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Instituto de Estudios Internacionales – INTE

Universidad Arturo Prat. Revista Electrónica Parinas


Revista de Cooperación Descentralizada, Internacionalización de las
Regiones y Paradiplomacia
www.parinas.cl

ISSN 0718-4115

2008

Antecedentes jurídicos de la controversia por la delimitación marítima entre


Chile y Perú
Lester Cabrera Toledo
Revista Electrónica Parinas
Volumen IV,. 2008

Antecedentes jurídicos de la controversia por la delimitación marítima


entre Chile y Perú
Lester Cabrera Toledo*

Resumen

El presente artículo busca dilucidar los antecedentes jurídicos de la controversia que


enfrenta a Chile con Perú sobre la delimitación de la frontera marítima. Pese a la existencia
de variada documentación jurídica que clarifica cada una de las posturas, se concluye que si
bien la controversia es netamente jurídica, su fondo presenta importantes ribetes
geopolíticos que deben ser considerados por ambas partes.

Abstract

This article analyzes the juridical antecedents in the controversy among Chile and Peru
about the marine frontier delimitation. But even the existence of varied juridical
documentation to search clarify each one of the postures, also concludes that although in a
first time the controversy is juridical in the beginning, their bottom have an important
geopolitical component, that must be consider for both parts.

Palabras Claves:

Chile - Perú - Derecho Internacional - delimitación marítima - controversia

Introducción

¿Cuáles son los antecedentes jurídicos que se visualizan en la actual controversia entre
Chile y Perú por la delimitación de su frontera marítima? ¿Cuáles son los instrumentos
jurídicos que sustentan la postura de cada una de las partes? El presente trabajo buscará dar
respuesta a las anteriores interrogantes, pero sin perjuicio de un posterior desarrollo y
análisis de las mismas, es conveniente otorgar respuestas para cada una de ellas, con un
carácter provisional y simple. En primer lugar, se debe tener en consideración que a pesar
de ser un tema altamente coyuntural en la relación bilateral, no es un tema novedoso en
dicha relación, ya que a partir de la década de los 80’ el país del Rímac comenzó a esbozar
determinadas posturas y puntos de vista sobre una falta de regulación jurídica en la frontera
marítima entre este país y Chile. Y en segundo lugar, conviene señalar que sin perjuicio de

*
Licenciado en Ciencias Políticas y Administrativas, Universidad de Concepción. Diplomado en Estudios
Políticos y Estratégicos, y Magisterando en Seguridad y Defensa, Academia Nacional de Estudios Políticos y
Estratégicos ANEPE. Correo electrónico: cabrera.lester@gmail.com

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lo anterior, los diferentes instrumentos que fundamentan cada una de las posiciones de las
partes, mantienen una estrecha relación con los niveles de acercamiento entre ambos países
a lo largo de la historia bilateral, los cuales pueden remontarse, incluso, desde la firma del
Tratado de Lima de 1929. No obstante, conviene destacar en este entorno los diferentes
puntos de interpretación de algunos instrumentos claves en dicho diferendo, los cuales han
otorgado a la controversia algunas características que hacen absolutamente necesario, otros
puntos de vista para analizarla, como por ejemplo una perspectiva histórica.

En el presente trabajo se analizan elementos tanto teóricos como prácticos, de cómo se ha


venido gestando a lo largo de la historia bilateral, la controversia por la delimitación
marítima, estableciendo en este aspecto una visión netamente jurídica al respecto. No
obstante lo anterior, conviene resaltar que dicha controversia puede ser analizada como tal
desde la perspectiva peruana, puesto que es aquel Estado el que estipula un asunto
pendiente con Chile. Pero pese a aquello, este último país tampoco puede aislarse de la
lógica conflictiva que se produce, puesto que muchos de los sucesos que realiza, tienen su
directa retroalimentación en Perú, generando con ello percepciones encontradas.

El material estudiado para el presente trabajo da cuenta de un escenario bastante complejo,


debido principalmente, a la gran diversidad de documentación jurídica existente entre las
partes involucradas en la controversia. A lo anterior, se agrega que una parte importante de
la literatura no jurídica, no cumple con un grado de objetividad para analizar un tema de
dicha naturaleza, enfocándose en la gran parte de los casos en una relación de suma cero y,
por ende, en las consecuencias negativas que se podrían producir.

El objeto de estudio se enfoca en analizar, desde una perspectiva tanto jurídica como en
algún sentido histórico, como esta controversia se ha venido presentando a lo largo de la
relación bilateral, al mismo tiempo que se extraen determinadas conclusiones sobre cada
una de las posturas en la controversia planteada, y la evolución de las mismas en diferentes
periodos. Asimismo, se extraen algunos antecedentes de cómo dicho conflicto, si bien
posee una fundamentación netamente jurídica, el fondo de la misma contiene características
geopolíticas.

Se concluye que si bien la controversia, desde el punto de vista de una de las partes, ha
existido desde que se establecieron los límites entre ambos Estados, se extrae también de la
presente investigación un profundo sentimiento coyuntural sobre la relación bilateral, la
cual otorga una complejidad extra a la investigación, anexándose a la misma fuertes
componentes económicos y geopolíticos, que le dan un cariz de análisis diferente.

Algunos principios básicos del Derecho Internacional Público a considerar

Antes de comenzar a abordar la controversia en si, es absolutamente necesario revisar


algunos postulados básicos del Derecho Internacional Público, fundamentalmente en lo
relativo a su objeto de estudio, así como las diferentes fuentes o herramientas que lo
componen.

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De acuerdo a lo estipulado por el profesor Santiago Benadava (2004), el Derecho


Internacional “es el orden jurídico de la comunidad de Estados, o sea, el conjunto de reglas
y principios jurídicos que rigen las relaciones entre los Estados” (p. 1). Manuel Becerra
Ramírez en su texto Derecho Internacional Público (1991), si bien no otorga una definición
tacita, señala claramente un punto de vista sistémico de aquella rama del Derecho, al mismo
tiempo que otorga un gran énfasis al carácter “anárquico” del sistema internacional en
donde se aplica este la jurisdicción internacional.

Sin perjuicio de las anteriores diferencias, ambos autores dan por sentado que es la
comunidad o conjunto de Estados el objeto de estudio principal de este sistema jurídico,
pese a que señalan que a medida que transcurre el tiempo y las necesidades de dicha
comunidad van cambiando, o simplemente se comienzan a generar otras nuevas, las
preocupaciones y regulaciones del Derecho Internacional se van modificando y ampliando.
Es así como también señalan los autores antes mencionados, el individuo y diferentes
organizaciones internacionales van adquiriendo protagonismo dentro del sistema jurídico
aludido. No obstante aquello, sigue siendo el Estado el sujeto principal del Derecho
Internacional Público.

Pese a lo estipulado en un comienzo por Becerra (1991), en el sentido de que la comunidad


internacional posee un determinado carácter “anárquico”, en la cual no existe un organismo
superior que cumpla un rol sancionador frente a determinadas posturas y acciones de los
Estados, posteriormente sostiene, y en directa concordancia con lo postulado por el profesor
Benadava (2004), que pese a la inexistencia de una figura superior sancionadora, las reglas
señaladas por los mismos Estados son respetadas y cumplidas, así como también reciben
diferentes tipos de sanciones cuando se está violando una de aquellas. Aquella “reglas” son
las denominadas fuentes del Derecho Internacional, las cuales pueden ser entendidas, y
desde un punto de vista netamente jurídico, en dos sentidos. Benadava (2004) señala que
fuente “puede designar los procedimientos de creación o elaboración de reglas jurídicas
positivas (primer sentido), como también las diversas categorías de reglas jurídicas creadas
mediante dichos procedimientos (segundo sentido)” (p. 21).

Y si bien dentro del plano interno de los Estados es la ley, creada bajo la figura de un poder
legislativo, la principal fuente del Derecho, en el plano internacional son los mismos
Estados los que crean las reglas a obedecer, considerando la inexistencia de un poder
legislativo de carácter internacional. En este sentido, las principales fuentes del Derecho
Internacional Público son los Tratados y la costumbre internacional (Benadava, 2004).

Pero sin perjuicio de lo anterior, la gran mayoría de los autores señala que las fuentes del
Derecho Internacional Público se encuentran contempladas en el artículo 38 del Estatuto de
la Corte Internacional de Justicia (CIJ), el cual estipula que dicho tribunal decidirá frente a
una determinada controversia aplicando:

- Las convenciones internacionales, sean generales o particulares, que establecen reglas


expresamente reconocidas por los Estados litigantes;
- la costumbre internacional como prueba de una práctica generalmente aceptada como
derecho;
- los principios generales de derecho reconocidos por las naciones civilizadas;

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- las decisiones judiciales y las doctrinas de los publicistas de mayor competencia de las
distintas naciones, como medio auxiliar para la determinación de las reglas de derecho,
sin perjuicio de lo dispuesto en el artículo 59. [El artículo 59 señala que “la decisión de la
Corte no es obligatoria sino para las partes en litigio y respecto del caso que ha sido
decidido] (Benadava, 2004: 22).

A lo anterior se agrega dentro del mismo artículo, en el numeral 2, que la anterior


disposición no deja restringida a la Corte de utilizar una controversia ex aequo et bono. No
obstante aquello, Becerra (1991) plantea que la interpretación del anterior artículo no es
muy uniforme en la doctrina del Derecho Internacional Público, fundamentalmente en lo
relativo al carácter enumerativo de las fuentes señaladas en dicha disposición. Al respecto,
señala, hay una corriente mayoritaria en la ciencia del Derecho Internacional, que considera
que el artículo 38 tiene una terminología puramente descriptiva y que no tiene por objeto
restringir las fuentes mencionadas. Mientras que por otro lado, está la corriente que adhiere
a que las fuentes señaladas en el artículo 38 son las únicas que existen y pueden ser
aplicadas (p. 31). Finalmente cabe destacar que Matthias Herdegen (2005), clasifica las tres
primeras disposiciones del artículo en cuestión como fuentes propias del Derecho
Internacional, mientras que la restante como una fuente interpretativa del Derecho

En definitiva la gran mayoría de los jurisconsultos dentro del área del Derecho
Internacional Público, señalan que son dos las principales fuentes de esta rama del Derecho:
los Tratados y la costumbre internacional. Se entiende por Tratados o convenciones
internacionales “un acuerdo celebrado entre dos o más Estados, regido por el derecho
internacional y destinado a producir efectos jurídicos. El tratado es un modo plenamente
voluntario de creación de normas.” (Benadava, 2004: 23). Pero sin perjuicio de lo anterior,
el mismo autor plantea que si bien los tratados son celebrados generalmente entre Estados,
hay acuerdos celebrados entre Estados y otros sujetos del Derecho Internacional, como por
ejemplo organizaciones internacionales y la Santa Sede, por ejemplo. Al respecto, conviene
mencionar también que existen diferentes denominaciones para los tratados o convenciones
internacionales, como por ejemplo pactos, acuerdos, convenios, Cartas y protocolos; así
como también pueden clasificarse de acuerdo al número de Estados que lo celebran, por lo
que el tratado será bilateral si es celebrado entre dos Estados, mientras que será multilateral
si las partes que lo celebran son más de dos Estados.

Otro aspecto a considerar, es el momento o situación cuando un tratado se encuentra


vigente para un Estado determinado. En primer lugar, los tratados deben ser negociados,
redactados y firmados, para que posteriormente sean ratificados por cada Estado signatario.
En este sentido, se debe indicar que la ratificación constituye, por lo menos de parte de los
países que son objeto del presente estudio, un instrumento dentro de la esfera del Derecho
interno. Así es por ejemplo, y como establece el artículo 31 numeral 15 de la Constitución
Política de la República de Chile, que es el Presidente de la República quien ratifica los
tratados internacionales suscritos por Chile, los cuales deben luego ser aprobados o
rechazados por el Congreso de acuerdo al artículo 54 numeral 1 de la Carta fundamental.
Asimismo en el caso peruano, los artículos 56 y 57 hacen directa mención a la ratificación
y aprobación de los distintos tratados internacionales que suscriba el Estado peruano.

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En lo relativo a la costumbre internacional como una de las fuentes propias del Derecho
Internacional, se puede definir como “un proceso gradual y evolutivo de formación de
reglas jurídicas” (Benadava, 2004, p. 25). Sin embargo, la costumbre internacional implica
la coexistencia de dos elementos fundamentales: el hecho que sea una práctica constante y
uniforme de los Estados; y la convicción de los Estados de que aquella práctica es
jurídicamente obligatoria. Esto último es conocido como la opinio juris.

No obstante las restantes fuentes del Derecho Internacional expuestas en el artículo 38 del
Estatuto de la CIJ, las fuentes mayoritarias para la legislación tanto chilena como peruana
se basan fundamentalmente en los tratados internacionales celebrados, dejando en segundo
lugar, pero no por ello menos importante a la costumbre como creadora de Derecho.

Instrumentos jurídicos atingentes a la delimitación de la frontera marítima

Sin perjuicio de los diferentes instrumentos jurídicos de cada uno de los Estados que son
objeto de estudio del presente trabajo, conviene analizar con mayor detenimiento aquellos
que, como se vio en el punto anterior, contienen la característica de ser tratado
internacional, así como también algunas leyes de carácter interno que tienden a respaldar
los anteriores documentos. Las dos posturas serán descritas a través de su celebración en el
tiempo, para que de esta forma se logre una concordancia con los distintos momentos de la
relación bilateral. Pero pese a lo anterior, se otorgará una mayor relevancia a aquellos
instrumentos jurídicos internos del Perú que describen la situación o estado de la
delimitación de la frontera marítima con Chile, puesto que ese es el centro de la
controversia radicada hoy en la Corte Internacional de Justicia.

Tratado de Ancón de 1883


Mediante este instrumento jurídico, Chile y Perú suscribieron la paz luego de la
denominada Guerra del Pacífico, conflicto bélico que sostuvieron ambos países desde 1879
hasta el año en que se celebro este tratado de paz y amistad. En el presente tratado,
conviene mencionar la cesión perpetua e incondicional por parte del Perú hacia Chile de la
provincia de Tarapacá, y la posesión por parte de Chile de los territorios de las provincias
de Tacna y Arica por un período de 10 años desde la ratificación del presente instrumento.
Una vez expirado aquel plazo, un plebiscito realizado en ambos territorios decidiría que
Estado ejercería su soberanía.

Tratado de Lima de 1929 y su Protocolo Complementario


Si bien este tratado y su protocolo complementario surgieron fundamentalmente por la
imposibilidad de llevar por un buen camino la controversia entre Chile y Perú por la
cuestión de Tacna y Arica, las cuales quedaron bajo soberanía peruana y chilena
respectivamente, se establecieron disposiciones relativas a solucionar los eventuales
problemas que podrían surgir en un futuro producto del establecimiento de la frontera
común. En este sentido, el tratado en su artículo 2 señala expresamente que “la frontera
entre los territorios de Chile y el Perú, partirá de un punto de la costa que se denominará
“Concordia”, distante diez kilómetros al norte del puente del río Lluta, para seguir hacia el
oriente paralela a la vía de la Sección chilena del Ferrocarril de Arica a la Paz”, agregando

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en su artículo tercero “la línea fronteriza a que se refiere el inciso primero del artículo
segundo, será fijada y señalada en el territorio con hitos, por una comisión mixta compuesta
por un miembro designado por cada uno de los Gobiernos signatarios”. El resultado de
dicha Comisión fue dada a conocer a través de un Acta con fecha 5 de agosto de 1930, en la
que las Partes formalizaron la demarcación indicando:

La relación detallada de la ubicación y características definitivas de los hitos que,


‘partiendo ordenadamente del océano Pacífico’, marcan la línea de la frontera chileno-
peruana, es la siguiente: Hito Nº 1, de Concreto, Latitud 18º21’03’’, Longitud 70º22’56’’,
‘lugar de situación: Orilla del mar’ (Cruz y Sandoval, 2003: 5)

La relevancia del punto anterior radica en el establecimiento del denominado Hito Nº 1,


desde el cual comienza la frontera terrestre entre ambos Estados, y según lo estipulado por
Cruz y Sandoval (2003) “el punto debía quedar a resguardo de las condiciones de mar,
evitando que la demarcación del límite variase en el tiempo” (p. 15), por lo que la expresión
‘Orilla de mar’ es utilizada para determinar un punto en el cual establecer el Hito. Este
punto es fundamental también para entender una parte importante de la actual controversia,
el cual será analizado más adelante.

Declaraciones unilaterales de Chile y Perú relativas al establecimiento de soberanía en


200 millas marítimas de 1947
Un aspecto interesante sobre la historia jurídica de la delimitación marítima, son las
declaraciones unilaterales que realizan los países que son objeto de la presente
investigación, principalmente por las futuras consecuencias que estas originarían. Cabe
señalar que el Presidente de Chile Gabriel González Videla, el 23 de junio de 1947, declaró
en forma unilateral la soberanía chilena sobre las 200 millas marinas, pero sin hacer alusión
sobre límites fronterizos. Y Perú, acto seguido, el 1 de agosto del mismo año, a través del
Decreto Supremo Nº 781, declara soberana y unilateralmente que ejercerá control y
protección sobre el mar y zócalo adyacente a las costas de su territorio (Cruz y Sandoval,
2003) “en una zona comprendida entre estas costas y una línea imaginaria paralela a ellas y
trazada sobre el mar a una distancia de doscientas millas marinas, medida ‘siguiendo la
línea de los paralelos geográficos” (p. 6), haciendo alusión a la existencia de una frontera o,
por lo menos, de la tesis del paralelo geográfico para delimitar en forma efectiva la
soberanía sobre las 200 millas marinas.

Ley 11.780, promulgada por el Estado peruano el 12 de marzo de 1952


Otro instrumento jurídico interno del Perú, reafirma y complementa el D.S. Nº 781 de
1947. La ley 11.780, mas conocida como la “ley del petróleo”, promulgada por el
mencionado Estado el 12 de marzo de 1952, establece que el zócalo continental “es la zona
comprendida entre el límite occidental de la zona de la costa y una línea imaginaria trazada
mar afuera a una distancia constante de 200 millas de la línea de baja marea del litoral
continental” (Cruz y Sandoval, 2003: 6). Esta fuente, más el anterior Decreto Supremo,
aunque tienen un carácter netamente unilateral, sirvieron como base teórica para que el
Perú incorporara el concepto del paralelo geográfico como forma de delimitación marítima
en los siguientes instrumentos jurídicos internacional a analizar.

Declaración de Santiago de 1952

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El 18 de agosto de 1952, Chile, Ecuador y Perú suscribieron la anterior Declaración,


relativa a la explotación y conservación de las riquezas marítimas del Pacífico Sur. En
dicho instrumento se especifican diferentes aspectos a considerar, como por ejemplo en su
artículo 2, declarar como norma de su política internacional, la soberanía y jurisdicción
exclusiva, sobre el mar que baña las respectivas costas, hasta una distancia mínima de 200
millas marinas, así como también se extiende aquella soberanía sobre el suelo y subsuelo
que a ella corresponda, de acuerdo al artículo 3. Pero tal vez el aspecto más relevante para
esta investigación es lo concerniente a lo declarado en el artículo 4 de la Declaración, el
cual señala explícitamente:

Si una isla o grupo de islas pertenecientes a uno de los países declarantes estuviere a
menos de 200 millas marinas de la zona marítima general que corresponde a otro de ellos,
la zona marítima de esta isla o grupo de islas quedará limitada por el paralelo del punto
en que llega al mar la frontera terrestre de los Estados respectivos.

Al respecto Cruz y Sandoval (2003), citando a Hugo Llanos Mansilla, señalan:

El ejemplo señalado por el mencionado número IV revela en forma incuestionable que,


para las partes contratantes, no es la prolongación de la frontera terrestre, ni la
perpendicular de la costa, ni la línea media, sino un paralelo geográfico, el que delimita
sus mares territoriales. Los tres países no sólo reconocen allí que ese paralelo es el punto
en que llega al mar la frontera terrestre, sino que le atribuyen un carácter rígido e
invariable, cualesquiera sean las circunstancias particulares existentes (p. 7).

Como un dato de importancia, Chile y Perú ratificaron esta Declaración. En Chile fue
ratificada el 23 de noviembre de 1954.

Convenio sobre Zona Especial Fronteriza Marítima de 1954


Firmado en Lima el 4 de diciembre de 1954, el mencionado Convenio surge principalmente
por la dificultad que tenían embarcaciones que debido a su poco porte y escasos
conocimientos de náutica, o tal como señala el acápite considerando del Convenio “que
carecen de los instrumentos necesarios para determinar con exactitud su posición en alta
mar, producen con frecuencia de modo inocente o accidental, violaciones de la frontera
marítima entre los Estados vecinos”. Por lo tanto, uno de los objetivos fundamentales de
dicha Convención, era reafirmar la existencia de un límite marítimo, entre los tres Estados
que firmaron la Declaración de Santiago de 1952. Es así como en su artículo 1 establece
“una Zona Especial, a partir de las 12 millas marinas de la costa, de 10 millas marinas de
ancho a cada lado del paralelo que constituye el límite marítimo entre los dos países”. Cabe
señalar además, que el presente Convenio y la Declaración de Santiago fueron ratificadas
por Perú el 6 de mayo de 1955 en forma simultanea, mediante la Resolución Legislativa Nº
12.305, y en Chile fue aprobado el 16 de agosto de 1967, a través del Decreto Supremo Nº
519.

Resolución Suprema Nº 23 del 12 de enero de 1955, por parte del Perú


Como una forma de reafirmar lo establecido en los anteriores tratados internacionales, el
Estado peruano, a través de la Resolución Suprema arriba señalada, indica lo siguiente:

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CONSIDERANDO: que es menester precisar en los trabajos cartográficos y de geodesia


la manera de determinar la zona marítima peruana de 200 millas a que se refiere el
Decreto Supremo del 1° de agosto de 1947 y la Declaración Conjunta suscrita en
Santiago el 18 de agosto de 1952 por el Perú, Chile y el Ecuador.
Se resuelve:
1. La indicada zona está limitada en el mar por una línea paralela a la costa peruana y a
una distancia constante de ésta, de 200 millas náuticas.
2. De conformidad con el inciso IV de la Declaración de Santiago, dicha línea no podrá
sobrepasar a la del paralelo correspondiente al punto en que llega al mar la frontera del
Perú (Cruz y Sandoval, 2003: 8).

Acta de la Comisión Mixta Chileno-Peruana, encargada de verificar la posición del Hito


Nº 1 y señalar el límite marítimo del año 1969
El Perú convino con Chile en el mes de abril de 1968, estudiar la instalación de postes de
enfilación, visibles desde el mar, destinados a señalar el lugar del Hito 1 en la frontera
chileno-peruana (Cruz y Sandoval, 2003). Las consecuentes delegaciones de ambos países,
dotadas de plenos poderes, suscribieron el 26 de abril del mismo año un documento que fue
debidamente aprobado por las respectivas Cancillerías, en el cual se expresa que:

Reunidos los Representantes de Chile y del Perú, que suscriben, en la frontera chileno-
peruana, acordaron elaborar el presente documento que se relaciona con “la misión” que
les ha sido encomendada por sus respectivos gobiernos en orden a “Estudiar en el terreno
mismo la instalación de marcas de enfilación visibles desde el mar, que materialicen el
paralelo de la frontera marítima que se origina en el Hito número uno (p. 11).

Posteriormente, y una vez determinados los sitios para la instalación de las


correspondientes demarcaciones, una Comisión Mixta, el 22 de agosto de 1969, firma un
Acta en la cual se indica:

Los Representantes de Chile y del Perú, que suscriben, designados por sus respectivos
Gobiernos “con el fin de verificar la posición geográfica primigenia del Hito de concreto
número uno de la frontera común y de fijar los puntos de ubicación de las marcas de
enfilación que han acordado instalar ambos países para señalar el límite marítimo y
materializar el paralelo que pasa por el citado Hito número uno, situado a la orilla del mar
(Cruz y Sandoval, 2003: 11).

Al respecto, conviene señalar que en el año 1972 se finalizó la construcción de las


estructuras de enfilación, con señales con una luminosidad que permiten ser divisadas
desde el mar, para que de esta manera los navegantes se encuentren en conocimiento del
momento en que traspasan la frontera marítima.

Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar


Sin lugar a dudas, en la presente controversia se encuentran en directa discusión algunos de
los planteamientos expresados en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho
del Mar (CONVEMAR) del año 1982, fundamentalmente lo relativo a la delimitación del
mar territorial entre Estados con costas adyacentes. Al respecto, el artículo 15 de aquella
Convención señala:

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Cuando las costas de dos Estados sean adyacentes o se hallen situadas frente a frente,
ninguno de dichos Estados tendrá derecho, salvo acuerdo en contrario, a extender su
mar territorial mas allá de una línea media cuyos puntos sean equidistantes de los puntos
más próximos de las líneas de base a partir de las cuales se mida la anchura del mar
territorial de cada uno de esos Estados. No obstante, esta disposición no será aplicable
cuando, por la existencia de derechos históricos o por otras circunstancias especiales,
sea necesario delimitar el mar territorial de ambos Estados en otra forma.
Lo anterior se complementa con lo establecido en el artículo 74 del mismo instrumento
jurídico, relativo a la delimitación de la zona económica exclusiva entre Estados con costas
adyacentes o situadas frente a frente.

La postura peruana y sus reclamaciones

Sobre la base de los antecedentes recopilados, se puede expresar que el tema de la


reclamación peruana destinada a desconocer la existencia de un límite fronterizo marítimo
con Chile, comienza a fines de la década de los 70’, principalmente con algunos escritos de
autores tales como el embajador Juan Miguel Bákula, el Vicealmirante Guillermo Fauna
Geis, y el profesor Eduardo Ferrero. Entre sus hipótesis más importantes señalan, entre
otras situaciones, que la Declaración de Santiago y el Convenio sobre Zona Especial
Marítima Fronteriza no constituyen tratados relativos a delimitar la frontera marítima, sino
que responden a acuerdos pesqueros, y que por consecuencia no existiría instrumento
jurídico que regulara dicha delimitación. Además, y conviene hacer un paralelo histórico
frente a las relaciones bilaterales que se tenían por aquella época entre Chile y Perú, que
aquella forma de delimitación no respondería a los intereses de seguridad del Perú, puesto
que las condiciones habrían cambiado en forma radical (Cruz y Sandoval, 2003).

No obstante lo anterior, fue durante la década de los 80’ en donde aquella preocupación
doctrinaria y teórica, se transforma en reclamaciones oficiales por parte del Gobierno. Es
así como en el gobierno del entonces Presidente Alan García, y mediante la gestión de su
Canciller Allan Wagner, fue que se solicitó al Canciller chileno de ese entonces, Jaime del
Valle, recibir al embajador peruano en Chile Juan Miguel Bákula, quien expuso por vez
primera la percepción peruana de esta controversia: la ausencia de un tratado sobre limites
fronterizos marítimos. Posteriormente, la embajada de dicho país entregó un Memorándum
con fecha del 23 de mayo de 1986 a su par chilena, en el cual se resume el tema (Cruz y
Sandoval, 2003).

A la par con lo anterior, conviene mencionar que en el año 1982, se realizo ya antes
descrita Convención de las Naciones Unidas para el Derecho del Mar, en la cual quedan
estipuladas algunas consideraciones en torno a delimitar las fronteras marítimas entre
Estados con costas adyacentes, la cual hace prevalecer el concepto de la equidistancia, sin
perjuicio de otras formas de delimitación que hayan arreglado los Estados involucrados.
Por lo tanto, puede perfectamente deducirse que la reclamación peruana realizada en la
década de los 80’, va de la mano con la introducción de este tratado internacional.

Finalmente, el Estado peruano interpuso un proceso de demanda en la Corte Internacional


de Justicia durante el año 2008, en la cual se establece como fundamentos jurídicos lo

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estipulado en la CONVEMAR, así como también el Tratado de Lima de 1929, en el cual se


establece la delimitación de la frontera terrestre entre ambos Estados pero no la marítima, y
finalmente diversas leyes de orden interno del Perú, dentro de las cuales destacan la
Constitución de la República del Perú del año 1993, la ley 28.691 sobre Líneas de Base del
Dominio Marítimo del Perú del 3 de noviembre de 2005, y el Decreto Supremo peruano Nº
047-2007-RE del 11 de agosto de 2007. Anexo a lo anterior, el Perú si bien no se incluye
dentro de la demanda interpuesta, estipula que la Declaración de Santiago, la cual lleva
como título Conferencia sobre Explotación y Conservación de las Riquezas Marítimas del
Pacífico Sur, así como también el Convenio sobre Zona Especial Marítima Fronteriza, son
simplemente convenciones, no tratados internacionales, y que están referidos a materias
pesqueras y no limítrofes.

Por lo tanto, y de acuerdo a lo demandado a la CIJ por Perú, este país solicita:

determinar el curso del límite marítimo entre los dos Estados conforme al derecho
internacional, e igualmente solicita a la Corte que reconozca y declare que el Perú posee
derechos soberanos exclusivos en el área marítima situada dentro del límite de 200
millas marinas de su costa y fuera de la zona económica exclusiva y de la plataforma
continental de Chile

La postura chilena

La posición chilena se basa en los Tratados internacionales suscritos con Perú, así como
también en los derechos históricos y los propios actos de las partes. Por ejemplo, de
acuerdo a lo dispuesto en el Tratado de Lima de 1929 y la interpretación chilena, en dicho
instrumento jurídico no sólo se fijo la frontera terrestre, sino que también la marítima.
Además de aquello, conviene agregar que en aquel Tratado se especifica que con la
ratificación de aquel instrumento, se resolvía el único tema pendiente derivado de la Guerra
del Pacífico entre ambas naciones, el cual era la controversia de Tacna y Arica. Asimismo,
la Declaración de Santiago y el Convenio sobre Zona Especial Fronteriza Marítima, son
claras en determinar la existencia del paralelo geográfico como forma de delimitar la
frontera marítima.

Anexo a lo anterior, Chile señala que existe numerosa documentación interna por parte del
Perú, antes de la década de los 80’ que refleja que se tenía plena conciencia de la existencia
de una frontera marítima entre ambos países. Ejemplo de lo anterior son la ley 11.780,
promulgada el 12 de marzo de 1952, y la Resolución Suprema Nº 23 del 12 de enero de
1955, ambos documentos ya analizados. Y aparte de lo anterior, resalta para los efectos de
conocimiento de las partes de la existencia de una delimitación marítima, los trabajos
realizados por la Comisión Mixta de 1969, los cuales dieron como resultado, aparte de un
Acta ya descrita, el establecimiento de los faros de enfilación que buscan advertir a las
embarcaciones cuando se encuentren cercanas a cruzar la frontera marítima. Como dato
relevante al respecto, se señala que se construyeron dos faros, uno chileno y uno peruano,
siendo destruido este último por el movimiento telúrico que afectó a aquella zona en el año
2001, y que no ha sido reconstruido por el gobierno de dicho país.

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Si bien es cierto que la posición peruana se funda principalmente en lo dictado en la


CONVEMAR, Chile señala al respecto dos situaciones. En primer lugar, Perú no puede
invocar dicha Convención, por el mero hecho de no haberla suscrito; y en segundo lugar, la
misma Convención admite que sus disposiciones relativas a determinar la frontera marítima
entre dos Estados, no son aplicables en casos en que las partes ya hayan suscrito tratados o
acuerdos relativos a la demarcación de este tipo de fronteras, situación que según Chile, se
da plenamente de acuerdo a los Tratados internacionales ya suscritos por Chile y Perú, es
decir, la Declaración de Santiago y el Convenio sobre Zona Especial Fronteriza Marítima,
por lo que en este punto, se da un reconocimiento a estos dos instrumentos jurídicos como
Tratados internacionales.

Otro punto en que Chile fundamenta su postura, son los actos de las partes involucradas en
esta controversia durante los años transcurridos desde el Tratado de Lima de 1929 hasta la
fecha. A lo largo de este período, Chile ha apresado muchas embarcaciones pesqueras
peruanas por violación de la frontera, hecho que ha sido penado por las autoridades
chilenas competentes con multas, situación que no ha sido reclamada por el Perú. Por lo
tanto, el Perú ha reconocido mediante actos y omisiones, la existencia de una delimitación
fronteriza en el mar. Además de lo anterior, conviene destacar que desde la década de los
90’, se ha contabilizado un promedio de 180 barcos pesqueros peruanos apresados por
Chile, sin reclamos por parte de autoridades peruanas (Cruz y Sandoval, 2003).

Finalmente, y señalando que la posición chilena estipula que no existen temas limítrofes
pendientes con el Perú, y que la controversia creada por el límite marítimo está zanjada por
los diferentes Tratados internacionales suscritos entre las partes, conviene añadir que si
llegase a prosperar la reclamación peruana, habría una directa incidencia en su frontera
norte con Ecuador, puesto que fue el mismo criterio y los mismos instrumentos jurídicos
que se utilizaron para delimitar dicha frontera.

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Mapa de la controversia por delimitación de frontera marítima entre Chile y Perú

Fuente: http://www.elcomercio.com.pe/ediciononline/image/dominio1.jpg

Conclusiones

El tema en cuestión reviste aspectos que traspasan considerablemente algunos de los


lineamientos jurídicos expuestos dentro de la presente investigación. Uno de los más
importantes es el tema coyuntural de las relaciones bilaterales. Haciendo un breve racconto
histórico, conviene señalar que durante fines de la década de los 70’, las relaciones
bilaterales se habían visto empañadas, tanto por hechos ocurridos con supuestos agentes
chilenos en instalaciones portuarias peruanas, así como el conflicto bélico latente entre
Argentina y Chile en el área austral del continente. A lo anterior, debe añadirse también la
conmemoración de un centenario de la Guerra del Pacífico, y las diferencias ideológicas
que existían entre ambos gobiernos, pese a ser los dos de corte militar.

Tal como se expuso anteriormente, la reclamación se hizo oficial a mediados de la década


de los 80’. Sin embargo, durante la década de la administración Fujimori, si bien se
solucionaron algunos asuntos pendientes entre Chile y Perú relativas al cumplimiento de
algunas disposiciones del Tratado de Lima de 1929 y su Protocolo Complementario,
centradas principalmente en temas aduaneros, no se tocó bajo ninguna perspectiva la
reclamación limeña sobre la delimitación marítima, retomándose con fuerza en los últimos
años de la administración Toledo. De acuerdo a algunos autores (Mendoza, 2006), aquellas
reclamaciones fueron producto de la baja popularidad del mandatario, por lo que
respondían a aunar a la ciudadanía frente a una causa común, y de esta forma ganar
aprobación a su gestión, la cual finalizó aproximadamente con un 10% de aprobación.

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Lo anterior, y siguiendo una lógica histórica, con la segunda administración de Alan


García, era altamente esperable que aquel mandatario retomara lo realizado en su anterior
gestión y lo añadido por Toledo sobre la controversia sobre la delimitación marítima con
Chile.

Otro aspecto a considerar dentro de esta problemática, es un tema geopolítico, ya que la


zona en litigio, que en superficie es de 35.000 km2, equivalente a la isla de Sicilia, es rica
en recursos naturales. Y tal vez lo más importante, con la búsqueda de ampliar su mar
territorial, el Perú estaría reforzando su posición como un país con mejores condiciones
para establecerse como Estado puerto, considerando para estos efectos los trazados aún en
estudio de los corredores bioceánicos. Es decir, si Perú aumenta su mar territorial, el sur
peruano estaría en poder de una importante ventaja comparativa, en desmedro del norte
chileno para los efectos de salida de los mencionados corredores provenientes del sur
brasileño. Como un dato relevante para esta perspectiva, conviene mencionar que en el año
2003 se creo la Zona Franca de Tacna, y que dicho país en la actualidad está en negociación
con Brasil para establecer un Tratado de Libre Comercio.

Pasando a un plano netamente jurídico, es necesario señalar que si bien el Perú toma como
referente para su reclamación lo estipulado por la CONVEMAR, es necesario recalcar que
este país no ha adherido a dicha Convención, a diferencia de Chile. Pero desde una
hipotética perspectiva de la Corte, los postulados de la CONVEMAR apoyarían la
reclamación peruana.

Un punto dejado de lado en esta controversia, pero que se encuentra muy ligado, es el
relativo a la ubicación del denominado Hito 1, manera de delimitar la frontera terrestre
entre ambos Estados de acuerdo al Tratado de Lima de 1929. Chile postula que a partir del
paralelo que demarca este Hito, comienza la demarcación de frontera, tanto terrestre como
marítima; mientras que Perú sostiene que el Hito es meramente referencial, por lo que la
línea de la Concordia debe seguir su curso oblicuo natural, llegando a la ‘Orilla del Mar’,
de acuerdo a lo expuesto en el anterior Tratado. De ser así, el Perú obtendría 16.000 m2 de
territorio, modificando al mismo tiempo ambas fronteras. Al respecto, Chile sostiene que el
punto denominado ‘Orilla de Mar’ es el punto donde se ubica el Hito 1, puesto que de
acuerdo con algunos de los instrumentos jurídicos antes señalados en la presente
investigación, este punto no puede ubicarse en la ‘Orilla del Mar’, ya que las condiciones
geográficas no permitían su constante conservación en el tiempo.

Chile desde un punto de vista jurídico, fundamentalmente de las fuentes principales del
Derecho Internacional –los tratados y la costumbre internacional-, el país tiene muchos
argumentos a su favor en esta controversia. Sin embargo, y más allá del eventual fallo de la
CIJ, no cabe duda que las relaciones bilaterales se han empañado de manera grave, puesto
que han dejado de entrever un doble estándar en la figura del actual mandatario del Perú, ya
que a comienzos de su administración, dejo claras sus buenas intenciones para con Chile.
No obstante aquello, el gobierno de Chile también pecó de ingenuidad, en el sentido de no
considerar una revitalización de la demanda marítima peruana, tomando como antecedentes
que bajo la primera administración de García, y con el mismo Canciller, se llevaron a cabo

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las primeras gestiones oficiales sobre esta controversia, y de esta forma, tomar medidas a
priori sobre los hecho que, en la actualidad, sumergen la relación entre ambos Estados.

Pero pese a lo anterior, existe un fuerte contenido geopolítico detrás de la analizada


controversia. El hecho de que se encuentre en un proceso de expansión económica hacia el
resto del mundo, como pudo visualizarse en plenitud en la última asamblea de los líderes de
APEC, celebrada en Lima en el presente año, muestra que el país del Rímac está llevando a
cabo un fuerte proceso de apertura económica, tanto como plataforma de inversión y de
provisión de diversas materias primas. Anexo a esto, se añaden por directa consecuencia
nuevas demandas en su seguridad, al mismo tiempo que se conjuga la estrategia de
establecer al territorio peruano como país “pivote” con el resto del continente, teniendo
como factor de vital importancia en este sentido, las desembocaduras de diferentes trazados
de corredores bioceánicos, todo lo anterior recayendo en forma específica en las costas del
Mar de Grau. Por lo tanto, no sólo está en controversia la pendiente de una línea de
delimitación, sino que muchos otros elementos que deben ser considerados y analizados en
su totalidad, para tratar de aminorar una fuerte carga psicosocial entre ambos países, que
dificultan el entendimiento franco y claro, en aspectos y temas que son de interés común.

Sin lugar a dudas, este nuevo problema es un fuerte retroceso en lo referente a la


consolidación de la confianza mutua, el cual significa también, por sus propias
características, que la controversia entre ambos países tendrá una larga data, y las
consecuencias finales, entendidas estas dentro de la lógica de la suma cero, pueden derivar
en perspectivas altamente negativas para la relación. Es de esperar que pese a todo, se
retomen en algo las confianzas, y se siga avanzando, dentro de lo posible, en la
construcción de un mejor escenario bilateral para ambas ciudadanías.
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