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Qué significa el Reino de Dios, aquí y ahora?

Qué significa el Reino de Dios, aquí y ahora?

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Publicado porDenis Coronado
Qué significa el Reino de Dios, aquí y ahora?
El mundo fraterno de los hijos e hijas de Dios.
Es el sueño que me quita el sueño.
Qué significa el Reino de Dios, aquí y ahora?
El mundo fraterno de los hijos e hijas de Dios.
Es el sueño que me quita el sueño.

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Published by: Denis Coronado on Jun 19, 2009
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¿QUÉ SIGNIFICA EL “REINO DE DIOS”, AQUÍ Y AHORA?

¿QUÉ SIGNIFICA EL “REINO DE DIOS”?
¿EL “REINO DE DIOS”? ¿CON QUÉ SE COMERÁ “ESO”? EN SU TIEMPO Y EN SU PAÍS LOS PEQUEÑOS DE AYER “TOY CONTENTO, YO NO SÉ QUÉ ES LO QUE SIENTO…” ¿CÓMO DICES QUE DICEN QUE DIJO? SALVACIÓN Y LIBERACIÓN: DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA

AQUÍ Y AHORA
¿AQUÍ Y AHORA? ¿EN ESTE DESBARAJUSTE QUE TENEMOS HOY? LOS JODIDOS DE SIEMPRE ¿QUIERES QUE TE LO EXPLIQUE CON DIBUJITOS?

CARACAS, JULIO DE 2008

¿QUÉ SIGNIFICA EL “REINO DE DIOS”?

¿El “Reino de Dios”? ¿Con qué se comerá “eso”? En la Biblia y en específico en los evangelios, se encuentra una frase que a los jóvenes de hoy en día nos suena extraña: el “Reino de Dios” ¿con qué se comerá “eso”? nos podemos preguntar algun@s, mientras que para much@s otr@s es una frase sin sentido que pasa desapercibida… por eso mismo pocas personas saben que esa frase es, casi con toda seguridad, no sólo original de Jesús, sino más aún, el centro de su mensaje. ¿Cómo así que era el centro de su mensaje? Si siempre nos han enseñado que el centro del mensaje cristiano es Él mismo: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida”1. O en el peor de los casos, el centro de la predicación ha sido la Iglesia (“Fuera de la <<barca de Pedro>> no hay salvación”). ¿Pero el “Reino” como el mensaje principal del cristianismo? eso no aparece por ningún lado. De hecho los cristianos, y en particular los católicos, hablamos mucho y de muchas cosas, pero del Reino poco y pocas veces. Veamos pues, como entendía Jesús, “esto” del “Reino”.

En su tiempo y en su país En la época que le tocó vivir, Jesús de Nazaret se encontró con una situación social y religiosa marcada por la injusticia, la indiferencia y la desesperanza. Era un mundo dominado política y militarmente por los romanos, era el “Imperio del César”. Así que Israel, “el pueblo escogido por Dios”, era en realidad un “paisito” de tercera categoría (¿hoy diríamos del <<Tercer Mundo>>, no?), que prácticamente “no tocaba un pito en el concierto de las naciones”.

Desde el punto de vista interno, era una sociedad religiosa, sus normas de convivencia social estaban íntimamente ligadas a sus creencias y costumbres religiosas. En la Ley de Moisés estaba establecido todo aquello que podía o no hacerse en Israel, y también todas las normas y los ritos de purificación por los pecados-delitos (en una sociedad así, no podría distinguirse muy bien una cosa de otra). De modo pues que los judíos de la época de Jesús se encontraron viviendo bajo el “Imperio de la Ley” dentro del “Imperio del César” Es en esas circunstancias concretas, en el Israel del siglo I, que Jesús aparece con la idea del “Reino de Dios”.

Los pequeños de ayer Jesús comparó esa situación que se vivía, con lo que sentía en su corazón: En el “Imperio del César”, valía más quien era más fuerte, o quien más tenía plata, o quien tenía la ciudadanía romana… los demás eran considerados de segunda y hasta de tercera categoría (¿cómo que desde siempre los poderosos dividen el mundo en tres, no?) En el “Imperio de la Ley”, valía quien era más puro, o quién podía comprar los animales para hacer las purificaciones en el Templo, o quien tenía la ascendencia judía… los demás eran pecadores, indignos de “Dios” o peor aún paganos. Mientras que para el Papá-Dios en el que creía Jesús, todos valen: hombres, mujeres, extranjeros, judíos, pobres, ricos, etc. De hecho, Jesús pone como modelo de vida a un pequeño.

Y aún más, le reclama a los Imperios el desprecio con el que tratan a los pobres, a los enfermos, a las mujeres, a los niños, a los extranjeros, a los que no cumplen la ley de Moisés, a los que llama “los pequeños”. Papá-Dios (Abbá) nos ama a todos, y porque nos ama a todos le indigna esta situación de injusticia e hipocresía: “Ése no es el mundo que mi Padre soñó…” es el grito desgarrador con el que Jesús prepara el anuncio del “Reino de Dios”.

“Toy contento, yo no sé qué es lo que siento…”2 Pero no todo es tragedia alrededor de Jesús. A pesar de la dura situación social que le tocó enfrentar, en su interior había una “fuente” de la cual manaban paz y alegría. No me importa que suene “cursi”, esa fuente se llama AMOR, y era lo que desbordaba Jesús cuando estaba entre la gente. Tantos episodios de los evangelios donde muestran a Jesús comiendo, bailando, jugando, riendo, brindando, etc., no pueden ser ficción o inventos. Son muestras de que a Papá-Dios no sólo le gusta la Vida, sino que además le gusta celebrarla. Jesús se esfuerza en hacer llegar ese mensaje a tod@s: come con prostitutas y cobradores de impuestos (considerados pecadores sin remedio), asiste a las bodas de sus amig@s, hace continuar la fiesta cuando se acaba el vino y convierte una tarde triste y nublada que iba a terminar despidiendo a la gente con hambre y cansada, en un fiestón inolvidable, de puro compartir lo que cada quién traía y lo que cada uno era… Aquella tarde lo que se multiplicaron no fueron sólo panes y peces, sino también la generosidad y la esperanza.

¿Cómo dices que dicen que dijo? (“Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”) Esa forma de actuar de Jesús, tan libre de los Imperios, tan amoroso con quienes según los líderes (políticos y religiosos) no eran “dignos”, le convirtió en una figura pública, ganándose pues tantos amigos como enemigos. En ése ambiente, los líderes le lanzaron a Jesús un dardo venenoso (al mejor estilo del “periodismo” actual): “¿Es o no lícito que los judíos paguen tributos al César?” y Él (al mejor estilo de entrevistado-acosado, ¿o acusado?), responde con una frase “trabalengüística” que aún no parece ser bien entendida del todo. Jesús no entra en el juego político, más bien lo desenmascara. Pone de manifiesto la hipocresía de los líderes religiosos (que son judíos), ya que ellos mantenían un sistema de ritos y normas de purificación, que no sólo excluía de la vida social a mucha gente, sino que además generaba cuantiosas sumas de dinero que iban a sus arcas. ¡Cómo pretendían ellos quedar como defensores de la justicia y de los intereses de Israel, si ellos mantenían un sistema de injusticia al interno de la nación! ¡Hipócritas, los impuestos que Uds. pagan no salen de sus bolsillos, sino de los de los pobres! Más aún con esa frase denuncia el hecho de que la sociedad le dé más valor al dinero que a la persona. Lo del César es el dinero… Lo de Dios es la gente… De nada hubiese servido cambiar a Tiberio César por el Rey Herodes, o por el Sumo Sacerdote Anás, o por el Líder Revolucionario Jesús “el Barrabás”, o por quien fuera… Era el Templo (centro del poder religioso-político-económico-social) el que tenía que

ser derribado y debía construirse un nuevo Templo (un corazón de carne, un corazón sensible en cada ser humano) donde reinara Dios, no el dinero. Eso era para Jesús el “Reino de Dios”. Jesús se la jugó por la gente (le dio a Dios lo que es de Dios) y lo pagó muy caro. Los líderes religiosos y políticos podían aceptar a un predicador famoso y querido por el pueblo, pero no que su predicación dejara en evidencia que servían al dios dinero.

Salvación y Liberación: Dos caras de la misma moneda Para Jesús, el “Reino de Dios” es como una moneda: Por una cara, nos muestra la Salvación. “Mi Reino no es de este mundo”, le dice a Pilatos. Él no vino a tomar el lugar del César, ni el de Herodes. Su Reino, ciertamente, tiene una dimensión espiritual, mística, escatológica, como queramos verlo… En él se resumirán tantos años de historia, tantas vidas, tantos afanes, tantas alegrías. En esta perspectiva, el “Reino de Dios” es plenitud plena, valga la redundancia. Plenitud de Amor, plenitud de Justicia, plenitud de Paz. Pero por otro lado (y al mismo tiempo), el Reino es Liberación. “Hoy se han cumplido estas palabras en mí”. “Hoy”, no “Ayer” ni “Mañana”, sino HOY. Hoy los ciegos ven (cada vez que alguien ve el amor de Dios en su vida), hoy los cojos andan (cada vez que alguien ayuda a otro a levantarse de algún problema), hoy los hambrientos comen (cada vez que los que tienen para comer todos los días comparten con quienes no tienen), hoy se ha proclamado el “Año de Gracia del Señor” (cuando se exonere de la deuda externa ¿o eterna? a los países del mal llamado “Tercer Mundo”).

El Reino de Dios es HOY y es también (al mismo tiempo) ETERNIDAD. Ya llegó con Jesús, pero todavía no es pleno. El Reino de Dios es, al mismo tiempo, Salvación y Liberación.

AQUÍ Y AHORA

¿Aquí y ahora? ¿En este desbarajuste que tenemos hoy? Probablemente esa frase del “Reino de Dios”, haya tenido cabida en la época de Jesús. De hecho, el que mucha gente lo siguiera, a pesar de la oposición de los líderes y las autoridades, le da valor a esa propuesta. Pero hoy en día, en contraste con el mundo que encontró Jesús, el nuestro es un mundo cada vez más alejado no solo de lo religioso sino también cada vez mas fragmentado y mas hundido en el materialismo y el individualismo, ¿tendrá sentido seguir hablando de Dios? ¿Tendrá sentido hablar de un “Reino de Dios” en un mundo que consigue en las ciencias, las respuestas a la mayoría de sus preguntas? ¿En un mundo donde las instituciones religiosas han perdido su credibilidad? ¿En un mundo donde la injusticia sigue reinando? El panorama no es muy consolador: el calentamiento global, la crisis mundial de alimentos-agua-energía, las guerras constantes, el avance de las drogas y el sida en la juventud, el cáncer de la corrupción enquistado en los gobiernos, incluso en los que se autoproclaman “revolucionarios”, el crecimiento en la brecha entre ricos y pobres, la parranda de mentiras y anti-valores que bombardean los medios de “comunicación”, pareciera que esto se lo llevo quien lo trajo, que los cuatro jinetes del Apocalipsis vinieron a acabar con todo. Como

leí en un “grafitti” pintado en alguna calle de Caracas: “Cristo viene, y viene arrecho”. A pesar de todo esto, sí hay una razón para seguir hablando de Dios. Sí tiene sentido hablar del “Reino de Dios”. Más aún, se hace absolutamente necesario retomar la propuesta de Jesús. Nuestro mundo lo necesita. Es su única salvación.

Los jodidos de siempre Esa razón no es otra que los que Jesús llama los pequeños. Los pequeños de ayer y de hoy, son los jodidos de siempre. No puede ser verdad que a Dios no le importe el sufrimiento de l@s que viven en los cerros3, de aquell@s que les cuesta redondearse la arepa, de los que son discriminad@s por cualquier “razón” (¿es que acaso hay razones para discriminar a la gente?). En este mundo, y en particular en nuestro país, hay suficientes recursos para que tod@s vivamos dignamente. No puede ser normal (muy a pesar de los estadísticos y los economistas) la regla de “Paretto”: el 20% de las personas acumulan el 80% de las riquezas, mientras el 80% de la población tienen que repartirse el restante 20% de los recursos. Eso sencillamente va en contra de la lógica de Dios. No he encontrado quien plantee mas “claro y raspao” esa lógica que Pedro Trigo sj, a quien cito a continuación: “Que Dios reine en nuestra historia significa que con la profundización de la democracia a escala planetaria vayamos superando privilegios y discriminaciones e incluyendo a los excluidos, tanto en el interior de cada país, como a los países excluidos. Significa que la producción y el consumo se desabsoluticen para que se cultiven otras dimensiones humanas como el estar, el convivir, el celebrar, el permanecer en silencio, la reciprocidad de dones, la gratuidad, el vivir en la presencia de Dios y relacionarse con él”.4

Pueden haber muchas otras razones para hablar del “Reino de Dios”, pero ésta, si no es la más importante, es la más urgente.

¿Quieres que te lo explique con dibujitos? Ahora bien, si ya estamos de acuerdo en que el tema del Reino de Dios es importante y que debe ser tomado en serio por quienes pretendemos seguir a Jesús, la pregunta que sigue en el aire es: ¿Cómo anunciarlo en este mundo? ¿Cómo expresarlo, no solo de un modo que se entienda, sino que además conmueva a las personas y las impulse en esta dirección? En ese sentido y siguiendo el dicho: “una imagen dice más que mil palabras”, he realizado varios bocetos de dibujos, a través de los cuales pretendo expresar lo que en mi tiempo y en mi país, veo en relación con el Reino de Dios.

En

realidad son un collage de imágenes que me vienen a la mente cuando pienso en el Reino de Dios.

La primera de ellas, es una caricatura de Caracas, donde nací y vivo actualmente. Es una ciudad llena de contrastes sociales, donde los cerros y barrios populares, con sus característicos colores rojizos y anaranjados (por los bloques con que construyen las casas) destaca entre la selva de cemento. Al fondo, el Ávila (o Warairarepano como lo llamaban los aborígenes caracas antes de la conquista) domina el paisaje y se convierte en punto de referencia. Es allí donde vivo, y es allí donde me toca anunciar el Reino, en medio de la locura del tráfico, la paranoia del “hampa con el moño suelto”, el corre-corre de la gente en el metro y los centros comerciales, las infinitas escaleras de los barrios… Un dibujo simple, tal vez demasiado, para expresar una idea, por el contrario, compleja, quizás muy compleja: Un Cristo Resucitado que frente a una muchedumbre (de distintos colores, tamaños, formas, etc., pero con un mismo corazón) extiende los brazos (¿como en la cruz?) y rompe las cadenas que atan a los seres humanos… Además está parado sobre una serpiente (símbolo del mal), en señal de haberla vencido. Creo que es una imagen que puede reflejar, tanto la Liberación en esta vida de tantas injusticias y violencias como la Salvación en la vida eterna.

El Reino va haciéndose más concreto en el día a día. Por eso dibujo algunos elementos de esa vida cotidiana que reflejan como Papa-Dios va reinando en

nuestra vida: un martillo, un balón, una patineta, un i-pod, un serrucho, unos libros, unos anillos de matrimonio, etc. A través de estos símbolos, el trabajo, los estudios, el compromiso, los deportes, la música, etc, tienen un espacio en el Reino, el cual no se reduce a una dimensión “sagrada” donde lo “mundano” no tiene cabida. El Reino acontece cuando Dios reina sobre lo “mundano”, sobre lo cotidiano. Cuando alegría eso sucede, la los

invade

corazones, y la vida se torna una fiesta. Por eso los tambores, la trompeta, la guitarra, las maracas, el teclado, melodías etc., unen sus que para

celebremos la presencia de Dios. En ese pentagrama, no solo viven las notas musicales, sino también todas aquellas causas o ideales a través de las cuales el Reino acontece: Un corazón, representando el Amor. La paloma de la Paz y la balanza de la Justicia, que no pueden ir separadas. El símbolo del reciclaje, nuestro planeta necesita más cuidado que nunca. El ying-yang, que en este contexto para mi expresa la tensión del Reino: “Si, pero todavía no”. Si (la parte blanca) porque mucha gente ha aceptado la propuesta de Jesús, pero todavía no (la parte negra) porque muchos no la han aceptado, e incluso, porque los que han aceptado esta propuesta pueden echarse para atrás. La estrella de David, la media luna y la cruz: Si el mensaje de Jesús no giro alrededor de sí mismo ni de Dios, sino de su Reino, que por supuesto los incluye a ambos, pero también a la Humanidad y a la Creación entera; entonces su mensaje puede ser (y de hecho hasta cierto punto lo es)

compartido por las otras religiones. Hay razón entonces para animar el dialogo ecuménico e interreligioso. La propuesta del Reino de Dios puede ser el punto vital en el que las religiones se pongan de acuerdo y trabajen en colaboración. El Reino es como un banquete de bodas, donde Jesús es el novio y baila con su eterna prometida: la Humanidad. “En este país cabemos todos” dije en estos días en un ascensor: algunos se murieron de la risa y otros me miraron con cara de pocos amigos. Es indudable que di en la llaga de la intolerancia política de gente a la que aprecio. Ahora me atrevo a juntar en un mismo dibujo, los símbolos de ambos bandos: la estrella roja del “Socialismo del siglo XXI” y las manos blancas del “Movimiento estudiantil”. Estamos viviendo una época complicada, los ánimos están agitados. Con este tema tengo algunas incertidumbres, pero también otras cosas más claras: La solidaridad, la generosidad y la fraternidad, son valores que no se pueden imponer; por el contrario, se deben promover. Las posiciones radicales o extremas nos están haciendo cada vez más daño. No se está queriendo dialogar (escuchar y comprender al otro), sino que cada uno desea convencer al del otro bando, y si no lo logra, entonces considerarlo enemigo. Este modelo económico (más rentista-liberal que capitalista propiamente dicho) es la causa de la desigual distribución de las riquezas. Estoy convencido que es necesario buscar alternativas a esta situación, en la dirección del Reino. Sin embargo, no me convence el socialismo. Con este podríamos pasar de un modelo rentista-liberal a un capitalismo de Estado, donde la cúpula gobernante “en nombre del pueblo” toma para sí la mayor parte de las

riquezas (que estarían en manos del Estado) mientras la mayoría de la población seguiría viviendo en la pobreza. ¿Y entonces, cual es la solución? Bueno, si la tuviera, no estaría escribiendo esto… Siento que es necesario colocar el tema del modelo económico en función del Reino de Dios, más allá de las banderas políticas, a ver si vemos luz al final del túnel. En este país cabemos todos. De hecho, una gran parte de la población esta asqueada de la manera como los políticos (de ambos bandos) intentan manipularnos y utilizarnos para sus fines personales. La honestidad de los políticos es como la virginidad de Britney Spears. Definitivamente estaremos más cerca del Reino cuando algún día exista un político honesto. “Si el mundo está, como ahora está, patas arriba ¿no habrá que darlo vuelta para que pueda pararse sobre sus pies?”5 Eso es lo que parece estar ocurriendo en América Latina, empezando por Venezuela. Ojalá todo este movimiento no sea “alegría de tísico”. Que efectivamente pueda equilibrarse la balanza de la distribución de las riquezas. Y que sea Papá-Dios quien reine en nuestros corazones y en nuestros países. Otro aspecto, muy actual, tiene que ver con el SIDA. A ver si llegamos a entender que la lucha contra el SIDA, es contra el SIDA, NO contra los “sidosos”. La discriminación hacia quienes portan el VIH+ o ya sufren la enfermedad es un “apartheid” comparable al de los “leprosos” de la época de Jesús. Otro “apartheid” que se ve incluso al interno de nuestra Iglesia, es contra la comunidad GLTB (Gays, Lesbianas, Transexuales y Bisexuales). Sí, ya sé que hay argumentos sustentados en infinidad de textos bíblicos y del magisterio sobre el tema. Pero la verdad es que seguimos sin entender que

aunque no compartamos dicho estilo de vida, no tenemos ningún derecho a discriminarlos y a apartarlos de la vida civil y eclesial. ¿Cuándo empezaremos a valorar a las personas por lo que son: hij@s de Dios? Ese mundo fraterno de los hij@s de Dios es el sueño que me quita el sueño… Es el que comparto en la Comunidad de Vida Cristiana (CVX) con otr@s tant@s, es un ideal por el que la vida cobra sentido.

DENIS CORONADO PINEDA CVX MARANATHÁ VENEZUELA

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Evangelio según San Juan, Capitulo 14, Versículo 6

Frase de una canción popular en Venezuela. En dicho contexto, expresa lo que siente una persona cuando está enamorada. La traigo a colación para reflejar cómo estaba enamorado Jesús de su pueblo y como ha estado enamorado, y sigue estando, Papá-Dios de la Humanidad.
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En Venezuela a la palabra “cerro”, al igual que “barrio”, se le da un sentido como de menosprecio, que tiene que ver con lo socio-económico. Así, los “cerros” de Caracas se les llama a los lugares donde vive la gente pobre, mientras que los sitios donde vive la gente de clase media y alta se les llama “lomas” o “colinas”. Más fino, pero a la final son cerros igualitos!
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Pedro Trigo, sj. “Jesús y el Reino de Dios. Su significado actual” Joaquín Torres García. Pintor uruguayo, dibujó el mapa sudamericano con el Sur arriba.

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