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ABUELITA

Hctor Gagliardi

Tiene la vista cansada, como cansado el andar, y ya se empieza a encorvar por los aos agobiada: su cabecita plateada, que termina en un rodete, la peina tirante y fuerte, apenitas levantada. Se quiere meter en todo, a pesar de que el doctor, veinte veces le prohibi, que trabaje de ese modo. Pero encontr el acomodo, de amasar para las hijas, y los sbados se en fija tiene harina hasta en los codos. Visita que hace a la nuera, es visita de inventario; abre roperos y armarios y en todos lados husmea y la nuera que la espera esconde lo que compr porque peso que gasto origina una pelea A los yernos los defiende de las quejas de las hijas: que nunca han sido prolijas que al marido no lo atienden y el otro, que no la entiende se queda lo mas contento y no sabe que por dentro la abuela lo compra y vende Esta lista a cualquier hora a defender a sus nietos,

que siempre salen absueltos con tan buena defensora, porque los hijos ahora, se olvidan de lo que fueron y al contar lo que le hicieron pasa a ser acusadora. Despus, saca unas monedas que tiemblan entre sus dedos pero, al or caramelos vuelve a cerrar la cartera, y mientras todos esperan, a los padres les pregunta. como a sido la conducta de una semana entera! Entonces, viene el revuelo, y al que dijo la palabra se le dibuja en la cara la ve cortade un puchero y llora con desconsuelo, pero entonces, la abuelita le suena la naricita con la punta del pauelo Y se queda a almorzar quieren estar a su lado, y hay que comer apretados por no orla rezongar y para desautorizar lo que la madre cont todo el mundo termino la sopa sin protestar. Abuelita cachacienta, que por riguroso turno vas visitando ese mundo que comprende tu existencia: tu disculpable impaciencia la justifica tu edad: es la vida que se va con su carga de experiencia

Cuando veo tu figura siempre vestida a la antigua, que al bostezar te santiguas con tu creyente ternura me siento mas criatura y sin saber,abuelita! me dejas la monedita de tu infinita ternura.