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Nací un día domingo 18 de enero de 1987, por la mañana, en la ciudad de La Paz.

Dicen que de pequeño tenía un temperamento inquisidor y perfeccionista, era preguntón


y exigente. También se enorgullecen mis padres en decir cuan inteligente era para mi edad.
Aprendí rápido a caminar y a hablar, y a mis 2 años armaba rompecabezas de hasta más de 50
piezas; facultades que creo no siguieron teniendo la misma motivación tras el nacimiento de mis
hermanos, mellizos a los que quienes los hubieran visto poco tiempo después de su nacimiento,
no creerían que el 10 de julio de 1989 habían nacido con peso deficiente.
Sergio y Nicole también fueron siempre competitivos, especialmente por la comida
hasta hace poco.
Fui un niño tranquilo y enfermizo hasta que me extrajeron las amígdalas a mis 4 años.
Una vez liberado, pude encontrarle la diversión a las travesuras y me empecé a hacer adicto a
los sabores. Convertí a mis hermanos tanto en cómplices como en víctimas de mis travesuras,
formándolos expertos en este juego. Muchas veces desde entonces se rebelaron contra mi
tiranía, pero en un comienzo les costo lidiar con mi ventaja en la edad.
Fue también en ese entonces que empecé, después de que me hubieron engreído en 2
guarderías, mi experiencia en lo que era un colegio, al ingresar al pre-kinder del Franco
Boliviano. Recuerdo que la forma en que identificábamos nuestros trabajos era usando sellos
de animales, porque no sabíamos escribir. A mi me tocó lo que podría haber identificado hasta
aquel día como la burla de un caballo y de la técnica monocromática, expresada de forma
artística; cuando me lo presentaron como cebra. Supuestamente aprendí un poco de francés y
resulte bueno en el aprendizaje, a pesar de distraerme con facilidad; pero no me acuerdo nada.
También recuerdo de esos años mis extravagantes cumpleaños, las fiestas, los domingos
en Jumbolandia o en Mallaza, las vacaciones aquí, en Cochabamba y en los Yungas, los almuerzos
a orillas del Titicaca y un restaurante donde comíamos pato.
Mi papá pasaba más tiempo aquí que en La Paz por trabajo, por lo que a mis 5 años nos
vinimos a vivir aquí. El 93 entré al Kinder Fantasía, donde empecé a darme cuenta que era un
engreído al encontrarme con otros como yo. Al año siguiente comencé la primaria en el Colegio
Alemán, donde no destaqué por no haber aprendido todavía a jugar fútbol.
Un viernes 3 de noviembre de 1995, día en que concluíamos el año escolar, nació uno de
mis más frecuentes dolores de cabeza, pero también una de mis más grandes alegrías: mi
hermano Nataniel.
En tercero de primaria comenzó la edad en la que los niños disfrutan de su habilidad
para hacer de la hostilidad un arte. Por lo que empecé a cuidarme de no hacer o decir nada que
pudiera convertirme en objeto de burla, aún así tuve muchas metidas de pata y mi orgullo tuvo
siempre el control de mis reacciones. Ese año empecé a adquirir la mayoría de mis mañas y
cambié mi actitud perfeccionista por la de conformista; y a expresar la gran imaginación que
siempre tuve, escribiendo un poco, y me entretuve desarrollando mi creatividad.
A finales de quinto le quité todo interés a mis estudios y me dediqué solo a la diversión;
desde entonces pasaba de curso con el más mínimo esfuerzo.
A mis trece tuve mi crisis de identidad y me duró 3 años y medio. Tuve interés por
todas las tendencias y filosofías existentes, llegando incluso a considerarme algunas veces
ateo. Mi crisis de identidad terminó con descubrir mi incompatibilidad con mis amigos con los
que tanto me había divertido, porque sus intereses no eran los míos y esto se expresó con el
mismo hecho que expreso mi temor a distanciarme de todo lo que me era familiar. Cursaba
segundo medio cuando ya no tenía que me estimulase lo suficiente como para seguir el curso
con mis compañeros que ya contemplaban el viaje de intercambio a Alemania tras haber
concluido el primer Sprachdiplom, examen que nos habilitaba para viajar. La única solución que
encontré segura para no viajar era obligando a mis padres a cambiarme de colegio. Y teniendo a
mano la experiencia de mi hermano; a quien, un año antes, por reprobar a su curso lo cambiaron
de colegio; me proyecté a hacer lo más irresponsable que se me pudo haber ocurrido: lo mismo
que él.
Mi error fue no poder predecir cuantas y que materias podía reprobar, solo pensé en
entrar al mismo colegio al que un amigo mío donde además ya conocía a algunas personas y ser
su compañero mediante el desquite, opción que en el Alemán no se aplica. Reprobé 5 materias,
perdiendo así la opción del desquite y tuve que repetir el curso. Ignorando cual sería el día de
mi entrevista para ingresar al colegio, mis compañeros, con quienes volví a congeniar muy bien
cuando ya era tarde para arrepentirme, me hicieron una despedida en casa de uno de ellos.
Repentinamente aparecieron mis papás para llevarme a la entrevista ignorando que me llevarían
notoriamente subido de copas, cosa que nunca me pasaba. Explicando esto mis padres tuve 2
entrevistas, si así se puede llamar a la segunda; una en aquel estado y otra estando sobrio.
Entré al Colegio Internacional De la Sierra, sin saber de su bajo nivel académico. Allí
tuve por compañero a mi primo, mi payaso personal, e hice muchos amigos. Fue allí también
donde adquirí mayor interés por la música, especialmente por el Rock en general, el Blues, el
Soul, la Bossa-Nova y el Reggae. Me divertí mucho en compañía de amigos y con la ayuda de
nuestras ocurrencias, porque nunca faltó un incentivo para que algunas veces incluso fuese el
autor intelectual de lo que hacíamos. A diferencia del resto yo me divertí 100% sanamente.
Por fin afirmado en mis convicciones actuales decidí consagrar mi vida a Dios y mi vida
cambió notoriamente, pero aún no termina el proceso de cambio.
El 17 de agosto del 2004 falleció mi abuelo materno y 2 años después mi abuela
materna, a quienes admiré mucho y esto me hizo reflexionar seriamente sobre la vida,
reafirmándome en mis convicciones.
Destaque como muy buen alumno por mi buena base más que por mérito, al punto que fui
elogiado en al acto de graduación y elegido para dar el discurso de despedida.
Ahora estoy escribiendo esta autobiografía contra mi voluntad, porque me gusta
escribir, pero nunca sobre mi vida porque me recuerda cuan egoísta he sido, aún a pesar de que
esto nunca hubiese sido notorio.