La habitación del “Dragón Volador”y otros cuentos de terror y misterio

J. Sheridan Le Fanu

La habitación del “Dragón Volador”y otros cuentos de terror y misterio Prólogo LA HABITACIÓN DEL “DRAGÓN VOLADOR” PRÓLOGO CAPÍTULO PRIMERO - En ruta CAPITULO II - El patio de la BelleÉtoile CAPÍTULO III - Desposorios de Muerte y Amor CAPÍTULO IV -MonsieurDroqville CAPÍTULO V - Cena en la BelleÉtoile CAPÍTULO VI - Un sable desenvainado CAPÍTULO VII - La rosa blanca CAPÍTULO VIII - Una visita de tres minutos CAPITULO IX - Chismes y consejos CAPÍTULO X - El velo negro CAPÍTULO XI - El Dragón Volador CAPÍTULO XII - El mago CAPÍTULO XIII - El oráculo me cuenta cosas maravillosas CAPÍTULO XIV -Mademoisellede la Vallière CAPITULO XV - Extraña historia del Dragón Volador

CAPÍTULO XVI - El parque del castillo de la Carque CAPÍTULO XVII - El ocupante del palanquín CAPÍTULO XVIII - El camposanto CAPITULO XIX - La llave CAPÍTULO XX - Una cofia peraltada CAPÍTULO XXI - Veo a tres hombres en un espejo CAPÍTULO XXII - Embeleso CAPÍTULO XXIII - Una taza de café CAPÍTULO XXIV - Esperanza CAPÍTULO XXV - Desesperación CAPÍTULO XXVI - Catástrofe EL FANTASMA Y EL COLOCAHUESOS SCHALKEN EL PINTOR EL ESPECTRO DE MADAM CROWL RELATO DE CIERTOS SUCESOS EXTRAÑOS EN LA CALLE AUNGIER MISTERIO EN LA CASA DE LOS AZULEJOS EL GATO BLANCO DE DRUMGUNNIOL

Prólogo

La obra de Sheridan Le Fanu, aunque quedó relegada al olvido en los años posteriores a su muerte, se ha convertido con el tiempo en algo imprescindible en las antologías o colecciones de literatura sobrenatural y de terror, gracias, en gran medida, a la labor de otro de los grandes del cuento espeluznante, que la dio a conocer al gran público: M.R. James. Descendiente de una familia hugonote emigrada a Dublín en 1730, Le Fanu (1818-1873) consagró casi toda su vida a las letras y a labores edi-toriales, después de haberse graduado en elTrinity Collegede Dublín y haber ejercido la carrera de las leyes durante poco tiempo. De las revis-tas y periódicos que publicó a lo largo de su vida cabe destacar elDublin University Magazine,que fue conocido y apreciado internacio-nalmente. Parece que nunca abandonó Dublín, y su vida estuvo marca-da por la ausencia de acontecimientos exteriores, lo que se acentuó tras la muerte de su mujer. Acabó convirtiéndose en un auténtico recluso que ni siquiera frecuentaba a sus amigos más íntimos, dedicándose a escribir sus narraciones en la oscuridad y a meditar sobre cuestiones espirituales relacionadas con la filosofía de Swedenborg, por lo cual empezaron a llamarle «el príncipe invisible». Le Fanu fue un autor prolí-fico; escribió catorce novelas, treinta relatos cortos, algunas baladas y numerosos artículos. Muchas de sus novelas han sido olvidadas; sin embargo, algunas de ellas siguen siendo muy apreciadas en la actuali-dad:UncleSilas,The House by Churchyardy Wylder's Hand.Pero es en el relato corto donde sobresale con brillantez el arte narrativo de Le Fanu, y algunas de sus creaciones permanecen como auténticas obras maestras del género. Citemos simplemente Carmilla -precursora insigne de las mujeres vampiro- yGreenTea,en las cuales aparece otra de las grandes creacionesde Le Fanu: el doctorMartinHesselius, investigador de lo sobrenatural.

LA HABITACIÓN DEL “DRAGÓN VOLADOR”

PRÓLOGO

El curioso caso que voy a exponerles lo trata el doctor Hesselius de manera penetrante, y más de una vez, en su extraordinario ensayo sobre las drogas en la oscura Edad Media. En este ensayo, que el autor titulaMortisImago,se trata acerca del Vinum laetiferum, laBeatifica, el Somnus Angelorum, elHypnus Sega-rum, elAgua Thessalliae y otras veinte infusionesy destilaciones, conoci-das de los sabios que vivieron hace ochocientos años, dos de las cuales, según él, aún son utilizadas por la cofradía de los ladrones, según reve-lan a veces investigaciones policiales. El ensayo en cuestión,MortisImago,ocupará, si no me equivoco, dos volúmenes, el noveno y el décimo, de las obras completas del doctorMartinHesselius. Debo señalar, para concluir, que dicho ensayo está curiosamente enri-quecido con abundantes citas de poemas y textos medievales, las más interesantes de las cuales, por extraño que pueda parecer, son egipcias. He seleccionado este caso particular entre muchos otros igualmente sorprendentes, pero, a mi entender, menos interesantes desde el punto de vista narrativo; he escogido esta forma de relato particular simple-mente porque me parece más entretenida.

al tiempo que volvía a apare-cer la recatada y bonita cabeza. una sustanciosa cantidad en fondos consolidados y otros valores bursátiles. eché gustoso una mano a los siniestrados. Casi al mismo tiempo. Imposible mirar hacia adelante o hacia atrás sin divisar las nubes de polvo levanta-das por la marea de vehículos. era cautivadora. Sutour-nure. pues moduló sus pala-bras en un inglés tan bello y . Una bonita cabeza de mujer tocada asomaba por la ventana del vehículo siniestrado. Así que decidí desempeñar el papel de buen samaritano: mandé detenerse a mi sotacochero. la dama del bello tocado llevaba un tupido velo negro y no pude ver más que la filigrana del encaje mientras se retiraba. se habían bajado. me apeé y. con veintitrés años de edad. extenuados y polvorientos. con todo. el caballero se retiró al interior del vehículo. Una de las pocas cosas que yo sabía bien. se disponían a prestarles ayuda. eso creo. La primera caída de Napoleón había abierto el conti-nente europeo a los viajeros ingleses. practicado por la generalidad de los ingleses de la época. le contesté. el itinera-rio que el ejército aliado había seguido hacía tan sólo unas semanas -un número increíble de carruajes haciendo la misma ruta-. además del deporte del boxeo. calculo que faltarían unos seis kilómetros para llegar a un pintoresco pueblo fronterizo -cuyo nombre. No había llegado a volcar. Yo debería haber observado el paisaje con mayor atención. así pues. y dos criados. calzados con buenas botas. haciendo gala de una perfecta corrección gramatical. que parecían poco avezados en aquel tipo de emergencias. Viajaba yo en la posta de Bruselas a París. era hablar francés.CAPÍTULO PRIMERO . ¡ay!. pero mi cabeza estaba tan llena de París y del futuro que pasé por allí con poca paciencia y menos atención. Bufanda que se bajó unos instantes para darme un millón de gracias en francés.yla de los hombros que también se entrevieron unos instantes. asistido por mi criado. iba embozado en una bufanda negra que le tapaba las orejas y la nariz. presuntamente deseosos de ins-truirse a través del conocimiento directo de otros países. Eran tiempos difíciles para aquellos pacientes ser-vidores públicos. La dama debió de oírme hablar a mi sirviente. pero los dos caballos de cabeza estaban caídos por el suelo. Todo el mundo parecía dirigirse a París en posta. Parecía estar enfermo. siguiendo. creo. he olvidado. como el de tantos otros lugares más importantes por los que pasé en aquel viaje apresurado. al tiempo que dejaba al descubierto su peluca negra y hacía mil gestos de agradecimiento.En ruta En el año de gracia de 1815 yo acababa de heredar. Pero. a las posadas donde los habían alquilado. Adelantábamos constantemente caballos de relevo que volvían. un caballero anciano y enjuto sacó la cabeza por la ventanilla. Los postillones. y yo -superado definitivamente el ligero «jaque de los cien días» por el genio deWellingtonen el campo deWaterloo-me sumé a aquella riada humana en busca de enseñanzas. pues.y unas dos horas para que se hicie-ra de noche cuando llegamos a la altura de un vehículo que al parecer se hallaba en apuros. aunque hacía calor. Tras varias inclinaciones de cabeza.

¡Qué mundo tan injusto! Pero en este caso hubo algo más. y. Yo me apeé a mi vez y subí los esca-lones indolentemente. El ave se sostenía sobre una pata. y bañada por la luz dorada del sol. que quede bien claro. sobre la que se ele-vaba un hermoso espejo con un marco desdorado. la idea del superior refinamiento va asociada con él. y con la otra tenía agarrada una piedra. Permanecí unos instantes sin apartar los ojos de ella con la vaga espe-ranza de que se volviera y me diera la oportunidad de verle la cara. el que presumí era su marido? Instintivamente. la dama se alejaba ahora de un joven y prudente caba-llero que la seguía con ardiente mirada y suspiraba profundamente con-forme la distancia se iba agrandando. Los desconocidos se apearon y penetraron en la casa. aparentando apatía e indiferencia. Los modales corteses de aquellas personas. Miré en el aposento de la derecha y luego en el de la izquierda. Entré con el aire más inocente del mundo. me di cuenta de que la dama me había mirado con ojos nada indiferentes. todo ello hacía suponer que se trataba de personas nobles. sino todo lo contrario. dando uno o dos pasos.una confortable posada antigua. Es. sino que. ¿Qué necesidad tenía la dama de darme las gracias? ¿No lo había hecho sobradamente. Estaba abierta la puerta de un salón. y descubrí que. La superioridad de rango ejerce un influjo poderoso y genuino sobre el amor. sino que. a través de su velo. además de a mi propia persona. Era una estancia espaciosa. La dama se hallaba de espaldas a mí. Nosotros seguíamos a paso lento. no me resultó por ello menos intere-sante. El escudo de armas que figuraba en el panel del carruaje era harto curioso. Recuerdo perfectamente el emblema representado: la figura de una cigüeña pintada en color carmín sobre lo que los heraldistas deno-minan un «campo de oro». Yo no podía distinguir si el celoso velo estaba levantado. Su originalidad llamó particularmente mi atención. No tardamos en llegar a la pequeña población antes mencionada. como es de suponer. Subí las escaleras. y el coche que seguíamos se detuvo en laBelleÉtoile. Allí estaba el mismísimo sombrero del que me había enamorado. Había también un par detenantesa cada lado. Se encontraba leyendo una carta. antes bien. . y por los dos. la elegancia del carruaje y el curioso escudo de armas. Le dije al postillón que no se le ocurriera adelantar a aquel vehículo. La dama. Yo me consideraba un joven bien parecido -y creo que con total fundamento-. ¡Qué fascinación tan grande ejerce un títu-lo en la imaginación! No en la de personas esnobs o de escasa moralidad. el emblema de la vigilancia. Pero los que yo buscaba no estaban allí. no lo perdiera de vista y se detuviera en los mismos puestos de relevo.y nadie podía poner en tela de juicio mi uno ochenta y pico de estatura. se plantó delante de una pequeña consola de una sola pata pegada a la pared. quedando grabada en mi recuerdo. creo. que volví a maldecir el velo negro que se interponía entre ella y mi roman-cesca curiosidad. la corrección de sus cria-dos. sentí el poder de su mirada. contenía a otro ser vivo: a la precio-sa y elegante dama. En mi audacia. Pero no lo hizo.y con una voz tan dulce. no me paré a preguntar en qué habitación podría encontrarlos. Las despreocupadas atenciones del caballero llegan más hondo al corazón de la lozana lechera que largos años de viril devoción del honra-do leñador. Dejando un reguero de polvo detrás de las ruedas.balbuciente. aunque no recuerdo qué eran. y lo mismo se puede aplicar a las demás capas sociales.

Aunque también poseía una nota indefinible de sensualidad. Hasta distinguí las venas azules que recorrían la blancura de su garganta despejada. CAPITULO II . enseguida la dama bajó su velo negro y se dio media vuelta. Sus finos dedos sujetaban una carta. Mi audacia se rindió ante aquella dama. Debería haberme retirado con el mismo sigilo con que había entrado antes de que fuera advertida mi presencia. pues ella dijo entonces. como para quitar un poco de tensión a la escena: -No obstante. Aquellos espléndidos ojos melancólicos pasaron del espejo a mi per-sona con una mirada altiva. me alegro de tener otra oportunidad de agradecer amonsieurla ayuda. Fue más el tono distinto de su frase que el contenido de la misma lo que me dio renovado ánimo. sólo que sus párpados eran largos y sus cejas delicadas. Ella no .Yo podría perfectamente haberlo confundido con un cuadro. Seguía leyendo. pues la misma dulce voz que yo había oído antes dijo ahora fríamente. y en francés: -Sin dudamonsieurignora que este cuarto es privado. mascullé unas disculpas y retroce-dí en dirección a la puerta. En aquel lapso. en cuya lectura parecía estar enfrascada. Como tenía la mirada baja. de una tonalidad que los poetas modernos lla-man «violeta». vi aquel bello rostro con perfecta claridad. Sin duda le parecí arrepentido y confuso (confieso que así me sen-tía). Ella se encargó de poner las cosas en su sitio. Inclinando la cabeza cuanto pude. Yo no había visto nunca una figura humana tan inmóvil. pues reflejaba el retrato de medio cuerpo de una mujer extraordinariamente hermosa. melancólico. hasta los más mínimos. ella alzó los ojos. que ha tenido la bondad de pres-tarnos hoy. Yo estaba observando cada mirada y movimiento suyos. tan presta y eficaz. aquella carta debía de inte-resarle sobremanera. dulce. con una aten-ción tan intensa como si me fuera en ello la vida. Mi curiosidad dio paso a ese tipo de sentimientos que se adueñan tan rápidamente de los jóvenes. Nada podía superar la delicadeza (le sus facciones ni el lustre de su tez. me encontraba ante una estatua coloreada. Pero mi interés era tan grande que quería quedarme unos minutos más. Como por entonces yo gozaba de una vista buena y penetrante. Eran ojos grandes.El patio de la BelleÉtoile Aquel rostro era de los que enamoran a primera vista. Su rostro era ovalado. no pude distinguir de qué color tenía los ojos. y me embargó la sensación de estar cometiendo una impertinencia. Pensé que habría preferido que no la viera.

monsieur. nuestras habitaciones no podrán estar nunca desocu-padas. al tiempo que agitaba la mano en dirección a la puerta por la que yo había entrado. -¿Por quién? -Personasde distinción. Todo aquello me resultó sumamente halagador. sobre todo el que se produjera tan inmediatamente después del ligero reproche.pero es tal la riada humana que se dirige hacia París que hemos dejado de preguntar los nombres o títulos a nuestros huéspedes. una hora antes apro-ximadamente. o título. -¡Me habría gustado tanto alojarme en esos aposentos! ¿Es también dormitorio alguno de ellos? -Sí. iba a aso-mar por ella a no más tardar.No nos interesa. espero me pueda dar algunas habitaciones. tal era el nom-bre de mi posada). Describí el aposento del que acababa de salir. y. -En fin.. -Monsieurtendrá la amabilidad de retirarse -dijo la dama con un tono que parecía de invitación. por cierto. -¿Cuánto tiempo piensan parar aquí? -Tampoco eso puedo decírselo. -Pero ¿quiénes son? Deben de tener algún nombre.. di unos pasos atrás y cerré la puerta. Hice de nuevo una profunda reverencia. Él contestó que lo sentía muchísimo. ciertamente no estaba obligada a hacer-lo de nuevo. -Sin duda. Pertenecía a la persona que tan profusamente me había dado las gracias desde la portezuela del coche de camino. -Ciertamente. Casi en el mismo momento se oyó una voz aflautada y nasal impartiendo órdenes a un criado. Los tomé de inmediato. Ahora hablaba en voz baja y con timidez. pero que el aposento y las dos habitaciones contiguas estaban ocupadas.. Los designamos simplemente por las habitaciones que ocupan.necesitaba darme las gracias. en la parte de la casa que sea. Estaba claro que aquellas personas pensaban parar allí.Monsieurpuede disponer de dos aposentos. voz cada vez más próxima. señor. dije que me gustaba y pregunté si estaba libre. Son los únicos que hay ahora mismo libres. aunque tal hubiera sido el caso. su celoso marido.y noté que había vuelto la vista rápidamente hacia una segunda puerta de aquella misma estancia. supuse que el caballero de la peluca negra.monsieur.. por lo menos no se irían hasta la mañana . Bajé las escaleras henchido de felicidad y fui directamente a hablar con el dueño de laBelleÉtoile(como ya he dicho. Mientras las cosas sigan así.monsieurdebe saber que nadie suele contratar una alcoba si no piensa pernoctar.

Tras una pequeña búsqueda di con el vehículo que andaba buscan-do. nos podrían parecer aburridas. bajé corriendo hasta la puerta trasera y. parecidos a los que en Inglaterra se llamaban antiguamente sillas de posta.apuntando al escudo de armas de la puerta-. Empecé a sentirme como quien se embarca en una aventura.. servían de paloma-res. El criado se quedó mirando el napoleón de su mano y luego volvió la vista hacia mí. sin duda el emblema de una familia distinguida. con la mirada fija en la enseña del vehículo. recién salidos de los establos.que no puedo decirlo. me encontré en el empedrado desigual. -¿Me puedes decir dónde viven? -Por mi honor. y dijo.siguiente.monsieur. para ser sustituidos por otros. -¡Monsieures muy generoso! -No hay de qué. mi criado y yo prestamos hoy ayuda en una emergencia. El sol estaba ya próximo a ponerse y arrojaba sus rayos dorados sobre las chimeneas de ladrillo rojo de los obradores. El criado me miró unos instantes mientras se metía la llave en el bol-sillo. en el sobrio gris de la mañana. sino que le administré ese laxante que en muchas ocasiones actúa de forma muy venturosa sobre la lengua y que no es otro que una propina. Numerosos vehículos -unos priva-dos. y la escena en su conjunto parecía animada y divertida. En medio de todo aquello creí reconocer al vehículo y a uno de los criados de las «personas linajudas» que tanto interés despertaban en mí en aquel momento. como sin duda recuerdas. Un criado estaba cerrando con llave una de las portezuelas. No cedí al desaliento. calientes y cansados. Puede ser su hija.estaban sobre el pavimento esperando su turno de relevo. Tomé posesión de mis habitaciones y miré por la ventana. y a la joven dama la llamamos la condesa. Así pues. parecieran incendiados. -¡Bonita esa cigüeña roja!-observé. Me detuve a unos pasos. Muchos caballos estaban siendo liberados de los arneses. la cual descubrí que daba al patio de la posada. las cuales estaban provistas de auténticas cerraduras. Esta luz hace que todo nos resulte pintorescoy nos interesen cosas que.. y otros. colocados en la punta de sendos postes. en un santiamén. con un saludo y una sonrisa ligeramente sarcásticos: Monsieur eslibre de hacer conjeturas. ¡No lo sé! . ¿Quiénes son la dama y el caballero que han viajado en este carruaje y a quienes. y los que no tenían nada que hacer se paseaban o bromeaban. como el mío. haciendo que los dos toneles que. pero no sé. Los criados más atareados trajinaban de un lado a otro. cuando sus caballos se halla-ban caídos en el suelo? -Es el conde. con una sincera expresión de sorpresa. en medio del espectáculo visual y sonoro que en semejante tipo de lugares suele acompañar a los momentos de especial trajín y vaivén.

CAPÍTULO III . Por supuesto.-¿Que no sabes dónde vive tu amo? Seguro que sabes de él más cosas que el nombre. estaba perfectamente al corriente de los usos y costumbres de sus compatriotas. -St. El otro. Fue aquélla una cosecha bastante pobre para tan dorada siembra. pero su expresión no delataba nada que no fuera cortesía y complacencia. Estoy seguro de que se burlaba de mí en secreto. -¿Y dónde estámonsieurPicard? -Ha ido al cuchillero a que le afilen las cuchillas. Toma quince francos. como habrán observa-do. el que me interesa sobre todo. A ése le deberás sonsacar todas las cosas que puedas.A mí me contrataron en Bruselas el día mismo de la partida. espero enterarme rápidamente de todo. que no sabe nada y así me lo ha hecho saber. que me muero por conocerlos. asentimientos y encogimientos de hombros.. una vez que estemos en París. Aunque lo había traído conmigo de Inglaterra. No podré descansar hasta que no descubra algo sobre esas personas linajudas que tienen sus aposentos debajo de los míos. desde mi ventana vi cómo. por supuesto.. Llamé de inmediato a mi criado.Clair. pero no habla nunca salvo para impartir órdenes. ¿Comprendido? Y ahora. Era un encargo que se adecuaba a las mil maravillas a los gustos y temperamento de mi dignoSt. había nacido en Francia. era un tipo habilidoso y vivarachoy. MonsieurPicard. con quien. en menos que canta un gallo. Ya me he entrevistado con uno de los dos. De su boca no he podido recoger ninguna información. es el venerable gentilhombre.monsieur. Pero ahora sé de ellos más o menos lo que usted. es el mayordomo del noble desconocido. Bueno.Clair.monsieur. y lo sabe todo. ha pasado muchos años a su servicio y lo sabe todo. Me despedí cortésmente y volví a subir las escaleras rumbo a mi habitación. se retiró. toma con ellos un petit soupery ven luego a contarme toda su historia. y que me habría revelado con toda honestidad los secretos de aquella familia de haber estado al corriente de alguno. me había acostumbrado a hablar con esa familiaridad especial que la antigua comedia francesa impone entre amo y criado. Pero no creo que le vaya a contar nada. -Nada que valga la pena contar. el mayordomo demonsieurel conde. donde poco después se hurtó a mi vista en medio de tanto carruaje estacionado. Tras varias miradas de complicidad. Creo que aquel hombre decía la verdad. había bajado al patio. busca a los criados a los que hemos echado hoy una mano. ¡Vuela! Y vuelve con todo tipo de pormenores y circunstancias interesantes. cuyo nombre he olvidado ahora. márchate ya.Desposorios de Muerte y Amor .mi compañero.cierra la puerta y ven aquí. y no la joven dama que lo acompaña.

en la medida en que me lo permitían la memoria y la práctica. ati-plada y nasal. luego. y ya se acercaba la hora. . la desagradable voz masculina reía. Suspiré al unísono con aquella hora melancólica y abrí la ven-tana de par en par. Mi melena era entonces abundante. Las leyes de la materia. de manera que yo casi dejé de oírla. ante el espejo. Saqué de su caja mi irreprochable sombrero y lo coloqué suavemente sobre mi sagaz cabeza. bajo mi ventana. Dicho llana-mente. sobre un cráneo lustroso y rosa que no guarda prácticamente ningún recuerdo de aquélla. le ha sucedido ahora una docena de cabellos completamentecanos .era fruto de mi devoción a los maravillosos ojos que había contemplado unas horas antes por primera vez. cuando nuestro hombre bosteza. la luz vino a faltarme. la reconocí al instante. el inmortal«Beau». espesa y castaño oscura. nos niegan ese recurso. doblada y atada a la manera de Brummel. Pero no hablemos de cosas que puedan mortificarnos. en una palabra. pero hay muchos estados de ánimo en los que uno no puede leer. cuando no sabe qué hacer consigo mismo. pero no tanto como al prin-cipio. Y me esmeré al máximo en mi aseo personal. Di un par de vueltas por la habitación y suspiré. Mi novela yacía abandonada en el sofá junto con mi manta de viaje y mi bastón. Mientras ultimaba los preparativos. la cena era aún una comida sustanciosa. y me habría importado un ardite que la heroína y el héroe se hubieran ahogado juntos en la barrica que veía en el patio. Un par de ligeros guantes franceses y ese tipo de bastón nudoso parecido a una porra que tan en boga estuvo en Inglaterra durante un par de años. Toda aquella atención a mi aspecto personal para dar un simple gar-beo por el patio. Y la voz que le con-testaba hablaba con un tono dulce que también reconocí al punto. era. es muy de lamentar que ese hombre no pueda ha-cer más que una vez al día una comida suculenta de tres platos. quedando sólo un resplandor cre-puscular. La voz masculina era muy curiosa. vaguísima esperanza de que aquellos ojos pudieran posarse en el irreprochable atavío de un esclavo melancólico y conservaran la imagen quizá con una secreta aprobación. ¡Qué gran consuelo! Sin embargo.. y luego se alejó de la ventana. de las que somos esclavos. y ésta parece haberse detenido. me ajusté mi gargantilla blanca. cuando a un hombre solo lo co-rroen la impaciencia y el suspense. y me peiné el cabello. esa ligerísima inclinación que la persona inmortal antes mencionada acostumbraba a imprimir al suyo. «completaron mi equipo». Pero. A micheveluremorena. Noté que la ventana debajo de la mía estaba también abierta. cuando el minutero de su reloj viaja tan despacio como la manilla horaria. imprimiéndole. quería echar un vistazo antes de bajar. La otra voz seguía cerca de la ventana. Por supuesto. todo aquello estaba hecho con la vaga. como leemos en las novelas deWalter Scott. ¿cómo emplear los tres cuartos de hora que faltaban todavía? Es cierto que llevaba conmigo para el viaje dos o tres libros entrete-nidos. o por la entrada de laBelleÉtoile. y que nunca jamás podría olvidar. empapé el pañuelo en eau-de-Cologne (a la sazón carecíamos de la gama de esencias con que los perfumistas nos han colmado desde entonces). en los tiempos de los que hablo.. El diálogo duró sólo un minuto. desapare-ció el último rayo horizontal de sol. con rizos naturales. tamborilea en la mesa con los dedos. con una especie de sátira demoníaca. aplasta su agraciado semblante contra los cristales de la ventana tara-reando tonadillas que le aburren. que en aquella época era para mí un motivo de orgullo y que retocaba con frecuencia. pues oí dos voces con-versando.Cuando el día se alarga demasiado. aunque no pude distinguir qué estaban diciendo. creí.Me puse un chaleco de piel de búfalo y mi cha-qué azul de botones dorados. como ya les he contado.

Y el anciano. ¡Que una hermosa condesa. pero con tal violencia que bien podría haberse roto algún cristal. junto a supuerta. en la entonación. de la letra: Muerte y Amor se desposaron y ahora acechan en paciente emboscada. y a quién has sospechado que va dirigida. creo saber. pero la fortuna no me sonrió. ¡Qué voz tan encantadora la de aquella condesa! ¡Cómo modulaba. viejo celoso. Había pocas probabilidades de que la bella cantante apareciera en aquel momento. Puedenestar seguros de que tardé bastante tiempo en recogerlo. decidí bajar al vestíbulo. así. creí detectar. mozaymozo se escogenyreúnen. -Parecéis buscar disputa. MuerteyAmor a su presa atrapan acechando en paciente emboscada. ni siquiera el murmullo de su conversación. me ha oído subir la venta-na. fuera una esclava! Seguro que sabe quién ocupa el aposento que está encima del suyo. supuse. cerró la ventana. podía ser que algunas personas hicieran en tales circunstancias lo que nunca habían hecho antes. La voz de la dama rió alegremente. al despuntar el alba o caer la tarde. Salí de mi habitación embargado por una agradable emoción y. el cristal es sin duda el más eficaz. para divertir con nuestra música a los cria-dos y palafreneros. Me he atrevido a hacer una traducción torpe. la dama empezó a cantar una extrañachanson. Entre los aislantes menos espesos. El timbre de suvoz tenía acaso exquisita dulzura característica. al bajar al piso inferior. En aquellos tiempos todo el mundo renunciaba a sus refinamientos habituales. por una vez. -¡Basta ya. pero fidedig-na. la belleza de una Venus y el talento de todas las Musas. No estamos aquí. evidentemente no había nada excitante en aquel coloquio.pude distinguir perfectamente la letra. Ya no oí nada más. pues en las posadas reinaba el más completo desorden. aquellos dos podrían haber sido la pareja más tranquila del mundo.No era un altercado. de una mezzosoprano.madame!-exclamó la voz vieja con brusca severidad-. si un juez hubiera tenido que pronunciarse por el carácter de los tonos que oía. con la paciencia de un ángel. Dejé caer mi bastón al suelo del pasillo. Ardiente suspiro o gélido aliento enloquece o entumece a élya ella. ¡Qué no habría dado yo para que hubiera sido una tri-fulca -y cuanto más violenta mejor-. ¿Sería posible que. Consulté el reloj y vi que sólo quedaba un cuarto de hora para el comienzo de la cena. y haber podido intervenir como enmendador de entuertos y defensor de la belleza ultrajada! Pero. Así. Fácil adivinar a quién va dirigida su música. Unos instantes después. pasé por la puerta del conde lo más despacio que pude. el conde y la condesa ocuparan sendos asientos en la mesa común? . había una nota de patetismo y un poco también de burla. filosofé. Como no podía pasar toda la noche en aquel pasillo recogiendo mi bastón. supongo. se amplificaba y temblaba! ¡Cómo me emocionó y me trastornó! ¡Qué lástima que un viejo grajo destemplado tuviera poder para amedrentar a semejante Filomena! ¡Qué vida tan contradictoria!. ¡ay!.Huelga recordarles que la voz cantada suena más que la hablada.madame.

mirando.Ya se había hecho de noche. y leí: Miquerido Beckett: Me permito presentarle a mi queridísimo amigo el marqués de Harmonville. y una agradable luz de luna iluminaba el paisaje. Me preguntó si no sería yo por casualidad un talMr. como he dicho. Me abordó. en cam-bio. íntimas relaciones con las viejas familias y legítimo influjo en la corte lo hacían la persona más adecuada para esas misiones amistosas que.CAPÍTULO IV -MonsieurDroqville Abrigando aquella emocionante esperanza. si resultaba ser la esposa del conde! Con este talante autoindulgente fui abordado por un caballero alto y de buena planta. quien le explicará la índole de los servicios que quizá esté en su mano hacerle a él y a nosotros. quien conocía algo a mi padre y en otro tiempo me había hecho a mí también algún pequeño favor. y aquella luz poética no hacía sino poten-ciar mis sentimientos. Yo recibí la nota con una reverencia. los efectos lunares que transformaban los objetos y los edificios de aquella callejuela. con esa cortesía a la vez natural y altiva que caracteriza a un noble francés de la vieja escuela. Mi romance se había intensificado desde mi llegada a la posada. para satisfacer el deseo de su soberano y de nuestro gobierno. y de sus modales se desprendía un aire de distinción tal que resultaba imposible no suponer que se trataba de una persona de abolengo. tan afablemen-te había emprendido. Tenía un aspecto amable y donoso. Puedo asegurar que aquel par de Inglaterra pisaba muy fuerte en el mundillo político y que su nombre sonaba como el más probable suce-sor para el distinguido puesto de ministro plenipotenciario inglés en París. Yo asentí. bajé premiosamente los escalones de laBelleÉtoile. Luego habló del marqués como de un hombre cuya enorme riqueza. como yo. Mi perplejidad no pudo ser mayor al leer acto seguido: . e inmediata-mente se presentó como el marqués de Harmonville (esta información me la facilitó en voz baja) y pidió permiso para ofrecerme una carta delordR***.Beckett. ¡Qué dulce melodrama si ella resultaba ser la hija del conde y estaba enamorada de mí! ¡Qué deliciosa tragedia. que parecía rondar los cincuenta. Llevaba un rato de pie sobre los escalones.

pero esa carta no va destinada a mí. Para mi gran consternación. dice. amonsieurDroqville? Es cierto que yo me llamo Beckett. En estos momentos me dirijo a la ciudad. aunque muy poco. será un secreto tan inviolado como lo era antes de abrirla. ¿Qué puedo decir. de que algo se está tramando en Domwell.. Me temo que sea algo grave. y no puedo decir nada más.no sabe lo contento que me sentiría si logra-ra convencerle para que vaya a visitarme a Claironville. para mí. Como estaba de Dios que se iba a producir un error. mientras que esa carta va dirigida aMr. ni aun con la mayor cau-tela. esta carta. y me dijo que era proba-ble que su escaño se encontrara seriamente amenazado. espero.Por cierto. No conocía a nadie llamado Haxton ni.P» Miré atónito al marqués. Miré el reverso de la carta y quedó resuelto el misterio. -No tengo la menor duda de quemonsieurBeckett va a respetar mi pequeño secreto. -¿Qué disculpas puedo presentar amonsieurel mar.. Esq. R*** Estaba completamente desconcertado. el 15 de agosto. que ahora devuelvo. por razones que entende-rá después. a excep-ción de mi sombrerero.prosiguió-. Yo le agradecí sinceramente aquellas muestras de amabilidad.. a los que quizále interesará conocer.ha renunciado a su título durante unas semanas y que se hace llamar simplementemonsieurDroqville. cuando haya hablado con él cinco minutos. diputado por Shillingworth. Pero me permito aconsejarle que envíe enseguida a Haxton a que averigüe qué es lo que está ocurriendo.MonsieurBeckett me permitirá. o hacer. Puedo decir que la sinceridad de mi pesar y mi buena fe debían de leerse en mi semblante con total claridad. Walton estuvo aquí ayer. Yo me llamoRichardBeckett. a nadie que respondiera al nombre de Walton. en esta lamentable circunstancia? Solamente puedo darle mi palabra de caballe-ro de que.. Suyo afectísimo. . Monsieur. Yo no podía presumir de ser amigo delordR***. tengo motivos para agradecer a mi buena estrella que se haya producido ante un caballero de honor. Debería haberle dicho antes que. donde espero ver. Lamento en lo más profundo que haya podido producirse semejante error.. no cabe duda. incluir su nombre en la lista de mis amigos.. éste sonrió amablemente y me tendió la mano. pues yo era simplementeRichardBeckett.Stanhope Beckett. y que conozco. Sabe que me resulta muy complicado intervenir. y aquel aristócrata escribía como si fuéramos amigos íntimos. a muchos amigos. el mar-qués -de acuerdo con todos nuestros amigos. alordR***. Normandía. pues la mirada de penosa tur-bación que durante un buen rato se había asomado al rostro del mar-qués se iluminó ahora. M. se decía lo siguiente: « ParaGeorgeStanhope Beckett.

por los motivos que us-ted supone perfectamente. lo que hacía más siniestro aún aquel rostro repelente. El oficial alzó la barbilla. Yo permanecí un rato en medio de la escalinata ponderando la nueva amistad que acababa de hacer. feo y torvo. Tras despedirse con su especial galanura. le facilité la información que deseaba saber. Con renovadas muestras de gratitud. con una risita burlona. aunque el marqués de Harmonville se encuen-tre ausente. en un estado de ensoñación y de reflexión. bañado también por la luz de la luna. por vago que éste fuera.Por supuesto. donde ahora reinaba la calma. Me había vuelto y estaba mirando el rostro más pálido que jamás había visto... -Y. Una pronunciada cicatriz le bajaba de la frente a la nariz. los tiros y los muelles. Me sentía halagadísimo. agregó: . Avancé por mitad de la calle entre extraños objetos y entre casas antiguas y pintorescas. mi atención volvió a centrarse en la romántica luna mientras bajaba los escalones. qué bien! La cigüeña es un ave de presa. en mi casa de París. ja. supuse. Este tipo de simpatías a primera vista suele cristalizar en amistades de larga duración. y que yo dispondré las cosas de manera que pueda usted dar conmigo fácilmente. Un símbo-lo muy apropiado. dirigí mis pasos hacia el coche de mi amada. le había caído bien al marqués.. Tal vez en aquellos momentos se encontraba cenando la servidumbre. lo circunvalé. Así. Era ancho. si se le ocurre alguna manera en la que pueda serle útil monsieur Droqville. Continuó: -Por el momento no puede ver a mis amigos. vesti-do con el uniforme de faena. sepa que nuestra comunicación no se interrumpirá aquí. como se suele decir.. Pero los maravillosos ojos. sin que nadie me estorbara. Las cortinas del vehículo estaban echadas. es vigi-lante. monsieur Droqville se va a ocupar igualmente de usted. ¡Como la sangre! Ja. cerradas con llave. de uno noventa de estatura aproximada-mente. le agradecí efusivamente su hospitalario ofrecimiento. y las portezuelas. Pertenecía a un oficial francés. El lugar ruidoso de una o dos horas antes estaba ahora completamente en silencio y vacío. Permanecí un rato ante él. Peromonsieurtendrá se-guramente la amabilidad de hacerme saber en qué hotel piensa albergarse en París. comprobará que. enarcó las cejas y. entre tanto -prosiguió-. Detrás de mí se oyó una voz sorda: -¡Una cigüeña roja. Y roja. rapaz y pesca gobios. Estaba claro que. La claridad de la luna prestaba nitidez a cada objeto y proyec-taba sobre el empedrado la sombra afilada y negra de las ruedas. Me estaba comportando de la manera necia y sentimental como se comporta un adolescente con ocasión de su primer amor. Me sentía especialmente a gusto en medio de aquella sole-dad y. Me planté ahora delante del blasón pintado de la porte-zuela que examinara antes con luz solar. salvo algunos carruajes desperdigados. A los pocos minutos me hallaba de nuevo en el patio de la posada. Tal vez el marqués juzgaba prudente asegurarse de la buena disposición del involuntario conocedor de un secreto político. la estremece-dora voz y la exquisita figura de la bella dama que se había apoderado de mi imaginación volvieron a imponerse rápidamente sobre cualquier otra consideración. me sumí en un sueño encantador. Preguntándome cuántas veces se habrían posado los ojos de ella en el mismo objeto. desapareció por la puerta que daba acceso a laBelleÉtoile.

Cena en la BelleÉtoile El ejército francés estaba en aquella época de un humor pésimo. decide descubrir un secreto. En cualquier caso. El conde no se hallaba entre los comensales. -Hizo una pausa. Yo le obedecí.. -Se encogió de hombros y esbozó una risita perversa-. Y eran precisamente los ingleses los que menos probabilidades tenían de ganarse su simpatía. puedo añadir también. Yo acababa de recibir uno de esos sustos repentinos que tanto nos sobresaltan cuando. una silla vacía que había a su lado. me señaló. Estaba picado por algún antiguo recuerdo y se había marchado encendido en cólera. No era fácil conseguir que un personal tan atareado como el de laBelleÉtoilesirviera la cena en los aposentos privados en medio de la gran confusión reinante a la sazón. ni tampoco su bella compañera.-En cierta ocasión abatí por mera diversión a una cigüeña que se creía a salvo en las nubes. ¿comprende?. ja!Adieu. un hombre de energía. descubrimos que nuestras payasadas han sido observadas de cerca por alguien. es difícil que no lo consiga.. atrapar al ladrón. ja. por su proximidad. -Es ésta la primera vez que visita Francia.cuando un hombre como yo. sacar a la luz un delito. pero París es tal vez la capital más peligrosa que pueda visitar un caballero joven y generoso sin la compañía de un mentor. creyéndonos perfectamente solos.monsieur.. a quien no había esperado ver en un lugar tan público. empezó a conversar conmigo casi de inmediato. y él. pero el marqués de Harmonville. Sin embargo. La enigmática arenga de aquella persona. que pareció com-placido. vino a alimentar la fecunda imaginación de un amante. en busca de las perso-nas que tenían un interés especial para mí. prosiguió: -No debe conceptuarme como una persona demasiado curiosa e impertinente. Entré en el comedor. ¿verdad? -dijo. Tal vez el chismorreo de los comensales arroja-ba nueva luz sobre el tema que tanto me interesaba. pues creo recordar que casi tocó el mío. monsieur! Se dio bruscamente la media vuelta y salió del patio con paso marcial. Tras confirmarle que así era. Mire. aún resonaba en mis oídos. escudriñando con la vista a aquella pequeña asamblea. era obvio que el caballero cadavérico que acababa de apostrofar el blasón del carruaje del conde con tan mis-teriosa acrimonia no había dirigido su malevolencia contra mí. con una sonrisa significativa. . un hombre de una extraordinaria presencia de ánimo que ha dado la vuelta a Europa debajo de una tienda y. En este caso. compuesta de unos treinta individuos. muchas personas a las que no les gustaba la mesa común podían acabar haciendo de la necesi-dad virtud si no querían morirse de hambre. CAPÍTULO V . parbleu! . ¡Ja. y. ensartar a un bandido en la punta de su espada. a veces sin nada que lo cobijara. llena de odio y retintín. el efecto se intensificó con la extrema fealdad de aquel rostro y. por tanto.. Era la hora de la cena. Si no tiene a ningún amigo experimentado que lo acompañe durante su visita.

pero que me manten-dría vigilante. pero de manera muy distinta. -Igual que la mayoría de los granujas londinenses. . traté de llevar a término la misma arries-gada empresa. En todas estas casas se juega fuerte. donde se apuesta muy alto. La mayoría vive del juego. particularidades que. Y las dotes de comediante. son más activos e imaginativos. sirviéndose de compin-ches. y viven en casas preciosas en los barrios más ele-gantes. Pero aquí se hace de una manera más elaborada. -Sí. Son habitués de ciertos lugares de juego. que había visto mucho mundo en Inglaterra y que. Yo también. sin ir más lejos. entre los que destacan las carreras. -¿Y esa regla sigue aún en vigor? -pregunté yo. -Veo -dijo riendo. generan un estilo de villanía no menos peculiar. y merced a su mayor conocimiento de los juegos de azar desvalijan a los incautos haciendo trampas. -Por supuesto que sí. esperaba hacer saltar la banca gracias al simple procedimiento de doblar siempre la apuesta. Veo que usted tramó el mismo plan. Sin embargo. se limita a facilitar a sus cómplices la manera de desplumar a sus invitados. la naturaleza humana era fundamentalmente la misma en todas las partes del mundo. por jóvenes necios delbeaumondefrancés. -Pero yo he oído hablar de un joven inglés. y así me vi frenado en mis planes. Para empezar. y es así como timan y roban a forasteros acaudalados. Algunos de sus miembros hasta vive espléndidamente. Estos valiosísimos atributos los sitúan a un nivel completamente diferente. y con unafinessereal-mente exquisita. La supuesta pareja anfitriona raras veces se une al juego. No cabe duda de que cada nación tiene sus particularidades intelectuales y morales. en cierto modo también. billares y otros antros. reuní una suma del orden de quinientos mil francos. con mueblesdel gusto más refinado y exquisitamente lujosos . entre las clases criminales. luego descubrí que no sólo estaban al corriente del truco. antes incluso de empezar la partida. Mi interlocutor se encogió de hombros con una sonrisa en los labios. cuando tenía su edad. están aquí muy extendidas. y vive mucho mejor.Yo le hice saber que no tenía semejante amigo. sino que ade-más habían tomado las debidas precauciones contra el mismo. y que venía bien provisto para ello. hijo delordRooksbury que reventó dos mesas de juego parisienses el año pasado. El marqués sacudió la cabeza mientras esbozaba una sonrisa. la clase que vive de la Pillería es tres o cuatro veces mayor que en Londres. Venía con una bolsa de treinta mil libras esterlinas.que usted ha venido aquí a hacer lo mismo. que varían según el tipo de impostura. -A pesar de todo. Hay gente cuyos modales. sobornos y otros artificios. imagi-naba. En París. por una regla que impedía doblar la apuesta original más de cuatro veces consecutivas. mi joven amigo. comportamiento y conver-sación no tienen igual. que los creen sinceramente personas distinguidas porque sus costumbres son dispendiosas y lujosas y sus casas son frecuentadas por extranjeros de campanillas y. Son más ingeniosos que los granujas londinenses. descorazonado. Algunos de estos individuos imponen respeto incluso a los burgueses parisienses. descubrirá que hay grandes diferencias -dijo-. de las que sus compatriotas andan poco sobrados. La gente que vive de un arte siempre lo entiende mejor que cualquier aficionado. e imaginaba que los tramposos que tenía enfrente no sabían nada al respecto. Había oído hablar de ello. Le confesé que me había preparado para una empresa de mayor envergadura aún. Esos granujas saben adoptar los modales de las clases distinguidas y se mueven entre el lujo como pez en el agua.

aparte de estos atributos que me han sido dados. tendones. Le di mis más sinceras gracias por su valiosísimo consejo y le rogué tuviera la amabilidad de darme cuantos consejos se le ocurrieran.. Hace quince años habría sido el tutor ideal para usted. si exceptuamos una cosa. He reconocido a su criado y he ido a visi-tarle a sus aposentos..Alyre. prosiguió-: En fin. tuviera que decirle que lo han desplumado en París. me da la impresión de que es una persona con muchas cualida-des. y. a la que lleva al menos cuarenta y cinco años. se limpió la boca con furor y. -Pues que está casado con una criatura encantadora. que no hay bicho viviente en esta sala que sane más deprisa que yo. cortés y honorable que siempre he conocido. Si no viviera ac-tualmente tan al margen de la vida social.. -Tras unos minutos de silencio. El tono con el que dijo esto fue seco y estentóreo. Al volverme reconocí al oficial cuyo rostro ancho y pálido casi me había asustado en el patio de la posada. -Sí. es terriblemente celoso. -Creo que la he oído cantar esta tarde. Un golpe accidental mientras se daba la vuelta en su asiento. En aquel momento recibí una especie de codazo de mi vecino de la derecha. donde he podido comprobar que es el mismo hom-bre valiente. sino licor! ¡Milagro! Aparte de la estatura. huesos y músculos. El caballero de que hablo no es otro que el conde deSt. así que le ruego perdone mis preguntas y mis consejos tal vez demasiado indiscretos. por todos los ángeles de la muerte que pelearía desnudo contra un león y le arranca-ría los dientes de un puñetazo y lo azotaría con su propia cola hasta darle muerte. si quiere un buen consejo -dijo-. Para mi siguiente aventura conseguí introducirme en una de esas elegantes casas de juego que pasan por ser mansiones privadas de personas de distinción y me salvó de la ruina un caballero a quien desde entonces he tratado cada vez con mayor respeto y amistad. la próxima vez que vea usted a mi amigolordR***. Da la casualidad de que dicho caballero se encuentra ahora en esta casa. además del respeto que siento hacia él. y aparte también del valor. -Pues. merced a esta excepcional capacidad de cicatrización que poseo. Ahora estaba profundamente interesado. deje el dinero en el banco en que esté. -¿Qué cosa? -vacilé.-Cualquier conocido de mi queridísimo amigolordR*** me intere-sa. alegre y generoso. estoy encantado con usted. y sin tener en cuenta que yo valgo por seis hombres en el campo de batalla. ya pueden . habría considerado casi un deber el presentárselo. -Por el honor de un soldado. Está entroncado con una familia de recio abolengo. hay mil vam-piros y arpías que se pelearán por tener el privilegio de devorarlo. No arriesgue ni un solo napoleón en una casa de juego.prosiguió: -¡Nadie! ¡No es sangre. Un inglés rico como usted. tras beber un trago deMâcon. Es el honor personificado. -¿Y la dama? -La condesa creo que es digna en todos los sentidos de un hombre tan bueno -contestó con un tono algo seco. y el hombre más sensato de este mundo. joven. y casi me hizo sal-tar en mi asiento. Digo que. pues me sentiría muy mal si. con una suma tan grande depositada en bancos de París. aunque creo que sin ningún moti-vo. no debo per-derle a usted de vista. y que. La noche que decidí saltar la banca perdí entre siete mil y ocho mil libras.

Alyre. y el trozo mayor de una espoleta en la frente. un sablazo que me arrancó una libra de carne del pecho. y estaba más fresco que una lechuga. si me vieran desnudo. Ocho días y medio después estaba yo haciendo una marcha forzada. se alojan en el primer piso-contesté. se fijó ahora en mí. cuya mirada se había vuelto de repente torva y grave. parecía haber delegado en otros comensales la tarea de dirigir la con-versación general. tragó en cinco minutos más humo del que se necesitaría para que se asfixiaran aquí todos ustedes. despedazarme con balas de cañón. por el mismísimo Lucifer! ¡Aquello sí que fue una batalla! Cada uno de los que allí había. prisionero en Madrid. Un minuto después debería haber expirado si no me hubiera arrancado el fajín en un santiamén. monsieur. Hizo ademán de levantarse. que recibí cuando intenté salvar mi cabeza. suturado con tres puntos. Por primera vez hablaba en voz baja-... -Perdone. -Dicho lo cual. lo hubie-ra atado a mi pierna por encima de la herida y hecho un par de nudos. un tajo con un sable en toda la palma. La sangre me brotaba como por una chimenea. Pero no importa. eh! ¡Ja.dijoluego el oficial. Todo eso son simples menu-dencias. contra los muros del convento de Santa María de la Castidad. De forma aparentemente accidental. y en medio minuto había perdido la suficiente como para llenar un jarro. -Sí. caballeros. En aquella misma ocasión recibí dos balas de mos-quete en los muslos. No habría sabi-do . con un pie descalzo. un trozo de obús me atravesó la pierna y me abrió una arteria. en Ligny. ecco un galant'uomo!-exclamó con marcial éxtasis un italiano bajito y regordete que fabricaba mondadien-tes y cunas de mimbre en la isla deNôtreDame.caballe-ros. ¡No está mal. El excéntrico oficial.¡Sus hazañas serán celebradas en toda Europa! ¡La historia de estas guerras debería escribir-se con su sangre! -¡Bah! ¡No tiene importancia! -exclamó el soldado-. en laBelleÉtoile? . ¿Quién ha venido en ese carruaje amarillo oscuro y negro estacionado en mitad del patio. metralla en la pantorrilla. caballeros. hasta el hueso. con armas ytenantesblasonados en la portezuela y una cigüeña más roja que mis hazañas? El camarero no lo sabía. había perdido demasiada sangre y desde entonces estoy más pálido que el culo de un plato. un fragmento de metralla en mi deltoides izquierdo. Miren mi mano. El marqués había cerrado los ojos y me pareció resignado y asqueado todo el tiempo que duró la escena. cortando así la hemorragiay salvando mi vida.bravissimo!Per Bacco. Parbleu!. El otro día.preguntó. apartando ligeramente la silla de la mesa.dijo-. ¡En Arcole. se concentró en su botella de vinordinaire. -Bravo.destrozarme... se reirían con ganas. y cinco días después estaba jugando a la pelota con un general inglés. donde hicimos de los prusianos cien mil billones de átomos. Pero enseguida volvió a sentarse. -Garçon!. un bayonetazo en el cartílago de las costillas del lado derecho. una lanzada en mi hombro izquierdo. que la naturaleza me devolverá mi integridad en menos tiempo que uno de vuestros sastres remienda una vieja casaca. ja! Y todo eso en un periquete. y pude oírle perjurar y mascullar insultos para sus adentros con ceño fruncido y huraño. y era otra vez la vida y alma de mi com-pañía. caballeros. atravesarme. volviéndose en su silla para llamar al camarero. pero ¿no le he visto por casualidad hace un rato examinar junto a mí el escudo de armas de ese vehículo? ¿Me puede decir quién llegó en él? -Yo diría que el conde y la condesa deSt. -¿Y están aquí. Perosacrébleu. La sangre está bien derramada.

todo el mundo sabe que la cocina francesa no es el mejor aperitivo para un sueño apacible. « ¡Ah. Me volví para decir un par de cosas al marqués.monsieur. se siente a gusto consigo mismo. ha cambiado de clima cada media hora.decir si estaba alarmado o furioso. -¿Me puede servir una botella de borgoña.Un sable desenvainado A un hombre que ha viajado todo el día en la posta. y la partida de los comensales no tardó en dispersarse. Tuve un sueño mientras echaba aquella cabezada junto a la lumbre. Había llenado mi cuarto vaso cuando caí dormido. mi bella condesa! ¿No nos vamos a conocer nunca?» CAPÍTULO VI . Dos o tres tarugos de leña ardían en el fuego.más de una vez lo han confundido con un aparecido. -¿Viene a menudo por aquí? -Sólo ha venido una vez antes.monsieur. -Eso es bien cierto.¿Podría decirme quién es ese oficial? -Es el coronelGaillarde. -Garçon. no tiene ningu-na preocupación y está sentado solo junto al fuego en un confortable sillón tras haber cenado en abundancia se le puede perdonar perfecta-mente si echa una cabezadita.dije-.-Haga el favor de poner la botella sobre esa mesa. -Es el hombre más pálido que he visto en mi vida.monsieur. el vino era excelente. Debo señalar que mi cabeza estaba inclinada en una postura incómoda. pues la noche se había vuelto fría. y mi pensamiento res-plandeciente y sereno. ¿Puedo quedarme aquí una media hora? -Naturalmente.monsieur. y un vaso al lado.monsieur.Hace un año se alojó aquí durante una semana aproximadamente. Me sentía muy a gusto. además. pero éste se había marchado. Otras personas se habían retirado igualmente. . en un gran sillón de roble esculpido que tenía un respaldo maravillosamente alto y que pare-cía más viejo que Matusalén. Fui a sentarme junto a la chimenea. que sea bueno de verdad? -Puedo traerle el mejor borgoña de Francia.

Una. y mi vista sólo alcanzaba (al tenue res-plandor de los cirios) hasta un pequeño radio. -Me quedé dormido y he estado soñando -dije. hacía frío.Mee ncontraba en una catedral inmensa. con su correspondiente secreto. se había tomado una demi-tasse de café noir. así es-contesté. en el que se dibujaba una sonrisita de triunfo infernal.Alyre. de esta y esa manera. por mucho trabajo que me cueste seguiré el hilo tramo a tramo. de un lado a otro.Alyre. Cuando tenga sujeta una punta del hilo entre el índice y el pulgar. y creo que lo conseguiré. de la que emanaba un agradable aroma de coñac. pero el rostro ancho e inicuo del coronelGaillardeme estaba mirando. Ingenioso. Un eco apagado daba idea de la vastedad del lugar. pálido como la muerte. sobre el que. y me llevé un susto de espanto cuando el cuerpo que yacía sobre el catafalco (sin moverse).contestó secamente el coronel. -¿Dónde está ella? -exclamé con un estremecimiento. poco a poco. Sueños peores -repitió. temeroso de que se me hubiera escapado alguna palabra ofensiva por el papel que él había desem-peñado en mi sueño-. monsieur. desde el otro lado de la lumbre. -¡Cielo santo!-exclamécon la respiración entrecortada y mirando a mi alrededor. . -Usted es el joven caballero que está hospedado encima del conde y la condesa deSt. Lo poco que veía tenía ese carácter sobrio del estilo gótico y ayudaba a mi imaginación a dar forma y amueblar el vacío negro que me abisma-ba. sí. Me embargaba una horrible sensación de expectación. -Así lo creo. el conde deSt. jovencito. Estaba paralizado por el miedo.yahora estaba bebiendo su copa. procure no tener sueños peores que los que ha tenido esta noche -dijo con tono enigmático mientras meneaba la cabe-za con una risita entre dientes-. por arriba y por abajo. Otra. se deslizó hacia la cabeza de la figura. ¡Por favor. el coronel de semblante pálido marcado por una cicatriz. me puse de pie y proferí un grito ahogado. El coronel. colocó las manos bajo los pies de la joven y entre los dos empezaron a levantarla. -¿Qué quiere decir el señor coronel? -pregunté. hasta que todo el hilo quede bien liado en mi pulgar y logre dar con la otra punta. yacía el que me pareció ser el cadáver de la condesa deSt. sin otra luz que la que prove-nía de los cuatro cirios colocados en las esquinas de una especie de estra-do cubierto por un paño negro. me dijo con una voz susurrante que me dejó helado: «Vienen a enterrarme viva. Estaba perfectamente despierto. El lugar parecía vacío. Durante unos instantes no sabía ni quién era yo. -Bueno.Alyre. -Estoy tratando de descubrirlo por mí mismo -dijo-. -Eso depende de a qué ella se refiera. ¿no es cierto? -dijo entornando un ojo con aire pensativo y mirándome fijamente con el otro ojo. que me estaba mirando con sarcasmo. Las dos personas que se acercaban salieron entonces de la oscuridad. sobre la que posó sus manos largas y delgadas. Oí un sonido parecido al paso lento de dos personas avanzando por la enlosada nave lateral. sálveme!» Noté que no podía ni hablar ni moverme. envuelto también con tela negra. Rompiendo el hechizo con un esfuerzo descomunal.

y sólo la amistad me ha empujado a tomar parte en ella.¿no? ¡Más astuto que cinco zorros juntos! ¡Más despierto que una comadreja! Parbleu! Si no me hubiera importado rebajarme. pero en su famosa campaña.Estas pequeñas pobla-ciones de provincia. Sólo sería capaz de renegar de una buena amistad hecha en mis años jóvenes si para cultivarla me obligaran a vivir en semejantes luga-res. o una llegada. pero volviéndolo a llenar-. Visité el patio y miré hacia las ventanas de la condesa.sí. y ni siquiera tuve el pequeño consuelo de contemplar la misma luz que estaba contemplando en aquel momento la hermosa dama mientras escribía. cuando volvía dando un pequeño ro-deo. Como veo. ¡Cielo santo. -¿Puedo ayudarle de alguna manera para acelerar su partida? -me ofrecí.. Estatua que estaba mirando también un hombre delgado y bastante alto. ¿Quiere un vaso el señor coronel? Tomó el mayor que encontró. lo llenó. Supongo que sigue usted mañana su viaje a París. Acepté aquella grave privación con la mayor resignación que pude y decidí darme una vueltecita por la población. estaban cerradas. a quien reconocí al instante: no era otro que el marqués de Harmonville. sin ningún cargo de responsabilidad. quienquiera que fuese. ha recibido algunas heridas peligrosas en la cabeza. salí sin otra compañía que mi recio bastón. Yo soy un simple aficiona-do..luego se produjo una pausa. Dio unos pasos en mi dirección y dijo encogiéndose de hombros y riendo: -Le sorprenderá encontrar amonsieurDroqville mirando esa vieja figura de piedra a la luz de la luna. o permanecía sentada en su sillón pensando en. No les aburriré con efectos de luz de luna ni con las ensoñaciones de un hombre que se ha enamora-do instantáneamente de un hermoso rostro. Solía dar un tostón espantoso al personal del Departamento de la Guerra. qué fuerte hay que ser para vivir en ellas!. de esos que tanto se valoraban entonces. que yo aproveché para preguntarle si sabía algo del coronelGaillarde. Pero no puedo decir cuándo se producirá ese aconteci-miento. Por desgracia. Napoleón. Le buscaron un empleo.. Debería haberme dicho que le pidiera un borgoña. y no le habrían traído esta pócima. también usted padeceennui.. Es una obra en la que todos los papeles están ya repartidos. que me reconoció a su vez casi inmediatamen-te. Pero algo hay que hacer para matar el tiempo. Diré simplemente que mi paseo duró una media hora y que. lo puso al mando de un regimiento. Tiene la cabeza constantemente llena de pájaros. cómo no! Está un poco loco. sobre un pedestal. -¡Ah. ¿Es bueno el vino de aquí? -dijo con una mirada inquisitiva hacia mi botella. Siempre fue un combatiente temerario. -He pedido caballos... leía. por supuesto. una estatua de piedra desgastada por varios siglos de lluvia. lo alzó con una reverencia y lo bebió despacio. Me libré de aquel hombre tan pronto como me lo permitió la buena educación y. habría hecho fortuna como espía. -Me temo que no.. ni mucho menos! -exclamó con cierto desprecio. calándome el sombrero. . -Yo espero una carta.monsieur.. que no podía prescindir de nadie. -Más que bueno -dije-.Pero le doy mil gracias. Siguió hablando un rato mientras volvíamos despacio hacia laBelleÉtoile. -¡Ah. bah! ¡No es de lo mejor. me encontré en una placita bordeada de casas con gabletes y en cuyo centro se erguía. Cualquiera de las dos cosas mesacarían de aquí.

A casi todos los jóvenes les gusta. en esta ciudad. iluminado por la luna. le rebanaré la cabeza. había un coche tirado por cuatro caballos. en efecto. -Me ha dicho antes. Iba pensando en el coronelGaillardey.Hay. pálidos de terror. vestido con su traje de viaje. que estaba plantado ante el viejo conde deSt. pero un hombre muy astuto también. y con su bufanda de seda negra cubriéndole la parte inferior del ros-tro. Dos camareros. otra posada llamadaL'ÉcudeFrance. de demonios! ¡Llamad a los gendarmes. alojarse en una posada honrada y cobijarse bajo el mismo techo que otros hombres honrados. con elgarçonque me había servido el borgoña una hora antes.En la puerta. Se le notaban en la frente sus venas nudosas.Es un poco alborotador. Imposible concebir una efigie más diabólica del odio y la furia que la personificada por el coronel. cuando menos. .monsieur. sentí que ésta me iba a interesar a mí de manera especial. me dio las buenas noches de manera misteriosa y desapareció. El actor principal de aquel extraño drama era. con aire desencajado. Pero. No podía creer que tuvieran la audacia de viajar por la ruta nacional. Ya se veían las luces de laBelleÉtoile. Resultaba evidente que se había visto interceptado cuando se dis-ponía a subir a su coche. -Desde luego.Alyre. Permanecí unos segundos estupefacto. El dueño de laBelleÉtoileestaba tratando de calmar al coronel. Hice corriendo los cincuenta metros que me sepa-raban de allí y me encontré en el vestíbulo de la vieja posada. Mientras proseguía premiosamente hacia mi posada. y sus delicados dedos sostenían una rosa blanca. también con atavío de viaje. Un poco por detrás del conde estaba la con-desa. me tropecé. o había. le rechinaban los dientes y acom-pañaba sus denuncias estentóreas con zapatazos contra el suelo y moli-netes con su sable. le hice señas de que se detuviera. ¡Pareja de vampiros. en la sombra de una hilera de álamos. llevaba el rostro cubierto por su espeso velo negro. -¿Está en su sano juicio? El camarero puso ojos de plato. ¡Qué oportunidad tan buena se me brindaba! Me acerqué a la dama.monsieur. -Sí. cuando el pequeño camarero pasó a mi lado. -No creía a mis ojos cuando reconocí el ave de presa roja. de lobos. Los berridos del coronel Gaillardese imponían a cualquier otro sonido. que el coronelGaillardeparó en laBelleÉtoiledurante una semana hace cierto tiempo. -¿Nunca ha sospechado nadie que esté loco? -Nunca. si alguno de los dos trata de salir por esa puerta. deprisa! Por san Pedro y Lucifer que. el coronel. contemplabanla escena impotentes . y en el vestíbulo estaba teniendo lugar un furioso altercado. El coronel no dejaba de berrear manteniendo la espada en alto. tenía los ojos desencajados. me agarró del brazo. si no recuerdo mal. -No sabe uno a qué atenerse -mascullé entre dientes mientras me alejaba. intuitivamente. la cual.El marqués se detuvo en su puerta. presenciar una algarada.monsieur.

sin importarle otra cosa que no fuera mi condigno casti-go. y ¡ay!. que estaban algo achispados y no habían asistido a la dramática escena.. Todo aquello se produjo mientras el conde impartía órdenes. que dio con sus huesos en el suelo. casi en el mismo lugar. Ella la retiró. tal era el vendaval de deliciosas y diabólicas emociones que sen-tía dentro de mí. que estaba abierta). interponiéndome entre el conde y Gaillarde. rufián. monsieur!. tras una pausa de indecisión.que no dejaba de lanzar invectivas. los caballos empezaron a moverse y el coche se fue alejan-do con su preciosa carga por la pintoresca calle principal. bajó los escalones y desapareció en el interior de su coche. . Adiós. e. que recompensó con creces el riesgo que yo corría. en dirección de la puerta. Todo sin mediar una sola palabra. En un santiamén corrí al lado de mi bella condesa. rumbo a París. le asesté otro golpe.La rosa blanca Yo era demasiado rápido para el coronelGaillarde. y la conduje hasta el coche. en medio del claro de luna. que ella aceptó. -No tema nada. ¡Por el amor de Dios. Este horrible loco. grité: -¡Sujete su lengua y despeje el camino. Los látigos de los postillones chasquearon. No me importó ninguno de sus galones militares. silbaba en el aire para abatirme. yo lo golpeé en la cabeza con mi macizo bastón. tímida pero nerviosa. mientras él retrocedía. Va a matar a mi marido. CAPÍTULO VII . mientras la espada del frenético soldado.. ni si estaba vivo o muerto.madame-contestécon romántica devoción. que pueda olvidarlo. y yo le cerré la portezue-la. y. váyase! Yo apreté su mano durante unos segundos. tambaleándo-se. donde quedó aparentemente muerto.-¡Oh. Éstos ocuparon ahora sus puestos con la agilidad que produce la desazón. Entró en él.susurró en medio de su agitación-. Sus labios casi tocaron mi mejilla al decirme apresuradamente: -Puede ser que no vuelva a verle. a consecuencia de mi ingeniosa idea. sin mirar a derecha ni izquierda ni dar las gracias a nadie. El viejo conde deSt.Alyre salió disparado. y plenamente decidido a partirme la crisma en dos. pero colocó en la mía la rosa que había estado entre sus dedos durante la agitada escena que acabábamos de vivir. matón. Váyase. como mi conciencia me insinuó después. ¿Qué podemos hacer? No quiere dejarnos pasar. abandonada así a su suerte. le ofrecí mi brazo. Estaba a punto de preguntarle si tenía alguna orden con la que hon-rarme (mi mano reposaba sobre el borde inferior de la ventanilla. cobarde! La dama dejó escapar un grito leve. Rompí su espada bajo mis pies y lancé los trozos a la calle. supli-caba y maldecía a sus criados.Mientras él levan-taba su espada. La mano de la dama se posó sobre la mía.

Pedí una botella del mejor vino que había en la posada. apuntalándo-lo a cada lado con baúles y almohadas. de cabeza calva y con gafas. que había amputado ochenta y siete piernas y brazos tras la batalla de Eylau.Dicho lo cual. como ven. Se mandó llamar a un pequeño cirujano militar de unos sesenta años. mientras se llevaba apresuradamente las monedas a los bolsillos. pese a su extraordinaria capacidad autocurativa. mientras su talante distante se troca-ba en amigable. mi favor secreto. Con un profundo suspiro. El coronel fue conducido a su habitación roncando apopléjicamente. Yo sentí esto de manera instintiva. Qué lástima si aquella excursión mía. El último par de la ciudad lo había reservado elÉcudeFrance. Cuando se emplea algún tipo de fuerza para conseguir un objetivo importante. Ena quellos tiempos de inestabilidad política no estaba claro cuál era el pro-cedimiento en vigor para castigar a los criminales. así. Como comprenderá cuál no sería mihorror al saber que. se tornó radiante. ¿Quién era aquel caballero? ¿Había marchado ya? ¿No se le podría convencer para que aguardara hasta el día siguiente? . había motivos sobrados param antenerlo fuera de combate durante al menos un par semanas. sus laureles y sus escayolas a esta su ciudad natal. hasta entonces poco simpático. y luego le dije que no debía rechazar un insignificante souvenir de un huésped que había quedado encantado de todo lo que había visto en la famosísimaBelleÉtoile. para desear rea-nudar cuanto antes mi viaje a París. al tacto de los cuales su semblante. lo apoyaron contra la pared. además del deseo de escapar de las fastidiosas pesquisas judiciales. Ambos convenimos en que.para un caballero que había almor-zado y cenado en laBelleÉtoileyque tenía que continuar hacia París aquella misma noche. Al principio creyó que el cráneo del arrojado coronel se había fracturado. Inmediatamente saqué a relucir el tema de la cabeza rota del coro-nel. donde por primera vez aquel delicioso elixir no fue ingurgitado desaforada-mente. invité al posadero a compartirlo conmigo. en la que iba decidido a hacer saltar bancas y romper corazones (y. quedaba claro que entre nosotros dos se habían instaurado unas relaciones muy cordiales. también cabezas). Yo empecé a sentir cierta inquietud. en su gran boca. y se había retirado con su espada y su sierra. coloqué en su mano treinta y cinco napoleones. en cualquier caso había una conmoción en la sede del pensamiento. e introdujeron un vaso de coñac. Mejor pasarse por mil que quedarse a un milímetro de la meta. mi pequeña prenda de despedida. si yo no hubiera dado aquel certero bastonazo. el militar habría decapitado a la mitad de los huéspedes de la BelleÉtoile. no había manera alguna de conseguir caballos aquella noche. y. me di la vuelta. El lector supone sin duda que yo tenía otros motivos. más que el suyo y el mío.Yo permanecí inmóvil sobre el pavimento hasta que se perdió del todo en lontananza. acababa en el cadalso o en la guillotina. había visto pasar de una mano a otra.No hubo un solo camarero de la posada que no estu-viera dispuesto a corroborar bajo juramento la veracidad de aquella afirmación. ni por ruegos ni por dinero. con la rosa blanca dobla-da en mi pañuelo. dulce y precioso que ningún ojo mortal. Vi al posadero en la sala en la que habíamos cenado. El solícito dueño de laBelleÉtoiley sus ayudantes levantaron al héroe herido en mil batallas. que fue debidamente apuntado en su cuenta. en la proporción de dos vasos a uno. no se puede andar especulando ni escatimando medios económicos.

Era realmente un café buenísimo. -¡Cierra el pico. -No soporto que me esperen los camareros mientras bebo el café -dijo-.monsieurDroqvilley yo viajábamos juntos rumbo a París. Yo también daba algunas cabe-zadas. Tomaré aquí una taza de café.Al verlo. poco después. el anciano caballero que ha estado tan a punto de ser troceado esta noche. -Esa dama es la hija o esposa. ¿Dónde se hospedamonsieurDroqville? Por supuesto que lo sabía. en mi coche de camino y con sus caballos. eso creo. Me gusta saborearlo tranquilamente. ¿a quién le importa? Recoge todas mis cosas. del conde deSt. No se despertó. Hoy sólo he visto al conde. Es una joven muy hermosa y encantadora. puede decir lo que quiera. Como yo le dije que no necesitaba la bandeja. por la espada del general a quienmonsieurha tenido la suerte de mandar a la cama con un buen ataque de apoplejía. -Guardaremos las tazas -dijo al camarero que le traía las tazas-. Ordenó dos tazas de café expreso y esperó con la cabeza asomada por la ventana. cayó completamente dormido en su rincón. pero el marqués dormía como un tronco. Hubo un pequeño retraso mientras él abonaba aquellas cosas. y su nombre no era otro que el demonsieurDroqville.Alyre. -Perdone que sea un compañero tan aburrido -dijo-. -Y bien. Quizá era ella.Clair. donde encontré a mi criadoSt. Permítame que le recomiende que haga usted lo mismo: el café de aquí es realmente bueno. idiota! Ese hombre estaba más borracho que una cuba. según me han referido. Al cabo de un rato me aventuré a preguntarle al marqués de Harmonville si la dama que acompañaba al conde era de verdad la condesa. Al marqués le estaba entrando la modorra y. y sólo durante un par de minutos.El caballero se encontraba ahora en sus habitaciones recogiendo su equipaje. luego pasó al interior del vehículo la pequeña bandeja y me ofreció una taza de café. .St. donde había tenido la suerte de conseguir caballos mandando por delante a su criado. Asentí. Subí rápidamente a mi cuarto. siempre lo sabía todo.dime ahora quién es esa dama -le conminé. Media hora después. Y la bandeja. Es hija de un matrimonio anterior. llevaba más de sesenta horas sin dormir. no importa cuál de las dos cosas sea. ya he echado un sueñecito. hasta la siguiente posta. No puedo contestarle con exactitud. mis pensamientos cambiaron unos instantes de rumbo. según me dijo. Está mohíno.Clair. Gracias. él se la colocó sobre las rodillas para que le sirviera de mesa en miniatura. -¿No tiene una hija? -Sí.

por ejemplo. que se puso a leer con mucha atención. el interior del coche. y me cuesta mucho trabajo mantenerme despierto. Desde mi rincón seguía visuali-zando en diagonal. Este café hará maravillas en mí. Durante un rato el café nos volvió parlanchines. la colocó sobre sus rodillas. Volví a intentarlo. presentando su retrato de manera que se me quedaran bien grabadas algunas enseñanzas de orden práctico. pero nada. Fuera lo que fuera. Con todo. y así entré en un estado de somnolencia completamente nuevo e indescriptible. y la conversación se animo. En mi impaciencia. Me esforcé por poner fin a aquella imagen fatigosa. pero la barrera entre la vigilia y éste se me antojaba absolutamente infranqueable. ha-ber intentado. Pero. que notó esto. Mi compañero había vuelto a empaquetar sus cartas y estaba miran-do por la ventanilla mientras tarareaba el aria de una ópera. aquello no se podía equiparar con una simple pesadilla. Me habría restregado los ojos.no había experimentado ninguna sensación de terror. Me acomodé en mi rin-cón. Empecé a sentir el peso del sueño. que sujetó con dos pinzas en la ventanilla opuesta. y me hizo una brillante y divertida descripción de la vida parisiense. a no dudarlo. Nos pusimos en marcha antes de haber apurado las tazas. yo he dormido muy poco duran-te las dos o tres últimas noches. envuelto ahora en papel blanco.-Al igual quemonsieurel marqués. me fueron entrando unas ganas terribles de dormir. Éste me inspiraba toda una gama de sueños románticos. Descubrí que me resultaba a tan difícil mover cualquier articulación o músculo como. con el mismo resultado. además de hábil. Primero arrojó su taza por ella. se resignó afablemente a que nuestra con-versación fuera decayendo. pero ni siquiera podía mover una mano. que oí chocar contra la calzada. El marqués era extremadamente simpático. la abrió y sacó la que resultó ser una lámpara. Repetí el esfuerzo varias veces. podíamos considerarnos afortunados de haber encontrado dos. Su ventanilla iba abierta. pero estaba claro que había perdido la capacidad de cerrarlos. tenía mi querido souvenir -mi rosa blanca. pero algo me impedía cerrar los ojos del todo. Hasta entonces. volviéndose hacia mí: . yo había empleado hasta entonces cuatro caballos por etapa. hacer volcar el carruaje. El marqués. con sus peligros y seducciones. Deseaba con todas mis fuerzas conciliar el sueño. en aquella emergencia. y finalmente hizo lo propio con la pequeña bandeja. pero sin llegar nunca a perder la conciencia del todo.cerca del corazón. Un valioso hallazgo. con los ojos semientornados. por un acto de voluntad insólito. luego la mía. ¡Empecé a asustarme de verdad! ¿Estaría padeciendo algún ataque? Era horrible ver cómo mi afable compañero seguía dedicándose a sus ocupaciones rutinarias cuando podría haber ahuyentado mis horrores con un simple sacudimiento. se caló las lentes y sacó un fajo de cartas. 1 mi voluntad no mandaba ya sobre mi cuerpo. para algún campesino madrugador. doblando y guardando las cartas una a una. Avanzábamos muy lentamente. A pesar de las historias divertidas y curiosas que contó el marqués. la diferencia de velocidad resultaba deprimente. Hice un esfuerzo sobrehumano por gritar. Echó hacia atrás la cabeza y dijo. llenas de sal y de colorido. La encendió con una cerilla. El marqués cogió del suelo su valija. Acabó pareciéndome aburrida la visión del marqués leyendo con sus lentes caladas. ya me siento como nuevo.

Entramos en una pequeña población. salió tras dirigirme a mí otra sonrisa ama-ble y a mi criado otra palabra de precaución.-Sí. Extremando el cuidado para no despertarme. -Sí. ya se ven luces. y un pequeño enco-gimiento de hombros. ¡qué cansado debe de estar! -exclamó tras haber esperado una respuesta de mi parte. ¡Está tan cansado! Sería una cruel-dad molestarle ahora. Pero no me desperté. Vi abrirse la puerta de una posada. pues. y tomaremos un piscolabis. Me sentía como un alma encarcelada. Entre tanto. El coche se detuvo. Lo oí conversar conSt. pero. yo quedaba abando-nado en el mismo rincón y en la misma postura.Una visita de tres minutos En varias ocasiones de mi vida he sufrido fuertes y largos dolores cor-porales. El poder del pensamiento seguía claro y activo. seguro que va a morirse de hambre. era inenarrable. muda e inmóvil. no había padecido nunca nada parecido a aquella tortura. gracias a Dios. con una sonrisa afable. CAPÍTULO VIII . ni lo padecería tampoco después. Me miró más de cerca y. se metió las lentes en el bolsillo y volvió a mirar por la ventana. Despabiló la llama y echó más aceite a la lámpara. -Tu amo duerme profundamente. Clairmientras entraban en la posada. volviéndose alegremente hacia mí-. Tú y yo nos retiraremos mientras cambian los ca-ballos. Un lúgubre terror se había apoderado de mi espíritu. Le traeremos algo a monsieur Beckett. Espero con toda el alma que no se parezca a ninguno de los tipos de muerte que pueden acaecernos. ¿Cómo terminaría aquello? ¿Era real-mente la muerte? . la cerró. Mi criado se acercó a mi portezuela y la abrió. dijo: -¡Pobrecillo! ¡Qué cansado debe de estar! ¡Qué sueño tan profundo le ha entrado! Cuando se detenga el coche seguro que se despertará. Luego colocó nuevamente las cartas en la valija. de la que salía luz. Supongo que serían las dos de la madrugada. en cuanto se despierte. llegaremos dentro de unos minutos. y mi angustia. -¡Ya hemos llegado! -dijo mi compañero.

Su visita.. Ahora estábamos ya fuera de la población y proseguíamos el viaje a la misma velocidad moderada.. con un lápiz. La tensión indescriptible del cerebro pareció ceder de inmediato.He de señalar que mi facultad de observar no había sufrido merma alguna. Entró. ocurría que mi voluntad había. esperando con ansia su regreso: algún accidente afortuna-do haría que yo despertara de mi catalepsia. Entró en el coche y vi cómo me miraba esbozando una sonrisa. A las cartas les echó un vistazo somero. por lo que vi al in-truso perfectamente. y una persona desconocida entró silenciosamente y cerró la portezuela. luego. con perfecta nitidez. empezó a tomar rápidas notas sobre su conte-nido en un pequeño cuaderno de bolsillo. formada en el oído. como podríamos denominarlo. también vi una cicatriz roja que le atravesaba la mejilla desde los labios. Al moverse. medio envidiándome. El lugar donde había recibido la visita de aquel agente secreto. que le cubría la cabeza. Deslizó una mano en el bolsillo de mi chaqueta. se hinchara y explotara en él. por así decir. del que sacó mi preciosa rosa blanca y todas las cartas que había. Yo escuchaba atentamente. Mi preciosa rosa la dejó también a un lado. Todo esto lo hizo en un abrir y cerrar de ojos. entre las que figuraba un documento de especial importancia para mí. Este hombre había entrado con el sigilo de un fantasma. por un sueño tan profundo. no duró más de tres minutos. los volvió a meter en mi bolsillo y desapareció. Era un hombre joven con un holgado abrigo gris os-curo y una especie de capucha. Ah. Lo que le interesaba era. según mis cálculos. perdido el control de mi cuerpo. Sus propósitos eran a todas luces siniestros. me examinó de cerca la cara duran-te unos segundos. a todas luces. Simplemente. a asesinarme. creo. Parecía como si una burbuja de aire. Este hombre parecía trabajar con la celeridad sigilosa y fría propia de un agente secreto. inclinándose hacia míy ponién-dose en visera su mano enguantada. Inmedia-tamente después de su desaparición oí nuevamente la voz del marqués. Podía oír y ver todo con la nitidez habitual. la portezuela del coche se abrió de repente. Era obvio que no era aquello lo que buscaba. fáciles de distinguir bajo las amplias mangas del holgado abrigo. el documento a que acabo de referirme. se debía de hallar a unas dos leguas de distancia cuando de repente sentí un extraño palpitar en un oído y la sensación de que el aire pasaba por él y se alojaba en la garganta. quizá. Sin ruido alguno de pasos que anunciaran una llegada inminente. Colocó los papeles en el mismo orden en que los había encontrado. La lámpara daba una luz parecida a la de una vela. noté un extraño zumbido en la cabeza y una . creí distinguir bajo la capucha la cinta dorada de una gorra militar. Ya he dicho que el marqués de Harmonville no había apagado su lámpara de coche al entrar en la posada de aquella aldea. cerró la puerta suavemente y se sentó a mi lado. Yo pensé que iba a robarme y. Volvió a sumirse en la lectura y clasificación de sus papeles a la luz de la lámpara que acababa de coadyuvar a las maquinaciones de un espía. lo que indicaba un plan bien definidoy establecido de antemano. El joven llevaba un espeso mostacho y una pequeña mata de pelo bajo el labio inferior. Pero yo no era más que un cuerpo inerte en sus manos. lo desplegó y. También vi. y todo lo hacía con rapidez y decisión. los galones y botones en las puñetas de la guerre-ra. si hubiera sospe-chado.

. donde me dejé caer luego temblando. con una sensación de debilidad mortal. cuando lleguemos a París. que ni siquiera deben ver amonsieurDroqville. como mi otro amigo. decirle lo enfermo que me había senti-do. de seguro que le habría robado. Lo que me sorprende es el paralelismo de las causas propiciadoras del ataque. Poco a poco el proceso de restablecimiento fue tocando a su fin. Luego me preguntó con gran solicitud por el mal que me había sobrevenido. la mansión de Harmonville se encuentra por el momento ocupada por dos o tres viejos criados. Era un hombre valiente como usted. como es ese demente coronel de dragones. me dijo: -Un amigo mío me dijo en cierta ocasión que era posible un ataque como el que ha sufrido usted. Cuando le hube contado todo. -Sí. el cansancio se apoderó de él y pareció caer en un sueño profundo. con un espadachín experimentado. como el marqués está.descubrir quién fue esecoquinque espió sus cartas. Se sumió en un estado que luego describió igual que usted. Pero no vale de nada volvernos ahora porque no conseguiría-mos enterarnos de nada. Le dije que. Una o dos horas después. y nunca me habló de tal cosa. podré serle de gran utilidad. el cansancio y. de viaje. finalmente. Ese bellaco no habrá tocado mi valija. A él le sobrevino a bordo de un barco. »Me gustaría -prosiguió. Todo en su sitio. aunque muy débilmente. tan pronto como concluya la misión diplomática del marqués de Harmon-ville. Le pediré que me diga el hotel en el que piensa alojarse. y así pude. ¿Padeció una recaída? -Traté con él después durante muchos años. Sin embargo. en condiciones tan desfa-vorables para usted. como puede ver. Si se hubiera tratado de cualquier otro tipo de facineroso. este último ya se las ingeniará para hacerle entrar en el palco quemonsieurel marqués tiene en la ópera. y había tenido que hacer valer a la vez su fuerza y su cora-je.especie de vibración en todos los nervios del cuerpo. Asimismo le puse al corriente de la violación de mis cartas durante su ausencia. y éste tenga libertad para mostrarse a plena luz. sino solamentemon-sieurDroqville. podía estar tran-quilo a ese respecto. al sueño. pues. según la frase popular. la forma como ha cedido. por lo que yo había podido observar. gracias a Dios -mascu-lló-. El inesperado y valiente combate. lo que me hace pensar que se trata de la misma clase de ataque. se ha dormido. Daría cualquier cosa para que ciertas personas no leyeran nunca media docena de cartas que llevo aquí. Sólo pude contestarle con un gemido profundo. Esa gente siempre actúa con mucha habilidad. sobre el asiento. como ocurre con un miembro que. -Hemos intimado tanto -dijo al final. Yo hablaba muy poco. Y.que debo recordarle que por el momento no soy el marqués de Harmonville. no hay nada que temer. pero el mar-qués seguía distrayéndome con su amable conversación. Él colocó la valija a su lado. así como también a otros lugares de más difícil acceso.. Exhalé un grito y me quedé medio levantado en mi asiento. la abrió y examinó su contenido minuciosamente. sin embargo. me cogió la mano y me preguntó con aire serio si estaba enfermo. -¡Cielo santo! -exclamó-. aunque no pueda verle a menudo. -Me alegra saber que no he sido el único. Sin embargo. El marqués se me quedó mirando. a resultas de un estado de especial excitación. pues me sentía débil y agotado. estoy casi convencido de que debió de ser un agente de policía. no .

e incluso a esta hora sólo me he atrevido a venir en coche . se había topado por error. de cumplir su promesa de visitarlo este otoño en elChâteaude Harmonville. sin haber experimentado ninguna muestra de esa rudeza e insolen-cia de las que otros se quejaban por parte de los exasperados oficiales del derrotado ejército francés.Chismes y consejos Mi accidentado viaje había terminado por fin. CAPITULO IX . no necesito (aunque pudiera. Pero.excusará a su amigo. pese a haberla visitado numerosas veces después. Como pueden imaginar. Ahora me hallaba sentado a la ventana de mi hotel contemplando la brillante ciudad de París. También tengo que decir una cosa. ni recibi-do ninguna noticia del marqués de Harmonville. por así decir. di mis más sinceras gracias al marqués. La protección de un hombre tan importante. podría hacer mi visita bastante más deliciosa de lo que me había esperado. Allí estaba el marqués de Harmonville. No había ni visto ni oído hablar del conde ni de la condesa.y con gran júbiloy premura le dije que hiciera subir al caballero. no creo haber visto nunca aquella deliciosa capital tan encantadoramente excitada y excitante. tan afable y gentil como siempre. Caía la tarde.monsieurBeckett. Así pues. que en poco tiempo había recobrado toda su alegría y cuyo bulli-cio era aún mayor que el habitual. el coche se detuvo de repente delante del lugar donde nos esperaban caballos de relevo y donde tenía-mos que separarnos. así como a mis visitas a los museos y a otros monumentos de la metrópoli. y ya estaba empezando a temer que mi aristócrata amigo se hubiera olvidado por completo de mí cuando el camarero me ofreció la tarjeta de«MonsieurDroqville». Aqué-lla era mi primera visita. Llevaba dos días en París y ya había visto toda suerte de monumen-tos. que se interesaba tan ama-blemente por el desconocido con el que. Mi romance se había apoderado tan por completo de mí que la esperanza de ver al objeto de mis sueños prestaba un secreto y delicioso interés a mis paseos a pie y en coche por las calles y alrededores. después de tantos años transcurridos) recordar y describir mis experiencias e impresiones del aspecto tan singular que tenía París en aquellos días extraños. Nada podía ser más gentil que los modales y las atenciones del mar-qués. Mientras aún le daba las gracias. -Actualmente soy un ave nocturna -dijo tan pronto como hubimos intercambiado los saludos de rigor-. También me había recuperado por completo de la extraña indisposición padecida durante mi viaje nocturno. Todo el mundo recuerda la gran exci-tación que siguió a la caída de Napoleón y a la segunda restauración borbónica. Me mantengo en la sombra durante el día. Cuanto más nos aproximábamos a París más valoraba su protección.

Yo mismo lo presentaré en sociedad. en París. Creen que todo estará perdido si consiguen reconocerme. permítame regalarle estas entradas para mi palco. Pero. Entre tanto. De esta manera metódica. ¡ay!. A ustedes. -Dentro de dos semanas. una vez que ha sido uno aceptado por el beau monde ya no puede vivir a su aire. y el resultado es que ahora me encuentro con casi nada para mí mismo. En primer lugar. al menos unos cuantos días. tendré el gusto de poder ser verdaderamente útil para usted. -Y ahora.cerrado. yo disfrutaré ya de toda mi libertad. y yo mismo lo introduciré en la rutina brillante pero relativamente tranquila de la buena sociedad. día y noche. . unas palabras en mis funciones de mentor. Le volví a dar las gracias y le prometí sacar provecho de sus consejos. esté bien alerta. y recuerde que. Todos los lugares que le voy a mencionar son dig-nos de verse. en la urbe. me ofreció un catálogo y una guía. le dejarían sin blanca si lo hiciera. Supongo que no ha venido a París sin cartas de recomendación. Le man-tendrán ocupado. Yo le mostré media docena de cartas. durante mi ausencia había dado ins-trucciones a mi secretario para que facilitara entradas todas las noches al primero de mis amigos que se lo pidiera. Poseían una bonita casa antigua a las afueras de París. Un amigo a su lado vale más que todas las cartas juntas. no los había visto desde entonces. durante al menos tres semanas. -No tenga en cuenta estas cartas -dijo-. Absténgase de jugar. para una persona ávida de novedades y placeres como yo. Alyre. Así pues. Él pareció encantado y dijo: -Ahora le diré algunos lugares a los que debería ir. Cuando eso haya pasado. Lo llevaré personalmente de casa en casa. pero él creía probable que se quedaran. después de una ausencia tan prolongada. y él echó un vistazo a las señas. No sabe cómo me disgusta no poder utilizarlo más a menudo durante las dos próximas semanas. en París. ya que habría que hacer bastantes preparativos. antes de volver a instalarse en su hogar. los jóvenes. Déjese en mis manos. a los que había tenido la suerte de salvar de un trance sumamente desagradable en el vestíbulo de la posada. Coja un plano y escriba letras o números sobre los puntos que le voy a indicar. le pregunté por el conde y la condesa de St. No sabía dónde para-ban. les gusta apurar hasta la última gota los placeres anónimos de una gran ciudad antes que embar-carse en las obligaciones de la vida social. No confíe en nadie que no conozca. Los amigos para los que he emprendido esta misión algo peligrosa así lo han dispuesto. y con gran cantidad de anécdotas diverti-das y escandalosas. Le di mis más sentidas gracias. y haremos así una pequeña lista. Recuerde esto: aquí está rodeado de hábiles estafadores y granujas de todo tipo que viven de lo que sustraen a los forasteros. No se pierda ni uno. No haga amistad ni intime con nadie hasta entonces. que. poseían un valor incal-culable. tal vez de una sola -dijo-. Pero mi corazón estaba demasiado lleno de la bella dama de la Belle Étoile para permitir que nuestra entrevista terminara sin que yo hubiera intentado saber algo más de ella. Le di de nuevo las gracias y prometí seguir sus consejos al pie de la letra.

-¿Cuánto tiempo han estado fuera? -Unos ocho meses, creo. -Son pobres, me parece haberle oído decir. -Sí, para una persona como usted podrían considerarse pobres. Pero, monsieur, el conde tiene unas rentas que le permiten vivir con comodidades y hasta con elegancia, sobre todo llevando una vida tran-quila y apartada en este país barato. -Entonces son muy felices, ¿no? -Digamos que deberían ser felices. -Y ¿qué se lo impide? -Él es celoso. -Pero su mujer... No le da motivo alguno... -Me temo que sí. -¿Cómo, monsieur? -Siempre he pensado que es un poco demasiado..., excesivamente... -¿Demasiado qué, monsieur? -Demasiado bonita. Pero aunque tiene unos ojos extraordinaria-mente bellos, unas facciones exquisitas y la tez más delicada del mundo, creo que es una mujer honrada. ¿No la ha visto usted nunca? -Vi a una dama completamente embozada en su abrigo, con un velo que le tapaba la cara, la otra noche en el vestíbulo de la Belle Étoile, cuando le partí la cabeza a ese individuo que estaba intimidando al anciano conde. Pero su velo era tan tupido que no me permitió ver sus rasgos. -Respuesta ésta, como convendrán, bastante diplomática-. Podría ser la hija del conde. ¿Se pelean? -¿Quién, su mujer y él? -Sí. -Un poco. -¿Y por qué motivo? -Es una vieja historia: por los diamantes de ella. Son de gran valor Valen, según La Perelleuse, aproximadamente un millón de francos.Elconde desearía venderlos para disponer de mayor numerario, que élestá dispuesto a gastar como a ella le plazca. Pero la condesa, a quienpertenecen, se resiste a ello, y por una razón que, quiero creer, no está capaci-tada para revelársela. -Dígame, por favor, cuál es esa razón -dije, picado en mi curiosidad, -Supongo que piensa lo bella que estará con ellos cuando se casecon su segundo marido. -¡Ah! Claro, sin duda. Pero el conde deSt.Alyre es un hombre bueno, ¿no? -Admirable, y sumamente inteligente. -¡Cómo me gustaría que me lo presentara! Oyéndole a usted parece tan... -Tan agradablemente casado. Pero viven completamente apartados del mundo. Él la lleva de vez en cuando a la ópera o a alguna diversión pública; pero nada más.

-Y él debe de recordar tantas cosas del antiguo régimen, y tantos epi-sodios de la revolución... -Sí, es el hombre más indicado para un filósofo como usted. Se suele quedar dormido después de comer, pero no su esposa... Bueno, hablan-do en serio, le aseguro que apenas frecuenta elbeaumonde y que se ha vuelto un tanto apático, al igual que su esposa. Y nada parece interesarle a la condesa, ¡ni siquiera su marido! El marqués se levantó para despedirse. -No arriesgue su dinero -reiteró-. Pronto tendrá oportunidad de colocar parte de él en un negocio muy ventajoso. Varias colecciones de cuadros realmente buenos, pertenecientes a personas que apoyaron la restauración bonapartista, van a ser vendidos en subasta dentro de unas semanas. Podrá hacer maravillas cuando comience la venta. ¡Va a haberauténticas gangas! Resérvese para ellas. Yo le mantendré puntualmente al corriente. Quede con Dios. A propósito -dijo, deteniéndose en seco> al acercarse a la puerta-, casi me olvidaba. La semana que viene vaa haber un acontecimiento que debería entusiasmarle, pues suele escasear bastante en Inglaterra. Me refiero a unbalmasqué,organizado, según dicen, con un esplendor aún mayor del habitual. Tendrá lugar en Versalles. Todo el mundo estará allí; la gente se afana para conseguir invita-ciones. Pero creo que podré conseguirle una. Buenas noches.Adieu!

CAPÍTULO X - El velo negro

Hablando el francés de corrido y con dinero en cantidades ilimita-das, no había nada que me impidiera disfrutar de todo lo disfrutable en la capital francesa. Pueden suponer cómo se pasaron los dos siguientes días. Al cabo de los cuales, y hacia la misma hora,monsieurDroqville volvió a visitarme. Cortés, afable y alegre como de costumbre, me dijo que el baile de disfraces había quedado fijado para el miércoles, y que había consegui-do una invitación para mí. ¡Qué mala suerte! Lo sentía muchísimo, pero no podía asistir. Se quedó mirándome en silencio unos instantes con un aire de sos-pecha y amenaza que no comprendí, y luego preguntó, con cierta brus-quedad: -¿Y tendríamonsieurBeckett la amabilidad de decirme por qué no puede asistir? Yo estaba un poco sorprendido, pero le dije la simple verdad: tenía una cita para aquel día por la tarde con dos o tres amigos ingleses y no veía la manera de liberarme de aquel compromiso. -¡Ah, así que es eso! Ustedes, los ingleses, estén donde estén, siempre andan buscando lo mismo: la aburrida compañía de otros compatriotas, cerveza y bistecs; y cuando vienen aquí, en vez de tratar de aprender algo nuevo de la gente que visitan, y que fingen querer estudiar, se dedican a hincharse a comer, a perjurar y a fumar entre ingleses, y al final de sus viajes no salen más experimentados ni más pulidos que si hubieran esta-do de juerga en una tabernucha de Greenwich.

Prorrumpió en unas carcajadas sarcásticas (creo que en aquel momento le habría gustado envenenarme). -¡Ahí la tiene!- prosiguió arrojando la invitación sobre lamesa-Tómela o déjela, como bien le plazca. Supongo que he hecho el tonto con usted; pero no es corriente que un hombre como yo se tome tantas molestias, pida favores, y consiga finalmente un privilegio para un conocido para luego ser tratado de esta manera. Aquello me pareció de una impertinencia asombrosa. Me sentía turbado, ofendido, a la vez que arrepentido. Posiblemente había contravenido sin saberlo las normas de la buena educación según los cánones franceses, lo que casi justificaba la severidad del brusco reproche del marqués. Y así, en medio de una terrible confusión de sentimientos, me apre-suré a presentar mis disculpas para tratar de recuperar el favor de aquel amigo casual que había mostrado para conmigo tanta amabilidad desinteresada. Le dije que rompería a toda costa el compromiso que desafortunadamente me mantenía atado; que había hablado con muy poca reflexión yque ciertamente no le había mostrado mi agradecimiento en propor-ción a su amabilidad y a mi verdadera estimación de su persona. -Por favor, no diga una palabra más; mi desconcierto ha sido sólo por usted, y reconozco que lo he expresado en términos muy duros, que, estoy seguro, su buena disposición sabrá perdonar. Quienes me conocen un poco mejor saben que a veces digo muchas más cosas de las que quiero decir; y siempre lamento que me ocurra esto.MonsieurBeckett se olvidará pronto de que su viejo amigo,monsieur Droqville, ha perdido momentáneamente los estribos por atención a él, y así... volve-mos a ser los buenos amigos de siempre. Sonrió como elmonsieurDroqville que había conocido en laBelleÉtoileyalargó la mano, que yo tomé respetuosa y cordialmente. Nuestra disputa pasajera había terminado dejándonos mejores y amigos. El marqués me aconsejó que reservara una cama en algún hotel de Versalles, ya que luego encontraría problemas dada la gran demanda existente, y que lo hiciera inclusive la mañana siguiente. Así pues, ordené unos caballos para las once en punto, y, tras inter-cambiar unas cuantas palabras más, el marqués de Harmonville me dio las buenas noches y bajó a toda prisa las escaleras, tapándose con un y pañuelo la boca y la nariz. Desde mi ventana vi cómo subía de un brinco a su coche cerrado y desaparecía. Al día siguiente fui a Versalles. Cuando me aproximaba a la puerta del HôteldeFranceme dije para mis adentros que no había pecado pre-cisamente de madrugador, sino más bien de todo lo contrario. Alrede-dor de la entrada se agolpaba un enjambre de carruajes, de manera que resultaba imposible dar un paso adelante si no era a pie y sorteando toda una legión de caballos. El vestíbulo estaba a rebosar de criados y caballe-ros que gritaban al hotelero, el cual, en un estado de educada locura, aseguraba a todos y cada uno de ellos que no había habitación ni apo-sento libre en todo el hotel. Me deslicé hasta la puerta, dejando el vestíbulo a los que seguían profiriendo gritos y súplicas con la

Permanecí unos instantes en medio de una tormenta de insultos. -Lo mejor es irse de Versalles -dijo-. Pero. pueden imaginarse que no deseaba realmente presentarme así ante el objeto de mi quijotesca devoción. en el que había cuatro caballeros enfrascados en una discusión muy animada. mientras me esforzaba por sacudirme el polvo de la ropa con un pañuelo. y el mío estaba acercándose. Diga a su criado que me siga. Su coche había tenido que aminorar la marcha debido a un carro que ocupaba toda la anchura del camino y avanzaba con la lentitud propia de tales vehículos. Afortunadamente. oí una voz que me resultó familiar: -MonsieurBeckett! Volví la cabeza y vi al marqués mirando por la ventanilla de un carruaje. hice lo propio. Pero no se preocupe: he encontrado algo para usted que le puede convenir. ya ha visto que no hay ni una sola cama libre en ninguno de los hoteles. a medida que los otros carruajes iban retirándose. salté repartiendo disculpas incoherentes por encima de un coche abierto. cubierto como estaba yo de polvo y con el sombrero aplastado. y donde. y no menos de cuatro hileras al otro lado. A quienes observaran mi intrépida carga sin estar al corriente de mi secreto debí de parecerles un demente. y a su marido.Pero encontré la entrada igual de abarrotada. mi postillón había logrado con excesivo celo hacer avanzar los caballos. en la que estaba seguro de haber recono-cido a la condesa. Habría sido más inteligente por mi parte saltar a la acera y dar un rodeo por delante de los carruajes detenidos delante de la calesa. y usted suba y siéntese a mi lado.falsa esperanza de que el propietario pudiera. acababa de abrirse una brecha en medio de aquel conglomerado de carruajes. Si ya antes había estado impaciente. no sé cómo. adivinen cuáles serían mis sentimientos cuando vi pasar por el angosto margen que quedaba al otro lado de la calzada una calesa descubierta. tropecé al apearme y caí sobre los lomos de un par de caballos. . pero ¿qué se podía hacer? Mientras me hallaba en el vestíbulo de este hotel hablando con uno de sus inten-dentes. y. Fue una visión agradable para mí. y puedo añadir que no hay una sola habitación libre en toda la ciudad. -Le voy a llevar a un lugar confortable. cubierta con el velo. Atra-vesé como una flecha el asiento trasero de un carruaje que estaba al lado del mío. ahora se hallaba ante la escalinata del hotel. en medio de todo aquello. El resultado fue el mismo. yo era más un Murat que un Moltke y preferí una carga directa sobre mi objeto antes que recurrir a ninguna táctica. en una especie de cabriolé. una vez en él. desagradablemente atemperados con risotadas. cuya existencia sólo cono-cen muy pocos parisienses. poco a poco. si quería. tras dar el marqués unas órde-nes a su cochero. que al instante se encabritaron y me hicieron morder el polvo de la calle. en la que un anciano y un perro estaban echando una cabe-zadita. Por fortuna. alHôtelduRéservoir. ¿cómo salir de allí? Había coches delante y detrás. nos pusimos rápidamente en movimiento. la calesa que me interesaba había pasado antes de la catástrofe. Aquélla era una situación irritante. Pero. Indiqué al criado que nos siguiera. desgraciadamente. y. En un periquete me encon-tré junto a la portezuela. dando una voltereta. y. Por entonces yo tenía una vista extraordinariamente buena. Aquella maniobra resultó muy útil para subir al vehículo. a la máxima velocidad que permitieron mis caballos. encontrarles un hueco. Subí a mi coche y me dirigí.

Nos veremos esta noche. con los bosques de Versalles a un lado. pues. pintado y dorado. a los que mis ojos y oídos se habían ya acostumbrado. le he reservado una habitación. Yo le buscaré en todas las puertas que franquee. destacaba la enseña de la posada. pues creo que es un tema que aún levanta ampollas. le dije adiós y lo vi alejarse. Algo que llevemos en la mano. color verde claro y oro. yal otro numerosos árboles viejísi-mos . su arquitectura era más rica y florida que la habitual en semejante clase de edificios. Pero no aluda a este espantoso hecho cuando hable con el posa-dero. pero mi anonimato me lo impide. si cabía. sitúese cerca de la puerta hasta que nos encontremos. si voy. siga mi consejo y vaya disfrazado de dominó. Entraría gustoso con usted. La majestad y paz del lugar contrastaban extrañamente conel relumbróny bullicio de la vida parisiense. CAPÍTULO XI . pero seguro que le parecerá un lugar confortable.Tiene usted suerte de que mi aburrida encomienda me trajera a este lugar tan temprano. y aca-baba en una punta bruñida y dentada como el dardo de la muerte. se retorcía y anudaba infinitas veces. cons-truida con piedra de Caen. convenido. a cualquier sala que vaya usted. la cola. Los árboles hacían que el edificio resultara más pintoresco aún. Todo esto me lo dijo cuando yo estaba ya pie en tierra. con alas en rojo y oro vivos. Era un dragón volador. menos antiguo que el resto.cosida o sujeta en el pecho de su dominó. en cualquier caso. Nos detuvimos ante una posada de planta antigua y maciza. Hasta luego. desplegadas. eso es. Está a menos de dos kilómetros de distancia: es una antigua posada llamada Le DragonVolant.sabedor de cómo estaban las cosas aquí. Cerré la puer-ta del coche.El Dragón Volador Eché un vistazo ami alrededor. labrado en altorrelieve de piedra. Así queda. Una especie de porche. sobre el cual. de una altura poco frecuente en Francia. y. le agradará saber también que es una posada encantada. tam-bién distinguida. probable-mente. ¿Cómo nos reconoceremos mutuamente? Déjeme pensar. Si quiere disfrutar del baile. lo que indicaba su destino ori-ginal como mansión privada de alguna persona acaudalada y. y yo una blanca? Sí.. Espero dejarme caer un rato por allí. de manera que no deberíamos tardar en encontrarnos. Yo no me divierto en tales ocasiones si no voy con una persona joven. una persona de mi edad necesita el contagio de espíritus jóvenes y de la compañía de alguien que disfrute de todo espontáneamente.. Adiós. Una flor no valdría.. Al menos a mí me habría agradado en mis años jóvenes. Creo que habíamos recorrido unos dos kilómetros hasta el lado más alejado del palacio cuando embocamos un camino viejo y estrecho. se proyectaba hospitalariamente con un amplio y florido arco. -Yo no entraré. . siempre es mejor que nada. y usted hará igual.. ¿Y si lleva usted una cruz roja de unos cinco centímetros de larga -usted es inglés. pues mucha gente llevará flores. dado que las paredes lucían numerosos escudos de armas. Ah. me pondré el mismo disfraz.

-Tal vez. Pero el dinero no parece sentarle nunca bien. -Yo le pago el alquiler de esta posada. -¿Viene frecuentemente a este lugar apartado? -No. por lo que he oído decir. y casi de decadencia: la tristeza de la grandeza pasa-da y cierto aire de abandono producían una impresión deprimente en el observador.El conde deSt. Bueno.que juega mucho. Pero sí puedo ase-gurarle que no es rico. según cuentan. monsieur. un poco sombría. característica de los castillos franceses. -¿Y es pobre? -seguí investigando. con artesonado de madera oscura y conmueblessolemnes y sombríos. -Dicen.es elChâteaude la Carque. Yo no lo sé. recibió una buena herencia de aquella persona fallecida. -Completamente.monsieur. Después examiné más detenidamente el exterior dela casa. de haber mostrado suficiente curiosidad.Alyre.Alyre. El parque y el castillo parecían presididos por la melancolía. Fue ahora el posadero quien clavó su mirada en mí. un pariente suyo murió muy lejos de aquí. Había una gran chime-nea con el manto esculpido con escudos.monsieur. tal y como había deseado el finado. El conde pasó unos días muy afligido. -parafraseé mirándolo-. -¡Oh! ¡El conde! ¿Está seguro? -pregunté con redoblado interés. -Es viejo.measeguró. y él lo enterró en el cementerio dePèreLachaise. los que albergan en Canterburya los peregrinos. por ejemplo.contestó-. Sólo quería decir que resulta difícil saber qué uso haría él de sus riquezas. -Sin embargo. qué pena que su propietario no sea ya tan rico. como los que he mencionado anteriormente. salvo una torreta redonda. tal vez. Era una habitación bastante grande. Hace unos siete meses. a quienhabían reservando una habitación..monsieur. .monsieur. en los que. Me acerqué a la venta-na de jambas de piedra. -Ni lo uno ni lo otro. El posadero me condujo a mi aposento. No es mucho. -El conde deSt. Entréy me anuncié comomonsieurBeckett. O digamos. que se elevaba en el flanco izquierdo de la casa y terminaba en un tejado con forma de apagavelas. podría haber descubierto una correspondencia exacta con la heráldica de los muros exteriores. -¡Qué pena que esté tan descuidado! -señalé-. pero él no puede esperar mucho tiempo -contestó con una sonrisa sarcástica. Pregunté al posadero cuál era el nombre del castillo.. aunque. Daban muestras de incuria. ¿verdad? -Tal vez.suele pasar bastante tiempo fuera. creo. Lo que me hace suponer que no es un hombre muy popular.y cuadraba más con mi concepto de los hostales ingleses antiguos. Enviaron el cadáver a esa mansión del conde. no debería de ser tan pobre. bastante anticuados. como. Fui recibido con toda la consideración debida a unmilordinglés provisto de una bolsa repleta de dinero. melancólico y hasta deprimente en todo aquello. que daba a un pequeño parque de árboles fron-dosos situado detrás de un castillo coronado por un grupo de torretas o chapiteles. Había algo interesante. que con una hospedería francesa.¿Yquién es él? -inquirí.Luego estuve contemplando durante unos minutos la magnífica y antigua enseña. .proseguí.monsieur. Era grande y sólida. -Ese castillo.

que no se atreve a. amigo mío. Luego supe que había servido a las órdenes dé Napoleón en las primeras cam-pañas de Italia. es mejor que cada cual se ocupe de lo suyo.. diamantes. Si con el tiempo llegaba a persuadirme de lo contrario..no le falta valor: se ha casado con una mujer joven y guapa. Era inútil insistir. Espera sacarle los dia-mantes por medio de esta tortura. supongo -dijo de manera evasiva-. en su carruaje.mon-sieur. si olvidamos. ¡Elviejo roñoso!. tras platicar consigo mismo de esta manera. -Nada más normal.-¿Viejo? Nosotros lo llamamos «el judío errante». Posiblemente élw ya estaba pensando en sacar algún beneficio.. Es cierto. resolución y amor. podría intentar el efecto de unos cuantos napoleones. pero imagino que podrá decirme algo más de ella.él podría perjudicarme de dos o tres maneras. y sumamente atractivas. ¿Está el conde en casa? -Tiene muchas casas. Pero. y de aire inteligente.. en Versalles -dije. ¿nos volvemos acaso . belleza y. -Lo he visto hoy.monsieur. Sin embargo..monsieur. Más interesado que nunca.y loscriadoslos contrata para cada ocasión. -Ya veo. enmarcado por un lúgu-bre decorado de follaje. Así pues. -El coche lo aparca aquí. ¿Tiene cuali-dades? -Tres. de piel bronceada.. El dueño del Dragón Volador era un hombre mayor. Y ve. donde se erguía el castillo. Tal vez no tenía nada que relatar. decidido y claramente militar. -Sí. que nunca tiene cuatro ochavos en el bolsillo. posó los ojos una vez más en el castillo de aquel brujo y dejó escapar un suave suspiro.. puedo decir que. ¡Qué tonto era entonces! Sin embargo. -¿Y quién es ella? -pregunté con subido interés. -Es la condesa deSt. miré por la ventana más allá de las ondulaciones del terreno. Me eché a reír.Alyre. -¡Ah! ¿Y cuáles son? -Juventud. Ni uno solo duerme en el castillo. exclamé para mis adentros. lo mismo que yo a él.. -A tener problemas con el conde -completó la frase-. Semejante vida debe de ser terrible paramadamela condesa -apostilló. -Una pregunta que creo puede usted contestar sin correr ningún riesgo de enemistad -dije-. delgado. claro. al menos por el momento. Aquel viejo astuto se negaba a satisfacer mi curiosidad. cuando nos encontramos con un ángel. ya me entiende. un suspiro de nostalgia. y que exista una relación pacífica.monsieur. pero creo. está viviendo actualmente en el castillo dé la Carque.. ¡Qué vida! ¡Qué par de enemigos con los que tiene que enfrentarse: los celos y el chantaje! El caballero. -Luego su coche y caballos y criados están en el castillo.por lo menos.

. de uno noventa de estatura. y al caballero de la izquier-da con la copa de aguardiente. como le he dicho. -No. señor. se había deslizado por mi cuerpo un extraño presentimiento y tenía pocas ganas de bromear. Personas que jamás han vuelto. mientras describía. pero del noble ruso nunca más se vol-vió a oír.Clair?Oigamos la historia o milagro o lo que quiera que sea. Pero estaba empezando a sentir la melancolía del paisaje y de la estancia en la que. Sin saber cómo. ¡Ojalá! No. par mafoi. -Principalmente. ante siete caballeros de probada veracidad los últimos momentos de Pedro el Grande.Resulta que un antiguo escudero del finado rey guillotinado durante la Revolución -simonsieurtiene la bondad de hacer memoria-. El cura la rompió mientras conversaba conmademoiselleFidone. asombrado.monsieur. . con la taza de café en la mano.. casi vacía.. sosteniendo una copa de aguardiente en la mano izquierda y su taza de café..entre telarañas y. el ama de llaves. ante los ojos de media docena de testigos fidedignos. Mi ánimo había decaído. al caballero de su derecha lo encontraron.monsieur.loscriados de las personas que tuvieron la suerte de conseguir alojamiento en Versalles.más sensatos al envejecer? A mí me pare-ce que son nuestras ilusiones las que van cambiando con el tiempo. ¿ya has encontrado dónde dormir? -En el desván.entre gatos y lechuzas.mon-sieur. que se desvanecieron en presencia de media docena de testigos. -Entonces tiene que ser verdad -comenté en tono jocoso. _Hombre. el cual. en la derecha. Se encontraron sus botas en el lugar exacto que había pisado antes de desaparecer. -¿Qué te parece el Dragón Volador? -¿El Dragón Volador? El viejo y llameante dragón. El otro era un noble ruso. nosotros estamos siempre igual de locos.El dia-blo en persona. Todo esto lo oí contar. -Seguro que éste se la bebió en medio de su turbación -sugerí. al cabo de dicho tiempo. qué. vivió en este hotel durante un mes y. se conservó durante tres años entre las curiosidades de esta casa.monsieur.Clair -exclaméal ver a mi criado entrar y ponerse a ordenar mis cosas-.St. desapareció de manera similar. se esfumó. si es cierto lo que cuentan. Parbleu! Cuando salgamos del Dragón Volador espero que sea por la puerta.que en esta casa han tenido lugar milagros diabólicos.monsieur.al postillón que nos trajo hasta aquí. me encontraba. al que le había permitido el emperador volver a Fran-cia. Pero nos llevamos muy bien.monsieur. en el cuarto de ésta. -¿Qué quieres decir.St. -Es sólo esto. A fe de un cristiano. -¿Qué quieres decir? ¿Ha habido aparecidos? -Nada de eso. Vive la bagatelle! -No sabía que estuviera tan llena la posada. de pie en medio de la habitación de abajo.

mis ojos repararon en una silla de manos dorada. Ésa es la mejor atracción de todas las salas. Hace aproximadamente una hora me tropecé con ellos más allá y formulé algunas preguntas al oráculo. realzado por signos cabalísticos color rojo oscuro y negro. y sus cejas negras y enormemente pobladas. impasible y solemne. Había algo tan singular. produciendo un efecto casi deslumbrador. una canción burlesca o un monólogo divertido. Tiene que hablar con el mago. Entre los salones y galerías abiertos al público destacaba la enorme perspectiva de la Grande GaleriedesGlaces. -Qué alegría haberlo encontrado -dijo el marqués-.avanzaba en paralelo a la silla. Me encantó constatar que los portadores colocaban su carga a unos metros del lugar donde yo estaba. extraño y solemne en aquel espectáculo que me sentí al punto intrigado. sin embargo. al menoscompa-rablea aquella magnificencia. pero. Llevaba bajo el brazo un libro de aspecto singular y en la mano una varita de madera barnizada de negro.El mago Imposible imaginar un espectáculo más brillante que aquel baile de disfraces. que reflejaban y repetían todos los espejos. transportado con barras doradas por cuatro chinos rica-mente ataviados. Pero éste aún no había dado señales de vida. una mano se posó suavemente sobre mi brazo. y por el alboroto de las improvisaciones y demás ingeniosidades propias de una mascarada bien organizada. El que abría la marcha agitaba la varilla a dere-cha e izquierda para abrir paso al palanquín. mirando a mi alrededor por si pasaba por allí mi amigo en domino negro. Me había detenido y mirado a mi alrededor. en cuanto a las figuras y posturas. Una túnica extrañamente bordada caía de sus hombros recubiertos con símbolos jeroglíficos. Y un hombre menudo y ceremonioso. al mismo tiempo. joyas centelleantes. y precisamente en este momento. Cada rincón estaba animado por música. La gran suite de salones estaba abarrotada de personas disfrazadas de la manera más increíble. resultaba per-fectamente acompasada. La túnica iba ceñi-da por un cinturón ancho y dorado. voces. Me volví y vi a mi lado a un dominó negro con una cruz blanca. deteniéndome de vez en cuando a escuchar un diálo-go ingenioso. le asomaban por debajo de la túnica. Mientras tenía lugar esta danza. cuyas cortinas estaban corridas. Fui avanzando indolentemente con mi disfraz de dominó.CAPÍTULO XII . de luenga barbanegra y con un gran fez al estilo de los que llevan losderviches. No había una sola sala vacía. Danza que se vio pronto acompañada de más palmas y de gritos monótonosy rítmicos. que hacía alarde de la fantástica exuberancia de la decora-ción «celeste». El rostro del personaje era oscuro. . unas medias rojas y unos zapatos bordados de oro. el bordado era negro y oro sobre un fondo abigarrado de colores brillantes. puntiagudos y curvados hacia arriba al estilo oriental. caminaba con la barbilla hundida en el pecho y los ojos clavados en el suelo. En mi vida he visto una cosa tan asombrosa. Yo nunca había visto nada parecido. especialmente a cada puerta que franqueaba. Mientras vagabundeaba así en medio de aquel espectáculo fastuoso. colores vivos. o más bien un palan-quín chino. tal y como había convenido con el marqués. Delante y detrás marchaban otros dos con una varita en la mano.iluminada para la ocasión con no menos de cuatro mil candelas. con la pequeña cruz blanca en el pecho. Aquéllosy los de las varillas batieron las palmas repetidas veces y bai-laron en silencio alrededor del palanquín una danza curiosa y medio sal-vaje que.

El conde depositó una moneda en su mano. ¡Nunca me habría esperado semejantes respuestas! Estoy sorprendidísimo. al igual que yo.Alyre-. petición a la que accedimos religiosamente. Se lo presentaré. que no conoce absolu-tamente nadie en este mundo más que yo y dos o tres de las personas más discretas de Francia. -Oro -contestó el acólito. Alyre y la condesa (y señaló con la cabeza en dirección de una figura enjuta. avanzaba tieso a nuestro lado en dirección del palanquín. era el conde). He visto cómo lo consultaban también otras personas. contestó: . -Venga conmigo -dijo-. Luego. Se divertirá mucho. Uno de estos hombres -el que con su varita dorada había encabeza-do la procesión-. -Tiene que hablar con el mago como sea -dijo el marqués al conde deSt. donde se hallaba elmago de la barba negra. le oímos decir: -¡Qué farsa tan ingeniosa! ¿Quién será el que está dentro delpalanquín? ¡Parece conocer a todo el mundo! El conde. -¿De veras? Entonces haremos lo posible por probar también -contestó.el conde me colmóde cumplidos y cortesías. tras retirar la cabeza y volver a cerrar la cortinilla. Nunca olvidaré la impresión que me ha pro-ducido. La primera pregunta que hizo el conde fue la siguiente: -¿Soy soltero o casado? El mago descorrió la cortina rápidamente y aplicó el oído hacia un chino ricamente ataviado que estaba sentado en la litera. charlando con su vieja amiga la duquesa de Argensaque. extendió hacia él la mano: -¿Quiere dinero? -le preguntó el conde. también disfra-zada de dominó. Los tres nos dirigimos hacia el palanquín. no me ha quedado ninguna duda de que conoce todos los detalles sobre la misión que tengo encomendada. Al marqués y a mí se nos pidió que hiciéramos lo propio al penetrar en el círculo. El marqués me lo presentó. dos salones más allá. y más asustadas aún si cabe que yo. que evi-dentemente han quedado igualmente sorprendidas. para mi gran contento: -La condesa anda por aquí. Como pueden suponer. se lo aseguro. He venido con el conde deSt. Los criados chinos mantenían un círculo des-pejado a su alrededor y los espectadores se arremolinaban sin sobrepasar el círculo. con su disfraz de dominó. sin dejar de hacer una hábil mención mi afortunada intervención en laBelle Étoile. y dijo al final. iré a buscarla dentro de unos minutos para que pueda también conocerle y agradecerle la ayudaque nos prestó con tanto valor en aquella ocasión tan desagradable que nos toco vivir.Aunque sus respuestas hayan sido un poco veladas. A nuestro lado pasó un joven vestido de español que acababa de hablar con el mago en compañía de un amigo. le seguí presuroso.

tal vez. -¿Es cierto -preguntó el conde. En una palabra. que estaba arrepentido de haberse metido en aquel berenjenal. sino un médium que se limitaba a transmitir las contestaciones de otra persona más importante que él. ¿Y puedo saber entre qué potencias y por qué motivo en concreto? -Entre el conde y la condesa deSt. y.) Nadie más que nosotros sabía que el interrogador era el conde deSt. Siguieron dos o tres preguntas. cuyas respuestas parecieron divertir sobremanera al marqués. era . De ser tal el caso. Observé que el marqués se había echado a reír. pálido.-Lo segundo. El hombre de la varita negra no era un profeta. cambiando de tema perentoriamen-te.Alyre. -¿Me ama mi mujer? -preguntó jocosamente. pues yo no sabía prácticamente nada de la vida y mila-gros del conde. con una mirada sarcástica a su alrededor-. Me pareció que le costaba trabajo encontrar su siguiente pregunta. dejando a un lado mi propia autoestima. pero cuyo verdadero significado se me hurtó por completo.Alyre. se vio rescatado por el marqués. Yo miré a la dirección indicada por el marqués y vi una figura chupa-da y desvaída acercarse hacia nosotros. -¡Ah! Yo diría que eso se puede aplicar más o menos a todo el mundo. por un documento que suscribieron el 25 de julio de 1811. -Todo lo que usted merece. -¡Ah! -exclamó el conde. Pero. Tenía el rostro ancho. No venía enmascarado. -En efecto -dijo el conde. -¿A quién amo más en este mundo? -A sí mismo.que ha habido una batalla en Nápoles? -No. cogiéndolo de un brazo. en Francia. El conde se quedó sin voz unos minutos (supuse que con las mejillas al rojo carmín debajo del disfraz. quien. le susurró: -Mire quién viene por su derecha. El marqués me dijo después que aquélla era la fecha en que habían firmado su contrato matrimonial. En las siguientes preguntas se observó el mismo ceremonial. lleno de cicatrices. ¿hay algo en el mundo que yo ame más que a mi mujer? -Sus diamantes.

mon sorcier. al estar siempre ocupada. no habría llegado a buen puerto de haberse visto obligado a abandonar prematuramente aquella fiesta. se lanzó a hablar con voz estentórea. y una viuda francesa. monsieur profeta. . . quiso saber: -¿A quién persigo en este momento? -A dos personas. -¡Bravo!.con el uniforme de cabo de la Guardia Imperial. y casi había llegado a las manos con un húsar prusiano. que no era otro que el de concertar una entrevista con una viuda acaudalada a la que creía haber causado una tierna impresión. donde mi bastón había dejado su marca. al que no le queda más que la mano con la que blande su espada. Sin duda se habría visto implicado en varios altercados sanguinarios si su prudencia no le hubiera recordado que el objeto de su asistencia a aquella fiesta.El oráculo me cuenta cosas maravillosas Durante unos momentos olvidé que mi disfraz de dominó resultaba impenetrable a la dura mirada del veterano militar y me preparé para un animado rifirrafe. que él contribuía a amenizar con su presencia. Ya habían estado dos veces a punto de echarle por cacarear con voz estentórea las hazañas de Napoleón el Grande. escoltado por un par de gen-darmes. ¡Bravísimo! Aquí estoy.a hacerle mis preguntas? Sin esperar la respuesta. Naturalmente. CAPÍTULO XIII . el brazo izquierdo ajustado de manera que parecía amputado y la parte inferior de la manga de la guerrera vacía y prendida con alfileres al pecho. Sus heridas lo eximen. que le escupirá en la cara si la encuentra. ¿y quiénes son? -Un inglés. Lucía auténticas tiras de esparadrapo en las sienes y las cejas. Tras una docena de preguntas y respuestas. a quien matará si lo encuentra.el feo rostro del coronelGaillarde. -¡Dinero! ¡Oro! ¡Bah! ¿Qué dinero puede haber atesorado un solda-do herido como vuestro humilde servidor. Por su parte. no deja ni un dedo disponible para recoger el botín que abandona el ene-migo en desbandada? -No le pidan oro -dijo el mago-. el conde retrocedió instintivamente mientras se acercaba el cabo bravucón con su uniforme azuly chaleco y polainas blancos. mi amigoGaillardeera igual de ruidoso y fantoche cuando interpretaba su personaje que cuando interpretaba el auténtico de coronel de dragones. sin más preámbulos. una marca que figuraría en lo sucesivo entre las más honorables cicatrices de guerra. ¿Empiezo ya. luego me hice cargo de la situación.¡Ja! ¿A dos? Vaya. la cual.

los ojos cerrados y la barbilla apoyada en la pechera de su pelliza borda-da. -Yo le cortaré la cresta a ese gallito -soltó con un juramento y una sonrisita. Lo que vi fue muy singular. que estaba fuera. su chaleco. pues aquel sabio parecía desvelar todos los secretos de forma inesperada. ¡Mil gracias! ¡Adiós! Y. estaban conversando de algún otro tema. No. -¡Bah! ¿Cómo podría ser eso? -El inglés protege a las damas. mientras que el inglés es incuestionablemente joven. deduje. Y usted también lleva razón. si lo ve. asombrado. -Una bella herejía -contestó el oráculo al instante. Y el marqués y él. y con un tono más suave preguntó-: ¿Dónde está ella? -Suficientemente cerca para ofenderse si usted falla. Entre tanto. Sus faccio-nes parecían amplias y pesadas. Un anglicano es una rara avisen París. amigo mío. Aquel rostro parecía rojo sangre. ¡Pero no importa! ¿Por qué los persigo? -La viuda ha infligido una herida en su corazón. La viuda. Se dirá a sí misma que se requiere cierto tiempo para llegar a ser coronel. -A fe mía que tendría razón. Quería probar al profeta. El terreno estaba ahora despejado para mí. Cada cual por separado son demasiado fuertes para usted. Le obedecí. mirando a su alrededor y estirando al máximo su cuello flaco. y era más que probable que algunos de los míos no le hicieran mucha gracia al conde. pero esa impresión era consecuencia. no vaya a ser que la persecución de usted acabe uniéndolos. al parecer ple-namente saciados en su curiosidad. y el inglés una heri-da en su cabeza. de la luz que entraba por las cortinas de seda rojas. ricamente ataviado al estilo chino.-El señor mago llama a las cosas por su nombre y sabe que su atuen-do lo protege. Permanecí unos segundos dubitativo. -¿Una herejía? ¿Puedo saber cómo se llama? -Amor. sus polainas y su gorro de piel de oso. todo aquello como casi de un solo vistazo. yo había estado esforzándome por ver a la persona apo-sentada en el palanquín. El oráculo iba. no dispuse de muchos segundos para hacer observaciones. Su rostro parecía impasible: la imagen viva de la apatía. Sólo una vez tuve la oportunidad de un vista-zo aceptablemente largo. -¿Cuál es mi religión? -pregunté. ándese con cuidado.monsieurprofeta. . Ya ha conseguido que esta idea le entre bien en la cabeza. y el marqués dijo: -Adelante. como he dicho. tenía la cabeza inclinada hacia abajo. se casará con él. se alejó desgarbadamente con sus cicatrices. Estaba unos metros más atrás. Su carácter y pose parecían una réplica exagerada de la inmovilidad del personaje que se comunicaba con el bullicioso mundo exterior. miré de reojo para ver si el conde estaba cerca. Vi. Mientras me acercaba al mago. Sentí gran alivio. Era un personaje mucho más importante que su intérprete. como llamábamos al hombre de la varita negra.

-Y ¿qué me impide alcanzarlo? -Un velo negro. de que aquellas palabras pudieran interesarme particularmente. yo. váyase! Me sobresalté al oírlas. huelga decirlo. -Sólo a una. ¿Es correspondido mi amor? -seguí preguntando. ¡Por el amor de Dios. sin saber apenas lo que decía. que. . del que ni siquiera el marqués sabía lo más mínimo. ni siquiera que tuviera la menor conciencia. Nada indicaba que se hubiera dado cuenta. en serio -pregunté. Adiós. Puede ser que no vuelva a verle. y me había acercado al hom-bre moreno de la barba para que así no tuviera que elevar la voz. el interro-gador. -Inténtelo. y apliqué el oído. reconocí al instante. Como saben. ¿he aprendido alguna vez de memo-ria palabras de devoción? -Sí. ¡Cada vez mayor suspense! Las respuestas me parecían indicar un conocimiento minucioso de cada detalle de mi pequeño romance. y que pueda olvidarlo. Me acerqué. con la intención de dar a nuestro colo-quio un giro menos embarazoso-. -¿Puede repetirlas? -Acérquese. y que amo a muchas mujeres.-¡Ah! Entonces supongo que soy politeísta. iba disfrazado de tal manera que ni mi propio hermano me habría reconocido! -Ha dicho usted que yo amaba a alguien. Váyase. -El paraíso. ¡Además. -Pero. Yo estaba hablando más bajo que antes. ¡Santo cielo! ¡Qué cosa tan milagrosa! ¡Unas palabras con toda segu-ridad no escuchadas por ningún oído terrestre más que por el mío y el de la dama que las había pronunciado! Miré el rostro impasible del portavoz de la varita. eran las últimas palabras que me había susurrado la condesa. -¿Qué es lo que más anhelo? -pregunté. El hombre de la varita negra cerró las cortinas y susurró lenta y clara-mente estas palabras.

Otra alusión. en un corro exterior. -Demasiado. -Y luego. Lástima que ella no estu-viera aquí para consultar al profeta. finalmente. -La luz de unos ojos violeta. . Éste golpeó el suelo con la varita y exclamó con voz aguda: -El gran Confu permanecerá en silencio una hora. al menos por el momento.. como el oráculo acababa de decir. Inflamaba mi ardor. de lo que. tocó a su fin.. al cabo. me atrevo a afirmar que habría sido divertido ver cómo reaccionaba el conde. ¿Y si vamos en su busca? Le he pedido que le presente a la condesa. La rosa. El marqués de Harmonville se encontraba cerca de allí. cuyos gestos se tornaban bruscos. me habría reído bastan-te. es al menos una superstición. en medio de las palmas de la concurrencia y del asombro general. De nuevo en el corrillo de espectadores.. El portavoz de aquella asombrosa superchería -si es que lo era.me hizo con su varita una señal para que me retirara. los portadores bajaron una especie de persiana -de bambú. el torbellino era tal que los bailarines parecían volar a la velocidad de una rueda de molino y. y la aseguraron por debajo. Pero hasta entonces vivo en la luz. me dijo: -El conde acaba de irse a buscar a su mujer. Al acercarme. si no es una religión. ahora rodeado de un aura de misterio en mi imaginación. a juzgar por su actitud.. acompañé al marqués de Harmonville. -¿Mucho o poco? -insistí. El amor. los propios portadores. que cayó con un ruido seco. poco a poco. mientras el movimien-to se hacía cada vez más veloz. luego. mirando al suelo y reflexionando. casi me ofuscaba el cerebro y hasta influía en mi conducta. -En secreto -fue la respuesta. -¿Cuánto tiempo durará este amor? -Hasta que la rosa pierda sus pétalos. extraños. mientras el palanquín se erigía en el centro de los círculos descritos por estos solemnes danzarines. tratándose de otro. Al instante. cuyo ritmo. ¡la oscuridad! -suspiré-. se aceleraba. a mí me afectó poderosamente. Con el corazón latiéndome con fuerza. ¡Cómo exalta la imaginación! ¡Cómo debilita la razón! ¡Cuán crédulos nos torna! Todo aquello. los extraños actores se mezclaron con la multitud y el espectáculo. frenéticos.En esto se le unieron los hombres con las varitas doradas y. hasta que... lo vi levantar de repente la mano con gesto imperioso y hacer una señal al acólito que empuñaba la varita dorada.-¿Me ama alguien? -repetí. el hombre del enorme fez y barba y varita negras empezó una especie de danza dederviche. lo que yo hice con los ojos aún fijos en aquel grupo.

CAPÍTULO XIV -Mademoisellede la Vallière

El marqués y yo estuvimos vagando por los salones. No resultaba fácil encontrar a un amigo en unas estancias tan abarrotadas de gente. -Quédese aquí -dijo el marqués-. Se me ha ocurrido una manera de dar con él. Además, sus celos pueden haberle hecho pensar que no le interesa presentarle a su mujer. Es mejor que vaya yo primero a razonar con él, dado que parece usted desear bastante esa presentación. Esto ocurrió en la estancia que actualmente se llama el «Salón de Apolo». Los cuadros que lo adornan siguen grabados en mi recuerdo, pues mi aventura de aquella velada estaba destinada a transcurrir en aquel marco. Me senté en un sofá y miré alrededor. A mi lado, tres o cuatro perso-nas estaban sentadas en aquella espaciosa habitación de muebles dora-dos. Estaban charlando animadamente; todas salvo la persona sentada más cerca de mí, que era una dama. Apenas dos pies se interponían entre nosotros. La dama estaba a todas luces ensimismada. Era la perla de la sala. Llevaba el traje inmortalizado por Collignan en su retrato de cuerpo entero demademoisellede La Vallière. Es un traje, como bien saben, no sólo rico, sino también elegante. Llevaba el pelo empolvado, pero se podía adivinar que era castaño oscuro. Asomaba un precioso piececito, y ¿podía haber algo más exquisito que su mano? Era sumamente provocador que esta dama llevara un disfraz y no se lo quitara de vez en cuando, como hacían muchos. Yo estaba convencido de que era bonita. Aprovechando el privilegio de la mascarada, un microcosmos en el que es imposible, salvo mediante la voz y la alusión, distinguir a un amigo de un enemigo, dije: -Mademoiselle,no es fácil engañarme a mí -empecé. -Tanto mejor, monsieur- contestó el disfraz sin inmutarse. -Quiero decir -proseguí, decidido a terminar mi galantería- que la belleza es un don más difícil de ocultar de lo que suponemademoiselle. -Sin embargo,monsieurlo ha conseguido sin ningún problema -dijo con el mismo tono dulce y despreocupado. -Veo que el traje de la bellamademoisellede La Vallière reviste unas formas que sobrepasan a las del retrato; alzo los ojos y contemplo un disfraz y, sin embargo, reconozco a la dama. La belleza es esa piedra pre-ciosa de Las mil yuna nochesque desprende, por oculta que esté, una luz que la delata. -Conozco la historia -dijo la joven dama-. La luz la delataba no al sol, sino en la oscuridad. ¿Hay tan poca luz en estas habitaciones,mon-sieur,para que una pobre luciérnaga desprenda tanto brillo? Creí que allí donde se moviera cierta condesa estaríamos en un ambiente luminoso...

¡Enigmático y turbador parlamento! ¿Qué podía yo contestar? Esta dama podría ser, como dicen que son algunas damas, una amiga de hacer daño o una íntima amiga de la condesa deSt.Alyre. Así pues,pre gunté con cautela: -¿Qué condesa? -Si usted me conoce, debe saber que es mi más querida amiga. ¿No es ella hermosa? -¡Cómo puedo saberlo! Hay tantas condesas... -Todo el que me conoce sabe quién es mi amiga más querida. Veo que no me conoce... -Es usted cruel. No puedo creer que me haya equivocado. -¿Con quién estaba usted paseando hace poco? -preguntó. -Con un caballero, un amigo-contesté. -Ya lo he visto; sí, con un amigo, por supuesto. Pero creo que lo conozco, y me gustaría estar segura. ¿No es por casualidad marqués? De nuevo una pregunta que volvía a ponerme en un aprieto. -Aquí hay demasiada gente. En un momento puede uno pasearse con una persona y en otro con otra distinta... -Que una persona sin escrúpulos no tenga dificultad en eludir una pregunta tan sencilla como la mía... Sepa, pues, de una vez por todas, que nada desagrada tanto a una persona inteligente como la desconfian-za. Usted,monsieur,es un caballero discreto, al que debo respetar en consecuencia. -Mademoiselleme despreciaría si yo violara una confidencia. -Pero usted no me engaña. Usted imita la diplomacia de su amigo. Yo detesto la diplomacia. Significa fraude y cobardía. ¿No cree que loconozco ? Me refiero al caballero con la cruz de cinta blanca en el pecho. Conozco perfectamente al marqués de Harmonville. Ya ve para qué le ha servido su ingeniosidad. -A esa conjetura no puedo contestar ni sí ni no. -No está obligado. Pero ¿cuál era su motivo para mortificar a una dama? -Eso es lo último que yo haría en este mundo. -Usted fingió conocerme, pero no me conoce. Por capricho, indolen-cia o curiosidad quiso conversar, no con una dama sino con un disfraz. Me ha admirado y parece confundirme con otra persona. Pero ¿quién es completamente perfecto? No se puede encontrar la verdad en esta tierra. -Mademoisellese ha formado una opinión errónea de mí. -Igual que usted de mí; ahora descubre que no soy tan tonta como suponía. Yo sé perfectamente a quién desea usted halagar con sus cumplidosy declamaciones melancólicas,y a quién anda buscando con ese propósito.

-Dígame a quién se refiere -le supliqué. -Con una condición. -¿Cuál? -Que usted confiese que he acertado si nombro a la dama. -Usted me atribuye propósitos poco claros -objeté-. No puedo admi-tir que haya querido hablar con una dama en el tono que usted describe. -Bueno, no insistiré en eso; prométame solamente que, si nombro a la dama, reconocerá usted que llevo razón. -¿Tengo que prometerlo absolutamente? -Por supuesto que no. No hay ninguna obligación. Pero su promesa es la única condición para que yo siga hablando con usted. Dudé unos instantes; pero luego pensé que no tenía la más remota posibilidad de acertar. La condesa no podía haber confesado a nadie nuestro brevísimo romance, y era difícil que la persona disfrazada de La Vallière supiera quién era la persona disfrazada de dominó. -De acuerdo -dije-. Lo prometo. -Debe prometerlo por el honor de un caballero. -De acuerdo. Lo prometo por el honor de un caballero. -Pues esa dama es la condesa deSt.Alyre. Yo estaba sorprendido, y desconcertado, pero recordé mi promesa y dije: -La condesa deSt.Alyre es, a no dudarlo, la dama a la que yo espera-ba ser presentado esta noche; pero le ruego que crea, por el honor de un caballero, que ella no tiene la menor sospecha de que yo estaba buscan-do dicho honor, y hasta es poco probable que se acuerde siquiera de mi existencia. Yo tuve el honor de prestarles al conde y a ella un pequeño servicio, demasiado insignificante, me temo, para haber merecido por su parte algo más que un ligero recuerdo. -El mundo no es tan desagradecido como usted supone. Y, aun cuando lo fuera, quedan aún algunos corazones que lo redimen. Yo puedo garantizarle que la condesa deSt.Alyre nunca olvida una acción amable. La condesa no muestra lo que siente; así que es una mujer des-graciada sin que se le note. -¿Desgraciada? Bueno, en realidad me temía que pudiera serlo. Pero, en cuanto a lo que usted tiene la bondad de suponer, es un sueño bas-tante halagador. -Le he dicho que soy la amiga de la condesa, y a ese título debo de conocer algo de su carácter. Entre nosotras se intercambian confidencias, y yo puedo saber más de lo que usted piensa acerca de esos servicios insignificantes cuyo recuerdo supone usted tan fugaz. Aquella conversación me estaba interesando cada vez más. Yo era igual de depravado que los demás

Debe volver a su hotel. junto a la esquina. -Pero usted es su amiga. No necesito preguntarle si tiene valor para una aventura. confiando en la más escrupulosa reserva de su parte. se había lanzado ante el sable de un dragón rabioso y había salido victorioso. que crecen tan cerca unas de otras que forman un pequeño bosquecillo. ¿Qué habitación del Dragón Volador ocupa usted? Estaba sorprendido de la audacia y decisión de aquella muchacha. que tenía delante de mi Habría dado cualquier cosa por oírle repetir solemnemente que ella se acordaba del campeón que. si mira al parque. y le explicará en unas palabras muchas cosas que yo no estoy en condiciones de hacer aquí. -Eso puede facilitar las cosas. salir del Dragón Volador y saltar la tapia del parque sin que lo vea nadie. ¿no? -sugerí. mi venta-na es la del extremo derecho. Hay pocos hombres a los que se puede conceder una entrevista como la que voy a proponerle. dos o tres pequeñas arboledas de castaños y tilos. -Muy bien. no me fue posible. una posada que limita con el parque del castillo de la Carque. se siente sola.jóvenes de mi edad. Se verá con ella a las dos de la madrugada en el parque del castillo de la Carque. ¿No estaría burlándose de mí? -Eso se lo puedo decir con total precisión -dije-. Su marido es viejo. está en el segundo piso. ¿No le basta con esto? Y. cam-biarse de ropa y. -¿Cómo? Obtuve otra pregunta por respuesta: -¿Ha reservado habitación en alguno de los hoteles de Versalles? -No. y con un bastón por única arma. Me sobrevino la . Una dama puede con-fiar en usted sin miedo. por su amor. allí encontrará a la condesa. -¿Ha dicho que la condesa es desgraciada? -pregunté-. Estoy alojado en el Dragón Volador. La imagen de la bella condesa había vuelto a superpo-nerse a la bonita contrapartida de La Vallière. Sólo tiene una persona a la que abrir su corazón. Usted habrá observado. -¿Hay espacio para otra amistad? -Inténtelo. y el carácter abyecto de mi propósito me importaba un ardite ahora que se habían despertado el amor propio y todas las pasiones que se mezclan en este tipo de romances. que le concederá una audiencia de unos minu-tos. celoso y tirano. Es imposible describir lo que sentí al escuchar aquellas palabras. reconocerá fácilmente el bosquecillo que le he mencionado. guardando un sigilo escrupuloso en cuanto a su desti-no. donde se encuentran mis aposentos. cuando descansa de su presencia. -¿Cómo puedo intentarlo? -Ella le ayudará. ni si es un hombre de honor. Según miro desde la parte trasera de la casa. -¿Y usted cree que le basta con una amiga? -replicó-. Estaba aturdido. contando desde la planta del vestíbulo. ¿Cuál es el motivo de su infelicidad? -Muchas cosas.

y. No. Sonreí bajo mi disfraz cuando éste me aseguró que la duquesa de la Roquème había cambiado de salón . a las dos en punto dela madrugada? -Con toda seguridad-contesté. como estoy en el secreto. Ya verá cómo no le presenta nunca a su esposa. Si esta dicha sólo le fuera a llegar a través de sus buenos oficios. Por mi buena estre-lla. -Y. No podía creer aquellas pala-bras tan trascendentales. como pretendo estarlo..Alyre me va a conce-der semejante honor? -Monsieurcree que no estoy. y eso redoblaría sus celos y su vigilancia. si me atreviera a convencerme a mí mismo de que semejante dicha y semejante honor están realmente destinados para mí. no hay ningún peligro que no esté dispuesto a arrostrar con entusiasmo. No viene acom-pañado de ninguna dama. Pero ¿cómo voy yo a creer quemademoiselleno habla movida más por su propia simpatía o bondad que por la certeza de que la condesa deSt. Su valor está ya sobradamente probado. -Creo que se acerca acompañado de mi amigo. -¿Y monsieur estan ingenuo como para creerlo? -¿Por qué no iba a creerlo? -Porque es muy celoso y astuto. -Mademoiselledebe comprender que. ¿o he de decir más bien por nuestrabelleétoile?¿No he dicho ya bastante? -¿Bastante? -repetí-. dando un pequeño rodeo.. Di las gracias ami desconocida y disfrazada amigay. y la de ella. me aproximé al conde. o que lo estoy engañando cruelmente. es obvio que soy su amiga. es mejor que no me vea a su lado. en el secreto que hasta ahora él supuso que no era compartido por nadie más que por la condesa y él mismo. -En mis actuales circunstancias. Más que bastante. mi gratitud duraría toda la vida. Que soy la confidente de la condesa lo juro por todo lo que tiene de entra-ñable un adiós susurrado. Mil gracias. ya podría esperar sentado.a reunirse con su amigo? -Le prometí esperarlo aquí hasta que volviera. Vendrá y dirá que no la ha encontrado y le prometerá presen-társela en otra ocasión. -¿Estará pues en el lugar que le he dicho.duda.monsieurno se abstendrá de hacerlo por miedo. Lo juro por la última compañera de esta flor -cogió durante unos instantes entre sus dedos un delicado capullo de rosa blanca que se hallaba disimulado en su ramo-. Sospecharía que hemos estado hablando de su mujer. Entre tanto. -Y. El conde deSt. si soy su amiga.monsieur. ¿considera lógico utilizar su querido nombre de esta manera? ¿Y todo para hacerle una vulgar jugarreta a usted.Alyre dijo que pensaba presentarme a la condesa. no necesita asegurármelo. No. -¿No convendría que fuera usted ya. un extranjero? Mademoiselle sabráperdonarme si considera lo mucho que valoro la posibilidad dever y hablar con la condesa. ¿Le extraña entonces que me muestre algo incrédulo? Pero me ha convencido y espero sepa perdonar mi titubeo. -Ya se lo dije. estoy convencida.

tener la oportunidad de presentarnos. Era uno de los héroes deWaterloo. Arqueaba las cejas. y lo único negativo que yo conocía de él era su costumbre de calmar la sed con champán siempre que acudía a bailes. Al presentarme a su amigo. que desapareció también de manera misteriosa. en un futuro muy próximo.al que el emp. a una media legua de aquí.y se había llevado con ella a la con-desa.. fiestas. me perdí rápidamente entre la multitud y avancé lo más deprisa que pude hacia la «Galería de los Espejos». me quité el disfraz. especialmente para personas disfrazadas. Temía que pudiera proponerme que lo acompañara a su casa. en la dirección opuesta a la que habían tomado el conde y mi amigo el marqués. pero que esperaba. hace cuatro años. Se había quitado el disfraz y tenía el rostro acalorado como yo. EraTomWhistlewick.MonsieurCarmaignac era bajito. Así pues. Desa-pareció. observé que las palabras no le fluían con nitidez.Extraña historia del Dragón Volador En aquella época.mon-sieurCarmaignac. esa casa fue escenario de dos casos muy extraños. Tras intercambiar cuatro palabras corteses. delgado y más tieso que un palo. como supe enseguida. admiraban. se acomodó en un banco junto a nosotros y pronto pareció tener dificultades para mantener los ojos abiertos. Era calvo. Acto seguido empecé a respirar más a gusto. era imposible conseguir que la temperatu-ra no resultara sofocante.con la gloria recién estrenada.. Eran algo más de las doce. -Le he oído decir -dijo el caballero francés.que se aloja en el Dragón Volador.fue el de un rico aristócrata ruso. . a pesar de que algunos salones eran realmente muy amplios. inhalaba rapé y llevaba gafas. vela-das musicales y otro tipo de reuniones. que caminaba al lado del conde. salvo Francia. CAPITULO XV . y poco después oí una voz amiga que me llamaba por mi nombre en inglés. El segundo -igualmente extrañó. a quienes todos los países del mundo. observé con agrado que prefería el silencio y se conformaba con el papel de oyente mientras charlábamosmonsieurCarmaignacy yo. En algunos lugares la turba resultaba incómoda. como vi hacer a otras personas a las que el misterio les importaba tan poco como a mí. Evité al marqués de Harmonville. desempeñaba un cargo oficial. Cuando trabajaba en un departamento de policía distinto. y no tenía ganas de verme obligado a darle una explicación. y la profusión de luces contribuía a aumentar el calor. Napoleón había permitido regresar a Francia. retorcía los labios de forma extraña y se abanicaba con su disfraz. Consulté mi reloj. astuto y difícil de entender en aquellas curiosas condiciones. con extraordinaria cautela e indecisión. El primero fue el de un acaudaladoémi-gré. Era una noche apacible y bochornosa. las fiestas francesas tenían lugar más temprano que nuestros modernos bailes londinenses. Así pues. Tomera un tipo jocoso. del de Dragones.

-Mi criado -dije- me ha hecho un relató confuso de algunos aconte-cimientos y, si no recuerdo mal, con las mismas personas como protago-nistas; es decir, un emigrado francés y un noble ruso. Pero como ha pre-sentado las cosas como si se tratara de fenómenos paranormales ó sobrenaturales no he creído ni una palabra de cuanto me ha dicho. -No, no se trata de casos sobrenaturales, sino simplemente inexpli-cables -puntualizó el caballero francés-. Por supuesto, se han planteado hipótesis, pero el misterio nunca se ha dilucidado ni, que yo sepa, se han aportado pruebas convincentes. -Por favor, cuénteme la historia -le rogué-. Creó que tengo derecho, ya que afecta al lugar en el que me hospedo. ¿No sospecha usted del per-sonal de la casa? -¡Oh! Ha cambiado de dueño desde entonces. Pero hay una habita-ción en particular sobre la que parece cernerse la fatalidad. -¿Podría describirme esa habitación? -Ciertamente. Es una alcoba espaciosa del segundo pisó con arteso-nado de madera situada en la parte posterior de la casa, y en el extremo derecho según se mira desde las ventanas. -¡No me diga! ¡Caramba, pero si ésa es mi habitación!-exclamécon redoblado interés, y una pizca de aprensión-. Los huéspedes en cues-tión, ¿murieron ó desaparecieron por arte de magia? -No, no murieron. Desaparecieron como por ensalmo. Le contaré lo que pasó con pelos y señales, pues en el primer casó fui yo quien acu-dió a la casa oficialmente a hacer la investigación; y, aunque no llevé personalmente el segundo, me dejaron ver el expediente y fui yo quien redactó la carta oficial a los familiares de los desaparecidos, que habían solicitado al gobierno la investigación del casó. Recibimos cartas de los parientes más de dos años después, por las que supimos que los desapa-recidos no habían vuelto a dar señales de vida. Aspiró un poco de rapé y me miró fijamente. -¡Ninguna señal de vida! Le referiré lo que ocurrió, según nuestras pesquisas. El noble francés, que era el caballero deChâteauBlassemare, a diferencia de la mayor parte de los emigrados, había tomado pre-cauciones a tiempo; así, había vendido buena parte de sus bienes antes de que la revolución avanzara tanto que hiciera inútil dicha operación y se exilió llevándose consigo una suma de dinero considerable. Regre-só con casi medió millón de francos, que invirtió mayoritariamente en fondos estatales franceses, dejando en Austria una suma mucho mayor en forma de tierras y títulos mercantiles. Habrá observado que este caballero era rico y que no había prueba alguna de que hubiera perdi-do dinero ni de que estuviera pasando por ningún apuró financiero. ¿Me sigue? Asentí con la cabeza. -Este caballero gastaba por debajo de lo que su situación económica le habría permitido. Poseía unos aposentos confortables en París y durante cierto tiempo se dedicó a frecuentar los teatros y otros lugares de razonable esparcimiento. No jugaba. Era un hombre de mediana edad, que quería pasar por más joven de lo que en realidad era, con lo que ello supone de pequeñas vanidades; pero, por lo demás, era una per-sona afable y educada que no molestaba nadie. Como ve, una persona poco susceptible de provocar hostilidades. -Desde luego -convine. -A principios del verano de 1811 obtuvo un permiso para copiar un cuadró en uno de esos salones de

pintura y vino aquí a Versalles con esta finalidad. Su obra avanzaba lentamente. Después de cierto tiempo abandonó el hotel de Versalles y se fue a vivir, para cambiar un poco, al Dragón Volador. Allí tomó, por decisión personal, la habitación que casualmente le han dado a usted. Desde entonces parece ser que pintó muy poco, y fueron raras las veces que fue a su casa de París. Una noche le dijo al posadero del Dragón Volador que iba a París a pasar un par de días por asuntos persónales; que su criado le acompañaría, pero que se quedaba su habitación del Dragón Volador y regresaría unos días des-pués. Dejó allí parte de su ropa, pero se llevó a París un baúl, su neceser y el restó del equipaje, con su criado en la parte trasera del carruaje. ¿Me sigue,monsieur? -Con suma atención-contesté. -Pues bien,monsieur,llegadocerca de su casa de París, detuvo repen-tinamente el carruaje y le dijo al criado que había cambiado de planes; que dormiría en otro lugar aquella noche; que tenía un asunto muy im-portante que resolver en el norte de Francia, no lejos de Ruán; que se pondría en marcha antes del amanecer y que volvería un par de semanas más tarde. Llamó un simón, empuñó una saca de cuero que, según contósu criado, era suficientemente grande para contener unas camisas y un abrigo; pero que era también enormemente pesada, como él mismo pudo comprobar, pues tuvo que sostenerla mientras su amo sacaba de la bolsa treinta y seis napoleones, de los que el criado debía rendir cuentas a su regreso. Luego le mandó que se marchara en el carruaje mientras él, empuñando la mencionada saca, subía al simón. Hasta este punto, como ve, el relato es bastante claro. -Perfectamente -convine. -Pero ahora viene el misterio -dijomonsieurCarmaignac-. Después de esto, que nosotros sepamos nadie volvió a ver al conde deChâteauBlassemare, ni conocidos ni amigos. Luego averiguamos que, la víspera, el agente de cambio del conde había vendido, por orden de éste, todos sus bonos franceses y le había dado su equivalente en dinero. La razón esgrimida para esta operación concordaba con la que había dado a su criado. Dijo que marchaba al norte de Francia para pagar algunas deu-das y que no sabía exactamente cuánto dinero iba a necesitar. La saca, cuyo excesivo peso había extrañado al criado, contenía, a no dudarlo, una suma de oro considerable. ¿Quieremonsieurprobarmi rapé? Me alargó su tabaquera abierta, de la que tomé un poco a modo de experimento. -Cuando se inició la investigación -prosiguió-, se ofreció una recompensa por cualquier información que pudiera arrojar alguna luz sobre el misterio, sobre todo por la que pudiera facilitarnos el conductor del simón, como, por ejemplo: «me contrató la noche del día tal, hacia las diez y media, un caballero con una saca de cuero negro, que se había apeado de un carruaje privado y dio dinero a su criado tras contar-lo dos veces.» Se presentaron unos ciento cincuenta cocheros, ninguno de los cuales resultó ser el hombre que buscábamos. Sin embargo, obtu-vimos una curiosa e inesperada prueba para otro caso completamente distinto. ¡Qué barbaridad! ¡Qué ruido hace ese arlequín con su espada! -¡Intolerable!-convine. El arlequín desapareció, ymonsieurCarmaignac reanudó su relato: -La información a que me refería nos la suministró un muchacho de unos doce años que conocía al conde perfectamente, ya que le había ser-vido varias veces como mensajero. Afirmó que hacia las doce y media de aquella misma noche -en la que, tome usted nota, brillaba una hermosa luna llena- fue enviado, al haberse puesto de repente su madre con dolores, a buscar a la comadrona, que vivía a tiro de piedra del Dragón Volador. La casa de su padre, punto de partida, se hallaba a unos dos kilómetros de distancia de la posada, para alcanzar la cual tenía que rodear el parque del castillo de la Carque. El

camino pasa por delante del viejo cementerio deSt.Aubin,separado de éste sólo por una valla muy baja y dos o tres árboles viejos y enormes. El muchacho se puso un poco nervioso al acercarse a este antiguo cementerio y, a la luz brillante de la luna, vio a un hombre al que reconoció claramente como al conde, a quien conocían con el mote de «El sonrisas». Tenía un aspecto muy triste y estaba sentado encima de una lápida, sobre la que había también una pistola, mientras él cargaba otra. »El muchacho pasó por allí de puntillas, sin hacer ruido, sin apartar la vista en ningún momento del conde deChâteauBlassemare, o del hombre al que había confundido con él. No iba vestido como de cos-tumbre, pero el testigo juró que no le cabía la menor duda en lo que a su identidad se refería. Dijo que tenía una expresión grave y adusta, pero que, aunque no sonreía, era la misma cara que él conocía de sobra. De esto estaba completamente seguro. Si era él, fue la última vez que alguien lo vio. Desde entonces no se ha vuelto a oír hablar de él. Nada se ha descubierto de él en Ruán y alrededores. No hay pruebas de su muer-te, pero tampoco hay el menor indicio de que siga con vida. -Es un caso realmente singular -convine; iba a hacer otro par de pre-guntas cuandoTomWhistlewick, que sin que yo me diera cuenta se había levantado a dar un paseo, volvió mucho más despierto y mucho menos achispado. -Vamos, Carmaignac, se está haciendo tarde y debo irme, de veras, por el motivo que le he dicho antes. Beckett, tenemos que vernos pronto. -Siento mucho,monsieur,no poder relatarle ahora el otro caso, el del otro inquilino de la misma habitación, un caso más misterioso y sinies-tro que el último, ocurrido en el otoño del mismo año. -¿Por qué no me hacen el honor de venir a comer conmigo mañana al Dragón Volador? Mientras avanzábamos por la «Galería de los Espejos», conseguí arrancarles su promesa. -¡Por Baco! -exclamóWhistlepoco después-. Fíjense en esapagoda,o silla de manos o lo que quiera que sea: sigue aún donde la dejaron esos individuos, sin que haya nadie cerca de ella... No me explico cómo hacen para adivinarlo todo tan diabólicamente bien.JackNuffles, aquien he conocido esta noche, dice que son gitanos. ¿Dónde están, por cierto? Voy a echar un vistazo al profeta. Lo vi tirar de las persianillas, que estaban construidas a imitación de las celosías venecianas: cubrían las cortinas rojas del interior, pero no parecían ceder, y Whistlewick sólo pudo mirar por debajo de una que no estaba totalmente bajada. Al volver, nos contó lo siguiente: -Apenas he visto al viejo. Estaba demasiado oscuro. Está cubierto de oro y rojo, y tiene un sombrero de mandarín bordado; duerme como un lirón, ¡y por Júpiter que huele peor que una mofeta! Aunque sólo sea por oler vale la pena acercarse... ¡Buah! ¡Puf!¡Arg! ¡Vaya perfume! ¡Beerg! Decliné aquella invitación tan seductora, y nos dirigimos lentamen-te hacia la puerta. Me despedí de ellos, recordándoles su promesa. Así, pude subirme por fin a mi carruaje y dirigirme sin más dilación hacia el Dragón Volador por el más apartado de los caminos, bajo la sombra de árboles antiguos e iluminado por la suave luz de la luna. ¡Cuántas cosas habían ocurrido en las dos últimas horas! ¡Qué varie-dad de cuadros extraños y animados se habían agolpado en taxi breve espacio! ¡Qué aventura tan estupenda me esperaba!

Me calé el sombrero y. Pero el tiempo volaba y la hora se aproximaba. yo sabía que disponía de tiempo suficiente para mi excursión misteriosa sin despertar la curiosidad de nadie por verme salir con las puertas ya cerradas. iluminados por la luz que se filtraba de la puerta del vestíbulo. y la culpabilidad que entrañaba. que. a medio camino entre mi ventana y el castillo. luces. y entré en la espaciosa alcoba. me llenaron momentáneamente de remordimiento y horror. CAPÍTULO XVI . el solemne mobiliario y las oscu-ras cortinas del alto lecho hacían que la noche pareciera más sombría. no podrían volver a sus rincones del Dragón Volador hasta haber cumplido con sus obligaciones. pero la amargura ya estaba deslizándose en mi copa. Despedí a mi cochero. Acabábamos de detenernos bajo el dosel de follaje. subí presuroso las anchas escaleras con el dis-fraz en la mano. a la sazón llamados «escarpines». según me habían aconsejado. El artesonado negro. finalmente.El parque del castillo de la Carque No había peligro de que el Dragón Volador cerrara sus puertas en aquella ocasión antes de las tres o las cuatro de la madrugada. busqué a tientas un par de botas para ponerme en lugar de mis finos zapatos planos. Contemplé el paisaje que dormitaba bajo aquellos rayos argentinos. Era demasiado tarde para volverse atrás. un poco a la izquierda. música. Por lo tanto. Más allá se divisaba el contor-no del castillo de la Carque. Adivinarán con qué extraño interés y emoción contemplé aquel des-conocido escenario de la aventura que me aguardaba. con mi dominó revoloteando alrededor. Por la ventana. eran unas compañeras muy recomendables en la . cuyas copas estaban tenuemente iluminadas por la claridad de la luna. Localicé el lugar exacto de aquel lúgubre conjunto de árboles. Más cerca de mí. tomé un par de pistolas cargadas. y durante varios minutos unos vagos presentimientos apesadumbraron mi corazón. sus chimeneas y numerosos chapiteles recortados sobre el cielo grisáceo. Poco más habría bastado para revelar aquel mi poco viril estado anímico a mi vivaracho amigoAlfred Ogleo incluso al mordaz pero simpáticoTomWhistlewick. como sus señores no abandonarían el baile hasta el último momento. En aquel momento me habría gustado no entrar nunca en aquel laberinto que me conducía no se sabía a dónde. diamantes y colores acababa de hurtarme! La visión de la naturaleza solitaria a aquella hora de la noche actuó como un sedante repentino. aquella misma noche. entre la bella condesa y yo. y. entraba un rayo de luna que iluminaba el suelo con una luz oblicua. Muchos criados de personajes importantes se encontraban allí acuartelados. sin los que ningún caballero podía asistir a una velada. distinguí la masa tupida de árboles que la dama enmascarada me había indicado como lugar de encuentro. La locura de mi empresa.¡Cómo contrastaba el silencioso y solitario camino iluminado por la luna con el abigarrado torbellino de placeres a cuyo rugido. hacia la que me precipité. Dejé mi disfraz sobre un sofá. delante de la ense-ña del Dragón Volador.

. A unos doscientos metros aproximadamente del Dragón Volador. voy a darme un paseo en esta noche de luna. Me volví sobresaltado: allí estaba la persona dis-frazada demademoisellede la Vallière que había visto unas horas antes. lige-ramente a la izquierda. le diré algunas cosas acerca de ella. con columnas corintias acanaladas y vanos cubiertos de vidrio. aquel decorado romántico me sugería en cierto modo la gruta. Un tupido manto de hiedra cubría en este punto la tapia y formaba en lo alto una especie de racimo.. La luz de la luna era suficiente para consultar el reloj. Ya estaba cabe los tilos grandiosos y los castaños centenarios. su figura parecía más graciosa y elegante que nunca-. Ter-minados aquellos preparativos. No se oía ningún ruido de pasos ni se veía el menor rastro de figura humana. No te acuestes hasta que yo vuelva. Nada podía favorecerle más. así como una ventana. confieso que cogí un espejo y lo llevé junto a la ventana para comprobar mi aspecto a la luz de la luna. Yo estaba demasiado atento al castillo. divisé el gablete de la vieja posada. ¡Lo conseguí! Ya me hallaba en el parque del castillo de la Carque. -St. contemplandoora la luna ora las nubes blancas que se deslizaban por el otro lado. y la esperanza aceleró los latidos de mi corazón. Una vez en el vestíbulo. de la que salía una luz tenue. que valen. dejé de disimular: me di media vuelta y escudriñé con atención el cami-no. el chorro de agua centelleaba cual lluvia de diamantes al claro de luna. entre las grietas se abría paso la hierba. pero. lo dejé en su sitio y bajé corriendo las escaleras.Clair-le dije-. Luego avancé por la carretera. Mientras observaba atentamente. a la luz de la luna. Entre tanto. silbando todo el tiempo una tonadilla que se me había pegado en una visita a la ópera. Era de mármol blanco. me habló una voz por detrás. algunos de ellos bastante peligrosos. está triste por su matrimonio con un tirano celoso que la quiere obli-gar a vender sus diamantes. A cada paso parecía más alto y proyectaba una sombra cada vez más negra a mis pies. Es una mujer desgracia-da. la fuente y la aparición de Egeria. Si el paseo me gusta.. para percibir con detalle estos efectos. una fuente abastecida por los grandes estanques del otro lado del castillo derramaba sus aguas con sonido metálico sobre una ancha pila de mármol. Esto me facilitaba la escalada. La impresión de descuido y ruina hacía más bonita aún la escena. de manera semiconsciente. -La condesa estará aquí enseguida -dijo. Ante mí se elevaba el bosquecillo designado. A unos metros de la escalinata. y. llamé a mi criado. satisfecho del resultado. como quien no sabe qué dirección tomar. El moho se insinuaba en el pedestal y la cornisa. y el mármol descolorido y añejo exhibía los estigmas de un largo abandono. como el furtivo infame que traspasa los dominios de un señor confiado. donde.inestable situación que estaba atravesando entonces la sociedad francesa: por doquier pulula-ban soldados en desbandada. No tardaré más de diez minutos. que cobijaba una estatua. Seguí avanzando. de donde debía llegar la dama. Faltaban sólo ocho minutos para la hora convenida. además de servir de pantalla a mi empresa en caso de que alguien estuviera mirando por casualidad en aquella dirección. La joven estaba en medio del claro y la luz de la luna caía directamente sobre ella. podría alargarlo un poco más. se erguía un templete griego o capilla. Luego. Bajé los escalones y miré a derecha e izquierda. y sentí cierto placer al verme sumergido por completo en medio de la sombra. Este bosquecillo se abría ligeramente en el centro. que parecía más negro que los crespones de una corona fúnebre. ceñido por una pequeña escalinata. que parecía cubierto de escarcha. semioculta tras el follaje. y más triste.

usted me dijo que estaría aquí pronto. sin embargo. no es ningún peligro. y pareció romper a llorar. entonces. y vigila constantemente. Aquello era indigno e irritante.Alyre.pero yo no he dicho eso. en la aventura de laBelleÉtoile. si desprecia.eso no es cierto.mademoiselle. más feliz me hará. -No. si puede hacer estas cosas. su dulce voz siempre resuena en mis oídos. Me cree vanidosa porque pretendo en algunos aspectos igualarme a la condesa deSt.monsieur. es maravillosamente dulce. no podía contradecir a una -Veo. que mi mano es tan bonita como la suya? -No puedo admitirlo. Dicho lo cual. -En efecto-contesté-. Le desafío a que me diga que mi mano es menos hermosa que la suya. no más chillona: su voz no es chillona. y cuanto mayor sea el peligro o el sacrificio. a la luz de la luna. como ella. como el conde deSt. -Eso es un prejuicio. sino también su amistad. me pareció que algo picada.mademoiselle-dije con la sinceridad de la impaciencia-. claro que la puede ayudar. con la palma hacia abajo. ¿Puedo ayudarla de alguna manera? -Si desprecia el peligro. es dificilísimo dar un paso sin peligro. Lo he oído decir a un amigo.monsieur. -Dicen que mi voz se parece a la de ella -dijo el disfraz. que. -Siempre la he tenido presente.que se ríe de mí. más de una vez.. pues se estaban desperdiciando unos momentos preciosos mientras manteníamos aquella conversación insulsa. No quiero entrar en . Con estas palabras. -¿Desea ella verme? -pregunté con tierna vacilación. quiere decir -contestó la señorita de La Vallière.Pero es sólo un parecido. -¿Admite. ¿Puedo ayudarla de alguna manera en esta lucha desigual? Dígame cómo. pero no es tan patéticamente dulce como la suya. -Siempre y cuando no ocurra nada imprevisto. Hice una reverencia. Día y noche sus bellos ojos me siguen a todas partes. la dama disfrazada se volvió. se quitó el guante y alargó la mano. ¡Ah! ¿Es entonces la mía mejor? -Perdóneme. dama. que no parecía conducir a nada. las leyes tiránicas de este mundo y es suficiente-mente caballeroso como para dedicarse en cuerpo y alma a la causa de una dama. pero se me antoja un poco más aguda. -Un poco más chillona.. y ganarse así no sólo su gratitud.Alyre está en casa. Yo me declaré dispuesto a ser el esclavo de la condesa.-Treinta mil libras esterlinas. -Primero diga si ha pensado realmente en ella. La dama parecía realmente molesta. sin más recompensa que su pobre gratitud. La de usted es una voz muy dulce.. -Pero -añadí.

-¡Cielo santo!-exclamé-. volveríamos a cambiar. Por supuesto. y también que. mi rey! ¡Cuánto le amo! Yo la habría estrechado contra mi corazón. ridículo por . si alguna vez arriesgara su vida por mí. Confío en usted. Aún no nos conoce-mos lo suficiente. me alargó la mano. debo decirlo. y mis ojos vieron en persona a la condesa deSt. En el otro extremo del castillo hay un pe-queño cementerio. ¡Cómo olvidar la escena heroica del vestíbu-lo de laBelleÉtoile!¿Ha conservado usted la rosa que le di al despedir-nos? Sí. Los vecinos temen pasar por allí de noche. Pero por fin he encontrado a un amigo valeroso y decidido. con una capilla en ruinas.es odiarlo. y. con un esbozo de sonrisa dulce y comprensiva. y mi entusiasmo iba aumentando en proporción. más solitaria que la de un claustro. La disfrazada rió primero fríamente y. No he tenido a nadie que escu-chara mis confidencias. le prometí observar al pie de la letra sus instrucciones. aún se acuerda de la condesa de laBelleÉtoile.¡Qué monstruosamente estúpido he sido! ¡Así que fue conmadamela condesa con quien estuve hablando todo el rato en el salón! La contemplé en silencio. Lo atravesará y se encontrará a unos veinte metros de aquí. En el matrimonio no existe laindiferencia. pero la condesa deSt. Pero ahora estoy segu-ra de que es usted una persona de fiar. Pero aquella mujer hermosa y. se retiró el disfraz. El camino está desierto y hay una barrera que permite acceder a este camposanto. Exhalando un suspiro. sonriente. además de valiente.Alyre es a todos los respectos la dama más hermosa que jamás han contemplado mis ojos. Creo que. ¿Vendrá de nuevo mañana por la noche a las once y cuarto? Yo estaré aquí a esa hora. a nadie que me aconsejara. que he conocido por mi criado!¡Richard. No amar al marido -continuó. la condesa deSt.yque es usted todo un campeón.Alyre nunca habría confiado en usted ni le habría dado ninguna cita. Yo le prometí repetidas veces que moriría antes que permitir que cualquier imprudencia pusiera en peligro aquel secreto que daba a mi vida sentido e interés. Me quedan sólo unos minutos.Alyre. -Llevo más de un año viviendo en un terrible estado de indecisión. Si usted hubiera cedido al coqueteo de una rival disfrazada demademoisellede La Vallière. yo arrostraría igualmente cualquier peligro antes que perder a un amigo. Sabe de sobra que no me he olvidado de usted. -Mañana debe venir por otro camino -dijo-. pero no se olvide de extremar la precaución para que nadie sospeche que ha venido aquí. -No. si viniera uña tercera vez. que cogí y llevé a mis labios. monsieur. fiel y sin miedo. me rechazó. no necesita jurarlo. tímida y más bella que nunca. La mía ha sido una vida muy tris-te. a nadie que me libe-rara de los horrores de mi existencia. Y ella.Richard!¡Oh.comparaciones. -No. Pero ha llegado la hora de dar el paso. Cada momento me parecía más hermosa. Me lo debe usted. Comprenda mi situación. con cierta simpatía.Richard. aunque usted se equivocó. Y. no debe hacer eso -dijo con voz queda-. inconsecuente. El conde. me habría arrojado a sus pies. exclamó: -Le probaré lo que digo. mientras así hablaba.¡cuántas veces he repetido en la soledad su nombre. en un lugar rodeado de matorrales. luego. no debemos desperdiciar en extravagancias estos preciosa momentos.mi héroe! ¡Oh. confundida.

vi a la bella condesa deSt.Alyre en su presencia. Permanecí despierto en mi lecho. mi desayuno estaba aún en la mesa. Sonrió. me temo. estoy casi seguro de que no podremos terminar antes de esa hora. con la esperanza de encontrarlo aquí -graznó-. en medio de una fiebre de euforia. dijo. con los lentes calados. me prestará tal vez la ayuda que necesito tan impe-riosamente. Tengo motivos. para hacer cuantoestoy haciendo ahora y cuanto voy a hacer después. por lo que me pedía un asiento en el mío en caso de que tuviera intención de ir a París. Yo no era un pecador suficientemente endurecido como para no sen-tir cierta turbación.Alyre. En efecto. la obedecí Esta entrevista no duró. leyendo un periódico. al menos momentánea. ¡Qué gran contratiempo! . y tenía el brazo derecho en cabestrillo. extreme la precaución. entonces! -exclamó el conde-. siempre en la oscuridad. Musitando un «adiós». parecían ébano esculpido sobre un horrible rostro de boj. pero mi amigo el marqués de Harmonville. y con el propósito. La bufanda negra le colgaba del pecho. y vino a llevarse aquella visión. quien tal vez se sienta más obligado conmigo. que no puedo explicar ahora. -¡Qué voy a hacer.porfavor. es tremendo cuando le acometen los celos. dándonos la espalda. pero me pareció que su expresión era más sombría que en ocasiones anteriores. los bucles oleaginosos de su peluca negra. ¡Váyase ya! Déjeme sola. Se levantó. una reunión a la que no puedo faltar. yo iba a París. ultrajado al menos en la intención. Mañana por la noche le contar más cosas. Era el conde deSt. A pesar de lo tarde que era. CAPÍTULO XVII .El ocupante del palanquín El marqués me visitó al día siguiente. diga que no conoce a ninguno de los dos. No era fácil saber si aquel día había algo inhabitual en su fisonomía o si era simplemente el efecto de mi pre-vención por todo lo que había oído durante mi misteriosa entrevista en su parque. Adiós. Con una hora que me hubiera reservado todo se habría arreglado. al toparme de repente con aquel hombre. Por eso. Había venido. Me extrañó ver allí a un hombre sentado en uno de los sillones.Alyre. más de diez minutos. Fue conmigo hasta mi hotel y subió a mis aposentos. Finja con todas las personas con las quo hable no conocer a ninguno de los moradores del castillo de la Carque alguien menciona al conde o a la condesa deSt. Hizo con la mano un gesto perentorio para que me marchara.monsieurBeckett. su vehículo había sufrido un percance. de tomarme cierta libertad. que enmarcaban su escueta cabeza.todo lo demás. y me encantaba hacerlo en su compañía. A causa del gran barullo que se había formado a la salida del baile. -Con mucho gusto -dijo el marqués-. Hasta que despuntó el día. En este momento tengo que acudir a una reunión con otras tres o cuatro personas. creo. Volví a escalar la tapia del parque y regresé al Dragón Volador antes de que cerraran las puertas. para pedirme un favor. delante de mí. -Le he visitado. pero no hasta después de las seis.

En ella se decía que el cadáver del primo del conde. amén de una nota acerca del lugar exacto en el que se debía cavar la tumba (bastante sencilla). Pero aquí surge otro problema. -Apenas he visto a ese pobre caballero dos veces en mi vida -dijo el conde-. la melancolía de los bosques del castillo de la Carque y la emocionantey embriagadora proximidad del objeto de mi pasión. -¡Qué bueno es usted. y ayer escribí rechazando dicho encargo.Alyre. no puedo rechazar este encargo. Salimos del hotel. estado en el que me lo encontré a mi vuelta. le ruego que. -No a mi nombre. Poco me importaban los insesde unos días. más un suplemento por nocturnidad. para un hombre tan alegre y encantador comomonsieurBeckett. el conde. Pero había concertado con él una entrevista para aquel día y sentí alivio al oírle decir que era mejor dejar el dinero en manos de mi banquero unos días más. pero. Ciertamente.-Yo le ofrezco una hora de mi tiempo con mucho gusto -dije. Así pues. es un pocofuneste. cuyo brazo de marmórea blancura me convocaba en la noche al bosquecillo de tilos y castaños del castillo Carque. y ya no podría echarme atrás. por eso quiero acudir a la oficial de defunciones para firmar en el libro y obtener la debida autorización para su inhumación. Pero me han ase-gurado que. Mientras yo me encargaba de las formalidades. o la suma entera. Yo hice lo que me había pedido. Cuando llegue el momento. entenderán por qué me he entretenido en contar todos estos detalles. Era bastante dinero. Como ya he dicho. llegaría dos días después. a la una y media de la madrugada. iba a ser enterrado. como no tiene a ningún otro pariente. llegaría a casa de éste (el castillo de la Carque) hacia las diez de la noche siguiente para ser transportado desde allí en un coche fúnebre. Luego me entregó el dinero para sufragar los gastos del entierro. Querían que yo me convirtiera en albacea. acompañado por cualquier miembro de la familia que deseara asistir al entierro. que. Aquella circunstancia tuvo también . He tenido la mala suerte de torcerme el pulgar y no podré escribir durante una semana. El conde me facilitó el nombre y apellido del finado. se echó una cabezadita en un rincón del carruaje. así como la edad. El asunto. entre dos panteonesdela familia deSt. con el permiso del conde deSt. se decía. la suya podría servir tanto como la mía. su casa. a saber.que había fallecido enChâteauCléry. ya que los fondos estatales franceses caerían con toda seguridad en breve plazo. en el cementerio parisiense dePèreLachaise. la nota no era nada alegre. Me detuve en la oficina de mi agente de cambio.Le ruego lea esta nota que me ha llegado esta mañana. Yo le pregunté a nombre de quién debía ordenar que se extendiera el recibo.monsieur!La verdad es que no me atrevo a pedirle ese favor. embozado en su bufanda de seda negra y con el sombrero calado hasta los ojos. mi querido amigo. si no tiene ningún reparo. ello me convertiría en albacea ante la ley.El cortejo fúnebre.Amand.Amand. París había perdido su encanto para mí. todo saldrá perfectamente. Me apresuré a cumplir el pequeño asunto que se me había encomendado. yo tenía una suma líquida en mi banco. eché de menos una vez más mi tranquila habitación del Dragón Volador.monsieurde St. Sin embargo. a la vez loca y reprobable. como una firma es igual de válida que otra. en comparación con la imagen que ocupaba mis pensamientos. se escriba el recibo a su nombre. por desagradable que sea. Y como usted se ha ofrecido tan amablemente a acompañarme. según sus propios deseos. la enfermedad de la que había muerto y varios otros detalles. si el recibo estuviera a mi nombre.

. -El asunto está en manos de la policía -observómonsieurCarmaignac-. cuando más pensaba en ello. Entonces se ordenó a los criados que se lo lle-varan de allí. se podía perdonar si se imputaba al inge-nio y bufonería irreprimibles de la juventud. ¡sino a un muerto! Debían de haber transcurrido tres o cuatro días desde la muerte de aquel hombre. pues entre mis libros de anécdotas y recuerdos franceses se encontraba aquel mismo incidente subrayado por mi propia mano. del que se habían olvidado. TomWhistlewick estaba en gran forma.y que las revela-ciones y alusiones que tanto habían asombrado a los asistentes se habían debido indudablemente a la necromancia. a los individuos que han atentado contra el de-coro y los sentimientos del público. Forzaron la puerta. y pone a disposición de la justicia. que habían hecho a alguien la noche anterior. Pero nadie se presentó. vino el camarero a anunciar que la cena estaba servida y podíamos pasar al comedor. Mis invitados se encargaron de compensar mi relativa taciturnidad. y ésta no es digna de su nombre si no encuentra pronto. tan expeditivamente tildado pormon-sieurCarmaignac de «saltimbanqui». Casi exactamente lo mismo tuvo lugar hará unos cien años en un baile de gala en París. Unos dijeron que se tra-taba de una farsa para insultar a los aliados. pese a su gravedad. Otros opinaron que no era más que una broma pesada y cínica que. los criados que ayudaban a apagar las luces y a cerrar las puertas la encontraron aún allí. como descubrí después. en cuyo honor se había orga-nizado el baile. pues se suponía que para entonces sus propietarios habrían mandado a algún mensajero a retirarlo. más proclives al misticismo. Maldije interiormente mi estupidez por haberme comprometido con su agradable sociedad. más asombroso me parecía. Hubo incluso algunos. decidieron dejarla donde estaba hasta la mañana siguiente. -Ni siquiera original -dijo Carmaignac-. Lapagoda. no a un hombre vivo.como persistía en llamar al palanquín. y después de retirarse todos los invitados. y no se logró dar con los desalmados farsantes. encontré en mi saloncito. Terminado el baile. Sin embargo.una incidencia directa en mis aventuras subsiguientes. De regreso al Dragón Volador. a no ser. y se puso casi de inmediato a contar una historia muy extraña. Mientras hablábamos de aquel asunto. que se trate de individuos más astutos de lo que suelen ser los simples saltimbanquis. para mi de-sesperación. bastante corpulento. -Fue realmente una broma muy original. sehallaba en aquellos momentos alborotado a raíz de una jugarretaindignante. Me dijo que no sólo Versalles. a mis dos invitados. Yo estaba pensando para mis adentros en lo inexplicable que había sido mi coloquio con el mago. e imaginen cuál no fue la consternación al descubrir.y rayana en el sacrilegio. Pero aquello ya no tenía remedio y unas pala-bras a los camareros bastaron para reparar enseguida mi olvido. sino también todo París. y su peso extraordinario les recordó por primera vez la pre-sencia de su ocupante humano. de quienes me había olvidado por com-pleto. había quedado en el lugar donde la habíamos visto por última vez. que aseguraron que el cadáver había sido condiciónsine quanonpara la exhibición adivinatoria. Ni el mago ni su acólito ni los portadores habían vuelto a aparecer. aunque algo sospechosa -dijo Whistlewick. Esta afirmación demonsieurCarmaignac. ata-viado con túnica china y sombrero de colores. por supuesto. era exacta.

cambiar de habitación ahora que hay menos gente en la posada? Por supuesto. pues mis pensamientos estaban por completo en otra parte. lo cual me ahorró el trabajo de tener que hablar. Tocaba el violín. La historia que contó fue muy curiosa. hijo de un comerciante. El personal de la posada decía que era el hombre más feo. se mostraron contentos y muy locuaces. Mis amigos. probablemente se comía aquí mejor que en algunos de los más prestigiosos hoteles de París. yame comprenden: una cantidad cercana al medio millón de francos. Hubo otro caso. A veces se pasaba todo el día en su habitación escribiendo. sacó todo el dinero del banco. así podré pasear de noche por la ciudad. más extraño todavía. cantaba y escribía poe-sía. antes que los otros dos. prosiguiendo un hiloargumentaique se me había hurtado-. Pero ha dicho usted que hay otra historia parecida relacionada también con esa misma habitación. . es decir. Sus costumbres eran extrañas. al igual que los vinos. si la memoria no me falla.El camposanto La cena que nos sirvieron fue realmente buena. Pero bebamos antes un poco de vino. que jamás había pisado la tierra. Ya había dejado de ser joven -tenía más de cuarenta años. a pesar de que se trataba de una posada apartada. Pienso cambiar de hotel. Pero. -Ah. Oigámosla.para afrontar la catástrofe! -bromeó Whistlewick mientras se llenaba el suyo. El efecto moral que produce cenar bien es inmenso: todos noso-tros lo sentimos aquella noche.y distaba mucho de ser apuesto. aunque pase aquí esta noche.CAPÍTULO XVIII . El sosiego y buen humor que produce son más duraderos y agradables que la tumultuosa euforia de Baco. A un caballero francés -ojalá pudiera recordar su nombre-.monsieur. además del noble ruso. no. no presté prácticamente ninguna atención. Ahora ya conoce usted su situación financiera cuando ocurrió la catástrofe. pero tenía unmodicumbonum. ni mucho menos. si he de ser sincero.monsieur. pero espontáneas. y salía por la noche a dar un paseo. pero también el más bonachón. el Dragón Volador. -Por favor. -Este caso ocurrió -dijo Carmaignac-. Se había alojado en la misma habitación. disimulando su seriedad con una sonrisa. aunque lo recordé precisa-mente esta mañana. Tras consultar a su agente de cambio sobre la posibilidad de invertir este dinero en valores extranjeros. cuyo nombre no recuerdo ahora. y estuvieron todo el rato contando historias divertidas. que acudió a esa posada. llénese el vaso -dije.¿no piensa -añadió volviéndose hacia mí. siempre y cuando piense usted que-darse aquí más tiempo. -Sí -dijo Carmaignac. pues. a las que. Por cier-to. el posadero le dio la habitación a la que me he referido. hasta que de repente surgió un tema que me interesó poderosamente. -¡Saquefuerzas de este vino. cantando o tocando el violín. gracias.monsieur. espero no sutilizarme como los otros. ¡Un hombre realmente excéntrico! No era un millonario. pues. la que usted ocupa. por lo menos.

a la mañana siguiente. con mayor fuerza. -Sí. mandó llamar al posadero y le dijo que desde hacía tiempo venía meditando un poema épico. que quería empezar a escribir aquella noche. Las velas estaban ya boqueando en los candeleros. El conde deSt. . pues ésta se atrancaba desde den-tro. Tenía dos pares de velas. suficiente papel para escribir toda La Henriada y provisión proporcional de plumas y tinta. Alguien dijo que el escritor había salido de la habita-ción cerrando la puerta por fuera y. Cuando se comete un asesinato. Las llaves las guardaba el propio posadero.-Pues bien. el cual. Todos igualmente incomprensibles. a quien pertenece esta casa. y todos en la misma habitación. debe de haberse metido en algún asunto sucio. aquí surgía otro problema: elDragón Volador cerraba sus puertas a cal y canto a las doce de la noche. al ver que salía luz por el ojo de la cerradura. Lo único que sabemos con certeza es que. Sin embargo. »Ahora bien. en su lugar habitual. después de esa hora. Éste contestó con cajas destem-pladas al inoportuno criado y lo despidió repitiéndole la orden de que no lo molestaran durante la noche. Volvió a llamar. ocurrió que. y que nadie podía haberlas cogido sin despertarlo. »Sentado a la mesa de su despacho lo encontró el camarero. -Usted ha mencionado tres casos -le recordé-.Alyre. Las velas estaban aún ardiendo. se había marchado de la posada. La cama estaba sin deshacer. Pero cuando volvió el camarero. a no ser que contara con la complicidad o ayuda de alguien de la casa. un rato después de atrancarse las puertas. al ver que su huésped no había dejado la llave en la cerradurabuscó otra para abrir la puerta. tras ocupar la habi-tación en la que usted duerme. éste comentó después que había visto escribir tan deprisa que parecía que en cualquier momento iba a empezar a arder el papel (éstas fueron sus palabras textuales). Que eso era lo único que podía decir. que hacia las nueve. pero daban aún luz suficiente para constatar que el huésped había desaparecido. al no recibir contestación. tres. -Absolutamente nada. y. descono-cido para nosotros. se evaporó. y ello dejando la puerta sin cerrar por fuera. Supongo que estará muerto. elgarçonse marchó. nadie podía salir de la casa sin tener la llave. le llevó una taza de café. una frugal cena fría en una mesita. Es muy difícil creer que alguien haya asesinado a tres personas consecutivamente en la misma habitación y haya hecho desa-parecer sus cadáveres sin dejar rastro alguno. una media hora después la puerta estaba cerrada. como él los había dejado. llamó ala puerta para saber si el poeta quería algo. por lo que no quería que lo molestaran bajo ningún con hasta las nueve de la mañana. . miró por el ojo de la cerra-dura. Nunca volvió a aparecer. y a las nueve de la mañana siguiente llamó a su puerta y.Dio entonces parte de este continuado y alarmante silencio al posadero. con la llave en el bolsillo. la gran dificultad con que se encuentran los asesinos es cómo ocultar el cadáver. que lo ha obligado a esconderse con el mayor sigilo y celeridad. pero ni siquiera alzó la vista. y aquél le repitió desde el interior queno quería que lo molestaran. »Así pues. Pero nadiecontestó.z hacia las doce y media. Y ahora les contaré algo acerca de su poseedor. Pero no se descubrió nada. mostró gran actividad y consternación. parecía estar completamente enfrascado en su trabajo. si no. Aquel incidente probaba que el poeta estaba en la casa después de que se cerraran bien las puertas de la calle. el cual juró que las encontró coleadas en la cabecera de su cama. eso fue lo último que se supo de su dinero -prosiguió Carmaignac-. sin que nadie desde entonces haya sabido cómo lo hizo ni haya tenido noticias suyas. -¿Y desde entonces no se ha sabido nada de ese poeta épico? -pre-gunté yo. La noche siguiente a aquella operación financiera fue presa de un arrebato poético. los postigos estaban cerrados. y los postigos estaban cerrados por dentro. un criado que no se había enterado de su orden de no ser molestado.

mis invitados tenían sendos compromisos en París y me dejaron hacia las diez de la noche. siempre bajo majestuosos árboles viejos. semioculto entre los árboles. Me puse a pasear porla habitación. Volvieron vagamente a mi mente las extrañas anécdotas referidas pormonsieurCarmaignac sobre la habitación que yo ocupaba. emergía la blanca superficie de una lápida sepulcral. sino un hombre de pie. y el parque. No quería presentarme antes de tiempo. hasta que. hice una pausa y escuché. tiñendo de tonos oscuros las alegres y frívolas historias que relató también. que sus funciones en el departamento de policía le habían permitido conocer. ocupa poco más de veinte áreas. inmóvil. que tenía aquel ligero contorno negro que he descrito. Miré alrededor de la habitación. Sensación que. avancé lentamente por el lado izquierdo dela carretera y. por fin. Una espesa nube había oscurecido la luna. la distinguí con total nitidez: era la silueta del coronelGaillarde. con los ojos puestos en el objeto que estaba justo delante de mí. Éste. Subí a mi habitación y miré en dirección del castillo de la Carque. destacaban algunos de esos arbustos o árboles que. a la luz intermitente de la luna. a la izquierda del camino. pues suponía que la bella condesa tenía bue-nas razones para no desear que yo penetrara en los dominios del castillo antes de lo estipulado. Permanecí sentado en ese estado de indolencia inducido por la espera. Afortunadamente. a medida que la luz iba en aumento. desde allí. el árbol que había estado observando perezosamente empezó a adoptar una nueva forma. y se halla situado entre éste y el parque del castillo de la Carque. Cogí mis pistolas con una apren-sión indefinible ante la eventualidad de tener que utilizarlas antes de mi regreso. tenía un aspecto melancólico y fantasmagórico. pasa por delante del viejo camposanto. pero lo he visto a menudo en lugares particularmente fúnebres. Reinaba el más completo silencio. y el gravemonsieurCarmaignac nos dis-trajo con un asombroso ramillete de anécdotas escandalosas. Nunca había sido mayor mi entusiasmo. de manera que a lo sumo podía distinguir los contornos de los objetos más próximos. tienen unos dos metros de altura.y eso sólo de manera vaga. a unos doce pasos de distancia. Me deslicé en silencio. entré en una pista más estrecha. Cuanto más clara era la luz de la luna más clara resultaba también aque-lla imagen. Ya había averiguado el lugar exacto en que se encontraba el pequeño camposanto: aproximadamen-te a unos dos kilómetros de distancia. éste no miraba en mi dirección. que. Descubrí que había llegado con cierto adelanto y me senté un rato en el borde de una lápida. también a mi izquierda. conviene dejarlo claro. al igual que nues-tros enebros ingleses. bordeando la tapia del parque y describiendo una ruta de circunvalación. que estaba sumida en una oscuridad sinies-tra. La luna empezó a asomar bajo la nube que la había mantenido ocul-ta durante aquel tiempo. la forma de un álamo en miniatura y el oscuro follaje de un tejo. y. Aquí. en modo alguno enfrió mi fervor. Afortunadamente. flotando en la negra nie-bla. Ya no era un árbol. en este lugar fantasmal. Yo lo veía sólo de perfil.Luego cambiamos de tema. por así decir. Estaba justo delante de mí. Mi aventura me absorbía y arrobaba. pero no había duda alguna . al tiempo que dejaba un poso de extrañeza y grave-dad en el fondo demi ser. No conozco el nombre de este arbusto. El cielo estaba salpicado de nubes. y a veces. Entre las formas que se recortaban sobre el gris metálico del horizon-te. con una sensación desagradable.

CAPITULO XIX . Una tras otra.en cuanto a su blanco mostacho. Ella no estaba allí ni en el santuario interior. cual soldado adelantado que espía al enemigo. dándome la espalda. Me encontraba de nuevo bajo las gigantescas ramas de los viejos tilos y castaños. Oí sus pasos y el ruido de su conversa-ción mientras se alejaban. y luego saltó al otro lado de la carretera. sino del camino. y con el corazón latiéndome fuertemente. yo me quedé tendido sobre la hierba. Si. escudri-ñando por encima de una tumba. Me deslicé sigilosamente. las figuras emergieron plenamente a la vista al saltar la valla que había al lado del camino. derramando sus rayos sobre el delicado follaje y moteando el verdor del suelo bajo mis pies. me aproximé al pequeño monumento. vi dos sombreros conversando (las voces per-tenecían a quienes los llevaban). A pesar de todo. atravesé el peque-ño espacio que me separaba del lugar de la cita. volvía los ojos en mi dirección. mirando a su alrededor. a la que parecía odiar! Levantó un brazo y silbó con suavidad. a un observador tan peligroso! ¡Y qué felicidad para él golpearme duramente y al mismo tiempo echar por tierra los planes de la condesa deSt. Oí el sonido de otro silbi-do. una vez allí.Alyre. el coronel avanzó en la direc-ción de aquel sonido. reconocí la voz peculiar deGaillarde. para mi gran alivio. cuyas ven-tanas ojivales estaban prácticamente ocultas por pantallas de hiedra. en aquel lugar y momento precisos. en la dirección opuesta al Dragón Volador.Alyrey avancé entre arbustos y matorrales hasta el punto más próximo al ruinoso templo. en la dirección donde resultaban audibles estos sonidos. y. Esperé a que aquellos sonidos se esfumaran por completo en la dis-tancia antes de entrar en el parque. acechando alguna señal o la llegada de alguien. por casualidad. pero en un tono bajo y cauteloso. permaneció unos instantes arriba. Sí. Me pareció ver un sombrero sobresaliendo por la tapia en ruinas y luego vi otro sombrero. El coronel. suavemente. yo sabía que debía disponerme a reanudar inmediatamente el combate iniciado en el vestí-bulo de laBelleÉtoile.En cualquier caso. su rostrofarouchey sudesgarbado uno noventa de estatura. extremando al máximo la precaución. Alcancé los escalones y me encontré en medio de la antañona columnata de mármol. el último en esca-larla. ampliando la distancia que existía entre nosotros con cada zancada. igual de tenue. acto seguido. le oí hablar. no en dirección del parque. Seguí las instrucciones que me había dado la condesa deSt. La dama no había llegado todavía.La llave . La luna brillaba ahora ininterrumpidamente. Allí estaba ante mí. con la vista y el oído aguzados. ¡qué nefasta fortuna la que había apostado. Ambos avanzaron.

hasta PèrelaChaise. Al oír aquellas palabras tuve un arranque de elocuencia. Era la condesa. -Yo no bajaré hasta aquí a reunirme con usted. Avancé con ansiedad.usted dice que me ama. sobre todo diamantes. a un tirano. ¡qué gran locura parece! ¡Qué concepto tan pobre debe de tener de mí! Pero. Estoy encadenada a un hombre al que desprecio. Si ese propósito no se lleva a cabo. y hasta que me ama quizá. generoso y valiente como usted no puede ser también rico. Un hom-bre joven. Se quitó la capucha. como les ocurre a los jóvenes alocados en una situación parecida. en la esquina del castillo? Asentí. mi querido amigo. y luego dígame si puede ayudarme. Estoy segura de que desea defender-me. He decidido huir. Creo que se apiada de mí.mi marido acompañará los restos de su primo. oí el crujir de unos ramajos. por los que me ofrecen treinta mil libras de vuestro dinero inglés. usted compartirá todo esto con-migo. guapo. en nombre de un sacramento. Pero ella me mandó callar con la misma firmeza melancólica. -Mañana por la noche -dijo. -Escúcheme. Me encuentro en el momento más crítico de mi vida. Sin su ayuda no puedo cumplir mi propósito. -Sí -dijo-. -Richard. y yo la conduje al lugar donde se había desarrollado nuestra última entrevista. ¡Qué confianza tan loca tengo en usted!. suspiró profundamente. Mire. se sacudió sus hermosos cabellos y. Huiremos juntos a Suiza. Yo le prometí obediencia total. sin embargo. sin dejar pistas a nuestros perseguido-res. según me ha dicho. miré en aquella dirección y vi que se acercaba entre los árboles una figura envuelta en un abrigo. Un par de minutos después. mi corazón me dice que actúo sabiamente. cuando me conozca de verdad. pensé que me estaba mostrando aquella joya con el regodeo normal con que una mujer exhibe este tipo de gemas.monsieurdeSt.Amand. Ella reprimió el ardor de mi apasionado saludo con una firmeza dulce pero perentoria. voy a desprenderme de todas mis joyas para convertirlas en dinero.debo hablarle con absoluta franqueza. al que detesto con toda mi alma.Esperé en el último peldaño. suspendido de sus preciosos dedos. Estoy segura de que usted entiende de joyas. Ya pueden ustedes imaginarse la manera florida y vehemente en que le expresé mi agradecimiento. No habló. centelleaba y refulgía a la luz de la luna. y. Citarme aquí con usted. ¿Ve esa luz roja que sale de la ventana de la torre. Tengo joyas. -¡Es magnífico!-exclaméal contemplar un collar de diamantes que. Pese a la gravedad del momento. Usted acudirá aquí mismo a las nueve de la noche. y a romper para siempre con los antinaturalesy abominables lazos que me unen.El féretro. Me las llevaré conmigo. . me juzgará con justicia. moriré. Mis poderosos amigos intervendrán para conseguir la separación. saldrá de aquí a las nueve y media. con los ojos y oídos bien abiertos. Estaba ordenándolas cuan-do llegó la hora y le he traído ésta para enseñársela.Richard. Son de mi exclusi-va propiedad. le juré consagrarme a ella de por vida y le dije que dispusiera de mí a su antojo. Entonces seré feliz por fin y podré recompensar a mi héroe. mirándome con ojos tristes y brillantes. Algún pensamiento terrible parecía abrumarla. según contrato matrimonial. pero me dio la mano.

y que acudiría a la cita con aquella suma en forma de oro y bille-tes. Yo creo que en realidad quería zafarse de sus acreedores. Asegú-rese de probar primero las llaves.-La he colocado allí para que pueda reconocerla mañana por la noche. para ver que las cerraduras funcionan perfectamente. evitando así el riesgo que entrañaba vender sus diamantes de mane-ra precipitada.es saber si podremos convertir rápidamente los diamantes en dinero. Bueno. Tras esto siguió un coloquio romántico. . He apostado todo a la carta de su fidelidad. Usted aportará su dinero. Fue con la ayuda de esta llave. ¡Así que es usted rico! Eso quiere decir que he perdido la dicha de hacer doblemente feliz a mi generoso amigo. Aquélla era la oportunidad que yo estaba esperando. fueron a preguntar por él. entonces. Y ahora. descubrió la manera en que se había efectuado la escapada. Cualquier contratiempo daría al traste con todas mis esperanzas. que investigó el asunto. Mi marido. Yo tendré mis joyas preparadas. No me atrevo a retirar-los mientras esté mi marido en la casa. Cinco minutos después. tan pronto como subamos al coche. Y luego me dio una instrucción particular: -He venido también provista de una llave. si está escrito que así sea. inde-pendientemente de cómo hagamos el reparto de bienes. Sacaremos por lo menos una ventaja de cinco horas. cada cual a partes iguales. Contribuyamos. no habrá nada que temer. un coche tirado por cuatro caballos nos estará esperando en la puerta de la cochera. Le diré por qué. a un precio seguramente inferior al que tenían. Me produce una felicidad especial la idea de compartir nuestros recursos. a la mañana siguiente. ¿Está dispuesto a arrostrar todo esto por amor a mí? De nuevo volví a proclamarme esclavo suyo. Es precisamente la habitación que yo habría elegido para usted. ponga los nombres y lugares de destino que le plazcan. sabrá que el cortejo fúnebre ha abandonado el castillo. Cuentan que un hombre se encerró en ella toda una noche y que cuando. En cuanto vea esa luz rosácea en esa ventana. como el dueño del Dragón Volador era por aquel entonces un sinvergüenza. y. y. y que puede acercarse sin peligro. Lo he cogido del escritorio del conde. mi vida está en sus manos. le aconsejo que traiga el dinero consigo porque podrían transcurrir muchos meses antes de que podamos volver a París o revelar nuestro lugar de residencia a alguien. -Lo único que me preocupa todavía -prosiguió. cuyo uso debo explicarle. He sabido que ocupa la habitación embrujada del Dragón Volador. Y ahora debo confiar una vez más en su ingenio para despistar al personal del Dragón Volador. En cuanto a usted. con nuestra energía. había desaparecido. Le hice saber que tenía en poder de mi banquero una suma no inferior a treinta mil libras. y. Yo dejaré los diamantes en sus manos. estratagemas y recursos. querido Richard-prosiguió apoyando cariñosamente el brazo sobre mi hombro y mirán-dome a los ojos con una pasión inefable mientras con la otra mano apre-taba la mía-. Yo habré abierto la ventana para que pueda entrar. Aquí tiene un documento y un plano en que se describe cómo se ha de proce-der. no nos opongamos al destino. -¡Cielo santo! -exclamó ella con una especie de desencanto-. Encárguese también de eso. Y nuestros pasaportes. y yo mis joyas. con un paletón a cada extremo: uno aproximadamente del tamaño con que se abre una puerta corriente y el otro casi tan pequeño como los que abren un estuche. dará comienzo nuestra huida. lo ayudó a esfumarse. Era una doble llave: una tija larga y delgada. -Mañana por la noche todas las precauciones serán pocas. tan subido de poesía y pasión que me resultaría imposible reproducirlo aquí.

con la llave en la mano y una agitación en el cerebro rayana en la demencia. a no dudarlo. habría sido un asesinato. exclamó: -¡Dios mío! ¿Quién está ahí? En aquel mismo momento dio un paso atrás y desapareció por la puerta labrada en el mármol permaneciendo cerca de ésta al fondo de una pequeña cámara sin tejado.monsieur. se alejó entre los árboles en dirección de la tapia del parque. para mi gran alivio. tan pequeña como el propio santuario. saqué del bolsillo una de mis pistolas y la armé. . dispuesto a arrostrar todos los peligros. de espaldas al castillo. a unos quince metros de distancia. Di un paso atrás. -Ni más ni menos. Encontré a la condesa presa de auténtico terror. Ella se recuperó enseguida y se despidió nuevamente con palabras dulces y pausadas. estamos más cerca de otros delitos mayores de lo que sospechamos. como si le faltara el aliento. se lanzara sobre mí como un loco. Permanecí con el dedo en el gatillo decidido a abatirlo si se atrevía a entrar en el lugar en que se hallaba la condesa. mirando en la dirección en la que había lanzado aquella mirada tan angustiada. Yo permanecí en el umbral que ella acababa de atravesar.vámonos de aquí. pero. palideció de repente y. a asesinar si fuera necesario y a meter-me en complicaciones inextricables y horribles (¿qué me importaba a mí?) por una mujer de la que no sabía más que era tan hermosa como imprudente. pero en mi fuero interno tenía la decisión completamente tomada. es ésa. se acercaban el coronelGaillardey su compa-ñero. y acercándose a paso rápido. muy claramen-te iluminado por la luna. -¡Ahí está la estatua! -exclamó el coronel con su habitual tono cor-tante y discordante-. Sin embargo. Sí. Más de una vez he dado las gracias al cielo por la misericordia que tuvo conmigo al guiarme por los laberintos en que estuve a punto de perderme. A mí me protegían la cornisa y un trozo de pared. yo estaba esperando el momento en que. la tran-quilicé asegurándole que impediría por todos los medios la posible vuelta del coronel loco. Estaba claro que no me había visto. el bizarro coronel dio media vuelta y. descono-cedor de este particular. Aquello. La examinaremos mejor la próxima vez. que saltaron por donde se divisaban los gabletes del Dragón Volador. cuya ventana estaba tapada por una espesa pantalla de hiedra que apenas dejaba filtrarse un rayo de luz. Una vez que nos hemos metido en asuntos secretos y culpables. No era de extrañar que se sintiera tan aterrorizada: cerca de nosotros. No quiso aceptar mi insistente invitación a acompañarla hasta el castillo. Allí estaba yo.Mientras pronunciaba la última palabra. a desafiar todas las leyes divinas y humanas. -¿A la que aluden las estrofas? -preguntó su compañero. Bien. Yo me quedé mirándola fijamente. Y. con uno de sus alaridos frenéticos.

Pero yo ya era mayorcito. con una constancia e inteligencia que delataban que mi secreto había sido descubierto.Una cofia peraltada Me encontraba de nuevo en el camino. del Dragón Volador. No había llegado a la posada ningún caballero durante la pasada media hora. pudiera detectar alguna señal en aquella luz insólita en las esca-leras del Dragón Volador. más allá de los árboles. a cuya señal se habían esfumado sucesivamente los malhadados huéspedes de aquella habitación. los gigantescos ála-mos al otro y. con todo París a sus pies. Ya estaban apagadas las luces de aquella hospedería rural. cuyo borde blanco contrastaba con su piel morena y amarillenta y tor-naba más fea aún su cara arrugada. habría visto en aquella aparición marchita algenius loci. Levantó los hombros encorvados y me miró a la cara con ojos anormalmente negros y brillantes. Las frondosas ramas del viejo parque a un lado. a unos doscientos metros del Dragón Volador. Ciertamente. busca unlordinglés. En aquel momento me sentía incapaz de pensar con el sosiego nece-sario: los acontecimientos se estaban precipitando demasiado deprisa y yo. sobre todo. si se puede saber. Al abrir la puerta de mi habitación me llevé un buen susto al encon-trarme ante una mujer bastante vieja con la cara más alargada que jamás he visto. que parecía dispuesta a dormir un sueño bastante largo. y oí al criado atrancar ruidosamente la puerta prin-cipal. Me sentía confundido y alarmado. -He hecho un pequeño fuego. los ojos oscuros de la anciana seguían fijos en los míos. a modo de preludio. Pregunté en el vestíbulo. .porque la noche es muy fría. en mi posada me esperaba seguramente otro encuentro. Allí no encontré rastro alguno del coronel. Le di las gracias. en el Dragón Volador? De haber vivido en la época de los cuentos de hadas. Yo había aceptado un papel protagonista en un drama con venganza. se me ocurrió que unos ojos indagadores podrían encontrar sentido a aquella contemplación nocturna y que tal vez el propio conde. -Disculpea una vieja. Asíy todo. Estaba vacía. y de haberme relacionado diariamente con la deliciosa condesa d'Aulnois. el claro de luna prestaban un pintoresquismo particular al camino angosto que conducía a la puerta de la posada. Iba tocada con lo que se solía denominar una cofia peraltada. Cogí una vela. empujado por los celos.monsieur. Eché un vistazo a la sala común. inmerso en aquel drama tan extravagante como culpable. En el reloj sonaron las doce de la noche.monsieur-dijo-. La fría luz de la luna penetraba profusamente por la ventana de las anchas escale-ras. aún abierta. que tanto interés encerraba para mí.CAPÍTULO XX . y. pero ella no se marchaba. Seguía con la vela entre sus trémulos dedos. Me detuve unos instantes a mirar. Me alegré de haberme llevado las pistolas. pero ¿qué diversión.al hada mala. ninguna ley me obligaba a dejarme abatir por un rufián sin oponer resistencia alguna. el castillo torreonado. Sin embargo. esta vez quizá no tan feliz. con el grotesco espadachín. ni siquiera se me ocurrió preguntarle qué asunto la había llevado allí. apenas me reconocía a mí mismo ni creía en mi propia historia mientras recorría premioso el trecho que me separaba de la puerta.

practicada en el espesor de la pared. -¿A mí?-exclamécon el mayor aire de sorpresa despreciativa que pude afectar. coloqué ante mí el pergami-no que contenía el croquis y notas que me informaban sobre cómo debía utilizar la llave. Los celos del viejo conde. pronto lo encontrará tan duro de guardar que no tendrá más remedio que divulgarlo. me senté a la mesa y. que había confiado en mí tan generosamente (o tan locamen-te. razoné. con una vela a cada lado.Además. Levantó la mano que tenía libre mientras me miraba con una expre-sión de intenso terror. parecen a esta vieja arpía la cosa más terrible de la creación. según sus propias palabras).monsieur. tras una pequeña presión.monsieur. El paletón pequeño de la llave entraba aquí al igual que en la cerradura superior. Alyre. y yo le digo que se marche. independientemente del desdén que yo sintiera hacia los peligros que aquella anciana había esbozado tan misteriosamente. Con todo. No sé si el aire encerrado durante mucho tiempo tiene alguna cualidad . en cuanto al suyo. no resultaba en modo alguno agradable. tras dos o tres vueltas de la llave. eso es todo. Yo mantendré mi secreto. ¿no era más peligroso aún tratar de comunicarnos? ¿Qué había querido decir la vieja arpía con aquello de «Guarde usted su secreto. -Es inútil. del hecho de que había al menos otra persona que sospechaba de nuestro secreto? Pero. ¿No debía yo buscar por todos los medios la manera de informar a la condesa. Lo examiné detenidamente y. Tras estudiarlo un buen rato.. Pero. por la acción de un muelle. junto a la puerta y justo debajo de ésta. pueden suponer bien.-Estos ojos viejos lo vieron a usted anoche en el parque del castillo. un pequeño trozo de moldura cedió y reveló una cerradura. que yo guardaré el mío»? En mi cabeza bullían mil preguntas. Una búsqueda parecida. y ahora. a cual más desconcertante.Sé bien por qué se aloja usted aquí.que hablo en vanoy que usted es insolente. Al retirar el dedo. La anciana atravesó lentamente la estancia y cerró la puerta antes de que yo hubiera podido encontrar algo que replicar. cuando ser noble equivalía a ser honrado por todos. que un secreto tan peligroso fuera sospechado por un extraño.monsieur. más allá de la cual se veía una escalera de caracol de piedra. y aún menos si ese extraño estaba de parte del conde deSt. Hasta ahora había interpretado con éxito mis instrucciones.. Me aseguré de que la puerta había quedado bien cerrada. hice un reconocimiento. El rincón situado a la derecha de la ventana estaba cortado de través por la cenefa. ¿por qué debería usted preocuparse por mí? -Yo no me preocupo por usted. donde a cada paso un nuevo duende o monstruo surge de la tierra o salta de un árbol.Me preocupo por el honor de una familia antigua a la que he servido en días más felices. y usted el suyo. Pero sé. Expulsé expeditivamente de mi mente aquellas dudas angustiosas y terribles. Mi aventura parecía un viaje a través de una montaña boscosa. se abrió una puerta en el panel. No sé de qué me habla-contesté-. dejando al descubierto un paño de pared desnudo y una abertura estrecha y abovedada. Permanecí un buen rato inmóvil donde ella me había dejado. volvió a su lugar nuevamente. Penetré con la vela en la mano. se vio recompensada con un descubri-miento parecido. Deje esta casa mañana por la mañana y no vuelva nunca por aquí. -Nada en esta tierra.

a través de las hojas más altas. El paletón grande de la llave entraba perfectamente en la cerra-dura. besé la llave misteriosa que su mano había empuñado aquella misma noche y la coloqué debajo de mi almohada. y muy sencilla. me abrí paso con dificul-tad hasta salir a una zona despejada. Esperaba volver en el plazo de una semana y. casi tan denso como una jungla. le pedí que dijera todo aquello a cualquier amiga) que pudiera visitarme. cuyo pie no podía ver. El problema era cómo conseguir que me dieran las casi treinta mil libras esterlinas de que disponía en una forma en que resultaran no sólo fáciles de transpor-tar. Ni un general habría ideado un acceso más seguro para llegar desde el Dragón Volador hasta el lugar donde yo había platicado en dos oca-siones con el ídolo de mi latría culpable. Mi candela iluminó débilmente la desnuda pared de piedra que rodeaba la escalera. Durante unos minutos no me moví. volví a la puerta no sin cierta dificultad. Plenamente satisfecho de mi experimento. poco después. que estaba oxidada. Allí descubrí que la maleza se extendía casi hasta el parque y se unía con el bosquecillo que rodeaba al templete de que ya he hablado antes. Empecé a bajarla y unas vueltas después me encontré sobre el suelo de piedra. y en aquel caso infestaba el ambiente con un olor a mam-postería rancia.Clairguardaría la llave de mi habitación y cuidaría de mis cosas. Cerca de la puerta había un bosquecillo de acebos. sino también . Coloqué la bujía sobre las escaleras y apliqué ambas manos. mi criadoSt. me armé de valor y abrí la puerta. por miedo a que alguien pudiera haber abierto su ven-tana al oír el chirrido de la cerradura oxidada. Le dije que iría a la ciudad aquella noche. y de allí a ***. que no consiguió conciliar el sueño durante un buen rato.Veo a tres hombres en un espejo Aquella mañana me desperté muy temprano y no pude volver a dor-mirme: estaba demasiado nervioso.extraña. Volví la mirada hacia la vieja posada y vi que la escalera por la que yo había bajado estaba encajada en una de esas torretas alargadas que deco-ran este tipo de edificios. entre tanto. reposó mi cabeza aturdida. poco después. CAPÍTULO XXI . donde tenía que ver a algunas personas por asuntos relacionados con los negocios. El aire de la noche entró por el vano y apagó la vela. Aquí había otra puerta de roble viejo. empotrada en el grueso de la pared. Fui a ver a mi posadero tan pronto como pude hacerlo sin despertar sospechas. subí de nuevo a mi habitación y volví a cerrar la puerta secreta. giró con dificultad y emitió un chirrido que me hizo temer por el secreto de mi operación. me encaminé hacia París a resolver las cuestiones financieras de la operación. asimismo. sobre la cual. Estaba situada en el ángulo que se correspondía con la parte del artesonado de mi habitación que aparecía indicada en el croquis recién consultado por mí. Me habría encontrado en medio de la más completa oscuridad de no haber sido porque. Pero. Suavemente. titila-ba un resplandor de claro de luna. pero a mí siempre me ha parecido así. Tras pergeñar esta coartada para el posadero.

en las que observé restos de antiguas iglesias góticas habilitadas como almacenes. Despedí al vehículo que había alquilado y entré en la posada con un cofre en la mano -de unas dimensiones maravillosamente pequeñas. porcelana y muebles. había una mesa a la que estaban sentadas tres personas enfrascadas en lo que pare-cía una conversación seria. No es el caso de calentarles ahora la cabeza con todos los trámites que hice para obtener los pasaportes. tuve la sangre fría suficiente para fingir hallar-me completamente enfrascado en los objetos que tenía ante mí. sucios a más no poder. pues la poca luz que entraba por la ventana me daba de espaldas y la parte de la tienda que tenía ante mí estaba sumida en una oscuridad casi total. algunos colgados de la pared. Eran las dos de la tarde. picado de viruela. Durante unos instantes no supe qué hacer. fui a dar con una en la que parecían ven-der todo tipo de antigüedades: armaduras. en la que. uno de los más hermosos y apartados rincones de Suiza. La tienda. A dos de estas personas las reconocí al ins-tante. Luego visité laConcier-gerie. con el pelo lacio y negro y el aspecto más penoso que he visto jamás en mi vida. vi un gran espejo con un marco deslustrado y pasado de moda. decidí dar un paseo por las callejuelas aledañas a la catedral. Baste decir que el lugar de destino que escogí para nuestra huida fue. y así fui saliendo lentamente de la tienda. No sé si aquellas calles antiguas tan curiosas. siguen aún en pie. en un recoveco que forma-ba ángulo recto con la pared lateral de la tienda. Me detuve un instante para ver si me seguía alguien. Puedo asegurarles que no me entretuve ni un minuto más en aquella tiendadonde había hecho un descubrimiento tan singular como inesperado. Al percatarme de ello. Una vez en mi habitación. No era asunto mío investigar qué había podido reunir al coronelGaillardeyal marqués en aquel lugar tan destartalado. que estaba jugueteando con una pluma. Entré. Los empleos que el marqués aceptaba a veces lo obligaban sin duda a juntarse con gente rara. ni quién era el individuo que mordía la punta de su pluma. era un hombre del-gado y pálido.la otra. Todas estas cuestiones quedaron resueltas con la mayor rapidez posible. Fui adentrándome paulatinamente hasta llegar al final. mandé llamar aSt. había decidido no llevar equipaje. estaba oscura y llena de polvo. Me detuve en ella una hora aproximadamente. sin necesidad de recurrir a la correspondencia o a cualquier otro medio que pudiera delatar mi lugar de residencia. llegué a la entrada del Dragón Volador justo cuando se estaba poniendo el sol. y hasta tan sucio.Como aún me quedaba tiempo libre. Contento por haber escapado de allí. El dueño se hallaba limpiando una pieza de armadura con incrustaciones y me dejó curiosear a placer y examinar las distintas curiosidades allí acumuladas. plenamente acorde con el carácter romántico de la aventura. donde había una ventana con muchos cristales en forma de diana. Asimismo.Clairy le conté prácti-camente la misma historia que al posadero. el tío de la Eloísa de Abelardo. y la tercera. habida cuenta de su cuantio-so contenido-. y sentí gran alivio al notar que no se oían pasos. Pero estaba claro que no me habían reconocido.disponibles en cualquier parte a la que decidiera ir. y hacia allí me dirigí. ¡Nada más que las dos! ¿En qué emplear todas las horas libres que me quedaban? Aún no había visto la catedral deNôtreDame. entre muebles viejos y artículos polvorientos. Le di cincuenta libras para que gastara todo lo que necesitara y abonara la cuenta de la . Entre otras tien-das desvencijadas y excéntricas. En la primera población importante a la que llegáramos a la mañana siguiente nos abasteceríamos de un guardarropa improvisado. de techo bajo. el marqués de Harmonville. Reflejado en él vi lo que en las casas antiguas he oído llamar una «rotonda». me volví y. El marqués levantó los ojos. Al llegar a aquella ventana. Una era el coronelGaillarde.el palacio de justicia y la preciosaSainte Chapelle. y su mirada fue seguida al instante por sus dos compañeros. Recuerdo haber visto en una de ellas una casa antigua con una inscripción mural en la que se podía leer que había sido la residen-cia de Canon Fulbert. disimulado por una envoltura de cuero.

descorrí el cerrojo de la puerta de la habitación. Lo ordenarás todo y cerrarás la puerta. Cerré bien la puerta y avancé lentamente entre la vegetación. ¿Comprendido? St. donde alquilaría un coche. pero mantenién-dome en su linde. Faltaban sólo cinco minutos para la hora concertada. podría haber burlado con éxito la curiosidad de todos ellos incluso si se . me puse el gabán y me metí una pistola en cada bolsillo. entreabrí la puerta secreta. deseándome todo tipo de felicidad y sin duda prometiéndose algún pequeño esparcimiento con mi dinero. tomé el cofre bajo el brazo. adiviné dónde estaba la puerta y busqué a tientas el ojo de la cerradura. alcancé el camino del bosque. que cada vez era más espesa. apagué la vela. abrí la puerta y me adentré en el espeso bosquecillo. CAPÍTULO XXII . Yo estaba preparado para aquella pregunta y le repliqué de inmediato que pensaba ir a pie hasta Versalles. sentí algo parecido al suspense y a la angustia de un soldado que va a entrar en acción. Me encontraba en la escalera de caracol en medio de la más completa oscuridad. No me había costado trabajo engañar a mis criados y al personal del Dragón Volador. franqueé la puerta secreta y eché el pestillo al salir. aquí tienes la llave de mi cuarto. ¿Me iba a echar atrás? ¡Por nada del mundo! Eché el cerrojo a la puerta. En esta jungla la oscuridad era casi igual de completa. si no me encuen-tras en mi habitación. al menos durante media hora.Embeleso Bajé la escalera de caracol en medio de la más completa oscuridad. subí las escaleras con premura. Te llama-ré si necesito algo. por tanto. agucé el oído unos segundos para asegurarme de que nadie se acercaba y luego crucé el cuarto a toda velocidad. aunque hubiera levantado las sospechas de todos los huéspedes de la posada. Con la vela en la mano. el único cómplice en mi reprobable aventura. Al cabo de ese tiempo probablemente descubras que ya he marchado a Versalles. con la llave entre los dedos. y haciendo menos ruido que la noche anterior. Todo era favora-ble a mi empresa. en medio de la noche oscu-ra. entre tanto. por lo que no quiero que nadie me moleste. Extremando la precaución. conforme se acercaba el momento críti-co.y tómate una botella de vino con tus amigos. Por fin. No creo que haya nada cobarde en mi naturaleza. Mis ojos se posaban a menudo en el solemne reloj viejo de la chimenea. perfilándose entre los troncos de los viejos árboles.habitación hasta mi vuelta. Luego. con mayor comodidad aunque sin dejar el abrigo de la espesura. Había llegado el momento de introducir la llave que me había dado mi dama. El cielo favoreció mis planes cubriéndose de un mar de nubes. pero confieso que.Clair. las columnas del templo de mármol se elevaron como fantasmas ante mí. -Ve -le dije.Clairse despidió. puedes darlo por supuesto. una vez abajo. y la noche era tan cerrada que. Hasta ahora todo estaba saliendo bien. a unos cincuenta metros de allí. El posadero salió al vestíbulo a preguntarme si necesitaba un vehícu-lo para ir a París. Estaré escribiendo algunas notas. Llamé aSt. Luego tomé una cena ligera y apresurada.

venga! ¡Ah. Apenas se distinguía el contorno del edificio. Tenía conmigo un par de pistolas de doble cañón. Me mostró apresuradamente un cofre que contenía una gran profusión de brillan-tes de gran tamaño. Musitando. llegué al lugar de observación convenido. De repente me pareció también que la oscuridad se hacía más profunda y el aire se volvía más gélido ami alrededor. ante la visión de aquella señal. ¿Qué podría ocurrir? ¿Qué me importaba. tras unas cuantas zancadas rápidas. Yo tenía que esperar simplemente. Pensé: con una aliada tan hábil y valerosa como mi bella condesa. abordé el castillo de la Carque. es decir. que ustedes se dirán que se me podía haber ocurrido mucho antes. Una cortina de aquel ventanal estaba echada. intrepidez.hubieran asomado a la ventana. cómo he deseado que llegara este momento! Nunca me había parecido tan hermosa. Dejé mi tesoro. descubrí que media docena de peldaños conducían hasta allí. Allí estaban también los diamantes. pasión. pero ¿durante cuánto tiempo? Apoyado en mi tesoro. Mientras platicaba conmigo mismo de aquella guisa. . suave y constante brillaba la luz en la ventana. No se veía ninguna luz en la ventana. La luz de color rosa. Terminados los primeros saludos tumultuosos. mien-tras yo subía los peldaños. a quien había visto temblar de terror ante el coronel bravucón? Empecé a barajar todas las posibilidades que podrían presen-tarse. que pudiera interponerse en mi cami-no el viejo conde. destacándose sobre la piedra oscura. la descorrió y. apa-sionadas palabras de amor. rumbo a Pére Lachaise. me murmuró con dulzura: -¡Richard. acompañando al cortejo fúnebre. ninguna voz humana. vi la luz que me daba la señal. que servía de puerta. envuelto en cuero. me vino un extraño pensamiento. ¿hay acaso posibilidad de que se tuerza la empresa? ¡Bah!. emblema de la esperanza radiante y alba de un día feliz. ¿Y si yo desaparecía también al igual que aquellos otros hombres cuyas historias me habían sido contadas? ¿No me había esforzado todo lo posible por borrar cualquier huella de mis actos y por despistar a todas las personas con las que había hablado en cuanto a la dirección que iba a tomar? Aquel pensamiento gélido se insinuó como una serpiente en mi mente y luego desapareció. Yo disfrutaba entonces de la juventud en todo su esplendor. miré fijamente en dirección del castillo. Clara. con toda la fuerza. en las jambas de la puerta y. Al acercarme. estaba abierta. y que en aquel momento se encontra-ría a unos dos kilómetros de distancia. me coloqué la caja fuerte bajo el brazo y. me dije despa-chando con una sonrisa aquellas imaginaciones absurdas. con la mirada puesta en la maciza sombra que representaba el castillo y presa de los más ardientes y exaltados anhelos. ella hizo que me sentara a su lado en un sofá. determinación y ansias de aventura que la acompañan. Una sombra del interior se acercó a la cortina. salvo por mi dulcinea. -¿Qué es eso? -me preguntó. que tenía cuatro vidas en mis manos. ninguna pisada ni ningún ladrido de perro daban motivo para la inquietud. Luego me dijo que el conde ya se había ido. Sorteando los troncos y las raíces de los viejos árboles.mi queridísimoRichard. Ningún signo de luz o vida. que parecía confundirse con la opacidad del cielo. y así permanecimos un par de minutos. con los brazos apoyados en ellas. Mi amor se trocó en un entusiasmo delirante. Hasta llegué a desear tropezarme con algún peli-gro real para demostrarle la enormidad de mi amor a aquella criatura. una especie de verja.

Si hubiera habido algo semejante. Olvida usted que durante un largo período de tiempo puede ser nece-sario observar el más estricto silencio en cuanto a nuestro paradero y mantenernos al margen de todo contacto social. un aire de abstracción. Estas joyas constituyen un peligro muy grande. -Sí. Por supuesto que la he contado al retirarla del banco. Era lógico que. ella me lo habría hecho saber al instante. Ahora voy a pedirle que cierre las cortinas de esa ventana y eche la barra de seguridad a los postigos. -¿No es innecesario llevar tanto dinero teniendo todo esto? -dijo tocando los diamantes-. -Tengo que decirle también a mi doncella que no lleve demasiado equipaje. Quédese donde está.. Salió de la habitación haciendo un gesto para que extremara la pre-caución. -Así que ha traído toda esa gran suma. -¿Qué? ¿Todo ese dinero? -exclamó. usted se quitará el gabán cuan-do estemos listos para partir. Dice que es más prudente retrasar la partida hasta que pasen unos diez minutos. conforme se aproximaba el momento de la verdad. No volvió tan pronto como yo habría deseado. se fuera poniendo cada vez más nerviosa. Apenas había hecho eso cuando se oyó a alguien llamar a la puerta. -Es mi doncella particular. Es de total con-fianza. Abrió la puerta de dicha habitación y echó una mirada a su interior. A un hombre en aquella situación la . Pongamos juntos nuestros cofres.. Me la han entregado hoy mismo -respondí. ¿Por qué estaba pálida? ¿Por qué aquella mirada oscura en sus ojos? ¿Por qué había cambiado también su voz? ¿Había salido algo mal de repente? ¿Acechaba algún peligro? Pero pronto se calmó mi zozobra. -¡Mi querido y generoso ángel! -declamé en un rapto de pasión-. que vendrá con nosotros. Se había producido un cambio en la manera de comportarse de mi bella condesa. Vique no estaba alarmada. al menos durante cierto tiempo. Avanzó con calma hasta la puerta. y tratará de ocultarlos con él. por supuesto. Nos ha preparado café en la habitación contigua. Eso me habría hecho más feliz aún de lo que me siento. Es mejor que no le vea por ahora. quizá con cierta expresión de sorpresa en el rostro-. ni una esterlina más ni menos. No me gusta-ría que los cocheros sospecharan que transportamos un tesoro tan grande. ¿Está seguro? ¿La ha contado? -Sí. Habría sido de su parte una muestra suple-mentaria de amabilidad dejarme que proveyera yo por las necesidades de los dos. -Me hace sentirme algo nerviosa viajar con tanto dinero. y durante unos segundos oí una conversación susurrada. una mirada casi de recelo. ¡Es tan extraña! No se mueva. y ese dinero no hace sino aumen-tarlo.-Un cofre con treinta mil libras de dinero contante y sonante -con-testé. Durante los últimos minutos se había insinuado en ella la sombra de una duda. -Sé quién es -me dijo en voz baja.

CAPÍTULO XXIII .AMAND AGÉ DE XXIIIANS Retrocedí. Había una puerta en el otro extremo. Aquellas reflexiones se vieron interrumpidas casi tan pronto como habían tomado forma con el regreso de la condesa deSt. de manera completamente inesperada. mi queridoRichard?¿Ha salido de esta habitación? Yo le contesté inmediatamente que sí y le conté con absoluta fran-queza lo que había visto.. que no debería haber abierto nunca. pues lanzó una mirada apresurada en dirección de la puerta. decidí coger una vela y penetrar en dicha estancia. Donde. Era un ataúd. Y en la tapa había una placa con la siguiente inscripción en francés: PIERREDE LAROCHEST.. y en ese senti-do se habían desligado del presente inmediato. sobre una mesa estrecha. Tal vez la más estúpi-da de todas fuera que. vi algo tan singular que no podía dar crédito a mis ojos. pues en modo alguno me faltaba la cualidad de la astucia. Habría sido más prudente por su parte haberme puesto al corriente de la situación. y cada una de mis facultades estaba concentrada en lo que se avecinaba. Me encontraba en un estado de gran excitación y ansiedad. en vez de volver a cerrar inmediatamente aquella puerta. Era una habitación pequeña. yo había penetrado en aquella habitación y habría podido toparme con algunas de las personas que tanto empeño tenía-mos en evitar.inacción absoluta le resultaba punto menos que insoportable. ¡Así que el féretro no había salido todavía! Allí estaba el cadáver.Una taza de café La estancia carecía de alfombras. Abandoné aquel lugar fúnebre y cerré la puerta. Completamente ignorante de aquel hecho. En el suelo había gran cantidad de virutas y una veintena de ladrillos. hice un descubri-miento sobrecogedor. que le haya molestado. Me habían engañado. Me puse a pasear por la habitación presa de inquietud. No cabía ninguna duda. No puedo explicar de otro modo el que hiciera tantas cosas insensatas aquella noche. La abrí sin pensarlo dos veces. . Afiné el oído. Al ins-tante adiviné que había detectado en la expresión de mi rostro el decur-so de mis pensamientos. No hay nada más peligroso que la precaución mal aplicada. -¿Ha visto algo.Alyre. asombrado por partida doble. Sin duda esto explicaba la manifiesta turbación de la condesa. Desconfiar de mí era la peor imprudencia que podía haber cometido. No se oía absolutamente nada. Me acerqué y retiré de ese algo un lienzo que no lograba disimular su forma. Más allá..

había unos vasitos de licor y una garrafa que contenía. Aún hoy me avergüenzo al recordar la grandilocuencia con la que . avanzó de puntillas hacia la puerta y puso el oído. Llenó una taza de café y me la pasó con la mano izquierda. al volverse. ¿Estoy perdonada? Acto seguido se produjo otra escena de apasionada efusión. Cuando hube apurado la taza. es un asunto repugnante y horrible.-Bueno. -Es la última vez -agregó con un pequeño tono de súplica. Por fin. situada a su lado. con los ojos fijos en mí y el oído puesto en la puerta de la estancia donde habían colocado el ataúd. me pasó el licor. y. Los caballos nos están esperando a la puerta de la cuadra. a pesar del retraso inesperado. Esas horribles per-sonas ya han debido de irse y estaremos más seguros ahí por el momento. He de confesar que aquellos arrebatos líricos se basaban. pero el conde se marchó un cuarto de hora antes de que yo encendiera la lámpara y le abriera el ventanal. murmuró: -Tómese esto. El cadáver está ahí. y permaneció sin respirar en esa actitud unos instantes. -Volvamos. Yo también me serviré después. crema de noyó. -Todo lo que diga mi hermosa reina yo lo cumpliré -murmuré-. después. Ade-más.a mi héroe. a la habitación contigua -dijo-. enganchados al carruaje. había hablado con ella. tiene buenas razones para desear que se celebre el funeral antes de amanecer. a la vez dulce y triste. En cuanto a estefunestehorror (le entró un bonito escalofrío). aunque sólo murmurados por miedo a que pudieran oírnos. Venga conmigo.que engañaré a mi valeroso y apuestoRichard. Sobre una bandeja de plata había una cafetera y unas antiguas tazas de porcelana. inconscien-temente. y no sólo ahora. Aseguró con cerrojo la puerta. No quería que los sepultureros dePèreLachaise supusieran que se había aplazado el funeral. como supe poco después. La acompañé a la habitación desde la que su doncella. El cadáver no llegó hasta ocho o diez minutos des-pués de que él se marchara. -Yo misma le serviré. que me parecieron realmente precio-sas. como para impedir que me moviera. en otra más pequeña. Tras hacerme una ligera señal. al tiempo que extendía la mano hacia atrás como para advertirme de que no me moviera: al cabo de unos segundos volvió nuevamente de puntillas y me dijo al oído: -Están retirando el ataúd. Déjeme que sea su camarera. acariciando con los dedos mis rizos. y de rap-tos y protestas de amor. según me dijo. advertí en su rostro y actitud una expresión de penitencia tan exquisita que tuve que conte-nerme para no caer postrado a sus pies. El féretro con el cadáver debe salir de esta casa dentro de diez minutos. cariño. mientras posaba el brazo derecho sobre mi hombro. que también bebí. no quería que se sintiera más inquieto de lo necesario. en la idea que me había formado de la galantería a la francesa. Sabía que los restos del pobrePierrellegarían con toda seguridad esta misma noche. Inmediatamente después estaremos libres para emprender nuestro loco y venturoso viaje. levantó una mano. Era excelente. No me conside-raré perdonada por mi querido Richardsi se niega a que le sirva. no pensemos más en él. sino siempre.

La desesperación de mi dama fue intensa y ruidosa. para que hiciera el menor signo de vida y prometiéndome que. Colocó juntos ambos cofres (me refiero al suyo con las joyas y al mío con el dinero) sobre la mesa. me levantaba el brazo y lo dejaba caer implorándome sin cesar. seamos naturales. Yo no estaba en condiciones de ofrecer la menor resistencia. me sacu-día los hombros.traté a la condesa deSt.pero ¿cómo he de llamar yo a mi diosa? -pregunté. Luego la posó y zarandeó una campanilla con energía.Alyre. No era en absoluto un mareo. ¡Cielo santo! ¿Se ha puesto enfermo? Por favor. completamente incapaz de articular una sílaba. Estaba arrellanado en el sillón. había desaparecido como por ensalmo de aquella criatura tornadiza. Salió corriendo y volvió con otra copita diminuta. Aquí. Casi me obligó a hacerlo. El ambiente fúnebre del momento anterior. con frases cargadas de patetismo. Era como si la membrana que recubre el cerebro. en este sillón. pero en su rostro sólo había una expresión de intenso escrutinio. Sí. con terror en los ojos-. Le besé la mano. tras decirme unas palabras elocuentes y tiernas.bueno . Reconocí demasiado bien las sensaciones que siguie-ron. aquellas exclamaciones cesaron repentina-mente. me quedé mirando sus hermosos ojos y volví a besarla sin que ella opusiera resistencia alguna. siéntese. -Llámeme Eugénie. Eugénie!-exclaménuevamente embelesado. Me llamaba por mi nombre. y. por mi nombre de pila. En unos segundos me vi sumido en el mismo estado que había padecido durante varias horas interminables durante mi viaje nocturno a París en compañía del marqués de Harmonville. si me ama tanto como yo a usted. -¡Mi queridoRichard!¿Qué le ocurre? -exclamó. noté de repente una sensación extraña por todo el cuerpo. -Usted me llama a míRichard. No encuentro palabras para describirlo. Pasados unos minutos. -Y ahora se va a tomar una deliciosa copita de noyó -dijo con tono alegre. me llevé a los labios y bebí. pálida.Esperanza . La condesa pasó a mostrarse silenciosa y fría. si es que exis-te tal cosa. mientras decía esto. De una manera expeditiva. de cerrar los párpados ni de mover los ojos o los músculos. tomó una vela y se plantó delante de mí. -¡Oh. Le hice saber cuán impaciente estaba por emprender cuanto antes nuestro viaje. y vi cómo cerraba con sumo cuidado la puerta que daba acceso a la estancia en la que yo había tomado café poco antes. con una pizca de horror en ella. obser-vando el efecto. y el suspense de una aventura de la que dependía el futuro. palidísima. Parecía haber perdido toda sensación de miedo. se hubiera vuelto inflexible. si no lo hacía. que. se quitaría la vida. ahora paladean-do su nombre. los labios. Pasó lentamente la vela ante mis ojos. fue algo así como una repentina congestión cerebral. CAPÍTULO XXIV .

. mi heroína. nenita. ¿Qué es? ¿Un billetero? ¿O. cinco.bravissima! ¡Mipreciosa reina. Su boca se fruncía y crispaba. mi pequeña Venus. como ya he dicho.. seis minutos y medio -dijo sin inmutarse. -¡Planard debería haberse encargado de eso! -contestó el conde seca-mente-.Alyre. ¡Eh! ¿No me conoce? Se acercó otro poco y escudriñó mi rostro con atención. su rostro daba muestras de agitación. sonriendo. el cual. y sobre ella un reloj. -Ven.. Tenía un aspecto a la vez espantosamente malvado y asustado.¿Cuándo empezó? La condesa se acercó y se colocó junto a él y me miró fijamente durante unos segundos. enmarcado por las jambas de la puerta y un fondo de oscuridad. me levantó la mano y la sacudió.. recordé.. No pueden imaginar el efecto de la mirada silenciosa de aquellos dos ojos malvados. o. cuyo tictac regular percibía con total claridad. mi Juana de Arco. Llevaba un par de guantes negros en la mano y un sombrero con cinta de crespón.. y luego la dejó caer y dijo: -Ha funcionado admirablemente. La dama miró hacia donde. si no me habían informado mal. qué? .. mi dechado de mujer! Me estaba mirando con una curiosidad odiosa. mi querida Eugénie. pero ella no parecía muy interesada en sus caricias. Se plantó ante mí unos instantes. como un retrato. -Cuatro. Menos mal que no ha levantado la tapa del ataúd -apostilló con tono enfadado. cuando se abrió la puerta de la habitación en la que yo había visto el ataúd y entró una siniestra e inesperada aparición. Su figura endeble y mezquina iba cubierta de riguroso luto.¡Mafoi. ¿verdad? -Sí -contestó ésta con voz baja y dura-. mi preciosamignonne. -Bien. mientras buscaba con sus escuálidos dedos curtidos la mano de la dama. -¡MonsieurBeckett! -gritó dos o tres veces-.Acababa de colocar mi pesado cofre.. llamándome de nuevo. Todo está saliendo a la per-fección. Pero Planard y tú no debe-ríais haber dejado abierta esa puerta. Cuando no hablaba. hacía bastante tiempo que debía de estar de camino rumbo aPèreLachaise. -Brava. estaba la repisa.machère. Bien..vamos a contar todo esto. que pareció tener gran dificul-tad en levantar. Ha entrado y ha visto todo. pues retrocedió ligeramente.yo no puedo estar en todas partes! Avanzó hacia mí una media docena de pasitos y se caló las lentes.. Era el conde deSt.

Mientras volvía a colocar en el cofre los billetes y los cartuchos. metódicamente. y. Diez mil francos otra vez. ¡Escribe! Y así sucesivamente hasta que todo quedó contado. Éstos te pueden poner en terribles apuros. -Yo no la tengo. El viejo ya había dado con la llave.. Pero a todos los demás efectos yo estaba muerto. sin la menor alteración de la visibilidad. incluidas algunas llaves. ni el «papel» que repre-sentaba la condesa en él. dos. Escribe mil napoleones. Otros mil. con las manos extendidas y los dedos temblorosos. se me alcanzaba aún el porqué de aquella trama. ahora ya no tiene remedio. creo. en el propio ojo). como yo estaba. casi nada de lo que ocurría en aquella habitación se hurtaba a mi observación. Y así sucesivamente hasta contar todo mi tesoro en mi mismísima presencia. Pero cada minuto iba aclarando mi situación. Veamos -exclamó mien-tras desataba las correas con dedos temblorosos-. Y otros. Pero ¿dónde está la llave? ¿No ves esa maldita cerradura? ¡Dios mío! ¿Dónde está? ¿Dónde está la llave? Decía todo esto arrastrando los pies delante de la condesa. que había colocado sobre la mesa. Tenemos que contarlo todo. ¿Anotado? Billetes más pequeños habrían veni-do mejor. Luego vinieron los billetes. los dedos del viejo bellaco registraban mis bo l-sillos. Uno. dos. en el extremo de una habita-ción. Habrían llamado menos la atención. Vamos a ver. Cierra con cerrojo esa puerta. Aquel canalla a quien yo conocía estaba a punto de robarme. Veamos. Anota. Pero no. Planard se pondría insoportable si conociera la cantidad. y si aquel escrutinio del contenido de mi cofre era una iniciati-va improvisada del conde. Así pues. muy bien. en su estuche. -¡Ah! Muy bien. Y otros. mientras yo lo veía y oía todo con la mayor nitidez. Mi per-cepción mental era asimismo terriblemente viva. -Diez mil francos.. por supuesto -protestó la condesa. Pero si alguien se coloca. de manera menos perfecta (por efecto de la refracción. hasta un punto bastante próximo. lo volvió a colocar. No estaba seguro -las mujeres tienen más san gre fría y más recursos histriónicos que la mayor parte de nuestro torpe sexo.. Aquí tengo lápiz y papel. ¿Anotado? Otros diez mil francos.de si la vuelta del conde había constituido también una sorpresa para ella. abrió una caja . contó de nuevo la suma total para asegurarse de que cuadraba. ¿Cómo la voy a tener? Está en su bolsillo. Sí. comprobará por sí mismo la amplitud del campo de visión. Sacaron todo lo que había. rápido.. Como he dicho. Escribe: otros diez mil francos. lo cerró. sí. Vamos a contar. me encontraba exactamente en el mismo estado que había padecido durante mi viaje con el marqués rumbo a París. Yo no podía mover los ojos ni una milésima en ninguna dirección. volcando su contenido sobre la mesa. y ya faltaba poco para que comprendiera el carácter atroz de la misma. ¿Por qué no le dijiste que se lo die-ran en billetes más pequeños? Bueno. Sigue.-¡Es esto! -dijo la dama lanzando una mirada de desagrado al cofre cubierto de cuero. tres. descubrirá que abarca perfectamente toda la extensión de una habitación grande hasta una distancia muy corta. Uno. Primero abrió el estuche de cuero y luego el cofre de hierro. Un instante después. -Cartuchos de cien napoleones.

es decir. en silencio. miró en dirección de la habitación oscu-ra que había más allá y aplicó el oído. la cerró. fíjese. Planard. Ahora supe que iban a culminar su robo con un asesinato. de bruja.Desesperación Un momento de esperanza tan violenta como peregrina. En medio de aquel estado angustioso. -¿Qué? ¡Que le parta un rayo! -bramó el conde-. vi cómo se abría lentamente la puerta de la estancia donde había visto el ataúd y cómo hacía su entrada el marqués de Harmonville. Piensen ustedes en la típica pesadilla. Quitó el cerrojo a la puerta. Volvió a cerrar la puerta y regresó. luego vino un diálogo. -¿Se conformará con esa cantidad? -preguntó la dama. El viejo estaba al borde de un ataque de nervios. ¿por qué no me liquidaban rápidamente? ¿Qué obstáculo podía haber para aplazar la catástrofe que aceleraría su propia salvación? No puedo referir con palabras. -He apartado diez mil francos para Planard -dijo palpándose el bol-sillo de su chaleco. de una esperanza que era casi una tortura. en un sueño en el que los objetos y el peligro son reales. sin mirarme ya a mí. permanecía sentada. Pero. el espantoso terror que se apoderó de mí. empezó a echar pestes contra Planard a causa de su retraso. Todo ha salido a la perfección. . y con él los terrores de la desesperación. sino al vacío. cuya descripción me resulta imposible de hacer. No me quedaba tampoco la menor duda en cuanto a la causa del estado en que me encontraba. -Mire. -¡Graciasa Dios. de manera que yo la veía de perfil. y la inminencia de la muerte corporal se aplaza al antojo de quienes deciden sobre nuestros tormentos inhumanos. CAPÍTULO XXV . ¿Es que no tiene conciencia? Le juraré que es la mitad del lote.fuerte disimulada en la pared y. ¿Quieres que te traiga una vela? Mi amigo el marqués de Harmonville. o Planard o lo que quiera que fuera se acercó hasta mí mientras se quitaba los guantes. La dama y él volvieron a mirarme con ansiedad durante un rato. sujetándolo por el brazo con ambas manos y tirando de él hasta donde me encontraba yo. tras colocar en ella el joyero de la condesa y mi cofre. y luego el viejo conde empezó a refunfuñar contra Planard por segunda vez mientras cotejaba su reloj personal con el de la pared. que por fin has venido! -exclamó el conde. Mi última esperanza se desvaneció al ver sin careta aquel rostro hastia-do. que metió en el bolsillo. Inmediatamente después de realizar estas operaciones. La dama parecía menos impaciente. ni siquiera recordar para mí solo. ¡Qué extraño aquel cambio tan repentino! Ahora su rostro tenía un aire sombrío.

se interrumpiría la evaporación y le encontrarían en el estómago una materia extraña. -Sí -dijo en soliloquio. ¿comprenden? Si tuviera usted alguna duda. por lo que pude ver. aun suponiendo que diez se desperdiciaran. deberían mantenerlo paralizado durante seis horas y media. en doctor. Se necesita una larga carrera de culpa para subyugar por completo a la natu-raleza e impedir esos signos exteriores de agitación que sobreviven al bien. Me pareció que la voz baja y dura de la condesa temblaba un poco. de repente. di la verdad -la apremió el conde. El experimento que hice con él en su carruaje fue sólo de treinta gotas y pude comprobar que tenía un cerebro sumamente sensible. El minutero se encontraba exactamente aquí. -¿Cuánto tiempo hace exactamente? Le dije que se fijara en la hora exacta. en voz muy baja. -Setenta -dijo la dama. Me volvió a mirar a los ojos y me tomó el pulso. ¿qué opina? -susurró el conde. mientras mantenía la cabeza lo más alejada posible para que su aliento no la afectara. Después. -Y eso hice. . inclinado sobre mí. Tiempo de sobra. parte de ella venenosa. levantó la cabeza y se dijo nueva-mente a sí mismo: -Ha cesado cualquier acción perceptible de los pulmones. ¿Está segura de no haberle administrado más de setenta? -Segurísima -sentenció la dama. -No me cabe la menor duda. No sería conveniente matarlo. Acto seguido me abrió la camisa y aplicó el estetoscopio a mi pecho. -Mi querida Eugénie. con la oreja pegada al auricular. con-vertido así. Vamos. -Acción suspendida -dijo para sí. mudándolo de una parte a otra. -¿Cuántas gotas le han administrado? -preguntó el marqués. Por su parte. lo más indicado sería practicarle un lavado de estómago. bajo el pie de este Cupido. doctor. volviéndose a sus compañeros -esto lo supuse por el soni-do de su voz-. un poco más a este lado -dijo mientras. Me pasó la mano por la frente y luego estuvo un rato mirándome a los ojos. sesenta en el café caliente y diez en el licor. di la verdad. me pare-ció un fragmento de membrana vegetal. Luego puso sobre mis labios algo que. dijo: -Setenta gotas. -Y bien.-La vela. como si tratase de oír un sonido muy lejano. me miraba con gravedad. -Si muriera. como bien saben. -¿En el café caliente? -Sí. Estoy completamente segura -replicó. el doctor me estaba tratando con la frialdad con que se dispone a un cadáver antes de impartir una lección de medicina.

Luego me enfilaron la prenda que el doctor había llamado mi cami-són. tornando inútil cualquier persecución. Y ahora. en silencio. -Supongo que se marchan de Francia -dijo el ex marqués. Este negocio ha resultado ser muy poco provechoso. -Eso ya lo arreglaremos en su momento. y no quedará en su estómago ni una par-tícula de fluido. así como un gorro. debemos proceder con premura. que anudaron bajo mi barbilla. La naturaleza y finalidad de aquella atención para con mi persona me resultaban harto extrañas.. los instintos de la vida intactos y ninguna excitación perturba la apreciación de este horror completamente nuevo. -Es hora de que lo tumbemos. La evaporación será completa. La dama pasó a la habitación en la que yo había tomado mi traicio-nero café. En cualquier caso. tarea que despacharon en pocos minutos. -Sí.. Primero cerró con llave una puerta. los dos procedieron a desnudarme. -Por supuesto. señalándome a mí con el dedo. Y ahora. aquí están -contestó el conde. ¿no? -dijo el conde. y ya no volví a verla. -Sí. Quien no haya pasado por ello no conoce los terro-res de la muerte próxima. Luego se recuperará. y luego la otra. un sayal que me cubría hasta los pies. ¿Están aquí su camisón y su sosiega? Ya me entienden. más pare-cido a los que utilizan las mujeres que a los masculinos. ha llegado el momento en que debe retirarse. yo todavía no sospechaba nada. mientras aprovechan para escapar con su botín. -Así que no lo quiere decir a un amigo. ¿eh? -No puedo decirlo mientras no lo sepa. . Tal había sido mi gran esperanza hasta entonces. a pesar de la urgencia del momento. pensé. -Entonces. -Y ¿adónde piensan ir? -Eso no lo hemos decidido aún -contestó rápidamente. Mañana mismo -contestó el conde.-Entonces durará probablemente siete horas.madame-dijo el doctor volviéndose a la dama y hacién-dole. pero pronto me resultó claro que sus planes eran bien diferentes. volviendo con un rollo de lino en la mano. me resultó tranquilizador oír que no tenían inten-ción de asesinarme. cuando la mente está límpida. una reverencia-. estos intrigantes me dejarán en la cama para que me recupere como buenamente pueda. El conde tomó una vela y franqueó la puerta situada en el extremo de la habitación.

y hasta había escrito a algunos amigos míos de Inglaterra diciéndoles que no esperaran carta mía durante tres semanas por lo menos.Amand. pero como se habían interpuesto entre el objeto arrastrado y yo. no pude verlo hasta que lo hubieron acercado junto a mí. Me ceñiré a describir lo que ocurrió. se plantó a los pies del ataúd y echó una última mirada general. en uno de los tres armarios empo-trados que se hallaban disimulados en la pared. Planard me extendió los brazos en paralelo a mis costados y. después de llevar varias horas en la tumba. tal y como me quedó grabado en la memoria . Planard levantó la tapa. cogió mi ropa. Era el ataúd que había visto antes en la estancia conti-gua. luego. Dé a los hombres un par de napoleones. aunque habrá que cambiarlos por el cami-no -iba diciendo Planard-. Un instante después. y firmado. El ataúd estaba vacío. en caso de que mi desaparición despertara alguna sospecha. El conde. cuando me despertara de aquella catalepsia. El funeral deSt. juicio final y tormento eterno lograron distraerme de mi destino inmediato. poco a poco me fueron dejando caer. Si. pero sólo pensamientos de terror. Y ahora. Oí un cuchicheo y luego el ruido de pies que se arrastra-ban. ¡horror!. Yo mismo había dado. Yo mismo había contribuido a dar falsas pistas a la policía. como había indicado Planard. CAPÍTULO XXVI . y. ni el más exhaustivo examen podría detectar rastro alguno de violencia. se exhumaba el ataúd y se examinaba el cadáver en él encerrado. No me empeñaré en describir lo que es de por sí indescriptible: el horror en estado puro que se había adueñado de mi alma. es preciso tenerlo todo terminado para antes de las tres y media.Catástrofe -Parecen buenos caballos.Amandera una farsa para despistar a la policía. Traté de rezar en aquel momento de pánico sobrehumano. los vi entrar de espaldas por la puerta. uno junto al otro. la muerte había llamado a mi puer-ta. según oí decir después. vamos. En medio de mi júbilo culpable. que era muy metódico. sin dejarme escapatoria alguna. por algún capricho de la curiosidad o de la sospecha. alisándome con cuidado los encajes de la pechera y los pliegues del sudario. yo lo mantendré en posición vertical para que usted le meta los pies en el ataúd. hizo un lío con ella y la guardó. Lo habían dejado en el suelo. perecería allí dentro de la manera más horrible que se pueda imaginar.El conde y Planard entraron juntos en la estancia situada justo enfrente de mí. lo vi con meri-diana claridad. al parecer de satisfacción.cuyo lugar iba yo a ocupar. Entonces. encerrado en su ataúd. Ahora comprendí su abominable plan. asegúrese también de que quedan bien juntos antes de cubrirlos con el sudario. Aquel ataúd estaba destinado a mí. Luego. de pie sobre un extremo del ataúd. pegado al sillón en el que yo estaba arrellanado. Arrastra-ban algo que producía un ruido sordo y prolongado. ningún análisis químico podría detectar huella alguna de veneno. me encontraba sostenido por éste. las órdenes pertinentes enPère Lachaise y había abonado los gastos del entierro del inexistentePierredeSt. con su nom-bre en la placa encima de mi pecho y una tonelada de barro sobre mi ataúd.

el doctor Planard dijo que iba al vestíbulo a llamar a los mozos encargados de llevarse el ataúd y colocarlo en la carroza fúnebre. Tras ajustar bien todos los tornillos. pudiendo sólo distinguir lo que se pronunciaba clara y distintamente.de manera perdurable. no como llegó entonces hasta mis oídos (oía de una manera demasiado imperfecta e interrumpida para poder perge-ñar una narración fidedigna). y de que una porción de ellas se oculta en esta casa. que no hay nada más falso que dicha información y que usted no tiene ningún tipo de inconveniente en abrir de par en par. espero que permita al conde deSt. al cual le han informado de que grandes cantidades de mercan-cías de contrabando inglesas y de otros países se han distribuido en este vecindario. a efectos de la inspección reglamentaria. Su actitud había cambiado sensiblemente. dejándome completamente a oscuras. pues unos segundos después deslizaron una tabla cerca de mi rostro. un caballero que desempeña un cargo importante en el departamento de policía. Estaba algo detrás de la cabecera del ataúd. -Los empleados de pompas fúnebres están en el vestíbulo -dijo el conde. esta orden de registro deberá bastar para probar al señor conde que tengo instrucciones precisas para proceder a un registro general. y sin ninguna dilación. Yo me he permitido asegurarle. Monsieur. pero con el sem-blante súbitamente empalidecido-. -Por supuesto -exclamó el conde con voz firme. los dos hombres arreglaron la habitación y dispusieron el ataúd de manera que quedara perfectamente centrado sobre las guías. por cuanto sé. No me dejaron mucho tiempo para tratar de adivinar lo que iban a hacer conmigo. Siento tener que comunicarle una inte-rrupción bastante inoportuna. Ni la voz de Jehová hablando entre truenos me habría resultado más espantosa que aquellos ruidos vulgares. Entró en la habitación desde la estancia en que había estado anteriormente el ataúd. se preparó para dirigir el duelo con el mayor dramatismo posible. con un pañuelo blanco en la mano.Alyre me disculpará -contestó Carmaignac algo secamente-. cuantas habitaciones. que . se movía con cierta arrogancia. mi querido amigo. -MonsieurCarmaignac. los sonidos me lle-garon desde entonces de manera más apagada. Sí pude oír el forcejeo de un destornillador y el chirriar de varios tornillos según los iban introdu-ciendo. pues el conde no quería bajo ningún concepto que hubiera en la habitación algo que delatara precipitación o desorden. sino según lo que supe después por algu-nas personas. -Monsieurlecomte-dijo mientras franqueaba la puerta seguido de media docena de personas-. Después. gabinetes y armarios empotra-dos pueda haber en su casa. Ha venidomonsieurCarmaignac. pero mis superiores me prohíben revelarle dicho extremo. -El conde deSt. -No deben entrar hasta que hayamos cerrado el ataúd -dijo Planard-. y cuyos rápidos pasos oyó ense-guida aproximarse. Gracias. esperando la llegada de las personas que acompañaban a Planard. lo cual podría haber dado pie a algunas conjeturas.Alyre asistir al funeral de su pariente. pondré mi casa y mis llaves a disposi-ción de sus investigadores tan pronto como me comunique qué mer-cancías de contrabando se están buscando concretamente. por haberse anticipado a mí. El resto lo debo relatar. Haga el favor de sujetar un extremo mientras yo sujeto el otro. El conde se puso los guantes negros y. Planard fue el primero en llegar.

y.. Vi de nuevo la luz.. Mis instrucciones son bien precisas. Pero confío en que este retraso no les ocasione ningún problema. señor. usted habrá tenido el gusto de ver otra vez. y cuyo cadáver va a trasladar hastaPèreLachaise una carroza fúnebre que está lista para par-tir en la puerta. -Por supuesto. como es de suponer. que .Philippe. Cuando me ordenan registrar. éstos se alinearon como una hilera de setas. la última-vez.. manifiestamente apenado. de la que. -No habrá tal. siento decirlo. señor. Claro que sí..pero tengo órdenes estrictas al respecto.monsieurPierredeSt. y le doy mi palabra de honor que en ese ataúd no hay 3 nada más que el cadáver. pero no conoce tan bien como yo las artimañas al uso entre los criados. semejante profanación.. como usted ve -intervino Planard señalando con el dedo el ataúd-. el destornillador. -Eso. esa herramienta. con unas hábiles vueltas a cada uno de los tornillos. El conde intercambió una rápida mirada con Planard.. tras echar un vistazo al ataúd y tantear con la uña las cabezas de los tornillos.Amand?Pobre hombre. y la tapa cayó a un lado. -¿Que si lo he visto? Tantas veces. Lo conozco demasiado bien. peroPhilippe-un hombre calvo y con el rostro más tiznado que el de un carbonerodejó en el suelo una caja de cuero de herramientas.cabrían en un espacio muy reducido. ya se sabe.quita la tapa de ese ataúd.. Lo he reconocido al instante. supongo. sólo un momento.monsieur. Usted permanecerá en esta habitación.Es decir. descuide. El conde protestó. los criados son a veces tan ingeniosos.replicó el conde con tono perentorio acercándose al ataúd y extendiendo los brazos sobre él-. no puedo permitirlo.. -¡Ah! Entonces lo ha visto usted.yace aquí muerto.. a veces se ocultan cosas tan extrañas en lugares tan extraños. -Discúlpeme. Si todo está en orden. Por ejemplo. -El cadáver de mi pariente.Amand-contestó el conde con altivez. pero tenemos un deber que cumplir.. yo registro. ¿Cómo no iba a reconocer a PierredeSt. eso no puedo permitirlo.. que suelen estar bastante avezados en el arte del contrabando. a su amado pariente.Monsieurlecomteno debe suponer en ningún momento que yo sospecho de él. -Las cosas que yo busco -dijomonsieurCarmaignac. se rompió al colocar el último tornillo. Se trata simplemente de levantar la tapa. -N. seleccionó un destornillador y. Además.. Otra mirada rapidísima a Planard. -Por supuesto quemonsieurlecomtecree lo que dice. -Me refiero al cadáver.monsieur. no puedo decir con seguridad qué es lo que contiene ese ataúd. -Lo siento. A ver. yo debo actuar como si sospechase de todo el mundo. No puedo tolerar semejante indignidad. -dijo el conde. -El tiempo suficiente para reconocerlo. Perfecta-mente. Levantemos la tapa. supongo -insinuó el caballero. No..monsieur. -Pero.

Alyre. no se preocupe. Pareció desagradablemente asombrado. Un criado sinvergüenza. B. Mandaré a alguien a buscar la llave. ya veo -dijo Carmaignac. sino simplemente drogado. Y.. no está muerto. Primero debo pedirle la llave de ese armario -agregó señalando en dirección del armario en el que acababan de esconder mi ropa. y. me pareció que no me había reconocido. aquí hay un reloj y un montón de sellos. Naturalmente. Dios mío! ¡Si hubiera podido simplemente soltar un alarido! Veía cómo el careto pardusco y mezquino del pequeño conde me miraba fijamente desde el otro lado. como este caballero me pone trabas para asistir a las exe-quias de mi pariente. R. a quien despedí hará un año. mando arrestar aNicolasde la Marque. conde de St. Sólo que.monsieur.» Ese criado Lablais debió de ser un consumado granuja. por haberle robado y trata-do de asesinar..». y-el funeral debe seguir adelante. retirándose-. Hace diez por lo menos que no lo he visto abierto. y también un pañuelo marcado con las iniciales «R. -Mi querido conde deSt. el reloj aún tiene cuerda. -Le ruego pida a su operario que vuelva a colocar la tapa del ataúd y la asegure bien con los tornillos -dijo el conde. la situación se estaba volviendo insostenible. recuperando el valor-. -Ya veo. B. Había también en la habitación otros dos agentes. El conde miró en dirección de la puerta.. Vi cómo la cara de Carmaignac se inclinaba sobre mí con un curioso fruncimiento de ceño...Philippe..Pues.. Beckett. -Aquí hay tarjetas de visita. el cual en ese caso seríamonsieurBeckett y nomonsieurdeSt. hace siglos que no se usa.nosabría decirle -contestó el conde-.Amand. Hubo también otros rostros que me echaron un vistazo. a fe mía. una vez abierto el armario.creía haber visto por última vez. . No está bien hacer trabajar más de la cuenta a personas que cobran un sueldo moderado por el trabajo nocturno. me parece. ¡Oh. tenía la llave.Berkeley Square». -Se me ocurre que podría haber robado también esta ropa -prosiguió Carmaignac. sacó el traje que mis secuestradores habían metido allí apenas dos minu-tos antes. graves y fornidos. Y.Beckett. Pero el eje de mi visión seguía inmóvil. uno de ellos con las inicia-les «R. En este momento soy yo el único que da aquí órdenes con relación al ataúd. Es probable que esa ropa sea suya.dice la tarjeta. llamado Lablais. en aquel momento sólo veía el techo. el rostro del seudomarqués también me miraba.. Lleva usted toda la razón. oh maravilla. -Si no la tiene a mano. yo no tengo nada que objetar -dijo el conde-. le ruego asista al funeral en mi lugar. Como mi estado cataléptico me obligaba a mirar de frente y fijamente. -Espere unos minutos -insistió impertérrito Carmaignac-. pero no caía en la misma línea recta de mi visión. -En efecto. No sé nada del con-tenido de ese armario.«Mr. Quiero ver lo que hay dentro.intenta abrir ese armario con la llave maestra. Por su manera de mirarme. -Pues. -Yo.al hombre que está en ese ataúd.El hombre del ataúd. No hay nada aquí de lo que busco. señor.Alyre. -Planard. el cortejo saldrá dentro de unos minutos. Debe de haberlos robado a una persona llamada Beckett. por donde estaba entrando un gendarme. ¿De quién es esa ropa? -preguntó Carmaignac cuando.

un tal GabrielGaillarde. correspondía también al lugar donde se había fracturado la pierna GabrielGaillarde. que lee el corazón de los hombres. ora protestando. La rotura del hueso por encima del tobillo. que desde hacía tiempo venía consideran-do patrimonio propio para cuando la muerte se llevara a su hermano de este valle de lágrimas. entre cuyo número me contaba yo. Antes debo decir unas palabras sobre mi persona. había conservado por fortuna. condesa o no. Se abrieron varias tumbas enPèreLachaise. A esta sospecha vinieron a sumarse otras más siniestras todavía.cuyo molde. Hacían que sus víctimas. fueron conducidos directamente a laConciergerie. La trama de aquellos infames conspiradores se había urdido con una habilidad y un sigilo consumados. bajo la dirección de Planard. que había acudido a identificarme. y. Enseguida contaré cómo hicieron fracasar aquella conspiración con-tra mi propiedad y mi vida. pero que ahora estaba completamente al servicio de la acusación.se había inscrito un nombre falso. con dos gendarmes sentados a cada lado. Esta estratagema. de factura muy parti-cular. Estas medidas sencillas me restauraron en el espacio de unas tres horas aproximadamente. en un principio más a consecuencia de la rabia -lo que le inducía a creer lo que fuera.Amand. además de sufrir una fractura en la pierna derecha. colaborasen en crear el misterio que hacía defi-nitiva su propia destrucción. Más fácil aún de reconocer fue su dentadura. el viejo bandido era apresado.conocido del empleado que se había encargado de tramitar el funeral. Desde hacía tiempo venía sospechando. y estaban demasiado descompuestos para ser reconocidos. el acta de defunción la había firmado -y dado la orden de inhumacióny abonado los gastos. Había mantenido el mayor secreto en cuanto a las heridas sufridas en el rostro. ora suplicando impíamente a «Dios. sobre cuya tapa -al igual que sobre la lápida sepulcral.Un instante después. probablemente habría seguido bajo los efectos de la droga unas siete horas. Una era la del fanfarrón coronelGaillarde. ligeramente descolocado. Por supuesto. Sólo uno fue identificado. también pre-viamente arrestada. Allí se añadieron al concierto general dos voces. El coronel se había enfurecido por la pérdida de su hermano menor. pero fácilmente reco-nocible por el artífice que lo había confeccionado. que habían sido el conde deSt. mintiendo y delirando de esta guisa. Los cuerpos exhumados llevaban allí demasiado tiem-po.que de hipótesis con .» Y.a quien a duras penas habían logrado mantener callado hasta entonces. y más aún por la de su dinero. como es lógico. La otra era la de mi jovial amigo Whistlewick. fue sacado a rastras de la habitación y colocado en el mismo coche celu-lar en que se encontraba ya su bella y criminal cómplice. que también habían seguido con-migo. ora amenazando. tan ingeniosa como monstruosa. accidente en el que había perdido un ojo y algunos dientes. Molde que encajaba a la perfección con la placa de oro hallada en la mandíbula de la calavera. El resultado fue que el ojo de cristal que había ocupado el lugar del perdido seguía aún en su cuenca. quienes lo habían dejado sin blanca. y oí cómo solta-ba con su voz discordante una vehemente e inconsecuente perorata. había sido llevada a cabo con éxito en su caso. un granuja tan redomado como sus compinches. se abrió una investigación. La persona para la que se había encargado la tumba era puramente ficticia. de índole muy dis-tinta. Me colocaron en un baño caliente. Era muy probable que a mí me hubieran reservado el mismo honor con el seudónimo dePierredeSt. donde lo habían reajustado. debido a las peculiaridades del accidente. En aquel caso concreto. inmediatamente por encima del tobillo.Alyre y su bella compañera. siendo el pro-pio GabrielGaillardeel que había acabado ocupando el ataúd. La identificación fue curiosa. de lo contrario. que uno de los dentistas más mañosos de París había adaptado para las encías del talGaillarde. Aquel GabrielGaillardehabía sufrido una grave caída de un caballo desbocado unos cinco años antes de su misteriosa desaparición. por algu-nos cabos sueltos que había logrado atar.

fundamento. El marqués salió bien parado. los ladrillos que vi en la estancia del ataúd habían sido transportados hasta allí envueltos en paja para hacer creer en la existen-cia de un cadáver y evitar las sospechas y contradicciones que podría haber originado la llegada de un ataúd vacío al castillo. Yo hice de principal testigo de cargo en aquella cause célèbreydisfruté de todos los atractivos que se derivan de tan envi-diable cometido. A la bella Eugénie le asistieron circunstancias atenuantes -al parecer.en caso de que fracasara Planard. tuve la candidez de creer que iba a ser objeto de un interés considerable por parte de la sociedad parisiense. El coronelGaillarderecuperó parte del dinero de su hermano. Lejos de abordarme con ánimo hostil. se convirtió en informador de la policía y concertó con ella la visita realiza-da al castillo de la Carque en el momento crítico en que se pudiera coger al conde y a sus cómplices con las manos en la masa y tener pruebas fun-dadas para la acusación. Fue ella quien. Es decir. para mi mortificación personal. me convertí en una especie de personaje público. pueden creerme. había espiado mis docu-mentos durante el memorable viaje nocturno a París y quien había interpretado el papel de maga dentro del palanquín con ocasión del baile . pero. «por los pelos». admirablemente disfrazada. Pero. un incidente fortuito dirigió al coronel sobre la buena pista. su especial belleza. ino-centón y tonto. En segundo lugar. e incluso hicieron de mí varias caricaturas. como dijo mi amigo Whistlewick. junto con la ejecución del conde. La condesa había sido años atrás una de las actrices más destacadas en la pequeña escena de París. de donde había sido rescatada por el conde para que se convirtiera en su cómplice principal. Un capricho del azar puso sobre aviso al granuja de Planard de que los conspiradores -incluido él mismo. fue ejecutado.y la condenaron a sólo seis años de cárcel. El conde. Finalmente. Creo que sólo me queda referirme a dos detalles suplementarios. los magníficos brillantes de la condesa fueron tasados por un joyero y vendidos por unas cinco libras a una reina de la tragedia que andaba necesitada de un aderezo de oropel. Se me tildó de zopenco. Hasta había mandado venir a un médico famoso. Esto. descubrí que fui más bien objeto de pitorreo -bondadoso pero despectivo-. En primer lugar. Mi viaje a París. su cómplice. dignidad «parala que no había nacido» yde la que huí tan pronto como pude. le devolvió el buen humor. me dio cortésmente la mano asegurán-dome que consideraba el bastonazo que le había propinado en la cabeza como un revés recibido en una lid un tanto irregular pero de cuya justi-cia y validez no le cabía la menor duda. Huelga decir que la policía actuó con suma precaución para poder recoger todas las pruebas conducentes a constituir un acta de acusación condenatoria. El resultado fue que él impuso las condiciones de su propia libertad. después de haber salvado el pellejo. que. sería capaz de aportar las necesarias prue-bas médicas. no había resultado tan agradable como había esperado. sin ni siquiera honrar a mi amigo el marqués de Harmonville con una visita a su confortable castillo.se hallaban en peligro. saca-do de la fortuna no muy boyante del conde y de la soi-disante condesa.

La introducción de un cadáver real -procurado por una persona que abastecía a los anatomistas de Parísno implicaba ningún peligro real. La recogida y ordenamiento de tales leyen-das era. Como suele decirse. en que abun-daba la región donde residía. a abastecer a sus compañeros de cam-posanto de agua fresca para calmar la sed ardiente del purgatorio. uno para los días secos y otro para los húmedos.goza aún de plena vigencia en el sur de Irlanda. El que esto escribe da fe de un caso en el que un labriego respetable y acaudalado de la comarca deTip-perary. Es un docu-mento más entre otros muchos parecidos. todavía lo recuerdo. A quienes piensen que la redacción de tales escritos desentona con el carácter y modo de vida de un cura de pueblo no les vendría mal recordar que existió una raza de sacerdotes -los de la vieja escuela. interés que temían pudiera desfallecer. pues nuestro párroco era un concienzudo coleccionista de antiguas tradiciones locales. Eran famosos los terribles conflictos que se . en mi calidad de «legatario residual».cuyos hábitos y gustos literarios eran en muchos aspectos más refinados que los de los estudiantes de Maynooth. su testamento dejó en mis manos todos sus documentos manuscritos. Pero también dejó en mí otros sentimientos más graves y profundos.a una concepción más feliz. Yo repartí el resto del verano y el otoño entre Suiza e Italia. de las que ya no es el caso ponernos a hablar aquí. que el último cadáver enterrado está obligado. de la vida. con objeto de mitigar la fatiga de sus inevitables excursiones en busca de agua para repartirla entre las sedientas ánimas del purgatorio. que durante casi cincuenta años había desempeñado la ardua tarea de párroco en el sur de Irlanda. aquella vivencia hizo de mí un hombre más experimentado que amargado. pero yo nunca había sabido que su afición a lo maravilloso y lo fantástico lo había llevado a poner por escrito los resultados de sus investigaciones hasta que. y no por ello menos seria. me tropecé con el documento que adjunto más adelante. metió en su ataúd dos pares de borceguíes de cuero. La mascarada también había tenido como objeto seleccionar a otras víctimas potenciales. Tengo motivos sobrados para agradecer al misericordioso Señor del universo aquella temprana y terrible lección sobre las imprevisibles celadas que nos puede tender el maligno. Tal vez convenga añadir que la superstición ilustrada por el siguiente relato -a saber. uno ligero y otro pesado. EL FANTASMA Y EL COLOCAHUESOS Mientras echaba un vistazo a los papeles de mi ínclito amigoFrancisPurcell -que Dios tenga en su santa gloria-. La horrible impresión que produjo en mi espíritu se debió en buena parte a la simple acción de mis nervios y mi cerebro. una raza ahora prácticamente desaparecida.por consideración para con los callos de su añorada esposa. su principal hobby. Aquel sofisticado embuste había tenido por objetivo mantener vivo mi interés por la bella condesa. que marcaron definitivamente mi vida. durante su primer período de ultratumba.de disfraces en Versalles. me condujo -aun-que aún debieron pasar algunos años. toda vez que intensificaba el misterio y hacía que el profeta se mantuviera vivo en las conversaciones de la gente y en los pensamientos de los bobos con quienes éste había dialogado.

joven. y . como se podía ver dándose una vuelta por las tabernas del lugar. que Dios se apiade de todos nosotros. ocurrió otro caso en el que una de las dos partes. saltándose a la torera uno de los más arrai-gados prejuicios. En fin. salvo que era algo aficiona-do a la bebida. Así pues.habían producido entre dos comitivas fúne-bres camino del cementerio. por miedo a dejarse arrebatar por el otro fallecido esta inestimable ventaja. y seguro que nadie recordaba a un colocahuesos -niño.. Tal vez conven-ga observar que éste era lo que se suele llamar un hombre «bien habla-do». y me atrevería a decir que no hay mozo en ninguna de las siete parroquias que la cuente mejor ni más deprisa que yo. si a algún pobre hombre lo llevaban a juicio. y someteré en cambio a su consideración el siguiente: Extracto de los papeles manuscritos del finado Rvdo. todo iba viento en popa. No mucho después. bajo el viejo castillo. hombre o viejo. pero eso no tiene importancia. paso ya directamente a someter a su consideración las portentosas aventuras deTerry Neil: Recórcholis. en fin. circunstancia que puede explicar la presencia de varias palabras algo fuertes en el transcurso de la narración. como iba diciendo. las pobres personas que se habían roto un brazo o una pierna y no podían poner el pie en el suelo. y la consiguiente exención del impues-to que gravaba a los familiares del último en ser enterrado. Pero era costumbre que. quiéralo Dios. cada cual empeñada en asegurar a su falle-cido la prioridad en la sepultura. pero. de Drumcoolagh: Voy a narrar la siguiente historia tratando de emplear. Los vecinos decían que el abuelo del amo. nada más natural pues nadie podía competir con él en recomponer con tanta habilidad la pata de una silla o una mesa. y te digo también que.que así se llamaba mi padre. y se la oí contar a él mismo muchas veces. como una especie de atención para con aquella vieja familia. que Dios lo tenga en su santa gloria. tenía la costumbre de pasear en medio de la noche desde que se le había reventado un vaso sanguíneo al intentar sacar el corcho de una botella -cosa que cualquiera podría haber inten-tado. esta historia tan extraña es más cierta que dos y dos son cuatro.. y lo mismo digo trabajando la madera y reparando árboles viejos y otras cosas por el estilo. aten-ción. al ver que le iban bien los nego-cios compró un pequeño terreno junto a la propiedad del caballero Phalim. maña-na y tarde. Así pues.más hábil ni más famoso en todo el país. de la manera más fidedigna posible. acudían a su casa desde los lugares más distantes para que les recolocara los huesos. él acudía siempre a declarar en su favor. el viejo caballero solía salirse del cuadro de la pared. por cierto. harto desagradable pues a nadie se le ocultaba que en el viejo castillo ocurrían cosas raras. y romper botellas y vasos. donde estaba su retrato. que había instruido durante mucho tiempo a la avispada juventud de su parroquia natal en las artes y ciencias liberales que juzgaba conve-niente profesar. y puedo asegurar. y. Se podrían citar asimismo otros muchos casos parecidos que muestran la vigencia que tiene todavía esta superstición entre los cam-pesinos del sur. por cierto. cuandosirPhelim salía de viaje. Y no había nadie como él en toda la comarca que trabajara la tierra igual de bien. y me enorgullece decirlo. Y fue así como le dio por dedi-carse a la reparación de piernas rotas. señorías. Pero no entretendré al lector con más preámbulos. Así pues. y seguro que lo intentará alguna vez. se dirigió al camposanto por un atajo y. pues fue a mi propio padre a quien le pasó. que la palabra de mi padre era tan fiable como el juramento de cualquier gentilhombre del país. una zona bastante amena.FrancisPurcell. algunos de los arrendatarios se quedaran vigilando en el viejo cas-tillo. las mismas palabras del narrador.Terry Neil. esto no viene a cuento-. que era el caballero más cabal que había parido madre. Pues bien. que era un hombre honesto y sobrio. pasó el ataúd por encima del muro para adelantarse así al que estaba haciendo su entrada por la puerta en aquel mismo momento. empleadas pensan-do sin duda más en su efecto eufónico que en la corrección de las mis-mas.

-Oh.» Pero no tenía escapatoria.-Ah. una de whisky puro y otra de agua bendita. Y Larryle dijo: -Encenderemos un pequeño fuego en el salón. a fumar y a beber un poco de whisky. reparen en esto. como de cos-tumbre. con una expresión de absoluta inocencia en el rostro. y a la tercera noche le tocó el turno a mi padre. y decidió tomar la cosa con buen ánimo. como les iba diciendo. « ¡Vaya fastidio!».Si queremos observar la vieja costumbre. me parece una buena idea. señorías. Así. se dice para sus adentros. Llovía bastante y hacía una noche oscura y tenebrosa cuando mi padre llegó y se roció con agua bendita.Lawrence-dijo. loado sea el Señor. pues era bastante viejo y estaba acostumbrado a dormir mucho. y.muy bien. dijo mi padre para sus adentros. pues no quería queLawrencesupiera que tenía miedo. ¿Es que no te das cuenta de que te estás durmiendo? -Por todos los demonios -dijoLarry-. pues sabía que el cuadro del caballero estaba colgado en el salón.beber todo lo que encontraba -qué vergüenza. Así que no te metas tanto con tus semejantes -agregó con tono .. hay que observarla en toda regla.estoy simplemente cerrando los ojos para que no les entre el humo del tabaco y no se pongan a llorar. lo invitó a pasar la noche charlando. -¿Y por qué no en el vestíbulo? -preguntó mi padre..y empezaron a hablar. volvía a su lugar. y el fuego de carbón mineral y turba ardía estupendamente y les calentaba las canillas. al poco tiempo subieron y se sentaron conforta-blemente junto a la chimenea del salón. Así. hasta que aLawrenceempezó a entrarle el sueño. Y. algunos de los arrendatarios tuvieron que quedarse de guardia en el castillo.eso no puede ser -dijoLawrence-. -En el vestíbulo no se puede encender la lumbre -dijoLawrence-. subió al castillo con dos botellas. a la caída de la noche. Pues bien. Pues bien. «tener que pasar toda la noche en vigilia. los dos bajaron a la cocina mientras el fuego prendía en el salón. en cierta ocasión la fami-lia del castillo se fue a Dublín a pasar un par de semanas. y pueden estar seguros de que mi padre no hizo ascos a aque-lla invitación. -Recórcholis -dijo mi padre-. señorías. como si en su vida hubiera roto un vaso. -Así es imposible seguir hablando -dijo mi padre-. y luego. el viejo picarón. al ver quién era. Vamos entonces a la cocina. estuvieron conversando y fumando juntos de la manera más agradable. y acto seguido se echó un trago de whisky para ahuyentar el frío de su corazón. ron-dando por la casa y haciendo toda clase de travesuras. pues no está bien que la gente como yo se siente en el salón. como iba diciendo. si entraba alguien de la familia.Terry. mi padre y él se llevaban muy bien desde siempre. y al decirle mi padre que le tocaba a él montar la guardia en el castillo. quien salió a abrirle.pues hay un viejo nido de grajos en la chimenea. y ese viejo espíritu vagabundo. Señor-. lo que no tardó en producirse.LawrenceConnor. «Al diablo con la vieja costumbre». Fue el viejo mayordo-mo. cosa lógica en él.

si lo hacía. hombre! A mí me tenía que pasar esto. Y. Además. según creyó mi padre. unas veces fijamente y otras guiñándole un ojo. señorías. y en cuanto vio que así era. no sirve de nada asustarse ahora. sigue con tu historia. a lo que iba. volvió a colocarla con cuidado en el sitio de antes y se puso a pasear por la habi-tación con aire tan sobrio y paso tan firme como si no hubiera .. cuando iba a dar un achuchón aLawrencepara despertarlo. y ¿qué vio? Nada menos que al viejo caballero saliendo del cuadro.. que habría bastado para mantener despierto a un lirón y. para impedir que un cristiano comoLawrencese durmiera. Por cierto. cuando se hubo despachado bien. Pero como seguía igual de nervioso.Si consiguiera dormir un poco. una historia bastante divertida. como si estuviera quitándose la chaqueta de montar. alargó la mano y agarró la botella de whisky y se trincó por lo menos medio litro. éste se iría a la cama con toda seguri-dad y lo dejaría completamente solo en aquella habitación. ojalá tuviera yo la mente tan sosegada como elLarry. pensó incluso que los muros del castillo iban a derrumbarse en medio de una conflagración universal. que Dios lo tenga en su santa gloria-. se le ocurrió de repente que. Y. Pero hubo una cosa bastante extraña que he olvidado referirles. Y. -¡Vaya. abrió los ojos rápidamente. No está bien en un amigo ni en una persona con principios importunar al que está durmiendo. Por mucho que lo intentaba no podía dejar de mirar de vez en cuando al cuadro. por una parte. Venga. se trincó casi medio litro de licor a ver si así se tranquilizaba un poco. la manera como la contó mi padre creo que nunca había sido antes superada ni lo sería des-pués. ¡Qué mala suerte tuve el día que me mandaron venir a este maldito lugar! De todos modos.lo primero que hizo fue quedarse mirándonos atentamente a ver si estábamos dormidos. antes de que llegara la historia a su final. pues tenía un carácter muy fuerte.. No lo molestaré al pobre. al ver mi padre que no servía de nada amonestarlo.LarryO'Connor ya estaba ron-cando como un hipopótamo. fue la historia deJimSoolivan y su vieja cabra la que contó. el viejo taimado -y ésta fue.brusco. mi padre trató de mantener la calma y hasta estu-vo a punto de quedarse dormido de no haber sido por la manera como atronaba la tormenta y crujían las ramas de los árboles y silbaba el viento a través de la viejas chimeneas del castillo. Así pues.. prosiguió con su historia. -Recórcholis -dijo mi padre-. -¡Por vida en la mar serena! -exclamó mi padre-. y dar luego un salto sobre la chimenea para caer de pie sobre el suelo. y eso que tenemos aquí una botellita para hacernos compañía! ¡Por los clavos de Cristo! -volvió a exclamar. pero de repente la tormenta cesó y la noche se volvió más apacible que una velada de julio. señorías. Después de un descomunal rugido del viento. -Y arrastró un sillón hasta donde estabaLawrencey se puso lo más cómodo que pudo. -dijo al darse cuen-ta-. por la otra. él se quedó ronco y. no haría ni tres minutos que había cesado la tormenta cuando mi padre creyó oír un ruido un tanto extraño enci-ma de la chimenea. si he de morir. ¡Ojalá que yo pudiera dormir así también! Dicho lo cual. lo cual era mucho peor aún. mejor respirar a gusto. que te estoy escuchando -agregó mientras volvía a cerrar los ojos. -Ah -exclamó-. ¿No es bastante duro lo que me pasa a mí? ¡El muy villano dice que es mi amigo y luego se me duerme de esta manera. la peor jugarreta de todas. pues la contó como si le fuera en ello la vida mientras trataba de mantener despierto al viejoLarry. con mayor razón. se puso a pasear por la estancia y a rezar tan intensa-mente que empezó a sudar (me perdonen sus señorías). pues. Pues bien. Bueno.aunque en realidad sus esfuerzos no le sirvieron de nada pues. y al final observó que el personaje del retrato lo seguía con la mirada a todas partes.

y sumamente caritativo y humano con los pobres. que Dios lo tenga en su santa gloria-.señoría -dijo mi padre. ¿Que Dios me tenga a mí en su santa gloria? ¿A cuento de qué. lo que es más. a pesar de todo ello no estoy a gusto donde me encuentro ahora. -Terence -dijo el caballero-. cuyo rostro se iba volviendo rojo de furor-. -Y. y aunque en diferentes períodos fui un cristiano bastante aceptable.. ignorante gañán. Me asombra cómo puedes tener la inso-lencia de sermonear a un caballero acerca de su alma. -¡Caramba!-exclamael caballero. y la gente como tú no tiene por qué soltármelo a la cara cada dos por tres -exclamó con un taconazo en el suelo que hizo retumbar el entarimado. -Bien -dijo el espíritu-. ¿Qué. señorías. -¡Ay! -se disculpó mi padre-. no es culpa mía. -Gracias. mi padre casi ni se había inmutado hasta que el espíritu pasó a su lado. ejemplo de sobriedad para toda la comarca. con perdón de sus señorías. De todos modos. como tendría derecho a estarlo. -Sujeta la lengua. que el olor a azufre le impidió respirar y le dio un ataque de tos que casi lo tira al suelo. -Eso es también una gran verdad -volvió a convenir mi padre (aun-que era una gran mentira. para servir a su señoría -dijo mi padre con la poca voz que le permitía el miedo. y esto fue lo que más lo asustó. -Eso es cierto por mi honor. Es un honor para mí poder ver a su señoría aquí esta noche. siempre que pasaba por su lado. cómo te va. sintiéndose algo mejor-. Aunque yo era más sobrio que la mayoría de los hombres (al menos que la mayoría de los gentilhombres). miserable canalla -dijo el caballero-. Tal vez desee su señoría hablar con el padre Murphy. cuando se trata de arreglar cosas como ésta -dijo dándose un golpecito en la pierna-. Y ahora escúchame bien. -¿Que Dios me tenga en su santa gloria? -repitió el espíritu..Yo siempre fui un buen amo para PathrickNeil. Así que eres tú el que está aquí.. cacho zopenco? ¿Dónde te has dejado los modales? Si estoy muerto. -Eso es una verdadera lástima -exclamó mi padre-. Que Dios lo tenga en su santa gloria. Soy desde luego un pobre hombre idiota e ignorante. ¡que Dios se apiade de todos nosotros!.. pero no tenía más remedio que seguirle la corriente). pues estaba más muerto que vivo-. el cual sabía de aquello más que nadie -el pobre ya murió. pues sabía que era azufre lo que ardía en el infierno. mejor dicho para lo que he bajado (mi padre tomó buena nota de aquel desliz. Usted fue siempre un gentilhombre muy educado.tu abuelo. al menos eso había oído decir al padre Murphy. Pero mi padre. tan cerca. creo que siempre fui un caballero sobrio y cabal -agregó el otro.tomado ni una gota. un hombre trabajador y serio. deteniéndose a dos pasos de mi padre y volviéndose hacia él-. señoría -asintió mi padre. yo me dirijo a quien es . tú eres un hombre respetable (y no le faltaba razón). notaba un fuerte olor a azufre. Terence Neil. Pues bien. por pequeño que pareciera). no ha sido para que me cuentes tu triste vida ni para conversar con un tipo como tú para lo que he subido aquí.Terry Neil? -Pues aquí estamos. -Y que lo digas -refrendó el caballero-. No es en mi alma en la que estoy pensando.

Me preocupa mi pierna derecha. que no seré yo el insolente que haga semejante cosa a una persona tan eminente como su señoría. Por tu salud. Toma. agarró con fuerza la pierna y empezó a tirar y a tirar hasta que el sudor empezó a bajarle por la sien. que es lo que más ansía. a la que quie-ro que le des un achuchón o dos hasta que encaje el hueso en su sitio. Dicho lo cual. -Como mande su señoría -dijo mi padre. arréglamela bien. -Oh. -¡Más aún! -aulló el caballero. ya que todos están siempre sedientos y beben más agua de la que pueden transportar mis piernas. salvo el pequeño recreo de que dispongo para echar un vistazo por aquí. Mi padre tiró como un poseso.experto en la materia. -Sujeta esa lengua. a quien no le hacía ninguna gracia andar toqueteando a un espíritu-. por todas las Potestades y Dominaciones que no dejaré un hueso de tu esqueleto sin triturar. antes me tomaré un traguito para no desfallecer -dijo el caballero alargando la mano hacia la botella con el pretexto de que se encontraba débil. que me rompí en el cobertizo de Glenvarloch el día que maté al negro Barney. En el lugar en el que paso la mayor parte del tiempo. -Bah. Terence -brindó-. y te diré por qué me preocupa mi pierna. Mi padre fue aquella mañana a ver al padre . para tu conocimiento. y eso es todo. no es mi alma lo que más me preocu-pa.que a su señoría no le preocupe haberlo matado. tengo que andar mucho más de lo que andaba antes. la gente donde me encuentro es terriblemente aficionada alagua fría. una tarea de lo más engorrosayaburrida. -Bueno. Al oír aquello. alzó la botella de agua bendita. pese a lo astuto que era. -¡Tira más fuerte. Cuando volvió en sí. mi padre comprendió que no le valía escurrir el bulto. el caballero salió despedido por encima de la mesa. y mi padre cayó de espaldas al suelo en medio de la habitación. ydesde luego mucho más de lo que me convendría. pues. Y precisamente lo que más me fastidia es la invalidez de mi pierna. No es mi alma -prosiguió sentándose enfrente de mi padre-. así. hijo del diablo! -exclamó el caballero. y lo peor es que allí hace muchísima calor y a mí me han encomendado la tarea de ayudar a llevar elaguas aunque me dan muy poco a cambio. el alegre sol matutino se filtraba entre los posti-gos de la ventana. déjate de monsergas. y ahora tira con todas las fuerzas que te queden. pues. te lo puedo asegurar. pero tan pronto como ésta hubo rozado sus labios dejó escapar un grito tan espantoso que pareció que el techo y los muros se iban a venir abajo y le entraron unos ataques y convulsiones tan terribles que la pierna se le descoyuntó y quedó atrapada entre las manos de mi padre. y él se hallaba tumbado boca arriba. mientras el viejo Larryseguía durmiendo y roncando más fuerte que nunca. sepa su señoría -dijo mi padre. de lo contrario. so necio -exclamó el caballero-.) -Espero -dijo mi padre. si bien. le salió mal la treta pues cogió la botella equivocada-. Sólo sirvo para hacerlo con personas de mi nivel. con la pata de un butacón viejo arrancada de cuajo en una mano. aquí está mi pierna -dijo el caba-llero levantándola para que se la cogiera-. (Mi padre explicó después que se trataba de un caballo de carreras que había sufrido una grave caída al saltar la gran valla que rodea la cañada.

como es habitual en todas sus obras. Mi bisabuelo. Sin embar-go. rostros y situaciones que han existido en la realidad. Y.Murphy. El cuadro en cuestión muestra el interior de lo que podría ser la cámara de algún antiguo edificio religio-so. y casi en la más completa oscuridad. la mano sobre la empuñadura de la espada. Aparte. sobre todo porque prácticamente no volvió a hablar de ello nunca más. sino escenas. se aprecia la figura de un hombre vestido a la antigua usanza de Flandes en actitud de alarma. En segundo plano. SCHALKEN EL PINTOR «Pues es un hombre con el que no tengo nada en común. en cuanto al caballero. pese a que éste es ciertamente exquisito. el primero y me parece único amor de Godfrey Schalken. y desde entonces hasta el día de su muerte nunca dejó de confesarse ni de ir a misa. La figura sos-tiene en la mano una lámpara. la sobrina de Gerard Douw. ni hay nadie que pueda imponer su mano sobre nosotros dos. que conoció bien al pintor. pues. el caso es que nadie supo que hubiera vuelto a pasearse por allí. el principal mérito aparente del cuadro. o fantasma. Y en verdad que así es. un retrato perfecto de RoseVelderkaust. en cuyo primer plano aparece una figura femenina ataviada con una especie de túnica blanca. ya fuera porque no le había gustado el líquido. » Hay una obra extraordinaria de Schalken que se conserva bastante bien. como si fuera a desenvainarla de un momento a otro. único foco de luz que ilumina su figura y su rostro. Este cuadro singular posee algo que le imprime carácter de realidad. y lo que contó lo creyó todo el mundo. pues registra fidedignamente una escena extraordinaria y misteriosa. Y digo aparente porque su verdadero valor estriba en el tema y no en el tratamiento. ya por haber perdido su pierna. El curioso tratamiento de la luz constituye. el cual esboza una de esas sonrisas enigmáticas que tan bien sientan a una mujer bonita cuando está tramando una jugarreta. salvo el contorno de su silueta definido por el tenue arrebol de una vela agonizante. y eterniza. que . de mí su vara y deje de amedrentarme su estampa. que le cae desde la misma cabeza. Hay algunos cuadros que nos impresionan y asombran por la mane-ra especial en que representan no simples formas y combinaciones idea-les que han pasado por la imaginación del artista. este atuendo no es hábito de ninguna orden religiosa. en el rostro de la figura femenina que ocupa el lugar más destacado del cuadro. le oyó contar a él mismo la terrible historia del cuadro.

se distinguían los eslabones de una cadena del mismo metal. sin embargo. Un día en que Schalken se hallaba trabajando en el taller después de que sus compañeros se hubieron marchado ya a sus casas. Así pues. como prueba su perdurable celebridad. se vieron coronados por el éxito. eran numerosas las raspaduras y correcciones de que habían sido objeto el santo y el demonio. Se sentía furioso y mortificado ante aquella producción inacabada. y. poseía la delicadeza y gentileza que acompañan a las bellas y rubias doncellas flamencas. sin éxito aparente. Primero tenía que labrarse un nombre y ganarse la independencia profesional. la tradición oral que circula asociada al mismo. Mientras con una mano se apartaba de la frente sus luengos mechones. aunque todas ellas en vano. en la mano. voy a intentar relatar. que llevaba protegida por una especie de guantelete. ¡Maldito cuadro. La paciencia del joven pintor estaba agotada. Huelga decir que sus esfuerzos se intensificaron a partir de entonces y que. para no sentirse satisfecho de su obra. Pero había algo que empañaba su júbilo: era pobre y desconocido.luego le regaló. Y su amor no quedó sin recompen-sa. Pero había ganado el corazón de su queridaRose Velderkaust. En la espaciosa y vieja estancia reinaba un gran silencio. pues no había alcanzado aún los diecisiete años de edad. A pocas personas les sienta tan mal el manto del romance como al zafio Schalken. una cabeza maciza de oro. durante la cual tendría que hacer frente a innúmeros obstáculos. El joven artista poseía suficiente discernimiento. Y ahora. aunque tímida. este hombre. En sus años jóvenes Schalken estudió con el inmortal Gerard Douw. una vez descrito el lienzo. hombre desgarbado pero diestro pintor de óleos que deleitan a los críticos de nuestro tiempo casi tanto como sus modales repugnaron a los refinados de su tiempo. y. Schalken llevaba unas dos horas traba-jando de esta guisa. Era el pintor más dichoso y orgulloso de toda la cristiandad. en el pecho. se enamoró perdidamente de la bella sobrina de su adinerado maestro. como anochecía deprisa. El sol ya se había ocultado y el agonizante crepúsculo estaba deviniendo en noche oscura. ay. obstinado y desaliñado en el cenit de su celebridad. pese a no tener una espe-cial inclinación religiosa. entre los pliegues de la capa. en sus días menos gloriosos pero más felices fue el protagonista de un exaltado romance lleno de misterio y pasión. a pesar de su temperamento flemático. sabía que le esperaba una época dura llena de incertidum-bres y desabrimientos. una perturbación tan extraña y misteriosa que torna inútil toda investigación y arroja sobre la propia historia una sombra de terror preternatural. El relato y el cuadro se han convertido en una especie de patrimonio de nuestra familia. si me dan la venia. y no se atrevía a pedir al viejo Gerard la mano de su preciosa pupila. Un buen día le declaró sus sentimientos y arrancó de ella una res-puesta afirmativa. destinados a sufrir un inesperado contratiem-po.RoseVelderkaust era más joven que él. y. maldito diablo. A un metro y medio por detrás de él se hallaba un anciano envuelto en una capa y tocado con un sombrero cónico de ala ancha. con la otra blandía el trozo de carboncillo que tan mal había cumplido su cometido. si hemos de creer lo que se cuenta. maldito santo! En aquel momento oyó cerca una especie de resoplido seco que le hizo volverse bruscamente y percatarse de que su trabajo estaba siendo observado por un desconocido. -¡En qué maldito momento se me habrá ocurrido pintar este tema! -exclamó el joven-. así. tan tosco. Era una composición reli-giosa que representaba las tentaciones de un rechoncho san Antonio. portaba un largo bastón de ébano rematado por lo que parecía. . y. dejó a un lado los colores y se aplicó en terminar un esbozo en el que había puesto un empeño extraordinario. El joven pintor la adoraba y amaba con toda su alma. lo cual suponía media batalla ganada. y cuyas manchas se dispuso ahora a limpiarse en sus holgados calzones flamencos. a la luz del último resplandor del crepúsculo. Pero aquellos intensos esfuerzos y las esperanzas que los sostenían y embellecían estaban.

ora deteniéndose a mirar el trabajo de alguno de sus alumnos ora.que Minheer Vanderhausen. quela quitó las ganas tanto de seguir solo en la habitación como de aventurar-se a salir al pasillo. No habría resultado fácil adivinar la edad del intruso. ¿no es así? -Así es. ¿Se había esfumado como por ensalmo. se quedaron vacíos. Godfrey -exclamó Douw volviéndose a Schalken tras una larga y minuciosa indagación desde su puesto de observación.. tan pronto se hubo repuesto de su sorpresa. conjuró todo el valor que le quedaba y. de Rotterdam. lo invitó educadamente a tomar asiento y le preguntó si traía algún recado para su maestro. desea hablar con él mañana.que la hora fijada eran las siete de la tarde según el reloj del Ayuntamiento? -Acababan de dar las siete cuando lo vi. permitían supo-ner que sus años no sobrepasaban la sesentena. por la noche a esta misma hora. salvo el de Schalken... acercán-dose a la ventana para ver a los transeúntes que pasaban por la calle oscura donde se hallaba situado su estudio. O tal vez se trate de un pariente pobre que quiere ser aprendiz mío. 0. cuyo sombrero impedía que se le vieran los rasgos de la cara.. ¿no? . ¿Qué puede querer de mí?= Lo más seguro que le haga un retrato. -dijo para sí Gerard Douw cuando se. y había un algo tan extraño y hasta se podría decir tan aterrador en su perfecta.acercaba la hora convenida-.. salió de la habitación antes de que Schalken. Sin embargo. el desconocido se volvió bruscamente y. -Minheer Vanderhausen. Aquella persona des-prendía tanta gravedad e importancia. sin mirar a derecha ni izquierda atravesó el pasillo que hacía poco había atravesado -si es que no seguía allí todavía-. Así que se llama Minheer Vanderhausen. Lo cual lo dejó harto perplejo. En mi vida había oído ese nombre hasta ayer. Así. No. pues no había ninguna otra salida. pronto saldremos de dudas..) Pero esta maniobra suya resultó vana. junto con su porte firme y tieso. no hay nadie en Rotterdam que me pueda dejar una herencia. tuviera tiempo de articular una respuesta. de Rotterdam. tranquilidad que el irritado artista consiguió reprimir el amago de comentario hostil que había empezado a aflorarle a los labios. -Un hombre ya mayor y ricamente vestido. Había llegado de nuevo el final de la jornada y todos los caballetes.La estancia estaba tan oscura que no se veía nada más allá de aquel personaje. -Pues entonces ya se acerca la hora -dijo el maestro. desde la que se podía ver puerta de la calle (entre la puerta del estudio y la de la calle había u pasillo bastante largo. y a tal fin se dirigió veloz a la ventana.con paso rápido pero silencioso. Minheer Vanderhausen. pero cierta cantidad de pelo negro que le asomaba por debajo del sombrero. con un esfuerzo sin duda desproporcio-nado con la no probada gravedad del momento. más frecuentemente. El joven sintió curiosidad por. pétrea. señor. y a ser posible en esta misma habitación. consultando un reloj grande y redondo como una naranja-. Gerard Douw se había puesto a pasear por la estancia nervioso e impaciente. sea lo que sea. o tal vez se había escondido en un rincón del pasillo con algún fin siniestro? Esta última posibilidad suscitó en su ánimo una vaga desazón. tras cerrar bien la puerta y meterse la llave en el bolsillo. sin atreverse a respirar siquiera hasta que salió a la calle. por lo que Schalken sabía que el viejo y extrañar visitante no habría podido alcanzar la calle entre tanto. O alguien con una colección que tasar. Eso es todo. -Di a Gerard Douw -sentenció con el mismo ademán impasible. sobre un asunto de especial importancia. Transmitido el mensaje. -¿No dijiste. ver qué dirección tomaba aquel burgués de Rotterdam al salir del estudio. señor -contestó el aprendiz. su misterioso visitante. de Rotterdam. Bueno.

aquí me tiene. cuya planta baja estaba ocupada a la sazón por una orfebrería regentada por un judío. como el que suelen llevar los burgueses acaudalados y respetables.¿y si. al final. -Tengo el honor de estar ante Minheer Vanderhausen. bien. Protegidos por dos o tres capas de lino. pero permaneció en pie. Éste. Godfrey. Éste ocultó su preciosa carga bajo los pliegues de la capa y.. Apostaría una docena de florines a que su señoría se habría quitado rápidamente la careta pidiendo piedad para un viejo conocido. con un saludo cortés.-Sí. y casi blanca por el paso del tiempo. -¿Es de total confianza este hombre? -preguntó Vanderhausen vol-viéndose hacia Schalken. pronto recibiremos a su señoría. la retiraron parcialmente. atravesan-do velozmente dos o tres callejuelas. a modo de admoni-ción. estuvo tocando y sobando todos y cada uno de los lingotes del glorioso metal con un pla-cer . contenía un montón de lin-gotes de oro. si es que tiene inten-ción de ser puntual. si no. por lo que pude ver -contestó el alumno-. -Creo saber que su señoría desea hablar conmigo -continuó Douw-. así. había saludado tan inesperadamen-te a su alumno Schalken. Gerard Douw pudo ver a la misma figura que. de Rotter-dam. le pareció a Schalken. Había algo en el porte de aquel personaje que al punto convenció al pintor de que no se trataba de ninguna mascarada. sin dudarlo se quitó el sombrero y. pues. Iluminado por una lámpara. y debajo apare-ció un cofre de madera dura. Claro que. parecía estar enteramente recubierto de plomo. El visitante hizo un amago de movimiento con la mano. colocó un cofrecito de unos veinte centíme-tros cuadrados en manos de Gerard Douw. resulta ser una farsa monta-da por Vankarp o algún bromista como él? Me gustaría que hubieras tenido valor para liarte a palos con el viejo burgomaestre. que también abrieron con cierta dificul-tad. sacó de la capa el cofre de Vanderhausen. se lo dio a Schalken para que fuera a cumplir el encargo. aunque tampoco muy viejo. en espera de sus órdenes. -Entonces que lleve este cofre a un joyero para que tase el valor de su contenido y vuelva con el certificado de la tasación. y su atuendo era rico y austero. el sonoro reloj del Ayuntamiento empezó a des-granar las siete campanadas. se detuvo en una casa que hacía esquina.. señor -dijo Schalken en voz baja. el cual quedó tan asombrado de su peso como de la brusquedad con que el desconocido se lo había dejado. ¿no es así? -dijo Gerad Douw. -Así es -contestó el visitante lacónicamente. que se había situado detrás de su maestro. Volviéndose bruscamente hacia la puerta. sino que se hallaba realmente en presencia de alguien importante. En aquel momento.. perfectamente colocados y. puesto que ya lo conoces. invitó al desconocido a tomar asiento. no podía ser joven. como agradeciendo este gesto de cortesía. según la primera impresión del judío. De acuerdo con las órdenes del desconocido. tras pedir al pequeño hebreo que lo llevara al lugar más secreto. los ojos de maestro y aprendiz se habían quedado fijos en la puerta y Douw esperó a la última campanada para exclamar: -Bien. con la superficie muy arañada y ensuciada. Penetró en la tienda y. -Aquí llega. de la mejor calidad. Mientras decía aquello.. tú te quedarás a esperarlo. -De total confianza -confirmó Gerard. un día antes.

que debía enteramente a la generosidad de su tío. deberá cerrar el trato aquí y ahora. será exclusivamente para ella mientras viva. y Gerard Douw.Roseno podía esperar un casa. los volvió a poner en su sitio mientras exclamaba: -¡Mein Gott. Gerard Douw quedó enormemente sorprendido de la comunicación que acababa de hacerle Minheer Vanderhausen. sensación que no le permitió decir nada que pudiera ofenderlo en lo más mínimo. pues éstos distaban mucho de ser linajudos.todo el tiempo que estuvo en presencia de aquel estrafalario desconocido. debía de ser a la vez muy acaudalado y generoso. una vez que el aprendiz había marchado a llevar a cabo su encargo. tras dos o tres carraspeos preliminares. Si aprueba mi propuesta. al entrar al estudio. pues no puedo esperar cálculos ni dilaciones. para que disponga de la manera que le parezca más adecuada para los intereses de su pupila. habida .qué perfección! ¡Ni un grano de aleación! ¡Qué belleza. El hombre de Rotterdam avanzó un poco mientras le hablaba. por lo que trataré de resumirle en pocas palabras el asunto que me ha traído hasta aquí.Geralddecidió-y. en cuanto a las demás objeciones. El muchacho volverá dentro de un par de minutos con una suma cuyo valor es cinco veces superior a la fortuna que su sobrina tiene derecho a esperar de su marido. y espero que. secundará mi solicitud haciendo uso de la autoridad que le asiste. encontró a su maestro y al desconocido conversando porfiadamente. Vanderhausen se había dirigido a Gerard Douw en los siguientes términos: -Esta noche no puedo entretenerme con usted más que unos minu-tos. sin saber por qué. y. pero no se atrevió a expresar su sorpresa. señor pintor -soltó Vanderhausen-. Es el caso que deseo casarme con ella. Usted visitó la ciudad de Rotterdam hará unos cua-tro meses. a su sobrinaRoseVelderkaust. el pintor notó una especie de frío y opresión -como dicen que ocurre cuando uno se encuentra junto a un objeto que produ-ce antipatía natural. al margen de la prudencia y cortesía dictadas por la ocasión. ¿No le parece una disposición generosa? Douw asintió. -Deseo -dijo el misterioso caballero. -No me cabe la menor duda -dijo Gerard. Con el ansiado documento en el bolsillo y el magnífico tesoro bien guardados bajo la capa. plenamente convencido de que aquella fortuna era extraordinariamente favorable a su sobrina.de que la alianza que usted propone sería a la vez ventajo-sa y honrosa para mi sobrina.especial. como tampoco podía presumir de sus orígenes.poner en sus manos cuanto antes la prueba de mi riqueza como garantía de mi trato generoso para con su sobrina. Con anterioridad. junto con su dote. Ella será mía si así lo dispone usted.miento demasiado bueno. en la iglesia de San Lorenzo. pensó. aquel desconocido. Schalken volvió sobre sus pasos y. pero debe comprender que ella dispone también de su libre albedrío y que puede no estar de acuerdo con lo que nosotros consideramos ventajoso para ella. usted es su tutor y ella su pupila. pues tenía una dote muy modesta. después de examinarlos detenidamente. el judío certificó de su puño y letra que el valor de aquellos lingotes sometidos a tasación ascendía a no sé cuántos miles de táleros. -No trate de embarullarme. qué hermosura! Después del escrutinio. Esa suma quedará en manos de usted. pues. y semejante oferta no se podía despreciar aunque proviniera de un tipo raro o de una persona de presencia no demasiado atractiva. rezó para sus adentros para que volvie-ra pronto Schalken. en cuya ocasión vi. si le convenzo de que soy más rico que cualquier hombre con el que usted haya podido soñar casarla.

-Señor -dijo dirigiéndose al desconocido-. etcétera. Pero supongo que no tendrá usted reparo. a su sobrina. -dijo Douw con un esfuerzo enor-me-. de un acto que lo privaba para siempre de su queridaRoseVelderkaust. es el caso que desconozco absolutamente todo sobre su familia y rango. y mi oro. tenía derecho a ello. tras hacer entrega al desconocido del cofre y de la tasación efectuada por el judío. sin saberlo.RoseVelderkaust. no logrará saber de mí más que lo que yo decida revelarle. Mientras decía esto sacó una cajita con material de escribir. entró en el estudio y.. Ya tiene suficientes garantías de mi respetabilidad: mi palabra. antes de que me vaya debe usted haber firmado este compromiso. Schalken. preguntó: -¿Da su consentimiento? El pintor le dijo que le gustaría disponer de otro día para reflexionar. Sin embargo. el extraño visitante lo plegó y metió con parsimonia en un bolsillo interior. y Gerard firmó aquel importante documento. si no hay más remedio. si es usted mezquino. . Dicho lo cual. pero se comprometerá si es necesario.. alguno en enterarme enseguida al respecto. Wilken Vanderhausen salió raudo de la estancia con un saludo frío. si es usted honorable. -Bueno. «Es un viejo bastante irritable». su oferta es generosapero. -Ni una hora más -dijo el pretendiente con ademán impasible. no tengo derecho a rechazar su oferta. Y Godfrey Schalken fue testigo. Dicho lo cual. Mientras el pintor leía con atención dicho contrato a la luz de un titilante candil colgado en la pared opuesta.» -No se comprometerá usted innecesariamente -dijo Vanderhausen adivinando y parafraseando misteriosamente lo que acababa de pensar su interlocutor-. no pienso comprometerme innecesariamente. -Que este joven sea testigo del trato -dijo el viejo pretendiente. y no desea que mi propuesta se retire de inmediato. como ya hemos dicho. pensándolo bien. Yyo le haré ver que lo considero indispensable. Gerard Douw. -Entonces firme inmediatamente -dijo Vanderhausen-. Haga el favor: de no aburrirme con sus preguntas. Gerard Douw. pero. pues ya me estoy aburriendo. pero Vanderhausen le dijo que esperara. Finalmente.debe usted darla por descontada por el momento. entregaba en matrimonio a Wilken Vanderhau-sen. de Rotterdam. antes de una semana a partir de aquella fecha. Si le convence el oro que voy a dejar en sus manos. y acto seguido entregó a su vez el cofre y el certificado a Gerard Douw y permaneció un rato en silencio mientras éste cotejaba ambas cosas con lo estipulado en el contrato que tenía en sus manos. -En cuanto a mi respetabilidad -dijo el desconocido con tono cota. le pasó un documento en el que figuraba por escrito que él.tante-. pensó Douw. Doy mi consentimiento.cuenta de las costumbres de la época.no prestarles atención por el momento. «Le gusta salirse conla suya. supongo. Es un buen trato. independientemente de las dudas que yo pueda tener para cerrar el trato de inmediato. Una vez firmado el contrato. -Volveré mañana a las nueve de la noche a ver al objeto de nuestro contrato. se dispu-so a retirarse.

un espectro ataviado como Minheer Vanderhausen. El pequeño grupo. Gerard Douw mandó venir a su sobrina y. y. pues a ambos les sobraban motivos para reflexionar. Al caer la tarde. Luego marchó del taller en compañía de su maestro. que le subían hasta más arriba de las muñecas. los ademanes. Confía en mí. En cualquier caso. que no le llegaba del todo a las rodillas.Schalken. En todo esto no había nada particular-mente objetable. pues. llevaba las manos enfundadas en un par de guantes de cuero espeso.-Rosese sonrojó y sonrió-. Sin embargo. Espero a un amigo. aunque sus rasgos no habían sido vistos nunca antes por ninguno de los allí presen-tes.) Era el esperado. ponte todo lo guapa que puedas. el hechizo de amor que producen suele resultar irresistible para cualquier cerebro o corazón masculinos. unos calcetines de seda púrpura recubrían sus piernas. y ten preparado el salón para las ocho de esta noche. ansioso de despejar sus dudas. Schalken no sospechaba todavía la amenaza que se cernía sobre el más querido de sus proyectos. esa preciosa carita te va a traer suerte. que acababa de quitarse. es poco probable que hubiera considerado esto como óbice para que se cumplieran los deseos de Minheer Vanderhausen. se había acercado a la venta-na para ver desde allí la salida del desconocido. cuando se dan. y ya por entonces antiguo salón. que el tiempo apremia. a nuestros flemáticos holandeses(Roseestuvo a punto de proferir un grito de terror. que estaba a punto de mar-char a su sombría casucha. para su asombro y casi terror. a su alrededor. algo toscas pero sobradamente confortables. la altura eran los mismos. los andares. por fin la puerta de la habitación se abrió lentamente e hizo su aparición un personaje que sobresaltó. y casi aterrorizó. estaban las sillas de alto respaldo. compuesto por Rose. cerca de la cual una mesa antigua. tras mirarla de arriba abajo con aire satisfecho. A las nueve en punto se oyeron unos golpes en la puerta de la calle y alguien fue rápidamente a abrir. no porque previera oposición por su parte. En aquella época el matrimonio era ocasióny objeto de trueque y especulación. No quiero que piense que somos pobres o desaseados. Por su parte. después de comer. que pronto te casarás. Dicho lo cual. y a cualquier tutor le habría parecido tan absurdo dar importancia a la atracción mutua en semejante acto contractual como redactar los vinculantes aspectos financieros del mismo en términos sentimentales. si le hubiera pedi-do la descripción de su futuro esposo. se dirigió a la estancia donde estaban trabajando sus alumnos. sino por simple miedo al ridículo. que se había engalanado para reci-bir al desconocido. estaba ya preparada para la cena. que le ocultaban por completo la nuca. y le pidió que fuera a su casa a cenar en com-pañía deRosey Vanderhausen. qué rostro! . Iba envuelto en un gabán oscuro. Siguieron unos pre-miosos pero decididos pasos primero escaleras arriba y luego a lo largo del pasillo. esperaba la llegada del visitante con especial impaciencia. da la orden de que nos sirvan la cena a las nueve. Sobre los pliegues de la le caían abundantes y luengos mechones entrecanos. Gerard Douw y su aprendiz se encontraban en el seño-rial. Poco después. mi querida mozuela.su tío y el joven artista. el pintor no comunicó a su sobrina el paso impor-tante que había dado con relación a ella. Es muy difícil que se den en una misma persona una carita y un temperamento como los tuyos. Al día siguiente. Pero dejemos eso. si bien hablaron muy poco por el camino. pero ¡Dios mío. a modo de guanteletes. La abertura delante-ra del gabán dejaba ver un traje muy oscuro.mi pequeña. de negro azabache. la cogió de la mano y le dijo con tono paternal. En una mano llevaba el bastón y el sombrero. pero. Gerard Douw tampoco estaba al corriente de la atracción mutua existente entre el aprendiz y su sobrina. alarmarse y esperar. que con los resplandores de la lumbre parecía de oro pulido. y la otra le colgaba pesadamente a un lado. sin quitar los ojos de su bonita e inocente cara: -Rose. Mira. tesoro. no vio salir a nadie. y sus zapatos iban adornados con rosas del mismo color. Un fuego animado chisporroteaba en la chimenea. Gerard llamó a Schalken. Por supuesto que aceptó la invitación. aunque. no sólo se habría visto obligado a confesarle que no había visto su rostro sino que tampoco sabía quién era realmente. y dispuestas en orden riguroso. de haberlo esta-do.

Sin embargo. Gerard rió. lo reconozco. había una especie de quietud fúnebre en toda su persona. si su corazón es bueno y obra con rectitud. y. fruto de la ausencia de movimiento respiratorio en el pecho.Cuando lo vi junto a la puerta no pude dejar de pensar que estaba viendo a la vieja estatua de madera poli. aunque fuera diez veces más feo tose vía. de Rotterdam. el pequeño grupo oyó cerrarse la puerta tras él. el que pareciera totalmente desprovis-ta del pavor misterioso que sentían hacia el desconocido tanto él como su aprendiz Godfrey Schalken. los ojos. Estas dos peculiaridades. pese a no tenerlas tam-poco todas consigo-. sin embargo. cromada que tanto me asustó en la iglesia de San Lorenzo de Rotterdam. en conjunto. Había algo indescriptiblemente raro. pero me consta que es rico y generoso. para modificar su aspecto exterior. que cuando se cuentan pueden parecer poco relevantes. -Querido tío -exclamóRose-. sobrina de Gerard Douw. A la mañana siguiente llegaron de varios puntos de la ciudad ricos presentes paraRoseen forma de sederías. del muelle del Pescante.Toda la carne era de color azul plomo -esa coloración generalmente provocada por medicinas metálicas administradas en cantidades excesivas-. sí bastan para que no lo consideremos un obstáculo. por otra parte. éstos conservaron la suficiente sangre fría para fijarse en dos cosas bastante extrañas de su visitante: durante todo el tiempo que estuvo allí sus ojos no se cerraron ni movieron una sola vez. estaba decidido a no permitir ninguna alusión de su sobrina a la fealdad de su futuro esposo. contenía asimismo el compromiso por parte de Vander-hausen de hacer a su novia unas concesiones más espléndidas todavía que las que había esperado su tutor. producen un efecto muy fuerte y desagradable cuando se ven y observan. y el propio anfitrión apenas tuvo valor suficiente para articular unas cuantas frases de cortesía: el terror nervioso que inspiró la presencia de Vanderhausen fue tal que se habría necesitado muy poco para que sus anfitriones salieran huyendo despa-voridos. y. algo indefinible que no era natural ni humano. Gerard Douw halló por fin el valor y la serenidad suficientes para invitarlo a entrar. los labios. aunque no pudo por menos de reconocer en su fuero interno la justeza de aquella comparación. tío? -dijoRose-. maligno y hasta satánico. así como un paquete dirigido a Gerard Douw que contenía un contrato de matrimonio debidamente redactado entre Wilden Vanderhausen. de Leyden. a tono con el resto del rostro. etcétera. y de garantizar a la misma el usu-fructo de la manera más irreprochable posible: se dejaba el dinero en manos del propio Gerard Douw. en todos sus movimientos. -¡Silencio. con una muda inclinación de cabeza. estas dos virtudes bastarían para contrarrestar su deformidad:si no bastan. . y hasta horrible. si bien. así. joven necia! -la conminó Douw. era como si sus miem-bros estuvieran gobernados y movidos por un espíritu no acostumbrado a la maquinaria corporal. es cierto que este hombre no tiene un rostro atractivo. y. que no excedió la media hora. -¿Sabes una cosa. Después de permanecer un buen rato en el umbral de la puerta. y. maestro en el arte de la pintura. también de la misma ciudad. el desconocido penetró en la estancia. Por fin. sugerían un estado indefinible de trastorno. Querida. eran casi negros. yRoseVelderkaust. en segundo lugar. todo su semblante despedía un aire sensual. terciopelos. El desconocido habló muy poco durante su visita. para alivio general. Un hombre puede ser más feo que el diablo y. que presen-taban una proporción exagerada de blanco turbio.¡qué hombre tan espantoso! No me gustaría volver a verlo ni por todo el oro del mundo. joyas. Era curioso cómo aquel venerable desconoci-do parecía esforzarse por exhibir su carne lo menos posible. durante su visita no se quitó los guantes ni una sola vez. Vanderhausen privó al pintor de Leyden de su nefasta pre-sencia. vale más que todos los petimetres emperifollados que se pasean por la calle mayor. no dejaba de agradarle bastante. Sin embargo. a la vez que le causaba cierta perplejidad. y.

de que iban a ser víctimas de alguna fechoría. Sin embargo. sumidos en una silenciosa y deliciosa melancolía. cada día que pasaba su inquietud iba en aumento. Pasó dos días o tres sin acudir al taller. a la que profesaba un sincero y profundo afecto. no tuvo ninguna noticia de su sobrina ni de su honorable esposo. Gerard Douw. El relato que presento aquí rebosa de sordidez. Asimismo. hasta la litera. con barbas en pico y mostachos. Poseía la dirección completa en Rotterdam de Minheer Vanderhausen y. el contrato de matrimonio quedó debidamente firmado. y a la promesa previamente expresada por ambas partes. para vencer la tristeza que solía invadirle principalmente al final de la jornada. con-siguió trabajar con mucho mayor empeño que antes: el estímulo del amor había dejado paso al estímulo de la ambición. antes de que ésta se hubiera alejado demasiado.carruaje que lo había llevado a Rotterdam a él y a su flamante esposa. pero que. después de lo cual condujo a ésta. ni tampoco se habla de la crueldad de los tutores. unos dos kilómetros antes de entrar en la ciudad. tras un período de vacila-ción. no entrañaba ninguna dificultad especial. decidió viajar a dicha ciudad -viaje que. mejor dicho con desesperación. habida cuenta de lo tarde que era y de lo soli-tario que estaba el camino. que tenía los ojos empapados de lágrimas y las manos encogidas por el miedo. tras una opípara cena. Menos de una semana después de la primera entrevista que acabamos de relatar. sus temores se disiparon.para asegurarse de la seguridad y bienestar de su pupila. Los hombres rodearon luego la litera. y Schalken vio cómo el tesoro por cuya existencia habría arriesgado su propia vida le era arrebatado con solemne pompa por su repelente rival. tras abrir la portezuela del coche desde dentro. Nadie había oído hablar en Rotterdam del tal Minheer Vanderhausen. Gerard Douw no dejó ninguna casa del muelle del Pescante sin visitar. Las preguntas del criado que fue a averiguar la causa de aquel ruido tuvieron como respuesta nuevos y más violentos . en la que ambos se aco-modaron. contrariamente a lo que él esperaba. aunque no se le alcanzaba con qué fin había actuado de aquella manera. permanecían en sus manos sin que nadie los reclamara. pedía a Schal-ken cada vez con mayor frecuencia que lo acompañara a cenar. A su llegada. El cochero le dijo que. sólo en cierto modo. Transcurridos varios meses. frivolidad e inmisericordia. a la puerta de la calle. y. Ciertamente. se había cruzado en la carretera impidiendo el avance del carruaje. se dirigió presuroso al establecimiento donde Vander-hausen había alquilado el pesado -pero para la época lujosísimo. habían llegado a Rotterdam al anochecer. aunque con menos alegría. y cada día que pasaba sin tener noticias de su sobrina. estaban llamando con vehemencia. Bajó a mirar en el interior del vehículo y encon-tró una bolsa cuyo contenido triplicaba ampliamente la tarifa del viaje. de la magnanimidad de los pupilos ni de los tormentos o arrobos de los amantes. A partir de entonces. al ver lo que vio: aquellos extraños individuos posaron sobre el suelo una litera antigua de gran tamaño. la pérdida de su gentil compañía lo había dejado muy deprimido. que levantaron al punto y portaron en dirección de la ciudad. y no tenía nada más que añadir acerca de Minheer Vanderhausen y su bella dama. que debían exigirse en sumas trimestrales. por lo que no tuvo más remedio que regresar a Ley-den. Aquel misterio se convirtió en motivo de permanente angustia y aflicción para Gerard Douw. pero nadie le facilitó una sola pista sobre el obje-to de sus pesquisas. sus digestiones se vieran repentinamente interrumpidas. una pequeña comitiva de hombres sobriamente vestidos. luego volvió y. Pero su búsqueda resultó vana. tras un largo viaje con varias etapas. Los inte-reses del dinero. casi convencido. No se le alcanzaba cómo aquel hombre de aspecto tan honorable podía ser semejante villano. se apeó y ayudó a la novia a hacer lo propio. a la antigua usanza. El cochero holandés vio cómo. sus temores aumentaban en vez de disminuir. Eso era todo lo que había visto.En esta historia no hay ninguna escena sentimental que describir. Una noche en que el pintor y su alumno se hallaban sentados junto a la lumbre. más perplejo y preocupado que antes de emprender aquel viaje. era deglutida por las sombras de la noche. Vanderhausen había come-tido un fraude en el contrato suscrito con él. y el novio. El cochero había frenado al punto. por cierto.

cerrado a la apura del cuello. Tras proferir estas misteriosas palabras. . Sólo Él podrá liberarme. pues rompió a llorar amargamente y a retorcerse las manos: -¡Por favor. estoy perdida. Después de beberlo. ¡Llamadlo inmediatamente! Gerard Douw despachó al instante a un mensajero y logró conven-cer a su sobrina para que se fuera enseguida a descansar a su dormitorio. llamad a un ministro del Señor! -exclamó-. exclamó con la misma urgencia: -¡Comida! ¡Dadme algo de comer. Venía muy sucia y perturbada por el viaje. levantando la vela para que su luz ilu-minara con mayor claridad el interior del dormitorio. Si lo hacéis. pero. Schalken se dirigió a la puerta de la habitación. Estaban entrando en esta habitación cuandoRosese detuvo de repente y. o tam-bién pudo ser que otros pensamientos más turbadores y espantosos se hubieran apoderado de ella. por el amor de Dios. Sin embargo. y Schalken se aplicó de inmediato a cortarle un poco. Varias gotas de un sudor frío empezaron a deslizarse por su frente. ella se le adelantó: cogió ávidamente el trozo y lo desgarró y devoró como una fiera. que iba arrastrando por el suelo. nada más que los muebles. Al dormitorio de Gerard Douw se accedía a través de una estancia muy espaciosa. dijo: -¡Oh. e inmediatamente después unas apresurados pasos escalera arriba. Schalken y él portaban sendas velas para que todos los objetos estuvieran suficientemente iluminados. -¡No me dejéis sola ni un momento. tan extraña como urgente. Dios mío! ¡Está ahí! ¡Está ahí! ¡Miradlo: anda por ahí! –gritó señalando hacia la puerta de la alcoba. La angustia con la queRoseles imploraba que no la dejaran sola ni un momento acrecentaba aún más su terror. o moriré! Sobre la mesa quedaba un buen trozo de cordero asado. -¡Oh. Desenfundó la espada y. penetró en pos de la sombra que se les había adelantado.golpes en la puerta. pareció sentir de repente una gran vergüenza. se dejó guiar por ellos hasta el dormitorio. Pero no vio a nadie allí. pero su vesti-do los sorprendió tanto como su inesperado aspecto: llevaba una especie de sayo de lana blanca. Cuando el paroxismo del hambre hubo amainado. por favor! -volvió a implorar-les-. No me sen-tiré segura hasta que no venga. que venga ya el ministro del Señor! -repitió en tono de súpli-ca-. deprisa! ¡O me dais vino (estoy perdida! Asustados por aquella petición. ¡imagen más que mortal del hambre!. pero ésta se abrió brus-camente yRoseentró en tromba enlahabitación. Los dos consiguieron reanimarla después de mucho esfuerzo. Los muertos y los vivos no pueden ser la misma cosa: Dios lo ha prohibido. con un misterioso siseo que a los dos les produjo un escalofrío de terror. El pintor y su alumno oyeron luego abrirse la puerta de la calle. Tan pronto como la pobre criatura entró en la estancia cayó desvanecida. pero no arrancaron su consentimiento hasta que no le hubieron prome-tido que no la dejarían sola ni un segundo.Roseexclamócoresa impaciencia que es fruto del terror: ¡Vino. Tenía un aspecto sal-vaje y los ojos desencajados por el terror y el agotamiento. Una vez recobrado el conocimiento. que ella bebió can una prisa y una ansiedad que los sorprendió a los dos por igual. no se le ocultaba que algo había entrado furtivamente en la alcoba. le ofrecie-ron al punto el vino. Schalken creyó ver una silueta oscura e imprecisa penetrar en el dor-mitorio.

considerando su aspecto hosco. y. Lo conozco bien. olvidándose en aquel momento de sus reiteradas órdenes. tan pronto como aquél hubo traspasado el umbral. como: «Que los desvela: dos descansen. no se atrevió a hacerle ninguna pre-gunta para no reavivar recuerdos dolorosos y horribles que hubieran podido aumentar aún más su agitación. decidió pedir consejo médico tan pronto como la mente de su sobrina se hubiera tranquilizado gracias . trae otra vela! La oscuridad es peligrosa. se hallaba su tutor. con ese desgañitamiento que caracteriza al terror desesperado. y Schalken se subió a una silla para divisar la calle y el canal. Ya no oían rui-dos de ningún forcejeo ni brega. no se vaya. -¡Por Dios. En cuantoRoselo vio entrar en la habitación le pidió que rezara por ella como se reza por quien se encuen-tra en manos de Satanás y a quien sólo el cielo puede traer un poco de esperanza. Gerard Douw. Dios lo ha prohibido. sino sólo. desde donde no dejaba de suplicarles que permanecieran a su lado. como desde la cama a la ventana. cediendo a su presión. una repentina ráfaga de viento apagó la vela que iluminaba la estancia donde se hallaba tendida la pobre muchacha. como si un momento antes éste se hubiera abierto para recibir un cuerpo pesado. Estaba vacía.y por deseo expreso de ésta. entre tanto. Pero la ventana estaba abierta. El anciano sacerdote y Schalken se hallaban en la antesala. . y un segundo después se hizo el silencio. su actitud agreste y despavorida. que se hubiera escapado de algún manicomio y tuviera auténtico miedo de que sus per-seguidores pudieran atraparla. la cual. pero los gritos parecieron aumentar en volumen mientras. No vio ninguna silueta humana.-Lo he visto -aseguraba ella-. como empujada por un fuer-te viento. creyeron oír. alarmada en extre-mo. Sólo se oyó el ruido de unos pasos ligeros cruzando la estancia.» O decía otras frases arcanas. si queréis salvarme no os mováis de mi lado! Al final lograron convencerla para que se echara sobre la cama. El ancia-no sacerdote carraspeó. está en esta habitación. Pero su aviso había llegado demasiado tarde.a los buenos oficios del sacerdote cuyos auxilios tan urgentemente ella misma había solicitado. Está ahí. está conmigo. Así. cerebro sutil y corazón frío. pero sus conjuntos y desesperados esfuerzos no sirvieron de nada. que el terror o los malos tratos hubieran perturbado la mente de la pobre muchacha. Schalken y Douw volvieron a emplearse a fondo para abrir la puerta. Para que entiendan cabalmente el suceso que voy a contar ahora es preciso aclarar antes la situación exacta de las distintas partes en juego. a quien Gerard Douw tenía en gran estima por ser un avezado polemista (sin duda era más temido por su combatividad que amado por su caridad) de moral infle-xible. Schalken y su maestro se precipitaron hacia la puerta. y hasta llegó a pasársele por la cabeza. pero ésta no cedió ni un milímetro. tan largo y desgarrado que apenas parecía humano. querido tío! -gritó la desdichada muchacha mientras saltaba de la cama y se precipitaba detrás de él para detenerlo. los precipitó dentro de la habitación. De vez en cuando repetía: «Los muertos y los vivos no pueden ser lo mismo. o al menos eso creyó él. pues. se descorrían los pestillos de la ventana y ésta chirriaba sobre el alféizar. Oyeron en la alcoba gritos incesantes. No me puede engañar. y. pero antes de que tuviera tiempo de empezar. Pronto llegó el sacerdote -un hombre de aspecto ascético y edad venerable-. ¡Por el amor de Dios. Casi al mismo tiempo. Un último alarido.» Hasta la llegada del sacerdote estuvo pronunciando frases inconexas de esta índole. Una vela ardía en la alcoba y tres en la estancia contigua. exclamó: -¡Godfrey. la puerta que separaba las dos habita-ciones se cerró violentamente detrás de él. en medio de la agitación del momento pasó a la sala contigua para traerle lo que pedía.Rosese hallaba acostada en la alcoba. y los sonámbulos duerman. la fase final de un remolino en las aguas del ancho canal. a la que ya me he referido. Está aquí cerca. cuya puerta estaba abierta. como si la hubieran abierto. sobre todo. la hora intem-pestivay. lógicamente. junto a la cama. retumbó desde la alcoba. la puerta dejó de resultarles infran-queable. Gerard Douw empezó a temer.

que vivía a la sazón muy lejos de allí. Sin embargo. al instante cayó sin conocimiento al suelo. la figura se volvía frecuentemente hacia él con la misma sonrisa picaruela. que le cubría también la cabeza. pero éste ya no estaba en el cuarto. al llegar a las escaleras. Hasta el día de su muerte. percibió una figura femenina que iba envuelta en una especie de hábito blanco.Rose Velderkaust. para gran sorpresa de éste. Esbozaba aquella misma sonrisa picaruela que había seducido al artista en los años felices de su primera juventud. Pero. la luz de la lámpara que llevaba le reveló el rostro y los ras-gos de su primer amor. el cansan-cio de un viaje precipitado de casi cuarenta horas hizo mella en la mente y el cuerpo de Godfrey Schalken. Schalken se dirigió entonces a la iglesia. un irresistible impulso a seguir su estela.RoseVelderkaust.) No obstante. lo empujaba en pos del espectro. ocurrió una cosa que. tras unos cuantos intentos vanos por hacer entrar a su huésped en conversación. a Rotterdam para asistir al funeral. decidió por fin recurrir a su pipa y jarra de cerveza para hacer más llevadera la soledad. donde permaneció hasta que a la mañana siguiente lo descubrió el encargado de la cripta. que me parece especialmente valioso por cuanto que en él podemos ver no sólo ese estilo característico suyo que ha hecho que sus cuadros sean tan cotizados.Nunca se halló el menor rastro deRoseni se supo nada con certeza de su misterioso cortejador (tampoco hubo nadie que aportara alguna pista en medio de aquel intrincado laberinto y permitiera mantener viva la esperanza. tomó un pasillo estrecho a la izquierda y. Schalken estuvo convencido de la realidad de esta visión y decidió legar a la posteridad una curiosa prueba de la fuerte impresión que le había producido: un cuadro ejecutado poco des-pués de dicha experiencia. En un primer momento Schalken pensó que el viejo sacristán lo había llamado. había encendido en la chimenea de un cuarto que comunicaba con la cripta mediante un tramo de escale-ras. sino sobre todo la plasmación pictórica de su primer amor. seguida de Schalken. como los que había inmortalizado Gerard Douw en sus cua-dros. Schalken llegó tarde. La aparición. Allí se sentaron Schalken y su anfitrión. llegada junto a la cama. ésta empezó a avanzar en dirección del tramo de las escaleras de la cripta. dejó una fuer-te y duradera impresión en el espíritu de Schalken. se detuvo. al mismo tiempo. del que fue despertado por alguien que le dio unos golpecitos en el hombro. Schalken sintió una vaga alarma ante aquella aparición y. en su semblante. aunque para nuestros lectores más cerebrales no tenga ningún valor probatorio. y con difi-cultad. Toda la estancia estaba llena de ricos y antiguos muebles. cuyo misterioso destino siempre será objeto de especulación. estaba tendido junto a un enorme ataúd que descansaba sobre cuatro pequeños pilares. Schalken. No había nada horrible. El cortejo fúnebre tenía que realizar un viaje muy largo y. el cual. el cortejo no había llegado todavía. que cayó en un sueño profundo. La siguió unos instan-tes. que encontró abierta y donde vio que estaba anunciada la ceremonia. lo introdujo en lo que le pareció un aposento holandés a la anti-gua moda. Un sentimiento mixto de terror e interés. El sacristán. y portaba una lámpara. ni siquiera tristeza. Estaba en una celda bastante grande en la que nadie había entrado desde hacía mucho tiempo. Tras restregarse los ojos. La figura se detuvo también y. al volverse. y en un rincón se hallaba una cama de cuatro columnas. descorrió las cortinas y proyectó la lámpara hacia el interior. los cuales servían de protec-ción contra eventuales ataques de bichos. pero. al ver paseando por la iglesia a un caballero bien vestido con el propósito declarado de asistir a las anunciadas exequias. como era costumbre hacer en invierno en tales ocasiones. recibió notificación de la muerte de su padre y de su próximo entierro en la iglesia de Rotterdam. vio también que habían abierto la cripta en que iba a recibir sepultura el cadáver. como se puede suponer. y aún seguía sin aparecer. lo invitó hospitalariamente a compartir con él el calor de una lumbre que. si es que de un espectro se trataba. Muchos años des-pués de los acontecimientos que acabamos de relatar. bajó las escaleras. A pesar de la tristeza y preocupación del momento. demasiado intenso para poder oponerle resistencia. . Llegó la noche. con cortinajes negros a su alrededor. no contaba con demasiados asistentes. y el pintor vio con horror la lívida y demoníaca figura de Vanderhausen completamente erguida sobre la cama.

arrugó ligeramente las cejas para concentrar-se en lo que iba a contar y alzó luego la mirada con un maravilloso .Jenner-. aún anda tiesa y con paso seguro y ligero.Mrs. por qué no pre-para primero un poco de té y empieza luego.. aunque igual de afable. Estos últimos años se ha dedicado al cuidado de inválidos adultos. De cualquier modo.EL ESPECTRO DE MADAM CROWL Hace ya unos veinte años queMrs. le echa los brazos alrededor del cuello y le da dos sonoros besos.. es ahora más blanco que la nieve. Quienes recuerdan su rostro bonachón entre los primeros que emergen de las sombras de la inexistencia y le deben las primeras lecciones en el deleitoso arte de andar y balbucear. La buena mujer obedeció y.Jenner-. justo antes de irse a la cama. tomó un traguito. aquel «lindo pelo» que ella pei-naba con tanto esmero para luego enseñarlo a las madres asombradas.Jolliffe. -Bueno. -Estaba empezando a contarme lo que le pasó la primera vez que la mandaron a trabajar a casa de una anciana que se estaba muriendo -diceMrs. -¿De veras? ¡Qué maravilla! -¡Pero no es uno de esos cuentos que están escritos! No es ningún cuento. están en la actualidad bastante creciditos también. y no le pue-den quedar ya muchos más mojones que contar en el camino que la lle-vará a su morada definitiva. Ahora tiene más de setenta años. cariño -dijoMrs. y su rostro es algo más pícaro. -¡Qué suerte tiene! -exclamóMrs. las cuales no se ven ya por la pradera deGolden Friars. podemos decir que la hora triste y tierna del ocaso ya le ha llegado a nuestra entrañable viejecita del norte.. Algunos de ellos lucen ya algu-nas canas entre los mechones morenos. que se peina con raya en medio y tiene recogido bajo la cofia. que un día tuvo también en sus brazos a la preciosa Laura Mildmay. Pero a esta criatura probablemente no le apetezca ahora. Su pelo. la cual entra ahora sonriente en la habitación.. siéntate aquí con nosotras.Jolliffe no luce aquel esbelto talle que la había distinguido. tras dejar en manos más jóvenes a la pequeña población que vive en la cuna y anda a cuatro patas. Pero. que le cuenten una historia de aparecidos y de fantasmas. tras preparar un poco de esta tonificante bebida.pues sus nombres permanecen grabados para siempre en las grises lápidas del camposanto. y vio allí un fantasma. si no te da miedo. Así. Llega a tiempo para escuchar un cuento. si el tiempo madura a unos y marchita a otros. sino una historia verdadera que vi con mis propios ojos. -¿De fantasmas? Precisamente lo que más me gustaría oír en este momento.Jenner-.

Bueno. recién salida la luna. que era una persona de gran corazón. Yo iba con un poco de miedo cuando llegué a Lexhoe. pero la noche que llegué a la finca de Applewale tenía sólo trece años. Y. La buena deMrs. y empecé a comerme las manzanas miran-do por la ventanilla de la calesa.Jenner y la bonita muchacha estaban atentas a los labios de la anciana. A veces pienso que a lo mejor estaban bromeando. que parecían concitar terror antes incluso de abrirse. al ver el carruaje y el caballo me entraron ganas de volverme con mi madre a Hazelden. -Porque sí -dice él-. y yo sabía que la llevaba conmigo. puso los ojos en blanco y empezó su narra-ción con estas palabras: El espectro demadam Crowl Yo soy ahora una mujer vieja. Hacía una hermosa noche de luna. es un fantasma en toda regla. en el cuarto de mi tía en Applewale. ¿Llevas alguna biblia? -Sí. Te protegerá contra las . Yo lo miré como diciendo « ¿por qué?». Es una vergüenza que los caballeros asusten a una pobre muchacha inocente como era yo entonces. -Bien -dice él-. pues mi madre me había metido una pequeña biblia en la maleta. cerca de Lexhoe. sino que quería más bien resultarles simpática. y una especie de calesa estaba esperándome en Lexhoe para llevarme hasta Applewale. aunque la letra es demasiado pequeña para mis ojos fatigados. señor». -Ah. Al mirarlo a la cara para decirle «Sí. Mrs. yo les dije que iba a servir a casa de la señora Arabella Crowl. las macizas vigas del techo y la majestuosa cama de columnas con cortinas oscuras.vas a durar poco allí. aunque no estaba segura. los muebles antiguos. y más te vale que no se lo cuentes a nadie. todo bien calentito. me compró medio kilo de manzanas en elGolden Lionpara que me alegrara un poco y me dijo que había un bizcocho de grosella y té y chuletas de cerdo esperán-dome. Eran dos caballeros que habían subido también a la calesa. me preguntaron adónde me diri-gía. Estaba llorando cuando subí a la calesa. con laboiseriede roble. No te olvides de ponerla bajo la almohada todas las noches. dentro de la cual se podían vislumbrar cuantas sombras se quisieran. y. todavía la conservo en mi armario. Mi tía era allí el ama de llaves. entonces -dice uno de ellos. pues yo hablaba con el mayor candor y no se me ocurría ocultarles nada. Tú mírala y obsérvala bien: verás que está poseída por el demonio. Al caer la tarde. en Applewale. creí verlo guiñar un ojo a su amigo.gesto de solemnidad.Jolliffe carraspeó. señor -digo yo. Aquella vieja estancia era un escenario ideal para semejante narra-ción. y el viejo cochero JohnMulbery.

a la que había ido a ser-vir y a la que ya tenía miedo. y demadamCrowl. Los árboles eran espesos y grandes. como me veía tan triste y apena-da. esperando que apareciera ante mi vista la gran mansión. sólo que era una mujer algo intransigente y demasiado callada. casi tan viejos como la vetusta mansión. aunque mi tía siempre fue buena conmigo. Pero ésta es otra historia que no viene a cuento aquí. y yo tan cerca de mi tía que no había visto nunca antes. pero era una mujer algo severa y creo que habría sido más afectuosa conmigo de haber sido yo hija de su hermana y no de su hermano. he de decir que cuidé bastante bien a la señora. y. pues no había más que tres o cuatro criados. sujetos con bisagras al muro exterior. y a la hora del té no paraba de contar historias. pero era un poco sucia y guardaba la ropa de fiesta bajo llave y llevaba puesto casi siempre un vestido de sarga color chocolate. en Lexhoe. y hablaba muy poco. además de la vieja señora de la casa. Era alta y delgada. y ni cuatro personas con los brazos extendidos tocándose con las puntas de los dedos habrían podido abarcar el tronco de uno de ellos. con adornos y madroños rojos. . El señor de la casa -se llamabaMr.y era nieto demadam Growl-iba por allí dos o tres veces al año para asegurarse de que la señora era bien tratada. Mi tía me llevó a su alcoba para que descansara un poco mientras ella preparaba el té en su cuarto. Sentí un nudo en la garganta al ver que se había terminado el viaje.Wyvern cuando hablaba de ella.Wyvern -mi tía la llamaba Meg Wyvern cuando hablaba con ella yMrs. pero su pala-bra era ley. a pesar de todo. que eran unas personas muy responsables y cumplidoras. trataba de animarme con sus risas y chascarrillos. Bueno. Mi tía me besó en el vestíbulo y me llevó a su habitación. con grandes vigas negras horizontales y verticales. y todos los crista-les de las ventanas en forma de rombo. y sombras de árboles -dos o tresque se deslizaban por la fachada -se podían contar las hojas-. Tenía más de cincuenta años. que brillaban sobre todo en el ventanal del vestíbulo.y unos gabletes que a la luz de la luna parecían más blancos que una sábana. Me entró tanto miedo cuando dijo aquello que no os lo podéis imaginar.ChevenixGrowl. que andaba muy despacio.era una mujer bastante gruesa y muy alegre de unos cincuenta años. aunque se debió sobre todo a mi tía y a Meg Wyvern. Por mi parte. pero yo era demasiado tímida y su amigo y él se liaron a hablar de otros asuntos. No tengo nada que reprocharle. en todo el tiempo que estuve allí. yo llevaba la cabeza sacada por la ventanilla. y con aquel caserón tan grande delante de mí. Yo lo vi sólo dos veces en todo el tiempo que pasé en la mansión de Applewale. como os he dicho. amarillos y verdes. Y me habría gustado preguntarle muchas más cosas sobre la vieja señora. que tenían el pestillo echado en el resto de las ventanas delanteras. y la mayoría de las habitaciones estaban completamente cerradas. Nunca me dio nada. ni dos peniques. El corazón me dio un vuelco cuando el vehículo enfiló la oscura ave-nida.y manos largasy finas con guantes negros.garras de la vieja. pero tenía muy buen carácter y estaba siempre riendo. y grandes postigos a la antigua usanza. su ayu-danta. cara pálida con ojos negros. que le duraba muchísimo tiempo. Cobraba un buen sueldo. y al poco tiempo me apeé. Mrs. y de repente nos detuvimos delante de ella. Era una casa enorme en blanco y negro. y creo que ella me gustaba más que mi tía -a los niños se les gana enseguida con una broma o un cuento-.

-¿Está sorda la señora? -No. su hermano. tu tía. Cuando entré en el cuarto contiguo. pues pierde los estribos y se la llevan los demonios a las primeras de cambio.) Mientras yo estaba aún tomando el té. se ha marchado. Tú la tomas como es. Unas palabras demasiado duras para ser la primera vez que ponía el pie en su cuarto. Últimamente ha estado tosiendo un poco. No sé. -¿Cuántos años tiene la señora? -le pregunto. pero supongo que tendrás que estar sentada en su habitación con tus labores cuidando de que no le pase nada y procurando que se dis-traiga con las cosas que tiene encima de la mesa. Te aconsejo que no preguntes cosas de ella delante de tu tía. -Y dígame. Te conviene andar con cuidado con ella. tiene un carácter de lo más fuerte que hay.Wyvern-. lo que pasa es que está bastante chocha y no recuerda bien las cosas. alegre y parlanchina como siempre (seguro que hablaba más en una hora que mi tía en todo un año. y le gusta más que le cuenten Barba Azul a que le hablen de los asuntos de la corte o de la nación. La señora es una vieja bastante quisquillosa. esa pregunta sí puedes hacerla -dice ella-.supongo -dice ella-.te lo dirá. la que se fue el viernes pasado? Mi tía escribió a mi madre diciéndole que se iba a marchar.Pero primero me dio una palmadita en el hombro y me dijo que estaba muy alta para los años que tenía y que me había criado muy bien. ni ciega -me dice ella-. -¿Por qué? -pregunto otra vez. encontré un fuego estupen-do alimentado con carbón. -No le gustó aMrs. ¿cuál va a ser mi trabajo con la vieja señora? -le pregunto otra vez. y ya está. todo en un mismo montón. y allí estaba la rollizaMrs. por favor. No hables tanto. a tu tía no le gustan las mozas parlanchinas. Para lo vieja que es. Shutters. por favor: ¿está bien de salud la vieja señora? -Bueno. bizcocho reciente y carne ahumada. y tocar fuerte la campanilla si causa problemas. -Y otra pregunta. pero que esperaba que fuera una cris-tiana mejor que él y que no intentara imitarlo. y llevarle lo que te pida de comer o beber. -Noventa y tres y ocho meses ya cumplidos -dice ella riéndose-. con paredes recubiertas de roble-. Shutters.y yo estamos haciendo otra cosa. y me miró a la cara y me dijo que me parecía a mi padre. turba y leña. y en la mesa té. -Sí. pero ya .Judithcuida demadam Growl cuandoMrs. -¿Y por qué se marchó de aquí la muchacha. mi tía subió a ver amadam Growl.Wyvern. y me preguntó si sabía hacer las labores elementales de costura. -¿Con la vieja señora? Bueno -dice ella-. que ya había muerto. tiene un oído más agudo que un mos-quito.Mrs. -Ha subido a ver si la viejaJudithSquailes está despierta -diceMrs. pensé. el del ama de llaves -muy con-fortable. Shutters-ése era el nombre de mi tía.

Wyvern hablar y me puse la mano en la oreja para ver si pillaba algo. cerró la puerta con brusquedad. el rubor le afloró a las meji-llas y los ojos se le iluminaron de rabia. siéntate y tómate una jarra de cerveza antes de irte a la cama. volviéndola a colgar en su sitio. me fui a la cama. pues no estaba acostumbrada a tomarlo. No es más que una prenda para una persona chiflada. pero me dio sólo un empujón mientras me arre-bataba aquella prenda de las manos. A pesar de lo pálida que solía estar mi tía.y yo. cuando ella muriera. y sus colecciones habrían bastado para llenar siete tiendas por lo menos. y el de Mrs. Y. estaba en el piso de arriba.está mejor. . ¡Shhh! Ahí viene tu tía por el pasillo. sabían que. Todos eran muy raros y pasados de moda. Había una cosa que todos tenían bien claro: bajo ningún concepto debían llevarle la contraria ni burlarse de ella. diciendo: -Mientras estés aquí no metas las narices donde no te importa. que empiezo a sentirme más a gusto en la casa. donde permanecí un buen rato despier-ta. tía. Las personas que trabaja-ban en Applewale. Pero en Applewale no quedaba ya nadie con vida que recordara aquellos tiempos. pues todo era nuevo para mí. Creo que estuvo a punto de darme un buen sopapo. Mi cuarto.Wyvern. secándose los ojos de tanto reír. Y entra mi tíay se pone a hablar conMrs. Pues bien. y. Era terriblemente aficionada a los vestidos. con correas y hebillasy unas mangas más largas que las cortinas de la cama. que cobraban un buen sueldo y vivían holgadamen-te. zagala. pero no conseguí oír ni una sola palabra de labios demadamCrowl (creo que no dijo nada. La vieja señora estaba de malas pulgas aquella noche (llevaba así desde después de comer. Durante todo aquel tiempo. mira a mi tía y.Mrs. -¿Qué haces ahí? -dice mi tía con un tono bastante brusco. Al ver que yo estoy llorando.y veo dentro una extraña chaqueta vieja de cuero. reírle las gracias y com-placerla en todo. ¿Qué tienes en la mano? -¿Esto. y creo que el té me había puesto tam-bién bastante nerviosa. como podéis imaginar.Wyvern estaba al otro lado. y yo debía estar atenta a sus posibles llamadas. antes bien. vamos. volvién-dose hacia mí cuando más distraída la creía-.) A veces se enfurruñaba y entonces no dejaba que la vistieran ni desnudaran. le dice: -¡Vamos. No sé qué es. Wyvern estuvo desternillándose de risa arrellanada en su sillón. Tú no nos hagas preguntas y nosotras no te contaremos mentiras. y había también una puerta abier-ta en laboiserie.) Todo el mundo la colmaba de atenciones. Había unas preciosas piezas de porcelana en el aparador y varios cuadros en la pared. todas sin excepción se quedarían sin trabajo. Ven aquí. tía? -digo yo volviéndome con la chaqueta de cuero en la mano-. salvo de vez en cuando en alguna fiesta u ocasión especial. sino. El médico venía dos veces por semana a ver a la anciana. Se decía que había sido muy guapa de joven. pero valían una fortuna. vamos! La muchacha no quería hacer ningún daño. por lo menos hasta los cien años. y me atrevo a decir que tiene cuerda todavía para rato. conviene que lo sepáis. todo el mundo hacía lo que él ordenaba. a un lado del de la vieja señora. doy unos paseos por la habitación mi-rando las cosas que hay. Oí aMrs.

señora. ni siquiera el ruido de la respira-ción. conlas velas ya encendidas y sola en mi cuarto. Pero me alegré cuando se terminó el paseo: los árboles eran muy grandes y el lugar umbrosoy solitario. pues estaba empezando a tener miedo en aquel cuarto tan amplio. ¿quién podrá contra nosotros? Seguí con la oreja orientada en dirección de la puerta y conteniendo la respiración. como de un ave -no sabría decir cuál en concreto. pero ya no volví a oír nada más en aquella habitación. La habitación estaba iluminadísima: conté hasta veintidós velas de cera. aguzando el oído de vez en cuando. si el Señor está de nuestro lado. noté que la puerta se movía y. Fue entonces cuando oí por primera vez la que supuse era la voz de la vieja señora.. mirando en aquella dirección. Sí oí a mi tía contestarle: -Señora. el mayor que había visto en mi vida. Unos veinte minutos después. Al atardecer. y todo el día siguiente. Después de comer. Me habría gustado ver a la vieja señora. y lloré bastante pensando en mi casa mientras caminaba sola por aquellos para-jes. Voy a bajar a tomar mi taza de té. donde se encontraba mi tía. tú bajarás luego corriendo yJudithte ser-virá la cena en mi habitación. mirando esto y aquello. los pasó acos-tada con la ropa puesta y sin decir palabra. Para lo que yo estaba haciendo en aquella casa. vi que estaba abierta la puerta que daba a la estancia demadam Crowl. toda aquella noche. Yo seguí hojeando el libro ilustrado. Había también un espejo. entonces me puse a hablar con las ilustraciones y conmigo misma para distraerme un poco. ¿sabéis qué se me ocurre? Pues' nada menos que mirar dentro del dormitorio de madam Growl. pero sin oír nada.Pues bien. como antes. no hagas ruido hasta que vuelva. Luego me levanté y me puse a pasear de un lado a otro. su voz parecía un gemido apagado. Wyvern y yo volveremos enseguida. y yo encerrada en mi cuarto cosiendo. y también oírla hablar. y el día estaba nublado. Dicho lo cual. Ella seguirá dormida en su habitación.o un animal. todas . Tenía un timbre extraño. Me froté las orejas para oír lo mejor posible. para distraer la mente. con una inmensa cama de columnas rodea-da de cortinas de seda con flores estampadas que bajaban casi desde el techo hasta el mismo suelo. Gracias a Dios que se ha dormido por fin. mi tía me dio una hora libre para que fuera a pasear. Era una gran habitación. mientras hojeaba las fábulas ilustradas de Esopo. el Maligno no puede hacer daño a nadie si el Señor no lo permite.Mrs. lo mismo podía haberme quedado en Lunnon. salvo los momentos en que bajé para tomarmi alimento. ya sabéis. Al final. se fue. y digan lo que quieran.. -¡Shhh! -me dice en voz baja con una mano en los labios mientras se acerca de puntillas-. Pero no pillé ni una sola palabra de cuanto dijo. Cuan-do nosotras hayamos subido. Luego la misma voz extraña de la cama dice otra cosa que tampoco logro distinguir. vi asomar el rostro de mi tía. Y mi tía le vuelve a contestar: -Que pongan mala cara.

y yo pensaba para mí: si no la veo ahora. Retrocedí otro poco hacia el rincón y solté un terrible alarido -como si me estuvieran arrancando el alma del cuerpo-.. y unas cejas postizas pardas. que se las pegabaMrs. casi tan alta como ella. posa ruidosamente los dos tacones en el suelo y se me queda mirando fijamente con sus dos ojos grandes y vidriosos. Tal vez anti-guamente había estado de moda entre la gente de postín llevar las uñas tan largas. Tenía las manos. que deja ver una gran dentadura postiza. Si hubiera pensado un instante.. y encorvada por la edad. ¡Virgen santa. Al no oír respiración alguna. sabía que perdería el conocimiento si llegaban a tocarme. pegadas a los costados. Pero no podía apartar los ojos de ella. ¡Dios mío!. Entonces me acerco a mirarme en el gran espejo. con los dedos apuntándome a la garganta y haciendo todo el tiempo con la lengua un sonido como «sisss-sisss-sisss». Espero un poco. pequeñas y arrugadas. como la dama pintada en la lápida de la iglesia de Lexhoe. Pues bien. a la famosa madamCrowl. hasta mi corazón parecía haberse parado. a lo mejor pasan muchos días sin que se me presente una ocasión tan buena. mientras ella seguía chacoloteando como una marioneta. pero sigue el mismo silencio sepulcral. queridas. me habría dado la media vuelta y escapado rauda. le coronaba la cabeza y ¡madre mía. pequeña granuja! ¿Por qué has dicho que yo maté al niño? Te voy a hacer cosquillas hasta dejarte tiesa. Bueno. voy y me acerco a la cama. Y he aquí que de repente abre los ojos. Pero así era. con un abanico en la mano y un ramillete de flores en el corpiño. Era un capricho suyo que nadie se atrevía a negarle. pero aquello era la cosa más espantosa que jamás se había visto. todas ellas terminadas en punta. pero sus dedos estaban ya a sólo unos centí-metros de mi garganta. estoy segura de que os habríais llevado un buen susto ante aquella visión.y yo aproveché para dar media vuelta y atravesar mi cuar-to y bajar las escaleras como una . des-corro lentamente las cortinas y veo tumbada ante mí.y allí estaba ella tan tiesa y orgullosa. Las cortinas están echadas.. Impo-sible ver algo igual en aquellos días. y las piernas me tiemblan. y en aquel instante apareció mi tía en la puerta y lanzó un grito seco y la vieja dama se vol-vió hacia ella. Apuntando hacia mí con los dedos tiesos. finalmente. de ApplewaleHouse. y no me quedaba más remedio que recular de la manera que podía.. qué espectáculo! Una gran peluca empolvada. con un par de calcetines de seda con espiguilla y unos zapatos de tacones altísimos. se me pasa por la cabeza: « ¿Por qué no echar un vistazo a la cama. se sienta en la cama.encendidas. donde está la vieja señora?» Me consideraréis una descerebrada si os digo que tenía muchísimas ganas de ver amadamCrowl. arrugada y fofa. se da la vuelta. Entonces. primero los dedos y luego la mano entera. me armé de valor y entré en la habi-tación de puntillas sin dejar de mirar ami alrededor. Pero me armo de valor y me deslizo entre los pesados cortinajes. escarlata y verde. Yo seguía retrocediendo.Wyvern. Decían que se colocaba ante el espejo ataviada de aquella manera. tenía una nariz retorcida y flacuchay se le veía la mitad del blanco de los ojos. y os aseguro que en mi vida había visto unas uñas tan largas.Allí estaba ella completamente engalanada. Permanecí junto a la puerta con el oído aguzado mientras contempla-ba embobada la escena. y comprobar que no se movía ni un pliegue de las cortinas. Un cadáver no deja de ser una cosa natural. y. oro y bordados de filigrana. empolvada de blanco y las mejillas de rojo. con una malvada risita en los labios arrugados. Pero. riéndose nerviosamente y babeando. cuánto pellejo! Tenía la garganta. Yo no podía ni soltar la cortina ni moverme ni apartar los ojos. Satén y seda. me dice: -¡Oye.

Mucho antes de que llegara mi tía. como os he dicho. Y. Y yo se las repetí. Yo habría saltado por la ventana antes que quedarme sola en la habitación con ella.Mrs. un día queMrs. Recuerdo que era invierno. Y el hijo que el señor Crowl había tenido de su segundo matrimonio con la señora acabó heredando la propiedad. Después de aquello. El médico temía que le hubiera dado un ataque de locura.Judithsiempre estaba conmigo cuando las dos mujeres mayores se ausentaban de la habitación de la vieja señora. siendo joven y muybella . sino que le entró una gran depresión y debilidad y se fue apagando entre muchas toses. pequeña granuja! ¿Por qué has dicho que yo maté al niño? ¡Te voy a hacer cosquillas hasta dejarte tiesa!» -¿Y dices que ella mató a un niño? -me pregunta. Una semana después. -Repítelas otra vez -me pidió. el viejo señor. y muchas veces ya no volvía hasta la noche.Wyvern se rió bastante cuando le conté lo sucedido. solía salir de casa por la mañana para ir ora a la granja del guarda a desayunar con él. la gente comentaba que la madrastra sabía más cosas de las que estaba dispuesta a contar. con sus zalamerías y halagos. Un buen día aquel niño desapareció y nadie supo decir adónde había podido ir. donde se bañaba y pasaba el día pescando o remando en una barca. era el titular de la finca en la época en que yo llegué a Applewale. de Applewale. Se le dejaba demasiada libertad. -Yo no digo eso. por lo que se pensó que se había ahogado. se había casado con el señor Crowl. el señor de Chevenix Crowl. Y ahora voy a contaros lo que yo vi con mis propios ojos. ora a la conejera. en cuya ocasión la habían tenido que sujetar con una camisa de fuerza. Unos setenta años atrás. Llevaría unos seis meses allí cuando a la vieja señora le sobrevino la última enfermedad. cuando le dio por farfullar . creo recordar. « ¡Oye. sólo que su sombrero había aparecido junto al lago bajo un espino que todavía se puede ver en el día de hoy. Y como del niño nunca más se volvió a saber nada. aquel suceso había sido la comidi-lla diaria de toda la comarca.Mrs. pero mudó el semblante cuando oyó las palabras que me había dicho la vieja señora. nadie supo decir qué le había pasado.Wyvern estaba conmigo me contó una cosa de madamCrowl que yo no sabía.exhalación.Wyvern -le contesto. nieto de la vieja señora. hasta un día o dos antes de pasar a mejor vida. no ocurrió así. pues le había ocurrido lo mismo quince años antes. Pues bien. un viudo con un hijo de nueve años. la misma prenda de cuero que yo había visto en el armario junto a la habitación de mi tía. Os aseguro que estuve llorando un buen rato a lágrima viva en el cuarto del ama de llaves. el hijo de éste. y que había conseguido camelar a su marido. También solía bajar al lago. Pues bien. con el paso del tiempo la gente fue olvidando aquel suceso.

y alargó las manos para coger algo que había allí .atropelladamente pala-bras incoherentes y dar chillidos en la cama. y así pasó por fin a mejor vida y todo se terminó para la viejamadam Crowl. cuya puerta estaba abierta de par en par. como si alguien la estuviera amenazando con un cuchillo en la garganta. emperifollada en sus satenes y terciopelos haciendo muecas con los ojos desencajados y con la cara más fea que se puede imaginar. dos puertas más allá de la que había sido la alcoba demadam Crowl. Muchas de las cosas que decía a grito pelado habrían puesto los pelos de punta al mismísimo diablo.JudithSquailes y una mujer de Lexhoe estaban siempre atendiéndola. con el rostro oculto entre sus viejas y hechizadas manos e implorando piedad. conboiseriede roble. lo cual me alegró sobremanera. toda vez que los únicos que iban a asistir al entierro eran ellos dos.Wyvern. El bajo de su vestido iba rodeado de un resplandor rojo que parecía estar con-sumiéndole los pies. Dios bendito! Pues nada menos que a la vieja arpía. Mi tía. muy pocos enseres para una habita-ción tan grande. Estaba acostada de espaldas a la puerta y miran-do a la pared. Aquel día recibimos la noticia de que el señor llegaría a Applewale a la mañana siguiente. derecha a la pared de la recámara. la vieja dama de Applewale fue enterrada en la cripta de la iglesia de Lexhoe. pero afortunadamente pasó por delante de mí. Y me puse a pensar enseguida en todos los de mi casa. que era un rincón en el que había estado antes la cama de columnas. pero nada podían hacer ya por ella los rezos. Podéis imaginar que ya no volví a entrar en su habitación. y sobre todo en mi hermanaJanetylos gatitosy los perros y todo lo demás. El cura estaba allí y rezó por ella. pero. se caía al suelo. ahora que carecía ya de función. y se ponía a hacer cosas fuera de la cama. Aquel mismo día escribie-ron al señor de Chevenix para que viniera cuanto antes. que está colgada en la pared. mi tía y el resto de nosotras. sobre las doce y cuarto veo unos resplandores en la pared como si algo estuviera ardiendo por detrás. y la habitación más oscura que boca de lobo. como solía llamar-la mi tía. se ponen a bailar como locas en el techo y las paredes. Y el gran espejo en el que la vieja señora tantas y tantas veces se había mirado y remirado de pies a cabeza. pero sin más muebles que mi cama. y las sombras de la cama. de Applewale. Esto ocurrió la noche antes de que llegara a Applewale el señor de Chevenix. Pero éste se encontraba en Francia. y estaba tan nerviosa que no me podía dormir. con una ráfaga de aire frío. pues casi estaba segura de que me volverían a mandar a casa con mi madre. al no tener suficientes fuerzas para caminar ni permanecer de pie. o algo parecido. apuntándome con las uñas de sus manos arrugadas como si fuera a clavármelas. Venía derecha hacia mí. le dieron unos ataques que la dejaron postrada. sino que me quedaba en la cama muerta de miedo mientras oía sus alaridos y ara-ñazos en el suelo. de la silla y de mi bata. Así. y vuelvo deprisa la cabeza. lo habían sacado de allí y dejado temporalmente apoyado en una pared de mi habitación. Además. A mí me pusieron en otra habitación. Al final. Yo no me podía mover. que no tenía cortinas. poco sentido tenía ya el que siguiera con vida. pues como podéis imaginar se sacaron muchas cosas de su alcoba para amortajarla. una distancia tan grande que el cura y el doctor acordaron que no convenía tenerla durante más tiempoinsepulta . y el reloj dio las doce y aún seguía despierta. La habitación que yo ocupaba ahora era bastante amplia. Pues bien. que fue amortajada e introducida en el ataúd.Mrs. una silla y una mesa. y nosotras seguimos viviendo en la gran casa hasta que el señor viniera a darnos a conocer su voluntad y a pagarnos el finiquito que considerara oportuno. creyendo que el fuego ha prendido en algo. ¡Y qué veo.

y debemos contarle lo que has visto -dice. las recibí como agua de mayo. siéntate aquí y cuéntamelo todo de pe a pa. esto basta. y no me atreví a acercarme hasta que me llamaron. Por fin me res-ponde mi lengua y suelto un alarido mientras salgo disparada por la galería y casi arranco de cuajo la puerta deMrs. creyendo que me voy a desvanecer. fuera lo que fuera. Me dice que no tenga miedo y luego me pregunta: -¿Llevaba la aparición alguna llave en la mano? -Sí -le digo. Pues bien. como me había esperado. como rumiando algo y volviéndola a meter donde estaba. sin saber cómo he llegado hasta allí. La vajilla y las joyas se guardaban allí hasta que pusieron el arma-rio metálico en el cuarto trastero. -Espera -dice soltándome la mano y abriendo el aparador-. Tendría más de ochenta años cuando me lo contó. ¿Era como ésta? -me pregunta sacando una llave y enseñándomela con el ceño fruncido. Yo no había visto nunca aquella puerta. se queda pensando un rato y le dice a mi tía: -Recuerdo bien ese rincón. Yo le tenía a él bastante respeto. la que la chica soñó que había abierto mi abuela. Y de repente se vuelve hacia mí pivotando como una marione-ta. a la que doy un susto de espanto. una llave muy grande con un extraño ojo de metal. y con las primeras luces bajo a ver a mi tía lo más deprisa que me permiten las piernas. dándole la vuelta. y no te preocupes. Podéis imaginar que no pegué ojo aquella noche. Debe de ser un sueño. Y él me dice sonriendo: -Cuéntame todo lo que has visto. era un hombre apuesto. Era la segunda vez que lo veía. también me contó que la llave tenía un anillo de metal. y esa llave que tú dices la encontraron en el fondo del arcón donde . En tiempos del viejosirOliver. pero es mejor que tú te vayas a casa esta misma tarde. -El señor llegará antes de las doce del mediodía. y la habitación se queda a oscuras. querida. -Esa misma -le contesto. Cuando termino. zagala. y yo me veo de pie en la otra punta de la cama. acordándome de pronto-. sino que me coge de la mano y me mira fijamente a la cara. El señorCrowlllegó a Applewale aquel mismo día. por ser el hombre más rico de Lexhoe. no sé lo que le diría. de unos treinta años de edad. Mi tía estuvo hablando con él en el cuarto del ama de llaves. mi tía no me echa ninguna regañina. supongo que yo me iré pron-to de aquí. Mi tía recogió todas mis cosas y me dio también las tres libras que se me debían. el viejo Wyndel me contó que había una puerta en ese cuarto de la izquierda.dentro. Pero. -¿Estás segura? -vuelve a preguntarme. De eso hace veinte años. pues sabes que no existen en el mundo esas cosas que llaman fantasmas o espíritus. y yo era un niño entonces. todavía pensativa-. Pero aquélla era la primera que hablaba conmigo. Aquellas palabras. como podéis imaginar. -Bien. mozuela -dice pensativa. que te buscaré otra casa en cuanto pueda. -Segurísima -digo yo.Wyvern.

en medio de un montón de huesos y polvo. Lo corrimos y vimos el con-torno de una puerta en laboiseriede roble y el ojo de una cerradura obturado con madera y cepillada con el mismo cuidado que todo lo demás y todo el reborde de la puerta tapado con masilla de color roble.. a mirar en los estantes más detenidamente. todo lo demás se había reducido a polvo al primer impacto. de no ser por los goznes que sobresalían ligeramente. Tenga cuidado. Mi tía. con paredes y bóveda de ladrillo. Bueno. sacar el trozo de madera de la cerradura. Bueno. Mi tía encendió una vela. pues estaba más oscuro que boca de lobo. Y mientras ella va a la chi-menea yo miro por debajo de su brazo y veo agachado en el rincón más lejano a un mono o una cosa despellejada encima del arcón. el cerrojo cedió y la puerta se abrió acompañada de un chirrido. -Un gato muerto -dice él retrocediendo y cerrando la puerta-. y. Pero allí había ahora un armario viejo. con un pequeño cincel y un martillo. pero luego él coge la calavera que yacía en el suelo.. tienes que subir conmigo y decirme dónde estaban exac-tamente las cosas que viste. y bien contenta que volví a casa. tras darle una vuelta. Shuttters. Ahora tengo otros asuntos que tratar con usted. Había otra puerta dentro. A pesar de lo joven que yo era. Se necesitó sólo un par de minutos para. zagala. ¡Mejor retírese y cierre esa puerta! Pero. de puntillas. -¡Virgen santa!-exclamami tía al darle el atizador y viendo también por encima de sus hombros aquella cosa espantosa-. El corazón se me desbocaba en la gar-ganta. Vol-veremos después usted y yo. Y en lo sucesivo nunca volví a ver amadamCrowl de Applewale. La llave entró perfec-tamente.ella guardaba sus viejos abanicos. -¡Ahá! -dijo él con una sonrisita-. cabeza incluida. no vimos lo que había dentro. ¡Qué puede ser eso! Déme el atizador. ¿no? Supongo que ya tendrá su paga. creí saber perfectamente en qué esta-ban pensando los dos en aquel momento. Me dio una libra de oro y yo marché a Lexhoe aproximadamente una hora después en la diligencia. retrocediendo-. yo no veía absolutamente nada.Mrs. ¡deprisa! -ordena a mi tía. señor. El caballero la cogió y entró. El cuarto era bastante pequeño. más extraña que la primera. Y esta muchachita me dice usted que se marcha hoy mismo a su casa. y tuve bien agarrada la mano de mi tía todo el rato que estuve en aquella espantosa habitación diciéndoles a los dos por dónde se había movido la aparecida y dónde estaba exactamente la puerta que yo había visto en la pared. de manera que. Obedecí con poco entusiasmo. Vamos. en lugar de obedecerle. Durante un buen rato nadie dice nada. justo lo que me imaginaba. nadie habría imaginado que había allí ninguna puerta. trataba de mirar por encima de sus hombros. gracias . no me extrañaría nada que encontráramos allí algunas cucharas de plata o diamantes. entra despacio con el atizador en ristre y asesta a la cosa un batacazo tal que ésta cae estrepitosamente. yo quiero hacerle además un regalo -dice él dándome una palmadita en la espalda. pero que no tenía cierres y se abrió fácilmente. que podía ser también la vieja bruja más chupada que jamás se ha visto en la tierra. -¡Ahá!-exclamael caballero. Eran los huesos de un niño. con lo que hace.

presupues-tas estas condiciones.y. en la que se decía que el pequeño llevaba con él un cuchi-llo de mango verde y varias canicas. bas-tante distinto a mí. La pluma. puede resultar bastante bien -si yo no me alabo a mí mismo quién lo va a hacer en mi lugarPero es un riesgo hacerlo como me piden que lo haga.y me aseguró que se trataba del niño desaparecido hacía tanto tiempo que aquella vieja arpía había encerrado en la oscuridad hasta que se muriera. y que él vio la luz. mi tía vino a pasar conmigo un día y una noche en Littleham. Y entre los papeles del señor había una copia de la nota escrita después de desaparecer el niño. ni en apariciones ni en sueños. nos eximía de la obligación semanal de pagar alquiler. Pero había un puñado de canicas y un cuchillo con mango verde. pero franco y alegre. después de que la charla junto a la lumbre lleve un buen rato versando sobre emocio-nantes relatos llenos de terror y misterio. que soy de un temperamento excitable y nervioso. Así. RELATO DE CIERTOS SUCESOS EXTRAÑOS EN LA CALLE AUNGIER Esta historia mía no es para escribirse. la última vez que se le vio.una de las cuales estaba vacía en la época en que acudimos a la capital a estudiar. Pero si logran conven-cer a sus amigos para que la lean una vez caída la noche. por un lado. supongo. .había comprado tres o cuatro casas viejas en AungierStreet. Por lo que aquí interesa. y el mobiliario escaso. sin que sus gritos. El salón que daba a la calle nos servía de cuarto de estar. Si se cuenta. víctima de un con-tagio contraído en el noble desempeño de su labor sacerdotal. Mi primo(Tom Ludlow)y yo estudiábamosmedicina juntos . me pondré a trabajar enseguida para contarles con la mejor disposición lo que tenga que contar. no voy a desperdiciar más palabras y paso ya a contarles la historia en cuestión. Él residía en el campo. Toda su ropa se convirtió al primer toque en una nube de polvo en el cuarto donde se encontraron los huesos.a Dios. cuan-do su anciano padre creía que se había escapado o lo habían raptado unos gitanos.padre deTom. por cierto. También me dijo que alguien había dejado su sombrero al borde del lago para hacer creer que se había ahogado. nuestro proyecto se llevó a cabo casi tan pronto como fue concebido. en una palabra. si me aseguran los mollia tempora fandi. junto con un par de peniques que el pobre niño llevaba en el bolsillo. pues. Pues bien. la tinta y el papel son vehículos muy fríos para lo maravilloso. junto a la lumbre después de una buena cena una noche de invierno con el viento frío rugiendo fuera y todos bien calentitos y confortablemente instalados. y el «lector» es decidi-damente un animal más crítico que el «oyente». pero el pobre chico prefirió la iglesia y murió joven. Nuestras pertenencias eran contadas. del caserón de Applewale. Pero cuando ya era una mujer. Mi tíoLudlow. y muy escrupuloso en la observancia de la verdad. nos permitía vivir más cerca de nuestras aulas y diversiones. una propuesta doblemente satisfactoria. en una palabra. nuestros enseres eran casi tan simples como los de una tienda de campaña. por el otro. Y eso es todo lo que tenía que conta-ros sobre la viejamadamCrowl. súplicas y aporreos pudieran ser oídos por nadie. yTomme pro-puso que nos alojásemos en la susodicha casa mientras no se alquilara. Creo que él habría tenido bastante éxito de haberse dedicado a esta profesión. como a veces he hecho a petición general. baste con saber que era de carácter tranquilo.

Los dormitorios estaban recubiertos de madera. no era nada sombrío. Yo nunca había intentado ocultar al pobreTommis propensiones a la superstición. Así pues. según dictamen del juez de instrucción) vivió aquí bien acompañado de excelente carne de venado que regaba con el mejor oporto. como les voy a relatar a continuación. el escéptico iba a recibir pronto un terrible correctivo. esta anciana. desde las barandas hasta los marcos de las ventanasque parecía abomi-nar de cualquier retoque para proclamar enfáticamente su antigüedad por muchos adornos y barnices modernos de que hubiera sido objeto. en 1702. empujado por una «locura temporal» había acabado colgándose él mismo con la cuerda de jugar a la comba de la maciza y vieja baranda. Esto me inquietó tanto más por cuanto que yo me preciaba de tener un sueño profundísimo y de ser poco propenso a las pesadillas. En ella se veían muy pocas cosas nuevas. enChichester House. no había en ella nada «moderno». que daba a la calle.Yo ocupaba el dormitorio de encima. digo. los amplios salones estaban tapizados de cuero dorado y. había conocido épocas y cambios suficientes para poseer ese aire miste-rioso y entristecido. como dije antes. pero. en la forma de puertas y ventanas. no puedo precisar cuándo la habían construido exactamente. se había amalgamado con el dormitorio al derribarse la pared.solía reírse de aque-llos terrores míos. cuando yo empecé a notar que pasaba malas noches y dor-mía mal. no encuentro otra palabra mejor. sencillamente repelente. que tenía dos ventanas melancólicas extrañamente orientadas -miraban inútilmente a los pies de la cama-. tenían un aspec-to formidable. que. Por la noche. El agente de mi tío que la compró y la inscribió en el registro de la propiedad me contó que había sido vendi-da. que parece acom-pañar a la mayor parte de las mansiones antiguas. en cualquier caso. en la robustez especial de vigas y cornisas. cada cual en su dormitorio respectivo.que. Llevábamos poco tiempo viviendo allí. junto con otras muchas fincas confiscadas. me atrevo a decir.adquiría a mis ojos un carácter especialmente siniestro y fantasmagórico. Pero esto no era más que una parte. yTomel dormitorio de enfrente. éste -aunque sin afectación alguna. Para empezar. y que había pertenecido asir ThomasHacket. en él su antiguo confort parecía predominar sobre su algo tétrica vetustez. Todo lo contrario que el dor-mitorio interior. se había realizado un gran esfuerzo para empapelar los salones.era nuestra única y solitaria criada: venía al ama-necer y se retiraba castamente tan pronto como dejaba preparado el té en nuestro señorial aposento. Sin embargo. En fin. por nada del mundo habría aceptado yo pasar allí una noche solo. la casa era muy antigua. Toda aquella estancia en su conjunto me resultaba a mí. el papel parecía algo vulgar y desento-naba del resto. La vela dis-tante y solitaria deTomrelucía en vano en medio de su oscuridad. en la singular solidez de toda la madera. Sin embargo. omnipresente e impenetrable. Por ejemplo.creo. y ese cuarto oscuro que se encuentra en la mayoría de las casas antiguas de Dublín -cual gabinete fantasmagórico. Me parece que su fachada había sido remozada unos cincuenta años atrás. en el extraño emplazamiento diagonal de las chimeneas. pero el mío. ahora . Sin duda había en sus propor-ciones y rasgos una discordia latente. En aquellos años de Maricastaña. tras haberse ganado la fama de demasia-do amigo de condenar a la horca. de alguna manera. Esto lo supimos por una mujer ya mayor que regentaba una pequeña tienda destartalada en la bocacalle y cuya hija -de cincuen-ta y dos años de edad. esta «recámara» -como nuestra «criada» gustaba de llamar. pues había algo extraño y pretérito en su arquitectura -en el alzado de las paredes y el tendido de los techos. pero. aparte de esto. a la vez interesante y deprimente. cierta relación misteriosa e indes-cifrable que atentaba vagamente contra la esencia más íntima de lo que se suele entender por cómodo y confortable y ofrecía indefinibles sospe-chas y aprensiones a la imaginación. por atracción simpática. que era interior y que a mí no me gustaba ni un pelo. se acordaba de cuando el viejo juez Horrocks (el cual. el que fuera alcalde de Dublín en tiempos de Jacobo II. y tal vez fuera mejor así.

que mantenía la mirada clavada en mí mientras el mío se la devolvía con la inexplicable fascinación de la pesa-dilla. podía haber estado igual de cerca de mí. no mediante un exorcismo. nos confabulábamos para dispersar mis horrores. si bien reinaba una profun-da oscuridad.todo era distinto: en vez de disfrutar de mi descanso habitual. que tan misteriosamente se superponía a los crista-les de la ventana. etcétera? No cabe . sin saber por qué. donde permanecía fijo. Después de un primer plato de sueños desagradables y pavorosos. por el que asomaba un pelo cano por los años. y haber sido igual de enérgicoy malvado aunque yo no lo hubiera visto. Sin saber exactamente por qué. un cuadro salía volando de repente hasta la ventana. Tenía la nariz corva. con los nervios destrozados. Pues bien. ¿Qué significa todo el código moral de la religión revelada sobre el cuidado debido a nuestros cuer-pos. y. se desarrollaba de la siguiente guisa: Veía. al tiempo que presagiaba cosas siniestras. sensua-lidad y poder. mi atención se fijaba invariablemente. parecían brillar con una crueldad y frialdad del otro mundo. no es necesariamente cierto.cada arruga. cómo él. mis queridos amigos. como bien saben. contenía el retrato de un hombre viejo vestido con una bata de seda de flores carmesí. Hay que ser justos y reconocer con total franqueza que el maldito retrato empezó a espaciar sus visitas como consecuencia de aquel tonifi-cante. la templanza. trashaberse pavoneado. mientras que las cejas conservaban su negrura original.. ¿era algo «subjetivo» (por utilizar el tecnicismo tan popularizado en nuestros días) y no la agresión e intrusión palpables de un agente externo? Esto. sentía una antipatía insuperable a describir a mi amigo y camarada aquellas mis turbaciones nocturnas. el demonio que me había mantenido esclavizado durante la espantosa vigilia nocturna. cuyos pliegues podría describir ahora mismo y cuyo semblante era una extraña mezcla de inteligencia. y. y así durante horas y horas. es inherente a la pesadilla corriente. sino mediante un tonificante. Finalmente. lo que signaba el comienzo de mi sesión de horror. Esto.del que yo era un triste juguete. en las ventanas que había frente a mi cama. bajo la forma de aquel retrato. el gallo desaparecía y. así. mientras me encontraba en aquella situación «clarividente» -teatro iluminado en el que se iba a mostrar el consabido cuadro de horror. sus grandes ojos. como el pico de un buitre. como por una atracción eléctrica. mis inquietudes adoptaban una forma definida. pesadilla o ilusión infernal -llámenlo como gusten. fieles al presunto materialismo de la medicina. tono y sombra de aquel rostro. Aquel sueño. Recuerdo perfectamente -cómo no. o creía ver. Pero. Me parecía como si algo horripilante pero indefinido me estuviera acechando en algún lugar desconocido con vistas a mi tor-mento personal. me pegaba todas las noches una buena «panzada de horrores». El espíritu maligno. cada objeto y pequeño detalle del dormitorio.que tornaba mis noches insoportables. y entonces una sen-sación de pavorosa anticipación se apoderaba de mí de manera lenta pero implacable. ¿cómo explicarlo? ¿Era aquella aparición -tan singular como terrorífica. Estos ras-gos estaban rematados por un gorro de terciopelo carmesí. grises y prominentes. con espantosa claridad. Casi siempre me limitaba a decirle que había tenido una pesadilla abominable. la sobriedad. y la misma visión me visita-ba al menos (en promedio) cada dos días a la semana. aunque sin duda por la intensísima angustia y horror sobrenatural con que iba asociada aquella extraña fan-tasmagoría..puro engendro de mi fantasía y de mi pobre estómago? En una palabra. Aquel cuadro. que se alargaba a veces durante varias horas. me levanta-ba para iniciar la nueva jornada. como no podemos por menos de reconocer. tras un intervalo que siempre parecía tener la misma duración. tenía embrujados mis sentidos. que.

una vela. ¿quieres que vaya por ella? -No. El hipnotizador y el electrobiólogo fallarán por término medio en nueve de cada diez pacientes. -Creí -dijo. Y no hay más que hablar. Yo tenía.Tom?¿Qué te ha pasado? ¿Qué diantre te ha pasado. Estoy un poco nervioso. prote-gernos contra influjos que de lo contrario tornarían espantosa la vida como tal.. y salté de la cama. Cierra la puerta con cerrojo.. seguidos de un ruido sordo producido por lo que resultó ser un gran candelabro de metal lan-zado con toda su fuerza por el pobreTom Ludlow contra la baranda y que fue dando tumbos hasta el segundo tramo de las escaleras.Richard?Está oscuro.Tom?¿Estás en tus caba-les? Venga. pero ninguno se puede comparar con el que se había apoderado del pobreTomaquella noche. casi simultáneamente..Dick. -Por supuesto que ha sido un simple sueño -dije yo. quédate aquí..duda de que existe una clara relación entre lo material y lo invisible. Se requieren unas condiciones especiales del sistema corpo-ral para la aparición de ciertos fenómenos espirituales. y otras no. Allí estábamos los dos con nuestros camisones delante de la puerta abierta. y ¿dónde está la vela? -En tu habitación. No importa. He debido de soñar algo. -¿Que qué me ocurre? Oh. cosa extraor-dinaria.. Él respiró primero y luego me contestó con unas frases no muy cohe-rentes: -No pasa nada. por donde penetraba la luz tenue de una luna nublada. Hice lo que me pedía mientras él. Yo salté de la cama y lo cogí del brazo sin tener la menor idea de lo que estaba ocurriendo. . y. Me encuentro en un «estado de shock». me despertaron unos pasos en el corredor. Todo el mundo sabe lo contagioso que es el miedo de cualquier tipo.me voy a que-dar aquí contigo. envolviéndose con una de mis mantas.. no vayas. nada. pero ¿qué ocurre? ¿Qué es lo que ha pasado exactamente? ¿Por qué no me lo dices. ¿He dicho algo? ¿Qué he dicho? ¿Dónde está la vela. lo más seguro -dije-. Esta operación tiene éxito unas veces.. Tomabrió la puerta de par en par y entró reculando en mi habitación. Después descubrí que mi compañero presuntamente escéptico pasa-ba también momentos de turbación.Dick. se sentaba en el borde de mi cama. presa de una extraordinaria agitación. ya ha pasado... ¿no crees? No ha podido ser otra cosa que un simple sueño.que había un hombre en mi habitación y. si no me equivoco. y lo mismo cabe decir del espíri-tu maligno. Yo no quería que me contara -ni creo que a él le hubiera apetecido hacerlo en aquel momento. -Sí.Tom?-le pregunté sacudiéndolo con nerviosa impaciencia. nada.. mirando a través del vetusto barandal hacia la ventana del pasillo. -¿Qué ocurre.dime qué te ocurre. el tono saludable del sistema corporal y su energía intacta pueden. sintiéndome inusualmente nervioso. te lo repito: todo ha sido un simple sueño. Una noche en que estaba yo durmiendo profundamente. Sé buen chico. encien-de tu vela y abre la ventana. Pero yo no sabía aún nada de esto.los detalles de la espantosa visión que lo había dejado tan abatido. está bastante oscuro -dije-. No. Un simple sueño.Tom.

Yo había creído que aquella resolución. tras una pausa. Eran las dos de la madrugada y las calles estaban más silen-ciosas que un cementerio. para verme asaltado por la indigestión y.cuando oí pasos en el tramo de escaleras entre el desván y el piso de mi dormitorio.. Recuerdo bien la noche. los ruidos de la casa eran.-Tom. Pues bien. con la contundencia y la parsimonia propias de un adulto. ocurrió que. fruto evidente de la visión que tanto le había perturbado. sino que. transcu-rrió casi una semana entera antes de firmarse el contrato de arrenda-miento y escribir yo a toda prisa aTompara que regresara cuanto antes. Eran unos pasos lentos y pesados. entre tanto. pero hay una cosa obvia: que este horrible case-rón nos repatea a los dos.. debido a una serie de pequeños aplazamientos y circunstancias. Cuando los pasos alcanzaron el rellano de mi piso. lo mejor que podemos hacer es buscar otro alojamiento cuanto antes.. para mantener completamente a raya a los espíritusnegrosyblancos. como hace mucho tiempo que no veo a mi padre. sirvieron entonces para estimular conside-rablemente mi apetito de cambio. Ahora bien. dijo: -Oye. parecieron detenerse. había decidido conservar el ánimo a base de buenos lingotazos de licor -práctica ésta recomendada por la sabiduría de mis antepasados-. Entre tanto. y que. que. con los nervios propios del cambio de casa. tan pronto como yo encontrara alojamiento apropiado. y estaba claro que aquellos pies iban completamente descalzos. parecía decidida a hacer el mayor ruido posible y a avanzar con total parsimonia...Richard. perfectamen-te audibles. por absurdas que puedan parecer ahora difumi-nadas por el paso del tiempo. Sin embargo.no me hables de nada relacionado con tu absurdo sueño -le dije afectando desdén. antes al contrario. ¡que me cuelguen si me quedo aquí más tiempo. le ocurrieron un par de aventuras insignificantes a vuestro humilde servidor. donde me esperaban media docena de páginas delSpectator. voy a ir a verlo mañana y volveré dentro de un par de días. También era obvio que la per-sona que bajaba las escaleras no tenía ninguna intención de pasar inadvertida. había dejado a un lado mi volumen de anato-mía. ¿no te parece? Tomasintió y..Tompartió temprano al pueblo de su padre tras acordar que. muy desagradable al oído. Yo sabía perfectamente que la criada se había marchado a su casa hacía bastante tiempo y que nadie más que yo tenía motivos legítimos para andar por la casa a aquellas horas. tú puedes encargarte de buscar habitaciones para los dos. por noches malí-simas! Así que. espíritus azules y grises queme acechaban. produ-ciendo un ruido a la vez seco y fofo. bajando por la susodicha escalera. Pero me equivoqué. pues. unos . Hablemos de cualquier otro tema. y estaba regalándome con un tonificante previo al ponche y a la cama. con la puerta bien cerrada y todos los ingredientes de un ponche de whisky sobre la mesita de noche -de diseño bastante irregular-. se desvanecería a la mañana siguiente junto con los demás vapores y sombras de la noche. yo espera-ba que mi puerta fuera a abrirse en cualquier momento para dar paso al modelo u original de mi detestado retrato. en que me encontraba sentado junto al fuego de mi dormitorio.he pensado que. un día o dos tras la partida de mi compañe-ro. pues. le escribiría urgentemente para que diera por terminada su visita a tíoLudlow. pero en el fondo muerto de miedo-.

no se podía explicar tan fácilmente. y de las pisadas regulares que aporreaban las escaleras en medio de la soledad de mi embrujada morada. hacia la misma hora oí claramente a mi buen amigo bajar de nuevo de las buhardillas. o creo ver. como en la ocasión anterior. No sabría decir con total seguridad si la aparición de aquella noche había sido una simple ilusión óptica de mi fantasía jugando con los oscuros contornos del aparador y. retorné lo más rápidamente posible a mi habitación. hasta la planta baja y el vestíbulo. Pues bien. Traté de tranquilizarme ante la evidencia de aquellas pruebas. Salté de la cama. pero no lo conseguí. Movido instintiva-mente por el terror más que por el valor.. mi estado anímico era una caldera a punto de estallar.. las hice materialmente añicos. Agucé el oído. Asimismo debo manifestar con toda sin-ceridad que. decidí probar fortuna: abrí la puerta y grité estentó-reamente por encima de la baranda: -¿Quién anda ahí? La única respuesta que obtuve fue el eco de mi propia voz retum-bando por la vieja mansión. con dos inmensos ojos verdosos que brillaban tenuemente. pero no oí moverse ni una mosca. donde aún resplandecían algunos rescoldos. cogí el atizador de la chimenea. nunca pude determinar después si había sido víctima de mi propia fantasía. en cualquier caso. Aquello redobló mi sensación de incomu-nicación. no sabría decir si con forma de hombre o de oso. es decir. Todo aquello tenía una pinta realmente fea. que estaba seguro de haber dejado abierta. donde permanecí en un estado de espantoso bloqueo mental hasta que se hizo de día. la oscuridad y el frío eran descorazonadores. se había cerrado detrás de mí. Mi aprensión aumentó igualmente al notar que la puerta.. Esta vez había ingerido ya mi ponche y por tanto «la moral de la tropa» era excelente. oída en medio de la más completa soledad. No aprecié ningún nuevo movimiento.segundos después sentí un gran alivio al percibir que los pasos reanu-daban su descenso en dirección de los salones de la planta inferior. no les ocultaré que el aparador que contenía nuestra vajilla se hallaba justo allí. estando ya acostado y en medio de la total oscuridad. como suele decirse. desde donde no me llegó ya ningún ruido. Armado de valor. que aportara alguna explicación al nerviosismo que me roía. y. tras cambiar una o dos veces de forma. nada. de espaldas a la pared. como daban fe los fragmentos del juego de té que se amontona-ban en el suelo.. El sonido había cesado en aquel momento. aunque en aquel momento yo no me acordaba de esa circunstancia. La noche siguiente no aprecié ruido alguno por parte de mi descalzo co-inquilino. y a aquella hora en la que yo no podía recurrir a ninguna ayuda? No.. presa de una vaga alarma. y salí al pasillo. y hacia medianoche no se oía ya más que el . y luego. hasta que cesó el ruido al llegar al vestíbulo. y temeroso de que me hubieran cortado la retirada. Todo el mundo conviene en lo desagradable que resulta el sonido de la propia voz en semejantes circunstancias. por tanto. y cuál no sería mi horror cuando veo. tuve la satisfacción de constatar que había lanzado el ati-zador con admirable tino y. pues aquella aparición. inquietantemente anunciada por unos truenos de tor-menta y un diluvio de lluvia deprimente.. delante de mí a un monstruo negro. oí cómo los horribles pies descalzos seguían bajando las escaleras. Además. le lancé el atizador con toda mi fuerza a la cabeza. volví a mi habitación y cerré la puerta con doble vuelta de llave. empezó a avanzar hacia mí con su forma original. teniendo en cuenta que mi imaginación estaba muy excita-da. Ésta llegó. en medio de un horrible estropicio de objetos rotos. Un minuto después. ¿cómo explicar el ruido de aque-llos horribles pies descalzos. tras otra pausa. Yo tenía la moral por los suelos y un terrible pavor a que llegara la noche. Las calles se vaciaron de gente antes de lo habitual. Ahora que había cesado el ruido. en suma. los horripilantes ojos de aquel bicho no habían sido más que un par de tazas de té invertidas. pero la noche siguiente.

En medio de aquella gran ciudad. a mi vuelta encontré una nota de éste mismo comunicándome su intención de regresar al día siguiente. como el detestado sonido había cesado. podría jurarlo. que había sucedido a la tormenta. Y ¡horror de los horrores! Un par de peldaños más abajo de donde yo estaba. Era del tamaño del pie de Goliat. una auténtica rata. que turbaba la paz noc-turna de mi mansión. la mirada infernal y el sem-blante maldito de mi viejo amigo del retrato transfundidos en la cara de aquel bicho abotargado. pues estaba decidido a ver a toda costa a aquel engendro. me sentí con la suficiente confianza para aventurar unos pasos más hasta la baranda. cada vez más fuerte. si es que era visible. Estaba muy nervioso y traté en vano de enfrascar-me en lo que estaba leyendo. El silencio. No se oía más que el ulular del viento. Preferí no acostarme y mantenerme alerta para entrar en com-bate. La mañana siguiente la pasé arrastrándome penosamente por las calles embarradas de la ciudad. y. por una parte. Me habría gustado oír el traqueteo de algún vehícu-lo o el aburrido vocerío de alguna trifulca lejana. pesado y se bamboleaba como un peso muerto de un peldaño a otro. Me puse a pasear por la habitación silban-do tonadillas marcialesy humorísticas alternativamentey aguzando el oído de cuando en cuando por si oía el temido ruido.» Yo estuve a punto de perder el juicio al contemplar aquella rata. volvió a darme suficiente coraje y entereza en el momento preciso en que empecé a oír las pisadas contundentes y fofas bajando parsimoniosamente las escaleras. hasta que «FLANAGAN & CO'SBEST OLD MALT W HISKY» devino en una suerte de acompañamiento atenuado de todas las fantásticas y horribles especulaciones a que se había entregado mi cerebro. ya había conseguido encontrar nuevo alojamiento y. Los pasos seguían su cadencia regular. ríanse de mí si quieren. Que me muera si no era la rata más mons-truosa que jamás había visto o imaginado. mientras seguía arrastrándose y mirándome a la cara casi por entre mis pies. Aque-lla noticia me alegro por doble motivo. vi. Me senté y me quedé mirando la etiqueta cuadrada de la botella negra. entre tanto. los pasos misteriosos habían vuelto a retumbar. el más impor-tante de los cuales fue la nota urgente que le mandé aTom pidiéndole que viniera. Curiosamente. Aquella noche dormí con lo puesto en mis nuevos lares de Digges'Streety a la mañana siguiente volví a desayunar a la mansión de los fan-tasmas. pero la interrumpí ense-guida para averiguar si se oía algo nuevo. el ponche. me estaba mirando fijamente con una expresión de malicia perfecta-mente humana. ¡Maldito retrato y maldito original! Estaba comple-tamente convencido de que aquella rata -sí. y otros que enloquecen si ven un gato. mitad ridícula y mitad horripilante. por la otra. pues. gris. se había vuelto más silencioso y la oscuridad más oscura todavía. . Mientras atravesaba la estancia improvisé una plegaria. Shakespearedice: «Hay algunos hombres que no soportan mirar a un cerdo. Confieso que vacilé unos segundos junto a la puerta antes de encontrar el suficiente valor para abrirla. y. en cualquier momento. su regreso me resultaba particularmente grato tras la aventura de la noche anterior. y sepa Dios con qué otra cosa también.que acababa de ver era el temido ser maligno que vagabundeaba disfrazado por la casa en una especie de aquelarre nocturno. El pasillo estaba completa-mente vacío. pues. que embrutece a tanta gente. pues estaba seguro de queTomiría allí directamente al llegar. gestioné varios asuntos. de aspecto solemne y antañón. no se veía ningún monstruo en la escalera. Sin embargo. empecé a sentirme solo con la natura-leza. vela en mano. la cual se había alejado definitivamente allende las montañas de Dublín.desapa-cible golpeteo de las gotas contra el suelo. Cogí una vela con un si es no es de temblor en la mano. Me instalé lo más cómodamente posible y encendí dos velas en vez de una. y mi ojo capto algo que se movía. Mi presencia de ánimo iba disminuyendo por minutos. Volví como un rayo a mi habitación con una sensación de asco y horror difícil de describir y cerré a cal y canto la puerta como si hubiera un león al otro lado.

-Bueno. sepa su señoría que no me hace mucha gracia contarla precisamente aquí.Dick. mis pensamientos discurrían por derroteros alegres y agradables. habrías reconocido que era cualquier cosa menos lo que parecía ser. Y así seguimos platicando. aunque un poco inquieto en el fondo.. si eso fuera todo. Si los hubieras visto. Sin duda le había refrescado un recuerdo sumamente desagradable. si bien he de reconocer que formamos un contingente demasiado aguerri-do para que a los fantasmas se les ocurra hacer alguna de las suyas. La verdad es que me hace poca gracia recordar aquello.Y no me equivoqué.tres veces distintas. pero aquellos ojos. estaba tan inmóvil como si ya me hubiera dormido. . Mi curiosidad fue disminuyendo y. -Me inclino a pensar que. en cuanto a mí. y. -Lo vi tres veces. el mejor exorcista habría sido un gato en plena forma física-dijo con una risita provocadora. -Bueno.. la levantara y luego la volviera a dejar caer suavemente en el suelo. -¡Al diablo este lugar!-exclaméa mi vez con una mezcla de miedo y odio-. Ante aquel desafío. Pasé un trago malísimo. mi queridoTom-insistí-. »Debían de ser por lo menos las dos de la madrugada cuando creí oír un ruido en ese. No creo que a mí me hubiera asustado demasiado. en tu caso. »La primera vez estaba acostado en esa cama grandota tratando de dor-mir. Allí estaba. -Ya. Me alegro por ti. pero sin conseguir ver nada. aquella cara.. en ese odioso recoveco del extremo de la alcoba. Trataré de reproducir el relato a poder ser con sus mismas palabras. por lo que deduje que debía de ser algún ratón trajinando en el revestimiento de madera de la pared. y estoy completamente seguro de que quería hacerme un daño mortal. y yo aproveché para contarle mi aventura con aquella vieja rata hinchada. él miro primero a su alrededor con inquietud. te aseguro que bajo ningún concepto volvería jamás a pasar una noche en este horrendo caserón. -Bueno. -dijo mi primo como restando impor-tancia a mi relato-.. Nuestra Hebe se hallaba en aquel momento en un rincón de la habitación recogiendo en un cesto los pedazos de nuestra vajilla. aunque ya había apagado la vela. Pero gracias a Dios que logré escapar. oigamos entonces tu aventura -dije con cierta acrimonia. Desde que nos instalamos aquí no hemos pasado ni una sola hora a gusto.te la contaré -dijo-. unos minu-tos después. Era como si alguien viniera arrastrando lentamente un trozo de cuerda.Dick. Estaba com-pletamente despierto. creo que su razonamiento no estaba desprovisto de cierto fundamento. -Graciasa Dios -exclamo con auténtico alivio al oír que todo esta-ba arreglado-. si te empeñas. pues lo normal es que me hubiera vuelto loco si no logro escapar rápida-mente. y. Aunque dijo aquello en tono de broma. Me incorporé un par de veces en la cama. No obstante. Y prácticamente la primera pregun-ta que me hizo fue sobre el motivo principal que nos había empujado a cambiar de residencia. Pero enseguida suspendió su tarea y se puso a escuchar el relato con la boca y los ojos abiertos (éstos como pla-tos).

qué rostro el suyo! Tomse detuvo un instante antes de proseguir: -Aquel espantoso rostro. tras pasar junto a los pies de mi cama. ni mi vela ni el fuego estaban encendidos y. pues. sin embargo. no quise hablarte de aquella visión infernal para no amedrentarte más aún. Llevaba algo bajo el brazo. vi de repente a un hombre viejo. un sueño cataléptico podía explicarlo todo. había sido completamente anómala. ¿para qué cruzar la habitación con apariencia visible? Además. Bajé tarde. con colores y contornos. me sentí incapaz de articular palabra o moverme. Con todo aquello. y yo tampoco aprecié desorden alguno entre los objetos del armario. y. sin. ¡Dios bendito. había salido de la recámara y. Yo no lo había molestado. que consigue que la gente lo acabe creyendo de tanto oírlo. atravesando mi habitación tieso y premioso en sentido diagonal. me armé de valor y examiné deteni-damente la habitación. »Aquella aparición. no me da vergüenza reconocer. Dick. Bueno. Sin embargo. razoné. Lo hice. ¿cómo diantre lo había visto yo? Era una noche cerrada. pero éste no había dejado ninguna huella a su paso. »Aquella constatación me aportó una pizca de consuelo y tranquili-dad. Pero. lo decía todo. »Uno de los fenómenos más notables relacionados con la práctica de la mendacidad es el gran número de mentiras deliberadas que nos con-tamos a nosotros mismos. bastante corpulento. penetró en el cuarto de la izquierda. como nunca había visto una forma humana. Yo estaba tratando de convencerme a mí mismo de que todo aquello era una mera ilusión y no quería revivir la espantosa impresión de la noche anterior. lo cual era un verdadero con-suelo. y me con-vencí. El espectro había atravesado la habitación sin reconocer mi presencia.dejé de observar. En cuanto amaneció. a mí que en el fondo no me creía ni una palabra de aquel maldito embolado. Sin embargo. huelga recordártelo. ¿qué le importaba . yo seguía erre que erre. con una especie de bata roano-roja y un gorro negro. entonces. sospechar en un principio nada sobrenatural. Además. por extraño que parez-ca. Como me acordaba de tus sueños con el retrato. recuperé la autoconfianza y empecé a imaginar que creía en la teoría de las ilusiones espectrales que en un principio había tratado en vano de imponer a mis convicciones. Como estaba agotado. que nunca podré olvidar en el resto de mi vida. Cuatro horas después de aquello aún me sentía demasiado aterrorizado y débil para moverme. Así. como un charlatán de feria. al igual que la siguiente. »Mientras pasaba a mi lado aquella espantosa e indescriptible encar-nación de la muerte y la culpa. y él no parecía tener nada que ver conmigo. que somos. las perso-nas a las que menos probabilidades tenemos de engañar. y lo mismo dos o tres subsiguientes.yo estaba simplemente mintiéndo-me a mí mismo. »Éste no se me había vuelto a aparecer. Tenía la cabeza ligeramente inclinada a un lado. yo esperaba hacer proselitismo conmigo mismo y convertirme en un perfecto escéptico respecto al tema del fantasma. »Te aseguro que me hizo falta mucho valor para volver la noche siguiente a mi dormitorio embrujado y acostarme en aquella misma cama. precisa y curiosamente. cuyo original estoy ahora seguro de que era el que yo había visto. con unos temblores raya-nos en el puro pánico. me sobrevino finalmente un sueño profun-do pero agitado. pasó a mi lado y penetró en el armario que hay junto a la cabecera de la cama. Sin volverse a derecha ni izquierda. »Mientras me encontraba en este estado. lo había visto perfec-tamente. como si yo mismo hubiera devenido en otro cadáver. o un impostor. de que no había sido más que un sueño. ni tampoco atentar contra mi declarado escepticis-mo al contarte aquella experiencia preternatural. aquella noche transcurrió bastante tranquila. y en especial el trayecto que había seguido aquel espantoso intruso.

Más fresco que una lechuga. y luego da capo. »El cantante. me dormí rápidamente. se había caído a un río. -Sólo lo vi claramente unos tres segundos -prosiguió su relato-. Yo me sentía un poco nervioso. ¡y que el Señor se apiade de tu alma!".y. Tomse detuvo aquí y se enjugó el sudor de su rostro. la triful-ca doméstica del callejón se había amortiguado un tanto. Sabía que había tenido una pesadilla horrible. La muchacha estaba tan pálida comoTom. muerto!. alegreyretozón. se alejó demasiado para que yo pudiera seguir deleitándome con su buen humor. y. caí en un estado de somnolencia que no era ni profunda ni reconfortante. »Pero de aquel sueño profundo me desperté sobresaltado. Entró en una tabernaaponerse morado. al salir de la taberna.vi otra vez aquel maldito espectro delante de mí mirándome con su semblante pétreo y diabólico a menos de dos metros de mi cama. ¿querrás creerme. un airado altercado seguido de una batalla campal entre el cadáver y el juez ponía fin a la historia en medio del buen humor y del júbilo general.yo a aquel ente con aquella indumen-taria y aquel aspecto tan extraños? ¡Un ardite! Pues a mí me importaba también otro soberano comino. y. todo estaba como lo había visto la última vez. los tres nos alegrábamos de que fuera de día y se oyeran en la calle los ruidos del trajín cotidiano. cuya condición etílica me atrevo a decir que se asemeja-ba bastante a la de su héroe. aunque. que por momentos se iba perdiendo en la lejanía: Era Murphy Delany. El claro de luna penetraba a raudales por la ventana sin cortinas. pero durante mucho tiempo después quedó como una columna de vapor oscuro en el punto donde se había . pero no acertaba a recordar en qué había consistido. desgraciadamente para mí. más ciego que un topo. animado por una algarada entre borrachos en la calle de atrás.Dick?. Sin embargo. me metí en la cama. muerto. Me incorporé en la cama y miré alrededor. »Yo seguí recitando con cansina monotonía aquella balada hasta el último verso. »Y entonces. aún oía el canto de un trasnochador achispado de vuelta a casa. La letra de aquella canción se me había pegado y yo seguía repasando las aventuras del aquel paisano respetable. tras enterarse por el veterinario que estaba "más muerto que muerto". apagué la vela y. al final me encontré musitando "más muerto que muerto" al tiempo que otra especie de voz dentro de mí parecía decir. estaba cantando la popular tonadilla cómica "Murphy Delany". Mi corazón latía desbocadamente. volví a acostarme mirando hacia la chimenea. a lo largo de mi desa-gradable duermevela. Ligeramente reconfortado por oír una voz humana. y luego se fue difuminando. conforme su música se iba apagando. sentía unos sudores de muerte. estando reunidos como estábamos en el mismísimo escenario de la narración. Salió haciendo eses harto de whisky. lenta pero claramente: "¡muerto. no sabría decir durante cuánto tiempo. el cual.y al punto me despabilé por completo y miré fijamente delante de mí sin despegar la cabeza de la almohada. y así sucesivamente. Así. emitió su fallo a tenor de dicho diagnóstico en el momento en que el interfecto recobraba el conocimiento. que. del que era pescado para ser lleva-do a presencia del juez de primera instancia. cerré los ojos y traté de concentrarme en la letra de la canción.

»Una tarde decidí disfrutar de una hora de sueño en tu cama. Eran. idiota de mí. como de costumbre. el alegre sol del día tornaba muy agradable la estancia en la habitación. y más cuando yo te había hablado siempre con cierto retintín filosófico y había ridiculizado tus historias de fantasmas. Creía que te ibas a reír de mí. »Cedí. digo. convencido de que te reirías de mí a mandíbula batiente. a aquella casi irresistible tentación y. me tumbé a disfrutar de un sueño de solamente media hora en. creo. y luego salí a la calle y pasé el resto de la noche paseando por la ciudad. en segundo lugar.apareci-do. lo que se dice dormir no dormí ni un solo día. y me guardé para mí aque-lla espantosa experiencia. como sin duda recordarás.que no me atreví. con cobertor y almohada incluidos! »Fue realmente espantoso.. pero no acababa de decidirme a contarte la razón. »El destino quiso que tu habitación estuviera cerrada y que te hubie-ras llevado la llave. durante el día. a contarte lo que me había pasado.donde me quedaba hasta que se iba el último cliente. pero.Dick. por vergüenza. pues. como un sereno.Dick. para darle el aspecto de haber dormido en ella. tras quitarme el gabán y aflojarme la corbata. Además. A veces echaba una cabezada en un banco de"Robin Hood"o. nunca. acallando mis temores. donde me vestí. Fui a la mía a deshacer la cama. me desperté suave pero completamente. Cuando el sueño ha sido pro-fundo y suficientemente largo para que la naturaleza se quede comple-tamente satisfecha. con la puerta medio abierta. por las calles de la ciudad. »Estaba completamente decidido a que nos mudáramos de casa.. Aquel maldito modo de vida me esta-ba comiendo la salud. entre la pared y yo. en un lamentable estado de nerviosismo y agotamiento.tal vez no me creas si te digo que durante muchas noches después de aquello no volví a poner el pie en mi dormitorio. Me quedaba un rato en el salón cuando tú te ibas a acostar. ¿Qué me podía impedir disfrutar allí de un sueñecito de una hora? La atmósfera parecía bullir con el ale-gre canturreo de la vida. salvo los dos o tres minutos que la visitaba sigilosamente cada día para deshacerla. sentado en una silla. y no regresé hasta el amanecer. para que Martha no descubriera el secreto de mis ausencias nocturnas. En primer lugar. Estuve durmiendo varias horas de un tirón como un auténtico bendito. Pero he aquí que una variedad de circunstancias concurrieron a producir la espantosa escena que iba yo a vivir aquella noche. Estaba. durante todo aquel tiempo. no cabe duda de que el demonio había participado en mis necios preparativos. Después de un buen rato. la ventana estaba abierta y un agradable frescor inva-día la habitación. »Sin ningún sobresalto ni sensación especial de miedo. Con la mente y el cuerpo agota-dos tras una semana entera sin dormir. volví a entrar en aquel nefasto dormitorio. y estoy seguro de que aún seguía allí. aquel vapor también se esfumó. a . estaba literalmente agotado de cansancio y no deseaba más que dormir. Entonces cogí mi ropa y bajé al vestíbulo. »Pasé más de una semana sin dormir en una cama. bastante más de las doce. »Pues bien. y luego me dirigía sigilosamente a la puerta de la calle rumbo a la taberna"Robin Hood". y. Fui tan tonto. hasta el punto de que nunca. y la luz meridiana que entraba de la calle llena-ba todos los rincones de la habitación. ¡atención: nada menos que una cama de plumas. como colofón. alrededor de las dos. el efecto de aquel agotamiento sobre mis nervios se parecía al de un narcó-tico y me hacía menos sensible al horror que tan habitual se había vuelto para mí. y así mi vida durante todo aquel período fue más miserable que la de un delincuente que tiene a los alguaciles a sus talones. Yo odiaba la mía. que era posible echar solamente un sueñecito de media hora en la cama. yo había imaginado. El resto de la noche lo pasaba deambulando.

sus labios esbozaban una sonrisa tan sen-sual. Ahora no me cabía la menor duda de que era consciente de mi presencia. tranquila y total. Aunque. Durante el relato había hecho varios comentarios graves en voz baja. Pero nunca me lo había creído hasta ahora. se sentó detrás de nosotros. como bien saben. una mujer de cincuenta y dos años. esperándome junto a la baranda. -¿Cómo que quién? Pues el viejo juez. no conoce historias tan raras que. Me estaba dando prácticamente la espalda. El abominable espectro seguía delante de mí. sin dejar en ningún momento de mirar de reojo hacia atrás.Dick!¡Nunca! Nuestra criada. Dick. »Pero el hechizo no se había deshecho todavía: el valle de la sombra de la muerte no se había franqueado todavía. y de que estaba animado por un infernal propósito. la Virgen me bendiga. Ella nunca me dejó entrar en esahabitación. mientras se ocupaba de aquella macabra pantomima. -Amén -musité yo-. mientras viva.Dick. se ahorcó colgándose de la baranda? ¿Y que fue en la recámara donde encontraron los mangos de la cuerda de saltar a la comba y el cuchillo con el que estuvo . Nadie sabe realmente lo que signi-fica enfrentarse a semejante presencia. »Mi ángel bueno debió de asistirme en aquel espantoso trance. con un extremo de la cuerda enrollado al cuello. no exactamente ahí -dijo ella-. Se acercó.. No vi ni recuerdo nada más hasta que me encontré en tu habitación. que creí que me iba a volver loco. había conseguido alcanzar el pasillo. ¿Es que murió ahí? -¿Que si murió ahí? No. pero éstos. ¿por qué no lo había creído? ¿Es que mi madre. adujada. y otras curiosas excla-maciones suyas. junto a la chime-nea. a poca distancia. un escalofrío ha atravesado mi sangre y mi médula y nunca volve-ré a ser el mismo. marca-do por la malicia y la desesperación. como ella dice. como ya he dicho. que Dios se apiade de todos nosotros. un segundo después.ypoco a poco se fue acercando a nosotros. »Había una figura sentada en el viejo y gran sofá. hasta que. a mi cama con la intención. Per-manecí unos segundos traspasado por la mirada de aquel horrendo fan-tasma. quién iba a ser si no. y. ahí había dormido él. -Yo había oído hablar de esto muchas veces -dijo de pronto-. »Tuve muchísima suerte de haber conseguido escapar. -¿Que ahí había dormido él? ¿Quién? -pregunté yo a renglón seguido. Que Dios conceda descanso a su alma.menudo se despierta uno de esta manera repenti-na. tan indescriptiblemente espantosa. ¿Así que no saben que el viejo pecador. Llevaba alrededor del cuello una soga. Y miró asustada por toda la habitación. que vive ahí en la calle de atrás. daré constan-temente gracias al Altísimo por ello. las omito aquí por mor de la brevedad. como digo. como para enrollarlo en el mío. sostenía firmemente en la mano. de subirse a ella. el juez Horrock.una sombra ha pasado por encima de mí. pues se levantó y se acercó a mi cama. casi no hay quien las cuente? Pero ustedes no deberían haber dormido en el dormitorio interior. ¡Nunca. Como una exhalación me lancé al suelo por el lado opues-to y. Dick. sin saber cómo. nadie salvo quien haya vivido tan espantosa experiencia. ni siquiera de día. me pareció.. pero no podía equivo-carme. cuya otra punta.eso no me lo puede rebatir nadie. estaba haciendo parsimoniosamente un lazo en el otro. mirándome con un rictus de sarcasmo. había ido dejando de trabajar conforme avanzaba el relato deTom. con la boca abierta y las cejas contraídas sobre sus pequeños y brillantes ojos negros. Porque. Se volvió despacio y ¡qué veo! Allí estaba el rostro pétreo. Te aseguro que. conque figúrense pasar la noche allí.

pero mis dedos están ya cansados y lo dejo para otra ocasión. se la contaré lo mejor que pueda. le hicimos un par de preguntas más sobre las supuestas visitas espectrales de que había sido objeto la casa desde la muerte del viejo y malvado juez.aprestando. en realidad no hay mucho que contar -dijo. -¿Qué? ¡Cómo voy a saberlo yo! -contestó-. y decían que era el espíritu del viejo juez el que la atormentaba. ¿Y por qué no iban a contarse historias? ¿No fue en esa misma habitación donde durmió durante más de veinte años? ¿Y no fue en la recámara donde encontró la cuerda que acabó con su vida por fin. historias se cuentan bastantes. Como él estaba más muerto que muerto. En fin. se contaba una historia muy rara. Pero si desean escucharla en otra ocasión. -¿Cuánto tiempo hace de eso? -pregunté yo. e hinchada como una morcilla. me dijo muchas veces mi madre. lo encontraron muerto una mañana con medio cuerpo fuera de la cama. me gustaría contar ahora estas cosas. no pudo decir lo que le había pasado. y era un fornidoy saludable caballero para los años que tenía. pues el ama de llaves era ya vieja. y luego en la tumba del camposanto de San Pedro. que su alma descanse en paz. y muy raras. fue asustar a la pequeña hasta hacerla morir como hizo. de un talNicholasSpaight que lo pasó también muy mal por esto. la cuerda con la que se ahorcó? La cuerda era de la hija del ama de llaves. ¡que Dios nos pille confesados!. y de ahí lo metieron en el ataúd. ¡que la Virgen nos . y a mi madre le falta ya poco para cumplir los ochenta. no dejes que me lleve!» Y la pobre criatura acabó muriéndose. y nadie ha parado aquí mucho tiempo. Mi madre dice que la pobre criatura era hija del ahorcado. -A nadie le ha ido bien aquí -dijo-. Siempre ha habido accidentes y muertes repentinas. pero en cualquier caso había dos muchachas y el padre. Pero sí sé que hace muchísimo tiempo. no recuerdo el nombre. pues era un viejo desalmado por todos los costados y el juez más cruel que ha pisado jamás suelo irlandés. supongo que habrá por ahí historias de que el fantasma se ha aparecido a otras personas. como él había hecho con muchos hombres mejores que él a lo largo de su vida? ¿Y no pusieron su cadáver en esa misma cama después de morir. que viene el amo! ¡El amo! ¡Me está haciendo señas! ¡Madre mía querida. -Por lo que ha dicho usted del peligro de dormir en ese dormitorio -dije yo-. y tendría unos ochenta años cuando se casó mi madre por primera vez. Él tenía unos sesenta años. mi madre las conoce todas. que la Virgen nos bendiga. eso fue lo único que pudieron decir. y la niña ya no vivió un solo minuto tranquila después de aquello: se despertaba sobresaltada a mitad de la noche y se ponía a gritar por las pesadillas. casi tocando el suelo. después de que el juez de primera instancia acabara las diligencias? Sí. lo que no tiene nada de extrañar. Había sido un ataque. que él dormía en esa maldita alcoba interior y. y ella se ponía a aullar como una loca para que no se le acercara el viejo del cuello retorcido. Y nos contó una historia muy extraña. -¿Qué pasó con eseNicholasSpaight? -pregunté yo. Y decían que era una mocetona bien guapa y bien vestida cuando el viejo juez puso fin a su vida. Es lo que decía todo el mundo. y los médicos dijeron que había sido por agua en el cerebro. dije-ron. con la cabeza más negra que el azabache. La primera vez que se alquiló la casa fue a una familia. y lo peor que hizo el viejo malvado. y luego gritaba: «¡Ay. pero los más ancianos estaban seguros de que había sido obra del viejo juez. -Bueno. que me contó cosas muy curiosas. -Bueno. Al oír aquella extraña historia que no les he contado. me pareció a mí-. vaya que sí -contestó con cierta renuencia. que picó tanto mi curiosidad que aproveché la oportunidad para visitar a su anciana madre. En fin. con una pipa en la boca y sin ningún diente.

los que conocían la historia de esta vieja casa sabían muy bien qué era lo que le había pasado. Así pues. ni siquiera sus mejores amigos. una noche el pobre Micky cogió una borrachera. lo mismito que la hija pequeña del ama de llaves que había muerto. se quemó parcialmente él mismo e incendió por completo la casa. Como entre las virtudes de aquel caba-llero no se contaba la sobriedad. cuando la casa se alquiló por habitaciones. les deseo que pasen una muy buena noche y que tengan unos sueños muy agradables. No necesito decirles que lo que es el héroe novelesco de carne y hueso para el normal desenvolvimiento de la trama lo es también esta vieja casa de ladrillo. de acuerdo con la práctica inmemorial del mundo de la ficción. Y las últimas palabras queMrs. como solía hacer de vez en cuando. les relataré.así como de periódicos con los habituales anuncios grandilocuentes y engañabobos.. una vez cumplida mi tarea. »Más tarde. la catástrofe que final-mente sobrevino a la casa. respirando de alivio. tiritando y hablando sola. completamente desquiciada.bendiga!. en la que el héroe no sólo aparece a través de sus aventuras. sino también bastante fuera de este mundo. ahíto de vino. Ya les he contado mis aventuras y las deTom. al acudir los criados temprano a la casa. Pues resulta que una mañana. Dios mío!". MISTERIO EN LA CASA DE LOS AZULEJOS . al final. con su mujer y tres hijos pequeños. y tenía las ven-tanas del salón abarrotadas de botellas con horrores indescriptibles con-servados enbrandy. albergó a un empresario de pompas fúnebres. y ahora. pero. la encontraron sentada en las escaleras del corredor. y desde entonces nadie. y yo misma oí contar aMrs. Ésta fue posteriormente reconstruida y. y achispado como estaba. Y ahora añadiré una cosa. por supuesto. y que no es otra que la siguiente: unos dos años después de ocurrir lo que nos pasó a mi amigo y a mí.junto con alguna que otra anécdota que ha servido para mejor ilustrar el relato. y luego oyó un porrazo que retumbó por toda la casa. hasta que. va y no se le ocurre otra cosa que salir a ver qué pasa?. No sé en qué habitación dormía. »Algún tiempo después ocupó la casa una solterona rica. Y así salimos los tres juntos." Nunca consiguieron sacarle a quién se refería. fue Micky Byrne el que ocupó la misma habitación. madera y mortero para el humilde registro de este relato verídico.Byrne le oyó decir fueron: "¡Oh. Luego añadió la criada: -Voy al callejón a decir aJoeGavvey que venga a recoger el resto de las cosas y se lo lleve todo a la nueva casa. sin que ella supiera decir cómo ni por qué. y que se asustaban y se ponían a gritar a cada hora. una noche. la alquiló un curandero que se hacía pasar por un tal barón Duhlstorf. pero sí que vivía sola.Byrne que los niños se ponían de pie en la cama por la noche. pudieron sacarle una sola palabra que no fuera: "No me pidáis que me vaya. como obligado por el deber. prendió fuego a las cortinas de la cama. pues le he prometido esperarlo. se lo aseguro. y lo encontraron tendido en las escaleras de abajo con el cuello partido. y ¿me creen si les digo que en medio de la noche le parece oír un ruido en las escaleras. durante cierto tiempo. que le había dado un susto de muerte. al atravesar por última vez el umbral de aquella casa maldita..

sus-pendiendo su labor y mirando con misterioso asentimiento a su joven ama. Lilias se había asomado a menudo al camino de entrada -corto. yo no he dicho queMr. Así. debe de ser una persona muy valiente y muy buena. cómo el jovenMr. MissLilly.Sallyhablaba por los codos y conocía toda suerte de cuentos antiguos de aventuras y misterios que ayudaban a Lilias a dormirse placenteramente. arrancó a hablar -en aquel terreno en el que tan bien se desenvol-vía. como era su costumbre. pues no sé nada de él. ni siquiera en los fantasmas -dijo Lilias.Sally. -Pues le aseguro. la buena ancianaSally.atiza el fuego (aunque era la primera semana de mayo. «allá en Ballyfermot».que la casa a la que se ha ido a vivir ahora lo curará rápidamente del libre pensamiento. -En nuestros días. el párroco.Mervyn se había mudado a la vieja y embrujada Casa de los azulejos. ora aminorando el ritmo para describir una escena de horror especial ora deteniéndose por completo -es decir. nadie le hubiera advertido acerca de los arcanos peligros que allí le aguardaban. para alcanzar los libros de la estantería (tranqui-lizante prueba de que el afable y solícito guardián de la casa estaba des-pierto y atareado. A su manera tranquila.hay personas que se llaman librepensadoras y no creen en nada. pues sabía que no tenía nada que temer mientras viera a la viejaSallysentada con su labor junto al fuego y oyera el ligero ruido que hacía su padre. la noche era gélida) y cuéntame otra vez lo que pasó en ese caserón.Sally. que unas veces escu-chaba embobada y otras se perdía hasta cinco minutos seguidos de su amable cháchara. que. sin que. pues poseía las virtudes de la limpieza y la diligenciay sólo molestaba a la buena ancia-na lo suficiente para que no se considerara un trasto inservible. si no lo es. así le habían contado desde niña.que creía a pie juntillas en aquellas histo-rias. -Y ahora que me encuentro a salvo en la cama. si es cierto la mitad de lo que cuentan -contestóSally. inexpli-cablemente. a ver si consigues asustarme de verdad.I La viejaSallysiempre ayudaba a su joven ama cuando ésta se prepa-raba para ir a la cama.con amable cadencia. que ya estaba acurrucada en su cama de columnas- . como si la vergüenzay la culpa la hubieran obligado a ocultarse entre los viejos y melancólicos olmos y las abundantes cicutas y ortigas.te confieso que yo sentiría muchísimo miedo si tuviera que dormir allí -dijo Lilias con un pequeño estremecimiento mientras se representaba unos momentos la vieja mansión con su singu-lar aspecto maligno.Mervyn sea un librepensador. amedrentador y furtivo. habían ocupado inquilinos misteriosos y había sido escenario de peligros preternaturales. No es que Lilias necesitara ayuda. mi querida viejecitaSally. al subirse a la silla. Ésta se hallaba situada junto a un solitario recodo de la estrecha carretera. recto y herboso. -Bueno. pero.para divisar el viejo caserón.) La viejaSallyestaba contando a su joven ama.

y cómo les daba tanta pena que les entraban ganas de abrir la puerta y dejarlos entrar. caminando en silencio por entre los retorcidos troncos con un niño pequeño de la mano. y al no hacer ellos ningún amago de moverse ni de ir a abrir la puerta. que no era otra que una dama vestida con capa y capucha. y encima estaba cojo. como si estuviera escuchando el viento en el recinto embrujado de la casa de los azulejos. y la voz del conde. qué bien se acuerda! Aquello fue por una coz de uno de los caballos del conde. dice también Clinton. y no repararon en ella. Prime-ro se callaba el viento. MissLilly? -Creo que sí. como conteniendo la respiración. se oyó un espantoso golpeteo a la ventana. junto al espeso grupo de árboles viejos. El viejo Oliver tenía reuma en una rodilla. como ambos imaginaron. dejadme entrar!» «Es él». aunque la mujer parecía caminar despacio y el niño no dejaba de tirarle de la mano. había visto por dos veces la misma escena. la cabeza inclinada y un dedo en los labios. finalmen-te. No. Así que Clinton se dirige a la puerta de la casa y grita: « ¿Quién es?». Aquí la viejaSallyreanudó sus labores de punto. se atrevía a salir al huerto después de caer la noche. Cuando se hizo con el huerto. Y ¿no se acuerda del viejo Clinton. y mientras estaba leyendo. supercontentos y muertos de miedo a la vez. se dice Clinton para sus adentros. eso es. y los dos miran primero a la ventana y luego el uno al otro. luego venían esos ruidos que tan bien conocían. pero no oye ninguna respuesta. y también un silbidoy unos golpecitos con el látigo en la ventana. perfecta-mente protegidos por el misterio de la noche. pues sus problemas se habían resuelto ya prácticamente. los dora-das camuesos que asomaban entre las hojas iluminadas por los rayos del sol poniente y resultaban tan apetecibles a los escolares de Ballyfermot seguían intactos cuando resplandecía el sol matutino. la carta que le habían mandado por correo aquel mismo día. grita desde el otro lado de la ventana: «¡Dejadme entrar. Tal vez. Y la viuda Cresswell se encontró con ellos a la caída de la noche en la vereda del huerto y no supo de qué se trataba hasta que vio a los hombres intercambiarse mira-das inteligentes mientras ella contaba la historia. estaba oyendo leer a Clinton. Le daba mucho miedo el ruido que hacía su amo en la puerta cuando volvía tarde e iban él y el viejo Oliver a abrirle. el viejo mayordomo. Mick Daly escogió como lugar para dormir el desván encima de la cocina y juró que. ¡Caramba. Oían de pronto los sollozos de los perros mientras arañaban la puerta de la casa. que era muy leído. «Claro que es él. Así. y después otra vez a la ventana. y a lo mejor al mismo tiempo que la carta. en la que le comunicaban que preparara sus cosas. que iba sonriendo y brincando a su lado. le contó cómo.ora. ni siquiera levantaron la cabeza cuando los saludó. él era mozo de cuadra entonces -rea-nudóSallysu relato-.Se topaba de repente con ellos en una revuelta del camino. el viento volvía a aullar de tal manera que parecía estar riendo y llorando a la vez. -A mí me contó aquello varias veces -dijo la viejaSally-. que había suspendi-do durante unos momentos. y que esperaba estar de nuevo con ellos en el plazo de unos días. aunque poca necesidad había allí de perros. cuando los vecinos arrendaron el huerto que lle-gaba hasta las ventanas de la parte trasera de la casa. Esto ocurría sólo en las noches muy oscuras en que no había luna.pidiera entrar. a las cinco o seis semanas de estar durmiendo allí. los perros que tenían entonces se pasaban toda la noche dando aullidos salvajes entre los árboles y arrastrándose junto a los muros de la casa. pero los forasteros pasaban raudos como la sombra de una nube. ha dado la vuelta a la . Prevención ésta que no se debía a ningún capricho. Oliver. -La misma noche que le sobrevino la muerte en Londres. dice el mayordomo. y se detenía creyendo que se trataba de alguna dama que había venido aquí por alguna razón. ¡vive Dios!». como si alguien estuviera tratando de abrirla por la fuerza. ni joven ni viejo. ¿No era el viejo que cojeaba y llevaba una extraña pelu-ca negra? -Sí. dejadme entrar. bajando la voz en una especie de susurro narrativo cuando llegaba el momento critico. y luego prosiguió con su narración. pues nadie. como si el propio conde -que el pobre descanse en paz.

Y ya no vio nada más. y ella se asusta muchísimo y dice: "Perdone su seño-ría. Y Clinton cie-rra la puerta y se echa a temblar de miedo y vuelve con Oliver. pero a partir de entonces nadie vivirá tranquilo en la casa. o algo parecido. esgrimiendo la muleta a modo de arma. pero sus palabras son espesas y raras. el mayor-domo. Pero no ve allí ni hombre ni mujer ni niño ni caballo ni forma viviente alguna. Por la mañana acudió con su madre.casa para llamar en la puerta trasera. «tal vez por eso se ha ido por ahí». como si. la narración de la viejaSallyfluía como un río. que estaba encima del vestíbulo.. sino que cayó desmayada en la cama. hubiera salido de la habitación justo al entrar ella. pero no volvió a tomar bocado ni líquido nunca más. abría cajones y hablaba y suspiraba sin parar. y mirando constantemente hacia atrás con el rabillo del ojo. mirando fijamente a Clinton. mientras Lilias caía en un sueño profundo. suspirando. siempre que entraba por una puerta la otra se cerraba rápidamente. Y así.ella ve en su garganta un corte. quienquiera que fuera. No ha podido ver hacia dónde ha ido. alguien que tropezaba con cajas. pre-gunta el mayordomo.. « ¿Qué es? ¿Qué es?». Su madre dijo que había pasado despierta toda la noche por unos pasos misteriosos que oía en la habitación conti-gua. pues sólo lo ha visto un instante con el rabillo del ojo. pero en vez de marcharse se acerca a la cama y. si hacia arriba o hacia abajo. y ella se da una vuelta en la cama para que sepa que hay alguien allí. pues conocían bien sus proble-mas. y en esto que él alarga tanto el cuello que se le sale de la corbata y la cara se le queda vuelta hacia el techo. pero no dejaba de rezar pues algo le decía que no era eso. y entonces corre la tranca y abre la puerta. hasta que a la pobre le entró una fiebre muy fuerte y murió antes de que transcurrieran cinco semanas de aquello. pero sigue sin recibir ninguna respuesta. y que el lugar solía estar caliente. pensando que así se marchará. y -¡que Dios nos pille confesados!. por ejemplo. que se había vuelto casi tan pálido como él. que parece más blanco que la hoja blanca de la carta de su amo que está temblando entre su índice y pulgar. «y quiere entrar sin ruido». A lo mejor ha sido un perro. y se va hacia la ventana tranquilo y premioso. la pobre. «Voy a abrir la puerta de todos modos». y luego la narradora salía sigilosamente en dirección de su aseada alcoba y de sus inocentes sueños. »Después del susto que se había llevado con lo que había visto en el huerto. . dice. como. permane-cía sentada junto al fuego con la mano de su madre cogida. como las de un muñeco que intenta hablar. como otra boca completamente abierta que se está riendo de ella. y ha entrado como si viviera en la casa. dice Clinton. y estremeciéndose con cualquier ruido. y ella. sólo nota algo que se cuela subrepticiamente entre sus piernas. «El amo está muerto». deseando dormirse y preguntándose quién podría ser cuando de pronto entra un hombre apuesto con una especie de holgado chaqué de seda y sin peluca (sólo un gorro de terciopelo). Dicho lo cual. »Pero lo peor de todo era la pobreKittyHalpin. la muchacha que murió de lo que había visto. como si la hubiera hecho alguna cosa pesada que había reposado allí. pero no le oigo bien". como si alguien quisiera impedirle que saliera deprisa. le dice algo. al enterarse Jinny Cresswell de lo que había ocurrido podéis estar segura de que no se quedó allí más tiempo que el imprescindible. y bien muerto que estaba. Pero lo que más la asustaba era que a veces encontraba una marca larga y derecha desde la cabeza hasta los pies de su cama. « ¡Eh! ¿Me oye? ¿Quién está ahí?». pero no oye ninguna respuesta ni ningún ruido fuera. historia tras historia. cuando iba al gran dormitorio del señor. llorando y temblando. no está seguro. y empezó a prestar atención a cosas en las que no había reparado antes. grita. se dirige a la puer-ta trasera y vuelve a preguntar a gritos quién es. con una mirada torva. y empieza a sentirse nervioso y vuelve a la puerta principal.

Aquello ocurrió dos semanas después de que tuviera lugar el horrible robo de Clondalkin. aunque yo confieso no tener ninguna. residente en la calle Mayor de Dublín. en una carta fechada a finales de otoño de 1753. cuando vio nada menos que una mano que se posaba sigilosamente en el alféizar de piedra. Lamento que la causa no se alargara al menos lo suficiente para que pasara a las actas del tribunal el relato auténtico e inexplicable que hace MissRebecca. des-pués de lo que había sufrido allí la familia de su yerno. Pero todo aquello no valía más que lo que suele valer semejante cháchara -prodigios.Mrs. Pero el concejal redactó un escrito. pero mi editor se negó a ello (y creo que con razón. en vez de abrirle expediente judicial. . ylordCastlemallard.Prosser llegaron allí a mediados de junio. de una persona de cierta edad. pues la consideraba persona veraz. hace una minuciosa y curiosa relación de cosas extrañas ocurridas en la casa de los azulejos.Mr.Prosser se hallaba sentada sola junto a la ventana del salón trasero. contemplando el huerto. pues. después de ver cómo su numerosa servidum-bre la iba abandonando paulatinamente.II Estoy seguro de que la joven se creía todo cuantoSallyle contaba. blanca y algo regor-deta. se había encargado de la administración de la finca en que se hallaba situada la casa de los azulejos.) La carta de esta vieja dama digna tal vez resulte demasiado larga. por lo que voy a ofrecer aquí sólo algunos extractos de la misma. Aquel año. fábulas. dijo que no podía seguir viviendo en aquella casa. las cuales. quien. ha escuchado con especial interés y relata con suma minuciosidad. aunque al principio las considera san-deces.yMrs. aque-lla casa no estaba embrujada por meros rumores de la gente. cuyas copias fueron entregadas al señor juez con el deseado efecto. los que nuestros antepasados llamaban cuentos de invierno-. resolvió eximirlo. Yo quería reproducir aquí toda la carta. Para ser más claros. Éste la amuebló y tapizó sin reparar en gastos. de unos cuarenta años. como si alguien agazapado tratara de trepar. El talAldermanHarper había tomado en alquiler esta casa para su hija. y su padre fue entonces a ver alord Castlema-llard y le dijo sencillamente que no suscribía el contrato de arriendo porque en aquella casa ocurrían unas cosas extrañas y misteriosas que no podía explicar. hacia la caída de la tarde. sino. MissRebeccaChattesworth. No se veía más que una mano. y ésta. que es realmente curiosa ade-más de idiosincrásica. AldermanHarper. apoyado nada menos que por siete largas declaraciones juradas. le dijo que la casa estaba embrujada y que ningún criado viviría allí más de unas cuantas semanas y que. y no una mano joven. un misterio para cuya solución tal vez alguno de mis lectores pueda aportar una teoría personal. Las cosas extrañas y misteriosas no empezaron hasta un día de finales de agosto. y la señora imaginó que la mano era de uno de los bribones que habían participado en él. no sólo debería quedar eximido del pago del arriendo. bellamente conformada. se produjo una extraña discusión entreMr. según calculó. Sin embargo. Bajo las cenizas de aquellos relatos se escondía un pequeño rescoldo de verdad. sino que además debían demoler aquella casa por constituir una amenaza y estar permanentemente habi-tada por seres mucho peores que malhechores ordinarios. la cual había casado con un caballero apellidado Prosser. hacia el 24 de octubre. en su calidad de primo de la madre del joven heredero. LordCastlemallard presentó una denuncia en el registro de la pro-piedad para obligar al señor concejal Harper a cumplir lo pactado y abo-nar las mensualidades del arriendo. pequeña. que va aumentando con las nuevas aportaciones que hace cada nuevo narrador.

primero la punta y luego las dos primeras articulaciones. hacia las nueve y media. notó como un golpetazo. producido al parecer con los nudi-llos. «le dio un pasmo» y pasó todo el día siguiente en la cama. aunque el aporreo prosiguió en los cristales de la cocina. se encontraba sola en la cocina. pero no vio nada. Pero no oyó nada más que el ruido de una mano deslizándose despacio por la hoja de la puerta. ade-más. fue a abrir la puerta trasera. y una pre-sión como si alguien estuviera tratando de entrar por la fuerza. .Prosser era. se rió de los miedos de su familia y decidió dar caza perso-nalmente al fantasma. y a lo largo de todo el muro. sino que lo fue divulgando paulatinamente. para exasperación del amo y terror de su mujer. Se procedió al punto a registrar el huerto. esperaba el momento oportuno para pillar al granuja in fraganti. aunque con interrupciones. según he oído. la cocinera gritó y profirió una especie de jaculatoria. que. no hizo ulteriores pesquisas. Las mujeres se asustaron. al principio suave y luego más fuerte. en un agujero practicado en el bastidor para instalar un cerrojo que cerrara el postigo. y otras tan fuertes y bruscos que parecía que se iba a quebrar el cristal. En efecto. se vieron turbados por repetidos golpeteos en la ventana. Pero un martes por la noche. armado de un fusil.Prosser. mientras la cocinera. salpimentado de juramen-tos y amenazas contra el presunto conspirador doméstico. había llegado el momento de hacer algo. había una batería de macetas. cosa que lo asustó bastante. «una mujer honrada y sobria de unos sesenta años de edad». Durante varias noches sucesivas estuvieron oyendo un tamborileo. un hombre bastante testarudo y bromista. la doncella inglesa. Convencido como estaba de que todo aquello era una broma o una impostura. Aquella misma noche se oyó varias veces un apresurado aporreo en la ventana de la cocina.Mr. y se empezó a creer que el problema había desaparecido. El criado no quiso abrirla. se oye-ron exactamente los mismos golpes en la puerta de entrada. Pero la noche del 13 de septiembre. justo debajo. al cerrar. que deberían haber impedido la aproximación de cualquier intruso. Luego pasaron varios días y noches sin que ocurriera nada raro. Hacia la seis de la tarde del sábado. en la puerta trasera. como si quisiera detectar alguna aspereza en su superficie. que hurgaban el interior como intentando abrir algún pestillo. la que daba al huerto. pero no se descubrió nada que indicara que alguien había estado merodeando por la ventana. al ir a la despen-sa por el pequeño tazón de plata en el que servía el ponche de su ama y posar la vista en la pequeña ventana de cuatro cristales.JaneEasterbrook. y el criado. según sus propias palabras. durante casi dos horas. Convencimiento que no se guardó para él solo. Sin embargo. Prosser había cedido a la histeria general: cada cual se recluía en la casa a partir del crepúsculo. se alargaron. un rechoncho dedo blanco. sentados en el salón trasero (que por entonces utilizaban como cuarto de estar).junto a la ventana. unas veces lentos y fur-tivos. sino que se limitó a preguntar quién andaba allí. Durante todo aquel tiempo. pero esta vez deslizándose lentamente por todo el cristal. y no se atrevía a andar por las habitaciones después de anochecer si no era en compañía de otra persona. pues no sólo sus criados. observó. y. Al volver la doncella a la cocina.yMrs. Esta vez la mano tardó varios segundos en retirarse. parece ser que vio la misma mano regordeta -aunque fina. sino también la buenaMrs. ComoMr.Lanzó un grito de terror. y la mano se fue retirando lentamente. Al ver aquello. Y todo ello en la parte trasera de la casa. con una especie de suave manoseo. como si se tratara de una señal clandestina. como ya saben.

en el que tenía plena confianza. más para tranquilizar a sus criados que por convencimiento personal). que se hallaba en el salón. Todo transcurrió a gusto deMr.» Per-maneció despierto un buen rato. Mr. Los golpes eran suaves y regulares. incluidos él mismo y su mujer. airado. dio a éste otro par de pistolas y. y la manera de llamar también era distinta. sino bien instalado en algún rincón de su interior.Mr.Prosser se levantó sobresaltado y.Prosser. Aquella sutil demostración dejó bien claro que.Prosser dejó de reírse del miedo de su fami-lia y se mostró igual de reacio que los demás a hablar de aquel asunto. Pero. fue a cerrar la puerta gritando: « ¿Quién está ahí?». y algunos medio locos. cambió repentinamente de parecer y retrocedió despacio en dirección de la cabecera de las escaleras de la cocina. Mr. abrió la puerta con el bastón levantado. Miró por todas partes. Se sentía profundamente inquieto e igualmente convencido de que al abrir la puerta de entrada el intruso se había colado en la casa. pero recibió como respuesta aquella misma rozadura en la puerta que tan bien conocía.Prosser se dirigió con parsi-monia a la puerta. su brazo sufrió un extraño tirón. No hacía nada de viento. quienquiera que fuera el propietario de dicha mano. como si una mano lo hubiera sujetado. lejos de asustarse de su proximidad.Prosser fue a examinar la marca sin darle mayor importancia (pero.Hacía una semana que no se oían golpes. cuando iba abrir. donde «leyó un rato la Biblia y recitó sus oraciones. donde había «un armario metálico» junto a la despensa en el que guardaba sus «armas de fuego. Por entonces. espadas y cachiporras. El importunador. tras meterse un par de pistolas cargadas en los bolsillos del gabán. no se encontraba ya fuera de la casa. su marido. oyó unos golpes ligeros en la puerta de la casa. pero no vio nada.» Llamó a su criado. El criado no vio ni notó nada. A partir de entonces. avanzando sigilosamente con un garrote en ristre seguido del criado. según supuso. y. se acercó a la puerta. Dejando abierta la puerta del salón.Mr. la mujer de la limpieza se quedó horrorizada al ver la huella de una mano en el polvo de la mesa del «saloncito» donde habían estado desempaquetando azulejos y otros objetos el día anterior. sin embargo. Mr. ni tampoco supo la razón por la que su amo había mirado hacia atrás con tanto nerviosismo y cerrado la puerta con tan tremendo portazo. y una noche queMrs. y notó que algo extraño pasaba bruscamente por debajo. hacia las doce y cuar-to de la noche oyó cómo la palma de una mano golpeaba primero suave-mente la puerta de su dormitorio y luego se deslizaba despacio por toda la hoja. todos los moradores de aque-lla casa estaban muy nerviosos por lo de la mano. La im-pronta del pie descalzo en la arena de la playa no asustó a Robinson Crusoe ni la mitad que aquello. lo que permitía que se oyeran con total claridad.Prosser y el cocinero. Por la mañana. . como juró después.Prosser y se retiró a su dormitorio antes de la hora habitual. y. el «fallo final» fue que la impronta de aquella mano difería por completo de la de cada uno de los moradores de la casa y que se correspondía exac-tamente con la de la mano que habían vistoMrs.Prosser. Era la primera vez que se oía llamar de esta manera en esa parte de la casa.Prosser se hallaba en el cuarto de los niños. «con la palma de la mano». No dijo nada aMrs. se impacientó más aún y cambió su golpe-teo suave del principio por una serie de porrazos enfáticos y estentóreos. los mandó entrar de uno en uno y le hizo po-sar la palma de la mano sobre la mesa de marras para obtener así las hue-llas de todos los habitantes de la casa.

y entre ellay la niñera la bajaron al dormitorio de los señores. Observaron que la pequeña estaba más tranquila cuando la cogían en brazos y que. según sus propias palabras. pero. toda vez que él gozaba de un oído particularmente fino. al irMr.Prosser se hallaba durmiendo. Mr.Prosser se recupe-rara de aquel «trance». acompañada de la niñera. y los médicos dictaminaron que el mal se debía a principios de agua en el cerebro. durante el cual.Prosser empezó a verse turbada por unos extraños y horribles sueños. Abrió dicha puerta de un tirón y miró al interior. pero baste con esto. sobre la almohada.) Vieron cómo. con la cara lívida y cubierta de escarcha. se pasaba en vela todas las noches junto a la cuna de la pequeña. la mano blanca y regordeta de siem-pre. La singularidad de esta historia me parece a mí que . pero el gabinete estaba vacío. Víctima de un extraño paroxismo de terror. ni siquiera la respiración de su mujer. dondeMr. y. Ésta se retrajo hábilmente entre las cortinas yMr. La cuna se hallaba colocada longitudinalmente a la pared. avanzaba hacia la cabeza de la niña. La madre profi-rió un grito y sacó inmediatamente a la criatura de la cuna. Y una noche. que bajaba hasta unos veinti-cinco centímetros de la almohada en la que reposaba su cabecita. con la palma hacia abajo. Descorrió la cortina y vio aMrs. se extrañó de que no se oyera absolutamente nada en la habi-tación. a excepción de la ropa que colgaba de las perchas de la pared.Prosser. su marido podría haber agregado: "Y también los terrores del infierno. Finalmente. oyeron un suave golpeteo en la puerta. y cerraron la puerta al entrar. la niñera descubrió la causa de los padeci-mientos de la criatura (yMrs. cerca de su cabeza y asomando justo entre las cortinas. y durante unos segundos creyó.Prosser a cerrar la puerta de la alcoba. Hubo muchas más cosas. no se podía dormir en la cuna. lo cual le pareció tanto más inexplicable por cuanto sabía que ésta se hallaba acostada.» Luego tocó la campanilla y.Prosser la descubrió al mismo tiempo espiando la dirección de sus ojos.Prosser tendida en la cama. La volvió a cerrar y echó el pasador. si la volvían a dejar en la cuna. con la ayuda de todos los criados. asomando por la abertura del armario empotrado.Prosser rodeó la cama a tiempo para ver cómo la puerta del gabinete era cerrada por la misma mano blanca y rechoncha. que no se cerraba del todo. y escudada por la sombra del doselete. que aparecen debida-mente detallados en la extensa carta deRebecca.eran unas pesadillas realmente espantosas. Por encima de la cuna de la niña había un dosele-te con unos treinta centímetros de fondo. llevaba asimismo bajo el brazo un librote de cuen-tas relacionadas con los negocios de su suegro. una niña de dos años y medio. presa de pánico.Aquella misma noche. la rechoncha mano blanca. Había una vela ardiendo en la mesita de noche además de la que él portaba en la mano. había visto «los terrores de la muerte». a los pocos segundos. en frase del marido (y tíaRebeccaañade: «según le oí decir a ella misma. se ponía enseguida a gri-tar aterrorizada. a juzgar por su aspecto.Prosser. «que iba a enloquecer.Mrs. según el creyó muerta."») Pero el suceso que al parecer desencadenó la crisis definitiva fue la extraña enfermedad de su primogénita. con la muñeca apoyada en la almohada y los dedos avanzando hacia la sien con un movimiento lento y ondulado. Mrs. con el cabezal tocando a la puerta de un armario empotrado o aparador. consiguió queMrs. una mesita de tocador y un espejo que miraba a las ventanas. algunos de los cuales. reculó bruscamente primero y luego lanzó con toda su fuerza el libro de cuentas contra las cortinas detrás de las cuales suponía que se ocultaba el propietario de aquella mano.

comer y cenar. y ya saben: a la gente en general. a lo largo de toda su vida.estriba en que describe el fantasma de una mano. a medio camino entre las montañas y la carretera de Dublín. Se asienta en medio de un racimo de árboles junto al borde de un riachuelo serpenteante. olvidando a menudo que los demás podrían aburrirse. Espero que el lector me perdone por haberme alargado tanto con la historia de la casa de los azulejos. cuyo carácter agreste y melancólico alivia algún que otro seto desparramado. y nada más. había dormido durante cierto tiempo en el que. En el año de 1819. siendo niño. se va viendo gradualmente rodeado. con el pelo cano y recogido en una coleta-. de quien hablaba en pasado como «el pobre Jemmie». Uno de los pocos habitáculos humanos que proyectan hacia lo alto sus columnas de humo de turba en medio de esta llanura solitaria es el construido con tierra y de techumbre malamente cubierta de paja de un «granjero duro». siempre que se sentía enfer-mo. el cual nos contó a todos de manera muy concisa la historia de su primo. por alguna hábil arti-maña. y especialmente a la de cierta edad. La persona a la que perteneciera dicha mano no apareció nunca. mientras desayunaba en el colegio universitario. por una cadena de colinas más bajas. agotado por el trabajo o con algún tipo de fiebre. En medio se extiende una llanura ondulada que se va hun-diendo paulatinamente hasta un nivel inferior al del camino. que tenía delante todos los días a la hora de desayunar. EL GATO BLANCO DE DRUMGUNNIOL ¡Quién no ha oído contar de niño la famosa historia de la gata blan-ca! Pero yo voy a contar aquí la historia de un gato blanco muy distinta a la de la amable y encantada princesa que tomó este disfraz durante una temporada. se veía constantemente constreñido a mencionarla. Éste. Mr. . y durante muchas generaciones ha dado cobijo a una familia de apellido Donovan. se había visto atormentado por la visión de cierto caballero regordete y pálido. a la derecha. tuve ocasión de conocer aMr. sustraerse a la vista. tras dejar atrás las colinas de Killaloe a la izquierda. cuando el monte Keeperse yergue a su vista. que tenía una peluca de muchos bucles. según su madre. le gusta hablar y hablar de lo que más le interesa. Pero este ancestral relato popular siempre ha tenido un encanto especial para mí. era el cuarto embrujado de un caserón cerca de Chapelizod. El que viaja deLimericka Dublín.Prosser citó aquello como un caso especial de pesadilla monóto-na. James Prosser. y no es que se tratara de una mano separada de su cuerpo. El gato blanco del que voy a hablar es un animal mucho más siniestro. y destacó el horror y la angustia tan terribles con que su primo. visión que se había quedado grabada en su memoria con la misma fuerza que el atuendo y las facciones del retrato de su padre. sino simplemente de una mano que se manifestada de tal manera que su propietario conseguía siempre. un traje de encaje lleno de botones y pliegues. y un rostro sensual. y. aunque bastante locuaz. como llaman enMunstera los más prósperos de los labriegos. Prosser -un anciano delgado y grave. malicioso y desagradable plagado de arru-gas. individualizada y persistente.

Al acercarse noté que iba descalza y parecía ir mirando a un punto fijo. Pues he aquí que. con la misma claridad como lo veo a usted. de la manera más fiel posible. La figura atravesó una abertura que había en el ángulo más alejado del campo. y. no obstante. la solitaria cadena de colinas cubiertas de aliaga y bre-zales. a la distancia aproximada que yo había calculado. como si le sirviera de guía. donde la perdí de vista. inofensivo y muy instruido. con sus mismas palabras. tanto que parecía acariciar la hierba bajo sus pies. y recuerdo cada detalle como si hubiera ocurri-do ahora mismo.que intentaré repetir aquí. a ciento cin-cuenta pasos de distancia. testigo de los trabajos de una raza ya pasada. aquel escenario coadyuva-ba a sintonizar una mente soñadora como la del honrado Dan Donovan con la superstición. una piedra lisa situada cabe un espino junto a una laguna bastante profunda. Cuando era niño. Llevaba un vestido gris claro y muy largo. me recomendaron a un talMr. cerca de allí. la manera como iba vestida me resultó tan singular en aquella parte del mundo donde el atavío femenino estaba perfectamente reglamentado por la tradiciónque no pude quitarle los ojos de encima. deseoso de estudiar varios legajos irlandeses que habían caído en mis manos. que jamás he encontrado en mi vida a una persona más sencilla y más de fiar.Lejos de allí. Estaba tan despierto como lo estoy ahoramismo. Iba atravesando diagonalmenteel vasto campo con paso regular. prosiguió como si el agua no fuera obstáculo. solía llevarme laHistoria romana deGoldsmitha mi lugar favorito. Yo he visto muchas veces esa antigua y singular granja de labriegos: su huerto de inmensos manzanos cubiertos de musgo. y tras preguntar por algún profesor capaz de ins-truirme en la lengua irlandesa. que doscientos años atrás había servido de refugio contra agresores y bandidos. al parecer sin verme. y vi a una mujer que asomaba por un extremo del huerto y empezaba a bajar la cuesta. Ahora se ganaba la vida dando clases. Un día. Yo tenía sólo trece años entonces. y que aún ocupa su antiguo emplazamiento en la esquina del granero. el perfil oscuro y dominante del viejo torreón al fondo. Yo imaginaba perfectamente cómo. haciendo barrera. Fue él quien me contó estahisto-ria. Apenas tenía fuerzas para volver a casa y estaba tan asustado que durante tres semanas permanecí recluido en casa sin poder estar solo ni siquiera un minuto. me contó. después de tantos . o en el gélido esplendor de una noche de plenilunio. cubierta por doquier de nieve. o en la melancólica belleza de una puesta de sol otoñal. pues me confió muchos pensamientos suyos largo tiempo callados y muchos recuerdos de su terruño y de sus primeros años. en vez de dete-nerse al borde de la laguna. El horror que me había producido la aparición en aquel campo fue tal que ya no volví nunca más a aquel lugar. señor. como yo había esperado. similar a lo que en Inglaterra he oído llamar lago alpino. después de la habitual panzada de lectura. Su itinerario en línea recta la habría hecho pasar -haciendo abstracción de la laguna. Descubrí que había estudiado con una beca en elTrinity Collegede Dublín. y vivía en Drumgunniol. un lugar solitario de-lo más apropiado para estudiar con tranquilidad. visto en el gris de una mañana invernal. La impresión general de soledad hacía de todo aquello un escenario ideal para un relato salvaje y sobrenatural. personaje soñador. pensando en las escenas heroi-cas que acababa de leer. atravesar la laguna sobre su superficie y pasar. Es cierto. Dono-van. y supongo que la índole especial de mi estudio debió de estimular su amor patrio.a unos diez metros más abajo de donde yo estaba sentado. me cansé final-mente y me puse a mirar a mi alrededor. Estuve a punto de perder el conocimiento de puro terror. Se encuentra en una vaguada limitada al norte por el viejo huerto. o una mente cualquiera con las ilusiones de la fanta-sía. y así la vi. Ni siquiera ahora. el seto. con una línea de rocas grises y racimos de robles enanos o abedu-les. la torre desmo-chada cubierta de hiedra. tan frondoso.

pues él venía a caballo y nos había dicho que se pararía a verlos marchar y luego vendría corriendo a casa. y él. pálido y triste. muy pocos chicos de mi edad habrían podido decir del suyo. Entró con la montura y las bridas en la mano. un año después de la referida visión en el campo de la laguna-. -Alegra esa cara. o cual-quier otra cosa que te pueda preocupar. Procuraré contárselo a ustedes de la mejor manera posible. y. . -No. cuando había feria o mercado. Todo anda bastante bien. Recuerdo la noche en que. mujer. se dirigió hacia la lumbre y se sentó en un taburete con los pies extendidos hacia la turba candente y las manos apoyadas en las rodillas. dijo a mi madre: -Echa el cerrojo.Mickey. Me había quedado acompañando a mi madre. y. que estaba tirándole de la mano. en toda la comarca. mira esa cena caliente que te está esperando y atácala. cerca de la puerta. si se quiere. pues me encan-taba aquel tipo de vigilias. Mick. y lo mismo las demás cosas. y no hay ningún problema entre el amo y yo. se habían retirado ya a descansar. nada. Lo cual no significa que no se tomara su vaso de whisky como todo hijo de vecino. Por fin oímos su vozy sus enérgicos golpes en la puerta. Pero aquella noche tenía un aspecto deprimido. Meehal -dijo ella besándolo cariñosamente. vol-vía a casa algo alegre y achispado y con las mejillas arreboladas. Mis hermanos y hermanas.Molly. y dime si hay alguna otra novedad.Las vacas se han vendido bien. salvo los hombres que volvían de la feria con el rebaño. Y. Sabíamos que volvería antes que los mozos que traían el ganado. Todo el mundo de esta comarca sabe perfectamente a qué me estoy refi-riendo (y todo el mundo relacionó entonces con eso mismo lo que yo había visto). que estaba ponién-dose nerviosa-. bajándome con aire muy deprimido. -Bienvenido a casa. con una fatalidad singular que durante casi ocho años se ensañó con nuestra familia. se me ocurriría pasar por allí. nos encontrábamos esperando a que volviera a casa mi padre de la feria de Killaloe. tesoro. No es ninguna fantasía mía.entonces. y mi madre se levantó a abrirle. -Bueno. celoso de su atención. -Que Dios te bendiga. cosa que. gracias a Dios. se volvió hacia mí. querido -dijo mi madre. querida -contestó él. y cuéntame si se ha vendido bien el ganado y todo ha salido bien en la feria o si has tenido algún problema con el amo. Mick. las dejó junto a la pared. y él me cogió en sus brazos y me besó. si es así.años. tras acariciarla de nuevo. Mi madre y yo estábamos sentados junto a la chimenea charlando y vigilando que la cena de mi padre se mantuviera caliente en el fuego. Yo no creo haber visto nunca a mi padre borracho. cumplidos ya los catorce años -es decir. con mis brazos aún en su cue-llo. Yo era pequeño y ligero para mi edad. Ella obedeció. así como los cria-dos de la granja. y luego rodeó con los brazos el cuello de su mujer y la besó tiernamente. Aquella aparición la relacioné enseguida con un acontecimiento misterioso o.

recordé que los mozos iban por el camino con el ganado y que nadie cuidaría del caballo si no lo hacía yo. Yo sabía que estaba recitando sus oraciones. Él le apretujó las manos. -Mejor -dijo mi padre. como el animal estaba muy tranquilo.. -Nada -contesté nuevamente.hasta que conseguí llegar aquí y llamé a la .. nada más que la montura y las riendas que traías en la mano. pues sabía lo que significaba la aparición del gato blanco. después de dejarlo -me había llevado conmigo la montura y las riendas.. Fue al volverme. -No ha entrado en casa nada conmigo. que se me acerca dispuesto. si es que a eso se le puede llamar un gato y no otra cosa peor.no voy a andarme con misterios contigo. de repen-te tan páliday d escompuesta como mi padre. -¡Que el Señor se apiade de nosotros! -exclamó mi madre. Dando a mi padre una palmada en el hombro para animarlo un poco. con aspecto muy apurado. y luego se pasó su mano grande por la frente una o dos veces. así que pensé que podía dejarlo en el campo de abajo. lo conduje fácilmente por todo el camino. que pareció más bien un gemido. y así un rato. empezó a murmurar para sí. -Cuando subía por la vereda. Me han dicho que el domingo pasado cayó en una trampa un conejo blanco en el bosque de Grady. Bueno. -Has interpretado mal lo que he dicho -repuso mi padre-. No irás a decirme que confundo una rata y un conejo con un gato blanco grande con unos ojos verdes más grandes que platos y el lomo arqueado como un puente. a restregarse el lomo contra mis espinillas. en voz baja y con la vista fija en el fuego. el cual. en realidad ha ocurrido algo que me ha quitado las ganas de tomar nada. -No ha sido ninguna rata ni ningún conejo. Yo estaba también terriblemente asustado. Mi padre terminó su relato. y juraría que lo oí aullar al pegarse a mí -tan pegado como estamos nosotros dos. Así que te diré lo que ha pasado...Molly. padre -dije yo-. y exhaló un fuer-te suspiro. lo besó y luego se echó a llorar. ¿verdad? -dijo en voz muy baja volviéndose hacia mí. pues a lo mejor me queda ya poco tiempo de estar aquí. y con ganas de llorar. y que Teigue vio ayer una gran rata blanca en el granero. -Nada. y después a un lado y luego al otro..-Ya he cenado en el camino. Mi madre se había dejado vencer por el pánico y estaba rezando de nuevo. tras hacer la señal de la cruz. si me quedo quieto. con tu mujer levantada y todo lo demás? -le regañó mi madre. He visto al gato blanco. y. agregó con una risita-: ¡Eh! Seguro que es una broma que me estás gastando. tratando de repo-nerse. Mira. Tenía el rostro húmedo y reluciente por los sudores del miedo.Molly.cuando lo vi aparecer por detrás de la hierba que hay junto al camino y ponerse primero delante de mí y luego detrás. -Nada de color blanco ha llegado hasta la puerta conmigo ¿verdad? -repitió. Bueno. Mi madre esperó un rato a que terminara su plegaria y luego le pre-guntó dónde lo había visto por primera vez.y no tengo ganas -contestó. -¿Que has cenado en el camino sabiendo que te esperábamos en casa. mirándome todo el tiempo con sus ojos centelleantes. y a lo mejor a saltarme al cuello y pegarme un mordisco.y luego. mi madre se apoyó en él.

con un terrible presentimiento? Sencillamente por-que todos y cada uno de nosotros sabíamos que mi padre había recibido.Según me han con-tado. pues. En aquella época vivía en las montañas. como habéis oído. YEllen Colemanmurió con el corazón destrozado. Los años del hambre acarrearon grandes cambios.LosColemanno eran ricos. Ocurrió de la siguiente manera: Mi tío abuelo.la veía a veces en los mercados y fiestas patronales. ya no queda allí ningúnColeman. y. mi padre cogió una fiebre que se había propagado y murió antes de un mes. Le habría gustado tener hijos. mi tío abuelo era un hombre cruel. según me contaron-. amén de libertino. Mi buen amigo Dan Donovan hizo una pausa. y se enamoró de ella. a mi madre. peor casamiento que el suyo. Una semana después. Acabó casándose con una joven de los Collopy que tenía una gran fortuna: veinticuatro vacas. como era de suponer.. ni el padre de mi padre. de lo que convenía a su alma. Una noche. Pero el dinero no ablanda un corazón duro. Se había cansado de ella. Hace ya ochenta años que esta maldición anda asociada con mi familia. Fue la his-toria de siempre. noventa años sería más exacto. una bonita muchacha de la familia de losColeman. volvía de la feria de Negagh. y quería triunfar en el mundo. por el movimiento de sus labios comprendí que estaba rezando.y es probable que esta familia se haya extinguido. a mí mismo y. a todos los miembros de esta fa-milia de labriegos.. más. imposible. pero al ser ella tan hermosa podía esperarse hacer un buen casamiento. finalmente. setenta ovejas y ciento veinte cabras. pero al final no cumplió su palabra. ¡que Dios le haya perdonado!. y fue ésta la única cruz que tuvo que llevar. Con Donovan -mi tío abuelo. Pero se portó mal con ella: le prometió el matrimonio y la convenció para que se fuera con él. era en aquel tiempo propietario de la vieja granja de Drumgunniol. Se casó. Un riachuelo atravesaba entonces la carretera -habían construido un puente hacía poco en aquel punto. ¿por qué una circunstancia tan simple agitaba a mi padre. Pero aquello no le quitó el sueño al inhumano labriego. ¿Ochenta años? Bueno. pues tomó en arriendo Balraghan durante unos años e hizo mucho dinero. y se hizo todavía más rico. no lejos de Capper Cullen. Pero. Poco después reanudó su relato. me temo. Y no falló tampoco esta vez. Yo hablé hace tiempo con muchas personas ancianas que recordaban con nitidez todo lo relacionado con este caso. Connor Donovan. Tam-bién bebía lo suyo y maldecíay blasfemaba cuando se enfadaba. y deduje que era por el des-canso de aquella alma desaparecida. Era más rico de lo que nunca llegaría a ser mi padre. y estaba casi siempre seco en . Aquel mal fario no había fallado nunca hasta entonces. y este tipo de personas suelen ser crueles de corazón. pero no tuvo ninguno.puerta. Se llamabaEllen Coleman. por desgracia. un aviso de su muerte inminente. Pues bien. pues todo lo demás le salía a pedir de boca. con estaMaryCollopy. en aquel encuentro con el gato blanco.

Pero. cabe el roble. Mi tío abuelo le gritó y lo espoleó en vano. le asestó un fuerte golpe en la espalda que le hizo dar con la cabeza sobre el cuello del caballo. Su mujer no sabía qué pensar.verano. Como aquella noche había luna. vio. Vol-vió a montarlo. sobre todo porque no le encontraba ninguna explicación. Aquella marcas extrañas -según decían. todo él tem-blando y echando vapor. perdió la poca paciencia que le quedaba y. Estuvo hablando un buen rato -con el sacerdote. La puerta. durante el velatorio. Podría haberlo divulgado con total franqueza. Se vol-vió un hombre asustado. Cuando estaba seco. hacía las veces de carretera. Cuando lo llevaron a su cama vieron claramente las marcas de cinco uñas en la piel de su espalda. a una mujer a la orilla del lago con el brazo extendido. los preparativos de la cere-monia fueron algo diferentes de lo habitual. la cual. mientras la puerta permanecía abierta para la recepción. taciturno y atribulado. presa de terror. por alguna razón especial. al pasar bajo el amplio ramaje del roble. junto a él. mi tío abuelo entró. aunque un tanto a su manera. donde permaneció inmóvil. y encontrarse así a unos doscientos metros de su puerta. pues todo el vecindario sabía de sobra que era el rostro de la muertaEllen Colemanel que había visto. Cuando se hubo recuperado lo suficiente para poder hablar -aunque como quien se encuentra en su última hora. seguía aterrorizado y persistía en su obstinación. lo hizo bajar hasta el lecho con la intención de franquear la abertura que había en el otro extremo. y con la caída de las primeras hojas del otoño murió. y taburetes para las personas que quisieran entrar. como les he dicho. cuando hubo alcanzado los dos fresnos junto a la granja. pipas y tabaco sobre la mesa. pero el animal reculó. dado que pasaba. . La práctica corriente es colocar el cuerpo en el gran salón de la casa. Por alguna razón. donde se había abatido el golpe espectral. Contó lo que le había pasado. cerca de la vieja granja de Drumgunniol. al pasar a su lado. a pesar de las caricias y latigazos de su amo. Había candelabros alrededor de la cama. Desde aquel momento. Lo encontraba muy débily enfermo. el caballo se paró en seco. Era el principio del verano. estornudó y le entró un terrible ataque de temblor. una disposición distinta: el cadáver se colocó en una pequeña habitación que daba a la más grande. irrumpió en maldiciones y blasfemias. el caballo se puso en movimiento de un arreón. al verse tan cerca de la casa. Ciertamente tenía un secreto que contar. Se bajó para llevarlo de las riendas. el animal. Pero nadie lo creyó. vio claramente. Por supuesto. mi tío abuelo no volvió a recuperarse. que la gente utilizaba entonces como atajo para llegar hasta la casa. hubo velatorio. Al alcanzar la abertura. Al acercarse a la «abertura». Más muerto que vivo. alcan-zó la puerta en un santiamén. una cosa blanca que. con pocas revueltas. y Con Donovan. De repente. deslizándose lentamente por el terreno en la misma dirección y dando de vez en cuando unos pequeños saltos.y mandó llamar enseguida al sacerdo-te. permaneció abierta. repitió su historia. pero aseguró que no había reconocido la cara de la figura que había visto en la abertura. mi tío abuelo dirigió su caballo hacia aquel riachuelo seco y. tenían el color de un cuerpo alcanzado por un rayoquedaron grabadas en su carne y le acompaña-ron a la tumba. aunque estaba segura de que algo muy malo le había ocurrido. según él mismo describió. pero que no podía decir con seguridad qué era exactamente ya que se movía a lo largo del seto y desapareció en el punto hacia el cual él se estaba dirigiendo. o creyó ver. empleando con saña el látigo y las espuelas. con el corazón apesadum-brado y la conciencia intranquila-. Había luna llena y mi tío esta-ba muy enojado por la resistencia del animal. En este caso particular se siguió. no era mayor que su sombrero. como correspondía a un labriego tan importante y acaudalado.

y de quien es? -preguntó mirando con rece-lo al gato blanco que se había acomodado sobre el pecho del cadáver. dijo: -¡Que me muera ahora mismo si no tenía la cabeza levantada y esta-ba mirando fijamente a la puerta. -¡Eh. Si la mano de mi tío abuelo había estado extendida por el suelo. de la manera sobrenatural antes descrita. mujer! Tú estás chiflada -dijo uno de los mozos de la granja. musitando sus conje-turas y aprensiones sobre la naturaleza de aquel bicho. mirando fijamente a la cama que ahora se veía perfectamente. lo que es más. o manto. ésta se aventuró en el interior. se paró en seco. qué dices. sosteniendo la vela en alto para ver mejor la habita-ción. cogida con los dedos. y tirando con fuerza de ella mientras todos los que la seguían retrocedían alarmados por su vacilación. Pero no había avanzado más que unos pasos con la vela en alto cuando. -¡Que Dios nos bendiga!¡Mrs. ¡vamos! Cada cual retransmitió la orden. al acercarse a la cama una de las mujeres a coger una silla que había dejado al lado. por lo que la largaMrs. no había ni uno de ellos que no pareciera pálido y asustado mientras seguían aMrs. una mujer delgada y tiesa. lo he visto -insistióMolly-. Que alguien lo saque de ahí ahora mismo. una vez que hubo recuperado el habla. con semejante bestia encima. lo dejaron solo en esta pequeña estancia mientras hacían los preparativos para el velatorio. y rodeada por un auditorio boquiabierto. -Sandeces. -¡Sacadlo de ahí ahora mismo.Doolan. que iba rezando todo lo deprisa que se lo permitían los labios y encabezaba el grupo con una vela de sebo. anda! Eso es lo que has imaginado al entrar en la habitación oscura. con los ojos más grandes que platos de peltre. Después del crepúsculo. casi podría jurar que he visto también que sacaba tres veces el brazo de la cama y lo arrastraba por el suelo para agarrarme por los pies. En los años que llevo vividos he amortajado a muchas personas. por todos los santos del cielo -dijo la vieja Sal Doolan. mujer de Dios? -dijo una de sus compañeras. Pero. ¿Para qué puede querer él un pie tuyo? -exclamó uno desdeñosamente.no sigas hablando. pero nunca había visto nada semejante. salió de la habitación con un grito. La puerta estaba medio abierta.Molly. ¡El amo de la casa. Con el ruido que estáis haciendo no oigo nada. Tú estás chiflada. que sabía rezar casi como un sacerdote. y. sin duda éste la había recogido bajo el lienzo que lo cubría. Todos se estaban santiguando. pero sin que nadie pareciera dis-puesto a ejecutarla. -Dadle una vela -convinieron todos. como un demonio! Que Dios me perdone por mentar al maligno en esta habitación. vamos! -ordenó horrorizada ante semejante profanación-. -¡Shhh! ¿Queréis callaros? -exclamó la cabecilla perentoriamente-. sin luz. -Con vela o sin vela.Una vez amortajado el cadáver. con el rostro demudado. a pesar de sus comentarios anteriores. tal y como la despavorida muchacha la había dejado. échese atrás! -exclamó des-pavorida la mujer que estaba cerca de ella cogiéndola repentinamente por el vestido. ¿Por qué no cogiste una vela. que centelleaban a la luz de la luna! -¡Hala. que no era un . como una cerilla. -Que alguien me dé una vela. ¿Quién de vosotros ha dejado entrar ese gato aquí.Doolan no corrió ningún peligro de tropezar con ella al entrar.Doolan.Y.

Es sencillamente el mensajero de la muerte. el gato se colocó sobre el cojín que había junto a la cabeza del cadáver y. El día antes de que mi tío Teigue perdiera la vida por la explosión de su fusil. El gato blanco seguía sentado donde antes. según dicen. Pero. tras lanzar una mirada torva a todos los presentes. Pero el gato ya no estaba allí. siempre que dejaban solo al hombre muerto. Ningún fantasma se ha asociado nunca tan indisolublemente a una familia como esta nefasta aparición a la mía. Pero no he acabado aún con el gato blanco.Doolan lo oía maullar a sus talones donde quiera que iba. el fantasma mantiene una relación de afecto hacia la familia afligida a la que está hereditariamente asociada. . lo que la hacía saltar con un grito y una plegaria. aunque no lo veía. Y así prosiguió para estupor y terror del vecindario. y transcurrió un buen rato antes de que los más temerarios se atrevieran a echar otro furtivo vistazo. convencida de que el bicho iba a morderle en el cuello. En resumidas cuentas. Una vez muerto mi tío abuelo. cerrando bien la puerta tras ellos. horcas y otros aperos por el estilo. Y el que haya adoptado la forma de gato -el más frío y. Rezando y santiguándose. el lienzo. a la mañana siguiente. aunque él parecía estar bien en aquella época. al mirar a su alrededor bajo los ramajes del viejo huerto. y. Y el monaguillo. sólo que algunos dijeron después haber visto al gato escondido debajo de una gran caja que había en un rincón de una habitación exte-rior. armados de palas. donde mi tío abuelo guardaba su contrato de arrendamiento y demás papeles. Mrs. Pero hay una diferen-cia. lo oía saltar sobre el respaldo de su sillón cuando ella se sentaba. como si no hubiera sido molestado en ningún momen-to. al abrir la puerta encontraron el gato blanco sentado.gato de la casa ni nadie había visto nunca. el gato estaba allí acompañándolo fatídicamente. De repente. lo ocultó a la vista. que a modo de cobertor bajaba casi hasta el suelo. y. el gato se le apareció. y dedu-jeron que se había escabullido entre sus piernas mientras estaban en el umbral. «zarzos». y enterrado con todas las debidas ceremonias. Generalmente. ya he acabado con él. mientras que este bicho es claramente sospechoso de malignidad. por muchas precauciones que toma-ran. sí de manera muy parecida a como se le había aparecido a mi padre. pero ahora saltó tranquilamente por un lado de la cama y desapare-ció por debajo de ésta. si no exactamente igual. se le apareció al atardecer. Así. Cuando a mi abuelo le llegó la hora de la muerte.es bastante indi-cativo del tenor de su visita. y sin olvidarse de echar agua bendita. De nuevo se reprodujo casi la misma escena. así como su libro de oraciones y rosarios. cerraron bien la puerta con cerrojo y candado. y ponerse a maullar a su oído. maullando despacio pero feroz-mente conforme se acercaba. vio a un gato blanco sentado debajo de la pequeña ventana del cuarto donde yacía el cuerpo de mi tío abuelo mirando fijamente a los cuatro pequeños cristales cual gato que ojea a un pájaro. el más vengativo de los brutos. siempre que alguien entraba en la habitación veía al gato encima del cadáver. fue deslizándose lentamente a lo largo del cuerpo exánime hacia ellos. sobre el pecho del hombre muerto. se pusieron finalmente a buscar bajo la cama. con semejante resulta-do. hasta que la puerta se abrió finalmente para el velatorio. Todos salieron a empellones de la estancia en medio de una espantosa confusión. sobre el pecho del muer-to.

y no había ningún escondite alrededor. o enferma de muerte. hiciera lo que hiciera mi tío. en Drumgunniol. en el campo en el que yo vi a la mujer caminando por el agua. con la cola nerviosamente arqueada y un verde amenazador en los ojos. unas veces grandes y otras más pequeñas. ella estuvo a punto de desmayarse aunque logró llegar hasta la puerta de la casa. sólo un mes después. pero el hecho es que lo vio de repente cerca de sus pies. Cada miembro de nuestra familia que muere. No se explicaba cómo se le había acercado. La pobre murió también. vio al gato blanco. hasta que llegó al huerto. ve antes fatídicamente al gato blanco y sabe que ya le quedan pocos días de vida. como ya les he contado. el animal seguía dando vueltas a su alrededor. Mi tío se hallaba lavando el cañón de su fusil en el lago. a las dos o las tres de la madrugada. cerca de Oolah.junto a la laguna. e. donde lo perdió de vista. La hierba es baja allí. Mi hermano pequeñoJimlo vio también tres semanas antes de morir. De vuelta del velatorio. donde el gato se encaramó al espino blanco que hay allí y desapareció de su vista. al atrave-sar la cerca de la granja de Drumgunniol. que se puso a su lado. a la hora del atardecer. Mi pobre tíaPeg-que se casó con un O'Brian. .vino a Drumgunniol para asistir al funeral de un primo que había muerto a dos kilómetros de allí.