La habitación del “Dragón Volador”y otros cuentos de terror y misterio

J. Sheridan Le Fanu

La habitación del “Dragón Volador”y otros cuentos de terror y misterio Prólogo LA HABITACIÓN DEL “DRAGÓN VOLADOR” PRÓLOGO CAPÍTULO PRIMERO - En ruta CAPITULO II - El patio de la BelleÉtoile CAPÍTULO III - Desposorios de Muerte y Amor CAPÍTULO IV -MonsieurDroqville CAPÍTULO V - Cena en la BelleÉtoile CAPÍTULO VI - Un sable desenvainado CAPÍTULO VII - La rosa blanca CAPÍTULO VIII - Una visita de tres minutos CAPITULO IX - Chismes y consejos CAPÍTULO X - El velo negro CAPÍTULO XI - El Dragón Volador CAPÍTULO XII - El mago CAPÍTULO XIII - El oráculo me cuenta cosas maravillosas CAPÍTULO XIV -Mademoisellede la Vallière CAPITULO XV - Extraña historia del Dragón Volador

CAPÍTULO XVI - El parque del castillo de la Carque CAPÍTULO XVII - El ocupante del palanquín CAPÍTULO XVIII - El camposanto CAPITULO XIX - La llave CAPÍTULO XX - Una cofia peraltada CAPÍTULO XXI - Veo a tres hombres en un espejo CAPÍTULO XXII - Embeleso CAPÍTULO XXIII - Una taza de café CAPÍTULO XXIV - Esperanza CAPÍTULO XXV - Desesperación CAPÍTULO XXVI - Catástrofe EL FANTASMA Y EL COLOCAHUESOS SCHALKEN EL PINTOR EL ESPECTRO DE MADAM CROWL RELATO DE CIERTOS SUCESOS EXTRAÑOS EN LA CALLE AUNGIER MISTERIO EN LA CASA DE LOS AZULEJOS EL GATO BLANCO DE DRUMGUNNIOL

Prólogo

La obra de Sheridan Le Fanu, aunque quedó relegada al olvido en los años posteriores a su muerte, se ha convertido con el tiempo en algo imprescindible en las antologías o colecciones de literatura sobrenatural y de terror, gracias, en gran medida, a la labor de otro de los grandes del cuento espeluznante, que la dio a conocer al gran público: M.R. James. Descendiente de una familia hugonote emigrada a Dublín en 1730, Le Fanu (1818-1873) consagró casi toda su vida a las letras y a labores edi-toriales, después de haberse graduado en elTrinity Collegede Dublín y haber ejercido la carrera de las leyes durante poco tiempo. De las revis-tas y periódicos que publicó a lo largo de su vida cabe destacar elDublin University Magazine,que fue conocido y apreciado internacio-nalmente. Parece que nunca abandonó Dublín, y su vida estuvo marca-da por la ausencia de acontecimientos exteriores, lo que se acentuó tras la muerte de su mujer. Acabó convirtiéndose en un auténtico recluso que ni siquiera frecuentaba a sus amigos más íntimos, dedicándose a escribir sus narraciones en la oscuridad y a meditar sobre cuestiones espirituales relacionadas con la filosofía de Swedenborg, por lo cual empezaron a llamarle «el príncipe invisible». Le Fanu fue un autor prolí-fico; escribió catorce novelas, treinta relatos cortos, algunas baladas y numerosos artículos. Muchas de sus novelas han sido olvidadas; sin embargo, algunas de ellas siguen siendo muy apreciadas en la actuali-dad:UncleSilas,The House by Churchyardy Wylder's Hand.Pero es en el relato corto donde sobresale con brillantez el arte narrativo de Le Fanu, y algunas de sus creaciones permanecen como auténticas obras maestras del género. Citemos simplemente Carmilla -precursora insigne de las mujeres vampiro- yGreenTea,en las cuales aparece otra de las grandes creacionesde Le Fanu: el doctorMartinHesselius, investigador de lo sobrenatural.

LA HABITACIÓN DEL “DRAGÓN VOLADOR”

PRÓLOGO

El curioso caso que voy a exponerles lo trata el doctor Hesselius de manera penetrante, y más de una vez, en su extraordinario ensayo sobre las drogas en la oscura Edad Media. En este ensayo, que el autor titulaMortisImago,se trata acerca del Vinum laetiferum, laBeatifica, el Somnus Angelorum, elHypnus Sega-rum, elAgua Thessalliae y otras veinte infusionesy destilaciones, conoci-das de los sabios que vivieron hace ochocientos años, dos de las cuales, según él, aún son utilizadas por la cofradía de los ladrones, según reve-lan a veces investigaciones policiales. El ensayo en cuestión,MortisImago,ocupará, si no me equivoco, dos volúmenes, el noveno y el décimo, de las obras completas del doctorMartinHesselius. Debo señalar, para concluir, que dicho ensayo está curiosamente enri-quecido con abundantes citas de poemas y textos medievales, las más interesantes de las cuales, por extraño que pueda parecer, son egipcias. He seleccionado este caso particular entre muchos otros igualmente sorprendentes, pero, a mi entender, menos interesantes desde el punto de vista narrativo; he escogido esta forma de relato particular simple-mente porque me parece más entretenida.

Todo el mundo parecía dirigirse a París en posta. Viajaba yo en la posta de Bruselas a París. eché gustoso una mano a los siniestrados. Bufanda que se bajó unos instantes para darme un millón de gracias en francés. Los postillones. pues. pues moduló sus pala-bras en un inglés tan bello y . Yo debería haber observado el paisaje con mayor atención. se disponían a prestarles ayuda. presuntamente deseosos de ins-truirse a través del conocimiento directo de otros países. Adelantábamos constantemente caballos de relevo que volvían. Una bonita cabeza de mujer tocada asomaba por la ventana del vehículo siniestrado. Parecía estar enfermo. se habían bajado. Sutour-nure. No había llegado a volcar. al tiempo que volvía a apare-cer la recatada y bonita cabeza. Pero. y yo -superado definitivamente el ligero «jaque de los cien días» por el genio deWellingtonen el campo deWaterloo-me sumé a aquella riada humana en busca de enseñanzas. que parecían poco avezados en aquel tipo de emergencias. y dos criados. al tiempo que dejaba al descubierto su peluca negra y hacía mil gestos de agradecimiento. el itinera-rio que el ejército aliado había seguido hacía tan sólo unas semanas -un número increíble de carruajes haciendo la misma ruta-. aunque hacía calor. Una de las pocas cosas que yo sabía bien. calzados con buenas botas. le contesté. haciendo gala de una perfecta corrección gramatical. Eran tiempos difíciles para aquellos pacientes ser-vidores públicos. creo. practicado por la generalidad de los ingleses de la época. extenuados y polvorientos. La primera caída de Napoleón había abierto el conti-nente europeo a los viajeros ingleses. una sustanciosa cantidad en fondos consolidados y otros valores bursátiles. era cautivadora.En ruta En el año de gracia de 1815 yo acababa de heredar. me apeé y.y unas dos horas para que se hicie-ra de noche cuando llegamos a la altura de un vehículo que al parecer se hallaba en apuros. era hablar francés. el caballero se retiró al interior del vehículo. Imposible mirar hacia adelante o hacia atrás sin divisar las nubes de polvo levanta-das por la marea de vehículos.yla de los hombros que también se entrevieron unos instantes. la dama del bello tocado llevaba un tupido velo negro y no pude ver más que la filigrana del encaje mientras se retiraba. La dama debió de oírme hablar a mi sirviente. con todo. iba embozado en una bufanda negra que le tapaba las orejas y la nariz. he olvidado. a las posadas donde los habían alquilado. asistido por mi criado. pero los dos caballos de cabeza estaban caídos por el suelo. Tras varias inclinaciones de cabeza. ¡ay!. siguiendo.CAPÍTULO PRIMERO . eso creo. con veintitrés años de edad. calculo que faltarían unos seis kilómetros para llegar a un pintoresco pueblo fronterizo -cuyo nombre. un caballero anciano y enjuto sacó la cabeza por la ventanilla. además del deporte del boxeo. Así que decidí desempeñar el papel de buen samaritano: mandé detenerse a mi sotacochero. así pues. Casi al mismo tiempo. como el de tantos otros lugares más importantes por los que pasé en aquel viaje apresurado. pero mi cabeza estaba tan llena de París y del futuro que pasé por allí con poca paciencia y menos atención.

¡Qué mundo tan injusto! Pero en este caso hubo algo más. Allí estaba el mismísimo sombrero del que me había enamorado. En mi audacia. ¿Qué necesidad tenía la dama de darme las gracias? ¿No lo había hecho sobradamente. Estaba abierta la puerta de un salón. Yo me consideraba un joven bien parecido -y creo que con total fundamento-.y con una voz tan dulce. como es de suponer. . el que presumí era su marido? Instintivamente. la idea del superior refinamiento va asociada con él. y el coche que seguíamos se detuvo en laBelleÉtoile. Le dije al postillón que no se le ocurriera adelantar a aquel vehículo. que volví a maldecir el velo negro que se interponía entre ella y mi roman-cesca curiosidad. Su originalidad llamó particularmente mi atención. el emblema de la vigilancia. No tardamos en llegar a la pequeña población antes mencionada. dando uno o dos pasos. Dejando un reguero de polvo detrás de las ruedas. aunque no recuerdo qué eran. todo ello hacía suponer que se trataba de personas nobles. y descubrí que. aparentando apatía e indiferencia. y bañada por la luz dorada del sol.y nadie podía poner en tela de juicio mi uno ochenta y pico de estatura. Nosotros seguíamos a paso lento. la elegancia del carruaje y el curioso escudo de armas. Yo me apeé a mi vez y subí los esca-lones indolentemente. contenía a otro ser vivo: a la precio-sa y elegante dama. Los modales corteses de aquellas personas. Entré con el aire más inocente del mundo. sino todo lo contrario. Los desconocidos se apearon y penetraron en la casa.una confortable posada antigua. y con la otra tenía agarrada una piedra. no lo perdiera de vista y se detuviera en los mismos puestos de relevo. Yo no podía distinguir si el celoso velo estaba levantado. Miré en el aposento de la derecha y luego en el de la izquierda. creo. sino que. La superioridad de rango ejerce un influjo poderoso y genuino sobre el amor. se plantó delante de una pequeña consola de una sola pata pegada a la pared. la dama se alejaba ahora de un joven y prudente caba-llero que la seguía con ardiente mirada y suspiraba profundamente con-forme la distancia se iba agrandando. además de a mi propia persona.balbuciente. sino que. Las despreocupadas atenciones del caballero llegan más hondo al corazón de la lozana lechera que largos años de viril devoción del honra-do leñador. no me resultó por ello menos intere-sante. Había también un par detenantesa cada lado. que quede bien claro. y por los dos. Subí las escaleras. a través de su velo. Pero los que yo buscaba no estaban allí. la corrección de sus cria-dos. La dama se hallaba de espaldas a mí. sobre la que se ele-vaba un hermoso espejo con un marco desdorado. Se encontraba leyendo una carta. El ave se sostenía sobre una pata. y. El escudo de armas que figuraba en el panel del carruaje era harto curioso. sentí el poder de su mirada. antes bien. La dama. ¡Qué fascinación tan grande ejerce un títu-lo en la imaginación! No en la de personas esnobs o de escasa moralidad. Era una estancia espaciosa. y lo mismo se puede aplicar a las demás capas sociales. Recuerdo perfectamente el emblema representado: la figura de una cigüeña pintada en color carmín sobre lo que los heraldistas deno-minan un «campo de oro». Permanecí unos instantes sin apartar los ojos de ella con la vaga espe-ranza de que se volviera y me diera la oportunidad de verle la cara. Es. no me paré a preguntar en qué habitación podría encontrarlos. me di cuenta de que la dama me había mirado con ojos nada indiferentes. Pero no lo hizo. quedando grabada en mi recuerdo.

como para quitar un poco de tensión a la escena: -No obstante. y me embargó la sensación de estar cometiendo una impertinencia. ella alzó los ojos. Aunque también poseía una nota indefinible de sensualidad. me alegro de tener otra oportunidad de agradecer amonsieurla ayuda. Mi audacia se rindió ante aquella dama. pues ella dijo entonces. Como tenía la mirada baja. Hasta distinguí las venas azules que recorrían la blancura de su garganta despejada. Yo estaba observando cada mirada y movimiento suyos. En aquel lapso. melancólico. tan presta y eficaz. hasta los más mínimos. con una aten-ción tan intensa como si me fuera en ello la vida. no pude distinguir de qué color tenía los ojos.El patio de la BelleÉtoile Aquel rostro era de los que enamoran a primera vista. aquella carta debía de inte-resarle sobremanera. sólo que sus párpados eran largos y sus cejas delicadas. pues la misma dulce voz que yo había oído antes dijo ahora fríamente. dulce. Sin duda le parecí arrepentido y confuso (confieso que así me sen-tía). Ella no . y en francés: -Sin dudamonsieurignora que este cuarto es privado. Yo no había visto nunca una figura humana tan inmóvil. pues reflejaba el retrato de medio cuerpo de una mujer extraordinariamente hermosa. que ha tenido la bondad de pres-tarnos hoy. Mi curiosidad dio paso a ese tipo de sentimientos que se adueñan tan rápidamente de los jóvenes. enseguida la dama bajó su velo negro y se dio media vuelta. me encontraba ante una estatua coloreada. Debería haberme retirado con el mismo sigilo con que había entrado antes de que fuera advertida mi presencia. vi aquel bello rostro con perfecta claridad. CAPITULO II . Como por entonces yo gozaba de una vista buena y penetrante. mascullé unas disculpas y retroce-dí en dirección a la puerta.Yo podría perfectamente haberlo confundido con un cuadro. en cuya lectura parecía estar enfrascada. Ella se encargó de poner las cosas en su sitio. Seguía leyendo. de una tonalidad que los poetas modernos lla-man «violeta». Nada podía superar la delicadeza (le sus facciones ni el lustre de su tez. Eran ojos grandes. Pero mi interés era tan grande que quería quedarme unos minutos más. Aquellos espléndidos ojos melancólicos pasaron del espejo a mi per-sona con una mirada altiva. Fue más el tono distinto de su frase que el contenido de la misma lo que me dio renovado ánimo. Su rostro era ovalado. Sus finos dedos sujetaban una carta. Inclinando la cabeza cuanto pude. Pensé que habría preferido que no la viera.

Estaba claro que aquellas personas pensaban parar allí.. Mientras las cosas sigan así. supuse que el caballero de la peluca negra.monsieurdebe saber que nadie suele contratar una alcoba si no piensa pernoctar.pero es tal la riada humana que se dirige hacia París que hemos dejado de preguntar los nombres o títulos a nuestros huéspedes. señor.. dije que me gustaba y pregunté si estaba libre. -Monsieurtendrá la amabilidad de retirarse -dijo la dama con un tono que parecía de invitación. Describí el aposento del que acababa de salir. por lo menos no se irían hasta la mañana . tal era el nom-bre de mi posada). pero que el aposento y las dos habitaciones contiguas estaban ocupadas.. -En fin. o título. Los tomé de inmediato. -Pero ¿quiénes son? Deben de tener algún nombre. -¿Cuánto tiempo piensan parar aquí? -Tampoco eso puedo decírselo.. por cierto. en la parte de la casa que sea. Todo aquello me resultó sumamente halagador. aunque tal hubiera sido el caso. Bajé las escaleras henchido de felicidad y fui directamente a hablar con el dueño de laBelleÉtoile(como ya he dicho. Hice de nuevo una profunda reverencia.monsieur. ciertamente no estaba obligada a hacer-lo de nuevo. y.necesitaba darme las gracias.y noté que había vuelto la vista rápidamente hacia una segunda puerta de aquella misma estancia. Pertenecía a la persona que tan profusamente me había dado las gracias desde la portezuela del coche de camino. nuestras habitaciones no podrán estar nunca desocu-padas. -¿Por quién? -Personasde distinción. iba a aso-mar por ella a no más tardar. voz cada vez más próxima. espero me pueda dar algunas habitaciones. -Sin duda. Los designamos simplemente por las habitaciones que ocupan.Monsieurpuede disponer de dos aposentos. -¡Me habría gustado tanto alojarme en esos aposentos! ¿Es también dormitorio alguno de ellos? -Sí.monsieur. Ahora hablaba en voz baja y con timidez. su celoso marido. -Ciertamente. al tiempo que agitaba la mano en dirección a la puerta por la que yo había entrado.No nos interesa. sobre todo el que se produjera tan inmediatamente después del ligero reproche. Él contestó que lo sentía muchísimo. Casi en el mismo momento se oyó una voz aflautada y nasal impartiendo órdenes a un criado. una hora antes apro-ximadamente. di unos pasos atrás y cerré la puerta. Son los únicos que hay ahora mismo libres.

me encontré en el empedrado desigual. como el mío. ¿Quiénes son la dama y el caballero que han viajado en este carruaje y a quienes. y dijo. Tomé posesión de mis habitaciones y miré por la ventana. y a la joven dama la llamamos la condesa. Puede ser su hija. las cuales estaban provistas de auténticas cerraduras. Empecé a sentirme como quien se embarca en una aventura. Numerosos vehículos -unos priva-dos. en un santiamén.. con la mirada fija en la enseña del vehículo.estaban sobre el pavimento esperando su turno de relevo. servían de paloma-res. En medio de todo aquello creí reconocer al vehículo y a uno de los criados de las «personas linajudas» que tanto interés despertaban en mí en aquel momento. El criado me miró unos instantes mientras se metía la llave en el bol-sillo. en el sobrio gris de la mañana. la cual descubrí que daba al patio de la posada. Esta luz hace que todo nos resulte pintorescoy nos interesen cosas que.monsieur. haciendo que los dos toneles que. El sol estaba ya próximo a ponerse y arrojaba sus rayos dorados sobre las chimeneas de ladrillo rojo de los obradores. Me detuve a unos pasos. con una sincera expresión de sorpresa.que no puedo decirlo. sin duda el emblema de una familia distinguida. Tras una pequeña búsqueda di con el vehículo que andaba buscan-do. bajé corriendo hasta la puerta trasera y. -¿Me puedes decir dónde viven? -Por mi honor. y otros. con un saludo y una sonrisa ligeramente sarcásticos: Monsieur eslibre de hacer conjeturas. como sin duda recuerdas.. ¡No lo sé! . Un criado estaba cerrando con llave una de las portezuelas. Muchos caballos estaban siendo liberados de los arneses. pero no sé. parecieran incendiados. Así pues.siguiente. parecidos a los que en Inglaterra se llamaban antiguamente sillas de posta. nos podrían parecer aburridas.apuntando al escudo de armas de la puerta-. -¡Bonita esa cigüeña roja!-observé. recién salidos de los establos. El criado se quedó mirando el napoleón de su mano y luego volvió la vista hacia mí. en medio del espectáculo visual y sonoro que en semejante tipo de lugares suele acompañar a los momentos de especial trajín y vaivén. para ser sustituidos por otros. -¡Monsieures muy generoso! -No hay de qué. colocados en la punta de sendos postes. sino que le administré ese laxante que en muchas ocasiones actúa de forma muy venturosa sobre la lengua y que no es otro que una propina. No cedí al desaliento. cuando sus caballos se halla-ban caídos en el suelo? -Es el conde. mi criado y yo prestamos hoy ayuda en una emergencia. y los que no tenían nada que hacer se paseaban o bromeaban. Los criados más atareados trajinaban de un lado a otro. calientes y cansados. y la escena en su conjunto parecía animada y divertida.

-St. el que me interesa sobre todo. -Nada que valga la pena contar. busca a los criados a los que hemos echado hoy una mano. que no sabe nada y así me lo ha hecho saber. -¿Y dónde estámonsieurPicard? -Ha ido al cuchillero a que le afilen las cuchillas.monsieur.A mí me contrataron en Bruselas el día mismo de la partida. una vez que estemos en París. y lo sabe todo.monsieur. asentimientos y encogimientos de hombros. Pero no creo que le vaya a contar nada. Estoy seguro de que se burlaba de mí en secreto. Fue aquélla una cosecha bastante pobre para tan dorada siembra. Aunque lo había traído conmigo de Inglaterra.Clair. estaba perfectamente al corriente de los usos y costumbres de sus compatriotas. espero enterarme rápidamente de todo.-¿Que no sabes dónde vive tu amo? Seguro que sabes de él más cosas que el nombre. cuyo nombre he olvidado ahora. márchate ya.cierra la puerta y ven aquí. De su boca no he podido recoger ninguna información. ha pasado muchos años a su servicio y lo sabe todo. Toma quince francos. donde poco después se hurtó a mi vista en medio de tanto carruaje estacionado. había nacido en Francia. por supuesto. MonsieurPicard. con quien. que me muero por conocerlos. CAPÍTULO III . ¡Vuela! Y vuelve con todo tipo de pormenores y circunstancias interesantes.Desposorios de Muerte y Amor . es el venerable gentilhombre. Era un encargo que se adecuaba a las mil maravillas a los gustos y temperamento de mi dignoSt. Ya me he entrevistado con uno de los dos. es el mayordomo del noble desconocido. pero su expresión no delataba nada que no fuera cortesía y complacencia. Me despedí cortésmente y volví a subir las escaleras rumbo a mi habitación. Por supuesto. Bueno. y que me habría revelado con toda honestidad los secretos de aquella familia de haber estado al corriente de alguno. Tras varias miradas de complicidad. se retiró. en menos que canta un gallo. era un tipo habilidoso y vivarachoy. El otro. Pero ahora sé de ellos más o menos lo que usted. No podré descansar hasta que no descubra algo sobre esas personas linajudas que tienen sus aposentos debajo de los míos. A ése le deberás sonsacar todas las cosas que puedas. me había acostumbrado a hablar con esa familiaridad especial que la antigua comedia francesa impone entre amo y criado..mi compañero.. desde mi ventana vi cómo. ¿Comprendido? Y ahora. el mayordomo demonsieurel conde.Clair. y no la joven dama que lo acompaña. había bajado al patio. toma con ellos un petit soupery ven luego a contarme toda su historia. Creo que aquel hombre decía la verdad. Llamé de inmediato a mi criado. pero no habla nunca salvo para impartir órdenes. como habrán observa-do.

Un par de ligeros guantes franceses y ese tipo de bastón nudoso parecido a una porra que tan en boga estuvo en Inglaterra durante un par de años. Las leyes de la materia. quería echar un vistazo antes de bajar. Mi melena era entonces abundante. Dicho llana-mente.Me puse un chaleco de piel de búfalo y mi cha-qué azul de botones dorados. pero hay muchos estados de ánimo en los que uno no puede leer. en la medida en que me lo permitían la memoria y la práctica. como leemos en las novelas deWalter Scott. la desagradable voz masculina reía. en los tiempos de los que hablo. esa ligerísima inclinación que la persona inmortal antes mencionada acostumbraba a imprimir al suyo. y que nunca jamás podría olvidar. ¡Qué gran consuelo! Sin embargo. Suspiré al unísono con aquella hora melancólica y abrí la ven-tana de par en par. nos niegan ese recurso.. luego. doblada y atada a la manera de Brummel. y me habría importado un ardite que la heroína y el héroe se hubieran ahogado juntos en la barrica que veía en el patio. . y luego se alejó de la ventana. La voz masculina era muy curiosa. con rizos naturales. ante el espejo. Mientras ultimaba los preparativos. en una palabra. como ya les he contado. ati-plada y nasal. todo aquello estaba hecho con la vaga. Pero. tamborilea en la mesa con los dedos. creí. espesa y castaño oscura. aplasta su agraciado semblante contra los cristales de la ventana tara-reando tonadillas que le aburren. Noté que la ventana debajo de la mía estaba también abierta. pues oí dos voces con-versando. de las que somos esclavos. bajo mi ventana. cuando no sabe qué hacer consigo mismo. Por supuesto. imprimiéndole. le ha sucedido ahora una docena de cabellos completamentecanos . aunque no pude distinguir qué estaban diciendo. Y me esmeré al máximo en mi aseo personal.era fruto de mi devoción a los maravillosos ojos que había contemplado unas horas antes por primera vez. vaguísima esperanza de que aquellos ojos pudieran posarse en el irreprochable atavío de un esclavo melancólico y conservaran la imagen quizá con una secreta aprobación. pero no tanto como al prin-cipio..Cuando el día se alarga demasiado. El diálogo duró sólo un minuto. Pero no hablemos de cosas que puedan mortificarnos. Di un par de vueltas por la habitación y suspiré. la cena era aún una comida sustanciosa. desapare-ció el último rayo horizontal de sol. y ya se acercaba la hora. y ésta parece haberse detenido. Mi novela yacía abandonada en el sofá junto con mi manta de viaje y mi bastón. el inmortal«Beau». la reconocí al instante. o por la entrada de laBelleÉtoile. la luz vino a faltarme. empapé el pañuelo en eau-de-Cologne (a la sazón carecíamos de la gama de esencias con que los perfumistas nos han colmado desde entonces). con una especie de sátira demoníaca. ¿cómo emplear los tres cuartos de hora que faltaban todavía? Es cierto que llevaba conmigo para el viaje dos o tres libros entrete-nidos. de manera que yo casi dejé de oírla. era. me ajusté mi gargantilla blanca. La otra voz seguía cerca de la ventana. cuando a un hombre solo lo co-rroen la impaciencia y el suspense. sobre un cráneo lustroso y rosa que no guarda prácticamente ningún recuerdo de aquélla. que en aquella época era para mí un motivo de orgullo y que retocaba con frecuencia. Y la voz que le con-testaba hablaba con un tono dulce que también reconocí al punto. cuando nuestro hombre bosteza. cuando el minutero de su reloj viaja tan despacio como la manilla horaria. y me peiné el cabello. «completaron mi equipo». Toda aquella atención a mi aspecto personal para dar un simple gar-beo por el patio. es muy de lamentar que ese hombre no pueda ha-cer más que una vez al día una comida suculenta de tres platos. quedando sólo un resplandor cre-puscular. Saqué de su caja mi irreprochable sombrero y lo coloqué suavemente sobre mi sagaz cabeza. A micheveluremorena.

para divertir con nuestra música a los cria-dos y palafreneros. Dejé caer mi bastón al suelo del pasillo. cerró la ventana. Unos instantes después. La voz de la dama rió alegremente. el cristal es sin duda el más eficaz. al bajar al piso inferior. me ha oído subir la venta-na. Como no podía pasar toda la noche en aquel pasillo recogiendo mi bastón.madame. supongo.pude distinguir perfectamente la letra. Entre los aislantes menos espesos. ni siquiera el murmullo de su conversación. creo saber. pasé por la puerta del conde lo más despacio que pude. Ya no oí nada más. Fácil adivinar a quién va dirigida su música. supuse. con la paciencia de un ángel. Y el anciano. la belleza de una Venus y el talento de todas las Musas. Puedenestar seguros de que tardé bastante tiempo en recogerlo. decidí bajar al vestíbulo. fuera una esclava! Seguro que sabe quién ocupa el aposento que está encima del suyo. pero fidedig-na. y haber podido intervenir como enmendador de entuertos y defensor de la belleza ultrajada! Pero. por una vez. se amplificaba y temblaba! ¡Cómo me emocionó y me trastornó! ¡Qué lástima que un viejo grajo destemplado tuviera poder para amedrentar a semejante Filomena! ¡Qué vida tan contradictoria!. En aquellos tiempos todo el mundo renunciaba a sus refinamientos habituales. de la letra: Muerte y Amor se desposaron y ahora acechan en paciente emboscada. Salí de mi habitación embargado por una agradable emoción y. ¡Que una hermosa condesa. -¡Basta ya. MuerteyAmor a su presa atrapan acechando en paciente emboscada. ¿Sería posible que. junto a supuerta. Había pocas probabilidades de que la bella cantante apareciera en aquel momento. la dama empezó a cantar una extrañachanson. y a quién has sospechado que va dirigida. -Parecéis buscar disputa. Me he atrevido a hacer una traducción torpe. filosofé. aquellos dos podrían haber sido la pareja más tranquila del mundo. No estamos aquí.madame!-exclamó la voz vieja con brusca severidad-. viejo celoso. ¡Qué voz tan encantadora la de aquella condesa! ¡Cómo modulaba. El timbre de suvoz tenía acaso exquisita dulzura característica. mozaymozo se escogenyreúnen. así. pues en las posadas reinaba el más completo desorden. creí detectar. Consulté el reloj y vi que sólo quedaba un cuarto de hora para el comienzo de la cena.No era un altercado. Ardiente suspiro o gélido aliento enloquece o entumece a élya ella. pero la fortuna no me sonrió. de una mezzosoprano. Así. pero con tal violencia que bien podría haberse roto algún cristal. ¡Qué no habría dado yo para que hubiera sido una tri-fulca -y cuanto más violenta mejor-. ¡ay!. en la entonación. al despuntar el alba o caer la tarde. había una nota de patetismo y un poco también de burla. podía ser que algunas personas hicieran en tales circunstancias lo que nunca habían hecho antes. si un juez hubiera tenido que pronunciarse por el carácter de los tonos que oía.Huelga recordarles que la voz cantada suena más que la hablada. evidentemente no había nada excitante en aquel coloquio. el conde y la condesa ocuparan sendos asientos en la mesa común? .

para satisfacer el deseo de su soberano y de nuestro gobierno. Mi perplejidad no pudo ser mayor al leer acto seguido: . si resultaba ser la esposa del conde! Con este talante autoindulgente fui abordado por un caballero alto y de buena planta. y leí: Miquerido Beckett: Me permito presentarle a mi queridísimo amigo el marqués de Harmonville.CAPÍTULO IV -MonsieurDroqville Abrigando aquella emocionante esperanza. en cam-bio. y aquella luz poética no hacía sino poten-ciar mis sentimientos. mirando. Mi romance se había intensificado desde mi llegada a la posada. Puedo asegurar que aquel par de Inglaterra pisaba muy fuerte en el mundillo político y que su nombre sonaba como el más probable suce-sor para el distinguido puesto de ministro plenipotenciario inglés en París.Ya se había hecho de noche. los efectos lunares que transformaban los objetos y los edificios de aquella callejuela. Llevaba un rato de pie sobre los escalones. y una agradable luz de luna iluminaba el paisaje. bajé premiosamente los escalones de laBelleÉtoile. Me preguntó si no sería yo por casualidad un talMr. tan afablemen-te había emprendido. como he dicho. Luego habló del marqués como de un hombre cuya enorme riqueza. con esa cortesía a la vez natural y altiva que caracteriza a un noble francés de la vieja escuela. Me abordó. Tenía un aspecto amable y donoso. quien le explicará la índole de los servicios que quizá esté en su mano hacerle a él y a nosotros. que parecía rondar los cincuenta. como yo. Yo asentí.Beckett. Yo recibí la nota con una reverencia. íntimas relaciones con las viejas familias y legítimo influjo en la corte lo hacían la persona más adecuada para esas misiones amistosas que. e inmediata-mente se presentó como el marqués de Harmonville (esta información me la facilitó en voz baja) y pidió permiso para ofrecerme una carta delordR***. y de sus modales se desprendía un aire de distinción tal que resultaba imposible no suponer que se trataba de una persona de abolengo. quien conocía algo a mi padre y en otro tiempo me había hecho a mí también algún pequeño favor. ¡Qué dulce melodrama si ella resultaba ser la hija del conde y estaba enamorada de mí! ¡Qué deliciosa tragedia.

.. a excep-ción de mi sombrerero. Suyo afectísimo. Monsieur. en esta lamentable circunstancia? Solamente puedo darle mi palabra de caballe-ro de que. Normandía.MonsieurBeckett me permitirá. no cabe duda. a nadie que respondiera al nombre de Walton. En estos momentos me dirijo a la ciudad. esta carta. pues la mirada de penosa tur-bación que durante un buen rato se había asomado al rostro del mar-qués se iluminó ahora. R*** Estaba completamente desconcertado. Walton estuvo aquí ayer. y no puedo decir nada más.prosiguió-. donde espero ver. Yo no podía presumir de ser amigo delordR***.. Sabe que me resulta muy complicado intervenir. cuando haya hablado con él cinco minutos. por razones que entende-rá después. Como estaba de Dios que se iba a producir un error. Para mi gran consternación. será un secreto tan inviolado como lo era antes de abrirla. el mar-qués -de acuerdo con todos nuestros amigos. pues yo era simplementeRichardBeckett.. aunque muy poco. Yo le agradecí sinceramente aquellas muestras de amabilidad. de que algo se está tramando en Domwell.no sabe lo contento que me sentiría si logra-ra convencerle para que vaya a visitarme a Claironville. éste sonrió amablemente y me tendió la mano.. Pero me permito aconsejarle que envíe enseguida a Haxton a que averigüe qué es lo que está ocurriendo. incluir su nombre en la lista de mis amigos. Lamento en lo más profundo que haya podido producirse semejante error. No conocía a nadie llamado Haxton ni. a muchos amigos. que ahora devuelvo. dice. mientras que esa carta va dirigida aMr. Esq. Puedo decir que la sinceridad de mi pesar y mi buena fe debían de leerse en mi semblante con total claridad. para mí. y me dijo que era proba-ble que su escaño se encontrara seriamente amenazado. tengo motivos para agradecer a mi buena estrella que se haya producido ante un caballero de honor.P» Miré atónito al marqués. espero.Por cierto. M. Debería haberle dicho antes que. se decía lo siguiente: « ParaGeorgeStanhope Beckett.ha renunciado a su título durante unas semanas y que se hace llamar simplementemonsieurDroqville. Yo me llamoRichardBeckett. y aquel aristócrata escribía como si fuéramos amigos íntimos. el 15 de agosto. o hacer. -No tengo la menor duda de quemonsieurBeckett va a respetar mi pequeño secreto. -¿Qué disculpas puedo presentar amonsieurel mar.. diputado por Shillingworth. ni aun con la mayor cau-tela. alordR***. ¿Qué puedo decir. Miré el reverso de la carta y quedó resuelto el misterio..Stanhope Beckett. pero esa carta no va destinada a mí. Me temo que sea algo grave. a los que quizále interesará conocer. amonsieurDroqville? Es cierto que yo me llamo Beckett. y que conozco.

comprobará que. de uno noventa de estatura aproximada-mente. donde ahora reinaba la calma. enarcó las cejas y. Así. entre tanto -prosiguió-. monsieur Droqville se va a ocupar igualmente de usted. sin que nadie me estorbara. lo circunvalé. le agradecí efusivamente su hospitalario ofrecimiento. ¡Como la sangre! Ja. me sumí en un sueño encantador. salvo algunos carruajes desperdigados. Tal vez en aquellos momentos se encontraba cenando la servidumbre. Las cortinas del vehículo estaban echadas. Me había vuelto y estaba mirando el rostro más pálido que jamás había visto. lo que hacía más siniestro aún aquel rostro repelente. los tiros y los muelles. por los motivos que us-ted supone perfectamente. en un estado de ensoñación y de reflexión. vesti-do con el uniforme de faena. Me estaba comportando de la manera necia y sentimental como se comporta un adolescente con ocasión de su primer amor. si se le ocurre alguna manera en la que pueda serle útil monsieur Droqville. El oficial alzó la barbilla. y que yo dispondré las cosas de manera que pueda usted dar conmigo fácilmente. Con renovadas muestras de gratitud. rapaz y pesca gobios. es vigi-lante.. Continuó: -Por el momento no puede ver a mis amigos. qué bien! La cigüeña es un ave de presa. le facilité la información que deseaba saber. mi atención volvió a centrarse en la romántica luna mientras bajaba los escalones. con una risita burlona. El lugar ruidoso de una o dos horas antes estaba ahora completamente en silencio y vacío. por vago que éste fuera. Era ancho. ja.. supuse. -Y. Este tipo de simpatías a primera vista suele cristalizar en amistades de larga duración. le había caído bien al marqués. Un símbo-lo muy apropiado. La claridad de la luna prestaba nitidez a cada objeto y proyec-taba sobre el empedrado la sombra afilada y negra de las ruedas.. la estremece-dora voz y la exquisita figura de la bella dama que se había apoderado de mi imaginación volvieron a imponerse rápidamente sobre cualquier otra consideración. en mi casa de París. y las portezuelas. Detrás de mí se oyó una voz sorda: -¡Una cigüeña roja.. Pero los maravillosos ojos. Peromonsieurtendrá se-guramente la amabilidad de hacerme saber en qué hotel piensa albergarse en París. desapareció por la puerta que daba acceso a laBelleÉtoile. Y roja. A los pocos minutos me hallaba de nuevo en el patio de la posada. bañado también por la luz de la luna. agregó: . Pertenecía a un oficial francés. aunque el marqués de Harmonville se encuen-tre ausente. dirigí mis pasos hacia el coche de mi amada. Me sentía halagadísimo. Yo permanecí un rato en medio de la escalinata ponderando la nueva amistad que acababa de hacer.Por supuesto. Permanecí un rato ante él. Preguntándome cuántas veces se habrían posado los ojos de ella en el mismo objeto. cerradas con llave. sepa que nuestra comunicación no se interrumpirá aquí. Una pronunciada cicatriz le bajaba de la frente a la nariz. Estaba claro que. Me sentía especialmente a gusto en medio de aquella sole-dad y. Tal vez el marqués juzgaba prudente asegurarse de la buena disposición del involuntario conocedor de un secreto político. Tras despedirse con su especial galanura. como se suele decir. feo y torvo. Me planté ahora delante del blasón pintado de la porte-zuela que examinara antes con luz solar. Avancé por mitad de la calle entre extraños objetos y entre casas antiguas y pintorescas.

descubrimos que nuestras payasadas han sido observadas de cerca por alguien.. ja!Adieu. es difícil que no lo consiga. a veces sin nada que lo cobijara. pues creo recordar que casi tocó el mío. escudriñando con la vista a aquella pequeña asamblea. No era fácil conseguir que un personal tan atareado como el de laBelleÉtoilesirviera la cena en los aposentos privados en medio de la gran confusión reinante a la sazón. ja. puedo añadir también. Mire. El conde no se hallaba entre los comensales. empezó a conversar conmigo casi de inmediato. CAPÍTULO V . En este caso. En cualquier caso. una silla vacía que había a su lado. Yo acababa de recibir uno de esos sustos repentinos que tanto nos sobresaltan cuando. sacar a la luz un delito. -Es ésta la primera vez que visita Francia. -Se encogió de hombros y esbozó una risita perversa-. Yo le obedecí. ¿verdad? -dijo. y. prosiguió: -No debe conceptuarme como una persona demasiado curiosa e impertinente.cuando un hombre como yo. -Hizo una pausa. por tanto. por su proximidad. Entré en el comedor. Estaba picado por algún antiguo recuerdo y se había marchado encendido en cólera. un hombre de energía. con una sonrisa significativa. un hombre de una extraordinaria presencia de ánimo que ha dado la vuelta a Europa debajo de una tienda y.-En cierta ocasión abatí por mera diversión a una cigüeña que se creía a salvo en las nubes. Y eran precisamente los ingleses los que menos probabilidades tenían de ganarse su simpatía.. Tras confirmarle que así era. parbleu! . Si no tiene a ningún amigo experimentado que lo acompañe durante su visita.. ni tampoco su bella compañera. Sin embargo. monsieur! Se dio bruscamente la media vuelta y salió del patio con paso marcial. el efecto se intensificó con la extrema fealdad de aquel rostro y. a quien no había esperado ver en un lugar tan público.monsieur. vino a alimentar la fecunda imaginación de un amante. ¿comprende?. muchas personas a las que no les gustaba la mesa común podían acabar haciendo de la necesi-dad virtud si no querían morirse de hambre. creyéndonos perfectamente solos. en busca de las perso-nas que tenían un interés especial para mí. decide descubrir un secreto. Tal vez el chismorreo de los comensales arroja-ba nueva luz sobre el tema que tanto me interesaba. y él. . que pareció com-placido. me señaló. atrapar al ladrón. ¡Ja. ensartar a un bandido en la punta de su espada.Cena en la BelleÉtoile El ejército francés estaba en aquella época de un humor pésimo.. era obvio que el caballero cadavérico que acababa de apostrofar el blasón del carruaje del conde con tan mis-teriosa acrimonia no había dirigido su malevolencia contra mí. llena de odio y retintín. pero el marqués de Harmonville. aún resonaba en mis oídos. pero París es tal vez la capital más peligrosa que pueda visitar un caballero joven y generoso sin la compañía de un mentor. compuesta de unos treinta individuos. La enigmática arenga de aquella persona. Era la hora de la cena.

sobornos y otros artificios. Veo que usted tramó el mismo plan. están aquí muy extendidas. por jóvenes necios delbeaumondefrancés. de las que sus compatriotas andan poco sobrados. -Por supuesto que sí. y es así como timan y roban a forasteros acaudalados. Venía con una bolsa de treinta mil libras esterlinas. La mayoría vive del juego. descorazonado. por una regla que impedía doblar la apuesta original más de cuatro veces consecutivas. sin ir más lejos.que usted ha venido aquí a hacer lo mismo. -Igual que la mayoría de los granujas londinenses. -Veo -dijo riendo. y viven en casas preciosas en los barrios más ele-gantes. descubrirá que hay grandes diferencias -dijo-. La supuesta pareja anfitriona raras veces se une al juego. y que venía bien provisto para ello. luego descubrí que no sólo estaban al corriente del truco. cuando tenía su edad. que los creen sinceramente personas distinguidas porque sus costumbres son dispendiosas y lujosas y sus casas son frecuentadas por extranjeros de campanillas y. y con unafinessereal-mente exquisita. y vive mucho mejor. la clase que vive de la Pillería es tres o cuatro veces mayor que en Londres. Para empezar. Había oído hablar de ello. con mueblesdel gusto más refinado y exquisitamente lujosos . son más activos e imaginativos. y así me vi frenado en mis planes. Sin embargo. pero que me manten-dría vigilante. entre los que destacan las carreras. Esos granujas saben adoptar los modales de las clases distinguidas y se mueven entre el lujo como pez en el agua. -Pero yo he oído hablar de un joven inglés. generan un estilo de villanía no menos peculiar. Son más ingeniosos que los granujas londinenses. En todas estas casas se juega fuerte. billares y otros antros. particularidades que. se limita a facilitar a sus cómplices la manera de desplumar a sus invitados. No cabe duda de que cada nación tiene sus particularidades intelectuales y morales. La gente que vive de un arte siempre lo entiende mejor que cualquier aficionado. Mi interlocutor se encogió de hombros con una sonrisa en los labios. que había visto mucho mundo en Inglaterra y que. Le confesé que me había preparado para una empresa de mayor envergadura aún. Y las dotes de comediante. mi joven amigo. Pero aquí se hace de una manera más elaborada. entre las clases criminales. imagi-naba. en cierto modo también. comportamiento y conver-sación no tienen igual. sirviéndose de compin-ches. Algunos de estos individuos imponen respeto incluso a los burgueses parisienses. e imaginaba que los tramposos que tenía enfrente no sabían nada al respecto. . hijo delordRooksbury que reventó dos mesas de juego parisienses el año pasado. la naturaleza humana era fundamentalmente la misma en todas las partes del mundo. que varían según el tipo de impostura. En París. donde se apuesta muy alto. -A pesar de todo. reuní una suma del orden de quinientos mil francos. sino que ade-más habían tomado las debidas precauciones contra el mismo. antes incluso de empezar la partida. El marqués sacudió la cabeza mientras esbozaba una sonrisa. Son habitués de ciertos lugares de juego. esperaba hacer saltar la banca gracias al simple procedimiento de doblar siempre la apuesta. -¿Y esa regla sigue aún en vigor? -pregunté yo. y merced a su mayor conocimiento de los juegos de azar desvalijan a los incautos haciendo trampas. Algunos de sus miembros hasta vive espléndidamente. traté de llevar a término la misma arries-gada empresa. Estos valiosísimos atributos los sitúan a un nivel completamente diferente.Yo le hice saber que no tenía semejante amigo. pero de manera muy distinta. Yo también. Hay gente cuyos modales. -Sí.

tuviera que decirle que lo han desplumado en París. Da la casualidad de que dicho caballero se encuentra ahora en esta casa. -Pues. y. -¿Qué cosa? -vacilé. Le di mis más sinceras gracias por su valiosísimo consejo y le rogué tuviera la amabilidad de darme cuantos consejos se le ocurrieran. aunque creo que sin ningún moti-vo. sino licor! ¡Milagro! Aparte de la estatura.Alyre.. así que le ruego perdone mis preguntas y mis consejos tal vez demasiado indiscretos. se limpió la boca con furor y. tendones. con una suma tan grande depositada en bancos de París. -Por el honor de un soldado. y aparte también del valor. -Creo que la he oído cantar esta tarde. -Tras unos minutos de silencio. es terriblemente celoso. deje el dinero en el banco en que esté. Un inglés rico como usted. La noche que decidí saltar la banca perdí entre siete mil y ocho mil libras. El tono con el que dijo esto fue seco y estentóreo. si quiere un buen consejo -dijo-. prosiguió-: En fin. alegre y generoso. El caballero de que hablo no es otro que el conde deSt. y el hombre más sensato de este mundo. No arriesgue ni un solo napoleón en una casa de juego. He reconocido a su criado y he ido a visi-tarle a sus aposentos. habría considerado casi un deber el presentárselo. Hace quince años habría sido el tutor ideal para usted. estoy encantado con usted. tras beber un trago deMâcon.-Cualquier conocido de mi queridísimo amigolordR*** me intere-sa. Al volverme reconocí al oficial cuyo rostro ancho y pálido casi me había asustado en el patio de la posada. me da la impresión de que es una persona con muchas cualida-des. Es el honor personificado. que no hay bicho viviente en esta sala que sane más deprisa que yo. y que. hay mil vam-piros y arpías que se pelearán por tener el privilegio de devorarlo. la próxima vez que vea usted a mi amigolordR***. cortés y honorable que siempre he conocido. Un golpe accidental mientras se daba la vuelta en su asiento. Digo que. -Sí. -Pues que está casado con una criatura encantadora. no debo per-derle a usted de vista. a la que lleva al menos cuarenta y cinco años.. por todos los ángeles de la muerte que pelearía desnudo contra un león y le arranca-ría los dientes de un puñetazo y lo azotaría con su propia cola hasta darle muerte. y sin tener en cuenta que yo valgo por seis hombres en el campo de batalla. Si no viviera ac-tualmente tan al margen de la vida social.prosiguió: -¡Nadie! ¡No es sangre.. si exceptuamos una cosa. -¿Y la dama? -La condesa creo que es digna en todos los sentidos de un hombre tan bueno -contestó con un tono algo seco. y casi me hizo sal-tar en mi asiento. Para mi siguiente aventura conseguí introducirme en una de esas elegantes casas de juego que pasan por ser mansiones privadas de personas de distinción y me salvó de la ruina un caballero a quien desde entonces he tratado cada vez con mayor respeto y amistad. Está entroncado con una familia de recio abolengo. además del respeto que siento hacia él. pues me sentiría muy mal si. En aquel momento recibí una especie de codazo de mi vecino de la derecha. ya pueden . donde he podido comprobar que es el mismo hom-bre valiente. huesos y músculos. merced a esta excepcional capacidad de cicatrización que poseo. joven. Ahora estaba profundamente interesado. aparte de estos atributos que me han sido dados.

El otro día.. si me vieran desnudo. y estaba más fresco que una lechuga. Pero no importa.dijoluego el oficial. por el mismísimo Lucifer! ¡Aquello sí que fue una batalla! Cada uno de los que allí había. parecía haber delegado en otros comensales la tarea de dirigir la con-versación general. despedazarme con balas de cañón. -Bravo. suturado con tres puntos. apartando ligeramente la silla de la mesa. metralla en la pantorrilla.Alyre. prisionero en Madrid. Perosacrébleu. Por primera vez hablaba en voz baja-. -Dicho lo cual. tragó en cinco minutos más humo del que se necesitaría para que se asfixiaran aquí todos ustedes. La sangre me brotaba como por una chimenea. -Perdone. donde hicimos de los prusianos cien mil billones de átomos. -Sí.preguntó. ja! Y todo eso en un periquete. ¡No está mal. con armas ytenantesblasonados en la portezuela y una cigüeña más roja que mis hazañas? El camarero no lo sabía. una lanzada en mi hombro izquierdo. hasta el hueso. En aquella misma ocasión recibí dos balas de mos-quete en los muslos. ecco un galant'uomo!-exclamó con marcial éxtasis un italiano bajito y regordete que fabricaba mondadien-tes y cunas de mimbre en la isla deNôtreDame. Parbleu!. en Ligny. El marqués había cerrado los ojos y me pareció resignado y asqueado todo el tiempo que duró la escena. se reirían con ganas. un trozo de obús me atravesó la pierna y me abrió una arteria. un tajo con un sable en toda la palma. que la naturaleza me devolverá mi integridad en menos tiempo que uno de vuestros sastres remienda una vieja casaca. La sangre está bien derramada. volviéndose en su silla para llamar al camarero. y cinco días después estaba jugando a la pelota con un general inglés. Un minuto después debería haber expirado si no me hubiera arrancado el fajín en un santiamén. y el trozo mayor de una espoleta en la frente. Todo eso son simples menu-dencias. pero ¿no le he visto por casualidad hace un rato examinar junto a mí el escudo de armas de ese vehículo? ¿Me puede decir quién llegó en él? -Yo diría que el conde y la condesa deSt.. un fragmento de metralla en mi deltoides izquierdo. y en medio minuto había perdido la suficiente como para llenar un jarro. contra los muros del convento de Santa María de la Castidad. -Garçon!. caballeros. -¿Y están aquí. y era otra vez la vida y alma de mi com-pañía. caballeros. en laBelleÉtoile? . se alojan en el primer piso-contesté. un bayonetazo en el cartílago de las costillas del lado derecho. monsieur. cortando así la hemorragiay salvando mi vida. se fijó ahora en mí. El excéntrico oficial. atravesarme.. que recibí cuando intenté salvar mi cabeza. había perdido demasiada sangre y desde entonces estoy más pálido que el culo de un plato. con un pie descalzo.¡Sus hazañas serán celebradas en toda Europa! ¡La historia de estas guerras debería escribir-se con su sangre! -¡Bah! ¡No tiene importancia! -exclamó el soldado-. caballeros. Ocho días y medio después estaba yo haciendo una marcha forzada. Pero enseguida volvió a sentarse. De forma aparentemente accidental. un sablazo que me arrancó una libra de carne del pecho. Hizo ademán de levantarse.destrozarme.dijo-..bravissimo!Per Bacco. No habría sabi-do . se concentró en su botella de vinordinaire. Miren mi mano. eh! ¡Ja. ¿Quién ha venido en ese carruaje amarillo oscuro y negro estacionado en mitad del patio. y pude oírle perjurar y mascullar insultos para sus adentros con ceño fruncido y huraño. ¡En Arcole.caballe-ros. cuya mirada se había vuelto de repente torva y grave. lo hubie-ra atado a mi pierna por encima de la herida y hecho un par de nudos.

monsieur. -Eso es bien cierto. -Garçon. Me volví para decir un par de cosas al marqués. Debo señalar que mi cabeza estaba inclinada en una postura incómoda. que sea bueno de verdad? -Puedo traerle el mejor borgoña de Francia. todo el mundo sabe que la cocina francesa no es el mejor aperitivo para un sueño apacible. mi bella condesa! ¿No nos vamos a conocer nunca?» CAPÍTULO VI . en un gran sillón de roble esculpido que tenía un respaldo maravillosamente alto y que pare-cía más viejo que Matusalén. y la partida de los comensales no tardó en dispersarse.monsieur. Tuve un sueño mientras echaba aquella cabezada junto a la lumbre.monsieur. el vino era excelente.más de una vez lo han confundido con un aparecido. Había llenado mi cuarto vaso cuando caí dormido. ¿Puedo quedarme aquí una media hora? -Naturalmente.-Haga el favor de poner la botella sobre esa mesa. además. y un vaso al lado.¿Podría decirme quién es ese oficial? -Es el coronelGaillarde. no tiene ningu-na preocupación y está sentado solo junto al fuego en un confortable sillón tras haber cenado en abundancia se le puede perdonar perfecta-mente si echa una cabezadita.monsieur.monsieur. ha cambiado de clima cada media hora. -¿Me puede servir una botella de borgoña. . -¿Viene a menudo por aquí? -Sólo ha venido una vez antes. Fui a sentarme junto a la chimenea.dije-.Un sable desenvainado A un hombre que ha viajado todo el día en la posta. Me sentía muy a gusto. « ¡Ah. Otras personas se habían retirado igualmente.Hace un año se alojó aquí durante una semana aproximadamente. y mi pensamiento res-plandeciente y sereno. pero éste se había marchado. pues la noche se había vuelto fría. se siente a gusto consigo mismo. -Es el hombre más pálido que he visto en mi vida.decir si estaba alarmado o furioso. Dos o tres tarugos de leña ardían en el fuego.

sobre el que. -Estoy tratando de descubrirlo por mí mismo -dijo-.yahora estaba bebiendo su copa. colocó las manos bajo los pies de la joven y entre los dos empezaron a levantarla. Estaba perfectamente despierto. el conde deSt.Alyre. Estaba paralizado por el miedo. ¡Por favor. sobre la que posó sus manos largas y delgadas. El lugar parecía vacío. -Bueno. pero el rostro ancho e inicuo del coronelGaillardeme estaba mirando. así es-contesté. me dijo con una voz susurrante que me dejó helado: «Vienen a enterrarme viva. se había tomado una demi-tasse de café noir. temeroso de que se me hubiera escapado alguna palabra ofensiva por el papel que él había desem-peñado en mi sueño-. y me llevé un susto de espanto cuando el cuerpo que yacía sobre el catafalco (sin moverse). sálveme!» Noté que no podía ni hablar ni moverme. en el que se dibujaba una sonrisita de triunfo infernal. envuelto también con tela negra. procure no tener sueños peores que los que ha tenido esta noche -dijo con tono enigmático mientras meneaba la cabe-za con una risita entre dientes-. -Me quedé dormido y he estado soñando -dije. por arriba y por abajo.Mee ncontraba en una catedral inmensa. -¿Qué quiere decir el señor coronel? -pregunté. y creo que lo conseguiré. Cuando tenga sujeta una punta del hilo entre el índice y el pulgar.Alyre. de esta y esa manera.contestó secamente el coronel. el coronel de semblante pálido marcado por una cicatriz. monsieur. Ingenioso. ¿no es cierto? -dijo entornando un ojo con aire pensativo y mirándome fijamente con el otro ojo. Me embargaba una horrible sensación de expectación. -Así lo creo. Otra. Sueños peores -repitió. por mucho trabajo que me cueste seguiré el hilo tramo a tramo. desde el otro lado de la lumbre.Alyre. poco a poco. yacía el que me pareció ser el cadáver de la condesa deSt. El coronel. que me estaba mirando con sarcasmo. jovencito. -¿Dónde está ella? -exclamé con un estremecimiento. se deslizó hacia la cabeza de la figura. Durante unos instantes no sabía ni quién era yo. de la que emanaba un agradable aroma de coñac. pálido como la muerte. hasta que todo el hilo quede bien liado en mi pulgar y logre dar con la otra punta. Rompiendo el hechizo con un esfuerzo descomunal. -Usted es el joven caballero que está hospedado encima del conde y la condesa deSt. hacía frío. Un eco apagado daba idea de la vastedad del lugar. Una. y mi vista sólo alcanzaba (al tenue res-plandor de los cirios) hasta un pequeño radio. Lo poco que veía tenía ese carácter sobrio del estilo gótico y ayudaba a mi imaginación a dar forma y amueblar el vacío negro que me abisma-ba. -Eso depende de a qué ella se refiera. sin otra luz que la que prove-nía de los cuatro cirios colocados en las esquinas de una especie de estra-do cubierto por un paño negro. me puse de pie y proferí un grito ahogado. Oí un sonido parecido al paso lento de dos personas avanzando por la enlosada nave lateral. Las dos personas que se acercaban salieron entonces de la oscuridad. de un lado a otro. . con su correspondiente secreto. -¡Cielo santo!-exclamécon la respiración entrecortada y mirando a mi alrededor. sí.

Pero no puedo decir cuándo se producirá ese aconteci-miento.. sin ningún cargo de responsabilidad. ¿Quiere un vaso el señor coronel? Tomó el mayor que encontró. lo puso al mando de un regimiento. Cualquiera de las dos cosas mesacarían de aquí. ¿Es bueno el vino de aquí? -dijo con una mirada inquisitiva hacia mi botella. por supuesto. . que no podía prescindir de nadie. salí sin otra compañía que mi recio bastón. Supongo que sigue usted mañana su viaje a París. -¡Ah. Pero algo hay que hacer para matar el tiempo. Sólo sería capaz de renegar de una buena amistad hecha en mis años jóvenes si para cultivarla me obligaran a vivir en semejantes luga-res. estaban cerradas. qué fuerte hay que ser para vivir en ellas!. bah! ¡No es de lo mejor. sobre un pedestal. Solía dar un tostón espantoso al personal del Departamento de la Guerra. lo alzó con una reverencia y lo bebió despacio. Debería haberme dicho que le pidiera un borgoña. Por desgracia. No les aburriré con efectos de luz de luna ni con las ensoñaciones de un hombre que se ha enamora-do instantáneamente de un hermoso rostro.. cómo no! Está un poco loco. Visité el patio y miré hacia las ventanas de la condesa. me encontré en una placita bordeada de casas con gabletes y en cuyo centro se erguía. quienquiera que fuese. calándome el sombrero.... -He pedido caballos. pero volviéndolo a llenar-. Siguió hablando un rato mientras volvíamos despacio hacia laBelleÉtoile. Napoleón.monsieur. y sólo la amistad me ha empujado a tomar parte en ella. Acepté aquella grave privación con la mayor resignación que pude y decidí darme una vueltecita por la población. Dio unos pasos en mi dirección y dijo encogiéndose de hombros y riendo: -Le sorprenderá encontrar amonsieurDroqville mirando esa vieja figura de piedra a la luz de la luna. Diré simplemente que mi paseo duró una media hora y que. -¿Puedo ayudarle de alguna manera para acelerar su partida? -me ofrecí. Le buscaron un empleo.luego se produjo una pausa. habría hecho fortuna como espía.sí. ni mucho menos! -exclamó con cierto desprecio. leía. a quien reconocí al instante: no era otro que el marqués de Harmonville.. -¡Ah. -Me temo que no. y no le habrían traído esta pócima. de esos que tanto se valoraban entonces.¿no? ¡Más astuto que cinco zorros juntos! ¡Más despierto que una comadreja! Parbleu! Si no me hubiera importado rebajarme.Pero le doy mil gracias. ha recibido algunas heridas peligrosas en la cabeza. o permanecía sentada en su sillón pensando en.Estas pequeñas pobla-ciones de provincia. Como veo. Siempre fue un combatiente temerario. -Más que bueno -dije-.. cuando volvía dando un pequeño ro-deo. que yo aproveché para preguntarle si sabía algo del coronelGaillarde. Tiene la cabeza constantemente llena de pájaros. o una llegada. que me reconoció a su vez casi inmediatamen-te. Es una obra en la que todos los papeles están ya repartidos. también usted padeceennui. Estatua que estaba mirando también un hombre delgado y bastante alto. Me libré de aquel hombre tan pronto como me lo permitió la buena educación y. lo llenó. -Yo espero una carta. Yo soy un simple aficiona-do. ¡Cielo santo. una estatua de piedra desgastada por varios siglos de lluvia. pero en su famosa campaña.. y ni siquiera tuve el pequeño consuelo de contemplar la misma luz que estaba contemplando en aquel momento la hermosa dama mientras escribía.

sentí que ésta me iba a interesar a mí de manera especial.Hay. Pero. llevaba el rostro cubierto por su espeso velo negro. El dueño de laBelleÉtoileestaba tratando de calmar al coronel. la cual. Mientras proseguía premiosamente hacia mi posada. que el coronelGaillardeparó en laBelleÉtoiledurante una semana hace cierto tiempo. Iba pensando en el coronelGaillardey. deprisa! Por san Pedro y Lucifer que. otra posada llamadaL'ÉcudeFrance. me dio las buenas noches de manera misteriosa y desapareció. con elgarçonque me había servido el borgoña una hora antes.monsieur. cuando el pequeño camarero pasó a mi lado. -No sabe uno a qué atenerse -mascullé entre dientes mientras me alejaba. el coronel.Alyre. ¡Pareja de vampiros. le rebanaré la cabeza. con aire desencajado.monsieur. intuitivamente. contemplabanla escena impotentes . me agarró del brazo. vestido con su traje de viaje. si no recuerdo mal. si alguno de los dos trata de salir por esa puerta. también con atavío de viaje. o había. No podía creer que tuvieran la audacia de viajar por la ruta nacional. Resultaba evidente que se había visto interceptado cuando se dis-ponía a subir a su coche. le hice señas de que se detuviera. y sus delicados dedos sostenían una rosa blanca.Es un poco alborotador. -Sí.El marqués se detuvo en su puerta. me tropecé. tenía los ojos desencajados. -No creía a mis ojos cuando reconocí el ave de presa roja. Imposible concebir una efigie más diabólica del odio y la furia que la personificada por el coronel.monsieur. -¿Nunca ha sospechado nadie que esté loco? -Nunca. El coronel no dejaba de berrear manteniendo la espada en alto. -Me ha dicho antes. ¡Qué oportunidad tan buena se me brindaba! Me acerqué a la dama. alojarse en una posada honrada y cobijarse bajo el mismo techo que otros hombres honrados. -¿Está en su sano juicio? El camarero puso ojos de plato. Un poco por detrás del conde estaba la con-desa. Permanecí unos segundos estupefacto. A casi todos los jóvenes les gusta. Ya se veían las luces de laBelleÉtoile. y con su bufanda de seda negra cubriéndole la parte inferior del ros-tro. y en el vestíbulo estaba teniendo lugar un furioso altercado. de demonios! ¡Llamad a los gendarmes. que estaba plantado ante el viejo conde deSt. le rechinaban los dientes y acom-pañaba sus denuncias estentóreas con zapatazos contra el suelo y moli-netes con su sable. en efecto. de lobos. Hice corriendo los cincuenta metros que me sepa-raban de allí y me encontré en el vestíbulo de la vieja posada. pero un hombre muy astuto también. iluminado por la luna. . presenciar una algarada.En la puerta. El actor principal de aquel extraño drama era. pálidos de terror. en esta ciudad. Dos camareros. Se le notaban en la frente sus venas nudosas. Los berridos del coronel Gaillardese imponían a cualquier otro sonido. -Desde luego. había un coche tirado por cuatro caballos. en la sombra de una hilera de álamos. cuando menos.

sin importarle otra cosa que no fuera mi condigno casti-go.La rosa blanca Yo era demasiado rápido para el coronelGaillarde. rumbo a París. que estaba abierta). matón. Este horrible loco. mientras la espada del frenético soldado. como mi conciencia me insinuó después. rufián. en dirección de la puerta. que recompensó con creces el riesgo que yo corría. ni si estaba vivo o muerto. mientras él retrocedía. Los látigos de los postillones chasquearon. ¿Qué podemos hacer? No quiere dejarnos pasar. cobarde! La dama dejó escapar un grito leve. le ofrecí mi brazo. que dio con sus huesos en el suelo. -No tema nada. Estaba a punto de preguntarle si tenía alguna orden con la que hon-rarme (mi mano reposaba sobre el borde inferior de la ventanilla. Todo aquello se produjo mientras el conde impartía órdenes. ¡Por el amor de Dios. Adiós. Entró en él. Va a matar a mi marido. váyase! Yo apreté su mano durante unos segundos. tambaleándo-se. Ella la retiró. Rompí su espada bajo mis pies y lancé los trozos a la calle. Éstos ocuparon ahora sus puestos con la agilidad que produce la desazón. casi en el mismo lugar. le asesté otro golpe. que ella aceptó. En un santiamén corrí al lado de mi bella condesa. .que no dejaba de lanzar invectivas. en medio del claro de luna. La mano de la dama se posó sobre la mía.susurró en medio de su agitación-. e. silbaba en el aire para abatirme. sin mirar a derecha ni izquierda ni dar las gracias a nadie. CAPÍTULO VII . los caballos empezaron a moverse y el coche se fue alejan-do con su preciosa carga por la pintoresca calle principal. a consecuencia de mi ingeniosa idea. monsieur!. y plenamente decidido a partirme la crisma en dos. pero colocó en la mía la rosa que había estado entre sus dedos durante la agitada escena que acabábamos de vivir. y ¡ay!.Alyre salió disparado.. tal era el vendaval de deliciosas y diabólicas emociones que sen-tía dentro de mí. Todo sin mediar una sola palabra. supli-caba y maldecía a sus criados. y.-¡Oh. Váyase.madame-contestécon romántica devoción.Mientras él levan-taba su espada. y yo le cerré la portezue-la. tras una pausa de indecisión. que estaban algo achispados y no habían asistido a la dramática escena. grité: -¡Sujete su lengua y despeje el camino. interponiéndome entre el conde y Gaillarde. El viejo conde deSt. donde quedó aparentemente muerto. No me importó ninguno de sus galones militares. que pueda olvidarlo.. yo lo golpeé en la cabeza con mi macizo bastón. y la conduje hasta el coche. abandonada así a su suerte. Sus labios casi tocaron mi mejilla al decirme apresuradamente: -Puede ser que no vuelva a verle. tímida pero nerviosa. bajó los escalones y desapareció en el interior de su coche.

Ambos convenimos en que. invité al posadero a compartirlo conmigo. al tacto de los cuales su semblante. había visto pasar de una mano a otra. Qué lástima si aquella excursión mía. lo apoyaron contra la pared. se tornó radiante. también cabezas). mientras su talante distante se troca-ba en amigable. acababa en el cadalso o en la guillotina. Se mandó llamar a un pequeño cirujano militar de unos sesenta años. pese a su extraordinaria capacidad autocurativa. Vi al posadero en la sala en la que habíamos cenado. quedaba claro que entre nosotros dos se habían instaurado unas relaciones muy cordiales. y se había retirado con su espada y su sierra. El último par de la ciudad lo había reservado elÉcudeFrance. Al principio creyó que el cráneo del arrojado coronel se había fracturado.No hubo un solo camarero de la posada que no estu-viera dispuesto a corroborar bajo juramento la veracidad de aquella afirmación. en cualquier caso había una conmoción en la sede del pensamiento. el militar habría decapitado a la mitad de los huéspedes de la BelleÉtoile. me di la vuelta. que fue debidamente apuntado en su cuenta.Dicho lo cual. El solícito dueño de laBelleÉtoiley sus ayudantes levantaron al héroe herido en mil batallas. apuntalándo-lo a cada lado con baúles y almohadas.para un caballero que había almor-zado y cenado en laBelleÉtoileyque tenía que continuar hacia París aquella misma noche. Con un profundo suspiro. Yo empecé a sentir cierta inquietud. así. El lector supone sin duda que yo tenía otros motivos. para desear rea-nudar cuanto antes mi viaje a París. Como comprenderá cuál no sería mihorror al saber que. con la rosa blanca dobla-da en mi pañuelo. dulce y precioso que ningún ojo mortal. que había amputado ochenta y siete piernas y brazos tras la batalla de Eylau. mientras se llevaba apresuradamente las monedas a los bolsillos. Mejor pasarse por mil que quedarse a un milímetro de la meta. como ven. y. había motivos sobrados param antenerlo fuera de combate durante al menos un par semanas. Ena quellos tiempos de inestabilidad política no estaba claro cuál era el pro-cedimiento en vigor para castigar a los criminales. en su gran boca. mi favor secreto. de cabeza calva y con gafas. Pedí una botella del mejor vino que había en la posada. donde por primera vez aquel delicioso elixir no fue ingurgitado desaforada-mente. mi pequeña prenda de despedida. en la proporción de dos vasos a uno. si yo no hubiera dado aquel certero bastonazo. e introdujeron un vaso de coñac. además del deseo de escapar de las fastidiosas pesquisas judiciales. coloqué en su mano treinta y cinco napoleones. no había manera alguna de conseguir caballos aquella noche. sus laureles y sus escayolas a esta su ciudad natal. más que el suyo y el mío. y luego le dije que no debía rechazar un insignificante souvenir de un huésped que había quedado encantado de todo lo que había visto en la famosísimaBelleÉtoile. no se puede andar especulando ni escatimando medios económicos. Yo sentí esto de manera instintiva. en la que iba decidido a hacer saltar bancas y romper corazones (y. ni por ruegos ni por dinero. El coronel fue conducido a su habitación roncando apopléjicamente. Inmediatamente saqué a relucir el tema de la cabeza rota del coro-nel. ¿Quién era aquel caballero? ¿Había marchado ya? ¿No se le podría convencer para que aguardara hasta el día siguiente? . Cuando se emplea algún tipo de fuerza para conseguir un objetivo importante. hasta entonces poco simpático.Yo permanecí inmóvil sobre el pavimento hasta que se perdió del todo en lontananza.

Alyre. Yo también daba algunas cabe-zadas. Me gusta saborearlo tranquilamente. Quizá era ella. del conde deSt. Permítame que le recomiende que haga usted lo mismo: el café de aquí es realmente bueno.El caballero se encontraba ahora en sus habitaciones recogiendo su equipaje. Al marqués le estaba entrando la modorra y. llevaba más de sesenta horas sin dormir. según me han referido. puede decir lo que quiera. -Esa dama es la hija o esposa. él se la colocó sobre las rodillas para que le sirviera de mesa en miniatura. Asentí. eso creo. Es hija de un matrimonio anterior. luego pasó al interior del vehículo la pequeña bandeja y me ofreció una taza de café. y sólo durante un par de minutos. Subí rápidamente a mi cuarto. y su nombre no era otro que el demonsieurDroqville. no importa cuál de las dos cosas sea. Media hora después. No se despertó. -No soporto que me esperen los camareros mientras bebo el café -dijo-. Era realmente un café buenísimo.Clair. donde había tenido la suerte de conseguir caballos mandando por delante a su criado. poco después. Está mohíno. según me dijo. Como yo le dije que no necesitaba la bandeja. cayó completamente dormido en su rincón. ¿Dónde se hospedamonsieurDroqville? Por supuesto que lo sabía. por la espada del general a quienmonsieurha tenido la suerte de mandar a la cama con un buen ataque de apoplejía. Gracias. Hoy sólo he visto al conde. -Perdone que sea un compañero tan aburrido -dijo-.St. idiota! Ese hombre estaba más borracho que una cuba. en mi coche de camino y con sus caballos. siempre lo sabía todo. el anciano caballero que ha estado tan a punto de ser troceado esta noche. -Y bien. Hubo un pequeño retraso mientras él abonaba aquellas cosas. . ya he echado un sueñecito. donde encontré a mi criadoSt. No puedo contestarle con exactitud.dime ahora quién es esa dama -le conminé. pero el marqués dormía como un tronco. mis pensamientos cambiaron unos instantes de rumbo. ¿a quién le importa? Recoge todas mis cosas. hasta la siguiente posta. Ordenó dos tazas de café expreso y esperó con la cabeza asomada por la ventana. Y la bandeja. Tomaré aquí una taza de café. -¡Cierra el pico.monsieurDroqvilley yo viajábamos juntos rumbo a París.Clair. -Guardaremos las tazas -dijo al camarero que le traía las tazas-. Al cabo de un rato me aventuré a preguntarle al marqués de Harmonville si la dama que acompañaba al conde era de verdad la condesa. Es una joven muy hermosa y encantadora.Al verlo. -¿No tiene una hija? -Sí.

podíamos considerarnos afortunados de haber encontrado dos. Desde mi rincón seguía visuali-zando en diagonal.-Al igual quemonsieurel marqués. yo había empleado hasta entonces cuatro caballos por etapa. Volví a intentarlo. por ejemplo. Deseaba con todas mis fuerzas conciliar el sueño. envuelto ahora en papel blanco. la diferencia de velocidad resultaba deprimente. Primero arrojó su taza por ella. ha-ber intentado. que oí chocar contra la calzada. Fuera lo que fuera. se resignó afablemente a que nuestra con-versación fuera decayendo. y la conversación se animo. El marqués era extremadamente simpático. Mi compañero había vuelto a empaquetar sus cartas y estaba miran-do por la ventanilla mientras tarareaba el aria de una ópera. tenía mi querido souvenir -mi rosa blanca. pero ni siquiera podía mover una mano. Acabó pareciéndome aburrida la visión del marqués leyendo con sus lentes caladas. pero la barrera entre la vigilia y éste se me antojaba absolutamente infranqueable. con sus peligros y seducciones. se caló las lentes y sacó un fajo de cartas. hacer volcar el carruaje. Este café hará maravillas en mí.cerca del corazón. me fueron entrando unas ganas terribles de dormir. Empecé a sentir el peso del sueño. Un valioso hallazgo. A pesar de las historias divertidas y curiosas que contó el marqués. Pero. Me habría restregado los ojos. luego la mía. aquello no se podía equiparar con una simple pesadilla. que sujetó con dos pinzas en la ventanilla opuesta. por un acto de voluntad insólito. que notó esto. 1 mi voluntad no mandaba ya sobre mi cuerpo. llenas de sal y de colorido. y así entré en un estado de somnolencia completamente nuevo e indescriptible. la abrió y sacó la que resultó ser una lámpara. El marqués. la colocó sobre sus rodillas. Hice un esfuerzo sobrehumano por gritar. ya me siento como nuevo. en aquella emergencia. Echó hacia atrás la cabeza y dijo. con el mismo resultado. Avanzábamos muy lentamente. Hasta entonces. además de hábil. La encendió con una cerilla. Repetí el esfuerzo varias veces. Me esforcé por poner fin a aquella imagen fatigosa. pero algo me impedía cerrar los ojos del todo. el interior del coche. Me acomodé en mi rin-cón. con los ojos semientornados. Nos pusimos en marcha antes de haber apurado las tazas. ¡Empecé a asustarme de verdad! ¿Estaría padeciendo algún ataque? Era horrible ver cómo mi afable compañero seguía dedicándose a sus ocupaciones rutinarias cuando podría haber ahuyentado mis horrores con un simple sacudimiento. pero sin llegar nunca a perder la conciencia del todo. volviéndose hacia mí: . a no dudarlo. para algún campesino madrugador. y me hizo una brillante y divertida descripción de la vida parisiense. Con todo. En mi impaciencia. que se puso a leer con mucha atención. Éste me inspiraba toda una gama de sueños románticos. pero nada. Descubrí que me resultaba a tan difícil mover cualquier articulación o músculo como. y finalmente hizo lo propio con la pequeña bandeja. Su ventanilla iba abierta. doblando y guardando las cartas una a una.no había experimentado ninguna sensación de terror. Durante un rato el café nos volvió parlanchines. y me cuesta mucho trabajo mantenerme despierto. El marqués cogió del suelo su valija. yo he dormido muy poco duran-te las dos o tres últimas noches. pero estaba claro que había perdido la capacidad de cerrarlos. presentando su retrato de manera que se me quedaran bien grabadas algunas enseñanzas de orden práctico.

Extremando el cuidado para no despertarme. Entramos en una pequeña población. Tú y yo nos retiraremos mientras cambian los ca-ballos. El coche se detuvo. Mi criado se acercó a mi portezuela y la abrió. Me miró más de cerca y. con una sonrisa afable. salió tras dirigirme a mí otra sonrisa ama-ble y a mi criado otra palabra de precaución. gracias a Dios. yo quedaba abando-nado en el mismo rincón y en la misma postura.-Sí. El poder del pensamiento seguía claro y activo. CAPÍTULO VIII . Despabiló la llama y echó más aceite a la lámpara. Un lúgubre terror se había apoderado de mi espíritu. -¡Ya hemos llegado! -dijo mi compañero. llegaremos dentro de unos minutos. Vi abrirse la puerta de una posada. la cerró. volviéndose alegremente hacia mí-. era inenarrable. Luego colocó nuevamente las cartas en la valija. muda e inmóvil. y un pequeño enco-gimiento de hombros. no había padecido nunca nada parecido a aquella tortura. ni lo padecería tampoco después. dijo: -¡Pobrecillo! ¡Qué cansado debe de estar! ¡Qué sueño tan profundo le ha entrado! Cuando se detenga el coche seguro que se despertará. Lo oí conversar conSt. ya se ven luces. -Sí. pues. Le traeremos algo a monsieur Beckett. seguro que va a morirse de hambre. ¡qué cansado debe de estar! -exclamó tras haber esperado una respuesta de mi parte. Entre tanto. y mi angustia. pero. ¡Está tan cansado! Sería una cruel-dad molestarle ahora. y tomaremos un piscolabis. de la que salía luz. Supongo que serían las dos de la madrugada. Me sentía como un alma encarcelada. Clairmientras entraban en la posada. ¿Cómo terminaría aquello? ¿Era real-mente la muerte? .Una visita de tres minutos En varias ocasiones de mi vida he sufrido fuertes y largos dolores cor-porales. -Tu amo duerme profundamente. en cuanto se despierte. se metió las lentes en el bolsillo y volvió a mirar por la ventana. Pero no me desperté. Espero con toda el alma que no se parezca a ninguno de los tipos de muerte que pueden acaecernos.

perdido el control de mi cuerpo. se hinchara y explotara en él. el documento a que acabo de referirme. Sus propósitos eran a todas luces siniestros. Podía oír y ver todo con la nitidez habitual. los volvió a meter en mi bolsillo y desapareció. La tensión indescriptible del cerebro pareció ceder de inmediato. Yo pensé que iba a robarme y. a todas luces. también vi una cicatriz roja que le atravesaba la mejilla desde los labios. Al moverse. Era un hombre joven con un holgado abrigo gris os-curo y una especie de capucha. no duró más de tres minutos. del que sacó mi preciosa rosa blanca y todas las cartas que había. y una persona desconocida entró silenciosamente y cerró la portezuela. Volvió a sumirse en la lectura y clasificación de sus papeles a la luz de la lámpara que acababa de coadyuvar a las maquinaciones de un espía. Su visita. Deslizó una mano en el bolsillo de mi chaqueta. Lo que le interesaba era. se debía de hallar a unas dos leguas de distancia cuando de repente sentí un extraño palpitar en un oído y la sensación de que el aire pasaba por él y se alojaba en la garganta. por lo que vi al in-truso perfectamente. empezó a tomar rápidas notas sobre su conte-nido en un pequeño cuaderno de bolsillo. Ah. esperando con ansia su regreso: algún accidente afortuna-do haría que yo despertara de mi catalepsia.. si hubiera sospe-chado. Ya he dicho que el marqués de Harmonville no había apagado su lámpara de coche al entrar en la posada de aquella aldea. noté un extraño zumbido en la cabeza y una . También vi. Yo escuchaba atentamente. creí distinguir bajo la capucha la cinta dorada de una gorra militar. según mis cálculos. Todo esto lo hizo en un abrir y cerrar de ojos. como podríamos denominarlo. Mi preciosa rosa la dejó también a un lado. ocurría que mi voluntad había. Colocó los papeles en el mismo orden en que los había encontrado. Entró. me examinó de cerca la cara duran-te unos segundos. Inmedia-tamente después de su desaparición oí nuevamente la voz del marqués. y todo lo hacía con rapidez y decisión. creo. Este hombre parecía trabajar con la celeridad sigilosa y fría propia de un agente secreto. lo desplegó y. El lugar donde había recibido la visita de aquel agente secreto. Parecía como si una burbuja de aire. Sin ruido alguno de pasos que anunciaran una llegada inminente. lo que indicaba un plan bien definidoy establecido de antemano. formada en el oído. medio envidiándome. con un lápiz. quizá. inclinándose hacia míy ponién-dose en visera su mano enguantada. los galones y botones en las puñetas de la guerre-ra. Este hombre había entrado con el sigilo de un fantasma. la portezuela del coche se abrió de repente. cerró la puerta suavemente y se sentó a mi lado. El joven llevaba un espeso mostacho y una pequeña mata de pelo bajo el labio inferior. Ahora estábamos ya fuera de la población y proseguíamos el viaje a la misma velocidad moderada. por un sueño tan profundo. A las cartas les echó un vistazo somero. Entró en el coche y vi cómo me miraba esbozando una sonrisa. Simplemente. entre las que figuraba un documento de especial importancia para mí. luego. que le cubría la cabeza. con perfecta nitidez. Era obvio que no era aquello lo que buscaba. por así decir. La lámpara daba una luz parecida a la de una vela. fáciles de distinguir bajo las amplias mangas del holgado abrigo.He de señalar que mi facultad de observar no había sufrido merma alguna. a asesinarme.. Pero yo no era más que un cuerpo inerte en sus manos.

Era un hombre valiente como usted.. tan pronto como concluya la misión diplomática del marqués de Harmon-ville. Sin embargo. Sin embargo. como mi otro amigo. este último ya se las ingeniará para hacerle entrar en el palco quemonsieurel marqués tiene en la ópera. Poco a poco el proceso de restablecimiento fue tocando a su fin. como puede ver. la forma como ha cedido. me cogió la mano y me preguntó con aire serio si estaba enfermo. de seguro que le habría robado.descubrir quién fue esecoquinque espió sus cartas. El marqués se me quedó mirando. aunque no pueda verle a menudo. al sueño. en condiciones tan desfa-vorables para usted. Luego me preguntó con gran solicitud por el mal que me había sobrevenido. según la frase popular. como ocurre con un miembro que. Le pediré que me diga el hotel en el que piensa alojarse. y nunca me habló de tal cosa. sino solamentemon-sieurDroqville. Ese bellaco no habrá tocado mi valija. me dijo: -Un amigo mío me dijo en cierta ocasión que era posible un ataque como el que ha sufrido usted. lo que me hace pensar que se trata de la misma clase de ataque. estoy casi convencido de que debió de ser un agente de policía. sin embargo. Esa gente siempre actúa con mucha habilidad. el cansancio y. Si se hubiera tratado de cualquier otro tipo de facineroso. -Sí. cuando lleguemos a París. se ha dormido. como el marqués está. El inesperado y valiente combate. Daría cualquier cosa para que ciertas personas no leyeran nunca media docena de cartas que llevo aquí. a resultas de un estado de especial excitación. Cuando le hube contado todo.. así como también a otros lugares de más difícil acceso. podía estar tran-quilo a ese respecto. Él colocó la valija a su lado. Yo hablaba muy poco. Todo en su sitio. por lo que yo había podido observar. donde me dejé caer luego temblando.que debo recordarle que por el momento no soy el marqués de Harmonville. Le dije que. la mansión de Harmonville se encuentra por el momento ocupada por dos o tres viejos criados. y así pude. Sólo pude contestarle con un gemido profundo. gracias a Dios -mascu-lló-. de viaje. Y. sobre el asiento. Se sumió en un estado que luego describió igual que usted. con una sensación de debilidad mortal. Exhalé un grito y me quedé medio levantado en mi asiento. -Me alegra saber que no he sido el único.especie de vibración en todos los nervios del cuerpo. que ni siquiera deben ver amonsieurDroqville. pues. »Me gustaría -prosiguió. Lo que me sorprende es el paralelismo de las causas propiciadoras del ataque. pues me sentía débil y agotado. la abrió y examinó su contenido minuciosamente. -¡Cielo santo! -exclamó-. A él le sobrevino a bordo de un barco. no hay nada que temer. Una o dos horas después. con un espadachín experimentado. no . decirle lo enfermo que me había senti-do. finalmente. Asimismo le puse al corriente de la violación de mis cartas durante su ausencia. pero el mar-qués seguía distrayéndome con su amable conversación. y había tenido que hacer valer a la vez su fuerza y su cora-je. -Hemos intimado tanto -dijo al final. y éste tenga libertad para mostrarse a plena luz. como es ese demente coronel de dragones. aunque muy débilmente. ¿Padeció una recaída? -Traté con él después durante muchos años. podré serle de gran utilidad. el cansancio se apoderó de él y pareció caer en un sueño profundo. Pero no vale de nada volvernos ahora porque no conseguiría-mos enterarnos de nada.

que se interesaba tan ama-blemente por el desconocido con el que. de cumplir su promesa de visitarlo este otoño en elChâteaude Harmonville. y ya estaba empezando a temer que mi aristócrata amigo se hubiera olvidado por completo de mí cuando el camarero me ofreció la tarjeta de«MonsieurDroqville». También tengo que decir una cosa. pese a haberla visitado numerosas veces después. que en poco tiempo había recobrado toda su alegría y cuyo bulli-cio era aún mayor que el habitual. Mientras aún le daba las gracias.Chismes y consejos Mi accidentado viaje había terminado por fin. sin haber experimentado ninguna muestra de esa rudeza e insolen-cia de las que otros se quejaban por parte de los exasperados oficiales del derrotado ejército francés. La protección de un hombre tan importante. -Actualmente soy un ave nocturna -dijo tan pronto como hubimos intercambiado los saludos de rigor-. Nada podía ser más gentil que los modales y las atenciones del mar-qués. di mis más sinceras gracias al marqués. Llevaba dos días en París y ya había visto toda suerte de monumen-tos. tan afable y gentil como siempre. Cuanto más nos aproximábamos a París más valoraba su protección. CAPITULO IX . Allí estaba el marqués de Harmonville. Como pueden imaginar. por así decir. se había topado por error. También me había recuperado por completo de la extraña indisposición padecida durante mi viaje nocturno. Ahora me hallaba sentado a la ventana de mi hotel contemplando la brillante ciudad de París. Pero. no creo haber visto nunca aquella deliciosa capital tan encantadoramente excitada y excitante. podría hacer mi visita bastante más deliciosa de lo que me había esperado.y con gran júbiloy premura le dije que hiciera subir al caballero. Todo el mundo recuerda la gran exci-tación que siguió a la caída de Napoleón y a la segunda restauración borbónica. No había ni visto ni oído hablar del conde ni de la condesa. Me mantengo en la sombra durante el día. así como a mis visitas a los museos y a otros monumentos de la metrópoli. e incluso a esta hora sólo me he atrevido a venir en coche . Caía la tarde. Así pues. después de tantos años transcurridos) recordar y describir mis experiencias e impresiones del aspecto tan singular que tenía París en aquellos días extraños. el coche se detuvo de repente delante del lugar donde nos esperaban caballos de relevo y donde tenía-mos que separarnos. Mi romance se había apoderado tan por completo de mí que la esperanza de ver al objeto de mis sueños prestaba un secreto y delicioso interés a mis paseos a pie y en coche por las calles y alrededores.monsieurBeckett. ni recibi-do ninguna noticia del marqués de Harmonville. no necesito (aunque pudiera.excusará a su amigo. Aqué-lla era mi primera visita.

Le di de nuevo las gracias y prometí seguir sus consejos al pie de la letra. una vez que ha sido uno aceptado por el beau monde ya no puede vivir a su aire. a los que había tenido la suerte de salvar de un trance sumamente desagradable en el vestíbulo de la posada. que. unas palabras en mis funciones de mentor. le pregunté por el conde y la condesa de St. en la urbe. y haremos así una pequeña lista. Le di mis más sentidas gracias. poseían un valor incal-culable. . Absténgase de jugar. No sabía dónde para-ban. No confíe en nadie que no conozca. durante al menos tres semanas. No haga amistad ni intime con nadie hasta entonces. ya que habría que hacer bastantes preparativos. Los amigos para los que he emprendido esta misión algo peligrosa así lo han dispuesto. y yo mismo lo introduciré en la rutina brillante pero relativamente tranquila de la buena sociedad. y él echó un vistazo a las señas. me ofreció un catálogo y una guía. y con gran cantidad de anécdotas diverti-das y escandalosas. al menos unos cuantos días. No se pierda ni uno. Un amigo a su lado vale más que todas las cartas juntas. Coja un plano y escriba letras o números sobre los puntos que le voy a indicar. tendré el gusto de poder ser verdaderamente útil para usted.cerrado. Creen que todo estará perdido si consiguen reconocerme. en París. No sabe cómo me disgusta no poder utilizarlo más a menudo durante las dos próximas semanas. antes de volver a instalarse en su hogar. les gusta apurar hasta la última gota los placeres anónimos de una gran ciudad antes que embar-carse en las obligaciones de la vida social. tal vez de una sola -dijo-. Alyre. Le volví a dar las gracias y le prometí sacar provecho de sus consejos. permítame regalarle estas entradas para mi palco. A ustedes. en París. Él pareció encantado y dijo: -Ahora le diré algunos lugares a los que debería ir. Yo mismo lo presentaré en sociedad. para una persona ávida de novedades y placeres como yo. no los había visto desde entonces. le dejarían sin blanca si lo hiciera. Así pues. ¡ay!. Le man-tendrán ocupado. los jóvenes. día y noche. Pero. durante mi ausencia había dado ins-trucciones a mi secretario para que facilitara entradas todas las noches al primero de mis amigos que se lo pidiera. Recuerde esto: aquí está rodeado de hábiles estafadores y granujas de todo tipo que viven de lo que sustraen a los forasteros. -Y ahora. Pero mi corazón estaba demasiado lleno de la bella dama de la Belle Étoile para permitir que nuestra entrevista terminara sin que yo hubiera intentado saber algo más de ella. De esta manera metódica. esté bien alerta. Déjese en mis manos. En primer lugar. y recuerde que. y el resultado es que ahora me encuentro con casi nada para mí mismo. después de una ausencia tan prolongada. Poseían una bonita casa antigua a las afueras de París. Cuando eso haya pasado. Lo llevaré personalmente de casa en casa. Todos los lugares que le voy a mencionar son dig-nos de verse. Yo le mostré media docena de cartas. Supongo que no ha venido a París sin cartas de recomendación. Entre tanto. -No tenga en cuenta estas cartas -dijo-. pero él creía probable que se quedaran. -Dentro de dos semanas. yo disfrutaré ya de toda mi libertad.

-¿Cuánto tiempo han estado fuera? -Unos ocho meses, creo. -Son pobres, me parece haberle oído decir. -Sí, para una persona como usted podrían considerarse pobres. Pero, monsieur, el conde tiene unas rentas que le permiten vivir con comodidades y hasta con elegancia, sobre todo llevando una vida tran-quila y apartada en este país barato. -Entonces son muy felices, ¿no? -Digamos que deberían ser felices. -Y ¿qué se lo impide? -Él es celoso. -Pero su mujer... No le da motivo alguno... -Me temo que sí. -¿Cómo, monsieur? -Siempre he pensado que es un poco demasiado..., excesivamente... -¿Demasiado qué, monsieur? -Demasiado bonita. Pero aunque tiene unos ojos extraordinaria-mente bellos, unas facciones exquisitas y la tez más delicada del mundo, creo que es una mujer honrada. ¿No la ha visto usted nunca? -Vi a una dama completamente embozada en su abrigo, con un velo que le tapaba la cara, la otra noche en el vestíbulo de la Belle Étoile, cuando le partí la cabeza a ese individuo que estaba intimidando al anciano conde. Pero su velo era tan tupido que no me permitió ver sus rasgos. -Respuesta ésta, como convendrán, bastante diplomática-. Podría ser la hija del conde. ¿Se pelean? -¿Quién, su mujer y él? -Sí. -Un poco. -¿Y por qué motivo? -Es una vieja historia: por los diamantes de ella. Son de gran valor Valen, según La Perelleuse, aproximadamente un millón de francos.Elconde desearía venderlos para disponer de mayor numerario, que élestá dispuesto a gastar como a ella le plazca. Pero la condesa, a quienpertenecen, se resiste a ello, y por una razón que, quiero creer, no está capaci-tada para revelársela. -Dígame, por favor, cuál es esa razón -dije, picado en mi curiosidad, -Supongo que piensa lo bella que estará con ellos cuando se casecon su segundo marido. -¡Ah! Claro, sin duda. Pero el conde deSt.Alyre es un hombre bueno, ¿no? -Admirable, y sumamente inteligente. -¡Cómo me gustaría que me lo presentara! Oyéndole a usted parece tan... -Tan agradablemente casado. Pero viven completamente apartados del mundo. Él la lleva de vez en cuando a la ópera o a alguna diversión pública; pero nada más.

-Y él debe de recordar tantas cosas del antiguo régimen, y tantos epi-sodios de la revolución... -Sí, es el hombre más indicado para un filósofo como usted. Se suele quedar dormido después de comer, pero no su esposa... Bueno, hablan-do en serio, le aseguro que apenas frecuenta elbeaumonde y que se ha vuelto un tanto apático, al igual que su esposa. Y nada parece interesarle a la condesa, ¡ni siquiera su marido! El marqués se levantó para despedirse. -No arriesgue su dinero -reiteró-. Pronto tendrá oportunidad de colocar parte de él en un negocio muy ventajoso. Varias colecciones de cuadros realmente buenos, pertenecientes a personas que apoyaron la restauración bonapartista, van a ser vendidos en subasta dentro de unas semanas. Podrá hacer maravillas cuando comience la venta. ¡Va a haberauténticas gangas! Resérvese para ellas. Yo le mantendré puntualmente al corriente. Quede con Dios. A propósito -dijo, deteniéndose en seco> al acercarse a la puerta-, casi me olvidaba. La semana que viene vaa haber un acontecimiento que debería entusiasmarle, pues suele escasear bastante en Inglaterra. Me refiero a unbalmasqué,organizado, según dicen, con un esplendor aún mayor del habitual. Tendrá lugar en Versalles. Todo el mundo estará allí; la gente se afana para conseguir invita-ciones. Pero creo que podré conseguirle una. Buenas noches.Adieu!

CAPÍTULO X - El velo negro

Hablando el francés de corrido y con dinero en cantidades ilimita-das, no había nada que me impidiera disfrutar de todo lo disfrutable en la capital francesa. Pueden suponer cómo se pasaron los dos siguientes días. Al cabo de los cuales, y hacia la misma hora,monsieurDroqville volvió a visitarme. Cortés, afable y alegre como de costumbre, me dijo que el baile de disfraces había quedado fijado para el miércoles, y que había consegui-do una invitación para mí. ¡Qué mala suerte! Lo sentía muchísimo, pero no podía asistir. Se quedó mirándome en silencio unos instantes con un aire de sos-pecha y amenaza que no comprendí, y luego preguntó, con cierta brus-quedad: -¿Y tendríamonsieurBeckett la amabilidad de decirme por qué no puede asistir? Yo estaba un poco sorprendido, pero le dije la simple verdad: tenía una cita para aquel día por la tarde con dos o tres amigos ingleses y no veía la manera de liberarme de aquel compromiso. -¡Ah, así que es eso! Ustedes, los ingleses, estén donde estén, siempre andan buscando lo mismo: la aburrida compañía de otros compatriotas, cerveza y bistecs; y cuando vienen aquí, en vez de tratar de aprender algo nuevo de la gente que visitan, y que fingen querer estudiar, se dedican a hincharse a comer, a perjurar y a fumar entre ingleses, y al final de sus viajes no salen más experimentados ni más pulidos que si hubieran esta-do de juerga en una tabernucha de Greenwich.

Prorrumpió en unas carcajadas sarcásticas (creo que en aquel momento le habría gustado envenenarme). -¡Ahí la tiene!- prosiguió arrojando la invitación sobre lamesa-Tómela o déjela, como bien le plazca. Supongo que he hecho el tonto con usted; pero no es corriente que un hombre como yo se tome tantas molestias, pida favores, y consiga finalmente un privilegio para un conocido para luego ser tratado de esta manera. Aquello me pareció de una impertinencia asombrosa. Me sentía turbado, ofendido, a la vez que arrepentido. Posiblemente había contravenido sin saberlo las normas de la buena educación según los cánones franceses, lo que casi justificaba la severidad del brusco reproche del marqués. Y así, en medio de una terrible confusión de sentimientos, me apre-suré a presentar mis disculpas para tratar de recuperar el favor de aquel amigo casual que había mostrado para conmigo tanta amabilidad desinteresada. Le dije que rompería a toda costa el compromiso que desafortunadamente me mantenía atado; que había hablado con muy poca reflexión yque ciertamente no le había mostrado mi agradecimiento en propor-ción a su amabilidad y a mi verdadera estimación de su persona. -Por favor, no diga una palabra más; mi desconcierto ha sido sólo por usted, y reconozco que lo he expresado en términos muy duros, que, estoy seguro, su buena disposición sabrá perdonar. Quienes me conocen un poco mejor saben que a veces digo muchas más cosas de las que quiero decir; y siempre lamento que me ocurra esto.MonsieurBeckett se olvidará pronto de que su viejo amigo,monsieur Droqville, ha perdido momentáneamente los estribos por atención a él, y así... volve-mos a ser los buenos amigos de siempre. Sonrió como elmonsieurDroqville que había conocido en laBelleÉtoileyalargó la mano, que yo tomé respetuosa y cordialmente. Nuestra disputa pasajera había terminado dejándonos mejores y amigos. El marqués me aconsejó que reservara una cama en algún hotel de Versalles, ya que luego encontraría problemas dada la gran demanda existente, y que lo hiciera inclusive la mañana siguiente. Así pues, ordené unos caballos para las once en punto, y, tras inter-cambiar unas cuantas palabras más, el marqués de Harmonville me dio las buenas noches y bajó a toda prisa las escaleras, tapándose con un y pañuelo la boca y la nariz. Desde mi ventana vi cómo subía de un brinco a su coche cerrado y desaparecía. Al día siguiente fui a Versalles. Cuando me aproximaba a la puerta del HôteldeFranceme dije para mis adentros que no había pecado pre-cisamente de madrugador, sino más bien de todo lo contrario. Alrede-dor de la entrada se agolpaba un enjambre de carruajes, de manera que resultaba imposible dar un paso adelante si no era a pie y sorteando toda una legión de caballos. El vestíbulo estaba a rebosar de criados y caballe-ros que gritaban al hotelero, el cual, en un estado de educada locura, aseguraba a todos y cada uno de ellos que no había habitación ni apo-sento libre en todo el hotel. Me deslicé hasta la puerta, dejando el vestíbulo a los que seguían profiriendo gritos y súplicas con la

Si ya antes había estado impaciente. si quería. y puedo añadir que no hay una sola habitación libre en toda la ciudad. a la máxima velocidad que permitieron mis caballos. Por fortuna. en medio de todo aquello. Aquella maniobra resultó muy útil para subir al vehículo. cubierta con el velo. en la que estaba seguro de haber recono-cido a la condesa. acababa de abrirse una brecha en medio de aquel conglomerado de carruajes. Por entonces yo tenía una vista extraordinariamente buena. Afortunadamente. desgraciadamente. no sé cómo. salté repartiendo disculpas incoherentes por encima de un coche abierto. tropecé al apearme y caí sobre los lomos de un par de caballos. adivinen cuáles serían mis sentimientos cuando vi pasar por el angosto margen que quedaba al otro lado de la calzada una calesa descubierta. alHôtelduRéservoir. la calesa que me interesaba había pasado antes de la catástrofe. Subí a mi coche y me dirigí. cubierto como estaba yo de polvo y con el sombrero aplastado. -Le voy a llevar a un lugar confortable. -Lo mejor es irse de Versalles -dijo-. Fue una visión agradable para mí. yo era más un Murat que un Moltke y preferí una carga directa sobre mi objeto antes que recurrir a ninguna táctica. tras dar el marqués unas órde-nes a su cochero. dando una voltereta. Pero no se preocupe: he encontrado algo para usted que le puede convenir. Diga a su criado que me siga. y. en una especie de cabriolé. a medida que los otros carruajes iban retirándose. y. y a su marido. Pero. ahora se hallaba ante la escalinata del hotel.Pero encontré la entrada igual de abarrotada. en el que había cuatro caballeros enfrascados en una discusión muy animada. ¿cómo salir de allí? Había coches delante y detrás. nos pusimos rápidamente en movimiento. en la que un anciano y un perro estaban echando una cabe-zadita. desagradablemente atemperados con risotadas. En un periquete me encon-tré junto a la portezuela. y no menos de cuatro hileras al otro lado. mi postillón había logrado con excesivo celo hacer avanzar los caballos. mientras me esforzaba por sacudirme el polvo de la ropa con un pañuelo. Permanecí unos instantes en medio de una tormenta de insultos. y. poco a poco. Su coche había tenido que aminorar la marcha debido a un carro que ocupaba toda la anchura del camino y avanzaba con la lentitud propia de tales vehículos. oí una voz que me resultó familiar: -MonsieurBeckett! Volví la cabeza y vi al marqués mirando por la ventanilla de un carruaje. cuya existencia sólo cono-cen muy pocos parisienses. una vez en él. A quienes observaran mi intrépida carga sin estar al corriente de mi secreto debí de parecerles un demente. El resultado fue el mismo. Pero. Indiqué al criado que nos siguiera. y usted suba y siéntese a mi lado. Atra-vesé como una flecha el asiento trasero de un carruaje que estaba al lado del mío. ya ha visto que no hay ni una sola cama libre en ninguno de los hoteles. pero ¿qué se podía hacer? Mientras me hallaba en el vestíbulo de este hotel hablando con uno de sus inten-dentes. que al instante se encabritaron y me hicieron morder el polvo de la calle. encontrarles un hueco. y el mío estaba acercándose. y donde.falsa esperanza de que el propietario pudiera. Habría sido más inteligente por mi parte saltar a la acera y dar un rodeo por delante de los carruajes detenidos delante de la calesa. pueden imaginarse que no deseaba realmente presentarme así ante el objeto de mi quijotesca devoción. hice lo propio. Aquélla era una situación irritante. .

pues creo que es un tema que aún levanta ampollas. eso es. le he reservado una habitación. ¿Y si lleva usted una cruz roja de unos cinco centímetros de larga -usted es inglés. se proyectaba hospitalariamente con un amplio y florido arco. labrado en altorrelieve de piedra. -Yo no entraré. se retorcía y anudaba infinitas veces. a cualquier sala que vaya usted. pero mi anonimato me lo impide. La majestad y paz del lugar contrastaban extrañamente conel relumbróny bullicio de la vida parisiense. Nos veremos esta noche. de manera que no deberíamos tardar en encontrarnos. siga mi consejo y vaya disfrazado de dominó.. Cerré la puer-ta del coche. a los que mis ojos y oídos se habían ya acostumbrado. ¿Cómo nos reconoceremos mutuamente? Déjeme pensar. Adiós. dado que las paredes lucían numerosos escudos de armas. CAPÍTULO XI . sobre el cual. pues mucha gente llevará flores. . le agradará saber también que es una posada encantada. Hasta luego. y aca-baba en una punta bruñida y dentada como el dardo de la muerte. cons-truida con piedra de Caen. pues. probable-mente. de una altura poco frecuente en Francia.sabedor de cómo estaban las cosas aquí. si voy. Nos detuvimos ante una posada de planta antigua y maciza. Así queda.. Ah. le dije adiós y lo vi alejarse. Entraría gustoso con usted. menos antiguo que el resto. y yo una blanca? Sí.Tiene usted suerte de que mi aburrida encomienda me trajera a este lugar tan temprano. desplegadas. Creo que habíamos recorrido unos dos kilómetros hasta el lado más alejado del palacio cuando embocamos un camino viejo y estrecho. Espero dejarme caer un rato por allí. una persona de mi edad necesita el contagio de espíritus jóvenes y de la compañía de alguien que disfrute de todo espontáneamente. lo que indicaba su destino ori-ginal como mansión privada de alguna persona acaudalada y. Pero no aluda a este espantoso hecho cuando hable con el posa-dero. en cualquier caso. Yo le buscaré en todas las puertas que franquee. Al menos a mí me habría agradado en mis años jóvenes. Todo esto me lo dijo cuando yo estaba ya pie en tierra. Era un dragón volador. pintado y dorado. Una especie de porche.. Los árboles hacían que el edificio resultara más pintoresco aún. destacaba la enseña de la posada. con los bosques de Versalles a un lado.El Dragón Volador Eché un vistazo ami alrededor. pero seguro que le parecerá un lugar confortable. la cola. Está a menos de dos kilómetros de distancia: es una antigua posada llamada Le DragonVolant. yal otro numerosos árboles viejísi-mos . con alas en rojo y oro vivos. Una flor no valdría. y usted hará igual. su arquitectura era más rica y florida que la habitual en semejante clase de edificios.cosida o sujeta en el pecho de su dominó. sitúese cerca de la puerta hasta que nos encontremos. Yo no me divierto en tales ocasiones si no voy con una persona joven. y. Algo que llevemos en la mano. color verde claro y oro. Si quiere disfrutar del baile.. si cabía. tam-bién distinguida. siempre es mejor que nada. convenido. me pondré el mismo disfraz.

característica de los castillos franceses.monsieur. podría haber descubierto una correspondencia exacta con la heráldica de los muros exteriores.que juega mucho. El conde pasó unos días muy afligido. O digamos.proseguí. recibió una buena herencia de aquella persona fallecida. un pariente suyo murió muy lejos de aquí. Después examiné más detenidamente el exterior dela casa.monsieur. tal y como había deseado el finado.es elChâteaude la Carque. tal vez. Pero sí puedo ase-gurarle que no es rico. No es mucho. de haber mostrado suficiente curiosidad. Daban muestras de incuria. como los que he mencionado anteriormente. Sólo quería decir que resulta difícil saber qué uso haría él de sus riquezas. -Ese castillo. Era una habitación bastante grande.. ¿verdad? -Tal vez. -Es viejo. Lo que me hace suponer que no es un hombre muy popular. -¿Y es pobre? -seguí investigando. con artesonado de madera oscura y conmueblessolemnes y sombríos. Hace unos siete meses.measeguró.suele pasar bastante tiempo fuera. Bueno. -Dicen.y cuadraba más con mi concepto de los hostales ingleses antiguos. El parque y el castillo parecían presididos por la melancolía. en los que. a quienhabían reservando una habitación. que con una hospedería francesa. por ejemplo. -Ni lo uno ni lo otro.contestó-. Había algo interesante. salvo una torreta redonda. qué pena que su propietario no sea ya tan rico. y él lo enterró en el cementerio dePèreLachaise. -¡Qué pena que esté tan descuidado! -señalé-. .monsieur.monsieur. según cuentan. Pregunté al posadero cuál era el nombre del castillo. -¿Viene frecuentemente a este lugar apartado? -No. Yo no lo sé. Era grande y sólida. melancólico y hasta deprimente en todo aquello. . El posadero me condujo a mi aposento. Pero el dinero no parece sentarle nunca bien. -parafraseé mirándolo-. -Completamente. Me acerqué a la venta-na de jambas de piedra. monsieur. como. bastante anticuados. -Sin embargo.Alyre. no debería de ser tan pobre. pero él no puede esperar mucho tiempo -contestó con una sonrisa sarcástica. Entréy me anuncié comomonsieurBeckett.monsieur. -Tal vez.Alyre. Fue ahora el posadero quien clavó su mirada en mí..El conde deSt. Había una gran chime-nea con el manto esculpido con escudos. Fui recibido con toda la consideración debida a unmilordinglés provisto de una bolsa repleta de dinero.¿Yquién es él? -inquirí. -Yo le pago el alquiler de esta posada. -¡Oh! ¡El conde! ¿Está seguro? -pregunté con redoblado interés. Enviaron el cadáver a esa mansión del conde. que se elevaba en el flanco izquierdo de la casa y terminaba en un tejado con forma de apagavelas. los que albergan en Canterburya los peregrinos. y casi de decadencia: la tristeza de la grandeza pasa-da y cierto aire de abandono producían una impresión deprimente en el observador. un poco sombría.Luego estuve contemplando durante unos minutos la magnífica y antigua enseña. aunque. -El conde deSt. que daba a un pequeño parque de árboles fron-dosos situado detrás de un castillo coronado por un grupo de torretas o chapiteles. por lo que he oído decir. creo.

.monsieur.. tras platicar consigo mismo de esta manera.. ¡Qué tonto era entonces! Sin embargo. miré por la ventana más allá de las ondulaciones del terreno.. belleza y.. resolución y amor. Espera sacarle los dia-mantes por medio de esta tortura. -Sí. -El coche lo aparca aquí. y que exista una relación pacífica. Es cierto. pero creo.. Semejante vida debe de ser terrible paramadamela condesa -apostilló. -Es la condesa deSt. en Versalles -dije. y sumamente atractivas. Era inútil insistir. ¿Está el conde en casa? -Tiene muchas casas.. es mejor que cada cual se ocupe de lo suyo. Tal vez no tenía nada que relatar.Alyre. amigo mío. Ni uno solo duerme en el castillo.por lo menos. diamantes. decidido y claramente militar.. está viviendo actualmente en el castillo dé la Carque. -A tener problemas con el conde -completó la frase-. -Luego su coche y caballos y criados están en el castillo. podría intentar el efecto de unos cuantos napoleones. -¿Y quién es ella? -pregunté con subido interés. -Una pregunta que creo puede usted contestar sin correr ningún riesgo de enemistad -dije-. que no se atreve a. -Nada más normal. Sin embargo. -Lo he visto hoy. posó los ojos una vez más en el castillo de aquel brujo y dejó escapar un suave suspiro. supongo -dijo de manera evasiva-.él podría perjudicarme de dos o tres maneras. claro. Si con el tiempo llegaba a persuadirme de lo contrario. ¡Qué vida! ¡Qué par de enemigos con los que tiene que enfrentarse: los celos y el chantaje! El caballero. y de aire inteligente. ya me entiende.monsieur. al menos por el momento.y loscriadoslos contrata para cada ocasión. Posiblemente élw ya estaba pensando en sacar algún beneficio. Más interesado que nunca. Pero. Me eché a reír. exclamé para mis adentros.monsieur. cuando nos encontramos con un ángel. ¿nos volvemos acaso . pero imagino que podrá decirme algo más de ella. puedo decir que. ¿Tiene cuali-dades? -Tres. lo mismo que yo a él. donde se erguía el castillo. si olvidamos.. delgado. un suspiro de nostalgia. ¡Elviejo roñoso!.-¿Viejo? Nosotros lo llamamos «el judío errante». de piel bronceada. enmarcado por un lúgu-bre decorado de follaje. que nunca tiene cuatro ochavos en el bolsillo. Así pues. Luego supe que había servido a las órdenes dé Napoleón en las primeras cam-pañas de Italia. Aquel viejo astuto se negaba a satisfacer mi curiosidad. El dueño del Dragón Volador era un hombre mayor.no le falta valor: se ha casado con una mujer joven y guapa. -Ya veo. -¡Ah! ¿Y cuáles son? -Juventud. Y ve.mon-sieur. en su carruaje.

Pero estaba empezando a sentir la melancolía del paisaje y de la estancia en la que. sosteniendo una copa de aguardiente en la mano izquierda y su taza de café. -Entonces tiene que ser verdad -comenté en tono jocoso. si es cierto lo que cuentan. qué. se conservó durante tres años entre las curiosidades de esta casa. par mafoi.. -¿Qué te parece el Dragón Volador? -¿El Dragón Volador? El viejo y llameante dragón. de pie en medio de la habitación de abajo.que en esta casa han tenido lugar milagros diabólicos. de uno noventa de estatura.al postillón que nos trajo hasta aquí. -¿Qué quieres decir? ¿Ha habido aparecidos? -Nada de eso. -No. -Es sólo esto. -¿Qué quieres decir.más sensatos al envejecer? A mí me pare-ce que son nuestras ilusiones las que van cambiando con el tiempo. _Hombre. Sin saber cómo. casi vacía.El dia-blo en persona. El cura la rompió mientras conversaba conmademoiselleFidone..mon-sieur. al caballero de su derecha lo encontraron. desapareció de manera similar.monsieur. ¡Ojalá! No. Parbleu! Cuando salgamos del Dragón Volador espero que sea por la puerta.Clair -exclaméal ver a mi criado entrar y ponerse a ordenar mis cosas-.monsieur. Pero nos llevamos muy bien. como le he dicho. Se encontraron sus botas en el lugar exacto que había pisado antes de desaparecer. con la taza de café en la mano. y al caballero de la izquier-da con la copa de aguardiente. El otro era un noble ruso. Vive la bagatelle! -No sabía que estuviera tan llena la posada..monsieur. Mi ánimo había decaído. el cual. nosotros estamos siempre igual de locos.loscriados de las personas que tuvieron la suerte de conseguir alojamiento en Versalles. ante los ojos de media docena de testigos fidedignos. me encontraba. mientras describía.St. se había deslizado por mi cuerpo un extraño presentimiento y tenía pocas ganas de bromear. se esfumó.. señor. ¿ya has encontrado dónde dormir? -En el desván.Resulta que un antiguo escudero del finado rey guillotinado durante la Revolución -simonsieurtiene la bondad de hacer memoria-. -Principalmente. ante siete caballeros de probada veracidad los últimos momentos de Pedro el Grande. .monsieur.St.monsieur. al cabo de dicho tiempo.entre gatos y lechuzas. vivió en este hotel durante un mes y. Todo esto lo oí contar. Personas que jamás han vuelto.entre telarañas y. en la derecha. pero del noble ruso nunca más se vol-vió a oír.Clair?Oigamos la historia o milagro o lo que quiera que sea. en el cuarto de ésta. al que le había permitido el emperador volver a Fran-cia. asombrado. el ama de llaves. -Seguro que éste se la bebió en medio de su turbación -sugerí. que se desvanecieron en presencia de media docena de testigos. A fe de un cristiano.

tal y como había convenido con el marqués. extraño y solemne en aquel espectáculo que me sentí al punto intrigado. le asomaban por debajo de la túnica. Mientras tenía lugar esta danza. y precisamente en este momento. Mientras vagabundeaba así en medio de aquel espectáculo fastuoso. Llevaba bajo el brazo un libro de aspecto singular y en la mano una varita de madera barnizada de negro. Yo nunca había visto nada parecido. El rostro del personaje era oscuro. al mismo tiempo. unas medias rojas y unos zapatos bordados de oro. y por el alboroto de las improvisaciones y demás ingeniosidades propias de una mascarada bien organizada.avanzaba en paralelo a la silla. y sus cejas negras y enormemente pobladas. En mi vida he visto una cosa tan asombrosa. Me encantó constatar que los portadores colocaban su carga a unos metros del lugar donde yo estaba.CAPÍTULO XII . produciendo un efecto casi deslumbrador. al menoscompa-rablea aquella magnificencia. joyas centelleantes. el bordado era negro y oro sobre un fondo abigarrado de colores brillantes. una mano se posó suavemente sobre mi brazo. Danza que se vio pronto acompañada de más palmas y de gritos monótonosy rítmicos. sin embargo. Aquéllosy los de las varillas batieron las palmas repetidas veces y bai-laron en silencio alrededor del palanquín una danza curiosa y medio sal-vaje que. Delante y detrás marchaban otros dos con una varita en la mano. Y un hombre menudo y ceremonioso. Había algo tan singular. transportado con barras doradas por cuatro chinos rica-mente ataviados. La túnica iba ceñi-da por un cinturón ancho y dorado. resultaba per-fectamente acompasada. de luenga barbanegra y con un gran fez al estilo de los que llevan losderviches. impasible y solemne. . Una túnica extrañamente bordada caía de sus hombros recubiertos con símbolos jeroglíficos. Me volví y vi a mi lado a un dominó negro con una cruz blanca. mis ojos repararon en una silla de manos dorada. Pero éste aún no había dado señales de vida.El mago Imposible imaginar un espectáculo más brillante que aquel baile de disfraces. mirando a mi alrededor por si pasaba por allí mi amigo en domino negro. puntiagudos y curvados hacia arriba al estilo oriental. No había una sola sala vacía. una canción burlesca o un monólogo divertido. colores vivos. voces. especialmente a cada puerta que franqueaba. -Qué alegría haberlo encontrado -dijo el marqués-. realzado por signos cabalísticos color rojo oscuro y negro. Ésa es la mejor atracción de todas las salas. cuyas cortinas estaban corridas. que hacía alarde de la fantástica exuberancia de la decora-ción «celeste». en cuanto a las figuras y posturas. Fui avanzando indolentemente con mi disfraz de dominó. caminaba con la barbilla hundida en el pecho y los ojos clavados en el suelo. Hace aproximadamente una hora me tropecé con ellos más allá y formulé algunas preguntas al oráculo.iluminada para la ocasión con no menos de cuatro mil candelas. Entre los salones y galerías abiertos al público destacaba la enorme perspectiva de la Grande GaleriedesGlaces. El que abría la marcha agitaba la varilla a dere-cha e izquierda para abrir paso al palanquín. con la pequeña cruz blanca en el pecho. deteniéndome de vez en cuando a escuchar un diálo-go ingenioso. Me había detenido y mirado a mi alrededor. pero. o más bien un palan-quín chino. Tiene que hablar con el mago. Cada rincón estaba animado por música. La gran suite de salones estaba abarrotada de personas disfrazadas de la manera más increíble. que reflejaban y repetían todos los espejos.

He visto cómo lo consultaban también otras personas. también disfra-zada de dominó. para mi gran contento: -La condesa anda por aquí. -Tiene que hablar con el mago como sea -dijo el marqués al conde deSt. y más asustadas aún si cabe que yo. Nunca olvidaré la impresión que me ha pro-ducido. A nuestro lado pasó un joven vestido de español que acababa de hablar con el mago en compañía de un amigo. Los criados chinos mantenían un círculo des-pejado a su alrededor y los espectadores se arremolinaban sin sobrepasar el círculo. -¿De veras? Entonces haremos lo posible por probar también -contestó. y dijo al final.Aunque sus respuestas hayan sido un poco veladas. El marqués me lo presentó. Luego. dos salones más allá. El conde depositó una moneda en su mano. Alyre y la condesa (y señaló con la cabeza en dirección de una figura enjuta. Se divertirá mucho. donde se hallaba elmago de la barba negra. Uno de estos hombres -el que con su varita dorada había encabeza-do la procesión-. petición a la que accedimos religiosamente. ¡Nunca me habría esperado semejantes respuestas! Estoy sorprendidísimo. La primera pregunta que hizo el conde fue la siguiente: -¿Soy soltero o casado? El mago descorrió la cortina rápidamente y aplicó el oído hacia un chino ricamente ataviado que estaba sentado en la litera. Los tres nos dirigimos hacia el palanquín. que no conoce absolu-tamente nadie en este mundo más que yo y dos o tres de las personas más discretas de Francia. extendió hacia él la mano: -¿Quiere dinero? -le preguntó el conde. Como pueden suponer. Al marqués y a mí se nos pidió que hiciéramos lo propio al penetrar en el círculo. He venido con el conde deSt.Alyre-. iré a buscarla dentro de unos minutos para que pueda también conocerle y agradecerle la ayudaque nos prestó con tanto valor en aquella ocasión tan desagradable que nos toco vivir. Se lo presentaré. -Venga conmigo -dijo-. que evi-dentemente han quedado igualmente sorprendidas. no me ha quedado ninguna duda de que conoce todos los detalles sobre la misión que tengo encomendada. avanzaba tieso a nuestro lado en dirección del palanquín. contestó: . charlando con su vieja amiga la duquesa de Argensaque. era el conde). al igual que yo. le seguí presuroso. se lo aseguro. con su disfraz de dominó. tras retirar la cabeza y volver a cerrar la cortinilla. sin dejar de hacer una hábil mención mi afortunada intervención en laBelle Étoile.el conde me colmóde cumplidos y cortesías. -Oro -contestó el acólito. le oímos decir: -¡Qué farsa tan ingeniosa! ¿Quién será el que está dentro delpalanquín? ¡Parece conocer a todo el mundo! El conde.

En una palabra. Yo miré a la dirección indicada por el marqués y vi una figura chupa-da y desvaída acercarse hacia nosotros. se vio rescatado por el marqués.Alyre. cuyas respuestas parecieron divertir sobremanera al marqués. No venía enmascarado. Observé que el marqués se había echado a reír. De ser tal el caso. -En efecto -dijo el conde. y. Siguieron dos o tres preguntas. en Francia. -¿Me ama mi mujer? -preguntó jocosamente.Alyre. ¿Y puedo saber entre qué potencias y por qué motivo en concreto? -Entre el conde y la condesa deSt. -¿Es cierto -preguntó el conde. En las siguientes preguntas se observó el mismo ceremonial. -¿A quién amo más en este mundo? -A sí mismo. era . con una mirada sarcástica a su alrededor-. El hombre de la varita negra no era un profeta. -¡Ah! Yo diría que eso se puede aplicar más o menos a todo el mundo. quien. cambiando de tema perentoriamen-te. pálido.-Lo segundo. Pero. por un documento que suscribieron el 25 de julio de 1811. lleno de cicatrices. El conde se quedó sin voz unos minutos (supuse que con las mejillas al rojo carmín debajo del disfraz.que ha habido una batalla en Nápoles? -No. ¿hay algo en el mundo que yo ame más que a mi mujer? -Sus diamantes. El marqués me dijo después que aquélla era la fecha en que habían firmado su contrato matrimonial. le susurró: -Mire quién viene por su derecha.) Nadie más que nosotros sabía que el interrogador era el conde deSt. pero cuyo verdadero significado se me hurtó por completo. tal vez. cogiéndolo de un brazo. pues yo no sabía prácticamente nada de la vida y mila-gros del conde. dejando a un lado mi propia autoestima. -¡Ah! -exclamó el conde. -Todo lo que usted merece. Me pareció que le costaba trabajo encontrar su siguiente pregunta. sino un médium que se limitaba a transmitir las contestaciones de otra persona más importante que él. que estaba arrepentido de haberse metido en aquel berenjenal. Tenía el rostro ancho.

escoltado por un par de gen-darmes. al estar siempre ocupada.el feo rostro del coronelGaillarde. una marca que figuraría en lo sucesivo entre las más honorables cicatrices de guerra. Sin duda se habría visto implicado en varios altercados sanguinarios si su prudencia no le hubiera recordado que el objeto de su asistencia a aquella fiesta. a quien matará si lo encuentra. . Tras una docena de preguntas y respuestas. Ya habían estado dos veces a punto de echarle por cacarear con voz estentórea las hazañas de Napoleón el Grande. -¡Bravo!. ¿y quiénes son? -Un inglés. que no era otro que el de concertar una entrevista con una viuda acaudalada a la que creía haber causado una tierna impresión. Por su parte. se lanzó a hablar con voz estentórea. ¿Empiezo ya. . -¡Dinero! ¡Oro! ¡Bah! ¿Qué dinero puede haber atesorado un solda-do herido como vuestro humilde servidor. donde mi bastón había dejado su marca. Naturalmente. el conde retrocedió instintivamente mientras se acercaba el cabo bravucón con su uniforme azuly chaleco y polainas blancos. quiso saber: -¿A quién persigo en este momento? -A dos personas. Sus heridas lo eximen. mi amigoGaillardeera igual de ruidoso y fantoche cuando interpretaba su personaje que cuando interpretaba el auténtico de coronel de dragones. al que no le queda más que la mano con la que blande su espada. sin más preámbulos. y casi había llegado a las manos con un húsar prusiano. y una viuda francesa.mon sorcier.a hacerle mis preguntas? Sin esperar la respuesta. que le escupirá en la cara si la encuentra. no deja ni un dedo disponible para recoger el botín que abandona el ene-migo en desbandada? -No le pidan oro -dijo el mago-.¡Ja! ¿A dos? Vaya. monsieur profeta. el brazo izquierdo ajustado de manera que parecía amputado y la parte inferior de la manga de la guerrera vacía y prendida con alfileres al pecho. CAPÍTULO XIII . ¡Bravísimo! Aquí estoy.con el uniforme de cabo de la Guardia Imperial. que él contribuía a amenizar con su presencia. Lucía auténticas tiras de esparadrapo en las sienes y las cejas.El oráculo me cuenta cosas maravillosas Durante unos momentos olvidé que mi disfraz de dominó resultaba impenetrable a la dura mirada del veterano militar y me preparé para un animado rifirrafe. la cual. luego me hice cargo de la situación. no habría llegado a buen puerto de haberse visto obligado a abandonar prematuramente aquella fiesta.

Y usted también lleva razón. Vi. no vaya a ser que la persecución de usted acabe uniéndolos. No. Sólo una vez tuve la oportunidad de un vista-zo aceptablemente largo. ¡Mil gracias! ¡Adiós! Y. yo había estado esforzándome por ver a la persona apo-sentada en el palanquín. y con un tono más suave preguntó-: ¿Dónde está ella? -Suficientemente cerca para ofenderse si usted falla. no dispuse de muchos segundos para hacer observaciones. y el marqués dijo: -Adelante. y era más que probable que algunos de los míos no le hicieran mucha gracia al conde. Quería probar al profeta. La viuda. que estaba fuera. deduje. miré de reojo para ver si el conde estaba cerca. ándese con cuidado. Permanecí unos segundos dubitativo. Sus faccio-nes parecían amplias y pesadas. -¿Cuál es mi religión? -pregunté. -¡Bah! ¿Cómo podría ser eso? -El inglés protege a las damas. . pero esa impresión era consecuencia. mientras que el inglés es incuestionablemente joven. Le obedecí. El terreno estaba ahora despejado para mí. Aquel rostro parecía rojo sangre. pues aquel sabio parecía desvelar todos los secretos de forma inesperada. amigo mío. al parecer ple-namente saciados en su curiosidad. como he dicho. El oráculo iba. -A fe mía que tendría razón. si lo ve. tenía la cabeza inclinada hacia abajo.monsieurprofeta. Ya ha conseguido que esta idea le entre bien en la cabeza. ricamente ataviado al estilo chino. -¿Una herejía? ¿Puedo saber cómo se llama? -Amor. los ojos cerrados y la barbilla apoyada en la pechera de su pelliza borda-da. sus polainas y su gorro de piel de oso. su chaleco. -Yo le cortaré la cresta a ese gallito -soltó con un juramento y una sonrisita.-El señor mago llama a las cosas por su nombre y sabe que su atuen-do lo protege. mirando a su alrededor y estirando al máximo su cuello flaco. -Una bella herejía -contestó el oráculo al instante. estaban conversando de algún otro tema. Sentí gran alivio. Se dirá a sí misma que se requiere cierto tiempo para llegar a ser coronel. se casará con él. Mientras me acercaba al mago. de la luz que entraba por las cortinas de seda rojas. y el inglés una heri-da en su cabeza. Su rostro parecía impasible: la imagen viva de la apatía. todo aquello como casi de un solo vistazo. Y el marqués y él. Un anglicano es una rara avisen París. Su carácter y pose parecían una réplica exagerada de la inmovilidad del personaje que se comunicaba con el bullicioso mundo exterior. asombrado. ¡Pero no importa! ¿Por qué los persigo? -La viuda ha infligido una herida en su corazón. se alejó desgarbadamente con sus cicatrices. Era un personaje mucho más importante que su intérprete. Entre tanto. Estaba unos metros más atrás. como llamábamos al hombre de la varita negra. Cada cual por separado son demasiado fuertes para usted. Lo que vi fue muy singular.

del que ni siquiera el marqués sabía lo más mínimo. y que pueda olvidarlo. huelga decirlo. -Sólo a una. Yo estaba hablando más bajo que antes. de que aquellas palabras pudieran interesarme particularmente. Como saben. que. con la intención de dar a nuestro colo-quio un giro menos embarazoso-. y que amo a muchas mujeres. -Inténtelo. -El paraíso. y me había acercado al hom-bre moreno de la barba para que así no tuviera que elevar la voz. sin saber apenas lo que decía. eran las últimas palabras que me había susurrado la condesa.-¡Ah! Entonces supongo que soy politeísta. -¿Qué es lo que más anhelo? -pregunté. Puede ser que no vuelva a verle. ¿he aprendido alguna vez de memo-ria palabras de devoción? -Sí. y apliqué el oído. ¿Es correspondido mi amor? -seguí preguntando. Váyase. ni siquiera que tuviera la menor conciencia. en serio -pregunté. Adiós. ¡Cada vez mayor suspense! Las respuestas me parecían indicar un conocimiento minucioso de cada detalle de mi pequeño romance. ¡Por el amor de Dios. yo. Nada indicaba que se hubiera dado cuenta. -Pero. Me acerqué. El hombre de la varita negra cerró las cortinas y susurró lenta y clara-mente estas palabras. -Y ¿qué me impide alcanzarlo? -Un velo negro. . reconocí al instante. ¡Además. -¿Puede repetirlas? -Acérquese. el interro-gador. váyase! Me sobresalté al oírlas. ¡Santo cielo! ¡Qué cosa tan milagrosa! ¡Unas palabras con toda segu-ridad no escuchadas por ningún oído terrestre más que por el mío y el de la dama que las había pronunciado! Miré el rostro impasible del portavoz de la varita. iba disfrazado de tal manera que ni mi propio hermano me habría reconocido! -Ha dicho usted que yo amaba a alguien.

¡la oscuridad! -suspiré-. Inflamaba mi ardor. los portadores bajaron una especie de persiana -de bambú. ¡Cómo exalta la imaginación! ¡Cómo debilita la razón! ¡Cuán crédulos nos torna! Todo aquello. -¿Mucho o poco? -insistí. Lástima que ella no estu-viera aquí para consultar al profeta. tratándose de otro. como el oráculo acababa de decir.. a mí me afectó poderosamente. es al menos una superstición. en un corro exterior. mientras el movimien-to se hacía cada vez más veloz. los extraños actores se mezclaron con la multitud y el espectáculo. a juzgar por su actitud. Con el corazón latiéndome con fuerza. los propios portadores. finalmente.me hizo con su varita una señal para que me retirara. frenéticos. el hombre del enorme fez y barba y varita negras empezó una especie de danza dederviche. La rosa. y la aseguraron por debajo. -En secreto -fue la respuesta.. de lo que.En esto se le unieron los hombres con las varitas doradas y. extraños. De nuevo en el corrillo de espectadores. lo que yo hice con los ojos aún fijos en aquel grupo. en medio de las palmas de la concurrencia y del asombro general. acompañé al marqués de Harmonville. tocó a su fin. El marqués de Harmonville se encontraba cerca de allí. ¿Y si vamos en su busca? Le he pedido que le presente a la condesa. luego.. Éste golpeó el suelo con la varita y exclamó con voz aguda: -El gran Confu permanecerá en silencio una hora. -Y luego. -La luz de unos ojos violeta. se aceleraba. poco a poco. hasta que. -Demasiado.. al cabo. me habría reído bastan-te. casi me ofuscaba el cerebro y hasta influía en mi conducta. Al instante. el torbellino era tal que los bailarines parecían volar a la velocidad de una rueda de molino y. me atrevo a afirmar que habría sido divertido ver cómo reaccionaba el conde. al menos por el momento.-¿Me ama alguien? -repetí. si no es una religión. cuyos gestos se tornaban bruscos. -¿Cuánto tiempo durará este amor? -Hasta que la rosa pierda sus pétalos. El amor. me dijo: -El conde acaba de irse a buscar a su mujer. mirando al suelo y reflexionando. que cayó con un ruido seco... El portavoz de aquella asombrosa superchería -si es que lo era. Otra alusión. Pero hasta entonces vivo en la luz. lo vi levantar de repente la mano con gesto imperioso y hacer una señal al acólito que empuñaba la varita dorada. . Al acercarme. mientras el palanquín se erigía en el centro de los círculos descritos por estos solemnes danzarines. ahora rodeado de un aura de misterio en mi imaginación. cuyo ritmo.

CAPÍTULO XIV -Mademoisellede la Vallière

El marqués y yo estuvimos vagando por los salones. No resultaba fácil encontrar a un amigo en unas estancias tan abarrotadas de gente. -Quédese aquí -dijo el marqués-. Se me ha ocurrido una manera de dar con él. Además, sus celos pueden haberle hecho pensar que no le interesa presentarle a su mujer. Es mejor que vaya yo primero a razonar con él, dado que parece usted desear bastante esa presentación. Esto ocurrió en la estancia que actualmente se llama el «Salón de Apolo». Los cuadros que lo adornan siguen grabados en mi recuerdo, pues mi aventura de aquella velada estaba destinada a transcurrir en aquel marco. Me senté en un sofá y miré alrededor. A mi lado, tres o cuatro perso-nas estaban sentadas en aquella espaciosa habitación de muebles dora-dos. Estaban charlando animadamente; todas salvo la persona sentada más cerca de mí, que era una dama. Apenas dos pies se interponían entre nosotros. La dama estaba a todas luces ensimismada. Era la perla de la sala. Llevaba el traje inmortalizado por Collignan en su retrato de cuerpo entero demademoisellede La Vallière. Es un traje, como bien saben, no sólo rico, sino también elegante. Llevaba el pelo empolvado, pero se podía adivinar que era castaño oscuro. Asomaba un precioso piececito, y ¿podía haber algo más exquisito que su mano? Era sumamente provocador que esta dama llevara un disfraz y no se lo quitara de vez en cuando, como hacían muchos. Yo estaba convencido de que era bonita. Aprovechando el privilegio de la mascarada, un microcosmos en el que es imposible, salvo mediante la voz y la alusión, distinguir a un amigo de un enemigo, dije: -Mademoiselle,no es fácil engañarme a mí -empecé. -Tanto mejor, monsieur- contestó el disfraz sin inmutarse. -Quiero decir -proseguí, decidido a terminar mi galantería- que la belleza es un don más difícil de ocultar de lo que suponemademoiselle. -Sin embargo,monsieurlo ha conseguido sin ningún problema -dijo con el mismo tono dulce y despreocupado. -Veo que el traje de la bellamademoisellede La Vallière reviste unas formas que sobrepasan a las del retrato; alzo los ojos y contemplo un disfraz y, sin embargo, reconozco a la dama. La belleza es esa piedra pre-ciosa de Las mil yuna nochesque desprende, por oculta que esté, una luz que la delata. -Conozco la historia -dijo la joven dama-. La luz la delataba no al sol, sino en la oscuridad. ¿Hay tan poca luz en estas habitaciones,mon-sieur,para que una pobre luciérnaga desprenda tanto brillo? Creí que allí donde se moviera cierta condesa estaríamos en un ambiente luminoso...

¡Enigmático y turbador parlamento! ¿Qué podía yo contestar? Esta dama podría ser, como dicen que son algunas damas, una amiga de hacer daño o una íntima amiga de la condesa deSt.Alyre. Así pues,pre gunté con cautela: -¿Qué condesa? -Si usted me conoce, debe saber que es mi más querida amiga. ¿No es ella hermosa? -¡Cómo puedo saberlo! Hay tantas condesas... -Todo el que me conoce sabe quién es mi amiga más querida. Veo que no me conoce... -Es usted cruel. No puedo creer que me haya equivocado. -¿Con quién estaba usted paseando hace poco? -preguntó. -Con un caballero, un amigo-contesté. -Ya lo he visto; sí, con un amigo, por supuesto. Pero creo que lo conozco, y me gustaría estar segura. ¿No es por casualidad marqués? De nuevo una pregunta que volvía a ponerme en un aprieto. -Aquí hay demasiada gente. En un momento puede uno pasearse con una persona y en otro con otra distinta... -Que una persona sin escrúpulos no tenga dificultad en eludir una pregunta tan sencilla como la mía... Sepa, pues, de una vez por todas, que nada desagrada tanto a una persona inteligente como la desconfian-za. Usted,monsieur,es un caballero discreto, al que debo respetar en consecuencia. -Mademoiselleme despreciaría si yo violara una confidencia. -Pero usted no me engaña. Usted imita la diplomacia de su amigo. Yo detesto la diplomacia. Significa fraude y cobardía. ¿No cree que loconozco ? Me refiero al caballero con la cruz de cinta blanca en el pecho. Conozco perfectamente al marqués de Harmonville. Ya ve para qué le ha servido su ingeniosidad. -A esa conjetura no puedo contestar ni sí ni no. -No está obligado. Pero ¿cuál era su motivo para mortificar a una dama? -Eso es lo último que yo haría en este mundo. -Usted fingió conocerme, pero no me conoce. Por capricho, indolen-cia o curiosidad quiso conversar, no con una dama sino con un disfraz. Me ha admirado y parece confundirme con otra persona. Pero ¿quién es completamente perfecto? No se puede encontrar la verdad en esta tierra. -Mademoisellese ha formado una opinión errónea de mí. -Igual que usted de mí; ahora descubre que no soy tan tonta como suponía. Yo sé perfectamente a quién desea usted halagar con sus cumplidosy declamaciones melancólicas,y a quién anda buscando con ese propósito.

-Dígame a quién se refiere -le supliqué. -Con una condición. -¿Cuál? -Que usted confiese que he acertado si nombro a la dama. -Usted me atribuye propósitos poco claros -objeté-. No puedo admi-tir que haya querido hablar con una dama en el tono que usted describe. -Bueno, no insistiré en eso; prométame solamente que, si nombro a la dama, reconocerá usted que llevo razón. -¿Tengo que prometerlo absolutamente? -Por supuesto que no. No hay ninguna obligación. Pero su promesa es la única condición para que yo siga hablando con usted. Dudé unos instantes; pero luego pensé que no tenía la más remota posibilidad de acertar. La condesa no podía haber confesado a nadie nuestro brevísimo romance, y era difícil que la persona disfrazada de La Vallière supiera quién era la persona disfrazada de dominó. -De acuerdo -dije-. Lo prometo. -Debe prometerlo por el honor de un caballero. -De acuerdo. Lo prometo por el honor de un caballero. -Pues esa dama es la condesa deSt.Alyre. Yo estaba sorprendido, y desconcertado, pero recordé mi promesa y dije: -La condesa deSt.Alyre es, a no dudarlo, la dama a la que yo espera-ba ser presentado esta noche; pero le ruego que crea, por el honor de un caballero, que ella no tiene la menor sospecha de que yo estaba buscan-do dicho honor, y hasta es poco probable que se acuerde siquiera de mi existencia. Yo tuve el honor de prestarles al conde y a ella un pequeño servicio, demasiado insignificante, me temo, para haber merecido por su parte algo más que un ligero recuerdo. -El mundo no es tan desagradecido como usted supone. Y, aun cuando lo fuera, quedan aún algunos corazones que lo redimen. Yo puedo garantizarle que la condesa deSt.Alyre nunca olvida una acción amable. La condesa no muestra lo que siente; así que es una mujer des-graciada sin que se le note. -¿Desgraciada? Bueno, en realidad me temía que pudiera serlo. Pero, en cuanto a lo que usted tiene la bondad de suponer, es un sueño bas-tante halagador. -Le he dicho que soy la amiga de la condesa, y a ese título debo de conocer algo de su carácter. Entre nosotras se intercambian confidencias, y yo puedo saber más de lo que usted piensa acerca de esos servicios insignificantes cuyo recuerdo supone usted tan fugaz. Aquella conversación me estaba interesando cada vez más. Yo era igual de depravado que los demás

cuando descansa de su presencia. Debe volver a su hotel. se siente sola. Su marido es viejo. guardando un sigilo escrupuloso en cuanto a su desti-no. Se verá con ella a las dos de la madrugada en el parque del castillo de la Carque. -¿Ha dicho que la condesa es desgraciada? -pregunté-. mi venta-na es la del extremo derecho. Sólo tiene una persona a la que abrir su corazón. si mira al parque. La imagen de la bella condesa había vuelto a superpo-nerse a la bonita contrapartida de La Vallière. celoso y tirano. por su amor. y le explicará en unas palabras muchas cosas que yo no estoy en condiciones de hacer aquí. -Eso puede facilitar las cosas. Estaba aturdido. -¿Hay espacio para otra amistad? -Inténtelo. una posada que limita con el parque del castillo de la Carque. Estoy alojado en el Dragón Volador. -¿Cómo puedo intentarlo? -Ella le ayudará. ¿No estaría burlándose de mí? -Eso se lo puedo decir con total precisión -dije-. Según miro desde la parte trasera de la casa. -¿Cómo? Obtuve otra pregunta por respuesta: -¿Ha reservado habitación en alguno de los hoteles de Versalles? -No. que le concederá una audiencia de unos minu-tos. Hay pocos hombres a los que se puede conceder una entrevista como la que voy a proponerle. ¿Qué habitación del Dragón Volador ocupa usted? Estaba sorprendido de la audacia y decisión de aquella muchacha. Una dama puede con-fiar en usted sin miedo. confiando en la más escrupulosa reserva de su parte. reconocerá fácilmente el bosquecillo que le he mencionado. -¿Y usted cree que le basta con una amiga? -replicó-. junto a la esquina. Usted habrá observado. ¿Cuál es el motivo de su infelicidad? -Muchas cosas. -Pero usted es su amiga. ¿no? -sugerí.jóvenes de mi edad. Me sobrevino la . no me fue posible. Es imposible describir lo que sentí al escuchar aquellas palabras. salir del Dragón Volador y saltar la tapia del parque sin que lo vea nadie. se había lanzado ante el sable de un dragón rabioso y había salido victorioso. que crecen tan cerca unas de otras que forman un pequeño bosquecillo. ni si es un hombre de honor. allí encontrará a la condesa. -Muy bien. está en el segundo piso. cam-biarse de ropa y. y con un bastón por única arma. donde se encuentran mis aposentos. dos o tres pequeñas arboledas de castaños y tilos. que tenía delante de mi Habría dado cualquier cosa por oírle repetir solemnemente que ella se acordaba del campeón que. contando desde la planta del vestíbulo. No necesito preguntarle si tiene valor para una aventura. ¿No le basta con esto? Y. y el carácter abyecto de mi propósito me importaba un ardite ahora que se habían despertado el amor propio y todas las pasiones que se mezclan en este tipo de romances.

no hay ningún peligro que no esté dispuesto a arrostrar con entusiasmo. ¿Le extraña entonces que me muestre algo incrédulo? Pero me ha convencido y espero sepa perdonar mi titubeo.. Por mi buena estre-lla. Pero ¿cómo voy yo a creer quemademoiselleno habla movida más por su propia simpatía o bondad que por la certeza de que la condesa deSt. -Creo que se acerca acompañado de mi amigo. Sospecharía que hemos estado hablando de su mujer. ¿considera lógico utilizar su querido nombre de esta manera? ¿Y todo para hacerle una vulgar jugarreta a usted.a reunirse con su amigo? -Le prometí esperarlo aquí hasta que volviera. Si esta dicha sólo le fuera a llegar a través de sus buenos oficios. -En mis actuales circunstancias. y la de ella. Mil gracias. mi gratitud duraría toda la vida.Alyre dijo que pensaba presentarme a la condesa. Lo juro por la última compañera de esta flor -cogió durante unos instantes entre sus dedos un delicado capullo de rosa blanca que se hallaba disimulado en su ramo-. si me atreviera a convencerme a mí mismo de que semejante dicha y semejante honor están realmente destinados para mí. y. Vendrá y dirá que no la ha encontrado y le prometerá presen-társela en otra ocasión. Que soy la confidente de la condesa lo juro por todo lo que tiene de entra-ñable un adiós susurrado. es obvio que soy su amiga. Ya verá cómo no le presenta nunca a su esposa. y eso redoblaría sus celos y su vigilancia. -Mademoiselledebe comprender que. un extranjero? Mademoiselle sabráperdonarme si considera lo mucho que valoro la posibilidad dever y hablar con la condesa. no necesita asegurármelo. Más que bastante. Su valor está ya sobradamente probado. ¿o he de decir más bien por nuestrabelleétoile?¿No he dicho ya bastante? -¿Bastante? -repetí-. Sonreí bajo mi disfraz cuando éste me aseguró que la duquesa de la Roquème había cambiado de salón . -Y.monsieurno se abstendrá de hacerlo por miedo.monsieur. Entre tanto. No podía creer aquellas pala-bras tan trascendentales. -Ya se lo dije. -¿No convendría que fuera usted ya.. dando un pequeño rodeo. El conde deSt.Alyre me va a conce-der semejante honor? -Monsieurcree que no estoy. si soy su amiga. es mejor que no me vea a su lado. estoy convencida. como estoy en el secreto. No viene acom-pañado de ninguna dama. -¿Estará pues en el lugar que le he dicho. en el secreto que hasta ahora él supuso que no era compartido por nadie más que por la condesa y él mismo. No. -¿Y monsieur estan ingenuo como para creerlo? -¿Por qué no iba a creerlo? -Porque es muy celoso y astuto. me aproximé al conde. o que lo estoy engañando cruelmente. Di las gracias ami desconocida y disfrazada amigay. No. como pretendo estarlo.duda. ya podría esperar sentado. a las dos en punto dela madrugada? -Con toda seguridad-contesté. -Y.

Consulté mi reloj. como supe enseguida. Así pues. se acomodó en un banco junto a nosotros y pronto pareció tener dificultades para mantener los ojos abiertos. me quité el disfraz. EraTomWhistlewick. En algunos lugares la turba resultaba incómoda. delgado y más tieso que un palo. me perdí rápidamente entre la multitud y avancé lo más deprisa que pude hacia la «Galería de los Espejos».Extraña historia del Dragón Volador En aquella época..fue el de un rico aristócrata ruso. CAPITULO XV . Se había quitado el disfraz y tenía el rostro acalorado como yo. salvo Francia. vela-das musicales y otro tipo de reuniones. esa casa fue escenario de dos casos muy extraños. y poco después oí una voz amiga que me llamaba por mi nombre en inglés. y no tenía ganas de verme obligado a darle una explicación. -Le he oído decir -dijo el caballero francés. admiraban. Era una noche apacible y bochornosa. Era uno de los héroes deWaterloo. Al presentarme a su amigo.MonsieurCarmaignac era bajito. era imposible conseguir que la temperatu-ra no resultara sofocante. Tras intercambiar cuatro palabras corteses. especialmente para personas disfrazadas. las fiestas francesas tenían lugar más temprano que nuestros modernos bailes londinenses. tener la oportunidad de presentarnos. con extraordinaria cautela e indecisión. como vi hacer a otras personas a las que el misterio les importaba tan poco como a mí. que desapareció también de manera misteriosa. Cuando trabajaba en un departamento de policía distinto.mon-sieurCarmaignac. Evité al marqués de Harmonville. Arqueaba las cejas. Tomera un tipo jocoso. Temía que pudiera proponerme que lo acompañara a su casa. Así pues.con la gloria recién estrenada. a pesar de que algunos salones eran realmente muy amplios. Napoleón había permitido regresar a Francia. fiestas. que caminaba al lado del conde. hace cuatro años. pero que esperaba. del de Dragones.que se aloja en el Dragón Volador. y la profusión de luces contribuía a aumentar el calor. Acto seguido empecé a respirar más a gusto. a quienes todos los países del mundo. El primero fue el de un acaudaladoémi-gré. .al que el emp. observé con agrado que prefería el silencio y se conformaba con el papel de oyente mientras charlábamosmonsieurCarmaignacy yo. y lo único negativo que yo conocía de él era su costumbre de calmar la sed con champán siempre que acudía a bailes. desempeñaba un cargo oficial. astuto y difícil de entender en aquellas curiosas condiciones.y se había llevado con ella a la con-desa. Desa-pareció. en un futuro muy próximo.. Eran algo más de las doce. Era calvo. a una media legua de aquí. inhalaba rapé y llevaba gafas. retorcía los labios de forma extraña y se abanicaba con su disfraz. en la dirección opuesta a la que habían tomado el conde y mi amigo el marqués. El segundo -igualmente extrañó. observé que las palabras no le fluían con nitidez.

-Mi criado -dije- me ha hecho un relató confuso de algunos aconte-cimientos y, si no recuerdo mal, con las mismas personas como protago-nistas; es decir, un emigrado francés y un noble ruso. Pero como ha pre-sentado las cosas como si se tratara de fenómenos paranormales ó sobrenaturales no he creído ni una palabra de cuanto me ha dicho. -No, no se trata de casos sobrenaturales, sino simplemente inexpli-cables -puntualizó el caballero francés-. Por supuesto, se han planteado hipótesis, pero el misterio nunca se ha dilucidado ni, que yo sepa, se han aportado pruebas convincentes. -Por favor, cuénteme la historia -le rogué-. Creó que tengo derecho, ya que afecta al lugar en el que me hospedo. ¿No sospecha usted del per-sonal de la casa? -¡Oh! Ha cambiado de dueño desde entonces. Pero hay una habita-ción en particular sobre la que parece cernerse la fatalidad. -¿Podría describirme esa habitación? -Ciertamente. Es una alcoba espaciosa del segundo pisó con arteso-nado de madera situada en la parte posterior de la casa, y en el extremo derecho según se mira desde las ventanas. -¡No me diga! ¡Caramba, pero si ésa es mi habitación!-exclamécon redoblado interés, y una pizca de aprensión-. Los huéspedes en cues-tión, ¿murieron ó desaparecieron por arte de magia? -No, no murieron. Desaparecieron como por ensalmo. Le contaré lo que pasó con pelos y señales, pues en el primer casó fui yo quien acu-dió a la casa oficialmente a hacer la investigación; y, aunque no llevé personalmente el segundo, me dejaron ver el expediente y fui yo quien redactó la carta oficial a los familiares de los desaparecidos, que habían solicitado al gobierno la investigación del casó. Recibimos cartas de los parientes más de dos años después, por las que supimos que los desapa-recidos no habían vuelto a dar señales de vida. Aspiró un poco de rapé y me miró fijamente. -¡Ninguna señal de vida! Le referiré lo que ocurrió, según nuestras pesquisas. El noble francés, que era el caballero deChâteauBlassemare, a diferencia de la mayor parte de los emigrados, había tomado pre-cauciones a tiempo; así, había vendido buena parte de sus bienes antes de que la revolución avanzara tanto que hiciera inútil dicha operación y se exilió llevándose consigo una suma de dinero considerable. Regre-só con casi medió millón de francos, que invirtió mayoritariamente en fondos estatales franceses, dejando en Austria una suma mucho mayor en forma de tierras y títulos mercantiles. Habrá observado que este caballero era rico y que no había prueba alguna de que hubiera perdi-do dinero ni de que estuviera pasando por ningún apuró financiero. ¿Me sigue? Asentí con la cabeza. -Este caballero gastaba por debajo de lo que su situación económica le habría permitido. Poseía unos aposentos confortables en París y durante cierto tiempo se dedicó a frecuentar los teatros y otros lugares de razonable esparcimiento. No jugaba. Era un hombre de mediana edad, que quería pasar por más joven de lo que en realidad era, con lo que ello supone de pequeñas vanidades; pero, por lo demás, era una per-sona afable y educada que no molestaba nadie. Como ve, una persona poco susceptible de provocar hostilidades. -Desde luego -convine. -A principios del verano de 1811 obtuvo un permiso para copiar un cuadró en uno de esos salones de

pintura y vino aquí a Versalles con esta finalidad. Su obra avanzaba lentamente. Después de cierto tiempo abandonó el hotel de Versalles y se fue a vivir, para cambiar un poco, al Dragón Volador. Allí tomó, por decisión personal, la habitación que casualmente le han dado a usted. Desde entonces parece ser que pintó muy poco, y fueron raras las veces que fue a su casa de París. Una noche le dijo al posadero del Dragón Volador que iba a París a pasar un par de días por asuntos persónales; que su criado le acompañaría, pero que se quedaba su habitación del Dragón Volador y regresaría unos días des-pués. Dejó allí parte de su ropa, pero se llevó a París un baúl, su neceser y el restó del equipaje, con su criado en la parte trasera del carruaje. ¿Me sigue,monsieur? -Con suma atención-contesté. -Pues bien,monsieur,llegadocerca de su casa de París, detuvo repen-tinamente el carruaje y le dijo al criado que había cambiado de planes; que dormiría en otro lugar aquella noche; que tenía un asunto muy im-portante que resolver en el norte de Francia, no lejos de Ruán; que se pondría en marcha antes del amanecer y que volvería un par de semanas más tarde. Llamó un simón, empuñó una saca de cuero que, según contósu criado, era suficientemente grande para contener unas camisas y un abrigo; pero que era también enormemente pesada, como él mismo pudo comprobar, pues tuvo que sostenerla mientras su amo sacaba de la bolsa treinta y seis napoleones, de los que el criado debía rendir cuentas a su regreso. Luego le mandó que se marchara en el carruaje mientras él, empuñando la mencionada saca, subía al simón. Hasta este punto, como ve, el relato es bastante claro. -Perfectamente -convine. -Pero ahora viene el misterio -dijomonsieurCarmaignac-. Después de esto, que nosotros sepamos nadie volvió a ver al conde deChâteauBlassemare, ni conocidos ni amigos. Luego averiguamos que, la víspera, el agente de cambio del conde había vendido, por orden de éste, todos sus bonos franceses y le había dado su equivalente en dinero. La razón esgrimida para esta operación concordaba con la que había dado a su criado. Dijo que marchaba al norte de Francia para pagar algunas deu-das y que no sabía exactamente cuánto dinero iba a necesitar. La saca, cuyo excesivo peso había extrañado al criado, contenía, a no dudarlo, una suma de oro considerable. ¿Quieremonsieurprobarmi rapé? Me alargó su tabaquera abierta, de la que tomé un poco a modo de experimento. -Cuando se inició la investigación -prosiguió-, se ofreció una recompensa por cualquier información que pudiera arrojar alguna luz sobre el misterio, sobre todo por la que pudiera facilitarnos el conductor del simón, como, por ejemplo: «me contrató la noche del día tal, hacia las diez y media, un caballero con una saca de cuero negro, que se había apeado de un carruaje privado y dio dinero a su criado tras contar-lo dos veces.» Se presentaron unos ciento cincuenta cocheros, ninguno de los cuales resultó ser el hombre que buscábamos. Sin embargo, obtu-vimos una curiosa e inesperada prueba para otro caso completamente distinto. ¡Qué barbaridad! ¡Qué ruido hace ese arlequín con su espada! -¡Intolerable!-convine. El arlequín desapareció, ymonsieurCarmaignac reanudó su relato: -La información a que me refería nos la suministró un muchacho de unos doce años que conocía al conde perfectamente, ya que le había ser-vido varias veces como mensajero. Afirmó que hacia las doce y media de aquella misma noche -en la que, tome usted nota, brillaba una hermosa luna llena- fue enviado, al haberse puesto de repente su madre con dolores, a buscar a la comadrona, que vivía a tiro de piedra del Dragón Volador. La casa de su padre, punto de partida, se hallaba a unos dos kilómetros de distancia de la posada, para alcanzar la cual tenía que rodear el parque del castillo de la Carque. El

camino pasa por delante del viejo cementerio deSt.Aubin,separado de éste sólo por una valla muy baja y dos o tres árboles viejos y enormes. El muchacho se puso un poco nervioso al acercarse a este antiguo cementerio y, a la luz brillante de la luna, vio a un hombre al que reconoció claramente como al conde, a quien conocían con el mote de «El sonrisas». Tenía un aspecto muy triste y estaba sentado encima de una lápida, sobre la que había también una pistola, mientras él cargaba otra. »El muchacho pasó por allí de puntillas, sin hacer ruido, sin apartar la vista en ningún momento del conde deChâteauBlassemare, o del hombre al que había confundido con él. No iba vestido como de cos-tumbre, pero el testigo juró que no le cabía la menor duda en lo que a su identidad se refería. Dijo que tenía una expresión grave y adusta, pero que, aunque no sonreía, era la misma cara que él conocía de sobra. De esto estaba completamente seguro. Si era él, fue la última vez que alguien lo vio. Desde entonces no se ha vuelto a oír hablar de él. Nada se ha descubierto de él en Ruán y alrededores. No hay pruebas de su muer-te, pero tampoco hay el menor indicio de que siga con vida. -Es un caso realmente singular -convine; iba a hacer otro par de pre-guntas cuandoTomWhistlewick, que sin que yo me diera cuenta se había levantado a dar un paseo, volvió mucho más despierto y mucho menos achispado. -Vamos, Carmaignac, se está haciendo tarde y debo irme, de veras, por el motivo que le he dicho antes. Beckett, tenemos que vernos pronto. -Siento mucho,monsieur,no poder relatarle ahora el otro caso, el del otro inquilino de la misma habitación, un caso más misterioso y sinies-tro que el último, ocurrido en el otoño del mismo año. -¿Por qué no me hacen el honor de venir a comer conmigo mañana al Dragón Volador? Mientras avanzábamos por la «Galería de los Espejos», conseguí arrancarles su promesa. -¡Por Baco! -exclamóWhistlepoco después-. Fíjense en esapagoda,o silla de manos o lo que quiera que sea: sigue aún donde la dejaron esos individuos, sin que haya nadie cerca de ella... No me explico cómo hacen para adivinarlo todo tan diabólicamente bien.JackNuffles, aquien he conocido esta noche, dice que son gitanos. ¿Dónde están, por cierto? Voy a echar un vistazo al profeta. Lo vi tirar de las persianillas, que estaban construidas a imitación de las celosías venecianas: cubrían las cortinas rojas del interior, pero no parecían ceder, y Whistlewick sólo pudo mirar por debajo de una que no estaba totalmente bajada. Al volver, nos contó lo siguiente: -Apenas he visto al viejo. Estaba demasiado oscuro. Está cubierto de oro y rojo, y tiene un sombrero de mandarín bordado; duerme como un lirón, ¡y por Júpiter que huele peor que una mofeta! Aunque sólo sea por oler vale la pena acercarse... ¡Buah! ¡Puf!¡Arg! ¡Vaya perfume! ¡Beerg! Decliné aquella invitación tan seductora, y nos dirigimos lentamen-te hacia la puerta. Me despedí de ellos, recordándoles su promesa. Así, pude subirme por fin a mi carruaje y dirigirme sin más dilación hacia el Dragón Volador por el más apartado de los caminos, bajo la sombra de árboles antiguos e iluminado por la suave luz de la luna. ¡Cuántas cosas habían ocurrido en las dos últimas horas! ¡Qué varie-dad de cuadros extraños y animados se habían agolpado en taxi breve espacio! ¡Qué aventura tan estupenda me esperaba!

Adivinarán con qué extraño interés y emoción contemplé aquel des-conocido escenario de la aventura que me aguardaba.¡Cómo contrastaba el silencioso y solitario camino iluminado por la luna con el abigarrado torbellino de placeres a cuyo rugido. Me calé el sombrero y. Muchos criados de personajes importantes se encontraban allí acuartelados. música. Era demasiado tarde para volverse atrás. La locura de mi empresa. me llenaron momentáneamente de remordimiento y horror.El parque del castillo de la Carque No había peligro de que el Dragón Volador cerrara sus puertas en aquella ocasión antes de las tres o las cuatro de la madrugada. cuyas copas estaban tenuemente iluminadas por la claridad de la luna. tomé un par de pistolas cargadas. aquella misma noche. Dejé mi disfraz sobre un sofá. Pero el tiempo volaba y la hora se aproximaba. distinguí la masa tupida de árboles que la dama enmascarada me había indicado como lugar de encuentro. no podrían volver a sus rincones del Dragón Volador hasta haber cumplido con sus obligaciones. Contemplé el paisaje que dormitaba bajo aquellos rayos argentinos. que. Despedí a mi cochero. En aquel momento me habría gustado no entrar nunca en aquel laberinto que me conducía no se sabía a dónde. entre la bella condesa y yo. a medio camino entre mi ventana y el castillo. iluminados por la luz que se filtraba de la puerta del vestíbulo. y. delante de la ense-ña del Dragón Volador. El artesonado negro. y la culpabilidad que entrañaba. como sus señores no abandonarían el baile hasta el último momento. y entré en la espaciosa alcoba. entraba un rayo de luna que iluminaba el suelo con una luz oblicua. hacia la que me precipité. según me habían aconsejado. Más allá se divisaba el contor-no del castillo de la Carque. Poco más habría bastado para revelar aquel mi poco viril estado anímico a mi vivaracho amigoAlfred Ogleo incluso al mordaz pero simpáticoTomWhistlewick. Por la ventana. yo sabía que disponía de tiempo suficiente para mi excursión misteriosa sin despertar la curiosidad de nadie por verme salir con las puertas ya cerradas. eran unas compañeras muy recomendables en la . subí presuroso las anchas escaleras con el dis-fraz en la mano. diamantes y colores acababa de hurtarme! La visión de la naturaleza solitaria a aquella hora de la noche actuó como un sedante repentino. Más cerca de mí. el solemne mobiliario y las oscu-ras cortinas del alto lecho hacían que la noche pareciera más sombría. finalmente. un poco a la izquierda. con mi dominó revoloteando alrededor. busqué a tientas un par de botas para ponerme en lugar de mis finos zapatos planos. a la sazón llamados «escarpines». sin los que ningún caballero podía asistir a una velada. luces. pero la amargura ya estaba deslizándose en mi copa. Localicé el lugar exacto de aquel lúgubre conjunto de árboles. CAPÍTULO XVI . y durante varios minutos unos vagos presentimientos apesadumbraron mi corazón. Acabábamos de detenernos bajo el dosel de follaje. sus chimeneas y numerosos chapiteles recortados sobre el cielo grisáceo. Por lo tanto.

el chorro de agua centelleaba cual lluvia de diamantes al claro de luna. a la luz de la luna. y sentí cierto placer al verme sumergido por completo en medio de la sombra. algunos de ellos bastante peligrosos. confieso que cogí un espejo y lo llevé junto a la ventana para comprobar mi aspecto a la luz de la luna. me habló una voz por detrás. aquel decorado romántico me sugería en cierto modo la gruta. y.inestable situación que estaba atravesando entonces la sociedad francesa: por doquier pulula-ban soldados en desbandada. donde. se erguía un templete griego o capilla. Una vez en el vestíbulo. . Me volví sobresaltado: allí estaba la persona dis-frazada demademoisellede la Vallière que había visto unas horas antes. No te acuestes hasta que yo vuelva. contemplandoora la luna ora las nubes blancas que se deslizaban por el otro lado. llamé a mi criado. A unos doscientos metros aproximadamente del Dragón Volador. Seguí avanzando. como el furtivo infame que traspasa los dominios de un señor confiado. así como una ventana.Clair-le dije-. A cada paso parecía más alto y proyectaba una sombra cada vez más negra a mis pies. Esto me facilitaba la escalada. una fuente abastecida por los grandes estanques del otro lado del castillo derramaba sus aguas con sonido metálico sobre una ancha pila de mármol. Mientras observaba atentamente. para percibir con detalle estos efectos. su figura parecía más graciosa y elegante que nunca-. que parecía más negro que los crespones de una corona fúnebre. Entre tanto. Luego. que valen. Ter-minados aquellos preparativos. satisfecho del resultado.. además de servir de pantalla a mi empresa en caso de que alguien estuviera mirando por casualidad en aquella dirección. ceñido por una pequeña escalinata. con columnas corintias acanaladas y vanos cubiertos de vidrio. silbando todo el tiempo una tonadilla que se me había pegado en una visita a la ópera. Un tupido manto de hiedra cubría en este punto la tapia y formaba en lo alto una especie de racimo. divisé el gablete de la vieja posada. ¡Lo conseguí! Ya me hallaba en el parque del castillo de la Carque. La impresión de descuido y ruina hacía más bonita aún la escena. como quien no sabe qué dirección tomar. No se oía ningún ruido de pasos ni se veía el menor rastro de figura humana. de donde debía llegar la dama. le diré algunas cosas acerca de ella. Luego avancé por la carretera. que cobijaba una estatua. Yo estaba demasiado atento al castillo. que parecía cubierto de escarcha. la fuente y la aparición de Egeria. dejé de disimular: me di media vuelta y escudriñé con atención el cami-no. Faltaban sólo ocho minutos para la hora convenida.. Si el paseo me gusta. de manera semiconsciente. Ya estaba cabe los tilos grandiosos y los castaños centenarios. de la que salía una luz tenue. semioculta tras el follaje. y el mármol descolorido y añejo exhibía los estigmas de un largo abandono. está triste por su matrimonio con un tirano celoso que la quiere obli-gar a vender sus diamantes. La luz de la luna era suficiente para consultar el reloj. La joven estaba en medio del claro y la luz de la luna caía directamente sobre ella. y más triste. y la esperanza aceleró los latidos de mi corazón. Nada podía favorecerle más. Este bosquecillo se abría ligeramente en el centro. lo dejé en su sitio y bajé corriendo las escaleras. Era de mármol blanco. -La condesa estará aquí enseguida -dijo. lige-ramente a la izquierda. Es una mujer desgracia-da. A unos metros de la escalinata. El moho se insinuaba en el pedestal y la cornisa. No tardaré más de diez minutos. voy a darme un paseo en esta noche de luna. pero. Ante mí se elevaba el bosquecillo designado. entre las grietas se abría paso la hierba. Bajé los escalones y miré a derecha e izquierda. podría alargarlo un poco más. -St.

a la luz de la luna. claro que la puede ayudar. Lo he oído decir a un amigo.mademoiselle-dije con la sinceridad de la impaciencia-. no podía contradecir a una -Veo.usted me dijo que estaría aquí pronto. pero se me antoja un poco más aguda. es dificilísimo dar un paso sin peligro. es maravillosamente dulce.monsieur. -Pero -añadí. -Primero diga si ha pensado realmente en ella. -Dicen que mi voz se parece a la de ella -dijo el disfraz. con la palma hacia abajo. que.que se ríe de mí. -No. en la aventura de laBelleÉtoile. entonces. sin embargo. Hice una reverencia.. como ella. me pareció que algo picada. y cuanto mayor sea el peligro o el sacrificio. sin más recompensa que su pobre gratitud. no es ningún peligro. quiere decir -contestó la señorita de La Vallière. que no parecía conducir a nada.. -Siempre y cuando no ocurra nada imprevisto.-Treinta mil libras esterlinas. Día y noche sus bellos ojos me siguen a todas partes.Pero es sólo un parecido. como el conde deSt. más de una vez. Con estas palabras. -Eso es un prejuicio.monsieur. -¿Desea ella verme? -pregunté con tierna vacilación. Dicho lo cual.Alyre.Alyre está en casa. -¿Admite. la dama disfrazada se volvió.mademoiselle. Me cree vanidosa porque pretendo en algunos aspectos igualarme a la condesa deSt. Aquello era indigno e irritante. si desprecia. dama. La de usted es una voz muy dulce. ¿Puedo ayudarla de alguna manera en esta lucha desigual? Dígame cómo. y ganarse así no sólo su gratitud. -En efecto-contesté-. no más chillona: su voz no es chillona. sino también su amistad.pero yo no he dicho eso. las leyes tiránicas de este mundo y es suficiente-mente caballeroso como para dedicarse en cuerpo y alma a la causa de una dama. y vigila constantemente. Yo me declaré dispuesto a ser el esclavo de la condesa. su dulce voz siempre resuena en mis oídos. -Siempre la he tenido presente.eso no es cierto. pero no es tan patéticamente dulce como la suya. Le desafío a que me diga que mi mano es menos hermosa que la suya. que mi mano es tan bonita como la suya? -No puedo admitirlo. La dama parecía realmente molesta. se quitó el guante y alargó la mano. si puede hacer estas cosas. No quiero entrar en . pues se estaban desperdiciando unos momentos preciosos mientras manteníamos aquella conversación insulsa. ¿Puedo ayudarla de alguna manera? -Si desprecia el peligro. y pareció romper a llorar. ¡Ah! ¿Es entonces la mía mejor? -Perdóneme. -Un poco más chillona. más feliz me hará..

Si usted hubiera cedido al coqueteo de una rival disfrazada demademoisellede La Vallière. El conde. Creo que. No he tenido a nadie que escu-chara mis confidencias. Yo le prometí repetidas veces que moriría antes que permitir que cualquier imprudencia pusiera en peligro aquel secreto que daba a mi vida sentido e interés. Me lo debe usted. que cogí y llevé a mis labios. Pero aquella mujer hermosa y. más solitaria que la de un claustro. monsieur. pero la condesa deSt. si viniera uña tercera vez. yo arrostraría igualmente cualquier peligro antes que perder a un amigo. Me quedan sólo unos minutos. Los vecinos temen pasar por allí de noche.Alyre.mi héroe! ¡Oh. -No. Exhalando un suspiro. tímida y más bella que nunca. me rechazó. en un lugar rodeado de matorrales. y también que. mientras así hablaba. luego. sonriente. -¡Cielo santo!-exclamé-. la condesa deSt. Y ella.Richard.es odiarlo. Pero por fin he encontrado a un amigo valeroso y decidido. exclamó: -Le probaré lo que digo. No amar al marido -continuó. volveríamos a cambiar. La disfrazada rió primero fríamente y. aunque usted se equivocó. confundida. no debemos desperdiciar en extravagancias estos preciosa momentos. me habría arrojado a sus pies. En el otro extremo del castillo hay un pe-queño cementerio. con un esbozo de sonrisa dulce y comprensiva. con una capilla en ruinas. ridículo por . y mis ojos vieron en persona a la condesa deSt. -No. Y. ¿Vendrá de nuevo mañana por la noche a las once y cuarto? Yo estaré aquí a esa hora.comparaciones. -Llevo más de un año viviendo en un terrible estado de indecisión.Richard!¡Oh. Aún no nos conoce-mos lo suficiente.¡Qué monstruosamente estúpido he sido! ¡Así que fue conmadamela condesa con quien estuve hablando todo el rato en el salón! La contemplé en silencio. se retiró el disfraz.¡cuántas veces he repetido en la soledad su nombre. debo decirlo.yque es usted todo un campeón. no debe hacer eso -dijo con voz queda-. -Mañana debe venir por otro camino -dijo-. Confío en usted. a nadie que me aconsejara. La mía ha sido una vida muy tris-te. no necesita jurarlo. que he conocido por mi criado!¡Richard. El camino está desierto y hay una barrera que permite acceder a este camposanto. y. En el matrimonio no existe laindiferencia. me alargó la mano. Pero ha llegado la hora de dar el paso. con cierta simpatía. mi rey! ¡Cuánto le amo! Yo la habría estrechado contra mi corazón. fiel y sin miedo. inconsecuente. Por supuesto. Sabe de sobra que no me he olvidado de usted. Lo atravesará y se encontrará a unos veinte metros de aquí. ¡Cómo olvidar la escena heroica del vestíbu-lo de laBelleÉtoile!¿Ha conservado usted la rosa que le di al despedir-nos? Sí.Alyre es a todos los respectos la dama más hermosa que jamás han contemplado mis ojos. aún se acuerda de la condesa de laBelleÉtoile. si alguna vez arriesgara su vida por mí. Comprenda mi situación. Cada momento me parecía más hermosa. además de valiente. Pero ahora estoy segu-ra de que es usted una persona de fiar. a nadie que me libe-rara de los horrores de mi existencia. le prometí observar al pie de la letra sus instrucciones.Alyre nunca habría confiado en usted ni le habría dado ninguna cita. pero no se olvide de extremar la precaución para que nadie sospeche que ha venido aquí. y mi entusiasmo iba aumentando en proporción.

los bucles oleaginosos de su peluca negra. pero no hasta después de las seis.todo lo demás. A causa del gran barullo que se había formado a la salida del baile. me temo. ¡Váyase ya! Déjeme sola. Mañana por la noche le contar más cosas.porfavor. más de diez minutos. diga que no conoce a ninguno de los dos. estoy casi seguro de que no podremos terminar antes de esa hora. CAPÍTULO XVII . Finja con todas las personas con las quo hable no conocer a ninguno de los moradores del castillo de la Carque alguien menciona al conde o a la condesa deSt. extreme la precaución. delante de mí. Hizo con la mano un gesto perentorio para que me marchara. -Con mucho gusto -dijo el marqués-. pero me pareció que su expresión era más sombría que en ocasiones anteriores. al toparme de repente con aquel hombre. con los lentes calados. A pesar de lo tarde que era. dijo. que enmarcaban su escueta cabeza. una reunión a la que no puedo faltar.Alyre. y tenía el brazo derecho en cabestrillo. en medio de una fiebre de euforia. creo. pero mi amigo el marqués de Harmonville. En este momento tengo que acudir a una reunión con otras tres o cuatro personas. entonces! -exclamó el conde-. al menos momentánea. y con el propósito. me prestará tal vez la ayuda que necesito tan impe-riosamente. parecían ébano esculpido sobre un horrible rostro de boj.Alyre en su presencia. -Le he visitado. ¡Qué gran contratiempo! . vi a la bella condesa deSt. es tremendo cuando le acometen los celos. la obedecí Esta entrevista no duró.Alyre. yo iba a París. Musitando un «adiós». En efecto. de tomarme cierta libertad. Permanecí despierto en mi lecho. Con una hora que me hubiera reservado todo se habría arreglado. dándonos la espalda.El ocupante del palanquín El marqués me visitó al día siguiente. que no puedo explicar ahora. por lo que me pedía un asiento en el mío en caso de que tuviera intención de ir a París. Sonrió. quien tal vez se sienta más obligado conmigo. Yo no era un pecador suficientemente endurecido como para no sen-tir cierta turbación. Adiós. Por eso.monsieurBeckett. No era fácil saber si aquel día había algo inhabitual en su fisonomía o si era simplemente el efecto de mi pre-vención por todo lo que había oído durante mi misteriosa entrevista en su parque. Era el conde deSt. mi desayuno estaba aún en la mesa. Había venido. y vino a llevarse aquella visión. Volví a escalar la tapia del parque y regresé al Dragón Volador antes de que cerraran las puertas. ultrajado al menos en la intención. Tengo motivos. con la esperanza de encontrarlo aquí -graznó-. para hacer cuantoestoy haciendo ahora y cuanto voy a hacer después. y me encantaba hacerlo en su compañía. Se levantó. su vehículo había sufrido un percance. -¡Qué voy a hacer. para pedirme un favor. leyendo un periódico. Fue conmigo hasta mi hotel y subió a mis aposentos. La bufanda negra le colgaba del pecho. Hasta que despuntó el día. siempre en la oscuridad. Me extrañó ver allí a un hombre sentado en uno de los sillones.

amén de una nota acerca del lugar exacto en el que se debía cavar la tumba (bastante sencilla). yo tenía una suma líquida en mi banco. Pero me han ase-gurado que. se echó una cabezadita en un rincón del carruaje. la melancolía de los bosques del castillo de la Carque y la emocionantey embriagadora proximidad del objeto de mi pasión. pero. eché de menos una vez más mi tranquila habitación del Dragón Volador. Me apresuré a cumplir el pequeño asunto que se me había encomendado. la nota no era nada alegre. Yo le pregunté a nombre de quién debía ordenar que se extendiera el recibo. en el cementerio parisiense dePèreLachaise. a la una y media de la madrugada. Pero había concertado con él una entrevista para aquel día y sentí alivio al oírle decir que era mejor dejar el dinero en manos de mi banquero unos días más. le ruego que. es un pocofuneste.Amand. ya que los fondos estatales franceses caerían con toda seguridad en breve plazo. Mientras yo me encargaba de las formalidades. -¡Qué bueno es usted. He tenido la mala suerte de torcerme el pulgar y no podré escribir durante una semana. Cuando llegue el momento. Aquella circunstancia tuvo también . El asunto. Yo hice lo que me había pedido. llegaría a casa de éste (el castillo de la Carque) hacia las diez de la noche siguiente para ser transportado desde allí en un coche fúnebre. Salimos del hotel. En ella se decía que el cadáver del primo del conde. mi querido amigo. a la vez loca y reprobable. cuyo brazo de marmórea blancura me convocaba en la noche al bosquecillo de tilos y castaños del castillo Carque. a saber. y ayer escribí rechazando dicho encargo. embozado en su bufanda de seda negra y con el sombrero calado hasta los ojos. y ya no podría echarme atrás. -Apenas he visto a ese pobre caballero dos veces en mi vida -dijo el conde-. Así pues. -No a mi nombre. Era bastante dinero. París había perdido su encanto para mí. para un hombre tan alegre y encantador comomonsieurBeckett. si el recibo estuviera a mi nombre. se decía.El cortejo fúnebre. como una firma es igual de válida que otra. todo saldrá perfectamente. Me detuve en la oficina de mi agente de cambio. no puedo rechazar este encargo. llegaría dos días después.monsieur!La verdad es que no me atrevo a pedirle ese favor. su casa. Como ya he dicho. así como la edad.Le ruego lea esta nota que me ha llegado esta mañana.Alyre. en comparación con la imagen que ocupaba mis pensamientos.monsieurde St. ello me convertiría en albacea ante la ley. según sus propios deseos. se escriba el recibo a su nombre. Pero aquí surge otro problema. o la suma entera. acompañado por cualquier miembro de la familia que deseara asistir al entierro. por eso quiero acudir a la oficial de defunciones para firmar en el libro y obtener la debida autorización para su inhumación.Amand. estado en el que me lo encontré a mi vuelta. Poco me importaban los insesde unos días. que.que había fallecido enChâteauCléry.-Yo le ofrezco una hora de mi tiempo con mucho gusto -dije. más un suplemento por nocturnidad. entenderán por qué me he entretenido en contar todos estos detalles. iba a ser enterrado. la suya podría servir tanto como la mía. El conde me facilitó el nombre y apellido del finado. Sin embargo. si no tiene ningún reparo. Luego me entregó el dinero para sufragar los gastos del entierro. la enfermedad de la que había muerto y varios otros detalles. como no tiene a ningún otro pariente. con el permiso del conde deSt. Querían que yo me convirtiera en albacea. el conde. entre dos panteonesdela familia deSt. Ciertamente. Y como usted se ha ofrecido tan amablemente a acompañarme. por desagradable que sea.

pues se suponía que para entonces sus propietarios habrían mandado a algún mensajero a retirarlo. Entonces se ordenó a los criados que se lo lle-varan de allí.como persistía en llamar al palanquín. que aseguraron que el cadáver había sido condiciónsine quanonpara la exhibición adivinatoria. Esta afirmación demonsieurCarmaignac. Mientras hablábamos de aquel asunto. del que se habían olvidado. sino también todo París. y no se logró dar con los desalmados farsantes. se podía perdonar si se imputaba al inge-nio y bufonería irreprimibles de la juventud. ata-viado con túnica china y sombrero de colores. e imaginen cuál no fue la consternación al descubrir. Lapagoda. pues entre mis libros de anécdotas y recuerdos franceses se encontraba aquel mismo incidente subrayado por mi propia mano. -El asunto está en manos de la policía -observómonsieurCarmaignac-. por supuesto. bastante corpulento. Forzaron la puerta. que habían hecho a alguien la noche anterior.y rayana en el sacrilegio. los criados que ayudaban a apagar las luces y a cerrar las puertas la encontraron aún allí. más asombroso me parecía. y ésta no es digna de su nombre si no encuentra pronto. y después de retirarse todos los invitados. a no ser. Casi exactamente lo mismo tuvo lugar hará unos cien años en un baile de gala en París. para mi de-sesperación. Terminado el baile. y su peso extraordinario les recordó por primera vez la pre-sencia de su ocupante humano. de quienes me había olvidado por com-pleto. como descubrí después. Pero aquello ya no tenía remedio y unas pala-bras a los camareros bastaron para reparar enseguida mi olvido. a mis dos invitados. TomWhistlewick estaba en gran forma. -Fue realmente una broma muy original. vino el camarero a anunciar que la cena estaba servida y podíamos pasar al comedor. en cuyo honor se había orga-nizado el baile. Hubo incluso algunos. . Otros opinaron que no era más que una broma pesada y cínica que. no a un hombre vivo. aunque algo sospechosa -dijo Whistlewick. había quedado en el lugar donde la habíamos visto por última vez.una incidencia directa en mis aventuras subsiguientes. y se puso casi de inmediato a contar una historia muy extraña. y pone a disposición de la justicia. ¡sino a un muerto! Debían de haber transcurrido tres o cuatro días desde la muerte de aquel hombre. Yo estaba pensando para mis adentros en lo inexplicable que había sido mi coloquio con el mago. decidieron dejarla donde estaba hasta la mañana siguiente. Me dijo que no sólo Versalles. Maldije interiormente mi estupidez por haberme comprometido con su agradable sociedad. más proclives al misticismo. De regreso al Dragón Volador. que se trate de individuos más astutos de lo que suelen ser los simples saltimbanquis. era exacta. Sin embargo. -Ni siquiera original -dijo Carmaignac-. cuando más pensaba en ello. Mis invitados se encargaron de compensar mi relativa taciturnidad. Unos dijeron que se tra-taba de una farsa para insultar a los aliados. pese a su gravedad. encontré en mi saloncito. sehallaba en aquellos momentos alborotado a raíz de una jugarretaindignante. Ni el mago ni su acólito ni los portadores habían vuelto a aparecer.y que las revela-ciones y alusiones que tanto habían asombrado a los asistentes se habían debido indudablemente a la necromancia. tan expeditivamente tildado pormon-sieurCarmaignac de «saltimbanqui». a los individuos que han atentado contra el de-coro y los sentimientos del público. Pero nadie se presentó.

-Este caso ocurrió -dijo Carmaignac-. -Por favor. que jamás había pisado la tierra. pero tenía unmodicumbonum. -Ah. Tocaba el violín. no presté prácticamente ninguna atención. no. llénese el vaso -dije. -¡Saquefuerzas de este vino. Tras consultar a su agente de cambio sobre la posibilidad de invertir este dinero en valores extranjeros. Se había alojado en la misma habitación. pues. y estuvieron todo el rato contando historias divertidas. Por cier-to. antes que los otros dos. aunque pase aquí esta noche. . la que usted ocupa. además del noble ruso. al igual que los vinos.cambiar de habitación ahora que hay menos gente en la posada? Por supuesto. y salía por la noche a dar un paseo. A un caballero francés -ojalá pudiera recordar su nombre-.monsieur. yame comprenden: una cantidad cercana al medio millón de francos. Sus costumbres eran extrañas. cuyo nombre no recuerdo ahora. El personal de la posada decía que era el hombre más feo. a las que. Oigámosla.¿no piensa -añadió volviéndose hacia mí.y distaba mucho de ser apuesto. pues mis pensamientos estaban por completo en otra parte. sacó todo el dinero del banco. cantaba y escribía poe-sía. gracias. si he de ser sincero. Pienso cambiar de hotel. espero no sutilizarme como los otros. pero espontáneas. hasta que de repente surgió un tema que me interesó poderosamente. Hubo otro caso.CAPÍTULO XVIII . ¡Un hombre realmente excéntrico! No era un millonario. -Sí -dijo Carmaignac. aunque lo recordé precisa-mente esta mañana. siempre y cuando piense usted que-darse aquí más tiempo. disimulando su seriedad con una sonrisa. cantando o tocando el violín. El efecto moral que produce cenar bien es inmenso: todos noso-tros lo sentimos aquella noche. así podré pasear de noche por la ciudad. El sosiego y buen humor que produce son más duraderos y agradables que la tumultuosa euforia de Baco.monsieur. el Dragón Volador. el posadero le dio la habitación a la que me he referido. A veces se pasaba todo el día en su habitación escribiendo. probablemente se comía aquí mejor que en algunos de los más prestigiosos hoteles de París.monsieur. lo cual me ahorró el trabajo de tener que hablar. Pero bebamos antes un poco de vino.para afrontar la catástrofe! -bromeó Whistlewick mientras se llenaba el suyo. hijo de un comerciante. si la memoria no me falla. prosiguiendo un hiloargumentaique se me había hurtado-. Ya había dejado de ser joven -tenía más de cuarenta años. Ahora ya conoce usted su situación financiera cuando ocurrió la catástrofe. pero también el más bonachón.El camposanto La cena que nos sirvieron fue realmente buena. es decir. Pero. Pero ha dicho usted que hay otra historia parecida relacionada también con esa misma habitación. se mostraron contentos y muy locuaces. ni mucho menos. por lo menos. que acudió a esa posada. Mis amigos. La historia que contó fue muy curiosa. pues. a pesar de que se trataba de una posada apartada. más extraño todavía.

Que eso era lo único que podía decir. miró por el ojo de la cerra-dura. una frugal cena fría en una mesita. y aquél le repitió desde el interior queno quería que lo molestaran. Es muy difícil creer que alguien haya asesinado a tres personas consecutivamente en la misma habitación y haya hecho desa-parecer sus cadáveres sin dejar rastro alguno. y que nadie podía haberlas cogido sin despertarlo. al ver que su huésped no había dejado la llave en la cerradurabuscó otra para abrir la puerta. éste comentó después que había visto escribir tan deprisa que parecía que en cualquier momento iba a empezar a arder el papel (éstas fueron sus palabras textuales). Sin embargo.Dio entonces parte de este continuado y alarmante silencio al posadero. -Absolutamente nada. al ver que salía luz por el ojo de la cerradura. »Ahora bien. el cual. se evaporó. debe de haberse metido en algún asunto sucio. suficiente papel para escribir toda La Henriada y provisión proporcional de plumas y tinta. nadie podía salir de la casa sin tener la llave. un rato después de atrancarse las puertas. a quien pertenece esta casa. le llevó una taza de café. Todos igualmente incomprensibles. Tenía dos pares de velas. el cual juró que las encontró coleadas en la cabecera de su cama. aquí surgía otro problema: elDragón Volador cerraba sus puertas a cal y canto a las doce de la noche. en su lugar habitual. Y ahora les contaré algo acerca de su poseedor. »Sentado a la mesa de su despacho lo encontró el camarero. elgarçonse marchó. ocurrió que.Alyre. llamó ala puerta para saber si el poeta quería algo. La noche siguiente a aquella operación financiera fue presa de un arrebato poético. tras ocupar la habi-tación en la que usted duerme. Lo único que sabemos con certeza es que. Supongo que estará muerto. -Usted ha mencionado tres casos -le recordé-. Volvió a llamar. como él los había dejado. mostró gran actividad y consternación. -Sí. si no. con mayor fuerza. Aquel incidente probaba que el poeta estaba en la casa después de que se cerraran bien las puertas de la calle. Nunca volvió a aparecer. y todos en la misma habitación. un criado que no se había enterado de su orden de no ser molestado. con la llave en el bolsillo. por lo que no quería que lo molestaran bajo ningún con hasta las nueve de la mañana. La cama estaba sin deshacer. Las velas estaban aún ardiendo. la gran dificultad con que se encuentran los asesinos es cómo ocultar el cadáver. Cuando se comete un asesinato. pero daban aún luz suficiente para constatar que el huésped había desaparecido. que quería empezar a escribir aquella noche. una media hora después la puerta estaba cerrada. pero ni siquiera alzó la vista. Las llaves las guardaba el propio posadero.z hacia las doce y media.-Pues bien. »Así pues. y. Pero nadiecontestó. descono-cido para nosotros. a la mañana siguiente. pues ésta se atrancaba desde den-tro. Las velas estaban ya boqueando en los candeleros. mandó llamar al posadero y le dijo que desde hacía tiempo venía meditando un poema épico. Alguien dijo que el escritor había salido de la habita-ción cerrando la puerta por fuera y. Pero cuando volvió el camarero. El conde deSt. parecía estar completamente enfrascado en su trabajo. los postigos estaban cerrados. y los postigos estaban cerrados por dentro. Éste contestó con cajas destem-pladas al inoportuno criado y lo despidió repitiéndole la orden de que no lo molestaran durante la noche. se había marchado de la posada. al no recibir contestación. y ello dejando la puerta sin cerrar por fuera. eso fue lo último que se supo de su dinero -prosiguió Carmaignac-. . y a las nueve de la mañana siguiente llamó a su puerta y. tres. que lo ha obligado a esconderse con el mayor sigilo y celeridad. a no ser que contara con la complicidad o ayuda de alguien de la casa. -¿Y desde entonces no se ha sabido nada de ese poeta épico? -pre-gunté yo. que hacia las nueve. después de esa hora. . sin que nadie desde entonces haya sabido cómo lo hizo ni haya tenido noticias suyas. Pero no se descubrió nada.

No conozco el nombre de este arbusto. Mi aventura me absorbía y arrobaba. Afortunadamente. Estaba justo delante de mí. a medida que la luz iba en aumento. Reinaba el más completo silencio. en modo alguno enfrió mi fervor. a la luz intermitente de la luna. con una sensación desagradable. también a mi izquierda. y se halla situado entre éste y el parque del castillo de la Carque. Miré alrededor de la habitación. siempre bajo majestuosos árboles viejos. destacaban algunos de esos arbustos o árboles que. bordeando la tapia del parque y describiendo una ruta de circunvalación. éste no miraba en mi dirección. que. y el gravemonsieurCarmaignac nos dis-trajo con un asombroso ramillete de anécdotas escandalosas. pero no había duda alguna . desde allí. sino un hombre de pie. Aquí. Cogí mis pistolas con una apren-sión indefinible ante la eventualidad de tener que utilizarlas antes de mi regreso. conviene dejarlo claro. tiñendo de tonos oscuros las alegres y frívolas historias que relató también. Sensación que. que tenía aquel ligero contorno negro que he descrito. en este lugar fantasmal. Me deslicé en silencio. Subí a mi habitación y miré en dirección del castillo de la Carque. semioculto entre los árboles. al igual que nues-tros enebros ingleses. y el parque. que sus funciones en el departamento de policía le habían permitido conocer. Yo lo veía sólo de perfil. Nunca había sido mayor mi entusiasmo. pasa por delante del viejo camposanto. La luna empezó a asomar bajo la nube que la había mantenido ocul-ta durante aquel tiempo. Permanecí sentado en ese estado de indolencia inducido por la espera. Afortunadamente. a la izquierda del camino. de manera que a lo sumo podía distinguir los contornos de los objetos más próximos. tienen unos dos metros de altura. con los ojos puestos en el objeto que estaba justo delante de mí. Cuanto más clara era la luz de la luna más clara resultaba también aque-lla imagen. la forma de un álamo en miniatura y el oscuro follaje de un tejo. Una espesa nube había oscurecido la luna. Ya no era un árbol. y. El cielo estaba salpicado de nubes. el árbol que había estado observando perezosamente empezó a adoptar una nueva forma. flotando en la negra nie-bla. hasta que. por así decir. inmóvil. Me puse a pasear porla habitación. tenía un aspecto melancólico y fantasmagórico. al tiempo que dejaba un poso de extrañeza y grave-dad en el fondo demi ser. Volvieron vagamente a mi mente las extrañas anécdotas referidas pormonsieurCarmaignac sobre la habitación que yo ocupaba. pues suponía que la bella condesa tenía bue-nas razones para no desear que yo penetrara en los dominios del castillo antes de lo estipulado. la distinguí con total nitidez: era la silueta del coronelGaillarde. No quería presentarme antes de tiempo. Ya había averiguado el lugar exacto en que se encontraba el pequeño camposanto: aproximadamen-te a unos dos kilómetros de distancia. Descubrí que había llegado con cierto adelanto y me senté un rato en el borde de una lápida. Entre las formas que se recortaban sobre el gris metálico del horizon-te. emergía la blanca superficie de una lápida sepulcral. avancé lentamente por el lado izquierdo dela carretera y. ocupa poco más de veinte áreas. que estaba sumida en una oscuridad sinies-tra.Luego cambiamos de tema. por fin. y a veces. a unos doce pasos de distancia. Éste.y eso sólo de manera vaga. entré en una pista más estrecha. mis invitados tenían sendos compromisos en París y me dejaron hacia las diez de la noche. hice una pausa y escuché. pero lo he visto a menudo en lugares particularmente fúnebres.

suavemente. y. en aquel lugar y momento precisos. en la dirección opuesta al Dragón Volador. Una tras otra. Me encontraba de nuevo bajo las gigantescas ramas de los viejos tilos y castaños. igual de tenue. para mi gran alivio. acechando alguna señal o la llegada de alguien. reconocí la voz peculiar deGaillarde. CAPITULO XIX . acto seguido. dándome la espalda.Alyre. vi dos sombreros conversando (las voces per-tenecían a quienes los llevaban). el último en esca-larla. Seguí las instrucciones que me había dado la condesa deSt. volvía los ojos en mi dirección. a un observador tan peligroso! ¡Y qué felicidad para él golpearme duramente y al mismo tiempo echar por tierra los planes de la condesa deSt. Oí sus pasos y el ruido de su conversa-ción mientras se alejaban. una vez allí. mirando a su alrededor. Si. su rostrofarouchey sudesgarbado uno noventa de estatura. Allí estaba ante mí. yo me quedé tendido sobre la hierba.La llave . permaneció unos instantes arriba. El coronel. Oí el sonido de otro silbi-do. por casualidad. derramando sus rayos sobre el delicado follaje y moteando el verdor del suelo bajo mis pies. y con el corazón latiéndome fuertemente. yo sabía que debía disponerme a reanudar inmediatamente el combate iniciado en el vestí-bulo de laBelleÉtoile. le oí hablar. Me pareció ver un sombrero sobresaliendo por la tapia en ruinas y luego vi otro sombrero. atravesé el peque-ño espacio que me separaba del lugar de la cita. me aproximé al pequeño monumento. en la dirección donde resultaban audibles estos sonidos. Alcancé los escalones y me encontré en medio de la antañona columnata de mármol. A pesar de todo. cual soldado adelantado que espía al enemigo. Ambos avanzaron. cuyas ven-tanas ojivales estaban prácticamente ocultas por pantallas de hiedra.En cualquier caso. Esperé a que aquellos sonidos se esfumaran por completo en la dis-tancia antes de entrar en el parque. extremando al máximo la precaución.en cuanto a su blanco mostacho. Ella no estaba allí ni en el santuario interior. La luna brillaba ahora ininterrumpidamente. escudri-ñando por encima de una tumba. no en dirección del parque. Sí. La dama no había llegado todavía. a la que parecía odiar! Levantó un brazo y silbó con suavidad. el coronel avanzó en la direc-ción de aquel sonido. las figuras emergieron plenamente a la vista al saltar la valla que había al lado del camino. sino del camino. con la vista y el oído aguzados. y luego saltó al otro lado de la carretera. ampliando la distancia que existía entre nosotros con cada zancada. pero en un tono bajo y cauteloso. Me deslicé sigilosamente.Alyrey avancé entre arbustos y matorrales hasta el punto más próximo al ruinoso templo. ¡qué nefasta fortuna la que había apostado.

¡Qué confianza tan loca tengo en usted!. ¡qué gran locura parece! ¡Qué concepto tan pobre debe de tener de mí! Pero. Ella reprimió el ardor de mi apasionado saludo con una firmeza dulce pero perentoria. como les ocurre a los jóvenes alocados en una situación parecida. en la esquina del castillo? Asentí. moriré. Huiremos juntos a Suiza. pero me dio la mano. centelleaba y refulgía a la luz de la luna. le juré consagrarme a ella de por vida y le dije que dispusiera de mí a su antojo. Me las llevaré conmigo. -Mañana por la noche -dijo. guapo. Mire. y yo la conduje al lugar donde se había desarrollado nuestra última entrevista. Mis poderosos amigos intervendrán para conseguir la separación.Esperé en el último peldaño. usted compartirá todo esto con-migo. saldrá de aquí a las nueve y media. sin embargo. Avancé con ansiedad. -Richard. sin dejar pistas a nuestros perseguido-res.monsieurdeSt.usted dice que me ama. Si ese propósito no se lleva a cabo. a un tirano. suspendido de sus preciosos dedos. en nombre de un sacramento. mirándome con ojos tristes y brillantes.El féretro. Usted acudirá aquí mismo a las nueve de la noche. Estoy segura de que desea defender-me. Citarme aquí con usted. y a romper para siempre con los antinaturalesy abominables lazos que me unen. No habló. generoso y valiente como usted no puede ser también rico. se sacudió sus hermosos cabellos y. pensé que me estaba mostrando aquella joya con el regodeo normal con que una mujer exhibe este tipo de gemas. y. -Yo no bajaré hasta aquí a reunirme con usted. Se quitó la capucha. me juzgará con justicia. ¿Ve esa luz roja que sale de la ventana de la torre. Pero ella me mandó callar con la misma firmeza melancólica. Entonces seré feliz por fin y podré recompensar a mi héroe. Un hom-bre joven. cuando me conozca de verdad. según me ha dicho. Me encuentro en el momento más crítico de mi vida. mi corazón me dice que actúo sabiamente. Sin su ayuda no puedo cumplir mi propósito. Estoy encadenada a un hombre al que desprecio. Yo le prometí obediencia total. mi querido amigo. -Sí -dijo-. miré en aquella dirección y vi que se acercaba entre los árboles una figura envuelta en un abrigo. Algún pensamiento terrible parecía abrumarla. voy a desprenderme de todas mis joyas para convertirlas en dinero. por los que me ofrecen treinta mil libras de vuestro dinero inglés. Creo que se apiada de mí. con los ojos y oídos bien abiertos. suspiró profundamente. y hasta que me ama quizá. oí el crujir de unos ramajos.hasta PèrelaChaise. Ya pueden ustedes imaginarse la manera florida y vehemente en que le expresé mi agradecimiento. -¡Es magnífico!-exclaméal contemplar un collar de diamantes que. Son de mi exclusi-va propiedad. Estaba ordenándolas cuan-do llegó la hora y le he traído ésta para enseñársela. al que detesto con toda mi alma. Un par de minutos después. . Estoy segura de que usted entiende de joyas.debo hablarle con absoluta franqueza. Al oír aquellas palabras tuve un arranque de elocuencia.Amand. Pese a la gravedad del momento. según contrato matrimonial. y luego dígame si puede ayudarme. Era la condesa. -Escúcheme.Richard.mi marido acompañará los restos de su primo. He decidido huir. Tengo joyas. sobre todo diamantes.

Mi marido. y.y que acudiría a la cita con aquella suma en forma de oro y bille-tes. -Lo único que me preocupa todavía -prosiguió. cuyo uso debo explicarle. sabrá que el cortejo fúnebre ha abandonado el castillo. En cuanto a usted. y que puede acercarse sin peligro. un coche tirado por cuatro caballos nos estará esperando en la puerta de la cochera. si está escrito que así sea. No me atrevo a retirar-los mientras esté mi marido en la casa. ponga los nombres y lugares de destino que le plazcan. Asegú-rese de probar primero las llaves. ¡Así que es usted rico! Eso quiere decir que he perdido la dicha de hacer doblemente feliz a mi generoso amigo. Usted aportará su dinero. no nos opongamos al destino.es saber si podremos convertir rápidamente los diamantes en dinero. Es precisamente la habitación que yo habría elegido para usted. He apostado todo a la carta de su fidelidad. Tras esto siguió un coloquio romántico. Aquí tiene un documento y un plano en que se describe cómo se ha de proce-der. Le hice saber que tenía en poder de mi banquero una suma no inferior a treinta mil libras. y yo mis joyas. querido Richard-prosiguió apoyando cariñosamente el brazo sobre mi hombro y mirán-dome a los ojos con una pasión inefable mientras con la otra mano apre-taba la mía-. Yo habré abierto la ventana para que pueda entrar. Encárguese también de eso. para ver que las cerraduras funcionan perfectamente. descubrió la manera en que se había efectuado la escapada. ¿Está dispuesto a arrostrar todo esto por amor a mí? De nuevo volví a proclamarme esclavo suyo. y. entonces. Yo creo que en realidad quería zafarse de sus acreedores. dará comienzo nuestra huida. En cuanto vea esa luz rosácea en esa ventana. fueron a preguntar por él. a un precio seguramente inferior al que tenían. Yo dejaré los diamantes en sus manos.-La he colocado allí para que pueda reconocerla mañana por la noche. como el dueño del Dragón Volador era por aquel entonces un sinvergüenza. con un paletón a cada extremo: uno aproximadamente del tamaño con que se abre una puerta corriente y el otro casi tan pequeño como los que abren un estuche. -¡Cielo santo! -exclamó ella con una especie de desencanto-. Bueno. tan pronto como subamos al coche. Y ahora. le aconsejo que traiga el dinero consigo porque podrían transcurrir muchos meses antes de que podamos volver a París o revelar nuestro lugar de residencia a alguien. -Mañana por la noche todas las precauciones serán pocas. estratagemas y recursos. Lo he cogido del escritorio del conde. evitando así el riesgo que entrañaba vender sus diamantes de mane-ra precipitada. Fue con la ayuda de esta llave. . y. Era una doble llave: una tija larga y delgada. Le diré por qué. tan subido de poesía y pasión que me resultaría imposible reproducirlo aquí. He sabido que ocupa la habitación embrujada del Dragón Volador. no habrá nada que temer. inde-pendientemente de cómo hagamos el reparto de bienes. mi vida está en sus manos. Y luego me dio una instrucción particular: -He venido también provista de una llave. Contribuyamos. con nuestra energía. Sacaremos por lo menos una ventaja de cinco horas. Yo tendré mis joyas preparadas. Cuentan que un hombre se encerró en ella toda una noche y que cuando. Me produce una felicidad especial la idea de compartir nuestros recursos. Y ahora debo confiar una vez más en su ingenio para despistar al personal del Dragón Volador. cada cual a partes iguales. Aquélla era la oportunidad que yo estaba esperando. a la mañana siguiente. Y nuestros pasaportes. había desaparecido. lo ayudó a esfumarse. Cualquier contratiempo daría al traste con todas mis esperanzas. que investigó el asunto. Cinco minutos después.

muy claramen-te iluminado por la luna. Di un paso atrás. Permanecí con el dedo en el gatillo decidido a abatirlo si se atrevía a entrar en el lugar en que se hallaba la condesa. Aquello. dispuesto a arrostrar todos los peligros. Y. como si le faltara el aliento. con uno de sus alaridos frenéticos. y acercándose a paso rápido. No quiso aceptar mi insistente invitación a acompañarla hasta el castillo. palideció de repente y. pero. No era de extrañar que se sintiera tan aterrorizada: cerca de nosotros. -Ni más ni menos. Ella se recuperó enseguida y se despidió nuevamente con palabras dulces y pausadas. Estaba claro que no me había visto. Allí estaba yo. es ésa. a unos quince metros de distancia. a desafiar todas las leyes divinas y humanas. Sin embargo. exclamó: -¡Dios mío! ¿Quién está ahí? En aquel mismo momento dio un paso atrás y desapareció por la puerta labrada en el mármol permaneciendo cerca de ésta al fondo de una pequeña cámara sin tejado. Más de una vez he dado las gracias al cielo por la misericordia que tuvo conmigo al guiarme por los laberintos en que estuve a punto de perderme.Mientras pronunciaba la última palabra. Una vez que nos hemos metido en asuntos secretos y culpables. Sí. pero en mi fuero interno tenía la decisión completamente tomada. mirando en la dirección en la que había lanzado aquella mirada tan angustiada. descono-cedor de este particular. la tran-quilicé asegurándole que impediría por todos los medios la posible vuelta del coronel loco. -¡Ahí está la estatua! -exclamó el coronel con su habitual tono cor-tante y discordante-. yo estaba esperando el momento en que. . cuya ventana estaba tapada por una espesa pantalla de hiedra que apenas dejaba filtrarse un rayo de luz. a no dudarlo. con la llave en la mano y una agitación en el cerebro rayana en la demencia. se lanzara sobre mí como un loco. -¿A la que aluden las estrofas? -preguntó su compañero. tan pequeña como el propio santuario. a asesinar si fuera necesario y a meter-me en complicaciones inextricables y horribles (¿qué me importaba a mí?) por una mujer de la que no sabía más que era tan hermosa como imprudente. Encontré a la condesa presa de auténtico terror. para mi gran alivio. habría sido un asesinato. se alejó entre los árboles en dirección de la tapia del parque.monsieur. Bien. La examinaremos mejor la próxima vez. el bizarro coronel dio media vuelta y. Yo me quedé mirándola fijamente. Yo permanecí en el umbral que ella acababa de atravesar. saqué del bolsillo una de mis pistolas y la armé. estamos más cerca de otros delitos mayores de lo que sospechamos. de espaldas al castillo. se acercaban el coronelGaillardey su compa-ñero.vámonos de aquí. A mí me protegían la cornisa y un trozo de pared. que saltaron por donde se divisaban los gabletes del Dragón Volador.

a unos doscientos metros del Dragón Volador. el claro de luna prestaban un pintoresquismo particular al camino angosto que conducía a la puerta de la posada. en mi posada me esperaba seguramente otro encuentro. habría visto en aquella aparición marchita algenius loci. Yo había aceptado un papel protagonista en un drama con venganza. Iba tocada con lo que se solía denominar una cofia peraltada. En aquel momento me sentía incapaz de pensar con el sosiego nece-sario: los acontecimientos se estaban precipitando demasiado deprisa y yo. los ojos oscuros de la anciana seguían fijos en los míos. con una constancia e inteligencia que delataban que mi secreto había sido descubierto. ninguna ley me obligaba a dejarme abatir por un rufián sin oponer resistencia alguna. Allí no encontré rastro alguno del coronel. Ciertamente. En el reloj sonaron las doce de la noche. el castillo torreonado. del Dragón Volador. pero ella no se marchaba.porque la noche es muy fría. busca unlordinglés. cuyo borde blanco contrastaba con su piel morena y amarillenta y tor-naba más fea aún su cara arrugada.CAPÍTULO XX . Eché un vistazo a la sala común. y oí al criado atrancar ruidosamente la puerta prin-cipal. La fría luz de la luna penetraba profusamente por la ventana de las anchas escale-ras. Estaba vacía. los gigantescos ála-mos al otro y. con el grotesco espadachín. esta vez quizá no tan feliz. se me ocurrió que unos ojos indagadores podrían encontrar sentido a aquella contemplación nocturna y que tal vez el propio conde. más allá de los árboles. pero ¿qué diversión. Las frondosas ramas del viejo parque a un lado. Asíy todo. a modo de preludio. apenas me reconocía a mí mismo ni creía en mi propia historia mientras recorría premioso el trecho que me separaba de la puerta. Me detuve unos instantes a mirar. con todo París a sus pies. ni siquiera se me ocurrió preguntarle qué asunto la había llevado allí. Ya estaban apagadas las luces de aquella hospedería rural. Cogí una vela. sobre todo. empujado por los celos. Me alegré de haberme llevado las pistolas. -He hecho un pequeño fuego.al hada mala. Me sentía confundido y alarmado.Una cofia peraltada Me encontraba de nuevo en el camino. aún abierta. en el Dragón Volador? De haber vivido en la época de los cuentos de hadas. y. y de haberme relacionado diariamente con la deliciosa condesa d'Aulnois.monsieur-dijo-. que parecía dispuesta a dormir un sueño bastante largo. Seguía con la vela entre sus trémulos dedos. . pudiera detectar alguna señal en aquella luz insólita en las esca-leras del Dragón Volador. a cuya señal se habían esfumado sucesivamente los malhadados huéspedes de aquella habitación.monsieur. si se puede saber. inmerso en aquel drama tan extravagante como culpable. Sin embargo. Al abrir la puerta de mi habitación me llevé un buen susto al encon-trarme ante una mujer bastante vieja con la cara más alargada que jamás he visto. Levantó los hombros encorvados y me miró a la cara con ojos anormalmente negros y brillantes. No había llegado a la posada ningún caballero durante la pasada media hora. -Disculpea una vieja. Le di las gracias. Pero yo ya era mayorcito. Pregunté en el vestíbulo. que tanto interés encerraba para mí.

. del hecho de que había al menos otra persona que sospechaba de nuestro secreto? Pero. independientemente del desdén que yo sintiera hacia los peligros que aquella anciana había esbozado tan misteriosamente. Pero. volvió a su lugar nuevamente. No sé de qué me habla-contesté-. ¿no era más peligroso aún tratar de comunicarnos? ¿Qué había querido decir la vieja arpía con aquello de «Guarde usted su secreto. tras una pequeña presión. y ahora.. me senté a la mesa y. cuando ser noble equivalía a ser honrado por todos. El paletón pequeño de la llave entraba aquí al igual que en la cerradura superior. La anciana atravesó lentamente la estancia y cerró la puerta antes de que yo hubiera podido encontrar algo que replicar. ¿No debía yo buscar por todos los medios la manera de informar a la condesa.-Estos ojos viejos lo vieron a usted anoche en el parque del castillo. Mi aventura parecía un viaje a través de una montaña boscosa. coloqué ante mí el pergami-no que contenía el croquis y notas que me informaban sobre cómo debía utilizar la llave. Alyre. Pero sé.Me preocupo por el honor de una familia antigua a la que he servido en días más felices. razoné. Permanecí un buen rato inmóvil donde ella me había dejado. ¿por qué debería usted preocuparse por mí? -Yo no me preocupo por usted. practicada en el espesor de la pared. no resultaba en modo alguno agradable. Expulsé expeditivamente de mi mente aquellas dudas angustiosas y terribles.monsieur. Lo examiné detenidamente y. y usted el suyo. un pequeño trozo de moldura cedió y reveló una cerradura. Hasta ahora había interpretado con éxito mis instrucciones. que un secreto tan peligroso fuera sospechado por un extraño.que hablo en vanoy que usted es insolente. -Nada en esta tierra. dejando al descubierto un paño de pared desnudo y una abertura estrecha y abovedada. Deje esta casa mañana por la mañana y no vuelva nunca por aquí. Al retirar el dedo. parecen a esta vieja arpía la cosa más terrible de la creación. Levantó la mano que tenía libre mientras me miraba con una expre-sión de intenso terror.monsieur. se vio recompensada con un descubri-miento parecido. en cuanto al suyo. y aún menos si ese extraño estaba de parte del conde deSt. Me aseguré de que la puerta había quedado bien cerrada. donde a cada paso un nuevo duende o monstruo surge de la tierra o salta de un árbol. No sé si el aire encerrado durante mucho tiempo tiene alguna cualidad . con una vela a cada lado.Sé bien por qué se aloja usted aquí. El rincón situado a la derecha de la ventana estaba cortado de través por la cenefa. que yo guardaré el mío»? En mi cabeza bullían mil preguntas. más allá de la cual se veía una escalera de caracol de piedra.monsieur. -¿A mí?-exclamécon el mayor aire de sorpresa despreciativa que pude afectar. por la acción de un muelle. Penetré con la vela en la mano. Tras estudiarlo un buen rato. a cual más desconcertante. Con todo. tras dos o tres vueltas de la llave. Los celos del viejo conde. hice un reconocimiento. pronto lo encontrará tan duro de guardar que no tendrá más remedio que divulgarlo. según sus propias palabras). se abrió una puerta en el panel. eso es todo. -Es inútil. pueden suponer bien. y yo le digo que se marche. Yo mantendré mi secreto.Además. Una búsqueda parecida. junto a la puerta y justo debajo de ésta. que había confiado en mí tan generosamente (o tan locamen-te.

Me habría encontrado en medio de la más completa oscuridad de no haber sido porque.Veo a tres hombres en un espejo Aquella mañana me desperté muy temprano y no pude volver a dor-mirme: estaba demasiado nervioso. volví a la puerta no sin cierta dificultad. Ni un general habría ideado un acceso más seguro para llegar desde el Dragón Volador hasta el lugar donde yo había platicado en dos oca-siones con el ídolo de mi latría culpable. y de allí a ***. me encaminé hacia París a resolver las cuestiones financieras de la operación. me armé de valor y abrí la puerta. titila-ba un resplandor de claro de luna. sobre la cual. Empecé a bajarla y unas vueltas después me encontré sobre el suelo de piedra. y en aquel caso infestaba el ambiente con un olor a mam-postería rancia. reposó mi cabeza aturdida. donde tenía que ver a algunas personas por asuntos relacionados con los negocios. Fui a ver a mi posadero tan pronto como pude hacerlo sin despertar sospechas. asimismo. a través de las hojas más altas. Le dije que iría a la ciudad aquella noche. Tras pergeñar esta coartada para el posadero. Mi candela iluminó débilmente la desnuda pared de piedra que rodeaba la escalera. besé la llave misteriosa que su mano había empuñado aquella misma noche y la coloqué debajo de mi almohada. por miedo a que alguien pudiera haber abierto su ven-tana al oír el chirrido de la cerradura oxidada. Pero. que estaba oxidada. Esperaba volver en el plazo de una semana y. cuyo pie no podía ver. Allí descubrí que la maleza se extendía casi hasta el parque y se unía con el bosquecillo que rodeaba al templete de que ya he hablado antes. pero a mí siempre me ha parecido así. mi criadoSt. Estaba situada en el ángulo que se correspondía con la parte del artesonado de mi habitación que aparecía indicada en el croquis recién consultado por mí. Plenamente satisfecho de mi experimento. CAPÍTULO XXI . Suavemente. giró con dificultad y emitió un chirrido que me hizo temer por el secreto de mi operación. y muy sencilla. me abrí paso con dificul-tad hasta salir a una zona despejada. le pedí que dijera todo aquello a cualquier amiga) que pudiera visitarme. casi tan denso como una jungla.extraña. sino también . Durante unos minutos no me moví. El paletón grande de la llave entraba perfectamente en la cerra-dura. Volví la mirada hacia la vieja posada y vi que la escalera por la que yo había bajado estaba encajada en una de esas torretas alargadas que deco-ran este tipo de edificios. El problema era cómo conseguir que me dieran las casi treinta mil libras esterlinas de que disponía en una forma en que resultaran no sólo fáciles de transpor-tar. poco después. empotrada en el grueso de la pared. entre tanto. poco después. subí de nuevo a mi habitación y volví a cerrar la puerta secreta.Clairguardaría la llave de mi habitación y cuidaría de mis cosas. Coloqué la bujía sobre las escaleras y apliqué ambas manos. Cerca de la puerta había un bosquecillo de acebos. El aire de la noche entró por el vano y apagó la vela. Aquí había otra puerta de roble viejo. que no consiguió conciliar el sueño durante un buen rato.

sucios a más no poder. donde había una ventana con muchos cristales en forma de diana. pues la poca luz que entraba por la ventana me daba de espaldas y la parte de la tienda que tenía ante mí estaba sumida en una oscuridad casi total.la otra. Baste decir que el lugar de destino que escogí para nuestra huida fue. y sentí gran alivio al notar que no se oían pasos. entre muebles viejos y artículos polvorientos. Puedo asegurarles que no me entretuve ni un minuto más en aquella tiendadonde había hecho un descubrimiento tan singular como inesperado. El marqués levantó los ojos. Entré. fui a dar con una en la que parecían ven-der todo tipo de antigüedades: armaduras. Fui adentrándome paulatinamente hasta llegar al final. Una vez en mi habitación. plenamente acorde con el carácter romántico de la aventura. vi un gran espejo con un marco deslustrado y pasado de moda. Luego visité laConcier-gerie. A dos de estas personas las reconocí al ins-tante. Al llegar a aquella ventana. Al percatarme de ello. había una mesa a la que estaban sentadas tres personas enfrascadas en lo que pare-cía una conversación seria. No sé si aquellas calles antiguas tan curiosas. Recuerdo haber visto en una de ellas una casa antigua con una inscripción mural en la que se podía leer que había sido la residen-cia de Canon Fulbert. Los empleos que el marqués aceptaba a veces lo obligaban sin duda a juntarse con gente rara. disimulado por una envoltura de cuero.disponibles en cualquier parte a la que decidiera ir. Le di cincuenta libras para que gastara todo lo que necesitara y abonara la cuenta de la . Me detuve un instante para ver si me seguía alguien. Todas estas cuestiones quedaron resueltas con la mayor rapidez posible. sin necesidad de recurrir a la correspondencia o a cualquier otro medio que pudiera delatar mi lugar de residencia. algunos colgados de la pared. habida cuenta de su cuantio-so contenido-. de techo bajo. Una era el coronelGaillarde. Pero estaba claro que no me habían reconocido. el marqués de Harmonville. uno de los más hermosos y apartados rincones de Suiza. ni quién era el individuo que mordía la punta de su pluma. Contento por haber escapado de allí.Como aún me quedaba tiempo libre. tuve la sangre fría suficiente para fingir hallar-me completamente enfrascado en los objetos que tenía ante mí. Reflejado en él vi lo que en las casas antiguas he oído llamar una «rotonda». y así fui saliendo lentamente de la tienda. en las que observé restos de antiguas iglesias góticas habilitadas como almacenes. La tienda. En la primera población importante a la que llegáramos a la mañana siguiente nos abasteceríamos de un guardarropa improvisado.Clairy le conté prácti-camente la misma historia que al posadero. con el pelo lacio y negro y el aspecto más penoso que he visto jamás en mi vida. y hasta tan sucio. el tío de la Eloísa de Abelardo. Eran las dos de la tarde. estaba oscura y llena de polvo. Me detuve en ella una hora aproximadamente. Asimismo. y la tercera. Despedí al vehículo que había alquilado y entré en la posada con un cofre en la mano -de unas dimensiones maravillosamente pequeñas. en un recoveco que forma-ba ángulo recto con la pared lateral de la tienda. decidí dar un paseo por las callejuelas aledañas a la catedral. Entre otras tien-das desvencijadas y excéntricas. que estaba jugueteando con una pluma. había decidido no llevar equipaje. me volví y. y su mirada fue seguida al instante por sus dos compañeros.el palacio de justicia y la preciosaSainte Chapelle. El dueño se hallaba limpiando una pieza de armadura con incrustaciones y me dejó curiosear a placer y examinar las distintas curiosidades allí acumuladas. porcelana y muebles. No es el caso de calentarles ahora la cabeza con todos los trámites que hice para obtener los pasaportes. ¡Nada más que las dos! ¿En qué emplear todas las horas libres que me quedaban? Aún no había visto la catedral deNôtreDame. llegué a la entrada del Dragón Volador justo cuando se estaba poniendo el sol. en la que. mandé llamar aSt. Durante unos instantes no supe qué hacer. picado de viruela. era un hombre del-gado y pálido. siguen aún en pie. y hacia allí me dirigí. No era asunto mío investigar qué había podido reunir al coronelGaillardeyal marqués en aquel lugar tan destartalado.

El posadero salió al vestíbulo a preguntarme si necesitaba un vehícu-lo para ir a París. franqueé la puerta secreta y eché el pestillo al salir. me puse el gabán y me metí una pistola en cada bolsillo. y haciendo menos ruido que la noche anterior. Yo estaba preparado para aquella pregunta y le repliqué de inmediato que pensaba ir a pie hasta Versalles. una vez abajo. si no me encuen-tras en mi habitación. agucé el oído unos segundos para asegurarme de que nadie se acercaba y luego crucé el cuarto a toda velocidad.y tómate una botella de vino con tus amigos. pero confieso que. Faltaban sólo cinco minutos para la hora concertada. pero mantenién-dome en su linde. Con la vela en la mano. con mayor comodidad aunque sin dejar el abrigo de la espesura. Lo ordenarás todo y cerrarás la puerta.Clairse despidió. Luego. perfilándose entre los troncos de los viejos árboles. donde alquilaría un coche. Había llegado el momento de introducir la llave que me había dado mi dama. abrí la puerta y me adentré en el espeso bosquecillo. al menos durante media hora. Estaré escribiendo algunas notas. por lo que no quiero que nadie me moleste. puedes darlo por supuesto.Embeleso Bajé la escalera de caracol en medio de la más completa oscuridad. en medio de la noche oscu-ra. aunque hubiera levantado las sospechas de todos los huéspedes de la posada. descorrí el cerrojo de la puerta de la habitación. Luego tomé una cena ligera y apresurada. Al cabo de ese tiempo probablemente descubras que ya he marchado a Versalles. podría haber burlado con éxito la curiosidad de todos ellos incluso si se . ¿Me iba a echar atrás? ¡Por nada del mundo! Eché el cerrojo a la puerta. aquí tienes la llave de mi cuarto. las columnas del templo de mármol se elevaron como fantasmas ante mí. -Ve -le dije. subí las escaleras con premura. a unos cincuenta metros de allí. CAPÍTULO XXII . y la noche era tan cerrada que. El cielo favoreció mis planes cubriéndose de un mar de nubes. sentí algo parecido al suspense y a la angustia de un soldado que va a entrar en acción. Cerré bien la puerta y avancé lentamente entre la vegetación. Por fin. que cada vez era más espesa. No creo que haya nada cobarde en mi naturaleza. ¿Comprendido? St. el único cómplice en mi reprobable aventura. Te llama-ré si necesito algo. conforme se acercaba el momento críti-co. adiviné dónde estaba la puerta y busqué a tientas el ojo de la cerradura. Extremando la precaución. deseándome todo tipo de felicidad y sin duda prometiéndose algún pequeño esparcimiento con mi dinero. Hasta ahora todo estaba saliendo bien. entre tanto. En esta jungla la oscuridad era casi igual de completa.habitación hasta mi vuelta. Todo era favora-ble a mi empresa. con la llave entre los dedos. Me encontraba en la escalera de caracol en medio de la más completa oscuridad.Clair. por tanto. apagué la vela. Llamé aSt. No me había costado trabajo engañar a mis criados y al personal del Dragón Volador. alcancé el camino del bosque. tomé el cofre bajo el brazo. entreabrí la puerta secreta. Mis ojos se posaban a menudo en el solemne reloj viejo de la chimenea.

Sorteando los troncos y las raíces de los viejos árboles. determinación y ansias de aventura que la acompañan. ninguna pisada ni ningún ladrido de perro daban motivo para la inquietud. Tenía conmigo un par de pistolas de doble cañón. suave y constante brillaba la luz en la ventana. y así permanecimos un par de minutos. . Clara. ella hizo que me sentara a su lado en un sofá. acompañando al cortejo fúnebre. destacándose sobre la piedra oscura. con la mirada puesta en la maciza sombra que representaba el castillo y presa de los más ardientes y exaltados anhelos. -¿Qué es eso? -me preguntó. Apenas se distinguía el contorno del edificio. salvo por mi dulcinea. ante la visión de aquella señal. en las jambas de la puerta y. es decir. que pudiera interponerse en mi cami-no el viejo conde. Luego me dijo que el conde ya se había ido. Hasta llegué a desear tropezarme con algún peli-gro real para demostrarle la enormidad de mi amor a aquella criatura. emblema de la esperanza radiante y alba de un día feliz. Yo disfrutaba entonces de la juventud en todo su esplendor. envuelto en cuero. que servía de puerta. que tenía cuatro vidas en mis manos. que parecía confundirse con la opacidad del cielo. ¿hay acaso posibilidad de que se tuerza la empresa? ¡Bah!. mien-tras yo subía los peldaños. Yo tenía que esperar simplemente. Dejé mi tesoro. vi la luz que me daba la señal. a quien había visto temblar de terror ante el coronel bravucón? Empecé a barajar todas las posibilidades que podrían presen-tarse. De repente me pareció también que la oscuridad se hacía más profunda y el aire se volvía más gélido ami alrededor. me murmuró con dulzura: -¡Richard. rumbo a Pére Lachaise. con los brazos apoyados en ellas. Una cortina de aquel ventanal estaba echada. y que en aquel momento se encontra-ría a unos dos kilómetros de distancia. con toda la fuerza. una especie de verja. Terminados los primeros saludos tumultuosos. Mientras platicaba conmigo mismo de aquella guisa. Musitando. descubrí que media docena de peldaños conducían hasta allí. me coloqué la caja fuerte bajo el brazo y. me dije despa-chando con una sonrisa aquellas imaginaciones absurdas. me vino un extraño pensamiento. tras unas cuantas zancadas rápidas. Al acercarme.hubieran asomado a la ventana. La luz de color rosa. Ningún signo de luz o vida. pasión. pero ¿durante cuánto tiempo? Apoyado en mi tesoro. ninguna voz humana.mi queridísimoRichard. la descorrió y.venga! ¡Ah. Allí estaban también los diamantes. apa-sionadas palabras de amor. Me mostró apresuradamente un cofre que contenía una gran profusión de brillan-tes de gran tamaño. abordé el castillo de la Carque. Mi amor se trocó en un entusiasmo delirante. cómo he deseado que llegara este momento! Nunca me había parecido tan hermosa. llegué al lugar de observación convenido. Pensé: con una aliada tan hábil y valerosa como mi bella condesa. Una sombra del interior se acercó a la cortina. No se veía ninguna luz en la ventana. miré fijamente en dirección del castillo. estaba abierta. que ustedes se dirán que se me podía haber ocurrido mucho antes. ¿Qué podría ocurrir? ¿Qué me importaba. ¿Y si yo desaparecía también al igual que aquellos otros hombres cuyas historias me habían sido contadas? ¿No me había esforzado todo lo posible por borrar cualquier huella de mis actos y por despistar a todas las personas con las que había hablado en cuanto a la dirección que iba a tomar? Aquel pensamiento gélido se insinuó como una serpiente en mi mente y luego desapareció. intrepidez.

un aire de abstracción. usted se quitará el gabán cuan-do estemos listos para partir. quizá con cierta expresión de sorpresa en el rostro-. Pongamos juntos nuestros cofres. ella me lo habría hecho saber al instante.-Un cofre con treinta mil libras de dinero contante y sonante -con-testé. Eso me habría hecho más feliz aún de lo que me siento. y tratará de ocultarlos con él. Vique no estaba alarmada. -Así que ha traído toda esa gran suma. Quédese donde está. Durante los últimos minutos se había insinuado en ella la sombra de una duda. y durante unos segundos oí una conversación susurrada. Era lógico que. -Es mi doncella particular. -Sí. Es de total con-fianza. Ahora voy a pedirle que cierre las cortinas de esa ventana y eche la barra de seguridad a los postigos. por supuesto. -¿Qué? ¿Todo ese dinero? -exclamó. ¿Por qué estaba pálida? ¿Por qué aquella mirada oscura en sus ojos? ¿Por qué había cambiado también su voz? ¿Había salido algo mal de repente? ¿Acechaba algún peligro? Pero pronto se calmó mi zozobra. -Me hace sentirme algo nerviosa viajar con tanto dinero. ni una esterlina más ni menos. Abrió la puerta de dicha habitación y echó una mirada a su interior.. ¿Está seguro? ¿La ha contado? -Sí. Me la han entregado hoy mismo -respondí. -Tengo que decirle también a mi doncella que no lleve demasiado equipaje. al menos durante cierto tiempo. Estas joyas constituyen un peligro muy grande. No volvió tan pronto como yo habría deseado.. una mirada casi de recelo. y ese dinero no hace sino aumen-tarlo. Es mejor que no le vea por ahora. No me gusta-ría que los cocheros sospecharan que transportamos un tesoro tan grande. Salió de la habitación haciendo un gesto para que extremara la pre-caución. Habría sido de su parte una muestra suple-mentaria de amabilidad dejarme que proveyera yo por las necesidades de los dos. se fuera poniendo cada vez más nerviosa. ¡Es tan extraña! No se mueva. -¡Mi querido y generoso ángel! -declamé en un rapto de pasión-. Se había producido un cambio en la manera de comportarse de mi bella condesa. Nos ha preparado café en la habitación contigua. que vendrá con nosotros. Avanzó con calma hasta la puerta. Si hubiera habido algo semejante. -¿No es innecesario llevar tanto dinero teniendo todo esto? -dijo tocando los diamantes-. -Sé quién es -me dijo en voz baja. Por supuesto que la he contado al retirarla del banco. Apenas había hecho eso cuando se oyó a alguien llamar a la puerta. A un hombre en aquella situación la . Olvida usted que durante un largo período de tiempo puede ser nece-sario observar el más estricto silencio en cuanto a nuestro paradero y mantenernos al margen de todo contacto social. conforme se aproximaba el momento de la verdad. Dice que es más prudente retrasar la partida hasta que pasen unos diez minutos.

-¿Ha visto algo. Aquellas reflexiones se vieron interrumpidas casi tan pronto como habían tomado forma con el regreso de la condesa deSt.. Al ins-tante adiviné que había detectado en la expresión de mi rostro el decur-so de mis pensamientos. Me acerqué y retiré de ese algo un lienzo que no lograba disimular su forma. Me puse a pasear por la habitación presa de inquietud. No se oía absolutamente nada. Me habían engañado. en vez de volver a cerrar inmediatamente aquella puerta. ¡Así que el féretro no había salido todavía! Allí estaba el cadáver. . No cabía ninguna duda. Habría sido más prudente por su parte haberme puesto al corriente de la situación..Una taza de café La estancia carecía de alfombras. Sin duda esto explicaba la manifiesta turbación de la condesa. decidí coger una vela y penetrar en dicha estancia.Alyre. asombrado por partida doble. pues lanzó una mirada apresurada en dirección de la puerta. Era una habitación pequeña. Y en la tapa había una placa con la siguiente inscripción en francés: PIERREDE LAROCHEST.AMAND AGÉ DE XXIIIANS Retrocedí. y cada una de mis facultades estaba concentrada en lo que se avecinaba. En el suelo había gran cantidad de virutas y una veintena de ladrillos. mi queridoRichard?¿Ha salido de esta habitación? Yo le contesté inmediatamente que sí y le conté con absoluta fran-queza lo que había visto. CAPÍTULO XXIII . de manera completamente inesperada. que no debería haber abierto nunca. hice un descubri-miento sobrecogedor. yo había penetrado en aquella habitación y habría podido toparme con algunas de las personas que tanto empeño tenía-mos en evitar. sobre una mesa estrecha. Completamente ignorante de aquel hecho. Desconfiar de mí era la peor imprudencia que podía haber cometido. Donde. Afiné el oído. Abandoné aquel lugar fúnebre y cerré la puerta. vi algo tan singular que no podía dar crédito a mis ojos. No puedo explicar de otro modo el que hiciera tantas cosas insensatas aquella noche. La abrí sin pensarlo dos veces. y en ese senti-do se habían desligado del presente inmediato.inacción absoluta le resultaba punto menos que insoportable. Era un ataúd. que le haya molestado. pues en modo alguno me faltaba la cualidad de la astucia. No hay nada más peligroso que la precaución mal aplicada. Había una puerta en el otro extremo.. Me encontraba en un estado de gran excitación y ansiedad. Más allá. Tal vez la más estúpi-da de todas fuera que.

a pesar del retraso inesperado. -Todo lo que diga mi hermosa reina yo lo cumpliré -murmuré-. pero el conde se marchó un cuarto de hora antes de que yo encendiera la lámpara y le abriera el ventanal. que me parecieron realmente precio-sas. No quería que los sepultureros dePèreLachaise supusieran que se había aplazado el funeral. Aún hoy me avergüenzo al recordar la grandilocuencia con la que . levantó una mano. con los ojos fijos en mí y el oído puesto en la puerta de la estancia donde habían colocado el ataúd. sino siempre. Venga conmigo. crema de noyó. según me dijo. Inmediatamente después estaremos libres para emprender nuestro loco y venturoso viaje. Aseguró con cerrojo la puerta. situada a su lado. -Yo misma le serviré. avanzó de puntillas hacia la puerta y puso el oído. Era excelente. El cadáver está ahí. El cadáver no llegó hasta ocho o diez minutos des-pués de que él se marchara. Sobre una bandeja de plata había una cafetera y unas antiguas tazas de porcelana. en otra más pequeña. Los caballos nos están esperando a la puerta de la cuadra. al volverse. en la idea que me había formado de la galantería a la francesa. Llenó una taza de café y me la pasó con la mano izquierda. y. a la habitación contigua -dijo-. mientras posaba el brazo derecho sobre mi hombro. como supe poco después. Sabía que los restos del pobrePierrellegarían con toda seguridad esta misma noche. murmuró: -Tómese esto. Cuando hube apurado la taza. He de confesar que aquellos arrebatos líricos se basaban. acariciando con los dedos mis rizos. Por fin. me pasó el licor. enganchados al carruaje. a la vez dulce y triste. ¿Estoy perdonada? Acto seguido se produjo otra escena de apasionada efusión. Tras hacerme una ligera señal. La acompañé a la habitación desde la que su doncella. No me conside-raré perdonada por mi querido Richardsi se niega a que le sirva. tiene buenas razones para desear que se celebre el funeral antes de amanecer. inconscien-temente. había unos vasitos de licor y una garrafa que contenía. y de rap-tos y protestas de amor. -Es la última vez -agregó con un pequeño tono de súplica. advertí en su rostro y actitud una expresión de penitencia tan exquisita que tuve que conte-nerme para no caer postrado a sus pies. y no sólo ahora. aunque sólo murmurados por miedo a que pudieran oírnos. no pensemos más en él. Déjeme que sea su camarera. al tiempo que extendía la mano hacia atrás como para advertirme de que no me moviera: al cabo de unos segundos volvió nuevamente de puntillas y me dijo al oído: -Están retirando el ataúd. cariño. -Volvamos. Ade-más. había hablado con ella.-Bueno.a mi héroe.que engañaré a mi valeroso y apuestoRichard. Yo también me serviré después. como para impedir que me moviera. es un asunto repugnante y horrible. Esas horribles per-sonas ya han debido de irse y estaremos más seguros ahí por el momento. después. El féretro con el cadáver debe salir de esta casa dentro de diez minutos. y permaneció sin respirar en esa actitud unos instantes. En cuanto a estefunestehorror (le entró un bonito escalofrío). que también bebí. no quería que se sintiera más inquieto de lo necesario.

Me llamaba por mi nombre. La condesa pasó a mostrarse silenciosa y fría. -¡Oh.Esperanza . Reconocí demasiado bien las sensaciones que siguie-ron. De una manera expeditiva. y. me quedé mirando sus hermosos ojos y volví a besarla sin que ella opusiera resistencia alguna. Casi me obligó a hacerlo. Parecía haber perdido toda sensación de miedo. La desesperación de mi dama fue intensa y ruidosa. con una pizca de horror en ella. noté de repente una sensación extraña por todo el cuerpo. me sacu-día los hombros. para que hiciera el menor signo de vida y prometiéndome que. Colocó juntos ambos cofres (me refiero al suyo con las joyas y al mío con el dinero) sobre la mesa. No encuentro palabras para describirlo. Pasados unos minutos. ahora paladean-do su nombre. seamos naturales. No era en absoluto un mareo. Eugénie!-exclaménuevamente embelesado. si me ama tanto como yo a usted. CAPÍTULO XXIV . los labios.pero ¿cómo he de llamar yo a mi diosa? -pregunté. Era como si la membrana que recubre el cerebro. se hubiera vuelto inflexible. tras decirme unas palabras elocuentes y tiernas. ¡Cielo santo! ¿Se ha puesto enfermo? Por favor. con terror en los ojos-. Pasó lentamente la vela ante mis ojos. Aquí. Le hice saber cuán impaciente estaba por emprender cuanto antes nuestro viaje. Le besé la mano. obser-vando el efecto. que. En unos segundos me vi sumido en el mismo estado que había padecido durante varias horas interminables durante mi viaje nocturno a París en compañía del marqués de Harmonville. de cerrar los párpados ni de mover los ojos o los músculos. si es que exis-te tal cosa. tomó una vela y se plantó delante de mí. si no lo hacía. pálida. Yo no estaba en condiciones de ofrecer la menor resistencia.Alyre.traté a la condesa deSt. -Llámeme Eugénie. por mi nombre de pila. pero en su rostro sólo había una expresión de intenso escrutinio. Estaba arrellanado en el sillón. con frases cargadas de patetismo. en este sillón. -Y ahora se va a tomar una deliciosa copita de noyó -dijo con tono alegre. fue algo así como una repentina congestión cerebral. El ambiente fúnebre del momento anterior. y el suspense de una aventura de la que dependía el futuro. completamente incapaz de articular una sílaba. -Usted me llama a míRichard. me llevé a los labios y bebí. Salió corriendo y volvió con otra copita diminuta. se quitaría la vida.bueno . palidísima. Sí. aquellas exclamaciones cesaron repentina-mente. había desaparecido como por ensalmo de aquella criatura tornadiza. Luego la posó y zarandeó una campanilla con energía. me levantaba el brazo y lo dejaba caer implorándome sin cesar. -¡Mi queridoRichard!¿Qué le ocurre? -exclamó. y vi cómo cerraba con sumo cuidado la puerta que daba acceso a la estancia en la que yo había tomado café poco antes. siéntese. mientras decía esto.

. como ya he dicho.bravissima! ¡Mipreciosa reina.. Todo está saliendo a la per-fección. si no me habían informado mal.vamos a contar todo esto.Acababa de colocar mi pesado cofre. mi preciosamignonne. nenita. No pueden imaginar el efecto de la mirada silenciosa de aquellos dos ojos malvados. me levantó la mano y la sacudió. mi heroína. ¿Qué es? ¿Un billetero? ¿O. mi querida Eugénie. -Brava.. Ha entrado y ha visto todo. -¡Planard debería haberse encargado de eso! -contestó el conde seca-mente-. ¡Eh! ¿No me conoce? Se acercó otro poco y escudriñó mi rostro con atención. llamándome de nuevo. que pareció tener gran dificul-tad en levantar. Menos mal que no ha levantado la tapa del ataúd -apostilló con tono enfadado. ¿verdad? -Sí -contestó ésta con voz baja y dura-. mi dechado de mujer! Me estaba mirando con una curiosidad odiosa.. o.yo no puedo estar en todas partes! Avanzó hacia mí una media docena de pasitos y se caló las lentes. Su boca se fruncía y crispaba. qué? .. Tenía un aspecto a la vez espantosamente malvado y asustado. pues retrocedió ligeramente. estaba la repisa. enmarcado por las jambas de la puerta y un fondo de oscuridad. Bien. -Ven. Llevaba un par de guantes negros en la mano y un sombrero con cinta de crespón. hacía bastante tiempo que debía de estar de camino rumbo aPèreLachaise. -Cuatro. recordé. Se plantó ante mí unos instantes.. La dama miró hacia donde. cuyo tictac regular percibía con total claridad. cinco.¡Mafoi. mientras buscaba con sus escuálidos dedos curtidos la mano de la dama. mi pequeña Venus. Era el conde deSt. como un retrato. pero ella no parecía muy interesada en sus caricias...¿Cuándo empezó? La condesa se acercó y se colocó junto a él y me miró fijamente durante unos segundos. Su figura endeble y mezquina iba cubierta de riguroso luto. -¡MonsieurBeckett! -gritó dos o tres veces-.machère. y sobre ella un reloj. el cual. sonriendo. Cuando no hablaba. y luego la dejó caer y dijo: -Ha funcionado admirablemente. su rostro daba muestras de agitación. cuando se abrió la puerta de la habitación en la que yo había visto el ataúd y entró una siniestra e inesperada aparición.. Pero Planard y tú no debe-ríais haber dejado abierta esa puerta.Alyre. seis minutos y medio -dijo sin inmutarse.. mi Juana de Arco. -Bien.

en el propio ojo). Pero a todos los demás efectos yo estaba muerto. ¿Anotado? Billetes más pequeños habrían veni-do mejor. -Yo no la tengo. ¿Por qué no le dijiste que se lo die-ran en billetes más pequeños? Bueno.. Anota. Diez mil francos otra vez. Primero abrió el estuche de cuero y luego el cofre de hierro. los dedos del viejo bellaco registraban mis bo l-sillos.. Escribe mil napoleones. Mientras volvía a colocar en el cofre los billetes y los cartuchos. de manera menos perfecta (por efecto de la refracción. Sigue. y ya faltaba poco para que comprendiera el carácter atroz de la misma. dos. tres. muy bien. ¡Escribe! Y así sucesivamente hasta que todo quedó contado. ¿Cómo la voy a tener? Está en su bolsillo. ni el «papel» que repre-sentaba la condesa en él. mientras yo lo veía y oía todo con la mayor nitidez. Uno. ¿Anotado? Otros diez mil francos. -Cartuchos de cien napoleones. Éstos te pueden poner en terribles apuros. Aquel canalla a quien yo conocía estaba a punto de robarme. se me alcanzaba aún el porqué de aquella trama. Vamos a ver. -¡Ah! Muy bien. Mi per-cepción mental era asimismo terriblemente viva. Cierra con cerrojo esa puerta. Planard se pondría insoportable si conociera la cantidad. Aquí tengo lápiz y papel. Vamos a contar. Un instante después. descubrirá que abarca perfectamente toda la extensión de una habitación grande hasta una distancia muy corta. Luego vinieron los billetes. Veamos -exclamó mien-tras desataba las correas con dedos temblorosos-. lo cerró. abrió una caja . comprobará por sí mismo la amplitud del campo de visión. hasta un punto bastante próximo. en el extremo de una habita-ción. Pero cada minuto iba aclarando mi situación. Así pues. que había colocado sobre la mesa.de si la vuelta del conde había constituido también una sorpresa para ella. casi nada de lo que ocurría en aquella habitación se hurtaba a mi observación. volcando su contenido sobre la mesa. dos... Uno. Yo no podía mover los ojos ni una milésima en ninguna dirección. con las manos extendidas y los dedos temblorosos. Escribe: otros diez mil francos. lo volvió a colocar. en su estuche. Habrían llamado menos la atención. como yo estaba. Y otros. incluidas algunas llaves. Otros mil. me encontraba exactamente en el mismo estado que había padecido durante mi viaje con el marqués rumbo a París. Sí. rápido. creo. -Diez mil francos. Pero no. Pero si alguien se coloca. y si aquel escrutinio del contenido de mi cofre era una iniciati-va improvisada del conde. metódicamente. Veamos. El viejo ya había dado con la llave. Sacaron todo lo que había. Como he dicho. por supuesto -protestó la condesa. sin la menor alteración de la visibilidad. Y otros.-¡Es esto! -dijo la dama lanzando una mirada de desagrado al cofre cubierto de cuero. Tenemos que contarlo todo. Y así sucesivamente hasta contar todo mi tesoro en mi mismísima presencia. y. ahora ya no tiene remedio. No estaba seguro -las mujeres tienen más san gre fría y más recursos histriónicos que la mayor parte de nuestro torpe sexo. Pero ¿dónde está la llave? ¿No ves esa maldita cerradura? ¡Dios mío! ¿Dónde está? ¿Dónde está la llave? Decía todo esto arrastrando los pies delante de la condesa. sí. contó de nuevo la suma total para asegurarse de que cuadraba.

Volvió a cerrar la puerta y regresó. tras colocar en ella el joyero de la condesa y mi cofre.fuerte disimulada en la pared y. de bruja. Todo ha salido a la perfección. No me quedaba tampoco la menor duda en cuanto a la causa del estado en que me encontraba. ¿Es que no tiene conciencia? Le juraré que es la mitad del lote. Inmediatamente después de realizar estas operaciones. ni siquiera recordar para mí solo. el espantoso terror que se apoderó de mí. en un sueño en el que los objetos y el peligro son reales. cuya descripción me resulta imposible de hacer. Ahora supe que iban a culminar su robo con un asesinato. -Mire. en silencio. y la inminencia de la muerte corporal se aplaza al antojo de quienes deciden sobre nuestros tormentos inhumanos. Planard. La dama y él volvieron a mirarme con ansiedad durante un rato. Mi última esperanza se desvaneció al ver sin careta aquel rostro hastia-do. ¡Qué extraño aquel cambio tan repentino! Ahora su rostro tenía un aire sombrío. fíjese. Pero. que por fin has venido! -exclamó el conde. miró en dirección de la habitación oscu-ra que había más allá y aplicó el oído. la cerró. o Planard o lo que quiera que fuera se acercó hasta mí mientras se quitaba los guantes. sino al vacío. CAPÍTULO XXV . y luego el viejo conde empezó a refunfuñar contra Planard por segunda vez mientras cotejaba su reloj personal con el de la pared. La dama parecía menos impaciente. sujetándolo por el brazo con ambas manos y tirando de él hasta donde me encontraba yo. de una esperanza que era casi una tortura.Desesperación Un momento de esperanza tan violenta como peregrina. En medio de aquel estado angustioso. -¡Graciasa Dios. . empezó a echar pestes contra Planard a causa de su retraso. de manera que yo la veía de perfil. ¿Quieres que te traiga una vela? Mi amigo el marqués de Harmonville. Piensen ustedes en la típica pesadilla. -¿Qué? ¡Que le parta un rayo! -bramó el conde-. que metió en el bolsillo. es decir. Quitó el cerrojo a la puerta. sin mirarme ya a mí. ¿por qué no me liquidaban rápidamente? ¿Qué obstáculo podía haber para aplazar la catástrofe que aceleraría su propia salvación? No puedo referir con palabras. -He apartado diez mil francos para Planard -dijo palpándose el bol-sillo de su chaleco. vi cómo se abría lentamente la puerta de la estancia donde había visto el ataúd y cómo hacía su entrada el marqués de Harmonville. El viejo estaba al borde de un ataque de nervios. -¿Se conformará con esa cantidad? -preguntó la dama. luego vino un diálogo. y con él los terrores de la desesperación. permanecía sentada.

-Y bien. en doctor. inclinado sobre mí. di la verdad. Me volvió a mirar a los ojos y me tomó el pulso. Después. aun suponiendo que diez se desperdiciaran. un poco más a este lado -dijo mientras. me miraba con gravedad. Por su parte. se interrumpiría la evaporación y le encontrarían en el estómago una materia extraña. Me pasó la mano por la frente y luego estuvo un rato mirándome a los ojos. -¿Cuántas gotas le han administrado? -preguntó el marqués. -Acción suspendida -dijo para sí. . doctor. El experimento que hice con él en su carruaje fue sólo de treinta gotas y pude comprobar que tenía un cerebro sumamente sensible. -Sí -dijo en soliloquio. deberían mantenerlo paralizado durante seis horas y media. el doctor me estaba tratando con la frialdad con que se dispone a un cadáver antes de impartir una lección de medicina. de repente. -Mi querida Eugénie. -Y eso hice. Tiempo de sobra. sesenta en el café caliente y diez en el licor. ¿qué opina? -susurró el conde. por lo que pude ver. Luego puso sobre mis labios algo que. dijo: -Setenta gotas. me pare-ció un fragmento de membrana vegetal. -¿Cuánto tiempo hace exactamente? Le dije que se fijara en la hora exacta. Me pareció que la voz baja y dura de la condesa temblaba un poco. El minutero se encontraba exactamente aquí. ¿comprenden? Si tuviera usted alguna duda. lo más indicado sería practicarle un lavado de estómago. Estoy completamente segura -replicó. -¿En el café caliente? -Sí. -No me cabe la menor duda. levantó la cabeza y se dijo nueva-mente a sí mismo: -Ha cesado cualquier acción perceptible de los pulmones. como bien saben. Acto seguido me abrió la camisa y aplicó el estetoscopio a mi pecho. Vamos. en voz muy baja. -Si muriera. con la oreja pegada al auricular. -Setenta -dijo la dama. Se necesita una larga carrera de culpa para subyugar por completo a la natu-raleza e impedir esos signos exteriores de agitación que sobreviven al bien. mientras mantenía la cabeza lo más alejada posible para que su aliento no la afectara.-La vela. parte de ella venenosa. como si tratase de oír un sonido muy lejano. bajo el pie de este Cupido. No sería conveniente matarlo. mudándolo de una parte a otra. ¿Está segura de no haberle administrado más de setenta? -Segurísima -sentenció la dama. volviéndose a sus compañeros -esto lo supuse por el soni-do de su voz-. di la verdad -la apremió el conde. con-vertido así.

yo todavía no sospechaba nada. Y ahora. ¿no? -dijo el conde. -Es hora de que lo tumbemos. mientras aprovechan para escapar con su botín. aquí están -contestó el conde. -Sí. Tal había sido mi gran esperanza hasta entonces. -Y ¿adónde piensan ir? -Eso no lo hemos decidido aún -contestó rápidamente. debemos proceder con premura. así como un gorro. -Sí. La naturaleza y finalidad de aquella atención para con mi persona me resultaban harto extrañas. volviendo con un rollo de lino en la mano. más pare-cido a los que utilizan las mujeres que a los masculinos. me resultó tranquilizador oír que no tenían inten-ción de asesinarme. -Entonces. Luego se recuperará. Mañana mismo -contestó el conde. ¿Están aquí su camisón y su sosiega? Ya me entienden. Luego me enfilaron la prenda que el doctor había llamado mi cami-són. pero pronto me resultó claro que sus planes eran bien diferentes. -Supongo que se marchan de Francia -dijo el ex marqués.. . una reverencia-. Quien no haya pasado por ello no conoce los terro-res de la muerte próxima. y ya no volví a verla. a pesar de la urgencia del momento. Primero cerró con llave una puerta. un sayal que me cubría hasta los pies. El conde tomó una vela y franqueó la puerta situada en el extremo de la habitación. En cualquier caso. que anudaron bajo mi barbilla. ha llegado el momento en que debe retirarse.. Y ahora. los dos procedieron a desnudarme. los instintos de la vida intactos y ninguna excitación perturba la apreciación de este horror completamente nuevo. -Eso ya lo arreglaremos en su momento. estos intrigantes me dejarán en la cama para que me recupere como buenamente pueda. tornando inútil cualquier persecución.-Entonces durará probablemente siete horas. ¿eh? -No puedo decirlo mientras no lo sepa. La dama pasó a la habitación en la que yo había tomado mi traicio-nero café. Este negocio ha resultado ser muy poco provechoso. tarea que despacharon en pocos minutos. -Por supuesto. -Así que no lo quiere decir a un amigo. señalándome a mí con el dedo. y luego la otra.madame-dijo el doctor volviéndose a la dama y hacién-dole. en silencio. cuando la mente está límpida. pensé. y no quedará en su estómago ni una par-tícula de fluido. La evaporación será completa.

vamos. ¡horror!. cuando me despertara de aquella catalepsia. y hasta había escrito a algunos amigos míos de Inglaterra diciéndoles que no esperaran carta mía durante tres semanas por lo menos. que era muy metódico. El conde. sin dejarme escapatoria alguna. Planard me extendió los brazos en paralelo a mis costados y. Y ahora. por algún capricho de la curiosidad o de la sospecha. luego.cuyo lugar iba yo a ocupar. al parecer de satisfacción. de pie sobre un extremo del ataúd.Amandera una farsa para despistar a la policía. El ataúd estaba vacío. Luego. Dé a los hombres un par de napoleones. El funeral deSt.Amand. pero como se habían interpuesto entre el objeto arrastrado y yo. Lo habían dejado en el suelo. No me empeñaré en describir lo que es de por sí indescriptible: el horror en estado puro que se había adueñado de mi alma. cogió mi ropa. perecería allí dentro de la manera más horrible que se pueda imaginar. me encontraba sostenido por éste. no pude verlo hasta que lo hubieron acercado junto a mí. Aquel ataúd estaba destinado a mí. Entonces.Catástrofe -Parecen buenos caballos. uno junto al otro. con su nom-bre en la placa encima de mi pecho y una tonelada de barro sobre mi ataúd. yo lo mantendré en posición vertical para que usted le meta los pies en el ataúd. Planard levantó la tapa. asegúrese también de que quedan bien juntos antes de cubrirlos con el sudario. y firmado. pero sólo pensamientos de terror. se plantó a los pies del ataúd y echó una última mirada general. aunque habrá que cambiarlos por el cami-no -iba diciendo Planard-. Arrastra-ban algo que producía un ruido sordo y prolongado. En medio de mi júbilo culpable. en uno de los tres armarios empo-trados que se hallaban disimulados en la pared. Oí un cuchicheo y luego el ruido de pies que se arrastra-ban. como había indicado Planard. Ahora comprendí su abominable plan. Era el ataúd que había visto antes en la estancia conti-gua. lo vi con meri-diana claridad. Yo mismo había contribuido a dar falsas pistas a la policía. las órdenes pertinentes enPère Lachaise y había abonado los gastos del entierro del inexistentePierredeSt. Si. Traté de rezar en aquel momento de pánico sobrehumano. Un instante después. tal y como me quedó grabado en la memoria . la muerte había llamado a mi puer-ta. ningún análisis químico podría detectar huella alguna de veneno. Me ceñiré a describir lo que ocurrió. y. según oí decir después. CAPÍTULO XXVI . encerrado en su ataúd. ni el más exhaustivo examen podría detectar rastro alguno de violencia. se exhumaba el ataúd y se examinaba el cadáver en él encerrado. en caso de que mi desaparición despertara alguna sospecha. alisándome con cuidado los encajes de la pechera y los pliegues del sudario. pegado al sillón en el que yo estaba arrellanado. poco a poco me fueron dejando caer. hizo un lío con ella y la guardó. es preciso tenerlo todo terminado para antes de las tres y media. juicio final y tormento eterno lograron distraerme de mi destino inmediato. después de llevar varias horas en la tumba.El conde y Planard entraron juntos en la estancia situada justo enfrente de mí. los vi entrar de espaldas por la puerta. Yo mismo había dado.

pudiendo sólo distinguir lo que se pronunciaba clara y distintamente. esta orden de registro deberá bastar para probar al señor conde que tengo instrucciones precisas para proceder a un registro general. por cuanto sé. Después. se preparó para dirigir el duelo con el mayor dramatismo posible. Ha venidomonsieurCarmaignac. Entró en la habitación desde la estancia en que había estado anteriormente el ataúd. al cual le han informado de que grandes cantidades de mercan-cías de contrabando inglesas y de otros países se han distribuido en este vecindario. No me dejaron mucho tiempo para tratar de adivinar lo que iban a hacer conmigo. a efectos de la inspección reglamentaria. -Por supuesto -exclamó el conde con voz firme. El resto lo debo relatar. -El conde deSt. -Monsieurlecomte-dijo mientras franqueaba la puerta seguido de media docena de personas-. Tras ajustar bien todos los tornillos. dejándome completamente a oscuras. pues unos segundos después deslizaron una tabla cerca de mi rostro.Alyre asistir al funeral de su pariente. Siento tener que comunicarle una inte-rrupción bastante inoportuna. y sin ninguna dilación. Yo me he permitido asegurarle. y cuyos rápidos pasos oyó ense-guida aproximarse. El conde se puso los guantes negros y. esperando la llegada de las personas que acompañaban a Planard. lo cual podría haber dado pie a algunas conjeturas. Planard fue el primero en llegar. los dos hombres arreglaron la habitación y dispusieron el ataúd de manera que quedara perfectamente centrado sobre las guías. pondré mi casa y mis llaves a disposi-ción de sus investigadores tan pronto como me comunique qué mer-cancías de contrabando se están buscando concretamente. pero con el sem-blante súbitamente empalidecido-. el doctor Planard dijo que iba al vestíbulo a llamar a los mozos encargados de llevarse el ataúd y colocarlo en la carroza fúnebre. Ni la voz de Jehová hablando entre truenos me habría resultado más espantosa que aquellos ruidos vulgares.de manera perdurable. pero mis superiores me prohíben revelarle dicho extremo. gabinetes y armarios empotra-dos pueda haber en su casa. un caballero que desempeña un cargo importante en el departamento de policía. cuantas habitaciones. espero que permita al conde deSt. Sí pude oír el forcejeo de un destornillador y el chirriar de varios tornillos según los iban introdu-ciendo. sino según lo que supe después por algu-nas personas. que no hay nada más falso que dicha información y que usted no tiene ningún tipo de inconveniente en abrir de par en par. -MonsieurCarmaignac. se movía con cierta arrogancia. no como llegó entonces hasta mis oídos (oía de una manera demasiado imperfecta e interrumpida para poder perge-ñar una narración fidedigna). que . los sonidos me lle-garon desde entonces de manera más apagada. mi querido amigo. por haberse anticipado a mí. Haga el favor de sujetar un extremo mientras yo sujeto el otro. con un pañuelo blanco en la mano. Estaba algo detrás de la cabecera del ataúd. y de que una porción de ellas se oculta en esta casa. Su actitud había cambiado sensiblemente. -Los empleados de pompas fúnebres están en el vestíbulo -dijo el conde. Monsieur. -No deben entrar hasta que hayamos cerrado el ataúd -dijo Planard-. Gracias.Alyre me disculpará -contestó Carmaignac algo secamente-. pues el conde no quería bajo ningún concepto que hubiera en la habitación algo que delatara precipitación o desorden.

. éstos se alinearon como una hilera de setas. El conde protestó. ¿Cómo no iba a reconocer a PierredeSt. Claro que sí. -Las cosas que yo busco -dijomonsieurCarmaignac. no puedo permitirlo. sólo un momento. ya se sabe.. supongo -insinuó el caballero. -N. No. como usted ve -intervino Planard señalando con el dedo el ataúd-. descuide. los criados son a veces tan ingeniosos.quita la tapa de ese ataúd.replicó el conde con tono perentorio acercándose al ataúd y extendiendo los brazos sobre él-. Perfecta-mente.. que . pero no conoce tan bien como yo las artimañas al uso entre los criados. Vi de nuevo la luz.monsieur. Otra mirada rapidísima a Planard. -Pero..monsieur.. -El cadáver de mi pariente. Cuando me ordenan registrar.monsieur. seleccionó un destornillador y. Se trata simplemente de levantar la tapa.. que suelen estar bastante avezados en el arte del contrabando. supongo.Es decir...cabrían en un espacio muy reducido. -Discúlpeme. no puedo decir con seguridad qué es lo que contiene ese ataúd. y le doy mi palabra de honor que en ese ataúd no hay 3 nada más que el cadáver. tras echar un vistazo al ataúd y tantear con la uña las cabezas de los tornillos.monsieurPierredeSt. se rompió al colocar el último tornillo. de la que.pero tengo órdenes estrictas al respecto. manifiestamente apenado. Mis instrucciones son bien precisas. yo debo actuar como si sospechase de todo el mundo. señor. No puedo tolerar semejante indignidad. esa herramienta. eso no puedo permitirlo. Usted permanecerá en esta habitación. y cuyo cadáver va a trasladar hastaPèreLachaise una carroza fúnebre que está lista para par-tir en la puerta.. -Eso. y la tapa cayó a un lado. a su amado pariente. -Lo siento. -dijo el conde. Levantemos la tapa. y. A ver. El conde intercambió una rápida mirada con Planard. Si todo está en orden. -¡Ah! Entonces lo ha visto usted. pero tenemos un deber que cumplir... la última-vez. -El tiempo suficiente para reconocerlo. señor. el destornillador.Monsieurlecomteno debe suponer en ningún momento que yo sospecho de él. como es de suponer. Además. -¿Que si lo he visto? Tantas veces. yo registro. Lo conozco demasiado bien. -Me refiero al cadáver.Amand?Pobre hombre. siento decirlo. a veces se ocultan cosas tan extrañas en lugares tan extraños. Lo he reconocido al instante. con unas hábiles vueltas a cada uno de los tornillos.Philippe. semejante profanación.Amand-contestó el conde con altivez. -No habrá tal. -Por supuesto quemonsieurlecomtecree lo que dice.yace aquí muerto.. usted habrá tenido el gusto de ver otra vez. Pero confío en que este retraso no les ocasione ningún problema.. peroPhilippe-un hombre calvo y con el rostro más tiznado que el de un carbonerodejó en el suelo una caja de cuero de herramientas. Por ejemplo. -Por supuesto.

. Dios mío! ¡Si hubiera podido simplemente soltar un alarido! Veía cómo el careto pardusco y mezquino del pequeño conde me miraba fijamente desde el otro lado. El conde miró en dirección de la puerta. en aquel momento sólo veía el techo. B. Lleva usted toda la razón. ¿De quién es esa ropa? -preguntó Carmaignac cuando. llamado Lablais. la situación se estaba volviendo insostenible. y-el funeral debe seguir adelante. señor. -En efecto. Un criado sinvergüenza. el cual en ese caso seríamonsieurBeckett y nomonsieurdeSt. y también un pañuelo marcado con las iniciales «R. no está muerto. Es probable que esa ropa sea suya.Alyre. una vez abierto el armario. No sé nada del con-tenido de ese armario. oh maravilla. graves y fornidos. Y. el reloj aún tiene cuerda.Berkeley Square».dice la tarjeta. Hubo también otros rostros que me echaron un vistazo. por haberle robado y trata-do de asesinar. Pero el eje de mi visión seguía inmóvil. -Planard. no se preocupe... yo no tengo nada que objetar -dijo el conde-.» Ese criado Lablais debió de ser un consumado granuja. Y. sacó el traje que mis secuestradores habían metido allí apenas dos minu-tos antes.«Mr. Había también en la habitación otros dos agentes.Pues. Mandaré a alguien a buscar la llave. sino simplemente drogado. recuperando el valor-. R. Por su manera de mirarme. . Vi cómo la cara de Carmaignac se inclinaba sobre mí con un curioso fruncimiento de ceño. me parece. Hace diez por lo menos que no lo he visto abierto. Naturalmente. -Yo.nosabría decirle -contestó el conde-. Como mi estado cataléptico me obligaba a mirar de frente y fijamente.Beckett. hace siglos que no se usa. como este caballero me pone trabas para asistir a las exe-quias de mi pariente. pero no caía en la misma línea recta de mi visión. aquí hay un reloj y un montón de sellos. el cortejo saldrá dentro de unos minutos. Pareció desagradablemente asombrado.». B.. le ruego asista al funeral en mi lugar. mando arrestar aNicolasde la Marque. -Mi querido conde deSt. uno de ellos con las inicia-les «R. No hay nada aquí de lo que busco.monsieur. a fe mía. Sólo que. me pareció que no me había reconocido. ¡Oh. -Ya veo. conde de St. -Aquí hay tarjetas de visita..al hombre que está en ese ataúd. retirándose-. Quiero ver lo que hay dentro.. -Se me ocurre que podría haber robado también esta ropa -prosiguió Carmaignac. -Le ruego pida a su operario que vuelva a colocar la tapa del ataúd y la asegure bien con los tornillos -dijo el conde.Amand. a quien despedí hará un año. Debe de haberlos robado a una persona llamada Beckett.Philippe. No está bien hacer trabajar más de la cuenta a personas que cobran un sueldo moderado por el trabajo nocturno. -Si no la tiene a mano.creía haber visto por última vez. el rostro del seudomarqués también me miraba. y. -Espere unos minutos -insistió impertérrito Carmaignac-. por donde estaba entrando un gendarme. Beckett. -Pues. ya veo -dijo Carmaignac. tenía la llave.Alyre. Primero debo pedirle la llave de ese armario -agregó señalando en dirección del armario en el que acababan de esconder mi ropa.El hombre del ataúd... En este momento soy yo el único que da aquí órdenes con relación al ataúd.intenta abrir ese armario con la llave maestra.

además de sufrir una fractura en la pierna derecha. Una era la del fanfarrón coronelGaillarde. condesa o no.a quien a duras penas habían logrado mantener callado hasta entonces. debido a las peculiaridades del accidente. que había acudido a identificarme. Me colocaron en un baño caliente. también pre-viamente arrestada. que también habían seguido con-migo. Por supuesto. Allí se añadieron al concierto general dos voces.un tal GabrielGaillarde. La otra era la de mi jovial amigo Whistlewick. como es lógico. Aquel GabrielGaillardehabía sufrido una grave caída de un caballo desbocado unos cinco años antes de su misteriosa desaparición. que lee el corazón de los hombres.» Y. La rotura del hueso por encima del tobillo.conocido del empleado que se había encargado de tramitar el funeral. La persona para la que se había encargado la tumba era puramente ficticia. y oí cómo solta-ba con su voz discordante una vehemente e inconsecuente perorata. de lo contrario. siendo el pro-pio GabrielGaillardeel que había acabado ocupando el ataúd. Los cuerpos exhumados llevaban allí demasiado tiem-po. ora suplicando impíamente a «Dios. La trama de aquellos infames conspiradores se había urdido con una habilidad y un sigilo consumados. de índole muy dis-tinta. ora amenazando. Sólo uno fue identificado. y estaban demasiado descompuestos para ser reconocidos. donde lo habían reajustado. mintiendo y delirando de esta guisa. con dos gendarmes sentados a cada lado.que de hipótesis con .Alyre y su bella compañera. ligeramente descolocado. y más aún por la de su dinero. había conservado por fortuna. Enseguida contaré cómo hicieron fracasar aquella conspiración con-tra mi propiedad y mi vida. Había mantenido el mayor secreto en cuanto a las heridas sufridas en el rostro. pero que ahora estaba completamente al servicio de la acusación.cuyo molde. Se abrieron varias tumbas enPèreLachaise. Más fácil aún de reconocer fue su dentadura. en un principio más a consecuencia de la rabia -lo que le inducía a creer lo que fuera. colaborasen en crear el misterio que hacía defi-nitiva su propia destrucción. por algu-nos cabos sueltos que había logrado atar. quienes lo habían dejado sin blanca. fue sacado a rastras de la habitación y colocado en el mismo coche celu-lar en que se encontraba ya su bella y criminal cómplice. Era muy probable que a mí me hubieran reservado el mismo honor con el seudónimo dePierredeSt. Estas medidas sencillas me restauraron en el espacio de unas tres horas aproximadamente. El resultado fue que el ojo de cristal que había ocupado el lugar del perdido seguía aún en su cuenca. sobre cuya tapa -al igual que sobre la lápida sepulcral. el acta de defunción la había firmado -y dado la orden de inhumacióny abonado los gastos.se había inscrito un nombre falso. había sido llevada a cabo con éxito en su caso. ora protestando. fueron conducidos directamente a laConciergerie. Molde que encajaba a la perfección con la placa de oro hallada en la mandíbula de la calavera. que desde hacía tiempo venía consideran-do patrimonio propio para cuando la muerte se llevara a su hermano de este valle de lágrimas. accidente en el que había perdido un ojo y algunos dientes. correspondía también al lugar donde se había fracturado la pierna GabrielGaillarde.Un instante después. se abrió una investigación. el viejo bandido era apresado. de factura muy parti-cular. probablemente habría seguido bajo los efectos de la droga unas siete horas. La identificación fue curiosa. A esta sospecha vinieron a sumarse otras más siniestras todavía. El coronel se había enfurecido por la pérdida de su hermano menor. Desde hacía tiempo venía sospechando. un granuja tan redomado como sus compinches. Antes debo decir unas palabras sobre mi persona. que uno de los dentistas más mañosos de París había adaptado para las encías del talGaillarde. En aquel caso concreto. inmediatamente por encima del tobillo. y. tan ingeniosa como monstruosa. entre cuyo número me contaba yo.Amand. pero fácilmente reco-nocible por el artífice que lo había confeccionado. Esta estratagema. bajo la dirección de Planard. Hacían que sus víctimas. que habían sido el conde deSt.

El resultado fue que él impuso las condiciones de su propia libertad. su cómplice. para mi mortificación personal. El conde. sería capaz de aportar las necesarias prue-bas médicas. descubrí que fui más bien objeto de pitorreo -bondadoso pero despectivo-. como dijo mi amigo Whistlewick. Huelga decir que la policía actuó con suma precaución para poder recoger todas las pruebas conducentes a constituir un acta de acusación condenatoria. admirablemente disfrazada.y la condenaron a sólo seis años de cárcel. Finalmente. dignidad «parala que no había nacido» yde la que huí tan pronto como pude. Hasta había mandado venir a un médico famoso. Pero. ino-centón y tonto. se convirtió en informador de la policía y concertó con ella la visita realiza-da al castillo de la Carque en el momento crítico en que se pudiera coger al conde y a sus cómplices con las manos en la masa y tener pruebas fun-dadas para la acusación. los ladrillos que vi en la estancia del ataúd habían sido transportados hasta allí envueltos en paja para hacer creer en la existen-cia de un cadáver y evitar las sospechas y contradicciones que podría haber originado la llegada de un ataúd vacío al castillo. Yo hice de principal testigo de cargo en aquella cause célèbreydisfruté de todos los atractivos que se derivan de tan envi-diable cometido. tuve la candidez de creer que iba a ser objeto de un interés considerable por parte de la sociedad parisiense. Lejos de abordarme con ánimo hostil. sin ni siquiera honrar a mi amigo el marqués de Harmonville con una visita a su confortable castillo. En segundo lugar. que. me dio cortésmente la mano asegurán-dome que consideraba el bastonazo que le había propinado en la cabeza como un revés recibido en una lid un tanto irregular pero de cuya justi-cia y validez no le cabía la menor duda. me convertí en una especie de personaje público. A la bella Eugénie le asistieron circunstancias atenuantes -al parecer. El coronelGaillarderecuperó parte del dinero de su hermano. le devolvió el buen humor. Creo que sólo me queda referirme a dos detalles suplementarios. de donde había sido rescatada por el conde para que se convirtiera en su cómplice principal. El marqués salió bien parado. Mi viaje a París. Es decir. su especial belleza. junto con la ejecución del conde. Un capricho del azar puso sobre aviso al granuja de Planard de que los conspiradores -incluido él mismo. Fue ella quien.en caso de que fracasara Planard. después de haber salvado el pellejo. fue ejecutado. había espiado mis docu-mentos durante el memorable viaje nocturno a París y quien había interpretado el papel de maga dentro del palanquín con ocasión del baile . saca-do de la fortuna no muy boyante del conde y de la soi-disante condesa. los magníficos brillantes de la condesa fueron tasados por un joyero y vendidos por unas cinco libras a una reina de la tragedia que andaba necesitada de un aderezo de oropel. pero. un incidente fortuito dirigió al coronel sobre la buena pista.se hallaban en peligro.fundamento. Se me tildó de zopenco. La condesa había sido años atrás una de las actrices más destacadas en la pequeña escena de París. Esto. En primer lugar. no había resultado tan agradable como había esperado. e incluso hicieron de mí varias caricaturas. «por los pelos». pueden creerme.

La recogida y ordenamiento de tales leyen-das era. que marcaron definitivamente mi vida. La introducción de un cadáver real -procurado por una persona que abastecía a los anatomistas de Parísno implicaba ningún peligro real.a una concepción más feliz. su principal hobby. su testamento dejó en mis manos todos sus documentos manuscritos. toda vez que intensificaba el misterio y hacía que el profeta se mantuviera vivo en las conversaciones de la gente y en los pensamientos de los bobos con quienes éste había dialogado. Yo repartí el resto del verano y el otoño entre Suiza e Italia. aquella vivencia hizo de mí un hombre más experimentado que amargado. pero yo nunca había sabido que su afición a lo maravilloso y lo fantástico lo había llevado a poner por escrito los resultados de sus investigaciones hasta que.de disfraces en Versalles. y no por ello menos seria. A quienes piensen que la redacción de tales escritos desentona con el carácter y modo de vida de un cura de pueblo no les vendría mal recordar que existió una raza de sacerdotes -los de la vieja escuela. uno para los días secos y otro para los húmedos. durante su primer período de ultratumba. Aquel sofisticado embuste había tenido por objetivo mantener vivo mi interés por la bella condesa. de la vida. metió en su ataúd dos pares de borceguíes de cuero. Pero también dejó en mí otros sentimientos más graves y profundos. que durante casi cincuenta años había desempeñado la ardua tarea de párroco en el sur de Irlanda. en que abun-daba la región donde residía. con objeto de mitigar la fatiga de sus inevitables excursiones en busca de agua para repartirla entre las sedientas ánimas del purgatorio. me condujo -aun-que aún debieron pasar algunos años. me tropecé con el documento que adjunto más adelante. pues nuestro párroco era un concienzudo coleccionista de antiguas tradiciones locales. La horrible impresión que produjo en mi espíritu se debió en buena parte a la simple acción de mis nervios y mi cerebro.goza aún de plena vigencia en el sur de Irlanda. Tal vez convenga añadir que la superstición ilustrada por el siguiente relato -a saber. EL FANTASMA Y EL COLOCAHUESOS Mientras echaba un vistazo a los papeles de mi ínclito amigoFrancisPurcell -que Dios tenga en su santa gloria-. que el último cadáver enterrado está obligado. Tengo motivos sobrados para agradecer al misericordioso Señor del universo aquella temprana y terrible lección sobre las imprevisibles celadas que nos puede tender el maligno. Como suele decirse. todavía lo recuerdo.por consideración para con los callos de su añorada esposa.cuyos hábitos y gustos literarios eran en muchos aspectos más refinados que los de los estudiantes de Maynooth. en mi calidad de «legatario residual». Eran famosos los terribles conflictos que se . una raza ahora prácticamente desaparecida. El que esto escribe da fe de un caso en el que un labriego respetable y acaudalado de la comarca deTip-perary. a abastecer a sus compañeros de cam-posanto de agua fresca para calmar la sed ardiente del purgatorio. uno ligero y otro pesado. de las que ya no es el caso ponernos a hablar aquí. La mascarada también había tenido como objeto seleccionar a otras víctimas potenciales. interés que temían pudiera desfallecer. Es un docu-mento más entre otros muchos parecidos.

como una especie de atención para con aquella vieja familia. Se podrían citar asimismo otros muchos casos parecidos que muestran la vigencia que tiene todavía esta superstición entre los cam-pesinos del sur. como se podía ver dándose una vuelta por las tabernas del lugar. saltándose a la torera uno de los más arrai-gados prejuicios. tenía la costumbre de pasear en medio de la noche desde que se le había reventado un vaso sanguíneo al intentar sacar el corcho de una botella -cosa que cualquiera podría haber inten-tado. por cierto. empleadas pensan-do sin duda más en su efecto eufónico que en la corrección de las mis-mas. esto no viene a cuento-. que la palabra de mi padre era tan fiable como el juramento de cualquier gentilhombre del país. como iba diciendo. todo iba viento en popa.que así se llamaba mi padre. y me enorgullece decirlo. algunos de los arrendatarios se quedaran vigilando en el viejo cas-tillo. salvo que era algo aficiona-do a la bebida.Terry Neil. Así pues. las pobres personas que se habían roto un brazo o una pierna y no podían poner el pie en el suelo. y seguro que lo intentará alguna vez. por cierto. Y no había nadie como él en toda la comarca que trabajara la tierra igual de bien. Así pues. y se la oí contar a él mismo muchas veces. por miedo a dejarse arrebatar por el otro fallecido esta inestimable ventaja. y. pero eso no tiene importancia. acudían a su casa desde los lugares más distantes para que les recolocara los huesos. Los vecinos decían que el abuelo del amo. nada más natural pues nadie podía competir con él en recomponer con tanta habilidad la pata de una silla o una mesa. quiéralo Dios.habían producido entre dos comitivas fúne-bres camino del cementerio. Tal vez conven-ga observar que éste era lo que se suele llamar un hombre «bien habla-do». Pero era costumbre que. en fin. joven. que Dios lo tenga en su santa gloria. paso ya directamente a someter a su consideración las portentosas aventuras deTerry Neil: Recórcholis. el viejo caballero solía salirse del cuadro de la pared. de la manera más fidedigna posible. pues fue a mi propio padre a quien le pasó. de Drumcoolagh: Voy a narrar la siguiente historia tratando de emplear. señorías. al ver que le iban bien los nego-cios compró un pequeño terreno junto a la propiedad del caballero Phalim. Así pues.más hábil ni más famoso en todo el país. y te digo también que.. que había instruido durante mucho tiempo a la avispada juventud de su parroquia natal en las artes y ciencias liberales que juzgaba conve-niente profesar. y someteré en cambio a su consideración el siguiente: Extracto de los papeles manuscritos del finado Rvdo. una zona bastante amena. se dirigió al camposanto por un atajo y. esta historia tan extraña es más cierta que dos y dos son cuatro. y lo mismo digo trabajando la madera y reparando árboles viejos y otras cosas por el estilo. pasó el ataúd por encima del muro para adelantarse así al que estaba haciendo su entrada por la puerta en aquel mismo momento. En fin. si a algún pobre hombre lo llevaban a juicio. y romper botellas y vasos. circunstancia que puede explicar la presencia de varias palabras algo fuertes en el transcurso de la narración. aten-ción.. y la consiguiente exención del impues-to que gravaba a los familiares del último en ser enterrado. Pero no entretendré al lector con más preámbulos. harto desagradable pues a nadie se le ocultaba que en el viejo castillo ocurrían cosas raras. Pues bien. Y fue así como le dio por dedi-carse a la reparación de piernas rotas. pero. cuandosirPhelim salía de viaje. bajo el viejo castillo. y seguro que nadie recordaba a un colocahuesos -niño. y puedo asegurar. maña-na y tarde. hombre o viejo. ocurrió otro caso en el que una de las dos partes. donde estaba su retrato. las mismas palabras del narrador. él acudía siempre a declarar en su favor. No mucho después. y me atrevería a decir que no hay mozo en ninguna de las siete parroquias que la cuente mejor ni más deprisa que yo. que era el caballero más cabal que había parido madre. que era un hombre honesto y sobrio.FrancisPurcell. y . que Dios se apiade de todos nosotros. cada cual empeñada en asegurar a su falle-cido la prioridad en la sepultura.

pues era bastante viejo y estaba acostumbrado a dormir mucho. cosa lógica en él. a la caída de la noche.Si queremos observar la vieja costumbre. me parece una buena idea.estoy simplemente cerrando los ojos para que no les entre el humo del tabaco y no se pongan a llorar.LawrenceConnor. -Oh.y empezaron a hablar. ron-dando por la casa y haciendo toda clase de travesuras. «tener que pasar toda la noche en vigilia. lo que no tardó en producirse. Señor-. estuvieron conversando y fumando juntos de la manera más agradable. y a la tercera noche le tocó el turno a mi padre. -Así es imposible seguir hablando -dijo mi padre-. los dos bajaron a la cocina mientras el fuego prendía en el salón. y ese viejo espíritu vagabundo. Fue el viejo mayordo-mo. señorías. subió al castillo con dos botellas. mi padre y él se llevaban muy bien desde siempre. volvía a su lugar.Terry. y pueden estar seguros de que mi padre no hizo ascos a aque-lla invitación. y decidió tomar la cosa con buen ánimo. hay que observarla en toda regla. Así que no te metas tanto con tus semejantes -agregó con tono .beber todo lo que encontraba -qué vergüenza.-Ah. Pues bien. una de whisky puro y otra de agua bendita. dijo mi padre para sus adentros. y al decirle mi padre que le tocaba a él montar la guardia en el castillo. « ¡Vaya fastidio!». «Al diablo con la vieja costumbre». Así.Lawrence-dijo. ¿Es que no te das cuenta de que te estás durmiendo? -Por todos los demonios -dijoLarry-. hasta que aLawrenceempezó a entrarle el sueño.muy bien. al ver quién era. y luego. Vamos entonces a la cocina. loado sea el Señor. y acto seguido se echó un trago de whisky para ahuyentar el frío de su corazón.pues hay un viejo nido de grajos en la chimenea. Así. Y. -Recórcholis -dijo mi padre-. reparen en esto. si entraba alguien de la familia.» Pero no tenía escapatoria. y el fuego de carbón mineral y turba ardía estupendamente y les calentaba las canillas. pues no quería queLawrencesupiera que tenía miedo. algunos de los arrendatarios tuvieron que quedarse de guardia en el castillo..eso no puede ser -dijoLawrence-. pues sabía que el cuadro del caballero estaba colgado en el salón. el viejo picarón. como les iba diciendo. como iba diciendo. como de cos-tumbre. Y Larryle dijo: -Encenderemos un pequeño fuego en el salón. Pues bien. como si en su vida hubiera roto un vaso. y. pues no está bien que la gente como yo se siente en el salón. -En el vestíbulo no se puede encender la lumbre -dijoLawrence-. al poco tiempo subieron y se sentaron conforta-blemente junto a la chimenea del salón. con una expresión de absoluta inocencia en el rostro. señorías. quien salió a abrirle. se dice para sus adentros. Llovía bastante y hacía una noche oscura y tenebrosa cuando mi padre llegó y se roció con agua bendita. a fumar y a beber un poco de whisky. en cierta ocasión la fami-lia del castillo se fue a Dublín a pasar un par de semanas. -¿Y por qué no en el vestíbulo? -preguntó mi padre.. lo invitó a pasar la noche charlando.

abrió los ojos rápidamente.Si consiguiera dormir un poco. pensó incluso que los muros del castillo iban a derrumbarse en medio de una conflagración universal.lo primero que hizo fue quedarse mirándonos atentamente a ver si estábamos dormidos. cuando se hubo despachado bien. una historia bastante divertida. pues la contó como si le fuera en ello la vida mientras trataba de mantener despierto al viejoLarry. pero de repente la tormenta cesó y la noche se volvió más apacible que una velada de julio. Venga. Así pues. Pero como seguía igual de nervioso. -Recórcholis -dijo mi padre-. Y. se trincó casi medio litro de licor a ver si así se tranquilizaba un poco. y al final observó que el personaje del retrato lo seguía con la mirada a todas partes. por la otra. él se quedó ronco y. señorías. lo cual era mucho peor aún.. y en cuanto vio que así era. Por cierto. -¡Vaya. según creyó mi padre. prosiguió con su historia. ¡Ojalá que yo pudiera dormir así también! Dicho lo cual. y eso que tenemos aquí una botellita para hacernos compañía! ¡Por los clavos de Cristo! -volvió a exclamar. hombre! A mí me tenía que pasar esto. a lo que iba. y dar luego un salto sobre la chimenea para caer de pie sobre el suelo. se le ocurrió de repente que. mi padre trató de mantener la calma y hasta estu-vo a punto de quedarse dormido de no haber sido por la manera como atronaba la tormenta y crujían las ramas de los árboles y silbaba el viento a través de la viejas chimeneas del castillo. y ¿qué vio? Nada menos que al viejo caballero saliendo del cuadro. si lo hacía. no haría ni tres minutos que había cesado la tormenta cuando mi padre creyó oír un ruido un tanto extraño enci-ma de la chimenea. volvió a colocarla con cuidado en el sitio de antes y se puso a pasear por la habi-tación con aire tan sobrio y paso tan firme como si no hubiera . el viejo taimado -y ésta fue.. No lo molestaré al pobre. que Dios lo tenga en su santa gloria-. Pues bien. antes de que llegara la historia a su final. pues. -Ah -exclamó-. que te estoy escuchando -agregó mientras volvía a cerrar los ojos. Por mucho que lo intentaba no podía dejar de mirar de vez en cuando al cuadro. Y. que habría bastado para mantener despierto a un lirón y. la manera como la contó mi padre creo que nunca había sido antes superada ni lo sería des-pués. como si estuviera quitándose la chaqueta de montar.. éste se iría a la cama con toda seguri-dad y lo dejaría completamente solo en aquella habitación. sigue con tu historia.LarryO'Connor ya estaba ron-cando como un hipopótamo. al ver mi padre que no servía de nada amonestarlo. ojalá tuviera yo la mente tan sosegada como elLarry. no sirve de nada asustarse ahora. Pero hubo una cosa bastante extraña que he olvidado referirles. -Y arrastró un sillón hasta donde estabaLawrencey se puso lo más cómodo que pudo. No está bien en un amigo ni en una persona con principios importunar al que está durmiendo. cuando iba a dar un achuchón aLawrencepara despertarlo. la peor jugarreta de todas. -¡Por vida en la mar serena! -exclamó mi padre-. para impedir que un cristiano comoLawrencese durmiera. se puso a pasear por la estancia y a rezar tan intensa-mente que empezó a sudar (me perdonen sus señorías).brusco. señorías. ¿No es bastante duro lo que me pasa a mí? ¡El muy villano dice que es mi amigo y luego se me duerme de esta manera. unas veces fijamente y otras guiñándole un ojo. Y.. pues tenía un carácter muy fuerte. Bueno. Además. alargó la mano y agarró la botella de whisky y se trincó por lo menos medio litro. si he de morir. -dijo al darse cuen-ta-. con mayor razón. Después de un descomunal rugido del viento. fue la historia deJimSoolivan y su vieja cabra la que contó. por una parte.aunque en realidad sus esfuerzos no le sirvieron de nada pues. ¡Qué mala suerte tuve el día que me mandaron venir a este maldito lugar! De todos modos. mejor respirar a gusto.

por pequeño que pareciera). pues estaba más muerto que vivo-. Que Dios lo tenga en su santa gloria. como tendría derecho a estarlo. no es culpa mía. ¿Qué. con perdón de sus señorías.tomado ni una gota. Terence Neil. -Eso es cierto por mi honor. mi padre casi ni se había inmutado hasta que el espíritu pasó a su lado. que Dios lo tenga en su santa gloria-. -¡Ay! -se disculpó mi padre-. ejemplo de sobriedad para toda la comarca. que el olor a azufre le impidió respirar y le dio un ataque de tos que casi lo tira al suelo. el cual sabía de aquello más que nadie -el pobre ya murió. Así que eres tú el que está aquí.. Tal vez desee su señoría hablar con el padre Murphy. y esto fue lo que más lo asustó. -Gracias. mejor dicho para lo que he bajado (mi padre tomó buena nota de aquel desliz. cacho zopenco? ¿Dónde te has dejado los modales? Si estoy muerto. cuando se trata de arreglar cosas como ésta -dijo dándose un golpecito en la pierna-. -¡Caramba!-exclamael caballero. -Sujeta la lengua.señoría -dijo mi padre. un hombre trabajador y serio. ¡que Dios se apiade de todos nosotros!. cómo te va.. No es en mi alma en la que estoy pensando. miserable canalla -dijo el caballero-. tú eres un hombre respetable (y no le faltaba razón). a pesar de todo ello no estoy a gusto donde me encuentro ahora. y aunque en diferentes períodos fui un cristiano bastante aceptable..tu abuelo. señoría -asintió mi padre. -Terence -dijo el caballero-. creo que siempre fui un caballero sobrio y cabal -agregó el otro. Y ahora escúchame bien. ¿Que Dios me tenga a mí en su santa gloria? ¿A cuento de qué. pues sabía que era azufre lo que ardía en el infierno. Soy desde luego un pobre hombre idiota e ignorante.. -Eso es una verdadera lástima -exclamó mi padre-.Yo siempre fui un buen amo para PathrickNeil. Pues bien. Me asombra cómo puedes tener la inso-lencia de sermonear a un caballero acerca de su alma. -¿Que Dios me tenga en su santa gloria? -repitió el espíritu.Terry Neil? -Pues aquí estamos. siempre que pasaba por su lado. cuyo rostro se iba volviendo rojo de furor-. -Y. señorías. Es un honor para mí poder ver a su señoría aquí esta noche. lo que es más. ignorante gañán. Pero mi padre. deteniéndose a dos pasos de mi padre y volviéndose hacia él-. al menos eso había oído decir al padre Murphy. yo me dirijo a quien es . pero no tenía más remedio que seguirle la corriente). -Bien -dijo el espíritu-. y la gente como tú no tiene por qué soltármelo a la cara cada dos por tres -exclamó con un taconazo en el suelo que hizo retumbar el entarimado. -Eso es también una gran verdad -volvió a convenir mi padre (aun-que era una gran mentira. no ha sido para que me cuentes tu triste vida ni para conversar con un tipo como tú para lo que he subido aquí. para servir a su señoría -dijo mi padre con la poca voz que le permitía el miedo. Usted fue siempre un gentilhombre muy educado. y sumamente caritativo y humano con los pobres. De todos modos. -Y que lo digas -refrendó el caballero-. tan cerca. Aunque yo era más sobrio que la mayoría de los hombres (al menos que la mayoría de los gentilhombres). sintiéndose algo mejor-. notaba un fuerte olor a azufre.

Terence -brindó-. -Bah. Mi padre tiró como un poseso. Sólo sirvo para hacerlo con personas de mi nivel. antes me tomaré un traguito para no desfallecer -dijo el caballero alargando la mano hacia la botella con el pretexto de que se encontraba débil. mientras el viejo Larryseguía durmiendo y roncando más fuerte que nunca. alzó la botella de agua bendita. que me rompí en el cobertizo de Glenvarloch el día que maté al negro Barney. pues. -Oh. -Sujeta esa lengua. -Como mande su señoría -dijo mi padre. y te diré por qué me preocupa mi pierna.que a su señoría no le preocupe haberlo matado. pero tan pronto como ésta hubo rozado sus labios dejó escapar un grito tan espantoso que pareció que el techo y los muros se iban a venir abajo y le entraron unos ataques y convulsiones tan terribles que la pierna se le descoyuntó y quedó atrapada entre las manos de mi padre. -¡Más aún! -aulló el caballero.experto en la materia. le salió mal la treta pues cogió la botella equivocada-. pues. y mi padre cayó de espaldas al suelo en medio de la habitación. En el lugar en el que paso la mayor parte del tiempo. -Bueno. Mi padre fue aquella mañana a ver al padre . hijo del diablo! -exclamó el caballero. sepa su señoría -dijo mi padre. (Mi padre explicó después que se trataba de un caballo de carreras que había sufrido una grave caída al saltar la gran valla que rodea la cañada. si bien. Cuando volvió en sí. te lo puedo asegurar. ydesde luego mucho más de lo que me convendría. Me preocupa mi pierna derecha. No es mi alma -prosiguió sentándose enfrente de mi padre-. salvo el pequeño recreo de que dispongo para echar un vistazo por aquí. Dicho lo cual. a la que quie-ro que le des un achuchón o dos hasta que encaje el hueso en su sitio. ya que todos están siempre sedientos y beben más agua de la que pueden transportar mis piernas. mi padre comprendió que no le valía escurrir el bulto. a quien no le hacía ninguna gracia andar toqueteando a un espíritu-. así. Y precisamente lo que más me fastidia es la invalidez de mi pierna. que no seré yo el insolente que haga semejante cosa a una persona tan eminente como su señoría. y lo peor es que allí hace muchísima calor y a mí me han encomendado la tarea de ayudar a llevar elaguas aunque me dan muy poco a cambio. so necio -exclamó el caballero-. y ahora tira con todas las fuerzas que te queden. que es lo que más ansía. y eso es todo. el caballero salió despedido por encima de la mesa. no es mi alma lo que más me preocu-pa. la gente donde me encuentro es terriblemente aficionada alagua fría. agarró con fuerza la pierna y empezó a tirar y a tirar hasta que el sudor empezó a bajarle por la sien. el alegre sol matutino se filtraba entre los posti-gos de la ventana. una tarea de lo más engorrosayaburrida.) -Espero -dijo mi padre. por todas las Potestades y Dominaciones que no dejaré un hueso de tu esqueleto sin triturar. Toma. arréglamela bien. pese a lo astuto que era. déjate de monsergas. para tu conocimiento. y él se hallaba tumbado boca arriba. -¡Tira más fuerte. con la pata de un butacón viejo arrancada de cuajo en una mano. Al oír aquello. Por tu salud. aquí está mi pierna -dijo el caba-llero levantándola para que se la cogiera-. de lo contrario. tengo que andar mucho más de lo que andaba antes.

salvo el contorno de su silueta definido por el tenue arrebol de una vela agonizante. La figura sos-tiene en la mano una lámpara. El curioso tratamiento de la luz constituye. como es habitual en todas sus obras. Hay algunos cuadros que nos impresionan y asombran por la mane-ra especial en que representan no simples formas y combinaciones idea-les que han pasado por la imaginación del artista. este atuendo no es hábito de ninguna orden religiosa.Murphy. le oyó contar a él mismo la terrible historia del cuadro. Sin embar-go. se aprecia la figura de un hombre vestido a la antigua usanza de Flandes en actitud de alarma. En segundo plano. que . el cual esboza una de esas sonrisas enigmáticas que tan bien sientan a una mujer bonita cuando está tramando una jugarreta. Aparte. y casi en la más completa oscuridad. la sobrina de Gerard Douw. pese a que éste es ciertamente exquisito. de mí su vara y deje de amedrentarme su estampa. sobre todo porque prácticamente no volvió a hablar de ello nunca más. el principal mérito aparente del cuadro. y desde entonces hasta el día de su muerte nunca dejó de confesarse ni de ir a misa. sino escenas. pues. el primero y me parece único amor de Godfrey Schalken. en cuyo primer plano aparece una figura femenina ataviada con una especie de túnica blanca. el caso es que nadie supo que hubiera vuelto a pasearse por allí. Y en verdad que así es. ni hay nadie que pueda imponer su mano sobre nosotros dos. El cuadro en cuestión muestra el interior de lo que podría ser la cámara de algún antiguo edificio religio-so. que le cae desde la misma cabeza. Y digo aparente porque su verdadero valor estriba en el tema y no en el tratamiento. Y. SCHALKEN EL PINTOR «Pues es un hombre con el que no tengo nada en común. un retrato perfecto de RoseVelderkaust. o fantasma. que conoció bien al pintor. único foco de luz que ilumina su figura y su rostro. Este cuadro singular posee algo que le imprime carácter de realidad. en cuanto al caballero. » Hay una obra extraordinaria de Schalken que se conserva bastante bien. en el rostro de la figura femenina que ocupa el lugar más destacado del cuadro. y eterniza. ya fuera porque no le había gustado el líquido. como si fuera a desenvainarla de un momento a otro. y lo que contó lo creyó todo el mundo. ya por haber perdido su pierna. pues registra fidedignamente una escena extraordinaria y misteriosa. la mano sobre la empuñadura de la espada. Mi bisabuelo. rostros y situaciones que han existido en la realidad.

El sol ya se había ocultado y el agonizante crepúsculo estaba deviniendo en noche oscura. -¡En qué maldito momento se me habrá ocurrido pintar este tema! -exclamó el joven-. para no sentirse satisfecho de su obra. eran numerosas las raspaduras y correcciones de que habían sido objeto el santo y el demonio. aunque todas ellas en vano. si hemos de creer lo que se cuenta. y. si me dan la venia. Era una composición reli-giosa que representaba las tentaciones de un rechoncho san Antonio. pese a no tener una espe-cial inclinación religiosa. Huelga decir que sus esfuerzos se intensificaron a partir de entonces y que. a la luz del último resplandor del crepúsculo. y. El relato y el cuadro se han convertido en una especie de patrimonio de nuestra familia. ay. se vieron coronados por el éxito. A pocas personas les sienta tan mal el manto del romance como al zafio Schalken. Pero aquellos intensos esfuerzos y las esperanzas que los sostenían y embellecían estaban. hombre desgarbado pero diestro pintor de óleos que deleitan a los críticos de nuestro tiempo casi tanto como sus modales repugnaron a los refinados de su tiempo. En la espaciosa y vieja estancia reinaba un gran silencio. Un buen día le declaró sus sentimientos y arrancó de ella una res-puesta afirmativa. obstinado y desaliñado en el cenit de su celebridad. Pero había ganado el corazón de su queridaRose Velderkaust. poseía la delicadeza y gentileza que acompañan a las bellas y rubias doncellas flamencas. Se sentía furioso y mortificado ante aquella producción inacabada. maldito santo! En aquel momento oyó cerca una especie de resoplido seco que le hizo volverse bruscamente y percatarse de que su trabajo estaba siendo observado por un desconocido. así. Y su amor no quedó sin recompen-sa. voy a intentar relatar. dejó a un lado los colores y se aplicó en terminar un esbozo en el que había puesto un empeño extraordinario. a pesar de su temperamento flemático. durante la cual tendría que hacer frente a innúmeros obstáculos. aunque tímida. A un metro y medio por detrás de él se hallaba un anciano envuelto en una capa y tocado con un sombrero cónico de ala ancha. la tradición oral que circula asociada al mismo. en sus días menos gloriosos pero más felices fue el protagonista de un exaltado romance lleno de misterio y pasión. y. en la mano. . Un día en que Schalken se hallaba trabajando en el taller después de que sus compañeros se hubieron marchado ya a sus casas. Schalken llevaba unas dos horas traba-jando de esta guisa. tan tosco.RoseVelderkaust era más joven que él. El joven artista poseía suficiente discernimiento. portaba un largo bastón de ébano rematado por lo que parecía. entre los pliegues de la capa. La paciencia del joven pintor estaba agotada. una cabeza maciza de oro. ¡Maldito cuadro. como anochecía deprisa. Pero había algo que empañaba su júbilo: era pobre y desconocido. este hombre. sin embargo. como prueba su perdurable celebridad. lo cual suponía media batalla ganada.luego le regaló. una vez descrito el lienzo. Y ahora. Primero tenía que labrarse un nombre y ganarse la independencia profesional. una perturbación tan extraña y misteriosa que torna inútil toda investigación y arroja sobre la propia historia una sombra de terror preternatural. destinados a sufrir un inesperado contratiem-po. pues no había alcanzado aún los diecisiete años de edad. Mientras con una mano se apartaba de la frente sus luengos mechones. con la otra blandía el trozo de carboncillo que tan mal había cumplido su cometido. maldito diablo. sin éxito aparente. y cuyas manchas se dispuso ahora a limpiarse en sus holgados calzones flamencos. sabía que le esperaba una época dura llena de incertidum-bres y desabrimientos. se distinguían los eslabones de una cadena del mismo metal. y. Era el pintor más dichoso y orgulloso de toda la cristiandad. que llevaba protegida por una especie de guantelete. se enamoró perdidamente de la bella sobrina de su adinerado maestro. en el pecho. El joven pintor la adoraba y amaba con toda su alma. y no se atrevía a pedir al viejo Gerard la mano de su preciosa pupila. En sus años jóvenes Schalken estudió con el inmortal Gerard Douw. Así pues.

Minheer Vanderhausen. desde la que se podía ver puerta de la calle (entre la puerta del estudio y la de la calle había u pasillo bastante largo. desea hablar con él mañana. En mi vida había oído ese nombre hasta ayer. señor. se quedaron vacíos. su misterioso visitante. de Rotterdam.que Minheer Vanderhausen. -Minheer Vanderhausen. El joven sintió curiosidad por. Sin embargo. pues no había ninguna otra salida. por lo que Schalken sabía que el viejo y extrañar visitante no habría podido alcanzar la calle entre tanto. junto con su porte firme y tieso. con un esfuerzo sin duda desproporcio-nado con la no probada gravedad del momento. ¿no es así? -Así es. -¿No dijiste. Aquella persona des-prendía tanta gravedad e importancia. tan pronto se hubo repuesto de su sorpresa. de Rotterdam. pero cierta cantidad de pelo negro que le asomaba por debajo del sombrero. permitían supo-ner que sus años no sobrepasaban la sesentena. el desconocido se volvió bruscamente y. Eso es todo.. No. cuyo sombrero impedía que se le vieran los rasgos de la cara.La estancia estaba tan oscura que no se veía nada más allá de aquel personaje. Había llegado de nuevo el final de la jornada y todos los caballetes. O tal vez se trate de un pariente pobre que quiere ser aprendiz mío. ¿Qué puede querer de mí?= Lo más seguro que le haga un retrato. consultando un reloj grande y redondo como una naranja-. Bueno. señor -contestó el aprendiz.. o tal vez se había escondido en un rincón del pasillo con algún fin siniestro? Esta última posibilidad suscitó en su ánimo una vaga desazón. ¿Se había esfumado como por ensalmo. Lo cual lo dejó harto perplejo. lo invitó educadamente a tomar asiento y le preguntó si traía algún recado para su maestro.que la hora fijada eran las siete de la tarde según el reloj del Ayuntamiento? -Acababan de dar las siete cuando lo vi.acercaba la hora convenida-. tras cerrar bien la puerta y meterse la llave en el bolsillo. tranquilidad que el irritado artista consiguió reprimir el amago de comentario hostil que había empezado a aflorarle a los labios. conjuró todo el valor que le quedaba y. ¿no? . por la noche a esta misma hora. Gerard Douw se había puesto a pasear por la estancia nervioso e impaciente. Así que se llama Minheer Vanderhausen. sobre un asunto de especial importancia. más frecuentemente. Así. Godfrey -exclamó Douw volviéndose a Schalken tras una larga y minuciosa indagación desde su puesto de observación. -dijo para sí Gerard Douw cuando se. ora deteniéndose a mirar el trabajo de alguno de sus alumnos ora. -Un hombre ya mayor y ricamente vestido.. salvo el de Schalken.con paso rápido pero silencioso. tuviera tiempo de articular una respuesta.. pronto saldremos de dudas.. sea lo que sea. -Pues entonces ya se acerca la hora -dijo el maestro. de Rotterdam.) Pero esta maniobra suya resultó vana. y había un algo tan extraño y hasta se podría decir tan aterrador en su perfecta. sin atreverse a respirar siquiera hasta que salió a la calle. sin mirar a derecha ni izquierda atravesó el pasillo que hacía poco había atravesado -si es que no seguía allí todavía-. no hay nadie en Rotterdam que me pueda dejar una herencia. acercán-dose a la ventana para ver a los transeúntes que pasaban por la calle oscura donde se hallaba situado su estudio. O alguien con una colección que tasar. -Di a Gerard Douw -sentenció con el mismo ademán impasible. quela quitó las ganas tanto de seguir solo en la habitación como de aventurar-se a salir al pasillo. pétrea. No habría resultado fácil adivinar la edad del intruso.. Transmitido el mensaje. y a ser posible en esta misma habitación. salió de la habitación antes de que Schalken. ver qué dirección tomaba aquel burgués de Rotterdam al salir del estudio. 0. y a tal fin se dirigió veloz a la ventana.

y casi blanca por el paso del tiempo. el cual quedó tan asombrado de su peso como de la brusquedad con que el desconocido se lo había dejado. bien. invitó al desconocido a tomar asiento. Apostaría una docena de florines a que su señoría se habría quitado rápidamente la careta pidiendo piedad para un viejo conocido. le pareció a Schalken. En aquel momento. parecía estar enteramente recubierto de plomo. que también abrieron con cierta dificul-tad. en espera de sus órdenes. atravesan-do velozmente dos o tres callejuelas. Éste ocultó su preciosa carga bajo los pliegues de la capa y. sino que se hallaba realmente en presencia de alguien importante. pues. Claro que.. -Aquí llega. -Entonces que lleve este cofre a un joyero para que tase el valor de su contenido y vuelva con el certificado de la tasación. Mientras decía aquello. se lo dio a Schalken para que fuera a cumplir el encargo. de la mejor calidad. Volviéndose bruscamente hacia la puerta. resulta ser una farsa monta-da por Vankarp o algún bromista como él? Me gustaría que hubieras tenido valor para liarte a palos con el viejo burgomaestre. si es que tiene inten-ción de ser puntual. no podía ser joven. colocó un cofrecito de unos veinte centíme-tros cuadrados en manos de Gerard Douw. De acuerdo con las órdenes del desconocido. sacó de la capa el cofre de Vanderhausen. tras pedir al pequeño hebreo que lo llevara al lugar más secreto.. -Creo saber que su señoría desea hablar conmigo -continuó Douw-. un día antes. el sonoro reloj del Ayuntamiento empezó a des-granar las siete campanadas. señor -dijo Schalken en voz baja. como el que suelen llevar los burgueses acaudalados y respetables. -De total confianza -confirmó Gerard. Gerard Douw pudo ver a la misma figura que. perfectamente colocados y. al final. si no. sin dudarlo se quitó el sombrero y. contenía un montón de lin-gotes de oro.-Sí. -Así es -contestó el visitante lacónicamente. de Rotter-dam.¿y si. a modo de admoni-ción. ¿no es así? -dijo Gerad Douw. El visitante hizo un amago de movimiento con la mano. y debajo apare-ció un cofre de madera dura. los ojos de maestro y aprendiz se habían quedado fijos en la puerta y Douw esperó a la última campanada para exclamar: -Bien. pero permaneció en pie. Éste. aquí me tiene. Protegidos por dos o tres capas de lino. -Tengo el honor de estar ante Minheer Vanderhausen. Había algo en el porte de aquel personaje que al punto convenció al pintor de que no se trataba de ninguna mascarada. con un saludo cortés. con la superficie muy arañada y ensuciada. cuya planta baja estaba ocupada a la sazón por una orfebrería regentada por un judío. Godfrey. como agradeciendo este gesto de cortesía.. pronto recibiremos a su señoría. según la primera impresión del judío.. Iluminado por una lámpara. la retiraron parcialmente. por lo que pude ver -contestó el alumno-. se detuvo en una casa que hacía esquina. había saludado tan inesperadamen-te a su alumno Schalken. que se había situado detrás de su maestro. estuvo tocando y sobando todos y cada uno de los lingotes del glorioso metal con un pla-cer . Penetró en la tienda y. -¿Es de total confianza este hombre? -preguntó Vanderhausen vol-viéndose hacia Schalken. puesto que ya lo conoces. así. tú te quedarás a esperarlo. aunque tampoco muy viejo. y su atuendo era rico y austero.

miento demasiado bueno. y espero que. Usted visitó la ciudad de Rotterdam hará unos cua-tro meses. tras dos o tres carraspeos preliminares. una vez que el aprendiz había marchado a llevar a cabo su encargo. pues éstos distaban mucho de ser linajudos. ¿No le parece una disposición generosa? Douw asintió. deberá cerrar el trato aquí y ahora. El muchacho volverá dentro de un par de minutos con una suma cuyo valor es cinco veces superior a la fortuna que su sobrina tiene derecho a esperar de su marido. plenamente convencido de que aquella fortuna era extraordinariamente favorable a su sobrina. Si aprueba mi propuesta. -Deseo -dijo el misterioso caballero. pues. pero no se atrevió a expresar su sorpresa. a su sobrinaRoseVelderkaust. habida . al entrar al estudio. será exclusivamente para ella mientras viva. rezó para sus adentros para que volvie-ra pronto Schalken. sensación que no le permitió decir nada que pudiera ofenderlo en lo más mínimo. en cuanto a las demás objeciones. Schalken volvió sobre sus pasos y. pero debe comprender que ella dispone también de su libre albedrío y que puede no estar de acuerdo con lo que nosotros consideramos ventajoso para ella.especial.poner en sus manos cuanto antes la prueba de mi riqueza como garantía de mi trato generoso para con su sobrina. encontró a su maestro y al desconocido conversando porfiadamente. en cuya ocasión vi. los volvió a poner en su sitio mientras exclamaba: -¡Mein Gott. pensó. Vanderhausen se había dirigido a Gerard Douw en los siguientes términos: -Esta noche no puedo entretenerme con usted más que unos minu-tos. pues tenía una dote muy modesta. junto con su dote.de que la alianza que usted propone sería a la vez ventajo-sa y honrosa para mi sobrina. Gerard Douw quedó enormemente sorprendido de la comunicación que acababa de hacerle Minheer Vanderhausen.qué perfección! ¡Ni un grano de aleación! ¡Qué belleza. secundará mi solicitud haciendo uso de la autoridad que le asiste. para que disponga de la manera que le parezca más adecuada para los intereses de su pupila. aquel desconocido.Roseno podía esperar un casa. -No trate de embarullarme. y. y Gerard Douw. que debía enteramente a la generosidad de su tío. Es el caso que deseo casarme con ella. debía de ser a la vez muy acaudalado y generoso. usted es su tutor y ella su pupila. Con anterioridad. Con el ansiado documento en el bolsillo y el magnífico tesoro bien guardados bajo la capa. después de examinarlos detenidamente. por lo que trataré de resumirle en pocas palabras el asunto que me ha traído hasta aquí. señor pintor -soltó Vanderhausen-. pues no puedo esperar cálculos ni dilaciones. si le convenzo de que soy más rico que cualquier hombre con el que usted haya podido soñar casarla. el pintor notó una especie de frío y opresión -como dicen que ocurre cuando uno se encuentra junto a un objeto que produ-ce antipatía natural.todo el tiempo que estuvo en presencia de aquel estrafalario desconocido. en la iglesia de San Lorenzo. Ella será mía si así lo dispone usted. qué hermosura! Después del escrutinio. sin saber por qué. y semejante oferta no se podía despreciar aunque proviniera de un tipo raro o de una persona de presencia no demasiado atractiva. el judío certificó de su puño y letra que el valor de aquellos lingotes sometidos a tasación ascendía a no sé cuántos miles de táleros. El hombre de Rotterdam avanzó un poco mientras le hablaba. como tampoco podía presumir de sus orígenes. al margen de la prudencia y cortesía dictadas por la ocasión. Esa suma quedará en manos de usted.Geralddecidió-y. -No me cabe la menor duda -dijo Gerard.

. Si le convence el oro que voy a dejar en sus manos. no logrará saber de mí más que lo que yo decida revelarle. y Gerard firmó aquel importante documento. y mi oro.no prestarles atención por el momento. pues ya me estoy aburriendo.cuenta de las costumbres de la época. supongo. tras hacer entrega al desconocido del cofre y de la tasación efectuada por el judío. Mientras decía esto sacó una cajita con material de escribir. Sin embargo. tenía derecho a ello. preguntó: -¿Da su consentimiento? El pintor le dijo que le gustaría disponer de otro día para reflexionar. de Rotterdam. es el caso que desconozco absolutamente todo sobre su familia y rango. . Haga el favor: de no aburrirme con sus preguntas.tante-. -Ni una hora más -dijo el pretendiente con ademán impasible. Finalmente. y no desea que mi propuesta se retire de inmediato. -En cuanto a mi respetabilidad -dijo el desconocido con tono cota. Dicho lo cual. Yyo le haré ver que lo considero indispensable. a su sobrina. Mientras el pintor leía con atención dicho contrato a la luz de un titilante candil colgado en la pared opuesta. -Entonces firme inmediatamente -dijo Vanderhausen-. etcétera. Doy mi consentimiento.. pero Vanderhausen le dijo que esperara. pensándolo bien. Schalken. «Es un viejo bastante irritable». no tengo derecho a rechazar su oferta. pensó Douw.debe usted darla por descontada por el momento. «Le gusta salirse conla suya. alguno en enterarme enseguida al respecto. -Volveré mañana a las nueve de la noche a ver al objeto de nuestro contrato. Es un buen trato. Y Godfrey Schalken fue testigo. se dispu-so a retirarse. Gerard Douw.» -No se comprometerá usted innecesariamente -dijo Vanderhausen adivinando y parafraseando misteriosamente lo que acababa de pensar su interlocutor-. -Bueno. Gerard Douw. su oferta es generosapero. si no hay más remedio. pero. de un acto que lo privaba para siempre de su queridaRoseVelderkaust. le pasó un documento en el que figuraba por escrito que él. no pienso comprometerme innecesariamente. independientemente de las dudas que yo pueda tener para cerrar el trato de inmediato. si es usted mezquino. -Señor -dijo dirigiéndose al desconocido-. Wilken Vanderhausen salió raudo de la estancia con un saludo frío. -dijo Douw con un esfuerzo enor-me-. y acto seguido entregó a su vez el cofre y el certificado a Gerard Douw y permaneció un rato en silencio mientras éste cotejaba ambas cosas con lo estipulado en el contrato que tenía en sus manos. entregaba en matrimonio a Wilken Vanderhau-sen. si es usted honorable. el extraño visitante lo plegó y metió con parsimonia en un bolsillo interior. pero se comprometerá si es necesario. como ya hemos dicho. Una vez firmado el contrato. Dicho lo cual. entró en el estudio y. sin saberlo. Ya tiene suficientes garantías de mi respetabilidad: mi palabra. antes de que me vaya debe usted haber firmado este compromiso.RoseVelderkaust. Pero supongo que no tendrá usted reparo. antes de una semana a partir de aquella fecha. -Que este joven sea testigo del trato -dijo el viejo pretendiente.

Gerard llamó a Schalken. el hechizo de amor que producen suele resultar irresistible para cualquier cerebro o corazón masculinos. sino por simple miedo al ridículo. En una mano llevaba el bastón y el sombrero. pero. es poco probable que hubiera considerado esto como óbice para que se cumplieran los deseos de Minheer Vanderhausen. que estaba a punto de mar-char a su sombría casucha. Al día siguiente. algo toscas pero sobradamente confortables. aunque. y ya por entonces antiguo salón. tesoro. esa preciosa carita te va a traer suerte. y.mi pequeña. después de comer. Al caer la tarde.Schalken. un espectro ataviado como Minheer Vanderhausen. pues. de negro azabache. aunque sus rasgos no habían sido vistos nunca antes por ninguno de los allí presen-tes. Gerard Douw mandó venir a su sobrina y. Pero dejemos eso. No quiero que piense que somos pobres o desaseados. ponte todo lo guapa que puedas. que le subían hasta más arriba de las muñecas. que con los resplandores de la lumbre parecía de oro pulido. y la otra le colgaba pesadamente a un lado. la cogió de la mano y le dijo con tono paternal. no sólo se habría visto obligado a confesarle que no había visto su rostro sino que tampoco sabía quién era realmente. Schalken no sospechaba todavía la amenaza que se cernía sobre el más querido de sus proyectos.-Rosese sonrojó y sonrió-. mi querida mozuela. a nuestros flemáticos holandeses(Roseestuvo a punto de proferir un grito de terror. Poco después. estaba ya preparada para la cena. si bien hablaron muy poco por el camino. Por su parte. Dicho lo cual. Gerard Douw tampoco estaba al corriente de la atracción mutua existente entre el aprendiz y su sobrina. que le ocultaban por completo la nuca. la altura eran los mismos. qué rostro! . Gerard Douw y su aprendiz se encontraban en el seño-rial. En todo esto no había nada particular-mente objetable. que se había engalanado para reci-bir al desconocido. estaban las sillas de alto respaldo. En aquella época el matrimonio era ocasióny objeto de trueque y especulación. que acababa de quitarse. unos calcetines de seda púrpura recubrían sus piernas. a su alrededor. y ten preparado el salón para las ocho de esta noche. sin quitar los ojos de su bonita e inocente cara: -Rose. Un fuego animado chisporroteaba en la chimenea. esperaba la llegada del visitante con especial impaciencia. ansioso de despejar sus dudas. se dirigió a la estancia donde estaban trabajando sus alumnos. Espero a un amigo. y casi aterrorizó. el pintor no comunicó a su sobrina el paso impor-tante que había dado con relación a ella. y le pidió que fuera a su casa a cenar en com-pañía deRosey Vanderhausen. pero ¡Dios mío. Siguieron unos pre-miosos pero decididos pasos primero escaleras arriba y luego a lo largo del pasillo. los ademanes. compuesto por Rose. y a cualquier tutor le habría parecido tan absurdo dar importancia a la atracción mutua en semejante acto contractual como redactar los vinculantes aspectos financieros del mismo en términos sentimentales. a modo de guanteletes. que no le llegaba del todo a las rodillas. si le hubiera pedi-do la descripción de su futuro esposo. A las nueve en punto se oyeron unos golpes en la puerta de la calle y alguien fue rápidamente a abrir. que el tiempo apremia. Es muy difícil que se den en una misma persona una carita y un temperamento como los tuyos. Sobre los pliegues de la le caían abundantes y luengos mechones entrecanos.) Era el esperado. El pequeño grupo. no porque previera oposición por su parte. cerca de la cual una mesa antigua. Por supuesto que aceptó la invitación. Confía en mí. que pronto te casarás. los andares. de haberlo esta-do. pues a ambos les sobraban motivos para reflexionar. da la orden de que nos sirvan la cena a las nueve. Iba envuelto en un gabán oscuro. Sin embargo. no vio salir a nadie. Luego marchó del taller en compañía de su maestro. se había acercado a la venta-na para ver desde allí la salida del desconocido. llevaba las manos enfundadas en un par de guantes de cuero espeso. Mira. cuando se dan. La abertura delante-ra del gabán dejaba ver un traje muy oscuro. y sus zapatos iban adornados con rosas del mismo color. y dispuestas en orden riguroso. tras mirarla de arriba abajo con aire satisfecho.su tío y el joven artista. En cualquier caso. alarmarse y esperar. por fin la puerta de la habitación se abrió lentamente e hizo su aparición un personaje que sobresaltó. para su asombro y casi terror.

terciopelos. y. pero me consta que es rico y generoso. eran casi negros. joyas. así como un paquete dirigido a Gerard Douw que contenía un contrato de matrimonio debidamente redactado entre Wilden Vanderhausen. Estas dos peculiaridades. los ojos. etcétera. pese a no tenerlas tam-poco todas consigo-. algo indefinible que no era natural ni humano. los labios. había una especie de quietud fúnebre en toda su persona. -¡Silencio. maestro en el arte de la pintura. estas dos virtudes bastarían para contrarrestar su deformidad:si no bastan. Sin embargo. Había algo indescriptiblemente raro. -¿Sabes una cosa. con una muda inclinación de cabeza. y. Gerard Douw halló por fin el valor y la serenidad suficientes para invitarlo a entrar. Vanderhausen privó al pintor de Leyden de su nefasta pre-sencia. no dejaba de agradarle bastante. durante su visita no se quitó los guantes ni una sola vez. éstos conservaron la suficiente sangre fría para fijarse en dos cosas bastante extrañas de su visitante: durante todo el tiempo que estuvo allí sus ojos no se cerraron ni movieron una sola vez. Un hombre puede ser más feo que el diablo y. joven necia! -la conminó Douw. Era curioso cómo aquel venerable desconoci-do parecía esforzarse por exhibir su carne lo menos posible. estaba decidido a no permitir ninguna alusión de su sobrina a la fealdad de su futuro esposo. todo su semblante despedía un aire sensual. sin embargo.Cuando lo vi junto a la puerta no pude dejar de pensar que estaba viendo a la vieja estatua de madera poli. de Leyden. también de la misma ciudad. -Querido tío -exclamóRose-. así. en todos sus movimientos. contenía asimismo el compromiso por parte de Vander-hausen de hacer a su novia unas concesiones más espléndidas todavía que las que había esperado su tutor. maligno y hasta satánico. del muelle del Pescante. para alivio general. es cierto que este hombre no tiene un rostro atractivo. en conjunto. Gerard rió. por otra parte. . sí bastan para que no lo consideremos un obstáculo.Toda la carne era de color azul plomo -esa coloración generalmente provocada por medicinas metálicas administradas en cantidades excesivas-. sugerían un estado indefinible de trastorno.¡qué hombre tan espantoso! No me gustaría volver a verlo ni por todo el oro del mundo. que cuando se cuentan pueden parecer poco relevantes. Después de permanecer un buen rato en el umbral de la puerta. y. que presen-taban una proporción exagerada de blanco turbio. cromada que tanto me asustó en la iglesia de San Lorenzo de Rotterdam. si su corazón es bueno y obra con rectitud. El desconocido habló muy poco durante su visita. que no excedió la media hora. sobrina de Gerard Douw. y. Por fin. de Rotterdam. era como si sus miem-bros estuvieran gobernados y movidos por un espíritu no acostumbrado a la maquinaria corporal. y el propio anfitrión apenas tuvo valor suficiente para articular unas cuantas frases de cortesía: el terror nervioso que inspiró la presencia de Vanderhausen fue tal que se habría necesitado muy poco para que sus anfitriones salieran huyendo despa-voridos. en segundo lugar. a tono con el resto del rostro. A la mañana siguiente llegaron de varios puntos de la ciudad ricos presentes paraRoseen forma de sederías. vale más que todos los petimetres emperifollados que se pasean por la calle mayor. el que pareciera totalmente desprovis-ta del pavor misterioso que sentían hacia el desconocido tanto él como su aprendiz Godfrey Schalken. yRoseVelderkaust. y. y de garantizar a la misma el usu-fructo de la manera más irreprochable posible: se dejaba el dinero en manos del propio Gerard Douw. tío? -dijoRose-. Querida. aunque no pudo por menos de reconocer en su fuero interno la justeza de aquella comparación. el pequeño grupo oyó cerrarse la puerta tras él. para modificar su aspecto exterior. aunque fuera diez veces más feo tose vía. si bien. Sin embargo. producen un efecto muy fuerte y desagradable cuando se ven y observan. el desconocido penetró en la estancia. y hasta horrible. a la vez que le causaba cierta perplejidad. fruto de la ausencia de movimiento respiratorio en el pecho. lo reconozco.

Pasó dos días o tres sin acudir al taller. Transcurridos varios meses. Poseía la dirección completa en Rotterdam de Minheer Vanderhausen y. y el novio. que debían exigirse en sumas trimestrales. permanecían en sus manos sin que nadie los reclamara. Gerard Douw. y Schalken vio cómo el tesoro por cuya existencia habría arriesgado su propia vida le era arrebatado con solemne pompa por su repelente rival. aunque no se le alcanzaba con qué fin había actuado de aquella manera. hasta la litera. a la que profesaba un sincero y profundo afecto. pero nadie le facilitó una sola pista sobre el obje-to de sus pesquisas. una pequeña comitiva de hombres sobriamente vestidos. y cada día que pasaba sin tener noticias de su sobrina. que tenía los ojos empapados de lágrimas y las manos encogidas por el miedo. A partir de entonces. que levantaron al punto y portaron en dirección de la ciudad. sumidos en una silenciosa y deliciosa melancolía. Bajó a mirar en el interior del vehículo y encon-tró una bolsa cuyo contenido triplicaba ampliamente la tarifa del viaje. casi convencido. Asimismo. El relato que presento aquí rebosa de sordidez. pero que. y a la promesa previamente expresada por ambas partes. habida cuenta de lo tarde que era y de lo soli-tario que estaba el camino. sus digestiones se vieran repentinamente interrumpidas. No se le alcanzaba cómo aquel hombre de aspecto tan honorable podía ser semejante villano. más perplejo y preocupado que antes de emprender aquel viaje. Ciertamente. El cochero había frenado al punto. decidió viajar a dicha ciudad -viaje que. al ver lo que vio: aquellos extraños individuos posaron sobre el suelo una litera antigua de gran tamaño. era deglutida por las sombras de la noche.para asegurarse de la seguridad y bienestar de su pupila. a la antigua usanza. de la magnanimidad de los pupilos ni de los tormentos o arrobos de los amantes. Sin embargo. contrariamente a lo que él esperaba. cada día que pasaba su inquietud iba en aumento. después de lo cual condujo a ésta. sus temores aumentaban en vez de disminuir. unos dos kilómetros antes de entrar en la ciudad. a la puerta de la calle. pedía a Schal-ken cada vez con mayor frecuencia que lo acompañara a cenar. Una noche en que el pintor y su alumno se hallaban sentados junto a la lumbre. estaban llamando con vehemencia. Los inte-reses del dinero. sólo en cierto modo. no tuvo ninguna noticia de su sobrina ni de su honorable esposo. de que iban a ser víctimas de alguna fechoría. se dirigió presuroso al establecimiento donde Vander-hausen había alquilado el pesado -pero para la época lujosísimo. por lo que no tuvo más remedio que regresar a Ley-den. sus temores se disiparon. habían llegado a Rotterdam al anochecer. tras una opípara cena.En esta historia no hay ninguna escena sentimental que describir. Pero su búsqueda resultó vana. Vanderhausen había come-tido un fraude en el contrato suscrito con él. El cochero le dijo que. por cierto. se apeó y ayudó a la novia a hacer lo propio. tras un período de vacila-ción. en la que ambos se aco-modaron. A su llegada. para vencer la tristeza que solía invadirle principalmente al final de la jornada. con barbas en pico y mostachos. El cochero holandés vio cómo. Gerard Douw no dejó ninguna casa del muelle del Pescante sin visitar. Las preguntas del criado que fue a averiguar la causa de aquel ruido tuvieron como respuesta nuevos y más violentos . Nadie había oído hablar en Rotterdam del tal Minheer Vanderhausen. Aquel misterio se convirtió en motivo de permanente angustia y aflicción para Gerard Douw. y no tenía nada más que añadir acerca de Minheer Vanderhausen y su bella dama. el contrato de matrimonio quedó debidamente firmado. no entrañaba ninguna dificultad especial.carruaje que lo había llevado a Rotterdam a él y a su flamante esposa. ni tampoco se habla de la crueldad de los tutores. frivolidad e inmisericordia. con-siguió trabajar con mucho mayor empeño que antes: el estímulo del amor había dejado paso al estímulo de la ambición. aunque con menos alegría. tras abrir la portezuela del coche desde dentro. antes de que ésta se hubiera alejado demasiado. luego volvió y. Eso era todo lo que había visto. la pérdida de su gentil compañía lo había dejado muy deprimido. mejor dicho con desesperación. se había cruzado en la carretera impidiendo el avance del carruaje. Los hombres rodearon luego la litera. tras un largo viaje con varias etapas. y. Menos de una semana después de la primera entrevista que acabamos de relatar.

Schalken y él portaban sendas velas para que todos los objetos estuvieran suficientemente iluminados. e inmediatamente después unas apresurados pasos escalera arriba. Dios mío! ¡Está ahí! ¡Está ahí! ¡Miradlo: anda por ahí! –gritó señalando hacia la puerta de la alcoba. pero ésta se abrió brus-camente yRoseentró en tromba enlahabitación. cerrado a la apura del cuello. y Schalken se aplicó de inmediato a cortarle un poco. se dejó guiar por ellos hasta el dormitorio.Roseexclamócoresa impaciencia que es fruto del terror: ¡Vino. llamad a un ministro del Señor! -exclamó-. ¡Llamadlo inmediatamente! Gerard Douw despachó al instante a un mensajero y logró conven-cer a su sobrina para que se fuera enseguida a descansar a su dormitorio. pero su vesti-do los sorprendió tanto como su inesperado aspecto: llevaba una especie de sayo de lana blanca. por favor! -volvió a implorar-les-. que ella bebió can una prisa y una ansiedad que los sorprendió a los dos por igual. levantando la vela para que su luz ilu-minara con mayor claridad el interior del dormitorio. Sólo Él podrá liberarme. Los muertos y los vivos no pueden ser la misma cosa: Dios lo ha prohibido. le ofrecie-ron al punto el vino. -¡Oh. no se le ocultaba que algo había entrado furtivamente en la alcoba. El pintor y su alumno oyeron luego abrirse la puerta de la calle. La angustia con la queRoseles imploraba que no la dejaran sola ni un momento acrecentaba aún más su terror. Si lo hacéis. Estaban entrando en esta habitación cuandoRosese detuvo de repente y. Los dos consiguieron reanimarla después de mucho esfuerzo. -¡No me dejéis sola ni un momento. ¡imagen más que mortal del hambre!. Pero no vio a nadie allí. pareció sentir de repente una gran vergüenza. exclamó con la misma urgencia: -¡Comida! ¡Dadme algo de comer. que venga ya el ministro del Señor! -repitió en tono de súpli-ca-. penetró en pos de la sombra que se les había adelantado. dijo: -¡Oh. ella se le adelantó: cogió ávidamente el trozo y lo desgarró y devoró como una fiera. deprisa! ¡O me dais vino (estoy perdida! Asustados por aquella petición. pero. tan extraña como urgente. con un misterioso siseo que a los dos les produjo un escalofrío de terror.golpes en la puerta. Venía muy sucia y perturbada por el viaje. Varias gotas de un sudor frío empezaron a deslizarse por su frente. por el amor de Dios. Tenía un aspecto sal-vaje y los ojos desencajados por el terror y el agotamiento. Al dormitorio de Gerard Douw se accedía a través de una estancia muy espaciosa. pero no arrancaron su consentimiento hasta que no le hubieron prome-tido que no la dejarían sola ni un segundo. Desenfundó la espada y. Schalken creyó ver una silueta oscura e imprecisa penetrar en el dor-mitorio. No me sen-tiré segura hasta que no venga. Una vez recobrado el conocimiento. Schalken se dirigió a la puerta de la habitación. o moriré! Sobre la mesa quedaba un buen trozo de cordero asado. Después de beberlo. pues rompió a llorar amargamente y a retorcerse las manos: -¡Por favor. nada más que los muebles. que iba arrastrando por el suelo. . Cuando el paroxismo del hambre hubo amainado. Sin embargo. estoy perdida. Tras proferir estas misteriosas palabras. o tam-bién pudo ser que otros pensamientos más turbadores y espantosos se hubieran apoderado de ella. Tan pronto como la pobre criatura entró en la estancia cayó desvanecida.

cediendo a su presión. no se atrevió a hacerle ninguna pre-gunta para no reavivar recuerdos dolorosos y horribles que hubieran podido aumentar aún más su agitación. Gerard Douw. la hora intem-pestivay. Está aquí cerca. Lo conozco bien. Gerard Douw empezó a temer. Schalken y Douw volvieron a emplearse a fondo para abrir la puerta. los precipitó dentro de la habitación. no se vaya. Dios lo ha prohibido. Pero su aviso había llegado demasiado tarde. pero los gritos parecieron aumentar en volumen mientras. en medio de la agitación del momento pasó a la sala contigua para traerle lo que pedía. que el terror o los malos tratos hubieran perturbado la mente de la pobre muchacha. Así. está en esta habitación. Sólo se oyó el ruido de unos pasos ligeros cruzando la estancia. desde donde no dejaba de suplicarles que permanecieran a su lado. se descorrían los pestillos de la ventana y ésta chirriaba sobre el alféizar. Casi al mismo tiempo. tan largo y desgarrado que apenas parecía humano. y un segundo después se hizo el silencio. y Schalken se subió a una silla para divisar la calle y el canal. a la que ya me he referido. olvidándose en aquel momento de sus reiteradas órdenes. De vez en cuando repetía: «Los muertos y los vivos no pueden ser lo mismo. decidió pedir consejo médico tan pronto como la mente de su sobrina se hubiera tranquilizado gracias . como empujada por un fuer-te viento. como: «Que los desvela: dos descansen. Estaba vacía.» Hasta la llegada del sacerdote estuvo pronunciando frases inconexas de esta índole.a los buenos oficios del sacerdote cuyos auxilios tan urgentemente ella misma había solicitado. lógicamente. y los sonámbulos duerman. querido tío! -gritó la desdichada muchacha mientras saltaba de la cama y se precipitaba detrás de él para detenerlo. Schalken y su maestro se precipitaron hacia la puerta. que se hubiera escapado de algún manicomio y tuviera auténtico miedo de que sus per-seguidores pudieran atraparla. considerando su aspecto hosco. cuya puerta estaba abierta. y. ¡Por el amor de Dios. entre tanto. pero antes de que tuviera tiempo de empezar. junto a la cama. y hasta llegó a pasársele por la cabeza. alarmada en extre-mo. pero ésta no cedió ni un milímetro. Pronto llegó el sacerdote -un hombre de aspecto ascético y edad venerable-. la fase final de un remolino en las aguas del ancho canal. la puerta dejó de resultarles infran-queable. En cuantoRoselo vio entrar en la habitación le pidió que rezara por ella como se reza por quien se encuen-tra en manos de Satanás y a quien sólo el cielo puede traer un poco de esperanza. El ancia-no sacerdote carraspeó. como si un momento antes éste se hubiera abierto para recibir un cuerpo pesado. trae otra vela! La oscuridad es peligrosa. . como si la hubieran abierto. pues. Para que entiendan cabalmente el suceso que voy a contar ahora es preciso aclarar antes la situación exacta de las distintas partes en juego. está conmigo. sobre todo. exclamó: -¡Godfrey. cerebro sutil y corazón frío. No vio ninguna silueta humana. la puerta que separaba las dos habita-ciones se cerró violentamente detrás de él. o al menos eso creyó él. creyeron oír.y por deseo expreso de ésta. Oyeron en la alcoba gritos incesantes. si queréis salvarme no os mováis de mi lado! Al final lograron convencerla para que se echara sobre la cama. como desde la cama a la ventana.» O decía otras frases arcanas. El anciano sacerdote y Schalken se hallaban en la antesala. tan pronto como aquél hubo traspasado el umbral. una repentina ráfaga de viento apagó la vela que iluminaba la estancia donde se hallaba tendida la pobre muchacha. Un último alarido. y. Está ahí. Una vela ardía en la alcoba y tres en la estancia contigua. No me puede engañar. pero sus conjuntos y desesperados esfuerzos no sirvieron de nada. su actitud agreste y despavorida.-Lo he visto -aseguraba ella-. Pero la ventana estaba abierta. Ya no oían rui-dos de ningún forcejeo ni brega. con ese desgañitamiento que caracteriza al terror desesperado.Rosese hallaba acostada en la alcoba. la cual. se hallaba su tutor. sino sólo. a quien Gerard Douw tenía en gran estima por ser un avezado polemista (sin duda era más temido por su combatividad que amado por su caridad) de moral infle-xible. -¡Por Dios. retumbó desde la alcoba.

se detuvo. demasiado intenso para poder oponerle resistencia. Schalken se dirigió entonces a la iglesia. dejó una fuer-te y duradera impresión en el espíritu de Schalken. que cayó en un sueño profundo. al llegar a las escaleras. Esbozaba aquella misma sonrisa picaruela que había seducido al artista en los años felices de su primera juventud. al instante cayó sin conocimiento al suelo. Llegó la noche. bajó las escaleras. un irresistible impulso a seguir su estela. Schalken estuvo convencido de la realidad de esta visión y decidió legar a la posteridad una curiosa prueba de la fuerte impresión que le había producido: un cuadro ejecutado poco des-pués de dicha experiencia. percibió una figura femenina que iba envuelta en una especie de hábito blanco. y aún seguía sin aparecer. Un sentimiento mixto de terror e interés.) No obstante. Schalken llegó tarde. el cual. que encontró abierta y donde vio que estaba anunciada la ceremonia. si es que de un espectro se trataba. recibió notificación de la muerte de su padre y de su próximo entierro en la iglesia de Rotterdam. para gran sorpresa de éste. no contaba con demasiados asistentes. y el pintor vio con horror la lívida y demoníaca figura de Vanderhausen completamente erguida sobre la cama. estaba tendido junto a un enorme ataúd que descansaba sobre cuatro pequeños pilares. ocurrió una cosa que. en su semblante. que vivía a la sazón muy lejos de allí. sino sobre todo la plasmación pictórica de su primer amor. No había nada horrible. tras unos cuantos intentos vanos por hacer entrar a su huésped en conversación. . Muchos años des-pués de los acontecimientos que acabamos de relatar.Nunca se halló el menor rastro deRoseni se supo nada con certeza de su misterioso cortejador (tampoco hubo nadie que aportara alguna pista en medio de aquel intrincado laberinto y permitiera mantener viva la esperanza. que me parece especialmente valioso por cuanto que en él podemos ver no sólo ese estilo característico suyo que ha hecho que sus cuadros sean tan cotizados. como era costumbre hacer en invierno en tales ocasiones. Allí se sentaron Schalken y su anfitrión. pero. Pero. Estaba en una celda bastante grande en la que nadie había entrado desde hacía mucho tiempo. como los que había inmortalizado Gerard Douw en sus cua-dros. y en un rincón se hallaba una cama de cuatro columnas. al ver paseando por la iglesia a un caballero bien vestido con el propósito declarado de asistir a las anunciadas exequias. Schalken. y portaba una lámpara. tomó un pasillo estrecho a la izquierda y. con cortinajes negros a su alrededor. lo empujaba en pos del espectro. lo introdujo en lo que le pareció un aposento holandés a la anti-gua moda. la luz de la lámpara que llevaba le reveló el rostro y los ras-gos de su primer amor. como se puede suponer. La figura se detuvo también y.RoseVelderkaust. descorrió las cortinas y proyectó la lámpara hacia el interior. donde permaneció hasta que a la mañana siguiente lo descubrió el encargado de la cripta. Sin embargo. el cortejo no había llegado todavía. La aparición. El sacristán. decidió por fin recurrir a su pipa y jarra de cerveza para hacer más llevadera la soledad. los cuales servían de protec-ción contra eventuales ataques de bichos. ésta empezó a avanzar en dirección del tramo de las escaleras de la cripta. el cansan-cio de un viaje precipitado de casi cuarenta horas hizo mella en la mente y el cuerpo de Godfrey Schalken. La siguió unos instan-tes. la figura se volvía frecuentemente hacia él con la misma sonrisa picaruela. Tras restregarse los ojos. Toda la estancia estaba llena de ricos y antiguos muebles. Schalken sintió una vaga alarma ante aquella aparición y. vio también que habían abierto la cripta en que iba a recibir sepultura el cadáver. El cortejo fúnebre tenía que realizar un viaje muy largo y.Rose Velderkaust. A pesar de la tristeza y preocupación del momento. aunque para nuestros lectores más cerebrales no tenga ningún valor probatorio. lo invitó hospitalariamente a compartir con él el calor de una lumbre que. En un primer momento Schalken pensó que el viejo sacristán lo había llamado. que le cubría también la cabeza. ni siquiera tristeza. había encendido en la chimenea de un cuarto que comunicaba con la cripta mediante un tramo de escale-ras. llegada junto a la cama. al volverse. cuyo misterioso destino siempre será objeto de especulación. seguida de Schalken. y con difi-cultad. pero éste ya no estaba en el cuarto. al mismo tiempo. a Rotterdam para asistir al funeral. del que fue despertado por alguien que le dio unos golpecitos en el hombro. Hasta el día de su muerte.

Mrs. podemos decir que la hora triste y tierna del ocaso ya le ha llegado a nuestra entrañable viejecita del norte.. y su rostro es algo más pícaro. están en la actualidad bastante creciditos también.Jolliffe no luce aquel esbelto talle que la había distinguido. tras preparar un poco de esta tonificante bebida. Algunos de ellos lucen ya algu-nas canas entre los mechones morenos. Así. siéntate aquí con nosotras. si no te da miedo. -¿De veras? ¡Qué maravilla! -¡Pero no es uno de esos cuentos que están escritos! No es ningún cuento.EL ESPECTRO DE MADAM CROWL Hace ya unos veinte años queMrs. Quienes recuerdan su rostro bonachón entre los primeros que emergen de las sombras de la inexistencia y le deben las primeras lecciones en el deleitoso arte de andar y balbucear. Su pelo.Jenner-.Jolliffe. y no le pue-den quedar ya muchos más mojones que contar en el camino que la lle-vará a su morada definitiva. tras dejar en manos más jóvenes a la pequeña población que vive en la cuna y anda a cuatro patas. Pero a esta criatura probablemente no le apetezca ahora. arrugó ligeramente las cejas para concentrar-se en lo que iba a contar y alzó luego la mirada con un maravilloso . -¡Qué suerte tiene! -exclamóMrs. De cualquier modo. que se peina con raya en medio y tiene recogido bajo la cofia. la cual entra ahora sonriente en la habitación. le echa los brazos alrededor del cuello y le da dos sonoros besos. La buena mujer obedeció y. y vio allí un fantasma.Jenner-.Jenner-. Ahora tiene más de setenta años. que le cuenten una historia de aparecidos y de fantasmas. tomó un traguito. Pero..pues sus nombres permanecen grabados para siempre en las grises lápidas del camposanto. aún anda tiesa y con paso seguro y ligero. que un día tuvo también en sus brazos a la preciosa Laura Mildmay. si el tiempo madura a unos y marchita a otros.. es ahora más blanco que la nieve. por qué no pre-para primero un poco de té y empieza luego. las cuales no se ven ya por la pradera deGolden Friars. Estos últimos años se ha dedicado al cuidado de inválidos adultos. -¿De fantasmas? Precisamente lo que más me gustaría oír en este momento. -Bueno. -Estaba empezando a contarme lo que le pasó la primera vez que la mandaron a trabajar a casa de una anciana que se estaba muriendo -diceMrs.. aquel «lindo pelo» que ella pei-naba con tanto esmero para luego enseñarlo a las madres asombradas. sino una historia verdadera que vi con mis propios ojos. cariño -dijoMrs. aunque igual de afable. Llega a tiempo para escuchar un cuento. justo antes de irse a la cama.

los muebles antiguos. cerca de Lexhoe. yo les dije que iba a servir a casa de la señora Arabella Crowl. Eran dos caballeros que habían subido también a la calesa. pues yo hablaba con el mayor candor y no se me ocurría ocultarles nada. La buena deMrs. recién salida la luna. Al caer la tarde. y una especie de calesa estaba esperándome en Lexhoe para llevarme hasta Applewale. y yo sabía que la llevaba conmigo. señor -digo yo. Mi tía era allí el ama de llaves. Yo lo miré como diciendo « ¿por qué?». Bueno. me preguntaron adónde me diri-gía. No te olvides de ponerla bajo la almohada todas las noches. Estaba llorando cuando subí a la calesa. pues mi madre me había metido una pequeña biblia en la maleta. con laboiseriede roble. Aquella vieja estancia era un escenario ideal para semejante narra-ción. que era una persona de gran corazón. Y. en el cuarto de mi tía en Applewale. aunque no estaba segura. A veces pienso que a lo mejor estaban bromeando. señor». sino que quería más bien resultarles simpática. creí verlo guiñar un ojo a su amigo. entonces -dice uno de ellos. dentro de la cual se podían vislumbrar cuantas sombras se quisieran. las macizas vigas del techo y la majestuosa cama de columnas con cortinas oscuras. Hacía una hermosa noche de luna. aunque la letra es demasiado pequeña para mis ojos fatigados. pero la noche que llegué a la finca de Applewale tenía sólo trece años. Mrs.vas a durar poco allí. -Ah. me compró medio kilo de manzanas en elGolden Lionpara que me alegrara un poco y me dijo que había un bizcocho de grosella y té y chuletas de cerdo esperán-dome. Tú mírala y obsérvala bien: verás que está poseída por el demonio. y el viejo cochero JohnMulbery. Te protegerá contra las .gesto de solemnidad. es un fantasma en toda regla. -Bien -dice él-. -Porque sí -dice él-.Jenner y la bonita muchacha estaban atentas a los labios de la anciana. todo bien calentito. que parecían concitar terror antes incluso de abrirse. todavía la conservo en mi armario. Yo iba con un poco de miedo cuando llegué a Lexhoe. al ver el carruaje y el caballo me entraron ganas de volverme con mi madre a Hazelden. y más te vale que no se lo cuentes a nadie. y. puso los ojos en blanco y empezó su narra-ción con estas palabras: El espectro demadam Crowl Yo soy ahora una mujer vieja. ¿Llevas alguna biblia? -Sí. y empecé a comerme las manzanas miran-do por la ventanilla de la calesa.Jolliffe carraspeó. Al mirarlo a la cara para decirle «Sí. Es una vergüenza que los caballeros asusten a una pobre muchacha inocente como era yo entonces. en Applewale.

pero tenía muy buen carácter y estaba siempre riendo. pero su pala-bra era ley. y a la hora del té no paraba de contar historias. pero yo era demasiado tímida y su amigo y él se liaron a hablar de otros asuntos. pero era un poco sucia y guardaba la ropa de fiesta bajo llave y llevaba puesto casi siempre un vestido de sarga color chocolate. aunque mi tía siempre fue buena conmigo. y ni cuatro personas con los brazos extendidos tocándose con las puntas de los dedos habrían podido abarcar el tronco de uno de ellos. y todos los crista-les de las ventanas en forma de rombo.Wyvern -mi tía la llamaba Meg Wyvern cuando hablaba con ella yMrs. .era una mujer bastante gruesa y muy alegre de unos cincuenta años. he de decir que cuidé bastante bien a la señora. El corazón me dio un vuelco cuando el vehículo enfiló la oscura ave-nida. y con aquel caserón tan grande delante de mí. con adornos y madroños rojos. y hablaba muy poco. sólo que era una mujer algo intransigente y demasiado callada. casi tan viejos como la vetusta mansión. su ayu-danta. a la que había ido a ser-vir y a la que ya tenía miedo. en todo el tiempo que estuve allí. aunque se debió sobre todo a mi tía y a Meg Wyvern. Pero ésta es otra historia que no viene a cuento aquí. y yo tan cerca de mi tía que no había visto nunca antes. como me veía tan triste y apena-da. y al poco tiempo me apeé. que tenían el pestillo echado en el resto de las ventanas delanteras. Me entró tanto miedo cuando dijo aquello que no os lo podéis imaginar. Tenía más de cincuenta años. y sombras de árboles -dos o tresque se deslizaban por la fachada -se podían contar las hojas-.ChevenixGrowl.garras de la vieja. Yo lo vi sólo dos veces en todo el tiempo que pasé en la mansión de Applewale. que eran unas personas muy responsables y cumplidoras. como os he dicho. que andaba muy despacio. ni dos peniques. con grandes vigas negras horizontales y verticales. El señor de la casa -se llamabaMr. Nunca me dio nada. Por mi parte. y demadamCrowl. además de la vieja señora de la casa. a pesar de todo. Mrs. pues no había más que tres o cuatro criados. amarillos y verdes. No tengo nada que reprocharle. trataba de animarme con sus risas y chascarrillos. Mi tía me besó en el vestíbulo y me llevó a su habitación. sujetos con bisagras al muro exterior.Wyvern cuando hablaba de ella. Era una casa enorme en blanco y negro. esperando que apareciera ante mi vista la gran mansión. y. en Lexhoe. cara pálida con ojos negros. y grandes postigos a la antigua usanza. Era alta y delgada.y era nieto demadam Growl-iba por allí dos o tres veces al año para asegurarse de que la señora era bien tratada. Sentí un nudo en la garganta al ver que se había terminado el viaje. y de repente nos detuvimos delante de ella. yo llevaba la cabeza sacada por la ventanilla. que le duraba muchísimo tiempo. Mi tía me llevó a su alcoba para que descansara un poco mientras ella preparaba el té en su cuarto. Y me habría gustado preguntarle muchas más cosas sobre la vieja señora.y unos gabletes que a la luz de la luna parecían más blancos que una sábana. Cobraba un buen sueldo. que brillaban sobre todo en el ventanal del vestíbulo. y la mayoría de las habitaciones estaban completamente cerradas. pero era una mujer algo severa y creo que habría sido más afectuosa conmigo de haber sido yo hija de su hermana y no de su hermano. y creo que ella me gustaba más que mi tía -a los niños se les gana enseguida con una broma o un cuento-.y manos largasy finas con guantes negros. Los árboles eran espesos y grandes. Bueno.

y allí estaba la rollizaMrs. alegre y parlanchina como siempre (seguro que hablaba más en una hora que mi tía en todo un año.Mrs. y tocar fuerte la campanilla si causa problemas. con paredes recubiertas de roble-. Shutters.Pero primero me dio una palmadita en el hombro y me dijo que estaba muy alta para los años que tenía y que me había criado muy bien. La señora es una vieja bastante quisquillosa. que ya había muerto. Te conviene andar con cuidado con ella. Cuando entré en el cuarto contiguo. -¿Y por qué se marchó de aquí la muchacha. turba y leña. Shutters. Últimamente ha estado tosiendo un poco. ni ciega -me dice ella-. esa pregunta sí puedes hacerla -dice ella-. encontré un fuego estupen-do alimentado con carbón. -Sí.Wyvern. Para lo vieja que es. No sé. pues pierde los estribos y se la llevan los demonios a las primeras de cambio. pero que esperaba que fuera una cris-tiana mejor que él y que no intentara imitarlo. bizcocho reciente y carne ahumada. pero supongo que tendrás que estar sentada en su habitación con tus labores cuidando de que no le pase nada y procurando que se dis-traiga con las cosas que tiene encima de la mesa. tu tía. y me preguntó si sabía hacer las labores elementales de costura. todo en un mismo montón.Judithcuida demadam Growl cuandoMrs. por favor: ¿está bien de salud la vieja señora? -Bueno. y me miró a la cara y me dijo que me parecía a mi padre. Unas palabras demasiado duras para ser la primera vez que ponía el pie en su cuarto. ¿cuál va a ser mi trabajo con la vieja señora? -le pregunto otra vez. y llevarle lo que te pida de comer o beber. -Y otra pregunta. -¿Por qué? -pregunto otra vez. tiene un carácter de lo más fuerte que hay. por favor. y en la mesa té. la que se fue el viernes pasado? Mi tía escribió a mi madre diciéndole que se iba a marchar. -Noventa y tres y ocho meses ya cumplidos -dice ella riéndose-.) Mientras yo estaba aún tomando el té. su hermano. -Ha subido a ver si la viejaJudithSquailes está despierta -diceMrs. No hables tanto. pensé. se ha marchado.Wyvern-. lo que pasa es que está bastante chocha y no recuerda bien las cosas. a tu tía no le gustan las mozas parlanchinas.te lo dirá. -¿Cuántos años tiene la señora? -le pregunto. Te aconsejo que no preguntes cosas de ella delante de tu tía. -¿Con la vieja señora? Bueno -dice ella-. -No le gustó aMrs.y yo estamos haciendo otra cosa. Tú la tomas como es. Shutters-ése era el nombre de mi tía. -¿Está sorda la señora? -No. el del ama de llaves -muy con-fortable. pero ya . -Y dígame. tiene un oído más agudo que un mos-quito.supongo -dice ella-. mi tía subió a ver amadam Growl. y le gusta más que le cuenten Barba Azul a que le hablen de los asuntos de la corte o de la nación. y ya está.

todo el mundo hacía lo que él ordenaba. a un lado del de la vieja señora. sino.) A veces se enfurruñaba y entonces no dejaba que la vistieran ni desnudaran. y. y había también una puerta abier-ta en laboiserie.y yo. pero no conseguí oír ni una sola palabra de labios demadamCrowl (creo que no dijo nada. Tú no nos hagas preguntas y nosotras no te contaremos mentiras. cerró la puerta con brusquedad. conviene que lo sepáis. me fui a la cama. No es más que una prenda para una persona chiflada. Durante todo aquel tiempo. volvién-dose hacia mí cuando más distraída la creía-. zagala. Todos eran muy raros y pasados de moda. le dice: -¡Vamos. Pero en Applewale no quedaba ya nadie con vida que recordara aquellos tiempos. con correas y hebillasy unas mangas más largas que las cortinas de la cama.y veo dentro una extraña chaqueta vieja de cuero. cuando ella muriera. vamos! La muchacha no quería hacer ningún daño. La vieja señora estaba de malas pulgas aquella noche (llevaba así desde después de comer. pues todo era nuevo para mí. Ven aquí. y sus colecciones habrían bastado para llenar siete tiendas por lo menos. pues no estaba acostumbrada a tomarlo. secándose los ojos de tanto reír. que empiezo a sentirme más a gusto en la casa. por lo menos hasta los cien años. Mi cuarto. el rubor le afloró a las meji-llas y los ojos se le iluminaron de rabia. mira a mi tía y. sabían que. Creo que estuvo a punto de darme un buen sopapo. antes bien. ¡Shhh! Ahí viene tu tía por el pasillo. Y. como podéis imaginar. -¿Qué haces ahí? -dice mi tía con un tono bastante brusco. doy unos paseos por la habitación mi-rando las cosas que hay. y el de Mrs. vamos. volviéndola a colgar en su sitio. y me atrevo a decir que tiene cuerda todavía para rato. y creo que el té me había puesto tam-bién bastante nerviosa.Mrs. estaba en el piso de arriba. salvo de vez en cuando en alguna fiesta u ocasión especial. que cobraban un buen sueldo y vivían holgadamen-te. donde permanecí un buen rato despier-ta. reírle las gracias y com-placerla en todo. ¿Qué tienes en la mano? -¿Esto. y yo debía estar atenta a sus posibles llamadas.) Todo el mundo la colmaba de atenciones. Las personas que trabaja-ban en Applewale. El médico venía dos veces por semana a ver a la anciana.está mejor. diciendo: -Mientras estés aquí no metas las narices donde no te importa. No sé qué es. Wyvern estuvo desternillándose de risa arrellanada en su sillón. siéntate y tómate una jarra de cerveza antes de irte a la cama. tía? -digo yo volviéndome con la chaqueta de cuero en la mano-. Al ver que yo estoy llorando. todas sin excepción se quedarían sin trabajo. pero me dio sólo un empujón mientras me arre-bataba aquella prenda de las manos. tía. . Había una cosa que todos tenían bien claro: bajo ningún concepto debían llevarle la contraria ni burlarse de ella.Wyvern hablar y me puse la mano en la oreja para ver si pillaba algo. Era terriblemente aficionada a los vestidos.Wyvern estaba al otro lado. Había unas preciosas piezas de porcelana en el aparador y varios cuadros en la pared. Se decía que había sido muy guapa de joven. A pesar de lo pálida que solía estar mi tía. pero valían una fortuna. Oí aMrs. Pues bien. Y entra mi tíay se pone a hablar conMrs.Wyvern.

entonces me puse a hablar con las ilustraciones y conmigo misma para distraerme un poco. Fue entonces cuando oí por primera vez la que supuse era la voz de la vieja señora. tú bajarás luego corriendo yJudithte ser-virá la cena en mi habitación. se fue. Era una gran habitación. mirando en aquella dirección. Yo seguí hojeando el libro ilustrado. como antes. ¿quién podrá contra nosotros? Seguí con la oreja orientada en dirección de la puerta y conteniendo la respiración. Pero me alegré cuando se terminó el paseo: los árboles eran muy grandes y el lugar umbrosoy solitario. y lloré bastante pensando en mi casa mientras caminaba sola por aquellos para-jes. toda aquella noche. señora. y el día estaba nublado.. donde se encontraba mi tía. Dicho lo cual. y todo el día siguiente. ya sabéis. ni siquiera el ruido de la respira-ción. Wyvern y yo volveremos enseguida. mi tía me dio una hora libre para que fuera a pasear.o un animal. conlas velas ya encendidas y sola en mi cuarto. noté que la puerta se movía y. Me habría gustado ver a la vieja señora. Al atardecer. vi que estaba abierta la puerta que daba a la estancia demadam Crowl. y yo encerrada en mi cuarto cosiendo.Mrs. La habitación estaba iluminadísima: conté hasta veintidós velas de cera. Voy a bajar a tomar mi taza de té. aguzando el oído de vez en cuando. -¡Shhh! -me dice en voz baja con una mano en los labios mientras se acerca de puntillas-. Después de comer. Gracias a Dios que se ha dormido por fin. y también oírla hablar. Cuan-do nosotras hayamos subido. si el Señor está de nuestro lado. vi asomar el rostro de mi tía. lo mismo podía haberme quedado en Lunnon.Pues bien. pero ya no volví a oír nada más en aquella habitación. Me froté las orejas para oír lo mejor posible. Luego la misma voz extraña de la cama dice otra cosa que tampoco logro distinguir. Había también un espejo. como de un ave -no sabría decir cuál en concreto. Al final. todas . no hagas ruido hasta que vuelva. para distraer la mente.. mirando esto y aquello. pero sin oír nada. los pasó acos-tada con la ropa puesta y sin decir palabra. Unos veinte minutos después. su voz parecía un gemido apagado. Sí oí a mi tía contestarle: -Señora. salvo los momentos en que bajé para tomarmi alimento. Pero no pillé ni una sola palabra de cuanto dijo. el Maligno no puede hacer daño a nadie si el Señor no lo permite. Tenía un timbre extraño. Luego me levanté y me puse a pasear de un lado a otro. Y mi tía le vuelve a contestar: -Que pongan mala cara. Para lo que yo estaba haciendo en aquella casa. ¿sabéis qué se me ocurre? Pues' nada menos que mirar dentro del dormitorio de madam Growl. con una inmensa cama de columnas rodea-da de cortinas de seda con flores estampadas que bajaban casi desde el techo hasta el mismo suelo. y digan lo que quieran. pues estaba empezando a tener miedo en aquel cuarto tan amplio. mientras hojeaba las fábulas ilustradas de Esopo. el mayor que había visto en mi vida. Ella seguirá dormida en su habitación.

de ApplewaleHouse. y en aquel instante apareció mi tía en la puerta y lanzó un grito seco y la vieja dama se vol-vió hacia ella. pequeña granuja! ¿Por qué has dicho que yo maté al niño? Te voy a hacer cosquillas hasta dejarte tiesa.Allí estaba ella completamente engalanada. Impo-sible ver algo igual en aquellos días. Y he aquí que de repente abre los ojos.encendidas. Tenía las manos. le coronaba la cabeza y ¡madre mía. todas ellas terminadas en punta. a lo mejor pasan muchos días sin que se me presente una ocasión tan buena...y allí estaba ella tan tiesa y orgullosa.. tenía una nariz retorcida y flacuchay se le veía la mitad del blanco de los ojos. Satén y seda. finalmente. con un abanico en la mano y un ramillete de flores en el corpiño. posa ruidosamente los dos tacones en el suelo y se me queda mirando fijamente con sus dos ojos grandes y vidriosos. me habría dado la media vuelta y escapado rauda. Retrocedí otro poco hacia el rincón y solté un terrible alarido -como si me estuvieran arrancando el alma del cuerpo-. como la dama pintada en la lápida de la iglesia de Lexhoe. riéndose nerviosamente y babeando. Pero así era. con un par de calcetines de seda con espiguilla y unos zapatos de tacones altísimos. sabía que perdería el conocimiento si llegaban a tocarme. pequeñas y arrugadas. arrugada y fofa. y unas cejas postizas pardas. Permanecí junto a la puerta con el oído aguzado mientras contempla-ba embobada la escena. me armé de valor y entré en la habi-tación de puntillas sin dejar de mirar ami alrededor. con una malvada risita en los labios arrugados. ¡Virgen santa. y os aseguro que en mi vida había visto unas uñas tan largas. primero los dedos y luego la mano entera. donde está la vieja señora?» Me consideraréis una descerebrada si os digo que tenía muchísimas ganas de ver amadamCrowl. Al no oír respiración alguna. voy y me acerco a la cama. escarlata y verde. Yo no podía ni soltar la cortina ni moverme ni apartar los ojos. mientras ella seguía chacoloteando como una marioneta. qué espectáculo! Una gran peluca empolvada. des-corro lentamente las cortinas y veo tumbada ante mí. pero aquello era la cosa más espantosa que jamás se había visto. y. y yo pensaba para mí: si no la veo ahora. con los dedos apuntándome a la garganta y haciendo todo el tiempo con la lengua un sonido como «sisss-sisss-sisss». me dice: -¡Oye. Las cortinas están echadas.y yo aproveché para dar media vuelta y atravesar mi cuar-to y bajar las escaleras como una . y no me quedaba más remedio que recular de la manera que podía. Entonces. y comprobar que no se movía ni un pliegue de las cortinas.. Decían que se colocaba ante el espejo ataviada de aquella manera. oro y bordados de filigrana. que se las pegabaMrs. a la famosa madamCrowl. se da la vuelta. Si hubiera pensado un instante. Pero no podía apartar los ojos de ella. Entonces me acerco a mirarme en el gran espejo. queridas. hasta mi corazón parecía haberse parado. pero sus dedos estaban ya a sólo unos centí-metros de mi garganta. empolvada de blanco y las mejillas de rojo. Era un capricho suyo que nadie se atrevía a negarle.Wyvern. Bueno. estoy segura de que os habríais llevado un buen susto ante aquella visión. Pero. se me pasa por la cabeza: « ¿Por qué no echar un vistazo a la cama. pero sigue el mismo silencio sepulcral. y encorvada por la edad. Pero me armo de valor y me deslizo entre los pesados cortinajes. ¡Dios mío!. Un cadáver no deja de ser una cosa natural. pegadas a los costados. y las piernas me tiemblan. Espero un poco. que deja ver una gran dentadura postiza. Yo seguía retrocediendo. cuánto pellejo! Tenía la garganta. Tal vez anti-guamente había estado de moda entre la gente de postín llevar las uñas tan largas. casi tan alta como ella. se sienta en la cama. Apuntando hacia mí con los dedos tiesos. Pues bien.

hasta un día o dos antes de pasar a mejor vida. como os he dicho. Recuerdo que era invierno. sólo que su sombrero había aparecido junto al lago bajo un espino que todavía se puede ver en el día de hoy. un viudo con un hijo de nueve años. También solía bajar al lago. Y el hijo que el señor Crowl había tenido de su segundo matrimonio con la señora acabó heredando la propiedad. Unos setenta años atrás. Y. Yo habría saltado por la ventana antes que quedarme sola en la habitación con ella. Una semana después. Se le dejaba demasiada libertad. el viejo señor. nieto de la vieja señora. y que había conseguido camelar a su marido. nadie supo decir qué le había pasado. no ocurrió así. un día queMrs. Un buen día aquel niño desapareció y nadie supo decir adónde había podido ir. creo recordar. donde se bañaba y pasaba el día pescando o remando en una barca. Llevaría unos seis meses allí cuando a la vieja señora le sobrevino la última enfermedad.Wyvern -le contesto. ora a la conejera.Judithsiempre estaba conmigo cuando las dos mujeres mayores se ausentaban de la habitación de la vieja señora. -Repítelas otra vez -me pidió. la gente comentaba que la madrastra sabía más cosas de las que estaba dispuesta a contar. Y como del niño nunca más se volvió a saber nada. solía salir de casa por la mañana para ir ora a la granja del guarda a desayunar con él.Wyvern se rió bastante cuando le conté lo sucedido.Mrs. Después de aquello. pues le había ocurrido lo mismo quince años antes.Mrs.exhalación. con el paso del tiempo la gente fue olvidando aquel suceso. aquel suceso había sido la comidi-lla diaria de toda la comarca. Pues bien. Mucho antes de que llegara mi tía. cuando le dio por farfullar . El médico temía que le hubiera dado un ataque de locura. con sus zalamerías y halagos. el hijo de éste. por lo que se pensó que se había ahogado. se había casado con el señor Crowl. pero mudó el semblante cuando oyó las palabras que me había dicho la vieja señora. de Applewale. « ¡Oye. y muchas veces ya no volvía hasta la noche. Y ahora voy a contaros lo que yo vi con mis propios ojos. la misma prenda de cuero que yo había visto en el armario junto a la habitación de mi tía. era el titular de la finca en la época en que yo llegué a Applewale. en cuya ocasión la habían tenido que sujetar con una camisa de fuerza. -Yo no digo eso. sino que le entró una gran depresión y debilidad y se fue apagando entre muchas toses. pequeña granuja! ¿Por qué has dicho que yo maté al niño? ¡Te voy a hacer cosquillas hasta dejarte tiesa!» -¿Y dices que ella mató a un niño? -me pregunta. Pues bien. el señor de Chevenix Crowl. Os aseguro que estuve llorando un buen rato a lágrima viva en el cuarto del ama de llaves. Y yo se las repetí.Wyvern estaba conmigo me contó una cosa de madamCrowl que yo no sabía. siendo joven y muybella .

al no tener suficientes fuerzas para caminar ni permanecer de pie. Podéis imaginar que ya no volví a entrar en su habitación. toda vez que los únicos que iban a asistir al entierro eran ellos dos. poco sentido tenía ya el que siguiera con vida. y las sombras de la cama. pero afortunadamente pasó por delante de mí. y la habitación más oscura que boca de lobo. y el reloj dio las doce y aún seguía despierta. Mi tía. Así. apuntándome con las uñas de sus manos arrugadas como si fuera a clavármelas. una distancia tan grande que el cura y el doctor acordaron que no convenía tenerla durante más tiempoinsepulta . y se ponía a hacer cosas fuera de la cama. dos puertas más allá de la que había sido la alcoba demadam Crowl. Yo no me podía mover. que era un rincón en el que había estado antes la cama de columnas. A mí me pusieron en otra habitación. con una ráfaga de aire frío. de Applewale. o algo parecido. Estaba acostada de espaldas a la puerta y miran-do a la pared. pero sin más muebles que mi cama. Dios bendito! Pues nada menos que a la vieja arpía. lo cual me alegró sobremanera. mi tía y el resto de nosotras. como solía llamar-la mi tía. El cura estaba allí y rezó por ella. Y el gran espejo en el que la vieja señora tantas y tantas veces se había mirado y remirado de pies a cabeza. derecha a la pared de la recámara. cuya puerta estaba abierta de par en par. El bajo de su vestido iba rodeado de un resplandor rojo que parecía estar con-sumiéndole los pies. una silla y una mesa. creyendo que el fuego ha prendido en algo. se ponen a bailar como locas en el techo y las paredes. pero nada podían hacer ya por ella los rezos. se caía al suelo. emperifollada en sus satenes y terciopelos haciendo muecas con los ojos desencajados y con la cara más fea que se puede imaginar. como si alguien la estuviera amenazando con un cuchillo en la garganta. Pero éste se encontraba en Francia. y sobre todo en mi hermanaJanetylos gatitosy los perros y todo lo demás. y alargó las manos para coger algo que había allí . pues casi estaba segura de que me volverían a mandar a casa con mi madre. y vuelvo deprisa la cabeza. La habitación que yo ocupaba ahora era bastante amplia. le dieron unos ataques que la dejaron postrada. de la silla y de mi bata.Wyvern. sino que me quedaba en la cama muerta de miedo mientras oía sus alaridos y ara-ñazos en el suelo. ¡Y qué veo. Pues bien. Esto ocurrió la noche antes de que llegara a Applewale el señor de Chevenix. Y me puse a pensar enseguida en todos los de mi casa. conboiseriede roble. que está colgada en la pared. Aquel día recibimos la noticia de que el señor llegaría a Applewale a la mañana siguiente. que fue amortajada e introducida en el ataúd. y nosotras seguimos viviendo en la gran casa hasta que el señor viniera a darnos a conocer su voluntad y a pagarnos el finiquito que considerara oportuno. con el rostro oculto entre sus viejas y hechizadas manos e implorando piedad. Venía derecha hacia mí. la vieja dama de Applewale fue enterrada en la cripta de la iglesia de Lexhoe. Al final. y así pasó por fin a mejor vida y todo se terminó para la viejamadam Crowl. ahora que carecía ya de función. Además. que no tenía cortinas. y estaba tan nerviosa que no me podía dormir. Aquel mismo día escribie-ron al señor de Chevenix para que viniera cuanto antes. pero. pues como podéis imaginar se sacaron muchas cosas de su alcoba para amortajarla. Muchas de las cosas que decía a grito pelado habrían puesto los pelos de punta al mismísimo diablo. sobre las doce y cuarto veo unos resplandores en la pared como si algo estuviera ardiendo por detrás.JudithSquailes y una mujer de Lexhoe estaban siempre atendiéndola.atropelladamente pala-bras incoherentes y dar chillidos en la cama. lo habían sacado de allí y dejado temporalmente apoyado en una pared de mi habitación. muy pocos enseres para una habita-ción tan grande.Mrs.

Mi tía recogió todas mis cosas y me dio también las tres libras que se me debían. querida. En tiempos del viejosirOliver. dándole la vuelta. como rumiando algo y volviéndola a meter donde estaba. y debemos contarle lo que has visto -dice. que te buscaré otra casa en cuanto pueda. El señorCrowlllegó a Applewale aquel mismo día. siéntate aquí y cuéntamelo todo de pe a pa. De eso hace veinte años. Pues bien. Me dice que no tenga miedo y luego me pregunta: -¿Llevaba la aparición alguna llave en la mano? -Sí -le digo. mozuela -dice pensativa. y yo era un niño entonces. La vajilla y las joyas se guardaban allí hasta que pusieron el arma-rio metálico en el cuarto trastero. -¿Estás segura? -vuelve a preguntarme. pues sabes que no existen en el mundo esas cosas que llaman fantasmas o espíritus. Y de repente se vuelve hacia mí pivotando como una marione-ta. y esa llave que tú dices la encontraron en el fondo del arcón donde .dentro. ¿Era como ésta? -me pregunta sacando una llave y enseñándomela con el ceño fruncido. Pero aquélla era la primera que hablaba conmigo. -El señor llegará antes de las doce del mediodía. como podéis imaginar. Yo no había visto nunca aquella puerta. Yo le tenía a él bastante respeto. el viejo Wyndel me contó que había una puerta en ese cuarto de la izquierda. supongo que yo me iré pron-to de aquí. como me había esperado. no sé lo que le diría. y la habitación se queda a oscuras. Tendría más de ochenta años cuando me lo contó. de unos treinta años de edad. -Espera -dice soltándome la mano y abriendo el aparador-. era un hombre apuesto. por ser el hombre más rico de Lexhoe. zagala. Por fin me res-ponde mi lengua y suelto un alarido mientras salgo disparada por la galería y casi arranco de cuajo la puerta deMrs. Cuando termino. las recibí como agua de mayo. Pero. una llave muy grande con un extraño ojo de metal. pero es mejor que tú te vayas a casa esta misma tarde. se queda pensando un rato y le dice a mi tía: -Recuerdo bien ese rincón. Aquellas palabras. Mi tía estuvo hablando con él en el cuarto del ama de llaves. y no te preocupes. Debe de ser un sueño. Podéis imaginar que no pegué ojo aquella noche. sin saber cómo he llegado hasta allí. a la que doy un susto de espanto. acordándome de pronto-. y con las primeras luces bajo a ver a mi tía lo más deprisa que me permiten las piernas. Era la segunda vez que lo veía. la que la chica soñó que había abierto mi abuela. y no me atreví a acercarme hasta que me llamaron. todavía pensativa-. -Segurísima -digo yo. creyendo que me voy a desvanecer. y yo me veo de pie en la otra punta de la cama. Y él me dice sonriendo: -Cuéntame todo lo que has visto. -Esa misma -le contesto. también me contó que la llave tenía un anillo de metal. fuera lo que fuera. sino que me coge de la mano y me mira fijamente a la cara. esto basta. -Bien. mi tía no me echa ninguna regañina.Wyvern.

La llave entró perfec-tamente. trataba de mirar por encima de sus hombros. nadie habría imaginado que había allí ninguna puerta. Había otra puerta dentro. tienes que subir conmigo y decirme dónde estaban exac-tamente las cosas que viste. a mirar en los estantes más detenidamente. pues estaba más oscuro que boca de lobo. creí saber perfectamente en qué esta-ban pensando los dos en aquel momento. Durante un buen rato nadie dice nada. y bien contenta que volví a casa. Y en lo sucesivo nunca volví a ver amadamCrowl de Applewale. ¡deprisa! -ordena a mi tía.Mrs. Lo corrimos y vimos el con-torno de una puerta en laboiseriede roble y el ojo de una cerradura obturado con madera y cepillada con el mismo cuidado que todo lo demás y todo el reborde de la puerta tapado con masilla de color roble. con un pequeño cincel y un martillo. señor. con lo que hace. yo quiero hacerle además un regalo -dice él dándome una palmadita en la espalda. tras darle una vuelta. en lugar de obedecerle. zagala. gracias . -¡Virgen santa!-exclamami tía al darle el atizador y viendo también por encima de sus hombros aquella cosa espantosa-. Mi tía. ¿no? Supongo que ya tendrá su paga. en medio de un montón de huesos y polvo. con paredes y bóveda de ladrillo. justo lo que me imaginaba. pero que no tenía cierres y se abrió fácilmente. El caballero la cogió y entró. retrocediendo-. Ahora tengo otros asuntos que tratar con usted. y. El cuarto era bastante pequeño. ¡Mejor retírese y cierre esa puerta! Pero. pero luego él coge la calavera que yacía en el suelo. Eran los huesos de un niño. ¡Qué puede ser eso! Déme el atizador. A pesar de lo joven que yo era. -¡Ahá! -dijo él con una sonrisita-. todo lo demás se había reducido a polvo al primer impacto... más extraña que la primera. Tenga cuidado. cabeza incluida. Bueno. -¡Ahá!-exclamael caballero. El corazón se me desbocaba en la gar-ganta. Y mientras ella va a la chi-menea yo miro por debajo de su brazo y veo agachado en el rincón más lejano a un mono o una cosa despellejada encima del arcón. de no ser por los goznes que sobresalían ligeramente. el cerrojo cedió y la puerta se abrió acompañada de un chirrido. Se necesitó sólo un par de minutos para. Vol-veremos después usted y yo. Shuttters. Bueno. no me extrañaría nada que encontráramos allí algunas cucharas de plata o diamantes. que podía ser también la vieja bruja más chupada que jamás se ha visto en la tierra. de manera que. Mi tía encendió una vela. sacar el trozo de madera de la cerradura. entra despacio con el atizador en ristre y asesta a la cosa un batacazo tal que ésta cae estrepitosamente. Obedecí con poco entusiasmo. no vimos lo que había dentro.ella guardaba sus viejos abanicos. Vamos. -Un gato muerto -dice él retrocediendo y cerrando la puerta-. Pero allí había ahora un armario viejo. Me dio una libra de oro y yo marché a Lexhoe aproximadamente una hora después en la diligencia. de puntillas. yo no veía absolutamente nada. Y esta muchachita me dice usted que se marcha hoy mismo a su casa. y tuve bien agarrada la mano de mi tía todo el rato que estuve en aquella espantosa habitación diciéndoles a los dos por dónde se había movido la aparecida y dónde estaba exactamente la puerta que yo había visto en la pared.

También me dijo que alguien había dejado su sombrero al borde del lago para hacer creer que se había ahogado. Pero cuando ya era una mujer. después de que la charla junto a la lumbre lleve un buen rato versando sobre emocio-nantes relatos llenos de terror y misterio. cuan-do su anciano padre creía que se había escapado o lo habían raptado unos gitanos. junto con un par de peniques que el pobre niño llevaba en el bolsillo. en una palabra. yTomme pro-puso que nos alojásemos en la susodicha casa mientras no se alquilara. me pondré a trabajar enseguida para contarles con la mejor disposición lo que tenga que contar.había comprado tres o cuatro casas viejas en AungierStreet. Pero había un puñado de canicas y un cuchillo con mango verde.y me aseguró que se trataba del niño desaparecido hacía tanto tiempo que aquella vieja arpía había encerrado en la oscuridad hasta que se muriera.padre deTom.y. Y eso es todo lo que tenía que conta-ros sobre la viejamadamCrowl. no voy a desperdiciar más palabras y paso ya a contarles la historia en cuestión. que soy de un temperamento excitable y nervioso. Nuestras pertenencias eran contadas. Mi tíoLudlow. en una palabra. nos eximía de la obligación semanal de pagar alquiler. supongo. sin que sus gritos. pero franco y alegre. Y entre los papeles del señor había una copia de la nota escrita después de desaparecer el niño. Mi primo(Tom Ludlow)y yo estudiábamosmedicina juntos . y que él vio la luz.a Dios. como a veces he hecho a petición general. por cierto. La pluma. Toda su ropa se convirtió al primer toque en una nube de polvo en el cuarto donde se encontraron los huesos. súplicas y aporreos pudieran ser oídos por nadie. víctima de un con-tagio contraído en el noble desempeño de su labor sacerdotal. pues. nos permitía vivir más cerca de nuestras aulas y diversiones. presupues-tas estas condiciones. Así. por un lado. Él residía en el campo. nuestros enseres eran casi tan simples como los de una tienda de campaña. mi tía vino a pasar conmigo un día y una noche en Littleham. y el «lector» es decidi-damente un animal más crítico que el «oyente». ni en apariciones ni en sueños. Pero si logran conven-cer a sus amigos para que la lean una vez caída la noche. la tinta y el papel son vehículos muy fríos para lo maravilloso. pero el pobre chico prefirió la iglesia y murió joven. Pues bien. puede resultar bastante bien -si yo no me alabo a mí mismo quién lo va a hacer en mi lugarPero es un riesgo hacerlo como me piden que lo haga.una de las cuales estaba vacía en la época en que acudimos a la capital a estudiar. del caserón de Applewale. . baste con saber que era de carácter tranquilo. la última vez que se le vio. si me aseguran los mollia tempora fandi. por el otro. Si se cuenta. en la que se decía que el pequeño llevaba con él un cuchi-llo de mango verde y varias canicas. RELATO DE CIERTOS SUCESOS EXTRAÑOS EN LA CALLE AUNGIER Esta historia mía no es para escribirse. Creo que él habría tenido bastante éxito de haberse dedicado a esta profesión. junto a la lumbre después de una buena cena una noche de invierno con el viento frío rugiendo fuera y todos bien calentitos y confortablemente instalados. una propuesta doblemente satisfactoria. bas-tante distinto a mí. El salón que daba a la calle nos servía de cuarto de estar. nuestro proyecto se llevó a cabo casi tan pronto como fue concebido. y el mobiliario escaso. Por lo que aquí interesa. y muy escrupuloso en la observancia de la verdad.

cierta relación misteriosa e indes-cifrable que atentaba vagamente contra la esencia más íntima de lo que se suele entender por cómodo y confortable y ofrecía indefinibles sospe-chas y aprensiones a la imaginación. Esto me inquietó tanto más por cuanto que yo me preciaba de tener un sueño profundísimo y de ser poco propenso a las pesadillas. En aquellos años de Maricastaña. Sin duda había en sus propor-ciones y rasgos una discordia latente. y ese cuarto oscuro que se encuentra en la mayoría de las casas antiguas de Dublín -cual gabinete fantasmagórico. Toda aquella estancia en su conjunto me resultaba a mí. Así pues. pero el mío. los amplios salones estaban tapizados de cuero dorado y. aparte de esto. En ella se veían muy pocas cosas nuevas. el escéptico iba a recibir pronto un terrible correctivo. éste -aunque sin afectación alguna. se acordaba de cuando el viejo juez Horrocks (el cual. en la singular solidez de toda la madera. Todo lo contrario que el dor-mitorio interior. omnipresente e impenetrable. el papel parecía algo vulgar y desento-naba del resto. no encuentro otra palabra mejor. que daba a la calle.Yo ocupaba el dormitorio de encima. que era interior y que a mí no me gustaba ni un pelo. el que fuera alcalde de Dublín en tiempos de Jacobo II. Los dormitorios estaban recubiertos de madera. Para empezar. que parece acom-pañar a la mayor parte de las mansiones antiguas. se había amalgamado con el dormitorio al derribarse la pared. yTomel dormitorio de enfrente. que tenía dos ventanas melancólicas extrañamente orientadas -miraban inútilmente a los pies de la cama-.creo. cada cual en su dormitorio respectivo. y tal vez fuera mejor así. que. esta «recámara» -como nuestra «criada» gustaba de llamar. cuando yo empecé a notar que pasaba malas noches y dor-mía mal. enChichester House. en la forma de puertas y ventanas. como les voy a relatar a continuación. según dictamen del juez de instrucción) vivió aquí bien acompañado de excelente carne de venado que regaba con el mejor oporto. desde las barandas hasta los marcos de las ventanasque parecía abomi-nar de cualquier retoque para proclamar enfáticamente su antigüedad por muchos adornos y barnices modernos de que hubiera sido objeto. en cualquier caso. Pero esto no era más que una parte. no había en ella nada «moderno».era nuestra única y solitaria criada: venía al ama-necer y se retiraba castamente tan pronto como dejaba preparado el té en nuestro señorial aposento. Yo nunca había intentado ocultar al pobreTommis propensiones a la superstición. junto con otras muchas fincas confiscadas. Me parece que su fachada había sido remozada unos cincuenta años atrás. de alguna manera. esta anciana. por atracción simpática. por nada del mundo habría aceptado yo pasar allí una noche solo. ahora . Llevábamos poco tiempo viviendo allí. en él su antiguo confort parecía predominar sobre su algo tétrica vetustez.solía reírse de aque-llos terrores míos. en 1702. se había realizado un gran esfuerzo para empapelar los salones. no puedo precisar cuándo la habían construido exactamente. en el extraño emplazamiento diagonal de las chimeneas. El agente de mi tío que la compró y la inscribió en el registro de la propiedad me contó que había sido vendi-da. tenían un aspec-to formidable. pues había algo extraño y pretérito en su arquitectura -en el alzado de las paredes y el tendido de los techos. a la vez interesante y deprimente. tras haberse ganado la fama de demasia-do amigo de condenar a la horca. había conocido épocas y cambios suficientes para poseer ese aire miste-rioso y entristecido. Por la noche. Sin embargo. no era nada sombrío. Por ejemplo. pero. Sin embargo. como dije antes.adquiría a mis ojos un carácter especialmente siniestro y fantasmagórico. Esto lo supimos por una mujer ya mayor que regentaba una pequeña tienda destartalada en la bocacalle y cuya hija -de cincuen-ta y dos años de edad. en la robustez especial de vigas y cornisas. pero. La vela dis-tante y solitaria deTomrelucía en vano en medio de su oscuridad. sencillamente repelente. digo.que. y que había pertenecido asir ThomasHacket. me atrevo a decir. empujado por una «locura temporal» había acabado colgándose él mismo con la cuerda de jugar a la comba de la maciza y vieja baranda. la casa era muy antigua. En fin.

tono y sombra de aquel rostro. mientras que las cejas conservaban su negrura original. mientras me encontraba en aquella situación «clarividente» -teatro iluminado en el que se iba a mostrar el consabido cuadro de horror. sin saber por qué. la sobriedad. Casi siempre me limitaba a decirle que había tenido una pesadilla abominable. como no podemos por menos de reconocer. que. mis inquietudes adoptaban una forma definida. donde permanecía fijo. mi atención se fijaba invariablemente. me levanta-ba para iniciar la nueva jornada. Hay que ser justos y reconocer con total franqueza que el maldito retrato empezó a espaciar sus visitas como consecuencia de aquel tonifi-cante. el gallo desaparecía y.puro engendro de mi fantasía y de mi pobre estómago? En una palabra.todo era distinto: en vez de disfrutar de mi descanso habitual. al tiempo que presagiaba cosas siniestras. y entonces una sen-sación de pavorosa anticipación se apoderaba de mí de manera lenta pero implacable. así. que tan misteriosamente se superponía a los crista-les de la ventana. Aquel cuadro. Tenía la nariz corva. podía haber estado igual de cerca de mí. mis queridos amigos. como por una atracción eléctrica. y haber sido igual de enérgicoy malvado aunque yo no lo hubiera visto. Pues bien. ¿cómo explicarlo? ¿Era aquella aparición -tan singular como terrorífica. no mediante un exorcismo.que tornaba mis noches insoportables. ¿Qué significa todo el código moral de la religión revelada sobre el cuidado debido a nuestros cuer-pos.cada arruga. y así durante horas y horas. o creía ver. aunque sin duda por la intensísima angustia y horror sobrenatural con que iba asociada aquella extraña fan-tasmagoría. Finalmente. sus grandes ojos.. se desarrollaba de la siguiente guisa: Veía.. un cuadro salía volando de repente hasta la ventana. contenía el retrato de un hombre viejo vestido con una bata de seda de flores carmesí. tras un intervalo que siempre parecía tener la misma duración. con espantosa claridad. con los nervios destrozados. y. me pegaba todas las noches una buena «panzada de horrores». en las ventanas que había frente a mi cama. como el pico de un buitre. etcétera? No cabe . nos confabulábamos para dispersar mis horrores. trashaberse pavoneado. El espíritu maligno. sentía una antipatía insuperable a describir a mi amigo y camarada aquellas mis turbaciones nocturnas. sensua-lidad y poder. ¿era algo «subjetivo» (por utilizar el tecnicismo tan popularizado en nuestros días) y no la agresión e intrusión palpables de un agente externo? Esto. lo que signaba el comienzo de mi sesión de horror. la templanza. Estos ras-gos estaban rematados por un gorro de terciopelo carmesí. grises y prominentes. Me parecía como si algo horripilante pero indefinido me estuviera acechando en algún lugar desconocido con vistas a mi tor-mento personal. cómo él. que se alargaba a veces durante varias horas. el demonio que me había mantenido esclavizado durante la espantosa vigilia nocturna. como bien saben. Recuerdo perfectamente -cómo no. fieles al presunto materialismo de la medicina. Sin saber exactamente por qué.del que yo era un triste juguete. bajo la forma de aquel retrato. por el que asomaba un pelo cano por los años. tenía embrujados mis sentidos. Esto. y la misma visión me visita-ba al menos (en promedio) cada dos días a la semana. cuyos pliegues podría describir ahora mismo y cuyo semblante era una extraña mezcla de inteligencia. y. Pero. Después de un primer plato de sueños desagradables y pavorosos. Aquel sueño. es inherente a la pesadilla corriente. no es necesariamente cierto. parecían brillar con una crueldad y frialdad del otro mundo. sino mediante un tonificante. cada objeto y pequeño detalle del dormitorio. pesadilla o ilusión infernal -llámenlo como gusten. si bien reinaba una profun-da oscuridad. que mantenía la mirada clavada en mí mientras el mío se la devolvía con la inexplicable fascinación de la pesa-dilla.

una vela..Tom?¿Estás en tus caba-les? Venga. .Tom. encien-de tu vela y abre la ventana. si no me equivoco.Richard?Está oscuro. nada. -¿Que qué me ocurre? Oh. pero ninguno se puede comparar con el que se había apoderado del pobreTomaquella noche. presa de una extraordinaria agitación. Hice lo que me pedía mientras él. El hipnotizador y el electrobiólogo fallarán por término medio en nueve de cada diez pacientes. sintiéndome inusualmente nervioso. Esta operación tiene éxito unas veces..los detalles de la espantosa visión que lo había dejado tan abatido.. Después descubrí que mi compañero presuntamente escéptico pasa-ba también momentos de turbación. y otras no. envolviéndose con una de mis mantas. mirando a través del vetusto barandal hacia la ventana del pasillo. Yo no quería que me contara -ni creo que a él le hubiera apetecido hacerlo en aquel momento. Allí estábamos los dos con nuestros camisones delante de la puerta abierta.me voy a que-dar aquí contigo. Me encuentro en un «estado de shock».dime qué te ocurre. nada. ¿no crees? No ha podido ser otra cosa que un simple sueño. y. Sé buen chico. no vayas. está bastante oscuro -dije-.duda de que existe una clara relación entre lo material y lo invisible. se sentaba en el borde de mi cama.. y ¿dónde está la vela? -En tu habitación. por donde penetraba la luz tenue de una luna nublada. -Por supuesto que ha sido un simple sueño -dije yo. seguidos de un ruido sordo producido por lo que resultó ser un gran candelabro de metal lan-zado con toda su fuerza por el pobreTom Ludlow contra la baranda y que fue dando tumbos hasta el segundo tramo de las escaleras. cosa extraor-dinaria.. y lo mismo cabe decir del espíri-tu maligno... el tono saludable del sistema corporal y su energía intacta pueden. -Sí.Tom?¿Qué te ha pasado? ¿Qué diantre te ha pasado. Todo el mundo sabe lo contagioso que es el miedo de cualquier tipo. Cierra la puerta con cerrojo. ya ha pasado. pero ¿qué ocurre? ¿Qué es lo que ha pasado exactamente? ¿Por qué no me lo dices. -Creí -dijo. casi simultáneamente. prote-gernos contra influjos que de lo contrario tornarían espantosa la vida como tal.Tom?-le pregunté sacudiéndolo con nerviosa impaciencia.que había un hombre en mi habitación y.. Un simple sueño. Y no hay más que hablar. Tomabrió la puerta de par en par y entró reculando en mi habitación. me despertaron unos pasos en el corredor.. No importa. quédate aquí. Una noche en que estaba yo durmiendo profundamente. lo más seguro -dije-. Yo salté de la cama y lo cogí del brazo sin tener la menor idea de lo que estaba ocurriendo. No. -¿Qué ocurre. Yo tenía. He debido de soñar algo. ¿quieres que vaya por ella? -No.Dick. Él respiró primero y luego me contestó con unas frases no muy cohe-rentes: -No pasa nada.Dick. Se requieren unas condiciones especiales del sistema corpo-ral para la aparición de ciertos fenómenos espirituales.. te lo repito: todo ha sido un simple sueño. y salté de la cama. Pero yo no sabía aún nada de esto. ¿He dicho algo? ¿Qué he dicho? ¿Dónde está la vela. Estoy un poco nervioso.

tan pronto como yo encontrara alojamiento apropiado. tras una pausa. entre tanto.he pensado que. en que me encontraba sentado junto al fuego de mi dormitorio. como hace mucho tiempo que no veo a mi padre.. con la contundencia y la parsimonia propias de un adulto.Richard. con los nervios propios del cambio de casa. Yo sabía perfectamente que la criada se había marchado a su casa hacía bastante tiempo y que nadie más que yo tenía motivos legítimos para andar por la casa a aquellas horas. y estaba regalándome con un tonificante previo al ponche y a la cama. con la puerta bien cerrada y todos los ingredientes de un ponche de whisky sobre la mesita de noche -de diseño bastante irregular-. un día o dos tras la partida de mi compañe-ro. lo mejor que podemos hacer es buscar otro alojamiento cuanto antes. los ruidos de la casa eran. yo espera-ba que mi puerta fuera a abrirse en cualquier momento para dar paso al modelo u original de mi detestado retrato.no me hables de nada relacionado con tu absurdo sueño -le dije afectando desdén. había decidido conservar el ánimo a base de buenos lingotazos de licor -práctica ésta recomendada por la sabiduría de mis antepasados-. perfectamen-te audibles. Hablemos de cualquier otro tema. tú puedes encargarte de buscar habitaciones para los dos. para mantener completamente a raya a los espíritusnegrosyblancos. Eran las dos de la madrugada y las calles estaban más silen-ciosas que un cementerio. había dejado a un lado mi volumen de anato-mía. parecía decidida a hacer el mayor ruido posible y a avanzar con total parsimonia.. donde me esperaban media docena de páginas delSpectator. Sin embargo. por noches malí-simas! Así que. Pues bien.. sirvieron entonces para estimular conside-rablemente mi apetito de cambio. Yo había creído que aquella resolución. muy desagradable al oído. y estaba claro que aquellos pies iban completamente descalzos. transcu-rrió casi una semana entera antes de firmarse el contrato de arrenda-miento y escribir yo a toda prisa aTompara que regresara cuanto antes. por absurdas que puedan parecer ahora difumi-nadas por el paso del tiempo. sino que. bajando por la susodicha escalera. pues. para verme asaltado por la indigestión y. Ahora bien. pero en el fondo muerto de miedo-. También era obvio que la per-sona que bajaba las escaleras no tenía ninguna intención de pasar inadvertida.-Tom. que. Pero me equivoqué.cuando oí pasos en el tramo de escaleras entre el desván y el piso de mi dormitorio. se desvanecería a la mañana siguiente junto con los demás vapores y sombras de la noche.Tompartió temprano al pueblo de su padre tras acordar que. Recuerdo bien la noche. voy a ir a verlo mañana y volveré dentro de un par de días... espíritus azules y grises queme acechaban. ¡que me cuelguen si me quedo aquí más tiempo. produ-ciendo un ruido a la vez seco y fofo. pero hay una cosa obvia: que este horrible case-rón nos repatea a los dos. ¿no te parece? Tomasintió y. y que. le escribiría urgentemente para que diera por terminada su visita a tíoLudlow. parecieron detenerse. Cuando los pasos alcanzaron el rellano de mi piso. fruto evidente de la visión que tanto le había perturbado. Entre tanto. unos . dijo: -Oye.. ocurrió que. antes al contrario. debido a una serie de pequeños aplazamientos y circunstancias. Eran unos pasos lentos y pesados. pues. le ocurrieron un par de aventuras insignificantes a vuestro humilde servidor.

hacia la misma hora oí claramente a mi buen amigo bajar de nuevo de las buhardillas. Ésta llegó. estando ya acostado y en medio de la total oscuridad. le lancé el atizador con toda mi fuerza a la cabeza.. no les ocultaré que el aparador que contenía nuestra vajilla se hallaba justo allí. inquietantemente anunciada por unos truenos de tor-menta y un diluvio de lluvia deprimente. presa de una vaga alarma. pero la noche siguiente. El sonido había cesado en aquel momento. decidí probar fortuna: abrí la puerta y grité estentó-reamente por encima de la baranda: -¿Quién anda ahí? La única respuesta que obtuve fue el eco de mi propia voz retum-bando por la vieja mansión. y luego.. hasta la planta baja y el vestíbulo. hasta que cesó el ruido al llegar al vestíbulo. como daban fe los fragmentos del juego de té que se amontona-ban en el suelo. en medio de un horrible estropicio de objetos rotos. donde aún resplandecían algunos rescoldos. ¿cómo explicar el ruido de aque-llos horribles pies descalzos.. en cualquier caso. Todo aquello tenía una pinta realmente fea. Asimismo debo manifestar con toda sin-ceridad que. pero no oí moverse ni una mosca. oí cómo los horribles pies descalzos seguían bajando las escaleras. se había cerrado detrás de mí. volví a mi habitación y cerré la puerta con doble vuelta de llave. tras cambiar una o dos veces de forma. y cuál no sería mi horror cuando veo. pues aquella aparición. por tanto. donde permanecí en un estado de espantoso bloqueo mental hasta que se hizo de día. Movido instintiva-mente por el terror más que por el valor. y. Las calles se vaciaron de gente antes de lo habitual. y a aquella hora en la que yo no podía recurrir a ninguna ayuda? No. mi estado anímico era una caldera a punto de estallar. nada. Aquello redobló mi sensación de incomu-nicación. no sabría decir si con forma de hombre o de oso. nunca pude determinar después si había sido víctima de mi propia fantasía. desde donde no me llegó ya ningún ruido. tras otra pausa. La noche siguiente no aprecié ruido alguno por parte de mi descalzo co-inquilino. como suele decirse. Agucé el oído. Pues bien. y salí al pasillo. Salté de la cama. oída en medio de la más completa soledad. No aprecié ningún nuevo movimiento. Traté de tranquilizarme ante la evidencia de aquellas pruebas. Además. es decir. y hacia medianoche no se oía ya más que el ..segundos después sentí un gran alivio al percibir que los pasos reanu-daban su descenso en dirección de los salones de la planta inferior. Yo tenía la moral por los suelos y un terrible pavor a que llegara la noche. de espaldas a la pared. Esta vez había ingerido ya mi ponche y por tanto «la moral de la tropa» era excelente. aunque en aquel momento yo no me acordaba de esa circunstancia. Ahora que había cesado el ruido. pero no lo conseguí. Un minuto después. no se podía explicar tan fácilmente. que estaba seguro de haber dejado abierta. tuve la satisfacción de constatar que había lanzado el ati-zador con admirable tino y. cogí el atizador de la chimenea. los horripilantes ojos de aquel bicho no habían sido más que un par de tazas de té invertidas. o creo ver. las hice materialmente añicos.. la oscuridad y el frío eran descorazonadores. No sabría decir con total seguridad si la aparición de aquella noche había sido una simple ilusión óptica de mi fantasía jugando con los oscuros contornos del aparador y. que aportara alguna explicación al nerviosismo que me roía. Todo el mundo conviene en lo desagradable que resulta el sonido de la propia voz en semejantes circunstancias. y temeroso de que me hubieran cortado la retirada. con dos inmensos ojos verdosos que brillaban tenuemente. y de las pisadas regulares que aporreaban las escaleras en medio de la soledad de mi embrujada morada. retorné lo más rápidamente posible a mi habitación. empezó a avanzar hacia mí con su forma original. como en la ocasión anterior. Mi aprensión aumentó igualmente al notar que la puerta. delante de mí a un monstruo negro. Armado de valor. en suma.. teniendo en cuenta que mi imaginación estaba muy excita-da.

cada vez más fuerte. Los pasos seguían su cadencia regular. pues. su regreso me resultaba particularmente grato tras la aventura de la noche anterior. entre tanto. pues estaba decidido a ver a toda costa a aquel engendro. me estaba mirando fijamente con una expresión de malicia perfecta-mente humana. Curiosamente. empecé a sentirme solo con la natura-leza. ¡Maldito retrato y maldito original! Estaba comple-tamente convencido de que aquella rata -sí. la mirada infernal y el sem-blante maldito de mi viejo amigo del retrato transfundidos en la cara de aquel bicho abotargado. el ponche. Shakespearedice: «Hay algunos hombres que no soportan mirar a un cerdo.que acababa de ver era el temido ser maligno que vagabundeaba disfrazado por la casa en una especie de aquelarre nocturno. el más impor-tante de los cuales fue la nota urgente que le mandé aTom pidiéndole que viniera. pesado y se bamboleaba como un peso muerto de un peldaño a otro. Me senté y me quedé mirando la etiqueta cuadrada de la botella negra. Mi presencia de ánimo iba disminuyendo por minutos. Cogí una vela con un si es no es de temblor en la mano. que embrutece a tanta gente. Volví como un rayo a mi habitación con una sensación de asco y horror difícil de describir y cerré a cal y canto la puerta como si hubiera un león al otro lado. que turbaba la paz noc-turna de mi mansión. ya había conseguido encontrar nuevo alojamiento y. En medio de aquella gran ciudad. se había vuelto más silencioso y la oscuridad más oscura todavía. los pasos misteriosos habían vuelto a retumbar. y sepa Dios con qué otra cosa también.» Yo estuve a punto de perder el juicio al contemplar aquella rata. El pasillo estaba completa-mente vacío. Que me muera si no era la rata más mons-truosa que jamás había visto o imaginado. Estaba muy nervioso y traté en vano de enfrascar-me en lo que estaba leyendo. y mi ojo capto algo que se movía. en cualquier momento. si es que era visible. Sin embargo. gris. hasta que «FLANAGAN & CO'SBEST OLD MALT W HISKY» devino en una suerte de acompañamiento atenuado de todas las fantásticas y horribles especulaciones a que se había entregado mi cerebro. una auténtica rata. por una parte. . y otros que enloquecen si ven un gato. volvió a darme suficiente coraje y entereza en el momento preciso en que empecé a oír las pisadas contundentes y fofas bajando parsimoniosamente las escaleras. y. Mientras atravesaba la estancia improvisé una plegaria. gestioné varios asuntos. a mi vuelta encontré una nota de éste mismo comunicándome su intención de regresar al día siguiente. Y ¡horror de los horrores! Un par de peldaños más abajo de donde yo estaba. pues. pero la interrumpí ense-guida para averiguar si se oía algo nuevo. vela en mano. de aspecto solemne y antañón. Confieso que vacilé unos segundos junto a la puerta antes de encontrar el suficiente valor para abrirla. La mañana siguiente la pasé arrastrándome penosamente por las calles embarradas de la ciudad. por la otra. me sentí con la suficiente confianza para aventurar unos pasos más hasta la baranda. mitad ridícula y mitad horripilante. Me instalé lo más cómodamente posible y encendí dos velas en vez de una. como el detestado sonido había cesado. y. El silencio. pues estaba seguro de queTomiría allí directamente al llegar. Aque-lla noticia me alegro por doble motivo. Me puse a pasear por la habitación silban-do tonadillas marcialesy humorísticas alternativamentey aguzando el oído de cuando en cuando por si oía el temido ruido. Aquella noche dormí con lo puesto en mis nuevos lares de Digges'Streety a la mañana siguiente volví a desayunar a la mansión de los fan-tasmas. la cual se había alejado definitivamente allende las montañas de Dublín. Me habría gustado oír el traqueteo de algún vehícu-lo o el aburrido vocerío de alguna trifulca lejana. No se oía más que el ulular del viento. vi. ríanse de mí si quieren. podría jurarlo. mientras seguía arrastrándose y mirándome a la cara casi por entre mis pies. no se veía ningún monstruo en la escalera.desapa-cible golpeteo de las gotas contra el suelo. Preferí no acostarme y mantenerme alerta para entrar en com-bate. Era del tamaño del pie de Goliat. que había sucedido a la tormenta.

y.. mis pensamientos discurrían por derroteros alegres y agradables.Dick. la levantara y luego la volviera a dejar caer suavemente en el suelo.. -dijo mi primo como restando impor-tancia a mi relato-. habrías reconocido que era cualquier cosa menos lo que parecía ser. el mejor exorcista habría sido un gato en plena forma física-dijo con una risita provocadora.. Me incorporé un par de veces en la cama. aunque un poco inquieto en el fondo. Sin duda le había refrescado un recuerdo sumamente desagradable. Desde que nos instalamos aquí no hemos pasado ni una sola hora a gusto. -Bueno. -Me inclino a pensar que. Si los hubieras visto. Y prácticamente la primera pregun-ta que me hizo fue sobre el motivo principal que nos había empujado a cambiar de residencia.Dick. Pasé un trago malísimo. Allí estaba. Era como si alguien viniera arrastrando lentamente un trozo de cuerda. aquella cara. si bien he de reconocer que formamos un contingente demasiado aguerri-do para que a los fantasmas se les ocurra hacer alguna de las suyas. oigamos entonces tu aventura -dije con cierta acrimonia. -Bueno. en ese odioso recoveco del extremo de la alcoba. aunque ya había apagado la vela. Estaba com-pletamente despierto. y yo aproveché para contarle mi aventura con aquella vieja rata hinchada. »La primera vez estaba acostado en esa cama grandota tratando de dor-mir. estaba tan inmóvil como si ya me hubiera dormido. -Lo vi tres veces. te aseguro que bajo ningún concepto volvería jamás a pasar una noche en este horrendo caserón. No obstante. pero aquellos ojos. -Graciasa Dios -exclamo con auténtico alivio al oír que todo esta-ba arreglado-. y estoy completamente seguro de que quería hacerme un daño mortal. Me alegro por ti. por lo que deduje que debía de ser algún ratón trajinando en el revestimiento de madera de la pared.. La verdad es que me hace poca gracia recordar aquello.te la contaré -dijo-.Y no me equivoqué. sepa su señoría que no me hace mucha gracia contarla precisamente aquí. Aunque dijo aquello en tono de broma. »Debían de ser por lo menos las dos de la madrugada cuando creí oír un ruido en ese. Trataré de reproducir el relato a poder ser con sus mismas palabras. Nuestra Hebe se hallaba en aquel momento en un rincón de la habitación recogiendo en un cesto los pedazos de nuestra vajilla. Pero enseguida suspendió su tarea y se puso a escuchar el relato con la boca y los ojos abiertos (éstos como pla-tos). No creo que a mí me hubiera asustado demasiado. -Ya. -¡Al diablo este lugar!-exclaméa mi vez con una mezcla de miedo y odio-. mi queridoTom-insistí-. si eso fuera todo. creo que su razonamiento no estaba desprovisto de cierto fundamento. si te empeñas. Mi curiosidad fue disminuyendo y. Ante aquel desafío. en cuanto a mí. en tu caso. Pero gracias a Dios que logré escapar.tres veces distintas. y. pues lo normal es que me hubiera vuelto loco si no logro escapar rápida-mente. él miro primero a su alrededor con inquietud. Y así seguimos platicando. unos minu-tos después. -Bueno. . pero sin conseguir ver nada.

pues. ni tampoco atentar contra mi declarado escepticis-mo al contarte aquella experiencia preternatural. como un charlatán de feria. Yo estaba tratando de convencerme a mí mismo de que todo aquello era una mera ilusión y no quería revivir la espantosa impresión de la noche anterior. bastante corpulento. vi de repente a un hombre viejo. como nunca había visto una forma humana. yo seguía erre que erre. Sin embargo.yo estaba simplemente mintiéndo-me a mí mismo. con unos temblores raya-nos en el puro pánico. Con todo aquello. lo cual era un verdadero con-suelo. como si yo mismo hubiera devenido en otro cadáver. Sin embargo. lo había visto perfec-tamente. me sobrevino finalmente un sueño profun-do pero agitado. Pero. »Aquella constatación me aportó una pizca de consuelo y tranquili-dad. »Uno de los fenómenos más notables relacionados con la práctica de la mendacidad es el gran número de mentiras deliberadas que nos con-tamos a nosotros mismos. Como me acordaba de tus sueños con el retrato. ni mi vela ni el fuego estaban encendidos y. que consigue que la gente lo acabe creyendo de tanto oírlo. Bajé tarde. había sido completamente anómala. aquella noche transcurrió bastante tranquila. Lo hice. que somos. con una especie de bata roano-roja y un gorro negro. cuyo original estoy ahora seguro de que era el que yo había visto. razoné. y. precisa y curiosamente. »Te aseguro que me hizo falta mucho valor para volver la noche siguiente a mi dormitorio embrujado y acostarme en aquella misma cama. Dick. al igual que la siguiente. sospechar en un principio nada sobrenatural. y en especial el trayecto que había seguido aquel espantoso intruso. »Mientras pasaba a mi lado aquella espantosa e indescriptible encar-nación de la muerte y la culpa. recuperé la autoconfianza y empecé a imaginar que creía en la teoría de las ilusiones espectrales que en un principio había tratado en vano de imponer a mis convicciones. penetró en el cuarto de la izquierda. ¿para qué cruzar la habitación con apariencia visible? Además. no me da vergüenza reconocer. y me con-vencí. Así. »Mientras me encontraba en este estado. a mí que en el fondo no me creía ni una palabra de aquel maldito embolado. huelga recordártelo. El espectro había atravesado la habitación sin reconocer mi presencia. que nunca podré olvidar en el resto de mi vida. Cuatro horas después de aquello aún me sentía demasiado aterrorizado y débil para moverme. o un impostor. Bueno. por extraño que parez-ca. sin. y él no parecía tener nada que ver conmigo. de que no había sido más que un sueño. »Aquella aparición. qué rostro el suyo! Tomse detuvo un instante antes de proseguir: -Aquel espantoso rostro. y yo tampoco aprecié desorden alguno entre los objetos del armario. »Éste no se me había vuelto a aparecer. un sueño cataléptico podía explicarlo todo. ¿cómo diantre lo había visto yo? Era una noche cerrada. atravesando mi habitación tieso y premioso en sentido diagonal. con colores y contornos. Sin volverse a derecha ni izquierda. pasó a mi lado y penetró en el armario que hay junto a la cabecera de la cama.dejé de observar. En cuanto amaneció. me armé de valor y examiné deteni-damente la habitación. y lo mismo dos o tres subsiguientes. me sentí incapaz de articular palabra o moverme. Como estaba agotado. entonces. tras pasar junto a los pies de mi cama. Llevaba algo bajo el brazo. lo decía todo. yo esperaba hacer proselitismo conmigo mismo y convertirme en un perfecto escéptico respecto al tema del fantasma. Yo no lo había molestado. ¡Dios bendito. no quise hablarte de aquella visión infernal para no amedrentarte más aún. ¿qué le importaba . Tenía la cabeza ligeramente inclinada a un lado. Además. pero éste no había dejado ninguna huella a su paso. las perso-nas a las que menos probabilidades tenemos de engañar. sin embargo. había salido de la recámara y.

apagué la vela y. »Y entonces. ¡y que el Señor se apiade de tu alma!". pero no acertaba a recordar en qué había consistido. cuya condición etílica me atrevo a decir que se asemeja-ba bastante a la de su héroe. sentía unos sudores de muerte. muerto!.yo a aquel ente con aquella indumen-taria y aquel aspecto tan extraños? ¡Un ardite! Pues a mí me importaba también otro soberano comino. un airado altercado seguido de una batalla campal entre el cadáver y el juez ponía fin a la historia en medio del buen humor y del júbilo general. del que era pescado para ser lleva-do a presencia del juez de primera instancia. cerré los ojos y traté de concentrarme en la letra de la canción. El claro de luna penetraba a raudales por la ventana sin cortinas. conforme su música se iba apagando. Así. al salir de la taberna. »Yo seguí recitando con cansina monotonía aquella balada hasta el último verso. caí en un estado de somnolencia que no era ni profunda ni reconfortante. alegreyretozón. lenta pero claramente: "¡muerto. no sabría decir durante cuánto tiempo. Más fresco que una lechuga. que por momentos se iba perdiendo en la lejanía: Era Murphy Delany. y. me metí en la cama. al final me encontré musitando "más muerto que muerto" al tiempo que otra especie de voz dentro de mí parecía decir. desgraciadamente para mí. y así sucesivamente. La letra de aquella canción se me había pegado y yo seguía repasando las aventuras del aquel paisano respetable.vi otra vez aquel maldito espectro delante de mí mirándome con su semblante pétreo y diabólico a menos de dos metros de mi cama. Tomse detuvo aquí y se enjugó el sudor de su rostro.y al punto me despabilé por completo y miré fijamente delante de mí sin despegar la cabeza de la almohada. Sin embargo.y. el cual. los tres nos alegrábamos de que fuera de día y se oyeran en la calle los ruidos del trajín cotidiano. y luego se fue difuminando. estaba cantando la popular tonadilla cómica "Murphy Delany". y luego da capo. »Pero de aquel sueño profundo me desperté sobresaltado. Ligeramente reconfortado por oír una voz humana. todo estaba como lo había visto la última vez. aún oía el canto de un trasnochador achispado de vuelta a casa. a lo largo de mi desa-gradable duermevela. la triful-ca doméstica del callejón se había amortiguado un tanto. estando reunidos como estábamos en el mismísimo escenario de la narración. Me incorporé en la cama y miré alrededor. »El cantante. y. animado por una algarada entre borrachos en la calle de atrás. se había caído a un río. que. me dormí rápidamente. tras enterarse por el veterinario que estaba "más muerto que muerto".Dick?. pero durante mucho tiempo después quedó como una columna de vapor oscuro en el punto donde se había . aunque. -Sólo lo vi claramente unos tres segundos -prosiguió su relato-. muerto. Salió haciendo eses harto de whisky. La muchacha estaba tan pálida comoTom. Yo me sentía un poco nervioso. volví a acostarme mirando hacia la chimenea. Mi corazón latía desbocadamente. más ciego que un topo. Sabía que había tenido una pesadilla horrible. Entró en una tabernaaponerse morado. ¿querrás creerme. emitió su fallo a tenor de dicho diagnóstico en el momento en que el interfecto recobraba el conocimiento. se alejó demasiado para que yo pudiera seguir deleitándome con su buen humor.

»Pasé más de una semana sin dormir en una cama. a contarte lo que me había pasado. Estaba.tal vez no me creas si te digo que durante muchas noches después de aquello no volví a poner el pie en mi dormitorio.Dick. Pero he aquí que una variedad de circunstancias concurrieron a producir la espantosa escena que iba yo a vivir aquella noche. y luego me dirigía sigilosamente a la puerta de la calle rumbo a la taberna"Robin Hood". Fui a la mía a deshacer la cama. estaba literalmente agotado de cansancio y no deseaba más que dormir. y me guardé para mí aque-lla espantosa experiencia. y la luz meridiana que entraba de la calle llena-ba todos los rincones de la habitación. tras quitarme el gabán y aflojarme la corbata. ¿Qué me podía impedir disfrutar allí de un sueñecito de una hora? La atmósfera parecía bullir con el ale-gre canturreo de la vida. durante todo aquel tiempo. Creía que te ibas a reír de mí. no cabe duda de que el demonio había participado en mis necios preparativos. y. Entonces cogí mi ropa y bajé al vestíbulo. bastante más de las doce. aquel vapor también se esfumó. acallando mis temores.Dick. Yo odiaba la mía. lo que se dice dormir no dormí ni un solo día. sentado en una silla. pero no acababa de decidirme a contarte la razón. »El destino quiso que tu habitación estuviera cerrada y que te hubie-ras llevado la llave. Estuve durmiendo varias horas de un tirón como un auténtico bendito. me tumbé a disfrutar de un sueño de solamente media hora en. digo. por las calles de la ciudad. para darle el aspecto de haber dormido en ella. y estoy seguro de que aún seguía allí. durante el día. ¡atención: nada menos que una cama de plumas. en un lamentable estado de nerviosismo y agotamiento. Cuando el sueño ha sido pro-fundo y suficientemente largo para que la naturaleza se quede comple-tamente satisfecha.. con la puerta medio abierta. volví a entrar en aquel nefasto dormitorio. A veces echaba una cabezada en un banco de"Robin Hood"o. creo. Eran. »Estaba completamente decidido a que nos mudáramos de casa. nunca. y más cuando yo te había hablado siempre con cierto retintín filosófico y había ridiculizado tus historias de fantasmas. como de costumbre. a . El resto de la noche lo pasaba deambulando. »Una tarde decidí disfrutar de una hora de sueño en tu cama. el efecto de aquel agotamiento sobre mis nervios se parecía al de un narcó-tico y me hacía menos sensible al horror que tan habitual se había vuelto para mí. como un sereno.apareci-do. para que Martha no descubriera el secreto de mis ausencias nocturnas. En primer lugar. como colofón. como sin duda recordarás. Me quedaba un rato en el salón cuando tú te ibas a acostar. pero. salvo los dos o tres minutos que la visitaba sigilosamente cada día para deshacerla. Aquel maldito modo de vida me esta-ba comiendo la salud. la ventana estaba abierta y un agradable frescor inva-día la habitación. el alegre sol del día tornaba muy agradable la estancia en la habitación. y luego salí a la calle y pasé el resto de la noche paseando por la ciudad. que era posible echar solamente un sueñecito de media hora en la cama. pues. Fui tan tonto. Con la mente y el cuerpo agota-dos tras una semana entera sin dormir. en segundo lugar.donde me quedaba hasta que se iba el último cliente. entre la pared y yo. alrededor de las dos. »Cedí. hasta el punto de que nunca. me desperté suave pero completamente. »Sin ningún sobresalto ni sensación especial de miedo. donde me vestí. y así mi vida durante todo aquel período fue más miserable que la de un delincuente que tiene a los alguaciles a sus talones.que no me atreví. Después de un buen rato. y no regresé hasta el amanecer. por vergüenza. »Pues bien. idiota de mí. convencido de que te reirías de mí a mandíbula batiente. con cobertor y almohada incluidos! »Fue realmente espantoso. a aquella casi irresistible tentación y. Además.. yo había imaginado.

sin dejar en ningún momento de mirar de reojo hacia atrás. ahí había dormido él. »Había una figura sentada en el viejo y gran sofá. como ya he dicho. había ido dejando de trabajar conforme avanzaba el relato deTom. sostenía firmemente en la mano. había conseguido alcanzar el pasillo. -Yo había oído hablar de esto muchas veces -dijo de pronto-. las omito aquí por mor de la brevedad. ni siquiera de día. como ella dice. mientras se ocupaba de aquella macabra pantomima. -¿Cómo que quién? Pues el viejo juez.. sus labios esbozaban una sonrisa tan sen-sual. »Mi ángel bueno debió de asistirme en aquel espantoso trance. ¡Nunca. que creí que me iba a volver loco. se ahorcó colgándose de la baranda? ¿Y que fue en la recámara donde encontraron los mangos de la cuerda de saltar a la comba y el cuchillo con el que estuvo . Porque. con un extremo de la cuerda enrollado al cuello.Dick!¡Nunca! Nuestra criada. se sentó detrás de nosotros. me pareció. y de que estaba animado por un infernal propósito. un segundo después.eso no me lo puede rebatir nadie. ¿Así que no saben que el viejo pecador. pues se levantó y se acercó a mi cama. cuya otra punta. Ella nunca me dejó entrar en esahabitación. sin saber cómo. hasta que. como bien saben. Llevaba alrededor del cuello una soga. de subirse a ella.ypoco a poco se fue acercando a nosotros.una sombra ha pasado por encima de mí. no exactamente ahí -dijo ella-. pero éstos. un escalofrío ha atravesado mi sangre y mi médula y nunca volve-ré a ser el mismo. Y miró asustada por toda la habitación. Se volvió despacio y ¡qué veo! Allí estaba el rostro pétreo.Dick. Me estaba dando prácticamente la espalda. tan indescriptiblemente espantosa. No vi ni recuerdo nada más hasta que me encontré en tu habitación. Dick.menudo se despierta uno de esta manera repenti-na. Se acercó. Nadie sabe realmente lo que signi-fica enfrentarse a semejante presencia. a mi cama con la intención. como para enrollarlo en el mío. Aunque. Te aseguro que. nadie salvo quien haya vivido tan espantosa experiencia. daré constan-temente gracias al Altísimo por ello. que vive ahí en la calle de atrás. -Amén -musité yo-. Dick. esperándome junto a la baranda. y.. ¿Es que murió ahí? -¿Que si murió ahí? No. adujada. a poca distancia. mientras viva. y otras curiosas excla-maciones suyas. no conoce historias tan raras que. tranquila y total. -¿Que ahí había dormido él? ¿Quién? -pregunté yo a renglón seguido. casi no hay quien las cuente? Pero ustedes no deberían haber dormido en el dormitorio interior. el juez Horrock. quién iba a ser si no. como digo. Durante el relato había hecho varios comentarios graves en voz baja. la Virgen me bendiga. que Dios se apiade de todos nosotros. marca-do por la malicia y la desesperación. pero no podía equivo-carme. »Tuve muchísima suerte de haber conseguido escapar. junto a la chime-nea. Ahora no me cabía la menor duda de que era consciente de mi presencia. Per-manecí unos segundos traspasado por la mirada de aquel horrendo fan-tasma. Que Dios conceda descanso a su alma. »Pero el hechizo no se había deshecho todavía: el valle de la sombra de la muerte no se había franqueado todavía. mirándome con un rictus de sarcasmo. Como una exhalación me lancé al suelo por el lado opues-to y. una mujer de cincuenta y dos años. estaba haciendo parsimoniosamente un lazo en el otro. Pero nunca me lo había creído hasta ahora. ¿por qué no lo había creído? ¿Es que mi madre. conque figúrense pasar la noche allí. con la boca abierta y las cejas contraídas sobre sus pequeños y brillantes ojos negros. El abominable espectro seguía delante de mí.

y ella se ponía a aullar como una loca para que no se le acercara el viejo del cuello retorcido. ¡que la Virgen nos . Como él estaba más muerto que muerto. -¿Qué? ¡Cómo voy a saberlo yo! -contestó-. lo que no tiene nada de extrañar. Pero sí sé que hace muchísimo tiempo. en realidad no hay mucho que contar -dijo. Él tenía unos sesenta años. pues era un viejo desalmado por todos los costados y el juez más cruel que ha pisado jamás suelo irlandés. que su alma descanse en paz. y decían que era el espíritu del viejo juez el que la atormentaba. después de que el juez de primera instancia acabara las diligencias? Sí. -Bueno. no recuerdo el nombre. y la niña ya no vivió un solo minuto tranquila después de aquello: se despertaba sobresaltada a mitad de la noche y se ponía a gritar por las pesadillas. -¿Qué pasó con eseNicholasSpaight? -pregunté yo. Mi madre dice que la pobre criatura era hija del ahorcado. con una pipa en la boca y sin ningún diente. Siempre ha habido accidentes y muertes repentinas. que él dormía en esa maldita alcoba interior y. pero los más ancianos estaban seguros de que había sido obra del viejo juez. -A nadie le ha ido bien aquí -dijo-. me gustaría contar ahora estas cosas. de un talNicholasSpaight que lo pasó también muy mal por esto. y lo peor que hizo el viejo malvado. le hicimos un par de preguntas más sobre las supuestas visitas espectrales de que había sido objeto la casa desde la muerte del viejo y malvado juez. vaya que sí -contestó con cierta renuencia. la cuerda con la que se ahorcó? La cuerda era de la hija del ama de llaves. Y nos contó una historia muy extraña. me pareció a mí-. historias se cuentan bastantes. y muy raras. y era un fornidoy saludable caballero para los años que tenía. y de ahí lo metieron en el ataúd. -Bueno. fue asustar a la pequeña hasta hacerla morir como hizo. supongo que habrá por ahí historias de que el fantasma se ha aparecido a otras personas. Y decían que era una mocetona bien guapa y bien vestida cuando el viejo juez puso fin a su vida. y nadie ha parado aquí mucho tiempo. que la Virgen nos bendiga. ¿Y por qué no iban a contarse historias? ¿No fue en esa misma habitación donde durmió durante más de veinte años? ¿Y no fue en la recámara donde encontró la cuerda que acabó con su vida por fin. pero mis dedos están ya cansados y lo dejo para otra ocasión. y a mi madre le falta ya poco para cumplir los ochenta. pues el ama de llaves era ya vieja. pero en cualquier caso había dos muchachas y el padre. La primera vez que se alquiló la casa fue a una familia. se contaba una historia muy rara. En fin.aprestando. Al oír aquella extraña historia que no les he contado. Es lo que decía todo el mundo. que viene el amo! ¡El amo! ¡Me está haciendo señas! ¡Madre mía querida. que picó tanto mi curiosidad que aproveché la oportunidad para visitar a su anciana madre. y luego en la tumba del camposanto de San Pedro. no pudo decir lo que le había pasado. En fin. no dejes que me lleve!» Y la pobre criatura acabó muriéndose. me dijo muchas veces mi madre. -Por lo que ha dicho usted del peligro de dormir en ese dormitorio -dije yo-. Había sido un ataque. se la contaré lo mejor que pueda. que me contó cosas muy curiosas. eso fue lo único que pudieron decir. e hinchada como una morcilla. y tendría unos ochenta años cuando se casó mi madre por primera vez. mi madre las conoce todas. con la cabeza más negra que el azabache. -¿Cuánto tiempo hace de eso? -pregunté yo. como él había hecho con muchos hombres mejores que él a lo largo de su vida? ¿Y no pusieron su cadáver en esa misma cama después de morir. Pero si desean escucharla en otra ocasión. casi tocando el suelo. y los médicos dijeron que había sido por agua en el cerebro. dije-ron. lo encontraron muerto una mañana con medio cuerpo fuera de la cama. ¡que Dios nos pille confesados!. y luego gritaba: «¡Ay.

y tenía las ven-tanas del salón abarrotadas de botellas con horrores indescriptibles con-servados enbrandy. la alquiló un curandero que se hacía pasar por un tal barón Duhlstorf. pero. ahíto de vino. pero sí que vivía sola. Así pues. completamente desquiciada. Y así salimos los tres juntos. con su mujer y tres hijos pequeños. albergó a un empresario de pompas fúnebres.así como de periódicos con los habituales anuncios grandilocuentes y engañabobos. en la que el héroe no sólo aparece a través de sus aventuras. y lo encontraron tendido en las escaleras de abajo con el cuello partido. al atravesar por última vez el umbral de aquella casa maldita. una noche. les relataré. No sé en qué habitación dormía. Pues resulta que una mañana.bendiga!. y yo misma oí contar aMrs. los que conocían la historia de esta vieja casa sabían muy bien qué era lo que le había pasado. va y no se le ocurre otra cosa que salir a ver qué pasa?. hasta que. por supuesto.Byrne que los niños se ponían de pie en la cama por la noche. de acuerdo con la práctica inmemorial del mundo de la ficción. se lo aseguro. como obligado por el deber. lo mismito que la hija pequeña del ama de llaves que había muerto. se quemó parcialmente él mismo e incendió por completo la casa. cuando la casa se alquiló por habitaciones. les deseo que pasen una muy buena noche y que tengan unos sueños muy agradables. durante cierto tiempo. y luego oyó un porrazo que retumbó por toda la casa. tiritando y hablando sola.. Como entre las virtudes de aquel caba-llero no se contaba la sobriedad. »Algún tiempo después ocupó la casa una solterona rica. fue Micky Byrne el que ocupó la misma habitación. y ahora. »Más tarde. Luego añadió la criada: -Voy al callejón a decir aJoeGavvey que venga a recoger el resto de las cosas y se lo lleve todo a la nueva casa. al final. MISTERIO EN LA CASA DE LOS AZULEJOS . Dios mío!".junto con alguna que otra anécdota que ha servido para mejor ilustrar el relato. una noche el pobre Micky cogió una borrachera. y que no es otra que la siguiente: unos dos años después de ocurrir lo que nos pasó a mi amigo y a mí. Ya les he contado mis aventuras y las deTom. Y ahora añadiré una cosa. la catástrofe que final-mente sobrevino a la casa. sino también bastante fuera de este mundo.Byrne le oyó decir fueron: "¡Oh. pues le he prometido esperarlo. No necesito decirles que lo que es el héroe novelesco de carne y hueso para el normal desenvolvimiento de la trama lo es también esta vieja casa de ladrillo. una vez cumplida mi tarea. Ésta fue posteriormente reconstruida y. y achispado como estaba." Nunca consiguieron sacarle a quién se refería. que le había dado un susto de muerte. madera y mortero para el humilde registro de este relato verídico. Y las últimas palabras queMrs. sin que ella supiera decir cómo ni por qué. al acudir los criados temprano a la casa. la encontraron sentada en las escaleras del corredor. y que se asustaban y se ponían a gritar a cada hora. prendió fuego a las cortinas de la cama. como solía hacer de vez en cuando. pudieron sacarle una sola palabra que no fuera: "No me pidáis que me vaya. y ¿me creen si les digo que en medio de la noche le parece oír un ruido en las escaleras.. ni siquiera sus mejores amigos. respirando de alivio. y desde entonces nadie.

-Pues le aseguro. ni siquiera en los fantasmas -dijo Lilias. que ya estaba acurrucada en su cama de columnas- . Así.Sallyhablaba por los codos y conocía toda suerte de cuentos antiguos de aventuras y misterios que ayudaban a Lilias a dormirse placenteramente. inexpli-cablemente. -Bueno. Lilias se había asomado a menudo al camino de entrada -corto. pues sabía que no tenía nada que temer mientras viera a la viejaSallysentada con su labor junto al fuego y oyera el ligero ruido que hacía su padre.I La viejaSallysiempre ayudaba a su joven ama cuando ésta se prepa-raba para ir a la cama.) La viejaSallyestaba contando a su joven ama. cómo el jovenMr. pues no sé nada de él.Sally.que la casa a la que se ha ido a vivir ahora lo curará rápidamente del libre pensamiento. mi querida viejecitaSally.Mervyn se había mudado a la vieja y embrujada Casa de los azulejos. recto y herboso. si es cierto la mitad de lo que cuentan -contestóSally.con amable cadencia. amedrentador y furtivo. sus-pendiendo su labor y mirando con misterioso asentimiento a su joven ama. pues poseía las virtudes de la limpieza y la diligenciay sólo molestaba a la buena ancia-na lo suficiente para que no se considerara un trasto inservible. al subirse a la silla. -Y ahora que me encuentro a salvo en la cama. así le habían contado desde niña.te confieso que yo sentiría muchísimo miedo si tuviera que dormir allí -dijo Lilias con un pequeño estremecimiento mientras se representaba unos momentos la vieja mansión con su singu-lar aspecto maligno. ora aminorando el ritmo para describir una escena de horror especial ora deteniéndose por completo -es decir. MissLilly.Mervyn sea un librepensador. «allá en Ballyfermot».Sally. que. arrancó a hablar -en aquel terreno en el que tan bien se desenvol-vía.que creía a pie juntillas en aquellas histo-rias. como era su costumbre. habían ocupado inquilinos misteriosos y había sido escenario de peligros preternaturales. si no lo es. Ésta se hallaba situada junto a un solitario recodo de la estrecha carretera. la noche era gélida) y cuéntame otra vez lo que pasó en ese caserón. la buena ancianaSally. como si la vergüenzay la culpa la hubieran obligado a ocultarse entre los viejos y melancólicos olmos y las abundantes cicutas y ortigas. No es que Lilias necesitara ayuda. el párroco. pero. nadie le hubiera advertido acerca de los arcanos peligros que allí le aguardaban.hay personas que se llaman librepensadoras y no creen en nada. debe de ser una persona muy valiente y muy buena. para alcanzar los libros de la estantería (tranqui-lizante prueba de que el afable y solícito guardián de la casa estaba des-pierto y atareado. que unas veces escu-chaba embobada y otras se perdía hasta cinco minutos seguidos de su amable cháchara. A su manera tranquila.atiza el fuego (aunque era la primera semana de mayo. sin que. yo no he dicho queMr. -En nuestros días. a ver si consigues asustarme de verdad.para divisar el viejo caserón.

el viento volvía a aullar de tal manera que parecía estar riendo y llorando a la vez. Tal vez. grita desde el otro lado de la ventana: «¡Dejadme entrar. se atrevía a salir al huerto después de caer la noche. Oían de pronto los sollozos de los perros mientras arañaban la puerta de la casa. Oliver. los perros que tenían entonces se pasaban toda la noche dando aullidos salvajes entre los árboles y arrastrándose junto a los muros de la casa. como si alguien estuviera tratando de abrirla por la fuerza. ni joven ni viejo. Así que Clinton se dirige a la puerta de la casa y grita: « ¿Quién es?». perfecta-mente protegidos por el misterio de la noche. y a lo mejor al mismo tiempo que la carta. como conteniendo la respiración. Así. como ambos imaginaron. pues nadie. como si el propio conde -que el pobre descanse en paz. Y ¿no se acuerda del viejo Clinton. y no repararon en ella. y después otra vez a la ventana. y cómo les daba tanta pena que les entraban ganas de abrir la puerta y dejarlos entrar. luego venían esos ruidos que tan bien conocían. ni siquiera levantaron la cabeza cuando los saludó.Se topaba de repente con ellos en una revuelta del camino. pues sus problemas se habían resuelto ya prácticamente. a las cinco o seis semanas de estar durmiendo allí. ¡Caramba. Le daba mucho miedo el ruido que hacía su amo en la puerta cuando volvía tarde e iban él y el viejo Oliver a abrirle. estaba oyendo leer a Clinton. dejadme entrar!» «Es él». aunque la mujer parecía caminar despacio y el niño no dejaba de tirarle de la mano. dice también Clinton. El viejo Oliver tenía reuma en una rodilla. qué bien se acuerda! Aquello fue por una coz de uno de los caballos del conde. y que esperaba estar de nuevo con ellos en el plazo de unos días. se dice Clinton para sus adentros. Prime-ro se callaba el viento. Esto ocurría sólo en las noches muy oscuras en que no había luna. en la que le comunicaban que preparara sus cosas. No. ¿No era el viejo que cojeaba y llevaba una extraña pelu-ca negra? -Sí. aunque poca necesidad había allí de perros. y los dos miran primero a la ventana y luego el uno al otro. se oyó un espantoso golpeteo a la ventana. le contó cómo. Aquí la viejaSallyreanudó sus labores de punto. los dora-das camuesos que asomaban entre las hojas iluminadas por los rayos del sol poniente y resultaban tan apetecibles a los escolares de Ballyfermot seguían intactos cuando resplandecía el sol matutino. y se detenía creyendo que se trataba de alguna dama que había venido aquí por alguna razón. y la voz del conde. él era mozo de cuadra entonces -rea-nudóSallysu relato-. -A mí me contó aquello varias veces -dijo la viejaSally-. Y la viuda Cresswell se encontró con ellos a la caída de la noche en la vereda del huerto y no supo de qué se trataba hasta que vio a los hombres intercambiarse mira-das inteligentes mientras ella contaba la historia. supercontentos y muertos de miedo a la vez. dice el mayordomo. que era muy leído. junto al espeso grupo de árboles viejos. y encima estaba cojo. como si estuviera escuchando el viento en el recinto embrujado de la casa de los azulejos. la cabeza inclinada y un dedo en los labios. cuando los vecinos arrendaron el huerto que lle-gaba hasta las ventanas de la parte trasera de la casa. finalmen-te. pero no oye ninguna respuesta.pidiera entrar. -La misma noche que le sobrevino la muerte en Londres. Prevención ésta que no se debía a ningún capricho. «Claro que es él. ¡vive Dios!». y mientras estaba leyendo. ha dado la vuelta a la . había visto por dos veces la misma escena. y al no hacer ellos ningún amago de moverse ni de ir a abrir la puerta. que había suspendi-do durante unos momentos.ora. pero los forasteros pasaban raudos como la sombra de una nube. Mick Daly escogió como lugar para dormir el desván encima de la cocina y juró que. Cuando se hizo con el huerto. bajando la voz en una especie de susurro narrativo cuando llegaba el momento critico. y luego prosiguió con su narración. dejadme entrar. caminando en silencio por entre los retorcidos troncos con un niño pequeño de la mano. que iba sonriendo y brincando a su lado. el viejo mayordomo. eso es. la carta que le habían mandado por correo aquel mismo día. y también un silbidoy unos golpecitos con el látigo en la ventana. que no era otra que una dama vestida con capa y capucha. MissLilly? -Creo que sí.

y entonces corre la tranca y abre la puerta. la narración de la viejaSallyfluía como un río. pues conocían bien sus proble-mas. Pero lo que más la asustaba era que a veces encontraba una marca larga y derecha desde la cabeza hasta los pies de su cama. mientras Lilias caía en un sueño profundo.casa para llamar en la puerta trasera. por ejemplo. »Pero lo peor de todo era la pobreKittyHalpin. Y ya no vio nada más. Y así. con una mirada torva. y se va hacia la ventana tranquilo y premioso. historia tras historia. Dicho lo cual. hasta que a la pobre le entró una fiebre muy fuerte y murió antes de que transcurrieran cinco semanas de aquello. pues sólo lo ha visto un instante con el rabillo del ojo. esgrimiendo la muleta a modo de arma. como las de un muñeco que intenta hablar. alguien que tropezaba con cajas. y ha entrado como si viviera en la casa. Su madre dijo que había pasado despierta toda la noche por unos pasos misteriosos que oía en la habitación conti-gua. no está seguro. pero no dejaba de rezar pues algo le decía que no era eso. pero no le oigo bien". y ella se asusta muchísimo y dice: "Perdone su seño-ría. . y mirando constantemente hacia atrás con el rabillo del ojo. abría cajones y hablaba y suspiraba sin parar.. al enterarse Jinny Cresswell de lo que había ocurrido podéis estar segura de que no se quedó allí más tiempo que el imprescindible. que parece más blanco que la hoja blanca de la carta de su amo que está temblando entre su índice y pulgar. o algo parecido. y ella se da una vuelta en la cama para que sepa que hay alguien allí. No ha podido ver hacia dónde ha ido. «Voy a abrir la puerta de todos modos». como. y luego la narradora salía sigilosamente en dirección de su aseada alcoba y de sus inocentes sueños. dice. « ¡Eh! ¿Me oye? ¿Quién está ahí?». pre-gunta el mayordomo. le dice algo. como otra boca completamente abierta que se está riendo de ella. pero no oye ninguna respuesta ni ningún ruido fuera. Y Clinton cie-rra la puerta y se echa a temblar de miedo y vuelve con Oliver. y bien muerto que estaba. la pobre. « ¿Qué es? ¿Qué es?». llorando y temblando. y que el lugar solía estar caliente. siempre que entraba por una puerta la otra se cerraba rápidamente. cuando iba al gran dormitorio del señor. pero no volvió a tomar bocado ni líquido nunca más. pero en vez de marcharse se acerca a la cama y. y en esto que él alarga tanto el cuello que se le sale de la corbata y la cara se le queda vuelta hacia el techo. como si la hubiera hecho alguna cosa pesada que había reposado allí. el mayor-domo. como si alguien quisiera impedirle que saliera deprisa. hubiera salido de la habitación justo al entrar ella. pensando que así se marchará. mirando fijamente a Clinton. como si. que se había vuelto casi tan pálido como él. grita. y empieza a sentirse nervioso y vuelve a la puerta principal.. pero sus palabras son espesas y raras. y -¡que Dios nos pille confesados!. que estaba encima del vestíbulo. «y quiere entrar sin ruido». dice Clinton. y ella. sino que cayó desmayada en la cama. y estremeciéndose con cualquier ruido. Pero no ve allí ni hombre ni mujer ni niño ni caballo ni forma viviente alguna. Por la mañana acudió con su madre. pero a partir de entonces nadie vivirá tranquilo en la casa. A lo mejor ha sido un perro. «tal vez por eso se ha ido por ahí». pero sigue sin recibir ninguna respuesta. si hacia arriba o hacia abajo. se dirige a la puer-ta trasera y vuelve a preguntar a gritos quién es.ella ve en su garganta un corte. suspirando. y empezó a prestar atención a cosas en las que no había reparado antes. sólo nota algo que se cuela subrepticiamente entre sus piernas. »Después del susto que se había llevado con lo que había visto en el huerto. permane-cía sentada junto al fuego con la mano de su madre cogida. la muchacha que murió de lo que había visto. quienquiera que fuera. deseando dormirse y preguntándose quién podría ser cuando de pronto entra un hombre apuesto con una especie de holgado chaqué de seda y sin peluca (sólo un gorro de terciopelo). «El amo está muerto».

la cual había casado con un caballero apellidado Prosser. No se veía más que una mano. bellamente conformada. cuyas copias fueron entregadas al señor juez con el deseado efecto. resolvió eximirlo. Pero el concejal redactó un escrito.Prosser llegaron allí a mediados de junio. en su calidad de primo de la madre del joven heredero. hacia el 24 de octubre. después de ver cómo su numerosa servidum-bre la iba abandonando paulatinamente. de una persona de cierta edad. y ésta. Aquello ocurrió dos semanas después de que tuviera lugar el horrible robo de Clondalkin.Mrs. ha escuchado con especial interés y relata con suma minuciosidad. no sólo debería quedar eximido del pago del arriendo. des-pués de lo que había sufrido allí la familia de su yerno. hace una minuciosa y curiosa relación de cosas extrañas ocurridas en la casa de los azulejos. AldermanHarper. aque-lla casa no estaba embrujada por meros rumores de la gente. se produjo una extraña discusión entreMr.Prosser se hallaba sentada sola junto a la ventana del salón trasero. apoyado nada menos que por siete largas declaraciones juradas. los que nuestros antepasados llamaban cuentos de invierno-. las cuales. contemplando el huerto. y su padre fue entonces a ver alord Castlema-llard y le dijo sencillamente que no suscribía el contrato de arriendo porque en aquella casa ocurrían unas cosas extrañas y misteriosas que no podía explicar. por lo que voy a ofrecer aquí sólo algunos extractos de la misma. Bajo las cenizas de aquellos relatos se escondía un pequeño rescoldo de verdad. LordCastlemallard presentó una denuncia en el registro de la pro-piedad para obligar al señor concejal Harper a cumplir lo pactado y abo-nar las mensualidades del arriendo. en una carta fechada a finales de otoño de 1753. residente en la calle Mayor de Dublín. aunque al principio las considera san-deces. blanca y algo regor-deta. Las cosas extrañas y misteriosas no empezaron hasta un día de finales de agosto. como si alguien agazapado tratara de trepar. pues. pues la consideraba persona veraz. en vez de abrirle expediente judicial. sino que además debían demoler aquella casa por constituir una amenaza y estar permanentemente habi-tada por seres mucho peores que malhechores ordinarios. y la señora imaginó que la mano era de uno de los bribones que habían participado en él. Aquel año. El talAldermanHarper había tomado en alquiler esta casa para su hija. pequeña. un misterio para cuya solución tal vez alguno de mis lectores pueda aportar una teoría personal. aunque yo confieso no tener ninguna. Sin embargo. le dijo que la casa estaba embrujada y que ningún criado viviría allí más de unas cuantas semanas y que. MissRebeccaChattesworth. que es realmente curiosa ade-más de idiosincrásica. pero mi editor se negó a ello (y creo que con razón. quien. Yo quería reproducir aquí toda la carta. Para ser más claros.II Estoy seguro de que la joven se creía todo cuantoSallyle contaba. de unos cuarenta años. y no una mano joven. sino. se había encargado de la administración de la finca en que se hallaba situada la casa de los azulejos. que va aumentando con las nuevas aportaciones que hace cada nuevo narrador. hacia la caída de la tarde. Éste la amuebló y tapizó sin reparar en gastos.) La carta de esta vieja dama digna tal vez resulte demasiado larga. ylordCastlemallard. Lamento que la causa no se alargara al menos lo suficiente para que pasara a las actas del tribunal el relato auténtico e inexplicable que hace MissRebecca. .Mr. fábulas. Pero todo aquello no valía más que lo que suele valer semejante cháchara -prodigios. dijo que no podía seguir viviendo en aquella casa. según calculó.yMrs. cuando vio nada menos que una mano que se posaba sigilosamente en el alféizar de piedra.

sino que se limitó a preguntar quién andaba allí. al ir a la despen-sa por el pequeño tazón de plata en el que servía el ponche de su ama y posar la vista en la pequeña ventana de cuatro cristales. como ya saben. un hombre bastante testarudo y bromista. según he oído. Pero la noche del 13 de septiembre. y no se atrevía a andar por las habitaciones después de anochecer si no era en compañía de otra persona. hacia las nueve y media. no hizo ulteriores pesquisas. y. Convencido como estaba de que todo aquello era una broma o una impostura.Prosser era. Pero un martes por la noche. y el criado. un rechoncho dedo blanco. se oye-ron exactamente los mismos golpes en la puerta de entrada. Las mujeres se asustaron. Convencimiento que no se guardó para él solo. aunque con interrupciones. salpimentado de juramen-tos y amenazas contra el presunto conspirador doméstico.Lanzó un grito de terror. notó como un golpetazo. El criado no quiso abrirla. en un agujero practicado en el bastidor para instalar un cerrojo que cerrara el postigo. se encontraba sola en la cocina. esperaba el momento oportuno para pillar al granuja in fraganti. cosa que lo asustó bastante.yMrs. como si quisiera detectar alguna aspereza en su superficie. sentados en el salón trasero (que por entonces utilizaban como cuarto de estar). se alargaron. Prosser había cedido a la histeria general: cada cual se recluía en la casa a partir del crepúsculo. la que daba al huerto. Durante varias noches sucesivas estuvieron oyendo un tamborileo. y a lo largo de todo el muro. armado de un fusil. y una pre-sión como si alguien estuviera tratando de entrar por la fuerza. pero esta vez deslizándose lentamente por todo el cristal. según sus propias palabras. aunque el aporreo prosiguió en los cristales de la cocina. había llegado el momento de hacer algo. y se empezó a creer que el problema había desaparecido. Pero no oyó nada más que el ruido de una mano deslizándose despacio por la hoja de la puerta. sino que lo fue divulgando paulatinamente. primero la punta y luego las dos primeras articulaciones. que hurgaban el interior como intentando abrir algún pestillo. durante casi dos horas. «le dio un pasmo» y pasó todo el día siguiente en la cama. Esta vez la mano tardó varios segundos en retirarse.Mr. unas veces lentos y fur-tivos. pues no sólo sus criados.Prosser. parece ser que vio la misma mano regordeta -aunque fina.JaneEasterbrook. al cerrar. Hacia la seis de la tarde del sábado. justo debajo. ade-más. observó. Al volver la doncella a la cocina. la doncella inglesa. .junto a la ventana. como si se tratara de una señal clandestina. la cocinera gritó y profirió una especie de jaculatoria. fue a abrir la puerta trasera. ComoMr. producido al parecer con los nudi-llos. Aquella misma noche se oyó varias veces un apresurado aporreo en la ventana de la cocina. Luego pasaron varios días y noches sin que ocurriera nada raro. mientras la cocinera. Y todo ello en la parte trasera de la casa. pero no se descubrió nada que indicara que alguien había estado merodeando por la ventana. pero no vio nada. «una mujer honrada y sobria de unos sesenta años de edad». Se procedió al punto a registrar el huerto. para exasperación del amo y terror de su mujer. que deberían haber impedido la aproximación de cualquier intruso. Durante todo aquel tiempo. en la puerta trasera. con una especie de suave manoseo. En efecto. se vieron turbados por repetidos golpeteos en la ventana. había una batería de macetas. Al ver aquello. que. Sin embargo. sino también la buenaMrs. al principio suave y luego más fuerte. y otras tan fuertes y bruscos que parecía que se iba a quebrar el cristal. se rió de los miedos de su familia y decidió dar caza perso-nalmente al fantasma. y la mano se fue retirando lentamente.

Prosser. fue a cerrar la puerta gritando: « ¿Quién está ahí?». Mr. Los golpes eran suaves y regulares. No dijo nada aMrs. quienquiera que fuera el propietario de dicha mano. su brazo sufrió un extraño tirón. oyó unos golpes ligeros en la puerta de la casa. Por la mañana. Por entonces.Prosser y el cocinero. Mr. todos los moradores de aque-lla casa estaban muy nerviosos por lo de la mano. los mandó entrar de uno en uno y le hizo po-sar la palma de la mano sobre la mesa de marras para obtener así las hue-llas de todos los habitantes de la casa. Dejando abierta la puerta del salón.Mr. en el que tenía plena confianza.» Per-maneció despierto un buen rato. su marido.» Llamó a su criado. Era la primera vez que se oía llamar de esta manera en esa parte de la casa. «con la palma de la mano». como juró después. según supuso. y notó que algo extraño pasaba bruscamente por debajo.Prosser fue a examinar la marca sin darle mayor importancia (pero. pero no vio nada. no se encontraba ya fuera de la casa. No hacía nada de viento. La im-pronta del pie descalzo en la arena de la playa no asustó a Robinson Crusoe ni la mitad que aquello. espadas y cachiporras. cambió repentinamente de parecer y retrocedió despacio en dirección de la cabecera de las escaleras de la cocina. lo que permitía que se oyeran con total claridad. . sin embargo. el «fallo final» fue que la impronta de aquella mano difería por completo de la de cada uno de los moradores de la casa y que se correspondía exac-tamente con la de la mano que habían vistoMrs. y.Prosser.Prosser se dirigió con parsi-monia a la puerta. cuando iba abrir. El importunador. ni tampoco supo la razón por la que su amo había mirado hacia atrás con tanto nerviosismo y cerrado la puerta con tan tremendo portazo. El criado no vio ni notó nada.Hacía una semana que no se oían golpes. la mujer de la limpieza se quedó horrorizada al ver la huella de una mano en el polvo de la mesa del «saloncito» donde habían estado desempaquetando azulejos y otros objetos el día anterior. avanzando sigilosamente con un garrote en ristre seguido del criado. y la manera de llamar también era distinta. abrió la puerta con el bastón levantado. dio a éste otro par de pistolas y. lejos de asustarse de su proximidad. Todo transcurrió a gusto deMr. incluidos él mismo y su mujer. hacia las doce y cuar-to de la noche oyó cómo la palma de una mano golpeaba primero suave-mente la puerta de su dormitorio y luego se deslizaba despacio por toda la hoja.Prosser dejó de reírse del miedo de su fami-lia y se mostró igual de reacio que los demás a hablar de aquel asunto.Prosser se levantó sobresaltado y. Miró por todas partes. tras meterse un par de pistolas cargadas en los bolsillos del gabán. sino bien instalado en algún rincón de su interior. que se hallaba en el salón. airado. y. pero recibió como respuesta aquella misma rozadura en la puerta que tan bien conocía.Prosser y se retiró a su dormitorio antes de la hora habitual.Prosser se hallaba en el cuarto de los niños. Mr. se acercó a la puerta. Aquella sutil demostración dejó bien claro que. Pero. Se sentía profundamente inquieto e igualmente convencido de que al abrir la puerta de entrada el intruso se había colado en la casa. donde había «un armario metálico» junto a la despensa en el que guardaba sus «armas de fuego. y una noche queMrs. como si una mano lo hubiera sujetado. donde «leyó un rato la Biblia y recitó sus oraciones. y algunos medio locos. A partir de entonces.Mr. se impacientó más aún y cambió su golpe-teo suave del principio por una serie de porrazos enfáticos y estentóreos. más para tranquilizar a sus criados que por convencimiento personal).

presa de pánico. Abrió dicha puerta de un tirón y miró al interior. durante el cual. pero. Por encima de la cuna de la niña había un dosele-te con unos treinta centímetros de fondo. en frase del marido (y tíaRebeccaañade: «según le oí decir a ella misma. pero el gabinete estaba vacío. la rechoncha mano blanca. la mano blanca y regordeta de siem-pre. había visto «los terrores de la muerte». Víctima de un extraño paroxismo de terror. según el creyó muerta.Prosser rodeó la cama a tiempo para ver cómo la puerta del gabinete era cerrada por la misma mano blanca y rechoncha. Observaron que la pequeña estaba más tranquila cuando la cogían en brazos y que. sobre la almohada. reculó bruscamente primero y luego lanzó con toda su fuerza el libro de cuentas contra las cortinas detrás de las cuales suponía que se ocultaba el propietario de aquella mano. que aparecen debida-mente detallados en la extensa carta deRebecca. algunos de los cuales. La madre profi-rió un grito y sacó inmediatamente a la criatura de la cuna. con la palma hacia abajo. con la ayuda de todos los criados. y los médicos dictaminaron que el mal se debía a principios de agua en el cerebro. dondeMr. una mesita de tocador y un espejo que miraba a las ventanas.Prosser. pero baste con esto. cerca de su cabeza y asomando justo entre las cortinas. lo cual le pareció tanto más inexplicable por cuanto sabía que ésta se hallaba acostada.Mrs.Prosser empezó a verse turbada por unos extraños y horribles sueños. La cuna se hallaba colocada longitudinalmente a la pared. asomando por la abertura del armario empotrado. avanzaba hacia la cabeza de la niña. y entre ellay la niñera la bajaron al dormitorio de los señores. y cerraron la puerta al entrar. que bajaba hasta unos veinti-cinco centímetros de la almohada en la que reposaba su cabecita. y escudada por la sombra del doselete. su marido podría haber agregado: "Y también los terrores del infierno.eran unas pesadillas realmente espantosas.Prosser a cerrar la puerta de la alcoba.Prosser. La singularidad de esta historia me parece a mí que .» Luego tocó la campanilla y. Finalmente. se pasaba en vela todas las noches junto a la cuna de la pequeña. a excepción de la ropa que colgaba de las perchas de la pared. y durante unos segundos creyó. la niñera descubrió la causa de los padeci-mientos de la criatura (yMrs. ni siquiera la respiración de su mujer.Prosser la descubrió al mismo tiempo espiando la dirección de sus ojos. si la volvían a dejar en la cuna. acompañada de la niñera. Hubo muchas más cosas. toda vez que él gozaba de un oído particularmente fino. Había una vela ardiendo en la mesita de noche además de la que él portaba en la mano. Mr.Prosser se recupe-rara de aquel «trance». no se podía dormir en la cuna. a los pocos segundos. una niña de dos años y medio. oyeron un suave golpeteo en la puerta. con el cabezal tocando a la puerta de un armario empotrado o aparador. llevaba asimismo bajo el brazo un librote de cuen-tas relacionadas con los negocios de su suegro. Y una noche. La volvió a cerrar y echó el pasador.Prosser se hallaba durmiendo. con la muñeca apoyada en la almohada y los dedos avanzando hacia la sien con un movimiento lento y ondulado. Descorrió la cortina y vio aMrs. a juzgar por su aspecto. al irMr.Aquella misma noche. Ésta se retrajo hábilmente entre las cortinas yMr. según sus propias palabras. y. se ponía enseguida a gri-tar aterrorizada.Prosser tendida en la cama. con la cara lívida y cubierta de escarcha.) Vieron cómo. que no se cerraba del todo. consiguió queMrs."») Pero el suceso que al parecer desencadenó la crisis definitiva fue la extraña enfermedad de su primogénita. se extrañó de que no se oyera absolutamente nada en la habi-tación. «que iba a enloquecer. Mrs.

le gusta hablar y hablar de lo que más le interesa. siendo niño. había dormido durante cierto tiempo en el que. Espero que el lector me perdone por haberme alargado tanto con la historia de la casa de los azulejos. . y especialmente a la de cierta edad. de quien hablaba en pasado como «el pobre Jemmie». y no es que se tratara de una mano separada de su cuerpo. Uno de los pocos habitáculos humanos que proyectan hacia lo alto sus columnas de humo de turba en medio de esta llanura solitaria es el construido con tierra y de techumbre malamente cubierta de paja de un «granjero duro». que tenía delante todos los días a la hora de desayunar. mientras desayunaba en el colegio universitario. siempre que se sentía enfer-mo. tras dejar atrás las colinas de Killaloe a la izquierda. por alguna hábil arti-maña. aunque bastante locuaz. olvidando a menudo que los demás podrían aburrirse. cuyo carácter agreste y melancólico alivia algún que otro seto desparramado. tuve ocasión de conocer aMr. y ya saben: a la gente en general. Pero este ancestral relato popular siempre ha tenido un encanto especial para mí. según su madre. el cual nos contó a todos de manera muy concisa la historia de su primo. Se asienta en medio de un racimo de árboles junto al borde de un riachuelo serpenteante. que tenía una peluca de muchos bucles. un traje de encaje lleno de botones y pliegues. agotado por el trabajo o con algún tipo de fiebre. por una cadena de colinas más bajas. se veía constantemente constreñido a mencionarla. sustraerse a la vista. se va viendo gradualmente rodeado. como llaman enMunstera los más prósperos de los labriegos. y nada más. y destacó el horror y la angustia tan terribles con que su primo. La persona a la que perteneciera dicha mano no apareció nunca. El que viaja deLimericka Dublín. se había visto atormentado por la visión de cierto caballero regordete y pálido.estriba en que describe el fantasma de una mano. y un rostro sensual. y durante muchas generaciones ha dado cobijo a una familia de apellido Donovan. EL GATO BLANCO DE DRUMGUNNIOL ¡Quién no ha oído contar de niño la famosa historia de la gata blan-ca! Pero yo voy a contar aquí la historia de un gato blanco muy distinta a la de la amable y encantada princesa que tomó este disfraz durante una temporada. comer y cenar. visión que se había quedado grabada en su memoria con la misma fuerza que el atuendo y las facciones del retrato de su padre. malicioso y desagradable plagado de arru-gas. En el año de 1819. a la derecha. sino simplemente de una mano que se manifestada de tal manera que su propietario conseguía siempre. Éste. y. cuando el monte Keeperse yergue a su vista. Prosser -un anciano delgado y grave. En medio se extiende una llanura ondulada que se va hun-diendo paulatinamente hasta un nivel inferior al del camino. con el pelo cano y recogido en una coleta-. era el cuarto embrujado de un caserón cerca de Chapelizod. individualizada y persistente. James Prosser. Mr. El gato blanco del que voy a hablar es un animal mucho más siniestro.Prosser citó aquello como un caso especial de pesadilla monóto-na. a lo largo de toda su vida. a medio camino entre las montañas y la carretera de Dublín.

tanto que parecía acariciar la hierba bajo sus pies. al parecer sin verme. Fue él quien me contó estahisto-ria. con sus mismas palabras. Yo he visto muchas veces esa antigua y singular granja de labriegos: su huerto de inmensos manzanos cubiertos de musgo. que doscientos años atrás había servido de refugio contra agresores y bandidos. me cansé final-mente y me puse a mirar a mi alrededor. testigo de los trabajos de una raza ya pasada. Ni siquiera ahora. señor. La impresión general de soledad hacía de todo aquello un escenario ideal para un relato salvaje y sobrenatural. y tras preguntar por algún profesor capaz de ins-truirme en la lengua irlandesa. Dono-van. como yo había esperado. haciendo barrera. prosiguió como si el agua no fuera obstáculo. o en la melancólica belleza de una puesta de sol otoñal. y así la vi. inofensivo y muy instruido. el perfil oscuro y dominante del viejo torreón al fondo. Yo tenía sólo trece años entonces. Cuando era niño. Pues he aquí que. de la manera más fiel posible. que jamás he encontrado en mi vida a una persona más sencilla y más de fiar. pues me confió muchos pensamientos suyos largo tiempo callados y muchos recuerdos de su terruño y de sus primeros años. el seto. y vi a una mujer que asomaba por un extremo del huerto y empezaba a bajar la cuesta. pensando en las escenas heroi-cas que acababa de leer. después de la habitual panzada de lectura. con una línea de rocas grises y racimos de robles enanos o abedu-les. Ahora se ganaba la vida dando clases. la manera como iba vestida me resultó tan singular en aquella parte del mundo donde el atavío femenino estaba perfectamente reglamentado por la tradiciónque no pude quitarle los ojos de encima. Su itinerario en línea recta la habría hecho pasar -haciendo abstracción de la laguna. deseoso de estudiar varios legajos irlandeses que habían caído en mis manos. donde la perdí de vista. o en el gélido esplendor de una noche de plenilunio. Apenas tenía fuerzas para volver a casa y estaba tan asustado que durante tres semanas permanecí recluido en casa sin poder estar solo ni siquiera un minuto. cerca de allí. o una mente cualquiera con las ilusiones de la fanta-sía. un lugar solitario de-lo más apropiado para estudiar con tranquilidad. Descubrí que había estudiado con una beca en elTrinity Collegede Dublín. y supongo que la índole especial de mi estudio debió de estimular su amor patrio. Se encuentra en una vaguada limitada al norte por el viejo huerto.Lejos de allí. personaje soñador. aquel escenario coadyuva-ba a sintonizar una mente soñadora como la del honrado Dan Donovan con la superstición. no obstante. como si le sirviera de guía. Al acercarse noté que iba descalza y parecía ir mirando a un punto fijo. Estaba tan despierto como lo estoy ahoramismo. visto en el gris de una mañana invernal. a ciento cin-cuenta pasos de distancia. y recuerdo cada detalle como si hubiera ocurri-do ahora mismo. la solitaria cadena de colinas cubiertas de aliaga y bre-zales. y que aún ocupa su antiguo emplazamiento en la esquina del granero. Estuve a punto de perder el conocimiento de puro terror. atravesar la laguna sobre su superficie y pasar. Iba atravesando diagonalmenteel vasto campo con paso regular. Yo imaginaba perfectamente cómo. El horror que me había producido la aparición en aquel campo fue tal que ya no volví nunca más a aquel lugar. me recomendaron a un talMr. La figura atravesó una abertura que había en el ángulo más alejado del campo. después de tantos . Llevaba un vestido gris claro y muy largo.que intentaré repetir aquí. solía llevarme laHistoria romana deGoldsmitha mi lugar favorito. en vez de dete-nerse al borde de la laguna. me contó. y. con la misma claridad como lo veo a usted. tan frondoso. y vivía en Drumgunniol. similar a lo que en Inglaterra he oído llamar lago alpino. cubierta por doquier de nieve. la torre desmo-chada cubierta de hiedra. a la distancia aproximada que yo había calculado.a unos diez metros más abajo de donde yo estaba sentado. Es cierto. una piedra lisa situada cabe un espino junto a una laguna bastante profunda. Un día.

muy pocos chicos de mi edad habrían podido decir del suyo. nos encontrábamos esperando a que volviera a casa mi padre de la feria de Killaloe. se volvió hacia mí. Aquella aparición la relacioné enseguida con un acontecimiento misterioso o. Por fin oímos su vozy sus enérgicos golpes en la puerta. Yo era pequeño y ligero para mi edad. y. con mis brazos aún en su cue-llo. se dirigió hacia la lumbre y se sentó en un taburete con los pies extendidos hacia la turba candente y las manos apoyadas en las rodillas. -No.Mickey. pálido y triste. vol-vía a casa algo alegre y achispado y con las mejillas arreboladas. se me ocurriría pasar por allí. Ella obedeció. si es así. Procuraré contárselo a ustedes de la mejor manera posible. Mis hermanos y hermanas. -Bienvenido a casa. así como los cria-dos de la granja. querida -contestó él. y. Me había quedado acompañando a mi madre. en toda la comarca. y dime si hay alguna otra novedad. las dejó junto a la pared. No es ninguna fantasía mía. -Que Dios te bendiga. y luego rodeó con los brazos el cuello de su mujer y la besó tiernamente. bajándome con aire muy deprimido. dijo a mi madre: -Echa el cerrojo. mira esa cena caliente que te está esperando y atácala. Todo anda bastante bien. y mi madre se levantó a abrirle. querido -dijo mi madre.años. y él me cogió en sus brazos y me besó. que estaba tirándole de la mano. Mick. pues me encan-taba aquel tipo de vigilias. con una fatalidad singular que durante casi ocho años se ensañó con nuestra familia. si se quiere. Pero aquella noche tenía un aspecto deprimido. Entró con la montura y las bridas en la mano. Mi madre y yo estábamos sentados junto a la chimenea charlando y vigilando que la cena de mi padre se mantuviera caliente en el fuego.Las vacas se han vendido bien. y no hay ningún problema entre el amo y yo. tras acariciarla de nuevo. o cual-quier otra cosa que te pueda preocupar. un año después de la referida visión en el campo de la laguna-. y cuéntame si se ha vendido bien el ganado y todo ha salido bien en la feria o si has tenido algún problema con el amo. . tesoro. gracias a Dios. Yo no creo haber visto nunca a mi padre borracho.Molly. Recuerdo la noche en que. salvo los hombres que volvían de la feria con el rebaño. -Alegra esa cara. cumplidos ya los catorce años -es decir. Mick.entonces. mujer. cuando había feria o mercado. cosa que. -Bueno. pues él venía a caballo y nos había dicho que se pararía a verlos marchar y luego vendría corriendo a casa. que estaba ponién-dose nerviosa-. cerca de la puerta. celoso de su atención. y él. y lo mismo las demás cosas. Sabíamos que volvería antes que los mozos que traían el ganado. nada. se habían retirado ya a descansar. Todo el mundo de esta comarca sabe perfectamente a qué me estoy refi-riendo (y todo el mundo relacionó entonces con eso mismo lo que yo había visto). Meehal -dijo ella besándolo cariñosamente. Lo cual no significa que no se tomara su vaso de whisky como todo hijo de vecino. Y.

. después de dejarlo -me había llevado conmigo la montura y las riendas. Mi padre terminó su relato. Bueno. agregó con una risita-: ¡Eh! Seguro que es una broma que me estás gastando.. y que Teigue vio ayer una gran rata blanca en el granero. así que pensé que podía dejarlo en el campo de abajo. y después a un lado y luego al otro. -Cuando subía por la vereda. ¿verdad? -dijo en voz muy baja volviéndose hacia mí. y exhaló un fuer-te suspiro. si me quedo quieto.. en realidad ha ocurrido algo que me ha quitado las ganas de tomar nada. el cual. mirándome todo el tiempo con sus ojos centelleantes. -No ha entrado en casa nada conmigo. mi madre se apoyó en él.. y.y luego. si es que a eso se le puede llamar un gato y no otra cosa peor. empezó a murmurar para sí. Dando a mi padre una palmada en el hombro para animarlo un poco. como el animal estaba muy tranquilo. Yo sabía que estaba recitando sus oraciones. en voz baja y con la vista fija en el fuego. Tenía el rostro húmedo y reluciente por los sudores del miedo.. y juraría que lo oí aullar al pegarse a mí -tan pegado como estamos nosotros dos. con tu mujer levantada y todo lo demás? -le regañó mi madre. y a lo mejor a saltarme al cuello y pegarme un mordisco. -Nada de color blanco ha llegado hasta la puerta conmigo ¿verdad? -repitió. -No ha sido ninguna rata ni ningún conejo. -Mejor -dijo mi padre. Mi madre se había dejado vencer por el pánico y estaba rezando de nuevo.y no tengo ganas -contestó.. -Nada -contesté nuevamente. pues sabía lo que significaba la aparición del gato blanco. He visto al gato blanco. nada más que la montura y las riendas que traías en la mano. lo besó y luego se echó a llorar. tratando de repo-nerse. Yo estaba también terriblemente asustado. recordé que los mozos iban por el camino con el ganado y que nadie cuidaría del caballo si no lo hacía yo. Así que te diré lo que ha pasado. Fue al volverme. lo conduje fácilmente por todo el camino. Él le apretujó las manos. pues a lo mejor me queda ya poco tiempo de estar aquí.hasta que conseguí llegar aquí y llamé a la . a restregarse el lomo contra mis espinillas. con aspecto muy apurado. que se me acerca dispuesto. y con ganas de llorar. -Has interpretado mal lo que he dicho -repuso mi padre-. Me han dicho que el domingo pasado cayó en una trampa un conejo blanco en el bosque de Grady. Mi madre esperó un rato a que terminara su plegaria y luego le pre-guntó dónde lo había visto por primera vez. y así un rato.-Ya he cenado en el camino. padre -dije yo-. Mira. que pareció más bien un gemido. No irás a decirme que confundo una rata y un conejo con un gato blanco grande con unos ojos verdes más grandes que platos y el lomo arqueado como un puente. de repen-te tan páliday d escompuesta como mi padre. tras hacer la señal de la cruz.cuando lo vi aparecer por detrás de la hierba que hay junto al camino y ponerse primero delante de mí y luego detrás. -Nada. Bueno.no voy a andarme con misterios contigo. -¿Que has cenado en el camino sabiendo que te esperábamos en casa.Molly.Molly. y luego se pasó su mano grande por la frente una o dos veces. -¡Que el Señor se apiade de nosotros! -exclamó mi madre.

imposible. y quería triunfar en el mundo. y fue ésta la única cruz que tuvo que llevar. Yo hablé hace tiempo con muchas personas ancianas que recordaban con nitidez todo lo relacionado con este caso. a todos los miembros de esta fa-milia de labriegos. me temo. pero al ser ella tan hermosa podía esperarse hacer un buen casamiento. Tam-bién bebía lo suyo y maldecíay blasfemaba cuando se enfadaba. en aquel encuentro con el gato blanco. setenta ovejas y ciento veinte cabras. Se casó. Pero se portó mal con ella: le prometió el matrimonio y la convenció para que se fuera con él. Ocurrió de la siguiente manera: Mi tío abuelo. ¿Ochenta años? Bueno. Pero el dinero no ablanda un corazón duro. con un terrible presentimiento? Sencillamente por-que todos y cada uno de nosotros sabíamos que mi padre había recibido. peor casamiento que el suyo. Acabó casándose con una joven de los Collopy que tenía una gran fortuna: veinticuatro vacas. amén de libertino. Hace ya ochenta años que esta maldición anda asociada con mi familia. según me contaron-. Pero aquello no le quitó el sueño al inhumano labriego. Una noche. y estaba casi siempre seco en . a mi madre. y se enamoró de ella.Según me han con-tado. Se había cansado de ella. pues. volvía de la feria de Negagh. Una semana después. Connor Donovan. Los años del hambre acarrearon grandes cambios. pues todo lo demás le salía a pedir de boca. ya no queda allí ningúnColeman. y este tipo de personas suelen ser crueles de corazón.y es probable que esta familia se haya extinguido. Un riachuelo atravesaba entonces la carretera -habían construido un puente hacía poco en aquel punto. como era de suponer. y deduje que era por el des-canso de aquella alma desaparecida. finalmente. Con Donovan -mi tío abuelo. Pues bien. Le habría gustado tener hijos. como habéis oído. por el movimiento de sus labios comprendí que estaba rezando. YEllen Colemanmurió con el corazón destrozado. En aquella época vivía en las montañas. más. pero al final no cumplió su palabra. ¡que Dios le haya perdonado!. noventa años sería más exacto. con estaMaryCollopy.. pero no tuvo ninguno. mi tío abuelo era un hombre cruel. ¿por qué una circunstancia tan simple agitaba a mi padre. ni el padre de mi padre. Se llamabaEllen Coleman. por desgracia. mi padre cogió una fiebre que se había propagado y murió antes de un mes. un aviso de su muerte inminente. y. Fue la his-toria de siempre.la veía a veces en los mercados y fiestas patronales.LosColemanno eran ricos. y se hizo todavía más rico. Poco después reanudó su relato. a mí mismo y. pues tomó en arriendo Balraghan durante unos años e hizo mucho dinero. Pero. Y no falló tampoco esta vez. Aquel mal fario no había fallado nunca hasta entonces. una bonita muchacha de la familia de losColeman. Era más rico de lo que nunca llegaría a ser mi padre.. de lo que convenía a su alma. era en aquel tiempo propietario de la vieja granja de Drumgunniol.puerta. Mi buen amigo Dan Donovan hizo una pausa. no lejos de Capper Cullen.

pero el animal reculó. una cosa blanca que. Contó lo que le había pasado. hacía las veces de carretera. le asestó un fuerte golpe en la espalda que le hizo dar con la cabeza sobre el cuello del caballo. pero aseguró que no había reconocido la cara de la figura que había visto en la abertura. repitió su historia. Como aquella noche había luna. a pesar de las caricias y latigazos de su amo. todo él tem-blando y echando vapor. o creyó ver. el caballo se paró en seco.verano. durante el velatorio. presa de terror.y mandó llamar enseguida al sacerdo-te. cuando hubo alcanzado los dos fresnos junto a la granja. como correspondía a un labriego tan importante y acaudalado. pues todo el vecindario sabía de sobra que era el rostro de la muertaEllen Colemanel que había visto. En este caso particular se siguió. La práctica corriente es colocar el cuerpo en el gran salón de la casa. al verse tan cerca de la casa. una disposición distinta: el cadáver se colocó en una pequeña habitación que daba a la más grande. empleando con saña el látigo y las espuelas. Aquella marcas extrañas -según decían. Por supuesto. sobre todo porque no le encontraba ninguna explicación. perdió la poca paciencia que le quedaba y. con el corazón apesadum-brado y la conciencia intranquila-. donde permaneció inmóvil. La puerta. Podría haberlo divulgado con total franqueza. con pocas revueltas. Cuando se hubo recuperado lo suficiente para poder hablar -aunque como quien se encuentra en su última hora. no era mayor que su sombrero. deslizándose lentamente por el terreno en la misma dirección y dando de vez en cuando unos pequeños saltos. aunque un tanto a su manera. Al acercarse a la «abertura». alcan-zó la puerta en un santiamén. la cual. el caballo se puso en movimiento de un arreón. Pero nadie lo creyó. por alguna razón especial. irrumpió en maldiciones y blasfemias. vio. Se vol-vió un hombre asustado. junto a él. Pero. al pasar bajo el amplio ramaje del roble. al pasar a su lado. taciturno y atribulado. y con la caída de las primeras hojas del otoño murió. Lo encontraba muy débily enfermo. el animal. Por alguna razón. De repente. Su mujer no sabía qué pensar. cabe el roble. mi tío abuelo dirigió su caballo hacia aquel riachuelo seco y. mientras la puerta permanecía abierta para la recepción. cerca de la vieja granja de Drumgunniol. Estuvo hablando un buen rato -con el sacerdote. Se bajó para llevarlo de las riendas. mi tío abuelo entró. a una mujer a la orilla del lago con el brazo extendido. que la gente utilizaba entonces como atajo para llegar hasta la casa. lo hizo bajar hasta el lecho con la intención de franquear la abertura que había en el otro extremo. hubo velatorio. Había luna llena y mi tío esta-ba muy enojado por la resistencia del animal. vio claramente. dado que pasaba. Cuando lo llevaron a su cama vieron claramente las marcas de cinco uñas en la piel de su espalda. Mi tío abuelo le gritó y lo espoleó en vano. Ciertamente tenía un secreto que contar. mi tío abuelo no volvió a recuperarse. Había candelabros alrededor de la cama. Desde aquel momento. aunque estaba segura de que algo muy malo le había ocurrido. Cuando estaba seco. y encontrarse así a unos doscientos metros de su puerta. Vol-vió a montarlo. como les he dicho. permaneció abierta. Al alcanzar la abertura. según él mismo describió. donde se había abatido el golpe espectral. Era el principio del verano. seguía aterrorizado y persistía en su obstinación. pipas y tabaco sobre la mesa. . estornudó y le entró un terrible ataque de temblor. pero que no podía decir con seguridad qué era exactamente ya que se movía a lo largo del seto y desapareció en el punto hacia el cual él se estaba dirigiendo. Más muerto que vivo. los preparativos de la cere-monia fueron algo diferentes de lo habitual. y taburetes para las personas que quisieran entrar. tenían el color de un cuerpo alcanzado por un rayoquedaron grabadas en su carne y le acompaña-ron a la tumba. y Con Donovan.

-Dadle una vela -convinieron todos. La puerta estaba medio abierta. por lo que la largaMrs. que sabía rezar casi como un sacerdote. Con el ruido que estáis haciendo no oigo nada. a pesar de sus comentarios anteriores. lo he visto -insistióMolly-. que iba rezando todo lo deprisa que se lo permitían los labios y encabezaba el grupo con una vela de sebo. que no era un .Doolan no corrió ningún peligro de tropezar con ella al entrar. En los años que llevo vividos he amortajado a muchas personas. con semejante bestia encima. cogida con los dedos. salió de la habitación con un grito.no sigas hablando. ¿Quién de vosotros ha dejado entrar ese gato aquí. y tirando con fuerza de ella mientras todos los que la seguían retrocedían alarmados por su vacilación.Molly. anda! Eso es lo que has imaginado al entrar en la habitación oscura. lo dejaron solo en esta pequeña estancia mientras hacían los preparativos para el velatorio. una mujer delgada y tiesa. -Con vela o sin vela. Si la mano de mi tío abuelo había estado extendida por el suelo. ¡El amo de la casa. se paró en seco. y de quien es? -preguntó mirando con rece-lo al gato blanco que se había acomodado sobre el pecho del cadáver. una vez que hubo recuperado el habla. al acercarse a la cama una de las mujeres a coger una silla que había dejado al lado. Después del crepúsculo. échese atrás! -exclamó des-pavorida la mujer que estaba cerca de ella cogiéndola repentinamente por el vestido. Todos se estaban santiguando. dijo: -¡Que me muera ahora mismo si no tenía la cabeza levantada y esta-ba mirando fijamente a la puerta. casi podría jurar que he visto también que sacaba tres veces el brazo de la cama y lo arrastraba por el suelo para agarrarme por los pies. musitando sus conje-turas y aprensiones sobre la naturaleza de aquel bicho. sosteniendo la vela en alto para ver mejor la habita-ción. Pero. con el rostro demudado.Una vez amortajado el cadáver.Doolan.Y. -¡Sacadlo de ahí ahora mismo. -¡Eh. mujer de Dios? -dijo una de sus compañeras. con los ojos más grandes que platos de peltre. mujer! Tú estás chiflada -dijo uno de los mozos de la granja. y. vamos! -ordenó horrorizada ante semejante profanación-. -Que alguien me dé una vela. de la manera sobrenatural antes descrita. -¡Shhh! ¿Queréis callaros? -exclamó la cabecilla perentoriamente-. no había ni uno de ellos que no pareciera pálido y asustado mientras seguían aMrs. mirando fijamente a la cama que ahora se veía perfectamente.Doolan. por todos los santos del cielo -dijo la vieja Sal Doolan. como una cerilla. tal y como la despavorida muchacha la había dejado. como un demonio! Que Dios me perdone por mentar al maligno en esta habitación. -Sandeces. o manto. ¡vamos! Cada cual retransmitió la orden. ¿Por qué no cogiste una vela. Tú estás chiflada. pero nunca había visto nada semejante. qué dices. ésta se aventuró en el interior. ¿Para qué puede querer él un pie tuyo? -exclamó uno desdeñosamente. -¡Que Dios nos bendiga!¡Mrs. y rodeada por un auditorio boquiabierto. sin duda éste la había recogido bajo el lienzo que lo cubría. que centelleaban a la luz de la luna! -¡Hala. sin luz. Que alguien lo saque de ahí ahora mismo. pero sin que nadie pareciera dis-puesto a ejecutarla. lo que es más. Pero no había avanzado más que unos pasos con la vela en alto cuando.

y enterrado con todas las debidas ceremonias. Pero. convencida de que el bicho iba a morderle en el cuello. que a modo de cobertor bajaba casi hasta el suelo. maullando despacio pero feroz-mente conforme se acercaba. Rezando y santiguándose. lo ocultó a la vista. al mirar a su alrededor bajo los ramajes del viejo huerto. Pero hay una diferen-cia. y transcurrió un buen rato antes de que los más temerarios se atrevieran a echar otro furtivo vistazo. si no exactamente igual. De nuevo se reprodujo casi la misma escena. al abrir la puerta encontraron el gato blanco sentado. El gato blanco seguía sentado donde antes. el fantasma mantiene una relación de afecto hacia la familia afligida a la que está hereditariamente asociada. y ponerse a maullar a su oído. el gato se colocó sobre el cojín que había junto a la cabeza del cadáver y. y sin olvidarse de echar agua bendita. por muchas precauciones que toma-ran. lo que la hacía saltar con un grito y una plegaria. horcas y otros aperos por el estilo. se pusieron finalmente a buscar bajo la cama. siempre que dejaban solo al hombre muerto. tras lanzar una mirada torva a todos los presentes. mientras que este bicho es claramente sospechoso de malignidad. siempre que alguien entraba en la habitación veía al gato encima del cadáver. el más vengativo de los brutos. vio a un gato blanco sentado debajo de la pequeña ventana del cuarto donde yacía el cuerpo de mi tío abuelo mirando fijamente a los cuatro pequeños cristales cual gato que ojea a un pájaro. sí de manera muy parecida a como se le había aparecido a mi padre. hasta que la puerta se abrió finalmente para el velatorio. ya he acabado con él. Ningún fantasma se ha asociado nunca tan indisolublemente a una familia como esta nefasta aparición a la mía. el gato se le apareció. Todos salieron a empellones de la estancia en medio de una espantosa confusión. como si no hubiera sido molestado en ningún momen-to. Cuando a mi abuelo le llegó la hora de la muerte. fue deslizándose lentamente a lo largo del cuerpo exánime hacia ellos. y. aunque no lo veía. De repente. sobre el pecho del muer-to. pero ahora saltó tranquilamente por un lado de la cama y desapare-ció por debajo de ésta. sobre el pecho del hombre muerto. sólo que algunos dijeron después haber visto al gato escondido debajo de una gran caja que había en un rincón de una habitación exte-rior. así como su libro de oraciones y rosarios. Pero el gato ya no estaba allí. donde mi tío abuelo guardaba su contrato de arrendamiento y demás papeles. El día antes de que mi tío Teigue perdiera la vida por la explosión de su fusil. Mrs.gato de la casa ni nadie había visto nunca. a la mañana siguiente.Doolan lo oía maullar a sus talones donde quiera que iba. lo oía saltar sobre el respaldo de su sillón cuando ella se sentaba. y. Pero no he acabado aún con el gato blanco. Es sencillamente el mensajero de la muerte. aunque él parecía estar bien en aquella época. Una vez muerto mi tío abuelo. según dicen. En resumidas cuentas. Y el que haya adoptado la forma de gato -el más frío y. el gato estaba allí acompañándolo fatídicamente.es bastante indi-cativo del tenor de su visita. y dedu-jeron que se había escabullido entre sus piernas mientras estaban en el umbral. Así. Generalmente. el lienzo. Y así prosiguió para estupor y terror del vecindario. con semejante resulta-do. Y el monaguillo. se le apareció al atardecer. cerraron bien la puerta con cerrojo y candado. armados de palas. «zarzos». . cerrando bien la puerta tras ellos.

. Cada miembro de nuestra familia que muere. o enferma de muerte. ella estuvo a punto de desmayarse aunque logró llegar hasta la puerta de la casa. sólo un mes después. a las dos o las tres de la madrugada. ve antes fatídicamente al gato blanco y sabe que ya le quedan pocos días de vida. Mi pobre tíaPeg-que se casó con un O'Brian. hiciera lo que hiciera mi tío. en Drumgunniol. De vuelta del velatorio. cerca de Oolah. vio al gato blanco. donde lo perdió de vista. La hierba es baja allí. La pobre murió también. unas veces grandes y otras más pequeñas. hasta que llegó al huerto. en el campo en el que yo vi a la mujer caminando por el agua. Mi hermano pequeñoJimlo vio también tres semanas antes de morir. Mi tío se hallaba lavando el cañón de su fusil en el lago.vino a Drumgunniol para asistir al funeral de un primo que había muerto a dos kilómetros de allí. a la hora del atardecer. como ya les he contado. con la cola nerviosamente arqueada y un verde amenazador en los ojos. No se explicaba cómo se le había acercado. que se puso a su lado. al atrave-sar la cerca de la granja de Drumgunniol. pero el hecho es que lo vio de repente cerca de sus pies. donde el gato se encaramó al espino blanco que hay allí y desapareció de su vista. y no había ningún escondite alrededor. e. el animal seguía dando vueltas a su alrededor.junto a la laguna.

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