La habitación del “Dragón Volador”y otros cuentos de terror y misterio

J. Sheridan Le Fanu

La habitación del “Dragón Volador”y otros cuentos de terror y misterio Prólogo LA HABITACIÓN DEL “DRAGÓN VOLADOR” PRÓLOGO CAPÍTULO PRIMERO - En ruta CAPITULO II - El patio de la BelleÉtoile CAPÍTULO III - Desposorios de Muerte y Amor CAPÍTULO IV -MonsieurDroqville CAPÍTULO V - Cena en la BelleÉtoile CAPÍTULO VI - Un sable desenvainado CAPÍTULO VII - La rosa blanca CAPÍTULO VIII - Una visita de tres minutos CAPITULO IX - Chismes y consejos CAPÍTULO X - El velo negro CAPÍTULO XI - El Dragón Volador CAPÍTULO XII - El mago CAPÍTULO XIII - El oráculo me cuenta cosas maravillosas CAPÍTULO XIV -Mademoisellede la Vallière CAPITULO XV - Extraña historia del Dragón Volador

CAPÍTULO XVI - El parque del castillo de la Carque CAPÍTULO XVII - El ocupante del palanquín CAPÍTULO XVIII - El camposanto CAPITULO XIX - La llave CAPÍTULO XX - Una cofia peraltada CAPÍTULO XXI - Veo a tres hombres en un espejo CAPÍTULO XXII - Embeleso CAPÍTULO XXIII - Una taza de café CAPÍTULO XXIV - Esperanza CAPÍTULO XXV - Desesperación CAPÍTULO XXVI - Catástrofe EL FANTASMA Y EL COLOCAHUESOS SCHALKEN EL PINTOR EL ESPECTRO DE MADAM CROWL RELATO DE CIERTOS SUCESOS EXTRAÑOS EN LA CALLE AUNGIER MISTERIO EN LA CASA DE LOS AZULEJOS EL GATO BLANCO DE DRUMGUNNIOL

Prólogo

La obra de Sheridan Le Fanu, aunque quedó relegada al olvido en los años posteriores a su muerte, se ha convertido con el tiempo en algo imprescindible en las antologías o colecciones de literatura sobrenatural y de terror, gracias, en gran medida, a la labor de otro de los grandes del cuento espeluznante, que la dio a conocer al gran público: M.R. James. Descendiente de una familia hugonote emigrada a Dublín en 1730, Le Fanu (1818-1873) consagró casi toda su vida a las letras y a labores edi-toriales, después de haberse graduado en elTrinity Collegede Dublín y haber ejercido la carrera de las leyes durante poco tiempo. De las revis-tas y periódicos que publicó a lo largo de su vida cabe destacar elDublin University Magazine,que fue conocido y apreciado internacio-nalmente. Parece que nunca abandonó Dublín, y su vida estuvo marca-da por la ausencia de acontecimientos exteriores, lo que se acentuó tras la muerte de su mujer. Acabó convirtiéndose en un auténtico recluso que ni siquiera frecuentaba a sus amigos más íntimos, dedicándose a escribir sus narraciones en la oscuridad y a meditar sobre cuestiones espirituales relacionadas con la filosofía de Swedenborg, por lo cual empezaron a llamarle «el príncipe invisible». Le Fanu fue un autor prolí-fico; escribió catorce novelas, treinta relatos cortos, algunas baladas y numerosos artículos. Muchas de sus novelas han sido olvidadas; sin embargo, algunas de ellas siguen siendo muy apreciadas en la actuali-dad:UncleSilas,The House by Churchyardy Wylder's Hand.Pero es en el relato corto donde sobresale con brillantez el arte narrativo de Le Fanu, y algunas de sus creaciones permanecen como auténticas obras maestras del género. Citemos simplemente Carmilla -precursora insigne de las mujeres vampiro- yGreenTea,en las cuales aparece otra de las grandes creacionesde Le Fanu: el doctorMartinHesselius, investigador de lo sobrenatural.

LA HABITACIÓN DEL “DRAGÓN VOLADOR”

PRÓLOGO

El curioso caso que voy a exponerles lo trata el doctor Hesselius de manera penetrante, y más de una vez, en su extraordinario ensayo sobre las drogas en la oscura Edad Media. En este ensayo, que el autor titulaMortisImago,se trata acerca del Vinum laetiferum, laBeatifica, el Somnus Angelorum, elHypnus Sega-rum, elAgua Thessalliae y otras veinte infusionesy destilaciones, conoci-das de los sabios que vivieron hace ochocientos años, dos de las cuales, según él, aún son utilizadas por la cofradía de los ladrones, según reve-lan a veces investigaciones policiales. El ensayo en cuestión,MortisImago,ocupará, si no me equivoco, dos volúmenes, el noveno y el décimo, de las obras completas del doctorMartinHesselius. Debo señalar, para concluir, que dicho ensayo está curiosamente enri-quecido con abundantes citas de poemas y textos medievales, las más interesantes de las cuales, por extraño que pueda parecer, son egipcias. He seleccionado este caso particular entre muchos otros igualmente sorprendentes, pero, a mi entender, menos interesantes desde el punto de vista narrativo; he escogido esta forma de relato particular simple-mente porque me parece más entretenida.

Una de las pocas cosas que yo sabía bien.yla de los hombros que también se entrevieron unos instantes. además del deporte del boxeo. era hablar francés. Viajaba yo en la posta de Bruselas a París. Tras varias inclinaciones de cabeza. aunque hacía calor. creo. haciendo gala de una perfecta corrección gramatical. Sutour-nure. extenuados y polvorientos. y dos criados.y unas dos horas para que se hicie-ra de noche cuando llegamos a la altura de un vehículo que al parecer se hallaba en apuros. calzados con buenas botas.CAPÍTULO PRIMERO . con veintitrés años de edad. así pues. pero los dos caballos de cabeza estaban caídos por el suelo. al tiempo que dejaba al descubierto su peluca negra y hacía mil gestos de agradecimiento. La dama debió de oírme hablar a mi sirviente. calculo que faltarían unos seis kilómetros para llegar a un pintoresco pueblo fronterizo -cuyo nombre. como el de tantos otros lugares más importantes por los que pasé en aquel viaje apresurado. ¡ay!. a las posadas donde los habían alquilado. una sustanciosa cantidad en fondos consolidados y otros valores bursátiles. la dama del bello tocado llevaba un tupido velo negro y no pude ver más que la filigrana del encaje mientras se retiraba. practicado por la generalidad de los ingleses de la época. el itinera-rio que el ejército aliado había seguido hacía tan sólo unas semanas -un número increíble de carruajes haciendo la misma ruta-. eso creo. siguiendo. eché gustoso una mano a los siniestrados. Yo debería haber observado el paisaje con mayor atención. he olvidado. Los postillones. pues moduló sus pala-bras en un inglés tan bello y . Adelantábamos constantemente caballos de relevo que volvían. le contesté. Parecía estar enfermo. asistido por mi criado. se habían bajado. Imposible mirar hacia adelante o hacia atrás sin divisar las nubes de polvo levanta-das por la marea de vehículos. me apeé y. Una bonita cabeza de mujer tocada asomaba por la ventana del vehículo siniestrado. No había llegado a volcar. un caballero anciano y enjuto sacó la cabeza por la ventanilla.En ruta En el año de gracia de 1815 yo acababa de heredar. Bufanda que se bajó unos instantes para darme un millón de gracias en francés. pero mi cabeza estaba tan llena de París y del futuro que pasé por allí con poca paciencia y menos atención. al tiempo que volvía a apare-cer la recatada y bonita cabeza. el caballero se retiró al interior del vehículo. era cautivadora. presuntamente deseosos de ins-truirse a través del conocimiento directo de otros países. pues. Eran tiempos difíciles para aquellos pacientes ser-vidores públicos. Todo el mundo parecía dirigirse a París en posta. Pero. con todo. iba embozado en una bufanda negra que le tapaba las orejas y la nariz. que parecían poco avezados en aquel tipo de emergencias. Así que decidí desempeñar el papel de buen samaritano: mandé detenerse a mi sotacochero. La primera caída de Napoleón había abierto el conti-nente europeo a los viajeros ingleses. y yo -superado definitivamente el ligero «jaque de los cien días» por el genio deWellingtonen el campo deWaterloo-me sumé a aquella riada humana en busca de enseñanzas. Casi al mismo tiempo. se disponían a prestarles ayuda.

y el coche que seguíamos se detuvo en laBelleÉtoile. Yo me apeé a mi vez y subí los esca-lones indolentemente. sentí el poder de su mirada. la dama se alejaba ahora de un joven y prudente caba-llero que la seguía con ardiente mirada y suspiraba profundamente con-forme la distancia se iba agrandando. no lo perdiera de vista y se detuviera en los mismos puestos de relevo. ¡Qué fascinación tan grande ejerce un títu-lo en la imaginación! No en la de personas esnobs o de escasa moralidad. Los desconocidos se apearon y penetraron en la casa. Recuerdo perfectamente el emblema representado: la figura de una cigüeña pintada en color carmín sobre lo que los heraldistas deno-minan un «campo de oro». La superioridad de rango ejerce un influjo poderoso y genuino sobre el amor. dando uno o dos pasos. No tardamos en llegar a la pequeña población antes mencionada. y descubrí que. Subí las escaleras. aunque no recuerdo qué eran. Las despreocupadas atenciones del caballero llegan más hondo al corazón de la lozana lechera que largos años de viril devoción del honra-do leñador. además de a mi propia persona. no me resultó por ello menos intere-sante. Miré en el aposento de la derecha y luego en el de la izquierda. Era una estancia espaciosa. la elegancia del carruaje y el curioso escudo de armas. quedando grabada en mi recuerdo.y nadie podía poner en tela de juicio mi uno ochenta y pico de estatura. sino que. Nosotros seguíamos a paso lento. la idea del superior refinamiento va asociada con él. La dama. El ave se sostenía sobre una pata. En mi audacia. y bañada por la luz dorada del sol. a través de su velo. Los modales corteses de aquellas personas. que volví a maldecir el velo negro que se interponía entre ella y mi roman-cesca curiosidad. y lo mismo se puede aplicar a las demás capas sociales. no me paré a preguntar en qué habitación podría encontrarlos. Entré con el aire más inocente del mundo. Dejando un reguero de polvo detrás de las ruedas. y por los dos. sino que. contenía a otro ser vivo: a la precio-sa y elegante dama. Se encontraba leyendo una carta. Estaba abierta la puerta de un salón. Pero los que yo buscaba no estaban allí. se plantó delante de una pequeña consola de una sola pata pegada a la pared. antes bien. . Allí estaba el mismísimo sombrero del que me había enamorado. el que presumí era su marido? Instintivamente. La dama se hallaba de espaldas a mí. aparentando apatía e indiferencia. y. sobre la que se ele-vaba un hermoso espejo con un marco desdorado.balbuciente. que quede bien claro. Yo no podía distinguir si el celoso velo estaba levantado. y con la otra tenía agarrada una piedra. El escudo de armas que figuraba en el panel del carruaje era harto curioso. sino todo lo contrario. el emblema de la vigilancia. Había también un par detenantesa cada lado. Permanecí unos instantes sin apartar los ojos de ella con la vaga espe-ranza de que se volviera y me diera la oportunidad de verle la cara. Su originalidad llamó particularmente mi atención. Es. me di cuenta de que la dama me había mirado con ojos nada indiferentes. ¿Qué necesidad tenía la dama de darme las gracias? ¿No lo había hecho sobradamente. Pero no lo hizo. ¡Qué mundo tan injusto! Pero en este caso hubo algo más.y con una voz tan dulce.una confortable posada antigua. todo ello hacía suponer que se trataba de personas nobles. como es de suponer. la corrección de sus cria-dos. Le dije al postillón que no se le ocurriera adelantar a aquel vehículo. creo. Yo me consideraba un joven bien parecido -y creo que con total fundamento-.

En aquel lapso. Nada podía superar la delicadeza (le sus facciones ni el lustre de su tez. mascullé unas disculpas y retroce-dí en dirección a la puerta. Sin duda le parecí arrepentido y confuso (confieso que así me sen-tía). no pude distinguir de qué color tenía los ojos.Yo podría perfectamente haberlo confundido con un cuadro. Aquellos espléndidos ojos melancólicos pasaron del espejo a mi per-sona con una mirada altiva. Seguía leyendo. CAPITULO II . que ha tenido la bondad de pres-tarnos hoy. Ella se encargó de poner las cosas en su sitio.El patio de la BelleÉtoile Aquel rostro era de los que enamoran a primera vista. Como tenía la mirada baja. Eran ojos grandes. enseguida la dama bajó su velo negro y se dio media vuelta. Su rostro era ovalado. dulce. Ella no . me encontraba ante una estatua coloreada. Pero mi interés era tan grande que quería quedarme unos minutos más. Mi curiosidad dio paso a ese tipo de sentimientos que se adueñan tan rápidamente de los jóvenes. me alegro de tener otra oportunidad de agradecer amonsieurla ayuda. Yo estaba observando cada mirada y movimiento suyos. pues reflejaba el retrato de medio cuerpo de una mujer extraordinariamente hermosa. Inclinando la cabeza cuanto pude. Como por entonces yo gozaba de una vista buena y penetrante. Aunque también poseía una nota indefinible de sensualidad. de una tonalidad que los poetas modernos lla-man «violeta». Fue más el tono distinto de su frase que el contenido de la misma lo que me dio renovado ánimo. y en francés: -Sin dudamonsieurignora que este cuarto es privado. Pensé que habría preferido que no la viera. y me embargó la sensación de estar cometiendo una impertinencia. ella alzó los ojos. vi aquel bello rostro con perfecta claridad. con una aten-ción tan intensa como si me fuera en ello la vida. en cuya lectura parecía estar enfrascada. aquella carta debía de inte-resarle sobremanera. hasta los más mínimos. Debería haberme retirado con el mismo sigilo con que había entrado antes de que fuera advertida mi presencia. pues ella dijo entonces. como para quitar un poco de tensión a la escena: -No obstante. tan presta y eficaz. sólo que sus párpados eran largos y sus cejas delicadas. melancólico. Mi audacia se rindió ante aquella dama. Sus finos dedos sujetaban una carta. Hasta distinguí las venas azules que recorrían la blancura de su garganta despejada. Yo no había visto nunca una figura humana tan inmóvil. pues la misma dulce voz que yo había oído antes dijo ahora fríamente.

-¿Por quién? -Personasde distinción.pero es tal la riada humana que se dirige hacia París que hemos dejado de preguntar los nombres o títulos a nuestros huéspedes...monsieurdebe saber que nadie suele contratar una alcoba si no piensa pernoctar. en la parte de la casa que sea.No nos interesa.monsieur.. Son los únicos que hay ahora mismo libres. y. Ahora hablaba en voz baja y con timidez. di unos pasos atrás y cerré la puerta. -¿Cuánto tiempo piensan parar aquí? -Tampoco eso puedo decírselo. Estaba claro que aquellas personas pensaban parar allí. al tiempo que agitaba la mano en dirección a la puerta por la que yo había entrado.y noté que había vuelto la vista rápidamente hacia una segunda puerta de aquella misma estancia. señor. por lo menos no se irían hasta la mañana . o título. aunque tal hubiera sido el caso. -Monsieurtendrá la amabilidad de retirarse -dijo la dama con un tono que parecía de invitación. Todo aquello me resultó sumamente halagador. Casi en el mismo momento se oyó una voz aflautada y nasal impartiendo órdenes a un criado. por cierto. pero que el aposento y las dos habitaciones contiguas estaban ocupadas. nuestras habitaciones no podrán estar nunca desocu-padas.. Él contestó que lo sentía muchísimo. tal era el nom-bre de mi posada).Monsieurpuede disponer de dos aposentos. Los designamos simplemente por las habitaciones que ocupan.monsieur. -En fin. Bajé las escaleras henchido de felicidad y fui directamente a hablar con el dueño de laBelleÉtoile(como ya he dicho. voz cada vez más próxima. Pertenecía a la persona que tan profusamente me había dado las gracias desde la portezuela del coche de camino. -Ciertamente. Mientras las cosas sigan así. ciertamente no estaba obligada a hacer-lo de nuevo. dije que me gustaba y pregunté si estaba libre. su celoso marido. una hora antes apro-ximadamente. supuse que el caballero de la peluca negra. -Sin duda. iba a aso-mar por ella a no más tardar. espero me pueda dar algunas habitaciones. -Pero ¿quiénes son? Deben de tener algún nombre. Hice de nuevo una profunda reverencia. Describí el aposento del que acababa de salir. sobre todo el que se produjera tan inmediatamente después del ligero reproche. Los tomé de inmediato.necesitaba darme las gracias. -¡Me habría gustado tanto alojarme en esos aposentos! ¿Es también dormitorio alguno de ellos? -Sí.

las cuales estaban provistas de auténticas cerraduras. El criado se quedó mirando el napoleón de su mano y luego volvió la vista hacia mí.estaban sobre el pavimento esperando su turno de relevo. Tomé posesión de mis habitaciones y miré por la ventana. Puede ser su hija. ¿Quiénes son la dama y el caballero que han viajado en este carruaje y a quienes. sino que le administré ese laxante que en muchas ocasiones actúa de forma muy venturosa sobre la lengua y que no es otro que una propina. ¡No lo sé! . y los que no tenían nada que hacer se paseaban o bromeaban. Muchos caballos estaban siendo liberados de los arneses. cuando sus caballos se halla-ban caídos en el suelo? -Es el conde. pero no sé. Empecé a sentirme como quien se embarca en una aventura. Me detuve a unos pasos. Un criado estaba cerrando con llave una de las portezuelas. parecieran incendiados. en el sobrio gris de la mañana.. bajé corriendo hasta la puerta trasera y.que no puedo decirlo. No cedí al desaliento. y otros. y la escena en su conjunto parecía animada y divertida. calientes y cansados. como el mío. -¿Me puedes decir dónde viven? -Por mi honor. Tras una pequeña búsqueda di con el vehículo que andaba buscan-do. servían de paloma-res. Así pues. parecidos a los que en Inglaterra se llamaban antiguamente sillas de posta. sin duda el emblema de una familia distinguida. El sol estaba ya próximo a ponerse y arrojaba sus rayos dorados sobre las chimeneas de ladrillo rojo de los obradores..apuntando al escudo de armas de la puerta-. con un saludo y una sonrisa ligeramente sarcásticos: Monsieur eslibre de hacer conjeturas. mi criado y yo prestamos hoy ayuda en una emergencia. como sin duda recuerdas. nos podrían parecer aburridas. Esta luz hace que todo nos resulte pintorescoy nos interesen cosas que. Numerosos vehículos -unos priva-dos. me encontré en el empedrado desigual. colocados en la punta de sendos postes. para ser sustituidos por otros. en medio del espectáculo visual y sonoro que en semejante tipo de lugares suele acompañar a los momentos de especial trajín y vaivén. y a la joven dama la llamamos la condesa. El criado me miró unos instantes mientras se metía la llave en el bol-sillo. en un santiamén. la cual descubrí que daba al patio de la posada. -¡Bonita esa cigüeña roja!-observé. con la mirada fija en la enseña del vehículo. y dijo. recién salidos de los establos. con una sincera expresión de sorpresa. -¡Monsieures muy generoso! -No hay de qué. haciendo que los dos toneles que. En medio de todo aquello creí reconocer al vehículo y a uno de los criados de las «personas linajudas» que tanto interés despertaban en mí en aquel momento. Los criados más atareados trajinaban de un lado a otro.siguiente.monsieur.

toma con ellos un petit soupery ven luego a contarme toda su historia. Pero no creo que le vaya a contar nada.mi compañero. No podré descansar hasta que no descubra algo sobre esas personas linajudas que tienen sus aposentos debajo de los míos. en menos que canta un gallo. desde mi ventana vi cómo. que me muero por conocerlos. Aunque lo había traído conmigo de Inglaterra.Desposorios de Muerte y Amor . Me despedí cortésmente y volví a subir las escaleras rumbo a mi habitación. Estoy seguro de que se burlaba de mí en secreto. CAPÍTULO III . Era un encargo que se adecuaba a las mil maravillas a los gustos y temperamento de mi dignoSt.-¿Que no sabes dónde vive tu amo? Seguro que sabes de él más cosas que el nombre. Bueno. y que me habría revelado con toda honestidad los secretos de aquella familia de haber estado al corriente de alguno. -St. pero no habla nunca salvo para impartir órdenes. ¡Vuela! Y vuelve con todo tipo de pormenores y circunstancias interesantes.monsieur. MonsieurPicard. Fue aquélla una cosecha bastante pobre para tan dorada siembra. Llamé de inmediato a mi criado. que no sabe nada y así me lo ha hecho saber. el mayordomo demonsieurel conde. A ése le deberás sonsacar todas las cosas que puedas. el que me interesa sobre todo. Por supuesto. cuyo nombre he olvidado ahora. Toma quince francos. -Nada que valga la pena contar.Clair. se retiró.A mí me contrataron en Bruselas el día mismo de la partida. es el venerable gentilhombre. -¿Y dónde estámonsieurPicard? -Ha ido al cuchillero a que le afilen las cuchillas. me había acostumbrado a hablar con esa familiaridad especial que la antigua comedia francesa impone entre amo y criado. por supuesto. Ya me he entrevistado con uno de los dos. El otro. con quien.monsieur. y no la joven dama que lo acompaña. había bajado al patio. Pero ahora sé de ellos más o menos lo que usted. había nacido en Francia. es el mayordomo del noble desconocido. donde poco después se hurtó a mi vista en medio de tanto carruaje estacionado.. ha pasado muchos años a su servicio y lo sabe todo. era un tipo habilidoso y vivarachoy. espero enterarme rápidamente de todo. estaba perfectamente al corriente de los usos y costumbres de sus compatriotas. y lo sabe todo. márchate ya. una vez que estemos en París. De su boca no he podido recoger ninguna información. como habrán observa-do. Creo que aquel hombre decía la verdad.. busca a los criados a los que hemos echado hoy una mano. pero su expresión no delataba nada que no fuera cortesía y complacencia. ¿Comprendido? Y ahora.cierra la puerta y ven aquí. asentimientos y encogimientos de hombros.Clair. Tras varias miradas de complicidad.

y que nunca jamás podría olvidar. en la medida en que me lo permitían la memoria y la práctica. era. todo aquello estaba hecho con la vaga. creí. nos niegan ese recurso. El diálogo duró sólo un minuto. Por supuesto. Y la voz que le con-testaba hablaba con un tono dulce que también reconocí al punto. la cena era aún una comida sustanciosa. Saqué de su caja mi irreprochable sombrero y lo coloqué suavemente sobre mi sagaz cabeza. cuando nuestro hombre bosteza. sobre un cráneo lustroso y rosa que no guarda prácticamente ningún recuerdo de aquélla. la desagradable voz masculina reía. con rizos naturales. luego. cuando a un hombre solo lo co-rroen la impaciencia y el suspense. de manera que yo casi dejé de oírla. me ajusté mi gargantilla blanca. La otra voz seguía cerca de la ventana. Un par de ligeros guantes franceses y ese tipo de bastón nudoso parecido a una porra que tan en boga estuvo en Inglaterra durante un par de años. en los tiempos de los que hablo. Mientras ultimaba los preparativos. aunque no pude distinguir qué estaban diciendo. empapé el pañuelo en eau-de-Cologne (a la sazón carecíamos de la gama de esencias con que los perfumistas nos han colmado desde entonces). le ha sucedido ahora una docena de cabellos completamentecanos . cuando el minutero de su reloj viaja tan despacio como la manilla horaria. Di un par de vueltas por la habitación y suspiré. Y me esmeré al máximo en mi aseo personal. y me peiné el cabello. cuando no sabe qué hacer consigo mismo. Dicho llana-mente. A micheveluremorena.. Pero no hablemos de cosas que puedan mortificarnos. esa ligerísima inclinación que la persona inmortal antes mencionada acostumbraba a imprimir al suyo. imprimiéndole. y ésta parece haberse detenido. Mi novela yacía abandonada en el sofá junto con mi manta de viaje y mi bastón. Pero. con una especie de sátira demoníaca. es muy de lamentar que ese hombre no pueda ha-cer más que una vez al día una comida suculenta de tres platos. doblada y atada a la manera de Brummel. y luego se alejó de la ventana. aplasta su agraciado semblante contra los cristales de la ventana tara-reando tonadillas que le aburren.era fruto de mi devoción a los maravillosos ojos que había contemplado unas horas antes por primera vez. como leemos en las novelas deWalter Scott. pero no tanto como al prin-cipio. desapare-ció el último rayo horizontal de sol. espesa y castaño oscura. La voz masculina era muy curiosa. ¡Qué gran consuelo! Sin embargo. en una palabra.Me puse un chaleco de piel de búfalo y mi cha-qué azul de botones dorados. el inmortal«Beau». ante el espejo. Toda aquella atención a mi aspecto personal para dar un simple gar-beo por el patio. que en aquella época era para mí un motivo de orgullo y que retocaba con frecuencia. o por la entrada de laBelleÉtoile. tamborilea en la mesa con los dedos. como ya les he contado. ati-plada y nasal. la reconocí al instante. Suspiré al unísono con aquella hora melancólica y abrí la ven-tana de par en par. y me habría importado un ardite que la heroína y el héroe se hubieran ahogado juntos en la barrica que veía en el patio. Noté que la ventana debajo de la mía estaba también abierta. «completaron mi equipo». Mi melena era entonces abundante. . pues oí dos voces con-versando.. ¿cómo emplear los tres cuartos de hora que faltaban todavía? Es cierto que llevaba conmigo para el viaje dos o tres libros entrete-nidos. quería echar un vistazo antes de bajar. vaguísima esperanza de que aquellos ojos pudieran posarse en el irreprochable atavío de un esclavo melancólico y conservaran la imagen quizá con una secreta aprobación. quedando sólo un resplandor cre-puscular. Las leyes de la materia. pero hay muchos estados de ánimo en los que uno no puede leer. y ya se acercaba la hora. bajo mi ventana. la luz vino a faltarme. de las que somos esclavos.Cuando el día se alarga demasiado.

El timbre de suvoz tenía acaso exquisita dulzura característica. la dama empezó a cantar una extrañachanson. con la paciencia de un ángel. ¡Qué no habría dado yo para que hubiera sido una tri-fulca -y cuanto más violenta mejor-. pero la fortuna no me sonrió. Como no podía pasar toda la noche en aquel pasillo recogiendo mi bastón. el cristal es sin duda el más eficaz. al despuntar el alba o caer la tarde. Ardiente suspiro o gélido aliento enloquece o entumece a élya ella. supuse. se amplificaba y temblaba! ¡Cómo me emocionó y me trastornó! ¡Qué lástima que un viejo grajo destemplado tuviera poder para amedrentar a semejante Filomena! ¡Qué vida tan contradictoria!.pude distinguir perfectamente la letra. No estamos aquí. mozaymozo se escogenyreúnen. -Parecéis buscar disputa. aquellos dos podrían haber sido la pareja más tranquila del mundo. para divertir con nuestra música a los cria-dos y palafreneros.Huelga recordarles que la voz cantada suena más que la hablada. ¡Que una hermosa condesa. Me he atrevido a hacer una traducción torpe. podía ser que algunas personas hicieran en tales circunstancias lo que nunca habían hecho antes. Así. cerró la ventana. creí detectar. y a quién has sospechado que va dirigida. ¡Qué voz tan encantadora la de aquella condesa! ¡Cómo modulaba. Unos instantes después. -¡Basta ya. la belleza de una Venus y el talento de todas las Musas. junto a supuerta. Ya no oí nada más. si un juez hubiera tenido que pronunciarse por el carácter de los tonos que oía. de la letra: Muerte y Amor se desposaron y ahora acechan en paciente emboscada. MuerteyAmor a su presa atrapan acechando en paciente emboscada. filosofé. pasé por la puerta del conde lo más despacio que pude. La voz de la dama rió alegremente. pero fidedig-na. al bajar al piso inferior. en la entonación. ¿Sería posible que. Consulté el reloj y vi que sólo quedaba un cuarto de hora para el comienzo de la cena. el conde y la condesa ocuparan sendos asientos en la mesa común? . Salí de mi habitación embargado por una agradable emoción y. Entre los aislantes menos espesos.No era un altercado. ¡ay!. En aquellos tiempos todo el mundo renunciaba a sus refinamientos habituales. había una nota de patetismo y un poco también de burla.madame. supongo. me ha oído subir la venta-na.madame!-exclamó la voz vieja con brusca severidad-. pero con tal violencia que bien podría haberse roto algún cristal. creo saber. evidentemente no había nada excitante en aquel coloquio. ni siquiera el murmullo de su conversación. decidí bajar al vestíbulo. y haber podido intervenir como enmendador de entuertos y defensor de la belleza ultrajada! Pero. viejo celoso. de una mezzosoprano. Y el anciano. Dejé caer mi bastón al suelo del pasillo. Puedenestar seguros de que tardé bastante tiempo en recogerlo. así. fuera una esclava! Seguro que sabe quién ocupa el aposento que está encima del suyo. Había pocas probabilidades de que la bella cantante apareciera en aquel momento. pues en las posadas reinaba el más completo desorden. por una vez. Fácil adivinar a quién va dirigida su música.

y de sus modales se desprendía un aire de distinción tal que resultaba imposible no suponer que se trataba de una persona de abolengo. mirando. Mi romance se había intensificado desde mi llegada a la posada. Yo asentí. como he dicho. tan afablemen-te había emprendido. Mi perplejidad no pudo ser mayor al leer acto seguido: . Me abordó. quien conocía algo a mi padre y en otro tiempo me había hecho a mí también algún pequeño favor. Llevaba un rato de pie sobre los escalones. ¡Qué dulce melodrama si ella resultaba ser la hija del conde y estaba enamorada de mí! ¡Qué deliciosa tragedia. si resultaba ser la esposa del conde! Con este talante autoindulgente fui abordado por un caballero alto y de buena planta. bajé premiosamente los escalones de laBelleÉtoile. que parecía rondar los cincuenta. quien le explicará la índole de los servicios que quizá esté en su mano hacerle a él y a nosotros. para satisfacer el deseo de su soberano y de nuestro gobierno. y una agradable luz de luna iluminaba el paisaje. con esa cortesía a la vez natural y altiva que caracteriza a un noble francés de la vieja escuela.Ya se había hecho de noche. Me preguntó si no sería yo por casualidad un talMr. como yo. Yo recibí la nota con una reverencia.Beckett. Luego habló del marqués como de un hombre cuya enorme riqueza. Puedo asegurar que aquel par de Inglaterra pisaba muy fuerte en el mundillo político y que su nombre sonaba como el más probable suce-sor para el distinguido puesto de ministro plenipotenciario inglés en París. y aquella luz poética no hacía sino poten-ciar mis sentimientos. en cam-bio. íntimas relaciones con las viejas familias y legítimo influjo en la corte lo hacían la persona más adecuada para esas misiones amistosas que. Tenía un aspecto amable y donoso. e inmediata-mente se presentó como el marqués de Harmonville (esta información me la facilitó en voz baja) y pidió permiso para ofrecerme una carta delordR***. y leí: Miquerido Beckett: Me permito presentarle a mi queridísimo amigo el marqués de Harmonville.CAPÍTULO IV -MonsieurDroqville Abrigando aquella emocionante esperanza. los efectos lunares que transformaban los objetos y los edificios de aquella callejuela.

ha renunciado a su título durante unas semanas y que se hace llamar simplementemonsieurDroqville. a nadie que respondiera al nombre de Walton. el mar-qués -de acuerdo con todos nuestros amigos. Debería haberle dicho antes que.MonsieurBeckett me permitirá. Suyo afectísimo. Normandía. En estos momentos me dirijo a la ciudad. Como estaba de Dios que se iba a producir un error. ¿Qué puedo decir. por razones que entende-rá después. Monsieur. a excep-ción de mi sombrerero. alordR***. Pero me permito aconsejarle que envíe enseguida a Haxton a que averigüe qué es lo que está ocurriendo.. el 15 de agosto. y aquel aristócrata escribía como si fuéramos amigos íntimos. M. esta carta. Walton estuvo aquí ayer.. éste sonrió amablemente y me tendió la mano. y no puedo decir nada más. Miré el reverso de la carta y quedó resuelto el misterio. Esq. amonsieurDroqville? Es cierto que yo me llamo Beckett. aunque muy poco. espero. Me temo que sea algo grave. en esta lamentable circunstancia? Solamente puedo darle mi palabra de caballe-ro de que. -¿Qué disculpas puedo presentar amonsieurel mar. Sabe que me resulta muy complicado intervenir. no cabe duda.Stanhope Beckett. incluir su nombre en la lista de mis amigos. a los que quizále interesará conocer. diputado por Shillingworth. Yo no podía presumir de ser amigo delordR***.. y me dijo que era proba-ble que su escaño se encontrara seriamente amenazado. tengo motivos para agradecer a mi buena estrella que se haya producido ante un caballero de honor. -No tengo la menor duda de quemonsieurBeckett va a respetar mi pequeño secreto. mientras que esa carta va dirigida aMr. será un secreto tan inviolado como lo era antes de abrirla. ni aun con la mayor cau-tela. cuando haya hablado con él cinco minutos. de que algo se está tramando en Domwell. Yo me llamoRichardBeckett. o hacer. Yo le agradecí sinceramente aquellas muestras de amabilidad.. donde espero ver.Por cierto. Puedo decir que la sinceridad de mi pesar y mi buena fe debían de leerse en mi semblante con total claridad. Para mi gran consternación.P» Miré atónito al marqués.no sabe lo contento que me sentiría si logra-ra convencerle para que vaya a visitarme a Claironville.. dice. No conocía a nadie llamado Haxton ni. pero esa carta no va destinada a mí. pues la mirada de penosa tur-bación que durante un buen rato se había asomado al rostro del mar-qués se iluminó ahora.. pues yo era simplementeRichardBeckett. . para mí. R*** Estaba completamente desconcertado. que ahora devuelvo. se decía lo siguiente: « ParaGeorgeStanhope Beckett. a muchos amigos.prosiguió-. y que conozco. Lamento en lo más profundo que haya podido producirse semejante error.

en mi casa de París. Peromonsieurtendrá se-guramente la amabilidad de hacerme saber en qué hotel piensa albergarse en París. Tal vez en aquellos momentos se encontraba cenando la servidumbre. Me sentía especialmente a gusto en medio de aquella sole-dad y. por vago que éste fuera. Continuó: -Por el momento no puede ver a mis amigos. le había caído bien al marqués. Y roja. mi atención volvió a centrarse en la romántica luna mientras bajaba los escalones. Una pronunciada cicatriz le bajaba de la frente a la nariz. si se le ocurre alguna manera en la que pueda serle útil monsieur Droqville.Por supuesto. la estremece-dora voz y la exquisita figura de la bella dama que se había apoderado de mi imaginación volvieron a imponerse rápidamente sobre cualquier otra consideración. Me planté ahora delante del blasón pintado de la porte-zuela que examinara antes con luz solar. Me había vuelto y estaba mirando el rostro más pálido que jamás había visto. rapaz y pesca gobios. comprobará que. Las cortinas del vehículo estaban echadas. La claridad de la luna prestaba nitidez a cada objeto y proyec-taba sobre el empedrado la sombra afilada y negra de las ruedas. de uno noventa de estatura aproximada-mente. Detrás de mí se oyó una voz sorda: -¡Una cigüeña roja. donde ahora reinaba la calma. El lugar ruidoso de una o dos horas antes estaba ahora completamente en silencio y vacío. Permanecí un rato ante él. Avancé por mitad de la calle entre extraños objetos y entre casas antiguas y pintorescas.. feo y torvo. enarcó las cejas y. -Y. Pertenecía a un oficial francés. Estaba claro que. Así. lo circunvalé. ja. supuse.. ¡Como la sangre! Ja. los tiros y los muelles. vesti-do con el uniforme de faena. lo que hacía más siniestro aún aquel rostro repelente. como se suele decir. Me sentía halagadísimo. bañado también por la luz de la luna. Con renovadas muestras de gratitud. sin que nadie me estorbara. en un estado de ensoñación y de reflexión. Este tipo de simpatías a primera vista suele cristalizar en amistades de larga duración. El oficial alzó la barbilla. desapareció por la puerta que daba acceso a laBelleÉtoile. y las portezuelas. A los pocos minutos me hallaba de nuevo en el patio de la posada.. con una risita burlona. aunque el marqués de Harmonville se encuen-tre ausente. me sumí en un sueño encantador. monsieur Droqville se va a ocupar igualmente de usted. salvo algunos carruajes desperdigados. Tal vez el marqués juzgaba prudente asegurarse de la buena disposición del involuntario conocedor de un secreto político. Yo permanecí un rato en medio de la escalinata ponderando la nueva amistad que acababa de hacer. dirigí mis pasos hacia el coche de mi amada. entre tanto -prosiguió-. le agradecí efusivamente su hospitalario ofrecimiento. Me estaba comportando de la manera necia y sentimental como se comporta un adolescente con ocasión de su primer amor. es vigi-lante. cerradas con llave. agregó: . sepa que nuestra comunicación no se interrumpirá aquí. y que yo dispondré las cosas de manera que pueda usted dar conmigo fácilmente. le facilité la información que deseaba saber. Era ancho. Un símbo-lo muy apropiado. Tras despedirse con su especial galanura. Pero los maravillosos ojos. por los motivos que us-ted supone perfectamente.. qué bien! La cigüeña es un ave de presa. Preguntándome cuántas veces se habrían posado los ojos de ella en el mismo objeto.

a quien no había esperado ver en un lugar tan público.monsieur. -Se encogió de hombros y esbozó una risita perversa-.Cena en la BelleÉtoile El ejército francés estaba en aquella época de un humor pésimo. es difícil que no lo consiga. pero París es tal vez la capital más peligrosa que pueda visitar un caballero joven y generoso sin la compañía de un mentor. era obvio que el caballero cadavérico que acababa de apostrofar el blasón del carruaje del conde con tan mis-teriosa acrimonia no había dirigido su malevolencia contra mí. llena de odio y retintín. prosiguió: -No debe conceptuarme como una persona demasiado curiosa e impertinente. atrapar al ladrón. muchas personas a las que no les gustaba la mesa común podían acabar haciendo de la necesi-dad virtud si no querían morirse de hambre.cuando un hombre como yo. Y eran precisamente los ingleses los que menos probabilidades tenían de ganarse su simpatía. puedo añadir también. El conde no se hallaba entre los comensales. -Es ésta la primera vez que visita Francia. ja!Adieu. y él. el efecto se intensificó con la extrema fealdad de aquel rostro y. Yo le obedecí. ¡Ja. Tal vez el chismorreo de los comensales arroja-ba nueva luz sobre el tema que tanto me interesaba. vino a alimentar la fecunda imaginación de un amante. sacar a la luz un delito. con una sonrisa significativa. Era la hora de la cena. Tras confirmarle que así era. escudriñando con la vista a aquella pequeña asamblea. Sin embargo. ¿verdad? -dijo..-En cierta ocasión abatí por mera diversión a una cigüeña que se creía a salvo en las nubes.. parbleu! . en busca de las perso-nas que tenían un interés especial para mí. pero el marqués de Harmonville. aún resonaba en mis oídos. ni tampoco su bella compañera. -Hizo una pausa. y.. decide descubrir un secreto. Estaba picado por algún antiguo recuerdo y se había marchado encendido en cólera. creyéndonos perfectamente solos. Si no tiene a ningún amigo experimentado que lo acompañe durante su visita. descubrimos que nuestras payasadas han sido observadas de cerca por alguien. a veces sin nada que lo cobijara.. por su proximidad. En este caso. No era fácil conseguir que un personal tan atareado como el de laBelleÉtoilesirviera la cena en los aposentos privados en medio de la gran confusión reinante a la sazón. . CAPÍTULO V . monsieur! Se dio bruscamente la media vuelta y salió del patio con paso marcial. una silla vacía que había a su lado. pues creo recordar que casi tocó el mío. ¿comprende?. En cualquier caso. me señaló. ja. un hombre de energía. ensartar a un bandido en la punta de su espada. Mire. empezó a conversar conmigo casi de inmediato. Entré en el comedor. un hombre de una extraordinaria presencia de ánimo que ha dado la vuelta a Europa debajo de una tienda y. Yo acababa de recibir uno de esos sustos repentinos que tanto nos sobresaltan cuando. compuesta de unos treinta individuos. La enigmática arenga de aquella persona. por tanto. que pareció com-placido.

particularidades que. se limita a facilitar a sus cómplices la manera de desplumar a sus invitados. No cabe duda de que cada nación tiene sus particularidades intelectuales y morales. generan un estilo de villanía no menos peculiar. -¿Y esa regla sigue aún en vigor? -pregunté yo. Había oído hablar de ello. El marqués sacudió la cabeza mientras esbozaba una sonrisa.que usted ha venido aquí a hacer lo mismo. -Sí. donde se apuesta muy alto. y así me vi frenado en mis planes. Son habitués de ciertos lugares de juego. la naturaleza humana era fundamentalmente la misma en todas las partes del mundo. billares y otros antros. hijo delordRooksbury que reventó dos mesas de juego parisienses el año pasado. Esos granujas saben adoptar los modales de las clases distinguidas y se mueven entre el lujo como pez en el agua. En París. sobornos y otros artificios. están aquí muy extendidas. sino que ade-más habían tomado las debidas precauciones contra el mismo. y viven en casas preciosas en los barrios más ele-gantes. en cierto modo también. Pero aquí se hace de una manera más elaborada. y es así como timan y roban a forasteros acaudalados. y merced a su mayor conocimiento de los juegos de azar desvalijan a los incautos haciendo trampas. Algunos de estos individuos imponen respeto incluso a los burgueses parisienses. Venía con una bolsa de treinta mil libras esterlinas. Algunos de sus miembros hasta vive espléndidamente. que varían según el tipo de impostura. e imaginaba que los tramposos que tenía enfrente no sabían nada al respecto. -Por supuesto que sí. comportamiento y conver-sación no tienen igual. descorazonado. -Pero yo he oído hablar de un joven inglés. la clase que vive de la Pillería es tres o cuatro veces mayor que en Londres. Hay gente cuyos modales. por una regla que impedía doblar la apuesta original más de cuatro veces consecutivas. reuní una suma del orden de quinientos mil francos. sin ir más lejos. con mueblesdel gusto más refinado y exquisitamente lujosos . En todas estas casas se juega fuerte. por jóvenes necios delbeaumondefrancés. sirviéndose de compin-ches. Y las dotes de comediante. imagi-naba. traté de llevar a término la misma arries-gada empresa. Le confesé que me había preparado para una empresa de mayor envergadura aún. cuando tenía su edad. entre las clases criminales. Estos valiosísimos atributos los sitúan a un nivel completamente diferente. Son más ingeniosos que los granujas londinenses. luego descubrí que no sólo estaban al corriente del truco. de las que sus compatriotas andan poco sobrados. pero de manera muy distinta. y vive mucho mejor. Veo que usted tramó el mismo plan. . La supuesta pareja anfitriona raras veces se une al juego. Yo también. pero que me manten-dría vigilante. Sin embargo. antes incluso de empezar la partida.Yo le hice saber que no tenía semejante amigo. descubrirá que hay grandes diferencias -dijo-. -Veo -dijo riendo. La gente que vive de un arte siempre lo entiende mejor que cualquier aficionado. y con unafinessereal-mente exquisita. La mayoría vive del juego. mi joven amigo. Mi interlocutor se encogió de hombros con una sonrisa en los labios. son más activos e imaginativos. y que venía bien provisto para ello. entre los que destacan las carreras. que había visto mucho mundo en Inglaterra y que. que los creen sinceramente personas distinguidas porque sus costumbres son dispendiosas y lujosas y sus casas son frecuentadas por extranjeros de campanillas y. Para empezar. esperaba hacer saltar la banca gracias al simple procedimiento de doblar siempre la apuesta. -A pesar de todo. -Igual que la mayoría de los granujas londinenses.

-Pues que está casado con una criatura encantadora. Da la casualidad de que dicho caballero se encuentra ahora en esta casa. me da la impresión de que es una persona con muchas cualida-des. donde he podido comprobar que es el mismo hom-bre valiente. Al volverme reconocí al oficial cuyo rostro ancho y pálido casi me había asustado en el patio de la posada.. y casi me hizo sal-tar en mi asiento. El tono con el que dijo esto fue seco y estentóreo. Hace quince años habría sido el tutor ideal para usted. y que. Un inglés rico como usted.prosiguió: -¡Nadie! ¡No es sangre. ya pueden .-Cualquier conocido de mi queridísimo amigolordR*** me intere-sa. habría considerado casi un deber el presentárselo. El caballero de que hablo no es otro que el conde deSt. por todos los ángeles de la muerte que pelearía desnudo contra un león y le arranca-ría los dientes de un puñetazo y lo azotaría con su propia cola hasta darle muerte. -Creo que la he oído cantar esta tarde. estoy encantado con usted.Alyre. que no hay bicho viviente en esta sala que sane más deprisa que yo. tendones. No arriesgue ni un solo napoleón en una casa de juego. alegre y generoso. pues me sentiría muy mal si. -¿Qué cosa? -vacilé. y el hombre más sensato de este mundo. la próxima vez que vea usted a mi amigolordR***. Ahora estaba profundamente interesado. tras beber un trago deMâcon. si quiere un buen consejo -dijo-. hay mil vam-piros y arpías que se pelearán por tener el privilegio de devorarlo. Un golpe accidental mientras se daba la vuelta en su asiento. prosiguió-: En fin. huesos y músculos.. En aquel momento recibí una especie de codazo de mi vecino de la derecha. -Pues. Para mi siguiente aventura conseguí introducirme en una de esas elegantes casas de juego que pasan por ser mansiones privadas de personas de distinción y me salvó de la ruina un caballero a quien desde entonces he tratado cada vez con mayor respeto y amistad. aparte de estos atributos que me han sido dados. He reconocido a su criado y he ido a visi-tarle a sus aposentos. aunque creo que sin ningún moti-vo. deje el dinero en el banco en que esté. Le di mis más sinceras gracias por su valiosísimo consejo y le rogué tuviera la amabilidad de darme cuantos consejos se le ocurrieran. y aparte también del valor.. además del respeto que siento hacia él. y. merced a esta excepcional capacidad de cicatrización que poseo. Digo que. si exceptuamos una cosa. -Sí. La noche que decidí saltar la banca perdí entre siete mil y ocho mil libras. Es el honor personificado. es terriblemente celoso. joven. -¿Y la dama? -La condesa creo que es digna en todos los sentidos de un hombre tan bueno -contestó con un tono algo seco. con una suma tan grande depositada en bancos de París. a la que lleva al menos cuarenta y cinco años. no debo per-derle a usted de vista. Está entroncado con una familia de recio abolengo. sino licor! ¡Milagro! Aparte de la estatura. -Por el honor de un soldado. así que le ruego perdone mis preguntas y mis consejos tal vez demasiado indiscretos. -Tras unos minutos de silencio. cortés y honorable que siempre he conocido. y sin tener en cuenta que yo valgo por seis hombres en el campo de batalla. se limpió la boca con furor y. tuviera que decirle que lo han desplumado en París. Si no viviera ac-tualmente tan al margen de la vida social.

Pero enseguida volvió a sentarse. Pero no importa. La sangre me brotaba como por una chimenea. un trozo de obús me atravesó la pierna y me abrió una arteria. si me vieran desnudo. ja! Y todo eso en un periquete. Todo eso son simples menu-dencias. prisionero en Madrid.bravissimo!Per Bacco. ¡En Arcole. -Sí. hasta el hueso. Hizo ademán de levantarse. El marqués había cerrado los ojos y me pareció resignado y asqueado todo el tiempo que duró la escena. un tajo con un sable en toda la palma. apartando ligeramente la silla de la mesa. y estaba más fresco que una lechuga. pero ¿no le he visto por casualidad hace un rato examinar junto a mí el escudo de armas de ese vehículo? ¿Me puede decir quién llegó en él? -Yo diría que el conde y la condesa deSt. caballeros. -Perdone. caballeros. por el mismísimo Lucifer! ¡Aquello sí que fue una batalla! Cada uno de los que allí había. No habría sabi-do . El excéntrico oficial. Un minuto después debería haber expirado si no me hubiera arrancado el fajín en un santiamén. se alojan en el primer piso-contesté. metralla en la pantorrilla. volviéndose en su silla para llamar al camarero.. en Ligny. donde hicimos de los prusianos cien mil billones de átomos. Parbleu!. tragó en cinco minutos más humo del que se necesitaría para que se asfixiaran aquí todos ustedes. cortando así la hemorragiay salvando mi vida. un bayonetazo en el cartílago de las costillas del lado derecho. ecco un galant'uomo!-exclamó con marcial éxtasis un italiano bajito y regordete que fabricaba mondadien-tes y cunas de mimbre en la isla deNôtreDame. lo hubie-ra atado a mi pierna por encima de la herida y hecho un par de nudos.. -Garçon!.. cuya mirada se había vuelto de repente torva y grave. contra los muros del convento de Santa María de la Castidad.¡Sus hazañas serán celebradas en toda Europa! ¡La historia de estas guerras debería escribir-se con su sangre! -¡Bah! ¡No tiene importancia! -exclamó el soldado-. se reirían con ganas. Perosacrébleu. Miren mi mano. eh! ¡Ja.Alyre. se fijó ahora en mí.preguntó. en laBelleÉtoile? . -¿Y están aquí. y el trozo mayor de una espoleta en la frente. En aquella misma ocasión recibí dos balas de mos-quete en los muslos. despedazarme con balas de cañón. que recibí cuando intenté salvar mi cabeza. atravesarme. con armas ytenantesblasonados en la portezuela y una cigüeña más roja que mis hazañas? El camarero no lo sabía. -Dicho lo cual. parecía haber delegado en otros comensales la tarea de dirigir la con-versación general. monsieur.dijoluego el oficial. un sablazo que me arrancó una libra de carne del pecho.caballe-ros. -Bravo. y pude oírle perjurar y mascullar insultos para sus adentros con ceño fruncido y huraño. un fragmento de metralla en mi deltoides izquierdo. caballeros. y en medio minuto había perdido la suficiente como para llenar un jarro. Ocho días y medio después estaba yo haciendo una marcha forzada. una lanzada en mi hombro izquierdo. había perdido demasiada sangre y desde entonces estoy más pálido que el culo de un plato. que la naturaleza me devolverá mi integridad en menos tiempo que uno de vuestros sastres remienda una vieja casaca. suturado con tres puntos. ¿Quién ha venido en ese carruaje amarillo oscuro y negro estacionado en mitad del patio..destrozarme. ¡No está mal. De forma aparentemente accidental. La sangre está bien derramada. El otro día.dijo-. y cinco días después estaba jugando a la pelota con un general inglés. Por primera vez hablaba en voz baja-. y era otra vez la vida y alma de mi com-pañía. con un pie descalzo. se concentró en su botella de vinordinaire.

que sea bueno de verdad? -Puedo traerle el mejor borgoña de Francia. y la partida de los comensales no tardó en dispersarse. -Es el hombre más pálido que he visto en mi vida. en un gran sillón de roble esculpido que tenía un respaldo maravillosamente alto y que pare-cía más viejo que Matusalén.monsieur. .decir si estaba alarmado o furioso. no tiene ningu-na preocupación y está sentado solo junto al fuego en un confortable sillón tras haber cenado en abundancia se le puede perdonar perfecta-mente si echa una cabezadita. además.más de una vez lo han confundido con un aparecido. Dos o tres tarugos de leña ardían en el fuego. el vino era excelente.monsieur.dije-. Debo señalar que mi cabeza estaba inclinada en una postura incómoda.monsieur. -¿Viene a menudo por aquí? -Sólo ha venido una vez antes.¿Podría decirme quién es ese oficial? -Es el coronelGaillarde. ¿Puedo quedarme aquí una media hora? -Naturalmente. se siente a gusto consigo mismo. -Garçon. Tuve un sueño mientras echaba aquella cabezada junto a la lumbre.Un sable desenvainado A un hombre que ha viajado todo el día en la posta. Otras personas se habían retirado igualmente. Me volví para decir un par de cosas al marqués.Hace un año se alojó aquí durante una semana aproximadamente. -Eso es bien cierto. y mi pensamiento res-plandeciente y sereno. -¿Me puede servir una botella de borgoña. Había llenado mi cuarto vaso cuando caí dormido. mi bella condesa! ¿No nos vamos a conocer nunca?» CAPÍTULO VI . Me sentía muy a gusto. todo el mundo sabe que la cocina francesa no es el mejor aperitivo para un sueño apacible.-Haga el favor de poner la botella sobre esa mesa. pero éste se había marchado. ha cambiado de clima cada media hora. pues la noche se había vuelto fría. « ¡Ah. y un vaso al lado. Fui a sentarme junto a la chimenea.monsieur.monsieur.

me dijo con una voz susurrante que me dejó helado: «Vienen a enterrarme viva. sobre el que. Cuando tenga sujeta una punta del hilo entre el índice y el pulgar. -Así lo creo. Estaba paralizado por el miedo. Ingenioso. de esta y esa manera. el conde deSt.yahora estaba bebiendo su copa.contestó secamente el coronel. sálveme!» Noté que no podía ni hablar ni moverme. y me llevé un susto de espanto cuando el cuerpo que yacía sobre el catafalco (sin moverse). se había tomado una demi-tasse de café noir. . Otra. ¡Por favor. -¿Dónde está ella? -exclamé con un estremecimiento. colocó las manos bajo los pies de la joven y entre los dos empezaron a levantarla. Me embargaba una horrible sensación de expectación. -¡Cielo santo!-exclamécon la respiración entrecortada y mirando a mi alrededor. Durante unos instantes no sabía ni quién era yo. que me estaba mirando con sarcasmo. procure no tener sueños peores que los que ha tenido esta noche -dijo con tono enigmático mientras meneaba la cabe-za con una risita entre dientes-. pero el rostro ancho e inicuo del coronelGaillardeme estaba mirando. en el que se dibujaba una sonrisita de triunfo infernal. poco a poco. con su correspondiente secreto. de la que emanaba un agradable aroma de coñac. Las dos personas que se acercaban salieron entonces de la oscuridad. -Me quedé dormido y he estado soñando -dije. El lugar parecía vacío.Alyre. por arriba y por abajo. Oí un sonido parecido al paso lento de dos personas avanzando por la enlosada nave lateral. Rompiendo el hechizo con un esfuerzo descomunal. Un eco apagado daba idea de la vastedad del lugar. Sueños peores -repitió. El coronel. el coronel de semblante pálido marcado por una cicatriz. y creo que lo conseguiré. por mucho trabajo que me cueste seguiré el hilo tramo a tramo. ¿no es cierto? -dijo entornando un ojo con aire pensativo y mirándome fijamente con el otro ojo. sin otra luz que la que prove-nía de los cuatro cirios colocados en las esquinas de una especie de estra-do cubierto por un paño negro. pálido como la muerte. Una. desde el otro lado de la lumbre. yacía el que me pareció ser el cadáver de la condesa deSt. de un lado a otro. hacía frío. hasta que todo el hilo quede bien liado en mi pulgar y logre dar con la otra punta. -Usted es el joven caballero que está hospedado encima del conde y la condesa deSt. y mi vista sólo alcanzaba (al tenue res-plandor de los cirios) hasta un pequeño radio. monsieur. se deslizó hacia la cabeza de la figura. sobre la que posó sus manos largas y delgadas. jovencito. sí.Alyre. -Bueno.Alyre. me puse de pie y proferí un grito ahogado. así es-contesté. Lo poco que veía tenía ese carácter sobrio del estilo gótico y ayudaba a mi imaginación a dar forma y amueblar el vacío negro que me abisma-ba.Mee ncontraba en una catedral inmensa. -¿Qué quiere decir el señor coronel? -pregunté. Estaba perfectamente despierto. temeroso de que se me hubiera escapado alguna palabra ofensiva por el papel que él había desem-peñado en mi sueño-. -Eso depende de a qué ella se refiera. envuelto también con tela negra. -Estoy tratando de descubrirlo por mí mismo -dijo-.

pero volviéndolo a llenar-.Estas pequeñas pobla-ciones de provincia. Siempre fue un combatiente temerario. Cualquiera de las dos cosas mesacarían de aquí. lo llenó. -¡Ah. ¿Quiere un vaso el señor coronel? Tomó el mayor que encontró. que yo aproveché para preguntarle si sabía algo del coronelGaillarde. Debería haberme dicho que le pidiera un borgoña. y no le habrían traído esta pócima. ni mucho menos! -exclamó con cierto desprecio. Siguió hablando un rato mientras volvíamos despacio hacia laBelleÉtoile.. Como veo. Solía dar un tostón espantoso al personal del Departamento de la Guerra. Pero no puedo decir cuándo se producirá ese aconteci-miento. -Me temo que no.. quienquiera que fuese.luego se produjo una pausa. lo alzó con una reverencia y lo bebió despacio. calándome el sombrero. Yo soy un simple aficiona-do.monsieur. a quien reconocí al instante: no era otro que el marqués de Harmonville.. . -¿Puedo ayudarle de alguna manera para acelerar su partida? -me ofrecí. Tiene la cabeza constantemente llena de pájaros. habría hecho fortuna como espía.¿no? ¡Más astuto que cinco zorros juntos! ¡Más despierto que una comadreja! Parbleu! Si no me hubiera importado rebajarme.. Supongo que sigue usted mañana su viaje a París. Napoleón. -Yo espero una carta. también usted padeceennui. Me libré de aquel hombre tan pronto como me lo permitió la buena educación y. No les aburriré con efectos de luz de luna ni con las ensoñaciones de un hombre que se ha enamora-do instantáneamente de un hermoso rostro. Diré simplemente que mi paseo duró una media hora y que. Por desgracia. una estatua de piedra desgastada por varios siglos de lluvia. Visité el patio y miré hacia las ventanas de la condesa. que no podía prescindir de nadie.. lo puso al mando de un regimiento. Estatua que estaba mirando también un hombre delgado y bastante alto. cuando volvía dando un pequeño ro-deo. Pero algo hay que hacer para matar el tiempo. estaban cerradas. de esos que tanto se valoraban entonces. sobre un pedestal. y ni siquiera tuve el pequeño consuelo de contemplar la misma luz que estaba contemplando en aquel momento la hermosa dama mientras escribía. me encontré en una placita bordeada de casas con gabletes y en cuyo centro se erguía. Dio unos pasos en mi dirección y dijo encogiéndose de hombros y riendo: -Le sorprenderá encontrar amonsieurDroqville mirando esa vieja figura de piedra a la luz de la luna. o permanecía sentada en su sillón pensando en. ¡Cielo santo. cómo no! Está un poco loco. ha recibido algunas heridas peligrosas en la cabeza. salí sin otra compañía que mi recio bastón.. Es una obra en la que todos los papeles están ya repartidos. -He pedido caballos. y sólo la amistad me ha empujado a tomar parte en ella.sí. -Más que bueno -dije-. bah! ¡No es de lo mejor. Sólo sería capaz de renegar de una buena amistad hecha en mis años jóvenes si para cultivarla me obligaran a vivir en semejantes luga-res. pero en su famosa campaña. ¿Es bueno el vino de aquí? -dijo con una mirada inquisitiva hacia mi botella. -¡Ah. por supuesto. o una llegada. Le buscaron un empleo. leía. que me reconoció a su vez casi inmediatamen-te.Pero le doy mil gracias... qué fuerte hay que ser para vivir en ellas!. Acepté aquella grave privación con la mayor resignación que pude y decidí darme una vueltecita por la población. sin ningún cargo de responsabilidad.

En la puerta. me agarró del brazo. o había.Hay.Alyre. -¿Nunca ha sospechado nadie que esté loco? -Nunca. deprisa! Por san Pedro y Lucifer que. El coronel no dejaba de berrear manteniendo la espada en alto. sentí que ésta me iba a interesar a mí de manera especial. contemplabanla escena impotentes . Resultaba evidente que se había visto interceptado cuando se dis-ponía a subir a su coche. alojarse en una posada honrada y cobijarse bajo el mismo techo que otros hombres honrados. con elgarçonque me había servido el borgoña una hora antes.monsieur. intuitivamente. iluminado por la luna. le hice señas de que se detuviera. Se le notaban en la frente sus venas nudosas. cuando el pequeño camarero pasó a mi lado. en efecto. Imposible concebir una efigie más diabólica del odio y la furia que la personificada por el coronel. la cual. me tropecé. Pero.monsieur. El actor principal de aquel extraño drama era. -¿Está en su sano juicio? El camarero puso ojos de plato. Dos camareros. si alguno de los dos trata de salir por esa puerta. le rebanaré la cabeza. .monsieur. -No sabe uno a qué atenerse -mascullé entre dientes mientras me alejaba. el coronel. con aire desencajado. -Desde luego. y con su bufanda de seda negra cubriéndole la parte inferior del ros-tro. en esta ciudad. y sus delicados dedos sostenían una rosa blanca. Hice corriendo los cincuenta metros que me sepa-raban de allí y me encontré en el vestíbulo de la vieja posada. -Me ha dicho antes. Ya se veían las luces de laBelleÉtoile. Un poco por detrás del conde estaba la con-desa. ¡Pareja de vampiros. El dueño de laBelleÉtoileestaba tratando de calmar al coronel. otra posada llamadaL'ÉcudeFrance. -No creía a mis ojos cuando reconocí el ave de presa roja. Los berridos del coronel Gaillardese imponían a cualquier otro sonido. de demonios! ¡Llamad a los gendarmes. de lobos. también con atavío de viaje. me dio las buenas noches de manera misteriosa y desapareció. había un coche tirado por cuatro caballos. en la sombra de una hilera de álamos. que el coronelGaillardeparó en laBelleÉtoiledurante una semana hace cierto tiempo. llevaba el rostro cubierto por su espeso velo negro. No podía creer que tuvieran la audacia de viajar por la ruta nacional.El marqués se detuvo en su puerta.Es un poco alborotador. que estaba plantado ante el viejo conde deSt. A casi todos los jóvenes les gusta. cuando menos. tenía los ojos desencajados. Mientras proseguía premiosamente hacia mi posada. pálidos de terror. presenciar una algarada. -Sí. si no recuerdo mal. Iba pensando en el coronelGaillardey. Permanecí unos segundos estupefacto. pero un hombre muy astuto también. ¡Qué oportunidad tan buena se me brindaba! Me acerqué a la dama. vestido con su traje de viaje. le rechinaban los dientes y acom-pañaba sus denuncias estentóreas con zapatazos contra el suelo y moli-netes con su sable. y en el vestíbulo estaba teniendo lugar un furioso altercado.

que ella aceptó. tal era el vendaval de deliciosas y diabólicas emociones que sen-tía dentro de mí. que pueda olvidarlo. casi en el mismo lugar. sin mirar a derecha ni izquierda ni dar las gracias a nadie. tímida pero nerviosa. e. y plenamente decidido a partirme la crisma en dos. bajó los escalones y desapareció en el interior de su coche. ¡Por el amor de Dios.-¡Oh. En un santiamén corrí al lado de mi bella condesa. rumbo a París. en dirección de la puerta.Alyre salió disparado.La rosa blanca Yo era demasiado rápido para el coronelGaillarde. abandonada así a su suerte.susurró en medio de su agitación-. monsieur!. No me importó ninguno de sus galones militares. Rompí su espada bajo mis pies y lancé los trozos a la calle. Entró en él. le ofrecí mi brazo. que estaba abierta). silbaba en el aire para abatirme.Mientras él levan-taba su espada. interponiéndome entre el conde y Gaillarde. que dio con sus huesos en el suelo. Éstos ocuparon ahora sus puestos con la agilidad que produce la desazón. donde quedó aparentemente muerto. tras una pausa de indecisión. Sus labios casi tocaron mi mejilla al decirme apresuradamente: -Puede ser que no vuelva a verle. Este horrible loco. en medio del claro de luna. Adiós. pero colocó en la mía la rosa que había estado entre sus dedos durante la agitada escena que acabábamos de vivir. y ¡ay!. y. a consecuencia de mi ingeniosa idea. rufián. mientras la espada del frenético soldado. grité: -¡Sujete su lengua y despeje el camino. CAPÍTULO VII . cobarde! La dama dejó escapar un grito leve. yo lo golpeé en la cabeza con mi macizo bastón. los caballos empezaron a moverse y el coche se fue alejan-do con su preciosa carga por la pintoresca calle principal. Todo sin mediar una sola palabra. -No tema nada. Váyase. tambaleándo-se.madame-contestécon romántica devoción. que recompensó con creces el riesgo que yo corría.. . váyase! Yo apreté su mano durante unos segundos. Estaba a punto de preguntarle si tenía alguna orden con la que hon-rarme (mi mano reposaba sobre el borde inferior de la ventanilla. ¿Qué podemos hacer? No quiere dejarnos pasar. sin importarle otra cosa que no fuera mi condigno casti-go. que estaban algo achispados y no habían asistido a la dramática escena. matón. supli-caba y maldecía a sus criados. La mano de la dama se posó sobre la mía. Todo aquello se produjo mientras el conde impartía órdenes.. El viejo conde deSt. y yo le cerré la portezue-la. ni si estaba vivo o muerto.que no dejaba de lanzar invectivas. como mi conciencia me insinuó después. Ella la retiró. le asesté otro golpe. y la conduje hasta el coche. Va a matar a mi marido. Los látigos de los postillones chasquearon. mientras él retrocedía.

e introdujeron un vaso de coñac. El último par de la ciudad lo había reservado elÉcudeFrance. había visto pasar de una mano a otra. y luego le dije que no debía rechazar un insignificante souvenir de un huésped que había quedado encantado de todo lo que había visto en la famosísimaBelleÉtoile.No hubo un solo camarero de la posada que no estu-viera dispuesto a corroborar bajo juramento la veracidad de aquella afirmación. lo apoyaron contra la pared. en la proporción de dos vasos a uno. mi favor secreto. en la que iba decidido a hacer saltar bancas y romper corazones (y. hasta entonces poco simpático. Ambos convenimos en que. El lector supone sin duda que yo tenía otros motivos. mientras su talante distante se troca-ba en amigable. Yo empecé a sentir cierta inquietud. al tacto de los cuales su semblante. en cualquier caso había una conmoción en la sede del pensamiento. se tornó radiante. ¿Quién era aquel caballero? ¿Había marchado ya? ¿No se le podría convencer para que aguardara hasta el día siguiente? . no había manera alguna de conseguir caballos aquella noche. apuntalándo-lo a cada lado con baúles y almohadas. El solícito dueño de laBelleÉtoiley sus ayudantes levantaron al héroe herido en mil batallas. más que el suyo y el mío. Al principio creyó que el cráneo del arrojado coronel se había fracturado. Como comprenderá cuál no sería mihorror al saber que. donde por primera vez aquel delicioso elixir no fue ingurgitado desaforada-mente.Yo permanecí inmóvil sobre el pavimento hasta que se perdió del todo en lontananza.Dicho lo cual. que fue debidamente apuntado en su cuenta. si yo no hubiera dado aquel certero bastonazo. mientras se llevaba apresuradamente las monedas a los bolsillos. además del deseo de escapar de las fastidiosas pesquisas judiciales. no se puede andar especulando ni escatimando medios económicos. invité al posadero a compartirlo conmigo. de cabeza calva y con gafas. para desear rea-nudar cuanto antes mi viaje a París. ni por ruegos ni por dinero. como ven. Con un profundo suspiro. Pedí una botella del mejor vino que había en la posada. el militar habría decapitado a la mitad de los huéspedes de la BelleÉtoile. Qué lástima si aquella excursión mía. también cabezas). Se mandó llamar a un pequeño cirujano militar de unos sesenta años. dulce y precioso que ningún ojo mortal. mi pequeña prenda de despedida. me di la vuelta. y se había retirado con su espada y su sierra. y.para un caballero que había almor-zado y cenado en laBelleÉtoileyque tenía que continuar hacia París aquella misma noche. con la rosa blanca dobla-da en mi pañuelo. Cuando se emplea algún tipo de fuerza para conseguir un objetivo importante. pese a su extraordinaria capacidad autocurativa. en su gran boca. Inmediatamente saqué a relucir el tema de la cabeza rota del coro-nel. había motivos sobrados param antenerlo fuera de combate durante al menos un par semanas. El coronel fue conducido a su habitación roncando apopléjicamente. Vi al posadero en la sala en la que habíamos cenado. coloqué en su mano treinta y cinco napoleones. acababa en el cadalso o en la guillotina. así. Mejor pasarse por mil que quedarse a un milímetro de la meta. que había amputado ochenta y siete piernas y brazos tras la batalla de Eylau. sus laureles y sus escayolas a esta su ciudad natal. Yo sentí esto de manera instintiva. quedaba claro que entre nosotros dos se habían instaurado unas relaciones muy cordiales. Ena quellos tiempos de inestabilidad política no estaba claro cuál era el pro-cedimiento en vigor para castigar a los criminales.

según me han referido. en mi coche de camino y con sus caballos. Gracias. -No soporto que me esperen los camareros mientras bebo el café -dijo-. y sólo durante un par de minutos. No puedo contestarle con exactitud. pero el marqués dormía como un tronco. puede decir lo que quiera. siempre lo sabía todo. cayó completamente dormido en su rincón.Alyre.Clair. no importa cuál de las dos cosas sea. y su nombre no era otro que el demonsieurDroqville. Y la bandeja. -Guardaremos las tazas -dijo al camarero que le traía las tazas-. idiota! Ese hombre estaba más borracho que una cuba. Quizá era ella. Me gusta saborearlo tranquilamente. ¿Dónde se hospedamonsieurDroqville? Por supuesto que lo sabía. Es hija de un matrimonio anterior. Es una joven muy hermosa y encantadora. Tomaré aquí una taza de café. -Y bien. Al cabo de un rato me aventuré a preguntarle al marqués de Harmonville si la dama que acompañaba al conde era de verdad la condesa. del conde deSt. él se la colocó sobre las rodillas para que le sirviera de mesa en miniatura. ya he echado un sueñecito. el anciano caballero que ha estado tan a punto de ser troceado esta noche. Hoy sólo he visto al conde. Subí rápidamente a mi cuarto. luego pasó al interior del vehículo la pequeña bandeja y me ofreció una taza de café. -Esa dama es la hija o esposa. poco después. No se despertó. eso creo.Al verlo. llevaba más de sesenta horas sin dormir. Era realmente un café buenísimo. por la espada del general a quienmonsieurha tenido la suerte de mandar a la cama con un buen ataque de apoplejía.St. hasta la siguiente posta.monsieurDroqvilley yo viajábamos juntos rumbo a París.Clair. Como yo le dije que no necesitaba la bandeja. mis pensamientos cambiaron unos instantes de rumbo. Ordenó dos tazas de café expreso y esperó con la cabeza asomada por la ventana. Al marqués le estaba entrando la modorra y. donde había tenido la suerte de conseguir caballos mandando por delante a su criado. según me dijo. donde encontré a mi criadoSt. -Perdone que sea un compañero tan aburrido -dijo-. Asentí. Hubo un pequeño retraso mientras él abonaba aquellas cosas.dime ahora quién es esa dama -le conminé. Yo también daba algunas cabe-zadas. .El caballero se encontraba ahora en sus habitaciones recogiendo su equipaje. Permítame que le recomiende que haga usted lo mismo: el café de aquí es realmente bueno. Está mohíno. ¿a quién le importa? Recoge todas mis cosas. -¿No tiene una hija? -Sí. Media hora después. -¡Cierra el pico.

que se puso a leer con mucha atención. el interior del coche. Nos pusimos en marcha antes de haber apurado las tazas. ha-ber intentado. ya me siento como nuevo. Empecé a sentir el peso del sueño. pero la barrera entre la vigilia y éste se me antojaba absolutamente infranqueable. a no dudarlo. tenía mi querido souvenir -mi rosa blanca. con los ojos semientornados. El marqués era extremadamente simpático. ¡Empecé a asustarme de verdad! ¿Estaría padeciendo algún ataque? Era horrible ver cómo mi afable compañero seguía dedicándose a sus ocupaciones rutinarias cuando podría haber ahuyentado mis horrores con un simple sacudimiento. en aquella emergencia. presentando su retrato de manera que se me quedaran bien grabadas algunas enseñanzas de orden práctico. Durante un rato el café nos volvió parlanchines. y así entré en un estado de somnolencia completamente nuevo e indescriptible. pero nada. Deseaba con todas mis fuerzas conciliar el sueño.no había experimentado ninguna sensación de terror. Fuera lo que fuera. y me cuesta mucho trabajo mantenerme despierto. por un acto de voluntad insólito. Un valioso hallazgo. Éste me inspiraba toda una gama de sueños románticos. Volví a intentarlo. Avanzábamos muy lentamente. Su ventanilla iba abierta. Me esforcé por poner fin a aquella imagen fatigosa. A pesar de las historias divertidas y curiosas que contó el marqués. llenas de sal y de colorido. yo había empleado hasta entonces cuatro caballos por etapa. Echó hacia atrás la cabeza y dijo. que sujetó con dos pinzas en la ventanilla opuesta. pero ni siquiera podía mover una mano. Descubrí que me resultaba a tan difícil mover cualquier articulación o músculo como. envuelto ahora en papel blanco. la colocó sobre sus rodillas. Repetí el esfuerzo varias veces. y finalmente hizo lo propio con la pequeña bandeja. podíamos considerarnos afortunados de haber encontrado dos. que notó esto. Acabó pareciéndome aburrida la visión del marqués leyendo con sus lentes caladas. se caló las lentes y sacó un fajo de cartas. pero estaba claro que había perdido la capacidad de cerrarlos. Este café hará maravillas en mí. que oí chocar contra la calzada. con sus peligros y seducciones. aquello no se podía equiparar con una simple pesadilla. la diferencia de velocidad resultaba deprimente. para algún campesino madrugador. Pero. Hice un esfuerzo sobrehumano por gritar. El marqués. Con todo. 1 mi voluntad no mandaba ya sobre mi cuerpo. La encendió con una cerilla. En mi impaciencia. doblando y guardando las cartas una a una. Mi compañero había vuelto a empaquetar sus cartas y estaba miran-do por la ventanilla mientras tarareaba el aria de una ópera. pero sin llegar nunca a perder la conciencia del todo. Primero arrojó su taza por ella.-Al igual quemonsieurel marqués. por ejemplo. la abrió y sacó la que resultó ser una lámpara.cerca del corazón. volviéndose hacia mí: . Hasta entonces. Desde mi rincón seguía visuali-zando en diagonal. Me habría restregado los ojos. hacer volcar el carruaje. yo he dormido muy poco duran-te las dos o tres últimas noches. Me acomodé en mi rin-cón. luego la mía. El marqués cogió del suelo su valija. además de hábil. y la conversación se animo. con el mismo resultado. se resignó afablemente a que nuestra con-versación fuera decayendo. pero algo me impedía cerrar los ojos del todo. y me hizo una brillante y divertida descripción de la vida parisiense. me fueron entrando unas ganas terribles de dormir.

El poder del pensamiento seguía claro y activo. Me sentía como un alma encarcelada.Una visita de tres minutos En varias ocasiones de mi vida he sufrido fuertes y largos dolores cor-porales. -Sí. Supongo que serían las dos de la madrugada. era inenarrable. Entramos en una pequeña población. -¡Ya hemos llegado! -dijo mi compañero. seguro que va a morirse de hambre. salió tras dirigirme a mí otra sonrisa ama-ble y a mi criado otra palabra de precaución. El coche se detuvo. Le traeremos algo a monsieur Beckett. dijo: -¡Pobrecillo! ¡Qué cansado debe de estar! ¡Qué sueño tan profundo le ha entrado! Cuando se detenga el coche seguro que se despertará. volviéndose alegremente hacia mí-. gracias a Dios. pues. -Tu amo duerme profundamente. Vi abrirse la puerta de una posada. Clairmientras entraban en la posada. no había padecido nunca nada parecido a aquella tortura. Pero no me desperté. y tomaremos un piscolabis. de la que salía luz. Espero con toda el alma que no se parezca a ninguno de los tipos de muerte que pueden acaecernos. y un pequeño enco-gimiento de hombros. Mi criado se acercó a mi portezuela y la abrió. Luego colocó nuevamente las cartas en la valija. Un lúgubre terror se había apoderado de mi espíritu. la cerró. Lo oí conversar conSt. ya se ven luces. Extremando el cuidado para no despertarme. ¿Cómo terminaría aquello? ¿Era real-mente la muerte? . yo quedaba abando-nado en el mismo rincón y en la misma postura. ¡Está tan cansado! Sería una cruel-dad molestarle ahora. pero. ni lo padecería tampoco después. con una sonrisa afable. CAPÍTULO VIII . ¡qué cansado debe de estar! -exclamó tras haber esperado una respuesta de mi parte. Entre tanto. muda e inmóvil.-Sí. y mi angustia. se metió las lentes en el bolsillo y volvió a mirar por la ventana. Me miró más de cerca y. llegaremos dentro de unos minutos. Tú y yo nos retiraremos mientras cambian los ca-ballos. Despabiló la llama y echó más aceite a la lámpara. en cuanto se despierte.

Inmedia-tamente después de su desaparición oí nuevamente la voz del marqués. Ahora estábamos ya fuera de la población y proseguíamos el viaje a la misma velocidad moderada. Parecía como si una burbuja de aire. Era obvio que no era aquello lo que buscaba. Pero yo no era más que un cuerpo inerte en sus manos. creo.. el documento a que acabo de referirme. Entró. con un lápiz. El joven llevaba un espeso mostacho y una pequeña mata de pelo bajo el labio inferior. esperando con ansia su regreso: algún accidente afortuna-do haría que yo despertara de mi catalepsia. noté un extraño zumbido en la cabeza y una . lo que indicaba un plan bien definidoy establecido de antemano. formada en el oído. ocurría que mi voluntad había. Todo esto lo hizo en un abrir y cerrar de ojos. cerró la puerta suavemente y se sentó a mi lado. Este hombre parecía trabajar con la celeridad sigilosa y fría propia de un agente secreto. a todas luces. perdido el control de mi cuerpo. Era un hombre joven con un holgado abrigo gris os-curo y una especie de capucha.. también vi una cicatriz roja que le atravesaba la mejilla desde los labios. También vi. Deslizó una mano en el bolsillo de mi chaqueta. Al moverse. inclinándose hacia míy ponién-dose en visera su mano enguantada. Sin ruido alguno de pasos que anunciaran una llegada inminente. del que sacó mi preciosa rosa blanca y todas las cartas que había. Lo que le interesaba era. La tensión indescriptible del cerebro pareció ceder de inmediato. Entró en el coche y vi cómo me miraba esbozando una sonrisa. la portezuela del coche se abrió de repente. La lámpara daba una luz parecida a la de una vela. Simplemente. entre las que figuraba un documento de especial importancia para mí. Mi preciosa rosa la dejó también a un lado. Este hombre había entrado con el sigilo de un fantasma. los volvió a meter en mi bolsillo y desapareció. según mis cálculos. Sus propósitos eran a todas luces siniestros. se debía de hallar a unas dos leguas de distancia cuando de repente sentí un extraño palpitar en un oído y la sensación de que el aire pasaba por él y se alojaba en la garganta. Ah. fáciles de distinguir bajo las amplias mangas del holgado abrigo. no duró más de tres minutos. por lo que vi al in-truso perfectamente. a asesinarme. me examinó de cerca la cara duran-te unos segundos. con perfecta nitidez. Su visita. por así decir. creí distinguir bajo la capucha la cinta dorada de una gorra militar. Ya he dicho que el marqués de Harmonville no había apagado su lámpara de coche al entrar en la posada de aquella aldea. si hubiera sospe-chado. El lugar donde había recibido la visita de aquel agente secreto. por un sueño tan profundo. que le cubría la cabeza. luego. quizá. Yo escuchaba atentamente. medio envidiándome. y todo lo hacía con rapidez y decisión. Volvió a sumirse en la lectura y clasificación de sus papeles a la luz de la lámpara que acababa de coadyuvar a las maquinaciones de un espía.He de señalar que mi facultad de observar no había sufrido merma alguna. Colocó los papeles en el mismo orden en que los había encontrado. lo desplegó y. y una persona desconocida entró silenciosamente y cerró la portezuela. Yo pensé que iba a robarme y. empezó a tomar rápidas notas sobre su conte-nido en un pequeño cuaderno de bolsillo. como podríamos denominarlo. Podía oír y ver todo con la nitidez habitual. los galones y botones en las puñetas de la guerre-ra. se hinchara y explotara en él. A las cartas les echó un vistazo somero.

que ni siquiera deben ver amonsieurDroqville. sino solamentemon-sieurDroqville. aunque muy débilmente. me dijo: -Un amigo mío me dijo en cierta ocasión que era posible un ataque como el que ha sufrido usted. Ese bellaco no habrá tocado mi valija. de viaje. sobre el asiento. Él colocó la valija a su lado. la mansión de Harmonville se encuentra por el momento ocupada por dos o tres viejos criados. -Sí. pero el mar-qués seguía distrayéndome con su amable conversación. lo que me hace pensar que se trata de la misma clase de ataque. como es ese demente coronel de dragones. la forma como ha cedido. Sin embargo. y había tenido que hacer valer a la vez su fuerza y su cora-je. como el marqués está.descubrir quién fue esecoquinque espió sus cartas.. aunque no pueda verle a menudo. Pero no vale de nada volvernos ahora porque no conseguiría-mos enterarnos de nada. Sólo pude contestarle con un gemido profundo. Esa gente siempre actúa con mucha habilidad. se ha dormido. Era un hombre valiente como usted. al sueño. Todo en su sitio. podré serle de gran utilidad. Daría cualquier cosa para que ciertas personas no leyeran nunca media docena de cartas que llevo aquí. -Me alegra saber que no he sido el único. no hay nada que temer. Luego me preguntó con gran solicitud por el mal que me había sobrevenido. y éste tenga libertad para mostrarse a plena luz. con un espadachín experimentado. A él le sobrevino a bordo de un barco.que debo recordarle que por el momento no soy el marqués de Harmonville. -Hemos intimado tanto -dijo al final. por lo que yo había podido observar. a resultas de un estado de especial excitación. con una sensación de debilidad mortal.especie de vibración en todos los nervios del cuerpo. pues me sentía débil y agotado. este último ya se las ingeniará para hacerle entrar en el palco quemonsieurel marqués tiene en la ópera. y así pude. Yo hablaba muy poco. como ocurre con un miembro que. el cansancio se apoderó de él y pareció caer en un sueño profundo. finalmente. no .. estoy casi convencido de que debió de ser un agente de policía. »Me gustaría -prosiguió. en condiciones tan desfa-vorables para usted. Poco a poco el proceso de restablecimiento fue tocando a su fin. gracias a Dios -mascu-lló-. Le dije que. el cansancio y. El inesperado y valiente combate. Exhalé un grito y me quedé medio levantado en mi asiento. la abrió y examinó su contenido minuciosamente. donde me dejé caer luego temblando. ¿Padeció una recaída? -Traté con él después durante muchos años. -¡Cielo santo! -exclamó-. de seguro que le habría robado. como mi otro amigo. cuando lleguemos a París. según la frase popular. podía estar tran-quilo a ese respecto. Una o dos horas después. pues. Lo que me sorprende es el paralelismo de las causas propiciadoras del ataque. como puede ver. Y. decirle lo enfermo que me había senti-do. así como también a otros lugares de más difícil acceso. tan pronto como concluya la misión diplomática del marqués de Harmon-ville. Si se hubiera tratado de cualquier otro tipo de facineroso. Cuando le hube contado todo. me cogió la mano y me preguntó con aire serio si estaba enfermo. Sin embargo. El marqués se me quedó mirando. Asimismo le puse al corriente de la violación de mis cartas durante su ausencia. Se sumió en un estado que luego describió igual que usted. sin embargo. Le pediré que me diga el hotel en el que piensa alojarse. y nunca me habló de tal cosa.

Como pueden imaginar. Ahora me hallaba sentado a la ventana de mi hotel contemplando la brillante ciudad de París. podría hacer mi visita bastante más deliciosa de lo que me había esperado. no creo haber visto nunca aquella deliciosa capital tan encantadoramente excitada y excitante.monsieurBeckett. se había topado por error. que en poco tiempo había recobrado toda su alegría y cuyo bulli-cio era aún mayor que el habitual. Pero. sin haber experimentado ninguna muestra de esa rudeza e insolen-cia de las que otros se quejaban por parte de los exasperados oficiales del derrotado ejército francés. Así pues. También tengo que decir una cosa.excusará a su amigo. pese a haberla visitado numerosas veces después. Caía la tarde. No había ni visto ni oído hablar del conde ni de la condesa. Mi romance se había apoderado tan por completo de mí que la esperanza de ver al objeto de mis sueños prestaba un secreto y delicioso interés a mis paseos a pie y en coche por las calles y alrededores. La protección de un hombre tan importante. Todo el mundo recuerda la gran exci-tación que siguió a la caída de Napoleón y a la segunda restauración borbónica. que se interesaba tan ama-blemente por el desconocido con el que. Llevaba dos días en París y ya había visto toda suerte de monumen-tos. ni recibi-do ninguna noticia del marqués de Harmonville. Aqué-lla era mi primera visita. Cuanto más nos aproximábamos a París más valoraba su protección. di mis más sinceras gracias al marqués. tan afable y gentil como siempre. por así decir. después de tantos años transcurridos) recordar y describir mis experiencias e impresiones del aspecto tan singular que tenía París en aquellos días extraños.Chismes y consejos Mi accidentado viaje había terminado por fin. el coche se detuvo de repente delante del lugar donde nos esperaban caballos de relevo y donde tenía-mos que separarnos. e incluso a esta hora sólo me he atrevido a venir en coche . así como a mis visitas a los museos y a otros monumentos de la metrópoli. no necesito (aunque pudiera. CAPITULO IX . y ya estaba empezando a temer que mi aristócrata amigo se hubiera olvidado por completo de mí cuando el camarero me ofreció la tarjeta de«MonsieurDroqville». -Actualmente soy un ave nocturna -dijo tan pronto como hubimos intercambiado los saludos de rigor-. Allí estaba el marqués de Harmonville.y con gran júbiloy premura le dije que hiciera subir al caballero. Nada podía ser más gentil que los modales y las atenciones del mar-qués. Me mantengo en la sombra durante el día. de cumplir su promesa de visitarlo este otoño en elChâteaude Harmonville. También me había recuperado por completo de la extraña indisposición padecida durante mi viaje nocturno. Mientras aún le daba las gracias.

a los que había tenido la suerte de salvar de un trance sumamente desagradable en el vestíbulo de la posada. y recuerde que. y él echó un vistazo a las señas. Coja un plano y escriba letras o números sobre los puntos que le voy a indicar. tendré el gusto de poder ser verdaderamente útil para usted. para una persona ávida de novedades y placeres como yo. Absténgase de jugar.cerrado. esté bien alerta. Alyre. Recuerde esto: aquí está rodeado de hábiles estafadores y granujas de todo tipo que viven de lo que sustraen a los forasteros. Creen que todo estará perdido si consiguen reconocerme. poseían un valor incal-culable. después de una ausencia tan prolongada. Todos los lugares que le voy a mencionar son dig-nos de verse. No se pierda ni uno. Cuando eso haya pasado. yo disfrutaré ya de toda mi libertad. Pero. una vez que ha sido uno aceptado por el beau monde ya no puede vivir a su aire. Un amigo a su lado vale más que todas las cartas juntas. permítame regalarle estas entradas para mi palco. Déjese en mis manos. antes de volver a instalarse en su hogar. A ustedes. me ofreció un catálogo y una guía. Yo le mostré media docena de cartas. pero él creía probable que se quedaran. ya que habría que hacer bastantes preparativos. le pregunté por el conde y la condesa de St. unas palabras en mis funciones de mentor. No sabía dónde para-ban. -Y ahora. durante mi ausencia había dado ins-trucciones a mi secretario para que facilitara entradas todas las noches al primero de mis amigos que se lo pidiera. Le volví a dar las gracias y le prometí sacar provecho de sus consejos. No sabe cómo me disgusta no poder utilizarlo más a menudo durante las dos próximas semanas. y el resultado es que ahora me encuentro con casi nada para mí mismo. que. le dejarían sin blanca si lo hiciera. Poseían una bonita casa antigua a las afueras de París. Lo llevaré personalmente de casa en casa. en París. ¡ay!. día y noche. en la urbe. Supongo que no ha venido a París sin cartas de recomendación. Así pues. los jóvenes. -Dentro de dos semanas. Le man-tendrán ocupado. y yo mismo lo introduciré en la rutina brillante pero relativamente tranquila de la buena sociedad. y con gran cantidad de anécdotas diverti-das y escandalosas. No confíe en nadie que no conozca. Yo mismo lo presentaré en sociedad. y haremos así una pequeña lista. Le di de nuevo las gracias y prometí seguir sus consejos al pie de la letra. en París. Le di mis más sentidas gracias. -No tenga en cuenta estas cartas -dijo-. De esta manera metódica. En primer lugar. Entre tanto. tal vez de una sola -dijo-. Los amigos para los que he emprendido esta misión algo peligrosa así lo han dispuesto. Él pareció encantado y dijo: -Ahora le diré algunos lugares a los que debería ir. durante al menos tres semanas. al menos unos cuantos días. . les gusta apurar hasta la última gota los placeres anónimos de una gran ciudad antes que embar-carse en las obligaciones de la vida social. Pero mi corazón estaba demasiado lleno de la bella dama de la Belle Étoile para permitir que nuestra entrevista terminara sin que yo hubiera intentado saber algo más de ella. no los había visto desde entonces. No haga amistad ni intime con nadie hasta entonces.

-¿Cuánto tiempo han estado fuera? -Unos ocho meses, creo. -Son pobres, me parece haberle oído decir. -Sí, para una persona como usted podrían considerarse pobres. Pero, monsieur, el conde tiene unas rentas que le permiten vivir con comodidades y hasta con elegancia, sobre todo llevando una vida tran-quila y apartada en este país barato. -Entonces son muy felices, ¿no? -Digamos que deberían ser felices. -Y ¿qué se lo impide? -Él es celoso. -Pero su mujer... No le da motivo alguno... -Me temo que sí. -¿Cómo, monsieur? -Siempre he pensado que es un poco demasiado..., excesivamente... -¿Demasiado qué, monsieur? -Demasiado bonita. Pero aunque tiene unos ojos extraordinaria-mente bellos, unas facciones exquisitas y la tez más delicada del mundo, creo que es una mujer honrada. ¿No la ha visto usted nunca? -Vi a una dama completamente embozada en su abrigo, con un velo que le tapaba la cara, la otra noche en el vestíbulo de la Belle Étoile, cuando le partí la cabeza a ese individuo que estaba intimidando al anciano conde. Pero su velo era tan tupido que no me permitió ver sus rasgos. -Respuesta ésta, como convendrán, bastante diplomática-. Podría ser la hija del conde. ¿Se pelean? -¿Quién, su mujer y él? -Sí. -Un poco. -¿Y por qué motivo? -Es una vieja historia: por los diamantes de ella. Son de gran valor Valen, según La Perelleuse, aproximadamente un millón de francos.Elconde desearía venderlos para disponer de mayor numerario, que élestá dispuesto a gastar como a ella le plazca. Pero la condesa, a quienpertenecen, se resiste a ello, y por una razón que, quiero creer, no está capaci-tada para revelársela. -Dígame, por favor, cuál es esa razón -dije, picado en mi curiosidad, -Supongo que piensa lo bella que estará con ellos cuando se casecon su segundo marido. -¡Ah! Claro, sin duda. Pero el conde deSt.Alyre es un hombre bueno, ¿no? -Admirable, y sumamente inteligente. -¡Cómo me gustaría que me lo presentara! Oyéndole a usted parece tan... -Tan agradablemente casado. Pero viven completamente apartados del mundo. Él la lleva de vez en cuando a la ópera o a alguna diversión pública; pero nada más.

-Y él debe de recordar tantas cosas del antiguo régimen, y tantos epi-sodios de la revolución... -Sí, es el hombre más indicado para un filósofo como usted. Se suele quedar dormido después de comer, pero no su esposa... Bueno, hablan-do en serio, le aseguro que apenas frecuenta elbeaumonde y que se ha vuelto un tanto apático, al igual que su esposa. Y nada parece interesarle a la condesa, ¡ni siquiera su marido! El marqués se levantó para despedirse. -No arriesgue su dinero -reiteró-. Pronto tendrá oportunidad de colocar parte de él en un negocio muy ventajoso. Varias colecciones de cuadros realmente buenos, pertenecientes a personas que apoyaron la restauración bonapartista, van a ser vendidos en subasta dentro de unas semanas. Podrá hacer maravillas cuando comience la venta. ¡Va a haberauténticas gangas! Resérvese para ellas. Yo le mantendré puntualmente al corriente. Quede con Dios. A propósito -dijo, deteniéndose en seco> al acercarse a la puerta-, casi me olvidaba. La semana que viene vaa haber un acontecimiento que debería entusiasmarle, pues suele escasear bastante en Inglaterra. Me refiero a unbalmasqué,organizado, según dicen, con un esplendor aún mayor del habitual. Tendrá lugar en Versalles. Todo el mundo estará allí; la gente se afana para conseguir invita-ciones. Pero creo que podré conseguirle una. Buenas noches.Adieu!

CAPÍTULO X - El velo negro

Hablando el francés de corrido y con dinero en cantidades ilimita-das, no había nada que me impidiera disfrutar de todo lo disfrutable en la capital francesa. Pueden suponer cómo se pasaron los dos siguientes días. Al cabo de los cuales, y hacia la misma hora,monsieurDroqville volvió a visitarme. Cortés, afable y alegre como de costumbre, me dijo que el baile de disfraces había quedado fijado para el miércoles, y que había consegui-do una invitación para mí. ¡Qué mala suerte! Lo sentía muchísimo, pero no podía asistir. Se quedó mirándome en silencio unos instantes con un aire de sos-pecha y amenaza que no comprendí, y luego preguntó, con cierta brus-quedad: -¿Y tendríamonsieurBeckett la amabilidad de decirme por qué no puede asistir? Yo estaba un poco sorprendido, pero le dije la simple verdad: tenía una cita para aquel día por la tarde con dos o tres amigos ingleses y no veía la manera de liberarme de aquel compromiso. -¡Ah, así que es eso! Ustedes, los ingleses, estén donde estén, siempre andan buscando lo mismo: la aburrida compañía de otros compatriotas, cerveza y bistecs; y cuando vienen aquí, en vez de tratar de aprender algo nuevo de la gente que visitan, y que fingen querer estudiar, se dedican a hincharse a comer, a perjurar y a fumar entre ingleses, y al final de sus viajes no salen más experimentados ni más pulidos que si hubieran esta-do de juerga en una tabernucha de Greenwich.

Prorrumpió en unas carcajadas sarcásticas (creo que en aquel momento le habría gustado envenenarme). -¡Ahí la tiene!- prosiguió arrojando la invitación sobre lamesa-Tómela o déjela, como bien le plazca. Supongo que he hecho el tonto con usted; pero no es corriente que un hombre como yo se tome tantas molestias, pida favores, y consiga finalmente un privilegio para un conocido para luego ser tratado de esta manera. Aquello me pareció de una impertinencia asombrosa. Me sentía turbado, ofendido, a la vez que arrepentido. Posiblemente había contravenido sin saberlo las normas de la buena educación según los cánones franceses, lo que casi justificaba la severidad del brusco reproche del marqués. Y así, en medio de una terrible confusión de sentimientos, me apre-suré a presentar mis disculpas para tratar de recuperar el favor de aquel amigo casual que había mostrado para conmigo tanta amabilidad desinteresada. Le dije que rompería a toda costa el compromiso que desafortunadamente me mantenía atado; que había hablado con muy poca reflexión yque ciertamente no le había mostrado mi agradecimiento en propor-ción a su amabilidad y a mi verdadera estimación de su persona. -Por favor, no diga una palabra más; mi desconcierto ha sido sólo por usted, y reconozco que lo he expresado en términos muy duros, que, estoy seguro, su buena disposición sabrá perdonar. Quienes me conocen un poco mejor saben que a veces digo muchas más cosas de las que quiero decir; y siempre lamento que me ocurra esto.MonsieurBeckett se olvidará pronto de que su viejo amigo,monsieur Droqville, ha perdido momentáneamente los estribos por atención a él, y así... volve-mos a ser los buenos amigos de siempre. Sonrió como elmonsieurDroqville que había conocido en laBelleÉtoileyalargó la mano, que yo tomé respetuosa y cordialmente. Nuestra disputa pasajera había terminado dejándonos mejores y amigos. El marqués me aconsejó que reservara una cama en algún hotel de Versalles, ya que luego encontraría problemas dada la gran demanda existente, y que lo hiciera inclusive la mañana siguiente. Así pues, ordené unos caballos para las once en punto, y, tras inter-cambiar unas cuantas palabras más, el marqués de Harmonville me dio las buenas noches y bajó a toda prisa las escaleras, tapándose con un y pañuelo la boca y la nariz. Desde mi ventana vi cómo subía de un brinco a su coche cerrado y desaparecía. Al día siguiente fui a Versalles. Cuando me aproximaba a la puerta del HôteldeFranceme dije para mis adentros que no había pecado pre-cisamente de madrugador, sino más bien de todo lo contrario. Alrede-dor de la entrada se agolpaba un enjambre de carruajes, de manera que resultaba imposible dar un paso adelante si no era a pie y sorteando toda una legión de caballos. El vestíbulo estaba a rebosar de criados y caballe-ros que gritaban al hotelero, el cual, en un estado de educada locura, aseguraba a todos y cada uno de ellos que no había habitación ni apo-sento libre en todo el hotel. Me deslicé hasta la puerta, dejando el vestíbulo a los que seguían profiriendo gritos y súplicas con la

mientras me esforzaba por sacudirme el polvo de la ropa con un pañuelo. la calesa que me interesaba había pasado antes de la catástrofe. y. Aquélla era una situación irritante. desgraciadamente. tras dar el marqués unas órde-nes a su cochero. salté repartiendo disculpas incoherentes por encima de un coche abierto.Pero encontré la entrada igual de abarrotada. nos pusimos rápidamente en movimiento. oí una voz que me resultó familiar: -MonsieurBeckett! Volví la cabeza y vi al marqués mirando por la ventanilla de un carruaje. . hice lo propio. encontrarles un hueco. y el mío estaba acercándose. y donde. dando una voltereta. Indiqué al criado que nos siguiera. cubierto como estaba yo de polvo y con el sombrero aplastado. en la que estaba seguro de haber recono-cido a la condesa. no sé cómo. cuya existencia sólo cono-cen muy pocos parisienses. Su coche había tenido que aminorar la marcha debido a un carro que ocupaba toda la anchura del camino y avanzaba con la lentitud propia de tales vehículos. una vez en él. Aquella maniobra resultó muy útil para subir al vehículo. tropecé al apearme y caí sobre los lomos de un par de caballos. pero ¿qué se podía hacer? Mientras me hallaba en el vestíbulo de este hotel hablando con uno de sus inten-dentes. en medio de todo aquello. que al instante se encabritaron y me hicieron morder el polvo de la calle. en el que había cuatro caballeros enfrascados en una discusión muy animada. si quería. y no menos de cuatro hileras al otro lado. alHôtelduRéservoir. En un periquete me encon-tré junto a la portezuela. Afortunadamente. mi postillón había logrado con excesivo celo hacer avanzar los caballos. -Le voy a llevar a un lugar confortable. Fue una visión agradable para mí. y a su marido. A quienes observaran mi intrépida carga sin estar al corriente de mi secreto debí de parecerles un demente. El resultado fue el mismo. Pero. a la máxima velocidad que permitieron mis caballos.falsa esperanza de que el propietario pudiera. acababa de abrirse una brecha en medio de aquel conglomerado de carruajes. yo era más un Murat que un Moltke y preferí una carga directa sobre mi objeto antes que recurrir a ninguna táctica. Por fortuna. Habría sido más inteligente por mi parte saltar a la acera y dar un rodeo por delante de los carruajes detenidos delante de la calesa. Diga a su criado que me siga. y. Pero no se preocupe: he encontrado algo para usted que le puede convenir. Atra-vesé como una flecha el asiento trasero de un carruaje que estaba al lado del mío. en la que un anciano y un perro estaban echando una cabe-zadita. Subí a mi coche y me dirigí. Si ya antes había estado impaciente. pueden imaginarse que no deseaba realmente presentarme así ante el objeto de mi quijotesca devoción. -Lo mejor es irse de Versalles -dijo-. desagradablemente atemperados con risotadas. Por entonces yo tenía una vista extraordinariamente buena. ahora se hallaba ante la escalinata del hotel. adivinen cuáles serían mis sentimientos cuando vi pasar por el angosto margen que quedaba al otro lado de la calzada una calesa descubierta. y. poco a poco. y usted suba y siéntese a mi lado. ¿cómo salir de allí? Había coches delante y detrás. a medida que los otros carruajes iban retirándose. Permanecí unos instantes en medio de una tormenta de insultos. cubierta con el velo. en una especie de cabriolé. ya ha visto que no hay ni una sola cama libre en ninguno de los hoteles. Pero. y puedo añadir que no hay una sola habitación libre en toda la ciudad.

le agradará saber también que es una posada encantada. La majestad y paz del lugar contrastaban extrañamente conel relumbróny bullicio de la vida parisiense.. y. pues mucha gente llevará flores. pues. Espero dejarme caer un rato por allí. Una especie de porche. pintado y dorado. Yo no me divierto en tales ocasiones si no voy con una persona joven. lo que indicaba su destino ori-ginal como mansión privada de alguna persona acaudalada y. -Yo no entraré. ¿Y si lleva usted una cruz roja de unos cinco centímetros de larga -usted es inglés. .. y usted hará igual. siempre es mejor que nada. me pondré el mismo disfraz. si cabía. Era un dragón volador. Al menos a mí me habría agradado en mis años jóvenes. convenido. si voy. dado que las paredes lucían numerosos escudos de armas. Hasta luego. eso es. Nos veremos esta noche. de una altura poco frecuente en Francia. Los árboles hacían que el edificio resultara más pintoresco aún. sitúese cerca de la puerta hasta que nos encontremos.El Dragón Volador Eché un vistazo ami alrededor. tam-bién distinguida. pues creo que es un tema que aún levanta ampollas. Si quiere disfrutar del baile. le he reservado una habitación.. sobre el cual. Nos detuvimos ante una posada de planta antigua y maciza. Así queda. y aca-baba en una punta bruñida y dentada como el dardo de la muerte. cons-truida con piedra de Caen. una persona de mi edad necesita el contagio de espíritus jóvenes y de la compañía de alguien que disfrute de todo espontáneamente. color verde claro y oro. Pero no aluda a este espantoso hecho cuando hable con el posa-dero.Tiene usted suerte de que mi aburrida encomienda me trajera a este lugar tan temprano. de manera que no deberíamos tardar en encontrarnos. y yo una blanca? Sí. Adiós. Está a menos de dos kilómetros de distancia: es una antigua posada llamada Le DragonVolant. probable-mente. Yo le buscaré en todas las puertas que franquee. Todo esto me lo dijo cuando yo estaba ya pie en tierra. a cualquier sala que vaya usted. a los que mis ojos y oídos se habían ya acostumbrado. desplegadas. Una flor no valdría. pero seguro que le parecerá un lugar confortable.cosida o sujeta en el pecho de su dominó. Entraría gustoso con usted. con los bosques de Versalles a un lado. se proyectaba hospitalariamente con un amplio y florido arco.sabedor de cómo estaban las cosas aquí. Algo que llevemos en la mano. menos antiguo que el resto. CAPÍTULO XI . destacaba la enseña de la posada. yal otro numerosos árboles viejísi-mos . Creo que habíamos recorrido unos dos kilómetros hasta el lado más alejado del palacio cuando embocamos un camino viejo y estrecho. ¿Cómo nos reconoceremos mutuamente? Déjeme pensar. siga mi consejo y vaya disfrazado de dominó. labrado en altorrelieve de piedra. pero mi anonimato me lo impide. su arquitectura era más rica y florida que la habitual en semejante clase de edificios. Cerré la puer-ta del coche. en cualquier caso. le dije adiós y lo vi alejarse. se retorcía y anudaba infinitas veces. Ah.. la cola. con alas en rojo y oro vivos.

recibió una buena herencia de aquella persona fallecida.. -Es viejo.Luego estuve contemplando durante unos minutos la magnífica y antigua enseña. Había una gran chime-nea con el manto esculpido con escudos. Enviaron el cadáver a esa mansión del conde. Daban muestras de incuria.. aunque. a quienhabían reservando una habitación. -¡Oh! ¡El conde! ¿Está seguro? -pregunté con redoblado interés. tal y como había deseado el finado. Hace unos siete meses. de haber mostrado suficiente curiosidad.y cuadraba más con mi concepto de los hostales ingleses antiguos. El posadero me condujo a mi aposento. que con una hospedería francesa.monsieur. Pero el dinero no parece sentarle nunca bien.monsieur. ¿verdad? -Tal vez. y casi de decadencia: la tristeza de la grandeza pasa-da y cierto aire de abandono producían una impresión deprimente en el observador.que juega mucho. Bueno. Era una habitación bastante grande.Alyre. El parque y el castillo parecían presididos por la melancolía. Había algo interesante. -Sin embargo. Lo que me hace suponer que no es un hombre muy popular. -Ese castillo. con artesonado de madera oscura y conmueblessolemnes y sombríos. Fue ahora el posadero quien clavó su mirada en mí. por lo que he oído decir. El conde pasó unos días muy afligido. los que albergan en Canterburya los peregrinos. según cuentan. Después examiné más detenidamente el exterior dela casa.monsieur. -¿Y es pobre? -seguí investigando. . un pariente suyo murió muy lejos de aquí. No es mucho. -¡Qué pena que esté tan descuidado! -señalé-. O digamos. y él lo enterró en el cementerio dePèreLachaise. -Tal vez. que daba a un pequeño parque de árboles fron-dosos situado detrás de un castillo coronado por un grupo de torretas o chapiteles. -Ni lo uno ni lo otro. Yo no lo sé. característica de los castillos franceses. -El conde deSt. melancólico y hasta deprimente en todo aquello. no debería de ser tan pobre. como. en los que. Fui recibido con toda la consideración debida a unmilordinglés provisto de una bolsa repleta de dinero. como los que he mencionado anteriormente. salvo una torreta redonda.es elChâteaude la Carque.measeguró.suele pasar bastante tiempo fuera. qué pena que su propietario no sea ya tan rico.proseguí. Entréy me anuncié comomonsieurBeckett. bastante anticuados. -Yo le pago el alquiler de esta posada. Pregunté al posadero cuál era el nombre del castillo.Alyre. -Completamente. pero él no puede esperar mucho tiempo -contestó con una sonrisa sarcástica. tal vez. Sólo quería decir que resulta difícil saber qué uso haría él de sus riquezas.monsieur.El conde deSt. -Dicen. un poco sombría. monsieur. podría haber descubierto una correspondencia exacta con la heráldica de los muros exteriores. . creo. Me acerqué a la venta-na de jambas de piedra. Era grande y sólida.contestó-. que se elevaba en el flanco izquierdo de la casa y terminaba en un tejado con forma de apagavelas. -¿Viene frecuentemente a este lugar apartado? -No.monsieur. por ejemplo.¿Yquién es él? -inquirí. Pero sí puedo ase-gurarle que no es rico. -parafraseé mirándolo-.

¿Tiene cuali-dades? -Tres.monsieur. -A tener problemas con el conde -completó la frase-. ya me entiende. Luego supe que había servido a las órdenes dé Napoleón en las primeras cam-pañas de Italia. -Es la condesa deSt. puedo decir que. lo mismo que yo a él.por lo menos. tras platicar consigo mismo de esta manera. enmarcado por un lúgu-bre decorado de follaje. pero creo.él podría perjudicarme de dos o tres maneras. -Una pregunta que creo puede usted contestar sin correr ningún riesgo de enemistad -dije-. que no se atreve a. Espera sacarle los dia-mantes por medio de esta tortura. Así pues. Pero. ¡Qué tonto era entonces! Sin embargo. es mejor que cada cual se ocupe de lo suyo. Más interesado que nunca. Tal vez no tenía nada que relatar.no le falta valor: se ha casado con una mujer joven y guapa. supongo -dijo de manera evasiva-..Alyre. -Nada más normal. delgado. de piel bronceada. si olvidamos. -¡Ah! ¿Y cuáles son? -Juventud. Si con el tiempo llegaba a persuadirme de lo contrario.. Aquel viejo astuto se negaba a satisfacer mi curiosidad. claro.y loscriadoslos contrata para cada ocasión. ¿Está el conde en casa? -Tiene muchas casas. Ni uno solo duerme en el castillo. exclamé para mis adentros. Era inútil insistir..-¿Viejo? Nosotros lo llamamos «el judío errante». Sin embargo. ¡Qué vida! ¡Qué par de enemigos con los que tiene que enfrentarse: los celos y el chantaje! El caballero.. -Luego su coche y caballos y criados están en el castillo. El dueño del Dragón Volador era un hombre mayor.monsieur. Posiblemente élw ya estaba pensando en sacar algún beneficio. en Versalles -dije. pero imagino que podrá decirme algo más de ella. que nunca tiene cuatro ochavos en el bolsillo. -Sí. en su carruaje. Y ve. miré por la ventana más allá de las ondulaciones del terreno. ¿nos volvemos acaso . diamantes. y sumamente atractivas. y de aire inteligente. y que exista una relación pacífica. cuando nos encontramos con un ángel. Semejante vida debe de ser terrible paramadamela condesa -apostilló.. ¡Elviejo roñoso!.. un suspiro de nostalgia. resolución y amor.. decidido y claramente militar. donde se erguía el castillo. -¿Y quién es ella? -pregunté con subido interés. -Ya veo. -Lo he visto hoy. amigo mío. podría intentar el efecto de unos cuantos napoleones. belleza y. Me eché a reír. -El coche lo aparca aquí.mon-sieur.. posó los ojos una vez más en el castillo de aquel brujo y dejó escapar un suave suspiro. Es cierto. al menos por el momento.monsieur.. está viviendo actualmente en el castillo dé la Carque.

.monsieur. A fe de un cristiano.loscriados de las personas que tuvieron la suerte de conseguir alojamiento en Versalles. Pero nos llevamos muy bien.Clair -exclaméal ver a mi criado entrar y ponerse a ordenar mis cosas-. se había deslizado por mi cuerpo un extraño presentimiento y tenía pocas ganas de bromear.monsieur. Pero estaba empezando a sentir la melancolía del paisaje y de la estancia en la que. ¿ya has encontrado dónde dormir? -En el desván. _Hombre. -Entonces tiene que ser verdad -comenté en tono jocoso.más sensatos al envejecer? A mí me pare-ce que son nuestras ilusiones las que van cambiando con el tiempo.El dia-blo en persona. Parbleu! Cuando salgamos del Dragón Volador espero que sea por la puerta. ante los ojos de media docena de testigos fidedignos.entre gatos y lechuzas. ante siete caballeros de probada veracidad los últimos momentos de Pedro el Grande. desapareció de manera similar.St.entre telarañas y. Sin saber cómo. con la taza de café en la mano. al caballero de su derecha lo encontraron. que se desvanecieron en presencia de media docena de testigos. nosotros estamos siempre igual de locos. -Principalmente. vivió en este hotel durante un mes y. el cual. . mientras describía. Se encontraron sus botas en el lugar exacto que había pisado antes de desaparecer. par mafoi. se conservó durante tres años entre las curiosidades de esta casa. Personas que jamás han vuelto. -¿Qué te parece el Dragón Volador? -¿El Dragón Volador? El viejo y llameante dragón. qué. Todo esto lo oí contar. como le he dicho. me encontraba. ¡Ojalá! No. sosteniendo una copa de aguardiente en la mano izquierda y su taza de café.monsieur.monsieur. pero del noble ruso nunca más se vol-vió a oír. -No.Resulta que un antiguo escudero del finado rey guillotinado durante la Revolución -simonsieurtiene la bondad de hacer memoria-.Clair?Oigamos la historia o milagro o lo que quiera que sea. El cura la rompió mientras conversaba conmademoiselleFidone. asombrado. -Seguro que éste se la bebió en medio de su turbación -sugerí. al cabo de dicho tiempo.St. en la derecha.. casi vacía.monsieur. señor. al que le había permitido el emperador volver a Fran-cia.. Vive la bagatelle! -No sabía que estuviera tan llena la posada. si es cierto lo que cuentan. el ama de llaves. de uno noventa de estatura. El otro era un noble ruso.que en esta casa han tenido lugar milagros diabólicos. en el cuarto de ésta.mon-sieur. de pie en medio de la habitación de abajo. -¿Qué quieres decir. -¿Qué quieres decir? ¿Ha habido aparecidos? -Nada de eso.. Mi ánimo había decaído.al postillón que nos trajo hasta aquí. -Es sólo esto. se esfumó. y al caballero de la izquier-da con la copa de aguardiente.

. produciendo un efecto casi deslumbrador. Entre los salones y galerías abiertos al público destacaba la enorme perspectiva de la Grande GaleriedesGlaces. Delante y detrás marchaban otros dos con una varita en la mano. -Qué alegría haberlo encontrado -dijo el marqués-. que hacía alarde de la fantástica exuberancia de la decora-ción «celeste». colores vivos. mirando a mi alrededor por si pasaba por allí mi amigo en domino negro.El mago Imposible imaginar un espectáculo más brillante que aquel baile de disfraces. en cuanto a las figuras y posturas. En mi vida he visto una cosa tan asombrosa. No había una sola sala vacía. unas medias rojas y unos zapatos bordados de oro. Mientras tenía lugar esta danza. Mientras vagabundeaba así en medio de aquel espectáculo fastuoso.CAPÍTULO XII . Fui avanzando indolentemente con mi disfraz de dominó. y por el alboroto de las improvisaciones y demás ingeniosidades propias de una mascarada bien organizada. pero. impasible y solemne. Ésa es la mejor atracción de todas las salas. con la pequeña cruz blanca en el pecho. caminaba con la barbilla hundida en el pecho y los ojos clavados en el suelo. Había algo tan singular. una mano se posó suavemente sobre mi brazo. cuyas cortinas estaban corridas. de luenga barbanegra y con un gran fez al estilo de los que llevan losderviches. Y un hombre menudo y ceremonioso. y precisamente en este momento. Hace aproximadamente una hora me tropecé con ellos más allá y formulé algunas preguntas al oráculo. especialmente a cada puerta que franqueaba. joyas centelleantes. La gran suite de salones estaba abarrotada de personas disfrazadas de la manera más increíble. mis ojos repararon en una silla de manos dorada. Me había detenido y mirado a mi alrededor. o más bien un palan-quín chino. Yo nunca había visto nada parecido. al menoscompa-rablea aquella magnificencia. que reflejaban y repetían todos los espejos. deteniéndome de vez en cuando a escuchar un diálo-go ingenioso.avanzaba en paralelo a la silla. Me volví y vi a mi lado a un dominó negro con una cruz blanca. Pero éste aún no había dado señales de vida. y sus cejas negras y enormemente pobladas. le asomaban por debajo de la túnica. resultaba per-fectamente acompasada. El rostro del personaje era oscuro. Tiene que hablar con el mago. Cada rincón estaba animado por música. Aquéllosy los de las varillas batieron las palmas repetidas veces y bai-laron en silencio alrededor del palanquín una danza curiosa y medio sal-vaje que. transportado con barras doradas por cuatro chinos rica-mente ataviados. puntiagudos y curvados hacia arriba al estilo oriental. una canción burlesca o un monólogo divertido. La túnica iba ceñi-da por un cinturón ancho y dorado. Una túnica extrañamente bordada caía de sus hombros recubiertos con símbolos jeroglíficos. El que abría la marcha agitaba la varilla a dere-cha e izquierda para abrir paso al palanquín. extraño y solemne en aquel espectáculo que me sentí al punto intrigado. tal y como había convenido con el marqués. al mismo tiempo.iluminada para la ocasión con no menos de cuatro mil candelas. realzado por signos cabalísticos color rojo oscuro y negro. Llevaba bajo el brazo un libro de aspecto singular y en la mano una varita de madera barnizada de negro. Me encantó constatar que los portadores colocaban su carga a unos metros del lugar donde yo estaba. el bordado era negro y oro sobre un fondo abigarrado de colores brillantes. sin embargo. voces. Danza que se vio pronto acompañada de más palmas y de gritos monótonosy rítmicos.

era el conde). Al marqués y a mí se nos pidió que hiciéramos lo propio al penetrar en el círculo. He visto cómo lo consultaban también otras personas. A nuestro lado pasó un joven vestido de español que acababa de hablar con el mago en compañía de un amigo. le oímos decir: -¡Qué farsa tan ingeniosa! ¿Quién será el que está dentro delpalanquín? ¡Parece conocer a todo el mundo! El conde. que evi-dentemente han quedado igualmente sorprendidas. avanzaba tieso a nuestro lado en dirección del palanquín.el conde me colmóde cumplidos y cortesías. -Venga conmigo -dijo-. Como pueden suponer. Se divertirá mucho. contestó: . sin dejar de hacer una hábil mención mi afortunada intervención en laBelle Étoile. -Oro -contestó el acólito. charlando con su vieja amiga la duquesa de Argensaque. -Tiene que hablar con el mago como sea -dijo el marqués al conde deSt. -¿De veras? Entonces haremos lo posible por probar también -contestó. ¡Nunca me habría esperado semejantes respuestas! Estoy sorprendidísimo.Aunque sus respuestas hayan sido un poco veladas. al igual que yo. y más asustadas aún si cabe que yo. iré a buscarla dentro de unos minutos para que pueda también conocerle y agradecerle la ayudaque nos prestó con tanto valor en aquella ocasión tan desagradable que nos toco vivir. Nunca olvidaré la impresión que me ha pro-ducido. Alyre y la condesa (y señaló con la cabeza en dirección de una figura enjuta. Uno de estos hombres -el que con su varita dorada había encabeza-do la procesión-. también disfra-zada de dominó. extendió hacia él la mano: -¿Quiere dinero? -le preguntó el conde. le seguí presuroso. no me ha quedado ninguna duda de que conoce todos los detalles sobre la misión que tengo encomendada. y dijo al final. se lo aseguro. dos salones más allá. He venido con el conde deSt. petición a la que accedimos religiosamente. Se lo presentaré. con su disfraz de dominó. La primera pregunta que hizo el conde fue la siguiente: -¿Soy soltero o casado? El mago descorrió la cortina rápidamente y aplicó el oído hacia un chino ricamente ataviado que estaba sentado en la litera. Los criados chinos mantenían un círculo des-pejado a su alrededor y los espectadores se arremolinaban sin sobrepasar el círculo. Los tres nos dirigimos hacia el palanquín. tras retirar la cabeza y volver a cerrar la cortinilla. para mi gran contento: -La condesa anda por aquí. El marqués me lo presentó. que no conoce absolu-tamente nadie en este mundo más que yo y dos o tres de las personas más discretas de Francia. Luego.Alyre-. El conde depositó una moneda en su mano. donde se hallaba elmago de la barba negra.

No venía enmascarado. pálido.Alyre.-Lo segundo.Alyre. -¿Es cierto -preguntó el conde. ¿Y puedo saber entre qué potencias y por qué motivo en concreto? -Entre el conde y la condesa deSt.) Nadie más que nosotros sabía que el interrogador era el conde deSt. ¿hay algo en el mundo que yo ame más que a mi mujer? -Sus diamantes. le susurró: -Mire quién viene por su derecha. pues yo no sabía prácticamente nada de la vida y mila-gros del conde. con una mirada sarcástica a su alrededor-. Pero. tal vez. cogiéndolo de un brazo. y. se vio rescatado por el marqués. cambiando de tema perentoriamen-te. -¡Ah! -exclamó el conde. El marqués me dijo después que aquélla era la fecha en que habían firmado su contrato matrimonial. cuyas respuestas parecieron divertir sobremanera al marqués. En una palabra. sino un médium que se limitaba a transmitir las contestaciones de otra persona más importante que él. quien. Me pareció que le costaba trabajo encontrar su siguiente pregunta. De ser tal el caso. El conde se quedó sin voz unos minutos (supuse que con las mejillas al rojo carmín debajo del disfraz. dejando a un lado mi propia autoestima.que ha habido una batalla en Nápoles? -No. era . en Francia. -En efecto -dijo el conde. Observé que el marqués se había echado a reír. En las siguientes preguntas se observó el mismo ceremonial. El hombre de la varita negra no era un profeta. pero cuyo verdadero significado se me hurtó por completo. Yo miré a la dirección indicada por el marqués y vi una figura chupa-da y desvaída acercarse hacia nosotros. lleno de cicatrices. -Todo lo que usted merece. por un documento que suscribieron el 25 de julio de 1811. Tenía el rostro ancho. -¿Me ama mi mujer? -preguntó jocosamente. Siguieron dos o tres preguntas. -¡Ah! Yo diría que eso se puede aplicar más o menos a todo el mundo. -¿A quién amo más en este mundo? -A sí mismo. que estaba arrepentido de haberse metido en aquel berenjenal.

al que no le queda más que la mano con la que blande su espada. el conde retrocedió instintivamente mientras se acercaba el cabo bravucón con su uniforme azuly chaleco y polainas blancos. Sus heridas lo eximen. monsieur profeta. y una viuda francesa. -¡Bravo!. -¡Dinero! ¡Oro! ¡Bah! ¿Qué dinero puede haber atesorado un solda-do herido como vuestro humilde servidor. mi amigoGaillardeera igual de ruidoso y fantoche cuando interpretaba su personaje que cuando interpretaba el auténtico de coronel de dragones. a quien matará si lo encuentra.El oráculo me cuenta cosas maravillosas Durante unos momentos olvidé que mi disfraz de dominó resultaba impenetrable a la dura mirada del veterano militar y me preparé para un animado rifirrafe. al estar siempre ocupada. no habría llegado a buen puerto de haberse visto obligado a abandonar prematuramente aquella fiesta. . escoltado por un par de gen-darmes. Ya habían estado dos veces a punto de echarle por cacarear con voz estentórea las hazañas de Napoleón el Grande. el brazo izquierdo ajustado de manera que parecía amputado y la parte inferior de la manga de la guerrera vacía y prendida con alfileres al pecho. ¿y quiénes son? -Un inglés. ¡Bravísimo! Aquí estoy. quiso saber: -¿A quién persigo en este momento? -A dos personas. luego me hice cargo de la situación.¡Ja! ¿A dos? Vaya. una marca que figuraría en lo sucesivo entre las más honorables cicatrices de guerra. que le escupirá en la cara si la encuentra. y casi había llegado a las manos con un húsar prusiano. Sin duda se habría visto implicado en varios altercados sanguinarios si su prudencia no le hubiera recordado que el objeto de su asistencia a aquella fiesta. la cual. CAPÍTULO XIII . .el feo rostro del coronelGaillarde. Naturalmente. que no era otro que el de concertar una entrevista con una viuda acaudalada a la que creía haber causado una tierna impresión. sin más preámbulos. se lanzó a hablar con voz estentórea.a hacerle mis preguntas? Sin esperar la respuesta.con el uniforme de cabo de la Guardia Imperial. ¿Empiezo ya. Tras una docena de preguntas y respuestas. no deja ni un dedo disponible para recoger el botín que abandona el ene-migo en desbandada? -No le pidan oro -dijo el mago-.mon sorcier. que él contribuía a amenizar con su presencia. donde mi bastón había dejado su marca. Por su parte. Lucía auténticas tiras de esparadrapo en las sienes y las cejas.

miré de reojo para ver si el conde estaba cerca. Y usted también lleva razón. -¡Bah! ¿Cómo podría ser eso? -El inglés protege a las damas. ándese con cuidado. sus polainas y su gorro de piel de oso. que estaba fuera. tenía la cabeza inclinada hacia abajo. Su rostro parecía impasible: la imagen viva de la apatía. Le obedecí. Quería probar al profeta. -¿Cuál es mi religión? -pregunté. no vaya a ser que la persecución de usted acabe uniéndolos. amigo mío. y el inglés una heri-da en su cabeza. y el marqués dijo: -Adelante. La viuda. Vi. . al parecer ple-namente saciados en su curiosidad. estaban conversando de algún otro tema. Cada cual por separado son demasiado fuertes para usted. Entre tanto.-El señor mago llama a las cosas por su nombre y sabe que su atuen-do lo protege. mientras que el inglés es incuestionablemente joven. Ya ha conseguido que esta idea le entre bien en la cabeza. no dispuse de muchos segundos para hacer observaciones. y era más que probable que algunos de los míos no le hicieran mucha gracia al conde.monsieurprofeta. asombrado. -¿Una herejía? ¿Puedo saber cómo se llama? -Amor. Lo que vi fue muy singular. pero esa impresión era consecuencia. El terreno estaba ahora despejado para mí. El oráculo iba. Permanecí unos segundos dubitativo. como he dicho. deduje. Y el marqués y él. Aquel rostro parecía rojo sangre. ricamente ataviado al estilo chino. pues aquel sabio parecía desvelar todos los secretos de forma inesperada. Su carácter y pose parecían una réplica exagerada de la inmovilidad del personaje que se comunicaba con el bullicioso mundo exterior. de la luz que entraba por las cortinas de seda rojas. se casará con él. Sentí gran alivio. su chaleco. -Yo le cortaré la cresta a ese gallito -soltó con un juramento y una sonrisita. Estaba unos metros más atrás. todo aquello como casi de un solo vistazo. -Una bella herejía -contestó el oráculo al instante. mirando a su alrededor y estirando al máximo su cuello flaco. Mientras me acercaba al mago. si lo ve. ¡Pero no importa! ¿Por qué los persigo? -La viuda ha infligido una herida en su corazón. como llamábamos al hombre de la varita negra. se alejó desgarbadamente con sus cicatrices. Se dirá a sí misma que se requiere cierto tiempo para llegar a ser coronel. Un anglicano es una rara avisen París. Era un personaje mucho más importante que su intérprete. -A fe mía que tendría razón. Sus faccio-nes parecían amplias y pesadas. los ojos cerrados y la barbilla apoyada en la pechera de su pelliza borda-da. yo había estado esforzándome por ver a la persona apo-sentada en el palanquín. Sólo una vez tuve la oportunidad de un vista-zo aceptablemente largo. ¡Mil gracias! ¡Adiós! Y. y con un tono más suave preguntó-: ¿Dónde está ella? -Suficientemente cerca para ofenderse si usted falla. No.

Váyase. . ¡Además. del que ni siquiera el marqués sabía lo más mínimo. -Pero. yo. iba disfrazado de tal manera que ni mi propio hermano me habría reconocido! -Ha dicho usted que yo amaba a alguien. -Inténtelo. eran las últimas palabras que me había susurrado la condesa. ¡Cada vez mayor suspense! Las respuestas me parecían indicar un conocimiento minucioso de cada detalle de mi pequeño romance. en serio -pregunté.-¡Ah! Entonces supongo que soy politeísta. -El paraíso. y que pueda olvidarlo. huelga decirlo. de que aquellas palabras pudieran interesarme particularmente. y me había acercado al hom-bre moreno de la barba para que así no tuviera que elevar la voz. Me acerqué. váyase! Me sobresalté al oírlas. -Sólo a una. -¿Qué es lo que más anhelo? -pregunté. -¿Puede repetirlas? -Acérquese. ¡Santo cielo! ¡Qué cosa tan milagrosa! ¡Unas palabras con toda segu-ridad no escuchadas por ningún oído terrestre más que por el mío y el de la dama que las había pronunciado! Miré el rostro impasible del portavoz de la varita. ¿he aprendido alguna vez de memo-ria palabras de devoción? -Sí. Nada indicaba que se hubiera dado cuenta. que. ni siquiera que tuviera la menor conciencia. Yo estaba hablando más bajo que antes. sin saber apenas lo que decía. -Y ¿qué me impide alcanzarlo? -Un velo negro. Puede ser que no vuelva a verle. El hombre de la varita negra cerró las cortinas y susurró lenta y clara-mente estas palabras. y que amo a muchas mujeres. el interro-gador. reconocí al instante. ¡Por el amor de Dios. ¿Es correspondido mi amor? -seguí preguntando. y apliqué el oído. Adiós. Como saben. con la intención de dar a nuestro colo-quio un giro menos embarazoso-.

se aceleraba. los propios portadores. extraños.-¿Me ama alguien? -repetí. de lo que. El amor. -Y luego.me hizo con su varita una señal para que me retirara. Al instante. El marqués de Harmonville se encontraba cerca de allí. al cabo. Lástima que ella no estu-viera aquí para consultar al profeta. si no es una religión. cuyos gestos se tornaban bruscos. -¿Cuánto tiempo durará este amor? -Hasta que la rosa pierda sus pétalos. que cayó con un ruido seco. La rosa.. -En secreto -fue la respuesta. ¡la oscuridad! -suspiré-.. mirando al suelo y reflexionando. poco a poco. es al menos una superstición. -La luz de unos ojos violeta. lo vi levantar de repente la mano con gesto imperioso y hacer una señal al acólito que empuñaba la varita dorada. Otra alusión. me habría reído bastan-te.. De nuevo en el corrillo de espectadores. casi me ofuscaba el cerebro y hasta influía en mi conducta. frenéticos. cuyo ritmo.. . ¡Cómo exalta la imaginación! ¡Cómo debilita la razón! ¡Cuán crédulos nos torna! Todo aquello. a mí me afectó poderosamente. finalmente. Éste golpeó el suelo con la varita y exclamó con voz aguda: -El gran Confu permanecerá en silencio una hora. el hombre del enorme fez y barba y varita negras empezó una especie de danza dederviche. Pero hasta entonces vivo en la luz. acompañé al marqués de Harmonville. tocó a su fin. El portavoz de aquella asombrosa superchería -si es que lo era. los portadores bajaron una especie de persiana -de bambú. mientras el palanquín se erigía en el centro de los círculos descritos por estos solemnes danzarines. luego. lo que yo hice con los ojos aún fijos en aquel grupo. me dijo: -El conde acaba de irse a buscar a su mujer. ¿Y si vamos en su busca? Le he pedido que le presente a la condesa. mientras el movimien-to se hacía cada vez más veloz. Al acercarme. a juzgar por su actitud. al menos por el momento. en un corro exterior. hasta que. me atrevo a afirmar que habría sido divertido ver cómo reaccionaba el conde. -Demasiado. los extraños actores se mezclaron con la multitud y el espectáculo.. el torbellino era tal que los bailarines parecían volar a la velocidad de una rueda de molino y.. y la aseguraron por debajo. como el oráculo acababa de decir. Inflamaba mi ardor. Con el corazón latiéndome con fuerza. -¿Mucho o poco? -insistí. en medio de las palmas de la concurrencia y del asombro general. ahora rodeado de un aura de misterio en mi imaginación.En esto se le unieron los hombres con las varitas doradas y. tratándose de otro.

CAPÍTULO XIV -Mademoisellede la Vallière

El marqués y yo estuvimos vagando por los salones. No resultaba fácil encontrar a un amigo en unas estancias tan abarrotadas de gente. -Quédese aquí -dijo el marqués-. Se me ha ocurrido una manera de dar con él. Además, sus celos pueden haberle hecho pensar que no le interesa presentarle a su mujer. Es mejor que vaya yo primero a razonar con él, dado que parece usted desear bastante esa presentación. Esto ocurrió en la estancia que actualmente se llama el «Salón de Apolo». Los cuadros que lo adornan siguen grabados en mi recuerdo, pues mi aventura de aquella velada estaba destinada a transcurrir en aquel marco. Me senté en un sofá y miré alrededor. A mi lado, tres o cuatro perso-nas estaban sentadas en aquella espaciosa habitación de muebles dora-dos. Estaban charlando animadamente; todas salvo la persona sentada más cerca de mí, que era una dama. Apenas dos pies se interponían entre nosotros. La dama estaba a todas luces ensimismada. Era la perla de la sala. Llevaba el traje inmortalizado por Collignan en su retrato de cuerpo entero demademoisellede La Vallière. Es un traje, como bien saben, no sólo rico, sino también elegante. Llevaba el pelo empolvado, pero se podía adivinar que era castaño oscuro. Asomaba un precioso piececito, y ¿podía haber algo más exquisito que su mano? Era sumamente provocador que esta dama llevara un disfraz y no se lo quitara de vez en cuando, como hacían muchos. Yo estaba convencido de que era bonita. Aprovechando el privilegio de la mascarada, un microcosmos en el que es imposible, salvo mediante la voz y la alusión, distinguir a un amigo de un enemigo, dije: -Mademoiselle,no es fácil engañarme a mí -empecé. -Tanto mejor, monsieur- contestó el disfraz sin inmutarse. -Quiero decir -proseguí, decidido a terminar mi galantería- que la belleza es un don más difícil de ocultar de lo que suponemademoiselle. -Sin embargo,monsieurlo ha conseguido sin ningún problema -dijo con el mismo tono dulce y despreocupado. -Veo que el traje de la bellamademoisellede La Vallière reviste unas formas que sobrepasan a las del retrato; alzo los ojos y contemplo un disfraz y, sin embargo, reconozco a la dama. La belleza es esa piedra pre-ciosa de Las mil yuna nochesque desprende, por oculta que esté, una luz que la delata. -Conozco la historia -dijo la joven dama-. La luz la delataba no al sol, sino en la oscuridad. ¿Hay tan poca luz en estas habitaciones,mon-sieur,para que una pobre luciérnaga desprenda tanto brillo? Creí que allí donde se moviera cierta condesa estaríamos en un ambiente luminoso...

¡Enigmático y turbador parlamento! ¿Qué podía yo contestar? Esta dama podría ser, como dicen que son algunas damas, una amiga de hacer daño o una íntima amiga de la condesa deSt.Alyre. Así pues,pre gunté con cautela: -¿Qué condesa? -Si usted me conoce, debe saber que es mi más querida amiga. ¿No es ella hermosa? -¡Cómo puedo saberlo! Hay tantas condesas... -Todo el que me conoce sabe quién es mi amiga más querida. Veo que no me conoce... -Es usted cruel. No puedo creer que me haya equivocado. -¿Con quién estaba usted paseando hace poco? -preguntó. -Con un caballero, un amigo-contesté. -Ya lo he visto; sí, con un amigo, por supuesto. Pero creo que lo conozco, y me gustaría estar segura. ¿No es por casualidad marqués? De nuevo una pregunta que volvía a ponerme en un aprieto. -Aquí hay demasiada gente. En un momento puede uno pasearse con una persona y en otro con otra distinta... -Que una persona sin escrúpulos no tenga dificultad en eludir una pregunta tan sencilla como la mía... Sepa, pues, de una vez por todas, que nada desagrada tanto a una persona inteligente como la desconfian-za. Usted,monsieur,es un caballero discreto, al que debo respetar en consecuencia. -Mademoiselleme despreciaría si yo violara una confidencia. -Pero usted no me engaña. Usted imita la diplomacia de su amigo. Yo detesto la diplomacia. Significa fraude y cobardía. ¿No cree que loconozco ? Me refiero al caballero con la cruz de cinta blanca en el pecho. Conozco perfectamente al marqués de Harmonville. Ya ve para qué le ha servido su ingeniosidad. -A esa conjetura no puedo contestar ni sí ni no. -No está obligado. Pero ¿cuál era su motivo para mortificar a una dama? -Eso es lo último que yo haría en este mundo. -Usted fingió conocerme, pero no me conoce. Por capricho, indolen-cia o curiosidad quiso conversar, no con una dama sino con un disfraz. Me ha admirado y parece confundirme con otra persona. Pero ¿quién es completamente perfecto? No se puede encontrar la verdad en esta tierra. -Mademoisellese ha formado una opinión errónea de mí. -Igual que usted de mí; ahora descubre que no soy tan tonta como suponía. Yo sé perfectamente a quién desea usted halagar con sus cumplidosy declamaciones melancólicas,y a quién anda buscando con ese propósito.

-Dígame a quién se refiere -le supliqué. -Con una condición. -¿Cuál? -Que usted confiese que he acertado si nombro a la dama. -Usted me atribuye propósitos poco claros -objeté-. No puedo admi-tir que haya querido hablar con una dama en el tono que usted describe. -Bueno, no insistiré en eso; prométame solamente que, si nombro a la dama, reconocerá usted que llevo razón. -¿Tengo que prometerlo absolutamente? -Por supuesto que no. No hay ninguna obligación. Pero su promesa es la única condición para que yo siga hablando con usted. Dudé unos instantes; pero luego pensé que no tenía la más remota posibilidad de acertar. La condesa no podía haber confesado a nadie nuestro brevísimo romance, y era difícil que la persona disfrazada de La Vallière supiera quién era la persona disfrazada de dominó. -De acuerdo -dije-. Lo prometo. -Debe prometerlo por el honor de un caballero. -De acuerdo. Lo prometo por el honor de un caballero. -Pues esa dama es la condesa deSt.Alyre. Yo estaba sorprendido, y desconcertado, pero recordé mi promesa y dije: -La condesa deSt.Alyre es, a no dudarlo, la dama a la que yo espera-ba ser presentado esta noche; pero le ruego que crea, por el honor de un caballero, que ella no tiene la menor sospecha de que yo estaba buscan-do dicho honor, y hasta es poco probable que se acuerde siquiera de mi existencia. Yo tuve el honor de prestarles al conde y a ella un pequeño servicio, demasiado insignificante, me temo, para haber merecido por su parte algo más que un ligero recuerdo. -El mundo no es tan desagradecido como usted supone. Y, aun cuando lo fuera, quedan aún algunos corazones que lo redimen. Yo puedo garantizarle que la condesa deSt.Alyre nunca olvida una acción amable. La condesa no muestra lo que siente; así que es una mujer des-graciada sin que se le note. -¿Desgraciada? Bueno, en realidad me temía que pudiera serlo. Pero, en cuanto a lo que usted tiene la bondad de suponer, es un sueño bas-tante halagador. -Le he dicho que soy la amiga de la condesa, y a ese título debo de conocer algo de su carácter. Entre nosotras se intercambian confidencias, y yo puedo saber más de lo que usted piensa acerca de esos servicios insignificantes cuyo recuerdo supone usted tan fugaz. Aquella conversación me estaba interesando cada vez más. Yo era igual de depravado que los demás

-Muy bien. -¿Cómo? Obtuve otra pregunta por respuesta: -¿Ha reservado habitación en alguno de los hoteles de Versalles? -No. por su amor. ¿no? -sugerí. -¿Hay espacio para otra amistad? -Inténtelo. no me fue posible. que crecen tan cerca unas de otras que forman un pequeño bosquecillo. está en el segundo piso. Usted habrá observado. guardando un sigilo escrupuloso en cuanto a su desti-no. No necesito preguntarle si tiene valor para una aventura. Se verá con ella a las dos de la madrugada en el parque del castillo de la Carque. -¿Cómo puedo intentarlo? -Ella le ayudará. reconocerá fácilmente el bosquecillo que le he mencionado. ni si es un hombre de honor. -Eso puede facilitar las cosas. y el carácter abyecto de mi propósito me importaba un ardite ahora que se habían despertado el amor propio y todas las pasiones que se mezclan en este tipo de romances. salir del Dragón Volador y saltar la tapia del parque sin que lo vea nadie. dos o tres pequeñas arboledas de castaños y tilos. contando desde la planta del vestíbulo. Según miro desde la parte trasera de la casa. ¿No estaría burlándose de mí? -Eso se lo puedo decir con total precisión -dije-. celoso y tirano. ¿No le basta con esto? Y. se siente sola. Una dama puede con-fiar en usted sin miedo. Es imposible describir lo que sentí al escuchar aquellas palabras. donde se encuentran mis aposentos. cuando descansa de su presencia. allí encontrará a la condesa. que le concederá una audiencia de unos minu-tos. Sólo tiene una persona a la que abrir su corazón. confiando en la más escrupulosa reserva de su parte. y con un bastón por única arma. Estoy alojado en el Dragón Volador. Su marido es viejo. -¿Y usted cree que le basta con una amiga? -replicó-. ¿Cuál es el motivo de su infelicidad? -Muchas cosas. si mira al parque.jóvenes de mi edad. La imagen de la bella condesa había vuelto a superpo-nerse a la bonita contrapartida de La Vallière. Hay pocos hombres a los que se puede conceder una entrevista como la que voy a proponerle. Debe volver a su hotel. Estaba aturdido. cam-biarse de ropa y. -Pero usted es su amiga. ¿Qué habitación del Dragón Volador ocupa usted? Estaba sorprendido de la audacia y decisión de aquella muchacha. Me sobrevino la . -¿Ha dicho que la condesa es desgraciada? -pregunté-. mi venta-na es la del extremo derecho. se había lanzado ante el sable de un dragón rabioso y había salido victorioso. que tenía delante de mi Habría dado cualquier cosa por oírle repetir solemnemente que ella se acordaba del campeón que. una posada que limita con el parque del castillo de la Carque. y le explicará en unas palabras muchas cosas que yo no estoy en condiciones de hacer aquí. junto a la esquina.

o que lo estoy engañando cruelmente. Que soy la confidente de la condesa lo juro por todo lo que tiene de entra-ñable un adiós susurrado. y. un extranjero? Mademoiselle sabráperdonarme si considera lo mucho que valoro la posibilidad dever y hablar con la condesa. es mejor que no me vea a su lado.a reunirse con su amigo? -Le prometí esperarlo aquí hasta que volviera. No. si me atreviera a convencerme a mí mismo de que semejante dicha y semejante honor están realmente destinados para mí. -Ya se lo dije. El conde deSt.duda. Por mi buena estre-lla. Entre tanto. mi gratitud duraría toda la vida. Vendrá y dirá que no la ha encontrado y le prometerá presen-társela en otra ocasión. no hay ningún peligro que no esté dispuesto a arrostrar con entusiasmo. y eso redoblaría sus celos y su vigilancia. ya podría esperar sentado. -En mis actuales circunstancias. es obvio que soy su amiga. Lo juro por la última compañera de esta flor -cogió durante unos instantes entre sus dedos un delicado capullo de rosa blanca que se hallaba disimulado en su ramo-. Su valor está ya sobradamente probado. a las dos en punto dela madrugada? -Con toda seguridad-contesté. No viene acom-pañado de ninguna dama. -Y. -Mademoiselledebe comprender que. -¿Estará pues en el lugar que le he dicho.. no necesita asegurármelo.Alyre me va a conce-der semejante honor? -Monsieurcree que no estoy. Mil gracias. estoy convencida.Alyre dijo que pensaba presentarme a la condesa. si soy su amiga. No. y la de ella. me aproximé al conde. Pero ¿cómo voy yo a creer quemademoiselleno habla movida más por su propia simpatía o bondad que por la certeza de que la condesa deSt. como estoy en el secreto. Más que bastante. ¿considera lógico utilizar su querido nombre de esta manera? ¿Y todo para hacerle una vulgar jugarreta a usted. -Y. Di las gracias ami desconocida y disfrazada amigay. Sospecharía que hemos estado hablando de su mujer. Sonreí bajo mi disfraz cuando éste me aseguró que la duquesa de la Roquème había cambiado de salón . -¿Y monsieur estan ingenuo como para creerlo? -¿Por qué no iba a creerlo? -Porque es muy celoso y astuto. dando un pequeño rodeo.monsieur. Ya verá cómo no le presenta nunca a su esposa. No podía creer aquellas pala-bras tan trascendentales.monsieurno se abstendrá de hacerlo por miedo. -Creo que se acerca acompañado de mi amigo. -¿No convendría que fuera usted ya. ¿o he de decir más bien por nuestrabelleétoile?¿No he dicho ya bastante? -¿Bastante? -repetí-. ¿Le extraña entonces que me muestre algo incrédulo? Pero me ha convencido y espero sepa perdonar mi titubeo. en el secreto que hasta ahora él supuso que no era compartido por nadie más que por la condesa y él mismo. Si esta dicha sólo le fuera a llegar a través de sus buenos oficios. como pretendo estarlo..

Desa-pareció. y poco después oí una voz amiga que me llamaba por mi nombre en inglés. delgado y más tieso que un palo. EraTomWhistlewick. Así pues. salvo Francia. del de Dragones. como vi hacer a otras personas a las que el misterio les importaba tan poco como a mí. Cuando trabajaba en un departamento de policía distinto. Era una noche apacible y bochornosa. era imposible conseguir que la temperatu-ra no resultara sofocante. admiraban. Tomera un tipo jocoso. Evité al marqués de Harmonville. Tras intercambiar cuatro palabras corteses. Napoleón había permitido regresar a Francia.que se aloja en el Dragón Volador. y la profusión de luces contribuía a aumentar el calor.mon-sieurCarmaignac. inhalaba rapé y llevaba gafas. Eran algo más de las doce. hace cuatro años. y lo único negativo que yo conocía de él era su costumbre de calmar la sed con champán siempre que acudía a bailes. Consulté mi reloj. Se había quitado el disfraz y tenía el rostro acalorado como yo. El primero fue el de un acaudaladoémi-gré. Al presentarme a su amigo.. en un futuro muy próximo. CAPITULO XV . las fiestas francesas tenían lugar más temprano que nuestros modernos bailes londinenses. que desapareció también de manera misteriosa. desempeñaba un cargo oficial. vela-das musicales y otro tipo de reuniones.con la gloria recién estrenada. -Le he oído decir -dijo el caballero francés. tener la oportunidad de presentarnos. fiestas. Era uno de los héroes deWaterloo.y se había llevado con ella a la con-desa. astuto y difícil de entender en aquellas curiosas condiciones. y no tenía ganas de verme obligado a darle una explicación. me quité el disfraz. como supe enseguida.. Así pues. con extraordinaria cautela e indecisión. esa casa fue escenario de dos casos muy extraños. a pesar de que algunos salones eran realmente muy amplios. retorcía los labios de forma extraña y se abanicaba con su disfraz. . en la dirección opuesta a la que habían tomado el conde y mi amigo el marqués.al que el emp. me perdí rápidamente entre la multitud y avancé lo más deprisa que pude hacia la «Galería de los Espejos». El segundo -igualmente extrañó. a una media legua de aquí. observé con agrado que prefería el silencio y se conformaba con el papel de oyente mientras charlábamosmonsieurCarmaignacy yo. se acomodó en un banco junto a nosotros y pronto pareció tener dificultades para mantener los ojos abiertos. Temía que pudiera proponerme que lo acompañara a su casa. Arqueaba las cejas. Acto seguido empecé a respirar más a gusto. observé que las palabras no le fluían con nitidez.MonsieurCarmaignac era bajito. pero que esperaba. especialmente para personas disfrazadas. En algunos lugares la turba resultaba incómoda. a quienes todos los países del mundo.Extraña historia del Dragón Volador En aquella época. Era calvo.fue el de un rico aristócrata ruso. que caminaba al lado del conde.

-Mi criado -dije- me ha hecho un relató confuso de algunos aconte-cimientos y, si no recuerdo mal, con las mismas personas como protago-nistas; es decir, un emigrado francés y un noble ruso. Pero como ha pre-sentado las cosas como si se tratara de fenómenos paranormales ó sobrenaturales no he creído ni una palabra de cuanto me ha dicho. -No, no se trata de casos sobrenaturales, sino simplemente inexpli-cables -puntualizó el caballero francés-. Por supuesto, se han planteado hipótesis, pero el misterio nunca se ha dilucidado ni, que yo sepa, se han aportado pruebas convincentes. -Por favor, cuénteme la historia -le rogué-. Creó que tengo derecho, ya que afecta al lugar en el que me hospedo. ¿No sospecha usted del per-sonal de la casa? -¡Oh! Ha cambiado de dueño desde entonces. Pero hay una habita-ción en particular sobre la que parece cernerse la fatalidad. -¿Podría describirme esa habitación? -Ciertamente. Es una alcoba espaciosa del segundo pisó con arteso-nado de madera situada en la parte posterior de la casa, y en el extremo derecho según se mira desde las ventanas. -¡No me diga! ¡Caramba, pero si ésa es mi habitación!-exclamécon redoblado interés, y una pizca de aprensión-. Los huéspedes en cues-tión, ¿murieron ó desaparecieron por arte de magia? -No, no murieron. Desaparecieron como por ensalmo. Le contaré lo que pasó con pelos y señales, pues en el primer casó fui yo quien acu-dió a la casa oficialmente a hacer la investigación; y, aunque no llevé personalmente el segundo, me dejaron ver el expediente y fui yo quien redactó la carta oficial a los familiares de los desaparecidos, que habían solicitado al gobierno la investigación del casó. Recibimos cartas de los parientes más de dos años después, por las que supimos que los desapa-recidos no habían vuelto a dar señales de vida. Aspiró un poco de rapé y me miró fijamente. -¡Ninguna señal de vida! Le referiré lo que ocurrió, según nuestras pesquisas. El noble francés, que era el caballero deChâteauBlassemare, a diferencia de la mayor parte de los emigrados, había tomado pre-cauciones a tiempo; así, había vendido buena parte de sus bienes antes de que la revolución avanzara tanto que hiciera inútil dicha operación y se exilió llevándose consigo una suma de dinero considerable. Regre-só con casi medió millón de francos, que invirtió mayoritariamente en fondos estatales franceses, dejando en Austria una suma mucho mayor en forma de tierras y títulos mercantiles. Habrá observado que este caballero era rico y que no había prueba alguna de que hubiera perdi-do dinero ni de que estuviera pasando por ningún apuró financiero. ¿Me sigue? Asentí con la cabeza. -Este caballero gastaba por debajo de lo que su situación económica le habría permitido. Poseía unos aposentos confortables en París y durante cierto tiempo se dedicó a frecuentar los teatros y otros lugares de razonable esparcimiento. No jugaba. Era un hombre de mediana edad, que quería pasar por más joven de lo que en realidad era, con lo que ello supone de pequeñas vanidades; pero, por lo demás, era una per-sona afable y educada que no molestaba nadie. Como ve, una persona poco susceptible de provocar hostilidades. -Desde luego -convine. -A principios del verano de 1811 obtuvo un permiso para copiar un cuadró en uno de esos salones de

pintura y vino aquí a Versalles con esta finalidad. Su obra avanzaba lentamente. Después de cierto tiempo abandonó el hotel de Versalles y se fue a vivir, para cambiar un poco, al Dragón Volador. Allí tomó, por decisión personal, la habitación que casualmente le han dado a usted. Desde entonces parece ser que pintó muy poco, y fueron raras las veces que fue a su casa de París. Una noche le dijo al posadero del Dragón Volador que iba a París a pasar un par de días por asuntos persónales; que su criado le acompañaría, pero que se quedaba su habitación del Dragón Volador y regresaría unos días des-pués. Dejó allí parte de su ropa, pero se llevó a París un baúl, su neceser y el restó del equipaje, con su criado en la parte trasera del carruaje. ¿Me sigue,monsieur? -Con suma atención-contesté. -Pues bien,monsieur,llegadocerca de su casa de París, detuvo repen-tinamente el carruaje y le dijo al criado que había cambiado de planes; que dormiría en otro lugar aquella noche; que tenía un asunto muy im-portante que resolver en el norte de Francia, no lejos de Ruán; que se pondría en marcha antes del amanecer y que volvería un par de semanas más tarde. Llamó un simón, empuñó una saca de cuero que, según contósu criado, era suficientemente grande para contener unas camisas y un abrigo; pero que era también enormemente pesada, como él mismo pudo comprobar, pues tuvo que sostenerla mientras su amo sacaba de la bolsa treinta y seis napoleones, de los que el criado debía rendir cuentas a su regreso. Luego le mandó que se marchara en el carruaje mientras él, empuñando la mencionada saca, subía al simón. Hasta este punto, como ve, el relato es bastante claro. -Perfectamente -convine. -Pero ahora viene el misterio -dijomonsieurCarmaignac-. Después de esto, que nosotros sepamos nadie volvió a ver al conde deChâteauBlassemare, ni conocidos ni amigos. Luego averiguamos que, la víspera, el agente de cambio del conde había vendido, por orden de éste, todos sus bonos franceses y le había dado su equivalente en dinero. La razón esgrimida para esta operación concordaba con la que había dado a su criado. Dijo que marchaba al norte de Francia para pagar algunas deu-das y que no sabía exactamente cuánto dinero iba a necesitar. La saca, cuyo excesivo peso había extrañado al criado, contenía, a no dudarlo, una suma de oro considerable. ¿Quieremonsieurprobarmi rapé? Me alargó su tabaquera abierta, de la que tomé un poco a modo de experimento. -Cuando se inició la investigación -prosiguió-, se ofreció una recompensa por cualquier información que pudiera arrojar alguna luz sobre el misterio, sobre todo por la que pudiera facilitarnos el conductor del simón, como, por ejemplo: «me contrató la noche del día tal, hacia las diez y media, un caballero con una saca de cuero negro, que se había apeado de un carruaje privado y dio dinero a su criado tras contar-lo dos veces.» Se presentaron unos ciento cincuenta cocheros, ninguno de los cuales resultó ser el hombre que buscábamos. Sin embargo, obtu-vimos una curiosa e inesperada prueba para otro caso completamente distinto. ¡Qué barbaridad! ¡Qué ruido hace ese arlequín con su espada! -¡Intolerable!-convine. El arlequín desapareció, ymonsieurCarmaignac reanudó su relato: -La información a que me refería nos la suministró un muchacho de unos doce años que conocía al conde perfectamente, ya que le había ser-vido varias veces como mensajero. Afirmó que hacia las doce y media de aquella misma noche -en la que, tome usted nota, brillaba una hermosa luna llena- fue enviado, al haberse puesto de repente su madre con dolores, a buscar a la comadrona, que vivía a tiro de piedra del Dragón Volador. La casa de su padre, punto de partida, se hallaba a unos dos kilómetros de distancia de la posada, para alcanzar la cual tenía que rodear el parque del castillo de la Carque. El

camino pasa por delante del viejo cementerio deSt.Aubin,separado de éste sólo por una valla muy baja y dos o tres árboles viejos y enormes. El muchacho se puso un poco nervioso al acercarse a este antiguo cementerio y, a la luz brillante de la luna, vio a un hombre al que reconoció claramente como al conde, a quien conocían con el mote de «El sonrisas». Tenía un aspecto muy triste y estaba sentado encima de una lápida, sobre la que había también una pistola, mientras él cargaba otra. »El muchacho pasó por allí de puntillas, sin hacer ruido, sin apartar la vista en ningún momento del conde deChâteauBlassemare, o del hombre al que había confundido con él. No iba vestido como de cos-tumbre, pero el testigo juró que no le cabía la menor duda en lo que a su identidad se refería. Dijo que tenía una expresión grave y adusta, pero que, aunque no sonreía, era la misma cara que él conocía de sobra. De esto estaba completamente seguro. Si era él, fue la última vez que alguien lo vio. Desde entonces no se ha vuelto a oír hablar de él. Nada se ha descubierto de él en Ruán y alrededores. No hay pruebas de su muer-te, pero tampoco hay el menor indicio de que siga con vida. -Es un caso realmente singular -convine; iba a hacer otro par de pre-guntas cuandoTomWhistlewick, que sin que yo me diera cuenta se había levantado a dar un paseo, volvió mucho más despierto y mucho menos achispado. -Vamos, Carmaignac, se está haciendo tarde y debo irme, de veras, por el motivo que le he dicho antes. Beckett, tenemos que vernos pronto. -Siento mucho,monsieur,no poder relatarle ahora el otro caso, el del otro inquilino de la misma habitación, un caso más misterioso y sinies-tro que el último, ocurrido en el otoño del mismo año. -¿Por qué no me hacen el honor de venir a comer conmigo mañana al Dragón Volador? Mientras avanzábamos por la «Galería de los Espejos», conseguí arrancarles su promesa. -¡Por Baco! -exclamóWhistlepoco después-. Fíjense en esapagoda,o silla de manos o lo que quiera que sea: sigue aún donde la dejaron esos individuos, sin que haya nadie cerca de ella... No me explico cómo hacen para adivinarlo todo tan diabólicamente bien.JackNuffles, aquien he conocido esta noche, dice que son gitanos. ¿Dónde están, por cierto? Voy a echar un vistazo al profeta. Lo vi tirar de las persianillas, que estaban construidas a imitación de las celosías venecianas: cubrían las cortinas rojas del interior, pero no parecían ceder, y Whistlewick sólo pudo mirar por debajo de una que no estaba totalmente bajada. Al volver, nos contó lo siguiente: -Apenas he visto al viejo. Estaba demasiado oscuro. Está cubierto de oro y rojo, y tiene un sombrero de mandarín bordado; duerme como un lirón, ¡y por Júpiter que huele peor que una mofeta! Aunque sólo sea por oler vale la pena acercarse... ¡Buah! ¡Puf!¡Arg! ¡Vaya perfume! ¡Beerg! Decliné aquella invitación tan seductora, y nos dirigimos lentamen-te hacia la puerta. Me despedí de ellos, recordándoles su promesa. Así, pude subirme por fin a mi carruaje y dirigirme sin más dilación hacia el Dragón Volador por el más apartado de los caminos, bajo la sombra de árboles antiguos e iluminado por la suave luz de la luna. ¡Cuántas cosas habían ocurrido en las dos últimas horas! ¡Qué varie-dad de cuadros extraños y animados se habían agolpado en taxi breve espacio! ¡Qué aventura tan estupenda me esperaba!

delante de la ense-ña del Dragón Volador. subí presuroso las anchas escaleras con el dis-fraz en la mano. y. y entré en la espaciosa alcoba. sin los que ningún caballero podía asistir a una velada. entraba un rayo de luna que iluminaba el suelo con una luz oblicua. busqué a tientas un par de botas para ponerme en lugar de mis finos zapatos planos. eran unas compañeras muy recomendables en la . según me habían aconsejado. música. yo sabía que disponía de tiempo suficiente para mi excursión misteriosa sin despertar la curiosidad de nadie por verme salir con las puertas ya cerradas. Dejé mi disfraz sobre un sofá. me llenaron momentáneamente de remordimiento y horror. iluminados por la luz que se filtraba de la puerta del vestíbulo. Poco más habría bastado para revelar aquel mi poco viril estado anímico a mi vivaracho amigoAlfred Ogleo incluso al mordaz pero simpáticoTomWhistlewick. Contemplé el paisaje que dormitaba bajo aquellos rayos argentinos. que. hacia la que me precipité.El parque del castillo de la Carque No había peligro de que el Dragón Volador cerrara sus puertas en aquella ocasión antes de las tres o las cuatro de la madrugada. Me calé el sombrero y. distinguí la masa tupida de árboles que la dama enmascarada me había indicado como lugar de encuentro. Acabábamos de detenernos bajo el dosel de follaje. luces. a la sazón llamados «escarpines». Más cerca de mí. Despedí a mi cochero. Pero el tiempo volaba y la hora se aproximaba. Localicé el lugar exacto de aquel lúgubre conjunto de árboles. como sus señores no abandonarían el baile hasta el último momento. Era demasiado tarde para volverse atrás. tomé un par de pistolas cargadas. Por la ventana. Por lo tanto. entre la bella condesa y yo. sus chimeneas y numerosos chapiteles recortados sobre el cielo grisáceo. aquella misma noche. y la culpabilidad que entrañaba. a medio camino entre mi ventana y el castillo. Adivinarán con qué extraño interés y emoción contemplé aquel des-conocido escenario de la aventura que me aguardaba. con mi dominó revoloteando alrededor. un poco a la izquierda. finalmente. El artesonado negro. no podrían volver a sus rincones del Dragón Volador hasta haber cumplido con sus obligaciones.¡Cómo contrastaba el silencioso y solitario camino iluminado por la luna con el abigarrado torbellino de placeres a cuyo rugido. cuyas copas estaban tenuemente iluminadas por la claridad de la luna. Más allá se divisaba el contor-no del castillo de la Carque. Muchos criados de personajes importantes se encontraban allí acuartelados. y durante varios minutos unos vagos presentimientos apesadumbraron mi corazón. En aquel momento me habría gustado no entrar nunca en aquel laberinto que me conducía no se sabía a dónde. diamantes y colores acababa de hurtarme! La visión de la naturaleza solitaria a aquella hora de la noche actuó como un sedante repentino. La locura de mi empresa. pero la amargura ya estaba deslizándose en mi copa. el solemne mobiliario y las oscu-ras cortinas del alto lecho hacían que la noche pareciera más sombría. CAPÍTULO XVI .

para percibir con detalle estos efectos. La joven estaba en medio del claro y la luz de la luna caía directamente sobre ella. como el furtivo infame que traspasa los dominios de un señor confiado. con columnas corintias acanaladas y vanos cubiertos de vidrio. A unos doscientos metros aproximadamente del Dragón Volador. está triste por su matrimonio con un tirano celoso que la quiere obli-gar a vender sus diamantes. Faltaban sólo ocho minutos para la hora convenida. . divisé el gablete de la vieja posada. Ante mí se elevaba el bosquecillo designado. Bajé los escalones y miré a derecha e izquierda. La impresión de descuido y ruina hacía más bonita aún la escena. Ter-minados aquellos preparativos. confieso que cogí un espejo y lo llevé junto a la ventana para comprobar mi aspecto a la luz de la luna. y el mármol descolorido y añejo exhibía los estigmas de un largo abandono. No te acuestes hasta que yo vuelva. lo dejé en su sitio y bajé corriendo las escaleras. una fuente abastecida por los grandes estanques del otro lado del castillo derramaba sus aguas con sonido metálico sobre una ancha pila de mármol. Me volví sobresaltado: allí estaba la persona dis-frazada demademoisellede la Vallière que había visto unas horas antes. Mientras observaba atentamente. Entre tanto. ceñido por una pequeña escalinata. aquel decorado romántico me sugería en cierto modo la gruta. le diré algunas cosas acerca de ella. semioculta tras el follaje. así como una ventana. que valen. Esto me facilitaba la escalada. entre las grietas se abría paso la hierba. contemplandoora la luna ora las nubes blancas que se deslizaban por el otro lado. -La condesa estará aquí enseguida -dijo.inestable situación que estaba atravesando entonces la sociedad francesa: por doquier pulula-ban soldados en desbandada. de donde debía llegar la dama. y más triste. se erguía un templete griego o capilla. lige-ramente a la izquierda. Ya estaba cabe los tilos grandiosos y los castaños centenarios. como quien no sabe qué dirección tomar. Es una mujer desgracia-da. dejé de disimular: me di media vuelta y escudriñé con atención el cami-no. donde. me habló una voz por detrás. algunos de ellos bastante peligrosos. ¡Lo conseguí! Ya me hallaba en el parque del castillo de la Carque. que parecía cubierto de escarcha. satisfecho del resultado. su figura parecía más graciosa y elegante que nunca-. además de servir de pantalla a mi empresa en caso de que alguien estuviera mirando por casualidad en aquella dirección. y la esperanza aceleró los latidos de mi corazón. Un tupido manto de hiedra cubría en este punto la tapia y formaba en lo alto una especie de racimo. No tardaré más de diez minutos. a la luz de la luna. de manera semiconsciente. A unos metros de la escalinata. Luego. llamé a mi criado. podría alargarlo un poco más. pero. Yo estaba demasiado atento al castillo. Era de mármol blanco. la fuente y la aparición de Egeria. de la que salía una luz tenue. Luego avancé por la carretera. que cobijaba una estatua. La luz de la luna era suficiente para consultar el reloj. Este bosquecillo se abría ligeramente en el centro. Si el paseo me gusta. que parecía más negro que los crespones de una corona fúnebre. Nada podía favorecerle más. Seguí avanzando. A cada paso parecía más alto y proyectaba una sombra cada vez más negra a mis pies. el chorro de agua centelleaba cual lluvia de diamantes al claro de luna. Una vez en el vestíbulo. No se oía ningún ruido de pasos ni se veía el menor rastro de figura humana. silbando todo el tiempo una tonadilla que se me había pegado en una visita a la ópera. y.. -St. y sentí cierto placer al verme sumergido por completo en medio de la sombra.Clair-le dije-.. voy a darme un paseo en esta noche de luna. El moho se insinuaba en el pedestal y la cornisa.

y pareció romper a llorar. Me cree vanidosa porque pretendo en algunos aspectos igualarme a la condesa deSt. más feliz me hará. -¿Desea ella verme? -pregunté con tierna vacilación. -Siempre la he tenido presente. La dama parecía realmente molesta. más de una vez. claro que la puede ayudar. y ganarse así no sólo su gratitud. pero se me antoja un poco más aguda. ¿Puedo ayudarla de alguna manera? -Si desprecia el peligro. no es ningún peligro. -Un poco más chillona. me pareció que algo picada. es maravillosamente dulce. con la palma hacia abajo. Le desafío a que me diga que mi mano es menos hermosa que la suya. pero no es tan patéticamente dulce como la suya.Pero es sólo un parecido.monsieur. sin más recompensa que su pobre gratitud. Con estas palabras. Dicho lo cual.. como el conde deSt. Yo me declaré dispuesto a ser el esclavo de la condesa. -Siempre y cuando no ocurra nada imprevisto. No quiero entrar en .Alyre. -Primero diga si ha pensado realmente en ella. si puede hacer estas cosas. Lo he oído decir a un amigo. que mi mano es tan bonita como la suya? -No puedo admitirlo. se quitó el guante y alargó la mano.que se ríe de mí. no más chillona: su voz no es chillona. su dulce voz siempre resuena en mis oídos. quiere decir -contestó la señorita de La Vallière.usted me dijo que estaría aquí pronto. Día y noche sus bellos ojos me siguen a todas partes. -¿Admite. como ella. ¡Ah! ¿Es entonces la mía mejor? -Perdóneme. pues se estaban desperdiciando unos momentos preciosos mientras manteníamos aquella conversación insulsa. Hice una reverencia.Alyre está en casa..mademoiselle-dije con la sinceridad de la impaciencia-. -Dicen que mi voz se parece a la de ella -dijo el disfraz.mademoiselle. -No. sino también su amistad. a la luz de la luna. sin embargo.monsieur. no podía contradecir a una -Veo. en la aventura de laBelleÉtoile. y vigila constantemente. que. si desprecia. -Pero -añadí. Aquello era indigno e irritante. dama. ¿Puedo ayudarla de alguna manera en esta lucha desigual? Dígame cómo. y cuanto mayor sea el peligro o el sacrificio.eso no es cierto.. que no parecía conducir a nada. -Eso es un prejuicio. -En efecto-contesté-.pero yo no he dicho eso. La de usted es una voz muy dulce. es dificilísimo dar un paso sin peligro.-Treinta mil libras esterlinas. entonces. la dama disfrazada se volvió. las leyes tiránicas de este mundo y es suficiente-mente caballeroso como para dedicarse en cuerpo y alma a la causa de una dama.

y. sonriente. en un lugar rodeado de matorrales. Aún no nos conoce-mos lo suficiente. Los vecinos temen pasar por allí de noche. si viniera uña tercera vez. y mi entusiasmo iba aumentando en proporción. no debe hacer eso -dijo con voz queda-. se retiró el disfraz. Yo le prometí repetidas veces que moriría antes que permitir que cualquier imprudencia pusiera en peligro aquel secreto que daba a mi vida sentido e interés.es odiarlo. mi rey! ¡Cuánto le amo! Yo la habría estrechado contra mi corazón. que he conocido por mi criado!¡Richard. Por supuesto. y mis ojos vieron en persona a la condesa deSt.¡Qué monstruosamente estúpido he sido! ¡Así que fue conmadamela condesa con quien estuve hablando todo el rato en el salón! La contemplé en silencio. más solitaria que la de un claustro. ¿Vendrá de nuevo mañana por la noche a las once y cuarto? Yo estaré aquí a esa hora. me habría arrojado a sus pies. Y. monsieur. con cierta simpatía. no necesita jurarlo. ridículo por . fiel y sin miedo.Alyre nunca habría confiado en usted ni le habría dado ninguna cita.¡cuántas veces he repetido en la soledad su nombre.Richard!¡Oh.Richard. ¡Cómo olvidar la escena heroica del vestíbu-lo de laBelleÉtoile!¿Ha conservado usted la rosa que le di al despedir-nos? Sí. además de valiente. No amar al marido -continuó. En el matrimonio no existe laindiferencia. Si usted hubiera cedido al coqueteo de una rival disfrazada demademoisellede La Vallière. -No. Sabe de sobra que no me he olvidado de usted. no debemos desperdiciar en extravagancias estos preciosa momentos.Alyre es a todos los respectos la dama más hermosa que jamás han contemplado mis ojos. me rechazó.mi héroe! ¡Oh. confundida. Confío en usted. Pero aquella mujer hermosa y. si alguna vez arriesgara su vida por mí. inconsecuente. Lo atravesará y se encontrará a unos veinte metros de aquí. me alargó la mano. volveríamos a cambiar. a nadie que me aconsejara. Comprenda mi situación. Cada momento me parecía más hermosa. aún se acuerda de la condesa de laBelleÉtoile. La mía ha sido una vida muy tris-te. que cogí y llevé a mis labios. -Llevo más de un año viviendo en un terrible estado de indecisión. -No.comparaciones. debo decirlo. Y ella. mientras así hablaba. En el otro extremo del castillo hay un pe-queño cementerio. El camino está desierto y hay una barrera que permite acceder a este camposanto. yo arrostraría igualmente cualquier peligro antes que perder a un amigo. le prometí observar al pie de la letra sus instrucciones. Exhalando un suspiro. exclamó: -Le probaré lo que digo. Me lo debe usted. -Mañana debe venir por otro camino -dijo-. La disfrazada rió primero fríamente y. a nadie que me libe-rara de los horrores de mi existencia. El conde. y también que. pero no se olvide de extremar la precaución para que nadie sospeche que ha venido aquí. Pero ha llegado la hora de dar el paso. luego.Alyre. Pero por fin he encontrado a un amigo valeroso y decidido. con una capilla en ruinas. con un esbozo de sonrisa dulce y comprensiva. Pero ahora estoy segu-ra de que es usted una persona de fiar. -¡Cielo santo!-exclamé-. No he tenido a nadie que escu-chara mis confidencias. tímida y más bella que nunca. pero la condesa deSt. Me quedan sólo unos minutos. aunque usted se equivocó.yque es usted todo un campeón. Creo que. la condesa deSt.

Alyre en su presencia. una reunión a la que no puedo faltar. siempre en la oscuridad.todo lo demás. CAPÍTULO XVII . vi a la bella condesa deSt. Volví a escalar la tapia del parque y regresé al Dragón Volador antes de que cerraran las puertas. Por eso.porfavor. extreme la precaución. dijo. pero me pareció que su expresión era más sombría que en ocasiones anteriores. Me extrañó ver allí a un hombre sentado en uno de los sillones. Era el conde deSt. Se levantó. entonces! -exclamó el conde-. y vino a llevarse aquella visión. con los lentes calados. es tremendo cuando le acometen los celos. al menos momentánea. Tengo motivos. En efecto.Alyre. parecían ébano esculpido sobre un horrible rostro de boj. creo. en medio de una fiebre de euforia.El ocupante del palanquín El marqués me visitó al día siguiente. delante de mí. leyendo un periódico. En este momento tengo que acudir a una reunión con otras tres o cuatro personas. y con el propósito. los bucles oleaginosos de su peluca negra. Finja con todas las personas con las quo hable no conocer a ninguno de los moradores del castillo de la Carque alguien menciona al conde o a la condesa deSt. y tenía el brazo derecho en cabestrillo. Adiós. Sonrió. dándonos la espalda. Con una hora que me hubiera reservado todo se habría arreglado. yo iba a París. Fue conmigo hasta mi hotel y subió a mis aposentos. al toparme de repente con aquel hombre. para pedirme un favor. -¡Qué voy a hacer. por lo que me pedía un asiento en el mío en caso de que tuviera intención de ir a París. de tomarme cierta libertad. Hasta que despuntó el día. Musitando un «adiós». Mañana por la noche le contar más cosas. ultrajado al menos en la intención. me temo. para hacer cuantoestoy haciendo ahora y cuanto voy a hacer después. A pesar de lo tarde que era. Permanecí despierto en mi lecho. pero no hasta después de las seis. La bufanda negra le colgaba del pecho. -Le he visitado. mi desayuno estaba aún en la mesa. diga que no conoce a ninguno de los dos. estoy casi seguro de que no podremos terminar antes de esa hora. quien tal vez se sienta más obligado conmigo.monsieurBeckett. que no puedo explicar ahora. Yo no era un pecador suficientemente endurecido como para no sen-tir cierta turbación. pero mi amigo el marqués de Harmonville. con la esperanza de encontrarlo aquí -graznó-. su vehículo había sufrido un percance. más de diez minutos.Alyre. que enmarcaban su escueta cabeza. Hizo con la mano un gesto perentorio para que me marchara. ¡Qué gran contratiempo! . la obedecí Esta entrevista no duró. Había venido. y me encantaba hacerlo en su compañía. me prestará tal vez la ayuda que necesito tan impe-riosamente. No era fácil saber si aquel día había algo inhabitual en su fisonomía o si era simplemente el efecto de mi pre-vención por todo lo que había oído durante mi misteriosa entrevista en su parque. A causa del gran barullo que se había formado a la salida del baile. -Con mucho gusto -dijo el marqués-. ¡Váyase ya! Déjeme sola.

o la suma entera. y ya no podría echarme atrás.Amand. En ella se decía que el cadáver del primo del conde. He tenido la mala suerte de torcerme el pulgar y no podré escribir durante una semana. como una firma es igual de válida que otra. Me detuve en la oficina de mi agente de cambio. para un hombre tan alegre y encantador comomonsieurBeckett. iba a ser enterrado.Amand. -¡Qué bueno es usted. acompañado por cualquier miembro de la familia que deseara asistir al entierro. el conde. Yo le pregunté a nombre de quién debía ordenar que se extendiera el recibo. -Apenas he visto a ese pobre caballero dos veces en mi vida -dijo el conde-.que había fallecido enChâteauCléry. se echó una cabezadita en un rincón del carruaje. entre dos panteonesdela familia deSt. Como ya he dicho. Yo hice lo que me había pedido. ya que los fondos estatales franceses caerían con toda seguridad en breve plazo. amén de una nota acerca del lugar exacto en el que se debía cavar la tumba (bastante sencilla). llegaría a casa de éste (el castillo de la Carque) hacia las diez de la noche siguiente para ser transportado desde allí en un coche fúnebre. pero. embozado en su bufanda de seda negra y con el sombrero calado hasta los ojos. no puedo rechazar este encargo. por eso quiero acudir a la oficial de defunciones para firmar en el libro y obtener la debida autorización para su inhumación. Era bastante dinero. la enfermedad de la que había muerto y varios otros detalles. a saber. ello me convertiría en albacea ante la ley. Me apresuré a cumplir el pequeño asunto que se me había encomendado. más un suplemento por nocturnidad. se escriba el recibo a su nombre. la suya podría servir tanto como la mía. según sus propios deseos. yo tenía una suma líquida en mi banco. la nota no era nada alegre. Sin embargo. Pero aquí surge otro problema. Y como usted se ha ofrecido tan amablemente a acompañarme. Pero me han ase-gurado que. El asunto. a la una y media de la madrugada. por desagradable que sea. y ayer escribí rechazando dicho encargo. Salimos del hotel.El cortejo fúnebre. Aquella circunstancia tuvo también . se decía. le ruego que. en el cementerio parisiense dePèreLachaise. llegaría dos días después.monsieur!La verdad es que no me atrevo a pedirle ese favor. -No a mi nombre. mi querido amigo. que. Mientras yo me encargaba de las formalidades. entenderán por qué me he entretenido en contar todos estos detalles. Poco me importaban los insesde unos días. con el permiso del conde deSt. París había perdido su encanto para mí. como no tiene a ningún otro pariente. Pero había concertado con él una entrevista para aquel día y sentí alivio al oírle decir que era mejor dejar el dinero en manos de mi banquero unos días más. así como la edad. a la vez loca y reprobable. si el recibo estuviera a mi nombre. estado en el que me lo encontré a mi vuelta. la melancolía de los bosques del castillo de la Carque y la emocionantey embriagadora proximidad del objeto de mi pasión. El conde me facilitó el nombre y apellido del finado. cuyo brazo de marmórea blancura me convocaba en la noche al bosquecillo de tilos y castaños del castillo Carque. Cuando llegue el momento. eché de menos una vez más mi tranquila habitación del Dragón Volador. Así pues. todo saldrá perfectamente.-Yo le ofrezco una hora de mi tiempo con mucho gusto -dije. Ciertamente. Querían que yo me convirtiera en albacea.monsieurde St. su casa. es un pocofuneste. Luego me entregó el dinero para sufragar los gastos del entierro.Le ruego lea esta nota que me ha llegado esta mañana. en comparación con la imagen que ocupaba mis pensamientos.Alyre. si no tiene ningún reparo.

encontré en mi saloncito. e imaginen cuál no fue la consternación al descubrir. y después de retirarse todos los invitados. de quienes me había olvidado por com-pleto. que habían hecho a alguien la noche anterior. era exacta. había quedado en el lugar donde la habíamos visto por última vez. y pone a disposición de la justicia. sino también todo París. Esta afirmación demonsieurCarmaignac. a los individuos que han atentado contra el de-coro y los sentimientos del público. Casi exactamente lo mismo tuvo lugar hará unos cien años en un baile de gala en París. como descubrí después. Yo estaba pensando para mis adentros en lo inexplicable que había sido mi coloquio con el mago. del que se habían olvidado. y se puso casi de inmediato a contar una historia muy extraña. y ésta no es digna de su nombre si no encuentra pronto. cuando más pensaba en ello. Pero aquello ya no tenía remedio y unas pala-bras a los camareros bastaron para reparar enseguida mi olvido. no a un hombre vivo. TomWhistlewick estaba en gran forma.una incidencia directa en mis aventuras subsiguientes. -Fue realmente una broma muy original. a mis dos invitados.y rayana en el sacrilegio. aunque algo sospechosa -dijo Whistlewick. que se trate de individuos más astutos de lo que suelen ser los simples saltimbanquis. a no ser. Sin embargo. y no se logró dar con los desalmados farsantes. en cuyo honor se había orga-nizado el baile. y su peso extraordinario les recordó por primera vez la pre-sencia de su ocupante humano. De regreso al Dragón Volador. Mis invitados se encargaron de compensar mi relativa taciturnidad. Me dijo que no sólo Versalles. pues entre mis libros de anécdotas y recuerdos franceses se encontraba aquel mismo incidente subrayado por mi propia mano. ata-viado con túnica china y sombrero de colores. -Ni siquiera original -dijo Carmaignac-. más asombroso me parecía. Unos dijeron que se tra-taba de una farsa para insultar a los aliados. Mientras hablábamos de aquel asunto. Entonces se ordenó a los criados que se lo lle-varan de allí. por supuesto. ¡sino a un muerto! Debían de haber transcurrido tres o cuatro días desde la muerte de aquel hombre. Terminado el baile. más proclives al misticismo. para mi de-sesperación. pues se suponía que para entonces sus propietarios habrían mandado a algún mensajero a retirarlo. pese a su gravedad. decidieron dejarla donde estaba hasta la mañana siguiente. Lapagoda. Pero nadie se presentó. Hubo incluso algunos. Ni el mago ni su acólito ni los portadores habían vuelto a aparecer. vino el camarero a anunciar que la cena estaba servida y podíamos pasar al comedor.como persistía en llamar al palanquín. -El asunto está en manos de la policía -observómonsieurCarmaignac-. Otros opinaron que no era más que una broma pesada y cínica que. los criados que ayudaban a apagar las luces y a cerrar las puertas la encontraron aún allí.y que las revela-ciones y alusiones que tanto habían asombrado a los asistentes se habían debido indudablemente a la necromancia. . Forzaron la puerta. tan expeditivamente tildado pormon-sieurCarmaignac de «saltimbanqui». se podía perdonar si se imputaba al inge-nio y bufonería irreprimibles de la juventud. bastante corpulento. Maldije interiormente mi estupidez por haberme comprometido con su agradable sociedad. sehallaba en aquellos momentos alborotado a raíz de una jugarretaindignante. que aseguraron que el cadáver había sido condiciónsine quanonpara la exhibición adivinatoria.

El sosiego y buen humor que produce son más duraderos y agradables que la tumultuosa euforia de Baco. espero no sutilizarme como los otros. si he de ser sincero. yame comprenden: una cantidad cercana al medio millón de francos.cambiar de habitación ahora que hay menos gente en la posada? Por supuesto. pues mis pensamientos estaban por completo en otra parte. si la memoria no me falla. Pero ha dicho usted que hay otra historia parecida relacionada también con esa misma habitación. disimulando su seriedad con una sonrisa. Pienso cambiar de hotel. probablemente se comía aquí mejor que en algunos de los más prestigiosos hoteles de París.y distaba mucho de ser apuesto. así podré pasear de noche por la ciudad. Tocaba el violín. Tras consultar a su agente de cambio sobre la posibilidad de invertir este dinero en valores extranjeros. cuyo nombre no recuerdo ahora. no presté prácticamente ninguna atención. la que usted ocupa. hijo de un comerciante.monsieur. que acudió a esa posada.monsieur. por lo menos. cantando o tocando el violín. A un caballero francés -ojalá pudiera recordar su nombre-. y salía por la noche a dar un paseo. y estuvieron todo el rato contando historias divertidas. antes que los otros dos. cantaba y escribía poe-sía.monsieur.¿no piensa -añadió volviéndose hacia mí. pues. más extraño todavía. es decir. -Por favor. -Ah. . Sus costumbres eran extrañas. no. el posadero le dio la habitación a la que me he referido. -Sí -dijo Carmaignac. Ahora ya conoce usted su situación financiera cuando ocurrió la catástrofe. Pero. sacó todo el dinero del banco. Se había alojado en la misma habitación. lo cual me ahorró el trabajo de tener que hablar. al igual que los vinos. Por cier-to. a pesar de que se trataba de una posada apartada. pues. -Este caso ocurrió -dijo Carmaignac-. El personal de la posada decía que era el hombre más feo. A veces se pasaba todo el día en su habitación escribiendo. se mostraron contentos y muy locuaces. Oigámosla. a las que. gracias. aunque pase aquí esta noche. el Dragón Volador. El efecto moral que produce cenar bien es inmenso: todos noso-tros lo sentimos aquella noche. Mis amigos. pero también el más bonachón. aunque lo recordé precisa-mente esta mañana. prosiguiendo un hiloargumentaique se me había hurtado-. pero espontáneas. -¡Saquefuerzas de este vino. Hubo otro caso. siempre y cuando piense usted que-darse aquí más tiempo. hasta que de repente surgió un tema que me interesó poderosamente.CAPÍTULO XVIII . Ya había dejado de ser joven -tenía más de cuarenta años. ¡Un hombre realmente excéntrico! No era un millonario. llénese el vaso -dije. ni mucho menos. La historia que contó fue muy curiosa. que jamás había pisado la tierra. además del noble ruso.para afrontar la catástrofe! -bromeó Whistlewick mientras se llenaba el suyo. pero tenía unmodicumbonum. Pero bebamos antes un poco de vino.El camposanto La cena que nos sirvieron fue realmente buena.

la gran dificultad con que se encuentran los asesinos es cómo ocultar el cadáver.z hacia las doce y media. suficiente papel para escribir toda La Henriada y provisión proporcional de plumas y tinta. nadie podía salir de la casa sin tener la llave. se había marchado de la posada. . llamó ala puerta para saber si el poeta quería algo. ocurrió que. miró por el ojo de la cerra-dura. y a las nueve de la mañana siguiente llamó a su puerta y. La noche siguiente a aquella operación financiera fue presa de un arrebato poético. Cuando se comete un asesinato. y que nadie podía haberlas cogido sin despertarlo. una frugal cena fría en una mesita. Éste contestó con cajas destem-pladas al inoportuno criado y lo despidió repitiéndole la orden de que no lo molestaran durante la noche. Pero nadiecontestó. Pero cuando volvió el camarero. como él los había dejado. El conde deSt. . a no ser que contara con la complicidad o ayuda de alguien de la casa. un rato después de atrancarse las puertas. tras ocupar la habi-tación en la que usted duerme. -Sí. Lo único que sabemos con certeza es que. en su lugar habitual. una media hora después la puerta estaba cerrada.Alyre. a quien pertenece esta casa. sin que nadie desde entonces haya sabido cómo lo hizo ni haya tenido noticias suyas. descono-cido para nosotros. y aquél le repitió desde el interior queno quería que lo molestaran. Es muy difícil creer que alguien haya asesinado a tres personas consecutivamente en la misma habitación y haya hecho desa-parecer sus cadáveres sin dejar rastro alguno. que lo ha obligado a esconderse con el mayor sigilo y celeridad. parecía estar completamente enfrascado en su trabajo. »Así pues. pero ni siquiera alzó la vista. Las llaves las guardaba el propio posadero. pero daban aún luz suficiente para constatar que el huésped había desaparecido. con mayor fuerza. Pero no se descubrió nada. Nunca volvió a aparecer. al ver que su huésped no había dejado la llave en la cerradurabuscó otra para abrir la puerta. Que eso era lo único que podía decir. los postigos estaban cerrados. Y ahora les contaré algo acerca de su poseedor. éste comentó después que había visto escribir tan deprisa que parecía que en cualquier momento iba a empezar a arder el papel (éstas fueron sus palabras textuales). el cual juró que las encontró coleadas en la cabecera de su cama. se evaporó. al ver que salía luz por el ojo de la cerradura. el cual. que quería empezar a escribir aquella noche. Sin embargo.Dio entonces parte de este continuado y alarmante silencio al posadero. a la mañana siguiente. mandó llamar al posadero y le dijo que desde hacía tiempo venía meditando un poema épico. eso fue lo último que se supo de su dinero -prosiguió Carmaignac-. elgarçonse marchó. si no. que hacia las nueve. y. »Sentado a la mesa de su despacho lo encontró el camarero. Alguien dijo que el escritor había salido de la habita-ción cerrando la puerta por fuera y. y todos en la misma habitación. Volvió a llamar. -Absolutamente nada. La cama estaba sin deshacer. pues ésta se atrancaba desde den-tro. aquí surgía otro problema: elDragón Volador cerraba sus puertas a cal y canto a las doce de la noche. tres. Las velas estaban aún ardiendo. mostró gran actividad y consternación. un criado que no se había enterado de su orden de no ser molestado. y ello dejando la puerta sin cerrar por fuera. Tenía dos pares de velas. »Ahora bien. -Usted ha mencionado tres casos -le recordé-. Las velas estaban ya boqueando en los candeleros. -¿Y desde entonces no se ha sabido nada de ese poeta épico? -pre-gunté yo. y los postigos estaban cerrados por dentro. le llevó una taza de café. debe de haberse metido en algún asunto sucio. por lo que no quería que lo molestaran bajo ningún con hasta las nueve de la mañana. después de esa hora. al no recibir contestación. Supongo que estará muerto. Aquel incidente probaba que el poeta estaba en la casa después de que se cerraran bien las puertas de la calle. con la llave en el bolsillo.-Pues bien. Todos igualmente incomprensibles.

entré en una pista más estrecha. que estaba sumida en una oscuridad sinies-tra.y eso sólo de manera vaga. Ya había averiguado el lugar exacto en que se encontraba el pequeño camposanto: aproximadamen-te a unos dos kilómetros de distancia. semioculto entre los árboles. siempre bajo majestuosos árboles viejos. Volvieron vagamente a mi mente las extrañas anécdotas referidas pormonsieurCarmaignac sobre la habitación que yo ocupaba. tiñendo de tonos oscuros las alegres y frívolas historias que relató también. Miré alrededor de la habitación. con los ojos puestos en el objeto que estaba justo delante de mí. a la luz intermitente de la luna. que. Cuanto más clara era la luz de la luna más clara resultaba también aque-lla imagen. pero no había duda alguna . Subí a mi habitación y miré en dirección del castillo de la Carque. y se halla situado entre éste y el parque del castillo de la Carque. La luna empezó a asomar bajo la nube que la había mantenido ocul-ta durante aquel tiempo. que tenía aquel ligero contorno negro que he descrito. No quería presentarme antes de tiempo. Cogí mis pistolas con una apren-sión indefinible ante la eventualidad de tener que utilizarlas antes de mi regreso. Éste. en modo alguno enfrió mi fervor. Me deslicé en silencio. al igual que nues-tros enebros ingleses. en este lugar fantasmal. Descubrí que había llegado con cierto adelanto y me senté un rato en el borde de una lápida. Entre las formas que se recortaban sobre el gris metálico del horizon-te. la distinguí con total nitidez: era la silueta del coronelGaillarde. y. con una sensación desagradable. Aquí. y el gravemonsieurCarmaignac nos dis-trajo con un asombroso ramillete de anécdotas escandalosas. también a mi izquierda. inmóvil. sino un hombre de pie. Ya no era un árbol. No conozco el nombre de este arbusto. emergía la blanca superficie de una lápida sepulcral. por fin. éste no miraba en mi dirección. Una espesa nube había oscurecido la luna. y el parque. pasa por delante del viejo camposanto. Reinaba el más completo silencio. bordeando la tapia del parque y describiendo una ruta de circunvalación. que sus funciones en el departamento de policía le habían permitido conocer. pero lo he visto a menudo en lugares particularmente fúnebres. flotando en la negra nie-bla. Permanecí sentado en ese estado de indolencia inducido por la espera. a medida que la luz iba en aumento. Estaba justo delante de mí. El cielo estaba salpicado de nubes. al tiempo que dejaba un poso de extrañeza y grave-dad en el fondo demi ser. destacaban algunos de esos arbustos o árboles que. Nunca había sido mayor mi entusiasmo. mis invitados tenían sendos compromisos en París y me dejaron hacia las diez de la noche. Me puse a pasear porla habitación. Afortunadamente. tienen unos dos metros de altura. ocupa poco más de veinte áreas. tenía un aspecto melancólico y fantasmagórico. hice una pausa y escuché. de manera que a lo sumo podía distinguir los contornos de los objetos más próximos. desde allí. Yo lo veía sólo de perfil. a unos doce pasos de distancia. conviene dejarlo claro. pues suponía que la bella condesa tenía bue-nas razones para no desear que yo penetrara en los dominios del castillo antes de lo estipulado. avancé lentamente por el lado izquierdo dela carretera y. Mi aventura me absorbía y arrobaba. Afortunadamente. por así decir. y a veces. el árbol que había estado observando perezosamente empezó a adoptar una nueva forma. Sensación que. a la izquierda del camino. la forma de un álamo en miniatura y el oscuro follaje de un tejo. hasta que.Luego cambiamos de tema.

yo me quedé tendido sobre la hierba. El coronel. Sí. vi dos sombreros conversando (las voces per-tenecían a quienes los llevaban). Oí el sonido de otro silbi-do. a la que parecía odiar! Levantó un brazo y silbó con suavidad. La luna brillaba ahora ininterrumpidamente. en la dirección donde resultaban audibles estos sonidos. con la vista y el oído aguzados. no en dirección del parque. Ambos avanzaron. y con el corazón latiéndome fuertemente.La llave . acechando alguna señal o la llegada de alguien. suavemente. extremando al máximo la precaución. volvía los ojos en mi dirección. acto seguido.En cualquier caso. sino del camino. derramando sus rayos sobre el delicado follaje y moteando el verdor del suelo bajo mis pies. le oí hablar. en la dirección opuesta al Dragón Volador. y luego saltó al otro lado de la carretera. igual de tenue. dándome la espalda. Me deslicé sigilosamente. por casualidad. ¡qué nefasta fortuna la que había apostado. Me pareció ver un sombrero sobresaliendo por la tapia en ruinas y luego vi otro sombrero. La dama no había llegado todavía. Allí estaba ante mí. pero en un tono bajo y cauteloso. Si. y. Ella no estaba allí ni en el santuario interior. mirando a su alrededor. Una tras otra. permaneció unos instantes arriba. A pesar de todo.Alyrey avancé entre arbustos y matorrales hasta el punto más próximo al ruinoso templo.en cuanto a su blanco mostacho. Alcancé los escalones y me encontré en medio de la antañona columnata de mármol.Alyre. ampliando la distancia que existía entre nosotros con cada zancada. una vez allí. Oí sus pasos y el ruido de su conversa-ción mientras se alejaban. para mi gran alivio. Seguí las instrucciones que me había dado la condesa deSt. el último en esca-larla. reconocí la voz peculiar deGaillarde. cuyas ven-tanas ojivales estaban prácticamente ocultas por pantallas de hiedra. Me encontraba de nuevo bajo las gigantescas ramas de los viejos tilos y castaños. las figuras emergieron plenamente a la vista al saltar la valla que había al lado del camino. Esperé a que aquellos sonidos se esfumaran por completo en la dis-tancia antes de entrar en el parque. el coronel avanzó en la direc-ción de aquel sonido. a un observador tan peligroso! ¡Y qué felicidad para él golpearme duramente y al mismo tiempo echar por tierra los planes de la condesa deSt. yo sabía que debía disponerme a reanudar inmediatamente el combate iniciado en el vestí-bulo de laBelleÉtoile. me aproximé al pequeño monumento. cual soldado adelantado que espía al enemigo. CAPITULO XIX . en aquel lugar y momento precisos. su rostrofarouchey sudesgarbado uno noventa de estatura. escudri-ñando por encima de una tumba. atravesé el peque-ño espacio que me separaba del lugar de la cita.

Un hom-bre joven. pero me dio la mano. -Sí -dijo-. Me las llevaré conmigo. generoso y valiente como usted no puede ser también rico. pensé que me estaba mostrando aquella joya con el regodeo normal con que una mujer exhibe este tipo de gemas. -Yo no bajaré hasta aquí a reunirme con usted.hasta PèrelaChaise. Ella reprimió el ardor de mi apasionado saludo con una firmeza dulce pero perentoria. y luego dígame si puede ayudarme. como les ocurre a los jóvenes alocados en una situación parecida.monsieurdeSt. centelleaba y refulgía a la luz de la luna. -Richard. -¡Es magnífico!-exclaméal contemplar un collar de diamantes que.El féretro.usted dice que me ama. Entonces seré feliz por fin y podré recompensar a mi héroe. Si ese propósito no se lleva a cabo. Pese a la gravedad del momento. saldrá de aquí a las nueve y media. Mis poderosos amigos intervendrán para conseguir la separación. mirándome con ojos tristes y brillantes. Algún pensamiento terrible parecía abrumarla. sobre todo diamantes. guapo. Mire.Amand. en la esquina del castillo? Asentí. mi querido amigo.debo hablarle con absoluta franqueza. suspendido de sus preciosos dedos. Tengo joyas.Richard. sin embargo. Se quitó la capucha. ¡qué gran locura parece! ¡Qué concepto tan pobre debe de tener de mí! Pero. y yo la conduje al lugar donde se había desarrollado nuestra última entrevista. Huiremos juntos a Suiza. se sacudió sus hermosos cabellos y. -Escúcheme. suspiró profundamente. en nombre de un sacramento. Sin su ayuda no puedo cumplir mi propósito. Era la condesa. Avancé con ansiedad. a un tirano. por los que me ofrecen treinta mil libras de vuestro dinero inglés. al que detesto con toda mi alma. Son de mi exclusi-va propiedad. Un par de minutos después. Estoy encadenada a un hombre al que desprecio. Estoy segura de que usted entiende de joyas. usted compartirá todo esto con-migo.Esperé en el último peldaño. Me encuentro en el momento más crítico de mi vida. mi corazón me dice que actúo sabiamente. y a romper para siempre con los antinaturalesy abominables lazos que me unen. y hasta que me ama quizá. Estaba ordenándolas cuan-do llegó la hora y le he traído ésta para enseñársela. -Mañana por la noche -dijo. . con los ojos y oídos bien abiertos. según me ha dicho. le juré consagrarme a ella de por vida y le dije que dispusiera de mí a su antojo. ¿Ve esa luz roja que sale de la ventana de la torre. Creo que se apiada de mí.mi marido acompañará los restos de su primo. No habló. ¡Qué confianza tan loca tengo en usted!. me juzgará con justicia. y. voy a desprenderme de todas mis joyas para convertirlas en dinero. según contrato matrimonial. cuando me conozca de verdad. Pero ella me mandó callar con la misma firmeza melancólica. moriré. Citarme aquí con usted. Al oír aquellas palabras tuve un arranque de elocuencia. Ya pueden ustedes imaginarse la manera florida y vehemente en que le expresé mi agradecimiento. miré en aquella dirección y vi que se acercaba entre los árboles una figura envuelta en un abrigo. sin dejar pistas a nuestros perseguido-res. oí el crujir de unos ramajos. He decidido huir. Yo le prometí obediencia total. Estoy segura de que desea defender-me. Usted acudirá aquí mismo a las nueve de la noche.

Es precisamente la habitación que yo habría elegido para usted. descubrió la manera en que se había efectuado la escapada. Lo he cogido del escritorio del conde. Y nuestros pasaportes. He sabido que ocupa la habitación embrujada del Dragón Volador. cuyo uso debo explicarle. evitando así el riesgo que entrañaba vender sus diamantes de mane-ra precipitada. querido Richard-prosiguió apoyando cariñosamente el brazo sobre mi hombro y mirán-dome a los ojos con una pasión inefable mientras con la otra mano apre-taba la mía-. Y ahora debo confiar una vez más en su ingenio para despistar al personal del Dragón Volador. a la mañana siguiente. y. Aquí tiene un documento y un plano en que se describe cómo se ha de proce-der. En cuanto vea esa luz rosácea en esa ventana. Sacaremos por lo menos una ventaja de cinco horas. Cinco minutos después. Asegú-rese de probar primero las llaves. Contribuyamos. había desaparecido. como el dueño del Dragón Volador era por aquel entonces un sinvergüenza. si está escrito que así sea. fueron a preguntar por él. tan pronto como subamos al coche. cada cual a partes iguales. y yo mis joyas. Bueno. y. para ver que las cerraduras funcionan perfectamente. Me produce una felicidad especial la idea de compartir nuestros recursos. Mi marido. lo ayudó a esfumarse. -Mañana por la noche todas las precauciones serán pocas. y. inde-pendientemente de cómo hagamos el reparto de bienes. ponga los nombres y lugares de destino que le plazcan. Aquélla era la oportunidad que yo estaba esperando.es saber si podremos convertir rápidamente los diamantes en dinero. Le diré por qué. Yo dejaré los diamantes en sus manos. que investigó el asunto. En cuanto a usted. un coche tirado por cuatro caballos nos estará esperando en la puerta de la cochera. Le hice saber que tenía en poder de mi banquero una suma no inferior a treinta mil libras. Cuentan que un hombre se encerró en ella toda una noche y que cuando. -¡Cielo santo! -exclamó ella con una especie de desencanto-. Yo tendré mis joyas preparadas. estratagemas y recursos. -Lo único que me preocupa todavía -prosiguió. y que puede acercarse sin peligro. Era una doble llave: una tija larga y delgada. tan subido de poesía y pasión que me resultaría imposible reproducirlo aquí. con un paletón a cada extremo: uno aproximadamente del tamaño con que se abre una puerta corriente y el otro casi tan pequeño como los que abren un estuche. no nos opongamos al destino. Fue con la ayuda de esta llave. No me atrevo a retirar-los mientras esté mi marido en la casa. Tras esto siguió un coloquio romántico.y que acudiría a la cita con aquella suma en forma de oro y bille-tes. ¡Así que es usted rico! Eso quiere decir que he perdido la dicha de hacer doblemente feliz a mi generoso amigo. . con nuestra energía.-La he colocado allí para que pueda reconocerla mañana por la noche. no habrá nada que temer. Cualquier contratiempo daría al traste con todas mis esperanzas. Yo habré abierto la ventana para que pueda entrar. entonces. a un precio seguramente inferior al que tenían. Y ahora. ¿Está dispuesto a arrostrar todo esto por amor a mí? De nuevo volví a proclamarme esclavo suyo. dará comienzo nuestra huida. Usted aportará su dinero. Y luego me dio una instrucción particular: -He venido también provista de una llave. sabrá que el cortejo fúnebre ha abandonado el castillo. Encárguese también de eso. mi vida está en sus manos. Yo creo que en realidad quería zafarse de sus acreedores. le aconsejo que traiga el dinero consigo porque podrían transcurrir muchos meses antes de que podamos volver a París o revelar nuestro lugar de residencia a alguien. He apostado todo a la carta de su fidelidad.

descono-cedor de este particular. Una vez que nos hemos metido en asuntos secretos y culpables. No era de extrañar que se sintiera tan aterrorizada: cerca de nosotros. Estaba claro que no me había visto. exclamó: -¡Dios mío! ¿Quién está ahí? En aquel mismo momento dio un paso atrás y desapareció por la puerta labrada en el mármol permaneciendo cerca de ésta al fondo de una pequeña cámara sin tejado. Yo permanecí en el umbral que ella acababa de atravesar. Encontré a la condesa presa de auténtico terror. para mi gran alivio. a unos quince metros de distancia. habría sido un asesinato. Allí estaba yo. a desafiar todas las leyes divinas y humanas. de espaldas al castillo. -¿A la que aluden las estrofas? -preguntó su compañero. palideció de repente y. con uno de sus alaridos frenéticos. -Ni más ni menos. Permanecí con el dedo en el gatillo decidido a abatirlo si se atrevía a entrar en el lugar en que se hallaba la condesa. a no dudarlo. Sí. yo estaba esperando el momento en que. muy claramen-te iluminado por la luna. Más de una vez he dado las gracias al cielo por la misericordia que tuvo conmigo al guiarme por los laberintos en que estuve a punto de perderme. A mí me protegían la cornisa y un trozo de pared. Sin embargo. con la llave en la mano y una agitación en el cerebro rayana en la demencia. Ella se recuperó enseguida y se despidió nuevamente con palabras dulces y pausadas. Y. pero. saqué del bolsillo una de mis pistolas y la armé. es ésa. -¡Ahí está la estatua! -exclamó el coronel con su habitual tono cor-tante y discordante-. Aquello. Di un paso atrás. y acercándose a paso rápido. cuya ventana estaba tapada por una espesa pantalla de hiedra que apenas dejaba filtrarse un rayo de luz. pero en mi fuero interno tenía la decisión completamente tomada. . Yo me quedé mirándola fijamente.vámonos de aquí. como si le faltara el aliento. se acercaban el coronelGaillardey su compa-ñero. el bizarro coronel dio media vuelta y. La examinaremos mejor la próxima vez. No quiso aceptar mi insistente invitación a acompañarla hasta el castillo. mirando en la dirección en la que había lanzado aquella mirada tan angustiada. se alejó entre los árboles en dirección de la tapia del parque. la tran-quilicé asegurándole que impediría por todos los medios la posible vuelta del coronel loco. se lanzara sobre mí como un loco.monsieur. a asesinar si fuera necesario y a meter-me en complicaciones inextricables y horribles (¿qué me importaba a mí?) por una mujer de la que no sabía más que era tan hermosa como imprudente. estamos más cerca de otros delitos mayores de lo que sospechamos. Bien. tan pequeña como el propio santuario.Mientras pronunciaba la última palabra. dispuesto a arrostrar todos los peligros. que saltaron por donde se divisaban los gabletes del Dragón Volador.

con el grotesco espadachín. Seguía con la vela entre sus trémulos dedos. si se puede saber. pudiera detectar alguna señal en aquella luz insólita en las esca-leras del Dragón Volador. que parecía dispuesta a dormir un sueño bastante largo. inmerso en aquel drama tan extravagante como culpable. sobre todo. cuyo borde blanco contrastaba con su piel morena y amarillenta y tor-naba más fea aún su cara arrugada.al hada mala. Iba tocada con lo que se solía denominar una cofia peraltada. Yo había aceptado un papel protagonista en un drama con venganza. Pero yo ya era mayorcito. -Disculpea una vieja. esta vez quizá no tan feliz.porque la noche es muy fría. Las frondosas ramas del viejo parque a un lado. más allá de los árboles. En el reloj sonaron las doce de la noche. apenas me reconocía a mí mismo ni creía en mi propia historia mientras recorría premioso el trecho que me separaba de la puerta. el castillo torreonado. busca unlordinglés. con una constancia e inteligencia que delataban que mi secreto había sido descubierto. pero ¿qué diversión. Levantó los hombros encorvados y me miró a la cara con ojos anormalmente negros y brillantes. que tanto interés encerraba para mí. Asíy todo. Me alegré de haberme llevado las pistolas. Cogí una vela. empujado por los celos. los gigantescos ála-mos al otro y. a unos doscientos metros del Dragón Volador. a modo de preludio. -He hecho un pequeño fuego. Ya estaban apagadas las luces de aquella hospedería rural. Eché un vistazo a la sala común. y. Me sentía confundido y alarmado. ninguna ley me obligaba a dejarme abatir por un rufián sin oponer resistencia alguna. Allí no encontré rastro alguno del coronel.monsieur. No había llegado a la posada ningún caballero durante la pasada media hora. en el Dragón Volador? De haber vivido en la época de los cuentos de hadas. el claro de luna prestaban un pintoresquismo particular al camino angosto que conducía a la puerta de la posada. en mi posada me esperaba seguramente otro encuentro. Al abrir la puerta de mi habitación me llevé un buen susto al encon-trarme ante una mujer bastante vieja con la cara más alargada que jamás he visto. En aquel momento me sentía incapaz de pensar con el sosiego nece-sario: los acontecimientos se estaban precipitando demasiado deprisa y yo. los ojos oscuros de la anciana seguían fijos en los míos. Le di las gracias. y de haberme relacionado diariamente con la deliciosa condesa d'Aulnois.Una cofia peraltada Me encontraba de nuevo en el camino. . se me ocurrió que unos ojos indagadores podrían encontrar sentido a aquella contemplación nocturna y que tal vez el propio conde. habría visto en aquella aparición marchita algenius loci. aún abierta. Sin embargo. Me detuve unos instantes a mirar. Ciertamente. Estaba vacía. ni siquiera se me ocurrió preguntarle qué asunto la había llevado allí. a cuya señal se habían esfumado sucesivamente los malhadados huéspedes de aquella habitación.CAPÍTULO XX . con todo París a sus pies. pero ella no se marchaba.monsieur-dijo-. y oí al criado atrancar ruidosamente la puerta prin-cipal. La fría luz de la luna penetraba profusamente por la ventana de las anchas escale-ras. Pregunté en el vestíbulo. del Dragón Volador.

Expulsé expeditivamente de mi mente aquellas dudas angustiosas y terribles.-Estos ojos viejos lo vieron a usted anoche en el parque del castillo. y yo le digo que se marche. razoné. El rincón situado a la derecha de la ventana estaba cortado de través por la cenefa. y aún menos si ese extraño estaba de parte del conde deSt. más allá de la cual se veía una escalera de caracol de piedra. junto a la puerta y justo debajo de ésta. pueden suponer bien.monsieur. Mi aventura parecía un viaje a través de una montaña boscosa. con una vela a cada lado. Una búsqueda parecida. -Nada en esta tierra. ¿por qué debería usted preocuparse por mí? -Yo no me preocupo por usted. cuando ser noble equivalía a ser honrado por todos.que hablo en vanoy que usted es insolente. Alyre. La anciana atravesó lentamente la estancia y cerró la puerta antes de que yo hubiera podido encontrar algo que replicar. Lo examiné detenidamente y. -Es inútil. Al retirar el dedo. a cual más desconcertante. Penetré con la vela en la mano. que yo guardaré el mío»? En mi cabeza bullían mil preguntas. independientemente del desdén que yo sintiera hacia los peligros que aquella anciana había esbozado tan misteriosamente. no resultaba en modo alguno agradable.. hice un reconocimiento. practicada en el espesor de la pared. se abrió una puerta en el panel.Me preocupo por el honor de una familia antigua a la que he servido en días más felices. Deje esta casa mañana por la mañana y no vuelva nunca por aquí. Yo mantendré mi secreto. tras dos o tres vueltas de la llave.monsieur. parecen a esta vieja arpía la cosa más terrible de la creación. ¿no era más peligroso aún tratar de comunicarnos? ¿Qué había querido decir la vieja arpía con aquello de «Guarde usted su secreto. Me aseguré de que la puerta había quedado bien cerrada. El paletón pequeño de la llave entraba aquí al igual que en la cerradura superior. en cuanto al suyo. que un secreto tan peligroso fuera sospechado por un extraño. tras una pequeña presión.. volvió a su lugar nuevamente. que había confiado en mí tan generosamente (o tan locamen-te. eso es todo. coloqué ante mí el pergami-no que contenía el croquis y notas que me informaban sobre cómo debía utilizar la llave. un pequeño trozo de moldura cedió y reveló una cerradura. se vio recompensada con un descubri-miento parecido. No sé si el aire encerrado durante mucho tiempo tiene alguna cualidad . Tras estudiarlo un buen rato. y ahora. donde a cada paso un nuevo duende o monstruo surge de la tierra o salta de un árbol. Permanecí un buen rato inmóvil donde ella me había dejado.Sé bien por qué se aloja usted aquí. Levantó la mano que tenía libre mientras me miraba con una expre-sión de intenso terror. Con todo. y usted el suyo. según sus propias palabras). -¿A mí?-exclamécon el mayor aire de sorpresa despreciativa que pude afectar. Hasta ahora había interpretado con éxito mis instrucciones. por la acción de un muelle. Los celos del viejo conde. Pero. me senté a la mesa y. pronto lo encontrará tan duro de guardar que no tendrá más remedio que divulgarlo. dejando al descubierto un paño de pared desnudo y una abertura estrecha y abovedada.monsieur. No sé de qué me habla-contesté-. Pero sé. del hecho de que había al menos otra persona que sospechaba de nuestro secreto? Pero. ¿No debía yo buscar por todos los medios la manera de informar a la condesa.Además.

a través de las hojas más altas.extraña. me armé de valor y abrí la puerta. Suavemente. Allí descubrí que la maleza se extendía casi hasta el parque y se unía con el bosquecillo que rodeaba al templete de que ya he hablado antes. poco después. Tras pergeñar esta coartada para el posadero. cuyo pie no podía ver. CAPÍTULO XXI . El paletón grande de la llave entraba perfectamente en la cerra-dura. por miedo a que alguien pudiera haber abierto su ven-tana al oír el chirrido de la cerradura oxidada.Veo a tres hombres en un espejo Aquella mañana me desperté muy temprano y no pude volver a dor-mirme: estaba demasiado nervioso. besé la llave misteriosa que su mano había empuñado aquella misma noche y la coloqué debajo de mi almohada. Cerca de la puerta había un bosquecillo de acebos. Ni un general habría ideado un acceso más seguro para llegar desde el Dragón Volador hasta el lugar donde yo había platicado en dos oca-siones con el ídolo de mi latría culpable. casi tan denso como una jungla. mi criadoSt. poco después. me abrí paso con dificul-tad hasta salir a una zona despejada. sino también . donde tenía que ver a algunas personas por asuntos relacionados con los negocios. Me habría encontrado en medio de la más completa oscuridad de no haber sido porque. asimismo. Aquí había otra puerta de roble viejo. El aire de la noche entró por el vano y apagó la vela. Empecé a bajarla y unas vueltas después me encontré sobre el suelo de piedra. entre tanto. Mi candela iluminó débilmente la desnuda pared de piedra que rodeaba la escalera. Plenamente satisfecho de mi experimento. y de allí a ***. volví a la puerta no sin cierta dificultad. y en aquel caso infestaba el ambiente con un olor a mam-postería rancia. que estaba oxidada. le pedí que dijera todo aquello a cualquier amiga) que pudiera visitarme. titila-ba un resplandor de claro de luna.Clairguardaría la llave de mi habitación y cuidaría de mis cosas. que no consiguió conciliar el sueño durante un buen rato. El problema era cómo conseguir que me dieran las casi treinta mil libras esterlinas de que disponía en una forma en que resultaran no sólo fáciles de transpor-tar. Le dije que iría a la ciudad aquella noche. y muy sencilla. Volví la mirada hacia la vieja posada y vi que la escalera por la que yo había bajado estaba encajada en una de esas torretas alargadas que deco-ran este tipo de edificios. giró con dificultad y emitió un chirrido que me hizo temer por el secreto de mi operación. Fui a ver a mi posadero tan pronto como pude hacerlo sin despertar sospechas. Coloqué la bujía sobre las escaleras y apliqué ambas manos. Pero. reposó mi cabeza aturdida. me encaminé hacia París a resolver las cuestiones financieras de la operación. Estaba situada en el ángulo que se correspondía con la parte del artesonado de mi habitación que aparecía indicada en el croquis recién consultado por mí. empotrada en el grueso de la pared. subí de nuevo a mi habitación y volví a cerrar la puerta secreta. pero a mí siempre me ha parecido así. sobre la cual. Esperaba volver en el plazo de una semana y. Durante unos minutos no me moví.

y sentí gran alivio al notar que no se oían pasos. y así fui saliendo lentamente de la tienda.el palacio de justicia y la preciosaSainte Chapelle. pues la poca luz que entraba por la ventana me daba de espaldas y la parte de la tienda que tenía ante mí estaba sumida en una oscuridad casi total. No era asunto mío investigar qué había podido reunir al coronelGaillardeyal marqués en aquel lugar tan destartalado. Al llegar a aquella ventana. disimulado por una envoltura de cuero. había decidido no llevar equipaje. porcelana y muebles. era un hombre del-gado y pálido. habida cuenta de su cuantio-so contenido-. Puedo asegurarles que no me entretuve ni un minuto más en aquella tiendadonde había hecho un descubrimiento tan singular como inesperado. ni quién era el individuo que mordía la punta de su pluma. ¡Nada más que las dos! ¿En qué emplear todas las horas libres que me quedaban? Aún no había visto la catedral deNôtreDame. y hacia allí me dirigí. Recuerdo haber visto en una de ellas una casa antigua con una inscripción mural en la que se podía leer que había sido la residen-cia de Canon Fulbert. vi un gran espejo con un marco deslustrado y pasado de moda. sucios a más no poder. Eran las dos de la tarde. La tienda. el marqués de Harmonville. fui a dar con una en la que parecían ven-der todo tipo de antigüedades: armaduras. Me detuve en ella una hora aproximadamente. Luego visité laConcier-gerie. donde había una ventana con muchos cristales en forma de diana. No es el caso de calentarles ahora la cabeza con todos los trámites que hice para obtener los pasaportes. uno de los más hermosos y apartados rincones de Suiza. El marqués levantó los ojos. Entré.disponibles en cualquier parte a la que decidiera ir. que estaba jugueteando con una pluma.la otra. en un recoveco que forma-ba ángulo recto con la pared lateral de la tienda. me volví y. En la primera población importante a la que llegáramos a la mañana siguiente nos abasteceríamos de un guardarropa improvisado. de techo bajo. Le di cincuenta libras para que gastara todo lo que necesitara y abonara la cuenta de la . Una era el coronelGaillarde. y la tercera. Fui adentrándome paulatinamente hasta llegar al final. sin necesidad de recurrir a la correspondencia o a cualquier otro medio que pudiera delatar mi lugar de residencia. plenamente acorde con el carácter romántico de la aventura. Baste decir que el lugar de destino que escogí para nuestra huida fue. No sé si aquellas calles antiguas tan curiosas. Reflejado en él vi lo que en las casas antiguas he oído llamar una «rotonda».Clairy le conté prácti-camente la misma historia que al posadero. A dos de estas personas las reconocí al ins-tante. Durante unos instantes no supe qué hacer. decidí dar un paseo por las callejuelas aledañas a la catedral. entre muebles viejos y artículos polvorientos. algunos colgados de la pared. Los empleos que el marqués aceptaba a veces lo obligaban sin duda a juntarse con gente rara. el tío de la Eloísa de Abelardo. en las que observé restos de antiguas iglesias góticas habilitadas como almacenes. Me detuve un instante para ver si me seguía alguien. estaba oscura y llena de polvo. mandé llamar aSt.Como aún me quedaba tiempo libre. llegué a la entrada del Dragón Volador justo cuando se estaba poniendo el sol. con el pelo lacio y negro y el aspecto más penoso que he visto jamás en mi vida. y hasta tan sucio. El dueño se hallaba limpiando una pieza de armadura con incrustaciones y me dejó curiosear a placer y examinar las distintas curiosidades allí acumuladas. Contento por haber escapado de allí. Al percatarme de ello. siguen aún en pie. Una vez en mi habitación. picado de viruela. tuve la sangre fría suficiente para fingir hallar-me completamente enfrascado en los objetos que tenía ante mí. y su mirada fue seguida al instante por sus dos compañeros. Todas estas cuestiones quedaron resueltas con la mayor rapidez posible. había una mesa a la que estaban sentadas tres personas enfrascadas en lo que pare-cía una conversación seria. en la que. Entre otras tien-das desvencijadas y excéntricas. Asimismo. Pero estaba claro que no me habían reconocido. Despedí al vehículo que había alquilado y entré en la posada con un cofre en la mano -de unas dimensiones maravillosamente pequeñas.

Lo ordenarás todo y cerrarás la puerta. ¿Comprendido? St. Hasta ahora todo estaba saliendo bien.Embeleso Bajé la escalera de caracol en medio de la más completa oscuridad. perfilándose entre los troncos de los viejos árboles. aquí tienes la llave de mi cuarto. En esta jungla la oscuridad era casi igual de completa. adiviné dónde estaba la puerta y busqué a tientas el ojo de la cerradura. -Ve -le dije.y tómate una botella de vino con tus amigos. deseándome todo tipo de felicidad y sin duda prometiéndose algún pequeño esparcimiento con mi dinero. Estaré escribiendo algunas notas. me puse el gabán y me metí una pistola en cada bolsillo. El cielo favoreció mis planes cubriéndose de un mar de nubes. Extremando la precaución. Yo estaba preparado para aquella pregunta y le repliqué de inmediato que pensaba ir a pie hasta Versalles. No creo que haya nada cobarde en mi naturaleza. No me había costado trabajo engañar a mis criados y al personal del Dragón Volador. con la llave entre los dedos. apagué la vela. por tanto. alcancé el camino del bosque. pero mantenién-dome en su linde. sentí algo parecido al suspense y a la angustia de un soldado que va a entrar en acción. por lo que no quiero que nadie me moleste. pero confieso que. que cada vez era más espesa. Había llegado el momento de introducir la llave que me había dado mi dama. aunque hubiera levantado las sospechas de todos los huéspedes de la posada. tomé el cofre bajo el brazo. si no me encuen-tras en mi habitación. en medio de la noche oscu-ra. Llamé aSt. ¿Me iba a echar atrás? ¡Por nada del mundo! Eché el cerrojo a la puerta. El posadero salió al vestíbulo a preguntarme si necesitaba un vehícu-lo para ir a París. Faltaban sólo cinco minutos para la hora concertada.habitación hasta mi vuelta. franqueé la puerta secreta y eché el pestillo al salir. Luego tomé una cena ligera y apresurada. las columnas del templo de mármol se elevaron como fantasmas ante mí. Por fin. Me encontraba en la escalera de caracol en medio de la más completa oscuridad. entreabrí la puerta secreta. abrí la puerta y me adentré en el espeso bosquecillo. agucé el oído unos segundos para asegurarme de que nadie se acercaba y luego crucé el cuarto a toda velocidad. conforme se acercaba el momento críti-co. Te llama-ré si necesito algo.Clairse despidió.Clair. al menos durante media hora. Cerré bien la puerta y avancé lentamente entre la vegetación. donde alquilaría un coche. CAPÍTULO XXII . a unos cincuenta metros de allí. una vez abajo. descorrí el cerrojo de la puerta de la habitación. Todo era favora-ble a mi empresa. y haciendo menos ruido que la noche anterior. Mis ojos se posaban a menudo en el solemne reloj viejo de la chimenea. podría haber burlado con éxito la curiosidad de todos ellos incluso si se . Con la vela en la mano. puedes darlo por supuesto. Al cabo de ese tiempo probablemente descubras que ya he marchado a Versalles. con mayor comodidad aunque sin dejar el abrigo de la espesura. el único cómplice en mi reprobable aventura. Luego. y la noche era tan cerrada que. entre tanto. subí las escaleras con premura.

abordé el castillo de la Carque. Pensé: con una aliada tan hábil y valerosa como mi bella condesa. Una sombra del interior se acercó a la cortina. que pudiera interponerse en mi cami-no el viejo conde. llegué al lugar de observación convenido. con toda la fuerza. intrepidez. emblema de la esperanza radiante y alba de un día feliz. Sorteando los troncos y las raíces de los viejos árboles. descubrí que media docena de peldaños conducían hasta allí. con los brazos apoyados en ellas. No se veía ninguna luz en la ventana. Una cortina de aquel ventanal estaba echada. ¿Qué podría ocurrir? ¿Qué me importaba. que tenía cuatro vidas en mis manos. Tenía conmigo un par de pistolas de doble cañón. a quien había visto temblar de terror ante el coronel bravucón? Empecé a barajar todas las posibilidades que podrían presen-tarse. es decir. Clara. Yo disfrutaba entonces de la juventud en todo su esplendor. Musitando. Yo tenía que esperar simplemente. ante la visión de aquella señal. suave y constante brillaba la luz en la ventana. pasión. determinación y ansias de aventura que la acompañan. que servía de puerta. miré fijamente en dirección del castillo. -¿Qué es eso? -me preguntó. ¿Y si yo desaparecía también al igual que aquellos otros hombres cuyas historias me habían sido contadas? ¿No me había esforzado todo lo posible por borrar cualquier huella de mis actos y por despistar a todas las personas con las que había hablado en cuanto a la dirección que iba a tomar? Aquel pensamiento gélido se insinuó como una serpiente en mi mente y luego desapareció. Ningún signo de luz o vida. De repente me pareció también que la oscuridad se hacía más profunda y el aire se volvía más gélido ami alrededor. me coloqué la caja fuerte bajo el brazo y. Mi amor se trocó en un entusiasmo delirante. envuelto en cuero. Mientras platicaba conmigo mismo de aquella guisa. tras unas cuantas zancadas rápidas. ninguna voz humana. acompañando al cortejo fúnebre. y así permanecimos un par de minutos.hubieran asomado a la ventana. mien-tras yo subía los peldaños. destacándose sobre la piedra oscura. Terminados los primeros saludos tumultuosos. Apenas se distinguía el contorno del edificio. Luego me dijo que el conde ya se había ido. y que en aquel momento se encontra-ría a unos dos kilómetros de distancia. ¿hay acaso posibilidad de que se tuerza la empresa? ¡Bah!.mi queridísimoRichard. con la mirada puesta en la maciza sombra que representaba el castillo y presa de los más ardientes y exaltados anhelos. una especie de verja. Allí estaban también los diamantes. en las jambas de la puerta y. rumbo a Pére Lachaise. cómo he deseado que llegara este momento! Nunca me había parecido tan hermosa. me vino un extraño pensamiento. que parecía confundirse con la opacidad del cielo. estaba abierta. la descorrió y. Al acercarme. que ustedes se dirán que se me podía haber ocurrido mucho antes. pero ¿durante cuánto tiempo? Apoyado en mi tesoro. . ninguna pisada ni ningún ladrido de perro daban motivo para la inquietud. Me mostró apresuradamente un cofre que contenía una gran profusión de brillan-tes de gran tamaño.venga! ¡Ah. salvo por mi dulcinea. Dejé mi tesoro. me murmuró con dulzura: -¡Richard. ella hizo que me sentara a su lado en un sofá. apa-sionadas palabras de amor. La luz de color rosa. me dije despa-chando con una sonrisa aquellas imaginaciones absurdas. Hasta llegué a desear tropezarme con algún peli-gro real para demostrarle la enormidad de mi amor a aquella criatura. vi la luz que me daba la señal.

Avanzó con calma hasta la puerta. ¡Es tan extraña! No se mueva. -¿No es innecesario llevar tanto dinero teniendo todo esto? -dijo tocando los diamantes-. y tratará de ocultarlos con él. ella me lo habría hecho saber al instante. -Es mi doncella particular. No volvió tan pronto como yo habría deseado.. por supuesto.. ¿Por qué estaba pálida? ¿Por qué aquella mirada oscura en sus ojos? ¿Por qué había cambiado también su voz? ¿Había salido algo mal de repente? ¿Acechaba algún peligro? Pero pronto se calmó mi zozobra. -Así que ha traído toda esa gran suma. Si hubiera habido algo semejante.-Un cofre con treinta mil libras de dinero contante y sonante -con-testé. -Sí. se fuera poniendo cada vez más nerviosa. Vique no estaba alarmada. Eso me habría hecho más feliz aún de lo que me siento. -¿Qué? ¿Todo ese dinero? -exclamó. que vendrá con nosotros. ¿Está seguro? ¿La ha contado? -Sí. Por supuesto que la he contado al retirarla del banco. conforme se aproximaba el momento de la verdad. Apenas había hecho eso cuando se oyó a alguien llamar a la puerta. -¡Mi querido y generoso ángel! -declamé en un rapto de pasión-. y ese dinero no hace sino aumen-tarlo. Es mejor que no le vea por ahora. No me gusta-ría que los cocheros sospecharan que transportamos un tesoro tan grande. un aire de abstracción. ni una esterlina más ni menos. Me la han entregado hoy mismo -respondí. Nos ha preparado café en la habitación contigua. Quédese donde está. -Me hace sentirme algo nerviosa viajar con tanto dinero. Es de total con-fianza. -Sé quién es -me dijo en voz baja. Abrió la puerta de dicha habitación y echó una mirada a su interior. y durante unos segundos oí una conversación susurrada. Estas joyas constituyen un peligro muy grande. -Tengo que decirle también a mi doncella que no lleve demasiado equipaje. una mirada casi de recelo. usted se quitará el gabán cuan-do estemos listos para partir. Dice que es más prudente retrasar la partida hasta que pasen unos diez minutos. al menos durante cierto tiempo. Era lógico que. Olvida usted que durante un largo período de tiempo puede ser nece-sario observar el más estricto silencio en cuanto a nuestro paradero y mantenernos al margen de todo contacto social. Durante los últimos minutos se había insinuado en ella la sombra de una duda. Ahora voy a pedirle que cierre las cortinas de esa ventana y eche la barra de seguridad a los postigos. Habría sido de su parte una muestra suple-mentaria de amabilidad dejarme que proveyera yo por las necesidades de los dos. Salió de la habitación haciendo un gesto para que extremara la pre-caución. quizá con cierta expresión de sorpresa en el rostro-. Pongamos juntos nuestros cofres. Se había producido un cambio en la manera de comportarse de mi bella condesa. A un hombre en aquella situación la .

. hice un descubri-miento sobrecogedor. Me acerqué y retiré de ese algo un lienzo que no lograba disimular su forma. CAPÍTULO XXIII . ¡Así que el féretro no había salido todavía! Allí estaba el cadáver. No puedo explicar de otro modo el que hiciera tantas cosas insensatas aquella noche. mi queridoRichard?¿Ha salido de esta habitación? Yo le contesté inmediatamente que sí y le conté con absoluta fran-queza lo que había visto. pues en modo alguno me faltaba la cualidad de la astucia. Más allá. Al ins-tante adiviné que había detectado en la expresión de mi rostro el decur-so de mis pensamientos.Alyre. pues lanzó una mirada apresurada en dirección de la puerta. Había una puerta en el otro extremo. Era una habitación pequeña. yo había penetrado en aquella habitación y habría podido toparme con algunas de las personas que tanto empeño tenía-mos en evitar. No cabía ninguna duda. -¿Ha visto algo. Me habían engañado. vi algo tan singular que no podía dar crédito a mis ojos. en vez de volver a cerrar inmediatamente aquella puerta.Una taza de café La estancia carecía de alfombras. La abrí sin pensarlo dos veces. Era un ataúd. Afiné el oído. Me encontraba en un estado de gran excitación y ansiedad. asombrado por partida doble. Abandoné aquel lugar fúnebre y cerré la puerta. y cada una de mis facultades estaba concentrada en lo que se avecinaba.. No hay nada más peligroso que la precaución mal aplicada. Habría sido más prudente por su parte haberme puesto al corriente de la situación. Tal vez la más estúpi-da de todas fuera que. y en ese senti-do se habían desligado del presente inmediato.AMAND AGÉ DE XXIIIANS Retrocedí. No se oía absolutamente nada. decidí coger una vela y penetrar en dicha estancia. sobre una mesa estrecha. Sin duda esto explicaba la manifiesta turbación de la condesa. Desconfiar de mí era la peor imprudencia que podía haber cometido.. En el suelo había gran cantidad de virutas y una veintena de ladrillos.inacción absoluta le resultaba punto menos que insoportable. que no debería haber abierto nunca. Aquellas reflexiones se vieron interrumpidas casi tan pronto como habían tomado forma con el regreso de la condesa deSt. Donde. Y en la tapa había una placa con la siguiente inscripción en francés: PIERREDE LAROCHEST. que le haya molestado. Completamente ignorante de aquel hecho. Me puse a pasear por la habitación presa de inquietud. . de manera completamente inesperada.

como para impedir que me moviera. a pesar del retraso inesperado. con los ojos fijos en mí y el oído puesto en la puerta de la estancia donde habían colocado el ataúd. no quería que se sintiera más inquieto de lo necesario. aunque sólo murmurados por miedo a que pudieran oírnos. Tras hacerme una ligera señal. tiene buenas razones para desear que se celebre el funeral antes de amanecer. El cadáver está ahí. Sabía que los restos del pobrePierrellegarían con toda seguridad esta misma noche. crema de noyó. pero el conde se marchó un cuarto de hora antes de que yo encendiera la lámpara y le abriera el ventanal. En cuanto a estefunestehorror (le entró un bonito escalofrío). había hablado con ella. y no sólo ahora. ¿Estoy perdonada? Acto seguido se produjo otra escena de apasionada efusión. levantó una mano. Yo también me serviré después. Cuando hube apurado la taza. que me parecieron realmente precio-sas. a la habitación contigua -dijo-. No quería que los sepultureros dePèreLachaise supusieran que se había aplazado el funeral. mientras posaba el brazo derecho sobre mi hombro. Déjeme que sea su camarera. me pasó el licor. según me dijo. y permaneció sin respirar en esa actitud unos instantes.que engañaré a mi valeroso y apuestoRichard. situada a su lado. -Yo misma le serviré. Venga conmigo. es un asunto repugnante y horrible. murmuró: -Tómese esto. en la idea que me había formado de la galantería a la francesa. Era excelente. a la vez dulce y triste.-Bueno. y. sino siempre. inconscien-temente. advertí en su rostro y actitud una expresión de penitencia tan exquisita que tuve que conte-nerme para no caer postrado a sus pies. Los caballos nos están esperando a la puerta de la cuadra. al tiempo que extendía la mano hacia atrás como para advertirme de que no me moviera: al cabo de unos segundos volvió nuevamente de puntillas y me dijo al oído: -Están retirando el ataúd. acariciando con los dedos mis rizos. Esas horribles per-sonas ya han debido de irse y estaremos más seguros ahí por el momento. no pensemos más en él. cariño. Aseguró con cerrojo la puerta. y de rap-tos y protestas de amor. El féretro con el cadáver debe salir de esta casa dentro de diez minutos. Inmediatamente después estaremos libres para emprender nuestro loco y venturoso viaje. Por fin. enganchados al carruaje. Llenó una taza de café y me la pasó con la mano izquierda. El cadáver no llegó hasta ocho o diez minutos des-pués de que él se marchara. -Volvamos. que también bebí. -Todo lo que diga mi hermosa reina yo lo cumpliré -murmuré-. después. -Es la última vez -agregó con un pequeño tono de súplica. Ade-más. Sobre una bandeja de plata había una cafetera y unas antiguas tazas de porcelana. avanzó de puntillas hacia la puerta y puso el oído. como supe poco después.a mi héroe. había unos vasitos de licor y una garrafa que contenía. en otra más pequeña. La acompañé a la habitación desde la que su doncella. Aún hoy me avergüenzo al recordar la grandilocuencia con la que . No me conside-raré perdonada por mi querido Richardsi se niega a que le sirva. He de confesar que aquellos arrebatos líricos se basaban. al volverse.

Casi me obligó a hacerlo. Colocó juntos ambos cofres (me refiero al suyo con las joyas y al mío con el dinero) sobre la mesa. Luego la posó y zarandeó una campanilla con energía. Eugénie!-exclaménuevamente embelesado. de cerrar los párpados ni de mover los ojos o los músculos. -Llámeme Eugénie. en este sillón. si me ama tanto como yo a usted. con una pizca de horror en ella. para que hiciera el menor signo de vida y prometiéndome que. se hubiera vuelto inflexible. -¡Mi queridoRichard!¿Qué le ocurre? -exclamó. -Y ahora se va a tomar una deliciosa copita de noyó -dijo con tono alegre. noté de repente una sensación extraña por todo el cuerpo. -Usted me llama a míRichard. había desaparecido como por ensalmo de aquella criatura tornadiza. Salió corriendo y volvió con otra copita diminuta. Pasó lentamente la vela ante mis ojos. Le hice saber cuán impaciente estaba por emprender cuanto antes nuestro viaje. Yo no estaba en condiciones de ofrecer la menor resistencia. Era como si la membrana que recubre el cerebro. por mi nombre de pila. No encuentro palabras para describirlo. mientras decía esto. palidísima.Alyre. Estaba arrellanado en el sillón. los labios. De una manera expeditiva. fue algo así como una repentina congestión cerebral. Aquí. que. Sí. y. La condesa pasó a mostrarse silenciosa y fría.traté a la condesa deSt. No era en absoluto un mareo. Parecía haber perdido toda sensación de miedo. y el suspense de una aventura de la que dependía el futuro. Reconocí demasiado bien las sensaciones que siguie-ron. ahora paladean-do su nombre. aquellas exclamaciones cesaron repentina-mente. con terror en los ojos-. El ambiente fúnebre del momento anterior. si es que exis-te tal cosa. tras decirme unas palabras elocuentes y tiernas. me sacu-día los hombros. Le besé la mano.Esperanza . me llevé a los labios y bebí. Me llamaba por mi nombre. Pasados unos minutos.pero ¿cómo he de llamar yo a mi diosa? -pregunté. me quedé mirando sus hermosos ojos y volví a besarla sin que ella opusiera resistencia alguna. pálida. si no lo hacía. siéntese. -¡Oh. con frases cargadas de patetismo. obser-vando el efecto. ¡Cielo santo! ¿Se ha puesto enfermo? Por favor. completamente incapaz de articular una sílaba. me levantaba el brazo y lo dejaba caer implorándome sin cesar. y vi cómo cerraba con sumo cuidado la puerta que daba acceso a la estancia en la que yo había tomado café poco antes. CAPÍTULO XXIV .bueno . seamos naturales. pero en su rostro sólo había una expresión de intenso escrutinio. La desesperación de mi dama fue intensa y ruidosa. tomó una vela y se plantó delante de mí. En unos segundos me vi sumido en el mismo estado que había padecido durante varias horas interminables durante mi viaje nocturno a París en compañía del marqués de Harmonville. se quitaría la vida.

Llevaba un par de guantes negros en la mano y un sombrero con cinta de crespón.¡Mafoi. llamándome de nuevo. cinco. qué? . Cuando no hablaba. y luego la dejó caer y dijo: -Ha funcionado admirablemente. sonriendo. La dama miró hacia donde. mi preciosamignonne. Bien. -¡MonsieurBeckett! -gritó dos o tres veces-. mi Juana de Arco... pero ella no parecía muy interesada en sus caricias. ¡Eh! ¿No me conoce? Se acercó otro poco y escudriñó mi rostro con atención. como un retrato. hacía bastante tiempo que debía de estar de camino rumbo aPèreLachaise. -Bien. nenita. me levantó la mano y la sacudió. Ha entrado y ha visto todo. Su boca se fruncía y crispaba. mi dechado de mujer! Me estaba mirando con una curiosidad odiosa. cuyo tictac regular percibía con total claridad.. -¡Planard debería haberse encargado de eso! -contestó el conde seca-mente-.. que pareció tener gran dificul-tad en levantar. mi heroína. -Ven. pues retrocedió ligeramente. Era el conde deSt. o. mi querida Eugénie.¿Cuándo empezó? La condesa se acercó y se colocó junto a él y me miró fijamente durante unos segundos.machère. Menos mal que no ha levantado la tapa del ataúd -apostilló con tono enfadado. el cual. seis minutos y medio -dijo sin inmutarse. como ya he dicho. Pero Planard y tú no debe-ríais haber dejado abierta esa puerta.. cuando se abrió la puerta de la habitación en la que yo había visto el ataúd y entró una siniestra e inesperada aparición. mi pequeña Venus. -Cuatro. No pueden imaginar el efecto de la mirada silenciosa de aquellos dos ojos malvados. ¿verdad? -Sí -contestó ésta con voz baja y dura-.. Se plantó ante mí unos instantes. -Brava. si no me habían informado mal. estaba la repisa.. mientras buscaba con sus escuálidos dedos curtidos la mano de la dama. Su figura endeble y mezquina iba cubierta de riguroso luto.vamos a contar todo esto. Todo está saliendo a la per-fección. recordé. enmarcado por las jambas de la puerta y un fondo de oscuridad..Alyre. ¿Qué es? ¿Un billetero? ¿O. y sobre ella un reloj. Tenía un aspecto a la vez espantosamente malvado y asustado.. su rostro daba muestras de agitación.yo no puedo estar en todas partes! Avanzó hacia mí una media docena de pasitos y se caló las lentes.Acababa de colocar mi pesado cofre.bravissima! ¡Mipreciosa reina..

abrió una caja . por supuesto -protestó la condesa. Planard se pondría insoportable si conociera la cantidad. Éstos te pueden poner en terribles apuros. ¿Cómo la voy a tener? Está en su bolsillo. creo. y ya faltaba poco para que comprendiera el carácter atroz de la misma. -Yo no la tengo. rápido. Habrían llamado menos la atención. Otros mil. Sigue. ¡Escribe! Y así sucesivamente hasta que todo quedó contado. Veamos -exclamó mien-tras desataba las correas con dedos temblorosos-. de manera menos perfecta (por efecto de la refracción. lo cerró. hasta un punto bastante próximo. -Diez mil francos. Mientras volvía a colocar en el cofre los billetes y los cartuchos. se me alcanzaba aún el porqué de aquella trama. Sí. -¡Ah! Muy bien. El viejo ya había dado con la llave. Uno. Primero abrió el estuche de cuero y luego el cofre de hierro. Escribe: otros diez mil francos. Un instante después.. tres. Diez mil francos otra vez. me encontraba exactamente en el mismo estado que había padecido durante mi viaje con el marqués rumbo a París. incluidas algunas llaves. Vamos a contar. mientras yo lo veía y oía todo con la mayor nitidez. Aquí tengo lápiz y papel. volcando su contenido sobre la mesa. y si aquel escrutinio del contenido de mi cofre era una iniciati-va improvisada del conde. Mi per-cepción mental era asimismo terriblemente viva. Escribe mil napoleones. -Cartuchos de cien napoleones. Cierra con cerrojo esa puerta. contó de nuevo la suma total para asegurarse de que cuadraba.de si la vuelta del conde había constituido también una sorpresa para ella. muy bien. Luego vinieron los billetes. Yo no podía mover los ojos ni una milésima en ninguna dirección. No estaba seguro -las mujeres tienen más san gre fría y más recursos histriónicos que la mayor parte de nuestro torpe sexo. Y otros. Como he dicho. Y otros. Anota. comprobará por sí mismo la amplitud del campo de visión. Vamos a ver. en el propio ojo). metódicamente. Y así sucesivamente hasta contar todo mi tesoro en mi mismísima presencia.-¡Es esto! -dijo la dama lanzando una mirada de desagrado al cofre cubierto de cuero. que había colocado sobre la mesa. ¿Anotado? Billetes más pequeños habrían veni-do mejor. ¿Por qué no le dijiste que se lo die-ran en billetes más pequeños? Bueno. Aquel canalla a quien yo conocía estaba a punto de robarme. Así pues. sí. sin la menor alteración de la visibilidad. Pero si alguien se coloca. ahora ya no tiene remedio. Pero a todos los demás efectos yo estaba muerto. como yo estaba. en el extremo de una habita-ción. ni el «papel» que repre-sentaba la condesa en él. descubrirá que abarca perfectamente toda la extensión de una habitación grande hasta una distancia muy corta. dos.. casi nada de lo que ocurría en aquella habitación se hurtaba a mi observación. Pero cada minuto iba aclarando mi situación. ¿Anotado? Otros diez mil francos. con las manos extendidas y los dedos temblorosos. Sacaron todo lo que había. en su estuche.. lo volvió a colocar. Pero no. Tenemos que contarlo todo. dos.. Pero ¿dónde está la llave? ¿No ves esa maldita cerradura? ¡Dios mío! ¿Dónde está? ¿Dónde está la llave? Decía todo esto arrastrando los pies delante de la condesa. los dedos del viejo bellaco registraban mis bo l-sillos. y. Veamos. Uno.

y con él los terrores de la desesperación. de bruja. permanecía sentada. ¿por qué no me liquidaban rápidamente? ¿Qué obstáculo podía haber para aplazar la catástrofe que aceleraría su propia salvación? No puedo referir con palabras. En medio de aquel estado angustioso. luego vino un diálogo. que metió en el bolsillo. sujetándolo por el brazo con ambas manos y tirando de él hasta donde me encontraba yo. sin mirarme ya a mí. es decir. miró en dirección de la habitación oscu-ra que había más allá y aplicó el oído. . Pero. Ahora supe que iban a culminar su robo con un asesinato. fíjese. que por fin has venido! -exclamó el conde. -¿Qué? ¡Que le parta un rayo! -bramó el conde-. CAPÍTULO XXV . vi cómo se abría lentamente la puerta de la estancia donde había visto el ataúd y cómo hacía su entrada el marqués de Harmonville. empezó a echar pestes contra Planard a causa de su retraso. -Mire. No me quedaba tampoco la menor duda en cuanto a la causa del estado en que me encontraba. ¿Quieres que te traiga una vela? Mi amigo el marqués de Harmonville. -¡Graciasa Dios. ¿Es que no tiene conciencia? Le juraré que es la mitad del lote. y la inminencia de la muerte corporal se aplaza al antojo de quienes deciden sobre nuestros tormentos inhumanos. Quitó el cerrojo a la puerta. Todo ha salido a la perfección. cuya descripción me resulta imposible de hacer. -¿Se conformará con esa cantidad? -preguntó la dama. la cerró. La dama y él volvieron a mirarme con ansiedad durante un rato. y luego el viejo conde empezó a refunfuñar contra Planard por segunda vez mientras cotejaba su reloj personal con el de la pared.fuerte disimulada en la pared y. Volvió a cerrar la puerta y regresó. El viejo estaba al borde de un ataque de nervios. Piensen ustedes en la típica pesadilla. en un sueño en el que los objetos y el peligro son reales. La dama parecía menos impaciente.Desesperación Un momento de esperanza tan violenta como peregrina. o Planard o lo que quiera que fuera se acercó hasta mí mientras se quitaba los guantes. Mi última esperanza se desvaneció al ver sin careta aquel rostro hastia-do. ni siquiera recordar para mí solo. ¡Qué extraño aquel cambio tan repentino! Ahora su rostro tenía un aire sombrío. sino al vacío. de manera que yo la veía de perfil. tras colocar en ella el joyero de la condesa y mi cofre. el espantoso terror que se apoderó de mí. -He apartado diez mil francos para Planard -dijo palpándose el bol-sillo de su chaleco. de una esperanza que era casi una tortura. Planard. en silencio. Inmediatamente después de realizar estas operaciones.

Estoy completamente segura -replicó. por lo que pude ver. lo más indicado sería practicarle un lavado de estómago. Acto seguido me abrió la camisa y aplicó el estetoscopio a mi pecho. como bien saben. -No me cabe la menor duda. el doctor me estaba tratando con la frialdad con que se dispone a un cadáver antes de impartir una lección de medicina. se interrumpiría la evaporación y le encontrarían en el estómago una materia extraña. -Si muriera. parte de ella venenosa. dijo: -Setenta gotas. Por su parte. ¿qué opina? -susurró el conde. deberían mantenerlo paralizado durante seis horas y media. -¿Cuántas gotas le han administrado? -preguntó el marqués. Vamos. Me pareció que la voz baja y dura de la condesa temblaba un poco. bajo el pie de este Cupido. Se necesita una larga carrera de culpa para subyugar por completo a la natu-raleza e impedir esos signos exteriores de agitación que sobreviven al bien. mientras mantenía la cabeza lo más alejada posible para que su aliento no la afectara. -Y eso hice. de repente.-La vela. -Y bien. di la verdad. un poco más a este lado -dijo mientras. doctor. sesenta en el café caliente y diez en el licor. No sería conveniente matarlo. -Sí -dijo en soliloquio. con-vertido así. -Setenta -dijo la dama. -Mi querida Eugénie. con la oreja pegada al auricular. me miraba con gravedad. en voz muy baja. Me volvió a mirar a los ojos y me tomó el pulso. Me pasó la mano por la frente y luego estuvo un rato mirándome a los ojos. El minutero se encontraba exactamente aquí. en doctor. levantó la cabeza y se dijo nueva-mente a sí mismo: -Ha cesado cualquier acción perceptible de los pulmones. volviéndose a sus compañeros -esto lo supuse por el soni-do de su voz-. Tiempo de sobra. inclinado sobre mí. El experimento que hice con él en su carruaje fue sólo de treinta gotas y pude comprobar que tenía un cerebro sumamente sensible. -¿En el café caliente? -Sí. -¿Cuánto tiempo hace exactamente? Le dije que se fijara en la hora exacta. . -Acción suspendida -dijo para sí. ¿comprenden? Si tuviera usted alguna duda. mudándolo de una parte a otra. como si tratase de oír un sonido muy lejano. ¿Está segura de no haberle administrado más de setenta? -Segurísima -sentenció la dama. di la verdad -la apremió el conde. me pare-ció un fragmento de membrana vegetal. Luego puso sobre mis labios algo que. Después. aun suponiendo que diez se desperdiciaran.

Y ahora. estos intrigantes me dejarán en la cama para que me recupere como buenamente pueda. debemos proceder con premura. ¿eh? -No puedo decirlo mientras no lo sepa. ha llegado el momento en que debe retirarse.. tornando inútil cualquier persecución. los dos procedieron a desnudarme. y luego la otra. pensé. ¿no? -dijo el conde. -Eso ya lo arreglaremos en su momento. El conde tomó una vela y franqueó la puerta situada en el extremo de la habitación. La naturaleza y finalidad de aquella atención para con mi persona me resultaban harto extrañas. -Supongo que se marchan de Francia -dijo el ex marqués. y no quedará en su estómago ni una par-tícula de fluido. Quien no haya pasado por ello no conoce los terro-res de la muerte próxima.. -Sí. Luego se recuperará. tarea que despacharon en pocos minutos. Mañana mismo -contestó el conde. . -Y ¿adónde piensan ir? -Eso no lo hemos decidido aún -contestó rápidamente. me resultó tranquilizador oír que no tenían inten-ción de asesinarme. En cualquier caso. Luego me enfilaron la prenda que el doctor había llamado mi cami-són. -Entonces. pero pronto me resultó claro que sus planes eran bien diferentes. -Así que no lo quiere decir a un amigo. mientras aprovechan para escapar con su botín.madame-dijo el doctor volviéndose a la dama y hacién-dole. Primero cerró con llave una puerta. volviendo con un rollo de lino en la mano. más pare-cido a los que utilizan las mujeres que a los masculinos. aquí están -contestó el conde. yo todavía no sospechaba nada. un sayal que me cubría hasta los pies. La dama pasó a la habitación en la que yo había tomado mi traicio-nero café. cuando la mente está límpida. a pesar de la urgencia del momento. en silencio. Y ahora. -Es hora de que lo tumbemos. los instintos de la vida intactos y ninguna excitación perturba la apreciación de este horror completamente nuevo. -Sí. Este negocio ha resultado ser muy poco provechoso. ¿Están aquí su camisón y su sosiega? Ya me entienden. una reverencia-.-Entonces durará probablemente siete horas. -Por supuesto. Tal había sido mi gran esperanza hasta entonces. que anudaron bajo mi barbilla. y ya no volví a verla. señalándome a mí con el dedo. La evaporación será completa. así como un gorro.

pero como se habían interpuesto entre el objeto arrastrado y yo. se plantó a los pies del ataúd y echó una última mirada general. juicio final y tormento eterno lograron distraerme de mi destino inmediato. me encontraba sostenido por éste.El conde y Planard entraron juntos en la estancia situada justo enfrente de mí. Si. que era muy metódico. y hasta había escrito a algunos amigos míos de Inglaterra diciéndoles que no esperaran carta mía durante tres semanas por lo menos. según oí decir después. Yo mismo había contribuido a dar falsas pistas a la policía. El conde. lo vi con meri-diana claridad. después de llevar varias horas en la tumba. tal y como me quedó grabado en la memoria . yo lo mantendré en posición vertical para que usted le meta los pies en el ataúd. sin dejarme escapatoria alguna. Luego. perecería allí dentro de la manera más horrible que se pueda imaginar. la muerte había llamado a mi puer-ta. Lo habían dejado en el suelo. los vi entrar de espaldas por la puerta. Yo mismo había dado. poco a poco me fueron dejando caer. Arrastra-ban algo que producía un ruido sordo y prolongado. y. Y ahora. con su nom-bre en la placa encima de mi pecho y una tonelada de barro sobre mi ataúd. Oí un cuchicheo y luego el ruido de pies que se arrastra-ban. El ataúd estaba vacío. No me empeñaré en describir lo que es de por sí indescriptible: el horror en estado puro que se había adueñado de mi alma. como había indicado Planard. El funeral deSt. Un instante después.Amand. hizo un lío con ella y la guardó. se exhumaba el ataúd y se examinaba el cadáver en él encerrado. cogió mi ropa. ningún análisis químico podría detectar huella alguna de veneno. pegado al sillón en el que yo estaba arrellanado. vamos. Planard me extendió los brazos en paralelo a mis costados y. pero sólo pensamientos de terror. Dé a los hombres un par de napoleones. en caso de que mi desaparición despertara alguna sospecha. En medio de mi júbilo culpable. Traté de rezar en aquel momento de pánico sobrehumano. ¡horror!. encerrado en su ataúd. Ahora comprendí su abominable plan. uno junto al otro. Entonces. Planard levantó la tapa. cuando me despertara de aquella catalepsia.Catástrofe -Parecen buenos caballos. aunque habrá que cambiarlos por el cami-no -iba diciendo Planard-.Amandera una farsa para despistar a la policía. al parecer de satisfacción. no pude verlo hasta que lo hubieron acercado junto a mí. Aquel ataúd estaba destinado a mí. en uno de los tres armarios empo-trados que se hallaban disimulados en la pared. Era el ataúd que había visto antes en la estancia conti-gua. luego. las órdenes pertinentes enPère Lachaise y había abonado los gastos del entierro del inexistentePierredeSt. y firmado. por algún capricho de la curiosidad o de la sospecha. Me ceñiré a describir lo que ocurrió. alisándome con cuidado los encajes de la pechera y los pliegues del sudario.cuyo lugar iba yo a ocupar. asegúrese también de que quedan bien juntos antes de cubrirlos con el sudario. ni el más exhaustivo examen podría detectar rastro alguno de violencia. de pie sobre un extremo del ataúd. CAPÍTULO XXVI . es preciso tenerlo todo terminado para antes de las tres y media.

sino según lo que supe después por algu-nas personas. Yo me he permitido asegurarle. y sin ninguna dilación. -El conde deSt. Estaba algo detrás de la cabecera del ataúd. -MonsieurCarmaignac. gabinetes y armarios empotra-dos pueda haber en su casa. No me dejaron mucho tiempo para tratar de adivinar lo que iban a hacer conmigo. que no hay nada más falso que dicha información y que usted no tiene ningún tipo de inconveniente en abrir de par en par. El resto lo debo relatar. por haberse anticipado a mí. se movía con cierta arrogancia. El conde se puso los guantes negros y. pudiendo sólo distinguir lo que se pronunciaba clara y distintamente. y de que una porción de ellas se oculta en esta casa. espero que permita al conde deSt. Gracias. pues el conde no quería bajo ningún concepto que hubiera en la habitación algo que delatara precipitación o desorden.Alyre asistir al funeral de su pariente. Después. los sonidos me lle-garon desde entonces de manera más apagada. -Por supuesto -exclamó el conde con voz firme. que . pues unos segundos después deslizaron una tabla cerca de mi rostro. Ha venidomonsieurCarmaignac. pero con el sem-blante súbitamente empalidecido-. Siento tener que comunicarle una inte-rrupción bastante inoportuna. cuantas habitaciones. mi querido amigo. a efectos de la inspección reglamentaria. Haga el favor de sujetar un extremo mientras yo sujeto el otro. pero mis superiores me prohíben revelarle dicho extremo. se preparó para dirigir el duelo con el mayor dramatismo posible. dejándome completamente a oscuras. Monsieur. Tras ajustar bien todos los tornillos. Planard fue el primero en llegar. y cuyos rápidos pasos oyó ense-guida aproximarse. -No deben entrar hasta que hayamos cerrado el ataúd -dijo Planard-. Su actitud había cambiado sensiblemente. Entró en la habitación desde la estancia en que había estado anteriormente el ataúd. al cual le han informado de que grandes cantidades de mercan-cías de contrabando inglesas y de otros países se han distribuido en este vecindario. esperando la llegada de las personas que acompañaban a Planard. Sí pude oír el forcejeo de un destornillador y el chirriar de varios tornillos según los iban introdu-ciendo. por cuanto sé. los dos hombres arreglaron la habitación y dispusieron el ataúd de manera que quedara perfectamente centrado sobre las guías. un caballero que desempeña un cargo importante en el departamento de policía. -Los empleados de pompas fúnebres están en el vestíbulo -dijo el conde. -Monsieurlecomte-dijo mientras franqueaba la puerta seguido de media docena de personas-. pondré mi casa y mis llaves a disposi-ción de sus investigadores tan pronto como me comunique qué mer-cancías de contrabando se están buscando concretamente. el doctor Planard dijo que iba al vestíbulo a llamar a los mozos encargados de llevarse el ataúd y colocarlo en la carroza fúnebre. lo cual podría haber dado pie a algunas conjeturas.de manera perdurable. esta orden de registro deberá bastar para probar al señor conde que tengo instrucciones precisas para proceder a un registro general. con un pañuelo blanco en la mano. Ni la voz de Jehová hablando entre truenos me habría resultado más espantosa que aquellos ruidos vulgares.Alyre me disculpará -contestó Carmaignac algo secamente-. no como llegó entonces hasta mis oídos (oía de una manera demasiado imperfecta e interrumpida para poder perge-ñar una narración fidedigna).

como usted ve -intervino Planard señalando con el dedo el ataúd-..yace aquí muerto. Otra mirada rapidísima a Planard. pero tenemos un deber que cumplir..monsieur. descuide. A ver. No puedo tolerar semejante indignidad. peroPhilippe-un hombre calvo y con el rostro más tiznado que el de un carbonerodejó en el suelo una caja de cuero de herramientas.cabrían en un espacio muy reducido. -Lo siento.. Se trata simplemente de levantar la tapa. pero no conoce tan bien como yo las artimañas al uso entre los criados. el destornillador. -¿Que si lo he visto? Tantas veces.Amand?Pobre hombre. Por ejemplo. a su amado pariente.. ya se sabe. -Me refiero al cadáver. supongo. -dijo el conde. manifiestamente apenado.. señor. Si todo está en orden. a veces se ocultan cosas tan extrañas en lugares tan extraños... Cuando me ordenan registrar.Amand-contestó el conde con altivez.Es decir. -Por supuesto quemonsieurlecomtecree lo que dice. Pero confío en que este retraso no les ocasione ningún problema. los criados son a veces tan ingeniosos. Claro que sí. tras echar un vistazo al ataúd y tantear con la uña las cabezas de los tornillos... Usted permanecerá en esta habitación. -Discúlpeme. esa herramienta. yo registro. se rompió al colocar el último tornillo. señor.. -N. de la que. -Pero..monsieur. sólo un momento. y.monsieurPierredeSt. no puedo permitirlo.Monsieurlecomteno debe suponer en ningún momento que yo sospecho de él. -El tiempo suficiente para reconocerlo.. y la tapa cayó a un lado. No.replicó el conde con tono perentorio acercándose al ataúd y extendiendo los brazos sobre él-. Además. -¡Ah! Entonces lo ha visto usted. El conde intercambió una rápida mirada con Planard. -El cadáver de mi pariente. que . Lo conozco demasiado bien. eso no puedo permitirlo. semejante profanación. usted habrá tenido el gusto de ver otra vez.pero tengo órdenes estrictas al respecto. supongo -insinuó el caballero.Philippe.monsieur. -Las cosas que yo busco -dijomonsieurCarmaignac. seleccionó un destornillador y.. no puedo decir con seguridad qué es lo que contiene ese ataúd. -No habrá tal. Perfecta-mente. y cuyo cadáver va a trasladar hastaPèreLachaise una carroza fúnebre que está lista para par-tir en la puerta. con unas hábiles vueltas a cada uno de los tornillos. -Eso. Vi de nuevo la luz. Lo he reconocido al instante. y le doy mi palabra de honor que en ese ataúd no hay 3 nada más que el cadáver. Mis instrucciones son bien precisas. -Por supuesto.quita la tapa de ese ataúd. la última-vez. ¿Cómo no iba a reconocer a PierredeSt. que suelen estar bastante avezados en el arte del contrabando. siento decirlo. yo debo actuar como si sospechase de todo el mundo. El conde protestó. como es de suponer. éstos se alinearon como una hilera de setas. Levantemos la tapa.

Naturalmente. aquí hay un reloj y un montón de sellos. no se preocupe. -Ya veo.. por donde estaba entrando un gendarme. B. Beckett. no está muerto. le ruego asista al funeral en mi lugar. señor. -Mi querido conde deSt.nosabría decirle -contestó el conde-.. a fe mía. -Aquí hay tarjetas de visita. y también un pañuelo marcado con las iniciales «R. por haberle robado y trata-do de asesinar.. -Espere unos minutos -insistió impertérrito Carmaignac-.» Ese criado Lablais debió de ser un consumado granuja. -Planard. conde de St. Y. me parece. oh maravilla.. Dios mío! ¡Si hubiera podido simplemente soltar un alarido! Veía cómo el careto pardusco y mezquino del pequeño conde me miraba fijamente desde el otro lado.». En este momento soy yo el único que da aquí órdenes con relación al ataúd. una vez abierto el armario. retirándose-.Pues. Lleva usted toda la razón. ¿De quién es esa ropa? -preguntó Carmaignac cuando..creía haber visto por última vez..Berkeley Square». yo no tengo nada que objetar -dijo el conde-. ¡Oh. uno de ellos con las inicia-les «R.. Como mi estado cataléptico me obligaba a mirar de frente y fijamente. No está bien hacer trabajar más de la cuenta a personas que cobran un sueldo moderado por el trabajo nocturno. Quiero ver lo que hay dentro. y. -En efecto. -Se me ocurre que podría haber robado también esta ropa -prosiguió Carmaignac.. llamado Lablais.Alyre. R. -Le ruego pida a su operario que vuelva a colocar la tapa del ataúd y la asegure bien con los tornillos -dijo el conde. No hay nada aquí de lo que busco. recuperando el valor-. Había también en la habitación otros dos agentes. a quien despedí hará un año.«Mr. el cual en ese caso seríamonsieurBeckett y nomonsieurdeSt. . graves y fornidos.intenta abrir ese armario con la llave maestra. Pareció desagradablemente asombrado. Por su manera de mirarme. tenía la llave. Y. mando arrestar aNicolasde la Marque. -Pues. Vi cómo la cara de Carmaignac se inclinaba sobre mí con un curioso fruncimiento de ceño. Pero el eje de mi visión seguía inmóvil. sino simplemente drogado. Hace diez por lo menos que no lo he visto abierto. -Yo. y-el funeral debe seguir adelante. Mandaré a alguien a buscar la llave. la situación se estaba volviendo insostenible. No sé nada del con-tenido de ese armario. en aquel momento sólo veía el techo. Primero debo pedirle la llave de ese armario -agregó señalando en dirección del armario en el que acababan de esconder mi ropa. El conde miró en dirección de la puerta. el reloj aún tiene cuerda. Es probable que esa ropa sea suya. pero no caía en la misma línea recta de mi visión. Hubo también otros rostros que me echaron un vistazo. Un criado sinvergüenza. como este caballero me pone trabas para asistir a las exe-quias de mi pariente. ya veo -dijo Carmaignac. B. me pareció que no me había reconocido. sacó el traje que mis secuestradores habían metido allí apenas dos minu-tos antes. el cortejo saldrá dentro de unos minutos. Sólo que. hace siglos que no se usa.El hombre del ataúd. Debe de haberlos robado a una persona llamada Beckett.Philippe. el rostro del seudomarqués también me miraba.dice la tarjeta.monsieur.Beckett.Alyre.al hombre que está en ese ataúd.Amand. -Si no la tiene a mano.

Había mantenido el mayor secreto en cuanto a las heridas sufridas en el rostro. La trama de aquellos infames conspiradores se había urdido con una habilidad y un sigilo consumados. el acta de defunción la había firmado -y dado la orden de inhumacióny abonado los gastos. El resultado fue que el ojo de cristal que había ocupado el lugar del perdido seguía aún en su cuenca. Aquel GabrielGaillardehabía sufrido una grave caída de un caballo desbocado unos cinco años antes de su misteriosa desaparición. donde lo habían reajustado. ligeramente descolocado. que lee el corazón de los hombres. sobre cuya tapa -al igual que sobre la lápida sepulcral. de lo contrario. como es lógico. con dos gendarmes sentados a cada lado. Me colocaron en un baño caliente. Enseguida contaré cómo hicieron fracasar aquella conspiración con-tra mi propiedad y mi vida. ora suplicando impíamente a «Dios. que había acudido a identificarme. Desde hacía tiempo venía sospechando. pero que ahora estaba completamente al servicio de la acusación. que habían sido el conde deSt. ora amenazando. Esta estratagema. Molde que encajaba a la perfección con la placa de oro hallada en la mandíbula de la calavera. fue sacado a rastras de la habitación y colocado en el mismo coche celu-lar en que se encontraba ya su bella y criminal cómplice. mintiendo y delirando de esta guisa. el viejo bandido era apresado. La identificación fue curiosa. Se abrieron varias tumbas enPèreLachaise. bajo la dirección de Planard. y. Antes debo decir unas palabras sobre mi persona. de índole muy dis-tinta. En aquel caso concreto. Una era la del fanfarrón coronelGaillarde.Amand. se abrió una investigación. A esta sospecha vinieron a sumarse otras más siniestras todavía.Alyre y su bella compañera. probablemente habría seguido bajo los efectos de la droga unas siete horas.Un instante después. quienes lo habían dejado sin blanca. ora protestando. y oí cómo solta-ba con su voz discordante una vehemente e inconsecuente perorata. Allí se añadieron al concierto general dos voces. Sólo uno fue identificado.cuyo molde. que desde hacía tiempo venía consideran-do patrimonio propio para cuando la muerte se llevara a su hermano de este valle de lágrimas. Estas medidas sencillas me restauraron en el espacio de unas tres horas aproximadamente. de factura muy parti-cular. inmediatamente por encima del tobillo. por algu-nos cabos sueltos que había logrado atar. La persona para la que se había encargado la tumba era puramente ficticia. accidente en el que había perdido un ojo y algunos dientes. colaborasen en crear el misterio que hacía defi-nitiva su propia destrucción. además de sufrir una fractura en la pierna derecha. Hacían que sus víctimas. entre cuyo número me contaba yo. Por supuesto. tan ingeniosa como monstruosa. debido a las peculiaridades del accidente. pero fácilmente reco-nocible por el artífice que lo había confeccionado. un granuja tan redomado como sus compinches.se había inscrito un nombre falso.a quien a duras penas habían logrado mantener callado hasta entonces. La otra era la de mi jovial amigo Whistlewick.un tal GabrielGaillarde. Era muy probable que a mí me hubieran reservado el mismo honor con el seudónimo dePierredeSt. que uno de los dentistas más mañosos de París había adaptado para las encías del talGaillarde. siendo el pro-pio GabrielGaillardeel que había acabado ocupando el ataúd. El coronel se había enfurecido por la pérdida de su hermano menor. había sido llevada a cabo con éxito en su caso. La rotura del hueso por encima del tobillo.» Y. que también habían seguido con-migo. Más fácil aún de reconocer fue su dentadura. y más aún por la de su dinero. Los cuerpos exhumados llevaban allí demasiado tiem-po. también pre-viamente arrestada. en un principio más a consecuencia de la rabia -lo que le inducía a creer lo que fuera. había conservado por fortuna. condesa o no. fueron conducidos directamente a laConciergerie.que de hipótesis con . correspondía también al lugar donde se había fracturado la pierna GabrielGaillarde. y estaban demasiado descompuestos para ser reconocidos.conocido del empleado que se había encargado de tramitar el funeral.

Fue ella quien. saca-do de la fortuna no muy boyante del conde y de la soi-disante condesa. me convertí en una especie de personaje público.fundamento. e incluso hicieron de mí varias caricaturas. dignidad «parala que no había nacido» yde la que huí tan pronto como pude. pero. pueden creerme. de donde había sido rescatada por el conde para que se convirtiera en su cómplice principal. A la bella Eugénie le asistieron circunstancias atenuantes -al parecer. sin ni siquiera honrar a mi amigo el marqués de Harmonville con una visita a su confortable castillo. había espiado mis docu-mentos durante el memorable viaje nocturno a París y quien había interpretado el papel de maga dentro del palanquín con ocasión del baile . El coronelGaillarderecuperó parte del dinero de su hermano. admirablemente disfrazada. su especial belleza. Hasta había mandado venir a un médico famoso. los ladrillos que vi en la estancia del ataúd habían sido transportados hasta allí envueltos en paja para hacer creer en la existen-cia de un cadáver y evitar las sospechas y contradicciones que podría haber originado la llegada de un ataúd vacío al castillo. Mi viaje a París. se convirtió en informador de la policía y concertó con ella la visita realiza-da al castillo de la Carque en el momento crítico en que se pudiera coger al conde y a sus cómplices con las manos en la masa y tener pruebas fun-dadas para la acusación.se hallaban en peligro. El resultado fue que él impuso las condiciones de su propia libertad. Lejos de abordarme con ánimo hostil. los magníficos brillantes de la condesa fueron tasados por un joyero y vendidos por unas cinco libras a una reina de la tragedia que andaba necesitada de un aderezo de oropel. Se me tildó de zopenco.en caso de que fracasara Planard. descubrí que fui más bien objeto de pitorreo -bondadoso pero despectivo-. Finalmente. «por los pelos». En segundo lugar. un incidente fortuito dirigió al coronel sobre la buena pista. fue ejecutado. me dio cortésmente la mano asegurán-dome que consideraba el bastonazo que le había propinado en la cabeza como un revés recibido en una lid un tanto irregular pero de cuya justi-cia y validez no le cabía la menor duda. su cómplice.y la condenaron a sólo seis años de cárcel. La condesa había sido años atrás una de las actrices más destacadas en la pequeña escena de París. Creo que sólo me queda referirme a dos detalles suplementarios. Yo hice de principal testigo de cargo en aquella cause célèbreydisfruté de todos los atractivos que se derivan de tan envi-diable cometido. El conde. para mi mortificación personal. Un capricho del azar puso sobre aviso al granuja de Planard de que los conspiradores -incluido él mismo. Huelga decir que la policía actuó con suma precaución para poder recoger todas las pruebas conducentes a constituir un acta de acusación condenatoria. junto con la ejecución del conde. Es decir. Esto. como dijo mi amigo Whistlewick. no había resultado tan agradable como había esperado. El marqués salió bien parado. ino-centón y tonto. En primer lugar. que. tuve la candidez de creer que iba a ser objeto de un interés considerable por parte de la sociedad parisiense. le devolvió el buen humor. después de haber salvado el pellejo. sería capaz de aportar las necesarias prue-bas médicas. Pero.

Tal vez convenga añadir que la superstición ilustrada por el siguiente relato -a saber. toda vez que intensificaba el misterio y hacía que el profeta se mantuviera vivo en las conversaciones de la gente y en los pensamientos de los bobos con quienes éste había dialogado. Es un docu-mento más entre otros muchos parecidos. en que abun-daba la región donde residía. durante su primer período de ultratumba. Tengo motivos sobrados para agradecer al misericordioso Señor del universo aquella temprana y terrible lección sobre las imprevisibles celadas que nos puede tender el maligno.goza aún de plena vigencia en el sur de Irlanda. que el último cadáver enterrado está obligado.por consideración para con los callos de su añorada esposa. con objeto de mitigar la fatiga de sus inevitables excursiones en busca de agua para repartirla entre las sedientas ánimas del purgatorio. El que esto escribe da fe de un caso en el que un labriego respetable y acaudalado de la comarca deTip-perary. uno para los días secos y otro para los húmedos. uno ligero y otro pesado. Pero también dejó en mí otros sentimientos más graves y profundos.a una concepción más feliz. una raza ahora prácticamente desaparecida. en mi calidad de «legatario residual». pues nuestro párroco era un concienzudo coleccionista de antiguas tradiciones locales. que marcaron definitivamente mi vida. de la vida. metió en su ataúd dos pares de borceguíes de cuero. que durante casi cincuenta años había desempeñado la ardua tarea de párroco en el sur de Irlanda. La mascarada también había tenido como objeto seleccionar a otras víctimas potenciales. me condujo -aun-que aún debieron pasar algunos años. interés que temían pudiera desfallecer. me tropecé con el documento que adjunto más adelante. pero yo nunca había sabido que su afición a lo maravilloso y lo fantástico lo había llevado a poner por escrito los resultados de sus investigaciones hasta que. y no por ello menos seria. su testamento dejó en mis manos todos sus documentos manuscritos. A quienes piensen que la redacción de tales escritos desentona con el carácter y modo de vida de un cura de pueblo no les vendría mal recordar que existió una raza de sacerdotes -los de la vieja escuela. de las que ya no es el caso ponernos a hablar aquí.de disfraces en Versalles. EL FANTASMA Y EL COLOCAHUESOS Mientras echaba un vistazo a los papeles de mi ínclito amigoFrancisPurcell -que Dios tenga en su santa gloria-.cuyos hábitos y gustos literarios eran en muchos aspectos más refinados que los de los estudiantes de Maynooth. La recogida y ordenamiento de tales leyen-das era. La horrible impresión que produjo en mi espíritu se debió en buena parte a la simple acción de mis nervios y mi cerebro. Eran famosos los terribles conflictos que se . Aquel sofisticado embuste había tenido por objetivo mantener vivo mi interés por la bella condesa. a abastecer a sus compañeros de cam-posanto de agua fresca para calmar la sed ardiente del purgatorio. todavía lo recuerdo. La introducción de un cadáver real -procurado por una persona que abastecía a los anatomistas de Parísno implicaba ningún peligro real. Yo repartí el resto del verano y el otoño entre Suiza e Italia. su principal hobby. aquella vivencia hizo de mí un hombre más experimentado que amargado. Como suele decirse.

señorías. empleadas pensan-do sin duda más en su efecto eufónico que en la corrección de las mis-mas. En fin. que era el caballero más cabal que había parido madre.que así se llamaba mi padre. Pues bien. No mucho después. y puedo asegurar. él acudía siempre a declarar en su favor. esto no viene a cuento-. pero. que Dios se apiade de todos nosotros. pues fue a mi propio padre a quien le pasó. circunstancia que puede explicar la presencia de varias palabras algo fuertes en el transcurso de la narración. de Drumcoolagh: Voy a narrar la siguiente historia tratando de emplear. Y no había nadie como él en toda la comarca que trabajara la tierra igual de bien. como iba diciendo. cada cual empeñada en asegurar a su falle-cido la prioridad en la sepultura. y. donde estaba su retrato. por cierto. Pero era costumbre que. Se podrían citar asimismo otros muchos casos parecidos que muestran la vigencia que tiene todavía esta superstición entre los cam-pesinos del sur. y se la oí contar a él mismo muchas veces. quiéralo Dios. pero eso no tiene importancia. el viejo caballero solía salirse del cuadro de la pared. pasó el ataúd por encima del muro para adelantarse así al que estaba haciendo su entrada por la puerta en aquel mismo momento. nada más natural pues nadie podía competir con él en recomponer con tanta habilidad la pata de una silla o una mesa. y romper botellas y vasos. tenía la costumbre de pasear en medio de la noche desde que se le había reventado un vaso sanguíneo al intentar sacar el corcho de una botella -cosa que cualquiera podría haber inten-tado. Y fue así como le dio por dedi-carse a la reparación de piernas rotas. y lo mismo digo trabajando la madera y reparando árboles viejos y otras cosas por el estilo. que había instruido durante mucho tiempo a la avispada juventud de su parroquia natal en las artes y ciencias liberales que juzgaba conve-niente profesar. en fin. todo iba viento en popa. como una especie de atención para con aquella vieja familia. de la manera más fidedigna posible. las pobres personas que se habían roto un brazo o una pierna y no podían poner el pie en el suelo. joven. algunos de los arrendatarios se quedaran vigilando en el viejo cas-tillo. y me enorgullece decirlo. Así pues. se dirigió al camposanto por un atajo y. esta historia tan extraña es más cierta que dos y dos son cuatro. las mismas palabras del narrador. cuandosirPhelim salía de viaje. Así pues. Así pues. paso ya directamente a someter a su consideración las portentosas aventuras deTerry Neil: Recórcholis. y someteré en cambio a su consideración el siguiente: Extracto de los papeles manuscritos del finado Rvdo. y seguro que nadie recordaba a un colocahuesos -niño. al ver que le iban bien los nego-cios compró un pequeño terreno junto a la propiedad del caballero Phalim. que Dios lo tenga en su santa gloria. saltándose a la torera uno de los más arrai-gados prejuicios. y .habían producido entre dos comitivas fúne-bres camino del cementerio. y la consiguiente exención del impues-to que gravaba a los familiares del último en ser enterrado. maña-na y tarde. aten-ción. por miedo a dejarse arrebatar por el otro fallecido esta inestimable ventaja. y seguro que lo intentará alguna vez. y me atrevería a decir que no hay mozo en ninguna de las siete parroquias que la cuente mejor ni más deprisa que yo. ocurrió otro caso en el que una de las dos partes. salvo que era algo aficiona-do a la bebida. acudían a su casa desde los lugares más distantes para que les recolocara los huesos. Pero no entretendré al lector con más preámbulos.FrancisPurcell. si a algún pobre hombre lo llevaban a juicio. hombre o viejo.más hábil ni más famoso en todo el país. bajo el viejo castillo.. y te digo también que. una zona bastante amena. que era un hombre honesto y sobrio. Los vecinos decían que el abuelo del amo. por cierto. Tal vez conven-ga observar que éste era lo que se suele llamar un hombre «bien habla-do».. que la palabra de mi padre era tan fiable como el juramento de cualquier gentilhombre del país. harto desagradable pues a nadie se le ocultaba que en el viejo castillo ocurrían cosas raras. como se podía ver dándose una vuelta por las tabernas del lugar.Terry Neil.

estuvieron conversando y fumando juntos de la manera más agradable. señorías.beber todo lo que encontraba -qué vergüenza. loado sea el Señor.Lawrence-dijo. al ver quién era. señorías. y a la tercera noche le tocó el turno a mi padre. lo invitó a pasar la noche charlando. -En el vestíbulo no se puede encender la lumbre -dijoLawrence-. cosa lógica en él.Si queremos observar la vieja costumbre. los dos bajaron a la cocina mientras el fuego prendía en el salón. en cierta ocasión la fami-lia del castillo se fue a Dublín a pasar un par de semanas.» Pero no tenía escapatoria. « ¡Vaya fastidio!». Llovía bastante y hacía una noche oscura y tenebrosa cuando mi padre llegó y se roció con agua bendita. y el fuego de carbón mineral y turba ardía estupendamente y les calentaba las canillas. Así. y ese viejo espíritu vagabundo. y al decirle mi padre que le tocaba a él montar la guardia en el castillo. algunos de los arrendatarios tuvieron que quedarse de guardia en el castillo. pues no está bien que la gente como yo se siente en el salón. Señor-. hasta que aLawrenceempezó a entrarle el sueño. me parece una buena idea. Y Larryle dijo: -Encenderemos un pequeño fuego en el salón. se dice para sus adentros. pues no quería queLawrencesupiera que tenía miedo. pues era bastante viejo y estaba acostumbrado a dormir mucho. mi padre y él se llevaban muy bien desde siempre. y luego. a la caída de la noche. «tener que pasar toda la noche en vigilia. al poco tiempo subieron y se sentaron conforta-blemente junto a la chimenea del salón.Terry.estoy simplemente cerrando los ojos para que no les entre el humo del tabaco y no se pongan a llorar. como si en su vida hubiera roto un vaso.muy bien.. Fue el viejo mayordo-mo. y acto seguido se echó un trago de whisky para ahuyentar el frío de su corazón. Así. el viejo picarón. quien salió a abrirle. subió al castillo con dos botellas. a fumar y a beber un poco de whisky.-Ah.. ron-dando por la casa y haciendo toda clase de travesuras. Pues bien. -Oh. reparen en esto. hay que observarla en toda regla. Y. con una expresión de absoluta inocencia en el rostro.LawrenceConnor. como les iba diciendo. lo que no tardó en producirse.y empezaron a hablar. dijo mi padre para sus adentros. volvía a su lugar.pues hay un viejo nido de grajos en la chimenea. si entraba alguien de la familia. -¿Y por qué no en el vestíbulo? -preguntó mi padre. una de whisky puro y otra de agua bendita. y decidió tomar la cosa con buen ánimo. -Así es imposible seguir hablando -dijo mi padre-. Vamos entonces a la cocina. «Al diablo con la vieja costumbre». Pues bien. ¿Es que no te das cuenta de que te estás durmiendo? -Por todos los demonios -dijoLarry-. y pueden estar seguros de que mi padre no hizo ascos a aque-lla invitación. como iba diciendo. -Recórcholis -dijo mi padre-. pues sabía que el cuadro del caballero estaba colgado en el salón. como de cos-tumbre. y.eso no puede ser -dijoLawrence-. Así que no te metas tanto con tus semejantes -agregó con tono .

sigue con tu historia. y eso que tenemos aquí una botellita para hacernos compañía! ¡Por los clavos de Cristo! -volvió a exclamar. Bueno. si lo hacía. -Recórcholis -dijo mi padre-. si he de morir. alargó la mano y agarró la botella de whisky y se trincó por lo menos medio litro. según creyó mi padre. ¡Ojalá que yo pudiera dormir así también! Dicho lo cual. -Ah -exclamó-. ojalá tuviera yo la mente tan sosegada como elLarry. una historia bastante divertida. hombre! A mí me tenía que pasar esto. él se quedó ronco y. que te estoy escuchando -agregó mientras volvía a cerrar los ojos. Por mucho que lo intentaba no podía dejar de mirar de vez en cuando al cuadro. como si estuviera quitándose la chaqueta de montar. pensó incluso que los muros del castillo iban a derrumbarse en medio de una conflagración universal. Además. pues. ¡Qué mala suerte tuve el día que me mandaron venir a este maldito lugar! De todos modos. cuando iba a dar un achuchón aLawrencepara despertarlo. mi padre trató de mantener la calma y hasta estu-vo a punto de quedarse dormido de no haber sido por la manera como atronaba la tormenta y crujían las ramas de los árboles y silbaba el viento a través de la viejas chimeneas del castillo.. por la otra.Si consiguiera dormir un poco. Así pues.brusco. no sirve de nada asustarse ahora. y en cuanto vio que así era. Y. fue la historia deJimSoolivan y su vieja cabra la que contó. Y. No está bien en un amigo ni en una persona con principios importunar al que está durmiendo. se puso a pasear por la estancia y a rezar tan intensa-mente que empezó a sudar (me perdonen sus señorías). -Y arrastró un sillón hasta donde estabaLawrencey se puso lo más cómodo que pudo. para impedir que un cristiano comoLawrencese durmiera. la manera como la contó mi padre creo que nunca había sido antes superada ni lo sería des-pués. que habría bastado para mantener despierto a un lirón y.lo primero que hizo fue quedarse mirándonos atentamente a ver si estábamos dormidos. Por cierto. unas veces fijamente y otras guiñándole un ojo. Después de un descomunal rugido del viento. antes de que llegara la historia a su final. lo cual era mucho peor aún. abrió los ojos rápidamente. y dar luego un salto sobre la chimenea para caer de pie sobre el suelo.. Pues bien. prosiguió con su historia. se le ocurrió de repente que.. con mayor razón. -dijo al darse cuen-ta-. se trincó casi medio litro de licor a ver si así se tranquilizaba un poco. -¡Vaya. pues la contó como si le fuera en ello la vida mientras trataba de mantener despierto al viejoLarry. Y. -¡Por vida en la mar serena! -exclamó mi padre-. señorías. ¿No es bastante duro lo que me pasa a mí? ¡El muy villano dice que es mi amigo y luego se me duerme de esta manera.. no haría ni tres minutos que había cesado la tormenta cuando mi padre creyó oír un ruido un tanto extraño enci-ma de la chimenea.LarryO'Connor ya estaba ron-cando como un hipopótamo. y ¿qué vio? Nada menos que al viejo caballero saliendo del cuadro. cuando se hubo despachado bien. y al final observó que el personaje del retrato lo seguía con la mirada a todas partes. mejor respirar a gusto. señorías. Venga. al ver mi padre que no servía de nada amonestarlo. a lo que iba. pero de repente la tormenta cesó y la noche se volvió más apacible que una velada de julio. Pero hubo una cosa bastante extraña que he olvidado referirles. éste se iría a la cama con toda seguri-dad y lo dejaría completamente solo en aquella habitación. volvió a colocarla con cuidado en el sitio de antes y se puso a pasear por la habi-tación con aire tan sobrio y paso tan firme como si no hubiera . que Dios lo tenga en su santa gloria-. la peor jugarreta de todas.aunque en realidad sus esfuerzos no le sirvieron de nada pues. pues tenía un carácter muy fuerte. por una parte. No lo molestaré al pobre. el viejo taimado -y ésta fue. Pero como seguía igual de nervioso.

. Y ahora escúchame bien. siempre que pasaba por su lado.. lo que es más. como tendría derecho a estarlo. y esto fue lo que más lo asustó. tan cerca. ¿Que Dios me tenga a mí en su santa gloria? ¿A cuento de qué. tú eres un hombre respetable (y no le faltaba razón). Que Dios lo tenga en su santa gloria. -Gracias. Me asombra cómo puedes tener la inso-lencia de sermonear a un caballero acerca de su alma. mi padre casi ni se había inmutado hasta que el espíritu pasó a su lado. no es culpa mía. sintiéndose algo mejor-. y la gente como tú no tiene por qué soltármelo a la cara cada dos por tres -exclamó con un taconazo en el suelo que hizo retumbar el entarimado. que Dios lo tenga en su santa gloria-. ¿Qué. al menos eso había oído decir al padre Murphy. notaba un fuerte olor a azufre. -Terence -dijo el caballero-. Usted fue siempre un gentilhombre muy educado. pues estaba más muerto que vivo-.tu abuelo. cuyo rostro se iba volviendo rojo de furor-. -Eso es una verdadera lástima -exclamó mi padre-. -Y que lo digas -refrendó el caballero-. yo me dirijo a quien es . -Bien -dijo el espíritu-. y sumamente caritativo y humano con los pobres. ¡que Dios se apiade de todos nosotros!. señoría -asintió mi padre. para servir a su señoría -dijo mi padre con la poca voz que le permitía el miedo. pues sabía que era azufre lo que ardía en el infierno. con perdón de sus señorías.Yo siempre fui un buen amo para PathrickNeil. Aunque yo era más sobrio que la mayoría de los hombres (al menos que la mayoría de los gentilhombres). no ha sido para que me cuentes tu triste vida ni para conversar con un tipo como tú para lo que he subido aquí. a pesar de todo ello no estoy a gusto donde me encuentro ahora.Terry Neil? -Pues aquí estamos. señorías. y aunque en diferentes períodos fui un cristiano bastante aceptable. cómo te va. -Eso es cierto por mi honor. cuando se trata de arreglar cosas como ésta -dijo dándose un golpecito en la pierna-. Terence Neil.. Es un honor para mí poder ver a su señoría aquí esta noche. Pero mi padre. Soy desde luego un pobre hombre idiota e ignorante. De todos modos. por pequeño que pareciera). Pues bien. -Eso es también una gran verdad -volvió a convenir mi padre (aun-que era una gran mentira. -¡Ay! -se disculpó mi padre-. creo que siempre fui un caballero sobrio y cabal -agregó el otro. deteniéndose a dos pasos de mi padre y volviéndose hacia él-. Tal vez desee su señoría hablar con el padre Murphy. el cual sabía de aquello más que nadie -el pobre ya murió. -¿Que Dios me tenga en su santa gloria? -repitió el espíritu.. -Y.señoría -dijo mi padre. un hombre trabajador y serio. que el olor a azufre le impidió respirar y le dio un ataque de tos que casi lo tira al suelo. ignorante gañán. Así que eres tú el que está aquí. pero no tenía más remedio que seguirle la corriente). -Sujeta la lengua.tomado ni una gota. cacho zopenco? ¿Dónde te has dejado los modales? Si estoy muerto. miserable canalla -dijo el caballero-. mejor dicho para lo que he bajado (mi padre tomó buena nota de aquel desliz. No es en mi alma en la que estoy pensando. -¡Caramba!-exclamael caballero. ejemplo de sobriedad para toda la comarca.

y ahora tira con todas las fuerzas que te queden. -Bah. de lo contrario. alzó la botella de agua bendita. agarró con fuerza la pierna y empezó a tirar y a tirar hasta que el sudor empezó a bajarle por la sien. -¡Tira más fuerte. para tu conocimiento. En el lugar en el que paso la mayor parte del tiempo. el alegre sol matutino se filtraba entre los posti-gos de la ventana. déjate de monsergas. no es mi alma lo que más me preocu-pa. por todas las Potestades y Dominaciones que no dejaré un hueso de tu esqueleto sin triturar. ya que todos están siempre sedientos y beben más agua de la que pueden transportar mis piernas. sepa su señoría -dijo mi padre. Terence -brindó-. le salió mal la treta pues cogió la botella equivocada-. Sólo sirvo para hacerlo con personas de mi nivel. Me preocupa mi pierna derecha. Mi padre fue aquella mañana a ver al padre . -Como mande su señoría -dijo mi padre. Al oír aquello. -Oh. -¡Más aún! -aulló el caballero. hijo del diablo! -exclamó el caballero. Y precisamente lo que más me fastidia es la invalidez de mi pierna. con la pata de un butacón viejo arrancada de cuajo en una mano. si bien. a quien no le hacía ninguna gracia andar toqueteando a un espíritu-. y él se hallaba tumbado boca arriba. que me rompí en el cobertizo de Glenvarloch el día que maté al negro Barney. ydesde luego mucho más de lo que me convendría. pero tan pronto como ésta hubo rozado sus labios dejó escapar un grito tan espantoso que pareció que el techo y los muros se iban a venir abajo y le entraron unos ataques y convulsiones tan terribles que la pierna se le descoyuntó y quedó atrapada entre las manos de mi padre. (Mi padre explicó después que se trataba de un caballo de carreras que había sufrido una grave caída al saltar la gran valla que rodea la cañada. pese a lo astuto que era. so necio -exclamó el caballero-. te lo puedo asegurar. el caballero salió despedido por encima de la mesa. mi padre comprendió que no le valía escurrir el bulto. Cuando volvió en sí. mientras el viejo Larryseguía durmiendo y roncando más fuerte que nunca. No es mi alma -prosiguió sentándose enfrente de mi padre-. antes me tomaré un traguito para no desfallecer -dijo el caballero alargando la mano hacia la botella con el pretexto de que se encontraba débil. pues. Por tu salud. Dicho lo cual. salvo el pequeño recreo de que dispongo para echar un vistazo por aquí.) -Espero -dijo mi padre. y eso es todo. la gente donde me encuentro es terriblemente aficionada alagua fría.experto en la materia. que no seré yo el insolente que haga semejante cosa a una persona tan eminente como su señoría. y lo peor es que allí hace muchísima calor y a mí me han encomendado la tarea de ayudar a llevar elaguas aunque me dan muy poco a cambio. -Bueno. una tarea de lo más engorrosayaburrida. así. que es lo que más ansía. Toma. arréglamela bien. tengo que andar mucho más de lo que andaba antes. -Sujeta esa lengua. y te diré por qué me preocupa mi pierna. Mi padre tiró como un poseso.que a su señoría no le preocupe haberlo matado. y mi padre cayó de espaldas al suelo en medio de la habitación. a la que quie-ro que le des un achuchón o dos hasta que encaje el hueso en su sitio. pues. aquí está mi pierna -dijo el caba-llero levantándola para que se la cogiera-.

Murphy. este atuendo no es hábito de ninguna orden religiosa. pues registra fidedignamente una escena extraordinaria y misteriosa. Aparte. y casi en la más completa oscuridad. Y en verdad que así es. el cual esboza una de esas sonrisas enigmáticas que tan bien sientan a una mujer bonita cuando está tramando una jugarreta. como es habitual en todas sus obras. El curioso tratamiento de la luz constituye. ya por haber perdido su pierna. como si fuera a desenvainarla de un momento a otro. de mí su vara y deje de amedrentarme su estampa. Este cuadro singular posee algo que le imprime carácter de realidad. ni hay nadie que pueda imponer su mano sobre nosotros dos. pues. ya fuera porque no le había gustado el líquido. El cuadro en cuestión muestra el interior de lo que podría ser la cámara de algún antiguo edificio religio-so. Y digo aparente porque su verdadero valor estriba en el tema y no en el tratamiento. y desde entonces hasta el día de su muerte nunca dejó de confesarse ni de ir a misa. el primero y me parece único amor de Godfrey Schalken. que . pese a que éste es ciertamente exquisito. rostros y situaciones que han existido en la realidad. o fantasma. » Hay una obra extraordinaria de Schalken que se conserva bastante bien. SCHALKEN EL PINTOR «Pues es un hombre con el que no tengo nada en común. Sin embar-go. que conoció bien al pintor. un retrato perfecto de RoseVelderkaust. el principal mérito aparente del cuadro. en cuyo primer plano aparece una figura femenina ataviada con una especie de túnica blanca. La figura sos-tiene en la mano una lámpara. Hay algunos cuadros que nos impresionan y asombran por la mane-ra especial en que representan no simples formas y combinaciones idea-les que han pasado por la imaginación del artista. único foco de luz que ilumina su figura y su rostro. En segundo plano. y lo que contó lo creyó todo el mundo. la mano sobre la empuñadura de la espada. sobre todo porque prácticamente no volvió a hablar de ello nunca más. Mi bisabuelo. que le cae desde la misma cabeza. la sobrina de Gerard Douw. y eterniza. en cuanto al caballero. el caso es que nadie supo que hubiera vuelto a pasearse por allí. Y. salvo el contorno de su silueta definido por el tenue arrebol de una vela agonizante. le oyó contar a él mismo la terrible historia del cuadro. sino escenas. se aprecia la figura de un hombre vestido a la antigua usanza de Flandes en actitud de alarma. en el rostro de la figura femenina que ocupa el lugar más destacado del cuadro.

Era una composición reli-giosa que representaba las tentaciones de un rechoncho san Antonio. aunque tímida. y. Era el pintor más dichoso y orgulloso de toda la cristiandad. con la otra blandía el trozo de carboncillo que tan mal había cumplido su cometido. lo cual suponía media batalla ganada. en el pecho. Mientras con una mano se apartaba de la frente sus luengos mechones. a pesar de su temperamento flemático. como anochecía deprisa. se distinguían los eslabones de una cadena del mismo metal. dejó a un lado los colores y se aplicó en terminar un esbozo en el que había puesto un empeño extraordinario. hombre desgarbado pero diestro pintor de óleos que deleitan a los críticos de nuestro tiempo casi tanto como sus modales repugnaron a los refinados de su tiempo. Huelga decir que sus esfuerzos se intensificaron a partir de entonces y que. y no se atrevía a pedir al viejo Gerard la mano de su preciosa pupila. destinados a sufrir un inesperado contratiem-po. pese a no tener una espe-cial inclinación religiosa. En la espaciosa y vieja estancia reinaba un gran silencio. maldito diablo.RoseVelderkaust era más joven que él. Pero aquellos intensos esfuerzos y las esperanzas que los sostenían y embellecían estaban. pues no había alcanzado aún los diecisiete años de edad. este hombre. voy a intentar relatar. A pocas personas les sienta tan mal el manto del romance como al zafio Schalken. El joven pintor la adoraba y amaba con toda su alma. en sus días menos gloriosos pero más felices fue el protagonista de un exaltado romance lleno de misterio y pasión. la tradición oral que circula asociada al mismo. se enamoró perdidamente de la bella sobrina de su adinerado maestro. . poseía la delicadeza y gentileza que acompañan a las bellas y rubias doncellas flamencas. eran numerosas las raspaduras y correcciones de que habían sido objeto el santo y el demonio. El joven artista poseía suficiente discernimiento. Schalken llevaba unas dos horas traba-jando de esta guisa. si hemos de creer lo que se cuenta. sin embargo. Pero había algo que empañaba su júbilo: era pobre y desconocido. aunque todas ellas en vano. La paciencia del joven pintor estaba agotada. a la luz del último resplandor del crepúsculo. Y su amor no quedó sin recompen-sa. para no sentirse satisfecho de su obra. y cuyas manchas se dispuso ahora a limpiarse en sus holgados calzones flamencos. Y ahora.luego le regaló. Primero tenía que labrarse un nombre y ganarse la independencia profesional. así. ay. y. En sus años jóvenes Schalken estudió con el inmortal Gerard Douw. en la mano. -¡En qué maldito momento se me habrá ocurrido pintar este tema! -exclamó el joven-. se vieron coronados por el éxito. Un día en que Schalken se hallaba trabajando en el taller después de que sus compañeros se hubieron marchado ya a sus casas. Se sentía furioso y mortificado ante aquella producción inacabada. Pero había ganado el corazón de su queridaRose Velderkaust. y. una perturbación tan extraña y misteriosa que torna inútil toda investigación y arroja sobre la propia historia una sombra de terror preternatural. El relato y el cuadro se han convertido en una especie de patrimonio de nuestra familia. Así pues. durante la cual tendría que hacer frente a innúmeros obstáculos. maldito santo! En aquel momento oyó cerca una especie de resoplido seco que le hizo volverse bruscamente y percatarse de que su trabajo estaba siendo observado por un desconocido. que llevaba protegida por una especie de guantelete. sabía que le esperaba una época dura llena de incertidum-bres y desabrimientos. Un buen día le declaró sus sentimientos y arrancó de ella una res-puesta afirmativa. A un metro y medio por detrás de él se hallaba un anciano envuelto en una capa y tocado con un sombrero cónico de ala ancha. portaba un largo bastón de ébano rematado por lo que parecía. y. sin éxito aparente. entre los pliegues de la capa. una cabeza maciza de oro. una vez descrito el lienzo. ¡Maldito cuadro. como prueba su perdurable celebridad. obstinado y desaliñado en el cenit de su celebridad. si me dan la venia. El sol ya se había ocultado y el agonizante crepúsculo estaba deviniendo en noche oscura. tan tosco.

permitían supo-ner que sus años no sobrepasaban la sesentena. ¿no es así? -Así es. sin atreverse a respirar siquiera hasta que salió a la calle. junto con su porte firme y tieso. sobre un asunto de especial importancia. o tal vez se había escondido en un rincón del pasillo con algún fin siniestro? Esta última posibilidad suscitó en su ánimo una vaga desazón. En mi vida había oído ese nombre hasta ayer... cuyo sombrero impedía que se le vieran los rasgos de la cara. tras cerrar bien la puerta y meterse la llave en el bolsillo. pétrea. pues no había ninguna otra salida. Godfrey -exclamó Douw volviéndose a Schalken tras una larga y minuciosa indagación desde su puesto de observación. el desconocido se volvió bruscamente y. -Pues entonces ya se acerca la hora -dijo el maestro. su misterioso visitante. sin mirar a derecha ni izquierda atravesó el pasillo que hacía poco había atravesado -si es que no seguía allí todavía-. por lo que Schalken sabía que el viejo y extrañar visitante no habría podido alcanzar la calle entre tanto. señor -contestó el aprendiz. O alguien con una colección que tasar. desde la que se podía ver puerta de la calle (entre la puerta del estudio y la de la calle había u pasillo bastante largo. Lo cual lo dejó harto perplejo. ¿Qué puede querer de mí?= Lo más seguro que le haga un retrato. Aquella persona des-prendía tanta gravedad e importancia.con paso rápido pero silencioso. Así que se llama Minheer Vanderhausen. ¿Se había esfumado como por ensalmo.. tan pronto se hubo repuesto de su sorpresa.que la hora fijada eran las siete de la tarde según el reloj del Ayuntamiento? -Acababan de dar las siete cuando lo vi. Bueno. ver qué dirección tomaba aquel burgués de Rotterdam al salir del estudio. salió de la habitación antes de que Schalken. Había llegado de nuevo el final de la jornada y todos los caballetes.acercaba la hora convenida-. pronto saldremos de dudas. desea hablar con él mañana. -¿No dijiste. tuviera tiempo de articular una respuesta. Gerard Douw se había puesto a pasear por la estancia nervioso e impaciente.. por la noche a esta misma hora.La estancia estaba tan oscura que no se veía nada más allá de aquel personaje.. y había un algo tan extraño y hasta se podría decir tan aterrador en su perfecta. 0. se quedaron vacíos. acercán-dose a la ventana para ver a los transeúntes que pasaban por la calle oscura donde se hallaba situado su estudio. salvo el de Schalken. Así. consultando un reloj grande y redondo como una naranja-. -Un hombre ya mayor y ricamente vestido. y a ser posible en esta misma habitación. conjuró todo el valor que le quedaba y. Minheer Vanderhausen. y a tal fin se dirigió veloz a la ventana. señor. lo invitó educadamente a tomar asiento y le preguntó si traía algún recado para su maestro. Sin embargo. El joven sintió curiosidad por. -Di a Gerard Douw -sentenció con el mismo ademán impasible. -Minheer Vanderhausen. No habría resultado fácil adivinar la edad del intruso. no hay nadie en Rotterdam que me pueda dejar una herencia. quela quitó las ganas tanto de seguir solo en la habitación como de aventurar-se a salir al pasillo. tranquilidad que el irritado artista consiguió reprimir el amago de comentario hostil que había empezado a aflorarle a los labios. sea lo que sea. No. pero cierta cantidad de pelo negro que le asomaba por debajo del sombrero. de Rotterdam. Eso es todo.que Minheer Vanderhausen. de Rotterdam. de Rotterdam. ¿no? . ora deteniéndose a mirar el trabajo de alguno de sus alumnos ora. -dijo para sí Gerard Douw cuando se. con un esfuerzo sin duda desproporcio-nado con la no probada gravedad del momento. O tal vez se trate de un pariente pobre que quiere ser aprendiz mío. Transmitido el mensaje..) Pero esta maniobra suya resultó vana. más frecuentemente.

Claro que. Éste ocultó su preciosa carga bajo los pliegues de la capa y. al final. y casi blanca por el paso del tiempo. por lo que pude ver -contestó el alumno-. los ojos de maestro y aprendiz se habían quedado fijos en la puerta y Douw esperó a la última campanada para exclamar: -Bien. con la superficie muy arañada y ensuciada. y su atuendo era rico y austero. se detuvo en una casa que hacía esquina. como el que suelen llevar los burgueses acaudalados y respetables. sacó de la capa el cofre de Vanderhausen. según la primera impresión del judío. Iluminado por una lámpara. pronto recibiremos a su señoría. Apostaría una docena de florines a que su señoría se habría quitado rápidamente la careta pidiendo piedad para un viejo conocido. ¿no es así? -dijo Gerad Douw. De acuerdo con las órdenes del desconocido. si es que tiene inten-ción de ser puntual. perfectamente colocados y. Protegidos por dos o tres capas de lino. sin dudarlo se quitó el sombrero y. colocó un cofrecito de unos veinte centíme-tros cuadrados en manos de Gerard Douw. -De total confianza -confirmó Gerard. contenía un montón de lin-gotes de oro. en espera de sus órdenes. Gerard Douw pudo ver a la misma figura que. Había algo en el porte de aquel personaje que al punto convenció al pintor de que no se trataba de ninguna mascarada. -Tengo el honor de estar ante Minheer Vanderhausen. resulta ser una farsa monta-da por Vankarp o algún bromista como él? Me gustaría que hubieras tenido valor para liarte a palos con el viejo burgomaestre. Mientras decía aquello.. si no. -Entonces que lleve este cofre a un joyero para que tase el valor de su contenido y vuelva con el certificado de la tasación. bien. puesto que ya lo conoces. que también abrieron con cierta dificul-tad. de Rotter-dam.. -Así es -contestó el visitante lacónicamente. estuvo tocando y sobando todos y cada uno de los lingotes del glorioso metal con un pla-cer . pero permaneció en pie. Penetró en la tienda y. En aquel momento. sino que se hallaba realmente en presencia de alguien importante. aunque tampoco muy viejo. un día antes. Godfrey. así. Éste. invitó al desconocido a tomar asiento. le pareció a Schalken. no podía ser joven. con un saludo cortés. de la mejor calidad. cuya planta baja estaba ocupada a la sazón por una orfebrería regentada por un judío. se lo dio a Schalken para que fuera a cumplir el encargo. el sonoro reloj del Ayuntamiento empezó a des-granar las siete campanadas. que se había situado detrás de su maestro. tú te quedarás a esperarlo. como agradeciendo este gesto de cortesía. Volviéndose bruscamente hacia la puerta. aquí me tiene. -Aquí llega. y debajo apare-ció un cofre de madera dura. el cual quedó tan asombrado de su peso como de la brusquedad con que el desconocido se lo había dejado. señor -dijo Schalken en voz baja. pues. -¿Es de total confianza este hombre? -preguntó Vanderhausen vol-viéndose hacia Schalken. había saludado tan inesperadamen-te a su alumno Schalken. parecía estar enteramente recubierto de plomo.-Sí. la retiraron parcialmente. a modo de admoni-ción.. tras pedir al pequeño hebreo que lo llevara al lugar más secreto. El visitante hizo un amago de movimiento con la mano.¿y si.. atravesan-do velozmente dos o tres callejuelas. -Creo saber que su señoría desea hablar conmigo -continuó Douw-.

de que la alianza que usted propone sería a la vez ventajo-sa y honrosa para mi sobrina.qué perfección! ¡Ni un grano de aleación! ¡Qué belleza. a su sobrinaRoseVelderkaust. deberá cerrar el trato aquí y ahora. al entrar al estudio. -Deseo -dijo el misterioso caballero. pues. señor pintor -soltó Vanderhausen-.Geralddecidió-y.poner en sus manos cuanto antes la prueba de mi riqueza como garantía de mi trato generoso para con su sobrina. al margen de la prudencia y cortesía dictadas por la ocasión. Es el caso que deseo casarme con ella. en cuanto a las demás objeciones. -No trate de embarullarme. pues éstos distaban mucho de ser linajudos.Roseno podía esperar un casa. como tampoco podía presumir de sus orígenes. que debía enteramente a la generosidad de su tío. para que disponga de la manera que le parezca más adecuada para los intereses de su pupila. secundará mi solicitud haciendo uso de la autoridad que le asiste. ¿No le parece una disposición generosa? Douw asintió. si le convenzo de que soy más rico que cualquier hombre con el que usted haya podido soñar casarla. pues no puedo esperar cálculos ni dilaciones. El hombre de Rotterdam avanzó un poco mientras le hablaba. plenamente convencido de que aquella fortuna era extraordinariamente favorable a su sobrina. y semejante oferta no se podía despreciar aunque proviniera de un tipo raro o de una persona de presencia no demasiado atractiva.miento demasiado bueno. Con anterioridad. y espero que. Si aprueba mi propuesta. Ella será mía si así lo dispone usted. encontró a su maestro y al desconocido conversando porfiadamente. habida . por lo que trataré de resumirle en pocas palabras el asunto que me ha traído hasta aquí. sin saber por qué. junto con su dote. tras dos o tres carraspeos preliminares. pues tenía una dote muy modesta. El muchacho volverá dentro de un par de minutos con una suma cuyo valor es cinco veces superior a la fortuna que su sobrina tiene derecho a esperar de su marido. debía de ser a la vez muy acaudalado y generoso. Con el ansiado documento en el bolsillo y el magnífico tesoro bien guardados bajo la capa. Schalken volvió sobre sus pasos y. rezó para sus adentros para que volvie-ra pronto Schalken. usted es su tutor y ella su pupila. Vanderhausen se había dirigido a Gerard Douw en los siguientes términos: -Esta noche no puedo entretenerme con usted más que unos minu-tos.especial. una vez que el aprendiz había marchado a llevar a cabo su encargo. qué hermosura! Después del escrutinio. y. -No me cabe la menor duda -dijo Gerard. y Gerard Douw. Gerard Douw quedó enormemente sorprendido de la comunicación que acababa de hacerle Minheer Vanderhausen.todo el tiempo que estuvo en presencia de aquel estrafalario desconocido. el pintor notó una especie de frío y opresión -como dicen que ocurre cuando uno se encuentra junto a un objeto que produ-ce antipatía natural. el judío certificó de su puño y letra que el valor de aquellos lingotes sometidos a tasación ascendía a no sé cuántos miles de táleros. pensó. pero no se atrevió a expresar su sorpresa. será exclusivamente para ella mientras viva. aquel desconocido. en cuya ocasión vi. Esa suma quedará en manos de usted. los volvió a poner en su sitio mientras exclamaba: -¡Mein Gott. sensación que no le permitió decir nada que pudiera ofenderlo en lo más mínimo. pero debe comprender que ella dispone también de su libre albedrío y que puede no estar de acuerdo con lo que nosotros consideramos ventajoso para ella. en la iglesia de San Lorenzo. después de examinarlos detenidamente. Usted visitó la ciudad de Rotterdam hará unos cua-tro meses.

Finalmente.debe usted darla por descontada por el momento. Yyo le haré ver que lo considero indispensable..no prestarles atención por el momento. de un acto que lo privaba para siempre de su queridaRoseVelderkaust. supongo. Una vez firmado el contrato. . Ya tiene suficientes garantías de mi respetabilidad: mi palabra. no pienso comprometerme innecesariamente. «Le gusta salirse conla suya. Es un buen trato. y Gerard firmó aquel importante documento. -Bueno. su oferta es generosapero. no logrará saber de mí más que lo que yo decida revelarle. si es usted honorable. -Que este joven sea testigo del trato -dijo el viejo pretendiente. -dijo Douw con un esfuerzo enor-me-. Mientras el pintor leía con atención dicho contrato a la luz de un titilante candil colgado en la pared opuesta. pensó Douw. pero se comprometerá si es necesario. el extraño visitante lo plegó y metió con parsimonia en un bolsillo interior. es el caso que desconozco absolutamente todo sobre su familia y rango. -Señor -dijo dirigiéndose al desconocido-.» -No se comprometerá usted innecesariamente -dijo Vanderhausen adivinando y parafraseando misteriosamente lo que acababa de pensar su interlocutor-. Y Godfrey Schalken fue testigo. Pero supongo que no tendrá usted reparo. Gerard Douw. se dispu-so a retirarse. antes de una semana a partir de aquella fecha. Mientras decía esto sacó una cajita con material de escribir. independientemente de las dudas que yo pueda tener para cerrar el trato de inmediato. -Ni una hora más -dijo el pretendiente con ademán impasible. pero. a su sobrina. -Volveré mañana a las nueve de la noche a ver al objeto de nuestro contrato. pero Vanderhausen le dijo que esperara. si no hay más remedio. tras hacer entrega al desconocido del cofre y de la tasación efectuada por el judío. si es usted mezquino. -En cuanto a mi respetabilidad -dijo el desconocido con tono cota. sin saberlo.tante-. preguntó: -¿Da su consentimiento? El pintor le dijo que le gustaría disponer de otro día para reflexionar. le pasó un documento en el que figuraba por escrito que él. como ya hemos dicho. Sin embargo. entró en el estudio y. antes de que me vaya debe usted haber firmado este compromiso. Doy mi consentimiento. Wilken Vanderhausen salió raudo de la estancia con un saludo frío. etcétera. y acto seguido entregó a su vez el cofre y el certificado a Gerard Douw y permaneció un rato en silencio mientras éste cotejaba ambas cosas con lo estipulado en el contrato que tenía en sus manos.cuenta de las costumbres de la época. no tengo derecho a rechazar su oferta. Dicho lo cual. Dicho lo cual. «Es un viejo bastante irritable». -Entonces firme inmediatamente -dijo Vanderhausen-. pensándolo bien. alguno en enterarme enseguida al respecto. Haga el favor: de no aburrirme con sus preguntas. de Rotterdam. y mi oro.. tenía derecho a ello. Gerard Douw. Si le convence el oro que voy a dejar en sus manos. entregaba en matrimonio a Wilken Vanderhau-sen. Schalken.RoseVelderkaust. pues ya me estoy aburriendo. y no desea que mi propuesta se retire de inmediato.

En aquella época el matrimonio era ocasióny objeto de trueque y especulación. estaban las sillas de alto respaldo. es poco probable que hubiera considerado esto como óbice para que se cumplieran los deseos de Minheer Vanderhausen. Sobre los pliegues de la le caían abundantes y luengos mechones entrecanos. En cualquier caso. Al día siguiente. Mira. y la otra le colgaba pesadamente a un lado. la altura eran los mismos. Iba envuelto en un gabán oscuro. después de comer. que con los resplandores de la lumbre parecía de oro pulido. ansioso de despejar sus dudas. que estaba a punto de mar-char a su sombría casucha. por fin la puerta de la habitación se abrió lentamente e hizo su aparición un personaje que sobresaltó. no vio salir a nadie. tesoro. Gerard Douw y su aprendiz se encontraban en el seño-rial. El pequeño grupo. Schalken no sospechaba todavía la amenaza que se cernía sobre el más querido de sus proyectos. de negro azabache. y a cualquier tutor le habría parecido tan absurdo dar importancia a la atracción mutua en semejante acto contractual como redactar los vinculantes aspectos financieros del mismo en términos sentimentales. un espectro ataviado como Minheer Vanderhausen. aunque sus rasgos no habían sido vistos nunca antes por ninguno de los allí presen-tes. sin quitar los ojos de su bonita e inocente cara: -Rose. En una mano llevaba el bastón y el sombrero. si le hubiera pedi-do la descripción de su futuro esposo. que acababa de quitarse. cerca de la cual una mesa antigua.su tío y el joven artista. no porque previera oposición por su parte. Gerard Douw tampoco estaba al corriente de la atracción mutua existente entre el aprendiz y su sobrina. Pero dejemos eso. que el tiempo apremia. algo toscas pero sobradamente confortables. y le pidió que fuera a su casa a cenar en com-pañía deRosey Vanderhausen. y ten preparado el salón para las ocho de esta noche. qué rostro! . que no le llegaba del todo a las rodillas. Confía en mí. cuando se dan. que pronto te casarás. aunque. ponte todo lo guapa que puedas. pero. sino por simple miedo al ridículo. y ya por entonces antiguo salón. el hechizo de amor que producen suele resultar irresistible para cualquier cerebro o corazón masculinos. estaba ya preparada para la cena. pero ¡Dios mío. que se había engalanado para reci-bir al desconocido. no sólo se habría visto obligado a confesarle que no había visto su rostro sino que tampoco sabía quién era realmente. que le ocultaban por completo la nuca. Al caer la tarde. Por su parte. Sin embargo. y sus zapatos iban adornados con rosas del mismo color. La abertura delante-ra del gabán dejaba ver un traje muy oscuro. si bien hablaron muy poco por el camino.mi pequeña. esperaba la llegada del visitante con especial impaciencia. que le subían hasta más arriba de las muñecas. Poco después. Gerard llamó a Schalken. se había acercado a la venta-na para ver desde allí la salida del desconocido. se dirigió a la estancia donde estaban trabajando sus alumnos. llevaba las manos enfundadas en un par de guantes de cuero espeso. la cogió de la mano y le dijo con tono paternal. tras mirarla de arriba abajo con aire satisfecho. alarmarse y esperar. Un fuego animado chisporroteaba en la chimenea. Gerard Douw mandó venir a su sobrina y. y. da la orden de que nos sirvan la cena a las nueve. En todo esto no había nada particular-mente objetable. mi querida mozuela. para su asombro y casi terror. Es muy difícil que se den en una misma persona una carita y un temperamento como los tuyos. pues a ambos les sobraban motivos para reflexionar. Espero a un amigo. de haberlo esta-do. los andares. a nuestros flemáticos holandeses(Roseestuvo a punto de proferir un grito de terror. Por supuesto que aceptó la invitación. pues. a modo de guanteletes. A las nueve en punto se oyeron unos golpes en la puerta de la calle y alguien fue rápidamente a abrir.Schalken.-Rosese sonrojó y sonrió-. el pintor no comunicó a su sobrina el paso impor-tante que había dado con relación a ella. Luego marchó del taller en compañía de su maestro. y dispuestas en orden riguroso. Dicho lo cual. compuesto por Rose. No quiero que piense que somos pobres o desaseados.) Era el esperado. esa preciosa carita te va a traer suerte. los ademanes. y casi aterrorizó. unos calcetines de seda púrpura recubrían sus piernas. a su alrededor. Siguieron unos pre-miosos pero decididos pasos primero escaleras arriba y luego a lo largo del pasillo.

-¿Sabes una cosa. había una especie de quietud fúnebre en toda su persona. y. de Leyden. Gerard Douw halló por fin el valor y la serenidad suficientes para invitarlo a entrar. si bien. aunque no pudo por menos de reconocer en su fuero interno la justeza de aquella comparación. Sin embargo. fruto de la ausencia de movimiento respiratorio en el pecho. éstos conservaron la suficiente sangre fría para fijarse en dos cosas bastante extrañas de su visitante: durante todo el tiempo que estuvo allí sus ojos no se cerraron ni movieron una sola vez. Gerard rió. para modificar su aspecto exterior. y hasta horrible.Cuando lo vi junto a la puerta no pude dejar de pensar que estaba viendo a la vieja estatua de madera poli. etcétera. los ojos. en conjunto. . cromada que tanto me asustó en la iglesia de San Lorenzo de Rotterdam. estas dos virtudes bastarían para contrarrestar su deformidad:si no bastan. -Querido tío -exclamóRose-. lo reconozco. pero me consta que es rico y generoso. así.Toda la carne era de color azul plomo -esa coloración generalmente provocada por medicinas metálicas administradas en cantidades excesivas-. a la vez que le causaba cierta perplejidad. es cierto que este hombre no tiene un rostro atractivo. A la mañana siguiente llegaron de varios puntos de la ciudad ricos presentes paraRoseen forma de sederías. sugerían un estado indefinible de trastorno. de Rotterdam. Había algo indescriptiblemente raro. vale más que todos los petimetres emperifollados que se pasean por la calle mayor. así como un paquete dirigido a Gerard Douw que contenía un contrato de matrimonio debidamente redactado entre Wilden Vanderhausen. eran casi negros. tío? -dijoRose-. no dejaba de agradarle bastante. en segundo lugar. joyas. sí bastan para que no lo consideremos un obstáculo. maligno y hasta satánico. Era curioso cómo aquel venerable desconoci-do parecía esforzarse por exhibir su carne lo menos posible.¡qué hombre tan espantoso! No me gustaría volver a verlo ni por todo el oro del mundo. con una muda inclinación de cabeza. Vanderhausen privó al pintor de Leyden de su nefasta pre-sencia. el que pareciera totalmente desprovis-ta del pavor misterioso que sentían hacia el desconocido tanto él como su aprendiz Godfrey Schalken. que no excedió la media hora. contenía asimismo el compromiso por parte de Vander-hausen de hacer a su novia unas concesiones más espléndidas todavía que las que había esperado su tutor. Querida. yRoseVelderkaust. en todos sus movimientos. y el propio anfitrión apenas tuvo valor suficiente para articular unas cuantas frases de cortesía: el terror nervioso que inspiró la presencia de Vanderhausen fue tal que se habría necesitado muy poco para que sus anfitriones salieran huyendo despa-voridos. Un hombre puede ser más feo que el diablo y. los labios. que cuando se cuentan pueden parecer poco relevantes. maestro en el arte de la pintura. y de garantizar a la misma el usu-fructo de la manera más irreprochable posible: se dejaba el dinero en manos del propio Gerard Douw. terciopelos. -¡Silencio. y. pese a no tenerlas tam-poco todas consigo-. durante su visita no se quitó los guantes ni una sola vez. joven necia! -la conminó Douw. si su corazón es bueno y obra con rectitud. El desconocido habló muy poco durante su visita. sin embargo. estaba decidido a no permitir ninguna alusión de su sobrina a la fealdad de su futuro esposo. a tono con el resto del rostro. por otra parte. todo su semblante despedía un aire sensual. también de la misma ciudad. producen un efecto muy fuerte y desagradable cuando se ven y observan. el desconocido penetró en la estancia. Estas dos peculiaridades. del muelle del Pescante. y. Sin embargo. algo indefinible que no era natural ni humano. aunque fuera diez veces más feo tose vía. el pequeño grupo oyó cerrarse la puerta tras él. era como si sus miem-bros estuvieran gobernados y movidos por un espíritu no acostumbrado a la maquinaria corporal. para alivio general. sobrina de Gerard Douw. y. y. Después de permanecer un buen rato en el umbral de la puerta. que presen-taban una proporción exagerada de blanco turbio. Por fin.

El cochero holandés vio cómo. era deglutida por las sombras de la noche. Bajó a mirar en el interior del vehículo y encon-tró una bolsa cuyo contenido triplicaba ampliamente la tarifa del viaje. antes de que ésta se hubiera alejado demasiado. Aquel misterio se convirtió en motivo de permanente angustia y aflicción para Gerard Douw. Vanderhausen había come-tido un fraude en el contrato suscrito con él. Eso era todo lo que había visto. Gerard Douw. estaban llamando con vehemencia. Transcurridos varios meses. sus temores se disiparon. a la que profesaba un sincero y profundo afecto. que levantaron al punto y portaron en dirección de la ciudad. casi convencido. El relato que presento aquí rebosa de sordidez. se había cruzado en la carretera impidiendo el avance del carruaje. Los hombres rodearon luego la litera. hasta la litera. habida cuenta de lo tarde que era y de lo soli-tario que estaba el camino. ni tampoco se habla de la crueldad de los tutores.carruaje que lo había llevado a Rotterdam a él y a su flamante esposa. decidió viajar a dicha ciudad -viaje que. tras una opípara cena. que debían exigirse en sumas trimestrales. A partir de entonces. Pasó dos días o tres sin acudir al taller. tras un período de vacila-ción. El cochero le dijo que. de la magnanimidad de los pupilos ni de los tormentos o arrobos de los amantes. permanecían en sus manos sin que nadie los reclamara. para vencer la tristeza que solía invadirle principalmente al final de la jornada. El cochero había frenado al punto.para asegurarse de la seguridad y bienestar de su pupila. en la que ambos se aco-modaron. de que iban a ser víctimas de alguna fechoría. pero nadie le facilitó una sola pista sobre el obje-to de sus pesquisas. Ciertamente. contrariamente a lo que él esperaba. sumidos en una silenciosa y deliciosa melancolía. Pero su búsqueda resultó vana. con-siguió trabajar con mucho mayor empeño que antes: el estímulo del amor había dejado paso al estímulo de la ambición. el contrato de matrimonio quedó debidamente firmado. aunque no se le alcanzaba con qué fin había actuado de aquella manera. luego volvió y. unos dos kilómetros antes de entrar en la ciudad. no tuvo ninguna noticia de su sobrina ni de su honorable esposo. Las preguntas del criado que fue a averiguar la causa de aquel ruido tuvieron como respuesta nuevos y más violentos . habían llegado a Rotterdam al anochecer. tras abrir la portezuela del coche desde dentro. y. más perplejo y preocupado que antes de emprender aquel viaje. que tenía los ojos empapados de lágrimas y las manos encogidas por el miedo. sus temores aumentaban en vez de disminuir. Sin embargo. sólo en cierto modo. por lo que no tuvo más remedio que regresar a Ley-den. aunque con menos alegría. a la puerta de la calle. y no tenía nada más que añadir acerca de Minheer Vanderhausen y su bella dama. Una noche en que el pintor y su alumno se hallaban sentados junto a la lumbre. la pérdida de su gentil compañía lo había dejado muy deprimido. y cada día que pasaba sin tener noticias de su sobrina. y a la promesa previamente expresada por ambas partes. tras un largo viaje con varias etapas. a la antigua usanza. al ver lo que vio: aquellos extraños individuos posaron sobre el suelo una litera antigua de gran tamaño. por cierto. A su llegada. Asimismo. Nadie había oído hablar en Rotterdam del tal Minheer Vanderhausen. cada día que pasaba su inquietud iba en aumento. y Schalken vio cómo el tesoro por cuya existencia habría arriesgado su propia vida le era arrebatado con solemne pompa por su repelente rival. sus digestiones se vieran repentinamente interrumpidas. pedía a Schal-ken cada vez con mayor frecuencia que lo acompañara a cenar. No se le alcanzaba cómo aquel hombre de aspecto tan honorable podía ser semejante villano. después de lo cual condujo a ésta. con barbas en pico y mostachos. y el novio. mejor dicho con desesperación. una pequeña comitiva de hombres sobriamente vestidos. Gerard Douw no dejó ninguna casa del muelle del Pescante sin visitar. pero que. Menos de una semana después de la primera entrevista que acabamos de relatar. se dirigió presuroso al establecimiento donde Vander-hausen había alquilado el pesado -pero para la época lujosísimo.En esta historia no hay ninguna escena sentimental que describir. Poseía la dirección completa en Rotterdam de Minheer Vanderhausen y. Los inte-reses del dinero. no entrañaba ninguna dificultad especial. se apeó y ayudó a la novia a hacer lo propio. frivolidad e inmisericordia.

Tras proferir estas misteriosas palabras. llamad a un ministro del Señor! -exclamó-. se dejó guiar por ellos hasta el dormitorio. Varias gotas de un sudor frío empezaron a deslizarse por su frente. No me sen-tiré segura hasta que no venga. exclamó con la misma urgencia: -¡Comida! ¡Dadme algo de comer.golpes en la puerta. . penetró en pos de la sombra que se les había adelantado. pues rompió a llorar amargamente y a retorcerse las manos: -¡Por favor. Desenfundó la espada y. tan extraña como urgente. y Schalken se aplicó de inmediato a cortarle un poco. no se le ocultaba que algo había entrado furtivamente en la alcoba. El pintor y su alumno oyeron luego abrirse la puerta de la calle. o tam-bién pudo ser que otros pensamientos más turbadores y espantosos se hubieran apoderado de ella. cerrado a la apura del cuello. levantando la vela para que su luz ilu-minara con mayor claridad el interior del dormitorio. deprisa! ¡O me dais vino (estoy perdida! Asustados por aquella petición. Schalken y él portaban sendas velas para que todos los objetos estuvieran suficientemente iluminados. pero su vesti-do los sorprendió tanto como su inesperado aspecto: llevaba una especie de sayo de lana blanca. La angustia con la queRoseles imploraba que no la dejaran sola ni un momento acrecentaba aún más su terror. Los dos consiguieron reanimarla después de mucho esfuerzo. pero no arrancaron su consentimiento hasta que no le hubieron prome-tido que no la dejarían sola ni un segundo. pareció sentir de repente una gran vergüenza. Sólo Él podrá liberarme. por el amor de Dios. por favor! -volvió a implorar-les-. ella se le adelantó: cogió ávidamente el trozo y lo desgarró y devoró como una fiera. Dios mío! ¡Está ahí! ¡Está ahí! ¡Miradlo: anda por ahí! –gritó señalando hacia la puerta de la alcoba. nada más que los muebles. Schalken creyó ver una silueta oscura e imprecisa penetrar en el dor-mitorio.Roseexclamócoresa impaciencia que es fruto del terror: ¡Vino. Al dormitorio de Gerard Douw se accedía a través de una estancia muy espaciosa. Después de beberlo. que iba arrastrando por el suelo. ¡Llamadlo inmediatamente! Gerard Douw despachó al instante a un mensajero y logró conven-cer a su sobrina para que se fuera enseguida a descansar a su dormitorio. pero. que ella bebió can una prisa y una ansiedad que los sorprendió a los dos por igual. Los muertos y los vivos no pueden ser la misma cosa: Dios lo ha prohibido. pero ésta se abrió brus-camente yRoseentró en tromba enlahabitación. que venga ya el ministro del Señor! -repitió en tono de súpli-ca-. Una vez recobrado el conocimiento. con un misterioso siseo que a los dos les produjo un escalofrío de terror. o moriré! Sobre la mesa quedaba un buen trozo de cordero asado. dijo: -¡Oh. Si lo hacéis. Tan pronto como la pobre criatura entró en la estancia cayó desvanecida. Schalken se dirigió a la puerta de la habitación. estoy perdida. Venía muy sucia y perturbada por el viaje. -¡No me dejéis sola ni un momento. Sin embargo. e inmediatamente después unas apresurados pasos escalera arriba. Tenía un aspecto sal-vaje y los ojos desencajados por el terror y el agotamiento. Cuando el paroxismo del hambre hubo amainado. ¡imagen más que mortal del hambre!. -¡Oh. le ofrecie-ron al punto el vino. Estaban entrando en esta habitación cuandoRosese detuvo de repente y. Pero no vio a nadie allí.

entre tanto. Una vela ardía en la alcoba y tres en la estancia contigua.» Hasta la llegada del sacerdote estuvo pronunciando frases inconexas de esta índole. se hallaba su tutor. la puerta dejó de resultarles infran-queable. alarmada en extre-mo. como empujada por un fuer-te viento. con ese desgañitamiento que caracteriza al terror desesperado. olvidándose en aquel momento de sus reiteradas órdenes.y por deseo expreso de ésta. y los sonámbulos duerman. Lo conozco bien. Pero la ventana estaba abierta. está conmigo. pero ésta no cedió ni un milímetro. pero sus conjuntos y desesperados esfuerzos no sirvieron de nada. no se atrevió a hacerle ninguna pre-gunta para no reavivar recuerdos dolorosos y horribles que hubieran podido aumentar aún más su agitación. y hasta llegó a pasársele por la cabeza. Oyeron en la alcoba gritos incesantes. una repentina ráfaga de viento apagó la vela que iluminaba la estancia donde se hallaba tendida la pobre muchacha. la cual. retumbó desde la alcoba. No me puede engañar. El anciano sacerdote y Schalken se hallaban en la antesala. tan largo y desgarrado que apenas parecía humano. Casi al mismo tiempo. la fase final de un remolino en las aguas del ancho canal. a la que ya me he referido. -¡Por Dios. Para que entiendan cabalmente el suceso que voy a contar ahora es preciso aclarar antes la situación exacta de las distintas partes en juego. y Schalken se subió a una silla para divisar la calle y el canal. y un segundo después se hizo el silencio. la puerta que separaba las dos habita-ciones se cerró violentamente detrás de él. Sólo se oyó el ruido de unos pasos ligeros cruzando la estancia. De vez en cuando repetía: «Los muertos y los vivos no pueden ser lo mismo. si queréis salvarme no os mováis de mi lado! Al final lograron convencerla para que se echara sobre la cama. cediendo a su presión. En cuantoRoselo vio entrar en la habitación le pidió que rezara por ella como se reza por quien se encuen-tra en manos de Satanás y a quien sólo el cielo puede traer un poco de esperanza. sino sólo. la hora intem-pestivay. Ya no oían rui-dos de ningún forcejeo ni brega. o al menos eso creyó él.a los buenos oficios del sacerdote cuyos auxilios tan urgentemente ella misma había solicitado. está en esta habitación. Así. decidió pedir consejo médico tan pronto como la mente de su sobrina se hubiera tranquilizado gracias . sobre todo.Rosese hallaba acostada en la alcoba. Estaba vacía. como desde la cama a la ventana. tan pronto como aquél hubo traspasado el umbral. Un último alarido. junto a la cama. como si la hubieran abierto. . Gerard Douw.-Lo he visto -aseguraba ella-. ¡Por el amor de Dios.» O decía otras frases arcanas. Pero su aviso había llegado demasiado tarde. pero los gritos parecieron aumentar en volumen mientras. Está ahí. querido tío! -gritó la desdichada muchacha mientras saltaba de la cama y se precipitaba detrás de él para detenerlo. No vio ninguna silueta humana. trae otra vela! La oscuridad es peligrosa. desde donde no dejaba de suplicarles que permanecieran a su lado. El ancia-no sacerdote carraspeó. Pronto llegó el sacerdote -un hombre de aspecto ascético y edad venerable-. cerebro sutil y corazón frío. a quien Gerard Douw tenía en gran estima por ser un avezado polemista (sin duda era más temido por su combatividad que amado por su caridad) de moral infle-xible. Gerard Douw empezó a temer. lógicamente. los precipitó dentro de la habitación. Dios lo ha prohibido. considerando su aspecto hosco. y. Schalken y Douw volvieron a emplearse a fondo para abrir la puerta. cuya puerta estaba abierta. creyeron oír. como: «Que los desvela: dos descansen. su actitud agreste y despavorida. pero antes de que tuviera tiempo de empezar. se descorrían los pestillos de la ventana y ésta chirriaba sobre el alféizar. pues. como si un momento antes éste se hubiera abierto para recibir un cuerpo pesado. en medio de la agitación del momento pasó a la sala contigua para traerle lo que pedía. Schalken y su maestro se precipitaron hacia la puerta. exclamó: -¡Godfrey. y. que el terror o los malos tratos hubieran perturbado la mente de la pobre muchacha. Está aquí cerca. que se hubiera escapado de algún manicomio y tuviera auténtico miedo de que sus per-seguidores pudieran atraparla. no se vaya.

ni siquiera tristeza. al instante cayó sin conocimiento al suelo. Schalken se dirigió entonces a la iglesia. El cortejo fúnebre tenía que realizar un viaje muy largo y. ésta empezó a avanzar en dirección del tramo de las escaleras de la cripta. Schalken. tras unos cuantos intentos vanos por hacer entrar a su huésped en conversación. en su semblante. demasiado intenso para poder oponerle resistencia. percibió una figura femenina que iba envuelta en una especie de hábito blanco. que me parece especialmente valioso por cuanto que en él podemos ver no sólo ese estilo característico suyo que ha hecho que sus cuadros sean tan cotizados. Schalken sintió una vaga alarma ante aquella aparición y. A pesar de la tristeza y preocupación del momento. La siguió unos instan-tes. cuyo misterioso destino siempre será objeto de especulación. como se puede suponer. donde permaneció hasta que a la mañana siguiente lo descubrió el encargado de la cripta. Toda la estancia estaba llena de ricos y antiguos muebles. Estaba en una celda bastante grande en la que nadie había entrado desde hacía mucho tiempo. Esbozaba aquella misma sonrisa picaruela que había seducido al artista en los años felices de su primera juventud. que cayó en un sueño profundo. Tras restregarse los ojos. Llegó la noche. que encontró abierta y donde vio que estaba anunciada la ceremonia. para gran sorpresa de éste. lo empujaba en pos del espectro. Un sentimiento mixto de terror e interés. bajó las escaleras. y portaba una lámpara. La aparición. aunque para nuestros lectores más cerebrales no tenga ningún valor probatorio. lo invitó hospitalariamente a compartir con él el calor de una lumbre que. ocurrió una cosa que. decidió por fin recurrir a su pipa y jarra de cerveza para hacer más llevadera la soledad. el cansan-cio de un viaje precipitado de casi cuarenta horas hizo mella en la mente y el cuerpo de Godfrey Schalken.Rose Velderkaust. como era costumbre hacer en invierno en tales ocasiones.RoseVelderkaust. pero éste ya no estaba en el cuarto. lo introdujo en lo que le pareció un aposento holandés a la anti-gua moda. un irresistible impulso a seguir su estela. con cortinajes negros a su alrededor. y el pintor vio con horror la lívida y demoníaca figura de Vanderhausen completamente erguida sobre la cama. Allí se sentaron Schalken y su anfitrión. estaba tendido junto a un enorme ataúd que descansaba sobre cuatro pequeños pilares. Schalken llegó tarde. descorrió las cortinas y proyectó la lámpara hacia el interior. . Sin embargo. y con difi-cultad. como los que había inmortalizado Gerard Douw en sus cua-dros. tomó un pasillo estrecho a la izquierda y. pero. al mismo tiempo. No había nada horrible. el cortejo no había llegado todavía. al volverse. al llegar a las escaleras. seguida de Schalken. del que fue despertado por alguien que le dio unos golpecitos en el hombro. a Rotterdam para asistir al funeral. sino sobre todo la plasmación pictórica de su primer amor. La figura se detuvo también y. que le cubría también la cabeza. la luz de la lámpara que llevaba le reveló el rostro y los ras-gos de su primer amor. Schalken estuvo convencido de la realidad de esta visión y decidió legar a la posteridad una curiosa prueba de la fuerte impresión que le había producido: un cuadro ejecutado poco des-pués de dicha experiencia. Hasta el día de su muerte. había encendido en la chimenea de un cuarto que comunicaba con la cripta mediante un tramo de escale-ras. En un primer momento Schalken pensó que el viejo sacristán lo había llamado. recibió notificación de la muerte de su padre y de su próximo entierro en la iglesia de Rotterdam. Pero. la figura se volvía frecuentemente hacia él con la misma sonrisa picaruela. vio también que habían abierto la cripta en que iba a recibir sepultura el cadáver. llegada junto a la cama. y aún seguía sin aparecer.Nunca se halló el menor rastro deRoseni se supo nada con certeza de su misterioso cortejador (tampoco hubo nadie que aportara alguna pista en medio de aquel intrincado laberinto y permitiera mantener viva la esperanza. El sacristán.) No obstante. el cual. si es que de un espectro se trataba. los cuales servían de protec-ción contra eventuales ataques de bichos. al ver paseando por la iglesia a un caballero bien vestido con el propósito declarado de asistir a las anunciadas exequias. y en un rincón se hallaba una cama de cuatro columnas. que vivía a la sazón muy lejos de allí. dejó una fuer-te y duradera impresión en el espíritu de Schalken. Muchos años des-pués de los acontecimientos que acabamos de relatar. no contaba con demasiados asistentes. se detuvo.

si el tiempo madura a unos y marchita a otros. Llega a tiempo para escuchar un cuento. podemos decir que la hora triste y tierna del ocaso ya le ha llegado a nuestra entrañable viejecita del norte. y vio allí un fantasma. que un día tuvo también en sus brazos a la preciosa Laura Mildmay.Jenner-. sino una historia verdadera que vi con mis propios ojos. es ahora más blanco que la nieve. Pero.. Así. tras preparar un poco de esta tonificante bebida. tomó un traguito. la cual entra ahora sonriente en la habitación. si no te da miedo. que le cuenten una historia de aparecidos y de fantasmas. las cuales no se ven ya por la pradera deGolden Friars. -Bueno. están en la actualidad bastante creciditos también. por qué no pre-para primero un poco de té y empieza luego. le echa los brazos alrededor del cuello y le da dos sonoros besos. -¿De veras? ¡Qué maravilla! -¡Pero no es uno de esos cuentos que están escritos! No es ningún cuento.Jenner-.Jolliffe. y no le pue-den quedar ya muchos más mojones que contar en el camino que la lle-vará a su morada definitiva. aunque igual de afable.EL ESPECTRO DE MADAM CROWL Hace ya unos veinte años queMrs. cariño -dijoMrs. que se peina con raya en medio y tiene recogido bajo la cofia. Ahora tiene más de setenta años. Su pelo. aquel «lindo pelo» que ella pei-naba con tanto esmero para luego enseñarlo a las madres asombradas.pues sus nombres permanecen grabados para siempre en las grises lápidas del camposanto. siéntate aquí con nosotras. -¿De fantasmas? Precisamente lo que más me gustaría oír en este momento.Jolliffe no luce aquel esbelto talle que la había distinguido. La buena mujer obedeció y.. Estos últimos años se ha dedicado al cuidado de inválidos adultos. Algunos de ellos lucen ya algu-nas canas entre los mechones morenos. -¡Qué suerte tiene! -exclamóMrs. aún anda tiesa y con paso seguro y ligero. tras dejar en manos más jóvenes a la pequeña población que vive en la cuna y anda a cuatro patas... Pero a esta criatura probablemente no le apetezca ahora. -Estaba empezando a contarme lo que le pasó la primera vez que la mandaron a trabajar a casa de una anciana que se estaba muriendo -diceMrs.Jenner-. De cualquier modo. Quienes recuerdan su rostro bonachón entre los primeros que emergen de las sombras de la inexistencia y le deben las primeras lecciones en el deleitoso arte de andar y balbucear. y su rostro es algo más pícaro. arrugó ligeramente las cejas para concentrar-se en lo que iba a contar y alzó luego la mirada con un maravilloso .Mrs. justo antes de irse a la cama.

al ver el carruaje y el caballo me entraron ganas de volverme con mi madre a Hazelden. Eran dos caballeros que habían subido también a la calesa. Y. que era una persona de gran corazón. y yo sabía que la llevaba conmigo. creí verlo guiñar un ojo a su amigo. A veces pienso que a lo mejor estaban bromeando. Yo lo miré como diciendo « ¿por qué?».vas a durar poco allí. señor -digo yo. aunque no estaba segura. pues yo hablaba con el mayor candor y no se me ocurría ocultarles nada.Jenner y la bonita muchacha estaban atentas a los labios de la anciana. puso los ojos en blanco y empezó su narra-ción con estas palabras: El espectro demadam Crowl Yo soy ahora una mujer vieja. cerca de Lexhoe. Mrs. es un fantasma en toda regla. y el viejo cochero JohnMulbery.gesto de solemnidad.Jolliffe carraspeó. me compró medio kilo de manzanas en elGolden Lionpara que me alegrara un poco y me dijo que había un bizcocho de grosella y té y chuletas de cerdo esperán-dome. Es una vergüenza que los caballeros asusten a una pobre muchacha inocente como era yo entonces. todavía la conservo en mi armario. pero la noche que llegué a la finca de Applewale tenía sólo trece años. Te protegerá contra las . Aquella vieja estancia era un escenario ideal para semejante narra-ción. y más te vale que no se lo cuentes a nadie. Al mirarlo a la cara para decirle «Sí. ¿Llevas alguna biblia? -Sí. No te olvides de ponerla bajo la almohada todas las noches. Yo iba con un poco de miedo cuando llegué a Lexhoe. en el cuarto de mi tía en Applewale. Al caer la tarde. los muebles antiguos. aunque la letra es demasiado pequeña para mis ojos fatigados. -Bien -dice él-. dentro de la cual se podían vislumbrar cuantas sombras se quisieran. con laboiseriede roble. entonces -dice uno de ellos. y empecé a comerme las manzanas miran-do por la ventanilla de la calesa. Tú mírala y obsérvala bien: verás que está poseída por el demonio. sino que quería más bien resultarles simpática. Hacía una hermosa noche de luna. y. pues mi madre me había metido una pequeña biblia en la maleta. Mi tía era allí el ama de llaves. que parecían concitar terror antes incluso de abrirse. -Ah. en Applewale. Bueno. y una especie de calesa estaba esperándome en Lexhoe para llevarme hasta Applewale. Estaba llorando cuando subí a la calesa. me preguntaron adónde me diri-gía. recién salida la luna. La buena deMrs. las macizas vigas del techo y la majestuosa cama de columnas con cortinas oscuras. señor». -Porque sí -dice él-. todo bien calentito. yo les dije que iba a servir a casa de la señora Arabella Crowl.

y sombras de árboles -dos o tresque se deslizaban por la fachada -se podían contar las hojas-. Pero ésta es otra historia que no viene a cuento aquí. esperando que apareciera ante mi vista la gran mansión.Wyvern -mi tía la llamaba Meg Wyvern cuando hablaba con ella yMrs. y. pero yo era demasiado tímida y su amigo y él se liaron a hablar de otros asuntos. con adornos y madroños rojos. Yo lo vi sólo dos veces en todo el tiempo que pasé en la mansión de Applewale. sólo que era una mujer algo intransigente y demasiado callada. .ChevenixGrowl. aunque se debió sobre todo a mi tía y a Meg Wyvern. Era una casa enorme en blanco y negro. he de decir que cuidé bastante bien a la señora. y a la hora del té no paraba de contar historias. en todo el tiempo que estuve allí. Tenía más de cincuenta años. que brillaban sobre todo en el ventanal del vestíbulo. que andaba muy despacio. como os he dicho. Y me habría gustado preguntarle muchas más cosas sobre la vieja señora. y al poco tiempo me apeé. su ayu-danta. Nunca me dio nada. No tengo nada que reprocharle.y unos gabletes que a la luz de la luna parecían más blancos que una sábana. ni dos peniques. Mi tía me besó en el vestíbulo y me llevó a su habitación. Cobraba un buen sueldo. Los árboles eran espesos y grandes. El corazón me dio un vuelco cuando el vehículo enfiló la oscura ave-nida. trataba de animarme con sus risas y chascarrillos. pero su pala-bra era ley. Por mi parte. pero era una mujer algo severa y creo que habría sido más afectuosa conmigo de haber sido yo hija de su hermana y no de su hermano. pues no había más que tres o cuatro criados. pero era un poco sucia y guardaba la ropa de fiesta bajo llave y llevaba puesto casi siempre un vestido de sarga color chocolate.y era nieto demadam Growl-iba por allí dos o tres veces al año para asegurarse de que la señora era bien tratada. y todos los crista-les de las ventanas en forma de rombo.y manos largasy finas con guantes negros. El señor de la casa -se llamabaMr. Me entró tanto miedo cuando dijo aquello que no os lo podéis imaginar. con grandes vigas negras horizontales y verticales.garras de la vieja. Mrs. pero tenía muy buen carácter y estaba siempre riendo. y de repente nos detuvimos delante de ella. y la mayoría de las habitaciones estaban completamente cerradas.Wyvern cuando hablaba de ella. cara pálida con ojos negros. que tenían el pestillo echado en el resto de las ventanas delanteras. y grandes postigos a la antigua usanza. que eran unas personas muy responsables y cumplidoras. en Lexhoe. y yo tan cerca de mi tía que no había visto nunca antes. Mi tía me llevó a su alcoba para que descansara un poco mientras ella preparaba el té en su cuarto. Bueno. amarillos y verdes. además de la vieja señora de la casa.era una mujer bastante gruesa y muy alegre de unos cincuenta años. Sentí un nudo en la garganta al ver que se había terminado el viaje. casi tan viejos como la vetusta mansión. Era alta y delgada. a la que había ido a ser-vir y a la que ya tenía miedo. yo llevaba la cabeza sacada por la ventanilla. que le duraba muchísimo tiempo. y con aquel caserón tan grande delante de mí. como me veía tan triste y apena-da. y demadamCrowl. aunque mi tía siempre fue buena conmigo. sujetos con bisagras al muro exterior. a pesar de todo. y ni cuatro personas con los brazos extendidos tocándose con las puntas de los dedos habrían podido abarcar el tronco de uno de ellos. y hablaba muy poco. y creo que ella me gustaba más que mi tía -a los niños se les gana enseguida con una broma o un cuento-.

-¿Por qué? -pregunto otra vez. y en la mesa té. pues pierde los estribos y se la llevan los demonios a las primeras de cambio. esa pregunta sí puedes hacerla -dice ella-. lo que pasa es que está bastante chocha y no recuerda bien las cosas. -Y otra pregunta. tiene un carácter de lo más fuerte que hay. mi tía subió a ver amadam Growl. Unas palabras demasiado duras para ser la primera vez que ponía el pie en su cuarto. y tocar fuerte la campanilla si causa problemas. tu tía. pero ya . -¿Y por qué se marchó de aquí la muchacha. tiene un oído más agudo que un mos-quito. No sé.te lo dirá. con paredes recubiertas de roble-.supongo -dice ella-. pero supongo que tendrás que estar sentada en su habitación con tus labores cuidando de que no le pase nada y procurando que se dis-traiga con las cosas que tiene encima de la mesa. -Sí. y ya está. se ha marchado. la que se fue el viernes pasado? Mi tía escribió a mi madre diciéndole que se iba a marchar. alegre y parlanchina como siempre (seguro que hablaba más en una hora que mi tía en todo un año. ni ciega -me dice ella-. -¿Está sorda la señora? -No. -¿Cuántos años tiene la señora? -le pregunto.y yo estamos haciendo otra cosa. No hables tanto. que ya había muerto. pero que esperaba que fuera una cris-tiana mejor que él y que no intentara imitarlo. Últimamente ha estado tosiendo un poco. bizcocho reciente y carne ahumada.Wyvern. por favor: ¿está bien de salud la vieja señora? -Bueno. -¿Con la vieja señora? Bueno -dice ella-. Te conviene andar con cuidado con ella. y le gusta más que le cuenten Barba Azul a que le hablen de los asuntos de la corte o de la nación.Wyvern-. el del ama de llaves -muy con-fortable.) Mientras yo estaba aún tomando el té. -Ha subido a ver si la viejaJudithSquailes está despierta -diceMrs. Te aconsejo que no preguntes cosas de ella delante de tu tía. La señora es una vieja bastante quisquillosa. turba y leña.Mrs. pensé. y llevarle lo que te pida de comer o beber. -No le gustó aMrs. -Y dígame. -Noventa y tres y ocho meses ya cumplidos -dice ella riéndose-. por favor. su hermano.Pero primero me dio una palmadita en el hombro y me dijo que estaba muy alta para los años que tenía y que me había criado muy bien. todo en un mismo montón. Shutters. y me miró a la cara y me dijo que me parecía a mi padre. Shutters. Tú la tomas como es. Shutters-ése era el nombre de mi tía. encontré un fuego estupen-do alimentado con carbón. y me preguntó si sabía hacer las labores elementales de costura. y allí estaba la rollizaMrs.Judithcuida demadam Growl cuandoMrs. ¿cuál va a ser mi trabajo con la vieja señora? -le pregunto otra vez. Para lo vieja que es. Cuando entré en el cuarto contiguo. a tu tía no le gustan las mozas parlanchinas.

Todos eran muy raros y pasados de moda.) A veces se enfurruñaba y entonces no dejaba que la vistieran ni desnudaran.Wyvern hablar y me puse la mano en la oreja para ver si pillaba algo. salvo de vez en cuando en alguna fiesta u ocasión especial. Y. me fui a la cama. Mi cuarto.Wyvern.y veo dentro una extraña chaqueta vieja de cuero. Había unas preciosas piezas de porcelana en el aparador y varios cuadros en la pared. volvién-dose hacia mí cuando más distraída la creía-. doy unos paseos por la habitación mi-rando las cosas que hay. estaba en el piso de arriba. le dice: -¡Vamos. tía. Durante todo aquel tiempo. todo el mundo hacía lo que él ordenaba.) Todo el mundo la colmaba de atenciones. cerró la puerta con brusquedad. tía? -digo yo volviéndome con la chaqueta de cuero en la mano-. No es más que una prenda para una persona chiflada. pero no conseguí oír ni una sola palabra de labios demadamCrowl (creo que no dijo nada. reírle las gracias y com-placerla en todo. Era terriblemente aficionada a los vestidos. -¿Qué haces ahí? -dice mi tía con un tono bastante brusco. secándose los ojos de tanto reír. Las personas que trabaja-ban en Applewale. Había una cosa que todos tenían bien claro: bajo ningún concepto debían llevarle la contraria ni burlarse de ella. pero me dio sólo un empujón mientras me arre-bataba aquella prenda de las manos. Al ver que yo estoy llorando. cuando ella muriera. Oí aMrs. Pues bien.Mrs. y. pero valían una fortuna. ¡Shhh! Ahí viene tu tía por el pasillo. vamos. y creo que el té me había puesto tam-bién bastante nerviosa. Ven aquí. y sus colecciones habrían bastado para llenar siete tiendas por lo menos.y yo. siéntate y tómate una jarra de cerveza antes de irte a la cama. A pesar de lo pálida que solía estar mi tía. conviene que lo sepáis. y yo debía estar atenta a sus posibles llamadas. Wyvern estuvo desternillándose de risa arrellanada en su sillón. No sé qué es. El médico venía dos veces por semana a ver a la anciana. diciendo: -Mientras estés aquí no metas las narices donde no te importa. el rubor le afloró a las meji-llas y los ojos se le iluminaron de rabia.está mejor. Se decía que había sido muy guapa de joven. y me atrevo a decir que tiene cuerda todavía para rato.Wyvern estaba al otro lado. como podéis imaginar. sabían que. Y entra mi tíay se pone a hablar conMrs. donde permanecí un buen rato despier-ta. a un lado del de la vieja señora. zagala. volviéndola a colgar en su sitio. mira a mi tía y. . que empiezo a sentirme más a gusto en la casa. ¿Qué tienes en la mano? -¿Esto. y el de Mrs. con correas y hebillasy unas mangas más largas que las cortinas de la cama. pues no estaba acostumbrada a tomarlo. antes bien. pues todo era nuevo para mí. todas sin excepción se quedarían sin trabajo. que cobraban un buen sueldo y vivían holgadamen-te. Pero en Applewale no quedaba ya nadie con vida que recordara aquellos tiempos. y había también una puerta abier-ta en laboiserie. por lo menos hasta los cien años. vamos! La muchacha no quería hacer ningún daño. Creo que estuvo a punto de darme un buen sopapo. Tú no nos hagas preguntas y nosotras no te contaremos mentiras. La vieja señora estaba de malas pulgas aquella noche (llevaba así desde después de comer. sino.

su voz parecía un gemido apagado.Pues bien. Dicho lo cual. Luego me levanté y me puse a pasear de un lado a otro. pues estaba empezando a tener miedo en aquel cuarto tan amplio... vi asomar el rostro de mi tía. con una inmensa cama de columnas rodea-da de cortinas de seda con flores estampadas que bajaban casi desde el techo hasta el mismo suelo. no hagas ruido hasta que vuelva. ya sabéis. -¡Shhh! -me dice en voz baja con una mano en los labios mientras se acerca de puntillas-. noté que la puerta se movía y. vi que estaba abierta la puerta que daba a la estancia demadam Crowl. si el Señor está de nuestro lado. salvo los momentos en que bajé para tomarmi alimento. La habitación estaba iluminadísima: conté hasta veintidós velas de cera. mirando en aquella dirección. conlas velas ya encendidas y sola en mi cuarto. el Maligno no puede hacer daño a nadie si el Señor no lo permite. Yo seguí hojeando el libro ilustrado. se fue. el mayor que había visto en mi vida. Había también un espejo. pero sin oír nada.o un animal. pero ya no volví a oír nada más en aquella habitación. Ella seguirá dormida en su habitación. Pero me alegré cuando se terminó el paseo: los árboles eran muy grandes y el lugar umbrosoy solitario. Al atardecer. ¿quién podrá contra nosotros? Seguí con la oreja orientada en dirección de la puerta y conteniendo la respiración. para distraer la mente. mirando esto y aquello. Cuan-do nosotras hayamos subido. Y mi tía le vuelve a contestar: -Que pongan mala cara. Sí oí a mi tía contestarle: -Señora. y digan lo que quieran. tú bajarás luego corriendo yJudithte ser-virá la cena en mi habitación. Fue entonces cuando oí por primera vez la que supuse era la voz de la vieja señora. y todo el día siguiente. los pasó acos-tada con la ropa puesta y sin decir palabra. ¿sabéis qué se me ocurre? Pues' nada menos que mirar dentro del dormitorio de madam Growl. Para lo que yo estaba haciendo en aquella casa. Al final. ni siquiera el ruido de la respira-ción. Pero no pillé ni una sola palabra de cuanto dijo. Gracias a Dios que se ha dormido por fin. Era una gran habitación. Wyvern y yo volveremos enseguida. todas . entonces me puse a hablar con las ilustraciones y conmigo misma para distraerme un poco. Luego la misma voz extraña de la cama dice otra cosa que tampoco logro distinguir. como de un ave -no sabría decir cuál en concreto. toda aquella noche. y el día estaba nublado. Voy a bajar a tomar mi taza de té. mientras hojeaba las fábulas ilustradas de Esopo. y también oírla hablar. Tenía un timbre extraño. y lloré bastante pensando en mi casa mientras caminaba sola por aquellos para-jes. Después de comer. y yo encerrada en mi cuarto cosiendo.Mrs. mi tía me dio una hora libre para que fuera a pasear. señora. Unos veinte minutos después. Me habría gustado ver a la vieja señora. aguzando el oído de vez en cuando. Me froté las orejas para oír lo mejor posible. como antes. donde se encontraba mi tía. lo mismo podía haberme quedado en Lunnon.

me armé de valor y entré en la habi-tación de puntillas sin dejar de mirar ami alrededor. Apuntando hacia mí con los dedos tiesos. como la dama pintada en la lápida de la iglesia de Lexhoe. Decían que se colocaba ante el espejo ataviada de aquella manera. Permanecí junto a la puerta con el oído aguzado mientras contempla-ba embobada la escena. hasta mi corazón parecía haberse parado. y comprobar que no se movía ni un pliegue de las cortinas. que se las pegabaMrs. pegadas a los costados. se me pasa por la cabeza: « ¿Por qué no echar un vistazo a la cama. y las piernas me tiemblan. todas ellas terminadas en punta. se da la vuelta. con un par de calcetines de seda con espiguilla y unos zapatos de tacones altísimos. arrugada y fofa. Yo seguía retrocediendo. escarlata y verde.. y. y en aquel instante apareció mi tía en la puerta y lanzó un grito seco y la vieja dama se vol-vió hacia ella. voy y me acerco a la cama. tenía una nariz retorcida y flacuchay se le veía la mitad del blanco de los ojos. de ApplewaleHouse. Y he aquí que de repente abre los ojos. riéndose nerviosamente y babeando. primero los dedos y luego la mano entera. a lo mejor pasan muchos días sin que se me presente una ocasión tan buena. Era un capricho suyo que nadie se atrevía a negarle.y allí estaba ella tan tiesa y orgullosa. des-corro lentamente las cortinas y veo tumbada ante mí. Pero me armo de valor y me deslizo entre los pesados cortinajes.Allí estaba ella completamente engalanada. Retrocedí otro poco hacia el rincón y solté un terrible alarido -como si me estuvieran arrancando el alma del cuerpo-.y yo aproveché para dar media vuelta y atravesar mi cuar-to y bajar las escaleras como una . Tenía las manos.. donde está la vieja señora?» Me consideraréis una descerebrada si os digo que tenía muchísimas ganas de ver amadamCrowl. y os aseguro que en mi vida había visto unas uñas tan largas. y no me quedaba más remedio que recular de la manera que podía. ¡Dios mío!.Wyvern. me dice: -¡Oye. Al no oír respiración alguna. le coronaba la cabeza y ¡madre mía. Entonces me acerco a mirarme en el gran espejo. finalmente. Si hubiera pensado un instante. Espero un poco. y unas cejas postizas pardas. me habría dado la media vuelta y escapado rauda. Yo no podía ni soltar la cortina ni moverme ni apartar los ojos.. Pero así era. Pero no podía apartar los ojos de ella. y encorvada por la edad.. Las cortinas están echadas. y yo pensaba para mí: si no la veo ahora. sabía que perdería el conocimiento si llegaban a tocarme. pequeña granuja! ¿Por qué has dicho que yo maté al niño? Te voy a hacer cosquillas hasta dejarte tiesa. que deja ver una gran dentadura postiza. pequeñas y arrugadas. Bueno. pero aquello era la cosa más espantosa que jamás se había visto. Entonces. casi tan alta como ella. oro y bordados de filigrana. Impo-sible ver algo igual en aquellos días. qué espectáculo! Una gran peluca empolvada. posa ruidosamente los dos tacones en el suelo y se me queda mirando fijamente con sus dos ojos grandes y vidriosos. se sienta en la cama. con una malvada risita en los labios arrugados. Un cadáver no deja de ser una cosa natural. estoy segura de que os habríais llevado un buen susto ante aquella visión. empolvada de blanco y las mejillas de rojo. con los dedos apuntándome a la garganta y haciendo todo el tiempo con la lengua un sonido como «sisss-sisss-sisss». a la famosa madamCrowl. Tal vez anti-guamente había estado de moda entre la gente de postín llevar las uñas tan largas. Pues bien. Satén y seda. pero sus dedos estaban ya a sólo unos centí-metros de mi garganta.encendidas. queridas. pero sigue el mismo silencio sepulcral. con un abanico en la mano y un ramillete de flores en el corpiño. Pero. ¡Virgen santa. mientras ella seguía chacoloteando como una marioneta. cuánto pellejo! Tenía la garganta.

ora a la conejera. Se le dejaba demasiada libertad. Después de aquello. Pues bien. Llevaría unos seis meses allí cuando a la vieja señora le sobrevino la última enfermedad. con el paso del tiempo la gente fue olvidando aquel suceso. Un buen día aquel niño desapareció y nadie supo decir adónde había podido ir. sólo que su sombrero había aparecido junto al lago bajo un espino que todavía se puede ver en el día de hoy. solía salir de casa por la mañana para ir ora a la granja del guarda a desayunar con él. era el titular de la finca en la época en que yo llegué a Applewale.exhalación. Una semana después. -Repítelas otra vez -me pidió.Wyvern estaba conmigo me contó una cosa de madamCrowl que yo no sabía. Os aseguro que estuve llorando un buen rato a lágrima viva en el cuarto del ama de llaves. nieto de la vieja señora. el señor de Chevenix Crowl. Y. un día queMrs. de Applewale. sino que le entró una gran depresión y debilidad y se fue apagando entre muchas toses. Mucho antes de que llegara mi tía. creo recordar. un viudo con un hijo de nueve años. « ¡Oye.Wyvern se rió bastante cuando le conté lo sucedido. y que había conseguido camelar a su marido. Y ahora voy a contaros lo que yo vi con mis propios ojos. aquel suceso había sido la comidi-lla diaria de toda la comarca. y muchas veces ya no volvía hasta la noche. También solía bajar al lago. pequeña granuja! ¿Por qué has dicho que yo maté al niño? ¡Te voy a hacer cosquillas hasta dejarte tiesa!» -¿Y dices que ella mató a un niño? -me pregunta. hasta un día o dos antes de pasar a mejor vida. Y yo se las repetí. se había casado con el señor Crowl. siendo joven y muybella .Judithsiempre estaba conmigo cuando las dos mujeres mayores se ausentaban de la habitación de la vieja señora.Mrs. como os he dicho. Y el hijo que el señor Crowl había tenido de su segundo matrimonio con la señora acabó heredando la propiedad. pues le había ocurrido lo mismo quince años antes. el viejo señor.Wyvern -le contesto. el hijo de éste. Y como del niño nunca más se volvió a saber nada. Pues bien. por lo que se pensó que se había ahogado. -Yo no digo eso. cuando le dio por farfullar . la gente comentaba que la madrastra sabía más cosas de las que estaba dispuesta a contar. con sus zalamerías y halagos. nadie supo decir qué le había pasado. Yo habría saltado por la ventana antes que quedarme sola en la habitación con ella. El médico temía que le hubiera dado un ataque de locura. Recuerdo que era invierno. donde se bañaba y pasaba el día pescando o remando en una barca. la misma prenda de cuero que yo había visto en el armario junto a la habitación de mi tía. pero mudó el semblante cuando oyó las palabras que me había dicho la vieja señora. no ocurrió así. en cuya ocasión la habían tenido que sujetar con una camisa de fuerza. Unos setenta años atrás.Mrs.

ahora que carecía ya de función. El cura estaba allí y rezó por ella.atropelladamente pala-bras incoherentes y dar chillidos en la cama. Así. Pues bien. le dieron unos ataques que la dejaron postrada. o algo parecido. pero sin más muebles que mi cama. que no tenía cortinas. y así pasó por fin a mejor vida y todo se terminó para la viejamadam Crowl.Mrs. Dios bendito! Pues nada menos que a la vieja arpía. creyendo que el fuego ha prendido en algo. que está colgada en la pared. La habitación que yo ocupaba ahora era bastante amplia. Y el gran espejo en el que la vieja señora tantas y tantas veces se había mirado y remirado de pies a cabeza. toda vez que los únicos que iban a asistir al entierro eran ellos dos. El bajo de su vestido iba rodeado de un resplandor rojo que parecía estar con-sumiéndole los pies. ¡Y qué veo. pues como podéis imaginar se sacaron muchas cosas de su alcoba para amortajarla. mi tía y el resto de nosotras. y sobre todo en mi hermanaJanetylos gatitosy los perros y todo lo demás. y estaba tan nerviosa que no me podía dormir. pero nada podían hacer ya por ella los rezos. y nosotras seguimos viviendo en la gran casa hasta que el señor viniera a darnos a conocer su voluntad y a pagarnos el finiquito que considerara oportuno. Podéis imaginar que ya no volví a entrar en su habitación. y vuelvo deprisa la cabeza. derecha a la pared de la recámara. y alargó las manos para coger algo que había allí . dos puertas más allá de la que había sido la alcoba demadam Crowl. Mi tía. Pero éste se encontraba en Francia. y se ponía a hacer cosas fuera de la cama. Esto ocurrió la noche antes de que llegara a Applewale el señor de Chevenix. Además. como solía llamar-la mi tía. la vieja dama de Applewale fue enterrada en la cripta de la iglesia de Lexhoe. y las sombras de la cama. Estaba acostada de espaldas a la puerta y miran-do a la pared. como si alguien la estuviera amenazando con un cuchillo en la garganta. Muchas de las cosas que decía a grito pelado habrían puesto los pelos de punta al mismísimo diablo. pero afortunadamente pasó por delante de mí. que fue amortajada e introducida en el ataúd. y la habitación más oscura que boca de lobo. Al final. apuntándome con las uñas de sus manos arrugadas como si fuera a clavármelas. lo cual me alegró sobremanera. pero. una distancia tan grande que el cura y el doctor acordaron que no convenía tenerla durante más tiempoinsepulta . conboiseriede roble. Yo no me podía mover. con una ráfaga de aire frío. con el rostro oculto entre sus viejas y hechizadas manos e implorando piedad. Aquel día recibimos la noticia de que el señor llegaría a Applewale a la mañana siguiente. Venía derecha hacia mí. de la silla y de mi bata. una silla y una mesa. A mí me pusieron en otra habitación. cuya puerta estaba abierta de par en par.JudithSquailes y una mujer de Lexhoe estaban siempre atendiéndola. sobre las doce y cuarto veo unos resplandores en la pared como si algo estuviera ardiendo por detrás. Y me puse a pensar enseguida en todos los de mi casa. pues casi estaba segura de que me volverían a mandar a casa con mi madre. de Applewale. muy pocos enseres para una habita-ción tan grande. sino que me quedaba en la cama muerta de miedo mientras oía sus alaridos y ara-ñazos en el suelo. Aquel mismo día escribie-ron al señor de Chevenix para que viniera cuanto antes. poco sentido tenía ya el que siguiera con vida. que era un rincón en el que había estado antes la cama de columnas. emperifollada en sus satenes y terciopelos haciendo muecas con los ojos desencajados y con la cara más fea que se puede imaginar.Wyvern. se ponen a bailar como locas en el techo y las paredes. lo habían sacado de allí y dejado temporalmente apoyado en una pared de mi habitación. al no tener suficientes fuerzas para caminar ni permanecer de pie. y el reloj dio las doce y aún seguía despierta. se caía al suelo.

La vajilla y las joyas se guardaban allí hasta que pusieron el arma-rio metálico en el cuarto trastero. acordándome de pronto-. Debe de ser un sueño. no sé lo que le diría. mozuela -dice pensativa. supongo que yo me iré pron-to de aquí. Yo le tenía a él bastante respeto. una llave muy grande con un extraño ojo de metal. -Bien. y esa llave que tú dices la encontraron en el fondo del arcón donde . Yo no había visto nunca aquella puerta. Pues bien. De eso hace veinte años. como me había esperado. fuera lo que fuera. se queda pensando un rato y le dice a mi tía: -Recuerdo bien ese rincón. ¿Era como ésta? -me pregunta sacando una llave y enseñándomela con el ceño fruncido. Pero. sin saber cómo he llegado hasta allí. Podéis imaginar que no pegué ojo aquella noche. y la habitación se queda a oscuras. todavía pensativa-. -Esa misma -le contesto. siéntate aquí y cuéntamelo todo de pe a pa. el viejo Wyndel me contó que había una puerta en ese cuarto de la izquierda. Cuando termino. y yo me veo de pie en la otra punta de la cama. zagala. mi tía no me echa ninguna regañina. -El señor llegará antes de las doce del mediodía. las recibí como agua de mayo. sino que me coge de la mano y me mira fijamente a la cara. por ser el hombre más rico de Lexhoe. -Espera -dice soltándome la mano y abriendo el aparador-. era un hombre apuesto. y debemos contarle lo que has visto -dice. Por fin me res-ponde mi lengua y suelto un alarido mientras salgo disparada por la galería y casi arranco de cuajo la puerta deMrs. Aquellas palabras. como podéis imaginar. Era la segunda vez que lo veía.Wyvern. Me dice que no tenga miedo y luego me pregunta: -¿Llevaba la aparición alguna llave en la mano? -Sí -le digo. Y él me dice sonriendo: -Cuéntame todo lo que has visto. dándole la vuelta. En tiempos del viejosirOliver. y con las primeras luces bajo a ver a mi tía lo más deprisa que me permiten las piernas. y no te preocupes. creyendo que me voy a desvanecer. Mi tía recogió todas mis cosas y me dio también las tres libras que se me debían. Tendría más de ochenta años cuando me lo contó. Y de repente se vuelve hacia mí pivotando como una marione-ta. pero es mejor que tú te vayas a casa esta misma tarde. -¿Estás segura? -vuelve a preguntarme. la que la chica soñó que había abierto mi abuela. a la que doy un susto de espanto. El señorCrowlllegó a Applewale aquel mismo día. que te buscaré otra casa en cuanto pueda. Mi tía estuvo hablando con él en el cuarto del ama de llaves. y yo era un niño entonces. querida. esto basta.dentro. como rumiando algo y volviéndola a meter donde estaba. pues sabes que no existen en el mundo esas cosas que llaman fantasmas o espíritus. Pero aquélla era la primera que hablaba conmigo. y no me atreví a acercarme hasta que me llamaron. de unos treinta años de edad. -Segurísima -digo yo. también me contó que la llave tenía un anillo de metal.

pero luego él coge la calavera que yacía en el suelo. -¡Ahá! -dijo él con una sonrisita-. con un pequeño cincel y un martillo. ¡Mejor retírese y cierre esa puerta! Pero. en lugar de obedecerle. -¡Virgen santa!-exclamami tía al darle el atizador y viendo también por encima de sus hombros aquella cosa espantosa-. a mirar en los estantes más detenidamente. tienes que subir conmigo y decirme dónde estaban exac-tamente las cosas que viste. entra despacio con el atizador en ristre y asesta a la cosa un batacazo tal que ésta cae estrepitosamente. de manera que. Y esta muchachita me dice usted que se marcha hoy mismo a su casa. A pesar de lo joven que yo era. -¡Ahá!-exclamael caballero. Y mientras ella va a la chi-menea yo miro por debajo de su brazo y veo agachado en el rincón más lejano a un mono o una cosa despellejada encima del arcón. Bueno. con lo que hace. Y en lo sucesivo nunca volví a ver amadamCrowl de Applewale. no vimos lo que había dentro. justo lo que me imaginaba. yo quiero hacerle además un regalo -dice él dándome una palmadita en la espalda. -Un gato muerto -dice él retrocediendo y cerrando la puerta-. de puntillas. que podía ser también la vieja bruja más chupada que jamás se ha visto en la tierra. Había otra puerta dentro. Vol-veremos después usted y yo. tras darle una vuelta. El caballero la cogió y entró. Vamos. La llave entró perfec-tamente.. el cerrojo cedió y la puerta se abrió acompañada de un chirrido.ella guardaba sus viejos abanicos. y. Mi tía. Se necesitó sólo un par de minutos para. Tenga cuidado. gracias . ¡deprisa! -ordena a mi tía. Ahora tengo otros asuntos que tratar con usted. ¿no? Supongo que ya tendrá su paga. todo lo demás se había reducido a polvo al primer impacto. pues estaba más oscuro que boca de lobo. sacar el trozo de madera de la cerradura. El cuarto era bastante pequeño. ¡Qué puede ser eso! Déme el atizador. pero que no tenía cierres y se abrió fácilmente. zagala. Durante un buen rato nadie dice nada. trataba de mirar por encima de sus hombros.Mrs. yo no veía absolutamente nada. Shuttters. y tuve bien agarrada la mano de mi tía todo el rato que estuve en aquella espantosa habitación diciéndoles a los dos por dónde se había movido la aparecida y dónde estaba exactamente la puerta que yo había visto en la pared. nadie habría imaginado que había allí ninguna puerta. El corazón se me desbocaba en la gar-ganta. Bueno. Obedecí con poco entusiasmo. más extraña que la primera. Pero allí había ahora un armario viejo. Mi tía encendió una vela. en medio de un montón de huesos y polvo.. no me extrañaría nada que encontráramos allí algunas cucharas de plata o diamantes. cabeza incluida. y bien contenta que volví a casa. con paredes y bóveda de ladrillo. Me dio una libra de oro y yo marché a Lexhoe aproximadamente una hora después en la diligencia. señor. Eran los huesos de un niño. creí saber perfectamente en qué esta-ban pensando los dos en aquel momento. Lo corrimos y vimos el con-torno de una puerta en laboiseriede roble y el ojo de una cerradura obturado con madera y cepillada con el mismo cuidado que todo lo demás y todo el reborde de la puerta tapado con masilla de color roble. retrocediendo-. de no ser por los goznes que sobresalían ligeramente.

y el «lector» es decidi-damente un animal más crítico que el «oyente». Pues bien. Mi primo(Tom Ludlow)y yo estudiábamosmedicina juntos .a Dios. sin que sus gritos. puede resultar bastante bien -si yo no me alabo a mí mismo quién lo va a hacer en mi lugarPero es un riesgo hacerlo como me piden que lo haga. También me dijo que alguien había dejado su sombrero al borde del lago para hacer creer que se había ahogado. pero franco y alegre. y muy escrupuloso en la observancia de la verdad. en la que se decía que el pequeño llevaba con él un cuchi-llo de mango verde y varias canicas.y me aseguró que se trataba del niño desaparecido hacía tanto tiempo que aquella vieja arpía había encerrado en la oscuridad hasta que se muriera. por cierto. en una palabra. cuan-do su anciano padre creía que se había escapado o lo habían raptado unos gitanos. Pero si logran conven-cer a sus amigos para que la lean una vez caída la noche. RELATO DE CIERTOS SUCESOS EXTRAÑOS EN LA CALLE AUNGIER Esta historia mía no es para escribirse. me pondré a trabajar enseguida para contarles con la mejor disposición lo que tenga que contar. Mi tíoLudlow. en una palabra. Si se cuenta. Pero cuando ya era una mujer. la última vez que se le vio. supongo. Pero había un puñado de canicas y un cuchillo con mango verde. pues. la tinta y el papel son vehículos muy fríos para lo maravilloso. . nos permitía vivir más cerca de nuestras aulas y diversiones. Toda su ropa se convirtió al primer toque en una nube de polvo en el cuarto donde se encontraron los huesos. y el mobiliario escaso. nuestro proyecto se llevó a cabo casi tan pronto como fue concebido. una propuesta doblemente satisfactoria. que soy de un temperamento excitable y nervioso. por un lado. junto con un par de peniques que el pobre niño llevaba en el bolsillo. y que él vio la luz. baste con saber que era de carácter tranquilo. La pluma. mi tía vino a pasar conmigo un día y una noche en Littleham. Él residía en el campo. Y eso es todo lo que tenía que conta-ros sobre la viejamadamCrowl. nos eximía de la obligación semanal de pagar alquiler. Y entre los papeles del señor había una copia de la nota escrita después de desaparecer el niño. junto a la lumbre después de una buena cena una noche de invierno con el viento frío rugiendo fuera y todos bien calentitos y confortablemente instalados. Por lo que aquí interesa. yTomme pro-puso que nos alojásemos en la susodicha casa mientras no se alquilara. Creo que él habría tenido bastante éxito de haberse dedicado a esta profesión. nuestros enseres eran casi tan simples como los de una tienda de campaña. por el otro. El salón que daba a la calle nos servía de cuarto de estar. súplicas y aporreos pudieran ser oídos por nadie.una de las cuales estaba vacía en la época en que acudimos a la capital a estudiar. bas-tante distinto a mí. pero el pobre chico prefirió la iglesia y murió joven. presupues-tas estas condiciones. ni en apariciones ni en sueños.y. no voy a desperdiciar más palabras y paso ya a contarles la historia en cuestión. Así. como a veces he hecho a petición general. después de que la charla junto a la lumbre lleve un buen rato versando sobre emocio-nantes relatos llenos de terror y misterio. si me aseguran los mollia tempora fandi. del caserón de Applewale.padre deTom. víctima de un con-tagio contraído en el noble desempeño de su labor sacerdotal.había comprado tres o cuatro casas viejas en AungierStreet. Nuestras pertenencias eran contadas.

En ella se veían muy pocas cosas nuevas. en cualquier caso. digo. aparte de esto. tenían un aspec-to formidable. en 1702. cuando yo empecé a notar que pasaba malas noches y dor-mía mal. Así pues. el que fuera alcalde de Dublín en tiempos de Jacobo II. el escéptico iba a recibir pronto un terrible correctivo. no había en ella nada «moderno». por nada del mundo habría aceptado yo pasar allí una noche solo. no era nada sombrío. Todo lo contrario que el dor-mitorio interior. omnipresente e impenetrable. no encuentro otra palabra mejor. El agente de mi tío que la compró y la inscribió en el registro de la propiedad me contó que había sido vendi-da. según dictamen del juez de instrucción) vivió aquí bien acompañado de excelente carne de venado que regaba con el mejor oporto. la casa era muy antigua. en la singular solidez de toda la madera. y tal vez fuera mejor así.Yo ocupaba el dormitorio de encima. esta anciana. Toda aquella estancia en su conjunto me resultaba a mí. se había realizado un gran esfuerzo para empapelar los salones. En fin. en el extraño emplazamiento diagonal de las chimeneas. junto con otras muchas fincas confiscadas. esta «recámara» -como nuestra «criada» gustaba de llamar. me atrevo a decir. desde las barandas hasta los marcos de las ventanasque parecía abomi-nar de cualquier retoque para proclamar enfáticamente su antigüedad por muchos adornos y barnices modernos de que hubiera sido objeto. Yo nunca había intentado ocultar al pobreTommis propensiones a la superstición. en la forma de puertas y ventanas.que. en la robustez especial de vigas y cornisas. que daba a la calle. Esto lo supimos por una mujer ya mayor que regentaba una pequeña tienda destartalada en la bocacalle y cuya hija -de cincuen-ta y dos años de edad. se había amalgamado con el dormitorio al derribarse la pared. pero. que. pues había algo extraño y pretérito en su arquitectura -en el alzado de las paredes y el tendido de los techos. que tenía dos ventanas melancólicas extrañamente orientadas -miraban inútilmente a los pies de la cama-. Sin embargo. La vela dis-tante y solitaria deTomrelucía en vano en medio de su oscuridad. pero. Sin duda había en sus propor-ciones y rasgos una discordia latente. Los dormitorios estaban recubiertos de madera. como dije antes. yTomel dormitorio de enfrente. en él su antiguo confort parecía predominar sobre su algo tétrica vetustez. cierta relación misteriosa e indes-cifrable que atentaba vagamente contra la esencia más íntima de lo que se suele entender por cómodo y confortable y ofrecía indefinibles sospe-chas y aprensiones a la imaginación. a la vez interesante y deprimente. de alguna manera. que parece acom-pañar a la mayor parte de las mansiones antiguas. Por ejemplo. tras haberse ganado la fama de demasia-do amigo de condenar a la horca. empujado por una «locura temporal» había acabado colgándose él mismo con la cuerda de jugar a la comba de la maciza y vieja baranda.era nuestra única y solitaria criada: venía al ama-necer y se retiraba castamente tan pronto como dejaba preparado el té en nuestro señorial aposento. había conocido épocas y cambios suficientes para poseer ese aire miste-rioso y entristecido. Llevábamos poco tiempo viviendo allí.creo. los amplios salones estaban tapizados de cuero dorado y. Para empezar. Por la noche. Sin embargo. el papel parecía algo vulgar y desento-naba del resto. Pero esto no era más que una parte. Me parece que su fachada había sido remozada unos cincuenta años atrás. no puedo precisar cuándo la habían construido exactamente. y que había pertenecido asir ThomasHacket. éste -aunque sin afectación alguna.adquiría a mis ojos un carácter especialmente siniestro y fantasmagórico. En aquellos años de Maricastaña. cada cual en su dormitorio respectivo. sencillamente repelente. y ese cuarto oscuro que se encuentra en la mayoría de las casas antiguas de Dublín -cual gabinete fantasmagórico. por atracción simpática. que era interior y que a mí no me gustaba ni un pelo. enChichester House. Esto me inquietó tanto más por cuanto que yo me preciaba de tener un sueño profundísimo y de ser poco propenso a las pesadillas. se acordaba de cuando el viejo juez Horrocks (el cual.solía reírse de aque-llos terrores míos. pero el mío. como les voy a relatar a continuación. ahora .

. Pues bien. un cuadro salía volando de repente hasta la ventana. y la misma visión me visita-ba al menos (en promedio) cada dos días a la semana. se desarrollaba de la siguiente guisa: Veía. Aquel cuadro. Después de un primer plato de sueños desagradables y pavorosos. como por una atracción eléctrica. sino mediante un tonificante. Sin saber exactamente por qué. Casi siempre me limitaba a decirle que había tenido una pesadilla abominable. Aquel sueño. lo que signaba el comienzo de mi sesión de horror. el gallo desaparecía y. sentía una antipatía insuperable a describir a mi amigo y camarada aquellas mis turbaciones nocturnas. que se alargaba a veces durante varias horas. así. me pegaba todas las noches una buena «panzada de horrores». tono y sombra de aquel rostro. si bien reinaba una profun-da oscuridad. tras un intervalo que siempre parecía tener la misma duración. etcétera? No cabe . el demonio que me había mantenido esclavizado durante la espantosa vigilia nocturna. no es necesariamente cierto. podía haber estado igual de cerca de mí. tenía embrujados mis sentidos. sin saber por qué. y entonces una sen-sación de pavorosa anticipación se apoderaba de mí de manera lenta pero implacable. mi atención se fijaba invariablemente. nos confabulábamos para dispersar mis horrores. pesadilla o ilusión infernal -llámenlo como gusten. mientras que las cejas conservaban su negrura original. Recuerdo perfectamente -cómo no. ¿Qué significa todo el código moral de la religión revelada sobre el cuidado debido a nuestros cuer-pos. cuyos pliegues podría describir ahora mismo y cuyo semblante era una extraña mezcla de inteligencia. ¿cómo explicarlo? ¿Era aquella aparición -tan singular como terrorífica. en las ventanas que había frente a mi cama. y haber sido igual de enérgicoy malvado aunque yo no lo hubiera visto. mis inquietudes adoptaban una forma definida. que tan misteriosamente se superponía a los crista-les de la ventana. como el pico de un buitre. sensua-lidad y poder. con espantosa claridad.puro engendro de mi fantasía y de mi pobre estómago? En una palabra. por el que asomaba un pelo cano por los años.del que yo era un triste juguete. o creía ver. me levanta-ba para iniciar la nueva jornada. al tiempo que presagiaba cosas siniestras. Pero. cómo él. grises y prominentes. donde permanecía fijo. la sobriedad. que mantenía la mirada clavada en mí mientras el mío se la devolvía con la inexplicable fascinación de la pesa-dilla. mis queridos amigos. El espíritu maligno. mientras me encontraba en aquella situación «clarividente» -teatro iluminado en el que se iba a mostrar el consabido cuadro de horror. bajo la forma de aquel retrato.que tornaba mis noches insoportables.cada arruga. Estos ras-gos estaban rematados por un gorro de terciopelo carmesí. fieles al presunto materialismo de la medicina. parecían brillar con una crueldad y frialdad del otro mundo. como bien saben. es inherente a la pesadilla corriente. cada objeto y pequeño detalle del dormitorio. como no podemos por menos de reconocer. y. no mediante un exorcismo. ¿era algo «subjetivo» (por utilizar el tecnicismo tan popularizado en nuestros días) y no la agresión e intrusión palpables de un agente externo? Esto. Tenía la nariz corva. trashaberse pavoneado. y así durante horas y horas. aunque sin duda por la intensísima angustia y horror sobrenatural con que iba asociada aquella extraña fan-tasmagoría.todo era distinto: en vez de disfrutar de mi descanso habitual. la templanza. contenía el retrato de un hombre viejo vestido con una bata de seda de flores carmesí. y. sus grandes ojos. Finalmente. que.. Me parecía como si algo horripilante pero indefinido me estuviera acechando en algún lugar desconocido con vistas a mi tor-mento personal. Esto. con los nervios destrozados. Hay que ser justos y reconocer con total franqueza que el maldito retrato empezó a espaciar sus visitas como consecuencia de aquel tonifi-cante.

casi simultáneamente. Un simple sueño. me despertaron unos pasos en el corredor. Hice lo que me pedía mientras él.Tom?¿Qué te ha pasado? ¿Qué diantre te ha pasado.dime qué te ocurre. Una noche en que estaba yo durmiendo profundamente. seguidos de un ruido sordo producido por lo que resultó ser un gran candelabro de metal lan-zado con toda su fuerza por el pobreTom Ludlow contra la baranda y que fue dando tumbos hasta el segundo tramo de las escaleras. envolviéndose con una de mis mantas.. no vayas. mirando a través del vetusto barandal hacia la ventana del pasillo. presa de una extraordinaria agitación. lo más seguro -dije-. si no me equivoco.Tom. nada. y lo mismo cabe decir del espíri-tu maligno.los detalles de la espantosa visión que lo había dejado tan abatido.. ¿no crees? No ha podido ser otra cosa que un simple sueño.Tom?-le pregunté sacudiéndolo con nerviosa impaciencia. nada. -Sí. quédate aquí. Esta operación tiene éxito unas veces. Y no hay más que hablar. y ¿dónde está la vela? -En tu habitación. pero ¿qué ocurre? ¿Qué es lo que ha pasado exactamente? ¿Por qué no me lo dices. Yo salté de la cama y lo cogí del brazo sin tener la menor idea de lo que estaba ocurriendo. ¿quieres que vaya por ella? -No. El hipnotizador y el electrobiólogo fallarán por término medio en nueve de cada diez pacientes... Cierra la puerta con cerrojo. prote-gernos contra influjos que de lo contrario tornarían espantosa la vida como tal. . No importa. Pero yo no sabía aún nada de esto.me voy a que-dar aquí contigo. Todo el mundo sabe lo contagioso que es el miedo de cualquier tipo. una vela. se sentaba en el borde de mi cama. -¿Qué ocurre. ya ha pasado.. He debido de soñar algo. y otras no.Richard?Está oscuro. y.que había un hombre en mi habitación y.Dick. por donde penetraba la luz tenue de una luna nublada... Se requieren unas condiciones especiales del sistema corpo-ral para la aparición de ciertos fenómenos espirituales. Yo no quería que me contara -ni creo que a él le hubiera apetecido hacerlo en aquel momento. Yo tenía.. sintiéndome inusualmente nervioso. Allí estábamos los dos con nuestros camisones delante de la puerta abierta.duda de que existe una clara relación entre lo material y lo invisible. -Creí -dijo. cosa extraor-dinaria. -¿Que qué me ocurre? Oh.. Él respiró primero y luego me contestó con unas frases no muy cohe-rentes: -No pasa nada. Me encuentro en un «estado de shock». y salté de la cama. No. Sé buen chico. ¿He dicho algo? ¿Qué he dicho? ¿Dónde está la vela. Después descubrí que mi compañero presuntamente escéptico pasa-ba también momentos de turbación. te lo repito: todo ha sido un simple sueño.Dick. está bastante oscuro -dije-.Tom?¿Estás en tus caba-les? Venga.. pero ninguno se puede comparar con el que se había apoderado del pobreTomaquella noche. Tomabrió la puerta de par en par y entró reculando en mi habitación. encien-de tu vela y abre la ventana. el tono saludable del sistema corporal y su energía intacta pueden. -Por supuesto que ha sido un simple sueño -dije yo. Estoy un poco nervioso.

bajando por la susodicha escalera.Tompartió temprano al pueblo de su padre tras acordar que. yo espera-ba que mi puerta fuera a abrirse en cualquier momento para dar paso al modelo u original de mi detestado retrato. los ruidos de la casa eran. había dejado a un lado mi volumen de anato-mía. transcu-rrió casi una semana entera antes de firmarse el contrato de arrenda-miento y escribir yo a toda prisa aTompara que regresara cuanto antes. como hace mucho tiempo que no veo a mi padre. en que me encontraba sentado junto al fuego de mi dormitorio. pero hay una cosa obvia: que este horrible case-rón nos repatea a los dos.-Tom.no me hables de nada relacionado con tu absurdo sueño -le dije afectando desdén. le escribiría urgentemente para que diera por terminada su visita a tíoLudlow. pero en el fondo muerto de miedo-. sirvieron entonces para estimular conside-rablemente mi apetito de cambio. con los nervios propios del cambio de casa. ¡que me cuelguen si me quedo aquí más tiempo.. lo mejor que podemos hacer es buscar otro alojamiento cuanto antes. Cuando los pasos alcanzaron el rellano de mi piso. parecieron detenerse.. había decidido conservar el ánimo a base de buenos lingotazos de licor -práctica ésta recomendada por la sabiduría de mis antepasados-. voy a ir a verlo mañana y volveré dentro de un par de días. por noches malí-simas! Así que. para verme asaltado por la indigestión y. con la contundencia y la parsimonia propias de un adulto. donde me esperaban media docena de páginas delSpectator. y estaba regalándome con un tonificante previo al ponche y a la cama. ¿no te parece? Tomasintió y. debido a una serie de pequeños aplazamientos y circunstancias. Ahora bien. parecía decidida a hacer el mayor ruido posible y a avanzar con total parsimonia.he pensado que. espíritus azules y grises queme acechaban. pues. tras una pausa. Entre tanto. y que. También era obvio que la per-sona que bajaba las escaleras no tenía ninguna intención de pasar inadvertida. con la puerta bien cerrada y todos los ingredientes de un ponche de whisky sobre la mesita de noche -de diseño bastante irregular-.. tú puedes encargarte de buscar habitaciones para los dos. pues. dijo: -Oye. Recuerdo bien la noche. Hablemos de cualquier otro tema.Richard. ocurrió que. Pero me equivoqué. perfectamen-te audibles.. Eran unos pasos lentos y pesados. sino que. antes al contrario. Pues bien. y estaba claro que aquellos pies iban completamente descalzos. entre tanto. Yo había creído que aquella resolución. se desvanecería a la mañana siguiente junto con los demás vapores y sombras de la noche. tan pronto como yo encontrara alojamiento apropiado. produ-ciendo un ruido a la vez seco y fofo. fruto evidente de la visión que tanto le había perturbado.. un día o dos tras la partida de mi compañe-ro.. muy desagradable al oído. para mantener completamente a raya a los espíritusnegrosyblancos. por absurdas que puedan parecer ahora difumi-nadas por el paso del tiempo. Sin embargo.cuando oí pasos en el tramo de escaleras entre el desván y el piso de mi dormitorio. Yo sabía perfectamente que la criada se había marchado a su casa hacía bastante tiempo y que nadie más que yo tenía motivos legítimos para andar por la casa a aquellas horas. le ocurrieron un par de aventuras insignificantes a vuestro humilde servidor. unos . que. Eran las dos de la madrugada y las calles estaban más silen-ciosas que un cementerio.

es decir.. y cuál no sería mi horror cuando veo.. Agucé el oído. No aprecié ningún nuevo movimiento. tras otra pausa.segundos después sentí un gran alivio al percibir que los pasos reanu-daban su descenso en dirección de los salones de la planta inferior. volví a mi habitación y cerré la puerta con doble vuelta de llave. pues aquella aparición. inquietantemente anunciada por unos truenos de tor-menta y un diluvio de lluvia deprimente. Ahora que había cesado el ruido. Todo el mundo conviene en lo desagradable que resulta el sonido de la propia voz en semejantes circunstancias. decidí probar fortuna: abrí la puerta y grité estentó-reamente por encima de la baranda: -¿Quién anda ahí? La única respuesta que obtuve fue el eco de mi propia voz retum-bando por la vieja mansión. en cualquier caso. Pues bien. no les ocultaré que el aparador que contenía nuestra vajilla se hallaba justo allí. Ésta llegó. oí cómo los horribles pies descalzos seguían bajando las escaleras. no sabría decir si con forma de hombre o de oso. Traté de tranquilizarme ante la evidencia de aquellas pruebas. de espaldas a la pared. como suele decirse. y hacia medianoche no se oía ya más que el . Armado de valor. y. pero no oí moverse ni una mosca. tuve la satisfacción de constatar que había lanzado el ati-zador con admirable tino y. en medio de un horrible estropicio de objetos rotos. nunca pude determinar después si había sido víctima de mi propia fantasía. cogí el atizador de la chimenea. y salí al pasillo. tras cambiar una o dos veces de forma. Mi aprensión aumentó igualmente al notar que la puerta. Esta vez había ingerido ya mi ponche y por tanto «la moral de la tropa» era excelente. oída en medio de la más completa soledad. Aquello redobló mi sensación de incomu-nicación. y de las pisadas regulares que aporreaban las escaleras en medio de la soledad de mi embrujada morada.. pero no lo conseguí. nada. retorné lo más rápidamente posible a mi habitación. y luego. que estaba seguro de haber dejado abierta. No sabría decir con total seguridad si la aparición de aquella noche había sido una simple ilusión óptica de mi fantasía jugando con los oscuros contornos del aparador y. Todo aquello tenía una pinta realmente fea. desde donde no me llegó ya ningún ruido.. pero la noche siguiente. Un minuto después. le lancé el atizador con toda mi fuerza a la cabeza. la oscuridad y el frío eran descorazonadores. Además.. no se podía explicar tan fácilmente. por tanto. con dos inmensos ojos verdosos que brillaban tenuemente. Salté de la cama. como daban fe los fragmentos del juego de té que se amontona-ban en el suelo. estando ya acostado y en medio de la total oscuridad. donde aún resplandecían algunos rescoldos. El sonido había cesado en aquel momento. mi estado anímico era una caldera a punto de estallar. aunque en aquel momento yo no me acordaba de esa circunstancia. hacia la misma hora oí claramente a mi buen amigo bajar de nuevo de las buhardillas. Asimismo debo manifestar con toda sin-ceridad que. hasta que cesó el ruido al llegar al vestíbulo. como en la ocasión anterior. presa de una vaga alarma. que aportara alguna explicación al nerviosismo que me roía. delante de mí a un monstruo negro. y temeroso de que me hubieran cortado la retirada. La noche siguiente no aprecié ruido alguno por parte de mi descalzo co-inquilino. se había cerrado detrás de mí. hasta la planta baja y el vestíbulo.. Las calles se vaciaron de gente antes de lo habitual. en suma. donde permanecí en un estado de espantoso bloqueo mental hasta que se hizo de día. las hice materialmente añicos. Yo tenía la moral por los suelos y un terrible pavor a que llegara la noche. y a aquella hora en la que yo no podía recurrir a ninguna ayuda? No. ¿cómo explicar el ruido de aque-llos horribles pies descalzos. los horripilantes ojos de aquel bicho no habían sido más que un par de tazas de té invertidas. o creo ver. teniendo en cuenta que mi imaginación estaba muy excita-da. empezó a avanzar hacia mí con su forma original. Movido instintiva-mente por el terror más que por el valor.

y sepa Dios con qué otra cosa también. Era del tamaño del pie de Goliat. y. el más impor-tante de los cuales fue la nota urgente que le mandé aTom pidiéndole que viniera. vela en mano. Shakespearedice: «Hay algunos hombres que no soportan mirar a un cerdo. se había vuelto más silencioso y la oscuridad más oscura todavía. El silencio. de aspecto solemne y antañón. que turbaba la paz noc-turna de mi mansión. Mientras atravesaba la estancia improvisé una plegaria. mientras seguía arrastrándose y mirándome a la cara casi por entre mis pies. Me puse a pasear por la habitación silban-do tonadillas marcialesy humorísticas alternativamentey aguzando el oído de cuando en cuando por si oía el temido ruido. Curiosamente. volvió a darme suficiente coraje y entereza en el momento preciso en que empecé a oír las pisadas contundentes y fofas bajando parsimoniosamente las escaleras. pues. que había sucedido a la tormenta. la cual se había alejado definitivamente allende las montañas de Dublín.desapa-cible golpeteo de las gotas contra el suelo. Aque-lla noticia me alegro por doble motivo. gris. a mi vuelta encontré una nota de éste mismo comunicándome su intención de regresar al día siguiente.que acababa de ver era el temido ser maligno que vagabundeaba disfrazado por la casa en una especie de aquelarre nocturno. pero la interrumpí ense-guida para averiguar si se oía algo nuevo. no se veía ningún monstruo en la escalera. podría jurarlo. si es que era visible. por una parte. una auténtica rata. Sin embargo. . No se oía más que el ulular del viento. pues estaba decidido a ver a toda costa a aquel engendro. por la otra. que embrutece a tanta gente. Cogí una vela con un si es no es de temblor en la mano. el ponche. su regreso me resultaba particularmente grato tras la aventura de la noche anterior. Me habría gustado oír el traqueteo de algún vehícu-lo o el aburrido vocerío de alguna trifulca lejana. Y ¡horror de los horrores! Un par de peldaños más abajo de donde yo estaba. En medio de aquella gran ciudad. me estaba mirando fijamente con una expresión de malicia perfecta-mente humana. Volví como un rayo a mi habitación con una sensación de asco y horror difícil de describir y cerré a cal y canto la puerta como si hubiera un león al otro lado. como el detestado sonido había cesado. Mi presencia de ánimo iba disminuyendo por minutos. Me senté y me quedé mirando la etiqueta cuadrada de la botella negra. Estaba muy nervioso y traté en vano de enfrascar-me en lo que estaba leyendo. Confieso que vacilé unos segundos junto a la puerta antes de encontrar el suficiente valor para abrirla. Que me muera si no era la rata más mons-truosa que jamás había visto o imaginado. y mi ojo capto algo que se movía. gestioné varios asuntos. Preferí no acostarme y mantenerme alerta para entrar en com-bate. y. mitad ridícula y mitad horripilante. en cualquier momento. entre tanto. Me instalé lo más cómodamente posible y encendí dos velas en vez de una. ya había conseguido encontrar nuevo alojamiento y. pesado y se bamboleaba como un peso muerto de un peldaño a otro. La mañana siguiente la pasé arrastrándome penosamente por las calles embarradas de la ciudad. hasta que «FLANAGAN & CO'SBEST OLD MALT W HISKY» devino en una suerte de acompañamiento atenuado de todas las fantásticas y horribles especulaciones a que se había entregado mi cerebro. ¡Maldito retrato y maldito original! Estaba comple-tamente convencido de que aquella rata -sí. cada vez más fuerte. y otros que enloquecen si ven un gato. Los pasos seguían su cadencia regular. El pasillo estaba completa-mente vacío. pues. la mirada infernal y el sem-blante maldito de mi viejo amigo del retrato transfundidos en la cara de aquel bicho abotargado. Aquella noche dormí con lo puesto en mis nuevos lares de Digges'Streety a la mañana siguiente volví a desayunar a la mansión de los fan-tasmas. ríanse de mí si quieren. me sentí con la suficiente confianza para aventurar unos pasos más hasta la baranda. vi. pues estaba seguro de queTomiría allí directamente al llegar. los pasos misteriosos habían vuelto a retumbar.» Yo estuve a punto de perder el juicio al contemplar aquella rata. empecé a sentirme solo con la natura-leza.

»La primera vez estaba acostado en esa cama grandota tratando de dor-mir. -dijo mi primo como restando impor-tancia a mi relato-. pues lo normal es que me hubiera vuelto loco si no logro escapar rápida-mente. mi queridoTom-insistí-. habrías reconocido que era cualquier cosa menos lo que parecía ser.. Mi curiosidad fue disminuyendo y. mis pensamientos discurrían por derroteros alegres y agradables. Pasé un trago malísimo.Dick. unos minu-tos después. Era como si alguien viniera arrastrando lentamente un trozo de cuerda.Dick. sepa su señoría que no me hace mucha gracia contarla precisamente aquí. pero sin conseguir ver nada. Estaba com-pletamente despierto. Y prácticamente la primera pregun-ta que me hizo fue sobre el motivo principal que nos había empujado a cambiar de residencia. -Graciasa Dios -exclamo con auténtico alivio al oír que todo esta-ba arreglado-. La verdad es que me hace poca gracia recordar aquello. te aseguro que bajo ningún concepto volvería jamás a pasar una noche en este horrendo caserón. aunque ya había apagado la vela. -Ya. Me alegro por ti.Y no me equivoqué. Si los hubieras visto. Ante aquel desafío. Nuestra Hebe se hallaba en aquel momento en un rincón de la habitación recogiendo en un cesto los pedazos de nuestra vajilla. y yo aproveché para contarle mi aventura con aquella vieja rata hinchada. y. si bien he de reconocer que formamos un contingente demasiado aguerri-do para que a los fantasmas se les ocurra hacer alguna de las suyas. Aunque dijo aquello en tono de broma. . Pero enseguida suspendió su tarea y se puso a escuchar el relato con la boca y los ojos abiertos (éstos como pla-tos). Desde que nos instalamos aquí no hemos pasado ni una sola hora a gusto. y estoy completamente seguro de que quería hacerme un daño mortal. -Bueno. la levantara y luego la volviera a dejar caer suavemente en el suelo. en cuanto a mí. oigamos entonces tu aventura -dije con cierta acrimonia. el mejor exorcista habría sido un gato en plena forma física-dijo con una risita provocadora. Allí estaba. aunque un poco inquieto en el fondo... -¡Al diablo este lugar!-exclaméa mi vez con una mezcla de miedo y odio-. él miro primero a su alrededor con inquietud. Y así seguimos platicando. -Bueno. No creo que a mí me hubiera asustado demasiado. en tu caso. aquella cara. Pero gracias a Dios que logré escapar. si eso fuera todo. y. pero aquellos ojos.. Sin duda le había refrescado un recuerdo sumamente desagradable. si te empeñas.tres veces distintas. en ese odioso recoveco del extremo de la alcoba. Trataré de reproducir el relato a poder ser con sus mismas palabras. Me incorporé un par de veces en la cama.te la contaré -dijo-. creo que su razonamiento no estaba desprovisto de cierto fundamento. »Debían de ser por lo menos las dos de la madrugada cuando creí oír un ruido en ese. -Lo vi tres veces. por lo que deduje que debía de ser algún ratón trajinando en el revestimiento de madera de la pared. -Bueno. No obstante. estaba tan inmóvil como si ya me hubiera dormido. -Me inclino a pensar que.

En cuanto amaneció. tras pasar junto a los pies de mi cama. penetró en el cuarto de la izquierda. Como me acordaba de tus sueños con el retrato. al igual que la siguiente. Con todo aquello. ¿cómo diantre lo había visto yo? Era una noche cerrada. ¡Dios bendito. había salido de la recámara y. que consigue que la gente lo acabe creyendo de tanto oírlo. aquella noche transcurrió bastante tranquila. y en especial el trayecto que había seguido aquel espantoso intruso. y yo tampoco aprecié desorden alguno entre los objetos del armario. las perso-nas a las que menos probabilidades tenemos de engañar. Además. ni tampoco atentar contra mi declarado escepticis-mo al contarte aquella experiencia preternatural. Sin volverse a derecha ni izquierda. pero éste no había dejado ninguna huella a su paso. Bajé tarde. atravesando mi habitación tieso y premioso en sentido diagonal. y me con-vencí. como un charlatán de feria. sospechar en un principio nada sobrenatural. Como estaba agotado. lo decía todo. por extraño que parez-ca. »Uno de los fenómenos más notables relacionados con la práctica de la mendacidad es el gran número de mentiras deliberadas que nos con-tamos a nosotros mismos. pasó a mi lado y penetró en el armario que hay junto a la cabecera de la cama. cuyo original estoy ahora seguro de que era el que yo había visto. Bueno. me sobrevino finalmente un sueño profun-do pero agitado. con una especie de bata roano-roja y un gorro negro. con unos temblores raya-nos en el puro pánico. me armé de valor y examiné deteni-damente la habitación. o un impostor. precisa y curiosamente. huelga recordártelo. »Aquella aparición. que nunca podré olvidar en el resto de mi vida. como si yo mismo hubiera devenido en otro cadáver. Yo no lo había molestado. no me da vergüenza reconocer. un sueño cataléptico podía explicarlo todo. sin embargo. »Éste no se me había vuelto a aparecer. ¿qué le importaba . »Aquella constatación me aportó una pizca de consuelo y tranquili-dad. El espectro había atravesado la habitación sin reconocer mi presencia.dejé de observar. Sin embargo. »Mientras me encontraba en este estado. Llevaba algo bajo el brazo. con colores y contornos. me sentí incapaz de articular palabra o moverme. sin. y él no parecía tener nada que ver conmigo. qué rostro el suyo! Tomse detuvo un instante antes de proseguir: -Aquel espantoso rostro. que somos. Pero. recuperé la autoconfianza y empecé a imaginar que creía en la teoría de las ilusiones espectrales que en un principio había tratado en vano de imponer a mis convicciones. de que no había sido más que un sueño. Cuatro horas después de aquello aún me sentía demasiado aterrorizado y débil para moverme. ni mi vela ni el fuego estaban encendidos y. yo esperaba hacer proselitismo conmigo mismo y convertirme en un perfecto escéptico respecto al tema del fantasma. vi de repente a un hombre viejo. Así. a mí que en el fondo no me creía ni una palabra de aquel maldito embolado.yo estaba simplemente mintiéndo-me a mí mismo. pues. yo seguía erre que erre. ¿para qué cruzar la habitación con apariencia visible? Además. Lo hice. »Te aseguro que me hizo falta mucho valor para volver la noche siguiente a mi dormitorio embrujado y acostarme en aquella misma cama. y lo mismo dos o tres subsiguientes. »Mientras pasaba a mi lado aquella espantosa e indescriptible encar-nación de la muerte y la culpa. razoné. Tenía la cabeza ligeramente inclinada a un lado. no quise hablarte de aquella visión infernal para no amedrentarte más aún. había sido completamente anómala. entonces. lo cual era un verdadero con-suelo. Dick. y. como nunca había visto una forma humana. bastante corpulento. Sin embargo. Yo estaba tratando de convencerme a mí mismo de que todo aquello era una mera ilusión y no quería revivir la espantosa impresión de la noche anterior. lo había visto perfec-tamente.

y. Mi corazón latía desbocadamente. Sabía que había tenido una pesadilla horrible. la triful-ca doméstica del callejón se había amortiguado un tanto. que por momentos se iba perdiendo en la lejanía: Era Murphy Delany. más ciego que un topo. pero no acertaba a recordar en qué había consistido.Dick?. »Yo seguí recitando con cansina monotonía aquella balada hasta el último verso. no sabría decir durante cuánto tiempo. El claro de luna penetraba a raudales por la ventana sin cortinas. animado por una algarada entre borrachos en la calle de atrás. y así sucesivamente. alegreyretozón. y luego se fue difuminando. Salió haciendo eses harto de whisky.yo a aquel ente con aquella indumen-taria y aquel aspecto tan extraños? ¡Un ardite! Pues a mí me importaba también otro soberano comino. emitió su fallo a tenor de dicho diagnóstico en el momento en que el interfecto recobraba el conocimiento. del que era pescado para ser lleva-do a presencia del juez de primera instancia. volví a acostarme mirando hacia la chimenea. tras enterarse por el veterinario que estaba "más muerto que muerto". aún oía el canto de un trasnochador achispado de vuelta a casa. pero durante mucho tiempo después quedó como una columna de vapor oscuro en el punto donde se había . Sin embargo. cerré los ojos y traté de concentrarme en la letra de la canción. Así. Me incorporé en la cama y miré alrededor. aunque. ¿querrás creerme. y. La letra de aquella canción se me había pegado y yo seguía repasando las aventuras del aquel paisano respetable. »Y entonces. »Pero de aquel sueño profundo me desperté sobresaltado. un airado altercado seguido de una batalla campal entre el cadáver y el juez ponía fin a la historia en medio del buen humor y del júbilo general. »El cantante. el cual. Yo me sentía un poco nervioso. al final me encontré musitando "más muerto que muerto" al tiempo que otra especie de voz dentro de mí parecía decir. estando reunidos como estábamos en el mismísimo escenario de la narración. Más fresco que una lechuga. -Sólo lo vi claramente unos tres segundos -prosiguió su relato-. La muchacha estaba tan pálida comoTom. Entró en una tabernaaponerse morado.y al punto me despabilé por completo y miré fijamente delante de mí sin despegar la cabeza de la almohada. me dormí rápidamente. cuya condición etílica me atrevo a decir que se asemeja-ba bastante a la de su héroe.y. lenta pero claramente: "¡muerto. Tomse detuvo aquí y se enjugó el sudor de su rostro. al salir de la taberna. desgraciadamente para mí. Ligeramente reconfortado por oír una voz humana.vi otra vez aquel maldito espectro delante de mí mirándome con su semblante pétreo y diabólico a menos de dos metros de mi cama. apagué la vela y. ¡y que el Señor se apiade de tu alma!". conforme su música se iba apagando. a lo largo de mi desa-gradable duermevela. se alejó demasiado para que yo pudiera seguir deleitándome con su buen humor. todo estaba como lo había visto la última vez. muerto!. los tres nos alegrábamos de que fuera de día y se oyeran en la calle los ruidos del trajín cotidiano. caí en un estado de somnolencia que no era ni profunda ni reconfortante. me metí en la cama. y luego da capo. muerto. que. se había caído a un río. estaba cantando la popular tonadilla cómica "Murphy Delany". sentía unos sudores de muerte.

que no me atreví. y. tras quitarme el gabán y aflojarme la corbata. volví a entrar en aquel nefasto dormitorio. pero no acababa de decidirme a contarte la razón. Entonces cogí mi ropa y bajé al vestíbulo. Después de un buen rato. por vergüenza. a . y me guardé para mí aque-lla espantosa experiencia. digo. A veces echaba una cabezada en un banco de"Robin Hood"o. en un lamentable estado de nerviosismo y agotamiento. y luego salí a la calle y pasé el resto de la noche paseando por la ciudad. Creía que te ibas a reír de mí. y así mi vida durante todo aquel período fue más miserable que la de un delincuente que tiene a los alguaciles a sus talones. como un sereno. como de costumbre. nunca. donde me vestí. el alegre sol del día tornaba muy agradable la estancia en la habitación. y no regresé hasta el amanecer. y la luz meridiana que entraba de la calle llena-ba todos los rincones de la habitación. bastante más de las doce.donde me quedaba hasta que se iba el último cliente.. ¡atención: nada menos que una cama de plumas. estaba literalmente agotado de cansancio y no deseaba más que dormir. Eran. »Pasé más de una semana sin dormir en una cama. alrededor de las dos. Además. me tumbé a disfrutar de un sueño de solamente media hora en. que era posible echar solamente un sueñecito de media hora en la cama. me desperté suave pero completamente. »Pues bien. para que Martha no descubriera el secreto de mis ausencias nocturnas. durante todo aquel tiempo. convencido de que te reirías de mí a mandíbula batiente. durante el día. acallando mis temores. Aquel maldito modo de vida me esta-ba comiendo la salud.. idiota de mí. »Estaba completamente decidido a que nos mudáramos de casa. como sin duda recordarás. y más cuando yo te había hablado siempre con cierto retintín filosófico y había ridiculizado tus historias de fantasmas. yo había imaginado. pero. Yo odiaba la mía.apareci-do.Dick. a contarte lo que me había pasado. Con la mente y el cuerpo agota-dos tras una semana entera sin dormir. En primer lugar. la ventana estaba abierta y un agradable frescor inva-día la habitación. creo. Pero he aquí que una variedad de circunstancias concurrieron a producir la espantosa escena que iba yo a vivir aquella noche.tal vez no me creas si te digo que durante muchas noches después de aquello no volví a poner el pie en mi dormitorio. entre la pared y yo. con cobertor y almohada incluidos! »Fue realmente espantoso. Estuve durmiendo varias horas de un tirón como un auténtico bendito. »Sin ningún sobresalto ni sensación especial de miedo. »El destino quiso que tu habitación estuviera cerrada y que te hubie-ras llevado la llave. »Cedí. con la puerta medio abierta. y estoy seguro de que aún seguía allí. Fui a la mía a deshacer la cama. por las calles de la ciudad. aquel vapor también se esfumó. »Una tarde decidí disfrutar de una hora de sueño en tu cama. salvo los dos o tres minutos que la visitaba sigilosamente cada día para deshacerla. ¿Qué me podía impedir disfrutar allí de un sueñecito de una hora? La atmósfera parecía bullir con el ale-gre canturreo de la vida.Dick. sentado en una silla. Cuando el sueño ha sido pro-fundo y suficientemente largo para que la naturaleza se quede comple-tamente satisfecha. pues. como colofón. no cabe duda de que el demonio había participado en mis necios preparativos. lo que se dice dormir no dormí ni un solo día. y luego me dirigía sigilosamente a la puerta de la calle rumbo a la taberna"Robin Hood". Estaba. El resto de la noche lo pasaba deambulando. el efecto de aquel agotamiento sobre mis nervios se parecía al de un narcó-tico y me hacía menos sensible al horror que tan habitual se había vuelto para mí. para darle el aspecto de haber dormido en ella. Fui tan tonto. en segundo lugar. hasta el punto de que nunca. Me quedaba un rato en el salón cuando tú te ibas a acostar. a aquella casi irresistible tentación y.

»Tuve muchísima suerte de haber conseguido escapar. Y miró asustada por toda la habitación. mientras viva. como bien saben. tranquila y total.. »Pero el hechizo no se había deshecho todavía: el valle de la sombra de la muerte no se había franqueado todavía. ¿por qué no lo había creído? ¿Es que mi madre. pero éstos. »Había una figura sentada en el viejo y gran sofá. que creí que me iba a volver loco. sin dejar en ningún momento de mirar de reojo hacia atrás. sin saber cómo. Me estaba dando prácticamente la espalda.Dick!¡Nunca! Nuestra criada. casi no hay quien las cuente? Pero ustedes no deberían haber dormido en el dormitorio interior. No vi ni recuerdo nada más hasta que me encontré en tu habitación. Durante el relato había hecho varios comentarios graves en voz baja. a poca distancia. adujada.Dick. pero no podía equivo-carme. Aunque.una sombra ha pasado por encima de mí. como ya he dicho. que Dios se apiade de todos nosotros. se sentó detrás de nosotros. junto a la chime-nea. esperándome junto a la baranda. -¿Que ahí había dormido él? ¿Quién? -pregunté yo a renglón seguido. Ella nunca me dejó entrar en esahabitación. mirándome con un rictus de sarcasmo. Pero nunca me lo había creído hasta ahora. y de que estaba animado por un infernal propósito. me pareció. había conseguido alcanzar el pasillo. Per-manecí unos segundos traspasado por la mirada de aquel horrendo fan-tasma. las omito aquí por mor de la brevedad. Que Dios conceda descanso a su alma. un segundo después. Se volvió despacio y ¡qué veo! Allí estaba el rostro pétreo. había ido dejando de trabajar conforme avanzaba el relato deTom. ¿Así que no saben que el viejo pecador. Llevaba alrededor del cuello una soga. hasta que. pues se levantó y se acercó a mi cama. Te aseguro que. Dick. una mujer de cincuenta y dos años. nadie salvo quien haya vivido tan espantosa experiencia. tan indescriptiblemente espantosa. »Mi ángel bueno debió de asistirme en aquel espantoso trance. la Virgen me bendiga. Se acercó. como digo. con un extremo de la cuerda enrollado al cuello. -Amén -musité yo-. de subirse a ella. Porque. y.menudo se despierta uno de esta manera repenti-na. ni siquiera de día.ypoco a poco se fue acercando a nosotros. -Yo había oído hablar de esto muchas veces -dijo de pronto-. marca-do por la malicia y la desesperación. quién iba a ser si no. que vive ahí en la calle de atrás. Nadie sabe realmente lo que signi-fica enfrentarse a semejante presencia. Ahora no me cabía la menor duda de que era consciente de mi presencia. daré constan-temente gracias al Altísimo por ello. y otras curiosas excla-maciones suyas. mientras se ocupaba de aquella macabra pantomima.eso no me lo puede rebatir nadie. Dick. -¿Cómo que quién? Pues el viejo juez. ¿Es que murió ahí? -¿Que si murió ahí? No. no conoce historias tan raras que. sostenía firmemente en la mano. como para enrollarlo en el mío. con la boca abierta y las cejas contraídas sobre sus pequeños y brillantes ojos negros. no exactamente ahí -dijo ella-.. un escalofrío ha atravesado mi sangre y mi médula y nunca volve-ré a ser el mismo. sus labios esbozaban una sonrisa tan sen-sual. El abominable espectro seguía delante de mí. conque figúrense pasar la noche allí. el juez Horrock. se ahorcó colgándose de la baranda? ¿Y que fue en la recámara donde encontraron los mangos de la cuerda de saltar a la comba y el cuchillo con el que estuvo . cuya otra punta. como ella dice. ahí había dormido él. a mi cama con la intención. Como una exhalación me lancé al suelo por el lado opues-to y. estaba haciendo parsimoniosamente un lazo en el otro. ¡Nunca.

con la cabeza más negra que el azabache. y lo peor que hizo el viejo malvado. La primera vez que se alquiló la casa fue a una familia. de un talNicholasSpaight que lo pasó también muy mal por esto. y luego en la tumba del camposanto de San Pedro. que picó tanto mi curiosidad que aproveché la oportunidad para visitar a su anciana madre. le hicimos un par de preguntas más sobre las supuestas visitas espectrales de que había sido objeto la casa desde la muerte del viejo y malvado juez. y luego gritaba: «¡Ay. lo encontraron muerto una mañana con medio cuerpo fuera de la cama. -¿Cuánto tiempo hace de eso? -pregunté yo. no recuerdo el nombre. y muy raras. me pareció a mí-. vaya que sí -contestó con cierta renuencia. después de que el juez de primera instancia acabara las diligencias? Sí. ¿Y por qué no iban a contarse historias? ¿No fue en esa misma habitación donde durmió durante más de veinte años? ¿Y no fue en la recámara donde encontró la cuerda que acabó con su vida por fin. pero mis dedos están ya cansados y lo dejo para otra ocasión. -A nadie le ha ido bien aquí -dijo-. y decían que era el espíritu del viejo juez el que la atormentaba. -¿Qué pasó con eseNicholasSpaight? -pregunté yo. y ella se ponía a aullar como una loca para que no se le acercara el viejo del cuello retorcido.aprestando. y nadie ha parado aquí mucho tiempo. y los médicos dijeron que había sido por agua en el cerebro. Siempre ha habido accidentes y muertes repentinas. -Bueno. me dijo muchas veces mi madre. eso fue lo único que pudieron decir. pues el ama de llaves era ya vieja. se contaba una historia muy rara. pues era un viejo desalmado por todos los costados y el juez más cruel que ha pisado jamás suelo irlandés. me gustaría contar ahora estas cosas. pero en cualquier caso había dos muchachas y el padre. fue asustar a la pequeña hasta hacerla morir como hizo. pero los más ancianos estaban seguros de que había sido obra del viejo juez. Mi madre dice que la pobre criatura era hija del ahorcado. que la Virgen nos bendiga. Había sido un ataque. En fin. Y nos contó una historia muy extraña. que él dormía en esa maldita alcoba interior y. no pudo decir lo que le había pasado. e hinchada como una morcilla. que me contó cosas muy curiosas. Como él estaba más muerto que muerto. lo que no tiene nada de extrañar. dije-ron. y tendría unos ochenta años cuando se casó mi madre por primera vez. y era un fornidoy saludable caballero para los años que tenía. no dejes que me lleve!» Y la pobre criatura acabó muriéndose. Él tenía unos sesenta años. se la contaré lo mejor que pueda. como él había hecho con muchos hombres mejores que él a lo largo de su vida? ¿Y no pusieron su cadáver en esa misma cama después de morir. y de ahí lo metieron en el ataúd. Al oír aquella extraña historia que no les he contado. que viene el amo! ¡El amo! ¡Me está haciendo señas! ¡Madre mía querida. con una pipa en la boca y sin ningún diente. Pero si desean escucharla en otra ocasión. ¡que Dios nos pille confesados!. ¡que la Virgen nos . Y decían que era una mocetona bien guapa y bien vestida cuando el viejo juez puso fin a su vida. en realidad no hay mucho que contar -dijo. -¿Qué? ¡Cómo voy a saberlo yo! -contestó-. supongo que habrá por ahí historias de que el fantasma se ha aparecido a otras personas. Es lo que decía todo el mundo. historias se cuentan bastantes. y la niña ya no vivió un solo minuto tranquila después de aquello: se despertaba sobresaltada a mitad de la noche y se ponía a gritar por las pesadillas. que su alma descanse en paz. -Por lo que ha dicho usted del peligro de dormir en ese dormitorio -dije yo-. En fin. y a mi madre le falta ya poco para cumplir los ochenta. Pero sí sé que hace muchísimo tiempo. la cuerda con la que se ahorcó? La cuerda era de la hija del ama de llaves. casi tocando el suelo. mi madre las conoce todas. -Bueno.

Pues resulta que una mañana. albergó a un empresario de pompas fúnebres. al atravesar por última vez el umbral de aquella casa maldita. pero. y ¿me creen si les digo que en medio de la noche le parece oír un ruido en las escaleras. completamente desquiciada. Y las últimas palabras queMrs. Ya les he contado mis aventuras y las deTom. Dios mío!". Y ahora añadiré una cosa. la catástrofe que final-mente sobrevino a la casa.junto con alguna que otra anécdota que ha servido para mejor ilustrar el relato. lo mismito que la hija pequeña del ama de llaves que había muerto. y lo encontraron tendido en las escaleras de abajo con el cuello partido. Ésta fue posteriormente reconstruida y. como solía hacer de vez en cuando. ni siquiera sus mejores amigos. y tenía las ven-tanas del salón abarrotadas de botellas con horrores indescriptibles con-servados enbrandy. Luego añadió la criada: -Voy al callejón a decir aJoeGavvey que venga a recoger el resto de las cosas y se lo lleve todo a la nueva casa. pues le he prometido esperarlo. que le había dado un susto de muerte. Y así salimos los tres juntos. »Algún tiempo después ocupó la casa una solterona rica.Byrne le oyó decir fueron: "¡Oh. va y no se le ocurre otra cosa que salir a ver qué pasa?. por supuesto. al final. y que se asustaban y se ponían a gritar a cada hora. y luego oyó un porrazo que retumbó por toda la casa. les deseo que pasen una muy buena noche y que tengan unos sueños muy agradables. tiritando y hablando sola. la encontraron sentada en las escaleras del corredor. se quemó parcialmente él mismo e incendió por completo la casa. sin que ella supiera decir cómo ni por qué. MISTERIO EN LA CASA DE LOS AZULEJOS .Byrne que los niños se ponían de pie en la cama por la noche. pudieron sacarle una sola palabra que no fuera: "No me pidáis que me vaya. madera y mortero para el humilde registro de este relato verídico. ahíto de vino. y que no es otra que la siguiente: unos dos años después de ocurrir lo que nos pasó a mi amigo y a mí.. una noche el pobre Micky cogió una borrachera. sino también bastante fuera de este mundo. respirando de alivio. con su mujer y tres hijos pequeños. cuando la casa se alquiló por habitaciones. hasta que. se lo aseguro. les relataré. al acudir los criados temprano a la casa. de acuerdo con la práctica inmemorial del mundo de la ficción. fue Micky Byrne el que ocupó la misma habitación. durante cierto tiempo. No necesito decirles que lo que es el héroe novelesco de carne y hueso para el normal desenvolvimiento de la trama lo es también esta vieja casa de ladrillo. como obligado por el deber.." Nunca consiguieron sacarle a quién se refería. pero sí que vivía sola. y achispado como estaba. y yo misma oí contar aMrs.bendiga!. los que conocían la historia de esta vieja casa sabían muy bien qué era lo que le había pasado. en la que el héroe no sólo aparece a través de sus aventuras. la alquiló un curandero que se hacía pasar por un tal barón Duhlstorf. una noche. y desde entonces nadie. Así pues.así como de periódicos con los habituales anuncios grandilocuentes y engañabobos. »Más tarde. No sé en qué habitación dormía. y ahora. prendió fuego a las cortinas de la cama. una vez cumplida mi tarea. Como entre las virtudes de aquel caba-llero no se contaba la sobriedad.

pero. como si la vergüenzay la culpa la hubieran obligado a ocultarse entre los viejos y melancólicos olmos y las abundantes cicutas y ortigas.con amable cadencia. -Bueno.hay personas que se llaman librepensadoras y no creen en nada.Sally. como era su costumbre.Sallyhablaba por los codos y conocía toda suerte de cuentos antiguos de aventuras y misterios que ayudaban a Lilias a dormirse placenteramente.Sally. mi querida viejecitaSally. para alcanzar los libros de la estantería (tranqui-lizante prueba de que el afable y solícito guardián de la casa estaba des-pierto y atareado. yo no he dicho queMr. el párroco.Mervyn sea un librepensador.) La viejaSallyestaba contando a su joven ama. -En nuestros días. si es cierto la mitad de lo que cuentan -contestóSally. «allá en Ballyfermot». -Y ahora que me encuentro a salvo en la cama. amedrentador y furtivo. debe de ser una persona muy valiente y muy buena.te confieso que yo sentiría muchísimo miedo si tuviera que dormir allí -dijo Lilias con un pequeño estremecimiento mientras se representaba unos momentos la vieja mansión con su singu-lar aspecto maligno. Así. que. pues no sé nada de él. arrancó a hablar -en aquel terreno en el que tan bien se desenvol-vía. recto y herboso. Ésta se hallaba situada junto a un solitario recodo de la estrecha carretera.que creía a pie juntillas en aquellas histo-rias. si no lo es. al subirse a la silla. inexpli-cablemente. No es que Lilias necesitara ayuda. Lilias se había asomado a menudo al camino de entrada -corto. la noche era gélida) y cuéntame otra vez lo que pasó en ese caserón. que unas veces escu-chaba embobada y otras se perdía hasta cinco minutos seguidos de su amable cháchara. habían ocupado inquilinos misteriosos y había sido escenario de peligros preternaturales. ni siquiera en los fantasmas -dijo Lilias. nadie le hubiera advertido acerca de los arcanos peligros que allí le aguardaban. a ver si consigues asustarme de verdad. pues poseía las virtudes de la limpieza y la diligenciay sólo molestaba a la buena ancia-na lo suficiente para que no se considerara un trasto inservible.I La viejaSallysiempre ayudaba a su joven ama cuando ésta se prepa-raba para ir a la cama. A su manera tranquila. -Pues le aseguro. ora aminorando el ritmo para describir una escena de horror especial ora deteniéndose por completo -es decir. pues sabía que no tenía nada que temer mientras viera a la viejaSallysentada con su labor junto al fuego y oyera el ligero ruido que hacía su padre.atiza el fuego (aunque era la primera semana de mayo. cómo el jovenMr. la buena ancianaSally.Mervyn se había mudado a la vieja y embrujada Casa de los azulejos. sin que.para divisar el viejo caserón. así le habían contado desde niña.que la casa a la que se ha ido a vivir ahora lo curará rápidamente del libre pensamiento. sus-pendiendo su labor y mirando con misterioso asentimiento a su joven ama. MissLilly. que ya estaba acurrucada en su cama de columnas- .

pidiera entrar. como si el propio conde -que el pobre descanse en paz. y se detenía creyendo que se trataba de alguna dama que había venido aquí por alguna razón. Tal vez. Mick Daly escogió como lugar para dormir el desván encima de la cocina y juró que. pero los forasteros pasaban raudos como la sombra de una nube. él era mozo de cuadra entonces -rea-nudóSallysu relato-. Y ¿no se acuerda del viejo Clinton. pues nadie. dejadme entrar!» «Es él». pues sus problemas se habían resuelto ya prácticamente. Así. los perros que tenían entonces se pasaban toda la noche dando aullidos salvajes entre los árboles y arrastrándose junto a los muros de la casa. No. Así que Clinton se dirige a la puerta de la casa y grita: « ¿Quién es?». y a lo mejor al mismo tiempo que la carta. aunque poca necesidad había allí de perros. ¡Caramba. finalmen-te. que iba sonriendo y brincando a su lado. se atrevía a salir al huerto después de caer la noche. cuando los vecinos arrendaron el huerto que lle-gaba hasta las ventanas de la parte trasera de la casa. y también un silbidoy unos golpecitos con el látigo en la ventana. se oyó un espantoso golpeteo a la ventana. en la que le comunicaban que preparara sus cosas. y los dos miran primero a la ventana y luego el uno al otro. ¿No era el viejo que cojeaba y llevaba una extraña pelu-ca negra? -Sí. Esto ocurría sólo en las noches muy oscuras en que no había luna. Aquí la viejaSallyreanudó sus labores de punto.ora. y encima estaba cojo. Oliver. y después otra vez a la ventana. y que esperaba estar de nuevo con ellos en el plazo de unos días. que no era otra que una dama vestida con capa y capucha. y la voz del conde. Cuando se hizo con el huerto. se dice Clinton para sus adentros. como ambos imaginaron. bajando la voz en una especie de susurro narrativo cuando llegaba el momento critico. la cabeza inclinada y un dedo en los labios. como si alguien estuviera tratando de abrirla por la fuerza. ni siquiera levantaron la cabeza cuando los saludó. Y la viuda Cresswell se encontró con ellos a la caída de la noche en la vereda del huerto y no supo de qué se trataba hasta que vio a los hombres intercambiarse mira-das inteligentes mientras ella contaba la historia. estaba oyendo leer a Clinton. ¡vive Dios!». -A mí me contó aquello varias veces -dijo la viejaSally-. y cómo les daba tanta pena que les entraban ganas de abrir la puerta y dejarlos entrar. y al no hacer ellos ningún amago de moverse ni de ir a abrir la puerta. ha dado la vuelta a la . y no repararon en ella. Oían de pronto los sollozos de los perros mientras arañaban la puerta de la casa. caminando en silencio por entre los retorcidos troncos con un niño pequeño de la mano. dice el mayordomo. había visto por dos veces la misma escena. Prevención ésta que no se debía a ningún capricho. grita desde el otro lado de la ventana: «¡Dejadme entrar. eso es. la carta que le habían mandado por correo aquel mismo día.Se topaba de repente con ellos en una revuelta del camino. perfecta-mente protegidos por el misterio de la noche. como conteniendo la respiración. ni joven ni viejo. dice también Clinton. supercontentos y muertos de miedo a la vez. MissLilly? -Creo que sí. el viento volvía a aullar de tal manera que parecía estar riendo y llorando a la vez. que era muy leído. y luego prosiguió con su narración. el viejo mayordomo. y mientras estaba leyendo. qué bien se acuerda! Aquello fue por una coz de uno de los caballos del conde. que había suspendi-do durante unos momentos. luego venían esos ruidos que tan bien conocían. junto al espeso grupo de árboles viejos. dejadme entrar. a las cinco o seis semanas de estar durmiendo allí. Le daba mucho miedo el ruido que hacía su amo en la puerta cuando volvía tarde e iban él y el viejo Oliver a abrirle. El viejo Oliver tenía reuma en una rodilla. pero no oye ninguna respuesta. le contó cómo. Prime-ro se callaba el viento. los dora-das camuesos que asomaban entre las hojas iluminadas por los rayos del sol poniente y resultaban tan apetecibles a los escolares de Ballyfermot seguían intactos cuando resplandecía el sol matutino. «Claro que es él. aunque la mujer parecía caminar despacio y el niño no dejaba de tirarle de la mano. como si estuviera escuchando el viento en el recinto embrujado de la casa de los azulejos. -La misma noche que le sobrevino la muerte en Londres.

siempre que entraba por una puerta la otra se cerraba rápidamente. mientras Lilias caía en un sueño profundo. dice. la narración de la viejaSallyfluía como un río. la pobre. como si alguien quisiera impedirle que saliera deprisa. cuando iba al gran dormitorio del señor.. como si la hubiera hecho alguna cosa pesada que había reposado allí. historia tras historia. «El amo está muerto». al enterarse Jinny Cresswell de lo que había ocurrido podéis estar segura de que no se quedó allí más tiempo que el imprescindible. Su madre dijo que había pasado despierta toda la noche por unos pasos misteriosos que oía en la habitación conti-gua. Pero lo que más la asustaba era que a veces encontraba una marca larga y derecha desde la cabeza hasta los pies de su cama. grita. se dirige a la puer-ta trasera y vuelve a preguntar a gritos quién es. que parece más blanco que la hoja blanca de la carta de su amo que está temblando entre su índice y pulgar. Por la mañana acudió con su madre. Y Clinton cie-rra la puerta y se echa a temblar de miedo y vuelve con Oliver. pero a partir de entonces nadie vivirá tranquilo en la casa. por ejemplo. abría cajones y hablaba y suspiraba sin parar. sino que cayó desmayada en la cama. «y quiere entrar sin ruido». A lo mejor ha sido un perro. « ¡Eh! ¿Me oye? ¿Quién está ahí?». suspirando. la muchacha que murió de lo que había visto. pensando que así se marchará. « ¿Qué es? ¿Qué es?».casa para llamar en la puerta trasera. y bien muerto que estaba. y entonces corre la tranca y abre la puerta. como otra boca completamente abierta que se está riendo de ella. hasta que a la pobre le entró una fiebre muy fuerte y murió antes de que transcurrieran cinco semanas de aquello. o algo parecido. esgrimiendo la muleta a modo de arma. »Después del susto que se había llevado con lo que había visto en el huerto. pero en vez de marcharse se acerca a la cama y. sólo nota algo que se cuela subrepticiamente entre sus piernas. y -¡que Dios nos pille confesados!. el mayor-domo. Dicho lo cual. «Voy a abrir la puerta de todos modos». pre-gunta el mayordomo. quienquiera que fuera. Pero no ve allí ni hombre ni mujer ni niño ni caballo ni forma viviente alguna. no está seguro. y empieza a sentirse nervioso y vuelve a la puerta principal.ella ve en su garganta un corte. le dice algo. mirando fijamente a Clinton. dice Clinton. »Pero lo peor de todo era la pobreKittyHalpin. pero no oye ninguna respuesta ni ningún ruido fuera. pues sólo lo ha visto un instante con el rabillo del ojo. «tal vez por eso se ha ido por ahí». pues conocían bien sus proble-mas. y empezó a prestar atención a cosas en las que no había reparado antes. pero sigue sin recibir ninguna respuesta.. llorando y temblando. pero sus palabras son espesas y raras. y se va hacia la ventana tranquilo y premioso. alguien que tropezaba con cajas. y mirando constantemente hacia atrás con el rabillo del ojo. pero no le oigo bien". . como las de un muñeco que intenta hablar. si hacia arriba o hacia abajo. y en esto que él alarga tanto el cuello que se le sale de la corbata y la cara se le queda vuelta hacia el techo. que estaba encima del vestíbulo. y ha entrado como si viviera en la casa. y estremeciéndose con cualquier ruido. y ella se asusta muchísimo y dice: "Perdone su seño-ría. No ha podido ver hacia dónde ha ido. y que el lugar solía estar caliente. Y así. que se había vuelto casi tan pálido como él. permane-cía sentada junto al fuego con la mano de su madre cogida. Y ya no vio nada más. pero no dejaba de rezar pues algo le decía que no era eso. y ella. hubiera salido de la habitación justo al entrar ella. deseando dormirse y preguntándose quién podría ser cuando de pronto entra un hombre apuesto con una especie de holgado chaqué de seda y sin peluca (sólo un gorro de terciopelo). como si. como. y ella se da una vuelta en la cama para que sepa que hay alguien allí. y luego la narradora salía sigilosamente en dirección de su aseada alcoba y de sus inocentes sueños. pero no volvió a tomar bocado ni líquido nunca más. con una mirada torva.

en su calidad de primo de la madre del joven heredero. cuyas copias fueron entregadas al señor juez con el deseado efecto.Prosser llegaron allí a mediados de junio. fábulas. apoyado nada menos que por siete largas declaraciones juradas. Sin embargo. . un misterio para cuya solución tal vez alguno de mis lectores pueda aportar una teoría personal. aque-lla casa no estaba embrujada por meros rumores de la gente. ylordCastlemallard. des-pués de lo que había sufrido allí la familia de su yerno. Lamento que la causa no se alargara al menos lo suficiente para que pasara a las actas del tribunal el relato auténtico e inexplicable que hace MissRebecca. pues. MissRebeccaChattesworth. pequeña. dijo que no podía seguir viviendo en aquella casa. aunque al principio las considera san-deces. se produjo una extraña discusión entreMr.yMrs. Aquello ocurrió dos semanas después de que tuviera lugar el horrible robo de Clondalkin. hacia el 24 de octubre. que va aumentando con las nuevas aportaciones que hace cada nuevo narrador. contemplando el huerto. bellamente conformada. Éste la amuebló y tapizó sin reparar en gastos. AldermanHarper. ha escuchado con especial interés y relata con suma minuciosidad.Mrs. residente en la calle Mayor de Dublín. pues la consideraba persona veraz.II Estoy seguro de que la joven se creía todo cuantoSallyle contaba. y ésta. Las cosas extrañas y misteriosas no empezaron hasta un día de finales de agosto. No se veía más que una mano. la cual había casado con un caballero apellidado Prosser. que es realmente curiosa ade-más de idiosincrásica. de unos cuarenta años. después de ver cómo su numerosa servidum-bre la iba abandonando paulatinamente. en vez de abrirle expediente judicial. los que nuestros antepasados llamaban cuentos de invierno-.Mr. las cuales. LordCastlemallard presentó una denuncia en el registro de la pro-piedad para obligar al señor concejal Harper a cumplir lo pactado y abo-nar las mensualidades del arriendo. Aquel año. aunque yo confieso no tener ninguna. y no una mano joven.) La carta de esta vieja dama digna tal vez resulte demasiado larga. El talAldermanHarper había tomado en alquiler esta casa para su hija. de una persona de cierta edad. por lo que voy a ofrecer aquí sólo algunos extractos de la misma. quien. Para ser más claros. hacia la caída de la tarde. y su padre fue entonces a ver alord Castlema-llard y le dijo sencillamente que no suscribía el contrato de arriendo porque en aquella casa ocurrían unas cosas extrañas y misteriosas que no podía explicar. según calculó. Yo quería reproducir aquí toda la carta. Pero el concejal redactó un escrito. sino. no sólo debería quedar eximido del pago del arriendo. como si alguien agazapado tratara de trepar.Prosser se hallaba sentada sola junto a la ventana del salón trasero. Bajo las cenizas de aquellos relatos se escondía un pequeño rescoldo de verdad. sino que además debían demoler aquella casa por constituir una amenaza y estar permanentemente habi-tada por seres mucho peores que malhechores ordinarios. Pero todo aquello no valía más que lo que suele valer semejante cháchara -prodigios. pero mi editor se negó a ello (y creo que con razón. y la señora imaginó que la mano era de uno de los bribones que habían participado en él. en una carta fechada a finales de otoño de 1753. resolvió eximirlo. hace una minuciosa y curiosa relación de cosas extrañas ocurridas en la casa de los azulejos. le dijo que la casa estaba embrujada y que ningún criado viviría allí más de unas cuantas semanas y que. blanca y algo regor-deta. se había encargado de la administración de la finca en que se hallaba situada la casa de los azulejos. cuando vio nada menos que una mano que se posaba sigilosamente en el alféizar de piedra.

Esta vez la mano tardó varios segundos en retirarse. pero esta vez deslizándose lentamente por todo el cristal. pues no sólo sus criados. aunque el aporreo prosiguió en los cristales de la cocina. había llegado el momento de hacer algo. Se procedió al punto a registrar el huerto. se encontraba sola en la cocina. . según sus propias palabras. al cerrar. como si quisiera detectar alguna aspereza en su superficie. la cocinera gritó y profirió una especie de jaculatoria. que deberían haber impedido la aproximación de cualquier intruso. para exasperación del amo y terror de su mujer. justo debajo. «una mujer honrada y sobria de unos sesenta años de edad». y la mano se fue retirando lentamente. en un agujero practicado en el bastidor para instalar un cerrojo que cerrara el postigo. y a lo largo de todo el muro. al principio suave y luego más fuerte. al ir a la despen-sa por el pequeño tazón de plata en el que servía el ponche de su ama y posar la vista en la pequeña ventana de cuatro cristales. sino también la buenaMrs. sino que se limitó a preguntar quién andaba allí. observó. se rió de los miedos de su familia y decidió dar caza perso-nalmente al fantasma. esperaba el momento oportuno para pillar al granuja in fraganti. Sin embargo. mientras la cocinera. Y todo ello en la parte trasera de la casa. armado de un fusil. y el criado. unas veces lentos y fur-tivos. parece ser que vio la misma mano regordeta -aunque fina. sentados en el salón trasero (que por entonces utilizaban como cuarto de estar). El criado no quiso abrirla.yMrs. había una batería de macetas. la que daba al huerto. Durante varias noches sucesivas estuvieron oyendo un tamborileo. En efecto.Prosser. Aquella misma noche se oyó varias veces un apresurado aporreo en la ventana de la cocina. y se empezó a creer que el problema había desaparecido. no hizo ulteriores pesquisas. «le dio un pasmo» y pasó todo el día siguiente en la cama. ade-más. y no se atrevía a andar por las habitaciones después de anochecer si no era en compañía de otra persona. Durante todo aquel tiempo. aunque con interrupciones.junto a la ventana. Prosser había cedido a la histeria general: cada cual se recluía en la casa a partir del crepúsculo. Luego pasaron varios días y noches sin que ocurriera nada raro. y otras tan fuertes y bruscos que parecía que se iba a quebrar el cristal. con una especie de suave manoseo. en la puerta trasera. Pero no oyó nada más que el ruido de una mano deslizándose despacio por la hoja de la puerta. la doncella inglesa. y una pre-sión como si alguien estuviera tratando de entrar por la fuerza.Mr. salpimentado de juramen-tos y amenazas contra el presunto conspirador doméstico. Hacia la seis de la tarde del sábado. como si se tratara de una señal clandestina. Convencido como estaba de que todo aquello era una broma o una impostura. ComoMr. un hombre bastante testarudo y bromista. según he oído. Convencimiento que no se guardó para él solo. cosa que lo asustó bastante. pero no vio nada. fue a abrir la puerta trasera. primero la punta y luego las dos primeras articulaciones.JaneEasterbrook. un rechoncho dedo blanco. Al ver aquello.Prosser era. hacia las nueve y media. y. durante casi dos horas. como ya saben. Al volver la doncella a la cocina. se oye-ron exactamente los mismos golpes en la puerta de entrada. se vieron turbados por repetidos golpeteos en la ventana. que hurgaban el interior como intentando abrir algún pestillo. producido al parecer con los nudi-llos. sino que lo fue divulgando paulatinamente. Pero la noche del 13 de septiembre. pero no se descubrió nada que indicara que alguien había estado merodeando por la ventana. Pero un martes por la noche. Las mujeres se asustaron. notó como un golpetazo.Lanzó un grito de terror. que. se alargaron.

pero recibió como respuesta aquella misma rozadura en la puerta que tan bien conocía. y. lejos de asustarse de su proximidad. los mandó entrar de uno en uno y le hizo po-sar la palma de la mano sobre la mesa de marras para obtener así las hue-llas de todos los habitantes de la casa. y notó que algo extraño pasaba bruscamente por debajo. .Prosser se hallaba en el cuarto de los niños. espadas y cachiporras. Por entonces. abrió la puerta con el bastón levantado. Era la primera vez que se oía llamar de esta manera en esa parte de la casa. No dijo nada aMrs. Aquella sutil demostración dejó bien claro que. «con la palma de la mano». el «fallo final» fue que la impronta de aquella mano difería por completo de la de cada uno de los moradores de la casa y que se correspondía exac-tamente con la de la mano que habían vistoMrs. El importunador. incluidos él mismo y su mujer. según supuso. cuando iba abrir.Mr.Prosser fue a examinar la marca sin darle mayor importancia (pero. Pero. que se hallaba en el salón. y una noche queMrs.Prosser dejó de reírse del miedo de su fami-lia y se mostró igual de reacio que los demás a hablar de aquel asunto.Hacía una semana que no se oían golpes. su marido. su brazo sufrió un extraño tirón. como si una mano lo hubiera sujetado.Prosser y el cocinero.» Llamó a su criado. sino bien instalado en algún rincón de su interior. Miró por todas partes. sin embargo.Prosser y se retiró a su dormitorio antes de la hora habitual.Prosser se dirigió con parsi-monia a la puerta. dio a éste otro par de pistolas y. cambió repentinamente de parecer y retrocedió despacio en dirección de la cabecera de las escaleras de la cocina. y la manera de llamar también era distinta. ni tampoco supo la razón por la que su amo había mirado hacia atrás con tanto nerviosismo y cerrado la puerta con tan tremendo portazo. avanzando sigilosamente con un garrote en ristre seguido del criado.Prosser se levantó sobresaltado y. se acercó a la puerta. no se encontraba ya fuera de la casa. pero no vio nada. en el que tenía plena confianza. A partir de entonces. tras meterse un par de pistolas cargadas en los bolsillos del gabán.Prosser. y. El criado no vio ni notó nada. y algunos medio locos. Se sentía profundamente inquieto e igualmente convencido de que al abrir la puerta de entrada el intruso se había colado en la casa. donde había «un armario metálico» junto a la despensa en el que guardaba sus «armas de fuego. la mujer de la limpieza se quedó horrorizada al ver la huella de una mano en el polvo de la mesa del «saloncito» donde habían estado desempaquetando azulejos y otros objetos el día anterior. Mr. quienquiera que fuera el propietario de dicha mano. Mr. donde «leyó un rato la Biblia y recitó sus oraciones. La im-pronta del pie descalzo en la arena de la playa no asustó a Robinson Crusoe ni la mitad que aquello.Prosser. se impacientó más aún y cambió su golpe-teo suave del principio por una serie de porrazos enfáticos y estentóreos. Por la mañana. Mr.» Per-maneció despierto un buen rato. más para tranquilizar a sus criados que por convencimiento personal). lo que permitía que se oyeran con total claridad. Todo transcurrió a gusto deMr. airado. Los golpes eran suaves y regulares. como juró después. fue a cerrar la puerta gritando: « ¿Quién está ahí?». No hacía nada de viento.Mr. oyó unos golpes ligeros en la puerta de la casa. hacia las doce y cuar-to de la noche oyó cómo la palma de una mano golpeaba primero suave-mente la puerta de su dormitorio y luego se deslizaba despacio por toda la hoja. todos los moradores de aque-lla casa estaban muy nerviosos por lo de la mano. Dejando abierta la puerta del salón.

si la volvían a dejar en la cuna. Mr. ni siquiera la respiración de su mujer. que no se cerraba del todo. a excepción de la ropa que colgaba de las perchas de la pared. La madre profi-rió un grito y sacó inmediatamente a la criatura de la cuna. con la cara lívida y cubierta de escarcha. consiguió queMrs. se ponía enseguida a gri-tar aterrorizada."») Pero el suceso que al parecer desencadenó la crisis definitiva fue la extraña enfermedad de su primogénita. en frase del marido (y tíaRebeccaañade: «según le oí decir a ella misma. pero el gabinete estaba vacío.Prosser a cerrar la puerta de la alcoba. cerca de su cabeza y asomando justo entre las cortinas. Hubo muchas más cosas. una niña de dos años y medio. según el creyó muerta. lo cual le pareció tanto más inexplicable por cuanto sabía que ésta se hallaba acostada. con la palma hacia abajo. La volvió a cerrar y echó el pasador.Mrs. se extrañó de que no se oyera absolutamente nada en la habi-tación. que bajaba hasta unos veinti-cinco centímetros de la almohada en la que reposaba su cabecita. acompañada de la niñera. durante el cual. sobre la almohada. Por encima de la cuna de la niña había un dosele-te con unos treinta centímetros de fondo. y cerraron la puerta al entrar. «que iba a enloquecer. según sus propias palabras. oyeron un suave golpeteo en la puerta.Prosser. y los médicos dictaminaron que el mal se debía a principios de agua en el cerebro. y escudada por la sombra del doselete. Observaron que la pequeña estaba más tranquila cuando la cogían en brazos y que. y. con la muñeca apoyada en la almohada y los dedos avanzando hacia la sien con un movimiento lento y ondulado. Y una noche. llevaba asimismo bajo el brazo un librote de cuen-tas relacionadas con los negocios de su suegro.Prosser se hallaba durmiendo. a los pocos segundos. a juzgar por su aspecto.Prosser la descubrió al mismo tiempo espiando la dirección de sus ojos. toda vez que él gozaba de un oído particularmente fino. Había una vela ardiendo en la mesita de noche además de la que él portaba en la mano. que aparecen debida-mente detallados en la extensa carta deRebecca. se pasaba en vela todas las noches junto a la cuna de la pequeña.Prosser se recupe-rara de aquel «trance». algunos de los cuales.» Luego tocó la campanilla y. dondeMr. presa de pánico.) Vieron cómo. pero. reculó bruscamente primero y luego lanzó con toda su fuerza el libro de cuentas contra las cortinas detrás de las cuales suponía que se ocultaba el propietario de aquella mano. Mrs. al irMr. con el cabezal tocando a la puerta de un armario empotrado o aparador. La singularidad de esta historia me parece a mí que .Prosser empezó a verse turbada por unos extraños y horribles sueños. había visto «los terrores de la muerte». Finalmente. avanzaba hacia la cabeza de la niña.Prosser tendida en la cama. su marido podría haber agregado: "Y también los terrores del infierno. con la ayuda de todos los criados.eran unas pesadillas realmente espantosas. la niñera descubrió la causa de los padeci-mientos de la criatura (yMrs.Aquella misma noche. no se podía dormir en la cuna. y durante unos segundos creyó. Abrió dicha puerta de un tirón y miró al interior. una mesita de tocador y un espejo que miraba a las ventanas. la rechoncha mano blanca. La cuna se hallaba colocada longitudinalmente a la pared. Ésta se retrajo hábilmente entre las cortinas yMr. y entre ellay la niñera la bajaron al dormitorio de los señores.Prosser. Víctima de un extraño paroxismo de terror. asomando por la abertura del armario empotrado.Prosser rodeó la cama a tiempo para ver cómo la puerta del gabinete era cerrada por la misma mano blanca y rechoncha. Descorrió la cortina y vio aMrs. la mano blanca y regordeta de siem-pre. pero baste con esto.

Éste. El gato blanco del que voy a hablar es un animal mucho más siniestro. según su madre. La persona a la que perteneciera dicha mano no apareció nunca. . malicioso y desagradable plagado de arru-gas. que tenía delante todos los días a la hora de desayunar. mientras desayunaba en el colegio universitario. con el pelo cano y recogido en una coleta-. había dormido durante cierto tiempo en el que. individualizada y persistente. El que viaja deLimericka Dublín. a lo largo de toda su vida. le gusta hablar y hablar de lo que más le interesa. un traje de encaje lleno de botones y pliegues. y un rostro sensual. y durante muchas generaciones ha dado cobijo a una familia de apellido Donovan. sino simplemente de una mano que se manifestada de tal manera que su propietario conseguía siempre. como llaman enMunstera los más prósperos de los labriegos. era el cuarto embrujado de un caserón cerca de Chapelizod. y especialmente a la de cierta edad. y. se había visto atormentado por la visión de cierto caballero regordete y pálido. se veía constantemente constreñido a mencionarla. y no es que se tratara de una mano separada de su cuerpo. de quien hablaba en pasado como «el pobre Jemmie». siendo niño. visión que se había quedado grabada en su memoria con la misma fuerza que el atuendo y las facciones del retrato de su padre. cuyo carácter agreste y melancólico alivia algún que otro seto desparramado. tras dejar atrás las colinas de Killaloe a la izquierda. En medio se extiende una llanura ondulada que se va hun-diendo paulatinamente hasta un nivel inferior al del camino. por una cadena de colinas más bajas. Mr. aunque bastante locuaz. agotado por el trabajo o con algún tipo de fiebre. a medio camino entre las montañas y la carretera de Dublín. el cual nos contó a todos de manera muy concisa la historia de su primo. Se asienta en medio de un racimo de árboles junto al borde de un riachuelo serpenteante. y destacó el horror y la angustia tan terribles con que su primo. siempre que se sentía enfer-mo. En el año de 1819. tuve ocasión de conocer aMr. cuando el monte Keeperse yergue a su vista. comer y cenar. Pero este ancestral relato popular siempre ha tenido un encanto especial para mí. Prosser -un anciano delgado y grave. y ya saben: a la gente en general. que tenía una peluca de muchos bucles. Espero que el lector me perdone por haberme alargado tanto con la historia de la casa de los azulejos.estriba en que describe el fantasma de una mano. olvidando a menudo que los demás podrían aburrirse. se va viendo gradualmente rodeado. EL GATO BLANCO DE DRUMGUNNIOL ¡Quién no ha oído contar de niño la famosa historia de la gata blan-ca! Pero yo voy a contar aquí la historia de un gato blanco muy distinta a la de la amable y encantada princesa que tomó este disfraz durante una temporada.Prosser citó aquello como un caso especial de pesadilla monóto-na. James Prosser. Uno de los pocos habitáculos humanos que proyectan hacia lo alto sus columnas de humo de turba en medio de esta llanura solitaria es el construido con tierra y de techumbre malamente cubierta de paja de un «granjero duro». sustraerse a la vista. y nada más. a la derecha. por alguna hábil arti-maña.

a unos diez metros más abajo de donde yo estaba sentado. haciendo barrera. tan frondoso. La impresión general de soledad hacía de todo aquello un escenario ideal para un relato salvaje y sobrenatural. al parecer sin verme. tanto que parecía acariciar la hierba bajo sus pies. que doscientos años atrás había servido de refugio contra agresores y bandidos. me recomendaron a un talMr. Al acercarse noté que iba descalza y parecía ir mirando a un punto fijo. cubierta por doquier de nieve. pensando en las escenas heroi-cas que acababa de leer. Estuve a punto de perder el conocimiento de puro terror. La figura atravesó una abertura que había en el ángulo más alejado del campo. Llevaba un vestido gris claro y muy largo. a la distancia aproximada que yo había calculado. como si le sirviera de guía. y recuerdo cada detalle como si hubiera ocurri-do ahora mismo. con la misma claridad como lo veo a usted. de la manera más fiel posible. Dono-van. Su itinerario en línea recta la habría hecho pasar -haciendo abstracción de la laguna. personaje soñador. Yo imaginaba perfectamente cómo. inofensivo y muy instruido. Pues he aquí que. Fue él quien me contó estahisto-ria. Yo tenía sólo trece años entonces.que intentaré repetir aquí. Estaba tan despierto como lo estoy ahoramismo. Ahora se ganaba la vida dando clases. solía llevarme laHistoria romana deGoldsmitha mi lugar favorito. testigo de los trabajos de una raza ya pasada. me cansé final-mente y me puse a mirar a mi alrededor. Cuando era niño. deseoso de estudiar varios legajos irlandeses que habían caído en mis manos. y supongo que la índole especial de mi estudio debió de estimular su amor patrio. o en la melancólica belleza de una puesta de sol otoñal. Un día. donde la perdí de vista. después de la habitual panzada de lectura. prosiguió como si el agua no fuera obstáculo. una piedra lisa situada cabe un espino junto a una laguna bastante profunda. después de tantos . como yo había esperado. o en el gélido esplendor de una noche de plenilunio. similar a lo que en Inglaterra he oído llamar lago alpino. el seto. a ciento cin-cuenta pasos de distancia. no obstante. con sus mismas palabras. Apenas tenía fuerzas para volver a casa y estaba tan asustado que durante tres semanas permanecí recluido en casa sin poder estar solo ni siquiera un minuto. El horror que me había producido la aparición en aquel campo fue tal que ya no volví nunca más a aquel lugar. Es cierto. el perfil oscuro y dominante del viejo torreón al fondo. Descubrí que había estudiado con una beca en elTrinity Collegede Dublín. aquel escenario coadyuva-ba a sintonizar una mente soñadora como la del honrado Dan Donovan con la superstición. cerca de allí. Se encuentra en una vaguada limitada al norte por el viejo huerto. señor. Yo he visto muchas veces esa antigua y singular granja de labriegos: su huerto de inmensos manzanos cubiertos de musgo. la solitaria cadena de colinas cubiertas de aliaga y bre-zales.Lejos de allí. me contó. atravesar la laguna sobre su superficie y pasar. y. y que aún ocupa su antiguo emplazamiento en la esquina del granero. Ni siquiera ahora. con una línea de rocas grises y racimos de robles enanos o abedu-les. en vez de dete-nerse al borde de la laguna. la manera como iba vestida me resultó tan singular en aquella parte del mundo donde el atavío femenino estaba perfectamente reglamentado por la tradiciónque no pude quitarle los ojos de encima. un lugar solitario de-lo más apropiado para estudiar con tranquilidad. la torre desmo-chada cubierta de hiedra. y así la vi. pues me confió muchos pensamientos suyos largo tiempo callados y muchos recuerdos de su terruño y de sus primeros años. visto en el gris de una mañana invernal. que jamás he encontrado en mi vida a una persona más sencilla y más de fiar. o una mente cualquiera con las ilusiones de la fanta-sía. y tras preguntar por algún profesor capaz de ins-truirme en la lengua irlandesa. y vivía en Drumgunniol. Iba atravesando diagonalmenteel vasto campo con paso regular. y vi a una mujer que asomaba por un extremo del huerto y empezaba a bajar la cuesta.

si se quiere. bajándome con aire muy deprimido. cosa que. Yo era pequeño y ligero para mi edad. Me había quedado acompañando a mi madre. Mis hermanos y hermanas. nada. o cual-quier otra cosa que te pueda preocupar. Todo anda bastante bien. pálido y triste. un año después de la referida visión en el campo de la laguna-. salvo los hombres que volvían de la feria con el rebaño. con una fatalidad singular que durante casi ocho años se ensañó con nuestra familia. muy pocos chicos de mi edad habrían podido decir del suyo. las dejó junto a la pared. y lo mismo las demás cosas. -Bueno. mira esa cena caliente que te está esperando y atácala. y mi madre se levantó a abrirle.años. vol-vía a casa algo alegre y achispado y con las mejillas arreboladas. Sabíamos que volvería antes que los mozos que traían el ganado. cerca de la puerta.entonces. se volvió hacia mí. y dime si hay alguna otra novedad. querido -dijo mi madre. tras acariciarla de nuevo. Yo no creo haber visto nunca a mi padre borracho. Todo el mundo de esta comarca sabe perfectamente a qué me estoy refi-riendo (y todo el mundo relacionó entonces con eso mismo lo que yo había visto). en toda la comarca. y. y no hay ningún problema entre el amo y yo. pues él venía a caballo y nos había dicho que se pararía a verlos marchar y luego vendría corriendo a casa. mujer. Meehal -dijo ella besándolo cariñosamente.Molly. Entró con la montura y las bridas en la mano. nos encontrábamos esperando a que volviera a casa mi padre de la feria de Killaloe. -Alegra esa cara. . cuando había feria o mercado.Mickey. si es así. se habían retirado ya a descansar. que estaba ponién-dose nerviosa-. cumplidos ya los catorce años -es decir. -No. y cuéntame si se ha vendido bien el ganado y todo ha salido bien en la feria o si has tenido algún problema con el amo. Por fin oímos su vozy sus enérgicos golpes en la puerta. Procuraré contárselo a ustedes de la mejor manera posible. y él. Aquella aparición la relacioné enseguida con un acontecimiento misterioso o. que estaba tirándole de la mano. No es ninguna fantasía mía. y él me cogió en sus brazos y me besó. -Que Dios te bendiga. Pero aquella noche tenía un aspecto deprimido.Las vacas se han vendido bien. Mi madre y yo estábamos sentados junto a la chimenea charlando y vigilando que la cena de mi padre se mantuviera caliente en el fuego. se me ocurriría pasar por allí. querida -contestó él. Mick. Recuerdo la noche en que. con mis brazos aún en su cue-llo. y. pues me encan-taba aquel tipo de vigilias. -Bienvenido a casa. se dirigió hacia la lumbre y se sentó en un taburete con los pies extendidos hacia la turba candente y las manos apoyadas en las rodillas. tesoro. Ella obedeció. celoso de su atención. y luego rodeó con los brazos el cuello de su mujer y la besó tiernamente. dijo a mi madre: -Echa el cerrojo. gracias a Dios. Lo cual no significa que no se tomara su vaso de whisky como todo hijo de vecino. así como los cria-dos de la granja. Y. Mick.

Molly.Molly. que se me acerca dispuesto. Yo estaba también terriblemente asustado. y que Teigue vio ayer una gran rata blanca en el granero. Así que te diré lo que ha pasado. después de dejarlo -me había llevado conmigo la montura y las riendas. a restregarse el lomo contra mis espinillas. -Nada -contesté nuevamente. de repen-te tan páliday d escompuesta como mi padre.. Dando a mi padre una palmada en el hombro para animarlo un poco. Mi madre se había dejado vencer por el pánico y estaba rezando de nuevo. He visto al gato blanco. empezó a murmurar para sí. y con ganas de llorar. mi madre se apoyó en él. en realidad ha ocurrido algo que me ha quitado las ganas de tomar nada. Yo sabía que estaba recitando sus oraciones. si es que a eso se le puede llamar un gato y no otra cosa peor. Él le apretujó las manos. padre -dije yo-. -No ha entrado en casa nada conmigo. No irás a decirme que confundo una rata y un conejo con un gato blanco grande con unos ojos verdes más grandes que platos y el lomo arqueado como un puente. como el animal estaba muy tranquilo.. -¡Que el Señor se apiade de nosotros! -exclamó mi madre. y exhaló un fuer-te suspiro.y luego. ¿verdad? -dijo en voz muy baja volviéndose hacia mí. -Nada.hasta que conseguí llegar aquí y llamé a la . nada más que la montura y las riendas que traías en la mano. Bueno.. lo conduje fácilmente por todo el camino. en voz baja y con la vista fija en el fuego. -¿Que has cenado en el camino sabiendo que te esperábamos en casa. pues sabía lo que significaba la aparición del gato blanco.cuando lo vi aparecer por detrás de la hierba que hay junto al camino y ponerse primero delante de mí y luego detrás. -No ha sido ninguna rata ni ningún conejo. y a lo mejor a saltarme al cuello y pegarme un mordisco. -Nada de color blanco ha llegado hasta la puerta conmigo ¿verdad? -repitió. lo besó y luego se echó a llorar. Mi madre esperó un rato a que terminara su plegaria y luego le pre-guntó dónde lo había visto por primera vez. con aspecto muy apurado. Fue al volverme.no voy a andarme con misterios contigo. -Cuando subía por la vereda. el cual. tras hacer la señal de la cruz. que pareció más bien un gemido. -Mejor -dijo mi padre. Tenía el rostro húmedo y reluciente por los sudores del miedo. con tu mujer levantada y todo lo demás? -le regañó mi madre. recordé que los mozos iban por el camino con el ganado y que nadie cuidaría del caballo si no lo hacía yo. Mira. tratando de repo-nerse. pues a lo mejor me queda ya poco tiempo de estar aquí. Mi padre terminó su relato... y luego se pasó su mano grande por la frente una o dos veces.. y. si me quedo quieto. y juraría que lo oí aullar al pegarse a mí -tan pegado como estamos nosotros dos. agregó con una risita-: ¡Eh! Seguro que es una broma que me estás gastando. y así un rato. Me han dicho que el domingo pasado cayó en una trampa un conejo blanco en el bosque de Grady. así que pensé que podía dejarlo en el campo de abajo. mirándome todo el tiempo con sus ojos centelleantes. Bueno. -Has interpretado mal lo que he dicho -repuso mi padre-. y después a un lado y luego al otro.y no tengo ganas -contestó.-Ya he cenado en el camino.

pero al ser ella tan hermosa podía esperarse hacer un buen casamiento. y se enamoró de ella. a mi madre. Pero se portó mal con ella: le prometió el matrimonio y la convenció para que se fuera con él. En aquella época vivía en las montañas. y estaba casi siempre seco en . y deduje que era por el des-canso de aquella alma desaparecida. Con Donovan -mi tío abuelo. según me contaron-. pues. Una noche. a mí mismo y. con un terrible presentimiento? Sencillamente por-que todos y cada uno de nosotros sabíamos que mi padre había recibido. Se había cansado de ella. Se llamabaEllen Coleman. en aquel encuentro con el gato blanco. ¿Ochenta años? Bueno. me temo. volvía de la feria de Negagh. ¿por qué una circunstancia tan simple agitaba a mi padre. Acabó casándose con una joven de los Collopy que tenía una gran fortuna: veinticuatro vacas.y es probable que esta familia se haya extinguido. pero al final no cumplió su palabra. ¡que Dios le haya perdonado!. con estaMaryCollopy. Hace ya ochenta años que esta maldición anda asociada con mi familia. un aviso de su muerte inminente. y. Le habría gustado tener hijos. Connor Donovan. de lo que convenía a su alma. ya no queda allí ningúnColeman. Un riachuelo atravesaba entonces la carretera -habían construido un puente hacía poco en aquel punto. pues todo lo demás le salía a pedir de boca. YEllen Colemanmurió con el corazón destrozado. imposible. pero no tuvo ninguno. Mi buen amigo Dan Donovan hizo una pausa. mi tío abuelo era un hombre cruel. finalmente. y fue ésta la única cruz que tuvo que llevar. por desgracia. como era de suponer. Pero. y se hizo todavía más rico. Pero el dinero no ablanda un corazón duro. peor casamiento que el suyo. Ocurrió de la siguiente manera: Mi tío abuelo. Pero aquello no le quitó el sueño al inhumano labriego. una bonita muchacha de la familia de losColeman. amén de libertino. Tam-bién bebía lo suyo y maldecíay blasfemaba cuando se enfadaba. Se casó. mi padre cogió una fiebre que se había propagado y murió antes de un mes.LosColemanno eran ricos.puerta. Era más rico de lo que nunca llegaría a ser mi padre. más. pues tomó en arriendo Balraghan durante unos años e hizo mucho dinero. Aquel mal fario no había fallado nunca hasta entonces.la veía a veces en los mercados y fiestas patronales. Pues bien.Según me han con-tado. Y no falló tampoco esta vez. Los años del hambre acarrearon grandes cambios. y este tipo de personas suelen ser crueles de corazón. y quería triunfar en el mundo. noventa años sería más exacto. como habéis oído. por el movimiento de sus labios comprendí que estaba rezando. no lejos de Capper Cullen. Yo hablé hace tiempo con muchas personas ancianas que recordaban con nitidez todo lo relacionado con este caso. a todos los miembros de esta fa-milia de labriegos.. Una semana después. era en aquel tiempo propietario de la vieja granja de Drumgunniol.. ni el padre de mi padre. setenta ovejas y ciento veinte cabras. Fue la his-toria de siempre. Poco después reanudó su relato.

. todo él tem-blando y echando vapor. Se bajó para llevarlo de las riendas. donde permaneció inmóvil. mientras la puerta permanecía abierta para la recepción. donde se había abatido el golpe espectral. junto a él. aunque un tanto a su manera. Desde aquel momento. con pocas revueltas. la cual. pues todo el vecindario sabía de sobra que era el rostro de la muertaEllen Colemanel que había visto. que la gente utilizaba entonces como atajo para llegar hasta la casa. Al alcanzar la abertura. mi tío abuelo entró. y con la caída de las primeras hojas del otoño murió. al pasar a su lado. Más muerto que vivo. Ciertamente tenía un secreto que contar. cabe el roble. En este caso particular se siguió. Cuando se hubo recuperado lo suficiente para poder hablar -aunque como quien se encuentra en su última hora. Cuando lo llevaron a su cama vieron claramente las marcas de cinco uñas en la piel de su espalda. Había luna llena y mi tío esta-ba muy enojado por la resistencia del animal. pero que no podía decir con seguridad qué era exactamente ya que se movía a lo largo del seto y desapareció en el punto hacia el cual él se estaba dirigiendo. Aquella marcas extrañas -según decían. Había candelabros alrededor de la cama. pero aseguró que no había reconocido la cara de la figura que había visto en la abertura. Contó lo que le había pasado. alcan-zó la puerta en un santiamén. deslizándose lentamente por el terreno en la misma dirección y dando de vez en cuando unos pequeños saltos. pipas y tabaco sobre la mesa. el caballo se paró en seco. Por alguna razón. Al acercarse a la «abertura». La puerta. como correspondía a un labriego tan importante y acaudalado. y taburetes para las personas que quisieran entrar. cuando hubo alcanzado los dos fresnos junto a la granja. De repente. los preparativos de la cere-monia fueron algo diferentes de lo habitual. y encontrarse así a unos doscientos metros de su puerta. Vol-vió a montarlo. irrumpió en maldiciones y blasfemias. pero el animal reculó. Se vol-vió un hombre asustado. con el corazón apesadum-brado y la conciencia intranquila-. le asestó un fuerte golpe en la espalda que le hizo dar con la cabeza sobre el cuello del caballo. el animal. Pero nadie lo creyó. una disposición distinta: el cadáver se colocó en una pequeña habitación que daba a la más grande. seguía aterrorizado y persistía en su obstinación. empleando con saña el látigo y las espuelas. Por supuesto. La práctica corriente es colocar el cuerpo en el gran salón de la casa. dado que pasaba. durante el velatorio. Pero. estornudó y le entró un terrible ataque de temblor. Mi tío abuelo le gritó y lo espoleó en vano. Lo encontraba muy débily enfermo. Como aquella noche había luna. a una mujer a la orilla del lago con el brazo extendido. Era el principio del verano. por alguna razón especial. vio claramente. Cuando estaba seco. hubo velatorio. mi tío abuelo no volvió a recuperarse. perdió la poca paciencia que le quedaba y. una cosa blanca que.verano. mi tío abuelo dirigió su caballo hacia aquel riachuelo seco y. a pesar de las caricias y latigazos de su amo. lo hizo bajar hasta el lecho con la intención de franquear la abertura que había en el otro extremo. al verse tan cerca de la casa. no era mayor que su sombrero. el caballo se puso en movimiento de un arreón.y mandó llamar enseguida al sacerdo-te. como les he dicho. Su mujer no sabía qué pensar. Estuvo hablando un buen rato -con el sacerdote. hacía las veces de carretera. presa de terror. aunque estaba segura de que algo muy malo le había ocurrido. y Con Donovan. permaneció abierta. o creyó ver. sobre todo porque no le encontraba ninguna explicación. vio. taciturno y atribulado. según él mismo describió. cerca de la vieja granja de Drumgunniol. tenían el color de un cuerpo alcanzado por un rayoquedaron grabadas en su carne y le acompaña-ron a la tumba. Podría haberlo divulgado con total franqueza. al pasar bajo el amplio ramaje del roble. repitió su historia.

Pero no había avanzado más que unos pasos con la vela en alto cuando.Doolan. que iba rezando todo lo deprisa que se lo permitían los labios y encabezaba el grupo con una vela de sebo. como un demonio! Que Dios me perdone por mentar al maligno en esta habitación. sosteniendo la vela en alto para ver mejor la habita-ción. Tú estás chiflada. ¡El amo de la casa.no sigas hablando. sin luz. al acercarse a la cama una de las mujeres a coger una silla que había dejado al lado. que sabía rezar casi como un sacerdote. En los años que llevo vividos he amortajado a muchas personas. mirando fijamente a la cama que ahora se veía perfectamente.Molly. con el rostro demudado. a pesar de sus comentarios anteriores. mujer! Tú estás chiflada -dijo uno de los mozos de la granja. que centelleaban a la luz de la luna! -¡Hala. -Sandeces. vamos! -ordenó horrorizada ante semejante profanación-. por lo que la largaMrs. no había ni uno de ellos que no pareciera pálido y asustado mientras seguían aMrs. con semejante bestia encima. lo dejaron solo en esta pequeña estancia mientras hacían los preparativos para el velatorio. por todos los santos del cielo -dijo la vieja Sal Doolan. musitando sus conje-turas y aprensiones sobre la naturaleza de aquel bicho. o manto. casi podría jurar que he visto también que sacaba tres veces el brazo de la cama y lo arrastraba por el suelo para agarrarme por los pies.Una vez amortajado el cadáver. cogida con los dedos. mujer de Dios? -dijo una de sus compañeras. que no era un . y tirando con fuerza de ella mientras todos los que la seguían retrocedían alarmados por su vacilación. dijo: -¡Que me muera ahora mismo si no tenía la cabeza levantada y esta-ba mirando fijamente a la puerta. lo que es más. -¡Sacadlo de ahí ahora mismo. -¡Eh. -¡Que Dios nos bendiga!¡Mrs.Doolan no corrió ningún peligro de tropezar con ella al entrar. con los ojos más grandes que platos de peltre.Y. ¿Por qué no cogiste una vela. pero nunca había visto nada semejante. pero sin que nadie pareciera dis-puesto a ejecutarla. ¿Quién de vosotros ha dejado entrar ese gato aquí. como una cerilla. sin duda éste la había recogido bajo el lienzo que lo cubría. qué dices. Todos se estaban santiguando. Pero. Con el ruido que estáis haciendo no oigo nada. -Que alguien me dé una vela. ésta se aventuró en el interior. y rodeada por un auditorio boquiabierto. Que alguien lo saque de ahí ahora mismo. -Dadle una vela -convinieron todos. -Con vela o sin vela. una mujer delgada y tiesa. Después del crepúsculo. -¡Shhh! ¿Queréis callaros? -exclamó la cabecilla perentoriamente-. anda! Eso es lo que has imaginado al entrar en la habitación oscura. La puerta estaba medio abierta.Doolan. échese atrás! -exclamó des-pavorida la mujer que estaba cerca de ella cogiéndola repentinamente por el vestido. ¡vamos! Cada cual retransmitió la orden. de la manera sobrenatural antes descrita. y. lo he visto -insistióMolly-. salió de la habitación con un grito. Si la mano de mi tío abuelo había estado extendida por el suelo. una vez que hubo recuperado el habla. se paró en seco. tal y como la despavorida muchacha la había dejado. ¿Para qué puede querer él un pie tuyo? -exclamó uno desdeñosamente. y de quien es? -preguntó mirando con rece-lo al gato blanco que se había acomodado sobre el pecho del cadáver.

Pero hay una diferen-cia. sí de manera muy parecida a como se le había aparecido a mi padre. De repente. sobre el pecho del hombre muerto. siempre que alguien entraba en la habitación veía al gato encima del cadáver. horcas y otros aperos por el estilo. como si no hubiera sido molestado en ningún momen-to. cerraron bien la puerta con cerrojo y candado. Rezando y santiguándose. hasta que la puerta se abrió finalmente para el velatorio. De nuevo se reprodujo casi la misma escena. lo que la hacía saltar con un grito y una plegaria. que a modo de cobertor bajaba casi hasta el suelo. Todos salieron a empellones de la estancia en medio de una espantosa confusión. aunque no lo veía. al mirar a su alrededor bajo los ramajes del viejo huerto. El gato blanco seguía sentado donde antes. cerrando bien la puerta tras ellos. tras lanzar una mirada torva a todos los presentes. según dicen. Generalmente. donde mi tío abuelo guardaba su contrato de arrendamiento y demás papeles. Es sencillamente el mensajero de la muerte. El día antes de que mi tío Teigue perdiera la vida por la explosión de su fusil. y. y ponerse a maullar a su oído. «zarzos». sólo que algunos dijeron después haber visto al gato escondido debajo de una gran caja que había en un rincón de una habitación exte-rior. . fue deslizándose lentamente a lo largo del cuerpo exánime hacia ellos. el gato estaba allí acompañándolo fatídicamente. a la mañana siguiente. y transcurrió un buen rato antes de que los más temerarios se atrevieran a echar otro furtivo vistazo. Y el que haya adoptado la forma de gato -el más frío y. Y así prosiguió para estupor y terror del vecindario. el gato se le apareció. mientras que este bicho es claramente sospechoso de malignidad. Mrs. vio a un gato blanco sentado debajo de la pequeña ventana del cuarto donde yacía el cuerpo de mi tío abuelo mirando fijamente a los cuatro pequeños cristales cual gato que ojea a un pájaro. lo ocultó a la vista. Así. con semejante resulta-do. lo oía saltar sobre el respaldo de su sillón cuando ella se sentaba. se le apareció al atardecer. y. Pero no he acabado aún con el gato blanco. se pusieron finalmente a buscar bajo la cama. armados de palas. el más vengativo de los brutos. maullando despacio pero feroz-mente conforme se acercaba. siempre que dejaban solo al hombre muerto. así como su libro de oraciones y rosarios. y enterrado con todas las debidas ceremonias. pero ahora saltó tranquilamente por un lado de la cama y desapare-ció por debajo de ésta. Una vez muerto mi tío abuelo. aunque él parecía estar bien en aquella época. Y el monaguillo.es bastante indi-cativo del tenor de su visita. si no exactamente igual. y sin olvidarse de echar agua bendita. Pero el gato ya no estaba allí. por muchas precauciones que toma-ran. y dedu-jeron que se había escabullido entre sus piernas mientras estaban en el umbral. sobre el pecho del muer-to. el fantasma mantiene una relación de afecto hacia la familia afligida a la que está hereditariamente asociada.Doolan lo oía maullar a sus talones donde quiera que iba. el gato se colocó sobre el cojín que había junto a la cabeza del cadáver y. al abrir la puerta encontraron el gato blanco sentado. Ningún fantasma se ha asociado nunca tan indisolublemente a una familia como esta nefasta aparición a la mía. Cuando a mi abuelo le llegó la hora de la muerte. En resumidas cuentas. Pero.gato de la casa ni nadie había visto nunca. convencida de que el bicho iba a morderle en el cuello. ya he acabado con él. el lienzo.

el animal seguía dando vueltas a su alrededor. con la cola nerviosamente arqueada y un verde amenazador en los ojos. ella estuvo a punto de desmayarse aunque logró llegar hasta la puerta de la casa. Cada miembro de nuestra familia que muere. a la hora del atardecer. en el campo en el que yo vi a la mujer caminando por el agua. donde lo perdió de vista. vio al gato blanco. e. que se puso a su lado. hasta que llegó al huerto. a las dos o las tres de la madrugada.vino a Drumgunniol para asistir al funeral de un primo que había muerto a dos kilómetros de allí. Mi pobre tíaPeg-que se casó con un O'Brian. hiciera lo que hiciera mi tío. La hierba es baja allí. De vuelta del velatorio. unas veces grandes y otras más pequeñas. . Mi tío se hallaba lavando el cañón de su fusil en el lago. pero el hecho es que lo vio de repente cerca de sus pies.junto a la laguna. donde el gato se encaramó al espino blanco que hay allí y desapareció de su vista. y no había ningún escondite alrededor. No se explicaba cómo se le había acercado. sólo un mes después. al atrave-sar la cerca de la granja de Drumgunniol. en Drumgunniol. cerca de Oolah. como ya les he contado. Mi hermano pequeñoJimlo vio también tres semanas antes de morir. La pobre murió también. o enferma de muerte. ve antes fatídicamente al gato blanco y sabe que ya le quedan pocos días de vida.

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful