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Alumnos, docentes y demás invitados; tengan ustedes buenas noches y sean bienvenidos a

este acto, este festejo en que reconocemos a nuestro nuevo centro interno. Un festejo para
nosotros los alumnos porque una necesidad es suplida, porque es manifiesta nuestra complacencia con
un deseo cumplido.
Así como años atrás, hoy, nuestra carrera vuelve a contar con el respaldo de un Centro
Interno en pro de nuestros derechos ante la Universidad Católica Boliviana a nivel general. También
se espera que así como surgió por primera vez, hoy que resurge este Centro Interno, lo haga con el
mismo fuego avivado con el que antes lo hizo.
Aún considerando la dificultad de la inexperiencia de quienes integran este centro, confiamos
esperanzados en que su labor será como la envestida de una espada, mayor que una simple estocada,
porque va con la fuerza de la magnitud de los sueños, ilusiones y expectativas de quienes somos
nuevos en la carrera, y es un golpe certero porque va con la convicción que tienen en el fruto de sus
metas, quienes ya tienen cierta experiencia ganada.
Confiando en el compromiso y la responsabilidad asumidos por nuestros compañeros,
esperamos que nuestro Centro Interno, así como nuestra carrera, vayan con la vanguardia de nuestra
universidad y destaquen cuanto sea posible, porque la nobleza de nuestros ideales merece ser
representada con una voz que se levante fuerte, que contagie alegría y la misma animosidad que debe
caracterizarnos y contagie el proyectarse a lo que tan lejano y difícil se ve.
Y esperamos que con las mismas expectativas que ponemos sobre ellos, pronto también nos
levantemos todos, trastornando la indiferencia, la apatía y el egoísmo que puede haber infestado la
realidad boliviana e hizo poco viable y efectiva la democracia, y haciendo la diferencia desde donde
nos encontremos. No podemos esperar de este centro más de lo que nosotros estaríamos dispuestos
a dar. Si no somos responsables, audaces e intrépidos todos, no podemos esperar que quienes nos
representen lo sean. Comprometámonos todos a mantener la inspiración de quienes pretendan
representar la carrera de psicopedagogía ante el resto de la gente.
Sin duda estas palabras fueron condicionadas por un poema de Ricardo Fernández Montalba
que leí antes de escribirlas, al cual me gustaría dar lectura ahora:

¡Levántate mortal! Anda y conquista Lo bueno está en la altura, a lo alto sube.


la realidad de tu encendido anhelo. Si es noble el medio, menosprecia todo
¡Mira el cielo! No hay nada que resista lo que impide que el agua sea nube;
cuando se lucha contemplando el cielo. ¡Lo que se queda abajo, siempre es lodo!

Es la inercia la madre de los vicios; Nunca doblegues ante el mal la frente,


quién no lucha no es digno de la vida. ni temas el peligro, ni él te abata.
¡Oh, qué dulce es cegar los precipicios Es de espinas la senda del creyente
para evitar a otros la caída! y es calvario el cadalso que le mata!

Todo el bien de la tierra es bien pequeño ¡Ama y no esperes bien! Amar es vida,
y es infinito el bien que el alma anhela. aunque la muerte en esa vida se halla;
¡Levántate aunque sea como el leño ¡recuerda que la gloria va escondida,
que arde y en humo por los cielos vuela! en el plomo que mata en la batalla!

Ricardo Fernández Montalba