problemática marítima con Chile y hago votos para que prosiga enriqueciendo el acervo jurídico-internacional de nuestro país con renovados trabajos y publicaciones. Javier Pérez de Cuéllar

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I.

Introducción

Las relaciones de vecindad entre el Perú y Chile son menos antiguas que las relaciones interestatales entre ambas naciones. Estas surgieron alrededor de 1818 y 1821 con la independencia respecto al poder y la jurisdicción españoles. Entre esos años y 1883, el Perú y Chile no eran vecinos pues no tenían fronteras. La vecindad limítrofe de ambas naciones era con Bolivia. Las aguas territoriales de ambos países no colindaban entre sí, sino con las aguas territoriales bolivianas. El hecho que la vecindad, como realidad de la geografía y la historia, se haya impuesto como consecuencia de la guerra de 1879-1883, a partir de la cesión a Chile por la fuerza de las provincias peruanas de Arica y Tarapacá, otorga a las relaciones bilaterales un origen traumático, difícil y complejo, para ambos naciones. El período de las relaciones bilaterales no vecinales, entre 1818 – 1821 y 1883, estuvo marcado por una temprana dinámica de cooperación e integración y el subsecuente surgimiento de una rivalidad y competencia por la hegemonía comercial y militar del Pacífico Sur y por la preeminencia marítima de los puertos del Callao y Valparaíso. Bernardo O´Higgins impulsó en el reciente estado independiente de Chile una visión armónica y constructiva de las relaciones bilaterales con el Perú, sustentada en la cooperación, la integración, la confederación y la defensa conjunta. El Perú retribuyó esta diplomacia de la amistad, no obstante estar ocupado intensamente en los primeros años de su independencia por difíciles situaciones

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internacionales, debido a la presencia de tropas grancolombianas en su territorio y las aspiraciones relativas a la reintegración del Alto y el Bajo Perú. En las primeras décadas del siglo XIX Brasil fue la única frontera estable del Perú. Una expresión de esta diplomacia del entendimiento y la cooperación, fue la suscripción del Tratado de amistad, liga y confederación del 23 de diciembre de 1822, que estableció una alianza militar entre el Perú y Chile para su “(…) defensa común, para la seguridad de su independencia y libertad, para su bien recíproco y general y para su tranquilidad interior (…) obligándose a socorrerse mutuamente y rechazar en común todo ataque o invasión que pueda de alguna manera amenazar su existencia política”. El tratado estableció además un área de libre comercio entre los dos países – históricamente la primera en la región- y el libre tránsito de personas bajo el principio del trato nacional. Con la asunción al poder de Diego Portales en Chile se introduce en las relaciones bilaterales una visión sustentada más en la dinámica de la competencia y el conflicto que la referida a la cooperación y a la integración. Portales poseía una visión internacional en la que el desarrollo nacional y la proyección internacional de Chile se concebía a partir de la hegemonía en el mar del Pacífico Sur y en el control y limitación del poderío territorial, militar y económico del Perú. La declaratoria de guerra a la Confederación Peruano-Boliviana y las acciones bélicas posteriores que culminaron en la inviabilidad de la confederación fueron las expresiones más concretas de esa política. Lo fue también, posteriormente, la guerra que Chile declaró a Bolivia y al Perú en 1879. Mientras que en el Estado portaliano el Perú era la variable estratégica fundamental de su proyección internacional, en las élites civiles y militares del Perú Chile no era ni una preocupación ni un referente internacional esencial. Su prioridad en el Sur era recuperar o unificarse con Bolivia y en el Norte limitar la influencia
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grancolombiana. Los aprestos militares y las visiones diplomáticas del Perú hasta 1879 estaban en función de esas realidades. La variable Chile era marginal, salvo en algunas cuestiones económicas que generaron tensiones menores1. No hubo en los gobernantes del Perú, entre 1821 y 1879, una clara comprensión de que Chile era una contraparte sustantiva y desafiante en las relaciones de poder en el Pacífico Sur. La guerra que Chile declaró al Perú en 1879, en el contexto del deterioro de las relaciones de este país con Bolivia y coincidente con una grave crisis financiera de la economía peruana, introdujo de manera abrupta y permanente la variable Chile en las relaciones externas del Perú. Algunas de las múltiples consecuencias de la guerra en la vida social, económica y política del Perú fue la anexión del territorio de Tarapacá a la soberanía chilena como consecuencia del Tratado de Paz de 1883, la ocupación de Tacna y Arica y la movilización nacional, diplomática, política, social y espiritual para recuperar las provincias cautivas. Como subproducto de la guerra, Chile y el Perú, luego de sesenta y dos años de vida independiente sin vecindad directa, pasaron a ser países limítrofes y fronterizos. Las previsiones del tratado de 1883 respecto de la realización del plebiscito que debía decidir la suerte final de la reintegración de Tacna y Arica al territorio peruano o su anexión al espacio nacional chileno, dominaron ampliamente las relaciones bilaterales entre los dos países durante cuarenta y nueve años, hasta que en 1929 a través de un nuevo tratado se obtuvo una solución negociada políticamente, fuertemente contestada en el Perú, que definió la anexión de Arica a Chile y la reintegración de Tacna al Perú. Si se considera que las disposiciones del tratado de 1929 que otorgaron al Perú servidumbres y facilidades de libre tránsito en el
1 Cf. Tratado de Alianza y Amistad entre el Perú y Chile, suscrito en Santiago el 23 de diciembre de 1822, Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, Dirección de tratados, código 0003, p.2.

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territorio de Arica, recién se pudieron ejecutar el 13 de noviembre de 1999, con la negociación y aprobación del Acta de Ejecución del Art. 5 del Tratado de 1929, también fuertemente cuestionada, resulta altamente significativo que las secuelas territoriales de la guerra de 1879 hayan sido resueltas definitivamente ciento diez y seis años después. En ese devenir de más de un siglo las relaciones de vecindad entre el Perú y Chile estuvieron marcadas por los asuntos territoriales pendientes; pero, al mismo tiempo, fueron desarrollándose esfuerzos y proyectos bilaterales y multilaterales de cooperación e integración, que otorgaron a la relación un alcance y una dinámica mucho más amplios que el procesamiento diplomático de los diferendos. El comercio, que desde la independencia ha gravitado en los flujos económicos de ambos países, ha jugado un papel muy importante no sólo en una cada vez más creciente interdependencia, sino como un factor de fomento de la confianza entre las poblaciones, los empresarios y las élites políticas. En la última década las inversiones han adquirido una importante relevancia. Y los flujos transfronterizos del turismo, los vínculos culturales y las migraciones han dotado a la relación de una reconocida vitalidad. Las economías de Perú y Chile desde la época colonial han sido más complementarias que competitivas y por ello han tenido una evolución dinámica. Ello ha ido creando en las poblaciones una nueva visión y comprensión de la relación bilateral. Se han superado, en gran medida, visiones estereotipadas que han ensalzado en uno y otro país la exaltación militar del pasado o el revanchismo. Pero siguen siendo relaciones vecinales complejas, que merecen una atención especial de pueblos y gobiernos para construir un presente y un futuro de cooperación e integración. No ayudan a este propósito hechos como la celebración diplomática que año a año hace el gobierno de Chile, en honor y recuerdo de las glorias
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militares de su ejército, que no tiene otro referente histórico que la guerra contra el Perú en 1879. La historia no se puede ni se debe cambiar. La solidaridad libertaria de Chile y el Perú en la fase inicial de la independencia y la vida pública de los nuevos Estados es un hecho histórico, objetivo. Como lo son la guerra contra la Confederación Peruano-Boliviana y la guerra de 1879-1883. Cada pueblo tuvo en el conflicto sus héroes y sus dramas. Unos fueron vencedores, otros vencidos. Unos perdieron su territorio y otros lo anexaron. Y la ocupación militar conllevó ciertamente iniquidades como el “repase” de soldados heridos, que violaron las reglas de la guerra. Un futuro de integración y cooperación entre el Perú y Chile demanda serenidad y responsabilidad en la conducción de la relación bilateral. También exige respeto por los hechos de la historia y en su momento debe significar, por parte del Estado de Chile, un reconocimiento de los sufrimientos y estragos que la ocupación provocó en el estado y la sociedad en el Perú, como lo ha hecho Alemania en relación a Francia, o Paraguay en relación a Bolivia. La exaltación no razonable de una victoria militar del siglo XIX que conllevó acciones y crímenes prohibidos por el derecho de la guerra, no es la mejor consejera para construir una relación de estabilidad y amistad en el siglo XXI. Como ha señalado Jorge Basadre, el pasado no debe servir para alimentar estériles e irracionales revanchismos, ni exaltaciones de la agresión, tampoco en el caso peruano para repetir la imprevisión que llevó al desastre de 1879. La historia cumple el papel creativo de enseñar los errores para no repetirlos. Todos los pueblos de América Latina y evidentemente los pueblos del Perú y Chile, especialmente sus élites dirigentes, deben extraer del pasado las enseñanzas para excluir el conflicto y privilegiar cursos razonables de cooperación e integración en sus relaciones. Pero esto tiene que hacerse con mutuo respeto y beneficio recíproco. Esta tarea del siglo XXI requiere superar los problemas objetivos, vinculados a la soberanía nacional, que aún subsisten entre los
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dos países, específicamente la cuestión de la delimitación marítima, que constituye el único diferendo de esa naturaleza presente en las relaciones peruano-chilenas. En la diplomacia lo grave no es que existan problemas, diferendos o controversias, su existencia es más bien el uso corriente de la política internacional. Lo grave sería que los Estados resuelvan esas controversias con el uso o la amenaza del uso de la fuerza, es decir, con el conflicto. Los grandes temblores que afectan la estabilidad del sistema internacional contemporáneo se originan en la violación de esa norma imperativa de la convivencia pacífica y cooperativa entre los Estados. Por el contrario, la paz, la vigencia y la legitimidad de la legalidad internacional y el desarrollo de las relaciones de amistad entre Estados y pueblos, se fortalece cuando los diferendos y las controversias se resuelven aplicando las normas y principios del derecho internacional, ejecutando el deber imperativo de superarlo aplicando los medios de solución pacífica, como el arreglo judicial en la Corte Internacional de Justicia. El Perú adoptó la decisión de recurrir a la Corte para solucionar la controversia marítima con Chile el año 2004, y presentó la demanda respectiva en el 2008, cumpliendo el deber imperativo de propiciar la solución pacífica de las controversias y luego de haber agotado toda posibilidad de encontrar una solución negociada directamente entre las partes. Este acto fortalece la legalidad internacional, el sistema interamericano de solución pacífica de las controversias y la institucionalidad democrática en la región2. Se inscribe, adicionalmente, en la larga tradición del derecho internacional americano, una de cuyas expresiones es el propio Pacto de Bogotá, así como en una vivencia de la justicia interna2 Los países latinoamericanos en ese espíritu recurren cada vez más a la Corte Internacional de Justicia para resolver sus controversias. Actualmente la Corte considera cuatro casos que conciernen a países de la región: Ecuador c. Colombia (2008); Perú c. Chile (2008); Argentina c. Uruguay (2006); Nicaragua c. Colombia (2001).

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cional y del papel que en su administración corresponde a la Corte Internacional de Justicia. La controversia marítima entre el Perú y Chile comprende tres diferendos específicos: 1) El desacuerdo sobre el límite marítimo en una zona de superposición de sus respectivas proyecciones marítimas (hasta una distancia de 200 millas). 2) El diferendo sobre el punto de inicio de esa frontera marítima. 3) La pretensión de Chile de desconocer los derechos de soberanía y jurisdicción del Perú en una extensa área de aproximadamente 28 471 km2, distinta a la de la controversia de los límites marítimos y en la que se atribuye ciertas jurisdicciones. La demanda peruana fue presentada el 16 de enero de 2009 y la memoria (documento sustentatorio de la demanda) el 19 de marzo de 2009. En conformidad con el artículo 79 del reglamento del Estatuto de la Corte, el gobierno de Chile tenía el derecho de presentar un recurso de excepciones preliminares, negando la competencia de la Corte y oponiéndose a la admisibilidad de la demanda, con la finalidad de solicitar el archivo del caso. No obstante que en un nivel político las más altas autoridades del Estado anunciaron que Chile presentaría ese recurso por considerar que no existe una controversia, en razón de la supuesta existencia de tratados que habrían establecido un límite por el paralelo 18 21´03¨, finalmente el gobierno de Chile decidió no presentar ese recurso, allanarse a la demanda, reconocer la existencia de la controversia jurídica y por ende la competencia de la Corte para dirimir el caso. La fase procesal del juicio se ha resuelto, así, a favor de la posición peruana que afirmó la existencia de la controversia y la competencia de la Corte para resolverla, en mérito al reconocimiento que ambos países hicieron de su competencia obligatoria en 1948, a través del Pacto de Bogotá. El proceso judicial sobre el fondo de la cuestión continúa sin que se haya presentado incidente procesal alguno. Una vez culmi25

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nadas las fases escrita y oral del juicio, la Corte sentenciará el caso aplicando las reglas de la delimitación marítima propias del derecho internacional consuetudinario, si previamente establece la inexistencia de un tratado o normas especiales sobre la materia; las Convenciones del Mar de 1958 y 1982 no se aplican al caso, pues la primera no fue suscrita ni ratificada por los dos países y porque el Perú no ha adherido a la Convención de Montego Bay. La norma aplicable del derecho internacional consuetudinario para la delimitación del mar territorial es la fórmula equidistancia-circunstancias especiales y para la plataforma continental y la zona económica exclusiva la regla principios equitativos-circunstancias pertinentes. La Corte decidirá el límite marítimo aplicando estas normas, siempre y cuando desestime la pretensión chilena de la existencia de un límite por el paralelo que, conforme a su posición, habría sido pactado convencionalmente o a través de la aquiescencia. Este libro está dirigido a presentar un análisis jurídico de la controversia en sus tres componentes, a partir de un análisis de los principios, normas y reglas del derecho internacional de la delimitación marítima, convencional y consuetudinario. Es, en ese sentido, el desarrollo de una obra anterior del autor: Delimitación marítima con equidad, el caso de Perú y Chile3 El fallo de la Corte resolverá definitivamente la controversia. Su ejecución, por parte del Perú y Chile, es obligatoria y no admite posibilidad de rebeldía. Al ser la Corte la única instancia judicial de naturaleza supranacional que forma parte del sistema de paz y seguridad de las Naciones Unidas, la ejecución de sus fallos no sólo está asegurada por el carácter imperativo de sus sentencias que constituyen res judicata, sino por el propio Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. El Art. 94.1 de la Carta de las Naciones
3 José Manuel Rodríguez Cuadros, Delimitación marítima con equidad, el caso de Perú y Chile, Editorial Peisa, Lima, 2007.

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Unidas establece: “Cada miembro de las Naciones Unidas se compromete a cumplir la decisión de la Corte Internacional de Justicia en todo litigio en que sea parte”. Y el numeral 2 del mismo artículo activa la instancia del Consejo de Seguridad como garante de ese cumplimiento: “Si una de las partes en un litigio dejare de cumplir las obligaciones que le imponga un fallo de la Corte, la otra parte podrá recurrir al Consejo de Seguridad, el cual podrá, si lo cree necesario, hacer recomendaciones o dictar medidas con el objeto de que se lleve a efecto la ejecución del fallo”. La última parte del artículo, que faculta al Consejo de Seguridad a “dictar medidas” implica el uso de sus facultades coercitivas. Durante mi gestión como Ministro de Relaciones Exteriores del Perú, el gobierno del Presidente Alejandro Toledo tomó la decisión de llevar el caso a la Corte Internacional de Justicia y realizó todo el trabajo técnico-jurídico y diplomático para que el Perú pudiese incoar la demanda. La racionalidad de esta decisión obedeció a una visión de Estado de la política exterior. Por ello, al coincidir la fase final del proceso con las elecciones nacionales, se dejó el espacio para que el gobierno electo procediera a presentar la demanda. La fase final del juicio será responsabilidad del gobierno que el pueblo peruano elija el año 2011. El hecho que la solución jurídica de la controversia comprometa la acción de tres gobiernos sucesivos casi simboliza la naturaleza de estado de esta aspiración nacional. El Perú, en cualquier hipótesis, fiel a la tradición jurídica de su diplomacia ejecutará el fallo. Y este tendrá la virtud de situar las relaciones bilaterales entre el Perú y Chile, por primera vez en su historia, en un contexto ausente de contenciosos de soberanía nacional. En ese momento se habrá ganado, adicionalmente, la posibilidad cierta de dotar a la relación de la estabilidad que a lo largo de su historia le ha sido esquiva, y que debe ser el anuncio de una nueva página en las relaciones diplomáticas entre ambas naciones, signada por la cooperación, la integración, la diploma27

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cia de los pueblos y vínculos interestatales sólidos y permanentes, sustentados en los principios del respeto mutuo, el beneficio recíproco y la solidaridad latinoamericana.

Lima, 3 de octubre de 2009 Manuel Rodríguez Cuadros

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II. ESPACIO E IDENTIDAD NACIONAL 1. EL ESPACIO NACIONAL TERRITORIAL Y MARÍTIMO DEL PERÚ El Perú es un estado-nación asentado sobre un territorio de 1´284 216 km2, ubicado al sur de la línea ecuatorial en la parte centro occidental de la América del Sur. En extensión es el tercer país más extenso de la región. Su territorio corresponde aproximadamente a más de dos veces al de España, dos veces el de Francia, treinta veces más extenso que Suiza y sesenta veces mayor que El Salvador. Es un territorio difícil para los asentamientos humanos, pero al mismo tiempo de una riqueza excepcional en recursos naturales. Pablo Macera, con mucha razón, ha señalado que “la geografía andina no es sólo un espacio de la acción histórica, sino también un factor contrario y excluyente de la acción humana. Es la geografía dramática del aluvión o del huayco, las inundaciones, los arenales y los terremotos que combaten la presencia humana. Aquí, en los andes las cosas son siempre de duración incierta. Pueden durar eternamente o durar un día y durar demasiado”4. Más allá de las dificultades y desafíos del medio geográfico, el hombre peruano organizado en plurales sociedades y culturas se ha impuesto a la geografía en la construcción de su hábitat natural y social. El antiguo Perú ha sido una de las seis sociedades internacionales particulares que florecieron en el planeta antes de la primera ola globalizadora de inicios del siglo XVI. Caral, la civilización más antigua del Perú, se implantó en la costa central desde hace aproxi4 Pablo Macera, Visión histórica del Perú, editorial Milla Batres, 1978, p. 8.

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madamente cinco mil años. Desde esa época hasta nuestros días la interacción entre la obra del hombre y el medio geográfico en todo el decurso de la sociedad y la cultura peruanas ha sido multifuncional, tanto en relación al territorio como en torno al mar. En el territorio peruano existen múltiples y diversos pisos ecológicos distribuidos longitudinal y altitudinalmente en forma sucesiva. Esta diversidad presenta ocho regiones ecológicas, alberga 84 ecosistemas de los 104 que existen en el mundo, así como 28 climas de los 32 que se registran en el planeta. El territorio peruano es uno de los cinco más ricos del mundo en diversidad biológica., Las investigaciones, aún en curso, han determinado que en su geografía habitan 25 000 especies de flora, 315 especies de anfibios, 365 de reptiles, 1760 de aves, 460 de mamíferos y 736 de peces continentales. Los recursos naturales se ofrecen a la vida peruana con generosidad. Al inicio del siglo XXI el Perú es el primer país productor de plata en el mundo (3402 toneladas métricas5), el tercer país productor de cobre (10491 toneladas6), el tercer productor mundial de zinc (383 mil TMF7) y el quinto productor de oro (170 toneladas anuales8). Su explotación y aprovechamiento sustentable es un desafío que se reproduce al ritmo de la expansión de las inversiones. El mar, una de las regiones naturales del Perú, recorre sus costas a lo largo de un litoral de 3795 km, contando sus entrantes y salientes, desde Boca de Capones al norte hasta el punto extremo sur de la proyección del área marítima de 200 millas en la frontera con Chile. Hacia el alta mar, el mar peruano se extiende por un
5 6 7 8 Cf. World Silver Survey, 2007. Cf. Codelco, 2007. Cf. Statistique ILZG, 2006. Cf. World Gold Council (GFMS), 2007.

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espacio uniforme de 200 millas, medidas a partir de las líneas de base utilizadas para definir la anchura del dominio marítimo del Estado9. Las líneas de base utilizadas para proyectar la extensión de 2oo millas constantes del mar adyacente a sus costas, están determinadas por las coordenadas geográficas que se inician en el Norte en las coordenadas astronómicas Lat. 03º23’33.96’’S, Long. 80º19’16.31’’W (WGS84 Lat. 03º23’31.10’’S, Long. 80º18’49.29’’W), y finalizan en el Sur en las coordenadas WGS84 Lat. 18º21’08’’S, Long. 70º22’39’’W. Las aguas marinas que se encuentran entre estas líneas de base y el litoral forman las aguas interiores de la República. Conforme a las normas del Derecho Internacional de la Delimitación Marítima, el límite exterior del dominio marítimo peruano hasta una distancia de 200 millas hacia el alta mar se traza de modo que cada punto del citado límite exterior se encuentre a 200 millas marinas de los puntos más próximos de las líneas de base. El mar peruano, denominado oficialmente Mar de Grau10, presenta características especiales que modifican el clima de la costa, contribuyendo a la existencia -junto a la presencia de otros fenómenos geográficos- de una faja desértica en el litoral, allí donde por su posición geográfica debería existir un paisaje y un clima de zona tropical. Este efecto negativo es compensado por la naturaleza al producir, al mismo tiempo, en el mar, una extraordinaria riqueza hidrobiológicas. Las aguas son de temperatura templada, pero en el interior de ellas discurre una corriente marina de aguas frías (Corriente Peruana o Corriente de Humboldt), con temperaturas en invierno que
9 El art. 54 de la Constitución del Perú establece: “[…] El dominio marítimo del Estado comprende el mar adyacente a sus costas, así como su lecho y subsuelo, hasta la distancia de doscientas millas marinas medidas desde las líneas de base que establece la ley. En su dominio marítimo, el Estado ejerce soberanía y jurisdicción, sin perjuicio de las libertades de comunicación internacional, de acuerdo con la ley y con los tratados ratificados por el Estado…”.

10 Cf. Ley No. 23856 del 24 de mayo de 1984.

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oscilan entre los 13 y 14 grados centígrados y, en el verano, entre 15 y 17. Es como si un río frío discurriese en un mar templado. La baja temperatura de las aguas de la corriente peruana genera mayor oxígeno que unido a la presencia de una alta irradiación de luz solar activa el proceso de fotosíntesis. Al mismo tiempo, los vientos y la accidentada topografía de la costa producen afloraciones de los fondos marinos ricos en nutrientes, como los nitratos, los fosfatos y los silicatos. Todo ello biológicamente incentiva la existencia del plancton (plagktós) que se mantiene en la superficie por la alta salinidad de las aguas. El plancton es el alimento de múltiples recursos vivos del mar, como la anchoveta cuyos volúmenes de captura explican la posición del Perú como el segundo país pesquero del mundo. El territorio peruano, inserto en un sistema global donde el equilibrio ambiental roza límites de alto riesgo posee uno de los mayores índices de biodiversidad en el mundo, debido especialmente al aporte de su mar que posee un ecosistema extraordinariamente rico en afloraciones y nutrientes.11 El biólogo Marco Espino indica que el mar del Perú está situado en “la más importante área de afloramiento del mundo, con niveles de productividad no superados por ningún otro ecosistema marino, y que son la base de una cadena trófica que soporta importantes biomasas de pequeños pelágicos como la anchoveta, que transforma la proteína vegetal en proteína animal de alto valor nutritivo”12. La riqueza que produce el ecosistema marino peruano hace que la pesca sea uno de los recursos naturales que más ingresos aporta a la economía nacional. El segundo en volumen de exportaciones después de la minería, con la virtud de que genera más fuentes de trabajo.

11 Cf. Manuel Vegas Vélez, “La pesquería peruana”, en: INP, Atlas histórico, geográfico y de paisajes peruanos, Lima, Instituto Nacional de Planificación, 1970, p. 165. 12 Marco Espino, “Lecciones aprendidas”, en: El libro de oro de la pesquería peruana, Sociedad Nacional de Pesquería, editor Pedro Trillo, Lima 2003, p. 129.

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2.

EL PROCESO DE DETERMINACIÓN DE LOS LÍMITES DEL TERRITORIO NACIONAL

El itinerario de la definición del espacio nacional y la fijación de las fronteras y límites del territorio no ha sido fácil en la historia general de los peruanos. Las cuestiones de la soberanía sobre el territorio y el mar han gravitado de manera directa en las tensiones internas y externas que han caracterizado la vida peruana en su historia republicana. La determinación nacional de preservar la soberanía nacional sobre el territorio y el mar ha enfrentado conflictos externos, militares y diplomáticos, y ha producido disensiones políticas; pero, al mismo tiempo, ha contribuido a forjar la conciencia, la identidad y la unidad nacionales. Jorge Basadre ha señalado que desde el inicio de la República el Perú enfrentó una situación internacional muy difícil y sensible debido por un lado a su ubicación geográfica céntrica en el continente y a las complejas características de su situación social: 1) Fronteras amplias que no poseían demarcación con sus cuatro vecinos fronterizos; 2)Una guerra de independencia larga y sangrienta que dejó exhaustas las arcas fiscales y empobreció al país; 3) La presencia en territorio peruano y boliviano, después de la independencia, de tropas colombianas; 4) La carencia de vías de comunicación entre la capital y el resto del país, entre el centro y los extremos del país;5)la grave desigualdad cultural, social y económica entre las clases ilustradas y la población mayoritaria indígena;6) la desarticulación del aparato del Estado por la emigración de funcionarios públicos peninsulares y peruanos, por razones ideológicas, económicas y militares, entre 1821 y 1826;7)La inestabilidad política;8)Los efectos negativos en la administración y en la vida económica, social y política del país que tuvo el descubrimiento y la explotación del guano; y, 9) La desventajosa ubicación del Perú en Sudamérica, en la época, que al no existir el Canal de Panamá, lo aislaba de Europa. 13
13 Cf. Jorge Basade, Memoria y Destino del Perú. Selección y notas introductorias de Ernesto Yepes del Castillo, Fondo Editorial del Congreso del Perú, Lima, 2004, p. 207.

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Estos factores generaron múltiples dinámicas de conflicto y cooperación en las relaciones externas del Perú durante el siglo XIX y otorgaron a la variable territorial y a las cuestiones de la soberanía nacional un peso gravitante en la política exterior del Estado. José María de Pando, Ministro de Relaciones Exteriores del Perú en 1826,1829 y 1832, recordaba, con acierto, en su libro de derecho internacional, escrito en 1838, que la obligación de “[…] fijar con la mayor exactitud que sea posible los términos o linderos de los territorios respectivos, es un objeto de la más alta importancia para todas las naciones, a fin de precaver las disputas y aún guerras que de la incertidumbre se han originado frecuentemente”14 . Ciento catorce años después, esa “obligación de todas las naciones” a que aludía Pando continuaba pendiente en el Perú y dio lugar a una reflexión de Alberto Ulloa, quizás exagerada, pero representativa del significado de la variable territorial en la historia peruana: En el “[…] horizonte visible, nuestra expresión internacional tiene que ser fundamentalmente territorial y así lo ha sido principalmente hasta hoy. Como no somos una gran potencia, como no tenemos intereses políticos universales, como nuestra proyección económica es limitada, hemos vivido, durante ciento veinte años, y seguiremos viviendo por mucho más todavía, en función de nuestro territorio. Los grandes problemas internacionales de nuestra historia han tenido este signo, en todas las direcciones de la rosa de los vientos.”15 La cuestión territorial en la política exterior peruana, en la concepción de Ulloa Sotomayor, y el sinuoso camino recorrido para cumplir con el axioma señalado por Pando, ha sido quizás uno de
14 José María de Pando, Elementos del Derecho Internacional, Imprenta de J. Martín Alegría, Madrid, 1838, p.107. 15 Alberto Ulloa Sotomayor, La Posición Internacional del Perú, Imprenta editora Atlántida S.A., Lima, 1977 (1a edición 1941), pp. XIX y XX. La cita de Ulloa es representativa para ilustrar el peso de la variable territorial en la política exterior del Perú, pero no lo es con relación al alcance de la diplomacia peruana que desde sus inicios definió un campo de acción bastante variado y amplio que excedió la cuestión de límites no obstante la presión de las cuestiones territoriales. El reduccionismo de la política exterior peruana a las cuestiones territoriales es un prejuicio antes que una constatación histórica.

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los procesos más duros y dramáticos de la historia republicana del Perú. Ha costado a los peruanos ser el país de América Latina que ha tenido que enfrentar el mayor número de conflictos16. Costó la ocupación extranjera del territorio nacional durante la guerra con Chile. Pero, sobre todo, ha tenido el altísimo precio de miles de vidas de combatientes y de la población civil sacrificadas en los campos de batalla de las reiteradas guerras que el país ha tenido que afrontar, desde el momento mismo de su independencia hasta enero de 1995. Ha significado también la concentración de las mejores energías nacionales e ingentes recursos materiales y financieros en la tarea de obtener fronteras jurídicamente reconocidas. El proceso de fijación de los límites del Perú ha durado ciento veintiún años, entre 1821 y 1942. Con la suscripción y ratificación del Protocolo de Río de Janeiro de 1942 se logró, finalmente, perfeccionar jurídicamente los límites fronterizos con Brasil, Chile, Colombia, Bolivia y Ecuador. El protocolo de Río estableció además la paz entre los beligerantes. El Acuerdo de Brasilia de 1998 es sólo un convenio de perfeccionamiento de la demarcación de los límites establecidos por el Protocolo de Río de Janeiro que, sin embargo, varió el statu quo establecido por este, al introducir la cesión por parte del Perú del territorio de la localidad de Tiwinza en una compleja figura jurídica de derecho privado, creada por un instrumento de derecho internacional público y para un uso exclusivamente público. Dos ejes han dominado históricamente la preocupación por definir los límites del territorio nacional peruano. Uno en el sur, otro en el norte. Desde 1821 hasta 1929 el centro de gravitación estuvo concentrado en la frontera sur. En un primer momento, a través de las acciones integracionistas que buscaron reintegrar los territorios del alto (Bolivia) y del bajo Perú. Proceso complejo que

16 Ningún país de América Latina presenta el número de conflictos internacionales que ha tenido que enfrentar el Perú.

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agitó la vida política peruana y boliviana, que consumió muchos de sus esfuerzos en el campo de batalla y que culminó trágicamente con los graves resultados que trajo para ambos países la derrota militar en la guerra con Chile. En un segundo momento, a partir de la post guerra con Chile, a través de la movilización nacional para intentar recuperar en la mesa de negociaciones - a través de la acción diplomática- las provincias cautivas que se habían perdido en el campo de batalla. Este proceso culminó en 1929, en sus componentes sustantivos, con la reintegración de Tacna al territorio nacional y la cesión definitiva de Arica a la República de Chile. A partir de esa nueva situación, el eje hegemónico del conflicto territorial en las relaciones internacionales del Perú se trasladó a la frontera norte. Es cierto que ya en el siglo XIX este eje de conflicto produjo dos guerras, con Colombia en 1829 y con el Ecuador en 1860. Es también un registro histórico que en 1910 se produjo una situación pre bélica con el Ecuador. Sin embargo, no es menos cierto que más allá de esas graves contingencias, la prioridad de la política exterior y de la política de defensa nacional fue durante todo ese período la situación en el sur. Las tensiones en el norte fueron percibidas en términos subsidiarios. Como factores tácticos, tensiones políticas y diplomáticas o flancos militares que hicieron mucho más complejas las estrategias de política exterior y de defensa en la frontera sur. Producida la independencia sectores de las élites militares, económicas y políticas peruanas, como las del alto Perú, no renunciaron a un espacio territorial que reintegrara el alto y el bajo Perú. Y este nacionalismo territorial, sustentado en realidades económicas, históricas, sociales, culturales, étnicas y lingüísticas, fue uno de los factores determinantes de la vida política nacional interna y externa, particularmente vinculada al regionalismo sureño, en las primeras y decisivas décadas de nuestra vida republicana. El Perú nació con la impronta de la variable territorial en el centro de los problemas del poder, la economía y la sociedad.
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En 1823 la primera constitución peruana en la sección referida al territorio reflejó esta determinación, al señalar, en su artículo 6, que “El Congreso fijará los límites de la República, de inteligencia con los Estados limítrofes verificada la total independencia del alto y el bajo Perú”17. De ahí en adelante la variable de la integración con Bolivia ha sido un factor determinante o condicionante de la vida política peruana, de manera decisiva por lo menos hasta la guerra con Chile. A partir de 1883, como subproducto de este proceso, la variable territorial relativa al estatus y a la recuperación de las provincias cautivas de Tacna y Arica dominó gran parte de los procesos políticos nacionales. Y desde 1922, intermitentemente, la cuestión de Leticia con Colombia y luego el contencioso con el Ecuador, han incidido también fuertemente en la dirección de la política exterior y en coyunturas críticas de la política interna. Esta presencia casi interrumpida de la variable territorial en el curso de la política peruana ha sido, adicionalmente, un factor permanente y en ocasiones urticante en las relaciones entre las fuerzas armadas y la institucionalidad civil. En ese contexto, la determinación de los límites del Perú no ha sido como se cree a partir de aproximaciones juridicistas, solo consecuencia de nuestros títulos y los principios que orientaron la constitución inicial y la división política de las nuevas naciones hispanoamericanas. Si bien es cierto que los principios del uti possidetis, las nacionalidades y la libre determinación de los pueblos, orientaron la formación inicial de las nuevas repúblicas desde el punto de vista de la constitución orgánica de sus territorios, los límites de esos territorios, los “confines” en la interpretación romana del concepto de límites, ni se derivaron ni se consagraron de los principios constitutivos, fueron el producto de negociaciones diplomáticas, arbitrajes y guerras. Como en toda la historia del estado nación, las fronteras en América Latina, sobre la base de los títulos
17 Domingo García Belaunde, Las Constituciones del Perú, Ministerio de Justicia, Lima, 1993, p. 96.

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coloniales, se han fijado y formalizado jurídicamente en la dinámica de la cooperación y el conflicto. Este proceso, propio de las relaciones internacionales como realidad social, quizás por la especial posición geográfica del Perú que Basadre señaló como una de las causas de las tensiones internas y externas, unida a su condición de centro gravitante en el periodo colonial, se ha expresado, de manera contundente en la historia peruana. Las fronteras del Perú son producto de la negociación diplomática, de la cooperación y las políticas de buena vecindad, pero también de la agresión militar extranjera, de la guerra. La primera frontera que el Perú consagra en términos jurídicos con una línea demarcatoria convencional, que permitió al estado pasar de una etapa de exhibición de títulos y defensa de los derechos territoriales de la nación al establecimiento de límites precisos aprobados por un tratado internacional, fue la frontera este con el Brasil. La determinación de los límites en esta sección en la línea de frontera fue exclusivamente producto de la negociación diplomática, a través de la suscripción de la Convención Fluvial sobre Comercio y Navegación del 23 de octubre de 1851, la misma que en su artículo VII establece los límites convencionales entre el Perú y Brasil en la frontera este. Posteriormente, a través del Tratado de Límites, Comercio y Navegación en la Cuenca del Río Amazonas, suscrito en Río de Janeiro el 8 de septiembre de 1909, se completó la delimitación en toda la frontera peruano – brasileña. Sobre la determinación de los límites con el Brasil, Raúl Porras Barrenechea, en valoración que comparto, ha señalado que la convención de 1851 reflejó la comprensión del interés peruano de obtener la libre navegación en el Amazonas, la misma que el tratado de San Ildefonso le concedía exclusivamente al Brasil, razón por la cual, en las negociaciones, la parte peruana aceptó aplicar el uti possidetis de facto como principio rector18. En lo que

18 Raúl Porras Barrenechea, Historia de los límites del Perú, Librería Francesa Científica y Casa Editorial Rosay, Lima 1930, p. 87.

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concierne al tratado de límites Velarde - Río Branco de 1909, Porras anota también, en un análisis valorativo de los resultados del arreglo, que “la solución adoptada…fue pues la única posible, oportuna y provechosa para el Perú”19 No obstante que el Brasil siempre ha sido el vecino de mayor volumen espacial y con mayor poder en el escenario regional, constituye el único caso de las cinco fronteras nacionales donde la determinación de los límites se ha realizado exclusivamente a través de la dinámica de la cooperación y la negociación. Ni siquiera se tuvo que recurrir al arbitraje. El conflicto se redujo a esporádicos y puntuales incidentes en la zona fronteriza. Entre otros factores, esto se ha debido a que la inmensidad de la selva amazónica ha constituido un espacio que ha gravitado como un tapón entre los centros poblados y económicamente activos de los dos países, independientemente de haber constituido al mismo tiempo un espacio de disputa desde la perspectiva, regionalizada, de la explotación de ciertas riquezas como el caucho o de la acción colonizadora para incorporar los inmensos espacios amazónicos a la jurisdicción de uno u otro país. La preeminencia de la dinámica de la cooperación y la negociación en la solución de los contenciosos de límites entre el Perú y el Brasil ha contribuido a dar a las relaciones bilaterales una estabilidad y previsibilidad ausente en las otras fronteras. A su vez ha permitido que el Perú perciba al Brasil como un vecino confiable, capaz de ejercer sus buenos oficios en la solución de controversias en el ámbito de las otras fronteras nacionales. Brasil ha sido el único factor externo de estabilidad en la determinación de las fronteras nacionales. Si la dinámica de la negociación y la cooperación prevaleció en la fijación de los límites con el Brasil, la dinámica del conflicto ha

19

Ibíd., p. 91.

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sido gravitante en los casos de las fronteras con Chile, con Colombia y con el Ecuador. Bolivia es un caso especial, pues ambos pueblos, dentro de sus propias diversidades, tienen un origen común. En la época precolombina sus pueblos compartieron el territorio y los pisos ecológicos del sur andino y sus sociedades políticas se expandieron a través de ese territorio. Durante la mayor parte de la colonia formaron una unidad social, económica y administrativa; razón por la cual al momento de la independencia hubo distintas corrientes, las que pugnaban por reintegrar el bajo y el alto Perú y las que bregaban por la unidad a partir de la constitución de dos países independientes. Los conflictos entre el Perú y Bolivia en las primeras décadas del siglo XIX fueron producto paradójicamente de la dinámica de la cooperación, integración o reintegración. El Perú y Chile no han sido países limítrofes sino hasta 1883 como consecuencia de la guerra de 1879. En el antiguo Perú, la extensión del Tahuantinsuyo comprendió el territorio actual de Chile hasta el río Maule. A partir del hecho colonial y la creación del Virreinato del Perú, con Real Cédula del 20 de noviembre de 1542, la jurisdicción virreinal peruana abarcó también el territorio de Chile, hasta que el gobernador La Gasca, en 1548, estableció el límite entre el Virreinato del Perú y la Gobernación de Chile a la altura de Copiapó. El límite entre las secciones virreinales del Perú y Chile conforme al principio del uti possidetis colonial fue establecido por real orden del 1 de octubre de 1803, en el río Paposo (25º); precisándose que el puerto del Paposo, sus costas y territorios pasaban a agregarse al Virreinato de Lima. Con base a estos antecedentes jurídicos, Raúl Porras Barrenechea registra que conforme al derecho internacional americano y al principio del uti possidetis de 1810 “ El límite entre el Perú y Chile estaba al Sur del desierto de Atacama, en el Paposo, hasta donde se extendía la intendencia de Arequipa”20.
20 Ibíd., p.108.

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Posteriormente con la independencia de Bolivia, el territorio de la nueva república abarcó el litoral que se extendía desde Atacama hasta Loa. Como también señala Porras: “Constituido en república independiente, y antes de alentar sus planes de expansión, Chile reconoció la soberanía de Bolivia en estos territorios, esto se halla comprobado en el texto mismo de sus constituciones. La de 1822, dijo: “El territorio de Chile reconoce por límites naturales al sur el cabo de Hornos; al Norte el despoblado de Atacama”. Idéntica disposición consignaron las de 1823, 1828 y 1832. La de 1833 decía aún: “El territorio de Chile se extiende desde el desierto de Atacama, hasta el cabo de Hornos”. Hasta esa época no hubo pues la más pequeña discusión de los límites entre Chile y Bolivia”.21 La guerra de 1879 enclaustró a Bolivia al anexar Chile por la fuerza su litoral. Para el Perú significó la emergencia de un nuevo país limítrofe; impuso la cesión territorial de las provincias de Tarapacá y Arica, a través de lo dispuesto en el Tratado de Paz y Amistad, suscrito en Lima el 20 de octubre de 1883 y el Tratado y Protocolo Complementario para Resolver la Cuestión de Tacna y Arica, firmado el 3 de junio de 1929.  Más allá de cualquier consideración valorativa sobre el tratado de 1929 y su protocolo complementario que determinaron la anexión de Arica a Chile pero también la devolución de Tacna al Perú, una constatación histórica es que en este caso parte de lo que se perdió en la guerra, en la dinámica del conflicto, se recuperó parte a través de la negociación diplomática, en la dinámica de la cooperación. Los límites con Bolivia, a diferencia del caso chileno, han sido producto de la negociación diplomática y el arbitraje. Bolivia es un factor altamente significativo en la historia del espacio nacional peruano, pues durante todo el siglo pasado y parte del presente

21

Ibíd, p.109.

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ha constituido un centro gravitante de la problemática territorial y de la política fronteriza del Perú. El alto Perú, como se ha señalado, fue un referente del espacio nacional peruano que provocó un sentimiento de reintegración territorial y unidad política del bajo y alto Perú en las elites nacionales civiles y militares peruanas y bolivianas durante las primeras décadas de la independencia. Estas corrientes ideológicas, militares, políticas, sociales y económicas finalmente obtuvieron la realización del proyecto de reintegración y unidad, con el establecimiento de la Confederación Perú -Boliviana en 1836. El Perú, que sólo hacía diez años había consolidado su independencia y su estructura de estado unitario se dividió en dos Estados. El Estado Nor Peruano (Amazonas, Junín, La Libertad y Lima), con su capital en Lima, y el Estado Sud Peruano (Arequipa, Cusco, Puno y Ayacucho) con capital en el Cusco. Y ambos Estados se fusionaron con el Estado boliviano, bajo la presidencia del General Andrés de Santa Cruz. Se consagraba de esta manera la aspiración nacional - territorial de reunificar el alto y el bajo Perú. La constitución del Estado Nor Peruano señalaba en su artículo I : “Los departamentos de Amazonas, Junín, La Libertad y Lima se erigen y constituyen en un estado libre e independiente que se denominará Estado Nor Peruano, confederado con los del Sud y Bolivia, bajo la forma de gobierno popular representativo”.22 Y el artículo II consignaba que “El Estado Nor Peruano reconoce la separación e independencia del Estado Sud Peruano”. La constitución del Estado Sud Peruano, aprobado en Sicuani el 17 de marzo de 1836 contenía cláusulas similares.23 Por su parte, la constitución de la Confederación Peruano Boliviana, aprobada en Lima el 28 de octubre de 1836, estableció, en relación al espacio nacional, una sola cláusula relativa al territorio
22 Constitución del Estado Nor-Peruano (1836), art. 1, en: Domingo García Belaunde, Las Constituciones del Perú, Ministerio de Justicia, Lima, 1993, p. 216. 23 Ibíd.

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de las tres repúblicas confederadas (Art. XXX, 2), la misma que otorgó al protector la atribución de “Conservar la integridad del territorio de la Confederación y de cada una de las tres repúblicas”.  24 La partición del Estado peruano y su reintegración política junto con Bolivia a través de la confederación, fue objeto de recelos por parte de la Argentina y de la intervención armada chilena que produjo la primera guerra entre el Perú y Chile. La confederación se disolvió en 1839 y el Mariscal Gamarra asumió, nuevamente, la Presidencia de la República, el 10 de julio de 1840. Gamarra no fue un enemigo de la unificación de los espacios nacionales del Perú y Bolivia. Por el contrario, era partidario de reintegrar el alto y el bajo Perú, pero con dirección y conducción peruanas. Al año de iniciado su gobierno y a los dos años de disuelta la confederación, Gamarra invade Bolivia e inicia el segundo conflicto peruano - boliviano. El contexto y los resultados fueron distintos. El ejército peruano fue derrotado en Ingavi. Y el Mariscal Gamarra se convirtió en el único presidente de la República muerto en combate en el campo de batalla. Desde 1842, año en que se descubren los ricos yacimientos de salitre y covaderas de guano de Atacama, Perú y Bolivia intensificaron sus relaciones de amistad y cooperación. En 1873 suscribieron el Tratado de alianza defensiva que ambos países honraron. En 1879 enfrentaron la guerra que les declaró Chile y la derrota acarreó serias y graves consecuencias: Chile se anexo el litoral boliviano y la provincia peruana de Tarapaca, más tarde el anexionismo se expandió a la provincia de Arica. Abandonados los irredentismos territoriales de una y otra parte y asimiladas las lecciones de la guerra con Chile, durante la última década del siglo XIX y las primeras del siglo XX la dinámica de la cooperación continuó prevaleciendo en las relaciones

24

Constitución del Estado Sud-Peruano, art. 2, ibíd., p. 212.

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peruano-bolivianas, incluso en el procesamiento de las diferencias limítrofes. los Tratados Osma-Villazón de 1902; el Laudo Arbitral del Presidente de la República Argentina, José Figueroa Alcorta, de 1909, el Protocolo sobre Aceptación del Laudo Argentino, también de 1909, el amistoso Tratado de Rectificación de Fronteras Polo – Bustamante de 1909 y posteriores protocolos para la ejecución de este último tratado, constituyen los resultados formales de un arduo y amistoso proceso de negociación y entendimiento que permitió establecer definitivamente los límites entre el Perú y Bolivia. El establecimiento de los límites primero con la Gran Colombia y después con Colombia ha tenido una dinámica de cooperación y conflicto desde los albores de la independencia. La presencia de fuerzas auxiliares del ejército libertador hasta 1827 en territorio peruano, fue un permanente factor de conflicto en las relaciones peruano – grancolombianas. Las tensiones políticas y limítrofes produjeron la guerra de 1829. Disuelta la Gran Colombia, en mayo de 1830, la sucesión de Estados planteó la continuidad de la controversia limítrofe entre el Perú y Colombia. Con el nuevo estado los problemas de límites evolucionaron en los mismos términos de oposición de intereses y tesis. Entre 1829 y 1894 hubo una suerte de administración positiva del statu quo que duró 63 años. Luego, se vuelve a activar la cuestión de límites y después de una serie de negociaciones fracasadas, intentos de arbitraje inviables o frustrados e incidentes como el de La Pedrera (1911), se llegó a una negociación definitiva, muy controvertida. Durante el gobierno del presidente Augusto B. Leguía se negoció y pactó con Colombia, a través de un repudiado procedimiento secreto, el Tratado Salomón – Lozano, a través del cual se fijaron los límites entre ambos países. Grandes sectores de la población y de la opinión nacional consideraron el tratado como lesivo a los intereses nacionales del Perú, por haber dispuesto la cesión de la localidad de Leticia (17 000 habitantes) que había formado parte del territorio nacional desde 1821. A través de esta concesión te44

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rritorial peruana, Colombia obtuvo un acceso directo al Amazonas. Producida la caída del presidente Leguía, la tensión en la frontera se agudizó, especialmente luego de la ratificación del tratado en 1928. El 1 de septiembre de 1932, durante el gobierno del General Luis M. Sánchez Cerro, fuerzas civiles comandadas por un oficial en retiro ocuparon Leticia. El gobierno peruano respaldó la ocupación y movilizó a sus fuerzas armadas. El 14 de febrero de 1933 se abrieron las hostilidades. Producido el asesinato de Sánchez Cerro, el domingo 30 de abril de 1933, asumió la presidencia el Gral. Óscar R. Benavides. El conflicto cambió de curso y con la intervención de la Sociedad de Naciones se pactó, en Ginebra, el armisticio del 24 de mayo de 1933. El acuerdo impuso la evacuación de Leticia y su entrega a una administración temporal, mientras las partes resolviesen definitivamente el incidente en consultas y negociaciones bajo los auspicios del Ministro de Relaciones Exteriores del Brasil, Afranio de Mello Franco. Producto de estas negociaciones se suscribió el 24 de mayo de 1934, en Río de Janeiro, un Protocolo a través del cual se ratificó la cesión de Leticia y los límites establecidos por el tratado Salomón-Lozano. La cuestión con Chile, después del incumplimiento por parte de Santiago de las disposiciones del tratado de 1883 que mandaba la realización del plebiscito para definir el estatus definitivo de Tacna y Arica, configuró una prioridad diplomática para la recuperación de las provincias cautivas. El diferendo con Colombia, siempre pendiente por la inexistencia de límites convencionales, era finalmente una cuestión estrictamente de linderos, es decir de líneas de límites. Pero la reivindicación ecuatoriana de Tumbes, Jaén y Maynas significaba contestar la soberanía orgánica del Perú en una parte importante del espacio nacional. Como señalaron los juristas franceses León Bourgeois y Louis Renault: “ No creemos que pueda encontrarse otro caso en el cual, con el pretexto de una delimitación, se produzca una reivindicación territorial tan amplia; no se trata ya de trazar una línea precisa para rectificar fronteras incier45

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tas y mal definidas; no se trata de reconocer a un Estado vastos territorios casi inhabitados, sobre los cuales ninguna de las partes ha ejercido soberanía de manera suficiente: son provincias enteras, muy pobladas, que han formado parte de un Estado desde su constitución, que se han considerado siempre como parte integrante de dicho Estado…las que otro Estado a título de rectificación de fronteras, pretende hacerse atribuir…25 “. Progresivamente, una vez superado formalmente en 1929 el problema del incumplimiento chileno del tratado de 1883, las cuestiones limítrofes del norte reemplazaron a las del sur como prioridad de la política exterior. Luego de diversos procesos negociadores y situaciones de tensión en la frontera, se produjo en 1941 una guerra originada por la avanzada ecuatoriana sobre poblaciones fronterizas peruanas. Al término del conflicto, con los buenos oficios de los Estados Unidos, Brasil, Argentina y Chile, ambos países suscribieron el Protocolo de Paz, Amistad y Límites de 1942, que puso fin al conflicto y definió jurídicamente los límites terrestres. El Perú accedió, de esta manera y por primera vez en su historia, al perfeccionamiento de los límites fronterizos con sus cinco vecinos, luego de 121 años de vida independiente, de numerosos conflictos, negociaciones, tensiones internas y externas. La determinación de los límites terrestres del Estado no ha sido una empresa fácil. Por el contrario ha constituido un proceso difícil y complejo, violento muchas veces, con repercusiones diversas en la vida política nacional. Como en la mayoría de los países de la región, los límites del Perú han sido el sub producto de guerras y conflictos fronterizos, así como de negociaciones diplomáticas, efectuadas en algunos casos a partir de una situación negociadora débil por la derrota mili25 Cf. Ministerio de Relaciones Exteriores, Dictámenes Jurídicos presentados a S.M. el Real Árbitro con la Memoria del Perú, en: Documentos de relativos a la Conferencia Perú-Ecuatoriana de Washington, Editorial Lumen,Lima, 1938, p. 137.

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tar. También de la determinación nacional para defender y preservar la soberanía nacional. En esta historia, donde la dinámica del conflicto y la negociación se han confundido casi sin solución de continuidad, la variable territorio dio al estado nación peruano uno de sus pocos referentes de consenso social, independientemente de la concepción patrimonial del territorio que primó en gran parte de la República. El territorio, la defensa de los límites del Perú, las estrategias negociadoras para determinarlos y los numerosos conflictos que se tuvo que enfrentar, contribuyeron al desarrollo de dos instituciones que, no por casualidad, son las de mayor continuidad y consistencia en la vida política nacional. Dos instituciones que en el pensamiento de Raymond Aron26 constituyen el arquetipo de las relaciones diplomáticas, el ejército que simboliza la dinámica del conflicto y la diplomacia que simboliza la dinámica de la negociación. La relativa ausencia de estudios sobre las relaciones internacionales del Perú y particularmente de la historia de las relaciones con los países limítrofes, ha creado algunas mistificaciones sobre la historia de las relaciones internacionales del Perú y sobre la diplomacia peruana. Una de esas mistificaciones es la de un país que no habría enfrentado serios conflictos en la defensa de su soberanía y en la fijación de los límites de sus fronteras. La historia demuestra que no ha sido así. Otra de las mistificaciones es la relativa al papel histórico de la diplomacia peruana. A la cual, en términos de imágenes cotidianas, se le responsabiliza de ingentes pérdidas del territorio nacional. Esta aseveración se ha basado en dos errores. Por un lado, la administración en el Perú, como en otros países de Sudamérica, en el legítimo afán de defender sus derechos y afirmar sus aspiraciones territoriales llegó a producir una confusión en la opinión pública

26 Cf. Raymond Aron, Paz y guerra entre las naciones, Editorial Cuervo, Madrid, 1976.

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entre los derechos territoriales y las aspiraciones para hacer valer esos derechos, entre la pretensión máxima de las líneas de frontera y la existencia de límites consagrados por vía convencional y reconocidos por el Derecho internacional. Se confundió la aspiración, basada ciertamente en derechos legítimos, sobre un determinado espacio nacional, con la existencia real de ese espacio nacional. Esta situación ha llevado a que la cartografía del espacio nacional peruano, como la cartografía del espacio nacional ecuatoriano, brasileño, o de los demás países de la región durante muchas décadas sean cartografías de territorios que en sus confines representaban aspiraciones o derechos subjetivos de los estados, mas no límites reconocidos por la vía del derecho. En todo este proceso, el territorio de su constitución inicial como Estado independiente se rigió por la aplicación de los principios del Uti Possidetis y de la libre determinación de los pueblos, pero los confines, los linderos, los límites, las fronteras de ese territorio siempre estuvieron bajo negociación o bajo la dinámica del conflicto territorial, hasta que se perfeccionaron las fronteras totalmente en 1942. En este contexto, vinculado a su vez con los factores de política interna que hicieron del Perú un país con mayor o menor potencia en la balanza de poder regional, así como con los resultados de las guerras y los conflictos externos, que configuraron las diversas situaciones negociadoras, es que se debe analizar el papel histórico de la diplomacia peruana. Con una precisión adicional, referida a la participación de la cancillería y la diplomacia nacional, como institución, en el proceso de toma de decisiones de gobiernos que no siempre siguieron el curso de las recomendaciones hechas por la cancillería y que no siempre sustentaron las acciones de política exterior en procesos institucionales de decisión. Un balance histórico de la gravitación de las dinámicas de la cooperación y el conflicto en la determinación de los límites del
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Perú, conduce a análisis más objetivos. En el caso de la frontera Sur, la derrota militar se tradujo en las cláusulas secesionistas del tratado de 1883. Y negociaciones diplomáticas, no siempre realizadas en los mejores contextos externos e internos, permitieron recuperar Tacna. En el caso de Bolivia, los múltiples enfrentamientos del siglo XIX, incluyendo intervenciones armadas exitosas, no produjeron la posibilidad de un acuerdo que estableciese los límites. El arbitraje internacional y la negociación diplomática, realizada con firmeza y flexibilidad a partir de un adecuado realismo político, consiguió finalmente establecer los límites, dentro de los contornos históricos de nuestros derechos y aspiraciones. En el caso del Brasil se da la más expresiva muestra de la paradoja del derecho afirmado y la realidad del derecho consagrado y/o la posesión que ayuda a consagrar el derecho. Se ha criticado, a mi juicio muy superficialmente, el arreglo de 1851 y más aún el de 1909. Sin embargo, todo induce a pensar que el hecho de cerrar formalmente, de manera temprana, la frontera con el Brasil, en condiciones no ideales pero sí bastante razonables en relación a nuestras aspiraciones y derechos proclamados, ha sido uno de los aciertos más visibles de la vida diplomática y política peruanas. Porque evitó conflictos mayores con el vecino más poderoso y especialmente porque creó las condiciones materiales y subjetivas de una diplomacia de amistad y entendimiento con el Brasil, que aún no ha sido valorada debidamente en sus repercusiones positivas en relación al tratamiento de los contenciosos fronterizos con Chile, con Colombia, con el Ecuador y con Bolivia. En el caso de Colombia el tratado de 1922 fue evidentemente una negociación que constituyó una concesión no compatible con una percepción nacional del problema territorial peruano. Se trató, como se sabe, de una negociación secreta, llevada a cabo directa y personalmente por el presidente Leguía. Sin participación de la cancillería como institución. Los dos diplomáticos que según todas las evidencias tuvieron conocimiento de la negociación, So49

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lón Polo y Raúl Porras Barrenechea, realizaron las precisiones que debían realizar sobre la naturaleza y el alcance de las negociaciones. Y otros diplomáticos sufrieron incluso el exilio por oponerse al tratado. La cesión de Leticia fue una responsabilidad exclusiva del poder político y particularmente del presidente Augusto B. Leguía. El incidente del uso de la fuerza en 1932, que culminó con la ocupación de Leticia, no tenía viabilidad militar y por estar abiertamente en contra del derecho internacional fue un factor de mayor dificultad para el manejo diplomático de la situación. En este caso las dinámicas del conflicto y la negociación no guardaron funcionalidad y por ende no pudieron ser integradas en una percepción estratégica coherente. Finalmente, el caso del Ecuador, reprodujo en 1856 la disociación entre los factores diplomáticos y militares, lo que es un error básico de naturaleza estratégica. La victoria de la intervención militar del Mariscal Castilla no tuvo su correlato en una negociación sobre los límites, existiendo condiciones propicias para ello. En este caso lo que se ganó en el campo de batalla no se concretó en la mesa de negociaciones. Fue una oportunidad perdida con costos por cerca de cien años. Sólo en 1942, luego de 86 años de incesantes hostilidades por parte del Ecuador, la unidad entre la guerra y la diplomacia, que Aron reivindica como un componente esencial de la conducta estratégica, se ejercieron de manera firme y atinada, bajo el liderazgo del presidente Prado y la inteligente y férrea conducción del canciller Solf y Muro. El resultado de esta conducción eficaz de los asuntos del estado permitió resolver el último problema de límites pendientes a través del Protocolo de Paz, Amistad y Límites de 1942, en una línea que si bien es cierto se aleja de las aspiraciones máximas del Perú, coincide básicamente con el statu quo de 1936. Con el Tratado de 1929 y su Protocolo Complementario se estabiliza la frontera en el sur, a pesar de la renuencia que tuvo Chile
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para cumplir con sus estipulaciones. Al mismo tiempo, el Tratado de 1922 con Colombia, independientemente de la apreciación que se tenga de la negociación secreta que culminó con la cesión de Leticia, tuvo un efecto estratégico importante. Redujo a un solo contencioso los problemas históricos de la frontera norte y disoció para siempre los intereses y aspiraciones colombianas y ecuatorianas, que hasta ese momento siempre se mostraron recíprocamente vinculadas. En lo que atañe estrictamente a la demarcación de las fronteras terrestres e independientemente de la valorización del conjunto de la negociación, el acuerdo de Brasilia de 1998, como hecho objetivo, marca una realidad: el estado peruano, luego de 177 años de existencia, contó por primera vez con prácticamente todas sus fronteras terrestres demarcadas y ya no debía enfrentar contenciosos de límites o del trazo de sus fronteras. La obligación primordial de los estados de delimitar y demarcar sus territorios de que hablaba José María de Pando, le ha tomado al Perú el tiempo de toda su vida independiente. Ello y el controvertido debate nacional que suscitó el Acta de Brasilia, constituyen testimonios del acierto de Alberto Ulloa al utilizar la metáfora de la dirección de la Rosa de los Vientos para simbolizar el peso que los asuntos territoriales han tenido en la vida política peruana y en la política exterior. La territorialidad ha sido de esta manera un factor preponderante en la vida política interna e internacional del estado y la sociedad en el Perú. A partir de la culminación de la demarcación de nuestras fronteras, aunque en otros contextos y escenarios, lo seguirá siendo también en el futuro. La dinámica del conflicto o la diferenciación no empieza ni termina con las cuestiones de límites. La intangibilidad de las fronteras exige políticas de límites sostenidas en materia de la cartografía nacional, el mantenimiento y la densificación de hitos y el desafío de llevar a cabo políticas integrales y democráticas de desarrollo fronterizo. Las fronteras perfeccionadas sólo adquieren una dimensión social cuando las zonas fronterizas
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son objeto de políticas racionales y sustentables de acondicionamiento del territorio. Y estas adquieren sentido cuando se articulan a mercados locales o transfronterizos. Las poblaciones asumen su papel de agentes dinámicos del desarrollo fronterizo cuando son productores y consumidores activos. Y las tareas de planificación estratégica de las regiones fronterizas, en un esquema de desarrollo sustentable con equidad, suponen necesariamente procesos eficaces de regionalización y estrategias de cooperación e integración fronteriza con las poblaciones vecinas. Los ejes interoceánicos en el norte y en el sur que vincularán físicamente al Perú y el Brasil, por ejemplo, serán un factor dinámico del desarrollo fronterizo, pero no podrán reemplazar a las estrategias internas del desarrollo con transformación productiva y equidad en el ámbito más amplio del proceso de descentralización. El proceso de definición histórica de los límites del espacio nacional peruano tiene como única cuestión pendiente, en los albores del siglo XXI, la determinación del límite marítimo entre el Perú y Chile, el mismo que será decidido por la Corte Internacional de Justicia en La Haya. Al haber presentado la demanda contra Chile, el Perú ha hecho uso de los recursos que el derecho internacional pone a disposición de los Estados para la solución pacifica de sus controversias. 3. EL ESPACIO MARÍTIMO, LA IDENTIDAD Y EL DESARROLLO NACIONAL

La relevancia permanente con que la variable del espacio nacional, que incluye al territorio y al mar, se ha expresado en la dimensión externa del problema peruano, se deriva de la conjunción de factores históricos, sociales, económicos y culturales que dotan al espacio territorial y al dominio marítimo, en el caso específico del Perú, de por lo menos tres características vinculadas a la consolidación del estado nación, a la conciencia y autovaloración nacional y al desarrollo económico y social en las zonas de frontera.
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En primer término, el territorio y el mar, como espacios compartidos de una pluralidad de expresiones sociales, étnicas y culturales, ha jugado en la historia peruana un papel catalizador en la construcción de la idea y el sentimiento de la nación y la nacionalidad; en segundo lugar, la fuerte presencia de conflictos y negociaciones territoriales y la exitosa batalla diplomática para que se reconozca la soberanía y jurisdicción del Estado hasta una extensión de 200 millas marítimas, ha generado, en la mayoría de los población, un sano nacionalismo que ha superado el revanchismo y el irredentismo. En tercer lugar, en la problemática de las fronteras a lo largo de la historia y aun en las coyunturas del conflicto, ha estado presente también una dinámica de cooperación, vinculación social e integración entre las poblaciones fronterizas, no obstante la ausencia sistemática de políticas de desarrollo económico y social de las áreas de frontera. Por ello, una política de fronteras y de defensa, promoción y realización de los intereses marítimos del Perú, debe conciliar las indispensables tareas de preservación de la soberanía nacional y el fomento de un saludable sentimiento de identidad y conciencia nacional, con políticas de desarrollo económico, social y cultural que posibiliten un mayor nivel de vida y bienestar material y espiritual. En esa perspectiva la integración fronteriza será viable, así como la cooperación en el marco de la Comisión Permanente del Pacífico Sur. El mundo global de nuestros días no significa el fin del estado nación, ni de la conciencia nacional. Por el contrario las tendencias fragmentadas de la globalización han suscitado procesos de afirmación nacional, regional y local en todo el mundo. Se trata de afirmar las identidades culturales y nacionales en una perspectiva de apertura al mundo, respetando a las otras culturas y a las otras nacionalidades, aun en los saludables y necesarios procesos de integración supra nacional. El ejemplo de la Unión
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Europea es quizás el más representativo de esta compatibilidad y fusión creadora entre lo nacional y lo regional o universal. El mar y su contribución al desarrollo y bienestar nacionales son una fuente de riquezas para el crecimiento y la expansión de la economía. Quizás en el futuro su mayor contribución provenga de los yacimientos de hidrocarburos que actualmente están en fase de exploración en la plataforma continental, independientemente de la explotación de petróleo que ya se realiza en el subsuelo del lecho marino de las costas de Tumbes y Piura. Pero, en el pasado, en el presente y en el futuro, el mar ha aportado, aporta y aportará al desarrollo nacional con uno de los sectores industriales más competitivos de la economía: la pesquería. La riqueza del mar en recursos vivos es muy significativa. Posee en volúmenes considerables recursos pelágicos, como la anchoveta, la sardina, el jurel y la caballa; de mersales, como la merluza y otros; costeros, como el pejerrey, la loma y el machete; moluscos; pelecyodos, como las conchas y choros; cefalópodos, como los calamares y pulpos; gasterópodos, como los caracoles y lapas; crustáceos, como los langostinos, los camarones , las langostas los cangrejos; quelonios, como las tortugas; y cetáceos, como los delfines y las ballenas. La actividad pesquera mundial se revaloriza cada día por la naturaleza más saludable de la ingesta de pescado en relación a la carne. Según la FAO, las exportaciones mundiales de pescado y de productos pesqueros llegaron el año 2006 a 85 900 millones de dólares y el mismo año la captura llegó a más de 110 millones de toneladas. El 77% de la producción mundial de pescado se dirigió al consumo humano, mientras que el resto, 33 millones de toneladas, se destinaron a usos no alimentarios como la fabricación de harina y aceite de pescado.27 El año 2006 el Perú fue, después de la China, el segundo país del mundo en captura marina y continental, con

27 Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), Informe anual, Roma, 2007, p. 8.

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siete millones de toneladas, por encima de los Estados Unidos e Indonesia. Las capturas peruanas son esencialmente de anchoveta que, por especies, es la captura de mayor volumen en el ámbito mundial: siete millones de toneladas, muy superior a las capturas de otras especies como el colín de Alaska (2,9 millones), el listado 2,5 y el arenque del Atlántico 2,228. La pesca en el Perú tiene un impacto social mucho más importante que la minería, por ser más intensiva en la creación de fuentes de trabajo. Al año 2006 las estadísticas muestran que existían en el país 72 260 personas dedicadas directamente a la pesca y la acuicultura, cifra que ha ido incrementándose año a año desde el nivel de 1990 que ascendía a 56 550 trabajadores. Si se calculan las familias de estos trabajadores se llega a la cifra aproximada de más de 300 000 personas dependientes de las actividades pesqueras en el país, sin considerar a los trabajadores indirectos29. Pero el mar no sólo debe ser un medio de captación de divisas y fuente de trabajo. Uno de los problemas más graves que afronta el Perú es el déficit nutricional de significativos sectores de su población. La adecuada alimentación es un derecho humano básico. El Banco Mundial señala que el porcentaje de niños menores de cinco años desnutridos en el Perú, el 2002, era de 26%, superior al 18% del promedio de América Latina.30 El informe “Un nuevo contrato social para el Perú”, también del Banco Mundial, señala que la desnutrición, en particular, sigue siendo un área en la que el Perú se encuentra muy atrás de sus vecinos.31 Y, conforme a los indicadores de la FAO, el porcentaje de subnutrición de la población

28 29

Ibíd., pp. 10-13. Ibíd., p. 52.

30 Cf. Daniel Cotlear, editor, Un nuevo contrato social para el Perú, Banco Mundial, Washington, 2006, p. 48. 31 Ídem.

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peruana asciende al 13%.32 Revertir esta situación es una de las tareas básicas de la democracia peruana y del crecimiento sostenido con redistribución y cohesión social. En esta tarea, el mar es una fuente indispensable de recursos que deben orientarse a superar esta situación. Al mismo tiempo el Perú es un país importador neto de alimentos, lo que agrava la situación y torna casi estructural el problema alimentario. En el mar está una de las llaves que llevaría al Perú a resolver su déficit alimentario y nutricional. El desarrollo de la pesca de consumo humano debe ser, bajo esta óptica, un elemento central de la seguridad y la soberanía alimentarias, de los peruanos. Como lo ha indicado la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación: “El pescado contribuye a la seguridad alimentaria en muchas regiones del mundo y constituye un valioso suplemento en dietas diversificadas y nutritivas. El pescado es uno de los alimentos más completos, y constituye no sólo una fuente valiosa de proteínas, sino también de micronutrientes, minerales y ácidos grasos fundamentales. En promedio, el pescado proporciona, al día, unas 20-30 kilocalorías por persona. Procura niveles mayores, hasta 180 kilocalorías por persona y día, en aquellos países donde no existen alimentos alternativos y donde se ha creado y mantenido una preferencia por el pescado como dieta alimentaria de consumo masivo (Islandia, Japón y algunos pequeños estados insulares en desarrollo)”. La contribución más importante del pescado a la dieta está en su rico contenido de proteínas animales. El pescado y los productos pesqueros constituyen una fuente asequible de proteínas animales que no sólo es más barata que otras, sino que además se prefiere crecientemente y forma parte de las recetas locales y tradicionales. Aunque el consumo medio de pescado per cápita sea bajo, pue-

32 Cf. FAO, El estado de la seguridad alimentaria en el mundo, Roma, 2004.

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de tener notables efectos nutritivos positivos, incluso en pequeñas cantidades, pues aporta aminoácidos esenciales que suelen ser escasos en dietas basadas en las verduras33. El consumo de pescado en el Perú ha aumentado ostensiblemente en la dieta alimentaria de la población. Actualmente el Perú es una de las sociedades en el mundo con mayores niveles de consumo de pescado. Según la FAO, el consumo de pescado per cápita en el año 2006, llegó al rango de 20-30 kg por año, la tercera jerarquía nacional en el consumo per cápita, igual al promedio de los Estados Unidos y Canadá; junto a Chile, el Perú presenta el más alto consumo de Sudamérica. Bastante más alto, cerca del doble, que el consumo de pescado promedio del conjunto de los países en desarrollo (14,5 kg per cápita anual)34. De esta manera, el mar no sólo es parte integrante del hábitat y de la cultura de los peruanos desde los tiempos en que los ciclos de la pesca se consideraban que eran regulados por los dioses. Es también un componente esencial de su economía y crecientemente de su alimentación, una realidad que hay que desarrollar más aún y potenciar en la alimentación de la población; un factor histórico y material de la identidad nacional; y un espacio esencial de la seguridad y la defensa nacionales. En una perspectiva histórica, Basadre señaló que en el pasado el Perú no tuvo realmente una conciencia marina, puesto que, de alguna manera, vivió, especialmente en el siglo XIX, de espaldas al Pacífico, ganado quizás por la vocación telúrica de sus culturas andinas ancestrales. Esa situación ha cambiado en la actualidad. El desarrollo de la industria pesquera nacional, la incorporación del pescado a la dieta popular a escala masiva, la percepción cada vez más extendida entre los peruanos del valor estratégico-económico
33 FAO, ob.cit., p. 65. 34 Ibíd., p. 66.

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de la posición marítima y de la condición privilegiada de los puertos como bisagras entre Sudamérica y la Cuenca del Pacífico han convertido al mar peruano, finalmente, en un elemento sustancial de la vida nacional. Desde la perspectiva de la política exterior, el mar, como parte del espacio nacional peruano, ha contribuido al desarrollo de la identidad nacional. El carácter integrador que adquirió la reivindicación de soberanía y jurisdicción hasta las 200 millas así lo testimonia. En esta tarea participaron, como en pocas otras, al amparo de fuertes lazos de unidad y cohesión, el estado, los empresarios, los trabajadores pesqueros y otros sectores laborales, los hombres y mujeres plurales del Perú plural. El espacio nacional, el territorio y el mar, como espacio compartido de una diversidad de expresiones sociales, étnicas y culturales, han jugado en la historia peruana un papel catalizador en la construcción de la idea y del sentimiento de la nación y la nacionalidad. La honda huella que guerras y negociaciones territoriales han dejado en la historia nacional ha generado en los peruanos un sano nacionalismo territorial que ha sabido superar el revanchismo y las expresiones de carácter chauvinista. En el Perú, incluso, se respira un nacionalismo generoso. Al mismo tiempo, el imaginario de la unidad continental y la apertura al mundo han reforzado, desde la Confederación de los Andes, en los inicios de la República (1826), hasta el impulso peruano para la creación de la Comunidad Sudamericana (2005), los sentimientos nacionales de hermandad y solidaridad con los países vecinos y con la comunidad internacional.

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III. EL MAR Y LOS LÍMITES MARÍTIMOS EN LA HISTORIA DE LAS RELACIONES ENTRE EL PERÚ Y CHILE 1. LA CONSTITUCIÓN NACIONAL DE LOS ESTADOS Y LA REGULACIÓN DE LAS ACTIVIDADES PESQUERAS EN LAS AGUAS TERRITORIALES En la fase germinal de las relaciones bilaterales entre el Perú y Chile, la constitución de los nuevos Estados se nutrió del espíritu de solidaridad e integración propias de la gesta emancipadora. Una muestra de esta actitud fue el hecho que solo un año después de declarada la independencia del Perú, en 1822, se firmara el Tratado de Liga, Alianza y Confederación entre ambos países35. La constitución inicial de los nuevos Estados en conformidad con los principios del uti possidetis y la libre determinación de los pueblos, les otorgó conforme el derecho internacional de la época soberanía sobre el mar adyacente a sus costas, pero ello no contuvo elementos de previsión alguna en materia de los límites marítimos entre países limítrofes con costas adyacentes. La Corte Internacional de Justicia en el asunto Nicaragua c. Honduras ha señalado que al momento de su independencia, en tanto que nuevos Estados independientes, tenían derecho, en virtud del principio del uti possidetis, a los territorios continentales e insulares así como a los mares territoriales de las provincias correspondientes. Sin embargo, la Corte precisa que “[…] si ciertamente
35 Mario Barros, Historia Diplomática de Chile 1541-1938, Editorial Ariel, Barcelona,1970, p.58

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se puede aceptar la idea de que todos los Estados que accedieron a la independencia tuvieron derecho a un mar territorial, esta realidad jurídica no determina el trazo de la frontera”.36 Esta apreciación en el caso de la frontera sur del Perú se aplica a la adyacencia con el mar de Bolivia, pues, a la época, el Perú no limitaba con Chile. En ese contexto histórico y jurídico las nuevas naciones independientes, con soberanía y jurisdicción sobre sus mares territoriales y sin límites establecidos entre ellos, ocupan los primeros años de su vida independiente en una temprana preocupación por la utilización de los recursos marinos a favor de las necesidades de la población y de los intereses del Estado. Este interés se dio particularmente en el Perú. El 6 de septiembre de 1833 el gobierno del Perú aprobó el decreto supremo que estableció que la pesca de cetáceos y anfibios, en las playas e islas del país, quedaba reservada exclusivamente a sus ciudadanos.37 El decreto fundamentó la decisión en la constatación que buques extranjeros invadían “la propiedad nacional y, privaban por la fuerza el trabajo de los naturales en esas actividades”. Se estableció, como medida práctica de protección, la expedición de permisos de pesca y caza, a los cuales solo podían acceder los buques de bandera nacional. Esta disposición muestra la temprana preocupación del Estado peruano por preservar y utilizar en beneficio de su población la riqueza marina. El decreto no estableció el área de aplicación de la ley ni un límite exterior del mar adyacente a las costas. Unos años después, otro decreto supremo, del 5 de agosto de 1840, reguló de manera específica el régimen de pesca en las costas e islas de la República, con la misma lógica de protección de la industria pesquera y las faenas artesanales de la norma de 1833.
36 CIJ, Sentencia sobre el diferendo territorial y marítimo entre Nicaragua y Honduras en el Mar del Caribe (Nicaragua c. Honduras), en: Pierre Michel Eisemann y Photini Pazartzis, La Jurisprudence de la Cour Internationale de Justice, Éditions A. Pedone, París, 2008, pp. 686-687. 37 Decreto Supremo del 6 de septiembre de 1833, Colección de Leyes y Decretos, Lima, 1883, p. 322.

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Reservó la industria y las actividades pesqueras sólo a los ciudadanos peruanos, prohibió estas actividades a todo buque no peruano y estableció sanciones a toda embarcación que se “encontrase pescando a distancia de una legua fuera de puntas de los lugares prohibidos”.38 Se reiteró, en este caso, la responsabilidad del Estado en relación a los cetáceos y la política de preservación frente a la caza indiscriminada, así como la protección a la industria pesquera nacional. Estas mismas preocupaciones un siglo después, en 1947, fueron las razones esenciales para el surgimiento de la tesis de las 200 millas. La conciencia sobre la importancia de la preservación y explotación de los recursos naturales en el mar adyacente a las costas, no sólo fue una preocupación de la acción de gobierno, constituyó, al mismo tiempo, la fuente de un desarrollo jurídico doctrinario. José María de Pando, Ministro de Relaciones Exteriores el año 1833, en su obra Elementos del Derecho Internacional39, escrita en 1838, introdujo una reflexión precursora en la reivindicación de los derechos de soberanía y jurisdicción del Estado costero sobre los recursos naturales y las actividades económicas en el mar adyacente a su litoral. Pando suscribía el principio y la regla de la libertad de los mares en contra de los monopolios de las grandes potencias marítimas de la época, España, Inglaterra y Holanda; sin embargo, tuvo la sensibilidad de reclamar una excepción a favor del Estado costero con riquezas marinas en su mar adyacente: “No hay motivo alguno para que se legitime la apropiación del mar,[…]él sirve ya a la navegación de casi todos los pueblos: este es un uso que les pertenece, y del que no es lícito despojarles. Pero bajo otro aspecto el mar es semejante a la tierra. Hay muchas producciones marinas que se hallan
38 Régimen de Pesca en las Costas e Islas de la República, D.S. del 5 de agosto de 1840, Colección de Leyes y Decretos, Lima, 1840, p. 663. 39 José María de Pando, Elementos del Derecho Internacional, Segunda Edición, Imprenta de J. Martín Alegría, Madrid, 1852.

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circunscritas a ciertos parajes; y así como las tierras no dan todos los mismos frutos, tampoco todos los mares suministran los mismos productos. El coral, las perlas, el ámbar, las ballenas, no se hallan sino en limitadas porciones del océano, que se empobrecen diariamente y al fin se agotan. […] por grande que sea la fecundidad de la naturaleza, no se puede dudar que la concurrencia de muchos pueblos haría más difícil y menos fructuosa su pesca, y acabarían por extinguirlas, ó á lo menos por alejarlas de unos mares a otros. No siendo pues inagotables, es lícito a las naciones repartírselos y apropiárselos…”40. Para Pando los efectos del dominio del Estado sobre el mar territorial debían incluir las siguientes facultades o derechos de jurisdicción: “… 1º el derecho exclusivo a la pesca; 2º el de prohibir a los extranjeros su navegación y la entrada en los puertos, quedando a salvo los derechos de necesidad y de su uso inocente, y los establecidos por tratados y costumbres; 3º el de imponer a los que transitan contribuciones para el beneficio de la navegación; 4º el de ejercer la administración de justicia por delitos en él cometidos; 5º el de exigir a las naves extranjeras que entran o transitan, hagan en reconocimiento de la soberanía los honores acostumbrados”41. En 1936, noventa y seis años después del decreto de 1840, el Código Civil del Perú estableció la primera regulación de las aguas territoriales: “Son del Estado: El mar territorial y sus playas y la zona anexa que señala la ley de la materia”.42 Las constituciones de 1823, 1826, 1834, 1839, 1856, 1860, 1867, 1920 y 1933 no contienen ninguna referencia a los espacios marítimos sujetos a la soberanía y jurisdicción del estado.

40 41 42

Ibíd., pp.124-125. Ibíd., p. 181. Código Civil del Perú de 1936, art. 832, inc. 2.

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En el caso de Chile, a inicios de la República el Estado procedió a reconocer la distancia de tres millas de mar territorial. Y, en el ámbito doctrinario, Andrés Bello - al igual que Pando- postuló la jurisdicción del Estado sobre los recursos naturales adyacentes a las costas para su explotación económica en beneficio de las poblaciones: “Hemos dicho que el dominio del mar no se puede adquirir por nación alguna; pero esto se debe entender hablando generalmente de todo el mar, o de una gran parte de él, mas no de las costas marítimas, por cuyo uso se puede decir que admite el mar algunos derechos de propiedad. Nadie puede dudar que las pesquerías, así de perlas y de coral, como de pescados, hechas en las costas, pertenecen a aquella nación que las habita, como bienes anejos a las tierras de su dominio; tendrá pues derecho de impedir a otra la utilidad que disfruta…”43. Bello, uno de los autores del código civil chileno de 1855, tuvo la responsabilidad de la redacción del artículo 593 del citado cuerpo de leyes que definió el mar territorial de Chile en los siguientes términos: “El mar adyacente hasta la distancia de una legua marina, medida desde la línea de la más baja marea, es mar territorial y de dominio nacional; pero el derecho de policía, para objetos concernientes a la seguridad del país y a la observancia de las leyes fiscales, se extiende hasta la distancia de cuatro leguas marinas medidas de la misma manera”. 44 De esta forma, ya en 1855, Chile había definido en su legislación interna un mar territorial de tres millas, equivalente a una legua y una zona contigua de 12 millas. Esta regulación sólo se cambió en 1986, a través de la ley Nº 18.565 que sustituyó el texto
43 Andrés Bello, Principios de Derecho de Gentes, part.I, en: Pando, ob. cit. p. 277. 44 Cf. Código Civil de Chile, 1855, art. 593, en: Gonzalo Figueroa Yañez, Repertorio de Legislación y Jurisprudencia Chilena, Código Civil y Leyes compelemntarias, Editorial Jurídica de Chile, 1996, p. 56. La legua es una antigua unidad de medida que expresaba la distancia que una persona o un caballo podía andar en una hora. Una legua equivale a tres millas.

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original de Bello, por la nueva redacción del artículo 593 del Código Civil que establece un mar territorial de 12 millas45. En el proceso fundacional de los dos Estados y en sus políticas marítimas durante el siglo XIX hubo, en ambos casos, una aceptación del derecho internacional de la época que regulaba un mar territorial de tres millas, pero, al mismo tiempo, una legislación y un desarrollo jurídico de afirmación de la soberanía y jurisdicción de los Estados sobre los recursos naturales y las actividades económicas en el mar adyacente a sus costas. En todo este proceso el tema de los límites marítimos era inexistente, primero porque el Perú y Chile no tenían costas adyacentes. No fueron países limítrofes sino hasta después de la guerra, en 1883. Y en segundo lugar, porque como el derecho internacional sólo reconocía aguas territoriales hasta las tres millas, la cuestión de la delimitación no estaba presente en toda la región. El tratado que puso fin a la guerra de 1879, suscrito en 1883, no contiene ninguna norma en materia de delimitación marítima, al igual que el tratado de 1929 y su protocolo complementario, que estableció las modalidades para resolver y ejecutar los problemas pendientes en la ejecución del tratado de 1883. En las primeras décadas del siglo XX la situación se mantuvo inalterable, tanto en lo concerniente a la aceptación de la regla de las tres millas, como a la creciente preocupación por las pesquerías de flotas extranjeras en el mar adyacente de ambos Estados. 2. EL INICIO DE LA REIVINDICACIÓN CONJUNTA DE LA SOBERANÍA Y JURISDICCIÓN DEL PERÚ Y CHILE SOBRE LA ZONA MARÍTIMA ADYACENTE A SUS COSTAS HASTA UNA DISTANCIA MÍNIMA DE 200 MILLAS MARINAS

En los años cuarenta del siglo XX, al no existir prácticas de delimitación lateral entre los dos estados, la gran preocupación empe45 Ibídem.

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zaba a ser el límite exterior, en función de la caza indiscriminada de la ballena y la presencia de flotas extranjeras que faenaban frente a las costas peruano-chilenas aprovechando la riqueza marina que se deriva del sistema hidrobiológico producido por la Corriente de Humboldt. Por esa época se empezó a desarrollar la pesca artesanal y se instalaron las primeras plantas procesadoras. En 1939, en el Perú sólo existía registrada una empresa pesquera. En 1945 el número llegaba ya a doce, entre ellas algunas de creciente importancia, como la Compañía Pesquera Coishco o Industrial Pesquera S.A.46 Los empresarios también establecieron estructuras institucionales y, junto con los pescadores, plantearon reivindicaciones de soberanía y jurisdicción respecto al mar adyacente en una visión nacional de preservación y explotación de los recursos marítimos. El 23 de junio de 1947 el Gobierno de Chile aprobó una declaración oficial de naturaleza político-diplomática, firmada por el presidente Gabriel González Videla, en la que se establecía una reivindicación unilateral de soberanía sobre el mar adyacente a sus costas hasta una distancia de 200 millas. La declaración se inspiraba en la Proclama Truman y en las iniciativas análogas que adoptaron los gobiernos de México y la Argentina, entre 1945 y 1946, y se fundamenta en la necesidad de preservar para el estado la propiedad de las riquezas naturales conocidas y las que pudieran ser descubiertas en un futuro, y que se encuentran en el zócalo o plataforma continental y el mar adyacente a sus costas. El decreto se sustenta además en la consideración política y geográfica que se deriva de la “…topografía del territorio chileno y de su falta de extensión mediterránea, que hace que la vida del país quede vinculada al mar y a todas las riquezas actuales y futuras encerradas en él, más que el caso de cualquier otra nación”.47
46 Cf. Pedro Trillo, Luis Enrique Tord, “El Nacimiento de una industria”, en: Libro de oro de la pesquería peruana, Sociedad Nacional de Pesquería, Lima, 2003, p. 94. 47 Cf. Declaración oficial del Gobierno de Chile, 23 de junio de 1947, en: Francisco Orrego Vicuña, Chile y el derecho del mar, párrafos preambulares, Santiago, 1972, p. 33.

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En la parte resolutiva de la declaración se proclamaba la soberanía de Chile sobre todo el zócalo continental adyacente a las costas continentales e insulares del territorio nacional, cualquiera que sea la profundidad y, al mismo tiempo, la soberanía nacional sobre los mares adyacentes a sus costas hasta las 200 millas. La declaración precisaba que el límite de esta extensión no era definitivo, pues el Gobierno se reservaba el derecho de modificarla. Reconoce al mismo tiempo que esta reivindicación de soberanía se ejercerá sin desconocer “legítimos derechos similares de otros Estados sobre la base de la reciprocidad” y que ella “no afecta a los derechos de libre navegación sobre la alta mar”.48 El artículo tercero se refiere explícitamente al límite exterior de la zona marítima reivindicada: “…La demarcación de las zonas de protección de caza y pesca marítimas en los mares continentales e insulares que quedan bajo el control del Gobierno de Chile serán hechas, en virtud de esta declaración de soberanía, cada vez que el Gobierno lo crea conveniente, sea ratificando, ampliando o de cualquier manera modificando dichas demarcaciones, conforme a los conocimientos, descubrimientos, estudios e intereses de Chile que sean advertidos en el futuro, declarándose, desde luego, dicha protección y control sobre todo el mar comprendido dentro del perímetro formado por la costa con una paralela matemática proyectada en el mar a 200 millas marinas de distancia de las costas continentales chilenas. Esta demarcación se medirá respecto de las islas chilenas, señalándose una zona de mar contigua a las costas de las mismas, proyectadas paralelamente a éstas a 200 millas marinas por todo su contorno”.49 Se estableció un límite exterior de 200 millas cuya “demarcación” se hará siguiendo una paralela matemática proyectada en
48 49 Ibíd., art. 4. Ibíd., art. 3.

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el mar a 200 millas de las costas continentales. No existe ninguna mención a cláusula delimitadora alguna para los límites laterales. Sin embargo, en 1951 cuando el Gobierno de Chile elaboró el proyecto de Declaración de Santiago, denominado originalmente “Proyecto sobre Zócalo Continental y las Aguas que lo Cubren”,50 en la parte correspondiente a la extensión de la zona de 200 millas, utilizó la misma fórmula de su Declaración de 1947 pero con un añadido que implicaba un método para trazar los límites laterales, distinto y excluyente del correspondiente al paralelo geográfico: “Artículo 3.- La zona indicada comprende todas las aguas que quedan dentro del perímetro formado por las costas de cada país y una paralela matemática proyectada en el mar a 200 millas marinas de distancia del territorio continental, siguiendo la orla de las costas [el resaltado es del autor]”.51 Aquí se establece, implícitamente, un método de delimitación lateral que asegura a todos los países, en condiciones de igualdad y equidad, el acceso a las 200 millas de soberanía y jurisdicción, pues, dadas la configuración de las costas, la proyección de las zonas marítimas hasta las 200 millas conforme a las orlas de las costas, supone el solapamiento de las proyecciones del Perú y Chile y, por ende, una negociación que permita dividir ese espacio. Este texto se excluyó de la versión final de la Declaración de Santiago, probablemente por considerársele reiterativo con el propio concepto de que cada país debía gozar de 200 millas marinas a partir de sus costas. En todo caso, lo importante de la redacción chilena del proyecto original de la Declaración de Santiago es que en su comprensión el método del paralelo estaba excluido y que su

50 Cf. Acta de la Primera Sesión de la Conferencia de Explotación y Conservación de las Riquezas Marítimas del Pacífico Sur, Proyecto sobre zócalo continental y las aguas que lo cubren. 51 Primera Conferencia de Explotación y Conservación de las riquezas marinas del Pacífico Sur, acta de la primera sesión, proyecto presentado por el Gobierno de Chile: Declaración sobre zócalo continental y las aguas que lo cubren, artículo 3, Santiago de Chile, 1947.

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visión de la delimitación lateral era siguiendo la dirección de la orla de las costas. Esto es relevante, también, en relación con la inexistencia, en ese tiempo, de ideas o definiciones consistentes, coherentes y definidas en materia de límites laterales, como lo demuestra también el propio Decreto Supremo Nº 781 del Perú. Pero es aún más significativo como prueba elocuente que antes de 1952 no existía en la región ningún elemento que hiciera pensar en la supuesta existencia de un derecho consuetudinario que hubiera adoptado la norma delimitadora del paralelo, como lo pretenden algunos juristas chilenos y, en su momento, la Asesoría Jurídica de ese país52. El 1 de agosto de 1947 el Gobierno del Perú aprobó el Decreto Supremo Nº 781, suscrito por el Presidente de la República José Luis Bustamante y Rivero, a través del cual reivindicó la soberanía del país sobre la plataforma continental, independientemente de su profundidad y extensión, así como sobre el mar adyacente a sus costas hasta una distancia de 200 millas. Conforme al derecho internacional de la época, el decreto, al igual que la declaración de Chile, asume una concepción geomorfológica de la plataforma continental al extender la soberanía y jurisdicción hasta la extensión de su estructura física. La extensión de 200 millas no comprende en ninguno de los dos instrumentos a la plataforma continental: “1º Declárase que la soberanía y jurisdicción nacionales se extienden a la plataforma submarina o zócalo continental o insular adyacente a las costas continentales e insulares del territorio nacional cualesquiera que sea la profundidad y la extensión que abarque dicho zócalo”.53
52 Asesoría Jurídica del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile. Dictamen número 138, septiembre de 1960, p. 127. 53 Cf. Decreto Supremo Nº 781 del 1 de agosto de 1947, Revista Peruana de Derecho Internacional, Nº 25 y 26, julio-diciembre, 1947, p. 301.

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“2º La soberanía y la jurisdicción nacionales se ejercen también sobre el mar adyacente a las costas del territorio nacional, cualquiera que sea su profundidad y en la extensión necesaria para reservar, proteger, conservar y utilizar los recursos y riquezas naturales de toda clase que en o debajo de dicho mar se encuentren”.54 El objetivo de las dos declaraciones, estipulado claramente en sus respectivos considerandos, fue establecer un régimen jurídico para el mar adyacente hasta las 200 millas, que garantizara la conservación y explotación de sus recursos naturales marítimos, asegurara el uso de los recursos marinos en beneficio de las poblaciones y protegiera estas riquezas de la pesca y caza extranjeras. Siguiendo prácticamente la misma lógica de la declaración del Gobierno de Chile, el artículo 3 estipula que el Perú se reserva el derecho de establecer las “demarcaciones” de las zonas de control y protección continentales e insulares; al mismo tiempo que declara que ejercerá dicho control en el mar adyacente hasta una distancia de 200 millas. Al igual que la declaración chilena adelanta un criterio para mensurar el área de las 200 millas en una zona comprendida entre las costas y una línea imaginaria paralela en el mar, añade que esta área de 200 millas será “medida siguiendo la línea de los paralelos geográficos”. El texto es el siguiente: “3º Como consecuencia de las declaraciones anteriores, el Estado se reserva el derecho de establecer la demarcación de las zonas de control y protección de las riquezas nacionales en los mares continentales e insulares que quedan bajo el control del Gobierno del Perú, y de modificar dicha demarcación de acuerdo con las circunstancias sobrevivientes por razón de los nuevos descubrimientos, estudios e intereses nacionales que fueren advertidos en el futuro; y, desde luego, declara que ejercerá dicho control y protección sobre el mar adyacente a las costas del territorio peruano en una

54

Ibíd., p. 301.

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zona comprendida entre esas costas y una línea imaginaria paralela a ellas y trazada sobre el mar a una distancia de doscientas (200) millas marinas, medida siguiendo la línea de los paralelos geográficos. Respecto de las islas nacionales esta demarcación se trazará señalándose una zona de mar contigua a las costas de dichas islas, hasta una distancia de doscientas (200) millas marinas medida desde cada uno de los puntos del contorno de ellas”.55 A diferencia de la declaración de Chile, que “demarca” su área de 200 millas utilizando solo el concepto del paralelo matemático declarándose desde luego que “dicha protección y control sobre todo el mar comprendido dentro del perímetro formado por la costa con una paralela matemática proyectada en el mar a 200 millas marinas de distancia de las costas continentales chilenas”, el decreto peruano alude a que la línea imaginaria paralela a las costas, trazada sobre el mar a una distancia de 200 millas marinas, se mide siguiendo la línea de los paralelos geográficos. Claramente la intención no es establecer un límite lateral, pues la utilización del plural para definir los paralelos geográficos denota sólo la intención de proyectar la zona de las 200 millas desde las costas hasta alta mar. Sin embargo, algunos autores como Jaime Lagos56 consideran que la redacción del decreto peruano en el párrafo relativo al trazado del área de 200 millas podría implicar una línea lateral por el paralelo geográfico. Ello es contradictorio con su objeto y finalidad: obtener un área marítima de 200 millas constantes de soberanía y jurisdicción. En este punto, el decreto peruano de 1947 es manifiestamente contradictorio en sí mismo. Hay una relación de exclusión entre el objeto y finalidad del decreto: obtener

55

Ibíd., p. 302.

56 Jaime Lagos Erazo señala que ¨(…) es un hecho irrefutable que en el acto jurisdiccional de la política marítima internacional del Perú, ya en el año 1947, dicho país, por una decisión unilateral, reconoció la línea de los paralelos geográficos para delimitar con sus vecinos del norte y del sur la nueva zona de 200 millas que estaba proclamando ¨. Cf. Jaime Lagos Erazo, Los límites maritimos con el Perú, Editorial Andrés Bello, Santiago de chile, 2009, p. 35.

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una zona de 200 millas, y la referencia al paralelo geográfico como orientación para trazar la extensión de dicha zona. Sin embargo, de allí no se puede derivar que estableció un límite lateral con Chile. Primero, porque el decreto no hace referencia a límites marítimos con los vecinos, ni con Chile ni con Ecuador. En segundo lugar, porque de manera expresa señala que la utilización de los paralelos geográficos está constreñida a la proyección hacia el alta mar de la distancia de doscientas millas de la zona marítima. Y en tercer lugar, porque los límites marítimos no se establecen unilateralmente. Si el decreto 781 hubiese tenido la intención de establecer un límite marítimo con Chile lo hubiese mencionado. Finalmente, a la época no existe ningún documento oficial de Chile que señale que se había establecido un límite marítimo entre los dos países a través del decreto. El decreto peruano es también específico en ese sentido. El texto reserva al estado el derecho de establecer la demarcación de las zonas de control y protección de las riquezas nacionales en los mares continentales e insulares que quedan bajo su jurisdicción57. La redacción del texto en la que el estado peruano se reserva la facultad de modificar la demarcación es a futuro, lo que confirma la provisionalidad de la referencia al paralelo geográfico. Adicionalmente se trató de un acto administrativo exclusivamente interno, de naturaleza unilateral, que como tal no podía establecer un límite marítimo bilateral ni un acuerdo internacional. El texto del decreto por lo demás no hace referencia explícita a los límites laterales. El D.S. Nº 781 fue modificado por la Ley del Petróleo, Nº11.780, aprobada el 12 de marzo de 1952, cuatro meses antes de la negociación de la Declaración de Santiago. Esta ley de jerarquía jurídica superior estableció como límite exterior del zócalo continental 200 millas marinas constantes medidas a partir de la línea de baja marea. Criterio que excluye el método del paralelo. Este dispositivo legal, aprobado para fines de la exploración y explotación petrole57 Ibíd., p. 302.

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ra, dividió el territorio en cuatro áreas, siendo una de ellas la plataforma continental, la misma que fue definida como “(…) la zona comprendida entre el límite occidental de la Zona de la Costa y una línea imaginaria trazada mar afuera a una distancia constante de 200 millas de la línea de baja marea del litoral continental”.58 Con esta disposición, el Gobierno del Perú se adelantó décadas a la futura evolución del derecho de la delimitación marítima, al abandonar la concepción geomorfológica de la plataforma continental, contenida en el Decreto Supremo Nº 781 de 1947, y sustituirla por una concepción jurídica basada en el concepto de distancia. La estructura geomorfológica de la plataforma continental del Perú fluctúa entre 2 y 70 millas. Esta es la distancia a la que aludía implícitamente el decreto 781. La Ley del Petróleo amplía la soberanía y jurisdicción del Perú sobre la plataforma continental hasta 200 millas marinas. Al modificar lo dispuesto en el decreto 781 y proclamar una proyección constante de 200 millas para la plataforma continental desde la línea de baja mar de todo el perfil de la costa, la Ley del Petróleo 11.780 asumió, de manera implícita, una norma delimitadora excluyente del paralelo geográfico. Este no se menciona en su texto. La proyección de la plataforma continental peruana hasta las 200 millas implicaba el solapamiento o superposición con la proyección de la plataforma continental de Chile, bajo el criterio de su proyección en función de la distancia. El Gobierno de Chile en ese momento no expresó ninguna reserva ni reclamo por lo dispuesto en la citada ley. La falta de precisión de los estados en el tratamiento implícito de la delimitación lateral de sus mares continentales se evidencia en estos primigenios instrumentos legales internos en materia del límite exterior hasta una distancia de 200 millas, que era desde el punto de vista económico su preocupación prioritaria y casi exclusiva.
58 Ley del Petróleo Nº 11.780, 12 de marzo de 1952, artículo 14.

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El 18 de agosto de 1952 Perú y Chile junto con el Ecuador negociaron y aprobaron la Declaración sobre Zona Marítima o Declaración de Santiago. Este tratado internacional en ningún caso estableció una norma delimitadora general aplicable a los mares continentales. Por el contrario, su objeto y fin fue que cada país signatario tuviera un área marítima de 200 millas constantes medidas desde su litoral. Ello excluye por definición el paralelo geográfico como método delimitador de las fronteras marítimas laterales. La Declaración de Santiago sólo estableció, como excepción, una cláusula delimitadora por el paralelo geográfico para el caso de Perú y Ecuador, dada la existencia de islas ecuatorianas en un área menor de 200 millas de las costas peruanas.59 Esta cláusula, como se ha visto al analizar el texto de la Declaración de Santiago, es a título excepcional, pues considera la existencia de una situación especial o pertinente: la existencia de islas. Si la intención de la Declaración de Santiago hubiese sido establecer una cláusula de delimitación lateral de aplicación general lo habría expresado directamente. Junto con la Declaración de Santiago, Perú, Chile y Ecuador aprobaron otros instrumentos jurídicos orientados esencialmente a la consolidación de su proclama sobre las 200 millas y a la preservación, defensa y organización de las pesquerías en el Pacífico Sur. Estos instrumentos, relativos a la Organización institucional de la Comisión Permanente del Pacífico Sur, como el Reglamento para las faenas de caza submarina en las aguas del Pacífico Sur, el Convenio Complementario a la Declaración de Soberanía de la Zona marítima de 200 Millas, el Convenio sobre sistema de sanciones, el Convenio sobre medidas de vigilancia y control de las zonas marítimas de los países y el Convenio sobre el otorgamiento de permisos
59 Jaime Lagos Erazo, ob.cit., cita una version de prensa en la que yo habría sostenido que la Declaración de Santiago es un tratado de límites entre el Perú y el Ecuador. Esa declaración no la he efectuado, lo que he señalado en reiteradas oportunidades es que la Declaración de Santiago establece como excepción una cláusula delimitadora entre el Perú y el Ecuador por la presencia de islas ecuatorianas en el área de proyección de las 200 millas continentales del Perú. La Declaración de Santiago no es un tratado de límites sino de reivindicación unilateral de una zona marítima de 200 millas para los tres países signatarios, Chile, Ecuador y Perú.

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para la explotación de las riquezas del Pacifico Sur, suscritos entre 1952 y 1954, no contienen ninguna referencia al límite lateral de los países y menos aún a un supuesto límite de aplicación general por el paralelo geográfico. El propio convenio sobre la creación de la Comisión Permanente del Pacífico Sur no hace referencia a los límites laterales ni le confiere a la naciente organización ninguna responsabilidad en materia de administración de límites o de solución de problemas vinculados a ellos, no obstante que se le otorga la potestad de administrar un registro de las empresas balleneras, de sus estaciones flotantes y estaciones terrestres. Estos instrumentos cuando se refieren a las jurisdicciones marítimas de uno u otro país lo hacen en una concepción de la frontera marítima no como línea –pues no estaban establecidas las líneas marítimas fronterizas– sino como una frontera-zona en la que coexisten las soberanías aún sin delimitar. El conjunto de estas regulaciones, como se ha indicado, propiciaban la defensa de los recursos marinos y la organización de las pesquerías y las actividades económicas conexas. Así, por ejemplo, el artículo 4 del Reglamento para la caza de ballenas, estipula: “La caza pelágica de ballena sólo podrá realizarse en la zona marítima de jurisdicción o soberanía de los países signatarios, previo permiso (…)”.60 El artículo 22 expresa en ese mismo sentido que “Los capitanes de las embarcaciones pertenecientes a la industria ballenera quedan obligados a dar inmediato aviso por radio a las autoridades respectivas si advierten que dentro de las aguas jurisdiccionales de los países pactantes existen buques cazadores o buques fábricas de bandera extranjera (…)”.61 Disposiciones de esta naturaleza se encuentran también en el Convenio sobre medidas de vigilancia y control de las zonas maríti60 Reglamento para las faenas de caza marítima en las aguas del Pacífico Sur, en: Ministerio de Relaciones Exteriores, ob.cit., p.150. 61 Ibíd.

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mas de los países signatarios62: “Corresponde a cada país signatario efectuar la vigilancia y control de la explotación de las riquezas de su Zona Marítima por conducto de los organismos, solo podrán ser ejercitados por cada país en las aguas de su jurisdicción. Sin embargo, sus naves o aeronaves podrán ingresar a la Zona Marítima de otro país signatario, sin necesidad de autorización especial, cuando dicho país solicite expresamente su cooperación”. Tratándose de disposiciones que atañen al ejercicio jurisdiccional de los países, si hubiesen sido establecidos los límites, estos habrían sido mencionados de manera precisa en estas regulaciones. Por el contrario, la concepción de la frontera-zona está presente de manera implícita en todas estas normas. El 4 de diciembre de 1954 Perú, Chile y Ecuador suscribieron el Convenio sobre Zona Especial Fronteriza Marítima, a través del cual crearon un área de 20 millas de ancho en la que las pequeñas embarcaciones podían desarrollar sus faenas de pesca sin ser apresadas ni sancionadas, pero no establece ni un límite marítimo ni una cláusula de delimitación. El acuerdo para el establecimiento de señales para los pescadores artesanales de 1968, así como los documentos técnicos de su aplicación, el informe de 1968 y el acta de 1969, no han pactado, asimismo, por su naturaleza, fines y sus propios textos, cláusula alguna de delimitación, no obstante que en algunos de estos documentos se hace referencia en general a “la delimitación de la frontera marítima”. La existencia de esta frase en los documentos técnicos derivados del Acuerdo de 1968 no puede interpretarse como el establecimiento de un límite marítimo. Son más bien alusiones a la cláusula delimitadora de excepción contenida en el artículo IV de la Declaración de Santiago para el caso peruano-ecuatoriano o al límite referencial de la zona especial fronteriza marítima que se estableció en 1954 para eximir de sanciones a las pequeñas embarcaciones pesqueras. El uso ambiguo de estos términos en algunos casos aparece como natural en la época, dada
62 Ibíd., p.160.

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la imprecisión de los conceptos y categorías del derecho del mar que se utilizaban en ese entonces. Estas percepciones se reflejan en un importante dispositivo legal, aprobado por el Gobierno del Perú un año después que el Convenio de 1954 y tres años luego de la Declaración de Santiago, destinado a definir el ámbito de aplicación y el límite exterior de su zona de 200 millas. El 12 de enero de 1955 se aprobó la Resolución Suprema Nº 23, sobre el límite exterior de la Zona Marina de las 200 Millas. La finalidad expresa de esta norma fue determinar la extensión de la zona marítima peruana de 200 millas a que se refiere el Decreto Supremo del 1 de agosto de 1947 y la Declaración de Santiago. Se originó en la necesidad de precisar en los trabajos cartográficos y de geodesia la manera de determinar la zona marítima peruana de 200 millas. En su parte resolutiva establece: “1º La indicada zona está limitada en el mar por una línea paralela a la costa peruana y a una distancia constante de ésta, de 200 millas náuticas. 2º De conformidad con el inciso IV de la Declaración de Santiago, dicha línea no podrá sobrepasar a la del paralelo correspondiente al punto en que llega al mar la frontera del Perú”.63 El texto define el perímetro de la zona marítima del Perú, conforme al Decreto Supremo Nº 781, modificado por la Declaración de Santiago y compatibilizado con el texto de esta en los siguientes términos: “Un área marítima comprendida desde el litoral hasta una línea imaginaria en el mar, paralela a las costas, de tal manera que entre la línea imaginaria y las costas exista una distancia constante

63

Ibíd.

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de 200 millas náuticas”64. La jurisdicción sobre 200 millas constantes en todo el litoral excluye, en la frontera con Chile, toda posibilidad de una delimitación utilizando el paralelo geográfico. La segunda parte resolutiva de la resolución suprema del 12 de enero de 1955 es coherente con esta aseveración, ya que, conforme a lo dispuesto por la propia Declaración de Santiago, se limita a reiterar que en el caso de la excepción contenida en el artículo IV de la Declaración, la línea de las 200 millas no podrá sobrepasar a la del paralelo correspondiente al punto en que llegue al mar la frontera del Perú con el Ecuador. Es decir, mantiene la excepción de la cláusula delimitadora por el paralelo entre ambos países debido a la existencia de una circunstancia especial: la presencia de islas. Esta resolución, coherente además con lo dispuesto por la Ley del Petróleo Nº 11.780, que estableció el mismo criterio para medir la extensión de la plataforma submarina, compatibilizó de manera expresa el texto del decreto de 1947 con la Ley de Petróleo y la Declaración de Santiago. La referencia a 200 millas constantes, medidas a partir de las costas, excluye la posibilidad de establecer el límite lateral con Chile a través del paralelo geográfico. El Gobierno de Chile tuvo pleno conocimiento de esta norma. No la reservó ni expresó reclamación alguna. Es evidente que si el entendimiento del Gobierno del Perú respecto del Convenio de 1954 hubiese sido en términos de considerar que estableció un límite marítimo con Chile, la resolución suprema del 18 de agosto de 1955 lo habría invocado, citado y tomado en consideración. Por el contrario, al no ser esa la comprensión del estado peruano, el Convenio de 1954 no es mencionado en la Resolución Suprema Nº 23, lo que confirma que dicho convenio sólo estableció una zona de exención de sanciones a favor de las embarcaciones artesanales.
64 Ibíd.

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En esta etapa, germinal de las reivindicaciones marítimas del Perú y Chile para ampliar su soberanía y jurisdicción hasta las 200 millas en defensa de sus intereses económicos y recursos naturales, la prioridad de sus gobiernos fue el límite exterior. No se establecieron ni cláusulas delimitadoras ni límites entre el Perú y Chile. Las alusiones implícitas que se pueden inferir de diversos instrumentos respecto de apreciaciones iniciales, necesariamente provisionales sobre la delimitación lateral, son aisladas, unilaterales y sin efectos jurídicos para el Derecho internacional y contradictorias, aun en los actos de cada país. Los extremos están dados por la referencia al paralelo geográfico en el decreto supremo peruano de 1947 y a las orlas de las costas en el proyecto original de la Declaración de Santiago que presentó el Gobierno de Chile. Lo que si no fue ni ambiguo ni contradictorio fue la conducta de las partes que de manera reiterada, constante y sistemática, reconoció que tanto para el Perú como para Chile la zona marítima debía asegurar a cada país soberanía y jurisdicción hasta una distancia de 200 millas constantes a partir de sus respectivas costas. Ello implicaba, por la conformación de las costas, la superposición de sus respectivas proyecciones marítimas. Sobre la naturaleza jurídica de la zona de 200 millas no existió tampoco unanimidad ni acuerdo, aun dentro de cada país. Pero ello era común a toda la región, debido al estado incipiente del desarrollo del Derecho del Mar y al carácter confrontacional con que las grandes potencias reaccionaron frente a la Declaración de Santiago. Amadeo Drinot Delgado, al hacer una comparación entre la declaración Truman y las declaraciones latinoamericanas que le sucedieron, muestra con claridad la situación de búsqueda de principios, reglas e instituciones que aún existían a fines de la década del cuarenta e inicios de la del cincuenta.

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“Si bien es cierto que ambos tipos de declaración tienen por objeto impedir la despoblación y destrucción de los campos de pesca, se advierte, sin embargo, una clara diferencia entre ambos porque las naciones latinoamericanas han llevado sus derechos mucho más allá que la Proclamación estadounidense. En forma muy somera, y siguiendo a Gidel, revisemos algunas diferencias apreciables. Es desde el punto de vista de la técnica legislativa cuando nos encontramos ya con la primera distinción, por cuanto así como los Estados latinoamericanos han fundido en un solo texto lo referente a las pesquerías y a los recursos naturales, el Gobierno de los Estados Unidos ha emitido dos Proclamaciones para tratar de ellos. La segunda diferencia se refiere a la fijación de distancias hasta las cuales el Estado ribereño puede ejercer los derechos que proclama. Es el procedimiento seguido por los países latinoamericanos. Así tenemos que México señala la isobata de 200 metros para su plataforma continental como medida de protección a sus riquezas. Perú y Chile, por su parte, establecen una zona de soberanía de 200 millas contadas de la orilla hacia alta mar, distancia que puede ser modificada en cualquier momento. Estados Unidos, en cambio, tal como hemos visto, no fija ninguna medida sobre el particular”.65 La Declaración Truman tuvo un impacto muy fuerte en la preocupación de los países latinoamericanos sobre la pesca y la caza indiscriminada en sus mares adyacentes. Al reivindicar Estados Unidos los derechos de jurisdicción sobre la plataforma continental, abrió el camino para que las tesis latinoamericanas –mucho más audaces que la posición estadounidense– se expresasen en la escena internacional. De esta manera, a partir de sus proclamas unilaterales de 1947, Perú y Chile avanzaron en su reivindicación de las 200 millas al aprobar, junto al Ecuador, la Declaración de Santiago.

65 Amadeo Drinot Delgado, “Problemas jurídicos vinculados a la plataforma submarina”, en: Revista Peruana de Derecho Internacional, t. XII, p. 189.

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3. LA COOPERACIÓN Y CONSULTA EN LA DEFENSA DE LA TESIS DE LAS 200 MILLAS Y LA SOBERANÍA PERMANENTE SOBRE LOS RECURSOS NATURALES DE LOS MARES ADYACENTES DEL PERÚ Y CHILE La reivindicación de un mar adyacente hasta las doscientas millas requería además de la Declaración de Santiago, llevar adelante acciones específicas de cooperación en materia de preservación de los recursos naturales del mar, vivos y no vivos, de la caza de la ballena, de las pesquerías y en materia de investigación y tecnología. También era necesario un acuerdo de naturaleza administrativa que resolviese el problema de las constantes capturas de pescadores artesanales de uno y otro país en la zona marítima creada por la Declaración de Santiago. Este fue el origen del Convenio sobre Zona Especial Fronteriza Marítima de 1954, suscrito por el Perú, Chile y Ecuador en el marco de las primeras acciones de cooperación de la Comisión Permanente del Pacífico Sur. En este convenio suscrito por el Perú, Ecuador y Chile existe, ciertamente, una alusión a la preexistencia de un límite marítimo entre dos países que, sin embargo, nunca antes fue establecido. Al respecto existen interpretaciones opuestas: Chile sostiene la preexistencia del límite. El Perú afirma que el convenio no establece límite alguno y que este nunca preexistió. En realidad, la alusión que hace el convenio a un límite preexistente está referida a la cláusula delimitadora que como excepción estableció el artículo IV de la Declaración de Santiago para el caso peruano-ecuatoriano. El Convenio de 1954 no entró en vigor sino en 1967, trece años después de su firma, año en que Chile lo ratificó. En ese periodo de trece años no tuvo vigencia y no fue aplicado. El convenio establece una zona especial fronteriza, a partir de las doce millas del litoral de ambos países, que se extiende a diez millas hacia el sur y diez millas hacia el norte, tomando como punto de referencia el paralelo

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geográfico coincidente con el punto de inicio de la frontera terrestre. En esa zona de una anchura de 20 millas que comprende la “zona marítima especial fronteriza”, los dos países se obligaron a no aplicar multas ni sanciones a las pequeñas embarcaciones artesanales que desarrollen sus faenas dentro de ella. La ejecución del convenio se inició solo en 1972, año en el que se terminaron de construir los faros de enfilamiento para orientar a las embarcaciones pesqueras conforme al entendimiento establecido en el intercambio de notas de 1968. No obstante, con el correr del tiempo, la funcionalidad de las torres dirigidas a señalizar los límites del área especial de exención de sanciones dejó de tener objeto útil por la progresiva incorporación de instrumentos modernos de navegación en las pequeñas embarcaciones pesqueras. Con la destrucción de la señal o faro instalado en el territorio peruano durante el sismo de junio del 2001 y la posterior limpieza de sus escombros, el acuerdo de 1954 se continuó aplicando en la zona especial marítima fronteriza, pero ya sin el concurso de las torres o los faros de señalización, que fueron sustituidos por los instrumentos modernos de orientación. Al mismo tiempo, los dos países continuaron la cooperación y coordinación en las negociaciones internacionales sobre el derecho del mar. En las conferencias de 1958 y 1960 no se registraron posiciones del Perú ni de Chile, ni documentación diplomática que hiciera referencia a la delimitación, y cada país asumió su proyección marítima en un área de 200 millas constantes, como actos unilaterales destinados a modificar las reglas prevalecientes del derecho internacional. Las cancillerías trabajaron conjuntamente en la defensa y promoción de la tesis de las 200 millas y en la incorporación de otros países al régimen de la zona marítima establecida en la Declaración de Santiago. Con esta finalidad se negocia y suscribe, en Quito, el 6 de octubre de 1955, el Protocolo de Adhesión a la Declaración de Zona
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Marítima, suscrita en Santiago. Posterior en el tiempo al Convenio sobre Zona Marítima Especial de 195466. Este protocolo de adhesión parte del supuesto de la inexistencia de límites laterales, razón por la cual dentro de las cláusulas relativas a la adhesión se incluyó aquella que deja en libertad a los países para establecer sus límites marítimos en función de la realidad de la conformación de sus costas y su geografía. El protocolo pone la Declaración de Santiago a disposición de otros países para obtener su adhesión y establece los términos y condiciones correspondientes para lograr este objetivo. Entre estas cláusulas se acordó una relativa al derecho de los países a fijar la extensión y límites de su zona marítima, declarándose ello compatible con el texto y las obligaciones estipuladas en la Declaración de Santiago. La referencia a la “extensión” hace relación al límite exterior y la expresión “límites” a los límites laterales. El texto de la citada cláusula lo señala de manera expresa al aludir al derecho de cada estado para establecer “(…) la extensión y forma de delimitación de su respectiva zona, ya sea frente a una parte o a la totalidad de su litoral”. El texto completo de esta cláusula que deja a los estados en libertad de escoger el método o la cláusula delimitadora de sus límites laterales –con lo que confirma que la Declaración de Santiago no los establece ni prejuzga– es el siguiente: “Los tres gobiernos [Chile, Perú y Ecuador] declaran que la adhesión al principio de que corresponde a los Estados ribereños el derecho y deber de proteger, conservar y utilizar las riquezas del mar que bañan sus costas, no se afecta por el ejercicio del derecho que tiene también todo Estado de fijar la extensión y límites de su zona marítima. Por lo tanto, al adherirse, cada Estado puede determinar la extensión y forma de delimitación de su respectiva zona, ya sea frente a una parte o a la totalidad de su litoral, de acuerdo

66 Cf. Protocolo de Adhesión a la Declaración de Santiago sobre “Zona Marítima” suscrita en Santiago, 6 de octubre de 1955, en: Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, ob. cit., p. 178.

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con la realidad geográfica peculiar, con la magnitud de cada mar y con los factores geológicos que condicionan la existencia, conservación y desarrollo de la flora y fauna marítimas en sus aguas”.67 Esta cláusula constituye una interpretación auténtica de la Declaración de Santiago, que establece que, salvo la excepción contenida en el artículo IV, cada estado tiene el derecho de definir la forma en que establecerá sus límites marítimos en “parte o en la totalidad de la zona”, de acuerdo a la realidad geográfica. Durante este periodo, en el que se establece esta cláusula de gran importancia para interpretar la Declaración de Santiago, el Convenio sobre Zona Especial Fronteriza de 1954 permaneció sin poder aplicarse, pues, como ya se indicó, sólo entró en vigencia trece años después de su firma, en 1967, cuando el Gobierno de Chile procedió a su ratificación. Su aprobación y ratificación se realizaron a través de los decretos del 16 de agosto y 21 de setiembre de 1967. Tanto en estos decretos como en la comunicación que la Embajada de Chile cursó a la Secretaría de la Comisión Permanente del Pacífico Sur no existe referencia alguna a que dicho convenio haya establecido un límite marítimo.68 En esos años se cursaron comunicaciones entre las cancillerías de ambos países sobre protestas por la intrusión de embarcaciones de una y otra parte en sus respectivas zonas marítimas. Así, el 26 de mayo de 1965 la Embajada del Perú presentó un memorando a la cancillería chilena, en el que protestaba por la incursión de lanchas de ese país hasta la playa La Yarada. Esta comunicación se refiere al mar territorial del Perú. En ella, la Embajada peruana, a nombre de su gobierno, propone la idea de que “ambos países construyan, en la zona ribereña que les corresponde [se mantiene la idea de la frontera como zona] un faro cada uno, a no más de cinco kilóme67 Ibíd.

68 Cf. Oficio 420/70 del 6 de octubre de 1970, del Secretario Permanente del Pacífico Sur al Presidente de la Sección Peruana de la Comisión Permanente del Pacífico Sur.

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tros de la línea fronteriza”.69La expresión línea fronteriza se refiere a la frontera terrestre. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile respondió con la Nota D.F. D.L Nº 4, de fecha 4 de junio de 1965, en la que señala: “El Ministerio de Relaciones Exteriores ha tomado nota con interés de la sugestión del Gobierno del Perú, en el sentido de instalar faros en la cercanía de la línea limítrofe internacional. Sin embargo, una resolución de tal naturaleza solo podría ser adoptada después de conocerse el criterio técnico pertinente, que será puesto en conocimiento de este Ministerio dentro del menor plazo posible”.70 El 6 de octubre Chile envió una nota de protesta similar a la peruana del 26 de mayo, en este caso por la presencia de embarcaciones peruanas.71 En ninguna de estas comunicaciones existe referencia alguna al límite marítimo ni mucho menos al paralelo como cláusula de delimitación. Sí, sin embargo, a las zonas de jurisdicción. En 1968 se estableció el acuerdo para instalar los faros de orientación a las pequeñas embarcaciones pesqueras a través del intercambio de notas del 6 de febrero y el 8 de marzo de 1968. En la primera nota, el Gobierno del Perú informó al de Chile que “es conveniente que se proceda a construir por ambos países, postes o señales de apreciables proporciones y visibles a gran distancia, en el punto en el que la frontera común llega al mar, cerca del hito Nº 1”; agregándose que: “Si el ilustrado Gobierno de Chile está de acuerdo con esa proposición, mucho le agradeceré dármelo a conocer, así como el nombre del técnico que tenga a bien designar para reunirse en el terreno con el que comisione el Gobierno del Perú, a fin de llevar a efecto la construcción de la mencionada señal”. 72
69 70 71 72 Nota de la Embajada de Chile N 81 de fecha 8 de marzo de 1968. Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, Nota D.F.D.L Nº 4, del 4 de junio de 1965. Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, memorando del 6 de octubre de 1965. Cf. Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, nota del 6 de febrero de 1968.

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La respuesta chilena, aceptando la propuesta, se dio el 8 de marzo de 1968 en los mismos términos: “Tengo el honor de dar respuesta a la atenta nota de Vuestra Excelencia Nº (J) 6-4/9 de fecha 6 de febrero pasado, por medio de la cual me comunica que a raíz de las conversaciones celebradas en Lima por las autoridades peruanas y chilenas de fronteras y límites, se llegó a establecer la conveniencia de que se proceda a construir por ambos países, postes o señales de apreciables proporciones y visibles a gran distancia, en el punto en que la frontera común llega al mar, cerca del hito Nº 1. Sobre este particular puedo informar a Vuestra Excelencia que mi Gobierno estima aceptable vuestra proposición (…)”.73 El acuerdo derivado del intercambio de notas es claro y preciso: instalar señales visibles a gran distancia que orienten a los pescadores artesanales en un punto cercano a donde la frontera terrestre llega al mar, cerca del Hito Nº 1. Las notas no señalan una supuesta intención de establecer una frontera marítima por el paralelo. El objeto y fin del acuerdo no es otro que el emplazamiento de estas señales o faros. Al ejecutarse este entendimiento, los técnicos elaboraron un informe y un acta de sus trabajos de campo, en los que se hace referencia a la “señalización del límite marítimo” de manera inapropiada, cuestión que no fue objeto del acuerdo ni del mandato que le otorgaron los gobiernos para sus labores técnicas. Los faros dirigidos a orientar a las embarcaciones artesanales en la zona fronteriza no entraron a funcionar sino hasta 1972. En todo ese lapso, la pesca artesanal siguió guiándose por las legislaciones nacionales y por lo dispuesto por el Convenio de 1954 en lo que se refiere a la permisión de realizar faenas de pesca en la zona especial fronteriza y la no aplicación de detenciones y sanciones. En este periodo tampoco existen acuerdos interestatales ni prácticas definidas y constantes que permitan sostener la tesis de

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Nota de la Embajada de Chile en Lima, del 8 de marzo de 1968.

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la existencia de normas delimitadoras consuetudinarias de las respectivas jurisdicciones internacionales marítimas, y menos aún que estas se refieran al paralelo geográfico. Sí tuvieron lugar las prácticas cotidianas de los pescadores artesanales que en los casos correspondientes se acogieron al convenio de 1954 para evitar las sanciones en la zona especial fronteriza marítima. Asimismo, estas prácticas y otras de naturaleza naval suscitaron actos administrativos de una y otra parte con referencias al límite de la zona de exención de sanciones. En algunos de ellos podrá identificarse alguna incoherencia o inadecuada utilización del lenguaje, de parte y parte. Entre 1972 y 1980 la situación discurrió en ese sentido y sin que ninguno de los dos países pretendiera reivindicar la existencia de una delimitación marítima lateral. El problema de la superposición de las respectivas proyecciones no fue planteado, quizás porque ambos países se encontraban concentrados en el liderazgo negociador que les tocó desempeñar en la fase final de la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Su objetivo prioritario era lograr modalidades que permitiesen que sus reivindicaciones unilaterales, originadas en 1947, pudiesen ser incorporadas en el derecho internacional, y de esa manera consagrar la tesis de las 200 millas como parte de un acuerdo convencional de alcance universal. En síntesis, en este periodo se reforzaron las acciones coordinadas y conjuntas de ambos estados en la fase final del proceso que llevó al éxito de las negociaciones en la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, que consagró la tesis de los países del Pacífico Sur sobre las 200 millas. Cualquier práctica que pueda fundar la hipótesis de un derecho consuetudinario que haya establecido un método delimitador para la frontera marítima entre los dos países es inexistente. No se pueden establecer tampoco registros de comunicaciones, declaraciones o correspondencia diplomática en que los países hayan hecho referencia al límite marítimo más allá de aquella contenida en el Convenio
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de 1954. Durante este lapso, las actividades pesqueras en la zona fronteriza se rigieron por la legislación interna de ambos países hasta 1967 y a partir de ese año por las legislaciones internas y por el convenio de 1954, a efectos de eximir administrativamente de multas y sanciones a las pequeñas embarcaciones que pescaban en la zona especial marítima fronteriza. El avance de las negociaciones en la III Conferencia sobre el Derecho del Mar y la tendencia favorable a la ampliación de los derechos de soberanía y jurisdicción de los Estados costeros a nuevos espacios hasta una distancia de 200 millas, abrió el camino para que en ambos países sus preocupaciones y prioridades de la reivindicación del límite exterior empezaran a girar hacia una nueva realidad, la necesidad de delimitar sus fronteras marítimas. 4. LAS REALIDADES JURÍDICAS DERIVADAS DE LA CONVENCIÓN DEL MAR DE 1982 Y LA NECESIDAD DE DELIMITAR LOS NUEVOS ESPACIOS OCEÁNICOS RECONOCIDOS POR EL DERECHO INTERNACIONAL En 1980, en función de los avances de las negociaciones de la Conferencia del Mar y en razón de las consultas específicas que tuvieron lugar sobre las normas delimitadoras de los nuevos espacios que ya reconocía el proyecto de convención, la delegación del Perú realizó una intervención específica en esta materia, planteando por primera vez su visión de la delimitación lateral de los mares continentales adyacentes. El Embajador Alfonso Arias Schreiber, presidente de la delegación peruana, expresó, en el ámbito de la conferencia, el 27 de agosto de 1980: “Con respecto a los criterios de delimitación del mar territorial, la zona económica exclusiva y la plataforma continental entre Estados cuyas costas son adyacentes, el Perú considera que, a falta de un convenio específico de delimitación concertado de ma87

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nera expresa para fijar definitivamente los límites de tales zonas, y donde no prevalezcan circunstancias especiales ni existan derechos históricos reconocidos por las partes, debe aplicarse como regla general la línea media o de equidistancia, por tratarse del método más idóneo para llegar a una solución equitativa y que este criterio está bien reflejado en los actuales artículos del texto integrado”.74 En los debates sobre las normas de delimitación marítima durante la conferencia, en cuyo desarrollo tuvo lugar la intervención del embajador Arias Schreiber, la delegación de Chile no hizo referencia alguna a lo señalado por la delegación del Perú ni reservó su posición. Tampoco afirmó la existencia de límite alguno entre los dos países. En el caso de Chile, el debate interno sobre la naturaleza jurídica de su zona marítima evolucionó de manera paralela a los avances en las negociaciones sobre la Convención del Mar. De las posiciones iniciales, que entendían la zona marítima como mar territorial, se fue evolucionando hacia una comprensión enteramente compatible con las nuevas instituciones que el proyecto de convención ya exhibía como consensos universales. En 1977, luego del segundo periodo de sesiones de la conferencia del mar, los trabajos se orientaron decididamente hacia el reconocimiento de tres espacios oceánicos principales: el mar territorial, la plataforma continental y la zona económica exclusiva. Chile fue el primer país del Pacífico Sur que asumió una interpretación de la Declaración de Santiago en términos de considerar la extensión de 200 millas como mar patrimonial. En ese sentido, el 14 de julio de 1977 se aprobó el decreto ejecutivo que estableció las líneas de base para un mar territorial de 12 millas.75 Este de74 Declaración del Presidente de la Delegación del Perú ante la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el derecho del mar. Ginebra, 27 de agosto de 1980. 75 Cf. República de Chile, Decreto Ejecutivo del 14 de julio de 1977.

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creto no hizo referencia ni a la plataforma continental ni a la zona económica exclusiva. Este reconocimiento del mar territorial hasta 12 millas significaba, evidentemente, que las 188 restantes correspondían a una soberanía funcional de naturaleza económica. En 1982 terminaron las negociaciones de la tercera conferencia sobre el derecho de mar y se aprobó la convención. Al suscribirla, el Gobierno de Chile efectuó una intervención, en la que señaló que la zona de soberanía económica hasta 200 millas que establece la convención recogía, a su juicio, los términos de la reivindicación que en ese sentido reivindicaran Chile, Ecuador y el Perú en la declaración de 1947.76 Al mismo tiempo reservó su posición sobre el tribunal establecido por la convención para dirimir jurisdiccionalmente las controversias de delimitación. Probablemente esta exclusión se efectuó teniendo en cuenta la ausencia de delimitación marítima con el Perú.77 La aprobación de la Convención sobre el Derecho del Mar consagró, en términos generales, las ideas básicas de la tesis de las 200 millas que en 1947, unilateralmente, habían planteado el Perú y Chile; así como la reivindicación tripartita que junto con el Ecuador hicieron en 1952 al aprobar la Declaración de Santiago. El derecho convencional, por primera vez en la historia, admitía derechos de soberanía y jurisdicción hasta las 200 millas en cuatro espacios diferenciados en cuanto a su extensión y naturaleza jurídica: el mar territorial, la zona contigua, la plataforma continental y la zona económica exclusiva. Sin embargo, estos espacios no poseen la misma naturaleza jurídica que la zona marítima a que se refirió la declaración de Santiago de 1952. Más allá de la polémica de si estableció o no un mar territorial de 200 millas, se trataba de una zona única y no de cuatro zonas de diferente naturaleza jurídica como las que ha definido y consagrado la Convención del Mar de 1982.Menos aún
76 77 Cf. Law of the sea Bulletin, Nº 5, July 1985, p.9. Ibíd.

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se puede asimilar la zona marítima de 1952 a la pequeña zona marítima fronteriza de 20 millas de ancho de exención de sanciones que estableció el Convenio de 1954 a partir, además, de la milla 12. En una demarcación lateral pendiente –por la superposición de sus respectivas áreas marítimas–, como la del Perú y Chile, la incorporación de esos espacios marítimos al derecho internacional tenía que producir necesariamente desarrollos en el ámbito de las posiciones de los dos países en relación con la delimitación de su frontera marítima común. Esto lo comprendieron ambos Estados. A partir de ese momento el tema de la delimitación lateral adquiriría una presencia continua en las relaciones bilaterales, expresándose crecientemente a través de posiciones contrarias y excluyentes entre los dos países. El gobierno del Perú envió, el 23 de mayo de 1986, a un emisario especial con la finalidad de conversar y propiciar la apertura de consultas para establecer los límites marítimos. En esa gestión el Gobierno del Perú expresó que los arreglos instituidos en 1954 y ejecutados a partir de 1972 que establecieron la zona de exención de sanciones, habían cumplido su cometido, pero que a la luz de los nuevos avances en el derecho del mar, a partir de la aprobación de la Convención del Mar de 1982, había llegado el momento de delimitar la frontera marítima. Al término de la entrevista entre el enviado especial, embajador Miguel Bákula, y el Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, la Embajada del Perú hizo llegar a la cancillería chilena, con Nota 5-4-M/147, un memorando en el que se explicitaba el contenido de la representación efectuada por el enviado especial . Los puntos principales de esta comunicación señalan: “(…) En la actualidad, la existencia de una zona especial –establecida por la ‘Convención sobre Zona Marítima Fronteriza’– referida a la línea del paralelo del punto al que llega la frontera terrestre, debe considerarse como una fórmula que, si bien cumplió y
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cumple el objetivo expreso de evitar incidentes con ‘gentes de mar con escasos conocimientos de náutica’, no resulta adecuado para satisfacer las exigencias de la seguridad ni para la mejor atención de la administración de los recursos marinos, con el agravante de que una interpretación extensiva, podría generar una notoria situación inequitativa y de riesgo, en desmedro de los legítimos intereses del Perú, que aparecerían gravemente lesionados”. La definición de nuevos espacios marítimos, como consecuencia de la aprobación de la Convención sobre el Derecho del Mar, que contó con el voto del Perú y de Chile, la incorporación de sus principios a la legislación interna de los países, agregaba un nivel de urgencia, pues ambos Estados deberán definir las características de su mar territorial, de la zona contigua y de la zona económica exclusiva, así como de la plataforma continental, o sea el suelo y el subsuelo del mar, también hasta las 200 millas, incluyendo la referencia a la delimitación de dichos espacios en la vecindad internacional. La misión Bákula no tuvo continuidad. Fue un hecho aislado. Más allá de la nota que la embajada peruana hizo llegar a la cancillería chilena adjuntando un memorándum que resumía lo señalado por el enviado especial, no se efectúo la indispensable acción oficial para plantear la necesidad formal de proceder a la delimitación marítima conforme al derecho internacional. No hubo, después de esa visita, ninguna iniciativa de política exterior en ese sentido. Sin embargo, la misión Bákula si bien es cierto que no produjo consultas formales sobre el tema de la delimitación, sí planteó el tema a la cancillería chilena como una reflexión que invitaba a pensar sobre el significado y las consecuencias de los nuevos espacios marítimos establecidos por la Convención del Mar de 1982, así como sobre la conveniencia que el Perú y Chile procediesen a delimitar sus respectivas zonas marítimas.

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El Gobierno de Chile, al recibir estos planteamientos, no señaló que el límite estaba establecido y menos que lo hubiera sido a través del paralelo 18 21´03”. Consciente de que la delimitación no estaba establecida, se limitó a indicar que los órganos competentes del estado procederían a estudiar el planteamiento peruano. Ello fue consignado en un comunicado oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, del 24 de mayo de 1986. El texto del comunicado es significativo, ya que asume, implícitamente, la inexistencia de límites marítimos entre los dos países: “Con relación a las informaciones aparecidas en la prensa relativas a que se estarían desarrollando negociaciones entre Chile y Perú, sobre la delimitación marítima de ambos países, el Ministerio de Relaciones Exteriores debe señalar lo siguiente: 1.- El Embajador peruano don Juan Miguel Bákula visitó recientemente la Cancillería chilena, oportunidad en que se trató la participación de ambos países en la Comisión Permanente del Pacífico Sur, así como la necesidad de reforzar la acción de esta entidad. En la oportunidad se intercambiaron también puntos de vista en cuanto a la posición de Chile frente a la Organización Latinoamericana de Desarrollo Pesquero (OLDEPESCA).

2.- Durante esta visita, el Embajador Bákula dio a conocer el interés del Gobierno peruano para iniciar en el futuro conversaciones entre ambos países acerca de sus puntos de vista referentes a la delimitación marítima. El Ministro de Relaciones Exteriores, teniendo en consideración las buenas relaciones existentes entre ambos países, tomó nota de lo anterior manifestando que oportunamente se hará estudios sobre el particular”.78

78 Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, comunicado de prensa, Santiago, 24 de mayo de 1986.

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El comunicado es claro. Denota el entendimiento de que no existían límites marítimos entre los dos países, razón por la cual se decide estudiar la propuesta peruana. De haber existido la convicción de que los límites estaban establecidos, la cancillería chilena lo hubiese señalado, desestimando la propuesta peruana y en ningún caso hubiese decidido someterla a un estudio. El enviado especial peruano, luego de su permanencia en Chile, realizó también visitas a Ecuador y Colombia. Con posterioridad, ese mismo año y muy probablemente a partir de la misión Bákula que explicitó el interés peruano de iniciar conversaciones sobre la delimitación marítima, el Gobierno de Chile empezó a asumir iniciativas unilaterales de derecho interno destinadas a presumir la existencia de un límite marítimo por el paralelo. Así, aprobó, el 13 de octubre de 1986 la Ley 18.565, que modifica las disposiciones del Código Civil de 1855, introduciendo, en su legislación interna, los espacios reconocidos por la Convención del Mar, así como una primera referencia muy general a la “existencia de límites marítimos vigentes”. Los artículos pertinentes de la Ley 18.565, son los siguientes:

“Artículo 1.- Introdúcense las siguientes modificaciones al Código Civil: 1.- Sustitúyese el Artículo 593 por el siguiente: Artículo 593.- El mar adyacente, hasta la distancia de doce millas marinas medidas desde las respectivas líneas de base, es mar territorial y de dominio nacional. Pero para objetos concernientes a la prevención y sanción de las infracciones de sus leyes y reglamentos, fiscales, de inmigración o sanitarios, el Estado ejerce jurisdicción sobre un espacio marítimo denominado zona contigua, que se extiende hasta la distancia de veinticuatro millas marinas, medidas de la misma manera.
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2.- Incorpórase como Artículo 596, el siguiente: Artículo 596.- El mar adyacente que se extiende hasta las doscientas millas marinas contadas desde las líneas de base a partir de las cuales se mide la anchura del mar territorial, y más allá de este último, se denomina zona económica exclusiva. En ella el Estado ejerce derechos de soberanía para explorar, conservar y administrar los recursos naturales vivos y no vivos de las aguas subyacentes al lecho, del lecho y el subsuelo del mar, y para desarrollar cualesquiera otras actividades con miras a la exploración económica de esa zona. Artículo 2.- Las delimitaciones marítimas a que se refieren los artículos 593 y 596 del Código Civil, no afectarán los límites marítimos vigentes”.79 En este artículo 2, se hace la indicada referencia a los “límites marítimos vigentes”. En principio, esta aclaración es ajena a la materia regulada en el código que se refería a los límites exteriores y no a la delimitación con otros países, por eso la ley no la introduce en el articulado del Código. Lo más probable es que esta frase se incluyera en el texto de la ley para, por primera vez, afirmar la existencia de límites entre los dos países, aunque de manera general y no nominal. Es significativo que se haya hecho esta referencia cinco meses después de terminada la misión del enviado peruano que propuso iniciar consultas para proceder a la delimitación marítima conforme a los nuevos espacios creados por la Convención del Mar. El 28 de agosto de 1991 el Gobierno de Chile aprobó la Ley N° 19.080. Este dispositivo modificó la Ley General de Pesca y Agricultura N° 18.892. La nueva ley incluyó una sección de definiciones entre las que se menciona la correspondiente al mar presencial: “Mar presencial: Es aquella parte de la alta mar, existente para la comunidad internacional entre el límite de nuestra zona econó79 Ley 18.565 del 13 de octubre de 1986, Modificatoria del Código Civil en materia de espacios marítimos.

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mica exclusiva continental y el meridiano que, pasando por el borde occidental de la plataforma continental de la Isla de Pascua, se prolonga desde el paralelo del hito N° 1 de la línea fronteriza internacional que separa Chile y Perú, hasta el Polo Sur”.80 En esta ley el Gobierno de Chile avanza su tesis de la existencia de límites marítimos de manera más precisa que en la Ley N° 18.565. Por primera vez se hace referencia al paralelo del Hito N° 1 como la línea de frontera: (“[…] se prolonga desde el paralelo del hito N° 1 de la línea fronteriza internacional que separa Chile y Perú […]”).81 Recién, pues, en 1991 y a través de una ley interna, el Gobierno de Chile empieza a afirmar que la delimitación marítima sería por el paralelo del Hito N° 1 de la frontera terrestre y por ende implícitamente por el paralelo. En segundo lugar, a través de esta ley, el gobierno de Chile incluyó dentro del mar presencial un amplio espacio oceánico del dominio marítimo del Perú, introduciendo de esta manera el segundo componente de la controversia al legislar sobre un espacio que es mar peruano y que se encuentra fuera de la pretensión máxima de Chile. Estos actos unilaterales no otorgan derechos, pues como ha señalado la Corte Internacional de Justicia, la primera regla concerniente a la delimitación de los espacios marítimos entre estados vecinos es que esta delimitación se debe realizar a través de un acuerdo entre las partes.82 No hay delimitación marítima unilateral. La Corte Internacional de Justicia en el asunto de Pesquerías (sentencia de 18 de diciembre de 1951), estableció: “(...) La delimitación de los espacios marítimos presenta siempre un aspecto internacional; no podría depender simplemente de la voluntad del Estado ribereño de la misma forma en que la expresa en su derecho interno. Si bien es cierto que el acto de la delimita80 81 82 República de Chile, Ley 19.080. Ibíd. Cf. Recueil, 1984, pp. 311-312, párr. 154.

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ción es necesariamente un acto unilateral, porque únicamente el Estado ribereño es competente para actuar de esta forma por el contrario la validez de la delimitación respecto a terceros Estados depende del derecho internacional”83. 5. SURGIMIENTO DE LA CONTROVERSIA SOBRE LA DELIMITACIÓN MARÍTIMA

El 21 de setiembre del 2000 el Gobierno de Chile depositó en la Secretaría General de las Naciones Unidas, de conformidad con los artículos 16, inciso 2 y 84, inciso 2 de la Convención sobre el Derecho del Mar, un conjunto de cartas marinas en las que establecía los límites de su zona marítima hasta las 200 millas, incluyendo el trazo de sus fronteras marítimas. Entre ellas, la Carta N° 6 titulada “Rada de Arica a Caleta Matanza”, que contenía la proyección de Chile hacia la alta mar, a partir de líneas de base normales, y señalaba el trazo de sus fronteras marítimas laterales. En la cartografía se indica la existencia de una presunta frontera marítima con el Perú siguiendo la línea del paralelo 18°21’00”.84 El Gobierno del Perú, al tomar conocimiento de esta comunicación, procedió, de inmediato, a emitir una declaración de protesta y reserva que se hizo llegar a la Secretaría General de las Naciones Unidas. En esta declaración, el Perú señaló: “Hasta la fecha el Perú y Chile no han celebrado, de conformidad con las reglas pertinentes del derecho internacional, un tratado específico de delimitación marítima, por lo tanto, la indicación del paralelo 18° 21´ 00” como límite marítimo entre los dos estados, carece de fundamento legal”.85
83 CIJ, Recueil, 1951, p.132.

84 Cf. Division for Ocean Affairs and the Law of the Sea, Office of Legal Affairs, 2001 y Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada de Chile, Rada de Arica a Caleta Matanza, líneas de base normal, mar territorial de 12 millas, zona contigua de 24 millas, zona económica exclusiva de 200 millas y plataforma continental, 2000. 85 Misión Permanente del Perú ante las Naciones Unidas, Nota 7-1-SG/005 del 9 de enero de 2001.

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En la misma comunicación se registró, nuevamente, la voluntad del Perú para establecer los límites a través de negociaciones diplomáticas: “Al respecto, el gobierno del Perú, en nota NRO. 5-4-M/147, de 23 mayo de 1986, comunicó al Gobierno de Chile su posición oficial sobre la necesidad de proceder a la delimitación formal y definitiva de los espacios marítimos entre los dos países, comunicación que ha sido recientemente reiterada mediante nota RE (GAB) NRO. 6-4/113, de 20 de octubre de 2000, por tratarse de un asunto pendiente”; concluyendo que, “En consecuencia, el gobierno del Perú no reconoce la indicación de la línea del paralelo como límite marítimo entre el Perú y Chile”.86 Con anterioridad, el Gobierno del Perú expresó su desacuerdo con la pretensión de Chile de trazar la frontera marítima por el paralelo geográfico 18º21’00’’ en una nota bilateral, en cuyo tenor se lee: “Sobre el particular, el Ministerio de Relaciones Exteriores manifiesta su desacuerdo con el trazado cartográfico de dicha línea y con la indicación que se hace en la citada Carta de Navegación, por no existir un tratado específico para la delimitación de la frontera marítima entre los dos países; y en consecuencia debe reiterar las consideraciones expuestas con la nota número 5-4-M/147, de 23 de mayo de 1986, entregada por la embajada del Perú en Santiago al Honorable Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile”.87 Este intercambio de comunicaciones directas entre las dos cancillerías y a través de la Secretaría General de las Naciones Unidas sustanciaron la controversia jurídica, surgida por la actitud del Gobierno de Chile de sostener a partir de esas comunicaciones la existencia de un límite marítimo por el paralelo 18°21’00’’. De esta
86 87 Ibíd. Nota RE (GAB) Nº 6-4/113, del 20 de octubre de 2000.

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manera la fecha crítica de la controversia, en principio, corresponde al 21 de setiembre de 2000 (nota de Chile a la Secretaría General de las Naciones Unidas) y al 20 de octubre del 2000 (nota peruana a la cancillería chilena expresando su desacuerdo). Es en esta fecha crítica que surge la controversia conforme a la definición contenida en el fallo de la Corte Internacional de Justicia sobre el caso Palestina/ Mavrommatis,88 es decir, como un desacuerdo de intereses o tesis expresado en posiciones opuestas o contradictorias. Unas semanas después de la declaración de reserva y protesta efectuada por el Gobierno del Perú ante las Naciones Unidas, la armada de Chile instaló una caseta de vigilancia dentro del territorio peruano, en las inmediaciones del Hito N° 1 de la frontera terrestre. Este hecho, aparentemente sin fundamento racional, ya que existía un acuerdo de no ubicar casetas de vigilancia cerca de la línea de frontera como parte de usuales medidas de fomento de la confianza, solo parece explicarse como una acción dirigida a crear una situación favorable a la tesis de la existencia de límites marítimos. De ser este el caso, no se habría obrado de buena fe. Al enterarse de ello, el gobierno del Perú procedió de inmediato a remitir una nota de protesta el 10 de abril de 2001, suscrita por el Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de Relaciones Exteriores, Javier Pérez de Cuéllar. En ella el Perú expresó su extrañeza por la instalación de la mencionada caseta en su territorio y solicitó, al gobierno de Chile, el retiro inmediato de la misma, así como de las patrullas policiales que se encontrasen en territorio peruano.89 Previamente, el gobierno peruano envió una misión técnica a la línea de frontera con el mandato de verificar in situ la ubicación de la caseta de vigilancia en el sector de la frontera comprendido entre el Hito N° 3 y el Hito N° 1. El resultado de los levantamientos topo88 CPJI, Sentencia número 2, 1924, serie A Nº 2, Nº 11.

89 Nota Nº 6/23 del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú al Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, 10 de abril de 2001.

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gráficos y geodésicos corroboró que la caseta chilena se encontraba en territorio peruano, a cincuenta y dos metros al norte de la línea de frontera demarcada en 1930, a treinta y cinco metros al sur del paralelo que sirve de referencia a las señales que se colocaron en aplicación del Acuerdo de 1968. El siguiente croquis muestra la ubicación de la caseta chilena en territorio peruano, así como la distancia existente entre el Hito N° 1 y el punto de inicio de la frontera terrestre en la orilla del mar, que es de 245,41 metros.
Grafico 1. Gráfico de ubicación de la caseta de vigilancia chilena instalada en territorio peruano el año 2001

El incidente de la caseta volvió a sustanciar la controversia jurídica entre los dos países en relación con el límite marítimo, pero en esta oportunidad de una manera mucho más contundente. Con la Nota Nº 406, del 11 de abril de 2001, la canciller de Chile, Soledad Alvear, respondió a la comunicación peruana del 10 de abril, la cual más allá de una protesta firme y enérgica no había hecho referencia a la cuestión del límite marítimo. Sin embargo, la respuesta de
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la cancillería chilena estableció un vinculo entre la ubicación de la caseta y sus pretensiones marítimas: “En relación con la ubicación de la caseta de vigilancia, aludida por Vuestra excelencia en la Nota que contesto, debo reiterar que ésta fue situada en territorio chileno al Sur del límite demarcado por ambos países, entre otros instrumentos, por Actas válidamente celebradas y plenamente vigentes, de fechas 26 de abril de 1968 y 19 de agosto de 1969. Dichos acuerdos fueron seguidos por la materialización del paralelo de la frontera que se origina en el Hito número 1, llamado Orilla del Mar”.90 El énfasis puesto en la cuestión del límite marítimo en la respuesta chilena indica que la ubicación de la caseta habría sido solo una acción suscitada para producir el incidente y dejar constancia, en una nota diplomática, de nuevos elementos que el Gobierno de Chile añadía a su argumentación para sostener sus pretensiones. Esos nuevos elementos, que antes no habían sido utilizados, son la referencia al informe de 1968 y el acta técnica de 1969, a los que se denomina con la expresión genérica de “actas” sin mencionar el acuerdo que les dio lugar, es decir, el intercambio de notas del 6 de febrero y el 8 de marzo de 1968. Esta omisión se explica porque dicho acuerdo establece con nitidez que la instalación de los faros de orientación a las pequeñas embarcaciones artesanales no se refería a ninguna “materialización del límite marítimo”. El 25 de marzo de 2002 el Gobierno de Chile reaccionó frente a la comunicación que hiciera el gobierno del Perú el 9 de enero de 2001 en la que aludiendo a la cartografía depositada por Chile en la Secretaría General de las Naciones Unidas, informó a dicha organización que no existían límites marítimos entre los dos países.91 El Gobierno de Chile reaccionó luego de un año a través de una declaración de su Representación Permanente ante las Naciones Unidas en la que expresó que “Chile y el Perú tienen definido desde
90 Cf. Embajada de Chile, Nota 406, del 11 de abril de 2001.

91 Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, Declaración, 9 de enero de 2001.

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antiguo su límite marítimo internacional, como consta en los instrumentos internacionales celebrados junto a Ecuador, denominados Declaración de Santiago, de 18 de agosto de 1952, y Convenio sobre Zona Especial Fronteriza Marítima, firmado en Lima, el 4 de diciembre de 1954 (…)”.92 La declaración contiene, asimismo, una referencia a la posición de Chile de desconocer el punto de inicio de la frontera terrestre que el tratado de 1929 estableció en el punto en que la proyección de un arco intercepta la orilla del mar: “Con posterioridad, el 26 de abril de 1968, representantes autorizados de Chile y del Perú levantaron un Acta en cumplimiento de la misión encomendada por sus respectivos Gobiernos en orden a estudiar, en el terreno mismo, la instalación de marcas de enfilación visibles desde el mar, que materializasen el paralelo de la frontera marítima que se origina en el hito número uno, acta que consigna los resultados de su trabajo y que recibiera aprobación expresa de ambas cancillerías. Un año después, desde el 19 hasta el 22 de agosto de 1969, se reunió la Comisión Mixta Chileno-Peruana Encargada de Verificar la Posición del Hito Número Uno y Señalar el Límite Marítimo y fijó los puntos de ubicación de las marcas de enfilación –dos torres con fanales luminosos de características convenidas para señalar el límite marítimo y materializar el paralelo que pasa por el Hito número uno, levantando Acta de lo procedido–”.93 Esta parte de la declaración chilena parecería tener el objetivo de fundamentar que el informe del 26 de abril de 1968 y el acta del 22 de agosto de 1969 habrían modificado el tratado de límites terrestres de 1929, intentando así una forzada construcción argumental que permita afirmar que el hito N° 1 es el inicio de la frontera marítima.
92 Declaración del Gobierno de Chile sobre la frontera marítima entre Chile y Perú, Nueva York, 25 de marzo de 2002. 93 Ibíd.

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En octubre de 2002, el gobierno del Perú, en uso de sus facultades jurisdiccionales y para evitar cualquier tipo de incidente, procedió a retirar los restos de la torre o marca de enfilación ubicada en el territorio peruano y que se instaló en aplicación del Acuerdo de 1968. En el comunicado público de fecha 30 de noviembre, se informó que se había procedido a retirar los escombros del faro. El texto del comunicado señaló: “1. El día de hoy, personal de la Marina, de conformidad con las coordinaciones efectuadas entre el Ministerio de Defensa Nacional y el Ministerio de Relaciones Exteriores, ha procedido a retirar los escombros del faro ubicado, en territorio peruano, en las inmediaciones de la línea fronteriza con Chile. Dicho faro fue destruido por el sismo del 23 de junio de 2001. 2. El referido faro fue construido por el Perú en 1972, en aplicación de los acuerdos suscritos en 1968 y 1969 entre los gobiernos del Perú y Chile, y estaba destinado a proporcionar, junto con un faro similar chileno, la orientación necesaria a las pequeñas embarcaciones que realizan faenas de pesca en la zona, las cuales cuentan actualmente con sus propios instrumentos de orientación”.94 El gobierno de Chile remitió una nota diplomática, de fecha 30 de noviembre de 2002, en la que señaló que personas no identificadas provenientes del Perú estaban demoliendo la torre de enfilación peruana (faro), que fuera construida en cumplimiento de un acuerdo con el Gobierno de Chile, adoptado en 1968, para señalar mediante su enfilación con una torre chilena, “el límite marítimo convenido entre los dos países, en el paralelo del hito N° 1”.95
94 Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, nota de prensa 155-02, 30 de noviembre de 2002. Como Vice- Ministro y Secretario General de Relaciones Exteriores adopté la decisión de remover los restos en base a dos consideraciones. Primero, en razón de que se encontraban emplazados en territorio peruano y la decisión de hacerlo constituía una cuestión propia y exclusiva de la jurisdicción interna del Estado peruano y, en segundo lugar, porque no tenía objeto útil que dichos restos quedaran desperdigados en esa área del territorio nacional. 95 Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, Nota Nº 72, 30 de noviembre de 2002.

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Dos días después, el Gobierno del Perú dio respuesta a la nota chilena expresando su desacuerdo con su contenido y señalando que fue personal de la Marina de Guerra del Perú quien se encargó de retirar los escombros del faro de enfilamiento. Se aclaró, adicionalmente, que las acciones de limpieza no constituían, como señaló el Gobierno de Chile, “la demolición de la torre”, sino el retiro de los escombros. En relación con la naturaleza jurídica de la torre de enfilación, la cancillería peruana aclaró lo expresado por el Gobierno de Chile recordando que las señales tuvieron por única finalidad orientar las faenas de pesca en la zona donde se ubica el Hito N° 1 de la frontera terrestre común y no –como se señalaba en la nota de Chile– el trazo de la frontera marítima. Finalmente, el Gobierno del Perú precisó que el punto inicial de la frontera en tierra no es el Hito N° 1, sino aquel situado en la orilla del mar conforme a lo dispuesto en el Tratado de 1929 y lo establecido en las actas de la Convención Demarcadora de Límites de 1930.96 Con este intercambio de comunicaciones cada país detalló su posición sobre el inicio de la frontera marítima y reiteró sus posiciones opuestas y divergentes sobre la delimitación marítima97. Durante los años posteriores se han seguido produciendo reclamos de uno y otro Estado en torno a la controversia marítima, mediante el intercambio de comunicaciones diplomáticas de las cancillerías, en las que se expresan, de manera consistente y sistemática, posiciones jurídicas opuestas y contradictorias. En el plano de los intercambios de reuniones y encuentros entre los cancilleres y los vicecancilleres, el tema pasó a integrar de manera permanente la agenda bilateral. Desde el año 2001 en los numerosos encuentros de los vicecancilleres del Perú y Chile, el tema siempre fue objeto de con96 Cf. Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, Nota a la Embajada de Chile, de fecha 2 de diciembre de 2002. 97 Durante el intercambio de estas comunicaciones el autor desempeñaba el cargo de Vice Ministro y Secretario General de Relaciones Exteriores.

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versaciones con miras a establecer un modus operandi para su tratamiento. En esas consultas se intercambiaron opiniones sobre las percepciones que cada país tenía con relación a la materia. Y por el lado peruano fue una constante sostener la conveniencia y necesidad imperativa de buscar una solución diplomática.98 Este diálogo reservado e informal llegó al nivel de los jefes de estado con ocasión de la visita del presidente Alejandro Toledo a Santiago de Chile, realizada entre el 22 y 23 de agosto de 2002. En la conferencia de prensa que sostuvieron ambos mandatarios, el presidente Toledo declaró: “Sí, hemos conversado informalmente con el presidente Lagos sobre los límites marítimos. Tenemos una interpretación que difiere muy pequeñamente, pero dejemos que nuestros ministros de Defensa y Relaciones Exteriores trabajen el tema y cualquier iniciativa peruana será en el marco de la paz, integración y cooperación”.99 Por su parte, el presidente Lagos, añadió: “Interpreto plenamente lo que dijo el presidente Toledo. Creo que es un tema que debemos trabajarlo al nivel que corresponde, y lo importante es que si nos quedamos anclados en esos temas, aunque son importantes, no vamos a hacer estos otros que son más sustantivos”.100 Entre el 2001 y mediados de 2004, la controversia fue tratada de manera permanente y sistemática en las consultas informales, entre los vicecancilleres y los cancilleres, casi siempre en términos confidenciales. En todas estas ocasiones los dos países manifestaron y afirmaron sus propias percepciones y posiciones.

98 Durante mi gestión como Vice- Ministro y Secretario General de Relaciones Exteriores (2001-2003), en diversos encuentros y visitas oficiales reiteré a mi contraparte de la Cancillería chilena la posición peruana en el sentido que no existen límites marítimos y que era imprescindible iniciar negociaciones para establecerlos. En estas conversaciones informales, la respuesta de mis interlocutores siempre fue la misma: el gobierno de Chile no aceptaría negociación alguna pues consideraba que los límites estaban establecidos. 99 Cf. Diario La República, Lima, 24 de agosto de 2002. 100 Ibíd.

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6.

LA DECISIÓN PERUANA DE SOLICITAR NEGOCIACIONES FORMALES PARA PROCEDER A LA DELIMITACIÓN MARÍTIMA Y LLEVAR LA CONTROVERSIA A LA DECISIÓN JURISDICCIONAL DE LA CORTE INTERNACIONAL DE JUSTICIA

En ese contexto, en el que la agenda positiva de la cooperación había llegado a niveles muy importantes y en el que el diálogo sobre el tema de la delimitación marítima se hizo persistente en los encuentros entre las autoridades responsables de dirigir la política de ambos países, en el ejercicio de mis responsabilidades como Ministro de Relaciones Exteriores informé al Presidente Alejandro Toledo – a inicios del año 2004 - sobre el Estado de la situación, incluyendo el resultado de las acciones que promoví durante el ejercicio del cargo como Vice-Ministro y Secretario General, las mismas que habían sido respaldadas directamente por el jefe de Estado. La estrategia desarrollada hasta ese momento tenía como objetivo obtener un curso de acción para solucionar la controversia a través de los medios de solución pacífica que dispone el derecho internacional. Por esa vía se trataba de defender y promover los intereses nacionales del Perú en relación a su soberanía e intereses marítimos y, al mismo tiempo, dotar a la relación bilateral, a partir de la solución del problema, de la necesaria estabilidad histórica que requiere para potenciar la dinámica de la cooperación. Las relaciones internacionales como realidad social se expresan de manera permanente en la doble dinámica de la cooperación y el conflicto. No existe una sola interacción internacional que no refleje, en diverso grado, estas dos dinámicas inherentes a los hechos y procesos internacionales. Aun la más depurada dinámica de la cooperación, como puede ser un acuerdo de integración o confederación de Estados, tiene su propia dinámica de la diferenciación o el conflicto: en la negociación de los términos de esa unión económica y política. Los Estados concernidos normalmente tendrán diversas posiciones o intereses que negociar o conciliar. La existen105

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cia de esa pluralidad de intereses o posiciones ya constituye una dinámica del conflicto o de la diferenciación de propósitos y fines. La diplomacia es por ello una manera de referir a la negociación y esta consiste en solucionar por los medios pacíficos toda diferenciación de intereses o conflictos existentes entre los Estados. La acepción amplia del conflicto no es sinónimo de uso de la fuerza o enfrentamiento militar, el conflicto puede ser jurídico, diplomático, económico o social. En su acepción básica se refiere a toda diferenciación de intereses que va desde la existencia de posiciones distintas respecto a la redacción de un documento, hasta el enfrentamiento armado. En ese sentido amplio de la noción de conflicto, este se asimila a la existencia de intereses opuestos o diferenciados entre los Estados. El fundamento jurídico de las relaciones internacionales contemporáneas es -a diferencia de lo que sucedía hasta el siglo XIXla prohibición de la guerra y el uso de la fuerza como medios o instrumentos de la política exterior de los Estados, salvo la legítima defensa. Desde el punto de vista del derecho internacional, la prohibición de la guerra y el uso de la fuerza aparecen, así, como un subproducto de la naturaleza pacífica y cooperativa de las relaciones internacionales. La amistad y las relaciones de cooperación entre los Estados se sustenta en dos pilares básicos: su voluntad de cooperar de buena fe y su disposición o compromiso para solucionar por medios pacíficos sus diferendos o controversias internacionales. Esta, en realidad es una obligación internacional. La Carta de las Naciones Unidas establece la obligación de los estados miembros “[…] de abstenerse en sus relaciones internacionales de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza, sea contra la integridad territorial o la independencia política de todo Estado, o de cualquier otra manera incompatible con los fines de las Naciones Unidas” (artículo 2.4)101.
101 Cf. Jean- Pierre Cot et Alain Pellet, La Charte des Nations Unies, Económia/Bruylant, París 1985, pp.103-125.

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Al mismo tiempo impone la obligación de solucionar por medios pacíficos las diferencias: “Los miembros de la organización resuelven sus controversias internacionales por los medios pacíficos, de tal manera que la paz y la seguridad internacional, así como la justicia no sean puestos en peligro” (artículo 2.3)102. El principio de la solución pacífica de las controversias es adicionalmente una norma de ius cogens del derecho internacional general, es decir se aplica a todos los Estados aun a aquellos que no sean parte de las Naciones Unidas. El principio ha sido adoptado por todas las organizaciones regionales y entre ellas por la Organización de Estados Americanos (artículo 4 de la Carta) y el Tratado Interamericano de Solución Pacífica de las Controversias, Pacto de Bogotá (artículo 1). Se trata de una obligación de comportamiento. Los Estados tienen el deber exigible de orientar su conducta hacia la solución pacífica de las controversias o diferendos de cualquier naturaleza que puedan surgir en sus relaciones recíprocas, conforme a las normas del derecho internacional. Una controversia o un diferendo internacional se entienden en términos generales como toda oposición manifiesta de tesis o intereses entre los Estados. La Declaración de principios de derecho internacional, aprobada por unanimidad por la Asamblea General de las Naciones Unidas ( Resolución 2625/XXV del 24 de octubre de 1970103, desarrolla este principio establecido en la Carta y establece que para ejecutarlo los Estados “[…] procurarán llegar a un acuerdo pronto y justo de sus controversias internacionales mediante la negociación, la investigación, la conciliación, el arbitraje, el arreglo judicial, el recurso a los organismos o sistemas regionales u otros medios pacíficos que ellos mismos elijan”104.
102 Ibíd. 103 Declaración de Principios de Derecho Internacional, resolución 2625/XXV, de 24 de octubre de 1970, en: Osmañcyk, ob. cit., p. 419. 104 Ibíd.

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En los términos de la resolución 2625/XXV, el Tratado Interamericano de Solución Pacífica de Controversias, llamado Pacto de Bogotá, constituye un sistema regional cuyas normas obligan a los países miembros105 Conforme a las normas del pacto, los estados miembros reconocen entre ellos la obligación de resolver sus controversias internacionales, antes de llevarlas al Consejo de Seguridad, a través de los procedimientos pacíficos regionales que el propio pacto establece: los buenos oficios y la mediación; la investigación y la conciliación; el arbitraje y el procedimiento judicial.106 El orden con que el pacto define y regula cada uno de estos procedimientos no indica una prelación entre unos y otros, tampoco una relación de subordinación entre ellos. Para recurrir al procedimiento judicial no hay que haber ensayado o agotado antes el procedimiento de investigación o conciliación. Los estados pueden recurrir directa e indistintamente a cualesquiera de los procedimientos107. El artículo III es unívoco en ese sentido: “El orden de los procedimientos pacíficos establecido en el presente Tratado no significa que las partes no puedan recurrir al que consideren más apropiado en cada caso, ni que deban seguirlos todos, ni que exista, salvo disposición expresa al respecto, prelación entre ellos”. Sin embargo, si una de las partes inicia un procedimiento no puede recurrir a otro sin haberse concluido previamente el procedimiento anterior. El pacto establece un requisito formal para que los estados puedan recurrir a los procedimientos de solución de controversias,
105 El Pacto de Bogotá fue suscrito el 30 de abril de 1948 en la novena conferencia internacional americana por Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Haití, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela. Conforme a su artículo LIII, entró en vigor el 6 de mayo de 1949. Fue ratificado por Chile y por el Perú en 1967. 106 Pacto de Bogotá, artículos II-XLIX. 107 Ibíd., artículo III.

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una condición previa: haber agotado la posibilidad de llegar a un acuerdo a través de negociaciones diplomáticas directas. Esta norma tiene una lógica sustantiva, pues al ser la solución pacífica de las controversias una obligación internacional, las partes antes de recurrir a procedimientos formales en el marco del tratado, tienen de buena fe que cumplir con el mandato de buscar, primero, directamente, entre ellos una posible solución. Solo si estas negociaciones diplomáticas directas son imposibles de llevar a cabo porque una de las partes se niega o si fracasan, procede activar los procedimientos previstos en el pacto. En cada uno de los procedimientos, el pacto desarrolla normas y reglas específicas. Con ese mismo criterio, normalmente, el Pacto en el caso del procedimiento judicial pudo haber creado una corte de justicia regional para que en ella se resuelvan las controversias por vía jurisdiccional. El pacto, sin embargo, no optó por esta alternativa, los países signatarios resolvieron con un criterio razonable no crear una corte propia sino recurrir al procedimiento judicial de la Corte Internacional de Justicia. Con ese propósito, el artículo XXXI establece que de conformidad con el inciso 2º del artículo 36 del Estatuto de la Corte Internacional de Justicia, los Estados miembros del pacto reconocen respecto a cualquier otro Estado americano como obligatoria ipso facto, sin necesidad de ningún convenio especial mientras esté vigente el tratado, la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia en todas las controversias de orden jurídico que surjan entre ellas y que versen sobre las siguientes materias: a. La interpretación de un tratado; b. Cualquier cuestión de derecho internacional; c. La existencia de todo hecho que, si fuere establecido, constituiría la violación de una obligación internacional; d. La naturaleza o extensión de la reparación que ha de hacerse por el quebrantamiento de una obligación internacional 108 Como excepción al reconocimiento de la competencia obligatoria de la Corte ipso facto, el pacto reconoce dos situaciones:
108 Ibíd., artículo XXXI.

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cuando la materia, por su propia naturaleza, corresponda a la jurisdicción interna de los Estados (artículo V) y cuando se trate de “[…] asuntos ya resueltos por arreglo de las partes, o por laudo arbitral, o por sentencia de un tribunal internacional, o que se hallen regidos por acuerdos o tratados en vigencia a la fecha de la celebración del presente Pacto”109. Actualmente existen en el mundo más de 300 tratados que como el Pacto de Bogotá contienen reglas para solucionar las controversias de las partes en la jurisdicción obligatoria de la Corte. Es interesante anotar respecto a estas normas, lo expresado por la Corte Internacional de Justicia en el caso de la Compañía de Electricidad de Sofía y Bulgaria, cuando expresó que: “… la multiplicidad de acuerdos concluidos aceptando la jurisdicción compulsiva es evidencia de que las partes contratantes intentaron abrir nuevos caminos de acceso a la Corte, más que cerrar antiguos caminos o permitirles cancelar recíprocamente toda salida con el resultado final de que ninguna jurisdicción pudiera permanecer”110. De esta manera, tanto el Perú como Chile han reconocido desde 1948 la jurisdicción obligatoria de la Corte a través del Pacto de Bogotá para las controversias jurídicas que surjan entre ambos Estados, no obstante que Chile no ha reconocido dicha jurisdicción obligatoria conforme al art. 36.2 de los estatutos de la Corte Internacional de Justicia. Esta situación es posible porque los estatutos de la Corte establecen tres vías para el acceso a su competencia obligatoria: a. A través de una declaración de reconocimiento formal de la jurisdicción obligatoria, conforme a lo dispuesto en el artículo 36.2 del estatuto de la Corte. En este caso el reconocimiento de la jurisdicción es permanente en re-

109 Ibíd., artículo VI. 110 Electricity Company of Sofia and Bulgaria (Belgium v. Bulgaria), Judgment, 1939, P.C. I. J., Series A/B, No. 77, p.76.

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lación a todos los demás estados que han reconocido la misma obligación. b. Por un acuerdo expreso de los Estados que deciden voluntariamente someter una controversia específica a la Corte, reconociendo su competencia puntualmente para ese caso y para ningún otro (art.36.1). Cuando dos o más Estados han convenido en un tratado multilateral o bilateral concertado entre ellos, reconocer la competencia obligatoria de la Corte para las materias establecidas en dichos instrumentos jurídicos (art.36.1).

c.

En 1948 en función de preocupaciones jurídicas relativas a los problemas demarcatorios que habían surgido en la ejecución de la frontera terrestre con el Ecuador, establecida en el Protocolo de Río de Janeiro de 1942, el Perú había suscrito el Pacto de Bogotá con cuatro reservas: 1. Reserva a la segunda parte del artículo V del Pacto de Bogotá porque consideraba   que la jurisdicción interna debe ser definida por el propio Estado. Reserva al artículo XXXIII y a la parte pertinente del artículo XXXIV por considerar que las excepciones de cosa juzgada, resuelta por arreglo de las partes o regida por acuerdos o tratados  vigentes, determinan en virtud de su naturaleza objetiva y  perentoria, la exclusión de estos casos de la aplicación de todo procedimiento. Reserva al artículo XXXV en el sentido de que antes del  arbitraje puede proceder, a solicitud de parte, la reunión del Órgano de Consulta como lo establece la carta de la Organización de Estados Americanos. Reserva al artículo XLV porque estimaba que el arbitraje constituido sin intervención de parte, se halla en contraposición con sus preceptos constitucionales.
111

2.

3.

4.

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Al momento de ratificar el Pacto en 1967 el Perú confirmó la validez de las reservas. La vinculación normativa a la competencia obligatoria de la Corte a través del Pacto de Bogotá, sin embargo, quizás por la poca utilización que los Estados latinoamericanos habían hecho de este importante instrumento hacia el año 2000 no estaba presente en la comprensión que tanto Chile y el Perú tenían de los escenarios respecto al tratamiento de la controversia marítima. En el Perú, en el Estado y en los medios académicos, se pensaba que no existían muchas posibilidades para la defensa de los intereses marítimos del país, pues las dos opciones teóricas parecían de imposible acceso. Por un lado, la negociación diplomática directa no era susceptible de utilizarse pues los sucesivos gobiernos en Chile habían señalado siempre su oposición a toda negociación sobre el tema, al considerar que los límites se habrían establecido por el paralelo 21 18´03” en 1952 y 1954. Por otro lado, la opción judicial se daba por descartada teniendo en cuenta que ni el Perú ni Chile habían reconocido la competencia obligatoria de la Corte Internacional de Justicia conforme a lo dispuesto en el artículo 36.2 de sus estatutos. En esas circunstancias la política exterior peruana estaba circunscrita a afirmar que no existían límites marítimos establecidos entre los dos países; y la chilena a aseverar lo contrario, ejerciendo al mismo tiempo, de facto, facultades jurisdiccionales en la zona marítima en controversia. La repetición constante de las posiciones divergentes de los dos países no hacía sino marcar la existencia de intereses y posiciones contrapuestas. El 7 de julio del año 2003 el gobierno del presidente Alejandro Toledo, previa aprobación del Congreso de la República, procedió a reconocer la competencia obligatoria de la Corte Internacional de Justicia, con base al artículo 36.2 de sus estatutos, en función tanto de una previsoria visión del caso Fujimori que se había de112

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cidido llevar a la Corte Internacional de Justicia en caso el Japón negara la solicitud de extradición que el Perú había presentado, como del asunto relativo a la delimitación marítima con Chile. Al asumir el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores el año 2003, previas consultas con el Presidente de la República, Dr. Alejandro Toledo, decidí ubicar la defensa y promoción de los intereses marítimos del Perú como una de las prioridades de la política exterior. El objetivo que se asignó a esta línea sustantiva de la política exterior fue el de propiciar la solución de la controversia marítima a través de un fallo de la Corte Internacional de Justicia. La estrategia diseñada para obtener este objetivo nacional tenía que ser eminentemente jurídica, pero al mismo tiempo contar con una política exterior consistente y coherente, de reequilibrio de las relaciones en la región. Se requería, por otro lado, superar algunas percepciones equivocadas que estaban presentes y enraizadas en sectores de la administración y de las élites nacionales. Básicamente la falsa idea de que no existían medios diplomáticos o jurisdiccionales para buscar una solución, la creencia bastante generalizada, aun en sectores especializados, errada por cierto, que nada se podía hacer en relación al límite marítimo si es que no se adhería previamente a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982; y, finalmente, la inmovilista visión que veía cualquier iniciativa sobre la materia como un acto que sensibilizaría las relaciones con Chile al plantear directamente la solución del diferendo. La estrategia adoptada en la Cancillería durante mi gestión, aprobada por el Presidente Alejandro Toledo, respaldada por el Presidente del Consejo de Ministros, Carlos Ferrero Costa, para la defensa de la soberanía nacional sobre el Mar de Grau y de sus recursos naturales, partía de premisas totalmente distintas a las ya referidas como percepciones equivocadas que habían sustentado el inmovilismo precedente:
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La política exterior no consiste en tener las mejores relaciones sacrificando o entregando los intereses nacionales, en función de no herir susceptibilidades de los otros Estados. Esas no son buenas relaciones, son relaciones de subordinación que por la naturaleza misma de las entidades nacionales tienden a no llegar a un buen fin. Por el contrario, la política exterior se define como los objetivos y acciones que debe realizar el Estado para la defensa y consecución de sus intereses nacionales. Las buenas relaciones por definición implican beneficios mutuos y respeto a la soberanía e integridad de los Estados. Reducir la diplomacia de un país a las buenas relaciones como un fin en sí mismo, es una visión ingenua y empírica de las relaciones internacionales que puede llevar a entregar o sacrificar intereses nacionales y por esa vía al resultado inverso, pues normalmente una administración que elija ese camino será sustituida por otra que corrija y enmiende los errores en un cuadro de tensión o conflicto agravado. Las buenas relaciones, las que se sustentan en la amistad y la cooperación amparadas por el derecho internacional y de las relaciones internacionales como ciencia social, implican manejar de manera equilibrada y siempre positiva las dinámicas de la cooperación y la integración con las dinámicas relativas a los intereses divergentes, buscando y propiciando escenarios y procesos que permitan su solución, contemplando los intereses de parte y parte. Aplicadas esas premisas teóricas a la relación entre el Perú y Chile, la amistad entre los dos Estados y sus pueblos, la consolidación de los importantes flujos de comercio e inversión, las interacciones sociales como el turismo y las migraciones, requieren para su mejor desarrollo una estabilidad histórica en las relaciones intergubernamentales y ello pasa necesariamente por la solución del único problema pendiente en materia de soberanía y límites: la delimitación marítima. Como lo señalé en mi discurso al dejar el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores: “[…] En nuestra agenda sustantiva des114

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de el punto de vista de los intereses permanentes del Perú está la cuestión del límite marítimo con Chile. Hemos sostenido que esta cuestión se sustancie jurídicamente, que deje de ser un escollo para las relaciones bilaterales y que sea orientada jurídicamente hacia una solución judicial. Suscribí con el Canciller Walker, en Brasilia, un Comunicado Conjunto en que establecimos que los dos países tenemos posiciones distintas, sustanciando la controversia jurídica. Señalamos que era un asunto bilateral y que debía tratarse por cuerda separada. Hoy las relaciones con Chile tienen la estabilidad que requieren. Hoy las relaciones con Chile tienen la normalidad que requieren. Pero esa normalidad y esa estabilidad no se ha construido escondiendo nuestros intereses nacionales, sino poniéndolos sobre la mesa para tratarlos conforme a los criterios de una diplomacia moderna, sólida, jurídica y nacional”111. El Perú no podía dejar de defender sus derechos y utilizando las normas de la solución pacífica de las controversias, que constituyen una expresión de las relaciones de amistad entre los Estados, debía imperativamente buscar una solución al problema marítimo y manejar serena y sobriamente dentro de usuales márgenes de administración de la tensión, el impacto que eventualmente pudiese tener en la relación bilateral una decisión de plantear formalmente la solución de la controversia marítima. En lo concerniente a la percepción errónea de que no existían medios diplomáticos o jurídicos para solucionar la controversia, mi despacho tuvo la convicción y el conocimiento evidente que esas prevenciones no tenían fundamento. Como señalé oportunamente al pleno del Congreso de la República112 y a la Comisión de Relaciones Exteriores113 el Estado peruano disponía de los elementos
111 Cf. Discurso del Embajador Manuel Rodríguez Cuadros al entregar el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores, Lima, 12 de agosto de 2005, Oficina de Prensa del Ministerio de Relaciones Exteriores. 112 Exposición del Ministro de Relaciones Exteriores del Perú, Embajador Manuel Rodríguez Cuadros, en el pleno del Congreso de la República, sesión vespertina secreta, miércoles 6 de octubre de 2004. 113 Exposición del Embajador Manuel Rodríguez Cuadros, Ministro de Relaciones Exteriores, en la Comisión de Relaciones Exteriores, reunión secreta, 4 de octubre de 2004.

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jurídicos y diplomáticos suficientes para llevar el caso a la Corte Internacional de Justicia. En primer lugar, independientemente que Chile no haya reconocido la competencia obligatoria de la Corte conforme al art. 36.2 de sus estatutos, en relación a todos los estados que han reconocido esa obligación al amparo de dicho artículo, el Perú estaba facultado para llevar el caso a la Corte de la Haya con base al reconocimiento que los dos países ya habían hecho de la competencia obligatoria en 1948, como países signatarios del Pacto de Bogotá. A favor de esta sólida realidad jurídica, no sólo estaban las disposiciones del Pacto de Bogotá (art. XXXI) y del Estatuto de la Corte (art.36.1) cuya claridad y contundencia no requería esfuerzos de interpretación, sino la propia jurisprudencia de la Corte. En 1986 Nicaragua invocó el artículo XXXI del Pacto de Bogotá para someter a la decisión judicial de la Corte una demanda contra Honduras, por el caso de las acciones fronterizas y transfronterizas armadas en su territorio. En la sentencia, emitida el 20 de diciembre de 1988, la Corte estableció que las disposiciones del Art. XXXI del Pacto constituyen un título válido e independiente de acceso a su jurisdicción obligatoria y que no tiene vinculación con la cláusula opcional contenida en el art. 36 2 de sus estatutos. Esto quiere decir que si un Estado no ha reconocido la competencia de la Corte a través de la cláusula opcional establecida en el art. 36 2 y sí lo ha hecho a través del art. XXXI del Pacto de Bogotá – como es el caso de Chile- , ese Estado está obligado a la competencia obligatoria por mandato del art. XXXI del Pacto de Bogotá, que a esos efectos es autosuficiente. Al respecto la Corte señaló que “[…] el compromiso del artículo XXXI del Pacto es independiente de dicha declaración de aceptación de la jurisdicción compulsiva, tal como haya sido hecha bajo el artículo 36, párrafo 2 del Estatuto…”114.
114 Border and Transborder Armed Actions (Nicaragua v. Honduras), Jurisdiction and Admissibility, Judgment, I.C.J. Reports 1988, parr. 78.

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El Perú podía, de esta manera, llevar a la Corte con absoluta seguridad procesal el caso de la controversia marítima con Chile. Ello significaba que existía un poder de negociación para intentar, primero, una solución a través de la diplomacia directa. En las relaciones internacionales los Estados deben actuar de buena fe y si Chile se negaba a ello, estaba expedido el camino jurídico para recurrir a la Corte Internacional de Justicia. Iniciar negociaciones directas era no sólo un imperativo derivado del derecho internacional, sino también un requisito ineludible, una condición previa formal, para llevar el caso a la Corte. En ese contexto, el año 2003 dispuse una estrategia cuyo objetivo era solucionar la controversia limítrofe a través de un fallo de la Corte Internacional de Justicia, intentando previamente la posibilidad –evidentemente improbable- de alcanzar un acuerdo a través de las negociaciones directas. En términos tácticos, es decir, la disposición de los medios y recursos para cumplir el objetivo estratégico, era necesario y obligatorio cumplir las siguientes tareas antes de la presentación del caso a la Corte: 6.1 El retiro de las reservas peruanas al Pacto de Bogotá Para perfeccionar el marco jurídico de utilización del artículo XXXI del Pacto de Bogotá como título de acceso a la competencia obligatoria de la Corte, se juzgó necesario que el Perú retire las reservas que en 1948 se habían presentado. A ese efecto, expuse ante el Consejo de Ministros la necesidad de proceder al retiro de las reservas como providencia indispensable para la futura acción en la Corte Internacional de Justicia. El Consejo de Ministros aprobó la iniciativa y se acordó remitir la documentación respectiva al Congreso de la República, para proceder conforme a lo establecido en el artículo 56 de la Constitución. El 19 de octubre de 2004, se aprobó la resolución suprema Nº 288-2004-RE a través de la cual el poder ejecutivo remitió al Congreso la documentación referente “al proceso de retiro de las reservas hechas por el Perú al Trata117

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do Americano de Solución Pacífica de las Controversias- Pacto de Bogotá, suscrito en la ciudad de Bogotá, República de Colombia, el 30 de abril de 1948, para su aprobación según el artículo 56 de la Constitución Política del Perú”115 . El Congreso de la República a través de la Resolución Legislativa Nº 28408, de 1 de diciembre de 2004, aprobó el retiro de las reservas. En su dictamen, la Comisión de Relaciones Exteriores señaló: “[…] Con el retiro de las reservas se cumplirá íntegra y plenamente el Tratado, lo que se encuentra enmarcado dentro de la línea política del Estado peruano de privilegiar el principio de solución pacífica de controversias, guardando coherencia con la declaración del reconocimiento de la competencia obligatoria de la Corte Internacional de Justicia, que fue depositada con fecha 7 de julio de 2003 ante la Secretaría General de las Naciones Unidas de conformidad con el artículo 36º del Estatuto del mencionado órgano judicial”116. Mediante el Decreto Supremo Nº 090-RE, de 24 noviembre de 2005 , el ejecutivo ratificó el retiro de las reservas, perfeccionando el trámite jurídico. Con esta acción la adscripción del Perú a los compromisos contraídos en el Pacto de Bogotá quedaron exentos de limitación alguna.
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6.2. La confrontación de los análisis jurídicos internos con la opinión de juristas de reconocido prestigio en el ámbito de la delimitación marítima y la acción judicial en la Corte Internacional de Justicia. Simultáneamente al desarrollo del proceso diplomático, era necesario profundizar los análisis sobre los sólidos fundamentos jurídi115 Cf. Resolución Suprema Nº 288-2004-RE, de 19 de octubre de 2004, en: diario oficial El Peruano, Lima, 24 de octubre de 2004. 116 Cf. Dictamen recaído en el Proyecto de Ley Nº 10911-2003, que propone someter a consideración del Congreso el retiro de todas las Reservas al “Tratado Americano de Soluciones Pacificas - Pacto de Bogotá”, octubre de 2004. 117 Cf. Boletín de Normas Legales, diario oficial El Peruano, 24 de noviembre de 2005.

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cos de la posición peruana construidos en la cancillería, tanto en sus aspectos procesales como en los sustantivos y, por supuesto, sobre los fundamentos de la posición jurídica de Chile. A mediados de 2004 remití una carta a prestigiosos especialistas internacionales sobre el derecho internacional de la delimitación marítima, exponiéndoles el caso peruano-chileno y solicitándoles su dictamen jurídico sobre distintos aspectos de la materia. El párrafo medular de la carta de solicitud de dictámenes jurídicos señalaba: “(…) Es muy importante, antes de decidir incoar el procedimiento ante la Corte Internacional de Justicia, contar con su muy valiosa opinión jurídica sobre los siguientes temas: Etapa de admisibilidad o jurisdicción. En lo que respecta a la admisibilidad, análisis del artículo VI del Pacto de Bogotá, entre otras disposiciones pertinentes del derecho internacional. Etapa de examen de méritos. La opinión debe incluir, inter alia, a) la supuesta validez del paralelo, como límite entre el Perú y Chile, tanto para la columna de agua como para la plataforma continental; b) la ejecución del título jurídico acordado en la Declaración de Santiago de 1952, esto es: 200 millas marinas mínimas de anchura a todo lo largo de la costa de cada Estado, con la excepción de territorios insulares y por la aplicación del criterio de la línea media para solucionar equitativamente la natural superposición de áreas marinas; c) la interpretación del convenio sobre zona especial fronteriza marítima de 1954; d) la validez e interpretación del documento bilateral de 1968 y el acta de 1969 y la cuestión relacionada con la ubicación del punto `términus´ en la orilla del mar de conformidad con el tratado de 1929, e) los efectos de la práctica de Estado; f) la cuestión relacionada con el área de soberanía peruana que Chile considera alta mar …”118.
118 Cf. Carta del Ministro de Relaciones Exteriores del Perú, Manuel Rodríguez Cuadros a juristas internacionales solicitando opinión sobre la controversia marítima existente entre el Perú y Chile, agosto – noviembre del 2004.

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Fueron consultados juristas de distinta formación, procedencia nacional y sistemas jurídicos, todos ellos de las más altas calificaciones; sus informes, con apreciaciones diversas, contribuyeron al desarrollo de la posición jurídica del Perú119. Del análisis comparativo de estos estudios con los desarrollos que se habían hecho en la cancillería emergió la confirmación de la solidez de los fundamentos de la posición peruana, tanto en los asuntos procesales relativos a la jurisdicción de la Corte y la admisibilidad de la demanda, como en torno al fondo de la materia. 6.3. El agotamiento de la instancia de la negociación directa conforme al art. II del Pacto de Bogotá: las notas diplomáticas intercambiadas el año 2004 por los Ministros de Relaciones Exteriores del Perú y Chile, Manuel Rodríguez Cuadros y Soledad Alvear En el plano estrictamente diplomático y jurídico era imprescindible invitar al gobierno de Chile al inicio de negociaciones diplomáticas directas. El art. II del Pacto de Bogotá supedita el acceso a la instancia judicial de la Corte Internacional de Justicia al agotamiento de las negociaciones directas120. Desde el año 2001 en los encuentros entre vice-ministros de relaciones exteriores la parte peruana manifestó la conveniencia de solucionar la controversia a través de negociaciones diplomáticas. Las respuestas de la contraparte chilena reflejaron también, de manera coherente y sistemática, la posición de su país, en el sentido
119 Los juristas consultados fueron  : Eloy Ruiloba García (España), Antonio Ramiro Brotons (España), Pierre Marie Dupuy y Philippe Sands (Francia), Rodman Bundy (Francia), Maurice Mendelson (Gran Bretaña), Ian Sinclair (Gran Bretaña), Arthur Watts (Gran Bretaña), Malcolm Shaw (Gran Bretaña), Jean Salmon (Bélgica), Erick Franckx (Bélgica), Tullio Treves (Italia), Tullio Scovazzi (Italia) y Stephen Schwebel (Estados Unidos). 120 La parte pertinente del art. II del Pacto de Bogotá establece :  “(…)En consecuencia, en caso de que entre dos o más Estados signatarios se suscite una controversia que, en opinión de las partes, no pueda ser resuelta por negociaciones directas a través de los medios diplomáticos usuales, las partes se comprometen a hacer uso de los procedimientos establecidos en este Tratado en la forma y condiciones previstas en los artículos siguientes, o bien de los procedimientos especiales que, a su juicio, les permitan llegar a una solución”.

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que no procedía esa posibilidad por considerar el gobierno chileno que no había nada que negociar, pues a su juicio no existía la controversia. En esas circunstancias en enero del año 2004, en la cancillería peruana adoptamos la decisión de plantear, por primera vez, una iniciativa formal para iniciar negociaciones bilaterales con la finalidad de solucionar la controversia marítima. Con la autorización del Presidente de la República, Dr. Alejandro Toledo, se prepararon durante seis meses los escenarios previsibles. Decidí solicitar el inicio de negociaciones directas a través de una nota verbal, que desde el punto de vista del derecho diplomático era el instrumento más formal y adecuado. El texto de la nota lo trabajé directamente con mis asesores, especialmente los embajadores Jorge Chávez Soto y Luis Solari Tudela y el asesor jurídico Fernando Pardo Segovia. Los primeros proyectos contenían una amplia y bien fundamentada exposición de los argumentos jurídicos del Perú, especialmente en relación a la inexistencia de un límite por el paralelo 21 18´03” en instrumentos convencionales como la Declaración de Santiago y el Convenio de 1954. Finalmente opté por un texto más corto, que no desarrollaba esos fundamentos pues prudentemente pensaba que ello correspondería a la demanda y la memoria que se presentase en el futuro ante la Corte. El texto de la nota, en ese formato relativamente escueto, hace referencia a la cooperación de ambos países en las negociaciones para el reconocimiento internacional de las doscientas millas, recuerda la ampliación de los espacios oceánicos sometidos a la soberanía y jurisdicción de los Estados a partir de 1982 y enfatiza el hecho que entre el Perú y Chile no existen límites marítimos que hayan sido establecidos en tratados ni reconocidos a través de la costumbre y los actos propios. La nota sustenta sus apreciaciones en actos y hechos establecidos por los Estados y no en apreciaciones subjetivas. En ese senti121

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do, al expresar la posición del Perú respecto a las normas del derecho internacional aplicable a la delimitación marítima entre los dos países, en lugar de optar por una redacción directa, decidí hacerlo a través de una cita del embajador Alfonso Arias Schreiber, además constituía un silencioso homenaje a quien dedicó su vida a los intereses marítimos del Perú y particularmente a la consagración de la tesis de las 200 millas en el derecho internacional. En la parte sustantiva, el gobierno del Perú, por mi intermedio, procedió a solicitar al gobierno de Chile el inicio de negociaciones diplomáticas directas para establecer el límite marítimo entre ambos países. Como una expresión de la buena fe y la voluntad del gobierno peruano de emprender dichas negociaciones con la finalidad de llegar a un acuerdo cierto sobre la materia, sugerí a mi contraparte que las negociaciones se iniciasen en los próximos sesenta días a partir de la recepción de la comunicación y que la sede de las mismas podía ser indistintamente Lima o Santiago de Chile. La evaluación de los escenarios posibles, luego del envío de la nota, indicaba la existencia de una situación que había que administrar y algunos impactos en la opinión pública que había que procesar, funcionales a la estrategia diseñada y a los intereses del Perú. La decisión en ese sentido no presentaba mayores riesgos. El más factible pero sin importancia para las relaciones entre los Estados se había calculado sería una reacción adversa de algunos medios de prensa que probablemente no tendrían las claves suficientes – tampoco se les podía brindar - para comprender la naturaleza y alcance de la iniciativa. Era algo aleatorio. Los intereses nacionales no se pueden supeditar a la opinión coyuntural de algunos medios sin información adecuada La situación a administrar se refería a la reacción de Santiago, probablemente las relaciones podían “calentarse”, pero no lo suficiente para producir una crisis. Nuestra evaluación era que la sólida posición internacional del Perú en la región, las excelentes
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relaciones con Bolivia y la existencia de un diálogo franco y sereno con el gobierno de Chile, unido a los muy fuertes intereses de ambos países en el ámbito económico, permitiría insertar en la relación el tema del diferendo limítrofe sin que esta sufra un impacto significativo. Así fue. Como corresponde a la práctica diplomática, antes de informar al país sobre una decisión trascendente para los intereses nacionales, solicité al Vice Ministro de Relaciones Exteriores, Embajador Luis Solari Tudela que proceda a citar al Embajador de Chile, Juan Pablo Lira, a mi despacho para entregarle personalmente la nota. Que el propio Canciller lo convoque y lo reciba personalmente a ese efecto, era un acto deferente hacia un representante diplomático que siempre cumplió sus funciones con inteligencia, probidad y un espíritu de responsabilidad con la relación bilateral. El 19 de julio de 2004, en compañía del embajador Solari Tudela y el Ministro Alberto Salas, Jefe del Gabinete del Ministro, recibí al Embajador Lira, le expliqué el motivo de la convocatoria y le entregué la Nota N° 6 /43 dirigida a la Ministra de Relaciones Exteriores de Chile, María Soledad Alvear, en la que le proponía iniciar formalmente las negociaciones para la delimitación marítima entre los dos países. Al momento de hacer entrega de la nota indiqué -luego que el embajador Lira se enterara de su contenido al leer una copia- que se trataba de un acto inserto en las relaciones de amistad y cooperación que obligan a los Estados, especialmente a los vecinos, a solucionar sus controversias a través de los medios pacíficos conforme al derecho internacional. Agregué que el gobierno del Perú no publicaría la nota sino un escueto comunicado, informando sobre el fondo de la misma a la opinión pública. El Embajador Lira, luego de agradecer la convocatoria personal, me indicó que transmitiría de inmediato la nota a su canciller, pero que estaba en condiciones de adelantarme que el gobierno

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de Chile también haría público un comunicado, luego del peruano, y que consideraba que su cancillería tampoco publicaría el texto completo. Así fue.121 La nota, además de solicitar las negociaciones, sustanció la existencia de la controversia marítima, de naturaleza jurídica existente entre ambos países, en términos de lo establecido en el art. XXXI del Pacto de Bogotá y el art. 36 del Estatuto de la Corte Internacional de Justicia. Por su importancia en el proceso judicial, constituye el anexo N° 1 de la demanda presentada por el Perú ante la Corte; su contenido literal es el siguiente: Nota (GAB) Nº 6/43 Lima, 19 JUL. 2004 Excelentísima señora Ministra: Tengo a honra dirigirme a Vuestra Excelencia con el objeto de referirme a la controversia jurídica sobre delimitación marítima existente entre el Perú y Chile. Antes de pasar a esta materia, permítame Vuestra Excelencia, recordar la unidad de criterios y colaboración entre el Perú y Chile en el desarrollo del nuevo Derecho del Mar. En la etapa formativa del denominado con acierto nuevo Derecho del Mar, el Perú y Chile
121 La remisión de la Nota fue parte de una estrategia global para encarar y solucionar la controversia marítima con Chile, en la perspectiva de obtener una estabilidad histórica en las relaciones bilaterales al mediano o largo plazo a partir de la superación del diferendo, que constituye la única cuestión pendiente de naturaleza limítrofe entre ambos países. Esta estrategia se derivó de un análisis políticodiplomático que indicaba que esconder el problema u orillarlo era contrario a los intereses del Perú y que, además, ello sólo producía una cíclica desestabilización de la dinámica de la cooperación y el entendimiento bilateral en la agenda positiva. Las relaciones debían fundarse en el respeto mutuo y el beneficio recíproco y ello requería una sólida estabilidad que sólo se obtendrá una vez solucionada la cuestión marítima. Esta estrategia política-diplomática fue complementada por análisis y estudios jurídicos sobre la controversia marítima, los que indicaron que era indispensable –conforme al Derecho internacional– ensayar la posibilidad real de encontrar una solución a través de una negociación diplomática orientada por la buena fe. Solo en el caso de que el gobierno de Chile se opusiese a la solución negociada, se optaría por la vía jurisdiccional conforme al art. XXXI del Pacto de Bogotá. Esta visión jurídica fue elaborada con meses de antelación a la fecha en que se envió la Nota, con el concurso de la Asesoría Jurídica y el Asesor sobre Derecho del Mar del Ministerio de Relaciones Exteriores y con la valiosa contribución del estudio de abogados internacionales Foley Hag.

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desempeñaron papeles muy importantes en el desarrollo progresivo y codificación de este orden jurídico. Ambos países efectuaron acciones que tuvieron gran trascendencia en el reconocimiento internacional de la soberanía y jurisdicción del Estado ribereño en el mar adyacente hasta las 200 millas marinas, extensión muy superior a las tradicionalmente existentes. En esta fase inicial del nuevo Derecho del Mar, nuestros países concentraron sus esfuerzos en el interés principal de extender y defender la soberanía y jurisdicción en el mar adyacente hasta medidas no tradicionales pero justas y equitativas. Dichos esfuerzos estuvieron orientados a la protección de estas nuevas zonas y sus recursos. En la evolución del Derecho, muchos Estados se opusieron a esta innovadora y audaz extensión de la soberanía y jurisdicción del Estado ribereño. No obstante, nuestros países, de manera coordinada, decidida y efectiva, no sólo resistieron esta oposición –que se fundaba, en parte, en el Derecho Internacional formado en siglos pasados- sino que, además, convencieron a la comunidad internacional de la justicia y equidad de su causa. Desde la década de 1950 hasta las difíciles negociaciones en la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar esta labor solidaria, coordinada y eficiente – a la que se sumaron otros países de la región- dio resultados muy positivos en la consolidación de los nuevos principios e instituciones del Derecho del Mar. A la Excelentísima señora doctora María Soledad Alvear Ministro de Relaciones Exteriores de la República de Chile Santiago de Chile.Sin embargo, y a pesar de esta amplia y estrecha colaboración en el Desarrollo del Derecho del Mar, el Perú y Chile tienen aún pendiente la delimitación marítima de sus respectivas zonas adyacentes, debido a que no han celebrado un tratado específico sobre esta importante materia.
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Con relación a la delimitación marítima entre nuestros países, el Perú dirigió a la Secretaría General de las Naciones Unidas una nota que contiene una Declaración difundida por dicho organismo internacional por medio de la Circular No. 13 de Derecho del Mar, de marzo del 2001, publicada por su División de Asuntos Oceánicos y Derecho del Mar; en la misma se expresa, entre otros, que “hasta la fecha el Perú y Chile no han celebrado, de conformidad con las reglas pertinentes del Derecho Internacional, un tratado específico de delimitación marítima”, que “el gobierno del Perú, en nota número 5-4-M/147, de 23 de mayo de 1986, comunicó al gobierno de Chile su posición oficial sobre la necesidad de proceder a la delimitación formal y definitiva de los espacios marítimos entre los dos países, comunicación que ha sido recientemente reiterada mediante nota RE (GAB) número 6-14/113, de 20 de octubre de 2000, por tratarse de un asunto pendiente” y que “en consecuencia, el gobierno del Perú no reconoce la indicación de la línea del paralelo como límite marítimo entre el Perú y Chile”. Asimismo, se han cursado otras notas entre el Perú y Chile que revelan posiciones jurídicas totalmente discrepantes y opuestas sobre la delimitación marítima; todo ello, de conformidad con el Derecho Internacional, configura una controversia jurídica. El Perú estima que la estabilidad de las relaciones bilaterales, de amistad y cooperación con Chile, así como la promoción de intereses compartidos en todos los ámbitos de la relación bilateral encontrarán un mayor dinamismo en la medida en que se pueda obtener un acuerdo sobre esta controversia jurídica cuya solución está aún pendiente. Estas consideraciones, de la mayor importancia en la relación bilateral, me llevan a proponer formalmente a Vuestra Excelencia el inicio, a la brevedad posible, de negociaciones bilaterales para resolver esta controversia. Propongo, asimismo, que estas negociaciones comiencen dentro de los próximos sesenta días. Las mis126

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mas podrían llevarse a cabo en la ciudad de Lima, en la ciudad de Santiago de Chile o en la ciudad que se escoja de común acuerdo. La finalidad de estas negociaciones deberá ser el establecimiento del límite marítimo entre el Perú y Chile de conformidad con las normas del Derecho Internacional, mediante un tratado específico sobre esta materia. La posición peruana sobre delimitación marítima entre Estados con costas adyacentes fue presentada oficialmente por el Presidente de la Delegación del Perú en la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, en su intervención del 27 de agosto de 1980. En el párrafo séptimo de esta se afirma: “Con respecto a los criterios de delimitación del mar territorial, la zona económica exclusiva y la plataforma continental entre Estados cuyas costas son adyacentes, el Perú considera que, a falta de un convenio específico de delimitación concertado de manera expresa para fijar definitivamente los límites de tales zonas, y donde no prevalezcan circunstancias especiales ni existan derechos históricos reconocidos por las partes, debe aplicarse como regla general la línea media o de equidistancia, por tratarse del método más idóneo para llegar a una solución equitativa y que este criterio está bien reflejado en los actuales artículos del texto integrado.” Me valgo de esta oportunidad para reiterar a Vuestra Excelencia las seguridades de mi más alta y distinguida consideración. Manuel Rodríguez Cuadros Ministro de Relaciones Exteriores del Perú.

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Esta iniciativa para abrir un proceso negociador fue objeto de la correspondiente respuesta por parte del Gobierno de Chile, primero a través de un comunicado público y luego mediante una nota diplomática. En ambas, la cancillería chilena expresó que no podía iniciar negociaciones diplomáticas ya que conforme a su posición la cuestión del límite marítimo ya habría sido resuelta en 1952 y 1954. En la respuesta formal enviada por la Ministra Soledad Alvear, a través de la Nota Nº 16723, luego de expresar su coincidencia “en cuanto a recordar el común esfuerzo en el logro de una estrecha cooperación en asuntos marítimos y particularmente en el establecimiento de las zonas marítimas de las 200 millas”, así como los acuerdos fundamentales que dieron lugar al Sistema del Pacífico Sur, y “en ese mismo espíritu y con igual convicción en cuanto a la importancia de la cooperación desarrollada”, señaló que “no resultaba procedente referirse a negociaciones sobre convenios vigentes, que han establecido el límite marítimo entre Chile y Perú en el paralelo 18°21’03’”.122 Una vez recibida la respuesta del Gobierno de Chile que solo confirmaba nuestras hipótesis de trabajo, decidí la publicación de un comunicado oficial de la cancillería del Perú, el mismo 11 de setiembre, en el que se precisó la posición del Perú: “La respuesta del Gobierno de Chile ha reiterado su posición en el sentido de que el límite marítimo habría sido establecido en convenios entre los dos países. El Gobierno del Perú, expresa, una vez más, que ningún convenio suscrito entre los dos países ha establecido límite marítimo alguno”.123 Asimismo, el comunicado recordó que “en aquella oportunidad el Gobierno del Perú sugirió al Gobierno de Chile una respuesta
122 Comunicación de la Ministra de Relaciones Exteriores de Chile, Soledad Alvear, al Ministro de Relaciones Exteriores del Perú, Manuel Rodríguez Cuadros, del 10 de septiembre de 2004. 123 Comunicado Oficial RE/22-04 del Ministerio de Relaciones del Perú, Lima, 11 de noviembre de 2004.

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dentro de los 60 días posteriores al envío de su mencionada nota, como una expresión de buena fe, en la búsqueda de una solución bilateral a la controversia jurídica existente entre ambos países”. La Cancillería peruana acotó finalmente: “Con la respuesta del Gobierno de Chile, la controversia jurídica entre ambos países se vuelve a substanciar formalmente, y, consecuentemente, salvo un cambio en las circunstancias, se ha agotado la posibilidad de la búsqueda de una solución a través de negociaciones directas. Por lo tanto, el Gobierno del Perú puede recurrir a los medios de solución pacífica de controversias previstos en el derecho internacional, incluidos los de carácter jurisdiccional contemplados en las normativas de las Naciones Unidas y del Sistema Interamericano”.124 Nótese que el comunicado de la cancillería peruana no descarta definitivamente la negociación diplomática. Su cuidadosa redacción señala que “(…) consecuentemente, salvo un cambio en las circunstancias [el resaltado es del autor] se ha agotado la posibilidad de la búsqueda de una solución a través de negociaciones directas”. La frase “salvo un cambio en las circunstancias” expresa, a partir de una adhesión al principio de buena fe, una salvaguardia positiva a futuro para contemplar un hipotético cambio de actitud en el gobierno de Chile que posibilite la apertura de negociaciones. De tal manera que, no obstante constatar el cumplimiento de la condición establecida en el artículo II del Pacto de Bogotá para recurrir a una instancia jurisdiccional, el comunicado asume la actitud prudente y previsora de resguardar el espacio de la solución directa, en la medida en que opere un cambio en las circunstancias. Todo esto demuestra la buena fe con que se asumió la posibilidad del trato directo, en cumplimento de las normas del derecho internacional, así como la conducta de la cancillería ajustada estrictamente a los contornos jurídicos del problema.
124 Ibíd.

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El rechazo del gobierno de Chile sólo confirmó los escenarios previstos inicialmente, se concretaba la hipótesis prevista en el planeamiento estratégico, que era justamente el que habilitaba al Estado peruano el título para recurrir a la Corte Internacional de Justicia bajo el art. XXXI del Pacto de Bogotá. Se cumplió de esta manera la condición previa establecida en el Artículo II del Pacto que supedita la utilización de los procedimientos de solución pacífica, incluido el acceso a la Corte Internacional de justicia, al agotamiento de las negociaciones diplomáticas directas. Algún medio de prensa tituló que el Perú había recibido un desaire125, sin comprender los elementos mínimos y básicos del problema y del proceso negociador. Otros, más agudos, percibieron que se trataba de una estrategia integral que por primera vez en la historia de las relaciones bilaterales ponía el problema en un curso de solución real y definitiva126. En la cancillería no sólo estábamos tranquilos con la respuesta, sino complacidos. En realidad la negación de Chile para iniciar negociaciones, no sólo beneficiaba la posibilidad de la solución judicial de la controversia sino que la habilitaba. Al ser consultado por la prensa, declaré que “[…] no es novedad ni algo que intran125 Cf. Diario Correo, edición del 21 de Julio de 2004. 126 El diario Expreso publicó un informe especial en el que señaló: “El Perú propuso formalmente a Chile el inicio de negociaciones para concertar un tratado específico de límites marítimos inexistente hasta el día de hoy, propuesta que ha sido rechazada por el vecino país del sur. En este contexto, dentro de una hábil estrategia de Torre Tagle basada en el poco conocido Pacto de Bogotá suscrito por el Perú y Chile y los demás países latinoamericanos en 1948, el gobierno peruano habría decidido llevar el caso ante la Corte Internacional de Justicia, organismo que tomará la decisión final sobre esta controversia. Así, dentro de un nuevo ámbito y en base a una filosofía más elaborada que la que ha caracterizado a nuestra Cancillería en este tema trascendental,el Perú deja de lado el campo netamente diplomático para ingresar a la etapa jurisdiccional… el Pacto de Bogotá exige como condición previa que se haya agotado el trato directo entre las partes, lo que nuestra diplomacia habría conseguido últimamente con el llamado ´portazo` propinado por la cancillería chilena al pedido formal que hizo el canciller Manuel Rodríguez Cuadros la semana pasada. Chile respondió de inmediato con un rotundo no, lo que significaría –en el campo de la diplomacia y del referido Pacto de Bogotá– que se habría dado por concluida la etapa previa del trato directo. En consecuencia, el Perú estaría apto para ingresar a la Corte Internacional llevando consigo el reclamo de la fijación de nuestros límites marítimos con Chile. No cabe duda que de ser confirmada esta hipótesis, aquello representaría un extraordinario éxito del Canciller Manuel Rodríguez Cuadros, para su equipo de asesores y, fundamentalmente, para el Perú.” Diario Expreso, lunes 26 de julio de 2004, p.A – 4.

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quilice a la posición peruana, simplemente es la concreción de una respuesta previsible. Con la respuesta formal del gobierno de Chile se agota uno de los medios de solución de controversias establecidos por el derecho internacional, como es el trato directo entre las partes. Ahora se abren las instancias jurisdiccionales, como la Corte Internacional de Justicia”127. La vía de la solución judicial había quedado expedita. Sin embargo se tenía que continuar cumpliendo los requisitos técnico- jurídicos para poder presentar el caso en la Corte. 6.4. Aprobación de la ley de las líneas de base del Perú, el decreto supremo Nº 052-2003-RE Una de estas condiciones previas era fijar el límite exterior del mar peruano hasta las 200 millas que se encontraba pendiente, no obstante que la Constitución de 1979 estableció la obligación imperativa de hacerlo. El artículo 98 señala: “El dominio marítimo del Estado comprende el mar adyacente a sus costas, así como su lecho y subsuelo, hasta la distancia de doscientas millas marinas medidas desde las líneas que establece la ley”.128 La ley debía proyectar la extensión de las doscientas millas del mar peruano a partir de las líneas de base. Entre 1979 y el 2005 no se cumplió con esta obligación constitucional. La razón de esta lenidad se sustentó en el criterio equivocado jurídicamente que antes de fijar el límite exterior del mar peruano se tenía que proceder a la adhesión del Perú a la Convención del Mar de 1982. Recién el 9 de abril de 2003 se aprobó el Decreto Supremo Nº 052-2003-RE a través del cual se fijaron los criterios que debía tener en cuenta el Ministerio de Relaciones Exteriores para los trabajos conducentes a la determinación de las líneas de base. Este primer
127 Cf. Diarios El Comercio y La República, ediciones del 21 de Julio de 2004, Gestión edición del 22 de Julio del 2004. 128 Constitución de la República del Perú, promulgada el 12 de Julio de 1979, en: Domingo García Belaunde, ob. cit.

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paso fue seguido por la aprobación de la Resolución Suprema 2742003-RE, de 7 de noviembre de 2003, que encargó a la Dirección de Hidrografía y Navegación de la Marina de Guerra del Perú, en coordinación con la Dirección Nacional de Soberanía y Límites del Ministerio de Relaciones Exteriores, la realización de los “trabajos de campo que permitan el levantamiento de la línea de baja marea referida a las bajamares de sicigias ordinarias, plano que establece el cero hidrográfico o dátum vertical de las cartas náuticas nacionales”. Posteriormente, a través de la Resolución Suprema N° 1372004-RE, del 20 de abril de 2004, se conformó una comisión con el encargo de coordinar, supervisar e interpretar los trabajos de campo destinados a establecer las líneas de base.129 La Resolución Suprema 274-2004, tuvo como objeto la realización de los trabajos de campo destinados a establecer las líneas de base del dominio marítimo del Estado. Asimismo, creó una comisión técnica encargada de la coordinación, supervisión e interpretación de los trabajos de campo. No contuvo el encargo específico para elaborar el proyecto de ley que apruebe las líneas de base por estar aún influida del equivocado concepto según el cual debía el Perú primero adherir a la Convención del Mar y posteriormente aprobar las líneas de base. En diciembre del año 2004 informé al presidente de la República sobre el estado de los trabajos técnicos y le propuse modificar la Resolución Suprema N° 137-2004-RE, con la finalidad de dar un plazo de sesenta días para que la comisión técnica presente un informe definitivo y, especialmente, para que esa misma comisión, con una nueva composición, elabore un proyecto de ley, para la aprobación de las líneas de base sin la necesidad de que el Estado peruano se adhiera a la Convención del Mar. La Resolución Suprema N ° 053-2005-RE que adoptó estas importantes definiciones fue aprobada el 28 de enero de 2005.
129 Cf. Resolución Suprema Nº 137-2004- RE, de 20 de abril de 2004.

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Con la finalidad de que la comisión a partir de los trabajos de campo elabore el proyecto de ley estableciendo las líneas de base para su aprobación por el Congreso de la República, dispuse un cambio en su conformación, incluyendo además del personal técnico a juristas especializados. Al mismo tiempo, se otorgó a la nueva comisión el encargo específico para redactar el proyecto de ley correspondiente130 con la finalidad de aprobarlo en el Congreso de la República sin la adhesión previa del Perú a la Convención del Mar. A julio del año 2005, la Comisión terminó su trabajo, la cancillería procedió a remitir el proyecto de ley para su aprobación, con la respectiva exposición de motivos, al Congreso de la República. El Congreso de la República aprobó las líneas de base a través de la ley N° 28621, la misma que define su trazo utilizando para la mayor parte del litoral las líneas de bajamar. Como excepción y en función de las características del litoral peruano, la ley establece cinco sectores en los que se aplican líneas de base rectas: Punta Balcones a Punta Falsa; Punta La Negra a Punta Éten, Puerto Salaverry a Punta Salitre; Punta Viños Grande a Punta Chilca, Playa Hawai a Morro Quemado. En la zona del litoral colindante con la frontera terrestre con Chile, las líneas de base siguen el curso de las líneas de la bajamar. El punto terminal de la frontera terrestre entre el Perú y el Ecuador se ha identificado en concordancia con las actas de la comisión mixta peruano-ecuatoriana demarcadora de límites, de 1944 y 1945, en las coordenadas WGS 84 Lat. 03° 23´31.10 S´´ y Long. 80°18´49.29´´W. El terminus de la frontera terrestre entre el Perú y Chile en la orilla del mar, en estricta concordancia con lo establecido en el Tratado de 1929, y en el Acta de Demarcación de 1930 se ha identificado en las coordenadas WGS84 Lat.18°21´08 S´´ latitud sur y 70°22´39 ´´ W.

130 Cf. Resolución Suprema Nº 053-2005-RE de 27 de enero de 2005.

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A partir de estas líneas de base, el límite exterior del dominio marítimo del Perú se traza de manera que cada punto del citado límite se encuentre a doscientas millas marinas del punto más próximo de las líneas de base, en conformidad con lo establecido por las normas del derecho internacional.131 Las líneas de base establecidas por la ley N° 28621 han sido elaboradas teniendo en cuenta las normas de la Convención sobre el Derecho del Mar de 1982 y las reglas de derecho internacional consuetudinario, incluyendo el trazo de los cinco sectores en los cuales se utilizan las líneas de base rectas en concordancia con el artículo 7 de la convención. Las aguas comprendidas dentro de las líneas de base establecidas en el Art. 1 de la ley, conforme a las normas del derecho internacional, forman parte de las aguas interiores del Estado. El límite exterior del dominio marítimo del Perú es trazado de modo que cada punto del citado límite exterior se encuentre a doscientas millas marinas del punto más próximo de las líneas de base en aplicación de los criterios de delimitación establecidos por el derecho internacional. 6.5. La sustentación formal de la controversia jurídica: el comunicado conjunto Rodríguez-Walker del 4 de noviembre de 2004. El 4 de noviembre de 2004, durante la reunión de Jefes de Estado del Grupo de Río, realizada en Río de Janeiro, sostuve una reunión bilateral con el Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Ignacio Walker, que había reemplazado a la Canciller Soledad Alvear. En el encuentro, los dos cancilleres pasamos revista al estado de la relación bilateral, hicimos una apreciación de la situación política en los dos países, a la problemática energética, a la cuestión de la mediterraneidad de Bolivia y a su impacto en las relaciones entre Chile, Bolivia y el Perú; y, por cierto, a la cuestión de la controversia marítima.
131 Cf. Discurso del Embajador Manuel Rodríguez Cuadros al entregar el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores, Lima, 12 de agosto de 2005, Oficina de Prensa del Ministerio de Relaciones Exteriores.

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Hablamos ampliamente del tema, de su impacto en las relaciones bilaterales, su tratamiento y evolución futura. Ambos cancilleres reiteramos las posiciones oficiales de uno y otro país con bastante detalle y comprobamos lo evidente, que en la materia – como se había expresado en la Nota que dirigí seis meses antes a la Canciller Alvear - las posiciones eran opuestas. También coincidimos en que el tema debía manejarse estrictamente en el ámbito bilateral. Días antes, el 28 de octubre de 2004, Chile había firmado un comunicado conjunto con el Ecuador en el que los dos países reafirmaron los principios de la declaración de Santiago de 1952 y del Convenio de 1954, registrándose en el comunicado que según la interpretación de ambos cancilleres dichos documentos habrían establecido la delimitación marítima a través del paralelo geográfico. En el comunicado se utilizaba la expresión genérica “delimitación marítima a través del paralelo geográfico” sin hacer alusión al caso peruano – chileno directamente.132 Expresé al Canciller Walker el malestar que había causado en el gobierno del Perú ese comunicado conjunto y mi extrañeza porque el gobierno de Chile haya empezado a multilateralizar la controversia. Añadí que, si Chile deseaba multilateralizar la controversia, a pesar que para el Perú era un error, el gobierno peruano no tendría inconveniente en hacerlo y recurriría a la OEA, las Naciones Unidas y demás foros internacionales, además de iniciar una ofensiva bilateral en ese mismo sentido. El Canciller Walker negó que la intención de su gobierno hubiera sido multilateralizar el tema; señaló su coincidencia en el sentido que hacerlo era inconveniente y contraproducente, que Chile también deseaba mantenerlo en su cauce bilateral y que quizás mi percepción se debía a una información distorsionada de una agencia de prensa que él ya había aclarado. En el curso del diálogo, ambos cancilleres tuvimos puntos de vista convergentes respecto de la naturaleza jurídica de la contro132 Cf. Alfredo Chuquihuara Chil. Minuta de la entrevista entre el Ministro de Relaciones Exteriores del Perú, Embajador Manuel Rodríguez Cuadros, y el Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, señor Ignacio Walker, en: Revista Peruana de Derecho Internacional. Tomo LIX, setiembre 2008/setiembre 2009, N° 139, pp. 207-2013.

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versia y la conveniencia de manejar el asunto en ese cauce, para poder simultáneamente impulsar las relaciones bilaterales en los ámbitos político, social, económico, comercial, cultural y en materia del fomento de medidas de confianza militar. Al terminar la conversación sugerí al Canciller Walker la conveniencia de suscribir un comunicado conjunto que diese cuenta de la reunión y de los positivos puntos de coincidencia que se habían producido, a lo que expresó su inmediata concordancia. Redacté un proyecto de comunicado breve, que resumía los puntos de coincidencia que habíamos concertado: que los dos países teníamos posiciones opuestas en materia de la controversia marítima, que esta era de naturaleza jurídica y bilateral y que las relaciones las debíamos seguir impulsando mientras el asunto marítimo se manejaba y evolucionaba en un cauce jurídico. Aprobamos el texto del comunicado y lo hicimos público al día siguiente, 4 de noviembre, en una sencilla ceremonia en el Hotel Copacabana Palace, sede de la reunión de los jefes de Estado. El párrafo sustantivo del comunicado dice lo siguiente: “Los cancilleres hemos reafirmado que el tema de la delimitación marítima entre ambos países, respecto del cual tenemos posiciones distintas, es una cuestión de naturaleza jurídica y que constituye estrictamente un asunto bilateral que no debe interferir en el desarrollo positivo de la relación entre Perú y Chile”, Para el derecho internacional una controversia jurídica es la oposición de intereses y tesis sobre un hecho o una situación de naturaleza jurídica. Los cancilleres, en la declaración comentada, señalamos casi exactamente lo que la Corte Internacional de Justicia entiende por una controversia jurídica. Indicamos, en ese sentido, que la delimitación marítima “es una cuestión de naturaleza jurídica”, “respecto de la cual Perú y Chile tienen posiciones distintas”. La declaración reconoce la existencia de la controversia casi en los mismos términos de la definición dada por la Corte.
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La Corte Internacional de Justicia, definió una controversia jurídica –cuya existencia es requisito sine qua non para acceder a su competencia- ya en 1924, en su sentencia sobre el caso Concesiones Mavrommatis en Palestina, señalando que “una controversia es un desacuerdo sobre un punto de hecho o de derecho, una contradicción, una oposición de tesis jurídicas o de intereses…133”. En el caso Sudoeste africano, excepciones preliminares, la Corte declaró que para establecer una controversia: “Hace falta demostrar que la reclamación de una de las partes se enfrenta a la oposición manifiesta de la otra”134. Una controversia jurídica no depende de la afirmación de su existencia por una de las partes ni de su negación por la otra. La controversia tiene un carácter objetivo independientemente de la voluntad de las partes. La Corte Internacional de Justicia en el asunto Interpretación de los tratados de paz concluidos por Bulgaria, Hungría y Rumanía, dictamen consultivo, ha establecido que “la existencia de una controversia internacional debe ser establecida objetivamente”.135 Tanto la nota dirigida a la canciller Soledad Alvear de fecha 19 de julio de 2004 y la correspondiente respuesta de la canciller de Chile del 10 de setiembre del mismo año, así como el comunicado conjunto que suscribí con el canciller Walker, son expresiones formales de la naturaleza objetiva de la controversia.136 No obstante que con anterioridad el gobierno de Chile había negado la existencia de una controversia jurídica con el Perú sobre la delimitación marítima, posición que continúa sosteniendo for133 CPJI, Concesiones Mavrommatis en Palestina, serie A, nº 2, p. 11. 134 CIJ, Recueil, 1962, p. 328. 135 CIJ, Recueil, 1998, p.17. 136 La sólida presencia de una controversia jurídica de naturaleza objetiva reflejada en estos documentos debe haber constituido una de las razones fundamentales para que el gobierno de Chile desista de su intención inicial de negar la controversia y presentar excepciones preliminares de incompetencia e inadmisibilidad.

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malmente en el juicio en la Corte Internacional de Justicia, el Estado chileno a través del comunicado conjunto del 4 de noviembre de 2004 ha reconocido objetivamente la existencia de la controversia. Se trata del único documento diplomático compromisorio suscrito, en la historia del diferendo, por representantes oficiales de los dos países, en el caso por sus ministros de relaciones exteriores.137 Cabe recordar que conforme al derecho internacional convencional y el derecho internacional consuetudinario, los jefes de Estado y los ministros de relaciones exteriores son los únicos representantes cuyos actos comprometen directamente a los Estados. 6.6 La decisión de llevar el caso a la Corte Internacional de Justicia La decisión de buscar una solución a la controversia en la Corte Internacional de Justica fue adoptada por el presidente de la República, Alejandro Toledo, a partir de la recomendación que efectué a nombre de la cancillería y que expuse en una reunión que contó también con la participación del presidente del Consejo de Ministros, Dr. Carlos Ferrero Costa. En dicha ocasión se analizaron los fundamentos de la posición del Perú, los correspondientes a la posición de Chile y los probables escenarios que el caso pudiese tener en una decisión de la Corte Internacional de Justicia. Conforme a estos escenarios y a los fundamentos jurídicos de la posición del Perú se tuvo la convicción jurídica de que los intereses nacionales marítimos del país encontrarían un resguardo efectivo en el proceso ante la Corte. La simulación de escenarios indicaba que independientemente de un resultado que recoja la integridad de los derechos y pretensiones que el Perú invocaría ante la Corte, en cualquier hipótesis el Perú pasaría a una situación mejor en relación al statu quo.

137 Cf. Manuel Rodríguez Cuadros, Delimitación Marítima con Equidad. El Caso de Perú y Chile, Editorial Peisa, Lima, 2008, p. 415

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El 6 de octubre del año 2004 informé ampliamente al pleno del Congreso de la República, en sesión secreta, sobre la estrategia del gobierno para llevar el caso a la Corte Internacional de Justicia y sobre las evaluaciones y escenarios realizados en función de los intereses nacionales permanentes de la Nación. En esta sesión desarrollé los fundamentos jurídicos de la posición del Perú, los aspectos procesales de la demanda ante la Corte, la habilitación de la legitimidad de acción del Perú conforme al artículo XXXI del Pacto de Bogotá, así como los pasos que debía adoptar la cancillería para presentar la demanda. 138 Mientras se realizaban los estudios finales y se preparaba el proyecto de demanda, los dos gobiernos continuaron intercambiando, de manera persistente y sistemática, comunicaciones recíprocas de protesta por la detención o intrusión de embarcaciones pesqueras en las aguas jurisdiccionales de uno u otro país. En todas estas comunicaciones, el Consulado del Perú en Arica, al reportar detenciones de embarcaciones peruanas o embarcaciones chilenas, así como al responder comunicaciones de la Comandancia Naval y Capitanía del Puerto de Arica de manera sistemática y permanente, ha señalado y señala que “considera oportuno reiterar la persistente posición del Perú en el sentido que el límite marítimo internacional entre ambos países no ha sido establecido”.139 El 24 de mayo de 2005, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile envió una comunicación a la Embajada del Perú en Santiago de Chile en la que hacía referencia a estas comunicaciones, continuas y persistentes, entre el Consulado del Perú y la Capitanía del Puerto de Arica y precisaba que en cuanto “a las comunicaciones de la Capitanía del Puerto de Arica y el Consulado, poniendo
138 Cf. Congreso de la República, Actas de la primera legislatura ordinaria de 2004, primera sesión secreta (vespertina). miércoles 6 de octubre del 2004. 139 Comunicación del cónsul adscrito en Arica al Capitán de Corbeta, Capitán del Puerto de Arica, de fecha 3 de enero de 2005.

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en duda la existencia de una delimitación marítima, es oportuno recordar que ésta se encuentra vigente desde hace varias décadas, y ha sido respetada por la práctica constante entre los países. Por consiguiente, no cabe hacer referencia a persistentes posiciones en sentido contrario ante dichas detenciones”.140 Esta comunicación fue objeto de la respuesta pertinente: “La Embajada del Perú debe reiterar la posición sostenida por el estado peruano, desde hace décadas, en el sentido que al no existir límite marítimo entre el Perú y Chile es necesario establecerlo, de conformidad con el derecho internacional”.141 Frente a otra comunicación del Gobierno de Chile, de fecha 13 de setiembre de 2005, la Embajada del Perú reiteró la posición peruana: “Al respecto, esta Embajada manifiesta a ese Honorable Ministerio que el mencionado Consulado General del Perú cumple instrucciones basadas en la antigua y bien conocida posición peruana que sostiene que no hay un límite internacional marítimo entre el Perú y Chile, debido a la inexistencia de un tratado de delimitación marítima. Esta persistente posición del Perú ha sido hecha del conocimiento del Ilustrado Gobierno de Chile a través de varias décadas, en múltiples comunicaciones oficiales e inclusive estuvo contenida en la propuesta de negociar un tratado de delimitación marítima a que se refirió la nota número (GAB) 6/43, de 19 de julio de 2004, que tuvo por objeto iniciar el proceso bilateral para concluir este asunto pendiente”.142 Con ocasión de la aprobación de la ley de líneas de base, el Ministro de Relaciones Exteriores subrogante de Chile envió una comunicación, el 28 de octubre de 2005, a la Embajada del Perú en Santiago de Chile, en la que señalaba que el proyecto de ley que
140 Comunicación del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile a la Embajada del Perú, Santiago mayo de 2005. 141 Comunicación de la Embajada del Perú al Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, 3 de junio del 2005. 142 Nota 5-4 M/311 de la Embajada del Perú en Santiago al Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile.

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estaba considerando el Congreso del Perú constituía “un flagrante desconocimiento del límite chileno-peruano fijado por los tratados, como los de 1952 y 1954, así como de otros acuerdos que hacen referencia al paralelo que constituye el límite marítimo pactado entre ambos países e internacionalmente reconocido, el cual se origina en el Hito número uno. La situación planteada precedentemente, así como la eventual aprobación del mencionado proyecto, no es aceptable y carece de todo efecto jurídico para el Gobierno de Chile”. Y añadía: “debo señalar la firme decisión del Gobierno de Chile de continuar ejerciendo en plenitud los derechos soberanos y jurisdiccionales que le corresponden en los espacios terrestres y marítimos que le son propios, tal como lo ha venido haciendo desde su establecimiento al amparo, justamente, del derecho internacional y de los acuerdos que lo vinculan con el Perú y que este proyecto de ley pretende desconocer”.143 El 31 de octubre, el Ministro de Relaciones Exteriores del Perú, Óscar Maúrtua, en cuya gestión el Congreso aprobó la Ley Nº28621, respondió señalando que resultaba insólito en las relaciones entre Estados que uno de ellos formulara reservas a proyectos de ley de otro que se encuentran bajo la consideración del Poder Legislativo y que adicionalmente “advierta la inconveniencia de su aprobación”. La comunicación del ministro peruano califica estas apreciaciones del Gobierno de Chile como inaceptables y contrarias al principio de no intervención. Señala, asimismo, que el paralelo que alega Chile como punto de inicio de la frontera marítima no corresponde a la realidad jurídica y que los instrumentos que cita el Ministro de Relaciones Exteriores subrogante como fuentes de un supuesto límite marítimo (Declaración de Santiago de 1952, convenio sobre zona especial marítima de 1954), no han establecido los límites entre ambos países.144
143 Comunicación del Ministro de Relaciones Exteriores subrogante de Chile, Cristian Barros Melet, 28 de octubre del 2005. 144 Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, Nota a la Embajada de Chile del 31 de octubre de 2005.

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A partir de este intercambio de notas, con la finalidad de deslindar la ubicación del punto de término de la frontera terrestre, el Canciller del Perú invitó al Gobierno de Chile a que la Comisión mixta permanente de límites de ambos países procediera a verificar la exactitud de las coordenadas del punto final en la orilla del mar del arco de diez kilómetros de radio que constituye la línea limítrofe entre ambos países. En una nueva comunicación de fecha 3 de noviembre de 2005, el Gobierno de Chile reiteró su negativa a que la comisión mixta permanente de límites procediera a verificar las coordenadas. Esta negativa no se sustentó en una argumentación sólida, ya que no existe fundamento jurídico alguno para negarse a llevar a cabo un procedimiento técnico que tendría la virtud, al contrastar las actas demarcatorias de 1930 y la ubicación del punto Concordia en la orilla del mar, de verificar resultados de manera indubitable de la exacta posición del términus de la frontera terrestre. 6.7. Aprobación de la cartografía del límite exterior del dominio marítimo del Perú El artículo 5 de la Ley 28621 encargó al Poder Ejecutivo levantar la cartografía correspondiente al límite exterior del dominio marítimo del Perú de conformidad con lo dispuesto en el artículo 4 de dicha ley. Por Decreto Supremo Nº 047-2007-RE, del 11 de agosto de 2007, se procedió a aprobar la citada cartografía. Conforme al texto del decreto, su elaboración se ha realizado sobre la base del cálculo de arcos de círculo, cuyos radios tienen una longitud de 200 millas marinas medidas a partir de las líneas de base, de modo que cada punto del límite exterior se encuentre a 200 millas marinas del punto más próximo de la línea de base. La cartografía del dominio marítimo del Perú se ha establecido en tres sectores: norte, centro y sur. El siguiente croquis corresponde a la región sur, a la que se refiere la delimitación marítima con Chile:

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Gráfico 2. Cartografía de la región sur del dominio marítimo del Perú. Fuente: Diario oficial El Peruano, edición del 4 de noviembre del 2005

Punto Limítrofe Internacional Sur

18º 21´ 08´´ 70º 22´ 39´´ 18º 21´ 08´´ S 76º 46´ 04´´ W 20º 11´ 57´´ S 73º 43´ 50´´ W

ÁREA EN CONTROVERSIA
20º 11´ 57´´ S 73º 43´ 50´´ W

21º 02´ 52.4´´ S 72º 28´ 14.3´´ W

La cartografía, además de señalar la extensión sur del dominio marítimo peruano, marca el área de superposición entre las zonas marítimas del Perú y Chile. Esta área es denominada “área en controversia”, que alude a la necesidad de que su delimitación se realice aplicando los principios y normas del derecho internacional. La publicación de la cartografía del sector sur del dominio marítimo peruano fue objeto de una reacción oficial del Gobierno de Chile. Además de expresar “su más formal protesta por la citada publicación, indicó “que las proyecciones sobre espacios marítimos chilenos que pretende efectuar el mapa publicado por el Perú carecen de todo efecto jurídico internacional y no son aceptables para Chile”.145 El gobierno del Perú a través del canciller José Antonio García Belaunde expresó que el acto de publicación de la carto145 Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, comunicado oficial del 12 de agosto de 2007.

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grafía constituía una decisión soberana del Perú y que presentaba la proyección del mar peruano conforme al derecho internacional marcando el área de controversia.146 Hacia abril del año 2006 se habían cumplido todos los requisitos jurídicos para presentar la demanda, el Congreso había sido informado y la Comisión Consultiva de Relaciones Exteriores había adoptado el acuerdo de respaldar al gobierno en esta decisión. Sin embargo, encontrándose el país en pleno proceso electoral, algunos candidatos a la presidencia de la República expresaron su opinión en el sentido que una decisión de esa envergadura y de importancia manifiesta para los intereses nacionales, no debía adoptarse a pocos meses del cambio de gobierno. El Presidente Alejandro Toledo fue sensible a esta argumentación. Se decidió que sería el próximo gobierno quien presentara la demanda. 7. LA DEMANDA PERUANA ANTE LA CORTE INTERNACIONAL DE JUSTICIA Y EL DESARROLLO DEL PROCESO JUDICIAL

Instaurado en el poder el gobierno del Presidente Alan García se produjo un cambio en la política exterior. El esquema de la alianza estratégica con el Brasil, de integración profunda con miras a un mercado común con Bolivia y las asociaciones preferenciales con Colombia, Chile y Ecuador, se dejó de lado. Y se intentó reemplazarlas por un tipo de “relación carnal147” con Chile, como interlocutor prioritario de la diplomacia peruana. Esta reorientación de la política exterior llevó a considerar el tema de la delimitación marítima como una cuestión no prio-

146 Cf. Diario El Comercio, Lima 15 de agosto del 2007. 147 La utilización de la expresion “diplomacia carnal” en los estudios de relaciones internacionales se originó en la década de los 90. Se utilizó, por el gobierno de Carlos Menem, para calificar un proyecto de relación incondicional de la Argentina con los Estados Unidos.

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ritaria en las relaciones bilaterales.148 Sin embargo, la presión de los partidos políticos de la oposición y de sectores intelectuales, académicos, militares y diplomáticos obligaron al gobierno a una saludable rectificación. Influyó en este cambio de orientación, también, el incidente que se creó con ocasión de la aprobación en Chile de la ley de fijación de los límites entre las provincias de Arica y Parinacota. El 16 de enero de 2008 el Perú presentó ante la secretaría de la Corte Internacional de Justicia la demanda contra Chile; en líneas generales, aunque con un lenguaje minimalista, el texto se encuadró dentro de la posición jurídica del Perú, en el contexto de una política de Estado que contó con el respaldo de la oposición. 7.1 El marco geográfico de la controversia Al referirse la delimitación marítima al establecimiento de una línea de frontera que divida los espacios oceánicos de dos Estados que poseen costas frente a frente o adyacentes, la realidad físicogeográfica de las costas constituye la base material de la delimitación y, al mismo tiempo, la circunstancia especial o pertinente de mayor gravitación en la confirmación o modificación de la equidistancia como línea de la frontera marítima. Por esa razón, las sentencias de la Corte normalmente empiezan por una adecuada caracterización del cuadro geográfico que se presenta en cada situación específica. En el área geográfica en disputa entre el Perú y Chile la orientación general de las costas, en el punto en que la frontera terrestre llega al mar, forman un ángulo obtuso. Las costas peruanas tienen una dirección nor-oeste-sur este, opuesta a la dirección norte-sur
148 Los presidentes de las comisiones de relaciones exteriores del Senado y de la Cámara de diputados de Chile, Jorge Tarud y Roberto Muñoz Barra, respectivamente, declararon que el presidente Alan García durante su primera visita oficial a Chile comunicó al gobierno de Michelle Bachelet que el límite marítimo “no sería prioridad para él”. Diario La Nación, Santiago de Chile, jueves 15 de febrero de 2007.

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en que discurren las costas de Chile. Por esta razón las proyecciones del mar adyacente hasta las doscientas millas de uno y otro país se superponen en una longitud similar. Por lo demás, las costas de los dos Estados no presentan accidentes ni irregularidades a tener en cuenta. Tampoco existen islas ni en el área de la controversia ni en la correspondiente a la delimitación general. Desde el punto de vista geográfico la controversia tiene dos especificidades. La primera, el hecho físico de constituir un caso en el que las costas de los dos Estados se encuentran adyacentes. La gran mayoría de las controversias que han sido sometidas a la Corte Internacional de Justicia han sido de países cuyas costas se encuentran frente a frente. La controversia peruano-chilena constituye uno de los pocos casos de Estados con costas adyacentes que han sido sometidos a la jurisdicción de la Corte. Se inscribe, así, en un contexto similar a los casos entre Qatar / Bahrein y Camerún / Nigeria. Desde el punto de vista del derecho aplicable esta especificidad no tiene significación. Las normas consuetudinarias se aplican a todos los casos de delimitación independientemente de que se trate de costas frente a frente o adyacentes. La segunda especificidad se refiere al hecho de que dadas las características de las costas y a la inexistencia de circunstancias pertinentes o circunstancias especiales de naturaleza geográfica o geomorfológica, la aplicación de la línea de la equidistancia como método de delimitación produce en el caso peruano - chileno de manera natural un resultado equitativo. 7.2. La decisión solicitada a la Corte La demanda presentada por el Estado peruano pide a la Corte una decisión dispositiva de manera similar a la jurisprudencia de los casos Reino Unido / Francia (1977), Dubai/Sharjah (1981) y Eritrea/ Yemén (1999); es decir, trazar directamente la línea de la frontera
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marítima entre los dos países en aplicación de las normas del derecho internacional. Conforme al texto de la demanda, el Perú ha requerido a la Corte que determine el curso del límite marítimo entre los dos Estados conforme al derecho internacional, a través del trazo de una línea equidistante que se estima producirá un resultado equitativo La demanda solicita a la Corte, también, que reconozca y declare que el Perú posee derechos soberanos exclusivos en el área marítima situada dentro del límite de 200 millas marinas de su costa y fuera de la zona económica exclusiva y de la plataforma continental de Chile. Si se tiene en cuenta que en la demanda se señala de manera específica y precisa el punto de inicio a partir del cual se debe trazar la frontera marítima y que respecto a la determinación de ese punto Chile tiene una posición contraria a la del Perú, resulta evidente que la Corte deberá pronunciarse sobre cada uno de los tres diferendos que comprende la controversia marítima. Es previsible que en la contra memoria que presente el gobierno de Chile solicite a la Corte que se pronuncie en el sentido que entre los dos países no existe controversia alguna ya que los límites marítimos habrían quedado establecidos por los instrumentos jurídicos de 1952 y 1954, confirmados por la ulterior práctica de los Estados y que en ese sentido señale que el límite marítimo correspondiente es el paralelo 18°21´00´´ de latitud sur. En la demanda peruana no se especifica si se solicita a la Corte que establezca un límite único, como ha sido la tendencia en los últimos casos sometidos a su jurisdicción, o si se pide el trazo del límite marítimo en cada uno de los espacios que conforme al derecho internacional están sometidos a la soberanía y jurisdicción del estado. Sin embargo, al señalar las normas aplicables para resolver el caso, la demanda hace referencia diferenciada al mar territorial, la zona económica exclusiva y la plataforma continental. Una inter147

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pretación sistemática de la demanda peruana parece indicar que su racionalidad es solicitar no una línea de delimitación única, sino el trazo de la frontera marítima, de manera diferenciada, en el mar territorial, la zona económica exclusiva y la plataforma continental. No ha sido común en el trabajo de la Corte resolver casos de delimitación sobre el mar territorial. Casi la totalidad de su jurisprudencia se refiere en un gran porcentaje a la plataforma continental y en un número menor de casos aunque creciente a la zona económica exclusiva. La Corte, por primera vez, tuvo la oportunidad de pronunciarse sobre la delimitación del mar territorial en el caso Qatar c. Bahrein (Asunto de fondo, 2001). En el caso Túnez c. Libia (1982) la Corte ya se había manifestado sobre una delimitación lateral que incluía el mar territorial como un espacio de continuidad en la delimitación de la plataforma continental. Si el Perú en el curso del proceso judicial en La Haya, al momento de elaborar y presentar a la Corte sus conclusiones confirma la voluntad de solicitar el trazo de la línea de delimitación, en cada uno de los espacios en los que el Estado costero ejerce soberanía y jurisdicción (en el mar territorial, zona económica exclusiva y plataforma continental), la Corte deberá pronunciarse sobre el límite marítimo en cada uno de estos espacios, con la aplicación diferenciada de las normas del Derecho internacional consuetudinario aplicables en cada caso. En síntesis, la Corte al finalizar el proceso judicial del caso peruano-chileno se pronunciará sobre la existencia o inexistencia de una obligación jurídica, convencional o no convencional, que haya establecido el límite marítimo entre los dos países por la línea del paralelo. Si la Corte resuelve que no existe un límite marítimo establecido procederá a trazar ese límite en el mar territorial, la plataforma continental y la zona económica exclusiva, utilizando en principio una línea equidistante. En el trazo de la línea de delimitación en el mar territorial, al no existir accidentes o realidades geo148

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gráficas relevantes, normalmente no se establecerá la existencia de circunstancias especiales. En el caso de la plataforma continental y la zona económica exclusiva la Corte tendrá que decidir si existen o no circunstancias pertinentes a ser consideradas en el trazo definitivo de la línea equidistante. Dadas las características de la controversia peruano-chilena, especialmente el hecho que el gobierno de Chile sostiene que ya entre 1952 y 1954 se habría establecido un límite único hasta las 200 millas, en una época en que el Derecho internacional no reconocía la soberanía sobre la plataforma continental ni sobre la zona económica exclusiva, la previsión contenida en la demanda de solicitar la delimitación diferenciada para cada una de las áreas, responde adecuadamente a los intereses jurídicos del Perú. Fortalece este razonamiento las características de la zona especial de permisión establecida en el Convenio de 1954, ya que esta se inicia luego de las 12 millas de las aguas territoriales de los dos Estados. Es necesario precisar, sin embargo, que la demanda, como ya se ha señalado, no solicita a la Corte de manera expresa la delimitación diferenciada por cada uno de los espacios marítimos bajo la soberanía y jurisdicción de los Estados, previsiblemente esta precisión se especificará en el curso del proceso judicial. Demandar el trazo de una línea única no convendría a los intereses peruanos ya que la posición chilena se funda, justamente en su hipotética existencia. 7.3. El derecho aplicable La demanda solicita a la Corte Internacional de Justicia resolver la controversia aplicando el derecho consuetudinario, tal como se expresa en la Convención sobre Derecho del Mar de 1982. En realidad, el derecho consuetudinario de la delimitación marítima no tiene un alcance limitado a las disposiciones que sobre la materia existen en la Convención del Mar de Montego Bay. Las normas
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de la Convención del Mar son más generales, imprecisas y limitadas que las correspondientes al derecho internacional consuetudinario. En realidad, son las disposiciones de la Convención del Mar de 1982 las que están comprendidas en las reglas más amplias del derecho internacional consuetudinario La utilización de la frase citada en la demanda parecería denotar una intencionalidad de vincular el derecho internacional consuetudinario a la Convención del Mar. Y en una interpretación extrema parecería que se solicita la aplicación de la normas de la convención en tanto reflejen el derecho consuetudinario. Esta presunción, sin embargo, no tiene ninguna incidencia en las decisiones que adoptará la Corte en materia del derecho aplicable, ya que esta tarea es parte de su autonomía jurisdiccional. Teniendo en cuenta que ni el Perú ni Chile están obligados por las disposiciones de la Convención del Mar de 1958 y que Chile es parte de la Convención del Mar de 1982 y el Perú no lo es, las disposiciones de ambas convenciones no se aplican al caso. La Corte, de manera coherente con su jurisprudencia, resolverá el caso aplicando las normas consuetudinarias del derecho internacional de la delimitación marítima. Para el mar territorial se aplicaría la fórmula equidistancia - circunstancias especiales y para los espacios más amplios, la zona económica exclusiva y la plataforma continental, la regla principios equitativos - circunstancias pertinentes. Conviene diferenciar los conceptos de circunstancias especiales y circunstancias pertinentes. Las circunstancias especiales son inseparables de la equidistancia, en la medida en que sólo se toman en cuenta cuando el trazo de la línea equidistante en sí mismo no produce un resultado de equidad. En esa hipótesis, en la que la equidistancia aplicada a un caso concreto lejos de aparejar una solución equitativa produce inequidad, las circunstancias especiales juegan como un factor compensador a favor de la equidad. Es un concepto instrumental que el juez sólo lo utiliza cuando se ha
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comprobado, a posteriori, que el trazo inicial de la línea equidistante no produce un resultado de equidad. Como señala Robert Kolb: “Las circunstancias especiales constituyen una noción dependiente y correctora; son el alter ego de la equidistancia”149. Su origen es convencional (Convención sobre Derecho del Mar 1958). Por su parte, las circunstancias pertinentes designan un conjunto amplio de factores o elementos de hecho y de derecho que la Corte o los tribunales arbitrales pueden tener en cuenta con la finalidad que la delimitación marítima pueda conducir a un resultado equitativo. Mientras que las circunstancias especiales, de naturaleza geográfica siempre actúan a posteriori como una expresión de la equidad correctora; las circunstancias pertinentes – cuya naturaleza puede ser muy amplia- actúan a priori en relación a la línea de delimitación a establecerse. Forman parte de los elementos de hecho y de derecho que el juez evalúa en la búsqueda de una delimitación marítima que produzca equidad. Si las circunstancias especiales se alinean en la visión de la equidad correctora o compensadora, las circunstancias pertinentes se inscriben en una concepción autónoma de la equidad. Más allá de esta distinción entre circunstancias especiales y circunstancias pertinentes al haber establecido la Corte que la equidistancia no constituye una obligación jurídica derivada ni de la norma convencional ni de la norma consuetudinaria, ya que siempre debe estar subordinada al fin teleológico de obtener el resultado de equidad, se constata a través de la jurisprudencia de la Corte un proceso de acercamiento de uno y otro concepto, especialmente en relación a la delimitación del mar territorial que no necesariamente se hace a través de la equidistancia y a la utilización de la equidistancia como una primera opción para trazar los límites en la plataforma continental y en la zona económica exclusiva.

149 Robert Kolb, Jurisprudence sur les Délimitations Maritimes selon l´équité, Martinus Nijhoff Publishers, La Haya, 2003, p. 459.

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En el caso específico de la controversia peruano-chilena por las características simples del medio geográfico, la inexistencia de islas y la funcionalidad que presenta la línea de la equidistancia para producir un resultado de equidad, la dicotomía equidistanciacircunstancias especiales y principios equitativos-circunstancias pertinentes, en principio no tiene mayor complejidad en su aplicación para el establecimiento de los límites en el mar territorial, la zona económica exclusiva y la plataforma continental. En ese sentido, la aplicación de la regla equidistancia-circunstancias especiales para delimitar el mar territorial entre Chile y el Perú no parece presentar mayores complejidades para el trazo y la confirmación de una línea equidistante, pues como se ha señalado, en el ángulo obtuso que forman las costas de los dos países no existen accidentes geográficos que puedan implicar un resultado inequitativo por la aplicación de la línea de la equidistancia. En el caso de la plataforma continental y la zona económica exclusiva, tampoco existen circunstancias pertinentes de carácter geográfico o geomorfológico que puedan complicar el trazo de una línea equidistante. Sí es posible que en el curso del proceso surja a la atención de los jueces circunstancias pertinentes de naturaleza no geográfica, como podría ser la consideración de la pequeña zona de permisión establecida por el Convenio de 1954. En líneas generales, el derecho aplicable por la Corte a la solución del caso peruano-chileno, conforme a la jurisprudencia de la Corte, será para el mar territorial la regla consuetudinaria equidistancia-circunstancias especiales y para la zona económica exclusiva y la plataforma continental la norma también consuetudinaria principios equitativos- circunstancias pertinentes. 7.4. El desarrollo del proceso judicial El gobierno del Perú inició el proceso judicial al interponer, el 16 de enero de 2008, una demanda contra Chile en la Corte In152

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ternacional de Justicia. Como ya se ha indicado en la demanda el Perú sostiene que “las zonas marítimas entre Chile y el Perú nunca han sido delimitadas, ni por vía convencional ni de ninguna otra manera” 150, en función de ello la demanda peruana solicita a la Corte que decida el trazo de la frontera entre las zonas marítimas de los dos Estados conforme al derecho internacional y que, adicionalmente, la Corte establezca que el Perú posee derechos de soberanía exclusiva en la zona marítima situada dentro del límite de 200 millas marinas de su costa y que se encuentra fuera de la zona económica exclusiva y de la plataforma continental de Chile. La demanda peruana fundamenta la competencia de la Corte en el artículo XXXI del Tratado americano de soluciones pacíficas (Pacto de Bogotá, del 30 de abril de 1948), el mismo que ha sido suscrito por los dos países y respecto del cual ninguno de los dos Estados ha formulado reservas vigentes. El procesamiento de la demanda del Perú y el desarrollo del proceso judicial se rigen por las normas procesales contenidas en el estatuto de la Corte y por sus reglas específicas de procedimiento. En aplicación de estas reglas la presidenta de la Corte Internacional de Justicia, juez Rosalyn Higgins, convocó, el 14 de marzo de 2008, a una reunión con los agentes de las dos partes151. En esa oportunidad se intercambiaron opiniones entre los agentes del Perú y Chile y la presidencia sobre los plazos para la presentación de los recursos. Con base a ese intercambio de opiniones y pareceres, la Corte, a través de la ordenanza N° 137 del 31 de marzo de 2008, fijó los plazos para la presentación de los recursos correspondientes al procedimiento escrito. Para la presentación de la memoria del Perú se fijó como fecha límite el 20 de marzo de 2009, para
150 CIJ, comunicado de prensa N° 2008/1, 16 de enero de 2008. 151 El gobierno del Perú ha designado como agente al embajador Alan Wagner y como co-agente al embajador Jorge Chávez Soto; la República de Chile ha designado como agente al embajador M. A. Van Klaveren Stork y como co-agentes a los embajadores María Teresa Infante y M. Juan Martabit.

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la presentación de la contra memoria de Chile se estableció como plazo máximo el 9 de marzo de 2010. El gobierno del Perú ha cumplido con presentar la memoria correspondiente dentro del plazo fijado por la Corte (19 de marzo de 2009); una vez que Chile haya presentado su contra memoria dentro del plazo indicado, la Corte realizará una consulta con los agentes de uno y otro país para establecer si está en su interés presentar una réplica y una dúplica. La lógica procesal indica que se presentarán ambos documentos, luego de lo cual culminará la fase del procedimiento escrito. Las piezas de este procedimiento, especialmente la memoria y la contra memoria, deben contener los fundamentos de hecho y de derecho en que las partes fundan sus pretensiones. Se trata de una argumentación muy detallada en cuya parte final las partes deben precisar sus conclusiones. Estas no son una síntesis ni el corolario de los argumentos de hecho y de derecho sino un enunciado concreto, preciso y directo de lo que una parte demanda a la Corte que decida. El procedimiento escrito no es secreto, el secretismo es ajeno a la administración de justicia entre los Estados y en los tribunales internacionales. Sin embargo, a fin de asegurar la serenidad del debate judicial, el procedimiento escrito tiene un carácter confidencial. De todas formas, las piezas del procedimiento pueden, después de una consulta entre las partes, ser comunicadas o entregadas a los Estados que forman parte de la Corte que las hayan solicitado, conforme al artículo 53, párrafo 1 del reglamento. Al respecto sostiene Couvreur: “De la misma manera, las piezas del procedimiento pueden ser puestas a disposición de la prensa y del público, luego de las consultas entre las partes, al momento de la apertura del procedimiento oral (lo que es muy frecuente pues las piezas son generalmente citadas en la fase oral) o posteriormente… a este efecto son puestas a disposición en la sala de prensa de la biblioteca del Palacio de la Paz, en el centro de prensa de La Haya, así como en las bibliotecas o centros de información de las Naciones
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Unidas; ellas adicionalmente son publicadas, sin anexos, en el sitio internet de la Corte”152. Con posterioridad al estudio y análisis que los jueces realicen de las piezas del procedimiento escrito (memoria, contra memoria, réplica y dúplica), la Corte abrirá el procedimiento oral, lo que tiene lugar usualmente unos meses después del cierre del procedimiento escrito. Las audiencias del procedimiento oral son públicas. En ellas los agentes, los consejeros y los asesores de ambos países exponen sus respectivos alegatos, siguiendo la precedencia y el orden de las piezas escritas. En esta fase las partes deben exhibir las pruebas ante la Corte. Se trata de una fase decisiva en el proceso. La Corte puede demandar a las partes pruebas adicionales o inclusive decidir la presencia de peritos. En algunos casos está facultada para realizar trabajos de verificación en el terreno. Una vez terminado el procedimiento oral que puede durar entre seis u ocho meses, la Corte inicia sus deliberaciones. Esta fase deliberativa para construir, redactar y aceptar la sentencia es quizás la más importante y sensible del proceso y está regulada por una resolución adoptada por la Corte el 12 de abril de 1976. El procedimiento de deliberación, elaboración, redacción y aprobación de la sentencia abarca cinco etapas básicas: 1) Una vez terminadas las audiencias en la Corte, casi de inmediato, se realiza una primera deliberación entre los jueces con la finalidad de intercambiar puntos de vista generales sobre la controversia. En esta etapa el presidente de la Corte comunica por escrito a los demás jueces una relación de asuntos o temas articulados que a su juicio son esenciales en el tratamiento de la disputa. Y se abre una discusión. 2) Se establece un plazo de algunas semanas para que cada uno de los jueces pueda preparar una nota escrita con su
152 Philippe Couvreur, “Le Règlement juridictionnel”, en : Le processus de délimitation maritime. Etude d´un cas fictif, Pedone, Monaco, 2003, p. 360.

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opinión sobre los asuntos esenciales del caso y sobre las soluciones que a juicio de cada juez deberían propiciarse. Las notas secretas se intercambian entre todos los jueces que conforman la Corte. 3) Una vez que los jueces han estudiado las notas de sus colegas la Corte se vuelve a reunir en pleno para una nueva deliberación, mucho más extensa que la primera, que puede durar varios días. En estas sesiones cada juez expone su punto de vista y responde a las interrogantes y preguntas que los demás jueces puedan demandarle; el presidente de Corte, al final de las deliberaciones, realiza una síntesis de todas las intervenciones. Usualmente en esta instancia ya se prefigura una tendencia bastante clara respecto de la orientación de la decisión que adoptará la corte. 4) Terminado este proceso de deliberaciones y establecidos los consensos básicos sobre la resolución de la controversia, se nombra un comité de redacción de tres o cuatro miembros, dos o tres elegidos por voto secreto entre aquellos jueces, que participan de la opinión mayoritaria, el tercer o cuarto miembro del comité es siempre el presidente de la Corte. El comité redacta un primer pre proyecto de sentencia en inglés y en francés, cuyo texto se distribuye a todos los jueces quienes en un plazo relativamente breve hacen llegar sus sugerencias de modificaciones tanto en el fondo como en la forma. El comité incorpora las modificaciones que estime conveniente y redacta un proyecto de sentencia. 5) Luego que el comité de redacción ha debatido y perfeccionado el texto, con las sugerencias de los demás jueces, prepara un proyecto consolidado y enmendado que se distribuye a todos los miembros de la Corte. Este proyecto en una sesión del pleno se lee página por página, párrafo por párrafo. En esta instancia todavía se hacen modificaciones y se realizan dos lecturas del proyecto de sentencia. Una
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vez que se ha culminado la revisión de la segunda lectura se procede a votar el texto. Las decisiones de la Corte son adoptadas por mayoría absoluta de los jueces presentes, en caso de igualdad el voto del presidente es dirimente. Los jueces que no concuerden con la sentencia en su conjunto o con determinadas partes de la misma, tienen el derecho de añadir al texto final sus opiniones disidentes “para una exposición amplia de las reglas y prácticas del procedimiento jurisdiccional tanto en su fase escrita como en la oral”153. En el desarrollo y presentación de los argumentos y pruebas que sustenten la posición peruana, se debería, como objetivo principal, demostrar que no existe establecido un límite marítimo entre el Perú y Chile ni en tratados internacionales, ni a través de la costumbre internacional, ni a través de obligaciones que se deriven de la aquiescencia. Si la defensa peruana logra demostrar que no existe una obligación jurídica que haya establecido el límite entre los dos países, el juicio se habrá ganado. En este orden de ideas la defensa jurídica del Perú debería, a través de la memoria, la réplica y los alegatos del procedimiento oral, establecer y probar que: 1. La Declaración de Santiago no establece método ni norma delimitadora alguna entre el Perú y Chile. 2. El Convenio de 1954 es un tratado de naturaleza administrativa – no pesquero- que regula un régimen de exención de sanciones a embarcaciones de pesca artesanal. 3. La referencia en el Convenio de 1954 a un límite pre existente por el paralelo “entre los dos países” se refiere a la norma delimitadora contenida en el Art. IV de la Declaración de Santiago que se aplica única y exclusivamente a la frontera peruano-ecuatoriana, debido a la presencia de islas. En la hipótesis negada de otra interpretación, no pue153 Cf. Ibíd., pp. 350-388.

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de deducirse de esa frase el establecimiento de un límite marítimo, conforme lo establece el derecho internacional y la jurisprudencia de la Corte. 4. El Acuerdo de 1968, establecido por intercambio de notas diplomáticas de ambos países, conforme al texto idéntico de ambas notas, no se refiere al establecimiento de límite marítimo alguno, sino a la construcción de faros de enfilación para orientar a las pequeñas embarcaciones pesqueras con el fin de facilitar la ejecución del acuerdo administrativo de 1954. Consecuentemente, el informe técnico de 1968 y el Acta de 1969, que no son tratados internacionales, sólo ejecutaron el mandato contenido en ese acuerdo. 5. No existió ni existe en el derecho internacional andino o americano normas consuetudinarias de delimitación marítima distintas a la costumbre general, y menos un derecho consuetudinario regional que haya consagrado el paralelo como límite entre los dos países.154 Tampoco se ha estable154 Según la Corte Internacional de Justicia, para que exista una norma de derecho consuetudinario tiene que haberse consagrado una práctica con las siguientes características: “a) Una aceptación general o universal. La actitud de los Estados no debe ser dudosa. La norma en cuestión debe ser generalmente conocida y aceptada de manera expresa o tácita. Lo que conduce a pensar que la costumbre internacional es obligatoria es el hecho de que expresa un consensus tacitus generalis, si no como pacto tácito al menos como expresión de una convicción general. Para que nazca una costumbre internacional no es suficiente que una norma sea adoptada por varios estados en sus leyes nacionales, en tratados o convenios o que sea aplicada en decisiones arbitrales: en el caso de que otros estados adopten una regla distinta será inoponible al Estado que siempre se opuso a su aplicación (CIJ Recueil, 1951, p. 131). La existencia de una tendencia mayoritaria, incluso su aceptación en un convenio internacional, no significa que el convenio ha consagrado o cristalizado dicha regla en norma de derecho consuetudinario (CIJ Recueil, 1969, p. 41). b) Una práctica uniforme. Para la formación de una nueva regla de Derecho internacional es preciso que la práctica de los Estados, con inclusión de los Estados especialmente interesados, haya sido en sustancia o prácticamente uniforme (CIJ Recueil, 1951, p. 25; id. pp. 116, 131; CIJ Recueil, 1969, p. 42) c) Una duración considerable. Es el tiempo el que hace madurar una práctica y la transforma en costumbre. Los textos emplean los términos de preascripta consuetudo per plurimos annos observata, diutirnis moribus introductum, etc. El Tribunal ha admitido una cierta flexibilidad en el requisito relativo a la duración, pero solamente a condición de que “la práctica de los Estados, con inclusión de la de los Estados especialmente interesados, haya sido frecuente y prácticamente uniforme en el sentido de la disposición invocada se haya manifestado de manera que establezca un reconocimiento general del hecho de que está operando una regla jurídica o una obligación jurídica. (CIJ Recueil, 1969, pp. 43 y 45) d) La opinio juris. No sólo los actos considerados deben poner de relieve una práctica constante sino que, por añadidura, deben ser testimonio, por su naturaleza o la manera en que han sido aceptados, de la convicción de que esta práctica se ha hecho obligatoria por la existencia de una regla jurídica… Los Estados… deben… pues, tener el sentimiento de conformarse a lo que equivale a una obligación jurídica”. (CIJ Recueil, 1969, p. 44) [CIJ Recueil, 1974, pp. 89-90]”.

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cido límite alguno a través de la aquiescencia que supuestamente habría otorgado el estado peruano, aceptando un hipotético límite por el paralelo a través de sus actos propios. 6. El punto de partida del límite marítimo es el denominado punto Concordia, aquel donde el mar converge con el territorio continental y no el del hito número uno, conforme está establecido de manera indubitable en el Tratado de 1929, en las actas de la comisión demarcadora de límites y en el acuerdo específico que los dos gobiernos adoptaron -a iniciativa del gobierno de Chile- para solucionar el impase que surgió sobre este asunto durante el proceso de demarcación. 7. El espacio marítimo de 28 471Km que se encuentra fuera del área de la controversia marítima, es dominio marítimo del Perú conforme a la ley interna (Ley de líneas de base) y el derecho internacional. Consecuentemente, la pretensión de Chile de considerarlo “alta mar” sujeta a su tesis del mar presencial, es ilícita y sin sustento jurídico. Sustentados estos fundamentos jurídicos, las conclusiones de la defensa peruana deberían contener las siguientes peticiones específicas para que la Corte las incorpore en su sentencia: 1. Que se establezca el límite para el mar territorial aplicando la norma “equidistancia-circunstancias especiales”, que en la materia debe ser una línea equidistante. 2. Que para la plataforma continental y la zona económica exclusiva se trace el límite marítimo aplicando la norma “principios equitativos-circunstancias pertinentes”, que en la materia debe hacerse a través de una línea equidistante. 3. Que la Corte defina que el punto de inicio del límite marítimo es el denominado “Concordia”, es decir aquel en el
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que converge el territorio con el mar, conforme a lo establecido en el Tratado de 1929 y sus instrumentos de ejecución. 4. Que la pretensión de Chile de considerar alta mar el espacio marítimo de 28 471,86 Km2, ubicado fuera de su jurisdicción marítima, es ilícita conforme al derecho internacional y que, consecuentemente, dicha área es parte del espacio oceánico en el que el Perú ejerce soberanía y jurisdicción hasta las 200 millas. 7.5. El cumplimiento obligatorio de las sentencias de la Corte Internacional de Justicia La Corte Internacional de Justicia es el único tribunal internacional que forma parte del sistema de paz y seguridad de las Naciones Unidas. Consecuentemente el cumplimiento de sus sentencias no sólo se deriva de las disposiciones del estatuto de la Corte sino que está garantizado por las normas e instituciones de las Naciones Unidas, específicamente por el Consejo de Seguridad. Teniendo en cuenta que el respeto a la integridad territorial de los Estados es una norma imperativa del Derecho internacional, ius cogens, una eventual actitud de rebeldía respecto de una sentencia que establezca límites territoriales o marítimos de los Estados, se encontraría razonablemente incursa en violación de esta norma del derecho imperativo. Constituiría también una violación del art. 94 de la Carta de las Naciones Unidas, a través del cual todo Estado miembro de la organización se compromete “… a cumplir la decisión de la Corte Internacional de Justicia en todo litigio en que sea parte”155. La Carta, adicionalmente, prevé la hipótesis de que un Estado miembro se niegue a cumplir una sentencia. En ese caso, el inciso 2 del artículo 94 establece que “si una de las partes en un litigio dejare de cumplir las obligaciones que le imponga un fallo de la Corte,
155 Carta de las Naciones Unidas. Artículo 94.

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la otra parte podrá recurrir al Consejo de Seguridad el cual podrá, si lo cree necesario, hacer recomendaciones o medidas con el objeto de que se lleve a efecto la ejecución del fallo”.156 Esta previsión ha sido consagrada, también, por el Tratado Americano de Soluciones Pacíficas, Pacto de Bogotá, que constituye el instrumento jurídico a través del cual Chile y el Perú reconocieron la competencia de la Corte para resolver la controversia bajo su competencia y jurisdicción. El articulo L establece que “(…) si una de las Altas Partes contratantes dejare de cumplir las obligaciones que le imponga un fallo de la Corte Internacional de Justicia o un laudo arbitral la otra u otras partes interesadas, antes de recurrir al Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas, promoverá una Reunión de consulta de Ministros de Relaciones Exteriores a fin de que acuerden las medidas que convenga tomar para que se ejecute la decisión judicial o arbitral”157. El Pacto de Bogotá establece de esta manera una instancia previa de carácter regional antes de recurrir al Consejo de Seguridad para obligar a la ejecución del fallo.

156 Carta de las Naciones Unidas. Artículo 94.2. 157 Cf. Pacto de Bogotá, 1948, artículo L.

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IV. PRINCIPIOS Y NORMAS DEL DERECHO INTERNACIONAL DE LA DELIMITACIÓN MARÍTIMA 1. EL TÍTULO JURÍDICO DE LOS ESTADOS SOBRE EL MAR ADYACENTE A SUS COSTAS: EL PRINCIPIO DE LA ADYACENCIA (LA TIERRA DOMINA AL MAR)

A diferencia del derecho de la delimitación territorial, en la delimitación marítima el titulo no se adquiere en función de determinadas y plurales fuentes de atribución. El titulo de soberanía de los estados sobre el mar adyacente a sus costas se obtiene ipso iure. Se deriva del sólo hecho que un estado posea mar adyacente a sus costas. Ese título no hay que probarlo ni exhibirlo. Su sustento es la soberanía estatal sobre el territorio terrestre que se prolonga sobre el mar adyacente a las costas. No es el territorio como realidad física y geográfica el que otorga el título, sino la soberanía territorial como hecho jurídico. Ello se deriva de la aplicación del principio “tierra domina al mar” o en una formulación de mayor rigor técnico jurídico “principio de adyacencia”. 158 El título jurídico de todos los estados con litoral sobre el mar adyacente a sus costas se sustenta única y exclusivamente en el principio de adyacencia, no existen otras fuentes de atribución del título de soberanía. La Corte lo reconoció en su sentencia del 18 de diciembre de 1951, en el asunto referido a las pesquerías anglo -noruegas: “ es la tierra que confiere al Estado ribereño el derecho sobre las aguas
158 Cf. Manuel Rodríguez Cuadros, Delimitación Marítima con Equidad: El Caso de Perú y Chile, Editorial Peisa, Lima, 2007, pp. 55-58.

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que bañan sus costas”159. Esta jurisprudencia fue confirmada y elaborada con mayor rigor en la sentencia del 20 de febrero de 1969, en el asunto del Mar del Norte: “ el derecho del estado ribereño sobre su plataforma continental tiene por fundamento la soberanía que él ejerce sobre su territorio”.160 El principio “la tierra domina al mar” o principio de adyacencia como título del Estado sobre el mar no tiene un fundamento geográfico, sino jurídico. Como ha señalado la Corte Internacional de Justicia, la tierra es la fuente jurídica de los poderes que un estado puede ejercer sobre las prolongaciones marítimas,161 o, dicho en otras palabras, “es la tierra la que confiere al estado ribereño el derecho sobre las aguas que bañan sus costas”.162 La Corte Internacional de Justicia ha afirmado y reiterado este principio en diversas ocasiones.163 En la sentencia del caso Nicaragua c. Honduras, la Corte reiteró que “la situación del espacio terrestre es la que ha de ser tomada como punto de partida para la determinación de los derechos marítimos de un Estado ribereño. Conforme al párrafo 2 del artículo 121 de la Convención sobre el Derecho del Mar de 1982, que refleja el Derecho internacional consuetudinario, las islas, sea cual sea su extensión poseen, a este respecto, el mismo status y, por lo tanto, engendran los mismos derechos marítimos, que cualquier otro espacio terrestre”.164

159 CIJ, Recueil, 1951, p. 133. 160 CIJ, Recueil, 1969, p. 29. 161 Cf. CIJ, sentencia del 20 de febrero de 1969, asunto sobre la Plataforma Continental del Mar del Norte, Recueil des arrêts, 1969, párr. 96. 162 CIJ, sentencia en el asunto de las pesquerías (Reino Unido c. Noruega), 18 de diciembre de 1951, p. 133. 163 Cf. CIJ, La Plataforma continental del Mar del Norte (República Federal de Alemania contra Dinamarca; República Federal de Alemania contra Países Bajos), la Plataforma continental del Mar de Egeo (Grecia contra Turquía), Delimitación marítima y cuestiones territoriales entre Qatar y Bahrein (Qatar contra Bahrein). 164 Cf. CIJ, Reports, 2007. parr. 113.

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Es la soberanía del estado sobre su territorio la que se extiende sobre el mar adyacente. No se trata del hecho físico, en el sentido de que la masa de tierra determine la soberanía sobre el mar, sino de una realidad jurídica. La soberanía que se ejerce sobre el territorio se proyecta hacia el mar adyacente. La Corte ha definido la naturaleza jurídica del principio “la tierra domina al mar”, al señalar que es en razón de la soberanía del estado sobre el territorio que los derechos de explotación y exploración sobre la plataforma continental se pueden adjudicar al propio estado ipso jure en virtud del Derecho internacional. La Corte ha sido elocuente al agregar que los derechos sobre la plataforma continental son, desde el punto de vista jurídico, a la vez una emanación de la soberanía territorial del estado ribereño y una derivación automática de ella.165 Todos los estados con costas marítimas tienen de esta manera un título perfeccionado sobre el mar adyacente a sus costas. Asunto distinto es la extensión de ese mar, es decir sus límites, hacia la alta mar y en relación a los estados vecinos que se encuentren al frente o en adyacencia a sus costas. Los límites hacia la alta mar han sido finalmente consagrados por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, de 1982, que en términos generales reconoce tres espacios básicos: el mar territorial hasta 12 millas, la zona económica exclusiva hasta 200 millas y la plataforma continental mínimo hasta 200 millas. Los límites respecto de los estados vecinos en la medida que no exista superposición de las aguas de una y otra soberanía no presentan problemas de delimitación. Solo cuando las proyecciones marítimas de países vecinos situados frente a frente o en adyacencia se superponen, es necesario proceder a una negociación o a una decisión jurisdiccional para delimitar. La determinación de los principios o criterios, normas y métodos jurídicos para proceder a dicha delimitación es el objeto del Derecho Internacional de la delimitación marítima. Estas es una primera cuestión que estimo importante retener.
165 Cf. CIJ, Recueil, 1969.

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Se define la delimitación marítima como el acto a través del cual se resuelve conforme al derecho internacional la superposición de las proyecciones marítimas de dos estados que se encuentran frente a frente o en situación de adyacencia, dividiendo la zona de superposición en función de la equidad de resultados. La determinación de los criterios, principios y métodos aplicables para dividir la zona de superposición a través de una solución jurídica que excluye el ex aqueo buono es la materia del Derecho Internacional de la Delimitación Marítima y la fuente material y jurídica del papel que en esta rama del derecho tiene la equidad, específicamente la equidad infra legem. Al tratarse de la división de espacios marinos respecto de los cuales los estados en litigio tienen el mismo título jurídico, la delimitación excluye la posibilidad de otorgar todos los espacios en cuestión a uno u otro de los estados que están en controversia. El o los espacios deben ser divididos con equidad. Por eso, la delimitación marítima puede definirse como “el proceso de partición equitativa del solapamiento entre las áreas marítimas de dos estados que se encuentran frente a frente o que tienen límites laterales”.166 Como recuerda Eloy Ruiloba García: “Desde la aparición de las primeras delimitaciones marítimas los Estados siempre han intentado dividir o repartir los recursos en liza de la forma más justa y equitativa posible. De igual modo la doctrina siempre ha tenido presente la idea de la delimitación equitativa”.167 En todo proceso de delimitación marítima se anteponen o confrontan dos títulos legítimos y de igual valor. Por esa razón la delimitación ab initio supone dividir la zona de superposición. El asunto clave está en cómo dividir esa zona, en función de qué criterios y en razón de qué resultados a esperar.

166 Manuel Rodríguez Cuadros, ob. cit. p. 58. 167 Eloy Ruiloba García, Circunstancias especiales y equidad en la delimitación de los Espacios Marítimos, Real Instituto de Estudios Europeos, Zaragoza, 2001, p 64.

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En torno a estas cuestiones gira la complejidad del derecho de la delimitación marítima, el desarrollo de sus normas convencionales y de sus reglas consuetudinarias, tributarias esencialmente –antes que de la conducta directa de los estados- de las sentencias de tribunales arbitrales y de la Corte, es decir, de la jurisprudencia, y la aceptación de esta por parte de los estados. De esta realidad surge otra característica del derecho de la delimitación marítima, su naturaleza esencialmente consuetudinaria, de base jurisprudencial. El principio de adyacencia es también la base jurídica de la evolución del concepto de plataforma continental que ha evolucionado de una acepción geomorfológica a una noción jurídica, al incorporar en su definición el criterio de la distancia para definir su extensión. Por el principio “la tierra domina al mar”, los Estados, aun aquellos cuya prolongación marina de su territorio continental es inexistente o casi inexistente como el Perú, Chile y Ecuador, poseen derechos de soberanía y jurisdicción sobre el suelo y subsuelo adyacente a sus costas hasta una distancia de 200 millas. La nueva acepción de la noción de plataforma continental, reconocida en la Convención del Mar de 1982 y en el derecho consuetudinario, incorpora en la noción de plataforma continental su realidad geomorfológica y al mismo tiempo, el criterio jurídico de la distancia: “La plataforma continental de un Estado ribereño comprende el lecho y el subsuelo de las áreas submarinas que se extienden más allá de su mar territorial y a todo lo largo de la prolongación natural de su territorio hasta el borde exterior del margen continental, o bien hasta una distancia de 200 millas marinas contadas desde las líneas de base a partir de las cuales se mide la anchura del mar territorial, en los casos en que el borde exterior del margen continental no llegue a esa distancia”.168

168 Cf. art. 76 de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, El Derecho del Mar, Naciones Unidas, Nueva York, 1984, p. 50.

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El Perú es uno de los países que prácticamente no tiene plataforma continental por la conformación geomorfológica de sus costas. Si se hubiese mantenido el viejo concepto físico de la plataforma continental, el Perú y otros países no tendrían soberanía y jurisdicción sobre el lecho y el subsuelo del mar adyacente a sus costas. La nueva noción incorporada por el derecho convencional y consuetudinario que ya no define la plataforma continental en función de su realidad geomorfológica sino con base al criterio jurídico de la distancia hasta las doscientas millas, pone en igualdad de condiciones a aquellos países que poseen amplias plataformas continentales y aquellos que no las tienen o que su extensión es muy corta. El régimen de soberanía y jurisdicción que ejercen los Estados sobre el mar adyacente a sus costas es distinto al que regula las aguas interiores del Estado, pues estas se reputan parte del territorio estatal. Las aguas interiores son aquellos espacios marinos que se encuentran en el interior de la línea de base del mar territorial. En las aguas interiores169 el régimen de soberanía y jurisdicción es igual al de la soberanía territorial. En ellas el estado ribereño ejerce sin limitaciones sus derechos soberanos y puede prohibir o impedir, consecuentemente, que barcos extranjeros ingresen en esa zona, con la sola excepción de situaciones de emergencia en caso de accidentes. Este es justamente el elemento diferencial con el mar territorial. En las aguas interiores el estado puede “rehusar el acceso (…) a los buques extranjeros excepto en caso de peligro, en tanto que en el mar territorial los buques extranjeros gozan de un derecho de paso inocente que comprende también parar o anclar si la navegación, un peligro o fuerza mayor así lo exigiere”.170

169 En las aguas interiores el estado ejerce soberanía absoluta en los mismos términos que en el territorio, por consiguiente no hay paso inocente. 170 Manuel Diez de Velasco, Instituciones del Derecho Internacional Público, t. I. Tecnos, Madrid, 2007, p. 420.

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La regulación jurídica de las aguas interiores es un asunto que compete exclusivamente a las leyes internas. Estas características esenciales diferencian el régimen jurídico de las aguas interiores del correspondiente al mar territorial que está sujeto a la aplicación del principio de paso inocente. El establecimiento de los límites de las aguas interiores es un acto de derecho interno que debe ser compatible con las reglas del derecho internacional en materia de fijación de las líneas de base.171 Se trazan a través de la fijación de estas que, normalmente –en la medida en que no existan accidentes geográficos muy notorios–, pueden corresponder a las líneas normales de bajamar y a líneas rectas, cuando la geografía y las características de las costas así lo determinen. 2. EVOLUCIÓN JURÍDICA DE LA EXTENSIÓN DE LOS ESPACIOS MARINOS BAJO LA JURISDICCIÓN Y SOBERANÍA DE LOS ESTADOS: DE LAS 3 MILLAS A LAS 200 MILLAS. EL LÍMITE EXTERIOR DEL MAR ADYACENTE A LAS COSTAS El límite exterior del mar adyacente a las costas se define como los confines del espacio marítimo del Estado en dirección a la alta mar. El límite exterior de 200 millas recién ha sido reconocido por el derecho internacional a partir del año 1982, con la subscripción y posterior entrada en vigor de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Ello ha sido producto de tres décadas de reclamaciones, reivindicaciones y negociaciones, impulsadas esencialmente por los países en desarrollo, particularmente por el Perú, Chile, Ecuador y Colombia, que con su acción diplomática concertada cambiaron profundamente las normas consuetudinarias y las nociones jurídicas que prevalecieron sobre el Derecho del mar durante 500 años. Desde el Siglo XV hasta iniciado el siglo
171 La línea de base es aquella desde la cual se mide la extensión del mar territorial y las demás áreas marítimas sometidas a la soberanía y jurisdicción del estado. La línea de base separa el mar territorial de las aguas interiores.

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XX el concepto de mar territorial, el único espacio reconocido a la época por el derecho internacional, estaba referido a la defensa y a la seguridad de las costas de los Estados. Era prácticamente un concepto de la defensa. Una noción del derecho de la guerra. Es cierto que en el siglo XIV hubo jurisconsultos como Bartolo de Saxoferrato que fijaron una extensión de cien millas para las aguas territoriales172, pero esta extensión que estaba más allá de toda posibilidad de la defensa en esa época no dejaba de tener, aun en los medios académicos, una inspiración preventiva del conflicto. En el siglo XVII, a partir de 1609, con la publicación del Mare Liberum de Grotius se inicia el debate histórico sobre la libertad de los mares. A Grotius se le oponen juristas como John Selden, autor de Mare Clausum sive de Dominio Maris (1618), que postulaban que el mar podía ser apropiado por los Estados de la misma manera que el territorio. Como producto de este enfrentamiento de ideas, tesis y doctrinas sobre el régimen del alta mar, se impuso como regla universal el principio de la libertad de los mares y por ende el de la libre navegación tanto en el pensamiento jurídico como en la conducta de los Estados. En este contexto el mar territorial se asimiló a una suerte de prolongación submarina del territorio para los ya mencionados fines de defensa militar. El pensamiento prevaleciente a partir del siglo XVIII fue el de definir su extensión hasta tres millas que conforme al alcance de la artillería de la época era la distancia a la que podía llegar la bala de un cañón. El Tratado de derecho internacional Público de Pasquale Fiore, refleja bien esta concepción que prevaleció hasta inicios del siglo XX: “El carácter jurídico que distingue al que llamamos mar territorial del de alta mar es la posibilidad física de ser poseído, y la extensión del mismo está determinada por la posibilidad de la
172 Cf. Hildebrando Accioly, Tratado de Derecho Internacional, Imprensa nacional, Río de Janeiro, 1946, p. 100.

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posesión efectiva, siendo la mejor regla respecto de ese punto la que da Bynkersoeck: terrae potestas finutur ubi finitur armorum vis. Cualquier otro criterio para fijar la extensión del mar territorial carecería de razón de ser. En efecto, cuando se considera que el interés principal y exclusivo de poseer una parte del mar es la necesidad de la defensa, cesa aquel donde cesa el peligro de ser ofendido”173. A partir de esta premisa, Fiore precisa la convención general de la época respecto a la extensión del mar territorial: “ En tal estado de cosas, deseando proponer una regla que pueda servir de guía en la práctica, nos asociamos a la opinión expuesta por Calvo cuando dice que, hasta que no se haya establecido respecto de la extensión de la frontera marítima otra cosa en contrario y no se haya tomado una decisión sancionada por la mayoría de los Estados, la demarcación de tres millas marinas constituye, bajo el punto de vista internacional, una regla fija que debe ser observada y respetada”174. Independientemente que la regla no se haya aplicado uniformemente, la regla de las tres millas era la concepción dominante del derecho internacional durante los siglos XVII, XVIII, XIX y las primeras décadas del siglo XX. De esta manera el régimen jurídico del mar en relación al mar territorial se sustentaba en una concepción de defensa militar y el del alta mar respondía al principio general de la libertad de los mares. Ambas instituciones estaban concebidas en función de los intereses estratégicos y comerciales de las grandes potencias. La aplicación práctica de este régimen implicaba, en la paz, la capacidad de circulación y explotación de los recursos del mar sin restricción, salvo el respeto a las tres millas de mar territorial que el
173 Pasquale Fiore, Tratado de Derecho Internacional Público, Madrid, Centro Editorial de Góngora, 1894, p. 222. 174 Ídem, p. 223.

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derecho internacional consuetudinario de la época reconocía. En la guerra, significaba una amplia libertad de desplazamientos estratégicos. Durante varios siglos el comercio libre y el despliegue de las fuerzas navales se confundieron en la expansión comercial y militar de las grandes potencias. A inicios del siglo XX se impulsó un intento de celebrar acuerdos multilaterales que regulasen la relación entre el régimen de libertad de los mares y la competencia y jurisdicción de los estados en las aguas adyacentes a sus costas. Con el auspicio de la Sociedad de Naciones, tuvo lugar, en 1930, la Conferencia de La Haya sobre Codificación del derecho internacional, que entre los puntos de su agenda trató de establecer un consenso sobre la extensión del mar territorial. Muchos estados estaban en desacuerdo con la práctica consuetudinaria de un mar territorial de tres millas y deseaban ampliarlo a doce. La conferencia obtuvo una definición del mar territorial y reconoció los espacios de las aguas interiores y una zona contigua como ámbitos sometidos a la soberanía de los estados. Sin embargo, no pudo obtener un acuerdo sobre la extensión del mar territorial y la zona contigua.175 Como recuerda Pastor Ridruejo, “(…) la conferencia no pudo alcanzar este objetivo aunque cabe considerar que, a partir de ella, la reducida extensión del mar territorial –tres millas náuticas–, impuesta por las grandes potencias marítimas, perdió el carácter de norma indiscutida”.176 En realidad, durante la conferencia solo tres países defendieron de manera consistente la regla de las tres millas: los Estados Unidos, el Japón y la Gran Bretaña. Entre 1947 y 1957 el Derecho internacional de la delimitación marítima tenía un desarrollo incipiente; estaba aún en la primera fase de su formación. No existían normas convencionales sustanti175 Sobre la extensión del mar territorial en la Conferencia de La Haya de 1930 cf. Enrique Ferrer Vieyra, La extensión del mar territorial, según la conferencia de La Haya de 1930 y de Ginebra de 1958, Universidad Nacional de Córdoba, 1960. 176 José Antonio Pastor Ridruejo, Curso de Derecho Internacional, Tecnos, Madrid, 1998.

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vas y el derecho consuetudinario sólo reconocía la soberanía de los estados sobre el mar territorial hasta una distancia de tres millas, y empezaba a hacerlo sobre el zócalo continental hasta la distancia de su prolongación morfológica. Las plurales experiencias prácticas de los estados, que eran poco aisladas para la delimitación marítima, se inspiraban en cuatro métodos de delimitación: el trazo del límite de la línea media, la línea perpendicular que siguiese la dirección general de la costa, la prolongación de la frontera terrestre y la línea perpendicular a la costa en el lugar donde la frontera terrestre llegase al mar. En algunos casos aislados se utilizó el método del paralelo, pero en circunstancias especiales de la configuración de las costas donde no se producía un resultado no equitativo. En 1930 tuvo lugar un primer intento para obtener normas convencionales de aplicación general sobre el derecho del mar, con la convocatoria de la Conferencia de La Haya para la codificación del derecho internacional. En la agenda se incorporó el tema del mar territorial y su extensión. La Conferencia, pese a lograr avances conceptuales en el debate y el desarrollo de sus trabajos sobre la naturaleza del mar territorial, no pudo concretar ningún resultado por la falta de acuerdo para definir su extensión.177 El derecho internacional consuetudinario continuaba reconociendo la extensión del mar territorial sólo hasta una distancia de tres millas, independientemente del surgimiento de posiciones favorables a su ampliación. Ni la zona contigua ni la plataforma continental estaban incorporadas a las instituciones del derecho internacional general. En 1942 Venezuela y Gran Bretaña suscribieron un convenio que bien podría ser el primero en la historia que se refiere a la plataforma continental. A través de este instrumento ambos países se reconocieron derechos jurisdiccionales sobre los fondos marinos adyacentes (plataforma continental) al Golfo de

177 Sobre los acuerdos de la Conferencia de 1930 y un análisis crítico de sus trabajos, cf. Gidel, G., Le droit international public de la mer, 3 vols., París, Librairie E. Duchemin, 1981.

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Paria, estableciendo su anchura en 35 millas y una longitud de 70 millas, comprendiendo “el lecho del mar y subsuelo fuera de las aguas territoriales.”178 Los problemas derivados de las actividades pesqueras de las flotas extranjeras de gran volumen, especialmente del salmón y del atún, así como de la caza indiscriminada de la ballena al inicio de la década de los 40, no sólo afectaban a los países del Pacífico Sur, sino también a Estados Unidos. En la bahía de Bristol (Alaska) se venían produciendo enormes capturas de salmón por embarcaciones extranjeras que no solamente perjudicaban de manera considerable a la economía estadounidense, sino que también ponían en riesgo la preservación de la especie. Como una medida de defensa de los intereses económicos pesqueros de Estados Unidos, el presidente Harry Truman aprobó dos proclamas el 28 de setiembre de 1945: una sobre los derechos de jurisdicción sobre la plataforma continental (Proclama 2667) y otra relativa a la regulación y el control de la pesca en las zonas de conservación (Proclama 2668).179 En lo concerniente a la plataforma continental, la Declaración Truman establece que “(…) el Gobierno de los Estados Unidos considera los recursos naturales del subsuelo, el fondo del mar y la Plataforma Continental por debajo del alta mar próxima a las costas de los Estados Unidos, como pertenecientes a éstos y sometidos a su jurisdicción y control”.180Esta reivindicación de derechos de soberanía y jurisdicción fue efectuada bajo el principio de reciprocidad, razón por la cual el gobierno de los Estados Unidos pasó a reconocer iguales derechos a terceros estados.
178 Cf. Alberto Ulloa, Derecho internacional Público, Ediciones Iberoamericanas, S.A. Madrid, 1959, pp. 545-546. 179 Harry Truman, proclamas del 28 de setiembre de 1945, Nº 2667, sobre los recursos naturales del subsuelo y el lecho marino de la plataforma continental; y Nº 2668, sobre la conservación y protección de los recursos pesqueros. 180 Cf. Alberto Ulloa, “El Régimen jurídico del mar”, en Revista Peruana de Derecho Internacional, Nº 51, p. 42.

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La proclamación tuvo un impacto muy grande en la evolución del derecho del mar de la época y en la aprobación de declaraciones unilaterales similares o aún más audaces, como la que hicieran dos años después los países sudamericanos del Pacífico Sur. La Proclama Truman utilizó un lenguaje muy cuidadoso para asegurar su objetivo económico y minero-energético sin colisionar de manera frontal con el derecho internacional vigente a la época, razón por la cual no estableció soberanía sobre la columna de agua. La Proclama Truman incentivó las corrientes que cuestionaban las instituciones clásicas del Derecho Internacional del Mar que ya existían en América Latina. México Argentina y Panamá aprobaron declaraciones similares casi de inmediato.181 Sin embargo, el verdadero impulso que inició el proceso de cambio del derecho internacional del mar provino de las iniciativas del Perú y Chile en 1947. Ambos países aprobaron sendos decretos que, por primera vez en la historia, reivindicaron la soberanía y jurisdicción exclusivas sobre las columnas de aguas oceánicas hasta una distancia de 200 millas, incluidos el suelo y el subsuelo, con la finalidad de preservar, proteger y explotar sus recursos marinos renovables y no renovables. Las proclamaciones del Perú y Chile sobre la soberanía y jurisdicción de sus Estados sobre el zócalo continental, el mar adyacente a sus costas, incluidos el suelo y el subsuelo, tuvieron un impacto significativo en la época. Jean-Marc Hoeffel lo ha sintetizado al señalar que el Perú, al extender su zona de soberanía y jurisdicción nacional hasta las 200 millas, actuó como un país pionero que abrió desde 1947 el camino para la contestación de las reglas del derecho del mar: “En étendant sa ‘zone de souveraineté et de jurisdic181 La declaración mexicana de octubre de 1945 reivindicó derechos de jurisdicción sobre toda la Plataforma Continental adyacente a las costas de México, el decreto argentino de octubre de 1946, un año posterior, proclamó la soberanía sobre el mar epicontinental y el zócalo continental argentino. La reivindicación panameña se incluyó en la Constitución aprobada el 1 de marzo de 1946, asimilando la plataforma continental al régimen del territorio nacional.

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tion nacionales’ à 200 milles, le Pérou faisait oeuvre de pionnier en ouvrant, dès 1947, la voie à la contestation des règles du droit de la mer. Même si par la suite la position péruvienne n’a pas toujours servi de modèle aux Etats qui ont étendu leur souveraineté maritime au-delà des 12 milles, les motivations avancées par le Pérou allaient souvent être reprises par ces Etats. Ainsi, lors des deux Conférences de Genève sur le droit de la mer en 1958 et 1960, la plupart des Etats du Tiers-monde épousèrent en grande partie les conceptions énoncées dans le décret péruvien”.182 [Al extender su zona de soberanía y de jurisdicción nacionales a 200 millas, el Perú desempeñaba el papel de pionero al abrir, desde 1947, el camino para el cuestionamiento de las reglas del derecho del mar. Aunque posteriormente la posición peruana no sirvió siempre de modelo a los estados que extendieron su soberanía marítima más allá de las 12 millas, los argumentos expuestos por el Perú fueron retomados a menudo por estos estados. De esta manera, luego de las dos Conferencias de Ginebra sobre el derecho del mar de 1958 y 1960, la mayoría de los estados del Tercer Mundo adoptaron en gran parte las concepciones enunciadas en el decreto peruano183.] Lo importante de la declaración de Chile y del decreto peruano, desde la perspectiva de la evolución del derecho aplicado a la delimitación marítima, son sus disposiciones sobre el espacio oceánico sujeto a la soberanía y jurisdicción del Estado, es decir, sobre el límite exterior del área marítima adyacente a sus costas. Contestaban el derecho internacional vigente, que de manera general sólo reconocía soberanía y jurisdicción sobre un mar territorial de tres millas. A la época, si bien es cierto que ya se había entronizado en el debate doctrinario la cuestión de la plataforma continental, así como el ejercicio de derechos de aduanas y policía en una zona de
182 Jean-Marc Hoeffel, La Zone Maritime Péruvienne de “Souveraineté et de Juridiction Nationales”, Extrait de la Revue Générale de Droit International Public,Avril-Juin 1975-Nº 2, Edition A. Pedone, París, 1975, pp.4-5. 183 Traducción del autor.

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la alta mar que empezaba a denominarse “zona contigua”, el único espacio reconocido por el derecho internacional era el mar territorial de tres millas. Con sus proclamaciones Perú y Chile inician el camino de la revisión de las normas clásicas del derecho internacional marítimo. Por ello, es importante la reflexión sobre la naturaleza jurídica del área de 200 millas reivindicada. Esta es una cuestión difícil y compleja, en la que no ha existido consenso en uno u otro país. Para el Presidente de la República del Perú que firmó el decreto, José Luis Bustamante y Rivero, se trataría de una extensión del mar territorial: “Aunque el texto no menciona literalmente el término ‘mar territorial’, utiliza en cambio ciertos términos jurídicos, entre ellos ‘soberanía’ y ‘dominio’ que corresponden típicamente a lo que es propiedad del Estado y que otorga a esta extensión marítima de creación reciente el verdadero carácter de ‘mar territorial’. La zona de 200 millas ha sido creada con las características que el derecho internacional atribuye al mar territorial; es decir como una zona en la cual se extiende la plena jurisdicción del Estado como efecto y corolario de su poder soberano”.184 Por su parte, Enrique García Sayán, el Canciller del Perú que rubrica con Bustamante y Rivero el Decreto Supremo 781, afirmaba lo contrario. En numerosos ensayos descartó que el decreto hubiese establecido un mar territorial hasta las 200 millas. Para García Sayán se trata de una zona de características especiales en la que los derechos de soberanía y jurisdicción tienen una naturaleza económica y funcional a la explotación y conservación de los recursos pesqueros y mineros. Al excluir la noción de mar territorial como naturaleza jurídica de la zona marítima reivindicada por el D.S. 781, García Sayán expresa que “(…) esta noción era inadecuada y parecía inconveniente para expresar la naturaleza y expresión de una soberanía y jurisdicción exclusivas relativas a la protección de los recursos marinos hasta
184 José Luis Bustamante y Rivero, “200 millas”, Revista Documenta, Lima, agosto 1972, Nº 20, p. 17.

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una distancia de 200 millas”.185 Este es el mismo temperamento de Alberto Ulloa Sotomayor186y de Alfonso Arias Schereiber187. Ulloa considera que el decreto peruano “(…)se funda en la naturaleza de la plataforma submarina, en que es necesario proclamar la pertenencia al patrimonio nacional de las riquezas naturales existentes en la Plataforma Continental y que el Estado proteja, conserve y reglamente el uso de los recursos pesqueros y otras riquezas naturales que se encuentran en las aguas epicontinentales; en que la Constitución del Estado establece que toda fuente natural de riqueza le pertenece y es obligación de aquél fijar el dominio marítimo de la nación. También se funda el Decreto peruano en la peculiaridad de la riqueza fertilizante del guano”.188 En Chile se dio un proceso similar. En el texto de remisión de la Declaración de Santiago al Congreso de Chile para su aprobación, el Presidente de la República señaló, fundamentando su pedido: “Se ha ampliado el límite de las aguas territoriales, reemplazando el arcaico concepto de tres millas marinas (…) por una nueva concepción jurídico-filosófica más de acuerdo con las exigencias vitales de nuestros pueblos (…)”.189 De esta manera se otorga una naturaleza territorial a la zona marítima de 200 millas reivindicada por la Declaración de Santiago. Posteriormente, de manera simultánea a las negociaciones de la III Conferencia del Mar, Chile cambió su percepción, asumió una tesis patrimonialista e incorporó el texto de la Convención de 1982 a su legislación interna.190
185 Enrique García Sayán, Derecho del mar, las 200 Millas y la posición peruana, Lima, 1985, p. 70. 186 Alberto Ulloa Sotomayor, “El Régimen Jurídico del Mar”, en: Revista Peruana de Derecho Internacional, T. XVII, Nº 51, pp. 5-81, Lima. 187 Alfonso Arias Schreiber, “La evolución del Derecho del Mar y la participación del Perú en ese proceso”, en: Revista de la Academia Diplomática del Perú, enero-marzo 2002, pp. 223-262. 188 Alberto Ulloa Sotomayor, Derecho Internacional Público, tomo I, Madrid 1957, p. 549. 189 Francisco Orrego Vicuña, Chile y el derecho del mar, Santiago, Editorial Andrés Bello, 1972, p. 38. 190 Cf. Hugo Llanos Mansilla, Los cincuenta años de la tesis chilena de las doscientas millas, Universidad de Chile, 1998.

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La comunidad internacional reaccionó negativamente a las declaraciones unilaterales del Perú y Chile. Las protestas efectuadas por algunos países, como Estados Unidos y Gran Bretaña, el mismo año de la Declaración de Santiago son representativas del derecho internacional de la época sobre los espacios en los que se reconocía la soberanía y jurisdicción de los estados. Con fecha 2 de julio de 1948 el encargado de negocios a.i. de Estados Unidos en el Perú, R. M. de Lambert, presentó a la Cancillería peruana la reserva de su país al Decreto Supremo 781, enfatizando que: “(…) el Decreto peruano declara la soberanía nacional sobre el zócalo continental y sobre los mares adyacentes a la costa del Perú, fuera del límite generalmente aceptado para las aguas territoriales”.191 La reserva de Gran Bretaña fue mucho más explícita: “La acción del Gobierno peruano (…) demandando que la soberanía puede ser extendida sobre las amplias áreas de alta mar encima del zócalo continental, parece estar bastante irreconciliable con cualquiera de los principios aceptados por el derecho internacional, que rigen la extensión de las aguas territoriales hasta ahora reconocidos por el Gobierno peruano o la gran mayoría de otros Estados marítimos. En conexión con esto, es permisible señalar que la proclamación del Presidente Truman de setiembre de 1945, mientras que sostenía ciertas demandas al control y conservación de ciertas zonas pesqueras adyacentes a los Estados Unidos (sus costas), no hacía ningún reclamo sobre la soberanía territorial de aquellas aguas”.192 Añadía la nota británica: “Mientras que se reconoce por ello, que la protección y control de las zonas de pesquería y la conservación de los recursos en los mares es de legítimo interés de cualquier país dentro de aquellas aguas sobre las cuales se extiende su jurisdicción territorial, el Gobierno de su Majestad está precisado
191 Ministerio de Relaciones Exteriores, Instrumentos nacionales e internacionales sobre derecho del mar, Lima, 1971, p. 208. 192 Ibíd., p. 216.

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de señalar firmemente al Gobierno Peruano, de no reconocer jurisdicción territorial fuera del límite de 3 millas desde la costa, ni respecto a los navíos británicos entregados a sus tareas legítimas en alta mar, a que sean sometidos sin el consentimiento del Gobierno de Su Majestad, a cualquier medida que el Gobierno peruano pueda adoptar para promulgar a continuación de la Declaración”.193 En 1951 la Corte Internacional de Justicia, al decidir la controversia Anglo-Noruega sobre Pesquerías, reconoció -si bien con limitaciones- el derecho de los Estados costeros a reclamar unilateralmente jurisdicción exclusiva para la pesca, más allá de las distancias generalmente aceptadas por las prácticas internacionales, cuando concurran ciertas realidades geográficas y factores económicos. La Corte sentenció, textualmente: “Hay una consideración que no puede ser soslayada, y cuyo alcance se entiende más allá de factores puramente geográficos: la de ciertos intereses económicos peculiares a una región, cuya realidad e importancia son claramente evidenciadas… Tales derechos, fundados en necesidades vitales de la población, y afirmados en usos muy antiguos y pacíficos, pueden ser tenidos legítimamente en cuenta al fijar una línea que, por otra parte, parece a la Corte que ha sido mantenida dentro de límites moderados y razonables”.194 El 18 de agosto de 1952 los gobiernos del Perú, Chile y Ecuador, reunidos a través de sus representantes en Santiago de Chile, en el marco de la Conferencia sobre la Explotación y Conservación de las Riquezas Marítimas del Pacífico Sur, aprobaron la Declaración sobre Zona Marítima, también conocida como Declaración de Santiago. A través de este trascendental instrumento que tuvo una influencia decisiva en el ámbito mundial para el cambio de las reglas tra193 Ibíd., pp. 216-217. 194 CIJ, Affaire des pêcheries (Royaume-Uni c. Norvège), Arrêt du 18 decembre 1951, CIJ, p. 32.

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dicionales del Derecho del mar, los tres gobiernos “proclaman como norma de su política internacional marítima, la soberanía y jurisdicción exclusivas que a cada uno de ellos corresponde sobre el mar que baña las costas de sus respectivos países, hasta una distancia mínima de doscientas millas marinas desde las referidas costas”195. De esta manera los tres países del Pacífico Sur sudamericano reivindicaban soberanía y jurisdicción sobre un espacio ampliamente superior al de las tres millas de mar territorial, con el objeto de ejercer la soberanía permanente sobre los recursos naturales y las actividades económicas en el mar adyacente hasta una distancia mínima de 200 millas. La Declaración de Santiago dejó de lado la concepción tradicional de la relación soberanía estatal - mar adyacente sustentada en criterios de defensa y seguridad militar, para pasar a concebirla a partir de fundamentos de naturaleza económica y social: “Los gobiernos tienen la obligación de asegurar a sus pueblos las necesarias condiciones de subsistencia y de procurarles los medios para su desarrollo económico. En consecuencia, es su deber cuidar de la conservación y protección de sus recursos naturales y reglamentar el aprovechamiento de ellos, a fin de obtener las mejores ventajas para sus respectivos países. Por lo tanto, es también su deber impedir que una explotación de dichos bienes, fuera del alcance de su jurisdicción, ponga en peligro la existencia, integridad y conservación de esas riquezas en perjuicio de los pueblos que, por su posición geográfica, poseen en sus mares fuentes insustituibles de subsistencia y de recursos económicos que les son vitales”196. A partir de la Declaración de Santiago de 1952, a través de la cual Perú, Chile y Ecuador reivindicaron derechos exclusivos de soberanía y jurisdicción hasta las 200 millas, incluyendo el suelo y el subsuelo, las preocupaciones y reivindicaciones unilaterales sobre
195 Cf. Declaración de Santiago, párrafo resolutivo II, en: Actas de la Conferencia sobre la Explotación y Conservación de las Riquezas Marítimas del Pacífico Sur, Santiago de Chile, 19 de agosto de 1952. 196 Ibíd., párrafos preambulares 2 y 3.

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la ampliación de los espacios oceánicos sujetos a la soberanía y jurisdicción se hicieron más frecuentes y numerosas Estas tendencias se reflejaron en la opinio juris en América Latina. Así, el II Congreso del Instituto Hispano-Luso-Americano-Filipino de derecho internacional, realizado en Sao Paulo, en 1953, aprobó la Resolución III titulada “Cuestiones de Derecho Internacional Marítimo y Fluvial”. La resolución contenía elementos sustantivos de lo que podría considerarse la opinio juris de la región, a 1953, sobre el mar territorial, la plataforma submarina, el “mar complementario”, las relaciones con el régimen de alta mar, la delimitación de las plataformas submarinas y la zona contigua. La resolución definió el mar territorial como la “zona marítima que se extiende desde la línea de la más baja marea hasta la línea imaginaria donde comienza el alta mar. El Estado ejerce soberanía sobre las aguas de su mar territorial en las condiciones que establece el derecho internacional (…), ejerce también soberanía sobre el suelo y el subsuelo de su mar territorial y en el espacio aéreo correspondiente”.197 Esta definición asumió la reivindicación de muchos países que ya no aceptaban restringir su mar territorial a sólo 3 millas y propugnaban ampliarlo a 12. El artículo 4 de la resolución expresa: “La extensión del mar territorial debe ser de doce millas marinas. Como regla general se considera línea de base para medir la extensión del mar territorial, la de la más baja marea. Su medición se ajustará, en las costas regulares, al trazado de arcos de círculos tangentes que tengan su centro en los puntos más salientes de la costa; y, en las irregularidades, por líneas rectas paralelas a las que unan dichos puntos”.198
197 Instituto Hispano-Luso-Americano-Filipino de Derecho Internacional, Segundo Congreso, Sao Paulo, 1953, Resolución III “Cuestiones de Derecho Internacional Marítimo Fluvial”, en: Ministerio de Relaciones Exteriores, Instrumentos nacionales e internacionales sobre derecho del mar, Lima 1971, p. 272. 198 Ibíd.

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La rigurosidad y el cuidado jurídico de la resolución al señalar la extensión que debía tener el mar territorial obligaron a utilizar la expresión “debe ser de doce millas marinas”, con lo cual se quiere denotar que esta no era la regla en la época. Se trató de una posición programática, reivindicativa, una pretensión de los países de la región. La misma Declaración de Santiago tenía ese carácter pues planteó una reivindicación unilateral, no estableció normas de derecho internacional que consagren las 200 millas, abrió más bien el derrotero para un desarrollo normativo en esa dirección. La Resolución III del Segundo Congreso del Instituto HispanoLuso-Americano-Filipino del derecho internacional recogió finalmente los criterios esenciales de las aspiraciones del Perú y Chile en relación con la extensión de sus derechos de soberanía y jurisdicción hasta las 200 millas para preservar, proteger y explotar sus riquezas marinas, al reconocer un “Mar Complementario” en el cual los estados que carecen de plataforma submarina poseen la autoridad y jurisdicción de reglamentar y fiscalizar la pesca y la caza en “la zona de alta mar adyacente al mar territorial, hasta el límite de las 200 millas marinas contadas desde la línea exterior de aquel”.199 El mar complementario se entendía como una compensación a la carencia de plataforma continental. La Resolución III fue aprobada por todos los participantes en el congreso, incluidos los delegados del Perú y Chile, cuyos países habían suscrito la Declaración de Santiago un año antes. En el ámbito estrictamente americano y con un nivel de representación intergubernamental más definido, tres años después, en 1956, el Consejo Interamericano de Jurisconsultos reunido en México, en el marco de la Organización de Estados Americanos, aprobó la resolución XIII que estableció los “Principios de México” sobre el Derecho del Mar.

199 Ibíd., p. 273.

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Sobre la extensión del mar territorial, se recogía la tendencia programática de ampliarla. No se postuló la distancia de las 12 millas, obviamente por la presencia estadounidense, pero sí se afirmó el derecho de cada país para fijar su extensión: “La extensión de tres millas para delimitar el mar territorial es insuficiente y no constituye una norma general de derecho internacional. Por lo tanto, se justifica la ampliación de la zona de mar tradicional llamada ‘mar territorial’. Cada Estado tiene competencia para fijar su mar territorial hasta límites razonables, atendiendo a factores geográficos, geológicos y biológicos, así como a las necesidades económicas de su población y a su seguridad y defensa”.200 En relación con la plataforma continental, la Resolución XIII recoge, en un lenguaje cuidadoso, las diversas posiciones de los Estados Unidos y los países de la región, al no prejuzgar la naturaleza de los derechos sobre la plataforma continental, pero, asimismo, afirmarlos: “Los derechos del Estado ribereño, en lo que concierne al suelo y subsuelo de la plataforma submarina o zócalo continental correspondiente, se extienden asimismo a los recursos naturales que ahí se encuentran, tales como el petróleo, los hidrocarburos, las sustancias minerales y todas las especies marinas, animales y vegetales, que viven en constante relación física y biológica con la plataforma, sin excluir las especies bentónicas”.201 De esta manera en aquella época, el derecho internacional general reconocía sólo un espacio sujeto a la soberanía y jurisdicción del estado, el del mar territorial; y sólo hasta una distancia de 3 millas. Al mismo tiempo existía una corriente de opinio juris que ya no aceptaba el límite de 3 millas y que propugnaba su ampliación a 12. Los países de la región lideraban esta tendencia para modificar el Derecho del Mar. Del mismo modo se afirmaba en la opinio juris
200 Principios de México sobre el régimen jurídico del mar, Resolución XIII; Tercera Reunión del Consejo Interamericano de Jurisconsultos, México, 1956, en: Revista Peruana de Derecho Internacional, enero-junio, 1956, Nº 49, p. 90. 201 Ibíd., pp. 90-91.

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y en los actos unilaterales de determinados estados, derechos sobre la plataforma continental y de soberanía y jurisdicción sobre un área de adyacencia hasta las 200 millas. En 1958 tuvo lugar, en Ginebra, por iniciativa de la Comisión de derecho internacional de las Naciones Unidas, la I Conferencia Internacional para Codificar el Derecho del Mar. El evento no pudo cumplir todas las expectativas que se había creado. Nuevamente no hubo acuerdo para definir la anchura del mar territorial.202 A ello se agregó la imposibilidad de obtener consensos sobre la jurisdicción del Estado sobre la pesca y las actividades económicas en el mar adyacente. Sin embargo, la conferencia logró la suscripción de cuatro importantes tratados: Sobre el Alta Mar, la Plataforma Continental, el Mar Territorial y la Zona Contigua y la Pesca y Conservación de los Recursos Vivos del Alta Mar. Entraron, todos ellos, con relativa rapidez en vigencia hacia 1966.203 Las más relevantes fueron la Convención sobre el Mar Territorial y la Zona Contigua y la Convención sobre la Plataforma Continental, suscritas el 29 de abril de 1958. Entraron en vigor el 10 de setiembre y el 10 de mayo de 1964. A través de estas dos convenciones se hicieron cambios sustantivos en el Derecho del Mar pues, por primera vez, en una convención de alcance universal se reconoció el derecho de soberanía y jurisdicción de los Estados sobre el lecho y el subsuelo de las áreas submarinas adyacentes a las costas, es decir, sobre su plataforma o zócalo continental. La convención definió la expresión plataforma continental como “el lecho, el mar y el subsuelo de las zonas submarinas adyacentes a las costas pero situada fuera de la zona del mar territorial,
202 Sobre la evolución inicial del Derecho internacional de la delimitación marítima y los resultados de la conferencia de 1930, especialmente sobre su impacto en la noción y el alcance del mar territorial, ver: G. Gidel, Le droit international public de la mer, Sirey, París, 1934. 203 Sobre los debates, negociaciones y acuerdos de la Conferencia de Ginebra de 1958 en relación con el mar territorial cf. Luis Orcasitas Llorente, “El mar territorial en la Conferencia de Ginebra de 1958”, en el Anuario Hispano-Luso-Americano de Derecho Internacional, Nº 1, 1959, pp. 70-82.

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hasta una profundidad de 200 metros o más allá de ese límite hasta donde la profundidad de las aguas subyacentes permita la explotación de los recursos naturales de dichas zonas”204. Reconoció que los Estados ribereños ejercen derechos de soberanía sobre su plataforma continental a los efectos de la exploración y explotación de sus recursos naturales y que dicha soberanía se ejerce de manera exclusiva, es decir que si el Estado ribereño no realiza actividades económicas de explotación de los mencionados recursos ningún otro Estado puede explotarlos o reivindicar derechos sobre esa plataforma continental. La Convención define como recursos naturales, “los recursos minerales y otros recursos no vivos del lecho del mar y del subsuelo… [comprendiendo] “asimismo, los organismos vivos, pertenecientes a especies sedentarias, es decir aquellos que en el periodo de explotación están inmóviles en el lecho del mar o en su subsuelo, o sólo pueden moverse en constante contacto físico con dicho suelo y subsuelo”205. Los recursos minerales más comunes que se encuentran en la plataforma continental son gas, petróleo, nódulos polimetálicos de manganeso, costras de cobalto o sulfuros, hierro y zinc. Los recursos vivos cuyo ciclo biológico está físicamente relacionado con el lecho y el subsuelo marino adyacente a las costas son, entre otros, las vieiras (Pectinidae) y los mejillones (Mytilidae). La Convención de Ginebra sobre el Mar Territorial y la Zona contigua fracasó en su intento de ampliar la extensión del mar territorial a 12 millas. El proyecto de resolución presentado en ese sentido por Arabia Saudita, Rumania, Colombia, Indonesia, México, Marruecos, República Árabe Unida y Venezuela disponía en su parte resolutiva: 1. Todo Estado tiene el derecho de fijar la anchura de su mar territorial hasta un límite de doce millas marinas me204 Convención de Ginebra sobre la Plataforma Continental de 1958, en: Edmund Jan Osmañczyk, Enciclopedia Mundial de Relaciones Internacionales y Naciones Unidas, FCE, México, 1976, p. 891. 205 Ibíd.

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didas a partir de la línea de base que sea aplicable de acuerdo con los artículos 4 y 5. 2. En los casos en que la anchura del mar territorial de un Estado es menor de doce millas marinas, medidas como se establece en el parágrafo anterior, el Estado tendrá una zona de pesca contigua a su mar territorial, que se extiende hasta un límite de doce millas marinas a partir de la línea de base desde donde se mida la anchura del mar territorial en la cual tiene los mismos derechos de pesca y explotación de los recursos vivos del mar que en su mar territorial.206 El proyecto fue rechazado pues no obtuvo el número de votos necesarios para su aprobación, votaron a favor la mayoría de los países latinoamericanos, entre ellos el Perú, Chile y Ecuador que habían formulado la Declaración de Santiago ampliando su zona marítima hasta las 200 millas. De la misma manera que no hubo mayoría para extender el mar territorial a 12 millas, tampoco la hubo para reconocer las 3 millas que postulaban los países industrializados y que hasta ese momento se reconocía como regla general. Por esa razón la Convención no estipuló distancia límite alguna del mar territorial, dejando de ser reconocida de esta manera la distancia de 3 millas como representativa del derecho internacional general. Conforme a la Convención, la soberanía de un Estado se extiende, fuera de su territorio y de sus aguas interiores a una zona de mar adyacente a sus costas, designada con el nombre de mar territorial (Art. 1). El límite exterior de la zona está constituido por una línea cada uno de cuyos puntos se encuentran, del punto más próximo de la línea de base del Estado respectivo, a una distancia igual a la anchura del mar territorial (Art.6)207
206 Cf. Andrés Aguilar, “El Derecho del Mar: Punto de vista Latinoamericano”, en: Revista de la Fundación Procuraduría, Caracas, 1999. 207 Cf. Convención de Ginebra sobre el Mar Territorial y la Zona Contigua, Arts. 1 y 6, en: Edmund Jan Osmanñczyk, ob. cit. pp.727-728.

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Por otro lado, la Convención reconoce, por primera vez, derechos de jurisdicción a los estados costeros sobre una zona contigua a su mar territorial, la misma que no puede extenderse más de 12 millas a partir del límite exterior del mar territorial. En el ámbito de esta zona los Estados pueden: a. Sancionar las infracciones a sus leyes de policía aduanera, fiscal, sanitaria y de migraciones que pudieran cometerse en su territorio o en su mar territorial. Reprimir las infracciones de esas leyes, cometidas en su territorio o en su mar territorial 208.

b.

No obstante los importantes cambios que produjo en el Derecho del Mar, la conferencia culminó sus trabajos sin resolver los dos puntos que marcaron la prioridad de su agenda, la extensión del mar territorial a 12 millas y la reivindicación de un número creciente de países, liderados por los latinoamericanos, para que se reconociese el derecho de los Estados a establecer zonas marítimas de soberanía y jurisdicción hasta las 200 millas para proteger y explotar en beneficio de sus pueblos los recursos marinos de sus mares adyacentes. Ni bien terminado el proceso de ratificación de las convenciones de Ginebra de 1958, y al impulso de un vigoroso nacionalismo marítimo que reivindicaba la soberanía permanente del estado sobre sus recursos naturales y actividades económicas, se inició un nuevo y cada vez más amplio proceso de revisión de las normas adoptadas en 1958. En 1960 se convocó la II Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar con la finalidad expresa y concreta de realizar negociaciones para fijar la extensión del mar territorial y el límite de la zona de pesca. La conferencia fracasó y no se llegó a nin208 Ibíd., art. 24, p. 729.

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guna decisión. La imposibilidad de acordar una convención general sobre las diversas instituciones del Derecho del Mar, impulsaron a muchos estados, especialmente latinoamericanos, a aprobar legislaciones internas en las que se establecía el derecho del Estado a ejercer soberanía y jurisdicción sobre el mar territorial o sobre las zonas marítimas nacionales en distancias superiores a las 12 millas. En el período comprendido entre 1960 y 1970, lo hicieron el Perú, Ley 15720 del 11 de noviembre de 1965 sobre aeronáutica civil y Decreto Legislativo 17752 del 24 de julio de 1969 ( Ley general de aguas); Ecuador, Ley del 11 de noviembre de 1966; Argentina, Ley 17094-M.24 del 4 de Enero de 1966; Panamá , Acta 31 del 2 de febrero de 1967; Uruguay , Ley del 3 de diciembre de 1969; y, Brasil, Decreto Ley del 25 de marzo de 1970209. En todos estos casos se expandió el derecho de soberanía y jurisdicción del Estado hasta una distancia de 200 millas, independientemente de la naturaleza jurídica de la zona marítima nacional, que en unos casos correspondía al mar territorial y en otros a regímenes legales más vinculados con la soberanía sobre los recursos naturales y las actividades económicas. En 1970 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 2749 (XXV), que dio un impulso decisivo a las fuerzas reformadoras, pues proclamó que los fondos marinos y oceánicos y su subsuelo, incluyendo sus recursos, fuera de los límites de la jurisdicción nacional son patrimonio común de la humanidad. El viejo principio de la libertad de los mares afirmado por Grotius en el Siglo XVII recibió un golpe decisivo. La aprobación de la Resolución 2749(XXV) impulsó los esfuerzos latinoamericanos para lograr la convocatoria de una III Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho de Mar. Con la finalidad de coordinar posiciones, se convocó entre el 4 y el 8 de mayo de 1970, en Montevideo, una reunión de los países
209 Cf. Aguilar, ob. cit.

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latinoamericanos comprometidos con la tesis de las 200 millas210. Producto de este evento fue la Declaración de Montevideo sobre el Derecho del Mar, la misma que proclamó los principios básicos que guiarían a la diplomacia latinoamericana en las negociaciones para obtener la convocatoria de la III Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar: 1. El derecho de los Estados ribereños de disponer de los recursos naturales del mar adyacente a sus costas, y del suelo y subsuelo del mismo mar, para promover el máximo desarrollo de sus economías y elevar el nivel de vida de sus pueblos. 2. El derecho a establecer los límites de su soberanía y jurisdicción marítimas, de conformidad con sus características geográficas y geológicas y con los factores que condicionan la existencia de los recursos marinos y la necesidad de su racional aprovechamiento. 3 El derecho a explorar, conservar y explotar los recursos vivos del mar adyacente a sus territorios, y a regular el régimen de la pesca y caza acuática. 4. El derecho a explorar, conservar y explotar los recursos naturales de sus respectivas plataformas continentales, hasta donde la profundidad de las aguas suprayacentes permita la explotación de dichos recursos 5. El derecho a explorar, conservar y explotar los recursos naturales del suelo y del subsuelo de los fondos marinos, hasta el límite donde el Estado ribereño ejerza jurisdicción sobre el mar. 6. El derecho a adoptar medidas de reglamentación para los fines precitados, aplicables en las zonas de su soberanía y
210 La conferencia contó con la participación de delegaciones de Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, El Salvador, Nicaragua, Panamá, Perú y Uruguay.

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jurisdicción marítimas sin perjuicio de la libertad de navegación y el sobrevuelo de las naves y aeronaves de cualquier pabellón. Entre el 4 y el 8 de agosto del mismo año, se realizó en Lima la II reunión de países latinoamericanos sobre el Derecho del Mar, la convocatoria en esta oportunidad fue mucho más amplia que en la reunión de Montevideo. La conferencia desarrolló los principios acordados en la capital uruguaya y los extendió a otras áreas. Aprobó la siguiente afirmación de derechos: 1. El derecho inherente del Estado ribereño a explorar, conservar y explotar los recursos naturales del mar adyacente a sus costas y del suelo y subsuelo del mismo mar, así como de la plataforma continental y su subsuelo, para promover el máximo desarrollo de sus economías y elevar los niveles de vida de sus pueblos; 2. El derecho del Estado ribereño a establecer los límites de su soberanía o jurisdicción marítimas de acuerdo con criterios razonables, atendiendo a sus características geográficas, geológicas y biológicas, y a las necesidades del racional aprovechamiento de sus recursos; 3. El derecho del Estado ribereño a adoptar medidas de reglamentación para los fines precitados, aplicables en las zonas de su soberanía o jurisdicción marítima, sin perjuicio de la libertad de navegación y el sobrevuelo de las naves y aeronaves de cualquier pabellón; 4. El derecho del Estado ribereño a prevenir la contaminación de las aguas y otros efectos peligrosos y nocivos que puedan resultar del uso, exploración y explotación del medio adyacente a sus costas; 5. El derecho del Estado ribereño a autorizar, vigilar y participar en todas las actividades de investigación científica que
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se efectúen en las zonas marítimas sometidas a su soberanía o jurisdicción, así como a recibir los datos obtenidos y los resultados de tales investigaciones.211 Ni en la declaración de Montevideo ni en la de Lima se mencionan la afirmación de derechos hasta las 200 millas ni la naturaleza jurídica de la zona reivindicada como área sujeta a la soberanía y jurisdicción de los Estados costeros, ello se debió a la existencia de matices y divergencias en los países latinoamericanos en estas materias. Algunos, como Brasil o Ecuador, afirmaban un mar territorial de 200 millas mientras que otros, como Chile y Argentina, entendían la zona marítima de 200 millas especialmente como un área de ejercicio económico o patrimonial de la soberanía. Más allá de estas diferencias, los derechos reclamados de manera conjunta tuvieron la virtud de poner en cuestión las reglas establecidas en las convenciones de 1958, por insuficientes. Dichas normas no establecían una extensión precisa para el mar territorial y al sostener una concepción geomorfológica de la plataforma continental, esta no tenía una extensión precisa y excluía de sus beneficios a los países que como Perú, Chile y Ecuador carecían de ella. La Convención de 1958, por lo demás, no establecía régimen jurídico alguno para la explotación de los fondos marinos. El número cada vez más importante de países que proclamaron su jurisdicción hasta las 200 millas en América Latina y el África, produjo que la práctica internacional se dividiera entre quienes sostenían las reglas de la Convención de 1958 y entre quienes, con sus proclamas unilaterales, afirmaban un nuevo derecho emergente. Como bien anota Manuel Diez de Velasco, “[…] la solución de esta confrontación no podía venir de la jurisdicción internacional a causa del grave desfase de los valores y prácticas imperantes entre los Estados en relación con el medio marino, tal como lo demostraron las sentencias del T.I.J. del 25 de julio de 1974 en el Caso de la com211 Cf. Ministerio de Relaciones Exteriores, Documentos sobre el Derecho del Mar, Lima, 1970.

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petencia en materia de pesquerías, donde el tribunal quedó peligrosamente dividido en casi dos mitades , representativas ambas de las prácticas estatales en conflicto( I.C.J., Reports 1974:23 y ss., 46 y ss.). El desfase del ordenamiento entonces vigente respecto de las nuevas realidades sociales y su impugnación por numerosos Estados reducía el problema, otra vez, a la codificación y al desarrollo progresivo del derecho internacional […] Se trataba de volver a la vía de la cooperación y el acuerdo mediante un nuevo proceso codificador…”212. En este contexto, se convocó a la III Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, que inició sus labores en New York el año 1973 y las culminó, exitosamente, en Montego Bay, Jamaica, nueve años después de intensas negociaciones en 1982. La Convención fue suscrita por 117 países, el 10 de diciembre de 1982. En 1984, último año de su apertura a la firma, lo habían hecho 159 Estados. Entró en vigor recién el 16 de noviembre de 1994, una vez obtenido el mínimo de 63 ratificaciones. En lo concerniente a los espacios marítimos sujetos a la soberanía y jurisdicción de los Estados y por ende susceptibles de ser delimitados, la Convención de Montego Bay distingue cinco espacios oceánicos: 1) Las aguas interiores, 2) El Mar Territorial, 3) La Zona Contigua, 4) La Plataforma Continental, 5) La Zona Económica Exclusiva. La consagración de estos nuevos espacios produjo de inmediato la necesidad y el interés de delimitarlos.

212 Manuel Diez de Velasco, Instituciones del Derecho Internacional Público, t.I, décima edición, Tecnos, Madrid, p. 416.

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Gráfico 3. Espacios marítimos en los que los Estados costeros ejercen soberanía y jurisdicción conforme al derecho internacional consuetudinario y convencional (Convención del mar de 1982)

Gráfico 4. Correspondencia entre el dominio marítimo del Perú y los espacios marítimos en los cuales el Derecho Internacional reconoce derechos de soberanía y jurisdicción a los Estados

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3.

ESPACIOS MARÍTIMOS EN LOS QUE LOS ESTADOS COSTEROS EJERCEN SOBERANÍA Y JURISDICCIÓN CONFORME AL DERECHO INTERNACIONAL CONSUETUDINARIO Y CONVENCIONAL

3.1 Las aguas interiores Las aguas interiores son aquellas que por su cercanía a las costas del territorio continental se encuentran en una estrecha relación con la tierra y el acceso a ella. Tienen por estas razones una importancia preeminente para la seguridad. Son parte de las aguas interiores los puertos, las bahías, los estuarios, las escotaduras, los golfos, las desembocaduras de los ríos, los mares interiores. El régimen jurídico de las aguas interiores se asimila al del territorio. Hay una ficción jurídica que las considera parte del territorio. En ellas el Estado ejerce sin restricciones y de manera plena y excluyente su soberanía territorial (competencias legislativas, administrativas y jurisdiccionales), incluido el derecho de impedir que naves extranjeras naveguen por ellas. Esta es la diferencia esencial con el mar territorial, pues este está sujeto a la excepción del paso inocente. La Convención de 1982 las define como las aguas que se encuentran en el interior de la línea de base del mar territorial (art. 8.1); y establece una limitación o excepción en el que en caso de establecerse una línea de base recta por cuyo efecto queden dentro de las aguas interiores aguas que anteriormente no se consideraban como tales, estas aguas estarán sometidas al paso inocente (art. 8.2) La delimitación de las aguas interiores corresponde al ejercicio de la soberanía del Estado a través de un acto unilateral, que consiste en el trazo de las líneas de base, operación que debe hacerse siempre en consonancia con las normas del derecho internacional.

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3.2 El mar territorial El mar territorial es la franja de mar adyacente a las aguas interiores hasta una distancia de 12 millas, en la que el Estado ribereño extiende su soberanía territorial incluido el lecho marino, el subsuelo y el espacio aéreo que lo cubre. La anchura de doce millas se mide a partir de las líneas de base conforme a las disposiciones de la Convención (Arts. 1, 2, 3). En relación a la Convención de 1958, se mantiene el régimen jurídico del mar territorial pero, a diferencia de aquella que no definió su anchura, la Convención de 1982 la extiende hasta las doce millas. La soberanía absoluta sobre el mar territorial está sujeta a excepciones, la más importante es el paso inocente de los buques mercantes, los barcos de pesca siempre que cumplan con los reglamentos del país ribereño para evitar que pesquen en las aguas territoriales, los submarinos que naveguen en superficie flameando su pabellón, los buques de Estado y los buques de guerra, siempre y cuando cumplan con la disposiciones reglamentarias dispuestas por el Estado ribereño. El paso inocente se entiende como la autorización a los buques de todos los Estados ribereños o sin litoral para navegar por el mar territorial de los demás Estados con la finalidad específica de atravesar dicho mar sin penetrar en las aguas interiores, ni hacer escala en una rada o una instalación portuaria fuera de las aguas interiores; o dirigirse hacia las aguas interiores o salir de ellas, o hacer escala en una de esas radas o instalaciones o salir de ellas. El paso debe ser rápido e ininterrumpido (art. 18). El paso inocente no es absoluto, está sujeto al cumplimiento de los reglamentos y normas que adopte el Estado ribereño, en conformidad con las disposiciones de la Convención. El Estado costero tiene el derecho de adoptar en su mar territorial todas las medidas y acciones para impedir todo paso que no sea inocente. El límite interior del mar territorial coincide con el límite exterior de las aguas interiores. La delimitación del mar territorial,
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en ausencia de un acuerdo entre las partes se efectuará a través de una “[…] línea media cuyos puntos sean equidistantes de los puntos más próximos de las líneas de base a partir de las cuales se mida la anchura del mar territorial de cada uno de los dos Estados. No obstante, esta disposición no será aplicable cuando, por la existencia de derechos históricos o por otras circunstancias especiales, sea necesario delimitar el mar territorial de ambos Estados de otra forma”213. El método de delimitación equidistancia- circunstancias especiales establecido, es el mismo que preveía para el mar territorial la Convención de 1958 (Ar.12.1). Es también el mismo que recoge el derecho internacional consuetudinario con la salvedad de considerar que el trazo de la línea equidistante no es una obligación internacional, sino un método preferente. La soberanía territorial que se ejerce en el mar territorial es menos plena y absoluta que la que corresponde a las aguas interiores, pues como ya se ha indicado en estas no hay derecho de paso inocente. 3.3 La zona contigua  Bajo el régimen de la Convención del Mar de 1982, la zona contigua  es una franja marina de 24 millas, contadas a partir de las líneas de base del mar territorial (Art.33.2), en la cual el Estado costero tiene las competencias para adoptar medidas de fiscalización para prevenir las infracciones de sus leyes y reglamentos aduaneros, fiscales, de inmigración y sanitarios, que se cometan en su territorio o en su mar territorial. Los estados costeros están facultados para sancionar las infracciones a esas leyes y reglamentos cometidas en su territorio o mar territorial. 
213 Naciones Unidas, ob. cit., p. 26.

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En comparación con las regulaciones de la Convención de 1958, en la de 1982 existe un avance tanto en la extensión y certidumbre de la zona contigua como en las facultades que se reconocen al Estado costero. En la Convención de 1958 la zona contigua no podía pasar de doce millas (art. 24.2), además, como no se fijó una extensión del mar territorial no dejaba de producirse una incertidumbre sobre el verdadero alcance de la zona contigua. Con la Convención del 82, al fijarse el límite del mar territorial en doce millas,  se asegura a todos los estados costeros una zona contigua mínima de doce millas, si se tiene en cuenta que las 24 de su extensión comprende las doce del mar territorial. En lo concerniente a las competencias del Estado en la zona contigua, la convención del 82 introduce también  una facultad no prevista en la de 1958, como es el derecho para fiscalizar el tráfico de objetos de carácter arqueológico e histórico que sean hallados en el  mar (art. 303.2). La convención asume la presunción que la remoción de esos objetos de  los fondos marinos, sin la autorización del Estado costero  constituye una infracción cometida en su territorio o en su mar territorial y por ende sujeta a su soberanía y jurisdicción. El límite interior de la zona contigua es la línea de base utilizada para trazar el mar territorial, su límite exterior corresponde, como se ha indicado, a 24 millas. La delimitación de la zona contigua es un vacío de la Convención de 1982, a diferencia de la Convención de 1958 que mandaba delimitarla a través de una línea media (art. 24.3). Debe presumirse que la Convención de 1982 asume implícitamente que el método de delimitación para la zona contigua debe ser el correspondiente al mar territorial, en la zona en que se corresponde a este y el de la zona económica exclusiva en el sector que coincida con ella.

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3.4 La plataforma continental La plataforma continental constituye dentro de los espacios del mar sujetos a los derechos exclusivos de soberanía y jurisdicción el que más controversias en materia de delimitación ha generado: básicamente por las riquezas que contiene, especialmente los yacimientos de petróleo y gas. El petróleo extraído de las plataformas continentales abarca el 17% de la producción mundial de petróleo crudo. 214 Desde 1946 a la actualidad se calcula que más de 16 000 pozos han sido perforados en las plataformas continentales .Las reservas estimadas próximas a la costa suman un 21% de los 60 mil millones de toneladas que constituyen el total de la reserva mundial. Estos indicadores muestran con claridad la importancia económica de los derechos de soberanía y jurisdicción del Estado sobre la plataforma continental, así como la excepcional importancia de las controversias de soberanía marítima y los consiguientes procesos de delimitación. La Convención del Mar de 1958 produjo el gran salto adelante en relación a la plataforma continental como espacio marítimo en el que el Estado costero ejerce derechos de soberanía y jurisdicción. Con la Convención del 58 se incluyó por primera vez a la plataforma continental como espacio sujeto a los derechos de soberanía y jurisdicción, con una concepción que respetaba y se sujetaba a su configuración geomorfológica. La plataforma continental era concebida en su realidad física y los derechos de soberanía y jurisdicción se derivaban de la existencia y características de esta hasta la distancia que abarcaba su extensión geomorfológica. La Convención de 1958 definió la plataforma continental como“[…] el lecho y subsuelo de las zonas submarinas adyacentes a la costa,
214 Cf. Juan Luis Sifuentes, Pilar Torres-García y Marcela Frías, El Océano y sus recursos: el aprovechamiento de los recursos del mar, México, FCE, 1986. p. 48.

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pero situadas fuera de la zona del mar territorial, hasta una profundidad de doscientos metros o, más allá de este límite, hasta donde la profundidad de las aguas suprayacientes permite la explotación de los recursos naturales de dichas zonas… el lecho del mar y el subsuelo de las regiones submarinas análogas, adyacentes a las costas de las islas.”215. Conforme a esta definición geomorfológica, los Estados que cuentan con plataforma continental poseían derechos de soberanía y jurisdicción hasta los 200 metros de profundidad o hasta el confín de la prolongación natural de la plataforma. Los Estados sin plataforma continental no poseían esos derechos sobre el lecho y el subsuelo del mar adyacente a sus costas. Esta era la desigualdad de trato, inaceptable, que obligó al Perú, Chile y Ecuador a oponerse en 1958 a esta fórmula que los situaba en una posición de marginalidad y exclusión. El principal aporte de la Convención de 1982, junto con la creación de la Zona Económica Exclusiva, es la de haber eliminado esta desigualdad al optar por una concepción jurídica de la plataforma continental, basada en el criterio de la distancia, dejando de lado la definición geomorfológica. La nueva visión de la plataforma continental la define como el lecho y el subsuelo de la zona marina adyacente a las costas del estado con litoral, en los que el estado ribereño ejerce derechos, soberanía y jurisdicción hasta una distancia mínima de 200 millas. No interesa si el Estado tiene una plataforma continental geomorfológicamente hablando que se extienda en una distancia menor a las 200 millas o si simplemente no la tiene. En la nueva concepción basada en el criterio de la distancia, lo que manda es el criterio jurídico que reputa que todos los Estados tienen derechos de soberanía y jurisdicción sobre el lecho y el subsuelo adyacentes a sus costas hasta un mínimo de 200 millas.
215 Edmund Osmañczyk, ob. cit.

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El art. 76 de la Convención del Mar de 1982 estableció este cambio fundamental, al disponer: “La plataforma continental de un Estado ribereño comprende el lecho y el subsuelo de las áreas submarinas que se extienden más allá de su mar territorial y a todo lo largo de la prolongación natural de su territorio hasta el borde del margen continental o bien hasta una distancia de 200 millas contadas desde las líneas de base a partir de las cuales se mide la anchura del mar territorial, en los casos en los que el borde exterior del margen continental no llegue a esa distancia”. 216 La fórmula adoptada por la Convención permite a los Estados con plataformas continentales de más de 200 millas extender sus derechos a esas distancias naturales y, al mismo tiempo, permite ejercer esos derechos hasta las 200 millas a quienes no tienen plataforma continental o las poseen en una extensión menor a las 200 millas. Se trata de una solución de conciliación. Como anota Manuel Diez de Velasco: “De este modo, se han satisfecho, por un lado, los intereses de los Estados con plataforma amplia o superior a las 200 millas, como Argentina o Australia, con derechos adquiridos gracias al régimen previsto en 1958; y, por otro, los intereses de los ribereños sin plataforma, como Chile o Perú, o con escasa plataforma, como España, al concederse el derecho de explorar y explotar los recursos del lecho y subsuelo marinos hasta una distancia de 200 millas”217. El límite interior de la plataforma continental es el límite exterior del mar territorial. Y su límite exterior es variable, por lo general es 200 millas, pero si su extensión natural abarca más de 200 millas puede extenderse a esa distancia o en esta hipótesis a aquella que corresponda a la capacidad del Estado ribereño de explotar los recursos naturales que se encuentran en ella.

216 Ibíd. 217 Manuel Diez de Velasco, ob. cit, p. 463.

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El régimen de delimitación de la plataforma continental ha variado, también sustantivamente, mientras que la Convención de 1958 establecía el método de la equidistancia como norma general (art. 24.3), la Convención de Montego Bay deja de lado este criterio y adopta una regla muy general e incluso ambigua, que fue el resultado de la conciliación entre los Estados que preconizaban la línea equidistante y aquellos que sostenían el criterio de la equidad. Establece que la delimitación de la plataforma continental se efectuará por acuerdo entre las partes en aplicación del derecho internacional y con la finalidad de llegar a una solución equitativa (art. 83). El derecho consuetudinario ha desarrollado el alcance de esta norma en la configuración de la fórmula circunstancias pertinentesprincipios equitativos. 3.5 La zona económica exclusiva El espacio marino de la zona económica exclusiva es el aporte más importante y trascendente de la Convención de 1982. Hasta antes de su entrada en vigor este espacio no estaba reconocido por el derecho internacional. Como ha señalado la División de Asuntos Marítimos y del Derecho del Mar de las Naciones Unidas, antes de la formación de las reglas de la Convención del Mar de 1982, conforme al derecho internacional clásico “estaba bien establecido que el Estado costero ejercía soberanía sobre una franja estrecha-generalmente de tres millas marinas de largo-del mar territorial. Ningún Estado poseía el derecho de extender su jurisdicción exclusiva a la zona más allá de este límite, que era el alta mar, donde todos los Estados gozaban de la libertad de explotar los recursos tanto biológicos como no biológicos”.218 La incorporación del área de 200 millas marinas al ámbito de la soberanía y jurisdicción del Estado costero para explorar y explo218 División de asuntos maritimos y del derecho del mar, Departamento de Asuntos Jurídicos, Naciones Unidas, “El derecho del mar, la zona económica exclusiva”, Nueva York, 1992, p. 1.

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tar de manera exclusiva los recursos vivos y no vivos existentes en esa zona, ha sido un indiscutible triunfo de los países en desarrollo en su lucha iniciada en la década de los años cuarenta del siglo XX, para preservar sus riquezas marinas y ponerlas al servicio del crecimiento económico y la satisfacción de las necesidades alimentarias de sus pueblos. La zona económica exclusiva se define como el área situada más allá del mar territorial y adyacente a este sujeta al régimen establecido en la Convención, en la cual los Estados costeros poseen derechos de soberanía y jurisdicción de naturaleza económica, específicamente derechos de soberanía para los fines de exploración y explotación, conservación y administración de los recursos naturales, tanto vivos como no vivos, de las aguas suprayacientes al lecho y del lecho y el subsuelo del mar; así como los derechos de soberanía en relación a otras actividades con miras a la exploración y explotación económicas de la zona, tal como la producción de energía derivada del agua, de las corrientes y de los vientos. En dicha área los Estados costeros poseen, también, jurisdicción sobre el establecimiento y la utilización de islas artificiales, instalaciones y estructuras; la investigación científica marina, la protección y deberes previstos en esta Convención.219 En la zona económica exclusiva todos los Estados gozan de las libertades de navegación y sobrevuelo, el tendido de cables y tuberías submarinas, la operación de buques y aeronaves. En el ejercicio de estas actividades los Estados deben cumplir las leyes y los reglamentos del Estado ribereño.220 El límite exterior de la zona es la distancia de 200 millas medidas a partir de las líneas de base utilizadas para proyectar el mar territorial. Su límite interior es el límite exterior del mar territorial,
219 Artículos 55 y 56 de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Dercho del Mar, en: Naciones Unidas, ob. cit, p. 40. 220 Ibíd, art. 58, p. 41.

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lo que significa que parte de la zona contigua es comprendida por la zona económica exclusiva. Las reglas para la delimitación son las mismas que las establecidas para la plataforma continental. De estos cinco espacios marinos, en los que el Estado costero en términos generales ejerce derechos de soberanía y jurisdicción (aguas interiores, zona contigua, mar territorial, zona económica exclusiva y plataforma continental) hasta las 200 millas, solo las aguas interiores se delimitan como acto unilateral de derecho interno, aunque siempre debe guardar conformidad con las reglas del derecho internacional. La zona contigua no tiene en el derecho internacional un régimen propio de delimitación, sigue el curso según sea el área concernida del régimen de delimitación aplicable al mar territorial o a la zona económica exclusiva. Consiguientemente los espacios marinos del área de 200 millas que strictu sensu son objeto de procesos de delimitación, sea a través de negociaciones diplomáticas entre las partes o por la vía jurisdiccional de los fallos de la Corte Internacional de Justicia o los tribunales arbitrales, son los correspondientes al mar territorial, la zona económica exclusiva y la plataforma continental. Como las normas de las convenciones del mar de 1958 y 1982 son muy generales y en cierto modo ambiguas para orientar la solución jurisdiccional de las controversias de delimitación marítima, y como antes que se apruebe la Convención de 1982 la Corte Internacional de Justicia y los tribunales arbitrales tuvieron que resolver casos de controversias sobre el mar territorial y la plataforma continental, cuando aún el derecho convencional estaba en su fase de formación, los principios y reglas sobre la delimitación marítima en los tres espacios señalados han tenido un desarrollo sustantivo y amplio en el derecho consuetudinario que han interpretado el alcance de las normas convencionales. Las insuficiencias de las normas convencionales han sido resueltas, de esta manera, progresivamente por la jurisprudencia
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de la Corte Internacional de Justicia y los tribunales arbitrales, así como por la conducta de los Estados. Se han desarrollado principios, normas y métodos de delimitación marítima que han asimilado, desarrollado y precisado las normas convencionales. El derecho de la delimitación marítima es en esa perspectiva esencialmente un derecho jurisprudencial. Entre estos principios y normas de aplicación erga omnes por la vía consuetudinaria, se encuentran en lugar preeminente las relativas a la delimitación marítima entre estados adyacentes, como es el caso de la controversia marítima existente entre el Perú y Chile. A diferencia del derecho que prevalecía a inicios de los años cincuenta que solo aceptaba el mar territorial de tres millas, época en que se suscribieron los instrumentos jurídicos que Chile alega habrían delimitado la frontera marítima por el paralelo geográfico, el derecho vigente reconoce soberanía y jurisdicción de los estados en el mar territorial, la zona contigua, la plataforma continental y la zona económica exclusiva, “como un conjunto de espacios e instituciones en orden de mayor a menor proximidad de la tierra firme sometidos a la jurisdicción del Estado ribereño, generalmente hasta una distancia de 200 millas medidas desde las líneas de base, y desde las cuales se establece la anchura del mar territorial”.221 La controversia marítima que opone al Perú y Chile en la Corte Internacional de Justicia, en su componente de delimitación propiamente dicho, comprende la delimitación en estos espacios marinos. 4. NORMAS Y PRINCIPIOS DEL DERECHO INTERNACIONAL CONSUETUDINARIO Y CONVENCIONAL DE LA DELIMITACIÓN MARÍTIMA La Convención sobre el Derecho del Mar de 1982, ratificada por Chile, al no haber sido aprobada y ratificada por el Perú, no
221 Manuel Diez de Velasco, Instituciones del Derecho Internacional, Tecnos, 1994, p. 419.

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se aplica a la controversia entre los dos países directamente como derecho convencional. Tampoco la Convención sobre la Plataforma Continental de 1958, de la cual ni Chile ni Perú son parte. Los principios, normas y métodos aplicables a la controversia son las correspondientes al derecho internacional consuetudinario, que comprenden y desarrollan en un nivel mucho mayor de especificidad las normas de la Convención de Montego Bay. Si se aplicasen las reglas de la convención, la situación no variaría en esencia, pues de todas maneras esa aplicación se haría de manera concordada con el derecho internacional consuetudinario. Existe un proceso de unificación de las normas convencionales con las consuetudinarias, pero el derecho internacional de la delimitación marítima, no obstante el avance que ha significado la Convención de 1982, es en esencia un derecho consuetudinario cuyos principios, normas, reglas y criterios aplicables a la delimitación son mucho más desarrollados, específicos y concretos que los del derecho convencional.222 Concierne, por ello, al caso específico de la controversia marítima peruano-chilena, el alcance y contenido de los principios, normas y métodos aplicables a la delimitación marítima, contenidas en el derecho internacional convencional y el consuetudinario que, como se ha indicado, las engloba y desarrolla. Sin embargo, cabe precisar que la Corte en la solución del caso, conforme a una jurisprudencia uniforme, aplicará los principios y normas del derecho consuetudinario al no ser parte el Perú de la convención de 1982, de la que sí es parte Chile. 4.1 Delimitación del mar territorial y la zona contigua La delimitación del mar territorial comprende el establecimiento del límite frente al territorio, es decir, en relación con las líneas de base, y con referencia al mar territorial de los Estados ve-

222 Cf. Nuno Marques Antunes, Towards the Conceptualization of Maritime Delimitation: Legal and Technical Aspects of Political Process, Martinus Nijhoff Publishers, London, 2003.

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cinos.223 Al respecto, la norma contenida en la Convención del Mar de 1982224 es la misma que establecieron los artículos 12 y 24 de la Convención de Ginebra sobre Mar Territorial y Zona Contigua.225 El artículo 15 establece: “Cuando las costas de dos Estados sean adyacentes o se hallen situadas frente a frente, ninguno de dichos Estados tendrá derecho, salvo acuerdo en contrario, a extender su mar territorial más allá de una línea media, cuyos puntos sean equidistantes de los puntos más próximos de las líneas de base a partir de las cuales se mida la anchura del mar territorial de cada uno de esos Estados. No obstante, esta disposición no será aplicable cuando por la existencia de derechos históricos o por otras circunstancias especiales, sea necesario delimitar el mar territorial de ambos estados de otra forma”.226 Para delimitar el mar territorial, la Convención del Mar de 1982 consagró la fórmula “equidistancia-circunstancias especiales”. El método de la línea equidistante aparece como aquel que debe utilizarse para solucionar el solapamiento de las proyecciones de estados con costas laterales o frente a frente. El artículo 15 parte, en ese sentido, del supuesto de que, en el caso de la delimitación del mar territorial la línea media o de la equidistancia asegura un resultado equitativo. El criterio de la línea equidistante, sin embargo, es general mas no absoluto, pues el sentido de la norma es obtener un resultado equitativo. Consiguientemente, métodos alternativos a la línea equidistante deben usarse cuando esta, por la presencia de circunstancias especiales o derechos históricos, no asegura la equidad de resultados.

223 Cf. Hubert Thierry, Jean Combacau y otros, Droit International Public, Editions Montchrestien, París 1996, p. 347. 224 Convención de las Naciones Unidas sobre Derecho del Mar, Nueva York, 1982. 225 Cf. Convención de Ginebra sobre mar territorial y zona contigua, arts. 12 y 24. 226 Cf. Convención de las Naciones Unidas sobre Derecho del Mar, art. 15.

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La norma no sólo establece el derecho de limitar el mar territorial a través de la línea equidistante, sino que por seguridad jurídica, a la vez, niega el derecho a todos los estados para extender la proyección del mar territorial más allá de la línea media, salvo acuerdo en contrario. El supuesto de la norma es que el espacio oceánico donde se produce la superposición o solapamiento es insuficiente para cobijar la proyección del mar territorial de dos Estados con fronteras laterales o frente a frente. En ese caso es necesario e imperativo dividir la columna de agua en dos, aplicando la línea equidistante con la finalidad de obtener un resultado equitativo, de tal manera que ninguna de las partes sufra la amputación de la totalidad de su espacio marítimo superpuesto. La línea equidistante se obtiene estableciendo una proyección de líneas perpendiculares a partir de los puntos de las líneas de base de cada estado, para luego trazar la línea media o equidistante en la convergencia de la proyección perpendicular. El establecimiento del límite del mar territorial no presenta las complejidades del correspondiente a la plataforma continental o la zona económica exclusiva, tanto por lo reducido de su extensión (12 millas) como por su naturaleza jurídica. En el mar territorial el Estado posee soberanía plena sobre el fondo del mar, la columna de agua y el espacio aéreo correspondiente. Dada la naturaleza jurídica del mar territorial no se requiere necesariamente un acuerdo de partes para su delimitación, ya que es en esencia un acto constitutivo que se deriva de la soberanía estatal. En los casos en que exista una superposición de las proyecciones del mar territorial, la delimitación sí es indispensable pues tiene que resolverse el solapamiento a través de un acuerdo de partes o por una vía jurisdiccional. La Corte Internacional de Justicia ha indicado que las disposiciones del artículo 15 de la Convención de 1982 forman parte del derecho consuetudinario. Para la Corte, tanto estas reglas como las
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contenidas en el artículo 12 de la Convención de 1958 sobre el mar territorial y la zona contigua –prácticamente idénticas– poseen ya ese carácter. Y en ese sentido se aplican a todos los Estados, independientemente de que estos hayan o no suscrito las citadas convenciones. El derecho consuetudinario aplicable que, como se ha señalado, asimila las disposiciones convencionales se puede resumir en la misma fórmula “equidistancia-circunstancias especiales”. La manera de fijar el límite del mar territorial, la más lógica y más ampliamente practicada, como lo ha expresado de manera reiterada la Corte en su jurisprudencia, es trazar de manera provisional una línea equidistante y luego examinar si esta línea debe ser ajustada o sustituida con la finalidad de considerar y tener en cuenta la eventual existencia de circunstancias especiales, todo ello con el objetivo final de obtener un resultado equitativo.227 En la sentencia sobre la delimitación marítima y las cuestiones territoriales entre Qatar y Bahrein, la Corte definió la equidistancia y estableció los requisitos que se deben cumplir para posibilitar su trazo. Según la Corte se trata de una línea en la que cada punto es equidistante de los puntos más próximos a las líneas de base, a partir de las cuales se ha medido el ancho del mar territorial de cada Estado. Para trazar una línea equidistante como frontera entre los mares territoriales, es indispensable –señala la Corte– que los respectivos Estados hayan cumplido con el trazado de sus líneas de base. No es posible delimitar el mar territorial sin la preexistencia de las líneas de base. Ellas permiten, asimismo, levantar las cartas marinas oficiales de cada país. 228 La línea equidistante como cláusula delimitadora del mar territorial no puede asimilarse necesariamente, a priori, al cumpli227 Cf. CIJ. Affaire de la délimitation maritime et des questions territoriales entre Qatar et Bahreïn (Qatar c. Bahreïn) fond, Arrêt du 16 mars 2001, Recueil des Arrêts, Avis Consultatifs et Ordonnances, 2001, p. 94. 228 Ibíd., p. 94.

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miento del requisito del resultado equitativo, ya que la prueba de la equidad siempre se establece a través de los resultados del proceso delimitador. La equidad no se obtiene a priori con el trazado de la línea equidistante, sino a posteriori con la verificación de si ese trazo produjo o no resultados equitativos. Por eso la Corte ha establecido en su jurisprudencia un método con dos etapas o fases. La división del área de superposición a través de la línea equidistante, en principio, solo como un método de trabajo con la finalidad de contrastarla con la existencia o no de circunstancias especiales. Si no existen estas últimas, la equidistancia en sí misma produce la equidad de resultados. En el caso contrario, la línea se ajustará teniendo en cuenta las circunstancias especiales que se hayan identificado, con el propósito de realizar la regla básica que se sintetiza en el principio de equidad de resultados. La aplicación del método de la equidistancia a la delimitación del mar territorial no presenta las dificultades que se dan en los espacios marítimos más amplios, especialmente por la corta distancia que implica. Esta realidad se expresa en el hecho de que corrientemente no se presentan circunstancias especiales relevantes en el caso del mar territorial. Son raros los casos en que la existencia de pequeñas islas u otros accidentes geográficos pueden implicar la corrección de la línea de la equidistancia. Como señala Kolb, sin embargo, “(…) no se puede decir que circunstancias especiales no puedan existir. La circunstancia que de manera más común puede generar inequidad en la delimitación del mar territorial es la presencia de islas o islotes entre las costas principales que se utilizan como puntos de base. La presencia de estas islas pueden tener como efecto el avance desmesurado de la costa de una parte y de provocar en consecuencia una distribución muy desigual de los espacios”229.

229 Kolb, ob. cit., p. 541.

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En el caso Qatar/ Bahrein, se dio un caso de esta naturaleza. Bahrein, un Estado multi - insular, había trazado líneas de base rectas que provocaban un efecto inequitativo en la delimitación a través de la línea equidistante. La Corte en su sentencia señaló que “… el método de las líneas de base rectas, que sustituye a las normas usuales de determinación de las líneas de base, no puede aplicarse sino bajo varias condiciones que deben ser cumplidas. Este método debe ser aplicado de manera restrictiva… ”230. La Corte constató que las líneas de base rectas establecidas por Bahrein no estaban conforme a la normativa del derecho internacional, las desestimó y procedió a trazar las líneas de base de bajamar en el ejercicio de sus competencias. Al resolver el límite en el mar territorial, la Corte identificó así la existencia de circunstancias especiales de naturaleza geográfica y ajustó la línea de la equidistancia para que la delimitación pasara entre Fasht al Azm y Qit’at ash Shajarah y otras islas pequeñas.231 En la medida en que el objetivo es obtener una línea con equidad de resultados, el trazo de la delimitación del mar territorial debe ser guiado por la aplicación de los principios equitativos. En ese sentido, la equidistancia no es un fin en sí mismo ni una regla de aplicación automática o absoluta, es la regla general pero su utilización está sujeta a la prueba del resultado de equidad. Por ello, la tendencia es a proceder a la delimitación del mar territorial haciendo un trazo preliminar por la equidistancia, para luego comprobar si a la luz de la existencia de circunstancias especiales (geográficas) se obtiene o no la equidad de resultados. Si se obtiene se confirma el trazo preliminar por la línea equidistante. En caso contrario, se recurre a otro método o a una combinación de métodos.

230 CIJ. , Recueil. 2001,párr. 212. 231 Ibíd., pp. 108 -109.

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4.2 Delimitación de la plataforma continental y la zona económica exclusiva A. Delimitación de la plataforma continental La plataforma continental se incorpora al espacio marítimo sujeto a derechos de soberanía y jurisdicción de los Estados, en el derecho convencional, a partir de la aprobación de la Convención de Ginebra del 29 de abril de 1958. La convención define la plataforma continental, en el artículo 1 como “(…)el lecho del mar y el subsuelo de las zonas submarinas adyacentes a las costas pero situadas fuera de la zona del mar territorial, hasta una profundidad de 200 metros o más allá de este límite, hasta donde la profundidad de las aguas suprayacentes permita la explotación de los recursos naturales de dichas zonas; así como el lecho del mar y el subsuelo de las regiones submarinas análogas, adyacente a las costas de las islas”.232 Su naturaleza jurídica, conforme a esta disposición, sería física y geomorfológica. Y su extensión estaría determinada por dichas características. Los derechos del Estado ribereño se refieren a la exploración y explotación de los recursos naturales y son independientes de su ocupación real o ficticia. La delimitación de la plataforma continental entre Estados adyacentes es regulada por el artículo 6.2 de la convención del 58, la cual establece: “Cuando una misma plataforma continental sea adyacente al territorio de dos Estados limítrofes se efectuará por acuerdo entre ellos. A falta de acuerdo, y salvo que circunstancias especiales justifiquen otra delimitación, ésta se efectuará aplicando el principio de la equidistancia de los puntos más próximos de las líneas de base desde donde se mide la extensión del mar territorial de cada Estado”.233

232 Convención de Ginebra sobre la Plataforma Continental de 1958, artículo 1. 233 Ibíd., art. 6.2.

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La norma en ausencia de acuerdo entre las partes y de circunstancias especiales manda un trazo por la línea de la equidistancia, independientemente de cualquier referencia a la equidad de resultados. Las disposiciones de la convención de 1958 fueron aplicadas en una quincena de casos a través de arreglos directos o la acción de tribunales arbitrales. Más allá de la literalidad de sus disposiciones pasados unos años en la ejecución de sus reglas se plantearon cuatro tipos de problemas: 1) La naturaleza jurídica de la plataforma continental, que al ser definida con un criterio físico y geomorfológico, creaba una situación de manifiesta desigualdad entre los estados con una extensa plataforma continental y los que prácticamente no la poseían o sólo alcanzaban distancias muy cortas. 2) La distancia que abarcaba la plataforma continental, que conforme al criterio geomorfológico era muy variable y desigual entre los estados, limitada por su propia extensión física. 3) La determinación de si la conducta de los Estados en relación con la aplicación de sus disposiciones habría transformado o no el artículo 6.2 en norma de derecho consuetudinario aplicable a todos los Estados, aun a los que no ratificaron la convención. 4) Si el trazo de la delimitación a través de la línea equidistante sería una norma única de aplicación obligatoria. Las respuestas a estos problemas se han dado progresivamente a través de las sentencias de la Corte Internacional de Justicia, las nuevas disposiciones contenidas en la Convención del Mar de 1982 y la interpretación que la Corte ha hecho de ellas. En este proceso se han producido cambios profundos, tanto en la concepción de la naturaleza jurídica de la plataforma continental como en relación con los principios, normas y métodos para su delimitación. El proceso se inició con la sentencia de la Corte en el asunto sobre la Plataforma Continental del Mar del Norte (República Federal de Alemania/ Dinamarca y República Federal de Alemania/
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Países Bajos, del 20 de febrero de 1969).234 El fallo se refirió a cada uno de los cuatro problemas planteados, y combinó el statu quo, en el caso de la naturaleza jurídica de la plataforma continental y su extensión, con la interpretación creadora de normas en los casos del alcance en la aplicación del método de la equidistancia y la cuestión respecto de si la norma del artículo 6.2 de la Convención de 1958 se había transformado en una disposición de derecho consuetudinario de aplicación general. Sobre el primer punto, es decir, la naturaleza jurídica de la plataforma continental, la Corte mantuvo la concepción geomorfológica, al resolver –sería la última vez– que su extensión llegaba hasta el límite de su presencia física: “(…) por las razones expuestas (…) la plataforma continental de todo Estado debe ser la prolongación natural de su territorio y no debe invadir la prolongación natural del territorio de la otra parte”.235 Se ratificó, en ese momento, una interpretación física, restrictiva e inequitativa de la plataforma continental, que perjudicaba a los países con reducida extensión. Es conveniente recordar que la reivindicación de 200 millas de soberanía y jurisdicción proclamada en la Declaración de Santiago se fundamentaba, entre otros aspectos, precisamente, en el principio de compensación a favor de aquellos países que como el Perú tienen una plataforma escasa o inexistente. Alberto Ulloa lo expresó en 1956, en la III Reunión del Consejo Interamericano de Jurisconsultos: “Quiero decir, ante todo porque es cierto e indispensable que los países que hicieron la Declaración de Santiago sobre Zona Marítima y que la mantienen, aparte de todas las otras razones de carácter jurídico internacional que pudieron tener para proclamarla, realizaron una compensación
234 Cf. CIJ. Affaire du Plateau Continental de la Mer du Nord (République Fédérale D’Allemagne/Danemark; République Fédérale D’Allemagne/Pays-Bas), Arrêt du 20 février 1969, Recueil des Arrêts, Avis Consultatifs et Ordonnances, 1969. 235 Recueil, Affaires du plateau continental de la Mer du Nord (République Fédérale D’Allemagne/ Danemark; République Fédérale D’Allemagne/ Pays Bas, Arrêt du 20 février 1969, p. 47, párr. 85.

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y colocaron en un pie de igualdad, que está en la base misma de toda concepción de derecho internacional, a los países que tienen con los países que no tienen Plataforma Continental”.236 Los países del Pacífico Sur poseen plataformas extremadamente reducidas y discontinuas, casi inexistentes en promedio. El Perú, por ejemplo, según datos de Popovici cuenta con una plataforma continental de sólo 120 km en Salaverry, 100 km en Chimbote, muy estrecha en Cabo Blanco y Punta Falsa y prácticamente inexistente frente a Punta Pescadores.237 En esta materia la sentencia sobre el asunto del Mar del Norte se supeditó a lo dispuesto por la Convención de Ginebra de 1958. Sin embargo, no muchos años después, la propia Corte, atendiendo a la evolución de las negociaciones en la III Conferencia sobre el Derecho del Mar, cambió este criterio sin mediar una nueva norma convencional, en lo que se ha dado en llamar en el derecho de la delimitación marítima una jurisprudencia creadora de normas. En lo que se refiere al segundo punto, la extensión de la plataforma continental, la Corte como subproducto de lo anterior ratificó la idea de que la extensión de la plataforma llegaba hasta sus límites físicos o geomorfológicos. En torno a la tercera cuestión, el carácter obligatorio o no en la aplicación de la línea de la equidistancia, la Corte efectuó avances de la mayor trascendencia. No obstante que la Convención de 1958 establecía que la delimitación de la plataforma continental debía hacerse en ausencia de circunstancias especiales y derechos históricos a través de la línea de la equidistancia, la Corte señaló que el principio de la equidistancia no había sido consagrado en términos de conformar a priori una regla de derecho de aplicación general. Y añadió que esta constatación la
236 Alberto Ulloa Sotomayor, discurso pronunciado en la III Reunión del Consejo Interamericano de Jurisconsultos, México, 24 de enero de 1956, Revista Peruana de Derechos Internacional, Nº 49, Lima, 1956, p.72. 237 Cf. Zacarías Popovici, Gloria Chacón de Popovici, “El Pacífico peruano”, en: Atlas histórico, geográfico y de paisajes peruanos, INP, Lima, 1970, p.146.

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llevaba a concluir que el método de la equidistancia no era obligatorio para delimitar la plataforma continental.238 Estableció de forma temprana el criterio de que la línea de la equidistancia no necesariamente produce equidad y por ello dado el caso debe ser modificada teniendo en cuenta la presencia de circunstancias pertinentes. La Corte fundamentó esta conclusión en el principio general, según el cual toda delimitación marítima debe conducir a resultados equitativos. Asumir a priori el método de la equidistancia como norma delimitadora obligatoria, en algunos casos podía colisionar con ese principio, así como aquel otro que manda que la delimitación debe ser producto de un acuerdo entre las partes. Conforme lo explicó la propia Corte, la delimitación de la plataforma continental debe hacerse sobre la base de la aplicación de los principios equitativos: “(…) en otras palabras, no se trata de aplicar simplemente la equidad como una representación de la justicia abstracta, sino de aplicar una regla de derecho que prescribe el recurso a los principios equitativos”.239 La sentencia señaló: “Así pues, el Tribunal concluye que si el Convenio de Ginebra no era ni en sus orígenes ni en sus previsiones iniciales declaratorio de una regla obligatoria de Derecho internacional consuetudinario que impusiera el empleo del principio de la equidistancia para la delimitación de la plataforma continental entre Estados limítrofes, tampoco ha llegado por sus efectos posteriores a la formación de una regla de tal naturaleza; y que la práctica de los Estados hasta el presente es igualmente insuficiente a este respecto… Es preciso reconocer que, pese a sus ventajas reconocidas, el método de la equidistancia conduce en ciertas condiciones geográficas bastante frecuentes a crear una indudable falta de equidad”240.
238 Cf. CIJ, Recueil 1969, Mer du Nord, p.45, párr. 81. 239 Ibíd, párr. 85. 240 Ibíd, párr. 81-82.

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La Corte citó como una de esas condiciones geográficas susceptibles de crear inequidad al trazo de la línea equidistante el hecho que la “(…) menor deformación de una costa aparece automáticamente ampliada por la línea de equidistancia respecto a sus consecuencias para la delimitación de la plataforma continental. Así se ha comprobado en el caso de costas cóncavas o convexas…”241. Constatada la imposibilidad de utilizar en el caso el método de la equidistancia por sus efectos inequitativos y negada su condición de norma imperativa del derecho consuetudinario, la Corte fundamentó las razones por las cuales era legítimo recurrir a una combinación de éstos: “Si por las razones indicadas más arriba, la equidad impide el empleo de la equidistancia en el presente como único método de delimitación, se suscita el problema de saber si es necesario emplear un solo método para una delimitación determinada. No existe ninguna base lógica para ello y no se percibe objeción alguna a la idea de que la delimitación de zonas limítrofes de la plataforma continental pueda llevarse a cabo mediante el empleo concurrente de diversos métodos. El Tribunal ha indicado ya la razón por la cual considera que el Derecho internacional en materia de delimitación de la plataforma continental no comporta ninguna regla imperativa y autoriza el recurso a diversos principios o métodos, en función del caso, así como en cuanto a la combinación de los mismos, siempre que ello conduzca a un resultado razonable por aplicación de principios equitativos”242. El fallo no contenía una definición de los principios equitativos, pero sí los barruntaba en función de la equidad de resultados como objetivo último de toda delimitación. Es decir, de una objetivación de la equidad derivada de la regla de derecho que sólo se
241 Ibíd. 242 Ibíd., párr. 90.

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puede determinar a través de una valoración del resultado al que conduzca determinado método de delimitación. En lo que se refiere al cuarto problema, la determinación de si la regla del artículo 6.2 de la Convención de 1958 constituía o no una norma exigible de derecho consuetudinario, la Corte resolvió que ese no era el caso y que tal conclusión tampoco podía derivarse de la conducta de las partes. El fallo fue categórico al señalar que “(…) la Convention de Genève n’a ni consacré ni cristallisé une règle de droit coutumier préexistante ou en voie de formation selon laquelle la délimitation du plateau continental entre Etats limitrophes devrait s’opérer, sauf si les Parties en décident autrement, sur la base d’un principe équidistance-circonstances spéciales. Une règle a bien été établie par l’article 6 de la Convention, mais uniquement en tant que règle conventionnelle. Il reste à voir si elle a acquis depuis lors un fondement plus large car, comme règle conventionnelle, elle n’est pas opposable à la République fédérale, ainsi que la Cour l’a déjà constaté”.243 [La Convención de Ginebra no consagró ni cristalizó una norma de derecho consuetudinario preexistente o en vía de formación, según la cual la delimitación de la plataforma continental entre estados limítrofes debería realizarse, salvo decisión en contrario, sobre la base del principio de equidistancia-circunstancias especiales. Una regla ha sido establecida por el artículo 6 de la Convención, pero únicamente como norma convencional. Queda por ver si esta regla ha adquirido desde entonces un fundamento más amplio, ya que en tanto que regla convencional no es oponible a la República Federal, como ya lo ha constatado la Corte244”.] La Corte concluyó en el sentido que “ (…) si el Convenio de Ginebra no era ni en sus orígenes ni en sus previsiones iniciales declaratorio de una regla obligatoria de Derecho internacional consuetudinario que impusiera el empleo del principio de la equidistancia para la

243 Cf. ibíd., p. 41, párr. 69. 244 Traducción del autor.

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delimitación de la plataforma continental entre Estados limítrofes, tampoco ha llegado por sus efectos posteriores a la formación de una regla de tal naturaleza; y que la práctica de los Estados hasta el presente es igualmente insuficiente a este respecto”245. Con posterioridad a la sentencia sobre el asunto del Mar del Norte, la Corte dejó de lado el criterio físico y geomorfológico, tanto para sustentar la naturaleza jurídica de la plataforma continental como para determinar su extensión. El cambio sustantivo en esta materia empezó con la sentencia sobre la plataforma continental entre Túnez/Libia, del 24 de febrero de 1982.246 No obstante que la Corte continuó dándole una importancia especial a la realidad física de la plataforma continental, se alejó del criterio geomorfológico que asumió en la sentencia de 1969. La Corte ya no fundaba su fallo en la concepción según la cual la plataforma continental corresponde a la prolongación natural de las costas. Esta visión casi territorialista de la plataforma continental la empezó a variar hacia una concepción marítima, al impulso del desarrollo de los trabajos de la III Conferencia sobre el Derecho del Mar que, en 1982, ya había producido un consenso para que todos los Estados –independientemente de la extensión de su plataforma continental como masa física– tuvieran derecho a una plataforma mínima de 200 millas. Esto evidentemente guardaba coherencia con el reconocimiento de la soberanía y jurisdicción hasta las 200 millas en la zona económica exclusiva. Era ilógico reconocer 200 millas a la zona económica exclusiva, es decir, a la columna de agua, y no hacerlo con el lecho marino en el caso de aquellos países, como los del Pacífico Sur sudamericano, cuya plataforma continental es muy corta. La sentencia en el caso Túnez/Libia hace una referencia al proyecto de artículo 76.1 de la convención, que indica dos elementos
245 Ibíd., párr. 81. 246 Cf. CIJ. Affaire du Plateau Continental (Tunisie/Jamahiriya Arabe Libyenne), Arrêt du 24 février 1982, Recueil des Arrêts, Avis Consultatifs et Ordonnances, 1982.

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constitutivos del derecho sobre la plataforma continental. En primer lugar, el principio de adyacencia, que fundamenta el título jurídico sobre la plataforma continental y, en segundo término, el criterio de la distancia, que define su extensión, independientemente de la prolongación natural de las costas hasta una distancia mínima de 200 millas: “El artículo 76 y el artículo 83 son las disposiciones del proyecto de Convención elaborado por la Conferencia que podría reflejar las nuevas tendencias aceptadas a tomar en consideración en este caso. De conformidad con el artículo 76, párrafo 1: `La plataforma continental de un Estado ribereño comprende el lecho y el subsuelo de las áreas submarinas que se extienden más allá de su mar territorial y a todo lo largo de la prolongación natural de su territorio hasta el borde exterior del margen continental o bien hasta una distancia de 200 millas marinas contadas desde las líneas de base a partir de las cuales se mide la anchura del mar territorial, en los casos en que el borde exterior del margen continental no llegue a esa distancia´. Los párrafos 2 a 9 que contienen disposiciones detalladas sobre los límites exteriores de la plataforma continental, pueden no ser tenidos en cuenta a los fines de la presente sentencia. Aunque el párrafo 10 especifica que las disposiciones del artículo `no prejuzgan la cuestión de la delimitación de la plataforma continental entre Estados con costas adyacentes o situadas frente a frente´, la definición del párrafo 1 no debe perderse de vista. Esta de definición comprende dos partes que apelan a criterios diferentes. Según la primera parte del párrafo 1, la prolongación natural del territorio terrestre es el criterio principal. En la segunda parte del párrafo, es la distancia de 200 millas la que fundamenta en determinadas circunstancias el título del Estado ribereño. La noción jurídica de plataforma continental basada en una `especie de zócalo´ queda por tanto modificada o al menos completada por este criterio. La
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definición del artículo 76, párrafo 1 descarta igualmente el criterio de explotabilidad, que es un elemento de la definición de la Convención de Ginebra de 1958247”. La Corte recordó que el Estado costero es titular de derechos exclusivos sobre las zonas submarinas y que el vínculo geográfico entre las costas y las zonas sumergidas que se encuentran frente a ella es el fundamento del título jurídico del Estado sobre la plataforma continental.248 Al mismo tiempo, en contraposición a las pretensiones de las partes de fundar sus reclamaciones en distintas percepciones de la prolongación natural de la plataforma continental según sus propios intereses, la Corte determinó que en ese caso específico no se aplicaba el criterio de la prolongación natural y que, de manera alternativa, la solución debía encontrarse en la aplicación de los principios equitativos: “La Libye estime que, dans la présente affaire, comme dans celles du Plateau continental de la mer du Nord, les principes équitables ne jouent aucun rôle quand il s’agit de déterminer les zones de plateau continental pertinentes en parlant de la notion juridique de prolongement naturel et que c’est seulement dans les zones marginales en litige entre des Etats que le titre peut se fonder sur prolongement naturel corrigé par les principes équitables. Chacune des Parties a aussi expliqué pour quelles raisons la délimitation qu’elle préconise est équitable, eu égard aux circonstances pertinentes, alors que celle de son adversaire ne le serait pas. La cour, s’estimant tenue de statuer en l’espèce sur la base de principes équitables, doit commencer par rechercher ce que prescrivent ces principes, séparés de la notion de prolongement naturel, dont elle a dit qu’elle ne s’applique pas à la délimitation en cause. L’application de principes équitables doit aboutir à un résultat équitable. Cette façon de s’exprimer, bien que courante, n’est pas en247 Ibíd., párr. 47. 248 Ibíd., p. 61, párr. 73.

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tièrement satisfaisante, puisque l’adjectif équitable qualifie à la fois le résultat à atteindre et les moyens à employer pour y parvenir”.249 [Libia considera que, en el presente asunto, así como en el de la Plataforma Continental del Mar del Norte, los principios equitativos no cumplen ninguna función cuando se trata de determinar las zonas de la plataforma continental pertinentes en términos de la noción jurídica de prolongación natural, y que únicamente en el caso de las zonas marginales en litigio entre los Estados es que el título puede fundarse en la prolongación natural corregida por los principios de equidad. Cada una de las partes explicó también por qué razones la delimitación que preconiza es equitativa, en consideración de las circunstancias pertinentes, mientras que la de su adversario no lo sería. La Corte, considerando que en este caso concreto debe juzgar sobre la base de los principios equitativos, debe empezar por buscar lo que prescriben dichos principios de manera separada a la noción de prolongación natural, la cual ha dicho no es aplicable a la delimitación en el presente caso. La aplicación de los principios equitativos debe llevar a un resultado equitativo. Esta manera de expresarse, aunque común, no es completamente satisfactoria ya que el adjetivo equitativo califica al mismo tiempo el resultado a alcanzar y los medios por utilizar para lograrlo250.] De esta manera la Corte, sin apartarse totalmente de la concepción física de la plataforma continental (teoría declarativa), avanzó sustantivamente a una definición eminentemente jurídica y marítima (teoría constitutiva). Se mantuvo una posición similar en la sentencia sobre el asunto de la delimitación de la frontera marítima del Golfo del Maine (Canadá /Estados Unidos). Sólo en 1985, en el asunto de la plataforma continental entre Libia y Malta, la Corte abandonó definitivamente la concepción geomorfológica de la plataforma continental y
249 Ibíd., p. 59. 250 Traducción del autor.

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asumió totalmente la nueva definición de exclusiva naturaleza jurídica que ya había sido recogida por la Convención del Mar de 1982. En su fallo del 3 de junio de 1985, resolvió: “(…) Chaque Etat côtier est titulaire de droits souverains sur le plateau continental situé devant ses cotes aux fins de son exploration et de l’exploitation de ses ressources naturelles (article 77 de la convention) jusqu’à une distance de 200 milles marins des lignes de base –sous réserve bien entendu d’une délimitation avec les Etats voisins– quels que soient les accidents géologiques ou géophysiques des fonds marins dans la zone comprise entre le littoral et la limite des 200 milles. L’adoption de ce critère de distance n’a cependant pas eu pour effet d’instaurer un principe de ‘proximité absolue’ ni de faire de la méthode de l’équidistance une règle générale ou une méthode obligatoire de délimitation, ou encore une méthode à essayer en priorité dans chaque cas”.251 [Cada Estado costero es titular de derechos de soberanía sobre la plataforma continental situada delante de sus costas para fines de la exploración y explotación de sus recursos naturales (artículo 77 de la Convención), hasta una distancia de 200 millas marinas contadas desde las líneas de base –bajo reserva, claro está, de una delimitación con los Estados vecinos– sean cuales fueren los accidentes geológicos o geofísicos de los fondos marinos en la zona comprendida entre el litoral y el límite de las 200 millas. La adopción de este criterio de distancia no ha tenido sin embargo como consecuencia la adopción de un principio de `proximidad absoluta´ o de convertir el método de la equidistancia en una regla general o un método obligatorio de delimitación, o incluso un método a utilizar prioritariamente en cada caso252”.] La Corte dejó así constancia expresa de los cambios producidos en el derecho consuetudinario relativo a la plataforma continental
251 Cf. CIJ. Affaire du Plateau Continental (Malta/Libya), Arrêt du 3 juin 1985, Recueil des Arrêts, Avis Consultatifs et Ordonnances, 1985, p. 56, párr. 77. 252 Traducción del autor.

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consagrados por los artículos 76 y 83 de la Convención sobre el Derecho del Mar, en relación con el concepto mismo de plataforma continental en tanto que prolongación natural del espacio terrestre del Estado costero y la distancia de la costa. La Corte expresó así un criterio distinto y alternativo al que afirmó en la sentencia sobre el Mar del Norte (1969). Las posteriores sentencias de la Corte guardan una estricta coherencia con el concepto jurídico de la plataforma continental, establecido de manera definitiva en la sentencia del caso de Libia/ Malta, dejando de lado la concepción morfológica y consagrando la teoría constitutiva basada en el criterio de la distancia. Como se ha reseñado, de manera simultánea a la jurisprudencia creadora de derecho de la Corte, la Convención del Mar adoptó el criterio jurídico de la distancia para definir la naturaleza jurídica de la plataforma continental y, consiguientemente, introdujo en su articulado reglas positivas de delimitación distintas a las contenidas en la Convención de 1958. En lo que concierne a la delimitación de la plataforma continental durante las negociaciones del texto de la Convención del Mar de 1982 se enfrentaron dos tesis opuestas. Aquellos estados que sostenían que la delimitación debía realizarse obligatoriamente por una línea equidistante y los que postulaban que la norma delimitadora debería ser la equidad. Esta polémica y diversidad de posiciones impidió que el texto de la convención fuera detallado y contuviera no sólo criterios generales, sino también normas precisas y métodos delimitadores. Al final la transacción se hizo con una norma ambigua y de carácter muy general, que ha dejado al derecho consuetudinario la definición de su alcance y el establecimiento específico de principios, reglas y métodos. La norma delimitadora que contiene la Convención del Mar de 1982 es la misma para la plataforma continental y la zona económica exclusiva. Está contenida en los artículos 74 y 83:
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1. La delimitación de la zona económica exclusiva (plataforma continental) entre Estados con costas adyacentes o situadas frente a frente se efectuará por acuerdo entre ellos sobre la base del derecho internacional, a que se hace referencia en el artículo 38 del Estatuto de la Corte Internacional de Justicia, a fin de llegar a una solución equitativa. 2. Si no se llegare a un acuerdo dentro de un plazo razonable, los Estados interesados recurrirán a los procedimientos previstos en la parte XV. 3. En tanto que no se haya llegado a un acuerdo conforme a lo previsto en el apartado 1, los Estados interesados, con espíritu de comprensión y cooperación, harán todo lo posible por concertar arreglos provisionales de carácter práctico y, durante ese período de transición, no harán nada que pueda poner en peligro u obstaculizar la conclusión del acuerdo definitivo. Tales arreglos no prejuzgarán la delimitación definitiva. 4. Cuando exista un acuerdo en vigor entre los Estados interesados, las cuestiones relativas a la delimitación de la zona económica exclusiva se resolverán de conformidad con las disposiciones de ese acuerdo.253 La norma delimitadora refleja claramente su sentido de transacción. Contiene dos elementos básicos que deben concurrir a la delimitación. El acuerdo entre las partes y el objetivo de llegar a una solución equitativa. No se hace referencia a métodos específicos para la delimitación, como sí lo hace el artículo 15 para el caso del mar territorial. Tampoco hay guía alguna para definir los elementos y el alcance de la expresión “solución equitativa”. Al mismo tiempo, la convención prevé una cierta dificultad en la culminación de los acuerdos entre las partes, razón por la cual
253 Convención del Mar, 1982, arts. 74 y 83.

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legitima y promueve entre ellas la conclusión de “arreglos provisionales de carácter práctico”, que en ningún caso deben impedir o prejuzgar los términos de acuerdos definitivos de delimitación. Los arreglos de carácter práctico deben interpretarse como aquellos necesarios para ordenar las pesquerías, evitar incidentes y resolver conflictos puntuales entre las partes. El carácter ambiguo y general de la norma positiva que se puede resumir en la fórmula “acuerdo de partes-solución equitativa” ha sido precisado, desarrollado e integrado en sus diversos elementos a través de la jurisprudencia de la Corte y la opinio juris, en la fórmula “principios equitativos-circunstancias pertinentes”, como el derecho consuetudinario general aplicable a la delimitación de la plataforma continental. Además de esta evolución en relación con el derecho aplicable, se ha producido también, como se ha visto, un progreso notable en la definición de la naturaleza jurídica de la plataforma continental, el cual ha permitido pasar de la fijación de los límites en razón de su estructura morfológica, hacia una nueva definición en la que su naturaleza jurídica abstrae la estructura morfológica para fundarse exclusivamente en la categoría jurídica de la distancia. Ha tenido lugar también un desarrollo similar en relación con el papel que juega en la delimitación el método de la equidistancia. Algunos estados interpretaron que la aplicación del método de la equidistancia a la delimitación de la plataforma continental había pasado a constituir una norma exigible de derecho consuetudinario. Sin embargo, la Corte ha determinado que no existe ningún método delimitador que pueda exigirse como norma delimitadora. Y ello incluye a la equidistancia. Esta puede y debe utilizarse como una primera aproximación, pero debe necesariamente ratificarse o corregirse en función de la existencia de circunstancias especiales, con el fin último de obtener equidad en los resultados.

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En síntesis, la delimitación de la plataforma continental, conforme al derecho consuetudinario vigente, que engloba las disposiciones de la Convención del Mar de 1982, se regula por las siguientes normas y criterios: a) La delimitación se debe realizar conforme a los principios equitativos teniendo en cuenta las circunstancias pertinentes, ahí donde existieren, de manera tal que se llegue a un resultado equitativo. b) En el caso de que la plataforma continental no se extienda más allá de 200 millas de la costa, ningún criterio de delimitación de las zonas de la plataforma continental será derivado del principio de la prolongación natural en el sentido físico. Todos los Estados ejercen soberanía y jurisdicción hasta las 200 millas, independientemente de la extensión de su plataforma continental, en base al criterio de la adyacencia medido por la distancia. c) Para el trazo de la línea limítrofe, salvo casos excepcionales, se procede en primer lugar a dividir la zona marítima superpuesta a través de una línea equidistante. Con posterioridad se somete esta a un test de proporcionalidad que está dirigido antes que a corroborar que la delimitación haya dividido el área de controversia en espacios estrictamente proporcionales a comprobar que no se haya producido una desproporción manifiesta. No debe confundirse el principio de proporcionalidad con los métodos de delimitación. No se trata de un procedimiento para delimitar sino de una suerte de prueba a posteriori para comprobar que la delimitación haya producido un resultado de equidad. Como ha señalado la Corte, el principio de proporcionalidad “no es un principio o un procedimiento de delimitación sino más bien un test del

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resultado equitativo…”254. La jurisprudencia ha aplicado el principio de proporcionalidad con cierta flexibilidad. En unos casos la ha utilizado estrictamente como un test ex post (Reino Unido c. Francia, 1977) dirigido a comprobar una desproporción importante. En otros (Túnez/Libia, 1982) el criterio aplicado ha sido más amplio otorgando al principio un carácter de evaluación sustantiva de la equidad de resultados.

d) Si el test de la proporcionalidad indica que la línea de la equidistancia ha producido un resultado de equidad, esta se confirma. En el caso contrario si se ha producido una desproporción inequitativa, se sustituye el método de la equidistancia por el trazado de otra línea o por una combinación de líneas. B. Delimitación de la zona económica exclusiva

La zona económica exclusiva, como nuevo espacio reconocido por la Convención del Mar de 1982, ha sido objeto de la labor jurisprudencial de la Corte en contadas y recientes ocasiones, a diferencia de la delimitación de la plataforma continental, que ha concentrado ampliamente la labor de la Corte y de los tribunales arbitrales.255 La delimitación de la zona económica exclusiva se rige por las mismas normas y criterios que la plataforma continental, tanto en el derecho convencional como en el derecho consuetudinario. Conforme al artículo 74 de la Convención del Mar de 1982, la delimitación se realiza por acuerdo entre las partes, el cual debe establecerse en aplicación de las reglas contenidas en el artículo
254 Cf. Eritrea c. Yemén, Tribunal Arbitral constituido bajo los auspicios de la Corte Permanente de Arbitraje, http://www.pca-cpa.org. 255 Cf. D. Pharand et U. Leanza Edit. Le Plateau Continentale et la Zone Economique Exclusive: Délimitation et régime juridique, Martinus Nijhoff, 1993.

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38 del Estatuto de la Corte Internacional de Justicia256 y conducir necesariamente a una solución equitativa.257 La sentencia de la Sala de la Corte sobre la delimitación de la frontera marítima en la región del Golfo de Maine (Canadá/Estados Unidos) del 12 de octubre de 1984 tiene una especial importancia en relación con la delimitación de la zona económica exclusiva. Fue la primera vez en la historia de la actividad de la Corte que se sometió a su consideración y resolución un caso con dos características especiales. En primer lugar, a diferencia de los casos anteriores, en los que se solicitó a la Corte pronunciarse sobre las normas y criterios de delimitación que las partes debían aplicar para solucionar sus controversias, en el proceso del Golfo del Maine tanto Estados Unidos como Canadá pidieron a la Corte que no se limitara a establecer las reglas, criterios y métodos aplicables, sino que fuera la propia Corte la que estableciera el trazo de la línea correspondiente a la frontera marítima. En segundo lugar, se trató del primer caso en que la Corte tuvo que pronunciarse ya no única y exclusivamente sobre el mar territorial o la plataforma continental, sino sobre un vasto espacio marítimo que comprendía todas las zonas que el Derecho internacional reconoce bajo jurisdicción de los estados, es decir, el mar territorial, la zona contigua, la plataforma continental y la zona económica exclusiva. En tercer lugar, las partes solicitaron a la Corte para que resolviera la controversia a través de una línea de delimitación única para tres espacios oceánicos distintos en su naturaleza jurídica.

256 El artículo 38 del Estatuto de la Corte señala que esta, al resolver las controversias, aplicará: “las convenciones internacionales, sean generales o particulares, que establecen reglas expresamente reconocidas por los Estados litigantes; b. la costumbre internacional como prueba de una práctica generalmente aceptada como derecho; c. los principios generales de derecho reconocidos por las naciones civilizadas; d. las decisiones judiciales y las doctrinas de los publicistas de mayor competencia de las distintas naciones, como medio auxiliar para la determinación de las reglas de derecho, sin perjuicio de lo dispuesto en el Artículo 59”. Cour Internationale de Justice Charte de Nations Unies, Statut et Reglement de la Cour et Autres Textes, La Haya, Cour Internationale de Justice, 2007. 257 Cf. Marco Gerardo Monroy Cabra, Derecho Internacional Público, Bogotá, Temis, 1998, p. 233.

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Estados Unidos y Canadá convinieron los términos de referencia de la acción jurisdiccional de la Corte en el acuerdo especial que suscribieron el 29 de marzo de 1979, el cual, en el artículo 2, especificaba el objeto de la decisión que ambos países requirieron a la Corte: el trazo de una frontera marítima única que dividiese la plataforma continental y las zonas de pesca de Canadá y de Estados Unidos.258 La posibilidad de establecer una línea única para jurisdicciones diferentes fue admitida por la Sala teniendo en cuenta que en el Derecho internacional no existen normas que lo prohíban o impidan. Adicionalmente, la Sala constató que, desde el punto de vista de las características de las costas y otros factores geográficos y técnicos, no existía un impedimento material ni jurídico que imposibilitara trazar, en este caso, una línea única que delimitase el mar territorial, la plataforma continental y la zona económica exclusiva. La Sala efectuó, en esta sentencia, una razonada reflexión sobre los principios o criterios del derecho internacional que regulaban la delimitación marítima y los métodos que la llevaban a la práctica, tanto en el caso de la plataforma continental como en el de la zona económica exclusiva. Como producto de ese análisis, estableció que existen dos normas obligatorias que constituyen la base esencial del Derecho internacional general aplicable a toda delimitación jurídica:259 “La sala quisiera concluir este replanteamiento de las reglas de derecho internacional que regulan la materia en la que se sitúa el diferendo americano-canadiense, con un ensayo de reformulación más complejo y a su juicio más preciso de la norma fundamental en cuestión. Con este fin querría inspirarse entre otras, en la definición
258 Cf. CIJ. Affaire de la délimitation de la frontière maritime dans la région du Golfe du Maine, (Canada/ Etats-Unis D’Amérique), Arrêt du 12 octobre 1984, rendu par la chambre constituée par ordonnance de la Cour du 20 janvier 1982, Recueil des Arrêts, Avis Consultatifs et Ordonnances, 1984, p. 253. 259 Ibíd. pp. 299-300.

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de verdaderas reglas de derecho en materia de delimitación de plataformas continentales limítrofes, es decir, de reglas obligatorias para los Estados en cualquier delimitación dada por el Tribunal en su sentencia de 1969 sobre la Plataforma Continental del Mar del Norte (CIJ. Recueil 1969, pp. 46-47, párrafo 85). Se podría pues definir del siguiente modo lo que el derecho internacional general prescribe en cualquier delimitación marítima entre Estados vecinos: a. Ninguna delimitación marítima entre Estados con costas adyacentes o frente a frente puede ser efectuada de manera unilateral por uno de esos Estados. Esta delimitación debe ser buscada y lograda por medio de un acuerdo, tras una negociación llevada a cabo de buena fe y con la intención real de que conduzca a un resultado positivo. En el caso en que sin embargo no se pudiese lograr tal acuerdo, la delimitación debe ser efectuada recurriendo a una tercera instancia dotada de la competencia necesaria para hacerlo. b. Tanto en el primero como en el segundo caso, la delimitación debe ser realizada en aplicación de criterios equitativos y utilizando métodos prácticos adecuados para asegurar, teniendo en cuenta la configuración geográfica de la región y otras circunstancias pertinentes, un resultado equitativo”.260 La Sala señaló que la delimitación por una línea única, es decir, una delimitación válida para la plataforma continental y la columna de agua subyacente, no podría ser efectuada sino por la aplicación de un criterio o una combinación de criterios que no favoreciera a uno de los espacios a delimitar en detrimento del otro y que, al mismo tiempo, permitiese dividir cada uno de estos espacios con equidad de resultados.
260 Cf. Antonio Fernández Tomás, Derecho internacional Público, casos y materiales, Tirant lo blanch, Derecho, Madrid, 1998, pp. 383-384.

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La Sala, en la resolución específica de este caso, decidió aplicar el principio equitativo que dispone dividir en partes iguales el área de superposición de las zonas marítimas y submarinas de los estados en litigio, al comprobar que no existía la necesidad de introducir elementos correctivos en función de la presencia de circunstancias especiales. Establecido el principio equitativo aplicable, la Sala procedió a indagar respecto del método práctico más apto, adecuado y funcional para llevar a la práctica la delimitación, de tal manera que se obtuviese un resultado equitativo. Recordando la sentencia de la plataforma continental en el Mar del Norte, la Sala reiteró que en materia de métodos prácticos de delimitación no existía una norma única de derecho internacional general y de aplicación obligatoria. Se refería a la línea de equidistancia, que a pesar de ser el método geométrico que ab initio puede obtener la equidad de resultados, no constituye una regla vinculante ni de aplicación obligatoria. La Sala desestimó los métodos propuestos tanto por Canadá como por Estados Unidos (la línea de la equidistancia obligatoria y una línea que siguiera la configuración de las costas, respectivamente). A su juicio, ninguno de estos métodos conducía a resultados equitativos, teniendo en cuenta la realidad geográfica. La sentencia optó por un método geométrico, respetando la geografía y estableciendo una división en partes iguales del área en controversia. La sentencia del Golfo del Maine contribuyó a precisar la norma del derecho general que se aplicaría a la delimitación de la plataforma continental y la zona económica exclusiva: acuerdo entre las partes -principios equitativos-circunstancias pertinentes. Al mismo tiempo, admitió la procedencia y creó el precedente del trazo de una línea única para todos los espacios marítimos sometidos a la soberanía y jurisdicción de los Estados. Sobre la línea única la Corte señaló que “ (…) de hecho, hasta la aparición de la actual controversia, el problema de una
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delimitación que podríamos denominar de ’larga distancia’, solamente se había suscitado ante una instancia judicial o arbitral internacional en lo concerniente a la plataforma continental. Es la primera vez que se solicita una delimitación por vía de demanda, dirigida a una Sala Tribunal, mediante el trazado de una línea única, válida a un mismo tiempo para la plataforma continental y para las aguas suprayacentes. Ahora bien, desde un punto de vista teórico no se excluye que un determinado método parezca preferible para la delimitación de la plataforma continental, mientras que otro sea más apropiado para la delimitación de las zonas exclusivas de pesca o de las zonas económicas exclusivas. Cabe recordar que durante las audiencias del presente asunto se pidió a las Partes que se prenunciasen, en el caso de que un determinado método o una combinación de métodos pareciera apropiado para la delimitación de la plataforma continental y otro distinto para las zonas exclusivas de pesca, respecto a cuales serían a su juicio los motivos jurídicos que se podría invocar para preferir uno sobre otro en la determinación de una línea única261”. La Sala determinó que la utilización de uno o varios métodos de delimitación podían utilizarse en el trazado de una línea única adaptando, según el caso, el método más apropiado para cada espacio marítimo diferenciado en función de sus propias características geográficas y de su capacidad de generar un resultado de equidad en cada segmento de la línea única. Finalmente, la Sala en su sentencia precisó las fases del procedimiento o del razonamiento jurídico para resolver las controversias de delimitación marítima: 1) Establecimiento de la existencia o inexistencia de una lex specialis entre las partes y, de existir, el ámbito de su aplicación.

261 CIJ Recueil, 1984, pp.342-342.

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2) En caso de ausencia o de carácter parcial de la lex specialis, identificación de los principios equitativos más aptos para resolver el caso, asegurando la equidad de resultados. 3) Identificación del método o de los métodos prácticos funcionales y aptos para implementar la delimitación, teniendo en cuenta el o los principios equitativos seleccionados y el establecimiento de una delimitación provisional utilizando el método o la combinación de métodos prácticos escogidos. 4) Identificación de la existencia o inexistencia de las circunstancias especiales y, en el caso de que las hubiere, aplicación de las correcciones pertinentes al trazado de la línea provisional utilizando otros métodos o una combinación de métodos. 5) Ratificación o rectificación de la línea de delimitación provisional a partir de la comprobación de que se haya obtenido o no equidad en los resultados, habiendo tomado en cuenta las circunstancias especiales. A partir de la sentencia sobre el asunto del Golfo de Maine, la entrada en vigor de la Convención del Mar de 1982, la práctica de los Estados y el reconocimiento del derecho internacional consuetudinario general de los nuevos espacios sujetos a soberanía y jurisdicción, las demandas para trazar una línea única en espacios heterogéneos se ha intensificado. En todo caso, esta tendencia no excluye delimitaciones polivalentes en función de la naturaleza jurídica de cada espacio marítimo y de la realidad geográfica. En síntesis, la Corte, en su jurisprudencia, ha confirmado y desarrollado lo estipulado en la norma convencional en materia de delimitación de la plataforma continental y la zona económica exclusiva, con lo que ha llenado los vacíos del carácter muy general de las normas positivas. Ha consagrado en ese sentido la norma
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aplicable a la delimitación de la plataforma continental y la zona económica exclusiva, la que se resume en la fórmula “principios equitativos-circunstancias pertinentes”. 5. LOS PRINCIPIOS EQUITATIVOS Y LA FINALIDAD DE LOGRAR LA EQUIDAD DE RESULTADOS EN LA DELIMITACIÓN MARÍTIMA

Como señala Louis Henkin, los principios equitativos y la equidad de resultados han devenido en conceptos claves en el derecho que regula la delimitación de las fronteras marítimas entre los Estados.262 En las sentencias sobre la Plataforma Continental en el Mar del Norte, 1969263; Túnez/Libia, 1982264; el Golfo del Maine, 1984265; Libia/Malta, 1985266; Groenlandia/Jean Mayen,1993267; Nigeria/ Camerún, 1998268; y Qatar/ Bahrein, 2001269, la Corte ha reiterado de manera coherente y persistente que la norma consuetudinaria aplicable a la delimitación marítima de la plataforma continental y la zona económica exclusiva es aquella que estipula el arreglo entre las partes, aplicando los principios equitativos y teniendo en cuenta las circunstancias pertinentes que pudieren existir. Los principios equitativos emergen de esta manera como los elementos constitutivos de la “solución equitativa”. Sin embargo, la Corte, hasta 1984, no definió qué debe entenderse por principios equitativos. Hubo que esperar hasta la sentencia sobre el asunto
262 Cf. Louis Henkin,Richard Crawford Pugh, Oscar Schachter,Hans Smit, International Law Cases and Materials, American Casebook Series, West Publishing Co., 1993, pp. 117-118. 263 ICJ, Recueil, 1969. 264 ICJ, Recueil, 1982. 265 ICJ, Recueil, 1984. 266 ICJ, Recueil, 1985. 267 ICJ, Recueil, 1993. 268 ICJ, Recueil, 1998. 269 ICJ, Recueil, 2001.

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del Golfo de Maine para que la sala especial de la Corte, a cargo del caso, hiciera por primera vez un desarrollo amplio del concepto y aplicación de los principios equitativos.270 En esta sentencia, los principios equitativos se consolidaron en la jurisprudencia de la Corte como el factor unificador de las reglas convencionales “equidistancia-circunstancias especiales” y “equidad circunstancias especiales”. Los principios equitativos, aplicados en cada caso, considerando la realidad geográfica y teniendo en cuenta las circunstancias especiales, pasaron a constituirse en el concepto abstracto y el requerimiento práctico que, en su aplicación, debe conducir a que la delimitación se exprese en la equidad de resultados. Esta visión minimiza el debate sobre los métodos a utilizar en la delimitación, ya que los métodos o criterios que se utilicen deben ser aquellos que permitan obtener la equidad de resultados y no colisionar con los principios equitativos. La equidistancia deja de ser un fin en sí misma y, pese a ser el método geométrico que a priori supone mejor un resultado de equidad, pasa a subordinarse a este objetivo. Y si su aplicación práctica y provisional no lleva a un resultado de equidad, se le debe sustituir o combinar con otros métodos para obtener la equidad de resultados. La Corte ha sido muy prudente en no definir los principios equitativos y no establecer una relación taxativa de los mismos. Una cuestión que la Corte sí ha deslindado desde un principio y con claridad es la diferencia que existe entre los principios equitativos y la equidad ex aequo et bono. A diferencia de esta, que implica la libertad del juez para buscar la equidad vía compensación, los principios equitativos están siempre vinculados a la norma jurídica. Como bien señala Gómez-Robledo, “la concepción que se
270 Cf. M. Bedjaoui, L’énigme des ‘principes équitables dans le droit de la délimitation maritime, REDI 42, Paris, 1990, pp. 367-388; también R.Y. Jennings, Equity and Equitable Principles, ASDI 42, 1986, pp. 27-38.

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desprende de la jurisprudencia internacional a partir del año de 1969, es que la solución equitativa a la que debe llegarse en una operación de delimitación marítima debe estar de conformidad con el derecho internacional existente: lo cual excluye que pueda hablarse entonces de una solución ex aequo et bono”.271 Este criterio es compartido por Dupuy, quien señala que no se trata de recurrir a la equidad como un sustituto del derecho, es decir, la equidad ex aequo et bono, ni de hacerlo simplemente como una representación de la justicia abstracta.272 Se trata de derivar la equidad del derecho y no de introducir la equidad sobre el derecho. Así, en la sentencia sobre la plataforma continental del Mar del Norte, la Corte ha señalado que el fundamento jurídico de la regla de la equidad radica en el hecho de que cualquiera sea el razonamiento jurídico del juez, sus decisiones deben ser, por definición, justas y por ello equitativas. Sin embargo, cuando se habla de que el juez administra justicia o ejecuta el derecho, se trata de fundamentar sus decisiones en las normas y no yendo más allá de ellas. En este contexto, es precisamente la norma de derecho la que demanda la aplicación de los principios equitativos. No se trata entonces de una decisión ex aequo et bono, en el sentido de lo prescrito en el artículo 38, inciso 2 del estatuto de la Corte.273 Los principios equitativos constituyen enunciados sustantivos o criterios especiales que orientan la delimitación marítima y permiten la interpretación más adecuada de las normas convencionales. La sala de la Corte ha precisado que los principios equitativos no constituyen en sí mismos normas de derecho de aplicación obligatoria en todos los casos de delimitación marítima, independien271 Alonso Gómez -Robledo Verduzco, Jurisprudencia internacional en materia de delimitación marítima, Instituto de Investigaciones Jurídica de la UNAM, México, 1989, p. 23. 272 Pierre-Marie, Dupuy, Droit Internationale Public, Dalloz, París, 2002, p. 712. 273 Cf. Recueil, Mer du Nord, 1969, p. 48, párr. 88.

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temente de la naturaleza de cada una de las controversias. Son más bien: “(…) des critères ‘équitables’, voire ‘raisonnables’, et que ce que le droit international demande c’est de s’inspirer, dans chaque cas, du critère ou de l’équilibre entre critères différents apparaissant comme celui qui convient le mieux à la situation concrète”.274[“los criterios ‘equitativos’, en verdad “razonables”, y lo que el derecho internacional demanda es inspirarse, en cada caso, del criterio o de un equilibrio entre distintos criterios que se presente como aquel que se aplica mejor a la situación concreta”.] Doctrinariamente, existen diversos pareceres sobre la naturaleza jurídica de los principios equitativos en relación a la interrogante de si constituyen principios generales, normas o criterios. Más allá de la utilidad de esa discusión, sí existe un consenso en considerar que cuando menos los principios equitativos forman parte de una norma de derecho consuetudinario. Los principios equitativos han orientado las sentencias de la Corte Internacional de Justicia siempre bajo la perspectiva de no aplicarlos de manera abstracta o apriorística, sino en función de cada caso concreto y de su funcionalidad para producir delimitaciones equitativas. El carácter equitativo de cada principio no se deriva de su validez per se, sino de su capacidad de aplicación práctica en cada situación concreta con el objetivo de producir equidad. Esto implica que en unas controversias, un principio equitativo puede conducir a la equidad y en otros casos no. En esta hipótesis se debe seleccionar para cada caso o situación el o los principios equitativos aplicables, en función de su aptitud y funcionalidad para producir la equidad de resultados. A pesar de que la jurisprudencia de la Corte no ha establecido una definición unívoca de los principios equitativos ni una enumeración taxativa de ellos, sí ha efectuado sendas enumeraciones,

274 Recueil, Golfe du Maine, p. 313, párr. 158.

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antes que con una voluntad dogmática o prescriptiva, con un sano y recto criterio orientador. En la sentencia sobre el Golfo de Maine, la Corte, al señalar que los principios equitativos se han ido desarrollando a través de los argumentos presentados por las partes en los procesos de delimitación de la plataforma continental y en su propia jurisprudencia, enumera, sin ánimo de ser exhaustiva, la siguiente relación275: 1. “La tierra domina al mar”, o principio de adyacencia, cuyo enunciado señala que el título jurídico del Estado costero sobre el mar adyacente se deriva de la soberanía estatal sobre su territorio. 2. División en partes iguales de las áreas de superposición de las zonas marítimas y submarinas correspondientes a la proyección de cada Estado en el caso donde no existan circunstancias especiales o en que no se requieran factores de corrección. 3. En la medida de lo posible, la no invasión de la proyección marítima de la costa de un Estado sobre extensiones demasiado cercanas de la costa de otro. 4. Evitar el efecto de amputación de la proyección marítima de la costa o de una parte de la costa de uno de los Estados. 5. La conveniencia de deducir en ciertas situaciones las consecuencias apropiadas derivadas de las eventuales desigualdades de extensión de las costas de dos Estados en la misma área de delimitación.276

Estos principios, llamados criterios en la sentencia del Golfo de Maine, deben entenderse concurrentes y complementarios con
275 Recueil, 1984, Golfe du Maine, p. 312, párr. 157. 276 Ibíd., p. 312, párr. 157.

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los señalados por la Corte en el fallo sobre el asunto Libia/Malta (1985)277: 1. El respeto y la consideración a todas las circunstancias relevantes o especiales. 2. La equidad no significa ni debe asimilarse necesariamente a la igualdad. 3. La improcedencia de la justicia distributiva. 4. El proceso de delimitación no debe encaminarse ni a rehacer la geografía ni a rectificar necesariamente las desigualdades de la naturaleza, sino a consagrar la equidad de resultados. 5. La no invasión de la proyección marítima de un Estado sobre la correspondiente al otro.

Más allá del debate doctrinario sobre su naturaleza jurídica (principios, normas o criterios), los principios equitativos constituyen el elemento central de la norma sustantiva de delimitación marítima, aquella que señala en el lenguaje de la sentencia sobre el caso Libia/Malta que “(…) la delimitación debe realizarse conforme a los principios equitativos, teniendo en cuenta todas las circunstancias pertinentes y de manera de llegar a la equidad de resultados”.278 Más allá de que la equidad sea concebida como la función dominante y exclusiva de la delimitación o un factor complementario o correctivo de una eventual desigualdad producida por el trazo de la línea de la equidistancia279, lo cierto es que los principios equitativos están posibilitando la unificación gradual, pero consistente de
277 Cf. CIJ. Affaire du Plateau Continental (Malta/Libye), Arrêt du 3 juin 1985, Recueil, 1985. 278 Ibíd., p. 56. 279 Cf. Laurent Lucchini y Michel Voelckel, Droit de la Mer, Ed. Pedone, T.2 Délimitation, navigation et pêche, 1996, pp. 230-231.

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las reglas de derecho convencional y consuetudinario, aplicable a cada uno de los espacios marítimos. Ello, a partir de la comprensión de que cada caso de delimitación marítima es una realidad propia e insustituible, sólo la aplicación flexible y casuística de los principios equitativos permite, en la práctica, la utilización de métodos que aseguren la equidad de resultados, que es la norma teleológica esencial del derecho internacional de la delimitación marítima. 5.1 La equidad infra legem en la delimitación marítima ¿medio correctivo auxiliar o contenido esencial de la norma jurídica? En 1969, cuando la Corte sentenció el caso del Mar del Norte , debía resolver sobre la norma aplicable para solucionar la controversia que oponía a la República Federal de Alemania a los Países Bajos y Dinamarca. En ese entonces existía una norma convencional específica para la delimitación de la plataforma continental (que era concebida en su realidad geográfica y geomorfológica), el art. 6 de la Convención de Ginebra de 1958, cuyo texto establece:
280

“Cuando una misma plataforma continental sea adyacente al territorio de dos Estados limítrofes la delimitación se efectuará por acuerdo entre ellos. A falta de acuerdo, y salvo que circunstancias especiales justifiquen otra delimitación, esta se efectuará aplicando el principio de la equidistancia de los puntos más próximos de las líneas de base desde donde se mide la extensión del mar territorial de cada Estado”281. En la época la norma de derecho internacional aplicable a la delimitación marítima para los países obligados por la Convención de 1958, era una línea equidistante. La Corte, conforme a la hermenéutica jurídica utilizada en la elaboración de sus fallos, tenía entre sus primeras tareas decidir
280 ICJ, Reports,1969, p.53 281 Convención de Ginebra sobre la Plataforma Continental, 1958, art. 6.2.

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sobre la norma de derecho aplicable al caso. Dinamarca y los Países Bajos habían suscrito y ratificado la convención de 1958. Alemania Federal no lo había hecho y señaló que no estaba obligada por las disposiciones del art. 6.2 de la citada convención. Dinamarca y Países Bajos argumentaron que la norma de la equidistancia, como método obligatorio contenido en el art. 6.2 debía aplicarse de todas maneras a la solución del caso, pues consideraban que el trazo de la delimitación por una línea equidistante era parte del derecho consuetudinario y que en esa condición obligaba a la República Federal. La Corte resolvió que dicha norma, es decir la utilización obligatoria de la línea de la equidistancia, no había adquirido la calidad de regla consuetudinaria y descartó su aplicación para resolver el diferendo. Esta decisión creó un vacío jurídico, pues la única regla existente no era susceptible de aplicarse por la vía convencional, ni como derecho consuetudinario. Así la Corte se encontró ante el desafío de resolver la controversia sin aplicar la norma de la equidistancia como derecho positivo o como regla consuetudinaria. Este vacío normativo la Corte lo llenó elaborando una regla a la que atribuyó un carácter de norma consuetudinaria general. Como señalan Lucchini y Vcelckel, la Corte se vio impelida a introducir, bajo el amparo del recurso al derecho consuetudinario, su propia construcción normativa, que se puede sintetizar en la fórmula “resultado equitativo - principios equitativos- circunstancias pertinentes”, en sustitución de la norma equidistancia – circunstancias especiales contenida en el art. 6.2 de la Convención de 1958. De esta manera la Corte sustituyó la supuesta aceptación de una línea determinada, la equidistante, por una norma cuyo elemento central es la equidad, regla a la que la equidistancia o cualquier otro método supletorio debe supeditarse con el objetivo de obtener una equidad de resultados, teniendo en cuenta la existencia de circunstancias especiales o pertinentes.
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A partir de este caso, la Corte ha venido desarrollando de manera incesante su función normativa o creadora de derecho en el ámbito de la delimitación marítima. Por cierto, en principio, en el derecho internacional general al juez le está vedado crear derecho. Debe aplicarlo o interpretarlo. Pero la acción creadora de la Corte en el derecho de la delimitación marítima encuentra coherencia y sustento normativo, primero en la atribución que ella misma hace de sus decisiones en delimitación marítima al derecho consuetudinario, derivado de la aceptación de los estados de su propia jurisprudencia; y de otro, en los intercisos normativos del propio artículo 38 del Estatuto de la Corte. El art. 38, inciso 1, obliga a la Corte a resolver los diferendos que le sean sometidos “conforme al Derecho Internacional”. Y este mandato es taxativo. Sin embargo, el mismo artículo 38, en su primer párrafo, asigna a la jurisprudencia un papel y una calidad de “medio auxiliar para la determinación de las normas de derecho”.282 Como apuntan bien Lucchini y Vcelckel, la norma, el derecho internacional, le reconoce a la jurisprudencia “algún espacio, aunque sea reducido, en la producción de la norma de derecho”.283 Es a partir de este ejercicio creador de normas por parte de la Corte, que ha continuado en todas sus sentencias sobre delimitación marítima desde 1969 hasta la actualidad y de la interrelación de su jurisprudencia con la conducta de los estados que han aceptado de manera absoluta y continua estos desarrollos normativos, que el derecho internacional de la delimitación marítima es esencialmente un derecho consuetudinario y jurisprudencial. No obstante haber culminado un esfuerzo normativo de excepcional importancia, las disposiciones de la Convención del Mar de 1982, por su generalidad y carácter ambiguo, tienen un impacto
282 CIJ, La Cour Internationale de Justice, La Haye, 1996. 283 Lucchini, ob. cit. p. 200.

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relativamente modesto en el desarrollo y aplicación del derecho internacional de la delimitación marítima. La Convención del Mar de 1982 tiene dos disposiciones esenciales en materia de delimitación marítima. Aquella que establece la regla “equidistancia- circunstancias especiales “para la delimitación del mar territorial 284 y la que manda trazar el límite marítimo para la zona económica exclusiva y la plataforma continental a través de un acuerdo entre las partes que conduzca a una “solución equitativa”.285 La regla “equidad-circunstancias especiales” para el mar territorial, contiene una indicación precisa para el trazo de una línea divisoria de la zona de superposición. En principio, indica que la delimitación debe hacerse utilizando el método de la equidistancia, con la salvedad que en caso de existir circunstancias especiales esa regla no se aplica. No indica en esa hipótesis qué regla o reglas deben aplicarse. Hay un vacío de la normatividad en este punto. Tampoco se señalan cuáles son las circunstancias especiales cuya presencia obliga a aplicar un método distinto a la equidistancia. Se trata de una norma imperfecta. En el caso de la delimitación de la zona económica exclusiva y la plataforma continental, el vacío normativo es mucho más claro. La norma convencional sólo se limita a señalar que la delimitación debe ser el resultado de un acuerdo entre las partes y conducir a
284 El art. 15 de la Convención sobre el Derecho del Mar establece: “Cuando las costas de dos Estados sean adyacentes o se encuentren frente a frente, ninguno de dichos Estados tendrá derecho, salvo acuerdo en contrario, a extender su mar territorial más allá de una línea media, cuyos puntos sean equidistantes de los puntos más próximos de las líneas de base a partir de las cuales se mide la anchura del mar territorial de cada uno de esos estados. No obstante, esta disposición no será aplicable cuando por la existencia de derechos históricos o por otras circunstancias especiales, sea necesario delimitar el mar territorial de ambos estados de otra forma”. 285 Los artículos 74 y 83 de la Convención sobre el Derecho del Mar de 1982, tienen una redacción común para la delimitación de la plataforma continental y la zona económica exclusiva: “La delimitación de la zona económica exclusiva (plataforma continental) entre Estados con costas adyacentes o situadas frente a frente se efectuará por acuerdo entre ellos sobre la base del derecho internacional, a que se hace referencia en el art. 38 del Estatuto de la Corte Internacional de Justicia, a fin de llegar a una solución equitativa” (Convención del Mar, 1982, Arts. 74.1 y 83.1).

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una solución equitativa. No indica qué es una “solución equitativa” ni cómo se obtiene. No da ninguna indicación sobre los métodos que se deben utilizar para obtener un línea de frontera marítima que divida la zona de superposición de manera equitativa. No es una norma que contenga criterios que posibiliten su aplicación práctica. Como ha señalado Weil, “…las imprecisiones de las disposiciones de 1982 sobre la delimitación de la plataforma continental y la zona económica exclusiva han reducido a estas normas al rol menor de una directiva vaga de inspiración muy general, imposible de desembocar en un contenido normativo preciso286. Esta realidad explica en parte la naturaleza consuetudinaria y jurisprudencial del derecho internacional de la delimitación marítima, ya que éste se desarrolló antes que se apruebe y entre en vigor la convención. Cómo se ha visto ya en 1969, la Corte Internacional de Justicia al resolver el caso del Mar del Norte se encontró con el vacío normativo en relación a la Convención de 1958, a cuya norma delimitadora por la línea equidistante el tribunal de La Haya le negó el carácter de derecho consuetudinario. Posteriormente en el lapso que media entre la sentencia del caso del Mar del Norte y la entrada en vigencia de la convención del mar de 1982, la Corte tuvo que resolver seis casos de controversias sobre delimitación marítima287. En esas circunstancias, al no contar necesariamente con normas convencionales aplicables a todos los casos, recurrió a una forma inédita de creación de derecho a través de su propia jurisprudencia en consonancia con el derecho consuetudinario. El punto de partida de la labor creativa de la Corte – que se recoge posteriormente en las disposiciones ambiguas y generales
286 Prosper Weil, Perspectives du droit de la delimitation maritime, Editios, A. Pedone, Paris, 1988, p. 12. 287 Los casos que la Corte resolvió en ese periodo fueron: Plataforma Continental del Mar del Norte (1969), Plataforma Continental Túnez – Libia (1982), Delimitación de la Frontera Marítima en la región del Golfo del Maine(1984), Plataforma Continental Libia – Malta (1985), Diferendo fronterizo terrestre, insular y marítimo, El Salvador c. Honduras (1992) y Delimitación Marítima en la región situada entre Groenlandia y Jan Mayen, Dinamarca c. Noruega (1988).

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de la Convención de 1982- fue su comprensión de que el límite marítimo entre dos estados que divide la zona de superposición de sus respectivas proyecciones marítimas, debe tener imperativamente un resultado equitativo. La equidad como principio y como regla de derecho aparece de esta manera, a la vez, como un objetivo y un criterio normativo para proceder a la delimitación marítima. La división de la zona de yuxtaposición no debe obedecer a un criterio pre establecido ajeno a la realidad geográfica y geomorfológica de las costas de los estados que delimitan su frontera marítima, sino al principio teleológico del resultado equitativo. El primer paso en ese sentido lo dio la Corte en su sentencia sobre la plataforma continental en el Mar del Norte, al resolver que la línea de la equidistancia propuesta por Dinamarca y Noruega no conducía a un resultado equitativo y que en consecuencia el límite marítimo de ambos países con Alemania Federal debía trazarse”… por acuerdo entre las partes en concordancia con los principios equitativos y teniendo en cuenta todas las circunstancias especiales…”288. En esta sentencia, por primera vez la Corte consideró que la equidad era la norma fundamental para la delimitación marítima y que la equidistancia, como cualquier otro método de delimitación, no aseguraba a priori el resultado equitativo que pasaba así a constituirse en el objeto y fin de toda delimitación marítima. No se trata de la equidad como un valor propio de la justicia distributiva que se utilice para corregir el derecho y menos del ex aqueo buono. La sentencia de la Corte incorporaba la equidad a la norma, en realidad hacía de la equidad la norma o regla de derecho aplicable. La Corte descartó la aplicación de la línea equidistante pues en el caso concreto de la controversia a su juicio una delimita288 CIJ, Reports 1969, p.53, párr.101.(C),(1), traducción del autor.

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ción que utilizase este método iba a conducir a un resultado inequitativo. Ello porque dada la configuración cóncava de las costas de Alemania, la aplicación del método de la equidistancia la privaría de un espacio marítimo igual al que se adjudicaría a Dinamarca y Noruega lo que lejos de realizar la equidad de resultados hubiese resultado en una solución inequitativa. La Corte con esta decisión se alejó del derecho convencional consagrado en la Convención de 1958 y afincó su decisión en el derecho consuetudinario, afirmando que la equidad constituía una regla de derecho internacional general. “El hecho de que ningún método de delimitación pueda garantizar que su aplicación conduzca a un resultado equitativo en todos los supuestos de hecho posibles, vino a reforzar la opinión de la Corte según la cual debía buscarse no ya un método de delimitación único, sino un fin único”.289 Ese fin único es la equidad de resultados. De esta manera la Corte incorpora a la regla de derecho el concepto de equidad y resuelve el caso del Mar del Norte, dejando de lado la equidistancia y prescribiendo una línea básica en los principios equitativos que conduzca a la equidad de resultados. La equidad en este caso – como lo ha anotado el Dr. Miguel Ángel Rodríguez Mackay- es la equidad infra legem. Así concebido el derecho internacional de la delimitación marítima, ha sido desarrollado y perfeccionado en las distintas sentencias de la Corte posteriores a 1969. Esta evolución tiene una serie de matices y algunos cambios y mutaciones de primer orden, como el giro que da la Corte en su concepción de la plataforma continental como un hecho geográfico y morfológico en 1969 a la revolucionaria concepción que sustituyó este criterio por una nueva concepción jurídica de la plataforma continental basada en el criterio de la distancia (200 millas), independiente de las realidades geográficas. En esta evolución la Corte nunca se ha apartado de la finalidad teleológica de la delimitación marítima, es decir asegurar que toda
289 Ruiloba García, ob. cit. p. 228.

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delimitación o división del área yuxtapuesta se realice de tal manera que asegure obtener la equidad de resultados. Por el contrario, ha ratificado de manera coherente y permanente, al igual que los tribunales arbitrales, el papel central prescriptivo y teleológico de la equidad como norma o criterio jurídico que debe expresarse en la realidad concreta de todo proceso de delimitación. Más allá de las especificidades variables con que la Corte ha aplicado el principio o la regla de la equidad infra legem en distintos y plurales casos, su jurisprudencia homogénea en este sentido, unida a la aceptación generalizada que de ella han hecho los estados ha consagrado la norma jurídica, de naturaleza consuetudinaria, que se aplica en todo proceso de delimitación marítima. Esa norma es la siguiente: “La delimitación debe ser realizada a través de la aplicación de criterios equitativos y por la utilización de métodos prácticos aptos para asegurar, teniendo en cuenta la configuración geográfica de la región y de otras circunstancias pertinentes, un resultado equitativo”. Esta es la regla de derecho indiscutida, aceptada unánimemente por toda la doctrina, para proceder a la delimitación marítima entre países con costas sucesivas o situadas frente a frente. Se trata de la norma de derecho -en singular- aplicable a todos los casos de delimitación marítima en los diferentes espacios reconocidos por el derecho internacional, mar territorial, plataforma continental y zona económica exclusiva. La redacción señalada es la correspondiente a la sentencia de la Corte en el asunto del Golfo del Maine.290 En esta regla está inserta toda la dimensión compleja que la equidad infra legem juega en el derecho internacional de la delimitación marítima. La exégesis de la norma conduce a cuatro apreciaciones sustantivas.
290 CIJ, Recueil, 1984, p. 299.

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En primer lugar, la norma tiene como eje central el considerar que la delimitación marítima debe conducir necesariamente a una equidad de resultados. Aquí la equidad está concebida en términos teleológicos como un fin, como un resultado. No se trata de la equidad como un principio abstracto ni una petición de principio, más bien la equidad es concebida en este nivel como un resultado práctico, como una expresión de la realidad, susceptible de ser reconocida y comprobada a priori que debe conducir el proceso a obtener la aplicación del método para dividir la zona de superposición que, al final, en la práctica, debe expresarse en un resultado de equidad. En segundo término, la norma establece que la equidad de resultados (concepción teleológica de la equidad) debe obtenerse aplicando “criterios equitativos” (en otras sentencias la Corte los refiere como principios). Aquí la concepción de la equidad es prescriptiva y es en sí misma la norma o regla de derecho aplicable. La Corte no ha hecho una definición o una enumeración taxativa de los principios equitativos. Los principios o criterios equitativos a que se refiere la Corte son en esencia una regla de derecho, que debe ser tomada en cuenta imperativamente en toda delimitación justamente para que esta culmine en un resultado equitativo. La Corte no ha definido los principios o criterios equitativos ni ha efectuado una relación taxativa de los mismos. Pero sí ha comentado in extenso sobre su función en el proceso de la delimitación, los criterios o principios equitativos más relevantes han sido explicitados por la Corte de una manera no taxativa291: la tierra domina al mar o principio de adyacencia; la división de las zonas de superposición en partes iguales; la no invasión de la proyección de la costa de un estado sobre una extensión demasiado cercana a la del otro; evitar el efecto de amputación de la proyección marítima de uno de los estados; la

291 Cf. Sentencia sobre el Golfo del Maine, Recueil,1984,p.313,pár. 158 y sentencia en el caso de la plataforma continental entre Malta y Libia, Recueil, 1982.

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conveniencia de deducir en ciertas circunstancias las consecuencias apropiadas que se deriven de la evaluación de las eventuales desigualdades en la extensión de las costas de dos estados en la misma área de delimitación; el respeto o consideración de las circunstancias pertinentes existentes en cada caso; la no asimilación de la equidad a la igualdad, necesariamente; el no rehacer la geografía ni rectificar necesariamente las desigualdades de naturaleza; y finalmente, la no invasión de la proyección marítima de un estado sobre la correspondiente al otro. En tercer lugar, la Corte al enunciar la norma fundamental de la delimitación, ubica la cuestión de los métodos susceptibles de ser utilizados para el trazo de la línea destinada a dividir la superficie yuxtapuesta entre dos estados que se encuentra frente a frente o en vecindad de adyacencia, a un nivel estrictamente técnico (“… por la utilización de métodos prácticos aptos para asegurar, teniendo en cuenta la configuración geográfica de la región y de otras circunstancias pertinentes, un resultado equitativo ” ). La Corte en este caso al desvincular la equidad de los métodos de delimitación no reconoce a ninguno de éstos – ni a la equidistancia la calidad de asegurar por sí mismos una equidad de resultados. Los métodos, la propia equidistancia, aparecen así como medios instrumentales cuya posibilidad de ser utilizados en la delimitación depende de su capacidad, en función de las circunstancias especiales de cada caso concreto, de poder conducir a la equidad de resultados. Como vemos la norma establece que la delimitación debe culminar en equidad de resultados y para ello provee de los instrumentos necesarios: los principios o criterios equitativos. En su jurisprudencia y en la interpretación de la norma fundamental de la delimitación marítima, la Corte ha sido enfática en señalar que la equidistancia ni ningún otro método asegura a priori la equidad de resultados. Sí la práctica jurisprudencial asigna a la equidistancia la calidad de constituir el método más próximo a la equidad, mostrando incluso la Corte su inclinación a trazar en primera instancia
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una línea de equidistancia y luego comprobar si produce equidad en los resultados. De no hacerlo, por supuesto se utiliza otro método, se combina la equidad con otros métodos o se utilizan otra combinación de métodos. Pero lo importante es que la selección del método o los métodos a utilizar conduzcan a una comprobable equidad de resultados. En cuarto lugar, la regla indica que el trazo de la línea delimitadora obtenida aplicando los principios o criterios equitativos y utilizando el método más apropiado para ese fin, debe contrastarse con la existencia de circunstancias pertinentes cuya necesaria consideración pudieran tornar en inequitativo el resultado. En esa hipótesis como la norma manda un resultado de equidad, se debe cambiar de método o utilizar una combinación de métodos que aseguren que el trazo de la línea de la frontera marítima se exprese en una equidad de resultados. Las circunstancias pertinentes, que constituyen un avance conceptual y normativo de las iniciales circunstancias especiales, estas últimas circunscritas a ajustar o modificar la línea de la equidistancia, comprenden un abanico amplio de situaciones que van desde los factores geográficos y geomorfológicos, que son los más relevantes y gravitantes, los factores socio-económicos, circunstancias inherentes a la defensa y la seguridad de la navegación, hasta la conducta de las partes. La Corte ha definido las circunstancias pertinentes como hechos o realidades que necesariamente deben tenerse en cuenta en el proceso de delimitación en la medida que incidan en la obtención de un resultado equitativo292. En ese sentido las circunstancias pertinentes siempre están subordinadas a los principios equitativos. No se trata en ninguna hipótesis del ex aqueo bono que supone una competencia delegada por las partes al juez para que resuelva

292 Cf. ICJ Reports 1999, p. 62, párr.55.

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buscando un justo medio al margen del derecho. Se trata más bien de la equidad en el derecho, de la equidad Infra legem. En este nivel conviene retener una diferenciación básica, entre el concepto de equidad indisolublemente vinculada a la idea de justicia, a su calidad de valor que, como dice Lalande, nos comunica con un “sentimiento seguro y espontáneo de lo justo y lo injusto”293, que debe estar inmanente en la administración de justicia; y la equidad como principio o criterio que se encuentra inserto en la norma jurídica. En el primer caso se trata de la equidad como elemento auxiliar del derecho. En el segundo se trata de la equidad “en el derecho”, que no es una vivencia subjetiva del juez, sino un imperativo de la norma jurídica Esta última, la equidad en el derecho, equidad infra legem, es la que informa el contenido y alcance de la norma fundamental aplicable a la delimitación marítima. No se trata que la equidad compense o corrija la norma. Menos aún del ex aqueo buono. Lo específico y creativo en el derecho internacional de la delimitación marítima, es que la equidad bajo determinados componentes e interrelaciones es la norma delimitadora. La Corte ha sido reiterativa al respecto: “No se trata de aplicar la equidad simplemente como una representación de la justicia abstracta, sino de aplicar una regla de derecho”294; “La noción jurídica de la equidad es un principio general directamente aplicable en tanto que derecho”295. Este principio y regla de derecho que constituye la equidad en la delimitación marítima actúa en distintos planos en el ejercicio jurisdiccional de la solución de las controversias sobre la delimitación marítima.

293 A. Lalande, Vocabulaire technique et critique de la philosophie, Paris, 1962, p. 295. 294 CIJ, Reports, 1969. 295 CIJ, Recueil, 1982, p. 60.

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Dilucidar este asunto es una cuestión compleja y difícil, pues en este nivel la propia jurisprudencia de la Corte presenta matices y movimientos doctrinarios. Lucchini piensa que en la jurisprudencia de la Corte se pueden encontrar dos acepciones o concepciones de la equidad dentro del derecho. La que denomina la equidad autónoma, que tendría un papel dominante y exclusivo, constituyéndose en el único factor de la delimitación, aun en el proceso práctico de trazar la línea limítrofe a través de la selección de los métodos apropiados. Es la equidad elevada a la categoría de norma delimitadora. En este caso la equidad dominaría todo el proceso de delimitación, aun en sus componentes prácticos296. Frente a la equidad autónoma tendríamos a la equidad como complemento, circunscrita específicamente a rectificar las eventuales consecuencias inequitativas que se pueden derivar de la utilización de la equidistancia como método delimitador preferente aunque no obligatorio297. Las sentencias de los casos Libia c. Túnez298 y Golfo del Maine299, serían representativas de la primera acepción. Y de la segunda, los fallos en los casos de Libia c. Malta300 y Dinamarca c. Noruega301. En la sentencia sobre el Golfo del Maine, la Corte señaló con énfasis que: “La Sala quisiera concluir este replanteamiento de las reglas de derecho internacional que regulan la materia en la que se sitúa la diferencia americano-canadiense, con un ensayo de reformula296 Lucchini, ob. cit. p. 230. 297 Ibíd., p. 231. 298 Recueil, 1982. 299 Recueil, 1984. 300 Recueil, 1985. 301 Recueil, 1994.

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ción más complejo y a su juicio más preciso de la norma fundamental en cuestión. Con este fin querría inspirarse entre otras, en la definición de ’verdaderas reglas de derecho en materia de delimitación de plataformas continentales limítrofes, es decir, de reglas obligatorias para los Estados en cualquier delimitación’ dada por el tribunal en su sentencia de 1969 sobre la Plataforma Continental del mar del Norte (C.I.J: Recueil 1969, pp.46-47, párrafo 85). Se podría pues definir del siguiente modo lo que el derecho internacional general prescribe en cualquier delimitación marítima entre Estados vecinos: 1) Ninguna delimitación marítima entre Estados cuyas costas son adyacentes o están situados frente a frente puede ser efectuada unilateralmente por uno de esos Estados. Esta delimitación deberá ser buscada y lograda por medio de un acuerdo, tras una negociación llevada a cabo de buena fe y con la intención real de que conduzca a un resultado positivo. En el caso en que, sin embargo, no se pudiese lograr tal acuerdo la delimitación debe ser efectuada recurriendo a una tercera instancia dotada de la competencia necesaria para hacerlo. 2) Tanto en el primero como en el segundo caso, la delimitación debe ser realizada en aplicación de criterios equitativos y utilizando métodos prácticos adecuados para asegurar, teniendo en cuenta la configuración geográfica de la región y otras circunstancias pertinentes, un resultado equitativo”302 La concepción de la equidad autónoma como norma delimitadora aparece con claridad en esta sentencia. A su vez, en el fallo en el caso Libia c. Malta, la Corte expresó que sin otorgar a la línea
302 Cf. CIJ, Asunto de la delimitación de la frontera marítima en la región del Golfo de Maine. Sentencia de 12 del octubre de 1988, versión es español, en: Antonio Fernández Tomás, Derecho Internacional Público, Casos y Materiales, Tirant lo Blanch, Valencia, 1990, pp. 383-384.

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media o equidistante una condición de uso obligatorio en los procesos de delimitación, en la materia específica del caso, resolvía trazando provisionalmente una línea media para en seguida, en función de las circunstancias pertinentes presentes en el caso (la disparidad considerable de la longitud de las costas y la distancia existente entre ellas), proceder a modificarla y corregirla aplicando los principios equitativos con el objeto de arribar a una solución con equidad en los resultados 303. En este caso se estaría frente a la concepción de la equidad como complemento. Weil, por su parte, en un esfuerzo más analítico diferencia tres niveles de densidad normativa en los que se aplica la equidad. En el primero, el derecho de la delimitación marítima no comprendería ninguna otra norma distinta a la regla fundamental de obtener una solución equitativa en los resultados. De acuerdo a esta concepción ni los principios equitativos ni los métodos de delimitación estarían integrados en la norma. Consecuentemente el juez en cada caso tendría una amplia potestad para decidir con una flexibilidad casi absoluta. Es la tesis que sostiene que cada caso es único y que la Corte debe actuar con libertad, sujeta sólo a la norma fundamental. “En este caso, la normatividad se sitúa en el nivel más bajo. El derecho prescribe la finalidad equitativa, pero no va más allá304”.

303 “…la Cour ait estimé dans les circonstances de la présente espèce qu'il convenait de commencer par établir une ligne médiane pour procéder a la délimitation ne signifie pas qu'une ligne d'équidistance soit le point de départ dans tous les cas, ni même dans tous les cas de délimitation entre Etats se faisant face. Ayant tracé la ligne médiane initiale, la Cour a conclu que cette lignedoit être ajustée pour tenir compte des circonstances pertinentes de larégion, à savoir la disparité considérable des longueurs des côtes des Parties actuellement à l'examen et la distance entre ces côtes, la position des points de base déterminant la ligne d'équidistance, et le cadre géographique d'ensemble. En tenant compte de ces circonstances, et en assignant comme limite extrême à tout déplacement de la ligne vers le nord la médiane théorique qui, dans l'hypothèse d'une délimitation entre l'Italie et la Libye fondée sur l'équidistance dans la zone sur laquelle porte l'arrêt, n'accorderait aucun effet à Malte, la Cour a été en mesure d'indiquer une méthode permettant aux Parties de déterminer la position d'une ligne qui soit de nature à assurer entre elles un résultat équitable.” CIJ, Recueil, 1982. p. 56, parr. 77-78. 304 Weil, ob.cit. p. 175.

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El segundo nivel de densidad normativa supone que los principios equitativos tienen un componente coercitivo como parte integrante de la norma delimitadora. Consecuentemente el derecho no se limitaría a prescribir que la delimitación debe llevar a un resultado de equidad, sino que distingue entre lo equitativo y lo no equitativo y utiliza los principios equitativos como norma para resolver las situaciones específicas y concretas de cada caso de delimitación. La libertad del juez se encontraría más acotada. En el último nivel de densidad normativa, el contenido de la norma delimitadora se amplía para abarcar, además del objetivo teleológico de la equidad de resultados y los criterios o medios para obtenerlo (principios equitativos) las circunstancias pertinentes y los propios métodos de delimitación. Más allá de los distintos esquemas analíticos de exégesis de la norma delimitadora constituida por la obtención de la equidad de resultados, una aproximación equilibrada a la jurisprudencia de la Corte parecería indicar que la norma delimitadora, resumida en la formula “equidad de resultados- principios equitativos- circunstancias especiales o pertinentes”, comprende ciertamente en su estructura normativa distintos niveles de aplicación de la equidad. Esencialmente a la equidad como finalidad primera y última de la delimitación marítima, en un sentido teleológico (equidad de resultados), pero también a la equidad como medio o instrumento para lograr ese fin (principios equitativos). 5.2 Equidistancia, circunstancias especiales, circunstancias pertinentes y equidad de resultados Los métodos de delimitación marítima son procedimientos técnicos utilizados para dividir la zona o área de superposición de dos áreas marítimas entre Estados que se encuentran frente a frente o cuyas costas son adyacentes.305 No existe una relación ex305 Laurent Lucchini y Michel Voelckel definen los métodos de delimitación como “todo procedimiento cuya utilización está en capacidad de permitir fijar una clara línea de separación”, Cf. Laurent Luchini y Michel Voelckel, Michel, ob. cit., p.132.

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haustiva de los métodos a utilizar, pero la práctica de los Estados, la jurisprudencia de la Corte y los tribunales arbitrales y el desarrollo de los elementos técnicos aplicables permiten establecer una relación de métodos susceptibles de ser utilizados. Sin embargo, la Corte en el proceso de unificación de las normas consuetudinarias ha consolidado, finalmente, la utilización prima facie del método de la equidistancia como un trazo preliminar sujeto a variaciones que dependen de la existencia, según sea el caso, de circunstancias especiales o circunstancias pertinentes con el objetivo teleológico de llegar a una equidad de resultados. El tema de los métodos de delimitación fue materia de estudio y recomendaciones de la Comisión de derecho internacional de las Naciones Unidas entre 1950 y 1956. En esa oportunidad, la comisión trabajó en el contexto básico de la delimitación del mar territorial, único espacio soberano reconocido por el derecho internacional de la época, aunque de manera previsora tuvo en cuenta también la cuestión de la plataforma continental que ya era objeto de reivindicaciones de soberanía unilaterales. Pero su referente fue el mar territorial. En ese contexto, la comisión examinó diversos métodos y formas de delimitación y remitió la consideración del tema a un grupo de expertos que presentó sus recomendaciones en 1953. El grupo identificó cuatro métodos básicos: la equidistancia, la prolongación de la línea que divide las aguas territoriales adyacentes, el trazo de una línea perpendicular a la costa a partir del punto en que la frontera terrestre llega a la costa y una línea perpendicular siguiendo la orientación general de las costas. En su informe final, los expertos señalaron que la frontera lateral entre los respectivos mares territoriales donde no hubiese sido fijada de otra manera, debía ser trazada de preferencia conforme al método de la equidistancia. Algunos autores y Estados interpretaron que esta recomendación estableció que el método de la equidistancia306 era el único a
306 La equidistancia puede definirse como un método geométrico cuya aplicación permite que todos los puntos de la línea de delimitación sean equidistantes de los puntos más próximos de las líneas de base, a partir de las cuales se mide la extensión del mar territorial de cada una de las partes.

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utilizar, asignándole un carácter obligatorio como regla de Derecho internacional consuetudinario y de aplicación general, aun en los nuevos espacios que el derecho del mar había incorporado a la soberanía de los Estados. La Corte, sin embargo, ha negado esta interpretación al señalar que en los trabajos de la propia Comisión de derecho internacional “es claro que en ningún momento se ha considerado que la noción de equidistancia esté vinculada de manera inherente a la doctrina de la plataforma continental”.307 Asimismo, la Corte ha expresado su criterio en el sentido de que en esta materia, en todo momento, la comisión procedió en función de dos convicciones. En primer lugar, que es poco probable que un método único de delimitación esté en capacidad de satisfacer todas las circunstancias que se presentan en la delimitación cuando esta se tiene que establecer a través de un acuerdo o de un arbitraje, y, en segundo lugar, que toda delimitación debe hacerse siguiendo los principios equitativos308. Para la Corte no existen ni métodos únicos ni obligatorios en su aplicación. La equidistancia, que es la norma general para la delimitación del mar territorial, tampoco tiene ese carácter de criterio único y norma obligatoria aun en este caso, pues de existir circunstancias especiales, se puede optar por otro método o una combinación de métodos si ello es necesario para asegurar la equidad de los resultados. La equidistancia es señalada por el derecho positivo y las convenciones de 1958 y 1982 como el método a utilizar ab initio para delimitar el mar territorial, teniendo en cuenta las circunstancias especiales que pudieran incidir en la delimitación o imponer un cambio de método. En el caso de la plataforma continental y la zona económica exclusiva, no tiene ninguna preeminencia normativa frente a otros métodos. Sin embargo, de todos los métodos existentes, la equidistancia es aquel que a priori puede asegurar un
307 Recueil, Mer du Nord, 1969, pp. 35-51. 308 Ibíd., p. 36, párr. 55.

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resultado equitativo, si no median circunstancias especiales. El derecho internacional consuetudinario y la jurisprudencia de la Corte han consagrado, en ese sentido, una percepción de la equidistancia como un criterio o método de aplicación preferente, mas no obligatorio, cuando en sí misma y en términos prácticos conduce a un resultado equitativo; pero que, en caso contrario –por la presencia de las circunstancias especiales–, puede ser dejado de lado a favor de otro trazo del límite marítimo o de una combinación de líneas derivadas de otros métodos. La línea equidistante en el caso del mar territorial, por razones de conjunción entre su naturaleza geométrica, la realidad geográfica y la corta distancia de la zona, normalmente produce un resultado equitativo. Dada la escasa extensión del mar territorial, en la mayoría de los casos la equidistancia produce equidad de resultados. Pero ello es distinto cuando se tiene que trazar el límite de la plataforma continental y especialmente de la zona económica exclusiva. Al tratarse de vastos espacios marítimos, con riquezas hidrobiológicas y mineras que hay que dividir, la línea de la equidistancia puede producir resultados inequitativos. Por esta razón, la Corte asumió la interpretación de que la disposición del artículo 6 de la Convención sobre la plataforma continental, de 1958, que manda el trazo por la línea media, no posee el rango de norma general de derecho consuetudinario. En el mismo sentido, la Sala de la Corte, en la sentencia del Golfo de Maine, señaló que no encontraba ningún fundamento para legitimar la pretensión de transformar el contenido de las disposiciones que figuran en el artículo 6 de la Convención de 1958 en una regla general aplicable a toda delimitación marítima. La Corte recordó también que las disposiciones del artículo 6 no obligaban a los estados que no formaban parte de la convención y que aun en el caso de aquellos que sí lo hacían, el método delimitador no se aplicaba obligatoriamente en la medida en que existiesen circunstancias especiales.309
309 Cf. Recueil, 1988.

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Este razonamiento ha conducido a una opinión sólida y definitiva de la Corte, en el sentido de que el método de la equidistancia no tiene un estatuto de método único obligatorio. Ciertamente se beneficia de una presunción de equidad ab initio a su favor, pero no es ni norma única, ni de aplicación obligatoria. Siempre está en función de que su aplicación produzca, en la práctica, resultados equitativos.310 En síntesis, el método de la equidistancia, aun utilizándolo como un trazo preliminar, sujeto a las correcciones de equidad en función de la existencia de circunstancias especiales, no es una norma obligatoria de Derecho internacional. La Corte en reiteradas oportunidades ha sido clara en este asunto. Pero, al mismo tiempo, de los métodos existentes es el más apto a ser utilizado, aun de manera provisional, para lograr los resultados equitativos, con las correcciones pertinentes en función de la existencia de circunstancias especiales. Más aún, en el proceso de convergencia que está caracterizando el desarrollo actual del derecho de la delimitación marítima, el método de la equidistancia se está integrando a las soluciones sobre controversias en el ámbito de la plataforma continental o la zona económica exclusiva, por lo menos al inicio del proceso delimitador, como un paso preliminar a ser confirmado o no, en función de las circunstancias especiales: “(…) al tenor de la jurisprudencia más reciente, la norma equidistancia-circunstancias especiales ya no se concibe como una regla específica del mar territorial, sino que se ha integrado en el régimen jurídico común a la delimitación de la plataforma continental y la zona económica exclusiva, en el que la función de la equidistancia ha evolucionado hasta desempeñar cierta función privilegiada, como punto de partida provisional de la línea de delimitación entre costas opuestas, lo cual no deja de

310 Cf. CIJ, Affaire du Plateau Continental (Malta/Libye), Arrêt du trois juin 1985, Recueil des Arrêts, Avis Consultatifs et Ordonnances, 1985. p. 37.

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recordarnos el papel primordial que hasta ahora sólo jugaba en la delimitación del mar territorial”.311 Desde un punto de vista procesal, de esta manera, en principio la equidistancia es un factor a tener en cuenta en todo proceso de delimitación marítima, normalmente como el método que debe aplicarse ab initio de manera provisional. Si luego de establecer con ese carácter el trazo de la frontera marítima se comprueba que ha producido un resultado de equidad, la línea se confirma. Pero, en caso contrario, si por la existencia de circunstancias especiales se comprueba que ese trazo produce resultados no equitativos para una de las partes, se procede a la rectificación, que implica utilizar otros métodos de delimitación o una ilimitada combinación de ellos, siempre con el objetivo de comprobar al final del proceso que se han obtenido resultados equitativos. Según Michel Voelckel, el método de la equidistancia es el más apto porque es “el único que permite ya sea realizar delimitaciones bilaterales directamente, o bien que primeramente se realice una repartición general para luego corregir o restringir el área propia de la delimitación”312, y en esa vía propiciar la equidad, independientemente de que en ciertos casos su aplicación produzca, por el contrario, inequidad, como sería en la hipótesis de su aplicación en costas con una configuración cóncava. De allí la importancia que tiene la línea equidistante en el derecho de la delimitación marítima. Gómez-Robledo ha detallado el proceso técnico del trazado de una línea equidistante, incluidos los gráficos correspondientes, que se transcriben por su carácter ilustrativo.313
311 Eloy Ruiloba García, Circunstancias especiales y equidad en la delimitación de los espacios marítimos. Zaragoza, Real Instituto de Estudios Europeos, 2001, p. 275. 312 Michel Voelckel, Aperçu de quelques problèmes techniques concernant la délimitation des frontières maritimes, Annuaire Français de Droit International, París, Vol. XXV, 1979, pp. 693-711, citado en: Alonso Gómez-Robledo Verduzco, ob. cit., p. 22. 313 Ibíd.

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Gráfico 5. Delimitación entre dos estados con costas adyacentes. linea media (fuente: kapoorkerr). Tomado de Alonso Gomez Robledo, ob. cit. 24.

DELIMITACIÓN ENTRE ESTADOS CON COSTAS ADYACENTES

Linea media (fuente: kapoor-kerr)

“(…) Se trata de dos Estados con costas adyacentes. El principio y operación geométrica es el mismo que se realiza cuando se trata de Estados con costas situadas frente a frente. Del punto Z, en donde la frontera terrestre alcanza la ribera del Estado, la línea de la equidistancia parte como una perpendicular a la línea de la costa (o hacia la tangente, si la línea de la costa es particularmente encorvada en el punto Z). La perpendicular inicial continúa hasta parte de la línea de base, de cualquiera de los Estados, y es una línea equidistante. En esta gráfica el punto E en el segmento relevante “a”: en donde Za=Ea. La línea ahora continúa como una bisectriz perpendicular a la línea que une EZ. De esta manera, la línea continúa a través de los puntos relevantes b, c, d, e…: todos los puntos siendo equidistantes
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de los puntos más cercanos de las líneas de base respectivamente de los dos Estados”.314 Las circunstancias especiales constituyen diversos elementos o realidades, de carácter geográfico o geomorfológico, que inciden en la delimitación por su impacto, condicionamiento o influencia en la división equitativa de las áreas marítimas superpuestas. En principio, se debe trazar de manera transitoria y provisional una línea de delimitación de base geométrica, usualmente la línea de la equidistancia, para posteriormente contrastarla con la existencia de circunstancias especiales y, si estas inciden en la equidad de los resultados, la línea provisional se sustituye por otra línea o se le combina con otros métodos para asegurar el objetivo de todo proceso delimitador que es obtener equidad de resultados. La consideración de las circunstancias especiales es, de esta manera, un factor dinámico de la equidad de resultados. Una línea equidistante sin la existencia de circunstancias especiales puede asegurar la equidad de resultados, pero con la presencia de estas (como la existencia de islas, la concavidad de las costas o su propia configuración), el resultado a través de la línea equidistante puede ser profundamente inequitativo. De allí la relevancia de tener en cuenta las circunstancias especiales. Dada su incidencia en los resultados del proceso delimitador, será obligatorio modificar el trazo provisional de la línea para tenerlas en cuenta y asegurar la equidad de resultados. La Corte, en la sentencia sobre el asunto del Mar del Norte, definió las circunstancias especiales como “la configuración general de las costas de las partes y la presencia de toda característica especial o inhabitual”.315 Es una noción tributaria de la geografía.

314 Ibíd. 315 Recueil, 1969, p. 54.

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Las circunstancias pertinentes no actúan ex post, es decir luego de haber sido trazada la línea de la equidistancia, sino antes de la definición del método a utilizar para la delimitación, en ese sentido no están subordinadas a la equidistancia. Su naturaleza es variable y siendo básicamente geográficas, pueden ser también económicas, históricas o jurídicas, aunque siempre tienen que estar referidas o incidir en la realidad geográfica de la delimitación. La Corte ha precisado este aspecto al señalar que las circunstancias pertinentes deben ser apreciadas en función del título jurídico, los principios y reglas aplicables al espacio a delimitar: “…en efecto, si bien es cierto que no existe una lista limitada de las consideraciones a las cuales el juez puede recurrir, es evidente que sólo pueden intervenir aquellas que tienen una relación con la institución de la plataforma continental tal como ella es concebida en el derecho, y a la aplicación de los principios equitativos en su delimitación”.316 En el asunto sobre la plataforma continental entre Libia y Túnez, las partes argumentaron, para sostener sus pretensiones, la presencia de diversas circunstancias pertinentes. Túnez, en las conclusiones de sus alegatos, señaló como circunstancias pertinentes que la Corte debía tomar en cuenta la presencia de islas, islotes y otras formaciones en la costa este del país; las líneas curvas batimétricas que reflejan la estructura física y geológica; el efecto de amputación que podría resultar para su área marítima: la manera como se configuran los ángulos en el litoral tunecino-libio combinado con la situación del punto de la frontera terrestre sobre la costa; la irregularidad de las costas tunecinas comparadas con la regularidad general de las costas libias en la zona a delimitar; la situación de Túnez frente a los Estados que tienen costas más largas que las suyas y los efectos de toda delimitación presente o futura con esos Estados; y la existencia de derechos históricos, particularmente de naturaleza económica.317
316 Cf. CIJ, Caso Libia/ Malta, asunto de la Plataforma Continental, sentencia del 3 de junio de 1985, Recueil, parr. 48, p.40. 317 Cf. Recueil, 1984.

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Libia, por su parte, invocó solamente dos tipos de circunstancias pertinentes derivadas de la geografía: la estructura geológica de la plataforma continental y su relación con la masa terrestre adyacente; y la configuración geográfica de las costas. La Corte en su fallo admitió algunas de estas circunstancias pertinentes y determinó que otras no tenían ninguna incidencia en el resultado equitativo de la delimitación.318 En el mismo fallo, la Corte señaló  : “Comme il n’y a jamais eu d’accord entre la Tunisie et la Libye sur la délimitation des eaux territoriales, des zones contiguës, des zones économiques exclusives et du plateau continental, une frontière terrestre incontestée par les Parties et résultant d’une convention est une circonstance de la plus haute pertinence” (Como jamás existió un acuerdo entre Túnez y Libia sobre la delimitación de las aguas territoriales, las zonas contiguas, las zonas económicas exclusivas y la plataforma continental; una frontera terrestre no contestada por las partes y resultante de una convención, constituye una circunstancia de la más alta pertinencia.319”).320 La existencia de un tratado de delimitación terrestre fue considerada por la Corte como circunstancia pertinente. Más aún, teniendo en cuenta que la Convención del 19 de marzo de 1910 estableció que el punto de llegada o términus de la frontera terrestre sobre el mar, era Ras Adjdir, la Corte determinó que este punto debía ser tomado en cuenta necesariamente para el trazo de la frontera marítima, de la misma manera que había sido utilizado por las partes para diversos actos jurídicos unilaterales sobre la delimitación marítima. La Corte consideró el punto final de la frontera terrestre como otra circunstancia pertinente a tener en cuenta en la delimitación y por ende en su fallo.321
318 Cf. Ibíd. 319 Traducción del autor 320 Recueil, 1984, p. 65, párr. 82. 321 Ibíd.

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El trazo de la frontera marítima entre estados adyacentes, es decir con límites laterales, como es el caso entre Perú y Chile, por regla general se hace siempre a partir del términus de la frontera terrestre. Es decir, el punto en que esta llega al mar. Si el trazo de la frontera es para todos los espacios marítimos, es decir, el mar territorial, la zona contigua, la zona económica exclusiva y la plataforma continental, esta norma no tiene excepción. Evidentemente, si la frontera a trazar fuese solo un segmento de los espacios de soberanía y jurisdicción, por ejemplo, la zona económica exclusiva o la plataforma continental, el extremo de la línea divisoria podría no coincidir con el términus de la frontera terrestre. Ruiloba García sintetiza de manera explicativa la relevancia de la posición de la frontera terrestre en la delimitación lateral de los estados: “En supuestos de costas adyacentes, el punto en el que la frontera terrestre entre dos Estados vecinos alcanza el mar será el punto inicial a partir del cual empiecen a contarse los sucesivos espacios marítimos. En consecuencia, si ambos Estados deciden delimitar todos sus espacios de una sola vez, el extremo de la línea de delimitación marítima lateral deberá coincidir con dicho punto final de la frontera terrestre. Ahora bien, es posible que dos Estados adyacentes procedan a delimitar tan solo alguno de sus espacios marítimos, como por ejemplo la plataforma continental o la zona económica exclusiva, en cuyo caso el extremo de la línea divisora no coincidirá con el punto final de la frontera terrestre, sino con el límite exterior del mar territorial, situado en el mar a una determinada distancia de la costa, normalmente, equivalente a la anchura del mar territorial que hayan establecido esos Estados”.322 Entre las circunstancias pertinentes de carácter histórico se reconocen la conducta de las partes, los derechos históricos, los intereses económicos y los aspectos vinculados a la seguridad y defensa de las partes, así como la existencia de determinados instru322 Ruiloba García, ob. cit., p. 395.

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mentos o acuerdos jurídicos suscritos entre ellas que incidan en la delimitación, como concesiones petroleras o convenios de pesca. La conducta de las partes puede ser decisiva para determinar si a través de ella se pudo haber consagrado entre las partes un acuerdo de delimitación, aun de manera implícita. Sin embargo, la Corte, en su jurisprudencia, se ha mostrado bastante rigurosa en la exigencia de los requisitos de continuidad y carácter sistemático de los actos propios y de la presencia del factor subjetivo, es decir, la necesidad de que la conducta en cuestión sea motivada en la convicción de que se obra en función de la existencia de una obligación jurídica. Las circunstancias pertinentes, su valoración y su incidencia en la limitación varían según cada caso. Una circunstancia pertinente geográfica, como la configuración de las costas, puede, en una controversia, ser relevante para la delimitación y determinar correcciones en la línea provisional para obtener la equidad de los resultados, pero en otras puede ser irrelevante. En el asunto de la plataforma continental Malta/Libia, la Corte, en la parte resolutiva de la sentencia, explicó que había trazado una línea media inicial, y que esta debía ser objeto de una rectificación, en razón de las circunstancias pertinentes identificadas, “especialmente la disparidad considerable entre la longitud de las costas de las partes y la distancia entre esas costas, la posición de los puntos de base que determinan la línea de equidistancia”.323 Como reseña Gómez-Robledo, “(…) tomando en cuenta las circunstancias anteriores, y fijando como límite externo de todo desplazamiento de la línea hacia el norte la línea media teórica que, en la hipótesis de una delimitación entre Italia y Libia fundada sobre la equidistancia en la zona a la cual se refiere la sentencia no otorgaría ningún efecto a Malta, la Corte estuvo en posibilidad de indicar un
323 Alonso Gómez-Robledo Verduzco, ob. cit., p. 185.

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método, permitiendo a las partes determinar la posición de una línea de tal naturaleza que asegurase entre ellas un resultado equitativo. En opinión de la Corte, dicha línea respondía a las exigencias del criterio de proporcionalidad y, más generalmente, la misma tomaba en cuenta de una manera equitativa todas las circunstancias pertinentes”.324 Las circunstancias pertinentes no pueden ser objeto de una enumeración taxativa, ni tampoco de una clasificación definitiva o rígida. Esto se debe a que cada situación específica puede dar lugar a la valoración de un hecho geográfico o a una situación de otra naturaleza que, por su incidencia en la equidad que exige el resultado de la delimitación, puede ser considerada como una circunstancia pertinente a tomar en cuenta. Como una forma de facilitar el análisis, en términos estrictamente hermenéuticos, es posible ensayar algunas clasificaciones teniendo en cuenta su naturaleza, y en función de la jurisprudencia existente. Una sistematización bastante sensata y práctica, es la sugerida por Ruiloba García, quien las clasifica en circunstancias geográficas, circunstancias geológicas y geomorfológicas, circunstancias económicas y circunstancias históricas o políticas. Sin embargo, como bien puntualiza el propio autor, esta “(…) clasificación no es la única posible, ni resulta con mucho exhaustiva u omnicomprensiva de todas las circunstancias que pueden influir en la delimitación de los espacios marítimos en un supuesto dado. El elenco de factores susceptibles de ser considerados como una circunstancia pertinente no es una lista cerrada y definitiva. De ahí que cualquier clasificación sea tan sólo indicativa, a título orientador de las distintas circunstancias especiales”.325

324 Ibíd. 325 Ruiloba García, ob. cit., p. 361.

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Lo importante es la funcionalidad que cumplen las circunstancias pertinentes en todo proceso delimitador como elementos que concurren al logro de la equidad de resultados. Una circunstancia geográfica, geomorfológica, económica, histórica o de cualquier otra naturaleza si no afecta con su existencia la equidad de los resultados, es irrelevante y no se tomará en cuenta. Pero, si por el contrario, se comprueba su incidencia en el proceso delimitador, en términos de favorecer o perjudicar a una de las partes en la valoración de la equidad de resultados, entonces sí será relevante, se tomará en cuenta y producirá las correcciones que sean necesarias en el trazo de la línea delimitadora o en la selección de los métodos para llevarla a la práctica, de tal manera que se asegure la equidad de los resultados para todas las partes. 5.3 La convergencia de las reglas equidistancia – circunstancias especiales y principios equitativos – circunstancias pertinentes En la actualidad, el derecho internacional de la delimitación marítima está integrando el alcance de las normas convencionales con las del derecho consuetudinario, conformando un solo conjunto de principios y normas aplicables a los procesos de delimitación y a la solución jurisdiccional de las controversias internacionales en esta materia. Sin embargo, no hay que perder de vista que se trata todavía de un derecho en formación y que cada caso constituye una realidad única a la cual hay que adaptar las normas en el marco de reglas y principios existentes. La Corte Internacional de Justicia ha señalado que no es posible buscar en el derecho internacional positivo un cuerpo de reglas muy detalladas. Se ha visto que son muy reducidas y generales, tanto las contenidas en la Convención del Mar de 1982, como las de las convenciones de Ginebra de 1958. El derecho consuetudinario ha aportado claridad, alcance, precisión y detalle, siempre sin llegar a reglas muy rígidas, a la delimitación marítima. El Derecho inter268

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nacional general de la delimitación marítima es la expresión de la concordancia y la progresiva unificación de las normas convencionales y el derecho consuetudinario. La jurisprudencia de la Corte y los tribunales arbitrales son las principales fuentes de formación de la opinio juris. La sentencia sobre el asunto de la delimitación de la frontera marítima en la región del Golfo de Maine ha resumido de manera bastante precisa los criterios básicos que orientan la delimitación marítima entre estados vecinos:326 1. Ninguna delimitación marítima entre estados que tengan costas adyacentes o que se encuentren frente a frente puede ser efectuada unilateralmente por uno de los estados. La delimitación debe propiciarse y concretarse a través de un acuerdo que surja de una negociación orientada por el principio de la buena fe y con la intención real de llegar a un resultado positivo. En el caso de que, sin embargo, un acuerdo de esta naturaleza no pueda ser obtenido o realizado, la delimitación marítima deberá establecerse recurriendo a una tercera instancia que posea las competencias necesarias para resolver la controversia. 2. La delimitación debe ser obtenida a través de la aplicación de los principios equitativos y la utilización de métodos prácticos capaces de asegurar, teniendo en cuenta la configuración geográfica de la zona y otras circunstancias especiales, un resultado equitativo. En síntesis, la regla procesal esencial y fundamental del Derecho internacional consuetudinario en materia de delimitación marítima es aquella que prescribe que la delimitación debe obtenerse a través de un acuerdo entre las partes o por decisión de una instancia jurisdiccional o arbitral, con la finalidad de que la decisión
326 Recueil, 1984, pp. 299-300.

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adoptada se sustente en la aplicación de los principios equitativos y se lleve a cabo utilizando métodos prácticos que aseguren la equidad de los resultados. Sin embargo, las normas específicas o los criterios que permitan aplicar concretamente uno u otros principios equitativos o el trazado de la línea delimitadora no se pueden derivar directamente del derecho general, pues previamente se debe buscar la existencia o inexistencia de normas y criterios específicos que puedan eventualmente estar establecidos en el derecho internacional particular. Es decir, la eventual existencia de un derecho vigente entre las partes, aplicable a la solución de la controversia, una lex specialis, un tratado, una obligación jurídica vigente. La Corte ha señalado: “Les conclusions auxquelles la Chambre est auparavant parvenue l’ont amenée à constater que ce n’est pas dans le droit international général coutumier qu’il faut rechercher d’éventuelles règles prescrivant spécifiquement l’application de tel ou tel critère équitable ou l’utilisation de telle ou telle méthode pratique aux fins d’une délimitation comme celle qui est requise dans le cas d’espèce. Le droit international coutumier, on l’a vu, se borne à prescrire en général l’application de critères équitables et l’utilisation de méthodes pratiques propres à traduire concrètement ces critères. Il faut donc se reporter au droit international particulier pour voir s’il y existe ou non, dans l’état du droit actuellement en vigueur entre les Parties au présent procès, une quelconque règle de droit requérant spécifiquement des Parties, et par conséquent de la Chambre, l’application à la délimitation recherchée de certains critères ou de certaines méthodes pratiques déterminées”.327 [Las conclusiones a las cuales la Corte llegó anteriormente la han llevado a constatar que no es en el derecho internacional consuetudinario general donde hay que buscar reglas que eventual-

327 Ibíd., p. 300, párr. 114.

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mente prescriban específicamente la aplicación de tal o cual criterio equitativo o el uso de tal o cual método práctico para llegar a una delimitación como la que es requerida en este caso específico. Como se ha visto, el derecho internacional consuetudinario se limita a prescribir, en general, la aplicación de criterios equitativos y la utilización de métodos prácticos propios que permitan aplicar concretamente dichos criterios. Hay que dirigirse, pues, hacia el derecho internacional particular para ver si existe o no, conforme al derecho actualmente vigente entre las Partes del presente litigio, una regla de derecho, sea cual sea, que demande específicamente de las partes, y por consiguiente de la Sala, la aplicación de ciertos criterios o de ciertos métodos prácticos en la delimitación.] La existencia de un tratado o una obligación jurídica entre las partes que constituya lex specialis en materia de delimitación marítima es la norma aplicable a la solución de una controversia, siempre y cuando se pruebe su validez, vigencia y alcance. Y aun en ese caso su aplicación estará en función de los espacios marinos a que se refiera, mar territorial, plataforma continental o zona económica exclusiva, así como en razón de la existencia o no existencia de normas particulares o métodos para el trazado de la línea de la frontera marítima en los espacios que regule la lex specialis. En caso de discrepancia entre las partes, ya sea sobre todos o solo alguno de esos aspectos, y la imposibilidad de llegar a una solución a través de una negociación diplomática, la solución tendría que provenir de una instancia jurisdiccional o arbitral. En caso de ausencia de una lex specialis o de Derecho internacional particular entre las partes sobre la línea de delimitación marítima y/o sobre el método delimitador, la solución de la controversia debe hacerse aplicando los principios y normas aplicables del Derecho internacional general. Es decir, la regla de los principios equitativos-circunstancias especiales. Esta regla, en el caso del mar territorial, implica necesariamente el trazo de una línea equidistante por lo menos de forma provisional, la cual debe confirmarse o
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rectificarse en función de las circunstancias especiales, de tal manera que el resultado asegure una equidad de resultados. En el caso de la plataforma continental y la zona económica exclusiva, el trazo preliminar de la línea equidistante es aconsejable como procedimiento preliminar, pero no necesariamente obligatorio. Siempre, por supuesto, para someter a prueba esa línea en términos de determinar si su trazo produce un resultado equitativo en función de las circunstancias pertinentes. El método o el tipo de línea no son, pues, un fin en sí mismos, ni tampoco se presume que produzcan equidad necesariamente. Son simples instrumentos cuya validez depende de que con su utilización se obtenga la equidad de resultados. El principio y la regla esencial de esta convergencia de norma positiva y costumbre, que constituye el elemento central del derecho general de la delimitación marítima, como se verá más en detalle, es la búsqueda de la equidad en los resultados. Esta se ha constituido en el objeto y fin de toda delimitación marítima. Ciertamente la equidistancia es el método más cercano a la equidad si no hay circunstancias especiales. Pero el Derecho internacional no le confiere a la equidistancia una calidad de aplicación imperativa o vinculante. En principio supone una pluralidad de métodos delimitadores, no admite un solo método como norma obligatoria, independientemente de que considere a la equidistancia el más hábil para producir equidad de resultados. Por ello, se ha señalado que el derecho de la delimitación marítima es un derecho “situacional” con lo que se denota que en realidad el resultado equitativo no se obtiene por la aplicación de un método delimitador de regla única y aplicación absoluta. Por el contrario, la práctica y las sentencias de la Corte abonan por soluciones casuísticas, donde cada caso es un universo, pero donde las soluciones particulares siempre están subordinadas al cumplimiento de una norma y principio general que manda que la delimitación,
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al final del proceso, se traduzca en un resultado de equidad para ambas partes. En realidad, una de las especificidades del derecho internacional de la delimitación marítima, más allá de que sea esencialmente un derecho consuetudinario, es el papel principal e innovador que desempeña la jurisprudencia internacional. No hay quizás otro ámbito del Derecho internacional en el que el juez no se limite estrictamente a interpretar y aplicar el derecho vigente. Desde la sentencia sobre la Plataforma Continental en el Mar del Norte, en la que la Corte toma distancias de la Convención de Ginebra de 1958 al negarse a considerarla como derecho consuetudinario, hasta las sentencias en las que la Corte desarrolla los principios y criterios aplicables a la delimitación marítima, especialmente las relativas a la Plataforma Continental entre Túnez y Libia (1982) y el asunto del Golfo del Maine entre Canadá y Estados Unidos (1984), se ha asistido a un proceso en el que la jurisprudencia ha ido generando derecho. Este proceso que al principio la Corte adjudicaba a la evolución de la costumbre, ha sido referido como producto de su propia acción y responsabilidad en la sentencia sobre el asunto de la delimitación marítima en la región situada entre Groenlandia y Jan Mayen: “Ainsi, pour la délimitation du plateau continental en l’espèce, même s’il convenait d’appliquer non l’article 6 de la convention de 1958, mais le droit coutumier du plateau continental tel qu’il s’est développé dans la jurisprudence, ce serait se conformer aux précédents que de commencer par la ligne médiane à titre de ligne provisoire, puis de rechercher si des ‘circonstances spéciales obligent à ajuster ou déplacer cette ligne’”.328 [De este modo, para la delimitación de la plataforma continental en el presente caso, convendría aplicar no el artículo 6 de la Convención de 1958, sino el derecho consuetudinario de la plataforma continental tal como
328 CIJ, Recueil, 1993, p. 61, párr. 51.

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se ha desarrollado en la jurisprudencia; esto sería de conformidad con los precedentes de comenzar por la línea media a título de línea provisoria, para después investigar si las ‘circunstancias especiales’ obligan a ajustar o modificar esta línea”.] Por otro lado, la Corte ha señalado que no existen dudas respecto a la aplicación obligatoria de los métodos previstos en el artículo 6 de la convención de 1958 para los estados que la hubieran ratificado en los casos de cuestiones relativas a la plataforma continental y solo a la plataforma continental, quedando claro, sin embargo, que, de existir circunstancias especiales que lo exigiesen, se podría recurrir a otro método o a una combinación de métodos. Para llegar a esta decisión en la sentencia sobre el Golfo de Maine, la Corte analizó la argumentación desarrollada por el Canadá, según la cual correspondía establecer una línea media de delimitación única para el mar territorial, la zona contigua y la zona económica exclusiva. El argumento canadiense se basaba en la consideración de que la Convención de 1958 sobre la plataforma continental, especialmente los párrafos 1 y 2 del artículo 6, los cuales establecen que la delimitación en las zonas marítimas de estados situados frente a frente debe hacerse a través de una línea media y de una línea equidistante en el caso de estados con costas adyacentes, constituía una norma de Derecho internacional general. Consiguientemente se debía aplicar a la delimitación de la zona económica exclusiva. Sin embargo, la Corte recordó que el caso específico del Golfo de Maine no tenía por objeto único la delimitación de la plataforma continental, sino que comprendía también a la zona económica exclusiva. Al respecto, indicó que consideraba dudoso que una obligación convencional, la Convención de 1958, que concernía expresamente a la delimitación de la plataforma continental a través de su extrapolación o de una interpretación extensiva, pudiera aplicarse a otro espacio manifiestamente más grande, heterogéneo y distinto en su naturaleza jurídica como es la zona económica exclusiva.329
329 Ibíd., p. 301.

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Este proceso de desarrollo y elaboración de las normas delimitadoras por la Corte Internacional de Justicia y la propia evolución de las normas internacionales, consagradas en la Convención de 1958 y en la Convención del Mar de 1982, han dado lugar, como lo afirma bien Laurent Lucchini,330 a un sistema dual en el que coexisten dos series de normas sobre la delimitación marítima, que por su origen derivan de: a. Las normas positivas, expresadas en la regla “equidistancia-circunstancias especiales” aplicable a la delimitación del mar territorial (Convención de 1958 y Convención de 1982) y a la plataforma continental en el caso de la Convención de 1958. b. Las normas consuetudinarias, elaboradas y consagradas por la jurisprudencia internacional, aplicables a la zona económica exclusiva y a la plataforma continental que se resumen en la fórmula “principios equitativos - circunstancias pertinentes”. Esta dualidad normativa no es excluyente entre sí, ni opone unas normas a otras. Por el contrario, son complementarias y tienden a la unidad de criterio. El elemento central, común a las dos series de reglas, está dado por el sentido teleológico de la delimitación marítima, que no es otro que obtener un resultado equitativo. En esa perspectiva, de alguna manera se ha superado también la contradicción que existía entre quienes sostenían que bastaba con la aplicación de una línea de equidistancia para obtener la equidad, y de quienes, por otra parte, afirmaban que la equidad era el único principio y criterio que podía llevar a resultados equitativos. La jurisprudencia de la Corte ha resuelto en gran medida este problema, o, en todo caso, lo ha tornado irrelevante, aproximando,
330 Laurent Lucchini, “La Delimitation des Frontieres Maritimes”, en: Maritime Delimitation, edited by Rainer Lagoni and Daniel Vignes, 2006. p. 9.

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por una parte, en la solución de cada situación, las fórmulas equidistancia-circunstancias especiales y equidad-circunstancias pertinentes con un enfoque casuístico, y, por otra, afirmando la preeminencia de los principios equitativos como el elemento central en la concepción y aplicación de una y otra serie de normas. Como bien lo recuerda Lucchini, la Corte se ha pronunciado directamente sobre esta convergencia en muchos casos, entre ellos en la sentencia del diferendo marítimo entre Qatar y Bahrein, en la que señala que la regla de la equidistancia-circunstancias especiales y la norma de los principios equitativos-circunstancias pertinentes, tal como se han desarrollado en la jurisprudencia y en la práctica de los estados, están estrechamente ligadas.331 En esta perspectiva, es factible hablar de un proceso de unificación de las normas convencionales y las consuetudinarias, que crecientemente están conformando un corpus jurídico integrado. En el diferendo marítimo peruano-chileno, este conjunto de principios, normas y métodos de delimitación del derecho consuetudinario se aplicará para resolver la controversia, empezando por la determinación de la existencia o no de una lex specialis, para luego definir la frontera marítima entre ambos países bajo la fórmula equidistancia – circunstancias especiales para el mar territorial y principios-equitativos-circunstancias pertinentes para la zona económica exclusiva y la plataforma continental , cuya aplicación, al no existir, en principio, unas u otras circunstancias, debería realizarse a través de una línea equidistante para cada uno de los espacios marítimos que son objeto de la controversia de límites.

331 Cf. CIJ, Recueil, 2001.

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V. LAS REGLAS BÁSICAS PARA LA INTERPRETACIÓN DE LOS TRATADOS Y SU APLICACIÓN AL DERECHO DE LA DELIMITACIÓN MARÍTIMA Las normas jurídicas regulan la conducta intersubjetiva de las personas. En ese sentido, toda regla de derecho está concebida para ser ejecutada, es decir, para regular las conductas intersubjetivas que forman parte de una relación jurídica. La aplicación de la norma supone necesariamente una comprensión de su contenido y alcance. Por ello las normas tienen una redacción general, pues deben aplicarse a un sin número de situaciones, y siempre será necesario un análisis de la estructura gramatical y del alcance de su contenido para asegurar una recta aplicación. En otros casos, la redacción de la norma puede ser confusa o ambivalente, pues sobre un texto pueden existir dos o más maneras de entenderlo y aplicarlo. Para ello es necesario interpretar la norma. Al acto o proceso intelectual que consiste en establecer el sentido y el contenido exacto de una norma jurídica se denomina interpretación.332 Teniendo en cuenta que el Gobierno de Chile sostiene que la delimitación marítima ya ha sido establecida por la Declaración de Santiago de 1952, el Convenio Zona Especial Fronteriza Marítima y otros instrumentos menores, “confirmada por la práctica” ; desde el punto de vista del método jurídico utilizado por la Corte y los tribunales arbitrales para la elaboración de sus fallos, corresponde determinar si, en efecto, estos instrumentos han establecido o no
332 Patrick Dallier y Alain Pellet, Droit International Public, L.G.D.J., París, 2002, p. 253.

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un límite marítimo entre los dos países en toda la zona marítima de superposición, es decir, el mar territorial, la zona contigua, la plataforma continental y la zona económica exclusiva. Una primera tarea será establecer si de estos instrumentos se deriva o no una obligación jurídica entre las partes en materia de delimitación marítima y, si existiese, a qué áreas marítimas se refiere. Esta es una tarea inherente a la interpretación de los tratados, razón por la cual es indispensable un breve recuento de las normas que el Derecho internacional dispone sobre la materia. La Convención de Viena (sección tercera) sobre el Derecho de los Tratados, de 1969, establece las normas generales y específicas que deben orientar la comprensión e interpretación de los tratados. La regla general fundamental es simple: “Un tratado deberá interpretarse de buena fe, conforme al sentido corriente que haya de atribuirse a los términos del tratado, en el contexto de estos y teniendo en cuenta su objeto y fin”.333 La buena fe está referida al hecho material y subjetivo de que los tratados se suscriben con la intención manifiesta de cumplirlos. Consiguientemente, la interpretación de sus normas debe realizarse siempre teniendo en cuenta que sus disposiciones están dirigidas a facilitar su aplicación y no a entorpecerla; a realizar su objeto y no a tornarlo imposible o a desnaturalizarlo. La comprensión del texto de los tratados, su lectura e interpretación debe hacerse siguiendo el uso corriente del lenguaje. El contexto como elemento de la interpretación se relaciona con la consideración de todo acuerdo o entendimiento que se refiera al tratado y haya sido concertado entre las partes con motivo de su celebración, así como de todo instrumento formulado por una o más partes con motivo de la celebración del tratado y aceptado por las demás como un instrumento referente a él.334 La interpretación, adicionalmente, deberá tener en
333 Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, art. 31, inciso 1, Naciones Unidas, 1970. 334 Ob. cit., art. 31, inc. 2.

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cuenta todo acuerdo posterior entre las partes acerca de la propia interpretación del tratado o de la aplicación de sus disposiciones; la práctica seguida ulteriormente en la aplicación del tratado por la cual conste el acuerdo de las partes acerca de la interpretación del tratado, y toda forma pertinente de Derecho internacional aplicable en las relaciones entre las partes.335 La interpretación debe efectuarse en función del objeto y fin del tratado. Es, por principio general del Derecho internacional, que todo tratado debe realizar su objeto y fin. Por ello cualquier interpretación que se desvíe o que impida u obstaculice el cumplimiento del objeto y fines del tratado no será lícita. La comprensión y el entendimiento de las disposiciones del tratado siempre deben hacerse en términos que guarden una relación de funcionalidad con el cumplimiento de su objeto y fin. Si los términos del tratado no son claros, es decir, son ambiguos u oscuros, o cuando la interpretación de ellos remitiera a un resultado irracional o absurdo, en ese y sólo en ese caso, se recurre supletoriamente a determinados medios complementarios de la interpretación: los trabajos preparatorios y las circunstancias en las que se celebraron los tratados336. Ello siempre en función de la norma esencial de encontrar la voluntad o la intención de las partes reflejada en el texto del tratado. La Corte Internacional de Justicia, en sus sentencias y opiniones consultivas, ha recogido, desde antes de la aprobación y negociación de la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, estas reglas esenciales de la interpretación. La interpretación no está dirigida a escudriñar sobre la voluntad subjetiva de las partes independientemente del texto formalizado, sino a determinar la intencionalidad que se expresa en las
335 Ob. cit., art. 31, inc. 3. 336 Ob. cit., art. 32.

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obligaciones contenidas en el texto mismo del tratado, el que se reputa recoge la voluntad de las partes. Se trata de encontrar la voluntad objetivada en el texto. Hay, en ello, la presunción de que el texto representa la intención auténtica de las partes. En ese sentido, la intencionalidad de las partes constituye una realidad objetiva reflejada en el texto del tratado y no una realidad subjetiva a descubrir, al margen o por encima de lo establecido en el texto. El texto del tratado, en su lectura normal y corriente, concordado con el objeto y fin del tratado, es la base legítima de la interpretación. Esta concordancia entre literalidad del texto, contexto, objeto y finalidad implica que la interpretación debe responder al principio de unidad e integralidad, evitando toda interpretación parcial que pueda derivarse de lecturas aisladas de frases o expresiones sin tener en cuenta la interrelación conceptual, lógica y jurídica entre sus distintas disposiciones o partes. La interpretación, en ese contexto, debe llevar a una secuencia lógica dentro del objeto y fin del tratado y nunca debe conducir al absurdo o a impedir u obstaculizar la realización del objeto del tratado. La Comisión de derecho internacional de las Naciones Unidas ha recalcado este criterio: “Cuando un Tratado da pie a dos interpretaciones, una de las cuales permite que sus disposiciones surtan efectos adecuados y la otra no, la buena fe y el objeto y finalidad del Tratado requieren que se adopte la primera interpretación”.337

337 Comisión de Derecho Internacional de las Naciones Unidas, proyecto de artículos de la Convención de Viena, Doc. A/39/12/Add2, p. 41.

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VI. LA CONTROVERSIA MARÍTIMA ENTRE EL PERÚ Y CHILE 1. ORIGEN DE LA CONTROVERSIA MARÍTIMA PERUANO - CHILENA, SUS COMPONENTES. LA FECHA CRÍTICA Entre el Perú y Chile existe una controversia marítima de naturaleza jurídica, la cual tiene tres componentes: dos básicos y uno derivado. En primer lugar, el diferendo sobre delimitación marítima en cada uno de los espacios en que el Derecho internacional reconoce derechos de soberanía y jurisdicción a los estados (mar territorial, zona contigua, plataforma continental y zona económica exclusiva); en segundo lugar, la pretensión chilena de desconocer la soberanía y jurisdicción del Perú en un área de 28,471.86 km, aproximadamente, situada en una zona ajena al espacio marítimo objeto de la controversia limítrofe y a la propia proyección de las costas de Chile hasta las 200 millas y, finalmente, como derivación del diferendo limítrofe, el desacuerdo en relación con el punto de inicio de la frontera marítima. En el primer caso, el Perú considera que al no existir delimitación marítima corresponde trazar la frontera conforme al Derecho internacional, es decir, a través de una línea que asegure la equidad de los resultados en la delimitación. Chile, por su parte, sostiene que los límites marítimos habrían sido establecidos de manera convencional en la Declaración de Zona Marítima o Declaración de Santiago de 1952 y en el Convenio sobre Zona Especial Fronteriza Marítima de 1954. Para el Perú, estos tratados, aunque válidos y vigentes, no establecen, en ninguna de sus disposiciones, límite ni

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cláusula delimitadora alguna en la frontera marítima entre los dos países. En el segundo caso, Chile desconoce la soberanía peruana en un considerable espacio marítimo de 28,471.86 km2, aproximadamente, al que pretende otorgarle el estatus de alta mar, mediante su tesis del mar presencial. Para el Perú ese espacio, conforme al Derecho internacional y su legislación interna, constituye parte de su dominio marítimo hasta las 200 millas, y está por ende sujeto a su soberanía y jurisdicción. Este espacio marítimo se encuentra fuera del alcance de la zona marítima chilena de 200 millas. En el tercer caso, el Perú considera que el punto de inicio del futuro trazo de la frontera marítima es el que corresponde al término de la frontera terrestre, el punto denominado Concordia, situado en la orilla del mar, en la coordenada de latitud 18°21’08” S338, conforme a lo dispuesto por el Tratado de 1929 y su Protocolo complementario y las Actas de la Comisión Demarcadora de Límites de 1930. Para el Gobierno de Chile, el punto inicial de la frontera marítima no se encuentra en el términus de la frontera terrestre, sino dentro del territorio, en el punto en que se localiza el Hito Nº 1, en la latitud 18º21’00’’. Según el Gobierno de Chile, un informe y un acta que registran trabajos técnicos habrían modificado el Tratado de 1929 en esos términos. El Perú y Chile poseen, como todos los estados costeros, derechos de soberanía y jurisdicción hasta las 200 millas de territorio marítimo. El título jurídico de estos derechos sobre el mar adyacente a sus costas se deriva de la soberanía estatal sobre sus respectivos territorios. Ambos países han cumplido con las disposiciones del Derecho internacional, así como de sus legislaciones internas,
338 La utilización de la latitud 18°21’00” es mencionada por el gobierno de chile cuando hace referencia a la medición realizada en 1929-1930, con el datum local, por la Comisión Demarcadora del Límite Terrestre, que la utilizó para ubicar la posición del Hito 1 de la frontera terrestre. A partir de 2000 el gobierno de Chile utiliza la latitud 18°21’03” del datum WG 584. Ambas latitudes son equivalentes. El autor utiliza una u otra según los documentos o fuentes de referencia.

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las cuales mandan el establecimiento de sus respectivas líneas de base a partir de las cuales cada estado proyecta su dominio marítimo. En el 2000 Chile aprobó la Carta Marina N° 6 del Servicio de Hidrografía y Oceanografía de la Marina, titulada Rada de Arica a Caleta Matanza,339 la cual grafica, a partir de líneas de base normales, 12 millas de extensión de mar territorial, 24 millas de límites exteriores de la zona contigua, hasta 200 millas de zona económica exclusiva y hasta 200 millas de plataforma continental. Esta carta fue depositada en la Secretaría de las Naciones Unidas el 21 de septiembre del 2000.340 En ella, el Gobierno de Chile señala que el límite marítimo está constituido por el paralelo 18°21’00” de latitud sur, lo cual crea un efecto de amputación en la proyección del dominio marítimo peruano hasta las 200 millas en toda el área de superposición de dicha proyección con la correspondiente a Chile. Se trata de un espacio marítimo de 67,139.4 km2, aproximadamente. Tanto la carta elaborada por el Gobierno de Chile como la comunicación efectuada a las Naciones Unidas añaden un elemento de complejidad adicional al problema, pues el punto inicial de la frontera marítima entre los dos países es identificado en el Hito Nº 1 de la frontera terrestre común. Esta indicación contraviene lo dispuesto en el Tratado y Protocolo Complementario para Resolver la Cuestión de Tacna y Arica, suscrito el 3 de junio de 1929, el cual establece definitivamente la frontera terrestre entre los dos países. Este tratado, perpetuo por su propia naturaleza, establece que el punto en que la frontera llega al mar corresponde a “(…) un punto de la costa que se denominará ‘Concordia’, distante 10 kilómetros al norte del puente

339 Servicio Hidrográfico y Océano Gráfico de la Armada de Chile, Carta de Navegación “Rada y Puerto de Arica”, Santiago de Chile, 2000. 340 Cf. Nota del Gobierno de Chile a la Secretaría General de las Naciones Unidas, del 21 de septiembre del 2000.

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del Río Lluta”.341 El Hito Nº 1 no es sino la marca referencial demarcatoria de la frontera más próxima al punto Concordia, punto que intercepta la orilla del mar. El Tratado de 1929 es el que puso punto final a la Guerra de 1879 entre Perú y Chile, producto de la cual el Perú se vio forzado a ceder a Chile las provincias de Tarapacá y Arica. De esta manera, la actitud del Gobierno de Chile de desconocer lo dispuesto por el Tratado de 1929 añade a la controversia marítima de límites un desacuerdo sobre el punto de inicio de la frontera marítima. El Gobierno de Chile sostiene que el inicio de la frontera marítima sería un punto seco, es decir el Hito N° 1, lo cual dejaría una porción de territorio peruano sin mar, o, con costa bañada por aguas bajo jurisdicción chilena. El Gobierno de Chile alega que dicho punto está ubicado en la coordenada 18°21’00” S, pues en 1968 y 1969 dicho punto se ubicó como referente para el establecimiento de unas torres de enfilación cuya función era indicar el ámbito de una zona de exención de sanciones a los pescadores artesanales. El Perú sostiene que el punto de inicio de la frontera marítima no puede ser otro sino aquel en que confluye la frontera terrestre con el mar; es decir, el establecido en el Tratado de 1929 y que corresponde al punto Concordia en la orilla del mar, situado en la coordenada 18°21’08”. Al conocer la elaboración de las líneas de base de Chile, así como la comunicación respectiva a la Secretaría de las Naciones Unidas, el Gobierno peruano efectuó las protestas correspondientes y señaló que desconocía el límite pretendido por Chile y precisó además que no existen límites marítimos establecidos entre los dos países. Asimismo, señaló que el punto en el que la frontera terrestre intercepta al mar es el señalado en el Tratado de 1929, y no el Hito Nº 1 como indicaba, de manera errónea, la Carta Rada de Arica a Caleta Matanza.

341 Tratado y protocolo complementario para resolver la cuestión de Tacna y Arica, 1929, artículo segundo.

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El 20 de octubre de 2000, el Perú dirigió una nota al gobierno de Chile, en la que establecía su reserva y protesta. Señaló, en esa oportunidad, que “(…) el Ministerio de Relaciones Exteriores manifiesta su desacuerdo con el trazado cartográfico de dicha línea y con la indicación que se hace en la citada Carta de Navegación, por no existir un tratado específico para la delimitación de la frontera marítima entre los dos países…”.342 Asimismo, cuando la Secretaría General de las Naciones Unidas dio a conocer públicamente la notificación de Chile, el Gobierno del Perú emitió una declaración, el 9 de enero de 2001, en la que reservó su posición e intereses en relación con la existencia de un supuesto límite marítimo entre ambos países y señaló: “Hasta la fecha el Perú y Chile no han celebrado, de conformidad con las reglas pertinentes del Derecho internacional, un tratado específico de delimitación marítima; por lo tanto, la indicación del paralelo 18°21’00” como límite entre los dos países carece de fundamento legal”.343 El Perú, por su parte, en ejecución de las normas del Derecho internacional y del mandato de su propia Constitución, ha aprobado, al igual que Chile, la legislación que establece sus líneas de base. Lo hizo a través de la Ley 28621, promulgada el 3 de noviembre de 2005. Este instrumento legal establece, en su artículo 2: “Las líneas de base están determinadas por las coordenadas geográficas que constan en el anexo 1, que se inician en el Norte en las coordenadas Lat. 03º23’33.96” S, Long. 80º19’16.31” O (WGS84 Lat. 03º23’31.10” S, Long. 80º18’49.29”O), y finalizan en el Sur, en las coordenadas WGS84 Lat. 18º21’08”S, Long. 70º22’39”O, incluidas en las seis cartas del anexo 2 de la presente ley”.344 La coordenada de latitud 18º21’08” S corresponde al punto de convergencia de la frontera terrestre con el mar, es decir, a la
342 Nota del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú a la Embajada de Chile, 20 de octubre de 2000. 343 Gobierno del Perú, comunicado oficial, 19 enero de 2001. 344 Diario Oficial El Peruano, Ley de Líneas de Base del Dominio Marítimo del Perú, Nª 28621, 2005.

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ubicación del punto Concordia en la orilla del mar, de conformidad con lo establecido por el tratado de límites de 1929. El artículo 4 de la Ley de Líneas de Base del Perú indica que: “(…) de conformidad con la Constitución Política del Estado, el límite exterior del dominio marítimo del Perú es trazado de modo que cada punto del citado límite exterior se encuentre a doscientas millas marinas del punto más próximo de las líneas de base, en aplicación de los criterios de delimitación establecidos por el derecho internacional”.345 De esta manera, el Perú trazó el límite exterior de su área de 200 millas, de tal forma que esta distancia fuera constante en la proyección de su mar adyacente en toda la costa peruana. Dada la conformación de las costas, las proyecciones hacia las 200 millas de los dos países se superponen una a la otra en la frontera lateral, lo que origina la necesidad de delimitar dicha área de superposición conforme a los principios y las normas del Derecho internacional de la delimitación marítima. El Gobierno de Chile ha abierto otro diferendo de naturaleza jurídica, strictu sensu, distinto del de la delimitación marítima, a través de su legislación interna y determinados actos internacionales, con los cuales desconoce los derechos de soberanía y jurisdicción del Perú en un espacio marítimo peruano ajeno al área de la disputa por la delimitación marítima. En efecto, la proyección máxima que hace Chile de su espacio marítimo hasta las 200 millas no solo se solapa con la proyección peruana, sino que también establece una solución de continuidad entre los espacios de soberanía y jurisdicción del Perú que no son parte de la disputa. Se trata de un espacio marítimo sujeto a las competencias jurisdiccionales del Perú por el título que le otorga el principio de adyacencia, y regulado por la Ley de Líneas de Base del Perú y que abarca 28,471.86 km2, es decir,

345 Ibíd.

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aproximadamente 10, 000 km2 menos que la disputa limítrofe. Este espacio es reivindicado por Chile como alta mar y en esa condición sujeto a su tesis del “mar presencial”. Al considerar este espacio alta mar y al reivindicar sobre él derechos preferenciales en materia económica, de seguridad y de preservación medioambiental, niega la soberanía y jurisdicción del Perú sobre esa extensa porción de su dominio marítimo. La controversia jurídica marítima entre el Perú y Chile versa así sobre tres puntos: a. La delimitación de la frontera marítima. b. El desacuerdo sobre el punto de inicio de la frontera marítima en cualquier hipótesis de delimitación. c. La pretensión chilena de desconocer la soberanía peruana en una zona de 28,471 km2, con lo que se irroga derechos jurisdiccionales. Cada uno de estos componentes de la controversia marítima posee una naturaleza jurídica, pues son materia del Derecho internacional de la delimitación marítima y atañen a la aplicación de instituciones y normas jurídicas. Respecto a estos diferendos, el Perú y Chile sostienen posiciones distintas y opuestas de manera persistente, hecho que configura, desde el punto de vista del Derecho internacional, una controversia jurídica. En el ámbito de la frontera marítima, el diferendo comprende los límites en todas las áreas que el Derecho internacional reconoce bajo la soberanía del estado: el mar territorial, la zona contigua, la plataforma continental y la zona económica exclusiva. En el ámbito del derecho del mar, el Perú y Chile han mantenido sus relaciones en un alto nivel de coordinación, identificación de posiciones y acción conjunta desde 1947, año en el que aprobaron sus respectivas declaraciones unilaterales de reivindicación de
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soberanía y jurisdicción hasta las 200 millas. En 1954 suscribieron un acuerdo de cooperación fronteriza marítima que estableció una zona de permisión pesquera en una pequeña área de la zona marítima fronteriza. Dicho convenio empezó a aplicarse en 1967. En todo ese periodo ninguno de los dos países asumió iniciativas unilaterales para definir sus límites marítimos. Se mantuvo una frontera no delimitada y se aplicó el citado convenio para eximir de multas a los pequeños pescadores artesanales que ingresaran accidentalmente a la zona marítima de uno u otro país. En la aplicación de este convenio se utilizó el criterio de la frontera zona. Esta situación cambiaría a partir del 2000, en el cual el gobierno de Chile afirmaría, por primera vez en actos internacionales, su pretensión de considerar la frontera delimitada por el paralelo geográfico 18º21’00’’. El Perú contestaría a esta pretensión alegando la inexistencia de límite marítimo alguno. Al sustanciarse por primera vez el diferendo que oponía intereses y posiciones jurídicas entre ambos países, el 2000 aparece como la fecha crítica a tener en cuenta en el desarrollo de la controversia. 2. EL DIFERENDO SOBRE DELIMITACIÓN MARÍTIMA: LA SUPERPOSICIÓN DE LAS ÁREAS DE 200 MILLAS DEL PERÚ Y CHILE

A partir de las disposiciones contenidas en la Declaración de Santiago de 1952, tanto el Gobierno del Perú como el de Chile trazaron la proyección de su dominio marítimo hasta una distancia constante de 200 millas a partir de sus líneas de base. Reiterando la controversia jurídica existente, el Gobierno de Chile efectuó entonces una declaración en la cual señalaba su reserva a la Ley de Líneas de Base del Perú y reiteraba, asimismo, su posición acerca de la existencia de acuerdos vinculantes que fijaban el límite marítimo entre ambos países. En principio, las proyecciones hasta las 200 millas que han efectuado los dos estados son conformes al Derecho internacional, pues a partir de títulos jurídicos equivalentes (el principio tierra do288

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mina mar o principio de adyacencia) las dos partes, con legitimidad, han establecido sus áreas marítimas hasta las 200 millas. El problema es que no existe espacio oceánico suficiente para que esas proyecciones no se solapen. Consecuentemente, se da la hipótesis material que presupone toda delimitación: la superposición de la proyección de los espacios marítimos adyacentes a las costas de dos estados en su frontera continental lateral. Del texto de los instrumentos legales internos de ambos países sobre sus respectivas líneas de base, así como de las respectivas comunicaciones a la Secretaría General de las Naciones Unidas, emerge, tanto material como jurídicamente, la controversia que opone a ambos países en el ámbito de la delimitación marítima. El solapamiento de las proyecciones de uno y otro país impide a cada cual extender su dominio marítimo hasta las 200 millas en la zona de superposición. Y cada proyección, como se ha visto, se realiza a título legítimo. Los siguientes mapas ilustran el problema. El mapa 1 grafica la zona marítima peruana conforme al título que posee como derivación del principio de adyacencia. Nótese que en toda la zona le corresponden 200 millas constantes a partir de las líneas de base costeras. El mapa 2 muestra la zona marítima de Chile de 200 millas constantes, área azul, que le corresponde, asimismo, en función de la adyacencia marítima. Ambas proyecciones son a título legítimo. En el mapa 3 se presenta el área en que se superponen las zonas marítimas del Perú y Chile, las cuales configuran una zona de 67,139.4 km2 de extensión. Esta es el área en disputa en la controversia marítima entre ambos países. En el mapa 4 se muestra la pretensión máxima chilena, que consiste en someter a su soberanía y jurisdicción la totalidad de los 67,139.4 km2 en disputa. Esta pretensión conlleva una mutilación completa del dominio marítimo del Perú en el área de superposición. El mapa 5 grafica la división de la zona de superposición aplicando, conforme al derecho internacional, una línea equidistante que produzca equidad en los resultados.
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La Soberanía marítima del Perú

Se puede apreciar, en este último caso, que mientras la pretensión chilena consiste en someter a su soberanía y jurisdicción la totalidad del área de solapamiento, mutilando totalmente la proyección de su contraparte, la solución que brinda el Derecho internacional divide con equidad de resultados la zona en controversia. Esta solución es concordante con uno de los principios equitativos, consagrados por la jurisprudencia de la Corte Internacional de Justicia, que manda que la proyección marítima de una parte no debe tener un efecto de amputación en la proyección marítima de la otra.
Gráfico 6. Proyección de la zona marítima de 200 millas del Perú.

Punto de inicio de la frontera marítima 18º 21´08” S 70º 22´ 39” W

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LA CONTROVERSIA ENTRE EL PERÚ Y CHILE

Gráfico 7. Proyección de la zona marítima de 200 millas de Chile.

Punto de inicio de la frontera marítima 18º 21´00” S

Gráfico 8. Espacio de superposición que se produce por el solapamiento de la proyección de las áreas de 200 millas del Perú y Chile.

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La Soberanía marítima del Perú

Gráfico 9. trazo del límite marítimo por una línea equidistante conforme a la demanda presentada por el perú.

Punto de inicio de la frontera marítima 18º 21´08” S 70º 22´39” W

Gráfico 10. Trazo del límite marítimo por el paralelo 18º 21’ 03’’ conforme a la pretensión de Chile, nótese el efecto extremo de inequidad que se produce al incorporar a la soberanía chilena la totalidad del área de superposición.

Punto de inicio de la frontera marítima 18º 21´03”

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Si la constatación de la superposición existente fuera el único dato de la realidad, la solución sería sencilla, pues no habría duda para proceder a una delimitación con equidad de resultados a través de un acuerdo entre las partes. Sin embargo, el problema es más complejo, pues el Gobierno de Chile considera que la superposición ya habría sido resuelta por la línea del paralelo geográfico que pasa por el Hito Nº 1 de la frontera terrestre. Según el Gobierno de Chile esta línea de delimitación se habría establecido en tratados internacionales, válidos y vigentes, específicamente en la Declaración sobre Zona Marítima o Declaración de Santiago de 1952 y el Convenio sobre Zona Especial Fronteriza Marítima de 1954. El estado peruano, que reconoce la validez y vigencia de estos tratados, sostiene que en ellos no se estableció ni trazó límite marítimo alguno, en ninguna de las cuatro zonas que el Derecho internacional reconoce como espacios marítimos sujetos a derechos de soberanía y jurisdicción de los estados y que se corresponden con su dominio marítimo: el mar territorial, la zona contigua, la plataforma continental y la zona económica exclusiva. Esos espacios, por otro lado, no existían jurídicamente cuando se firmaron los citados instrumentos, pues en esa época el Derecho internacional sólo reconocía el mar territorial hasta las tres millas, que abarcaba desde la plataforma continental hasta el límite de su configuración morfológica. Los espacios marítimos a los cuales se referían tanto la Declaración de Santiago como el Convenio de 1954 no son los mismos espacios marítimos que en la época (1952-1954) se reconocían como sujetos a la soberanía del estado, menos aun a los espacios marítimos que el actual Derecho internacional reconoce bajo derechos de soberanía y jurisdicción de los estados. El análisis de estos instrumentos debe abarcar, de esta manera, no solo sus disposiciones y las obligaciones que de ellas se derivan, sino también el ámbito espacial de su aplicación.

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La Soberanía marítima del Perú

2.1. La Declaración sobre Zona Marítima de 1952 o Declaración de Santiago En 1952 el Gobierno de Chile, en consulta con los gobiernos del Perú y de Ecuador, en el contexto de las acciones diplomáticas que las cancillerías realizaban para proteger sus recursos marinos hasta las 200 millas, asumió la iniciativa de convocar en Santiago, entre el 11 y el 16 de agosto de 1952, una Conferencia sobre la Explotación y Conservación de las Riquezas Marítimas del Pacífico Sur. El origen y la finalidad de la convocatoria fue expresada con mucha precisión en la sesión inaugural de la Conferencia por el Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Fernando García Oldini: “Por iniciativa de S.E. el Presidente de la República, el Gobierno de Chile ha convocado a esta reunión de los países americanos del Sur del Pacífico, a fin de considerar los problemas relacionados con la producción natural de sus mares y, en especial, con la protección, caza e industrialización de la ballena, fundamentalmente ligados a la situación alimenticia, no solo de nuestros pueblos, sino de una gran parte de la humanidad”.346 El objeto de la conferencia fue, pues, muy especifico, así como de naturaleza económica: proteger los recursos marinos y, particularmente, dar respuesta a la caza indiscriminada de la ballena por embarcaciones extranjeras en el mar adyacente a las costas del Pacífico Sur. García añadió a la motivación de la convocatoria la visión programática del Gobierno de Chile: “(…) la existencia y proyección de esta riqueza crea a nuestros Gobiernos el imperativo de velar por su mantenimiento y salvaguardia, adoptando las medidas necesarias para que en la región oceánica sobre la cual se extiende su soberanía, pueda ser controlada la interferencia de intereses comerciales extraños que, sin la
346 Cf. Actas de la Conferencia sobre la Explotación y Conservación de las Riquezas Marítimas del Pacífico Sur, Santiago de Chile, 16 de agosto de 1952.

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acción previsora de nuestras naciones, podrían provocar una extinción paulatina y constante de esta reserva, vital para el futuro de nuestros países”.347 Frente a los problemas de la caza indiscriminada de la ballena y de las incursiones de flotas pesqueras extranjeras, la Conferencia debía –según señaló el Canciller de Chile– adoptar decisiones para que los tres países “en la región oceánica sobre la cual se extiende su soberanía” pudieran controlar efectivamente la pesca y la caza de naves extranjeras y así preservar sus reservas naturales. Alberto Ulloa, delegado peruano en la conferencia de Santiago, ratifica esta motivación evidentemente económica: “En el año 1952, que fue el año de la Declaración de Santiago, formulada por el Perú, Chile y Ecuador para proteger la riqueza pesquera inmediata a sus costas contra la destrucción y el acaparamiento por industriales extranjeros que amenazaban concluir con ella por razones de lucro, había sobre los mares 19 flotas dedicadas a la caza de la ballena y que tenían los barcos factorías, tanques y refrigeradoras a que antes me referí. Las naves ostentaban banderas de Noruega, Inglaterra, Unión Sudafricana, Holanda, Panamá, Japón, Rusia, Argentina e Italia”.348 No existe, en los discursos de la inauguración de la Conferencia ni en la agenda ni en documento alguno de ella, una referencia a una supuesta voluntad de los estados de establecer límites marítimos o negociar la delimitación de sus fronteras marítimas. La finalidad de la Conferencia está, además, formalizada en el artículo 1 del reglamento, que tampoco incluye ninguna disposición en materia de límites marítimos, y que literalmente señala: “Art. 1.- Objeto del Congreso: De acuerdo con la invitación formulada por el Gobierno de Chile a los gobiernos de Ecuador y Perú,
347 Ibíd. 348 Alberto Ulloa, “El régimen jurídico del mar”, en: Revista Peruana de Derecho Internacional, 1957, Nº 51, p. 56.

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se acordó celebrar en Santiago de Chile una Conferencia a contar del 11 al 16 de agosto, con el fin de estudiar y resolver los problemas que dicen relación con la explotación y conservación de las riquezas marítimas del Pacífico Sur”.349 De manera congruente con el objeto de la conferencia, los documentos que se aprobaron guardan rigurosa concordancia con la finalidad de su convocatoria. Además de la Declaración sobre Zona Marítima o Declaración de Santiago –que en la versión inicial de Chile se refería a la soberanía permanente solo sobre el zócalo continental, suelos y subsuelos submarinos–, la conferencia aprobó la resolución sobre la creación de una Comisión Permanente de la Conferencia de Explotación y Conservación de las Riquezas Marítimas del Pacífico Sur, así como los proyectos sobre los Problemas de la Pesquería en el Pacífico Sur y la Reglamentación de las Faenas de Caza Marítima en las Aguas del Pacífico Sur (caza de ballenas). Si hubiese estado en la intención y voluntad de las partes tratar el tema de la delimitación marítima, este habría sido incluido en la agenda con una referencia específica. Resulta impensable que dada la magnitud de un tema de esta naturaleza no hubiese sido incluido en la agenda si los estados participantes hubiesen tenido esa voluntad. De igual manera, si esa hubiera sido la intención y se hubiese pactado límites marítimos, es evidente que se habría recogido en un instrumento jurídico específico, ya fuera un convenio, acuerdo o tratado, diferenciado del resto de acuerdos, en el cual se hubiera tenido que registrar los límites acordados, la zona a delimitar, la solución al caso de las circunstancias especiales –si estas se hubiesen determinado–, el punto de inicio de las fronteras marítimas, las cláusulas delimitadoras, el trazo de la frontera y, lo más elemental, las cartas o mapas en los que se registraran y graficaran los límites.

349 Cf. Reglamento de la Conferencia sobre la Explotación y Conservación de las Riquezas Marítimas del Pacífico Sur, Santiago de Chile, 11 de agosto de 1952.

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Más aun, es impensable que los ministerios de Relaciones Exteriores, órganos responsables de la gestión externa de los estados y con un amplísimo y vasto conocimiento del Derecho internacional de los límites (por los numerosos problemas, arbitrajes y procesos de delimitación terrestre que los tres países afrontaron entre sí a lo largo de su historia y que afrontaban también en esa época), pudiesen ignorar que los límites marítimos debían formalizarse en un tratado sujeto a la aprobación parlamentaria y la respectiva ratificación.350 Las circunstancias en las que se aprobó la Declaración, su contexto, las declaraciones de los delegados, las actas, así como los demás instrumentos aprobados y vinculados a ella, testimonian que su objeto y finalidad fue afirmar la soberanía de Chile, Perú y Ecuador para proteger sus recursos naturales marinos hasta una distancia de 200 millas. En ese contexto y con ese alcance, la Declaración de Zona Marítima, aprobada el 14 de agosto de 1952, innovó el Derecho internacional del mar profundamente al plantear un área de soberanía y jurisdicción sobre las aguas, suelo y subsuelo hasta una distancia mínima de 200 millas. Por primera vez en la historia se producía un reclamo unilateral de esa naturaleza y alcance. Muchos estados protestaron por los términos de la Declaración y su carácter innovador, porque ciertamente no reflejaba las reglas del Derecho internacional de la época. Era una reivindicación unilateral que inició un proceso de reforma sustantiva y radical de las instituciones propias del derecho del mar. Alberto Ulloa ha sintetizado los elementos sustantivos de la declaración, su naturaleza y alcance, de la siguiente manera:

350 La Declaración de Santiago no se negoció ni aprobó como un tratado internacional, sino como un instrumento diplomático, al que, con posterioridad, las partes le otorgaron la calidad de tratado internacional al someterla a la aprobación parlamentaria y al depósito de los respectivos instrumentos de ratificación.

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a) Está de acuerdo con la doctrina que hace del hombre el sujeto principal del derecho internacional. b) Considera que el bienestar humano debe ser contemplado preferentemente en relación con las poblaciones inmediatas a las zonas pesqueras. c) Acepta la conservación y protección de los recursos naturales y la reglamentación de su aprovechamiento en beneficio de los países costaneros. d) Se opone a la explotación indiscriminada que ponga en peligro la conservación de las especies y disminuya las fuentes de acrecentamiento del bienestar humano. e) Considera que los factores geológicos y biológicos que condicionan la existencia, conservación y desarrollo de la fauna y flora marítimas determinan la insuficiencia de la antigua extensión del Mar Territorial y de la Zona Contigua inmediata a este. f) Proclama la soberanía y la jurisdicción exclusiva, hasta una distancia de 200 millas, sobre el mar que baña las costas de los respectivos países, que comprende el suelo y subsuelo para los efectos de defensa y protección de la riqueza ictiológica. g) Reconoce expresamente el paso inocente e inofensivo para las naves de todas las naciones, a través de la zona señalada. h) Expresa el propósito y la esperanza de suscribir acuerdos de aplicación de los principios de la Declaración; sin que se excluya la posibilidad de la concurrencia a las pesquerías de nacionales de otros estados.351

351 Alberto Ulloa, ob. cit., p. 76.

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La opinión de Ulloa, además de poseer un valor analítico, tiene una connotación testimonial, ya que él fue uno de los redactores de la Declaración de Santiago, en representación del Perú. La Declaración está compuesta por tres párrafos preambulares y seis resolutivos o dispositivos. Los preambulares hacen referencia a la motivación o razones por las cuales los tres estados decidieron establecer la zona marítima hasta las 200 millas. Y esas razones son de carácter económico y social, vinculadas con el derecho a disponer de sus propios recursos y riquezas, así como asegurar que los pueblos puedan acceder a su disfrute, especialmente en el campo de la alimentación.352 En el primer párrafo preambular se afirma la obligación de “asegurar a sus pueblos las necesarias condiciones de subsistencia y de procurarles los medios para su desarrollo económico”.353 El segundo hace referencia a la necesidad de cuidar la protección y preservación de los recursos naturales y la facultad de reglamentar las actividades para su aprovechamiento. El tercero, como corolario natural, afirma la necesidad de “impedir que una explotación de dichos bienes, fuera del alcance de su jurisdicción, ponga en peligro la existencia, integridad y conservación de esas riquezas (…)”.354 Los tres párrafos preambulares guardan estricta coherencia con la motivación esencial de la Declaración de ampliar la zona de soberanía y jurisdicción del mar adyacente con la finalidad de preservar y aprovechar, en beneficio de los pueblos, los recursos y riquezas existentes en un mar particularmente rico en especies marinas por la presencia de la corriente de Humboldt. La parte resolutiva de la Declaración está integrada por seis artículos. Con excepción del artículo IV, todos tienen la misma es352 Cf. Declaración sobre zona marítima del 14 de agosto de 1952, en: Ignacio Llanos Mardones, El Derecho de la Delimitación Marítima en el Pacífico Sudeste, Santiago de Chile, 1999. 353 Ibíd. 354 Ibíd.

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tructura del preámbulo, es decir, una naturaleza declarativa y programática, que no genera derechos u obligaciones. El artículo IV establece una cláusula delimitadora entre el Perú y el Ecuador como situación excepcional, dada la existencia de islas ecuatorianas a menos de 200 millas de la zona marítima del Perú. El artículo I señala que la antigua extensión del mar territorial y la zona contigua ya no son pertinentes para la protección y aprovechamiento de las riquezas marinas. El artículo II es la cláusula fundamental de la Declaración, pues allí se precisa su objeto y fin: “Como consecuencia de estos hechos, los gobiernos de Chile, Ecuador y Perú proclaman como norma de su política internacional marítima, la soberanía y jurisdicción exclusivas que a cada uno de ellos corresponde sobre el mar que baña las costas de sus respectivos países, hasta una distancia mínima de 200 millas marinas desde las referidas costas”.355 Esta es la cláusula central de la Declaración de Santiago. A través de ella, de manera desafiante para el Derecho internacional de la época, los tres países establecen la soberanía y jurisdicción exclusivas de sus respectivos estados sobre el mar adyacente a sus costas hasta 200 millas. La Declaración no da luces sobre la naturaleza jurídica de esta zona. La utilización del término “exclusiva” para calificar la calidad de la soberanía propició que la mayoría de la comunidad internacional interpretara en la época que se trataba de una proyección del mar territorial. Sin embargo, la Declaración no habla de mar territorial sino de “zona marítima”. Y ello revela una actitud intencional de evitar la expresión “mar territorial”.

355 Ibíd.

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La evolución posterior de las acciones de los países signatarios y la aplicación de la Declaración, aun en el contexto de las negociaciones sobre la Convención del Derecho del Mar, no han resuelto el problema. Chile, que al inicio sostuvo la tesis de que la declaración de Santiago extendió el mar territorial hasta las 200 millas, cambió posteriormente su posición para pasar a sostener la tesis opuesta, es decir, que no se trata de un mar territorial, sino de un mar patrimonial. Ecuador mantuvo siempre la interpretación de que la Declaración se refiere a un mar territorial extendido, mientras que el Perú, constitucionalmente, ha introducido la zona en su ordenamiento jurídico interno como “dominio marítimo del Estado”. Cualquiera que sea la naturaleza de la zona marítima de 200 millas proclamada por la Declaración, lo cierto, jurídicamente, es que esta reivindica un límite exterior mínimo de 200 millas para cada uno de los países signatarios a partir de sus costas, dentro de la cual se reservan soberanía y jurisdicción. La Declaración no establece criterios técnicos para identificar el punto de partida de esa proyección. El trazo del punto de inicio del límite exterior de la zona marítima se ha efectuado posteriormente en función de la evolución del Derecho del Mar y la legislación interna de los estados que han establecido sus respectivas líneas de base, a partir de las cuales proyectan su soberanía y jurisdicción hasta las 200 millas. El artículo II establece un espacio marítimo de 200 millas, adyacente a las costas de cada estado. Esta zona marítima es para todos los estados signatarios. No está en la racionalidad ni en el texto de la Declaración, y menos en la voluntad de las partes, que solo uno o dos de los tres estados tengan esa proyección hasta las 200 millas y el otro no la posea. El texto no establece ni supone que las 200 millas sean solo para Chile y el Ecuador y no para el Perú. Por ello, el artículo II debe interpretarse como una proclama para que cada estado posea un área marítima de 200 millas constantes, lo que en el caso del Perú y Chile, por la configuración de sus costas, supone necesariamente la superposición de sus respectivas áreas
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en la zona de la frontera marítima. A la época, sin embargo, el derecho internacional no reconocía derechos de soberanía y jurisdicción a los Estados en la plataforma continental, ni en la zona económica exclusiva. Tampoco estaba reconocida la distancia de 12 millas para el mar territorial. Por ello, la tesis de las 200 millas era eso, una reivindicación política y una pretensión jurídica, mas no una institución jurídica reconocida por el derecho internacional. En esa hipótesis era obvio que en caso de superposición, como era la situación entre el Perú y Chile, una vez obtenido el reconocimiento jurídico de la tesis ambos estados tendrían que proceder a delimitar sus respectivas zonas para resolver el problema del solapamiento con un criterio de equidad que permita realizar para ambos países el objeto de la declaración, es decir poseer doscientas millas constantes o el máximo posible para ambos en la zona de superposición. El artículo V reconoce el paso inocente o inofensivo de las embarcaciones extranjeras en la zona. Y el artículo VI recoge la intención de las partes para suscribir otros acuerdos o convenciones para aplicar los principios acordados. 2.2. La Declaración de Santiago no establece una norma delimitadora en la frontera marítima entre el Perú y Chile La zona marítima establecida por la Declaración de Santiago excluye ipso jure toda hipótesis de delimitación lateral por el paralelo geográfico, pues su aplicación amputaría al Perú una considerable extensión de su mar, impidiendo que se pueda realizar el objeto y fin de poseer 200 millas, establecido por la Declaración. Esta hipótesis negada tornaría irrealizable el objeto mismo de la Declaración, contraviniendo el principio general del Derecho internacional que establece que los tratados deben realizar su objeto y fin. Al no hacer referencia a ningún criterio o norma para delimitar el mar continental en las zonas fronterizas donde se produce el solapamiento de las proyecciones marítimas de las partes, la De302

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claración dejó esta materia al ámbito de la aplicación del Derecho internacional vigente, el cual, como se ha visto, se orientaba hacia el criterio de la línea de la equidistancia. Sin embargo, la existencia de circunstancias especiales en el área de la frontera marítima del Perú con el Ecuador –la presencia de las islas ecuatorianas de Puná, Santa Clara de la Plata, entre otras– planteaba la necesidad manifiesta de evitar que la proyección hacia las 200 millas del Perú dejara dentro de la soberanía peruana a las islas ecuatorianas o limitara la proyección marítima de estas. Para solucionar este problema, el artículo IV de la Declaración establece como excepción una cláusula delimitadora por la línea del paralelo, única y exclusivamente para el caso en que existieran islas pertenecientes a un estado en una distancia menor que la proyección marítima de otro. Literalmente este artículo señala: “En el caso de territorio insular, la zona de 200 millas marinas se aplicará a todo el contorno de la isla o grupo de islas. Si una isla o grupo de islas pertenecientes a uno de los países estuviere a menos de 200 millas de la zona marítima general que corresponde a otro de ellos, la zona marítima de esta isla o grupo de islas quedará limitada por el paralelo del punto en que llega al mar la frontera terrestre de los estados respectivos”.356 Esta cláusula es clara y nítida, tanto en su estructura gramatical como en su estructura lógica. No posee ambigüedades ni en su significado ni en sus denotaciones. No da, pues, lugar a una doble interpretación. Esta, por ende, deriva directamente del texto y no requiere recurrir a los medios complementarios de interpretación. La expresión “en el caso de territorio insular” denota una excepción originada en la existencia de una situación específica e individualizada, constituida por la singularidad de la existencia de islas. Esta excepción en el caso de territorio insular –circunstancia
356 Ibíd.

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pertinente–, constituye una singularidad en relación con la norma general que se refiere a la delimitación del mar continental. En materia territorial, la expresión “territorio insular” se utiliza en contraposición a “territorio continental”. Ambas expresiones son parte del vocabulario técnico del derecho internacional del Mar y se consideran opuestas, pues tienen una relación de exclusión. Es decir, lo que es territorio insular no puede ser territorio continental. El artículo IV se refiere así, única y exclusivamente, al caso singular de la existencia de islas, con la finalidad de establecer dos disposiciones que tienen la particularidad de generar derechos y obligaciones y que, en ese sentido, se diferencian de la estructura declarativa del resto de la Declaración. Esas dos disposiciones, aplicables únicamente como excepción a la existencia de islas, son: a. La zona de 200 millas se aplicará a todo el contorno de las islas. b. Si las islas pertenecientes a una parte estuvieran a una distancia menor de la zona de 200 millas de otra parte, la zona marítima de estas islas quedará delimitada por el paralelo del punto en que llega al mar la frontera terrestre. La norma es clara y de fácil comprensión. La cláusula del paralelo se establece, excepcionalmente, como norma delimitadora del territorio insular (“la zona marítima de esta isla o grupo de islas quedará limitada”), para evitar que las islas pertenecientes a un país pasen a la soberanía del otro por encontrarse dentro del área de 200 millas de este último (“Si una isla o grupo de islas pertenecientes a uno de los países estuviere a menos de 200 millas de la zona marítima general que corresponde a otro de ellos”). La norma se introdujo, como se prueba en las actas respectivas, por iniciativa del delegado ecuatoriano Jorge Fernández para preservar la soberanía ecuatoriana sobre las islas de Puná, Santa Clara y La Plata. En la primera sesión de la Comisión Jurídica de la
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Conferencia sobre explotación y conservación de las riquezas marítimas del Pacífico Sur, realizada el 11 de agosto de 1952, el delegado ecuatoriano hizo una intervención para aclarar el artículo 3 del proyecto original presentado por la delegación de Chile, que se refería a la aplicación de la Declaración en territorio insular. La propuesta del delegado del Ecuador fue que, en ese caso, es decir, cuando existiesen islas, la cláusula delimitadora debía ser por el paralelo geográfico. El acta respectiva registra una síntesis de esta intervención de la siguiente manera: “El señor Fernández observó a continuación que convendría dar más claridad al artículo 3º, a fin de evitar cualquier error de interpretación de la zona de interferencia en el caso de islas y sugirió que la declaración se redactara sobre la base de que la línea limítrofe de la zona jurisdiccional de cada país fuera el paralelo respectivo desde el punto en que la frontera de los países toca o llega al mar”.357 El artículo 3 original, presentado por Chile, señalaba: “La zona indicada comprende todas las aguas que quedan dentro del perímetro formado por las costas de cada país y una paralela matemática proyectada en el mar a 200 millas marinas de distancia de territorio continental, siguiendo la orla de las costas. En casos de territorio insular, la zona de 200 millas marinas se aplicará en todo el contorno de la isla o grupo de islas. Si una isla o grupo de islas pertenecientes a uno de los países declarantes estuviera a menos de 200 millas marinas de la zona marítima general que corresponda a otro de ellos, según lo establecido en el primer inciso de este artículo, la zona marítima de dicha isla o grupo de islas quedará limitada, en la parte que corresponde, a la distancia que la separa de la zona marítima del otro estado o país”.358
357 Cf. Conferencia sobre explotación y conservación de las riquezas marítimas del Pacífico Sur, 1952, Comisión de Asuntos Jurídicos, Proyecto sobre Zócalo Continental y las Aguas que lo cubren, acta de la primera sesión, verificada el 11 de agosto de 1952. 358 Ibíd.

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El texto sugerido por el delegado del Ecuador preservaba mejor sus intereses y facilitaba una fórmula inequívoca para definir el área marítima de las islas ubicadas a menos de 200 millas de la zona marítima general de otro estado. Pero el proyecto original del artículo IV de la Declaración, artículo 3 en el texto inicial, es significativo, adicionalmente, pues contiene una referencia a un método para trazar la extensión de la zona especial de 200 millas. La parte pertinente señala: “La zona indicada comprende todas las aguas que quedan dentro del perímetro formado por las costas de cada país y una paralela matemática proyectada en el mar a 200 millas marinas de distancia de territorio continental, siguiendo la orla de las costas…”.359 La idea subyacente en esta redacción era que la zona marítima, objeto de la Declaración, comprendía el espacio marítimo que va desde las costas de cada país hasta una paralela matemática en el mar, y que existía entre una y otra 200 millas constantes, en la dirección de la orla de las costas. Esta proyección de la zona marítima excluye toda posibilidad de un límite lateral por el paralelo geográfico. Esta parte del artículo 3 original muestra la racionalidad que explica por qué se introdujo como excepción la cláusula delimitadora para el caso peruano-ecuatoriano, dada la existencia de islas en su zona marítima fronteriza. Si la proyección general de la zona debía seguir la orla de las costas, era evidente que había que darle un tratamiento singular a la zona donde existan islas de una parte a menos de 200 millas de la proyección marítima de la otra parte. Y así se hizo. En los debates de la primera sesión de la Comisión Jurídica de la Conferencia, presidida por el delegado peruano Alberto Ulloa,
359 Ibíd.

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se acogió sin mayor discusión la propuesta del Ecuador para modificar el texto. La modificación sugerida fue aceptada y se encargó a los delegados del Perú y de Chile, Alberto Ulloa y Luis David Cruz Ocampo, respectivamente, la redacción definitiva del artículo 3. En la segunda reunión de la Comisión Jurídica, el delegado del Perú presentó la nueva redacción del artículo 3 del proyecto, que pasaba a ser artículo IV en la versión final de la Declaración. El texto que recogía la iniciativa ecuatoriana fue redactado por Ulloa con la colaboración de su colega de Chile, Cruz Ocampo. El nuevo artículo fue el siguiente: “IV) En el caso de territorio insular, la zona de 200 millas marinas se aplicará en todo el contorno de la isla o grupo de islas. Si una isla o grupo de islas pertenecientes a uno de los países declarantes estuviere a menos de 200 millas marinas de la zona marítima general que corresponde a otro de ellos, la zona marítima de esta isla o grupo de islas quedará limitada por el paralelo del punto en que llega al mar la frontera terrestre de los estados respectivos”.360 En la redacción final se eliminó la mención a la proyección de las 200 millas siguiendo la orla de las costas, probablemente porque se consideraba redundante. Pero este criterio quedó implícito porque de otra manera no se podría asegurar que los tres países poseyeran zonas marítimas de 200 millas. La excepción del artículo IV no se puede entender sino en relación con este criterio de proyección de la zona siguiendo la orla de las costas. De esta manera el artículo IV de la Declaración de Santiago establece una cláusula delimitadora de excepción para los casos en los que en la zona fronteriza marítima de los países existan islas. Se trata de una circunstancia especial de naturaleza geográfica cuya consideración motivó la inclusión, a título excepcional, de una regla singular aplicable solo a dos países: Perú y Ecuador.
360 Ibíd.

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En el área marítima peruano-chilena no existen islas. Y esta es una realidad no solo de la geografía, es también una realidad jurídica, pues así figura en las cartas marinas publicadas por Chile y registradas internacionalmente. Por consiguiente, la excepción contenida en el artículo IV en ningún caso puede aplicarse al límite marítimo peruano-chileno. Bajo ninguna consideración razonable jurídicamente, puede deducirse que esta cláusula delimitadora excepcional se aplica a una situación distinta a la circunstancia especial de la presencia de las islas ecuatorianas en el área fronteriza marítima con el Perú. Sostener, contradictoriamente al sentido corriente del lenguaje, al contexto, al objeto y finalidad de la Declaración de Santiago, que el artículo IV de la Declaración establece el método del paralelo para trazar los límites marítimos continentales entre el Perú y Chile es un exceso que no tiene ningún asidero en disposición alguna de la Declaración de Santiago, ni aun por vía de una interpretación extensiva. Teniendo en cuenta –como ya ha sido señalado– que el objeto y fin de la Declaración de Santiago estriba en que cada país tenga una proyección constante de 200 millas, no podría en ningún caso establecerse el método del paralelo para la delimitación del mar continental, pues dada la morfología de las costas del Perú y Chile, una delimitación a través de esa línea produciría un resultado inequitativo en extremo, en contra de la propias reglas del Derecho internacional que prevalecían en la época y que, como se ha visto, se orientaban a delimitar el mar territorial a través de una línea equidistante. La Asesoría Jurídica del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, en un informe requerido por la Dirección de Fronteras de esa misma dependencia en 1964, reconoce que la Declaración de Santiago “no constituye un pacto expreso para determinar el deslinde lateral de sus respectivos mares territoriales”. El informe señala literalmente:
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“En la Declaración sobre Zona Marítima que Chile, Perú y Ecuador suscribieron el 18 de agosto de 1952 hay una estipulación que, aunque no constituye un pacto expreso para determinar el deslinde lateral de los respectivos mares territoriales, parte del entendido que ese deslinde coincide con el paralelo que pasa por el punto en que la frontera terrestre toca el mar (…)”.361 La asesoría jurídica admite que la Declaración de Santiago no establece ni límite ni cláusula delimitadora entre los dos países, pero argumenta que supone tácitamente que la frontera marítima corresponde al paralelo que pasa por el punto de convergencia de la frontera terrestre con el mar. No hay nada en la Declaración de Santiago que permita con legitimidad sacar esta conclusión. No existe ninguna frase o mención en ese sentido. La Declaración de Santiago, como se ha visto, no presupone ninguna referencia al punto en el que la frontera terrestre llega al mar en relación con los límites marítimos continentales. La Asesoría, consciente de que en la Declaración de Santiago no existe pie para ninguna interpretación en ese sentido, intentó sustentar esa afirmación con un razonamiento sui géneris: la supuesta e inverosímil existencia de un pacto previo a la Declaración de Santiago que habría establecido el límite marítimo entre ambos países a través del paralelo geográfico que pasa por el términus de la frontera terrestre: “Ya se observó que estos tres países no convinieron allí (en la Declaración de Santiago) que en adelante el paralelo geográfico sería el deslinde entre sus mares territoriales, sino que reconocieron que ésa era la situación ya existente (…) Cuándo y cómo se pactó tal acuerdo, no ha logrado establecerlo esta Asesoría con los antecedentes disponibles. Cabe, sí, presumir que él precede y condiciona
361 Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, Asesoría Jurídica Informe N° 138 “El deslinde marítimo entre Perú y Chile”, en: Hugo Llanos Mansilla, Teoría y práctica del Derecho Internacional Público, t. II, Santiago, 1977, pp. 125-167.

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la firma de la Declaración sobre Zona Marítima del 18 de agosto de 1952”.362 La tesis de un pacto anterior a la declaración de Santiago, en que se habría establecido el límite marítimo por el paralelo cae por sí sola, pues nunca se ha identificado ese instrumento. Y no podría ser de otra manera, ya que la evidencia documental y la memoria institucional de la propia Cancillería de Chile prueban su inexistencia. La propia asesoría lo reconoce al señalar que no ha podido ubicar en sus registros ese supuesto pacto previo a la Declaración de Santiago. Otro argumento que la Asesoría Jurídica presenta a favor de la tesis del paralelo es sostener que el Gobierno de Chile nunca podría haber suscrito la Declaración de Santiago sin antes asegurarse el límite por el paralelo, pues de haberlo hecho, el solapamiento con la zona peruana habría significado una mutilación de su propia proyección, algo inaceptable para el Gobierno chileno: “Chile no podía concurrir al establecimiento de la franja de 200 millas marinas sin que previamente se hubiere concordado en que ella estaría delimitada entre los países pactantes por el paralelo del lugar en que la frontera terrestre toca el mar, ya que, de aplicarse cualquier otra solución, nuestra franja de 200 millas habría quedado truncada tal vez desde Iquique o desde Pisagua hasta Arica, y la franja peruana que habría avanzado hacia el sur de este puerto, se habría interpuesto entre las aguas sometidas a nuestra soberanía y la alta mar”.363 Este argumento no tiene base jurídica; es más bien una petición de principio de naturaleza diplomática que señala, no sin razón, que ningún país suscribiría un acuerdo que mutile ab initio su
362 Ibíd. p.128. 363 Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, Informe Jurídico Nº 138, 1964, pp. 468-492, citado en: Hugo Llanos Mansilla, Teoría y práctica del Derecho Internacional Público, t. II, Santiago 1977.

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soberanía marítima. Pero ese argumento es válido también para los otros países que firmaron la Declaración de Santiago y obviamente para el Perú. Así como Chile no podía aceptar un acuerdo que llevara a que se recortase su zona de 200 millas desde Iquique hasta Arica, el Perú tampoco podía aceptar una línea por el paralelo, pues ello mutilaba su zona de 200 millas desde Arequipa hasta Tacna. Es interesante notar, en el razonamiento de la Asesoría Jurídica, una falta de comprensión del solapamiento de las áreas marítimas de los dos países. Aquella parece entender que el solapamiento es algo singular o extraño desde el punto de vista geográfico o jurídico, algo inaceptable para Chile; cuando a decir verdad se trata de una realidad material y jurídica objetiva que se deriva de la zona de 200 millas que crea la Declaración de Santiago. El solapamiento es el prerrequisito geográfico de la delimitación marítima. Si no existiera, no sería necesario delimitar, pues cada país definiría unilateralmente sus límites. Sin embargo, lo significativo de este raciocinio de la Asesoría Jurídica es que demuestra que ninguno de los dos países podía pactar, en la Declaración de Santiago, una norma delimitadora que mutilara sus respectivas áreas marítimas, razón por la cual, evidentemente, no se incluyó en el texto ninguna disposición al respecto. No era además ni preocupación ni prioridad de los dos países en la época, ya que ellas se concentraban en obtener el límite exterior hasta las 200 millas. El jurista y diplomático chileno Ignacio Llanos Mardones, en la obra El Derecho de la Delimitación Marítima en el Pacífico Sudeste, reconoce también que el texto del artículo IV de la Declaración de Santiago no establece cláusula delimitadora para los mares continentales laterales (límite marítimo entre el Perú y Chile), pero al mismo tiempo intenta fundamentar la posición de su país en una interpretación extensiva del artículo IV y en la supuesta existencia de un derecho consuetudinario regional en la relación bilateral que,
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con anterioridad a 1952, habría reconocido el paralelo como cláusula delimitadora de manera tácita. Este es un intento de suplir la debilidad de la tesis de la Asesoría Jurídica del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, en el sentido de que el supuesto límite por el paralelo se habría establecido en un pacto anterior a la Declaración de Santiago. Al constatar que ese pacto no existe, Llanos Mardones busca encontrar “el acuerdo anterior”, ya no en un pacto convencional sino en la hipotética existencia de un derecho consuetudinario regional. Al respecto, señala: “Una interrogante que surge de una primera lectura de la cláusula de delimitación de la Declaración de 1952 es si esta se aplica únicamente a las áreas marítimas de las islas, con exclusión de las áreas marítimas del territorio continental. Una interpretación puramente textual sugeriría que la delimitación de las áreas marítimas del territorio continental no habría sido contemplada”.364 Llanos reconoce que el texto del artículo IV establece la cláusula delimitadora por el paralelo geográfico solo para la delimitación en el caso de existencia de islas (Perú-Ecuador), pero sugiere una interpretación extensiva para incluir en esa cláusula los límites marítimos continentales. Esta interpretación no tiene fundamento ni validez. En primer lugar, porque conforme a la redacción del artículo IV no hay duda de que se trata de una excepción en atención a la existencia de una circunstancia pertinente, es decir, una característica especial de la geografía. Y por vía de interpretación no se puede aplicar una norma a una situación que es excluida por la propia norma. En segundo lugar, porque si la voluntad del texto hubiese sido la aplicación de la cláusula de delimitación de excepción (el paralelo geográfico) a la delimitación insular y continental, el artículo IV hubiese tenido otra redacción y las partes habrían señalado directamente que la frontera marítima continental e insular se
364 Ignacio Llanos Mardones, ob. cit., p. 69.

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trazaba a través del paralelo geográfico. Y eso no es lo que prescribe el artículo IV. Este establece una excepción para contemplar una situación especial, conforme a las reglas del Derecho internacional de la época. La excepción no se puede asimilar a la regla. La interpretación de los tratados está dirigida a establecer la voluntad de las partes que se refleja en su texto, no una voluntad subjetiva contraria a la redacción de dicho texto. Se trata de identificar la voluntad derivada y contenida en el texto del tratado. En ese sentido es independiente de todo factor subjetivo. Y la voluntad de las partes, expresada de manera inequívoca, clara y precisa en el artículo IV, es que para el caso excepcional de la existencia de islas que con la extensión del área marítima de cada país hasta las 200 millas, que por su ubicación pudieran quedar bajo la soberanía del país vecino, o cuya zona marítima se superponga a la zona marítima continental de la otra parte, se establece el método delimitador del paralelo para asegurar que dichas islas permanezcan bajo la soberanía del país concernido o para evitar la amputación excesiva de la zona marítima continental del otro estado. Conforme a las reglas de la interpretación de los tratados, no es necesario recurrir a medios complementarios de interpretación para el caso del artículo IV, pues su redacción no es oscura ni presenta ambigüedad alguna. Cuando un texto es suficientemente claro –conforme lo establecido por la Corte Internacional de Justicia–, no cabe recurrir a los medios complementarios, como los trabajos preparatorios u otros. Así, en la opinión consultiva sobre las condiciones de la admisión de un estado miembro de las Naciones Unidas, la Corte señaló que cuando el texto de un tratado, en su sentido literal, es suficientemente claro “…no hay lugar para apartarse de la jurisprudencia constante de la Corte Permanente de Justicia Internacional, conforme a la cual no cabe recurrir a los trabajos preparatorios”.365
365 Cf. CIJ, Opinión consultiva del 3 de marzo de 1950, sobre la Competencia de la Asamblea General para admitir a un Estado miembro de las Naciones Unidas.

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En el caso que nos ocupa, como ya se ha visto, el texto literal del artículo IV es claro en el uso corriente del lenguaje y su estructura gramatical. No deja dudas, ni da lugar a la existencia de más de una interpretación. Consecuentemente, la excepción contenida en el artículo IV para el territorio insular no puede aplicarse por “extensión” al territorio continental como lo sugiere Llanos Mardones, ya que, justamente, la norma delimitadora del paralelo para las islas es la excepción de la norma general (las disposiciones del Derecho internacional vigente) que se aplica a los límites marítimos continentales. Sin embargo, si se recurriese a los medios complementarios de interpretación, estos confirmarían el tenor del artículo IV en su interpretación auténtica conforme al uso normal y corriente del lenguaje y su concordancia con el objeto y fin del tratado. Los trabajos preparatorios de la elaboración de la Declaración de Santiago así lo ratifican, a partir del registro de la intervención del delegado del Ecuador en la Conferencia de 1952. Como ya se ha indicado, el representante del Ecuador, el señor Fernández, solicitó la modificación del artículo III original que establecía la excepción para establecer una cláusula delimitadora en el caso de islas pertenecientes a un Estado (Ecuador) que por su cercanía a la proyección de 200 millas del estado vecino (Perú) debía tener un método delimitador que las preservara bajo la soberanía del Ecuador o que no mutilara en exceso la zona marítima de las islas. Ese es el origen de la redacción final del artículo IV. En lo que concierne a la argumentación de la hipotética existencia de un derecho consuetudinario regional que haya establecido la línea del paralelo como método de delimitación antes de 1952, no existen elementos objetivos que la sustenten. En aquella época no existía –como se ha visto– ni siquiera un Derecho consuetudinario general. No obstante, la tendencia en la práctica de los estados y en la opinio juris prevalecientes se incli314

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naban por una línea equidistante. Así, por ejemplo, las disposiciones contenidas en materia de delimitación del mar territorial entre estados adyacentes en la Resolución III del Segundo Congreso del Instituto Hispano-Luso-Americano-Filipino, de 1953, así como las disposiciones contenidas en los Principios de México sobre el Régimen Jurídico del Mar de 1956, propiciaron, como ya se ha visto, una línea equidistante para la delimitación del mar territorial en la época. Tan evidente es la inexistencia de esa supuesta norma consuetudinaria, que el propio Decreto del 23 de junio de 1947, por el cual Chile reivindicó su soberanía hasta las 200 millas, no establece norma delimitadora alguna. Por el contrario, la frase que señala que la extensión de la zona marítima abarca un perímetro comprendido por las costas y una paralela matemática en el mar supone necesariamente la superposición de las áreas marítimas del Perú y Chile.366 Al respecto, Agüero sostiene con acierto que el sistema que estableció la Declaración oficial del 23 de junio de 1947 para definir el contorno de la zona reivindicada por Chile “(…) resulta en una superposición en su extremo norte, con el área marítima que corresponde al Perú en aplicación del mismo criterio del trazado a partir de sus costas de una paralela matemática de 200 millas sobre el mar”.367 La hipotética delimitación por el paralelo, conforme a la pretensión de Chile y contrariamente a lo dispuesto por el Derecho

366 La parte correspondiente de la Declaración del 23 de junio de 1947 es la siguiente: “La demarcación de las zonas de protección de caza y pescas marítimas en los mares continentales e insulares que quedan bajo el control del Gobierno de Chile será hecha, en virtud de esta declaración de soberanía (…) sobre todo el mar comprendido dentro del perímetro formado por la costa, con una paralela matemática proyectada en el mar a doscientas millas marinas de distancia de las costas continentales chilenas. Esta demarcación se medirá respecto de las islas chilenas, señalándose una zona de mar contigua a las costas de las mismas, proyectadas paralelamente a estas, a doscientas millas marinas por todo su contorno”. Cf. Declaración oficial del Presidente de la República de Chile, 23 de junio de 1947. 367 Marisol Agüero, Consideraciones para la delimitación marítima del Perú, Fondo Editorial del Congreso del Perú, Lima, 2001, p. 316.

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internacional de la época y el actualmente vigente, produciría un resultado de extrema ausencia de equidad. Las características morfológicas de la costa peruana y la costa chilena traen como consecuencia que configuren juntas un ángulo de aproximadamente 120°. En la hipótesis de una delimitación por el paralelo, este forma con la costa chilena un ángulo de 90°, mientras que con la costa peruana solo un ángulo de treinta grados. Ello produce que la aplicación hipotética del paralelo como método delimitador tenga como consecuencia una mutilación de la zona marítima del Perú de 67,139.4 km2, aproximadamente. Significaría que el Perú no tendría 200 millas en cerca de 370 km de su costa, con una proyección de mar territorial, zona contigua, plataforma continental y zona económica exclusiva mutiladas. La proyección del mar peruano en ese extenso litoral tendría 120 millas en Camaná (Arequipa), 92 millas en Punta Islay (Arequipa), 46 millas en Punta Coles (Moquegua), 27 millas en Punta Sama (Tacna) millas, 19 millas en Vila Vila (Tacna), 1.2 millas en Santa Rosa (Tacna), y en el punto en el que la frontera terrestre común llega al mar, 0 millas. Privaría además al pueblo peruano de una importante área marina que es parte de su economía y de sus posibilidades de obtener la seguridad alimentaria. Esta hipótesis negada imposibilitaría la ejecución de la Declaración de Santiago, pues se llegaría al absurdo de que dicho instrumento internacional contendría una norma que impediría la realización de su propio objeto y fin. La extrema pretensión chilena dejaría al Perú con un punto seco en su frontera frente al mar, donde no tendrían ni siquiera mar territorial, lo cual contradice el principio esencial de que la tierra domina al mar y que bajo ese título todo estado costero posee soberanía y jurisdicción sobre el mar adyacente a sus costas. La aplicación del principio de buena fe (bona fides) indica que no solo se trata de cumplir las disposiciones de un tratado con una
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sana intención, sino de hacerlo con la finalidad de asegurar su fin útil, es decir, la realización de su objeto y finalidad. Adicionalmente, la buena fe prohíbe, contrario sensu, que una de las partes pueda efectuar actos encaminados a frustrar o impedir la realización u obtención de los fines u objetivos del tratado. La obligación que tienen los estados de abstenerse de estos actos ha sido señalada por la jurisprudencia internacional y está regulada por el artículo 18 de la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados. La CIJ por su parte, en el asunto de las actividades militares y paramilitares en Nicaragua, sentencia del 27 de junio de 1986, dictaminó en el mismo sentido.368 En síntesis, la Declaración de Santiago no establece, ni por vía de una interpretación extensiva, límite marítimo ni cláusula delimitadora alguna entre el Perú y Chile. Las áreas marítimas de los dos países se superponen en su respectiva área fronteriza. Este solapamiento debía resolverse conforme al Derecho internacional consuetudinario, a través de un acuerdo equitativo basado en la reciprocidad. El propio Gobierno de Chile lo proclamó en la Declaración de 1947 ya citada: “La presente Declaración de soberanía no desconoce legítimos derechos similares de otros países sobre la base de la reciprocidad, ni afecta a los derechos de libre navegación”.369 Sin embargo, dadas las urgentes prioridades de la acción diplomática conjunta para lograr el reconocimiento de la tesis de las 200 millas, ambos países no iniciaron negociaciones sobre sus límites laterales ni surgió una controversia, pues ninguno de ellos afirmó pretensiones unilaterales hasta el 2000, año en el que Chile planteó por primera vez, en el ámbito internacional, su pretensión de establecer el limite por el paralelo.
368 Cf. ICJ, Yearbook, 1984-1985, pp. 135-147. 369 Gobierno de Chile, Declaración oficial presidencial, del 23 de junio de 1947.

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2.3 El Convenio sobre la Zona Especial Fronteriza Marítima del 4 de diciembre de 1954 La naturaleza jurídica de este Convenio suscrito por el Perú, Chile y Ecuador el 4 de diciembre de 1954370 es la de un instrumento internacional de exención de sanciones a las pequeñas embarcaciones artesanales que ingresaban a la zona marítima de uno u otro país de manera accidental. Se trata de un acuerdo que establece una zona de tolerancia para las actividades de las embarcaciones pesqueras artesanales en el área marítima fronteriza entre los dos países. Esta área de tolerancia, en la que las pequeñas embarcaciones pueden realizar sus faenas de pesca sin recibir multas, apresamientos o sanciones de un país u otro siempre y cuando su presencia sea accidental, tiene la naturaleza jurídica de un arreglo práctico y provisional para evitar la imposición de multas y sanciones a las pequeñas embarcaciones artesanales en un área de la zona fronteriza común. La zona de tolerancia o permisión empieza a partir de las 12 millas marinas de la zona marítima de cada país y tiene por límites 10 millas al norte y al sur del paralelo que cruza la frontera terrestre. Excluye el mar territorial y se acordó que la zona de tolerancia o zona neutral empezara a partir de las 12 millas. La pesca en esta área de 12 millas adyacentes a la costa, que no forma parte de la zona de tolerancia o neutral, se reserva exclusivamente para la actividad de las embarcaciones pesqueras de cada país. El texto no dice nada respecto al límite exterior de la zona, pero al estar referido a las pequeñas embarcaciones artesanales, tenía que estar necesariamente constreñido al área marítima en que las embarcaciones pesqueras artesanales podían realizar sus faenas, o al límite de visibilidad de las pequeñas embarcaciones. Hay algunos elementos de juicio que permiten pensar que la zona
370 Cf. Convenio sobre Zona Especial Fronteriza Marítima, de 4 de diciembre de 1954.

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se extendería 3 millas más allá de las 12 reservadas exclusivamente a los pescadores nacionales de cada país; especialmente, la referencia que hace un informe técnico sobre la visibilidad que tendrían las pequeñas embarcaciones respecto de las señales proyectadas por los faros que ambos gobiernos decidieron instalar en 1968. Este informe señala que la visibilidad llegaba a 15 millas a partir de la costa: “c) Los fanales para la identificación nocturna serían del tipo eléctrico, de destellos, con una fuente de energía propia, cuyas características de visibilidad y alcance aproximado sea de 15 millas, con luminosidad para todo el horizonte y de color verde claro”.371 Este, evidentemente, es solo un indicador de que la zona de tolerancia tenía necesariamente un límite exterior no precisado que debía corresponder con la capacidad de navegación de las embarcaciones artesanales de la época. Una idea de lo que significaban estas embarcaciones en 1954 en el Perú, cuyo desarrollo pesquero era mayor que el de Chile, se encuentra en la siguiente cita sobre la flota pesquera a fines de los años cuarenta: “Por esos años en el mar peruano navegaban alrededor de 3,600 embarcaciones artesanales, de las cuales sólo 180 contaban con motores. Pero ya se habían instalado empresas que ofrecían maquinaria marina y útiles de pesca como la Wilbur-Ellis”.372 Como se señala en el párrafo preambular uno del Convenio, su origen se encuentra en la constatación de que “(…) la experiencia ha demostrado que debido a las dificultades que encuentran las embarcaciones de poco porte, tripuladas por gente de mar con escasos conocimientos de náutica o que carecen de los instrumentos necesarios para determinar con exactitud su posición en alta mar,
371 Informe de las delegaciones técnicas de Perú y Chile, 27 de abril de 1968. 372 Pedro Trillo, Luis E. Tord, “El nacimiento de una industria”, en: El libro de oro de la pesquería peruana, Sociedad Nacional de Pesquería, Lima, 2003. p. 94.

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se produce con frecuencia de modo inocente y accidental, violaciones de la frontera marítima entre los Estados vecinos”.373 El párrafo preambular dos establece otra de las razones para su firma, al recordar que “(…) la aplicación de sanciones en estos casos produce siempre resentimiento entre los pescadores y fricciones entre los países, que pueden afectar al espíritu de colaboración y de unidad que en todo momento debe animar a los países signatarios de los acuerdos de Santiago”.374 El párrafo preambular tres expresa la voluntad de las partes de liberar a los pequeños pescadores de estas sanciones y, así, eliminar los elementos de fricción que esa situación suponía de manera constante: “Que es conveniente evitar la posibilidad de estas involuntarias infracciones, cuyas consecuencias sufren principalmente los pescadores”.375 En su parte resolutiva, el Convenio establece, como ya se ha indicado, un área de exención de sanciones o área neutral a partir de las 12 millas del mar adyacente a las costas en la cual las pequeñas embarcaciones desprovistas de instrumentos náuticos que se desplacen accidentalmente en la zona marítima de otro país son liberadas de las sanciones correspondientes: “PRIMERO.- Establecer una Zona Especial, a partir de las 12 millas marinas de la costa, de 10 millas marinas de ancho a cada lado del paralelo que constituye el límite marítimo entre los dos países”.376 La redacción de este artículo ha llevado a diversas interpretaciones por la inclusión de la frase “[…] que constituye el límite marítimo entre los dos países”.
373 Convenio sobre Zona Especial Fronteriza Marítima, 4 de diciembre de 1954, primer párrafo preambular. 374 Ibíd., segundo párrafo preambular. 375 Ibíd., tercer párrafo preambular. 376 Ibíd., art. 1.

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Para el Gobierno de Chile esta frase habría establecido el límite marítimo de los dos países por el paralelo 21°18’00”. La frase literalmente no establece límite alguno, presupone uno y, como se verá, esta referencia está vinculada únicamente a la frontera marítima entre el Perú y el Ecuador. La interpretación de esa frase, conforme a las reglas del derecho internacional, indica claramente que el texto no establece un límite marítimo. No dice “establecer entre Chile y el Perú el límite marítimo de sus mares continentales” o una redacción similar, en presente indicativo u otro modo verbal que denote la adopción de una decisión o el establecimiento de un acuerdo. Tampoco establece una cláusula delimitadora, ni el punto de partida del supuesto límite ni su trazo. La frase está redactada en el tiempo verbal conocido como presente histórico, que denota la preexistencia de algo. Alude a un límite de existencia previa, pero el convenio en sí mismo no establece límite alguno. Como se ha visto, esa existencia previa nunca se convino en relación con la frontera marítima con Chile. Consecuentemente, como el convenio no puede remitir a un límite que no existe, pues se estaría frente al absurdo, es evidente que se trata de una redacción imperfecta y defectuosa cuyo sentido y alcance hay que encontrarlo, en una interpretación no literal de la frase sino en el contexto del objeto y la finalidad del convenio, así como en la documentación que se utilizó en su elaboración. El objeto del convenio, cuyas disposiciones están integradas en tan solo cuatro artículos dispositivos, es de manera indubitable establecer una zona especial de exención de sanciones a las pequeñas embarcaciones artesanales de uno y otro país, tripuladas por pescadores con pocos conocimientos de náutica y que no contaban con instrumentos de navegación. Esta disposición está contenida en el ya citado artículo primero.

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Su finalidad fue evitar tipificar como infracciones la presencia de las pequeñas embarcaciones que faenaran dentro de la zona neutral de manera accidental, liberar a sus tripulantes de multas y sanciones y reservar la pesca dentro de las 12 millas exclusivamente a los pescadores de la nacionalidad de cada país. Esto está establecido de manera muy precisa en los artículos segundo y tercero del Convenio: “SEGUNDO.- La presencia accidental en la referida zona de las embarcaciones de cualquiera de los países limítrofes, aludidas en el primer considerando, no será considerada como violación de las aguas de la zona marítima, sin que esto signifique reconocimiento de derecho alguno para ejercer faenas de pesca o caza con propósito preconcebido en dicha zona especial. TERCERO.- La pesca o caza dentro de las 12 millas marinas a partir de la costa, está reservada exclusivamente a los nacionales de cada país”.377 El último artículo del convenio es muy relevante en relación con la vinculación de este instrumento con la Declaración de Santiago, debido a que contiene una decisión y compromiso expreso de las partes a través del cual se obligan a no interpretar ninguna de las disposiciones del convenio como susceptibles de modificar o derogar las incluidas en la Declaración de Santiago. Esto es decisivo, pues en la hipótesis negada de que el convenio contuviera una norma delimitadora, esta sería írrita por mandato del propio artículo cuarto, pues estaría modificando las disposiciones de la Declaración de Santiago, y ello está prohibido por el propio Convenio del 54. La redacción literal del artículo cuarto es la siguiente: “Todo lo establecido en el presente Convenio se entenderá ser parte integrante, complementaria y que no deroga las resoluciones
377 Ibíd., arts. 2 y 3.

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y acuerdos adoptados en la Conferencia sobre Explotación y Conservación de las Riquezas Marítimas del Pacífico Sur, celebrada en Santiago de Chile, en Agosto de 1952”.378 Una primera conclusión es que el convenio no establece un límite marítimo entre el Perú y Chile. Esta realidad es reconocida por el jurista chileno Ignacio Llanos, quien señala: “En estricto sentido, el Convenio sobre Zona Especial Fronteriza Marítima no puede ser caracterizado como un acuerdo de frontera. Dado que su propósito principal fue el de establecer una zona especial para pequeñas embarcaciones pesqueras de los tres Estados partes, puede considerarse que éste es uno de esos acuerdos que no pueden existir sin referencia a un acuerdo de frontera, normalmente previo”.379 A partir de la constatación de que el convenio del 54 no establece el límite marítimo entre los dos países, el autor se pregunta si ese acuerdo previo es la Declaración de Santiago, y al reconocer dudas sobre su alcance, prefiere encontrar el hipotético acuerdo previo en la preexistencia de una costumbre regional que habría consagrado al paralelo como línea de delimitación marítima que a la época –antes de 1952–, como también se ha visto, no existía. El informe 138 de la Asesoría Jurídica del Gobierno de Chile de septiembre de 1960 tiene la misma opinión, en el sentido de que la Declaración de Santiago no fija un límite marítimo. “Esta declaración tampoco importa un pacto por el cual las partes hayan fijado sus deslindes marítimos. Ella se limita a reafirmar en forma enfática y positiva un hecho preexistente (…)”.380
378 Ibíd., art. 4. 379 Ignacio Llanos Mardones, El derecho de la delimitación marítima en el Pacífico Sudeste, Ril Editores, Santiago, 1999, p.170. 380 Dictamen número 138, septiembre de 1960, Asesoría Jurídica del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, p. 127.

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Una segunda conclusión es que el convenio de 1954 mide la zona de exención de sanciones de 20 millas de ancho, 10 millas a cada lado, a partir del paralelo que cruza sobre el Hito Nº 1 la frontera terrestre. Este paralelo es tomado de manera convencional como un referente para el establecimiento de la zona especial, pero se pudo haber utilizado cualquier otro referente. La intención era precisa: emplear el paralelo de la frontera terrestre como referente para establecer las 10 millas de parte y parte en la configuración de la zona especial de exención de sanciones. Y ello no tiene relación con el límite marítimo jurisdiccional, sino con la definición del perímetro de la zona especial. El convenio en ningún caso establece el límite marítimo de las jurisdicciones nacionales de cada estado. Una tercera conclusión es que, ciertamente, en la redacción del artículo 1 hay una imperfección y una ambigüedad cuando se habla del “[…] paralelo que constituye el límite marítimo entre los dos países [el resaltado es del autor]”. Por ello, es necesario recurrir a la interpretación sistemática de esa norma, teniendo en cuenta el objeto, fin y contexto del convenio, como lo prescribe la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados. Se ha observado que el objeto del convenio es claro y definido: establecer una zona de exención de sanciones. Su fin es, asimismo, preciso: no considerar como trasgresión de las aguas de las respectivas zonas marítimas la presencia accidental de pequeñas embarcaciones de uno u otro país en la zona especial, así como evitar las sanciones o multas a los pescadores artesanales. El contexto en el que se elaboró y negoció el convenio fue durante la Segunda Reunión de la Comisión Permanente de la Conferencia de Explotación y Conservación de las Riquezas Marítimas del Pacífico Sur, reunida en la ciudad de Santiago de Chile, el 8 de octubre de 1954. El reglamento de esta conferencia fue el mismo que el de la conferencia de 1952, que aprobó la Declaración de Santiago, en cuyo articulado no existe ninguna referencia al esta324

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blecimiento de límites marítimos. El objeto de ambas conferencias, según el artículo 1 del reglamento, fue “[…] estudiar y resolver los problemas que dicen relación con la explotación y conservación de las riquezas marítimas del Pacífico Sur”.381 Como lógica derivación, la agenda contuvo exclusivamente materias relativas a aspectos de cooperación pesquera y defensa de los principios contenidos en la Declaración de Santiago de 1952. Las siguientes resoluciones, proposiciones y recomendaciones aprobadas por la conferencia de 1954 tienen ese mismo carácter: recomendación complementaria para la declaración de soberanía sobre la zona de 200 millas, resolución sobre reunión ordinaria anual de la comisión permanente; Recomendación para el Establecimiento de Zona Neutral de Pesca y Caza en la Frontera Marina de los Países Vecinos y Recomendación para el Otorgamiento de Facilidades Tributarias, Cambiarias y Crediticias a favor de las actividades industriales de pesca y caza marítima. No existe ninguna referencia a la determinación de límites marítimos, como no la hubo en la primera conferencia de 1952. En el transcurso de la segunda sesión, se aprobaron once recomendaciones relativas a la cooperación y coordinación de políticas de defensa de las 200 millas. La recomendación VII, que es el origen del Convenio, propuso el establecimiento de una zona neutral de pesca y caza en la frontera marítima de los países vecinos. El texto de esta recomendación es muy significativo e importante para la interpretación del artículo 1 del convenio, por constituir la primera redacción de su texto y porque da luces del porqué de la utilización de la expresión “(…) del paralelo que constituye el límite marítimo entre los dos países”. La recomendación contiene tres párrafos preambulares y tres resolutivos. Los dos primeros párrafos preambulares describen el
381 Reglamento interno de la Conferencia de Explotación y Conservación de las Riquezas Marítimas del Pacífico Sur, Santiago de Chile, 1952, art. 1.

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problema o situación que Perú, Chile y Ecuador habían identificado como inconveniente, respecto del cual deseaban concertar soluciones: En primer lugar, el hecho de que “[…] la experiencia ha demostrado que debido a las dificultades que encuentran las embarcaciones de corto porte tripuladas por gente de mar con escasos conocimientos de náutica o que carecen de los instrumentos necesarios para determinar con exactitud su posición en alta mar, se producen con frecuencia, de modo inocente y accidental, violaciones de la frontera marítima entre los estados vecinos”. 382 En segundo lugar, “la aplicación de sanciones en estos casos produce siempre resentimientos entre los pescadores y fricciones entre los países que pueden afectar al espíritu de colaboración y de unidad que en todo momento debe animar a los países signatarios de los acuerdos de Santiago”.383 Estas dos disposiciones son claras en relación con el objeto y la voluntad de las partes respecto de la naturaleza y del alcance de la zona neutral. La referencia a la frontera marina, como lo fue en toda la documentación de la época, supone el concepto de frontera zona y no de frontera línea. El texto no hace referencia a supuestos e inexistentes límites o fronteras marítimas. El primer párrafo resolutivo de la recomendación VII, antecedente directo del artículo 1 del Convenio, es de enorme importancia para la interpretación: A través de él se recomienda de manera específica: “Crear una zona neutral a partir de las doce millas marinas de la costa, de 10 millas marinas de ancho a cada lado del paralelo
382 Acta final de la Segunda Reunión de la Comisión Permanente de la Conferencia de Explotación y Conservación de las Riquezas Marítimas del Pacífico Sur, Recomendación para el Establecimiento de Zona Neutral de Pesca y Caza en la Frontera Marina de los Países Vecinos. Santiago, 1954. 383 Ibíd.

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que pasa por el punto de la costas que señala el límite entre los dos países”.384 Queda la voluntad de establecer como referente de las 10 millas de ancho de lado y lado […] “el paralelo que pasa por el punto de las costas que señala el límite de los dos países”. No hay referencia alguna al límite marítimo o a la frontera marítima. En la expresión “[…] del paralelo que pasa por el punto de las costas que señala el límite entre los dos países”, la palabra “límite” hace referencia de manera inequívoca al límite terrestre. La redacción original no era ambigua ni imperfecta y no aludía al límite marítimo. La redacción en esos términos pasó a consideración de la Comisión I, encargada de negociar el texto, junto con otros acuerdos, entre ellos el proyecto de Convenio Complementario a la Declaración de Soberanía sobre la Zona Marina de 200 Millas. Al discutirse este último proyecto, el delegado del Ecuador, siempre preocupado por la situación de las islas ecuatorianas en la zona fronteriza marítima con el Perú, insistió en que la disposición del artículo IV de la Declaración de Santiago se reiterase en el texto del convenio complementario. Las actas de esta sesión recogen la preocupación ecuatoriana de la siguiente manera: “El señor Salvador Lara, Delegado del Ecuador propone que debe incluirse en este Convenio un artículo complementario que aclare el concepto de la línea divisoria del mar jurisdiccional que ya ha sido expuesto en la Conferencia de Santiago, pero que no está de más repetir aquí. Los señores LLOSA (Perú) y CRUZ OCAMPO (Chile) creen que el artículo 4 de la Declaración de Santiago es ya bastante claro y que no cabe una nueva exposición [el resaltado es del autor]. Como el señor delegado del Ecuador insiste en su creencia de que debe incluirse en este Convenio una declaración en ese sentido, ya que el artículo 4 de la Declaración de Santiago está

384 Ibíd.

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destinado a establecer el principio de la delimitación de aguas en lo que se refiere a las islas [el resaltado es del autor], el señor PRESIDENTE, propone al señor Delegado del Ecuador si aceptaría que en vez de un nuevo artículo se dejara constancia expresa de sus palabras en el Acta”. 385 Así se decidió. Resulta evidente que la preocupación del delegado del Ecuador era la misma que expuso dos años antes durante la negociación de la Declaración de Santiago sobre de la situación de las islas de su país en relación con la proyección de 200 millas de la zona marítima peruana. El acta es unívoca al reiterar que “el artículo 4 de la declaración de Santiago está destinado a establecer el principio de la delimitación de aguas en lo que se refiere a las islas”.386 El señor Cruz Ocampo, delegado de Chile, convino en ello. Cuando se sometió a consideración de la Comisión I el Proyecto de Convenio sobre Zona Especial Fronteriza Marítima, el señor Salvador Lara, delegado del Ecuador, volvió a hacer la misma proposición que había formulado al debatirse el proyecto de Convenio Complementario a la Declaración de Soberanía sobre la Zona Marina de 200 Millas. Pidió que se incorporara el concepto ya acordado en la Declaración de Santiago. Esta propuesta fue aceptada y se decidió recoger ese concepto en la nueva redacción del artículo 1 del convenio. Se incorporó, así, la referencia a la regla de excepción de la Declaración de Santiago, que estableció una cláusula delimitadora por el paralelo entre el Perú y el Ecuador. Pero esto se hizo, evidentemente, en una redacción impropia e imperfecta. Ello explica por qué la redacción del artículo 1 hace referencia a “los dos países”. ¿Por qué otra razón en un convenio entre tres países, un concepto de especial importancia, en este caso la preexistencia de un límite marítimo, se referiría nominalmente a “los dos países”? Si esa frase se aplicase a los tres países signatarios, el artículo 1 habría
385 Ibíd. 386 Ibíd.

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sido redactado de otra manera. Se habría utilizado las expresiones “de los países signatarios”, “de los tres países” u otra equivalente. La redacción, como se ha dicho, es imperfecta ciertamente, pero a partir de su análisis en función del contexto, el objeto y el fin del convenio, así como tomando en cuenta el proceso de elaboración de la norma, parece claro que la expresión imperfecta que refiere al paralelo solo reitera lo expresado en el artículo IV de la Declaración de Santiago; es decir, la excepción relativa a una cláusula delimitadora por el paralelo en el caso de la existencia de islas que tiene lugar, exclusivamente en el caso peruano-ecuatoriano. Ello explica asimismo que la redacción imperfecta del artículo 1 del convenio aluda al límite marítimo entre “los dos países”, es decir, Perú y Ecuador. El renombrado jurista peruano Alberto Ulloa, que presidió la delegación del Perú a la primera conferencia, ejerció el cargo de presidente de la Comisión Jurídica en la primera Conferencia en 1952 y fue uno de los redactores del artículo IV de la Declaración de Santiago, confirma esta interpretación en su obra Derecho Internacional Público, editada en Madrid, en 1957, a solo tres años de la negociación y aprobación del Convenio de 1954 y a cinco de la propia Declaración de Santiago, que la referencia al paralelo está vinculada al caso del Perú y Ecuador: “Otro Convenio sobre Zona Especial Fronteriza Marítima, establece una Zona Especial, a partir de las 12 millas marinas de la costa, con diez millas marinas de ancho a cada lado del paralelo que constituye el límite marítimo entre dos de los países signatarios [el resaltado es del autor]”.387 De esta manera una cuarta conclusión es que la voluntad de las partes era sólo reiterar la salvaguardia para considerar la circunstancia especial de la existencia de islas ecuatorianas a menos
387 Ulloa, ob. cit., p. 555.

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de 200 millas de la proyección de la zona marítima del Perú en el área fronteriza con el Ecuador. Esta interpretación es, además, coherente con el propio artículo cuarto del convenio de 1954 que, como se ha visto, dictamina que ninguna de sus disposiciones puede modificar o suprimir las regulaciones establecidas en la Declaración de Santiago, entre ellas, obviamente, el artículo IV relativo a la cláusula delimitadora de excepción, para el caso peruano-ecuatoriano. Sin embargo, aun en la hipótesis negada de que el convenio hubiese hecho referencia a una delimitación inexistente, ello no podría reputarse como acto constitutivo de un límite que no existe. Como bien apunta Agüero: “(…) debe precisarse que el hecho de que un tratado haga referencia a una situación irreal no significa en modo alguno que por virtud de ese convenio las partes le otorguen existencia. Así como un tratado que hipotéticamente versara sobre el régimen de condominio de dos Estados sobre una isla cuya presencia se asume equivocadamente no otorgaría existencia a la isla, del mismo modo un tratado que mencionara como supuesto un determinado límite convenido entre dos Estados, no crearía dicho límite”.388 El Convenio de 1954 no entró en vigor sino trece años después de su suscripción, en 1967, cuando Chile depositó el instrumento de ratificación. En este no se hace ninguna referencia al límite marítimo ni se tipifica el convenio como tratado relativo a los límites marítimos, sino en concordancia con su objeto y finalidad como un convenio que establece un sistema de exención de sanciones a las pequeñas embarcaciones artesanales.389 En el lapso de esos trece años, entre 1952 y 1967, la pesca fronteriza artesanal no se rigió por ningún convenio bilateral.

388 Marisol Agüero, ob. cit., p. 272. 389 Nota número 20664, del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile a la Secretaría General de la Comisión Permanente del Pacífico Sur, 11 de octubre de 1977.

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Como ya se explicó, el sistema se creó y organizó durante la Primera Conferencia sobre Explotación y Conservación de las Riquezas Marítimas del Pacífico Sur, que tuvo lugar en Santiago de Chile entre el 11 y 19 de agosto de 1952. En esa oportunidad se aprobó la Declaración de Santiago y se creó la Comisión Permanente de la Conferencia, como decisiones principales. Los instrumentos que se aprobaron   durante la primera conferencia, denominados Acuerdos de Santiago, pasaron a ser referentes constitutivos del sistema, razón por la cual las partes resolvieron que todo tratado, acuerdo o declaración posterior debería guardar estricta concordancia y no modificar, ni por vías de interpretación, lo dispuesto en los convenios constitutivos del sistema. Estos son: a. La Declaración de Santiago. b. La Resolución sobre Organización de la Comisión Permanente de la Conferencia sobre Explotación y Conservación de las Riquezas Marítimas del Pacífico Sur. c. La Declaración Conjunta Relativa a los Problemas de la Pesquería en el Pacífico Sur. d. El Reglamento para las Faenas de Caza Marítima en las Aguas del Pacífico Sur. La cláusula pétrea de protección e intangibilidad de las disposiciones de estos instrumentos jurídicos fue introducida en todos los convenios y acuerdos suscritos en la Segunda Conferencia sobre Explotación y Conservación de las Riquezas Marítimas del Pacífico Sur, realizada en Lima, en diciembre de 1954. El compromiso de las partes fue que ningún convenio o instrumento jurídico posterior a los Acuerdos de Santiago debía oponerse o modificar las disposiciones contenidas en los citados acuerdos. La cláusula de intangibilidad se redactó de la siguiente manera: “Todo lo establecido en el presente Convenio se entenderá ser parte integrante complementaria y que no deroga las resoluciones
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y acuerdos adoptados en la Conferencia sobre Explotación y Conservación de las riquezas Marítimas del Pacífico Sur, celebrada en Santiago de Chile, en agosto de 1952”. Esta cláusula pétrea fue introducida con la misma redacción en todos los convenios aprobados durante la Segunda Conferencia sobre Explotación y Conservación de las Riquezas Marítimas del Pacífico Sur. Está contenida en el artículo 5 del Convenio Complementario a la Declaración de Santiago390, el artículo 9 del Convenio sobre Sistema de Sanciones391 , el artículo séptimo del Convenio sobre Medidas de Vigilancia y Control de las Zonas Marítimas de los Países Signatarios392, el artículo 8 del Convenio sobre Otorgamiento de Permisos para la Explotación de las Riquezas del Pacífico Sur393 y el  artículo 3 de la Convención sobre la Reunión Ordinaria Anual de la Comisión Permanente del Pacífico Sur394 y en el artículo cuarto del propio Convenio sobre Zona Especial Fronteriza Marítima395. La Declaración de Santiago de 1952 y el Convenio sobre Zona Especial Fronteriza Marítima de 1954, como se ha señalado, no son tratados de límites porque no contienen una cláusula delimitadora ni han trazado los límites marítimos entre los dos países. Ello refuerza el criterio de que ambos instrumentos jurídicos son denunciables en toda su extensión y sin excepción alguna en relación con todas y cada de sus cláusulas. Los tratados de límites, por el contrario, por su naturaleza, son perpetuos y no pueden ser denunciados.
390 Cf. Convenio complementario a la Declaración de Santiago, art. 5, en: Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, Instrumentos internacionales sobre derecho del mar, Lima, 1971, p.156. 391 Cf. Convenio sobre Sistema de Sanciones, art. 9, ibíd., p. 158. 392 Cf. Convenio sobre Medidas de Vigilancia y Control de las Zonas Marítimas de los Países Signatarios, art. 7, ibíd., pp. 160-161. 393 Cf. Convenio sobre Otorgamiento de Permisos para la Explotación de las Riquezas del Pacífico Sur, art. 8, ibíd., pp. 162-163. 394 Cf. Convención sobre la reunión ordinaria anual de la Comisión Permanente del Pacífico Sur, art. 3, ibíd., p.164. 395 Cf. Convenio sobre Zona Especial Fronteriza Marítima, art. 4, ibíd., pp.165-166.

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Los tratados  normalmente contienen  cláusulas de extinción de sus obligaciones y de su denuncia. Cuando no existe esta disposición, el Derecho internacional reputa que el tratado tiene una vigencia ilimitada, salvo que la intención de las partes hubiese sido manifestada en sentido contrario o que de su propia naturaleza se derivara la posibilidad de denunciar el tratado. Así, la Convención de Viena sobre Derecho de los Tratados de 1969, en su artículo 56, establece como regla: “Un tratado que no contenga disposiciones sobre su terminación ni prevea la denuncia o el retiro del mismo, no podrá ser objeto de denuncia o de retiro a menos que: a) que conste que fue intención de las partes admitir la posibilidad de denuncia o de retiro: o b) Que el derecho de denuncia o de retiro pueda inferirse de la naturaleza del tratado396”. Esta norma no se aplica, evidentemente, a los tratados de límites, pues por su propia naturaleza son perpetuos y no denunciables. Consecuentemente, el Derecho internacional reputa que todo tratado de límites, por efecto del principio de intangibilidad y estabilidad  de las fronteras, no puede ser objeto de denuncia y que la voluntad de las partes siempre ab initio e ipso jure se expresa en ese sentido. Tanto la Declaración de Santiago  de 1952 como el Convenio sobre Zona especial Fronteriza Marítima de 1954 son susceptibles de denuncia conforme a la voluntad de las partes. Ello refuerza el criterio de que no constituyen tratados de límites. Pero dada su naturaleza provisional, en un caso de reivindicación de una zona de 200 millas y en el otro de establecimiento de una zona marítima fronteriza especial en la que se exime de sanciones a las pequeñas
396 Cf. Convención de Viena sobre Derecho de los Tratados, U.N. Doc A/CONF.39/27 (1969), 1155 U.N.T.S. 331,  23 de mayo de 1969, art. 56.

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embarcaciones artesanales también por su naturaleza temporal, son denunciables conforme al artículo 56, inciso b de la Convención de Viena. Más aun, lo son también de conformidad con el inciso a), el cual establece como condición “que conste que fue intención de las partes admitir la posibilidad de denuncia o de retiro”.397 Las partes, en este caso, el Perú, Chile y Ecuador, dejaron constancia inequívoca de que su intención era celebrar tratados denunciables, en el proceso de elaboración de las normas del Sistema del Pacífico Sur, durante la realización de la Segunda Conferencia sobre Explotación y Conservación de las Riquezas Marítimas del Pacífico Sur. En la segunda sesión de la Comisión I, de la Segunda Conferencia sobre Explotación y Conservación de las Riquezas Marítimas del Pacífico Sur, el secretario de la comisión permanente, señor Ruiz Bourgeois, quien había sido delegado de Chile en la primera conferencia (Santiago de Chile, 1952), hizo uso de la palabra en circunstancias en que se debatía el Convenio complementario a la Declaración de soberanía sobre la zona marina de 200 millas. Ruiz Bourgeois recordó a todos los delegados y al presidente, el señor Alfonso Bulnes de Chile, que el artículo 5 de dicho convenio, el referido a la cláusula pétrea, estaba relacionado con el artículo 6 del convenio sobre la organización de la comisión permanente, el cual forma parte de los Acuerdos de Santiago de 1952. Este artículo 6 establecía que “cualquiera de las Partes puede desahuciar este Convenio dando un aviso a las otras partes con anticipación de un año calendario completo”.398 El señor Ruiz Bourgeois señaló que esta cláusula de denuncia (desahucio), contenida en el artículo 6 del convenio sobre la comisión permanente, se aplicaba a todos los convenios que se suscribieron en Santiago, como la  Declaración de Santiago, y por ende, su validez se extendía a todos los acuerdos a firmarse en Lima du397 Ibíd. 398 Cf. Segunda Conferencia sobre Explotación y Conservación de las Riquezas Marítimas del Pacífico Sur, Comisión I, acta de la primera sesión, 2 de diciembre de 1952.

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rante la segunda conferencia, incluido evidentemente el convenio sobre zona especial fronteriza marítima. El acta respectiva recogió de la siguiente manera la intervención del Sr. Ruiz Bourgeois: “El señor Ruiz, Secretario de la Comisión Permanente aclara que el artículo 5 del Convenio en discusión está vinculado al artículo 6 de la resolución sobre organización de la Comisión permanente que forma parte de los Acuerdos de Santiago de 1952. Este artículo autoriza a las partes a desahuciar el Convenio con un año de aviso y debe entenderse que se extiende a los otros tres Acuerdos de Santiago, y en virtud del artículo 5 del Convenio Complementario, y de los artículos similares que figuran en los demás Convenios, se extenderá a todos los Acuerdos que se firmen en Lima”.399  Terminada la intervención del Señor Ruiz Bourgois, ninguno de los delegados presentes objetó la interpretación en el sentido de que, por efecto de la cláusula pétrea, todos los convenios aprobados en la Segunda Conferencia sobre Explotación y Conservación de las Riquezas Marítimas del Pacífico Sur, incluido el Convenio sobre zona especial fronteriza marítima, al igual que los aprobados dos años antes en Santiago de Chile, se regían por el procedimiento de desahucio (denuncia) contenido en el artículo 6 del Convenio sobre la organización de la Comisión Permanente del Pacífico Sur. El acta correspondiente se aprobó en esos términos. De esta manera, quedó establecido que la voluntad de las partes fue aplicar a todos los convenios aprobados durante la primera y segunda conferencia, incluidos la Declaración de Santiago de 1952 y el Convenio de Zona Especial, la cláusula de denuncia contenida en el artículo 6 del Convenio sobre la organización de la Comisión Permanente del Pacífico Sur. Si en la intención o en la comprensión de los delegados a la segunda conferencia del Pacífico Sur hubiese estado considerar
399 Ibíd.

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al Convenio de 1954 y, antes, a la Declaración de Santiago como convenios de límites marítimos, se habría rechazado la cláusula de denuncia o por lo menos se le habría excluido de los artículos pertinentes. 2.4. El acuerdo de 1968 para construir torres o señales dirigidas a orientar a las pequeñas embarcaciones pesqueras en la zona especial y sus documentos complementarios El Gobierno de Chile hace referencia y toma en cuenta, en su argumentación a favor de la supuesta existencia de un límite marítimo, como complementaria a la Declaración de Santiago de 1952 y al Convenio de Zona Especial Fronteriza Marítima de 1954, una documentación que denomina “las Actas de 1968 y 1969”. Esta denominación es errónea. No es exacta. En realidad se trata de un informe400 técnico, de un nivel subalterno, y de un acta de levantamiento de las incidencias del trabajo de campo de una delegación mixta de carácter técnico. En el primer caso, se hace referencia al informe que presentaron los técnicos del Perú y Chile el 26 de abril de 1968 con las recomendaciones para el establecimiento de las torres o señales de orientación, que permitieran guiar a las pequeñas embarcaciones pesqueras en la zona especial fronteriza. Nada de lo que contiene este informe constituye una obligación jurídica entre los estados. Este documento no es un acta ni en su contenido ni en su forma. Es simplemente un informe o memorando que recoge una opinión que los técnicos presentan a sus respectivos gobiernos, estrictamente sobre las características técnicas que tendrían las señales o los faros. El otro documento sí es un acta, también de naturaleza técnica, elaborada el 22 de agosto de 1969 por la comisión mixta perua400 Informe de los representantes de Perú y Chile, Ing. Alejandro Forcé Petit y Jorge Velando Ugarteche, 26 de abril de 1968.

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no-chilena, designada con la misión de verificar la posición geográfica primigenia del Hito Nº1 de la frontera común, así como ubicar el posicionamiento de las marcas o señales de orientación que los gobiernos decidieron establecer. Esta acta tampoco establece obligaciones jurídicas para los estados. Se ha dado mucha difusión a estos documentos, al tiempo que no se ha hecho público el acuerdo diplomático que les dio origen, del cual constituyen solo elementos técnicos derivados. Este acuerdo diplomático, concertado a través de un intercambio de notas del 6 de febrero y el 8 de marzo de 1968, estableció la decisión conjunta del Perú y Chile para la fijación de torres, faros o señales que orientasen las faenas de las pequeñas embarcaciones pesqueras en la zona especial fronteriza marítima. Todos estos entendimientos se originan en hechos y decisiones ajenos a una inexistente voluntad de las partes para “materializar la frontera marítima”. El análisis de la documentación que intercambiaron Perú y Chile es categórico al respecto. A. El acuerdo establecido por el intercambio de notas del 6 de febrero y 8 de marzo de 1968 Este acuerdo fue establecido por un intercambio de notas entre el Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú y la Embajada de Chile. El Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú el 6 de febrero de 1968, remitió al Encargado de Negocios de Chile, José Oyarzun González, la nota Nº 6-4-9, en la que le informaba que, luego de conversaciones sostenidas con el Embajador Fabio Pío Valdivieso y el Coronel Alejandro García, Director de Fronteras del Estado y Jefe del Departamento de Límites de la cancillería chilena, respectivamente, el gobierno peruano consideraba: “(…) conveniente que se proceda a construir por ambos países, postes o señales de apreciables proporciones y visibles a gran
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distancia, en el punto en el que la frontera común llega al mar, cerca del Hito número Uno”.401 El texto de la nota es preciso y no presenta ambigüedad alguna. La cancillería peruana propuso construir postes o señales en el punto en el que la frontera llega al mar, cerca del Hito Nº 1 con la finalidad de orientar a las pequeñas embarcaciones y evitar los incidentes pesqueros. No hay ninguna referencia a la supuesta instalación de hitos que demarquen o materialicen la frontera marítima, lo que además es un imposible técnico. De la misma manera, en la nota peruana hay una comprensión y una referencia explícita a la diferenciación existente entre el punto final de la frontera terrestre (“en el punto en el que la frontera común llega al mar”) y el punto en el que por convención ambas partes erigirían las señales para los pescadores (“cerca del hito número uno de la frontera”). El Gobierno de Chile respondió afirmativamente, aceptando la propuesta peruana y reiterando así su naturaleza y fin. La respuesta se hizo llegar al Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú a través de la nota (J) 6-4/19, del 8 de marzo de 1968, dirigida al Ministro de Relaciones Exteriores del Perú, suscrita por el Encargado de Negocios de Chile, Francisco José Oyarzun González, quien transmite la conformidad y acuerdo del Gobierno de Chile con la propuesta de erigir las señales para orientar a los pescadores en los siguientes términos: “Tengo el honor de dar respuesta a la atenta nota de Vuestra Excelencia (…) de fecha 6 de febrero pasado, por medio de la cual me comunica que, a raíz de las conversaciones celebradas en Lima por las autoridades peruanas y chilenas de fronteras y límites, se llegó a establecer la conveniencia de que se proceda a construir por ambos países, postes o señales de apreciables proporciones y visibles a gran distancia, en el ’punto en el que la frontera común llega al mar, cerca del Hito número Uno’ [el resaltado es del autor].
401 Nota Nº 6-4-9 del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú a la Embajada de Chile en Lima, 6 de febrero de 1968.

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Sobre este particular, puedo informar a Vuestra Excelencia que mi gobierno estima aceptable vuestra proposición, para que dicha reunión de técnicos peruanos y chilenos se lleve a efecto en el Hito número Uno, en la fecha y hora que disponga Vuestra Excelencia (…)”.402 En su comunicación, la Embajada de Chile acepta en todos sus términos y con la misma redacción la propuesta peruana que pasa a constituirse en el objeto del acuerdo establecido a través del intercambio de notas, es decir: “(…) que se proceda a construir por ambos países, postes o señales de apreciables proporciones y visibles a gran distancia, en el punto en el que la frontera común llega al mar, cerca del Hito número Uno”.403 En ninguna de las notas cursadas por los dos países, en las que acuerdan el objeto y la naturaleza jurídica de las torres o los faros de enfilamiento, se hace referencia a la delimitación marítima, a la materialización del límite marítimo o a la colocación de señales que delimiten las respectivas soberanías en relación con sus mares adyacentes. La naturaleza jurídica del acuerdo que emana del intercambio de las notas citadas corresponde a una iniciativa para construir señales, marcas o faros que guiaran u orientasen a los pescadores artesanales a fin de evitar los continuos incidentes de una y otra parte. El objeto del acuerdo es erigir las ya citadas señales cerca del punto en el que la frontera terrestre llega al mar, específicamente en las proximidades del Hito Nº 1.

402 Nota del 8 de marzo de 1968, dirigida por la Embajada de Chile en Lima al Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú. 403 Nota J) 6-4/19, del 8 de marzo de 1968, dirigida por la Embajada de Chile en Lima al Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, párrafo 1; nota número 6-4-9 del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú a la Embajada de Chile, 6 de febrero de 1968.

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Del intercambio de notas se deriva también que ambas partes tenían una clara certidumbre del punto de inicio de la frontera marítima (“el punto en el que la frontera marítima llega al mar”, registrado con la misma redacción tanto en la nota peruana como en la chilena), así como el punto en el que se deberían emplazar las torres de orientación (“cerca del hito número uno”). La intención y decisión manifiesta del Perú era erigir faros que ayudasen a la orientación de las embarcaciones artesanales. Esta determinación está claramente referida en las comunicaciones que dirige al Gobierno de Chile. En ellas se diferencia claramente el límite terrestre del punto en el que se construirían los faros de enfilamiento para guiar a los pescadores: “(…) que se proceda a construir por ambos países, postes o señales de apreciables proporciones y visibles a gran distancia, en el punto en el que la frontera común llega al mar, cerca del Hito número Uno”. Los términos del acuerdo guardan estricta coherencia con los antecedentes que le dieron origen. El 22 de diciembre de 1964 el Embajador del Perú en Santiago entregó al Director General del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile una relación detallada de las lanchas pesqueras chilenas que realizaban faenas de pesca irregulares en la costa peruana. Anunció también que en el futuro las autoridades peruanas detendrían y sancionarían a los infractores.404 El 26 de mayo de 1965 la Embajada del Perú volvió a presentar un memorando que expresaba “la viva preocupación del Gobierno del Perú por las continuas incursiones a su litoral de lanchas pesqueras chilenas”405. Denunció, asimismo, nuevos actos de violación de aguas territoriales peruanas cometidos el 27 de abril de ese año
404 Embajada del Perú en Santiago de Chile, memorando dirigido al Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile del 22 de diciembre de 1964. 405 Embajada del Perú en Santiago de Chile, memorando dirigido al Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile del 26 de mayo de 1965.

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por cinco embarcaciones chilenas, las cuales fueron identificadas en el momento en que realizaban faenas ilegales frente a la playa de La Yarada. En esa misma comunicación diplomática, el Gobierno del Perú, a través de su Embajador en Santiago, propuso al Gobierno de Chile: “(…) como medio para prevenir la repetición de estos hechos, la conveniencia de que ambos países construyan, en la zona ribereña que les corresponde, un faro cada uno, a no más de cinco kilómetros de la zona fronteriza”. Y añadió que: “(…) en caso de que esta propuesta fuese aceptada por el gobierno chileno, se iniciarían conversaciones de carácter técnico para concretarla a la mayor brevedad posible”.406 El 3 de diciembre de 1965 el embajador peruano realizó una vez más una gestión similar; expresó que la preocupación reiterada de su gobierno “por estos actos cometidos por naves procedentes de un país que comparte la misma posición de defensa de la zona marítima”.407 En esta nota aparece por primera vez, en 1965, la idea peruana de colocar alrededor de cinco kilómetros de la línea de frontera (se trata de la frontera terrestre) dos faros de enfilamiento que ayudasen a solucionar la enojosa situación de la continua presencia ilegal de embarcaciones pesqueras chilenas en el litoral peruano. Una vez establecido el acuerdo para instalar las torres o los faros que orientasen a las pequeñas embarcaciones, ambas can406 Ibíd. 407 Embajada del Perú en Santiago de Chile, memorando dirigido al Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile del 3 de diciembre de 1965.

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cillerías iniciaron consultas informales para proceder a ejecutarlo. Con esa finalidad, decidieron enviar una misión técnica al terreno para que se hiciera una inspección in loco. En consultas informales entre las cancillerías se decidió que las marcas, señales o faros se construirían en ambos territorios, en puntos alineados en la dirección del paralelo que cruza el Hito Nº 1 de la frontera terrestre. La referencia al hito Nº 1 es meramente convencional. Se pudo haber ubicado otro punto, pero el Hito Nº1 era la solución más práctica, pues constituía el mojón más cercano al término de la frontera terrestre en el arco que confluye con la orilla del mar. Otro argumento era que ese hito, al ser el más cercano al punto en que la frontera llega al mar, tenía ya una localización establecida por la Comisión Mixta Demarcadora de Límites en 1930. Ello facilitaba el trabajo, pues restaba simplemente confirmar la ubicación del hito, contrastándola con las coordenadas establecidas en las actas de la comisión demarcadora. Ello era indispensable, pues se tenía la información de que los restos del hito, que había sido destruido, podrían estar situados en un punto distinto de su emplazamiento original. Para certificar el posicionamiento del Hito Nº 1, ambos gobiernos designaron al personal técnico correspondiente para que confirmaran su ubicación en el terreno, de conformidad con las coordenadas de latitud y longitud establecidas en el acta de 1930 de la Comisión Demarcadora de los Límites Terrestres. Los equipos técnicos fueron designados bajo la jefatura del ingeniero Alejandro Forch Petit en el caso de Chile y del ministro Jorge Velando Ugarteche en el caso del Perú.

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B. Las instrucciones a los técnicos encargados de ubicar la posición del Hito Nº 1 de la frontera terrestre y estudiar la factibilidad de erigir faros que orientasen a las pequeñas embarcaciones pesqueras Ambos gobiernos elaboraron y entregaron a sus técnicos instrucciones idénticas para ubicar la posición del Hito Nº 1 y estudiar la factibilidad de instalar las torres de señalamiento en el terreno. El pliego de instrucciones a los técnicos peruanos, fechado el 15 de abril de 1968, señala de manera inequívoca que el objeto de su misión era: “estudiar la instalación de marcas de enfilación que señalen la ubicación del Hito número Uno de dicha frontera”.408 El objeto de la misión de ambas comisiones técnicas no era trazar una supuesta frontera marítima. Se trató única y exclusivamente de establecer la ubicación del Hito Nº1 de la frontera terrestre, con la finalidad posterior de construir en sus inmediaciones las torres o señales dirigidas a orientar a las pequeñas embarcaciones pesqueras, señalando su ubicación. No existe ninguna referencia a trazar una frontera marítima, aspecto este totalmente ajeno a la naturaleza y finalidad de la decisión adoptada por los gobiernos. Las instrucciones específicas ratifican plenamente este entendimiento, y no dejan dudas para la interpretación: “1. Estudiar sobre el terreno, conjuntamente con la delegación chilena, los lugares más adecuados para construir postes de enfilación, visibles desde el mar, destinados a señalar la ubicación del Hito Nº1, denominado “orilla del mar”.

408 Instrucciones para la delegación del Perú que se reunirá en la frontera peruano-chilena con la delegación de ese país para estudiar la instalación de marcas de enfilación que señalen la ubicación del Hito Nº 1 de dicha frontera. Lima, 15 de abril de 1968.

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2.

Acordar el sistema de señales con que contarán los postes, que consistirán en estructuras que puedan ser torres, armazones o columnas. Acordar el sistema de mantenimiento y conservación de los postes y señales. La delegación peruana propondría lo siguiente: a. Colocación de postes o marcas de enfilación, en un número de dos, sobre la línea imaginaria que materializa el paralelo que atraviesa el Hito número Uno denominado `orilla del mar´. b. Que dichas estructuras contengan, además de las marcas para la identificación diurna, luces cuya visibilidad no sea menor de cinco millas, para la identificación nocturna; y reflectores de radar convenientemente dispuestos para la localización en todo el tiempo (…)”.409

3. 4.

Es importante precisar que en el ítem 4a. de las instrucciones se indica que la ubicación de las marcas o los postes de señales se hará en la línea imaginaria en el terreno, lo cual materializa el paralelo que atraviesa el Hito Nº 1. Todo paralelo está materializado por una línea imaginaria. En este caso, para que los postes estén enfilados debían ubicarse ambos sobre esa línea imaginaria en el terreno. Este concepto es absolutamente ajeno y distinto de la materialización de un límite marítimo y más aun a la materialización del límite marítimo jurisdiccional entre los dos estados. Se trataba simplemente de ubicar los postes en la línea imaginaria que corresponde al paralelo del Hito Nº 1 para que las señales proyectadas en esa dirección se alinearan y orientaran a las embarcaciones artesanales respecto de su ubicación.

409 Ibíd.

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C. El informe del 26 de abril de 1968 elaborado por las comisiones técnicas que estudiaron en el terreno la factibilidad de la instalación de las torres o faros de señalización El 26 de abril de 1968 se reunieron las delegaciones técnicas en el terreno para estudiar la instalación de las señales que orientasen las actividades pesqueras. Luego del trabajo de campo, los jefes de las delegaciones técnicas firmaron un informe o memorando conjunto. A este informe, el Gobierno de Chile denomina indebidamente “Acta de 1968”. Esta denominación es incorrecta, pues solo se trata de un relatorio sucinto con recomendaciones dirigidas a los gobiernos. En el texto de este informe se consignó el siguiente párrafo: “(…) acordaron elaborar el presente documento que se relaciona con la misión que les ha sido encomendada por sus respectivos gobiernos en orden a estudiar en el terreno mismo la instalación de marcas de enfilación visibles desde el mar, que materialicen el paralelo de la frontera marítima que se origina en el Hito número Uno”.410 Por primera vez aparece la expresión “que materialicen el paralelo de la frontera marítima que se origina en el Hito número Uno”. Se trata de una redacción errónea y ambigua de los técnicos que “(…) acordaron elaborar el presente documento que se relaciona con la misión que les ha sido encomendada por sus respectivos gobiernos”. Como se ha visto, el acuerdo de 1968, que establece la misión de los técnicos y las instrucciones que recibieron, no hace ninguna referencia a la “materialización del límite marítimo”. Dicho acuerdo se refiere a la “colocación de postes o marcas de enfilación, en un número de dos, sobre la línea imaginaria que materializa el paralelo que atraviesa el Hito número Uno denominado ‘orilla del mar’”.
410 Informe de las delegaciones técnicas de Perú y Chile que estudiaron la factibilidad de emplazar torres o señales que orienten a las pequeñas embarcaciones pesqueras, 26 de abril de 1968.

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En el contexto y fin del acuerdo de 1968 y de las instrucciones recibidas por los técnicos, resulta claro que esa expresión alude a la colocación de los postes o las marcas de enfilación “sobre la línea imaginaria que materializa el paralelo que atraviesa el Hito número Uno”. Los técnicos se refieren a esta finalidad de su misión con una redacción manifiestamente impropia y ambigua. El objeto de su tarea técnica fue la colocación de postes en una ubicación determinada; esa ubicación es la línea imaginaria que materializa el paralelo que pasa por el Hito Nº 1, de tal manera que los postes, uno ubicado en territorio peruano y el otro en territorio chileno, estuvieran enfilados con la línea imaginaria que materializa el paralelo que pasa por el Hito Nº 1. Darle otra interpretación a esta expresión sería contrario al objeto y fin de la misión de los técnicos. Más aun, ellos no tenían capacidad ni potestad para expresar siquiera opiniones sobre la frontera marítima a nombre de sus gobiernos. Finalmente, como se ha indicado, se trata de un documento técnico que no genera derecho ni obligaciones y que contiene el relatorio de los técnicos, en este caso con un párrafo redactado de manera ambigua y equívoca, pero que no deja dudas cuando se le contrasta con la misión que se les encomendó y con el acuerdo suscrito por los dos gobiernos que establecía el objeto de la citada misión. La frase “que materialicen el paralelo de la frontera marítima que se origina en el hito número uno” indica que lo que se va a materializar es el paralelo que se origina en el Hito Nº 1. No que la frontera se inicia en el Hito Nº 1. Esta interpretación gramatical, literal y unívoca, es concordante con el objeto y fin del acuerdo. La interpretación inversa en el sentido de que la frontera marítima se origina en el Hito Nº 1, no corresponde a la expresión gramatical y es contraria al objeto y finalidad del acuerdo. Como ya se ha señalado, las reglas de interpretación de los tratados indican que frente

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a dos interpretaciones de un mismo texto se debe adoptar aquella que es congruente con el objeto y el fin del acuerdo. Esto ha sido ratificado por la Corte Internacional de Justicia. La intención de las partes fue materializar el paralelo que se origina en el Hito Nº 1 de manera congruente y concordante con las notas que dieron origen al acuerdo y con las propias instrucciones de la delegación del Perú (“Colocación de postes o marcas de enfilación, en un número de dos, sobre la línea imaginaria que materializa el paralelo que atraviesa el Hito número Uno denominado ‘Orilla del mar’”). La expresión “frontera marítima”, además, no está utilizada como línea de delimitación de soberanías, materia ajena al entendimiento de instalar los faros para evitar los incidentes pesqueros, sino como zona de frontera, o área de frontera, en el sentido del área especial fronteriza marítima acordada en el Convenio de 1954. Y ello es congruente si se considera que los técnicos debían, necesariamente, tener en mente la zona de permisión de las actividades de las pequeñas embarcaciones pesqueras. De la interpretación sistemática de las notas intercambiadas por ambos países, las instrucciones de la delegación del Perú y la propia materia u objeto del informe que se comenta, es evidente que la tarea encomendada a las delegaciones, como se señala en las instrucciones y en las notas, era materializar el paralelo que pasa por el Hito Nº 1 como un elemento referencial para instalar y enfilar las señales o marcas a construir en cada uno de los territorios en las proximidades del mar. D. El acta que recoge el resultado de los trabajos técnicos sobre el terreno Esta interpretación se corrobora con el propio texto del acta que da cuenta de la finalización de los trabajos: el acta del 22 de agosto de 1969.

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En ella se señala nuevamente el cometido de las delegaciones técnicas, es decir, verificar el posicionamiento del Hito Nº 1 de la frontera común (terrestre), un punto convencional de esa frontera, el más cercano al mar, para a partir de ese referente, determinar los puntos de ubicación de las señales a construirse para orientar, provisionalmente, las actividades de las pequeñas embarcaciones pesqueras. Sin embargo, se mantiene la expresión en el texto “para señalar el límite marítimo”, que en este caso no puede sino referirse al correspondiente a la zona marítima especial de exención de sanciones a favor de las pequeñas embarcaciones pesqueras. Es decir, a la línea de referencia que se utilizó para proyectar 10 millas al sur y 10 millas al norte y así configurar el perímetro de la zona especial de exención. “Los Representantes del Perú y Chile, que suscriben designados por sus respectivos gobiernos con el fin de verificar la posición geográfica primigenia del Hito de concreto número Uno (N° 1) de la frontera común, y de fijar los puntos de enfilación que han acordado instalar ambos países para señalar el límite marítimo y materializar el paralelo que pasa por el citado Hito número Uno, situado en la orilla del mar (…)”.411 El análisis literal del texto confirma que el acto de “materializar” está referido al paralelo que pasa por el Hito Nº 1, con la finalidad de ubicar en esa posición las señales o marcas de enfilamiento, y no a “demarcar” una supuesta línea de delimitación marítima. La necesidad de ubicar el paralelo del Hito Nº 1 era una consecuencia del acto material de la verificación de su posición geográfica primigenia, conforme a las actas de la Comisión Demarcadora de 1930, así como de la decisión de ambos gobiernos de ubicar las dos señales para los pescadores en una línea enfilada a través de la línea imaginaria de ese paralelo. No tenía relación alguna con la supuesta delimitación marítima jurisdiccional a tra411 Acta del 22 de agosto de 1969.

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vés del paralelo que cruza el Hito Nº 1, que por lo demás no podría ser establecida por personal técnico en una labor de campo. Asimismo, es importante destacar que el objeto de su misión, referida por los técnicos en la redacción imperfecta del acta, difiere del que le asignaron los gobiernos a través del acuerdo de 1968 y, entre ambos, evidentemente prima el acuerdo formal de los gobiernos. Esto queda demostrado en la documentación pertinente: “Como un medio de prevenir estos hechos [la violación de aguas territoriales del Perú por embarcaciones chilenas], el Embajador del Perú, en nombre de su gobierno, ha propuesto al de Chile la conveniencia que ambos países construyan, en la zona ribereña que les corresponde, un faro cada uno, a no más de cinco kilómetros de la zona fronteriza”.412 “El Ministerio de Relaciones Exteriores ha tomado nota con interés de la sugestión del gobierno del Perú, en el sentido de instalar faros en la cercanía de la línea limítrofe internacional. Sin embargo, una resolución de tal naturaleza sólo podría ser adoptada después de conocerse el criterio técnico pertinente (…)”.413 “(…) este Despacho estima, considerando lo tratado en la entrevista, que es conveniente que se proceda a construir por ambos países, postes o señales de apreciables proporciones y visibles a gran distancia, en el punto en el que la frontera común llega al mar, cerca del Hito número Uno”.414 “(…) a raíz de las conversaciones celebradas en Lima por las autoridades peruanas y chilenas de fronteras y límites, se llegó a establecer la conveniencia que se proceda a construir por ambos
412 Memorando peruano dirigido al Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile del 26 de mayo de 1965. 413 Memorando del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile a la Embajada del Perú en Santiago, 4 de junio de 1965. 414 Nota del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú al Encargado de Negocios a.i. de Chile, 6 de febrero de 1968.

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países, postes o señales de apreciables proporciones y visibles a gran distancia, en el punto en el que la frontera común llega al mar, cerca del Hito número Uno”.415 “(…) a) Colocación de postes o marcas de enfilación, en un número de dos, sobre la línea imaginaria que materializa el paralelo que atraviesa el Hito número Uno, denominado ‘orilla del mar’”.416 “Finalmente, en vista de que el paralelo Hito de concreto número Uno que se proyecta materializar es el correspondiente a la situación geográfica que para el Hito de concreto número Uno señala el Acta suscrita en Lima el primero de agosto de 1930, los Representantes sugieren se verifique por una Comisión Mixta la posición de esta pirámide antes de la realización de los trabajos que recomiendan”.417 “En la misma Estación Hito número Uno y con origen en X.3. se midió con el Teodolito Wild T-2 número 24667 el ángulo de 54°11’30” (…) para determinar topográficamente el paralelo que pasa por el Hito número Uno. Determinado el paralelo, se materializaron sobre esta línea los dos puntos donde se erigirán las torres anterior y posterior de la enfilación: torre anterior, a 6.0 metros al Oeste del Hito número Uno, en territorio peruano; torre posterior, a 1843.8 metros (distancia medida con Geodímetro) al este del Hito número Uno, en territorio chileno”.418 De la documentación sustantiva sobre la instalación de señales, faros o torres de enfilamiento que orientasen las faenas de pesca de las pequeñas embarcaciones; el Acuerdo establecido por
415 Nota de la Embajada de Chile, del 8 de marzo de 1968, en que acepta la propuesta peruana para instalar señales que orienten a las pequeñas embarcaciones en sus faenas de pesca. 416 Instrucciones para la delegación del Perú para los trabajos de campo, 15 de abril de 1968. 417 Informe de las delegaciones del Perú y Chile reunidas en el terreno para estudiar la factibilidad de la instalación de las señales de orientación a las embarcaciones pesqueras, 26 de abril de 1968. 418 Acta del 22 de agosto de 1969.

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el intercambio de notas de 1968, las instrucciones de 1968, el informe de 1968 y el acta de 1969, así como de la interpretación de sus disposiciones conforme al Derecho internacional, que obliga a interpretar todo texto jurídico, no de manera aislada, sino como una unidad, teniendo en cuenta su objeto y fin, derivan las siguientes constataciones: 1. El informe de 1968 contiene las conclusiones y recomendaciones de un estudio técnico preliminar y el acta de 1969, un relatorio de los trabajos prácticos realizados en el terreno con la finalidad de ejecutar el acuerdo concertado por los gobiernos del Perú y Chile a través del intercambio de notas del 6 de febrero y 8 de marzo de 1968. A través de este acuerdo, los gobiernos del Perú y Chile decidieron “construir por ambos países, postes o señales de apreciables proporciones y visibles a gran distancia, en el punto en el que la frontera común llega al mar, cerca del hito número Uno”. Es significativo que esta redacción haya sido negociada y aprobada previamente por los dos países, ya que está incluida como texto idéntico en la nota peruana y en la chilena. 2. El objeto de la construcción de dichos postes o señales era “lograr un aviso preventivo a las goletas pesqueras que normalmente navegan en la zona fronteriza marítima”.419 3. El paralelo a materializar no fue el que supuestamente correspondería a la delimitación marítima jurisdiccional entre ambos países, sino aquel que ambas partes decidieron utilizar como punto de referencia para la ubicación e instalación de los postes o señales de enfilación, es decir, “determinar topográficamente el paralelo que pasa por el Hito número Uno”.

419 Nota de Chile del 29 de agosto de 1968.

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4. La utilización de las expresiones “frontera común”, “línea de frontera” se refieren a la frontera terrestre, como se deriva de la expresión literal de los textos. 5. Del mismo modo, el empleo de la expresión “límite marítimo”, en el contexto interpretativo de la unidad conceptual y gramatical de los textos y de la vinculación de esas frases con el objeto y finalidad de los acuerdos, no puede referirse sino al área fronteriza de la zona de exención de sanciones y a la ubicación de los dos postes o señales que, con carácter preventivo y provisional, debían orientar a las pequeñas embarcaciones pesqueras en uno y otro lado. Se trata de un referente espacial para configurar el perímetro de la zona especial de exención de sanciones, en función de dos puntos convencionales de la frontera terrestre, constituidos por la ubicación de las dos señales o postes de enfilación, uno en territorio peruano y otro en territorio chileno. Es impropio y contrario a las reglas de interpretación establecidas en la Convención de Viena sostener que las señales físicas o eléctricas o el emplazamiento de estas, alineadas en función del paralelo del Hito Nº 1, marcan o demarcan el límite marítimo jurisdiccional entre los dos países. La naturaleza jurídica de la torre de enfilación ubicada en territorio peruano, 6 metros al oeste del Hito Nº 1, es decir, con dirección a la orilla del mar, denominada “señal anterior” en las actas correspondientes, es exactamente la misma que la de la “señal posterior”, ubicada en territorio chileno aproximadamente a 1,800 metros de la primera. Para establecer los postes o señales se pudo ubicar cualquier punto de referencia en el territorio entre ambos países, independientemente de los hitos de la frontera terrestre. De hecho la intención inicial fue esa, por ello las notas ya aludidas de ambos países hacían referencia a su voluntad de colocar las señales en las inmediaciones del hito número uno, “cerca del hito
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número uno”. Lo que sucedió y era normal y usual desde el punto de vista técnico y desde la perspectiva de la facilitación de los trabajos de campo, fue que las consultas técnicas comprobaron que el punto de referencia físico más fácil de utilizar para enfilar las señales, las torres o los faros en uno y otro territorio era el paralelo que pasa por el hito N° 1, que es el mojón más próximo al límite terrestre (la orilla del mar). Y como el tiempo había destruido su base monumental, las comisiones técnicas decidieron primero que era conveniente determinar la ubicación original del hito, así como sus coordenadas, es decir, el paralelo en el que se encontraba, de conformidad con las actas de la Comisión Demarcadora de 1930. Ubicado el paralelo del hito, se enfilaron las marcas que lo tomaron como referencia. Los documentos aludidos, el informe de 1968 y el acta de 1969, por lo demás, no tienen la naturaleza jurídica de tratados internacionales que generan derechos y obligaciones, sino de instrumentos jurídicos que registran las ocurrencias de un trabajo de campo específico. 2.5. La naturaleza antijurídica e inequitativa de la pretensión chilena de establecer la frontera a través del paralelo 18°21´03” De lo expuesto se deriva con claridad que la pretensión chilena de trazar el límite a través de un paralelo geográfico colisiona con las normas y reglas del derecho internacional positivo y consuetudinario, los que establecen que al no existir circunstancias especiales o pertinentes el trazo del límite marítimo debe realizarse a través de una línea equidistante, que en la materia de la controversia tiene la virtud de producir-de manera sencilla y unívoca- la equidad de resultados. Tullio Scovazzi ha argumentado de manera impecable porqué en el caso de Perú y Chile la conformación de las costas -criterio esencial y determinante en la fijación de los límites marítimos- impone una línea equidistante y excluye toda posibilidad de un límite por el paralelo:

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“(…) En el caso de delimitaciones laterales, la situación ideal en la que de la aplicación del método de la equidistancia resulta una delimitación equitativa ocurre cuando la frontera terrestre llega al mar a través de una costa lineal o en el vértice de un ángulo (también podría ser en el medio de un arco) formado por las costas de dos países vecinos. De hecho, la frontera terrestre entre Chile y Perú llega al mar en el vértice de un ángulo obtuso formado por las costas de dos países vecinos. La costa peruana sigue una dirección noroeste-sureste, en contraposición de la dirección norte-sur de la costa chilena. Las costas que determinan el solapamiento de las zonas jurisdiccionales respectivas son de similar extensión y no presentan irregularidades sustanciales. Ambas costas están relativamente libres de marcadas protuberancias u otras formaciones irregulares. No hay islas involucradas en la delimitación. El lecho marino se hunde rápidamente a profundidades más allá de 6,000 metros en la zanja Perú-Chile que corre paralela a la costa oeste de América del Sur. En una situación geográfica tan simple y clara el método de delimitación sólo puede ser uno: la línea equidistante. El recurso a una delimitación marítima entre Chile y Perú diferente de aquella resultante de la línea equidistante conduciría inevitablemente a la generación de una solución inequitativa. Los paralelos de latitud, así como los meridianos de longitud, son redes artificiales imaginadas por hombres para ubicar con precisión la posición de un punto en la superficie de la tierra. Si bien son muy útiles para lograr dicho objetivo, ellos no han sido concebidos para delimitaciones marítimas. La red artificial de paralelos y meridianos no tiene relación alguna con la configuración natural de las costas que es la base de las delimitaciones marítimas. No sólo los paralelos y las fronteras marítimas tienen muy poco en común, sino que lo poco que tienen en común lo tienen de pura suerte.

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Los únicos casos donde una delimitación marítima sobre la base de un paralelo determina una solución equitativa ocurre cuando las respectivas costas se desarrollan precisamente en una dirección norte- sur o donde forman un ángulo cuya bisectriz coincide con un paralelo. En otras palabras, si bien una línea de frontera recta podría algunas veces lograr un resultado equitativo, sólo en muy pocos casos esta línea recta coincide casualmente con un paralelo de latitud 63. En el caso específico de Chile y Perú, existe un cambio bien marcado de la dirección general de la costa del Pacífico sudamericano casi en el punto en el que la frontera marítima entre los dos países llega al mar; y la bisectriz del ángulo de las costas respectivas está lejos de coincidir con el paralelo. En tal caso, una delimitación acorde con el paralelo producirá un resultado de inequidad que amputa las extensiones marítimas de uno de los Estados involucrados (el Perú). Aquí, la única manera de hacer que una delimitación basada en el paralelo sea equitativa sería rotando en sentido norteeste la dirección del atlas del mundo, junto con su red de paralelos y meridianos La naturaleza irracional de una delimitación basada en un paralelo es confirmada por los efectos que inevitablemente produce. En el caso específico, un área vasta de mar (11,090 n.m.2 or 38.038 km2), más cercana al Perú que a Chile, es atribuida a Chile. 420 3. EL DESACUERDO RELATIVO AL PUNTO DE INICIO DE LA FRONTERA MARÍTIMA A raíz del denominado “incidente de la caseta”, en el 2001, se suscitó una situación de tensión diplomática entre el Perú y Chile que puso de manifiesto, como en otras oportunidades, la controversia marítima existente entre los dos países. En esa oportunidad
420 Tullio Scovazzi, La importancia de la configuración de las costas en la delimitación marítima, en: Gobernanza Global, Revista del Instituto Latinoamericano de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales, Año 1, Número 1, p. 31, Lima, enero-marzo, 2009.

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la Armada de Chile ubicó una caseta de vigilancia dentro de territorio peruano. El 4 de abril el Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú emitió un comunicado oficial,421 en el que expresó su preocupación y extrañeza y anunció que se había encomendado a las autoridades militares competentes la identificación precisa de la ubicación de la caseta. El 8 de abril se envió una comisión técnica a la zona de frontera. Efectuados el trabajo topográfico y el levantamiento geodésico respectivos se corroboró que la caseta chilena se encontraba en territorio peruano, a 52 metros al norte de la línea de la frontera terrestre peruano-chilena demarcada en 1930. Se comprobó, asimismo, que la caseta se ubicaba a 35 metros al sur del paralelo que enfila las señales o torres instaladas para orientar las faenas de pesca de pequeñas embarcaciones en la zona de exención de sanciones marítima fronteriza.422 El Ministro de Relaciones Exteriores del Perú, Javier Pérez de Cuéllar, basado en el dictamen técnico señalado, envió el 10 de abril del 2001 una nota a la Ministra de Relaciones Exteriores de Chile, Soledad Alvear, en la que expresó la protesta formal del gobierno peruano por esta situación: “(…) una comisión técnica peruana ha viajado a la zona el 8 del presente mes y ha realizado una verificación de la ubicación de la caseta, teniendo en cuenta que la línea de frontera entre el Hito número Uno y la orilla del mar –que sigue la prolongación del arco de la línea de frontera– fue establecida mediante los acuerdos bilaterales de delimitación de la frontera común en 1930. Esta comisión técnica ha constatado que la mencionada caseta de vigilancia se encuentra ubicada dentro del territorio peruano. En consecuencia, el gobierno del Perú presenta su protesta al Gobierno de Chile por
421 Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, comunicado oficial del 4 de abril de 2001. 422 Informe de la comisión técnica encargada de establecer la ubicación de la caseta instalada por el Gobierno de Chile en las inmediaciones de la frontera, abril de 2001.

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la instalación de la mencionada caseta, la que bajo ninguna circunstancia deberá permanecer en territorio peruano, debiendo asimismo cesar toda incursión de patrullas militares o policiales chilenas en el área anteriormente señalada”.423 En su respuesta del 11 de abril de 2001, la Canciller de Chile, Soledad Alvear, asumió, por primera vez en la historia de las relaciones bilaterales, la tesis de que el Tratado de 1929 sobre la delimitación terrestre habría sido modificado por el informe y el acta técnica de 1968 y 1969, respectivamente: “En relación con la ubicación de la caseta de vigilancia aludida por Vuestra Excelencia en la Nota que contesto, debo reiterar que esta fue situada en territorio chileno al Sur del límite demarcado por ambos países, entre otros instrumentos, por Actas válidamente celebradas y plenamente vigentes, de fechas 26 de abril de 1968 y 19 de agosto de 1969. Dichos acuerdos fueron seguidos por la materialización del paralelo de la frontera que se origina en el Hito número Uno, llamado Orilla del Mar”.424 El incidente se superó, finalmente, el 12 de abril, con la decisión del Gobierno de Chile de retirar la caseta de su emplazamiento, en razón del “exclusivo y elevado propósito de contribuir a la armonía en el área de frontera”; precisando, sin embargo: “El citado traslado no tiene en consecuencia vinculación alguna con aspectos de límites inobjetablemente definidos entre ambos países”.425 Más allá de la motivación del incidente, lo cierto es que como consecuencia del mismo, el Gobierno de Chile, por primera vez en la historia de las relaciones bilaterales, planteó la tesis de que el Tratado de 1929, que delimitó la frontera terrestre entre ambos países, resolviendo así un asunto pendiente desde la guerra de
423 Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, Nota del 10 de abril de 2001. 424 Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, Nota del 11 de abril de 2001. 425 Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, Nota Nº 407, 4 de abril de 2001.

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1879, habría sido modificado por el informe de 1968 y el acta de 1969. Según el Gobierno de Chile, el punto Concordia, ubicado en la orilla del mar, habría sido sustituido por efecto del informe y del acta técnica de 1968 por el punto correspondiente al Hito Nº 1, modificando el Tratado de 1929. La motivación de esta tesis parecería ser la necesidad de otorgar un mínimo de coherencia a la posición chilena sobre la delimitación de la frontera marítima, en relación con lo dispuesto en el informe de 1968 y el acta de 1969. En ellos, según esta interpretación, se habría establecido que la frontera marítima se inicia en el Hito Nº 1. Es decir, no en el extremo donde la tierra toca el mar, como lo establece el Tratado de 1929, sino en un punto seco dentro del territorio. Esta tesis presenta elementos que confrontan el pacta sunt servanda. Un axioma del Derecho internacional es que las fronteras marítimas empiezan en el punto en que la frontera terrestre toca el mar, salvo situaciones excepcionales como la existencia de fronteras archipielágicas. Es parte del principio “la tierra domina el mar”. ¿Cómo sostener la existencia de una frontera marítima que se habría establecido no a partir del punto en que la línea fronteriza terrestre llega al mar, sino a partir de un punto dentro de la superficie terrestre de los estados? El recurso utilizado por Chile es sostener que el informe de 1968 y el acta de 1969 habrían modificado por vía convencional el Tratado de 1929. Y que, consiguientemente, el punto terminal de la frontera terrestre sería el Hito Nº 1. El corolario de la tesis supone, en consecuencia, que el informe de 1968 y el acta de 1969 establecieron el límite marítimo a partir del Hito Nº 1, con lo que se resguardaría una coherencia jurídica básica en relación con la pretensión de la existencia de un límite marítimo. La debilidad de esta argumentación, además del hecho ya demostrado de que el informe y el acta de 1968 no modifican el Tratado de 1929, no tienen ninguna disposición
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en ese sentido, adicionalmente no son tratados internacionales ni contienen obligaciones jurídicas de ninguna naturaleza. La realidad material y jurídica es muy distinta y contraria a esta argumentación. Para determinar cuál es el punto de inicio de la frontera marítima, si el punto Concordia o el Hito Nº 1, es preciso identificar cuál es el punto de la frontera terrestre que confluye con el mar. Para ello, es necesario establecer cuál es la delimitación y la demarcación que se estableció en el Tratado de Límites de 1929, el cual definió la frontera terrestre entre ambos países, así como el punto preciso de confluencia de esa frontera con el mar. En segundo lugar, será preciso determinar si esos límites demarcados fueron o no modificados por el informe de 1968 y el acta de 1969. El límite establecido por el Tratado de 1929 es el punto en que la frontera terrestre alcanza el mar. El Tratado de 1929 es claro y sencillo en sus disposiciones y en su ejecución material. El artículo 2 de dicho Tratado estipula: “El territorio de Tacna y Arica será dividido en dos partes. Tacna para el Perú y Arica para Chile. La línea divisoria entre dichas partes, y en consecuencia la frontera entre los territorios de Chile y Perú, partirá de un punto de la costa que se denominará ‘Concordia’, distante diez kilómetros al norte del puente del río Lluta, para seguir hacia el oriente paralela a la vía de la sección chilena del ferrocarril de Arica a La Paz y distante diez kilómetros de ella, con las inflexiones necesarias para utilizar en la demarcación los accidentes geográficos cercanos que permitan dejar en territorio chileno las azufreras de Tacora […]”.426 Conforme a esta disposición ambas partes acordaron que la frontera terrestre se inicia frente al mar en un “punto de la costa que se denominará ‘Concordia’, distante diez kilómetros al norte
426 Cf. Tratado y Protocolo Complementario para Resolver la Cuestión de Tacna y Arica del 3 de junio de 1929.

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del puente del río Lluta”. Se identifica así un punto de la costa que llega al mar, cuya ubicación exacta se deja al proceso demarcatorio, previéndose para ello un método preciso: la medición de los diez kilómetros que deben existir entre el norte del puente del río Lluta y el punto de referencia en la costa en la orilla del mar.
Gráfico 11. Cartografía del punto terminal de la frontera terrestre en la orilla del mar, punto Concordia, suscrita por el Presidente de la Comisión Demarcadora Chilena, Enrique Brieba, en la que se registra el términus de la frontera conforme al Tratado de 1929. Se observa claramente que el hito número 1 no es el términus de la frontera terrestre. Fuente: Enrique Brieba: ob. cit. Lámina XI

Basándose en esta determinación inequívoca, la Comisión Demarcadora de Límites inició y culminó sus trabajos en 1930. La comisión llevó al terreno el límite establecido a través del proceso demarcatorio correspondiente. Si la delimitación es un proceso formal para establecer en términos ideales o abstractos las líneas de la frontera entre dos estados, como es el caso del artículo 2 del Tratado de 1929, la demarcación constituye el proceso material a través del cual la línea ideal definida en la delimitación se concreta en el terreno. Se trata de un conjunto de acciones materiales que comportan una actividad técnica compleja. Es usual, aunque no
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necesariamente imperativo, que la demarcación se señale con la instalación de marcas, hitos o mojones, que permiten referir la línea fronteriza establecida en el acuerdo de límites. Los hitos o mojones son bienes jurídicos que marcan o refieren la línea divisoria, pero no establecen por sí mismos la posición de los límites, ya que esta se encuentra determinada por las mediciones astronómicas, geodésicas o satelitales que se registran en las respectivas actas. Si por alguna razón propia de la naturaleza, de la realidad topográfica o hidrográfica no es posible instalar un hito en el lugar exacto de la línea de frontera, hipotético caso que corresponde, por ejemplo, a la vaguada de los ríos o a la orilla del mar que puede inundarse con la corriente marina, se procede a instalarlos en un lugar distinto, cercano y seguro. Antes de iniciar los trabajos en el terreno, la Comisión Demarcadora de Límites estableció, de común acuerdo, los criterios técnicos para materializar la línea de frontera sobre el terreno y los consignó en pliegos de instrucciones idénticos para cada comisión nacional. En esas instrucciones están registrados todos los detalles técnicos y geográficos que ambos países acordaron para ejecutar los límites sobre el terreno. Las instrucciones chilenas – idénticas a las peruanas– fueron libradas el 28 de abril de 1930, firmadas por el Ministro de Relaciones Exteriores, Manuel Barros C., registradas con el numeral 5697/79 y dirigidas al presidente de la delegación de Chile en la comisión mixta, el señor Enrique Brieba. En dichas instrucciones se ordena: “Para trazar la línea divisoria y colocar los hitos respectivos en los puntos que no alcanzaron a determinarse al suspender en febrero último los trabajos de la Comisión Mixta Demarcadora Chileno Peruana, se ha llegado a un acuerdo con el gobierno de ese país, al cual deberá ajustarse esa Comisión en el trazado de la línea.

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Como delegado de Chile en la Comisión Mixta de Límites con el Perú, se servirá Ud. dar cumplimiento a lo convenido y, de acuerdo con el delegado del Perú, dispondrá que se proceda a la mayor brevedad a colocar los hitos divisorios en la línea que se determina, como sigue: HITO CONCORDIA.- Punto inicial en la costa de la línea fronteriza. Para fijar este punto: Se medirán 10 km desde el primer puente del ferrocarril de Arica a La Paz sobre el río Lluta, en dirección hacia el Norte, en la Pampa de Escritos, y se trazará hacia el poniente un arco de diez km de radio, cuyo centro estará en el indicado puente y que vaya a interceptar la orilla del mar, de modo que, cualquier punto del arco, diste 10 Km del referido puente del ferrocarril de Arica a La Paz sobre el río Lluta. Este punto de intersección del arco trazado con la orilla del mar será el inicial de la línea divisoria entre Chile y el Perú [el resaltado es del autor]. Se colocará un hito en cualquier punto del arco, lo más próximo al mar posible, donde quede cubierto, de ser destruido por las aguas del océano”.427 Conforme a estas instrucciones, la Comisión Demarcadora de Límites fijó en el terreno la línea de frontera, que se inicia en “el punto de intersección del arco trazado con la orilla del mar”. Asimismo, colocó el primer hito en el punto más cercano al lugar donde la frontera confluye con el mar con la finalidad de que quedara a salvo de ser destruido por las aguas del océano. El resultado de los trabajos demarcatorios se recogió en el acta final de la Comisión Demarcadora de Límites, en la que se asentó el registro formal de la línea fronteriza en los siguientes términos:
427 Memoria sobre los límites entre Chile y Perú, de acuerdo al tratado del 3 de junio de 1929, presentada al Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile por Enrique Brieba, Miembro Representante de Chile en la Comisión Mixta de Límites entre Chile y Perú, tomo I, Estudio técnico y Documentos, Instituto Geográfico Militar, Santiago de Chile,1929, p. 39.

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“La línea de frontera demarcada parte del Océano Pacífico en un punto en la orilla del mar situado a diez kilómetros hacia el noroeste del primer puente sobre el río Lluta de la vía férrea de Arica a La Paz y termina en la cordillera andina en el hito quinto de la antigua línea divisoria entre Chile y Bolivia”.428 El entendimiento de las partes no da lugar a interpretaciones distintas. El punto en la orilla del mar situado a diez kilómetros hacia el noroeste del primer puente sobre el río Lluta es el términus de la frontera terrestre en la confluencia del territorio con el Océano Pacífico. Por ende, es el punto de inicio de la frontera marítima. Se encuentra ubicado en las coordenadas 18°21’08” S y 70°22’39” O. El Hito Nº 1 es solo una de las ochenta marcas referenciales que se pusieron para amojonar la línea de frontera, conforme al acta de demarcación aprobada por ambos países el 5 de agosto de 1930.429 Es el hito más cercano al inicio de línea de frontera, aproximadamente a 182.3 metros del punto de intersección del arco trazado con la orilla del mar. El Gobierno de Chile, en sus comunicaciones, denomina equivocadamente este hito con el nombre “orilla del mar”. Su denominación oficial es “Hito N° 1”.430 El informe de 1968 y el acta de 1969, que el Gobierno de Chile, paradójicamente, refiere como modificatorias del Tratado de 1929, si se leen detenidamente, en realidad, lejos de tener disposiciones que podrían interpretarse como modificatorias del Tratado de 1929, en realidad ratifican que el punto de inicio no es el hito N° 1, sino el punto de intersección del arco con la orilla del mar. Así, en el informe del 26 de abril de 1968, se señala como objetivo de la comisión mixta encargada de colocar las señales o faros que guíen a las pequeñas embarcaciones pesqueras:
428 Cf. Acta final de la Comisión Demarcadora de Límites entre el Perú y Chile, 5 de agosto de 1930. 429 Ibíd. 430 Ibíd.

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“1.- Instalar dos marcas de enfilación con señalización diurna y nocturna. La marca anterior estaría situada en las inmediaciones del Hito número Uno, en territorio peruano (…)”.431 La redacción asume que el Hito Nº 1 no es el términus de la frontera terrestre. De otra manera, no señalaría que la marca se debía ubicar en “las inmediaciones del Hito N° 1, en territorio peruano”. Aquí se presupone que el Hito Nº 1 no es el punto final de la frontera terrestre; si lo fuera, no tendría “inmediaciones”. Ello queda aun más claro en el acta del 22 de agosto de 1969, que da cuenta de los trabajos realizados. En ella se indica: “Determinado el paralelo, se materializaron los dos puntos donde se erigirán las torres anterior y posterior de la enfilación: torre anterior a 6.0 metros al oeste del Hito número Uno, en territorio peruano; torre posterior a 1,843.8 metros (distancia medida con geodímetro) al este del Hito número Uno, en territorio chileno”.432 Se indica con claridad no solo que la torre está en territorio peruano, sino que este territorio está al oeste del hito –es decir hacia el mar–, es decir, que entre el hito y el mar se ubica una porción de territorio peruano. Esto se reafirma en otra parte del Acta de 1969, la relativa a la ejecución de los trabajos en el terreno, donde se registra que: “(…) se midió el ángulo de 180° hacia el mar, en la ubicación original del Hito número Uno, materializándose esta dirección con una señal (jalón) colocada en la orilla del mar [el resaltado es del autor] y que se le denominó punto auxiliar del Hito número Uno”.433
431 Informe de los técnicos de ambos países que realizaron el trabajo de campo para ubicar la posición del Hito Nº 1 e instalar dos marcas con señalización diurna y nocturna, 26 de abril de 1968. 432 Acta del 22 de agosto de 1969. 433 Ibíd.

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Aquí la referencia a la orilla del mar, diferenciada del Hito Nº 1, es demostrativa de que el acta del 69 da cuenta de los trabajos prácticos de la construcción de las torres de señalización en el entendido claro e inequívoco de que el punto de inicio de la frontera terrestre es el punto del arco que intercepta la orilla del mar. En ningún acápite de las actas se señala que el Hito Nº 1 sea el términus de la frontera terrestre y, por ende, el inicio de la frontera marítima. Como se ha visto, el informe y el Acta de 1968 suponen el conocimiento preciso de que el términus de la frontera está en la intersección del arco con la orilla del mar, supuesto que es imprescindible para afirmar, como aseveran estos documentos, que una de la torres de enfilación se encuentra en territorio peruano al oeste del Hito Nº 1, es decir hacia el mar. El internacionalista chileno Ignacio Llanos así lo comprende también. Al plantearse la interrogante de si el documento de 1968 y el acta de 1969 modificaron el Tratado de 1929, responde negativamente: “Ni el documento de 1968 ni el Acta de 1969 aluden a la frontera terrestre en el segmento entre la torre cercana al mar y la línea de más baja marea, ¿significa esto que la frontera terrestre fue modificada implícitamente en su sector más occidental y que, desde ese momento el último segmento de la frontera terrestre es el paralelo del Hito número Uno? La respuesta debería ser negativa, ya que el términus de la frontera terrestre corresponde al punto terminal del arco, ‘Concordia’”.434 Sin embargo, Llanos añade una conclusión contradictoria: “como resultado el términus de la frontera terrestre no coincidiría con el punto de partida de la frontera marítima”.435 Esto conduciría al absurdo de que la frontera marítima empiece a 245.41 metros
434 Ignacio Llanos, ob. cit. p. 154. 435 Ibíd., p.154.

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en el interior del territorio peruano, que es la distancia que existe entre el hito Nº 1 y la orilla del mar siguiendo el paralelo436. La interpretación de Llanos conduce ciertamente al absurdo. Tesis del absurdo que implicaría, además, que la frontera marítima no se iniciaría en la adyacencia con el mar, sino dentro del espacio terrestre. Bajo esta hipótesis, el punto costero más austral del litoral de Tacna, justamente en la intersección del arco con el mar, estaría bañado por aguas bajo la soberanía y jurisdicción de Chile. Esta hipótesis viola y contraviene el principio y norma fundamental del Derecho de la Delimitación Marítima, según el cual la tierra domina el mar que, como se ha visto, es el que otorga el título de soberanía del mar territorial adyacente al estado ribereño. Contradice también el principio equitativo que prohíbe a un Estado proyectar su zona marítima hasta amputar la zona marítima de otro Estado. No existe ningún instrumento jurídico o diplomático que sustente la tesis sostenida por el Gobierno de Chile, ni siquiera los textos del informe de 1968 y el acta de 1969, en el sentido de que el punto inicial de la frontera marítima es el Hito N° 1 y no el punto de intersección del arco con la orilla del mar, como lo establece el Tratado de 1929. 4. El diferendo originado por el desconocimiento de Chile de la soberanía y jurisdicción del Perú en un espacio del dominio marítimo (28,471.86 km2) distinto del área de la disputa marítima limítrofe El Gobierno de Chile disputa de manera sui géneris, adicionalmente al área de 67,139.4 m2 –objeto de la controversia sobre el límite marítimo–, otro extenso espacio del dominio marítimo del Perú, de 28,471.86 km2, aproximadamente. Esta es, como la cues436 Cf. Acta de verificación in situ de la ubicación de la caseta chilena en la línea de frontera terrestre común, Tacna, 8 de abril de 2000.

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tión sobre el punto de inicio de la frontera marítima, otra situación de pretensión extrema de Chile.
Gráfico 12. Proyección de la tesis del mar presencial de Chile, nótese el efecto de amputación del dominio marítimo del Perú.

El título jurídico peruano sobre esta área, conforme al Derecho internacional, deriva del principio de adyacencia. Es el mismo título de toda la proyección del Perú hasta las 200 millas. El mismo título en el que Chile y todos los estados costeros sustentan sus derechos de soberanía y jurisdicción. El acto jurídico interno, unilateral, conforme al Derecho internacional, por el cual el Perú perfeccionó su título de soberanía y jurisdicción en esta área, está constituido formalmente por las disposiciones de la Ley 28621, que establece las líneas de base del dominio marítimo peruano.
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El Gobierno de Chile aduce que se trataría de un área que forma parte de la alta mar, en la que unilateralmente reivindica una suerte de derechos económicos preferenciales y prerrogativas jurisdiccionales, pues considera que el área marítima referida es parte de su “mar presencial”.437 Ello significa desconocer la soberanía y jurisdicción del Perú en un área de su dominio marítimo.
Gráfico 13. Espacio del dominio marítimo del Perú, fuera del área del diferendo marítimo, que Chile considera alta mar sujeta a su tesis del mar presencial

Punto de inicio de la frontera marítima 18º 21´08” S 70º 22´39” W

El concepto de “mar presencial” no es reconocido por el Derecho internacional. Ha sido definido como “el espacio de la alta mar adyacente a la zona económica exclusiva en donde Chile debe estar observando y participando en las mismas actividades que en ellas desarrollan otros Estados, y que actuando dentro del status jurídico de la alta mar establecido por la Convención sobre el Derecho del Mar de las Naciones Unidas, constituyan para el Estado de Chi437 La institución del “mar presencial”, no reconocida por el Derecho internacional, está introducida en el ordenamiento jurídico interno de Chile. La tesis se originó en los planteamientos del Almirante Jorge Martínez Busch, ex Comandante en jefe de la Armada Chilena, quien la concibió como una respuesta de Chile a los desafíos de la Oceanopolítica. Cf. Jorge Martínez Busch, “Ocupación efectiva de nuestro mar la gran tarea de esta generación”, en: Revista de Marina Nº 3, Santiago, 1990.

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le una forma de cautelar los intereses nacionales y de contrarrestar amenazas directas o indirectas a su desarrollo y, por lo tanto, a su seguridad”.438  La base conceptual de la noción de mar presencial tiene que ver con la conservación de la biomasa y la protección de la contaminación que pueda tener consecuencias negativas en la sustentabilidad de los recursos marinos que se encuentran en el espacio de la alta mar tipificada como mar presencial. Sus fundamentos están vinculados a la oceanopolítica entendida como “la consideración de la existencia del Océano en el entorno geográfico y de la influencia que posee esta existencia sobre las decisiones políticas”.439 El profesor Tullio Scovazzi se ha referido a este componente de la controversia afirmando categóricamente la inexistencia de fundamento jurídico alguno que sustente esta extrema pretensión de Chile: “Más aún, el Perú es privado de otra área de mar (8,308 n.m.2 or 28,496 km2) que, si bien ubicada al otro lado del paralelo podría ser reclamada por el Perú como su propia zona económica exclusiva, toda vez que todos los puntos en esa área están ubicados a menos de 200 millas marinas desde sus costas. Pero esa misma área, aun cuando está localizada en un lado del paralelo, no puede ser reclamada por Chile puesto que todos los puntos en ella están ubicados más allá de las 200 millas desde sus costas. Esta extraña situación que implica un regalo al alta mar contradice, en perjuicio del Perú y sin producir beneficio alguno a Chile, la norma según la cual la zona económica exclusiva se extiende hasta 200 millas marinas desde las líneas de base del mar territorial (Art. 57 de la Convemar)”440.

438 Cf. Jorge Martínez Busch, “La pesca en el mar presencial” en: Seminario sobre la pesca en el mar presencial y los derechos del Estado rector del puerto. Semnario Universidad Gabriela Mistral, Santiago de Chile, 28 de marzo de 2000. 439 Ibíd., Jorge Martínez Busch. ob. cit., pp. 1-2. 440 Tullio Scovazzi, ob.cit., p. 6.

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La extrema tesis que propicia Chile sostiene que en esa zona de “mar presencial” el estado chileno pueda desarrollar regulaciones y actividades económicas y de seguridad. El concepto tiene una doble vertiente de significación económica y militar: “En otras palabras, el concepto de Mar Presencial en Chile implica estar y permanecer en la alta mar existente entre la Z.E.E. [zona económica exclusiva] del continente y la del borde exterior de la plataforma continental de la Isla de Pascua e Islas Salas y Gómez, con el propósito de cautelar los intereses nacionales y, a su vez, realizar actividades económicas que contribuyan al desarrollo de la nación (…). Esta relación de uso, que conlleva la idea de una explotación racional de los recursos, es decir, evitar su depredación y ruptura del equilibrio natural del ámbito que se explota, está asociada no solo con el desarrollo de flotas pesqueras, sino también con las investigaciones científicas acerca del comportamiento y ciclos de los recursos por explotar, de su localización y de los volúmenes explotables.  Además, será necesario establecer los mecanismos de control y de fiscalización de las actividades pesqueras mediante acuerdos internacionales, regionales o subregionales, que establezcan un régimen de administración de los recursos y, de esta forma, lograr la conservación de las especies y la protección del medio ambiente de cualquier clase de contaminación”.441 La tesis en sí misma sería irrelevante para la cuestión de la controversia marítima con el Perú, si no fuese porque las leyes chilenas y los actos internacionales de dicho país incluyen dentro del mar presencial esa importante área del dominio marítimo del Perú. Según la Ley General de Pesca y Agricultura de 1991442, el mar presencial está delimitado al Sur por el Polo Sur (Zona Antártica), al
441 Ibíd. Jorge Martínez Busch, ob. cit., p. 2-3. Ver también del mismo autor: Oceanopolítica: Una alternativa para el Desarrollo, Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile, 1993; y “Política Oceánica Nacional: Sugerencias para una formulación”, Clase Magistral 1994, en: Compendio de Clases Magistrales 1990-1997, Imprenta de La Armada, Santiago de Chile, 1997. pp. 442 Ley Nº 19.080, 28 de agosto de 1991, Modificatoria de la Ley General de Pesca Nº 18 892.

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Norte por el paralelo 18º21’00”, al Oeste por una línea que parte de la línea de costa hasta la Isla de Pascua, cerrando de esta manera una elipse. Al ubicar el paralelo 18°21’00” como límite del mar presencial en el Norte, que es el que pretende Chile para la frontera marítima con el Perú, la proyección del mar presencial incluye esa extensa área del dominio marítimo peruano. Esta pretensión no tiene asidero en el Derecho internacional convencional ni consuetudinario. Es un desconocimiento unilateral del dominio marítimo peruano sin fundamento, ya que en esa área las proyecciones hasta las 200 millas de ambos países no se solapan. El Gobierno de Chile ha introducido en su legislación interna la figura del mar presencial, incluyendo la cartografía respectiva. Las principales leyes que desconocen la soberanía del Perú en esta zona son: 1. Ley 18.892 de 1989 y sus modificaciones, Ley General de Pesca y Acuicultura (Decreto Nº 430/91) y Ley 19.080 de 1992. El artículo 2 de esta, incorpora al ordenamiento jurídico de Chile la definición y el ámbito espacial del mar presencial en los siguientes términos: “(…) aquella parte de la alta mar, existente para la comunidad internacional entre el límite de nuestra zona económica exclusiva continental y el meridiano que, pasando por el borde occidental de la plataforma continental de la Isla de Pascua, se prolonga desde el paralelo del hito Nº 1 de la línea fronteriza internacional que separa Chile del Perú, hasta el Polo Sur”.443 El artículo 172 de la Ley 19.080 faculta a la Subsecretaría de Pesca y a la armada chilena para que realicen actividades pesqueras y de seguridad en el área definida como mar presencial; es decir, en la zona que incluye el espacio marítimo de soberanía peruana. El artículo 43 de la misma ley dispone que las embarcaciones pesqueras
443 Ley 19.080, art. 2.

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chilenas cuya tripulación sea de nacionalidad chilena en 85% están exentas del pago de patente única pesquera. 2. La Ley 19.300 de 1994, Ley sobre Bases Generales de Medio Ambiente. En su artículo 33 establece que “(…) los organismos competentes del Estado desarrollarán programas de medición y control de la calidad ambiental del aire, agua y suelo para los efectos de velar por el derecho a vivir en un medio ambiente libre de contaminación. Estos programas serán regionalizados. Respecto de la Z.E.E. y del Mar Presencial de Chile se compilarán los antecedentes sobre esta materia”.444 Estas disposiciones se aplican al dominio marítimo peruano de la zona en controversia, lo que constituye un acto ilícito desde el punto de vista del Derecho internacional. 3. La Ley 19.624, en su artículo 124, somete a la jurisdicción de los juzgados civiles de Chile las infracciones que se cometan, entre otras áreas, en el llamado mar presencial: “si la infracción se cometiere o tuviere principio de ejecución en el mar territorial, en la Z.E.E. o en el mar presencial o en la alta mar del caso de la letra h) del artículo 110, será competente el juez civil de las ciudades de Arica, Iquique, Tocopilla, Antofagasta, Chañaral, Caldera, Coquimbo, Valparaíso, San Antonio, Constitución, Talcahuano, Valdivia, Puerto Aysén, Punta Arenas o el de la Isla de Pascua”.445 Otras normas internas que regulan la presencia del estado chileno y sus capacidades regulatorias en alta mar, están vinculadas también a disposiciones de preservación y ordenamiento de las pesquerías en el denominado mar presencial: a. D.S. Nº 360 de 2005: Reglamento para Aplicar el Acuerdo para Promover el Cumplimiento de las Medidas Interna444 Ley 19.300 de 1994, Ley sobre Bases Generales de Medio Ambiente. 445 Ley 19.624, art. 124.

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cionales de Conservación y Ordenación por los Buques Pesqueros que Pescan en Alta Mar. b. D.S. Nº 123 de 2004: Política de uso de Puertos Nacionales por Naves Pesqueras de Bandera Extranjera que pescan en Alta Mar Adyacente. c. D.S. 267-05: Plan de Acción Nacional para Prevenir, Desalentar y Eliminar la Pesca Ilegal, no Declarada y no Reglamentada. d. D.S. Nº 598-99: Aplica el artículo 165 de la Ley General de Pesca y Acuicultura a la especie Pez Espada. e. D.S. Nº 361-99: Aplica el artículo 165 de la Ley General de Pesca y Acuicultura a la especie Jurel.446 En todas estas leyes, el Gobierno de Chile introduce de manera contraria al Derecho internacional facultades administrativas o jurisdiccionales en un espacio que es parte del dominio marítimo del Perú. El Gobierno peruano, en cada caso, ha efectuado las reservas y protestas respectivas. La controversia se ha sustanciado con motivo del proceso de ratificación del Acuerdo de Galápagos o Acuerdo Marco para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos en la Alta Mar del Pacífico del Sudeste. El Gobierno del Perú ha expresado que no procederá a la ratificación de este acuerdo mientras el Gobierno de Chile persista en incluir dentro del concepto de “alta mar” un espacio correspondiente al dominio marítimo del Perú.447 Igual señalamiento y reserva ha efectuado el Perú en relación con la creación de un organismo regional de pesca de alta mar, en el que participarían Chile,
446 Para una visión específica del contenido de estas normas en relación al área que Chile denomina mar presencial, cf. Gabriela Burdiles Perucci, El Régimen Jurídico Internacional Aplicable a la Pesca Marítima, Centro de Estudios Fiscalía del Medio Ambiente: http://www.fima.cl/wp-content/ uploads/2009/08/regimen-juridico-pesca-maritima-Gabriela-Burdiles-2007.pdf 447 Las posiciones de ambos países están reflejadas en sendos memorandos intercambiados el 22 de febrero de 2005 y el 9 de marzo de 2005.

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Australia, Nueva Zelanda y el Perú, por señalar la documentación preparada por el Gobierno de Chile el límite del paralelo 18º21’00’’ como uno de los límites del ámbito de aplicación de la proyectada organización.448 El Derecho internacional no reconoce a ningún estado derechos de naturaleza alguna sobre los espacios que forman parte del área de 200 millas de otros estados, especialmente en áreas donde no existe solapamiento. La posición del Perú en este segundo componente de la controversia marítima, tiene la fortaleza jurídica que se deriva no solo de sus propios títulos y derechos, sino de la inexistencia de fundamento jurídico de cualquier naturaleza que ampare la pretensión chilena. El diferendo en este caso consiste en la ilicitud de la facultad que se irroga el Gobierno de Chile de legislar, reservarse intereses de preservación, regulación, pesca preferencial, seguridad y atributos jurisdiccionales en el dominio marítimo del Perú, contraviniendo los principios y normas esenciales del Derecho internacional. 5. LAS EFECTIVIDADES Y LA CONDUCTA DE LOS ESTADOS EN EL DERECHO DE LA DELIMITACIÓN MARÍTIMA Y EN LA CONTROVERSIA PERUANO-CHILENA 5.1. Las efectividades Como se ha visto, no es posible colegir de los textos de la Declaración de Santiago ni del Convenio de Zona Especial Fronteriza Marítima la existencia de una línea de delimitación a través del paralelo geográfico y menos aun del paralelo 18º21’00’’. Tampoco se puede llegar a la conclusión de que exista un compromiso que obligue a las partes, en la pretendida línea del paralelo, a partir de los contenidos del informe de 1968 y del acta de 1969.

448 Cf. Nota 5-4-M/ 276 de la Embajada del Perú en Chile al Ministerio de Relaciones Exteriores.

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Asimismo, no existe instrumento jurídico alguno de naturaleza bilateral, ni costumbre alguna que genere obligaciones jurídicas entre los dos estados, a favor de la pretensión chilena de conferir a una importante área del dominio marítimo del Perú la condición jurídica de alta mar, o que fundamente el inexistente derecho de Chile de legislar, establecer jurisdicciones o aplicar su tesis del mar presencial sobre ese sector. Corresponde, de esta manera, siguiendo la hermenéutica jurídica propia de la solución de las controversias marítimas, analizar la cuestión de las efectividades y la conducta de los estados para determinar si a partir de ellas el Perú y Chile habrían aceptado trazar el límite por el paralelo geográfico de manera tácita, como lo sostiene una de las partes. En el área de superposición, el Gobierno de Chile ejerce de manera ilegítima y siempre provisional determinadas jurisdicciones. Es una política de fuerza que el Perú ha señalado no reconocer sino en ese carácter, con la finalidad de no entorpecer la solución definitiva de la controversia y con el propósito de no alterar la relación pacífica existente. Ello bajo el amparo de las normas del Derecho internacional vigente. El Gobierno de Chile, en reiteradas oportunidades, ha hecho referencia a las efectividades (ejercicio de jurisdicciones) que ejecuta sobre la zona de superposición, otorgando a este hecho la calidad de fundamento adicional para sus pretensiones. Hay en esta presunción un equívoco manifiesto. Ciertamente la posesión u ocupación constituye una modalidad de adquisición originaria del título de soberanía sobre el territorio. Y en ese contexto, en la discusión de controversias de delimitación territorial, las efectividades tienen un papel importante, reconocido por los tribunales internacionales. Pero ello se refiere esencialmente a la delimitación territorial, mas no a la delimitación marítima, que posee sus especificidades.

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Teniendo elementos comunes la atribución de derechos de soberanía y jurisdicción sobre un espacio, existen diferencias sustantivas entre la delimitación territorial y la delimitación marítima, que otorgan a las efectividades una significación y un valor distintos en cada caso. Mientras que en la delimitación terrestre no pueden existir dos títulos válidos sobre un mismo espacio, es decir, siempre el título de una parte se impone sobre el que esgrime la otra; en el derecho de la delimitación marítima siempre habrá dos títulos igualmente válidos, pues estos se derivan de los principios de la adyacencia y la distancia. Precisamente por la existencia de dos títulos jurídicamente válidos es que se produce el fenómeno del solapamiento o superposición de las respectivas áreas de soberanía y jurisdicción, que es el fundamento de la delimitación marítima. Única y exclusivamente cuando hay solapamiento existe la necesidad de delimitar. Por esa razón, mientras que en la delimitación territorial sobre un espacio en disputa el fallo arbitral o la delimitación atribuirán el espacio al estado que tenga el mejor título, en el caso de la delimitación marítima nunca se puede adjudicar todo el espacio en disputa a una de las partes, sino que siempre se divide en función de los principios equitativos. Esto tiene una consecuencia teórica y práctica de la mayor importancia en el distinto rol que juegan las efectividades en los casos de delimitación terrestre y en los referidos a la delimitación marítima. La ocupación y el ejercicio de las jurisdicciones estatales, así como los actos de soberanía, suelen ser determinantes en el caso de las fronteras terrestres. No así en las fronteras marítimas. En el caso de la soberanía territorial, la ocupación es una modalidad originaria de adquisición del territorio, pero no lo es en relación con los espacios marítimos, sobre los cuales los estados ejercen soberanía y jurisdicción.449
449 Sobre las especificidades de las fronteras marítimas en relación con las terrestres, cf. Bardonnet, Frontières terrestres et frontières maritimes, AFDI 35, Paris, pp. 1-64.

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El Derecho internacional no reconoce atribución de soberanía y jurisdicción de espacios marítimos en mérito a la ocupación, la posesión o el ejercicio de efectividades. En la delimitación marítima, la ocupación no genera derechos de atribución de la soberanía sobre el espacio marítimo adyacente a las costas del estado. Así lo ha determinado la Corte Internacional de Justicia, que, en la sentencia sobre la Plataforma Continental en el Mar del Norte, ha señalado que “el derecho sobre la plataforma continental es independiente de su ejercicio efectivo”.450 Prosper Weil, al explicar el diferente papel que juegan las efectividades en las delimitaciones terrestres y marítimas, recuerda que en las primeras la ocupación y el ejercicio efectivo de la soberanía, en tanto elementos que contribuyen a establecer un título legítimo, son decisivos; mientras que en el caso de la delimitación marítima no tienen ese carácter.451 Weil anota que la ocupación, el ejercicio efectivo de la soberanía y las jurisdicciones estatales en tanto que contribuyen a establecer el fundamento del título, son esenciales en la delimitación terrestre, pero que no tienen la misma pertinencia en la delimitación marítima: “L’occupation, l’exercice effectif des souverainetés étatiques, les actes de souveraineté : autant d’éléments qui contribuent à établir le titre le meilleur, donc le seul juridiquement à retenir dans les problèmes de délimitation terrestre, mais qui sont sans pertinence dans la délimitation maritime”.452 Weil reconoce que la Corte ha hecho referencia a las efectividades pero en un contexto distinto de aquel en el que se les aplica como fuente del título de soberanía territorial: “Sans doute la Cour s’estelle intéressée dans Tunisie/Libye au comportement des parties et à la présence de puits de pétrole dans la zone à délimiter, mais elle l’a fait moins sous l’angle de l’effectivité que pour ‘tenir compte de
450 Recueil, 1969, párr. 23. 451 Prosper Weil, Perspectives du droit de la délimitation maritime, París, Pedone, 1988, pp. 117-118. 452 Ibíd., p. 100.

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tous les indices existants au sujet de la ligne ou des lignes que les parties elles-mêmes ont pu considérer ou traiter en pratique comme équitables’”.453 [Sin duda la Corte se interesó en Túnez/Libia en la conducta de las partes y en la presencia de pozos de petróleo en la zona por delimitar, pero lo hizo antes que desde la perspectiva de las efectividades para tomar en cuenta todos los indicios existentes con relación a la línea o a las líneas que las partes directamente hayan podido en la práctica considerar o negociar como equitativas.] Weil alerta sobre el riesgo y los efectos negativos que tendría la posibilidad de que el derecho de la delimitación marítima pudiera orientarse a la consideración de títulos fundamentados en las efectividades: “Il n’y en avait pas moins là un risque de voir le droit de la délimitation s’orienter vers la mise en balance de titres faisant appel, entre autres, à l’effectivité, ce qui aurait non seulement incité les Etats à des actes d’ occupation tels des forages intempestifs, mains conduit à un profond bouleversement du droit de la mer; aussi comprend-on les réticences exprimées par certains juges”.454 [Había por lo menos el riesgo de ver el derecho de la delimitación orientarse hacia la consideración de títulos que recurriesen, entre otras cosas, a la efectividad, lo que no solamente hubiera incitado a los estados a actos de ocupación tales como exploraciones intempestivas, sino que hubiera conducido a un cambio profundo del derecho del mar; se comprenden así los reparos expresados por ciertos jueces.] 5.2 La conducta de los estados La conducta de los estados como forma de expresión tácita o expresa de consentimiento o aquiescencia por parte de los estados, constituye una forma de establecer o crear obligaciones internacionales exigibles en todos los ámbitos del derecho internacional.
453 Ibíd. 454 Ibíd., p. 100.

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La regla general que orienta las consecuencias de la conducta de los estados en el derecho internacional se encuentra en el enunciado del principio “non venire contra factum propium” (nadie puede ir lícitamente contra sus propios actos).455 La teoría de los actos propios, vinculada con las instituciones del estoppel anglosajón y la verwirkung alemana se aplica tanto a relaciones jurídicas de Derecho interno como de Derecho internacional, y, dentro de este último, especialmente a la conducta de las partes en diferendos territoriales, de límites o de demarcación. Como se verá en el caso de la delimitación marítima, los requisitos para su aplicación tienden a ser más rigurosos. Luis María Vives la concibe como “(…) un principio general del derecho […] que torna imponible la conducta de un sujeto de derecho cuando es contradictoria con otra anterior, jurídicamente válida y eficaz, emanada del mismo sujeto”.456 Conforme al principio de los actos propios, no es lícito que una persona jurídica o física vaya contra sus propios actos cuando estos últimos han sido expresión de su propio consentimiento y han sido motivados por conductas dirigidas a crear, modificar o extinguir relaciones jurídicas. Alejandro Borda señala, acertadamente, que se trata de una derivación del principio general de la buena fe del cumplimiento de las obligaciones jurídicas y añade que para su aplicación deben darse tres requisitos o condiciones: a) una conducta anterior relevante y eficaz; b) el ejercicio de una facultad por la misma persona jurídica que crea la situación litigiosa y que contradice su conducta anterior; y c) la identidad de sujetos que se vinculan en ambas conductas.457 El Derecho internacional ha introducido la figura del estoppel anglosajón, que en el Derecho interno tiene un eminente carácter
455 Chaim Perelman, La lógica jurídica y la nueva retórica, Editorial Civitas, Madrid, 1988, p. 123. 456 Luis María, Vives, La doctrina de los actos propios L.L. t.1987 –B, p. 946, nro. II– A. 457 Alejandro, Borda, La Teoría de los Actos Propios, Abeledo-Perrot, Buenos Aires. 1993, p. 67.

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procesal de defensa, y que presenta en el derecho inglés dos modalidades principales: el estoppel by res judicata, que se aplica en las decisiones judiciales; y el estoppel by representation, que opera en el campo de las expresiones de voluntad. Este último ha sido asimilado por el Derecho internacional, con una concepción amplia en determinados casos y con un criterio restrictivo en otros.458 La recurrencia al estoppel, en el Derecho internacional, dentro de la concepción general de su modalidad by representation, es creciente. Martin cita dieciocho casos en los que el principio ha sido alegado por las partes, razonado y utilizado por los jueces o árbitros o referido in extenso por opiniones disidentes de determinados jueces.459 Este autor propone una definición bastante aceptada del estoppel en Derecho internacional, elaborada a partir de las características que la figura presenta de manera explícita o implícita en los fallos arbitrales o sentencias jurisdiccionales: “(…) cuando una parte, por sus declaraciones, sus actos o sus comportamientos, ha llevado a otra parte a creer en la existencia de un cierto estado de cosas, en base a cuya creencia le ha incitado a actuar o a abstenerse de actuar, de tal modo que de ello ha resultado una modificación de sus posiciones relativas (en perjuicio de la segunda o en beneficio de la primera, o ambas cosas a la vez), la primera no podrá, por estoppel, establecer frente a la segunda un estado de cosas diferente del que ha presentado anteriormente como existente”.460 El consenso mayoritario de la doctrina considera que el estoppel en Derecho internacional corresponde por analogía a la concepción restrictiva del estoppel by representation del derecho in458 Cf. Antoine Martin, L’estoppel en Droit Internationale Public (Thèse présentée a l’Université de Genève), Editions Pedone, París, 1979. Asimismo cf. Bowett, D.W., Estoppel before International Tribunals and its Relation to Acquiescence, B.Y.B.I.L., 1957. 176-202; I. MacGibbon, Estoppel in International Law, I.C.L.Q., 1958, pp. 468-513; Enrique y Pecourt García, “El principio del ‘estoppel’ en Derecho Internacional Público”, en: Revista Española de Derecho Internacional, 1962, pp. 98-139. 459 Ibíd., pp. 68-69. 460 Ibíd., p. 260, la traducción al español ha sido tomada de Manuel Diez de Velasco, Instituciones de Derecho Internacional Público, Editorial Tecnos, Madrid, 1973, p. 268.

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glés y que, por ende, para que se configure la parte que lo invoca deberá: a) Establecer la existencia de una declaración, de un acto o de un comportamiento inicial que, emanando de un órgano habilitado para comprometer al estado, exprese de manera libre e inequívoca un determinado estado de cosas. b) Probar que ha sido incitada a actuar o a abstenerse de actuar a partir de la fe en esa declaración, acto o comportamiento. c) Establecer que la otra parte, a la cual la declaración, el comportamiento o el acto inicial es imputable, ha cambiado su posición o actitud, desdiciéndose y contradiciéndose sobre un punto esencial de sus primeros actos, declaraciones o conductas. d) Demostrar que esa modificación ha creado una situación perjudicial para sí o ventajosa para la otra parte, o ambos. En materia de diferendos territoriales, la Corte ha omitido utilizar directamente la expresión estoppel, independientemente de que, según algunos tratadistas, haya utilizado el principio. En todo caso, el principio de los actos propios, originado en el derecho hispano, presenta elementos comunes con la figura del estoppel, al extremo de que algunos autores los asimilan. Sin embargo se diferencia en que el principio de los actos propios no se limita a una acción eminentemente procesal o de defensa, sino que además posee una naturaleza sustantiva para establecer la existencia de derechos u obligaciones. Por esa razón, las sentencias de la Corte en materia territorial están más cercanas a la figura de los actos propios o de la conducta de los estados que del estoppel. En todo caso, en cualquiera de las interpretaciones o denominaciones que se den al principio, las sentencias y los laudos arbitrales han establecido la ilicitud de la conducta de un estado cuando incurre en el venire contra factum propium.
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Como ha señalado el juez Alfaro en su opinión individual en el caso del Templo de Préah Vihéar, “cualquiera sea el término o términos empleados para designar este principio tal como ha sido aplicado en el ámbito internacional, su esencia es siempre la misma: la contradicción entre las reclamaciones o alegaciones presentadas por un Estado y su conducta previa al respecto no es admisible, allegans contraria non audiendus est. Su propósito siempre es el mismo: un estado no debe ser autorizado a beneficiarse de sus propias contradicciones en perjuicio de otro estado, nemo potest mutare consilium suum in alterius injurian.461 Los estados han alegado ante la Corte Internacional de Justicia, en un número importante de casos, la conducta previa de las partes como una expresión de consentimiento, tácita o expresa, respecto de determinadas obligaciones internacionales. La manera como han sido procesadas estas alegaciones por la Corte ha sido heterogénea, con una tendencia evolutiva a favor de aplicar estándares cada vez más estrictos para poder demostrar la aquiescencia derivada de la conducta de una de las partes, especialmente en los casos de delimitación marítima. En la sentencia sobre las pesquerías (Gran Bretaña / Noruega) de diciembre de 1951, la Corte señaló que las autoridades de Noruega aplicaron su sistema de delimitación de una manera continua y persistente desde 1869 hasta el inicio del diferendo. El Reino Unido argumentó que dicho sistema no había sido de su pleno conocimiento, que no había consentido en él y que consecuentemente no podía ser exigible. La Corte resolvió: “La Norvège a pu avancer, sans être contredite, que la promulgation de ses décrets de délimitation de 1869 sont, ainsi, qu’il a été démontre plus haut, l’application d’un système bien défini et unifie, c’est en définitive ce système lui-même qui aurait bénéficie d’une tolérance général, fondement d’une consolidation historique qui le rendrait opposable a touts les
461 Cf. Recueil, 1962.

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Etats» [Noruega ha podido adelantar, sin ser contradicha, que la promulgación de sus decretos de delimitación de 1869 es,de esta manera, tal como ha sido demostrado líneas arriba, producto de la aplicación de un sistema bien definido y unificado; en definitiva este mismo sistema es el que habría sido beneficiado de una tolerancia general, fundamento de una consolidación histórica que lo haría oponible a todos los Estados]. 462 Otro caso en el que la conducta de los estados ha sido determinante en el establecimiento de obligaciones exigibles es el del asunto de Grisbadarna463 sobre la determinación de las aguas territoriales entre Suecia y Noruega. La Corte Permanente de Arbitraje, en su sentencia de 1909, fundamentó en la conducta ulterior de ambos estados la vigencia de la Convención entre Suecia y Dinamarca (Noruega) del 26 de octubre de 1661. El fallo en el caso del Templo de Préah Vihéar (1962)464 y la sentencia arbitral del Rey de España, del 2 de diciembre de 1906465, son asimismo fallos en los que se ha tenido en consideración de manera determinante la conducta de las partes. Como la propia Corte lo ha señalado, sin embargo, estos fallos se han referido esencialmente a las aguas territoriales (mar territorial) y no a los vastos espacios oceánicos que actualmente reconoce el Derecho internacional como áreas de soberanía y jurisdicción de los estados. En el otro lado de la jurisprudencia, están los casos más recientes en los que la Corte ha rechazado los alegatos basados en la conducta de las partes, no los ha tomado en cuenta o lo ha hecho
462 Affaire des pêcheries (Norvège/Royaume Uni), Arrêt, Recueil, 1951, p. 138. 463 Grisbadarna Arbitration, 4 American Journal of International Law, 1910, pp. 226-227. 464 ICJ Temple of Preah Vihear Case (Cambodia v. Thailand), Reports 1962, pp. 6-146. 465 Cf. Arbitral Award Made by the King of Spain on 23 December 1906 Case (Honduras v. Nicaragua), Judgement, ICJ, Reports 1960,192.

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de manera no determinante, especialmente en relación con la delimitación de la plataforma continental y la zona económica exclusiva. En el caso sobre la plataforma continental en el Mar del Norte (República Federal de Alemania/Dinamarca, República Federal de Alemania/Países Bajos)466 , tanto Dinamarca como los Países Bajos alegaron que la República Federal de Alemania, por su comportamiento, sus declaraciones públicas, proclamas, otro tipo de documentación y los actos propios, había actuado asumiendo las obligaciones que se derivan de la Convención de 1958 sobre la Plataforma Continental, cuyas disposiciones por esta vía le eran enteramente exigibles. La Sala, luego de analizar y evaluar los argumentos de las partes, particularmente los actos propios y la conducta de la República Federal de Alemania, resolvió que “era claro que ella no podría aceptar este tipo de tesis más que en el caso en que el comportamiento de la República Federal hubiera sido absolutamente definido y constante e incluso en esta hipótesis, es decir, si dicho estado hubiere tenido verdaderamente la intención de manifestar que aceptaba el régimen convencional o que reconocía la aplicabilidad, uno debería preguntarse por qué la República Federal no tomó la medida que lógicamente se imponía, a saber: expresar su voluntad ratificando pura y simplemente la Convención”.467 En la sentencia la Sala reflexiona sobre los requisitos que la conducta de los estados deben cumplir para deducir de esa conducta una regla de derecho: 1) los actos o conductas de los estados deben constituir una práctica constante; 2) deben expresar, testimoniar, por su naturaleza o por la manera en que son llevados a cabo, la convicción de que esta práctica se ha convertido en obli466 Cf. Recueil, 1969. 467 Cf. Alonso Gómez-Robledo Verduzco, ob. cit. p. 43-44.

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gatoria por la existencia de una regla de derecho.468 Esto significa que los actos considerados no deben representar solo una práctica sistemática, sino ser realizados en el conocimiento y en la convicción de que se efectúan como una obligación derivada de una regla de derecho. Como bien señala Gómez-Robledo: “La necesidad de una convicción tal, es decir, la existencia de un elemento subjetivo, está implícita en la noción misma de ‘opinio juris sirve necessitatis’. Los estados interesados deben pues tener el sentimiento de estarse conformando a lo que equivale una obligación jurídica”.469 En el caso de la sentencia sobre el Golfo del Maine470, luego de que la Corte determinase que entre las partes (Estados Unidos y Canadá) no existía una obligación convencional que trazase el límite único entre sus respectivas zonas marítimas, consideró que debía examinar si entre ellas se habría establecido una obligación jurídica de esa naturaleza como resultado de otros factores. Es decir, la “cuestión de saber que las partes han debatido ampliamente, si la conducta o comportamiento que hayan seguido durante un determinado periodo de tiempo en sus relaciones recíprocas, no habría acarreado para una de ellas un consentimiento o aquiescencia en la aplicación de un método de delimitación específico invocado por la otra parte, o una forma de prescripción en cuanto a la posibilidad de oponerse, o, incluso, si esa conducta no habría tenido por efecto instaurar alrededor de esa línea de aplicación un ‘modus vivendi’”.471 La Sala, al considerar este asunto, pasó a revisar los conceptos de estoppel y aquiescencia, indicando que cualquiera que fuera el estatus de ambos en el Derecho internacional, constituían deriva468 Cf. Recueil, 1969, p.44, párr. 77. 469 Alonso Gómez-Robledo Verduzco, ob. cit. p. 44. 470 Cf. Recueil, 1988. 471 Cf. Recueil, 1988, p. 303. 126.

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ciones de los principios de la buena fe y la equidad. Señaló que ambas instituciones procedían de razonamientos jurídicos diferentes, la aquiescencia equivale a un reconocimiento tácito manifestado por un comportamiento unilateral que la otra parte puede interpretar como un consentimiento472; mientras que el estoppel, por el contrario, está ligado a la idea de la prescripción. Salvo por el elemento del perjuicio o daño que conlleve necesariamente el estoppel, la Corte consideró que representaban aspectos distintos de una sola institución. La Sala recordó que el estoppel es una figura que aún se encuentra en evolución y que requiere condiciones o requisitos más severos que la aquiescencia en el sentido de que la parte que lo invoca debe fundar su demanda en el hecho de que las declaraciones o la conducta de la otra parte sean en su detrimento o en ventaja de la otra. El perjuicio y la ventaja son de esta forma elementos indispensables que deben concurrir para que se configure el estoppel.473 El caso es ilustrativo. Canadá empezó a otorgar, en 1964, licencias de exploración y explotación de hidrocarburos en el banco de Georges, sobre la base de una línea media que dividía su jurisdicción con la de Estados Unidos en esta zona. Estados Unidos, por su parte, consideraba que el otorgamiento de licencias offshore por parte del Canadá se basaba solo en actos administrativos internos canadienses que no podían constituir una aquiescencia o configurar un estoppel en el plano internacional. Entre las argumentaciones de Canadá respecto de los actos propios de Estados Unidos, que habrían consentido la delimitación marítima por la línea me472 En el proceso, el Gobierno del Canadá definió la aquiescencia en los siguientes términos: “Desde el momento que un gobierno, parte en una controversia, tiene conocimiento, directamente o por deducción, de la conducta de la otra parte o de una afirmación de derechos que ésta realiza y se abstiene de protestar frente a esa conducta o afirmación de derechos, acepta tácitamente la posición jurídica que expresa la conducta de la otra parte o la afirmación de derechos que ella realiza”. En: Recueil, 1984, p. 304, párr. 129. 473 Ibíd., pp.308, 141-148.

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dia, figuraban comunicaciones en las que incluso las autoridades del Bureau of Land Management del Ministerio del Interior de los Estados Unidos habían preguntado al Gobierno canadiense sobre la vinculación que existía entre el área de las licencias concedidas y la línea media de delimitación establecida en la Convención de Ginebra de 1958, así como una comunicación formal del 14 de mayo de 1965, la Carta Hoffman, en la que según Canadá, había una aceptación de la línea media como límite marítimo. Esta comunicación fue contestada por el Ministerio competente de Canadá el 16 de junio de 1965, el cual confirmó que la línea media utilizada había sido la establecida conforme a lo dispuesto en el artículo 6 de la Convención de Ginebra de 1958 sobre la Plataforma Continental. En el curso del proceso se presentaron, asimismo, documentos diplomáticos que según Canadá establecían la aquiescencia de Estados Unidos y en todo caso fundamentaban el estoppel. En general, en sus presentaciones, el Gobierno de Canadá señaló que los actos propios y la conducta de Estados Unidos debían considerarse relevantes como: a. Prueba de la existencia de una verdadera aquiescencia de su parte, en relación con la aceptación de una línea media como límite entre las jurisdicciones marinas respectivas, así como de un estoppel que impedía a Estados Unidos oponerse a la línea media. b. La existencia, aunque sea como indicio, del establecimiento de un modus vivendi o de un límite de facto que los dos estados habían reconocido y consolidado con su conducta recíproca. c. Un criterio determinante del tipo de delimitación que tanto Canadá como Estados Unidos juzgaban como equitativa.474
474 Alonso Gómez-Robledo Verduzco, ob. cit., p. 140.

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Luego de analizar los argumentos de cada una de las partes, la Sala concluyó en su fallo que de la conducta de los estados que habían sido objeto de las argumentaciones en uno u otro sentido, no podía concluirse que Estados Unidos hubiera expresado su aquiescencia en la delimitación de la zona del banco de Georges a través de una línea media. Al mismo tiempo, la Sala señaló que “es probablemente cierto que la actitud de los Estados Unidos en materia de límites marítimos con su vecino canadiense se haya caracterizado hasta fines de los años sesenta por incertidumbres y por una cierta falta de coherencia. Este señalamiento no impide, de todas maneras, constatar que los hechos alegados por el Canadá no permiten concluir que el gobierno de los Estados Unidos haya reconocido de una vez por todas la línea media como límite de sus jurisdicciones en la plataforma continental; ellos no permiten asimismo concluir que la simple ausencia de reacción al otorgamiento de las licencias de explotación canadienses de 1964 hasta la ayuda memoria del 5 de noviembre de 1969, hayan tenido como consecuencia jurídica que los Estados Unidos no puedan en el futuro reivindicar un límite que siga el canal noreste”.475 La Sala, asimismo, luego de analizar los hechos, señaló que no era legítimo considerar que Estados Unidos hubiera aceptado tácitamente las tesis canadienses o que pudiera haber perdido sus derechos. Una conclusión contraria sería algo que va más allá de las condiciones que el Derecho internacional establece para que se pueda hablar de aquiescencia o estoppel476. Al fundamentar su fallo, la Sala quiso explicitar que su decisión de no considerar la conducta de los Estados Unidos como expresión de aquiescencia la adoptó con pleno conocimiento de los antecedentes jurisprudenciales que en otros casos tomaron en cuenta la conducta de las partes. En ese sentido, señaló que los antecedentes
475 Recueil, 1984, p. 307, párr. 137. 476 Ibíd., p. 308, párr. 142.

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de las sentencias sobre el asunto de las pesquerías entre Gran Bretaña y Noruega, el asunto Grisbadarna sobre la delimitación de las zonas de pesca entre Noruega y Suecia, la cuestión del templo de Préah Vihéar y la sentencia arbitral del Rey de España no se aplicaban al caso del Golfo del Maine. Ello porque la duración o el tiempo de las conductas estatales era diferente en el caso de las pesquerías; la pertinencia de aplicar el diferendo Grisbadarne a los casos actuales es discutible, pues los derechos sobre los espacios marítimos existentes en esa época son sustancialmente diferentes de los que se presentan en la actualidad; porque el caso de Préah Vihéar es de una naturaleza muy diferente y porque la sentencia del Rey de España se fundó en declaraciones expresas de Nicaragua y en comportamientos de muy larga data.477 En la sentencia sobre el caso Túnez/Libia, la Corte se pronunció también sobre la conducta de los estados. La Corte señaló que debía “‘tenir compte de tous les indices existants au sujet de la ligne ou des lignes que les parties elles-mêmes ont pu considérer ou traiter en pratique comme équitables’ (…) et elle a retenu en conséquence comme pertinent le fait qu’il s’était établi entre les parties une ‘ligne de facto’”.478 [tener en cuenta todos los indicios existentes sobre la línea o las líneas que las propias partes hayan podido considerar o negociar en la práctica como equitativas (…) y en consecuencia, la Corte ha considerado como pertinente el hecho de que se había establecido entre las partes una ‘línea de facto’”.] Bajo este temperamento, la Corte reconoció como una condición pertinente la línea de facto que habían establecido Túnez y Libia a partir de los permisos de pesca que otorgaron respectivamente479. Weil con acierto señala que en esta decisión la Corte tomó en cuenta la conducta de las partes no tanto como una obligación vin477 Cf. Recueil, 1984, pp.309-310, párr. 146, 147. 478 Recueil, 1982, párr.118. 479 Ibíd., párr.133 B2.

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culante por sí misma, sino solo como una circunstancia pertinente en los términos del derecho de la delimitación marítima480. Pero aun en este caso, el autor expresa una razonable prevención a la utilización de la conducta de las partes en la delimitación marítima: “Comme on eu l’occasion de l’observer, ériger le comportement des parties en circonstance pertinente susceptible d’établir l’équité ou l’inéquité d’une ligne d’équidistance risque de faire glisser le droit de la délimitation maritime vers la prise en considération de l’effectivité. Il est peut-être significatif que, mis à part le recours discret à ce concept dans la sentence de 1985, la jurisprudence n’ait pas confirmé l’approche de Tunisie/Libye: non seulement Golfe du Maine a-t-il rejeté l’argumentation des parties fondée sur leur comportement antérieur, mais il a pris soin de préciser que l’équité ne requiert pas le maintien dans l’avenir des pratiques d’exploitation actuelles. On peut penser que désormais cette circonstance pertinente très discutable n’interviendra plus qu’exceptionnellement”.481 [Como hemos podido observar, instituir el comportamiento de las partes en circunstancia pertinente, susceptible de establecer la equidad o la inequidad de una línea equidistante, tiene el riesgo de deslizar el derecho de la delimitación hacia la toma en consideración de las efectividades. Es tal vez significativo que, más allá de recurrir discretamente a este concepto en la sentencia de 1985, la jurisprudencia no haya confirmado el enfoque del asunto Túnez/ Libia: la sentencia en el caso del Golfo de Maine no solo rechazó la argumentación de las partes basada en su conducta anterior, sino que tuvo el cuidado de precisar que la equidad no requiere en el futuro el mantenimiento de las prácticas de explotación actuales. Se puede pensar que de aquí en adelante esta circunstancia pertinente, muy discutible, solo intervendrá de manera excepcional]. Por otro lado, en el mismo asunto de la Plataforma Continental entre Túnez y Libia (sentencia del 24 de febrero de 1982), la
480 Prosper Weil, ob. cit., p.273. 481 Ibíd., pp. 273-274.

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Corte analizó determinadas líneas que habían sido presumiblemente establecidas de manera unilateral, tanto por Túnez como Libia, a través de actos propios482. La Corte observó que estas líneas no habían sido convenidas, sino establecidas unilateralmente. Sobre el particular, la Corte resolvió que estos trazos de delimitación no podían tomarse en cuenta, ya que “intentar establecer unilateralmente los límites marítimos sin tener en cuenta la posición jurídica de los otros estados es contrario a los principios reconocidos por el Derecho internacional”.483 La Corte en apoyo de esta consideración, cita en la sentencia lo ya resuelto en su fallo en el asunto de las pesquerías (Reino Unido/Noruega): “La delimitación de los espacios marítimos tiene siempre un aspecto internacional; no podría depender solo de la voluntad del estado ribereño, tal cual ella se expresa en el derecho interno. Si es cierto que el acto de la delimitación es necesariamente un acto unilateral, porque el estado ribereño es el único que tiene el título para llevarla a cabo, en cambio la validez de la delimitación frente a terceros estados depende del Derecho internacional”.484 Más recientemente, en el fallo sobre el diferendo territorial y marítimo entre Nicaragua y Honduras, sentencia del 8 de octubre de 2007, la Corte se ha referido con amplitud a la conducta de los estados en el contexto de la delimitación marítima y ha reiterado el estándar restrictivo de su jurisprudencia: “L’établissement d’une frontière maritime permanente est une question de grande importance, et un accord ne doit pas être présumé facilement. Une ligne de facto pourrait dans certaines
482 Túnez reivindicaba la línea ZV (zénith vertical) 45º noreste, mientras que Libia proclamaba una línea en dirección norte que prolongaba en el mar el último segmento de la frontera terrestre basada en su ley de petróleo Nº 25, de 1955. 483 Recueil, 1984, p. 66, párr. 87 (traducción del autor). 484 Ibíd., p.67, parr. 87 (traducción del autor).

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circonstances correspondre à l’existence d’une frontière convenue en droit ou revêtir davantage le caractère d’une ligne provisoire ou d’une ligne à vocation spécifique, limitée, telle que le partage d’une ressource rare. Même s’il y avait eu une ligne provisoire jugée utile pour un certain temps, cela n’en ferait pas une frontière internationale”.485 [El establecimiento de una frontera marítima permanente es un asunto de la mayor importancia, y un acuerdo no debe presumirse fácilmente. Una línea de facto podría bajo ciertas circunstancias corresponder a la existencia de una frontera acordada conforme a derecho o poseer más bien el carácter de una línea provisoria o de una línea con un objeto específico, limitado, tal como la repartición de un recurso raro. Aunque hubiese habido una línea provisoria considerada útil por un cierto tiempo, eso no la convierte en una frontera internacional.]486 La sentencia es significativa, pues dada la naturaleza del caso –en su componente marítimo–, la Corte tuvo que resolver, nuevamente, sobre una frontera única que comprendía el mar territorial, la zona económica exclusiva y la plataforma continental. Adicionalmente, teniendo en cuenta que Honduras sustentaba sus pretensiones de considerar delimitada la frontera a través del paralelo 14°59’’8’ de latitud norte (paralelo Nº 15), tanto en el principio del uti possidetis, que habría sido recogido en el tratado Gámez-Bonilla y la sentencia del Rey de España de 1906, como en el reconocimiento tácito que de esa frontera habría hecho Nicaragua, la sentencia efectúa un importante análisis de las conductas de las partes que permite comprender mejor el alcance del fallo. La Corte desestimó la argumentación de Honduras sobre la existencia de un límite histórico por el paralelo 14°59’’8’, resolvien485 CIJ, Affaire du différend territorial et maritime entre le Nicaragua et le Honduras dans la Mer des Caraïbes, Arrêt, 8 oct.2007. 486 Traducción del autor.

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do que dicho límite no podía derivarse del principio del uti possidetis ni de las disposiciones del tratado Gámez-Bonilla, tampoco por la vía de un reconocimiento tácito fundado en la conducta de las partes. El Tribunal reconoció que el paralelo 14°59’’8’, habría jugado un cierto rol en la conducta de las partes, particularmente a partir de 1961, lapso en el que tanto Nicaragua como Honduras otorgaron numerosas concesiones petroleras que indicaban que sus límites marítimos septentrional y meridional se encontraban en la línea del paralelo citado487. Asimismo, admitió que los reglamentos de pesca en la zona habrían aceptado el paralelo como línea divisoria.488 No obstante ello, la Corte consideró que la conducta de las partes referida al paralelo 14°59’’8’ como línea de frontera marítima o como divisoria de la zona de pesca no eran suficientes, ni por sus características ni por el corto tiempo en que sucedieron, como para derivar de ello la existencia de una delimitación por dicho paralelo. La Corte declaró, en consecuencia, que no existía delimitación tácita por el paralelo 14°59’’8’. Al trazar la nueva línea limítrofe, analizó la posibilidad de utilizar el método de la equidistancia y concluyó que dada la existencia de circunstancias especiales, en el sentido de lo dispuesto por el artículo15 de la Convención del Mar, no correspondía aplicar ese método. La Corte, siempre propiciando la equidad de los resultados se pronunció por una línea bisectriz como el método predominante de la delimitación.489 La jurisprudencia de la Corte sobre la conducta de las partes como fuente de obligaciones vinculantes en la delimitación marítima ciertamente es plural y heterogénea, dependiendo su aceptación de las circunstancias concretas, del objeto de la controversia,
487 Ibíd., p. 69, párr. 256. 488 Ibíd. 489 Ibíd., p. 90, párr. 320.

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de la naturaleza de los actos propios490 y especialmente de la concurrencia de los diversos elementos que el derecho internacional exige para que la conducta de las partes genere derechos y obligaciones exigibles, es decir, para que la aquiescencia se haya consagrado. Estos requisitos son: 1) Las conductas de aquiescencia deben probarse a través de un razonamiento inductivo que tome en cuenta prácticas suficientemente consolidadas y convincentes “y no solo partir de interpretaciones deductivas originadas en ideas preconcebidas a priori”.491 2) Las prácticas deben ser constantes, sistemáticas y duraderas, haberse reiterado durante un tiempo considerable. 3) Deben expresar una intencionalidad de obrar conforme a una obligación jurídica que se asume motiva la conducta. Ello debe reflejarse en la manera como se realizan las prácticas, así como en su contenido. Este elemento subjetivo debe manifestarse en una convicción de actuar conforme a una obligación jurídica.492 El caso específico de la controversia peruano-chilena muestra la complejidad de toda disputa marítima sobre espacios recientemente incorporados al Derecho internacional y que no se constriñe exclusivamente al mar territorial. Esta situación es aún más heterogénea en la conducta de los estados si se tiene en cuenta que, entre 1947 y 1982, año en que se aprueba la Convención del Mar,
490 El relator especial de la Comisión de Derecho Internacional de las Naciones Unidas sobre actos unilaterales del Estado, Victor Rodríguez Cedeño, ha definido el acto unilateral, en el curso de los trabajos de codificación de la comisión, como “una manifestación de voluntad no equívoca del Estado, formulada con la intención de producir los efectos jurídicos en sus relaciones con uno o más Estados, o una o más organizaciones internacionales, respecto de la cual el o los Estados o la o las organizaciones internacional tengan conocimiento ”, en: Julio Gonzales Campos, Materiales de Prácticas de Derecho Internacional Público, Madrid, Tecnos, 2002, p.45 491 Cf. Recueil, 1984, p. 299. 492 Alonso Gómez-Robledo Verduzco, ob. cit. p. 44.

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las conductas del Perú y Chile, así como las de los demás países latinoamericanos que integran el Sistema del Pacífico Sur, han estado decididamente orientadas hacia acciones, estrategias políticas y diplomáticas dirigidas a que la comunidad internacional reconozca sus reivindicaciones unilaterales a favor de una zona de 200 millas de soberanía y jurisdicción. Recién a partir de los años ochenta, cuando ya era una evidencia negociadora que los elementos esenciales de la tesis de las 200 millas serían reconocidas por el Derecho internacional a través de la Convención del Mar, las preocupaciones por los límites laterales se hicieron más definidas y recurrentes. De las conductas del Perú y Chile, reflejadas en actos administrativos internos, declaraciones oficiales, comunicados de prensa, reclamaciones, protestas, documentación diplomática de origen unilateral y un solo caso de documentación diplomática conjunta, no es posible concluir que se hayan establecido obligaciones jurídicas entre ambos países en materia de un trazo de la frontera marítima o de una cláusula delimitadora específica. Menos aun por el paralelo 18º21’00’’. Los actos administrativos y las reclamaciones por presencia de embarcaciones de uno u otro país en sus respectivas aguas jurisdiccionales están referidos mayoritariamente al espacio marítimo de la zona especial fronteriza marítima de exención de sanciones a las embarcaciones pesqueras artesanales. Esta zona no se corresponde ni se puede asimilar a la zona marítima establecida por la Declaración de Santiago ni a los espacios marítimos que el actual Derecho internacional reconoce a los estados. Independientemente de ciertas incoherencias en la conducta de cada parte, la utilización aislada de denominaciones equívocas en determinada documentación o trámites administrativos de similar naturaleza, no existe una densidad de actos propios o conducta de los estados que por su persistencia, su naturaleza y su intencio395

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nalidad, configuren la existencia de aquiescencia o estoppel en relación a la utilización de cualquier método de delimitación. Y menos aun de una delimitación por el paralelo geográfico, que en esencia es contraria a los principios y normas del Derecho internacional por conducir a resultados extremadamente inequitativos. No es posible establecer en ese sentido la concurrencia de los elementos objetivos y subjetivos que deben darse para que la conducta sistemática y persistente de los estados genere obligaciones internacionales. Especialmente, la ausencia de un comportamiento consciente de obrar en base a una obligación jurídica de aceptar y respetar un límite por el paralelo geográfico es clara, notoria y demostrable. Sin la presencia de este elemento subjetivo no es procedente afirmar la existencia de conductas que hayan consentido por aquiescencia con una delimitación determinada. Estas razones son aplicables asimismo para la figura del estoppel, en la que, adicionalmente, no es posible encontrar evidencia en la conducta de las partes que permitan sostener la existencia de un daño o de una ventaja manifiesta en favor de alguna de las partes. Por el contrario, desde el momento en que surge la controversia, a partir de la pretensión del Gobierno de Chile de trazar la frontera marítima por la línea del paralelo geográfico que se expresa por primera vez el año 2000, lo que denota la conducta de las partes es una sistemática, persistente y coherente oposición de intereses, que han sustanciado jurídicamente el diferendo marítimo limítrofe. 5.3 La valoración de los mapas como elemento de prueba Algunos autores chilenos presentan como una supuesta prueba de la existencia de un límite por el paralelo la existencia de mapas incluidos en algunas publicaciones, en los que se observa una indicación sobre la línea del paralelo en la zona de la frontera marítima peruano-chilena. Es el caso de Jaime Lagos Erazo, quien

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publica algunos mapas peruanos contenidos en libros de textos de historia y geografía donde se grafica la extensión del mar peruano hasta las doscientas millas, medida esta extensión a partir de la proyección de los paralelos geográficos. Estos textos no oficiales y ajenos a los procesos formales en los que supuestamente se habría establecido un límite por el paralelo 18 21´03, no grafican el límite con Chile sino la proyección del límite exterior del mar peruano siguiendo las indicaciones del Decreto 781 de 1947. No tienen ninguna validez como prueba en el proceso judicial”493 No se trata de cartas elaboradas en relación a procesos nacionales o internacionales relacionados con la determinación de los límites, sino más bien de mapas incluidos en publicaciones de responsabilidad de sus autores o de materiales de difusión oficial no vinculados a la delimitación marítima propiamente dicha. Estos mapas no tienen ningún atributo como elemento de prueba en relación al supuesto reconocimiento por parte del Perú de un límite por el paralelo o de la existencia de una conducta que haya producido aquiescencia en torno a dicho límite. Los mapas sólo tienen algún valor – valor relativo aun en estos casos – cuando son expresión formal, neutral y oficial de procesos relativos a entendimientos o acuerdos entre las partes vinculados a la determinación o reconocimiento de los límites o a la expresión inequívoca de su voluntad La Corte Internacional de Justicia ha sido coherente y sistemática en el lugar marginal que otorga a los mapas en la determinación de obligaciones internacionales en materia de delimitación. En el asunto sobre el diferendo fronterizo entre Burkina-Faso/República de Mali, sentencia del 22 de diciembre de 1986, la Corte ha enunciado un principio general en relación a los mapas como elementos de prueba: “(...) La Sala puede limitarse en el estado actual de su razonamiento a formular un principio. En materia de delimitación de
493 Jaime Lagos Erazo, ob.cit., pp. 133-137.

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fronteras o de conflicto territorial internacional, los mapas son sólo simples indicaciones, más o menos exactas según el caso; por sí mismos y por el solo hecho de su existencia, no constituyen nunca un título territorial, es decir un documento al que el derecho internacional confiere un valor jurídico intrínseco con el propósito de establecer derechos territoriales. Ciertamente, en algunos casos, los mapas pueden adquirir tal valor jurídico, pero este valor no resulta de sus solas cualidades intrínsecas; se deriva de que los mapas han sido integrados entre los elementos que constituyen la expresión de la voluntad del Estado o de los Estados concernidos. Lo mismo ocurre, por ejemplo, cuando los mapas son el anexo de un texto oficial del que forman parte integrante. Fuera de esta hipótesis claramente definida, los mapas son sólo elementos de prueba extrínsecos, más o menos fiables o sospechosos, que pueden ser usados, entre otros elementos de prueba de naturaleza circunstancial, para establecer o reconstruir los hechos reales”. La oposición de mapas como fuente de un título territorial solo tiene, de esta manera, bajo ciertas condiciones, un valor complementario a una expresión de voluntad cuyo alcance se refleje en ellos, pero no constituyen en sí mismos pruebas de esa expresión de voluntad. Esto tratándose de controversias territoriales, en el caso de controversias de delimitación marítima su valor como prueba es aún más relativo, por la propia naturaleza de esta. En todo caso la Corte ha sido inequívoca en considerar que aun cuando los mapas cumplan con los requisitos de un origen y formalidad aceptable vinculados a la expresión de voluntad de los Estados no constituyen pruebas: “(...) Pero incluso cuando las garantías...están reunidas, el valor jurídico de los mapas queda limitado a ser una prueba concordante que corrobora una conclusión a la que el tribunal ha llegado por otros medios, independientemente de los mapas. En consecuencia, fuera de la hipótesis en la que se integran entre los elementos que constituyen la expresión de voluntad del Estado los mapas no
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pueden ser considerados en sí mismos como prueba de la frontera pues, en ese caso, constituirían una presunción irrefutable, equivalente a un título jurídico. Solo tienen valor como pruebas de carácter auxiliar o confortativo, lo que excluye igualmente la posibilidad de otorgarles la cualidad de presunciones juris tantum, que tengan por efecto invertir la carga de la prueba494”. Al no existir una lex specialis sobre los límites marítimos entre ambos países, corresponde establecerla a través de las normas fundamentales del Derecho internacional de la delimitación marítima, que obliga a dividir la zona de solapamiento aplicando la fórmula equidistancia - circunstancias especiales para el mar territorial y principios equitativos – circunstancias pertinentes para la plataforma continental y la zona económica exclusiva. Como no se presentan circunstancias especiales en el área materia de la controversia y prácticamente no existen circunstancias pertinentes, la línea que corresponde trazar, en principio, es la de la equidistancia, que en este caso específico asegura conforme al Derecho internacional la equidad de los resultados.

494 CIJ, Recueil, Differend frontalier Burkina-Faso/Mali, 1986,

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VII. DOCUMENTACIÓN 1. DEMANDA DE LA REPÚBLICA DEL PERÚ CONTRA LA REPÚBLICA DE CHILE SOBRE DELIMITACIÓN MARÍTIMA Al Señor Secretario Corte Internacional de Justicia El suscrito, debidamente autorizado por el Gobierno de la República del Perú como su Agente, tiene el honor de someter a la Corte Internacional de Justicia, de conformidad con los artículos 36 (1) y 40 (1) de su Estatuto y el Artículo 38 de su Reglamento, una demanda dando inicio al proceso instituido por la República del Perú contra la República de Chile por el siguiente caso: I. Materia de la Controversia 1. La controversia entre el Perú y Chile está referida a la delimitación del límite entre las zonas marítimas de los dos Estados en el Océano Pacífico, que comienza en un punto en la costa denominado “Concordia” conforme al Tratado del 3 de junio de 1929. La controversia entre el Perú y Chile también comprende el reconocimiento, a favor del Perú, de una vasta zona marítima que se sitúa dentro de las 200 millas marinas adyacentes a la costa peruana, y que por tanto pertenece al Perú, pero que Chile considera como parte del alta mar.

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II. Los Hechos 2. Las zonas marítimas entre el Perú y Chile nunca han sido delimitadas ni por acuerdo ni de alguna otra forma. El Perú, consiguientemente, sostiene que la delimitación deberá ser determinada por la Corte conforme al derecho internacional. 3. Sin embargo, Chile sostiene que ambos Estados han acordado una delimitación marítima que comienza en la costa y continúa a lo largo de un paralelo de latitud. Aún más, Chile ha rehusado reconocer los derechos soberanos del Perú sobre un área marítima situada dentro del límite de 200 millas marinas desde sus costas (y que se encuentra fuera de la zona económica exclusiva y de la plataforma continental de Chile) 4. Desde los años ochenta, el Perú ha intentado consistentemente negociar las diversas cuestiones incluidas en esta controversia, pero ha encontrado la constante negativa chilena a entrar en negociaciones (ver por ejemplo el Anexo 1). Mediante Nota de su Ministro de Relaciones Exteriores del 10 de septiembre del 2004 (Anexo 2) Chile cerró firmemente la puerta a cualquier negociación. III. La Jurisdicción de la Corte 5. La jurisdicción de la Corte en este caso se basa en el Artículo XXXI del Tratado Americano sobre Solución Pacífica de Controversias (Pacto de Bogotá) del 30 de abril de 1948 (Anexo 3) Esta disposición reza: ARTICULO XXXI. De conformidad con el inciso 2º del artículo 36 del Estatuto de la Corte Internacional de Justicia, las Altas Partes Contratantes declaran que reconocen respecto a cualquier otro Estado Americano como obliga401

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toria ipso facto, sin necesidad de ningún convenio especial mientras esté vigente el presente Tratado, la jurisdicción de la expresada Corte en todas las controversias de orden jurídico que surjan entre ellas y que versen sobre: a) La interpretación de un Tratado; b) Cualquier cuestión de derecho internacional; c) La existencia de todo hecho que, si fuere establecido, constituiría la violación de una obligación internacional; d) La naturaleza o extensión de la reparación que ha de hacerse por el quebrantamiento de una obligación internacional. 6. Tanto el Perú como Chile son partes en el Pacto de Bogotá. Ninguna de las dos partes mantiene a la fecha reserva alguna al referido Pacto. IV. El Fundamento Legal de la Reclamación Peruana 7. Los principios y normas del derecho internacional consuetudinario sobre delimitación marítima, tal como se encuentran reflejados en las disposiciones relevantes de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982 (“CONVEMAR”) y desarrollados por la jurisprudencia de la Corte Internacional de Justicia y de otros tribunales, constituyen las principales fuentes de derecho aplicables a la presente controversia. 8. El principio rector principal sobre delimitación de la zona económica exclusiva y de la plataforma continental entre Estados con costas adyacentes, recogido en los Artículos 74 y 83 de la Convención, es que la delimitación “se efectuará por acuerdo entre ellos sobre la base del derecho internacional, a que hace referencia el Artículo 38 del Estatuto de
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la Corte Internacional de Justicia, a fin de llegar a una solución equitativa”. Según ha sido interpretado por la reciente jurisprudencia de la Corte, este principio es básicamente similar al que rige la delimitación de los mares territoriales de los Estados con costas adyacentes conforme al Artículo 15 de la Convención, consistente en aplicar la equidistancia, teniendo en cuenta circunstancias especiales cuando las hubiere. 9. De conformidad con el derecho internacional, tanto el Perú como Chile tienen derecho a un dominio marítimo adyacente como prolongación de sus respectivos territorios terrestres hasta una distancia de 200 millas marinas desde sus líneas de base. A consecuencia de ello y dada la configuración geográfica de la costa, sus derechos se superponen. Como quiera que ningún acuerdo ha sido alcanzado por las Partes respecto a la delimitación de sus respectivas zonas marítimas y en ausencia de circunstancias especiales que cuestionen la aplicación de la línea equidistante, es la línea equidistante la que permite arribar a un resultado equitativo. El límite marítimo entre las Partes deberá ser determinado en tal sentido. 10. En contraste, una línea divisoria a lo largo de un paralelo que comience en la costa, conforme a la pretensión chilena, no cumple el requisito fundamental de arribar a un resultado equitativo y tampoco surge de acuerdo alguno entre las Partes. 11. La delimitación debe empezar en un punto en la costa denominado Concordia, punto terminal de la frontera terrestre establecido conforme al Tratado y Protocolo Complementario para resolver la cuestión de Tacna y Arica -Tratado de Lima- del 3 de junio de 1929 (Anexo 4), cuyas coordenadas son 18º 21’ 08” S y 70º 22’ 39” O (ver Anexo
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5), y debe extenderse hasta una distancia de 200 millas marinas desde las líneas de base establecidas por las Partes. Esto es en conformidad con el Artículo 54, párrafo 2 de la Constitución del Perú de 1993 (Anexo 6), la Ley No. 28621 sobre Líneas de Base del Dominio Marítimo del Perú del 3 de noviembre de 2005 (Anexo 5), el Decreto Supremo peruano No. 047-2007-RE del 11 de agosto de 2007 (Anexo 7) y el artículo 596 del Código Civil chileno modificado por la Ley No. 18.565 del 23 de octubre de 1986 (Anexo 8), todas ellas normas concurrentes en la fijación del límite exterior de sus respectivos dominios marítimos hasta una distancia de 200 millas marinas medidas desde las líneas de base. 12. Conforme a normas y principios bien establecidos de derecho internacional, el Perú también tiene derecho a los espacios marítimos que se encuentran dentro de las 200 millas marinas medidas desde sus líneas de base y que, a la vez, se encuentran fuera de las 200 millas marinas medidas desde las líneas de base chilenas. Los argumentos contrarios esgrimidos por Chile carecen de mérito alguno. V. Decisión Requerida 13. El Perú solicita a la Corte que determine el curso del límite marítimo entre los dos Estados conforme al derecho internacional, según lo indicado en la Sección IV supra, e igualmente solicita a la Corte que reconozca y declare que el Perú posee derechos soberanos exclusivos en el área marítima situada dentro del límite de 200 millas marinas de su costa y fuera de la zona económica exclusiva y de la plataforma continental de Chile. 14. El Gobierno del Perú se reserva el derecho de ampliar, enmendar o modificar la presente demanda a lo largo del proceso.

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15. Para los propósitos del Artículo 31 (3) del Estatuto y del Artículo 35 (1) del Reglamento de la Corte Internacional de Justicia, el Gobierno del Perú declara su intención de ejercer su derecho a designar un Juez ad hoc. Todas las comunicaciones relativas a este caso deberán ser enviadas a la Embajada de la República del Perú en el Reino de los Países Bajos, Nassauplein 4, 2585 EA, La Haya, Países Bajos. Respetuosamente, Allan Wagner Agente del Gobierno de la República del Perú

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Anexos de la demanda 1.1. Anexo 1. Nota dirigida por el Ministro de Relaciones Exteriores del Perú, Embajador Manuel Rodríguez Cuadros, a la Ministra de Relaciones Exteriores de Chile, María Soledad Alvear, 19 de julio de 2004. Nota (GAB) Nº 6/43 Lima, 19 JUL. 2004 Excelentísima señora Ministra: Tengo a honra dirigirme a Vuestra Excelencia con el objeto de referirme a la controversia jurídica sobre delimitación marítima existente entre el Perú y Chile. Antes de pasar a esta materia, permítame Vuestra Excelencia, recordar la unidad de criterios y colaboración entre el Perú y Chile en el desarrollo del nuevo Derecho del Mar. En la etapa formativa del denominado con acierto nuevo Derecho del Mar, el Perú y Chile desempeñaron papeles muy importantes en el desarrollo progresivo y codificación de este orden jurídico. Ambos países efectuaron acciones que tuvieron gran trascendencia en el reconocimiento internacional de la soberanía y jurisdicción del Estado ribereño en el mar adyacente hasta las 200 millas marinas, extensión muy superior a las tradicionalmente existentes. En esta fase inicial del nuevo Derecho del Mar, nuestros países concentraron sus esfuerzos en el interés principal de extender y defender la soberanía y jurisdicción en el mar adyacente hasta medidas no tradicionales pero justas y equitativas. Dichos esfuerzos estuvieron orientados a la protección de estas nuevas zonas y sus recursos. En la evolución del Derecho, muchos Estados se opusieron a esta innovadora y audaz extensión de la soberanía y jurisdicción del Estado ribereño. No obstante, nuestros países, de manera coordinada, decidida y efectiva, no sólo resistieron esta oposición –que se
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fundaba, en parte, en el Derecho Internacional formado en siglos pasados- sino que, además, convencieron a la comunidad internacional de la justicia y equidad de su causa. Desde la década de 1950 hasta las difíciles negociaciones en la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar esta labor solidaria, coordinada y eficiente – a la que se sumaron otros países de la región- dio resultados muy positivos en la consolidación de los nuevos principios e instituciones del Derecho del Mar. A la Excelentísima señora doctora María Soledad Alvear Ministro de Relaciones Exteriores de la República de Chile Santiago de Chile.Sin embargo, y a pesar de esta amplia y estrecha colaboración en el Desarrollo del Derecho del Mar, el Perú y Chile tienen aún pendiente la delimitación marítima de sus respectivas zonas adyacentes, debido a que no han celebrado un tratado específico sobre esta importante materia. Con relación a la delimitación marítima entre nuestros países, el Perú dirigió a la Secretaría General de las Naciones Unidas una nota que contiene una Declaración difundida por dicho organismo internacional por medio de la Circular No. 13 de Derecho del Mar, de marzo del 2001, publicada por su División de Asuntos Oceánicos y Derecho del Mar; en la misma se expresa, entre otros, que “hasta la fecha el Perú y Chile no han celebrado, de conformidad con las reglas pertinentes del Derecho Internacional, un tratado específico de delimitación marítima”, que “el gobierno del Perú, en nota número 5-4-M/147, de 23 de mayo de 1986, comunicó al gobierno de Chile su posición oficial sobre la necesidad de proceder a la delimitación formal y definitiva de los espacios marítimos entre los dos países, comunicación que ha sido recientemente reiterada mediante nota RE (GAB) número 6-14/113, de 20 de octubre de 2000, por tratarse de un asunto pendiente” y que “en consecuencia, el
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gobierno del Perú no reconoce la indicación de la línea del paralelo como límite marítimo entre el Perú y Chile”. Asimismo, se han cursado otras notas entre el Perú y Chile que revelan posiciones jurídicas totalmente discrepantes y opuestas sobre la delimitación marítima; todo ello, de conformidad con el Derecho Internacional, configura una controversia jurídica. El Perú estima que la estabilidad de las relaciones bilaterales, de amistad y cooperación con Chile, así como la promoción de intereses compartidos en todos los ámbitos de la relación bilateral encontrarán un mayor dinamismo en la medida en que se pueda obtener un acuerdo sobre esta controversia jurídica cuya solución está aún pendiente. Estas consideraciones, de la mayor importancia en la relación bilateral, me llevan a proponer formalmente a Vuestra Excelencia el inicio, a la brevedad posible, de negociaciones bilaterales para resolver esta controversia. Propongo, asimismo, que estas negociaciones comiencen dentro de los próximos sesenta días. Las mismas podrían llevarse a cabo en la ciudad de Lima, en la ciudad de Santiago de Chile o en la ciudad que se escoja de común acuerdo. La finalidad de estas negociaciones deberá ser el establecimiento del límite marítimo entre el Perú y Chile de conformidad con las normas del Derecho Internacional, mediante un tratado específico sobre esta materia. La posición peruana sobre delimitación marítima entre Estados con costas adyacentes fue presentada oficialmente por el Presidente de la Delegación del Perú en la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, en su intervención del 27 de agosto de 1980. En el párrafo séptimo de esta se afirma: “Con respecto a los criterios de delimitación del mar territorial, la zona económica exclusiva y la plataforma continental entre Estados cuyas costas
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son adyacentes, el Perú considera que, a falta de un convenio específico de delimitación concertado de manera expresa para fijar definitivamente los límites de tales zonas, y donde no prevalezcan circunstancias especiales ni existan derechos históricos reconocidos por las partes, debe aplicarse como regla general la línea media o de equidistancia, por tratarse del método más idóneo para llegar a una solución equitativa y que este criterio está bien reflejado en los actuales artículos del texto integrado.” Me valgo de esta oportunidad para reiterar a Vuestra Excelencia las seguridades de mi más alta y distinguida consideración. Manuel Rodríguez Cuadros Ministro de Relaciones Exteriores del Perú.

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1.2. Anexo 2. Nota de la Ministra de Relaciones Exteriores de Chile, María Soledad Alvear, al Ministro de Relaciones Exteriores del Perú, Embajador Manuel Rodríguez Cuadros, de 10 de septiembre de 2004. N° 16723 Excelentísimo Sr. Ministro: Tengo el agrado de dirigirme a Vuestra Excelencia en relación a la Nota GAB N°6/43 de 19 de julio del presente año, entregada al Sr. Embajador de Chile en el Perú. Al respecto es grato coincidir con Vuestra Excelencia en cuanto a recordar el común esfuerzo en el logro de una estrecha cooperación en asuntos marítimos y particularmente en el establecimiento de la zona marítima de 200 millas, así como los acuerdos fundamentales que dieron lugar al Sistema del Pacífico Sur. En este mismo espíritu y con igual convicción en cuanto a la importancia de la cooperación desarrollada, es oportuno expresar a Vuestra Excelencia que no resulta procedente referirse a negociaciones sobre convenios vigentes, que han establecido el límite marítimo entre Chile y el Perú en el paralelo 18°21’03”. Asimismo, debo expresar a Vuestra Excelencia que tampoco resulta aceptable la proposición de plazos en relación con materias ya acordadas por nuestros países. Me valgo de esta oportunidad para reiterar a Vuestra Excelencia las seguridades de la más alta y distinguida consideración. María Soledad Alvear
Ministra de Relaciones Exteriores Al Excelentísimo Señor Manuel Rodríguez Cuadros Ministro de Relaciones Exteriores de la República del Perú
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1.3. Anexo 3. Tratado y Protocolo Complementario resolver la cuestión de Tacna y Arica (Lima, 3 de Junio de 1929)

para

 Los Gobiernos de las Repúblicas del Perú y de Chile, deseosos de remover toda dificultad entre ambos países y de asegurar así su amistad y buena inteligencia, han resuelto celebrar un Tratado conforme a las bases que el Presidente de los Estados Unidos de América, en ejercicio de buenos oficios solicitados por las Partes, y guiándose por los arreglos directos concertados entre ellas, ha propuesto como bases finales para resolver el problema de Tacna y Arica, y al efecto han nombrado Plenipotenciarios , a saber: Su Excelencia el Presidente del Perú al Excelentísimo Señor Doctor don Pedro José Rada y Gamio, su Ministro de Relaciones Exteriores, y Su Excelencia el Presidente de la República de Chile, al Excelentísimo señor don Emiliano Figueroa Larraín, su Embajador Extraordinario y Plenipotenciario en el Perú; quienes después de canjear sus Plenos Poderes y encontrándolos en debida forma, han convenido los artículos siguientes: Artículo Primero Queda definitivamente resuelta la controversia originada por el Artículo Tercero del Tratado de Paz y Amistad del veinte de octubre de mil ochocientos ochenta y tres, que era la única dificultad pendiente entre los Gobiernos signatarios. Artículo Segundo El territorio de Tacna y Arica será dividido en dos partes. Tacna para el Perú y Arica para Chile. La línea divisoria entre dichas partes y, en consecuencia, la frontera entre los territorios del Perú y de Chile, partirá de un punto de la costa que se denominará «Concordia», distante diez kilómetros al norte del puente del Río Lluta, para seguir hacia el oriente paralela a la vía de la sección chilena del Ferrocarril de Arica a La Paz y distante diez kilómetros de ella ,
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con las inflexiones necesarias para utilizar, en la demarcación, los accidentes geográficos cercanos que permitan dejar en territorio chileno las azufreras del Tacora y sus dependencias, pasando luego por el centro de la Laguna Blanca, en forma que una de sus partes quede en el Perú y la otra en Chile. Chile cede a perpetuidad a favor del Perú, todos sus derechos sobre los canales de Uchusuma y del Mauri, llamado también Azucarero, sin perjuicio de la soberanía que le corresponderá ejercer sobre la parte de dichos acueductos que queden en territorio chileno después de trazada la línea divisoria a que se refiere el presente artículo. Respecto de ambos Canales, Chile constituye en la parte que atraviesan su territorio, el más amplio derecho de servidumbre a perpetuidad a favor del Perú. Tal servidumbre comprende el derecho de ampliar los Canales actuales, modificar el curso de ellos y recoger todas las aguas captables en su trayecto por territorio chileno, salvo las aguas que actualmente caen al Río Lluta y las que sirven a las azufreras del Tacora. Artículo Tercero La línea fronteriza a que se refiere el inciso primero del artículo segundo, será fijada y señalada en el territorio con hitos, por una comisión mixta compuesta de un miembro designado por cada uno de los Gobiernos signatarios, los que costearán, por mitad, los gastos comunes que esta operación requiera. Si se produjera algún desacuerdo en la comisión, será resuelto con el voto dirimente de un tercer miembro designado por el Presidente de los Estados Unidos de América, cuyo fallo será inapelable. Artículo Cuarto El Gobierno de Chile entregará al Gobierno del Perú treinta días después del canje de ratificaciones del presente tratado, los territorios que, según él, deben quedar en poder del Perú. Se firmará por Plenipotenciarios de las citadas Partes Contratantes, una acta de entrega que contendrá la relación detallada de la ubicación y características definitivas de los hitos fronterizos.
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Artículo Quinto Para el servicio del Perú el Gobierno de Chile construirá a su costo, dentro de los mil quinientos setenta y cinco metros de la bahía de Arica, un malecón de atraque para vapores de calado, un edificio para la agencia aduanera peruana y una estación terminal para el Ferrocarril a Tacna, establecimientos y zonas donde el comercio de tránsito del Perú gozará de la independencia propia del más amplio puerto libre. Artículo Sexto El Gobierno de Chile entregará al del Perú, simultáneamente al canje de las ratificaciones, seis millones de dólares, y además, sin costo alguno para éste último Gobierno, todas las obras públicas ya ejecutadas o en construcción y bienes raíces de propiedad fiscal ubicados en los territorios que, conforme al presente Tratado, quedarán bajo la soberanía peruana. Artículo Sétimo Los Gobiernos del Perú y de Chile respetarán los derechos privados legalmente adquiridos en los territorios que quedan bajo sus respectivas soberanías entre los que figura la concesión otorgada por el Gobierno del Perú a la empresa del Ferrocarril de Arica a Tacna en mil ochocientos cincuenta y dos, conforme a la cual, dicho ferrocarril, al término del contrato, pasará a ser propiedad del Perú. Sin perjuicio de la soberanía que le corresponde ejercer, Chile constituye a perpetuidad en la parte que la línea atraviesa su territorio el derecho más amplio de servidumbre a favor del Perú. Artículo Octavo Los Gobiernos del Perú y de Chile condonarán recíprocamente toda obligación pecuniaria pendiente entre ellos ya sea que derive o no del Tratado de Ancón.
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Artículo Noveno Las Altas Partes Contratantes celebrarán un convenio de policía fronteriza para la seguridad pública de los respectivos territorios adyacentes a la línea divisoria. Este convenio deberá entrar en vigencia tan pronto como la Provincia de Tacna pase a la soberanía del Perú. Artículo Décimo Los hijos de los peruanos nacidos en Arica, se considerarán peruanos hasta los veintiún años de edad, edad en que podrán optar por su nacionalidad definitiva; y los hijos de chilenos nacidos en Tacna, tendrán el mismo derecho. Artículo Undécimo Los Gobiernos de Perú y de Chile, para conmemorar la consolidación de sus relaciones de amistad, resuelven erigir en el Morro de Arica un monumento simbólico sobre cuyo proyecto se pondrán de acuerdo. Artículo Duodécimo Para el caso en que los Gobiernos del Perú y de Chile, no estuvieren de acuerdo en la interpretación que den a cada una de las diferentes disposiciones de este Tratado, y en que, a pesar de su buena voluntad, no pudiesen ponerse de acuerdo, decidirá el Presidente de los Estados Unidos de América la controversia Artículo Decimotercero El presente Tratado será ratificado y sus ratificaciones serán canjeadas en Santiago tan pronto sea posible. En fe de lo cual, los infrascritos Plenipotenciarios firman y sellan el presente Tratado en doble ejemplar, en Lima, a los tres días del mes de junio de mil novecientos veintinueve.

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(L.S.) Pedro José Rada y Gamio (L.S.) E. Figueroa. Lima, 03 de junio de 1929. Pásese al Congreso Nacional para los efectos de la atribución del artículo 83 de la Constitución de la República. Regístrese. Protocolo Complementario Los Gobiernos del Perú y de Chile han acordado suscribir un Protocolo Complementario del Tratado que se firma con esta misma fecha, y sus respectivos Plenipotenciarios, debidamente autorizados, han convenido al efecto en lo siguiente: Artículo Primero Los Gobiernos del Perú y de Chile no podrán, sin previo acuerdo entre ellos, ceder a una tercera potencia la totalidad o parte de los territorios que, en conformidad al Tratado de esta misma fecha, quedan bajo sus respectivas soberanías, ni podrán, sin ese requisito, construir, a través de ellos, nuevas líneas férreas internacionales. Artículo Segundo Las facilidades de puerto que el Tratado, en su Artículo Quinto acuerda al Perú, consistirán en el más absoluto libre tránsito de personas, mercaderías y armamentos al territorio peruano y desde éste a través del territorio chileno. Las operaciones de embarque y desembarque se efectuarán, mientras se construyen y terminan las obras indicadas en el artículo Quinto del Tratado, por el recinto del muelle del ferrocarril de Arica a La Paz, reservado al servicio del ferrocarril de Arica a Tacna. Artículo Tercero El Morro de Arica será desartillado, y el Gobierno de Chile construirá a su costo el monumento convenido por el Artículo Undécimo del Tratado.
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El presente Protocolo forma parte integral del Tratado de esta misma fecha y, en consecuencia, será ratificado y sus ratificaciones se canjearán en Santiago de Chile tan pronto como sea posible. En fe de lo cual los infrascritos Plenipotenciarios firman y sellan el presente Protocolo complementario en doble ejemplar, en Lima, a los tres días del mes de junio de mil novecientos veintinueve. (L.S.) Pedro José Rada y Gamio (L.S.) E. Figueroa Lima, 3 de junio de 1929.

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1.4. Anexo 4. Ley No. 28621, Ley de Líneas de Base del Dominio Marítimo del Perú, 3 de noviembre 2005 EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA POR CUANTO: El Congreso de la República ha dado la Ley siguiente: EL CONGRESO DE LA REPÚBLICA; Ha dado la Ley siguiente: LEY DE LÍNEAS DE BASE DEL DOMINIO MARÍTIMO DEL PERÚ Artículo 1º.- Objeto de la Ley La presente Ley establece, en cumplimiento del artículo 54º de la Constitución Política del Perú y de conformidad con el derecho internacional, las líneas de base a partir de las cuales se mide la anchura del dominio marítimo del Estado hasta la distancia de doscientas millas marinas, en las que el Estado peruano ejerce soberanía y jurisdicción. Artículo 2°.- Determinación de las líneas de base Las líneas de base están determinadas por las coordenadas geográficas que constan en el anexo 1, que se inician en el Norte en las coordenadas astronómicas Lat. 03º23’33.96’’S, Long. 80º19’16.31’’W (WGS84 Lat. 03º23’31.10’’S, Long. 80º18’49.29’’W), y finalizan en el Sur en las coordenadas WGS84 Lat. 18º21’08’’S, Long. 70º22’39’’W, incluidas en las seis cartas del anexo 2 de la presente Ley. Artículo 3º.- Consideración como aguas interiores De conformidad con el derecho internacional, las aguas comprendidas dentro de las líneas de base establecidas en el artículo 1º de la presente Ley, forman parte de las aguas interiores del Estado.

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La Soberanía marítima del Perú

Artículo 4º.- Límite exterior De conformidad con la Constitución Política del Estado el límite exterior del dominio marítimo del Perú es trazado de modo que cada punto del citado límite exterior se encuentre a doscientas millas marinas del punto más próximo de las líneas de base en aplicación de los criterios de delimitación establecidos por el derecho internacional. Artículo 5º.- Levantamiento de la cartografía del límite exterior El Poder Ejecutivo queda encargado de levantar la cartografía correspondiente al límite exterior del dominio marítimo de conformidad con lo dispuesto en el artículo 4º de la presente Ley. Artículo 6º.- Anexos 1 y 2 integran la Ley Los anexos 1 y 2 son parte integrante de la presente Ley. Artículo 7º.- Vigencia La presente Ley entra en vigencia al día siguiente de su publicación en el Diario Oficial El Peruano, quedando derogada, o sin efecto, o modificada, según corresponda, cualquier disposición legal anterior contraria a las normas contenidas en la presente Ley. Comuníquese al señor Presidente de la República para su promulgación. En Lima, a los tres días del mes de noviembre de dos mil cinco. MARCIAL AYAIPOMA ALVARADO Presidente del Congreso de la República FAUSTO ALVARADO DODERO Primer Vicepresidente del Congreso de la República AL SEÑOR PRESIDENTE CONSTITUCIONAL DE LA REPÚBLICA POR TANTO:
418

LA CONTROVERSIA ENTRE EL PERÚ Y CHILE

Mando se publique y cumpla. Dado en la Casa de Gobierno, en Lima, a los tres días del mes de noviembre del año dos mil cinco. ALEJANDRO TOLEDO Presidente Constitucional de la República Óscar Maúrtua de Romaña Ministro de Relaciones Exteriores

419

La Soberanía marítima del Perú

ANEXO 1 Lista de las coordenadas de los puntos contribuyentes del sistema de líneas de base del litoral peruano, en el sistema WGS84, propuesta por la Comisión Técnica de Líneas de Base.
N° 01 02 03 04 05 06 07 08 09 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 LUGAR Punto de frontera en la Boca 01 de Capones Punta Cherres Punta Malpelo Playa Hermosa Caleta La Cruz Playa Santa Rosa Playa Los Pinos Playa Bocapán Punta Cardo Grande Puntas Picos Quebrada Sandías Playa Palo Santo Quebrada Lavejal Punta Mero Quebrada Curo Muelle Cancas Punta Sal Chico Punta Sal Playa El Bravo Punta Mancora Punta Peña Mala Punta Los Organos Muelle Las Animas Punta Cabo Blanco Punta Peña Negra Punta Restín 03º 23’ 31.10”S 03º 29’ 10.6” S 03º 30’ 13.6” S 03º 33’ 48.1” S 03º 38’ 07.7” S 03º 39’ 58.5” S 03º 40’ 42.9” S 03º 42’ 24.6” S 03º 43’ 03.8” S 03º 44’ 57.1” S 03º 46’ 29.2” S 03º 48’ 13.0” S 03º 50’ 13.6” S 03º 54’ 22.2” S 03º 55’ 41.4” S 03º 56’ 38.3” S 03º 57’ 31.2” S 03º 59’ 03.4” S 04º 00’ 18.1” S 04º 06’ 38.1” S 04º 07’ 44.9” S 04º 10’ 42.4” S 04º 13’ 29.9” S 04º 15’ 00.6” S 04º 16’ 39.0” S 04º 18’ 31.6” S LONGITUD OESTE 80º 18’ 49.29”W 80º 26’ 54.8” W 80º 30’ 20.7” W 80º 32’ 00.0” W 80º 36’ 14.2” W 80º 39’ 26.1” W 80º 40’ 57.1” W 80º 44’ 00.2” W 80º 45’ 16.2” W 80º 47’ 18.1” W 80º 48’ 06.2” W 80º 48’ 56.4” W 80º 49’ 46.2” W 80º 52’ 55.5” W 80º 54’ 48.2” W 80º 56’ 25.2” W 80º 57’ 51.1” W 80º 59’ 12.4” W 80º 59’ 45.0” W 81º 04’ 29.5” W 81º 06’ 04.9” W 81º 08’ 45.7” W 81º 12’ 11.2” W 81º 14’ 21.2” W 81º 15’ 17.5” W 81º 15’ 39.9” W CARACTERÍSTICAS DEL PUNTO Terminus norte Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal contribuyente 200 mn Punto de LB normal contribuyente 200 mn N° CARTA RUTA PC-LB 01 PC-LB 01 PC-LB 01 PC-LB 01 PC-LB 01 PC-LB 01 PC-LB 01 PC-LB 01 PC-LB 01 PC-LB 01 PC-LB 01 PC-LB 01 PC-LB 01 PC-LB 01 PC-LB 01 PC-LB 01 PC-LB 01 PC-LB 01 PC-LB 01 PC-LB 01 PC-LB 01 PC-LB 01 PC-LB 01 PC-LB 01 PC-LB 01 PC-LB 01

420

LA CONTROVERSIA ENTRE EL PERÚ Y CHILE

27 28 29 30

Punta Lobos Punta Yapato Punta Pariñas Punta Balcones Isla Foca, extremo norte Punta Falsa Roca fren te a punta Nac Punta Tur Playa al sur de punta Tur 1 Playa al sur de punta Tur 2 Punta La Negra Punta La Negra, extremo sur Islote León (integrante de la isla Lobos de Tierra) Isla Santo Domingo (integrante de las islas Lobos de Afuera) Islas Lobos de Afuera Isla Chichal de Afuera (integrante de las islas Lobos de Afuera) Punta Eten Punta Eten, extremo sur Playa de Lobos 1 Playa de Lobos 2

04º 27’ 33.3” S 04º 28’ 48.7” S 04º 40’ 07.0” S 04º 41’ 00.0” S

81º 18’ 03.4” W 81º 18’ 18.8” W 81º 19’ 42.1” W 81º 19’ 43.4” W

Punto de LB normal contribuyente 200 mn Punto de LB normal contribuyente 200 mn Punto de LB normal contribuyente 200 mn Punto de giro inicial Sistema LB recta 1 contribuyente 200 mn. Punto de giro Sistema LB recta 1 contribuyente 200 mn. Punto de giro final Sistema LB recta 1 Punto de LB normal contribuyente 200 mn. Punto de LB normal contribuyente 200 mn. Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de giro inicial Sistema LB recta 2 contribuyente 200 mn. Punto de giro Sistema LB recta 2 Punto de giro Sistema LB recta 2 contribuyente 200 mn. Punto de giro Sistema LB recta 2 contribuyente 200 mn. Punto de giro Sistema LB recta 2 contribuyente 200 mn. Punto de giro final Sistema LB recta Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal

PC-LB 01 PC-LB 01 PC-LB 01 PC-LB 01

31 32 33 34 35 36 37 38

05º 12’ 14.4” S 05º 53’ 22.4” S 05º 56’ 57.2” S 05º 58’ 43.0” S 06º 00’ 38.2” S 06º 01’ 20.1” S 06º 03’ 14.0” S 06º 03’ 41.7” S

81º 12’ 48.5” W 81º 09’ 06.4” W 81º 09’ 10.1” W 81º 09’ 03.6” W 81º 08’ 25.2” W 81º 07’ 58.0” W 81º 06’ 56.1” W 81º 06’ 44.8” W

PC-LB 01,02 PC-LB 02 PC-LB 02 PC-LB 02 PC-LB 02 PC-LB 02 PC-LB 02 PC-LB 02

39

06º 26’ 07.5” S

80º 52’ 55.7” W

PC-LB 02

40

06° 55’ 27.1” S

80° 44’ 28.8” W

PC-LB 02

41

06° 56’ 51.2” S

80° 43’ 47.2” W

PC-LB 02

42

06° 57’ 29.7” S

80° 42’ 59.6”W 279° 51’ 58.4”W 79° 51’ 26.3” W 79° 49’ 29.6” W 79° 47’ 36.6” W

PC-LB 02

43 44 45 46

06° 56’ 57.9” S 06° 57’ 20.4” S 06° 58’ 51.7” S 07° 00’ 29.9” S

PC-LB 02 PC-LB 02 PC-LB 02 PC-LB 02

421

La Soberanía marítima del Perú

47 48 49 50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69 70 71 72 73 74 75

Playa de Lobos 3 Punta Calanloche Punta Cherrepe Playa al sur del Río Seco 1 Playa al sur del Río Seco 2 Al sur de Boca del Río Al oeste de El Cerro Punta Pacasmayo Playa El Gráfico 1 Playa El Gráfico 2 Playa El Milagro Punta Puémape Playa Puémape Punta Urricape Punta Malabrigo Islas Macabí Playa La Ahogada Punta Prieta Playa La Bocana El Charco Playa El Charco Playa Los Tres Palos Playa Huanchaquito 1 Playa Huanchaquito 2 Playa Buenos Aires Molo retenedor sur del Puerto Punto de giro Inicial Salaverry Rocas Leones Isla Guañape Sur punto 1 Isla Guañape Sur punto 2

07° 02’ 10.8” S 07° 04’ 04.4” S 07° 10’ 34.7” S 07° 12’ 13.0” S 07° 13’ 27.7” S 07° 20’ 36.0” S 07° 21’ 04.4” S 07° 24’ 53.9” S 07° 25’ 11.8” S 07° 26’ 04.2” S 07° 27’ 47.8” S 07° 31’ 24.8” S 07° 33’ 14.8” S 07° 34’ 42.9” S 07° 42’ 40.7” S 07° 48’ 54.4” S 07° 52’ 57.6” S 07° 55’ 31.6” S 07° 57’ 07.8” S 07° 58’ 33.9” S 08° 00’ 08.8” S 08° 01’ 38.8” S 08° 05’ 47.5” S 08° 07’ 32.9” S 08° 09’ 19.3” S 08° 14’ 03’.6” S 08° 31’ 26.1” S 08° 33’ 57.7” S 08° 34’ 01.4” S

79° 45’ 48.3” W 79° 44’ 10.6” W 79° 41’ 34.2” W 79° 40’ 00.6” W 79° 38’ 45.8” W 79° 35’ 25.3” W 79° 35’ 21.8” W 79° 35’ 20.5” W 79° 35’ 21.3” W 79° 35’ 04.5” W 79° 34’ 34.2” W 79° 32’ 23.9” W 79° 30’ 45.3” W 79° 29’ 45.0” W 79° 28’ 07.5” W 79° 30’ 02.2” W 79° 20’ 33.6” W 79° 18’ 27.6” W 79° 16’ 26.2” W 79° 14’ 25.2” W 79° 12’ 21.4” W 79° 10’ 19.5” W 79° 07’ 01.3” W 79° 04’ 50.7” W 79° 02’ 41.1” W 78° 59’ 30.8” W 78° 58’ 32.6” W 78° 58’ 12.3” W 78° 58’ 11.3” W

Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal contribuyente 200 mn. Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Sistema LB recta 3 Punto de giro Sistema LB recta 3 Punto de giro Sistema LB recta 3 contribuyente 200 mn. Punto de giro Sistema LB recta 3

PC-LB 02 PC-LB 02 PC-LB 02 PC-LB 02 PC-LB 02 PC-LB 02 PC-LB 02 PC-LB 02 PC-LB 02 PC-LB 02 PC-LB 02 PC-LB 02 PC-LB 02 PC-LB 02 PC-LB 02 PC-LB 02 PC-LB 02 PC-LB 02 PC-LB 02 PC-LB 02 PC-LB 02 PC-LB 02 PC-LB 02 PC-LB 02 PC-LB 02 PC-LB 02,03 PC-LB 03 PC-LB 03 PC-LB 03

422

LA CONTROVERSIA ENTRE EL PERÚ Y CHILE

76 77 78

Islas Chao Islote Corcovado Islotes Mesías

08° 45’ 37.1” S 08° 56’ 27.9” S 09° 02’ 36.4” S

78° 47’ 45.3” W 78° 41’ 51.1” W 78° 41’ 17.1” W

Punto de giro Sistema LB recta 3 Punto de giro Sistema LB recta 3 Punto de giro Sistema LB recta 3 contribuyente 200 mn. Punto de giro Sistema LB recta 3 contribuyente 200 mn. Punto de giro Sistema LB recta 3 contribuyente 200 mn. Punto de giro Sistema LB recta 3 Punto de giro Sistema LB recta 3 Punto de giro Sistema LB recta 3 Punto de giro Sistema LB recta 3 Sistema LB recta 3 Punto de LB normal Punto de LB normal contribuyente 200 mn. Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal contribuyente 200 mn Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal

PC-LB 03 PC-LB 03 PC-LB 03

79

Isla Ferrol del Medio

09° 09’ 03.5” S

78° 37’ 17.1” W

PC-LB 03

80 81 82 83 84 85 86 87 88 89 90 91 92 93 94 95 96 97 98 99 100

Punta Gorda Isla Redonda Isla Los Chimús Islote Roca Negra Punta Salitre Punta El Frío Islotes El Mongoncillo Punta Huaro Islotes frente a punta La Gramita Islotes Cornejo Punta Culebras Punta Tuquillo Punta Cabeza de Lagarto Punta Los Callejones Punta Tres Viudas Punta Las Mesas Punta Las Zorras Punta al suroeste del Cerro Los Médanos Punta Tiro Alto Punta Colorado Grande Punta Bermejo

09° 10’ 36.1” S 09° 14’ 28.5” S 09° 20’ 57.9” S 09° 26’ 15.0” S 09° 30’ 09.3” S 09° 31’ 53.4” S 09° 36’ 12.9” S 09° 37’ 39.8” S 09° 43’ 30.7” S 09° 52’ 13.5’’ S 09° 52’ 13.5’’ S 10° 01’ 06.9” S 10° 06’ 34.0” S 10° 08’ 44.6” S 10° 09’ 49.6” S 10° 10’ 01.0” S 10° 16’ 29.8” S 10° 20’ 42.8” S 10° 24’ 33.2” S 10° 29’ 31.6” S 10° 34’ 05.1” S

78° 36’ 35.8” W 78° 33’ 38.4” W 78° 28’ 18.9” W 78° 25’ 44.5” W 78° 23’ 46.7” W 78° 23’ 35.0” W 78° 22’ 29.4” W 78° 22’ 09.3” W 78° 18’ 02.6” W 78° 15’ 20.6” W 78° 15’ 20.6” W 78° 11’ 51.0” W 78° 11’ 08.4” W 78° 09’ 52.7” W 78° 08’ 53.7” W 78° 08’ 34.3” W 78° 05’ 15.1” W 78° 03’ 20.4” W 78° 00’ 53.4” W 77° 57’ 59.4” W 77° 54’ 34.3” W

PC-LB 03 PC-LB 03 PC-LB 03 PC-LB 03 PC-LB 03 PC-LB 03 PC-LB 03 PC-LB 03 PC-LB 03 PC-LB 03 PC-LB 03 PC-LB 03 PC-LB 03 PC-LB 03 PC-LB 03 PC-LB 03 PC-LB 03 PC-LB 03 PC-LB 03 PC-LB 03 PC-LB 03

423

La Soberanía marítima del Perú

101 102 103 104 105 106 107 108 109

Islote Litera Punta Paramonguilla Playa Totoral 1 Playa Totoral 2 Punta Guamayo Roca frente a punta El Aspero Punta Viños Grande Islote Don Martín Islote Pelado Isla Hormigas de Afuera, norte Isla Hormigas de Afuera, sur Islotes Palominos Farallones El Corcovado Punta Chilca Punta Ñave Islote Cerro Blanco Roca frente a punta El Quemado Roca al sur de islote Las Animas Isla Asia, norte Isla Asia, sur Roca frente a punta Lobería Islote Lobos Punta Centinela Playa Hermosa 1 Playa Hermosa 2 Playa Hermosa 3

10° 37’ 02.0” S 10° 38’ 53.7” S 10° 39’ 50.7” S 10° 40’ 07.6” S 10° 43’ 30.4” S 10º 49’ 17.2” S 10º 53’ 09.6” S 11º 01’ 09.9” S 11º 26’ 34.6” S

77° 53’ 31.2” W 77° 51’ 41.4” W 77° 50’ 53.2” W 77° 50’ 37.9” W 77° 48’ 19.4” W 77º 45’ 05.2” W 77º 42’ 13.0” W 77º 40’ 27.3” W 77º50’ 43.8” W

Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de giro Sistema LB recta 4 Punto de giro Sistema LB recta 4 Punto de giro Sistema LB recta 4 contribuyente 200 mn. Punto de giro Sistema LB recta 4 contribuyente 200 mn. Punto de giro Sistema LB recta 4 contribuyente 200 mn. Punto de giro Sistema LB recta 4 Punto de giro final Sistema LB recta 4 Punto de giro final Sistema LB recta 4 Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal

PC-LB 03 PC-LB 03 PC-LB 03 PC-LB 03 PC-LB 03 PC-LB 03 PC-LB 03,04 PC-LB 03,04 PC-LB 04

110

11º 57’ 26.1” S

77º44’ 01.0” W

PC-LB 04

111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125 126

11º 57’ 29.5” S 12º 08’ 06.4 S 12º 19’ 24.4” S 12º 30’ 32.6” S 12º 31’ 14.1” S 12º 35’ 34.7” S 12º 39’ 49.7” S 12º 42’ 06.3” S 12º 47’ 31.6 S 12º 47’ 47.3” S 12º 57’ 14.0” S 12º 59’ 16.9” S 13º 01’ 48.9” S 13º 03’ 29.4” S 13º 04’ 41.4” S 13º 05’ 25.8” S

77º43’ 57.7” W 77º 14’ 06.6” W 76º 53’ 25.7” W 76º 48’ 14.3” W 76º 47’ 04.1” W 76º 42’ 32.0” W 76º 40’ 22.8” W 76º 39’ 23.9” W 76º 37’ 41.0” W 76º 37’ 32.5” W 76º 31’ 15.6” W 76º 30’ 24.4” W 76º 29’ 25.4” W 76º 27’ 56.8” W 76º 26’ 49.2” W 76º 26’ 11.3” W

PC-LB 04 PC-LB 04 PC-LB 04 PC-LB 04 PC-LB 04 PC-LB 04 PC-LB 04 PC-LB 04 PC-LB 04 PC-LB 04 PC-LB 04 PC-LB 04 PC-LB 04 PC-LB 04 PC-LB 04 PC-LB 04

424

LA CONTROVERSIA ENTRE EL PERÚ Y CHILE

127 128 129 130 131 132 133 134 135 136 137 138 139 140

Playa Hermosa 4 Punta Iguana Playa Mulata 1 Playa Mulata 2 Playa Melchorita 1 Playa Melchorita 2 Playa del Zorro Playa Jaguay Isla Chincha del Norte Islote Goleta Islote Dos Hermanas Punta Quebraleña en Isla San Gallan Punta Sacasemita Roca al sur de punta Carretas Isla Independencia Roca al oeste de morro Quemado Roca frente a punta Caimán Punta Azúa Punta Doña María Francisca Islotes Infiernillos Punta Lomitas Playa Lomitas 1 Playa Lomitas 2 Punta Olleros Roca frente a La Rinconada Playa La Rinconada 1

13º 06’ 57.3” S 13° 08’ 47.2” S 13º 11’ 30.9” S 13º 13’ 11.4” S 13º 14’ 40.6” S 13º 15’ 41.0” S 13º 17’ 12.2” S 13º 19’ 27.3” S 13º 37’ 24.9” S 13º 39’ 38.0” S 13º 50’ 29.5” S 13º 51’ 05.8” S 14° 09’ 46.0” S 14° 12’ 20.4” S

76º 24’ 48.8” W 76° 23’ 27.7” W 76º 21’ 19.6” W 76º 19’ 53.4” W 76º 18’ 37.3” W 76º 17’ 43.6” W 76º 16’ 27.0” W 76º 14’ 45.0” W 76º 24’ 04.7” W 76º 24’ 54.7” W 76º 28’ 06.6” W 76º 28’ 02.1” W 76° 17’ 37.2” W 76° 16’ 26.7” W

Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de giro Sistema LB recta 5 Punto de giro inicial Sistema LB recta 5 Punto de giro Sistema LB recta 5 Punto de giro Sistema LB recta 5 contribuyente 200 mn Punto de giro Sistema LB recta 5 Punto de giro Sistema LB recta 5 Punto de giro Sistema LB recta 5 contribuyente 200 mn. Punto de giro Sistema LB recta 5 contribuyente 200 mn. Punto de giro final Sistema LB recta 5 Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal contribuyente 200 mn. Punto de LB normal Punto de LB normal contribuyente 200 mn. Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal

PC-LB 04 PC-LB 04 PC-LB 04 PC-LB 04 PC-LB 04 PC-LB 04 PC-LB 04 PC-LB 04 PC-LB 04 PC-LB 04 PC-LB 04 PC-LB 04 PC-LB 04 PC-LB 04

141 142 143 144 145 146 147 148 149 150 151 152

14° 17’ 02.4” S 14° 20’ 55.8” S 14° 25’ 39.9” S 14° 31’ 32.6” S 14° 39’ 35.0” S 14° 39’ 36.0” S 14° 43’ 01.5” S 14° 43’ 50.7” S 14° 44’ 21.4” S 14° 47’ 01.4” S 14° 49’ 11.7” S 14° 50’ 40.2” S

76° 12’ 32.2” W 76° 08’ 15.7” W 76° 02’ 42.4” W 75° 58’ 31.8” W 75° 55’ 00.2” W 75° 55’ 32.8” W 75° 51’ 25.5” W 75° 49’ 27.2” W 75° 48’ 15. 8” W 75° 44’ 23.2” W 75° 41’ 08.8” W 75° 37’ 33.0” W

PC-LB 04 PC-LB 04 PC-LB 04 PC-LB 04 PC-LB 04 PC-LB 04 PC-LB 04,05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05

425

La Soberanía marítima del Perú

153 154 155 156 157 158 159 160 161 162 163 164 165 166 167 168 169 170 171 172 173 174 175 176 177 178

Playa La Rinconada 2 Roca frente a Cabo Nazca Punta Cerro San Fernando Punta Santa Ana Punta San Fernando Punta San Nicolás Punta La Salina Punta San Juan Punta Chiquerío Punta Penotes Punta Cachucho Punta Lomas Playa Brava de Lomas 1 Playa Brava de Lomas 2 Punta Chaviña Playa Yauca 1 Playa Yauca 2 Playa Yauca 3 Norte de quebrada Agua Salada Sur de quebrada Agua Salada Punta Chala Punta Quiguay Norte de la quebrada Huambo Suroeste de la quebrada de La Vaca Punta Cerro El Faro Quebrada Tarrillo

14° 51’ 14.9” S 14° 58’ 05.2” S 15° 04’ 05.5” S 15° 08’ 57.0” S 15° 09’ 30.3” S 15° 14’ 56.4” S 15° 17’ 38.4” S 15° 22’ 04.3” S 15° 24’ 28.8” S 15° 26’ 35.3” S 15° 29’ 33.4” S 15° 34’ 25.6” S 15° 35’ 40.4” S 15° 36’ 10.0” S 15° 38’ 35.6” S 15° 39’ 37.8” S 15° 40’ 20.9” S 15° 41’ 17.3” S 15° 47’ 36.1” S 15° 48’ 40.7” S 15° 49’ 49.7” S 15° 50’ 08.8” S 15° 50’ 38.5” S 15° 50’ 57.4” S 15° 52’ 40.3” S 15° 53’ 16.8” S

75° 36’ 21.4” W 75° 30’ 17.1” W 75° 24’ 35.5” W 75° 22’ 26.0” W 75° 20’ 57.2” W 75° 15’ 48.2” W 75° 12’ 56.5” W 75° 11’ 36.6” W 75° 08’ 30.9” W 75° 04’ 20.7” W 74° 58’ 25.2” W 74° 51’ 19.0” W 74° 46’ 01.1” W 74° 45’ 01.8” W 74° 41’ 12.3” W 74° 38’ 47.1” W 74° 36’ 34.6” W 74° 34’ 12.1” W 74° 26’ 24.8” W 74° 25’ 22.0” W 74° 23’ 44.9” W 74° 22’ 32.3” W 74° 21’ 01.4” W 74° 19’ 39.7” W 74° 14’ 28.2” W 74° 12’ 42.1” W

Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de cierre de bahía Punto de cierre de bahía Punto de cierre de bahía Punto de cierre de bahía contribuyente 200 mn. Punto de LB normal contribuyente 200 mn. Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal contribuyente 200 mn. Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal contribuyente 200 mn. Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal

PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05

426

LA CONTROVERSIA ENTRE EL PERÚ Y CHILE

179 180 181 182 183 184 185 186 187 188 189 190 191 192 193 194 195 196 197 198 199 200 201 202 203 204 205 206 207 208

Playa Millo Playa Pedregoza Punta Pascana Brava Punta Guanera Punta Gato Punta Lobos Playa Los Troncos Punta Piedra Blanca Playa Bandurrias Punta Atico Punta del Morrillo Punta Oscuyo Punta Los Angelitos Punta Pescadores Punta El Arco Callejón de Chinchipaico Punta Leandas Punta El Aragón Punta Pochoca Punta Loro Punta Santa Elena Playa Jahuay 1 Playa Jahuay 2 Playa de Pucchún 1 Playa de Pucchún 2 Playa de Pucchún 3 Sureste de la desembocadura del Río Camaná Noroeste de La Laguna La Laguna Playa El Chorro

15° 54’ 43.6” S 15° 55’ 20.4” S 16° 00’ 57.5” S 16° 02’ 04.7”S 16° 04’ 30.6” S 16° 06’ 23.0” S 16° 08’ 13.5” S 16° 09’ 37.4” S 16° 10’ 07.0” S 16° 14’ 43.4” S 16° 14’ 58.3” S 16° 17’ 06.0” S 16° 18’ 29.4” S 16° 24’ 20.3” S 16° 25’ 05.9” S 16° 26’ 57.5” S 16° 29’ 49.1” S 16° 29’ 56.6” S 16° 30’ 36.4” S 16° 30’ 56.1” S 16° 31’ 02.3” S 16° 33’ 30.8” S 16° 34’ 31.9” S 16° 35’ 56.4” S 16° 37’ 00.1” S 16° 37’ 40.8” S 16° 38’ 08.1” S 16° 38’ 31.2” S 16° 38’ 53.1” S 16° 39’ 14.9” S

74° 08’ 31.8” W 74° 07’ 23.1” W 74° 02’ 00.6” W 74° 01’ 09.3” W 73° 57’ 13.0” W 73° 54’ 10.0” W 73° 52’ 09.4” W 73° 49’ 43.2” W 73° 48’ 05.2” W 73° 42’ 03.7” W 73° 34’ 06.4” W 73° 28’ 55.0” W 73° 23’ 30.3” W 73° 17’ 31.9” W 73° 14’ 05.9” W 73° 07’ 54.6” W 73° 03’ 08.2” W 73° 02’ 52.3” W 73° 00’ 44.7” W 72° 59’ 05.5” W 72° 58’ 13.0” W 72° 51’ 32.0” W 72° 50’ 11.3” W 72° 48’ 35.9” W 72° 47’ 16.6” W 72° 46’ 18.4” W 72° 45’ 27.5” W 72° 44’ 24.9” W 72° 43’ 24.4” W 72° 41’ 44.3” W

Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal contribuyente 200 mn Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal contribuyente 200 mn Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal contribuyente 200 mn Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto LB normal contribuyente 200 mn. Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto LB normal contribuyente 200 mn. Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal

PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05 PC-LB 05,06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06

427

La Soberanía marítima del Perú

209 210 211 212 213 214 215 216 217 218 219 220 221 222 223 224 225 226 227 228 229 230 231 232 233 234 235 236 237 238 239 240 241 242

Playa La Punta Playa Los Cerrillos Playa Las Cuevas 1 Playa Las Cuevas 2 Punta Pano Playa Quilca 1 Playa Quilca 2 Punta Huagín Punta Hornillos Punta Quebrada Honda Punta La Condenada Punta Islay Playa Las Rocas 1 Playa Las Rocas 2 Playa La Punta 2 Playa La Punta 3 Playa La Punta 4 Playa La Punta 5 Playa La Punta 6 Playa La Punta 7 Playa La Punta 8 Playa La Punta 9 Playa La Punta 10 Playa La Punta 11 Playa La Punta 12 Playa La Punta 13 Playa La Punta 14 Punta Corio Punta Playuelas Punta Yerba Buena Punta La Apacheta Playa Lastaya 1 Playa Lastaya 2 Punta Sopladera

16° 39’ 29.2” S 16° 39’ 37.8” S 16° 39’ 46.8” S 16° 39’ 58.6” S 16° 40’ 24.5” S 16° 40’ 51.6” S 16° 41’ 19.1” S 16° 45’ 09.0” S 16° 52’ 31.4” S 16° 55’ 35.6” S 16° 56’ 10.2” S 17° 00’ 56.8” S 17° 02’ 52.6” S 17° 03’ 28.6” S 17° 07’ 22.4” S 17° 08’ 17.0” S 17° 09’ 33.2” S 17° 10’ 17.4” S 17° 10’ 58.3” S 17° 11’ 15.8” S 17° 11’ 31.3” S 17° 11’ 39.9” S 17° 11’ 57.2” S 17° 12’ 19.3” S 17° 12’ 54.0” S 17° 13’ 36.7” S 17° 14’ 06.9” S 17° 14’ 56.1” S 17° 15’ 39.0” S 17° 19’ 21.7” S 17° 22’ 05.9” S 17° 26’ 35.7” S 17° 26’ 58.1” S 17° 31’ 10.5” S

72° 40’ 05.8” W 72° 38’ 34.8” W 72° 37’ 27.8” W 72° 36’ 13.9” W 72° 34’ 21.0” W 72° 32’ 11.0” W 72° 30’ 25.5” W 72° 23’ 55.0” W 72° 17’ 23.0” W 72° 11’ 54.3” W 72° 11’ 09.3” W 72° 06’ 44.2” W 71° 59’ 02.1” W 71° 57’ 58.5” W 71° 53’ 42.1” W 71° 52’ 51.1” W 71° 51’ 27.9” W 71° 50’ 23.2” W 71° 49’ 02.4” W 71° 48’ 16.8” W 71° 47’ 23.6” W 71° 46’ 44.6” W 71° 45’ 10.6” W 71° 43’ 04.7” W 71° 40’ 53.1” W 71° 38’ 51.2” W 71° 37’ 32.0” W 71° 35’ 42.6” W 71° 33’ 51.4” W 71° 28’ 33.4” W 71° 25’ 54.9” W 71° 22’ 56.4” W 71° 22’ 52.7” W 71° 22’ 09.5” W

Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto LB normal contribuyente 200 mn. Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal

PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06

428

LA CONTROVERSIA ENTRE EL PERÚ Y CHILE

243 244 245 246 247 248 249 250 251 252 253 254 255 256 257 258 259 260 261 262 263 264 265

Playa Las Enfermeras Punta Coles Playa del Palo 1 Playa del Palo 2 Playa del Palo 3 Muelle Enersur Punta Chambali Punta Chorrillos Punta Picata Punta Camajuata Punta Gallinazos Punta Mesa Punta Gentilar Vila Vila Playa Los Hornos El Planchón Boca del Río Playa Llostay Playa La Morena Playa La Yarada 1 Playa La Yarada 2 Playa Los Palos 1 Playa Los Palos 2 Punto en la costa Límite internacional Terrestre Perú – Chile

17° 32’ 47.9” S 17° 42’ 28.2” S 17° 42’ 11.5” S 17° 43’ 40.3” S 17° 45’ 07.7” S 17° 47’ 13.4” S 17° 48’ 37.1” S 17° 48’ 57.5” S 17° 52’ 06.0” S 18° 00’ 36.7” S 18° 01’ 59.4” S 18° 02’ 56.9” S 18° 05’ 32.4” S 18° 07’ 06.4” S 18° 08’ 16.7” S 18° 09’ 04.2” S 18° 09’ 49.4” S 18° 10’ 49.7” S 18° 12’ 14.1” S 18° 13’ 47.2” S 18° 15’ 24.4” S 18° 17’ 06.5” S 18° 18’ 53.7” S

71° 21’59.3” W 71° 22’ 56.8” W 71° 19’ 47.9” W 71° 17’ 03.1” W 71° 14’ 17.3” W 71° 11’ 57.3” W 71° 10’ 09.0” W 71° 09’ 49.4” W 71° 05’ 53.5” W 70° 53’ 16.3” W 70° 50’38.5” W 70° 48’ 47.2” W 70° 45’ 17.0” W 70° 43’ 45.5” W 70° 42’ 30.1” W 70° 41’ 36.6” W 70° 40’ 33.8” W 70° 38’ 46.3” W 70° 35’ 57.5” W 70° 33’ 15.0” W 70° 30’ 35.0” W 70° 27’ 58.6” W 70° 25’ 26.7” W

Punto de LB normal Punto de LB normal contribuyente 200 mn. Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Punto de LB normal Terminus Sur (Punto Concordia) Punto de LB normal

PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06 PC-LB 06

266

18° 21’ 08” S

70° 22’ 39” W

PC-LB 06

429

La Soberanía marítima del Perú

ANEXO 2
Croquis de la carta sector Golfo de Guayaquil a Punta Paita, PERÚ RUTA PC-LB-01

430

LA CONTROVERSIA ENTRE EL PERÚ Y CHILE

Croquis de la carta sector Punta Paita a Puerto Salaverry, PERÚ RUTA PC-LB-02

431

La Soberanía marítima del Perú

Croquis de la carta sector Puerto Salaverry a Puerto Supe, PERÚ RUTA PC-LB-03

432

LA CONTROVERSIA ENTRE EL PERÚ Y CHILE

Croquis de la carta sector Puerto Supe a Punta Infiernillos, PERÚ RUTA PC-LB-04

433

La Soberanía marítima del Perú

Croquis de la carta sector Punta Infiernillos a Punta Pescadores, PERÚ RUTA PC-LB-05

434

LA CONTROVERSIA ENTRE EL PERÚ Y CHILE

Croquis de la carta sector Punta Pescadores a Pisagua, PERÚ RUTA PC-LB-06

435

La Soberanía marítima del Perú

1.5. Anexo 5. Artículo 54, párrafo 2 de la Constitución Política del Perú. Artículo 54°. El territorio del Estado es inalienable e inviolable. Comprende el suelo, el subsuelo, el dominio marítimo, y el espacio aéreo que los cubre. El dominio marítimo del Estado comprende el mar adyacente a sus costas, así como su lecho y subsuelo, hasta la distancia de doscientas millas marinas medidas desde las líneas de base que establece la ley. En su dominio marítimo, el Estado ejerce soberanía y jurisdicción, sin perjuicio de las libertades de comunicación internacional, de acuerdo con la ley y con los tratados ratificados por el Estado. El Estado ejerce soberanía y jurisdicción sobre el espacio aéreo que cubre su territorio y el mar adyacente hasta el límite de las doscientas millas, sin perjuicio de las libertades de comunicación internacional, de conformidad con la ley y con los tratados ratificados por el Estado.

436

LA CONTROVERSIA ENTRE EL PERÚ Y CHILE

1.6. Anexo 6. Decreto Supremo peruano No. 047-2007-RE, 11 de agosto de 2007 Decreto Supremo Nº 047-2007-RE del 11 de agosto de 2007 Aprueban Carta del Límite Exterior Sector Sur – del Dominio Marítimo del Perú EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA CONSIDERANDO: Que, el artículo 54º de la Constitución Política del Perú establece que el dominio marítimo del Estado comprende el mar adyacente a sus costas, así como su lecho y subsuelo, hasta la distancia de doscientas millas marinas medidas desde las líneas de base que establece la ley; Que, en cumplimiento del citado dispositivo constitucional y de conformidad con el derecho internacional, se expidió la Ley Nº 28621 – Ley de Líneas de Base del Dominio Marítimo del Perú- el 3 de noviembre de 2005, a partir de las cuales se mide la anchura del dominio marítimo del Estado hasta la distancia de doscientas millas marinas; Que, el artículo 4º de la citada ley dispone que el límite exterior del dominio marítimo del Perú es trazado de modo que cada punto del citado límite exterior se encuentre a doscientas millas marinas del punto más próximo de las líneas de base, en aplicación de los criterios de delimitación establecidos por el derecho internacional; Que, el artículo 5º de la referida ley señala que el Poder Ejecutivo queda encargado de levantar la cartografía correspondiente al límite exterior del dominio marítimo de conformidad con lo dispuesto en el artículo 4º de dicha ley; Que, la labor cartográfica empleada se ha basado en el cálculo de arcos de círculo cuyos radios tienen una longitud de doscientas
437

La Soberanía marítima del Perú

millas marinas medidas a partir de las líneas de base, de modo que cada punto del límite exterior se encuentre a doscientas millas marinas del punto más próximo de la línea de base; Que, se ha visto la conveniencia de levantar la cartografía del límite exterior del dominio marítimo del Perú en tres sectores: sector sur, del punto contribuyente Nº 146 al Nº 266 de las líneas de base; sector centro, del punto contribuyente Nº 74 al Nº 146 de las líneas de base; y sector norte, del punto contribuyente Nº 1 al Nº 74 de las líneas de base, en el orden que se indica; De conformidad con el inciso 8) del artículo 118º de la Constitución Política del Perú y el Decreto Legislativo Nº 560- – Ley del Poder Ejecutivo; DECRETA: Artículo 1o.- Apruébase la carta anexa, que grafica el límite exterior – sector sur- del dominio marítimo del Perú trazado de acuerdo con lo dispuesto en los artículos 4º y 5º de la Ley Nº 28621 y el derecho internacional. Artículo 2o.- La presente norma rige desde el día siguiente de su publicación en el Diario Oficial El Peruano. Dado en la Casa de Gobierno, en Lima, a los once días del mes de agosto del año dos mil siete. ALAN GARCÍA PÉREZ Presidente Constitucional de la República JOSÉ ANTONIO GARCÍA BELAUNDE Ministro de Relaciones Exteriores

438

LA CONTROVERSIA ENTRE EL PERÚ Y CHILE

Punto Limítrofe internacional sur Ø 18º 21´08” 70º 22´39”

18º 21´08”S 76º 46´04”W

18º 21´08”S 73º 52´55”W

área en controversia

20º 11´57”S 73º 43´50”W

21º 02´52,4”S 72º 28´14,3”W

439

La Soberanía marítima del Perú

1.7. Anexo 7. Artículo 596 del Código Civil de Chile, según modificación de la Ley 18.565 del 23 de octubre de 1986. Art. 596. El mar adyacente que se extiende hasta las doscientas millas marinas contadas desde las líneas de base a partir de las cuales se mide la anchura del mar territorial, y más allá de este último, se denomina zona económica exclusiva. En ella el Estado ejerce derechos de soberanía para explorar, explotar, conservar y administrar los recursos naturales vivos y no vivos de las aguas suprayacentes al lecho, del lecho y el subsuelo del mar, y para desarrollar cualesquiera otras actividades con miras a la exploración y explotación económica de esa zona. El Estado ejerce derechos de soberanía exclusivos sobre la plataforma continental para los fines de la conservación, exploración y explotación de sus recursos naturales. Además, al Estado le corresponde toda otra jurisdicción y derechos previstos en el derecho internacional respecto de la zona económica exclusiva y de la plataforma continental. (Repertorio de Legislación y Jurisprudencia Chilena, Código Civil y Leyes complementarias, Editorial Jurídica de Chile, 1996, p. 56.)

440

LA CONTROVERSIA ENTRE EL PERÚ Y CHILE

2.

DECLARACIÓN DE SANTIAGO, 18 DE AGOSTO DE 1952 Declaración sobre Zona Marítima

1. Los Gobiernos tienen la obligación de asegurar a sus pueblos las necesarias condiciones de subsistencia y de procurarles los medios para su desarrollo económico. 2. En consecuencia, es su deber cuidar de la conservación y protección de sus recursos naturales y reglamentar el aprovechamiento de ellos, a fin de obtener las mejores ventajas para sus respectivos países. 3. Por lo tanto, es también su deber impedir que una explotación de dichos bienes, fuera del alcance de su jurisdicción, ponga en peligro la existencia, integridad y conservación de esas riquezas en perjuicio de los pueblos que, por su posición geográfica, poseen en sus mares fuentes insustituibles de subsistencia y de recursos económicos que les son vitales. Por las consideraciones expuestas, los Gobiernos de Chile, Ecuador y Perú, decididos a conservar y asegurar para sus pueblos respectivos las riquezas naturales de las zonas del mar que baña sus costas, formulan la siguiente: DECLARACIÓN: I. Los factores geológicos y biológicos que condicionan la existencia, conservación y desarrollo de la fauna y flora marítimas en las aguas que bañan las costas de los países declarantes, hacen que
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la antigua extensión del mar territorial y de la zona contigua sean insuficientes para la conservación, desarrollo y aprovechamiento de esas riquezas a que tienen derecho los países costeros. II. Como consecuencia de estos hechos, los Gobiernos de Chile, Ecuador y Perú proclaman como norma de su política internacional marítima, la soberanía y jurisdicción exclusivas que a cada uno de ellos corresponde sobre el mar que baña las costas de sus respectivos países, hasta una distancia mínima de 200 millas marinas desde las referidas costas. III. La jurisdicción y soberanía exclusivas sobre la zona marítima indicada, incluye también la soberanía y jurisdicción exclusivas sobre el suelo y subsuelo que a ella corresponde. IV. En el caso de territorio insular, la zona de 200 millas marinas se aplicará en todo el contorno de la isla o grupo de islas. Si una isla o grupo de islas pertenecientes a uno de los países declarantes estuviere a menos de 200 millas marinas de la zona marítima general que corresponde a otro de ellos, la zona marítima de esta isla o grupo de islas quedará limitada por el paralelo del punto en que llega al mar la frontera terrestre de los Estados respectivos. V. La presente Declaración no significa desconocimiento de las necesarias limitaciones al ejercicio de la soberanía y jurisdicción establecidas por el Derecho Internacional en favor del paso inocente e inofensivo, a través de la zona señalada para las naves de todas las naciones. VI. Los Gobiernos de Chile, Ecuador y Perú expresan su propósito de suscribir acuerdos o convenciones para la aplicación de los principios indicados en esta Declaración, en los cuales se establecerán normas generales destinadas a reglamentar y proteger la caza y la pesca dentro de la zona marítima que les corresponden y a regular y coordinar la explotación y aprovechamiento de cualquier
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otro género de productos o riquezas naturales existentes en dichas aguas y que sean de interés común. Julio Ruiz Bourgeois, Delegado de Chile Jorge Fernández Salazar, Delegado del Ecuador Alberto Ulloa, Delegado del Perú

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3. CONVENIO SOBRE ZONA ESPECIAL FRONTERIZA MARÍTIMA, 4 DE DICIEMBRE DE 1954 Los Gobiernos de las Repúblicas de Chile, Ecuador y Perú, de conformidad con lo acordado en la Resolución No. X, de 8 de Octubre de 1954, suscrita en Santiago de Chile por la Comisión Permanente de la Conferencia sobre Explotación y Conservación de las Riquezas Marítimas del Pacífico Sur, después de conocer las proposiciones y recomendaciones aprobadas en Octubre del año en curso por dicha Comisión Permanente, Han nombrado a los siguientes Plenipotenciarios: Su Excelencia el señor Presidente de la República de Chile, al Excmo. Señor don Alfonso Bulnes Calvo, Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Chile en el Perú; Su Excelencia el señor Presidente de la República del Ecuador, al Excmo. Señor don Jorge Salvador Lara, Encargado de Negocios a.i. del Ecuador en el Perú; y, Su Excelencia el señor Presidente de la República del Perú, al Excmo. Señor don David Aguilar Cornejo, Ministro de Relaciones Exteriores del Perú, Quienes; CONSIDERANDO: Que la experiencia ha demostrado que debido a las dificultades que encuentran las embarcaciones de poco porte tripuladas por gente de mar con escasos conocimientos de náutica o que carecen de los instrumentos necesarios para determinar con exactitud su posición en alta mar, se producen con frecuencia, de modo inocente y accidental, violaciones de la frontera marítima entre los Estados vecinos; Que la aplicación de sanciones en estos casos produce siempre resentimientos entre los pescadores y fricciones entre los países que pueden afectar al espíritu de colaboración y de unidad que en
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todo momento debe animar a los países signatarios de los acuerdos de Santiago; y, Que es conveniente evitar la posibilidad de estas involuntarias infracciones cuyas consecuencias sufren principalmente los pescadores; CONVIENEN: PRIMERO: Establécese una Zona Especial, a partir de las 12 millas marinas de la costa, de 10 millas marinas de ancho a cada lado del paralelo que constituye el límite marítimo entre los dos países. SEGUNDO: La presencia accidental en la referida zona de las embarcaciones de cualquiera de los países limítrofes, aludidas en el primer considerando, no será considerada como violación de las aguas de la zona marítima, sin que esto signifique reconocimiento de derecho alguno para ejercer faenas de pesca o caza con propósito preconcebido en dicha Zona Especial. TERCERO: La pesca o caza dentro de la zona de 12 millas marinas a partir de la costa está reservada exclusivamente a los nacionales de cada país. CUARTO: Todo lo establecido en el presente Convenio se entenderá ser parte integrante, complementaria y que no deroga las resoluciones y acuerdos adoptados en la Conferencia sobre Explotación y Conservación de las Riquezas Marítimas del Pacífico Sur, celebrada en Santiago de Chile, en Agosto de 1952. EN FE DE LO CUAL, los respectivos Representantes Plenipotenciarios de los Gobiernos de Chile, Ecuador y Perú, firman este documento en tres ejemplares, en Lima, a los cuatro días del mes de Diciembre de mil novecientos cincuenta y cuatro. Por el Gobierno de Chile: (Firmado) Alfonso Bulnes C. Por el Gobierno del Ecuador: (Firmado) J. Salvador Lara. Por el Gobierno del Perú: (Firmado) David Aguilar C.

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4. INSTRUCCIONES AL DELEGADO DE CHILE EN LA COMISIÓN MIXTA DE LÍMITES CON EL PERÚ, SR. ENRIQUE BRIEBA, PARA FINALIZAR LOS TRABAJOS DEMARCATORIOS DE LA FRONTERA TERRESTRE, 28 DE ABRIL DE 1930 Instrucciones del Supremo Gobierno con el Acuerdo de las Cancillerías Santiago, 28 de abril de 1930 Nº 5697/79 Al Señor Don Enrique Brieba, Delegado de Chile en la Comisión Mixta de Límites con el Perú

Para trazar la línea divisoria y colocar los hitos respectivos en los puntos que no alcanzaron a determinarse al suspender, en febrero último, los trabajos de la comisión Mixta Demarcadora Chileno peruana, se ha llegado a un acuerdo con el Gobierno de ese país, al cual deberá ajustarse esa Comisión en el trazado de la línea. En esta virtud, en el desempeño de la misión que ha confiado a Ud. el Gobierno, como Delegado de Chile en la Comisión Mixta de Límites con el Perú, se servirá Ud. dar cumplimiento a lo convenido, y, de acuerdo con el Delegado del Perú, dispondrá que se proceda a la mayor brevedad a colocar los hitos divisorios en la línea que se determina, como sigue: HITO CONCORDIA.- Punto inicial, en la costa de la línea fronteriza.
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Para fijar este punto: Se medirán 10 Km desde el primer puente del Ferrocarril de Arica a La paz sobre el río Lluta, en dirección hacia el Norte, en la Pampa de Escritos, y se trazará hacia el Poniente un arco de 10 kilómetros de radio, cuyo centro estará en el indicado puente y que vaya a interceptar la orilla del mar, de modo que, cualquier punto del arco diste 10 kilómetros del referido puente del ferrocarril de Arica a La Paz sobre el río Lluta. Este punto de intersección del arco trazado, con la orilla del mar, será el inicial de la línea divisoria entre Chile y el Perú. Se colocará un hito en cualquier punto del arco, lo más próximo al mar posible donde quede cubierto de ser destruido por las aguas del océano. LÍNEA DIVISORIA EN LA REGIÓN DE LAS AZUFRERAS (LÁMINA XXX) La línea divisoria en la región de las azufreras comenzará a apartarse de la paralela a 10 kilómetros de la vida férrea de Arica a la paz, desde la intersección de esa paralela con el río Azufre, tal como lo propuso el Delegado peruano en la Comisión Mixta de Límites, siguiendo después hacia el Noroeste según la línea propuesta por aquel Delegado, hasta el vértice de inflexión situado a cien metros de la vía férrea las azufreras en la cabecera de la quebrada que baja hacia el Calina desde las faldas del Chupiquiña. En esa parte, por tanto, la divisoria seguirá la línea quebrada A-B-C-D-E propuesta por el Delegado peruano en el plano respectivo. Desde el extremo E. aludido seguirá hasta la cumbre del cerro El Fraile, de modo de dejar íntegramente las azufreras del Chuquipiña y sus dependencias en territorio chileno. De esa cumbre continuará en línea recta hasta el hito del extremo suroeste de Laguna Blanca, pasando por la cumbre central de la cadena de cerros cuyos extremos son los cerros Quiñuta al N.O. y Calzón Chiatta al S.E. de modo
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que la primera de dichas cumbres quede en territorio peruano y la segunda en territorio chileno. Queda entendido que esta línea divisoria debe dejar íntegramente en territorio peruano los pasos de Huaylas y Huaylillas. LÍNEA DIVISORIA EN LA LAGUNA La divisoria de Laguna Blanca la dividirá en dos partes de superficie igual, aceptándose para tal efecto como línea de aguas máximas de la laguna, la propuesta por el Delegado peruano en el plano levantado por los ingenieros de la Comisión Mixta de Límites. La línea divisoria será del extremo S.O. al N.E. LÍNEA DIVISORIA ENTRE LAGUNA BLANCA Y LA FRONTERA BOLIVIANA Desde el punto de salida en la extremidad N.E. de Laguna Blanca, la línea divisoria se trazará directamente hasta el hito V de la frontera entre Chile y Bolivia, pero si fuera preciso, tendrá las inflexiones necesarias para que el caserío de Ancomarca quede en territorio peruano. Dios guarde a Uds. Manuel Barros C. Ministro de Relaciones Exteriores

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5.

ACTA FINAL DE LA COMISIÓN DE LÍMITES CON LA DESCRIPCIÓN DE LOS HITOS COLOCADOS, 21 DE JULIO DE 1930 Julio 21 de 1930. Comisión Mixta de Límites entre Perú y Chile

En Arica a veintiuno de julio de mil novecientos treinta, reunidos los delegados representantes del Perú y Chile en la Comisión Mixta de Límites entre ambos países, acordaron firmar la presente acta que da término a las labores de aquella Comisión, por cuanto se han colocado de mutuo acuerdo y en conformidad con las instrucciones recibidas por ambos delegados, todos los hitos necesarios para demarcar la línea de frontera entre el Perú y Chile establecida por el Tratado de Lima de fecha de tres de junio de mil novecientos veintinueve. La línea de frontera demarcadora parte del Océano Pacifico en un punto en la orilla del mar situado a diez kilómetros hacia el noroeste del primer puente sobre el río Lluta de la vía férrea de Arica a la Paz, y termina en la cordillera andina en el hito quinto de la antigua línea divisoria entre Chile y Bolivia. Para fijar definitivamente la aludida línea de frontera entre Perú y Chile sobre el terreno, se han colocado o establecido hitos en la forma y posición que a continuación se indican. La posición geográfica de ellos se han referido por triangulación geodésica o por poligonales subsidiarias, a un pilar de concreto construido en la falda noreste del morro de Arica, del cual se ha calculado la
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posición siguiente: 18º - 28’ - 54,9” de latitud sur, y 70º - 19’ - 39,7” de longitud oeste de Greenwich. Los hitos de fierro se han construido con piezas angulares y planas remachadas entre sí, formando pirámides cuadrangulares de cinco metros de altura, llevando en la parte superior una plancha de fierro fundido con los nombres de Perú y Chile. Los hitos de concreto son bloques cuadrangulares de un metro veinte de altura. Los hitos de piedra son mojones formados por piedras superpuestas y tienen aproximadamente un metro de diámetro por metro y medio de altura. El hito Concordia es un monumento de concreto reforzado de siete metros de altura. En dos sitios no se han colocado hitos, quedando ellos fijados por cumbres prominentes difícilmente accesibles. La descripción de los hitos es la siguiente partiendo ordenadamente del Océano Pacifico:… Arica, 21 de julio de 1930 Federico Basadre Delegado del Perú Enrique Brieba Delegado de Chile

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6.

ACUERDO PARA CONSTRUIR SEÑALES O TORRES QUE ORIENTEN A LAS PEQUEÑAS EMBARCACIONES PESQUERAS ARTESANALES EN LA ZONA MARÍTIMA FRONTERIZA, ESTABLECIDO POR INTERCAMBIO DE NOTAS DE 6 DE FEBRERO Y 8 DE MARZO DE 1968. 6.1. Nota peruana Lima, 6 de febrero de 1968. Nota Nº 1 (J) 6-4/9 Señor Encargado de Negocios.-

Tengo a honra dirigirme a su señoría para comunicarle que, a raíz de la entrevista realizada en Lima por el señor Embajador don Fabio Pío Valdivieso, Director de Fronteras del Estado, y el señor Coronel don Alejandro Forch, jefe del Departamento de Límites de Chile, y el Embajador don Bolívar Ulloa, Asesor Técnico, y el Ministro don Jorge Velando Ugarteche, Jefe del Departamento de Fronteras de esta Cancillería, este Despacho estima, considerando lo tratado en la entrevista, que es conveniente que se proceda a construir por ambos países, postes o señales de apreciables proporciones y visibles a gran distancia, en el punto en que la frontera común llega al mar, cerca del hito número uno. Si el ilustrado Gobierno de Chile está de acuerdo con esta proposición, mucho le agradeceré dármelo a conocer, así como el nombre del técnico que tenga a bien designar para reunirse en el terreno con el que comisione el Gobierno del Perú a fin de llevar a efecto la construcción de la mencionada señal.
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Aprovecho esta oportunidad para reiterar a su señoría las seguridades de mi más distinguida consideración. JAVIER PÉREZ DE CUÉLLAR Secretario General de Relaciones Exteriores Al honorable Señor Don José Oyarzun González Encargado de Negocios a. i. de Chile Ciudad.-

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6.2. Nota chilena Embajada de Chile Nº 81 Lima, 8 de marzo de 1968 SEÑOR MINISTRO: Tengo el honor de dar respuesta a la atenta nota de Vuestra Excelencia Nº (J): 6-4/9, de fecha 6 de febrero pasado, por medio de la cual me comunica que, a raíz de las conversaciones celebradas en Lima por las autoridades peruanas y chilenas de fronteras y límites, se llegó a establecer la conveniencia de que se procederá a construir por ambos países, postes o señales de apreciables proporciones y visibles a gran distancia, en el punto en que la frontera común llega al mar, cerca del hito número uno. Sobre este particular, puedo informar a Vuestra Excelencia que mi Gobierno estima aceptable vuestra proposición, para que dicha reunión de técnicos peruanos y chilenos se lleve a efecto en el hito número uno, en la fecha y hora que disponga Vuestra Excelencia. La delegación de Chile estaría compuesta por el jefe del Departamento de Límites Internacionales, Ingeniero Geógrafo don Alejandro Forch y el Consultor Marítimo de esa repartición, Capitán de Navío en retiro especialista en hidrografía, don Alberto Andrade. Al Excelentísimo Señor Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de Hacienda y Comercio Encargado de la Cartera

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6.3. Nota peruana avisando recibo de la conformidad de Chile Lima, 28 de marzo de 1968 Número (J) 6-4/19 Señor Encargado de Negocios: Tengo el honor de avisar recibo de la atenta nota de Vuestra Señoría Nº 81, de 8 del mes en curso, manifestando que el Gobierno de Chile acepta la proposición peruana de estudiar la instalación de marcas de enfilación visibles a gran distancia, en el punto en que la frontera común llega al mar, cerca del hito número. La delegación peruana estará compuesta por el Ministro en el Servicio Diplomático de la República don Jorge Velando Ugarteche, Jefe del Departamento de Fronteras de esta Cancillería y el Capitán de Navío AP don Jorge Parra del Riego Endara, Sub Director de Hidrografía y Faros del Ministerio de Marina, quienes, de acuerdo con las conversaciones sostenidas en días recientes con Vuestra Señoría, se encontrarán en el Hotel “El Paso” de la ciudad de Arica, el día 25 de abril, a las once horas. Me valgo de esta oportunidad para reiterar a Vuestra Señoría las seguridades de mi más distinguidas consideración. JAVIER PÉREZ DE CUÉLLAR Secretario General de Relaciones Exteriores Señor don Francisco José Oyarzun González Encargado de Negocios a. i. de Chile Ciudad.

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7.

COMUNICADO CONJUNTO DE LOS MINISTROS DE RELACIONES EXTERIORES DEL PERÚ Y CHILE. 4 DE NOVIEMBRE DE 2004.

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