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La educación y la juventud en los 60´s

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Publicado porCarlos Oropa
Ensayo del tercer coloquio de servicio social del CCU Tlatelolco UNAM
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05/28/2014

La educación y la juventud en los 60´s “Le rêve est réalité” (“El sueño es realidad”) Inscripción de una pared en París

, Mayo, 1968 “La severidad y la violencia con la que a veces se pretende reprimir a los jóvenes sólo engendra un distanciamiento mayor y una agravación de los conflictos, con el desarrollo de personalidades y grupos sociales más y más anormales, que en última instancia implican una autodestrucción suicida de la sociedad.” Mauricio Knobel. Cuando se trata de hablar de los 60´s como una época de cambio o como una época de revolución, es siempre relacionado a la juventud, a los grandes campus universitarios donde se discutían de manera crítica y radical, la actualidad y el entorno mundial de ese entonces. Se estaba formando la percepción de la realidad a través de esos centros de estudio. El presente ensayo busca demostrar que la educación y los entornos escolares son parte o elemento fundamental para entender al movimiento estudiantil de 1968. También busca ser una reflexión del papel de los personajes, de los ambientes y de la estructura universitaria dentro de la vida de los jóvenes, como marco constante de la construcción de la realidad y formadora de algo que ha llamado la atención dentro de las investigaciones pedagógicas y sociológicas desde la segunda mitad del siglo XX: La conciencia generacional. Sus repercusiones en la construcción de la sociedad actual, además de los efectos de corto y largo alcance durante la década de los 60´s, los cuales

contribuyeron a construir la realidad a través de la conciencia mundial que fue de alguna manera representada por la juventud de manera casi totalitaria (Manacorda, 2003). Educación se entiende como un proceso de socialización, el cual va de la mano con el aprendizaje, concebido desde el punto de vista psicológico como el cambio permanente en la conducta del individuo. La educación es un proceso entonces que va construyendo individuos en la sociabilidad por medio de ambientes creados para este objetivo y la escuela es uno de esos ambientes, pero también es el “golpe de realidad” donde otros “universos interiores” y ambientes ajenos al familiar-personal se van conociendo. Es ahí donde el papel en la sociedad se va adquiriendo, creando conciencia de la realidad (Knobel, 1988). Antecedentes de la juventud y la educación Los 60´s significan 10 años en los cuales los jóvenes y las escuelas fueron protagonistas de los episodios más radicales y significativos de la historia, pero si nos remontamos a lo largo de la historia, estos han sido la constante que podemos encontrar. Durante la adolescencia y juventud, las teorías psicológicas (que se han planteado desde principios de los 30´s) (Muss, 1984) (Knobel, 1988) encuentran en común la búsqueda de libertad, la generación de ideas, una “rebeldía a lo establecido”. Este estado, sobre el cual se va construyendo al sujeto a la “madurez” o “adultez” es universal. Para efectos de los 60´s en la educación y en la juventud tenemos que irnos un poco más atrás en el tiempo, a la época del cardenismo, durante la planeación del orden educativo que beneficiaría al país, creando personas que se dedicaran a la industria que el país requería, personas capacitadas para sacar al país adelante. Es así que el presidente Lázaro Cárdenas

junto con Vicente Lombardo Toledano desarrollaron una serie de pautas que beneficiarían a la formación que ellos promovían, una formación comunista, tal es así que en 1938 se fundaría el Instituto Politécnico Nacional (Robles, 2003). Esto favorece el reforzamiento de la capacitación hacia el trabajo y la industria nacional. Por otro lado, la libertad de cátedra de la UNAM estaba cobrando sus primeras victorias, en 1933 se planteaba en Veracruz en el primer congreso de estudiantes universitarios. Esta libertad sería algo que movería durante todo el tiempo a los jóvenes y a los espacios educativos:”Las universidades y los institutos de carácter universitario del país tienen el deber de orientar el pensamiento de la nación mexicana” (Cit. por Monsiváis, 2004). La creatividad de los centros educativos se basa mucho en la libertad de cátedra, pero aun así estos van de la mano con las expectativas sociales del mundo que los rodea. Esto se ve más de fondo con las universidades que en Francia, Reino Unido, Estados Unidos entre otros trabajaban para continuar la situación de “paz y progreso”. Este gesto de creatividad vio su luz cuando en la década de los 50´s fue concluida la máxima obra de espacio estudiantil en México: Ciudad universitaria (Robles, 2003). Durante la década de los 40´s y 50´s la situación mundial pasó por la tensión que dividió al mundo en dos polos: el polo comunista y el otro capitalista. Esta polarización causo que la dicotómica situación no solamente afectara de manera intensa a los factores políticos, sino también a los científicos y educativos. En este periodo la política educativa nacional le dio más importancia a la educación privada y moral-religiosa como representantes de esos años, si bien la política educativa estaba representada por el ese entonces secretario de educación pública: Jaime Torres Bodet, durante el gobierno de Manuel Ávila Camacho se contaba con lo que sería la oposición durante algunos años, la moralidad del Partido Acción

Nacional que junto con el refuerzo de los intereses clericales y las escuelas privadas, darían sentido a un esquema neopositivista, el cual rechazaba toda muestra de comunismo en la educación (Torres Septién, 1985) (Robles, 2003), algo que abruptamente se interrumpiera hasta la década de los 60s con el gobierno de Adolfo López Mateos en el cual se vive el “milagro mexicano” (Robles, 2003). Es aquí donde la historia de la educación y la juventud cobra importancia dentro del contexto del movimiento de 1968. La década antes del 68 Afirmo Javier Barros Sierra en sus conversaciones (Cit. En Gastón García Cantú, 1987): “la educación o transforma un sistema o desaparece como proceso formativo de los hombres para volverse un régimen de repeticiones escolares”. Esto desde un punto de vista pedagógico es cierto, la universidad fue concebida como una institución al servicio del estado en la colonia, sin embargo las transformaciones de la sociedad y su asincrónica estructura ha ido transformándola. Pero conforme pasaba el tiempo era un ciclo continuo de estancamientos y avances los que se vivían en la universidad. Anterior de 1960 las huelgas en los contextos universitarios como por ejemplo la huelga del IPN en 1956, se dedicaban a exigir la atención a la educación de personas que venían a estudiar a la capital. Siendo este preámbulo a dos años después de los movimientos ferrocarrileros de Valentín Campa y Demetrio Vallejo y el movimiento médico. Sin embargo, el caos de las personas involucradas, la visión de la prensa como un aparato que servía al estado y las represiones hacia los movimientos, eran motivos para que siguieran presentándose movimientos en contra de las personas encargadas de la educación media superior y superior, rompiendo con la aparente calma que había en el estado del “milagro Mexicano” un ejemplo claro fueron las consecuencias de deslegitimización por parte de la prensa al movimiento del IPN

en los tres paros de 1942, 1950 y 1956 (Presidencia del decanato IPN, 2006). Cerrando el internado dedicado a los estudiantes de provincia y a los recortes de oportunidad en cuanto a su acceso justificándolo al descentralizar los espacios universitarios sin éxito. Esto deriva en estos años diversas manifestaciones ya que las condiciones educativas y la política interna de las universidades en otros estados no eran tan “satisfactorias” como en la UNAM. La separación de la UAG de la universidad de Guadalajara es uno de los episodios más destacados en la búsqueda de la libertad de cátedra como también las de la Universidad de San Nicolás de Hidalgo, la Universidad Autónoma de Puebla y demás estados en los que se vieron involucrados a la vez grupos de ultraderecha así como juventudes y ligas comunistas (De La Garza, Ejea, y Macías, 1986). La década coincidió con el nacimiento de la contracultura. Es a partir de la institucionalización de la manifestación artística y cultural que nacen formas alternas de expresión y pensamiento. Algo que se asemeja a las teorías de la adolescencia y juventud en psicología, se busca una identidad propia ya no coincidente con la de las figuras de autoridad. Aunque también viene derivado de otras manifestaciones que hacían que la juventud fuera la primera en “romper la burbuja de la calma del país”. Si bien desde 1958 existía la represión en cuanto a los golpes de malestar político - social en territorio nacional y llegando a afectar a toda Latinoamérica, las universidades fueron la puerta en donde se experimentaban las nuevas libertades, la minifalda y el uso de drogas fueron detonantes para la fuga al burocrático pensamiento del sistema, fuga que no solo era derivada hacia la sexualidad o el uso de sustancias, sino también en las manifestaciones artísticas (Teatro, Música, Danza, Artes Plásticas) (Monsiváis, 2004) y en manifestaciones sociales como las que nacieron en universidades como las de San Francisco y Stanford: el movimiento Hippie

que se originaba principalmente en las facultades de ciencias sociales y humanidades en el mundo. Pero no solo la educación vería con los jóvenes una revolución ideológica. La pedagogía y la psicología educativa también serian detonantes en cuanto a las libertades de pensamiento. Jean Piaget presento en ese mismo año su teoría de la epistemología genética (Feldman, 2006), la cual daría al constructivismo, un resurgimiento desde el modelo de Vigotsky, no solo en las escuelas de educación básica en el mundo, sino que ayudaría a ver más allá de los modelos que se generaban en una pedagogía influenciada por el orden social norteamericano. Se crea así, una nueva visión de la educación y aprendizaje: “La praxis es la que conlleva a generar herramientas para interpretar la realidad ” (Cit. Por Castorina y García, 2002). (Piaget lo refirió como la acomodación y la asimilación de conocimientos nuevos), una teoría que rompía con la psicología cognitiva de corte computacional y la visión del conductismo de Skinner dentro del aprendizaje y su aplicación en los campos educativos. Sin embargo la situación nacional era lo contrario a una apertura ideológica. Gustavo Díaz Ordaz baso su gobierno en la política autoritaria la cual se mantendría en un estado “semiparanoide” debido a la influencia política de Estados Unidos en cuanto a la lucha institucional hacia las políticas ajenas a su credo, como las políticas comunistas. Esto fue mediante un gobierno paternalista, en una filosofía de controlar a toda costa cualquier indicio de desacuerdo a las políticas federales, mediante los aparatos de seguridad que el gobierno poseía.

A su vez la política educativa derivada del plan de 11 años ideado en el sexenio pasado por Jaime Torres Bodet, pretendía defender la libertad religiosa educativa y ciertas libertades privatizadoras que enfrento, supo defender el espíritu cardenista de manera novedosa mediante una estrategia llamada “Libro de Texto Gratuito” (Torres Septién, 1985), pero a pesar de ello no fue retomada el 100 por ciento. El Secretario de Educación Pública Agustín Yáñez quería llevar a cabo cambios en los planes de estudio de acuerdo a la política de empleo y las demandas de desarrollo, esto mediante la organización de un proyecto que superaría al plan de once años, sin embargo este no fue ejecutado y se dio prioridad a las políticas de seguridad. La UNAM se mantendría también como un foco de atención durante los 60´s, principalmente en 1966 al fungir como semillero con la facultad de derecho de personas políticamente aptas a los intereses del gobierno, sin embargo, las facultades de ciencias políticas y humanidades derivarían más en intereses que se acercaban a la tendencia de izquierda, a los pensamientos que México deseaba eliminar, aquellas corrientes marxistas – comunistas que estaban presentes a veces en los ambientes educativos (De La Garza, Et. al., 1986). (Torres Septién, 1985). Esto derivo en un cambio de dirección mediante la renuncia del rector Ignacio Chávez quien fue involucrado con los grupos de la facultad de derecho y la elección del Profesor Javier Barros Sierra, pieza clave del movimiento estudiantil de dos años después (Robles, 2003). La universidad así se convertía en un campo de batalla ideológico, por un lado como aparato replicador de la política y por otro campo del cual saldrían personas que sin duda alguna rechazarían este punto de vista, una dicotomía que construiría el pensamiento juvenil del 68.

1968: La lucha y Los campus Los constantes recortes por parte de los presupuestos en cuanto a la educación, las situaciones políticas que afectaban a los estudiantes y también la convulsión de la sociedad que vivía con una guerra en Vietnam, la lucha por la igualdad de derechos en Estados Unidos, y demás hechos de la década causaron que el comportamiento de los estudiantes universitarios se volviera mas crítico y reflexivo, habían pasado dos décadas de la segunda guerra mundial y la falsa paz global influyo en los jóvenes para manifestarse en el caos ideológico (Valverde, 2012). Esto contribuyo a que en los movimientos de París y Praga fueran los jóvenes el soporte de los levantamientos sociales, por un lado reflexionar sobre las necesidades dentro del ambiente educativo y por otro llevar más allá a la reflexión de obreros y demás motores de economía sobre la carencia de orden político y socioeconómico. El movimiento de 1968 nació de la riña de dos escuelas que pertenecerían al sector medio superior, la vocacional numero 5 y la preparatoria Issac Ochoterena, sin embargo dentro de la paranoia gubernamental las incluirá en su lista de enemigos junto a los grupos comunistas, sindicatos independientes y a los campesinos libres. Después viene la marcha del 26 de julio donde se verían mezcladas estas dos corrientes al ser reprimidas de forma violenta en el centro histórico. Estos conflictos violentos en ambientes escolares, fueron derivados de la influencia de grupos porriles que desde entonces se encontraban dentro de algunos de los planteles y que producían desenlaces como el ocurrido en el inicio del movimiento estudiantil, la federación Nacional de Estudiantes Técnicos o FNET (Cit. En Valverde, Pág. 193, 2012)

era uno de ellos y que se convirtió en pieza clave, este grupo nació en la Escuela Superior de Ingenierías y Mecánica del IPN en 1937 por Jesús Robles Quintero (Presidencia del decanato IPN, 2006), defendiendo los intereses de los estudiantes. Sus continuas participaciones en los paros anteriores y en las protestas de 1956 provocaron que sus dirigentes fueran encarcelados junto con líderes de los movimientos ferrocarrileros y médicos. Siendo después usada como grupo de “choque” por parte del gobierno, provoco que fuera repudiada por el estudiantado y desaparecida. Otro de los protagonistas del movimiento fueron los campus universitarios: Zacatenco, Casco de Santo Tomas y Ciudad Universitaria representaron espacios simbólicos para la organización de un movimiento que hizo que se implicaran tanto las instituciones universitarias públicas como privadas, tanto en su origen como en su desarrollo Otro de los ejemplos de unión y apoyo al movimiento estudiantil de 1968 fue la sociedad civil o ajena a estos centros, la cual era informada por “las brigadas” que se dedicaban a llevar a cabo la difusión de la información que se generaba alrededor de la situación estudiantil, La gráfica generada por los estudiantes de artes fue otro de estos medios de comunicación por los que la sociedad ajena a los centros educativos se enterara del movimiento. Esto se genero gracias a la aplicación práctica de los conocimientos escolares con los que cada carrera colaboraba en el movimiento. Las figuras de poder universitarios Los protagonistas no solamente fueron estudiantes de las instituciones educativas. Profesores y directivos también formaron un proceso activo en el movimiento escolar.

Un personaje singular fue el rector de la UNAM: Javier Barros Sierra representando el poder de la universidad en apoyo a los estudiantes. Así, legítima con su presencia el movimiento, con su acercamiento a la población escolar y defendiendo sus causas sin llegar al libertinaje que muchos acusaban a los jóvenes. (Monsiváis, 2004) (Robles, 2003). Otros dos de los protagonistas son: Heberto Castillo y Fausto Trejo Fuentes, dos profesores que se acercaron al movimiento estudiantil, de manera tal que fueron mismos protagonistas junto con los estudiantes, sin embargo esto se puede ver en su presencia entre los estudiantes en momentos clave del movimiento, junto con su detención y reclusión en la prisión de Lecumberri en los años posteriores (Valverde, 2012). Uno de los actos de mayor significado para el movimiento estudiantil, por parte de un profesor es el grito de independencia de ciudad universitaria con Heberto Castillo, acto que representa un repudio a los hechos protagonizados por el gobierno represor. ¿Quién hablara por la educación y los jóvenes? He dado un breve resumen de los protagonistas y circunstancias que han conducido a la educación y a la juventud de los 60´s a tomar un protagonismo en la construcción de realidad. ¿Pero es posible decir que sirvió de algo?, ¿Qué tiene que ver este discurso hacia el memorial del 68? He tomado para este ensayo dos situaciones que me encontré en este espacio de memoria, el desconocimiento de una parte de la población juvenil de las repercusiones del movimiento y manifestación de los jóvenes en 1968, en cambio: otro porcentaje de población juvenil con una reflexión amplia de lo ha significado el

movimiento estudiantil en los 60´s en la realidad actual. Pero también de un mensaje más profundo que ese: la conciencia de nuestra realidad. La educación como lo dije es: socialización, por lo tanto lo que se crea en los espacios como este es una socialización con las circunstancias que condujeron a este movimiento, pero dentro de las sociedades juveniles (Knobel, 1988), la educación todavía representa un dogma muy represor. La juventud dentro del contexto del memorial es un buen ejemplo para decir que el memorial es formado de la conciencia generacional. Definitivamente los jóvenes fueron protagonistas en esa época pero también es una labor importante del memorial propiciar que la educación fue un catalizador del contexto de la realidad que se vivió como generación en los 60´s. La educación en si es protagonista de los movimientos generacionales (Manacorda, 2003). ¿Por qué? Porque de ahí se genera el contacto con la realidad. Depende de los protagonistas de la educación (con ello me refiero a jóvenes o alumnos dentro de un contexto escolar) aprovechar esa visión tan universal del contexto donde se desenvuelve para su beneficio por medio de la memoria y la reflexión de su papel en la historia. A final de cuentas recordemos que el memorial es un campo educativo, no formal. Pero que puede generar las distintas visiones de un contexto cotidiano, en una próxima generación que será la que herede esta memoria y pueda construir su propia realidad a base de los aprendizajes y participación con su papel, como joven actual. Bibliografía:  De La Garza, Enrique. Ejea, León Tomas y Macías, Luis Fernando. El otro movimiento estudiantil, 1ra edición, Editorial Extemporáneos, México, 1986

García Cantú, Gastón. Años críticos: La UNAM, 1968 – 1987 Coordinación de difusión cultural UNAM, México, 1987

Presidencia del decanato IPN. Setenta Años de Historia del Instituto politécnico nacional, 1ra edición, Dirección de publicaciones IPN, México, 2006

Robles, Martha. Educación y sociedad en la historia de México, 17va edición, Siglo XXI editores, México, 2003

Mario Aligiero Manacorda, Historia de la educación 2: del 1500 a nuestros días, 7ma edición. México, 2003

Monsiváis, Carlos. Cuatro versiones de Autonomía Universitaria, publicado en Letras libres, Núm. 71, Noviembre 2004, México, Recuperado el 18 de agosto de 2013 de http://www.letraslibres.com/revista/convivio/cuatro-versiones-deautonomia-universitaria

Torres Septién, Valentina. Pensamiento educativo de Jaime Torres Bodet, 1ra edición, SEP Cultura-Ediciones El Caballito, México, 1985

Valverde Arciniega, Jaime A. Las voces no callaron. 3ra edición, Presidencia del Decanato IPN, México, 2012

Knobel, Mauricio. La adolescencia normal. Un enfoque psicoanalítico. 1ra edición, Editorial Paidós, México, 1988.

Castorina, Antonio y García, Rolando. Piaget, las ciencias y la dialéctica, publicado en Herramienta: revista de debate y critica marxista, Núm. 19, Otoño 2002. Argentina, Recuperado el 15 de agosto de 2013 de http://www.herramienta.com.ar/revista-herramienta-n-19/piaget-las-ciencias-y-ladialectica

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Muss, Rolf. Teorías de la adolescencia, 1ra edición, Editorial Paidos, México, 1984 Feldman, Robert, Psicología, 6ta. Edición, McGraw Hill, México, 2006

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