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El Dragon Volador

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La habitación del “Dragón Volador”y otros cuentos de terror y misterio

J. Sheridan Le Fanu

La habitación del “Dragón Volador”y otros cuentos de terror y misterio Prólogo LA HABITACIÓN DEL “DRAGÓN VOLADOR” PRÓLOGO CAPÍTULO PRIMERO - En ruta CAPITULO II - El patio de la BelleÉtoile CAPÍTULO III - Desposorios de Muerte y Amor CAPÍTULO IV -MonsieurDroqville CAPÍTULO V - Cena en la BelleÉtoile CAPÍTULO VI - Un sable desenvainado CAPÍTULO VII - La rosa blanca CAPÍTULO VIII - Una visita de tres minutos CAPITULO IX - Chismes y consejos CAPÍTULO X - El velo negro CAPÍTULO XI - El Dragón Volador CAPÍTULO XII - El mago CAPÍTULO XIII - El oráculo me cuenta cosas maravillosas CAPÍTULO XIV -Mademoisellede la Vallière CAPITULO XV - Extraña historia del Dragón Volador

CAPÍTULO XVI - El parque del castillo de la Carque CAPÍTULO XVII - El ocupante del palanquín CAPÍTULO XVIII - El camposanto CAPITULO XIX - La llave CAPÍTULO XX - Una cofia peraltada CAPÍTULO XXI - Veo a tres hombres en un espejo CAPÍTULO XXII - Embeleso CAPÍTULO XXIII - Una taza de café CAPÍTULO XXIV - Esperanza CAPÍTULO XXV - Desesperación CAPÍTULO XXVI - Catástrofe EL FANTASMA Y EL COLOCAHUESOS SCHALKEN EL PINTOR EL ESPECTRO DE MADAM CROWL RELATO DE CIERTOS SUCESOS EXTRAÑOS EN LA CALLE AUNGIER MISTERIO EN LA CASA DE LOS AZULEJOS EL GATO BLANCO DE DRUMGUNNIOL

Prólogo

La obra de Sheridan Le Fanu, aunque quedó relegada al olvido en los años posteriores a su muerte, se ha convertido con el tiempo en algo imprescindible en las antologías o colecciones de literatura sobrenatural y de terror, gracias, en gran medida, a la labor de otro de los grandes del cuento espeluznante, que la dio a conocer al gran público: M.R. James. Descendiente de una familia hugonote emigrada a Dublín en 1730, Le Fanu (1818-1873) consagró casi toda su vida a las letras y a labores edi-toriales, después de haberse graduado en elTrinity Collegede Dublín y haber ejercido la carrera de las leyes durante poco tiempo. De las revis-tas y periódicos que publicó a lo largo de su vida cabe destacar elDublin University Magazine,que fue conocido y apreciado internacio-nalmente. Parece que nunca abandonó Dublín, y su vida estuvo marca-da por la ausencia de acontecimientos exteriores, lo que se acentuó tras la muerte de su mujer. Acabó convirtiéndose en un auténtico recluso que ni siquiera frecuentaba a sus amigos más íntimos, dedicándose a escribir sus narraciones en la oscuridad y a meditar sobre cuestiones espirituales relacionadas con la filosofía de Swedenborg, por lo cual empezaron a llamarle «el príncipe invisible». Le Fanu fue un autor prolí-fico; escribió catorce novelas, treinta relatos cortos, algunas baladas y numerosos artículos. Muchas de sus novelas han sido olvidadas; sin embargo, algunas de ellas siguen siendo muy apreciadas en la actuali-dad:UncleSilas,The House by Churchyardy Wylder's Hand.Pero es en el relato corto donde sobresale con brillantez el arte narrativo de Le Fanu, y algunas de sus creaciones permanecen como auténticas obras maestras del género. Citemos simplemente Carmilla -precursora insigne de las mujeres vampiro- yGreenTea,en las cuales aparece otra de las grandes creacionesde Le Fanu: el doctorMartinHesselius, investigador de lo sobrenatural.

LA HABITACIÓN DEL “DRAGÓN VOLADOR”

PRÓLOGO

El curioso caso que voy a exponerles lo trata el doctor Hesselius de manera penetrante, y más de una vez, en su extraordinario ensayo sobre las drogas en la oscura Edad Media. En este ensayo, que el autor titulaMortisImago,se trata acerca del Vinum laetiferum, laBeatifica, el Somnus Angelorum, elHypnus Sega-rum, elAgua Thessalliae y otras veinte infusionesy destilaciones, conoci-das de los sabios que vivieron hace ochocientos años, dos de las cuales, según él, aún son utilizadas por la cofradía de los ladrones, según reve-lan a veces investigaciones policiales. El ensayo en cuestión,MortisImago,ocupará, si no me equivoco, dos volúmenes, el noveno y el décimo, de las obras completas del doctorMartinHesselius. Debo señalar, para concluir, que dicho ensayo está curiosamente enri-quecido con abundantes citas de poemas y textos medievales, las más interesantes de las cuales, por extraño que pueda parecer, son egipcias. He seleccionado este caso particular entre muchos otros igualmente sorprendentes, pero, a mi entender, menos interesantes desde el punto de vista narrativo; he escogido esta forma de relato particular simple-mente porque me parece más entretenida.

además del deporte del boxeo. La dama debió de oírme hablar a mi sirviente. Imposible mirar hacia adelante o hacia atrás sin divisar las nubes de polvo levanta-das por la marea de vehículos. asistido por mi criado. me apeé y. pues moduló sus pala-bras en un inglés tan bello y . le contesté. presuntamente deseosos de ins-truirse a través del conocimiento directo de otros países. Bufanda que se bajó unos instantes para darme un millón de gracias en francés. Yo debería haber observado el paisaje con mayor atención. así pues. se habían bajado. creo. eché gustoso una mano a los siniestrados. una sustanciosa cantidad en fondos consolidados y otros valores bursátiles. Todo el mundo parecía dirigirse a París en posta. y yo -superado definitivamente el ligero «jaque de los cien días» por el genio deWellingtonen el campo deWaterloo-me sumé a aquella riada humana en busca de enseñanzas. Una de las pocas cosas que yo sabía bien. al tiempo que dejaba al descubierto su peluca negra y hacía mil gestos de agradecimiento. era cautivadora. ¡ay!. que parecían poco avezados en aquel tipo de emergencias. iba embozado en una bufanda negra que le tapaba las orejas y la nariz. a las posadas donde los habían alquilado. Pero. se disponían a prestarles ayuda. pero mi cabeza estaba tan llena de París y del futuro que pasé por allí con poca paciencia y menos atención. Adelantábamos constantemente caballos de relevo que volvían. y dos criados.yla de los hombros que también se entrevieron unos instantes. Sutour-nure. calzados con buenas botas.y unas dos horas para que se hicie-ra de noche cuando llegamos a la altura de un vehículo que al parecer se hallaba en apuros.En ruta En el año de gracia de 1815 yo acababa de heredar. he olvidado. eso creo. siguiendo. el caballero se retiró al interior del vehículo. Tras varias inclinaciones de cabeza. extenuados y polvorientos. Parecía estar enfermo. con todo. como el de tantos otros lugares más importantes por los que pasé en aquel viaje apresurado. haciendo gala de una perfecta corrección gramatical. Eran tiempos difíciles para aquellos pacientes ser-vidores públicos. con veintitrés años de edad. No había llegado a volcar. la dama del bello tocado llevaba un tupido velo negro y no pude ver más que la filigrana del encaje mientras se retiraba. Una bonita cabeza de mujer tocada asomaba por la ventana del vehículo siniestrado. pues. Viajaba yo en la posta de Bruselas a París. un caballero anciano y enjuto sacó la cabeza por la ventanilla. era hablar francés. practicado por la generalidad de los ingleses de la época. calculo que faltarían unos seis kilómetros para llegar a un pintoresco pueblo fronterizo -cuyo nombre. aunque hacía calor. al tiempo que volvía a apare-cer la recatada y bonita cabeza. La primera caída de Napoleón había abierto el conti-nente europeo a los viajeros ingleses.CAPÍTULO PRIMERO . Casi al mismo tiempo. el itinera-rio que el ejército aliado había seguido hacía tan sólo unas semanas -un número increíble de carruajes haciendo la misma ruta-. Así que decidí desempeñar el papel de buen samaritano: mandé detenerse a mi sotacochero. pero los dos caballos de cabeza estaban caídos por el suelo. Los postillones.

el que presumí era su marido? Instintivamente.balbuciente. En mi audacia. y descubrí que. . Yo me consideraba un joven bien parecido -y creo que con total fundamento-. la idea del superior refinamiento va asociada con él. se plantó delante de una pequeña consola de una sola pata pegada a la pared. la elegancia del carruaje y el curioso escudo de armas. no me resultó por ello menos intere-sante. Los modales corteses de aquellas personas. ¡Qué mundo tan injusto! Pero en este caso hubo algo más. como es de suponer. que volví a maldecir el velo negro que se interponía entre ella y mi roman-cesca curiosidad. la corrección de sus cria-dos. y por los dos. dando uno o dos pasos. y el coche que seguíamos se detuvo en laBelleÉtoile. no me paré a preguntar en qué habitación podría encontrarlos. quedando grabada en mi recuerdo. sino que. El escudo de armas que figuraba en el panel del carruaje era harto curioso. Estaba abierta la puerta de un salón. todo ello hacía suponer que se trataba de personas nobles. El ave se sostenía sobre una pata. ¡Qué fascinación tan grande ejerce un títu-lo en la imaginación! No en la de personas esnobs o de escasa moralidad. además de a mi propia persona. Recuerdo perfectamente el emblema representado: la figura de una cigüeña pintada en color carmín sobre lo que los heraldistas deno-minan un «campo de oro». La superioridad de rango ejerce un influjo poderoso y genuino sobre el amor. antes bien. aparentando apatía e indiferencia. Permanecí unos instantes sin apartar los ojos de ella con la vaga espe-ranza de que se volviera y me diera la oportunidad de verle la cara. Yo no podía distinguir si el celoso velo estaba levantado. Se encontraba leyendo una carta.y con una voz tan dulce. Es. a través de su velo. sobre la que se ele-vaba un hermoso espejo con un marco desdorado. me di cuenta de que la dama me había mirado con ojos nada indiferentes. Los desconocidos se apearon y penetraron en la casa. Pero los que yo buscaba no estaban allí. Las despreocupadas atenciones del caballero llegan más hondo al corazón de la lozana lechera que largos años de viril devoción del honra-do leñador.y nadie podía poner en tela de juicio mi uno ochenta y pico de estatura. ¿Qué necesidad tenía la dama de darme las gracias? ¿No lo había hecho sobradamente. y lo mismo se puede aplicar a las demás capas sociales. Allí estaba el mismísimo sombrero del que me había enamorado. la dama se alejaba ahora de un joven y prudente caba-llero que la seguía con ardiente mirada y suspiraba profundamente con-forme la distancia se iba agrandando. y con la otra tenía agarrada una piedra. sino que. Pero no lo hizo. Nosotros seguíamos a paso lento. que quede bien claro.una confortable posada antigua. Era una estancia espaciosa. no lo perdiera de vista y se detuviera en los mismos puestos de relevo. y. sentí el poder de su mirada. creo. el emblema de la vigilancia. Su originalidad llamó particularmente mi atención. y bañada por la luz dorada del sol. Le dije al postillón que no se le ocurriera adelantar a aquel vehículo. Entré con el aire más inocente del mundo. Había también un par detenantesa cada lado. Dejando un reguero de polvo detrás de las ruedas. Subí las escaleras. Miré en el aposento de la derecha y luego en el de la izquierda. Yo me apeé a mi vez y subí los esca-lones indolentemente. aunque no recuerdo qué eran. La dama. contenía a otro ser vivo: a la precio-sa y elegante dama. La dama se hallaba de espaldas a mí. sino todo lo contrario. No tardamos en llegar a la pequeña población antes mencionada.

Debería haberme retirado con el mismo sigilo con que había entrado antes de que fuera advertida mi presencia. pues ella dijo entonces.El patio de la BelleÉtoile Aquel rostro era de los que enamoran a primera vista. mascullé unas disculpas y retroce-dí en dirección a la puerta. Ella se encargó de poner las cosas en su sitio. tan presta y eficaz. Seguía leyendo. y me embargó la sensación de estar cometiendo una impertinencia. de una tonalidad que los poetas modernos lla-man «violeta». como para quitar un poco de tensión a la escena: -No obstante. En aquel lapso. Yo estaba observando cada mirada y movimiento suyos. Pero mi interés era tan grande que quería quedarme unos minutos más. Inclinando la cabeza cuanto pude. melancólico. Fue más el tono distinto de su frase que el contenido de la misma lo que me dio renovado ánimo. Su rostro era ovalado. Ella no .Yo podría perfectamente haberlo confundido con un cuadro. ella alzó los ojos. Hasta distinguí las venas azules que recorrían la blancura de su garganta despejada. aquella carta debía de inte-resarle sobremanera. Nada podía superar la delicadeza (le sus facciones ni el lustre de su tez. Como tenía la mirada baja. me encontraba ante una estatua coloreada. Mi audacia se rindió ante aquella dama. en cuya lectura parecía estar enfrascada. pues la misma dulce voz que yo había oído antes dijo ahora fríamente. hasta los más mínimos. pues reflejaba el retrato de medio cuerpo de una mujer extraordinariamente hermosa. CAPITULO II . enseguida la dama bajó su velo negro y se dio media vuelta. no pude distinguir de qué color tenía los ojos. me alegro de tener otra oportunidad de agradecer amonsieurla ayuda. Como por entonces yo gozaba de una vista buena y penetrante. Eran ojos grandes. que ha tenido la bondad de pres-tarnos hoy. Aquellos espléndidos ojos melancólicos pasaron del espejo a mi per-sona con una mirada altiva. Sin duda le parecí arrepentido y confuso (confieso que así me sen-tía). Pensé que habría preferido que no la viera. Yo no había visto nunca una figura humana tan inmóvil. Sus finos dedos sujetaban una carta. Aunque también poseía una nota indefinible de sensualidad. sólo que sus párpados eran largos y sus cejas delicadas. Mi curiosidad dio paso a ese tipo de sentimientos que se adueñan tan rápidamente de los jóvenes. dulce. vi aquel bello rostro con perfecta claridad. y en francés: -Sin dudamonsieurignora que este cuarto es privado. con una aten-ción tan intensa como si me fuera en ello la vida.

sobre todo el que se produjera tan inmediatamente después del ligero reproche. -Sin duda. Los tomé de inmediato.necesitaba darme las gracias. nuestras habitaciones no podrán estar nunca desocu-padas. Los designamos simplemente por las habitaciones que ocupan. señor.y noté que había vuelto la vista rápidamente hacia una segunda puerta de aquella misma estancia.monsieur. Casi en el mismo momento se oyó una voz aflautada y nasal impartiendo órdenes a un criado. iba a aso-mar por ella a no más tardar.No nos interesa. supuse que el caballero de la peluca negra. al tiempo que agitaba la mano en dirección a la puerta por la que yo había entrado. una hora antes apro-ximadamente. -Ciertamente.monsieur. Ahora hablaba en voz baja y con timidez. Pertenecía a la persona que tan profusamente me había dado las gracias desde la portezuela del coche de camino. Todo aquello me resultó sumamente halagador.monsieurdebe saber que nadie suele contratar una alcoba si no piensa pernoctar. y. -¿Por quién? -Personasde distinción. Él contestó que lo sentía muchísimo. pero que el aposento y las dos habitaciones contiguas estaban ocupadas.. -Pero ¿quiénes son? Deben de tener algún nombre. dije que me gustaba y pregunté si estaba libre. -¿Cuánto tiempo piensan parar aquí? -Tampoco eso puedo decírselo. aunque tal hubiera sido el caso... tal era el nom-bre de mi posada).pero es tal la riada humana que se dirige hacia París que hemos dejado de preguntar los nombres o títulos a nuestros huéspedes. -En fin. espero me pueda dar algunas habitaciones. Son los únicos que hay ahora mismo libres. Mientras las cosas sigan así. ciertamente no estaba obligada a hacer-lo de nuevo. Bajé las escaleras henchido de felicidad y fui directamente a hablar con el dueño de laBelleÉtoile(como ya he dicho.. -Monsieurtendrá la amabilidad de retirarse -dijo la dama con un tono que parecía de invitación. su celoso marido. por lo menos no se irían hasta la mañana . -¡Me habría gustado tanto alojarme en esos aposentos! ¿Es también dormitorio alguno de ellos? -Sí. voz cada vez más próxima.Monsieurpuede disponer de dos aposentos. Estaba claro que aquellas personas pensaban parar allí. Hice de nuevo una profunda reverencia. en la parte de la casa que sea. Describí el aposento del que acababa de salir. o título. di unos pasos atrás y cerré la puerta. por cierto.

Un criado estaba cerrando con llave una de las portezuelas. parecidos a los que en Inglaterra se llamaban antiguamente sillas de posta. -¡Bonita esa cigüeña roja!-observé. sin duda el emblema de una familia distinguida. la cual descubrí que daba al patio de la posada. Esta luz hace que todo nos resulte pintorescoy nos interesen cosas que. en medio del espectáculo visual y sonoro que en semejante tipo de lugares suele acompañar a los momentos de especial trajín y vaivén. El criado se quedó mirando el napoleón de su mano y luego volvió la vista hacia mí. Los criados más atareados trajinaban de un lado a otro. recién salidos de los establos.que no puedo decirlo. Así pues. cuando sus caballos se halla-ban caídos en el suelo? -Es el conde. El sol estaba ya próximo a ponerse y arrojaba sus rayos dorados sobre las chimeneas de ladrillo rojo de los obradores. No cedí al desaliento. como el mío..estaban sobre el pavimento esperando su turno de relevo.. Tras una pequeña búsqueda di con el vehículo que andaba buscan-do. Muchos caballos estaban siendo liberados de los arneses. bajé corriendo hasta la puerta trasera y. y a la joven dama la llamamos la condesa. haciendo que los dos toneles que. El criado me miró unos instantes mientras se metía la llave en el bol-sillo. parecieran incendiados.siguiente. y la escena en su conjunto parecía animada y divertida. me encontré en el empedrado desigual. Tomé posesión de mis habitaciones y miré por la ventana. calientes y cansados. con la mirada fija en la enseña del vehículo. pero no sé. en un santiamén. -¿Me puedes decir dónde viven? -Por mi honor. y los que no tenían nada que hacer se paseaban o bromeaban. Puede ser su hija. en el sobrio gris de la mañana. las cuales estaban provistas de auténticas cerraduras. con una sincera expresión de sorpresa. sino que le administré ese laxante que en muchas ocasiones actúa de forma muy venturosa sobre la lengua y que no es otro que una propina. ¡No lo sé! . servían de paloma-res. mi criado y yo prestamos hoy ayuda en una emergencia. y dijo. -¡Monsieures muy generoso! -No hay de qué. Empecé a sentirme como quien se embarca en una aventura.apuntando al escudo de armas de la puerta-. y otros. colocados en la punta de sendos postes. En medio de todo aquello creí reconocer al vehículo y a uno de los criados de las «personas linajudas» que tanto interés despertaban en mí en aquel momento. como sin duda recuerdas. con un saludo y una sonrisa ligeramente sarcásticos: Monsieur eslibre de hacer conjeturas. ¿Quiénes son la dama y el caballero que han viajado en este carruaje y a quienes. Me detuve a unos pasos. para ser sustituidos por otros. Numerosos vehículos -unos priva-dos.monsieur. nos podrían parecer aburridas.

De su boca no he podido recoger ninguna información. cuyo nombre he olvidado ahora. El otro. asentimientos y encogimientos de hombros. pero no habla nunca salvo para impartir órdenes. Creo que aquel hombre decía la verdad. ¿Comprendido? Y ahora. A ése le deberás sonsacar todas las cosas que puedas. y no la joven dama que lo acompaña. Era un encargo que se adecuaba a las mil maravillas a los gustos y temperamento de mi dignoSt. No podré descansar hasta que no descubra algo sobre esas personas linajudas que tienen sus aposentos debajo de los míos.. Estoy seguro de que se burlaba de mí en secreto. Por supuesto. Pero no creo que le vaya a contar nada. en menos que canta un gallo. estaba perfectamente al corriente de los usos y costumbres de sus compatriotas. una vez que estemos en París. márchate ya.Clair. Fue aquélla una cosecha bastante pobre para tan dorada siembra. Tras varias miradas de complicidad.cierra la puerta y ven aquí. donde poco después se hurtó a mi vista en medio de tanto carruaje estacionado. -Nada que valga la pena contar. Bueno. CAPÍTULO III . había nacido en Francia. -¿Y dónde estámonsieurPicard? -Ha ido al cuchillero a que le afilen las cuchillas. Aunque lo había traído conmigo de Inglaterra. Ya me he entrevistado con uno de los dos.Clair. por supuesto. es el venerable gentilhombre. el mayordomo demonsieurel conde. Toma quince francos. y que me habría revelado con toda honestidad los secretos de aquella familia de haber estado al corriente de alguno. espero enterarme rápidamente de todo. pero su expresión no delataba nada que no fuera cortesía y complacencia. era un tipo habilidoso y vivarachoy. como habrán observa-do. con quien.monsieur. y lo sabe todo. busca a los criados a los que hemos echado hoy una mano. Me despedí cortésmente y volví a subir las escaleras rumbo a mi habitación. ¡Vuela! Y vuelve con todo tipo de pormenores y circunstancias interesantes.Desposorios de Muerte y Amor . toma con ellos un petit soupery ven luego a contarme toda su historia. se retiró. -St. me había acostumbrado a hablar con esa familiaridad especial que la antigua comedia francesa impone entre amo y criado. MonsieurPicard.A mí me contrataron en Bruselas el día mismo de la partida. había bajado al patio. que no sabe nada y así me lo ha hecho saber. es el mayordomo del noble desconocido. Pero ahora sé de ellos más o menos lo que usted.mi compañero. que me muero por conocerlos.. el que me interesa sobre todo. ha pasado muchos años a su servicio y lo sabe todo.monsieur. desde mi ventana vi cómo.-¿Que no sabes dónde vive tu amo? Seguro que sabes de él más cosas que el nombre. Llamé de inmediato a mi criado.

. y ésta parece haberse detenido. Saqué de su caja mi irreprochable sombrero y lo coloqué suavemente sobre mi sagaz cabeza. quería echar un vistazo antes de bajar. aplasta su agraciado semblante contra los cristales de la ventana tara-reando tonadillas que le aburren. pues oí dos voces con-versando. pero hay muchos estados de ánimo en los que uno no puede leer. Pero. cuando no sabe qué hacer consigo mismo. cuando a un hombre solo lo co-rroen la impaciencia y el suspense. en los tiempos de los que hablo. y luego se alejó de la ventana.Cuando el día se alarga demasiado. cuando nuestro hombre bosteza. la luz vino a faltarme. ante el espejo. Y me esmeré al máximo en mi aseo personal. y me peiné el cabello. en una palabra. como leemos en las novelas deWalter Scott. Mi melena era entonces abundante. me ajusté mi gargantilla blanca. desapare-ció el último rayo horizontal de sol. empapé el pañuelo en eau-de-Cologne (a la sazón carecíamos de la gama de esencias con que los perfumistas nos han colmado desde entonces). quedando sólo un resplandor cre-puscular. Dicho llana-mente. le ha sucedido ahora una docena de cabellos completamentecanos . Y la voz que le con-testaba hablaba con un tono dulce que también reconocí al punto. vaguísima esperanza de que aquellos ojos pudieran posarse en el irreprochable atavío de un esclavo melancólico y conservaran la imagen quizá con una secreta aprobación. la desagradable voz masculina reía.era fruto de mi devoción a los maravillosos ojos que había contemplado unas horas antes por primera vez. Suspiré al unísono con aquella hora melancólica y abrí la ven-tana de par en par. Toda aquella atención a mi aspecto personal para dar un simple gar-beo por el patio. de las que somos esclavos. era. Di un par de vueltas por la habitación y suspiré. luego. bajo mi ventana. o por la entrada de laBelleÉtoile. cuando el minutero de su reloj viaja tan despacio como la manilla horaria. Pero no hablemos de cosas que puedan mortificarnos. todo aquello estaba hecho con la vaga. espesa y castaño oscura. ati-plada y nasal. la cena era aún una comida sustanciosa. La otra voz seguía cerca de la ventana. Noté que la ventana debajo de la mía estaba también abierta. es muy de lamentar que ese hombre no pueda ha-cer más que una vez al día una comida suculenta de tres platos. la reconocí al instante. sobre un cráneo lustroso y rosa que no guarda prácticamente ningún recuerdo de aquélla. tamborilea en la mesa con los dedos. Mientras ultimaba los preparativos. esa ligerísima inclinación que la persona inmortal antes mencionada acostumbraba a imprimir al suyo.. pero no tanto como al prin-cipio. nos niegan ese recurso. de manera que yo casi dejé de oírla. y me habría importado un ardite que la heroína y el héroe se hubieran ahogado juntos en la barrica que veía en el patio. ¿cómo emplear los tres cuartos de hora que faltaban todavía? Es cierto que llevaba conmigo para el viaje dos o tres libros entrete-nidos. creí. el inmortal«Beau». y que nunca jamás podría olvidar. «completaron mi equipo». Por supuesto. aunque no pude distinguir qué estaban diciendo. Mi novela yacía abandonada en el sofá junto con mi manta de viaje y mi bastón. La voz masculina era muy curiosa. ¡Qué gran consuelo! Sin embargo. y ya se acercaba la hora. imprimiéndole. A micheveluremorena. en la medida en que me lo permitían la memoria y la práctica. que en aquella época era para mí un motivo de orgullo y que retocaba con frecuencia. El diálogo duró sólo un minuto. como ya les he contado. . con rizos naturales. doblada y atada a la manera de Brummel. con una especie de sátira demoníaca.Me puse un chaleco de piel de búfalo y mi cha-qué azul de botones dorados. Un par de ligeros guantes franceses y ese tipo de bastón nudoso parecido a una porra que tan en boga estuvo en Inglaterra durante un par de años. Las leyes de la materia.

evidentemente no había nada excitante en aquel coloquio. pasé por la puerta del conde lo más despacio que pude. En aquellos tiempos todo el mundo renunciaba a sus refinamientos habituales. -¡Basta ya. Me he atrevido a hacer una traducción torpe. pero la fortuna no me sonrió. me ha oído subir la venta-na. Como no podía pasar toda la noche en aquel pasillo recogiendo mi bastón. podía ser que algunas personas hicieran en tales circunstancias lo que nunca habían hecho antes. Fácil adivinar a quién va dirigida su música. Salí de mi habitación embargado por una agradable emoción y. Puedenestar seguros de que tardé bastante tiempo en recogerlo. pues en las posadas reinaba el más completo desorden. Dejé caer mi bastón al suelo del pasillo. y haber podido intervenir como enmendador de entuertos y defensor de la belleza ultrajada! Pero. de la letra: Muerte y Amor se desposaron y ahora acechan en paciente emboscada.madame!-exclamó la voz vieja con brusca severidad-.pude distinguir perfectamente la letra. al despuntar el alba o caer la tarde. de una mezzosoprano. No estamos aquí. creo saber. decidí bajar al vestíbulo. por una vez. fuera una esclava! Seguro que sabe quién ocupa el aposento que está encima del suyo.No era un altercado. Consulté el reloj y vi que sólo quedaba un cuarto de hora para el comienzo de la cena. se amplificaba y temblaba! ¡Cómo me emocionó y me trastornó! ¡Qué lástima que un viejo grajo destemplado tuviera poder para amedrentar a semejante Filomena! ¡Qué vida tan contradictoria!. había una nota de patetismo y un poco también de burla. MuerteyAmor a su presa atrapan acechando en paciente emboscada. Entre los aislantes menos espesos. Así.Huelga recordarles que la voz cantada suena más que la hablada. supuse. pero con tal violencia que bien podría haberse roto algún cristal. la belleza de una Venus y el talento de todas las Musas. El timbre de suvoz tenía acaso exquisita dulzura característica. si un juez hubiera tenido que pronunciarse por el carácter de los tonos que oía. filosofé. y a quién has sospechado que va dirigida. así. Unos instantes después. el conde y la condesa ocuparan sendos asientos en la mesa común? . ¡Qué no habría dado yo para que hubiera sido una tri-fulca -y cuanto más violenta mejor-. viejo celoso. ¡Qué voz tan encantadora la de aquella condesa! ¡Cómo modulaba. ¡ay!. pero fidedig-na. al bajar al piso inferior.madame. cerró la ventana. ¡Que una hermosa condesa. en la entonación. creí detectar. mozaymozo se escogenyreúnen. la dama empezó a cantar una extrañachanson. ni siquiera el murmullo de su conversación. La voz de la dama rió alegremente. el cristal es sin duda el más eficaz. Había pocas probabilidades de que la bella cantante apareciera en aquel momento. Y el anciano. supongo. Ardiente suspiro o gélido aliento enloquece o entumece a élya ella. Ya no oí nada más. ¿Sería posible que. junto a supuerta. con la paciencia de un ángel. para divertir con nuestra música a los cria-dos y palafreneros. -Parecéis buscar disputa. aquellos dos podrían haber sido la pareja más tranquila del mundo.

Puedo asegurar que aquel par de Inglaterra pisaba muy fuerte en el mundillo político y que su nombre sonaba como el más probable suce-sor para el distinguido puesto de ministro plenipotenciario inglés en París. Tenía un aspecto amable y donoso. mirando. en cam-bio.CAPÍTULO IV -MonsieurDroqville Abrigando aquella emocionante esperanza. Yo asentí. e inmediata-mente se presentó como el marqués de Harmonville (esta información me la facilitó en voz baja) y pidió permiso para ofrecerme una carta delordR***.Beckett. Mi perplejidad no pudo ser mayor al leer acto seguido: . que parecía rondar los cincuenta. y una agradable luz de luna iluminaba el paisaje. Llevaba un rato de pie sobre los escalones. ¡Qué dulce melodrama si ella resultaba ser la hija del conde y estaba enamorada de mí! ¡Qué deliciosa tragedia.Ya se había hecho de noche. Luego habló del marqués como de un hombre cuya enorme riqueza. bajé premiosamente los escalones de laBelleÉtoile. Me preguntó si no sería yo por casualidad un talMr. Mi romance se había intensificado desde mi llegada a la posada. los efectos lunares que transformaban los objetos y los edificios de aquella callejuela. como he dicho. como yo. y de sus modales se desprendía un aire de distinción tal que resultaba imposible no suponer que se trataba de una persona de abolengo. y aquella luz poética no hacía sino poten-ciar mis sentimientos. Me abordó. tan afablemen-te había emprendido. quien le explicará la índole de los servicios que quizá esté en su mano hacerle a él y a nosotros. y leí: Miquerido Beckett: Me permito presentarle a mi queridísimo amigo el marqués de Harmonville. íntimas relaciones con las viejas familias y legítimo influjo en la corte lo hacían la persona más adecuada para esas misiones amistosas que. con esa cortesía a la vez natural y altiva que caracteriza a un noble francés de la vieja escuela. Yo recibí la nota con una reverencia. para satisfacer el deseo de su soberano y de nuestro gobierno. si resultaba ser la esposa del conde! Con este talante autoindulgente fui abordado por un caballero alto y de buena planta. quien conocía algo a mi padre y en otro tiempo me había hecho a mí también algún pequeño favor.

No conocía a nadie llamado Haxton ni. tengo motivos para agradecer a mi buena estrella que se haya producido ante un caballero de honor. que ahora devuelvo.. . Me temo que sea algo grave. M. por razones que entende-rá después. y aquel aristócrata escribía como si fuéramos amigos íntimos. En estos momentos me dirijo a la ciudad. mientras que esa carta va dirigida aMr.Por cierto. ¿Qué puedo decir. y que conozco. Walton estuvo aquí ayer. y me dijo que era proba-ble que su escaño se encontrara seriamente amenazado... el mar-qués -de acuerdo con todos nuestros amigos. Yo le agradecí sinceramente aquellas muestras de amabilidad. -¿Qué disculpas puedo presentar amonsieurel mar. Miré el reverso de la carta y quedó resuelto el misterio. R*** Estaba completamente desconcertado.prosiguió-. Suyo afectísimo. a excep-ción de mi sombrerero. a muchos amigos. en esta lamentable circunstancia? Solamente puedo darle mi palabra de caballe-ro de que. donde espero ver. aunque muy poco. pero esa carta no va destinada a mí. -No tengo la menor duda de quemonsieurBeckett va a respetar mi pequeño secreto. a nadie que respondiera al nombre de Walton. Sabe que me resulta muy complicado intervenir. dice. pues la mirada de penosa tur-bación que durante un buen rato se había asomado al rostro del mar-qués se iluminó ahora. Yo me llamoRichardBeckett. incluir su nombre en la lista de mis amigos. Lamento en lo más profundo que haya podido producirse semejante error. pues yo era simplementeRichardBeckett. espero. y no puedo decir nada más.Stanhope Beckett. esta carta. no cabe duda. Normandía.no sabe lo contento que me sentiría si logra-ra convencerle para que vaya a visitarme a Claironville. será un secreto tan inviolado como lo era antes de abrirla.. Puedo decir que la sinceridad de mi pesar y mi buena fe debían de leerse en mi semblante con total claridad. Debería haberle dicho antes que.P» Miré atónito al marqués.MonsieurBeckett me permitirá. Como estaba de Dios que se iba a producir un error. se decía lo siguiente: « ParaGeorgeStanhope Beckett. éste sonrió amablemente y me tendió la mano.ha renunciado a su título durante unas semanas y que se hace llamar simplementemonsieurDroqville.. Yo no podía presumir de ser amigo delordR***. para mí. Esq. amonsieurDroqville? Es cierto que yo me llamo Beckett. ni aun con la mayor cau-tela. Monsieur. de que algo se está tramando en Domwell.. Pero me permito aconsejarle que envíe enseguida a Haxton a que averigüe qué es lo que está ocurriendo. Para mi gran consternación. diputado por Shillingworth. a los que quizále interesará conocer. alordR***. o hacer. el 15 de agosto. cuando haya hablado con él cinco minutos.

cerradas con llave. lo que hacía más siniestro aún aquel rostro repelente. comprobará que.. es vigi-lante. entre tanto -prosiguió-. donde ahora reinaba la calma. qué bien! La cigüeña es un ave de presa. los tiros y los muelles. Me sentía halagadísimo. Un símbo-lo muy apropiado. salvo algunos carruajes desperdigados. Pertenecía a un oficial francés. le había caído bien al marqués. Tal vez el marqués juzgaba prudente asegurarse de la buena disposición del involuntario conocedor de un secreto político. lo circunvalé.. sepa que nuestra comunicación no se interrumpirá aquí. la estremece-dora voz y la exquisita figura de la bella dama que se había apoderado de mi imaginación volvieron a imponerse rápidamente sobre cualquier otra consideración. desapareció por la puerta que daba acceso a laBelleÉtoile. me sumí en un sueño encantador. agregó: . Detrás de mí se oyó una voz sorda: -¡Una cigüeña roja. supuse. y las portezuelas. vesti-do con el uniforme de faena. Tal vez en aquellos momentos se encontraba cenando la servidumbre. Una pronunciada cicatriz le bajaba de la frente a la nariz. mi atención volvió a centrarse en la romántica luna mientras bajaba los escalones. Las cortinas del vehículo estaban echadas. Así.. con una risita burlona. A los pocos minutos me hallaba de nuevo en el patio de la posada. El lugar ruidoso de una o dos horas antes estaba ahora completamente en silencio y vacío. Era ancho. El oficial alzó la barbilla. sin que nadie me estorbara. por los motivos que us-ted supone perfectamente. Me sentía especialmente a gusto en medio de aquella sole-dad y. -Y. Preguntándome cuántas veces se habrían posado los ojos de ella en el mismo objeto. le facilité la información que deseaba saber. Me estaba comportando de la manera necia y sentimental como se comporta un adolescente con ocasión de su primer amor. Estaba claro que. por vago que éste fuera. de uno noventa de estatura aproximada-mente. ¡Como la sangre! Ja.Por supuesto. Yo permanecí un rato en medio de la escalinata ponderando la nueva amistad que acababa de hacer. rapaz y pesca gobios. Me planté ahora delante del blasón pintado de la porte-zuela que examinara antes con luz solar. como se suele decir. si se le ocurre alguna manera en la que pueda serle útil monsieur Droqville. enarcó las cejas y. Tras despedirse con su especial galanura. dirigí mis pasos hacia el coche de mi amada. Continuó: -Por el momento no puede ver a mis amigos. Peromonsieurtendrá se-guramente la amabilidad de hacerme saber en qué hotel piensa albergarse en París.. Avancé por mitad de la calle entre extraños objetos y entre casas antiguas y pintorescas. ja. Pero los maravillosos ojos. feo y torvo. y que yo dispondré las cosas de manera que pueda usted dar conmigo fácilmente. en un estado de ensoñación y de reflexión. en mi casa de París. Y roja. La claridad de la luna prestaba nitidez a cada objeto y proyec-taba sobre el empedrado la sombra afilada y negra de las ruedas. Con renovadas muestras de gratitud. le agradecí efusivamente su hospitalario ofrecimiento. Este tipo de simpatías a primera vista suele cristalizar en amistades de larga duración. bañado también por la luz de la luna. Me había vuelto y estaba mirando el rostro más pálido que jamás había visto. aunque el marqués de Harmonville se encuen-tre ausente. monsieur Droqville se va a ocupar igualmente de usted. Permanecí un rato ante él.

monsieur. pues creo recordar que casi tocó el mío. atrapar al ladrón. CAPÍTULO V . compuesta de unos treinta individuos. La enigmática arenga de aquella persona. Yo acababa de recibir uno de esos sustos repentinos que tanto nos sobresaltan cuando. pero el marqués de Harmonville. a quien no había esperado ver en un lugar tan público. -Se encogió de hombros y esbozó una risita perversa-. empezó a conversar conmigo casi de inmediato.Cena en la BelleÉtoile El ejército francés estaba en aquella época de un humor pésimo. En este caso. No era fácil conseguir que un personal tan atareado como el de laBelleÉtoilesirviera la cena en los aposentos privados en medio de la gran confusión reinante a la sazón. Y eran precisamente los ingleses los que menos probabilidades tenían de ganarse su simpatía. muchas personas a las que no les gustaba la mesa común podían acabar haciendo de la necesi-dad virtud si no querían morirse de hambre. monsieur! Se dio bruscamente la media vuelta y salió del patio con paso marcial. pero París es tal vez la capital más peligrosa que pueda visitar un caballero joven y generoso sin la compañía de un mentor. por tanto. con una sonrisa significativa. Tras confirmarle que así era. prosiguió: -No debe conceptuarme como una persona demasiado curiosa e impertinente. creyéndonos perfectamente solos. el efecto se intensificó con la extrema fealdad de aquel rostro y. ¿comprende?.cuando un hombre como yo. un hombre de energía. El conde no se hallaba entre los comensales. ja. a veces sin nada que lo cobijara. En cualquier caso. Mire. en busca de las perso-nas que tenían un interés especial para mí. ¡Ja.. por su proximidad. un hombre de una extraordinaria presencia de ánimo que ha dado la vuelta a Europa debajo de una tienda y. y.-En cierta ocasión abatí por mera diversión a una cigüeña que se creía a salvo en las nubes. escudriñando con la vista a aquella pequeña asamblea. es difícil que no lo consiga.. aún resonaba en mis oídos. ensartar a un bandido en la punta de su espada. sacar a la luz un delito. era obvio que el caballero cadavérico que acababa de apostrofar el blasón del carruaje del conde con tan mis-teriosa acrimonia no había dirigido su malevolencia contra mí.. ¿verdad? -dijo. parbleu! . Estaba picado por algún antiguo recuerdo y se había marchado encendido en cólera. Yo le obedecí. ja!Adieu. Si no tiene a ningún amigo experimentado que lo acompañe durante su visita. Entré en el comedor. que pareció com-placido. -Hizo una pausa. Tal vez el chismorreo de los comensales arroja-ba nueva luz sobre el tema que tanto me interesaba. Sin embargo. vino a alimentar la fecunda imaginación de un amante. decide descubrir un secreto. y él. una silla vacía que había a su lado. ni tampoco su bella compañera. me señaló. . Era la hora de la cena. -Es ésta la primera vez que visita Francia. llena de odio y retintín. descubrimos que nuestras payasadas han sido observadas de cerca por alguien.. puedo añadir también.

Yo le hice saber que no tenía semejante amigo. descorazonado. Sin embargo. -A pesar de todo. La mayoría vive del juego. Para empezar. En París. comportamiento y conver-sación no tienen igual. Venía con una bolsa de treinta mil libras esterlinas. Pero aquí se hace de una manera más elaborada. que los creen sinceramente personas distinguidas porque sus costumbres son dispendiosas y lujosas y sus casas son frecuentadas por extranjeros de campanillas y. con mueblesdel gusto más refinado y exquisitamente lujosos . hijo delordRooksbury que reventó dos mesas de juego parisienses el año pasado. Algunos de sus miembros hasta vive espléndidamente. se limita a facilitar a sus cómplices la manera de desplumar a sus invitados. -Veo -dijo riendo. sobornos y otros artificios. pero que me manten-dría vigilante. y vive mucho mejor. cuando tenía su edad. generan un estilo de villanía no menos peculiar. están aquí muy extendidas. sino que ade-más habían tomado las debidas precauciones contra el mismo. Veo que usted tramó el mismo plan. imagi-naba. la clase que vive de la Pillería es tres o cuatro veces mayor que en Londres. Le confesé que me había preparado para una empresa de mayor envergadura aún. Son más ingeniosos que los granujas londinenses. antes incluso de empezar la partida. entre las clases criminales. descubrirá que hay grandes diferencias -dijo-. e imaginaba que los tramposos que tenía enfrente no sabían nada al respecto. en cierto modo también. esperaba hacer saltar la banca gracias al simple procedimiento de doblar siempre la apuesta. por una regla que impedía doblar la apuesta original más de cuatro veces consecutivas. La supuesta pareja anfitriona raras veces se une al juego.que usted ha venido aquí a hacer lo mismo. El marqués sacudió la cabeza mientras esbozaba una sonrisa. -Igual que la mayoría de los granujas londinenses. sirviéndose de compin-ches. Mi interlocutor se encogió de hombros con una sonrisa en los labios. y así me vi frenado en mis planes. donde se apuesta muy alto. Y las dotes de comediante. -Pero yo he oído hablar de un joven inglés. son más activos e imaginativos. que varían según el tipo de impostura. y es así como timan y roban a forasteros acaudalados. sin ir más lejos. -Sí. y que venía bien provisto para ello. particularidades que. -¿Y esa regla sigue aún en vigor? -pregunté yo. . y con unafinessereal-mente exquisita. pero de manera muy distinta. Estos valiosísimos atributos los sitúan a un nivel completamente diferente. La gente que vive de un arte siempre lo entiende mejor que cualquier aficionado. y merced a su mayor conocimiento de los juegos de azar desvalijan a los incautos haciendo trampas. Esos granujas saben adoptar los modales de las clases distinguidas y se mueven entre el lujo como pez en el agua. mi joven amigo. Había oído hablar de ello. No cabe duda de que cada nación tiene sus particularidades intelectuales y morales. por jóvenes necios delbeaumondefrancés. la naturaleza humana era fundamentalmente la misma en todas las partes del mundo. reuní una suma del orden de quinientos mil francos. luego descubrí que no sólo estaban al corriente del truco. de las que sus compatriotas andan poco sobrados. billares y otros antros. Hay gente cuyos modales. y viven en casas preciosas en los barrios más ele-gantes. traté de llevar a término la misma arries-gada empresa. que había visto mucho mundo en Inglaterra y que. Yo también. entre los que destacan las carreras. Algunos de estos individuos imponen respeto incluso a los burgueses parisienses. En todas estas casas se juega fuerte. -Por supuesto que sí. Son habitués de ciertos lugares de juego.

se limpió la boca con furor y. -Tras unos minutos de silencio. y aparte también del valor. tendones. habría considerado casi un deber el presentárselo. Le di mis más sinceras gracias por su valiosísimo consejo y le rogué tuviera la amabilidad de darme cuantos consejos se le ocurrieran. He reconocido a su criado y he ido a visi-tarle a sus aposentos. Hace quince años habría sido el tutor ideal para usted. deje el dinero en el banco en que esté. cortés y honorable que siempre he conocido. y sin tener en cuenta que yo valgo por seis hombres en el campo de batalla. y el hombre más sensato de este mundo. La noche que decidí saltar la banca perdí entre siete mil y ocho mil libras.-Cualquier conocido de mi queridísimo amigolordR*** me intere-sa. ya pueden . que no hay bicho viviente en esta sala que sane más deprisa que yo..Alyre. -Creo que la he oído cantar esta tarde. joven.prosiguió: -¡Nadie! ¡No es sangre. El tono con el que dijo esto fue seco y estentóreo. Un golpe accidental mientras se daba la vuelta en su asiento. Ahora estaba profundamente interesado. tras beber un trago deMâcon. Un inglés rico como usted. -Por el honor de un soldado. -Pues. estoy encantado con usted. aparte de estos atributos que me han sido dados. a la que lleva al menos cuarenta y cinco años. no debo per-derle a usted de vista. merced a esta excepcional capacidad de cicatrización que poseo. alegre y generoso. El caballero de que hablo no es otro que el conde deSt. pues me sentiría muy mal si. -¿Y la dama? -La condesa creo que es digna en todos los sentidos de un hombre tan bueno -contestó con un tono algo seco. Para mi siguiente aventura conseguí introducirme en una de esas elegantes casas de juego que pasan por ser mansiones privadas de personas de distinción y me salvó de la ruina un caballero a quien desde entonces he tratado cada vez con mayor respeto y amistad. y. si exceptuamos una cosa. aunque creo que sin ningún moti-vo. tuviera que decirle que lo han desplumado en París.. hay mil vam-piros y arpías que se pelearán por tener el privilegio de devorarlo. Al volverme reconocí al oficial cuyo rostro ancho y pálido casi me había asustado en el patio de la posada. -Sí. donde he podido comprobar que es el mismo hom-bre valiente. Da la casualidad de que dicho caballero se encuentra ahora en esta casa. con una suma tan grande depositada en bancos de París.. además del respeto que siento hacia él. y que. por todos los ángeles de la muerte que pelearía desnudo contra un león y le arranca-ría los dientes de un puñetazo y lo azotaría con su propia cola hasta darle muerte. huesos y músculos. Está entroncado con una familia de recio abolengo. Digo que. -Pues que está casado con una criatura encantadora. es terriblemente celoso. Si no viviera ac-tualmente tan al margen de la vida social. la próxima vez que vea usted a mi amigolordR***. me da la impresión de que es una persona con muchas cualida-des. En aquel momento recibí una especie de codazo de mi vecino de la derecha. No arriesgue ni un solo napoleón en una casa de juego. sino licor! ¡Milagro! Aparte de la estatura. -¿Qué cosa? -vacilé. si quiere un buen consejo -dijo-. Es el honor personificado. así que le ruego perdone mis preguntas y mis consejos tal vez demasiado indiscretos. y casi me hizo sal-tar en mi asiento. prosiguió-: En fin.

tragó en cinco minutos más humo del que se necesitaría para que se asfixiaran aquí todos ustedes. eh! ¡Ja. se reirían con ganas. con armas ytenantesblasonados en la portezuela y una cigüeña más roja que mis hazañas? El camarero no lo sabía.¡Sus hazañas serán celebradas en toda Europa! ¡La historia de estas guerras debería escribir-se con su sangre! -¡Bah! ¡No tiene importancia! -exclamó el soldado-. El marqués había cerrado los ojos y me pareció resignado y asqueado todo el tiempo que duró la escena. -Dicho lo cual.. ecco un galant'uomo!-exclamó con marcial éxtasis un italiano bajito y regordete que fabricaba mondadien-tes y cunas de mimbre en la isla deNôtreDame. un tajo con un sable en toda la palma. caballeros. cortando así la hemorragiay salvando mi vida. Ocho días y medio después estaba yo haciendo una marcha forzada. que la naturaleza me devolverá mi integridad en menos tiempo que uno de vuestros sastres remienda una vieja casaca. En aquella misma ocasión recibí dos balas de mos-quete en los muslos. La sangre está bien derramada.dijo-. lo hubie-ra atado a mi pierna por encima de la herida y hecho un par de nudos. De forma aparentemente accidental.. y en medio minuto había perdido la suficiente como para llenar un jarro. contra los muros del convento de Santa María de la Castidad. atravesarme. caballeros. ja! Y todo eso en un periquete.. -¿Y están aquí. se alojan en el primer piso-contesté. cuya mirada se había vuelto de repente torva y grave.Alyre. caballeros.caballe-ros. en Ligny. había perdido demasiada sangre y desde entonces estoy más pálido que el culo de un plato. y estaba más fresco que una lechuga.dijoluego el oficial. y el trozo mayor de una espoleta en la frente. y cinco días después estaba jugando a la pelota con un general inglés. que recibí cuando intenté salvar mi cabeza. un trozo de obús me atravesó la pierna y me abrió una arteria. ¡No está mal. se fijó ahora en mí. Por primera vez hablaba en voz baja-. Pero no importa. El otro día. por el mismísimo Lucifer! ¡Aquello sí que fue una batalla! Cada uno de los que allí había. suturado con tres puntos. con un pie descalzo. -Garçon!. ¡En Arcole. un fragmento de metralla en mi deltoides izquierdo. El excéntrico oficial. hasta el hueso. en laBelleÉtoile? . apartando ligeramente la silla de la mesa.destrozarme.. Parbleu!. Miren mi mano. y era otra vez la vida y alma de mi com-pañía. monsieur. Hizo ademán de levantarse. Un minuto después debería haber expirado si no me hubiera arrancado el fajín en un santiamén.bravissimo!Per Bacco. ¿Quién ha venido en ese carruaje amarillo oscuro y negro estacionado en mitad del patio. y pude oírle perjurar y mascullar insultos para sus adentros con ceño fruncido y huraño. volviéndose en su silla para llamar al camarero. No habría sabi-do . -Bravo. prisionero en Madrid. Perosacrébleu. si me vieran desnudo. metralla en la pantorrilla. se concentró en su botella de vinordinaire. un sablazo que me arrancó una libra de carne del pecho. despedazarme con balas de cañón. una lanzada en mi hombro izquierdo. parecía haber delegado en otros comensales la tarea de dirigir la con-versación general. un bayonetazo en el cartílago de las costillas del lado derecho. pero ¿no le he visto por casualidad hace un rato examinar junto a mí el escudo de armas de ese vehículo? ¿Me puede decir quién llegó en él? -Yo diría que el conde y la condesa deSt. donde hicimos de los prusianos cien mil billones de átomos. Pero enseguida volvió a sentarse. -Sí. Todo eso son simples menu-dencias.preguntó. La sangre me brotaba como por una chimenea. -Perdone.

y mi pensamiento res-plandeciente y sereno.monsieur.-Haga el favor de poner la botella sobre esa mesa. que sea bueno de verdad? -Puedo traerle el mejor borgoña de Francia. Me volví para decir un par de cosas al marqués. ¿Puedo quedarme aquí una media hora? -Naturalmente.Hace un año se alojó aquí durante una semana aproximadamente. mi bella condesa! ¿No nos vamos a conocer nunca?» CAPÍTULO VI . « ¡Ah. Había llenado mi cuarto vaso cuando caí dormido. Dos o tres tarugos de leña ardían en el fuego. -Es el hombre más pálido que he visto en mi vida. en un gran sillón de roble esculpido que tenía un respaldo maravillosamente alto y que pare-cía más viejo que Matusalén. Otras personas se habían retirado igualmente.Un sable desenvainado A un hombre que ha viajado todo el día en la posta.monsieur. y la partida de los comensales no tardó en dispersarse. -¿Viene a menudo por aquí? -Sólo ha venido una vez antes.más de una vez lo han confundido con un aparecido.monsieur. -¿Me puede servir una botella de borgoña.dije-. pues la noche se había vuelto fría. además. no tiene ningu-na preocupación y está sentado solo junto al fuego en un confortable sillón tras haber cenado en abundancia se le puede perdonar perfecta-mente si echa una cabezadita. Fui a sentarme junto a la chimenea. ha cambiado de clima cada media hora. Me sentía muy a gusto. -Eso es bien cierto. Debo señalar que mi cabeza estaba inclinada en una postura incómoda. y un vaso al lado. pero éste se había marchado. Tuve un sueño mientras echaba aquella cabezada junto a la lumbre.monsieur. el vino era excelente. se siente a gusto consigo mismo.monsieur. .¿Podría decirme quién es ese oficial? -Es el coronelGaillarde. -Garçon.decir si estaba alarmado o furioso. todo el mundo sabe que la cocina francesa no es el mejor aperitivo para un sueño apacible.

y me llevé un susto de espanto cuando el cuerpo que yacía sobre el catafalco (sin moverse). envuelto también con tela negra. poco a poco. sálveme!» Noté que no podía ni hablar ni moverme. hacía frío. Rompiendo el hechizo con un esfuerzo descomunal. por arriba y por abajo. procure no tener sueños peores que los que ha tenido esta noche -dijo con tono enigmático mientras meneaba la cabe-za con una risita entre dientes-. Otra.Mee ncontraba en una catedral inmensa. Durante unos instantes no sabía ni quién era yo. en el que se dibujaba una sonrisita de triunfo infernal. -¡Cielo santo!-exclamécon la respiración entrecortada y mirando a mi alrededor. El lugar parecía vacío. con su correspondiente secreto. Una. monsieur. jovencito. hasta que todo el hilo quede bien liado en mi pulgar y logre dar con la otra punta. -Estoy tratando de descubrirlo por mí mismo -dijo-. Oí un sonido parecido al paso lento de dos personas avanzando por la enlosada nave lateral.Alyre. Las dos personas que se acercaban salieron entonces de la oscuridad. y mi vista sólo alcanzaba (al tenue res-plandor de los cirios) hasta un pequeño radio. Lo poco que veía tenía ese carácter sobrio del estilo gótico y ayudaba a mi imaginación a dar forma y amueblar el vacío negro que me abisma-ba. desde el otro lado de la lumbre. y creo que lo conseguiré. Sueños peores -repitió.Alyre. que me estaba mirando con sarcasmo. temeroso de que se me hubiera escapado alguna palabra ofensiva por el papel que él había desem-peñado en mi sueño-. ¿no es cierto? -dijo entornando un ojo con aire pensativo y mirándome fijamente con el otro ojo. Estaba paralizado por el miedo. -Eso depende de a qué ella se refiera. pálido como la muerte. -Así lo creo. -Bueno. El coronel. se deslizó hacia la cabeza de la figura. Un eco apagado daba idea de la vastedad del lugar. pero el rostro ancho e inicuo del coronelGaillardeme estaba mirando. el coronel de semblante pálido marcado por una cicatriz. Estaba perfectamente despierto. se había tomado una demi-tasse de café noir. sí. por mucho trabajo que me cueste seguiré el hilo tramo a tramo. de la que emanaba un agradable aroma de coñac. . el conde deSt. sobre el que. -Me quedé dormido y he estado soñando -dije. -Usted es el joven caballero que está hospedado encima del conde y la condesa deSt. sin otra luz que la que prove-nía de los cuatro cirios colocados en las esquinas de una especie de estra-do cubierto por un paño negro. Me embargaba una horrible sensación de expectación. Cuando tenga sujeta una punta del hilo entre el índice y el pulgar.contestó secamente el coronel. sobre la que posó sus manos largas y delgadas.yahora estaba bebiendo su copa. de un lado a otro. de esta y esa manera. yacía el que me pareció ser el cadáver de la condesa deSt. -¿Qué quiere decir el señor coronel? -pregunté. ¡Por favor. así es-contesté. -¿Dónde está ella? -exclamé con un estremecimiento.Alyre. me dijo con una voz susurrante que me dejó helado: «Vienen a enterrarme viva. me puse de pie y proferí un grito ahogado. colocó las manos bajo los pies de la joven y entre los dos empezaron a levantarla. Ingenioso.

qué fuerte hay que ser para vivir en ellas!. de esos que tanto se valoraban entonces. estaban cerradas. por supuesto.luego se produjo una pausa. sobre un pedestal. ha recibido algunas heridas peligrosas en la cabeza. leía. Siempre fue un combatiente temerario. -¡Ah. Yo soy un simple aficiona-do. No les aburriré con efectos de luz de luna ni con las ensoñaciones de un hombre que se ha enamora-do instantáneamente de un hermoso rostro. Estatua que estaba mirando también un hombre delgado y bastante alto. a quien reconocí al instante: no era otro que el marqués de Harmonville. habría hecho fortuna como espía. -Yo espero una carta. -Me temo que no. una estatua de piedra desgastada por varios siglos de lluvia.Estas pequeñas pobla-ciones de provincia. salí sin otra compañía que mi recio bastón.monsieur. Napoleón. ¿Es bueno el vino de aquí? -dijo con una mirada inquisitiva hacia mi botella.¿no? ¡Más astuto que cinco zorros juntos! ¡Más despierto que una comadreja! Parbleu! Si no me hubiera importado rebajarme. -Más que bueno -dije-. y no le habrían traído esta pócima. Diré simplemente que mi paseo duró una media hora y que. Supongo que sigue usted mañana su viaje a París.. Cualquiera de las dos cosas mesacarían de aquí. que me reconoció a su vez casi inmediatamen-te. lo alzó con una reverencia y lo bebió despacio. Pero algo hay que hacer para matar el tiempo. Como veo. . -¡Ah.Pero le doy mil gracias. Tiene la cabeza constantemente llena de pájaros.. Le buscaron un empleo. me encontré en una placita bordeada de casas con gabletes y en cuyo centro se erguía. Siguió hablando un rato mientras volvíamos despacio hacia laBelleÉtoile. Por desgracia... pero en su famosa campaña. Acepté aquella grave privación con la mayor resignación que pude y decidí darme una vueltecita por la población. -He pedido caballos. quienquiera que fuese. cómo no! Está un poco loco. Debería haberme dicho que le pidiera un borgoña.. Me libré de aquel hombre tan pronto como me lo permitió la buena educación y. Es una obra en la que todos los papeles están ya repartidos. lo llenó.sí. o permanecía sentada en su sillón pensando en. ni mucho menos! -exclamó con cierto desprecio. lo puso al mando de un regimiento. y ni siquiera tuve el pequeño consuelo de contemplar la misma luz que estaba contemplando en aquel momento la hermosa dama mientras escribía. sin ningún cargo de responsabilidad. cuando volvía dando un pequeño ro-deo. Dio unos pasos en mi dirección y dijo encogiéndose de hombros y riendo: -Le sorprenderá encontrar amonsieurDroqville mirando esa vieja figura de piedra a la luz de la luna... que yo aproveché para preguntarle si sabía algo del coronelGaillarde. -¿Puedo ayudarle de alguna manera para acelerar su partida? -me ofrecí. y sólo la amistad me ha empujado a tomar parte en ella. ¡Cielo santo.. bah! ¡No es de lo mejor. que no podía prescindir de nadie. Sólo sería capaz de renegar de una buena amistad hecha en mis años jóvenes si para cultivarla me obligaran a vivir en semejantes luga-res. también usted padeceennui. ¿Quiere un vaso el señor coronel? Tomó el mayor que encontró. pero volviéndolo a llenar-. Visité el patio y miré hacia las ventanas de la condesa. calándome el sombrero. Solía dar un tostón espantoso al personal del Departamento de la Guerra. o una llegada. Pero no puedo decir cuándo se producirá ese aconteci-miento.

en esta ciudad. Hice corriendo los cincuenta metros que me sepa-raban de allí y me encontré en el vestíbulo de la vieja posada. en la sombra de una hilera de álamos.monsieur. que el coronelGaillardeparó en laBelleÉtoiledurante una semana hace cierto tiempo. cuando el pequeño camarero pasó a mi lado. -¿Nunca ha sospechado nadie que esté loco? -Nunca. -No creía a mis ojos cuando reconocí el ave de presa roja. Mientras proseguía premiosamente hacia mi posada. pero un hombre muy astuto también.monsieur. la cual. me agarró del brazo.El marqués se detuvo en su puerta.Es un poco alborotador. Un poco por detrás del conde estaba la con-desa. Pero. con aire desencajado. tenía los ojos desencajados. y sus delicados dedos sostenían una rosa blanca. el coronel. le rebanaré la cabeza. le rechinaban los dientes y acom-pañaba sus denuncias estentóreas con zapatazos contra el suelo y moli-netes con su sable. Iba pensando en el coronelGaillardey. con elgarçonque me había servido el borgoña una hora antes. No podía creer que tuvieran la audacia de viajar por la ruta nacional. alojarse en una posada honrada y cobijarse bajo el mismo techo que otros hombres honrados. -Sí. sentí que ésta me iba a interesar a mí de manera especial. Ya se veían las luces de laBelleÉtoile. iluminado por la luna. pálidos de terror. y en el vestíbulo estaba teniendo lugar un furioso altercado. vestido con su traje de viaje. Dos camareros. presenciar una algarada. Permanecí unos segundos estupefacto. otra posada llamadaL'ÉcudeFrance. contemplabanla escena impotentes . en efecto.monsieur. que estaba plantado ante el viejo conde deSt. Resultaba evidente que se había visto interceptado cuando se dis-ponía a subir a su coche. -No sabe uno a qué atenerse -mascullé entre dientes mientras me alejaba. ¡Qué oportunidad tan buena se me brindaba! Me acerqué a la dama.Alyre. había un coche tirado por cuatro caballos. le hice señas de que se detuviera. si alguno de los dos trata de salir por esa puerta. ¡Pareja de vampiros.En la puerta. -¿Está en su sano juicio? El camarero puso ojos de plato. -Me ha dicho antes. El dueño de laBelleÉtoileestaba tratando de calmar al coronel. de demonios! ¡Llamad a los gendarmes. me tropecé. también con atavío de viaje. Imposible concebir una efigie más diabólica del odio y la furia que la personificada por el coronel. intuitivamente. o había.Hay. de lobos. El coronel no dejaba de berrear manteniendo la espada en alto. llevaba el rostro cubierto por su espeso velo negro. Se le notaban en la frente sus venas nudosas. A casi todos los jóvenes les gusta. cuando menos. y con su bufanda de seda negra cubriéndole la parte inferior del ros-tro. me dio las buenas noches de manera misteriosa y desapareció. deprisa! Por san Pedro y Lucifer que. . El actor principal de aquel extraño drama era. -Desde luego. si no recuerdo mal. Los berridos del coronel Gaillardese imponían a cualquier otro sonido.

que pueda olvidarlo. sin mirar a derecha ni izquierda ni dar las gracias a nadie. bajó los escalones y desapareció en el interior de su coche. que estaban algo achispados y no habían asistido a la dramática escena. Rompí su espada bajo mis pies y lancé los trozos a la calle. tal era el vendaval de deliciosas y diabólicas emociones que sen-tía dentro de mí. como mi conciencia me insinuó después. Entró en él. yo lo golpeé en la cabeza con mi macizo bastón. En un santiamén corrí al lado de mi bella condesa. Estaba a punto de preguntarle si tenía alguna orden con la que hon-rarme (mi mano reposaba sobre el borde inferior de la ventanilla. Adiós. Váyase.susurró en medio de su agitación-. y yo le cerré la portezue-la. Este horrible loco. Sus labios casi tocaron mi mejilla al decirme apresuradamente: -Puede ser que no vuelva a verle. Todo sin mediar una sola palabra. La mano de la dama se posó sobre la mía. le asesté otro golpe. y. que dio con sus huesos en el suelo. a consecuencia de mi ingeniosa idea.que no dejaba de lanzar invectivas. y plenamente decidido a partirme la crisma en dos. abandonada así a su suerte. que recompensó con creces el riesgo que yo corría. Ella la retiró. sin importarle otra cosa que no fuera mi condigno casti-go. ni si estaba vivo o muerto. casi en el mismo lugar. le ofrecí mi brazo. matón. cobarde! La dama dejó escapar un grito leve. tras una pausa de indecisión.Mientras él levan-taba su espada.-¡Oh. rufián. Todo aquello se produjo mientras el conde impartía órdenes. No me importó ninguno de sus galones militares. y la conduje hasta el coche. grité: -¡Sujete su lengua y despeje el camino. váyase! Yo apreté su mano durante unos segundos. y ¡ay!. silbaba en el aire para abatirme. -No tema nada. Éstos ocuparon ahora sus puestos con la agilidad que produce la desazón. ¿Qué podemos hacer? No quiere dejarnos pasar.Alyre salió disparado. ¡Por el amor de Dios. monsieur!. El viejo conde deSt. interponiéndome entre el conde y Gaillarde.La rosa blanca Yo era demasiado rápido para el coronelGaillarde. tímida pero nerviosa. en medio del claro de luna. Los látigos de los postillones chasquearon. Va a matar a mi marido.. que ella aceptó. los caballos empezaron a moverse y el coche se fue alejan-do con su preciosa carga por la pintoresca calle principal. supli-caba y maldecía a sus criados. . mientras la espada del frenético soldado. pero colocó en la mía la rosa que había estado entre sus dedos durante la agitada escena que acabábamos de vivir. CAPÍTULO VII .. que estaba abierta). donde quedó aparentemente muerto. rumbo a París. mientras él retrocedía. tambaleándo-se. e. en dirección de la puerta.madame-contestécon romántica devoción.

se tornó radiante. no había manera alguna de conseguir caballos aquella noche. me di la vuelta. El solícito dueño de laBelleÉtoiley sus ayudantes levantaron al héroe herido en mil batallas. también cabezas).Dicho lo cual. y. Ambos convenimos en que. así. al tacto de los cuales su semblante. dulce y precioso que ningún ojo mortal. pese a su extraordinaria capacidad autocurativa. e introdujeron un vaso de coñac. El último par de la ciudad lo había reservado elÉcudeFrance.Yo permanecí inmóvil sobre el pavimento hasta que se perdió del todo en lontananza. quedaba claro que entre nosotros dos se habían instaurado unas relaciones muy cordiales. de cabeza calva y con gafas. mi favor secreto. Mejor pasarse por mil que quedarse a un milímetro de la meta. El coronel fue conducido a su habitación roncando apopléjicamente. además del deseo de escapar de las fastidiosas pesquisas judiciales. en cualquier caso había una conmoción en la sede del pensamiento. había visto pasar de una mano a otra. lo apoyaron contra la pared. más que el suyo y el mío. que fue debidamente apuntado en su cuenta. coloqué en su mano treinta y cinco napoleones. invité al posadero a compartirlo conmigo. Con un profundo suspiro. apuntalándo-lo a cada lado con baúles y almohadas. que había amputado ochenta y siete piernas y brazos tras la batalla de Eylau. había motivos sobrados param antenerlo fuera de combate durante al menos un par semanas. y se había retirado con su espada y su sierra. para desear rea-nudar cuanto antes mi viaje a París. El lector supone sin duda que yo tenía otros motivos. como ven. hasta entonces poco simpático. con la rosa blanca dobla-da en mi pañuelo. mi pequeña prenda de despedida. Vi al posadero en la sala en la que habíamos cenado. donde por primera vez aquel delicioso elixir no fue ingurgitado desaforada-mente. mientras su talante distante se troca-ba en amigable. Cuando se emplea algún tipo de fuerza para conseguir un objetivo importante. Inmediatamente saqué a relucir el tema de la cabeza rota del coro-nel. en la proporción de dos vasos a uno.No hubo un solo camarero de la posada que no estu-viera dispuesto a corroborar bajo juramento la veracidad de aquella afirmación. Al principio creyó que el cráneo del arrojado coronel se había fracturado. acababa en el cadalso o en la guillotina. no se puede andar especulando ni escatimando medios económicos. y luego le dije que no debía rechazar un insignificante souvenir de un huésped que había quedado encantado de todo lo que había visto en la famosísimaBelleÉtoile.para un caballero que había almor-zado y cenado en laBelleÉtoileyque tenía que continuar hacia París aquella misma noche. ¿Quién era aquel caballero? ¿Había marchado ya? ¿No se le podría convencer para que aguardara hasta el día siguiente? . Yo sentí esto de manera instintiva. Se mandó llamar a un pequeño cirujano militar de unos sesenta años. en su gran boca. Como comprenderá cuál no sería mihorror al saber que. Ena quellos tiempos de inestabilidad política no estaba claro cuál era el pro-cedimiento en vigor para castigar a los criminales. en la que iba decidido a hacer saltar bancas y romper corazones (y. sus laureles y sus escayolas a esta su ciudad natal. Qué lástima si aquella excursión mía. el militar habría decapitado a la mitad de los huéspedes de la BelleÉtoile. Yo empecé a sentir cierta inquietud. si yo no hubiera dado aquel certero bastonazo. ni por ruegos ni por dinero. Pedí una botella del mejor vino que había en la posada. mientras se llevaba apresuradamente las monedas a los bolsillos.

. Era realmente un café buenísimo. Al cabo de un rato me aventuré a preguntarle al marqués de Harmonville si la dama que acompañaba al conde era de verdad la condesa.dime ahora quién es esa dama -le conminé. pero el marqués dormía como un tronco. del conde deSt. Asentí. Subí rápidamente a mi cuarto. Gracias. cayó completamente dormido en su rincón. Permítame que le recomiende que haga usted lo mismo: el café de aquí es realmente bueno. ¿a quién le importa? Recoge todas mis cosas.Alyre. según me dijo. -Esa dama es la hija o esposa. -Perdone que sea un compañero tan aburrido -dijo-. Como yo le dije que no necesitaba la bandeja. -Y bien. Ordenó dos tazas de café expreso y esperó con la cabeza asomada por la ventana. llevaba más de sesenta horas sin dormir. Al marqués le estaba entrando la modorra y.monsieurDroqvilley yo viajábamos juntos rumbo a París. eso creo. Está mohíno. y su nombre no era otro que el demonsieurDroqville. él se la colocó sobre las rodillas para que le sirviera de mesa en miniatura.Al verlo. puede decir lo que quiera. -Guardaremos las tazas -dijo al camarero que le traía las tazas-. idiota! Ese hombre estaba más borracho que una cuba. -¡Cierra el pico. Es una joven muy hermosa y encantadora. poco después.Clair. Hubo un pequeño retraso mientras él abonaba aquellas cosas. ya he echado un sueñecito. el anciano caballero que ha estado tan a punto de ser troceado esta noche. donde había tenido la suerte de conseguir caballos mandando por delante a su criado.St. -¿No tiene una hija? -Sí. hasta la siguiente posta. ¿Dónde se hospedamonsieurDroqville? Por supuesto que lo sabía. Quizá era ella. Tomaré aquí una taza de café. No se despertó. Es hija de un matrimonio anterior. Hoy sólo he visto al conde. según me han referido. no importa cuál de las dos cosas sea. -No soporto que me esperen los camareros mientras bebo el café -dijo-. luego pasó al interior del vehículo la pequeña bandeja y me ofreció una taza de café.El caballero se encontraba ahora en sus habitaciones recogiendo su equipaje. mis pensamientos cambiaron unos instantes de rumbo. siempre lo sabía todo. Yo también daba algunas cabe-zadas.Clair. Media hora después. y sólo durante un par de minutos. Me gusta saborearlo tranquilamente. en mi coche de camino y con sus caballos. No puedo contestarle con exactitud. donde encontré a mi criadoSt. Y la bandeja. por la espada del general a quienmonsieurha tenido la suerte de mandar a la cama con un buen ataque de apoplejía.

que oí chocar contra la calzada. doblando y guardando las cartas una a una. envuelto ahora en papel blanco. hacer volcar el carruaje. Éste me inspiraba toda una gama de sueños románticos. 1 mi voluntad no mandaba ya sobre mi cuerpo. la colocó sobre sus rodillas. Deseaba con todas mis fuerzas conciliar el sueño. que notó esto. se caló las lentes y sacó un fajo de cartas. se resignó afablemente a que nuestra con-versación fuera decayendo. El marqués era extremadamente simpático. Durante un rato el café nos volvió parlanchines. Nos pusimos en marcha antes de haber apurado las tazas. con sus peligros y seducciones.cerca del corazón. Mi compañero había vuelto a empaquetar sus cartas y estaba miran-do por la ventanilla mientras tarareaba el aria de una ópera. Repetí el esfuerzo varias veces. Avanzábamos muy lentamente. pero nada.-Al igual quemonsieurel marqués. pero sin llegar nunca a perder la conciencia del todo. con el mismo resultado. y finalmente hizo lo propio con la pequeña bandeja. que sujetó con dos pinzas en la ventanilla opuesta. Hasta entonces. Pero. pero algo me impedía cerrar los ojos del todo. yo había empleado hasta entonces cuatro caballos por etapa. Fuera lo que fuera. la diferencia de velocidad resultaba deprimente. A pesar de las historias divertidas y curiosas que contó el marqués. Descubrí que me resultaba a tan difícil mover cualquier articulación o músculo como. el interior del coche. con los ojos semientornados. tenía mi querido souvenir -mi rosa blanca. Empecé a sentir el peso del sueño. llenas de sal y de colorido. en aquella emergencia. por un acto de voluntad insólito. Un valioso hallazgo. aquello no se podía equiparar con una simple pesadilla. ya me siento como nuevo. y me cuesta mucho trabajo mantenerme despierto. pero estaba claro que había perdido la capacidad de cerrarlos. Acabó pareciéndome aburrida la visión del marqués leyendo con sus lentes caladas. me fueron entrando unas ganas terribles de dormir. y me hizo una brillante y divertida descripción de la vida parisiense. que se puso a leer con mucha atención. y así entré en un estado de somnolencia completamente nuevo e indescriptible. volviéndose hacia mí: . Me esforcé por poner fin a aquella imagen fatigosa. para algún campesino madrugador. por ejemplo. En mi impaciencia. la abrió y sacó la que resultó ser una lámpara. además de hábil. yo he dormido muy poco duran-te las dos o tres últimas noches. Con todo. Primero arrojó su taza por ella. ha-ber intentado. Su ventanilla iba abierta. Este café hará maravillas en mí. Hice un esfuerzo sobrehumano por gritar. a no dudarlo. luego la mía. ¡Empecé a asustarme de verdad! ¿Estaría padeciendo algún ataque? Era horrible ver cómo mi afable compañero seguía dedicándose a sus ocupaciones rutinarias cuando podría haber ahuyentado mis horrores con un simple sacudimiento. El marqués. y la conversación se animo. La encendió con una cerilla. Desde mi rincón seguía visuali-zando en diagonal. Me habría restregado los ojos. presentando su retrato de manera que se me quedaran bien grabadas algunas enseñanzas de orden práctico. Echó hacia atrás la cabeza y dijo. Volví a intentarlo. Me acomodé en mi rin-cón. podíamos considerarnos afortunados de haber encontrado dos.no había experimentado ninguna sensación de terror. El marqués cogió del suelo su valija. pero ni siquiera podía mover una mano. pero la barrera entre la vigilia y éste se me antojaba absolutamente infranqueable.

Extremando el cuidado para no despertarme. Clairmientras entraban en la posada. Un lúgubre terror se había apoderado de mi espíritu. El poder del pensamiento seguía claro y activo. Le traeremos algo a monsieur Beckett. -Sí. El coche se detuvo. Despabiló la llama y echó más aceite a la lámpara. la cerró. CAPÍTULO VIII . pero. volviéndose alegremente hacia mí-. muda e inmóvil. y mi angustia. no había padecido nunca nada parecido a aquella tortura.Una visita de tres minutos En varias ocasiones de mi vida he sufrido fuertes y largos dolores cor-porales. Tú y yo nos retiraremos mientras cambian los ca-ballos. seguro que va a morirse de hambre. -Tu amo duerme profundamente. Pero no me desperté. se metió las lentes en el bolsillo y volvió a mirar por la ventana. ¿Cómo terminaría aquello? ¿Era real-mente la muerte? . Espero con toda el alma que no se parezca a ninguno de los tipos de muerte que pueden acaecernos. ¡Está tan cansado! Sería una cruel-dad molestarle ahora. salió tras dirigirme a mí otra sonrisa ama-ble y a mi criado otra palabra de precaución. Luego colocó nuevamente las cartas en la valija. con una sonrisa afable. Supongo que serían las dos de la madrugada. gracias a Dios. yo quedaba abando-nado en el mismo rincón y en la misma postura. Mi criado se acercó a mi portezuela y la abrió.-Sí. Vi abrirse la puerta de una posada. Entramos en una pequeña población. Lo oí conversar conSt. era inenarrable. ni lo padecería tampoco después. -¡Ya hemos llegado! -dijo mi compañero. y tomaremos un piscolabis. llegaremos dentro de unos minutos. Me miró más de cerca y. en cuanto se despierte. dijo: -¡Pobrecillo! ¡Qué cansado debe de estar! ¡Qué sueño tan profundo le ha entrado! Cuando se detenga el coche seguro que se despertará. ya se ven luces. Entre tanto. de la que salía luz. pues. ¡qué cansado debe de estar! -exclamó tras haber esperado una respuesta de mi parte. Me sentía como un alma encarcelada. y un pequeño enco-gimiento de hombros.

lo desplegó y. lo que indicaba un plan bien definidoy establecido de antemano. los galones y botones en las puñetas de la guerre-ra. que le cubría la cabeza. a todas luces. Sus propósitos eran a todas luces siniestros. Este hombre había entrado con el sigilo de un fantasma. Era obvio que no era aquello lo que buscaba. por lo que vi al in-truso perfectamente. con perfecta nitidez. La tensión indescriptible del cerebro pareció ceder de inmediato. El lugar donde había recibido la visita de aquel agente secreto. Lo que le interesaba era. Volvió a sumirse en la lectura y clasificación de sus papeles a la luz de la lámpara que acababa de coadyuvar a las maquinaciones de un espía. Yo escuchaba atentamente. La lámpara daba una luz parecida a la de una vela. por así decir. creo. Colocó los papeles en el mismo orden en que los había encontrado. Todo esto lo hizo en un abrir y cerrar de ojos. a asesinarme. Podía oír y ver todo con la nitidez habitual. y una persona desconocida entró silenciosamente y cerró la portezuela. Su visita. Entró. Ahora estábamos ya fuera de la población y proseguíamos el viaje a la misma velocidad moderada. Deslizó una mano en el bolsillo de mi chaqueta. con un lápiz. del que sacó mi preciosa rosa blanca y todas las cartas que había. fáciles de distinguir bajo las amplias mangas del holgado abrigo. también vi una cicatriz roja que le atravesaba la mejilla desde los labios. Pero yo no era más que un cuerpo inerte en sus manos. empezó a tomar rápidas notas sobre su conte-nido en un pequeño cuaderno de bolsillo. Este hombre parecía trabajar con la celeridad sigilosa y fría propia de un agente secreto. quizá.. los volvió a meter en mi bolsillo y desapareció. no duró más de tres minutos. por un sueño tan profundo.. se debía de hallar a unas dos leguas de distancia cuando de repente sentí un extraño palpitar en un oído y la sensación de que el aire pasaba por él y se alojaba en la garganta. A las cartas les echó un vistazo somero. Simplemente. Entró en el coche y vi cómo me miraba esbozando una sonrisa. También vi. como podríamos denominarlo. Ya he dicho que el marqués de Harmonville no había apagado su lámpara de coche al entrar en la posada de aquella aldea. Yo pensé que iba a robarme y. formada en el oído. la portezuela del coche se abrió de repente. entre las que figuraba un documento de especial importancia para mí. perdido el control de mi cuerpo. Ah. el documento a que acabo de referirme. noté un extraño zumbido en la cabeza y una . si hubiera sospe-chado. me examinó de cerca la cara duran-te unos segundos. ocurría que mi voluntad había. Mi preciosa rosa la dejó también a un lado. Al moverse. inclinándose hacia míy ponién-dose en visera su mano enguantada. cerró la puerta suavemente y se sentó a mi lado. Inmedia-tamente después de su desaparición oí nuevamente la voz del marqués. medio envidiándome. luego. El joven llevaba un espeso mostacho y una pequeña mata de pelo bajo el labio inferior.He de señalar que mi facultad de observar no había sufrido merma alguna. y todo lo hacía con rapidez y decisión. creí distinguir bajo la capucha la cinta dorada de una gorra militar. Era un hombre joven con un holgado abrigo gris os-curo y una especie de capucha. según mis cálculos. se hinchara y explotara en él. Parecía como si una burbuja de aire. Sin ruido alguno de pasos que anunciaran una llegada inminente. esperando con ansia su regreso: algún accidente afortuna-do haría que yo despertara de mi catalepsia.

Sin embargo. -Hemos intimado tanto -dijo al final. la forma como ha cedido. Él colocó la valija a su lado. Si se hubiera tratado de cualquier otro tipo de facineroso. tan pronto como concluya la misión diplomática del marqués de Harmon-ville. cuando lleguemos a París.. Poco a poco el proceso de restablecimiento fue tocando a su fin. por lo que yo había podido observar. aunque muy débilmente. al sueño. según la frase popular. Yo hablaba muy poco. Y. Sin embargo. -¡Cielo santo! -exclamó-. Exhalé un grito y me quedé medio levantado en mi asiento. »Me gustaría -prosiguió. pues me sentía débil y agotado. y nunca me habló de tal cosa. como es ese demente coronel de dragones. no hay nada que temer. lo que me hace pensar que se trata de la misma clase de ataque. me dijo: -Un amigo mío me dijo en cierta ocasión que era posible un ataque como el que ha sufrido usted. sino solamentemon-sieurDroqville. Todo en su sitio. y éste tenga libertad para mostrarse a plena luz. con un espadachín experimentado. la mansión de Harmonville se encuentra por el momento ocupada por dos o tres viejos criados. como puede ver. Daría cualquier cosa para que ciertas personas no leyeran nunca media docena de cartas que llevo aquí. El marqués se me quedó mirando. finalmente. ¿Padeció una recaída? -Traté con él después durante muchos años. Le dije que. Esa gente siempre actúa con mucha habilidad. estoy casi convencido de que debió de ser un agente de policía.que debo recordarle que por el momento no soy el marqués de Harmonville. sin embargo. -Me alegra saber que no he sido el único.descubrir quién fue esecoquinque espió sus cartas. y así pude. la abrió y examinó su contenido minuciosamente. el cansancio se apoderó de él y pareció caer en un sueño profundo. de viaje. donde me dejé caer luego temblando. aunque no pueda verle a menudo. sobre el asiento. el cansancio y. que ni siquiera deben ver amonsieurDroqville. con una sensación de debilidad mortal.especie de vibración en todos los nervios del cuerpo. Luego me preguntó con gran solicitud por el mal que me había sobrevenido. como ocurre con un miembro que. Se sumió en un estado que luego describió igual que usted. -Sí. pero el mar-qués seguía distrayéndome con su amable conversación. de seguro que le habría robado. Ese bellaco no habrá tocado mi valija. este último ya se las ingeniará para hacerle entrar en el palco quemonsieurel marqués tiene en la ópera. A él le sobrevino a bordo de un barco. Lo que me sorprende es el paralelismo de las causas propiciadoras del ataque.. en condiciones tan desfa-vorables para usted. El inesperado y valiente combate. gracias a Dios -mascu-lló-. a resultas de un estado de especial excitación. decirle lo enfermo que me había senti-do. como el marqués está. Pero no vale de nada volvernos ahora porque no conseguiría-mos enterarnos de nada. Asimismo le puse al corriente de la violación de mis cartas durante su ausencia. y había tenido que hacer valer a la vez su fuerza y su cora-je. pues. Le pediré que me diga el hotel en el que piensa alojarse. me cogió la mano y me preguntó con aire serio si estaba enfermo. Sólo pude contestarle con un gemido profundo. podía estar tran-quilo a ese respecto. Cuando le hube contado todo. Era un hombre valiente como usted. podré serle de gran utilidad. no . Una o dos horas después. como mi otro amigo. así como también a otros lugares de más difícil acceso. se ha dormido.

Nada podía ser más gentil que los modales y las atenciones del mar-qués. di mis más sinceras gracias al marqués. La protección de un hombre tan importante. Caía la tarde. Mientras aún le daba las gracias.excusará a su amigo. no necesito (aunque pudiera. Mi romance se había apoderado tan por completo de mí que la esperanza de ver al objeto de mis sueños prestaba un secreto y delicioso interés a mis paseos a pie y en coche por las calles y alrededores.Chismes y consejos Mi accidentado viaje había terminado por fin. de cumplir su promesa de visitarlo este otoño en elChâteaude Harmonville. Aqué-lla era mi primera visita. Así pues. Ahora me hallaba sentado a la ventana de mi hotel contemplando la brillante ciudad de París. no creo haber visto nunca aquella deliciosa capital tan encantadoramente excitada y excitante. e incluso a esta hora sólo me he atrevido a venir en coche . podría hacer mi visita bastante más deliciosa de lo que me había esperado. Pero. pese a haberla visitado numerosas veces después. -Actualmente soy un ave nocturna -dijo tan pronto como hubimos intercambiado los saludos de rigor-. Me mantengo en la sombra durante el día.y con gran júbiloy premura le dije que hiciera subir al caballero. No había ni visto ni oído hablar del conde ni de la condesa. Allí estaba el marqués de Harmonville. Llevaba dos días en París y ya había visto toda suerte de monumen-tos. después de tantos años transcurridos) recordar y describir mis experiencias e impresiones del aspecto tan singular que tenía París en aquellos días extraños. por así decir. También me había recuperado por completo de la extraña indisposición padecida durante mi viaje nocturno. y ya estaba empezando a temer que mi aristócrata amigo se hubiera olvidado por completo de mí cuando el camarero me ofreció la tarjeta de«MonsieurDroqville». ni recibi-do ninguna noticia del marqués de Harmonville. que se interesaba tan ama-blemente por el desconocido con el que. Como pueden imaginar. que en poco tiempo había recobrado toda su alegría y cuyo bulli-cio era aún mayor que el habitual. tan afable y gentil como siempre. así como a mis visitas a los museos y a otros monumentos de la metrópoli. También tengo que decir una cosa. sin haber experimentado ninguna muestra de esa rudeza e insolen-cia de las que otros se quejaban por parte de los exasperados oficiales del derrotado ejército francés. se había topado por error. Cuanto más nos aproximábamos a París más valoraba su protección. CAPITULO IX . el coche se detuvo de repente delante del lugar donde nos esperaban caballos de relevo y donde tenía-mos que separarnos. Todo el mundo recuerda la gran exci-tación que siguió a la caída de Napoleón y a la segunda restauración borbónica.monsieurBeckett.

permítame regalarle estas entradas para mi palco. Así pues. Entre tanto. Yo le mostré media docena de cartas. . me ofreció un catálogo y una guía. Todos los lugares que le voy a mencionar son dig-nos de verse.cerrado. pero él creía probable que se quedaran. durante al menos tres semanas. a los que había tenido la suerte de salvar de un trance sumamente desagradable en el vestíbulo de la posada. después de una ausencia tan prolongada. en París. que. Déjese en mis manos. -Y ahora. tal vez de una sola -dijo-. le pregunté por el conde y la condesa de St. No sabía dónde para-ban. Poseían una bonita casa antigua a las afueras de París. no los había visto desde entonces. les gusta apurar hasta la última gota los placeres anónimos de una gran ciudad antes que embar-carse en las obligaciones de la vida social. y el resultado es que ahora me encuentro con casi nada para mí mismo. Pero mi corazón estaba demasiado lleno de la bella dama de la Belle Étoile para permitir que nuestra entrevista terminara sin que yo hubiera intentado saber algo más de ella. A ustedes. unas palabras en mis funciones de mentor. -No tenga en cuenta estas cartas -dijo-. Absténgase de jugar. Pero. Lo llevaré personalmente de casa en casa. ya que habría que hacer bastantes preparativos. y con gran cantidad de anécdotas diverti-das y escandalosas. No se pierda ni uno. No haga amistad ni intime con nadie hasta entonces. le dejarían sin blanca si lo hiciera. Un amigo a su lado vale más que todas las cartas juntas. esté bien alerta. y recuerde que. Le di mis más sentidas gracias. Yo mismo lo presentaré en sociedad. Alyre. Le man-tendrán ocupado. yo disfrutaré ya de toda mi libertad. y haremos así una pequeña lista. y yo mismo lo introduciré en la rutina brillante pero relativamente tranquila de la buena sociedad. los jóvenes. tendré el gusto de poder ser verdaderamente útil para usted. antes de volver a instalarse en su hogar. Cuando eso haya pasado. durante mi ausencia había dado ins-trucciones a mi secretario para que facilitara entradas todas las noches al primero de mis amigos que se lo pidiera. ¡ay!. Le di de nuevo las gracias y prometí seguir sus consejos al pie de la letra. Supongo que no ha venido a París sin cartas de recomendación. en París. -Dentro de dos semanas. una vez que ha sido uno aceptado por el beau monde ya no puede vivir a su aire. Él pareció encantado y dijo: -Ahora le diré algunos lugares a los que debería ir. día y noche. poseían un valor incal-culable. Los amigos para los que he emprendido esta misión algo peligrosa así lo han dispuesto. Recuerde esto: aquí está rodeado de hábiles estafadores y granujas de todo tipo que viven de lo que sustraen a los forasteros. No sabe cómo me disgusta no poder utilizarlo más a menudo durante las dos próximas semanas. De esta manera metódica. Creen que todo estará perdido si consiguen reconocerme. al menos unos cuantos días. No confíe en nadie que no conozca. en la urbe. para una persona ávida de novedades y placeres como yo. En primer lugar. y él echó un vistazo a las señas. Coja un plano y escriba letras o números sobre los puntos que le voy a indicar. Le volví a dar las gracias y le prometí sacar provecho de sus consejos.

-¿Cuánto tiempo han estado fuera? -Unos ocho meses, creo. -Son pobres, me parece haberle oído decir. -Sí, para una persona como usted podrían considerarse pobres. Pero, monsieur, el conde tiene unas rentas que le permiten vivir con comodidades y hasta con elegancia, sobre todo llevando una vida tran-quila y apartada en este país barato. -Entonces son muy felices, ¿no? -Digamos que deberían ser felices. -Y ¿qué se lo impide? -Él es celoso. -Pero su mujer... No le da motivo alguno... -Me temo que sí. -¿Cómo, monsieur? -Siempre he pensado que es un poco demasiado..., excesivamente... -¿Demasiado qué, monsieur? -Demasiado bonita. Pero aunque tiene unos ojos extraordinaria-mente bellos, unas facciones exquisitas y la tez más delicada del mundo, creo que es una mujer honrada. ¿No la ha visto usted nunca? -Vi a una dama completamente embozada en su abrigo, con un velo que le tapaba la cara, la otra noche en el vestíbulo de la Belle Étoile, cuando le partí la cabeza a ese individuo que estaba intimidando al anciano conde. Pero su velo era tan tupido que no me permitió ver sus rasgos. -Respuesta ésta, como convendrán, bastante diplomática-. Podría ser la hija del conde. ¿Se pelean? -¿Quién, su mujer y él? -Sí. -Un poco. -¿Y por qué motivo? -Es una vieja historia: por los diamantes de ella. Son de gran valor Valen, según La Perelleuse, aproximadamente un millón de francos.Elconde desearía venderlos para disponer de mayor numerario, que élestá dispuesto a gastar como a ella le plazca. Pero la condesa, a quienpertenecen, se resiste a ello, y por una razón que, quiero creer, no está capaci-tada para revelársela. -Dígame, por favor, cuál es esa razón -dije, picado en mi curiosidad, -Supongo que piensa lo bella que estará con ellos cuando se casecon su segundo marido. -¡Ah! Claro, sin duda. Pero el conde deSt.Alyre es un hombre bueno, ¿no? -Admirable, y sumamente inteligente. -¡Cómo me gustaría que me lo presentara! Oyéndole a usted parece tan... -Tan agradablemente casado. Pero viven completamente apartados del mundo. Él la lleva de vez en cuando a la ópera o a alguna diversión pública; pero nada más.

-Y él debe de recordar tantas cosas del antiguo régimen, y tantos epi-sodios de la revolución... -Sí, es el hombre más indicado para un filósofo como usted. Se suele quedar dormido después de comer, pero no su esposa... Bueno, hablan-do en serio, le aseguro que apenas frecuenta elbeaumonde y que se ha vuelto un tanto apático, al igual que su esposa. Y nada parece interesarle a la condesa, ¡ni siquiera su marido! El marqués se levantó para despedirse. -No arriesgue su dinero -reiteró-. Pronto tendrá oportunidad de colocar parte de él en un negocio muy ventajoso. Varias colecciones de cuadros realmente buenos, pertenecientes a personas que apoyaron la restauración bonapartista, van a ser vendidos en subasta dentro de unas semanas. Podrá hacer maravillas cuando comience la venta. ¡Va a haberauténticas gangas! Resérvese para ellas. Yo le mantendré puntualmente al corriente. Quede con Dios. A propósito -dijo, deteniéndose en seco> al acercarse a la puerta-, casi me olvidaba. La semana que viene vaa haber un acontecimiento que debería entusiasmarle, pues suele escasear bastante en Inglaterra. Me refiero a unbalmasqué,organizado, según dicen, con un esplendor aún mayor del habitual. Tendrá lugar en Versalles. Todo el mundo estará allí; la gente se afana para conseguir invita-ciones. Pero creo que podré conseguirle una. Buenas noches.Adieu!

CAPÍTULO X - El velo negro

Hablando el francés de corrido y con dinero en cantidades ilimita-das, no había nada que me impidiera disfrutar de todo lo disfrutable en la capital francesa. Pueden suponer cómo se pasaron los dos siguientes días. Al cabo de los cuales, y hacia la misma hora,monsieurDroqville volvió a visitarme. Cortés, afable y alegre como de costumbre, me dijo que el baile de disfraces había quedado fijado para el miércoles, y que había consegui-do una invitación para mí. ¡Qué mala suerte! Lo sentía muchísimo, pero no podía asistir. Se quedó mirándome en silencio unos instantes con un aire de sos-pecha y amenaza que no comprendí, y luego preguntó, con cierta brus-quedad: -¿Y tendríamonsieurBeckett la amabilidad de decirme por qué no puede asistir? Yo estaba un poco sorprendido, pero le dije la simple verdad: tenía una cita para aquel día por la tarde con dos o tres amigos ingleses y no veía la manera de liberarme de aquel compromiso. -¡Ah, así que es eso! Ustedes, los ingleses, estén donde estén, siempre andan buscando lo mismo: la aburrida compañía de otros compatriotas, cerveza y bistecs; y cuando vienen aquí, en vez de tratar de aprender algo nuevo de la gente que visitan, y que fingen querer estudiar, se dedican a hincharse a comer, a perjurar y a fumar entre ingleses, y al final de sus viajes no salen más experimentados ni más pulidos que si hubieran esta-do de juerga en una tabernucha de Greenwich.

Prorrumpió en unas carcajadas sarcásticas (creo que en aquel momento le habría gustado envenenarme). -¡Ahí la tiene!- prosiguió arrojando la invitación sobre lamesa-Tómela o déjela, como bien le plazca. Supongo que he hecho el tonto con usted; pero no es corriente que un hombre como yo se tome tantas molestias, pida favores, y consiga finalmente un privilegio para un conocido para luego ser tratado de esta manera. Aquello me pareció de una impertinencia asombrosa. Me sentía turbado, ofendido, a la vez que arrepentido. Posiblemente había contravenido sin saberlo las normas de la buena educación según los cánones franceses, lo que casi justificaba la severidad del brusco reproche del marqués. Y así, en medio de una terrible confusión de sentimientos, me apre-suré a presentar mis disculpas para tratar de recuperar el favor de aquel amigo casual que había mostrado para conmigo tanta amabilidad desinteresada. Le dije que rompería a toda costa el compromiso que desafortunadamente me mantenía atado; que había hablado con muy poca reflexión yque ciertamente no le había mostrado mi agradecimiento en propor-ción a su amabilidad y a mi verdadera estimación de su persona. -Por favor, no diga una palabra más; mi desconcierto ha sido sólo por usted, y reconozco que lo he expresado en términos muy duros, que, estoy seguro, su buena disposición sabrá perdonar. Quienes me conocen un poco mejor saben que a veces digo muchas más cosas de las que quiero decir; y siempre lamento que me ocurra esto.MonsieurBeckett se olvidará pronto de que su viejo amigo,monsieur Droqville, ha perdido momentáneamente los estribos por atención a él, y así... volve-mos a ser los buenos amigos de siempre. Sonrió como elmonsieurDroqville que había conocido en laBelleÉtoileyalargó la mano, que yo tomé respetuosa y cordialmente. Nuestra disputa pasajera había terminado dejándonos mejores y amigos. El marqués me aconsejó que reservara una cama en algún hotel de Versalles, ya que luego encontraría problemas dada la gran demanda existente, y que lo hiciera inclusive la mañana siguiente. Así pues, ordené unos caballos para las once en punto, y, tras inter-cambiar unas cuantas palabras más, el marqués de Harmonville me dio las buenas noches y bajó a toda prisa las escaleras, tapándose con un y pañuelo la boca y la nariz. Desde mi ventana vi cómo subía de un brinco a su coche cerrado y desaparecía. Al día siguiente fui a Versalles. Cuando me aproximaba a la puerta del HôteldeFranceme dije para mis adentros que no había pecado pre-cisamente de madrugador, sino más bien de todo lo contrario. Alrede-dor de la entrada se agolpaba un enjambre de carruajes, de manera que resultaba imposible dar un paso adelante si no era a pie y sorteando toda una legión de caballos. El vestíbulo estaba a rebosar de criados y caballe-ros que gritaban al hotelero, el cual, en un estado de educada locura, aseguraba a todos y cada uno de ellos que no había habitación ni apo-sento libre en todo el hotel. Me deslicé hasta la puerta, dejando el vestíbulo a los que seguían profiriendo gritos y súplicas con la

y usted suba y siéntese a mi lado. que al instante se encabritaron y me hicieron morder el polvo de la calle. y donde. la calesa que me interesaba había pasado antes de la catástrofe. Aquélla era una situación irritante. ya ha visto que no hay ni una sola cama libre en ninguno de los hoteles. cubierto como estaba yo de polvo y con el sombrero aplastado. a la máxima velocidad que permitieron mis caballos. mientras me esforzaba por sacudirme el polvo de la ropa con un pañuelo. tropecé al apearme y caí sobre los lomos de un par de caballos. desgraciadamente. El resultado fue el mismo.Pero encontré la entrada igual de abarrotada. y. una vez en él. desagradablemente atemperados con risotadas. -Le voy a llevar a un lugar confortable.falsa esperanza de que el propietario pudiera. y. Pero. Atra-vesé como una flecha el asiento trasero de un carruaje que estaba al lado del mío. ¿cómo salir de allí? Había coches delante y detrás. pueden imaginarse que no deseaba realmente presentarme así ante el objeto de mi quijotesca devoción. cubierta con el velo. no sé cómo. Habría sido más inteligente por mi parte saltar a la acera y dar un rodeo por delante de los carruajes detenidos delante de la calesa. y puedo añadir que no hay una sola habitación libre en toda la ciudad. Por entonces yo tenía una vista extraordinariamente buena. Afortunadamente. Diga a su criado que me siga. pero ¿qué se podía hacer? Mientras me hallaba en el vestíbulo de este hotel hablando con uno de sus inten-dentes. en una especie de cabriolé. En un periquete me encon-tré junto a la portezuela. cuya existencia sólo cono-cen muy pocos parisienses. mi postillón había logrado con excesivo celo hacer avanzar los caballos. Pero. Su coche había tenido que aminorar la marcha debido a un carro que ocupaba toda la anchura del camino y avanzaba con la lentitud propia de tales vehículos. a medida que los otros carruajes iban retirándose. yo era más un Murat que un Moltke y preferí una carga directa sobre mi objeto antes que recurrir a ninguna táctica. -Lo mejor es irse de Versalles -dijo-. en la que estaba seguro de haber recono-cido a la condesa. en la que un anciano y un perro estaban echando una cabe-zadita. acababa de abrirse una brecha en medio de aquel conglomerado de carruajes. ahora se hallaba ante la escalinata del hotel. . en el que había cuatro caballeros enfrascados en una discusión muy animada. Aquella maniobra resultó muy útil para subir al vehículo. adivinen cuáles serían mis sentimientos cuando vi pasar por el angosto margen que quedaba al otro lado de la calzada una calesa descubierta. Si ya antes había estado impaciente. poco a poco. Por fortuna. A quienes observaran mi intrépida carga sin estar al corriente de mi secreto debí de parecerles un demente. en medio de todo aquello. hice lo propio. Permanecí unos instantes en medio de una tormenta de insultos. dando una voltereta. Indiqué al criado que nos siguiera. Subí a mi coche y me dirigí. Fue una visión agradable para mí. y. salté repartiendo disculpas incoherentes por encima de un coche abierto. y a su marido. tras dar el marqués unas órde-nes a su cochero. nos pusimos rápidamente en movimiento. y el mío estaba acercándose. y no menos de cuatro hileras al otro lado. Pero no se preocupe: he encontrado algo para usted que le puede convenir. encontrarles un hueco. alHôtelduRéservoir. si quería. oí una voz que me resultó familiar: -MonsieurBeckett! Volví la cabeza y vi al marqués mirando por la ventanilla de un carruaje.

sabedor de cómo estaban las cosas aquí. Creo que habíamos recorrido unos dos kilómetros hasta el lado más alejado del palacio cuando embocamos un camino viejo y estrecho. y aca-baba en una punta bruñida y dentada como el dardo de la muerte. dado que las paredes lucían numerosos escudos de armas. Una especie de porche. si cabía. Ah. de una altura poco frecuente en Francia. tam-bién distinguida. pues creo que es un tema que aún levanta ampollas. probable-mente. ¿Cómo nos reconoceremos mutuamente? Déjeme pensar. lo que indicaba su destino ori-ginal como mansión privada de alguna persona acaudalada y. Nos veremos esta noche.. una persona de mi edad necesita el contagio de espíritus jóvenes y de la compañía de alguien que disfrute de todo espontáneamente. Pero no aluda a este espantoso hecho cuando hable con el posa-dero. Los árboles hacían que el edificio resultara más pintoresco aún. pero mi anonimato me lo impide. destacaba la enseña de la posada. y. CAPÍTULO XI . sobre el cual. Nos detuvimos ante una posada de planta antigua y maciza. Si quiere disfrutar del baile. y yo una blanca? Sí. pues mucha gente llevará flores. Todo esto me lo dijo cuando yo estaba ya pie en tierra. Cerré la puer-ta del coche. con los bosques de Versalles a un lado.Tiene usted suerte de que mi aburrida encomienda me trajera a este lugar tan temprano. Está a menos de dos kilómetros de distancia: es una antigua posada llamada Le DragonVolant. Hasta luego. Algo que llevemos en la mano. convenido.. Era un dragón volador.. con alas en rojo y oro vivos. su arquitectura era más rica y florida que la habitual en semejante clase de edificios. Una flor no valdría. cons-truida con piedra de Caen. de manera que no deberíamos tardar en encontrarnos. la cola. color verde claro y oro. se retorcía y anudaba infinitas veces. ¿Y si lleva usted una cruz roja de unos cinco centímetros de larga -usted es inglés. a cualquier sala que vaya usted. Espero dejarme caer un rato por allí. Entraría gustoso con usted. pintado y dorado. pero seguro que le parecerá un lugar confortable.El Dragón Volador Eché un vistazo ami alrededor. La majestad y paz del lugar contrastaban extrañamente conel relumbróny bullicio de la vida parisiense. labrado en altorrelieve de piedra. Yo le buscaré en todas las puertas que franquee. si voy. -Yo no entraré. se proyectaba hospitalariamente con un amplio y florido arco. Al menos a mí me habría agradado en mis años jóvenes. yal otro numerosos árboles viejísi-mos .. sitúese cerca de la puerta hasta que nos encontremos. . Adiós. siempre es mejor que nada. siga mi consejo y vaya disfrazado de dominó. y usted hará igual.cosida o sujeta en el pecho de su dominó. le agradará saber también que es una posada encantada. pues. eso es. desplegadas. le dije adiós y lo vi alejarse. Así queda. Yo no me divierto en tales ocasiones si no voy con una persona joven. en cualquier caso. le he reservado una habitación. a los que mis ojos y oídos se habían ya acostumbrado. me pondré el mismo disfraz. menos antiguo que el resto.

con artesonado de madera oscura y conmueblessolemnes y sombríos. recibió una buena herencia de aquella persona fallecida.Luego estuve contemplando durante unos minutos la magnífica y antigua enseña.es elChâteaude la Carque. y él lo enterró en el cementerio dePèreLachaise. ¿verdad? -Tal vez. Daban muestras de incuria. bastante anticuados. Pero sí puedo ase-gurarle que no es rico. Después examiné más detenidamente el exterior dela casa. -Ese castillo. por lo que he oído decir.contestó-. que con una hospedería francesa.monsieur. los que albergan en Canterburya los peregrinos. -Ni lo uno ni lo otro. Pero el dinero no parece sentarle nunca bien. monsieur.y cuadraba más con mi concepto de los hostales ingleses antiguos. . Entréy me anuncié comomonsieurBeckett. de haber mostrado suficiente curiosidad. qué pena que su propietario no sea ya tan rico. melancólico y hasta deprimente en todo aquello. pero él no puede esperar mucho tiempo -contestó con una sonrisa sarcástica. Me acerqué a la venta-na de jambas de piedra. El posadero me condujo a mi aposento.que juega mucho.monsieur.monsieur. El conde pasó unos días muy afligido. -Dicen.monsieur.El conde deSt.suele pasar bastante tiempo fuera.Alyre. -¡Oh! ¡El conde! ¿Está seguro? -pregunté con redoblado interés. como los que he mencionado anteriormente. Era grande y sólida. Fui recibido con toda la consideración debida a unmilordinglés provisto de una bolsa repleta de dinero. que daba a un pequeño parque de árboles fron-dosos situado detrás de un castillo coronado por un grupo de torretas o chapiteles. Enviaron el cadáver a esa mansión del conde.. Sólo quería decir que resulta difícil saber qué uso haría él de sus riquezas.¿Yquién es él? -inquirí. -Completamente. Había algo interesante. No es mucho. tal vez. a quienhabían reservando una habitación. aunque.. y casi de decadencia: la tristeza de la grandeza pasa-da y cierto aire de abandono producían una impresión deprimente en el observador.Alyre. . como. Era una habitación bastante grande. en los que. característica de los castillos franceses. podría haber descubierto una correspondencia exacta con la heráldica de los muros exteriores. un pariente suyo murió muy lejos de aquí. -El conde deSt. por ejemplo.monsieur. un poco sombría. Bueno.proseguí. O digamos. Pregunté al posadero cuál era el nombre del castillo. que se elevaba en el flanco izquierdo de la casa y terminaba en un tejado con forma de apagavelas. tal y como había deseado el finado. Lo que me hace suponer que no es un hombre muy popular. -parafraseé mirándolo-. -Sin embargo.measeguró. -¿Viene frecuentemente a este lugar apartado? -No. -Tal vez. -¡Qué pena que esté tan descuidado! -señalé-. según cuentan. Fue ahora el posadero quien clavó su mirada en mí. Había una gran chime-nea con el manto esculpido con escudos. salvo una torreta redonda. Hace unos siete meses. -Es viejo. -Yo le pago el alquiler de esta posada. creo. no debería de ser tan pobre. -¿Y es pobre? -seguí investigando. Yo no lo sé. El parque y el castillo parecían presididos por la melancolía.

claro. ¡Qué vida! ¡Qué par de enemigos con los que tiene que enfrentarse: los celos y el chantaje! El caballero. Me eché a reír. posó los ojos una vez más en el castillo de aquel brujo y dejó escapar un suave suspiro. Luego supe que había servido a las órdenes dé Napoleón en las primeras cam-pañas de Italia. cuando nos encontramos con un ángel. es mejor que cada cual se ocupe de lo suyo. y de aire inteligente. supongo -dijo de manera evasiva-. ¡Elviejo roñoso!. Así pues. enmarcado por un lúgu-bre decorado de follaje. ¿Tiene cuali-dades? -Tres. un suspiro de nostalgia. -A tener problemas con el conde -completó la frase-. lo mismo que yo a él. delgado. y sumamente atractivas. que nunca tiene cuatro ochavos en el bolsillo. puedo decir que. Sin embargo. -¿Y quién es ella? -pregunté con subido interés. podría intentar el efecto de unos cuantos napoleones. Pero. en su carruaje. ya me entiende.Alyre. si olvidamos.monsieur. -El coche lo aparca aquí..no le falta valor: se ha casado con una mujer joven y guapa. ¡Qué tonto era entonces! Sin embargo. amigo mío. Era inútil insistir. -Es la condesa deSt. -Nada más normal.mon-sieur. Semejante vida debe de ser terrible paramadamela condesa -apostilló.. Y ve.monsieur. al menos por el momento.. -Una pregunta que creo puede usted contestar sin correr ningún riesgo de enemistad -dije-...... de piel bronceada.-¿Viejo? Nosotros lo llamamos «el judío errante». -Sí. tras platicar consigo mismo de esta manera. Más interesado que nunca.y loscriadoslos contrata para cada ocasión. en Versalles -dije. Ni uno solo duerme en el castillo. Posiblemente élw ya estaba pensando en sacar algún beneficio. -Lo he visto hoy. Espera sacarle los dia-mantes por medio de esta tortura.por lo menos.monsieur. ¿Está el conde en casa? -Tiene muchas casas. pero imagino que podrá decirme algo más de ella. que no se atreve a. y que exista una relación pacífica. El dueño del Dragón Volador era un hombre mayor. Tal vez no tenía nada que relatar. -Ya veo. Es cierto. está viviendo actualmente en el castillo dé la Carque. Aquel viejo astuto se negaba a satisfacer mi curiosidad. resolución y amor. donde se erguía el castillo. ¿nos volvemos acaso . pero creo. Si con el tiempo llegaba a persuadirme de lo contrario. diamantes. belleza y. -¡Ah! ¿Y cuáles son? -Juventud. exclamé para mis adentros. -Luego su coche y caballos y criados están en el castillo. decidido y claramente militar..él podría perjudicarme de dos o tres maneras. miré por la ventana más allá de las ondulaciones del terreno.

asombrado.St.El dia-blo en persona.St. -Seguro que éste se la bebió en medio de su turbación -sugerí. pero del noble ruso nunca más se vol-vió a oír.Clair -exclaméal ver a mi criado entrar y ponerse a ordenar mis cosas-. qué. sosteniendo una copa de aguardiente en la mano izquierda y su taza de café. de pie en medio de la habitación de abajo. desapareció de manera similar.monsieur. Pero nos llevamos muy bien. -Entonces tiene que ser verdad -comenté en tono jocoso. -¿Qué te parece el Dragón Volador? -¿El Dragón Volador? El viejo y llameante dragón.Clair?Oigamos la historia o milagro o lo que quiera que sea.mon-sieur.monsieur. Se encontraron sus botas en el lugar exacto que había pisado antes de desaparecer.monsieur. El otro era un noble ruso. si es cierto lo que cuentan. el ama de llaves. -Es sólo esto. al que le había permitido el emperador volver a Fran-cia. me encontraba. Personas que jamás han vuelto. que se desvanecieron en presencia de media docena de testigos. se esfumó. en la derecha.que en esta casa han tenido lugar milagros diabólicos. Todo esto lo oí contar. mientras describía. como le he dicho. -No. ¡Ojalá! No. A fe de un cristiano. _Hombre. Vive la bagatelle! -No sabía que estuviera tan llena la posada..monsieur. par mafoi. de uno noventa de estatura.loscriados de las personas que tuvieron la suerte de conseguir alojamiento en Versalles. casi vacía.más sensatos al envejecer? A mí me pare-ce que son nuestras ilusiones las que van cambiando con el tiempo. se conservó durante tres años entre las curiosidades de esta casa. Pero estaba empezando a sentir la melancolía del paisaje y de la estancia en la que. ¿ya has encontrado dónde dormir? -En el desván. en el cuarto de ésta. ante siete caballeros de probada veracidad los últimos momentos de Pedro el Grande. . señor. ante los ojos de media docena de testigos fidedignos.al postillón que nos trajo hasta aquí.. se había deslizado por mi cuerpo un extraño presentimiento y tenía pocas ganas de bromear. Mi ánimo había decaído.. -¿Qué quieres decir. Parbleu! Cuando salgamos del Dragón Volador espero que sea por la puerta. al caballero de su derecha lo encontraron.monsieur. -Principalmente. nosotros estamos siempre igual de locos. -¿Qué quieres decir? ¿Ha habido aparecidos? -Nada de eso. al cabo de dicho tiempo. con la taza de café en la mano. El cura la rompió mientras conversaba conmademoiselleFidone. el cual. vivió en este hotel durante un mes y. Sin saber cómo.Resulta que un antiguo escudero del finado rey guillotinado durante la Revolución -simonsieurtiene la bondad de hacer memoria-.entre gatos y lechuzas..entre telarañas y. y al caballero de la izquier-da con la copa de aguardiente.

puntiagudos y curvados hacia arriba al estilo oriental. Cada rincón estaba animado por música. Y un hombre menudo y ceremonioso. una canción burlesca o un monólogo divertido. al menoscompa-rablea aquella magnificencia. Aquéllosy los de las varillas batieron las palmas repetidas veces y bai-laron en silencio alrededor del palanquín una danza curiosa y medio sal-vaje que. o más bien un palan-quín chino.iluminada para la ocasión con no menos de cuatro mil candelas. pero. y sus cejas negras y enormemente pobladas. que hacía alarde de la fantástica exuberancia de la decora-ción «celeste». La gran suite de salones estaba abarrotada de personas disfrazadas de la manera más increíble.El mago Imposible imaginar un espectáculo más brillante que aquel baile de disfraces. transportado con barras doradas por cuatro chinos rica-mente ataviados. Entre los salones y galerías abiertos al público destacaba la enorme perspectiva de la Grande GaleriedesGlaces. cuyas cortinas estaban corridas. En mi vida he visto una cosa tan asombrosa. y por el alboroto de las improvisaciones y demás ingeniosidades propias de una mascarada bien organizada. mirando a mi alrededor por si pasaba por allí mi amigo en domino negro. Me volví y vi a mi lado a un dominó negro con una cruz blanca. unas medias rojas y unos zapatos bordados de oro. produciendo un efecto casi deslumbrador. colores vivos. joyas centelleantes. Danza que se vio pronto acompañada de más palmas y de gritos monótonosy rítmicos. Me encantó constatar que los portadores colocaban su carga a unos metros del lugar donde yo estaba. Había algo tan singular. Ésa es la mejor atracción de todas las salas. Tiene que hablar con el mago. una mano se posó suavemente sobre mi brazo. No había una sola sala vacía. extraño y solemne en aquel espectáculo que me sentí al punto intrigado. al mismo tiempo. especialmente a cada puerta que franqueaba. El rostro del personaje era oscuro.avanzaba en paralelo a la silla.CAPÍTULO XII . Yo nunca había visto nada parecido. el bordado era negro y oro sobre un fondo abigarrado de colores brillantes. sin embargo. deteniéndome de vez en cuando a escuchar un diálo-go ingenioso. voces. Me había detenido y mirado a mi alrededor. La túnica iba ceñi-da por un cinturón ancho y dorado. que reflejaban y repetían todos los espejos. Mientras vagabundeaba así en medio de aquel espectáculo fastuoso. caminaba con la barbilla hundida en el pecho y los ojos clavados en el suelo. Mientras tenía lugar esta danza. en cuanto a las figuras y posturas. impasible y solemne. Una túnica extrañamente bordada caía de sus hombros recubiertos con símbolos jeroglíficos. . y precisamente en este momento. Delante y detrás marchaban otros dos con una varita en la mano. El que abría la marcha agitaba la varilla a dere-cha e izquierda para abrir paso al palanquín. resultaba per-fectamente acompasada. le asomaban por debajo de la túnica. mis ojos repararon en una silla de manos dorada. Fui avanzando indolentemente con mi disfraz de dominó. con la pequeña cruz blanca en el pecho. realzado por signos cabalísticos color rojo oscuro y negro. de luenga barbanegra y con un gran fez al estilo de los que llevan losderviches. tal y como había convenido con el marqués. Hace aproximadamente una hora me tropecé con ellos más allá y formulé algunas preguntas al oráculo. Pero éste aún no había dado señales de vida. Llevaba bajo el brazo un libro de aspecto singular y en la mano una varita de madera barnizada de negro. -Qué alegría haberlo encontrado -dijo el marqués-.

petición a la que accedimos religiosamente. Alyre y la condesa (y señaló con la cabeza en dirección de una figura enjuta. Los criados chinos mantenían un círculo des-pejado a su alrededor y los espectadores se arremolinaban sin sobrepasar el círculo. charlando con su vieja amiga la duquesa de Argensaque. era el conde). avanzaba tieso a nuestro lado en dirección del palanquín. El marqués me lo presentó. también disfra-zada de dominó. le oímos decir: -¡Qué farsa tan ingeniosa! ¿Quién será el que está dentro delpalanquín? ¡Parece conocer a todo el mundo! El conde. sin dejar de hacer una hábil mención mi afortunada intervención en laBelle Étoile.el conde me colmóde cumplidos y cortesías. que no conoce absolu-tamente nadie en este mundo más que yo y dos o tres de las personas más discretas de Francia. contestó: . extendió hacia él la mano: -¿Quiere dinero? -le preguntó el conde. Uno de estos hombres -el que con su varita dorada había encabeza-do la procesión-.Aunque sus respuestas hayan sido un poco veladas. A nuestro lado pasó un joven vestido de español que acababa de hablar con el mago en compañía de un amigo. -Oro -contestó el acólito. y más asustadas aún si cabe que yo. Se divertirá mucho. Como pueden suponer. He venido con el conde deSt. He visto cómo lo consultaban también otras personas. El conde depositó una moneda en su mano. donde se hallaba elmago de la barba negra. -¿De veras? Entonces haremos lo posible por probar también -contestó. que evi-dentemente han quedado igualmente sorprendidas. tras retirar la cabeza y volver a cerrar la cortinilla. al igual que yo. para mi gran contento: -La condesa anda por aquí. ¡Nunca me habría esperado semejantes respuestas! Estoy sorprendidísimo. se lo aseguro. y dijo al final. La primera pregunta que hizo el conde fue la siguiente: -¿Soy soltero o casado? El mago descorrió la cortina rápidamente y aplicó el oído hacia un chino ricamente ataviado que estaba sentado en la litera. -Venga conmigo -dijo-. no me ha quedado ninguna duda de que conoce todos los detalles sobre la misión que tengo encomendada. iré a buscarla dentro de unos minutos para que pueda también conocerle y agradecerle la ayudaque nos prestó con tanto valor en aquella ocasión tan desagradable que nos toco vivir. con su disfraz de dominó.Alyre-. Los tres nos dirigimos hacia el palanquín. -Tiene que hablar con el mago como sea -dijo el marqués al conde deSt. Nunca olvidaré la impresión que me ha pro-ducido. Al marqués y a mí se nos pidió que hiciéramos lo propio al penetrar en el círculo. Se lo presentaré. dos salones más allá. Luego. le seguí presuroso.

-Todo lo que usted merece. dejando a un lado mi propia autoestima. No venía enmascarado. cogiéndolo de un brazo. ¿hay algo en el mundo que yo ame más que a mi mujer? -Sus diamantes. Me pareció que le costaba trabajo encontrar su siguiente pregunta. le susurró: -Mire quién viene por su derecha. -En efecto -dijo el conde. -¿Me ama mi mujer? -preguntó jocosamente.que ha habido una batalla en Nápoles? -No. Tenía el rostro ancho. -¿A quién amo más en este mundo? -A sí mismo. De ser tal el caso. tal vez. El marqués me dijo después que aquélla era la fecha en que habían firmado su contrato matrimonial. Observé que el marqués se había echado a reír. se vio rescatado por el marqués. por un documento que suscribieron el 25 de julio de 1811. con una mirada sarcástica a su alrededor-. ¿Y puedo saber entre qué potencias y por qué motivo en concreto? -Entre el conde y la condesa deSt.Alyre. -¡Ah! Yo diría que eso se puede aplicar más o menos a todo el mundo.-Lo segundo. era . pálido. -¿Es cierto -preguntó el conde. sino un médium que se limitaba a transmitir las contestaciones de otra persona más importante que él. pero cuyo verdadero significado se me hurtó por completo.) Nadie más que nosotros sabía que el interrogador era el conde deSt. Yo miré a la dirección indicada por el marqués y vi una figura chupa-da y desvaída acercarse hacia nosotros. -¡Ah! -exclamó el conde. pues yo no sabía prácticamente nada de la vida y mila-gros del conde. Siguieron dos o tres preguntas. quien.Alyre. En una palabra. El conde se quedó sin voz unos minutos (supuse que con las mejillas al rojo carmín debajo del disfraz. cuyas respuestas parecieron divertir sobremanera al marqués. En las siguientes preguntas se observó el mismo ceremonial. Pero. lleno de cicatrices. El hombre de la varita negra no era un profeta. en Francia. que estaba arrepentido de haberse metido en aquel berenjenal. y. cambiando de tema perentoriamen-te.

escoltado por un par de gen-darmes.El oráculo me cuenta cosas maravillosas Durante unos momentos olvidé que mi disfraz de dominó resultaba impenetrable a la dura mirada del veterano militar y me preparé para un animado rifirrafe. ¿y quiénes son? -Un inglés. Por su parte. la cual. -¡Bravo!. al que no le queda más que la mano con la que blande su espada. una marca que figuraría en lo sucesivo entre las más honorables cicatrices de guerra. monsieur profeta. Sus heridas lo eximen. el brazo izquierdo ajustado de manera que parecía amputado y la parte inferior de la manga de la guerrera vacía y prendida con alfileres al pecho. sin más preámbulos. luego me hice cargo de la situación.¡Ja! ¿A dos? Vaya. el conde retrocedió instintivamente mientras se acercaba el cabo bravucón con su uniforme azuly chaleco y polainas blancos.a hacerle mis preguntas? Sin esperar la respuesta. mi amigoGaillardeera igual de ruidoso y fantoche cuando interpretaba su personaje que cuando interpretaba el auténtico de coronel de dragones. Sin duda se habría visto implicado en varios altercados sanguinarios si su prudencia no le hubiera recordado que el objeto de su asistencia a aquella fiesta. que le escupirá en la cara si la encuentra. donde mi bastón había dejado su marca. no deja ni un dedo disponible para recoger el botín que abandona el ene-migo en desbandada? -No le pidan oro -dijo el mago-.con el uniforme de cabo de la Guardia Imperial. quiso saber: -¿A quién persigo en este momento? -A dos personas. -¡Dinero! ¡Oro! ¡Bah! ¿Qué dinero puede haber atesorado un solda-do herido como vuestro humilde servidor. no habría llegado a buen puerto de haberse visto obligado a abandonar prematuramente aquella fiesta. a quien matará si lo encuentra. que él contribuía a amenizar con su presencia. al estar siempre ocupada. ¡Bravísimo! Aquí estoy. ¿Empiezo ya.mon sorcier. que no era otro que el de concertar una entrevista con una viuda acaudalada a la que creía haber causado una tierna impresión. .el feo rostro del coronelGaillarde. Tras una docena de preguntas y respuestas. Lucía auténticas tiras de esparadrapo en las sienes y las cejas. Naturalmente. . se lanzó a hablar con voz estentórea. y casi había llegado a las manos con un húsar prusiano. y una viuda francesa. Ya habían estado dos veces a punto de echarle por cacarear con voz estentórea las hazañas de Napoleón el Grande. CAPÍTULO XIII .

se casará con él. ricamente ataviado al estilo chino. amigo mío. su chaleco. de la luz que entraba por las cortinas de seda rojas. Vi. Permanecí unos segundos dubitativo. no dispuse de muchos segundos para hacer observaciones. Sentí gran alivio. asombrado. -Una bella herejía -contestó el oráculo al instante. Ya ha conseguido que esta idea le entre bien en la cabeza. como llamábamos al hombre de la varita negra. todo aquello como casi de un solo vistazo. El oráculo iba. pues aquel sabio parecía desvelar todos los secretos de forma inesperada. como he dicho.-El señor mago llama a las cosas por su nombre y sabe que su atuen-do lo protege. Un anglicano es una rara avisen París. si lo ve. los ojos cerrados y la barbilla apoyada en la pechera de su pelliza borda-da. Aquel rostro parecía rojo sangre. Su rostro parecía impasible: la imagen viva de la apatía. -¿Una herejía? ¿Puedo saber cómo se llama? -Amor. Su carácter y pose parecían una réplica exagerada de la inmovilidad del personaje que se comunicaba con el bullicioso mundo exterior. -¿Cuál es mi religión? -pregunté. Quería probar al profeta. mientras que el inglés es incuestionablemente joven. Y usted también lleva razón. y era más que probable que algunos de los míos no le hicieran mucha gracia al conde. -Yo le cortaré la cresta a ese gallito -soltó con un juramento y una sonrisita. Sólo una vez tuve la oportunidad de un vista-zo aceptablemente largo. ¡Mil gracias! ¡Adiós! Y. Le obedecí. El terreno estaba ahora despejado para mí. se alejó desgarbadamente con sus cicatrices. ándese con cuidado. No. miré de reojo para ver si el conde estaba cerca. Lo que vi fue muy singular. deduje. tenía la cabeza inclinada hacia abajo. pero esa impresión era consecuencia. sus polainas y su gorro de piel de oso. Estaba unos metros más atrás. Se dirá a sí misma que se requiere cierto tiempo para llegar a ser coronel. ¡Pero no importa! ¿Por qué los persigo? -La viuda ha infligido una herida en su corazón. mirando a su alrededor y estirando al máximo su cuello flaco. -¡Bah! ¿Cómo podría ser eso? -El inglés protege a las damas. y el inglés una heri-da en su cabeza. estaban conversando de algún otro tema. Y el marqués y él. Mientras me acercaba al mago. que estaba fuera. Era un personaje mucho más importante que su intérprete. Entre tanto.monsieurprofeta. y con un tono más suave preguntó-: ¿Dónde está ella? -Suficientemente cerca para ofenderse si usted falla. y el marqués dijo: -Adelante. yo había estado esforzándome por ver a la persona apo-sentada en el palanquín. no vaya a ser que la persecución de usted acabe uniéndolos. La viuda. al parecer ple-namente saciados en su curiosidad. Cada cual por separado son demasiado fuertes para usted. Sus faccio-nes parecían amplias y pesadas. -A fe mía que tendría razón. .

Puede ser que no vuelva a verle. ¡Por el amor de Dios. el interro-gador. sin saber apenas lo que decía. El hombre de la varita negra cerró las cortinas y susurró lenta y clara-mente estas palabras. váyase! Me sobresalté al oírlas. ni siquiera que tuviera la menor conciencia. Yo estaba hablando más bajo que antes. . -¿Qué es lo que más anhelo? -pregunté. Adiós. yo. y que amo a muchas mujeres. reconocí al instante. ¿he aprendido alguna vez de memo-ria palabras de devoción? -Sí. Nada indicaba que se hubiera dado cuenta. de que aquellas palabras pudieran interesarme particularmente. ¡Cada vez mayor suspense! Las respuestas me parecían indicar un conocimiento minucioso de cada detalle de mi pequeño romance. ¡Santo cielo! ¡Qué cosa tan milagrosa! ¡Unas palabras con toda segu-ridad no escuchadas por ningún oído terrestre más que por el mío y el de la dama que las había pronunciado! Miré el rostro impasible del portavoz de la varita. ¡Además. -El paraíso. y que pueda olvidarlo.-¡Ah! Entonces supongo que soy politeísta. -Sólo a una. en serio -pregunté. con la intención de dar a nuestro colo-quio un giro menos embarazoso-. iba disfrazado de tal manera que ni mi propio hermano me habría reconocido! -Ha dicho usted que yo amaba a alguien. eran las últimas palabras que me había susurrado la condesa. huelga decirlo. ¿Es correspondido mi amor? -seguí preguntando. Váyase. -Pero. Me acerqué. -Inténtelo. del que ni siquiera el marqués sabía lo más mínimo. y apliqué el oído. y me había acercado al hom-bre moreno de la barba para que así no tuviera que elevar la voz. -¿Puede repetirlas? -Acérquese. -Y ¿qué me impide alcanzarlo? -Un velo negro. que. Como saben.

los extraños actores se mezclaron con la multitud y el espectáculo. en medio de las palmas de la concurrencia y del asombro general. mirando al suelo y reflexionando. casi me ofuscaba el cerebro y hasta influía en mi conducta. tocó a su fin. extraños. poco a poco. me dijo: -El conde acaba de irse a buscar a su mujer. Al instante. acompañé al marqués de Harmonville.. me atrevo a afirmar que habría sido divertido ver cómo reaccionaba el conde.. ahora rodeado de un aura de misterio en mi imaginación. de lo que. el hombre del enorme fez y barba y varita negras empezó una especie de danza dederviche. Al acercarme. ¡Cómo exalta la imaginación! ¡Cómo debilita la razón! ¡Cuán crédulos nos torna! Todo aquello.-¿Me ama alguien? -repetí. -Y luego. El marqués de Harmonville se encontraba cerca de allí. La rosa. Éste golpeó el suelo con la varita y exclamó con voz aguda: -El gran Confu permanecerá en silencio una hora. -¿Cuánto tiempo durará este amor? -Hasta que la rosa pierda sus pétalos. Otra alusión. ¿Y si vamos en su busca? Le he pedido que le presente a la condesa. -¿Mucho o poco? -insistí. lo vi levantar de repente la mano con gesto imperioso y hacer una señal al acólito que empuñaba la varita dorada. hasta que. ¡la oscuridad! -suspiré-. El amor. mientras el palanquín se erigía en el centro de los círculos descritos por estos solemnes danzarines. es al menos una superstición. Con el corazón latiéndome con fuerza. luego.me hizo con su varita una señal para que me retirara. -La luz de unos ojos violeta. . los propios portadores.. me habría reído bastan-te. si no es una religión. el torbellino era tal que los bailarines parecían volar a la velocidad de una rueda de molino y.. finalmente. que cayó con un ruido seco. cuyo ritmo. lo que yo hice con los ojos aún fijos en aquel grupo. -En secreto -fue la respuesta. como el oráculo acababa de decir. Pero hasta entonces vivo en la luz.. mientras el movimien-to se hacía cada vez más veloz. a juzgar por su actitud. -Demasiado. frenéticos. El portavoz de aquella asombrosa superchería -si es que lo era. al menos por el momento. De nuevo en el corrillo de espectadores. en un corro exterior. se aceleraba. tratándose de otro.En esto se le unieron los hombres con las varitas doradas y. Lástima que ella no estu-viera aquí para consultar al profeta.. los portadores bajaron una especie de persiana -de bambú. cuyos gestos se tornaban bruscos. al cabo. y la aseguraron por debajo. Inflamaba mi ardor. a mí me afectó poderosamente.

CAPÍTULO XIV -Mademoisellede la Vallière

El marqués y yo estuvimos vagando por los salones. No resultaba fácil encontrar a un amigo en unas estancias tan abarrotadas de gente. -Quédese aquí -dijo el marqués-. Se me ha ocurrido una manera de dar con él. Además, sus celos pueden haberle hecho pensar que no le interesa presentarle a su mujer. Es mejor que vaya yo primero a razonar con él, dado que parece usted desear bastante esa presentación. Esto ocurrió en la estancia que actualmente se llama el «Salón de Apolo». Los cuadros que lo adornan siguen grabados en mi recuerdo, pues mi aventura de aquella velada estaba destinada a transcurrir en aquel marco. Me senté en un sofá y miré alrededor. A mi lado, tres o cuatro perso-nas estaban sentadas en aquella espaciosa habitación de muebles dora-dos. Estaban charlando animadamente; todas salvo la persona sentada más cerca de mí, que era una dama. Apenas dos pies se interponían entre nosotros. La dama estaba a todas luces ensimismada. Era la perla de la sala. Llevaba el traje inmortalizado por Collignan en su retrato de cuerpo entero demademoisellede La Vallière. Es un traje, como bien saben, no sólo rico, sino también elegante. Llevaba el pelo empolvado, pero se podía adivinar que era castaño oscuro. Asomaba un precioso piececito, y ¿podía haber algo más exquisito que su mano? Era sumamente provocador que esta dama llevara un disfraz y no se lo quitara de vez en cuando, como hacían muchos. Yo estaba convencido de que era bonita. Aprovechando el privilegio de la mascarada, un microcosmos en el que es imposible, salvo mediante la voz y la alusión, distinguir a un amigo de un enemigo, dije: -Mademoiselle,no es fácil engañarme a mí -empecé. -Tanto mejor, monsieur- contestó el disfraz sin inmutarse. -Quiero decir -proseguí, decidido a terminar mi galantería- que la belleza es un don más difícil de ocultar de lo que suponemademoiselle. -Sin embargo,monsieurlo ha conseguido sin ningún problema -dijo con el mismo tono dulce y despreocupado. -Veo que el traje de la bellamademoisellede La Vallière reviste unas formas que sobrepasan a las del retrato; alzo los ojos y contemplo un disfraz y, sin embargo, reconozco a la dama. La belleza es esa piedra pre-ciosa de Las mil yuna nochesque desprende, por oculta que esté, una luz que la delata. -Conozco la historia -dijo la joven dama-. La luz la delataba no al sol, sino en la oscuridad. ¿Hay tan poca luz en estas habitaciones,mon-sieur,para que una pobre luciérnaga desprenda tanto brillo? Creí que allí donde se moviera cierta condesa estaríamos en un ambiente luminoso...

¡Enigmático y turbador parlamento! ¿Qué podía yo contestar? Esta dama podría ser, como dicen que son algunas damas, una amiga de hacer daño o una íntima amiga de la condesa deSt.Alyre. Así pues,pre gunté con cautela: -¿Qué condesa? -Si usted me conoce, debe saber que es mi más querida amiga. ¿No es ella hermosa? -¡Cómo puedo saberlo! Hay tantas condesas... -Todo el que me conoce sabe quién es mi amiga más querida. Veo que no me conoce... -Es usted cruel. No puedo creer que me haya equivocado. -¿Con quién estaba usted paseando hace poco? -preguntó. -Con un caballero, un amigo-contesté. -Ya lo he visto; sí, con un amigo, por supuesto. Pero creo que lo conozco, y me gustaría estar segura. ¿No es por casualidad marqués? De nuevo una pregunta que volvía a ponerme en un aprieto. -Aquí hay demasiada gente. En un momento puede uno pasearse con una persona y en otro con otra distinta... -Que una persona sin escrúpulos no tenga dificultad en eludir una pregunta tan sencilla como la mía... Sepa, pues, de una vez por todas, que nada desagrada tanto a una persona inteligente como la desconfian-za. Usted,monsieur,es un caballero discreto, al que debo respetar en consecuencia. -Mademoiselleme despreciaría si yo violara una confidencia. -Pero usted no me engaña. Usted imita la diplomacia de su amigo. Yo detesto la diplomacia. Significa fraude y cobardía. ¿No cree que loconozco ? Me refiero al caballero con la cruz de cinta blanca en el pecho. Conozco perfectamente al marqués de Harmonville. Ya ve para qué le ha servido su ingeniosidad. -A esa conjetura no puedo contestar ni sí ni no. -No está obligado. Pero ¿cuál era su motivo para mortificar a una dama? -Eso es lo último que yo haría en este mundo. -Usted fingió conocerme, pero no me conoce. Por capricho, indolen-cia o curiosidad quiso conversar, no con una dama sino con un disfraz. Me ha admirado y parece confundirme con otra persona. Pero ¿quién es completamente perfecto? No se puede encontrar la verdad en esta tierra. -Mademoisellese ha formado una opinión errónea de mí. -Igual que usted de mí; ahora descubre que no soy tan tonta como suponía. Yo sé perfectamente a quién desea usted halagar con sus cumplidosy declamaciones melancólicas,y a quién anda buscando con ese propósito.

-Dígame a quién se refiere -le supliqué. -Con una condición. -¿Cuál? -Que usted confiese que he acertado si nombro a la dama. -Usted me atribuye propósitos poco claros -objeté-. No puedo admi-tir que haya querido hablar con una dama en el tono que usted describe. -Bueno, no insistiré en eso; prométame solamente que, si nombro a la dama, reconocerá usted que llevo razón. -¿Tengo que prometerlo absolutamente? -Por supuesto que no. No hay ninguna obligación. Pero su promesa es la única condición para que yo siga hablando con usted. Dudé unos instantes; pero luego pensé que no tenía la más remota posibilidad de acertar. La condesa no podía haber confesado a nadie nuestro brevísimo romance, y era difícil que la persona disfrazada de La Vallière supiera quién era la persona disfrazada de dominó. -De acuerdo -dije-. Lo prometo. -Debe prometerlo por el honor de un caballero. -De acuerdo. Lo prometo por el honor de un caballero. -Pues esa dama es la condesa deSt.Alyre. Yo estaba sorprendido, y desconcertado, pero recordé mi promesa y dije: -La condesa deSt.Alyre es, a no dudarlo, la dama a la que yo espera-ba ser presentado esta noche; pero le ruego que crea, por el honor de un caballero, que ella no tiene la menor sospecha de que yo estaba buscan-do dicho honor, y hasta es poco probable que se acuerde siquiera de mi existencia. Yo tuve el honor de prestarles al conde y a ella un pequeño servicio, demasiado insignificante, me temo, para haber merecido por su parte algo más que un ligero recuerdo. -El mundo no es tan desagradecido como usted supone. Y, aun cuando lo fuera, quedan aún algunos corazones que lo redimen. Yo puedo garantizarle que la condesa deSt.Alyre nunca olvida una acción amable. La condesa no muestra lo que siente; así que es una mujer des-graciada sin que se le note. -¿Desgraciada? Bueno, en realidad me temía que pudiera serlo. Pero, en cuanto a lo que usted tiene la bondad de suponer, es un sueño bas-tante halagador. -Le he dicho que soy la amiga de la condesa, y a ese título debo de conocer algo de su carácter. Entre nosotras se intercambian confidencias, y yo puedo saber más de lo que usted piensa acerca de esos servicios insignificantes cuyo recuerdo supone usted tan fugaz. Aquella conversación me estaba interesando cada vez más. Yo era igual de depravado que los demás

salir del Dragón Volador y saltar la tapia del parque sin que lo vea nadie. ¿no? -sugerí. que le concederá una audiencia de unos minu-tos. -¿Cómo? Obtuve otra pregunta por respuesta: -¿Ha reservado habitación en alguno de los hoteles de Versalles? -No. -Eso puede facilitar las cosas. si mira al parque. -Muy bien. contando desde la planta del vestíbulo. Usted habrá observado. -¿Cómo puedo intentarlo? -Ella le ayudará. se siente sola. ¿No le basta con esto? Y. una posada que limita con el parque del castillo de la Carque. guardando un sigilo escrupuloso en cuanto a su desti-no. Sólo tiene una persona a la que abrir su corazón. que tenía delante de mi Habría dado cualquier cosa por oírle repetir solemnemente que ella se acordaba del campeón que. está en el segundo piso. celoso y tirano. dos o tres pequeñas arboledas de castaños y tilos.jóvenes de mi edad. Hay pocos hombres a los que se puede conceder una entrevista como la que voy a proponerle. Estoy alojado en el Dragón Volador. Me sobrevino la . cuando descansa de su presencia. y con un bastón por única arma. junto a la esquina. -¿Hay espacio para otra amistad? -Inténtelo. y le explicará en unas palabras muchas cosas que yo no estoy en condiciones de hacer aquí. No necesito preguntarle si tiene valor para una aventura. Es imposible describir lo que sentí al escuchar aquellas palabras. -Pero usted es su amiga. Según miro desde la parte trasera de la casa. ni si es un hombre de honor. cam-biarse de ropa y. ¿Qué habitación del Dragón Volador ocupa usted? Estaba sorprendido de la audacia y decisión de aquella muchacha. Se verá con ella a las dos de la madrugada en el parque del castillo de la Carque. Debe volver a su hotel. por su amor. -¿Ha dicho que la condesa es desgraciada? -pregunté-. se había lanzado ante el sable de un dragón rabioso y había salido victorioso. y el carácter abyecto de mi propósito me importaba un ardite ahora que se habían despertado el amor propio y todas las pasiones que se mezclan en este tipo de romances. Estaba aturdido. La imagen de la bella condesa había vuelto a superpo-nerse a la bonita contrapartida de La Vallière. ¿No estaría burlándose de mí? -Eso se lo puedo decir con total precisión -dije-. donde se encuentran mis aposentos. que crecen tan cerca unas de otras que forman un pequeño bosquecillo. reconocerá fácilmente el bosquecillo que le he mencionado. ¿Cuál es el motivo de su infelicidad? -Muchas cosas. Una dama puede con-fiar en usted sin miedo. allí encontrará a la condesa. mi venta-na es la del extremo derecho. -¿Y usted cree que le basta con una amiga? -replicó-. Su marido es viejo. no me fue posible. confiando en la más escrupulosa reserva de su parte.

-En mis actuales circunstancias. Mil gracias. si soy su amiga. Que soy la confidente de la condesa lo juro por todo lo que tiene de entra-ñable un adiós susurrado. -Y. Vendrá y dirá que no la ha encontrado y le prometerá presen-társela en otra ocasión. -Ya se lo dije.monsieur. ya podría esperar sentado. No. si me atreviera a convencerme a mí mismo de que semejante dicha y semejante honor están realmente destinados para mí. ¿o he de decir más bien por nuestrabelleétoile?¿No he dicho ya bastante? -¿Bastante? -repetí-. dando un pequeño rodeo. -¿Y monsieur estan ingenuo como para creerlo? -¿Por qué no iba a creerlo? -Porque es muy celoso y astuto. Por mi buena estre-lla. Entre tanto. en el secreto que hasta ahora él supuso que no era compartido por nadie más que por la condesa y él mismo. ¿Le extraña entonces que me muestre algo incrédulo? Pero me ha convencido y espero sepa perdonar mi titubeo. -¿No convendría que fuera usted ya. ¿considera lógico utilizar su querido nombre de esta manera? ¿Y todo para hacerle una vulgar jugarreta a usted. No viene acom-pañado de ninguna dama. un extranjero? Mademoiselle sabráperdonarme si considera lo mucho que valoro la posibilidad dever y hablar con la condesa. Pero ¿cómo voy yo a creer quemademoiselleno habla movida más por su propia simpatía o bondad que por la certeza de que la condesa deSt.Alyre me va a conce-der semejante honor? -Monsieurcree que no estoy. Ya verá cómo no le presenta nunca a su esposa. Sonreí bajo mi disfraz cuando éste me aseguró que la duquesa de la Roquème había cambiado de salón . -¿Estará pues en el lugar que le he dicho. y. Lo juro por la última compañera de esta flor -cogió durante unos instantes entre sus dedos un delicado capullo de rosa blanca que se hallaba disimulado en su ramo-..a reunirse con su amigo? -Le prometí esperarlo aquí hasta que volviera. Si esta dicha sólo le fuera a llegar a través de sus buenos oficios. Di las gracias ami desconocida y disfrazada amigay. no hay ningún peligro que no esté dispuesto a arrostrar con entusiasmo. No. es obvio que soy su amiga. estoy convencida. me aproximé al conde. y la de ella.. -Mademoiselledebe comprender que.Alyre dijo que pensaba presentarme a la condesa.duda. no necesita asegurármelo. y eso redoblaría sus celos y su vigilancia. No podía creer aquellas pala-bras tan trascendentales. o que lo estoy engañando cruelmente. -Creo que se acerca acompañado de mi amigo. como pretendo estarlo. -Y.monsieurno se abstendrá de hacerlo por miedo. El conde deSt. a las dos en punto dela madrugada? -Con toda seguridad-contesté. es mejor que no me vea a su lado. como estoy en el secreto. Más que bastante. Su valor está ya sobradamente probado. mi gratitud duraría toda la vida. Sospecharía que hemos estado hablando de su mujer.

En algunos lugares la turba resultaba incómoda. El primero fue el de un acaudaladoémi-gré. CAPITULO XV . Arqueaba las cejas. Cuando trabajaba en un departamento de policía distinto. como supe enseguida. Tras intercambiar cuatro palabras corteses. Eran algo más de las doce. Desa-pareció. y la profusión de luces contribuía a aumentar el calor. en la dirección opuesta a la que habían tomado el conde y mi amigo el marqués. Al presentarme a su amigo. Acto seguido empecé a respirar más a gusto. EraTomWhistlewick. hace cuatro años. salvo Francia. que desapareció también de manera misteriosa. Así pues. Era uno de los héroes deWaterloo. con extraordinaria cautela e indecisión. observé que las palabras no le fluían con nitidez..mon-sieurCarmaignac. me quité el disfraz. inhalaba rapé y llevaba gafas. Se había quitado el disfraz y tenía el rostro acalorado como yo. se acomodó en un banco junto a nosotros y pronto pareció tener dificultades para mantener los ojos abiertos. las fiestas francesas tenían lugar más temprano que nuestros modernos bailes londinenses.fue el de un rico aristócrata ruso. me perdí rápidamente entre la multitud y avancé lo más deprisa que pude hacia la «Galería de los Espejos». Era calvo.que se aloja en el Dragón Volador.con la gloria recién estrenada. a quienes todos los países del mundo. era imposible conseguir que la temperatu-ra no resultara sofocante. Napoleón había permitido regresar a Francia. pero que esperaba. especialmente para personas disfrazadas. Era una noche apacible y bochornosa. Consulté mi reloj. retorcía los labios de forma extraña y se abanicaba con su disfraz. vela-das musicales y otro tipo de reuniones. en un futuro muy próximo. desempeñaba un cargo oficial. tener la oportunidad de presentarnos.y se había llevado con ella a la con-desa. -Le he oído decir -dijo el caballero francés. y poco después oí una voz amiga que me llamaba por mi nombre en inglés. Así pues.. . Evité al marqués de Harmonville.MonsieurCarmaignac era bajito. astuto y difícil de entender en aquellas curiosas condiciones. como vi hacer a otras personas a las que el misterio les importaba tan poco como a mí. observé con agrado que prefería el silencio y se conformaba con el papel de oyente mientras charlábamosmonsieurCarmaignacy yo. a pesar de que algunos salones eran realmente muy amplios.Extraña historia del Dragón Volador En aquella época. del de Dragones. a una media legua de aquí. y lo único negativo que yo conocía de él era su costumbre de calmar la sed con champán siempre que acudía a bailes.al que el emp. fiestas. Temía que pudiera proponerme que lo acompañara a su casa. Tomera un tipo jocoso. esa casa fue escenario de dos casos muy extraños. El segundo -igualmente extrañó. que caminaba al lado del conde. y no tenía ganas de verme obligado a darle una explicación. admiraban. delgado y más tieso que un palo.

-Mi criado -dije- me ha hecho un relató confuso de algunos aconte-cimientos y, si no recuerdo mal, con las mismas personas como protago-nistas; es decir, un emigrado francés y un noble ruso. Pero como ha pre-sentado las cosas como si se tratara de fenómenos paranormales ó sobrenaturales no he creído ni una palabra de cuanto me ha dicho. -No, no se trata de casos sobrenaturales, sino simplemente inexpli-cables -puntualizó el caballero francés-. Por supuesto, se han planteado hipótesis, pero el misterio nunca se ha dilucidado ni, que yo sepa, se han aportado pruebas convincentes. -Por favor, cuénteme la historia -le rogué-. Creó que tengo derecho, ya que afecta al lugar en el que me hospedo. ¿No sospecha usted del per-sonal de la casa? -¡Oh! Ha cambiado de dueño desde entonces. Pero hay una habita-ción en particular sobre la que parece cernerse la fatalidad. -¿Podría describirme esa habitación? -Ciertamente. Es una alcoba espaciosa del segundo pisó con arteso-nado de madera situada en la parte posterior de la casa, y en el extremo derecho según se mira desde las ventanas. -¡No me diga! ¡Caramba, pero si ésa es mi habitación!-exclamécon redoblado interés, y una pizca de aprensión-. Los huéspedes en cues-tión, ¿murieron ó desaparecieron por arte de magia? -No, no murieron. Desaparecieron como por ensalmo. Le contaré lo que pasó con pelos y señales, pues en el primer casó fui yo quien acu-dió a la casa oficialmente a hacer la investigación; y, aunque no llevé personalmente el segundo, me dejaron ver el expediente y fui yo quien redactó la carta oficial a los familiares de los desaparecidos, que habían solicitado al gobierno la investigación del casó. Recibimos cartas de los parientes más de dos años después, por las que supimos que los desapa-recidos no habían vuelto a dar señales de vida. Aspiró un poco de rapé y me miró fijamente. -¡Ninguna señal de vida! Le referiré lo que ocurrió, según nuestras pesquisas. El noble francés, que era el caballero deChâteauBlassemare, a diferencia de la mayor parte de los emigrados, había tomado pre-cauciones a tiempo; así, había vendido buena parte de sus bienes antes de que la revolución avanzara tanto que hiciera inútil dicha operación y se exilió llevándose consigo una suma de dinero considerable. Regre-só con casi medió millón de francos, que invirtió mayoritariamente en fondos estatales franceses, dejando en Austria una suma mucho mayor en forma de tierras y títulos mercantiles. Habrá observado que este caballero era rico y que no había prueba alguna de que hubiera perdi-do dinero ni de que estuviera pasando por ningún apuró financiero. ¿Me sigue? Asentí con la cabeza. -Este caballero gastaba por debajo de lo que su situación económica le habría permitido. Poseía unos aposentos confortables en París y durante cierto tiempo se dedicó a frecuentar los teatros y otros lugares de razonable esparcimiento. No jugaba. Era un hombre de mediana edad, que quería pasar por más joven de lo que en realidad era, con lo que ello supone de pequeñas vanidades; pero, por lo demás, era una per-sona afable y educada que no molestaba nadie. Como ve, una persona poco susceptible de provocar hostilidades. -Desde luego -convine. -A principios del verano de 1811 obtuvo un permiso para copiar un cuadró en uno de esos salones de

pintura y vino aquí a Versalles con esta finalidad. Su obra avanzaba lentamente. Después de cierto tiempo abandonó el hotel de Versalles y se fue a vivir, para cambiar un poco, al Dragón Volador. Allí tomó, por decisión personal, la habitación que casualmente le han dado a usted. Desde entonces parece ser que pintó muy poco, y fueron raras las veces que fue a su casa de París. Una noche le dijo al posadero del Dragón Volador que iba a París a pasar un par de días por asuntos persónales; que su criado le acompañaría, pero que se quedaba su habitación del Dragón Volador y regresaría unos días des-pués. Dejó allí parte de su ropa, pero se llevó a París un baúl, su neceser y el restó del equipaje, con su criado en la parte trasera del carruaje. ¿Me sigue,monsieur? -Con suma atención-contesté. -Pues bien,monsieur,llegadocerca de su casa de París, detuvo repen-tinamente el carruaje y le dijo al criado que había cambiado de planes; que dormiría en otro lugar aquella noche; que tenía un asunto muy im-portante que resolver en el norte de Francia, no lejos de Ruán; que se pondría en marcha antes del amanecer y que volvería un par de semanas más tarde. Llamó un simón, empuñó una saca de cuero que, según contósu criado, era suficientemente grande para contener unas camisas y un abrigo; pero que era también enormemente pesada, como él mismo pudo comprobar, pues tuvo que sostenerla mientras su amo sacaba de la bolsa treinta y seis napoleones, de los que el criado debía rendir cuentas a su regreso. Luego le mandó que se marchara en el carruaje mientras él, empuñando la mencionada saca, subía al simón. Hasta este punto, como ve, el relato es bastante claro. -Perfectamente -convine. -Pero ahora viene el misterio -dijomonsieurCarmaignac-. Después de esto, que nosotros sepamos nadie volvió a ver al conde deChâteauBlassemare, ni conocidos ni amigos. Luego averiguamos que, la víspera, el agente de cambio del conde había vendido, por orden de éste, todos sus bonos franceses y le había dado su equivalente en dinero. La razón esgrimida para esta operación concordaba con la que había dado a su criado. Dijo que marchaba al norte de Francia para pagar algunas deu-das y que no sabía exactamente cuánto dinero iba a necesitar. La saca, cuyo excesivo peso había extrañado al criado, contenía, a no dudarlo, una suma de oro considerable. ¿Quieremonsieurprobarmi rapé? Me alargó su tabaquera abierta, de la que tomé un poco a modo de experimento. -Cuando se inició la investigación -prosiguió-, se ofreció una recompensa por cualquier información que pudiera arrojar alguna luz sobre el misterio, sobre todo por la que pudiera facilitarnos el conductor del simón, como, por ejemplo: «me contrató la noche del día tal, hacia las diez y media, un caballero con una saca de cuero negro, que se había apeado de un carruaje privado y dio dinero a su criado tras contar-lo dos veces.» Se presentaron unos ciento cincuenta cocheros, ninguno de los cuales resultó ser el hombre que buscábamos. Sin embargo, obtu-vimos una curiosa e inesperada prueba para otro caso completamente distinto. ¡Qué barbaridad! ¡Qué ruido hace ese arlequín con su espada! -¡Intolerable!-convine. El arlequín desapareció, ymonsieurCarmaignac reanudó su relato: -La información a que me refería nos la suministró un muchacho de unos doce años que conocía al conde perfectamente, ya que le había ser-vido varias veces como mensajero. Afirmó que hacia las doce y media de aquella misma noche -en la que, tome usted nota, brillaba una hermosa luna llena- fue enviado, al haberse puesto de repente su madre con dolores, a buscar a la comadrona, que vivía a tiro de piedra del Dragón Volador. La casa de su padre, punto de partida, se hallaba a unos dos kilómetros de distancia de la posada, para alcanzar la cual tenía que rodear el parque del castillo de la Carque. El

camino pasa por delante del viejo cementerio deSt.Aubin,separado de éste sólo por una valla muy baja y dos o tres árboles viejos y enormes. El muchacho se puso un poco nervioso al acercarse a este antiguo cementerio y, a la luz brillante de la luna, vio a un hombre al que reconoció claramente como al conde, a quien conocían con el mote de «El sonrisas». Tenía un aspecto muy triste y estaba sentado encima de una lápida, sobre la que había también una pistola, mientras él cargaba otra. »El muchacho pasó por allí de puntillas, sin hacer ruido, sin apartar la vista en ningún momento del conde deChâteauBlassemare, o del hombre al que había confundido con él. No iba vestido como de cos-tumbre, pero el testigo juró que no le cabía la menor duda en lo que a su identidad se refería. Dijo que tenía una expresión grave y adusta, pero que, aunque no sonreía, era la misma cara que él conocía de sobra. De esto estaba completamente seguro. Si era él, fue la última vez que alguien lo vio. Desde entonces no se ha vuelto a oír hablar de él. Nada se ha descubierto de él en Ruán y alrededores. No hay pruebas de su muer-te, pero tampoco hay el menor indicio de que siga con vida. -Es un caso realmente singular -convine; iba a hacer otro par de pre-guntas cuandoTomWhistlewick, que sin que yo me diera cuenta se había levantado a dar un paseo, volvió mucho más despierto y mucho menos achispado. -Vamos, Carmaignac, se está haciendo tarde y debo irme, de veras, por el motivo que le he dicho antes. Beckett, tenemos que vernos pronto. -Siento mucho,monsieur,no poder relatarle ahora el otro caso, el del otro inquilino de la misma habitación, un caso más misterioso y sinies-tro que el último, ocurrido en el otoño del mismo año. -¿Por qué no me hacen el honor de venir a comer conmigo mañana al Dragón Volador? Mientras avanzábamos por la «Galería de los Espejos», conseguí arrancarles su promesa. -¡Por Baco! -exclamóWhistlepoco después-. Fíjense en esapagoda,o silla de manos o lo que quiera que sea: sigue aún donde la dejaron esos individuos, sin que haya nadie cerca de ella... No me explico cómo hacen para adivinarlo todo tan diabólicamente bien.JackNuffles, aquien he conocido esta noche, dice que son gitanos. ¿Dónde están, por cierto? Voy a echar un vistazo al profeta. Lo vi tirar de las persianillas, que estaban construidas a imitación de las celosías venecianas: cubrían las cortinas rojas del interior, pero no parecían ceder, y Whistlewick sólo pudo mirar por debajo de una que no estaba totalmente bajada. Al volver, nos contó lo siguiente: -Apenas he visto al viejo. Estaba demasiado oscuro. Está cubierto de oro y rojo, y tiene un sombrero de mandarín bordado; duerme como un lirón, ¡y por Júpiter que huele peor que una mofeta! Aunque sólo sea por oler vale la pena acercarse... ¡Buah! ¡Puf!¡Arg! ¡Vaya perfume! ¡Beerg! Decliné aquella invitación tan seductora, y nos dirigimos lentamen-te hacia la puerta. Me despedí de ellos, recordándoles su promesa. Así, pude subirme por fin a mi carruaje y dirigirme sin más dilación hacia el Dragón Volador por el más apartado de los caminos, bajo la sombra de árboles antiguos e iluminado por la suave luz de la luna. ¡Cuántas cosas habían ocurrido en las dos últimas horas! ¡Qué varie-dad de cuadros extraños y animados se habían agolpado en taxi breve espacio! ¡Qué aventura tan estupenda me esperaba!

yo sabía que disponía de tiempo suficiente para mi excursión misteriosa sin despertar la curiosidad de nadie por verme salir con las puertas ya cerradas.El parque del castillo de la Carque No había peligro de que el Dragón Volador cerrara sus puertas en aquella ocasión antes de las tres o las cuatro de la madrugada. como sus señores no abandonarían el baile hasta el último momento. luces. entraba un rayo de luna que iluminaba el suelo con una luz oblicua. Más allá se divisaba el contor-no del castillo de la Carque. cuyas copas estaban tenuemente iluminadas por la claridad de la luna. me llenaron momentáneamente de remordimiento y horror. Por lo tanto. El artesonado negro. que. Adivinarán con qué extraño interés y emoción contemplé aquel des-conocido escenario de la aventura que me aguardaba. subí presuroso las anchas escaleras con el dis-fraz en la mano. Más cerca de mí. pero la amargura ya estaba deslizándose en mi copa. entre la bella condesa y yo. Me calé el sombrero y. CAPÍTULO XVI . a medio camino entre mi ventana y el castillo. sus chimeneas y numerosos chapiteles recortados sobre el cielo grisáceo. delante de la ense-ña del Dragón Volador. En aquel momento me habría gustado no entrar nunca en aquel laberinto que me conducía no se sabía a dónde. Contemplé el paisaje que dormitaba bajo aquellos rayos argentinos. no podrían volver a sus rincones del Dragón Volador hasta haber cumplido con sus obligaciones. Muchos criados de personajes importantes se encontraban allí acuartelados.¡Cómo contrastaba el silencioso y solitario camino iluminado por la luna con el abigarrado torbellino de placeres a cuyo rugido. aquella misma noche. el solemne mobiliario y las oscu-ras cortinas del alto lecho hacían que la noche pareciera más sombría. tomé un par de pistolas cargadas. finalmente. Pero el tiempo volaba y la hora se aproximaba. un poco a la izquierda. La locura de mi empresa. Poco más habría bastado para revelar aquel mi poco viril estado anímico a mi vivaracho amigoAlfred Ogleo incluso al mordaz pero simpáticoTomWhistlewick. Localicé el lugar exacto de aquel lúgubre conjunto de árboles. eran unas compañeras muy recomendables en la . y entré en la espaciosa alcoba. y durante varios minutos unos vagos presentimientos apesadumbraron mi corazón. iluminados por la luz que se filtraba de la puerta del vestíbulo. música. a la sazón llamados «escarpines». hacia la que me precipité. Era demasiado tarde para volverse atrás. y. con mi dominó revoloteando alrededor. busqué a tientas un par de botas para ponerme en lugar de mis finos zapatos planos. diamantes y colores acababa de hurtarme! La visión de la naturaleza solitaria a aquella hora de la noche actuó como un sedante repentino. y la culpabilidad que entrañaba. Por la ventana. Acabábamos de detenernos bajo el dosel de follaje. distinguí la masa tupida de árboles que la dama enmascarada me había indicado como lugar de encuentro. según me habían aconsejado. Dejé mi disfraz sobre un sofá. Despedí a mi cochero. sin los que ningún caballero podía asistir a una velada.

A unos metros de la escalinata. como quien no sabe qué dirección tomar. algunos de ellos bastante peligrosos. y. No te acuestes hasta que yo vuelva. entre las grietas se abría paso la hierba. para percibir con detalle estos efectos. No se oía ningún ruido de pasos ni se veía el menor rastro de figura humana. podría alargarlo un poco más. y más triste. se erguía un templete griego o capilla. La luz de la luna era suficiente para consultar el reloj. Yo estaba demasiado atento al castillo. que valen. está triste por su matrimonio con un tirano celoso que la quiere obli-gar a vender sus diamantes. le diré algunas cosas acerca de ella. -St. donde. a la luz de la luna. así como una ventana. Es una mujer desgracia-da. pero. aquel decorado romántico me sugería en cierto modo la gruta. Seguí avanzando. con columnas corintias acanaladas y vanos cubiertos de vidrio. Ya estaba cabe los tilos grandiosos y los castaños centenarios. . divisé el gablete de la vieja posada. La joven estaba en medio del claro y la luz de la luna caía directamente sobre ella.inestable situación que estaba atravesando entonces la sociedad francesa: por doquier pulula-ban soldados en desbandada. Ante mí se elevaba el bosquecillo designado.. confieso que cogí un espejo y lo llevé junto a la ventana para comprobar mi aspecto a la luz de la luna. Una vez en el vestíbulo. me habló una voz por detrás. Este bosquecillo se abría ligeramente en el centro. la fuente y la aparición de Egeria. Un tupido manto de hiedra cubría en este punto la tapia y formaba en lo alto una especie de racimo. El moho se insinuaba en el pedestal y la cornisa. llamé a mi criado. Luego avancé por la carretera. silbando todo el tiempo una tonadilla que se me había pegado en una visita a la ópera. -La condesa estará aquí enseguida -dijo. además de servir de pantalla a mi empresa en caso de que alguien estuviera mirando por casualidad en aquella dirección. voy a darme un paseo en esta noche de luna. semioculta tras el follaje. Faltaban sólo ocho minutos para la hora convenida. La impresión de descuido y ruina hacía más bonita aún la escena. A cada paso parecía más alto y proyectaba una sombra cada vez más negra a mis pies. que cobijaba una estatua. No tardaré más de diez minutos. A unos doscientos metros aproximadamente del Dragón Volador. Me volví sobresaltado: allí estaba la persona dis-frazada demademoisellede la Vallière que había visto unas horas antes. Nada podía favorecerle más. lige-ramente a la izquierda. Era de mármol blanco. ¡Lo conseguí! Ya me hallaba en el parque del castillo de la Carque. de manera semiconsciente. que parecía cubierto de escarcha. dejé de disimular: me di media vuelta y escudriñé con atención el cami-no. una fuente abastecida por los grandes estanques del otro lado del castillo derramaba sus aguas con sonido metálico sobre una ancha pila de mármol. ceñido por una pequeña escalinata. satisfecho del resultado. que parecía más negro que los crespones de una corona fúnebre. Si el paseo me gusta. y sentí cierto placer al verme sumergido por completo en medio de la sombra.Clair-le dije-. Luego. Entre tanto. Esto me facilitaba la escalada. el chorro de agua centelleaba cual lluvia de diamantes al claro de luna. Bajé los escalones y miré a derecha e izquierda. su figura parecía más graciosa y elegante que nunca-. contemplandoora la luna ora las nubes blancas que se deslizaban por el otro lado. Ter-minados aquellos preparativos. Mientras observaba atentamente. y el mármol descolorido y añejo exhibía los estigmas de un largo abandono. de la que salía una luz tenue. lo dejé en su sitio y bajé corriendo las escaleras.. de donde debía llegar la dama. como el furtivo infame que traspasa los dominios de un señor confiado. y la esperanza aceleró los latidos de mi corazón.

con la palma hacia abajo. es maravillosamente dulce. si desprecia. pues se estaban desperdiciando unos momentos preciosos mientras manteníamos aquella conversación insulsa.-Treinta mil libras esterlinas.que se ríe de mí. -Siempre la he tenido presente. y cuanto mayor sea el peligro o el sacrificio. más feliz me hará.mademoiselle.pero yo no he dicho eso. No quiero entrar en . sin embargo. me pareció que algo picada.. se quitó el guante y alargó la mano.usted me dijo que estaría aquí pronto.eso no es cierto. y vigila constantemente. -No. Con estas palabras. entonces.Pero es sólo un parecido. que. -Primero diga si ha pensado realmente en ella. claro que la puede ayudar. y pareció romper a llorar. si puede hacer estas cosas. ¿Puedo ayudarla de alguna manera en esta lucha desigual? Dígame cómo. como ella. Me cree vanidosa porque pretendo en algunos aspectos igualarme a la condesa deSt.Alyre está en casa. -Pero -añadí. -Siempre y cuando no ocurra nada imprevisto. Aquello era indigno e irritante. pero se me antoja un poco más aguda. -¿Desea ella verme? -pregunté con tierna vacilación. -¿Admite. más de una vez. que mi mano es tan bonita como la suya? -No puedo admitirlo. -Eso es un prejuicio.. a la luz de la luna. no es ningún peligro. ¡Ah! ¿Es entonces la mía mejor? -Perdóneme. ¿Puedo ayudarla de alguna manera? -Si desprecia el peligro. en la aventura de laBelleÉtoile. es dificilísimo dar un paso sin peligro. Día y noche sus bellos ojos me siguen a todas partes. sin más recompensa que su pobre gratitud. La de usted es una voz muy dulce. sino también su amistad.monsieur. Lo he oído decir a un amigo. las leyes tiránicas de este mundo y es suficiente-mente caballeroso como para dedicarse en cuerpo y alma a la causa de una dama. Yo me declaré dispuesto a ser el esclavo de la condesa. su dulce voz siempre resuena en mis oídos. como el conde deSt.Alyre.monsieur.mademoiselle-dije con la sinceridad de la impaciencia-. que no parecía conducir a nada. pero no es tan patéticamente dulce como la suya. Le desafío a que me diga que mi mano es menos hermosa que la suya. La dama parecía realmente molesta. Dicho lo cual. -Dicen que mi voz se parece a la de ella -dijo el disfraz. -Un poco más chillona. no podía contradecir a una -Veo. -En efecto-contesté-. la dama disfrazada se volvió. y ganarse así no sólo su gratitud.. quiere decir -contestó la señorita de La Vallière. no más chillona: su voz no es chillona. Hice una reverencia. dama.

El camino está desierto y hay una barrera que permite acceder a este camposanto. Lo atravesará y se encontrará a unos veinte metros de aquí. luego. se retiró el disfraz.Alyre nunca habría confiado en usted ni le habría dado ninguna cita. Confío en usted.¡Qué monstruosamente estúpido he sido! ¡Así que fue conmadamela condesa con quien estuve hablando todo el rato en el salón! La contemplé en silencio. La disfrazada rió primero fríamente y. sonriente.¡cuántas veces he repetido en la soledad su nombre. además de valiente. si viniera uña tercera vez. monsieur.Richard. En el matrimonio no existe laindiferencia. Pero ha llegado la hora de dar el paso. Pero ahora estoy segu-ra de que es usted una persona de fiar. le prometí observar al pie de la letra sus instrucciones. mi rey! ¡Cuánto le amo! Yo la habría estrechado contra mi corazón. me habría arrojado a sus pies. Y ella. Pero aquella mujer hermosa y. La mía ha sido una vida muy tris-te. a nadie que me libe-rara de los horrores de mi existencia. debo decirlo.yque es usted todo un campeón.Richard!¡Oh. con una capilla en ruinas. que he conocido por mi criado!¡Richard. -¡Cielo santo!-exclamé-. Los vecinos temen pasar por allí de noche. pero la condesa deSt. que cogí y llevé a mis labios. Pero por fin he encontrado a un amigo valeroso y decidido.Alyre. Yo le prometí repetidas veces que moriría antes que permitir que cualquier imprudencia pusiera en peligro aquel secreto que daba a mi vida sentido e interés.mi héroe! ¡Oh. Sabe de sobra que no me he olvidado de usted. exclamó: -Le probaré lo que digo. si alguna vez arriesgara su vida por mí. y. me rechazó. y mis ojos vieron en persona a la condesa deSt. y también que. volveríamos a cambiar. Comprenda mi situación. más solitaria que la de un claustro. tímida y más bella que nunca. con un esbozo de sonrisa dulce y comprensiva. Y. aunque usted se equivocó. Me quedan sólo unos minutos. En el otro extremo del castillo hay un pe-queño cementerio.es odiarlo. fiel y sin miedo. a nadie que me aconsejara. -Llevo más de un año viviendo en un terrible estado de indecisión. mientras así hablaba. yo arrostraría igualmente cualquier peligro antes que perder a un amigo. Creo que. pero no se olvide de extremar la precaución para que nadie sospeche que ha venido aquí. ¡Cómo olvidar la escena heroica del vestíbu-lo de laBelleÉtoile!¿Ha conservado usted la rosa que le di al despedir-nos? Sí. la condesa deSt. Exhalando un suspiro. aún se acuerda de la condesa de laBelleÉtoile. Me lo debe usted. ridículo por . -No. ¿Vendrá de nuevo mañana por la noche a las once y cuarto? Yo estaré aquí a esa hora. El conde. no necesita jurarlo. confundida. y mi entusiasmo iba aumentando en proporción. inconsecuente. Si usted hubiera cedido al coqueteo de una rival disfrazada demademoisellede La Vallière. -Mañana debe venir por otro camino -dijo-. no debe hacer eso -dijo con voz queda-. me alargó la mano. No amar al marido -continuó. -No. en un lugar rodeado de matorrales. no debemos desperdiciar en extravagancias estos preciosa momentos. Cada momento me parecía más hermosa. con cierta simpatía. Aún no nos conoce-mos lo suficiente. Por supuesto.comparaciones. No he tenido a nadie que escu-chara mis confidencias.Alyre es a todos los respectos la dama más hermosa que jamás han contemplado mis ojos.

Se levantó. es tremendo cuando le acometen los celos. Era el conde deSt. para pedirme un favor.Alyre. para hacer cuantoestoy haciendo ahora y cuanto voy a hacer después. más de diez minutos. Por eso. En este momento tengo que acudir a una reunión con otras tres o cuatro personas. dijo. Fue conmigo hasta mi hotel y subió a mis aposentos. siempre en la oscuridad. ¡Qué gran contratiempo! . pero no hasta después de las seis. A causa del gran barullo que se había formado a la salida del baile. pero mi amigo el marqués de Harmonville. No era fácil saber si aquel día había algo inhabitual en su fisonomía o si era simplemente el efecto de mi pre-vención por todo lo que había oído durante mi misteriosa entrevista en su parque. quien tal vez se sienta más obligado conmigo. Con una hora que me hubiera reservado todo se habría arreglado. con los lentes calados. Hizo con la mano un gesto perentorio para que me marchara.Alyre. -Con mucho gusto -dijo el marqués-. Sonrió. entonces! -exclamó el conde-. y tenía el brazo derecho en cabestrillo.todo lo demás. su vehículo había sufrido un percance. en medio de una fiebre de euforia.El ocupante del palanquín El marqués me visitó al día siguiente. diga que no conoce a ninguno de los dos. me prestará tal vez la ayuda que necesito tan impe-riosamente. y con el propósito. y me encantaba hacerlo en su compañía. Me extrañó ver allí a un hombre sentado en uno de los sillones. con la esperanza de encontrarlo aquí -graznó-. CAPÍTULO XVII . por lo que me pedía un asiento en el mío en caso de que tuviera intención de ir a París. delante de mí. que no puedo explicar ahora. y vino a llevarse aquella visión. los bucles oleaginosos de su peluca negra. Tengo motivos. Adiós. Mañana por la noche le contar más cosas. yo iba a París. Volví a escalar la tapia del parque y regresé al Dragón Volador antes de que cerraran las puertas. A pesar de lo tarde que era.Alyre en su presencia. me temo. leyendo un periódico. La bufanda negra le colgaba del pecho. ultrajado al menos en la intención. al toparme de repente con aquel hombre. vi a la bella condesa deSt. -¡Qué voy a hacer. estoy casi seguro de que no podremos terminar antes de esa hora. una reunión a la que no puedo faltar. mi desayuno estaba aún en la mesa. Permanecí despierto en mi lecho.monsieurBeckett. Hasta que despuntó el día. ¡Váyase ya! Déjeme sola. creo. extreme la precaución. Finja con todas las personas con las quo hable no conocer a ninguno de los moradores del castillo de la Carque alguien menciona al conde o a la condesa deSt. al menos momentánea. la obedecí Esta entrevista no duró. parecían ébano esculpido sobre un horrible rostro de boj. Yo no era un pecador suficientemente endurecido como para no sen-tir cierta turbación. que enmarcaban su escueta cabeza. Había venido. -Le he visitado. pero me pareció que su expresión era más sombría que en ocasiones anteriores. de tomarme cierta libertad. Musitando un «adiós». En efecto. dándonos la espalda.porfavor.

Era bastante dinero.-Yo le ofrezco una hora de mi tiempo con mucho gusto -dije. según sus propios deseos. -Apenas he visto a ese pobre caballero dos veces en mi vida -dijo el conde-. Mientras yo me encargaba de las formalidades.Amand. Luego me entregó el dinero para sufragar los gastos del entierro. entenderán por qué me he entretenido en contar todos estos detalles. pero. Así pues. llegaría a casa de éste (el castillo de la Carque) hacia las diez de la noche siguiente para ser transportado desde allí en un coche fúnebre. si el recibo estuviera a mi nombre. -No a mi nombre. a saber. no puedo rechazar este encargo. Pero había concertado con él una entrevista para aquel día y sentí alivio al oírle decir que era mejor dejar el dinero en manos de mi banquero unos días más. le ruego que. el conde. con el permiso del conde deSt. cuyo brazo de marmórea blancura me convocaba en la noche al bosquecillo de tilos y castaños del castillo Carque. y ayer escribí rechazando dicho encargo. Aquella circunstancia tuvo también . se echó una cabezadita en un rincón del carruaje. amén de una nota acerca del lugar exacto en el que se debía cavar la tumba (bastante sencilla).que había fallecido enChâteauCléry. entre dos panteonesdela familia deSt. Pero me han ase-gurado que. la suya podría servir tanto como la mía. Pero aquí surge otro problema. Salimos del hotel. la nota no era nada alegre. a la vez loca y reprobable. iba a ser enterrado. ello me convertiría en albacea ante la ley.El cortejo fúnebre. El asunto. eché de menos una vez más mi tranquila habitación del Dragón Volador. Yo le pregunté a nombre de quién debía ordenar que se extendiera el recibo. llegaría dos días después. y ya no podría echarme atrás. Poco me importaban los insesde unos días. en comparación con la imagen que ocupaba mis pensamientos.Alyre. como una firma es igual de válida que otra. He tenido la mala suerte de torcerme el pulgar y no podré escribir durante una semana.Amand. su casa. Yo hice lo que me había pedido. embozado en su bufanda de seda negra y con el sombrero calado hasta los ojos. mi querido amigo. Me apresuré a cumplir el pequeño asunto que se me había encomendado. El conde me facilitó el nombre y apellido del finado. como no tiene a ningún otro pariente. Cuando llegue el momento. en el cementerio parisiense dePèreLachaise. a la una y media de la madrugada. Como ya he dicho. París había perdido su encanto para mí. yo tenía una suma líquida en mi banco. más un suplemento por nocturnidad. todo saldrá perfectamente. estado en el que me lo encontré a mi vuelta. Ciertamente. si no tiene ningún reparo.monsieurde St. la melancolía de los bosques del castillo de la Carque y la emocionantey embriagadora proximidad del objeto de mi pasión. Me detuve en la oficina de mi agente de cambio. Sin embargo. así como la edad. o la suma entera. Y como usted se ha ofrecido tan amablemente a acompañarme. que. Querían que yo me convirtiera en albacea.monsieur!La verdad es que no me atrevo a pedirle ese favor. la enfermedad de la que había muerto y varios otros detalles. es un pocofuneste. por desagradable que sea. ya que los fondos estatales franceses caerían con toda seguridad en breve plazo. se decía. -¡Qué bueno es usted. por eso quiero acudir a la oficial de defunciones para firmar en el libro y obtener la debida autorización para su inhumación. para un hombre tan alegre y encantador comomonsieurBeckett. acompañado por cualquier miembro de la familia que deseara asistir al entierro. se escriba el recibo a su nombre.Le ruego lea esta nota que me ha llegado esta mañana. En ella se decía que el cadáver del primo del conde.

Esta afirmación demonsieurCarmaignac. de quienes me había olvidado por com-pleto. del que se habían olvidado. sehallaba en aquellos momentos alborotado a raíz de una jugarretaindignante.como persistía en llamar al palanquín. pues se suponía que para entonces sus propietarios habrían mandado a algún mensajero a retirarlo. Lapagoda. por supuesto. para mi de-sesperación. Sin embargo. como descubrí después. Mis invitados se encargaron de compensar mi relativa taciturnidad. TomWhistlewick estaba en gran forma. Maldije interiormente mi estupidez por haberme comprometido con su agradable sociedad. se podía perdonar si se imputaba al inge-nio y bufonería irreprimibles de la juventud.y rayana en el sacrilegio. pese a su gravedad. y ésta no es digna de su nombre si no encuentra pronto. más proclives al misticismo. más asombroso me parecía. había quedado en el lugar donde la habíamos visto por última vez. De regreso al Dragón Volador. a no ser. Forzaron la puerta. aunque algo sospechosa -dijo Whistlewick. a los individuos que han atentado contra el de-coro y los sentimientos del público. Hubo incluso algunos. ¡sino a un muerto! Debían de haber transcurrido tres o cuatro días desde la muerte de aquel hombre. vino el camarero a anunciar que la cena estaba servida y podíamos pasar al comedor. Otros opinaron que no era más que una broma pesada y cínica que. encontré en mi saloncito. -Fue realmente una broma muy original. y su peso extraordinario les recordó por primera vez la pre-sencia de su ocupante humano. Terminado el baile. y después de retirarse todos los invitados. tan expeditivamente tildado pormon-sieurCarmaignac de «saltimbanqui». . en cuyo honor se había orga-nizado el baile. y no se logró dar con los desalmados farsantes. Pero nadie se presentó.una incidencia directa en mis aventuras subsiguientes. Casi exactamente lo mismo tuvo lugar hará unos cien años en un baile de gala en París. y se puso casi de inmediato a contar una historia muy extraña. decidieron dejarla donde estaba hasta la mañana siguiente. que aseguraron que el cadáver había sido condiciónsine quanonpara la exhibición adivinatoria. que habían hecho a alguien la noche anterior. pues entre mis libros de anécdotas y recuerdos franceses se encontraba aquel mismo incidente subrayado por mi propia mano. Pero aquello ya no tenía remedio y unas pala-bras a los camareros bastaron para reparar enseguida mi olvido. cuando más pensaba en ello. -El asunto está en manos de la policía -observómonsieurCarmaignac-. los criados que ayudaban a apagar las luces y a cerrar las puertas la encontraron aún allí. y pone a disposición de la justicia. Unos dijeron que se tra-taba de una farsa para insultar a los aliados. e imaginen cuál no fue la consternación al descubrir. Yo estaba pensando para mis adentros en lo inexplicable que había sido mi coloquio con el mago. Mientras hablábamos de aquel asunto. a mis dos invitados. Ni el mago ni su acólito ni los portadores habían vuelto a aparecer. Entonces se ordenó a los criados que se lo lle-varan de allí. Me dijo que no sólo Versalles.y que las revela-ciones y alusiones que tanto habían asombrado a los asistentes se habían debido indudablemente a la necromancia. bastante corpulento. -Ni siquiera original -dijo Carmaignac-. era exacta. que se trate de individuos más astutos de lo que suelen ser los simples saltimbanquis. no a un hombre vivo. ata-viado con túnica china y sombrero de colores. sino también todo París.

y distaba mucho de ser apuesto. pero también el más bonachón. al igual que los vinos.El camposanto La cena que nos sirvieron fue realmente buena.cambiar de habitación ahora que hay menos gente en la posada? Por supuesto. . el posadero le dio la habitación a la que me he referido. A un caballero francés -ojalá pudiera recordar su nombre-. yame comprenden: una cantidad cercana al medio millón de francos. cantaba y escribía poe-sía. sacó todo el dinero del banco. -¡Saquefuerzas de este vino. pues mis pensamientos estaban por completo en otra parte. cantando o tocando el violín. cuyo nombre no recuerdo ahora. por lo menos. Por cier-to.monsieur. gracias. pero tenía unmodicumbonum. antes que los otros dos. que jamás había pisado la tierra. Pienso cambiar de hotel. el Dragón Volador. prosiguiendo un hiloargumentaique se me había hurtado-. La historia que contó fue muy curiosa. -Ah. Sus costumbres eran extrañas. pero espontáneas. pues.monsieur. es decir. probablemente se comía aquí mejor que en algunos de los más prestigiosos hoteles de París. ¡Un hombre realmente excéntrico! No era un millonario. Pero bebamos antes un poco de vino. no. que acudió a esa posada. además del noble ruso. se mostraron contentos y muy locuaces. no presté prácticamente ninguna atención. si he de ser sincero.para afrontar la catástrofe! -bromeó Whistlewick mientras se llenaba el suyo. disimulando su seriedad con una sonrisa.CAPÍTULO XVIII . -Este caso ocurrió -dijo Carmaignac-. la que usted ocupa. Tocaba el violín. Ahora ya conoce usted su situación financiera cuando ocurrió la catástrofe. hasta que de repente surgió un tema que me interesó poderosamente. aunque pase aquí esta noche. más extraño todavía. ni mucho menos. Pero. si la memoria no me falla. y estuvieron todo el rato contando historias divertidas. -Por favor. espero no sutilizarme como los otros. El efecto moral que produce cenar bien es inmenso: todos noso-tros lo sentimos aquella noche. pues. Tras consultar a su agente de cambio sobre la posibilidad de invertir este dinero en valores extranjeros. El sosiego y buen humor que produce son más duraderos y agradables que la tumultuosa euforia de Baco.monsieur. a pesar de que se trataba de una posada apartada. Mis amigos. -Sí -dijo Carmaignac. El personal de la posada decía que era el hombre más feo. Pero ha dicho usted que hay otra historia parecida relacionada también con esa misma habitación. aunque lo recordé precisa-mente esta mañana. Ya había dejado de ser joven -tenía más de cuarenta años. y salía por la noche a dar un paseo. siempre y cuando piense usted que-darse aquí más tiempo. A veces se pasaba todo el día en su habitación escribiendo. Hubo otro caso.¿no piensa -añadió volviéndose hacia mí. así podré pasear de noche por la ciudad. hijo de un comerciante. Se había alojado en la misma habitación. a las que. llénese el vaso -dije. Oigámosla. lo cual me ahorró el trabajo de tener que hablar.

si no. llamó ala puerta para saber si el poeta quería algo. como él los había dejado. Pero no se descubrió nada. le llevó una taza de café. La cama estaba sin deshacer. Todos igualmente incomprensibles. Que eso era lo único que podía decir. Éste contestó con cajas destem-pladas al inoportuno criado y lo despidió repitiéndole la orden de que no lo molestaran durante la noche. tres. . »Así pues. Alguien dijo que el escritor había salido de la habita-ción cerrando la puerta por fuera y. que quería empezar a escribir aquella noche. Y ahora les contaré algo acerca de su poseedor. a quien pertenece esta casa. y los postigos estaban cerrados por dentro. con la llave en el bolsillo. Nunca volvió a aparecer. éste comentó después que había visto escribir tan deprisa que parecía que en cualquier momento iba a empezar a arder el papel (éstas fueron sus palabras textuales). que hacia las nueve.Alyre. »Sentado a la mesa de su despacho lo encontró el camarero. Las llaves las guardaba el propio posadero. se evaporó. Lo único que sabemos con certeza es que. el cual. suficiente papel para escribir toda La Henriada y provisión proporcional de plumas y tinta. Las velas estaban ya boqueando en los candeleros. un rato después de atrancarse las puertas. Sin embargo. Cuando se comete un asesinato. »Ahora bien. ocurrió que. -¿Y desde entonces no se ha sabido nada de ese poeta épico? -pre-gunté yo. mostró gran actividad y consternación. un criado que no se había enterado de su orden de no ser molestado. con mayor fuerza. y. y todos en la misma habitación. después de esa hora. al no recibir contestación. los postigos estaban cerrados. la gran dificultad con que se encuentran los asesinos es cómo ocultar el cadáver. al ver que su huésped no había dejado la llave en la cerradurabuscó otra para abrir la puerta. tras ocupar la habi-tación en la que usted duerme. que lo ha obligado a esconderse con el mayor sigilo y celeridad. .-Pues bien. La noche siguiente a aquella operación financiera fue presa de un arrebato poético. parecía estar completamente enfrascado en su trabajo. sin que nadie desde entonces haya sabido cómo lo hizo ni haya tenido noticias suyas. debe de haberse metido en algún asunto sucio. Tenía dos pares de velas. pues ésta se atrancaba desde den-tro. al ver que salía luz por el ojo de la cerradura. -Absolutamente nada. miró por el ojo de la cerra-dura. descono-cido para nosotros. nadie podía salir de la casa sin tener la llave. a la mañana siguiente. una frugal cena fría en una mesita. y que nadie podía haberlas cogido sin despertarlo. pero ni siquiera alzó la vista. el cual juró que las encontró coleadas en la cabecera de su cama. en su lugar habitual. por lo que no quería que lo molestaran bajo ningún con hasta las nueve de la mañana. pero daban aún luz suficiente para constatar que el huésped había desaparecido. Pero nadiecontestó. Es muy difícil creer que alguien haya asesinado a tres personas consecutivamente en la misma habitación y haya hecho desa-parecer sus cadáveres sin dejar rastro alguno. se había marchado de la posada. una media hora después la puerta estaba cerrada. Supongo que estará muerto. aquí surgía otro problema: elDragón Volador cerraba sus puertas a cal y canto a las doce de la noche. y aquél le repitió desde el interior queno quería que lo molestaran. El conde deSt.Dio entonces parte de este continuado y alarmante silencio al posadero. mandó llamar al posadero y le dijo que desde hacía tiempo venía meditando un poema épico. Las velas estaban aún ardiendo. y a las nueve de la mañana siguiente llamó a su puerta y. -Sí. y ello dejando la puerta sin cerrar por fuera. Volvió a llamar. eso fue lo último que se supo de su dinero -prosiguió Carmaignac-. a no ser que contara con la complicidad o ayuda de alguien de la casa. -Usted ha mencionado tres casos -le recordé-. elgarçonse marchó.z hacia las doce y media. Pero cuando volvió el camarero. Aquel incidente probaba que el poeta estaba en la casa después de que se cerraran bien las puertas de la calle.

que. mis invitados tenían sendos compromisos en París y me dejaron hacia las diez de la noche. hasta que. No conozco el nombre de este arbusto. Aquí. Ya había averiguado el lugar exacto en que se encontraba el pequeño camposanto: aproximadamen-te a unos dos kilómetros de distancia.y eso sólo de manera vaga. también a mi izquierda. Ya no era un árbol. y se halla situado entre éste y el parque del castillo de la Carque. que sus funciones en el departamento de policía le habían permitido conocer. Reinaba el más completo silencio. a unos doce pasos de distancia. desde allí. pero lo he visto a menudo en lugares particularmente fúnebres. éste no miraba en mi dirección. al igual que nues-tros enebros ingleses. y a veces. inmóvil. flotando en la negra nie-bla. Entre las formas que se recortaban sobre el gris metálico del horizon-te. Me puse a pasear porla habitación. a la luz intermitente de la luna. La luna empezó a asomar bajo la nube que la había mantenido ocul-ta durante aquel tiempo. Cogí mis pistolas con una apren-sión indefinible ante la eventualidad de tener que utilizarlas antes de mi regreso. Subí a mi habitación y miré en dirección del castillo de la Carque. la forma de un álamo en miniatura y el oscuro follaje de un tejo. No quería presentarme antes de tiempo. Sensación que. pasa por delante del viejo camposanto. y el gravemonsieurCarmaignac nos dis-trajo con un asombroso ramillete de anécdotas escandalosas. tiñendo de tonos oscuros las alegres y frívolas historias que relató también. Permanecí sentado en ese estado de indolencia inducido por la espera.Luego cambiamos de tema. que estaba sumida en una oscuridad sinies-tra. Descubrí que había llegado con cierto adelanto y me senté un rato en el borde de una lápida. Me deslicé en silencio. sino un hombre de pie. Afortunadamente. la distinguí con total nitidez: era la silueta del coronelGaillarde. siempre bajo majestuosos árboles viejos. pues suponía que la bella condesa tenía bue-nas razones para no desear que yo penetrara en los dominios del castillo antes de lo estipulado. bordeando la tapia del parque y describiendo una ruta de circunvalación. entré en una pista más estrecha. en modo alguno enfrió mi fervor. en este lugar fantasmal. tenía un aspecto melancólico y fantasmagórico. Volvieron vagamente a mi mente las extrañas anécdotas referidas pormonsieurCarmaignac sobre la habitación que yo ocupaba. a la izquierda del camino. destacaban algunos de esos arbustos o árboles que. tienen unos dos metros de altura. avancé lentamente por el lado izquierdo dela carretera y. con una sensación desagradable. Cuanto más clara era la luz de la luna más clara resultaba también aque-lla imagen. y. el árbol que había estado observando perezosamente empezó a adoptar una nueva forma. Mi aventura me absorbía y arrobaba. a medida que la luz iba en aumento. al tiempo que dejaba un poso de extrañeza y grave-dad en el fondo demi ser. Yo lo veía sólo de perfil. y el parque. El cielo estaba salpicado de nubes. Éste. de manera que a lo sumo podía distinguir los contornos de los objetos más próximos. con los ojos puestos en el objeto que estaba justo delante de mí. que tenía aquel ligero contorno negro que he descrito. Estaba justo delante de mí. emergía la blanca superficie de una lápida sepulcral. ocupa poco más de veinte áreas. pero no había duda alguna . conviene dejarlo claro. Miré alrededor de la habitación. Afortunadamente. hice una pausa y escuché. por así decir. Nunca había sido mayor mi entusiasmo. por fin. Una espesa nube había oscurecido la luna. semioculto entre los árboles.

Ambos avanzaron. La dama no había llegado todavía. en aquel lugar y momento precisos. Esperé a que aquellos sonidos se esfumaran por completo en la dis-tancia antes de entrar en el parque.En cualquier caso. por casualidad. igual de tenue. Oí el sonido de otro silbi-do. el último en esca-larla. Allí estaba ante mí. suavemente. y. pero en un tono bajo y cauteloso. escudri-ñando por encima de una tumba. las figuras emergieron plenamente a la vista al saltar la valla que había al lado del camino. me aproximé al pequeño monumento. en la dirección opuesta al Dragón Volador. acechando alguna señal o la llegada de alguien. su rostrofarouchey sudesgarbado uno noventa de estatura. Me encontraba de nuevo bajo las gigantescas ramas de los viejos tilos y castaños. Si. CAPITULO XIX . cuyas ven-tanas ojivales estaban prácticamente ocultas por pantallas de hiedra. cual soldado adelantado que espía al enemigo. mirando a su alrededor. dándome la espalda. El coronel. La luna brillaba ahora ininterrumpidamente. con la vista y el oído aguzados.Alyre. a un observador tan peligroso! ¡Y qué felicidad para él golpearme duramente y al mismo tiempo echar por tierra los planes de la condesa deSt. derramando sus rayos sobre el delicado follaje y moteando el verdor del suelo bajo mis pies. vi dos sombreros conversando (las voces per-tenecían a quienes los llevaban).Alyrey avancé entre arbustos y matorrales hasta el punto más próximo al ruinoso templo. ¡qué nefasta fortuna la que había apostado. Alcancé los escalones y me encontré en medio de la antañona columnata de mármol. volvía los ojos en mi dirección. atravesé el peque-ño espacio que me separaba del lugar de la cita. reconocí la voz peculiar deGaillarde. Seguí las instrucciones que me había dado la condesa deSt. A pesar de todo. Oí sus pasos y el ruido de su conversa-ción mientras se alejaban. Me deslicé sigilosamente. una vez allí.La llave . yo me quedé tendido sobre la hierba. para mi gran alivio. Una tras otra. en la dirección donde resultaban audibles estos sonidos. extremando al máximo la precaución. no en dirección del parque. yo sabía que debía disponerme a reanudar inmediatamente el combate iniciado en el vestí-bulo de laBelleÉtoile. le oí hablar. sino del camino. Me pareció ver un sombrero sobresaliendo por la tapia en ruinas y luego vi otro sombrero. permaneció unos instantes arriba.en cuanto a su blanco mostacho. ampliando la distancia que existía entre nosotros con cada zancada. y con el corazón latiéndome fuertemente. Ella no estaba allí ni en el santuario interior. el coronel avanzó en la direc-ción de aquel sonido. y luego saltó al otro lado de la carretera. acto seguido. Sí. a la que parecía odiar! Levantó un brazo y silbó con suavidad.

Pese a la gravedad del momento. -Sí -dijo-.Esperé en el último peldaño. según contrato matrimonial.debo hablarle con absoluta franqueza. sin embargo. y a romper para siempre con los antinaturalesy abominables lazos que me unen. Ella reprimió el ardor de mi apasionado saludo con una firmeza dulce pero perentoria. Mis poderosos amigos intervendrán para conseguir la separación. . en la esquina del castillo? Asentí. oí el crujir de unos ramajos. y yo la conduje al lugar donde se había desarrollado nuestra última entrevista. Ya pueden ustedes imaginarse la manera florida y vehemente en que le expresé mi agradecimiento. Un hom-bre joven. mi corazón me dice que actúo sabiamente.Amand. Huiremos juntos a Suiza. Son de mi exclusi-va propiedad. con los ojos y oídos bien abiertos. centelleaba y refulgía a la luz de la luna. Al oír aquellas palabras tuve un arranque de elocuencia. Mire. Tengo joyas. ¿Ve esa luz roja que sale de la ventana de la torre. Era la condesa. guapo. sobre todo diamantes. -Yo no bajaré hasta aquí a reunirme con usted. Si ese propósito no se lleva a cabo. mirándome con ojos tristes y brillantes. Entonces seré feliz por fin y podré recompensar a mi héroe.mi marido acompañará los restos de su primo. Sin su ayuda no puedo cumplir mi propósito. mi querido amigo. He decidido huir. se sacudió sus hermosos cabellos y. generoso y valiente como usted no puede ser también rico. como les ocurre a los jóvenes alocados en una situación parecida. saldrá de aquí a las nueve y media. Yo le prometí obediencia total. cuando me conozca de verdad. -Escúcheme. No habló. Me las llevaré conmigo. Un par de minutos después. Estoy encadenada a un hombre al que desprecio. voy a desprenderme de todas mis joyas para convertirlas en dinero. Estoy segura de que desea defender-me. suspiró profundamente. Estoy segura de que usted entiende de joyas. Pero ella me mandó callar con la misma firmeza melancólica. Me encuentro en el momento más crítico de mi vida. sin dejar pistas a nuestros perseguido-res. ¡Qué confianza tan loca tengo en usted!. Citarme aquí con usted.monsieurdeSt. le juré consagrarme a ella de por vida y le dije que dispusiera de mí a su antojo. Usted acudirá aquí mismo a las nueve de la noche.Richard. Se quitó la capucha. -¡Es magnífico!-exclaméal contemplar un collar de diamantes que.usted dice que me ama. Creo que se apiada de mí. en nombre de un sacramento. Avancé con ansiedad. me juzgará con justicia. ¡qué gran locura parece! ¡Qué concepto tan pobre debe de tener de mí! Pero.El féretro.hasta PèrelaChaise. miré en aquella dirección y vi que se acercaba entre los árboles una figura envuelta en un abrigo. pero me dio la mano. y luego dígame si puede ayudarme. Estaba ordenándolas cuan-do llegó la hora y le he traído ésta para enseñársela. al que detesto con toda mi alma. y hasta que me ama quizá. por los que me ofrecen treinta mil libras de vuestro dinero inglés. y. usted compartirá todo esto con-migo. a un tirano. moriré. -Richard. Algún pensamiento terrible parecía abrumarla. -Mañana por la noche -dijo. según me ha dicho. pensé que me estaba mostrando aquella joya con el regodeo normal con que una mujer exhibe este tipo de gemas. suspendido de sus preciosos dedos.

Y luego me dio una instrucción particular: -He venido también provista de una llave. Cuentan que un hombre se encerró en ella toda una noche y que cuando. cada cual a partes iguales.y que acudiría a la cita con aquella suma en forma de oro y bille-tes. no habrá nada que temer. y. Sacaremos por lo menos una ventaja de cinco horas. -¡Cielo santo! -exclamó ella con una especie de desencanto-. En cuanto vea esa luz rosácea en esa ventana. Y ahora debo confiar una vez más en su ingenio para despistar al personal del Dragón Volador. Mi marido. Lo he cogido del escritorio del conde. Yo dejaré los diamantes en sus manos. evitando así el riesgo que entrañaba vender sus diamantes de mane-ra precipitada. un coche tirado por cuatro caballos nos estará esperando en la puerta de la cochera. Y nuestros pasaportes. le aconsejo que traiga el dinero consigo porque podrían transcurrir muchos meses antes de que podamos volver a París o revelar nuestro lugar de residencia a alguien. dará comienzo nuestra huida. Aquí tiene un documento y un plano en que se describe cómo se ha de proce-der. para ver que las cerraduras funcionan perfectamente. como el dueño del Dragón Volador era por aquel entonces un sinvergüenza. Cualquier contratiempo daría al traste con todas mis esperanzas. -Lo único que me preocupa todavía -prosiguió. entonces. Y ahora. y. Yo tendré mis joyas preparadas. y. Me produce una felicidad especial la idea de compartir nuestros recursos. querido Richard-prosiguió apoyando cariñosamente el brazo sobre mi hombro y mirán-dome a los ojos con una pasión inefable mientras con la otra mano apre-taba la mía-. mi vida está en sus manos. a un precio seguramente inferior al que tenían.es saber si podremos convertir rápidamente los diamantes en dinero. tan subido de poesía y pasión que me resultaría imposible reproducirlo aquí. estratagemas y recursos. Era una doble llave: una tija larga y delgada. Es precisamente la habitación que yo habría elegido para usted. no nos opongamos al destino. Le diré por qué. -Mañana por la noche todas las precauciones serán pocas. Le hice saber que tenía en poder de mi banquero una suma no inferior a treinta mil libras. En cuanto a usted. inde-pendientemente de cómo hagamos el reparto de bienes. Usted aportará su dinero. Cinco minutos después. sabrá que el cortejo fúnebre ha abandonado el castillo. He apostado todo a la carta de su fidelidad. fueron a preguntar por él.-La he colocado allí para que pueda reconocerla mañana por la noche. si está escrito que así sea. tan pronto como subamos al coche. Bueno. y que puede acercarse sin peligro. Aquélla era la oportunidad que yo estaba esperando. ¿Está dispuesto a arrostrar todo esto por amor a mí? De nuevo volví a proclamarme esclavo suyo. ponga los nombres y lugares de destino que le plazcan. Asegú-rese de probar primero las llaves. Tras esto siguió un coloquio romántico. He sabido que ocupa la habitación embrujada del Dragón Volador. No me atrevo a retirar-los mientras esté mi marido en la casa. Yo creo que en realidad quería zafarse de sus acreedores. lo ayudó a esfumarse. descubrió la manera en que se había efectuado la escapada. y yo mis joyas. Contribuyamos. cuyo uso debo explicarle. Encárguese también de eso. había desaparecido. Yo habré abierto la ventana para que pueda entrar. con nuestra energía. a la mañana siguiente. Fue con la ayuda de esta llave. que investigó el asunto. con un paletón a cada extremo: uno aproximadamente del tamaño con que se abre una puerta corriente y el otro casi tan pequeño como los que abren un estuche. ¡Así que es usted rico! Eso quiere decir que he perdido la dicha de hacer doblemente feliz a mi generoso amigo. .

estamos más cerca de otros delitos mayores de lo que sospechamos. Estaba claro que no me había visto. Yo me quedé mirándola fijamente. se lanzara sobre mí como un loco. la tran-quilicé asegurándole que impediría por todos los medios la posible vuelta del coronel loco. descono-cedor de este particular. exclamó: -¡Dios mío! ¿Quién está ahí? En aquel mismo momento dio un paso atrás y desapareció por la puerta labrada en el mármol permaneciendo cerca de ésta al fondo de una pequeña cámara sin tejado. Aquello. saqué del bolsillo una de mis pistolas y la armé. pero. como si le faltara el aliento. -Ni más ni menos. con la llave en la mano y una agitación en el cerebro rayana en la demencia. a unos quince metros de distancia. a no dudarlo. palideció de repente y.monsieur.Mientras pronunciaba la última palabra. A mí me protegían la cornisa y un trozo de pared. No quiso aceptar mi insistente invitación a acompañarla hasta el castillo. mirando en la dirección en la que había lanzado aquella mirada tan angustiada. Más de una vez he dado las gracias al cielo por la misericordia que tuvo conmigo al guiarme por los laberintos en que estuve a punto de perderme. es ésa. de espaldas al castillo. Encontré a la condesa presa de auténtico terror. Ella se recuperó enseguida y se despidió nuevamente con palabras dulces y pausadas. -¡Ahí está la estatua! -exclamó el coronel con su habitual tono cor-tante y discordante-. No era de extrañar que se sintiera tan aterrorizada: cerca de nosotros. con uno de sus alaridos frenéticos. pero en mi fuero interno tenía la decisión completamente tomada. para mi gran alivio. Bien. habría sido un asesinato. cuya ventana estaba tapada por una espesa pantalla de hiedra que apenas dejaba filtrarse un rayo de luz. muy claramen-te iluminado por la luna. Yo permanecí en el umbral que ella acababa de atravesar.vámonos de aquí. que saltaron por donde se divisaban los gabletes del Dragón Volador. se acercaban el coronelGaillardey su compa-ñero. Allí estaba yo. a asesinar si fuera necesario y a meter-me en complicaciones inextricables y horribles (¿qué me importaba a mí?) por una mujer de la que no sabía más que era tan hermosa como imprudente. Y. se alejó entre los árboles en dirección de la tapia del parque. a desafiar todas las leyes divinas y humanas. Di un paso atrás. Sin embargo. y acercándose a paso rápido. Sí. La examinaremos mejor la próxima vez. . Permanecí con el dedo en el gatillo decidido a abatirlo si se atrevía a entrar en el lugar en que se hallaba la condesa. el bizarro coronel dio media vuelta y. yo estaba esperando el momento en que. dispuesto a arrostrar todos los peligros. -¿A la que aluden las estrofas? -preguntó su compañero. Una vez que nos hemos metido en asuntos secretos y culpables. tan pequeña como el propio santuario.

Pero yo ya era mayorcito. pero ella no se marchaba.al hada mala. los ojos oscuros de la anciana seguían fijos en los míos. Me detuve unos instantes a mirar. Pregunté en el vestíbulo. Iba tocada con lo que se solía denominar una cofia peraltada. En el reloj sonaron las doce de la noche. Ya estaban apagadas las luces de aquella hospedería rural. Allí no encontré rastro alguno del coronel. y. se me ocurrió que unos ojos indagadores podrían encontrar sentido a aquella contemplación nocturna y que tal vez el propio conde. el claro de luna prestaban un pintoresquismo particular al camino angosto que conducía a la puerta de la posada. Las frondosas ramas del viejo parque a un lado.monsieur-dijo-. los gigantescos ála-mos al otro y. en el Dragón Volador? De haber vivido en la época de los cuentos de hadas. La fría luz de la luna penetraba profusamente por la ventana de las anchas escale-ras. ni siquiera se me ocurrió preguntarle qué asunto la había llevado allí. Le di las gracias. en mi posada me esperaba seguramente otro encuentro. ninguna ley me obligaba a dejarme abatir por un rufián sin oponer resistencia alguna. empujado por los celos. que parecía dispuesta a dormir un sueño bastante largo. y oí al criado atrancar ruidosamente la puerta prin-cipal.Una cofia peraltada Me encontraba de nuevo en el camino. Al abrir la puerta de mi habitación me llevé un buen susto al encon-trarme ante una mujer bastante vieja con la cara más alargada que jamás he visto. Me sentía confundido y alarmado. más allá de los árboles. Estaba vacía. si se puede saber. pero ¿qué diversión. habría visto en aquella aparición marchita algenius loci. Asíy todo. Ciertamente. con una constancia e inteligencia que delataban que mi secreto había sido descubierto. esta vez quizá no tan feliz. apenas me reconocía a mí mismo ni creía en mi propia historia mientras recorría premioso el trecho que me separaba de la puerta. con todo París a sus pies. busca unlordinglés. No había llegado a la posada ningún caballero durante la pasada media hora. inmerso en aquel drama tan extravagante como culpable. Levantó los hombros encorvados y me miró a la cara con ojos anormalmente negros y brillantes. -He hecho un pequeño fuego. sobre todo. Me alegré de haberme llevado las pistolas. a modo de preludio. con el grotesco espadachín. Sin embargo.porque la noche es muy fría. -Disculpea una vieja.CAPÍTULO XX . En aquel momento me sentía incapaz de pensar con el sosiego nece-sario: los acontecimientos se estaban precipitando demasiado deprisa y yo. cuyo borde blanco contrastaba con su piel morena y amarillenta y tor-naba más fea aún su cara arrugada. el castillo torreonado. . Eché un vistazo a la sala común. Seguía con la vela entre sus trémulos dedos. del Dragón Volador. Yo había aceptado un papel protagonista en un drama con venganza. pudiera detectar alguna señal en aquella luz insólita en las esca-leras del Dragón Volador. a cuya señal se habían esfumado sucesivamente los malhadados huéspedes de aquella habitación. a unos doscientos metros del Dragón Volador. y de haberme relacionado diariamente con la deliciosa condesa d'Aulnois. que tanto interés encerraba para mí. Cogí una vela. aún abierta.monsieur.

y yo le digo que se marche. Lo examiné detenidamente y.Me preocupo por el honor de una familia antigua a la que he servido en días más felices..monsieur. donde a cada paso un nuevo duende o monstruo surge de la tierra o salta de un árbol.monsieur. me senté a la mesa y.Además.Sé bien por qué se aloja usted aquí.monsieur. El paletón pequeño de la llave entraba aquí al igual que en la cerradura superior. junto a la puerta y justo debajo de ésta. La anciana atravesó lentamente la estancia y cerró la puerta antes de que yo hubiera podido encontrar algo que replicar.que hablo en vanoy que usted es insolente. Pero. Con todo. se abrió una puerta en el panel. Pero sé. tras una pequeña presión. Alyre. independientemente del desdén que yo sintiera hacia los peligros que aquella anciana había esbozado tan misteriosamente. coloqué ante mí el pergami-no que contenía el croquis y notas que me informaban sobre cómo debía utilizar la llave. Expulsé expeditivamente de mi mente aquellas dudas angustiosas y terribles. que un secreto tan peligroso fuera sospechado por un extraño. tras dos o tres vueltas de la llave. -Es inútil. -¿A mí?-exclamécon el mayor aire de sorpresa despreciativa que pude afectar. volvió a su lugar nuevamente. pronto lo encontrará tan duro de guardar que no tendrá más remedio que divulgarlo. Los celos del viejo conde. -Nada en esta tierra. hice un reconocimiento. más allá de la cual se veía una escalera de caracol de piedra. ¿No debía yo buscar por todos los medios la manera de informar a la condesa. dejando al descubierto un paño de pared desnudo y una abertura estrecha y abovedada. y aún menos si ese extraño estaba de parte del conde deSt. cuando ser noble equivalía a ser honrado por todos. por la acción de un muelle. ¿por qué debería usted preocuparse por mí? -Yo no me preocupo por usted. Una búsqueda parecida. parecen a esta vieja arpía la cosa más terrible de la creación. y ahora. en cuanto al suyo. se vio recompensada con un descubri-miento parecido. razoné. Hasta ahora había interpretado con éxito mis instrucciones. que yo guardaré el mío»? En mi cabeza bullían mil preguntas. a cual más desconcertante. con una vela a cada lado. No sé si el aire encerrado durante mucho tiempo tiene alguna cualidad . un pequeño trozo de moldura cedió y reveló una cerradura. Tras estudiarlo un buen rato.-Estos ojos viejos lo vieron a usted anoche en el parque del castillo. Permanecí un buen rato inmóvil donde ella me había dejado. practicada en el espesor de la pared. no resultaba en modo alguno agradable. Penetré con la vela en la mano. Yo mantendré mi secreto. que había confiado en mí tan generosamente (o tan locamen-te. pueden suponer bien. eso es todo. del hecho de que había al menos otra persona que sospechaba de nuestro secreto? Pero.. Deje esta casa mañana por la mañana y no vuelva nunca por aquí. Al retirar el dedo. El rincón situado a la derecha de la ventana estaba cortado de través por la cenefa. Mi aventura parecía un viaje a través de una montaña boscosa. ¿no era más peligroso aún tratar de comunicarnos? ¿Qué había querido decir la vieja arpía con aquello de «Guarde usted su secreto. Levantó la mano que tenía libre mientras me miraba con una expre-sión de intenso terror. Me aseguré de que la puerta había quedado bien cerrada. según sus propias palabras). y usted el suyo. No sé de qué me habla-contesté-.

sobre la cual. me armé de valor y abrí la puerta. Suavemente. Aquí había otra puerta de roble viejo. Tras pergeñar esta coartada para el posadero. El problema era cómo conseguir que me dieran las casi treinta mil libras esterlinas de que disponía en una forma en que resultaran no sólo fáciles de transpor-tar. y en aquel caso infestaba el ambiente con un olor a mam-postería rancia. asimismo. Durante unos minutos no me moví. El aire de la noche entró por el vano y apagó la vela. Cerca de la puerta había un bosquecillo de acebos.Clairguardaría la llave de mi habitación y cuidaría de mis cosas. Coloqué la bujía sobre las escaleras y apliqué ambas manos. y de allí a ***. besé la llave misteriosa que su mano había empuñado aquella misma noche y la coloqué debajo de mi almohada. donde tenía que ver a algunas personas por asuntos relacionados con los negocios. Le dije que iría a la ciudad aquella noche. empotrada en el grueso de la pared. reposó mi cabeza aturdida. Ni un general habría ideado un acceso más seguro para llegar desde el Dragón Volador hasta el lugar donde yo había platicado en dos oca-siones con el ídolo de mi latría culpable. Plenamente satisfecho de mi experimento. Allí descubrí que la maleza se extendía casi hasta el parque y se unía con el bosquecillo que rodeaba al templete de que ya he hablado antes. Me habría encontrado en medio de la más completa oscuridad de no haber sido porque. Pero. pero a mí siempre me ha parecido así.extraña. poco después. que no consiguió conciliar el sueño durante un buen rato. me abrí paso con dificul-tad hasta salir a una zona despejada. subí de nuevo a mi habitación y volví a cerrar la puerta secreta. Volví la mirada hacia la vieja posada y vi que la escalera por la que yo había bajado estaba encajada en una de esas torretas alargadas que deco-ran este tipo de edificios. volví a la puerta no sin cierta dificultad. Mi candela iluminó débilmente la desnuda pared de piedra que rodeaba la escalera. que estaba oxidada. El paletón grande de la llave entraba perfectamente en la cerra-dura. Fui a ver a mi posadero tan pronto como pude hacerlo sin despertar sospechas. le pedí que dijera todo aquello a cualquier amiga) que pudiera visitarme. entre tanto. por miedo a que alguien pudiera haber abierto su ven-tana al oír el chirrido de la cerradura oxidada. casi tan denso como una jungla. me encaminé hacia París a resolver las cuestiones financieras de la operación. a través de las hojas más altas. poco después. cuyo pie no podía ver. Empecé a bajarla y unas vueltas después me encontré sobre el suelo de piedra. giró con dificultad y emitió un chirrido que me hizo temer por el secreto de mi operación. Esperaba volver en el plazo de una semana y.Veo a tres hombres en un espejo Aquella mañana me desperté muy temprano y no pude volver a dor-mirme: estaba demasiado nervioso. mi criadoSt. y muy sencilla. sino también . Estaba situada en el ángulo que se correspondía con la parte del artesonado de mi habitación que aparecía indicada en el croquis recién consultado por mí. CAPÍTULO XXI . titila-ba un resplandor de claro de luna.

picado de viruela. con el pelo lacio y negro y el aspecto más penoso que he visto jamás en mi vida. y así fui saliendo lentamente de la tienda. el marqués de Harmonville. había decidido no llevar equipaje. Contento por haber escapado de allí. y la tercera. Luego visité laConcier-gerie. Entré. No era asunto mío investigar qué había podido reunir al coronelGaillardeyal marqués en aquel lugar tan destartalado. decidí dar un paseo por las callejuelas aledañas a la catedral. Todas estas cuestiones quedaron resueltas con la mayor rapidez posible. El dueño se hallaba limpiando una pieza de armadura con incrustaciones y me dejó curiosear a placer y examinar las distintas curiosidades allí acumuladas. donde había una ventana con muchos cristales en forma de diana.la otra. Entre otras tien-das desvencijadas y excéntricas. Recuerdo haber visto en una de ellas una casa antigua con una inscripción mural en la que se podía leer que había sido la residen-cia de Canon Fulbert. había una mesa a la que estaban sentadas tres personas enfrascadas en lo que pare-cía una conversación seria. y su mirada fue seguida al instante por sus dos compañeros.Como aún me quedaba tiempo libre. El marqués levantó los ojos. Pero estaba claro que no me habían reconocido. estaba oscura y llena de polvo. Asimismo. siguen aún en pie. ni quién era el individuo que mordía la punta de su pluma. pues la poca luz que entraba por la ventana me daba de espaldas y la parte de la tienda que tenía ante mí estaba sumida en una oscuridad casi total. Eran las dos de la tarde. en la que. era un hombre del-gado y pálido. plenamente acorde con el carácter romántico de la aventura.el palacio de justicia y la preciosaSainte Chapelle. el tío de la Eloísa de Abelardo. No es el caso de calentarles ahora la cabeza con todos los trámites que hice para obtener los pasaportes. llegué a la entrada del Dragón Volador justo cuando se estaba poniendo el sol. La tienda. Despedí al vehículo que había alquilado y entré en la posada con un cofre en la mano -de unas dimensiones maravillosamente pequeñas. Una vez en mi habitación. sin necesidad de recurrir a la correspondencia o a cualquier otro medio que pudiera delatar mi lugar de residencia. Una era el coronelGaillarde. uno de los más hermosos y apartados rincones de Suiza. disimulado por una envoltura de cuero. No sé si aquellas calles antiguas tan curiosas. A dos de estas personas las reconocí al ins-tante. Reflejado en él vi lo que en las casas antiguas he oído llamar una «rotonda».Clairy le conté prácti-camente la misma historia que al posadero. tuve la sangre fría suficiente para fingir hallar-me completamente enfrascado en los objetos que tenía ante mí. vi un gran espejo con un marco deslustrado y pasado de moda. porcelana y muebles. mandé llamar aSt. Durante unos instantes no supe qué hacer. y sentí gran alivio al notar que no se oían pasos. Al percatarme de ello. Al llegar a aquella ventana. en las que observé restos de antiguas iglesias góticas habilitadas como almacenes. habida cuenta de su cuantio-so contenido-. y hacia allí me dirigí. me volví y. sucios a más no poder. de techo bajo. y hasta tan sucio. algunos colgados de la pared. En la primera población importante a la que llegáramos a la mañana siguiente nos abasteceríamos de un guardarropa improvisado. entre muebles viejos y artículos polvorientos. que estaba jugueteando con una pluma. Fui adentrándome paulatinamente hasta llegar al final. Los empleos que el marqués aceptaba a veces lo obligaban sin duda a juntarse con gente rara. Me detuve un instante para ver si me seguía alguien.disponibles en cualquier parte a la que decidiera ir. Le di cincuenta libras para que gastara todo lo que necesitara y abonara la cuenta de la . ¡Nada más que las dos! ¿En qué emplear todas las horas libres que me quedaban? Aún no había visto la catedral deNôtreDame. en un recoveco que forma-ba ángulo recto con la pared lateral de la tienda. Baste decir que el lugar de destino que escogí para nuestra huida fue. Me detuve en ella una hora aproximadamente. fui a dar con una en la que parecían ven-der todo tipo de antigüedades: armaduras. Puedo asegurarles que no me entretuve ni un minuto más en aquella tiendadonde había hecho un descubrimiento tan singular como inesperado.

Por fin.habitación hasta mi vuelta. Estaré escribiendo algunas notas. agucé el oído unos segundos para asegurarme de que nadie se acercaba y luego crucé el cuarto a toda velocidad. una vez abajo. donde alquilaría un coche. Llamé aSt. Mis ojos se posaban a menudo en el solemne reloj viejo de la chimenea. Al cabo de ese tiempo probablemente descubras que ya he marchado a Versalles. por lo que no quiero que nadie me moleste. que cada vez era más espesa. En esta jungla la oscuridad era casi igual de completa. Faltaban sólo cinco minutos para la hora concertada. Me encontraba en la escalera de caracol en medio de la más completa oscuridad. ¿Me iba a echar atrás? ¡Por nada del mundo! Eché el cerrojo a la puerta. abrí la puerta y me adentré en el espeso bosquecillo. si no me encuen-tras en mi habitación. Te llama-ré si necesito algo. me puse el gabán y me metí una pistola en cada bolsillo. en medio de la noche oscu-ra.y tómate una botella de vino con tus amigos. entreabrí la puerta secreta. alcancé el camino del bosque. Hasta ahora todo estaba saliendo bien. con la llave entre los dedos. Extremando la precaución. Luego. subí las escaleras con premura. Cerré bien la puerta y avancé lentamente entre la vegetación. sentí algo parecido al suspense y a la angustia de un soldado que va a entrar en acción. al menos durante media hora. -Ve -le dije. el único cómplice en mi reprobable aventura. No me había costado trabajo engañar a mis criados y al personal del Dragón Volador. a unos cincuenta metros de allí. perfilándose entre los troncos de los viejos árboles. aquí tienes la llave de mi cuarto. Luego tomé una cena ligera y apresurada. ¿Comprendido? St. las columnas del templo de mármol se elevaron como fantasmas ante mí. pero mantenién-dome en su linde. franqueé la puerta secreta y eché el pestillo al salir. El posadero salió al vestíbulo a preguntarme si necesitaba un vehícu-lo para ir a París. entre tanto. y haciendo menos ruido que la noche anterior. conforme se acercaba el momento críti-co. descorrí el cerrojo de la puerta de la habitación. deseándome todo tipo de felicidad y sin duda prometiéndose algún pequeño esparcimiento con mi dinero. Había llegado el momento de introducir la llave que me había dado mi dama. apagué la vela. No creo que haya nada cobarde en mi naturaleza. tomé el cofre bajo el brazo. Lo ordenarás todo y cerrarás la puerta. podría haber burlado con éxito la curiosidad de todos ellos incluso si se .Clairse despidió. Todo era favora-ble a mi empresa. adiviné dónde estaba la puerta y busqué a tientas el ojo de la cerradura. pero confieso que. por tanto. CAPÍTULO XXII . puedes darlo por supuesto.Embeleso Bajé la escalera de caracol en medio de la más completa oscuridad. El cielo favoreció mis planes cubriéndose de un mar de nubes. y la noche era tan cerrada que. Con la vela en la mano. Yo estaba preparado para aquella pregunta y le repliqué de inmediato que pensaba ir a pie hasta Versalles. aunque hubiera levantado las sospechas de todos los huéspedes de la posada. con mayor comodidad aunque sin dejar el abrigo de la espesura.Clair.

y así permanecimos un par de minutos. Al acercarme. en las jambas de la puerta y.hubieran asomado a la ventana. Pensé: con una aliada tan hábil y valerosa como mi bella condesa. tras unas cuantas zancadas rápidas. Apenas se distinguía el contorno del edificio. con toda la fuerza. miré fijamente en dirección del castillo. ninguna voz humana. pasión. Yo disfrutaba entonces de la juventud en todo su esplendor. emblema de la esperanza radiante y alba de un día feliz. De repente me pareció también que la oscuridad se hacía más profunda y el aire se volvía más gélido ami alrededor. me murmuró con dulzura: -¡Richard. una especie de verja. vi la luz que me daba la señal. me coloqué la caja fuerte bajo el brazo y. Clara. a quien había visto temblar de terror ante el coronel bravucón? Empecé a barajar todas las posibilidades que podrían presen-tarse. Allí estaban también los diamantes. Musitando. Mientras platicaba conmigo mismo de aquella guisa.mi queridísimoRichard. cómo he deseado que llegara este momento! Nunca me había parecido tan hermosa. Tenía conmigo un par de pistolas de doble cañón. ¿Qué podría ocurrir? ¿Qué me importaba. Terminados los primeros saludos tumultuosos. apa-sionadas palabras de amor. ninguna pisada ni ningún ladrido de perro daban motivo para la inquietud. Hasta llegué a desear tropezarme con algún peli-gro real para demostrarle la enormidad de mi amor a aquella criatura. me vino un extraño pensamiento. intrepidez. que tenía cuatro vidas en mis manos. Yo tenía que esperar simplemente. Ningún signo de luz o vida. abordé el castillo de la Carque. La luz de color rosa. que pudiera interponerse en mi cami-no el viejo conde. y que en aquel momento se encontra-ría a unos dos kilómetros de distancia. Una sombra del interior se acercó a la cortina. ¿hay acaso posibilidad de que se tuerza la empresa? ¡Bah!. mien-tras yo subía los peldaños. ¿Y si yo desaparecía también al igual que aquellos otros hombres cuyas historias me habían sido contadas? ¿No me había esforzado todo lo posible por borrar cualquier huella de mis actos y por despistar a todas las personas con las que había hablado en cuanto a la dirección que iba a tomar? Aquel pensamiento gélido se insinuó como una serpiente en mi mente y luego desapareció. destacándose sobre la piedra oscura. es decir. suave y constante brillaba la luz en la ventana. Luego me dijo que el conde ya se había ido. estaba abierta. descubrí que media docena de peldaños conducían hasta allí. la descorrió y. que ustedes se dirán que se me podía haber ocurrido mucho antes. salvo por mi dulcinea. determinación y ansias de aventura que la acompañan. Una cortina de aquel ventanal estaba echada. rumbo a Pére Lachaise. Dejé mi tesoro. -¿Qué es eso? -me preguntó.venga! ¡Ah. envuelto en cuero. Sorteando los troncos y las raíces de los viejos árboles. acompañando al cortejo fúnebre. con los brazos apoyados en ellas. No se veía ninguna luz en la ventana. Me mostró apresuradamente un cofre que contenía una gran profusión de brillan-tes de gran tamaño. ella hizo que me sentara a su lado en un sofá. pero ¿durante cuánto tiempo? Apoyado en mi tesoro. que parecía confundirse con la opacidad del cielo. ante la visión de aquella señal. que servía de puerta. me dije despa-chando con una sonrisa aquellas imaginaciones absurdas. Mi amor se trocó en un entusiasmo delirante. con la mirada puesta en la maciza sombra que representaba el castillo y presa de los más ardientes y exaltados anhelos. llegué al lugar de observación convenido. .

Apenas había hecho eso cuando se oyó a alguien llamar a la puerta. Abrió la puerta de dicha habitación y echó una mirada a su interior. Quédese donde está. ni una esterlina más ni menos. -Así que ha traído toda esa gran suma. una mirada casi de recelo. ¿Está seguro? ¿La ha contado? -Sí. Ahora voy a pedirle que cierre las cortinas de esa ventana y eche la barra de seguridad a los postigos. que vendrá con nosotros. Durante los últimos minutos se había insinuado en ella la sombra de una duda. Dice que es más prudente retrasar la partida hasta que pasen unos diez minutos. Olvida usted que durante un largo período de tiempo puede ser nece-sario observar el más estricto silencio en cuanto a nuestro paradero y mantenernos al margen de todo contacto social. -Tengo que decirle también a mi doncella que no lleve demasiado equipaje. -¿Qué? ¿Todo ese dinero? -exclamó. Se había producido un cambio en la manera de comportarse de mi bella condesa. Por supuesto que la he contado al retirarla del banco. Habría sido de su parte una muestra suple-mentaria de amabilidad dejarme que proveyera yo por las necesidades de los dos. Es de total con-fianza. ¿Por qué estaba pálida? ¿Por qué aquella mirada oscura en sus ojos? ¿Por qué había cambiado también su voz? ¿Había salido algo mal de repente? ¿Acechaba algún peligro? Pero pronto se calmó mi zozobra. se fuera poniendo cada vez más nerviosa. Nos ha preparado café en la habitación contigua. al menos durante cierto tiempo. Me la han entregado hoy mismo -respondí. No me gusta-ría que los cocheros sospecharan que transportamos un tesoro tan grande. -¿No es innecesario llevar tanto dinero teniendo todo esto? -dijo tocando los diamantes-. Vique no estaba alarmada. Era lógico que. -Me hace sentirme algo nerviosa viajar con tanto dinero. Avanzó con calma hasta la puerta.. usted se quitará el gabán cuan-do estemos listos para partir. -¡Mi querido y generoso ángel! -declamé en un rapto de pasión-. y durante unos segundos oí una conversación susurrada. Si hubiera habido algo semejante. conforme se aproximaba el momento de la verdad. y ese dinero no hace sino aumen-tarlo. Eso me habría hecho más feliz aún de lo que me siento. -Sé quién es -me dijo en voz baja.-Un cofre con treinta mil libras de dinero contante y sonante -con-testé. ella me lo habría hecho saber al instante. quizá con cierta expresión de sorpresa en el rostro-. por supuesto. Pongamos juntos nuestros cofres. -Sí. Salió de la habitación haciendo un gesto para que extremara la pre-caución. un aire de abstracción. Estas joyas constituyen un peligro muy grande.. y tratará de ocultarlos con él. Es mejor que no le vea por ahora. ¡Es tan extraña! No se mueva. No volvió tan pronto como yo habría deseado. -Es mi doncella particular. A un hombre en aquella situación la .

En el suelo había gran cantidad de virutas y una veintena de ladrillos. Abandoné aquel lugar fúnebre y cerré la puerta. Me puse a pasear por la habitación presa de inquietud. Era un ataúd. y cada una de mis facultades estaba concentrada en lo que se avecinaba. Donde. Completamente ignorante de aquel hecho. Más allá. Tal vez la más estúpi-da de todas fuera que. Había una puerta en el otro extremo. ¡Así que el féretro no había salido todavía! Allí estaba el cadáver. pues en modo alguno me faltaba la cualidad de la astucia. Me encontraba en un estado de gran excitación y ansiedad. Afiné el oído. Al ins-tante adiviné que había detectado en la expresión de mi rostro el decur-so de mis pensamientos. que no debería haber abierto nunca. sobre una mesa estrecha... y en ese senti-do se habían desligado del presente inmediato. No se oía absolutamente nada. pues lanzó una mirada apresurada en dirección de la puerta. No puedo explicar de otro modo el que hiciera tantas cosas insensatas aquella noche. -¿Ha visto algo. yo había penetrado en aquella habitación y habría podido toparme con algunas de las personas que tanto empeño tenía-mos en evitar. Aquellas reflexiones se vieron interrumpidas casi tan pronto como habían tomado forma con el regreso de la condesa deSt. No hay nada más peligroso que la precaución mal aplicada. Desconfiar de mí era la peor imprudencia que podía haber cometido. Era una habitación pequeña. mi queridoRichard?¿Ha salido de esta habitación? Yo le contesté inmediatamente que sí y le conté con absoluta fran-queza lo que había visto.Una taza de café La estancia carecía de alfombras.inacción absoluta le resultaba punto menos que insoportable. .Alyre. que le haya molestado. decidí coger una vela y penetrar en dicha estancia. Me acerqué y retiré de ese algo un lienzo que no lograba disimular su forma. en vez de volver a cerrar inmediatamente aquella puerta.. asombrado por partida doble. vi algo tan singular que no podía dar crédito a mis ojos. de manera completamente inesperada. No cabía ninguna duda. Me habían engañado. La abrí sin pensarlo dos veces. Y en la tapa había una placa con la siguiente inscripción en francés: PIERREDE LAROCHEST. Habría sido más prudente por su parte haberme puesto al corriente de la situación. CAPÍTULO XXIII . Sin duda esto explicaba la manifiesta turbación de la condesa. hice un descubri-miento sobrecogedor.AMAND AGÉ DE XXIIIANS Retrocedí.

Llenó una taza de café y me la pasó con la mano izquierda. acariciando con los dedos mis rizos. después. Sobre una bandeja de plata había una cafetera y unas antiguas tazas de porcelana. pero el conde se marchó un cuarto de hora antes de que yo encendiera la lámpara y le abriera el ventanal. cariño. advertí en su rostro y actitud una expresión de penitencia tan exquisita que tuve que conte-nerme para no caer postrado a sus pies. levantó una mano. a la habitación contigua -dijo-. y permaneció sin respirar en esa actitud unos instantes. He de confesar que aquellos arrebatos líricos se basaban. El féretro con el cadáver debe salir de esta casa dentro de diez minutos. -Volvamos. en otra más pequeña. no pensemos más en él. crema de noyó. Sabía que los restos del pobrePierrellegarían con toda seguridad esta misma noche. El cadáver no llegó hasta ocho o diez minutos des-pués de que él se marchara. -Yo misma le serviré.que engañaré a mi valeroso y apuestoRichard. avanzó de puntillas hacia la puerta y puso el oído. y. ¿Estoy perdonada? Acto seguido se produjo otra escena de apasionada efusión. no quería que se sintiera más inquieto de lo necesario. como supe poco después. Esas horribles per-sonas ya han debido de irse y estaremos más seguros ahí por el momento. Los caballos nos están esperando a la puerta de la cuadra. -Todo lo que diga mi hermosa reina yo lo cumpliré -murmuré-. No me conside-raré perdonada por mi querido Richardsi se niega a que le sirva. como para impedir que me moviera. -Es la última vez -agregó con un pequeño tono de súplica. había unos vasitos de licor y una garrafa que contenía. Aún hoy me avergüenzo al recordar la grandilocuencia con la que . No quería que los sepultureros dePèreLachaise supusieran que se había aplazado el funeral. Yo también me serviré después. al tiempo que extendía la mano hacia atrás como para advertirme de que no me moviera: al cabo de unos segundos volvió nuevamente de puntillas y me dijo al oído: -Están retirando el ataúd. sino siempre. que también bebí. murmuró: -Tómese esto. Cuando hube apurado la taza. había hablado con ella. inconscien-temente. Tras hacerme una ligera señal. con los ojos fijos en mí y el oído puesto en la puerta de la estancia donde habían colocado el ataúd.-Bueno. es un asunto repugnante y horrible. a pesar del retraso inesperado. En cuanto a estefunestehorror (le entró un bonito escalofrío). a la vez dulce y triste.a mi héroe. me pasó el licor. La acompañé a la habitación desde la que su doncella. Ade-más. Era excelente. y no sólo ahora. Por fin. Déjeme que sea su camarera. que me parecieron realmente precio-sas. en la idea que me había formado de la galantería a la francesa. El cadáver está ahí. situada a su lado. según me dijo. al volverse. y de rap-tos y protestas de amor. tiene buenas razones para desear que se celebre el funeral antes de amanecer. Aseguró con cerrojo la puerta. Inmediatamente después estaremos libres para emprender nuestro loco y venturoso viaje. mientras posaba el brazo derecho sobre mi hombro. Venga conmigo. aunque sólo murmurados por miedo a que pudieran oírnos. enganchados al carruaje.

-Usted me llama a míRichard. Reconocí demasiado bien las sensaciones que siguie-ron. Colocó juntos ambos cofres (me refiero al suyo con las joyas y al mío con el dinero) sobre la mesa. me quedé mirando sus hermosos ojos y volví a besarla sin que ella opusiera resistencia alguna. Me llamaba por mi nombre. ¡Cielo santo! ¿Se ha puesto enfermo? Por favor. por mi nombre de pila. y. No era en absoluto un mareo.Esperanza . se hubiera vuelto inflexible. con una pizca de horror en ella. los labios. en este sillón. De una manera expeditiva. tomó una vela y se plantó delante de mí. se quitaría la vida. La condesa pasó a mostrarse silenciosa y fría. -Llámeme Eugénie. Le besé la mano. Estaba arrellanado en el sillón. si es que exis-te tal cosa. Yo no estaba en condiciones de ofrecer la menor resistencia. obser-vando el efecto. me levantaba el brazo y lo dejaba caer implorándome sin cesar. pálida. seamos naturales. No encuentro palabras para describirlo. aquellas exclamaciones cesaron repentina-mente. que. Luego la posó y zarandeó una campanilla con energía. Era como si la membrana que recubre el cerebro. noté de repente una sensación extraña por todo el cuerpo. Casi me obligó a hacerlo. siéntese. para que hiciera el menor signo de vida y prometiéndome que. pero en su rostro sólo había una expresión de intenso escrutinio. Le hice saber cuán impaciente estaba por emprender cuanto antes nuestro viaje.traté a la condesa deSt. ahora paladean-do su nombre. mientras decía esto. de cerrar los párpados ni de mover los ojos o los músculos. -¡Oh. fue algo así como una repentina congestión cerebral. Pasados unos minutos.Alyre. Parecía haber perdido toda sensación de miedo. y vi cómo cerraba con sumo cuidado la puerta que daba acceso a la estancia en la que yo había tomado café poco antes.pero ¿cómo he de llamar yo a mi diosa? -pregunté. Salió corriendo y volvió con otra copita diminuta. En unos segundos me vi sumido en el mismo estado que había padecido durante varias horas interminables durante mi viaje nocturno a París en compañía del marqués de Harmonville. si me ama tanto como yo a usted. Pasó lentamente la vela ante mis ojos.bueno . CAPÍTULO XXIV . Eugénie!-exclaménuevamente embelesado. había desaparecido como por ensalmo de aquella criatura tornadiza. tras decirme unas palabras elocuentes y tiernas. Sí. La desesperación de mi dama fue intensa y ruidosa. me sacu-día los hombros. si no lo hacía. -Y ahora se va a tomar una deliciosa copita de noyó -dijo con tono alegre. Aquí. palidísima. me llevé a los labios y bebí. y el suspense de una aventura de la que dependía el futuro. El ambiente fúnebre del momento anterior. con terror en los ojos-. con frases cargadas de patetismo. completamente incapaz de articular una sílaba. -¡Mi queridoRichard!¿Qué le ocurre? -exclamó.

Cuando no hablaba. Llevaba un par de guantes negros en la mano y un sombrero con cinta de crespón. Menos mal que no ha levantado la tapa del ataúd -apostilló con tono enfadado. qué? . como un retrato. sonriendo. enmarcado por las jambas de la puerta y un fondo de oscuridad. Era el conde deSt. -¡MonsieurBeckett! -gritó dos o tres veces-.. ¡Eh! ¿No me conoce? Se acercó otro poco y escudriñó mi rostro con atención..¡Mafoi. Bien. -Cuatro. seis minutos y medio -dijo sin inmutarse. Ha entrado y ha visto todo. mi querida Eugénie. me levantó la mano y la sacudió. Pero Planard y tú no debe-ríais haber dejado abierta esa puerta. hacía bastante tiempo que debía de estar de camino rumbo aPèreLachaise.. pero ella no parecía muy interesada en sus caricias. cinco. mi preciosamignonne. llamándome de nuevo. Su figura endeble y mezquina iba cubierta de riguroso luto. pues retrocedió ligeramente.Acababa de colocar mi pesado cofre. y luego la dejó caer y dijo: -Ha funcionado admirablemente.. -Bien. nenita. y sobre ella un reloj..machère. No pueden imaginar el efecto de la mirada silenciosa de aquellos dos ojos malvados. si no me habían informado mal. La dama miró hacia donde.. Todo está saliendo a la per-fección. el cual.. cuando se abrió la puerta de la habitación en la que yo había visto el ataúd y entró una siniestra e inesperada aparición.¿Cuándo empezó? La condesa se acercó y se colocó junto a él y me miró fijamente durante unos segundos. mi dechado de mujer! Me estaba mirando con una curiosidad odiosa. mientras buscaba con sus escuálidos dedos curtidos la mano de la dama. que pareció tener gran dificul-tad en levantar. su rostro daba muestras de agitación. recordé. -¡Planard debería haberse encargado de eso! -contestó el conde seca-mente-. ¿Qué es? ¿Un billetero? ¿O. mi pequeña Venus. estaba la repisa.. ¿verdad? -Sí -contestó ésta con voz baja y dura-. cuyo tictac regular percibía con total claridad.Alyre. -Brava. o.bravissima! ¡Mipreciosa reina. Se plantó ante mí unos instantes. -Ven. Tenía un aspecto a la vez espantosamente malvado y asustado. mi heroína.vamos a contar todo esto. Su boca se fruncía y crispaba.yo no puedo estar en todas partes! Avanzó hacia mí una media docena de pasitos y se caló las lentes. mi Juana de Arco.. como ya he dicho..

Pero si alguien se coloca. con las manos extendidas y los dedos temblorosos. Así pues. Pero a todos los demás efectos yo estaba muerto. creo. dos. -¡Ah! Muy bien. hasta un punto bastante próximo. Y así sucesivamente hasta contar todo mi tesoro en mi mismísima presencia. Yo no podía mover los ojos ni una milésima en ninguna dirección. descubrirá que abarca perfectamente toda la extensión de una habitación grande hasta una distancia muy corta. volcando su contenido sobre la mesa. Sí. Como he dicho.. metódicamente. que había colocado sobre la mesa. en el propio ojo). lo cerró. Primero abrió el estuche de cuero y luego el cofre de hierro. casi nada de lo que ocurría en aquella habitación se hurtaba a mi observación. No estaba seguro -las mujeres tienen más san gre fría y más recursos histriónicos que la mayor parte de nuestro torpe sexo.-¡Es esto! -dijo la dama lanzando una mirada de desagrado al cofre cubierto de cuero. Vamos a contar. lo volvió a colocar. comprobará por sí mismo la amplitud del campo de visión. de manera menos perfecta (por efecto de la refracción. dos. y si aquel escrutinio del contenido de mi cofre era una iniciati-va improvisada del conde. y ya faltaba poco para que comprendiera el carácter atroz de la misma. se me alcanzaba aún el porqué de aquella trama. en el extremo de una habita-ción. Y otros. Sigue. muy bien. Tenemos que contarlo todo.. Éstos te pueden poner en terribles apuros. -Cartuchos de cien napoleones. en su estuche. Un instante después. Pero ¿dónde está la llave? ¿No ves esa maldita cerradura? ¡Dios mío! ¿Dónde está? ¿Dónde está la llave? Decía todo esto arrastrando los pies delante de la condesa. ¿Anotado? Otros diez mil francos. -Yo no la tengo. Vamos a ver. ¿Anotado? Billetes más pequeños habrían veni-do mejor. mientras yo lo veía y oía todo con la mayor nitidez. Veamos. Habrían llamado menos la atención. Pero no. Y otros. Mi per-cepción mental era asimismo terriblemente viva. sí. y. Sacaron todo lo que había. sin la menor alteración de la visibilidad. tres. los dedos del viejo bellaco registraban mis bo l-sillos. Escribe: otros diez mil francos. Uno. Planard se pondría insoportable si conociera la cantidad. Aquí tengo lápiz y papel. abrió una caja .. me encontraba exactamente en el mismo estado que había padecido durante mi viaje con el marqués rumbo a París.de si la vuelta del conde había constituido también una sorpresa para ella. Escribe mil napoleones. incluidas algunas llaves.. Luego vinieron los billetes. Diez mil francos otra vez. Pero cada minuto iba aclarando mi situación. Otros mil. Mientras volvía a colocar en el cofre los billetes y los cartuchos. rápido. ¡Escribe! Y así sucesivamente hasta que todo quedó contado. Uno. El viejo ya había dado con la llave. contó de nuevo la suma total para asegurarse de que cuadraba. ahora ya no tiene remedio. Aquel canalla a quien yo conocía estaba a punto de robarme. como yo estaba. Veamos -exclamó mien-tras desataba las correas con dedos temblorosos-. Anota. ¿Por qué no le dijiste que se lo die-ran en billetes más pequeños? Bueno. ¿Cómo la voy a tener? Está en su bolsillo. Cierra con cerrojo esa puerta. -Diez mil francos. ni el «papel» que repre-sentaba la condesa en él. por supuesto -protestó la condesa.

en silencio. fíjese. Inmediatamente después de realizar estas operaciones. ¡Qué extraño aquel cambio tan repentino! Ahora su rostro tenía un aire sombrío.Desesperación Un momento de esperanza tan violenta como peregrina. En medio de aquel estado angustioso. ni siquiera recordar para mí solo. Volvió a cerrar la puerta y regresó. La dama y él volvieron a mirarme con ansiedad durante un rato. de manera que yo la veía de perfil. es decir. de una esperanza que era casi una tortura. de bruja. CAPÍTULO XXV .fuerte disimulada en la pared y. tras colocar en ella el joyero de la condesa y mi cofre. miró en dirección de la habitación oscu-ra que había más allá y aplicó el oído. Piensen ustedes en la típica pesadilla. y la inminencia de la muerte corporal se aplaza al antojo de quienes deciden sobre nuestros tormentos inhumanos. Planard. o Planard o lo que quiera que fuera se acercó hasta mí mientras se quitaba los guantes. ¿Es que no tiene conciencia? Le juraré que es la mitad del lote. el espantoso terror que se apoderó de mí. la cerró. ¿Quieres que te traiga una vela? Mi amigo el marqués de Harmonville. y luego el viejo conde empezó a refunfuñar contra Planard por segunda vez mientras cotejaba su reloj personal con el de la pared. luego vino un diálogo. . en un sueño en el que los objetos y el peligro son reales. sino al vacío. Quitó el cerrojo a la puerta. Mi última esperanza se desvaneció al ver sin careta aquel rostro hastia-do. -¡Graciasa Dios. Todo ha salido a la perfección. que metió en el bolsillo. que por fin has venido! -exclamó el conde. sujetándolo por el brazo con ambas manos y tirando de él hasta donde me encontraba yo. y con él los terrores de la desesperación. empezó a echar pestes contra Planard a causa de su retraso. sin mirarme ya a mí. -Mire. vi cómo se abría lentamente la puerta de la estancia donde había visto el ataúd y cómo hacía su entrada el marqués de Harmonville. -¿Qué? ¡Que le parta un rayo! -bramó el conde-. Ahora supe que iban a culminar su robo con un asesinato. El viejo estaba al borde de un ataque de nervios. -¿Se conformará con esa cantidad? -preguntó la dama. permanecía sentada. -He apartado diez mil francos para Planard -dijo palpándose el bol-sillo de su chaleco. La dama parecía menos impaciente. cuya descripción me resulta imposible de hacer. No me quedaba tampoco la menor duda en cuanto a la causa del estado en que me encontraba. ¿por qué no me liquidaban rápidamente? ¿Qué obstáculo podía haber para aplazar la catástrofe que aceleraría su propia salvación? No puedo referir con palabras. Pero.

me pare-ció un fragmento de membrana vegetal. ¿Está segura de no haberle administrado más de setenta? -Segurísima -sentenció la dama. El experimento que hice con él en su carruaje fue sólo de treinta gotas y pude comprobar que tenía un cerebro sumamente sensible. . me miraba con gravedad. dijo: -Setenta gotas. -Sí -dijo en soliloquio. aun suponiendo que diez se desperdiciaran. un poco más a este lado -dijo mientras. con-vertido así. No sería conveniente matarlo. Me pareció que la voz baja y dura de la condesa temblaba un poco. -Setenta -dijo la dama. mudándolo de una parte a otra. ¿comprenden? Si tuviera usted alguna duda. deberían mantenerlo paralizado durante seis horas y media. doctor. el doctor me estaba tratando con la frialdad con que se dispone a un cadáver antes de impartir una lección de medicina. Después. con la oreja pegada al auricular. -¿Cuánto tiempo hace exactamente? Le dije que se fijara en la hora exacta. bajo el pie de este Cupido. por lo que pude ver. Acto seguido me abrió la camisa y aplicó el estetoscopio a mi pecho. -Mi querida Eugénie. Me pasó la mano por la frente y luego estuvo un rato mirándome a los ojos. -¿En el café caliente? -Sí. di la verdad -la apremió el conde. mientras mantenía la cabeza lo más alejada posible para que su aliento no la afectara. en doctor. Me volvió a mirar a los ojos y me tomó el pulso. Luego puso sobre mis labios algo que. parte de ella venenosa. levantó la cabeza y se dijo nueva-mente a sí mismo: -Ha cesado cualquier acción perceptible de los pulmones. en voz muy baja. Vamos. como si tratase de oír un sonido muy lejano. -Acción suspendida -dijo para sí. -No me cabe la menor duda. lo más indicado sería practicarle un lavado de estómago. -Si muriera. como bien saben. -Y eso hice. Tiempo de sobra. sesenta en el café caliente y diez en el licor. Por su parte. di la verdad. volviéndose a sus compañeros -esto lo supuse por el soni-do de su voz-. Se necesita una larga carrera de culpa para subyugar por completo a la natu-raleza e impedir esos signos exteriores de agitación que sobreviven al bien. Estoy completamente segura -replicó. El minutero se encontraba exactamente aquí. -¿Cuántas gotas le han administrado? -preguntó el marqués. se interrumpiría la evaporación y le encontrarían en el estómago una materia extraña. ¿qué opina? -susurró el conde.-La vela. -Y bien. de repente. inclinado sobre mí.

-Es hora de que lo tumbemos. ha llegado el momento en que debe retirarse. Quien no haya pasado por ello no conoce los terro-res de la muerte próxima. y no quedará en su estómago ni una par-tícula de fluido. señalándome a mí con el dedo. Tal había sido mi gran esperanza hasta entonces. una reverencia-. más pare-cido a los que utilizan las mujeres que a los masculinos. En cualquier caso. un sayal que me cubría hasta los pies. Primero cerró con llave una puerta.madame-dijo el doctor volviéndose a la dama y hacién-dole.. -Sí. estos intrigantes me dejarán en la cama para que me recupere como buenamente pueda. La evaporación será completa. -Supongo que se marchan de Francia -dijo el ex marqués. tornando inútil cualquier persecución. aquí están -contestó el conde. -Y ¿adónde piensan ir? -Eso no lo hemos decidido aún -contestó rápidamente. los dos procedieron a desnudarme. ¿eh? -No puedo decirlo mientras no lo sepa. ¿no? -dijo el conde.. Mañana mismo -contestó el conde. me resultó tranquilizador oír que no tenían inten-ción de asesinarme. El conde tomó una vela y franqueó la puerta situada en el extremo de la habitación.-Entonces durará probablemente siete horas. yo todavía no sospechaba nada. así como un gorro. ¿Están aquí su camisón y su sosiega? Ya me entienden. Y ahora. Este negocio ha resultado ser muy poco provechoso. los instintos de la vida intactos y ninguna excitación perturba la apreciación de este horror completamente nuevo. y luego la otra. -Por supuesto. en silencio. -Eso ya lo arreglaremos en su momento. Luego se recuperará. -Sí. debemos proceder con premura. cuando la mente está límpida. Luego me enfilaron la prenda que el doctor había llamado mi cami-són. a pesar de la urgencia del momento. mientras aprovechan para escapar con su botín. Y ahora. volviendo con un rollo de lino en la mano. -Así que no lo quiere decir a un amigo. La dama pasó a la habitación en la que yo había tomado mi traicio-nero café. pero pronto me resultó claro que sus planes eran bien diferentes. -Entonces. pensé. . tarea que despacharon en pocos minutos. La naturaleza y finalidad de aquella atención para con mi persona me resultaban harto extrañas. que anudaron bajo mi barbilla. y ya no volví a verla.

en uno de los tres armarios empo-trados que se hallaban disimulados en la pared. la muerte había llamado a mi puer-ta. El funeral deSt. se exhumaba el ataúd y se examinaba el cadáver en él encerrado. asegúrese también de que quedan bien juntos antes de cubrirlos con el sudario. y firmado. El ataúd estaba vacío. los vi entrar de espaldas por la puerta. vamos. al parecer de satisfacción. cuando me despertara de aquella catalepsia.cuyo lugar iba yo a ocupar. uno junto al otro. Lo habían dejado en el suelo. Planard me extendió los brazos en paralelo a mis costados y. se plantó a los pies del ataúd y echó una última mirada general. según oí decir después. ¡horror!. alisándome con cuidado los encajes de la pechera y los pliegues del sudario. de pie sobre un extremo del ataúd. perecería allí dentro de la manera más horrible que se pueda imaginar. El conde. Aquel ataúd estaba destinado a mí. Yo mismo había contribuido a dar falsas pistas a la policía. lo vi con meri-diana claridad. juicio final y tormento eterno lograron distraerme de mi destino inmediato. No me empeñaré en describir lo que es de por sí indescriptible: el horror en estado puro que se había adueñado de mi alma. pero como se habían interpuesto entre el objeto arrastrado y yo. poco a poco me fueron dejando caer. Yo mismo había dado. Era el ataúd que había visto antes en la estancia conti-gua. es preciso tenerlo todo terminado para antes de las tres y media. como había indicado Planard. ningún análisis químico podría detectar huella alguna de veneno. Entonces. no pude verlo hasta que lo hubieron acercado junto a mí. pegado al sillón en el que yo estaba arrellanado. Y ahora.Amand. Planard levantó la tapa. Me ceñiré a describir lo que ocurrió. yo lo mantendré en posición vertical para que usted le meta los pies en el ataúd. por algún capricho de la curiosidad o de la sospecha. Arrastra-ban algo que producía un ruido sordo y prolongado. me encontraba sostenido por éste. después de llevar varias horas en la tumba. pero sólo pensamientos de terror. las órdenes pertinentes enPère Lachaise y había abonado los gastos del entierro del inexistentePierredeSt. luego.Catástrofe -Parecen buenos caballos. Traté de rezar en aquel momento de pánico sobrehumano. Si. Un instante después. y. y hasta había escrito a algunos amigos míos de Inglaterra diciéndoles que no esperaran carta mía durante tres semanas por lo menos. Dé a los hombres un par de napoleones. con su nom-bre en la placa encima de mi pecho y una tonelada de barro sobre mi ataúd. En medio de mi júbilo culpable. tal y como me quedó grabado en la memoria . hizo un lío con ella y la guardó. Ahora comprendí su abominable plan. CAPÍTULO XXVI .El conde y Planard entraron juntos en la estancia situada justo enfrente de mí. en caso de que mi desaparición despertara alguna sospecha.Amandera una farsa para despistar a la policía. Luego. sin dejarme escapatoria alguna. que era muy metódico. Oí un cuchicheo y luego el ruido de pies que se arrastra-ban. cogió mi ropa. ni el más exhaustivo examen podría detectar rastro alguno de violencia. aunque habrá que cambiarlos por el cami-no -iba diciendo Planard-. encerrado en su ataúd.

Alyre asistir al funeral de su pariente. los dos hombres arreglaron la habitación y dispusieron el ataúd de manera que quedara perfectamente centrado sobre las guías. esta orden de registro deberá bastar para probar al señor conde que tengo instrucciones precisas para proceder a un registro general. gabinetes y armarios empotra-dos pueda haber en su casa. Ha venidomonsieurCarmaignac. a efectos de la inspección reglamentaria. espero que permita al conde deSt. se preparó para dirigir el duelo con el mayor dramatismo posible. pudiendo sólo distinguir lo que se pronunciaba clara y distintamente. esperando la llegada de las personas que acompañaban a Planard. se movía con cierta arrogancia.de manera perdurable. Estaba algo detrás de la cabecera del ataúd. Haga el favor de sujetar un extremo mientras yo sujeto el otro. Planard fue el primero en llegar. -MonsieurCarmaignac. por haberse anticipado a mí. que . por cuanto sé. Gracias. que no hay nada más falso que dicha información y que usted no tiene ningún tipo de inconveniente en abrir de par en par. y cuyos rápidos pasos oyó ense-guida aproximarse. Ni la voz de Jehová hablando entre truenos me habría resultado más espantosa que aquellos ruidos vulgares. -Por supuesto -exclamó el conde con voz firme. con un pañuelo blanco en la mano. -El conde deSt. no como llegó entonces hasta mis oídos (oía de una manera demasiado imperfecta e interrumpida para poder perge-ñar una narración fidedigna). pues el conde no quería bajo ningún concepto que hubiera en la habitación algo que delatara precipitación o desorden. cuantas habitaciones. el doctor Planard dijo que iba al vestíbulo a llamar a los mozos encargados de llevarse el ataúd y colocarlo en la carroza fúnebre. Tras ajustar bien todos los tornillos. pero mis superiores me prohíben revelarle dicho extremo. dejándome completamente a oscuras. pondré mi casa y mis llaves a disposi-ción de sus investigadores tan pronto como me comunique qué mer-cancías de contrabando se están buscando concretamente. Entró en la habitación desde la estancia en que había estado anteriormente el ataúd. No me dejaron mucho tiempo para tratar de adivinar lo que iban a hacer conmigo. -No deben entrar hasta que hayamos cerrado el ataúd -dijo Planard-. -Monsieurlecomte-dijo mientras franqueaba la puerta seguido de media docena de personas-. pues unos segundos después deslizaron una tabla cerca de mi rostro. -Los empleados de pompas fúnebres están en el vestíbulo -dijo el conde. El conde se puso los guantes negros y. Después. Yo me he permitido asegurarle. Su actitud había cambiado sensiblemente. El resto lo debo relatar. y sin ninguna dilación. y de que una porción de ellas se oculta en esta casa. pero con el sem-blante súbitamente empalidecido-. mi querido amigo. Monsieur. los sonidos me lle-garon desde entonces de manera más apagada. al cual le han informado de que grandes cantidades de mercan-cías de contrabando inglesas y de otros países se han distribuido en este vecindario. Siento tener que comunicarle una inte-rrupción bastante inoportuna.Alyre me disculpará -contestó Carmaignac algo secamente-. un caballero que desempeña un cargo importante en el departamento de policía. Sí pude oír el forcejeo de un destornillador y el chirriar de varios tornillos según los iban introdu-ciendo. sino según lo que supe después por algu-nas personas. lo cual podría haber dado pie a algunas conjeturas.

monsieur. y la tapa cayó a un lado.. El conde intercambió una rápida mirada con Planard. -El cadáver de mi pariente. -Las cosas que yo busco -dijomonsieurCarmaignac. Usted permanecerá en esta habitación. a su amado pariente. ya se sabe..replicó el conde con tono perentorio acercándose al ataúd y extendiendo los brazos sobre él-. -Discúlpeme. ¿Cómo no iba a reconocer a PierredeSt. -No habrá tal. y. -Eso. -¿Que si lo he visto? Tantas veces. -Pero.Philippe. la última-vez. pero tenemos un deber que cumplir. esa herramienta. Levantemos la tapa. como es de suponer. y cuyo cadáver va a trasladar hastaPèreLachaise una carroza fúnebre que está lista para par-tir en la puerta.quita la tapa de ese ataúd. peroPhilippe-un hombre calvo y con el rostro más tiznado que el de un carbonerodejó en el suelo una caja de cuero de herramientas. siento decirlo. No. -Lo siento. manifiestamente apenado.Es decir. el destornillador.pero tengo órdenes estrictas al respecto.. señor.. Lo he reconocido al instante. A ver.. que . señor. -Me refiero al cadáver.yace aquí muerto. tras echar un vistazo al ataúd y tantear con la uña las cabezas de los tornillos.. éstos se alinearon como una hilera de setas. Perfecta-mente. con unas hábiles vueltas a cada uno de los tornillos. Por ejemplo.. yo debo actuar como si sospechase de todo el mundo.Monsieurlecomteno debe suponer en ningún momento que yo sospecho de él. semejante profanación. El conde protestó.Amand-contestó el conde con altivez.monsieur. -¡Ah! Entonces lo ha visto usted. a veces se ocultan cosas tan extrañas en lugares tan extraños. Se trata simplemente de levantar la tapa.cabrían en un espacio muy reducido.Amand?Pobre hombre. yo registro. eso no puedo permitirlo. -Por supuesto quemonsieurlecomtecree lo que dice.. los criados son a veces tan ingeniosos... no puedo decir con seguridad qué es lo que contiene ese ataúd.monsieurPierredeSt. pero no conoce tan bien como yo las artimañas al uso entre los criados. -El tiempo suficiente para reconocerlo. Cuando me ordenan registrar. Lo conozco demasiado bien. -N.. Mis instrucciones son bien precisas. como usted ve -intervino Planard señalando con el dedo el ataúd-. Además. -dijo el conde. -Por supuesto. no puedo permitirlo. Vi de nuevo la luz. que suelen estar bastante avezados en el arte del contrabando. No puedo tolerar semejante indignidad. descuide. Pero confío en que este retraso no les ocasione ningún problema. Otra mirada rapidísima a Planard. y le doy mi palabra de honor que en ese ataúd no hay 3 nada más que el cadáver.. Si todo está en orden..monsieur. se rompió al colocar el último tornillo. supongo -insinuó el caballero. Claro que sí. supongo. sólo un momento. seleccionó un destornillador y. de la que. usted habrá tenido el gusto de ver otra vez.

dice la tarjeta. Dios mío! ¡Si hubiera podido simplemente soltar un alarido! Veía cómo el careto pardusco y mezquino del pequeño conde me miraba fijamente desde el otro lado. Debe de haberlos robado a una persona llamada Beckett. por donde estaba entrando un gendarme. me pareció que no me había reconocido. -Le ruego pida a su operario que vuelva a colocar la tapa del ataúd y la asegure bien con los tornillos -dijo el conde...Berkeley Square». B. No está bien hacer trabajar más de la cuenta a personas que cobran un sueldo moderado por el trabajo nocturno. Mandaré a alguien a buscar la llave. tenía la llave. una vez abierto el armario. ya veo -dijo Carmaignac. me parece.. pero no caía en la misma línea recta de mi visión. el rostro del seudomarqués también me miraba.monsieur. yo no tengo nada que objetar -dijo el conde-. sacó el traje que mis secuestradores habían metido allí apenas dos minu-tos antes. graves y fornidos. ¡Oh. . oh maravilla. y. El conde miró en dirección de la puerta. y-el funeral debe seguir adelante..». hace siglos que no se usa. uno de ellos con las inicia-les «R. recuperando el valor-.El hombre del ataúd. -Si no la tiene a mano. y también un pañuelo marcado con las iniciales «R. -En efecto. Vi cómo la cara de Carmaignac se inclinaba sobre mí con un curioso fruncimiento de ceño. conde de St. B. Por su manera de mirarme.Amand.Philippe. el cortejo saldrá dentro de unos minutos. -Aquí hay tarjetas de visita. -Ya veo. por haberle robado y trata-do de asesinar.. la situación se estaba volviendo insostenible. el cual en ese caso seríamonsieurBeckett y nomonsieurdeSt. sino simplemente drogado. -Mi querido conde deSt. Quiero ver lo que hay dentro. No sé nada del con-tenido de ese armario. en aquel momento sólo veía el techo. Beckett.Pues. -Yo. Hace diez por lo menos que no lo he visto abierto. mando arrestar aNicolasde la Marque. llamado Lablais. retirándose-.. como este caballero me pone trabas para asistir a las exe-quias de mi pariente.al hombre que está en ese ataúd. señor.nosabría decirle -contestó el conde-. -Pues. el reloj aún tiene cuerda.intenta abrir ese armario con la llave maestra.«Mr. le ruego asista al funeral en mi lugar. No hay nada aquí de lo que busco. -Planard.Alyre.» Ese criado Lablais debió de ser un consumado granuja. -Espere unos minutos -insistió impertérrito Carmaignac-. Naturalmente.Alyre. a quien despedí hará un año. Como mi estado cataléptico me obligaba a mirar de frente y fijamente. Lleva usted toda la razón. Un criado sinvergüenza. Pero el eje de mi visión seguía inmóvil. ¿De quién es esa ropa? -preguntó Carmaignac cuando.Beckett. a fe mía.creía haber visto por última vez. R. Y. Y. aquí hay un reloj y un montón de sellos. Es probable que esa ropa sea suya. Pareció desagradablemente asombrado.. Hubo también otros rostros que me echaron un vistazo. Primero debo pedirle la llave de ese armario -agregó señalando en dirección del armario en el que acababan de esconder mi ropa. no se preocupe.. -Se me ocurre que podría haber robado también esta ropa -prosiguió Carmaignac. Había también en la habitación otros dos agentes. Sólo que. no está muerto. En este momento soy yo el único que da aquí órdenes con relación al ataúd.

Los cuerpos exhumados llevaban allí demasiado tiem-po. y. Aquel GabrielGaillardehabía sufrido una grave caída de un caballo desbocado unos cinco años antes de su misteriosa desaparición. Más fácil aún de reconocer fue su dentadura. A esta sospecha vinieron a sumarse otras más siniestras todavía. correspondía también al lugar donde se había fracturado la pierna GabrielGaillarde. Era muy probable que a mí me hubieran reservado el mismo honor con el seudónimo dePierredeSt. Una era la del fanfarrón coronelGaillarde. de factura muy parti-cular.Alyre y su bella compañera. Sólo uno fue identificado. que también habían seguido con-migo. por algu-nos cabos sueltos que había logrado atar. ora protestando. Me colocaron en un baño caliente. Molde que encajaba a la perfección con la placa de oro hallada en la mandíbula de la calavera. probablemente habría seguido bajo los efectos de la droga unas siete horas. Se abrieron varias tumbas enPèreLachaise. En aquel caso concreto. colaborasen en crear el misterio que hacía defi-nitiva su propia destrucción. debido a las peculiaridades del accidente. mintiendo y delirando de esta guisa. Allí se añadieron al concierto general dos voces. pero que ahora estaba completamente al servicio de la acusación. y más aún por la de su dinero. también pre-viamente arrestada. que uno de los dentistas más mañosos de París había adaptado para las encías del talGaillarde. quienes lo habían dejado sin blanca. La trama de aquellos infames conspiradores se había urdido con una habilidad y un sigilo consumados.que de hipótesis con . un granuja tan redomado como sus compinches. además de sufrir una fractura en la pierna derecha. bajo la dirección de Planard. La persona para la que se había encargado la tumba era puramente ficticia.cuyo molde.» Y. La identificación fue curiosa. La rotura del hueso por encima del tobillo. ora amenazando. El resultado fue que el ojo de cristal que había ocupado el lugar del perdido seguía aún en su cuenca. sobre cuya tapa -al igual que sobre la lápida sepulcral.Un instante después. Desde hacía tiempo venía sospechando. y oí cómo solta-ba con su voz discordante una vehemente e inconsecuente perorata. que desde hacía tiempo venía consideran-do patrimonio propio para cuando la muerte se llevara a su hermano de este valle de lágrimas. La otra era la de mi jovial amigo Whistlewick. accidente en el que había perdido un ojo y algunos dientes. de índole muy dis-tinta. en un principio más a consecuencia de la rabia -lo que le inducía a creer lo que fuera.se había inscrito un nombre falso.un tal GabrielGaillarde. donde lo habían reajustado. tan ingeniosa como monstruosa. fueron conducidos directamente a laConciergerie. pero fácilmente reco-nocible por el artífice que lo había confeccionado. que habían sido el conde deSt. Enseguida contaré cómo hicieron fracasar aquella conspiración con-tra mi propiedad y mi vida. Esta estratagema. fue sacado a rastras de la habitación y colocado en el mismo coche celu-lar en que se encontraba ya su bella y criminal cómplice. había conservado por fortuna. entre cuyo número me contaba yo. Había mantenido el mayor secreto en cuanto a las heridas sufridas en el rostro. de lo contrario. Antes debo decir unas palabras sobre mi persona. el acta de defunción la había firmado -y dado la orden de inhumacióny abonado los gastos.Amand. Hacían que sus víctimas. inmediatamente por encima del tobillo. siendo el pro-pio GabrielGaillardeel que había acabado ocupando el ataúd. condesa o no.conocido del empleado que se había encargado de tramitar el funeral. Estas medidas sencillas me restauraron en el espacio de unas tres horas aproximadamente. y estaban demasiado descompuestos para ser reconocidos. había sido llevada a cabo con éxito en su caso. se abrió una investigación. ligeramente descolocado.a quien a duras penas habían logrado mantener callado hasta entonces. Por supuesto. que había acudido a identificarme. con dos gendarmes sentados a cada lado. ora suplicando impíamente a «Dios. que lee el corazón de los hombres. como es lógico. El coronel se había enfurecido por la pérdida de su hermano menor. el viejo bandido era apresado.

Fue ella quien. tuve la candidez de creer que iba a ser objeto de un interés considerable por parte de la sociedad parisiense. un incidente fortuito dirigió al coronel sobre la buena pista. Lejos de abordarme con ánimo hostil. de donde había sido rescatada por el conde para que se convirtiera en su cómplice principal. saca-do de la fortuna no muy boyante del conde y de la soi-disante condesa. como dijo mi amigo Whistlewick. Mi viaje a París. El coronelGaillarderecuperó parte del dinero de su hermano.se hallaban en peligro.fundamento. El resultado fue que él impuso las condiciones de su propia libertad.y la condenaron a sólo seis años de cárcel. su cómplice. su especial belleza. para mi mortificación personal. «por los pelos». me dio cortésmente la mano asegurán-dome que consideraba el bastonazo que le había propinado en la cabeza como un revés recibido en una lid un tanto irregular pero de cuya justi-cia y validez no le cabía la menor duda. Se me tildó de zopenco. dignidad «parala que no había nacido» yde la que huí tan pronto como pude. había espiado mis docu-mentos durante el memorable viaje nocturno a París y quien había interpretado el papel de maga dentro del palanquín con ocasión del baile . descubrí que fui más bien objeto de pitorreo -bondadoso pero despectivo-. Un capricho del azar puso sobre aviso al granuja de Planard de que los conspiradores -incluido él mismo. no había resultado tan agradable como había esperado. pueden creerme. El conde. En primer lugar.en caso de que fracasara Planard. los magníficos brillantes de la condesa fueron tasados por un joyero y vendidos por unas cinco libras a una reina de la tragedia que andaba necesitada de un aderezo de oropel. La condesa había sido años atrás una de las actrices más destacadas en la pequeña escena de París. A la bella Eugénie le asistieron circunstancias atenuantes -al parecer. sin ni siquiera honrar a mi amigo el marqués de Harmonville con una visita a su confortable castillo. sería capaz de aportar las necesarias prue-bas médicas. admirablemente disfrazada. Hasta había mandado venir a un médico famoso. Es decir. los ladrillos que vi en la estancia del ataúd habían sido transportados hasta allí envueltos en paja para hacer creer en la existen-cia de un cadáver y evitar las sospechas y contradicciones que podría haber originado la llegada de un ataúd vacío al castillo. Pero. Finalmente. En segundo lugar. después de haber salvado el pellejo. que. e incluso hicieron de mí varias caricaturas. Huelga decir que la policía actuó con suma precaución para poder recoger todas las pruebas conducentes a constituir un acta de acusación condenatoria. El marqués salió bien parado. le devolvió el buen humor. pero. ino-centón y tonto. me convertí en una especie de personaje público. Yo hice de principal testigo de cargo en aquella cause célèbreydisfruté de todos los atractivos que se derivan de tan envi-diable cometido. junto con la ejecución del conde. fue ejecutado. Esto. Creo que sólo me queda referirme a dos detalles suplementarios. se convirtió en informador de la policía y concertó con ella la visita realiza-da al castillo de la Carque en el momento crítico en que se pudiera coger al conde y a sus cómplices con las manos en la masa y tener pruebas fun-dadas para la acusación.

La introducción de un cadáver real -procurado por una persona que abastecía a los anatomistas de Parísno implicaba ningún peligro real. con objeto de mitigar la fatiga de sus inevitables excursiones en busca de agua para repartirla entre las sedientas ánimas del purgatorio. una raza ahora prácticamente desaparecida.de disfraces en Versalles.por consideración para con los callos de su añorada esposa. todavía lo recuerdo. EL FANTASMA Y EL COLOCAHUESOS Mientras echaba un vistazo a los papeles de mi ínclito amigoFrancisPurcell -que Dios tenga en su santa gloria-. me condujo -aun-que aún debieron pasar algunos años.a una concepción más feliz. La recogida y ordenamiento de tales leyen-das era. El que esto escribe da fe de un caso en el que un labriego respetable y acaudalado de la comarca deTip-perary. uno para los días secos y otro para los húmedos. a abastecer a sus compañeros de cam-posanto de agua fresca para calmar la sed ardiente del purgatorio. pero yo nunca había sabido que su afición a lo maravilloso y lo fantástico lo había llevado a poner por escrito los resultados de sus investigaciones hasta que. uno ligero y otro pesado. Aquel sofisticado embuste había tenido por objetivo mantener vivo mi interés por la bella condesa. Tal vez convenga añadir que la superstición ilustrada por el siguiente relato -a saber. La horrible impresión que produjo en mi espíritu se debió en buena parte a la simple acción de mis nervios y mi cerebro. de las que ya no es el caso ponernos a hablar aquí. y no por ello menos seria. toda vez que intensificaba el misterio y hacía que el profeta se mantuviera vivo en las conversaciones de la gente y en los pensamientos de los bobos con quienes éste había dialogado. que el último cadáver enterrado está obligado.goza aún de plena vigencia en el sur de Irlanda. interés que temían pudiera desfallecer. que durante casi cincuenta años había desempeñado la ardua tarea de párroco en el sur de Irlanda. aquella vivencia hizo de mí un hombre más experimentado que amargado. que marcaron definitivamente mi vida. en mi calidad de «legatario residual». A quienes piensen que la redacción de tales escritos desentona con el carácter y modo de vida de un cura de pueblo no les vendría mal recordar que existió una raza de sacerdotes -los de la vieja escuela.cuyos hábitos y gustos literarios eran en muchos aspectos más refinados que los de los estudiantes de Maynooth. Yo repartí el resto del verano y el otoño entre Suiza e Italia. Como suele decirse. La mascarada también había tenido como objeto seleccionar a otras víctimas potenciales. Pero también dejó en mí otros sentimientos más graves y profundos. su principal hobby. de la vida. su testamento dejó en mis manos todos sus documentos manuscritos. durante su primer período de ultratumba. me tropecé con el documento que adjunto más adelante. Es un docu-mento más entre otros muchos parecidos. Tengo motivos sobrados para agradecer al misericordioso Señor del universo aquella temprana y terrible lección sobre las imprevisibles celadas que nos puede tender el maligno. pues nuestro párroco era un concienzudo coleccionista de antiguas tradiciones locales. en que abun-daba la región donde residía. Eran famosos los terribles conflictos que se . metió en su ataúd dos pares de borceguíes de cuero.

Se podrían citar asimismo otros muchos casos parecidos que muestran la vigencia que tiene todavía esta superstición entre los cam-pesinos del sur. si a algún pobre hombre lo llevaban a juicio. las mismas palabras del narrador. Los vecinos decían que el abuelo del amo. tenía la costumbre de pasear en medio de la noche desde que se le había reventado un vaso sanguíneo al intentar sacar el corcho de una botella -cosa que cualquiera podría haber inten-tado. al ver que le iban bien los nego-cios compró un pequeño terreno junto a la propiedad del caballero Phalim. señorías.habían producido entre dos comitivas fúne-bres camino del cementerio. como una especie de atención para con aquella vieja familia. y puedo asegurar. por miedo a dejarse arrebatar por el otro fallecido esta inestimable ventaja. paso ya directamente a someter a su consideración las portentosas aventuras deTerry Neil: Recórcholis.FrancisPurcell. y lo mismo digo trabajando la madera y reparando árboles viejos y otras cosas por el estilo. bajo el viejo castillo. quiéralo Dios. él acudía siempre a declarar en su favor. una zona bastante amena. y me atrevería a decir que no hay mozo en ninguna de las siete parroquias que la cuente mejor ni más deprisa que yo. Y no había nadie como él en toda la comarca que trabajara la tierra igual de bien. y seguro que nadie recordaba a un colocahuesos -niño. salvo que era algo aficiona-do a la bebida. pero eso no tiene importancia. cada cual empeñada en asegurar a su falle-cido la prioridad en la sepultura. hombre o viejo. Así pues. Pero era costumbre que. en fin. y seguro que lo intentará alguna vez. y la consiguiente exención del impues-to que gravaba a los familiares del último en ser enterrado. cuandosirPhelim salía de viaje. que era un hombre honesto y sobrio. y romper botellas y vasos. todo iba viento en popa. joven. se dirigió al camposanto por un atajo y. Así pues. Así pues.. ocurrió otro caso en el que una de las dos partes. pues fue a mi propio padre a quien le pasó. por cierto. de la manera más fidedigna posible. pero. aten-ción. empleadas pensan-do sin duda más en su efecto eufónico que en la corrección de las mis-mas.. nada más natural pues nadie podía competir con él en recomponer con tanta habilidad la pata de una silla o una mesa. y te digo también que. que Dios lo tenga en su santa gloria. que había instruido durante mucho tiempo a la avispada juventud de su parroquia natal en las artes y ciencias liberales que juzgaba conve-niente profesar. En fin. acudían a su casa desde los lugares más distantes para que les recolocara los huesos. de Drumcoolagh: Voy a narrar la siguiente historia tratando de emplear. que era el caballero más cabal que había parido madre. donde estaba su retrato. Y fue así como le dio por dedi-carse a la reparación de piernas rotas. esta historia tan extraña es más cierta que dos y dos son cuatro. maña-na y tarde.Terry Neil.que así se llamaba mi padre. que Dios se apiade de todos nosotros. y me enorgullece decirlo. y se la oí contar a él mismo muchas veces. No mucho después. Pues bien. esto no viene a cuento-. que la palabra de mi padre era tan fiable como el juramento de cualquier gentilhombre del país. circunstancia que puede explicar la presencia de varias palabras algo fuertes en el transcurso de la narración. Pero no entretendré al lector con más preámbulos. como iba diciendo. harto desagradable pues a nadie se le ocultaba que en el viejo castillo ocurrían cosas raras.más hábil ni más famoso en todo el país. como se podía ver dándose una vuelta por las tabernas del lugar. las pobres personas que se habían roto un brazo o una pierna y no podían poner el pie en el suelo. el viejo caballero solía salirse del cuadro de la pared. y someteré en cambio a su consideración el siguiente: Extracto de los papeles manuscritos del finado Rvdo. Tal vez conven-ga observar que éste era lo que se suele llamar un hombre «bien habla-do». pasó el ataúd por encima del muro para adelantarse así al que estaba haciendo su entrada por la puerta en aquel mismo momento. algunos de los arrendatarios se quedaran vigilando en el viejo cas-tillo. y . y. por cierto. saltándose a la torera uno de los más arrai-gados prejuicios.

y luego. -En el vestíbulo no se puede encender la lumbre -dijoLawrence-. si entraba alguien de la familia. cosa lógica en él. y a la tercera noche le tocó el turno a mi padre. lo que no tardó en producirse.y empezaron a hablar.muy bien. y pueden estar seguros de que mi padre no hizo ascos a aque-lla invitación.beber todo lo que encontraba -qué vergüenza. mi padre y él se llevaban muy bien desde siempre. -Recórcholis -dijo mi padre-. ron-dando por la casa y haciendo toda clase de travesuras. Así que no te metas tanto con tus semejantes -agregó con tono .. los dos bajaron a la cocina mientras el fuego prendía en el salón. Pues bien. Pues bien.estoy simplemente cerrando los ojos para que no les entre el humo del tabaco y no se pongan a llorar. pues no quería queLawrencesupiera que tenía miedo.Lawrence-dijo. volvía a su lugar. hay que observarla en toda regla. como si en su vida hubiera roto un vaso. pues sabía que el cuadro del caballero estaba colgado en el salón. lo invitó a pasar la noche charlando. reparen en esto. como de cos-tumbre. loado sea el Señor. Y. -Oh.eso no puede ser -dijoLawrence-. se dice para sus adentros. señorías. y decidió tomar la cosa con buen ánimo. ¿Es que no te das cuenta de que te estás durmiendo? -Por todos los demonios -dijoLarry-. «tener que pasar toda la noche en vigilia. a fumar y a beber un poco de whisky. y el fuego de carbón mineral y turba ardía estupendamente y les calentaba las canillas. Señor-. me parece una buena idea. una de whisky puro y otra de agua bendita.Si queremos observar la vieja costumbre. al ver quién era. Así. y al decirle mi padre que le tocaba a él montar la guardia en el castillo. -¿Y por qué no en el vestíbulo? -preguntó mi padre. como les iba diciendo. pues no está bien que la gente como yo se siente en el salón. y. Y Larryle dijo: -Encenderemos un pequeño fuego en el salón. Vamos entonces a la cocina.Terry. hasta que aLawrenceempezó a entrarle el sueño. al poco tiempo subieron y se sentaron conforta-blemente junto a la chimenea del salón. Así. «Al diablo con la vieja costumbre». quien salió a abrirle. dijo mi padre para sus adentros. en cierta ocasión la fami-lia del castillo se fue a Dublín a pasar un par de semanas. Fue el viejo mayordo-mo. señorías. y acto seguido se echó un trago de whisky para ahuyentar el frío de su corazón. subió al castillo con dos botellas.LawrenceConnor. el viejo picarón. algunos de los arrendatarios tuvieron que quedarse de guardia en el castillo. como iba diciendo.» Pero no tenía escapatoria.-Ah. con una expresión de absoluta inocencia en el rostro. estuvieron conversando y fumando juntos de la manera más agradable. -Así es imposible seguir hablando -dijo mi padre-. a la caída de la noche.. « ¡Vaya fastidio!». Llovía bastante y hacía una noche oscura y tenebrosa cuando mi padre llegó y se roció con agua bendita. pues era bastante viejo y estaba acostumbrado a dormir mucho. y ese viejo espíritu vagabundo.pues hay un viejo nido de grajos en la chimenea.

si lo hacía. ¡Ojalá que yo pudiera dormir así también! Dicho lo cual. señorías. -Y arrastró un sillón hasta donde estabaLawrencey se puso lo más cómodo que pudo. pues la contó como si le fuera en ello la vida mientras trataba de mantener despierto al viejoLarry. mi padre trató de mantener la calma y hasta estu-vo a punto de quedarse dormido de no haber sido por la manera como atronaba la tormenta y crujían las ramas de los árboles y silbaba el viento a través de la viejas chimeneas del castillo. Bueno. cuando se hubo despachado bien. Después de un descomunal rugido del viento. fue la historia deJimSoolivan y su vieja cabra la que contó. Por cierto. por la otra. sigue con tu historia. no sirve de nada asustarse ahora. se puso a pasear por la estancia y a rezar tan intensa-mente que empezó a sudar (me perdonen sus señorías). Y. abrió los ojos rápidamente. Y. y dar luego un salto sobre la chimenea para caer de pie sobre el suelo. se le ocurrió de repente que.lo primero que hizo fue quedarse mirándonos atentamente a ver si estábamos dormidos. unas veces fijamente y otras guiñándole un ojo. como si estuviera quitándose la chaqueta de montar. no haría ni tres minutos que había cesado la tormenta cuando mi padre creyó oír un ruido un tanto extraño enci-ma de la chimenea. una historia bastante divertida. prosiguió con su historia. lo cual era mucho peor aún.brusco. por una parte. -¡Vaya. se trincó casi medio litro de licor a ver si así se tranquilizaba un poco. y al final observó que el personaje del retrato lo seguía con la mirada a todas partes. Pero como seguía igual de nervioso. Y. éste se iría a la cama con toda seguri-dad y lo dejaría completamente solo en aquella habitación. Pero hubo una cosa bastante extraña que he olvidado referirles. pero de repente la tormenta cesó y la noche se volvió más apacible que una velada de julio.. él se quedó ronco y. antes de que llegara la historia a su final. con mayor razón. No lo molestaré al pobre. cuando iba a dar un achuchón aLawrencepara despertarlo. que habría bastado para mantener despierto a un lirón y. y eso que tenemos aquí una botellita para hacernos compañía! ¡Por los clavos de Cristo! -volvió a exclamar.aunque en realidad sus esfuerzos no le sirvieron de nada pues. volvió a colocarla con cuidado en el sitio de antes y se puso a pasear por la habi-tación con aire tan sobrio y paso tan firme como si no hubiera . al ver mi padre que no servía de nada amonestarlo.. la peor jugarreta de todas. -Ah -exclamó-. y ¿qué vio? Nada menos que al viejo caballero saliendo del cuadro. que Dios lo tenga en su santa gloria-. pues. Además.. Así pues.. Venga.LarryO'Connor ya estaba ron-cando como un hipopótamo. No está bien en un amigo ni en una persona con principios importunar al que está durmiendo. pues tenía un carácter muy fuerte. ¿No es bastante duro lo que me pasa a mí? ¡El muy villano dice que es mi amigo y luego se me duerme de esta manera. señorías. -Recórcholis -dijo mi padre-. para impedir que un cristiano comoLawrencese durmiera. Por mucho que lo intentaba no podía dejar de mirar de vez en cuando al cuadro. si he de morir. y en cuanto vio que así era. mejor respirar a gusto. ojalá tuviera yo la mente tan sosegada como elLarry. según creyó mi padre. alargó la mano y agarró la botella de whisky y se trincó por lo menos medio litro. ¡Qué mala suerte tuve el día que me mandaron venir a este maldito lugar! De todos modos. hombre! A mí me tenía que pasar esto. pensó incluso que los muros del castillo iban a derrumbarse en medio de una conflagración universal. que te estoy escuchando -agregó mientras volvía a cerrar los ojos. Pues bien. -¡Por vida en la mar serena! -exclamó mi padre-. el viejo taimado -y ésta fue. -dijo al darse cuen-ta-.Si consiguiera dormir un poco. la manera como la contó mi padre creo que nunca había sido antes superada ni lo sería des-pués. a lo que iba.

Pero mi padre. -Eso es una verdadera lástima -exclamó mi padre-. -¡Caramba!-exclamael caballero. tú eres un hombre respetable (y no le faltaba razón). Tal vez desee su señoría hablar con el padre Murphy. mejor dicho para lo que he bajado (mi padre tomó buena nota de aquel desliz. yo me dirijo a quien es . ¡que Dios se apiade de todos nosotros!. ¿Qué. por pequeño que pareciera). y la gente como tú no tiene por qué soltármelo a la cara cada dos por tres -exclamó con un taconazo en el suelo que hizo retumbar el entarimado. señorías.. -¡Ay! -se disculpó mi padre-. cuando se trata de arreglar cosas como ésta -dijo dándose un golpecito en la pierna-. sintiéndose algo mejor-. No es en mi alma en la que estoy pensando. mi padre casi ni se había inmutado hasta que el espíritu pasó a su lado. cuyo rostro se iba volviendo rojo de furor-. -Y que lo digas -refrendó el caballero-. -Gracias. De todos modos.. a pesar de todo ello no estoy a gusto donde me encuentro ahora. Así que eres tú el que está aquí. ignorante gañán. -Eso es también una gran verdad -volvió a convenir mi padre (aun-que era una gran mentira. para servir a su señoría -dijo mi padre con la poca voz que le permitía el miedo. lo que es más. que el olor a azufre le impidió respirar y le dio un ataque de tos que casi lo tira al suelo. cómo te va. Que Dios lo tenga en su santa gloria.. y esto fue lo que más lo asustó.Yo siempre fui un buen amo para PathrickNeil. -Sujeta la lengua. tan cerca. un hombre trabajador y serio. al menos eso había oído decir al padre Murphy. notaba un fuerte olor a azufre. deteniéndose a dos pasos de mi padre y volviéndose hacia él-. Aunque yo era más sobrio que la mayoría de los hombres (al menos que la mayoría de los gentilhombres). miserable canalla -dijo el caballero-. Terence Neil. -Y. cacho zopenco? ¿Dónde te has dejado los modales? Si estoy muerto. con perdón de sus señorías. -¿Que Dios me tenga en su santa gloria? -repitió el espíritu. como tendría derecho a estarlo. y aunque en diferentes períodos fui un cristiano bastante aceptable. -Terence -dijo el caballero-. siempre que pasaba por su lado.señoría -dijo mi padre. Soy desde luego un pobre hombre idiota e ignorante..tomado ni una gota. no ha sido para que me cuentes tu triste vida ni para conversar con un tipo como tú para lo que he subido aquí. el cual sabía de aquello más que nadie -el pobre ya murió. Me asombra cómo puedes tener la inso-lencia de sermonear a un caballero acerca de su alma. ejemplo de sobriedad para toda la comarca. Pues bien. no es culpa mía. que Dios lo tenga en su santa gloria-. pues sabía que era azufre lo que ardía en el infierno. y sumamente caritativo y humano con los pobres. Y ahora escúchame bien. Usted fue siempre un gentilhombre muy educado. Es un honor para mí poder ver a su señoría aquí esta noche. pero no tenía más remedio que seguirle la corriente). -Bien -dijo el espíritu-. ¿Que Dios me tenga a mí en su santa gloria? ¿A cuento de qué. creo que siempre fui un caballero sobrio y cabal -agregó el otro.Terry Neil? -Pues aquí estamos. pues estaba más muerto que vivo-. -Eso es cierto por mi honor. señoría -asintió mi padre.tu abuelo.

por todas las Potestades y Dominaciones que no dejaré un hueso de tu esqueleto sin triturar. mi padre comprendió que no le valía escurrir el bulto. alzó la botella de agua bendita. -Sujeta esa lengua.) -Espero -dijo mi padre. a la que quie-ro que le des un achuchón o dos hasta que encaje el hueso en su sitio. -Como mande su señoría -dijo mi padre. que no seré yo el insolente que haga semejante cosa a una persona tan eminente como su señoría.experto en la materia. y él se hallaba tumbado boca arriba. Dicho lo cual. y eso es todo. le salió mal la treta pues cogió la botella equivocada-. -Oh. Al oír aquello. Cuando volvió en sí. pues. tengo que andar mucho más de lo que andaba antes. En el lugar en el que paso la mayor parte del tiempo. para tu conocimiento.que a su señoría no le preocupe haberlo matado. y ahora tira con todas las fuerzas que te queden. así. de lo contrario. -Bueno. a quien no le hacía ninguna gracia andar toqueteando a un espíritu-. Y precisamente lo que más me fastidia es la invalidez de mi pierna. so necio -exclamó el caballero-. déjate de monsergas. aquí está mi pierna -dijo el caba-llero levantándola para que se la cogiera-. antes me tomaré un traguito para no desfallecer -dijo el caballero alargando la mano hacia la botella con el pretexto de que se encontraba débil. salvo el pequeño recreo de que dispongo para echar un vistazo por aquí. arréglamela bien. mientras el viejo Larryseguía durmiendo y roncando más fuerte que nunca. -¡Más aún! -aulló el caballero. no es mi alma lo que más me preocu-pa. (Mi padre explicó después que se trataba de un caballo de carreras que había sufrido una grave caída al saltar la gran valla que rodea la cañada. y mi padre cayó de espaldas al suelo en medio de la habitación. el alegre sol matutino se filtraba entre los posti-gos de la ventana. Sólo sirvo para hacerlo con personas de mi nivel. que es lo que más ansía. el caballero salió despedido por encima de la mesa. que me rompí en el cobertizo de Glenvarloch el día que maté al negro Barney. pues. si bien. una tarea de lo más engorrosayaburrida. Me preocupa mi pierna derecha. agarró con fuerza la pierna y empezó a tirar y a tirar hasta que el sudor empezó a bajarle por la sien. ydesde luego mucho más de lo que me convendría. -¡Tira más fuerte. y lo peor es que allí hace muchísima calor y a mí me han encomendado la tarea de ayudar a llevar elaguas aunque me dan muy poco a cambio. ya que todos están siempre sedientos y beben más agua de la que pueden transportar mis piernas. Mi padre tiró como un poseso. pero tan pronto como ésta hubo rozado sus labios dejó escapar un grito tan espantoso que pareció que el techo y los muros se iban a venir abajo y le entraron unos ataques y convulsiones tan terribles que la pierna se le descoyuntó y quedó atrapada entre las manos de mi padre. No es mi alma -prosiguió sentándose enfrente de mi padre-. te lo puedo asegurar. sepa su señoría -dijo mi padre. hijo del diablo! -exclamó el caballero. la gente donde me encuentro es terriblemente aficionada alagua fría. y te diré por qué me preocupa mi pierna. -Bah. Por tu salud. con la pata de un butacón viejo arrancada de cuajo en una mano. Mi padre fue aquella mañana a ver al padre . pese a lo astuto que era. Terence -brindó-. Toma.

o fantasma. la mano sobre la empuñadura de la espada. pues. salvo el contorno de su silueta definido por el tenue arrebol de una vela agonizante. y casi en la más completa oscuridad. El curioso tratamiento de la luz constituye. un retrato perfecto de RoseVelderkaust. de mí su vara y deje de amedrentarme su estampa. único foco de luz que ilumina su figura y su rostro. » Hay una obra extraordinaria de Schalken que se conserva bastante bien. Hay algunos cuadros que nos impresionan y asombran por la mane-ra especial en que representan no simples formas y combinaciones idea-les que han pasado por la imaginación del artista. Mi bisabuelo. en cuyo primer plano aparece una figura femenina ataviada con una especie de túnica blanca. que . sino escenas. este atuendo no es hábito de ninguna orden religiosa. como si fuera a desenvainarla de un momento a otro. el caso es que nadie supo que hubiera vuelto a pasearse por allí. ya por haber perdido su pierna. la sobrina de Gerard Douw. ya fuera porque no le había gustado el líquido. Sin embar-go. Y. rostros y situaciones que han existido en la realidad. ni hay nadie que pueda imponer su mano sobre nosotros dos. pese a que éste es ciertamente exquisito. en el rostro de la figura femenina que ocupa el lugar más destacado del cuadro. el primero y me parece único amor de Godfrey Schalken. se aprecia la figura de un hombre vestido a la antigua usanza de Flandes en actitud de alarma. el cual esboza una de esas sonrisas enigmáticas que tan bien sientan a una mujer bonita cuando está tramando una jugarreta. Y digo aparente porque su verdadero valor estriba en el tema y no en el tratamiento. como es habitual en todas sus obras. Aparte. el principal mérito aparente del cuadro. y eterniza. le oyó contar a él mismo la terrible historia del cuadro. Este cuadro singular posee algo que le imprime carácter de realidad. La figura sos-tiene en la mano una lámpara. que conoció bien al pintor. en cuanto al caballero. y lo que contó lo creyó todo el mundo. En segundo plano. Y en verdad que así es. y desde entonces hasta el día de su muerte nunca dejó de confesarse ni de ir a misa. sobre todo porque prácticamente no volvió a hablar de ello nunca más. El cuadro en cuestión muestra el interior de lo que podría ser la cámara de algún antiguo edificio religio-so.Murphy. que le cae desde la misma cabeza. pues registra fidedignamente una escena extraordinaria y misteriosa. SCHALKEN EL PINTOR «Pues es un hombre con el que no tengo nada en común.

Primero tenía que labrarse un nombre y ganarse la independencia profesional. en la mano. aunque tímida. como prueba su perdurable celebridad. y cuyas manchas se dispuso ahora a limpiarse en sus holgados calzones flamencos. y no se atrevía a pedir al viejo Gerard la mano de su preciosa pupila. durante la cual tendría que hacer frente a innúmeros obstáculos. maldito santo! En aquel momento oyó cerca una especie de resoplido seco que le hizo volverse bruscamente y percatarse de que su trabajo estaba siendo observado por un desconocido. así.luego le regaló. Pero había ganado el corazón de su queridaRose Velderkaust. una vez descrito el lienzo. y. y. Y su amor no quedó sin recompen-sa. El joven artista poseía suficiente discernimiento. En la espaciosa y vieja estancia reinaba un gran silencio. aunque todas ellas en vano. Y ahora. si me dan la venia. Un buen día le declaró sus sentimientos y arrancó de ella una res-puesta afirmativa. -¡En qué maldito momento se me habrá ocurrido pintar este tema! -exclamó el joven-. sin éxito aparente. en sus días menos gloriosos pero más felices fue el protagonista de un exaltado romance lleno de misterio y pasión. en el pecho. El joven pintor la adoraba y amaba con toda su alma. Pero había algo que empañaba su júbilo: era pobre y desconocido. a pesar de su temperamento flemático. El sol ya se había ocultado y el agonizante crepúsculo estaba deviniendo en noche oscura. este hombre. se distinguían los eslabones de una cadena del mismo metal. sin embargo. voy a intentar relatar. que llevaba protegida por una especie de guantelete. eran numerosas las raspaduras y correcciones de que habían sido objeto el santo y el demonio. una perturbación tan extraña y misteriosa que torna inútil toda investigación y arroja sobre la propia historia una sombra de terror preternatural. Se sentía furioso y mortificado ante aquella producción inacabada. sabía que le esperaba una época dura llena de incertidum-bres y desabrimientos. entre los pliegues de la capa. y. A pocas personas les sienta tan mal el manto del romance como al zafio Schalken. Mientras con una mano se apartaba de la frente sus luengos mechones. Un día en que Schalken se hallaba trabajando en el taller después de que sus compañeros se hubieron marchado ya a sus casas. para no sentirse satisfecho de su obra. se enamoró perdidamente de la bella sobrina de su adinerado maestro. portaba un largo bastón de ébano rematado por lo que parecía. se vieron coronados por el éxito. como anochecía deprisa. a la luz del último resplandor del crepúsculo. una cabeza maciza de oro. tan tosco. ¡Maldito cuadro. El relato y el cuadro se han convertido en una especie de patrimonio de nuestra familia. pese a no tener una espe-cial inclinación religiosa. pues no había alcanzado aún los diecisiete años de edad. dejó a un lado los colores y se aplicó en terminar un esbozo en el que había puesto un empeño extraordinario. y. la tradición oral que circula asociada al mismo. con la otra blandía el trozo de carboncillo que tan mal había cumplido su cometido. La paciencia del joven pintor estaba agotada. destinados a sufrir un inesperado contratiem-po. Era una composición reli-giosa que representaba las tentaciones de un rechoncho san Antonio. ay. A un metro y medio por detrás de él se hallaba un anciano envuelto en una capa y tocado con un sombrero cónico de ala ancha. poseía la delicadeza y gentileza que acompañan a las bellas y rubias doncellas flamencas.RoseVelderkaust era más joven que él. Así pues. obstinado y desaliñado en el cenit de su celebridad. Era el pintor más dichoso y orgulloso de toda la cristiandad. En sus años jóvenes Schalken estudió con el inmortal Gerard Douw. lo cual suponía media batalla ganada. Schalken llevaba unas dos horas traba-jando de esta guisa. si hemos de creer lo que se cuenta. maldito diablo. hombre desgarbado pero diestro pintor de óleos que deleitan a los críticos de nuestro tiempo casi tanto como sus modales repugnaron a los refinados de su tiempo. . Huelga decir que sus esfuerzos se intensificaron a partir de entonces y que. Pero aquellos intensos esfuerzos y las esperanzas que los sostenían y embellecían estaban.

sin mirar a derecha ni izquierda atravesó el pasillo que hacía poco había atravesado -si es que no seguía allí todavía-. -Minheer Vanderhausen.. Bueno. salió de la habitación antes de que Schalken. y había un algo tan extraño y hasta se podría decir tan aterrador en su perfecta. sin atreverse a respirar siquiera hasta que salió a la calle. ¿no es así? -Así es. señor.) Pero esta maniobra suya resultó vana.que la hora fijada eran las siete de la tarde según el reloj del Ayuntamiento? -Acababan de dar las siete cuando lo vi. de Rotterdam. Así que se llama Minheer Vanderhausen.. ¿Qué puede querer de mí?= Lo más seguro que le haga un retrato. Minheer Vanderhausen. ora deteniéndose a mirar el trabajo de alguno de sus alumnos ora. señor -contestó el aprendiz. se quedaron vacíos. desde la que se podía ver puerta de la calle (entre la puerta del estudio y la de la calle había u pasillo bastante largo. 0. No. No habría resultado fácil adivinar la edad del intruso. pronto saldremos de dudas. por lo que Schalken sabía que el viejo y extrañar visitante no habría podido alcanzar la calle entre tanto. tras cerrar bien la puerta y meterse la llave en el bolsillo. y a ser posible en esta misma habitación. lo invitó educadamente a tomar asiento y le preguntó si traía algún recado para su maestro. O tal vez se trate de un pariente pobre que quiere ser aprendiz mío. -¿No dijiste.acercaba la hora convenida-. En mi vida había oído ese nombre hasta ayer. ver qué dirección tomaba aquel burgués de Rotterdam al salir del estudio. Transmitido el mensaje. El joven sintió curiosidad por.que Minheer Vanderhausen.. y a tal fin se dirigió veloz a la ventana. consultando un reloj grande y redondo como una naranja-. pétrea. de Rotterdam.. quela quitó las ganas tanto de seguir solo en la habitación como de aventurar-se a salir al pasillo.. junto con su porte firme y tieso. acercán-dose a la ventana para ver a los transeúntes que pasaban por la calle oscura donde se hallaba situado su estudio. pues no había ninguna otra salida. Eso es todo. tranquilidad que el irritado artista consiguió reprimir el amago de comentario hostil que había empezado a aflorarle a los labios.La estancia estaba tan oscura que no se veía nada más allá de aquel personaje. ¿Se había esfumado como por ensalmo. con un esfuerzo sin duda desproporcio-nado con la no probada gravedad del momento. Gerard Douw se había puesto a pasear por la estancia nervioso e impaciente. ¿no? . sea lo que sea. el desconocido se volvió bruscamente y. Godfrey -exclamó Douw volviéndose a Schalken tras una larga y minuciosa indagación desde su puesto de observación. conjuró todo el valor que le quedaba y. salvo el de Schalken. de Rotterdam. pero cierta cantidad de pelo negro que le asomaba por debajo del sombrero. más frecuentemente.con paso rápido pero silencioso. por la noche a esta misma hora. -Di a Gerard Douw -sentenció con el mismo ademán impasible. su misterioso visitante. -Un hombre ya mayor y ricamente vestido. -dijo para sí Gerard Douw cuando se. Aquella persona des-prendía tanta gravedad e importancia. Lo cual lo dejó harto perplejo. sobre un asunto de especial importancia. desea hablar con él mañana. -Pues entonces ya se acerca la hora -dijo el maestro. Había llegado de nuevo el final de la jornada y todos los caballetes.. permitían supo-ner que sus años no sobrepasaban la sesentena. Sin embargo. Así. cuyo sombrero impedía que se le vieran los rasgos de la cara. tan pronto se hubo repuesto de su sorpresa. O alguien con una colección que tasar. no hay nadie en Rotterdam que me pueda dejar una herencia. tuviera tiempo de articular una respuesta. o tal vez se había escondido en un rincón del pasillo con algún fin siniestro? Esta última posibilidad suscitó en su ánimo una vaga desazón.

Protegidos por dos o tres capas de lino. Godfrey. Claro que. que se había situado detrás de su maestro. si es que tiene inten-ción de ser puntual. aquí me tiene. El visitante hizo un amago de movimiento con la mano.. colocó un cofrecito de unos veinte centíme-tros cuadrados en manos de Gerard Douw. con la superficie muy arañada y ensuciada. los ojos de maestro y aprendiz se habían quedado fijos en la puerta y Douw esperó a la última campanada para exclamar: -Bien. Penetró en la tienda y. y debajo apare-ció un cofre de madera dura. -Creo saber que su señoría desea hablar conmigo -continuó Douw-. Éste ocultó su preciosa carga bajo los pliegues de la capa y. parecía estar enteramente recubierto de plomo. invitó al desconocido a tomar asiento. sacó de la capa el cofre de Vanderhausen. -Aquí llega. tú te quedarás a esperarlo. había saludado tan inesperadamen-te a su alumno Schalken. pronto recibiremos a su señoría. pero permaneció en pie. Volviéndose bruscamente hacia la puerta. como el que suelen llevar los burgueses acaudalados y respetables. Gerard Douw pudo ver a la misma figura que. bien. resulta ser una farsa monta-da por Vankarp o algún bromista como él? Me gustaría que hubieras tenido valor para liarte a palos con el viejo burgomaestre. cuya planta baja estaba ocupada a la sazón por una orfebrería regentada por un judío. tras pedir al pequeño hebreo que lo llevara al lugar más secreto. según la primera impresión del judío.-Sí. sino que se hallaba realmente en presencia de alguien importante. En aquel momento. Iluminado por una lámpara. -¿Es de total confianza este hombre? -preguntó Vanderhausen vol-viéndose hacia Schalken. atravesan-do velozmente dos o tres callejuelas. como agradeciendo este gesto de cortesía. si no. -Así es -contestó el visitante lacónicamente. y casi blanca por el paso del tiempo. así. Había algo en el porte de aquel personaje que al punto convenció al pintor de que no se trataba de ninguna mascarada. en espera de sus órdenes. sin dudarlo se quitó el sombrero y. por lo que pude ver -contestó el alumno-. -Tengo el honor de estar ante Minheer Vanderhausen. un día antes. Éste. se lo dio a Schalken para que fuera a cumplir el encargo. ¿no es así? -dijo Gerad Douw. de Rotter-dam. y su atuendo era rico y austero. -Entonces que lleve este cofre a un joyero para que tase el valor de su contenido y vuelva con el certificado de la tasación. el cual quedó tan asombrado de su peso como de la brusquedad con que el desconocido se lo había dejado. a modo de admoni-ción.. no podía ser joven. al final..¿y si. pues. De acuerdo con las órdenes del desconocido. estuvo tocando y sobando todos y cada uno de los lingotes del glorioso metal con un pla-cer . de la mejor calidad. le pareció a Schalken. la retiraron parcialmente. señor -dijo Schalken en voz baja. se detuvo en una casa que hacía esquina. el sonoro reloj del Ayuntamiento empezó a des-granar las siete campanadas. con un saludo cortés. contenía un montón de lin-gotes de oro. -De total confianza -confirmó Gerard. puesto que ya lo conoces.. Mientras decía aquello. aunque tampoco muy viejo. perfectamente colocados y. que también abrieron con cierta dificul-tad. Apostaría una docena de florines a que su señoría se habría quitado rápidamente la careta pidiendo piedad para un viejo conocido.

poner en sus manos cuanto antes la prueba de mi riqueza como garantía de mi trato generoso para con su sobrina. plenamente convencido de que aquella fortuna era extraordinariamente favorable a su sobrina. los volvió a poner en su sitio mientras exclamaba: -¡Mein Gott. el pintor notó una especie de frío y opresión -como dicen que ocurre cuando uno se encuentra junto a un objeto que produ-ce antipatía natural. sensación que no le permitió decir nada que pudiera ofenderlo en lo más mínimo. debía de ser a la vez muy acaudalado y generoso. y semejante oferta no se podía despreciar aunque proviniera de un tipo raro o de una persona de presencia no demasiado atractiva. en cuanto a las demás objeciones. El hombre de Rotterdam avanzó un poco mientras le hablaba. junto con su dote.de que la alianza que usted propone sería a la vez ventajo-sa y honrosa para mi sobrina. que debía enteramente a la generosidad de su tío. al entrar al estudio. Ella será mía si así lo dispone usted. pues. -No trate de embarullarme. Gerard Douw quedó enormemente sorprendido de la comunicación que acababa de hacerle Minheer Vanderhausen. y espero que. secundará mi solicitud haciendo uso de la autoridad que le asiste. Vanderhausen se había dirigido a Gerard Douw en los siguientes términos: -Esta noche no puedo entretenerme con usted más que unos minu-tos. si le convenzo de que soy más rico que cualquier hombre con el que usted haya podido soñar casarla. ¿No le parece una disposición generosa? Douw asintió. en la iglesia de San Lorenzo. Es el caso que deseo casarme con ella. habida . tras dos o tres carraspeos preliminares.todo el tiempo que estuvo en presencia de aquel estrafalario desconocido.especial. al margen de la prudencia y cortesía dictadas por la ocasión. encontró a su maestro y al desconocido conversando porfiadamente.Geralddecidió-y.qué perfección! ¡Ni un grano de aleación! ¡Qué belleza. como tampoco podía presumir de sus orígenes. para que disponga de la manera que le parezca más adecuada para los intereses de su pupila. será exclusivamente para ella mientras viva. pues tenía una dote muy modesta. una vez que el aprendiz había marchado a llevar a cabo su encargo. Schalken volvió sobre sus pasos y. qué hermosura! Después del escrutinio. deberá cerrar el trato aquí y ahora. aquel desconocido.Roseno podía esperar un casa. rezó para sus adentros para que volvie-ra pronto Schalken. pero debe comprender que ella dispone también de su libre albedrío y que puede no estar de acuerdo con lo que nosotros consideramos ventajoso para ella. a su sobrinaRoseVelderkaust. y Gerard Douw. sin saber por qué. pero no se atrevió a expresar su sorpresa. Esa suma quedará en manos de usted. después de examinarlos detenidamente. el judío certificó de su puño y letra que el valor de aquellos lingotes sometidos a tasación ascendía a no sé cuántos miles de táleros. Con el ansiado documento en el bolsillo y el magnífico tesoro bien guardados bajo la capa. Usted visitó la ciudad de Rotterdam hará unos cua-tro meses. usted es su tutor y ella su pupila. El muchacho volverá dentro de un par de minutos con una suma cuyo valor es cinco veces superior a la fortuna que su sobrina tiene derecho a esperar de su marido. señor pintor -soltó Vanderhausen-. pensó. y. -Deseo -dijo el misterioso caballero.miento demasiado bueno. Con anterioridad. pues éstos distaban mucho de ser linajudos. -No me cabe la menor duda -dijo Gerard. por lo que trataré de resumirle en pocas palabras el asunto que me ha traído hasta aquí. en cuya ocasión vi. Si aprueba mi propuesta. pues no puedo esperar cálculos ni dilaciones.

pero. Pero supongo que no tendrá usted reparo. le pasó un documento en el que figuraba por escrito que él. pues ya me estoy aburriendo. antes de que me vaya debe usted haber firmado este compromiso. Sin embargo. Finalmente. Ya tiene suficientes garantías de mi respetabilidad: mi palabra. -Volveré mañana a las nueve de la noche a ver al objeto de nuestro contrato.no prestarles atención por el momento. de Rotterdam.cuenta de las costumbres de la época. sin saberlo. a su sobrina. pensándolo bien. su oferta es generosapero. Mientras decía esto sacó una cajita con material de escribir.tante-. Si le convence el oro que voy a dejar en sus manos. Y Godfrey Schalken fue testigo. tenía derecho a ello. Gerard Douw. Doy mi consentimiento. -Ni una hora más -dijo el pretendiente con ademán impasible. -dijo Douw con un esfuerzo enor-me-. es el caso que desconozco absolutamente todo sobre su familia y rango. si es usted honorable. Haga el favor: de no aburrirme con sus preguntas. Dicho lo cual.. si es usted mezquino. etcétera. pensó Douw.debe usted darla por descontada por el momento. Es un buen trato. Mientras el pintor leía con atención dicho contrato a la luz de un titilante candil colgado en la pared opuesta. antes de una semana a partir de aquella fecha. de un acto que lo privaba para siempre de su queridaRoseVelderkaust. -Bueno. no pienso comprometerme innecesariamente.RoseVelderkaust. si no hay más remedio. entró en el estudio y. no logrará saber de mí más que lo que yo decida revelarle. Schalken. entregaba en matrimonio a Wilken Vanderhau-sen. preguntó: -¿Da su consentimiento? El pintor le dijo que le gustaría disponer de otro día para reflexionar. Dicho lo cual. como ya hemos dicho. Yyo le haré ver que lo considero indispensable. «Es un viejo bastante irritable». y mi oro. Una vez firmado el contrato. -Señor -dijo dirigiéndose al desconocido-. independientemente de las dudas que yo pueda tener para cerrar el trato de inmediato. -Que este joven sea testigo del trato -dijo el viejo pretendiente. supongo. pero se comprometerá si es necesario. -En cuanto a mi respetabilidad -dijo el desconocido con tono cota.» -No se comprometerá usted innecesariamente -dijo Vanderhausen adivinando y parafraseando misteriosamente lo que acababa de pensar su interlocutor-. se dispu-so a retirarse. y no desea que mi propuesta se retire de inmediato. tras hacer entrega al desconocido del cofre y de la tasación efectuada por el judío. Gerard Douw. alguno en enterarme enseguida al respecto. no tengo derecho a rechazar su oferta. Wilken Vanderhausen salió raudo de la estancia con un saludo frío.. y Gerard firmó aquel importante documento. . «Le gusta salirse conla suya. y acto seguido entregó a su vez el cofre y el certificado a Gerard Douw y permaneció un rato en silencio mientras éste cotejaba ambas cosas con lo estipulado en el contrato que tenía en sus manos. el extraño visitante lo plegó y metió con parsimonia en un bolsillo interior. -Entonces firme inmediatamente -dijo Vanderhausen-. pero Vanderhausen le dijo que esperara.

tesoro. esa preciosa carita te va a traer suerte. de negro azabache. los ademanes. la cogió de la mano y le dijo con tono paternal. A las nueve en punto se oyeron unos golpes en la puerta de la calle y alguien fue rápidamente a abrir.su tío y el joven artista. Gerard Douw tampoco estaba al corriente de la atracción mutua existente entre el aprendiz y su sobrina. el hechizo de amor que producen suele resultar irresistible para cualquier cerebro o corazón masculinos. Al caer la tarde. a su alrededor. alarmarse y esperar. y. compuesto por Rose. En una mano llevaba el bastón y el sombrero. y la otra le colgaba pesadamente a un lado. el pintor no comunicó a su sobrina el paso impor-tante que había dado con relación a ella. y ten preparado el salón para las ocho de esta noche. y le pidió que fuera a su casa a cenar en com-pañía deRosey Vanderhausen. Al día siguiente. da la orden de que nos sirvan la cena a las nueve. sino por simple miedo al ridículo. que el tiempo apremia. para su asombro y casi terror. Es muy difícil que se den en una misma persona una carita y un temperamento como los tuyos. Espero a un amigo. Mira. después de comer. cuando se dan. sin quitar los ojos de su bonita e inocente cara: -Rose. estaba ya preparada para la cena.mi pequeña. Gerard llamó a Schalken. aunque. por fin la puerta de la habitación se abrió lentamente e hizo su aparición un personaje que sobresaltó. Sobre los pliegues de la le caían abundantes y luengos mechones entrecanos. que con los resplandores de la lumbre parecía de oro pulido. ansioso de despejar sus dudas. Iba envuelto en un gabán oscuro.Schalken. es poco probable que hubiera considerado esto como óbice para que se cumplieran los deseos de Minheer Vanderhausen. pues a ambos les sobraban motivos para reflexionar. y sus zapatos iban adornados con rosas del mismo color. se había acercado a la venta-na para ver desde allí la salida del desconocido. La abertura delante-ra del gabán dejaba ver un traje muy oscuro. ponte todo lo guapa que puedas. estaban las sillas de alto respaldo. Sin embargo. que pronto te casarás. a modo de guanteletes.) Era el esperado. cerca de la cual una mesa antigua. y a cualquier tutor le habría parecido tan absurdo dar importancia a la atracción mutua en semejante acto contractual como redactar los vinculantes aspectos financieros del mismo en términos sentimentales. mi querida mozuela. la altura eran los mismos. En todo esto no había nada particular-mente objetable. que le ocultaban por completo la nuca. si le hubiera pedi-do la descripción de su futuro esposo. pero. de haberlo esta-do. a nuestros flemáticos holandeses(Roseestuvo a punto de proferir un grito de terror. No quiero que piense que somos pobres o desaseados. Siguieron unos pre-miosos pero decididos pasos primero escaleras arriba y luego a lo largo del pasillo. pues.-Rosese sonrojó y sonrió-. y casi aterrorizó. Confía en mí. si bien hablaron muy poco por el camino. El pequeño grupo. que no le llegaba del todo a las rodillas. Dicho lo cual. pero ¡Dios mío. los andares. Un fuego animado chisporroteaba en la chimenea. aunque sus rasgos no habían sido vistos nunca antes por ninguno de los allí presen-tes. unos calcetines de seda púrpura recubrían sus piernas. Gerard Douw y su aprendiz se encontraban en el seño-rial. que acababa de quitarse. Por su parte. qué rostro! . que se había engalanado para reci-bir al desconocido. Gerard Douw mandó venir a su sobrina y. y ya por entonces antiguo salón. no vio salir a nadie. y dispuestas en orden riguroso. llevaba las manos enfundadas en un par de guantes de cuero espeso. Schalken no sospechaba todavía la amenaza que se cernía sobre el más querido de sus proyectos. esperaba la llegada del visitante con especial impaciencia. Pero dejemos eso. En cualquier caso. se dirigió a la estancia donde estaban trabajando sus alumnos. Luego marchó del taller en compañía de su maestro. tras mirarla de arriba abajo con aire satisfecho. no porque previera oposición por su parte. algo toscas pero sobradamente confortables. En aquella época el matrimonio era ocasióny objeto de trueque y especulación. que le subían hasta más arriba de las muñecas. Poco después. que estaba a punto de mar-char a su sombría casucha. Por supuesto que aceptó la invitación. un espectro ataviado como Minheer Vanderhausen. no sólo se habría visto obligado a confesarle que no había visto su rostro sino que tampoco sabía quién era realmente.

¡qué hombre tan espantoso! No me gustaría volver a verlo ni por todo el oro del mundo. para alivio general. lo reconozco. -¡Silencio. a la vez que le causaba cierta perplejidad. -Querido tío -exclamóRose-. del muelle del Pescante. pese a no tenerlas tam-poco todas consigo-. había una especie de quietud fúnebre en toda su persona. que no excedió la media hora. éstos conservaron la suficiente sangre fría para fijarse en dos cosas bastante extrañas de su visitante: durante todo el tiempo que estuvo allí sus ojos no se cerraron ni movieron una sola vez. estaba decidido a no permitir ninguna alusión de su sobrina a la fealdad de su futuro esposo. Querida. durante su visita no se quitó los guantes ni una sola vez. el que pareciera totalmente desprovis-ta del pavor misterioso que sentían hacia el desconocido tanto él como su aprendiz Godfrey Schalken. no dejaba de agradarle bastante. en todos sus movimientos. para modificar su aspecto exterior. sí bastan para que no lo consideremos un obstáculo. Un hombre puede ser más feo que el diablo y. Vanderhausen privó al pintor de Leyden de su nefasta pre-sencia.Toda la carne era de color azul plomo -esa coloración generalmente provocada por medicinas metálicas administradas en cantidades excesivas-. que presen-taban una proporción exagerada de blanco turbio. cromada que tanto me asustó en la iglesia de San Lorenzo de Rotterdam. sin embargo. así. era como si sus miem-bros estuvieran gobernados y movidos por un espíritu no acostumbrado a la maquinaria corporal. el pequeño grupo oyó cerrarse la puerta tras él. de Rotterdam. los labios. y. con una muda inclinación de cabeza. aunque fuera diez veces más feo tose vía. A la mañana siguiente llegaron de varios puntos de la ciudad ricos presentes paraRoseen forma de sederías. fruto de la ausencia de movimiento respiratorio en el pecho. a tono con el resto del rostro. Gerard rió. los ojos. todo su semblante despedía un aire sensual. -¿Sabes una cosa. eran casi negros. Después de permanecer un buen rato en el umbral de la puerta. algo indefinible que no era natural ni humano. joyas. y. Sin embargo. así como un paquete dirigido a Gerard Douw que contenía un contrato de matrimonio debidamente redactado entre Wilden Vanderhausen. Había algo indescriptiblemente raro. joven necia! -la conminó Douw. Estas dos peculiaridades. sugerían un estado indefinible de trastorno. si bien. . aunque no pudo por menos de reconocer en su fuero interno la justeza de aquella comparación. etcétera. tío? -dijoRose-. Sin embargo. Por fin. yRoseVelderkaust. El desconocido habló muy poco durante su visita. y. y. el desconocido penetró en la estancia. producen un efecto muy fuerte y desagradable cuando se ven y observan. y. en conjunto. si su corazón es bueno y obra con rectitud. por otra parte. maligno y hasta satánico. también de la misma ciudad. contenía asimismo el compromiso por parte de Vander-hausen de hacer a su novia unas concesiones más espléndidas todavía que las que había esperado su tutor. terciopelos.Cuando lo vi junto a la puerta no pude dejar de pensar que estaba viendo a la vieja estatua de madera poli. es cierto que este hombre no tiene un rostro atractivo. y de garantizar a la misma el usu-fructo de la manera más irreprochable posible: se dejaba el dinero en manos del propio Gerard Douw. de Leyden. que cuando se cuentan pueden parecer poco relevantes. y el propio anfitrión apenas tuvo valor suficiente para articular unas cuantas frases de cortesía: el terror nervioso que inspiró la presencia de Vanderhausen fue tal que se habría necesitado muy poco para que sus anfitriones salieran huyendo despa-voridos. pero me consta que es rico y generoso. en segundo lugar. y hasta horrible. estas dos virtudes bastarían para contrarrestar su deformidad:si no bastan. Era curioso cómo aquel venerable desconoci-do parecía esforzarse por exhibir su carne lo menos posible. Gerard Douw halló por fin el valor y la serenidad suficientes para invitarlo a entrar. sobrina de Gerard Douw. vale más que todos los petimetres emperifollados que se pasean por la calle mayor. maestro en el arte de la pintura.

para vencer la tristeza que solía invadirle principalmente al final de la jornada. Poseía la dirección completa en Rotterdam de Minheer Vanderhausen y. y cada día que pasaba sin tener noticias de su sobrina. pero nadie le facilitó una sola pista sobre el obje-to de sus pesquisas. Transcurridos varios meses. en la que ambos se aco-modaron. Sin embargo. por lo que no tuvo más remedio que regresar a Ley-den. contrariamente a lo que él esperaba. El cochero había frenado al punto. cada día que pasaba su inquietud iba en aumento. antes de que ésta se hubiera alejado demasiado. a la que profesaba un sincero y profundo afecto. y. tras una opípara cena. Bajó a mirar en el interior del vehículo y encon-tró una bolsa cuyo contenido triplicaba ampliamente la tarifa del viaje. Nadie había oído hablar en Rotterdam del tal Minheer Vanderhausen. Pasó dos días o tres sin acudir al taller. Pero su búsqueda resultó vana. sus temores aumentaban en vez de disminuir. Gerard Douw. permanecían en sus manos sin que nadie los reclamara. unos dos kilómetros antes de entrar en la ciudad.carruaje que lo había llevado a Rotterdam a él y a su flamante esposa. pero que. que levantaron al punto y portaron en dirección de la ciudad. hasta la litera. el contrato de matrimonio quedó debidamente firmado. A partir de entonces. casi convencido. Eso era todo lo que había visto. Las preguntas del criado que fue a averiguar la causa de aquel ruido tuvieron como respuesta nuevos y más violentos . tras un período de vacila-ción. sumidos en una silenciosa y deliciosa melancolía. ni tampoco se habla de la crueldad de los tutores. sólo en cierto modo. a la puerta de la calle. Menos de una semana después de la primera entrevista que acabamos de relatar. Una noche en que el pintor y su alumno se hallaban sentados junto a la lumbre. que debían exigirse en sumas trimestrales. no entrañaba ninguna dificultad especial. de la magnanimidad de los pupilos ni de los tormentos o arrobos de los amantes. El relato que presento aquí rebosa de sordidez. aunque no se le alcanzaba con qué fin había actuado de aquella manera. se había cruzado en la carretera impidiendo el avance del carruaje. sus digestiones se vieran repentinamente interrumpidas. al ver lo que vio: aquellos extraños individuos posaron sobre el suelo una litera antigua de gran tamaño. la pérdida de su gentil compañía lo había dejado muy deprimido.para asegurarse de la seguridad y bienestar de su pupila. se apeó y ayudó a la novia a hacer lo propio. mejor dicho con desesperación. Asimismo. Los inte-reses del dinero. No se le alcanzaba cómo aquel hombre de aspecto tan honorable podía ser semejante villano. se dirigió presuroso al establecimiento donde Vander-hausen había alquilado el pesado -pero para la época lujosísimo. y no tenía nada más que añadir acerca de Minheer Vanderhausen y su bella dama. con-siguió trabajar con mucho mayor empeño que antes: el estímulo del amor había dejado paso al estímulo de la ambición. y a la promesa previamente expresada por ambas partes. con barbas en pico y mostachos. Vanderhausen había come-tido un fraude en el contrato suscrito con él. El cochero holandés vio cómo. tras abrir la portezuela del coche desde dentro. sus temores se disiparon. por cierto.En esta historia no hay ninguna escena sentimental que describir. Los hombres rodearon luego la litera. después de lo cual condujo a ésta. habida cuenta de lo tarde que era y de lo soli-tario que estaba el camino. Gerard Douw no dejó ninguna casa del muelle del Pescante sin visitar. de que iban a ser víctimas de alguna fechoría. frivolidad e inmisericordia. no tuvo ninguna noticia de su sobrina ni de su honorable esposo. que tenía los ojos empapados de lágrimas y las manos encogidas por el miedo. habían llegado a Rotterdam al anochecer. aunque con menos alegría. luego volvió y. era deglutida por las sombras de la noche. El cochero le dijo que. a la antigua usanza. pedía a Schal-ken cada vez con mayor frecuencia que lo acompañara a cenar. más perplejo y preocupado que antes de emprender aquel viaje. estaban llamando con vehemencia. una pequeña comitiva de hombres sobriamente vestidos. A su llegada. tras un largo viaje con varias etapas. Aquel misterio se convirtió en motivo de permanente angustia y aflicción para Gerard Douw. y el novio. decidió viajar a dicha ciudad -viaje que. Ciertamente. y Schalken vio cómo el tesoro por cuya existencia habría arriesgado su propia vida le era arrebatado con solemne pompa por su repelente rival.

cerrado a la apura del cuello. estoy perdida. Cuando el paroxismo del hambre hubo amainado. -¡No me dejéis sola ni un momento. por el amor de Dios. Después de beberlo. Pero no vio a nadie allí. Sin embargo. por favor! -volvió a implorar-les-.Roseexclamócoresa impaciencia que es fruto del terror: ¡Vino. pero. pero su vesti-do los sorprendió tanto como su inesperado aspecto: llevaba una especie de sayo de lana blanca. ¡imagen más que mortal del hambre!. penetró en pos de la sombra que se les había adelantado. que ella bebió can una prisa y una ansiedad que los sorprendió a los dos por igual. . Si lo hacéis. pero no arrancaron su consentimiento hasta que no le hubieron prome-tido que no la dejarían sola ni un segundo. se dejó guiar por ellos hasta el dormitorio. Schalken se dirigió a la puerta de la habitación. Tras proferir estas misteriosas palabras. ¡Llamadlo inmediatamente! Gerard Douw despachó al instante a un mensajero y logró conven-cer a su sobrina para que se fuera enseguida a descansar a su dormitorio. pero ésta se abrió brus-camente yRoseentró en tromba enlahabitación. e inmediatamente después unas apresurados pasos escalera arriba. Varias gotas de un sudor frío empezaron a deslizarse por su frente. llamad a un ministro del Señor! -exclamó-. deprisa! ¡O me dais vino (estoy perdida! Asustados por aquella petición. tan extraña como urgente. que venga ya el ministro del Señor! -repitió en tono de súpli-ca-. Desenfundó la espada y. Venía muy sucia y perturbada por el viaje. Tenía un aspecto sal-vaje y los ojos desencajados por el terror y el agotamiento. no se le ocultaba que algo había entrado furtivamente en la alcoba. Sólo Él podrá liberarme. Schalken y él portaban sendas velas para que todos los objetos estuvieran suficientemente iluminados. Dios mío! ¡Está ahí! ¡Está ahí! ¡Miradlo: anda por ahí! –gritó señalando hacia la puerta de la alcoba. pues rompió a llorar amargamente y a retorcerse las manos: -¡Por favor. La angustia con la queRoseles imploraba que no la dejaran sola ni un momento acrecentaba aún más su terror. Estaban entrando en esta habitación cuandoRosese detuvo de repente y. levantando la vela para que su luz ilu-minara con mayor claridad el interior del dormitorio. Una vez recobrado el conocimiento. Tan pronto como la pobre criatura entró en la estancia cayó desvanecida. que iba arrastrando por el suelo. Los muertos y los vivos no pueden ser la misma cosa: Dios lo ha prohibido. Schalken creyó ver una silueta oscura e imprecisa penetrar en el dor-mitorio. o moriré! Sobre la mesa quedaba un buen trozo de cordero asado. Los dos consiguieron reanimarla después de mucho esfuerzo. Al dormitorio de Gerard Douw se accedía a través de una estancia muy espaciosa. exclamó con la misma urgencia: -¡Comida! ¡Dadme algo de comer. dijo: -¡Oh. No me sen-tiré segura hasta que no venga. ella se le adelantó: cogió ávidamente el trozo y lo desgarró y devoró como una fiera. -¡Oh. le ofrecie-ron al punto el vino. El pintor y su alumno oyeron luego abrirse la puerta de la calle. pareció sentir de repente una gran vergüenza. o tam-bién pudo ser que otros pensamientos más turbadores y espantosos se hubieran apoderado de ella. y Schalken se aplicó de inmediato a cortarle un poco. nada más que los muebles.golpes en la puerta. con un misterioso siseo que a los dos les produjo un escalofrío de terror.

que el terror o los malos tratos hubieran perturbado la mente de la pobre muchacha. si queréis salvarme no os mováis de mi lado! Al final lograron convencerla para que se echara sobre la cama. alarmada en extre-mo. Gerard Douw. Schalken y Douw volvieron a emplearse a fondo para abrir la puerta. sino sólo. y. Gerard Douw empezó a temer. pero ésta no cedió ni un milímetro. Sólo se oyó el ruido de unos pasos ligeros cruzando la estancia. a la que ya me he referido. tan pronto como aquél hubo traspasado el umbral.» O decía otras frases arcanas. decidió pedir consejo médico tan pronto como la mente de su sobrina se hubiera tranquilizado gracias . Schalken y su maestro se precipitaron hacia la puerta. como empujada por un fuer-te viento. con ese desgañitamiento que caracteriza al terror desesperado. los precipitó dentro de la habitación. lógicamente. está conmigo. no se atrevió a hacerle ninguna pre-gunta para no reavivar recuerdos dolorosos y horribles que hubieran podido aumentar aún más su agitación. Está ahí. cuya puerta estaba abierta. No vio ninguna silueta humana. se descorrían los pestillos de la ventana y ésta chirriaba sobre el alféizar. la fase final de un remolino en las aguas del ancho canal. pues. y Schalken se subió a una silla para divisar la calle y el canal. retumbó desde la alcoba. Ya no oían rui-dos de ningún forcejeo ni brega. sobre todo. olvidándose en aquel momento de sus reiteradas órdenes.-Lo he visto -aseguraba ella-. como si la hubieran abierto. una repentina ráfaga de viento apagó la vela que iluminaba la estancia donde se hallaba tendida la pobre muchacha. Estaba vacía. Una vela ardía en la alcoba y tres en la estancia contigua. su actitud agreste y despavorida. cerebro sutil y corazón frío. ¡Por el amor de Dios. como: «Que los desvela: dos descansen. entre tanto. El anciano sacerdote y Schalken se hallaban en la antesala.» Hasta la llegada del sacerdote estuvo pronunciando frases inconexas de esta índole. pero antes de que tuviera tiempo de empezar. En cuantoRoselo vio entrar en la habitación le pidió que rezara por ella como se reza por quien se encuen-tra en manos de Satanás y a quien sólo el cielo puede traer un poco de esperanza. desde donde no dejaba de suplicarles que permanecieran a su lado.Rosese hallaba acostada en la alcoba. o al menos eso creyó él.y por deseo expreso de ésta. en medio de la agitación del momento pasó a la sala contigua para traerle lo que pedía. creyeron oír. cediendo a su presión. Oyeron en la alcoba gritos incesantes. y. Pero la ventana estaba abierta. la puerta que separaba las dos habita-ciones se cerró violentamente detrás de él. Así. la cual. está en esta habitación. Un último alarido. pero sus conjuntos y desesperados esfuerzos no sirvieron de nada. considerando su aspecto hosco. De vez en cuando repetía: «Los muertos y los vivos no pueden ser lo mismo. como si un momento antes éste se hubiera abierto para recibir un cuerpo pesado. Está aquí cerca. Lo conozco bien. la puerta dejó de resultarles infran-queable. pero los gritos parecieron aumentar en volumen mientras. Pronto llegó el sacerdote -un hombre de aspecto ascético y edad venerable-. la hora intem-pestivay. como desde la cama a la ventana. . -¡Por Dios. y un segundo después se hizo el silencio. Casi al mismo tiempo. a quien Gerard Douw tenía en gran estima por ser un avezado polemista (sin duda era más temido por su combatividad que amado por su caridad) de moral infle-xible. exclamó: -¡Godfrey. se hallaba su tutor. Pero su aviso había llegado demasiado tarde. Para que entiendan cabalmente el suceso que voy a contar ahora es preciso aclarar antes la situación exacta de las distintas partes en juego. no se vaya. y hasta llegó a pasársele por la cabeza. que se hubiera escapado de algún manicomio y tuviera auténtico miedo de que sus per-seguidores pudieran atraparla. junto a la cama. El ancia-no sacerdote carraspeó. y los sonámbulos duerman. tan largo y desgarrado que apenas parecía humano. trae otra vela! La oscuridad es peligrosa. No me puede engañar.a los buenos oficios del sacerdote cuyos auxilios tan urgentemente ella misma había solicitado. Dios lo ha prohibido. querido tío! -gritó la desdichada muchacha mientras saltaba de la cama y se precipitaba detrás de él para detenerlo.

Schalken. con cortinajes negros a su alrededor. se detuvo. que me parece especialmente valioso por cuanto que en él podemos ver no sólo ese estilo característico suyo que ha hecho que sus cuadros sean tan cotizados. ésta empezó a avanzar en dirección del tramo de las escaleras de la cripta. La figura se detuvo también y.Nunca se halló el menor rastro deRoseni se supo nada con certeza de su misterioso cortejador (tampoco hubo nadie que aportara alguna pista en medio de aquel intrincado laberinto y permitiera mantener viva la esperanza. tras unos cuantos intentos vanos por hacer entrar a su huésped en conversación. sino sobre todo la plasmación pictórica de su primer amor. Allí se sentaron Schalken y su anfitrión. del que fue despertado por alguien que le dio unos golpecitos en el hombro. que cayó en un sueño profundo. En un primer momento Schalken pensó que el viejo sacristán lo había llamado. el cortejo no había llegado todavía.Rose Velderkaust. y portaba una lámpara. Sin embargo. tomó un pasillo estrecho a la izquierda y. al volverse. a Rotterdam para asistir al funeral. como los que había inmortalizado Gerard Douw en sus cua-dros. .) No obstante. El cortejo fúnebre tenía que realizar un viaje muy largo y. para gran sorpresa de éste. un irresistible impulso a seguir su estela. Toda la estancia estaba llena de ricos y antiguos muebles. lo empujaba en pos del espectro. llegada junto a la cama. No había nada horrible. no contaba con demasiados asistentes. percibió una figura femenina que iba envuelta en una especie de hábito blanco. demasiado intenso para poder oponerle resistencia.RoseVelderkaust. al instante cayó sin conocimiento al suelo. estaba tendido junto a un enorme ataúd que descansaba sobre cuatro pequeños pilares. seguida de Schalken. había encendido en la chimenea de un cuarto que comunicaba con la cripta mediante un tramo de escale-ras. El sacristán. el cual. Tras restregarse los ojos. cuyo misterioso destino siempre será objeto de especulación. la luz de la lámpara que llevaba le reveló el rostro y los ras-gos de su primer amor. La aparición. si es que de un espectro se trataba. los cuales servían de protec-ción contra eventuales ataques de bichos. donde permaneció hasta que a la mañana siguiente lo descubrió el encargado de la cripta. Schalken sintió una vaga alarma ante aquella aparición y. bajó las escaleras. aunque para nuestros lectores más cerebrales no tenga ningún valor probatorio. al mismo tiempo. al ver paseando por la iglesia a un caballero bien vestido con el propósito declarado de asistir a las anunciadas exequias. lo introdujo en lo que le pareció un aposento holandés a la anti-gua moda. Un sentimiento mixto de terror e interés. la figura se volvía frecuentemente hacia él con la misma sonrisa picaruela. que encontró abierta y donde vio que estaba anunciada la ceremonia. dejó una fuer-te y duradera impresión en el espíritu de Schalken. pero. en su semblante. recibió notificación de la muerte de su padre y de su próximo entierro en la iglesia de Rotterdam. Llegó la noche. La siguió unos instan-tes. Schalken llegó tarde. y con difi-cultad. y aún seguía sin aparecer. decidió por fin recurrir a su pipa y jarra de cerveza para hacer más llevadera la soledad. como era costumbre hacer en invierno en tales ocasiones. como se puede suponer. y el pintor vio con horror la lívida y demoníaca figura de Vanderhausen completamente erguida sobre la cama. Pero. Hasta el día de su muerte. y en un rincón se hallaba una cama de cuatro columnas. lo invitó hospitalariamente a compartir con él el calor de una lumbre que. ni siquiera tristeza. vio también que habían abierto la cripta en que iba a recibir sepultura el cadáver. pero éste ya no estaba en el cuarto. Estaba en una celda bastante grande en la que nadie había entrado desde hacía mucho tiempo. A pesar de la tristeza y preocupación del momento. Muchos años des-pués de los acontecimientos que acabamos de relatar. al llegar a las escaleras. Esbozaba aquella misma sonrisa picaruela que había seducido al artista en los años felices de su primera juventud. Schalken se dirigió entonces a la iglesia. Schalken estuvo convencido de la realidad de esta visión y decidió legar a la posteridad una curiosa prueba de la fuerte impresión que le había producido: un cuadro ejecutado poco des-pués de dicha experiencia. que vivía a la sazón muy lejos de allí. ocurrió una cosa que. el cansan-cio de un viaje precipitado de casi cuarenta horas hizo mella en la mente y el cuerpo de Godfrey Schalken. que le cubría también la cabeza. descorrió las cortinas y proyectó la lámpara hacia el interior.

Quienes recuerdan su rostro bonachón entre los primeros que emergen de las sombras de la inexistencia y le deben las primeras lecciones en el deleitoso arte de andar y balbucear.Jolliffe. tras dejar en manos más jóvenes a la pequeña población que vive en la cuna y anda a cuatro patas. aunque igual de afable. y vio allí un fantasma. aquel «lindo pelo» que ella pei-naba con tanto esmero para luego enseñarlo a las madres asombradas. aún anda tiesa y con paso seguro y ligero. Llega a tiempo para escuchar un cuento. y no le pue-den quedar ya muchos más mojones que contar en el camino que la lle-vará a su morada definitiva. Algunos de ellos lucen ya algu-nas canas entre los mechones morenos. la cual entra ahora sonriente en la habitación. están en la actualidad bastante creciditos también. las cuales no se ven ya por la pradera deGolden Friars.. arrugó ligeramente las cejas para concentrar-se en lo que iba a contar y alzó luego la mirada con un maravilloso . cariño -dijoMrs.. La buena mujer obedeció y. y su rostro es algo más pícaro..pues sus nombres permanecen grabados para siempre en las grises lápidas del camposanto. tras preparar un poco de esta tonificante bebida. que se peina con raya en medio y tiene recogido bajo la cofia.Jenner-. De cualquier modo.Jenner-. Estos últimos años se ha dedicado al cuidado de inválidos adultos.Jolliffe no luce aquel esbelto talle que la había distinguido.Mrs. Pero. le echa los brazos alrededor del cuello y le da dos sonoros besos. Ahora tiene más de setenta años. es ahora más blanco que la nieve. -¡Qué suerte tiene! -exclamóMrs. si no te da miedo. Su pelo. siéntate aquí con nosotras. podemos decir que la hora triste y tierna del ocaso ya le ha llegado a nuestra entrañable viejecita del norte. -Estaba empezando a contarme lo que le pasó la primera vez que la mandaron a trabajar a casa de una anciana que se estaba muriendo -diceMrs. -¿De veras? ¡Qué maravilla! -¡Pero no es uno de esos cuentos que están escritos! No es ningún cuento.EL ESPECTRO DE MADAM CROWL Hace ya unos veinte años queMrs. tomó un traguito. si el tiempo madura a unos y marchita a otros. que le cuenten una historia de aparecidos y de fantasmas. Así. justo antes de irse a la cama. sino una historia verdadera que vi con mis propios ojos. -Bueno. por qué no pre-para primero un poco de té y empieza luego.Jenner-. Pero a esta criatura probablemente no le apetezca ahora.. que un día tuvo también en sus brazos a la preciosa Laura Mildmay. -¿De fantasmas? Precisamente lo que más me gustaría oír en este momento.

Mrs. con laboiseriede roble. -Ah. Eran dos caballeros que habían subido también a la calesa. en Applewale. que era una persona de gran corazón. Mi tía era allí el ama de llaves. me preguntaron adónde me diri-gía. y el viejo cochero JohnMulbery. Al caer la tarde. y más te vale que no se lo cuentes a nadie. y empecé a comerme las manzanas miran-do por la ventanilla de la calesa. entonces -dice uno de ellos. pero la noche que llegué a la finca de Applewale tenía sólo trece años. Tú mírala y obsérvala bien: verás que está poseída por el demonio. me compró medio kilo de manzanas en elGolden Lionpara que me alegrara un poco y me dijo que había un bizcocho de grosella y té y chuletas de cerdo esperán-dome. que parecían concitar terror antes incluso de abrirse. -Porque sí -dice él-. A veces pienso que a lo mejor estaban bromeando. ¿Llevas alguna biblia? -Sí. pues mi madre me había metido una pequeña biblia en la maleta. los muebles antiguos. todo bien calentito. creí verlo guiñar un ojo a su amigo. y. pues yo hablaba con el mayor candor y no se me ocurría ocultarles nada. Yo iba con un poco de miedo cuando llegué a Lexhoe. dentro de la cual se podían vislumbrar cuantas sombras se quisieran. señor -digo yo. Y. Es una vergüenza que los caballeros asusten a una pobre muchacha inocente como era yo entonces. todavía la conservo en mi armario. en el cuarto de mi tía en Applewale.Jolliffe carraspeó. y una especie de calesa estaba esperándome en Lexhoe para llevarme hasta Applewale. Te protegerá contra las . puso los ojos en blanco y empezó su narra-ción con estas palabras: El espectro demadam Crowl Yo soy ahora una mujer vieja. No te olvides de ponerla bajo la almohada todas las noches. aunque la letra es demasiado pequeña para mis ojos fatigados.vas a durar poco allí. y yo sabía que la llevaba conmigo.gesto de solemnidad. recién salida la luna. Aquella vieja estancia era un escenario ideal para semejante narra-ción. La buena deMrs. las macizas vigas del techo y la majestuosa cama de columnas con cortinas oscuras. Estaba llorando cuando subí a la calesa. Al mirarlo a la cara para decirle «Sí. Yo lo miré como diciendo « ¿por qué?». señor». -Bien -dice él-. al ver el carruaje y el caballo me entraron ganas de volverme con mi madre a Hazelden. Bueno. es un fantasma en toda regla. Hacía una hermosa noche de luna. aunque no estaba segura. cerca de Lexhoe.Jenner y la bonita muchacha estaban atentas a los labios de la anciana. yo les dije que iba a servir a casa de la señora Arabella Crowl. sino que quería más bien resultarles simpática.

Bueno. y grandes postigos a la antigua usanza.Wyvern cuando hablaba de ella. Los árboles eran espesos y grandes. Era alta y delgada. en todo el tiempo que estuve allí. Mi tía me llevó a su alcoba para que descansara un poco mientras ella preparaba el té en su cuarto. y a la hora del té no paraba de contar historias. en Lexhoe. y sombras de árboles -dos o tresque se deslizaban por la fachada -se podían contar las hojas-. y demadamCrowl. cara pálida con ojos negros. Sentí un nudo en la garganta al ver que se había terminado el viaje. sólo que era una mujer algo intransigente y demasiado callada. y. pero tenía muy buen carácter y estaba siempre riendo. que eran unas personas muy responsables y cumplidoras. Pero ésta es otra historia que no viene a cuento aquí. y todos los crista-les de las ventanas en forma de rombo. casi tan viejos como la vetusta mansión. Y me habría gustado preguntarle muchas más cosas sobre la vieja señora. como me veía tan triste y apena-da. que brillaban sobre todo en el ventanal del vestíbulo. pero era un poco sucia y guardaba la ropa de fiesta bajo llave y llevaba puesto casi siempre un vestido de sarga color chocolate. yo llevaba la cabeza sacada por la ventanilla. Era una casa enorme en blanco y negro. pero su pala-bra era ley. con adornos y madroños rojos. amarillos y verdes. Nunca me dio nada. Por mi parte. y yo tan cerca de mi tía que no había visto nunca antes. además de la vieja señora de la casa. ni dos peniques. y de repente nos detuvimos delante de ella. pero yo era demasiado tímida y su amigo y él se liaron a hablar de otros asuntos. El señor de la casa -se llamabaMr.ChevenixGrowl. que le duraba muchísimo tiempo. y hablaba muy poco. he de decir que cuidé bastante bien a la señora. que andaba muy despacio. Tenía más de cincuenta años. . y creo que ella me gustaba más que mi tía -a los niños se les gana enseguida con una broma o un cuento-. Mrs. trataba de animarme con sus risas y chascarrillos. Mi tía me besó en el vestíbulo y me llevó a su habitación. como os he dicho.Wyvern -mi tía la llamaba Meg Wyvern cuando hablaba con ella yMrs. sujetos con bisagras al muro exterior.y manos largasy finas con guantes negros. pero era una mujer algo severa y creo que habría sido más afectuosa conmigo de haber sido yo hija de su hermana y no de su hermano. aunque se debió sobre todo a mi tía y a Meg Wyvern. que tenían el pestillo echado en el resto de las ventanas delanteras. esperando que apareciera ante mi vista la gran mansión. a la que había ido a ser-vir y a la que ya tenía miedo. aunque mi tía siempre fue buena conmigo. Cobraba un buen sueldo. Yo lo vi sólo dos veces en todo el tiempo que pasé en la mansión de Applewale. a pesar de todo.garras de la vieja. No tengo nada que reprocharle.era una mujer bastante gruesa y muy alegre de unos cincuenta años. con grandes vigas negras horizontales y verticales. pues no había más que tres o cuatro criados.y era nieto demadam Growl-iba por allí dos o tres veces al año para asegurarse de que la señora era bien tratada. su ayu-danta. y la mayoría de las habitaciones estaban completamente cerradas.y unos gabletes que a la luz de la luna parecían más blancos que una sábana. El corazón me dio un vuelco cuando el vehículo enfiló la oscura ave-nida. y con aquel caserón tan grande delante de mí. y al poco tiempo me apeé. Me entró tanto miedo cuando dijo aquello que no os lo podéis imaginar. y ni cuatro personas con los brazos extendidos tocándose con las puntas de los dedos habrían podido abarcar el tronco de uno de ellos.

-¿Por qué? -pregunto otra vez. a tu tía no le gustan las mozas parlanchinas.) Mientras yo estaba aún tomando el té. tiene un oído más agudo que un mos-quito. Últimamente ha estado tosiendo un poco.Wyvern-. Tú la tomas como es. -¿Cuántos años tiene la señora? -le pregunto. turba y leña. pero supongo que tendrás que estar sentada en su habitación con tus labores cuidando de que no le pase nada y procurando que se dis-traiga con las cosas que tiene encima de la mesa. Shutters. tiene un carácter de lo más fuerte que hay. su hermano. Shutters. Unas palabras demasiado duras para ser la primera vez que ponía el pie en su cuarto. ¿cuál va a ser mi trabajo con la vieja señora? -le pregunto otra vez. y tocar fuerte la campanilla si causa problemas. lo que pasa es que está bastante chocha y no recuerda bien las cosas. que ya había muerto. -No le gustó aMrs. bizcocho reciente y carne ahumada. encontré un fuego estupen-do alimentado con carbón. No sé. Cuando entré en el cuarto contiguo. -¿Y por qué se marchó de aquí la muchacha.Wyvern. Te conviene andar con cuidado con ella. mi tía subió a ver amadam Growl. con paredes recubiertas de roble-. pues pierde los estribos y se la llevan los demonios a las primeras de cambio. La señora es una vieja bastante quisquillosa. por favor: ¿está bien de salud la vieja señora? -Bueno. No hables tanto. el del ama de llaves -muy con-fortable. y me preguntó si sabía hacer las labores elementales de costura. y allí estaba la rollizaMrs.supongo -dice ella-. pero que esperaba que fuera una cris-tiana mejor que él y que no intentara imitarlo. y le gusta más que le cuenten Barba Azul a que le hablen de los asuntos de la corte o de la nación. -Y otra pregunta. y ya está. se ha marchado. y llevarle lo que te pida de comer o beber. y en la mesa té.Mrs. -¿Está sorda la señora? -No. la que se fue el viernes pasado? Mi tía escribió a mi madre diciéndole que se iba a marchar.te lo dirá. -Y dígame. -Noventa y tres y ocho meses ya cumplidos -dice ella riéndose-. -Ha subido a ver si la viejaJudithSquailes está despierta -diceMrs. pero ya . Shutters-ése era el nombre de mi tía. ni ciega -me dice ella-. tu tía. Para lo vieja que es.y yo estamos haciendo otra cosa. pensé. por favor. Te aconsejo que no preguntes cosas de ella delante de tu tía.Judithcuida demadam Growl cuandoMrs. alegre y parlanchina como siempre (seguro que hablaba más en una hora que mi tía en todo un año. -Sí. y me miró a la cara y me dijo que me parecía a mi padre.Pero primero me dio una palmadita en el hombro y me dijo que estaba muy alta para los años que tenía y que me había criado muy bien. esa pregunta sí puedes hacerla -dice ella-. -¿Con la vieja señora? Bueno -dice ella-. todo en un mismo montón.

Mi cuarto. Había una cosa que todos tenían bien claro: bajo ningún concepto debían llevarle la contraria ni burlarse de ella. Las personas que trabaja-ban en Applewale. El médico venía dos veces por semana a ver a la anciana. ¡Shhh! Ahí viene tu tía por el pasillo. Se decía que había sido muy guapa de joven. el rubor le afloró a las meji-llas y los ojos se le iluminaron de rabia. No es más que una prenda para una persona chiflada. y. mira a mi tía y. La vieja señora estaba de malas pulgas aquella noche (llevaba así desde después de comer. y me atrevo a decir que tiene cuerda todavía para rato. y había también una puerta abier-ta en laboiserie. le dice: -¡Vamos. y yo debía estar atenta a sus posibles llamadas.Wyvern. vamos! La muchacha no quería hacer ningún daño. Ven aquí. pues no estaba acostumbrada a tomarlo. Tú no nos hagas preguntas y nosotras no te contaremos mentiras. ¿Qué tienes en la mano? -¿Esto. No sé qué es. que empiezo a sentirme más a gusto en la casa. Al ver que yo estoy llorando. A pesar de lo pálida que solía estar mi tía. Wyvern estuvo desternillándose de risa arrellanada en su sillón. a un lado del de la vieja señora. Era terriblemente aficionada a los vestidos. antes bien. sabían que. que cobraban un buen sueldo y vivían holgadamen-te. Creo que estuvo a punto de darme un buen sopapo. Pero en Applewale no quedaba ya nadie con vida que recordara aquellos tiempos. sino. Había unas preciosas piezas de porcelana en el aparador y varios cuadros en la pared. secándose los ojos de tanto reír. Y. tía. y el de Mrs. todo el mundo hacía lo que él ordenaba.Wyvern estaba al otro lado. me fui a la cama. pero valían una fortuna.Wyvern hablar y me puse la mano en la oreja para ver si pillaba algo. zagala.Mrs. siéntate y tómate una jarra de cerveza antes de irte a la cama. salvo de vez en cuando en alguna fiesta u ocasión especial. tía? -digo yo volviéndome con la chaqueta de cuero en la mano-. reírle las gracias y com-placerla en todo. donde permanecí un buen rato despier-ta.y veo dentro una extraña chaqueta vieja de cuero. cuando ella muriera. Todos eran muy raros y pasados de moda. volvién-dose hacia mí cuando más distraída la creía-. como podéis imaginar.y yo. pues todo era nuevo para mí. Oí aMrs. pero no conseguí oír ni una sola palabra de labios demadamCrowl (creo que no dijo nada. todas sin excepción se quedarían sin trabajo. conviene que lo sepáis. doy unos paseos por la habitación mi-rando las cosas que hay. estaba en el piso de arriba. con correas y hebillasy unas mangas más largas que las cortinas de la cama. Pues bien. volviéndola a colgar en su sitio. y creo que el té me había puesto tam-bién bastante nerviosa. por lo menos hasta los cien años. . cerró la puerta con brusquedad.) A veces se enfurruñaba y entonces no dejaba que la vistieran ni desnudaran. Durante todo aquel tiempo. y sus colecciones habrían bastado para llenar siete tiendas por lo menos.está mejor. -¿Qué haces ahí? -dice mi tía con un tono bastante brusco. Y entra mi tíay se pone a hablar conMrs. vamos. diciendo: -Mientras estés aquí no metas las narices donde no te importa. pero me dio sólo un empujón mientras me arre-bataba aquella prenda de las manos.) Todo el mundo la colmaba de atenciones.

toda aquella noche. pero sin oír nada. mirando en aquella dirección. todas . La habitación estaba iluminadísima: conté hasta veintidós velas de cera. ¿quién podrá contra nosotros? Seguí con la oreja orientada en dirección de la puerta y conteniendo la respiración. noté que la puerta se movía y. Luego la misma voz extraña de la cama dice otra cosa que tampoco logro distinguir. Luego me levanté y me puse a pasear de un lado a otro. y todo el día siguiente. ni siquiera el ruido de la respira-ción. y digan lo que quieran. mirando esto y aquello. vi que estaba abierta la puerta que daba a la estancia demadam Crowl. mi tía me dio una hora libre para que fuera a pasear. como de un ave -no sabría decir cuál en concreto. y también oírla hablar. entonces me puse a hablar con las ilustraciones y conmigo misma para distraerme un poco. donde se encontraba mi tía. su voz parecía un gemido apagado. Gracias a Dios que se ha dormido por fin. Tenía un timbre extraño. Unos veinte minutos después.. -¡Shhh! -me dice en voz baja con una mano en los labios mientras se acerca de puntillas-. mientras hojeaba las fábulas ilustradas de Esopo. y yo encerrada en mi cuarto cosiendo. Al atardecer. aguzando el oído de vez en cuando. pues estaba empezando a tener miedo en aquel cuarto tan amplio. Era una gran habitación. ya sabéis. Dicho lo cual. Después de comer. Para lo que yo estaba haciendo en aquella casa. Pero me alegré cuando se terminó el paseo: los árboles eran muy grandes y el lugar umbrosoy solitario. Yo seguí hojeando el libro ilustrado. lo mismo podía haberme quedado en Lunnon.Mrs. ¿sabéis qué se me ocurre? Pues' nada menos que mirar dentro del dormitorio de madam Growl. el mayor que había visto en mi vida. Voy a bajar a tomar mi taza de té. Pero no pillé ni una sola palabra de cuanto dijo. y lloré bastante pensando en mi casa mientras caminaba sola por aquellos para-jes..Pues bien.o un animal. Al final. si el Señor está de nuestro lado. tú bajarás luego corriendo yJudithte ser-virá la cena en mi habitación. Había también un espejo. Fue entonces cuando oí por primera vez la que supuse era la voz de la vieja señora. Ella seguirá dormida en su habitación. conlas velas ya encendidas y sola en mi cuarto. los pasó acos-tada con la ropa puesta y sin decir palabra. y el día estaba nublado. Wyvern y yo volveremos enseguida. Sí oí a mi tía contestarle: -Señora. Y mi tía le vuelve a contestar: -Que pongan mala cara. se fue. con una inmensa cama de columnas rodea-da de cortinas de seda con flores estampadas que bajaban casi desde el techo hasta el mismo suelo. pero ya no volví a oír nada más en aquella habitación. señora. para distraer la mente. el Maligno no puede hacer daño a nadie si el Señor no lo permite. vi asomar el rostro de mi tía. Cuan-do nosotras hayamos subido. como antes. salvo los momentos en que bajé para tomarmi alimento. no hagas ruido hasta que vuelva. Me habría gustado ver a la vieja señora. Me froté las orejas para oír lo mejor posible.

Espero un poco. Yo seguía retrocediendo. pero sigue el mismo silencio sepulcral. y os aseguro que en mi vida había visto unas uñas tan largas. con los dedos apuntándome a la garganta y haciendo todo el tiempo con la lengua un sonido como «sisss-sisss-sisss». Pero no podía apartar los ojos de ella. con una malvada risita en los labios arrugados. queridas. Bueno. Apuntando hacia mí con los dedos tiesos. se da la vuelta. sabía que perdería el conocimiento si llegaban a tocarme. con un par de calcetines de seda con espiguilla y unos zapatos de tacones altísimos. ¡Dios mío!. Retrocedí otro poco hacia el rincón y solté un terrible alarido -como si me estuvieran arrancando el alma del cuerpo-. que se las pegabaMrs. Entonces me acerco a mirarme en el gran espejo. Impo-sible ver algo igual en aquellos días. empolvada de blanco y las mejillas de rojo.Allí estaba ella completamente engalanada.. hasta mi corazón parecía haberse parado. Permanecí junto a la puerta con el oído aguzado mientras contempla-ba embobada la escena. Yo no podía ni soltar la cortina ni moverme ni apartar los ojos. Tenía las manos. me habría dado la media vuelta y escapado rauda. pero aquello era la cosa más espantosa que jamás se había visto. riéndose nerviosamente y babeando. escarlata y verde. Pero me armo de valor y me deslizo entre los pesados cortinajes. mientras ella seguía chacoloteando como una marioneta. Pues bien. ¡Virgen santa. pequeñas y arrugadas. y las piernas me tiemblan. oro y bordados de filigrana. Pero. y en aquel instante apareció mi tía en la puerta y lanzó un grito seco y la vieja dama se vol-vió hacia ella. Y he aquí que de repente abre los ojos. que deja ver una gran dentadura postiza. se sienta en la cama. posa ruidosamente los dos tacones en el suelo y se me queda mirando fijamente con sus dos ojos grandes y vidriosos. a la famosa madamCrowl. estoy segura de que os habríais llevado un buen susto ante aquella visión. qué espectáculo! Una gran peluca empolvada. Un cadáver no deja de ser una cosa natural. voy y me acerco a la cama.Wyvern. como la dama pintada en la lápida de la iglesia de Lexhoe.. arrugada y fofa. pero sus dedos estaban ya a sólo unos centí-metros de mi garganta. finalmente. y encorvada por la edad. primero los dedos y luego la mano entera. des-corro lentamente las cortinas y veo tumbada ante mí. tenía una nariz retorcida y flacuchay se le veía la mitad del blanco de los ojos. Las cortinas están echadas. y comprobar que no se movía ni un pliegue de las cortinas. Entonces.y allí estaba ella tan tiesa y orgullosa. pegadas a los costados. me dice: -¡Oye. Satén y seda. me armé de valor y entré en la habi-tación de puntillas sin dejar de mirar ami alrededor. se me pasa por la cabeza: « ¿Por qué no echar un vistazo a la cama. y unas cejas postizas pardas. donde está la vieja señora?» Me consideraréis una descerebrada si os digo que tenía muchísimas ganas de ver amadamCrowl... pequeña granuja! ¿Por qué has dicho que yo maté al niño? Te voy a hacer cosquillas hasta dejarte tiesa. con un abanico en la mano y un ramillete de flores en el corpiño. cuánto pellejo! Tenía la garganta. y no me quedaba más remedio que recular de la manera que podía. todas ellas terminadas en punta. de ApplewaleHouse. casi tan alta como ella. Era un capricho suyo que nadie se atrevía a negarle. Decían que se colocaba ante el espejo ataviada de aquella manera.y yo aproveché para dar media vuelta y atravesar mi cuar-to y bajar las escaleras como una . y yo pensaba para mí: si no la veo ahora. Al no oír respiración alguna. a lo mejor pasan muchos días sin que se me presente una ocasión tan buena. Tal vez anti-guamente había estado de moda entre la gente de postín llevar las uñas tan largas.encendidas. Pero así era. y. le coronaba la cabeza y ¡madre mía. Si hubiera pensado un instante.

un día queMrs. « ¡Oye. se había casado con el señor Crowl.Wyvern se rió bastante cuando le conté lo sucedido. Y el hijo que el señor Crowl había tenido de su segundo matrimonio con la señora acabó heredando la propiedad. de Applewale. donde se bañaba y pasaba el día pescando o remando en una barca. El médico temía que le hubiera dado un ataque de locura. Llevaría unos seis meses allí cuando a la vieja señora le sobrevino la última enfermedad. Os aseguro que estuve llorando un buen rato a lágrima viva en el cuarto del ama de llaves. pequeña granuja! ¿Por qué has dicho que yo maté al niño? ¡Te voy a hacer cosquillas hasta dejarte tiesa!» -¿Y dices que ella mató a un niño? -me pregunta. la gente comentaba que la madrastra sabía más cosas de las que estaba dispuesta a contar. -Yo no digo eso. pues le había ocurrido lo mismo quince años antes. Después de aquello. con el paso del tiempo la gente fue olvidando aquel suceso. no ocurrió así. nadie supo decir qué le había pasado. con sus zalamerías y halagos. Y como del niño nunca más se volvió a saber nada. Unos setenta años atrás. el viejo señor. Pues bien. creo recordar. cuando le dio por farfullar . un viudo con un hijo de nueve años. ora a la conejera. Yo habría saltado por la ventana antes que quedarme sola en la habitación con ella.Mrs. sólo que su sombrero había aparecido junto al lago bajo un espino que todavía se puede ver en el día de hoy. solía salir de casa por la mañana para ir ora a la granja del guarda a desayunar con él.Mrs.Judithsiempre estaba conmigo cuando las dos mujeres mayores se ausentaban de la habitación de la vieja señora. Recuerdo que era invierno. Y yo se las repetí. Una semana después.exhalación. Mucho antes de que llegara mi tía.Wyvern estaba conmigo me contó una cosa de madamCrowl que yo no sabía. y muchas veces ya no volvía hasta la noche. la misma prenda de cuero que yo había visto en el armario junto a la habitación de mi tía. Pues bien.Wyvern -le contesto. en cuya ocasión la habían tenido que sujetar con una camisa de fuerza. por lo que se pensó que se había ahogado. Y ahora voy a contaros lo que yo vi con mis propios ojos. aquel suceso había sido la comidi-lla diaria de toda la comarca. nieto de la vieja señora. -Repítelas otra vez -me pidió. era el titular de la finca en la época en que yo llegué a Applewale. siendo joven y muybella . el hijo de éste. como os he dicho. Se le dejaba demasiada libertad. pero mudó el semblante cuando oyó las palabras que me había dicho la vieja señora. Y. el señor de Chevenix Crowl. y que había conseguido camelar a su marido. sino que le entró una gran depresión y debilidad y se fue apagando entre muchas toses. También solía bajar al lago. Un buen día aquel niño desapareció y nadie supo decir adónde había podido ir. hasta un día o dos antes de pasar a mejor vida.

Pero éste se encontraba en Francia. y las sombras de la cama. y el reloj dio las doce y aún seguía despierta. Pues bien. muy pocos enseres para una habita-ción tan grande. Dios bendito! Pues nada menos que a la vieja arpía. le dieron unos ataques que la dejaron postrada. cuya puerta estaba abierta de par en par. y vuelvo deprisa la cabeza. que fue amortajada e introducida en el ataúd. Aquel mismo día escribie-ron al señor de Chevenix para que viniera cuanto antes. toda vez que los únicos que iban a asistir al entierro eran ellos dos. Al final. pues casi estaba segura de que me volverían a mandar a casa con mi madre. de la silla y de mi bata.Mrs. sino que me quedaba en la cama muerta de miedo mientras oía sus alaridos y ara-ñazos en el suelo. Y me puse a pensar enseguida en todos los de mi casa. como si alguien la estuviera amenazando con un cuchillo en la garganta.atropelladamente pala-bras incoherentes y dar chillidos en la cama. una distancia tan grande que el cura y el doctor acordaron que no convenía tenerla durante más tiempoinsepulta . conboiseriede roble. la vieja dama de Applewale fue enterrada en la cripta de la iglesia de Lexhoe. y así pasó por fin a mejor vida y todo se terminó para la viejamadam Crowl. ahora que carecía ya de función. que era un rincón en el que había estado antes la cama de columnas. derecha a la pared de la recámara. se ponen a bailar como locas en el techo y las paredes. A mí me pusieron en otra habitación. ¡Y qué veo. y nosotras seguimos viviendo en la gran casa hasta que el señor viniera a darnos a conocer su voluntad y a pagarnos el finiquito que considerara oportuno. o algo parecido. al no tener suficientes fuerzas para caminar ni permanecer de pie. lo habían sacado de allí y dejado temporalmente apoyado en una pared de mi habitación. que está colgada en la pared. La habitación que yo ocupaba ahora era bastante amplia. con una ráfaga de aire frío. y se ponía a hacer cosas fuera de la cama. Aquel día recibimos la noticia de que el señor llegaría a Applewale a la mañana siguiente. Muchas de las cosas que decía a grito pelado habrían puesto los pelos de punta al mismísimo diablo. Yo no me podía mover. emperifollada en sus satenes y terciopelos haciendo muecas con los ojos desencajados y con la cara más fea que se puede imaginar. El bajo de su vestido iba rodeado de un resplandor rojo que parecía estar con-sumiéndole los pies. Podéis imaginar que ya no volví a entrar en su habitación. apuntándome con las uñas de sus manos arrugadas como si fuera a clavármelas. y sobre todo en mi hermanaJanetylos gatitosy los perros y todo lo demás. pero afortunadamente pasó por delante de mí. poco sentido tenía ya el que siguiera con vida. Así. con el rostro oculto entre sus viejas y hechizadas manos e implorando piedad. pero.JudithSquailes y una mujer de Lexhoe estaban siempre atendiéndola. se caía al suelo. pero nada podían hacer ya por ella los rezos. Estaba acostada de espaldas a la puerta y miran-do a la pared. Mi tía. como solía llamar-la mi tía. una silla y una mesa. pues como podéis imaginar se sacaron muchas cosas de su alcoba para amortajarla. dos puertas más allá de la que había sido la alcoba demadam Crowl. que no tenía cortinas. mi tía y el resto de nosotras. Esto ocurrió la noche antes de que llegara a Applewale el señor de Chevenix. Venía derecha hacia mí. de Applewale. y alargó las manos para coger algo que había allí . sobre las doce y cuarto veo unos resplandores en la pared como si algo estuviera ardiendo por detrás.Wyvern. Además. pero sin más muebles que mi cama. El cura estaba allí y rezó por ella. lo cual me alegró sobremanera. y la habitación más oscura que boca de lobo. creyendo que el fuego ha prendido en algo. Y el gran espejo en el que la vieja señora tantas y tantas veces se había mirado y remirado de pies a cabeza. y estaba tan nerviosa que no me podía dormir.

no sé lo que le diría. Pero. todavía pensativa-.dentro. una llave muy grande con un extraño ojo de metal. -Esa misma -le contesto. sino que me coge de la mano y me mira fijamente a la cara. Yo le tenía a él bastante respeto. mozuela -dice pensativa. y esa llave que tú dices la encontraron en el fondo del arcón donde . que te buscaré otra casa en cuanto pueda. Y de repente se vuelve hacia mí pivotando como una marione-ta. y yo me veo de pie en la otra punta de la cama. de unos treinta años de edad. zagala. querida. la que la chica soñó que había abierto mi abuela. mi tía no me echa ninguna regañina. supongo que yo me iré pron-to de aquí. Podéis imaginar que no pegué ojo aquella noche. y con las primeras luces bajo a ver a mi tía lo más deprisa que me permiten las piernas. Aquellas palabras. creyendo que me voy a desvanecer. Pues bien. Era la segunda vez que lo veía. fuera lo que fuera. y debemos contarle lo que has visto -dice. Pero aquélla era la primera que hablaba conmigo. Por fin me res-ponde mi lengua y suelto un alarido mientras salgo disparada por la galería y casi arranco de cuajo la puerta deMrs. -El señor llegará antes de las doce del mediodía. como me había esperado. también me contó que la llave tenía un anillo de metal. acordándome de pronto-. sin saber cómo he llegado hasta allí. De eso hace veinte años. siéntate aquí y cuéntamelo todo de pe a pa. Me dice que no tenga miedo y luego me pregunta: -¿Llevaba la aparición alguna llave en la mano? -Sí -le digo. y no te preocupes. Cuando termino. a la que doy un susto de espanto. dándole la vuelta. Tendría más de ochenta años cuando me lo contó. esto basta. y yo era un niño entonces. El señorCrowlllegó a Applewale aquel mismo día. y no me atreví a acercarme hasta que me llamaron. En tiempos del viejosirOliver. era un hombre apuesto. pero es mejor que tú te vayas a casa esta misma tarde. las recibí como agua de mayo. y la habitación se queda a oscuras. Y él me dice sonriendo: -Cuéntame todo lo que has visto. por ser el hombre más rico de Lexhoe. se queda pensando un rato y le dice a mi tía: -Recuerdo bien ese rincón. -Segurísima -digo yo. Mi tía recogió todas mis cosas y me dio también las tres libras que se me debían. Yo no había visto nunca aquella puerta. pues sabes que no existen en el mundo esas cosas que llaman fantasmas o espíritus. -Espera -dice soltándome la mano y abriendo el aparador-. como rumiando algo y volviéndola a meter donde estaba. Debe de ser un sueño. como podéis imaginar. -Bien. -¿Estás segura? -vuelve a preguntarme. La vajilla y las joyas se guardaban allí hasta que pusieron el arma-rio metálico en el cuarto trastero. el viejo Wyndel me contó que había una puerta en ese cuarto de la izquierda. ¿Era como ésta? -me pregunta sacando una llave y enseñándomela con el ceño fruncido. Mi tía estuvo hablando con él en el cuarto del ama de llaves.Wyvern.

. señor. A pesar de lo joven que yo era. Y en lo sucesivo nunca volví a ver amadamCrowl de Applewale. trataba de mirar por encima de sus hombros. a mirar en los estantes más detenidamente. -¡Ahá! -dijo él con una sonrisita-. Vol-veremos después usted y yo. ¿no? Supongo que ya tendrá su paga. Se necesitó sólo un par de minutos para. -¡Virgen santa!-exclamami tía al darle el atizador y viendo también por encima de sus hombros aquella cosa espantosa-. con un pequeño cincel y un martillo. cabeza incluida. el cerrojo cedió y la puerta se abrió acompañada de un chirrido. -¡Ahá!-exclamael caballero. tienes que subir conmigo y decirme dónde estaban exac-tamente las cosas que viste. El cuarto era bastante pequeño. más extraña que la primera. Mi tía. Bueno. Obedecí con poco entusiasmo. con paredes y bóveda de ladrillo. Eran los huesos de un niño. El caballero la cogió y entró. pues estaba más oscuro que boca de lobo. Me dio una libra de oro y yo marché a Lexhoe aproximadamente una hora después en la diligencia. Tenga cuidado. Mi tía encendió una vela. Pero allí había ahora un armario viejo. Y mientras ella va a la chi-menea yo miro por debajo de su brazo y veo agachado en el rincón más lejano a un mono o una cosa despellejada encima del arcón. Durante un buen rato nadie dice nada. creí saber perfectamente en qué esta-ban pensando los dos en aquel momento.Mrs. Bueno. Shuttters. yo no veía absolutamente nada. yo quiero hacerle además un regalo -dice él dándome una palmadita en la espalda. nadie habría imaginado que había allí ninguna puerta.ella guardaba sus viejos abanicos. tras darle una vuelta. Lo corrimos y vimos el con-torno de una puerta en laboiseriede roble y el ojo de una cerradura obturado con madera y cepillada con el mismo cuidado que todo lo demás y todo el reborde de la puerta tapado con masilla de color roble. en medio de un montón de huesos y polvo. y. que podía ser también la vieja bruja más chupada que jamás se ha visto en la tierra. de manera que. todo lo demás se había reducido a polvo al primer impacto. zagala. -Un gato muerto -dice él retrocediendo y cerrando la puerta-. Había otra puerta dentro. Ahora tengo otros asuntos que tratar con usted. El corazón se me desbocaba en la gar-ganta. gracias . con lo que hace. pero que no tenía cierres y se abrió fácilmente. pero luego él coge la calavera que yacía en el suelo. de no ser por los goznes que sobresalían ligeramente. retrocediendo-. ¡Mejor retírese y cierre esa puerta! Pero. ¡Qué puede ser eso! Déme el atizador. no vimos lo que había dentro. en lugar de obedecerle.. La llave entró perfec-tamente. no me extrañaría nada que encontráramos allí algunas cucharas de plata o diamantes. Y esta muchachita me dice usted que se marcha hoy mismo a su casa. sacar el trozo de madera de la cerradura. Vamos. entra despacio con el atizador en ristre y asesta a la cosa un batacazo tal que ésta cae estrepitosamente. y tuve bien agarrada la mano de mi tía todo el rato que estuve en aquella espantosa habitación diciéndoles a los dos por dónde se había movido la aparecida y dónde estaba exactamente la puerta que yo había visto en la pared. de puntillas. ¡deprisa! -ordena a mi tía. justo lo que me imaginaba. y bien contenta que volví a casa.

en la que se decía que el pequeño llevaba con él un cuchi-llo de mango verde y varias canicas. junto con un par de peniques que el pobre niño llevaba en el bolsillo. RELATO DE CIERTOS SUCESOS EXTRAÑOS EN LA CALLE AUNGIER Esta historia mía no es para escribirse. y el mobiliario escaso. por el otro. nos permitía vivir más cerca de nuestras aulas y diversiones. Mi tíoLudlow. víctima de un con-tagio contraído en el noble desempeño de su labor sacerdotal. la última vez que se le vio. pero el pobre chico prefirió la iglesia y murió joven. del caserón de Applewale. Nuestras pertenencias eran contadas. presupues-tas estas condiciones. Creo que él habría tenido bastante éxito de haberse dedicado a esta profesión. La pluma. pero franco y alegre. Pero cuando ya era una mujer. como a veces he hecho a petición general. supongo. nuestro proyecto se llevó a cabo casi tan pronto como fue concebido. me pondré a trabajar enseguida para contarles con la mejor disposición lo que tenga que contar. El salón que daba a la calle nos servía de cuarto de estar. Pero había un puñado de canicas y un cuchillo con mango verde. Pues bien. Por lo que aquí interesa. si me aseguran los mollia tempora fandi. Y eso es todo lo que tenía que conta-ros sobre la viejamadamCrowl. y muy escrupuloso en la observancia de la verdad. Así. por un lado. nos eximía de la obligación semanal de pagar alquiler.a Dios. la tinta y el papel son vehículos muy fríos para lo maravilloso.había comprado tres o cuatro casas viejas en AungierStreet. . Toda su ropa se convirtió al primer toque en una nube de polvo en el cuarto donde se encontraron los huesos.y. bas-tante distinto a mí. mi tía vino a pasar conmigo un día y una noche en Littleham. junto a la lumbre después de una buena cena una noche de invierno con el viento frío rugiendo fuera y todos bien calentitos y confortablemente instalados. sin que sus gritos. Si se cuenta. después de que la charla junto a la lumbre lleve un buen rato versando sobre emocio-nantes relatos llenos de terror y misterio. baste con saber que era de carácter tranquilo. Mi primo(Tom Ludlow)y yo estudiábamosmedicina juntos . También me dijo que alguien había dejado su sombrero al borde del lago para hacer creer que se había ahogado. en una palabra. en una palabra. cuan-do su anciano padre creía que se había escapado o lo habían raptado unos gitanos.padre deTom. Él residía en el campo. ni en apariciones ni en sueños.una de las cuales estaba vacía en la época en que acudimos a la capital a estudiar. Y entre los papeles del señor había una copia de la nota escrita después de desaparecer el niño. pues. Pero si logran conven-cer a sus amigos para que la lean una vez caída la noche. y que él vio la luz. no voy a desperdiciar más palabras y paso ya a contarles la historia en cuestión. y el «lector» es decidi-damente un animal más crítico que el «oyente». nuestros enseres eran casi tan simples como los de una tienda de campaña. por cierto. puede resultar bastante bien -si yo no me alabo a mí mismo quién lo va a hacer en mi lugarPero es un riesgo hacerlo como me piden que lo haga. una propuesta doblemente satisfactoria.y me aseguró que se trataba del niño desaparecido hacía tanto tiempo que aquella vieja arpía había encerrado en la oscuridad hasta que se muriera. súplicas y aporreos pudieran ser oídos por nadie. que soy de un temperamento excitable y nervioso. yTomme pro-puso que nos alojásemos en la susodicha casa mientras no se alquilara.

Me parece que su fachada había sido remozada unos cincuenta años atrás. Sin embargo. desde las barandas hasta los marcos de las ventanasque parecía abomi-nar de cualquier retoque para proclamar enfáticamente su antigüedad por muchos adornos y barnices modernos de que hubiera sido objeto. empujado por una «locura temporal» había acabado colgándose él mismo con la cuerda de jugar a la comba de la maciza y vieja baranda. que era interior y que a mí no me gustaba ni un pelo. pero el mío. Esto me inquietó tanto más por cuanto que yo me preciaba de tener un sueño profundísimo y de ser poco propenso a las pesadillas. cierta relación misteriosa e indes-cifrable que atentaba vagamente contra la esencia más íntima de lo que se suele entender por cómodo y confortable y ofrecía indefinibles sospe-chas y aprensiones a la imaginación. el papel parecía algo vulgar y desento-naba del resto. sencillamente repelente. pero.adquiría a mis ojos un carácter especialmente siniestro y fantasmagórico. en el extraño emplazamiento diagonal de las chimeneas. En fin. En ella se veían muy pocas cosas nuevas. esta «recámara» -como nuestra «criada» gustaba de llamar. pues había algo extraño y pretérito en su arquitectura -en el alzado de las paredes y el tendido de los techos. Sin duda había en sus propor-ciones y rasgos una discordia latente. en él su antiguo confort parecía predominar sobre su algo tétrica vetustez. pero. no había en ella nada «moderno». los amplios salones estaban tapizados de cuero dorado y. en la forma de puertas y ventanas. me atrevo a decir. y ese cuarto oscuro que se encuentra en la mayoría de las casas antiguas de Dublín -cual gabinete fantasmagórico. En aquellos años de Maricastaña. como les voy a relatar a continuación. omnipresente e impenetrable. no puedo precisar cuándo la habían construido exactamente. Pero esto no era más que una parte. Para empezar. El agente de mi tío que la compró y la inscribió en el registro de la propiedad me contó que había sido vendi-da. Llevábamos poco tiempo viviendo allí. el que fuera alcalde de Dublín en tiempos de Jacobo II. como dije antes. que tenía dos ventanas melancólicas extrañamente orientadas -miraban inútilmente a los pies de la cama-. se había realizado un gran esfuerzo para empapelar los salones. se había amalgamado con el dormitorio al derribarse la pared. La vela dis-tante y solitaria deTomrelucía en vano en medio de su oscuridad. cada cual en su dormitorio respectivo. el escéptico iba a recibir pronto un terrible correctivo. Yo nunca había intentado ocultar al pobreTommis propensiones a la superstición. Por la noche. esta anciana.creo. no era nada sombrío. en la singular solidez de toda la madera. no encuentro otra palabra mejor. a la vez interesante y deprimente. en la robustez especial de vigas y cornisas. tras haberse ganado la fama de demasia-do amigo de condenar a la horca. Los dormitorios estaban recubiertos de madera. según dictamen del juez de instrucción) vivió aquí bien acompañado de excelente carne de venado que regaba con el mejor oporto. éste -aunque sin afectación alguna. Esto lo supimos por una mujer ya mayor que regentaba una pequeña tienda destartalada en la bocacalle y cuya hija -de cincuen-ta y dos años de edad. yTomel dormitorio de enfrente. tenían un aspec-to formidable. la casa era muy antigua. Así pues. en cualquier caso. Sin embargo.era nuestra única y solitaria criada: venía al ama-necer y se retiraba castamente tan pronto como dejaba preparado el té en nuestro señorial aposento. que.que. había conocido épocas y cambios suficientes para poseer ese aire miste-rioso y entristecido. y tal vez fuera mejor así. de alguna manera. y que había pertenecido asir ThomasHacket. en 1702. por nada del mundo habría aceptado yo pasar allí una noche solo. Todo lo contrario que el dor-mitorio interior. digo. junto con otras muchas fincas confiscadas. que parece acom-pañar a la mayor parte de las mansiones antiguas. enChichester House. cuando yo empecé a notar que pasaba malas noches y dor-mía mal. se acordaba de cuando el viejo juez Horrocks (el cual. que daba a la calle.Yo ocupaba el dormitorio de encima. aparte de esto. Por ejemplo. ahora . Toda aquella estancia en su conjunto me resultaba a mí.solía reírse de aque-llos terrores míos. por atracción simpática.

y así durante horas y horas. sus grandes ojos. con espantosa claridad. nos confabulábamos para dispersar mis horrores. Casi siempre me limitaba a decirle que había tenido una pesadilla abominable. Pues bien. sentía una antipatía insuperable a describir a mi amigo y camarada aquellas mis turbaciones nocturnas. con los nervios destrozados. Después de un primer plato de sueños desagradables y pavorosos. y la misma visión me visita-ba al menos (en promedio) cada dos días a la semana. como el pico de un buitre. por el que asomaba un pelo cano por los años. si bien reinaba una profun-da oscuridad. como bien saben. mis inquietudes adoptaban una forma definida. así. me levanta-ba para iniciar la nueva jornada. como no podemos por menos de reconocer. que tan misteriosamente se superponía a los crista-les de la ventana. El espíritu maligno. Aquel cuadro. lo que signaba el comienzo de mi sesión de horror.puro engendro de mi fantasía y de mi pobre estómago? En una palabra. el demonio que me había mantenido esclavizado durante la espantosa vigilia nocturna. Esto. un cuadro salía volando de repente hasta la ventana. ¿cómo explicarlo? ¿Era aquella aparición -tan singular como terrorífica. bajo la forma de aquel retrato. mientras que las cejas conservaban su negrura original. tenía embrujados mis sentidos. Estos ras-gos estaban rematados por un gorro de terciopelo carmesí. la templanza. trashaberse pavoneado. cuyos pliegues podría describir ahora mismo y cuyo semblante era una extraña mezcla de inteligencia.todo era distinto: en vez de disfrutar de mi descanso habitual. no mediante un exorcismo. sin saber por qué. y haber sido igual de enérgicoy malvado aunque yo no lo hubiera visto. que. sensua-lidad y poder. que mantenía la mirada clavada en mí mientras el mío se la devolvía con la inexplicable fascinación de la pesa-dilla. Hay que ser justos y reconocer con total franqueza que el maldito retrato empezó a espaciar sus visitas como consecuencia de aquel tonifi-cante. me pegaba todas las noches una buena «panzada de horrores». Finalmente. Recuerdo perfectamente -cómo no. es inherente a la pesadilla corriente. cada objeto y pequeño detalle del dormitorio. al tiempo que presagiaba cosas siniestras. en las ventanas que había frente a mi cama. Aquel sueño. se desarrollaba de la siguiente guisa: Veía.. podía haber estado igual de cerca de mí.que tornaba mis noches insoportables. mi atención se fijaba invariablemente. pesadilla o ilusión infernal -llámenlo como gusten. o creía ver. sino mediante un tonificante. mis queridos amigos. donde permanecía fijo. Tenía la nariz corva. Me parecía como si algo horripilante pero indefinido me estuviera acechando en algún lugar desconocido con vistas a mi tor-mento personal. tras un intervalo que siempre parecía tener la misma duración. como por una atracción eléctrica. y.del que yo era un triste juguete.. el gallo desaparecía y. y entonces una sen-sación de pavorosa anticipación se apoderaba de mí de manera lenta pero implacable. Sin saber exactamente por qué. y. la sobriedad. no es necesariamente cierto. mientras me encontraba en aquella situación «clarividente» -teatro iluminado en el que se iba a mostrar el consabido cuadro de horror.cada arruga. etcétera? No cabe . tono y sombra de aquel rostro. fieles al presunto materialismo de la medicina. que se alargaba a veces durante varias horas. grises y prominentes. cómo él. parecían brillar con una crueldad y frialdad del otro mundo. ¿era algo «subjetivo» (por utilizar el tecnicismo tan popularizado en nuestros días) y no la agresión e intrusión palpables de un agente externo? Esto. aunque sin duda por la intensísima angustia y horror sobrenatural con que iba asociada aquella extraña fan-tasmagoría. Pero. contenía el retrato de un hombre viejo vestido con una bata de seda de flores carmesí. ¿Qué significa todo el código moral de la religión revelada sobre el cuidado debido a nuestros cuer-pos.

ya ha pasado. mirando a través del vetusto barandal hacia la ventana del pasillo. ¿quieres que vaya por ella? -No. Esta operación tiene éxito unas veces. Después descubrí que mi compañero presuntamente escéptico pasa-ba también momentos de turbación.Richard?Está oscuro..duda de que existe una clara relación entre lo material y lo invisible. -¿Que qué me ocurre? Oh. Él respiró primero y luego me contestó con unas frases no muy cohe-rentes: -No pasa nada.Tom?¿Qué te ha pasado? ¿Qué diantre te ha pasado. una vela. pero ¿qué ocurre? ¿Qué es lo que ha pasado exactamente? ¿Por qué no me lo dices. cosa extraor-dinaria. sintiéndome inusualmente nervioso.los detalles de la espantosa visión que lo había dejado tan abatido. pero ninguno se puede comparar con el que se había apoderado del pobreTomaquella noche. ¿He dicho algo? ¿Qué he dicho? ¿Dónde está la vela. no vayas. Y no hay más que hablar. te lo repito: todo ha sido un simple sueño. . y otras no. -¿Qué ocurre... Yo no quería que me contara -ni creo que a él le hubiera apetecido hacerlo en aquel momento. He debido de soñar algo. -Sí. y salté de la cama. seguidos de un ruido sordo producido por lo que resultó ser un gran candelabro de metal lan-zado con toda su fuerza por el pobreTom Ludlow contra la baranda y que fue dando tumbos hasta el segundo tramo de las escaleras. Hice lo que me pedía mientras él. envolviéndose con una de mis mantas.dime qué te ocurre. por donde penetraba la luz tenue de una luna nublada. No importa. está bastante oscuro -dije-. Tomabrió la puerta de par en par y entró reculando en mi habitación. El hipnotizador y el electrobiólogo fallarán por término medio en nueve de cada diez pacientes. se sentaba en el borde de mi cama. y. el tono saludable del sistema corporal y su energía intacta pueden. presa de una extraordinaria agitación.. Sé buen chico. ¿no crees? No ha podido ser otra cosa que un simple sueño.Tom?¿Estás en tus caba-les? Venga. si no me equivoco. lo más seguro -dije-. Estoy un poco nervioso. y ¿dónde está la vela? -En tu habitación. No.. encien-de tu vela y abre la ventana. Me encuentro en un «estado de shock».Dick..... Una noche en que estaba yo durmiendo profundamente. Yo tenía. -Por supuesto que ha sido un simple sueño -dije yo. -Creí -dijo. me despertaron unos pasos en el corredor. y lo mismo cabe decir del espíri-tu maligno. Se requieren unas condiciones especiales del sistema corpo-ral para la aparición de ciertos fenómenos espirituales.Dick.que había un hombre en mi habitación y. Un simple sueño. Allí estábamos los dos con nuestros camisones delante de la puerta abierta. Pero yo no sabía aún nada de esto. nada.Tom?-le pregunté sacudiéndolo con nerviosa impaciencia. nada.Tom.. casi simultáneamente. quédate aquí.me voy a que-dar aquí contigo. prote-gernos contra influjos que de lo contrario tornarían espantosa la vida como tal. Todo el mundo sabe lo contagioso que es el miedo de cualquier tipo. Cierra la puerta con cerrojo. Yo salté de la cama y lo cogí del brazo sin tener la menor idea de lo que estaba ocurriendo.

por absurdas que puedan parecer ahora difumi-nadas por el paso del tiempo. debido a una serie de pequeños aplazamientos y circunstancias. y estaba regalándome con un tonificante previo al ponche y a la cama.. Cuando los pasos alcanzaron el rellano de mi piso. con la puerta bien cerrada y todos los ingredientes de un ponche de whisky sobre la mesita de noche -de diseño bastante irregular-. y estaba claro que aquellos pies iban completamente descalzos. antes al contrario. fruto evidente de la visión que tanto le había perturbado. También era obvio que la per-sona que bajaba las escaleras no tenía ninguna intención de pasar inadvertida. donde me esperaban media docena de páginas delSpectator. había decidido conservar el ánimo a base de buenos lingotazos de licor -práctica ésta recomendada por la sabiduría de mis antepasados-. un día o dos tras la partida de mi compañe-ro.Richard. Sin embargo. para verme asaltado por la indigestión y. pues. Pues bien. Yo sabía perfectamente que la criada se había marchado a su casa hacía bastante tiempo y que nadie más que yo tenía motivos legítimos para andar por la casa a aquellas horas. en que me encontraba sentado junto al fuego de mi dormitorio. le escribiría urgentemente para que diera por terminada su visita a tíoLudlow. Eran unos pasos lentos y pesados. para mantener completamente a raya a los espíritusnegrosyblancos.-Tom. ocurrió que. ¡que me cuelguen si me quedo aquí más tiempo. con los nervios propios del cambio de casa. transcu-rrió casi una semana entera antes de firmarse el contrato de arrenda-miento y escribir yo a toda prisa aTompara que regresara cuanto antes. Ahora bien.. entre tanto. pero en el fondo muerto de miedo-. muy desagradable al oído.. tras una pausa. bajando por la susodicha escalera. voy a ir a verlo mañana y volveré dentro de un par de días. le ocurrieron un par de aventuras insignificantes a vuestro humilde servidor. parecieron detenerse. y que. tan pronto como yo encontrara alojamiento apropiado. produ-ciendo un ruido a la vez seco y fofo. dijo: -Oye. se desvanecería a la mañana siguiente junto con los demás vapores y sombras de la noche. Hablemos de cualquier otro tema.. espíritus azules y grises queme acechaban. que. pero hay una cosa obvia: que este horrible case-rón nos repatea a los dos.no me hables de nada relacionado con tu absurdo sueño -le dije afectando desdén. parecía decidida a hacer el mayor ruido posible y a avanzar con total parsimonia. los ruidos de la casa eran. por noches malí-simas! Así que. pues. con la contundencia y la parsimonia propias de un adulto. lo mejor que podemos hacer es buscar otro alojamiento cuanto antes..he pensado que. Pero me equivoqué.Tompartió temprano al pueblo de su padre tras acordar que. Yo había creído que aquella resolución. perfectamen-te audibles. Entre tanto. sino que. ¿no te parece? Tomasintió y. había dejado a un lado mi volumen de anato-mía. sirvieron entonces para estimular conside-rablemente mi apetito de cambio.. Eran las dos de la madrugada y las calles estaban más silen-ciosas que un cementerio.cuando oí pasos en el tramo de escaleras entre el desván y el piso de mi dormitorio. como hace mucho tiempo que no veo a mi padre. Recuerdo bien la noche. unos . tú puedes encargarte de buscar habitaciones para los dos. yo espera-ba que mi puerta fuera a abrirse en cualquier momento para dar paso al modelo u original de mi detestado retrato.

y luego. como daban fe los fragmentos del juego de té que se amontona-ban en el suelo.. en suma. pero no oí moverse ni una mosca. o creo ver. teniendo en cuenta que mi imaginación estaba muy excita-da. tras otra pausa. Yo tenía la moral por los suelos y un terrible pavor a que llegara la noche. Traté de tranquilizarme ante la evidencia de aquellas pruebas. Además. como en la ocasión anterior. como suele decirse. con dos inmensos ojos verdosos que brillaban tenuemente.. Todo el mundo conviene en lo desagradable que resulta el sonido de la propia voz en semejantes circunstancias. Mi aprensión aumentó igualmente al notar que la puerta. que estaba seguro de haber dejado abierta. Agucé el oído. hacia la misma hora oí claramente a mi buen amigo bajar de nuevo de las buhardillas. ¿cómo explicar el ruido de aque-llos horribles pies descalzos. nunca pude determinar después si había sido víctima de mi propia fantasía. estando ya acostado y en medio de la total oscuridad. tuve la satisfacción de constatar que había lanzado el ati-zador con admirable tino y. nada. desde donde no me llegó ya ningún ruido. y de las pisadas regulares que aporreaban las escaleras en medio de la soledad de mi embrujada morada. hasta la planta baja y el vestíbulo. decidí probar fortuna: abrí la puerta y grité estentó-reamente por encima de la baranda: -¿Quién anda ahí? La única respuesta que obtuve fue el eco de mi propia voz retum-bando por la vieja mansión. Las calles se vaciaron de gente antes de lo habitual. y temeroso de que me hubieran cortado la retirada. y hacia medianoche no se oía ya más que el .segundos después sentí un gran alivio al percibir que los pasos reanu-daban su descenso en dirección de los salones de la planta inferior. presa de una vaga alarma. es decir. hasta que cesó el ruido al llegar al vestíbulo. empezó a avanzar hacia mí con su forma original. Movido instintiva-mente por el terror más que por el valor. aunque en aquel momento yo no me acordaba de esa circunstancia. oí cómo los horribles pies descalzos seguían bajando las escaleras. inquietantemente anunciada por unos truenos de tor-menta y un diluvio de lluvia deprimente. oída en medio de la más completa soledad. las hice materialmente añicos. y cuál no sería mi horror cuando veo. en cualquier caso. No sabría decir con total seguridad si la aparición de aquella noche había sido una simple ilusión óptica de mi fantasía jugando con los oscuros contornos del aparador y. la oscuridad y el frío eran descorazonadores. le lancé el atizador con toda mi fuerza a la cabeza. donde permanecí en un estado de espantoso bloqueo mental hasta que se hizo de día. Un minuto después. Asimismo debo manifestar con toda sin-ceridad que. Esta vez había ingerido ya mi ponche y por tanto «la moral de la tropa» era excelente. Salté de la cama. El sonido había cesado en aquel momento. se había cerrado detrás de mí.. No aprecié ningún nuevo movimiento. Pues bien. en medio de un horrible estropicio de objetos rotos. y. por tanto. los horripilantes ojos de aquel bicho no habían sido más que un par de tazas de té invertidas. no sabría decir si con forma de hombre o de oso. tras cambiar una o dos veces de forma. Ahora que había cesado el ruido. y a aquella hora en la que yo no podía recurrir a ninguna ayuda? No. y salí al pasillo. donde aún resplandecían algunos rescoldos. no se podía explicar tan fácilmente. pero no lo conseguí. delante de mí a un monstruo negro... que aportara alguna explicación al nerviosismo que me roía. retorné lo más rápidamente posible a mi habitación. volví a mi habitación y cerré la puerta con doble vuelta de llave. La noche siguiente no aprecié ruido alguno por parte de mi descalzo co-inquilino. cogí el atizador de la chimenea. Todo aquello tenía una pinta realmente fea. Aquello redobló mi sensación de incomu-nicación. pero la noche siguiente. Ésta llegó. no les ocultaré que el aparador que contenía nuestra vajilla se hallaba justo allí. pues aquella aparición. mi estado anímico era una caldera a punto de estallar.. Armado de valor. de espaldas a la pared.

vi. que embrutece a tanta gente. la cual se había alejado definitivamente allende las montañas de Dublín. mitad ridícula y mitad horripilante. me sentí con la suficiente confianza para aventurar unos pasos más hasta la baranda. Que me muera si no era la rata más mons-truosa que jamás había visto o imaginado. Los pasos seguían su cadencia regular. el ponche. vela en mano. que había sucedido a la tormenta. pues estaba decidido a ver a toda costa a aquel engendro. empecé a sentirme solo con la natura-leza. mientras seguía arrastrándose y mirándome a la cara casi por entre mis pies. su regreso me resultaba particularmente grato tras la aventura de la noche anterior. Y ¡horror de los horrores! Un par de peldaños más abajo de donde yo estaba. y mi ojo capto algo que se movía. Curiosamente. Mi presencia de ánimo iba disminuyendo por minutos. a mi vuelta encontré una nota de éste mismo comunicándome su intención de regresar al día siguiente. una auténtica rata. Me instalé lo más cómodamente posible y encendí dos velas en vez de una. por la otra. en cualquier momento. Aquella noche dormí con lo puesto en mis nuevos lares de Digges'Streety a la mañana siguiente volví a desayunar a la mansión de los fan-tasmas. pesado y se bamboleaba como un peso muerto de un peldaño a otro. La mañana siguiente la pasé arrastrándome penosamente por las calles embarradas de la ciudad. Sin embargo. El silencio. se había vuelto más silencioso y la oscuridad más oscura todavía. El pasillo estaba completa-mente vacío. Confieso que vacilé unos segundos junto a la puerta antes de encontrar el suficiente valor para abrirla. podría jurarlo. Volví como un rayo a mi habitación con una sensación de asco y horror difícil de describir y cerré a cal y canto la puerta como si hubiera un león al otro lado. Me puse a pasear por la habitación silban-do tonadillas marcialesy humorísticas alternativamentey aguzando el oído de cuando en cuando por si oía el temido ruido. de aspecto solemne y antañón. Preferí no acostarme y mantenerme alerta para entrar en com-bate. pero la interrumpí ense-guida para averiguar si se oía algo nuevo. Shakespearedice: «Hay algunos hombres que no soportan mirar a un cerdo. que turbaba la paz noc-turna de mi mansión. si es que era visible. Estaba muy nervioso y traté en vano de enfrascar-me en lo que estaba leyendo. gris. me estaba mirando fijamente con una expresión de malicia perfecta-mente humana. Me senté y me quedé mirando la etiqueta cuadrada de la botella negra. el más impor-tante de los cuales fue la nota urgente que le mandé aTom pidiéndole que viniera. y. Aque-lla noticia me alegro por doble motivo. pues estaba seguro de queTomiría allí directamente al llegar. y. hasta que «FLANAGAN & CO'SBEST OLD MALT W HISKY» devino en una suerte de acompañamiento atenuado de todas las fantásticas y horribles especulaciones a que se había entregado mi cerebro. pues. ¡Maldito retrato y maldito original! Estaba comple-tamente convencido de que aquella rata -sí.» Yo estuve a punto de perder el juicio al contemplar aquella rata. y otros que enloquecen si ven un gato. gestioné varios asuntos. No se oía más que el ulular del viento. entre tanto. Era del tamaño del pie de Goliat. Mientras atravesaba la estancia improvisé una plegaria. En medio de aquella gran ciudad.que acababa de ver era el temido ser maligno que vagabundeaba disfrazado por la casa en una especie de aquelarre nocturno. pues. ríanse de mí si quieren. ya había conseguido encontrar nuevo alojamiento y. y sepa Dios con qué otra cosa también. volvió a darme suficiente coraje y entereza en el momento preciso en que empecé a oír las pisadas contundentes y fofas bajando parsimoniosamente las escaleras. . Me habría gustado oír el traqueteo de algún vehícu-lo o el aburrido vocerío de alguna trifulca lejana. por una parte. la mirada infernal y el sem-blante maldito de mi viejo amigo del retrato transfundidos en la cara de aquel bicho abotargado. como el detestado sonido había cesado. Cogí una vela con un si es no es de temblor en la mano.desapa-cible golpeteo de las gotas contra el suelo. cada vez más fuerte. no se veía ningún monstruo en la escalera. los pasos misteriosos habían vuelto a retumbar.

mi queridoTom-insistí-. Pero gracias a Dios que logré escapar. él miro primero a su alrededor con inquietud. creo que su razonamiento no estaba desprovisto de cierto fundamento. por lo que deduje que debía de ser algún ratón trajinando en el revestimiento de madera de la pared. en cuanto a mí. Trataré de reproducir el relato a poder ser con sus mismas palabras.. y..Dick. Y prácticamente la primera pregun-ta que me hizo fue sobre el motivo principal que nos había empujado a cambiar de residencia. Pero enseguida suspendió su tarea y se puso a escuchar el relato con la boca y los ojos abiertos (éstos como pla-tos). te aseguro que bajo ningún concepto volvería jamás a pasar una noche en este horrendo caserón. Mi curiosidad fue disminuyendo y. aunque ya había apagado la vela. . pero aquellos ojos. Aunque dijo aquello en tono de broma. -Lo vi tres veces.tres veces distintas. -Bueno. sepa su señoría que no me hace mucha gracia contarla precisamente aquí.Y no me equivoqué. si eso fuera todo. oigamos entonces tu aventura -dije con cierta acrimonia. habrías reconocido que era cualquier cosa menos lo que parecía ser.Dick.. pero sin conseguir ver nada. aquella cara. -Bueno. Y así seguimos platicando. si bien he de reconocer que formamos un contingente demasiado aguerri-do para que a los fantasmas se les ocurra hacer alguna de las suyas. -Graciasa Dios -exclamo con auténtico alivio al oír que todo esta-ba arreglado-. y. Desde que nos instalamos aquí no hemos pasado ni una sola hora a gusto. Sin duda le había refrescado un recuerdo sumamente desagradable. Si los hubieras visto. -Bueno. pues lo normal es que me hubiera vuelto loco si no logro escapar rápida-mente. »La primera vez estaba acostado en esa cama grandota tratando de dor-mir. en tu caso. aunque un poco inquieto en el fondo. -¡Al diablo este lugar!-exclaméa mi vez con una mezcla de miedo y odio-. Estaba com-pletamente despierto. unos minu-tos después. -Me inclino a pensar que. y estoy completamente seguro de que quería hacerme un daño mortal. estaba tan inmóvil como si ya me hubiera dormido. -dijo mi primo como restando impor-tancia a mi relato-. el mejor exorcista habría sido un gato en plena forma física-dijo con una risita provocadora. No obstante. si te empeñas. No creo que a mí me hubiera asustado demasiado. la levantara y luego la volviera a dejar caer suavemente en el suelo. »Debían de ser por lo menos las dos de la madrugada cuando creí oír un ruido en ese. Me alegro por ti. mis pensamientos discurrían por derroteros alegres y agradables. en ese odioso recoveco del extremo de la alcoba. Me incorporé un par de veces en la cama.te la contaré -dijo-. -Ya. Allí estaba. Era como si alguien viniera arrastrando lentamente un trozo de cuerda. Pasé un trago malísimo. y yo aproveché para contarle mi aventura con aquella vieja rata hinchada. Nuestra Hebe se hallaba en aquel momento en un rincón de la habitación recogiendo en un cesto los pedazos de nuestra vajilla.. Ante aquel desafío. La verdad es que me hace poca gracia recordar aquello.

y en especial el trayecto que había seguido aquel espantoso intruso. recuperé la autoconfianza y empecé a imaginar que creía en la teoría de las ilusiones espectrales que en un principio había tratado en vano de imponer a mis convicciones. que nunca podré olvidar en el resto de mi vida. Bajé tarde. pues. sin embargo. y yo tampoco aprecié desorden alguno entre los objetos del armario. yo seguía erre que erre. bastante corpulento. sospechar en un principio nada sobrenatural. cuyo original estoy ahora seguro de que era el que yo había visto. Bueno. y. Llevaba algo bajo el brazo. atravesando mi habitación tieso y premioso en sentido diagonal. Dick.yo estaba simplemente mintiéndo-me a mí mismo. y me con-vencí.dejé de observar. Sin embargo. Tenía la cabeza ligeramente inclinada a un lado. qué rostro el suyo! Tomse detuvo un instante antes de proseguir: -Aquel espantoso rostro. tras pasar junto a los pies de mi cama. aquella noche transcurrió bastante tranquila. ni mi vela ni el fuego estaban encendidos y. Pero. de que no había sido más que un sueño. ¿cómo diantre lo había visto yo? Era una noche cerrada. yo esperaba hacer proselitismo conmigo mismo y convertirme en un perfecto escéptico respecto al tema del fantasma. no quise hablarte de aquella visión infernal para no amedrentarte más aún. no me da vergüenza reconocer. lo cual era un verdadero con-suelo. »Uno de los fenómenos más notables relacionados con la práctica de la mendacidad es el gran número de mentiras deliberadas que nos con-tamos a nosotros mismos. o un impostor. penetró en el cuarto de la izquierda. Lo hice. Cuatro horas después de aquello aún me sentía demasiado aterrorizado y débil para moverme. »Aquella aparición. »Te aseguro que me hizo falta mucho valor para volver la noche siguiente a mi dormitorio embrujado y acostarme en aquella misma cama. »Mientras pasaba a mi lado aquella espantosa e indescriptible encar-nación de la muerte y la culpa. huelga recordártelo. entonces. como si yo mismo hubiera devenido en otro cadáver. ¿qué le importaba . ni tampoco atentar contra mi declarado escepticis-mo al contarte aquella experiencia preternatural. precisa y curiosamente. pasó a mi lado y penetró en el armario que hay junto a la cabecera de la cama. ¿para qué cruzar la habitación con apariencia visible? Además. Además. Yo no lo había molestado. con una especie de bata roano-roja y un gorro negro. »Éste no se me había vuelto a aparecer. Como me acordaba de tus sueños con el retrato. que consigue que la gente lo acabe creyendo de tanto oírlo. El espectro había atravesado la habitación sin reconocer mi presencia. ¡Dios bendito. pero éste no había dejado ninguna huella a su paso. lo había visto perfec-tamente. sin. y lo mismo dos o tres subsiguientes. con colores y contornos. las perso-nas a las que menos probabilidades tenemos de engañar. En cuanto amaneció. Sin embargo. me armé de valor y examiné deteni-damente la habitación. Yo estaba tratando de convencerme a mí mismo de que todo aquello era una mera ilusión y no quería revivir la espantosa impresión de la noche anterior. un sueño cataléptico podía explicarlo todo. »Mientras me encontraba en este estado. me sentí incapaz de articular palabra o moverme. y él no parecía tener nada que ver conmigo. al igual que la siguiente. que somos. como nunca había visto una forma humana. había salido de la recámara y. lo decía todo. razoné. »Aquella constatación me aportó una pizca de consuelo y tranquili-dad. como un charlatán de feria. a mí que en el fondo no me creía ni una palabra de aquel maldito embolado. Así. había sido completamente anómala. con unos temblores raya-nos en el puro pánico. por extraño que parez-ca. Con todo aquello. me sobrevino finalmente un sueño profun-do pero agitado. Como estaba agotado. Sin volverse a derecha ni izquierda. vi de repente a un hombre viejo.

estando reunidos como estábamos en el mismísimo escenario de la narración. y así sucesivamente. Tomse detuvo aquí y se enjugó el sudor de su rostro. todo estaba como lo había visto la última vez. cerré los ojos y traté de concentrarme en la letra de la canción. Más fresco que una lechuga. que por momentos se iba perdiendo en la lejanía: Era Murphy Delany. »Pero de aquel sueño profundo me desperté sobresaltado. La muchacha estaba tan pálida comoTom. a lo largo de mi desa-gradable duermevela. del que era pescado para ser lleva-do a presencia del juez de primera instancia. Sin embargo. -Sólo lo vi claramente unos tres segundos -prosiguió su relato-. y. conforme su música se iba apagando. al final me encontré musitando "más muerto que muerto" al tiempo que otra especie de voz dentro de mí parecía decir. ¿querrás creerme. apagué la vela y. más ciego que un topo. no sabría decir durante cuánto tiempo. se había caído a un río. ¡y que el Señor se apiade de tu alma!". Entró en una tabernaaponerse morado. pero no acertaba a recordar en qué había consistido. Mi corazón latía desbocadamente. el cual. la triful-ca doméstica del callejón se había amortiguado un tanto. La letra de aquella canción se me había pegado y yo seguía repasando las aventuras del aquel paisano respetable. El claro de luna penetraba a raudales por la ventana sin cortinas. »El cantante. que. y. Yo me sentía un poco nervioso. sentía unos sudores de muerte. y luego da capo. estaba cantando la popular tonadilla cómica "Murphy Delany". caí en un estado de somnolencia que no era ni profunda ni reconfortante. lenta pero claramente: "¡muerto. muerto!. y luego se fue difuminando. aún oía el canto de un trasnochador achispado de vuelta a casa. alegreyretozón. desgraciadamente para mí.y. Salió haciendo eses harto de whisky. volví a acostarme mirando hacia la chimenea. tras enterarse por el veterinario que estaba "más muerto que muerto".yo a aquel ente con aquella indumen-taria y aquel aspecto tan extraños? ¡Un ardite! Pues a mí me importaba también otro soberano comino. »Y entonces. un airado altercado seguido de una batalla campal entre el cadáver y el juez ponía fin a la historia en medio del buen humor y del júbilo general. cuya condición etílica me atrevo a decir que se asemeja-ba bastante a la de su héroe. aunque. Así. los tres nos alegrábamos de que fuera de día y se oyeran en la calle los ruidos del trajín cotidiano. animado por una algarada entre borrachos en la calle de atrás. muerto. me metí en la cama. se alejó demasiado para que yo pudiera seguir deleitándome con su buen humor. Me incorporé en la cama y miré alrededor. Ligeramente reconfortado por oír una voz humana. me dormí rápidamente.y al punto me despabilé por completo y miré fijamente delante de mí sin despegar la cabeza de la almohada.Dick?. emitió su fallo a tenor de dicho diagnóstico en el momento en que el interfecto recobraba el conocimiento. pero durante mucho tiempo después quedó como una columna de vapor oscuro en el punto donde se había . al salir de la taberna.vi otra vez aquel maldito espectro delante de mí mirándome con su semblante pétreo y diabólico a menos de dos metros de mi cama. »Yo seguí recitando con cansina monotonía aquella balada hasta el último verso. Sabía que había tenido una pesadilla horrible.

y así mi vida durante todo aquel período fue más miserable que la de un delincuente que tiene a los alguaciles a sus talones. ¡atención: nada menos que una cama de plumas. lo que se dice dormir no dormí ni un solo día. donde me vestí. la ventana estaba abierta y un agradable frescor inva-día la habitación. A veces echaba una cabezada en un banco de"Robin Hood"o. y estoy seguro de que aún seguía allí. El resto de la noche lo pasaba deambulando. en segundo lugar. »El destino quiso que tu habitación estuviera cerrada y que te hubie-ras llevado la llave. acallando mis temores. alrededor de las dos. digo. entre la pared y yo. hasta el punto de que nunca. »Estaba completamente decidido a que nos mudáramos de casa. a . durante el día. Con la mente y el cuerpo agota-dos tras una semana entera sin dormir. volví a entrar en aquel nefasto dormitorio. salvo los dos o tres minutos que la visitaba sigilosamente cada día para deshacerla. Fui a la mía a deshacer la cama. en un lamentable estado de nerviosismo y agotamiento. ¿Qué me podía impedir disfrutar allí de un sueñecito de una hora? La atmósfera parecía bullir con el ale-gre canturreo de la vida. Después de un buen rato. me tumbé a disfrutar de un sueño de solamente media hora en. el efecto de aquel agotamiento sobre mis nervios se parecía al de un narcó-tico y me hacía menos sensible al horror que tan habitual se había vuelto para mí.Dick. Me quedaba un rato en el salón cuando tú te ibas a acostar.. creo. bastante más de las doce. el alegre sol del día tornaba muy agradable la estancia en la habitación. y luego salí a la calle y pasé el resto de la noche paseando por la ciudad. para que Martha no descubriera el secreto de mis ausencias nocturnas.que no me atreví. estaba literalmente agotado de cansancio y no deseaba más que dormir. En primer lugar. me desperté suave pero completamente. durante todo aquel tiempo. pero no acababa de decidirme a contarte la razón. Aquel maldito modo de vida me esta-ba comiendo la salud. idiota de mí. y. nunca. con cobertor y almohada incluidos! »Fue realmente espantoso. como sin duda recordarás. a aquella casi irresistible tentación y. por vergüenza. yo había imaginado. convencido de que te reirías de mí a mandíbula batiente. como colofón. aquel vapor también se esfumó. y la luz meridiana que entraba de la calle llena-ba todos los rincones de la habitación. y no regresé hasta el amanecer. pero. Creía que te ibas a reír de mí. para darle el aspecto de haber dormido en ella.. »Cedí. por las calles de la ciudad. »Pasé más de una semana sin dormir en una cama. Entonces cogí mi ropa y bajé al vestíbulo. Pero he aquí que una variedad de circunstancias concurrieron a producir la espantosa escena que iba yo a vivir aquella noche. tras quitarme el gabán y aflojarme la corbata. Eran. como un sereno. y me guardé para mí aque-lla espantosa experiencia. a contarte lo que me había pasado. y luego me dirigía sigilosamente a la puerta de la calle rumbo a la taberna"Robin Hood". pues. Además. Estuve durmiendo varias horas de un tirón como un auténtico bendito. Yo odiaba la mía. no cabe duda de que el demonio había participado en mis necios preparativos. con la puerta medio abierta. »Una tarde decidí disfrutar de una hora de sueño en tu cama. sentado en una silla.donde me quedaba hasta que se iba el último cliente. Fui tan tonto.Dick.tal vez no me creas si te digo que durante muchas noches después de aquello no volví a poner el pie en mi dormitorio. Estaba. »Pues bien. »Sin ningún sobresalto ni sensación especial de miedo. que era posible echar solamente un sueñecito de media hora en la cama. Cuando el sueño ha sido pro-fundo y suficientemente largo para que la naturaleza se quede comple-tamente satisfecha. como de costumbre. y más cuando yo te había hablado siempre con cierto retintín filosófico y había ridiculizado tus historias de fantasmas.apareci-do.

¿Es que murió ahí? -¿Que si murió ahí? No. -Amén -musité yo-. la Virgen me bendiga. Pero nunca me lo había creído hasta ahora. y de que estaba animado por un infernal propósito. sin dejar en ningún momento de mirar de reojo hacia atrás. »Había una figura sentada en el viejo y gran sofá. Ella nunca me dejó entrar en esahabitación. Que Dios conceda descanso a su alma. con la boca abierta y las cejas contraídas sobre sus pequeños y brillantes ojos negros. sus labios esbozaban una sonrisa tan sen-sual. y otras curiosas excla-maciones suyas. sostenía firmemente en la mano. pues se levantó y se acercó a mi cama. -¿Cómo que quién? Pues el viejo juez. nadie salvo quien haya vivido tan espantosa experiencia. las omito aquí por mor de la brevedad. que Dios se apiade de todos nosotros. tan indescriptiblemente espantosa.Dick. había conseguido alcanzar el pasillo. casi no hay quien las cuente? Pero ustedes no deberían haber dormido en el dormitorio interior. esperándome junto a la baranda.Dick!¡Nunca! Nuestra criada. »Tuve muchísima suerte de haber conseguido escapar. marca-do por la malicia y la desesperación. como ya he dicho. Como una exhalación me lancé al suelo por el lado opues-to y. como digo. Te aseguro que. que vive ahí en la calle de atrás. un segundo después. »Mi ángel bueno debió de asistirme en aquel espantoso trance. estaba haciendo parsimoniosamente un lazo en el otro. adujada. que creí que me iba a volver loco. junto a la chime-nea. no exactamente ahí -dijo ella-. mientras viva. y. como ella dice. Se volvió despacio y ¡qué veo! Allí estaba el rostro pétreo. Llevaba alrededor del cuello una soga. Porque. pero éstos. el juez Horrock. Nadie sabe realmente lo que signi-fica enfrentarse a semejante presencia. de subirse a ella. me pareció. había ido dejando de trabajar conforme avanzaba el relato deTom. como para enrollarlo en el mío. Per-manecí unos segundos traspasado por la mirada de aquel horrendo fan-tasma.ypoco a poco se fue acercando a nosotros. Ahora no me cabía la menor duda de que era consciente de mi presencia.una sombra ha pasado por encima de mí. Aunque. como bien saben. no conoce historias tan raras que. se ahorcó colgándose de la baranda? ¿Y que fue en la recámara donde encontraron los mangos de la cuerda de saltar a la comba y el cuchillo con el que estuvo .menudo se despierta uno de esta manera repenti-na. a mi cama con la intención. ahí había dormido él. a poca distancia. mientras se ocupaba de aquella macabra pantomima. se sentó detrás de nosotros. con un extremo de la cuerda enrollado al cuello. ¿Así que no saben que el viejo pecador. daré constan-temente gracias al Altísimo por ello. Dick. »Pero el hechizo no se había deshecho todavía: el valle de la sombra de la muerte no se había franqueado todavía. -¿Que ahí había dormido él? ¿Quién? -pregunté yo a renglón seguido. hasta que. una mujer de cincuenta y dos años. No vi ni recuerdo nada más hasta que me encontré en tu habitación. tranquila y total. El abominable espectro seguía delante de mí. Se acercó. -Yo había oído hablar de esto muchas veces -dijo de pronto-. Dick. ni siquiera de día. ¡Nunca.. cuya otra punta. Durante el relato había hecho varios comentarios graves en voz baja.. conque figúrense pasar la noche allí. un escalofrío ha atravesado mi sangre y mi médula y nunca volve-ré a ser el mismo. quién iba a ser si no. Y miró asustada por toda la habitación. Me estaba dando prácticamente la espalda. sin saber cómo. pero no podía equivo-carme.eso no me lo puede rebatir nadie. mirándome con un rictus de sarcasmo. ¿por qué no lo había creído? ¿Es que mi madre.

se contaba una historia muy rara. le hicimos un par de preguntas más sobre las supuestas visitas espectrales de que había sido objeto la casa desde la muerte del viejo y malvado juez. dije-ron. pero en cualquier caso había dos muchachas y el padre. me dijo muchas veces mi madre. Al oír aquella extraña historia que no les he contado. Había sido un ataque. lo encontraron muerto una mañana con medio cuerpo fuera de la cama. que me contó cosas muy curiosas. vaya que sí -contestó con cierta renuencia. y era un fornidoy saludable caballero para los años que tenía. que viene el amo! ¡El amo! ¡Me está haciendo señas! ¡Madre mía querida. que su alma descanse en paz. Y decían que era una mocetona bien guapa y bien vestida cuando el viejo juez puso fin a su vida. no dejes que me lleve!» Y la pobre criatura acabó muriéndose. supongo que habrá por ahí historias de que el fantasma se ha aparecido a otras personas. La primera vez que se alquiló la casa fue a una familia. de un talNicholasSpaight que lo pasó también muy mal por esto. En fin. En fin. pues el ama de llaves era ya vieja. después de que el juez de primera instancia acabara las diligencias? Sí. y luego gritaba: «¡Ay. como él había hecho con muchos hombres mejores que él a lo largo de su vida? ¿Y no pusieron su cadáver en esa misma cama después de morir. que picó tanto mi curiosidad que aproveché la oportunidad para visitar a su anciana madre. y la niña ya no vivió un solo minuto tranquila después de aquello: se despertaba sobresaltada a mitad de la noche y se ponía a gritar por las pesadillas. que él dormía en esa maldita alcoba interior y. -¿Qué pasó con eseNicholasSpaight? -pregunté yo. me pareció a mí-. y tendría unos ochenta años cuando se casó mi madre por primera vez. Siempre ha habido accidentes y muertes repentinas.aprestando. -Por lo que ha dicho usted del peligro de dormir en ese dormitorio -dije yo-. Pero si desean escucharla en otra ocasión. y a mi madre le falta ya poco para cumplir los ochenta. y decían que era el espíritu del viejo juez el que la atormentaba. y ella se ponía a aullar como una loca para que no se le acercara el viejo del cuello retorcido. Y nos contó una historia muy extraña. me gustaría contar ahora estas cosas. fue asustar a la pequeña hasta hacerla morir como hizo. que la Virgen nos bendiga. y nadie ha parado aquí mucho tiempo. -A nadie le ha ido bien aquí -dijo-. casi tocando el suelo. e hinchada como una morcilla. y luego en la tumba del camposanto de San Pedro. y lo peor que hizo el viejo malvado. -¿Qué? ¡Cómo voy a saberlo yo! -contestó-. Es lo que decía todo el mundo. -Bueno. pero mis dedos están ya cansados y lo dejo para otra ocasión. se la contaré lo mejor que pueda. pues era un viejo desalmado por todos los costados y el juez más cruel que ha pisado jamás suelo irlandés. lo que no tiene nada de extrañar. Pero sí sé que hace muchísimo tiempo. Mi madre dice que la pobre criatura era hija del ahorcado. y muy raras. ¡que Dios nos pille confesados!. Él tenía unos sesenta años. historias se cuentan bastantes. -¿Cuánto tiempo hace de eso? -pregunté yo. en realidad no hay mucho que contar -dijo. la cuerda con la que se ahorcó? La cuerda era de la hija del ama de llaves. pero los más ancianos estaban seguros de que había sido obra del viejo juez. Como él estaba más muerto que muerto. con la cabeza más negra que el azabache. ¿Y por qué no iban a contarse historias? ¿No fue en esa misma habitación donde durmió durante más de veinte años? ¿Y no fue en la recámara donde encontró la cuerda que acabó con su vida por fin. y los médicos dijeron que había sido por agua en el cerebro. no pudo decir lo que le había pasado. -Bueno. mi madre las conoce todas. ¡que la Virgen nos . no recuerdo el nombre. y de ahí lo metieron en el ataúd. con una pipa en la boca y sin ningún diente. eso fue lo único que pudieron decir.

la alquiló un curandero que se hacía pasar por un tal barón Duhlstorf. No sé en qué habitación dormía. al atravesar por última vez el umbral de aquella casa maldita. ahíto de vino. y ¿me creen si les digo que en medio de la noche le parece oír un ruido en las escaleras. Pues resulta que una mañana. »Algún tiempo después ocupó la casa una solterona rica. Y así salimos los tres juntos. Y ahora añadiré una cosa. como solía hacer de vez en cuando. Así pues. los que conocían la historia de esta vieja casa sabían muy bien qué era lo que le había pasado. una vez cumplida mi tarea. al acudir los criados temprano a la casa. sin que ella supiera decir cómo ni por qué. fue Micky Byrne el que ocupó la misma habitación. albergó a un empresario de pompas fúnebres. de acuerdo con la práctica inmemorial del mundo de la ficción. hasta que. sino también bastante fuera de este mundo. MISTERIO EN LA CASA DE LOS AZULEJOS . »Más tarde. pero. Ya les he contado mis aventuras y las deTom. No necesito decirles que lo que es el héroe novelesco de carne y hueso para el normal desenvolvimiento de la trama lo es también esta vieja casa de ladrillo. y tenía las ven-tanas del salón abarrotadas de botellas con horrores indescriptibles con-servados enbrandy.Byrne que los niños se ponían de pie en la cama por la noche. prendió fuego a las cortinas de la cama. y que no es otra que la siguiente: unos dos años después de ocurrir lo que nos pasó a mi amigo y a mí. como obligado por el deber. y ahora.. la encontraron sentada en las escaleras del corredor. madera y mortero para el humilde registro de este relato verídico. al final. completamente desquiciada. pero sí que vivía sola. Como entre las virtudes de aquel caba-llero no se contaba la sobriedad. y luego oyó un porrazo que retumbó por toda la casa. se lo aseguro.. cuando la casa se alquiló por habitaciones. pudieron sacarle una sola palabra que no fuera: "No me pidáis que me vaya. y desde entonces nadie. Luego añadió la criada: -Voy al callejón a decir aJoeGavvey que venga a recoger el resto de las cosas y se lo lleve todo a la nueva casa." Nunca consiguieron sacarle a quién se refería. les relataré. se quemó parcialmente él mismo e incendió por completo la casa. y lo encontraron tendido en las escaleras de abajo con el cuello partido. y que se asustaban y se ponían a gritar a cada hora. Y las últimas palabras queMrs. Ésta fue posteriormente reconstruida y. y achispado como estaba. por supuesto.junto con alguna que otra anécdota que ha servido para mejor ilustrar el relato.Byrne le oyó decir fueron: "¡Oh. en la que el héroe no sólo aparece a través de sus aventuras.así como de periódicos con los habituales anuncios grandilocuentes y engañabobos. les deseo que pasen una muy buena noche y que tengan unos sueños muy agradables. una noche. que le había dado un susto de muerte. una noche el pobre Micky cogió una borrachera. pues le he prometido esperarlo.bendiga!. tiritando y hablando sola. lo mismito que la hija pequeña del ama de llaves que había muerto. respirando de alivio. con su mujer y tres hijos pequeños. la catástrofe que final-mente sobrevino a la casa. y yo misma oí contar aMrs. va y no se le ocurre otra cosa que salir a ver qué pasa?. Dios mío!". ni siquiera sus mejores amigos. durante cierto tiempo.

Mervyn sea un librepensador. que unas veces escu-chaba embobada y otras se perdía hasta cinco minutos seguidos de su amable cháchara. -En nuestros días.Mervyn se había mudado a la vieja y embrujada Casa de los azulejos.hay personas que se llaman librepensadoras y no creen en nada. No es que Lilias necesitara ayuda. pues sabía que no tenía nada que temer mientras viera a la viejaSallysentada con su labor junto al fuego y oyera el ligero ruido que hacía su padre.Sally. si no lo es. así le habían contado desde niña. ora aminorando el ritmo para describir una escena de horror especial ora deteniéndose por completo -es decir.I La viejaSallysiempre ayudaba a su joven ama cuando ésta se prepa-raba para ir a la cama. la noche era gélida) y cuéntame otra vez lo que pasó en ese caserón. Lilias se había asomado a menudo al camino de entrada -corto. pero. como era su costumbre. pues poseía las virtudes de la limpieza y la diligenciay sólo molestaba a la buena ancia-na lo suficiente para que no se considerara un trasto inservible. cómo el jovenMr. sin que. al subirse a la silla. amedrentador y furtivo. sus-pendiendo su labor y mirando con misterioso asentimiento a su joven ama. yo no he dicho queMr.que creía a pie juntillas en aquellas histo-rias. -Y ahora que me encuentro a salvo en la cama. como si la vergüenzay la culpa la hubieran obligado a ocultarse entre los viejos y melancólicos olmos y las abundantes cicutas y ortigas.) La viejaSallyestaba contando a su joven ama. inexpli-cablemente. recto y herboso.con amable cadencia. arrancó a hablar -en aquel terreno en el que tan bien se desenvol-vía. a ver si consigues asustarme de verdad. MissLilly. pues no sé nada de él. que ya estaba acurrucada en su cama de columnas- . la buena ancianaSally.Sally.para divisar el viejo caserón. «allá en Ballyfermot». -Bueno. habían ocupado inquilinos misteriosos y había sido escenario de peligros preternaturales.que la casa a la que se ha ido a vivir ahora lo curará rápidamente del libre pensamiento. debe de ser una persona muy valiente y muy buena. mi querida viejecitaSally. el párroco. A su manera tranquila. Ésta se hallaba situada junto a un solitario recodo de la estrecha carretera.Sallyhablaba por los codos y conocía toda suerte de cuentos antiguos de aventuras y misterios que ayudaban a Lilias a dormirse placenteramente. ni siquiera en los fantasmas -dijo Lilias. -Pues le aseguro.atiza el fuego (aunque era la primera semana de mayo. si es cierto la mitad de lo que cuentan -contestóSally.te confieso que yo sentiría muchísimo miedo si tuviera que dormir allí -dijo Lilias con un pequeño estremecimiento mientras se representaba unos momentos la vieja mansión con su singu-lar aspecto maligno. que. nadie le hubiera advertido acerca de los arcanos peligros que allí le aguardaban. para alcanzar los libros de la estantería (tranqui-lizante prueba de que el afable y solícito guardián de la casa estaba des-pierto y atareado. Así.

Se topaba de repente con ellos en una revuelta del camino. Oliver. que había suspendi-do durante unos momentos. que iba sonriendo y brincando a su lado. pues nadie. y después otra vez a la ventana. dice el mayordomo. pues sus problemas se habían resuelto ya prácticamente. y la voz del conde. Y ¿no se acuerda del viejo Clinton. él era mozo de cuadra entonces -rea-nudóSallysu relato-. Prime-ro se callaba el viento. ni siquiera levantaron la cabeza cuando los saludó. y que esperaba estar de nuevo con ellos en el plazo de unos días. ¡vive Dios!». a las cinco o seis semanas de estar durmiendo allí. en la que le comunicaban que preparara sus cosas. y al no hacer ellos ningún amago de moverse ni de ir a abrir la puerta. ¡Caramba. los dora-das camuesos que asomaban entre las hojas iluminadas por los rayos del sol poniente y resultaban tan apetecibles a los escolares de Ballyfermot seguían intactos cuando resplandecía el sol matutino. y los dos miran primero a la ventana y luego el uno al otro. se atrevía a salir al huerto después de caer la noche.pidiera entrar.ora. se oyó un espantoso golpeteo a la ventana. ¿No era el viejo que cojeaba y llevaba una extraña pelu-ca negra? -Sí. dice también Clinton. perfecta-mente protegidos por el misterio de la noche. Cuando se hizo con el huerto. le contó cómo. ni joven ni viejo. como si el propio conde -que el pobre descanse en paz. grita desde el otro lado de la ventana: «¡Dejadme entrar. pero no oye ninguna respuesta. y luego prosiguió con su narración. se dice Clinton para sus adentros. junto al espeso grupo de árboles viejos. dejadme entrar!» «Es él». y mientras estaba leyendo. Prevención ésta que no se debía a ningún capricho. qué bien se acuerda! Aquello fue por una coz de uno de los caballos del conde. los perros que tenían entonces se pasaban toda la noche dando aullidos salvajes entre los árboles y arrastrándose junto a los muros de la casa. -La misma noche que le sobrevino la muerte en Londres. como si alguien estuviera tratando de abrirla por la fuerza. que no era otra que una dama vestida con capa y capucha. la carta que le habían mandado por correo aquel mismo día. Y la viuda Cresswell se encontró con ellos a la caída de la noche en la vereda del huerto y no supo de qué se trataba hasta que vio a los hombres intercambiarse mira-das inteligentes mientras ella contaba la historia. y no repararon en ella. caminando en silencio por entre los retorcidos troncos con un niño pequeño de la mano. cuando los vecinos arrendaron el huerto que lle-gaba hasta las ventanas de la parte trasera de la casa. el viejo mayordomo. como ambos imaginaron. Le daba mucho miedo el ruido que hacía su amo en la puerta cuando volvía tarde e iban él y el viejo Oliver a abrirle. y a lo mejor al mismo tiempo que la carta. dejadme entrar. Así que Clinton se dirige a la puerta de la casa y grita: « ¿Quién es?». y también un silbidoy unos golpecitos con el látigo en la ventana. eso es. como conteniendo la respiración. Oían de pronto los sollozos de los perros mientras arañaban la puerta de la casa. finalmen-te. Mick Daly escogió como lugar para dormir el desván encima de la cocina y juró que. que era muy leído. y se detenía creyendo que se trataba de alguna dama que había venido aquí por alguna razón. la cabeza inclinada y un dedo en los labios. aunque la mujer parecía caminar despacio y el niño no dejaba de tirarle de la mano. Esto ocurría sólo en las noches muy oscuras en que no había luna. ha dado la vuelta a la . como si estuviera escuchando el viento en el recinto embrujado de la casa de los azulejos. supercontentos y muertos de miedo a la vez. Así. y cómo les daba tanta pena que les entraban ganas de abrir la puerta y dejarlos entrar. y encima estaba cojo. el viento volvía a aullar de tal manera que parecía estar riendo y llorando a la vez. luego venían esos ruidos que tan bien conocían. El viejo Oliver tenía reuma en una rodilla. -A mí me contó aquello varias veces -dijo la viejaSally-. MissLilly? -Creo que sí. había visto por dos veces la misma escena. pero los forasteros pasaban raudos como la sombra de una nube. Aquí la viejaSallyreanudó sus labores de punto. bajando la voz en una especie de susurro narrativo cuando llegaba el momento critico. «Claro que es él. Tal vez. aunque poca necesidad había allí de perros. No. estaba oyendo leer a Clinton.

Y ya no vio nada más. A lo mejor ha sido un perro. y ella se da una vuelta en la cama para que sepa que hay alguien allí. le dice algo. y ella. con una mirada torva. pues sólo lo ha visto un instante con el rabillo del ojo. No ha podido ver hacia dónde ha ido. esgrimiendo la muleta a modo de arma. como si. suspirando. y que el lugar solía estar caliente. como. pero no oye ninguna respuesta ni ningún ruido fuera. Y así. «y quiere entrar sin ruido». »Después del susto que se había llevado con lo que había visto en el huerto. abría cajones y hablaba y suspiraba sin parar. y empezó a prestar atención a cosas en las que no había reparado antes. pero a partir de entonces nadie vivirá tranquilo en la casa. dice. si hacia arriba o hacia abajo. la muchacha que murió de lo que había visto. y entonces corre la tranca y abre la puerta. y luego la narradora salía sigilosamente en dirección de su aseada alcoba y de sus inocentes sueños.. deseando dormirse y preguntándose quién podría ser cuando de pronto entra un hombre apuesto con una especie de holgado chaqué de seda y sin peluca (sólo un gorro de terciopelo). «El amo está muerto». Pero lo que más la asustaba era que a veces encontraba una marca larga y derecha desde la cabeza hasta los pies de su cama. »Pero lo peor de todo era la pobreKittyHalpin. dice Clinton. alguien que tropezaba con cajas. y bien muerto que estaba. pero no le oigo bien".ella ve en su garganta un corte. Y Clinton cie-rra la puerta y se echa a temblar de miedo y vuelve con Oliver. siempre que entraba por una puerta la otra se cerraba rápidamente. y en esto que él alarga tanto el cuello que se le sale de la corbata y la cara se le queda vuelta hacia el techo.. que estaba encima del vestíbulo. quienquiera que fuera. la pobre. pero no dejaba de rezar pues algo le decía que no era eso. como si alguien quisiera impedirle que saliera deprisa. y ella se asusta muchísimo y dice: "Perdone su seño-ría. permane-cía sentada junto al fuego con la mano de su madre cogida. «Voy a abrir la puerta de todos modos». «tal vez por eso se ha ido por ahí». hasta que a la pobre le entró una fiebre muy fuerte y murió antes de que transcurrieran cinco semanas de aquello. y estremeciéndose con cualquier ruido. pensando que así se marchará. como las de un muñeco que intenta hablar. no está seguro. Dicho lo cual. por ejemplo. cuando iba al gran dormitorio del señor. « ¿Qué es? ¿Qué es?». y empieza a sentirse nervioso y vuelve a la puerta principal. pero no volvió a tomar bocado ni líquido nunca más. y -¡que Dios nos pille confesados!. pues conocían bien sus proble-mas. y se va hacia la ventana tranquilo y premioso.casa para llamar en la puerta trasera. mirando fijamente a Clinton. grita. llorando y temblando. que parece más blanco que la hoja blanca de la carta de su amo que está temblando entre su índice y pulgar. y ha entrado como si viviera en la casa. se dirige a la puer-ta trasera y vuelve a preguntar a gritos quién es. que se había vuelto casi tan pálido como él. hubiera salido de la habitación justo al entrar ella. como si la hubiera hecho alguna cosa pesada que había reposado allí. como otra boca completamente abierta que se está riendo de ella. la narración de la viejaSallyfluía como un río. Pero no ve allí ni hombre ni mujer ni niño ni caballo ni forma viviente alguna. o algo parecido. y mirando constantemente hacia atrás con el rabillo del ojo. Por la mañana acudió con su madre. al enterarse Jinny Cresswell de lo que había ocurrido podéis estar segura de que no se quedó allí más tiempo que el imprescindible. Su madre dijo que había pasado despierta toda la noche por unos pasos misteriosos que oía en la habitación conti-gua. pero en vez de marcharse se acerca a la cama y. sólo nota algo que se cuela subrepticiamente entre sus piernas. pero sigue sin recibir ninguna respuesta. sino que cayó desmayada en la cama. historia tras historia. pero sus palabras son espesas y raras. mientras Lilias caía en un sueño profundo. el mayor-domo. . « ¡Eh! ¿Me oye? ¿Quién está ahí?». pre-gunta el mayordomo.

cuando vio nada menos que una mano que se posaba sigilosamente en el alféizar de piedra. pues la consideraba persona veraz. contemplando el huerto. Las cosas extrañas y misteriosas no empezaron hasta un día de finales de agosto. le dijo que la casa estaba embrujada y que ningún criado viviría allí más de unas cuantas semanas y que. los que nuestros antepasados llamaban cuentos de invierno-. Lamento que la causa no se alargara al menos lo suficiente para que pasara a las actas del tribunal el relato auténtico e inexplicable que hace MissRebecca. que es realmente curiosa ade-más de idiosincrásica.yMrs. MissRebeccaChattesworth. blanca y algo regor-deta. según calculó. Aquel año. resolvió eximirlo. bellamente conformada. cuyas copias fueron entregadas al señor juez con el deseado efecto. Éste la amuebló y tapizó sin reparar en gastos. como si alguien agazapado tratara de trepar.Prosser llegaron allí a mediados de junio. Yo quería reproducir aquí toda la carta. y su padre fue entonces a ver alord Castlema-llard y le dijo sencillamente que no suscribía el contrato de arriendo porque en aquella casa ocurrían unas cosas extrañas y misteriosas que no podía explicar. LordCastlemallard presentó una denuncia en el registro de la pro-piedad para obligar al señor concejal Harper a cumplir lo pactado y abo-nar las mensualidades del arriendo.) La carta de esta vieja dama digna tal vez resulte demasiado larga. pequeña. en vez de abrirle expediente judicial. la cual había casado con un caballero apellidado Prosser. aunque yo confieso no tener ninguna. se produjo una extraña discusión entreMr. no sólo debería quedar eximido del pago del arriendo. aque-lla casa no estaba embrujada por meros rumores de la gente. de una persona de cierta edad. residente en la calle Mayor de Dublín.Mr.Prosser se hallaba sentada sola junto a la ventana del salón trasero.II Estoy seguro de que la joven se creía todo cuantoSallyle contaba. Para ser más claros. un misterio para cuya solución tal vez alguno de mis lectores pueda aportar una teoría personal. aunque al principio las considera san-deces. en una carta fechada a finales de otoño de 1753. y la señora imaginó que la mano era de uno de los bribones que habían participado en él. sino que además debían demoler aquella casa por constituir una amenaza y estar permanentemente habi-tada por seres mucho peores que malhechores ordinarios. . por lo que voy a ofrecer aquí sólo algunos extractos de la misma. pues. en su calidad de primo de la madre del joven heredero. Pero el concejal redactó un escrito. dijo que no podía seguir viviendo en aquella casa. y ésta. ylordCastlemallard. No se veía más que una mano. des-pués de lo que había sufrido allí la familia de su yerno. Sin embargo. hace una minuciosa y curiosa relación de cosas extrañas ocurridas en la casa de los azulejos. que va aumentando con las nuevas aportaciones que hace cada nuevo narrador. hacia la caída de la tarde. de unos cuarenta años. Aquello ocurrió dos semanas después de que tuviera lugar el horrible robo de Clondalkin. hacia el 24 de octubre. ha escuchado con especial interés y relata con suma minuciosidad. después de ver cómo su numerosa servidum-bre la iba abandonando paulatinamente. fábulas.Mrs. las cuales. pero mi editor se negó a ello (y creo que con razón. se había encargado de la administración de la finca en que se hallaba situada la casa de los azulejos. y no una mano joven. apoyado nada menos que por siete largas declaraciones juradas. quien. sino. El talAldermanHarper había tomado en alquiler esta casa para su hija. Pero todo aquello no valía más que lo que suele valer semejante cháchara -prodigios. Bajo las cenizas de aquellos relatos se escondía un pequeño rescoldo de verdad. AldermanHarper.

aunque con interrupciones. pues no sólo sus criados. Y todo ello en la parte trasera de la casa. sino que lo fue divulgando paulatinamente. con una especie de suave manoseo.Lanzó un grito de terror. sino que se limitó a preguntar quién andaba allí.Prosser era. la cocinera gritó y profirió una especie de jaculatoria. había llegado el momento de hacer algo. pero esta vez deslizándose lentamente por todo el cristal. Convencido como estaba de que todo aquello era una broma o una impostura. Aquella misma noche se oyó varias veces un apresurado aporreo en la ventana de la cocina. Al ver aquello. para exasperación del amo y terror de su mujer. Se procedió al punto a registrar el huerto. parece ser que vio la misma mano regordeta -aunque fina. Durante varias noches sucesivas estuvieron oyendo un tamborileo. que hurgaban el interior como intentando abrir algún pestillo. mientras la cocinera.Mr. al principio suave y luego más fuerte. sentados en el salón trasero (que por entonces utilizaban como cuarto de estar). pero no vio nada. la doncella inglesa. al ir a la despen-sa por el pequeño tazón de plata en el que servía el ponche de su ama y posar la vista en la pequeña ventana de cuatro cristales. pero no se descubrió nada que indicara que alguien había estado merodeando por la ventana. sino también la buenaMrs. en la puerta trasera. aunque el aporreo prosiguió en los cristales de la cocina. Durante todo aquel tiempo. Las mujeres se asustaron. notó como un golpetazo. Luego pasaron varios días y noches sin que ocurriera nada raro. la que daba al huerto. ade-más.junto a la ventana. y se empezó a creer que el problema había desaparecido. primero la punta y luego las dos primeras articulaciones. hacia las nueve y media.JaneEasterbrook. según sus propias palabras. En efecto. «una mujer honrada y sobria de unos sesenta años de edad». se encontraba sola en la cocina. durante casi dos horas. no hizo ulteriores pesquisas. observó. Al volver la doncella a la cocina. Esta vez la mano tardó varios segundos en retirarse. como ya saben. y no se atrevía a andar por las habitaciones después de anochecer si no era en compañía de otra persona. producido al parecer con los nudi-llos. y el criado. y. salpimentado de juramen-tos y amenazas contra el presunto conspirador doméstico. como si quisiera detectar alguna aspereza en su superficie. . ComoMr. Sin embargo. esperaba el momento oportuno para pillar al granuja in fraganti. cosa que lo asustó bastante. Pero no oyó nada más que el ruido de una mano deslizándose despacio por la hoja de la puerta. había una batería de macetas. «le dio un pasmo» y pasó todo el día siguiente en la cama. y a lo largo de todo el muro. como si se tratara de una señal clandestina. fue a abrir la puerta trasera. Pero la noche del 13 de septiembre. se oye-ron exactamente los mismos golpes en la puerta de entrada. se vieron turbados por repetidos golpeteos en la ventana. y una pre-sión como si alguien estuviera tratando de entrar por la fuerza. al cerrar. y la mano se fue retirando lentamente. Prosser había cedido a la histeria general: cada cual se recluía en la casa a partir del crepúsculo. se alargaron. se rió de los miedos de su familia y decidió dar caza perso-nalmente al fantasma. un rechoncho dedo blanco. Pero un martes por la noche. El criado no quiso abrirla. en un agujero practicado en el bastidor para instalar un cerrojo que cerrara el postigo. armado de un fusil. y otras tan fuertes y bruscos que parecía que se iba a quebrar el cristal. que. unas veces lentos y fur-tivos. un hombre bastante testarudo y bromista. Hacia la seis de la tarde del sábado. Convencimiento que no se guardó para él solo.Prosser.yMrs. según he oído. que deberían haber impedido la aproximación de cualquier intruso. justo debajo.

oyó unos golpes ligeros en la puerta de la casa. los mandó entrar de uno en uno y le hizo po-sar la palma de la mano sobre la mesa de marras para obtener así las hue-llas de todos los habitantes de la casa. Aquella sutil demostración dejó bien claro que. airado.Prosser fue a examinar la marca sin darle mayor importancia (pero. Por la mañana. su brazo sufrió un extraño tirón.Mr. «con la palma de la mano». quienquiera que fuera el propietario de dicha mano. hacia las doce y cuar-to de la noche oyó cómo la palma de una mano golpeaba primero suave-mente la puerta de su dormitorio y luego se deslizaba despacio por toda la hoja.Prosser. tras meterse un par de pistolas cargadas en los bolsillos del gabán. donde había «un armario metálico» junto a la despensa en el que guardaba sus «armas de fuego. como si una mano lo hubiera sujetado. incluidos él mismo y su mujer. y algunos medio locos. y la manera de llamar también era distinta.Prosser y se retiró a su dormitorio antes de la hora habitual. la mujer de la limpieza se quedó horrorizada al ver la huella de una mano en el polvo de la mesa del «saloncito» donde habían estado desempaquetando azulejos y otros objetos el día anterior. en el que tenía plena confianza. el «fallo final» fue que la impronta de aquella mano difería por completo de la de cada uno de los moradores de la casa y que se correspondía exac-tamente con la de la mano que habían vistoMrs. Los golpes eran suaves y regulares. pero no vio nada. Se sentía profundamente inquieto e igualmente convencido de que al abrir la puerta de entrada el intruso se había colado en la casa. dio a éste otro par de pistolas y.Prosser se levantó sobresaltado y. El importunador. su marido. fue a cerrar la puerta gritando: « ¿Quién está ahí?». y. espadas y cachiporras. más para tranquilizar a sus criados que por convencimiento personal). No dijo nada aMrs. se acercó a la puerta. Mr. avanzando sigilosamente con un garrote en ristre seguido del criado. no se encontraba ya fuera de la casa. se impacientó más aún y cambió su golpe-teo suave del principio por una serie de porrazos enfáticos y estentóreos. abrió la puerta con el bastón levantado. Todo transcurrió a gusto deMr. sin embargo. según supuso. A partir de entonces.Prosser dejó de reírse del miedo de su fami-lia y se mostró igual de reacio que los demás a hablar de aquel asunto. Dejando abierta la puerta del salón. Miró por todas partes. como juró después. El criado no vio ni notó nada. lo que permitía que se oyeran con total claridad.Prosser y el cocinero. sino bien instalado en algún rincón de su interior. Pero.» Llamó a su criado. y. Era la primera vez que se oía llamar de esta manera en esa parte de la casa. ni tampoco supo la razón por la que su amo había mirado hacia atrás con tanto nerviosismo y cerrado la puerta con tan tremendo portazo. . y notó que algo extraño pasaba bruscamente por debajo.» Per-maneció despierto un buen rato. que se hallaba en el salón.Mr. cuando iba abrir. lejos de asustarse de su proximidad. pero recibió como respuesta aquella misma rozadura en la puerta que tan bien conocía. No hacía nada de viento. donde «leyó un rato la Biblia y recitó sus oraciones.Prosser se dirigió con parsi-monia a la puerta. todos los moradores de aque-lla casa estaban muy nerviosos por lo de la mano. y una noche queMrs. Mr.Prosser se hallaba en el cuarto de los niños. Por entonces. Mr.Hacía una semana que no se oían golpes.Prosser. cambió repentinamente de parecer y retrocedió despacio en dirección de la cabecera de las escaleras de la cocina. La im-pronta del pie descalzo en la arena de la playa no asustó a Robinson Crusoe ni la mitad que aquello.

a excepción de la ropa que colgaba de las perchas de la pared. La volvió a cerrar y echó el pasador.Prosser la descubrió al mismo tiempo espiando la dirección de sus ojos. Descorrió la cortina y vio aMrs. y entre ellay la niñera la bajaron al dormitorio de los señores. la mano blanca y regordeta de siem-pre. según sus propias palabras. dondeMr.Prosser tendida en la cama."») Pero el suceso que al parecer desencadenó la crisis definitiva fue la extraña enfermedad de su primogénita. toda vez que él gozaba de un oído particularmente fino.Prosser rodeó la cama a tiempo para ver cómo la puerta del gabinete era cerrada por la misma mano blanca y rechoncha. que no se cerraba del todo. Por encima de la cuna de la niña había un dosele-te con unos treinta centímetros de fondo. acompañada de la niñera. la niñera descubrió la causa de los padeci-mientos de la criatura (yMrs. había visto «los terrores de la muerte». Y una noche. con el cabezal tocando a la puerta de un armario empotrado o aparador.Prosser. que aparecen debida-mente detallados en la extensa carta deRebecca. cerca de su cabeza y asomando justo entre las cortinas.Prosser se hallaba durmiendo. con la palma hacia abajo.eran unas pesadillas realmente espantosas. reculó bruscamente primero y luego lanzó con toda su fuerza el libro de cuentas contra las cortinas detrás de las cuales suponía que se ocultaba el propietario de aquella mano. llevaba asimismo bajo el brazo un librote de cuen-tas relacionadas con los negocios de su suegro.Prosser. Mr. una mesita de tocador y un espejo que miraba a las ventanas. y durante unos segundos creyó. algunos de los cuales. durante el cual. Abrió dicha puerta de un tirón y miró al interior. no se podía dormir en la cuna. sobre la almohada. y cerraron la puerta al entrar. pero. con la muñeca apoyada en la almohada y los dedos avanzando hacia la sien con un movimiento lento y ondulado. La singularidad de esta historia me parece a mí que . la rechoncha mano blanca. Víctima de un extraño paroxismo de terror. Observaron que la pequeña estaba más tranquila cuando la cogían en brazos y que. con la ayuda de todos los criados. presa de pánico. Ésta se retrajo hábilmente entre las cortinas yMr. en frase del marido (y tíaRebeccaañade: «según le oí decir a ella misma. La madre profi-rió un grito y sacó inmediatamente a la criatura de la cuna. avanzaba hacia la cabeza de la niña. según el creyó muerta. y. La cuna se hallaba colocada longitudinalmente a la pared. oyeron un suave golpeteo en la puerta.Prosser a cerrar la puerta de la alcoba.» Luego tocó la campanilla y. con la cara lívida y cubierta de escarcha.) Vieron cómo.Mrs. pero baste con esto. que bajaba hasta unos veinti-cinco centímetros de la almohada en la que reposaba su cabecita. pero el gabinete estaba vacío. Mrs. y los médicos dictaminaron que el mal se debía a principios de agua en el cerebro. Hubo muchas más cosas. se extrañó de que no se oyera absolutamente nada en la habi-tación. consiguió queMrs. y escudada por la sombra del doselete. asomando por la abertura del armario empotrado. al irMr. se ponía enseguida a gri-tar aterrorizada. ni siquiera la respiración de su mujer. a los pocos segundos.Prosser empezó a verse turbada por unos extraños y horribles sueños. a juzgar por su aspecto.Aquella misma noche.Prosser se recupe-rara de aquel «trance». una niña de dos años y medio. Finalmente. Había una vela ardiendo en la mesita de noche además de la que él portaba en la mano. lo cual le pareció tanto más inexplicable por cuanto sabía que ésta se hallaba acostada. «que iba a enloquecer. se pasaba en vela todas las noches junto a la cuna de la pequeña. su marido podría haber agregado: "Y también los terrores del infierno. si la volvían a dejar en la cuna.

. visión que se había quedado grabada en su memoria con la misma fuerza que el atuendo y las facciones del retrato de su padre. sustraerse a la vista. por alguna hábil arti-maña. el cual nos contó a todos de manera muy concisa la historia de su primo. y ya saben: a la gente en general. siempre que se sentía enfer-mo. y no es que se tratara de una mano separada de su cuerpo. sino simplemente de una mano que se manifestada de tal manera que su propietario conseguía siempre. y un rostro sensual. y destacó el horror y la angustia tan terribles con que su primo. tras dejar atrás las colinas de Killaloe a la izquierda.estriba en que describe el fantasma de una mano. La persona a la que perteneciera dicha mano no apareció nunca. Espero que el lector me perdone por haberme alargado tanto con la historia de la casa de los azulejos. y. El que viaja deLimericka Dublín. cuando el monte Keeperse yergue a su vista. como llaman enMunstera los más prósperos de los labriegos. a medio camino entre las montañas y la carretera de Dublín. mientras desayunaba en el colegio universitario. siendo niño. le gusta hablar y hablar de lo que más le interesa. En el año de 1819. tuve ocasión de conocer aMr. se va viendo gradualmente rodeado. y especialmente a la de cierta edad. y nada más. se veía constantemente constreñido a mencionarla. a lo largo de toda su vida. que tenía una peluca de muchos bucles. cuyo carácter agreste y melancólico alivia algún que otro seto desparramado. Mr. a la derecha. que tenía delante todos los días a la hora de desayunar. Pero este ancestral relato popular siempre ha tenido un encanto especial para mí. individualizada y persistente. comer y cenar. Uno de los pocos habitáculos humanos que proyectan hacia lo alto sus columnas de humo de turba en medio de esta llanura solitaria es el construido con tierra y de techumbre malamente cubierta de paja de un «granjero duro». por una cadena de colinas más bajas. En medio se extiende una llanura ondulada que se va hun-diendo paulatinamente hasta un nivel inferior al del camino. James Prosser. y durante muchas generaciones ha dado cobijo a una familia de apellido Donovan. con el pelo cano y recogido en una coleta-. Prosser -un anciano delgado y grave. malicioso y desagradable plagado de arru-gas. Se asienta en medio de un racimo de árboles junto al borde de un riachuelo serpenteante. había dormido durante cierto tiempo en el que. según su madre. era el cuarto embrujado de un caserón cerca de Chapelizod. agotado por el trabajo o con algún tipo de fiebre. EL GATO BLANCO DE DRUMGUNNIOL ¡Quién no ha oído contar de niño la famosa historia de la gata blan-ca! Pero yo voy a contar aquí la historia de un gato blanco muy distinta a la de la amable y encantada princesa que tomó este disfraz durante una temporada. se había visto atormentado por la visión de cierto caballero regordete y pálido. aunque bastante locuaz. El gato blanco del que voy a hablar es un animal mucho más siniestro. de quien hablaba en pasado como «el pobre Jemmie». Éste.Prosser citó aquello como un caso especial de pesadilla monóto-na. un traje de encaje lleno de botones y pliegues. olvidando a menudo que los demás podrían aburrirse.

como si le sirviera de guía. me contó. con una línea de rocas grises y racimos de robles enanos o abedu-les. pensando en las escenas heroi-cas que acababa de leer.que intentaré repetir aquí. atravesar la laguna sobre su superficie y pasar. que jamás he encontrado en mi vida a una persona más sencilla y más de fiar. la solitaria cadena de colinas cubiertas de aliaga y bre-zales. después de la habitual panzada de lectura. Estuve a punto de perder el conocimiento de puro terror. aquel escenario coadyuva-ba a sintonizar una mente soñadora como la del honrado Dan Donovan con la superstición. como yo había esperado. Se encuentra en una vaguada limitada al norte por el viejo huerto. cubierta por doquier de nieve. o una mente cualquiera con las ilusiones de la fanta-sía. testigo de los trabajos de una raza ya pasada. y supongo que la índole especial de mi estudio debió de estimular su amor patrio. La impresión general de soledad hacía de todo aquello un escenario ideal para un relato salvaje y sobrenatural. Su itinerario en línea recta la habría hecho pasar -haciendo abstracción de la laguna. Descubrí que había estudiado con una beca en elTrinity Collegede Dublín. y recuerdo cada detalle como si hubiera ocurri-do ahora mismo. Dono-van. Fue él quien me contó estahisto-ria. me recomendaron a un talMr. haciendo barrera. y tras preguntar por algún profesor capaz de ins-truirme en la lengua irlandesa. Cuando era niño. Ni siquiera ahora. Pues he aquí que. con sus mismas palabras. donde la perdí de vista. Iba atravesando diagonalmenteel vasto campo con paso regular. un lugar solitario de-lo más apropiado para estudiar con tranquilidad. o en la melancólica belleza de una puesta de sol otoñal. en vez de dete-nerse al borde de la laguna. Llevaba un vestido gris claro y muy largo. Al acercarse noté que iba descalza y parecía ir mirando a un punto fijo. La figura atravesó una abertura que había en el ángulo más alejado del campo. y que aún ocupa su antiguo emplazamiento en la esquina del granero. El horror que me había producido la aparición en aquel campo fue tal que ya no volví nunca más a aquel lugar. no obstante. inofensivo y muy instruido. cerca de allí. Estaba tan despierto como lo estoy ahoramismo. de la manera más fiel posible. Yo imaginaba perfectamente cómo. y vi a una mujer que asomaba por un extremo del huerto y empezaba a bajar la cuesta. Es cierto. a la distancia aproximada que yo había calculado. tanto que parecía acariciar la hierba bajo sus pies. la torre desmo-chada cubierta de hiedra.a unos diez metros más abajo de donde yo estaba sentado. personaje soñador. con la misma claridad como lo veo a usted. me cansé final-mente y me puse a mirar a mi alrededor. a ciento cin-cuenta pasos de distancia. pues me confió muchos pensamientos suyos largo tiempo callados y muchos recuerdos de su terruño y de sus primeros años. Apenas tenía fuerzas para volver a casa y estaba tan asustado que durante tres semanas permanecí recluido en casa sin poder estar solo ni siquiera un minuto. Un día. al parecer sin verme. después de tantos . la manera como iba vestida me resultó tan singular en aquella parte del mundo donde el atavío femenino estaba perfectamente reglamentado por la tradiciónque no pude quitarle los ojos de encima. Yo tenía sólo trece años entonces.Lejos de allí. visto en el gris de una mañana invernal. y. Ahora se ganaba la vida dando clases. señor. o en el gélido esplendor de una noche de plenilunio. solía llevarme laHistoria romana deGoldsmitha mi lugar favorito. que doscientos años atrás había servido de refugio contra agresores y bandidos. similar a lo que en Inglaterra he oído llamar lago alpino. Yo he visto muchas veces esa antigua y singular granja de labriegos: su huerto de inmensos manzanos cubiertos de musgo. una piedra lisa situada cabe un espino junto a una laguna bastante profunda. deseoso de estudiar varios legajos irlandeses que habían caído en mis manos. y vivía en Drumgunniol. el seto. el perfil oscuro y dominante del viejo torreón al fondo. y así la vi. tan frondoso. prosiguió como si el agua no fuera obstáculo.

Las vacas se han vendido bien. pues me encan-taba aquel tipo de vigilias. pues él venía a caballo y nos había dicho que se pararía a verlos marchar y luego vendría corriendo a casa. -Bueno. muy pocos chicos de mi edad habrían podido decir del suyo. . tras acariciarla de nuevo. se volvió hacia mí. y él me cogió en sus brazos y me besó. Procuraré contárselo a ustedes de la mejor manera posible. o cual-quier otra cosa que te pueda preocupar. cumplidos ya los catorce años -es decir. y dime si hay alguna otra novedad. con una fatalidad singular que durante casi ocho años se ensañó con nuestra familia. gracias a Dios. pálido y triste. Lo cual no significa que no se tomara su vaso de whisky como todo hijo de vecino. que estaba tirándole de la mano. querida -contestó él. mujer. Recuerdo la noche en que. y luego rodeó con los brazos el cuello de su mujer y la besó tiernamente. Meehal -dijo ella besándolo cariñosamente. Ella obedeció. Yo era pequeño y ligero para mi edad. y. nos encontrábamos esperando a que volviera a casa mi padre de la feria de Killaloe. Mi madre y yo estábamos sentados junto a la chimenea charlando y vigilando que la cena de mi padre se mantuviera caliente en el fuego. Todo anda bastante bien. Pero aquella noche tenía un aspecto deprimido. Aquella aparición la relacioné enseguida con un acontecimiento misterioso o. se habían retirado ya a descansar. y él. -Que Dios te bendiga.Molly. las dejó junto a la pared. nada. cuando había feria o mercado. No es ninguna fantasía mía. vol-vía a casa algo alegre y achispado y con las mejillas arreboladas. y mi madre se levantó a abrirle. Mis hermanos y hermanas. Todo el mundo de esta comarca sabe perfectamente a qué me estoy refi-riendo (y todo el mundo relacionó entonces con eso mismo lo que yo había visto). Mick. así como los cria-dos de la granja. que estaba ponién-dose nerviosa-. -Bienvenido a casa. y lo mismo las demás cosas. cosa que. Sabíamos que volvería antes que los mozos que traían el ganado.años. si se quiere. con mis brazos aún en su cue-llo. se dirigió hacia la lumbre y se sentó en un taburete con los pies extendidos hacia la turba candente y las manos apoyadas en las rodillas. Y. querido -dijo mi madre. Me había quedado acompañando a mi madre. Mick. Por fin oímos su vozy sus enérgicos golpes en la puerta. tesoro. bajándome con aire muy deprimido. -No. si es así. y no hay ningún problema entre el amo y yo. un año después de la referida visión en el campo de la laguna-.entonces. salvo los hombres que volvían de la feria con el rebaño. Yo no creo haber visto nunca a mi padre borracho. cerca de la puerta. mira esa cena caliente que te está esperando y atácala. Entró con la montura y las bridas en la mano.Mickey. dijo a mi madre: -Echa el cerrojo. se me ocurriría pasar por allí. -Alegra esa cara. y. y cuéntame si se ha vendido bien el ganado y todo ha salido bien en la feria o si has tenido algún problema con el amo. celoso de su atención. en toda la comarca.

y con ganas de llorar. de repen-te tan páliday d escompuesta como mi padre. He visto al gato blanco. si es que a eso se le puede llamar un gato y no otra cosa peor. padre -dije yo-.. Tenía el rostro húmedo y reluciente por los sudores del miedo. Mira.. tras hacer la señal de la cruz. Bueno. recordé que los mozos iban por el camino con el ganado y que nadie cuidaría del caballo si no lo hacía yo.no voy a andarme con misterios contigo. Mi madre se había dejado vencer por el pánico y estaba rezando de nuevo. con tu mujer levantada y todo lo demás? -le regañó mi madre. mi madre se apoyó en él. -Nada de color blanco ha llegado hasta la puerta conmigo ¿verdad? -repitió. que se me acerca dispuesto. y luego se pasó su mano grande por la frente una o dos veces. Yo estaba también terriblemente asustado. y así un rato. pues a lo mejor me queda ya poco tiempo de estar aquí.. -Nada. y. Bueno. tratando de repo-nerse.y no tengo ganas -contestó. como el animal estaba muy tranquilo. y exhaló un fuer-te suspiro. mirándome todo el tiempo con sus ojos centelleantes. con aspecto muy apurado. a restregarse el lomo contra mis espinillas. -No ha sido ninguna rata ni ningún conejo. en voz baja y con la vista fija en el fuego. y juraría que lo oí aullar al pegarse a mí -tan pegado como estamos nosotros dos. Así que te diré lo que ha pasado. empezó a murmurar para sí.hasta que conseguí llegar aquí y llamé a la . No irás a decirme que confundo una rata y un conejo con un gato blanco grande con unos ojos verdes más grandes que platos y el lomo arqueado como un puente. el cual.Molly. lo conduje fácilmente por todo el camino. si me quedo quieto. -Mejor -dijo mi padre. ¿verdad? -dijo en voz muy baja volviéndose hacia mí. Dando a mi padre una palmada en el hombro para animarlo un poco. en realidad ha ocurrido algo que me ha quitado las ganas de tomar nada. y a lo mejor a saltarme al cuello y pegarme un mordisco.-Ya he cenado en el camino.y luego. Me han dicho que el domingo pasado cayó en una trampa un conejo blanco en el bosque de Grady. -No ha entrado en casa nada conmigo. y que Teigue vio ayer una gran rata blanca en el granero.. -¡Que el Señor se apiade de nosotros! -exclamó mi madre.. lo besó y luego se echó a llorar. Fue al volverme. y después a un lado y luego al otro.. así que pensé que podía dejarlo en el campo de abajo. -Has interpretado mal lo que he dicho -repuso mi padre-.cuando lo vi aparecer por detrás de la hierba que hay junto al camino y ponerse primero delante de mí y luego detrás. agregó con una risita-: ¡Eh! Seguro que es una broma que me estás gastando. Mi madre esperó un rato a que terminara su plegaria y luego le pre-guntó dónde lo había visto por primera vez. Mi padre terminó su relato.Molly. -Cuando subía por la vereda. Yo sabía que estaba recitando sus oraciones. que pareció más bien un gemido. pues sabía lo que significaba la aparición del gato blanco. nada más que la montura y las riendas que traías en la mano. Él le apretujó las manos. después de dejarlo -me había llevado conmigo la montura y las riendas. -Nada -contesté nuevamente. -¿Que has cenado en el camino sabiendo que te esperábamos en casa.

LosColemanno eran ricos. Acabó casándose con una joven de los Collopy que tenía una gran fortuna: veinticuatro vacas.Según me han con-tado. Connor Donovan. Una semana después. y quería triunfar en el mundo. Los años del hambre acarrearon grandes cambios. Yo hablé hace tiempo con muchas personas ancianas que recordaban con nitidez todo lo relacionado con este caso. a todos los miembros de esta fa-milia de labriegos. Le habría gustado tener hijos. pero al ser ella tan hermosa podía esperarse hacer un buen casamiento. más. Una noche. con estaMaryCollopy. un aviso de su muerte inminente. y fue ésta la única cruz que tuvo que llevar. pero al final no cumplió su palabra.. En aquella época vivía en las montañas. por el movimiento de sus labios comprendí que estaba rezando. de lo que convenía a su alma. y deduje que era por el des-canso de aquella alma desaparecida. me temo. finalmente. peor casamiento que el suyo. como habéis oído. ¿Ochenta años? Bueno. Se llamabaEllen Coleman. con un terrible presentimiento? Sencillamente por-que todos y cada uno de nosotros sabíamos que mi padre había recibido. Aquel mal fario no había fallado nunca hasta entonces. ni el padre de mi padre. Pero aquello no le quitó el sueño al inhumano labriego. imposible.puerta. Pero el dinero no ablanda un corazón duro. Se había cansado de ella. pero no tuvo ninguno. mi padre cogió una fiebre que se había propagado y murió antes de un mes. ¡que Dios le haya perdonado!. Fue la his-toria de siempre. y. pues. Mi buen amigo Dan Donovan hizo una pausa. noventa años sería más exacto. por desgracia.la veía a veces en los mercados y fiestas patronales. Tam-bién bebía lo suyo y maldecíay blasfemaba cuando se enfadaba. ya no queda allí ningúnColeman. Pero. como era de suponer. y se hizo todavía más rico. mi tío abuelo era un hombre cruel. Y no falló tampoco esta vez. Pues bien.. Un riachuelo atravesaba entonces la carretera -habían construido un puente hacía poco en aquel punto. pues todo lo demás le salía a pedir de boca. pues tomó en arriendo Balraghan durante unos años e hizo mucho dinero. y este tipo de personas suelen ser crueles de corazón. setenta ovejas y ciento veinte cabras. y estaba casi siempre seco en . amén de libertino. según me contaron-. Con Donovan -mi tío abuelo. Se casó. una bonita muchacha de la familia de losColeman. en aquel encuentro con el gato blanco. Ocurrió de la siguiente manera: Mi tío abuelo. YEllen Colemanmurió con el corazón destrozado. no lejos de Capper Cullen. a mi madre. Poco después reanudó su relato. a mí mismo y. volvía de la feria de Negagh. Era más rico de lo que nunca llegaría a ser mi padre.y es probable que esta familia se haya extinguido. Pero se portó mal con ella: le prometió el matrimonio y la convenció para que se fuera con él. ¿por qué una circunstancia tan simple agitaba a mi padre. Hace ya ochenta años que esta maldición anda asociada con mi familia. y se enamoró de ella. era en aquel tiempo propietario de la vieja granja de Drumgunniol.

el animal. y encontrarse así a unos doscientos metros de su puerta. pero aseguró que no había reconocido la cara de la figura que había visto en la abertura. Vol-vió a montarlo. alcan-zó la puerta en un santiamén. estornudó y le entró un terrible ataque de temblor.y mandó llamar enseguida al sacerdo-te. Al acercarse a la «abertura». Contó lo que le había pasado. Podría haberlo divulgado con total franqueza. lo hizo bajar hasta el lecho con la intención de franquear la abertura que había en el otro extremo. repitió su historia. según él mismo describió. Su mujer no sabía qué pensar. Por supuesto. Mi tío abuelo le gritó y lo espoleó en vano. sobre todo porque no le encontraba ninguna explicación. cabe el roble. y taburetes para las personas que quisieran entrar. que la gente utilizaba entonces como atajo para llegar hasta la casa. Como aquella noche había luna. Cuando lo llevaron a su cama vieron claramente las marcas de cinco uñas en la piel de su espalda. dado que pasaba. De repente. presa de terror. La puerta. Había luna llena y mi tío esta-ba muy enojado por la resistencia del animal. aunque estaba segura de que algo muy malo le había ocurrido. Por alguna razón. como les he dicho. mi tío abuelo entró. Se bajó para llevarlo de las riendas. pero que no podía decir con seguridad qué era exactamente ya que se movía a lo largo del seto y desapareció en el punto hacia el cual él se estaba dirigiendo. seguía aterrorizado y persistía en su obstinación. y con la caída de las primeras hojas del otoño murió. perdió la poca paciencia que le quedaba y. pero el animal reculó. mi tío abuelo dirigió su caballo hacia aquel riachuelo seco y. aunque un tanto a su manera. Al alcanzar la abertura. mi tío abuelo no volvió a recuperarse. . pipas y tabaco sobre la mesa. al pasar bajo el amplio ramaje del roble. Cuando se hubo recuperado lo suficiente para poder hablar -aunque como quien se encuentra en su última hora. permaneció abierta. cuando hubo alcanzado los dos fresnos junto a la granja. el caballo se paró en seco. Estuvo hablando un buen rato -con el sacerdote. Desde aquel momento. deslizándose lentamente por el terreno en la misma dirección y dando de vez en cuando unos pequeños saltos. hacía las veces de carretera. le asestó un fuerte golpe en la espalda que le hizo dar con la cabeza sobre el cuello del caballo. taciturno y atribulado. Era el principio del verano. hubo velatorio. vio claramente. con el corazón apesadum-brado y la conciencia intranquila-. pues todo el vecindario sabía de sobra que era el rostro de la muertaEllen Colemanel que había visto. Pero. por alguna razón especial. vio. tenían el color de un cuerpo alcanzado por un rayoquedaron grabadas en su carne y le acompaña-ron a la tumba. el caballo se puso en movimiento de un arreón. mientras la puerta permanecía abierta para la recepción. a una mujer a la orilla del lago con el brazo extendido. cerca de la vieja granja de Drumgunniol. como correspondía a un labriego tan importante y acaudalado. la cual. donde se había abatido el golpe espectral. donde permaneció inmóvil. Lo encontraba muy débily enfermo. empleando con saña el látigo y las espuelas. Cuando estaba seco. junto a él. al verse tan cerca de la casa. o creyó ver. Aquella marcas extrañas -según decían. una disposición distinta: el cadáver se colocó en una pequeña habitación que daba a la más grande. Había candelabros alrededor de la cama. a pesar de las caricias y latigazos de su amo. Pero nadie lo creyó. La práctica corriente es colocar el cuerpo en el gran salón de la casa. Ciertamente tenía un secreto que contar. con pocas revueltas. En este caso particular se siguió. al pasar a su lado. los preparativos de la cere-monia fueron algo diferentes de lo habitual.verano. Más muerto que vivo. una cosa blanca que. durante el velatorio. no era mayor que su sombrero. irrumpió en maldiciones y blasfemias. y Con Donovan. Se vol-vió un hombre asustado. todo él tem-blando y echando vapor.

como una cerilla. Todos se estaban santiguando.Molly. sosteniendo la vela en alto para ver mejor la habita-ción. -Dadle una vela -convinieron todos.Doolan. al acercarse a la cama una de las mujeres a coger una silla que había dejado al lado. que centelleaban a la luz de la luna! -¡Hala. lo que es más. Que alguien lo saque de ahí ahora mismo. de la manera sobrenatural antes descrita. cogida con los dedos. o manto. ¿Quién de vosotros ha dejado entrar ese gato aquí. que no era un . lo he visto -insistióMolly-. que iba rezando todo lo deprisa que se lo permitían los labios y encabezaba el grupo con una vela de sebo. con los ojos más grandes que platos de peltre. con el rostro demudado. Después del crepúsculo. por todos los santos del cielo -dijo la vieja Sal Doolan. por lo que la largaMrs. anda! Eso es lo que has imaginado al entrar en la habitación oscura. ¡El amo de la casa. échese atrás! -exclamó des-pavorida la mujer que estaba cerca de ella cogiéndola repentinamente por el vestido. -¡Eh. Tú estás chiflada. sin luz. ésta se aventuró en el interior. y de quien es? -preguntó mirando con rece-lo al gato blanco que se había acomodado sobre el pecho del cadáver. -Sandeces. mirando fijamente a la cama que ahora se veía perfectamente. se paró en seco. Pero. una vez que hubo recuperado el habla. a pesar de sus comentarios anteriores. mujer de Dios? -dijo una de sus compañeras. pero nunca había visto nada semejante.Y. -¡Shhh! ¿Queréis callaros? -exclamó la cabecilla perentoriamente-. y. casi podría jurar que he visto también que sacaba tres veces el brazo de la cama y lo arrastraba por el suelo para agarrarme por los pies.Doolan no corrió ningún peligro de tropezar con ella al entrar. salió de la habitación con un grito. no había ni uno de ellos que no pareciera pálido y asustado mientras seguían aMrs. -¡Sacadlo de ahí ahora mismo. musitando sus conje-turas y aprensiones sobre la naturaleza de aquel bicho. una mujer delgada y tiesa. y tirando con fuerza de ella mientras todos los que la seguían retrocedían alarmados por su vacilación. Pero no había avanzado más que unos pasos con la vela en alto cuando. pero sin que nadie pareciera dis-puesto a ejecutarla. dijo: -¡Que me muera ahora mismo si no tenía la cabeza levantada y esta-ba mirando fijamente a la puerta. Con el ruido que estáis haciendo no oigo nada. -¡Que Dios nos bendiga!¡Mrs. qué dices.Doolan.Una vez amortajado el cadáver. vamos! -ordenó horrorizada ante semejante profanación-. mujer! Tú estás chiflada -dijo uno de los mozos de la granja. y rodeada por un auditorio boquiabierto. Si la mano de mi tío abuelo había estado extendida por el suelo. tal y como la despavorida muchacha la había dejado. En los años que llevo vividos he amortajado a muchas personas. lo dejaron solo en esta pequeña estancia mientras hacían los preparativos para el velatorio. ¿Por qué no cogiste una vela. La puerta estaba medio abierta. ¿Para qué puede querer él un pie tuyo? -exclamó uno desdeñosamente. como un demonio! Que Dios me perdone por mentar al maligno en esta habitación. -Con vela o sin vela. ¡vamos! Cada cual retransmitió la orden. sin duda éste la había recogido bajo el lienzo que lo cubría.no sigas hablando. con semejante bestia encima. -Que alguien me dé una vela. que sabía rezar casi como un sacerdote.

siempre que alguien entraba en la habitación veía al gato encima del cadáver. cerrando bien la puerta tras ellos. . Pero hay una diferen-cia. Y el que haya adoptado la forma de gato -el más frío y. el fantasma mantiene una relación de afecto hacia la familia afligida a la que está hereditariamente asociada. por muchas precauciones que toma-ran. como si no hubiera sido molestado en ningún momen-to. el gato se colocó sobre el cojín que había junto a la cabeza del cadáver y. Y así prosiguió para estupor y terror del vecindario. mientras que este bicho es claramente sospechoso de malignidad. y ponerse a maullar a su oído. así como su libro de oraciones y rosarios. y.Doolan lo oía maullar a sus talones donde quiera que iba. El día antes de que mi tío Teigue perdiera la vida por la explosión de su fusil. ya he acabado con él. sólo que algunos dijeron después haber visto al gato escondido debajo de una gran caja que había en un rincón de una habitación exte-rior. se pusieron finalmente a buscar bajo la cama. si no exactamente igual. Pero el gato ya no estaba allí. sobre el pecho del hombre muerto. el más vengativo de los brutos. cerraron bien la puerta con cerrojo y candado. con semejante resulta-do. el gato se le apareció. Cuando a mi abuelo le llegó la hora de la muerte. lo que la hacía saltar con un grito y una plegaria. De nuevo se reprodujo casi la misma escena. al mirar a su alrededor bajo los ramajes del viejo huerto. Rezando y santiguándose. el gato estaba allí acompañándolo fatídicamente. Y el monaguillo. Así. y transcurrió un buen rato antes de que los más temerarios se atrevieran a echar otro furtivo vistazo. lo ocultó a la vista. vio a un gato blanco sentado debajo de la pequeña ventana del cuarto donde yacía el cuerpo de mi tío abuelo mirando fijamente a los cuatro pequeños cristales cual gato que ojea a un pájaro. donde mi tío abuelo guardaba su contrato de arrendamiento y demás papeles.es bastante indi-cativo del tenor de su visita. Es sencillamente el mensajero de la muerte. Generalmente. Ningún fantasma se ha asociado nunca tan indisolublemente a una familia como esta nefasta aparición a la mía. En resumidas cuentas. sobre el pecho del muer-to. Pero. al abrir la puerta encontraron el gato blanco sentado.gato de la casa ni nadie había visto nunca. que a modo de cobertor bajaba casi hasta el suelo. Mrs. lo oía saltar sobre el respaldo de su sillón cuando ella se sentaba. convencida de que el bicho iba a morderle en el cuello. horcas y otros aperos por el estilo. maullando despacio pero feroz-mente conforme se acercaba. se le apareció al atardecer. Una vez muerto mi tío abuelo. El gato blanco seguía sentado donde antes. fue deslizándose lentamente a lo largo del cuerpo exánime hacia ellos. pero ahora saltó tranquilamente por un lado de la cama y desapare-ció por debajo de ésta. según dicen. tras lanzar una mirada torva a todos los presentes. «zarzos». el lienzo. De repente. a la mañana siguiente. aunque no lo veía. sí de manera muy parecida a como se le había aparecido a mi padre. siempre que dejaban solo al hombre muerto. armados de palas. Todos salieron a empellones de la estancia en medio de una espantosa confusión. y enterrado con todas las debidas ceremonias. aunque él parecía estar bien en aquella época. y. y sin olvidarse de echar agua bendita. hasta que la puerta se abrió finalmente para el velatorio. y dedu-jeron que se había escabullido entre sus piernas mientras estaban en el umbral. Pero no he acabado aún con el gato blanco.

De vuelta del velatorio. sólo un mes después. donde lo perdió de vista. No se explicaba cómo se le había acercado. el animal seguía dando vueltas a su alrededor. a las dos o las tres de la madrugada. Mi hermano pequeñoJimlo vio también tres semanas antes de morir. La pobre murió también. hasta que llegó al huerto. pero el hecho es que lo vio de repente cerca de sus pies. ella estuvo a punto de desmayarse aunque logró llegar hasta la puerta de la casa. donde el gato se encaramó al espino blanco que hay allí y desapareció de su vista. en el campo en el que yo vi a la mujer caminando por el agua. y no había ningún escondite alrededor. como ya les he contado. .junto a la laguna. hiciera lo que hiciera mi tío.vino a Drumgunniol para asistir al funeral de un primo que había muerto a dos kilómetros de allí. o enferma de muerte. cerca de Oolah. a la hora del atardecer. en Drumgunniol. Cada miembro de nuestra familia que muere. con la cola nerviosamente arqueada y un verde amenazador en los ojos. al atrave-sar la cerca de la granja de Drumgunniol. La hierba es baja allí. que se puso a su lado. Mi tío se hallaba lavando el cañón de su fusil en el lago. e. ve antes fatídicamente al gato blanco y sabe que ya le quedan pocos días de vida. unas veces grandes y otras más pequeñas. Mi pobre tíaPeg-que se casó con un O'Brian. vio al gato blanco.

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