Del chiringuito a la tartera

Soy uno de los siete millones de afortunados de este país que ha tenido su mesecito de vacaciones, cinco días en la playa de Torrevieja y veinticinco en el pueblo, disfrutando de la familia. A mí Tailandia o la China no me atraen, me han dicho que no hay tascas ni paisanos y que la gente no se reúne en los bares a jugar la partidita y a charlar, se van a los parques a hacer taichí que es una gimnasia que se hace en silencio y muy concentrado. Soy uno de los trece millones de afortunados de este país que tiene trabajo, también miedo pero lo primero es lo importante, con el segundo hay que aprender a convivir. Me levanto a las seis de la mañana, después de una ducha fresquita me preparo la tartera con lo que toque, le doy un beso a mi mujer que se queda en la cama, ella, la pobre, sólo trabaja en casa, y me voy a la parada del autobús. No suelo esperar mucho, en diez o quince minutos llega mi 67. A continuación cuarenta minutos de pie con el autobús a reventar hasta llegar a la fábrica; y es que hay muchos como yo que también tienen la suerte de trabajar. Soy uno de los treinta y ocho millones de afortunados de este país que, por el momento, no pasa hambre, mi familia y yo comemos cinco veces al día, como aconsejan los médicos: pan con tomate y café con leche por la mañana, a las doce la pieza de fruta, entorno a las dos y media el potaje que corresponda: garbanzos, lentejas, patatas con carne o cualquier otra cosa de cuchara, por la tarde un yogurt que es muy bueno para el tránsito, y por la noche una cenita ligera: tortilla “liá” con ensalada o algo de pescado y verdura, todo muy sano, sanísimo. En nuestra casa no nos gusta el caviar, nos sabe demasiado a pescado y al tener mucha sal sube la tensión arterial, nos abstenemos de consumirlo, pero eso sí, sardinas en lata comemos muchas, son muy buenas pues tienen omega 3 que es la grasa buena. Soy uno de los muchos millones de personas de este planeta que tiene salud, me lo recuerdo cada día cuando miro la cicatriz que tengo en el costado, nada del otro mundo, tardaron un poco más de la cuenta en darme la cita para operarme y finalmente perdí el riñón, pero muy contento porque me trataron fenomenal, un paciente por habitación y sofá para el acompañante, todo el agua mineral que quieras y un trato que da gusto, … cómo se nota “la privada”, digan lo que digan.

Soy uno de los muchos millones de personas de este planeta que vive en un país que no está en guerra, no nos despiertan las bombas ni nos quita el sueño el ruido de los tanques, en mi barrio se duerme tranquilo, tenemos la comisaría de policía al lado del portal de casa y como mucho se oyen la sirenas de los coches patrulla cuando traen detenidos de las manifestaciones, o alguna porra dando porrazos de vez en cuando, pero te quedas tranquilo porque sabes que es para protegerte de los malos.

En fin, soy afortunado pero hoy estoy triste, quizá no debería pero es lunes 2 de septiembre, y tener todo un año por delante me hunde los hombros. Sé que es sólo cuestión de tiempo y paciencia, poco a poco la normalidad se irá imponiendo y volveré a sentirme afortunado y contento. Septiembre 2013

Sincachondeo Peláez

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