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Jo r g e

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LACANIANA

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Buenos Aires, 2009

© GRAMA ediciones, 2009.

Fondo de la Legua 2467, Edif. 3, Dto. 40

(1640) M artínez, Pda. de

Tel.: 4743-8766 • grama@ gramaediciones.com.ar

Buenos Aires.

© Jorge Alemán

Alem án, Jorge Para una izquierda lacaniana

Aires : Grama Ediciones, 2010.

112 p . ; 21x14 cm.

ISBN 978-987-1199-97-6

1. Psicoanálisis. I. Título CDD 150.195

-

la ed.

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reimp

- Buenos

D iseño de tapa: Kilnk I Diseño y Web www.kilak.com

H echo el d ep ó sito que determ in a la ley 11.723 Q ueda prohibida la reproducción total o parcial de este libro p or m edios gráficos, fotostáticos, electrónico o cualquier otro sin perm iso del editor.

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Ido de Janeiro - RJ Tel/Fax: (21) 2547 3600 com ercial@ livrom ercado.com .br

Indice

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Presen tación

 

«

7

 

Alejandra Glaze

 

Una izquierda lacaniana

 

9

Derivas sobre la inserción-desinserción

 

29

La metamorfosis de la ciencia en técnica:

 

el discurso capitalista

 

47

El legado de F reu d

57

Lógica lacaniana:

 

un caso de la escritura psicoanalítica

 

65

Tesis sobre la institución:

 

la confusión sobre el cero

 

81

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¿Por qué los significantes vacíos son im portantes para la política?

 

89

Presentación

En primera persona, así definiría a este libro, y así com ienza. Un

recorrido sobre las reflexiones en torno a psicoanálisis y política que Jorge Alemán nunca abandona.

térm inos que siem pre escucham os, sin u n contexto

definido, son aquí clarificados en el marco de una posición ética respecto al psicoanálisis, y lo que con el concepto de izquierda lacaniana intenta transmitir. Dos térm inos que parecen no confluir, la izquierda y la orientación lacaniana, hacen que este no sea un libro sobre psicoanálisis, ni un libro sobre política, sino sobre polí­ tica del psicoanálisis, sobre la dim ensión política y ética que el dis­ curso del psicoanálisis (en este caso, de orientación lacaniana) tiene en la época que nos toca vivir, donde conceptos com o neoli- beralismo, dom inación, hegem onía, capitalismo, izquierda, ideo­ logía, utopía, acontecimiento, contingencia, técnica, m ercancía y revolución, son revisitados para clarificar y orientar lo que el p si­

coanálisis puede decir y el lugar que debería ocupar en esa praxis; pero adem ás, lo que la política aporta al psicoanálisis. Primera pregunta que debe contestar: ¿qué es ser de izquierda? En las páginas de este libro se encontrará una respuesta, respuesta que lejos de ser cerrada y acabada, y que daría u n ser al sujeto de izquierda, lo ubica en relación a algo ineludible que tiene que ver con la propia constitución subjetiva, donde se evidencia el agujero ontológico que se reabsorbe en la realidad- En la m ism a línea, la relación entre fantasm a c ideología nos advierte sobre lo que este últim o térm ino implica com o conform ación de la realidad del suje­ to, donde -paradójicam ente- adquiere el valor de un desconoci­

m iento absoluto, un ordenam iento del sujeto en función de los sig­

nificantes am o (Ideales) y los objetos de la pulsión que ha debido rechazar. Lacan, en "Reseñas de enseñanza", lo dice del siguiente

m odo: "Al utilitarista habría que señalarle únicam ente que el h o m ­ bre, si es que le im porta aún esa m arioneta, solo encuentra placer

Pues la ficción parece aclararse debido a que

en sus ficciones. [

toda filosofía enunciada de hecho sea ubicable como ideología, es decir, correlativa a un privilegio social". Sin em bargo, en mi opi­

Es así que

]

nión, la hipótesis m ás fuerte a seguir a lo largo de estos artículos en relación a lo que J. A lem án define como izquierda, es lo que enuncia del siguiente m odo, y que requiere su demostración:

tan "

za de Lacan, se constituyen de entrada, com o una lectura sintho- mática de la izquierda", que se puede seguir en otros artículos,

com ienza planteando que

fue Lacan quien dem ostró que Freud - a partir de 1920-, logró "hacer coincidir la invención psicoanalítica con un pensam iento político nuevo". Pero hay algo m ás: lejos de la pretendida y mal entendida abs­ tinencia del psicoanalista, ubica con claridad el lugar que depara el psicoanálisis a aquel que se orienta por su ética, como una res­ puesta frente al m alestar incurable que anuncia el fin de la utopía.

com o en "El legado de Freud", donde

to la invención freudiana como el desarrollo de la enseñan­

Es un libro que va en la m ism a dirección que El porvenir del incons­ ciente, pero que esla vez, se encuentra orientado por lo que J.

A lem án señala com o una enseñanza de Ernesto Laclau: la diferen­

cia entre lo político y la política, entre lo que surge del encuentro traum ático con lalengua, y aquel ám bito institucional que se debe hacer cargo del im pacto; y es justam ente allí donde nos da la p ri­

mera definición operativa de "izquierda lacaniana": "Ese evento real, com o el hecho 'político' sobre el que un 'sab er hacer con' la

lo

hace la actitud conservadora y defensiva que prom ueve el m iedo por aquello 'desconocido' que puede llegar con el acontecim ien­ to", y donde la industria del m iedo y la seguridad hacen su parti­ da. Pero adem ás agrega que es poner nuevam ente en juego el valor de la decisión, "cuando se toma desde un fondo indecidible

y sin garantías", no am parada en el cam po del cálculo utilitario, y

que va en contra del cinismo del "todo sem blante". Para term inar, los invito a leer lo que J. A lem án tiene que decir en este breve pero consistente libro, que se resum iría en la siguien­ te frase: "La vida solo es soportable si se inventa una nueva rela­ ción con el superyó", si entendem os siguiendo a Freud, que "el superyó es una pulsión disfrazada de Ley que im pide concebir la

utopía de una sociedad por fin acorde con el interés general de los ciudadanos". Se trata en definitiva de una operatividad del psico­

análisis, basada en una cursos de la época.

'política' puede dirim irse, resolverse de un m odo distinto com o

política y una ética a contrapelo de los dis­

Alejandra Cdaze

.

Una izquierda lacaniana

*

Armando Bauleo, en su memoria.

"Esto no ha im pedido que haya psicoanalistas com unistas,

pero lo que ellos

ría las neurosis a través de la liberación sexual que implicaba,

que eran com patibles

con la existencia de una sociedad civil, experiencia que no ha podido realizarse. ¿1 lay que decir por lo tanto que el liberalis­

mo es la condición política para el psicoanálisis?". Entrevista a Jacques-Alain M iller, por Jean Fierre Clero y Linda Lotte, 2003

idea desm entida por los hechos, o bien

imaginaron, o bien que el com unism o cura­

"Una vez que la indecibilidad ha alcanzado el fundam en­ to mismo, una vez que la organización de un cierto cam po está gobernada por una decisión hegemónica, hegemónica porque no se halla objetivamente determinada, porque eran posibles diferentes decisiones, el ámbito de la filosofía llega a su fin y comienza el ámbito de la política". Ernesto Laclau, Emancipación y diferencia, 1996

En primera persona

Por el carácter extrem adam ente conjetural de la nota aq u í p ro ­ puesta, por su clara dim ensión especulativa, se im pone una ex p o ­ sición en prim era persona. El carácter provisional de esta nota queda patente en la propia expresión "izquierda lacaniana", expresión que, evidentem ente, reúne térm inos que no han surgi­ do en principio para estar juntos y que por tanto abren siem pre una cuestión sobre la legitim idad de su vinculación. Salvando las distancias, como cuando en Europa decim os "izquierda peronis-

E1 querido e inolvidable N icolás Casullo, m e invitó en su día a partici­ par en un núm ero de Confines, sobre el "estado de las izquierdas". A llí

surgió

rió un desarrollo más extenso cuando tuve la oportunidad de leerla en las Jornadas de trabajo organizadas por el profesor Ernesto Laclau sobre "Psicoanálisis, Retórica, Política" en Buenos Aires, en m ayo de 2009. El texto aquí presentado es una tercera versión más desarrollada.

una breve nota sobre una izquierda lacaniana. La m isma ad q u i­

ta" y do inm ediato se m ultiplican las suspicacias sobre el carácter fundado de la expresión. La nota -aproxim ación- aquí presenta­ da, intentará entonces darle alguna verosim ilitud a su título.

Más aún, para su b ray ar claram ente la tensión im plícita en la

expresión "izquierda lacaniana", recordem os que a lo largo de la

enseñanza de Lacan, es frecuente encontrar un tratam iento o bien

extrem adam ente crítico, de distintas form ulaciones

referidas a la izquierda clásica, evoquem os algunas: "la revolu­

m ism o lugar", "la protesta como u n llam ado

a un am o todavía m ás feroz", "la crítica de la Familia, la Patria y

la P ropiedad", que finalm ente desem bocan en un reforzam iento de dichas instituciones, o la paradójica e inquietante afirm ación lacaniana que afirm a que "el sujeto es siem pre feliz". Es evidente

que ninguna de estas

a las posibilidades de una transform ación histórica cuyo horizon­

te sea trazado por la izquierda. A su vez, el hecho de presentar al

colectivo social y tam bién al sujeto, como constituidos a partir de una fractura incurable y sin solución, descartan en Lacan toda

de la sociedad con ella m ism a. Sin

em bargo, tam bién hay que ad m itir que este tratam iento de lo

colectivo p erm ite p ensar en una lógica

Freud en su "psicología de las m asas" y sus derivas totalitarias, p ues la sociedad nunca puede conquistar una identidad que la clausure en una totalidad plena. Para Lacan, insisto en ello, esa sociedad plena, tal com o esperaban las utopías em ancipatorias, esa sociedad reconciliada consigo, sin antagonism o y sin el "em brollo" de la política, es im posible. Por lo m ism o, esta ausen­

distinta a lo sugerido por

posibilidad de reconciliación

respecto

ción com o retorno al

irónico o bien

form ulaciones son auspiciosas con

cia de p lenitud lograda para el colectivo social no es u n déficit, es

lo que perm ite

pre pendiente. Por otra parte, la decisión de m ostrar a la realidad com o una construcción precaria desde el p u n to de vista sim bóli­ co, siem pre a la defensiva con respecto al evento real que pueda

perforarla, da lugar al hecho de que el sujeto m antenga con ese

real una relación de sedim entación y de inercia, donde al m enos a priori, nunca se puede anticipar transform ación alguna, y m enos

p ensar la vinculación que dicha transform ación pueda tener con

lo "político" en su sentido em ancipatorio. A unque con la expre­

pensar en una transform ación im previsible, siem ­

lacaniana" intentam os concebir a ese evento real,

com o el hecho "político" sobre el que un "saber hacer con" la "política" puede dirim irse, resolverse de un m odo distinto a como

sión "izquierda

lo hace la actitud conservadora y defensiva que prom ueve el

m iedo por aquello "desconocido" que puede llegar con el aconte­

cim iento. Esto exige tam bién separar, en la m edida de lo posible,

al psicoanálisis del "liberalism o lúcido" que se concibe a sí m ism o

com o el único rem edio infalible para la am enaza totalitaria. Este liberalismo, tiene especiales dificultades para asum ir que ciertas form as de explotación y de desigualdad social, tam bién constitu­

yen una corrosión de la experiencia dem ocrática en la sociedad

civil.

en la lógica cultural del capitalism o tardío, de los distintos inter­ cam bios simbólicos que definen a una sociedad c incluyendo en

esto por supuesto a la política. Basta com o ejem plo lo que la industria del m iedo y la seguridad le han logrado im poner al lla­

m ado Estado de Bienestar. Pero todas estas razones, bien conoci­

das en la enseñanza de Lacan, han forjado incluso entre los pro­ pios lacanianos una suerte de conservadurism o laico, que razona

siem pre sobre

en la vida del sujeto o en sus configuraciones sociales. Se podría incluso establecer una declinación m ás am plia, la que va del con­

servadurism o que sabe m antener el statu quo adm itiendo que "todo es sem blante" y que por tanto ya no "cree" en ninguna causa, hasta la suficiencia im postada, donde una vez realizada la apuesta y viendo luego sus consecuencias, se efectúa una lectura retroactiva do n d e se revela cóm o las cosas "llevaban a lo peor".

N o discuto aquí el carácter fecundo que a veces introducen las lec­

turas aprés-coup, pero en este caso la expresión "izquierda lacania­

na", es entre otras cosas un m odo de volver a poner en cuestión el valor de la decisión, cuando se tom a desde u n fondo indecidible

y sin garantías. Esto tam bién im plica indagar qué es una decisión

en política, especialm ente cuando esta no rem ite al cam po del cál­ culo utilitario de los sem blantes, o dicho de otra m anera, cuando se trata de una decisión que no está de entrada prom ovida y am parada por el discurso del amo. Desde esta perspectiva, tal vez sea de interés, para concebir esa eventual izquierda, considerar las observaciones de Lacan sobre

el "alm a bella" y su com plicidad con el orden que denuncia, y la

"ley del corazón" y su ejercicio infatuado, el ejercicio del rebelde

que quiere hacer valer en su acción solo una im agen de sí. Tal vez,

la izquierda lacaniana, desde su causa perdida pero efectiva, solo

p u ed a encontrar su figura conveniente en la del "guerrero aplica­

do", aplicado no solo por hacer lo que tiene que hacer, sino p o r­ que no necesita previam ente recurrir al seguro de las garantías.

"lo peligroso" que es introducir grandes decisiones

Especialm ente cuando estas corporaciones se hacen cargo,

Por últim o, en m uchos casos-es fácil encontrar en este conserva­

d urism o laico su deriva cínica.

vuelve cuasi m isteriosa, la expresión

"izquierda lacaniana", si no fuera porque es la enseñanza de Lacan la que tam bién indica que la resolución del deseo, en p arti­

cular cuando se separa de su inercia fantasm ática, implica siem ­

pre, com o he afirm ado antes, una apuesta sin garantías, un acto sin Otro, en el que me siento involucrado cuando hablo de "izquierda lacaniana".

Por esta

pendiente

se

A su

vez, m ientras el térm ino izquierda rem ite inevitablem en­

te a un a tradición crítica, en cam bio el psicoanálisis de orientación lacaniana opera en su práctica a través de una m odalidad de

de

inconsciente e interpretación, en

cualquiera de sus m odalidades, no debe confundirse con el pro­ cedim iento objetivante de la crítica. N o existe un exterior a priori desde donde criticar al inconsciente. Por tanto "izquierda lacania­ na" es adm itir que en este caso la palabra izquierda no se inscribe de inm ediato en el ám bito tradicional de la crítica de la ideología

o de la dom inación.

"desocultam iento" diferente del otro m odo, el juego m utuo entre

procedim iento crítico. Dicho

Critica de la ideología

A quí debem os tener en cuenta que luego de la brecha "ontoló- gica" entre real y realidad construida m inuciosam ente en la ense­ ñanza de Lacan y organizada lógicamente a través de distintas estructuras teóricas, la cuestión de la Ideología ya no se puede con­ cebir bajo la óptica de una relación ilusoria o de falsa conciencia con respecto a la realidad. La fractura, la "dislocación" entre real y realidad, hacen que la ideología y la realidad sean lo mismo, un principio de desconocim iento, vía represión prim aria o forclusión

de lo que es lo real. Esta es u n a

cisa exige establecer una diferencia entre lo que Lacan ha definido

como "fantasm a", esa construcción simbólica-imaginaria que sitúa al sujeto con respecto a lo real y la ideología. En cualquier caso, la

fórm ula m arxista, que

logía", en condiciones tales com o para poder leer e interpretar la estructura en la que está involucrado com o vendedor de la fuerza de trabajo en forma de una mercancía más, revela que para Marx, el proletariado no es m eram ente la clase trabajadora, es una cons­

prim era observación; otra m ás p re­

quiere ver al "proletariado" "libre de ideo­

trucción que hay que producir teóricamente, un m om ento de "Pase", tal .como se efectúa en la cura analítica, donde el sujeto atraviesa su fantasma. Evidentem ente se trata de una "idea regu­ ladora" a través de la cual M arx indaga la "hipótesis com unista" que im plica la desconexión de la m áquina capitalista y que está m uy lejos de concebir a los "trabajadores" de un m odo esencialis-

ta, com o aquella clase que ya por sir posición "objetiva" en la estructura social está destinada necesariam ente a la revolución. Una lectura lacaniana de Marx desestabiliza esta secuencia, y m uestra que no hay ninguna clase de antem ano predestinada a desconectar el capitalism o, ni que la m ism a posea una iden tid ad esencial y a priori que no exija una construcción específica. A unque tam bién debo adm itir que las operaciones lacanianas van generando a través de su ejercicio u n nuevo tipo de proble- m atización de la realidad, que puede tener eventualm ente un desenlace crítico, si aceptam os com o hem os dicho antes que ya no entendem os por crítica la objetivación de la cosa analizada. En este aspecto, la fórm ula "izquierda lacaniana" no continúa la tra­

dición m oderna que desde A dorno hasta H aberm as intentó porar el discurso freudiano al aparato crítico del marxismo.

incor­

Ontológico-Preontológico

La expresión "izquierda lacaniana" implica una reform ulación crítica de lo que en filosofía se ha dado en llam ar O ntología. ¿Q ué es una ontología en la tradición filosófica? Com o es ya sabido, se trata de presentar en una teoría el m odo en que la realidad se con­ figura, aquello que la fundam enta y sostiene, el sentido que em ana de este fundam ento y el sujeto que es capaz de ser el soporte de dichas operaciones. La ontología no es una "especiali­ dad" sobre tal o cual región de lo ente, ni posibilita expertos en esto o aquello, su vocación es siem pre radical; m ostrar el m odo de ser de lo ente m ás allá de sus áreas o especialidades. A su vez, el m odo en que Lacan establece para el inconsciente su carácter pre- ontológico nos parece que puede ser entendido del siguiente modo: preontológico, no como lo que aún no reúne las condicio­ nes para una ontología, sino como aquello que intenta m ostrar qué es la realidad sin buscar u n fundam ento últim o de la m ism a. Preontológico significa en Lacan, que si bien pueden encontrarse en su enseñanza algunas "fundam entaciones contingentes", como

diría Judith Butler, las m ism as no pu ed en ser presentadas como una totalidad que pueda ser saturada conceptualm ente. Cuando

Lacan escribe

discurso sobre la realidad, incluso llega a hablar de "filosofía p ri­ m era", pero si bien se trata de un proyecto de "ontología", es siem pre una ontología agujereada, fallida, establecida contingen­ tem ente con respecto a un real im posible de capturar. Es una pre- ontología radical de lo "U no en rup tu ra" o del "Fundam ento en

falta", com o diría m i am igo Eugenio Trías, que si bien se ocupa

m ostrar y escribir el m odo en que la realidad se instituye, la m ism a está atravesada por fracturas y vacíos irreductibles que im piden, o m ás bien im posibilitan, un núcleo último de sentido o fundam ento. El estatuto ético del inconsciente, m encionado junto al carácter preontológico del m ism o en el Seminario 11 de Jacques Lacan, esta­ blece esta indicación: el psicoanálisis no es un asunto de "exper­ tos" en el psiquism o o de especialistas en la salud m ental. El psi­ coanálisis es una experiencia que indaga la decisión ética cuando se nos ofrece sin fundam ento últim o y sin dem ostración "científi­ co técnica", y d o n de se trata de aceptar la condición contingente e incurable que la lengua le im pone a la "exsistencia" parlante, sexuada y mortal, tres nom bres que rem iten a distintas m odalida­ des de lo im posible. En cierta form a el carácter preontológico del discurso lacaniano, podría ser entendido com o una respuesta a lo que sucede con la ontología después de Ileidegger. El psicoanáli­ sis no ingresa ni a la lógica de los expertos ni a la nostalgia del fundam ento ontológico, pero sin em bargo su esfuerzo perm anen­

te, su índole ética, es que, a pesar de su incisiva "desfundam enta-

sin em bargo, el discurso analítico no es un "relativism o".

Com o lo he dicho antes, es una experiencia que intenta transfor

ción",

de

el n u d o RSI, es cierto que se trata de construir un

m ar en "causa" al fundam ento ausente. A partir de Heidegger, es Lacan quien establece las condiciones m ás apropiadas para carac­ terizar el m alestar de la civilización en la época de la Técnica y las condiciones que se requieren para concebir "otro inicio". Es ese "otro inicio" al que veo involucrado en lo que aquí designo como una izquierda lacaniana, siem pre y cuando se considere a ese

abism o, que desborda a la línea del

progreso. Si bien son m uchos los pensadores contem poráneos que ponen su acento en el carácter antiesencialista y antifundam enta- lista de la realidad, com o p o r ejem plo aquellos que al m odo de

"O tro inicio" com o u n salto en

Foucault, D crrida o Rorty reconocen el carácter discursivo de la realidad, Jo propio de lo real lacaniano es que es u n real que dis­ loca la realidad y que aparece en la m ism a bajo la form a de tra u ­ ma, angustia, pesadilla, encuentro contingente con la lengua y acontecim iento "político". Estas irrupciones de lo real no p u ed en ser nunca reabsorbidas por ninguna construcción discursiva. Pero tal vez sea necesario aclarar que ncPse trata de plantear u n real im posible por un lado y por otro lado la construcción contingen­ te. M ás bien, lo que se intenta a p artir de Lacan es pensar cóm o la contingencia discursiva es una suspensión transitoria dé la im po­ sibilidad. Lo real no es una m era exterioridad, puede aparecer contingentem ente, o en otros térm inos, necesariam ente aparecerá su contingencia. Por ello, la "izquierda lacaniana", tal vez deba tom ar distancia de los "enam orados" del "acontecim iento", .que presentan al m ism o como un hecho puro, como un corte absoluto en la situación y que no se contam ina con las representaciones sim bólicas o im aginarias. Por el contrario, es el carácter real del acontecim iento político el que nos debe orientar en su cualidad singular y fuera del sentido del saber, para luego intentar lograr aquella construcción política que pueda acogerlo. Así entiendo, p or otra parte, lo que Laclau llam a la "construcción de una lógica hegem ónica". Pero tal vez esto exija otras precisiones que p od ría­ m os enum erar del siguiente m odo: lo político y la política son diferentes, esta diferencia ha sido tem atizada por una gran tradi­

ción que la antecede y la

u n privilegio especial en los pensadores posm arxistas de in spira­ ción lacanoheideggeriana. En esos casos, la diferencia político- política alcanza el rango de la llam ada "diferencia ontológica" en H eidegger o la "diferencia absoluta" en Lacan. En el caso que aq u í planteo como izquierda lacaniana, lo polí­ tico no será un m ero acontecim iento vacío. En la perspectiva laca­ niana, creo que m ás bien se p u ed e argum entar que lo político

surge como resultado del encuentro contingente con la lengua, en especial cuando ese encuentro no afecta solo a uno sino que pone

en m archa o m ás bien constituye

lo tanto lo político en esta orientación, aparecerá siem pre im preg­ nado de angustia, traum a, lo siniestro, lo ultra claro, la irrupción de la voz o la m irada, la certidum bre anticipada del acto, etc. Incluso aún siendo una experiencia del colectivo, por ser distinto de la m asa y su tram a identificatoria, incluye u n m om ento consti­

tutivo y decisivo de soledad. En cualquier caso, se debe distinguir

acom paña actualm ente, hasta encontrar

a un colectivo contingente. Por

a

las distintas m odalidades de lo político cuando las m ism as sus­

p

en d en transitoriam ente a lo im posible y le hacen dar cartas de

nuevo a la lengua. Por lo m ism o no es un acontecim iento vacío, el vacío irreduci­ ble no está en el acontecim iento sino más bien en el hiato que siem ­ pre existe entre el acontecim iento político y la estructura política.

La política, por el contrario, está del lado de los ideales, de los semblantes, en definitiva, del discurso del amo. "Izquierda lacaniana" im plica no solo separar a estas dos dim ensiones que hacen a una diferencia insuperable, sino cons­ tru ir a partir de ellas una respuesta al m alestar.

consiste,

según esta perspectiva que propongo, en la articulación lógica que debe hacer la política sobre lo político, do n d e se deben siem ­

pre tener en cuenta las estructuras ideológico-fantasm áticas que tratan de su tu ra r la diferencia.

La

hegem onía

en

el

sentido

de

Gram sci,

Laclau,

Ser de izquierda

¿Qué significa ser de izquierda en el siglo xxi? Q ué valor tiene

la expresión y qué tipo de com prom iso designa cuando el relato

histórico que dio lugar a la m ism a se ha desvanecido tanto en su praxis teórico-política así com o en su eficacia simbólica, para otor­ gar un principio de legibilidad sobre lo que es la realidad. Sin em bargo, creo que se p u ed e entender por izquierda la posición

que asum e com o punto de partida los puntos que a continuación iré desarrollando, a la vez que intentaré determ inar en qué puede consistir lo que llam o un a izquierda lacaniana.

Capitalismo y corte

N inguna realidad por consistente y hegem ónica que se pre­ sente, como po r ejem plo es el capitalism o actual, debe ser consi­ derada como definitiva. Es cierto que, actualm ente, para no con­ siderar definitivo al capitalism o, es necesario hacer un gran estuerzo, ahora que, en su am algam a con la Técnica, ha logrado

p o n er a todo el "ser de lo ente" a disposición para em plazarlo com o m ercancía. Siendo ésta precisam ente la gran epifanía de

M arx, donde su p o anticipar el lím ite de la econom ía y la política,

al descubrir en las plusvalía. ,

En este sentido, el m undo de la Técnica, al m enos tendencial- m ente, constituye una destrucción del inconsciente, del incons­ ciente en su dim ensión de lectura. Dicho en otros térm inos, el

la

desconexión total entre el "sínthom a^ y el inconsciente. A

rencia de la experiencia analítica que se desarrolla como un viaje

p o r el inconsciente hasta captar la condición irreductible y contin­ gente del "sínthom a", la Técnica pone en acto el intento d e su disección, o dicho de otra forma, en este caso el inconsciente es un m ero cifram iento de la plusvalía del goce. Pero a su vez, por inconcebible que sea postular el corte o la

ru p tu ra

expresión "lucha anticapitalista", pues es difícil establecer con

respecto a la m ism a cuál es su verdadero lugar, p o r irrepresenta- ble en sum a que sea su salida histórica y aunque una y otra vez incluso se p u ed a establecer entre el capitalism o y la existencia hum ana una relación "ontológica", ser de izquierda implica insis­ tir en el carácter contingente de la realidad histórica del capitalis­ mo. Pero diferenciem os los térm inos em pleados en el argum ento, p ara así poder captar su alcance. N o se puede hablar de "lucha anticapitalista" porque el discurso capitalista que plantea Lacan (como un quinto discurso conjetural), no ofrece un punto desde

d o n d e se p u ed a

curso capitalista le confiere a la realidad una conexión de lugares capturados en u n m ovim iento circular con respecto al cual una lucha directa es un absurdo lógico, un absurdo com o luchar con­ tra la Técnica o el rizom a. A su vez, la salida histórica es irrepresentable, porque tal vez convenga dejar p o r ahora vacío el lugar que surgiría m ás allá o después del capitalism o. Cualquier definición reinscribiría a ese lugar en un sentido ya consum ado históricam ente. No hay una sem ántica "anticapitalista", hay siem pre una tensión hacia un significante "nuevo" y aún por descifrar. Por últim o, cuando deci­ m os que se p u ed e establecer entre capitalism o y la existencia hum ana una relación cuasi-ontológica, no querem os con ello darle argum entos a la vieja estrategia neoliberal que "naturaliza" el capitalism o com o un orden eterno y necesario. En todo caso extrem am os deliberadam ente el argum ento para darle una m ayor g ravedad a la cuestión, en especial a esa hom ología form ulada

en el "rizom a" capitalista, p o r indeterm inada que sea la

em plazam iento de la Técnica es una voluntad que pro m u ev e

la

leyes de acum ulación la capitalización

de

dife­

localizar el sitio do n d e

efectuar el corte. El dis­

p o r Lacan, con reservas, pero*al fin form ulada, entre la plusvalía

y el p lus de gozar. En esta hom ología, el plus de gozar es el exce­ dente de goce que retorna a la zona erógena y que se escapa al

sim bólico. Ese p lu s de gozar, a diferencia de lo que

M arx pensó con respecto a la plusvalía, no puede ser cancelado

históricam ente porque es un resultado de la captura del ser vivo por Mengua. l’or otro lado, no hay u n a historia de la h u m an id ad que nece­

sariam ente fuera a desem bocar en el capitalism o. En este aspecto, entendem os por capitalism o algo diferente a una evolución pro­ gresiva de los "m odos de producción", m ás bien se trata de una serie de bifurcaciones históricas contingentes que han entrelazado de m odo inestable a la Técnica, la M ercancía, el Saber, en aquello que denom inam os el relato m oderno. A su vez, el relato m oderno es una categoría narrativa, m ás que un orden histórico perfecta­

m ente delim itado. A hora bien, como es ya sabido, es propio de

intercam bio

cierta tendencia historicista transform ar a un acontecimiento, por el solo hecho de haber sido "posible", en "necesario". Esta ten­ dencia la reconocem os cuando frente al hecho acontecido se expli­ can los antecedentes que inevitablem ente conducían al mismo. Sin em bargo el p u n to de vista lacaniano a considerar aquí es siem

pre dilucidar en la m odalización posible-necesario el encubri­

m iento del p ar "im posible-contingente". Son precisam ente las

interrupciones contingentes de lo im posible, las que le dan fuerza al hecho histórico que deviene acontecim iento. Este par im posi­ ble-contingente es lo que en Lacan tom a relevancia "preontológi- ca". N o se trata de entender lo contingente com o aquello que es de "otra m anera", sino como el elem ento óntico que agujerea, des­

fundam enta, el aparato ontológico de la realidad.

La dominación

De cualquier m odo, aún cuando la salida del capitalism o o pasaje a otra realidad haya quedado diferida, aún cuando ese tránsito nunca esté garantizado y pueda no cum plirse, aun cuan­ do esa otra realidad distinta a la del capitalism o ya no pueda ser nom brada como socialismo, en cualquier caso, ser de izquierda es no d ar p o r eterno el principio de dom inación capitalista. Este principio de dom inación, desde una perspectiva lacaniana, es p ri­

m ero de orden político, au n q u e en el caso del capitalism o es evi­

dente que la econom ía juega u n papel determ inante. Pero no ya como “determ inación en últim a instancia", fórmula aún tributaria del fundam ento últim o, en ese caso la infraestructura económ ica. H ay que tener en cuenta que tam bién el m ercado está atravesado

por la fractura entre lo real y la realidad, y en tanto que tal p u e d e

dislocarse, de allí que ahora se vuelva m ás pregnante que nunca el "qué quiere el m ercado de nosotroá*'. También es necesario destacar que la dom inación com o tal no pertenece exclusivam ente a la época del capitalism o. H ay dom i­ nación porque el sujeto en su propia constitución, de u n m odo estructural o cuasi-ontológico, no puede darse a sí m ism o su pro­ pia representación. La barrera sim bólica que lo constituye, lo separa de la pulsión, pero a la vez establece una donación de u n plus de satisfacción pulsional que se asocia a una serie de “m an­ datos", “dichos oraculares y prim eros", “im perativos", que sin representar al sujeto exhaustivam ente, determ inan su lugar.

La ideología, de otro modo

La subversión de dichos “significantes am os" nunca se realiza en una tom a de conciencia o en una destrucción crítica de los m is­ mos. Este es precisam ente el problem a de la ideología en lo que

podríam os llam ar su fijeza fantasm ática. Tal como lo

m ado anteriorm ente, la ideología no es una ilusión o una falsa conciencia, es una articulación entre los significantes am os que surgen fuera de sentido, como designadores del encuentro, con lo real, y los objetos a que el propio sujeto pierde en el acceso a lo

simbólico. Lo que

za de Lacan como “aquello que hace insignia" para el sujeto. U na

am algam a entre el significante am o y el plus de gozar

ce el taponam iento contingente de la división constitutiva del sujeto. Esta insignia podría constituir la m atriz lógica desde d onde pensar de otra m anera a la ideología. D esde este ángulo, la ideología sería la aproxim ación tendencial en cada uno del signi­ ficante am o que ordena la realidad para el sujeto y los objetos que ha necesitado “rechazar de lo sim bólico", para darse su propia consistencia. Dicho de un m odo m ás breve, la ideología es una articulación entre m andatos o icieales por el lado del significante am o y rechazos o “im putaciones al Otro" del lado de los objetos de la pulsión. Y esta es, la m ezcla de servidum bre y satisfacción

hem os afir­

Jacques-Alain M iller ha aislado en la enseñan­

que p ro d u ­

juego.

sobre ideología,

que la voz y la m irada ocupan, por estar fuera de la castración sim bólica, u n lugar privilegiado en la fijación del sujeto a su rea­ lidad fantasmática.

sádica

A greguem os, para finalizar este prim er apunte

q u e

to d a

ideología,

en

el

lím ite,

p o n e

en

El otro sujeto nuevo

A ctualm ente, se percibe con claridad que tro solo el totalitaris­

m o ha intentado p ro d u cir un sujeto nuevo,

llam ado "neoliberalism o" es el intento de

quilación del sujeto m oderno (el crítico, el freudiano y el m arxis- ta) un individuo autista y consum idor indiferente a la dim ensión constitutivam ente política de la existencia, un individuo referido solo al goce autista del objeto técnico que se realiza com o m er­

cancía subjetiva en la cultura de m asas. N o obstante no se trata de criticar o rechazar a este individuo en cuestión, ni de despreciar su

seudo aristocrática; más

bien, al m odo freudiano, se trata de hacer com parecer la sentencia que podernos form ular así: "A llí donde el individuo neoliberal del goce autista es, el sujeto excéntrico del inconsciente debe

advenir". El indiv id u o neoliberal es el p u nto de partida para

sar cuál es la práctica operativa que se corresponde con su tiem ­ po. Si decim os p u n to de partida, es porque el individualism o libe­ ral, por consistente q u e aparezca en su autism o consum idor, no p u ed e clausurarse sobre sí m ism o. El tiem po de su existencia esta­ blece las condiciones para que ese individuo pueda ser desestabi­

lizado en sus propios fundam entos, y allí, en esos resquicios y

p u n to s de fuga, es d o n d e la práctica política que incluya al

análisis debe intervenir. En este punto, se trata de tensar al límite la relación histórica entre la vocación política de izquierda y el psi­ coanálisis, desde el único hecho histórico que le p u ed e otorgar fuerza a la interpelación; tanto la invención freudiana com o el desarrollo de Ja enseñanza de Lacan, se constituyen de entrada, com o una lectura sinthom ática de la izquierda, una lectura de sus textos, prácticas y aspiraciones.

m asividad m ediática desde una nostalgia

sino que tam bién el construir sobre la ani­

p en ­

psico­

La diferencia absoluta

*

A su vez, ser de izquierda es pensar que la explotación de la fuerza de trabajo y la ausencia de justicia no solo sigue siendo un insulto de prim er orden hacia la propia construcción de la subje­ tividad, sino que la brecha ontológica en la que el sujeto se cons­ tituye, la división incurable que m arca a'su existencia con una sin­ gularidad irreductible, solo puede ser captada en su "diferencia absoluta", por fuera y m ás allá de las jerarquías y divisiones ins­ tauradas por el poder del m ercado. Por ello, el im pensable fin del capitalism o, si tuviera lugar, sería paradójicam ente el com ienzo del viaje, el inicio de la afirm ación tragicóm ica de la existencia, el "tú eres eso" de un sujeto por fin cuestionado, sin las coartadas burguesas que desde hace tiem po lo llevan inexorablem ente 3 estar disponible para todo.

El duelo 1/ la izquierda marxista

La izquierda m arxista puede elaborar su final en el único ám bito en el que ese final puede adquirir un valor distinto al de cierre o cancelación, un final que no es tiem po cum plido sino oportunidad eventual para otro com ienzo. Ese ám bito tal vez

p u ed a ser el pensam iento de

lista sobre el m alestar de la civilización propio del siglo xxi. El hecho de que Lacan planteara la elaboración de su discurso com o una "praxis sobre lo real-im posible", sobre un real al que no

p u ed e acceder el discurso pero que a la vez es a través del discur­

so (com prendiendo en esto la escritura) que se puede acceder, esta cuestión prim ordial de lo real es lo que distingue su intento teóri­

co de la herm enéutica, de la deconstrucción y de las "otras éticas".

C onsidero que Lacan constituye el único intento serio de p o n er

a

prueba hasta dónde lo sim bólico puede y no puede transform ar a

través de una praxis lo real. Solo adm itiendo cuáles son las con­ diciones de constitución del sujeto, y cómo experim enta el lím ite de sus transform aciones, es que podem os aprender sobre las con­

diciones soportables o no de una m utación subjetiva,

ción subjetiva que 110 sea m ero estupor o perplejidad y que pueda ser transm itida en su condición de experiencia. Dicho de otra

m anera, lo sim bólico es la

dad al m ism o tiem po para transform ar lo real. Por ello, tal vez no

Jaiques Lacan, única teoría m ateria­

una m uta­

condición de posibilidad e im posibili­

haya otro discurso com o el lacaniano para reconocer con la m ayor

honestidad lo que enseña una praxis en su im potencia por m odi­ ficar lo real. Y por esto m ism o, el pensam iento de Lacan puede ser

ilum inar con un cierto coraje intelectual lo im pensado en el final: la derrota a escala

m undial, a partir de los setenta, del proyecto revolucionario de

izquierdas. D errota que, el saber posm oderno, escam oteó para el

pensam iento. En este aspecto, Lacan desde el com ienzo ha p rep a­ rado a través de lecturas y puntuaciones diversas, las condiciones

p ara que el pensam iento m arxista pueda elaborar

en el único lugar donde la elaboración es posible, en el trabajo de duelo que se hace fuera del hogar, del hogar filosófico. Lacan com enzó "deshegelianizando" el m aterialism o de Marx, planteando u n hiato irreductible entre la verdad y el saber. Pero este hiato constituirá la ocasión de un hom enaje definitivo a Marx; para Lacan el inventor del síntom a como verdad im previsible e incalculable que no p u ed e ser dom esticada por el ejercicio de un saber, es M arx y no Freud. Desde esta prim era perspectiva gene­ ral se p uede encontrar en Lacan, a partir de 1938, un desm ontaje m eticuloso de todos los m otivos m arxistas: el análisis de la m er­ cancía incorporando la tem ática del goce pulsional, las distintas objeciones a la teleología histórica y a la m etafísica de su sujeto, la presentación de una tem poralidad problem atizada con las distin­ tas m odalidades del retorno y liberada de todo fantasm a utópico. D onde tam poco se trata de "progresism o", porque la tem porali­ dad del sujeto que surge com o resultado de la brecha ontológica no es rectilínea, es un "futuro anterior" que reúne de un m odo

su propio final,

la o p o rtu n id ad para que aún perm anece

absolutam ente específico los éxtasis tem porales del pasado, pre­ sente y futuro, en una doble conjetura: lo que "habré sido" para "lo que estoy llegando a ser". Y no se trata de utopía, porque tal com o ya he insistido, utopía siem pre im plica la reconciliación

final de la sociedad consigo m ism a. Por últim o, la izquierda laca­

la sem ántica de la revolución. Una izquierda

lacaniana es siem pre una reescritura de un legado y una herencia,

niana debe su bvertir

un descifram iento que establezca y pruebe suerte con un nuevo tipo de alianza con la pulsión de m uerte inscrita en el m odo en que la civilización acontece en el país.

Final marxista: izquierda lacaniana

Esas m arcas de la elaboración lacaniana del final m arxista las

podem os reconocer en las distintas operaciones que, de diferentes m odos y en diversas secuencias, se realizan en el llam ado pen sa­ m iento "posm arxista contem poráneo". Evoquem os al m enos las cuestiones que aquí consideram os m ás determ inantes.

1)

Com o ya hem os afirm ado anteriorm ente, una de las p rim e­

ras posiciones de Lacan es no adm itir el telas histórico del m ate­ rialism o m arxista, ni los m ovim ientos dialécticos del en sí-para sí, pero sí dar todo su valor de verdad a la plusvalía estableciendo una compleja hom ología con lo designado por Lacan como p lu s

de gozar. H om ología que perm itirá establecer que el verdadero secreto del capitalism o reside en una econom ía política del goce. La operación fantasm ática a través de la cual el sujeto conquista su realidad y su consistencia toma su punto de partida en ese plus de gozar que funciona incluso en condiciones de miseria extrem a. De lo que se despoja a las m ultitudes es de los recursos sim bóli­ cos que perm itan establecer e inventar en cada uno el recorrido sim bólico propicio para el circuito pulsional del plus de gozar. La m iseria es en este sentido, el estar a solas con el goce de la pulsión de m uerte en el eclipse absoluto de lo simbólico. O mejor dicho, estar a solas con las "insignias" que congelan al sujeto en u n a ideología del goce. La no "satisfacción de las necesidades m ate­ riales" no solo no apaga el circuito pulsional sino que lo acentúa de m odo m ortífero. En este aspecto el capitalism o, al igual que la pulsión, es un m ovim iento circular que se autopropulsa alrededor de u n vacío que lo obliga siem pre a recom enzar, sin que nin g u n a satisfacción lo colm e de un m odo definitivo. A unque siem pre rea­ lice u n plus de goce parcial y excedente a toda utilidad. Para u n a izquierda lacaniana, pensar las consecuencias de esa "parte m al­ dita" en los procesos de subjetivación es una exigencia política de nuevo cuño. Por ello, si es cierto que actualm ente el poder ha devenido biopolítico, tom ando para sí com o asunto esencial la "vida" biológica, en una perspectiva lacaniana agregaríam os que tratándose de la vida de los cuerpos parlantes, sexuados y m o rta­ les, es la vida del plus de gozar. El cuerpo del parlante no es otra cosa que la sede del plus del goce. Series televisivas de m édicos,

forenses, operaciones televisadas, program as de salud, en todos

los casos se intenta capturar, en la época en que la ciencia quiere borrar la frontera entre el ser parlante y el anim al, el plus de gozar

que anim a a la biología del cuerpo. ¿Podrá la Técnica volver el plus de goce una unidad discernible, cuantificable, localizable? N o es una paradoja m enor cjue el goce pulsional sea la única

"autonom ía" (no conciente ni reflexiva) que le queda a la existen­ cia parlante frente a la exigencia técnica de que el m u n d o deven­ ga imagen.

II) Para Lacan lo real no es la "realidad construida sim bólica­

m ente". M ás bien lo real es lo que im pide otorgarle a la realidad una estructura universal que pueda totalizarse reflexivamente y concebirse a sí m ism a a través de un cierre categorial. C ualquier construcción discursiva, por Universal que se presente en sus pre­ tensiones formales, siem pre estará lo suficientem ente "agujereada" para que lo real irrum pa como un exceso traum ático, una pesadilla que retorna, una angustia sin sentido, una presencia invasora que pone en juego al universo simbólico en sus am arras hasta el punto de su zozobra, así como tam bién abre la posibilidad de su renova­ ción radical a través de la invención de una escritura. A estas m oda­ lidades de irrupción de lo real en la realidad, le hem os agregado en

lo que venim os proponiendo, "lo político", reform ulando la dife­ rencia que Laclau establece entre lo político y la política.

vez m ás en este punto, definiré a lo político del encuentro traum ático con Mengua, y a la

política, en cam bio, como aquel ám bito institucional que se debe hacer cargo del im pacto. Si el hecho real político irrum pe con su fuerza sin sentido en el escenario de la política, la política solo sabrá acoger este evento político en un "saber hacer con", si dis­ pone de unas escrituras que se hayan engendrado como el relato de una transform ación y no com o un ejercicio de "cultura oficial". Pero estas escrituras ya no pueden aspirar a un relato unificado o coherente com o lo pretenden las "narrativas fundacionales". "Izquierda lacaniana" im plica en este caso, tam bién, que el relato no pueda ser m ás que inconcluso, inacabado, hecho de entrada para su ramificación. A partir de este m odo de concebir lo real, lo U niversal debe ser reform ulado. N o se trata para Lacan de postular un real inal­ canzable y por tanto establecer que los discursos son todos equi­ valentes en su relativism o, tal com o señalam os que ocurre en las distintas variantes construccionistas o pragm atistas. Por el con­ trario, es necesario asum ir que el lenguaje siem pre "paratodea" y

va hacia lo U niversal. A su vez este Universal radicalm ente des­

real im pide la equivalencia Uno-

com pletado y tachado -p u e s lo

Insistiendo una com o lo que surge

Todo -, debe ser m antenido com o exigencia lógica frente al relati­ vism o m ulticultural de las identidades. D esde la perspectiva de lo real, el Universal debe siem pre presentarse en situación, m ostran ­ do el tiem po y lugar histórico que lo sostiene y am para. ¿N ecesita la izquierda de este sem blante de universalidad, aún donde tenga que asum ir proyectos políticos enteram ente ligados a la historia de su nación? Sí, en la m edida en que Tina experiencia con lo real

nunca puede reducirse exclusivam ente a una idiosincrasia o una tradición. Experiencia con lo real im plica transm isión de lo im p o ­ sible que estuvo en juego y del intento por franquear el impasse. Por ello, así com o a una obra de arte siem pre se la concibe com o potencialm ente al alcance de todos, la experiencia política debe aspirar a ese rango universal de transm isión, de transm isión hacia un "todos" a la vez im posible. M ás allá del respeto que exista por el legado histórico y por la herencia política que en cada caso nos concierne, es necesario siem pre sostener un "suplem ento" de uni­

una identidad cerrada sobre nosotros, una

versalidad que im pida

operación de escritura que vuelva im posible la apropiación d e lo natal bajo cualquiera de las utopías fantasm áticas de reconcilia­ ción. En este caso, ser de izquierda es que la voluntad política, la invención política cifrada en esa voluntad, solo es posible cuando se adm ite que no hay universal que apague la contingencia d e lo

real. Solo surgirá en las fallas de lo universal una nueva subjetivi­

dad política si esta no está de antem ano secuestrada por

tidad reconocida y ya sabida. Lo que advenga en este país o en cualquier otro, adviene para nosotros en el O tro universal, en la

tensión que en toda experiencia histórica auténtica se guarda con

lo incom unicable, pero es

zada. De hecho, lo que ha provocado esta nota que aquí presento no es solo, com o se puede suponer, la velada significación que aún tiene la presencia del pensam iento lacaniano, sino lo que u n célebre posm arxista m e dijo en cierta ocasión, en voz baja, al m odo de un chiste cómplice, casi por descuido, m ientras entrába­

mos a una sala repleta y ansiosa por escucharlo: "Lacan, Perón, un

solo

hom enaje a la resonancia enigm ática de ese chiste en mi

una id e n ­

esa tensión la que no p u ed e ser rech a­

corazón

".

Esta nota, probablem ente sea una suerte de

m em oria.

III) N o obstante, los

pensadores que

implícita o explícitam ente

elaboran el final m arxista a partir de Lacan; pensadores de la ver­ dad, del acontecimiento, del estado de excepción, la contingencia, la justicia, la parte excluida que hace la vez del Universal, etc. tie­ nen en general (hay una excepción) un gusto especial por oponer la

política de la Representación (léase de Estado) a sus propias teorías. Para estos autores solo hay política cuando no hay representación, pues la política "solo debe autorizarse de sí m ism a". Tal vez la supuesta fortaleza institucional europea y su Universidad hagan posible que la m ayoría de estos pensadores posm arxistas de

im pronta lacaniana reserven la energía política para un tiem po por

venir del que no se dispone representación alguna. Existe en ellos

tal enam oram iento del acontecim iento como un elem ento absoluto,

como una ru ptu ra que solo

debe ser tratada axiomáticamente, que de un m odo u otro termina

rechazando la construcción política. LTna incongruencia semejante

a concebir el psicoanálisis sin los avatares de la transferencia, ideal

típico de ese rechazo es

considerar a toda construcción política o hegemónica, como equi­

valentes, negándole cualquier cualidad em ancipatoria a las izquier­ das que hayan accedido al gobierno. Desde la vertiente axiomática

o perform ativa de estos pensadores, el espacio de la izquierda

socialdem ócrata es exactam ente el m ism o que el de la derecha con­ servadora, y todo su entusiasm o está en aquello que aún no tiene forma. En este sentido, el prestigio epistem ológico del corte y la

ruptura tal vez aún esté m uy presente en sus respectivas conside­ raciones. Es cierto que vivim os en la consum ación técnica de la metafísica, y esta se presenta con la m ism a fuerza organizadora

tanto para la izquierda de tradición socialdem ócrata como para la

derecha conservadora. En este p unto los pensadores posm arxistas

tienen m uchas indicaciones ontológicas que efectuar,

te si aú n se quiere construir u n a teoría m aterialista de la praxis que

no excluya al sujeto. Pero se equivocan en su desprecio por la cons­ trucción política. En Latinoam érica por ejemplo, una transform a­ ción parcial aunque no sea corte o ruptura desde la perspectiva de

la Totalidad, es a veces la desviación contingente que nos devuelve

al cam ino de la política, entendiendo por política la sim ultánea experiencia de la posibilidad e im posibilidad de la em ancipación.

A quí debem os rem itirnos irrem ediablem ente a la lectura que

Ernesto Laclau lleva a cabo con respecto al objeto a lacaniano, cuando lo caracteriza como una "parcialidad" que no pertenece a totalidad alguna, y de este m odo encontram os en 1aclau una reva­ loración de lo parcial, que ya no se entiende, ni como m ero gra- dualism o, ni como dim isión frente a la totalidad, m ás bien com o testim onio logrado del carácter inaccesible de la Cosa. A su vez, este es un ejemplo de "deshegelización" lacaniana del marxismo.

ejem plar del sueño filosófico. U n m odo

disruptivo, que em erge en la situación

especialm en­

Izquierda-Nudo

En nuestro caso, si hubiera algo así com o una izquierda laca­ niana, se trataría de una escritura del nudo borrom eo propuesto

p o r Lacan, ese que reúne tres elem entos de tal m odo que si se

quita uno se separan los tres a la vez. Para el caso se trataría de un

n u d o entre el Estado -obviam ente en los'casos en que la izquier­

da p u d o acceder a él-, los m ovim ientos sociales y la construcción

política. Es precisam ente necesario un n udo porque los tres ele­ m entos citados en la reunión aún perm anecen sin resolución his­

tórica. Solo en el n u d o y en la m utua reciprocidad del a n u d a ­ m iento (que no es lo m ism o que síntesis o unificación) se recrearán los tres ám bitos alrededor de un vacío irreductible. Pero estos tres ám bitos tienden a dispersarse inevitablem ente si n o - existe un cuarto nudo suplem entario que al m odo de una escritu­ ra m antenga a los tres en su anudam iento borrom eo. En este caso sería una escritura de izquierda que asum a en su ám bito de inda­ gación alguno de tos siguientes puntos:

a) La división inaugural del sujeto, su carácter incurable y las

posibilidades em ergentes que lo incurable ofrece com o apertura,

una apertura hacia lo

b) El antagonism o lógico y constitutivo de toda sociedad: hay

sujeto porque hay prim ero fractura, hay sociedad porque prim ero

hay de m odo instituyente una brecha, un antagonism o entre ella y su propia acción institucional.

c) La intervención de la m irada y la voz, que por estar afuera

de la castración y ser

cionan como objetos fantasm áticos que congelan y petrifican al sujeto en una inercia que se articula en su propia ideología; tanto en sus obediencias retardadas como en sus servidum bres volun­ tarias. Como se puede apreciar, este cuarto nudo, esta elaboración de una escritura nueva de la praxis, im plica adm itir una serie de tem áticas cjue hasta ahora han sido consideradas irrelevantes o de segundo orden para la izquierda. Sin em bargo, considerándolas, tal vez la izquierda p u ed a abrirse, com o he dicho anteriorm ente,

a una tem poralidad distinta a la del progreso, a saber, la del fu tu ­ ro anterior: "Lo que habré sido para lo que estoy llegando a

colectivo pensado de m odo

sinthom ático.

previos a la constitución de la m ism a, fu n ­

J o r g e

A

l e m á n

La doble tradición

N o se p u ed e om itir en una aproxim ación a la izquierda laca­

niana el problem a de la doble tradición que la determ ina y la ase­ dia. Si he em pezado este texto en prim era persona es para d ar un

m ayor énfasis a esta cuestión, Entre la tradición europea y la lati­ noam ericana existe un hiato, un espacio que no se recubre y es inconm ensurable. La tradición europea está m arcada por la Schoa

y el derrum be de la U nión Soviética en su dim isión estalinista, y no ha conocido directam ente las consecuencias de un genocidio donde haya estado involucrado Estados Unidos, tal como fue evi­

dente en el caso de algunos países de Latinoam érica. A la vez, en Europa se buscó de distintos m odos la rearticulación de un dis­ curso socialdem ócrata que de alguna m anera se hiciera cargo de las distintas encrucijadas que surgen a p artir de la Segunda

G uerra M undial. Especialm ente lo que será el desafío m ayor de la

izquierda europea; no volver a derivar en una experiencia totali­ taria.

en cam bio la izquierda latinoam ericana

ha conocido las políticas del Im perio en su versión m ás cruel y

po r distintos m otivos históricos y m ás allá de las críticas e impas­

ses, nunca deseará hom ologar a C uba con el derrum be estalinista.

D esde otra pendiente,

A

la vez, intentará articular su discurso en el horizonte de los

m

ovim ientos "nacionales y populares", p u n to cié partida incierto

e

inestable pero inevitable, tanto por lo que im pone en la asu n ­

ción-invención del legado histórico, así como tam bién por la exi­ gencia siem pre presente de intentar atravesar el fantasm a "etno- céntrico" que im pregna el im aginario de la izquierda europea.

Ojalá el am able lector, si ha llegado hasta aquí, p u ed a decidir

de qué forma esta doble tradición que custodia para sí una tensión

irreductible, pueda acoger la puntuación provisional pero decidi­

da de una izquierda

lacaniana

Bibliografía

A l e m á n , Jorge: Lacan en la razón posmoderna, M iguel Góm ez ediciones, Málaga, 2000. — , Notas antifilosóficas, Grama ediciones, Bs. As., 2004. — , El porvenir del inconsciente: filosofía, política, época de psicoanálisis, Grama ediciones, Bs. As., 2006.

Derivas sobre la inserción-desinserción*

En prim er lugar, quiero agradecer la invitación, y al escu ch ar las palabras de M ónica U nterberger veo que lo que ha p lantea­ do tiene toda una lógica a la que tal vez habría que plegarse,

com o no la

conozco en todos sus matices, prefiero entonces, si ustedes m e

perm iten, la deriva, u n a deriva que tam bién está

algunas cosas que me han com entado M ercedes de Francisco y

C arm en Cuñat.

Para com enzar esta deriva, les quiero leer algo del año 2000, nueve años atrás, una entrevista publicada en Notas antifilosófi­

cas1, d o n d e se p reg u n tan lo siguiente: "¿C óm o piensa que d e b e ­

ría situarse el psicoanálisis frente a las ofertas m asivas de tra ta ­

m ientos? ¿Debe cam uflarse de psicoterapia para, una vez

captado el paciente, trabajar p uertas adentro con los principios del psicoanálisis, tal como pensó Lacan que debía hacerse?". Toda la entrevista discurre sobre el problem a del psicoanáli­ sis aplicado, pero esto es nueve años atrás, que según se m ire puede considerarse poco tiem po o una eternidad. He aquí mi respuesta: "En las ofertas m asivas de tratam ien­ to, al m odo de la au to ay u d a o de las políticas de los laboratorios, 0 de las psicoterapias-m ercancías, no creo que haya m ucho que hacer, pero sí en el psicoanálisis aplicado, donde cualesquiera que sean las condiciones institucionales (hospitales, centros de

provocada p o r

situarse en su interior y resp o n d er desde allí. Pero

* Intervención de Jorge A lem án en el Espacio hacia PIPOL 4, Sede de Madrid de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (ELP), el jueves 12 de febrero de 2009. 1A le m á n , Jorge: Notas antifilosóficas, Grama ediciones, lis. As., 2004.

salud, trabajadores sociales, etc.), la inspiración psicoanalítica

p u ed e siem pre colaborar

tencia. C ualquier ám bito de operaciones en este aspecto es posi­ ble, siem pre y cuando, y a su vez y a la par, se m antenga el p ro ­ pósito radical de la Escuela de psicoanálisis: discutir u n a y otra

vez qué es u n psicoanalista, volver a problem atizar el fin de su experiencia, discutir perm anentem ente su definición com o ana­ lista. Si el p rag m atism o social se desvincula de la política de la Escuela, entonces sí que se p erd erá la apuesta. N unca se existe

solo por ad ap tarse al m u n d o que viene; m ás bien

el futuro, com o de la causa que

en la ética a la que usted hizo alusión, d ep en d erá hem os sostenido siem pre".

con hacer surgir la d ig n id ad de la exis­

La entrevista concluye con: "¿N o cree usted que el psicoaná­

lisis escapará a los cam bios estructurales que estam os viviendo

a nivel social?".

Mi

respuesta: "F inalm ente es así: u n discurso es m ás verd a­

dero cuando sus riesgos lo acechan con m ás intensidad en sus posibilidades de hibridación, de dim isión o de destrucción de su esencia. F.1psicoanálisis no sería nada sin esta posibilidad, a cada paso, de extraviarse y de arruinarse, o de salir victorioso".

estoy m uy esclarecido

sobre el tem a, qué m ejor que volver sobre m is propios pasos, a

este texto del año 2000, cu an d o el siglo com enzaba, d o n d e esta­ ban estas respuestas que parecen de sentido com ún, que son las

ahora

que se p u d iero n decir en ese m om ento, pero que podría rubricar de un m odo general.

Sin em bargo resulta que hay u n debate, que como dije antes,

Evoco esto porque com o realm ente no

no conozco en toda su extensión, pero si h u b iera que situarlo, parece que tom a una especial relevancia lo siguiente: ¿cóm o hace el psicoanálisis p ara existir en este m u ndo, en el m alestar propio y contem poráneo a este m undo, sin convertirse en una experiencia extra-territorial, es decir, sin qu ed ar apartado del m u n d o y participar, p o r ejem plo, de los fam osos lugares-A lfa, esos lugares d o n d e en las instituciones se form aliza la respuesta de los pacientes que concurren a ellas, o los CPCT, o las distintas instancias públicas; es decir, ese sería el ejem plo de no-extrate­ rritorialidad propio del psicoanálisis aplicado. Pero, a su vez, a esta cuestión de inm ediato le sucede otra, a

saber: si bien el psicoanálisis no es extraterritorial, no debe q u e­

d arse fuera del m u n d o , a la vez debe conservar sus propias

fina­

lidades en relación al discurso analítico y sus exigencias éticas, y

a lo que es .todo el tiem po m otivo de exam en, que es el deseo del analista.

Esa es una tensión que se puede nom brar y declinar de dis­ tintos m odos; el propio Lacan sostuvo que no quería un psicoa­ nálisis extraterritorial, y a la vez que la Escuela era una “base de operaciones" en el m alestar en la cultura. Son térm inos que u ste­ des pueden captar como antinóm icos: por un lado, no es extra­ territorial, pero por otro lado, una base de operaciones im plica de algún m odo una cierta distancia con respecto a otro tipo de

m alestar en la

instituciones que, en cam bio, form an p arte del

cultura, o que incluso fom entan ese malestar. Así, se ve perfectam ente algo que concierne a la existencia

m ism a del psicoanálisis en este siglo: p o r u n lado, si se q u ed a fuera de los desafíos institucionales de las políticas públicas y de las llam adas dem andas sociales que por principio, no tiene que satisfacer, p u ed e caer, vam os a decir, en una situación de extra­ territorialidad.

Inserción y desinserción del psicoanálisis misino

A la vez, si se entrega a la satisfacción de estos ejercicios

p ierd e su

tensión con la cuestión de la Escuela y el deseo del analista, final­

m ente la conquista de su lugar en el

caso; éste parece ser al m enos uno de los aspectos claves del debate que siem pre se renueva e insiste de distintos m odos a tra­

vés de las épocas por lo cual, no es u n debate solo sobre cóm o tratar a la desinserción en los pacientes, sino que es u n d ebate que rem ite a la propia inserción o desinserción del psicoanálisis

m ism o. O sea, no se trata solam ente de ver qué se hace con los

“insertados o d esinsertados", sino que esto interroga al p ro p io psicoanálisis con referencia a su propia inserción o desinserción.

fue que estas p re g u n ­ ¿C uándo em pezam os

tas se hicieron m ás acuciantes que nunca?

sociales y quiere aseg u rar su lugar en el m undo, pero

m u n d o es, a la vez, su fra­

Y aq u í em piezan las derivas. ¿C uándo

a

ver que, de alguna m anera, estaba com prom etida la existencia

m

ism a del

psicoanálisis? ¿C uándo em pezó a

aparecer en el h o ri­

zonte que, tal vez, la práctica analítica, com o m uchas otras p rác­

ticas históricas, podía tener ver, con m ucha m ás fuerza,

su finitud? ¿C uándo em pezam os a que la práctica del psicoanálisis no

era una práctica necesaria en-este m undo, que era m ás bien una práctica contingente? ¿C uándo se volvió patente que, a diferen­

ser en

el m undo a través de distintas operaciones contractuales-, el psi­

coanálisis, en cam bio, precisam ente porque está habitado por esta tensión que antes describíam os, no lo tiene? Esto em pezó a hacerse m ás patente cuando se percibió con

cia de otras profesiones liberales -q u e tienen asegurado su

m

ayor claridad una m utación que se había producido d urante la

m

o dernidad, y de la que en m i caso traté de d ar cuenta a través

de u n m ontón de textos y de trabajos, y que fue descripta en el ám bito de las ciencias sociales de distintas m aneras. Para aum entar el alcance de mi deriva, evoquem os estas des­

em pezaron a h ablar de la

"sociedad líquida", inspirados en la fam osa frase de M arx del

Manifiesto, cu an do afirm ó que "to d o lo sólido se iba a d esv an e­ cer en el aire", y que por lo tanto los vínculos sociales, la religión, las tradiciones, la relación con el lugar, iban a desvanecerse "en las aguas h elad as -d ic e M arx en El Manifiesto del cálculo egoísta".

cripciones: d esd e los sociólogos que

H ay toda u n a tradición en las ciencias sociales que es tribu­

taria de esta fórm ula de M arx donde el paradigm a sólido ya no

so sostiene m ás, y en tram o s entonces

zación, fluidificación, licuefacción de todo lo que p uede ser el

O tro simbólico.

Estas descripciones, según los gustos y sensibilidades de las ciencias sociales, tienen distintos nom bres y tratam ientos posi­ bles: la sociedad del riesgo, la corrosión del carácter, el declive del program a institucional -esto está m uy teorizado en Francia

p o r los sociólogos-, el hecho de que todas las instituciones his­ tóricas, ayuntam ientos, universidades, iglesias, etc., perdieron

o secuestradas en la lógica

su "aura" y h an del m ercado, en

tam iento, una escuela o u n superm ercado puede dar cuenta de esto. De este m odo, to d a la em blem ática de la ley que aco m p añ a­

ba a las instituciones históricas se va desvaneciendo en el paisa­

je u rb an o p o r este declive del p ro g ram a institucional. A dem ás, a

todos los pensadores de lo social no les ha pasado desapercibido que junto con el declive del program a institucional hay una declinación de las autoridades o m ás bien del llam ado "princi­ pio de autoridad".

en un tiem po de volatili­

q u ed ad o confiscadas d o n d e la indistinción

urbanística entre u n

ay u n ­

El discurso capitalista rechaza la castración

Corrosión del carácter, declive del program a institucional,

sociedad líquida, sociedad de riesgo: desde distintos lugares se

señala que la m o d ern id ad no es el lu g ar salidad conquistada para siem pre, o del

hacia una superación, sino que en el m ism o p ro g ram a m o d ern o

existe algo trágico, una ruptura, algo que siem pre puede hacer surgir todas las instancias de la escisión. E videntem ente, esto inauguró diversos problem as para el psicoanálisis, m e p e rm ito " situar uno de ellos com o m ero ejemplo: resulta que todos los conceptos, perspectivas, construcciones en la enseñanza de Lacan que hablaban de un fin del análisis donde había una d es­ identificación del sujeto, donde había un atravesam iento del fan­

tasm a, don d e había

su "ser de goce" en el "objeto a", probablem ente tuv ieran com o condición u n O tro sim bólico determ inado, el O tro de las o p e ra ­ ciones de alienación y separación que no deben confundirse tan rápido con inserción y desinserción, porque encontram os ahí un pu n to que habría que discutir con cierta atención. Pero lo que se fue percibiendo es que el psicoanálisis, en estas propuestas de acceder al p ropio ser del desecho, a la propia desidentificación,

u n encuentro entre la división del sujeto con

fácil de una U niver­ progreso teleológico

ese recorrido p o r el cual la gram ática del fantasm a era p o r fin develada en su condición pulsional, exigían u n O tro con cierta estabilidad, un O tro del N om bre del Padre, un O tro con cierto

a

dispositivo,

si usted es m e p erm iten la expresión, de "p u n to s de

capitón".

Estas propuestas, que le daban su especificidad a la operación analítica, y que hacían del discurso analítico el reverso del d iscu r­

so

en que ese O tro estaba cuestionado en su propia raíz, pues, el "ser de objeto" ya lo estaba provocando la propia civilización en sus

m odos de producción de lo "ente" com o m ercancía.

del am o, se volvieron problem áticas desde el m ism o m om ento

Por

ello, no es de ahora

que el p ropio Lacan en la "P ro p o si­

ción del pase" afirm a que la civilización tiende hacia la acu m u ­

lación de desechos. Y no es de hoy que el propio Lacan sostuvo

que el

concentración, y no es de hoy que hay una anticipación de Lacan

a todos estos sociólogos que hablan de la "corrosión del carác­

ter", "la sociedad líquida", "el declive del program a institucio­ nal", que es el célebre discurso capitalista del que tanto nos

p u n to de fuga de las sociedades m o d ern as es el cam po de

hem os o cu p ad o y que ah o ra no sé si vale la pen a com entar, pero en donde, si al m enos rep aram o s (tiene m uchas interpretaciones y lecturas ese quinto discurso sin reverso) en qué lugar Lacan sitúa al sujeto -recuerden ustedes que es un m ovim iento circu­ lar que, rechaza la castración y que no tiene corte alguno. H ay dos lecturas inm ediatas: una, que entonces la alienación y la separación están seriam ente objetadas en el discurso capitalista, p orque efectivam ente el sujeto ya no está bajo las condiciones lógicas de la secuencia significante Sj -* S2, y dos, que ese suje­

to p u ede ser

liberal", que tiene todo el tiem po un acceso al goce fuera de la castración, o bien com o u n "desecho", como un sujeto acéfalo que no tiene ya ningún tipo de identificación simbólica, que no está articulado a ningún significante amo, y que no tiene, en todo caso, otra ocasión para conjugar su propia identidad que su propio ser de goce. Son, com o ustedes pueden apreciar, en prin­ cipio, dos sujetos absolutam ente diferentes en cuanto a su lugar en el O tro social, au n q u e incluso se p u edan establecer entre am bos una relación de frontera y contam inación.

entendido o bien com o "el sujeto consum idor neo­

La miseria: estar a solar con la pulsión de muerte

Por ejem plo, hablando con m uchos trabajadores sociales de

los fenóm enos de las "villas m iseria" en A rgentina, nos instruían sobre cóm o los sujetos no se articulan p o r la vía del significante, no hay construcciones identitarias que respondan a las lógicas sim bólicas, y cada vez m ás hay sujetos coordinados a sus m odos de goce, en la m iseria, p o rq u e la m iseria no es com o pensaba iMarx la "no-satisfacción de las necesidades m ateriales", no es

solo, sino, tal com o p ro p o n g o en

niana, es estar a solas con la pulsión de m uerte en el declive de toda la estru ctu ra sim bólica. Esa es la v erd ad era m iseria, es decir, "el crack", "el paco", las diversas drogas; donde los luga­ res de m iseria son lugares de altísim a condensación de goce. Este es, efectivam ente, u n gran tem a para discutir con los teó­

ricos de las ciencias sociales, para discutirlo con hum ildad, y lle­

mi texto sobre la izquierda laca­

g ar

a saber entonces h a sta d ó n d e el psicoanálisis p u ed e fecun­

d ar

un a praxis social.

Entonces, efectivam ente, todos sabem os que an u d an en su "intensión y extensión", y por lo

las Escuelas se tanto todas las

categorías propias del discurso analítico se vieron afectadas, vam os a decir, por esta m utación que se dio en el interior d e la

m odernidad y que, a mi juicio, el térm ino "posm odernidad"

veló durante m ucho

guo, que no perm itió ver ciertos problem as estructurales d e la

propia m o d ern id ad . Por ello te posmoderno, d o n d e intenté

con el filo lacaniano. Pero no voy a entrar en todo eso porque nos llevaría a otro sem inario. Lo que sí quiero decir es que el propio psicoanálisis * en su especificidad com o fin de análisis, se tuvo que interrogar sobre su propia finalidad, pues tal vez se estaban produciendo

transform aciones en el propio cam po en donde el sujeto alcanza

su propia constitución, en el cam po del O tro, hasta tal punto q u e se llegó a form ular duran te m ucho tiem po una tesis que es la de "el O tro que no existe" (M iller-Laurent). "El O tro que no existe"

es la versión lacaniana de la m utación m o d ern a

aludíam os, y dicha versión se sim plificaría del siguiente m odo:

estuvim os en la época donde cada uno atiende solo a su m odo de goce, y no dudo del valor descriptivo de esta cuestión, pero

por m uchos m otivos me resulta insuficiente.

tiem po porque fue un térm ino vago, am bi­

pub liq u é u n texto, Jacan en el deba­ atravesar á los íilósofos m o d ern o s

a la que an tes

En esta pendiente, tam bién se llegó a form ular un tem a clíni­

co interesante, a saber: lo que

lógica cultural del capitalism o tardío, en relación a la cura an alí­ tica, es el "saber hacer ahí con el síntom a" m ás que la teoría del atravesam iento del fantasm a. Es un debate que creo que tal vez haya que retomar.

es m ás p ropio p ara p ensar en la

La civilización siempre renueva su odio hacia el psicoanálisis

Pero en cualquier caso sí creo que estam os en un tiem po

la época se le vino encim a. P or otra parte,

d o n d e al psicoanálisis

la

época da la sensación que se le ha venido encim a a todo el

m

undo. No obstante el psicoanálisis quedó interpelado, com o

hacía m ucho tiem po que no lo estaba, po r su pro pia condición de posibilidad. Y esta interpelación es lógicam ente distinta, al asedio de los poderes públicos y su norm ativism o delirante. U na es la interpelación que siem pre enriquece al psicoanálisis, p u e s

el psicoanálisis no p u e d e vivir sin ella, o tra es el

lización siem pre renueva hacia el p ro g ram a del

odio que la civi­ psicoanálisis.

Si d u ran te u n p erío d o p'arecía ser que las condiciones de posibilidad eran siem pre evidentes, y es donde parece que este

d eb ate

pen só que los pro blem as q u e tenía la propia práctica analítica

d ev en ían de m an era in m an en te de la propia práctica -léase las resistencias del analizante, léase que el analizante no puede lle­

var hasta las últim as consecuencias su

tasm a, léase que el analizante tiene tales condiciones de goce que no p erm iten ir d em asiado lejos en su elaboración de saber inconsciente-; bueno, no, el psicoanálisis no estaba solo asedia­ do espectralm ente, como diría D errida, por su propia práctica, sino que descubrió que tam bién, como toda práctica, exige con­ diciones de posibilidad, y que esas condiciones pueden ser favo­ rables a una práctica o al revés, ir en una dirección en donde esa práctica tenga que estar cada vez m ás revisada, problem atizada,

in

v erd ad ero interés, si d u ran te u n perío d o se

tiene

su

atravesam iento del fan­

d ag ad a, y creo que es lo que está pasando.

Todos somos candidatos a la desinsección

C reo que a p a rtir de que se percibió que en el O tro de la

m

esta inestabilidad, el psicoanálisis ha quedado bajo una fuerte

interrogación sobre sus p rop ias condiciones de existencia. Sin em bargo, insisto tam bién, en que esa interpelación le da al psico­ análisis su fuerza como experiencia incom parable. H abíam os dicho antes que el propio Lacan -en referencia al discurso capita­ lista com o una acum ulación de desechos-, lo había form ulado en filigrana, entrelineas, de distintas m aneras. Así que ahora esta­

a decir, para decirlo rápido, toda

o d ern id ad aparecía, vam os

m os entonces con el tem a de la inserción, de qué es lo que se hace con todas las personas que cada vez tienen m ás "precariedad sim bólica", que es una expresión que solo vale descriptivam ente

y

urgente ver qué decisión se tom a con el hecho de que todos som os en potencia candidatos a la desinserción, todos som os can­

d id ato s a

con eso, de tal m anera que, p o r un lado, no q uede afuera de este problem a, pero a la vez no q u ed e afuera del psicoanálisis m ism o. Esto es, p o r otro lado, lo ap asionante del psicoanálisis a lo que resp o n d o en la entrevista: el psicoanálisis no sería atractivo

la "precariedad sim bólica", y qué hace el psicoanálisis

vuelve cada vez m ás

que

se usa

coloquialm ente, cuando

se

si no estuviera siem pre a p u n to de extraviarse, de arruinarse, de

fracasar, cié hibridarse, de no resp o n d er

desde su propia ética. Por supuesto que no creo que estos problem as se presenten

exclusivam ente cuando el psicoanálisis está en las instituciones,

en la p ro p ia práctica analítica.

Creo que el discurso del am o no se presenta solo cuando se piden subvenciones, o cu an d o se tratán de hacer una política pública, el discurso del am o tam bién está involucrado en el cora­ zón m ism o de la propia práctica analítica.

ya que estos problem as están

a lo que debe resp o n d er

La ideología: el fantasm a fuera de la experiencia analítica

En relación a esto hay otro gran tem a, que siem pre m e ha apasionado, que es el de la ideología, que excede el problem a del fantasm a en este caso, y que es un tem a que, com o qu ed ó en el desván de los recuerdos por su tradición m arxista, no ha sido lo suficientem ente pensado; por ejemplo, el hecho de que un suje­

to p u ed a hacer una experiencia analítica,

las transform aciones que se esperan, y sin em bargo el dispositi­ vo de su ideología m antenerse intacto. M ás que ver a la ideolo­ gía com o un capítulo m ás en la problem ática del fantasm a, teniendo en cuenta la perspectiva que p resenta Lacan en su s observaciones sobre la voz y la m irada, m as bien entiendo que la ideología sería el m odo en que el fantasm a juega su partida fuera de la experiencia analítica, com o cierre del inconsciente desde su interior, o com o fantasm a sin construcción posible. Tal vez no sea este un problem a estrictam ente analítico, pero sí un índice del m odo en que Lacan ofrece nuevas herram ientas para otro m odo de pensar el hecho social. Por ello, siguiendo mi p ro ­ pio cam ino, considero que "la voz y la m irada" juegan, precisa­ m ente p o r ser "objetos a" fuera de la lógica de la castración, u n papel clave en la construcción ideológica de cada sujeto, es decir, es lo que le da a la ideología su fijeza y su perm anencia inerte. Esto es sim plem ente una disgresión para decir que no creo que estos problem as estén solo situados en una oposición bina­

obtener de la m ism a

com o si p u d iera perd er su esencia com o va a lo público y la m an ten d ría en la con­

sulta; me parece que sería u n a sim plificación extrem a; el pro b le­ ma está en los dos lugares, porque tam bién en las propias con­ sultas el psicoanálisis siem pre estuvo bajo la sospecha, por p arte

ria: público-privado, psicoanalista cu an d o

de las ciencias sociales y de otras prácticas, de ser una técnica de adaptación.

su enseñanza tratan d o de decons-

truir todo lo que en la h istoria del psicoanálisis, desde la ego psy-

chology hasta el "an afreu d ism o " y el "kleinism o", se había

to u n a técnica de adaptación.

El p ropio Lacan con stru y ó

v u el­

La adaptación corno problem a de la práctica analítica no nece­

sitó que aparecieran ni los CPCT ni las políticas públicas. En el

corazón

será finalm ente una estrategia de adaptación sutil al discurso del

am o, sospecha que adem ás la izquierda p o r su confusión prelaca-

niana, m antuvo siem pre con

Entonces en esta deriva, un elem ento que parece que sería interesante evocar frente a ustedes es el siguiente (como dije antes, presento distintos escenarios y después vem os el sentido que tiene que yo presente esto para ir preparando mi culm ina­ ción): hay un filósofo italiano que ha producido u n gran atracti­ vo entre los intelectuales, y que m uchos de ustedes conocen, que

es G iorgio A gam ben. Es difícil e n te n d e r qué q uiere decir, pero si u n o es laca ni ano no va a retroceder porque encuentre a un filósofo esquivo o am biguo. Es difícil saber, p orque gusta de hacer m uchos recur­ sos a la etim ología, porque tiene a veces un afán genealogista, es decir, la idea d e que a través de la etim ología u n o p uede leer las

en

cam bio a los p sicoanalistas no nos dice m ucho. Tal vez este sea un capítulo de las relaciones diversas entre la neurosis obsesiva y la filosofía contem poránea. Pero hay unas tesis de Agam ben, que sabemos que en su día leyó a L acan -p o r ejemplo en Estancias todavía lo citaba, aunque después lo dejó de citar—, que tienen una resonancia particular con Lacan y que parece que deberían ser tom adas en cuenta en un debate sobre inserción v des-inserción, porque son unas tesis muy extremas; habría incluso que preguntarse por qué tuvieron tanto éxito.

estructuras, que es u n a cosa que les gusta a los filósofos y que

m ism o del psicoanálisis está el problem a de si éste no

respecto a la práctica psicoanalítica.

Agamben: una vida desnuda de toda determinación

La tesis de A gam ben es que en las sociedades m odernas, lo

paradigm a para

pensarlas, ya no son las ciudades, com o ocurrió en m uchos pen-

propio y específico de las m ism as, el verdadero

sadores anteriores, sino el cam po de concentración, que lo p ro ­

pio de la m o d ern id ad es

tiene que pensar a partir del cam po de concentración. Es bastan ­ te extrem a la posición. M ás que en el O tro de "las Luces", A gam ben sitúa toda su indagación, en lo que Lacan denom ina la"oscura autoridad del O tro". Lo que caracteriza al po d er

este carácter trágico, que lo m o d ern o se

Soberano en la m o d ern id ad es la capacidad de decidir sobre el

los

traductores se han p u esto de acuerdo en form ularlo así; la " n u d a vida", en griego zoé, que a diferencia de la vida articulada ál d is­

excluido, que A gam ben llam a la "n u d a vida", y que todos

curso, que es el bios, es vida d esn u d a de toda determ inación. A quí es difícil entender a A gam ben, pero harem os un esfuer­

zo de posible transm isión. A gam ben dice que, a diferencia de lo

que creía H obbes, d o n d e

el

estado de n atu raleza era

ab an d o n a-,

do, "d o n d e el hom bre es

el

lobo del hom bre" q u ed a

atrás, p ara

llegar así a una relación contractual donde todos deponen sus

instintos destructivos hacia los dem ás para ingresar al pacto

sim bólico contractual. A gam ben sostiene

que no hay tal n a tu ra ­

leza contractual del soberano, porque lo que distingue al sobe­ rano m oderno es la capacidad de m atar al excluido sin que eso sea un hom icidio, y sin que eso sea tam poco sacrificable.

m atar sin que pase

nada, y sin que sea sacrificio, porque si es sacrificio todavía hay

Otro, todavía le estam os tributando; si hay sacrificio todavía se lo estam os ofreciendo a algún Otro. Si hay hom icidio todavía esta­ m os bajo el discurso jurídico, es decir, estam os todavía bajo las leyes de la ciudad. El soberano no se constituye ahí. El soberano necesita, dice Agam ben, de un espacio de indistinción en donde

u n o

está en la n u d a vida o en su exterior; en definitiva, lugares

no

En cualquier m om ento uno cae de un lado, en donde el soberano

p u ed e decidir hacer lo que

nin g ú n castigo porque hace lo que quiere sin

licam ente, lo cual no quiere decir que exista ahora un soberano que se dedica a m atar gente p o r la calle. Se la m ata, la gente se m uere, pero lo interesante de A gam ben es que no lo ve com o una anom ia ni com o una anom alía de lo social, sino com o el rasgo constitutivo del p o d er soberano, a saber; el estado de decepción Que existan excluidos, que van desde "el m usulm án del cam po de concentración" al del estado com atoso donde su cuer-

se p u e d a d eterm in ar si uno está en el interior o en el exterior.

no se sepa

si d o n d e

"La vida n u d a" es esa vida que se p u ed e

m

uy bien si realm ente se está vivo o m uerto,

quiera, y adem ás,

no recibir po r ello sancionarlo sim bó­

po h a q u ed ad o red u cid o

tiene su nom bre propio, hasta el extranjero exiliado que va de

aeropuerto en aeropuerto m ientras no encuentra jam ás el lugar

de inscripción

lo que él llam a el homo sacer, la mida vida, que -e sta es la origina­

lidad de A gam ben— le es

un elem ento que sucede a pesar del amo: el am o no sería el am o sin esta exclusión radical que hace a la vida m atable, sin que sea hom icidio ni sacrificio. Es decir, que se pueda m atar sin que esto com porte nada. Para darle m ás calor a esta cuestión, recuerdo ahora lo que en su día W alter Benjamín llam ó "la violencia pura, revolucionaria, de redención", donde tam bién se abría una consi­ deración en un sentido inverso pero simétrico: m atar sin que haya crim en en nom bre de la justicia revolucionaria, siem pre dis­ tinta al D erecho instituido. Pero volviendo a nuestro tema, el que

consustancial al am o m oderno. N o es

sim bólica, en fin, hay u n m ontón de ejem plos de

a la n u d a vida, y sin em bargo se m an ­

está en la n u d a vida no p u e d e ignorar, com o dice A gam ben, al bando soberano. El está en el exterior absoluto, supónganse que es u n homeless, está en el ab an d o n o total, vive en la calle, no tiene ningún tipo de atención, está en el desam paro, pero sin em bargo el b an d o soberano lo p u ed e ten er en cuenta en cualquier m om en­

to, en u n m odo equivalente, a cu an d o Lacan sitúa a la m irada del

O tro com o algo frente a lo cual siem pre estam os disponibles.

Desinserción: anudamiento entre ley y estado de excepción

El está fuera, p ero a la vez está dentro, com o en los textos de Kafka, es u n anudam ien to entre la ley y el estado de excepción. Porque lo que va a venir a decir A gam ben aquí es que el estado de excepción -el cam po de concentración es un ejem plo de esta­ do de excepción— se ha vuelto la "norm a" de la vida contem ­

dice la n o rm a y

no la Ley. C om o u sted es ven, A gam ben es m uy extrem o, pero él piensa que, tendencialm ente, la biopolítica de la que hablaba Eoucault encu en tra en esto su v erd ad era razón de ser, el hecho de que el soberano necesite cada vez m ás de la n u d a vida para, precisam ente, constituirse com o bando soberano. Es decir, el soberano actual no necesita los contratos, necesita el estado de excepción: necesita lugares d o n d e no se sepa bien si uno está adentro o afuera, si está preso o libre, que uno no sepa bien qué lecho sim bólico lo protege.

poránea. Jal vez valga la p en a recordar que se

D onde está verdaderam ente su poder es en el hecho de que

haya cada vez m ás personas que no sepan a qué atenerse, ni

sepan d ó n d e están; esto vuelve al p o d er actual

Unheimliche.

Entonces es u n escenario, filosófico esta vez, que sería intere­

la inserción y la des-

inserción. Trato aquí de transform ar un escenario filosófico en u n signo del m alestar de la cultura propio de esta época, tal vez

sante tenerlo en cuenta en este

tem a de

este sea u n m odo de ejercer la “antifilosofía".

Años 70: los desinsertados eran "figuras del oprimido"

¿Q ué es lo que, a m i juicio, se le po d ría objetar a A gam ben? Pero haciendo esta objeción a A gam ben (y con esto term ino) q u i­ siera tam bién introducir un debate respecto al psicoanálisis, y para esto tengo que rem itirm e a una historia personal del com ienzo de mi form ación, ya m uy lejos en el tiem po, en los

años '70. U n debate respecto a la historia del psicoanálisis. En los

algunos que v an a recordar esto— ,

antes de que fuera derrotada a escala m undial la izquierda, se

hizo m uy fuerte la idea de que los enferm os m entales, los locos, los psicóticos, los desinsertados, los excluidos, eran "figuras del o p rim ido". Tal vez esto hoy en día suene m uy extraño a ustedes, pero quiero m ostrar que esta sencilla caracterización introduce u n cam bio de perspectiva que, para mí, está ausente en el d eb a­ te de la inserción y desinserción y en todo lo que se dice actual­ m ente sobre este debate.

detalle? El problem a

que teníam os en aquel entonces era que, realm ente, el sujeto his­

tórico que, objetivam ente, por su posición en el aparato p ro d u c­ tivo, estaba destin ad o al proyecto de la revolución, era la clase obrera, que por su lugar objetivo en el aparato productivo y por su relación con la explotación de la tuerza de trabajo, estaba d es­

tinada,

dias, al proyecto revolucionario. Entonces los locos, las putas, los desinsertados, el lumpen, ¿qué se hacía con ellos? Entonces apareció la lectura de Eranz Fanón, que tam bién para ustedes puede ser m uy extraño, pero que lo prologaba Jean-Paul Sartre, y que explicaba, precisam en­ te, que se p o dían establecer, com o diría ahora Laclan, cadenas de equivalencias con todas estas figuras de la opresión.

años '70 -creo que aq u í hay

¿Q ué es lo que señalaba este peq u eñ o

con el trabajo político correspondiente de las van g u ar­

De esa m anera, fue gan an do terreno en el cam po de la

salud

m

ental de aquella época la idea de que la práctica de la salud

m

ental era una práctica política, de tal m anera que hubiera sido

m

otivo de risa para todo el m undo hablar de precariedad sim ­

bólica, porque

ca, ¿de quién? ¿De la burguesía, de los que tienen cuentas en el banco? ¿Fracaso escolar de quién?

Prim ero se hubiera preguntado: de quién, dónde y cómo, porque, efectivam ente, com o se aceptaba que había un antago­

nism o constitutivo de la sociedad -y creo que esto no choca con

la idea de Lacan—, es decir, la división del sujeto es una división

inherente

tam bién a la estructura colectiva, como se pensaba que

es com o si se hubiera

dicho: precariedad sim bóli­

había

u n antagonism o, la p recaried ad sim bólica,

el fracaso esco­

lar, la

des-inserción, todos estos térm inos exigían

p reg u n tarse en

qué lugar de la estructura productiva estaban estos sujetos p ara que se pudiese llegar a la orientación político-clínica pertinente.

O bviam ente se consideraba que no era lo m ism o la precarie­ d ad sim bólica teniendo 10 m illones de euros en el banco que la cuestión de ser, p o r ejem plo, ad em ás de psicótico, un pobre y sin

trabajo, y a

decía en aquel tiem po. C’on esto quiero señalar que, au n q u e había u n a lectura d em a­

siado "m etafísica del antagonism o" -p o rq u e el antagonism o ráp id am en te se n o m b rab a y se daba p o r hecho, y, gracias a Lacan hem os entendido que el antagonism o no puede ser nom ­ brado tan rápidam ente, y que adem ás no se presenta de una

la vez sin n in g ú n tipo de contención social, com o se

m anera positiva, ya dada, m ás bien hay una dislocación real -el térm ino es de L aclau-, im posible de suturar, alrededor de la

cual, eventualm ente el antagonism o p uede construirse, siem pre

y cu an d o el m ism o se elabore políticam ente. Lo cierto es que al estar presente en esa época la idea de antagonism o, tom aba

m ucha fuerza la idea de g rupo, es decir, el psicótico, el lum pen, el desinsertado, el que no encontraba ningún lugar, el que esta­

ba todo el tiem po realizando acting-out, el que se quedaba a cada rato sin trabajo, el que se quería suicidar porque no había obte­ n id o los m ism os logros que los de su generación, etc., encontra­

ba o

cisam ente, de esa desinserción. Pero ese grupo -p o r eso Pichón Riviére fue tan fuerte en ese

m om ento, m e refiero al caso argentino— tenía siem pre algo que

iba m ás allá de lo psicopatológico, tenía una tarea que se llam a­

se inten tab a que encuentre, en el grupo, la suplencia, p re ­

ba así "el esquem a com unicacional referencia! operativo"; tenía

una vocación, operativa, es decir, se trataba de situar a los sujetos en grupo porque, en definitiva, se trataba de volverlos a intro­ ducir en el único discurso que puede volver a articular a un suje­

que es la política; p o r

to al lazo social cu an d o ha p erd id o todo,

supuesto no se trataba de la política que ahora se nos presenta

com o cálculo utilitario de los sem blanteé,

se trataba de la políti­

ca como invención de un "saber hacer ahí" con el malestar, pero dom inada finalm ente, y este fue su im passe por las lógicas iden- tificatorias. La política era el único discurso que tenía u n sujeto para poder volverse a inscribir en el Otro, cuando se había des­ tru id o todo, cuando interp retab a a la vez que esa destrucción le afectaba a él de una m an era en d o n d e él podía, sin forzar d e m a ­ siado las cosas, hacer equivalencia con otras destrucciones sem e­ jantes que se daban en el orden social. Entonces la política era la posibilidad sim bólica que tenían los sujetos de re-articularse en un discurso, y sobre todo porque esta política tenía una función m uy interesante, que si era por su acción que estaba fuera de la ley, fuera de la ciudad, estaba fuera

tener otra ley p o r­ com o decía W alter

Benjamín, adem ás de las leyes del E stado y de la sociedad, esta­

ban lógicam ente las leyes de la revolución. Se intentaba en aquel entonces lograr que el estar fuera del circuito de los aparatos id e­

ológicos del E stado

riam ente en ser un pobre diablo desinsertado que ya no tiene

nada, aún quedaba reconocer nuevo p u n to de partida, y esa

de la ley de ellos, los enem igos. Se trataba de que al estar todo in spirado en el antagonism o,

y de la B urguesía no desem bocasen necesa­

su lugar en la estructura para u n av en tu ra era la política.

Evidentem ente, todo esto llevó a un gran im passe: el m ás

im p o rtan te fue que la

rencia sobre la clínica, y se politizó todo tan to que ya nadie sabía

v erd ad eram en te cuál era la diferencia entre un neurótico

psicótico. Se descuidó tanto la clínica que toda la causalidad com pro­

m etida en la em ergencia de la psicosis se term inó p o r descono­

cer, po rque solo llegaban siem pre los ecos sociales del problem a,

y u n

pasión p o r la política p rodujo u n a indife­

y la sim plificación sobre el sujeto, aquella reducción a su id en ti­

ficación política, term inó derivando en la p eor sim plificación de

la política

En Italia Franco Bassaglia, y aquí en España Tosquelles, y el propio D eleuze con su Anti-Edipo, viendo las virtudes revolucio­

narias del esquizoanálisis, fueron alcanzados por esta onda.

E videntem ente, es un a

onda, que d esde la

perspectiva histó­

rica actual, nos perm ite hacer un exam en, tanto del im passe de

la

política p o r desconocer al sujeto, com o tam bién un im passe

de

la

clínica p o r tam bién desconocer al

sujeto. Es decir, los dos d is­

cursos

q u ed aro n en tra m p a d o s en

su represión de lo que era real­

m ente el sujeto del inconsciente: la política forzaba las identifi­

po rq u e no había política sin identificaciones, y a la vez

la clínica era cada vez m ás desconocida porque había que enca­

jar com o fuera a la figura del psicótico en la figura del excluido

caciones,

de

cía su propio potencial revolucionario, com o decía incluso el

m ism o D eleuze del esquizofrénico.

lo social, del o p rim id o p o r la sociedad, el loco que descono­

E fectivam ente, no se p u e d e desconocer lo que estoy a d m i­

tien d o de inm ediato: el im passe. Pero sin em bargo, rescataría el elem ento del antagonism o, es decir, aquello que falta en el d is­ curso de A gam ben y en otros discursos contem poráneos.

A gam ben ve u n soberano que tiene cada vez m ás la ten d en ­

cia de realizarse com o soberano generando excluidos: zom bies,

v am p iro s en algo que no

pero no existe

podría ser una confrontación política, de carácter antagónico y

con posibilidades de transform ación.

o

"clase obrera", bien, pero aquí no hay u n a sociedad donde todos

tienen los m ism os intereses, y todos padecen de la m ism a m ane­ ra los efectos del m ercado o las consecuencias del llam ado "esta­ do de excepción". Esta m ism a cuestión se puede rem itir al deba­ te sobre inserción y desinserción. Rescato de aquella época del

g ru p o y de

m ento que perm itía articular sim bólicam ente a los sujetos a un

en su discurso ninguna ap ertu ra hacia lo que

el m u n d o , lo que ustedes quieran, la "n u d a vida", p o d em o s d istin g u ir entre el anim al y el hum ano,

Q ue el antag o n ism o ya no se p u ed a no m b rar "burguesía",

la politización de la práctica de

la salud m ental el ele­

discurso político inspirado en el hecho de que había algo consti­ tutivo en todo lazo social que era el antagonism o.

El psicoanálisis: un síntoma de la izquierda

fracaso

escolar, precariedad sim bólica, desinsertados, ¿qué se va a hacer

con ellos? ¿Y p ara quién, y en dónde? ¿Q ué otra cosa que cola­

Creo

(¡lie si

u n o

quita

el

antagonism o

su

función,

b o rar p ara que la cosa m arche? E ntiendo q u e esto problem a de los psicoanalistas, y que tam poco hay

política europea actual ningún proyecto de transform ación que asum a el antagonism o como tratam iento del malestar. Por lo tanto, tengo que volver a la vieja tesis de que el psico­ análisis fue m uy fecundo en la m edida en que fue "u n síntom a de la izquierda", encarnaba aquello que' en la izquierda no se podía m etabolizar políticam ente. Claro, cuando no hay m ás izquierda, el psicoanálisis m ism o entra en sus rum iaciones pequeño-burguesas, com o por ejem plo hablar de precariedad sim bólica, sin analizar aunque sea un instante de qué precarie­

no es solo un del lado de la

dad hablam os. No digo que no se suicide un señor m illonario, se están suicidando m uchos ahora. N o digo que el sujeto rechazado que tiene una gran fortuna no se pegue un tiro por un delirio m elancólico de ruina, no se trata de desm entir la clínica psicoanalítica en sus preceptos esenciales. Pero convengam os que si uno ve el ejército de fraca­ sados escolares, los desinsertados de las escuelas secundarias,

a constatar lo m ism o y m ás

los psicóticos cronificados, vuelve

aún que en los años '70, que es u n m ism o sector social el que en general nutre todo, con alguna excepción. Por lo tanto, creo que todo este debate, si se sustrae de u na caracterización sería de cuál es el O tro social en el que estam os

insertos, me parece que vuelve a u n im passe ahora del otro lado.

En realidad, lo que sería verd ad eram en te

u n

desafío es p e n ­

sar lo com ún fuera del cam po identificatorio. Lo que v erd ad era­

m ente introdujo Lacan com o problem a político, a mi juicio, es

h asta d ó n d e p u ed e p en sarse lo com ún sin m atar lo singular, o

dicho de

lar en su m utua correspondencia. Este sería verd ad eram en te el problem a, y hay algunas p eque­

ñas señales, porque com o lo señalé en mi texto

da lacaniana, hay un cierto duelo m arxista que se está haciendo

d en tro de la enseñanza de Lacan y al que creo que

der, en los pensadores postm arxistas que tom an a Lacan com o lugar de elaboración del duelo, y que m e parece que pueden tener en su horizonte este problem a: lo com ún y lo singular. Bueno, m uchas gracias por escuchar estas derivas tan im pro­

visadas.

otro m odo, u n an u d am ien to entre lo com ún y lo sin g u ­

sobre la izq u ier­

hay que aten ­

T r a n s c r ip c ió n :

D ia n a

L e r n e r

La m etamorfosis de la ciencia en técnica:

el discurso capitalista

I

El m odo en pliega sobre el

lím ite, u n lím ite que haga barrera a la deriva financiera incon­

trolada. N ada funciona com o p unto de am arre; las naciones y sus agrupam ientos, las instituciones m undiales, las m edidas

económ icas que pretenden paliar la em ergencia, de inm ediato se

reabsorben y se d ilu y en en

rece el lugar desde donde podría operar lo que Lacan denom ina

el N om bre del Padre y su efecto logrado: el punto de capitón. La

que la crisis "sistém ica" del capitalism o se d e s­ m u n d o m u estra con claridad la ausencia de un

los m ovim ientos del mercado. N o a p a ­

hem orragia no se detiene, el efecto de autoridad simbólica que debe acom pañar a la decisión tom ada se destituye con facilidad

y

el "sem blante" del Padre que garantice, al m enos coyuntural-

m

ente, u n a sutu ra en la hem orrag ia no En sum a, la au to rid ad sim bólica, su

term ina de em erger. credibilidad y la posible

lectura retroactiva de lo sucedido, no encuentran el tiem po ni el lugar para ejercerse de m odo eficaz. ¿Se llam a a esto "crisis del

capitalism o"? Por el contrario, nuestra afirm ación es otra, es el

propio capitalism o el

estructuras que hasta ahora venían sim ulando su regulación.

que es capaz de p o n er en crisis a todas las

II

En el llam ado discurso capitalista, Lacan m edita sobre u n d is­ positivo donde el sujeto se ha convertido en un ente que no depende de nada, solo está allí para que se conecten los lugares

y, precisam ente, al ser el capitalism o la m áquina que conecta to d o s los lugares, el corte es im posible. I’or ello, las au to rid ad es sim bólicas, instancias que exigen tanto el lugar vacío com o el significante am o que articula ese vacío a distintas representacio­

nes, se licúan en

lar. La esencia del discurso capitalista es el rechazo de la m o d ali­

d ad "im posible" pro p ia de la castración. Ln este aspecto, au n q u e hablem os de crisis sistém ica del capitalism o, debem os hacer una

salv ed ad im p o rtan te al respecto, el discurso capitalista carece de crisis p o rq u e no tiene reverso y su m ovim iento (al igual que la

p ulsión) no conoce las estaciones. Por ello, la crisis es la de aq u e­ llos organism os e instituciones que adm inistran al capitalism o, al no saber qué hacer con el excedente que siem pre sobrevive

d estru y en d o al ap arato productivo y se expande com o u n exce­ so ingobernable.

el circuito de m ovim iento perm anente y circu­

III

del discurso capitalista realiza todo el tiem po su propia

voluntad de satisfacción, en un circuito, que como hem os dicho, no está "cortado" por ninguna imposibilidad, pues su propósito es que todo lo que "es" en el m undo se presente como mercancía. Desde esta perspectiva, que indudablem ente no es la única, el dis­ curso capitalista no es una experiencia hum ana, la experiencia hum a­ na brota siem pre de un fondo de imposibilidad, su condición prim e­

ra es la falla, el límite, la castración. En el discurso capitalista, como en su día en los totalitarismos modernos, se encuentra en una forma implícita el proyecto de producir un sujeto nuevo, sin legado histó­ rico ni herencia simbólica. Este "sujeto capitalista" tributario de nada que no sea colaborar con la voluntad acéfala que realiza, se caracte­ riza entonces por no tener en cuenta consecuencia alguna. A utopropulsándose desde sí, de un m odo inm anente y conectado, en principio se presenta sin que se pueda pensar su exterior. ¿Es esto

un régim en inhum ano,

que lo hum ano es siem pre hijo enfermo e incurable de la falla, de la

un discurso inhum ano? Sí, si consideram os

El sujeto

castración, de lo imposible. No, si se considera que la historia de lo humano-occidental y su mundialización, ha sido producir un más allá de su límite, un goce mortífero que excediera a la propia consti­ tución simbólica, aún estando involucrado en la misma.

I V

El discurso capitalista es el dispositivo pertinente para consi­

d erar

el alcance de la hom ologación entre técnica y discurso capitalista,

es necesario en p rim er lu g ar

establecer la diferencia entre el sen­

tido m oderno de la ciencia y lo que aquí llam am os técnica.

la econom ía de goce pro p ia de la técnica. Pero p ara cap tar

V

En uno de sus grandes sem inarios, en "¿Q ué significa pen­

sar?" (Wns heibt den ken ? , 1 9 5 1 ) Eleidegger

axiom a: "La ciencia no piensa". Este axiom a no habla ya d e la

ciencia m oderna fundada en D escartes y Caldeo, aunque esa sea su génesis, m ás bien describe una m etam orfosis radical, algo

presenta el siguiente

que desde el interior de la ciencia m oderna rebasa y cancela su lím ite. Es lo que p erm itiría afirm ar que ya no hay m ás ciencia en

el sentido m oderno, o que

la m ism a, de u n m odo tendencial, es

lentam ente transform ada en su "espectro técnico".

VI

C on la m ism a orien tació n q u e H eid eg g er capta el m o m en to histórico de la ciencia m o d ern a m o stran d o en el m ism o, el s u r­ gim iento del nihilism o, la época que vuelve todo intercam bia­ ble, equivalente, evaluable, calculable, Lacan en sus m editacio­

Al estu d iar el m odo en que la ciencia es supresión del sujeto", se abre a d istin tas

consideraciones epocales sobre los efectos directos, propios de

la hom ogeneización llev ad a a cabo p o r el

cia. A saber:

ra al O tro o bien com o u n goce subdesarrollado o bien com o portador de u n exceso de goce m aligno. Por esta razón, Lacan cap ta en el cam po d e concentración el p u n to de fuga de las sociedades con tem p o rán eas. M ientras h u b o un tiem p o en la enseñanza de Lacan, donde la ciencia era sem ejante al discurso histérico, p o r su capacidad p ara p ro d u c ir saber con la v e rd a d oculta para el sujeto, tiem po después Lacan anticipa, recono­ ciendo los "n u ev o s im passes crecientes de la civilización", u n a

nes da un paso más. u n a "ideología de la

d iscu rso de la cien ­

el aum ento del odio racista, que siem pre con sid e­

to rsió n de la ciencia d o n d e sión de m uerte.

n u ev a

el sab er se

a n u d a

en

la

p u l­

V il

Del axiom a "La ciencia no piensa", H eidegger, aunque

no lo

haga expresam ente así ni esta sea su term inología, deriva estos tres teorem as:

1. La ciencia m o d ern a se fu n d a en la esencia de la técnica.

2. Pero la esencia de la técnica no es algo técnico.

3. La esencia

hechura m eram ente

hum ana, com o si p u d ie ra dom inarse con una m era su p e­ rioridad y soberanía h u m an a, acom pañada de la debida disposición m oral.

de

la

técnica

no

es

una

Estos tres teorem as dan cuenta del viraje de la ciencia a la téc­ nica. El cam po científico, en su estructura epistem ológica, en las construcciones pertinentes de su objeto, debe presentar u n lím i­ te relativo al saber que se propone elaborar. C ada ciencia es un "saber de" esto o aquello. Es precisam ente en relación a este

lím ite que el psicoanálisis p u ed e constituir su cam po teórico y clínico. El psicoanálisis no es u n a ciencia, no p o r un déficit ep is­ temológico, sino porque se ocupa de una "m ateria" (distinta de la naturaleza y de la superestructura) que se estructura con la

lengua y

d a lu g ar al sujeto del inconsciente.

El sujeto del incons­

ciente es

u n "lím ite in terno" d e la ciencia, se

sostiene en u n esp a­

cio "éxtim o" (exterior e íntim o) en relación a la ciencia, de tal

m anera que el sujeto es necesariam ente rechazado p ara que fun­

cionen ad ecu ad am en te las estrategias objetivantes de la ciencia.

el sujeto del lapsus, del

La ciencia m o d ern a existe, m ientras

sueño o del fantasm a, se m antenga en "exclusión interna al d is­

curso científico".

V1U

La técnica por el contrario no tiene sujeto. N o hay, en el sen ­ tido de I leidegger, técnica de tal o cual cosa. La técnica no se reparte en universidades, ni en cam pos de saber, ni construye

objetos ni puede ser evaluada “técnicam ente". Por el contrario, se trata de un ám bito de apropiación de los "saberes de", una apropiación al servicio de una v o luntad, que com o afirm a Heidegger, no puede dom inarse ni con una m era "superioridad

y soberanía h u m an a" ni con n in g u n a entid ad m oral. A la técni­

ca ni siquiera la

lim ita la g u erra y su devastación. f>

IX

La técnica es un ám bito de apropiación que una vez que cap­

tura a los saberes de la ciencia m oderna, los integra en u n n u ev o

proyecto que se caracteriza por ser capaz de reunir en un m ism o haz al sujeto cartesiano con la voluntad de poder nietzscheana rea­ lizando una am algam a sin precedentes: una voluntad acéfala y sin límite.

X

La técnica es la introducción de lo "ilim itado". M ientras la ciencia tenía como lím ite aquello que necesitaba excluir para lograr su propia constitución com o ám bito, la técnica ni incluye ni excluye, ni se refiere a lím ite alguno. Introduciendo lo "ilim i­ tado" en la escena del m u n d o , el m u n d o se vuelve el lugar donde los saberes y prácticas se convierten en cam pos de m anio­ bra de la técnica.

X I

Se ha p roducido tal am algam a entre el sujeto del cogito y la v o lu n tad de poder que esta ya no p u ed e ser regulada.

H eidegger em plea la p alabra alem ana Ge-Steil traducible com o

"estructura de em plazam iento", al ser

sam ente em plaza a todo "lo que es" a que se disponga, o que

esté en vías de volverse disponible, com o im agen de lo ilim ita­ do. Tal com o lo señala I leidegger en el 38, ya no hay im agen del

m u n d o porque es el m undo el que ha devenido im agen.

el dispositivo que preci­

J o r g e

A

l e m á n

XII

Si se ingresa en u n a época d o n d e lo ilim itado m o d u la la era

de la civilización, ¿en q u é secuencia histórica tuv o lu g ar esta

ciencia? ¿C uál fue el p rim er signo d o n d e la

técnica irru m p e en el paisaje histórico de la ciencia m oderna?

La técnica no se refiere, com o ya hem os dicho, a la m

m etam orfosis de la

era p ro ­

ducción o reproducción de objetos o instrum entos, es una

"ontología del ser" en la época de su olvido consum ado, "el

o lvido del o lv id o ", o si se q u iere el

olvido com o forclusión en

su sen tid o lacaniano. Esta provocación d irig id a al ser d e

lo en te

p

a ra que en treg u e h a sta lo m ás íntim o y nuclear de la

pro p ia

la

Shoah. O tal com o lo dice H eidegger, siendo él m ism o partíci­

pe

d e cadáveres, en su planificación burocrática y serial, es la o p e­

ración a so en el

límite, p o r el contrario hace referencia al acto que p or su carác­ ter ilim itad o no p u e d e p articip ar de la h istoria. Por lo m ism o es único, porque se p u ed e repetir en cualquier instante. No se

vida h u m a n a tu v o su p rim e ra em ergencia m o d ern a en

de la infam ia, "la fabricación de cadáveres". La fabricación

trav és de la cual la v o lu n tad ilim itad a hace su ingre­ m u n d o . La expresión "solución final" no expresa un

sabe aún si la h u m an id ad p u ed e reponerse de sem ejante ingre­ so de lo ilim itado. En cu alq u ier caso, es necesario señalar que

la "solución final" n o se ejerce en función de

m ism a d esb o rd a la dim ensión utilitaria de la

se hace p a ra

g u erra com o

en su requerim iento técnico.

p retex to en función del "triu n fo de la v o lu n tad ",

g an ar g u e rra alguna, por el contrario, se hace la

la g u erra, pues la lógica m ilitar. N o

XIII

M ientras la ciencia padece el retorno de lo reprim ido en sus

m om entos de dislocación, rupturas epistem ológicas, em ergen­ cias de nuevas invenciones, nuevos paradigm as incom prendi-

p ro m u ev e el retorno de lo forcluido en

dos, etc., la técnica solo

lo real. En la técnica no se trata del "olvido del ser" y su s dife­

rentes retornos, ya que al constituir la m ism a u n "olvido del

olvido", funciona en u n a lógica distinta de la represión. Por esta

m ism a razón, el discurso capitalista en su hom ología estructural

con la técnica, realiza u n circuito que al d estru ir la "d eterm in a­

entre el sujeto, la v erd ad , una m etam orfosis en red

de carácter rizom ático, que im pide y obstaculiza la estabilidad y reconocim iento de las categorías m odernas.

ción de la el saber y

v erd ad " elim ina la distancia la producción, in au g u ran d o

;S

xiv

La técnica no es un hecho histórico o una secuencia qué v e n -'

dría a continuación de la ciencia, al m odo de u n a consum ación

m acabra de la m ism a. Es un em puje, un Drang que im pulsa a la

ciencia hacia el dispositivo del discurso capitalista de m odo ten- dencial. Y a la vez, recíprocam ente, es la m anera en que el capi­

tal se apropia p ara su p ropio fin del espacio -v e rd a d , sujeto, p ro ­ ducción, saber- destruyendo su límite. N o hubo prim ero ciencia

ciencia

m oderna ha estado desde su propia constitución la invocación

técnica. De esta situación p u ed e su rg ir u n a hipótesis: tal vez el despliegue bélico industrial alcanzado a través de la ciencia

"v o z y

m o d ern a fue el que prep aró las condiciones p ara que la

seguida después cronológicam ente p o r la técnica. En la

la m irada", objetos p erd id o s de m odo inicial, se in co rp o raran al

artilugio científico para p rep arar su m etam orfosis técnica.

X K

La alianza entre neurociencias, cognitivism o e industrias far­ macológicas, constituyen p arte de la nueva "logística" del em p la­

zam iento técnico. Gracias a sus

tadas en las técnicas de im aginería inform ática, el ser del ente es

provocado para que se represente com o un ente, un ente que explique a través del funcionam iento cerebral los im perativos

m orales, la ética o su ausencia, el amor, las intenciones im plícitas,

los actos

localizar en la declaración del acusado. Es lo que el neurobiólogo C hangeux denom ina una "fisiología del sentido", un proyecto de sum ergir y subsum ir todas las determ inaciones de la subjetividad en las operaciones epigenéticas del cerebro. Esta alianza estratégica esencial al proyecto técnico y su políti­ ca, d o n d e lo "no descubierto aun" siem pre está por llegar en el

inconfesables, e incluso aquello que el Derecho no p u e d e

construcciones metafísicas, so p o r­

futuro ilim itado, establece que al ser lo determ ina o bien

raleza (cerebro - genes) o bien la superestructura (m odos, hábitos,

m arcas, nuevas conductas sociales, estilos de vida, etc.). Esas

determ inaciones exigen siem pre una unidad entre el cerebro y el

entorno garantizadas, según los casos, o bien por la "epigénesis"

o bien p o r la "plasticidad neuroñal". De lo que se trata en esta

logística

bienes", la lengua, eso que hace de cada uno un enferm o singular donde se cruzan el sexo, la m uerte y la palabra en una escritura cuya superficie de inscripción es el inconsciente y no el cerebro.

m ás peligroso de los

la n a tu ­

es de b o rrar la "infraestructura", "el

X V I

La experiencia m ortal, sexuada y parlante se vuelve en la civilización técnica un sentim iento en gran m edida determ inado por el odio, com o hem os dicho anteriorm ente, odio al goce sub-

desarrollado del Otro, odio al propio m odo de gozar en silencio.

A esto m ism o nos referim os cuando en la época d e la civilización

técnica hablam os de la "p o b reza de la experiencia".

XVII

La fuerza m aterial de la técnica se hace sentir en todo su

alcance en la m itología científica actual y su cam po de m an io ­

bras: m áq u in as m ilitares in tro d u cid as en el cerebro, fárm acos que destruyen la capacidad intelectual del enem igo, interrogato­ rios a deten id o s con un escáner que p u ed e m o strar la "v erd ad objetiva" o la "intención im plícita no dicha", pró tesis cerebrales

que tran sfo rm arán al so ld ad o en cyborg, interfaz entre cerebro

m áquina, conexión de todos los cerebros a un sistem a central y

corporativo, cerebros

depresión o la hip erm o tilid ad , cerebros atrapad os en una red en

la que ya no p u e d e n estar a la altura d e sus funciones, etc. Estas son las d istintas p resentaciones de la logística contem poránea. A sí las cosas, tanto la técnica com o el discurso capitalista, se presentan com o un Saber absoluto, com o un fin de la historia consum ado. C om o si el carácter inevitablem ente contingente del

capitalism o en su realidad

zado y "esencializado" de tal m odo que ya no fuese posible con­

cebir su exterior.

estro p ead o s por el estrés, el pánico, la

y

histórica hubiese podido ser naturali­

xvm

¿A través de qué significante nuevo se puede ap u n tar a un

Real im posible de d o m in ar e integrar p o r la técnica capitalista? ¿En qué espacio inédito ese significante p ropuesto p o r el psico­ análisis puede volverse un acontecim iento político? ¿De qué

m odo el psicoanálisis p u ed e

m o strar que, en los diversos im p as­

ses del siglo xx con respecto a la salida del capitalism o, aún p e r­ siste un saber en reserva y a descifrar?

Bibliografía

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Lacan:

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M iguel

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El legado de Freud

Un Freud legado por Lacan

G racias a Jacques Lacan el legado freudiano es siem pre

actual. Fue Lacan el que su p o

había logrado hacer coincidir la invención psicoanalítica con u n pensam iento político nuevo. El dictam en freudiano: gobernar, educar, psicoanalizar, son tareas im posibles, y fue considerado por Lacan en su verdadero alcance; la m odalidad lógica de la

im posibilidad necesitaría su

captar que Freud, a p artir de 1920,

tiem po histórico para po r fin m an i­

festarse en toda su m agnitud. El siglo xxi en este aspecto se p re ­ para p ara dar diferentes razones al dictam en freudiano. La for­ m ulación política de Freud que atravesó como un rayo al escenario m oderno la po d em o s form ular del siguiente m odo: la

el

Ley no es aquello que p reten d e ser, la instancia del superyó,

im perativo categórico, el heredero del com plejo de Edipo, sea

cual sea la nobleza sim bólica con la que se presente, m antiene una relación estructural con la pulsión de m uerte. A partir de

allí,

que quiere liberarse del poder para conquistar su libertad, o en otra variante, la idea de que un poder despótico y extraño im p i­

de la expresión de una pulsión

intrínsecam ente creativa y libre,

queda definitivam ente deconstruida. Este conocido desm antela-

la Ley a

la p u lsió n deja lu g ar

m iento de Jos ideales m odernos que in ten tab an o p o n er

la oposición entre u n p o d e r opresor y una "ex p resividad"

al cam po de la "am bivalencia"; la am biva­

lencia es la m áquina teórica que m uestra la secreta com plicidad entre los térm inos que se pretenden oponer. De ese m odo, la

am bivalencia p u e d e colonizar todos los ám bitos de

la experien­

cia h um ana; p u ed en caer los opresores p ero nunca

la opresión,

la em ancipación p u e d e ser la vía para instaurar u n am o m ás feroz, el am or p u ed e esconder una hostilidad hom icida, la h o sti­ lidad una firm e servidum bre am orosa hacia aquello que se odia

y tam bién el propio psicoanalista ser sin saberlo el portavoz de

la n eurosis obsesiva que q uiere in terp retar lo im posible. La am algam a de Ley y pulsión, y la am bivalencia resultante, expo­

ne a la m ism a práctica del psicoanálisis a que se tam balee la coherencia teórica d e su discurso. Fue precisam ente el coraje

in au g u ral de Freud en

testim onia de ello.

"M ás allá del principio del placer" lo que

H undim iento

de la ficción simbólica moderna

F.sta captación de la Ley en su raíz pulsional, anticipa en Freud el v erd ad ero sentido que tiene lo que actualm ente los sociólogos llam an "F1 declive del program a institucional". El relato que se nos presenta p ara describir este declive es el siguiente: existió en la M o d ern id ad un program a institucional ocupado de tratar y educar a los otros, a través de escuelas, hos­

pitales, iglesias, centros de form ación, etc. Este program a tenía

com o m isión fundam ental transm itir a cada versales q u e g aran tizaran la socialización y

seres parlantes. D esde hace treinta años el program a institucio­ nal entra en una im plosión acelerada, y el carácter supuesta­

m ente hom ogéneo que sostenía con su racionalidad al pro g ra­

ma, se deshace, se fragm enta, entra en procesos de hibridación,

d o n d e

au ra las au to rid ades sim bólicas: enferm os,

m édicos, alum nos, profesores entran en hibridación con corpo­

raciones p riv ad as que adq uieren una coloración sádica tanto vic-

uno los valores u n i­ subjetivación de los

pierd en

su

tim ista com o victim aría. Pero sería un error ver en esta efectiva destitución de las autoridades sim bólicas un debilitam iento del superyó. El h u n d im ien to de la ficción sim bólica m oderna que sostenía la orientación del aparato institucional ha trabajado

m ás bien a favor del em puje superyoico. Si el superyó, com o

afirm a Freud en "El yo y el ello" es el m o n u m en to que conm e­

m ora nuestra p rim era debilidad y dependencia, la arquitectóni­

edificios que en la ciudad se

ca del p ro g ram a institucional, los

ad o rn an con la "estética" de la Ley, ya llevaban en su propio

o rn am en to la huella del exceso superyoico. Esos santuarios de la

Ley albergaban entre su s p ared es una burocracia caprichosa y, a

veces, disparatada. La llam ada declinación del Padre, donde podríam os incluir el declive del program a institucional, es abso­ lutam ente com patible con la vocación gozante del superyó. Es lo

que explica que todas esas instituciones que ahora parecen per­ der su legitim idad, sin em bargo han aum entado considerable­

m ente su poder. Pero las causas no han sido solam ente la post­

m o d ern id ad ni el capitalism o global; en la m an zan a m oderna de la institución habitaba el gusano del superyó, que ahora sí, irrum pe en este tiem po histórico con toda su tuerza parasitaria. Por ello podríam os decir que el program a institucional encarna en la ciudad aquello presente en la estructura del inconsciente y que provoca en Freud esta versión política del hom bre com ún, versión que puede valer como una descripción tam bién de las

instituciones: el hom bre com ún de lo que él m ism o cree, siem pre

es siem pre m ás m oral e inm oral habla por encim a de sus posi­

bilidades, y es hipócrita de m odo estructural frente a las exigen­

cias de la civilización. De este m odo, la v erd ad era fuerza con­ servadora, lo que im pide la transform ación radical, leí que en

su m a sostiene la hegem onía cultural

del capitalism o tardío, no

está solo en los aparatos ideológicos, ni en las técnicas discipli­ narias, ni en la extensión sin lím ites de las redes de las m ercan­

cías. Todo esto ciertam ente cum ple su función, pero sería insufi­ ciente, si no se enten diera gracias a Freud, que u na civilización siem pre se sostiene de u n m odo esencial en la propia constitu­ ción turbulenta de un sujeto.

La irreductibilidad del nial

En el hecho de que la Ley encuentra su raíz en la pulsión, es donde aparece el verdadero enem igo de una política radical, es en "P egan a un niño" d o n d e se p o d rá encontrar la clave p o r la cual ciertas civilizaciones h an sobrevivido a p esar de la hostili­ dad de las grandes m asas que la sostenían. La explotación encuentra su m ejor aliado en el m asoquism o m oral, esta es la anticipación freudiana, y por esto, el m ism o obstáculo presente en transform ar una civilización es el que tam bién se nos presen­

ta en la cura. En esto el sujeto freudiano es lo m ism o que la civi­

lización, la oscura satisfacción del superyó, el castigo p o r la d eu d a y la culpa, la irreductibilidad del mal, constituyen la in er­ cia que en una m ism a topología reúnen al sujeto con la ciudad.

El psicoanálisis anuncia el fin de la utopia

En la anticipación de Freud, el superyó es

u n a p ulsión dis­

frazada de Ley que im p id e concebir la utopía de una sociedad por fin acorde con el interés general de los ciudadanos. Ni

siquiera el consenso dem ocrático

ción sin sentido de un goce inútil. Las agotadoras transacciones

y negociaciones con la Ley, los esfuerzos políticos e intelectuales

se reabsorben cada vez m ás en la infelicidad de su am bivalencia,

m ientras la Ley se recrea con los esfuerzos del propio sujeto. Al

final del cam ino, el intelectual es u n infeliz, que ha trabajado

p ara una Ley feliz, cruel y vengativa incluso con él m ism o.

C om o esas criaturas borgianas, sean apócrifas o verdaderas,

desd e John W ilkins a Pierre M enard, desde R aim on Llul a Funes, que u n a vez que han querido po r su vocación, llevar hasta las últim as consecuencias el proyecto de la Razón, ven de pronto

su rg ir en la p ro p ia in tim id ad del concepto algo

que realiza u n

estrago, que se sale de quicio, una locura producida por el pro­ pio funcionam iento lógico, donde las arm onías y sim etrías de las clasificaciones se dislocan y d ev o ran a su au to r o le revelan su

carácter irrisorio y m ortal. Por esta pendiente, es com prensible

que la burguesía, para in ten tar liberarse del estrago del superyó, se haya propuesto d urante un tiem po al m enos conectar la acu­

logrará n eu tralizar la repeti­

m

ulación de p lusvalía con el disfrute del arte com o un fin "en sí

m

ism o", de tal form a que se hiciera patente el carácter sublim a-

torio de esa satisfacción. De hecho, aunque la m odernidad ya esté m o d u lad a p o r la condición posm oderna, m uchas de las con­

tradicciones que actualm ente insisten no son otra cosa que el resultado de las tensiones lógicas entre las exigencias hom oge- neizantes del capital y las tradiciones jerárquicas burguesas.

Precariedad y contingencia histórica de la Ley

Dicho todo esto, una vez m ás se podría afirm ar que la antici­ pación freudiana es pesim ista, tarde o tem prano cualquiera sea

el tiem po histórico despotism o, el que

de obedecer. Pero hay que subrayar que en el legado político de

con la Ley, no hay solo pesim ism o.

Al fin y al cabo, si la Ley fuera trascendente y desinteresada

F reud, en esa am bivalencia

de u n a civilización, la Ley m ostrará su tosco im pone exigencias que superan la capacidad

como pretende ser, si su ile verdad u n a,au to rid ad

habría m ás política cjue la que se hace a través de la negociación

y transacción con la Ley, y esa política, com o lo llegó en su día a

afirm ar Lacan, p u ed e siem pre culm inar en la policía. Si hay u n a

oportunidad política, precisam ente tiene su punto de partida en que Freud al m ostrar el reverso obsceno d e la Ley le arrebata su trascendencia y legitim idad, para en cam bio m ostrar su preca­ riedad y contingencia histórica. Si en el logocentrism o de la Ley se esconde el plus de goce de la pulsión, se presen tan entonces

la

los resquicios, las fisuras,

invención política. U na vez m ás lo que le otorga al P oder su p e r­

m anencia es lo que constituye la posibilidad de su derogación.

arm am ento institucional constituyera g en u in a y legítim a, entonces sí, ya no

las condiciones

de

la ap ertu ra

a

Por ello Freud, que nunca nom bró cuál sería la civilización m ás pertinente para el ser parlante, sí en cam bio pudo sostener que

u n a

m inoría, y no le ofrece a las m ayorías con qué recursos enfrentar

las exigencias de la pulsión, esa civilización se vuelve insosteni­ ble. C om o lo afirm a en "El porv en ir de u n a ilusión", "u n a civili­ zación así ni tiene ni m erece la expectativa de u n a existencia d u rad era". Es v erdad que F reud siem pre señaló el carácter fan-

si la m ism a se soporta exclusivam ente en la satisfacción de

tasm ático de cualquier utopía totalizante, sin em bargo, pensaba que una civilización no siem pre merecía ser sostenida a cual­ quier precio. A esta posición el propio Lacan le rinde su ho m e­

naje cuando afirm a en "La dirección de la cura

testado com o ese hom bre de gabinete contra el acaparam iento del goce por aquellos que acum ulan sobre los hom bros de los

dem ás las cargas de la necesidad?

":

¿quién ha p ro ­

Nuevas identidades construidas según los modos de gozar

Este es u n principio de explotación esclarecido po r el psicoa­

nálisis, tan

De lo que se despoja

hacer la experiencia inconsciente del vacío de la C osa, que el superyó colma con su circularidad pulsional. Las nuevas identi­ dades construidas ahora según los m odos de gozar, dan ejem plo sobre esta cuestión. Por otra parte, las apelaciones de los filóso­ fos contem poráneos a la estética de la existencia, a los relatos iró­ nicos de uno mismo, las llam adas a darnos nuestra propia iden­

a las m ultitu d es es de la posibilidad de

im portante com o la m oderna extracción de plusvalía.

tidad en u n uso de los placeres, son aún prefreudianas; las m is­

m as siguen confinadas, a veces de un m odo m ás sutil que otro,

en la oposición P oder-E xpresión que antes m encionam os y que,

como señalam os, Freud había desm ontado.

La vida solo es soportable si se inventa una nueva relación con el superyó

En uno de los estudios sobre "El yo y el ello", Freud establece la diferencia entre la m elancolía y la obsesión a la luz de la exi­ gencia superyoica. M ientras en la obsesión el yo está m uy próxi­

m o a las fijaciones pulsionales que am enazan con contam inarlo,

en la m elancolía en cam bio el yo ha sido ganado definitivam ente

por la libido y se ha vuelto indigno de vivir. De este m odo Freud hace ingresar a la vida com o una categoría política que la

M odernidad nunca su p o discernir. La vida solo es soportable si se

inventa una relación nueva con el superyó, si logram os transfor­

m

ar la lógica am orosa que sostiene al superyó, al pasar por la g ra­

m

ática pulsional del inconsciente. En definitiva si en cada uno se

inventa una Ley que desm onte el artilugio del superyó. "H om bre con días d e fiesta y luto propios", afirm aba Nietzsche, y la obra de Freud es una respuesta. El psicoanálisis en su experiencia es el

custodio de este enigm a político. ¿Es posible o no transform ar la relación con la Ley a favor de una causa distinta al m andato superyoico? ¿Es el No-Todo propio de la lógica fem enina una res­ puesta al carácter m ortificante de la Ley? La invocación tan p er­

m anente en la filosofía contem poránea a un Dios que por fin quie­

re am igos y no siervos, un Dios hospitalario que no busque culpables, un O tro que siem pre reserve un lugar para lo singular, ¿no es la form a teórica que esconde una dem an d a ingenua dirigi­ da al sup ery ó para que afloje su tenaza? Dioses que no desean

encontrarnos culpables, textos indecidibles y abiertos a las lectu­

ras infinitas, "cuidados de sí" sabios que adm inistran el gobierno de uno m ism o, apertu ras al O tro, construcciones de identidades desprovistas de coerción, relatos irónicos, acontecim ientos que se librarían de la repetición. Todos estos filosofemas, m uestran que la filosofía contem poránea es un m ensaje destinado al superyó y el siglo xx, lo sepa o no, es u n a indagación sobre la subjetividad

m asoquista y sus coartadas espirituales.

El siglo xxi parece preferir que haya psicoanálisis

y 110 psicoanalistas

Pío aquí, presen tad o en su carácter m ás extrem o, el legado de Freud. M ientras, la cultura del siglo xxi parece preferir que hay a psicoanálisis y no psicoanalistas, dicho de otro m odo, que Freud sea un texto m ás de la in d u stria cultural m ientras se investiga el so porte neuronal de la ética y de todos los im pulsos h u m an o s, investigación científica que intenta en vano postergar al su p e r­ yó, borrando la frontera entre el anim al y el ser parlante. ¿A lguien podrá im aginar qué nuevos im perativos se p rep aran si esa frontera es definitivam ente borrada? Estos itinerarios actua­ les tal vez expliquen por qué Jacques Lacan, en el m om ento m ás culm inante de su reconocim iento com o pensador contem porá­

neo, pronosticaba un p o rv en ir incierto para

el psicoanálisis; él diferente a lo p ro ­

civilización, era d isp o n er

asegurar que los pro pio s

sabía d u cid o de un a

psicoanalistas dispongan de recursos para sostenerla. El enigm a político de la Ley, anticipado p o r Freud y que los psicoanalistas aún custodian gracias a Lacan, ¿tendrá arm as suficientes frente a la arrogancia com pulsiva del Poder?

que transform ar a Freud en u n a causa

por la lógica del m alestar en la apuesta m ayor que no es fácil

Lógica lacaniana:

un caso de la escritura psicoanalítica*

Introducción

hecho adm itido que lo que caracteriza a la ciencia, e n

sentido m oderno, es la presencia en sus construcciones teóricas

de una escritura hecha de núm eros, letras y grafos que cum plen

real, o rg an izad o en

su estru ctu ra inteligible y, p o r fin,

garantizar una transm isión del saber libre de im purezas y defor­

m aciones del sentido. En sum a, la ciencia m oderna alberga el

propósito de construir una escritura que se libere definitivam en­

te de los efectos retóricos de la palabra. N os proponem os, en

cam bio, m o strar que el

tar un tipo especial de escritura, en algunos aspectos sem ejante

relaciones

paradójicas y de una com plejidad original, que la diferencian del

proyecto científico. De entrada observarem os algunas de sus condiciones funda­

m entales. Si bien el psicoanálisis de orientación lacaniana no es

m atem atizable en el sentido d e la ciencia, sin em bargo la fre­ cuente utilización de escrituras, que Lacan denom ina m aternas,

la elaboración incluso de un álgebra y una lógica y la apelación

a diversas escrituras topológicas, podrían llevar a pensar que

sería posible obtener algunas formalizacion.es parciales en lo que constituye su campo.

Por el contrario, m ás que tratarse del discurso analítico como

un saber no del todo m atem atizable, querem os subrayar espe­

a la escritura científica, ella m antiene con lo real u n as

Es u n

con la función ontológica de función del cálculo, elaborar

determ in ar lo

psicoanálisis, si bien ha logrado conquis­

* Este texto se redactó conjuntamente con Sergio Larriera (1986)

com o caso p articular d e la

escritura psicoanalítica, el q u e la expresión, "form al". Es en el

se destruye la posibilidad de una operación form al unlversali­ zante. Se presenta, así, un caso ejem plar de escritura, que si bien

se ofrece a la tran sm isió n d e inspiración m atem ática, sin em b ar­ go no puede desentenderse de ese carácter fundam ental que, utilizando una expresión lacaniana, denom inarem os "no todo". De este m odo resulta que el saber psicoanalítico, m ás que cons­

tituir un

pu ed e form alizar del todo, ha hecho

cialm ente que es el m ism o m aterna,

se nos p erm ite m aterna d o n d e

no es del

todo, si

núcleo m ism o del

saber que no se

surgir u n a escritura que está construida de tal m odo que, en cada uno de sus térm inos, siem pre se sustrae a todo proyecto totalizante. Por lo tanto, la escritura psicoanalítica m antiene un

parentesco con la escritu ra científica; sus m aternas pasan de u n a lengua a otra sin deform ación. Pero, ahondando en su construc­

ción peculiar, la

que le otorgan su especificidad, separándola de lo que sería cu al­ quier co m p o rtam ien to paradigm ático en las escrituras científi­ cas. El m aterna analítico, que p u e d e p asar de u n a lengua a otra

es, sin em bargo, inseparable de los dichos a los que convoca;

m aterna y dichos se copertenecen im pidiendo toda estratifica­

ción de la teoría, h asta el teoría y la práctica. Se p od ría argum entar,

que estam os adm itiendo de

entrada una falencia de la escritura psicoanalítica, un carácter deficitario que la to rn aría inoperante. Por el contrario, nuestro propósito es m ostrar que no solo no se trata de ningún déficit,

sino que, gracias a la invención de esa escritura, se p u ed en ap re­

real le im pone a la verdad

que se construye con lo sim bólico. Estas condiciones son tres, y d eterm in an tanto la em ergencia com o el carácter específico de la escritura psicoanalítica:

ciar

an u lar la diferencia entre la

vem os afectada por una serie de condiciones

p u n to

de

entonces,

las v erd ad eras condiciones que lo

-

- N o hay universal que no tenga como límite a una excep­ ción que lo niega.

- N o hay relación sexual.

N o hay m eta lenguaje.

Estas tres condiciones constituyen la causa y a la vez la com ­ posibilidad del m aterna lacaniano, propio de la incom pletud y la inconsistencia de los postulados psicoanalíticos. La escritura alcanza en Jacques Lacan un a com plejidad acor­

de con su esfuerzo de decir psicoanalíticam ente el psicoanálisis. Su escritura, lp que Lacan ha d en o m in ad o mathemas, surge allí d o n d e el m edio-decir d e la v erdad tropieza con la im posibilidad de lo real. Es im posible, psiconalíticam ente hablando, que la v er­

se com plem ente con lo real, que verdad y real constituyan totalidad. Por el contrario, la verdad, que solo p u e d e decir­ m edias, tiene com o lím ite el goce, síéndo el goce lo real en

psicoanálisis. C onsideram os que presentar m uy suscintam ente algunas cuestiones de esta escritura resulta pertinente. Puede ser m ás ilustrativo m ostrar cuáles son las consecuencias del descubri­

m iento freudiano sobre la propia escritura del psicoanálisis, que

form ular la que po d ría llegar a ser u n a teoría psicoanalítica de la escritura. Para ello hem os escogido dos o tres páginas de un escrito de

L acan1 que nos parece paradigm ático. Allí analiza u n ejercicio

gram atical y lógico m ediante el cual arriba a la dem ostración de

que no hay m etalenguaje. La originalidad d e este texto no estri­ ba precisam ente en tal dem ostración. Recordar las críticas de

K oyré a la teoría de los tipos de B ertrand Russell, o la refutación

del m etalenguaje que h an hecho H eidegger en filosofía y García Calvo en gram ática. Para ninguno de estos autores hay m etalen- guaje. Lo im portante d en tro del cam po del psicoanálisis son las consecuencias que se derivan del m odo en que Lacan lo d em u es­ tra. En efecto, de ello extrae consecuencias lógicas que podrían

form ularse en los siguientes térm inos: "No hay universal que no tenga com o lím ite a u n a existencia que lo niega". Esto, en la lógi­ ca que el psicoanálisis denom ina "d e la sexuación", confronta a

la p arte hom bre y a la p arte m ujer con un hecho incontroverti­

ble: "N o

Estas tres negaciones, la del m etalenguaje, la del universal y la d e la relación sexual, son tres hechos de escritura co n su stan ­ ciales del psicoanálisis. En este artículo nos lim itarem os a pre­ sen tar el desarrollo que Lacan efectúa en el texto citado, y su relación con la escritura del psicoanálisis, así com o sus conse­ cuencias para la escritura en general.

d ad u n a se a

hay relación sexual".

N o hay metalenguaje

La presentación del problem a Lacan la realiza escribiendo

do s frases. La p rim era d e ellas es un enunciado que cum ple la

trabajo de la segunda

frase sobre la prim era sería una operación m etalingüística, a los fines de dar cuenta de ella.

función de objeto de u n a seg u n d a frase. El

Primera frase:

Que se diga

Tras

lo q ue

se dice

queda olvidado

en

lo que se oye.

Segunda frase:

Tiem po 1

Este enunciado que parece de aserción por producirse en una forma universal,

Tiem po 2

es

de

hecho

m odal,

existencial corno

tal:

el

subjuntivo con que se m odula su sujeto lo tes­ tim onia.

Inm ediatam ente de p resentadas las dos frases, Lacan define cuál es el objetivo. Dice que se tratará de dem ostrar, analizando

la relación de significación que h ay entre am bas frases, cuál es el sentido que tom an con el discurso analítico. Veamos que Lacan establece una tajante diferenciación entre significado y sentido. ¿Qué relaciones de significación se establecen entre estas dos frases? Al to m ar a la frase 1 com o objeto, la frase 2 trata de for­ m alizarla lógicam ente. N otam os que la frase 2 asegura que la frase 1 es un enunciado solo en apariencia asertivo, por producir­ se en una form a universal. Pero para ser efectivamente asertivo,

el

decir queda o lv id ad o

F,1 "que se diga" está referido al hecho

este enunciado debiera h ab er establecido: "En todos los casos

".

de que haya decir. Y la p arte final de la frase: "Lo que se dice en lo que se oye", constituye el dicho. El dicho es aquello que se dice en

el decir, el olvido de que

lo que se oye, pero tras el dicho q u ed a

hay decir. P ara darle al enunciado el carácter asertivo (que la segunda frase le niega) tendría que haber sido; "En todos los

casos, el decir q ueda olvidado tras el dicho". Por eso l acan dice

que p o r el hecho de producirse en una form a

ciado "parece de aserción". Pero en realidad, tal com o la frase 2 asegura en su segundo tiem po, es m odal existencial, pues está

m o d u lad a en subjuntivo. El subjuntivo, el "que se diga", es en ese

enunciado un real de la gram ática. El subjuntivo es u n problem a

a la hora de form alizar u n enunciado, uft real que se resiste a las

universal, el e n u n ­

lógicas proposicionales. Por eso el enunciado en cuestión resulta ser, m ás allá de la apariencia, m odal existencial. H ay que form ali­ zarlo bajo otra lógica, una lógica m odal que sí pu ed e dar cüenta del subjuntivo, pero a costa de perder la verdad. Pues la lógica

m odal existencial no se dirim e, como la lógica proposicional, en

térm inos de verdadero o falso, o en térm inos de enunciado bien form ado o mal form ado, com o la lógica de enunciados. Al ser .

vacío), la lógica m odal q u ed a

excluida del plano tético, de los valores veritativos. En síntesis, la segunda frase, al afirm ar que la frase 1 es m odal existencial, lo que está haciendo es negarle la verdad. Es el precio

de pasar, en una formalizaeión, de una lógica bivalente a una poli­ valente. A cotem os que así queda introducido lo que los lógicos denom inan "el problem a ontológico", algo extralógico. Al m enos así ha sido para el lógico positivista, cuyo proyecto consistió en

separar de m anera

to, A lfredo D eaño ha sostenido que n inguna lógica, ni siquiera la

asertiva o categorial, escapa al problem a de la ontología, al cual

arrastra

"existe" se opone a lo "categórico" de la lógica proposicional. A

este problem a ontológico apunta Lacan al afirm ar en la seg u n d a

frase

lante cóm o Lacan juega con la posibilidad de transform ar las p ro ­ posiciones categóricas en proposiciones existenciales, a propósito de lo que él denom inó "fórm ulas cuánticas de la sexuación". En este p ulso con la lógica, Lacan pone a la gram ática como m idien­ do fuerzas y debilidades de las lógicas que de ella se derivan, p o r­

históricam ente2. El cuantificador existencial propio del

polivalente (universal, existente

y

radical lógica y ontología. A unque, al respec­

que la prim era es m odal existencial. M ostrarem os m ás a d e­

que la gram ática tiene como obstáculo a la lengua; la gram ática no elude, com o las lógicas, ese im posible, esc real que es la lengua. De allí el problem a del subjuntivo, en el cual se m odula el sujeto de la prim era frase: "que se diga".

í lasta aquí, las operaciones descriptas, m ediante las cuales la segunda frase lia llegado a establecer que la prim era es existencial, constituyen u n trabajo m etalingüístico. La segunda frase dice lo

que es la prim era, Pero a continuación Lacan sostiene que esto es solo apariencia, pues la primera frase, que pareciera ser el objeto de la segunda, hacen en realidad que a esta segunda la alcancen los efectos de la enunciación. "Q ue se diga q u ed a olvidado", se olvida que para

que la seg u n d a frase (asertiva en sí m ism a, pues

prim era) sea verdadera, hay que decirla. No hay metalenguaje, por­ que, por formal y abstracto que sea, sin embargo es necesario que haya

decir, que esa formulación se diga. Tras las form ulaciones m etalin-

güísticas de la seg u n d a frase ha quedado mulaciones hay que decirlas. "P ues insisto en ello u n a vez m ás, no

alguna de las lógicas, p o r arm arse de la proposición, lo p u ed a

u sar de báculo f ], y si

referencia al discurso, lo refuto, porque la frase que parece ahí

ser el objeto

cativam ente a ésta. "P ues esta seg u n d a, que se la diga q u e d a olv id ad o tras lo que

se dice. Y ello, de m odo tanto m ás im presionante como que es

asertiva, sin rem isión, hasta el pun to

p ru eb as que ofrece -a l postula su propio decir

inexistente, ya que al cuestionar a la existencia hace responder de su

ésta com o dicho d e v erd ad , a

decir, y no p o rq u e na, sino p o rq u e le

1 com o

le niega la verdad, po stu la que la frase 1 no es un dicho de ver­

dad. ¿Q ué

es un dicho de verdad? La existencia. Pxiste un decir, hay decir. Hso quiere decir que la frase 1 cuando la frase 2 la hace existir. Pues "la enunciación de la frase 1 es m om ento de existencia, que situada d esd e el discurso ex-siste a la v erdad ". Todo el problem a está en el pasaje del "dicho de verdad" (lógica proposicional) a la "existecia del decir" (lógica m odal). La oposición verdad-existencia surge como irrebasable: no puedo asegurar verdades de un caso de existencia. Lo esencial a retener aq u í es que la frase 2 hace existir a la frase 1 al negarle la verdad. La conse­ cuencia de esto es que la frase 2, que es asertiva, y por lo tanto verda­ dera, al atribuir existencia al decir de la frase 7, está a la vez postulan-

dice lo que es la

olvidado que a esas for­

hay metalenguaje tal que

alg u ien cree p o d er encontrarlo en mi

de la seg u n d a, no por ello se aplica m enos signifi­

de ser tautológica en las

d en u n ciar en la prim era su sem blante,

com o

hag a existir este decir, ya que solo lo den o m i­

niega la v e rd a d -

a

la frase

sin decir". m odal existencial, la frase 2

la frase 1, ya que no

Al d en o m in ar

resp o n d e entonces p o r el decir de

do su propio decir (el de la frase 2) como inexistente, puesto que todo el movimiento consiste en oponer verdad y existencia.

No hay universal que no tenga como límite a una existencia que lo niega

¡s

Del razonam iento anterior, m erced al cual Lacan ha m ostra­ do que no hay m etalenguaje, se deriva una consecuencia especí­ ficam ente lacaniana. Dice Lacan a continución del párrafo citado anteriorm ente: "Si se extiende este proceso, nace la fórm ula, m ía, de que 110 hay universal que no tenga que contenerse con una existencia que lo niega. Así, el estereotipo de que todo hom bre es

m ortal no se enuncia d esd e

fecha no es sino la de u n a filosofía que sim ula esa nula ubicui­ dad (nullibiquité), ese hacer de coartada p ara lo que deno m in o discurso del amo". Si la lógica simula un enunciar desde ninguna parte, es a los fines de ocultar algo. Se pone así al servicio de ocultar que un enunciado hay que enunciarlo. La lógica del enunciado sirve de coartada al discurso

del amo, sustrayendo el hecho de que hay enunciación. El enunciado

aparece como producido sin ningún tipo de enunciación que lo afecte. El "que se diga" q u ed a olvidado. Tal olvido es el rechazo del sujeto, es la pretensión de un discurso sin sujeto. "N o hay pues, universal que no se reduzca a lo posible", sigue Lacan. En este p u n to la coincidencia con j. L. Borges es notable. En el poem a Alguien (una existencia, acotem os) expresa

nin g u n a parte. La lógica que le pone ^

en los prim eros

versos:

"Un hom bre

trabajado por

el tiem po,

u n hom bre que ni siquiera espera la m uerte

(las p ru eb as de

y nadie hay que no corra el albur de ser el prim er inm ortal) ".3

la m u erte son estadísticas

"P or m ás que se la

postule universal, la m u erte nunca deja de

ser m ás que posible", sostiene Lacan.

ha resistido a los

intentos de estratificación. Pues a todo lo que liemos dicho hay q u e agregar lo que L acan considera la refutación de los intentos

transform acionales. Sostiene al respecto que el "en lo que se oye" de la frase 1 em p alm a asim ism o con la existencia destaca­

da p o r la frase 2, al afirm ar ésta que la frase 1 es existencial, y tam bién con el "lo que se dice", que la m ism a frase 1 denuncia com o cubriendo ese resto del "queda olvidado tras P or todo esto, resulta im posible estratificar el enunciado de la

frase 1. U nas p a rte s vuelven sobre ellas.

resulta im posible que fructifique el intento de reducirlo a d istin ­

tos niveles d e transform ación. H em os dicho que el subjuntivo constituía u n real de la gram ática, algo irreductible, algo del orden de lo im posible. La gram ática se ocupa de estudiar y cla­ sificar las m o d alid ad es del subjuntivo, pero el intento de llevar el subjuntivo a una form ulación en térm inos de lógica proposi­ cional fracasa. N o se presta, com o el indicativo, a tal tipo de escritura. Ya h em os com entado cóm o de tal impasse surgen las lógicas m odales. Pero po d ría objetarse que el m encionado fraca­ so al confrontarse con lo real de la lengua no se debería a otra

que a u n a m ala estratificaciém de los niveles del enunciado. Una insuficiencia instrum ental que conduciría a una inadecuada

cosa

H em os visto que el en u n ciad o (frase 1) se

del en u n ciad o im plican a otras, las borran, En este m o d o de p resentarse el enunciado,

estratificación de los niveles de análisis. En este sentido, podría sostenerse q u e toda a m b ig ü ed ad o m alentendido en la lengua quedaría resuelto m ediante las transform aciones que perm iti­ rían hallar la estru ctu ra p rofunda. Así, todo tipo de enunciado podría analizarse transform acionalm ente, elim inando cualquier tipo de m alentendido. A los ejem plos que Lacan propone es im posible aplicarles las

reglas de transform ación. Todo

enunciado, en tanto dicho, implica

necesariamente que se lo diga, que haya enunciación. Es lo que se olvi­

da, que la utilización de la lengua común para la comunicación de cual­ quier formalización implica un pasaje del lenguaje al discurso.

C u an d o el lenguaje

curso. Y los efectos de la lengua com ún exceden lo previsto por las lógicas proposicionales y m odales, lo captad o por las g ram á­

ticas, lo calculado por las lingüísticas, al diferenciar el sujeto del en u n ciad o y el sujeto de la enunciación. En relación a esta últim a cuestión, aclarem os que Lacan cuan­

po stu la el olvido del "que se diga", no está apelando a la dife-

d o

form al pasa a ser com unicado, ingresa al dis­

ren d a lingüística entre am bos sujetos: el del en u n ciad o y el d e la enunciación. El* sujeto que se revela en la experiencia analítica es

respuesta de lo real; p o r lo tanto no p u ed e ser nom brado, no

una

hay nom bre para el ser del sujeto. Si aparece bajo u n significan­

te que lo representa, desaparece bajo el otro significante que aú n

no ha venido al discurso. Es una representación en tre significan­

tes y no una representación entre sujetos. Esta división del suje­

un resto, q u e es el objeto. A lrededor

to del psicoanálisis produce

del objeto gira el deseo. Lo dicho siem pre es postulado com o verdad. Pero para décir

la verdad siem pre faltan palabras. H ay allí un im posible al cual

Lacan le atribuye una función esencial: es justam ente por ese

im posible que la v erd ad sostiene lo real. Ese real es el lím ite de

la verdad. H em os

insistido en que los dichos, en tanto en u n cia­

dos verdaderos, d eben pasar al decir, a consecuencia de lo cual

quedaba establecida la tajante división entre la v erd ad del dicho

y la cuestión de la existencia, en tanto el decir ex-siste al dicho.

que el decir p o r ex -sistir a la verdad, no es de

la dim ensión de la m ism a. Al afirm ar esto, Lacan realiza u n

diré ne s'y couple que d ’y ex-sister, sois de

n'etre pus de la ditmension de In verité "4. De allí que, m ás allá de las

significaciones que resultan de la aplicación recíproca de la p ri­

m era y segunda frase que hem os venido considerando, Lacan

apunte al sostener: "

que la verdad, alhueia=Verborgenheit", en una d eclarada coici-

dencia

ción plan tead a p o r Lacan en tre la significación y el sentido. El sentido es este límite, esta dim ensión de ocultam iento irrebasa- ble sostenido com o im posibilidad por el desocultam iento de los dichos de verdad (los m edidiodichos). Si la significación es de dit-mension (dim ensión) de la verdad, el sentido ex-siste a la sig ­ nificación.

a d a esconde tanto com o lo que revela,

juego de palabras: "

De d o n d e se sigue

le

n

con H e id e g g e r’. En esos térm inos

se resuelve la o p o si­

4 Aquí Lacan juega con la homofonía de dimensión / dit-mension, palabra esta última que reúne el dicho con la mansión, de donde la dimensión propia del hablante debe entenderse como morada del dicho: el hablan­ te mora en el dicho.

No hay relación sexual

La práctica del psicoanálisis ha p u esto en evidencia una rela­ ción del sujeto con el falo, que se establece independientemente de la diferencia anatómica de los sexos. A ntes de en trar de lleno en los

m aternas lacanianos que escriben esta cuestión, será necesario

u n p eq u eñ o excursus para sintetizar lo que el psicoanálisis

entien d e por falo y cuáles son los alcances de la castración. Pues

el falo n o se co n fun d e con el órgano del m acho que le aporta su

im agen. El falo, p o r lo tanto, no es el pene, sino el significante del deseo. La noción del deseo se recorta sobre el fondo de la

d em an d a de am or, diferenciándose am bas a su vez de la satis­ facción de las necesidades.

El surg im ien to del ce tem pranam ente en

ros años del retorno a Freud p o r él propuesto. Pero es en torno a

constituye la perm an en te referencia

falo com o significante del deseo se la obra de Lacan, organizando los

p ro d u ­ prim e­

1972, fecha del escrito que

d e este trabajo, cu an d o la

cuánticas d e la sexuación" que ponen

y la parte hem bra del

se, en tan to hablante,

de lo

q ue h em os asev erad o

como no-todo. N ecesidad, d em a n d a y deseo deben ser pensados en la rela­ ción prim ordial que se establece con el O tro, que aparece inves­ tido del p o d er de satisfacer las necesidades o de p rivar de satis­ facción. El apetito de satisfacción de las necesidades q ueda así

articu lad o n ecesariam ente bajo la form a de u n a d em an d a d irigi­

d a

sexual. C on sid eram o s que estas fórm ulas son ejem plares

escritura culm ina en las "fórm ulas

en relación la p arte m acho decir, los m odos de situ ar­

ser hablante, es

en relación al falo, dán d o se u n a iden tid ad

en la introducción respecto del m aterna

cosa que a las

satisfacciones de necesidades que reclama. Es dem anda de pre­

sencia (o de ausencia). Es, en síntesis, la p articu larid ad de tod o lo concedido

necesidad, para transform ar esos dones concedidos en prueba de am or. P or eso las satisfacciones de la necesidad que fueren

obtenidas, y en tan lo no es de eso de lo q u e se trata, se reducen

el

a funcionar ap lastan d o la d em an d a de am or. O sea, que en

amor, m ás que conceder dones que satisfagan necesidades, el

la

dem anda, por ser dem anda de amor, no está condicionada por

la p articu larid ad de los objetos que vendrían a satisfacer la nece­

O tro p o n e en juego "el don de lo que no tiene". Vemos que

dem an d a de am or. A nida a u n supuesto sujeto de la

al O tro. Pero la d em an d a está referida a otra

sidad. La d em anda es incondicionada. Pero esas particularida­

des,

abolidas por

la dem an d a de am or, reaparecen m ás allá de

ella.

H ay un

m ás

allá de la d em an d a que es el deseo. El deseo,

absolutam ente condicionado, sustituye a lo incondicionado de la dem anda. Lacan expresa esto en térm inos de una diferencia:

la

satisfacción; esa diferencia "D e allí que el sujeto y

no p u ed an bastarse p o r ser sujetos d e la am or, sino q u e deben o cu p ar el lu g ar de

causa del deseo". Ahí, en el campo del deseo, en la hiancia que insta­ la el surgimiento del sujeto en el signifícate, en esa hendija entre nece­ sidad y demanda, hay un significante privilegiado: el falo. ¿Por qué h ab lar de falo y no de pene? P orque no se trata de una forma, u n a im agen o una fantasía sino de un significante: el significante del deseo. Lacan destaca que los griegos no lo rep re­ sentaban como un órgano, sino com o una insignia. Por eso, en las vicisitudes de la castración, el falo q ueda m arcado. En esa relación del deseo con la m arca, la castración se im aginariza com o am enaza sobre el órgano en el varón y com o nostalgia del órgano en la mujer. Si el deseo de la m adre es el falo, el n iño quiere ser el falo, constituyendo esto la falta-en-ser. Por tratarse del falo, n in g ú n órgano que el niño tenga p u e d e satisfacer esa

dem an d a

desea; de allí que lo decisivo no es que el sujeto tenga o no tenga

un órgano: lo decisivo es que la m adre no tiene falo.

am or el ap etito de

que resulta de sustraerle a la d em an d a de

es el d eseo '' el Otro, p ara cada

u n o de los p artici­

pan tes en el acto sexual, necesidad ni objetos del

que el O tro le hace, y que es la p ru eb a de que el O tro

La falta-en tener (am enaza sobre el órgano y nostalgia del órgano) condena al sujeto a un parecer el falo, proteg ien d o el

órgano de

la am enaza o en m ascaran d o la privación del órgano.

Bajo el

acápite de

ser o tener el falo, Lacan p o n e a la función

<I>a . H em os llegado,

finalm ente, a in tro d u cir este m aterna del

falo, p u d ien d o ahora dirigirnos hacia las fórm ulas cuánticas.

Señalem os de paso que, com o habíam os anticipado, solo p u d i­ m os introducir este m aterna fx tras u n a cantidad de dichos, corroborando así que el m aterna en psicoanálisis es un polo de dichos que no se sostienen sin decir. Esta función fx suple a la relación sexual. A dicha función los hablantes le responden p o r su m odo de hacer argum ento, es decir, por el m odo en que cada ser hablante es argum ento de esa función. La función <b.v está indicando que hay goce sexual, lo cual quiere decir que se trata de gozar de un cuerpo. Gozar de u n

cu erp o es apretarlo, abrazarlo, despedazarlo. Ahí, la función <I»x,

rem itien d o a ese goce sexual, establece la relación entre dicho goce y el significante. La escritura ‘Ex está den o tan d o lo que es

el significante: una x para am bos sexos. Pero se podría pregun­ tar sobre el p o r que de esta insistencia del psicoanálisis en ese hecho, que no hay relación, por qué no podríam os, dado que en

la lengua disp o n em o s d e los térm inos hombre y mujer, escribir lógicam ente "x R y", asignando la letra x al hom bre y la letra y a

la m ujer, tal cual se hace en genética según el tipo crom osóm ico.

Pero p ara el psicoanálisis, no es así. Escribir en esos térm inos es,

desde el psicoanálisis, u n error. N o hay escritura posible, dentro

de la lógica psicoanalítica, aun cu an d o p u e d a

u n a lógica inconsistente de la relación sexual. N o hay inscrip­ ción inconsciente del significante hom bre ni del significante

m ujer. Por lo cual no es posible escribir lógicam ente una relación

entre ambos. Esto Lacan lo ha escrito de la siguiente m anera: 3 f.(x.y), lo

cual se lee: no existe función tal que entre x e y constituya una

relación. P o rq u e no tenemos significante hombre y

sino que solo tenemos un significante: el falo, Función del falo, enton­

ces, que articula castración y diferencia anatómica de los sexos, conec­ tando con el goce sexual y con el deseo. El hacer las veces d e arg u ­

m ento de esta función com o parte fem enina y parte m asculina

para cada ser parlante es su posibilidad de sexuación, de qué

m o d o se van a inscribir en el discurso com o hom bres o mujeres,

d á n d o se u n a id en tid ad sexual m ed ian te el establecim iento de

esta relación con el falo. Esta es la verdad propia del discurso analítico: todo aquello

que entre hom bres y m ujeres se conoce com o relación sexual, cae bajo la función fálica. A hora bien, la función fálica <I>x no se ins­

tala bajo la form a de u n a u n iv ersalid ad que coloque seres h ab lan tes bajo la le y del falo, sino que, en tanto

instala m erced a una existencia que la niega. Lacan u tiliza los cuantores de la lógica (V y 3), y así com o escribe la función ‘Ex y su negación ‘Ex, tam bién escribe el "to d o " y el "existe" negados: (Vy 3 ). C om o resultado de la p re­ sentación de la función y su negación, así com o los dos cuanto-

res y sus respectivas negaciones, obtiene, para la x del sujeto que hace argum ento de la función, cuatro fórm ulas en las cuales

dicha x se especifica. Así, 3x, existe un x, y Vx, p ara todo x. La x

es a q u í la

a todos los función, se

ser considerada

significante mujer,

variable, a saber, lo que da lugar al argum ento, q u e­

d an do dicha variable totalm ente especificada p o r la form a c u á ­

d ru p le bajo la cual función. Todo lo tocante

ca, por la cual una existencia que niegue la función fálica es n ece­

saria para que sea posible establecer dicha función. En un p u n to del discurso, una existencia tacha de falsa a la función fúlica, y así la hace posible. Esto se escribe m ediante la correlación lógica de dos fórm ulas.

La prim era, V.r . Tur quiere decir que para todo x se cum ple Tur.

En el discurso analítico, esto dice que “tod o sujeto, en cuanto tal, ya que es eso lo que está en juego en este discurso, se inscribe en la función fálica para obviar la ausencia de relación sexual". La segunda, 3x . Tur, indica que se da excepcional m ente el caso en que existe u n a x para el cual la función Tur, no se cum ple. Esta ultim a fórm ula postula la existencia de u n sujeto a p a r­ tir de u n decir que no a la función preposicional Tur. A sí, al to d o s de 1 universal aristotélica, Lacan lo m odifica con el cuantor V (para todo). Pero a este "para todo" lo funda en una excepción que se escribe n eg an d o la función, y q u e se m uestra absoluta­

m ente diferente de lo que para A ristóteles es la particular. Esto

im plica u n a p ro fu n d a

tura ile las fórm ulas cuánticas de la sexuación, respecto del

escritura m edieval del cuadrad o lógico

orden prop u esto por la

aristotélico. Esta últim a coloca en el p u n to inicial a la universal

afirm ativa, allí d o n d e Lacan escribe la excepción fundante.

la

está plan tead a la relación del argum ento a

al com plejo de E dipo se resum e en esta ló g i­

alteración en el p u n to de p a rtid a de escri­

Universal A firm ativa

A

3x

. Tur i

Del lado de las m ujeres, el m odo de aceptar la castración, es

decir, el m odo de

u n iversalidad

clase, no se puede escribir en psicoanálisis "LA" mujer, puesto

ley. C om o las m ujeres

no constituyen u n a

sum isión a la ley del falo, no es postu lan d o la

de

la

que

LA

m ujer

no

existe.

Por

ello,

solo

se

pu ed e

escribir

tachando

el LA. Se constituye el uno de

la

escritura (yA ) p a r­

tiendo de

la inexistencia. Se p u e d e com parar este procedim iento

con la lógica de Frege, quien, al asignar al concepto no idéntico

a

m ism o el núm ero cero, p u esto que dicho concepto

no sub-

sum e n in g ú n objeto, posibilita que en u n próxim o p aso

al plan-

tear el concepto de n ú m ero cero, p u e d a asignarle el nú m ero uno

(1), p u esto que, ahora sí, el concepto sub su m e

n ú m ero cero (0). De allí q u e Lacan hable de este uno com o "uno

de la inexistencia". Y esa es la m an era que tienen las m ujeres de colocarse bajo la ley del talo, m ediante este uno de la inexistencia introducido com o negación de la existencia: $x . fx, no existe uno que diga

objeto: el

a

un

no a la ley del falo. D oble negación: del argum ento y la función. P ero en u n a m ujer no todo cae bajo la ley fúlica. Algo en ella,

se pu ed e ":

m ás allá del falo, se m uestra com o un goce O tro que no decir. Esto se escribe m ed ian te la negación del cuantor

V. y . <I>.v

En este caso, es el goce O tro el que tiene por

límite a la fun­

ción fúlica. Es u n goce m ás allá del falo, pero en relación a él. V.y . fb.Y, la m ujer es no-toda, es^LÁ m ujer. Las m ujeres lo son una por una, no hay "todas las m ujeres". Siem pre hay en ellas lo que

goza m ás allá del falo.

Vemos, en consecuencia, que el Uno totalizador del V.y . <1».y está, en verdad, fu n d ad o en u n a excepción que lo niega en cu an ­

to a función (3.y . <I>.y), y está negado en tanto U no del otro lado de la fórm ula, el lado derecho, que corresponde a la p arte h em ­ bra. El U no totalizador, el U no de EL hom bre, se revela a la luz del

p sicoanálisis n eg ad o cada vez p o r una m ujer y, para colm o, la función fúlica solo se establece por un mito, p o r una existencia que la niega. Esta existencia mítica es la del P adre gozador de tod as las m ujeres, un P ad re que escapa a la ley del falo-castra­ ción. En síntesis, para Lacan, una figura payasesca, no p o r la

o m nipotencia de gozar de todas, sino por la estu p id ez de su p o ­ ner que haya "todas".

D ispuestas en el cuadro lacaniano,

las cuatro fórm ulas se dis­

trib u y en dos a la izquierda, lado m acho, y dos a la derecha, lado hem bra:

3

\

.

d*.Y

3.\

.

<J>Y