Está en la página 1de 2

Haban pasado ms de veinte aos. Y sabemos que el tiempo nos cambia la foto.

Si reencontramos a alguien de esos dias, casi siempre es un perfecto desconocido. Y lo es. Los aos borran, cambian, redefinen y lo que ramos se pierde en un limbo de gente sin identidad. Pero Esteban segua igual, ms arrugado y vencido, pero igual. Pelo largo, ropa gastada, resto hippie de otros das pasados en la facultad de msica. Horacio se alegr de encontrarlo, siempre divierten los viajes al pasado, al tiempo de los veinte y las ilusiones todava vivas. Sin ms demora lo invit a su casa: -Veni, tomamos algo y nos ponemos al da. Y paso un rato de charla donde se contaron brevemente los aos transcurridos; en realidad Horacio dijo casi todo, Esteban segua all sentado, como un poco ausente, desinteresado. Responda con monoslabos, sin aclarar demasiado, sin decir nada. Pareca anclado en un mundo irreal, paralelo. Finalmente ya harto de hablar solo, Horacio comenz a preguntar directamente y en un tono que no admita silencios. -Pero decime que haces, donde vivs, si te casaste, contame un poco hermano. Y cont. No trabajaba, viva de una herencia familiar administrada por un curador.palabra clave, se entendi que lo haban declarado incapaz, lo cuidaban y administraban su dinero como si fuera un nio. Horacio no terminaba de abarcar la realidad de la situacin. Ya un poco harto, y vaci de expectativas, dijo una ltima cosa: -Segus escribiendo? -Si- dijo Esteban. Y se lanz en un alocado discurso sobre el gran hermano, vigilancias de los organismos de seguridad, complots para destruir a la humanidad, enemigos sin nombre y en la sombra. Su voz se alter, tambin su mirada y sus manos se crisparon. Horacio entendi. Con gesto seguro tomo a su amigo del hombro y balbuceando algo sobre la cena y la hora, lo llev a la puerta y lo despidi rpidamente.

Se sent un rato con un caf, necesitaba una pausa, asimilar que la locura nunca est muy lejos, que a veces nos perdemos y no regresamos. Nunca.