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Séptimo Mandamiento

Séptimo Mandamiento

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06/01/2013

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7º Mandamiento: No robarás

La falta del cumplimiento de honradez en este
mandamiento ha venido a socavar los principios
morales que rigen al mundo.
Hoy, lo más importante son las cosas superfluas, sin
importar su adquisición.
Analizad con sumo cuidado el fondo de este
documento.

Francisco Martínez A.

Abril 2009
Fuentes: catecismo básico y otros
La escena sugiere algunas preguntas: ¿Estamos
apegados a las cosas que tenemos? ¿Somos egoístas?
¿Cuidamos y respetamos las cosas de los otros?
¿Cogemos lo que no es nuestro? ¿Nos preocupamos de
los pobres y de los que tienen menos que nosotros?
¿Cumplimos nuestras obligaciones como ciudadanos?
"No robarás".
En la Ley de Dios, el Séptimo Mandamiento, tanto en
el Antiguo Testamento como en el nuevo, es tajante,
conciso, claro y definitivo: "NO ROBARÁS"
(Ex.20,15; Dt.5,19;Mt.19,18).
El robo es la usurpación del
bien ajeno contra la voluntad
razonable de su dueño.

La codicia y el egoísmo llevan
a cometer muchos pecados
contra el séptimo
mandamiento. Lee despacio,
como examinándote, y
posiblemente verás en que
tienes que rectificar y mejorar
para cumplir bien este
mandamiento.
¡Que pecado tan feo es robar!
No te acostumbres, ni en
cosas pequeñas; no robes
nunca.

Recuerda las palabras de
Jesús: "¿De que sirve al
hombre ganar el mundo
entero, si pierde su alma?"
(Mt 16, 26)
"Perdónenme, es la primera vez"
X
¿Qué nos manda el
séptimo mandamiento
de la Ley de Dios?

El séptimo mandamiento
de la Ley de Dios nos
manda respetar los
bienes ajenos y pagar las
deudas.
X
¿Qué nos prohíbe el
séptimo mandamiento de
la Ley de Dios?

El séptimo mandamiento
nos prohíbe quitar o
retener lo ajeno contra la
voluntad de su dueño y
causar daño al prójimo en
sus bienes.
Frenar asaltos en el transporte
¿Cuales son los
principales pecados
contra el séptimo
mandamiento de la Ley
de Dios?

Los principales pecados
contra el séptimo
mandamiento de la Ley
de Dios son:
¡ Padre¡, yo pequé contra el..... :
- Robar.
- Causar daño al prójimo en sus
bienes.
- No trabajar conforme al deber o
trabajar mal.
- No pagar el justo salario a los
empleados y obreros.
- Servirse de la miseria del
prójimo o de la escasez pública
para acaparar o enriquecerse con
injustas subidas de precio.
X
- No cumplir los deberes de
propio cargo permitiendo que
se perjudique al prójimo o al
bien común.
- Prestar dinero u otra cosa
exigiendo un interés excesivo.
- Engañar al prójimo en el
comercio con pesos, medidas o
monedas falsas, o con
mercancías malogradas o
averiadas.
X
- Retener bienes ajenos
contra la voluntad de
sus dueños.
- Sobornar o exigir
coimas o concubinas.
- Colaborar en cualquier
robo o injusticia contra
los bienes ajenos.
Aumento de Robos en las calles
¿A qué están obligados los que
han robado o han hecho daño
al prójimo en sus bienes?

Los que han robado o han
hecho daño al prójimo en sus
bienes están obligados,
además de confesar su
pecado, a restituir lo mal
adquirido y a reparar cuanto
antes los daños culpablemente
causados.
Recordemos que este
mandamiento prohíbe quitar,
retener, estropear o destrozar
lo ajeno contra la voluntad
razonable de su dueño.
Contraer deudas a sabiendas
que no se podrán pagar en el
plazo determinado . Éste es un
pecado muy frecuente en
nuestra
sociedad
Robo de nuestro coche.
X
Los ladrones en la Biblia.

La Sagrada Escritura nos
ofrece varios casos fuertes y
ejemplares de latrocinio,
como el de Jezabel, con la viña
de Nabot ( I Re.21,1-16);
el del rico que tomó la oveja
del pobre para dar un
banquete (II Sam.12,1-14)
o como el del propio Judas
lscariote, que saqueaba la
bolsa común de los Apóstoles
(J n. 1 2,6).
Jesús en compañía de los dos ladrones
En todos estos casos, además de la
gravedad del pecado mismo de
robar, la ambición lleva a cometer
otros delitos peores y hasta
irreparables, como el engaño, la
mentira, la violencia y hasta el
asesinato. Dios aparece
sumamente irritado y castiga a los
ladrones con finales desastrosos,
prolongando las pésimas
consecuencias de esos actos como
un maldición sobre sus
descendientes.
Este mandamiento prohíbe también el fraude: robar con
apariencias legales, con astucia, falsificaciones, mentiras,
hipocresías, pesos falsos, ficciones de marcas y
procedencias, etc.
Robos de e-mail
Consecuencias del hurto.

Este pecado se hace costumbre,
promueve a seguirlo cometiendo y
cada vez con mayor ingenio y
desconsideración. Poco a poco la
conciencia se desvanece y se
pierde el sentido de la propiedad
ajena. Desaparece igualmente el
arrepentimiento y el ladrón se
vuelve cada vez más audaz,
pudiendo llegar a actos de
violencia de vez en cuando
mortales, como en el caso de los
asaltos a mano armada. El ladrón
está decidido a todo.
"Restitución o Condenación"

La Iglesia, intérprete de la Ley Divina, considera este pecado de
una manera muy especial y exige, para la absolución completa,
además del arrepentimiento sincero, la restitución o devolución
de lo robado. El daño provocado a la víctima no se remedia en el
confesionario.
Robos y ritos satánicos en el cementerio
Si el ladrón busca sinceramente el
perdón de Dios, debe saber que
con Él no hay componendas,
trinquetes ni "mordidas". Y lo malo
es que en ocasiones la devolución
no es tan sencilla como cuando por
ejemplo robamos en un
supermercado: ¿a quién pagamos
lo robado? Cuándo un cajero de la
Tesorería ha robado ¿cómo lo
restituye?
X
Hay que procurar averiguar
quién es el dueño y
devolverlas, pudiendo deducir
los gastos que se hayan hecho
(anuncios, etc.), para
encontrar al dueño.
Y tanta más diligencia habrá
que poner en buscar al
dueño, cuanto mayor sea el
valor delo robado.
Tan ladrón es el
atracador con metralleta,
como el que roba con
guante blanco
aprovechándose de la
necesidad para sacar el
dinero abusivamente.
Pueden ser pecado grave
los precios injustos que
se ponen al abrigo de
ciertas circunstancias.
El caso Bíblico más claro de un
administrador infiel,
fraudulento y ambicioso es
precisamente el de Judas. El
evangelista San Juan nos lo
señala como el encargado de
la "caja común" pero lo califica
como un ladrón: "No que le
importaran los pobres, sino
que era un ladrón y como
tenía la bolsa, tomaba de lo
que echaban" (Jn. 12,6)
Todos los administradores de bienes comunes, sean
negocios, empresas u organismos; todos los empleados y
funcionarios públicos corruptos, serán discípulos e
¡matadores de Judas, aquél que en su ambición llegó a
vender por treinta monedas a su Maestro y Señor.
Aumentan los robos en los supermercados
Otras clases de robo son
la usura, las trampas
jugando dinero y en las
compraventas, etc.
Cuando el robo ha sido
con violencia personal,
el pecado es más grave,
y por lo tanto debe
manifestarse esta
circunstancia en la
confesión.
Proliferan los robos en la calle
X
La moralidad natural.

"No hagas a otro lo que no quieras para ti". En el momento en que
se derrumba la firmeza de la honestidad humana, no queda sino la
desconfianza total y el recurso al abuso que busca en el hurto una
compensación a la supuesta deshonestidad de los demás,
formándose una cadena interminable llamada corrupción
administrativa. Nunca habrá un verdadero orden y progreso social
sin la sólida honestidad de cada persona.
Quien adquiere objetos que
sabe son robados se hace
cómplice del robo y está
obligado a la restitución.
Quien peca contra este
mandamiento debe tener
propósito de devolver lo
robado y reparar los daños
ocasionados, para que se le
pueda perdonar el pecado
Computadora robada
X
La confianza depositada en él.
"Mi doctrina no es mía, sino de Aquel que me
ha enviado", dijo Jesús refiriéndose al mayor
tesoro que el Padre le confió para
comunicarlo fielmente a la humanidad. Bajo
este principio debe actuar todo encargado
responsable: fidelidad absoluta a lo que se le
ha confiado. Por eso el cargo inmediato que
se dicta en contra del que dispone
deshonestamente de los bienes a él confiados
es "abuso de confianza".
Hay personas que roban cosas pequeñas por un impulso
interior. Se trata de una enfermedad que recibe el nombre
de cleptomanía.
Conviene curarla pues puede poner, al que la padece, en
situaciones vergonzosas.
"Dios me ve".

Como cristiano sabe que Dios todo lo
sabe. Supone un acto de vergüenza o de
pudor personal hacer en presencia de
Dios lo que no haríamos en presencia de
nadie. Gran error el de aquél, que
suprimiera su conciencia cristiana,
creyendo que puede ocultar de la
mirada divina, sus malos manejos.
Las rapiñas y los hurtos, es
decir, los robos con y sin
violencia, crecen junto con el
desempleo y viceversa. Un
estudio sociológico así lo
revela, aunque advierte que
otros factores están incidiendo
en el aumento de los delitos
contra la propiedad.
Robos y desempleo crecen al
mismo ritmo según se ha
podido comprobar
X
El séptimo mandamiento prohíbe tomar o retener el bien del prójimo
injustamente y perjudicar de cualquier manera al prójimo en sus bienes.
Prescribe la justicia y la caridad en la gestión de los bienes terrenos y
de los frutos del trabajo de los hombres. Con miras al bien común exige
el respeto del destino universal de los bienes y del derecho de
propiedad privada. La vida cristiana se esfuerza por ordenar a Dios y a
la caridad fraterna los bienes de este mundo.
Robos de carros o accesorios
X
El séptimo mandamiento prohíbe el robo, es decir, la
usurpación del bien ajeno contra la voluntad razonable de su
dueño. No hay robo si el consentimiento puede ser presumido
o si el rechazo es contrario a la razón y al destino universal de
los bienes. Es el caso de la necesidad urgente y evidente en
que el único medio de remediar las necesidades inmediatas y
esenciales (alimento, vivienda, vestido...) es disponer y usar
de los bienes ajenos (cf GS 69, 1).

X
Toda forma de tomar o retener injustamente el bien ajeno, aunque no
contradiga las disposiciones de la ley civil, es contraria al séptimo
mandamiento. Así, retener deliberadamente bienes prestados u objetos
perdidos, defraudar en el ejercicio del comercio
(cf Dt 25, 13-16), pagar salarios injustos
(cf Dt 24,14-15; St 5,4), elevar los precios especulando con la ignorancia
o la necesidad ajenas
(cf Am 8, 4-6).
X
Son también moralmente ilícitos, la especulación mediante la cual se
pretende hacer variar artificialmente la valoración de los bienes con el fin
de obtener un beneficio en detrimento ajeno; la corrupción mediante la
cual se vicia el juicio de los que deben tomar decisiones conforme a
derecho; la apropiación y el uso privados de los bienes sociales de una
empresa; los trabajos mal hechos, el fraude fiscal, la falsificación de
cheques y facturas, los gastos excesivos, el despilfarro. Infligir
voluntariamente un daño a las propiedades privadas o públicas es
contrario a la ley moral y exige reparación.
A viva voz los vecinos hicieron conocer sus reclamos a la policía, en el preciso
momento en que un agente recababa datos desde uno de los comercios robados.
En virtud de la justicia conmutativa, la
reparación de la injusticia cometida exige
la restitución del bien robado a su
propietario:

Jesús bendijo a Zaqueo por su resolución:
‘Si en algo defraudé a alguien, le
devolveré el cuádruplo’ (Lc 19, 8). Los
que, de manera directa o indirecta, se han
apoderado de un bien ajeno, están
obligados a restituirlo o a devolver el
equivalente en naturaleza o en especie si
la cosa ha desaparecido,
sí como los frutos y beneficios que su
propietario hubiera obtenido
legítimamente de ese bien. Están
igualmente obligados a restituir, en
proporción a su responsabilidad y al
beneficio obtenido, todos los que han
participado de alguna manera en el
robo, o que se han aprovechado de él a
sabiendas; por ejemplo, quienes lo
hayan ordenado o ayudado o
encubierto.
El séptimo mandamiento proscribe los actos o
empresas que, por una u otra razón, egoísta o
ideológica, mercantil o totalitaria, conducen a
esclavizar seres humanos, a menospreciar su
dignidad personal, a comprarlos, a venderlos y a
cambiarlos como mercancía. Es un pecado contra la
dignidad de las personas y sus derechos
fundamentales reducirlos por la violencia a la
condición de objeto de consumo o a una fuente de
beneficio. San Pablo ordenaba a un amo cristiano
que tratase a su esclavo cristiano ‘no como esclavo,
sino... como un hermano... en el Señor’ (Flm 16).
Las obras de misericordia son acciones caritativas
mediante las cuales socorremos a nuestro prójimo en sus
necesidades corporales y espirituales (cf. Is 58, 6-7;
Hb 13, 3). Instruir, aconsejar, consolar, confortar, son
obras espirituales de misericordia, como también lo son
perdonar y sufrir con paciencia. Las obras de misericordia
corporales consisten especialmente en dar de comer al
hambriento, dar techo a quien no lo tiene, vestir al
desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, enterrar a
los muertos (cf Mt 25,31-46). Entre estas obras, la limosna
hecha a los pobres (cf Tb 4, 5-11; Si 17, 22) es uno de los
principales testimonios de la caridad fraterna; es también
una práctica de justicia que agrada a Dios (cf Mt 6, 2-4):
El que tenga dos túnicas que las reparta con
el que no tiene; el que tenga para comer que
haga lo mismo (Lc 3, 11). Dad más bien en
limosna lo que tenéis, y así todas las cosas
serán puras para vosotros (Lc 11, 41). Si un
hermano o una hermana están desnudos y
carecen del sustento diario, y alguno de
vosotros les dice: ‘Id en paz, calentaos o
hartaos’, pero no les dais lo necesario para
el cuerpo, ¿de qué sirve?
(St 2, 15-16).
En la multitud de seres humanos
sin pan, sin techo, sin patria, hay
que reconocer a Lázaro, el
mendigo hambriento de la
parábola (cf 16, 19-31). En dicha
multitud hay que oír a Jesús que
dice: ‘Cuanto dejasteis de hacer
con uno de éstos, también
conmigo dejasteis de hacerlo’
(Mt 25, 45).
Mucha gente ah preguntado o quiere
tomar a Jesucristo como único salvador,
para salir de la vida mala que están
llevando estando en la cárcel, drogas,
alcoholismo, prostitución, adulterio,
robando, etc.

Se comprueba en la práctica la frase del
Señor: "Nadie puede servir a Dios y al
dinero" (Mt.6,24)

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