La habitación del “Dragón Volador”y otros cuentos de terror y misterio

J. Sheridan Le Fanu

La habitación del “Dragón Volador”y otros cuentos de terror y misterio Prólogo LA HABITACIÓN DEL “DRAGÓN VOLADOR” PRÓLOGO CAPÍTULO PRIMERO - En ruta CAPITULO II - El patio de la BelleÉtoile CAPÍTULO III - Desposorios de Muerte y Amor CAPÍTULO IV -MonsieurDroqville CAPÍTULO V - Cena en la BelleÉtoile CAPÍTULO VI - Un sable desenvainado CAPÍTULO VII - La rosa blanca CAPÍTULO VIII - Una visita de tres minutos CAPITULO IX - Chismes y consejos CAPÍTULO X - El velo negro CAPÍTULO XI - El Dragón Volador CAPÍTULO XII - El mago CAPÍTULO XIII - El oráculo me cuenta cosas maravillosas CAPÍTULO XIV -Mademoisellede la Vallière CAPITULO XV - Extraña historia del Dragón Volador

CAPÍTULO XVI - El parque del castillo de la Carque CAPÍTULO XVII - El ocupante del palanquín CAPÍTULO XVIII - El camposanto CAPITULO XIX - La llave CAPÍTULO XX - Una cofia peraltada CAPÍTULO XXI - Veo a tres hombres en un espejo CAPÍTULO XXII - Embeleso CAPÍTULO XXIII - Una taza de café CAPÍTULO XXIV - Esperanza CAPÍTULO XXV - Desesperación CAPÍTULO XXVI - Catástrofe EL FANTASMA Y EL COLOCAHUESOS SCHALKEN EL PINTOR EL ESPECTRO DE MADAM CROWL RELATO DE CIERTOS SUCESOS EXTRAÑOS EN LA CALLE AUNGIER MISTERIO EN LA CASA DE LOS AZULEJOS EL GATO BLANCO DE DRUMGUNNIOL

Prólogo

La obra de Sheridan Le Fanu, aunque quedó relegada al olvido en los años posteriores a su muerte, se ha convertido con el tiempo en algo imprescindible en las antologías o colecciones de literatura sobrenatural y de terror, gracias, en gran medida, a la labor de otro de los grandes del cuento espeluznante, que la dio a conocer al gran público: M.R. James. Descendiente de una familia hugonote emigrada a Dublín en 1730, Le Fanu (1818-1873) consagró casi toda su vida a las letras y a labores edi-toriales, después de haberse graduado en elTrinity Collegede Dublín y haber ejercido la carrera de las leyes durante poco tiempo. De las revis-tas y periódicos que publicó a lo largo de su vida cabe destacar elDublin University Magazine,que fue conocido y apreciado internacio-nalmente. Parece que nunca abandonó Dublín, y su vida estuvo marca-da por la ausencia de acontecimientos exteriores, lo que se acentuó tras la muerte de su mujer. Acabó convirtiéndose en un auténtico recluso que ni siquiera frecuentaba a sus amigos más íntimos, dedicándose a escribir sus narraciones en la oscuridad y a meditar sobre cuestiones espirituales relacionadas con la filosofía de Swedenborg, por lo cual empezaron a llamarle «el príncipe invisible». Le Fanu fue un autor prolí-fico; escribió catorce novelas, treinta relatos cortos, algunas baladas y numerosos artículos. Muchas de sus novelas han sido olvidadas; sin embargo, algunas de ellas siguen siendo muy apreciadas en la actuali-dad:UncleSilas,The House by Churchyardy Wylder's Hand.Pero es en el relato corto donde sobresale con brillantez el arte narrativo de Le Fanu, y algunas de sus creaciones permanecen como auténticas obras maestras del género. Citemos simplemente Carmilla -precursora insigne de las mujeres vampiro- yGreenTea,en las cuales aparece otra de las grandes creacionesde Le Fanu: el doctorMartinHesselius, investigador de lo sobrenatural.

LA HABITACIÓN DEL “DRAGÓN VOLADOR”

PRÓLOGO

El curioso caso que voy a exponerles lo trata el doctor Hesselius de manera penetrante, y más de una vez, en su extraordinario ensayo sobre las drogas en la oscura Edad Media. En este ensayo, que el autor titulaMortisImago,se trata acerca del Vinum laetiferum, laBeatifica, el Somnus Angelorum, elHypnus Sega-rum, elAgua Thessalliae y otras veinte infusionesy destilaciones, conoci-das de los sabios que vivieron hace ochocientos años, dos de las cuales, según él, aún son utilizadas por la cofradía de los ladrones, según reve-lan a veces investigaciones policiales. El ensayo en cuestión,MortisImago,ocupará, si no me equivoco, dos volúmenes, el noveno y el décimo, de las obras completas del doctorMartinHesselius. Debo señalar, para concluir, que dicho ensayo está curiosamente enri-quecido con abundantes citas de poemas y textos medievales, las más interesantes de las cuales, por extraño que pueda parecer, son egipcias. He seleccionado este caso particular entre muchos otros igualmente sorprendentes, pero, a mi entender, menos interesantes desde el punto de vista narrativo; he escogido esta forma de relato particular simple-mente porque me parece más entretenida.

pero los dos caballos de cabeza estaban caídos por el suelo. al tiempo que dejaba al descubierto su peluca negra y hacía mil gestos de agradecimiento. extenuados y polvorientos. aunque hacía calor. se habían bajado. Parecía estar enfermo. asistido por mi criado. Imposible mirar hacia adelante o hacia atrás sin divisar las nubes de polvo levanta-das por la marea de vehículos. calzados con buenas botas. un caballero anciano y enjuto sacó la cabeza por la ventanilla. La primera caída de Napoleón había abierto el conti-nente europeo a los viajeros ingleses. practicado por la generalidad de los ingleses de la época.CAPÍTULO PRIMERO . eché gustoso una mano a los siniestrados. Bufanda que se bajó unos instantes para darme un millón de gracias en francés. que parecían poco avezados en aquel tipo de emergencias. al tiempo que volvía a apare-cer la recatada y bonita cabeza. a las posadas donde los habían alquilado. Viajaba yo en la posta de Bruselas a París. le contesté. con todo. Así que decidí desempeñar el papel de buen samaritano: mandé detenerse a mi sotacochero. me apeé y. era cautivadora. Yo debería haber observado el paisaje con mayor atención. con veintitrés años de edad. una sustanciosa cantidad en fondos consolidados y otros valores bursátiles. he olvidado. la dama del bello tocado llevaba un tupido velo negro y no pude ver más que la filigrana del encaje mientras se retiraba. haciendo gala de una perfecta corrección gramatical. No había llegado a volcar. Una de las pocas cosas que yo sabía bien. pues moduló sus pala-bras en un inglés tan bello y . siguiendo. Una bonita cabeza de mujer tocada asomaba por la ventana del vehículo siniestrado. Casi al mismo tiempo. Eran tiempos difíciles para aquellos pacientes ser-vidores públicos. ¡ay!. y yo -superado definitivamente el ligero «jaque de los cien días» por el genio deWellingtonen el campo deWaterloo-me sumé a aquella riada humana en busca de enseñanzas. se disponían a prestarles ayuda. creo. iba embozado en una bufanda negra que le tapaba las orejas y la nariz. era hablar francés. como el de tantos otros lugares más importantes por los que pasé en aquel viaje apresurado.yla de los hombros que también se entrevieron unos instantes. La dama debió de oírme hablar a mi sirviente. Pero. Los postillones.y unas dos horas para que se hicie-ra de noche cuando llegamos a la altura de un vehículo que al parecer se hallaba en apuros. Tras varias inclinaciones de cabeza. el caballero se retiró al interior del vehículo. pues. y dos criados.En ruta En el año de gracia de 1815 yo acababa de heredar. el itinera-rio que el ejército aliado había seguido hacía tan sólo unas semanas -un número increíble de carruajes haciendo la misma ruta-. así pues. Todo el mundo parecía dirigirse a París en posta. Adelantábamos constantemente caballos de relevo que volvían. calculo que faltarían unos seis kilómetros para llegar a un pintoresco pueblo fronterizo -cuyo nombre. Sutour-nure. eso creo. pero mi cabeza estaba tan llena de París y del futuro que pasé por allí con poca paciencia y menos atención. además del deporte del boxeo. presuntamente deseosos de ins-truirse a través del conocimiento directo de otros países.

Había también un par detenantesa cada lado. no me paré a preguntar en qué habitación podría encontrarlos. Subí las escaleras. y bañada por la luz dorada del sol. no me resultó por ello menos intere-sante. el emblema de la vigilancia. no lo perdiera de vista y se detuviera en los mismos puestos de relevo. creo. además de a mi propia persona. aparentando apatía e indiferencia. sino que.y nadie podía poner en tela de juicio mi uno ochenta y pico de estatura.una confortable posada antigua. Las despreocupadas atenciones del caballero llegan más hondo al corazón de la lozana lechera que largos años de viril devoción del honra-do leñador. quedando grabada en mi recuerdo. todo ello hacía suponer que se trataba de personas nobles. . Entré con el aire más inocente del mundo. la corrección de sus cria-dos. Yo me consideraba un joven bien parecido -y creo que con total fundamento-. Yo no podía distinguir si el celoso velo estaba levantado. me di cuenta de que la dama me había mirado con ojos nada indiferentes. La dama se hallaba de espaldas a mí. el que presumí era su marido? Instintivamente. la idea del superior refinamiento va asociada con él. y. la elegancia del carruaje y el curioso escudo de armas. ¡Qué mundo tan injusto! Pero en este caso hubo algo más. como es de suponer. antes bien. Los desconocidos se apearon y penetraron en la casa. Yo me apeé a mi vez y subí los esca-lones indolentemente. contenía a otro ser vivo: a la precio-sa y elegante dama. Es. ¡Qué fascinación tan grande ejerce un títu-lo en la imaginación! No en la de personas esnobs o de escasa moralidad. No tardamos en llegar a la pequeña población antes mencionada. y el coche que seguíamos se detuvo en laBelleÉtoile. sino que. la dama se alejaba ahora de un joven y prudente caba-llero que la seguía con ardiente mirada y suspiraba profundamente con-forme la distancia se iba agrandando. y por los dos. se plantó delante de una pequeña consola de una sola pata pegada a la pared. Pero no lo hizo. a través de su velo. Recuerdo perfectamente el emblema representado: la figura de una cigüeña pintada en color carmín sobre lo que los heraldistas deno-minan un «campo de oro». y con la otra tenía agarrada una piedra. aunque no recuerdo qué eran. Su originalidad llamó particularmente mi atención. que quede bien claro. Permanecí unos instantes sin apartar los ojos de ella con la vaga espe-ranza de que se volviera y me diera la oportunidad de verle la cara. Era una estancia espaciosa. Pero los que yo buscaba no estaban allí.balbuciente. y lo mismo se puede aplicar a las demás capas sociales. El ave se sostenía sobre una pata. La superioridad de rango ejerce un influjo poderoso y genuino sobre el amor. dando uno o dos pasos. Estaba abierta la puerta de un salón. que volví a maldecir el velo negro que se interponía entre ella y mi roman-cesca curiosidad. Dejando un reguero de polvo detrás de las ruedas. Le dije al postillón que no se le ocurriera adelantar a aquel vehículo. Se encontraba leyendo una carta. Miré en el aposento de la derecha y luego en el de la izquierda. Nosotros seguíamos a paso lento. Los modales corteses de aquellas personas.y con una voz tan dulce. En mi audacia. y descubrí que. El escudo de armas que figuraba en el panel del carruaje era harto curioso. sobre la que se ele-vaba un hermoso espejo con un marco desdorado. Allí estaba el mismísimo sombrero del que me había enamorado. La dama. sentí el poder de su mirada. ¿Qué necesidad tenía la dama de darme las gracias? ¿No lo había hecho sobradamente. sino todo lo contrario.

Ella se encargó de poner las cosas en su sitio. mascullé unas disculpas y retroce-dí en dirección a la puerta. Sus finos dedos sujetaban una carta. como para quitar un poco de tensión a la escena: -No obstante. melancólico. hasta los más mínimos. Su rostro era ovalado. Eran ojos grandes. Fue más el tono distinto de su frase que el contenido de la misma lo que me dio renovado ánimo. Seguía leyendo. de una tonalidad que los poetas modernos lla-man «violeta». que ha tenido la bondad de pres-tarnos hoy. Inclinando la cabeza cuanto pude. y me embargó la sensación de estar cometiendo una impertinencia. pues reflejaba el retrato de medio cuerpo de una mujer extraordinariamente hermosa. Mi curiosidad dio paso a ese tipo de sentimientos que se adueñan tan rápidamente de los jóvenes. Ella no . Sin duda le parecí arrepentido y confuso (confieso que así me sen-tía). ella alzó los ojos. Debería haberme retirado con el mismo sigilo con que había entrado antes de que fuera advertida mi presencia. pues ella dijo entonces. sólo que sus párpados eran largos y sus cejas delicadas. Pero mi interés era tan grande que quería quedarme unos minutos más. en cuya lectura parecía estar enfrascada. y en francés: -Sin dudamonsieurignora que este cuarto es privado. CAPITULO II . Como tenía la mirada baja. tan presta y eficaz. enseguida la dama bajó su velo negro y se dio media vuelta. Yo no había visto nunca una figura humana tan inmóvil. me encontraba ante una estatua coloreada. no pude distinguir de qué color tenía los ojos. Yo estaba observando cada mirada y movimiento suyos. Hasta distinguí las venas azules que recorrían la blancura de su garganta despejada. Aquellos espléndidos ojos melancólicos pasaron del espejo a mi per-sona con una mirada altiva. En aquel lapso. Aunque también poseía una nota indefinible de sensualidad. vi aquel bello rostro con perfecta claridad. con una aten-ción tan intensa como si me fuera en ello la vida. Mi audacia se rindió ante aquella dama.El patio de la BelleÉtoile Aquel rostro era de los que enamoran a primera vista. Como por entonces yo gozaba de una vista buena y penetrante. Pensé que habría preferido que no la viera. Nada podía superar la delicadeza (le sus facciones ni el lustre de su tez. pues la misma dulce voz que yo había oído antes dijo ahora fríamente. dulce. aquella carta debía de inte-resarle sobremanera.Yo podría perfectamente haberlo confundido con un cuadro. me alegro de tener otra oportunidad de agradecer amonsieurla ayuda.

necesitaba darme las gracias. en la parte de la casa que sea. nuestras habitaciones no podrán estar nunca desocu-padas. pero que el aposento y las dos habitaciones contiguas estaban ocupadas.monsieurdebe saber que nadie suele contratar una alcoba si no piensa pernoctar.. Los tomé de inmediato. al tiempo que agitaba la mano en dirección a la puerta por la que yo había entrado. -¡Me habría gustado tanto alojarme en esos aposentos! ¿Es también dormitorio alguno de ellos? -Sí. di unos pasos atrás y cerré la puerta. dije que me gustaba y pregunté si estaba libre. Ahora hablaba en voz baja y con timidez. -Monsieurtendrá la amabilidad de retirarse -dijo la dama con un tono que parecía de invitación.. ciertamente no estaba obligada a hacer-lo de nuevo.pero es tal la riada humana que se dirige hacia París que hemos dejado de preguntar los nombres o títulos a nuestros huéspedes. -En fin. Describí el aposento del que acababa de salir.monsieur. -Sin duda. voz cada vez más próxima. sobre todo el que se produjera tan inmediatamente después del ligero reproche. Mientras las cosas sigan así. su celoso marido.monsieur. Bajé las escaleras henchido de felicidad y fui directamente a hablar con el dueño de laBelleÉtoile(como ya he dicho.No nos interesa. por lo menos no se irían hasta la mañana . Estaba claro que aquellas personas pensaban parar allí. -Pero ¿quiénes son? Deben de tener algún nombre.y noté que había vuelto la vista rápidamente hacia una segunda puerta de aquella misma estancia. por cierto. -Ciertamente. -¿Por quién? -Personasde distinción. señor. Pertenecía a la persona que tan profusamente me había dado las gracias desde la portezuela del coche de camino. espero me pueda dar algunas habitaciones. -¿Cuánto tiempo piensan parar aquí? -Tampoco eso puedo decírselo. tal era el nom-bre de mi posada). Todo aquello me resultó sumamente halagador. una hora antes apro-ximadamente. iba a aso-mar por ella a no más tardar. Él contestó que lo sentía muchísimo. supuse que el caballero de la peluca negra. Los designamos simplemente por las habitaciones que ocupan. o título. y. Casi en el mismo momento se oyó una voz aflautada y nasal impartiendo órdenes a un criado. aunque tal hubiera sido el caso..Monsieurpuede disponer de dos aposentos. Son los únicos que hay ahora mismo libres.. Hice de nuevo una profunda reverencia.

la cual descubrí que daba al patio de la posada. No cedí al desaliento. para ser sustituidos por otros. sin duda el emblema de una familia distinguida. Tras una pequeña búsqueda di con el vehículo que andaba buscan-do. en un santiamén. parecidos a los que en Inglaterra se llamaban antiguamente sillas de posta. El criado me miró unos instantes mientras se metía la llave en el bol-sillo. colocados en la punta de sendos postes. y los que no tenían nada que hacer se paseaban o bromeaban. en el sobrio gris de la mañana. mi criado y yo prestamos hoy ayuda en una emergencia. cuando sus caballos se halla-ban caídos en el suelo? -Es el conde. nos podrían parecer aburridas.que no puedo decirlo. Así pues. recién salidos de los establos. con un saludo y una sonrisa ligeramente sarcásticos: Monsieur eslibre de hacer conjeturas. Tomé posesión de mis habitaciones y miré por la ventana. Esta luz hace que todo nos resulte pintorescoy nos interesen cosas que. las cuales estaban provistas de auténticas cerraduras. sino que le administré ese laxante que en muchas ocasiones actúa de forma muy venturosa sobre la lengua y que no es otro que una propina. calientes y cansados. El criado se quedó mirando el napoleón de su mano y luego volvió la vista hacia mí. Un criado estaba cerrando con llave una de las portezuelas. Los criados más atareados trajinaban de un lado a otro.. y a la joven dama la llamamos la condesa. Me detuve a unos pasos. El sol estaba ya próximo a ponerse y arrojaba sus rayos dorados sobre las chimeneas de ladrillo rojo de los obradores. y dijo. como sin duda recuerdas. -¿Me puedes decir dónde viven? -Por mi honor. como el mío. ¡No lo sé! . servían de paloma-res.siguiente. -¡Monsieures muy generoso! -No hay de qué. pero no sé. y otros. con la mirada fija en la enseña del vehículo. Numerosos vehículos -unos priva-dos. parecieran incendiados. ¿Quiénes son la dama y el caballero que han viajado en este carruaje y a quienes. bajé corriendo hasta la puerta trasera y.estaban sobre el pavimento esperando su turno de relevo. Puede ser su hija. haciendo que los dos toneles que. y la escena en su conjunto parecía animada y divertida. en medio del espectáculo visual y sonoro que en semejante tipo de lugares suele acompañar a los momentos de especial trajín y vaivén. Empecé a sentirme como quien se embarca en una aventura..monsieur. Muchos caballos estaban siendo liberados de los arneses.apuntando al escudo de armas de la puerta-. con una sincera expresión de sorpresa. En medio de todo aquello creí reconocer al vehículo y a uno de los criados de las «personas linajudas» que tanto interés despertaban en mí en aquel momento. me encontré en el empedrado desigual. -¡Bonita esa cigüeña roja!-observé.

se retiró. asentimientos y encogimientos de hombros. espero enterarme rápidamente de todo. MonsieurPicard.Clair.-¿Que no sabes dónde vive tu amo? Seguro que sabes de él más cosas que el nombre. Ya me he entrevistado con uno de los dos.Clair. el mayordomo demonsieurel conde. Bueno. pero no habla nunca salvo para impartir órdenes. y que me habría revelado con toda honestidad los secretos de aquella familia de haber estado al corriente de alguno. había bajado al patio. cuyo nombre he olvidado ahora. que me muero por conocerlos. ¡Vuela! Y vuelve con todo tipo de pormenores y circunstancias interesantes. Era un encargo que se adecuaba a las mil maravillas a los gustos y temperamento de mi dignoSt. No podré descansar hasta que no descubra algo sobre esas personas linajudas que tienen sus aposentos debajo de los míos..mi compañero. el que me interesa sobre todo. me había acostumbrado a hablar con esa familiaridad especial que la antigua comedia francesa impone entre amo y criado. Llamé de inmediato a mi criado.A mí me contrataron en Bruselas el día mismo de la partida. CAPÍTULO III . El otro. y no la joven dama que lo acompaña. una vez que estemos en París. De su boca no he podido recoger ninguna información. Creo que aquel hombre decía la verdad.Desposorios de Muerte y Amor . Estoy seguro de que se burlaba de mí en secreto. ha pasado muchos años a su servicio y lo sabe todo. donde poco después se hurtó a mi vista en medio de tanto carruaje estacionado. -¿Y dónde estámonsieurPicard? -Ha ido al cuchillero a que le afilen las cuchillas. Pero no creo que le vaya a contar nada. A ése le deberás sonsacar todas las cosas que puedas. es el mayordomo del noble desconocido. toma con ellos un petit soupery ven luego a contarme toda su historia. desde mi ventana vi cómo. por supuesto. ¿Comprendido? Y ahora. Toma quince francos. Pero ahora sé de ellos más o menos lo que usted. Por supuesto. Fue aquélla una cosecha bastante pobre para tan dorada siembra. era un tipo habilidoso y vivarachoy. como habrán observa-do. es el venerable gentilhombre. Me despedí cortésmente y volví a subir las escaleras rumbo a mi habitación. -Nada que valga la pena contar. había nacido en Francia. que no sabe nada y así me lo ha hecho saber.monsieur.monsieur. estaba perfectamente al corriente de los usos y costumbres de sus compatriotas. y lo sabe todo. -St.. en menos que canta un gallo. Aunque lo había traído conmigo de Inglaterra.cierra la puerta y ven aquí. busca a los criados a los que hemos echado hoy una mano. con quien. pero su expresión no delataba nada que no fuera cortesía y complacencia. Tras varias miradas de complicidad. márchate ya.

. con rizos naturales. y me peiné el cabello. La voz masculina era muy curiosa. en la medida en que me lo permitían la memoria y la práctica. espesa y castaño oscura. como ya les he contado. cuando no sabe qué hacer consigo mismo. empapé el pañuelo en eau-de-Cologne (a la sazón carecíamos de la gama de esencias con que los perfumistas nos han colmado desde entonces). La otra voz seguía cerca de la ventana. es muy de lamentar que ese hombre no pueda ha-cer más que una vez al día una comida suculenta de tres platos. la reconocí al instante. el inmortal«Beau». pero hay muchos estados de ánimo en los que uno no puede leer. Mi melena era entonces abundante. Y me esmeré al máximo en mi aseo personal. de las que somos esclavos. Di un par de vueltas por la habitación y suspiré. pues oí dos voces con-versando. y que nunca jamás podría olvidar. luego. bajo mi ventana. pero no tanto como al prin-cipio. Pero no hablemos de cosas que puedan mortificarnos. y ésta parece haberse detenido. A micheveluremorena. y luego se alejó de la ventana.era fruto de mi devoción a los maravillosos ojos que había contemplado unas horas antes por primera vez. quería echar un vistazo antes de bajar. Mi novela yacía abandonada en el sofá junto con mi manta de viaje y mi bastón. ¡Qué gran consuelo! Sin embargo. aunque no pude distinguir qué estaban diciendo. Suspiré al unísono con aquella hora melancólica y abrí la ven-tana de par en par. Dicho llana-mente. sobre un cráneo lustroso y rosa que no guarda prácticamente ningún recuerdo de aquélla. Mientras ultimaba los preparativos. tamborilea en la mesa con los dedos. imprimiéndole. . «completaron mi equipo». era. desapare-ció el último rayo horizontal de sol. Pero. Y la voz que le con-testaba hablaba con un tono dulce que también reconocí al punto. Saqué de su caja mi irreprochable sombrero y lo coloqué suavemente sobre mi sagaz cabeza. y me habría importado un ardite que la heroína y el héroe se hubieran ahogado juntos en la barrica que veía en el patio. de manera que yo casi dejé de oírla. que en aquella época era para mí un motivo de orgullo y que retocaba con frecuencia. esa ligerísima inclinación que la persona inmortal antes mencionada acostumbraba a imprimir al suyo. en los tiempos de los que hablo. Las leyes de la materia. la luz vino a faltarme. cuando el minutero de su reloj viaja tan despacio como la manilla horaria. en una palabra. cuando a un hombre solo lo co-rroen la impaciencia y el suspense. la desagradable voz masculina reía. como leemos en las novelas deWalter Scott. El diálogo duró sólo un minuto. con una especie de sátira demoníaca. la cena era aún una comida sustanciosa. creí. todo aquello estaba hecho con la vaga. nos niegan ese recurso. o por la entrada de laBelleÉtoile. quedando sólo un resplandor cre-puscular. vaguísima esperanza de que aquellos ojos pudieran posarse en el irreprochable atavío de un esclavo melancólico y conservaran la imagen quizá con una secreta aprobación. ati-plada y nasal. Noté que la ventana debajo de la mía estaba también abierta. cuando nuestro hombre bosteza. y ya se acercaba la hora.Me puse un chaleco de piel de búfalo y mi cha-qué azul de botones dorados. me ajusté mi gargantilla blanca. doblada y atada a la manera de Brummel. Por supuesto. ante el espejo. le ha sucedido ahora una docena de cabellos completamentecanos . aplasta su agraciado semblante contra los cristales de la ventana tara-reando tonadillas que le aburren. ¿cómo emplear los tres cuartos de hora que faltaban todavía? Es cierto que llevaba conmigo para el viaje dos o tres libros entrete-nidos.. Toda aquella atención a mi aspecto personal para dar un simple gar-beo por el patio.Cuando el día se alarga demasiado. Un par de ligeros guantes franceses y ese tipo de bastón nudoso parecido a una porra que tan en boga estuvo en Inglaterra durante un par de años.

junto a supuerta. -¡Basta ya. para divertir con nuestra música a los cria-dos y palafreneros. de una mezzosoprano. pero fidedig-na. había una nota de patetismo y un poco también de burla. Puedenestar seguros de que tardé bastante tiempo en recogerlo.madame. ¡Que una hermosa condesa.pude distinguir perfectamente la letra. mozaymozo se escogenyreúnen. supongo. al despuntar el alba o caer la tarde. y haber podido intervenir como enmendador de entuertos y defensor de la belleza ultrajada! Pero. aquellos dos podrían haber sido la pareja más tranquila del mundo. pues en las posadas reinaba el más completo desorden. En aquellos tiempos todo el mundo renunciaba a sus refinamientos habituales. viejo celoso. Dejé caer mi bastón al suelo del pasillo. ¡ay!. pero la fortuna no me sonrió. por una vez. ¿Sería posible que. Ardiente suspiro o gélido aliento enloquece o entumece a élya ella. Había pocas probabilidades de que la bella cantante apareciera en aquel momento. El timbre de suvoz tenía acaso exquisita dulzura característica. Consulté el reloj y vi que sólo quedaba un cuarto de hora para el comienzo de la cena. MuerteyAmor a su presa atrapan acechando en paciente emboscada. -Parecéis buscar disputa. Unos instantes después. decidí bajar al vestíbulo. Y el anciano. al bajar al piso inferior. el cristal es sin duda el más eficaz. creo saber. ¡Qué voz tan encantadora la de aquella condesa! ¡Cómo modulaba. con la paciencia de un ángel. pasé por la puerta del conde lo más despacio que pude.madame!-exclamó la voz vieja con brusca severidad-.No era un altercado. La voz de la dama rió alegremente.Huelga recordarles que la voz cantada suena más que la hablada. me ha oído subir la venta-na. se amplificaba y temblaba! ¡Cómo me emocionó y me trastornó! ¡Qué lástima que un viejo grajo destemplado tuviera poder para amedrentar a semejante Filomena! ¡Qué vida tan contradictoria!. ni siquiera el murmullo de su conversación. y a quién has sospechado que va dirigida. evidentemente no había nada excitante en aquel coloquio. fuera una esclava! Seguro que sabe quién ocupa el aposento que está encima del suyo. Como no podía pasar toda la noche en aquel pasillo recogiendo mi bastón. en la entonación. Salí de mi habitación embargado por una agradable emoción y. el conde y la condesa ocuparan sendos asientos en la mesa común? . de la letra: Muerte y Amor se desposaron y ahora acechan en paciente emboscada. así. la belleza de una Venus y el talento de todas las Musas. Fácil adivinar a quién va dirigida su música. si un juez hubiera tenido que pronunciarse por el carácter de los tonos que oía. No estamos aquí. pero con tal violencia que bien podría haberse roto algún cristal. supuse. Así. la dama empezó a cantar una extrañachanson. podía ser que algunas personas hicieran en tales circunstancias lo que nunca habían hecho antes. filosofé. Entre los aislantes menos espesos. Me he atrevido a hacer una traducción torpe. ¡Qué no habría dado yo para que hubiera sido una tri-fulca -y cuanto más violenta mejor-. cerró la ventana. Ya no oí nada más. creí detectar.

para satisfacer el deseo de su soberano y de nuestro gobierno. quien le explicará la índole de los servicios que quizá esté en su mano hacerle a él y a nosotros. bajé premiosamente los escalones de laBelleÉtoile. Tenía un aspecto amable y donoso. Luego habló del marqués como de un hombre cuya enorme riqueza. Yo recibí la nota con una reverencia. Llevaba un rato de pie sobre los escalones. e inmediata-mente se presentó como el marqués de Harmonville (esta información me la facilitó en voz baja) y pidió permiso para ofrecerme una carta delordR***. y una agradable luz de luna iluminaba el paisaje. Me preguntó si no sería yo por casualidad un talMr. mirando. en cam-bio. si resultaba ser la esposa del conde! Con este talante autoindulgente fui abordado por un caballero alto y de buena planta.Ya se había hecho de noche. tan afablemen-te había emprendido. quien conocía algo a mi padre y en otro tiempo me había hecho a mí también algún pequeño favor. como he dicho. y de sus modales se desprendía un aire de distinción tal que resultaba imposible no suponer que se trataba de una persona de abolengo. Mi romance se había intensificado desde mi llegada a la posada. y leí: Miquerido Beckett: Me permito presentarle a mi queridísimo amigo el marqués de Harmonville. íntimas relaciones con las viejas familias y legítimo influjo en la corte lo hacían la persona más adecuada para esas misiones amistosas que. Mi perplejidad no pudo ser mayor al leer acto seguido: . Me abordó. con esa cortesía a la vez natural y altiva que caracteriza a un noble francés de la vieja escuela.CAPÍTULO IV -MonsieurDroqville Abrigando aquella emocionante esperanza. Yo asentí. ¡Qué dulce melodrama si ella resultaba ser la hija del conde y estaba enamorada de mí! ¡Qué deliciosa tragedia. Puedo asegurar que aquel par de Inglaterra pisaba muy fuerte en el mundillo político y que su nombre sonaba como el más probable suce-sor para el distinguido puesto de ministro plenipotenciario inglés en París. que parecía rondar los cincuenta. y aquella luz poética no hacía sino poten-ciar mis sentimientos.Beckett. los efectos lunares que transformaban los objetos y los edificios de aquella callejuela. como yo.

para mí. a nadie que respondiera al nombre de Walton. Yo no podía presumir de ser amigo delordR***. el mar-qués -de acuerdo con todos nuestros amigos. Walton estuvo aquí ayer. y no puedo decir nada más. Sabe que me resulta muy complicado intervenir. .P» Miré atónito al marqués. Me temo que sea algo grave. se decía lo siguiente: « ParaGeorgeStanhope Beckett. éste sonrió amablemente y me tendió la mano.MonsieurBeckett me permitirá. será un secreto tan inviolado como lo era antes de abrirla. no cabe duda. por razones que entende-rá después. espero. -No tengo la menor duda de quemonsieurBeckett va a respetar mi pequeño secreto. Lamento en lo más profundo que haya podido producirse semejante error. a muchos amigos. incluir su nombre en la lista de mis amigos.. Normandía.prosiguió-. Yo le agradecí sinceramente aquellas muestras de amabilidad. pues yo era simplementeRichardBeckett. de que algo se está tramando en Domwell.no sabe lo contento que me sentiría si logra-ra convencerle para que vaya a visitarme a Claironville. Suyo afectísimo. dice. ¿Qué puedo decir. el 15 de agosto. R*** Estaba completamente desconcertado. que ahora devuelvo. En estos momentos me dirijo a la ciudad. Como estaba de Dios que se iba a producir un error. Para mi gran consternación. Debería haberle dicho antes que. alordR***. cuando haya hablado con él cinco minutos. Yo me llamoRichardBeckett.Stanhope Beckett..ha renunciado a su título durante unas semanas y que se hace llamar simplementemonsieurDroqville. M. No conocía a nadie llamado Haxton ni. y aquel aristócrata escribía como si fuéramos amigos íntimos. tengo motivos para agradecer a mi buena estrella que se haya producido ante un caballero de honor. Miré el reverso de la carta y quedó resuelto el misterio. aunque muy poco. a los que quizále interesará conocer. esta carta. donde espero ver. diputado por Shillingworth. o hacer.Por cierto. -¿Qué disculpas puedo presentar amonsieurel mar. mientras que esa carta va dirigida aMr.. en esta lamentable circunstancia? Solamente puedo darle mi palabra de caballe-ro de que. pero esa carta no va destinada a mí. Esq. y me dijo que era proba-ble que su escaño se encontrara seriamente amenazado. a excep-ción de mi sombrerero.. amonsieurDroqville? Es cierto que yo me llamo Beckett. y que conozco. Puedo decir que la sinceridad de mi pesar y mi buena fe debían de leerse en mi semblante con total claridad. pues la mirada de penosa tur-bación que durante un buen rato se había asomado al rostro del mar-qués se iluminó ahora.. Monsieur.. Pero me permito aconsejarle que envíe enseguida a Haxton a que averigüe qué es lo que está ocurriendo. ni aun con la mayor cau-tela.

Así. Me sentía halagadísimo. monsieur Droqville se va a ocupar igualmente de usted. -Y. sepa que nuestra comunicación no se interrumpirá aquí. Tal vez en aquellos momentos se encontraba cenando la servidumbre. Yo permanecí un rato en medio de la escalinata ponderando la nueva amistad que acababa de hacer. A los pocos minutos me hallaba de nuevo en el patio de la posada. comprobará que. donde ahora reinaba la calma.. Este tipo de simpatías a primera vista suele cristalizar en amistades de larga duración. Una pronunciada cicatriz le bajaba de la frente a la nariz. como se suele decir. Pertenecía a un oficial francés. Y roja. qué bien! La cigüeña es un ave de presa. en un estado de ensoñación y de reflexión. Continuó: -Por el momento no puede ver a mis amigos. la estremece-dora voz y la exquisita figura de la bella dama que se había apoderado de mi imaginación volvieron a imponerse rápidamente sobre cualquier otra consideración. Las cortinas del vehículo estaban echadas. lo que hacía más siniestro aún aquel rostro repelente. por los motivos que us-ted supone perfectamente. con una risita burlona. le había caído bien al marqués. Era ancho. salvo algunos carruajes desperdigados.. le facilité la información que deseaba saber.. enarcó las cejas y. en mi casa de París. Estaba claro que. ¡Como la sangre! Ja.Por supuesto. Permanecí un rato ante él. dirigí mis pasos hacia el coche de mi amada. feo y torvo. rapaz y pesca gobios. los tiros y los muelles. Con renovadas muestras de gratitud. Tal vez el marqués juzgaba prudente asegurarse de la buena disposición del involuntario conocedor de un secreto político. Tras despedirse con su especial galanura. Un símbo-lo muy apropiado. ja. mi atención volvió a centrarse en la romántica luna mientras bajaba los escalones. Avancé por mitad de la calle entre extraños objetos y entre casas antiguas y pintorescas. Preguntándome cuántas veces se habrían posado los ojos de ella en el mismo objeto. Me había vuelto y estaba mirando el rostro más pálido que jamás había visto. El lugar ruidoso de una o dos horas antes estaba ahora completamente en silencio y vacío. es vigi-lante. vesti-do con el uniforme de faena. aunque el marqués de Harmonville se encuen-tre ausente. si se le ocurre alguna manera en la que pueda serle útil monsieur Droqville. lo circunvalé. cerradas con llave. Me sentía especialmente a gusto en medio de aquella sole-dad y. le agradecí efusivamente su hospitalario ofrecimiento. La claridad de la luna prestaba nitidez a cada objeto y proyec-taba sobre el empedrado la sombra afilada y negra de las ruedas.. Me estaba comportando de la manera necia y sentimental como se comporta un adolescente con ocasión de su primer amor. desapareció por la puerta que daba acceso a laBelleÉtoile. supuse. Me planté ahora delante del blasón pintado de la porte-zuela que examinara antes con luz solar. y que yo dispondré las cosas de manera que pueda usted dar conmigo fácilmente. Pero los maravillosos ojos. Peromonsieurtendrá se-guramente la amabilidad de hacerme saber en qué hotel piensa albergarse en París. por vago que éste fuera. agregó: . entre tanto -prosiguió-. sin que nadie me estorbara. y las portezuelas. bañado también por la luz de la luna. Detrás de mí se oyó una voz sorda: -¡Una cigüeña roja. El oficial alzó la barbilla. me sumí en un sueño encantador. de uno noventa de estatura aproximada-mente.

Mire. Sin embargo. y.Cena en la BelleÉtoile El ejército francés estaba en aquella época de un humor pésimo. compuesta de unos treinta individuos.-En cierta ocasión abatí por mera diversión a una cigüeña que se creía a salvo en las nubes. decide descubrir un secreto. Tras confirmarle que así era. Si no tiene a ningún amigo experimentado que lo acompañe durante su visita. ¿verdad? -dijo. escudriñando con la vista a aquella pequeña asamblea. con una sonrisa significativa. en busca de las perso-nas que tenían un interés especial para mí. ¡Ja. un hombre de una extraordinaria presencia de ánimo que ha dado la vuelta a Europa debajo de una tienda y. No era fácil conseguir que un personal tan atareado como el de laBelleÉtoilesirviera la cena en los aposentos privados en medio de la gran confusión reinante a la sazón. pero París es tal vez la capital más peligrosa que pueda visitar un caballero joven y generoso sin la compañía de un mentor. CAPÍTULO V . -Se encogió de hombros y esbozó una risita perversa-. Estaba picado por algún antiguo recuerdo y se había marchado encendido en cólera. pues creo recordar que casi tocó el mío. el efecto se intensificó con la extrema fealdad de aquel rostro y. -Hizo una pausa. muchas personas a las que no les gustaba la mesa común podían acabar haciendo de la necesi-dad virtud si no querían morirse de hambre.monsieur. era obvio que el caballero cadavérico que acababa de apostrofar el blasón del carruaje del conde con tan mis-teriosa acrimonia no había dirigido su malevolencia contra mí. por tanto. ni tampoco su bella compañera. sacar a la luz un delito. vino a alimentar la fecunda imaginación de un amante. En cualquier caso. una silla vacía que había a su lado. descubrimos que nuestras payasadas han sido observadas de cerca por alguien. La enigmática arenga de aquella persona. . Yo le obedecí. En este caso. llena de odio y retintín.. un hombre de energía. pero el marqués de Harmonville. puedo añadir también... parbleu! . empezó a conversar conmigo casi de inmediato. ¿comprende?. a quien no había esperado ver en un lugar tan público.. El conde no se hallaba entre los comensales. Entré en el comedor. creyéndonos perfectamente solos.cuando un hombre como yo. Y eran precisamente los ingleses los que menos probabilidades tenían de ganarse su simpatía. atrapar al ladrón. y él. me señaló. que pareció com-placido. Yo acababa de recibir uno de esos sustos repentinos que tanto nos sobresaltan cuando. ja. aún resonaba en mis oídos. a veces sin nada que lo cobijara. monsieur! Se dio bruscamente la media vuelta y salió del patio con paso marcial. Era la hora de la cena. es difícil que no lo consiga. Tal vez el chismorreo de los comensales arroja-ba nueva luz sobre el tema que tanto me interesaba. prosiguió: -No debe conceptuarme como una persona demasiado curiosa e impertinente. ja!Adieu. ensartar a un bandido en la punta de su espada. por su proximidad. -Es ésta la primera vez que visita Francia.

-Pero yo he oído hablar de un joven inglés. y viven en casas preciosas en los barrios más ele-gantes. descorazonado. sirviéndose de compin-ches. la naturaleza humana era fundamentalmente la misma en todas las partes del mundo. sin ir más lejos. y vive mucho mejor. -Sí. No cabe duda de que cada nación tiene sus particularidades intelectuales y morales. Sin embargo. y merced a su mayor conocimiento de los juegos de azar desvalijan a los incautos haciendo trampas. . traté de llevar a término la misma arries-gada empresa. hijo delordRooksbury que reventó dos mesas de juego parisienses el año pasado. e imaginaba que los tramposos que tenía enfrente no sabían nada al respecto. y que venía bien provisto para ello. que varían según el tipo de impostura.que usted ha venido aquí a hacer lo mismo. -Veo -dijo riendo. luego descubrí que no sólo estaban al corriente del truco. Le confesé que me había preparado para una empresa de mayor envergadura aún. Algunos de estos individuos imponen respeto incluso a los burgueses parisienses. están aquí muy extendidas. esperaba hacer saltar la banca gracias al simple procedimiento de doblar siempre la apuesta. y es así como timan y roban a forasteros acaudalados. pero que me manten-dría vigilante. por jóvenes necios delbeaumondefrancés. y con unafinessereal-mente exquisita. descubrirá que hay grandes diferencias -dijo-. comportamiento y conver-sación no tienen igual. la clase que vive de la Pillería es tres o cuatro veces mayor que en Londres. Había oído hablar de ello. reuní una suma del orden de quinientos mil francos. cuando tenía su edad. antes incluso de empezar la partida. pero de manera muy distinta. de las que sus compatriotas andan poco sobrados. sobornos y otros artificios. Hay gente cuyos modales. Venía con una bolsa de treinta mil libras esterlinas. y así me vi frenado en mis planes. Pero aquí se hace de una manera más elaborada. en cierto modo también. entre las clases criminales. Esos granujas saben adoptar los modales de las clases distinguidas y se mueven entre el lujo como pez en el agua. -Por supuesto que sí. -¿Y esa regla sigue aún en vigor? -pregunté yo. Mi interlocutor se encogió de hombros con una sonrisa en los labios. Estos valiosísimos atributos los sitúan a un nivel completamente diferente. -A pesar de todo. Veo que usted tramó el mismo plan. Son habitués de ciertos lugares de juego. que los creen sinceramente personas distinguidas porque sus costumbres son dispendiosas y lujosas y sus casas son frecuentadas por extranjeros de campanillas y. billares y otros antros. imagi-naba. se limita a facilitar a sus cómplices la manera de desplumar a sus invitados. -Igual que la mayoría de los granujas londinenses. que había visto mucho mundo en Inglaterra y que. Yo también. La mayoría vive del juego. Son más ingeniosos que los granujas londinenses.Yo le hice saber que no tenía semejante amigo. entre los que destacan las carreras. En todas estas casas se juega fuerte. donde se apuesta muy alto. Para empezar. En París. Y las dotes de comediante. generan un estilo de villanía no menos peculiar. La supuesta pareja anfitriona raras veces se une al juego. Algunos de sus miembros hasta vive espléndidamente. La gente que vive de un arte siempre lo entiende mejor que cualquier aficionado. mi joven amigo. por una regla que impedía doblar la apuesta original más de cuatro veces consecutivas. El marqués sacudió la cabeza mientras esbozaba una sonrisa. con mueblesdel gusto más refinado y exquisitamente lujosos . son más activos e imaginativos. particularidades que. sino que ade-más habían tomado las debidas precauciones contra el mismo.

es terriblemente celoso. y aparte también del valor. huesos y músculos. además del respeto que siento hacia él. Un inglés rico como usted. donde he podido comprobar que es el mismo hom-bre valiente. y que. aunque creo que sin ningún moti-vo. El caballero de que hablo no es otro que el conde deSt. -Pues. Es el honor personificado. si exceptuamos una cosa. -Creo que la he oído cantar esta tarde. la próxima vez que vea usted a mi amigolordR***. Da la casualidad de que dicho caballero se encuentra ahora en esta casa.Alyre. No arriesgue ni un solo napoleón en una casa de juego. así que le ruego perdone mis preguntas y mis consejos tal vez demasiado indiscretos. tendones. habría considerado casi un deber el presentárselo. pues me sentiría muy mal si.prosiguió: -¡Nadie! ¡No es sangre. -Sí. Hace quince años habría sido el tutor ideal para usted. no debo per-derle a usted de vista. prosiguió-: En fin. -Pues que está casado con una criatura encantadora. aparte de estos atributos que me han sido dados. ya pueden . merced a esta excepcional capacidad de cicatrización que poseo. Está entroncado con una familia de recio abolengo. y. Al volverme reconocí al oficial cuyo rostro ancho y pálido casi me había asustado en el patio de la posada. Para mi siguiente aventura conseguí introducirme en una de esas elegantes casas de juego que pasan por ser mansiones privadas de personas de distinción y me salvó de la ruina un caballero a quien desde entonces he tratado cada vez con mayor respeto y amistad. por todos los ángeles de la muerte que pelearía desnudo contra un león y le arranca-ría los dientes de un puñetazo y lo azotaría con su propia cola hasta darle muerte.-Cualquier conocido de mi queridísimo amigolordR*** me intere-sa. me da la impresión de que es una persona con muchas cualida-des. En aquel momento recibí una especie de codazo de mi vecino de la derecha. -Por el honor de un soldado. Le di mis más sinceras gracias por su valiosísimo consejo y le rogué tuviera la amabilidad de darme cuantos consejos se le ocurrieran. joven.. con una suma tan grande depositada en bancos de París. -Tras unos minutos de silencio. -¿Qué cosa? -vacilé. tras beber un trago deMâcon.. El tono con el que dijo esto fue seco y estentóreo. estoy encantado con usted. Digo que. He reconocido a su criado y he ido a visi-tarle a sus aposentos. alegre y generoso. -¿Y la dama? -La condesa creo que es digna en todos los sentidos de un hombre tan bueno -contestó con un tono algo seco. a la que lleva al menos cuarenta y cinco años. se limpió la boca con furor y. cortés y honorable que siempre he conocido. hay mil vam-piros y arpías que se pelearán por tener el privilegio de devorarlo. Un golpe accidental mientras se daba la vuelta en su asiento. si quiere un buen consejo -dijo-. Si no viviera ac-tualmente tan al margen de la vida social. sino licor! ¡Milagro! Aparte de la estatura. que no hay bicho viviente en esta sala que sane más deprisa que yo. tuviera que decirle que lo han desplumado en París. y el hombre más sensato de este mundo. y sin tener en cuenta que yo valgo por seis hombres en el campo de batalla. deje el dinero en el banco en que esté. y casi me hizo sal-tar en mi asiento. La noche que decidí saltar la banca perdí entre siete mil y ocho mil libras.. Ahora estaba profundamente interesado.

Miren mi mano. hasta el hueso. La sangre me brotaba como por una chimenea. Pero no importa. -¿Y están aquí.. caballeros. en laBelleÉtoile? .preguntó.dijoluego el oficial.Alyre. metralla en la pantorrilla. suturado con tres puntos. De forma aparentemente accidental. caballeros. apartando ligeramente la silla de la mesa. No habría sabi-do . El marqués había cerrado los ojos y me pareció resignado y asqueado todo el tiempo que duró la escena. y estaba más fresco que una lechuga. Pero enseguida volvió a sentarse. donde hicimos de los prusianos cien mil billones de átomos. en Ligny. si me vieran desnudo. Un minuto después debería haber expirado si no me hubiera arrancado el fajín en un santiamén. lo hubie-ra atado a mi pierna por encima de la herida y hecho un par de nudos. El excéntrico oficial. -Bravo. cuya mirada se había vuelto de repente torva y grave. El otro día. -Dicho lo cual.bravissimo!Per Bacco.. ja! Y todo eso en un periquete. eh! ¡Ja. tragó en cinco minutos más humo del que se necesitaría para que se asfixiaran aquí todos ustedes. Ocho días y medio después estaba yo haciendo una marcha forzada. La sangre está bien derramada. monsieur.. una lanzada en mi hombro izquierdo. -Garçon!. prisionero en Madrid. se alojan en el primer piso-contesté. caballeros.dijo-. parecía haber delegado en otros comensales la tarea de dirigir la con-versación general. ¡En Arcole. ¡No está mal. se reirían con ganas. contra los muros del convento de Santa María de la Castidad. despedazarme con balas de cañón. se fijó ahora en mí. y pude oírle perjurar y mascullar insultos para sus adentros con ceño fruncido y huraño. un trozo de obús me atravesó la pierna y me abrió una arteria. y era otra vez la vida y alma de mi com-pañía.caballe-ros. con armas ytenantesblasonados en la portezuela y una cigüeña más roja que mis hazañas? El camarero no lo sabía. volviéndose en su silla para llamar al camarero. que la naturaleza me devolverá mi integridad en menos tiempo que uno de vuestros sastres remienda una vieja casaca. atravesarme. había perdido demasiada sangre y desde entonces estoy más pálido que el culo de un plato. y en medio minuto había perdido la suficiente como para llenar un jarro. cortando así la hemorragiay salvando mi vida. un bayonetazo en el cartílago de las costillas del lado derecho. -Sí. se concentró en su botella de vinordinaire. Perosacrébleu. Todo eso son simples menu-dencias. Por primera vez hablaba en voz baja-. ¿Quién ha venido en ese carruaje amarillo oscuro y negro estacionado en mitad del patio. por el mismísimo Lucifer! ¡Aquello sí que fue una batalla! Cada uno de los que allí había. un tajo con un sable en toda la palma. con un pie descalzo. un sablazo que me arrancó una libra de carne del pecho. y el trozo mayor de una espoleta en la frente. un fragmento de metralla en mi deltoides izquierdo.destrozarme.¡Sus hazañas serán celebradas en toda Europa! ¡La historia de estas guerras debería escribir-se con su sangre! -¡Bah! ¡No tiene importancia! -exclamó el soldado-. ecco un galant'uomo!-exclamó con marcial éxtasis un italiano bajito y regordete que fabricaba mondadien-tes y cunas de mimbre en la isla deNôtreDame. Parbleu!. que recibí cuando intenté salvar mi cabeza. Hizo ademán de levantarse. y cinco días después estaba jugando a la pelota con un general inglés.. En aquella misma ocasión recibí dos balas de mos-quete en los muslos. -Perdone. pero ¿no le he visto por casualidad hace un rato examinar junto a mí el escudo de armas de ese vehículo? ¿Me puede decir quién llegó en él? -Yo diría que el conde y la condesa deSt.

-Haga el favor de poner la botella sobre esa mesa. se siente a gusto consigo mismo. pues la noche se había vuelto fría. Tuve un sueño mientras echaba aquella cabezada junto a la lumbre.Hace un año se alojó aquí durante una semana aproximadamente. ¿Puedo quedarme aquí una media hora? -Naturalmente. Dos o tres tarugos de leña ardían en el fuego. Debo señalar que mi cabeza estaba inclinada en una postura incómoda. Me sentía muy a gusto. en un gran sillón de roble esculpido que tenía un respaldo maravillosamente alto y que pare-cía más viejo que Matusalén. Otras personas se habían retirado igualmente. el vino era excelente. Fui a sentarme junto a la chimenea. ha cambiado de clima cada media hora. y un vaso al lado. y mi pensamiento res-plandeciente y sereno. y la partida de los comensales no tardó en dispersarse.monsieur.¿Podría decirme quién es ese oficial? -Es el coronelGaillarde.más de una vez lo han confundido con un aparecido. -Garçon. -¿Viene a menudo por aquí? -Sólo ha venido una vez antes. -Es el hombre más pálido que he visto en mi vida. no tiene ningu-na preocupación y está sentado solo junto al fuego en un confortable sillón tras haber cenado en abundancia se le puede perdonar perfecta-mente si echa una cabezadita. Había llenado mi cuarto vaso cuando caí dormido. -¿Me puede servir una botella de borgoña. -Eso es bien cierto.monsieur. « ¡Ah.Un sable desenvainado A un hombre que ha viajado todo el día en la posta.dije-. todo el mundo sabe que la cocina francesa no es el mejor aperitivo para un sueño apacible. .decir si estaba alarmado o furioso. mi bella condesa! ¿No nos vamos a conocer nunca?» CAPÍTULO VI . además.monsieur.monsieur. Me volví para decir un par de cosas al marqués. que sea bueno de verdad? -Puedo traerle el mejor borgoña de Francia. pero éste se había marchado.monsieur.

por mucho trabajo que me cueste seguiré el hilo tramo a tramo. sobre el que.Alyre. el coronel de semblante pálido marcado por una cicatriz.contestó secamente el coronel. por arriba y por abajo. Me embargaba una horrible sensación de expectación. -Así lo creo. Las dos personas que se acercaban salieron entonces de la oscuridad. envuelto también con tela negra. Lo poco que veía tenía ese carácter sobrio del estilo gótico y ayudaba a mi imaginación a dar forma y amueblar el vacío negro que me abisma-ba.Alyre. Rompiendo el hechizo con un esfuerzo descomunal. Ingenioso. poco a poco. hasta que todo el hilo quede bien liado en mi pulgar y logre dar con la otra punta. Una. ¡Por favor. de un lado a otro. yacía el que me pareció ser el cadáver de la condesa deSt. -Eso depende de a qué ella se refiera. -¿Qué quiere decir el señor coronel? -pregunté. me puse de pie y proferí un grito ahogado. . jovencito. en el que se dibujaba una sonrisita de triunfo infernal. -¿Dónde está ella? -exclamé con un estremecimiento. -Bueno. así es-contesté. -Usted es el joven caballero que está hospedado encima del conde y la condesa deSt. Sueños peores -repitió. Estaba perfectamente despierto. monsieur. el conde deSt. Durante unos instantes no sabía ni quién era yo. temeroso de que se me hubiera escapado alguna palabra ofensiva por el papel que él había desem-peñado en mi sueño-. El coronel. sobre la que posó sus manos largas y delgadas. de la que emanaba un agradable aroma de coñac. -¡Cielo santo!-exclamécon la respiración entrecortada y mirando a mi alrededor. que me estaba mirando con sarcasmo. y creo que lo conseguiré. procure no tener sueños peores que los que ha tenido esta noche -dijo con tono enigmático mientras meneaba la cabe-za con una risita entre dientes-. de esta y esa manera. con su correspondiente secreto. Otra. Cuando tenga sujeta una punta del hilo entre el índice y el pulgar. Oí un sonido parecido al paso lento de dos personas avanzando por la enlosada nave lateral. -Me quedé dormido y he estado soñando -dije.yahora estaba bebiendo su copa. sin otra luz que la que prove-nía de los cuatro cirios colocados en las esquinas de una especie de estra-do cubierto por un paño negro. sálveme!» Noté que no podía ni hablar ni moverme. hacía frío. El lugar parecía vacío. pálido como la muerte. y mi vista sólo alcanzaba (al tenue res-plandor de los cirios) hasta un pequeño radio. Un eco apagado daba idea de la vastedad del lugar. se había tomado una demi-tasse de café noir. ¿no es cierto? -dijo entornando un ojo con aire pensativo y mirándome fijamente con el otro ojo. sí. se deslizó hacia la cabeza de la figura. -Estoy tratando de descubrirlo por mí mismo -dijo-.Mee ncontraba en una catedral inmensa. desde el otro lado de la lumbre. me dijo con una voz susurrante que me dejó helado: «Vienen a enterrarme viva. y me llevé un susto de espanto cuando el cuerpo que yacía sobre el catafalco (sin moverse). pero el rostro ancho e inicuo del coronelGaillardeme estaba mirando.Alyre. colocó las manos bajo los pies de la joven y entre los dos empezaron a levantarla. Estaba paralizado por el miedo.

ha recibido algunas heridas peligrosas en la cabeza. ¡Cielo santo. por supuesto. Debería haberme dicho que le pidiera un borgoña. Le buscaron un empleo. calándome el sombrero. estaban cerradas.. cuando volvía dando un pequeño ro-deo.Estas pequeñas pobla-ciones de provincia.. No les aburriré con efectos de luz de luna ni con las ensoñaciones de un hombre que se ha enamora-do instantáneamente de un hermoso rostro.. pero en su famosa campaña. Pero no puedo decir cuándo se producirá ese aconteci-miento. Supongo que sigue usted mañana su viaje a París. y sólo la amistad me ha empujado a tomar parte en ella. -He pedido caballos. y no le habrían traído esta pócima. que me reconoció a su vez casi inmediatamen-te.. Solía dar un tostón espantoso al personal del Departamento de la Guerra. Como veo. o permanecía sentada en su sillón pensando en.¿no? ¡Más astuto que cinco zorros juntos! ¡Más despierto que una comadreja! Parbleu! Si no me hubiera importado rebajarme. Dio unos pasos en mi dirección y dijo encogiéndose de hombros y riendo: -Le sorprenderá encontrar amonsieurDroqville mirando esa vieja figura de piedra a la luz de la luna. Estatua que estaba mirando también un hombre delgado y bastante alto. Yo soy un simple aficiona-do. de esos que tanto se valoraban entonces. Por desgracia. lo alzó con una reverencia y lo bebió despacio. Tiene la cabeza constantemente llena de pájaros. Cualquiera de las dos cosas mesacarían de aquí. habría hecho fortuna como espía. Sólo sería capaz de renegar de una buena amistad hecha en mis años jóvenes si para cultivarla me obligaran a vivir en semejantes luga-res. -Más que bueno -dije-. -¡Ah.. salí sin otra compañía que mi recio bastón. bah! ¡No es de lo mejor. Pero algo hay que hacer para matar el tiempo. lo puso al mando de un regimiento. Acepté aquella grave privación con la mayor resignación que pude y decidí darme una vueltecita por la población. Me libré de aquel hombre tan pronto como me lo permitió la buena educación y. lo llenó. Diré simplemente que mi paseo duró una media hora y que. quienquiera que fuese. a quien reconocí al instante: no era otro que el marqués de Harmonville. una estatua de piedra desgastada por varios siglos de lluvia. leía. me encontré en una placita bordeada de casas con gabletes y en cuyo centro se erguía. Siempre fue un combatiente temerario. sin ningún cargo de responsabilidad. Es una obra en la que todos los papeles están ya repartidos. -¡Ah. pero volviéndolo a llenar-. -Yo espero una carta. que yo aproveché para preguntarle si sabía algo del coronelGaillarde. que no podía prescindir de nadie.monsieur. o una llegada. sobre un pedestal.Pero le doy mil gracias.. ¿Es bueno el vino de aquí? -dijo con una mirada inquisitiva hacia mi botella.. cómo no! Está un poco loco. ¿Quiere un vaso el señor coronel? Tomó el mayor que encontró. Napoleón. Siguió hablando un rato mientras volvíamos despacio hacia laBelleÉtoile. ni mucho menos! -exclamó con cierto desprecio. y ni siquiera tuve el pequeño consuelo de contemplar la misma luz que estaba contemplando en aquel momento la hermosa dama mientras escribía.luego se produjo una pausa. -Me temo que no. también usted padeceennui. qué fuerte hay que ser para vivir en ellas!. Visité el patio y miré hacia las ventanas de la condesa. ..sí. -¿Puedo ayudarle de alguna manera para acelerar su partida? -me ofrecí.

-No sabe uno a qué atenerse -mascullé entre dientes mientras me alejaba. Resultaba evidente que se había visto interceptado cuando se dis-ponía a subir a su coche. iluminado por la luna. me dio las buenas noches de manera misteriosa y desapareció. contemplabanla escena impotentes . le hice señas de que se detuviera.Hay. -Sí. si no recuerdo mal. -¿Nunca ha sospechado nadie que esté loco? -Nunca. me agarró del brazo. pero un hombre muy astuto también. alojarse en una posada honrada y cobijarse bajo el mismo techo que otros hombres honrados. El dueño de laBelleÉtoileestaba tratando de calmar al coronel. le rechinaban los dientes y acom-pañaba sus denuncias estentóreas con zapatazos contra el suelo y moli-netes con su sable.monsieur. presenciar una algarada. si alguno de los dos trata de salir por esa puerta. en esta ciudad. intuitivamente. A casi todos los jóvenes les gusta. Pero. y sus delicados dedos sostenían una rosa blanca.En la puerta. . en efecto. y en el vestíbulo estaba teniendo lugar un furioso altercado. -Desde luego. le rebanaré la cabeza. No podía creer que tuvieran la audacia de viajar por la ruta nacional. de lobos. que el coronelGaillardeparó en laBelleÉtoiledurante una semana hace cierto tiempo. El coronel no dejaba de berrear manteniendo la espada en alto. ¡Qué oportunidad tan buena se me brindaba! Me acerqué a la dama. tenía los ojos desencajados. -No creía a mis ojos cuando reconocí el ave de presa roja. la cual. Los berridos del coronel Gaillardese imponían a cualquier otro sonido. el coronel. Mientras proseguía premiosamente hacia mi posada. Ya se veían las luces de laBelleÉtoile.monsieur. pálidos de terror. y con su bufanda de seda negra cubriéndole la parte inferior del ros-tro. Iba pensando en el coronelGaillardey. cuando menos. de demonios! ¡Llamad a los gendarmes. también con atavío de viaje. deprisa! Por san Pedro y Lucifer que. Dos camareros. vestido con su traje de viaje. sentí que ésta me iba a interesar a mí de manera especial. Hice corriendo los cincuenta metros que me sepa-raban de allí y me encontré en el vestíbulo de la vieja posada. con elgarçonque me había servido el borgoña una hora antes. -Me ha dicho antes. El actor principal de aquel extraño drama era. Se le notaban en la frente sus venas nudosas. que estaba plantado ante el viejo conde deSt. Imposible concebir una efigie más diabólica del odio y la furia que la personificada por el coronel. llevaba el rostro cubierto por su espeso velo negro. otra posada llamadaL'ÉcudeFrance. o había. Permanecí unos segundos estupefacto.El marqués se detuvo en su puerta. Un poco por detrás del conde estaba la con-desa.monsieur. había un coche tirado por cuatro caballos. -¿Está en su sano juicio? El camarero puso ojos de plato. cuando el pequeño camarero pasó a mi lado.Es un poco alborotador. en la sombra de una hilera de álamos.Alyre. me tropecé. ¡Pareja de vampiros. con aire desencajado.

tras una pausa de indecisión. ni si estaba vivo o muerto. rufián. Todo sin mediar una sola palabra. Sus labios casi tocaron mi mejilla al decirme apresuradamente: -Puede ser que no vuelva a verle. ¿Qué podemos hacer? No quiere dejarnos pasar. abandonada así a su suerte.susurró en medio de su agitación-. como mi conciencia me insinuó después. tímida pero nerviosa.. El viejo conde deSt. que estaban algo achispados y no habían asistido a la dramática escena. Estaba a punto de preguntarle si tenía alguna orden con la que hon-rarme (mi mano reposaba sobre el borde inferior de la ventanilla. grité: -¡Sujete su lengua y despeje el camino. interponiéndome entre el conde y Gaillarde. los caballos empezaron a moverse y el coche se fue alejan-do con su preciosa carga por la pintoresca calle principal. CAPÍTULO VII . Entró en él. -No tema nada. Ella la retiró. Los látigos de los postillones chasquearon.Mientras él levan-taba su espada. en dirección de la puerta.que no dejaba de lanzar invectivas. y.-¡Oh. La mano de la dama se posó sobre la mía. Rompí su espada bajo mis pies y lancé los trozos a la calle.madame-contestécon romántica devoción. silbaba en el aire para abatirme. Adiós. tambaleándo-se. supli-caba y maldecía a sus criados. Váyase. que dio con sus huesos en el suelo. sin mirar a derecha ni izquierda ni dar las gracias a nadie. le ofrecí mi brazo. ¡Por el amor de Dios. bajó los escalones y desapareció en el interior de su coche. En un santiamén corrí al lado de mi bella condesa. le asesté otro golpe. y ¡ay!. sin importarle otra cosa que no fuera mi condigno casti-go. mientras la espada del frenético soldado. pero colocó en la mía la rosa que había estado entre sus dedos durante la agitada escena que acabábamos de vivir. Va a matar a mi marido. que ella aceptó. y plenamente decidido a partirme la crisma en dos. váyase! Yo apreté su mano durante unos segundos. cobarde! La dama dejó escapar un grito leve. monsieur!. rumbo a París. tal era el vendaval de deliciosas y diabólicas emociones que sen-tía dentro de mí. que pueda olvidarlo. a consecuencia de mi ingeniosa idea.. Todo aquello se produjo mientras el conde impartía órdenes. y yo le cerré la portezue-la.Alyre salió disparado. que recompensó con creces el riesgo que yo corría. casi en el mismo lugar. No me importó ninguno de sus galones militares. matón. e. yo lo golpeé en la cabeza con mi macizo bastón. que estaba abierta). Éstos ocuparon ahora sus puestos con la agilidad que produce la desazón. . donde quedó aparentemente muerto. mientras él retrocedía. y la conduje hasta el coche. en medio del claro de luna.La rosa blanca Yo era demasiado rápido para el coronelGaillarde. Este horrible loco.

Al principio creyó que el cráneo del arrojado coronel se había fracturado. El lector supone sin duda que yo tenía otros motivos. ni por ruegos ni por dinero. Yo sentí esto de manera instintiva.para un caballero que había almor-zado y cenado en laBelleÉtoileyque tenía que continuar hacia París aquella misma noche. si yo no hubiera dado aquel certero bastonazo.Yo permanecí inmóvil sobre el pavimento hasta que se perdió del todo en lontananza. mientras se llevaba apresuradamente las monedas a los bolsillos. Yo empecé a sentir cierta inquietud. mi favor secreto. mientras su talante distante se troca-ba en amigable. además del deseo de escapar de las fastidiosas pesquisas judiciales. apuntalándo-lo a cada lado con baúles y almohadas. en la proporción de dos vasos a uno. de cabeza calva y con gafas. el militar habría decapitado a la mitad de los huéspedes de la BelleÉtoile. para desear rea-nudar cuanto antes mi viaje a París. Vi al posadero en la sala en la que habíamos cenado. Se mandó llamar a un pequeño cirujano militar de unos sesenta años. invité al posadero a compartirlo conmigo.No hubo un solo camarero de la posada que no estu-viera dispuesto a corroborar bajo juramento la veracidad de aquella afirmación. no se puede andar especulando ni escatimando medios económicos. Mejor pasarse por mil que quedarse a un milímetro de la meta. mi pequeña prenda de despedida. con la rosa blanca dobla-da en mi pañuelo. que había amputado ochenta y siete piernas y brazos tras la batalla de Eylau. como ven. más que el suyo y el mío. había motivos sobrados param antenerlo fuera de combate durante al menos un par semanas. al tacto de los cuales su semblante.Dicho lo cual. Qué lástima si aquella excursión mía. se tornó radiante. me di la vuelta. también cabezas). ¿Quién era aquel caballero? ¿Había marchado ya? ¿No se le podría convencer para que aguardara hasta el día siguiente? . pese a su extraordinaria capacidad autocurativa. lo apoyaron contra la pared. acababa en el cadalso o en la guillotina. no había manera alguna de conseguir caballos aquella noche. Ena quellos tiempos de inestabilidad política no estaba claro cuál era el pro-cedimiento en vigor para castigar a los criminales. en la que iba decidido a hacer saltar bancas y romper corazones (y. había visto pasar de una mano a otra. sus laureles y sus escayolas a esta su ciudad natal. en cualquier caso había una conmoción en la sede del pensamiento. que fue debidamente apuntado en su cuenta. Ambos convenimos en que. coloqué en su mano treinta y cinco napoleones. El último par de la ciudad lo había reservado elÉcudeFrance. y. donde por primera vez aquel delicioso elixir no fue ingurgitado desaforada-mente. en su gran boca. quedaba claro que entre nosotros dos se habían instaurado unas relaciones muy cordiales. e introdujeron un vaso de coñac. y luego le dije que no debía rechazar un insignificante souvenir de un huésped que había quedado encantado de todo lo que había visto en la famosísimaBelleÉtoile. El solícito dueño de laBelleÉtoiley sus ayudantes levantaron al héroe herido en mil batallas. El coronel fue conducido a su habitación roncando apopléjicamente. y se había retirado con su espada y su sierra. Como comprenderá cuál no sería mihorror al saber que. así. dulce y precioso que ningún ojo mortal. Inmediatamente saqué a relucir el tema de la cabeza rota del coro-nel. Con un profundo suspiro. Cuando se emplea algún tipo de fuerza para conseguir un objetivo importante. hasta entonces poco simpático. Pedí una botella del mejor vino que había en la posada.

Alyre. -Y bien. puede decir lo que quiera. -¿No tiene una hija? -Sí. donde encontré a mi criadoSt. -Guardaremos las tazas -dijo al camarero que le traía las tazas-. pero el marqués dormía como un tronco. ¿a quién le importa? Recoge todas mis cosas. Quizá era ella.St. Subí rápidamente a mi cuarto. -¡Cierra el pico. eso creo. Gracias.Clair. cayó completamente dormido en su rincón. del conde deSt. llevaba más de sesenta horas sin dormir. . Está mohíno. Tomaré aquí una taza de café.El caballero se encontraba ahora en sus habitaciones recogiendo su equipaje. hasta la siguiente posta. Asentí. idiota! Ese hombre estaba más borracho que una cuba.monsieurDroqvilley yo viajábamos juntos rumbo a París. y sólo durante un par de minutos. luego pasó al interior del vehículo la pequeña bandeja y me ofreció una taza de café. Es hija de un matrimonio anterior. siempre lo sabía todo. Y la bandeja. No se despertó. Hoy sólo he visto al conde. Yo también daba algunas cabe-zadas. el anciano caballero que ha estado tan a punto de ser troceado esta noche. ya he echado un sueñecito. por la espada del general a quienmonsieurha tenido la suerte de mandar a la cama con un buen ataque de apoplejía. -No soporto que me esperen los camareros mientras bebo el café -dijo-. según me han referido. en mi coche de camino y con sus caballos. Al marqués le estaba entrando la modorra y. Hubo un pequeño retraso mientras él abonaba aquellas cosas.dime ahora quién es esa dama -le conminé. Me gusta saborearlo tranquilamente. y su nombre no era otro que el demonsieurDroqville. -Perdone que sea un compañero tan aburrido -dijo-. Era realmente un café buenísimo. Ordenó dos tazas de café expreso y esperó con la cabeza asomada por la ventana. Permítame que le recomiende que haga usted lo mismo: el café de aquí es realmente bueno. mis pensamientos cambiaron unos instantes de rumbo.Clair. No puedo contestarle con exactitud. donde había tenido la suerte de conseguir caballos mandando por delante a su criado. según me dijo. él se la colocó sobre las rodillas para que le sirviera de mesa en miniatura. Media hora después. ¿Dónde se hospedamonsieurDroqville? Por supuesto que lo sabía. poco después. -Esa dama es la hija o esposa. Como yo le dije que no necesitaba la bandeja.Al verlo. no importa cuál de las dos cosas sea. Al cabo de un rato me aventuré a preguntarle al marqués de Harmonville si la dama que acompañaba al conde era de verdad la condesa. Es una joven muy hermosa y encantadora.

La encendió con una cerilla. doblando y guardando las cartas una a una. llenas de sal y de colorido. que notó esto. y finalmente hizo lo propio con la pequeña bandeja. con sus peligros y seducciones. Repetí el esfuerzo varias veces. ¡Empecé a asustarme de verdad! ¿Estaría padeciendo algún ataque? Era horrible ver cómo mi afable compañero seguía dedicándose a sus ocupaciones rutinarias cuando podría haber ahuyentado mis horrores con un simple sacudimiento. Durante un rato el café nos volvió parlanchines.cerca del corazón. Volví a intentarlo. podíamos considerarnos afortunados de haber encontrado dos. y me cuesta mucho trabajo mantenerme despierto. pero nada. yo he dormido muy poco duran-te las dos o tres últimas noches. volviéndose hacia mí: . Con todo. Este café hará maravillas en mí. la colocó sobre sus rodillas. Hasta entonces. pero ni siquiera podía mover una mano. el interior del coche. me fueron entrando unas ganas terribles de dormir. El marqués cogió del suelo su valija. envuelto ahora en papel blanco. ya me siento como nuevo. 1 mi voluntad no mandaba ya sobre mi cuerpo. A pesar de las historias divertidas y curiosas que contó el marqués. se caló las lentes y sacó un fajo de cartas. aquello no se podía equiparar con una simple pesadilla. por ejemplo. la abrió y sacó la que resultó ser una lámpara. Echó hacia atrás la cabeza y dijo. por un acto de voluntad insólito. pero sin llegar nunca a perder la conciencia del todo. Fuera lo que fuera. Avanzábamos muy lentamente. Empecé a sentir el peso del sueño. Desde mi rincón seguía visuali-zando en diagonal. Me esforcé por poner fin a aquella imagen fatigosa. Pero. y así entré en un estado de somnolencia completamente nuevo e indescriptible. Primero arrojó su taza por ella. pero algo me impedía cerrar los ojos del todo. se resignó afablemente a que nuestra con-versación fuera decayendo. además de hábil. Me acomodé en mi rin-cón. luego la mía. Éste me inspiraba toda una gama de sueños románticos. con el mismo resultado. Un valioso hallazgo. presentando su retrato de manera que se me quedaran bien grabadas algunas enseñanzas de orden práctico. En mi impaciencia. pero la barrera entre la vigilia y éste se me antojaba absolutamente infranqueable.no había experimentado ninguna sensación de terror. la diferencia de velocidad resultaba deprimente. yo había empleado hasta entonces cuatro caballos por etapa. ha-ber intentado. hacer volcar el carruaje. y me hizo una brillante y divertida descripción de la vida parisiense. Deseaba con todas mis fuerzas conciliar el sueño. Descubrí que me resultaba a tan difícil mover cualquier articulación o músculo como. Su ventanilla iba abierta. a no dudarlo. Acabó pareciéndome aburrida la visión del marqués leyendo con sus lentes caladas. que sujetó con dos pinzas en la ventanilla opuesta. en aquella emergencia. El marqués era extremadamente simpático. que se puso a leer con mucha atención.-Al igual quemonsieurel marqués. El marqués. pero estaba claro que había perdido la capacidad de cerrarlos. Mi compañero había vuelto a empaquetar sus cartas y estaba miran-do por la ventanilla mientras tarareaba el aria de una ópera. que oí chocar contra la calzada. para algún campesino madrugador. con los ojos semientornados. tenía mi querido souvenir -mi rosa blanca. y la conversación se animo. Nos pusimos en marcha antes de haber apurado las tazas. Me habría restregado los ojos. Hice un esfuerzo sobrehumano por gritar.

no había padecido nunca nada parecido a aquella tortura. Mi criado se acercó a mi portezuela y la abrió. Me sentía como un alma encarcelada. la cerró. gracias a Dios. llegaremos dentro de unos minutos. -Sí. -Tu amo duerme profundamente. Entre tanto.-Sí. ni lo padecería tampoco después. Tú y yo nos retiraremos mientras cambian los ca-ballos. de la que salía luz. Me miró más de cerca y. Entramos en una pequeña población. CAPÍTULO VIII . Luego colocó nuevamente las cartas en la valija. y tomaremos un piscolabis. Lo oí conversar conSt. y un pequeño enco-gimiento de hombros. en cuanto se despierte. Un lúgubre terror se había apoderado de mi espíritu. seguro que va a morirse de hambre. Despabiló la llama y echó más aceite a la lámpara. El poder del pensamiento seguía claro y activo. salió tras dirigirme a mí otra sonrisa ama-ble y a mi criado otra palabra de precaución. se metió las lentes en el bolsillo y volvió a mirar por la ventana. Espero con toda el alma que no se parezca a ninguno de los tipos de muerte que pueden acaecernos. volviéndose alegremente hacia mí-. Vi abrirse la puerta de una posada. con una sonrisa afable. y mi angustia. muda e inmóvil. yo quedaba abando-nado en el mismo rincón y en la misma postura. dijo: -¡Pobrecillo! ¡Qué cansado debe de estar! ¡Qué sueño tan profundo le ha entrado! Cuando se detenga el coche seguro que se despertará. pero. Pero no me desperté.Una visita de tres minutos En varias ocasiones de mi vida he sufrido fuertes y largos dolores cor-porales. Clairmientras entraban en la posada. Extremando el cuidado para no despertarme. -¡Ya hemos llegado! -dijo mi compañero. Supongo que serían las dos de la madrugada. ¡qué cansado debe de estar! -exclamó tras haber esperado una respuesta de mi parte. ¡Está tan cansado! Sería una cruel-dad molestarle ahora. ya se ven luces. pues. El coche se detuvo. Le traeremos algo a monsieur Beckett. ¿Cómo terminaría aquello? ¿Era real-mente la muerte? . era inenarrable.

Parecía como si una burbuja de aire. cerró la puerta suavemente y se sentó a mi lado. y todo lo hacía con rapidez y decisión. como podríamos denominarlo. Sin ruido alguno de pasos que anunciaran una llegada inminente. Yo escuchaba atentamente. Entró en el coche y vi cómo me miraba esbozando una sonrisa.. la portezuela del coche se abrió de repente. los galones y botones en las puñetas de la guerre-ra. entre las que figuraba un documento de especial importancia para mí. Pero yo no era más que un cuerpo inerte en sus manos. Era obvio que no era aquello lo que buscaba. perdido el control de mi cuerpo.He de señalar que mi facultad de observar no había sufrido merma alguna. se debía de hallar a unas dos leguas de distancia cuando de repente sentí un extraño palpitar en un oído y la sensación de que el aire pasaba por él y se alojaba en la garganta. por lo que vi al in-truso perfectamente. que le cubría la cabeza. El lugar donde había recibido la visita de aquel agente secreto. a asesinarme. Este hombre había entrado con el sigilo de un fantasma. Deslizó una mano en el bolsillo de mi chaqueta. inclinándose hacia míy ponién-dose en visera su mano enguantada. Ya he dicho que el marqués de Harmonville no había apagado su lámpara de coche al entrar en la posada de aquella aldea. del que sacó mi preciosa rosa blanca y todas las cartas que había. no duró más de tres minutos. Yo pensé que iba a robarme y. Colocó los papeles en el mismo orden en que los había encontrado. creí distinguir bajo la capucha la cinta dorada de una gorra militar. Simplemente. La tensión indescriptible del cerebro pareció ceder de inmediato. Lo que le interesaba era. Era un hombre joven con un holgado abrigo gris os-curo y una especie de capucha. si hubiera sospe-chado. La lámpara daba una luz parecida a la de una vela. esperando con ansia su regreso: algún accidente afortuna-do haría que yo despertara de mi catalepsia. empezó a tomar rápidas notas sobre su conte-nido en un pequeño cuaderno de bolsillo. los volvió a meter en mi bolsillo y desapareció. El joven llevaba un espeso mostacho y una pequeña mata de pelo bajo el labio inferior. el documento a que acabo de referirme. Volvió a sumirse en la lectura y clasificación de sus papeles a la luz de la lámpara que acababa de coadyuvar a las maquinaciones de un espía. con perfecta nitidez. Sus propósitos eran a todas luces siniestros. Podía oír y ver todo con la nitidez habitual. también vi una cicatriz roja que le atravesaba la mejilla desde los labios. Entró. noté un extraño zumbido en la cabeza y una . creo. me examinó de cerca la cara duran-te unos segundos. Inmedia-tamente después de su desaparición oí nuevamente la voz del marqués. por un sueño tan profundo. fáciles de distinguir bajo las amplias mangas del holgado abrigo. Ahora estábamos ya fuera de la población y proseguíamos el viaje a la misma velocidad moderada. con un lápiz. Este hombre parecía trabajar con la celeridad sigilosa y fría propia de un agente secreto. y una persona desconocida entró silenciosamente y cerró la portezuela. quizá. luego. A las cartas les echó un vistazo somero. formada en el oído. por así decir. lo que indicaba un plan bien definidoy establecido de antemano.. lo desplegó y. Mi preciosa rosa la dejó también a un lado. se hinchara y explotara en él. Ah. Al moverse. según mis cálculos. Su visita. También vi. a todas luces. ocurría que mi voluntad había. medio envidiándome. Todo esto lo hizo en un abrir y cerrar de ojos.

Era un hombre valiente como usted. Poco a poco el proceso de restablecimiento fue tocando a su fin.. Pero no vale de nada volvernos ahora porque no conseguiría-mos enterarnos de nada. me dijo: -Un amigo mío me dijo en cierta ocasión que era posible un ataque como el que ha sufrido usted. Asimismo le puse al corriente de la violación de mis cartas durante su ausencia. y éste tenga libertad para mostrarse a plena luz.descubrir quién fue esecoquinque espió sus cartas. que ni siquiera deben ver amonsieurDroqville. Sin embargo. así como también a otros lugares de más difícil acceso. Sólo pude contestarle con un gemido profundo. sobre el asiento.especie de vibración en todos los nervios del cuerpo. podía estar tran-quilo a ese respecto. Exhalé un grito y me quedé medio levantado en mi asiento. la mansión de Harmonville se encuentra por el momento ocupada por dos o tres viejos criados. como puede ver. al sueño. y había tenido que hacer valer a la vez su fuerza y su cora-je. por lo que yo había podido observar. Se sumió en un estado que luego describió igual que usted. tan pronto como concluya la misión diplomática del marqués de Harmon-ville. Sin embargo. -Me alegra saber que no he sido el único. como mi otro amigo. »Me gustaría -prosiguió. Yo hablaba muy poco. Ese bellaco no habrá tocado mi valija. El marqués se me quedó mirando. decirle lo enfermo que me había senti-do. no . Lo que me sorprende es el paralelismo de las causas propiciadoras del ataque. Si se hubiera tratado de cualquier otro tipo de facineroso. me cogió la mano y me preguntó con aire serio si estaba enfermo. sino solamentemon-sieurDroqville. lo que me hace pensar que se trata de la misma clase de ataque. Luego me preguntó con gran solicitud por el mal que me había sobrevenido. se ha dormido. como el marqués está.. El inesperado y valiente combate. el cansancio se apoderó de él y pareció caer en un sueño profundo. sin embargo. y nunca me habló de tal cosa. a resultas de un estado de especial excitación. con un espadachín experimentado. donde me dejé caer luego temblando. no hay nada que temer. ¿Padeció una recaída? -Traté con él después durante muchos años. Cuando le hube contado todo. pues me sentía débil y agotado. la forma como ha cedido. como ocurre con un miembro que. Una o dos horas después. aunque muy débilmente. como es ese demente coronel de dragones. gracias a Dios -mascu-lló-. pero el mar-qués seguía distrayéndome con su amable conversación. este último ya se las ingeniará para hacerle entrar en el palco quemonsieurel marqués tiene en la ópera. de viaje. -Sí. según la frase popular. en condiciones tan desfa-vorables para usted. Le pediré que me diga el hotel en el que piensa alojarse. cuando lleguemos a París. de seguro que le habría robado. la abrió y examinó su contenido minuciosamente. con una sensación de debilidad mortal. A él le sobrevino a bordo de un barco. -¡Cielo santo! -exclamó-. podré serle de gran utilidad. estoy casi convencido de que debió de ser un agente de policía. finalmente. y así pude. -Hemos intimado tanto -dijo al final. Todo en su sitio. Daría cualquier cosa para que ciertas personas no leyeran nunca media docena de cartas que llevo aquí. pues. Y. Esa gente siempre actúa con mucha habilidad. Él colocó la valija a su lado. el cansancio y.que debo recordarle que por el momento no soy el marqués de Harmonville. Le dije que. aunque no pueda verle a menudo.

Llevaba dos días en París y ya había visto toda suerte de monumen-tos. y ya estaba empezando a temer que mi aristócrata amigo se hubiera olvidado por completo de mí cuando el camarero me ofreció la tarjeta de«MonsieurDroqville». e incluso a esta hora sólo me he atrevido a venir en coche . que se interesaba tan ama-blemente por el desconocido con el que. CAPITULO IX . podría hacer mi visita bastante más deliciosa de lo que me había esperado. de cumplir su promesa de visitarlo este otoño en elChâteaude Harmonville. Aqué-lla era mi primera visita. Todo el mundo recuerda la gran exci-tación que siguió a la caída de Napoleón y a la segunda restauración borbónica. por así decir. También tengo que decir una cosa. Mi romance se había apoderado tan por completo de mí que la esperanza de ver al objeto de mis sueños prestaba un secreto y delicioso interés a mis paseos a pie y en coche por las calles y alrededores. después de tantos años transcurridos) recordar y describir mis experiencias e impresiones del aspecto tan singular que tenía París en aquellos días extraños. ni recibi-do ninguna noticia del marqués de Harmonville. que en poco tiempo había recobrado toda su alegría y cuyo bulli-cio era aún mayor que el habitual.monsieurBeckett.Chismes y consejos Mi accidentado viaje había terminado por fin.excusará a su amigo. También me había recuperado por completo de la extraña indisposición padecida durante mi viaje nocturno. Así pues. no creo haber visto nunca aquella deliciosa capital tan encantadoramente excitada y excitante. Cuanto más nos aproximábamos a París más valoraba su protección. Como pueden imaginar. pese a haberla visitado numerosas veces después. sin haber experimentado ninguna muestra de esa rudeza e insolen-cia de las que otros se quejaban por parte de los exasperados oficiales del derrotado ejército francés. -Actualmente soy un ave nocturna -dijo tan pronto como hubimos intercambiado los saludos de rigor-. Mientras aún le daba las gracias. Ahora me hallaba sentado a la ventana de mi hotel contemplando la brillante ciudad de París. Nada podía ser más gentil que los modales y las atenciones del mar-qués. se había topado por error. tan afable y gentil como siempre. Caía la tarde. Me mantengo en la sombra durante el día. Allí estaba el marqués de Harmonville. Pero. el coche se detuvo de repente delante del lugar donde nos esperaban caballos de relevo y donde tenía-mos que separarnos.y con gran júbiloy premura le dije que hiciera subir al caballero. no necesito (aunque pudiera. La protección de un hombre tan importante. di mis más sinceras gracias al marqués. así como a mis visitas a los museos y a otros monumentos de la metrópoli. No había ni visto ni oído hablar del conde ni de la condesa.

Lo llevaré personalmente de casa en casa. Todos los lugares que le voy a mencionar son dig-nos de verse. A ustedes. le pregunté por el conde y la condesa de St. Entre tanto. Yo le mostré media docena de cartas. poseían un valor incal-culable. después de una ausencia tan prolongada. y el resultado es que ahora me encuentro con casi nada para mí mismo. Absténgase de jugar. No confíe en nadie que no conozca. Él pareció encantado y dijo: -Ahora le diré algunos lugares a los que debería ir. Le di de nuevo las gracias y prometí seguir sus consejos al pie de la letra. Le di mis más sentidas gracias. y recuerde que. no los había visto desde entonces. para una persona ávida de novedades y placeres como yo. No haga amistad ni intime con nadie hasta entonces. Supongo que no ha venido a París sin cartas de recomendación. Recuerde esto: aquí está rodeado de hábiles estafadores y granujas de todo tipo que viven de lo que sustraen a los forasteros. Le man-tendrán ocupado. Déjese en mis manos. Yo mismo lo presentaré en sociedad. No sabía dónde para-ban. tal vez de una sola -dijo-. los jóvenes. En primer lugar. ya que habría que hacer bastantes preparativos. Cuando eso haya pasado. Le volví a dar las gracias y le prometí sacar provecho de sus consejos. No se pierda ni uno. Pero mi corazón estaba demasiado lleno de la bella dama de la Belle Étoile para permitir que nuestra entrevista terminara sin que yo hubiera intentado saber algo más de ella. durante al menos tres semanas. que. una vez que ha sido uno aceptado por el beau monde ya no puede vivir a su aire. -No tenga en cuenta estas cartas -dijo-. yo disfrutaré ya de toda mi libertad. y yo mismo lo introduciré en la rutina brillante pero relativamente tranquila de la buena sociedad. Poseían una bonita casa antigua a las afueras de París. y él echó un vistazo a las señas. Alyre. le dejarían sin blanca si lo hiciera. -Y ahora. a los que había tenido la suerte de salvar de un trance sumamente desagradable en el vestíbulo de la posada. tendré el gusto de poder ser verdaderamente útil para usted. antes de volver a instalarse en su hogar.cerrado. y haremos así una pequeña lista. durante mi ausencia había dado ins-trucciones a mi secretario para que facilitara entradas todas las noches al primero de mis amigos que se lo pidiera. Los amigos para los que he emprendido esta misión algo peligrosa así lo han dispuesto. Pero. permítame regalarle estas entradas para mi palco. en la urbe. en París. Un amigo a su lado vale más que todas las cartas juntas. -Dentro de dos semanas. unas palabras en mis funciones de mentor. ¡ay!. Así pues. No sabe cómo me disgusta no poder utilizarlo más a menudo durante las dos próximas semanas. me ofreció un catálogo y una guía. . y con gran cantidad de anécdotas diverti-das y escandalosas. al menos unos cuantos días. en París. Coja un plano y escriba letras o números sobre los puntos que le voy a indicar. Creen que todo estará perdido si consiguen reconocerme. pero él creía probable que se quedaran. De esta manera metódica. día y noche. esté bien alerta. les gusta apurar hasta la última gota los placeres anónimos de una gran ciudad antes que embar-carse en las obligaciones de la vida social.

-¿Cuánto tiempo han estado fuera? -Unos ocho meses, creo. -Son pobres, me parece haberle oído decir. -Sí, para una persona como usted podrían considerarse pobres. Pero, monsieur, el conde tiene unas rentas que le permiten vivir con comodidades y hasta con elegancia, sobre todo llevando una vida tran-quila y apartada en este país barato. -Entonces son muy felices, ¿no? -Digamos que deberían ser felices. -Y ¿qué se lo impide? -Él es celoso. -Pero su mujer... No le da motivo alguno... -Me temo que sí. -¿Cómo, monsieur? -Siempre he pensado que es un poco demasiado..., excesivamente... -¿Demasiado qué, monsieur? -Demasiado bonita. Pero aunque tiene unos ojos extraordinaria-mente bellos, unas facciones exquisitas y la tez más delicada del mundo, creo que es una mujer honrada. ¿No la ha visto usted nunca? -Vi a una dama completamente embozada en su abrigo, con un velo que le tapaba la cara, la otra noche en el vestíbulo de la Belle Étoile, cuando le partí la cabeza a ese individuo que estaba intimidando al anciano conde. Pero su velo era tan tupido que no me permitió ver sus rasgos. -Respuesta ésta, como convendrán, bastante diplomática-. Podría ser la hija del conde. ¿Se pelean? -¿Quién, su mujer y él? -Sí. -Un poco. -¿Y por qué motivo? -Es una vieja historia: por los diamantes de ella. Son de gran valor Valen, según La Perelleuse, aproximadamente un millón de francos.Elconde desearía venderlos para disponer de mayor numerario, que élestá dispuesto a gastar como a ella le plazca. Pero la condesa, a quienpertenecen, se resiste a ello, y por una razón que, quiero creer, no está capaci-tada para revelársela. -Dígame, por favor, cuál es esa razón -dije, picado en mi curiosidad, -Supongo que piensa lo bella que estará con ellos cuando se casecon su segundo marido. -¡Ah! Claro, sin duda. Pero el conde deSt.Alyre es un hombre bueno, ¿no? -Admirable, y sumamente inteligente. -¡Cómo me gustaría que me lo presentara! Oyéndole a usted parece tan... -Tan agradablemente casado. Pero viven completamente apartados del mundo. Él la lleva de vez en cuando a la ópera o a alguna diversión pública; pero nada más.

-Y él debe de recordar tantas cosas del antiguo régimen, y tantos epi-sodios de la revolución... -Sí, es el hombre más indicado para un filósofo como usted. Se suele quedar dormido después de comer, pero no su esposa... Bueno, hablan-do en serio, le aseguro que apenas frecuenta elbeaumonde y que se ha vuelto un tanto apático, al igual que su esposa. Y nada parece interesarle a la condesa, ¡ni siquiera su marido! El marqués se levantó para despedirse. -No arriesgue su dinero -reiteró-. Pronto tendrá oportunidad de colocar parte de él en un negocio muy ventajoso. Varias colecciones de cuadros realmente buenos, pertenecientes a personas que apoyaron la restauración bonapartista, van a ser vendidos en subasta dentro de unas semanas. Podrá hacer maravillas cuando comience la venta. ¡Va a haberauténticas gangas! Resérvese para ellas. Yo le mantendré puntualmente al corriente. Quede con Dios. A propósito -dijo, deteniéndose en seco> al acercarse a la puerta-, casi me olvidaba. La semana que viene vaa haber un acontecimiento que debería entusiasmarle, pues suele escasear bastante en Inglaterra. Me refiero a unbalmasqué,organizado, según dicen, con un esplendor aún mayor del habitual. Tendrá lugar en Versalles. Todo el mundo estará allí; la gente se afana para conseguir invita-ciones. Pero creo que podré conseguirle una. Buenas noches.Adieu!

CAPÍTULO X - El velo negro

Hablando el francés de corrido y con dinero en cantidades ilimita-das, no había nada que me impidiera disfrutar de todo lo disfrutable en la capital francesa. Pueden suponer cómo se pasaron los dos siguientes días. Al cabo de los cuales, y hacia la misma hora,monsieurDroqville volvió a visitarme. Cortés, afable y alegre como de costumbre, me dijo que el baile de disfraces había quedado fijado para el miércoles, y que había consegui-do una invitación para mí. ¡Qué mala suerte! Lo sentía muchísimo, pero no podía asistir. Se quedó mirándome en silencio unos instantes con un aire de sos-pecha y amenaza que no comprendí, y luego preguntó, con cierta brus-quedad: -¿Y tendríamonsieurBeckett la amabilidad de decirme por qué no puede asistir? Yo estaba un poco sorprendido, pero le dije la simple verdad: tenía una cita para aquel día por la tarde con dos o tres amigos ingleses y no veía la manera de liberarme de aquel compromiso. -¡Ah, así que es eso! Ustedes, los ingleses, estén donde estén, siempre andan buscando lo mismo: la aburrida compañía de otros compatriotas, cerveza y bistecs; y cuando vienen aquí, en vez de tratar de aprender algo nuevo de la gente que visitan, y que fingen querer estudiar, se dedican a hincharse a comer, a perjurar y a fumar entre ingleses, y al final de sus viajes no salen más experimentados ni más pulidos que si hubieran esta-do de juerga en una tabernucha de Greenwich.

Prorrumpió en unas carcajadas sarcásticas (creo que en aquel momento le habría gustado envenenarme). -¡Ahí la tiene!- prosiguió arrojando la invitación sobre lamesa-Tómela o déjela, como bien le plazca. Supongo que he hecho el tonto con usted; pero no es corriente que un hombre como yo se tome tantas molestias, pida favores, y consiga finalmente un privilegio para un conocido para luego ser tratado de esta manera. Aquello me pareció de una impertinencia asombrosa. Me sentía turbado, ofendido, a la vez que arrepentido. Posiblemente había contravenido sin saberlo las normas de la buena educación según los cánones franceses, lo que casi justificaba la severidad del brusco reproche del marqués. Y así, en medio de una terrible confusión de sentimientos, me apre-suré a presentar mis disculpas para tratar de recuperar el favor de aquel amigo casual que había mostrado para conmigo tanta amabilidad desinteresada. Le dije que rompería a toda costa el compromiso que desafortunadamente me mantenía atado; que había hablado con muy poca reflexión yque ciertamente no le había mostrado mi agradecimiento en propor-ción a su amabilidad y a mi verdadera estimación de su persona. -Por favor, no diga una palabra más; mi desconcierto ha sido sólo por usted, y reconozco que lo he expresado en términos muy duros, que, estoy seguro, su buena disposición sabrá perdonar. Quienes me conocen un poco mejor saben que a veces digo muchas más cosas de las que quiero decir; y siempre lamento que me ocurra esto.MonsieurBeckett se olvidará pronto de que su viejo amigo,monsieur Droqville, ha perdido momentáneamente los estribos por atención a él, y así... volve-mos a ser los buenos amigos de siempre. Sonrió como elmonsieurDroqville que había conocido en laBelleÉtoileyalargó la mano, que yo tomé respetuosa y cordialmente. Nuestra disputa pasajera había terminado dejándonos mejores y amigos. El marqués me aconsejó que reservara una cama en algún hotel de Versalles, ya que luego encontraría problemas dada la gran demanda existente, y que lo hiciera inclusive la mañana siguiente. Así pues, ordené unos caballos para las once en punto, y, tras inter-cambiar unas cuantas palabras más, el marqués de Harmonville me dio las buenas noches y bajó a toda prisa las escaleras, tapándose con un y pañuelo la boca y la nariz. Desde mi ventana vi cómo subía de un brinco a su coche cerrado y desaparecía. Al día siguiente fui a Versalles. Cuando me aproximaba a la puerta del HôteldeFranceme dije para mis adentros que no había pecado pre-cisamente de madrugador, sino más bien de todo lo contrario. Alrede-dor de la entrada se agolpaba un enjambre de carruajes, de manera que resultaba imposible dar un paso adelante si no era a pie y sorteando toda una legión de caballos. El vestíbulo estaba a rebosar de criados y caballe-ros que gritaban al hotelero, el cual, en un estado de educada locura, aseguraba a todos y cada uno de ellos que no había habitación ni apo-sento libre en todo el hotel. Me deslicé hasta la puerta, dejando el vestíbulo a los que seguían profiriendo gritos y súplicas con la

tropecé al apearme y caí sobre los lomos de un par de caballos. En un periquete me encon-tré junto a la portezuela. si quería. ya ha visto que no hay ni una sola cama libre en ninguno de los hoteles. Pero. poco a poco. cubierto como estaba yo de polvo y con el sombrero aplastado. en la que un anciano y un perro estaban echando una cabe-zadita. nos pusimos rápidamente en movimiento. mientras me esforzaba por sacudirme el polvo de la ropa con un pañuelo. Por entonces yo tenía una vista extraordinariamente buena.falsa esperanza de que el propietario pudiera. Pero no se preocupe: he encontrado algo para usted que le puede convenir. Pero. A quienes observaran mi intrépida carga sin estar al corriente de mi secreto debí de parecerles un demente. Aquélla era una situación irritante. Afortunadamente. acababa de abrirse una brecha en medio de aquel conglomerado de carruajes. El resultado fue el mismo. a medida que los otros carruajes iban retirándose. y. Permanecí unos instantes en medio de una tormenta de insultos. Indiqué al criado que nos siguiera. . en la que estaba seguro de haber recono-cido a la condesa. Habría sido más inteligente por mi parte saltar a la acera y dar un rodeo por delante de los carruajes detenidos delante de la calesa. desagradablemente atemperados con risotadas. no sé cómo. -Lo mejor es irse de Versalles -dijo-. que al instante se encabritaron y me hicieron morder el polvo de la calle. encontrarles un hueco. dando una voltereta. mi postillón había logrado con excesivo celo hacer avanzar los caballos. y el mío estaba acercándose. Si ya antes había estado impaciente. en una especie de cabriolé. alHôtelduRéservoir. Por fortuna. una vez en él. Aquella maniobra resultó muy útil para subir al vehículo. pueden imaginarse que no deseaba realmente presentarme así ante el objeto de mi quijotesca devoción. tras dar el marqués unas órde-nes a su cochero. -Le voy a llevar a un lugar confortable. Su coche había tenido que aminorar la marcha debido a un carro que ocupaba toda la anchura del camino y avanzaba con la lentitud propia de tales vehículos. yo era más un Murat que un Moltke y preferí una carga directa sobre mi objeto antes que recurrir a ninguna táctica. ahora se hallaba ante la escalinata del hotel. y.Pero encontré la entrada igual de abarrotada. Fue una visión agradable para mí. hice lo propio. cuya existencia sólo cono-cen muy pocos parisienses. oí una voz que me resultó familiar: -MonsieurBeckett! Volví la cabeza y vi al marqués mirando por la ventanilla de un carruaje. en medio de todo aquello. y. desgraciadamente. y no menos de cuatro hileras al otro lado. pero ¿qué se podía hacer? Mientras me hallaba en el vestíbulo de este hotel hablando con uno de sus inten-dentes. Atra-vesé como una flecha el asiento trasero de un carruaje que estaba al lado del mío. salté repartiendo disculpas incoherentes por encima de un coche abierto. Diga a su criado que me siga. adivinen cuáles serían mis sentimientos cuando vi pasar por el angosto margen que quedaba al otro lado de la calzada una calesa descubierta. Subí a mi coche y me dirigí. y donde. la calesa que me interesaba había pasado antes de la catástrofe. y a su marido. ¿cómo salir de allí? Había coches delante y detrás. y puedo añadir que no hay una sola habitación libre en toda la ciudad. y usted suba y siéntese a mi lado. cubierta con el velo. a la máxima velocidad que permitieron mis caballos. en el que había cuatro caballeros enfrascados en una discusión muy animada.

. si voy. y usted hará igual. pero mi anonimato me lo impide. menos antiguo que el resto.sabedor de cómo estaban las cosas aquí. se retorcía y anudaba infinitas veces. Nos veremos esta noche. -Yo no entraré. con los bosques de Versalles a un lado. Está a menos de dos kilómetros de distancia: es una antigua posada llamada Le DragonVolant. Creo que habíamos recorrido unos dos kilómetros hasta el lado más alejado del palacio cuando embocamos un camino viejo y estrecho. Yo le buscaré en todas las puertas que franquee. Entraría gustoso con usted. Los árboles hacían que el edificio resultara más pintoresco aún. CAPÍTULO XI . la cola. Adiós. desplegadas. si cabía. pues mucha gente llevará flores. color verde claro y oro. y yo una blanca? Sí. de manera que no deberíamos tardar en encontrarnos. pues. Una flor no valdría. le agradará saber también que es una posada encantada. destacaba la enseña de la posada.. cons-truida con piedra de Caen. Todo esto me lo dijo cuando yo estaba ya pie en tierra. tam-bién distinguida. dado que las paredes lucían numerosos escudos de armas. una persona de mi edad necesita el contagio de espíritus jóvenes y de la compañía de alguien que disfrute de todo espontáneamente. ¿Y si lleva usted una cruz roja de unos cinco centímetros de larga -usted es inglés. Pero no aluda a este espantoso hecho cuando hable con el posa-dero. probable-mente. a cualquier sala que vaya usted. Espero dejarme caer un rato por allí. Era un dragón volador.El Dragón Volador Eché un vistazo ami alrededor. se proyectaba hospitalariamente con un amplio y florido arco. y. pero seguro que le parecerá un lugar confortable. y aca-baba en una punta bruñida y dentada como el dardo de la muerte. Al menos a mí me habría agradado en mis años jóvenes. en cualquier caso.. le dije adiós y lo vi alejarse. Hasta luego. sobre el cual. de una altura poco frecuente en Francia. Yo no me divierto en tales ocasiones si no voy con una persona joven. lo que indicaba su destino ori-ginal como mansión privada de alguna persona acaudalada y. ¿Cómo nos reconoceremos mutuamente? Déjeme pensar.. convenido. pues creo que es un tema que aún levanta ampollas. pintado y dorado. yal otro numerosos árboles viejísi-mos . Así queda. su arquitectura era más rica y florida que la habitual en semejante clase de edificios. Cerré la puer-ta del coche. a los que mis ojos y oídos se habían ya acostumbrado. con alas en rojo y oro vivos. eso es. Nos detuvimos ante una posada de planta antigua y maciza. Ah. La majestad y paz del lugar contrastaban extrañamente conel relumbróny bullicio de la vida parisiense.cosida o sujeta en el pecho de su dominó. Si quiere disfrutar del baile. Una especie de porche.. siga mi consejo y vaya disfrazado de dominó. sitúese cerca de la puerta hasta que nos encontremos. Algo que llevemos en la mano.Tiene usted suerte de que mi aburrida encomienda me trajera a este lugar tan temprano. le he reservado una habitación. siempre es mejor que nada. me pondré el mismo disfraz. labrado en altorrelieve de piedra.

Era grande y sólida.measeguró. El conde pasó unos días muy afligido. como los que he mencionado anteriormente. Era una habitación bastante grande.suele pasar bastante tiempo fuera. -Dicen. Sólo quería decir que resulta difícil saber qué uso haría él de sus riquezas. tal y como había deseado el finado. creo. salvo una torreta redonda. El parque y el castillo parecían presididos por la melancolía. qué pena que su propietario no sea ya tan rico. -Es viejo. como. por lo que he oído decir. monsieur. Lo que me hace suponer que no es un hombre muy popular.Alyre. . Bueno. -parafraseé mirándolo-. un poco sombría. Yo no lo sé. melancólico y hasta deprimente en todo aquello.¿Yquién es él? -inquirí.monsieur. -Ese castillo. -¿Y es pobre? -seguí investigando.es elChâteaude la Carque.que juega mucho. pero él no puede esperar mucho tiempo -contestó con una sonrisa sarcástica.monsieur. por ejemplo. con artesonado de madera oscura y conmueblessolemnes y sombríos. -Sin embargo. de haber mostrado suficiente curiosidad. -El conde deSt. -Tal vez. recibió una buena herencia de aquella persona fallecida. Había una gran chime-nea con el manto esculpido con escudos.monsieur. que con una hospedería francesa. -Yo le pago el alquiler de esta posada.y cuadraba más con mi concepto de los hostales ingleses antiguos. O digamos. no debería de ser tan pobre. ¿verdad? -Tal vez. característica de los castillos franceses. y casi de decadencia: la tristeza de la grandeza pasa-da y cierto aire de abandono producían una impresión deprimente en el observador.monsieur. Daban muestras de incuria.El conde deSt. Pregunté al posadero cuál era el nombre del castillo. -Completamente.Luego estuve contemplando durante unos minutos la magnífica y antigua enseña. a quienhabían reservando una habitación. y él lo enterró en el cementerio dePèreLachaise. Fui recibido con toda la consideración debida a unmilordinglés provisto de una bolsa repleta de dinero. podría haber descubierto una correspondencia exacta con la heráldica de los muros exteriores.monsieur. No es mucho. -¿Viene frecuentemente a este lugar apartado? -No. que daba a un pequeño parque de árboles fron-dosos situado detrás de un castillo coronado por un grupo de torretas o chapiteles. Hace unos siete meses. El posadero me condujo a mi aposento. Pero el dinero no parece sentarle nunca bien. que se elevaba en el flanco izquierdo de la casa y terminaba en un tejado con forma de apagavelas. aunque.Alyre. Había algo interesante. en los que. . Entréy me anuncié comomonsieurBeckett. -Ni lo uno ni lo otro. Fue ahora el posadero quien clavó su mirada en mí.contestó-.proseguí. -¡Qué pena que esté tan descuidado! -señalé-. Enviaron el cadáver a esa mansión del conde.. tal vez. bastante anticuados. los que albergan en Canterburya los peregrinos. Después examiné más detenidamente el exterior dela casa. Pero sí puedo ase-gurarle que no es rico.. Me acerqué a la venta-na de jambas de piedra. un pariente suyo murió muy lejos de aquí. según cuentan. -¡Oh! ¡El conde! ¿Está seguro? -pregunté con redoblado interés.

en su carruaje. ¿Está el conde en casa? -Tiene muchas casas. un suspiro de nostalgia. está viviendo actualmente en el castillo dé la Carque. Aquel viejo astuto se negaba a satisfacer mi curiosidad. -Luego su coche y caballos y criados están en el castillo.mon-sieur.. Sin embargo. -Es la condesa deSt. -Sí... -A tener problemas con el conde -completó la frase-. pero creo. enmarcado por un lúgu-bre decorado de follaje. ya me entiende. Es cierto. si olvidamos... y que exista una relación pacífica. ¡Qué tonto era entonces! Sin embargo. amigo mío.y loscriadoslos contrata para cada ocasión.él podría perjudicarme de dos o tres maneras. El dueño del Dragón Volador era un hombre mayor. donde se erguía el castillo.-¿Viejo? Nosotros lo llamamos «el judío errante». pero imagino que podrá decirme algo más de ella. cuando nos encontramos con un ángel. en Versalles -dije. -Nada más normal. exclamé para mis adentros. -El coche lo aparca aquí. lo mismo que yo a él. es mejor que cada cual se ocupe de lo suyo. -Lo he visto hoy. posó los ojos una vez más en el castillo de aquel brujo y dejó escapar un suave suspiro. delgado. Más interesado que nunca.monsieur. ¡Qué vida! ¡Qué par de enemigos con los que tiene que enfrentarse: los celos y el chantaje! El caballero. miré por la ventana más allá de las ondulaciones del terreno. Me eché a reír. podría intentar el efecto de unos cuantos napoleones. y sumamente atractivas. -Una pregunta que creo puede usted contestar sin correr ningún riesgo de enemistad -dije-. que no se atreve a. tras platicar consigo mismo de esta manera. Pero. Si con el tiempo llegaba a persuadirme de lo contrario. resolución y amor. Ni uno solo duerme en el castillo. al menos por el momento. ¡Elviejo roñoso!. decidido y claramente militar.Alyre. -¡Ah! ¿Y cuáles son? -Juventud. -¿Y quién es ella? -pregunté con subido interés. ¿nos volvemos acaso . y de aire inteligente. diamantes. de piel bronceada.. Era inútil insistir. ¿Tiene cuali-dades? -Tres. Espera sacarle los dia-mantes por medio de esta tortura. Tal vez no tenía nada que relatar.monsieur. que nunca tiene cuatro ochavos en el bolsillo. Y ve. Semejante vida debe de ser terrible paramadamela condesa -apostilló.no le falta valor: se ha casado con una mujer joven y guapa... supongo -dijo de manera evasiva-. claro.por lo menos. Así pues.monsieur.. puedo decir que. belleza y. Posiblemente élw ya estaba pensando en sacar algún beneficio. Luego supe que había servido a las órdenes dé Napoleón en las primeras cam-pañas de Italia. -Ya veo.

St.que en esta casa han tenido lugar milagros diabólicos.monsieur. -Principalmente.. al que le había permitido el emperador volver a Fran-cia. el ama de llaves. de uno noventa de estatura. señor. al caballero de su derecha lo encontraron. ante siete caballeros de probada veracidad los últimos momentos de Pedro el Grande. par mafoi.monsieur. -No.al postillón que nos trajo hasta aquí. si es cierto lo que cuentan.monsieur. se había deslizado por mi cuerpo un extraño presentimiento y tenía pocas ganas de bromear. -¿Qué quieres decir? ¿Ha habido aparecidos? -Nada de eso.mon-sieur. en la derecha. Pero estaba empezando a sentir la melancolía del paisaje y de la estancia en la que. desapareció de manera similar. casi vacía.St. pero del noble ruso nunca más se vol-vió a oír. El otro era un noble ruso. asombrado.Clair -exclaméal ver a mi criado entrar y ponerse a ordenar mis cosas-. se conservó durante tres años entre las curiosidades de esta casa. Personas que jamás han vuelto. al cabo de dicho tiempo. A fe de un cristiano. -Seguro que éste se la bebió en medio de su turbación -sugerí.entre telarañas y.entre gatos y lechuzas. se esfumó.. Vive la bagatelle! -No sabía que estuviera tan llena la posada. -¿Qué te parece el Dragón Volador? -¿El Dragón Volador? El viejo y llameante dragón.monsieur. con la taza de café en la mano. . Pero nos llevamos muy bien..monsieur.loscriados de las personas que tuvieron la suerte de conseguir alojamiento en Versalles.El dia-blo en persona. sosteniendo una copa de aguardiente en la mano izquierda y su taza de café.. Se encontraron sus botas en el lugar exacto que había pisado antes de desaparecer. mientras describía.más sensatos al envejecer? A mí me pare-ce que son nuestras ilusiones las que van cambiando con el tiempo. Mi ánimo había decaído. el cual. qué. como le he dicho. -Entonces tiene que ser verdad -comenté en tono jocoso. y al caballero de la izquier-da con la copa de aguardiente.Clair?Oigamos la historia o milagro o lo que quiera que sea. ¿ya has encontrado dónde dormir? -En el desván. Sin saber cómo. ante los ojos de media docena de testigos fidedignos. que se desvanecieron en presencia de media docena de testigos. Parbleu! Cuando salgamos del Dragón Volador espero que sea por la puerta. Todo esto lo oí contar. me encontraba. en el cuarto de ésta. -Es sólo esto.Resulta que un antiguo escudero del finado rey guillotinado durante la Revolución -simonsieurtiene la bondad de hacer memoria-. -¿Qué quieres decir. _Hombre. ¡Ojalá! No. El cura la rompió mientras conversaba conmademoiselleFidone. de pie en medio de la habitación de abajo. nosotros estamos siempre igual de locos. vivió en este hotel durante un mes y.

Aquéllosy los de las varillas batieron las palmas repetidas veces y bai-laron en silencio alrededor del palanquín una danza curiosa y medio sal-vaje que. realzado por signos cabalísticos color rojo oscuro y negro. unas medias rojas y unos zapatos bordados de oro. que reflejaban y repetían todos los espejos. cuyas cortinas estaban corridas.avanzaba en paralelo a la silla. y por el alboroto de las improvisaciones y demás ingeniosidades propias de una mascarada bien organizada. Entre los salones y galerías abiertos al público destacaba la enorme perspectiva de la Grande GaleriedesGlaces. deteniéndome de vez en cuando a escuchar un diálo-go ingenioso. y sus cejas negras y enormemente pobladas. El rostro del personaje era oscuro. mirando a mi alrededor por si pasaba por allí mi amigo en domino negro. Me había detenido y mirado a mi alrededor. Llevaba bajo el brazo un libro de aspecto singular y en la mano una varita de madera barnizada de negro. y precisamente en este momento. impasible y solemne. Había algo tan singular.iluminada para la ocasión con no menos de cuatro mil candelas. de luenga barbanegra y con un gran fez al estilo de los que llevan losderviches. con la pequeña cruz blanca en el pecho. produciendo un efecto casi deslumbrador. Delante y detrás marchaban otros dos con una varita en la mano. al mismo tiempo. Me encantó constatar que los portadores colocaban su carga a unos metros del lugar donde yo estaba. En mi vida he visto una cosa tan asombrosa. Danza que se vio pronto acompañada de más palmas y de gritos monótonosy rítmicos. mis ojos repararon en una silla de manos dorada. Mientras tenía lugar esta danza. al menoscompa-rablea aquella magnificencia. una mano se posó suavemente sobre mi brazo. Cada rincón estaba animado por música. transportado con barras doradas por cuatro chinos rica-mente ataviados. Fui avanzando indolentemente con mi disfraz de dominó. caminaba con la barbilla hundida en el pecho y los ojos clavados en el suelo.CAPÍTULO XII . colores vivos. una canción burlesca o un monólogo divertido. Una túnica extrañamente bordada caía de sus hombros recubiertos con símbolos jeroglíficos. especialmente a cada puerta que franqueaba. El que abría la marcha agitaba la varilla a dere-cha e izquierda para abrir paso al palanquín. Ésa es la mejor atracción de todas las salas. sin embargo. puntiagudos y curvados hacia arriba al estilo oriental. Tiene que hablar con el mago. extraño y solemne en aquel espectáculo que me sentí al punto intrigado. La túnica iba ceñi-da por un cinturón ancho y dorado.El mago Imposible imaginar un espectáculo más brillante que aquel baile de disfraces. o más bien un palan-quín chino. Yo nunca había visto nada parecido. le asomaban por debajo de la túnica. No había una sola sala vacía. -Qué alegría haberlo encontrado -dijo el marqués-. Me volví y vi a mi lado a un dominó negro con una cruz blanca. pero. que hacía alarde de la fantástica exuberancia de la decora-ción «celeste». voces. La gran suite de salones estaba abarrotada de personas disfrazadas de la manera más increíble. Pero éste aún no había dado señales de vida. resultaba per-fectamente acompasada. . en cuanto a las figuras y posturas. tal y como había convenido con el marqués. Hace aproximadamente una hora me tropecé con ellos más allá y formulé algunas preguntas al oráculo. Mientras vagabundeaba así en medio de aquel espectáculo fastuoso. Y un hombre menudo y ceremonioso. el bordado era negro y oro sobre un fondo abigarrado de colores brillantes. joyas centelleantes.

Se divertirá mucho.Aunque sus respuestas hayan sido un poco veladas. He visto cómo lo consultaban también otras personas. Luego. tras retirar la cabeza y volver a cerrar la cortinilla.el conde me colmóde cumplidos y cortesías. donde se hallaba elmago de la barba negra. Los criados chinos mantenían un círculo des-pejado a su alrededor y los espectadores se arremolinaban sin sobrepasar el círculo. avanzaba tieso a nuestro lado en dirección del palanquín. sin dejar de hacer una hábil mención mi afortunada intervención en laBelle Étoile. dos salones más allá. Al marqués y a mí se nos pidió que hiciéramos lo propio al penetrar en el círculo. se lo aseguro. Nunca olvidaré la impresión que me ha pro-ducido. -Venga conmigo -dijo-. y más asustadas aún si cabe que yo. contestó: . Los tres nos dirigimos hacia el palanquín. que no conoce absolu-tamente nadie en este mundo más que yo y dos o tres de las personas más discretas de Francia. Se lo presentaré.Alyre-. -Tiene que hablar con el mago como sea -dijo el marqués al conde deSt. ¡Nunca me habría esperado semejantes respuestas! Estoy sorprendidísimo. El marqués me lo presentó. iré a buscarla dentro de unos minutos para que pueda también conocerle y agradecerle la ayudaque nos prestó con tanto valor en aquella ocasión tan desagradable que nos toco vivir. A nuestro lado pasó un joven vestido de español que acababa de hablar con el mago en compañía de un amigo. El conde depositó una moneda en su mano. petición a la que accedimos religiosamente. Uno de estos hombres -el que con su varita dorada había encabeza-do la procesión-. que evi-dentemente han quedado igualmente sorprendidas. al igual que yo. le oímos decir: -¡Qué farsa tan ingeniosa! ¿Quién será el que está dentro delpalanquín? ¡Parece conocer a todo el mundo! El conde. también disfra-zada de dominó. charlando con su vieja amiga la duquesa de Argensaque. no me ha quedado ninguna duda de que conoce todos los detalles sobre la misión que tengo encomendada. -Oro -contestó el acólito. extendió hacia él la mano: -¿Quiere dinero? -le preguntó el conde. He venido con el conde deSt. para mi gran contento: -La condesa anda por aquí. Como pueden suponer. La primera pregunta que hizo el conde fue la siguiente: -¿Soy soltero o casado? El mago descorrió la cortina rápidamente y aplicó el oído hacia un chino ricamente ataviado que estaba sentado en la litera. -¿De veras? Entonces haremos lo posible por probar también -contestó. con su disfraz de dominó. y dijo al final. le seguí presuroso. era el conde). Alyre y la condesa (y señaló con la cabeza en dirección de una figura enjuta.

-Lo segundo. dejando a un lado mi propia autoestima. cuyas respuestas parecieron divertir sobremanera al marqués. pero cuyo verdadero significado se me hurtó por completo. No venía enmascarado. le susurró: -Mire quién viene por su derecha. -¿Me ama mi mujer? -preguntó jocosamente. ¿Y puedo saber entre qué potencias y por qué motivo en concreto? -Entre el conde y la condesa deSt. El marqués me dijo después que aquélla era la fecha en que habían firmado su contrato matrimonial. con una mirada sarcástica a su alrededor-. Yo miré a la dirección indicada por el marqués y vi una figura chupa-da y desvaída acercarse hacia nosotros. pálido. sino un médium que se limitaba a transmitir las contestaciones de otra persona más importante que él. se vio rescatado por el marqués. y. En una palabra.que ha habido una batalla en Nápoles? -No. que estaba arrepentido de haberse metido en aquel berenjenal. cogiéndolo de un brazo. De ser tal el caso. quien.Alyre. por un documento que suscribieron el 25 de julio de 1811. -En efecto -dijo el conde. Observé que el marqués se había echado a reír. lleno de cicatrices. -¿A quién amo más en este mundo? -A sí mismo. El conde se quedó sin voz unos minutos (supuse que con las mejillas al rojo carmín debajo del disfraz. Pero. -¡Ah! Yo diría que eso se puede aplicar más o menos a todo el mundo. En las siguientes preguntas se observó el mismo ceremonial. Me pareció que le costaba trabajo encontrar su siguiente pregunta. en Francia. tal vez. pues yo no sabía prácticamente nada de la vida y mila-gros del conde. ¿hay algo en el mundo que yo ame más que a mi mujer? -Sus diamantes. era . -¡Ah! -exclamó el conde. -¿Es cierto -preguntó el conde. -Todo lo que usted merece. Tenía el rostro ancho.) Nadie más que nosotros sabía que el interrogador era el conde deSt. cambiando de tema perentoriamen-te.Alyre. Siguieron dos o tres preguntas. El hombre de la varita negra no era un profeta.

-¡Dinero! ¡Oro! ¡Bah! ¿Qué dinero puede haber atesorado un solda-do herido como vuestro humilde servidor. que él contribuía a amenizar con su presencia. la cual. Por su parte. que le escupirá en la cara si la encuentra. que no era otro que el de concertar una entrevista con una viuda acaudalada a la que creía haber causado una tierna impresión. escoltado por un par de gen-darmes.a hacerle mis preguntas? Sin esperar la respuesta. donde mi bastón había dejado su marca. a quien matará si lo encuentra.el feo rostro del coronelGaillarde. no habría llegado a buen puerto de haberse visto obligado a abandonar prematuramente aquella fiesta. mi amigoGaillardeera igual de ruidoso y fantoche cuando interpretaba su personaje que cuando interpretaba el auténtico de coronel de dragones.¡Ja! ¿A dos? Vaya. no deja ni un dedo disponible para recoger el botín que abandona el ene-migo en desbandada? -No le pidan oro -dijo el mago-. ¡Bravísimo! Aquí estoy.mon sorcier. y casi había llegado a las manos con un húsar prusiano. al estar siempre ocupada. quiso saber: -¿A quién persigo en este momento? -A dos personas. sin más preámbulos. -¡Bravo!. Sin duda se habría visto implicado en varios altercados sanguinarios si su prudencia no le hubiera recordado que el objeto de su asistencia a aquella fiesta. Sus heridas lo eximen. Lucía auténticas tiras de esparadrapo en las sienes y las cejas.con el uniforme de cabo de la Guardia Imperial. . luego me hice cargo de la situación. y una viuda francesa. una marca que figuraría en lo sucesivo entre las más honorables cicatrices de guerra. ¿Empiezo ya. al que no le queda más que la mano con la que blande su espada. se lanzó a hablar con voz estentórea. CAPÍTULO XIII . Naturalmente. el conde retrocedió instintivamente mientras se acercaba el cabo bravucón con su uniforme azuly chaleco y polainas blancos. monsieur profeta. ¿y quiénes son? -Un inglés. el brazo izquierdo ajustado de manera que parecía amputado y la parte inferior de la manga de la guerrera vacía y prendida con alfileres al pecho. Tras una docena de preguntas y respuestas. Ya habían estado dos veces a punto de echarle por cacarear con voz estentórea las hazañas de Napoleón el Grande. .El oráculo me cuenta cosas maravillosas Durante unos momentos olvidé que mi disfraz de dominó resultaba impenetrable a la dura mirada del veterano militar y me preparé para un animado rifirrafe.

y el marqués dijo: -Adelante.-El señor mago llama a las cosas por su nombre y sabe que su atuen-do lo protege. que estaba fuera. Entre tanto. Era un personaje mucho más importante que su intérprete. sus polainas y su gorro de piel de oso. deduje. se casará con él. se alejó desgarbadamente con sus cicatrices. Le obedecí. El terreno estaba ahora despejado para mí.monsieurprofeta. Su rostro parecía impasible: la imagen viva de la apatía. y con un tono más suave preguntó-: ¿Dónde está ella? -Suficientemente cerca para ofenderse si usted falla. Aquel rostro parecía rojo sangre. -¿Una herejía? ¿Puedo saber cómo se llama? -Amor. no dispuse de muchos segundos para hacer observaciones. de la luz que entraba por las cortinas de seda rojas. no vaya a ser que la persecución de usted acabe uniéndolos. Estaba unos metros más atrás. mirando a su alrededor y estirando al máximo su cuello flaco. los ojos cerrados y la barbilla apoyada en la pechera de su pelliza borda-da. ándese con cuidado. Y el marqués y él. -¿Cuál es mi religión? -pregunté. Sólo una vez tuve la oportunidad de un vista-zo aceptablemente largo. Y usted también lleva razón. tenía la cabeza inclinada hacia abajo. Un anglicano es una rara avisen París. Lo que vi fue muy singular. ¡Mil gracias! ¡Adiós! Y. Se dirá a sí misma que se requiere cierto tiempo para llegar a ser coronel. y era más que probable que algunos de los míos no le hicieran mucha gracia al conde. pues aquel sabio parecía desvelar todos los secretos de forma inesperada. No. Vi. -Una bella herejía -contestó el oráculo al instante. al parecer ple-namente saciados en su curiosidad. -A fe mía que tendría razón. ¡Pero no importa! ¿Por qué los persigo? -La viuda ha infligido una herida en su corazón. Ya ha conseguido que esta idea le entre bien en la cabeza. -Yo le cortaré la cresta a ese gallito -soltó con un juramento y una sonrisita. asombrado. mientras que el inglés es incuestionablemente joven. ricamente ataviado al estilo chino. Cada cual por separado son demasiado fuertes para usted. Mientras me acercaba al mago. Sentí gran alivio. yo había estado esforzándome por ver a la persona apo-sentada en el palanquín. La viuda. Quería probar al profeta. Permanecí unos segundos dubitativo. Su carácter y pose parecían una réplica exagerada de la inmovilidad del personaje que se comunicaba con el bullicioso mundo exterior. pero esa impresión era consecuencia. -¡Bah! ¿Cómo podría ser eso? -El inglés protege a las damas. miré de reojo para ver si el conde estaba cerca. . estaban conversando de algún otro tema. Sus faccio-nes parecían amplias y pesadas. su chaleco. todo aquello como casi de un solo vistazo. El oráculo iba. como he dicho. amigo mío. si lo ve. y el inglés una heri-da en su cabeza. como llamábamos al hombre de la varita negra.

-¿Qué es lo que más anhelo? -pregunté. Yo estaba hablando más bajo que antes. -Pero. váyase! Me sobresalté al oírlas. -Y ¿qué me impide alcanzarlo? -Un velo negro. ¡Santo cielo! ¡Qué cosa tan milagrosa! ¡Unas palabras con toda segu-ridad no escuchadas por ningún oído terrestre más que por el mío y el de la dama que las había pronunciado! Miré el rostro impasible del portavoz de la varita. ni siquiera que tuviera la menor conciencia. ¡Por el amor de Dios. y me había acercado al hom-bre moreno de la barba para que así no tuviera que elevar la voz. yo. -¿Puede repetirlas? -Acérquese. con la intención de dar a nuestro colo-quio un giro menos embarazoso-. -El paraíso.-¡Ah! Entonces supongo que soy politeísta. del que ni siquiera el marqués sabía lo más mínimo. sin saber apenas lo que decía. y que pueda olvidarlo. iba disfrazado de tal manera que ni mi propio hermano me habría reconocido! -Ha dicho usted que yo amaba a alguien. Váyase. y apliqué el oído. en serio -pregunté. ¡Cada vez mayor suspense! Las respuestas me parecían indicar un conocimiento minucioso de cada detalle de mi pequeño romance. eran las últimas palabras que me había susurrado la condesa. y que amo a muchas mujeres. El hombre de la varita negra cerró las cortinas y susurró lenta y clara-mente estas palabras. reconocí al instante. Puede ser que no vuelva a verle. Nada indicaba que se hubiera dado cuenta. el interro-gador. huelga decirlo. de que aquellas palabras pudieran interesarme particularmente. Como saben. ¡Además. que. Adiós. -Sólo a una. ¿he aprendido alguna vez de memo-ria palabras de devoción? -Sí. ¿Es correspondido mi amor? -seguí preguntando. Me acerqué. . -Inténtelo.

Pero hasta entonces vivo en la luz. El marqués de Harmonville se encontraba cerca de allí. acompañé al marqués de Harmonville.En esto se le unieron los hombres con las varitas doradas y. finalmente. se aceleraba. el hombre del enorme fez y barba y varita negras empezó una especie de danza dederviche. casi me ofuscaba el cerebro y hasta influía en mi conducta. ¿Y si vamos en su busca? Le he pedido que le presente a la condesa. me dijo: -El conde acaba de irse a buscar a su mujer. Al instante. De nuevo en el corrillo de espectadores. lo vi levantar de repente la mano con gesto imperioso y hacer una señal al acólito que empuñaba la varita dorada. los propios portadores. . El portavoz de aquella asombrosa superchería -si es que lo era. frenéticos. a mí me afectó poderosamente. me habría reído bastan-te. -Y luego. Inflamaba mi ardor.. ¡la oscuridad! -suspiré-. cuyo ritmo.-¿Me ama alguien? -repetí. mirando al suelo y reflexionando. -En secreto -fue la respuesta. Éste golpeó el suelo con la varita y exclamó con voz aguda: -El gran Confu permanecerá en silencio una hora. al menos por el momento. hasta que. el torbellino era tal que los bailarines parecían volar a la velocidad de una rueda de molino y. extraños... mientras el palanquín se erigía en el centro de los círculos descritos por estos solemnes danzarines. poco a poco. es al menos una superstición. luego. los extraños actores se mezclaron con la multitud y el espectáculo.me hizo con su varita una señal para que me retirara. a juzgar por su actitud.. Con el corazón latiéndome con fuerza. en un corro exterior. -¿Mucho o poco? -insistí. me atrevo a afirmar que habría sido divertido ver cómo reaccionaba el conde. como el oráculo acababa de decir. El amor. mientras el movimien-to se hacía cada vez más veloz. -La luz de unos ojos violeta. y la aseguraron por debajo. en medio de las palmas de la concurrencia y del asombro general. ¡Cómo exalta la imaginación! ¡Cómo debilita la razón! ¡Cuán crédulos nos torna! Todo aquello. Otra alusión. lo que yo hice con los ojos aún fijos en aquel grupo. Lástima que ella no estu-viera aquí para consultar al profeta. tratándose de otro. -¿Cuánto tiempo durará este amor? -Hasta que la rosa pierda sus pétalos. si no es una religión. ahora rodeado de un aura de misterio en mi imaginación. cuyos gestos se tornaban bruscos. Al acercarme.. al cabo. -Demasiado. los portadores bajaron una especie de persiana -de bambú. tocó a su fin. que cayó con un ruido seco.. de lo que. La rosa.

CAPÍTULO XIV -Mademoisellede la Vallière

El marqués y yo estuvimos vagando por los salones. No resultaba fácil encontrar a un amigo en unas estancias tan abarrotadas de gente. -Quédese aquí -dijo el marqués-. Se me ha ocurrido una manera de dar con él. Además, sus celos pueden haberle hecho pensar que no le interesa presentarle a su mujer. Es mejor que vaya yo primero a razonar con él, dado que parece usted desear bastante esa presentación. Esto ocurrió en la estancia que actualmente se llama el «Salón de Apolo». Los cuadros que lo adornan siguen grabados en mi recuerdo, pues mi aventura de aquella velada estaba destinada a transcurrir en aquel marco. Me senté en un sofá y miré alrededor. A mi lado, tres o cuatro perso-nas estaban sentadas en aquella espaciosa habitación de muebles dora-dos. Estaban charlando animadamente; todas salvo la persona sentada más cerca de mí, que era una dama. Apenas dos pies se interponían entre nosotros. La dama estaba a todas luces ensimismada. Era la perla de la sala. Llevaba el traje inmortalizado por Collignan en su retrato de cuerpo entero demademoisellede La Vallière. Es un traje, como bien saben, no sólo rico, sino también elegante. Llevaba el pelo empolvado, pero se podía adivinar que era castaño oscuro. Asomaba un precioso piececito, y ¿podía haber algo más exquisito que su mano? Era sumamente provocador que esta dama llevara un disfraz y no se lo quitara de vez en cuando, como hacían muchos. Yo estaba convencido de que era bonita. Aprovechando el privilegio de la mascarada, un microcosmos en el que es imposible, salvo mediante la voz y la alusión, distinguir a un amigo de un enemigo, dije: -Mademoiselle,no es fácil engañarme a mí -empecé. -Tanto mejor, monsieur- contestó el disfraz sin inmutarse. -Quiero decir -proseguí, decidido a terminar mi galantería- que la belleza es un don más difícil de ocultar de lo que suponemademoiselle. -Sin embargo,monsieurlo ha conseguido sin ningún problema -dijo con el mismo tono dulce y despreocupado. -Veo que el traje de la bellamademoisellede La Vallière reviste unas formas que sobrepasan a las del retrato; alzo los ojos y contemplo un disfraz y, sin embargo, reconozco a la dama. La belleza es esa piedra pre-ciosa de Las mil yuna nochesque desprende, por oculta que esté, una luz que la delata. -Conozco la historia -dijo la joven dama-. La luz la delataba no al sol, sino en la oscuridad. ¿Hay tan poca luz en estas habitaciones,mon-sieur,para que una pobre luciérnaga desprenda tanto brillo? Creí que allí donde se moviera cierta condesa estaríamos en un ambiente luminoso...

¡Enigmático y turbador parlamento! ¿Qué podía yo contestar? Esta dama podría ser, como dicen que son algunas damas, una amiga de hacer daño o una íntima amiga de la condesa deSt.Alyre. Así pues,pre gunté con cautela: -¿Qué condesa? -Si usted me conoce, debe saber que es mi más querida amiga. ¿No es ella hermosa? -¡Cómo puedo saberlo! Hay tantas condesas... -Todo el que me conoce sabe quién es mi amiga más querida. Veo que no me conoce... -Es usted cruel. No puedo creer que me haya equivocado. -¿Con quién estaba usted paseando hace poco? -preguntó. -Con un caballero, un amigo-contesté. -Ya lo he visto; sí, con un amigo, por supuesto. Pero creo que lo conozco, y me gustaría estar segura. ¿No es por casualidad marqués? De nuevo una pregunta que volvía a ponerme en un aprieto. -Aquí hay demasiada gente. En un momento puede uno pasearse con una persona y en otro con otra distinta... -Que una persona sin escrúpulos no tenga dificultad en eludir una pregunta tan sencilla como la mía... Sepa, pues, de una vez por todas, que nada desagrada tanto a una persona inteligente como la desconfian-za. Usted,monsieur,es un caballero discreto, al que debo respetar en consecuencia. -Mademoiselleme despreciaría si yo violara una confidencia. -Pero usted no me engaña. Usted imita la diplomacia de su amigo. Yo detesto la diplomacia. Significa fraude y cobardía. ¿No cree que loconozco ? Me refiero al caballero con la cruz de cinta blanca en el pecho. Conozco perfectamente al marqués de Harmonville. Ya ve para qué le ha servido su ingeniosidad. -A esa conjetura no puedo contestar ni sí ni no. -No está obligado. Pero ¿cuál era su motivo para mortificar a una dama? -Eso es lo último que yo haría en este mundo. -Usted fingió conocerme, pero no me conoce. Por capricho, indolen-cia o curiosidad quiso conversar, no con una dama sino con un disfraz. Me ha admirado y parece confundirme con otra persona. Pero ¿quién es completamente perfecto? No se puede encontrar la verdad en esta tierra. -Mademoisellese ha formado una opinión errónea de mí. -Igual que usted de mí; ahora descubre que no soy tan tonta como suponía. Yo sé perfectamente a quién desea usted halagar con sus cumplidosy declamaciones melancólicas,y a quién anda buscando con ese propósito.

-Dígame a quién se refiere -le supliqué. -Con una condición. -¿Cuál? -Que usted confiese que he acertado si nombro a la dama. -Usted me atribuye propósitos poco claros -objeté-. No puedo admi-tir que haya querido hablar con una dama en el tono que usted describe. -Bueno, no insistiré en eso; prométame solamente que, si nombro a la dama, reconocerá usted que llevo razón. -¿Tengo que prometerlo absolutamente? -Por supuesto que no. No hay ninguna obligación. Pero su promesa es la única condición para que yo siga hablando con usted. Dudé unos instantes; pero luego pensé que no tenía la más remota posibilidad de acertar. La condesa no podía haber confesado a nadie nuestro brevísimo romance, y era difícil que la persona disfrazada de La Vallière supiera quién era la persona disfrazada de dominó. -De acuerdo -dije-. Lo prometo. -Debe prometerlo por el honor de un caballero. -De acuerdo. Lo prometo por el honor de un caballero. -Pues esa dama es la condesa deSt.Alyre. Yo estaba sorprendido, y desconcertado, pero recordé mi promesa y dije: -La condesa deSt.Alyre es, a no dudarlo, la dama a la que yo espera-ba ser presentado esta noche; pero le ruego que crea, por el honor de un caballero, que ella no tiene la menor sospecha de que yo estaba buscan-do dicho honor, y hasta es poco probable que se acuerde siquiera de mi existencia. Yo tuve el honor de prestarles al conde y a ella un pequeño servicio, demasiado insignificante, me temo, para haber merecido por su parte algo más que un ligero recuerdo. -El mundo no es tan desagradecido como usted supone. Y, aun cuando lo fuera, quedan aún algunos corazones que lo redimen. Yo puedo garantizarle que la condesa deSt.Alyre nunca olvida una acción amable. La condesa no muestra lo que siente; así que es una mujer des-graciada sin que se le note. -¿Desgraciada? Bueno, en realidad me temía que pudiera serlo. Pero, en cuanto a lo que usted tiene la bondad de suponer, es un sueño bas-tante halagador. -Le he dicho que soy la amiga de la condesa, y a ese título debo de conocer algo de su carácter. Entre nosotras se intercambian confidencias, y yo puedo saber más de lo que usted piensa acerca de esos servicios insignificantes cuyo recuerdo supone usted tan fugaz. Aquella conversación me estaba interesando cada vez más. Yo era igual de depravado que los demás

Hay pocos hombres a los que se puede conceder una entrevista como la que voy a proponerle. Se verá con ella a las dos de la madrugada en el parque del castillo de la Carque. contando desde la planta del vestíbulo. Me sobrevino la . ¿No le basta con esto? Y. -¿Hay espacio para otra amistad? -Inténtelo. reconocerá fácilmente el bosquecillo que le he mencionado. La imagen de la bella condesa había vuelto a superpo-nerse a la bonita contrapartida de La Vallière. celoso y tirano. -¿Cómo? Obtuve otra pregunta por respuesta: -¿Ha reservado habitación en alguno de los hoteles de Versalles? -No. junto a la esquina. Es imposible describir lo que sentí al escuchar aquellas palabras. -Muy bien. ¿No estaría burlándose de mí? -Eso se lo puedo decir con total precisión -dije-. Según miro desde la parte trasera de la casa. donde se encuentran mis aposentos. -Eso puede facilitar las cosas. dos o tres pequeñas arboledas de castaños y tilos. Estoy alojado en el Dragón Volador. está en el segundo piso. y le explicará en unas palabras muchas cosas que yo no estoy en condiciones de hacer aquí. ni si es un hombre de honor. guardando un sigilo escrupuloso en cuanto a su desti-no. una posada que limita con el parque del castillo de la Carque. cam-biarse de ropa y.jóvenes de mi edad. se había lanzado ante el sable de un dragón rabioso y había salido victorioso. -¿Y usted cree que le basta con una amiga? -replicó-. que crecen tan cerca unas de otras que forman un pequeño bosquecillo. Una dama puede con-fiar en usted sin miedo. -¿Cómo puedo intentarlo? -Ella le ayudará. que tenía delante de mi Habría dado cualquier cosa por oírle repetir solemnemente que ella se acordaba del campeón que. Su marido es viejo. se siente sola. que le concederá una audiencia de unos minu-tos. por su amor. salir del Dragón Volador y saltar la tapia del parque sin que lo vea nadie. Usted habrá observado. No necesito preguntarle si tiene valor para una aventura. si mira al parque. confiando en la más escrupulosa reserva de su parte. -¿Ha dicho que la condesa es desgraciada? -pregunté-. Sólo tiene una persona a la que abrir su corazón. Estaba aturdido. ¿Qué habitación del Dragón Volador ocupa usted? Estaba sorprendido de la audacia y decisión de aquella muchacha. -Pero usted es su amiga. y el carácter abyecto de mi propósito me importaba un ardite ahora que se habían despertado el amor propio y todas las pasiones que se mezclan en este tipo de romances. Debe volver a su hotel. y con un bastón por única arma. no me fue posible. ¿Cuál es el motivo de su infelicidad? -Muchas cosas. mi venta-na es la del extremo derecho. ¿no? -sugerí. cuando descansa de su presencia. allí encontrará a la condesa.

duda. Vendrá y dirá que no la ha encontrado y le prometerá presen-társela en otra ocasión. a las dos en punto dela madrugada? -Con toda seguridad-contesté. Ya verá cómo no le presenta nunca a su esposa.a reunirse con su amigo? -Le prometí esperarlo aquí hasta que volviera.monsieurno se abstendrá de hacerlo por miedo. Su valor está ya sobradamente probado. Pero ¿cómo voy yo a creer quemademoiselleno habla movida más por su propia simpatía o bondad que por la certeza de que la condesa deSt. es obvio que soy su amiga. -Mademoiselledebe comprender que. ¿o he de decir más bien por nuestrabelleétoile?¿No he dicho ya bastante? -¿Bastante? -repetí-. Por mi buena estre-lla. Más que bastante. me aproximé al conde.monsieur. No. -En mis actuales circunstancias. No podía creer aquellas pala-bras tan trascendentales. El conde deSt. como pretendo estarlo. Entre tanto. -¿Y monsieur estan ingenuo como para creerlo? -¿Por qué no iba a creerlo? -Porque es muy celoso y astuto. en el secreto que hasta ahora él supuso que no era compartido por nadie más que por la condesa y él mismo. Que soy la confidente de la condesa lo juro por todo lo que tiene de entra-ñable un adiós susurrado. dando un pequeño rodeo. Si esta dicha sólo le fuera a llegar a través de sus buenos oficios. si me atreviera a convencerme a mí mismo de que semejante dicha y semejante honor están realmente destinados para mí. es mejor que no me vea a su lado. -¿No convendría que fuera usted ya.. Sonreí bajo mi disfraz cuando éste me aseguró que la duquesa de la Roquème había cambiado de salón . Sospecharía que hemos estado hablando de su mujer. y. -Y. no necesita asegurármelo. si soy su amiga. Mil gracias. Di las gracias ami desconocida y disfrazada amigay. un extranjero? Mademoiselle sabráperdonarme si considera lo mucho que valoro la posibilidad dever y hablar con la condesa. o que lo estoy engañando cruelmente. estoy convencida. ¿considera lógico utilizar su querido nombre de esta manera? ¿Y todo para hacerle una vulgar jugarreta a usted. -¿Estará pues en el lugar que le he dicho. mi gratitud duraría toda la vida.Alyre me va a conce-der semejante honor? -Monsieurcree que no estoy. ¿Le extraña entonces que me muestre algo incrédulo? Pero me ha convencido y espero sepa perdonar mi titubeo. como estoy en el secreto. y eso redoblaría sus celos y su vigilancia. y la de ella. No. -Y. Lo juro por la última compañera de esta flor -cogió durante unos instantes entre sus dedos un delicado capullo de rosa blanca que se hallaba disimulado en su ramo-. -Creo que se acerca acompañado de mi amigo. no hay ningún peligro que no esté dispuesto a arrostrar con entusiasmo.Alyre dijo que pensaba presentarme a la condesa. ya podría esperar sentado.. -Ya se lo dije. No viene acom-pañado de ninguna dama.

en la dirección opuesta a la que habían tomado el conde y mi amigo el marqués. salvo Francia. En algunos lugares la turba resultaba incómoda.mon-sieurCarmaignac.con la gloria recién estrenada. a una media legua de aquí. El segundo -igualmente extrañó. vela-das musicales y otro tipo de reuniones. El primero fue el de un acaudaladoémi-gré. Napoleón había permitido regresar a Francia. EraTomWhistlewick. Eran algo más de las doce. observé con agrado que prefería el silencio y se conformaba con el papel de oyente mientras charlábamosmonsieurCarmaignacy yo. Desa-pareció.y se había llevado con ella a la con-desa. pero que esperaba. era imposible conseguir que la temperatu-ra no resultara sofocante. . fiestas. retorcía los labios de forma extraña y se abanicaba con su disfraz. Así pues. en un futuro muy próximo. las fiestas francesas tenían lugar más temprano que nuestros modernos bailes londinenses. hace cuatro años. Consulté mi reloj. como supe enseguida. Acto seguido empecé a respirar más a gusto.MonsieurCarmaignac era bajito. especialmente para personas disfrazadas. inhalaba rapé y llevaba gafas. del de Dragones. tener la oportunidad de presentarnos. me quité el disfraz. Era uno de los héroes deWaterloo. admiraban. Temía que pudiera proponerme que lo acompañara a su casa. Tras intercambiar cuatro palabras corteses. Era una noche apacible y bochornosa. Al presentarme a su amigo. CAPITULO XV . Evité al marqués de Harmonville. con extraordinaria cautela e indecisión.. Tomera un tipo jocoso. que desapareció también de manera misteriosa.. Se había quitado el disfraz y tenía el rostro acalorado como yo. y la profusión de luces contribuía a aumentar el calor. y poco después oí una voz amiga que me llamaba por mi nombre en inglés. Cuando trabajaba en un departamento de policía distinto. se acomodó en un banco junto a nosotros y pronto pareció tener dificultades para mantener los ojos abiertos. que caminaba al lado del conde. -Le he oído decir -dijo el caballero francés. desempeñaba un cargo oficial. delgado y más tieso que un palo. Era calvo. me perdí rápidamente entre la multitud y avancé lo más deprisa que pude hacia la «Galería de los Espejos». y no tenía ganas de verme obligado a darle una explicación. esa casa fue escenario de dos casos muy extraños. a pesar de que algunos salones eran realmente muy amplios. observé que las palabras no le fluían con nitidez. Así pues. astuto y difícil de entender en aquellas curiosas condiciones.al que el emp.que se aloja en el Dragón Volador. Arqueaba las cejas.Extraña historia del Dragón Volador En aquella época. y lo único negativo que yo conocía de él era su costumbre de calmar la sed con champán siempre que acudía a bailes. a quienes todos los países del mundo.fue el de un rico aristócrata ruso. como vi hacer a otras personas a las que el misterio les importaba tan poco como a mí.

-Mi criado -dije- me ha hecho un relató confuso de algunos aconte-cimientos y, si no recuerdo mal, con las mismas personas como protago-nistas; es decir, un emigrado francés y un noble ruso. Pero como ha pre-sentado las cosas como si se tratara de fenómenos paranormales ó sobrenaturales no he creído ni una palabra de cuanto me ha dicho. -No, no se trata de casos sobrenaturales, sino simplemente inexpli-cables -puntualizó el caballero francés-. Por supuesto, se han planteado hipótesis, pero el misterio nunca se ha dilucidado ni, que yo sepa, se han aportado pruebas convincentes. -Por favor, cuénteme la historia -le rogué-. Creó que tengo derecho, ya que afecta al lugar en el que me hospedo. ¿No sospecha usted del per-sonal de la casa? -¡Oh! Ha cambiado de dueño desde entonces. Pero hay una habita-ción en particular sobre la que parece cernerse la fatalidad. -¿Podría describirme esa habitación? -Ciertamente. Es una alcoba espaciosa del segundo pisó con arteso-nado de madera situada en la parte posterior de la casa, y en el extremo derecho según se mira desde las ventanas. -¡No me diga! ¡Caramba, pero si ésa es mi habitación!-exclamécon redoblado interés, y una pizca de aprensión-. Los huéspedes en cues-tión, ¿murieron ó desaparecieron por arte de magia? -No, no murieron. Desaparecieron como por ensalmo. Le contaré lo que pasó con pelos y señales, pues en el primer casó fui yo quien acu-dió a la casa oficialmente a hacer la investigación; y, aunque no llevé personalmente el segundo, me dejaron ver el expediente y fui yo quien redactó la carta oficial a los familiares de los desaparecidos, que habían solicitado al gobierno la investigación del casó. Recibimos cartas de los parientes más de dos años después, por las que supimos que los desapa-recidos no habían vuelto a dar señales de vida. Aspiró un poco de rapé y me miró fijamente. -¡Ninguna señal de vida! Le referiré lo que ocurrió, según nuestras pesquisas. El noble francés, que era el caballero deChâteauBlassemare, a diferencia de la mayor parte de los emigrados, había tomado pre-cauciones a tiempo; así, había vendido buena parte de sus bienes antes de que la revolución avanzara tanto que hiciera inútil dicha operación y se exilió llevándose consigo una suma de dinero considerable. Regre-só con casi medió millón de francos, que invirtió mayoritariamente en fondos estatales franceses, dejando en Austria una suma mucho mayor en forma de tierras y títulos mercantiles. Habrá observado que este caballero era rico y que no había prueba alguna de que hubiera perdi-do dinero ni de que estuviera pasando por ningún apuró financiero. ¿Me sigue? Asentí con la cabeza. -Este caballero gastaba por debajo de lo que su situación económica le habría permitido. Poseía unos aposentos confortables en París y durante cierto tiempo se dedicó a frecuentar los teatros y otros lugares de razonable esparcimiento. No jugaba. Era un hombre de mediana edad, que quería pasar por más joven de lo que en realidad era, con lo que ello supone de pequeñas vanidades; pero, por lo demás, era una per-sona afable y educada que no molestaba nadie. Como ve, una persona poco susceptible de provocar hostilidades. -Desde luego -convine. -A principios del verano de 1811 obtuvo un permiso para copiar un cuadró en uno de esos salones de

pintura y vino aquí a Versalles con esta finalidad. Su obra avanzaba lentamente. Después de cierto tiempo abandonó el hotel de Versalles y se fue a vivir, para cambiar un poco, al Dragón Volador. Allí tomó, por decisión personal, la habitación que casualmente le han dado a usted. Desde entonces parece ser que pintó muy poco, y fueron raras las veces que fue a su casa de París. Una noche le dijo al posadero del Dragón Volador que iba a París a pasar un par de días por asuntos persónales; que su criado le acompañaría, pero que se quedaba su habitación del Dragón Volador y regresaría unos días des-pués. Dejó allí parte de su ropa, pero se llevó a París un baúl, su neceser y el restó del equipaje, con su criado en la parte trasera del carruaje. ¿Me sigue,monsieur? -Con suma atención-contesté. -Pues bien,monsieur,llegadocerca de su casa de París, detuvo repen-tinamente el carruaje y le dijo al criado que había cambiado de planes; que dormiría en otro lugar aquella noche; que tenía un asunto muy im-portante que resolver en el norte de Francia, no lejos de Ruán; que se pondría en marcha antes del amanecer y que volvería un par de semanas más tarde. Llamó un simón, empuñó una saca de cuero que, según contósu criado, era suficientemente grande para contener unas camisas y un abrigo; pero que era también enormemente pesada, como él mismo pudo comprobar, pues tuvo que sostenerla mientras su amo sacaba de la bolsa treinta y seis napoleones, de los que el criado debía rendir cuentas a su regreso. Luego le mandó que se marchara en el carruaje mientras él, empuñando la mencionada saca, subía al simón. Hasta este punto, como ve, el relato es bastante claro. -Perfectamente -convine. -Pero ahora viene el misterio -dijomonsieurCarmaignac-. Después de esto, que nosotros sepamos nadie volvió a ver al conde deChâteauBlassemare, ni conocidos ni amigos. Luego averiguamos que, la víspera, el agente de cambio del conde había vendido, por orden de éste, todos sus bonos franceses y le había dado su equivalente en dinero. La razón esgrimida para esta operación concordaba con la que había dado a su criado. Dijo que marchaba al norte de Francia para pagar algunas deu-das y que no sabía exactamente cuánto dinero iba a necesitar. La saca, cuyo excesivo peso había extrañado al criado, contenía, a no dudarlo, una suma de oro considerable. ¿Quieremonsieurprobarmi rapé? Me alargó su tabaquera abierta, de la que tomé un poco a modo de experimento. -Cuando se inició la investigación -prosiguió-, se ofreció una recompensa por cualquier información que pudiera arrojar alguna luz sobre el misterio, sobre todo por la que pudiera facilitarnos el conductor del simón, como, por ejemplo: «me contrató la noche del día tal, hacia las diez y media, un caballero con una saca de cuero negro, que se había apeado de un carruaje privado y dio dinero a su criado tras contar-lo dos veces.» Se presentaron unos ciento cincuenta cocheros, ninguno de los cuales resultó ser el hombre que buscábamos. Sin embargo, obtu-vimos una curiosa e inesperada prueba para otro caso completamente distinto. ¡Qué barbaridad! ¡Qué ruido hace ese arlequín con su espada! -¡Intolerable!-convine. El arlequín desapareció, ymonsieurCarmaignac reanudó su relato: -La información a que me refería nos la suministró un muchacho de unos doce años que conocía al conde perfectamente, ya que le había ser-vido varias veces como mensajero. Afirmó que hacia las doce y media de aquella misma noche -en la que, tome usted nota, brillaba una hermosa luna llena- fue enviado, al haberse puesto de repente su madre con dolores, a buscar a la comadrona, que vivía a tiro de piedra del Dragón Volador. La casa de su padre, punto de partida, se hallaba a unos dos kilómetros de distancia de la posada, para alcanzar la cual tenía que rodear el parque del castillo de la Carque. El

camino pasa por delante del viejo cementerio deSt.Aubin,separado de éste sólo por una valla muy baja y dos o tres árboles viejos y enormes. El muchacho se puso un poco nervioso al acercarse a este antiguo cementerio y, a la luz brillante de la luna, vio a un hombre al que reconoció claramente como al conde, a quien conocían con el mote de «El sonrisas». Tenía un aspecto muy triste y estaba sentado encima de una lápida, sobre la que había también una pistola, mientras él cargaba otra. »El muchacho pasó por allí de puntillas, sin hacer ruido, sin apartar la vista en ningún momento del conde deChâteauBlassemare, o del hombre al que había confundido con él. No iba vestido como de cos-tumbre, pero el testigo juró que no le cabía la menor duda en lo que a su identidad se refería. Dijo que tenía una expresión grave y adusta, pero que, aunque no sonreía, era la misma cara que él conocía de sobra. De esto estaba completamente seguro. Si era él, fue la última vez que alguien lo vio. Desde entonces no se ha vuelto a oír hablar de él. Nada se ha descubierto de él en Ruán y alrededores. No hay pruebas de su muer-te, pero tampoco hay el menor indicio de que siga con vida. -Es un caso realmente singular -convine; iba a hacer otro par de pre-guntas cuandoTomWhistlewick, que sin que yo me diera cuenta se había levantado a dar un paseo, volvió mucho más despierto y mucho menos achispado. -Vamos, Carmaignac, se está haciendo tarde y debo irme, de veras, por el motivo que le he dicho antes. Beckett, tenemos que vernos pronto. -Siento mucho,monsieur,no poder relatarle ahora el otro caso, el del otro inquilino de la misma habitación, un caso más misterioso y sinies-tro que el último, ocurrido en el otoño del mismo año. -¿Por qué no me hacen el honor de venir a comer conmigo mañana al Dragón Volador? Mientras avanzábamos por la «Galería de los Espejos», conseguí arrancarles su promesa. -¡Por Baco! -exclamóWhistlepoco después-. Fíjense en esapagoda,o silla de manos o lo que quiera que sea: sigue aún donde la dejaron esos individuos, sin que haya nadie cerca de ella... No me explico cómo hacen para adivinarlo todo tan diabólicamente bien.JackNuffles, aquien he conocido esta noche, dice que son gitanos. ¿Dónde están, por cierto? Voy a echar un vistazo al profeta. Lo vi tirar de las persianillas, que estaban construidas a imitación de las celosías venecianas: cubrían las cortinas rojas del interior, pero no parecían ceder, y Whistlewick sólo pudo mirar por debajo de una que no estaba totalmente bajada. Al volver, nos contó lo siguiente: -Apenas he visto al viejo. Estaba demasiado oscuro. Está cubierto de oro y rojo, y tiene un sombrero de mandarín bordado; duerme como un lirón, ¡y por Júpiter que huele peor que una mofeta! Aunque sólo sea por oler vale la pena acercarse... ¡Buah! ¡Puf!¡Arg! ¡Vaya perfume! ¡Beerg! Decliné aquella invitación tan seductora, y nos dirigimos lentamen-te hacia la puerta. Me despedí de ellos, recordándoles su promesa. Así, pude subirme por fin a mi carruaje y dirigirme sin más dilación hacia el Dragón Volador por el más apartado de los caminos, bajo la sombra de árboles antiguos e iluminado por la suave luz de la luna. ¡Cuántas cosas habían ocurrido en las dos últimas horas! ¡Qué varie-dad de cuadros extraños y animados se habían agolpado en taxi breve espacio! ¡Qué aventura tan estupenda me esperaba!

sin los que ningún caballero podía asistir a una velada.El parque del castillo de la Carque No había peligro de que el Dragón Volador cerrara sus puertas en aquella ocasión antes de las tres o las cuatro de la madrugada. En aquel momento me habría gustado no entrar nunca en aquel laberinto que me conducía no se sabía a dónde. el solemne mobiliario y las oscu-ras cortinas del alto lecho hacían que la noche pareciera más sombría. y durante varios minutos unos vagos presentimientos apesadumbraron mi corazón. cuyas copas estaban tenuemente iluminadas por la claridad de la luna. La locura de mi empresa. Muchos criados de personajes importantes se encontraban allí acuartelados. Localicé el lugar exacto de aquel lúgubre conjunto de árboles. Más allá se divisaba el contor-no del castillo de la Carque. pero la amargura ya estaba deslizándose en mi copa. a medio camino entre mi ventana y el castillo. Me calé el sombrero y. Más cerca de mí. tomé un par de pistolas cargadas. Era demasiado tarde para volverse atrás. finalmente. que. Despedí a mi cochero. como sus señores no abandonarían el baile hasta el último momento. sus chimeneas y numerosos chapiteles recortados sobre el cielo grisáceo. y la culpabilidad que entrañaba. un poco a la izquierda. con mi dominó revoloteando alrededor.¡Cómo contrastaba el silencioso y solitario camino iluminado por la luna con el abigarrado torbellino de placeres a cuyo rugido. a la sazón llamados «escarpines». Acabábamos de detenernos bajo el dosel de follaje. diamantes y colores acababa de hurtarme! La visión de la naturaleza solitaria a aquella hora de la noche actuó como un sedante repentino. me llenaron momentáneamente de remordimiento y horror. entre la bella condesa y yo. iluminados por la luz que se filtraba de la puerta del vestíbulo. subí presuroso las anchas escaleras con el dis-fraz en la mano. entraba un rayo de luna que iluminaba el suelo con una luz oblicua. yo sabía que disponía de tiempo suficiente para mi excursión misteriosa sin despertar la curiosidad de nadie por verme salir con las puertas ya cerradas. eran unas compañeras muy recomendables en la . busqué a tientas un par de botas para ponerme en lugar de mis finos zapatos planos. según me habían aconsejado. Pero el tiempo volaba y la hora se aproximaba. distinguí la masa tupida de árboles que la dama enmascarada me había indicado como lugar de encuentro. Dejé mi disfraz sobre un sofá. Poco más habría bastado para revelar aquel mi poco viril estado anímico a mi vivaracho amigoAlfred Ogleo incluso al mordaz pero simpáticoTomWhistlewick. Por la ventana. y. Contemplé el paisaje que dormitaba bajo aquellos rayos argentinos. delante de la ense-ña del Dragón Volador. hacia la que me precipité. Adivinarán con qué extraño interés y emoción contemplé aquel des-conocido escenario de la aventura que me aguardaba. música. aquella misma noche. y entré en la espaciosa alcoba. no podrían volver a sus rincones del Dragón Volador hasta haber cumplido con sus obligaciones. luces. El artesonado negro. CAPÍTULO XVI . Por lo tanto.

. ceñido por una pequeña escalinata. A unos doscientos metros aproximadamente del Dragón Volador. una fuente abastecida por los grandes estanques del otro lado del castillo derramaba sus aguas con sonido metálico sobre una ancha pila de mármol. aquel decorado romántico me sugería en cierto modo la gruta. Una vez en el vestíbulo. de manera semiconsciente. lo dejé en su sitio y bajé corriendo las escaleras. podría alargarlo un poco más. dejé de disimular: me di media vuelta y escudriñé con atención el cami-no. voy a darme un paseo en esta noche de luna. está triste por su matrimonio con un tirano celoso que la quiere obli-gar a vender sus diamantes. y. Luego. y más triste. lige-ramente a la izquierda. pero. No te acuestes hasta que yo vuelva. el chorro de agua centelleaba cual lluvia de diamantes al claro de luna.Clair-le dije-. Esto me facilitaba la escalada. que parecía cubierto de escarcha. . -St. a la luz de la luna. satisfecho del resultado. que parecía más negro que los crespones de una corona fúnebre. para percibir con detalle estos efectos. le diré algunas cosas acerca de ella. ¡Lo conseguí! Ya me hallaba en el parque del castillo de la Carque. No tardaré más de diez minutos. La impresión de descuido y ruina hacía más bonita aún la escena. como quien no sabe qué dirección tomar. Si el paseo me gusta. entre las grietas se abría paso la hierba. No se oía ningún ruido de pasos ni se veía el menor rastro de figura humana. Faltaban sólo ocho minutos para la hora convenida. que valen. y la esperanza aceleró los latidos de mi corazón. Luego avancé por la carretera. A unos metros de la escalinata. Era de mármol blanco. La joven estaba en medio del claro y la luz de la luna caía directamente sobre ella. Mientras observaba atentamente. Me volví sobresaltado: allí estaba la persona dis-frazada demademoisellede la Vallière que había visto unas horas antes.. semioculta tras el follaje. y sentí cierto placer al verme sumergido por completo en medio de la sombra. Entre tanto. Seguí avanzando. así como una ventana. El moho se insinuaba en el pedestal y la cornisa. y el mármol descolorido y añejo exhibía los estigmas de un largo abandono. donde. me habló una voz por detrás. divisé el gablete de la vieja posada. La luz de la luna era suficiente para consultar el reloj.inestable situación que estaba atravesando entonces la sociedad francesa: por doquier pulula-ban soldados en desbandada. se erguía un templete griego o capilla. silbando todo el tiempo una tonadilla que se me había pegado en una visita a la ópera. Un tupido manto de hiedra cubría en este punto la tapia y formaba en lo alto una especie de racimo. confieso que cogí un espejo y lo llevé junto a la ventana para comprobar mi aspecto a la luz de la luna. Es una mujer desgracia-da. de la que salía una luz tenue. que cobijaba una estatua. llamé a mi criado. Ante mí se elevaba el bosquecillo designado. la fuente y la aparición de Egeria. además de servir de pantalla a mi empresa en caso de que alguien estuviera mirando por casualidad en aquella dirección. como el furtivo infame que traspasa los dominios de un señor confiado. su figura parecía más graciosa y elegante que nunca-. contemplandoora la luna ora las nubes blancas que se deslizaban por el otro lado. Nada podía favorecerle más. Bajé los escalones y miré a derecha e izquierda. algunos de ellos bastante peligrosos. Ter-minados aquellos preparativos. -La condesa estará aquí enseguida -dijo. Ya estaba cabe los tilos grandiosos y los castaños centenarios. Este bosquecillo se abría ligeramente en el centro. Yo estaba demasiado atento al castillo. con columnas corintias acanaladas y vanos cubiertos de vidrio. de donde debía llegar la dama. A cada paso parecía más alto y proyectaba una sombra cada vez más negra a mis pies.

sino también su amistad. ¿Puedo ayudarla de alguna manera? -Si desprecia el peligro. quiere decir -contestó la señorita de La Vallière.Pero es sólo un parecido. entonces. y vigila constantemente. sin más recompensa que su pobre gratitud.Alyre está en casa. Lo he oído decir a un amigo.pero yo no he dicho eso. Dicho lo cual. -Un poco más chillona. si desprecia. Con estas palabras. que no parecía conducir a nada. a la luz de la luna. y ganarse así no sólo su gratitud. que mi mano es tan bonita como la suya? -No puedo admitirlo. -Primero diga si ha pensado realmente en ella. -¿Desea ella verme? -pregunté con tierna vacilación. es maravillosamente dulce. pero se me antoja un poco más aguda. que. no podía contradecir a una -Veo.mademoiselle-dije con la sinceridad de la impaciencia-. es dificilísimo dar un paso sin peligro. se quitó el guante y alargó la mano. como ella. Día y noche sus bellos ojos me siguen a todas partes. Aquello era indigno e irritante.monsieur. La de usted es una voz muy dulce.. -¿Admite. No quiero entrar en . dama. Me cree vanidosa porque pretendo en algunos aspectos igualarme a la condesa deSt. sin embargo. su dulce voz siempre resuena en mis oídos. Le desafío a que me diga que mi mano es menos hermosa que la suya. ¿Puedo ayudarla de alguna manera en esta lucha desigual? Dígame cómo. no más chillona: su voz no es chillona. me pareció que algo picada. -No. -Siempre y cuando no ocurra nada imprevisto.Alyre.. Hice una reverencia. la dama disfrazada se volvió. si puede hacer estas cosas.-Treinta mil libras esterlinas. Yo me declaré dispuesto a ser el esclavo de la condesa. -Eso es un prejuicio. claro que la puede ayudar. -Pero -añadí. no es ningún peligro.mademoiselle. con la palma hacia abajo. y pareció romper a llorar.. -Dicen que mi voz se parece a la de ella -dijo el disfraz. -Siempre la he tenido presente.que se ríe de mí. y cuanto mayor sea el peligro o el sacrificio.monsieur. -En efecto-contesté-.eso no es cierto. más feliz me hará. las leyes tiránicas de este mundo y es suficiente-mente caballeroso como para dedicarse en cuerpo y alma a la causa de una dama. La dama parecía realmente molesta. como el conde deSt. pues se estaban desperdiciando unos momentos preciosos mientras manteníamos aquella conversación insulsa. ¡Ah! ¿Es entonces la mía mejor? -Perdóneme. más de una vez.usted me dijo que estaría aquí pronto. pero no es tan patéticamente dulce como la suya. en la aventura de laBelleÉtoile.

y mis ojos vieron en persona a la condesa deSt. En el otro extremo del castillo hay un pe-queño cementerio. tímida y más bella que nunca. -No. y también que. La disfrazada rió primero fríamente y.Alyre nunca habría confiado en usted ni le habría dado ninguna cita. Si usted hubiera cedido al coqueteo de una rival disfrazada demademoisellede La Vallière. la condesa deSt. Comprenda mi situación. más solitaria que la de un claustro. Me lo debe usted. Aún no nos conoce-mos lo suficiente. -Mañana debe venir por otro camino -dijo-. no necesita jurarlo. no debe hacer eso -dijo con voz queda-. confundida. Lo atravesará y se encontrará a unos veinte metros de aquí. me alargó la mano. ¡Cómo olvidar la escena heroica del vestíbu-lo de laBelleÉtoile!¿Ha conservado usted la rosa que le di al despedir-nos? Sí. que cogí y llevé a mis labios. El camino está desierto y hay una barrera que permite acceder a este camposanto. No amar al marido -continuó. con un esbozo de sonrisa dulce y comprensiva. Exhalando un suspiro. -No. Los vecinos temen pasar por allí de noche. con cierta simpatía.comparaciones. fiel y sin miedo. si viniera uña tercera vez. le prometí observar al pie de la letra sus instrucciones. ridículo por . se retiró el disfraz. además de valiente. -Llevo más de un año viviendo en un terrible estado de indecisión. Cada momento me parecía más hermosa.Alyre es a todos los respectos la dama más hermosa que jamás han contemplado mis ojos. exclamó: -Le probaré lo que digo. me rechazó. monsieur. aún se acuerda de la condesa de laBelleÉtoile. no debemos desperdiciar en extravagancias estos preciosa momentos.Richard!¡Oh.¡cuántas veces he repetido en la soledad su nombre. El conde.Alyre. a nadie que me libe-rara de los horrores de mi existencia. con una capilla en ruinas. pero no se olvide de extremar la precaución para que nadie sospeche que ha venido aquí. a nadie que me aconsejara.yque es usted todo un campeón. -¡Cielo santo!-exclamé-. Sabe de sobra que no me he olvidado de usted. Yo le prometí repetidas veces que moriría antes que permitir que cualquier imprudencia pusiera en peligro aquel secreto que daba a mi vida sentido e interés.mi héroe! ¡Oh. Pero ahora estoy segu-ra de que es usted una persona de fiar. yo arrostraría igualmente cualquier peligro antes que perder a un amigo.es odiarlo.¡Qué monstruosamente estúpido he sido! ¡Así que fue conmadamela condesa con quien estuve hablando todo el rato en el salón! La contemplé en silencio. Pero ha llegado la hora de dar el paso. y mi entusiasmo iba aumentando en proporción. Y ella. aunque usted se equivocó.Richard. que he conocido por mi criado!¡Richard. me habría arrojado a sus pies. debo decirlo. en un lugar rodeado de matorrales. volveríamos a cambiar. mi rey! ¡Cuánto le amo! Yo la habría estrechado contra mi corazón. Pero aquella mujer hermosa y. Creo que. mientras así hablaba. pero la condesa deSt. Confío en usted. Me quedan sólo unos minutos. No he tenido a nadie que escu-chara mis confidencias. luego. y. Por supuesto. si alguna vez arriesgara su vida por mí. ¿Vendrá de nuevo mañana por la noche a las once y cuarto? Yo estaré aquí a esa hora. Y. inconsecuente. sonriente. La mía ha sido una vida muy tris-te. Pero por fin he encontrado a un amigo valeroso y decidido. En el matrimonio no existe laindiferencia.

Mañana por la noche le contar más cosas.Alyre. A pesar de lo tarde que era. la obedecí Esta entrevista no duró. Permanecí despierto en mi lecho. En efecto. dándonos la espalda. Sonrió. Yo no era un pecador suficientemente endurecido como para no sen-tir cierta turbación. -Con mucho gusto -dijo el marqués-. con la esperanza de encontrarlo aquí -graznó-. siempre en la oscuridad. CAPÍTULO XVII . Se levantó. pero no hasta después de las seis.todo lo demás. al menos momentánea. en medio de una fiebre de euforia. A causa del gran barullo que se había formado a la salida del baile. por lo que me pedía un asiento en el mío en caso de que tuviera intención de ir a París. parecían ébano esculpido sobre un horrible rostro de boj. y me encantaba hacerlo en su compañía. yo iba a París.El ocupante del palanquín El marqués me visitó al día siguiente. ¡Váyase ya! Déjeme sola. Era el conde deSt. Fue conmigo hasta mi hotel y subió a mis aposentos. su vehículo había sufrido un percance. ¡Qué gran contratiempo! . que no puedo explicar ahora. de tomarme cierta libertad. para hacer cuantoestoy haciendo ahora y cuanto voy a hacer después. con los lentes calados. y vino a llevarse aquella visión. al toparme de repente con aquel hombre. diga que no conoce a ninguno de los dos. mi desayuno estaba aún en la mesa. pero me pareció que su expresión era más sombría que en ocasiones anteriores. los bucles oleaginosos de su peluca negra. me prestará tal vez la ayuda que necesito tan impe-riosamente.porfavor. es tremendo cuando le acometen los celos. Finja con todas las personas con las quo hable no conocer a ninguno de los moradores del castillo de la Carque alguien menciona al conde o a la condesa deSt. En este momento tengo que acudir a una reunión con otras tres o cuatro personas. y tenía el brazo derecho en cabestrillo. Hasta que despuntó el día. Adiós. y con el propósito. -Le he visitado. para pedirme un favor. que enmarcaban su escueta cabeza. La bufanda negra le colgaba del pecho. más de diez minutos. creo.monsieurBeckett. -¡Qué voy a hacer. Tengo motivos. Con una hora que me hubiera reservado todo se habría arreglado.Alyre. Por eso. Me extrañó ver allí a un hombre sentado en uno de los sillones. me temo. Había venido. No era fácil saber si aquel día había algo inhabitual en su fisonomía o si era simplemente el efecto de mi pre-vención por todo lo que había oído durante mi misteriosa entrevista en su parque. ultrajado al menos en la intención. dijo. entonces! -exclamó el conde-. una reunión a la que no puedo faltar.Alyre en su presencia. pero mi amigo el marqués de Harmonville. quien tal vez se sienta más obligado conmigo. Volví a escalar la tapia del parque y regresé al Dragón Volador antes de que cerraran las puertas. Musitando un «adiós». delante de mí. leyendo un periódico. vi a la bella condesa deSt. extreme la precaución. estoy casi seguro de que no podremos terminar antes de esa hora. Hizo con la mano un gesto perentorio para que me marchara.

ya que los fondos estatales franceses caerían con toda seguridad en breve plazo. -No a mi nombre. Aquella circunstancia tuvo también . entre dos panteonesdela familia deSt. eché de menos una vez más mi tranquila habitación del Dragón Volador. Ciertamente. la suya podría servir tanto como la mía. El conde me facilitó el nombre y apellido del finado. Cuando llegue el momento. llegaría a casa de éste (el castillo de la Carque) hacia las diez de la noche siguiente para ser transportado desde allí en un coche fúnebre.que había fallecido enChâteauCléry. iba a ser enterrado. pero. París había perdido su encanto para mí. Salimos del hotel.Alyre. es un pocofuneste. si no tiene ningún reparo. y ya no podría echarme atrás. la melancolía de los bosques del castillo de la Carque y la emocionantey embriagadora proximidad del objeto de mi pasión. como no tiene a ningún otro pariente. que. Me detuve en la oficina de mi agente de cambio. Como ya he dicho. -Apenas he visto a ese pobre caballero dos veces en mi vida -dijo el conde-. o la suma entera. todo saldrá perfectamente.Amand. Yo le pregunté a nombre de quién debía ordenar que se extendiera el recibo. la enfermedad de la que había muerto y varios otros detalles. estado en el que me lo encontré a mi vuelta. amén de una nota acerca del lugar exacto en el que se debía cavar la tumba (bastante sencilla). Mientras yo me encargaba de las formalidades. Me apresuré a cumplir el pequeño asunto que se me había encomendado.El cortejo fúnebre. con el permiso del conde deSt. a la vez loca y reprobable. en comparación con la imagen que ocupaba mis pensamientos. llegaría dos días después. la nota no era nada alegre. no puedo rechazar este encargo. su casa. Luego me entregó el dinero para sufragar los gastos del entierro. Querían que yo me convirtiera en albacea. el conde. así como la edad. se escriba el recibo a su nombre. He tenido la mala suerte de torcerme el pulgar y no podré escribir durante una semana. Pero aquí surge otro problema. si el recibo estuviera a mi nombre. Y como usted se ha ofrecido tan amablemente a acompañarme. acompañado por cualquier miembro de la familia que deseara asistir al entierro. embozado en su bufanda de seda negra y con el sombrero calado hasta los ojos. para un hombre tan alegre y encantador comomonsieurBeckett. a la una y media de la madrugada.monsieurde St. a saber. Era bastante dinero. se echó una cabezadita en un rincón del carruaje. Pero me han ase-gurado que.Le ruego lea esta nota que me ha llegado esta mañana. Poco me importaban los insesde unos días. ello me convertiría en albacea ante la ley. según sus propios deseos. Pero había concertado con él una entrevista para aquel día y sentí alivio al oírle decir que era mejor dejar el dinero en manos de mi banquero unos días más. En ella se decía que el cadáver del primo del conde. cuyo brazo de marmórea blancura me convocaba en la noche al bosquecillo de tilos y castaños del castillo Carque.monsieur!La verdad es que no me atrevo a pedirle ese favor. entenderán por qué me he entretenido en contar todos estos detalles. más un suplemento por nocturnidad. en el cementerio parisiense dePèreLachaise. El asunto. le ruego que.Amand. yo tenía una suma líquida en mi banco. mi querido amigo. como una firma es igual de válida que otra. Así pues. Yo hice lo que me había pedido. y ayer escribí rechazando dicho encargo. Sin embargo. por eso quiero acudir a la oficial de defunciones para firmar en el libro y obtener la debida autorización para su inhumación. -¡Qué bueno es usted.-Yo le ofrezco una hora de mi tiempo con mucho gusto -dije. por desagradable que sea. se decía.

Forzaron la puerta. y ésta no es digna de su nombre si no encuentra pronto. Me dijo que no sólo Versalles. de quienes me había olvidado por com-pleto. Casi exactamente lo mismo tuvo lugar hará unos cien años en un baile de gala en París. para mi de-sesperación. Otros opinaron que no era más que una broma pesada y cínica que. como descubrí después. vino el camarero a anunciar que la cena estaba servida y podíamos pasar al comedor. pues entre mis libros de anécdotas y recuerdos franceses se encontraba aquel mismo incidente subrayado por mi propia mano. . -Ni siquiera original -dijo Carmaignac-. del que se habían olvidado. tan expeditivamente tildado pormon-sieurCarmaignac de «saltimbanqui». que se trate de individuos más astutos de lo que suelen ser los simples saltimbanquis. -Fue realmente una broma muy original. bastante corpulento. TomWhistlewick estaba en gran forma. más proclives al misticismo.como persistía en llamar al palanquín. Hubo incluso algunos. más asombroso me parecía. y su peso extraordinario les recordó por primera vez la pre-sencia de su ocupante humano. a los individuos que han atentado contra el de-coro y los sentimientos del público.una incidencia directa en mis aventuras subsiguientes. que habían hecho a alguien la noche anterior. decidieron dejarla donde estaba hasta la mañana siguiente. Ni el mago ni su acólito ni los portadores habían vuelto a aparecer. Mis invitados se encargaron de compensar mi relativa taciturnidad. Lapagoda. sino también todo París. encontré en mi saloncito. De regreso al Dragón Volador. Esta afirmación demonsieurCarmaignac. Terminado el baile. por supuesto. ¡sino a un muerto! Debían de haber transcurrido tres o cuatro días desde la muerte de aquel hombre. a mis dos invitados. no a un hombre vivo. Pero aquello ya no tenía remedio y unas pala-bras a los camareros bastaron para reparar enseguida mi olvido. los criados que ayudaban a apagar las luces y a cerrar las puertas la encontraron aún allí. sehallaba en aquellos momentos alborotado a raíz de una jugarretaindignante. Mientras hablábamos de aquel asunto. se podía perdonar si se imputaba al inge-nio y bufonería irreprimibles de la juventud. cuando más pensaba en ello. había quedado en el lugar donde la habíamos visto por última vez.y rayana en el sacrilegio. que aseguraron que el cadáver había sido condiciónsine quanonpara la exhibición adivinatoria. aunque algo sospechosa -dijo Whistlewick. Yo estaba pensando para mis adentros en lo inexplicable que había sido mi coloquio con el mago. Pero nadie se presentó. -El asunto está en manos de la policía -observómonsieurCarmaignac-. y se puso casi de inmediato a contar una historia muy extraña.y que las revela-ciones y alusiones que tanto habían asombrado a los asistentes se habían debido indudablemente a la necromancia. era exacta. a no ser. ata-viado con túnica china y sombrero de colores. pues se suponía que para entonces sus propietarios habrían mandado a algún mensajero a retirarlo. y pone a disposición de la justicia. pese a su gravedad. Sin embargo. en cuyo honor se había orga-nizado el baile. Unos dijeron que se tra-taba de una farsa para insultar a los aliados. Entonces se ordenó a los criados que se lo lle-varan de allí. Maldije interiormente mi estupidez por haberme comprometido con su agradable sociedad. y después de retirarse todos los invitados. y no se logró dar con los desalmados farsantes. e imaginen cuál no fue la consternación al descubrir.

por lo menos. es decir. Mis amigos. antes que los otros dos. yame comprenden: una cantidad cercana al medio millón de francos. -Este caso ocurrió -dijo Carmaignac-. Se había alojado en la misma habitación. Ahora ya conoce usted su situación financiera cuando ocurrió la catástrofe. probablemente se comía aquí mejor que en algunos de los más prestigiosos hoteles de París. Pero bebamos antes un poco de vino. además del noble ruso. cuyo nombre no recuerdo ahora. a las que. cantaba y escribía poe-sía. El personal de la posada decía que era el hombre más feo. pero tenía unmodicumbonum. -Sí -dijo Carmaignac. El sosiego y buen humor que produce son más duraderos y agradables que la tumultuosa euforia de Baco. si la memoria no me falla.CAPÍTULO XVIII . lo cual me ahorró el trabajo de tener que hablar. Tras consultar a su agente de cambio sobre la posibilidad de invertir este dinero en valores extranjeros. espero no sutilizarme como los otros. pues. Hubo otro caso. Pero ha dicho usted que hay otra historia parecida relacionada también con esa misma habitación. el Dragón Volador.y distaba mucho de ser apuesto. cantando o tocando el violín. prosiguiendo un hiloargumentaique se me había hurtado-.monsieur. Tocaba el violín. la que usted ocupa. A un caballero francés -ojalá pudiera recordar su nombre-. pues. Ya había dejado de ser joven -tenía más de cuarenta años. -¡Saquefuerzas de este vino. ¡Un hombre realmente excéntrico! No era un millonario. A veces se pasaba todo el día en su habitación escribiendo. Pienso cambiar de hotel. si he de ser sincero. hijo de un comerciante. no. no presté prácticamente ninguna atención. más extraño todavía. siempre y cuando piense usted que-darse aquí más tiempo. Sus costumbres eran extrañas. gracias.para afrontar la catástrofe! -bromeó Whistlewick mientras se llenaba el suyo. se mostraron contentos y muy locuaces. -Por favor. hasta que de repente surgió un tema que me interesó poderosamente. pero espontáneas. aunque pase aquí esta noche. pues mis pensamientos estaban por completo en otra parte. disimulando su seriedad con una sonrisa. Por cier-to. pero también el más bonachón. La historia que contó fue muy curiosa. Oigámosla. al igual que los vinos.cambiar de habitación ahora que hay menos gente en la posada? Por supuesto. . aunque lo recordé precisa-mente esta mañana. -Ah.monsieur. así podré pasear de noche por la ciudad.monsieur. y estuvieron todo el rato contando historias divertidas. el posadero le dio la habitación a la que me he referido. sacó todo el dinero del banco. Pero. a pesar de que se trataba de una posada apartada. llénese el vaso -dije. que jamás había pisado la tierra. que acudió a esa posada. y salía por la noche a dar un paseo. El efecto moral que produce cenar bien es inmenso: todos noso-tros lo sentimos aquella noche. ni mucho menos.¿no piensa -añadió volviéndose hacia mí.El camposanto La cena que nos sirvieron fue realmente buena.

al ver que salía luz por el ojo de la cerradura. Supongo que estará muerto. a quien pertenece esta casa. Aquel incidente probaba que el poeta estaba en la casa después de que se cerraran bien las puertas de la calle. éste comentó después que había visto escribir tan deprisa que parecía que en cualquier momento iba a empezar a arder el papel (éstas fueron sus palabras textuales). -Absolutamente nada. sin que nadie desde entonces haya sabido cómo lo hizo ni haya tenido noticias suyas. Nunca volvió a aparecer. ocurrió que.Dio entonces parte de este continuado y alarmante silencio al posadero. pues ésta se atrancaba desde den-tro. Pero cuando volvió el camarero. tres. Pero nadiecontestó. tras ocupar la habi-tación en la que usted duerme. eso fue lo último que se supo de su dinero -prosiguió Carmaignac-. que hacia las nueve. La noche siguiente a aquella operación financiera fue presa de un arrebato poético. con la llave en el bolsillo. Volvió a llamar. al no recibir contestación. »Ahora bien. suficiente papel para escribir toda La Henriada y provisión proporcional de plumas y tinta. llamó ala puerta para saber si el poeta quería algo. con mayor fuerza. -Sí. Éste contestó con cajas destem-pladas al inoportuno criado y lo despidió repitiéndole la orden de que no lo molestaran durante la noche. un rato después de atrancarse las puertas. al ver que su huésped no había dejado la llave en la cerradurabuscó otra para abrir la puerta. el cual juró que las encontró coleadas en la cabecera de su cama. Y ahora les contaré algo acerca de su poseedor.z hacia las doce y media. Tenía dos pares de velas.-Pues bien. -Usted ha mencionado tres casos -le recordé-. y aquél le repitió desde el interior queno quería que lo molestaran. Las velas estaban ya boqueando en los candeleros. si no. Las llaves las guardaba el propio posadero. elgarçonse marchó. la gran dificultad con que se encuentran los asesinos es cómo ocultar el cadáver. Sin embargo. que quería empezar a escribir aquella noche. como él los había dejado. El conde deSt. -¿Y desde entonces no se ha sabido nada de ese poeta épico? -pre-gunté yo. Lo único que sabemos con certeza es que. aquí surgía otro problema: elDragón Volador cerraba sus puertas a cal y canto a las doce de la noche. una media hora después la puerta estaba cerrada. le llevó una taza de café. Es muy difícil creer que alguien haya asesinado a tres personas consecutivamente en la misma habitación y haya hecho desa-parecer sus cadáveres sin dejar rastro alguno. mostró gran actividad y consternación. y. »Sentado a la mesa de su despacho lo encontró el camarero. nadie podía salir de la casa sin tener la llave. debe de haberse metido en algún asunto sucio. que lo ha obligado a esconderse con el mayor sigilo y celeridad. en su lugar habitual. el cual. pero ni siquiera alzó la vista. los postigos estaban cerrados. miró por el ojo de la cerra-dura. La cama estaba sin deshacer. Pero no se descubrió nada. descono-cido para nosotros. y los postigos estaban cerrados por dentro. Las velas estaban aún ardiendo. una frugal cena fría en una mesita. un criado que no se había enterado de su orden de no ser molestado. Todos igualmente incomprensibles. se evaporó. Cuando se comete un asesinato. y a las nueve de la mañana siguiente llamó a su puerta y. a no ser que contara con la complicidad o ayuda de alguien de la casa.Alyre. a la mañana siguiente. . »Así pues. y que nadie podía haberlas cogido sin despertarlo. mandó llamar al posadero y le dijo que desde hacía tiempo venía meditando un poema épico. y todos en la misma habitación. por lo que no quería que lo molestaran bajo ningún con hasta las nueve de la mañana. . y ello dejando la puerta sin cerrar por fuera. parecía estar completamente enfrascado en su trabajo. se había marchado de la posada. pero daban aún luz suficiente para constatar que el huésped había desaparecido. después de esa hora. Alguien dijo que el escritor había salido de la habita-ción cerrando la puerta por fuera y. Que eso era lo único que podía decir.

también a mi izquierda. Reinaba el más completo silencio. Me puse a pasear porla habitación. en este lugar fantasmal. que. No conozco el nombre de este arbusto. la forma de un álamo en miniatura y el oscuro follaje de un tejo. conviene dejarlo claro. Volvieron vagamente a mi mente las extrañas anécdotas referidas pormonsieurCarmaignac sobre la habitación que yo ocupaba. bordeando la tapia del parque y describiendo una ruta de circunvalación. emergía la blanca superficie de una lápida sepulcral. Mi aventura me absorbía y arrobaba. por fin. en modo alguno enfrió mi fervor. Una espesa nube había oscurecido la luna. y el gravemonsieurCarmaignac nos dis-trajo con un asombroso ramillete de anécdotas escandalosas. a unos doce pasos de distancia. a la luz intermitente de la luna. el árbol que había estado observando perezosamente empezó a adoptar una nueva forma. Aquí. Estaba justo delante de mí. hice una pausa y escuché. destacaban algunos de esos arbustos o árboles que. ocupa poco más de veinte áreas. El cielo estaba salpicado de nubes. Nunca había sido mayor mi entusiasmo. siempre bajo majestuosos árboles viejos. que sus funciones en el departamento de policía le habían permitido conocer. Éste. inmóvil. pasa por delante del viejo camposanto. de manera que a lo sumo podía distinguir los contornos de los objetos más próximos.y eso sólo de manera vaga. con una sensación desagradable. sino un hombre de pie. mis invitados tenían sendos compromisos en París y me dejaron hacia las diez de la noche. Descubrí que había llegado con cierto adelanto y me senté un rato en el borde de una lápida. Me deslicé en silencio. a la izquierda del camino. Subí a mi habitación y miré en dirección del castillo de la Carque. y. por así decir. Ya había averiguado el lugar exacto en que se encontraba el pequeño camposanto: aproximadamen-te a unos dos kilómetros de distancia. al tiempo que dejaba un poso de extrañeza y grave-dad en el fondo demi ser. Sensación que. Cogí mis pistolas con una apren-sión indefinible ante la eventualidad de tener que utilizarlas antes de mi regreso. Yo lo veía sólo de perfil. tienen unos dos metros de altura. Ya no era un árbol. con los ojos puestos en el objeto que estaba justo delante de mí. la distinguí con total nitidez: era la silueta del coronelGaillarde. tiñendo de tonos oscuros las alegres y frívolas historias que relató también. pero no había duda alguna . semioculto entre los árboles. flotando en la negra nie-bla. pero lo he visto a menudo en lugares particularmente fúnebres. a medida que la luz iba en aumento. que estaba sumida en una oscuridad sinies-tra. avancé lentamente por el lado izquierdo dela carretera y. al igual que nues-tros enebros ingleses. Permanecí sentado en ese estado de indolencia inducido por la espera. y el parque. No quería presentarme antes de tiempo. Cuanto más clara era la luz de la luna más clara resultaba también aque-lla imagen. y a veces. Afortunadamente. éste no miraba en mi dirección. tenía un aspecto melancólico y fantasmagórico. Miré alrededor de la habitación.Luego cambiamos de tema. La luna empezó a asomar bajo la nube que la había mantenido ocul-ta durante aquel tiempo. pues suponía que la bella condesa tenía bue-nas razones para no desear que yo penetrara en los dominios del castillo antes de lo estipulado. hasta que. Afortunadamente. desde allí. Entre las formas que se recortaban sobre el gris metálico del horizon-te. entré en una pista más estrecha. y se halla situado entre éste y el parque del castillo de la Carque. que tenía aquel ligero contorno negro que he descrito.

y luego saltó al otro lado de la carretera. La luna brillaba ahora ininterrumpidamente. le oí hablar.en cuanto a su blanco mostacho. A pesar de todo. no en dirección del parque. dándome la espalda. ¡qué nefasta fortuna la que había apostado. Alcancé los escalones y me encontré en medio de la antañona columnata de mármol. CAPITULO XIX . El coronel. Ella no estaba allí ni en el santuario interior. Me encontraba de nuevo bajo las gigantescas ramas de los viejos tilos y castaños. extremando al máximo la precaución. pero en un tono bajo y cauteloso. derramando sus rayos sobre el delicado follaje y moteando el verdor del suelo bajo mis pies. Allí estaba ante mí. vi dos sombreros conversando (las voces per-tenecían a quienes los llevaban). mirando a su alrededor. en la dirección opuesta al Dragón Volador.En cualquier caso. Oí el sonido de otro silbi-do.Alyrey avancé entre arbustos y matorrales hasta el punto más próximo al ruinoso templo. el último en esca-larla. permaneció unos instantes arriba. y. Seguí las instrucciones que me había dado la condesa deSt. escudri-ñando por encima de una tumba. Oí sus pasos y el ruido de su conversa-ción mientras se alejaban. ampliando la distancia que existía entre nosotros con cada zancada. su rostrofarouchey sudesgarbado uno noventa de estatura. en aquel lugar y momento precisos. a la que parecía odiar! Levantó un brazo y silbó con suavidad. Me pareció ver un sombrero sobresaliendo por la tapia en ruinas y luego vi otro sombrero. en la dirección donde resultaban audibles estos sonidos. me aproximé al pequeño monumento. cual soldado adelantado que espía al enemigo. una vez allí. Una tras otra. La dama no había llegado todavía.Alyre. yo sabía que debía disponerme a reanudar inmediatamente el combate iniciado en el vestí-bulo de laBelleÉtoile. cuyas ven-tanas ojivales estaban prácticamente ocultas por pantallas de hiedra. Esperé a que aquellos sonidos se esfumaran por completo en la dis-tancia antes de entrar en el parque. igual de tenue. acechando alguna señal o la llegada de alguien. para mi gran alivio. y con el corazón latiéndome fuertemente. sino del camino. con la vista y el oído aguzados. a un observador tan peligroso! ¡Y qué felicidad para él golpearme duramente y al mismo tiempo echar por tierra los planes de la condesa deSt. el coronel avanzó en la direc-ción de aquel sonido. yo me quedé tendido sobre la hierba. atravesé el peque-ño espacio que me separaba del lugar de la cita. suavemente. Ambos avanzaron. acto seguido. reconocí la voz peculiar deGaillarde. volvía los ojos en mi dirección. Me deslicé sigilosamente. Si. por casualidad.La llave . las figuras emergieron plenamente a la vista al saltar la valla que había al lado del camino. Sí.

como les ocurre a los jóvenes alocados en una situación parecida. Tengo joyas. y. Era la condesa. Citarme aquí con usted. en la esquina del castillo? Asentí.monsieurdeSt. por los que me ofrecen treinta mil libras de vuestro dinero inglés. sobre todo diamantes. He decidido huir. generoso y valiente como usted no puede ser también rico.debo hablarle con absoluta franqueza. Estaba ordenándolas cuan-do llegó la hora y le he traído ésta para enseñársela. ¿Ve esa luz roja que sale de la ventana de la torre. moriré. Estoy segura de que desea defender-me. Creo que se apiada de mí. y yo la conduje al lugar donde se había desarrollado nuestra última entrevista. Pese a la gravedad del momento. -¡Es magnífico!-exclaméal contemplar un collar de diamantes que. Mire. Son de mi exclusi-va propiedad. ¡qué gran locura parece! ¡Qué concepto tan pobre debe de tener de mí! Pero. Usted acudirá aquí mismo a las nueve de la noche. sin embargo. Si ese propósito no se lleva a cabo. miré en aquella dirección y vi que se acercaba entre los árboles una figura envuelta en un abrigo. Sin su ayuda no puedo cumplir mi propósito. usted compartirá todo esto con-migo.usted dice que me ama. Pero ella me mandó callar con la misma firmeza melancólica. Un par de minutos después. -Richard.El féretro. ¡Qué confianza tan loca tengo en usted!. oí el crujir de unos ramajos. -Escúcheme. y a romper para siempre con los antinaturalesy abominables lazos que me unen. según me ha dicho. Mis poderosos amigos intervendrán para conseguir la separación. y luego dígame si puede ayudarme. -Mañana por la noche -dijo. centelleaba y refulgía a la luz de la luna. Me encuentro en el momento más crítico de mi vida.Esperé en el último peldaño. Estoy encadenada a un hombre al que desprecio. Entonces seré feliz por fin y podré recompensar a mi héroe. pensé que me estaba mostrando aquella joya con el regodeo normal con que una mujer exhibe este tipo de gemas. mi querido amigo. Un hom-bre joven. le juré consagrarme a ella de por vida y le dije que dispusiera de mí a su antojo. con los ojos y oídos bien abiertos. saldrá de aquí a las nueve y media. mirándome con ojos tristes y brillantes. me juzgará con justicia. Me las llevaré conmigo. Avancé con ansiedad. en nombre de un sacramento.mi marido acompañará los restos de su primo. pero me dio la mano. se sacudió sus hermosos cabellos y. Estoy segura de que usted entiende de joyas. cuando me conozca de verdad. No habló.hasta PèrelaChaise.Amand. Ya pueden ustedes imaginarse la manera florida y vehemente en que le expresé mi agradecimiento. voy a desprenderme de todas mis joyas para convertirlas en dinero. mi corazón me dice que actúo sabiamente. . -Sí -dijo-. y hasta que me ama quizá. Algún pensamiento terrible parecía abrumarla. según contrato matrimonial. suspiró profundamente. Al oír aquellas palabras tuve un arranque de elocuencia. guapo. -Yo no bajaré hasta aquí a reunirme con usted. a un tirano. al que detesto con toda mi alma. Yo le prometí obediencia total. Huiremos juntos a Suiza. sin dejar pistas a nuestros perseguido-res.Richard. Se quitó la capucha. Ella reprimió el ardor de mi apasionado saludo con una firmeza dulce pero perentoria. suspendido de sus preciosos dedos.

Yo habré abierto la ventana para que pueda entrar. En cuanto a usted. y. como el dueño del Dragón Volador era por aquel entonces un sinvergüenza. No me atrevo a retirar-los mientras esté mi marido en la casa. Tras esto siguió un coloquio romántico. Yo tendré mis joyas preparadas. inde-pendientemente de cómo hagamos el reparto de bienes. para ver que las cerraduras funcionan perfectamente. evitando así el riesgo que entrañaba vender sus diamantes de mane-ra precipitada. Era una doble llave: una tija larga y delgada.es saber si podremos convertir rápidamente los diamantes en dinero. no nos opongamos al destino. un coche tirado por cuatro caballos nos estará esperando en la puerta de la cochera. a un precio seguramente inferior al que tenían. Sacaremos por lo menos una ventaja de cinco horas. -Mañana por la noche todas las precauciones serán pocas. no habrá nada que temer. Cualquier contratiempo daría al traste con todas mis esperanzas. Mi marido. Aquélla era la oportunidad que yo estaba esperando. He apostado todo a la carta de su fidelidad. había desaparecido. con nuestra energía. Bueno. le aconsejo que traiga el dinero consigo porque podrían transcurrir muchos meses antes de que podamos volver a París o revelar nuestro lugar de residencia a alguien. Le diré por qué. que investigó el asunto.-La he colocado allí para que pueda reconocerla mañana por la noche. y. y yo mis joyas. -¡Cielo santo! -exclamó ella con una especie de desencanto-. . Encárguese también de eso. estratagemas y recursos. Contribuyamos. Asegú-rese de probar primero las llaves. mi vida está en sus manos. dará comienzo nuestra huida. Y nuestros pasaportes. ¿Está dispuesto a arrostrar todo esto por amor a mí? De nuevo volví a proclamarme esclavo suyo. Y ahora debo confiar una vez más en su ingenio para despistar al personal del Dragón Volador. fueron a preguntar por él. sabrá que el cortejo fúnebre ha abandonado el castillo. Le hice saber que tenía en poder de mi banquero una suma no inferior a treinta mil libras. Yo dejaré los diamantes en sus manos.y que acudiría a la cita con aquella suma en forma de oro y bille-tes. cada cual a partes iguales. Y ahora. Cuentan que un hombre se encerró en ella toda una noche y que cuando. tan subido de poesía y pasión que me resultaría imposible reproducirlo aquí. Es precisamente la habitación que yo habría elegido para usted. Aquí tiene un documento y un plano en que se describe cómo se ha de proce-der. He sabido que ocupa la habitación embrujada del Dragón Volador. En cuanto vea esa luz rosácea en esa ventana. y. tan pronto como subamos al coche. ¡Así que es usted rico! Eso quiere decir que he perdido la dicha de hacer doblemente feliz a mi generoso amigo. si está escrito que así sea. entonces. con un paletón a cada extremo: uno aproximadamente del tamaño con que se abre una puerta corriente y el otro casi tan pequeño como los que abren un estuche. y que puede acercarse sin peligro. a la mañana siguiente. Lo he cogido del escritorio del conde. ponga los nombres y lugares de destino que le plazcan. Cinco minutos después. Me produce una felicidad especial la idea de compartir nuestros recursos. cuyo uso debo explicarle. lo ayudó a esfumarse. Usted aportará su dinero. -Lo único que me preocupa todavía -prosiguió. Y luego me dio una instrucción particular: -He venido también provista de una llave. Yo creo que en realidad quería zafarse de sus acreedores. Fue con la ayuda de esta llave. querido Richard-prosiguió apoyando cariñosamente el brazo sobre mi hombro y mirán-dome a los ojos con una pasión inefable mientras con la otra mano apre-taba la mía-. descubrió la manera en que se había efectuado la escapada.

estamos más cerca de otros delitos mayores de lo que sospechamos. se alejó entre los árboles en dirección de la tapia del parque. No era de extrañar que se sintiera tan aterrorizada: cerca de nosotros. Una vez que nos hemos metido en asuntos secretos y culpables. y acercándose a paso rápido. Estaba claro que no me había visto. -¡Ahí está la estatua! -exclamó el coronel con su habitual tono cor-tante y discordante-. se lanzara sobre mí como un loco. tan pequeña como el propio santuario. se acercaban el coronelGaillardey su compa-ñero. exclamó: -¡Dios mío! ¿Quién está ahí? En aquel mismo momento dio un paso atrás y desapareció por la puerta labrada en el mármol permaneciendo cerca de ésta al fondo de una pequeña cámara sin tejado. como si le faltara el aliento. Aquello. Yo permanecí en el umbral que ella acababa de atravesar. con la llave en la mano y una agitación en el cerebro rayana en la demencia. yo estaba esperando el momento en que. habría sido un asesinato. es ésa. pero. -Ni más ni menos. La examinaremos mejor la próxima vez.vámonos de aquí. Sin embargo. . -¿A la que aluden las estrofas? -preguntó su compañero. Encontré a la condesa presa de auténtico terror. de espaldas al castillo. descono-cedor de este particular. con uno de sus alaridos frenéticos. Di un paso atrás. Allí estaba yo. Yo me quedé mirándola fijamente. a no dudarlo.monsieur. dispuesto a arrostrar todos los peligros. Más de una vez he dado las gracias al cielo por la misericordia que tuvo conmigo al guiarme por los laberintos en que estuve a punto de perderme. el bizarro coronel dio media vuelta y. Ella se recuperó enseguida y se despidió nuevamente con palabras dulces y pausadas. Y. para mi gran alivio. palideció de repente y.Mientras pronunciaba la última palabra. cuya ventana estaba tapada por una espesa pantalla de hiedra que apenas dejaba filtrarse un rayo de luz. Bien. que saltaron por donde se divisaban los gabletes del Dragón Volador. mirando en la dirección en la que había lanzado aquella mirada tan angustiada. a asesinar si fuera necesario y a meter-me en complicaciones inextricables y horribles (¿qué me importaba a mí?) por una mujer de la que no sabía más que era tan hermosa como imprudente. Sí. Permanecí con el dedo en el gatillo decidido a abatirlo si se atrevía a entrar en el lugar en que se hallaba la condesa. pero en mi fuero interno tenía la decisión completamente tomada. A mí me protegían la cornisa y un trozo de pared. muy claramen-te iluminado por la luna. No quiso aceptar mi insistente invitación a acompañarla hasta el castillo. a desafiar todas las leyes divinas y humanas. a unos quince metros de distancia. saqué del bolsillo una de mis pistolas y la armé. la tran-quilicé asegurándole que impediría por todos los medios la posible vuelta del coronel loco.

Pero yo ya era mayorcito. el castillo torreonado. Seguía con la vela entre sus trémulos dedos. Levantó los hombros encorvados y me miró a la cara con ojos anormalmente negros y brillantes. No había llegado a la posada ningún caballero durante la pasada media hora. aún abierta. inmerso en aquel drama tan extravagante como culpable. Iba tocada con lo que se solía denominar una cofia peraltada. que parecía dispuesta a dormir un sueño bastante largo. Le di las gracias. a modo de preludio. pudiera detectar alguna señal en aquella luz insólita en las esca-leras del Dragón Volador. Estaba vacía. Sin embargo. con el grotesco espadachín. Pregunté en el vestíbulo. Ya estaban apagadas las luces de aquella hospedería rural. los ojos oscuros de la anciana seguían fijos en los míos.CAPÍTULO XX . Yo había aceptado un papel protagonista en un drama con venganza.monsieur-dijo-. en mi posada me esperaba seguramente otro encuentro. el claro de luna prestaban un pintoresquismo particular al camino angosto que conducía a la puerta de la posada. habría visto en aquella aparición marchita algenius loci. ni siquiera se me ocurrió preguntarle qué asunto la había llevado allí. en el Dragón Volador? De haber vivido en la época de los cuentos de hadas. y de haberme relacionado diariamente con la deliciosa condesa d'Aulnois. más allá de los árboles.al hada mala. apenas me reconocía a mí mismo ni creía en mi propia historia mientras recorría premioso el trecho que me separaba de la puerta. Allí no encontré rastro alguno del coronel. En aquel momento me sentía incapaz de pensar con el sosiego nece-sario: los acontecimientos se estaban precipitando demasiado deprisa y yo. pero ¿qué diversión. sobre todo. Me detuve unos instantes a mirar. pero ella no se marchaba.monsieur. empujado por los celos. a cuya señal se habían esfumado sucesivamente los malhadados huéspedes de aquella habitación. busca unlordinglés. cuyo borde blanco contrastaba con su piel morena y amarillenta y tor-naba más fea aún su cara arrugada. -He hecho un pequeño fuego. . Me alegré de haberme llevado las pistolas. Las frondosas ramas del viejo parque a un lado. y. y oí al criado atrancar ruidosamente la puerta prin-cipal. Asíy todo.porque la noche es muy fría. con una constancia e inteligencia que delataban que mi secreto había sido descubierto. En el reloj sonaron las doce de la noche. Eché un vistazo a la sala común. del Dragón Volador. a unos doscientos metros del Dragón Volador. que tanto interés encerraba para mí. Cogí una vela. se me ocurrió que unos ojos indagadores podrían encontrar sentido a aquella contemplación nocturna y que tal vez el propio conde. ninguna ley me obligaba a dejarme abatir por un rufián sin oponer resistencia alguna. si se puede saber. los gigantescos ála-mos al otro y. -Disculpea una vieja. con todo París a sus pies.Una cofia peraltada Me encontraba de nuevo en el camino. Ciertamente. Al abrir la puerta de mi habitación me llevé un buen susto al encon-trarme ante una mujer bastante vieja con la cara más alargada que jamás he visto. Me sentía confundido y alarmado. esta vez quizá no tan feliz. La fría luz de la luna penetraba profusamente por la ventana de las anchas escale-ras.

Una búsqueda parecida. Levantó la mano que tenía libre mientras me miraba con una expre-sión de intenso terror. un pequeño trozo de moldura cedió y reveló una cerradura. Pero sé. me senté a la mesa y. y yo le digo que se marche. que había confiado en mí tan generosamente (o tan locamen-te.. pronto lo encontrará tan duro de guardar que no tendrá más remedio que divulgarlo. tras una pequeña presión. Al retirar el dedo. No sé si el aire encerrado durante mucho tiempo tiene alguna cualidad . practicada en el espesor de la pared. se vio recompensada con un descubri-miento parecido. y usted el suyo. El rincón situado a la derecha de la ventana estaba cortado de través por la cenefa. Los celos del viejo conde. volvió a su lugar nuevamente. se abrió una puerta en el panel. hice un reconocimiento.Sé bien por qué se aloja usted aquí. Hasta ahora había interpretado con éxito mis instrucciones. Deje esta casa mañana por la mañana y no vuelva nunca por aquí. a cual más desconcertante. Penetré con la vela en la mano. Expulsé expeditivamente de mi mente aquellas dudas angustiosas y terribles. Permanecí un buen rato inmóvil donde ella me había dejado. y ahora. eso es todo. -Es inútil. Pero. según sus propias palabras). junto a la puerta y justo debajo de ésta. ¿no era más peligroso aún tratar de comunicarnos? ¿Qué había querido decir la vieja arpía con aquello de «Guarde usted su secreto. Mi aventura parecía un viaje a través de una montaña boscosa. El paletón pequeño de la llave entraba aquí al igual que en la cerradura superior. -¿A mí?-exclamécon el mayor aire de sorpresa despreciativa que pude afectar. razoné. La anciana atravesó lentamente la estancia y cerró la puerta antes de que yo hubiera podido encontrar algo que replicar. donde a cada paso un nuevo duende o monstruo surge de la tierra o salta de un árbol. en cuanto al suyo. con una vela a cada lado. Lo examiné detenidamente y. tras dos o tres vueltas de la llave. que un secreto tan peligroso fuera sospechado por un extraño.Me preocupo por el honor de una familia antigua a la que he servido en días más felices. pueden suponer bien. que yo guardaré el mío»? En mi cabeza bullían mil preguntas. parecen a esta vieja arpía la cosa más terrible de la creación. más allá de la cual se veía una escalera de caracol de piedra. y aún menos si ese extraño estaba de parte del conde deSt.monsieur. Con todo.Además. Tras estudiarlo un buen rato. ¿No debía yo buscar por todos los medios la manera de informar a la condesa. No sé de qué me habla-contesté-. -Nada en esta tierra. por la acción de un muelle. no resultaba en modo alguno agradable. del hecho de que había al menos otra persona que sospechaba de nuestro secreto? Pero. independientemente del desdén que yo sintiera hacia los peligros que aquella anciana había esbozado tan misteriosamente. Alyre. Yo mantendré mi secreto.. Me aseguré de que la puerta había quedado bien cerrada.que hablo en vanoy que usted es insolente. cuando ser noble equivalía a ser honrado por todos. coloqué ante mí el pergami-no que contenía el croquis y notas que me informaban sobre cómo debía utilizar la llave. dejando al descubierto un paño de pared desnudo y una abertura estrecha y abovedada. ¿por qué debería usted preocuparse por mí? -Yo no me preocupo por usted.-Estos ojos viejos lo vieron a usted anoche en el parque del castillo.monsieur.monsieur.

Me habría encontrado en medio de la más completa oscuridad de no haber sido porque. y en aquel caso infestaba el ambiente con un olor a mam-postería rancia. sobre la cual. Suavemente. volví a la puerta no sin cierta dificultad. Le dije que iría a la ciudad aquella noche. a través de las hojas más altas. Tras pergeñar esta coartada para el posadero. Coloqué la bujía sobre las escaleras y apliqué ambas manos. entre tanto. mi criadoSt. El problema era cómo conseguir que me dieran las casi treinta mil libras esterlinas de que disponía en una forma en que resultaran no sólo fáciles de transpor-tar. El paletón grande de la llave entraba perfectamente en la cerra-dura. que estaba oxidada.Veo a tres hombres en un espejo Aquella mañana me desperté muy temprano y no pude volver a dor-mirme: estaba demasiado nervioso. Durante unos minutos no me moví. Esperaba volver en el plazo de una semana y. Pero. Aquí había otra puerta de roble viejo. me armé de valor y abrí la puerta. y de allí a ***. Plenamente satisfecho de mi experimento. Estaba situada en el ángulo que se correspondía con la parte del artesonado de mi habitación que aparecía indicada en el croquis recién consultado por mí. Fui a ver a mi posadero tan pronto como pude hacerlo sin despertar sospechas. me encaminé hacia París a resolver las cuestiones financieras de la operación. besé la llave misteriosa que su mano había empuñado aquella misma noche y la coloqué debajo de mi almohada.extraña. y muy sencilla. me abrí paso con dificul-tad hasta salir a una zona despejada. Volví la mirada hacia la vieja posada y vi que la escalera por la que yo había bajado estaba encajada en una de esas torretas alargadas que deco-ran este tipo de edificios.Clairguardaría la llave de mi habitación y cuidaría de mis cosas. Mi candela iluminó débilmente la desnuda pared de piedra que rodeaba la escalera. Cerca de la puerta había un bosquecillo de acebos. donde tenía que ver a algunas personas por asuntos relacionados con los negocios. titila-ba un resplandor de claro de luna. reposó mi cabeza aturdida. casi tan denso como una jungla. subí de nuevo a mi habitación y volví a cerrar la puerta secreta. por miedo a que alguien pudiera haber abierto su ven-tana al oír el chirrido de la cerradura oxidada. cuyo pie no podía ver. asimismo. le pedí que dijera todo aquello a cualquier amiga) que pudiera visitarme. poco después. Allí descubrí que la maleza se extendía casi hasta el parque y se unía con el bosquecillo que rodeaba al templete de que ya he hablado antes. CAPÍTULO XXI . El aire de la noche entró por el vano y apagó la vela. que no consiguió conciliar el sueño durante un buen rato. sino también . Empecé a bajarla y unas vueltas después me encontré sobre el suelo de piedra. pero a mí siempre me ha parecido así. empotrada en el grueso de la pared. poco después. giró con dificultad y emitió un chirrido que me hizo temer por el secreto de mi operación. Ni un general habría ideado un acceso más seguro para llegar desde el Dragón Volador hasta el lugar donde yo había platicado en dos oca-siones con el ídolo de mi latría culpable.

A dos de estas personas las reconocí al ins-tante. donde había una ventana con muchos cristales en forma de diana. mandé llamar aSt. habida cuenta de su cuantio-so contenido-. tuve la sangre fría suficiente para fingir hallar-me completamente enfrascado en los objetos que tenía ante mí. sin necesidad de recurrir a la correspondencia o a cualquier otro medio que pudiera delatar mi lugar de residencia. y su mirada fue seguida al instante por sus dos compañeros. el tío de la Eloísa de Abelardo. porcelana y muebles. Al llegar a aquella ventana.disponibles en cualquier parte a la que decidiera ir. La tienda.Como aún me quedaba tiempo libre. Una era el coronelGaillarde. uno de los más hermosos y apartados rincones de Suiza.la otra. picado de viruela. En la primera población importante a la que llegáramos a la mañana siguiente nos abasteceríamos de un guardarropa improvisado. Despedí al vehículo que había alquilado y entré en la posada con un cofre en la mano -de unas dimensiones maravillosamente pequeñas. Los empleos que el marqués aceptaba a veces lo obligaban sin duda a juntarse con gente rara. había decidido no llevar equipaje. el marqués de Harmonville. y sentí gran alivio al notar que no se oían pasos. Recuerdo haber visto en una de ellas una casa antigua con una inscripción mural en la que se podía leer que había sido la residen-cia de Canon Fulbert. Puedo asegurarles que no me entretuve ni un minuto más en aquella tiendadonde había hecho un descubrimiento tan singular como inesperado. y la tercera. Le di cincuenta libras para que gastara todo lo que necesitara y abonara la cuenta de la . entre muebles viejos y artículos polvorientos. No sé si aquellas calles antiguas tan curiosas. Reflejado en él vi lo que en las casas antiguas he oído llamar una «rotonda». El dueño se hallaba limpiando una pieza de armadura con incrustaciones y me dejó curiosear a placer y examinar las distintas curiosidades allí acumuladas. decidí dar un paseo por las callejuelas aledañas a la catedral. con el pelo lacio y negro y el aspecto más penoso que he visto jamás en mi vida. ¡Nada más que las dos! ¿En qué emplear todas las horas libres que me quedaban? Aún no había visto la catedral deNôtreDame. llegué a la entrada del Dragón Volador justo cuando se estaba poniendo el sol. disimulado por una envoltura de cuero. Al percatarme de ello. y hacia allí me dirigí. y hasta tan sucio. Entre otras tien-das desvencijadas y excéntricas. Luego visité laConcier-gerie.el palacio de justicia y la preciosaSainte Chapelle. fui a dar con una en la que parecían ven-der todo tipo de antigüedades: armaduras. y así fui saliendo lentamente de la tienda. me volví y. Me detuve un instante para ver si me seguía alguien. de techo bajo.Clairy le conté prácti-camente la misma historia que al posadero. Baste decir que el lugar de destino que escogí para nuestra huida fue. estaba oscura y llena de polvo. era un hombre del-gado y pálido. Pero estaba claro que no me habían reconocido. No era asunto mío investigar qué había podido reunir al coronelGaillardeyal marqués en aquel lugar tan destartalado. No es el caso de calentarles ahora la cabeza con todos los trámites que hice para obtener los pasaportes. en las que observé restos de antiguas iglesias góticas habilitadas como almacenes. había una mesa a la que estaban sentadas tres personas enfrascadas en lo que pare-cía una conversación seria. en un recoveco que forma-ba ángulo recto con la pared lateral de la tienda. sucios a más no poder. siguen aún en pie. vi un gran espejo con un marco deslustrado y pasado de moda. Entré. pues la poca luz que entraba por la ventana me daba de espaldas y la parte de la tienda que tenía ante mí estaba sumida en una oscuridad casi total. El marqués levantó los ojos. Durante unos instantes no supe qué hacer. en la que. Fui adentrándome paulatinamente hasta llegar al final. que estaba jugueteando con una pluma. Eran las dos de la tarde. Todas estas cuestiones quedaron resueltas con la mayor rapidez posible. Contento por haber escapado de allí. Una vez en mi habitación. Me detuve en ella una hora aproximadamente. ni quién era el individuo que mordía la punta de su pluma. algunos colgados de la pared. plenamente acorde con el carácter romántico de la aventura. Asimismo.

El cielo favoreció mis planes cubriéndose de un mar de nubes. conforme se acercaba el momento críti-co. Faltaban sólo cinco minutos para la hora concertada. -Ve -le dije. con la llave entre los dedos. Con la vela en la mano. por tanto. abrí la puerta y me adentré en el espeso bosquecillo. en medio de la noche oscu-ra. agucé el oído unos segundos para asegurarme de que nadie se acercaba y luego crucé el cuarto a toda velocidad.Embeleso Bajé la escalera de caracol en medio de la más completa oscuridad. podría haber burlado con éxito la curiosidad de todos ellos incluso si se . perfilándose entre los troncos de los viejos árboles. CAPÍTULO XXII . No me había costado trabajo engañar a mis criados y al personal del Dragón Volador. que cada vez era más espesa. En esta jungla la oscuridad era casi igual de completa. franqueé la puerta secreta y eché el pestillo al salir. Llamé aSt. con mayor comodidad aunque sin dejar el abrigo de la espesura. Me encontraba en la escalera de caracol en medio de la más completa oscuridad.y tómate una botella de vino con tus amigos. ¿Comprendido? St. puedes darlo por supuesto. a unos cincuenta metros de allí. entreabrí la puerta secreta. me puse el gabán y me metí una pistola en cada bolsillo. donde alquilaría un coche. si no me encuen-tras en mi habitación. entre tanto. Mis ojos se posaban a menudo en el solemne reloj viejo de la chimenea. adiviné dónde estaba la puerta y busqué a tientas el ojo de la cerradura. pero confieso que. aunque hubiera levantado las sospechas de todos los huéspedes de la posada. alcancé el camino del bosque. Luego tomé una cena ligera y apresurada. Estaré escribiendo algunas notas. Te llama-ré si necesito algo. el único cómplice en mi reprobable aventura. Luego. aquí tienes la llave de mi cuarto. Por fin. pero mantenién-dome en su linde. Todo era favora-ble a mi empresa. ¿Me iba a echar atrás? ¡Por nada del mundo! Eché el cerrojo a la puerta. descorrí el cerrojo de la puerta de la habitación. Cerré bien la puerta y avancé lentamente entre la vegetación. Había llegado el momento de introducir la llave que me había dado mi dama. Al cabo de ese tiempo probablemente descubras que ya he marchado a Versalles. No creo que haya nada cobarde en mi naturaleza. y la noche era tan cerrada que. tomé el cofre bajo el brazo.Clairse despidió. Yo estaba preparado para aquella pregunta y le repliqué de inmediato que pensaba ir a pie hasta Versalles. subí las escaleras con premura. deseándome todo tipo de felicidad y sin duda prometiéndose algún pequeño esparcimiento con mi dinero.habitación hasta mi vuelta. Hasta ahora todo estaba saliendo bien. sentí algo parecido al suspense y a la angustia de un soldado que va a entrar en acción. apagué la vela. El posadero salió al vestíbulo a preguntarme si necesitaba un vehícu-lo para ir a París. y haciendo menos ruido que la noche anterior. una vez abajo. Extremando la precaución.Clair. Lo ordenarás todo y cerrarás la puerta. las columnas del templo de mármol se elevaron como fantasmas ante mí. por lo que no quiero que nadie me moleste. al menos durante media hora.

¿Y si yo desaparecía también al igual que aquellos otros hombres cuyas historias me habían sido contadas? ¿No me había esforzado todo lo posible por borrar cualquier huella de mis actos y por despistar a todas las personas con las que había hablado en cuanto a la dirección que iba a tomar? Aquel pensamiento gélido se insinuó como una serpiente en mi mente y luego desapareció. Al acercarme. Apenas se distinguía el contorno del edificio. una especie de verja. Allí estaban también los diamantes. es decir. en las jambas de la puerta y. con los brazos apoyados en ellas. apa-sionadas palabras de amor. mien-tras yo subía los peldaños. que servía de puerta. determinación y ansias de aventura que la acompañan. y que en aquel momento se encontra-ría a unos dos kilómetros de distancia. destacándose sobre la piedra oscura. Una sombra del interior se acercó a la cortina. Hasta llegué a desear tropezarme con algún peli-gro real para demostrarle la enormidad de mi amor a aquella criatura. . que pudiera interponerse en mi cami-no el viejo conde. me murmuró con dulzura: -¡Richard. que parecía confundirse con la opacidad del cielo.mi queridísimoRichard. estaba abierta. Pensé: con una aliada tan hábil y valerosa como mi bella condesa. me coloqué la caja fuerte bajo el brazo y. Yo disfrutaba entonces de la juventud en todo su esplendor. Terminados los primeros saludos tumultuosos. rumbo a Pére Lachaise. envuelto en cuero. tras unas cuantas zancadas rápidas. pero ¿durante cuánto tiempo? Apoyado en mi tesoro. la descorrió y. Yo tenía que esperar simplemente. ¿hay acaso posibilidad de que se tuerza la empresa? ¡Bah!. cómo he deseado que llegara este momento! Nunca me había parecido tan hermosa. me dije despa-chando con una sonrisa aquellas imaginaciones absurdas. suave y constante brillaba la luz en la ventana. ninguna pisada ni ningún ladrido de perro daban motivo para la inquietud. La luz de color rosa. Clara. Me mostró apresuradamente un cofre que contenía una gran profusión de brillan-tes de gran tamaño. Sorteando los troncos y las raíces de los viejos árboles. ¿Qué podría ocurrir? ¿Qué me importaba.venga! ¡Ah. Musitando. emblema de la esperanza radiante y alba de un día feliz. Tenía conmigo un par de pistolas de doble cañón. que tenía cuatro vidas en mis manos. abordé el castillo de la Carque. ella hizo que me sentara a su lado en un sofá. Una cortina de aquel ventanal estaba echada. que ustedes se dirán que se me podía haber ocurrido mucho antes. Luego me dijo que el conde ya se había ido. Mi amor se trocó en un entusiasmo delirante. Mientras platicaba conmigo mismo de aquella guisa.hubieran asomado a la ventana. me vino un extraño pensamiento. miré fijamente en dirección del castillo. y así permanecimos un par de minutos. con la mirada puesta en la maciza sombra que representaba el castillo y presa de los más ardientes y exaltados anhelos. No se veía ninguna luz en la ventana. a quien había visto temblar de terror ante el coronel bravucón? Empecé a barajar todas las posibilidades que podrían presen-tarse. acompañando al cortejo fúnebre. con toda la fuerza. Dejé mi tesoro. ante la visión de aquella señal. intrepidez. salvo por mi dulcinea. ninguna voz humana. pasión. -¿Qué es eso? -me preguntó. descubrí que media docena de peldaños conducían hasta allí. llegué al lugar de observación convenido. vi la luz que me daba la señal. Ningún signo de luz o vida. De repente me pareció también que la oscuridad se hacía más profunda y el aire se volvía más gélido ami alrededor.

Quédese donde está. -Es mi doncella particular. ni una esterlina más ni menos. Es mejor que no le vea por ahora. Vique no estaba alarmada.-Un cofre con treinta mil libras de dinero contante y sonante -con-testé. y durante unos segundos oí una conversación susurrada. Estas joyas constituyen un peligro muy grande. Habría sido de su parte una muestra suple-mentaria de amabilidad dejarme que proveyera yo por las necesidades de los dos. Si hubiera habido algo semejante. por supuesto. un aire de abstracción. ¡Es tan extraña! No se mueva. -Sé quién es -me dijo en voz baja. Era lógico que. Salió de la habitación haciendo un gesto para que extremara la pre-caución. Avanzó con calma hasta la puerta. usted se quitará el gabán cuan-do estemos listos para partir. Olvida usted que durante un largo período de tiempo puede ser nece-sario observar el más estricto silencio en cuanto a nuestro paradero y mantenernos al margen de todo contacto social. Pongamos juntos nuestros cofres.. una mirada casi de recelo. conforme se aproximaba el momento de la verdad. -Me hace sentirme algo nerviosa viajar con tanto dinero. Dice que es más prudente retrasar la partida hasta que pasen unos diez minutos. y tratará de ocultarlos con él. y ese dinero no hace sino aumen-tarlo. ¿Está seguro? ¿La ha contado? -Sí. Es de total con-fianza. No me gusta-ría que los cocheros sospecharan que transportamos un tesoro tan grande. Ahora voy a pedirle que cierre las cortinas de esa ventana y eche la barra de seguridad a los postigos. -Así que ha traído toda esa gran suma. A un hombre en aquella situación la . ¿Por qué estaba pálida? ¿Por qué aquella mirada oscura en sus ojos? ¿Por qué había cambiado también su voz? ¿Había salido algo mal de repente? ¿Acechaba algún peligro? Pero pronto se calmó mi zozobra. quizá con cierta expresión de sorpresa en el rostro-. que vendrá con nosotros. -¿Qué? ¿Todo ese dinero? -exclamó. Eso me habría hecho más feliz aún de lo que me siento. Por supuesto que la he contado al retirarla del banco. Nos ha preparado café en la habitación contigua. al menos durante cierto tiempo. -Sí. -¡Mi querido y generoso ángel! -declamé en un rapto de pasión-. Apenas había hecho eso cuando se oyó a alguien llamar a la puerta. Abrió la puerta de dicha habitación y echó una mirada a su interior. Se había producido un cambio en la manera de comportarse de mi bella condesa. Me la han entregado hoy mismo -respondí. -Tengo que decirle también a mi doncella que no lleve demasiado equipaje. -¿No es innecesario llevar tanto dinero teniendo todo esto? -dijo tocando los diamantes-. No volvió tan pronto como yo habría deseado. ella me lo habría hecho saber al instante. se fuera poniendo cada vez más nerviosa.. Durante los últimos minutos se había insinuado en ella la sombra de una duda.

No cabía ninguna duda. ¡Así que el féretro no había salido todavía! Allí estaba el cadáver. No hay nada más peligroso que la precaución mal aplicada. Completamente ignorante de aquel hecho. Era una habitación pequeña.AMAND AGÉ DE XXIIIANS Retrocedí. Más allá.. yo había penetrado en aquella habitación y habría podido toparme con algunas de las personas que tanto empeño tenía-mos en evitar. y cada una de mis facultades estaba concentrada en lo que se avecinaba.Alyre. que no debería haber abierto nunca. En el suelo había gran cantidad de virutas y una veintena de ladrillos. mi queridoRichard?¿Ha salido de esta habitación? Yo le contesté inmediatamente que sí y le conté con absoluta fran-queza lo que había visto. asombrado por partida doble. Al ins-tante adiviné que había detectado en la expresión de mi rostro el decur-so de mis pensamientos. Era un ataúd. Me puse a pasear por la habitación presa de inquietud. Desconfiar de mí era la peor imprudencia que podía haber cometido. . No se oía absolutamente nada. La abrí sin pensarlo dos veces. vi algo tan singular que no podía dar crédito a mis ojos. hice un descubri-miento sobrecogedor. pues en modo alguno me faltaba la cualidad de la astucia. en vez de volver a cerrar inmediatamente aquella puerta. Sin duda esto explicaba la manifiesta turbación de la condesa. Me habían engañado. sobre una mesa estrecha. CAPÍTULO XXIII . Y en la tapa había una placa con la siguiente inscripción en francés: PIERREDE LAROCHEST. -¿Ha visto algo. Habría sido más prudente por su parte haberme puesto al corriente de la situación. Aquellas reflexiones se vieron interrumpidas casi tan pronto como habían tomado forma con el regreso de la condesa deSt. Me encontraba en un estado de gran excitación y ansiedad. Tal vez la más estúpi-da de todas fuera que. Donde. y en ese senti-do se habían desligado del presente inmediato..Una taza de café La estancia carecía de alfombras. decidí coger una vela y penetrar en dicha estancia.inacción absoluta le resultaba punto menos que insoportable. Me acerqué y retiré de ese algo un lienzo que no lograba disimular su forma. Había una puerta en el otro extremo. que le haya molestado. Afiné el oído. Abandoné aquel lugar fúnebre y cerré la puerta.. No puedo explicar de otro modo el que hiciera tantas cosas insensatas aquella noche. de manera completamente inesperada. pues lanzó una mirada apresurada en dirección de la puerta.

después. Era excelente. inconscien-temente. ¿Estoy perdonada? Acto seguido se produjo otra escena de apasionada efusión. había unos vasitos de licor y una garrafa que contenía. Inmediatamente después estaremos libres para emprender nuestro loco y venturoso viaje. con los ojos fijos en mí y el oído puesto en la puerta de la estancia donde habían colocado el ataúd. Déjeme que sea su camarera. enganchados al carruaje. mientras posaba el brazo derecho sobre mi hombro. a la vez dulce y triste. al volverse. según me dijo. en la idea que me había formado de la galantería a la francesa. tiene buenas razones para desear que se celebre el funeral antes de amanecer. El féretro con el cadáver debe salir de esta casa dentro de diez minutos. cariño. Los caballos nos están esperando a la puerta de la cuadra. pero el conde se marchó un cuarto de hora antes de que yo encendiera la lámpara y le abriera el ventanal. Sobre una bandeja de plata había una cafetera y unas antiguas tazas de porcelana. No me conside-raré perdonada por mi querido Richardsi se niega a que le sirva. Aseguró con cerrojo la puerta. No quería que los sepultureros dePèreLachaise supusieran que se había aplazado el funeral. Ade-más. -Volvamos. Por fin. en otra más pequeña. no quería que se sintiera más inquieto de lo necesario. Tras hacerme una ligera señal. Llenó una taza de café y me la pasó con la mano izquierda. levantó una mano. Venga conmigo. me pasó el licor. y no sólo ahora. había hablado con ella. a la habitación contigua -dijo-. que me parecieron realmente precio-sas. La acompañé a la habitación desde la que su doncella. acariciando con los dedos mis rizos. crema de noyó. advertí en su rostro y actitud una expresión de penitencia tan exquisita que tuve que conte-nerme para no caer postrado a sus pies. al tiempo que extendía la mano hacia atrás como para advertirme de que no me moviera: al cabo de unos segundos volvió nuevamente de puntillas y me dijo al oído: -Están retirando el ataúd. como supe poco después. En cuanto a estefunestehorror (le entró un bonito escalofrío). y permaneció sin respirar en esa actitud unos instantes. El cadáver no llegó hasta ocho o diez minutos des-pués de que él se marchara. He de confesar que aquellos arrebatos líricos se basaban. Sabía que los restos del pobrePierrellegarían con toda seguridad esta misma noche. y. como para impedir que me moviera. aunque sólo murmurados por miedo a que pudieran oírnos. Yo también me serviré después. -Yo misma le serviré. es un asunto repugnante y horrible. no pensemos más en él. murmuró: -Tómese esto. sino siempre. avanzó de puntillas hacia la puerta y puso el oído.a mi héroe. a pesar del retraso inesperado. -Es la última vez -agregó con un pequeño tono de súplica.que engañaré a mi valeroso y apuestoRichard. Esas horribles per-sonas ya han debido de irse y estaremos más seguros ahí por el momento. y de rap-tos y protestas de amor. -Todo lo que diga mi hermosa reina yo lo cumpliré -murmuré-. situada a su lado. que también bebí.-Bueno. El cadáver está ahí. Cuando hube apurado la taza. Aún hoy me avergüenzo al recordar la grandilocuencia con la que .

-¡Oh. y. fue algo así como una repentina congestión cerebral. Estaba arrellanado en el sillón. con terror en los ojos-. -Y ahora se va a tomar una deliciosa copita de noyó -dijo con tono alegre. había desaparecido como por ensalmo de aquella criatura tornadiza. de cerrar los párpados ni de mover los ojos o los músculos. se hubiera vuelto inflexible. Luego la posó y zarandeó una campanilla con energía. Casi me obligó a hacerlo. Salió corriendo y volvió con otra copita diminuta. Le hice saber cuán impaciente estaba por emprender cuanto antes nuestro viaje. -Usted me llama a míRichard. No era en absoluto un mareo. si es que exis-te tal cosa.Esperanza . siéntese. se quitaría la vida. completamente incapaz de articular una sílaba. De una manera expeditiva. Era como si la membrana que recubre el cerebro. palidísima.pero ¿cómo he de llamar yo a mi diosa? -pregunté. Colocó juntos ambos cofres (me refiero al suyo con las joyas y al mío con el dinero) sobre la mesa. -Llámeme Eugénie. noté de repente una sensación extraña por todo el cuerpo. para que hiciera el menor signo de vida y prometiéndome que. pero en su rostro sólo había una expresión de intenso escrutinio. me sacu-día los hombros. con una pizca de horror en ella. Le besé la mano. Reconocí demasiado bien las sensaciones que siguie-ron. mientras decía esto. y vi cómo cerraba con sumo cuidado la puerta que daba acceso a la estancia en la que yo había tomado café poco antes. Sí. los labios. Pasó lentamente la vela ante mis ojos. No encuentro palabras para describirlo. por mi nombre de pila. si me ama tanto como yo a usted. En unos segundos me vi sumido en el mismo estado que había padecido durante varias horas interminables durante mi viaje nocturno a París en compañía del marqués de Harmonville. Parecía haber perdido toda sensación de miedo. con frases cargadas de patetismo. que. en este sillón. El ambiente fúnebre del momento anterior. si no lo hacía. y el suspense de una aventura de la que dependía el futuro. CAPÍTULO XXIV . me llevé a los labios y bebí. -¡Mi queridoRichard!¿Qué le ocurre? -exclamó. ahora paladean-do su nombre. La desesperación de mi dama fue intensa y ruidosa.bueno . me levantaba el brazo y lo dejaba caer implorándome sin cesar. La condesa pasó a mostrarse silenciosa y fría. obser-vando el efecto.traté a la condesa deSt. tras decirme unas palabras elocuentes y tiernas. tomó una vela y se plantó delante de mí. Yo no estaba en condiciones de ofrecer la menor resistencia. Eugénie!-exclaménuevamente embelesado. Aquí. me quedé mirando sus hermosos ojos y volví a besarla sin que ella opusiera resistencia alguna. Pasados unos minutos. aquellas exclamaciones cesaron repentina-mente.Alyre. seamos naturales. ¡Cielo santo! ¿Se ha puesto enfermo? Por favor. Me llamaba por mi nombre. pálida.

y sobre ella un reloj. o. su rostro daba muestras de agitación. Se plantó ante mí unos instantes. Tenía un aspecto a la vez espantosamente malvado y asustado. Todo está saliendo a la per-fección. sonriendo. Cuando no hablaba.. estaba la repisa. enmarcado por las jambas de la puerta y un fondo de oscuridad.¿Cuándo empezó? La condesa se acercó y se colocó junto a él y me miró fijamente durante unos segundos. pues retrocedió ligeramente. -¡Planard debería haberse encargado de eso! -contestó el conde seca-mente-. qué? . como un retrato. Llevaba un par de guantes negros en la mano y un sombrero con cinta de crespón. el cual.. mi heroína. seis minutos y medio -dijo sin inmutarse.. ¡Eh! ¿No me conoce? Se acercó otro poco y escudriñó mi rostro con atención. mi pequeña Venus. -Bien. que pareció tener gran dificul-tad en levantar.. recordé. llamándome de nuevo. como ya he dicho. No pueden imaginar el efecto de la mirada silenciosa de aquellos dos ojos malvados. -Ven. cuyo tictac regular percibía con total claridad.bravissima! ¡Mipreciosa reina.Acababa de colocar mi pesado cofre. ¿Qué es? ¿Un billetero? ¿O.yo no puedo estar en todas partes! Avanzó hacia mí una media docena de pasitos y se caló las lentes.vamos a contar todo esto.. ¿verdad? -Sí -contestó ésta con voz baja y dura-. Era el conde deSt. nenita. cuando se abrió la puerta de la habitación en la que yo había visto el ataúd y entró una siniestra e inesperada aparición. cinco. Pero Planard y tú no debe-ríais haber dejado abierta esa puerta.. si no me habían informado mal. me levantó la mano y la sacudió. Menos mal que no ha levantado la tapa del ataúd -apostilló con tono enfadado. mi querida Eugénie. -Cuatro. mi Juana de Arco. mi preciosamignonne. mientras buscaba con sus escuálidos dedos curtidos la mano de la dama.machère. Bien. Su figura endeble y mezquina iba cubierta de riguroso luto. Su boca se fruncía y crispaba. Ha entrado y ha visto todo.Alyre. pero ella no parecía muy interesada en sus caricias. -Brava...¡Mafoi. y luego la dejó caer y dijo: -Ha funcionado admirablemente... La dama miró hacia donde. mi dechado de mujer! Me estaba mirando con una curiosidad odiosa. hacía bastante tiempo que debía de estar de camino rumbo aPèreLachaise. -¡MonsieurBeckett! -gritó dos o tres veces-.

descubrirá que abarca perfectamente toda la extensión de una habitación grande hasta una distancia muy corta. Planard se pondría insoportable si conociera la cantidad. Vamos a ver. Escribe: otros diez mil francos. Veamos. ni el «papel» que repre-sentaba la condesa en él. ¿Cómo la voy a tener? Está en su bolsillo. Como he dicho. -Diez mil francos. lo cerró. ¿Por qué no le dijiste que se lo die-ran en billetes más pequeños? Bueno. de manera menos perfecta (por efecto de la refracción. con las manos extendidas y los dedos temblorosos. dos. Diez mil francos otra vez. como yo estaba. ¿Anotado? Billetes más pequeños habrían veni-do mejor. y ya faltaba poco para que comprendiera el carácter atroz de la misma. Cierra con cerrojo esa puerta. Pero si alguien se coloca. Aquí tengo lápiz y papel. muy bien. Pero a todos los demás efectos yo estaba muerto. Mi per-cepción mental era asimismo terriblemente viva. -Cartuchos de cien napoleones. ¡Escribe! Y así sucesivamente hasta que todo quedó contado. Pero no. Éstos te pueden poner en terribles apuros.. en el propio ojo). Habrían llamado menos la atención. Otros mil. Escribe mil napoleones. Sí. creo. Vamos a contar. se me alcanzaba aún el porqué de aquella trama. Tenemos que contarlo todo. Y otros.. lo volvió a colocar. hasta un punto bastante próximo. Primero abrió el estuche de cuero y luego el cofre de hierro. Luego vinieron los billetes. Y otros. casi nada de lo que ocurría en aquella habitación se hurtaba a mi observación. sin la menor alteración de la visibilidad. ahora ya no tiene remedio. rápido. Mientras volvía a colocar en el cofre los billetes y los cartuchos. comprobará por sí mismo la amplitud del campo de visión. los dedos del viejo bellaco registraban mis bo l-sillos. No estaba seguro -las mujeres tienen más san gre fría y más recursos histriónicos que la mayor parte de nuestro torpe sexo. mientras yo lo veía y oía todo con la mayor nitidez. Y así sucesivamente hasta contar todo mi tesoro en mi mismísima presencia. Veamos -exclamó mien-tras desataba las correas con dedos temblorosos-. que había colocado sobre la mesa. Sigue. Sacaron todo lo que había. -¡Ah! Muy bien. Pero cada minuto iba aclarando mi situación. Yo no podía mover los ojos ni una milésima en ninguna dirección. y si aquel escrutinio del contenido de mi cofre era una iniciati-va improvisada del conde. dos. por supuesto -protestó la condesa. sí. abrió una caja . El viejo ya había dado con la llave. Así pues. Anota. volcando su contenido sobre la mesa. Aquel canalla a quien yo conocía estaba a punto de robarme.de si la vuelta del conde había constituido también una sorpresa para ella. contó de nuevo la suma total para asegurarse de que cuadraba. en su estuche.-¡Es esto! -dijo la dama lanzando una mirada de desagrado al cofre cubierto de cuero. -Yo no la tengo. Uno. Pero ¿dónde está la llave? ¿No ves esa maldita cerradura? ¡Dios mío! ¿Dónde está? ¿Dónde está la llave? Decía todo esto arrastrando los pies delante de la condesa.. en el extremo de una habita-ción. incluidas algunas llaves. Un instante después. tres. ¿Anotado? Otros diez mil francos. me encontraba exactamente en el mismo estado que había padecido durante mi viaje con el marqués rumbo a París. metódicamente. y. Uno..

Inmediatamente después de realizar estas operaciones. -¿Se conformará con esa cantidad? -preguntó la dama. La dama y él volvieron a mirarme con ansiedad durante un rato. -Mire. fíjese. ¡Qué extraño aquel cambio tan repentino! Ahora su rostro tenía un aire sombrío. Piensen ustedes en la típica pesadilla. No me quedaba tampoco la menor duda en cuanto a la causa del estado en que me encontraba. empezó a echar pestes contra Planard a causa de su retraso. Ahora supe que iban a culminar su robo con un asesinato. que metió en el bolsillo. Todo ha salido a la perfección. sino al vacío. Pero. Quitó el cerrojo a la puerta. de bruja. -¿Qué? ¡Que le parta un rayo! -bramó el conde-. -¡Graciasa Dios. CAPÍTULO XXV . permanecía sentada.Desesperación Un momento de esperanza tan violenta como peregrina. ni siquiera recordar para mí solo. en silencio. que por fin has venido! -exclamó el conde. Mi última esperanza se desvaneció al ver sin careta aquel rostro hastia-do. sujetándolo por el brazo con ambas manos y tirando de él hasta donde me encontraba yo. El viejo estaba al borde de un ataque de nervios. y luego el viejo conde empezó a refunfuñar contra Planard por segunda vez mientras cotejaba su reloj personal con el de la pared. de manera que yo la veía de perfil. o Planard o lo que quiera que fuera se acercó hasta mí mientras se quitaba los guantes. tras colocar en ella el joyero de la condesa y mi cofre. luego vino un diálogo. el espantoso terror que se apoderó de mí. ¿Quieres que te traiga una vela? Mi amigo el marqués de Harmonville. en un sueño en el que los objetos y el peligro son reales. es decir. vi cómo se abría lentamente la puerta de la estancia donde había visto el ataúd y cómo hacía su entrada el marqués de Harmonville. sin mirarme ya a mí. la cerró. y con él los terrores de la desesperación. . -He apartado diez mil francos para Planard -dijo palpándose el bol-sillo de su chaleco. Volvió a cerrar la puerta y regresó. En medio de aquel estado angustioso. miró en dirección de la habitación oscu-ra que había más allá y aplicó el oído. ¿Es que no tiene conciencia? Le juraré que es la mitad del lote. La dama parecía menos impaciente. de una esperanza que era casi una tortura.fuerte disimulada en la pared y. y la inminencia de la muerte corporal se aplaza al antojo de quienes deciden sobre nuestros tormentos inhumanos. Planard. cuya descripción me resulta imposible de hacer. ¿por qué no me liquidaban rápidamente? ¿Qué obstáculo podía haber para aplazar la catástrofe que aceleraría su propia salvación? No puedo referir con palabras.

me pare-ció un fragmento de membrana vegetal. parte de ella venenosa. inclinado sobre mí. di la verdad. lo más indicado sería practicarle un lavado de estómago. -Setenta -dijo la dama. Me volvió a mirar a los ojos y me tomó el pulso. mudándolo de una parte a otra. Después. ¿qué opina? -susurró el conde. aun suponiendo que diez se desperdiciaran. dijo: -Setenta gotas. Tiempo de sobra. volviéndose a sus compañeros -esto lo supuse por el soni-do de su voz-. Acto seguido me abrió la camisa y aplicó el estetoscopio a mi pecho. deberían mantenerlo paralizado durante seis horas y media. di la verdad -la apremió el conde. -Y bien. -Si muriera. . ¿Está segura de no haberle administrado más de setenta? -Segurísima -sentenció la dama. por lo que pude ver. Me pasó la mano por la frente y luego estuvo un rato mirándome a los ojos. me miraba con gravedad. Se necesita una larga carrera de culpa para subyugar por completo a la natu-raleza e impedir esos signos exteriores de agitación que sobreviven al bien. -Y eso hice. -Acción suspendida -dijo para sí. Por su parte. con la oreja pegada al auricular. -¿Cuántas gotas le han administrado? -preguntó el marqués. El minutero se encontraba exactamente aquí. mientras mantenía la cabeza lo más alejada posible para que su aliento no la afectara. Vamos. el doctor me estaba tratando con la frialdad con que se dispone a un cadáver antes de impartir una lección de medicina. como bien saben. -Sí -dijo en soliloquio. de repente. se interrumpiría la evaporación y le encontrarían en el estómago una materia extraña. Estoy completamente segura -replicó. Me pareció que la voz baja y dura de la condesa temblaba un poco. bajo el pie de este Cupido. en voz muy baja. El experimento que hice con él en su carruaje fue sólo de treinta gotas y pude comprobar que tenía un cerebro sumamente sensible. doctor. No sería conveniente matarlo. -¿En el café caliente? -Sí. -Mi querida Eugénie. -¿Cuánto tiempo hace exactamente? Le dije que se fijara en la hora exacta.-La vela. Luego puso sobre mis labios algo que. con-vertido así. -No me cabe la menor duda. sesenta en el café caliente y diez en el licor. levantó la cabeza y se dijo nueva-mente a sí mismo: -Ha cesado cualquier acción perceptible de los pulmones. en doctor. un poco más a este lado -dijo mientras. ¿comprenden? Si tuviera usted alguna duda. como si tratase de oír un sonido muy lejano.

una reverencia-. aquí están -contestó el conde. ¿eh? -No puedo decirlo mientras no lo sepa. La naturaleza y finalidad de aquella atención para con mi persona me resultaban harto extrañas. tarea que despacharon en pocos minutos. ¿Están aquí su camisón y su sosiega? Ya me entienden. . Este negocio ha resultado ser muy poco provechoso. -Así que no lo quiere decir a un amigo. -Por supuesto. yo todavía no sospechaba nada. ¿no? -dijo el conde. y luego la otra. así como un gorro. Luego me enfilaron la prenda que el doctor había llamado mi cami-són. estos intrigantes me dejarán en la cama para que me recupere como buenamente pueda. debemos proceder con premura. En cualquier caso. -Y ¿adónde piensan ir? -Eso no lo hemos decidido aún -contestó rápidamente. un sayal que me cubría hasta los pies. Luego se recuperará. El conde tomó una vela y franqueó la puerta situada en el extremo de la habitación. Primero cerró con llave una puerta. me resultó tranquilizador oír que no tenían inten-ción de asesinarme. tornando inútil cualquier persecución. pensé. La dama pasó a la habitación en la que yo había tomado mi traicio-nero café. cuando la mente está límpida.. Mañana mismo -contestó el conde.-Entonces durará probablemente siete horas. señalándome a mí con el dedo. -Sí. -Es hora de que lo tumbemos. Tal había sido mi gran esperanza hasta entonces. Quien no haya pasado por ello no conoce los terro-res de la muerte próxima. Y ahora. a pesar de la urgencia del momento. que anudaron bajo mi barbilla. en silencio. -Supongo que se marchan de Francia -dijo el ex marqués.. -Eso ya lo arreglaremos en su momento.madame-dijo el doctor volviéndose a la dama y hacién-dole. La evaporación será completa. los dos procedieron a desnudarme. y ya no volví a verla. más pare-cido a los que utilizan las mujeres que a los masculinos. -Sí. -Entonces. mientras aprovechan para escapar con su botín. pero pronto me resultó claro que sus planes eran bien diferentes. y no quedará en su estómago ni una par-tícula de fluido. los instintos de la vida intactos y ninguna excitación perturba la apreciación de este horror completamente nuevo. ha llegado el momento en que debe retirarse. volviendo con un rollo de lino en la mano. Y ahora.

yo lo mantendré en posición vertical para que usted le meta los pies en el ataúd. cogió mi ropa. no pude verlo hasta que lo hubieron acercado junto a mí. Si. aunque habrá que cambiarlos por el cami-no -iba diciendo Planard-. lo vi con meri-diana claridad. y. al parecer de satisfacción. Yo mismo había contribuido a dar falsas pistas a la policía. pegado al sillón en el que yo estaba arrellanado. El conde. las órdenes pertinentes enPère Lachaise y había abonado los gastos del entierro del inexistentePierredeSt. juicio final y tormento eterno lograron distraerme de mi destino inmediato. CAPÍTULO XXVI . encerrado en su ataúd. El funeral deSt. Era el ataúd que había visto antes en la estancia conti-gua. Luego. Y ahora. como había indicado Planard. en caso de que mi desaparición despertara alguna sospecha. pero sólo pensamientos de terror. Planard levantó la tapa. me encontraba sostenido por éste. y hasta había escrito a algunos amigos míos de Inglaterra diciéndoles que no esperaran carta mía durante tres semanas por lo menos. El ataúd estaba vacío.Amand.cuyo lugar iba yo a ocupar. sin dejarme escapatoria alguna. En medio de mi júbilo culpable. poco a poco me fueron dejando caer. se plantó a los pies del ataúd y echó una última mirada general. alisándome con cuidado los encajes de la pechera y los pliegues del sudario.El conde y Planard entraron juntos en la estancia situada justo enfrente de mí. Ahora comprendí su abominable plan. vamos. Planard me extendió los brazos en paralelo a mis costados y. cuando me despertara de aquella catalepsia. Dé a los hombres un par de napoleones. No me empeñaré en describir lo que es de por sí indescriptible: el horror en estado puro que se había adueñado de mi alma. Aquel ataúd estaba destinado a mí. uno junto al otro. Oí un cuchicheo y luego el ruido de pies que se arrastra-ban. según oí decir después. perecería allí dentro de la manera más horrible que se pueda imaginar. por algún capricho de la curiosidad o de la sospecha. Lo habían dejado en el suelo. ¡horror!. con su nom-bre en la placa encima de mi pecho y una tonelada de barro sobre mi ataúd. Arrastra-ban algo que producía un ruido sordo y prolongado. asegúrese también de que quedan bien juntos antes de cubrirlos con el sudario. tal y como me quedó grabado en la memoria . Entonces. después de llevar varias horas en la tumba. Un instante después. ni el más exhaustivo examen podría detectar rastro alguno de violencia. la muerte había llamado a mi puer-ta. Yo mismo había dado. hizo un lío con ella y la guardó. y firmado. que era muy metódico.Amandera una farsa para despistar a la policía. los vi entrar de espaldas por la puerta. en uno de los tres armarios empo-trados que se hallaban disimulados en la pared. se exhumaba el ataúd y se examinaba el cadáver en él encerrado. ningún análisis químico podría detectar huella alguna de veneno. Me ceñiré a describir lo que ocurrió. Traté de rezar en aquel momento de pánico sobrehumano. es preciso tenerlo todo terminado para antes de las tres y media.Catástrofe -Parecen buenos caballos. luego. de pie sobre un extremo del ataúd. pero como se habían interpuesto entre el objeto arrastrado y yo.

al cual le han informado de que grandes cantidades de mercan-cías de contrabando inglesas y de otros países se han distribuido en este vecindario. por cuanto sé. cuantas habitaciones. Siento tener que comunicarle una inte-rrupción bastante inoportuna.Alyre asistir al funeral de su pariente. los sonidos me lle-garon desde entonces de manera más apagada. mi querido amigo. Ni la voz de Jehová hablando entre truenos me habría resultado más espantosa que aquellos ruidos vulgares. se movía con cierta arrogancia. Gracias. por haberse anticipado a mí. pero con el sem-blante súbitamente empalidecido-. lo cual podría haber dado pie a algunas conjeturas. -Por supuesto -exclamó el conde con voz firme. -Los empleados de pompas fúnebres están en el vestíbulo -dijo el conde. -Monsieurlecomte-dijo mientras franqueaba la puerta seguido de media docena de personas-. con un pañuelo blanco en la mano. El conde se puso los guantes negros y. y de que una porción de ellas se oculta en esta casa. No me dejaron mucho tiempo para tratar de adivinar lo que iban a hacer conmigo. Tras ajustar bien todos los tornillos. y cuyos rápidos pasos oyó ense-guida aproximarse. que no hay nada más falso que dicha información y que usted no tiene ningún tipo de inconveniente en abrir de par en par. -No deben entrar hasta que hayamos cerrado el ataúd -dijo Planard-. Su actitud había cambiado sensiblemente. pues el conde no quería bajo ningún concepto que hubiera en la habitación algo que delatara precipitación o desorden. Monsieur. espero que permita al conde deSt. dejándome completamente a oscuras. Entró en la habitación desde la estancia en que había estado anteriormente el ataúd. se preparó para dirigir el duelo con el mayor dramatismo posible. que . el doctor Planard dijo que iba al vestíbulo a llamar a los mozos encargados de llevarse el ataúd y colocarlo en la carroza fúnebre. Ha venidomonsieurCarmaignac.Alyre me disculpará -contestó Carmaignac algo secamente-. Sí pude oír el forcejeo de un destornillador y el chirriar de varios tornillos según los iban introdu-ciendo. a efectos de la inspección reglamentaria. sino según lo que supe después por algu-nas personas. los dos hombres arreglaron la habitación y dispusieron el ataúd de manera que quedara perfectamente centrado sobre las guías. esperando la llegada de las personas que acompañaban a Planard. no como llegó entonces hasta mis oídos (oía de una manera demasiado imperfecta e interrumpida para poder perge-ñar una narración fidedigna). El resto lo debo relatar. un caballero que desempeña un cargo importante en el departamento de policía. y sin ninguna dilación. Después. Yo me he permitido asegurarle. pues unos segundos después deslizaron una tabla cerca de mi rostro. Planard fue el primero en llegar. -MonsieurCarmaignac. -El conde deSt. pondré mi casa y mis llaves a disposi-ción de sus investigadores tan pronto como me comunique qué mer-cancías de contrabando se están buscando concretamente. esta orden de registro deberá bastar para probar al señor conde que tengo instrucciones precisas para proceder a un registro general. pero mis superiores me prohíben revelarle dicho extremo. Estaba algo detrás de la cabecera del ataúd. gabinetes y armarios empotra-dos pueda haber en su casa.de manera perdurable. Haga el favor de sujetar un extremo mientras yo sujeto el otro. pudiendo sólo distinguir lo que se pronunciaba clara y distintamente.

Lo he reconocido al instante. tras echar un vistazo al ataúd y tantear con la uña las cabezas de los tornillos..Philippe. Claro que sí. ¿Cómo no iba a reconocer a PierredeSt. descuide. que . pero no conoce tan bien como yo las artimañas al uso entre los criados. peroPhilippe-un hombre calvo y con el rostro más tiznado que el de un carbonerodejó en el suelo una caja de cuero de herramientas.. y. Si todo está en orden. manifiestamente apenado. -Las cosas que yo busco -dijomonsieurCarmaignac. como usted ve -intervino Planard señalando con el dedo el ataúd-.Amand-contestó el conde con altivez.monsieur. Levantemos la tapa. con unas hábiles vueltas a cada uno de los tornillos. Pero confío en que este retraso no les ocasione ningún problema. A ver. éstos se alinearon como una hilera de setas. seleccionó un destornillador y. de la que.quita la tapa de ese ataúd. los criados son a veces tan ingeniosos. -¡Ah! Entonces lo ha visto usted.. yo registro.. supongo -insinuó el caballero. no puedo permitirlo. -Por supuesto. sólo un momento. señor. yo debo actuar como si sospechase de todo el mundo.. -Lo siento.pero tengo órdenes estrictas al respecto. señor. supongo. y le doy mi palabra de honor que en ese ataúd no hay 3 nada más que el cadáver. ya se sabe.. -Pero.monsieur.. la última-vez. Usted permanecerá en esta habitación. Además. -¿Que si lo he visto? Tantas veces. -No habrá tal.replicó el conde con tono perentorio acercándose al ataúd y extendiendo los brazos sobre él-. Otra mirada rapidísima a Planard. el destornillador. esa herramienta.Es decir. se rompió al colocar el último tornillo.. El conde protestó.. no puedo decir con seguridad qué es lo que contiene ese ataúd. eso no puedo permitirlo. -Me refiero al cadáver. Mis instrucciones son bien precisas. -Eso. semejante profanación. Lo conozco demasiado bien. -N. Vi de nuevo la luz. como es de suponer. -El tiempo suficiente para reconocerlo..Monsieurlecomteno debe suponer en ningún momento que yo sospecho de él. El conde intercambió una rápida mirada con Planard..yace aquí muerto. a su amado pariente.. pero tenemos un deber que cumplir. Perfecta-mente.Amand?Pobre hombre. usted habrá tenido el gusto de ver otra vez. Se trata simplemente de levantar la tapa. y la tapa cayó a un lado. -dijo el conde. siento decirlo. y cuyo cadáver va a trasladar hastaPèreLachaise una carroza fúnebre que está lista para par-tir en la puerta.. -El cadáver de mi pariente. que suelen estar bastante avezados en el arte del contrabando. Cuando me ordenan registrar.monsieurPierredeSt. Por ejemplo. No puedo tolerar semejante indignidad. a veces se ocultan cosas tan extrañas en lugares tan extraños. -Discúlpeme.monsieur. -Por supuesto quemonsieurlecomtecree lo que dice.cabrían en un espacio muy reducido. No.

Y. una vez abierto el armario. -Aquí hay tarjetas de visita. . uno de ellos con las inicia-les «R.El hombre del ataúd.al hombre que está en ese ataúd. por haberle robado y trata-do de asesinar.Berkeley Square». -Pues.. Por su manera de mirarme.creía haber visto por última vez.». Como mi estado cataléptico me obligaba a mirar de frente y fijamente. sino simplemente drogado. No sé nada del con-tenido de ese armario. recuperando el valor-. no está muerto.. aquí hay un reloj y un montón de sellos. No hay nada aquí de lo que busco. -Se me ocurre que podría haber robado también esta ropa -prosiguió Carmaignac. oh maravilla. -En efecto. señor.monsieur. la situación se estaba volviendo insostenible. y. Un criado sinvergüenza. el cortejo saldrá dentro de unos minutos. me parece. yo no tengo nada que objetar -dijo el conde-. Mandaré a alguien a buscar la llave.Beckett. Naturalmente. el cual en ese caso seríamonsieurBeckett y nomonsieurdeSt. como este caballero me pone trabas para asistir a las exe-quias de mi pariente.intenta abrir ese armario con la llave maestra. retirándose-. le ruego asista al funeral en mi lugar.dice la tarjeta. y-el funeral debe seguir adelante.. por donde estaba entrando un gendarme... Hubo también otros rostros que me echaron un vistazo. llamado Lablais. -Ya veo. ¿De quién es esa ropa? -preguntó Carmaignac cuando. no se preocupe. -Le ruego pida a su operario que vuelva a colocar la tapa del ataúd y la asegure bien con los tornillos -dijo el conde. el rostro del seudomarqués también me miraba. B. -Mi querido conde deSt. ya veo -dijo Carmaignac. Vi cómo la cara de Carmaignac se inclinaba sobre mí con un curioso fruncimiento de ceño. Hace diez por lo menos que no lo he visto abierto. Pareció desagradablemente asombrado. en aquel momento sólo veía el techo. a fe mía. Quiero ver lo que hay dentro. Dios mío! ¡Si hubiera podido simplemente soltar un alarido! Veía cómo el careto pardusco y mezquino del pequeño conde me miraba fijamente desde el otro lado. -Si no la tiene a mano. Sólo que.» Ese criado Lablais debió de ser un consumado granuja.. graves y fornidos.Philippe. sacó el traje que mis secuestradores habían metido allí apenas dos minu-tos antes. Primero debo pedirle la llave de ese armario -agregó señalando en dirección del armario en el que acababan de esconder mi ropa. Y. tenía la llave. Había también en la habitación otros dos agentes. Pero el eje de mi visión seguía inmóvil.Amand. No está bien hacer trabajar más de la cuenta a personas que cobran un sueldo moderado por el trabajo nocturno. -Planard.Alyre. -Espere unos minutos -insistió impertérrito Carmaignac-. y también un pañuelo marcado con las iniciales «R. ¡Oh. hace siglos que no se usa. Beckett.. pero no caía en la misma línea recta de mi visión. B..«Mr.Alyre. Es probable que esa ropa sea suya. mando arrestar aNicolasde la Marque.Pues. me pareció que no me había reconocido. -Yo.nosabría decirle -contestó el conde-. R. Lleva usted toda la razón. el reloj aún tiene cuerda. En este momento soy yo el único que da aquí órdenes con relación al ataúd. Debe de haberlos robado a una persona llamada Beckett. a quien despedí hará un año. El conde miró en dirección de la puerta. conde de St.

cuyo molde.Un instante después. La identificación fue curiosa. Hacían que sus víctimas. Había mantenido el mayor secreto en cuanto a las heridas sufridas en el rostro. Aquel GabrielGaillardehabía sufrido una grave caída de un caballo desbocado unos cinco años antes de su misteriosa desaparición. La otra era la de mi jovial amigo Whistlewick. Esta estratagema. de índole muy dis-tinta. La rotura del hueso por encima del tobillo. de lo contrario. el viejo bandido era apresado. sobre cuya tapa -al igual que sobre la lápida sepulcral. el acta de defunción la había firmado -y dado la orden de inhumacióny abonado los gastos. mintiendo y delirando de esta guisa. además de sufrir una fractura en la pierna derecha. Antes debo decir unas palabras sobre mi persona. ora suplicando impíamente a «Dios. ligeramente descolocado. entre cuyo número me contaba yo. Se abrieron varias tumbas enPèreLachaise. La trama de aquellos infames conspiradores se había urdido con una habilidad y un sigilo consumados. por algu-nos cabos sueltos que había logrado atar. Los cuerpos exhumados llevaban allí demasiado tiem-po. Desde hacía tiempo venía sospechando.a quien a duras penas habían logrado mantener callado hasta entonces. había conservado por fortuna. A esta sospecha vinieron a sumarse otras más siniestras todavía.que de hipótesis con . Era muy probable que a mí me hubieran reservado el mismo honor con el seudónimo dePierredeSt. y más aún por la de su dinero. Me colocaron en un baño caliente. un granuja tan redomado como sus compinches. Más fácil aún de reconocer fue su dentadura. fueron conducidos directamente a laConciergerie. Por supuesto. también pre-viamente arrestada.» Y. Sólo uno fue identificado.se había inscrito un nombre falso. con dos gendarmes sentados a cada lado.Alyre y su bella compañera. colaborasen en crear el misterio que hacía defi-nitiva su propia destrucción. Una era la del fanfarrón coronelGaillarde. El coronel se había enfurecido por la pérdida de su hermano menor. quienes lo habían dejado sin blanca. que habían sido el conde deSt. se abrió una investigación. La persona para la que se había encargado la tumba era puramente ficticia. Allí se añadieron al concierto general dos voces. pero que ahora estaba completamente al servicio de la acusación. accidente en el que había perdido un ojo y algunos dientes. El resultado fue que el ojo de cristal que había ocupado el lugar del perdido seguía aún en su cuenca. probablemente habría seguido bajo los efectos de la droga unas siete horas. de factura muy parti-cular. inmediatamente por encima del tobillo. tan ingeniosa como monstruosa. bajo la dirección de Planard. siendo el pro-pio GabrielGaillardeel que había acabado ocupando el ataúd. y estaban demasiado descompuestos para ser reconocidos.conocido del empleado que se había encargado de tramitar el funeral. que lee el corazón de los hombres. que había acudido a identificarme. Molde que encajaba a la perfección con la placa de oro hallada en la mandíbula de la calavera. que también habían seguido con-migo. fue sacado a rastras de la habitación y colocado en el mismo coche celu-lar en que se encontraba ya su bella y criminal cómplice. ora protestando.Amand. Enseguida contaré cómo hicieron fracasar aquella conspiración con-tra mi propiedad y mi vida. había sido llevada a cabo con éxito en su caso. Estas medidas sencillas me restauraron en el espacio de unas tres horas aproximadamente. pero fácilmente reco-nocible por el artífice que lo había confeccionado. como es lógico. ora amenazando. condesa o no.un tal GabrielGaillarde. En aquel caso concreto. que uno de los dentistas más mañosos de París había adaptado para las encías del talGaillarde. en un principio más a consecuencia de la rabia -lo que le inducía a creer lo que fuera. correspondía también al lugar donde se había fracturado la pierna GabrielGaillarde. y. debido a las peculiaridades del accidente. y oí cómo solta-ba con su voz discordante una vehemente e inconsecuente perorata. que desde hacía tiempo venía consideran-do patrimonio propio para cuando la muerte se llevara a su hermano de este valle de lágrimas. donde lo habían reajustado.

admirablemente disfrazada. pero. La condesa había sido años atrás una de las actrices más destacadas en la pequeña escena de París.en caso de que fracasara Planard. En segundo lugar. Creo que sólo me queda referirme a dos detalles suplementarios. Un capricho del azar puso sobre aviso al granuja de Planard de que los conspiradores -incluido él mismo. En primer lugar.se hallaban en peligro. descubrí que fui más bien objeto de pitorreo -bondadoso pero despectivo-. Fue ella quien. junto con la ejecución del conde. ino-centón y tonto. saca-do de la fortuna no muy boyante del conde y de la soi-disante condesa. A la bella Eugénie le asistieron circunstancias atenuantes -al parecer. un incidente fortuito dirigió al coronel sobre la buena pista. de donde había sido rescatada por el conde para que se convirtiera en su cómplice principal. Mi viaje a París. Lejos de abordarme con ánimo hostil. Es decir. sería capaz de aportar las necesarias prue-bas médicas. me dio cortésmente la mano asegurán-dome que consideraba el bastonazo que le había propinado en la cabeza como un revés recibido en una lid un tanto irregular pero de cuya justi-cia y validez no le cabía la menor duda. El resultado fue que él impuso las condiciones de su propia libertad. Huelga decir que la policía actuó con suma precaución para poder recoger todas las pruebas conducentes a constituir un acta de acusación condenatoria. que. tuve la candidez de creer que iba a ser objeto de un interés considerable por parte de la sociedad parisiense. El marqués salió bien parado. se convirtió en informador de la policía y concertó con ella la visita realiza-da al castillo de la Carque en el momento crítico en que se pudiera coger al conde y a sus cómplices con las manos en la masa y tener pruebas fun-dadas para la acusación. «por los pelos». El conde. Se me tildó de zopenco. Finalmente. no había resultado tan agradable como había esperado. e incluso hicieron de mí varias caricaturas. los ladrillos que vi en la estancia del ataúd habían sido transportados hasta allí envueltos en paja para hacer creer en la existen-cia de un cadáver y evitar las sospechas y contradicciones que podría haber originado la llegada de un ataúd vacío al castillo.fundamento. fue ejecutado. Esto.y la condenaron a sólo seis años de cárcel. Yo hice de principal testigo de cargo en aquella cause célèbreydisfruté de todos los atractivos que se derivan de tan envi-diable cometido. Pero. después de haber salvado el pellejo. su cómplice. para mi mortificación personal. como dijo mi amigo Whistlewick. había espiado mis docu-mentos durante el memorable viaje nocturno a París y quien había interpretado el papel de maga dentro del palanquín con ocasión del baile . los magníficos brillantes de la condesa fueron tasados por un joyero y vendidos por unas cinco libras a una reina de la tragedia que andaba necesitada de un aderezo de oropel. sin ni siquiera honrar a mi amigo el marqués de Harmonville con una visita a su confortable castillo. pueden creerme. me convertí en una especie de personaje público. El coronelGaillarderecuperó parte del dinero de su hermano. le devolvió el buen humor. dignidad «parala que no había nacido» yde la que huí tan pronto como pude. Hasta había mandado venir a un médico famoso. su especial belleza.

Tengo motivos sobrados para agradecer al misericordioso Señor del universo aquella temprana y terrible lección sobre las imprevisibles celadas que nos puede tender el maligno.a una concepción más feliz. con objeto de mitigar la fatiga de sus inevitables excursiones en busca de agua para repartirla entre las sedientas ánimas del purgatorio. en mi calidad de «legatario residual». todavía lo recuerdo. Pero también dejó en mí otros sentimientos más graves y profundos. A quienes piensen que la redacción de tales escritos desentona con el carácter y modo de vida de un cura de pueblo no les vendría mal recordar que existió una raza de sacerdotes -los de la vieja escuela. Como suele decirse. y no por ello menos seria. Yo repartí el resto del verano y el otoño entre Suiza e Italia. La mascarada también había tenido como objeto seleccionar a otras víctimas potenciales. de la vida. aquella vivencia hizo de mí un hombre más experimentado que amargado. Tal vez convenga añadir que la superstición ilustrada por el siguiente relato -a saber. de las que ya no es el caso ponernos a hablar aquí. Eran famosos los terribles conflictos que se . me condujo -aun-que aún debieron pasar algunos años. en que abun-daba la región donde residía. su principal hobby. Aquel sofisticado embuste había tenido por objetivo mantener vivo mi interés por la bella condesa. interés que temían pudiera desfallecer. a abastecer a sus compañeros de cam-posanto de agua fresca para calmar la sed ardiente del purgatorio. El que esto escribe da fe de un caso en el que un labriego respetable y acaudalado de la comarca deTip-perary.cuyos hábitos y gustos literarios eran en muchos aspectos más refinados que los de los estudiantes de Maynooth. una raza ahora prácticamente desaparecida. toda vez que intensificaba el misterio y hacía que el profeta se mantuviera vivo en las conversaciones de la gente y en los pensamientos de los bobos con quienes éste había dialogado. pues nuestro párroco era un concienzudo coleccionista de antiguas tradiciones locales. pero yo nunca había sabido que su afición a lo maravilloso y lo fantástico lo había llevado a poner por escrito los resultados de sus investigaciones hasta que. Es un docu-mento más entre otros muchos parecidos. me tropecé con el documento que adjunto más adelante. La horrible impresión que produjo en mi espíritu se debió en buena parte a la simple acción de mis nervios y mi cerebro. La introducción de un cadáver real -procurado por una persona que abastecía a los anatomistas de Parísno implicaba ningún peligro real. EL FANTASMA Y EL COLOCAHUESOS Mientras echaba un vistazo a los papeles de mi ínclito amigoFrancisPurcell -que Dios tenga en su santa gloria-. durante su primer período de ultratumba. uno para los días secos y otro para los húmedos. uno ligero y otro pesado. que durante casi cincuenta años había desempeñado la ardua tarea de párroco en el sur de Irlanda. su testamento dejó en mis manos todos sus documentos manuscritos.de disfraces en Versalles. metió en su ataúd dos pares de borceguíes de cuero. que el último cadáver enterrado está obligado.por consideración para con los callos de su añorada esposa. La recogida y ordenamiento de tales leyen-das era. que marcaron definitivamente mi vida.goza aún de plena vigencia en el sur de Irlanda.

señorías. pero. nada más natural pues nadie podía competir con él en recomponer con tanta habilidad la pata de una silla o una mesa.Terry Neil. y puedo asegurar. si a algún pobre hombre lo llevaban a juicio. de Drumcoolagh: Voy a narrar la siguiente historia tratando de emplear. maña-na y tarde. todo iba viento en popa. cuandosirPhelim salía de viaje. y seguro que nadie recordaba a un colocahuesos -niño. Pero era costumbre que. que había instruido durante mucho tiempo a la avispada juventud de su parroquia natal en las artes y ciencias liberales que juzgaba conve-niente profesar. que era el caballero más cabal que había parido madre. como una especie de atención para con aquella vieja familia. En fin. empleadas pensan-do sin duda más en su efecto eufónico que en la corrección de las mis-mas. Así pues.FrancisPurcell. esta historia tan extraña es más cierta que dos y dos son cuatro. y seguro que lo intentará alguna vez. hombre o viejo. y lo mismo digo trabajando la madera y reparando árboles viejos y otras cosas por el estilo. que era un hombre honesto y sobrio. bajo el viejo castillo. y me enorgullece decirlo. por cierto. aten-ción. pasó el ataúd por encima del muro para adelantarse así al que estaba haciendo su entrada por la puerta en aquel mismo momento. Así pues. y me atrevería a decir que no hay mozo en ninguna de las siete parroquias que la cuente mejor ni más deprisa que yo. una zona bastante amena. Se podrían citar asimismo otros muchos casos parecidos que muestran la vigencia que tiene todavía esta superstición entre los cam-pesinos del sur... y te digo también que. se dirigió al camposanto por un atajo y. que Dios lo tenga en su santa gloria. como iba diciendo. que Dios se apiade de todos nosotros.más hábil ni más famoso en todo el país.habían producido entre dos comitivas fúne-bres camino del cementerio. quiéralo Dios.que así se llamaba mi padre. esto no viene a cuento-. y someteré en cambio a su consideración el siguiente: Extracto de los papeles manuscritos del finado Rvdo. las pobres personas que se habían roto un brazo o una pierna y no podían poner el pie en el suelo. de la manera más fidedigna posible. en fin. circunstancia que puede explicar la presencia de varias palabras algo fuertes en el transcurso de la narración. pues fue a mi propio padre a quien le pasó. ocurrió otro caso en el que una de las dos partes. Así pues. cada cual empeñada en asegurar a su falle-cido la prioridad en la sepultura. tenía la costumbre de pasear en medio de la noche desde que se le había reventado un vaso sanguíneo al intentar sacar el corcho de una botella -cosa que cualquiera podría haber inten-tado. Los vecinos decían que el abuelo del amo. él acudía siempre a declarar en su favor. Pues bien. como se podía ver dándose una vuelta por las tabernas del lugar. algunos de los arrendatarios se quedaran vigilando en el viejo cas-tillo. Tal vez conven-ga observar que éste era lo que se suele llamar un hombre «bien habla-do». Pero no entretendré al lector con más preámbulos. Y fue así como le dio por dedi-carse a la reparación de piernas rotas. al ver que le iban bien los nego-cios compró un pequeño terreno junto a la propiedad del caballero Phalim. y la consiguiente exención del impues-to que gravaba a los familiares del último en ser enterrado. las mismas palabras del narrador. saltándose a la torera uno de los más arrai-gados prejuicios. y romper botellas y vasos. donde estaba su retrato. harto desagradable pues a nadie se le ocultaba que en el viejo castillo ocurrían cosas raras. salvo que era algo aficiona-do a la bebida. y . acudían a su casa desde los lugares más distantes para que les recolocara los huesos. por miedo a dejarse arrebatar por el otro fallecido esta inestimable ventaja. Y no había nadie como él en toda la comarca que trabajara la tierra igual de bien. pero eso no tiene importancia. el viejo caballero solía salirse del cuadro de la pared. paso ya directamente a someter a su consideración las portentosas aventuras deTerry Neil: Recórcholis. y. joven. que la palabra de mi padre era tan fiable como el juramento de cualquier gentilhombre del país. No mucho después. por cierto. y se la oí contar a él mismo muchas veces.

Terry. como si en su vida hubiera roto un vaso. una de whisky puro y otra de agua bendita. y pueden estar seguros de que mi padre no hizo ascos a aque-lla invitación. y acto seguido se echó un trago de whisky para ahuyentar el frío de su corazón.Lawrence-dijo. en cierta ocasión la fami-lia del castillo se fue a Dublín a pasar un par de semanas. Así.muy bien. quien salió a abrirle. y ese viejo espíritu vagabundo. -En el vestíbulo no se puede encender la lumbre -dijoLawrence-. lo que no tardó en producirse. « ¡Vaya fastidio!». cosa lógica en él.-Ah. mi padre y él se llevaban muy bien desde siempre. «Al diablo con la vieja costumbre». Fue el viejo mayordo-mo. a fumar y a beber un poco de whisky. al ver quién era. Así. con una expresión de absoluta inocencia en el rostro. me parece una buena idea. y luego. como de cos-tumbre. pues no quería queLawrencesupiera que tenía miedo. -¿Y por qué no en el vestíbulo? -preguntó mi padre. pues era bastante viejo y estaba acostumbrado a dormir mucho. el viejo picarón. se dice para sus adentros. al poco tiempo subieron y se sentaron conforta-blemente junto a la chimenea del salón.estoy simplemente cerrando los ojos para que no les entre el humo del tabaco y no se pongan a llorar.. estuvieron conversando y fumando juntos de la manera más agradable. ron-dando por la casa y haciendo toda clase de travesuras. y a la tercera noche le tocó el turno a mi padre.Si queremos observar la vieja costumbre. Pues bien. Así que no te metas tanto con tus semejantes -agregó con tono . -Recórcholis -dijo mi padre-. hasta que aLawrenceempezó a entrarle el sueño.LawrenceConnor. a la caída de la noche. señorías.» Pero no tenía escapatoria.. hay que observarla en toda regla. y. pues no está bien que la gente como yo se siente en el salón. y al decirle mi padre que le tocaba a él montar la guardia en el castillo.beber todo lo que encontraba -qué vergüenza. Señor-. Pues bien.y empezaron a hablar. lo invitó a pasar la noche charlando. y el fuego de carbón mineral y turba ardía estupendamente y les calentaba las canillas. dijo mi padre para sus adentros. volvía a su lugar. y decidió tomar la cosa con buen ánimo. como iba diciendo. ¿Es que no te das cuenta de que te estás durmiendo? -Por todos los demonios -dijoLarry-.pues hay un viejo nido de grajos en la chimenea. subió al castillo con dos botellas. pues sabía que el cuadro del caballero estaba colgado en el salón. algunos de los arrendatarios tuvieron que quedarse de guardia en el castillo. -Así es imposible seguir hablando -dijo mi padre-. loado sea el Señor. Y. Vamos entonces a la cocina. «tener que pasar toda la noche en vigilia. Llovía bastante y hacía una noche oscura y tenebrosa cuando mi padre llegó y se roció con agua bendita.eso no puede ser -dijoLawrence-. si entraba alguien de la familia. señorías. -Oh. como les iba diciendo. reparen en esto. los dos bajaron a la cocina mientras el fuego prendía en el salón. Y Larryle dijo: -Encenderemos un pequeño fuego en el salón.

que te estoy escuchando -agregó mientras volvía a cerrar los ojos.. señorías. él se quedó ronco y. la peor jugarreta de todas. pensó incluso que los muros del castillo iban a derrumbarse en medio de una conflagración universal. -¡Por vida en la mar serena! -exclamó mi padre-. se le ocurrió de repente que. Y.aunque en realidad sus esfuerzos no le sirvieron de nada pues. mi padre trató de mantener la calma y hasta estu-vo a punto de quedarse dormido de no haber sido por la manera como atronaba la tormenta y crujían las ramas de los árboles y silbaba el viento a través de la viejas chimeneas del castillo. pues tenía un carácter muy fuerte. para impedir que un cristiano comoLawrencese durmiera. y eso que tenemos aquí una botellita para hacernos compañía! ¡Por los clavos de Cristo! -volvió a exclamar. por la otra. fue la historia deJimSoolivan y su vieja cabra la que contó. prosiguió con su historia. -Y arrastró un sillón hasta donde estabaLawrencey se puso lo más cómodo que pudo. No lo molestaré al pobre. cuando iba a dar un achuchón aLawrencepara despertarlo. hombre! A mí me tenía que pasar esto. señorías. -Recórcholis -dijo mi padre-. abrió los ojos rápidamente. alargó la mano y agarró la botella de whisky y se trincó por lo menos medio litro.. éste se iría a la cama con toda seguri-dad y lo dejaría completamente solo en aquella habitación. Bueno. según creyó mi padre. una historia bastante divertida. y al final observó que el personaje del retrato lo seguía con la mirada a todas partes. que habría bastado para mantener despierto a un lirón y. por una parte. no haría ni tres minutos que había cesado la tormenta cuando mi padre creyó oír un ruido un tanto extraño enci-ma de la chimenea.. el viejo taimado -y ésta fue. unas veces fijamente y otras guiñándole un ojo. ¿No es bastante duro lo que me pasa a mí? ¡El muy villano dice que es mi amigo y luego se me duerme de esta manera. Venga. Y. pues. y ¿qué vio? Nada menos que al viejo caballero saliendo del cuadro. Por mucho que lo intentaba no podía dejar de mirar de vez en cuando al cuadro. si he de morir. no sirve de nada asustarse ahora. Pero como seguía igual de nervioso. sigue con tu historia. No está bien en un amigo ni en una persona con principios importunar al que está durmiendo.. lo cual era mucho peor aún. Además. que Dios lo tenga en su santa gloria-. ¡Qué mala suerte tuve el día que me mandaron venir a este maldito lugar! De todos modos. si lo hacía. pues la contó como si le fuera en ello la vida mientras trataba de mantener despierto al viejoLarry. Pues bien. Pero hubo una cosa bastante extraña que he olvidado referirles. ¡Ojalá que yo pudiera dormir así también! Dicho lo cual. a lo que iba. -Ah -exclamó-. ojalá tuviera yo la mente tan sosegada como elLarry. Por cierto. al ver mi padre que no servía de nada amonestarlo. y dar luego un salto sobre la chimenea para caer de pie sobre el suelo. con mayor razón. y en cuanto vio que así era. como si estuviera quitándose la chaqueta de montar. antes de que llegara la historia a su final. la manera como la contó mi padre creo que nunca había sido antes superada ni lo sería des-pués. mejor respirar a gusto. -¡Vaya. cuando se hubo despachado bien. se trincó casi medio litro de licor a ver si así se tranquilizaba un poco. Y. pero de repente la tormenta cesó y la noche se volvió más apacible que una velada de julio. volvió a colocarla con cuidado en el sitio de antes y se puso a pasear por la habi-tación con aire tan sobrio y paso tan firme como si no hubiera . -dijo al darse cuen-ta-. se puso a pasear por la estancia y a rezar tan intensa-mente que empezó a sudar (me perdonen sus señorías).lo primero que hizo fue quedarse mirándonos atentamente a ver si estábamos dormidos. Así pues.LarryO'Connor ya estaba ron-cando como un hipopótamo.Si consiguiera dormir un poco. Después de un descomunal rugido del viento.brusco.

para servir a su señoría -dijo mi padre con la poca voz que le permitía el miedo. deteniéndose a dos pasos de mi padre y volviéndose hacia él-. Pero mi padre. De todos modos. cuyo rostro se iba volviendo rojo de furor-. y sumamente caritativo y humano con los pobres. al menos eso había oído decir al padre Murphy. sintiéndose algo mejor-. no ha sido para que me cuentes tu triste vida ni para conversar con un tipo como tú para lo que he subido aquí. cómo te va. -Eso es cierto por mi honor. -Bien -dijo el espíritu-. y esto fue lo que más lo asustó.Yo siempre fui un buen amo para PathrickNeil. Es un honor para mí poder ver a su señoría aquí esta noche..tu abuelo. ¿Que Dios me tenga a mí en su santa gloria? ¿A cuento de qué. señorías. ¡que Dios se apiade de todos nosotros!. que el olor a azufre le impidió respirar y le dio un ataque de tos que casi lo tira al suelo. Y ahora escúchame bien. y aunque en diferentes períodos fui un cristiano bastante aceptable. como tendría derecho a estarlo. -Eso es una verdadera lástima -exclamó mi padre-. tan cerca. mi padre casi ni se había inmutado hasta que el espíritu pasó a su lado. -¡Caramba!-exclamael caballero. miserable canalla -dijo el caballero-. a pesar de todo ello no estoy a gusto donde me encuentro ahora. pero no tenía más remedio que seguirle la corriente).tomado ni una gota.. notaba un fuerte olor a azufre. -Gracias. ejemplo de sobriedad para toda la comarca. pues sabía que era azufre lo que ardía en el infierno. Terence Neil. siempre que pasaba por su lado. Usted fue siempre un gentilhombre muy educado. Que Dios lo tenga en su santa gloria.. cacho zopenco? ¿Dónde te has dejado los modales? Si estoy muerto. por pequeño que pareciera). -Y.Terry Neil? -Pues aquí estamos. -Eso es también una gran verdad -volvió a convenir mi padre (aun-que era una gran mentira. cuando se trata de arreglar cosas como ésta -dijo dándose un golpecito en la pierna-. ¿Qué. lo que es más.señoría -dijo mi padre. creo que siempre fui un caballero sobrio y cabal -agregó el otro. Tal vez desee su señoría hablar con el padre Murphy. -Y que lo digas -refrendó el caballero-. y la gente como tú no tiene por qué soltármelo a la cara cada dos por tres -exclamó con un taconazo en el suelo que hizo retumbar el entarimado. Me asombra cómo puedes tener la inso-lencia de sermonear a un caballero acerca de su alma. Así que eres tú el que está aquí. -Terence -dijo el caballero-. Aunque yo era más sobrio que la mayoría de los hombres (al menos que la mayoría de los gentilhombres). pues estaba más muerto que vivo-.. yo me dirijo a quien es . Soy desde luego un pobre hombre idiota e ignorante. un hombre trabajador y serio. -¿Que Dios me tenga en su santa gloria? -repitió el espíritu. ignorante gañán. No es en mi alma en la que estoy pensando. Pues bien. con perdón de sus señorías. -¡Ay! -se disculpó mi padre-. no es culpa mía. mejor dicho para lo que he bajado (mi padre tomó buena nota de aquel desliz. -Sujeta la lengua. tú eres un hombre respetable (y no le faltaba razón). que Dios lo tenga en su santa gloria-. el cual sabía de aquello más que nadie -el pobre ya murió. señoría -asintió mi padre.

Por tu salud. una tarea de lo más engorrosayaburrida. Me preocupa mi pierna derecha. y lo peor es que allí hace muchísima calor y a mí me han encomendado la tarea de ayudar a llevar elaguas aunque me dan muy poco a cambio. de lo contrario. para tu conocimiento. tengo que andar mucho más de lo que andaba antes. agarró con fuerza la pierna y empezó a tirar y a tirar hasta que el sudor empezó a bajarle por la sien. la gente donde me encuentro es terriblemente aficionada alagua fría. -Bah. a quien no le hacía ninguna gracia andar toqueteando a un espíritu-. -Sujeta esa lengua. Dicho lo cual. pese a lo astuto que era. -Oh. mientras el viejo Larryseguía durmiendo y roncando más fuerte que nunca. sepa su señoría -dijo mi padre. te lo puedo asegurar. Cuando volvió en sí. (Mi padre explicó después que se trataba de un caballo de carreras que había sufrido una grave caída al saltar la gran valla que rodea la cañada. Al oír aquello. el alegre sol matutino se filtraba entre los posti-gos de la ventana. y eso es todo. Mi padre tiró como un poseso. En el lugar en el que paso la mayor parte del tiempo. el caballero salió despedido por encima de la mesa. que no seré yo el insolente que haga semejante cosa a una persona tan eminente como su señoría. con la pata de un butacón viejo arrancada de cuajo en una mano. hijo del diablo! -exclamó el caballero. si bien. -Bueno. a la que quie-ro que le des un achuchón o dos hasta que encaje el hueso en su sitio.experto en la materia. aquí está mi pierna -dijo el caba-llero levantándola para que se la cogiera-. -¡Tira más fuerte. pues. déjate de monsergas. Mi padre fue aquella mañana a ver al padre .) -Espero -dijo mi padre. Terence -brindó-. salvo el pequeño recreo de que dispongo para echar un vistazo por aquí. -¡Más aún! -aulló el caballero. ydesde luego mucho más de lo que me convendría. no es mi alma lo que más me preocu-pa.que a su señoría no le preocupe haberlo matado. so necio -exclamó el caballero-. alzó la botella de agua bendita. que es lo que más ansía. Sólo sirvo para hacerlo con personas de mi nivel. Toma. antes me tomaré un traguito para no desfallecer -dijo el caballero alargando la mano hacia la botella con el pretexto de que se encontraba débil. No es mi alma -prosiguió sentándose enfrente de mi padre-. pero tan pronto como ésta hubo rozado sus labios dejó escapar un grito tan espantoso que pareció que el techo y los muros se iban a venir abajo y le entraron unos ataques y convulsiones tan terribles que la pierna se le descoyuntó y quedó atrapada entre las manos de mi padre. le salió mal la treta pues cogió la botella equivocada-. ya que todos están siempre sedientos y beben más agua de la que pueden transportar mis piernas. así. y ahora tira con todas las fuerzas que te queden. y él se hallaba tumbado boca arriba. mi padre comprendió que no le valía escurrir el bulto. que me rompí en el cobertizo de Glenvarloch el día que maté al negro Barney. por todas las Potestades y Dominaciones que no dejaré un hueso de tu esqueleto sin triturar. pues. -Como mande su señoría -dijo mi padre. arréglamela bien. Y precisamente lo que más me fastidia es la invalidez de mi pierna. y mi padre cayó de espaldas al suelo en medio de la habitación. y te diré por qué me preocupa mi pierna.

en cuanto al caballero. como si fuera a desenvainarla de un momento a otro. Mi bisabuelo. y desde entonces hasta el día de su muerte nunca dejó de confesarse ni de ir a misa. Sin embar-go. único foco de luz que ilumina su figura y su rostro. el principal mérito aparente del cuadro. pese a que éste es ciertamente exquisito. se aprecia la figura de un hombre vestido a la antigua usanza de Flandes en actitud de alarma. ya fuera porque no le había gustado el líquido. el cual esboza una de esas sonrisas enigmáticas que tan bien sientan a una mujer bonita cuando está tramando una jugarreta. pues registra fidedignamente una escena extraordinaria y misteriosa. como es habitual en todas sus obras. SCHALKEN EL PINTOR «Pues es un hombre con el que no tengo nada en común. » Hay una obra extraordinaria de Schalken que se conserva bastante bien. o fantasma. y eterniza. Y. sobre todo porque prácticamente no volvió a hablar de ello nunca más. pues. La figura sos-tiene en la mano una lámpara. ya por haber perdido su pierna. Aparte. En segundo plano. que le cae desde la misma cabeza. Hay algunos cuadros que nos impresionan y asombran por la mane-ra especial en que representan no simples formas y combinaciones idea-les que han pasado por la imaginación del artista. de mí su vara y deje de amedrentarme su estampa. le oyó contar a él mismo la terrible historia del cuadro. este atuendo no es hábito de ninguna orden religiosa. en cuyo primer plano aparece una figura femenina ataviada con una especie de túnica blanca. Y digo aparente porque su verdadero valor estriba en el tema y no en el tratamiento. que conoció bien al pintor. sino escenas. El cuadro en cuestión muestra el interior de lo que podría ser la cámara de algún antiguo edificio religio-so. Este cuadro singular posee algo que le imprime carácter de realidad. que . la mano sobre la empuñadura de la espada.Murphy. y casi en la más completa oscuridad. rostros y situaciones que han existido en la realidad. la sobrina de Gerard Douw. y lo que contó lo creyó todo el mundo. un retrato perfecto de RoseVelderkaust. en el rostro de la figura femenina que ocupa el lugar más destacado del cuadro. el primero y me parece único amor de Godfrey Schalken. ni hay nadie que pueda imponer su mano sobre nosotros dos. El curioso tratamiento de la luz constituye. el caso es que nadie supo que hubiera vuelto a pasearse por allí. salvo el contorno de su silueta definido por el tenue arrebol de una vela agonizante. Y en verdad que así es.

El sol ya se había ocultado y el agonizante crepúsculo estaba deviniendo en noche oscura. El relato y el cuadro se han convertido en una especie de patrimonio de nuestra familia. en el pecho. a pesar de su temperamento flemático. poseía la delicadeza y gentileza que acompañan a las bellas y rubias doncellas flamencas. pese a no tener una espe-cial inclinación religiosa. aunque todas ellas en vano. Un día en que Schalken se hallaba trabajando en el taller después de que sus compañeros se hubieron marchado ya a sus casas. Era una composición reli-giosa que representaba las tentaciones de un rechoncho san Antonio. Huelga decir que sus esfuerzos se intensificaron a partir de entonces y que. aunque tímida.luego le regaló. sabía que le esperaba una época dura llena de incertidum-bres y desabrimientos. entre los pliegues de la capa. El joven pintor la adoraba y amaba con toda su alma. destinados a sufrir un inesperado contratiem-po. portaba un largo bastón de ébano rematado por lo que parecía. si hemos de creer lo que se cuenta. y. . Y ahora. obstinado y desaliñado en el cenit de su celebridad. El joven artista poseía suficiente discernimiento. y no se atrevía a pedir al viejo Gerard la mano de su preciosa pupila. voy a intentar relatar. se enamoró perdidamente de la bella sobrina de su adinerado maestro. Pero había algo que empañaba su júbilo: era pobre y desconocido. una cabeza maciza de oro. con la otra blandía el trozo de carboncillo que tan mal había cumplido su cometido. tan tosco. -¡En qué maldito momento se me habrá ocurrido pintar este tema! -exclamó el joven-. se distinguían los eslabones de una cadena del mismo metal. y.RoseVelderkaust era más joven que él. sin éxito aparente. hombre desgarbado pero diestro pintor de óleos que deleitan a los críticos de nuestro tiempo casi tanto como sus modales repugnaron a los refinados de su tiempo. como anochecía deprisa. lo cual suponía media batalla ganada. eran numerosas las raspaduras y correcciones de que habían sido objeto el santo y el demonio. ¡Maldito cuadro. Y su amor no quedó sin recompen-sa. En sus años jóvenes Schalken estudió con el inmortal Gerard Douw. que llevaba protegida por una especie de guantelete. Mientras con una mano se apartaba de la frente sus luengos mechones. y cuyas manchas se dispuso ahora a limpiarse en sus holgados calzones flamencos. Un buen día le declaró sus sentimientos y arrancó de ella una res-puesta afirmativa. este hombre. sin embargo. Era el pintor más dichoso y orgulloso de toda la cristiandad. Pero había ganado el corazón de su queridaRose Velderkaust. y. la tradición oral que circula asociada al mismo. Pero aquellos intensos esfuerzos y las esperanzas que los sostenían y embellecían estaban. como prueba su perdurable celebridad. Primero tenía que labrarse un nombre y ganarse la independencia profesional. se vieron coronados por el éxito. en sus días menos gloriosos pero más felices fue el protagonista de un exaltado romance lleno de misterio y pasión. en la mano. dejó a un lado los colores y se aplicó en terminar un esbozo en el que había puesto un empeño extraordinario. durante la cual tendría que hacer frente a innúmeros obstáculos. Schalken llevaba unas dos horas traba-jando de esta guisa. En la espaciosa y vieja estancia reinaba un gran silencio. A un metro y medio por detrás de él se hallaba un anciano envuelto en una capa y tocado con un sombrero cónico de ala ancha. A pocas personas les sienta tan mal el manto del romance como al zafio Schalken. una perturbación tan extraña y misteriosa que torna inútil toda investigación y arroja sobre la propia historia una sombra de terror preternatural. ay. una vez descrito el lienzo. Así pues. maldito santo! En aquel momento oyó cerca una especie de resoplido seco que le hizo volverse bruscamente y percatarse de que su trabajo estaba siendo observado por un desconocido. si me dan la venia. para no sentirse satisfecho de su obra. La paciencia del joven pintor estaba agotada. así. Se sentía furioso y mortificado ante aquella producción inacabada. a la luz del último resplandor del crepúsculo. y. pues no había alcanzado aún los diecisiete años de edad. maldito diablo.

tranquilidad que el irritado artista consiguió reprimir el amago de comentario hostil que había empezado a aflorarle a los labios. -¿No dijiste. y había un algo tan extraño y hasta se podría decir tan aterrador en su perfecta. En mi vida había oído ese nombre hasta ayer. junto con su porte firme y tieso.. desea hablar con él mañana. por lo que Schalken sabía que el viejo y extrañar visitante no habría podido alcanzar la calle entre tanto. pronto saldremos de dudas. lo invitó educadamente a tomar asiento y le preguntó si traía algún recado para su maestro. sin mirar a derecha ni izquierda atravesó el pasillo que hacía poco había atravesado -si es que no seguía allí todavía-. sea lo que sea. ora deteniéndose a mirar el trabajo de alguno de sus alumnos ora.con paso rápido pero silencioso. o tal vez se había escondido en un rincón del pasillo con algún fin siniestro? Esta última posibilidad suscitó en su ánimo una vaga desazón. Minheer Vanderhausen. No habría resultado fácil adivinar la edad del intruso..La estancia estaba tan oscura que no se veía nada más allá de aquel personaje. Así que se llama Minheer Vanderhausen. salió de la habitación antes de que Schalken. Eso es todo. de Rotterdam.. O tal vez se trate de un pariente pobre que quiere ser aprendiz mío. El joven sintió curiosidad por. No.que la hora fijada eran las siete de la tarde según el reloj del Ayuntamiento? -Acababan de dar las siete cuando lo vi. Transmitido el mensaje. -dijo para sí Gerard Douw cuando se.. ¿no? . 0. más frecuentemente. de Rotterdam. pero cierta cantidad de pelo negro que le asomaba por debajo del sombrero. -Pues entonces ya se acerca la hora -dijo el maestro. Gerard Douw se había puesto a pasear por la estancia nervioso e impaciente. y a tal fin se dirigió veloz a la ventana.que Minheer Vanderhausen. ¿Se había esfumado como por ensalmo. de Rotterdam. Bueno. se quedaron vacíos. por la noche a esta misma hora. desde la que se podía ver puerta de la calle (entre la puerta del estudio y la de la calle había u pasillo bastante largo. sin atreverse a respirar siquiera hasta que salió a la calle. O alguien con una colección que tasar. con un esfuerzo sin duda desproporcio-nado con la no probada gravedad del momento. Aquella persona des-prendía tanta gravedad e importancia. salvo el de Schalken. pues no había ninguna otra salida. tras cerrar bien la puerta y meterse la llave en el bolsillo. Sin embargo.) Pero esta maniobra suya resultó vana. ver qué dirección tomaba aquel burgués de Rotterdam al salir del estudio. sobre un asunto de especial importancia. conjuró todo el valor que le quedaba y. Lo cual lo dejó harto perplejo. -Un hombre ya mayor y ricamente vestido. Así. su misterioso visitante. y a ser posible en esta misma habitación. tan pronto se hubo repuesto de su sorpresa. quela quitó las ganas tanto de seguir solo en la habitación como de aventurar-se a salir al pasillo. acercán-dose a la ventana para ver a los transeúntes que pasaban por la calle oscura donde se hallaba situado su estudio. no hay nadie en Rotterdam que me pueda dejar una herencia. -Di a Gerard Douw -sentenció con el mismo ademán impasible. Había llegado de nuevo el final de la jornada y todos los caballetes. permitían supo-ner que sus años no sobrepasaban la sesentena. ¿no es así? -Así es.. consultando un reloj grande y redondo como una naranja-. cuyo sombrero impedía que se le vieran los rasgos de la cara. Godfrey -exclamó Douw volviéndose a Schalken tras una larga y minuciosa indagación desde su puesto de observación. ¿Qué puede querer de mí?= Lo más seguro que le haga un retrato.acercaba la hora convenida-.. el desconocido se volvió bruscamente y. -Minheer Vanderhausen. tuviera tiempo de articular una respuesta. señor. señor -contestó el aprendiz. pétrea.

. como agradeciendo este gesto de cortesía. El visitante hizo un amago de movimiento con la mano. pero permaneció en pie. Mientras decía aquello. al final. a modo de admoni-ción. perfectamente colocados y. la retiraron parcialmente. contenía un montón de lin-gotes de oro. ¿no es así? -dijo Gerad Douw. se detuvo en una casa que hacía esquina. por lo que pude ver -contestó el alumno-. de la mejor calidad. -Aquí llega. un día antes. De acuerdo con las órdenes del desconocido. Godfrey. si es que tiene inten-ción de ser puntual. le pareció a Schalken. tú te quedarás a esperarlo. -Así es -contestó el visitante lacónicamente. y su atuendo era rico y austero. -Entonces que lleve este cofre a un joyero para que tase el valor de su contenido y vuelva con el certificado de la tasación. según la primera impresión del judío. En aquel momento. Penetró en la tienda y. el sonoro reloj del Ayuntamiento empezó a des-granar las siete campanadas. había saludado tan inesperadamen-te a su alumno Schalken.. aunque tampoco muy viejo.. Había algo en el porte de aquel personaje que al punto convenció al pintor de que no se trataba de ninguna mascarada. con la superficie muy arañada y ensuciada. colocó un cofrecito de unos veinte centíme-tros cuadrados en manos de Gerard Douw. y debajo apare-ció un cofre de madera dura. así. -De total confianza -confirmó Gerard. señor -dijo Schalken en voz baja. -¿Es de total confianza este hombre? -preguntó Vanderhausen vol-viéndose hacia Schalken.. que se había situado detrás de su maestro. pronto recibiremos a su señoría. si no. atravesan-do velozmente dos o tres callejuelas. resulta ser una farsa monta-da por Vankarp o algún bromista como él? Me gustaría que hubieras tenido valor para liarte a palos con el viejo burgomaestre. en espera de sus órdenes. Iluminado por una lámpara. puesto que ya lo conoces. y casi blanca por el paso del tiempo. con un saludo cortés. no podía ser joven. Éste ocultó su preciosa carga bajo los pliegues de la capa y. Claro que. invitó al desconocido a tomar asiento. bien. Volviéndose bruscamente hacia la puerta.-Sí. aquí me tiene. parecía estar enteramente recubierto de plomo. sacó de la capa el cofre de Vanderhausen. -Tengo el honor de estar ante Minheer Vanderhausen. sin dudarlo se quitó el sombrero y. de Rotter-dam. el cual quedó tan asombrado de su peso como de la brusquedad con que el desconocido se lo había dejado. Apostaría una docena de florines a que su señoría se habría quitado rápidamente la careta pidiendo piedad para un viejo conocido. sino que se hallaba realmente en presencia de alguien importante. Éste. pues. como el que suelen llevar los burgueses acaudalados y respetables. Protegidos por dos o tres capas de lino. estuvo tocando y sobando todos y cada uno de los lingotes del glorioso metal con un pla-cer . Gerard Douw pudo ver a la misma figura que. -Creo saber que su señoría desea hablar conmigo -continuó Douw-. se lo dio a Schalken para que fuera a cumplir el encargo. cuya planta baja estaba ocupada a la sazón por una orfebrería regentada por un judío. los ojos de maestro y aprendiz se habían quedado fijos en la puerta y Douw esperó a la última campanada para exclamar: -Bien. tras pedir al pequeño hebreo que lo llevara al lugar más secreto. que también abrieron con cierta dificul-tad.¿y si.

Ella será mía si así lo dispone usted. una vez que el aprendiz había marchado a llevar a cabo su encargo. a su sobrinaRoseVelderkaust. en cuanto a las demás objeciones. Gerard Douw quedó enormemente sorprendido de la comunicación que acababa de hacerle Minheer Vanderhausen. rezó para sus adentros para que volvie-ra pronto Schalken. Si aprueba mi propuesta. pero debe comprender que ella dispone también de su libre albedrío y que puede no estar de acuerdo con lo que nosotros consideramos ventajoso para ella. Schalken volvió sobre sus pasos y. pues. y Gerard Douw.miento demasiado bueno. sensación que no le permitió decir nada que pudiera ofenderlo en lo más mínimo. pero no se atrevió a expresar su sorpresa. el pintor notó una especie de frío y opresión -como dicen que ocurre cuando uno se encuentra junto a un objeto que produ-ce antipatía natural. Usted visitó la ciudad de Rotterdam hará unos cua-tro meses.Roseno podía esperar un casa. Esa suma quedará en manos de usted. ¿No le parece una disposición generosa? Douw asintió. secundará mi solicitud haciendo uso de la autoridad que le asiste. habida . los volvió a poner en su sitio mientras exclamaba: -¡Mein Gott. Con anterioridad. como tampoco podía presumir de sus orígenes. será exclusivamente para ella mientras viva.poner en sus manos cuanto antes la prueba de mi riqueza como garantía de mi trato generoso para con su sobrina. El muchacho volverá dentro de un par de minutos con una suma cuyo valor es cinco veces superior a la fortuna que su sobrina tiene derecho a esperar de su marido. en cuya ocasión vi. -Deseo -dijo el misterioso caballero. y semejante oferta no se podía despreciar aunque proviniera de un tipo raro o de una persona de presencia no demasiado atractiva. para que disponga de la manera que le parezca más adecuada para los intereses de su pupila.de que la alianza que usted propone sería a la vez ventajo-sa y honrosa para mi sobrina. al margen de la prudencia y cortesía dictadas por la ocasión.todo el tiempo que estuvo en presencia de aquel estrafalario desconocido. Es el caso que deseo casarme con ella. qué hermosura! Después del escrutinio. si le convenzo de que soy más rico que cualquier hombre con el que usted haya podido soñar casarla.qué perfección! ¡Ni un grano de aleación! ¡Qué belleza. y. Vanderhausen se había dirigido a Gerard Douw en los siguientes términos: -Esta noche no puedo entretenerme con usted más que unos minu-tos. junto con su dote. usted es su tutor y ella su pupila. que debía enteramente a la generosidad de su tío. en la iglesia de San Lorenzo. pues tenía una dote muy modesta. y espero que. pues éstos distaban mucho de ser linajudos. aquel desconocido. deberá cerrar el trato aquí y ahora. El hombre de Rotterdam avanzó un poco mientras le hablaba. debía de ser a la vez muy acaudalado y generoso. tras dos o tres carraspeos preliminares. por lo que trataré de resumirle en pocas palabras el asunto que me ha traído hasta aquí.Geralddecidió-y. el judío certificó de su puño y letra que el valor de aquellos lingotes sometidos a tasación ascendía a no sé cuántos miles de táleros. pues no puedo esperar cálculos ni dilaciones. después de examinarlos detenidamente. -No trate de embarullarme.especial. Con el ansiado documento en el bolsillo y el magnífico tesoro bien guardados bajo la capa. -No me cabe la menor duda -dijo Gerard. pensó. encontró a su maestro y al desconocido conversando porfiadamente. sin saber por qué. al entrar al estudio. plenamente convencido de que aquella fortuna era extraordinariamente favorable a su sobrina. señor pintor -soltó Vanderhausen-.

Pero supongo que no tendrá usted reparo. si es usted honorable. tenía derecho a ello. Gerard Douw. independientemente de las dudas que yo pueda tener para cerrar el trato de inmediato. a su sobrina. y acto seguido entregó a su vez el cofre y el certificado a Gerard Douw y permaneció un rato en silencio mientras éste cotejaba ambas cosas con lo estipulado en el contrato que tenía en sus manos. Dicho lo cual. de un acto que lo privaba para siempre de su queridaRoseVelderkaust. pues ya me estoy aburriendo. Y Godfrey Schalken fue testigo. sin saberlo. pero. como ya hemos dicho. supongo. Yyo le haré ver que lo considero indispensable. Schalken. y mi oro. Wilken Vanderhausen salió raudo de la estancia con un saludo frío. Finalmente. etcétera. Es un buen trato. antes de que me vaya debe usted haber firmado este compromiso.tante-. .cuenta de las costumbres de la época. se dispu-so a retirarse. -Señor -dijo dirigiéndose al desconocido-. y Gerard firmó aquel importante documento.. -dijo Douw con un esfuerzo enor-me-. -Bueno. el extraño visitante lo plegó y metió con parsimonia en un bolsillo interior. pensó Douw. pensándolo bien. no tengo derecho a rechazar su oferta. Mientras el pintor leía con atención dicho contrato a la luz de un titilante candil colgado en la pared opuesta. Ya tiene suficientes garantías de mi respetabilidad: mi palabra. es el caso que desconozco absolutamente todo sobre su familia y rango. Sin embargo. su oferta es generosapero.. tras hacer entrega al desconocido del cofre y de la tasación efectuada por el judío. pero Vanderhausen le dijo que esperara.no prestarles atención por el momento. -Ni una hora más -dijo el pretendiente con ademán impasible. preguntó: -¿Da su consentimiento? El pintor le dijo que le gustaría disponer de otro día para reflexionar.» -No se comprometerá usted innecesariamente -dijo Vanderhausen adivinando y parafraseando misteriosamente lo que acababa de pensar su interlocutor-. entregaba en matrimonio a Wilken Vanderhau-sen. Dicho lo cual.debe usted darla por descontada por el momento. si es usted mezquino. no pienso comprometerme innecesariamente. Si le convence el oro que voy a dejar en sus manos. Una vez firmado el contrato. si no hay más remedio. antes de una semana a partir de aquella fecha. Gerard Douw. entró en el estudio y. «Le gusta salirse conla suya. le pasó un documento en el que figuraba por escrito que él. de Rotterdam. -En cuanto a mi respetabilidad -dijo el desconocido con tono cota. -Volveré mañana a las nueve de la noche a ver al objeto de nuestro contrato. alguno en enterarme enseguida al respecto. Mientras decía esto sacó una cajita con material de escribir. -Que este joven sea testigo del trato -dijo el viejo pretendiente. no logrará saber de mí más que lo que yo decida revelarle.RoseVelderkaust. Doy mi consentimiento. pero se comprometerá si es necesario. -Entonces firme inmediatamente -dijo Vanderhausen-. Haga el favor: de no aburrirme con sus preguntas. y no desea que mi propuesta se retire de inmediato. «Es un viejo bastante irritable».

que pronto te casarás. y a cualquier tutor le habría parecido tan absurdo dar importancia a la atracción mutua en semejante acto contractual como redactar los vinculantes aspectos financieros del mismo en términos sentimentales. mi querida mozuela. llevaba las manos enfundadas en un par de guantes de cuero espeso. tras mirarla de arriba abajo con aire satisfecho. sino por simple miedo al ridículo. Luego marchó del taller en compañía de su maestro. es poco probable que hubiera considerado esto como óbice para que se cumplieran los deseos de Minheer Vanderhausen. y sus zapatos iban adornados con rosas del mismo color. da la orden de que nos sirvan la cena a las nueve. si bien hablaron muy poco por el camino. si le hubiera pedi-do la descripción de su futuro esposo. Gerard Douw mandó venir a su sobrina y. estaban las sillas de alto respaldo. por fin la puerta de la habitación se abrió lentamente e hizo su aparición un personaje que sobresaltó. y. y ya por entonces antiguo salón. Espero a un amigo. sin quitar los ojos de su bonita e inocente cara: -Rose. Poco después. tesoro. a nuestros flemáticos holandeses(Roseestuvo a punto de proferir un grito de terror. cuando se dan. a modo de guanteletes. que con los resplandores de la lumbre parecía de oro pulido. que estaba a punto de mar-char a su sombría casucha.Schalken. que le ocultaban por completo la nuca. aunque sus rasgos no habían sido vistos nunca antes por ninguno de los allí presen-tes. pues a ambos les sobraban motivos para reflexionar. Gerard Douw y su aprendiz se encontraban en el seño-rial. no sólo se habría visto obligado a confesarle que no había visto su rostro sino que tampoco sabía quién era realmente. algo toscas pero sobradamente confortables. los ademanes. que no le llegaba del todo a las rodillas. ansioso de despejar sus dudas. pues. pero. el pintor no comunicó a su sobrina el paso impor-tante que había dado con relación a ella. Siguieron unos pre-miosos pero decididos pasos primero escaleras arriba y luego a lo largo del pasillo. de negro azabache. esa preciosa carita te va a traer suerte. No quiero que piense que somos pobres o desaseados. cerca de la cual una mesa antigua. no porque previera oposición por su parte. El pequeño grupo. compuesto por Rose. el hechizo de amor que producen suele resultar irresistible para cualquier cerebro o corazón masculinos. que le subían hasta más arriba de las muñecas. Es muy difícil que se den en una misma persona una carita y un temperamento como los tuyos. ponte todo lo guapa que puedas. se había acercado a la venta-na para ver desde allí la salida del desconocido. Dicho lo cual. La abertura delante-ra del gabán dejaba ver un traje muy oscuro. que el tiempo apremia. En aquella época el matrimonio era ocasióny objeto de trueque y especulación. la cogió de la mano y le dijo con tono paternal. pero ¡Dios mío. Al día siguiente. En una mano llevaba el bastón y el sombrero. y dispuestas en orden riguroso. Confía en mí. esperaba la llegada del visitante con especial impaciencia. de haberlo esta-do. Por su parte. Al caer la tarde. estaba ya preparada para la cena.) Era el esperado. la altura eran los mismos. los andares. aunque. Sin embargo. y la otra le colgaba pesadamente a un lado. Mira.-Rosese sonrojó y sonrió-. Gerard llamó a Schalken. Iba envuelto en un gabán oscuro. y le pidió que fuera a su casa a cenar en com-pañía deRosey Vanderhausen. después de comer. y casi aterrorizó. Por supuesto que aceptó la invitación. y ten preparado el salón para las ocho de esta noche. alarmarse y esperar. no vio salir a nadie. a su alrededor. Un fuego animado chisporroteaba en la chimenea. para su asombro y casi terror. qué rostro! . Pero dejemos eso. unos calcetines de seda púrpura recubrían sus piernas.su tío y el joven artista. Gerard Douw tampoco estaba al corriente de la atracción mutua existente entre el aprendiz y su sobrina. que acababa de quitarse. un espectro ataviado como Minheer Vanderhausen.mi pequeña. En todo esto no había nada particular-mente objetable. A las nueve en punto se oyeron unos golpes en la puerta de la calle y alguien fue rápidamente a abrir. En cualquier caso. Sobre los pliegues de la le caían abundantes y luengos mechones entrecanos. que se había engalanado para reci-bir al desconocido. se dirigió a la estancia donde estaban trabajando sus alumnos. Schalken no sospechaba todavía la amenaza que se cernía sobre el más querido de sus proyectos.

y. y. durante su visita no se quitó los guantes ni una sola vez. así. si bien. eran casi negros. -Querido tío -exclamóRose-. y el propio anfitrión apenas tuvo valor suficiente para articular unas cuantas frases de cortesía: el terror nervioso que inspiró la presencia de Vanderhausen fue tal que se habría necesitado muy poco para que sus anfitriones salieran huyendo despa-voridos. sugerían un estado indefinible de trastorno. estas dos virtudes bastarían para contrarrestar su deformidad:si no bastan. en segundo lugar. el que pareciera totalmente desprovis-ta del pavor misterioso que sentían hacia el desconocido tanto él como su aprendiz Godfrey Schalken. era como si sus miem-bros estuvieran gobernados y movidos por un espíritu no acostumbrado a la maquinaria corporal. Querida. y hasta horrible. joyas. estaba decidido a no permitir ninguna alusión de su sobrina a la fealdad de su futuro esposo. etcétera. también de la misma ciudad. joven necia! -la conminó Douw. producen un efecto muy fuerte y desagradable cuando se ven y observan. tío? -dijoRose-. vale más que todos los petimetres emperifollados que se pasean por la calle mayor. y. Después de permanecer un buen rato en el umbral de la puerta. de Rotterdam. sí bastan para que no lo consideremos un obstáculo. -¿Sabes una cosa. Estas dos peculiaridades. maligno y hasta satánico. para modificar su aspecto exterior. Sin embargo. maestro en el arte de la pintura. así como un paquete dirigido a Gerard Douw que contenía un contrato de matrimonio debidamente redactado entre Wilden Vanderhausen. el desconocido penetró en la estancia. yRoseVelderkaust. lo reconozco.Cuando lo vi junto a la puerta no pude dejar de pensar que estaba viendo a la vieja estatua de madera poli. sin embargo. fruto de la ausencia de movimiento respiratorio en el pecho. es cierto que este hombre no tiene un rostro atractivo. y de garantizar a la misma el usu-fructo de la manera más irreprochable posible: se dejaba el dinero en manos del propio Gerard Douw. de Leyden. . contenía asimismo el compromiso por parte de Vander-hausen de hacer a su novia unas concesiones más espléndidas todavía que las que había esperado su tutor. terciopelos. para alivio general. éstos conservaron la suficiente sangre fría para fijarse en dos cosas bastante extrañas de su visitante: durante todo el tiempo que estuvo allí sus ojos no se cerraron ni movieron una sola vez. no dejaba de agradarle bastante. y. con una muda inclinación de cabeza.Toda la carne era de color azul plomo -esa coloración generalmente provocada por medicinas metálicas administradas en cantidades excesivas-. que presen-taban una proporción exagerada de blanco turbio. Por fin. Sin embargo. Era curioso cómo aquel venerable desconoci-do parecía esforzarse por exhibir su carne lo menos posible. Un hombre puede ser más feo que el diablo y. y. pero me consta que es rico y generoso. A la mañana siguiente llegaron de varios puntos de la ciudad ricos presentes paraRoseen forma de sederías. del muelle del Pescante. a tono con el resto del rostro. en todos sus movimientos. Gerard rió. a la vez que le causaba cierta perplejidad. -¡Silencio.¡qué hombre tan espantoso! No me gustaría volver a verlo ni por todo el oro del mundo. Vanderhausen privó al pintor de Leyden de su nefasta pre-sencia. en conjunto. si su corazón es bueno y obra con rectitud. aunque no pudo por menos de reconocer en su fuero interno la justeza de aquella comparación. El desconocido habló muy poco durante su visita. por otra parte. cromada que tanto me asustó en la iglesia de San Lorenzo de Rotterdam. que no excedió la media hora. sobrina de Gerard Douw. Gerard Douw halló por fin el valor y la serenidad suficientes para invitarlo a entrar. que cuando se cuentan pueden parecer poco relevantes. pese a no tenerlas tam-poco todas consigo-. los labios. todo su semblante despedía un aire sensual. aunque fuera diez veces más feo tose vía. el pequeño grupo oyó cerrarse la puerta tras él. algo indefinible que no era natural ni humano. los ojos. Había algo indescriptiblemente raro. había una especie de quietud fúnebre en toda su persona.

Eso era todo lo que había visto. de la magnanimidad de los pupilos ni de los tormentos o arrobos de los amantes. la pérdida de su gentil compañía lo había dejado muy deprimido. el contrato de matrimonio quedó debidamente firmado. Los hombres rodearon luego la litera. El relato que presento aquí rebosa de sordidez. y el novio. a la puerta de la calle.carruaje que lo había llevado a Rotterdam a él y a su flamante esposa. que tenía los ojos empapados de lágrimas y las manos encogidas por el miedo. se dirigió presuroso al establecimiento donde Vander-hausen había alquilado el pesado -pero para la época lujosísimo. sólo en cierto modo. Asimismo. y a la promesa previamente expresada por ambas partes. Ciertamente. Pasó dos días o tres sin acudir al taller. habida cuenta de lo tarde que era y de lo soli-tario que estaba el camino. pero nadie le facilitó una sola pista sobre el obje-to de sus pesquisas. aunque no se le alcanzaba con qué fin había actuado de aquella manera. Una noche en que el pintor y su alumno se hallaban sentados junto a la lumbre. sus digestiones se vieran repentinamente interrumpidas. estaban llamando con vehemencia. en la que ambos se aco-modaron. Vanderhausen había come-tido un fraude en el contrato suscrito con él. Las preguntas del criado que fue a averiguar la causa de aquel ruido tuvieron como respuesta nuevos y más violentos . unos dos kilómetros antes de entrar en la ciudad. más perplejo y preocupado que antes de emprender aquel viaje. habían llegado a Rotterdam al anochecer. de que iban a ser víctimas de alguna fechoría. tras un largo viaje con varias etapas. que debían exigirse en sumas trimestrales. no tuvo ninguna noticia de su sobrina ni de su honorable esposo. para vencer la tristeza que solía invadirle principalmente al final de la jornada. se había cruzado en la carretera impidiendo el avance del carruaje. Gerard Douw no dejó ninguna casa del muelle del Pescante sin visitar. Poseía la dirección completa en Rotterdam de Minheer Vanderhausen y. por lo que no tuvo más remedio que regresar a Ley-den. Transcurridos varios meses. casi convencido. A su llegada. El cochero le dijo que. a la que profesaba un sincero y profundo afecto. sus temores aumentaban en vez de disminuir. Sin embargo. ni tampoco se habla de la crueldad de los tutores. mejor dicho con desesperación. Menos de una semana después de la primera entrevista que acabamos de relatar. una pequeña comitiva de hombres sobriamente vestidos.En esta historia no hay ninguna escena sentimental que describir. y cada día que pasaba sin tener noticias de su sobrina. que levantaron al punto y portaron en dirección de la ciudad. Gerard Douw. sumidos en una silenciosa y deliciosa melancolía. Los inte-reses del dinero. El cochero había frenado al punto. permanecían en sus manos sin que nadie los reclamara. y Schalken vio cómo el tesoro por cuya existencia habría arriesgado su propia vida le era arrebatado con solemne pompa por su repelente rival. A partir de entonces. por cierto. era deglutida por las sombras de la noche. tras un período de vacila-ción. Pero su búsqueda resultó vana. se apeó y ayudó a la novia a hacer lo propio. y. Bajó a mirar en el interior del vehículo y encon-tró una bolsa cuyo contenido triplicaba ampliamente la tarifa del viaje. contrariamente a lo que él esperaba. Nadie había oído hablar en Rotterdam del tal Minheer Vanderhausen. luego volvió y. tras una opípara cena. a la antigua usanza. aunque con menos alegría. con barbas en pico y mostachos. pero que. cada día que pasaba su inquietud iba en aumento. El cochero holandés vio cómo. Aquel misterio se convirtió en motivo de permanente angustia y aflicción para Gerard Douw. No se le alcanzaba cómo aquel hombre de aspecto tan honorable podía ser semejante villano. sus temores se disiparon. y no tenía nada más que añadir acerca de Minheer Vanderhausen y su bella dama. tras abrir la portezuela del coche desde dentro. después de lo cual condujo a ésta. pedía a Schal-ken cada vez con mayor frecuencia que lo acompañara a cenar. con-siguió trabajar con mucho mayor empeño que antes: el estímulo del amor había dejado paso al estímulo de la ambición. frivolidad e inmisericordia. al ver lo que vio: aquellos extraños individuos posaron sobre el suelo una litera antigua de gran tamaño.para asegurarse de la seguridad y bienestar de su pupila. hasta la litera. no entrañaba ninguna dificultad especial. decidió viajar a dicha ciudad -viaje que. antes de que ésta se hubiera alejado demasiado.

levantando la vela para que su luz ilu-minara con mayor claridad el interior del dormitorio. cerrado a la apura del cuello. deprisa! ¡O me dais vino (estoy perdida! Asustados por aquella petición. pero su vesti-do los sorprendió tanto como su inesperado aspecto: llevaba una especie de sayo de lana blanca. Pero no vio a nadie allí. y Schalken se aplicó de inmediato a cortarle un poco. por favor! -volvió a implorar-les-. llamad a un ministro del Señor! -exclamó-. con un misterioso siseo que a los dos les produjo un escalofrío de terror. tan extraña como urgente. La angustia con la queRoseles imploraba que no la dejaran sola ni un momento acrecentaba aún más su terror. penetró en pos de la sombra que se les había adelantado. Desenfundó la espada y. Varias gotas de un sudor frío empezaron a deslizarse por su frente. le ofrecie-ron al punto el vino. que ella bebió can una prisa y una ansiedad que los sorprendió a los dos por igual. ¡Llamadlo inmediatamente! Gerard Douw despachó al instante a un mensajero y logró conven-cer a su sobrina para que se fuera enseguida a descansar a su dormitorio. Sin embargo.golpes en la puerta. pareció sentir de repente una gran vergüenza. Schalken se dirigió a la puerta de la habitación. ella se le adelantó: cogió ávidamente el trozo y lo desgarró y devoró como una fiera. o moriré! Sobre la mesa quedaba un buen trozo de cordero asado. por el amor de Dios. se dejó guiar por ellos hasta el dormitorio.Roseexclamócoresa impaciencia que es fruto del terror: ¡Vino. Sólo Él podrá liberarme. pero ésta se abrió brus-camente yRoseentró en tromba enlahabitación. Los muertos y los vivos no pueden ser la misma cosa: Dios lo ha prohibido. El pintor y su alumno oyeron luego abrirse la puerta de la calle. no se le ocultaba que algo había entrado furtivamente en la alcoba. e inmediatamente después unas apresurados pasos escalera arriba. Tan pronto como la pobre criatura entró en la estancia cayó desvanecida. estoy perdida. Una vez recobrado el conocimiento. Schalken creyó ver una silueta oscura e imprecisa penetrar en el dor-mitorio. -¡No me dejéis sola ni un momento. Dios mío! ¡Está ahí! ¡Está ahí! ¡Miradlo: anda por ahí! –gritó señalando hacia la puerta de la alcoba. Estaban entrando en esta habitación cuandoRosese detuvo de repente y. Schalken y él portaban sendas velas para que todos los objetos estuvieran suficientemente iluminados. Si lo hacéis. ¡imagen más que mortal del hambre!. Después de beberlo. dijo: -¡Oh. o tam-bién pudo ser que otros pensamientos más turbadores y espantosos se hubieran apoderado de ella. Los dos consiguieron reanimarla después de mucho esfuerzo. Tras proferir estas misteriosas palabras. Tenía un aspecto sal-vaje y los ojos desencajados por el terror y el agotamiento. pues rompió a llorar amargamente y a retorcerse las manos: -¡Por favor. pero no arrancaron su consentimiento hasta que no le hubieron prome-tido que no la dejarían sola ni un segundo. nada más que los muebles. . No me sen-tiré segura hasta que no venga. Venía muy sucia y perturbada por el viaje. -¡Oh. que iba arrastrando por el suelo. que venga ya el ministro del Señor! -repitió en tono de súpli-ca-. exclamó con la misma urgencia: -¡Comida! ¡Dadme algo de comer. Cuando el paroxismo del hambre hubo amainado. pero. Al dormitorio de Gerard Douw se accedía a través de una estancia muy espaciosa.

sobre todo. que se hubiera escapado de algún manicomio y tuviera auténtico miedo de que sus per-seguidores pudieran atraparla. como: «Que los desvela: dos descansen. No vio ninguna silueta humana. cuya puerta estaba abierta. como si la hubieran abierto. a la que ya me he referido. Casi al mismo tiempo. a quien Gerard Douw tenía en gran estima por ser un avezado polemista (sin duda era más temido por su combatividad que amado por su caridad) de moral infle-xible. Para que entiendan cabalmente el suceso que voy a contar ahora es preciso aclarar antes la situación exacta de las distintas partes en juego. la puerta dejó de resultarles infran-queable. cediendo a su presión.y por deseo expreso de ésta. y un segundo después se hizo el silencio. y hasta llegó a pasársele por la cabeza. Está ahí. como si un momento antes éste se hubiera abierto para recibir un cuerpo pesado. De vez en cuando repetía: «Los muertos y los vivos no pueden ser lo mismo. Está aquí cerca.» Hasta la llegada del sacerdote estuvo pronunciando frases inconexas de esta índole. cerebro sutil y corazón frío. Una vela ardía en la alcoba y tres en la estancia contigua. sino sólo. trae otra vela! La oscuridad es peligrosa. desde donde no dejaba de suplicarles que permanecieran a su lado. Pero la ventana estaba abierta. considerando su aspecto hosco. El ancia-no sacerdote carraspeó. decidió pedir consejo médico tan pronto como la mente de su sobrina se hubiera tranquilizado gracias .» O decía otras frases arcanas. Así. y Schalken se subió a una silla para divisar la calle y el canal. Schalken y su maestro se precipitaron hacia la puerta. Pronto llegó el sacerdote -un hombre de aspecto ascético y edad venerable-. la fase final de un remolino en las aguas del ancho canal. Ya no oían rui-dos de ningún forcejeo ni brega. El anciano sacerdote y Schalken se hallaban en la antesala. ¡Por el amor de Dios. Lo conozco bien. pues. Pero su aviso había llegado demasiado tarde. lógicamente. y. No me puede engañar. no se atrevió a hacerle ninguna pre-gunta para no reavivar recuerdos dolorosos y horribles que hubieran podido aumentar aún más su agitación. Gerard Douw.Rosese hallaba acostada en la alcoba. si queréis salvarme no os mováis de mi lado! Al final lograron convencerla para que se echara sobre la cama.a los buenos oficios del sacerdote cuyos auxilios tan urgentemente ella misma había solicitado. una repentina ráfaga de viento apagó la vela que iluminaba la estancia donde se hallaba tendida la pobre muchacha. como desde la cama a la ventana. y los sonámbulos duerman. Gerard Douw empezó a temer. tan largo y desgarrado que apenas parecía humano. creyeron oír. los precipitó dentro de la habitación. Oyeron en la alcoba gritos incesantes. retumbó desde la alcoba. se descorrían los pestillos de la ventana y ésta chirriaba sobre el alféizar. -¡Por Dios. junto a la cama. Estaba vacía. entre tanto. pero antes de que tuviera tiempo de empezar. Un último alarido. pero ésta no cedió ni un milímetro. con ese desgañitamiento que caracteriza al terror desesperado. está conmigo. pero sus conjuntos y desesperados esfuerzos no sirvieron de nada. tan pronto como aquél hubo traspasado el umbral. pero los gritos parecieron aumentar en volumen mientras. Sólo se oyó el ruido de unos pasos ligeros cruzando la estancia. querido tío! -gritó la desdichada muchacha mientras saltaba de la cama y se precipitaba detrás de él para detenerlo. la hora intem-pestivay. está en esta habitación. exclamó: -¡Godfrey. la cual. en medio de la agitación del momento pasó a la sala contigua para traerle lo que pedía. En cuantoRoselo vio entrar en la habitación le pidió que rezara por ella como se reza por quien se encuen-tra en manos de Satanás y a quien sólo el cielo puede traer un poco de esperanza. no se vaya. olvidándose en aquel momento de sus reiteradas órdenes. que el terror o los malos tratos hubieran perturbado la mente de la pobre muchacha. su actitud agreste y despavorida. como empujada por un fuer-te viento. alarmada en extre-mo. se hallaba su tutor. o al menos eso creyó él. la puerta que separaba las dos habita-ciones se cerró violentamente detrás de él.-Lo he visto -aseguraba ella-. . y. Dios lo ha prohibido. Schalken y Douw volvieron a emplearse a fondo para abrir la puerta.

que me parece especialmente valioso por cuanto que en él podemos ver no sólo ese estilo característico suyo que ha hecho que sus cuadros sean tan cotizados. al instante cayó sin conocimiento al suelo. Un sentimiento mixto de terror e interés. y aún seguía sin aparecer. Hasta el día de su muerte. y el pintor vio con horror la lívida y demoníaca figura de Vanderhausen completamente erguida sobre la cama. como se puede suponer. y con difi-cultad. en su semblante. aunque para nuestros lectores más cerebrales no tenga ningún valor probatorio. donde permaneció hasta que a la mañana siguiente lo descubrió el encargado de la cripta. recibió notificación de la muerte de su padre y de su próximo entierro en la iglesia de Rotterdam. En un primer momento Schalken pensó que el viejo sacristán lo había llamado. si es que de un espectro se trataba. demasiado intenso para poder oponerle resistencia. Schalken estuvo convencido de la realidad de esta visión y decidió legar a la posteridad una curiosa prueba de la fuerte impresión que le había producido: un cuadro ejecutado poco des-pués de dicha experiencia. vio también que habían abierto la cripta en que iba a recibir sepultura el cadáver. que vivía a la sazón muy lejos de allí. La siguió unos instan-tes. ocurrió una cosa que. seguida de Schalken. Toda la estancia estaba llena de ricos y antiguos muebles. Esbozaba aquella misma sonrisa picaruela que había seducido al artista en los años felices de su primera juventud.RoseVelderkaust. no contaba con demasiados asistentes. lo empujaba en pos del espectro. el cortejo no había llegado todavía. descorrió las cortinas y proyectó la lámpara hacia el interior. que le cubría también la cabeza. dejó una fuer-te y duradera impresión en el espíritu de Schalken. decidió por fin recurrir a su pipa y jarra de cerveza para hacer más llevadera la soledad. el cansan-cio de un viaje precipitado de casi cuarenta horas hizo mella en la mente y el cuerpo de Godfrey Schalken. pero éste ya no estaba en el cuarto. La aparición. con cortinajes negros a su alrededor. bajó las escaleras. llegada junto a la cama. al ver paseando por la iglesia a un caballero bien vestido con el propósito declarado de asistir a las anunciadas exequias. los cuales servían de protec-ción contra eventuales ataques de bichos. y en un rincón se hallaba una cama de cuatro columnas. se detuvo. ni siquiera tristeza. Estaba en una celda bastante grande en la que nadie había entrado desde hacía mucho tiempo. tomó un pasillo estrecho a la izquierda y. un irresistible impulso a seguir su estela. No había nada horrible. percibió una figura femenina que iba envuelta en una especie de hábito blanco. sino sobre todo la plasmación pictórica de su primer amor. La figura se detuvo también y. A pesar de la tristeza y preocupación del momento. Llegó la noche. Schalken. que encontró abierta y donde vio que estaba anunciada la ceremonia. ésta empezó a avanzar en dirección del tramo de las escaleras de la cripta. que cayó en un sueño profundo. estaba tendido junto a un enorme ataúd que descansaba sobre cuatro pequeños pilares. para gran sorpresa de éste. al llegar a las escaleras. El cortejo fúnebre tenía que realizar un viaje muy largo y.) No obstante. Muchos años des-pués de los acontecimientos que acabamos de relatar. como los que había inmortalizado Gerard Douw en sus cua-dros.Rose Velderkaust. lo invitó hospitalariamente a compartir con él el calor de una lumbre que. al mismo tiempo.Nunca se halló el menor rastro deRoseni se supo nada con certeza de su misterioso cortejador (tampoco hubo nadie que aportara alguna pista en medio de aquel intrincado laberinto y permitiera mantener viva la esperanza. Schalken se dirigió entonces a la iglesia. Sin embargo. la luz de la lámpara que llevaba le reveló el rostro y los ras-gos de su primer amor. a Rotterdam para asistir al funeral. Pero. pero. cuyo misterioso destino siempre será objeto de especulación. y portaba una lámpara. lo introdujo en lo que le pareció un aposento holandés a la anti-gua moda. como era costumbre hacer en invierno en tales ocasiones. Schalken sintió una vaga alarma ante aquella aparición y. había encendido en la chimenea de un cuarto que comunicaba con la cripta mediante un tramo de escale-ras. la figura se volvía frecuentemente hacia él con la misma sonrisa picaruela. Allí se sentaron Schalken y su anfitrión. . Schalken llegó tarde. Tras restregarse los ojos. al volverse. del que fue despertado por alguien que le dio unos golpecitos en el hombro. tras unos cuantos intentos vanos por hacer entrar a su huésped en conversación. El sacristán. el cual.

Pero a esta criatura probablemente no le apetezca ahora. Algunos de ellos lucen ya algu-nas canas entre los mechones morenos.. -¡Qué suerte tiene! -exclamóMrs. Estos últimos años se ha dedicado al cuidado de inválidos adultos.. justo antes de irse a la cama. arrugó ligeramente las cejas para concentrar-se en lo que iba a contar y alzó luego la mirada con un maravilloso . tomó un traguito.Jenner-. Quienes recuerdan su rostro bonachón entre los primeros que emergen de las sombras de la inexistencia y le deben las primeras lecciones en el deleitoso arte de andar y balbucear. que se peina con raya en medio y tiene recogido bajo la cofia.. cariño -dijoMrs. las cuales no se ven ya por la pradera deGolden Friars. le echa los brazos alrededor del cuello y le da dos sonoros besos. y su rostro es algo más pícaro. si el tiempo madura a unos y marchita a otros. tras dejar en manos más jóvenes a la pequeña población que vive en la cuna y anda a cuatro patas. es ahora más blanco que la nieve. aquel «lindo pelo» que ella pei-naba con tanto esmero para luego enseñarlo a las madres asombradas.EL ESPECTRO DE MADAM CROWL Hace ya unos veinte años queMrs. siéntate aquí con nosotras.Jenner-. podemos decir que la hora triste y tierna del ocaso ya le ha llegado a nuestra entrañable viejecita del norte. Llega a tiempo para escuchar un cuento. por qué no pre-para primero un poco de té y empieza luego. Pero. están en la actualidad bastante creciditos también. la cual entra ahora sonriente en la habitación. -¿De veras? ¡Qué maravilla! -¡Pero no es uno de esos cuentos que están escritos! No es ningún cuento. -Estaba empezando a contarme lo que le pasó la primera vez que la mandaron a trabajar a casa de una anciana que se estaba muriendo -diceMrs. que le cuenten una historia de aparecidos y de fantasmas. si no te da miedo.Jolliffe no luce aquel esbelto talle que la había distinguido. La buena mujer obedeció y. Ahora tiene más de setenta años.Jenner-. sino una historia verdadera que vi con mis propios ojos. y vio allí un fantasma. y no le pue-den quedar ya muchos más mojones que contar en el camino que la lle-vará a su morada definitiva. tras preparar un poco de esta tonificante bebida. aunque igual de afable. De cualquier modo.pues sus nombres permanecen grabados para siempre en las grises lápidas del camposanto. Así.Mrs. Su pelo. aún anda tiesa y con paso seguro y ligero. -Bueno.Jolliffe.. -¿De fantasmas? Precisamente lo que más me gustaría oír en este momento. que un día tuvo también en sus brazos a la preciosa Laura Mildmay.

-Bien -dice él-. entonces -dice uno de ellos. recién salida la luna. Te protegerá contra las . Bueno. en el cuarto de mi tía en Applewale. y empecé a comerme las manzanas miran-do por la ventanilla de la calesa. señor -digo yo.gesto de solemnidad. Y. Yo iba con un poco de miedo cuando llegué a Lexhoe. Tú mírala y obsérvala bien: verás que está poseída por el demonio. Al mirarlo a la cara para decirle «Sí. que era una persona de gran corazón. pero la noche que llegué a la finca de Applewale tenía sólo trece años. -Ah. Es una vergüenza que los caballeros asusten a una pobre muchacha inocente como era yo entonces. los muebles antiguos. me compró medio kilo de manzanas en elGolden Lionpara que me alegrara un poco y me dijo que había un bizcocho de grosella y té y chuletas de cerdo esperán-dome. A veces pienso que a lo mejor estaban bromeando.Jenner y la bonita muchacha estaban atentas a los labios de la anciana. cerca de Lexhoe. que parecían concitar terror antes incluso de abrirse. Eran dos caballeros que habían subido también a la calesa. Estaba llorando cuando subí a la calesa. todavía la conservo en mi armario. y. Al caer la tarde. en Applewale. señor». al ver el carruaje y el caballo me entraron ganas de volverme con mi madre a Hazelden. aunque no estaba segura. Mrs.vas a durar poco allí. Yo lo miré como diciendo « ¿por qué?». es un fantasma en toda regla. ¿Llevas alguna biblia? -Sí. me preguntaron adónde me diri-gía. yo les dije que iba a servir a casa de la señora Arabella Crowl. y el viejo cochero JohnMulbery. La buena deMrs. dentro de la cual se podían vislumbrar cuantas sombras se quisieran. pues mi madre me había metido una pequeña biblia en la maleta. No te olvides de ponerla bajo la almohada todas las noches. sino que quería más bien resultarles simpática. Hacía una hermosa noche de luna. todo bien calentito. -Porque sí -dice él-. puso los ojos en blanco y empezó su narra-ción con estas palabras: El espectro demadam Crowl Yo soy ahora una mujer vieja. y más te vale que no se lo cuentes a nadie. creí verlo guiñar un ojo a su amigo. aunque la letra es demasiado pequeña para mis ojos fatigados. pues yo hablaba con el mayor candor y no se me ocurría ocultarles nada. las macizas vigas del techo y la majestuosa cama de columnas con cortinas oscuras. y yo sabía que la llevaba conmigo. Mi tía era allí el ama de llaves. con laboiseriede roble. y una especie de calesa estaba esperándome en Lexhoe para llevarme hasta Applewale. Aquella vieja estancia era un escenario ideal para semejante narra-ción.Jolliffe carraspeó.

Mi tía me besó en el vestíbulo y me llevó a su habitación. amarillos y verdes. Cobraba un buen sueldo.y manos largasy finas con guantes negros. pero su pala-bra era ley.Wyvern cuando hablaba de ella. con grandes vigas negras horizontales y verticales. y grandes postigos a la antigua usanza. Por mi parte. pues no había más que tres o cuatro criados. Nunca me dio nada.y unos gabletes que a la luz de la luna parecían más blancos que una sábana. y creo que ella me gustaba más que mi tía -a los niños se les gana enseguida con una broma o un cuento-. Era una casa enorme en blanco y negro. su ayu-danta. cara pálida con ojos negros. y la mayoría de las habitaciones estaban completamente cerradas. a pesar de todo. y con aquel caserón tan grande delante de mí.ChevenixGrowl.era una mujer bastante gruesa y muy alegre de unos cincuenta años. que tenían el pestillo echado en el resto de las ventanas delanteras. y sombras de árboles -dos o tresque se deslizaban por la fachada -se podían contar las hojas-. Mi tía me llevó a su alcoba para que descansara un poco mientras ella preparaba el té en su cuarto. Sentí un nudo en la garganta al ver que se había terminado el viaje. pero tenía muy buen carácter y estaba siempre riendo. Y me habría gustado preguntarle muchas más cosas sobre la vieja señora. y. y todos los crista-les de las ventanas en forma de rombo. como me veía tan triste y apena-da. y al poco tiempo me apeé. pero era una mujer algo severa y creo que habría sido más afectuosa conmigo de haber sido yo hija de su hermana y no de su hermano. Bueno. que andaba muy despacio. a la que había ido a ser-vir y a la que ya tenía miedo. Era alta y delgada. y de repente nos detuvimos delante de ella. he de decir que cuidé bastante bien a la señora. y demadamCrowl. trataba de animarme con sus risas y chascarrillos. Tenía más de cincuenta años. ni dos peniques. que brillaban sobre todo en el ventanal del vestíbulo.garras de la vieja. pero era un poco sucia y guardaba la ropa de fiesta bajo llave y llevaba puesto casi siempre un vestido de sarga color chocolate. El corazón me dio un vuelco cuando el vehículo enfiló la oscura ave-nida. Los árboles eran espesos y grandes. aunque se debió sobre todo a mi tía y a Meg Wyvern. Yo lo vi sólo dos veces en todo el tiempo que pasé en la mansión de Applewale. yo llevaba la cabeza sacada por la ventanilla. . casi tan viejos como la vetusta mansión. en todo el tiempo que estuve allí. No tengo nada que reprocharle. Pero ésta es otra historia que no viene a cuento aquí. con adornos y madroños rojos. y hablaba muy poco. sólo que era una mujer algo intransigente y demasiado callada. además de la vieja señora de la casa. en Lexhoe. Mrs.y era nieto demadam Growl-iba por allí dos o tres veces al año para asegurarse de que la señora era bien tratada. aunque mi tía siempre fue buena conmigo. y yo tan cerca de mi tía que no había visto nunca antes. El señor de la casa -se llamabaMr. Me entró tanto miedo cuando dijo aquello que no os lo podéis imaginar. pero yo era demasiado tímida y su amigo y él se liaron a hablar de otros asuntos. y ni cuatro personas con los brazos extendidos tocándose con las puntas de los dedos habrían podido abarcar el tronco de uno de ellos. como os he dicho. sujetos con bisagras al muro exterior.Wyvern -mi tía la llamaba Meg Wyvern cuando hablaba con ella yMrs. que eran unas personas muy responsables y cumplidoras. que le duraba muchísimo tiempo. esperando que apareciera ante mi vista la gran mansión. y a la hora del té no paraba de contar historias.

alegre y parlanchina como siempre (seguro que hablaba más en una hora que mi tía en todo un año. y en la mesa té. por favor. ni ciega -me dice ella-. el del ama de llaves -muy con-fortable.y yo estamos haciendo otra cosa. No hables tanto. -Y otra pregunta. y le gusta más que le cuenten Barba Azul a que le hablen de los asuntos de la corte o de la nación. ¿cuál va a ser mi trabajo con la vieja señora? -le pregunto otra vez. y allí estaba la rollizaMrs. -¿Está sorda la señora? -No. Te aconsejo que no preguntes cosas de ella delante de tu tía. todo en un mismo montón. y me miró a la cara y me dijo que me parecía a mi padre. esa pregunta sí puedes hacerla -dice ella-. -¿Cuántos años tiene la señora? -le pregunto. turba y leña. por favor: ¿está bien de salud la vieja señora? -Bueno. con paredes recubiertas de roble-. No sé. Cuando entré en el cuarto contiguo.supongo -dice ella-. Shutters. -No le gustó aMrs. se ha marchado. -Noventa y tres y ocho meses ya cumplidos -dice ella riéndose-. tiene un oído más agudo que un mos-quito. Unas palabras demasiado duras para ser la primera vez que ponía el pie en su cuarto. -Y dígame. Para lo vieja que es. su hermano. y me preguntó si sabía hacer las labores elementales de costura. a tu tía no le gustan las mozas parlanchinas.Wyvern. -Sí. Shutters-ése era el nombre de mi tía. que ya había muerto. -Ha subido a ver si la viejaJudithSquailes está despierta -diceMrs. la que se fue el viernes pasado? Mi tía escribió a mi madre diciéndole que se iba a marchar. -¿Y por qué se marchó de aquí la muchacha. Últimamente ha estado tosiendo un poco. La señora es una vieja bastante quisquillosa. pero ya .te lo dirá.) Mientras yo estaba aún tomando el té. tu tía.Pero primero me dio una palmadita en el hombro y me dijo que estaba muy alta para los años que tenía y que me había criado muy bien.Judithcuida demadam Growl cuandoMrs. pues pierde los estribos y se la llevan los demonios a las primeras de cambio. Te conviene andar con cuidado con ella. -¿Por qué? -pregunto otra vez. encontré un fuego estupen-do alimentado con carbón. pero que esperaba que fuera una cris-tiana mejor que él y que no intentara imitarlo. pero supongo que tendrás que estar sentada en su habitación con tus labores cuidando de que no le pase nada y procurando que se dis-traiga con las cosas que tiene encima de la mesa.Mrs. pensé. -¿Con la vieja señora? Bueno -dice ella-. Shutters. y llevarle lo que te pida de comer o beber. bizcocho reciente y carne ahumada. mi tía subió a ver amadam Growl. y ya está. Tú la tomas como es. tiene un carácter de lo más fuerte que hay. lo que pasa es que está bastante chocha y no recuerda bien las cosas.Wyvern-. y tocar fuerte la campanilla si causa problemas.

Y entra mi tíay se pone a hablar conMrs. Pues bien. y creo que el té me había puesto tam-bién bastante nerviosa. siéntate y tómate una jarra de cerveza antes de irte a la cama.Wyvern hablar y me puse la mano en la oreja para ver si pillaba algo. reírle las gracias y com-placerla en todo. tía. zagala. Tú no nos hagas preguntas y nosotras no te contaremos mentiras.) A veces se enfurruñaba y entonces no dejaba que la vistieran ni desnudaran. sabían que. Se decía que había sido muy guapa de joven.Mrs. Mi cuarto. y. A pesar de lo pálida que solía estar mi tía. antes bien. ¡Shhh! Ahí viene tu tía por el pasillo. estaba en el piso de arriba. Ven aquí. secándose los ojos de tanto reír. me fui a la cama.Wyvern estaba al otro lado.y yo. Oí aMrs. . con correas y hebillasy unas mangas más largas que las cortinas de la cama. -¿Qué haces ahí? -dice mi tía con un tono bastante brusco. pues no estaba acostumbrada a tomarlo. diciendo: -Mientras estés aquí no metas las narices donde no te importa. Durante todo aquel tiempo. le dice: -¡Vamos. Había una cosa que todos tenían bien claro: bajo ningún concepto debían llevarle la contraria ni burlarse de ella. y había también una puerta abier-ta en laboiserie. Al ver que yo estoy llorando. el rubor le afloró a las meji-llas y los ojos se le iluminaron de rabia.está mejor. Y. todo el mundo hacía lo que él ordenaba. volviéndola a colgar en su sitio. Era terriblemente aficionada a los vestidos. Todos eran muy raros y pasados de moda. cerró la puerta con brusquedad. Wyvern estuvo desternillándose de risa arrellanada en su sillón. como podéis imaginar. volvién-dose hacia mí cuando más distraída la creía-. donde permanecí un buen rato despier-ta. y sus colecciones habrían bastado para llenar siete tiendas por lo menos. Las personas que trabaja-ban en Applewale. sino. vamos! La muchacha no quería hacer ningún daño. vamos. mira a mi tía y. que empiezo a sentirme más a gusto en la casa.y veo dentro una extraña chaqueta vieja de cuero. No sé qué es. y yo debía estar atenta a sus posibles llamadas. El médico venía dos veces por semana a ver a la anciana. pero valían una fortuna. salvo de vez en cuando en alguna fiesta u ocasión especial. pues todo era nuevo para mí. por lo menos hasta los cien años. que cobraban un buen sueldo y vivían holgadamen-te. La vieja señora estaba de malas pulgas aquella noche (llevaba así desde después de comer. a un lado del de la vieja señora. ¿Qué tienes en la mano? -¿Esto. todas sin excepción se quedarían sin trabajo. cuando ella muriera. Creo que estuvo a punto de darme un buen sopapo. y me atrevo a decir que tiene cuerda todavía para rato.) Todo el mundo la colmaba de atenciones. pero me dio sólo un empujón mientras me arre-bataba aquella prenda de las manos. conviene que lo sepáis. tía? -digo yo volviéndome con la chaqueta de cuero en la mano-. doy unos paseos por la habitación mi-rando las cosas que hay. No es más que una prenda para una persona chiflada. Había unas preciosas piezas de porcelana en el aparador y varios cuadros en la pared. y el de Mrs. Pero en Applewale no quedaba ya nadie con vida que recordara aquellos tiempos. pero no conseguí oír ni una sola palabra de labios demadamCrowl (creo que no dijo nada.Wyvern.

mirando esto y aquello. Dicho lo cual. Pero me alegré cuando se terminó el paseo: los árboles eran muy grandes y el lugar umbrosoy solitario. vi asomar el rostro de mi tía. pero sin oír nada. ¿quién podrá contra nosotros? Seguí con la oreja orientada en dirección de la puerta y conteniendo la respiración. con una inmensa cama de columnas rodea-da de cortinas de seda con flores estampadas que bajaban casi desde el techo hasta el mismo suelo. y todo el día siguiente. el mayor que había visto en mi vida. señora. entonces me puse a hablar con las ilustraciones y conmigo misma para distraerme un poco. Cuan-do nosotras hayamos subido. Me froté las orejas para oír lo mejor posible. el Maligno no puede hacer daño a nadie si el Señor no lo permite. Gracias a Dios que se ha dormido por fin. y también oírla hablar. Después de comer. toda aquella noche. Voy a bajar a tomar mi taza de té. y digan lo que quieran. donde se encontraba mi tía. Al atardecer. Wyvern y yo volveremos enseguida. ¿sabéis qué se me ocurre? Pues' nada menos que mirar dentro del dormitorio de madam Growl.Mrs. ya sabéis. mi tía me dio una hora libre para que fuera a pasear. Tenía un timbre extraño. mientras hojeaba las fábulas ilustradas de Esopo. Luego la misma voz extraña de la cama dice otra cosa que tampoco logro distinguir. como de un ave -no sabría decir cuál en concreto. y lloré bastante pensando en mi casa mientras caminaba sola por aquellos para-jes. -¡Shhh! -me dice en voz baja con una mano en los labios mientras se acerca de puntillas-. Yo seguí hojeando el libro ilustrado. tú bajarás luego corriendo yJudithte ser-virá la cena en mi habitación. pues estaba empezando a tener miedo en aquel cuarto tan amplio. como antes. se fue. para distraer la mente. lo mismo podía haberme quedado en Lunnon. Sí oí a mi tía contestarle: -Señora. mirando en aquella dirección. aguzando el oído de vez en cuando. Al final. su voz parecía un gemido apagado. vi que estaba abierta la puerta que daba a la estancia demadam Crowl. Me habría gustado ver a la vieja señora. noté que la puerta se movía y. ni siquiera el ruido de la respira-ción. los pasó acos-tada con la ropa puesta y sin decir palabra. y yo encerrada en mi cuarto cosiendo. Luego me levanté y me puse a pasear de un lado a otro. no hagas ruido hasta que vuelva. La habitación estaba iluminadísima: conté hasta veintidós velas de cera. Unos veinte minutos después. pero ya no volví a oír nada más en aquella habitación. conlas velas ya encendidas y sola en mi cuarto. Para lo que yo estaba haciendo en aquella casa.. si el Señor está de nuestro lado. todas . Ella seguirá dormida en su habitación. Había también un espejo.Pues bien.. y el día estaba nublado. Pero no pillé ni una sola palabra de cuanto dijo. Era una gran habitación.o un animal. Y mi tía le vuelve a contestar: -Que pongan mala cara. Fue entonces cuando oí por primera vez la que supuse era la voz de la vieja señora. salvo los momentos en que bajé para tomarmi alimento.

y en aquel instante apareció mi tía en la puerta y lanzó un grito seco y la vieja dama se vol-vió hacia ella. Pues bien. pero aquello era la cosa más espantosa que jamás se había visto. pero sus dedos estaban ya a sólo unos centí-metros de mi garganta. que deja ver una gran dentadura postiza.Wyvern. y yo pensaba para mí: si no la veo ahora. y no me quedaba más remedio que recular de la manera que podía. casi tan alta como ella. Retrocedí otro poco hacia el rincón y solté un terrible alarido -como si me estuvieran arrancando el alma del cuerpo-. Impo-sible ver algo igual en aquellos días. con un par de calcetines de seda con espiguilla y unos zapatos de tacones altísimos.. pequeña granuja! ¿Por qué has dicho que yo maté al niño? Te voy a hacer cosquillas hasta dejarte tiesa.y yo aproveché para dar media vuelta y atravesar mi cuar-to y bajar las escaleras como una . pegadas a los costados. pero sigue el mismo silencio sepulcral. voy y me acerco a la cama. riéndose nerviosamente y babeando. ¡Virgen santa. Pero no podía apartar los ojos de ella.y allí estaba ella tan tiesa y orgullosa. le coronaba la cabeza y ¡madre mía. donde está la vieja señora?» Me consideraréis una descerebrada si os digo que tenía muchísimas ganas de ver amadamCrowl. Satén y seda. Entonces. Y he aquí que de repente abre los ojos. primero los dedos y luego la mano entera. Era un capricho suyo que nadie se atrevía a negarle. a la famosa madamCrowl. Yo seguía retrocediendo. tenía una nariz retorcida y flacuchay se le veía la mitad del blanco de los ojos. des-corro lentamente las cortinas y veo tumbada ante mí. Tal vez anti-guamente había estado de moda entre la gente de postín llevar las uñas tan largas. sabía que perdería el conocimiento si llegaban a tocarme. Permanecí junto a la puerta con el oído aguzado mientras contempla-ba embobada la escena. finalmente. Las cortinas están echadas. Apuntando hacia mí con los dedos tiesos. ¡Dios mío!. empolvada de blanco y las mejillas de rojo.. Entonces me acerco a mirarme en el gran espejo.. todas ellas terminadas en punta.. Un cadáver no deja de ser una cosa natural. Pero. cuánto pellejo! Tenía la garganta. que se las pegabaMrs. qué espectáculo! Una gran peluca empolvada. me armé de valor y entré en la habi-tación de puntillas sin dejar de mirar ami alrededor. a lo mejor pasan muchos días sin que se me presente una ocasión tan buena. con los dedos apuntándome a la garganta y haciendo todo el tiempo con la lengua un sonido como «sisss-sisss-sisss». como la dama pintada en la lápida de la iglesia de Lexhoe. Bueno. Si hubiera pensado un instante.Allí estaba ella completamente engalanada. Pero así era. y encorvada por la edad. Decían que se colocaba ante el espejo ataviada de aquella manera. arrugada y fofa.encendidas. se da la vuelta. se sienta en la cama. me habría dado la media vuelta y escapado rauda. estoy segura de que os habríais llevado un buen susto ante aquella visión. Al no oír respiración alguna. se me pasa por la cabeza: « ¿Por qué no echar un vistazo a la cama. con un abanico en la mano y un ramillete de flores en el corpiño. Pero me armo de valor y me deslizo entre los pesados cortinajes. y unas cejas postizas pardas. y os aseguro que en mi vida había visto unas uñas tan largas. me dice: -¡Oye. queridas. y comprobar que no se movía ni un pliegue de las cortinas. posa ruidosamente los dos tacones en el suelo y se me queda mirando fijamente con sus dos ojos grandes y vidriosos. Tenía las manos. y las piernas me tiemblan. de ApplewaleHouse. mientras ella seguía chacoloteando como una marioneta. y. pequeñas y arrugadas. Espero un poco. escarlata y verde. hasta mi corazón parecía haberse parado. Yo no podía ni soltar la cortina ni moverme ni apartar los ojos. con una malvada risita en los labios arrugados. oro y bordados de filigrana.

cuando le dio por farfullar . Y ahora voy a contaros lo que yo vi con mis propios ojos. sino que le entró una gran depresión y debilidad y se fue apagando entre muchas toses. como os he dicho. por lo que se pensó que se había ahogado.exhalación. Llevaría unos seis meses allí cuando a la vieja señora le sobrevino la última enfermedad. Unos setenta años atrás. un viudo con un hijo de nueve años. Recuerdo que era invierno. Y el hijo que el señor Crowl había tenido de su segundo matrimonio con la señora acabó heredando la propiedad. se había casado con el señor Crowl. Os aseguro que estuve llorando un buen rato a lágrima viva en el cuarto del ama de llaves. « ¡Oye. Una semana después. pues le había ocurrido lo mismo quince años antes.Judithsiempre estaba conmigo cuando las dos mujeres mayores se ausentaban de la habitación de la vieja señora. Después de aquello. También solía bajar al lago. el viejo señor. y que había conseguido camelar a su marido.Wyvern se rió bastante cuando le conté lo sucedido. Y yo se las repetí.Wyvern -le contesto. Pues bien. no ocurrió así. Yo habría saltado por la ventana antes que quedarme sola en la habitación con ella. siendo joven y muybella . de Applewale.Wyvern estaba conmigo me contó una cosa de madamCrowl que yo no sabía.Mrs. -Yo no digo eso. nadie supo decir qué le había pasado. Mucho antes de que llegara mi tía.Mrs. pequeña granuja! ¿Por qué has dicho que yo maté al niño? ¡Te voy a hacer cosquillas hasta dejarte tiesa!» -¿Y dices que ella mató a un niño? -me pregunta. donde se bañaba y pasaba el día pescando o remando en una barca. Un buen día aquel niño desapareció y nadie supo decir adónde había podido ir. solía salir de casa por la mañana para ir ora a la granja del guarda a desayunar con él. con el paso del tiempo la gente fue olvidando aquel suceso. Se le dejaba demasiada libertad. Pues bien. Y. un día queMrs. en cuya ocasión la habían tenido que sujetar con una camisa de fuerza. Y como del niño nunca más se volvió a saber nada. la misma prenda de cuero que yo había visto en el armario junto a la habitación de mi tía. pero mudó el semblante cuando oyó las palabras que me había dicho la vieja señora. y muchas veces ya no volvía hasta la noche. aquel suceso había sido la comidi-lla diaria de toda la comarca. ora a la conejera. El médico temía que le hubiera dado un ataque de locura. nieto de la vieja señora. -Repítelas otra vez -me pidió. el señor de Chevenix Crowl. la gente comentaba que la madrastra sabía más cosas de las que estaba dispuesta a contar. sólo que su sombrero había aparecido junto al lago bajo un espino que todavía se puede ver en el día de hoy. con sus zalamerías y halagos. creo recordar. hasta un día o dos antes de pasar a mejor vida. era el titular de la finca en la época en que yo llegué a Applewale. el hijo de éste.

y estaba tan nerviosa que no me podía dormir. sobre las doce y cuarto veo unos resplandores en la pared como si algo estuviera ardiendo por detrás. Pues bien. pero. que no tenía cortinas. ¡Y qué veo. Aquel día recibimos la noticia de que el señor llegaría a Applewale a la mañana siguiente. La habitación que yo ocupaba ahora era bastante amplia. Pero éste se encontraba en Francia. la vieja dama de Applewale fue enterrada en la cripta de la iglesia de Lexhoe. Esto ocurrió la noche antes de que llegara a Applewale el señor de Chevenix. y así pasó por fin a mejor vida y todo se terminó para la viejamadam Crowl. ahora que carecía ya de función.Mrs. pero sin más muebles que mi cama. Al final. y nosotras seguimos viviendo en la gran casa hasta que el señor viniera a darnos a conocer su voluntad y a pagarnos el finiquito que considerara oportuno. apuntándome con las uñas de sus manos arrugadas como si fuera a clavármelas. Y el gran espejo en el que la vieja señora tantas y tantas veces se había mirado y remirado de pies a cabeza. A mí me pusieron en otra habitación. El bajo de su vestido iba rodeado de un resplandor rojo que parecía estar con-sumiéndole los pies. dos puertas más allá de la que había sido la alcoba demadam Crowl. emperifollada en sus satenes y terciopelos haciendo muecas con los ojos desencajados y con la cara más fea que se puede imaginar. Y me puse a pensar enseguida en todos los de mi casa. con una ráfaga de aire frío. sino que me quedaba en la cama muerta de miedo mientras oía sus alaridos y ara-ñazos en el suelo. poco sentido tenía ya el que siguiera con vida. que está colgada en la pared. que fue amortajada e introducida en el ataúd. mi tía y el resto de nosotras. muy pocos enseres para una habita-ción tan grande. Yo no me podía mover. Mi tía. pues como podéis imaginar se sacaron muchas cosas de su alcoba para amortajarla. y vuelvo deprisa la cabeza. y sobre todo en mi hermanaJanetylos gatitosy los perros y todo lo demás. pero nada podían hacer ya por ella los rezos. y el reloj dio las doce y aún seguía despierta. pero afortunadamente pasó por delante de mí. que era un rincón en el que había estado antes la cama de columnas. una distancia tan grande que el cura y el doctor acordaron que no convenía tenerla durante más tiempoinsepulta . lo habían sacado de allí y dejado temporalmente apoyado en una pared de mi habitación. con el rostro oculto entre sus viejas y hechizadas manos e implorando piedad. derecha a la pared de la recámara. El cura estaba allí y rezó por ella. Dios bendito! Pues nada menos que a la vieja arpía. de la silla y de mi bata. se caía al suelo. cuya puerta estaba abierta de par en par. Podéis imaginar que ya no volví a entrar en su habitación. se ponen a bailar como locas en el techo y las paredes. toda vez que los únicos que iban a asistir al entierro eran ellos dos. y las sombras de la cama. una silla y una mesa. de Applewale. Así. pues casi estaba segura de que me volverían a mandar a casa con mi madre. Además. como solía llamar-la mi tía. al no tener suficientes fuerzas para caminar ni permanecer de pie. creyendo que el fuego ha prendido en algo. y alargó las manos para coger algo que había allí . Estaba acostada de espaldas a la puerta y miran-do a la pared.atropelladamente pala-bras incoherentes y dar chillidos en la cama.Wyvern. Aquel mismo día escribie-ron al señor de Chevenix para que viniera cuanto antes. conboiseriede roble. Muchas de las cosas que decía a grito pelado habrían puesto los pelos de punta al mismísimo diablo. y se ponía a hacer cosas fuera de la cama. o algo parecido.JudithSquailes y una mujer de Lexhoe estaban siempre atendiéndola. lo cual me alegró sobremanera. le dieron unos ataques que la dejaron postrada. como si alguien la estuviera amenazando con un cuchillo en la garganta. y la habitación más oscura que boca de lobo. Venía derecha hacia mí.

querida. se queda pensando un rato y le dice a mi tía: -Recuerdo bien ese rincón. -¿Estás segura? -vuelve a preguntarme.Wyvern. de unos treinta años de edad. era un hombre apuesto. Pero. Era la segunda vez que lo veía. dándole la vuelta. sino que me coge de la mano y me mira fijamente a la cara. Mi tía estuvo hablando con él en el cuarto del ama de llaves. y no me atreví a acercarme hasta que me llamaron. esto basta. no sé lo que le diría. Mi tía recogió todas mis cosas y me dio también las tres libras que se me debían. Cuando termino. Y él me dice sonriendo: -Cuéntame todo lo que has visto. -Bien. La vajilla y las joyas se guardaban allí hasta que pusieron el arma-rio metálico en el cuarto trastero. todavía pensativa-. -Segurísima -digo yo. como podéis imaginar. que te buscaré otra casa en cuanto pueda. Tendría más de ochenta años cuando me lo contó. también me contó que la llave tenía un anillo de metal. ¿Era como ésta? -me pregunta sacando una llave y enseñándomela con el ceño fruncido. Yo no había visto nunca aquella puerta. El señorCrowlllegó a Applewale aquel mismo día. como me había esperado. como rumiando algo y volviéndola a meter donde estaba. Me dice que no tenga miedo y luego me pregunta: -¿Llevaba la aparición alguna llave en la mano? -Sí -le digo. y con las primeras luces bajo a ver a mi tía lo más deprisa que me permiten las piernas. Debe de ser un sueño. y la habitación se queda a oscuras. acordándome de pronto-.dentro. mi tía no me echa ninguna regañina. y yo me veo de pie en la otra punta de la cama. De eso hace veinte años. una llave muy grande con un extraño ojo de metal. En tiempos del viejosirOliver. mozuela -dice pensativa. -El señor llegará antes de las doce del mediodía. y no te preocupes. creyendo que me voy a desvanecer. supongo que yo me iré pron-to de aquí. Por fin me res-ponde mi lengua y suelto un alarido mientras salgo disparada por la galería y casi arranco de cuajo la puerta deMrs. Pero aquélla era la primera que hablaba conmigo. fuera lo que fuera. la que la chica soñó que había abierto mi abuela. -Espera -dice soltándome la mano y abriendo el aparador-. a la que doy un susto de espanto. por ser el hombre más rico de Lexhoe. Pues bien. el viejo Wyndel me contó que había una puerta en ese cuarto de la izquierda. pero es mejor que tú te vayas a casa esta misma tarde. siéntate aquí y cuéntamelo todo de pe a pa. y yo era un niño entonces. y esa llave que tú dices la encontraron en el fondo del arcón donde . Podéis imaginar que no pegué ojo aquella noche. -Esa misma -le contesto. pues sabes que no existen en el mundo esas cosas que llaman fantasmas o espíritus. Aquellas palabras. zagala. Yo le tenía a él bastante respeto. las recibí como agua de mayo. y debemos contarle lo que has visto -dice. Y de repente se vuelve hacia mí pivotando como una marione-ta. sin saber cómo he llegado hasta allí.

ella guardaba sus viejos abanicos. pero que no tenía cierres y se abrió fácilmente. -Un gato muerto -dice él retrocediendo y cerrando la puerta-. yo no veía absolutamente nada. -¡Virgen santa!-exclamami tía al darle el atizador y viendo también por encima de sus hombros aquella cosa espantosa-. Había otra puerta dentro. Shuttters.. con lo que hace. ¡Mejor retírese y cierre esa puerta! Pero. Y mientras ella va a la chi-menea yo miro por debajo de su brazo y veo agachado en el rincón más lejano a un mono o una cosa despellejada encima del arcón. y tuve bien agarrada la mano de mi tía todo el rato que estuve en aquella espantosa habitación diciéndoles a los dos por dónde se había movido la aparecida y dónde estaba exactamente la puerta que yo había visto en la pared. con paredes y bóveda de ladrillo. Durante un buen rato nadie dice nada. Se necesitó sólo un par de minutos para. más extraña que la primera. el cerrojo cedió y la puerta se abrió acompañada de un chirrido. en lugar de obedecerle. gracias . a mirar en los estantes más detenidamente. pues estaba más oscuro que boca de lobo. entra despacio con el atizador en ristre y asesta a la cosa un batacazo tal que ésta cae estrepitosamente. Eran los huesos de un niño. El caballero la cogió y entró. Bueno. con un pequeño cincel y un martillo. que podía ser también la vieja bruja más chupada que jamás se ha visto en la tierra. de puntillas. trataba de mirar por encima de sus hombros. creí saber perfectamente en qué esta-ban pensando los dos en aquel momento. en medio de un montón de huesos y polvo. -¡Ahá!-exclamael caballero. sacar el trozo de madera de la cerradura. cabeza incluida. y bien contenta que volví a casa. Mi tía encendió una vela. Lo corrimos y vimos el con-torno de una puerta en laboiseriede roble y el ojo de una cerradura obturado con madera y cepillada con el mismo cuidado que todo lo demás y todo el reborde de la puerta tapado con masilla de color roble. yo quiero hacerle además un regalo -dice él dándome una palmadita en la espalda. no me extrañaría nada que encontráramos allí algunas cucharas de plata o diamantes. señor. Me dio una libra de oro y yo marché a Lexhoe aproximadamente una hora después en la diligencia. todo lo demás se había reducido a polvo al primer impacto. Tenga cuidado. ¡deprisa! -ordena a mi tía. de no ser por los goznes que sobresalían ligeramente. no vimos lo que había dentro. pero luego él coge la calavera que yacía en el suelo. Obedecí con poco entusiasmo. y. ¿no? Supongo que ya tendrá su paga. Vol-veremos después usted y yo. A pesar de lo joven que yo era. nadie habría imaginado que había allí ninguna puerta. tras darle una vuelta. tienes que subir conmigo y decirme dónde estaban exac-tamente las cosas que viste. -¡Ahá! -dijo él con una sonrisita-. Y en lo sucesivo nunca volví a ver amadamCrowl de Applewale. El cuarto era bastante pequeño. retrocediendo-. Pero allí había ahora un armario viejo. Mi tía. El corazón se me desbocaba en la gar-ganta. de manera que. Ahora tengo otros asuntos que tratar con usted.. ¡Qué puede ser eso! Déme el atizador. Vamos. zagala. La llave entró perfec-tamente. justo lo que me imaginaba. Bueno.Mrs. Y esta muchachita me dice usted que se marcha hoy mismo a su casa.

y muy escrupuloso en la observancia de la verdad. mi tía vino a pasar conmigo un día y una noche en Littleham. Y entre los papeles del señor había una copia de la nota escrita después de desaparecer el niño.y me aseguró que se trataba del niño desaparecido hacía tanto tiempo que aquella vieja arpía había encerrado en la oscuridad hasta que se muriera. RELATO DE CIERTOS SUCESOS EXTRAÑOS EN LA CALLE AUNGIER Esta historia mía no es para escribirse. Por lo que aquí interesa. del caserón de Applewale. la tinta y el papel son vehículos muy fríos para lo maravilloso. Y eso es todo lo que tenía que conta-ros sobre la viejamadamCrowl. Nuestras pertenencias eran contadas. También me dijo que alguien había dejado su sombrero al borde del lago para hacer creer que se había ahogado. como a veces he hecho a petición general. Así. y que él vio la luz. en una palabra. Pero cuando ya era una mujer. por el otro. Mi primo(Tom Ludlow)y yo estudiábamosmedicina juntos . nos eximía de la obligación semanal de pagar alquiler. supongo. Pero si logran conven-cer a sus amigos para que la lean una vez caída la noche. Toda su ropa se convirtió al primer toque en una nube de polvo en el cuarto donde se encontraron los huesos. Mi tíoLudlow. Si se cuenta. ni en apariciones ni en sueños. en la que se decía que el pequeño llevaba con él un cuchi-llo de mango verde y varias canicas. una propuesta doblemente satisfactoria. y el mobiliario escaso. La pluma. pero franco y alegre. si me aseguran los mollia tempora fandi. súplicas y aporreos pudieran ser oídos por nadie. por un lado. pero el pobre chico prefirió la iglesia y murió joven. puede resultar bastante bien -si yo no me alabo a mí mismo quién lo va a hacer en mi lugarPero es un riesgo hacerlo como me piden que lo haga. Pues bien.una de las cuales estaba vacía en la época en que acudimos a la capital a estudiar. nuestro proyecto se llevó a cabo casi tan pronto como fue concebido. por cierto. bas-tante distinto a mí. me pondré a trabajar enseguida para contarles con la mejor disposición lo que tenga que contar. la última vez que se le vio. en una palabra. víctima de un con-tagio contraído en el noble desempeño de su labor sacerdotal.padre deTom. presupues-tas estas condiciones.había comprado tres o cuatro casas viejas en AungierStreet. . cuan-do su anciano padre creía que se había escapado o lo habían raptado unos gitanos. nuestros enseres eran casi tan simples como los de una tienda de campaña. baste con saber que era de carácter tranquilo. junto a la lumbre después de una buena cena una noche de invierno con el viento frío rugiendo fuera y todos bien calentitos y confortablemente instalados. Él residía en el campo. sin que sus gritos. que soy de un temperamento excitable y nervioso. no voy a desperdiciar más palabras y paso ya a contarles la historia en cuestión. Pero había un puñado de canicas y un cuchillo con mango verde. Creo que él habría tenido bastante éxito de haberse dedicado a esta profesión. después de que la charla junto a la lumbre lleve un buen rato versando sobre emocio-nantes relatos llenos de terror y misterio. nos permitía vivir más cerca de nuestras aulas y diversiones. y el «lector» es decidi-damente un animal más crítico que el «oyente».a Dios. junto con un par de peniques que el pobre niño llevaba en el bolsillo. pues. El salón que daba a la calle nos servía de cuarto de estar. yTomme pro-puso que nos alojásemos en la susodicha casa mientras no se alquilara.y.

Sin embargo. Para empezar. sencillamente repelente. en el extraño emplazamiento diagonal de las chimeneas. pues había algo extraño y pretérito en su arquitectura -en el alzado de las paredes y el tendido de los techos. ahora . En ella se veían muy pocas cosas nuevas. Pero esto no era más que una parte. Así pues. se acordaba de cuando el viejo juez Horrocks (el cual. cierta relación misteriosa e indes-cifrable que atentaba vagamente contra la esencia más íntima de lo que se suele entender por cómodo y confortable y ofrecía indefinibles sospe-chas y aprensiones a la imaginación.creo. desde las barandas hasta los marcos de las ventanasque parecía abomi-nar de cualquier retoque para proclamar enfáticamente su antigüedad por muchos adornos y barnices modernos de que hubiera sido objeto. pero el mío. por nada del mundo habría aceptado yo pasar allí una noche solo. Esto lo supimos por una mujer ya mayor que regentaba una pequeña tienda destartalada en la bocacalle y cuya hija -de cincuen-ta y dos años de edad. se había realizado un gran esfuerzo para empapelar los salones. se había amalgamado con el dormitorio al derribarse la pared. enChichester House. y ese cuarto oscuro que se encuentra en la mayoría de las casas antiguas de Dublín -cual gabinete fantasmagórico. no era nada sombrío. Esto me inquietó tanto más por cuanto que yo me preciaba de tener un sueño profundísimo y de ser poco propenso a las pesadillas. La vela dis-tante y solitaria deTomrelucía en vano en medio de su oscuridad. el papel parecía algo vulgar y desento-naba del resto. En fin. pero. de alguna manera. En aquellos años de Maricastaña. y tal vez fuera mejor así. Sin embargo. Por ejemplo. tras haberse ganado la fama de demasia-do amigo de condenar a la horca. éste -aunque sin afectación alguna. el que fuera alcalde de Dublín en tiempos de Jacobo II. aparte de esto. que daba a la calle.era nuestra única y solitaria criada: venía al ama-necer y se retiraba castamente tan pronto como dejaba preparado el té en nuestro señorial aposento. cada cual en su dormitorio respectivo. digo. que tenía dos ventanas melancólicas extrañamente orientadas -miraban inútilmente a los pies de la cama-. omnipresente e impenetrable. Sin duda había en sus propor-ciones y rasgos una discordia latente. y que había pertenecido asir ThomasHacket. en la forma de puertas y ventanas. la casa era muy antigua. Yo nunca había intentado ocultar al pobreTommis propensiones a la superstición. a la vez interesante y deprimente.solía reírse de aque-llos terrores míos. en cualquier caso. Toda aquella estancia en su conjunto me resultaba a mí. empujado por una «locura temporal» había acabado colgándose él mismo con la cuerda de jugar a la comba de la maciza y vieja baranda. Por la noche. pero. en él su antiguo confort parecía predominar sobre su algo tétrica vetustez. como les voy a relatar a continuación.adquiría a mis ojos un carácter especialmente siniestro y fantasmagórico. en la singular solidez de toda la madera. Los dormitorios estaban recubiertos de madera. tenían un aspec-to formidable. Me parece que su fachada había sido remozada unos cincuenta años atrás. que era interior y que a mí no me gustaba ni un pelo. cuando yo empecé a notar que pasaba malas noches y dor-mía mal. no encuentro otra palabra mejor. por atracción simpática.que. no había en ella nada «moderno». Todo lo contrario que el dor-mitorio interior. los amplios salones estaban tapizados de cuero dorado y. yTomel dormitorio de enfrente. no puedo precisar cuándo la habían construido exactamente. esta «recámara» -como nuestra «criada» gustaba de llamar. en 1702. el escéptico iba a recibir pronto un terrible correctivo. El agente de mi tío que la compró y la inscribió en el registro de la propiedad me contó que había sido vendi-da. esta anciana. según dictamen del juez de instrucción) vivió aquí bien acompañado de excelente carne de venado que regaba con el mejor oporto. junto con otras muchas fincas confiscadas. me atrevo a decir. que parece acom-pañar a la mayor parte de las mansiones antiguas. en la robustez especial de vigas y cornisas. que. como dije antes. había conocido épocas y cambios suficientes para poseer ese aire miste-rioso y entristecido. Llevábamos poco tiempo viviendo allí.Yo ocupaba el dormitorio de encima.

que tan misteriosamente se superponía a los crista-les de la ventana. la sobriedad. y haber sido igual de enérgicoy malvado aunque yo no lo hubiera visto.. ¿Qué significa todo el código moral de la religión revelada sobre el cuidado debido a nuestros cuer-pos. pesadilla o ilusión infernal -llámenlo como gusten. el gallo desaparecía y. no mediante un exorcismo. Recuerdo perfectamente -cómo no. Me parecía como si algo horripilante pero indefinido me estuviera acechando en algún lugar desconocido con vistas a mi tor-mento personal. Pero. Esto. etcétera? No cabe . sensua-lidad y poder. y. y entonces una sen-sación de pavorosa anticipación se apoderaba de mí de manera lenta pero implacable. con espantosa claridad. mientras me encontraba en aquella situación «clarividente» -teatro iluminado en el que se iba a mostrar el consabido cuadro de horror. donde permanecía fijo. y.todo era distinto: en vez de disfrutar de mi descanso habitual. Estos ras-gos estaban rematados por un gorro de terciopelo carmesí. si bien reinaba una profun-da oscuridad. me levanta-ba para iniciar la nueva jornada. en las ventanas que había frente a mi cama.cada arruga.puro engendro de mi fantasía y de mi pobre estómago? En una palabra. no es necesariamente cierto. parecían brillar con una crueldad y frialdad del otro mundo. ¿cómo explicarlo? ¿Era aquella aparición -tan singular como terrorífica. Hay que ser justos y reconocer con total franqueza que el maldito retrato empezó a espaciar sus visitas como consecuencia de aquel tonifi-cante. cada objeto y pequeño detalle del dormitorio. el demonio que me había mantenido esclavizado durante la espantosa vigilia nocturna. tono y sombra de aquel rostro. El espíritu maligno. trashaberse pavoneado. por el que asomaba un pelo cano por los años. Casi siempre me limitaba a decirle que había tenido una pesadilla abominable. un cuadro salía volando de repente hasta la ventana. me pegaba todas las noches una buena «panzada de horrores». y la misma visión me visita-ba al menos (en promedio) cada dos días a la semana. sentía una antipatía insuperable a describir a mi amigo y camarada aquellas mis turbaciones nocturnas. Pues bien. lo que signaba el comienzo de mi sesión de horror. fieles al presunto materialismo de la medicina. tenía embrujados mis sentidos. sin saber por qué. mientras que las cejas conservaban su negrura original. como bien saben. ¿era algo «subjetivo» (por utilizar el tecnicismo tan popularizado en nuestros días) y no la agresión e intrusión palpables de un agente externo? Esto. sino mediante un tonificante. Sin saber exactamente por qué. y así durante horas y horas. Después de un primer plato de sueños desagradables y pavorosos. se desarrollaba de la siguiente guisa: Veía. Finalmente. mi atención se fijaba invariablemente. mis queridos amigos. Aquel sueño. contenía el retrato de un hombre viejo vestido con una bata de seda de flores carmesí. grises y prominentes. que se alargaba a veces durante varias horas.. con los nervios destrozados. Tenía la nariz corva. cómo él. cuyos pliegues podría describir ahora mismo y cuyo semblante era una extraña mezcla de inteligencia. podía haber estado igual de cerca de mí. como el pico de un buitre. que. o creía ver. es inherente a la pesadilla corriente. bajo la forma de aquel retrato. aunque sin duda por la intensísima angustia y horror sobrenatural con que iba asociada aquella extraña fan-tasmagoría. al tiempo que presagiaba cosas siniestras. mis inquietudes adoptaban una forma definida. así.que tornaba mis noches insoportables. como no podemos por menos de reconocer. la templanza. nos confabulábamos para dispersar mis horrores. como por una atracción eléctrica. Aquel cuadro. sus grandes ojos.del que yo era un triste juguete. tras un intervalo que siempre parecía tener la misma duración. que mantenía la mirada clavada en mí mientras el mío se la devolvía con la inexplicable fascinación de la pesa-dilla.

-¿Que qué me ocurre? Oh. nada.. Yo no quería que me contara -ni creo que a él le hubiera apetecido hacerlo en aquel momento.dime qué te ocurre.Richard?Está oscuro. Después descubrí que mi compañero presuntamente escéptico pasa-ba también momentos de turbación. mirando a través del vetusto barandal hacia la ventana del pasillo... Hice lo que me pedía mientras él. quédate aquí. pero ninguno se puede comparar con el que se había apoderado del pobreTomaquella noche. -Creí -dijo... ¿quieres que vaya por ella? -No. El hipnotizador y el electrobiólogo fallarán por término medio en nueve de cada diez pacientes. No. -¿Qué ocurre. encien-de tu vela y abre la ventana.Dick. Me encuentro en un «estado de shock». y ¿dónde está la vela? -En tu habitación. por donde penetraba la luz tenue de una luna nublada. Tomabrió la puerta de par en par y entró reculando en mi habitación.. -Por supuesto que ha sido un simple sueño -dije yo. ¿no crees? No ha podido ser otra cosa que un simple sueño. Todo el mundo sabe lo contagioso que es el miedo de cualquier tipo. Cierra la puerta con cerrojo. una vela. y salté de la cama. Y no hay más que hablar. si no me equivoco. lo más seguro -dije-. No importa. se sentaba en el borde de mi cama. está bastante oscuro -dije-. presa de una extraordinaria agitación.Tom..que había un hombre en mi habitación y. y lo mismo cabe decir del espíri-tu maligno. ¿He dicho algo? ¿Qué he dicho? ¿Dónde está la vela. Una noche en que estaba yo durmiendo profundamente. Sé buen chico. Yo tenía.me voy a que-dar aquí contigo.Dick. y otras no. te lo repito: todo ha sido un simple sueño. Él respiró primero y luego me contestó con unas frases no muy cohe-rentes: -No pasa nada. seguidos de un ruido sordo producido por lo que resultó ser un gran candelabro de metal lan-zado con toda su fuerza por el pobreTom Ludlow contra la baranda y que fue dando tumbos hasta el segundo tramo de las escaleras. -Sí. prote-gernos contra influjos que de lo contrario tornarían espantosa la vida como tal. Pero yo no sabía aún nada de esto.. .duda de que existe una clara relación entre lo material y lo invisible. sintiéndome inusualmente nervioso.Tom?¿Qué te ha pasado? ¿Qué diantre te ha pasado. no vayas. casi simultáneamente. ya ha pasado.. Allí estábamos los dos con nuestros camisones delante de la puerta abierta. y. Estoy un poco nervioso. He debido de soñar algo.Tom?¿Estás en tus caba-les? Venga. Un simple sueño.. me despertaron unos pasos en el corredor. pero ¿qué ocurre? ¿Qué es lo que ha pasado exactamente? ¿Por qué no me lo dices. Se requieren unas condiciones especiales del sistema corpo-ral para la aparición de ciertos fenómenos espirituales. el tono saludable del sistema corporal y su energía intacta pueden. envolviéndose con una de mis mantas. cosa extraor-dinaria.los detalles de la espantosa visión que lo había dejado tan abatido.Tom?-le pregunté sacudiéndolo con nerviosa impaciencia. Yo salté de la cama y lo cogí del brazo sin tener la menor idea de lo que estaba ocurriendo. nada. Esta operación tiene éxito unas veces.

Hablemos de cualquier otro tema. También era obvio que la per-sona que bajaba las escaleras no tenía ninguna intención de pasar inadvertida. dijo: -Oye. fruto evidente de la visión que tanto le había perturbado. y estaba claro que aquellos pies iban completamente descalzos. Pero me equivoqué.he pensado que. con la puerta bien cerrada y todos los ingredientes de un ponche de whisky sobre la mesita de noche -de diseño bastante irregular-. espíritus azules y grises queme acechaban. parecía decidida a hacer el mayor ruido posible y a avanzar con total parsimonia. por absurdas que puedan parecer ahora difumi-nadas por el paso del tiempo. como hace mucho tiempo que no veo a mi padre. debido a una serie de pequeños aplazamientos y circunstancias. transcu-rrió casi una semana entera antes de firmarse el contrato de arrenda-miento y escribir yo a toda prisa aTompara que regresara cuanto antes. con los nervios propios del cambio de casa. pues. por noches malí-simas! Así que. pero hay una cosa obvia: que este horrible case-rón nos repatea a los dos. Ahora bien. entre tanto. Entre tanto. Eran unos pasos lentos y pesados. los ruidos de la casa eran. que. y estaba regalándome con un tonificante previo al ponche y a la cama.. Yo sabía perfectamente que la criada se había marchado a su casa hacía bastante tiempo y que nadie más que yo tenía motivos legítimos para andar por la casa a aquellas horas. muy desagradable al oído. había dejado a un lado mi volumen de anato-mía. había decidido conservar el ánimo a base de buenos lingotazos de licor -práctica ésta recomendada por la sabiduría de mis antepasados-. produ-ciendo un ruido a la vez seco y fofo. antes al contrario.no me hables de nada relacionado con tu absurdo sueño -le dije afectando desdén. bajando por la susodicha escalera. se desvanecería a la mañana siguiente junto con los demás vapores y sombras de la noche. tan pronto como yo encontrara alojamiento apropiado.Richard. para verme asaltado por la indigestión y. pues. unos . ¡que me cuelguen si me quedo aquí más tiempo. Recuerdo bien la noche. Cuando los pasos alcanzaron el rellano de mi piso.. sino que. ocurrió que.Tompartió temprano al pueblo de su padre tras acordar que. tú puedes encargarte de buscar habitaciones para los dos.. parecieron detenerse. lo mejor que podemos hacer es buscar otro alojamiento cuanto antes. en que me encontraba sentado junto al fuego de mi dormitorio. voy a ir a verlo mañana y volveré dentro de un par de días. Eran las dos de la madrugada y las calles estaban más silen-ciosas que un cementerio. para mantener completamente a raya a los espíritusnegrosyblancos. un día o dos tras la partida de mi compañe-ro. le escribiría urgentemente para que diera por terminada su visita a tíoLudlow.cuando oí pasos en el tramo de escaleras entre el desván y el piso de mi dormitorio. Yo había creído que aquella resolución. y que.. le ocurrieron un par de aventuras insignificantes a vuestro humilde servidor. donde me esperaban media docena de páginas delSpectator.. perfectamen-te audibles. yo espera-ba que mi puerta fuera a abrirse en cualquier momento para dar paso al modelo u original de mi detestado retrato. tras una pausa.-Tom. pero en el fondo muerto de miedo-. Sin embargo. Pues bien.. sirvieron entonces para estimular conside-rablemente mi apetito de cambio. ¿no te parece? Tomasintió y. con la contundencia y la parsimonia propias de un adulto.

segundos después sentí un gran alivio al percibir que los pasos reanu-daban su descenso en dirección de los salones de la planta inferior. como en la ocasión anterior. Pues bien. se había cerrado detrás de mí. oída en medio de la más completa soledad. Movido instintiva-mente por el terror más que por el valor. la oscuridad y el frío eran descorazonadores.. pero no lo conseguí. Las calles se vaciaron de gente antes de lo habitual. La noche siguiente no aprecié ruido alguno por parte de mi descalzo co-inquilino. Agucé el oído. donde permanecí en un estado de espantoso bloqueo mental hasta que se hizo de día.. pero la noche siguiente. con dos inmensos ojos verdosos que brillaban tenuemente. y cuál no sería mi horror cuando veo. decidí probar fortuna: abrí la puerta y grité estentó-reamente por encima de la baranda: -¿Quién anda ahí? La única respuesta que obtuve fue el eco de mi propia voz retum-bando por la vieja mansión. hasta que cesó el ruido al llegar al vestíbulo. inquietantemente anunciada por unos truenos de tor-menta y un diluvio de lluvia deprimente. y temeroso de que me hubieran cortado la retirada. Traté de tranquilizarme ante la evidencia de aquellas pruebas. pues aquella aparición. oí cómo los horribles pies descalzos seguían bajando las escaleras. Todo aquello tenía una pinta realmente fea. Todo el mundo conviene en lo desagradable que resulta el sonido de la propia voz en semejantes circunstancias. los horripilantes ojos de aquel bicho no habían sido más que un par de tazas de té invertidas. cogí el atizador de la chimenea. no se podía explicar tan fácilmente. ¿cómo explicar el ruido de aque-llos horribles pies descalzos. estando ya acostado y en medio de la total oscuridad. tuve la satisfacción de constatar que había lanzado el ati-zador con admirable tino y. que estaba seguro de haber dejado abierta... en cualquier caso. no sabría decir si con forma de hombre o de oso. y a aquella hora en la que yo no podía recurrir a ninguna ayuda? No. volví a mi habitación y cerré la puerta con doble vuelta de llave. es decir. Además. Armado de valor. Mi aprensión aumentó igualmente al notar que la puerta. tras otra pausa. le lancé el atizador con toda mi fuerza a la cabeza. El sonido había cesado en aquel momento. nunca pude determinar después si había sido víctima de mi propia fantasía.. delante de mí a un monstruo negro. que aportara alguna explicación al nerviosismo que me roía. tras cambiar una o dos veces de forma. desde donde no me llegó ya ningún ruido. aunque en aquel momento yo no me acordaba de esa circunstancia. y. como daban fe los fragmentos del juego de té que se amontona-ban en el suelo. Ahora que había cesado el ruido. No aprecié ningún nuevo movimiento. por tanto. Salté de la cama. como suele decirse. Asimismo debo manifestar con toda sin-ceridad que. Yo tenía la moral por los suelos y un terrible pavor a que llegara la noche. Esta vez había ingerido ya mi ponche y por tanto «la moral de la tropa» era excelente. mi estado anímico era una caldera a punto de estallar. hasta la planta baja y el vestíbulo. y luego. y salí al pasillo. nada. las hice materialmente añicos. en medio de un horrible estropicio de objetos rotos. Un minuto después. no les ocultaré que el aparador que contenía nuestra vajilla se hallaba justo allí. Ésta llegó. presa de una vaga alarma. y hacia medianoche no se oía ya más que el . en suma. pero no oí moverse ni una mosca. o creo ver. empezó a avanzar hacia mí con su forma original. retorné lo más rápidamente posible a mi habitación. Aquello redobló mi sensación de incomu-nicación. y de las pisadas regulares que aporreaban las escaleras en medio de la soledad de mi embrujada morada. hacia la misma hora oí claramente a mi buen amigo bajar de nuevo de las buhardillas. de espaldas a la pared. donde aún resplandecían algunos rescoldos.. No sabría decir con total seguridad si la aparición de aquella noche había sido una simple ilusión óptica de mi fantasía jugando con los oscuros contornos del aparador y. teniendo en cuenta que mi imaginación estaba muy excita-da.

desapa-cible golpeteo de las gotas contra el suelo. cada vez más fuerte. . Aquella noche dormí con lo puesto en mis nuevos lares de Digges'Streety a la mañana siguiente volví a desayunar a la mansión de los fan-tasmas. en cualquier momento. Me instalé lo más cómodamente posible y encendí dos velas en vez de una. por una parte. Me senté y me quedé mirando la etiqueta cuadrada de la botella negra. Y ¡horror de los horrores! Un par de peldaños más abajo de donde yo estaba. la mirada infernal y el sem-blante maldito de mi viejo amigo del retrato transfundidos en la cara de aquel bicho abotargado. empecé a sentirme solo con la natura-leza. hasta que «FLANAGAN & CO'SBEST OLD MALT W HISKY» devino en una suerte de acompañamiento atenuado de todas las fantásticas y horribles especulaciones a que se había entregado mi cerebro. y. ¡Maldito retrato y maldito original! Estaba comple-tamente convencido de que aquella rata -sí. mitad ridícula y mitad horripilante. Confieso que vacilé unos segundos junto a la puerta antes de encontrar el suficiente valor para abrirla. pesado y se bamboleaba como un peso muerto de un peldaño a otro. Curiosamente. ya había conseguido encontrar nuevo alojamiento y. si es que era visible. me sentí con la suficiente confianza para aventurar unos pasos más hasta la baranda. Estaba muy nervioso y traté en vano de enfrascar-me en lo que estaba leyendo. su regreso me resultaba particularmente grato tras la aventura de la noche anterior. pues estaba seguro de queTomiría allí directamente al llegar. el ponche. vi. pero la interrumpí ense-guida para averiguar si se oía algo nuevo. me estaba mirando fijamente con una expresión de malicia perfecta-mente humana. se había vuelto más silencioso y la oscuridad más oscura todavía. que embrutece a tanta gente. Cogí una vela con un si es no es de temblor en la mano. pues estaba decidido a ver a toda costa a aquel engendro. como el detestado sonido había cesado. ríanse de mí si quieren. no se veía ningún monstruo en la escalera. a mi vuelta encontré una nota de éste mismo comunicándome su intención de regresar al día siguiente. que turbaba la paz noc-turna de mi mansión. Sin embargo. la cual se había alejado definitivamente allende las montañas de Dublín. Me puse a pasear por la habitación silban-do tonadillas marcialesy humorísticas alternativamentey aguzando el oído de cuando en cuando por si oía el temido ruido. de aspecto solemne y antañón. El pasillo estaba completa-mente vacío. pues. gris. Aque-lla noticia me alegro por doble motivo. Los pasos seguían su cadencia regular. Era del tamaño del pie de Goliat. volvió a darme suficiente coraje y entereza en el momento preciso en que empecé a oír las pisadas contundentes y fofas bajando parsimoniosamente las escaleras. los pasos misteriosos habían vuelto a retumbar.que acababa de ver era el temido ser maligno que vagabundeaba disfrazado por la casa en una especie de aquelarre nocturno. Shakespearedice: «Hay algunos hombres que no soportan mirar a un cerdo. por la otra. que había sucedido a la tormenta. y otros que enloquecen si ven un gato. El silencio. podría jurarlo. una auténtica rata. mientras seguía arrastrándose y mirándome a la cara casi por entre mis pies. Volví como un rayo a mi habitación con una sensación de asco y horror difícil de describir y cerré a cal y canto la puerta como si hubiera un león al otro lado. Preferí no acostarme y mantenerme alerta para entrar en com-bate. y mi ojo capto algo que se movía. Mi presencia de ánimo iba disminuyendo por minutos. y. entre tanto. La mañana siguiente la pasé arrastrándome penosamente por las calles embarradas de la ciudad. No se oía más que el ulular del viento. pues. y sepa Dios con qué otra cosa también.» Yo estuve a punto de perder el juicio al contemplar aquella rata. gestioné varios asuntos. vela en mano. Mientras atravesaba la estancia improvisé una plegaria. el más impor-tante de los cuales fue la nota urgente que le mandé aTom pidiéndole que viniera. Me habría gustado oír el traqueteo de algún vehícu-lo o el aburrido vocerío de alguna trifulca lejana. Que me muera si no era la rata más mons-truosa que jamás había visto o imaginado. En medio de aquella gran ciudad.

Nuestra Hebe se hallaba en aquel momento en un rincón de la habitación recogiendo en un cesto los pedazos de nuestra vajilla. Aunque dijo aquello en tono de broma. aquella cara. -Bueno. y estoy completamente seguro de que quería hacerme un daño mortal. mi queridoTom-insistí-. en tu caso. Estaba com-pletamente despierto. »La primera vez estaba acostado en esa cama grandota tratando de dor-mir. el mejor exorcista habría sido un gato en plena forma física-dijo con una risita provocadora. si te empeñas. Desde que nos instalamos aquí no hemos pasado ni una sola hora a gusto.tres veces distintas. pero aquellos ojos. por lo que deduje que debía de ser algún ratón trajinando en el revestimiento de madera de la pared. mis pensamientos discurrían por derroteros alegres y agradables. estaba tan inmóvil como si ya me hubiera dormido. y. Mi curiosidad fue disminuyendo y. sepa su señoría que no me hace mucha gracia contarla precisamente aquí. Ante aquel desafío.Y no me equivoqué. -Lo vi tres veces. te aseguro que bajo ningún concepto volvería jamás a pasar una noche en este horrendo caserón.. Si los hubieras visto. si bien he de reconocer que formamos un contingente demasiado aguerri-do para que a los fantasmas se les ocurra hacer alguna de las suyas. Pasé un trago malísimo. en cuanto a mí. habrías reconocido que era cualquier cosa menos lo que parecía ser. si eso fuera todo.te la contaré -dijo-.. Y así seguimos platicando. Allí estaba.. Me alegro por ti. -Ya. Era como si alguien viniera arrastrando lentamente un trozo de cuerda. pero sin conseguir ver nada. -Me inclino a pensar que. Me incorporé un par de veces en la cama. unos minu-tos después. -Bueno. »Debían de ser por lo menos las dos de la madrugada cuando creí oír un ruido en ese. -Graciasa Dios -exclamo con auténtico alivio al oír que todo esta-ba arreglado-. la levantara y luego la volviera a dejar caer suavemente en el suelo. Trataré de reproducir el relato a poder ser con sus mismas palabras. Pero enseguida suspendió su tarea y se puso a escuchar el relato con la boca y los ojos abiertos (éstos como pla-tos). . y. aunque un poco inquieto en el fondo. pues lo normal es que me hubiera vuelto loco si no logro escapar rápida-mente. y yo aproveché para contarle mi aventura con aquella vieja rata hinchada. aunque ya había apagado la vela. creo que su razonamiento no estaba desprovisto de cierto fundamento. La verdad es que me hace poca gracia recordar aquello. Y prácticamente la primera pregun-ta que me hizo fue sobre el motivo principal que nos había empujado a cambiar de residencia. oigamos entonces tu aventura -dije con cierta acrimonia. -Bueno.Dick.. él miro primero a su alrededor con inquietud. -¡Al diablo este lugar!-exclaméa mi vez con una mezcla de miedo y odio-. en ese odioso recoveco del extremo de la alcoba. Sin duda le había refrescado un recuerdo sumamente desagradable. -dijo mi primo como restando impor-tancia a mi relato-. Pero gracias a Dios que logré escapar.Dick. No obstante. No creo que a mí me hubiera asustado demasiado.

precisa y curiosamente. Dick. Sin volverse a derecha ni izquierda. como nunca había visto una forma humana. lo decía todo. y. y lo mismo dos o tres subsiguientes. bastante corpulento. Bajé tarde. Cuatro horas después de aquello aún me sentía demasiado aterrorizado y débil para moverme. pasó a mi lado y penetró en el armario que hay junto a la cabecera de la cama. aquella noche transcurrió bastante tranquila. ni tampoco atentar contra mi declarado escepticis-mo al contarte aquella experiencia preternatural. que nunca podré olvidar en el resto de mi vida. qué rostro el suyo! Tomse detuvo un instante antes de proseguir: -Aquel espantoso rostro. pues. y en especial el trayecto que había seguido aquel espantoso intruso. por extraño que parez-ca. entonces. atravesando mi habitación tieso y premioso en sentido diagonal. huelga recordártelo.dejé de observar. Con todo aquello. El espectro había atravesado la habitación sin reconocer mi presencia. las perso-nas a las que menos probabilidades tenemos de engañar. no quise hablarte de aquella visión infernal para no amedrentarte más aún.yo estaba simplemente mintiéndo-me a mí mismo. ¿cómo diantre lo había visto yo? Era una noche cerrada. lo cual era un verdadero con-suelo. yo seguía erre que erre. Sin embargo. »Mientras me encontraba en este estado. que consigue que la gente lo acabe creyendo de tanto oírlo. Bueno. recuperé la autoconfianza y empecé a imaginar que creía en la teoría de las ilusiones espectrales que en un principio había tratado en vano de imponer a mis convicciones. En cuanto amaneció. tras pasar junto a los pies de mi cama. me armé de valor y examiné deteni-damente la habitación. lo había visto perfec-tamente. sin embargo. Además. y me con-vencí. Lo hice. y él no parecía tener nada que ver conmigo. a mí que en el fondo no me creía ni una palabra de aquel maldito embolado. había salido de la recámara y. Sin embargo. al igual que la siguiente. con unos temblores raya-nos en el puro pánico. »Aquella constatación me aportó una pizca de consuelo y tranquili-dad. como un charlatán de feria. Pero. Así. cuyo original estoy ahora seguro de que era el que yo había visto. Como estaba agotado. me sentí incapaz de articular palabra o moverme. un sueño cataléptico podía explicarlo todo. Llevaba algo bajo el brazo. Yo estaba tratando de convencerme a mí mismo de que todo aquello era una mera ilusión y no quería revivir la espantosa impresión de la noche anterior. »Aquella aparición. »Éste no se me había vuelto a aparecer. yo esperaba hacer proselitismo conmigo mismo y convertirme en un perfecto escéptico respecto al tema del fantasma. sin. Yo no lo había molestado. »Te aseguro que me hizo falta mucho valor para volver la noche siguiente a mi dormitorio embrujado y acostarme en aquella misma cama. »Mientras pasaba a mi lado aquella espantosa e indescriptible encar-nación de la muerte y la culpa. ¿qué le importaba . con una especie de bata roano-roja y un gorro negro. o un impostor. de que no había sido más que un sueño. y yo tampoco aprecié desorden alguno entre los objetos del armario. había sido completamente anómala. Como me acordaba de tus sueños con el retrato. vi de repente a un hombre viejo. razoné. como si yo mismo hubiera devenido en otro cadáver. Tenía la cabeza ligeramente inclinada a un lado. pero éste no había dejado ninguna huella a su paso. »Uno de los fenómenos más notables relacionados con la práctica de la mendacidad es el gran número de mentiras deliberadas que nos con-tamos a nosotros mismos. ¿para qué cruzar la habitación con apariencia visible? Además. ¡Dios bendito. sospechar en un principio nada sobrenatural. ni mi vela ni el fuego estaban encendidos y. me sobrevino finalmente un sueño profun-do pero agitado. que somos. no me da vergüenza reconocer. con colores y contornos. penetró en el cuarto de la izquierda.

Sabía que había tenido una pesadilla horrible. La muchacha estaba tan pálida comoTom. »Y entonces. Me incorporé en la cama y miré alrededor. un airado altercado seguido de una batalla campal entre el cadáver y el juez ponía fin a la historia en medio del buen humor y del júbilo general. todo estaba como lo había visto la última vez. estando reunidos como estábamos en el mismísimo escenario de la narración. »Pero de aquel sueño profundo me desperté sobresaltado. El claro de luna penetraba a raudales por la ventana sin cortinas. estaba cantando la popular tonadilla cómica "Murphy Delany". Entró en una tabernaaponerse morado. que por momentos se iba perdiendo en la lejanía: Era Murphy Delany. Tomse detuvo aquí y se enjugó el sudor de su rostro. »El cantante. al salir de la taberna. desgraciadamente para mí. Más fresco que una lechuga.y al punto me despabilé por completo y miré fijamente delante de mí sin despegar la cabeza de la almohada. conforme su música se iba apagando. muerto!.yo a aquel ente con aquella indumen-taria y aquel aspecto tan extraños? ¡Un ardite! Pues a mí me importaba también otro soberano comino. los tres nos alegrábamos de que fuera de día y se oyeran en la calle los ruidos del trajín cotidiano. ¡y que el Señor se apiade de tu alma!". cuya condición etílica me atrevo a decir que se asemeja-ba bastante a la de su héroe. y así sucesivamente. y luego da capo.vi otra vez aquel maldito espectro delante de mí mirándome con su semblante pétreo y diabólico a menos de dos metros de mi cama. se había caído a un río. me dormí rápidamente. lenta pero claramente: "¡muerto. emitió su fallo a tenor de dicho diagnóstico en el momento en que el interfecto recobraba el conocimiento. y. Mi corazón latía desbocadamente. Yo me sentía un poco nervioso. del que era pescado para ser lleva-do a presencia del juez de primera instancia. alegreyretozón. a lo largo de mi desa-gradable duermevela. apagué la vela y. pero durante mucho tiempo después quedó como una columna de vapor oscuro en el punto donde se había . aunque.Dick?. sentía unos sudores de muerte. volví a acostarme mirando hacia la chimenea. y luego se fue difuminando. ¿querrás creerme. -Sólo lo vi claramente unos tres segundos -prosiguió su relato-. más ciego que un topo. muerto. »Yo seguí recitando con cansina monotonía aquella balada hasta el último verso. animado por una algarada entre borrachos en la calle de atrás. caí en un estado de somnolencia que no era ni profunda ni reconfortante. tras enterarse por el veterinario que estaba "más muerto que muerto". cerré los ojos y traté de concentrarme en la letra de la canción.y. no sabría decir durante cuánto tiempo. y. La letra de aquella canción se me había pegado y yo seguía repasando las aventuras del aquel paisano respetable. el cual. aún oía el canto de un trasnochador achispado de vuelta a casa. se alejó demasiado para que yo pudiera seguir deleitándome con su buen humor. al final me encontré musitando "más muerto que muerto" al tiempo que otra especie de voz dentro de mí parecía decir. la triful-ca doméstica del callejón se había amortiguado un tanto. Salió haciendo eses harto de whisky. que. pero no acertaba a recordar en qué había consistido. Sin embargo. me metí en la cama. Ligeramente reconfortado por oír una voz humana. Así.

alrededor de las dos. tras quitarme el gabán y aflojarme la corbata. y luego salí a la calle y pasé el resto de la noche paseando por la ciudad. »Cedí. Eran. en segundo lugar. el efecto de aquel agotamiento sobre mis nervios se parecía al de un narcó-tico y me hacía menos sensible al horror que tan habitual se había vuelto para mí. con la puerta medio abierta. que era posible echar solamente un sueñecito de media hora en la cama. »Pasé más de una semana sin dormir en una cama. como colofón. Cuando el sueño ha sido pro-fundo y suficientemente largo para que la naturaleza se quede comple-tamente satisfecha.. Yo odiaba la mía. y luego me dirigía sigilosamente a la puerta de la calle rumbo a la taberna"Robin Hood". me desperté suave pero completamente.que no me atreví. »Estaba completamente decidido a que nos mudáramos de casa. Pero he aquí que una variedad de circunstancias concurrieron a producir la espantosa escena que iba yo a vivir aquella noche. En primer lugar. aquel vapor también se esfumó. convencido de que te reirías de mí a mandíbula batiente. durante el día. el alegre sol del día tornaba muy agradable la estancia en la habitación. creo. Con la mente y el cuerpo agota-dos tras una semana entera sin dormir. para que Martha no descubriera el secreto de mis ausencias nocturnas. con cobertor y almohada incluidos! »Fue realmente espantoso. volví a entrar en aquel nefasto dormitorio. »Pues bien. y no regresé hasta el amanecer. como un sereno. ¿Qué me podía impedir disfrutar allí de un sueñecito de una hora? La atmósfera parecía bullir con el ale-gre canturreo de la vida. estaba literalmente agotado de cansancio y no deseaba más que dormir. sentado en una silla. como sin duda recordarás. nunca. »Sin ningún sobresalto ni sensación especial de miedo. Fui a la mía a deshacer la cama. pero no acababa de decidirme a contarte la razón.Dick. salvo los dos o tres minutos que la visitaba sigilosamente cada día para deshacerla. por las calles de la ciudad. Después de un buen rato. hasta el punto de que nunca. no cabe duda de que el demonio había participado en mis necios preparativos. »Una tarde decidí disfrutar de una hora de sueño en tu cama. donde me vestí. lo que se dice dormir no dormí ni un solo día. y estoy seguro de que aún seguía allí. A veces echaba una cabezada en un banco de"Robin Hood"o. y la luz meridiana que entraba de la calle llena-ba todos los rincones de la habitación. Me quedaba un rato en el salón cuando tú te ibas a acostar. a . acallando mis temores. idiota de mí. ¡atención: nada menos que una cama de plumas.. a contarte lo que me había pasado. y más cuando yo te había hablado siempre con cierto retintín filosófico y había ridiculizado tus historias de fantasmas.donde me quedaba hasta que se iba el último cliente. pues. como de costumbre. entre la pared y yo. para darle el aspecto de haber dormido en ella. Entonces cogí mi ropa y bajé al vestíbulo. Estaba.tal vez no me creas si te digo que durante muchas noches después de aquello no volví a poner el pie en mi dormitorio. El resto de la noche lo pasaba deambulando. la ventana estaba abierta y un agradable frescor inva-día la habitación.Dick. durante todo aquel tiempo. me tumbé a disfrutar de un sueño de solamente media hora en. Fui tan tonto. Aquel maldito modo de vida me esta-ba comiendo la salud. y. Estuve durmiendo varias horas de un tirón como un auténtico bendito. a aquella casi irresistible tentación y. por vergüenza.apareci-do. pero. Además. bastante más de las doce. Creía que te ibas a reír de mí. y así mi vida durante todo aquel período fue más miserable que la de un delincuente que tiene a los alguaciles a sus talones. digo. y me guardé para mí aque-lla espantosa experiencia. yo había imaginado. en un lamentable estado de nerviosismo y agotamiento. »El destino quiso que tu habitación estuviera cerrada y que te hubie-ras llevado la llave.

conque figúrense pasar la noche allí. un segundo después. a poca distancia. y. ni siquiera de día. »Mi ángel bueno debió de asistirme en aquel espantoso trance. como digo. el juez Horrock.Dick. como ya he dicho. Per-manecí unos segundos traspasado por la mirada de aquel horrendo fan-tasma. ¿por qué no lo había creído? ¿Es que mi madre. mirándome con un rictus de sarcasmo. con un extremo de la cuerda enrollado al cuello. casi no hay quien las cuente? Pero ustedes no deberían haber dormido en el dormitorio interior. las omito aquí por mor de la brevedad. nadie salvo quien haya vivido tan espantosa experiencia.Dick!¡Nunca! Nuestra criada. Te aseguro que. hasta que. quién iba a ser si no. Dick. que Dios se apiade de todos nosotros. Se volvió despacio y ¡qué veo! Allí estaba el rostro pétreo. no conoce historias tan raras que. y de que estaba animado por un infernal propósito. con la boca abierta y las cejas contraídas sobre sus pequeños y brillantes ojos negros. sus labios esbozaban una sonrisa tan sen-sual. sin saber cómo. la Virgen me bendiga. sin dejar en ningún momento de mirar de reojo hacia atrás. ¿Así que no saben que el viejo pecador. Aunque. tranquila y total. Ahora no me cabía la menor duda de que era consciente de mi presencia.. marca-do por la malicia y la desesperación. pero no podía equivo-carme. de subirse a ella. -Yo había oído hablar de esto muchas veces -dijo de pronto-. daré constan-temente gracias al Altísimo por ello. »Había una figura sentada en el viejo y gran sofá. Pero nunca me lo había creído hasta ahora. un escalofrío ha atravesado mi sangre y mi médula y nunca volve-ré a ser el mismo. a mi cama con la intención.eso no me lo puede rebatir nadie. estaba haciendo parsimoniosamente un lazo en el otro.ypoco a poco se fue acercando a nosotros. Porque. me pareció. Durante el relato había hecho varios comentarios graves en voz baja. Llevaba alrededor del cuello una soga. adujada. El abominable espectro seguía delante de mí. -¿Que ahí había dormido él? ¿Quién? -pregunté yo a renglón seguido. mientras viva. una mujer de cincuenta y dos años.. no exactamente ahí -dijo ella-. que vive ahí en la calle de atrás. Y miró asustada por toda la habitación.una sombra ha pasado por encima de mí. Se acercó. que creí que me iba a volver loco. Dick. Nadie sabe realmente lo que signi-fica enfrentarse a semejante presencia. pues se levantó y se acercó a mi cama. ¿Es que murió ahí? -¿Que si murió ahí? No. mientras se ocupaba de aquella macabra pantomima. Ella nunca me dejó entrar en esahabitación. se ahorcó colgándose de la baranda? ¿Y que fue en la recámara donde encontraron los mangos de la cuerda de saltar a la comba y el cuchillo con el que estuvo . sostenía firmemente en la mano. Que Dios conceda descanso a su alma. Como una exhalación me lancé al suelo por el lado opues-to y.menudo se despierta uno de esta manera repenti-na. como bien saben. como ella dice. »Tuve muchísima suerte de haber conseguido escapar. Me estaba dando prácticamente la espalda. »Pero el hechizo no se había deshecho todavía: el valle de la sombra de la muerte no se había franqueado todavía. ¡Nunca. ahí había dormido él. había conseguido alcanzar el pasillo. tan indescriptiblemente espantosa. -Amén -musité yo-. como para enrollarlo en el mío. No vi ni recuerdo nada más hasta que me encontré en tu habitación. cuya otra punta. y otras curiosas excla-maciones suyas. esperándome junto a la baranda. junto a la chime-nea. pero éstos. había ido dejando de trabajar conforme avanzaba el relato deTom. se sentó detrás de nosotros. -¿Cómo que quién? Pues el viejo juez.

-¿Qué pasó con eseNicholasSpaight? -pregunté yo. Él tenía unos sesenta años. lo encontraron muerto una mañana con medio cuerpo fuera de la cama. -Por lo que ha dicho usted del peligro de dormir en ese dormitorio -dije yo-.aprestando. y luego en la tumba del camposanto de San Pedro. y la niña ya no vivió un solo minuto tranquila después de aquello: se despertaba sobresaltada a mitad de la noche y se ponía a gritar por las pesadillas. y de ahí lo metieron en el ataúd. Siempre ha habido accidentes y muertes repentinas. me dijo muchas veces mi madre. y decían que era el espíritu del viejo juez el que la atormentaba. pero en cualquier caso había dos muchachas y el padre. con la cabeza más negra que el azabache. Pero si desean escucharla en otra ocasión. ¡que Dios nos pille confesados!. y los médicos dijeron que había sido por agua en el cerebro. Como él estaba más muerto que muerto. -¿Cuánto tiempo hace de eso? -pregunté yo. me pareció a mí-. e hinchada como una morcilla. pues era un viejo desalmado por todos los costados y el juez más cruel que ha pisado jamás suelo irlandés. Pero sí sé que hace muchísimo tiempo. pero los más ancianos estaban seguros de que había sido obra del viejo juez. mi madre las conoce todas. pues el ama de llaves era ya vieja. vaya que sí -contestó con cierta renuencia. En fin. se la contaré lo mejor que pueda. -¿Qué? ¡Cómo voy a saberlo yo! -contestó-. supongo que habrá por ahí historias de que el fantasma se ha aparecido a otras personas. dije-ron. casi tocando el suelo. la cuerda con la que se ahorcó? La cuerda era de la hija del ama de llaves. como él había hecho con muchos hombres mejores que él a lo largo de su vida? ¿Y no pusieron su cadáver en esa misma cama después de morir. que su alma descanse en paz. eso fue lo único que pudieron decir. Y nos contó una historia muy extraña. no pudo decir lo que le había pasado. Y decían que era una mocetona bien guapa y bien vestida cuando el viejo juez puso fin a su vida. le hicimos un par de preguntas más sobre las supuestas visitas espectrales de que había sido objeto la casa desde la muerte del viejo y malvado juez. y luego gritaba: «¡Ay. que picó tanto mi curiosidad que aproveché la oportunidad para visitar a su anciana madre. lo que no tiene nada de extrañar. que viene el amo! ¡El amo! ¡Me está haciendo señas! ¡Madre mía querida. y tendría unos ochenta años cuando se casó mi madre por primera vez. -Bueno. y lo peor que hizo el viejo malvado. y nadie ha parado aquí mucho tiempo. En fin. Al oír aquella extraña historia que no les he contado. ¡que la Virgen nos . se contaba una historia muy rara. -A nadie le ha ido bien aquí -dijo-. no recuerdo el nombre. y era un fornidoy saludable caballero para los años que tenía. fue asustar a la pequeña hasta hacerla morir como hizo. no dejes que me lleve!» Y la pobre criatura acabó muriéndose. y muy raras. y ella se ponía a aullar como una loca para que no se le acercara el viejo del cuello retorcido. en realidad no hay mucho que contar -dijo. -Bueno. Mi madre dice que la pobre criatura era hija del ahorcado. con una pipa en la boca y sin ningún diente. pero mis dedos están ya cansados y lo dejo para otra ocasión. y a mi madre le falta ya poco para cumplir los ochenta. que la Virgen nos bendiga. La primera vez que se alquiló la casa fue a una familia. de un talNicholasSpaight que lo pasó también muy mal por esto. Había sido un ataque. después de que el juez de primera instancia acabara las diligencias? Sí. que me contó cosas muy curiosas. Es lo que decía todo el mundo. me gustaría contar ahora estas cosas. que él dormía en esa maldita alcoba interior y. ¿Y por qué no iban a contarse historias? ¿No fue en esa misma habitación donde durmió durante más de veinte años? ¿Y no fue en la recámara donde encontró la cuerda que acabó con su vida por fin. historias se cuentan bastantes.

completamente desquiciada. tiritando y hablando sola. la catástrofe que final-mente sobrevino a la casa. y que no es otra que la siguiente: unos dos años después de ocurrir lo que nos pasó a mi amigo y a mí. »Algún tiempo después ocupó la casa una solterona rica. fue Micky Byrne el que ocupó la misma habitación. albergó a un empresario de pompas fúnebres. Y así salimos los tres juntos. se lo aseguro. como obligado por el deber. Dios mío!". como solía hacer de vez en cuando. No necesito decirles que lo que es el héroe novelesco de carne y hueso para el normal desenvolvimiento de la trama lo es también esta vieja casa de ladrillo. los que conocían la historia de esta vieja casa sabían muy bien qué era lo que le había pasado. al final.junto con alguna que otra anécdota que ha servido para mejor ilustrar el relato. les deseo que pasen una muy buena noche y que tengan unos sueños muy agradables. pero. Y ahora añadiré una cosa. Pues resulta que una mañana. Ya les he contado mis aventuras y las deTom. les relataré. No sé en qué habitación dormía. pudieron sacarle una sola palabra que no fuera: "No me pidáis que me vaya. ni siquiera sus mejores amigos. en la que el héroe no sólo aparece a través de sus aventuras." Nunca consiguieron sacarle a quién se refería. de acuerdo con la práctica inmemorial del mundo de la ficción. Y las últimas palabras queMrs. Luego añadió la criada: -Voy al callejón a decir aJoeGavvey que venga a recoger el resto de las cosas y se lo lleve todo a la nueva casa. sin que ella supiera decir cómo ni por qué. va y no se le ocurre otra cosa que salir a ver qué pasa?. con su mujer y tres hijos pequeños. al acudir los criados temprano a la casa.Byrne que los niños se ponían de pie en la cama por la noche. y desde entonces nadie. una noche el pobre Micky cogió una borrachera. y lo encontraron tendido en las escaleras de abajo con el cuello partido. Así pues. lo mismito que la hija pequeña del ama de llaves que había muerto.Byrne le oyó decir fueron: "¡Oh. pero sí que vivía sola. MISTERIO EN LA CASA DE LOS AZULEJOS . durante cierto tiempo. que le había dado un susto de muerte. la alquiló un curandero que se hacía pasar por un tal barón Duhlstorf. y achispado como estaba. Ésta fue posteriormente reconstruida y. hasta que. se quemó parcialmente él mismo e incendió por completo la casa. la encontraron sentada en las escaleras del corredor. una vez cumplida mi tarea. pues le he prometido esperarlo. madera y mortero para el humilde registro de este relato verídico.. sino también bastante fuera de este mundo. Como entre las virtudes de aquel caba-llero no se contaba la sobriedad. prendió fuego a las cortinas de la cama..así como de periódicos con los habituales anuncios grandilocuentes y engañabobos. al atravesar por última vez el umbral de aquella casa maldita. y ahora. cuando la casa se alquiló por habitaciones. ahíto de vino. »Más tarde. y yo misma oí contar aMrs. y tenía las ven-tanas del salón abarrotadas de botellas con horrores indescriptibles con-servados enbrandy. respirando de alivio. por supuesto.bendiga!. y que se asustaban y se ponían a gritar a cada hora. y luego oyó un porrazo que retumbó por toda la casa. una noche. y ¿me creen si les digo que en medio de la noche le parece oír un ruido en las escaleras.

si no lo es.atiza el fuego (aunque era la primera semana de mayo. habían ocupado inquilinos misteriosos y había sido escenario de peligros preternaturales.Sally.te confieso que yo sentiría muchísimo miedo si tuviera que dormir allí -dijo Lilias con un pequeño estremecimiento mientras se representaba unos momentos la vieja mansión con su singu-lar aspecto maligno. MissLilly.Sallyhablaba por los codos y conocía toda suerte de cuentos antiguos de aventuras y misterios que ayudaban a Lilias a dormirse placenteramente. que unas veces escu-chaba embobada y otras se perdía hasta cinco minutos seguidos de su amable cháchara.Mervyn se había mudado a la vieja y embrujada Casa de los azulejos. para alcanzar los libros de la estantería (tranqui-lizante prueba de que el afable y solícito guardián de la casa estaba des-pierto y atareado. debe de ser una persona muy valiente y muy buena. -Bueno. A su manera tranquila. pues no sé nada de él. -En nuestros días. Ésta se hallaba situada junto a un solitario recodo de la estrecha carretera.que la casa a la que se ha ido a vivir ahora lo curará rápidamente del libre pensamiento. Así. «allá en Ballyfermot». que ya estaba acurrucada en su cama de columnas- . sus-pendiendo su labor y mirando con misterioso asentimiento a su joven ama. pero.I La viejaSallysiempre ayudaba a su joven ama cuando ésta se prepa-raba para ir a la cama. pues sabía que no tenía nada que temer mientras viera a la viejaSallysentada con su labor junto al fuego y oyera el ligero ruido que hacía su padre. nadie le hubiera advertido acerca de los arcanos peligros que allí le aguardaban. la noche era gélida) y cuéntame otra vez lo que pasó en ese caserón. inexpli-cablemente. que. cómo el jovenMr. como era su costumbre. el párroco.hay personas que se llaman librepensadoras y no creen en nada.Sally.con amable cadencia. -Pues le aseguro. como si la vergüenzay la culpa la hubieran obligado a ocultarse entre los viejos y melancólicos olmos y las abundantes cicutas y ortigas. si es cierto la mitad de lo que cuentan -contestóSally. arrancó a hablar -en aquel terreno en el que tan bien se desenvol-vía.) La viejaSallyestaba contando a su joven ama. pues poseía las virtudes de la limpieza y la diligenciay sólo molestaba a la buena ancia-na lo suficiente para que no se considerara un trasto inservible. amedrentador y furtivo. No es que Lilias necesitara ayuda. mi querida viejecitaSally.que creía a pie juntillas en aquellas histo-rias.para divisar el viejo caserón. así le habían contado desde niña. yo no he dicho queMr. ni siquiera en los fantasmas -dijo Lilias. Lilias se había asomado a menudo al camino de entrada -corto. recto y herboso. al subirse a la silla. sin que.Mervyn sea un librepensador. ora aminorando el ritmo para describir una escena de horror especial ora deteniéndose por completo -es decir. a ver si consigues asustarme de verdad. -Y ahora que me encuentro a salvo en la cama. la buena ancianaSally.

Y la viuda Cresswell se encontró con ellos a la caída de la noche en la vereda del huerto y no supo de qué se trataba hasta que vio a los hombres intercambiarse mira-das inteligentes mientras ella contaba la historia. la cabeza inclinada y un dedo en los labios. Y ¿no se acuerda del viejo Clinton. Así. pero no oye ninguna respuesta. Tal vez. y la voz del conde. luego venían esos ruidos que tan bien conocían. como si el propio conde -que el pobre descanse en paz. -La misma noche que le sobrevino la muerte en Londres. pues sus problemas se habían resuelto ya prácticamente. los dora-das camuesos que asomaban entre las hojas iluminadas por los rayos del sol poniente y resultaban tan apetecibles a los escolares de Ballyfermot seguían intactos cuando resplandecía el sol matutino. ni siquiera levantaron la cabeza cuando los saludó. aunque poca necesidad había allí de perros. se atrevía a salir al huerto después de caer la noche. aunque la mujer parecía caminar despacio y el niño no dejaba de tirarle de la mano. bajando la voz en una especie de susurro narrativo cuando llegaba el momento critico. finalmen-te.ora. Oían de pronto los sollozos de los perros mientras arañaban la puerta de la casa. pero los forasteros pasaban raudos como la sombra de una nube. en la que le comunicaban que preparara sus cosas. que había suspendi-do durante unos momentos. como ambos imaginaron. Prevención ésta que no se debía a ningún capricho. había visto por dos veces la misma escena. se dice Clinton para sus adentros. y también un silbidoy unos golpecitos con el látigo en la ventana. MissLilly? -Creo que sí. que no era otra que una dama vestida con capa y capucha. Mick Daly escogió como lugar para dormir el desván encima de la cocina y juró que. dejadme entrar!» «Es él». Esto ocurría sólo en las noches muy oscuras en que no había luna. el viejo mayordomo. caminando en silencio por entre los retorcidos troncos con un niño pequeño de la mano. el viento volvía a aullar de tal manera que parecía estar riendo y llorando a la vez. Le daba mucho miedo el ruido que hacía su amo en la puerta cuando volvía tarde e iban él y el viejo Oliver a abrirle. ¡vive Dios!».pidiera entrar. la carta que le habían mandado por correo aquel mismo día. «Claro que es él. dice también Clinton. qué bien se acuerda! Aquello fue por una coz de uno de los caballos del conde. él era mozo de cuadra entonces -rea-nudóSallysu relato-. como si alguien estuviera tratando de abrirla por la fuerza. como si estuviera escuchando el viento en el recinto embrujado de la casa de los azulejos. ¡Caramba. supercontentos y muertos de miedo a la vez. estaba oyendo leer a Clinton. Prime-ro se callaba el viento. Cuando se hizo con el huerto. ni joven ni viejo. ¿No era el viejo que cojeaba y llevaba una extraña pelu-ca negra? -Sí. y a lo mejor al mismo tiempo que la carta. que era muy leído. y que esperaba estar de nuevo con ellos en el plazo de unos días. se oyó un espantoso golpeteo a la ventana. dejadme entrar. le contó cómo. y después otra vez a la ventana. El viejo Oliver tenía reuma en una rodilla. cuando los vecinos arrendaron el huerto que lle-gaba hasta las ventanas de la parte trasera de la casa. Aquí la viejaSallyreanudó sus labores de punto. No. pues nadie.Se topaba de repente con ellos en una revuelta del camino. dice el mayordomo. Oliver. que iba sonriendo y brincando a su lado. y los dos miran primero a la ventana y luego el uno al otro. ha dado la vuelta a la . y cómo les daba tanta pena que les entraban ganas de abrir la puerta y dejarlos entrar. Así que Clinton se dirige a la puerta de la casa y grita: « ¿Quién es?». perfecta-mente protegidos por el misterio de la noche. grita desde el otro lado de la ventana: «¡Dejadme entrar. y encima estaba cojo. como conteniendo la respiración. junto al espeso grupo de árboles viejos. y se detenía creyendo que se trataba de alguna dama que había venido aquí por alguna razón. y mientras estaba leyendo. y luego prosiguió con su narración. a las cinco o seis semanas de estar durmiendo allí. y no repararon en ella. eso es. y al no hacer ellos ningún amago de moverse ni de ir a abrir la puerta. -A mí me contó aquello varias veces -dijo la viejaSally-. los perros que tenían entonces se pasaban toda la noche dando aullidos salvajes entre los árboles y arrastrándose junto a los muros de la casa.

mirando fijamente a Clinton. si hacia arriba o hacia abajo.. que parece más blanco que la hoja blanca de la carta de su amo que está temblando entre su índice y pulgar. historia tras historia. quienquiera que fuera. Y así. deseando dormirse y preguntándose quién podría ser cuando de pronto entra un hombre apuesto con una especie de holgado chaqué de seda y sin peluca (sólo un gorro de terciopelo). pero en vez de marcharse se acerca a la cama y. se dirige a la puer-ta trasera y vuelve a preguntar a gritos quién es. pero no dejaba de rezar pues algo le decía que no era eso. sólo nota algo que se cuela subrepticiamente entre sus piernas. «tal vez por eso se ha ido por ahí». y que el lugar solía estar caliente. Y ya no vio nada más. permane-cía sentada junto al fuego con la mano de su madre cogida. y -¡que Dios nos pille confesados!. siempre que entraba por una puerta la otra se cerraba rápidamente. Por la mañana acudió con su madre. dice. A lo mejor ha sido un perro. no está seguro. pues sólo lo ha visto un instante con el rabillo del ojo. « ¿Qué es? ¿Qué es?». Dicho lo cual. pre-gunta el mayordomo. como. al enterarse Jinny Cresswell de lo que había ocurrido podéis estar segura de que no se quedó allí más tiempo que el imprescindible. «El amo está muerto». o algo parecido.casa para llamar en la puerta trasera. que estaba encima del vestíbulo. como las de un muñeco que intenta hablar. pero sigue sin recibir ninguna respuesta. pero a partir de entonces nadie vivirá tranquilo en la casa. y ella se asusta muchísimo y dice: "Perdone su seño-ría. y mirando constantemente hacia atrás con el rabillo del ojo. llorando y temblando. y empezó a prestar atención a cosas en las que no había reparado antes. y empieza a sentirse nervioso y vuelve a la puerta principal. le dice algo. alguien que tropezaba con cajas. Su madre dijo que había pasado despierta toda la noche por unos pasos misteriosos que oía en la habitación conti-gua. y bien muerto que estaba. pero no volvió a tomar bocado ni líquido nunca más. pero no oye ninguna respuesta ni ningún ruido fuera. »Pero lo peor de todo era la pobreKittyHalpin. «Voy a abrir la puerta de todos modos». esgrimiendo la muleta a modo de arma. dice Clinton. pero sus palabras son espesas y raras.ella ve en su garganta un corte. y entonces corre la tranca y abre la puerta. y se va hacia la ventana tranquilo y premioso. por ejemplo. No ha podido ver hacia dónde ha ido. y estremeciéndose con cualquier ruido. grita. pensando que así se marchará. la pobre. la narración de la viejaSallyfluía como un río. abría cajones y hablaba y suspiraba sin parar.. como si alguien quisiera impedirle que saliera deprisa. pero no le oigo bien". suspirando. . cuando iba al gran dormitorio del señor. Pero no ve allí ni hombre ni mujer ni niño ni caballo ni forma viviente alguna. « ¡Eh! ¿Me oye? ¿Quién está ahí?». y ha entrado como si viviera en la casa. y ella. y ella se da una vuelta en la cama para que sepa que hay alguien allí. sino que cayó desmayada en la cama. hasta que a la pobre le entró una fiebre muy fuerte y murió antes de que transcurrieran cinco semanas de aquello. hubiera salido de la habitación justo al entrar ella. y en esto que él alarga tanto el cuello que se le sale de la corbata y la cara se le queda vuelta hacia el techo. mientras Lilias caía en un sueño profundo. Pero lo que más la asustaba era que a veces encontraba una marca larga y derecha desde la cabeza hasta los pies de su cama. »Después del susto que se había llevado con lo que había visto en el huerto. con una mirada torva. que se había vuelto casi tan pálido como él. pues conocían bien sus proble-mas. Y Clinton cie-rra la puerta y se echa a temblar de miedo y vuelve con Oliver. «y quiere entrar sin ruido». como si. el mayor-domo. la muchacha que murió de lo que había visto. y luego la narradora salía sigilosamente en dirección de su aseada alcoba y de sus inocentes sueños. como otra boca completamente abierta que se está riendo de ella. como si la hubiera hecho alguna cosa pesada que había reposado allí.

Las cosas extrañas y misteriosas no empezaron hasta un día de finales de agosto. . fábulas. que va aumentando con las nuevas aportaciones que hace cada nuevo narrador. MissRebeccaChattesworth. y no una mano joven. Bajo las cenizas de aquellos relatos se escondía un pequeño rescoldo de verdad. no sólo debería quedar eximido del pago del arriendo. cuyas copias fueron entregadas al señor juez con el deseado efecto. y ésta. en vez de abrirle expediente judicial. en su calidad de primo de la madre del joven heredero. blanca y algo regor-deta. y la señora imaginó que la mano era de uno de los bribones que habían participado en él. en una carta fechada a finales de otoño de 1753. bellamente conformada. aunque yo confieso no tener ninguna. des-pués de lo que había sufrido allí la familia de su yerno. hacia la caída de la tarde. Pero todo aquello no valía más que lo que suele valer semejante cháchara -prodigios. Éste la amuebló y tapizó sin reparar en gastos. sino. ha escuchado con especial interés y relata con suma minuciosidad. de una persona de cierta edad.yMrs. resolvió eximirlo. No se veía más que una mano. y su padre fue entonces a ver alord Castlema-llard y le dijo sencillamente que no suscribía el contrato de arriendo porque en aquella casa ocurrían unas cosas extrañas y misteriosas que no podía explicar. dijo que no podía seguir viviendo en aquella casa. pues la consideraba persona veraz. le dijo que la casa estaba embrujada y que ningún criado viviría allí más de unas cuantas semanas y que. hacia el 24 de octubre. de unos cuarenta años. aque-lla casa no estaba embrujada por meros rumores de la gente. se produjo una extraña discusión entreMr. Lamento que la causa no se alargara al menos lo suficiente para que pasara a las actas del tribunal el relato auténtico e inexplicable que hace MissRebecca. Sin embargo. LordCastlemallard presentó una denuncia en el registro de la pro-piedad para obligar al señor concejal Harper a cumplir lo pactado y abo-nar las mensualidades del arriendo. cuando vio nada menos que una mano que se posaba sigilosamente en el alféizar de piedra. apoyado nada menos que por siete largas declaraciones juradas.Mr. Aquello ocurrió dos semanas después de que tuviera lugar el horrible robo de Clondalkin. un misterio para cuya solución tal vez alguno de mis lectores pueda aportar una teoría personal.Prosser se hallaba sentada sola junto a la ventana del salón trasero. según calculó. Pero el concejal redactó un escrito. Aquel año.II Estoy seguro de que la joven se creía todo cuantoSallyle contaba. las cuales.) La carta de esta vieja dama digna tal vez resulte demasiado larga. por lo que voy a ofrecer aquí sólo algunos extractos de la misma. El talAldermanHarper había tomado en alquiler esta casa para su hija. ylordCastlemallard. AldermanHarper.Mrs. pues. Yo quería reproducir aquí toda la carta. después de ver cómo su numerosa servidum-bre la iba abandonando paulatinamente. los que nuestros antepasados llamaban cuentos de invierno-. como si alguien agazapado tratara de trepar. se había encargado de la administración de la finca en que se hallaba situada la casa de los azulejos.Prosser llegaron allí a mediados de junio. residente en la calle Mayor de Dublín. que es realmente curiosa ade-más de idiosincrásica. sino que además debían demoler aquella casa por constituir una amenaza y estar permanentemente habi-tada por seres mucho peores que malhechores ordinarios. quien. Para ser más claros. pero mi editor se negó a ello (y creo que con razón. aunque al principio las considera san-deces. pequeña. hace una minuciosa y curiosa relación de cosas extrañas ocurridas en la casa de los azulejos. contemplando el huerto. la cual había casado con un caballero apellidado Prosser.

En efecto. y no se atrevía a andar por las habitaciones después de anochecer si no era en compañía de otra persona. . Aquella misma noche se oyó varias veces un apresurado aporreo en la ventana de la cocina. mientras la cocinera. se encontraba sola en la cocina. fue a abrir la puerta trasera. un hombre bastante testarudo y bromista. y se empezó a creer que el problema había desaparecido. salpimentado de juramen-tos y amenazas contra el presunto conspirador doméstico. Al volver la doncella a la cocina. y. en la puerta trasera. «una mujer honrada y sobria de unos sesenta años de edad». sentados en el salón trasero (que por entonces utilizaban como cuarto de estar). Durante varias noches sucesivas estuvieron oyendo un tamborileo. durante casi dos horas. y el criado. Pero la noche del 13 de septiembre. justo debajo. notó como un golpetazo. según sus propias palabras. según he oído. Sin embargo. sino que lo fue divulgando paulatinamente. Esta vez la mano tardó varios segundos en retirarse. la doncella inglesa. y la mano se fue retirando lentamente.Lanzó un grito de terror. la cocinera gritó y profirió una especie de jaculatoria. pero no vio nada. ComoMr. armado de un fusil. sino también la buenaMrs.JaneEasterbrook. Y todo ello en la parte trasera de la casa. que hurgaban el interior como intentando abrir algún pestillo. hacia las nueve y media. Se procedió al punto a registrar el huerto. Convencido como estaba de que todo aquello era una broma o una impostura. «le dio un pasmo» y pasó todo el día siguiente en la cama. aunque con interrupciones. al ir a la despen-sa por el pequeño tazón de plata en el que servía el ponche de su ama y posar la vista en la pequeña ventana de cuatro cristales.yMrs. y a lo largo de todo el muro. Luego pasaron varios días y noches sin que ocurriera nada raro. se rió de los miedos de su familia y decidió dar caza perso-nalmente al fantasma. como si quisiera detectar alguna aspereza en su superficie. en un agujero practicado en el bastidor para instalar un cerrojo que cerrara el postigo. como ya saben.Prosser era. para exasperación del amo y terror de su mujer. y otras tan fuertes y bruscos que parecía que se iba a quebrar el cristal. Durante todo aquel tiempo. Prosser había cedido a la histeria general: cada cual se recluía en la casa a partir del crepúsculo. sino que se limitó a preguntar quién andaba allí. pero esta vez deslizándose lentamente por todo el cristal. esperaba el momento oportuno para pillar al granuja in fraganti. pero no se descubrió nada que indicara que alguien había estado merodeando por la ventana. Pero no oyó nada más que el ruido de una mano deslizándose despacio por la hoja de la puerta. se vieron turbados por repetidos golpeteos en la ventana. que. había una batería de macetas. observó. se oye-ron exactamente los mismos golpes en la puerta de entrada. la que daba al huerto. primero la punta y luego las dos primeras articulaciones. cosa que lo asustó bastante. un rechoncho dedo blanco. El criado no quiso abrirla. Al ver aquello. que deberían haber impedido la aproximación de cualquier intruso. producido al parecer con los nudi-llos. parece ser que vio la misma mano regordeta -aunque fina. se alargaron. Convencimiento que no se guardó para él solo. con una especie de suave manoseo. como si se tratara de una señal clandestina. Las mujeres se asustaron.Mr. pues no sólo sus criados. unas veces lentos y fur-tivos. y una pre-sión como si alguien estuviera tratando de entrar por la fuerza. al cerrar. aunque el aporreo prosiguió en los cristales de la cocina. Pero un martes por la noche. Hacia la seis de la tarde del sábado.junto a la ventana. ade-más. al principio suave y luego más fuerte. no hizo ulteriores pesquisas. había llegado el momento de hacer algo.Prosser.

que se hallaba en el salón. más para tranquilizar a sus criados que por convencimiento personal).Prosser. se impacientó más aún y cambió su golpe-teo suave del principio por una serie de porrazos enfáticos y estentóreos. donde «leyó un rato la Biblia y recitó sus oraciones. Mr. como juró después. donde había «un armario metálico» junto a la despensa en el que guardaba sus «armas de fuego. .Prosser se dirigió con parsi-monia a la puerta.» Llamó a su criado. y algunos medio locos.Prosser y se retiró a su dormitorio antes de la hora habitual. fue a cerrar la puerta gritando: « ¿Quién está ahí?». dio a éste otro par de pistolas y. se acercó a la puerta. Por entonces. airado. y. oyó unos golpes ligeros en la puerta de la casa. Era la primera vez que se oía llamar de esta manera en esa parte de la casa. como si una mano lo hubiera sujetado. lejos de asustarse de su proximidad. su marido. Se sentía profundamente inquieto e igualmente convencido de que al abrir la puerta de entrada el intruso se había colado en la casa. y la manera de llamar también era distinta. incluidos él mismo y su mujer.Prosser. No hacía nada de viento. abrió la puerta con el bastón levantado. No dijo nada aMrs. en el que tenía plena confianza. El importunador. el «fallo final» fue que la impronta de aquella mano difería por completo de la de cada uno de los moradores de la casa y que se correspondía exac-tamente con la de la mano que habían vistoMrs. Los golpes eran suaves y regulares.Prosser dejó de reírse del miedo de su fami-lia y se mostró igual de reacio que los demás a hablar de aquel asunto. y una noche queMrs.Mr. los mandó entrar de uno en uno y le hizo po-sar la palma de la mano sobre la mesa de marras para obtener así las hue-llas de todos los habitantes de la casa. y. ni tampoco supo la razón por la que su amo había mirado hacia atrás con tanto nerviosismo y cerrado la puerta con tan tremendo portazo. La im-pronta del pie descalzo en la arena de la playa no asustó a Robinson Crusoe ni la mitad que aquello. todos los moradores de aque-lla casa estaban muy nerviosos por lo de la mano.Mr. tras meterse un par de pistolas cargadas en los bolsillos del gabán.» Per-maneció despierto un buen rato. pero no vio nada. pero recibió como respuesta aquella misma rozadura en la puerta que tan bien conocía. quienquiera que fuera el propietario de dicha mano. cuando iba abrir.Prosser fue a examinar la marca sin darle mayor importancia (pero. Pero. Miró por todas partes. A partir de entonces. avanzando sigilosamente con un garrote en ristre seguido del criado. lo que permitía que se oyeran con total claridad. «con la palma de la mano». cambió repentinamente de parecer y retrocedió despacio en dirección de la cabecera de las escaleras de la cocina. según supuso. Dejando abierta la puerta del salón.Prosser se levantó sobresaltado y. sino bien instalado en algún rincón de su interior. no se encontraba ya fuera de la casa. Por la mañana.Prosser se hallaba en el cuarto de los niños. El criado no vio ni notó nada. y notó que algo extraño pasaba bruscamente por debajo. espadas y cachiporras.Prosser y el cocinero. su brazo sufrió un extraño tirón. Aquella sutil demostración dejó bien claro que. la mujer de la limpieza se quedó horrorizada al ver la huella de una mano en el polvo de la mesa del «saloncito» donde habían estado desempaquetando azulejos y otros objetos el día anterior. Mr. sin embargo.Hacía una semana que no se oían golpes. Mr. Todo transcurrió a gusto deMr. hacia las doce y cuar-to de la noche oyó cómo la palma de una mano golpeaba primero suave-mente la puerta de su dormitorio y luego se deslizaba despacio por toda la hoja.

y durante unos segundos creyó.Prosser a cerrar la puerta de la alcoba. que no se cerraba del todo. Había una vela ardiendo en la mesita de noche además de la que él portaba en la mano. cerca de su cabeza y asomando justo entre las cortinas."») Pero el suceso que al parecer desencadenó la crisis definitiva fue la extraña enfermedad de su primogénita. con la palma hacia abajo.Prosser la descubrió al mismo tiempo espiando la dirección de sus ojos. se pasaba en vela todas las noches junto a la cuna de la pequeña. se extrañó de que no se oyera absolutamente nada en la habi-tación. que bajaba hasta unos veinti-cinco centímetros de la almohada en la que reposaba su cabecita.eran unas pesadillas realmente espantosas. asomando por la abertura del armario empotrado. y los médicos dictaminaron que el mal se debía a principios de agua en el cerebro. acompañada de la niñera. «que iba a enloquecer. la rechoncha mano blanca. dondeMr. pero. lo cual le pareció tanto más inexplicable por cuanto sabía que ésta se hallaba acostada. Mrs. según el creyó muerta. Mr. pero el gabinete estaba vacío. una mesita de tocador y un espejo que miraba a las ventanas. Abrió dicha puerta de un tirón y miró al interior. durante el cual. avanzaba hacia la cabeza de la niña. a los pocos segundos. Víctima de un extraño paroxismo de terror.Prosser empezó a verse turbada por unos extraños y horribles sueños. sobre la almohada. la niñera descubrió la causa de los padeci-mientos de la criatura (yMrs. Ésta se retrajo hábilmente entre las cortinas yMr. Hubo muchas más cosas.Prosser rodeó la cama a tiempo para ver cómo la puerta del gabinete era cerrada por la misma mano blanca y rechoncha. no se podía dormir en la cuna. presa de pánico. y cerraron la puerta al entrar. ni siquiera la respiración de su mujer. oyeron un suave golpeteo en la puerta. La madre profi-rió un grito y sacó inmediatamente a la criatura de la cuna. y.) Vieron cómo. al irMr.Prosser tendida en la cama. con la muñeca apoyada en la almohada y los dedos avanzando hacia la sien con un movimiento lento y ondulado. Finalmente. con la ayuda de todos los criados. una niña de dos años y medio. Descorrió la cortina y vio aMrs. con el cabezal tocando a la puerta de un armario empotrado o aparador.» Luego tocó la campanilla y. La cuna se hallaba colocada longitudinalmente a la pared. pero baste con esto.Prosser. Por encima de la cuna de la niña había un dosele-te con unos treinta centímetros de fondo.Aquella misma noche. si la volvían a dejar en la cuna. Observaron que la pequeña estaba más tranquila cuando la cogían en brazos y que.Mrs. había visto «los terrores de la muerte». llevaba asimismo bajo el brazo un librote de cuen-tas relacionadas con los negocios de su suegro. a excepción de la ropa que colgaba de las perchas de la pared.Prosser se hallaba durmiendo. que aparecen debida-mente detallados en la extensa carta deRebecca. a juzgar por su aspecto. La singularidad de esta historia me parece a mí que . se ponía enseguida a gri-tar aterrorizada. y escudada por la sombra del doselete. Y una noche.Prosser. según sus propias palabras. reculó bruscamente primero y luego lanzó con toda su fuerza el libro de cuentas contra las cortinas detrás de las cuales suponía que se ocultaba el propietario de aquella mano. La volvió a cerrar y echó el pasador. con la cara lívida y cubierta de escarcha. consiguió queMrs. en frase del marido (y tíaRebeccaañade: «según le oí decir a ella misma. la mano blanca y regordeta de siem-pre. y entre ellay la niñera la bajaron al dormitorio de los señores. toda vez que él gozaba de un oído particularmente fino.Prosser se recupe-rara de aquel «trance». su marido podría haber agregado: "Y también los terrores del infierno. algunos de los cuales.

El gato blanco del que voy a hablar es un animal mucho más siniestro. agotado por el trabajo o con algún tipo de fiebre. que tenía una peluca de muchos bucles. siempre que se sentía enfer-mo. Mr. cuyo carácter agreste y melancólico alivia algún que otro seto desparramado. Prosser -un anciano delgado y grave. tras dejar atrás las colinas de Killaloe a la izquierda. había dormido durante cierto tiempo en el que. como llaman enMunstera los más prósperos de los labriegos. y especialmente a la de cierta edad. se va viendo gradualmente rodeado. a la derecha. malicioso y desagradable plagado de arru-gas. visión que se había quedado grabada en su memoria con la misma fuerza que el atuendo y las facciones del retrato de su padre. aunque bastante locuaz. por alguna hábil arti-maña. y no es que se tratara de una mano separada de su cuerpo.Prosser citó aquello como un caso especial de pesadilla monóto-na. EL GATO BLANCO DE DRUMGUNNIOL ¡Quién no ha oído contar de niño la famosa historia de la gata blan-ca! Pero yo voy a contar aquí la historia de un gato blanco muy distinta a la de la amable y encantada princesa que tomó este disfraz durante una temporada. tuve ocasión de conocer aMr. cuando el monte Keeperse yergue a su vista. de quien hablaba en pasado como «el pobre Jemmie». era el cuarto embrujado de un caserón cerca de Chapelizod. James Prosser. mientras desayunaba en el colegio universitario. sustraerse a la vista. El que viaja deLimericka Dublín.estriba en que describe el fantasma de una mano. con el pelo cano y recogido en una coleta-. . a medio camino entre las montañas y la carretera de Dublín. que tenía delante todos los días a la hora de desayunar. Uno de los pocos habitáculos humanos que proyectan hacia lo alto sus columnas de humo de turba en medio de esta llanura solitaria es el construido con tierra y de techumbre malamente cubierta de paja de un «granjero duro». un traje de encaje lleno de botones y pliegues. Se asienta en medio de un racimo de árboles junto al borde de un riachuelo serpenteante. Éste. se había visto atormentado por la visión de cierto caballero regordete y pálido. por una cadena de colinas más bajas. En el año de 1819. y un rostro sensual. y nada más. sino simplemente de una mano que se manifestada de tal manera que su propietario conseguía siempre. se veía constantemente constreñido a mencionarla. siendo niño. En medio se extiende una llanura ondulada que se va hun-diendo paulatinamente hasta un nivel inferior al del camino. a lo largo de toda su vida. La persona a la que perteneciera dicha mano no apareció nunca. y ya saben: a la gente en general. según su madre. olvidando a menudo que los demás podrían aburrirse. comer y cenar. Espero que el lector me perdone por haberme alargado tanto con la historia de la casa de los azulejos. individualizada y persistente. el cual nos contó a todos de manera muy concisa la historia de su primo. le gusta hablar y hablar de lo que más le interesa. Pero este ancestral relato popular siempre ha tenido un encanto especial para mí. y destacó el horror y la angustia tan terribles con que su primo. y durante muchas generaciones ha dado cobijo a una familia de apellido Donovan. y.

testigo de los trabajos de una raza ya pasada. un lugar solitario de-lo más apropiado para estudiar con tranquilidad.Lejos de allí. me recomendaron a un talMr. Dono-van. Yo he visto muchas veces esa antigua y singular granja de labriegos: su huerto de inmensos manzanos cubiertos de musgo. señor. Se encuentra en una vaguada limitada al norte por el viejo huerto. Descubrí que había estudiado con una beca en elTrinity Collegede Dublín. cubierta por doquier de nieve. que jamás he encontrado en mi vida a una persona más sencilla y más de fiar. como yo había esperado. y vivía en Drumgunniol. prosiguió como si el agua no fuera obstáculo. Iba atravesando diagonalmenteel vasto campo con paso regular. haciendo barrera. y. Cuando era niño. inofensivo y muy instruido. me cansé final-mente y me puse a mirar a mi alrededor. El horror que me había producido la aparición en aquel campo fue tal que ya no volví nunca más a aquel lugar. la manera como iba vestida me resultó tan singular en aquella parte del mundo donde el atavío femenino estaba perfectamente reglamentado por la tradiciónque no pude quitarle los ojos de encima. y que aún ocupa su antiguo emplazamiento en la esquina del granero. y vi a una mujer que asomaba por un extremo del huerto y empezaba a bajar la cuesta. Fue él quien me contó estahisto-ria. me contó. a la distancia aproximada que yo había calculado. Ni siquiera ahora. y recuerdo cada detalle como si hubiera ocurri-do ahora mismo.a unos diez metros más abajo de donde yo estaba sentado. tanto que parecía acariciar la hierba bajo sus pies. con sus mismas palabras. Llevaba un vestido gris claro y muy largo. visto en el gris de una mañana invernal. la solitaria cadena de colinas cubiertas de aliaga y bre-zales. similar a lo que en Inglaterra he oído llamar lago alpino. donde la perdí de vista. deseoso de estudiar varios legajos irlandeses que habían caído en mis manos. Es cierto. la torre desmo-chada cubierta de hiedra. de la manera más fiel posible. pues me confió muchos pensamientos suyos largo tiempo callados y muchos recuerdos de su terruño y de sus primeros años. a ciento cin-cuenta pasos de distancia. Al acercarse noté que iba descalza y parecía ir mirando a un punto fijo. Estaba tan despierto como lo estoy ahoramismo. pensando en las escenas heroi-cas que acababa de leer. Estuve a punto de perder el conocimiento de puro terror. el seto. Apenas tenía fuerzas para volver a casa y estaba tan asustado que durante tres semanas permanecí recluido en casa sin poder estar solo ni siquiera un minuto. personaje soñador. solía llevarme laHistoria romana deGoldsmitha mi lugar favorito. después de tantos . con la misma claridad como lo veo a usted. Yo imaginaba perfectamente cómo. o en el gélido esplendor de una noche de plenilunio. en vez de dete-nerse al borde de la laguna. y supongo que la índole especial de mi estudio debió de estimular su amor patrio. La impresión general de soledad hacía de todo aquello un escenario ideal para un relato salvaje y sobrenatural. Yo tenía sólo trece años entonces. Un día. que doscientos años atrás había servido de refugio contra agresores y bandidos. Su itinerario en línea recta la habría hecho pasar -haciendo abstracción de la laguna. no obstante. con una línea de rocas grises y racimos de robles enanos o abedu-les. el perfil oscuro y dominante del viejo torreón al fondo.que intentaré repetir aquí. Ahora se ganaba la vida dando clases. y así la vi. o una mente cualquiera con las ilusiones de la fanta-sía. atravesar la laguna sobre su superficie y pasar. Pues he aquí que. al parecer sin verme. o en la melancólica belleza de una puesta de sol otoñal. cerca de allí. como si le sirviera de guía. tan frondoso. después de la habitual panzada de lectura. y tras preguntar por algún profesor capaz de ins-truirme en la lengua irlandesa. aquel escenario coadyuva-ba a sintonizar una mente soñadora como la del honrado Dan Donovan con la superstición. La figura atravesó una abertura que había en el ángulo más alejado del campo. una piedra lisa situada cabe un espino junto a una laguna bastante profunda.

Todo el mundo de esta comarca sabe perfectamente a qué me estoy refi-riendo (y todo el mundo relacionó entonces con eso mismo lo que yo había visto). No es ninguna fantasía mía. pues él venía a caballo y nos había dicho que se pararía a verlos marchar y luego vendría corriendo a casa. Procuraré contárselo a ustedes de la mejor manera posible. Todo anda bastante bien. dijo a mi madre: -Echa el cerrojo. Por fin oímos su vozy sus enérgicos golpes en la puerta. bajándome con aire muy deprimido. o cual-quier otra cosa que te pueda preocupar. Entró con la montura y las bridas en la mano. Y. y no hay ningún problema entre el amo y yo. que estaba tirándole de la mano. Pero aquella noche tenía un aspecto deprimido. Mi madre y yo estábamos sentados junto a la chimenea charlando y vigilando que la cena de mi padre se mantuviera caliente en el fuego. si se quiere. tesoro.años. se volvió hacia mí.Molly.Mickey. con una fatalidad singular que durante casi ocho años se ensañó con nuestra familia. se me ocurriría pasar por allí. mujer. así como los cria-dos de la granja. nos encontrábamos esperando a que volviera a casa mi padre de la feria de Killaloe. Sabíamos que volvería antes que los mozos que traían el ganado. -Bueno. -Alegra esa cara. con mis brazos aún en su cue-llo. las dejó junto a la pared. querido -dijo mi madre. y él me cogió en sus brazos y me besó. si es así. Yo era pequeño y ligero para mi edad. vol-vía a casa algo alegre y achispado y con las mejillas arreboladas. cumplidos ya los catorce años -es decir. pálido y triste. Aquella aparición la relacioné enseguida con un acontecimiento misterioso o. y mi madre se levantó a abrirle. cosa que. Me había quedado acompañando a mi madre. y lo mismo las demás cosas. y cuéntame si se ha vendido bien el ganado y todo ha salido bien en la feria o si has tenido algún problema con el amo. se dirigió hacia la lumbre y se sentó en un taburete con los pies extendidos hacia la turba candente y las manos apoyadas en las rodillas.Las vacas se han vendido bien. Mick. cerca de la puerta. un año después de la referida visión en el campo de la laguna-. Mick. muy pocos chicos de mi edad habrían podido decir del suyo. Recuerdo la noche en que. salvo los hombres que volvían de la feria con el rebaño. querida -contestó él. y. . mira esa cena caliente que te está esperando y atácala. cuando había feria o mercado. y dime si hay alguna otra novedad. -Bienvenido a casa. nada. pues me encan-taba aquel tipo de vigilias. Mis hermanos y hermanas. celoso de su atención. Meehal -dijo ella besándolo cariñosamente. Yo no creo haber visto nunca a mi padre borracho. que estaba ponién-dose nerviosa-. Lo cual no significa que no se tomara su vaso de whisky como todo hijo de vecino. y. -Que Dios te bendiga. se habían retirado ya a descansar. en toda la comarca. y él. gracias a Dios. tras acariciarla de nuevo.entonces. -No. y luego rodeó con los brazos el cuello de su mujer y la besó tiernamente. Ella obedeció.

y después a un lado y luego al otro. en realidad ha ocurrido algo que me ha quitado las ganas de tomar nada. -Nada -contesté nuevamente. Dando a mi padre una palmada en el hombro para animarlo un poco. ¿verdad? -dijo en voz muy baja volviéndose hacia mí. padre -dije yo-. si es que a eso se le puede llamar un gato y no otra cosa peor. pues sabía lo que significaba la aparición del gato blanco. y.hasta que conseguí llegar aquí y llamé a la . Él le apretujó las manos. a restregarse el lomo contra mis espinillas. y que Teigue vio ayer una gran rata blanca en el granero. Así que te diré lo que ha pasado. mirándome todo el tiempo con sus ojos centelleantes.. mi madre se apoyó en él. lo besó y luego se echó a llorar. Bueno. después de dejarlo -me había llevado conmigo la montura y las riendas. que pareció más bien un gemido. -¿Que has cenado en el camino sabiendo que te esperábamos en casa. -No ha sido ninguna rata ni ningún conejo. tratando de repo-nerse. como el animal estaba muy tranquilo..y no tengo ganas -contestó. y juraría que lo oí aullar al pegarse a mí -tan pegado como estamos nosotros dos. y con ganas de llorar. nada más que la montura y las riendas que traías en la mano.y luego.Molly. recordé que los mozos iban por el camino con el ganado y que nadie cuidaría del caballo si no lo hacía yo. y exhaló un fuer-te suspiro. que se me acerca dispuesto. -No ha entrado en casa nada conmigo. empezó a murmurar para sí.. con aspecto muy apurado. -Mejor -dijo mi padre. lo conduje fácilmente por todo el camino.no voy a andarme con misterios contigo. Fue al volverme. -Cuando subía por la vereda. -¡Que el Señor se apiade de nosotros! -exclamó mi madre. Mi padre terminó su relato. Me han dicho que el domingo pasado cayó en una trampa un conejo blanco en el bosque de Grady. en voz baja y con la vista fija en el fuego.-Ya he cenado en el camino. y a lo mejor a saltarme al cuello y pegarme un mordisco. -Has interpretado mal lo que he dicho -repuso mi padre-.. pues a lo mejor me queda ya poco tiempo de estar aquí. He visto al gato blanco.cuando lo vi aparecer por detrás de la hierba que hay junto al camino y ponerse primero delante de mí y luego detrás. Yo estaba también terriblemente asustado. y así un rato. Mira. Mi madre se había dejado vencer por el pánico y estaba rezando de nuevo. el cual. de repen-te tan páliday d escompuesta como mi padre. -Nada. Tenía el rostro húmedo y reluciente por los sudores del miedo. Yo sabía que estaba recitando sus oraciones..Molly. si me quedo quieto.. así que pensé que podía dejarlo en el campo de abajo. Mi madre esperó un rato a que terminara su plegaria y luego le pre-guntó dónde lo había visto por primera vez. No irás a decirme que confundo una rata y un conejo con un gato blanco grande con unos ojos verdes más grandes que platos y el lomo arqueado como un puente. agregó con una risita-: ¡Eh! Seguro que es una broma que me estás gastando. tras hacer la señal de la cruz. Bueno. -Nada de color blanco ha llegado hasta la puerta conmigo ¿verdad? -repitió. con tu mujer levantada y todo lo demás? -le regañó mi madre. y luego se pasó su mano grande por la frente una o dos veces.

era en aquel tiempo propietario de la vieja granja de Drumgunniol. Fue la his-toria de siempre. como era de suponer. ya no queda allí ningúnColeman. una bonita muchacha de la familia de losColeman. Y no falló tampoco esta vez. YEllen Colemanmurió con el corazón destrozado. como habéis oído. Poco después reanudó su relato. ¡que Dios le haya perdonado!. con estaMaryCollopy. Pero se portó mal con ella: le prometió el matrimonio y la convenció para que se fuera con él. Tam-bién bebía lo suyo y maldecíay blasfemaba cuando se enfadaba. Ocurrió de la siguiente manera: Mi tío abuelo. según me contaron-. un aviso de su muerte inminente. Se casó.y es probable que esta familia se haya extinguido. Connor Donovan. Con Donovan -mi tío abuelo. me temo. mi tío abuelo era un hombre cruel. Mi buen amigo Dan Donovan hizo una pausa. por desgracia. pero al ser ella tan hermosa podía esperarse hacer un buen casamiento. amén de libertino. Le habría gustado tener hijos. Pero aquello no le quitó el sueño al inhumano labriego. y deduje que era por el des-canso de aquella alma desaparecida. y. Se había cansado de ella. no lejos de Capper Cullen. Pero el dinero no ablanda un corazón duro. y estaba casi siempre seco en . Yo hablé hace tiempo con muchas personas ancianas que recordaban con nitidez todo lo relacionado con este caso. a mí mismo y. y quería triunfar en el mundo. pues tomó en arriendo Balraghan durante unos años e hizo mucho dinero. a todos los miembros de esta fa-milia de labriegos. setenta ovejas y ciento veinte cabras.. ¿por qué una circunstancia tan simple agitaba a mi padre. a mi madre. finalmente. peor casamiento que el suyo. pero no tuvo ninguno. en aquel encuentro con el gato blanco. pues todo lo demás le salía a pedir de boca. Pues bien. por el movimiento de sus labios comprendí que estaba rezando. ni el padre de mi padre. pues. Era más rico de lo que nunca llegaría a ser mi padre. pero al final no cumplió su palabra. Aquel mal fario no había fallado nunca hasta entonces. con un terrible presentimiento? Sencillamente por-que todos y cada uno de nosotros sabíamos que mi padre había recibido. Se llamabaEllen Coleman. volvía de la feria de Negagh. Acabó casándose con una joven de los Collopy que tenía una gran fortuna: veinticuatro vacas. mi padre cogió una fiebre que se había propagado y murió antes de un mes. y este tipo de personas suelen ser crueles de corazón. noventa años sería más exacto. de lo que convenía a su alma. Una semana después. Un riachuelo atravesaba entonces la carretera -habían construido un puente hacía poco en aquel punto. Los años del hambre acarrearon grandes cambios.puerta. Hace ya ochenta años que esta maldición anda asociada con mi familia. En aquella época vivía en las montañas. Una noche. Pero.LosColemanno eran ricos. y fue ésta la única cruz que tuvo que llevar. más. y se hizo todavía más rico. imposible.Según me han con-tado.la veía a veces en los mercados y fiestas patronales. ¿Ochenta años? Bueno. y se enamoró de ella..

como les he dicho. seguía aterrorizado y persistía en su obstinación. durante el velatorio. y encontrarse así a unos doscientos metros de su puerta. Había luna llena y mi tío esta-ba muy enojado por la resistencia del animal.verano. Cuando lo llevaron a su cama vieron claramente las marcas de cinco uñas en la piel de su espalda. Se bajó para llevarlo de las riendas. Al alcanzar la abertura. Más muerto que vivo. Estuvo hablando un buen rato -con el sacerdote. Al acercarse a la «abertura». La puerta. Su mujer no sabía qué pensar. dado que pasaba. repitió su historia. Por alguna razón. pero aseguró que no había reconocido la cara de la figura que había visto en la abertura. lo hizo bajar hasta el lecho con la intención de franquear la abertura que había en el otro extremo.y mandó llamar enseguida al sacerdo-te. junto a él. aunque un tanto a su manera. Desde aquel momento. al pasar bajo el amplio ramaje del roble. mi tío abuelo no volvió a recuperarse. pipas y tabaco sobre la mesa. con pocas revueltas. . y taburetes para las personas que quisieran entrar. o creyó ver. mi tío abuelo entró. Por supuesto. y Con Donovan. sobre todo porque no le encontraba ninguna explicación. una cosa blanca que. donde se había abatido el golpe espectral. por alguna razón especial. Aquella marcas extrañas -según decían. Ciertamente tenía un secreto que contar. deslizándose lentamente por el terreno en la misma dirección y dando de vez en cuando unos pequeños saltos. permaneció abierta. pues todo el vecindario sabía de sobra que era el rostro de la muertaEllen Colemanel que había visto. estornudó y le entró un terrible ataque de temblor. vio claramente. taciturno y atribulado. mientras la puerta permanecía abierta para la recepción. presa de terror. Cuando estaba seco. pero el animal reculó. Pero nadie lo creyó. donde permaneció inmóvil. como correspondía a un labriego tan importante y acaudalado. Lo encontraba muy débily enfermo. cerca de la vieja granja de Drumgunniol. que la gente utilizaba entonces como atajo para llegar hasta la casa. perdió la poca paciencia que le quedaba y. a una mujer a la orilla del lago con el brazo extendido. cuando hubo alcanzado los dos fresnos junto a la granja. Era el principio del verano. al pasar a su lado. mi tío abuelo dirigió su caballo hacia aquel riachuelo seco y. Se vol-vió un hombre asustado. no era mayor que su sombrero. cabe el roble. todo él tem-blando y echando vapor. vio. con el corazón apesadum-brado y la conciencia intranquila-. aunque estaba segura de que algo muy malo le había ocurrido. Como aquella noche había luna. Mi tío abuelo le gritó y lo espoleó en vano. Pero. De repente. Podría haberlo divulgado con total franqueza. alcan-zó la puerta en un santiamén. irrumpió en maldiciones y blasfemias. hubo velatorio. Había candelabros alrededor de la cama. Contó lo que le había pasado. el caballo se puso en movimiento de un arreón. según él mismo describió. hacía las veces de carretera. la cual. el caballo se paró en seco. y con la caída de las primeras hojas del otoño murió. En este caso particular se siguió. a pesar de las caricias y latigazos de su amo. Cuando se hubo recuperado lo suficiente para poder hablar -aunque como quien se encuentra en su última hora. empleando con saña el látigo y las espuelas. al verse tan cerca de la casa. tenían el color de un cuerpo alcanzado por un rayoquedaron grabadas en su carne y le acompaña-ron a la tumba. los preparativos de la cere-monia fueron algo diferentes de lo habitual. La práctica corriente es colocar el cuerpo en el gran salón de la casa. una disposición distinta: el cadáver se colocó en una pequeña habitación que daba a la más grande. le asestó un fuerte golpe en la espalda que le hizo dar con la cabeza sobre el cuello del caballo. pero que no podía decir con seguridad qué era exactamente ya que se movía a lo largo del seto y desapareció en el punto hacia el cual él se estaba dirigiendo. Vol-vió a montarlo. el animal.

o manto. se paró en seco. Si la mano de mi tío abuelo había estado extendida por el suelo. échese atrás! -exclamó des-pavorida la mujer que estaba cerca de ella cogiéndola repentinamente por el vestido. al acercarse a la cama una de las mujeres a coger una silla que había dejado al lado. ¿Para qué puede querer él un pie tuyo? -exclamó uno desdeñosamente. En los años que llevo vividos he amortajado a muchas personas. con los ojos más grandes que platos de peltre. que centelleaban a la luz de la luna! -¡Hala. -Dadle una vela -convinieron todos.Y. mirando fijamente a la cama que ahora se veía perfectamente. -Que alguien me dé una vela. pero nunca había visto nada semejante. Pero. Tú estás chiflada. ¿Por qué no cogiste una vela.Una vez amortajado el cadáver. dijo: -¡Que me muera ahora mismo si no tenía la cabeza levantada y esta-ba mirando fijamente a la puerta. Todos se estaban santiguando. -¡Sacadlo de ahí ahora mismo. casi podría jurar que he visto también que sacaba tres veces el brazo de la cama y lo arrastraba por el suelo para agarrarme por los pies. por lo que la largaMrs. -¡Shhh! ¿Queréis callaros? -exclamó la cabecilla perentoriamente-. una mujer delgada y tiesa. sin luz.no sigas hablando. tal y como la despavorida muchacha la había dejado. -Con vela o sin vela. ¿Quién de vosotros ha dejado entrar ese gato aquí. y rodeada por un auditorio boquiabierto. mujer de Dios? -dijo una de sus compañeras. lo he visto -insistióMolly-. -Sandeces. a pesar de sus comentarios anteriores. Después del crepúsculo. sin duda éste la había recogido bajo el lienzo que lo cubría. qué dices. una vez que hubo recuperado el habla. lo dejaron solo en esta pequeña estancia mientras hacían los preparativos para el velatorio.Doolan. Pero no había avanzado más que unos pasos con la vela en alto cuando.Doolan. salió de la habitación con un grito. Que alguien lo saque de ahí ahora mismo. ¡vamos! Cada cual retransmitió la orden. Con el ruido que estáis haciendo no oigo nada. por todos los santos del cielo -dijo la vieja Sal Doolan. con semejante bestia encima. de la manera sobrenatural antes descrita. La puerta estaba medio abierta.Molly. vamos! -ordenó horrorizada ante semejante profanación-. anda! Eso es lo que has imaginado al entrar en la habitación oscura. y tirando con fuerza de ella mientras todos los que la seguían retrocedían alarmados por su vacilación. y. musitando sus conje-turas y aprensiones sobre la naturaleza de aquel bicho. como un demonio! Que Dios me perdone por mentar al maligno en esta habitación. pero sin que nadie pareciera dis-puesto a ejecutarla. que iba rezando todo lo deprisa que se lo permitían los labios y encabezaba el grupo con una vela de sebo. sosteniendo la vela en alto para ver mejor la habita-ción. -¡Que Dios nos bendiga!¡Mrs. mujer! Tú estás chiflada -dijo uno de los mozos de la granja. no había ni uno de ellos que no pareciera pálido y asustado mientras seguían aMrs. -¡Eh. que sabía rezar casi como un sacerdote.Doolan no corrió ningún peligro de tropezar con ella al entrar. y de quien es? -preguntó mirando con rece-lo al gato blanco que se había acomodado sobre el pecho del cadáver. lo que es más. como una cerilla. con el rostro demudado. ¡El amo de la casa. que no era un . ésta se aventuró en el interior. cogida con los dedos.

El día antes de que mi tío Teigue perdiera la vida por la explosión de su fusil. aunque él parecía estar bien en aquella época. con semejante resulta-do.Doolan lo oía maullar a sus talones donde quiera que iba. El gato blanco seguía sentado donde antes. siempre que dejaban solo al hombre muerto. hasta que la puerta se abrió finalmente para el velatorio. Y el monaguillo. Y el que haya adoptado la forma de gato -el más frío y. tras lanzar una mirada torva a todos los presentes. lo oía saltar sobre el respaldo de su sillón cuando ella se sentaba. Mrs. y transcurrió un buen rato antes de que los más temerarios se atrevieran a echar otro furtivo vistazo. y sin olvidarse de echar agua bendita. «zarzos». Es sencillamente el mensajero de la muerte. y ponerse a maullar a su oído. armados de palas. y dedu-jeron que se había escabullido entre sus piernas mientras estaban en el umbral. vio a un gato blanco sentado debajo de la pequeña ventana del cuarto donde yacía el cuerpo de mi tío abuelo mirando fijamente a los cuatro pequeños cristales cual gato que ojea a un pájaro. Ningún fantasma se ha asociado nunca tan indisolublemente a una familia como esta nefasta aparición a la mía. como si no hubiera sido molestado en ningún momen-to. De nuevo se reprodujo casi la misma escena. sí de manera muy parecida a como se le había aparecido a mi padre. cerraron bien la puerta con cerrojo y candado. Rezando y santiguándose. De repente. En resumidas cuentas. y enterrado con todas las debidas ceremonias. Pero el gato ya no estaba allí. por muchas precauciones que toma-ran. según dicen. lo que la hacía saltar con un grito y una plegaria. se pusieron finalmente a buscar bajo la cama. cerrando bien la puerta tras ellos. Generalmente. el fantasma mantiene una relación de afecto hacia la familia afligida a la que está hereditariamente asociada. y. el más vengativo de los brutos.es bastante indi-cativo del tenor de su visita. Todos salieron a empellones de la estancia en medio de una espantosa confusión. Así. el lienzo. sobre el pecho del muer-to. pero ahora saltó tranquilamente por un lado de la cama y desapare-ció por debajo de ésta. y. ya he acabado con él. Pero hay una diferen-cia. convencida de que el bicho iba a morderle en el cuello. donde mi tío abuelo guardaba su contrato de arrendamiento y demás papeles. si no exactamente igual. maullando despacio pero feroz-mente conforme se acercaba. aunque no lo veía. mientras que este bicho es claramente sospechoso de malignidad. Una vez muerto mi tío abuelo. Y así prosiguió para estupor y terror del vecindario. al mirar a su alrededor bajo los ramajes del viejo huerto. . siempre que alguien entraba en la habitación veía al gato encima del cadáver. se le apareció al atardecer. a la mañana siguiente. sobre el pecho del hombre muerto. sólo que algunos dijeron después haber visto al gato escondido debajo de una gran caja que había en un rincón de una habitación exte-rior. horcas y otros aperos por el estilo. fue deslizándose lentamente a lo largo del cuerpo exánime hacia ellos. Cuando a mi abuelo le llegó la hora de la muerte. Pero. así como su libro de oraciones y rosarios. que a modo de cobertor bajaba casi hasta el suelo. el gato se colocó sobre el cojín que había junto a la cabeza del cadáver y. el gato estaba allí acompañándolo fatídicamente. al abrir la puerta encontraron el gato blanco sentado. el gato se le apareció.gato de la casa ni nadie había visto nunca. lo ocultó a la vista. Pero no he acabado aún con el gato blanco.

Cada miembro de nuestra familia que muere. unas veces grandes y otras más pequeñas. a la hora del atardecer. La pobre murió también. en Drumgunniol. al atrave-sar la cerca de la granja de Drumgunniol. donde el gato se encaramó al espino blanco que hay allí y desapareció de su vista. que se puso a su lado. ve antes fatídicamente al gato blanco y sabe que ya le quedan pocos días de vida. sólo un mes después. Mi tío se hallaba lavando el cañón de su fusil en el lago. ella estuvo a punto de desmayarse aunque logró llegar hasta la puerta de la casa. Mi pobre tíaPeg-que se casó con un O'Brian. La hierba es baja allí. e. . Mi hermano pequeñoJimlo vio también tres semanas antes de morir. hasta que llegó al huerto. a las dos o las tres de la madrugada. No se explicaba cómo se le había acercado.junto a la laguna. y no había ningún escondite alrededor. en el campo en el que yo vi a la mujer caminando por el agua. con la cola nerviosamente arqueada y un verde amenazador en los ojos. como ya les he contado. pero el hecho es que lo vio de repente cerca de sus pies. donde lo perdió de vista. De vuelta del velatorio. el animal seguía dando vueltas a su alrededor. o enferma de muerte. cerca de Oolah. vio al gato blanco. hiciera lo que hiciera mi tío.vino a Drumgunniol para asistir al funeral de un primo que había muerto a dos kilómetros de allí.

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