La habitación del “Dragón Volador”y otros cuentos de terror y misterio

J. Sheridan Le Fanu

La habitación del “Dragón Volador”y otros cuentos de terror y misterio Prólogo LA HABITACIÓN DEL “DRAGÓN VOLADOR” PRÓLOGO CAPÍTULO PRIMERO - En ruta CAPITULO II - El patio de la BelleÉtoile CAPÍTULO III - Desposorios de Muerte y Amor CAPÍTULO IV -MonsieurDroqville CAPÍTULO V - Cena en la BelleÉtoile CAPÍTULO VI - Un sable desenvainado CAPÍTULO VII - La rosa blanca CAPÍTULO VIII - Una visita de tres minutos CAPITULO IX - Chismes y consejos CAPÍTULO X - El velo negro CAPÍTULO XI - El Dragón Volador CAPÍTULO XII - El mago CAPÍTULO XIII - El oráculo me cuenta cosas maravillosas CAPÍTULO XIV -Mademoisellede la Vallière CAPITULO XV - Extraña historia del Dragón Volador

CAPÍTULO XVI - El parque del castillo de la Carque CAPÍTULO XVII - El ocupante del palanquín CAPÍTULO XVIII - El camposanto CAPITULO XIX - La llave CAPÍTULO XX - Una cofia peraltada CAPÍTULO XXI - Veo a tres hombres en un espejo CAPÍTULO XXII - Embeleso CAPÍTULO XXIII - Una taza de café CAPÍTULO XXIV - Esperanza CAPÍTULO XXV - Desesperación CAPÍTULO XXVI - Catástrofe EL FANTASMA Y EL COLOCAHUESOS SCHALKEN EL PINTOR EL ESPECTRO DE MADAM CROWL RELATO DE CIERTOS SUCESOS EXTRAÑOS EN LA CALLE AUNGIER MISTERIO EN LA CASA DE LOS AZULEJOS EL GATO BLANCO DE DRUMGUNNIOL

Prólogo

La obra de Sheridan Le Fanu, aunque quedó relegada al olvido en los años posteriores a su muerte, se ha convertido con el tiempo en algo imprescindible en las antologías o colecciones de literatura sobrenatural y de terror, gracias, en gran medida, a la labor de otro de los grandes del cuento espeluznante, que la dio a conocer al gran público: M.R. James. Descendiente de una familia hugonote emigrada a Dublín en 1730, Le Fanu (1818-1873) consagró casi toda su vida a las letras y a labores edi-toriales, después de haberse graduado en elTrinity Collegede Dublín y haber ejercido la carrera de las leyes durante poco tiempo. De las revis-tas y periódicos que publicó a lo largo de su vida cabe destacar elDublin University Magazine,que fue conocido y apreciado internacio-nalmente. Parece que nunca abandonó Dublín, y su vida estuvo marca-da por la ausencia de acontecimientos exteriores, lo que se acentuó tras la muerte de su mujer. Acabó convirtiéndose en un auténtico recluso que ni siquiera frecuentaba a sus amigos más íntimos, dedicándose a escribir sus narraciones en la oscuridad y a meditar sobre cuestiones espirituales relacionadas con la filosofía de Swedenborg, por lo cual empezaron a llamarle «el príncipe invisible». Le Fanu fue un autor prolí-fico; escribió catorce novelas, treinta relatos cortos, algunas baladas y numerosos artículos. Muchas de sus novelas han sido olvidadas; sin embargo, algunas de ellas siguen siendo muy apreciadas en la actuali-dad:UncleSilas,The House by Churchyardy Wylder's Hand.Pero es en el relato corto donde sobresale con brillantez el arte narrativo de Le Fanu, y algunas de sus creaciones permanecen como auténticas obras maestras del género. Citemos simplemente Carmilla -precursora insigne de las mujeres vampiro- yGreenTea,en las cuales aparece otra de las grandes creacionesde Le Fanu: el doctorMartinHesselius, investigador de lo sobrenatural.

LA HABITACIÓN DEL “DRAGÓN VOLADOR”

PRÓLOGO

El curioso caso que voy a exponerles lo trata el doctor Hesselius de manera penetrante, y más de una vez, en su extraordinario ensayo sobre las drogas en la oscura Edad Media. En este ensayo, que el autor titulaMortisImago,se trata acerca del Vinum laetiferum, laBeatifica, el Somnus Angelorum, elHypnus Sega-rum, elAgua Thessalliae y otras veinte infusionesy destilaciones, conoci-das de los sabios que vivieron hace ochocientos años, dos de las cuales, según él, aún son utilizadas por la cofradía de los ladrones, según reve-lan a veces investigaciones policiales. El ensayo en cuestión,MortisImago,ocupará, si no me equivoco, dos volúmenes, el noveno y el décimo, de las obras completas del doctorMartinHesselius. Debo señalar, para concluir, que dicho ensayo está curiosamente enri-quecido con abundantes citas de poemas y textos medievales, las más interesantes de las cuales, por extraño que pueda parecer, son egipcias. He seleccionado este caso particular entre muchos otros igualmente sorprendentes, pero, a mi entender, menos interesantes desde el punto de vista narrativo; he escogido esta forma de relato particular simple-mente porque me parece más entretenida.

Sutour-nure. al tiempo que volvía a apare-cer la recatada y bonita cabeza. pero los dos caballos de cabeza estaban caídos por el suelo. además del deporte del boxeo. La primera caída de Napoleón había abierto el conti-nente europeo a los viajeros ingleses. el caballero se retiró al interior del vehículo. eso creo. era cautivadora. Eran tiempos difíciles para aquellos pacientes ser-vidores públicos. haciendo gala de una perfecta corrección gramatical. No había llegado a volcar. Yo debería haber observado el paisaje con mayor atención. que parecían poco avezados en aquel tipo de emergencias. se disponían a prestarles ayuda. como el de tantos otros lugares más importantes por los que pasé en aquel viaje apresurado.CAPÍTULO PRIMERO . pues moduló sus pala-bras en un inglés tan bello y . presuntamente deseosos de ins-truirse a través del conocimiento directo de otros países. La dama debió de oírme hablar a mi sirviente. la dama del bello tocado llevaba un tupido velo negro y no pude ver más que la filigrana del encaje mientras se retiraba. se habían bajado. Todo el mundo parecía dirigirse a París en posta. Los postillones. Parecía estar enfermo.yla de los hombros que también se entrevieron unos instantes. ¡ay!. pero mi cabeza estaba tan llena de París y del futuro que pasé por allí con poca paciencia y menos atención. un caballero anciano y enjuto sacó la cabeza por la ventanilla. siguiendo. así pues. creo. he olvidado. con veintitrés años de edad. con todo.En ruta En el año de gracia de 1815 yo acababa de heredar. me apeé y. y yo -superado definitivamente el ligero «jaque de los cien días» por el genio deWellingtonen el campo deWaterloo-me sumé a aquella riada humana en busca de enseñanzas. Imposible mirar hacia adelante o hacia atrás sin divisar las nubes de polvo levanta-das por la marea de vehículos. al tiempo que dejaba al descubierto su peluca negra y hacía mil gestos de agradecimiento. Tras varias inclinaciones de cabeza. una sustanciosa cantidad en fondos consolidados y otros valores bursátiles. le contesté. calzados con buenas botas. Una bonita cabeza de mujer tocada asomaba por la ventana del vehículo siniestrado. calculo que faltarían unos seis kilómetros para llegar a un pintoresco pueblo fronterizo -cuyo nombre. Casi al mismo tiempo. era hablar francés. y dos criados. extenuados y polvorientos. iba embozado en una bufanda negra que le tapaba las orejas y la nariz. Bufanda que se bajó unos instantes para darme un millón de gracias en francés. asistido por mi criado. a las posadas donde los habían alquilado. Una de las pocas cosas que yo sabía bien. eché gustoso una mano a los siniestrados. el itinera-rio que el ejército aliado había seguido hacía tan sólo unas semanas -un número increíble de carruajes haciendo la misma ruta-. Así que decidí desempeñar el papel de buen samaritano: mandé detenerse a mi sotacochero. Viajaba yo en la posta de Bruselas a París. practicado por la generalidad de los ingleses de la época.y unas dos horas para que se hicie-ra de noche cuando llegamos a la altura de un vehículo que al parecer se hallaba en apuros. Pero. Adelantábamos constantemente caballos de relevo que volvían. aunque hacía calor. pues.

y por los dos. sino todo lo contrario. no me resultó por ello menos intere-sante. Permanecí unos instantes sin apartar los ojos de ella con la vaga espe-ranza de que se volviera y me diera la oportunidad de verle la cara. Los desconocidos se apearon y penetraron en la casa. además de a mi propia persona. aparentando apatía e indiferencia. Se encontraba leyendo una carta. no lo perdiera de vista y se detuviera en los mismos puestos de relevo. el emblema de la vigilancia. y descubrí que. Pero los que yo buscaba no estaban allí. antes bien. Entré con el aire más inocente del mundo. Yo no podía distinguir si el celoso velo estaba levantado. la dama se alejaba ahora de un joven y prudente caba-llero que la seguía con ardiente mirada y suspiraba profundamente con-forme la distancia se iba agrandando. contenía a otro ser vivo: a la precio-sa y elegante dama. Subí las escaleras. Recuerdo perfectamente el emblema representado: la figura de una cigüeña pintada en color carmín sobre lo que los heraldistas deno-minan un «campo de oro». Los modales corteses de aquellas personas. El ave se sostenía sobre una pata. Las despreocupadas atenciones del caballero llegan más hondo al corazón de la lozana lechera que largos años de viril devoción del honra-do leñador. Su originalidad llamó particularmente mi atención. La dama. dando uno o dos pasos. sentí el poder de su mirada.una confortable posada antigua. Le dije al postillón que no se le ocurriera adelantar a aquel vehículo. Allí estaba el mismísimo sombrero del que me había enamorado. Estaba abierta la puerta de un salón. ¿Qué necesidad tenía la dama de darme las gracias? ¿No lo había hecho sobradamente. quedando grabada en mi recuerdo. Miré en el aposento de la derecha y luego en el de la izquierda. La superioridad de rango ejerce un influjo poderoso y genuino sobre el amor. ¡Qué fascinación tan grande ejerce un títu-lo en la imaginación! No en la de personas esnobs o de escasa moralidad. y con la otra tenía agarrada una piedra. creo. ¡Qué mundo tan injusto! Pero en este caso hubo algo más. no me paré a preguntar en qué habitación podría encontrarlos. Había también un par detenantesa cada lado. y lo mismo se puede aplicar a las demás capas sociales. todo ello hacía suponer que se trataba de personas nobles. se plantó delante de una pequeña consola de una sola pata pegada a la pared. que quede bien claro. a través de su velo. que volví a maldecir el velo negro que se interponía entre ella y mi roman-cesca curiosidad. . Es. La dama se hallaba de espaldas a mí. En mi audacia. la corrección de sus cria-dos. sino que. No tardamos en llegar a la pequeña población antes mencionada. Yo me consideraba un joven bien parecido -y creo que con total fundamento-. la elegancia del carruaje y el curioso escudo de armas. El escudo de armas que figuraba en el panel del carruaje era harto curioso. Yo me apeé a mi vez y subí los esca-lones indolentemente. Era una estancia espaciosa. sobre la que se ele-vaba un hermoso espejo con un marco desdorado. me di cuenta de que la dama me había mirado con ojos nada indiferentes. Nosotros seguíamos a paso lento. sino que. aunque no recuerdo qué eran. Dejando un reguero de polvo detrás de las ruedas.balbuciente. y el coche que seguíamos se detuvo en laBelleÉtoile. el que presumí era su marido? Instintivamente. y bañada por la luz dorada del sol. y. Pero no lo hizo. la idea del superior refinamiento va asociada con él. como es de suponer.y con una voz tan dulce.y nadie podía poner en tela de juicio mi uno ochenta y pico de estatura.

En aquel lapso. que ha tenido la bondad de pres-tarnos hoy. Eran ojos grandes. vi aquel bello rostro con perfecta claridad. Ella se encargó de poner las cosas en su sitio. dulce. enseguida la dama bajó su velo negro y se dio media vuelta. de una tonalidad que los poetas modernos lla-man «violeta». Aquellos espléndidos ojos melancólicos pasaron del espejo a mi per-sona con una mirada altiva. melancólico. no pude distinguir de qué color tenía los ojos. Ella no . Como tenía la mirada baja. Debería haberme retirado con el mismo sigilo con que había entrado antes de que fuera advertida mi presencia. me encontraba ante una estatua coloreada. Su rostro era ovalado. con una aten-ción tan intensa como si me fuera en ello la vida.El patio de la BelleÉtoile Aquel rostro era de los que enamoran a primera vista. Inclinando la cabeza cuanto pude. Pensé que habría preferido que no la viera. Nada podía superar la delicadeza (le sus facciones ni el lustre de su tez. aquella carta debía de inte-resarle sobremanera. y en francés: -Sin dudamonsieurignora que este cuarto es privado. Fue más el tono distinto de su frase que el contenido de la misma lo que me dio renovado ánimo. sólo que sus párpados eran largos y sus cejas delicadas. como para quitar un poco de tensión a la escena: -No obstante. y me embargó la sensación de estar cometiendo una impertinencia. me alegro de tener otra oportunidad de agradecer amonsieurla ayuda. Yo no había visto nunca una figura humana tan inmóvil. ella alzó los ojos. Pero mi interés era tan grande que quería quedarme unos minutos más. tan presta y eficaz. pues reflejaba el retrato de medio cuerpo de una mujer extraordinariamente hermosa. Sin duda le parecí arrepentido y confuso (confieso que así me sen-tía). Mi curiosidad dio paso a ese tipo de sentimientos que se adueñan tan rápidamente de los jóvenes. Seguía leyendo. mascullé unas disculpas y retroce-dí en dirección a la puerta. Mi audacia se rindió ante aquella dama. Como por entonces yo gozaba de una vista buena y penetrante. Yo estaba observando cada mirada y movimiento suyos. pues ella dijo entonces. Sus finos dedos sujetaban una carta.Yo podría perfectamente haberlo confundido con un cuadro. Aunque también poseía una nota indefinible de sensualidad. Hasta distinguí las venas azules que recorrían la blancura de su garganta despejada. hasta los más mínimos. en cuya lectura parecía estar enfrascada. CAPITULO II . pues la misma dulce voz que yo había oído antes dijo ahora fríamente.

Casi en el mismo momento se oyó una voz aflautada y nasal impartiendo órdenes a un criado. Los tomé de inmediato. o título. iba a aso-mar por ella a no más tardar. Todo aquello me resultó sumamente halagador. sobre todo el que se produjera tan inmediatamente después del ligero reproche. pero que el aposento y las dos habitaciones contiguas estaban ocupadas. -Sin duda. Son los únicos que hay ahora mismo libres.. di unos pasos atrás y cerré la puerta. Ahora hablaba en voz baja y con timidez. dije que me gustaba y pregunté si estaba libre. -¡Me habría gustado tanto alojarme en esos aposentos! ¿Es también dormitorio alguno de ellos? -Sí.monsieur. Los designamos simplemente por las habitaciones que ocupan. Describí el aposento del que acababa de salir. en la parte de la casa que sea.pero es tal la riada humana que se dirige hacia París que hemos dejado de preguntar los nombres o títulos a nuestros huéspedes. una hora antes apro-ximadamente. al tiempo que agitaba la mano en dirección a la puerta por la que yo había entrado.necesitaba darme las gracias. ciertamente no estaba obligada a hacer-lo de nuevo.Monsieurpuede disponer de dos aposentos. -Ciertamente. por lo menos no se irían hasta la mañana . tal era el nom-bre de mi posada). -¿Por quién? -Personasde distinción.. Estaba claro que aquellas personas pensaban parar allí. -¿Cuánto tiempo piensan parar aquí? -Tampoco eso puedo decírselo.y noté que había vuelto la vista rápidamente hacia una segunda puerta de aquella misma estancia. señor. por cierto. -Monsieurtendrá la amabilidad de retirarse -dijo la dama con un tono que parecía de invitación. -Pero ¿quiénes son? Deben de tener algún nombre.monsieur.No nos interesa. Hice de nuevo una profunda reverencia. nuestras habitaciones no podrán estar nunca desocu-padas. espero me pueda dar algunas habitaciones. Pertenecía a la persona que tan profusamente me había dado las gracias desde la portezuela del coche de camino. y. Bajé las escaleras henchido de felicidad y fui directamente a hablar con el dueño de laBelleÉtoile(como ya he dicho. supuse que el caballero de la peluca negra.monsieurdebe saber que nadie suele contratar una alcoba si no piensa pernoctar. Él contestó que lo sentía muchísimo.. aunque tal hubiera sido el caso. su celoso marido. Mientras las cosas sigan así.. -En fin. voz cada vez más próxima.

sino que le administré ese laxante que en muchas ocasiones actúa de forma muy venturosa sobre la lengua y que no es otro que una propina. con una sincera expresión de sorpresa. y otros. En medio de todo aquello creí reconocer al vehículo y a uno de los criados de las «personas linajudas» que tanto interés despertaban en mí en aquel momento.apuntando al escudo de armas de la puerta-. para ser sustituidos por otros. El criado se quedó mirando el napoleón de su mano y luego volvió la vista hacia mí. las cuales estaban provistas de auténticas cerraduras. haciendo que los dos toneles que. ¡No lo sé! . y los que no tenían nada que hacer se paseaban o bromeaban. con la mirada fija en la enseña del vehículo. y la escena en su conjunto parecía animada y divertida. calientes y cansados. Tras una pequeña búsqueda di con el vehículo que andaba buscan-do. la cual descubrí que daba al patio de la posada. y a la joven dama la llamamos la condesa. con un saludo y una sonrisa ligeramente sarcásticos: Monsieur eslibre de hacer conjeturas. parecidos a los que en Inglaterra se llamaban antiguamente sillas de posta. como el mío. Me detuve a unos pasos. me encontré en el empedrado desigual.que no puedo decirlo. sin duda el emblema de una familia distinguida. Numerosos vehículos -unos priva-dos.estaban sobre el pavimento esperando su turno de relevo. cuando sus caballos se halla-ban caídos en el suelo? -Es el conde. -¿Me puedes decir dónde viven? -Por mi honor. El sol estaba ya próximo a ponerse y arrojaba sus rayos dorados sobre las chimeneas de ladrillo rojo de los obradores. El criado me miró unos instantes mientras se metía la llave en el bol-sillo. ¿Quiénes son la dama y el caballero que han viajado en este carruaje y a quienes. No cedí al desaliento. en un santiamén. en medio del espectáculo visual y sonoro que en semejante tipo de lugares suele acompañar a los momentos de especial trajín y vaivén. colocados en la punta de sendos postes. -¡Monsieures muy generoso! -No hay de qué. como sin duda recuerdas. recién salidos de los establos. nos podrían parecer aburridas.. y dijo. Tomé posesión de mis habitaciones y miré por la ventana. Muchos caballos estaban siendo liberados de los arneses. Esta luz hace que todo nos resulte pintorescoy nos interesen cosas que.siguiente.monsieur. Empecé a sentirme como quien se embarca en una aventura. Puede ser su hija. Así pues. Un criado estaba cerrando con llave una de las portezuelas. mi criado y yo prestamos hoy ayuda en una emergencia. bajé corriendo hasta la puerta trasera y. pero no sé. servían de paloma-res. en el sobrio gris de la mañana. parecieran incendiados. Los criados más atareados trajinaban de un lado a otro. -¡Bonita esa cigüeña roja!-observé..

es el venerable gentilhombre.-¿Que no sabes dónde vive tu amo? Seguro que sabes de él más cosas que el nombre. había nacido en Francia. asentimientos y encogimientos de hombros. pero no habla nunca salvo para impartir órdenes. en menos que canta un gallo.monsieur. Por supuesto.. -¿Y dónde estámonsieurPicard? -Ha ido al cuchillero a que le afilen las cuchillas. pero su expresión no delataba nada que no fuera cortesía y complacencia. Ya me he entrevistado con uno de los dos.Desposorios de Muerte y Amor . De su boca no he podido recoger ninguna información. Me despedí cortésmente y volví a subir las escaleras rumbo a mi habitación. CAPÍTULO III . El otro. márchate ya. y no la joven dama que lo acompaña. estaba perfectamente al corriente de los usos y costumbres de sus compatriotas. el que me interesa sobre todo. Llamé de inmediato a mi criado. Creo que aquel hombre decía la verdad. No podré descansar hasta que no descubra algo sobre esas personas linajudas que tienen sus aposentos debajo de los míos. es el mayordomo del noble desconocido. Estoy seguro de que se burlaba de mí en secreto. y lo sabe todo. como habrán observa-do.mi compañero. me había acostumbrado a hablar con esa familiaridad especial que la antigua comedia francesa impone entre amo y criado. Bueno. -St. Era un encargo que se adecuaba a las mil maravillas a los gustos y temperamento de mi dignoSt. Tras varias miradas de complicidad. cuyo nombre he olvidado ahora.A mí me contrataron en Bruselas el día mismo de la partida. el mayordomo demonsieurel conde.Clair. busca a los criados a los que hemos echado hoy una mano. se retiró.. y que me habría revelado con toda honestidad los secretos de aquella familia de haber estado al corriente de alguno. donde poco después se hurtó a mi vista en medio de tanto carruaje estacionado. que me muero por conocerlos.monsieur. había bajado al patio. por supuesto.cierra la puerta y ven aquí. Pero no creo que le vaya a contar nada. era un tipo habilidoso y vivarachoy. ¿Comprendido? Y ahora. MonsieurPicard. Pero ahora sé de ellos más o menos lo que usted. con quien. -Nada que valga la pena contar. Fue aquélla una cosecha bastante pobre para tan dorada siembra. ha pasado muchos años a su servicio y lo sabe todo. que no sabe nada y así me lo ha hecho saber. espero enterarme rápidamente de todo. una vez que estemos en París. desde mi ventana vi cómo. Aunque lo había traído conmigo de Inglaterra. Toma quince francos.Clair. A ése le deberás sonsacar todas las cosas que puedas. toma con ellos un petit soupery ven luego a contarme toda su historia. ¡Vuela! Y vuelve con todo tipo de pormenores y circunstancias interesantes.

en la medida en que me lo permitían la memoria y la práctica. como leemos en las novelas deWalter Scott. de manera que yo casi dejé de oírla.Cuando el día se alarga demasiado. aunque no pude distinguir qué estaban diciendo. Un par de ligeros guantes franceses y ese tipo de bastón nudoso parecido a una porra que tan en boga estuvo en Inglaterra durante un par de años. todo aquello estaba hecho con la vaga. Por supuesto. cuando nuestro hombre bosteza. de las que somos esclavos. y me habría importado un ardite que la heroína y el héroe se hubieran ahogado juntos en la barrica que veía en el patio. quería echar un vistazo antes de bajar. me ajusté mi gargantilla blanca. la cena era aún una comida sustanciosa. en los tiempos de los que hablo. pero no tanto como al prin-cipio. Saqué de su caja mi irreprochable sombrero y lo coloqué suavemente sobre mi sagaz cabeza. y me peiné el cabello. Pero. Dicho llana-mente. Noté que la ventana debajo de la mía estaba también abierta. A micheveluremorena. Di un par de vueltas por la habitación y suspiré. desapare-ció el último rayo horizontal de sol. en una palabra. Mi novela yacía abandonada en el sofá junto con mi manta de viaje y mi bastón. o por la entrada de laBelleÉtoile. sobre un cráneo lustroso y rosa que no guarda prácticamente ningún recuerdo de aquélla. ante el espejo. cuando a un hombre solo lo co-rroen la impaciencia y el suspense. Toda aquella atención a mi aspecto personal para dar un simple gar-beo por el patio. «completaron mi equipo». . con una especie de sátira demoníaca. La otra voz seguía cerca de la ventana. Pero no hablemos de cosas que puedan mortificarnos. Mientras ultimaba los preparativos. con rizos naturales. era. cuando no sabe qué hacer consigo mismo. ati-plada y nasal. le ha sucedido ahora una docena de cabellos completamentecanos . luego. Mi melena era entonces abundante. creí. y ésta parece haberse detenido. ¿cómo emplear los tres cuartos de hora que faltaban todavía? Es cierto que llevaba conmigo para el viaje dos o tres libros entrete-nidos.era fruto de mi devoción a los maravillosos ojos que había contemplado unas horas antes por primera vez. y luego se alejó de la ventana. doblada y atada a la manera de Brummel. y ya se acercaba la hora. La voz masculina era muy curiosa. Y la voz que le con-testaba hablaba con un tono dulce que también reconocí al punto. como ya les he contado. la luz vino a faltarme. espesa y castaño oscura. pero hay muchos estados de ánimo en los que uno no puede leer.. pues oí dos voces con-versando. tamborilea en la mesa con los dedos. la reconocí al instante. quedando sólo un resplandor cre-puscular. y que nunca jamás podría olvidar. imprimiéndole. Las leyes de la materia. nos niegan ese recurso.Me puse un chaleco de piel de búfalo y mi cha-qué azul de botones dorados. esa ligerísima inclinación que la persona inmortal antes mencionada acostumbraba a imprimir al suyo. la desagradable voz masculina reía.. Y me esmeré al máximo en mi aseo personal. ¡Qué gran consuelo! Sin embargo. bajo mi ventana. que en aquella época era para mí un motivo de orgullo y que retocaba con frecuencia. el inmortal«Beau». vaguísima esperanza de que aquellos ojos pudieran posarse en el irreprochable atavío de un esclavo melancólico y conservaran la imagen quizá con una secreta aprobación. aplasta su agraciado semblante contra los cristales de la ventana tara-reando tonadillas que le aburren. Suspiré al unísono con aquella hora melancólica y abrí la ven-tana de par en par. es muy de lamentar que ese hombre no pueda ha-cer más que una vez al día una comida suculenta de tres platos. empapé el pañuelo en eau-de-Cologne (a la sazón carecíamos de la gama de esencias con que los perfumistas nos han colmado desde entonces). El diálogo duró sólo un minuto. cuando el minutero de su reloj viaja tan despacio como la manilla horaria.

Ardiente suspiro o gélido aliento enloquece o entumece a élya ella. ¿Sería posible que. pero con tal violencia que bien podría haberse roto algún cristal. supuse. al despuntar el alba o caer la tarde. si un juez hubiera tenido que pronunciarse por el carácter de los tonos que oía. La voz de la dama rió alegremente. pues en las posadas reinaba el más completo desorden. junto a supuerta. en la entonación. podía ser que algunas personas hicieran en tales circunstancias lo que nunca habían hecho antes. Y el anciano. Como no podía pasar toda la noche en aquel pasillo recogiendo mi bastón. Puedenestar seguros de que tardé bastante tiempo en recogerlo. ¡Qué voz tan encantadora la de aquella condesa! ¡Cómo modulaba. para divertir con nuestra música a los cria-dos y palafreneros. pero fidedig-na. creo saber. -¡Basta ya.madame!-exclamó la voz vieja con brusca severidad-. por una vez. No estamos aquí. pasé por la puerta del conde lo más despacio que pude. Fácil adivinar a quién va dirigida su música. me ha oído subir la venta-na. pero la fortuna no me sonrió. aquellos dos podrían haber sido la pareja más tranquila del mundo. supongo. ¡Que una hermosa condesa. ¡ay!. al bajar al piso inferior. cerró la ventana.madame.No era un altercado.Huelga recordarles que la voz cantada suena más que la hablada. Entre los aislantes menos espesos. creí detectar. la dama empezó a cantar una extrañachanson. así. decidí bajar al vestíbulo. Dejé caer mi bastón al suelo del pasillo. viejo celoso. fuera una esclava! Seguro que sabe quién ocupa el aposento que está encima del suyo. evidentemente no había nada excitante en aquel coloquio. la belleza de una Venus y el talento de todas las Musas.pude distinguir perfectamente la letra. filosofé. con la paciencia de un ángel. Consulté el reloj y vi que sólo quedaba un cuarto de hora para el comienzo de la cena. ni siquiera el murmullo de su conversación. se amplificaba y temblaba! ¡Cómo me emocionó y me trastornó! ¡Qué lástima que un viejo grajo destemplado tuviera poder para amedrentar a semejante Filomena! ¡Qué vida tan contradictoria!. Así. Ya no oí nada más. había una nota de patetismo y un poco también de burla. Me he atrevido a hacer una traducción torpe. de la letra: Muerte y Amor se desposaron y ahora acechan en paciente emboscada. mozaymozo se escogenyreúnen. El timbre de suvoz tenía acaso exquisita dulzura característica. el cristal es sin duda el más eficaz. MuerteyAmor a su presa atrapan acechando en paciente emboscada. Había pocas probabilidades de que la bella cantante apareciera en aquel momento. y a quién has sospechado que va dirigida. Unos instantes después. Salí de mi habitación embargado por una agradable emoción y. ¡Qué no habría dado yo para que hubiera sido una tri-fulca -y cuanto más violenta mejor-. el conde y la condesa ocuparan sendos asientos en la mesa común? . En aquellos tiempos todo el mundo renunciaba a sus refinamientos habituales. de una mezzosoprano. -Parecéis buscar disputa. y haber podido intervenir como enmendador de entuertos y defensor de la belleza ultrajada! Pero.

para satisfacer el deseo de su soberano y de nuestro gobierno. Mi perplejidad no pudo ser mayor al leer acto seguido: . e inmediata-mente se presentó como el marqués de Harmonville (esta información me la facilitó en voz baja) y pidió permiso para ofrecerme una carta delordR***. íntimas relaciones con las viejas familias y legítimo influjo en la corte lo hacían la persona más adecuada para esas misiones amistosas que. quien le explicará la índole de los servicios que quizá esté en su mano hacerle a él y a nosotros. tan afablemen-te había emprendido. Mi romance se había intensificado desde mi llegada a la posada. y de sus modales se desprendía un aire de distinción tal que resultaba imposible no suponer que se trataba de una persona de abolengo. si resultaba ser la esposa del conde! Con este talante autoindulgente fui abordado por un caballero alto y de buena planta. Llevaba un rato de pie sobre los escalones. y aquella luz poética no hacía sino poten-ciar mis sentimientos. Me abordó. Me preguntó si no sería yo por casualidad un talMr. Luego habló del marqués como de un hombre cuya enorme riqueza. ¡Qué dulce melodrama si ella resultaba ser la hija del conde y estaba enamorada de mí! ¡Qué deliciosa tragedia. como he dicho. mirando. que parecía rondar los cincuenta. y una agradable luz de luna iluminaba el paisaje. quien conocía algo a mi padre y en otro tiempo me había hecho a mí también algún pequeño favor. Puedo asegurar que aquel par de Inglaterra pisaba muy fuerte en el mundillo político y que su nombre sonaba como el más probable suce-sor para el distinguido puesto de ministro plenipotenciario inglés en París. Yo asentí.Beckett. y leí: Miquerido Beckett: Me permito presentarle a mi queridísimo amigo el marqués de Harmonville. bajé premiosamente los escalones de laBelleÉtoile. como yo.CAPÍTULO IV -MonsieurDroqville Abrigando aquella emocionante esperanza. con esa cortesía a la vez natural y altiva que caracteriza a un noble francés de la vieja escuela. Tenía un aspecto amable y donoso. los efectos lunares que transformaban los objetos y los edificios de aquella callejuela. en cam-bio. Yo recibí la nota con una reverencia.Ya se había hecho de noche.

Monsieur.. pues la mirada de penosa tur-bación que durante un buen rato se había asomado al rostro del mar-qués se iluminó ahora. espero. alordR***. aunque muy poco. Suyo afectísimo. Lamento en lo más profundo que haya podido producirse semejante error. . Esq. Sabe que me resulta muy complicado intervenir. -¿Qué disculpas puedo presentar amonsieurel mar. no cabe duda. y no puedo decir nada más. ni aun con la mayor cau-tela. Debería haberle dicho antes que. Walton estuvo aquí ayer. a excep-ción de mi sombrerero.. mientras que esa carta va dirigida aMr. No conocía a nadie llamado Haxton ni. para mí. Pero me permito aconsejarle que envíe enseguida a Haxton a que averigüe qué es lo que está ocurriendo. diputado por Shillingworth. En estos momentos me dirijo a la ciudad.. por razones que entende-rá después.MonsieurBeckett me permitirá. cuando haya hablado con él cinco minutos.Stanhope Beckett. donde espero ver. en esta lamentable circunstancia? Solamente puedo darle mi palabra de caballe-ro de que.. y aquel aristócrata escribía como si fuéramos amigos íntimos. amonsieurDroqville? Es cierto que yo me llamo Beckett. esta carta.P» Miré atónito al marqués. Me temo que sea algo grave. Yo le agradecí sinceramente aquellas muestras de amabilidad. pero esa carta no va destinada a mí.Por cierto. R*** Estaba completamente desconcertado. -No tengo la menor duda de quemonsieurBeckett va a respetar mi pequeño secreto. que ahora devuelvo. el mar-qués -de acuerdo con todos nuestros amigos. y me dijo que era proba-ble que su escaño se encontrara seriamente amenazado.. Puedo decir que la sinceridad de mi pesar y mi buena fe debían de leerse en mi semblante con total claridad. a muchos amigos. incluir su nombre en la lista de mis amigos. Miré el reverso de la carta y quedó resuelto el misterio. Como estaba de Dios que se iba a producir un error. éste sonrió amablemente y me tendió la mano. Normandía. o hacer. M. pues yo era simplementeRichardBeckett. ¿Qué puedo decir. el 15 de agosto.. a nadie que respondiera al nombre de Walton. tengo motivos para agradecer a mi buena estrella que se haya producido ante un caballero de honor. dice.prosiguió-. Yo no podía presumir de ser amigo delordR***. a los que quizále interesará conocer. Yo me llamoRichardBeckett. y que conozco.ha renunciado a su título durante unas semanas y que se hace llamar simplementemonsieurDroqville. de que algo se está tramando en Domwell. será un secreto tan inviolado como lo era antes de abrirla. Para mi gran consternación.no sabe lo contento que me sentiría si logra-ra convencerle para que vaya a visitarme a Claironville. se decía lo siguiente: « ParaGeorgeStanhope Beckett.

donde ahora reinaba la calma. El oficial alzó la barbilla. El lugar ruidoso de una o dos horas antes estaba ahora completamente en silencio y vacío. Continuó: -Por el momento no puede ver a mis amigos. Un símbo-lo muy apropiado. bañado también por la luz de la luna. Me planté ahora delante del blasón pintado de la porte-zuela que examinara antes con luz solar. le facilité la información que deseaba saber. en un estado de ensoñación y de reflexión. como se suele decir. Yo permanecí un rato en medio de la escalinata ponderando la nueva amistad que acababa de hacer. Y roja. A los pocos minutos me hallaba de nuevo en el patio de la posada. Me sentía halagadísimo. si se le ocurre alguna manera en la que pueda serle útil monsieur Droqville. Me estaba comportando de la manera necia y sentimental como se comporta un adolescente con ocasión de su primer amor. qué bien! La cigüeña es un ave de presa. lo circunvalé. -Y. Permanecí un rato ante él. Así. me sumí en un sueño encantador. por vago que éste fuera. dirigí mis pasos hacia el coche de mi amada. La claridad de la luna prestaba nitidez a cada objeto y proyec-taba sobre el empedrado la sombra afilada y negra de las ruedas. y las portezuelas. aunque el marqués de Harmonville se encuen-tre ausente. cerradas con llave. Avancé por mitad de la calle entre extraños objetos y entre casas antiguas y pintorescas.. por los motivos que us-ted supone perfectamente. Me había vuelto y estaba mirando el rostro más pálido que jamás había visto.. Una pronunciada cicatriz le bajaba de la frente a la nariz. Este tipo de simpatías a primera vista suele cristalizar en amistades de larga duración. entre tanto -prosiguió-. sin que nadie me estorbara. enarcó las cejas y. Pero los maravillosos ojos. Tal vez el marqués juzgaba prudente asegurarse de la buena disposición del involuntario conocedor de un secreto político. vesti-do con el uniforme de faena. y que yo dispondré las cosas de manera que pueda usted dar conmigo fácilmente. con una risita burlona. ¡Como la sangre! Ja. Detrás de mí se oyó una voz sorda: -¡Una cigüeña roja. Pertenecía a un oficial francés.. desapareció por la puerta que daba acceso a laBelleÉtoile. ja. comprobará que. le agradecí efusivamente su hospitalario ofrecimiento. Las cortinas del vehículo estaban echadas. mi atención volvió a centrarse en la romántica luna mientras bajaba los escalones. lo que hacía más siniestro aún aquel rostro repelente.. Tras despedirse con su especial galanura. los tiros y los muelles. en mi casa de París. Me sentía especialmente a gusto en medio de aquella sole-dad y. agregó: . supuse. Preguntándome cuántas veces se habrían posado los ojos de ella en el mismo objeto. Era ancho. es vigi-lante. la estremece-dora voz y la exquisita figura de la bella dama que se había apoderado de mi imaginación volvieron a imponerse rápidamente sobre cualquier otra consideración. sepa que nuestra comunicación no se interrumpirá aquí. rapaz y pesca gobios.Por supuesto. Tal vez en aquellos momentos se encontraba cenando la servidumbre. salvo algunos carruajes desperdigados. monsieur Droqville se va a ocupar igualmente de usted. feo y torvo. Con renovadas muestras de gratitud. de uno noventa de estatura aproximada-mente. Estaba claro que. le había caído bien al marqués. Peromonsieurtendrá se-guramente la amabilidad de hacerme saber en qué hotel piensa albergarse en París.

Yo le obedecí. en busca de las perso-nas que tenían un interés especial para mí.monsieur. decide descubrir un secreto. puedo añadir también. sacar a la luz un delito. En este caso. monsieur! Se dio bruscamente la media vuelta y salió del patio con paso marcial. a quien no había esperado ver en un lugar tan público. ¿comprende?. Era la hora de la cena. Entré en el comedor. CAPÍTULO V . aún resonaba en mis oídos. por su proximidad. por tanto. Sin embargo. que pareció com-placido. muchas personas a las que no les gustaba la mesa común podían acabar haciendo de la necesi-dad virtud si no querían morirse de hambre. Y eran precisamente los ingleses los que menos probabilidades tenían de ganarse su simpatía.. Estaba picado por algún antiguo recuerdo y se había marchado encendido en cólera. me señaló. y él. a veces sin nada que lo cobijara. ja. llena de odio y retintín. Si no tiene a ningún amigo experimentado que lo acompañe durante su visita. y. En cualquier caso. .Cena en la BelleÉtoile El ejército francés estaba en aquella época de un humor pésimo. ni tampoco su bella compañera. era obvio que el caballero cadavérico que acababa de apostrofar el blasón del carruaje del conde con tan mis-teriosa acrimonia no había dirigido su malevolencia contra mí.-En cierta ocasión abatí por mera diversión a una cigüeña que se creía a salvo en las nubes. parbleu! . pues creo recordar que casi tocó el mío. escudriñando con la vista a aquella pequeña asamblea. Tal vez el chismorreo de los comensales arroja-ba nueva luz sobre el tema que tanto me interesaba. Yo acababa de recibir uno de esos sustos repentinos que tanto nos sobresaltan cuando. atrapar al ladrón.. El conde no se hallaba entre los comensales. pero el marqués de Harmonville. ¿verdad? -dijo. un hombre de energía. ¡Ja. No era fácil conseguir que un personal tan atareado como el de laBelleÉtoilesirviera la cena en los aposentos privados en medio de la gran confusión reinante a la sazón..cuando un hombre como yo.. descubrimos que nuestras payasadas han sido observadas de cerca por alguien. un hombre de una extraordinaria presencia de ánimo que ha dado la vuelta a Europa debajo de una tienda y. -Es ésta la primera vez que visita Francia. creyéndonos perfectamente solos. pero París es tal vez la capital más peligrosa que pueda visitar un caballero joven y generoso sin la compañía de un mentor. Mire. La enigmática arenga de aquella persona. el efecto se intensificó con la extrema fealdad de aquel rostro y. Tras confirmarle que así era. una silla vacía que había a su lado. ja!Adieu. compuesta de unos treinta individuos. ensartar a un bandido en la punta de su espada. con una sonrisa significativa. -Hizo una pausa. vino a alimentar la fecunda imaginación de un amante. es difícil que no lo consiga. empezó a conversar conmigo casi de inmediato. prosiguió: -No debe conceptuarme como una persona demasiado curiosa e impertinente. -Se encogió de hombros y esbozó una risita perversa-.

entre las clases criminales. sirviéndose de compin-ches. mi joven amigo. e imaginaba que los tramposos que tenía enfrente no sabían nada al respecto.que usted ha venido aquí a hacer lo mismo. Algunos de estos individuos imponen respeto incluso a los burgueses parisienses. y vive mucho mejor. reuní una suma del orden de quinientos mil francos. descubrirá que hay grandes diferencias -dijo-. Son más ingeniosos que los granujas londinenses. Veo que usted tramó el mismo plan. Y las dotes de comediante. hijo delordRooksbury que reventó dos mesas de juego parisienses el año pasado.Yo le hice saber que no tenía semejante amigo. . particularidades que. Son habitués de ciertos lugares de juego. Le confesé que me había preparado para una empresa de mayor envergadura aún. cuando tenía su edad. pero que me manten-dría vigilante. por una regla que impedía doblar la apuesta original más de cuatro veces consecutivas. luego descubrí que no sólo estaban al corriente del truco. por jóvenes necios delbeaumondefrancés. traté de llevar a término la misma arries-gada empresa. que había visto mucho mundo en Inglaterra y que. están aquí muy extendidas. en cierto modo también. billares y otros antros. con mueblesdel gusto más refinado y exquisitamente lujosos . se limita a facilitar a sus cómplices la manera de desplumar a sus invitados. En París. y merced a su mayor conocimiento de los juegos de azar desvalijan a los incautos haciendo trampas. descorazonado. son más activos e imaginativos. Había oído hablar de ello. sin ir más lejos. comportamiento y conver-sación no tienen igual. y viven en casas preciosas en los barrios más ele-gantes. de las que sus compatriotas andan poco sobrados. -Igual que la mayoría de los granujas londinenses. generan un estilo de villanía no menos peculiar. La supuesta pareja anfitriona raras veces se une al juego. la naturaleza humana era fundamentalmente la misma en todas las partes del mundo. -¿Y esa regla sigue aún en vigor? -pregunté yo. -Veo -dijo riendo. La gente que vive de un arte siempre lo entiende mejor que cualquier aficionado. que varían según el tipo de impostura. Venía con una bolsa de treinta mil libras esterlinas. Para empezar. la clase que vive de la Pillería es tres o cuatro veces mayor que en Londres. Pero aquí se hace de una manera más elaborada. En todas estas casas se juega fuerte. Yo también. -Sí. entre los que destacan las carreras. La mayoría vive del juego. -A pesar de todo. No cabe duda de que cada nación tiene sus particularidades intelectuales y morales. sobornos y otros artificios. y con unafinessereal-mente exquisita. Sin embargo. Estos valiosísimos atributos los sitúan a un nivel completamente diferente. Esos granujas saben adoptar los modales de las clases distinguidas y se mueven entre el lujo como pez en el agua. -Pero yo he oído hablar de un joven inglés. Mi interlocutor se encogió de hombros con una sonrisa en los labios. y que venía bien provisto para ello. esperaba hacer saltar la banca gracias al simple procedimiento de doblar siempre la apuesta. y es así como timan y roban a forasteros acaudalados. antes incluso de empezar la partida. imagi-naba. El marqués sacudió la cabeza mientras esbozaba una sonrisa. que los creen sinceramente personas distinguidas porque sus costumbres son dispendiosas y lujosas y sus casas son frecuentadas por extranjeros de campanillas y. y así me vi frenado en mis planes. sino que ade-más habían tomado las debidas precauciones contra el mismo. -Por supuesto que sí. pero de manera muy distinta. Algunos de sus miembros hasta vive espléndidamente. Hay gente cuyos modales. donde se apuesta muy alto.

la próxima vez que vea usted a mi amigolordR***. alegre y generoso. huesos y músculos. Le di mis más sinceras gracias por su valiosísimo consejo y le rogué tuviera la amabilidad de darme cuantos consejos se le ocurrieran. merced a esta excepcional capacidad de cicatrización que poseo. hay mil vam-piros y arpías que se pelearán por tener el privilegio de devorarlo. En aquel momento recibí una especie de codazo de mi vecino de la derecha. y.Alyre. aparte de estos atributos que me han sido dados. deje el dinero en el banco en que esté. pues me sentiría muy mal si. Hace quince años habría sido el tutor ideal para usted. Para mi siguiente aventura conseguí introducirme en una de esas elegantes casas de juego que pasan por ser mansiones privadas de personas de distinción y me salvó de la ruina un caballero a quien desde entonces he tratado cada vez con mayor respeto y amistad. Un inglés rico como usted. Digo que. habría considerado casi un deber el presentárselo. aunque creo que sin ningún moti-vo. -Pues que está casado con una criatura encantadora. prosiguió-: En fin. ya pueden . -Sí. Está entroncado con una familia de recio abolengo. y que.. que no hay bicho viviente en esta sala que sane más deprisa que yo. -Creo que la he oído cantar esta tarde. Es el honor personificado. La noche que decidí saltar la banca perdí entre siete mil y ocho mil libras. y casi me hizo sal-tar en mi asiento.prosiguió: -¡Nadie! ¡No es sangre.. no debo per-derle a usted de vista. Da la casualidad de que dicho caballero se encuentra ahora en esta casa. sino licor! ¡Milagro! Aparte de la estatura. si quiere un buen consejo -dijo-. El tono con el que dijo esto fue seco y estentóreo. tuviera que decirle que lo han desplumado en París. así que le ruego perdone mis preguntas y mis consejos tal vez demasiado indiscretos. donde he podido comprobar que es el mismo hom-bre valiente. a la que lleva al menos cuarenta y cinco años. y el hombre más sensato de este mundo. El caballero de que hablo no es otro que el conde deSt. es terriblemente celoso. Si no viviera ac-tualmente tan al margen de la vida social. -¿Y la dama? -La condesa creo que es digna en todos los sentidos de un hombre tan bueno -contestó con un tono algo seco. cortés y honorable que siempre he conocido. me da la impresión de que es una persona con muchas cualida-des. y aparte también del valor. si exceptuamos una cosa. -¿Qué cosa? -vacilé. por todos los ángeles de la muerte que pelearía desnudo contra un león y le arranca-ría los dientes de un puñetazo y lo azotaría con su propia cola hasta darle muerte. se limpió la boca con furor y. además del respeto que siento hacia él. y sin tener en cuenta que yo valgo por seis hombres en el campo de batalla. tendones. joven. estoy encantado con usted. No arriesgue ni un solo napoleón en una casa de juego. -Tras unos minutos de silencio. Al volverme reconocí al oficial cuyo rostro ancho y pálido casi me había asustado en el patio de la posada. Un golpe accidental mientras se daba la vuelta en su asiento. -Pues. tras beber un trago deMâcon. con una suma tan grande depositada en bancos de París..-Cualquier conocido de mi queridísimo amigolordR*** me intere-sa. Ahora estaba profundamente interesado. -Por el honor de un soldado. He reconocido a su criado y he ido a visi-tarle a sus aposentos.

y estaba más fresco que una lechuga. ¿Quién ha venido en ese carruaje amarillo oscuro y negro estacionado en mitad del patio. cortando así la hemorragiay salvando mi vida. -Dicho lo cual. apartando ligeramente la silla de la mesa. volviéndose en su silla para llamar al camarero..dijo-. por el mismísimo Lucifer! ¡Aquello sí que fue una batalla! Cada uno de los que allí había. si me vieran desnudo. ¡En Arcole. se concentró en su botella de vinordinaire. que la naturaleza me devolverá mi integridad en menos tiempo que uno de vuestros sastres remienda una vieja casaca. que recibí cuando intenté salvar mi cabeza. pero ¿no le he visto por casualidad hace un rato examinar junto a mí el escudo de armas de ese vehículo? ¿Me puede decir quién llegó en él? -Yo diría que el conde y la condesa deSt. un fragmento de metralla en mi deltoides izquierdo. metralla en la pantorrilla. en laBelleÉtoile? . No habría sabi-do . De forma aparentemente accidental. Parbleu!..dijoluego el oficial. un bayonetazo en el cartílago de las costillas del lado derecho.caballe-ros. -¿Y están aquí. Por primera vez hablaba en voz baja-. ja! Y todo eso en un periquete. en Ligny. Un minuto después debería haber expirado si no me hubiera arrancado el fajín en un santiamén. En aquella misma ocasión recibí dos balas de mos-quete en los muslos. un sablazo que me arrancó una libra de carne del pecho. y era otra vez la vida y alma de mi com-pañía. y en medio minuto había perdido la suficiente como para llenar un jarro. lo hubie-ra atado a mi pierna por encima de la herida y hecho un par de nudos. monsieur.. tragó en cinco minutos más humo del que se necesitaría para que se asfixiaran aquí todos ustedes. Pero no importa. prisionero en Madrid.Alyre. un tajo con un sable en toda la palma. suturado con tres puntos. se alojan en el primer piso-contesté. con un pie descalzo. se fijó ahora en mí. donde hicimos de los prusianos cien mil billones de átomos. -Bravo.. caballeros. atravesarme. parecía haber delegado en otros comensales la tarea de dirigir la con-versación general.preguntó. Miren mi mano. Pero enseguida volvió a sentarse. El otro día. caballeros. ecco un galant'uomo!-exclamó con marcial éxtasis un italiano bajito y regordete que fabricaba mondadien-tes y cunas de mimbre en la isla deNôtreDame. un trozo de obús me atravesó la pierna y me abrió una arteria. ¡No está mal. había perdido demasiada sangre y desde entonces estoy más pálido que el culo de un plato.destrozarme. y pude oírle perjurar y mascullar insultos para sus adentros con ceño fruncido y huraño. se reirían con ganas. -Garçon!. Ocho días y medio después estaba yo haciendo una marcha forzada. La sangre está bien derramada. Todo eso son simples menu-dencias. Perosacrébleu. -Sí.¡Sus hazañas serán celebradas en toda Europa! ¡La historia de estas guerras debería escribir-se con su sangre! -¡Bah! ¡No tiene importancia! -exclamó el soldado-. despedazarme con balas de cañón. con armas ytenantesblasonados en la portezuela y una cigüeña más roja que mis hazañas? El camarero no lo sabía. -Perdone. El excéntrico oficial. y cinco días después estaba jugando a la pelota con un general inglés. La sangre me brotaba como por una chimenea. El marqués había cerrado los ojos y me pareció resignado y asqueado todo el tiempo que duró la escena. hasta el hueso. y el trozo mayor de una espoleta en la frente. contra los muros del convento de Santa María de la Castidad. una lanzada en mi hombro izquierdo. caballeros. eh! ¡Ja. Hizo ademán de levantarse.bravissimo!Per Bacco. cuya mirada se había vuelto de repente torva y grave.

¿Podría decirme quién es ese oficial? -Es el coronelGaillarde. Había llenado mi cuarto vaso cuando caí dormido.monsieur. -Garçon. que sea bueno de verdad? -Puedo traerle el mejor borgoña de Francia.monsieur. pero éste se había marchado. se siente a gusto consigo mismo. además. ha cambiado de clima cada media hora. pues la noche se había vuelto fría. -¿Viene a menudo por aquí? -Sólo ha venido una vez antes. mi bella condesa! ¿No nos vamos a conocer nunca?» CAPÍTULO VI . y un vaso al lado. Dos o tres tarugos de leña ardían en el fuego.monsieur. Debo señalar que mi cabeza estaba inclinada en una postura incómoda. .Hace un año se alojó aquí durante una semana aproximadamente. y la partida de los comensales no tardó en dispersarse. Me volví para decir un par de cosas al marqués. Otras personas se habían retirado igualmente. Tuve un sueño mientras echaba aquella cabezada junto a la lumbre.-Haga el favor de poner la botella sobre esa mesa.más de una vez lo han confundido con un aparecido. no tiene ningu-na preocupación y está sentado solo junto al fuego en un confortable sillón tras haber cenado en abundancia se le puede perdonar perfecta-mente si echa una cabezadita. -Es el hombre más pálido que he visto en mi vida.monsieur. -Eso es bien cierto. Fui a sentarme junto a la chimenea. -¿Me puede servir una botella de borgoña.monsieur.decir si estaba alarmado o furioso. en un gran sillón de roble esculpido que tenía un respaldo maravillosamente alto y que pare-cía más viejo que Matusalén. todo el mundo sabe que la cocina francesa no es el mejor aperitivo para un sueño apacible.dije-. Me sentía muy a gusto.Un sable desenvainado A un hombre que ha viajado todo el día en la posta. ¿Puedo quedarme aquí una media hora? -Naturalmente. « ¡Ah. el vino era excelente. y mi pensamiento res-plandeciente y sereno.

hacía frío. pero el rostro ancho e inicuo del coronelGaillardeme estaba mirando. sobre el que. El coronel. que me estaba mirando con sarcasmo. -¿Qué quiere decir el señor coronel? -pregunté. El lugar parecía vacío. y mi vista sólo alcanzaba (al tenue res-plandor de los cirios) hasta un pequeño radio.yahora estaba bebiendo su copa. sobre la que posó sus manos largas y delgadas. hasta que todo el hilo quede bien liado en mi pulgar y logre dar con la otra punta. -¿Dónde está ella? -exclamé con un estremecimiento. Sueños peores -repitió. Oí un sonido parecido al paso lento de dos personas avanzando por la enlosada nave lateral. de esta y esa manera. Una.Alyre. yacía el que me pareció ser el cadáver de la condesa deSt. Rompiendo el hechizo con un esfuerzo descomunal. Cuando tenga sujeta una punta del hilo entre el índice y el pulgar. me puse de pie y proferí un grito ahogado. por arriba y por abajo. pálido como la muerte. monsieur. -Me quedé dormido y he estado soñando -dije. sálveme!» Noté que no podía ni hablar ni moverme. desde el otro lado de la lumbre. ¡Por favor.Alyre. Estaba paralizado por el miedo. así es-contesté. Estaba perfectamente despierto. -Así lo creo. Las dos personas que se acercaban salieron entonces de la oscuridad. se deslizó hacia la cabeza de la figura. por mucho trabajo que me cueste seguiré el hilo tramo a tramo. sí. envuelto también con tela negra. -Usted es el joven caballero que está hospedado encima del conde y la condesa deSt. colocó las manos bajo los pies de la joven y entre los dos empezaron a levantarla.Alyre. Durante unos instantes no sabía ni quién era yo. Un eco apagado daba idea de la vastedad del lugar. Otra. se había tomado una demi-tasse de café noir. de la que emanaba un agradable aroma de coñac. procure no tener sueños peores que los que ha tenido esta noche -dijo con tono enigmático mientras meneaba la cabe-za con una risita entre dientes-. Me embargaba una horrible sensación de expectación. . ¿no es cierto? -dijo entornando un ojo con aire pensativo y mirándome fijamente con el otro ojo.Mee ncontraba en una catedral inmensa.contestó secamente el coronel. jovencito. con su correspondiente secreto. -Estoy tratando de descubrirlo por mí mismo -dijo-. -Bueno. de un lado a otro. Lo poco que veía tenía ese carácter sobrio del estilo gótico y ayudaba a mi imaginación a dar forma y amueblar el vacío negro que me abisma-ba. -¡Cielo santo!-exclamécon la respiración entrecortada y mirando a mi alrededor. y me llevé un susto de espanto cuando el cuerpo que yacía sobre el catafalco (sin moverse). Ingenioso. poco a poco. me dijo con una voz susurrante que me dejó helado: «Vienen a enterrarme viva. sin otra luz que la que prove-nía de los cuatro cirios colocados en las esquinas de una especie de estra-do cubierto por un paño negro. el coronel de semblante pálido marcado por una cicatriz. en el que se dibujaba una sonrisita de triunfo infernal. el conde deSt. -Eso depende de a qué ella se refiera. y creo que lo conseguiré. temeroso de que se me hubiera escapado alguna palabra ofensiva por el papel que él había desem-peñado en mi sueño-.

luego se produjo una pausa. Cualquiera de las dos cosas mesacarían de aquí. lo alzó con una reverencia y lo bebió despacio. pero volviéndolo a llenar-. cómo no! Está un poco loco. lo llenó. quienquiera que fuese. Es una obra en la que todos los papeles están ya repartidos. ni mucho menos! -exclamó con cierto desprecio. Pero no puedo decir cuándo se producirá ese aconteci-miento. y sólo la amistad me ha empujado a tomar parte en ella. Pero algo hay que hacer para matar el tiempo. Dio unos pasos en mi dirección y dijo encogiéndose de hombros y riendo: -Le sorprenderá encontrar amonsieurDroqville mirando esa vieja figura de piedra a la luz de la luna. sin ningún cargo de responsabilidad.¿no? ¡Más astuto que cinco zorros juntos! ¡Más despierto que una comadreja! Parbleu! Si no me hubiera importado rebajarme. No les aburriré con efectos de luz de luna ni con las ensoñaciones de un hombre que se ha enamora-do instantáneamente de un hermoso rostro. sobre un pedestal. Me libré de aquel hombre tan pronto como me lo permitió la buena educación y.. que yo aproveché para preguntarle si sabía algo del coronelGaillarde. estaban cerradas. Debería haberme dicho que le pidiera un borgoña. habría hecho fortuna como espía. Por desgracia.. -Me temo que no. también usted padeceennui. -He pedido caballos... ¿Quiere un vaso el señor coronel? Tomó el mayor que encontró. Supongo que sigue usted mañana su viaje a París. ¡Cielo santo. o permanecía sentada en su sillón pensando en. .. me encontré en una placita bordeada de casas con gabletes y en cuyo centro se erguía. Le buscaron un empleo. bah! ¡No es de lo mejor.Estas pequeñas pobla-ciones de provincia. Tiene la cabeza constantemente llena de pájaros. lo puso al mando de un regimiento. -Más que bueno -dije-. cuando volvía dando un pequeño ro-deo. Diré simplemente que mi paseo duró una media hora y que. que me reconoció a su vez casi inmediatamen-te. pero en su famosa campaña. salí sin otra compañía que mi recio bastón.Pero le doy mil gracias. Estatua que estaba mirando también un hombre delgado y bastante alto. Visité el patio y miré hacia las ventanas de la condesa. Como veo.. Siguió hablando un rato mientras volvíamos despacio hacia laBelleÉtoile..sí.monsieur. ¿Es bueno el vino de aquí? -dijo con una mirada inquisitiva hacia mi botella. por supuesto. Sólo sería capaz de renegar de una buena amistad hecha en mis años jóvenes si para cultivarla me obligaran a vivir en semejantes luga-res.. -Yo espero una carta. Solía dar un tostón espantoso al personal del Departamento de la Guerra. y ni siquiera tuve el pequeño consuelo de contemplar la misma luz que estaba contemplando en aquel momento la hermosa dama mientras escribía. una estatua de piedra desgastada por varios siglos de lluvia. Yo soy un simple aficiona-do. calándome el sombrero. Napoleón. Siempre fue un combatiente temerario. -¿Puedo ayudarle de alguna manera para acelerar su partida? -me ofrecí. o una llegada. ha recibido algunas heridas peligrosas en la cabeza. leía. que no podía prescindir de nadie. -¡Ah. a quien reconocí al instante: no era otro que el marqués de Harmonville. de esos que tanto se valoraban entonces. y no le habrían traído esta pócima. -¡Ah. qué fuerte hay que ser para vivir en ellas!. Acepté aquella grave privación con la mayor resignación que pude y decidí darme una vueltecita por la población.

si alguno de los dos trata de salir por esa puerta. o había. me agarró del brazo. Dos camareros. ¡Pareja de vampiros. tenía los ojos desencajados. en efecto. la cual. me dio las buenas noches de manera misteriosa y desapareció. Hice corriendo los cincuenta metros que me sepa-raban de allí y me encontré en el vestíbulo de la vieja posada. ¡Qué oportunidad tan buena se me brindaba! Me acerqué a la dama.En la puerta. el coronel.monsieur. alojarse en una posada honrada y cobijarse bajo el mismo techo que otros hombres honrados. Imposible concebir una efigie más diabólica del odio y la furia que la personificada por el coronel. vestido con su traje de viaje.Hay. contemplabanla escena impotentes . que estaba plantado ante el viejo conde deSt. también con atavío de viaje. le rechinaban los dientes y acom-pañaba sus denuncias estentóreas con zapatazos contra el suelo y moli-netes con su sable. Mientras proseguía premiosamente hacia mi posada. sentí que ésta me iba a interesar a mí de manera especial. Permanecí unos segundos estupefacto. intuitivamente. de lobos. en la sombra de una hilera de álamos. si no recuerdo mal. Resultaba evidente que se había visto interceptado cuando se dis-ponía a subir a su coche. pálidos de terror. El coronel no dejaba de berrear manteniendo la espada en alto. -No sabe uno a qué atenerse -mascullé entre dientes mientras me alejaba.El marqués se detuvo en su puerta. llevaba el rostro cubierto por su espeso velo negro. que el coronelGaillardeparó en laBelleÉtoiledurante una semana hace cierto tiempo. presenciar una algarada. con aire desencajado. y con su bufanda de seda negra cubriéndole la parte inferior del ros-tro. iluminado por la luna. me tropecé. Un poco por detrás del conde estaba la con-desa. cuando el pequeño camarero pasó a mi lado. y en el vestíbulo estaba teniendo lugar un furioso altercado. -¿Nunca ha sospechado nadie que esté loco? -Nunca. había un coche tirado por cuatro caballos. Ya se veían las luces de laBelleÉtoile. El actor principal de aquel extraño drama era.monsieur. le rebanaré la cabeza. Los berridos del coronel Gaillardese imponían a cualquier otro sonido. -No creía a mis ojos cuando reconocí el ave de presa roja. El dueño de laBelleÉtoileestaba tratando de calmar al coronel. No podía creer que tuvieran la audacia de viajar por la ruta nacional. Se le notaban en la frente sus venas nudosas. con elgarçonque me había servido el borgoña una hora antes. deprisa! Por san Pedro y Lucifer que. Pero. y sus delicados dedos sostenían una rosa blanca. otra posada llamadaL'ÉcudeFrance. de demonios! ¡Llamad a los gendarmes. cuando menos.Es un poco alborotador. A casi todos los jóvenes les gusta. -¿Está en su sano juicio? El camarero puso ojos de plato. -Sí. -Me ha dicho antes. Iba pensando en el coronelGaillardey. en esta ciudad.monsieur.Alyre. . -Desde luego. pero un hombre muy astuto también. le hice señas de que se detuviera.

En un santiamén corrí al lado de mi bella condesa. Rompí su espada bajo mis pies y lancé los trozos a la calle. en medio del claro de luna. Váyase.Mientras él levan-taba su espada. que ella aceptó. que dio con sus huesos en el suelo. supli-caba y maldecía a sus criados. que estaban algo achispados y no habían asistido a la dramática escena. abandonada así a su suerte. rumbo a París. sin importarle otra cosa que no fuera mi condigno casti-go. -No tema nada. .susurró en medio de su agitación-.-¡Oh. Todo sin mediar una sola palabra. Este horrible loco. La mano de la dama se posó sobre la mía. grité: -¡Sujete su lengua y despeje el camino. e. y plenamente decidido a partirme la crisma en dos. mientras él retrocedía. Entró en él. interponiéndome entre el conde y Gaillarde. Adiós. en dirección de la puerta. ¡Por el amor de Dios.. monsieur!. y. y ¡ay!. Va a matar a mi marido. tal era el vendaval de deliciosas y diabólicas emociones que sen-tía dentro de mí. rufián. y la conduje hasta el coche. ni si estaba vivo o muerto. tambaleándo-se.que no dejaba de lanzar invectivas. bajó los escalones y desapareció en el interior de su coche. casi en el mismo lugar.La rosa blanca Yo era demasiado rápido para el coronelGaillarde. tímida pero nerviosa. que pueda olvidarlo. Todo aquello se produjo mientras el conde impartía órdenes. como mi conciencia me insinuó después. No me importó ninguno de sus galones militares. Éstos ocuparon ahora sus puestos con la agilidad que produce la desazón. mientras la espada del frenético soldado. Sus labios casi tocaron mi mejilla al decirme apresuradamente: -Puede ser que no vuelva a verle. El viejo conde deSt. a consecuencia de mi ingeniosa idea. Estaba a punto de preguntarle si tenía alguna orden con la que hon-rarme (mi mano reposaba sobre el borde inferior de la ventanilla. tras una pausa de indecisión.madame-contestécon romántica devoción. le asesté otro golpe.Alyre salió disparado. que estaba abierta). cobarde! La dama dejó escapar un grito leve. silbaba en el aire para abatirme. le ofrecí mi brazo. pero colocó en la mía la rosa que había estado entre sus dedos durante la agitada escena que acabábamos de vivir. sin mirar a derecha ni izquierda ni dar las gracias a nadie. Ella la retiró. yo lo golpeé en la cabeza con mi macizo bastón. ¿Qué podemos hacer? No quiere dejarnos pasar. y yo le cerré la portezue-la. váyase! Yo apreté su mano durante unos segundos. los caballos empezaron a moverse y el coche se fue alejan-do con su preciosa carga por la pintoresca calle principal. CAPÍTULO VII .. matón. Los látigos de los postillones chasquearon. donde quedó aparentemente muerto. que recompensó con creces el riesgo que yo corría.

hasta entonces poco simpático. Yo empecé a sentir cierta inquietud. e introdujeron un vaso de coñac. pese a su extraordinaria capacidad autocurativa. de cabeza calva y con gafas. Vi al posadero en la sala en la que habíamos cenado. y se había retirado con su espada y su sierra. Qué lástima si aquella excursión mía. Ambos convenimos en que. con la rosa blanca dobla-da en mi pañuelo. Ena quellos tiempos de inestabilidad política no estaba claro cuál era el pro-cedimiento en vigor para castigar a los criminales. también cabezas). El coronel fue conducido a su habitación roncando apopléjicamente. El lector supone sin duda que yo tenía otros motivos. sus laureles y sus escayolas a esta su ciudad natal. Inmediatamente saqué a relucir el tema de la cabeza rota del coro-nel.No hubo un solo camarero de la posada que no estu-viera dispuesto a corroborar bajo juramento la veracidad de aquella afirmación. Pedí una botella del mejor vino que había en la posada. mi pequeña prenda de despedida. Con un profundo suspiro. El último par de la ciudad lo había reservado elÉcudeFrance. no se puede andar especulando ni escatimando medios económicos. El solícito dueño de laBelleÉtoiley sus ayudantes levantaron al héroe herido en mil batallas. coloqué en su mano treinta y cinco napoleones. si yo no hubiera dado aquel certero bastonazo. en su gran boca. donde por primera vez aquel delicioso elixir no fue ingurgitado desaforada-mente. como ven. en cualquier caso había una conmoción en la sede del pensamiento. dulce y precioso que ningún ojo mortal. ¿Quién era aquel caballero? ¿Había marchado ya? ¿No se le podría convencer para que aguardara hasta el día siguiente? .Dicho lo cual. había motivos sobrados param antenerlo fuera de combate durante al menos un par semanas. que fue debidamente apuntado en su cuenta. y luego le dije que no debía rechazar un insignificante souvenir de un huésped que había quedado encantado de todo lo que había visto en la famosísimaBelleÉtoile. quedaba claro que entre nosotros dos se habían instaurado unas relaciones muy cordiales. además del deseo de escapar de las fastidiosas pesquisas judiciales. Se mandó llamar a un pequeño cirujano militar de unos sesenta años. que había amputado ochenta y siete piernas y brazos tras la batalla de Eylau. se tornó radiante. lo apoyaron contra la pared. mientras se llevaba apresuradamente las monedas a los bolsillos. Yo sentí esto de manera instintiva. ni por ruegos ni por dinero. más que el suyo y el mío. el militar habría decapitado a la mitad de los huéspedes de la BelleÉtoile. así. al tacto de los cuales su semblante. y. acababa en el cadalso o en la guillotina. Como comprenderá cuál no sería mihorror al saber que. no había manera alguna de conseguir caballos aquella noche.para un caballero que había almor-zado y cenado en laBelleÉtoileyque tenía que continuar hacia París aquella misma noche. Al principio creyó que el cráneo del arrojado coronel se había fracturado. para desear rea-nudar cuanto antes mi viaje a París. en la que iba decidido a hacer saltar bancas y romper corazones (y. Mejor pasarse por mil que quedarse a un milímetro de la meta. me di la vuelta. invité al posadero a compartirlo conmigo. mientras su talante distante se troca-ba en amigable. mi favor secreto.Yo permanecí inmóvil sobre el pavimento hasta que se perdió del todo en lontananza. había visto pasar de una mano a otra. apuntalándo-lo a cada lado con baúles y almohadas. Cuando se emplea algún tipo de fuerza para conseguir un objetivo importante. en la proporción de dos vasos a uno.

.Clair. Era realmente un café buenísimo. y sólo durante un par de minutos. hasta la siguiente posta. según me dijo. mis pensamientos cambiaron unos instantes de rumbo. ¿Dónde se hospedamonsieurDroqville? Por supuesto que lo sabía. -¿No tiene una hija? -Sí. Gracias. -Guardaremos las tazas -dijo al camarero que le traía las tazas-. Media hora después. Es una joven muy hermosa y encantadora. llevaba más de sesenta horas sin dormir. Está mohíno. y su nombre no era otro que el demonsieurDroqville. según me han referido. poco después. Hoy sólo he visto al conde. Permítame que le recomiende que haga usted lo mismo: el café de aquí es realmente bueno. luego pasó al interior del vehículo la pequeña bandeja y me ofreció una taza de café. puede decir lo que quiera. cayó completamente dormido en su rincón. Y la bandeja. Al cabo de un rato me aventuré a preguntarle al marqués de Harmonville si la dama que acompañaba al conde era de verdad la condesa. Es hija de un matrimonio anterior.Clair.Alyre. Yo también daba algunas cabe-zadas. Quizá era ella. eso creo. del conde deSt.Al verlo. no importa cuál de las dos cosas sea. Subí rápidamente a mi cuarto. Como yo le dije que no necesitaba la bandeja. -Esa dama es la hija o esposa. Ordenó dos tazas de café expreso y esperó con la cabeza asomada por la ventana. -Y bien. Hubo un pequeño retraso mientras él abonaba aquellas cosas. en mi coche de camino y con sus caballos. No puedo contestarle con exactitud. ¿a quién le importa? Recoge todas mis cosas. donde encontré a mi criadoSt. -¡Cierra el pico. Tomaré aquí una taza de café. Asentí. -Perdone que sea un compañero tan aburrido -dijo-. siempre lo sabía todo. Me gusta saborearlo tranquilamente. el anciano caballero que ha estado tan a punto de ser troceado esta noche. ya he echado un sueñecito.monsieurDroqvilley yo viajábamos juntos rumbo a París. idiota! Ese hombre estaba más borracho que una cuba. donde había tenido la suerte de conseguir caballos mandando por delante a su criado. Al marqués le estaba entrando la modorra y.El caballero se encontraba ahora en sus habitaciones recogiendo su equipaje. por la espada del general a quienmonsieurha tenido la suerte de mandar a la cama con un buen ataque de apoplejía.dime ahora quién es esa dama -le conminé. No se despertó.St. -No soporto que me esperen los camareros mientras bebo el café -dijo-. él se la colocó sobre las rodillas para que le sirviera de mesa en miniatura. pero el marqués dormía como un tronco.

pero estaba claro que había perdido la capacidad de cerrarlos. me fueron entrando unas ganas terribles de dormir. A pesar de las historias divertidas y curiosas que contó el marqués. y finalmente hizo lo propio con la pequeña bandeja. Desde mi rincón seguía visuali-zando en diagonal. Volví a intentarlo. podíamos considerarnos afortunados de haber encontrado dos. por un acto de voluntad insólito. El marqués cogió del suelo su valija. ¡Empecé a asustarme de verdad! ¿Estaría padeciendo algún ataque? Era horrible ver cómo mi afable compañero seguía dedicándose a sus ocupaciones rutinarias cuando podría haber ahuyentado mis horrores con un simple sacudimiento. para algún campesino madrugador. y así entré en un estado de somnolencia completamente nuevo e indescriptible. además de hábil. se caló las lentes y sacó un fajo de cartas. 1 mi voluntad no mandaba ya sobre mi cuerpo. que se puso a leer con mucha atención. Hice un esfuerzo sobrehumano por gritar.cerca del corazón. por ejemplo. La encendió con una cerilla. pero algo me impedía cerrar los ojos del todo. envuelto ahora en papel blanco. Su ventanilla iba abierta. que oí chocar contra la calzada. Pero. Este café hará maravillas en mí. y me hizo una brillante y divertida descripción de la vida parisiense. que notó esto. El marqués. el interior del coche. Con todo. la colocó sobre sus rodillas. llenas de sal y de colorido. Primero arrojó su taza por ella. hacer volcar el carruaje. y la conversación se animo. tenía mi querido souvenir -mi rosa blanca. pero nada. Me acomodé en mi rin-cón. Éste me inspiraba toda una gama de sueños románticos. con el mismo resultado. Empecé a sentir el peso del sueño. la abrió y sacó la que resultó ser una lámpara. Fuera lo que fuera. ha-ber intentado. la diferencia de velocidad resultaba deprimente. con sus peligros y seducciones. aquello no se podía equiparar con una simple pesadilla. con los ojos semientornados. presentando su retrato de manera que se me quedaran bien grabadas algunas enseñanzas de orden práctico.no había experimentado ninguna sensación de terror. Descubrí que me resultaba a tan difícil mover cualquier articulación o músculo como. Hasta entonces. Durante un rato el café nos volvió parlanchines. pero sin llegar nunca a perder la conciencia del todo. doblando y guardando las cartas una a una. Deseaba con todas mis fuerzas conciliar el sueño. Un valioso hallazgo. yo he dormido muy poco duran-te las dos o tres últimas noches. En mi impaciencia. Me esforcé por poner fin a aquella imagen fatigosa.-Al igual quemonsieurel marqués. ya me siento como nuevo. que sujetó con dos pinzas en la ventanilla opuesta. Echó hacia atrás la cabeza y dijo. Me habría restregado los ojos. Nos pusimos en marcha antes de haber apurado las tazas. Mi compañero había vuelto a empaquetar sus cartas y estaba miran-do por la ventanilla mientras tarareaba el aria de una ópera. y me cuesta mucho trabajo mantenerme despierto. pero la barrera entre la vigilia y éste se me antojaba absolutamente infranqueable. El marqués era extremadamente simpático. luego la mía. Acabó pareciéndome aburrida la visión del marqués leyendo con sus lentes caladas. yo había empleado hasta entonces cuatro caballos por etapa. Repetí el esfuerzo varias veces. a no dudarlo. pero ni siquiera podía mover una mano. Avanzábamos muy lentamente. se resignó afablemente a que nuestra con-versación fuera decayendo. en aquella emergencia. volviéndose hacia mí: .

ya se ven luces. Vi abrirse la puerta de una posada. de la que salía luz. Entre tanto. ¡qué cansado debe de estar! -exclamó tras haber esperado una respuesta de mi parte. Le traeremos algo a monsieur Beckett. Tú y yo nos retiraremos mientras cambian los ca-ballos. -Tu amo duerme profundamente. y tomaremos un piscolabis. Despabiló la llama y echó más aceite a la lámpara. pues. yo quedaba abando-nado en el mismo rincón y en la misma postura. ni lo padecería tampoco después. volviéndose alegremente hacia mí-. Pero no me desperté. gracias a Dios. salió tras dirigirme a mí otra sonrisa ama-ble y a mi criado otra palabra de precaución. Espero con toda el alma que no se parezca a ninguno de los tipos de muerte que pueden acaecernos. seguro que va a morirse de hambre. El coche se detuvo. Mi criado se acercó a mi portezuela y la abrió.Una visita de tres minutos En varias ocasiones de mi vida he sufrido fuertes y largos dolores cor-porales. muda e inmóvil. ¿Cómo terminaría aquello? ¿Era real-mente la muerte? . en cuanto se despierte. CAPÍTULO VIII . dijo: -¡Pobrecillo! ¡Qué cansado debe de estar! ¡Qué sueño tan profundo le ha entrado! Cuando se detenga el coche seguro que se despertará. llegaremos dentro de unos minutos. -Sí. con una sonrisa afable. no había padecido nunca nada parecido a aquella tortura. y mi angustia. la cerró. y un pequeño enco-gimiento de hombros. pero. Me sentía como un alma encarcelada. se metió las lentes en el bolsillo y volvió a mirar por la ventana. era inenarrable. Clairmientras entraban en la posada. Me miró más de cerca y. ¡Está tan cansado! Sería una cruel-dad molestarle ahora. El poder del pensamiento seguía claro y activo. Entramos en una pequeña población.-Sí. Un lúgubre terror se había apoderado de mi espíritu. Lo oí conversar conSt. Supongo que serían las dos de la madrugada. Extremando el cuidado para no despertarme. -¡Ya hemos llegado! -dijo mi compañero. Luego colocó nuevamente las cartas en la valija.

y todo lo hacía con rapidez y decisión. Deslizó una mano en el bolsillo de mi chaqueta. Ahora estábamos ya fuera de la población y proseguíamos el viaje a la misma velocidad moderada. los volvió a meter en mi bolsillo y desapareció.. inclinándose hacia míy ponién-dose en visera su mano enguantada. Mi preciosa rosa la dejó también a un lado. cerró la puerta suavemente y se sentó a mi lado. con un lápiz. luego. Todo esto lo hizo en un abrir y cerrar de ojos. La tensión indescriptible del cerebro pareció ceder de inmediato. Al moverse. Parecía como si una burbuja de aire. noté un extraño zumbido en la cabeza y una . Ya he dicho que el marqués de Harmonville no había apagado su lámpara de coche al entrar en la posada de aquella aldea.. por lo que vi al in-truso perfectamente. la portezuela del coche se abrió de repente. empezó a tomar rápidas notas sobre su conte-nido en un pequeño cuaderno de bolsillo. El joven llevaba un espeso mostacho y una pequeña mata de pelo bajo el labio inferior. se hinchara y explotara en él. Su visita. Este hombre parecía trabajar con la celeridad sigilosa y fría propia de un agente secreto. los galones y botones en las puñetas de la guerre-ra. Yo escuchaba atentamente. Yo pensé que iba a robarme y. creí distinguir bajo la capucha la cinta dorada de una gorra militar. perdido el control de mi cuerpo. también vi una cicatriz roja que le atravesaba la mejilla desde los labios. Colocó los papeles en el mismo orden en que los había encontrado. Pero yo no era más que un cuerpo inerte en sus manos. Inmedia-tamente después de su desaparición oí nuevamente la voz del marqués. que le cubría la cabeza. a todas luces. A las cartas les echó un vistazo somero. lo desplegó y. formada en el oído. como podríamos denominarlo. Volvió a sumirse en la lectura y clasificación de sus papeles a la luz de la lámpara que acababa de coadyuvar a las maquinaciones de un espía. lo que indicaba un plan bien definidoy establecido de antemano. se debía de hallar a unas dos leguas de distancia cuando de repente sentí un extraño palpitar en un oído y la sensación de que el aire pasaba por él y se alojaba en la garganta. Sus propósitos eran a todas luces siniestros. no duró más de tres minutos. medio envidiándome. Simplemente. Lo que le interesaba era. Sin ruido alguno de pasos que anunciaran una llegada inminente. También vi. por un sueño tan profundo. Este hombre había entrado con el sigilo de un fantasma. ocurría que mi voluntad había. a asesinarme. Era un hombre joven con un holgado abrigo gris os-curo y una especie de capucha. esperando con ansia su regreso: algún accidente afortuna-do haría que yo despertara de mi catalepsia. del que sacó mi preciosa rosa blanca y todas las cartas que había. con perfecta nitidez. por así decir. Ah. quizá. Entró en el coche y vi cómo me miraba esbozando una sonrisa. me examinó de cerca la cara duran-te unos segundos. si hubiera sospe-chado. Era obvio que no era aquello lo que buscaba. fáciles de distinguir bajo las amplias mangas del holgado abrigo. creo. y una persona desconocida entró silenciosamente y cerró la portezuela. El lugar donde había recibido la visita de aquel agente secreto. Podía oír y ver todo con la nitidez habitual. entre las que figuraba un documento de especial importancia para mí. La lámpara daba una luz parecida a la de una vela. según mis cálculos.He de señalar que mi facultad de observar no había sufrido merma alguna. Entró. el documento a que acabo de referirme.

como es ese demente coronel de dragones. el cansancio y.. Lo que me sorprende es el paralelismo de las causas propiciadoras del ataque. la mansión de Harmonville se encuentra por el momento ocupada por dos o tres viejos criados. aunque no pueda verle a menudo. sin embargo. que ni siquiera deben ver amonsieurDroqville. así como también a otros lugares de más difícil acceso. Le pediré que me diga el hotel en el que piensa alojarse.especie de vibración en todos los nervios del cuerpo. Una o dos horas después. Exhalé un grito y me quedé medio levantado en mi asiento.. Luego me preguntó con gran solicitud por el mal que me había sobrevenido. Él colocó la valija a su lado. decirle lo enfermo que me había senti-do. la forma como ha cedido. podré serle de gran utilidad. »Me gustaría -prosiguió. no . la abrió y examinó su contenido minuciosamente. el cansancio se apoderó de él y pareció caer en un sueño profundo. Sin embargo. Poco a poco el proceso de restablecimiento fue tocando a su fin. Era un hombre valiente como usted. -Hemos intimado tanto -dijo al final. Daría cualquier cosa para que ciertas personas no leyeran nunca media docena de cartas que llevo aquí. se ha dormido. lo que me hace pensar que se trata de la misma clase de ataque. en condiciones tan desfa-vorables para usted. con un espadachín experimentado. -Sí. Le dije que. Cuando le hube contado todo. me dijo: -Un amigo mío me dijo en cierta ocasión que era posible un ataque como el que ha sufrido usted. como mi otro amigo. cuando lleguemos a París. este último ya se las ingeniará para hacerle entrar en el palco quemonsieurel marqués tiene en la ópera. no hay nada que temer. sobre el asiento. podía estar tran-quilo a ese respecto. pues me sentía débil y agotado. Todo en su sitio. Pero no vale de nada volvernos ahora porque no conseguiría-mos enterarnos de nada. y así pude. me cogió la mano y me preguntó con aire serio si estaba enfermo. Ese bellaco no habrá tocado mi valija. Si se hubiera tratado de cualquier otro tipo de facineroso. Sólo pude contestarle con un gemido profundo. a resultas de un estado de especial excitación. El marqués se me quedó mirando. como ocurre con un miembro que. Asimismo le puse al corriente de la violación de mis cartas durante su ausencia. con una sensación de debilidad mortal. según la frase popular. de viaje. aunque muy débilmente. al sueño. y había tenido que hacer valer a la vez su fuerza y su cora-je. como el marqués está. ¿Padeció una recaída? -Traté con él después durante muchos años. tan pronto como concluya la misión diplomática del marqués de Harmon-ville.que debo recordarle que por el momento no soy el marqués de Harmonville. Yo hablaba muy poco.descubrir quién fue esecoquinque espió sus cartas. El inesperado y valiente combate. Sin embargo. pero el mar-qués seguía distrayéndome con su amable conversación. -¡Cielo santo! -exclamó-. por lo que yo había podido observar. pues. de seguro que le habría robado. gracias a Dios -mascu-lló-. Y. donde me dejé caer luego temblando. A él le sobrevino a bordo de un barco. y nunca me habló de tal cosa. finalmente. Esa gente siempre actúa con mucha habilidad. y éste tenga libertad para mostrarse a plena luz. estoy casi convencido de que debió de ser un agente de policía. como puede ver. Se sumió en un estado que luego describió igual que usted. -Me alegra saber que no he sido el único. sino solamentemon-sieurDroqville.

Cuanto más nos aproximábamos a París más valoraba su protección. se había topado por error. pese a haberla visitado numerosas veces después. podría hacer mi visita bastante más deliciosa de lo que me había esperado.Chismes y consejos Mi accidentado viaje había terminado por fin. después de tantos años transcurridos) recordar y describir mis experiencias e impresiones del aspecto tan singular que tenía París en aquellos días extraños. que en poco tiempo había recobrado toda su alegría y cuyo bulli-cio era aún mayor que el habitual. Mientras aún le daba las gracias. Mi romance se había apoderado tan por completo de mí que la esperanza de ver al objeto de mis sueños prestaba un secreto y delicioso interés a mis paseos a pie y en coche por las calles y alrededores. no necesito (aunque pudiera. Llevaba dos días en París y ya había visto toda suerte de monumen-tos. Ahora me hallaba sentado a la ventana de mi hotel contemplando la brillante ciudad de París. Pero. ni recibi-do ninguna noticia del marqués de Harmonville. el coche se detuvo de repente delante del lugar donde nos esperaban caballos de relevo y donde tenía-mos que separarnos. Así pues. Aqué-lla era mi primera visita. de cumplir su promesa de visitarlo este otoño en elChâteaude Harmonville. Allí estaba el marqués de Harmonville. Me mantengo en la sombra durante el día. que se interesaba tan ama-blemente por el desconocido con el que. y ya estaba empezando a temer que mi aristócrata amigo se hubiera olvidado por completo de mí cuando el camarero me ofreció la tarjeta de«MonsieurDroqville».y con gran júbiloy premura le dije que hiciera subir al caballero. di mis más sinceras gracias al marqués. No había ni visto ni oído hablar del conde ni de la condesa. por así decir. tan afable y gentil como siempre. no creo haber visto nunca aquella deliciosa capital tan encantadoramente excitada y excitante.monsieurBeckett. sin haber experimentado ninguna muestra de esa rudeza e insolen-cia de las que otros se quejaban por parte de los exasperados oficiales del derrotado ejército francés. -Actualmente soy un ave nocturna -dijo tan pronto como hubimos intercambiado los saludos de rigor-. CAPITULO IX . También me había recuperado por completo de la extraña indisposición padecida durante mi viaje nocturno. Nada podía ser más gentil que los modales y las atenciones del mar-qués. Como pueden imaginar.excusará a su amigo. así como a mis visitas a los museos y a otros monumentos de la metrópoli. Todo el mundo recuerda la gran exci-tación que siguió a la caída de Napoleón y a la segunda restauración borbónica. Caía la tarde. La protección de un hombre tan importante. e incluso a esta hora sólo me he atrevido a venir en coche . También tengo que decir una cosa.

para una persona ávida de novedades y placeres como yo. Supongo que no ha venido a París sin cartas de recomendación. y él echó un vistazo a las señas. pero él creía probable que se quedaran. Pero mi corazón estaba demasiado lleno de la bella dama de la Belle Étoile para permitir que nuestra entrevista terminara sin que yo hubiera intentado saber algo más de ella. le pregunté por el conde y la condesa de St. esté bien alerta. permítame regalarle estas entradas para mi palco. De esta manera metódica. Yo mismo lo presentaré en sociedad. Absténgase de jugar. durante al menos tres semanas. yo disfrutaré ya de toda mi libertad. tendré el gusto de poder ser verdaderamente útil para usted. en París. Lo llevaré personalmente de casa en casa. -Y ahora. No sabía dónde para-ban. les gusta apurar hasta la última gota los placeres anónimos de una gran ciudad antes que embar-carse en las obligaciones de la vida social. Le di mis más sentidas gracias. y el resultado es que ahora me encuentro con casi nada para mí mismo. Así pues. tal vez de una sola -dijo-. Él pareció encantado y dijo: -Ahora le diré algunos lugares a los que debería ir. los jóvenes. A ustedes. -Dentro de dos semanas. No haga amistad ni intime con nadie hasta entonces. y yo mismo lo introduciré en la rutina brillante pero relativamente tranquila de la buena sociedad. poseían un valor incal-culable. Le di de nuevo las gracias y prometí seguir sus consejos al pie de la letra.cerrado. Un amigo a su lado vale más que todas las cartas juntas. No sabe cómo me disgusta no poder utilizarlo más a menudo durante las dos próximas semanas. Todos los lugares que le voy a mencionar son dig-nos de verse. Cuando eso haya pasado. Recuerde esto: aquí está rodeado de hábiles estafadores y granujas de todo tipo que viven de lo que sustraen a los forasteros. que. -No tenga en cuenta estas cartas -dijo-. Alyre. No se pierda ni uno. me ofreció un catálogo y una guía. Los amigos para los que he emprendido esta misión algo peligrosa así lo han dispuesto. en París. a los que había tenido la suerte de salvar de un trance sumamente desagradable en el vestíbulo de la posada. Le man-tendrán ocupado. ya que habría que hacer bastantes preparativos. Déjese en mis manos. al menos unos cuantos días. después de una ausencia tan prolongada. antes de volver a instalarse en su hogar. Coja un plano y escriba letras o números sobre los puntos que le voy a indicar. y haremos así una pequeña lista. En primer lugar. en la urbe. día y noche. Creen que todo estará perdido si consiguen reconocerme. una vez que ha sido uno aceptado por el beau monde ya no puede vivir a su aire. Pero. Entre tanto. y con gran cantidad de anécdotas diverti-das y escandalosas. No confíe en nadie que no conozca. . Le volví a dar las gracias y le prometí sacar provecho de sus consejos. le dejarían sin blanca si lo hiciera. ¡ay!. Poseían una bonita casa antigua a las afueras de París. durante mi ausencia había dado ins-trucciones a mi secretario para que facilitara entradas todas las noches al primero de mis amigos que se lo pidiera. Yo le mostré media docena de cartas. no los había visto desde entonces. unas palabras en mis funciones de mentor. y recuerde que.

-¿Cuánto tiempo han estado fuera? -Unos ocho meses, creo. -Son pobres, me parece haberle oído decir. -Sí, para una persona como usted podrían considerarse pobres. Pero, monsieur, el conde tiene unas rentas que le permiten vivir con comodidades y hasta con elegancia, sobre todo llevando una vida tran-quila y apartada en este país barato. -Entonces son muy felices, ¿no? -Digamos que deberían ser felices. -Y ¿qué se lo impide? -Él es celoso. -Pero su mujer... No le da motivo alguno... -Me temo que sí. -¿Cómo, monsieur? -Siempre he pensado que es un poco demasiado..., excesivamente... -¿Demasiado qué, monsieur? -Demasiado bonita. Pero aunque tiene unos ojos extraordinaria-mente bellos, unas facciones exquisitas y la tez más delicada del mundo, creo que es una mujer honrada. ¿No la ha visto usted nunca? -Vi a una dama completamente embozada en su abrigo, con un velo que le tapaba la cara, la otra noche en el vestíbulo de la Belle Étoile, cuando le partí la cabeza a ese individuo que estaba intimidando al anciano conde. Pero su velo era tan tupido que no me permitió ver sus rasgos. -Respuesta ésta, como convendrán, bastante diplomática-. Podría ser la hija del conde. ¿Se pelean? -¿Quién, su mujer y él? -Sí. -Un poco. -¿Y por qué motivo? -Es una vieja historia: por los diamantes de ella. Son de gran valor Valen, según La Perelleuse, aproximadamente un millón de francos.Elconde desearía venderlos para disponer de mayor numerario, que élestá dispuesto a gastar como a ella le plazca. Pero la condesa, a quienpertenecen, se resiste a ello, y por una razón que, quiero creer, no está capaci-tada para revelársela. -Dígame, por favor, cuál es esa razón -dije, picado en mi curiosidad, -Supongo que piensa lo bella que estará con ellos cuando se casecon su segundo marido. -¡Ah! Claro, sin duda. Pero el conde deSt.Alyre es un hombre bueno, ¿no? -Admirable, y sumamente inteligente. -¡Cómo me gustaría que me lo presentara! Oyéndole a usted parece tan... -Tan agradablemente casado. Pero viven completamente apartados del mundo. Él la lleva de vez en cuando a la ópera o a alguna diversión pública; pero nada más.

-Y él debe de recordar tantas cosas del antiguo régimen, y tantos epi-sodios de la revolución... -Sí, es el hombre más indicado para un filósofo como usted. Se suele quedar dormido después de comer, pero no su esposa... Bueno, hablan-do en serio, le aseguro que apenas frecuenta elbeaumonde y que se ha vuelto un tanto apático, al igual que su esposa. Y nada parece interesarle a la condesa, ¡ni siquiera su marido! El marqués se levantó para despedirse. -No arriesgue su dinero -reiteró-. Pronto tendrá oportunidad de colocar parte de él en un negocio muy ventajoso. Varias colecciones de cuadros realmente buenos, pertenecientes a personas que apoyaron la restauración bonapartista, van a ser vendidos en subasta dentro de unas semanas. Podrá hacer maravillas cuando comience la venta. ¡Va a haberauténticas gangas! Resérvese para ellas. Yo le mantendré puntualmente al corriente. Quede con Dios. A propósito -dijo, deteniéndose en seco> al acercarse a la puerta-, casi me olvidaba. La semana que viene vaa haber un acontecimiento que debería entusiasmarle, pues suele escasear bastante en Inglaterra. Me refiero a unbalmasqué,organizado, según dicen, con un esplendor aún mayor del habitual. Tendrá lugar en Versalles. Todo el mundo estará allí; la gente se afana para conseguir invita-ciones. Pero creo que podré conseguirle una. Buenas noches.Adieu!

CAPÍTULO X - El velo negro

Hablando el francés de corrido y con dinero en cantidades ilimita-das, no había nada que me impidiera disfrutar de todo lo disfrutable en la capital francesa. Pueden suponer cómo se pasaron los dos siguientes días. Al cabo de los cuales, y hacia la misma hora,monsieurDroqville volvió a visitarme. Cortés, afable y alegre como de costumbre, me dijo que el baile de disfraces había quedado fijado para el miércoles, y que había consegui-do una invitación para mí. ¡Qué mala suerte! Lo sentía muchísimo, pero no podía asistir. Se quedó mirándome en silencio unos instantes con un aire de sos-pecha y amenaza que no comprendí, y luego preguntó, con cierta brus-quedad: -¿Y tendríamonsieurBeckett la amabilidad de decirme por qué no puede asistir? Yo estaba un poco sorprendido, pero le dije la simple verdad: tenía una cita para aquel día por la tarde con dos o tres amigos ingleses y no veía la manera de liberarme de aquel compromiso. -¡Ah, así que es eso! Ustedes, los ingleses, estén donde estén, siempre andan buscando lo mismo: la aburrida compañía de otros compatriotas, cerveza y bistecs; y cuando vienen aquí, en vez de tratar de aprender algo nuevo de la gente que visitan, y que fingen querer estudiar, se dedican a hincharse a comer, a perjurar y a fumar entre ingleses, y al final de sus viajes no salen más experimentados ni más pulidos que si hubieran esta-do de juerga en una tabernucha de Greenwich.

Prorrumpió en unas carcajadas sarcásticas (creo que en aquel momento le habría gustado envenenarme). -¡Ahí la tiene!- prosiguió arrojando la invitación sobre lamesa-Tómela o déjela, como bien le plazca. Supongo que he hecho el tonto con usted; pero no es corriente que un hombre como yo se tome tantas molestias, pida favores, y consiga finalmente un privilegio para un conocido para luego ser tratado de esta manera. Aquello me pareció de una impertinencia asombrosa. Me sentía turbado, ofendido, a la vez que arrepentido. Posiblemente había contravenido sin saberlo las normas de la buena educación según los cánones franceses, lo que casi justificaba la severidad del brusco reproche del marqués. Y así, en medio de una terrible confusión de sentimientos, me apre-suré a presentar mis disculpas para tratar de recuperar el favor de aquel amigo casual que había mostrado para conmigo tanta amabilidad desinteresada. Le dije que rompería a toda costa el compromiso que desafortunadamente me mantenía atado; que había hablado con muy poca reflexión yque ciertamente no le había mostrado mi agradecimiento en propor-ción a su amabilidad y a mi verdadera estimación de su persona. -Por favor, no diga una palabra más; mi desconcierto ha sido sólo por usted, y reconozco que lo he expresado en términos muy duros, que, estoy seguro, su buena disposición sabrá perdonar. Quienes me conocen un poco mejor saben que a veces digo muchas más cosas de las que quiero decir; y siempre lamento que me ocurra esto.MonsieurBeckett se olvidará pronto de que su viejo amigo,monsieur Droqville, ha perdido momentáneamente los estribos por atención a él, y así... volve-mos a ser los buenos amigos de siempre. Sonrió como elmonsieurDroqville que había conocido en laBelleÉtoileyalargó la mano, que yo tomé respetuosa y cordialmente. Nuestra disputa pasajera había terminado dejándonos mejores y amigos. El marqués me aconsejó que reservara una cama en algún hotel de Versalles, ya que luego encontraría problemas dada la gran demanda existente, y que lo hiciera inclusive la mañana siguiente. Así pues, ordené unos caballos para las once en punto, y, tras inter-cambiar unas cuantas palabras más, el marqués de Harmonville me dio las buenas noches y bajó a toda prisa las escaleras, tapándose con un y pañuelo la boca y la nariz. Desde mi ventana vi cómo subía de un brinco a su coche cerrado y desaparecía. Al día siguiente fui a Versalles. Cuando me aproximaba a la puerta del HôteldeFranceme dije para mis adentros que no había pecado pre-cisamente de madrugador, sino más bien de todo lo contrario. Alrede-dor de la entrada se agolpaba un enjambre de carruajes, de manera que resultaba imposible dar un paso adelante si no era a pie y sorteando toda una legión de caballos. El vestíbulo estaba a rebosar de criados y caballe-ros que gritaban al hotelero, el cual, en un estado de educada locura, aseguraba a todos y cada uno de ellos que no había habitación ni apo-sento libre en todo el hotel. Me deslicé hasta la puerta, dejando el vestíbulo a los que seguían profiriendo gritos y súplicas con la

¿cómo salir de allí? Había coches delante y detrás. desgraciadamente. en la que estaba seguro de haber recono-cido a la condesa. a medida que los otros carruajes iban retirándose. una vez en él. cubierto como estaba yo de polvo y con el sombrero aplastado. y a su marido. Por entonces yo tenía una vista extraordinariamente buena. Fue una visión agradable para mí. Aquélla era una situación irritante. pueden imaginarse que no deseaba realmente presentarme así ante el objeto de mi quijotesca devoción. salté repartiendo disculpas incoherentes por encima de un coche abierto. -Le voy a llevar a un lugar confortable. acababa de abrirse una brecha en medio de aquel conglomerado de carruajes. oí una voz que me resultó familiar: -MonsieurBeckett! Volví la cabeza y vi al marqués mirando por la ventanilla de un carruaje. adivinen cuáles serían mis sentimientos cuando vi pasar por el angosto margen que quedaba al otro lado de la calzada una calesa descubierta. Pero. En un periquete me encon-tré junto a la portezuela. Indiqué al criado que nos siguiera. tras dar el marqués unas órde-nes a su cochero. dando una voltereta. y puedo añadir que no hay una sola habitación libre en toda la ciudad. Su coche había tenido que aminorar la marcha debido a un carro que ocupaba toda la anchura del camino y avanzaba con la lentitud propia de tales vehículos. y el mío estaba acercándose. y no menos de cuatro hileras al otro lado. hice lo propio.Pero encontré la entrada igual de abarrotada. mi postillón había logrado con excesivo celo hacer avanzar los caballos. que al instante se encabritaron y me hicieron morder el polvo de la calle. A quienes observaran mi intrépida carga sin estar al corriente de mi secreto debí de parecerles un demente. y. si quería. yo era más un Murat que un Moltke y preferí una carga directa sobre mi objeto antes que recurrir a ninguna táctica.falsa esperanza de que el propietario pudiera. Por fortuna. Atra-vesé como una flecha el asiento trasero de un carruaje que estaba al lado del mío. Aquella maniobra resultó muy útil para subir al vehículo. a la máxima velocidad que permitieron mis caballos. El resultado fue el mismo. Pero. y. Afortunadamente. en el que había cuatro caballeros enfrascados en una discusión muy animada. Pero no se preocupe: he encontrado algo para usted que le puede convenir. encontrarles un hueco. en una especie de cabriolé. poco a poco. mientras me esforzaba por sacudirme el polvo de la ropa con un pañuelo. ahora se hallaba ante la escalinata del hotel. no sé cómo. cuya existencia sólo cono-cen muy pocos parisienses. Permanecí unos instantes en medio de una tormenta de insultos. . y. cubierta con el velo. alHôtelduRéservoir. la calesa que me interesaba había pasado antes de la catástrofe. y donde. Si ya antes había estado impaciente. y usted suba y siéntese a mi lado. en medio de todo aquello. tropecé al apearme y caí sobre los lomos de un par de caballos. desagradablemente atemperados con risotadas. Subí a mi coche y me dirigí. nos pusimos rápidamente en movimiento. en la que un anciano y un perro estaban echando una cabe-zadita. Diga a su criado que me siga. Habría sido más inteligente por mi parte saltar a la acera y dar un rodeo por delante de los carruajes detenidos delante de la calesa. pero ¿qué se podía hacer? Mientras me hallaba en el vestíbulo de este hotel hablando con uno de sus inten-dentes. -Lo mejor es irse de Versalles -dijo-. ya ha visto que no hay ni una sola cama libre en ninguno de los hoteles.

pintado y dorado. ¿Y si lleva usted una cruz roja de unos cinco centímetros de larga -usted es inglés. cons-truida con piedra de Caen. Si quiere disfrutar del baile. me pondré el mismo disfraz. menos antiguo que el resto. siempre es mejor que nada. Algo que llevemos en la mano. la cola. le agradará saber también que es una posada encantada. pero seguro que le parecerá un lugar confortable. Nos detuvimos ante una posada de planta antigua y maciza. en cualquier caso. Al menos a mí me habría agradado en mis años jóvenes.cosida o sujeta en el pecho de su dominó. le he reservado una habitación. si voy. Ah. pero mi anonimato me lo impide. destacaba la enseña de la posada. a cualquier sala que vaya usted. Está a menos de dos kilómetros de distancia: es una antigua posada llamada Le DragonVolant. con los bosques de Versalles a un lado. siga mi consejo y vaya disfrazado de dominó. Adiós. y. Los árboles hacían que el edificio resultara más pintoresco aún. una persona de mi edad necesita el contagio de espíritus jóvenes y de la compañía de alguien que disfrute de todo espontáneamente.. ¿Cómo nos reconoceremos mutuamente? Déjeme pensar. desplegadas.. pues. Nos veremos esta noche. color verde claro y oro. sitúese cerca de la puerta hasta que nos encontremos. CAPÍTULO XI . Una especie de porche. Pero no aluda a este espantoso hecho cuando hable con el posa-dero. Creo que habíamos recorrido unos dos kilómetros hasta el lado más alejado del palacio cuando embocamos un camino viejo y estrecho.sabedor de cómo estaban las cosas aquí. lo que indicaba su destino ori-ginal como mansión privada de alguna persona acaudalada y. tam-bién distinguida. convenido. labrado en altorrelieve de piedra. eso es. probable-mente. yal otro numerosos árboles viejísi-mos . se proyectaba hospitalariamente con un amplio y florido arco. pues creo que es un tema que aún levanta ampollas. le dije adiós y lo vi alejarse. La majestad y paz del lugar contrastaban extrañamente conel relumbróny bullicio de la vida parisiense. de manera que no deberíamos tardar en encontrarnos. Yo le buscaré en todas las puertas que franquee. Una flor no valdría. Era un dragón volador. y yo una blanca? Sí. su arquitectura era más rica y florida que la habitual en semejante clase de edificios. y usted hará igual. Espero dejarme caer un rato por allí. y aca-baba en una punta bruñida y dentada como el dardo de la muerte. sobre el cual..El Dragón Volador Eché un vistazo ami alrededor.. Todo esto me lo dijo cuando yo estaba ya pie en tierra. Así queda. se retorcía y anudaba infinitas veces. . Hasta luego. a los que mis ojos y oídos se habían ya acostumbrado. de una altura poco frecuente en Francia. pues mucha gente llevará flores. -Yo no entraré. con alas en rojo y oro vivos. Yo no me divierto en tales ocasiones si no voy con una persona joven. Entraría gustoso con usted. Cerré la puer-ta del coche. dado que las paredes lucían numerosos escudos de armas.Tiene usted suerte de que mi aburrida encomienda me trajera a este lugar tan temprano. si cabía.

podría haber descubierto una correspondencia exacta con la heráldica de los muros exteriores. Hace unos siete meses. Fui recibido con toda la consideración debida a unmilordinglés provisto de una bolsa repleta de dinero. melancólico y hasta deprimente en todo aquello.Alyre. bastante anticuados. aunque.proseguí. O digamos. Pero sí puedo ase-gurarle que no es rico.measeguró.monsieur.Alyre. Era una habitación bastante grande. Daban muestras de incuria. Pero el dinero no parece sentarle nunca bien. como los que he mencionado anteriormente. Había algo interesante. -Ni lo uno ni lo otro. por lo que he oído decir. y él lo enterró en el cementerio dePèreLachaise. -Sin embargo. salvo una torreta redonda. -Tal vez. -parafraseé mirándolo-.suele pasar bastante tiempo fuera. qué pena que su propietario no sea ya tan rico. Había una gran chime-nea con el manto esculpido con escudos. . -Dicen. -Es viejo. un pariente suyo murió muy lejos de aquí. que se elevaba en el flanco izquierdo de la casa y terminaba en un tejado con forma de apagavelas. Fue ahora el posadero quien clavó su mirada en mí. y casi de decadencia: la tristeza de la grandeza pasa-da y cierto aire de abandono producían una impresión deprimente en el observador.. -¡Qué pena que esté tan descuidado! -señalé-. Me acerqué a la venta-na de jambas de piedra. Era grande y sólida. El parque y el castillo parecían presididos por la melancolía. Pregunté al posadero cuál era el nombre del castillo. Entréy me anuncié comomonsieurBeckett.El conde deSt. Yo no lo sé.monsieur. No es mucho. según cuentan.que juega mucho. un poco sombría. característica de los castillos franceses. -Ese castillo. ¿verdad? -Tal vez.monsieur.contestó-. Sólo quería decir que resulta difícil saber qué uso haría él de sus riquezas.monsieur. por ejemplo. El posadero me condujo a mi aposento. tal y como había deseado el finado. -Completamente.monsieur. . -¿Viene frecuentemente a este lugar apartado? -No.es elChâteaude la Carque. con artesonado de madera oscura y conmueblessolemnes y sombríos.. recibió una buena herencia de aquella persona fallecida.y cuadraba más con mi concepto de los hostales ingleses antiguos. como. que daba a un pequeño parque de árboles fron-dosos situado detrás de un castillo coronado por un grupo de torretas o chapiteles. pero él no puede esperar mucho tiempo -contestó con una sonrisa sarcástica.Luego estuve contemplando durante unos minutos la magnífica y antigua enseña. Después examiné más detenidamente el exterior dela casa. no debería de ser tan pobre. Enviaron el cadáver a esa mansión del conde. creo. monsieur. -¿Y es pobre? -seguí investigando. de haber mostrado suficiente curiosidad. -Yo le pago el alquiler de esta posada. -El conde deSt. Lo que me hace suponer que no es un hombre muy popular. Bueno. que con una hospedería francesa. tal vez. El conde pasó unos días muy afligido.¿Yquién es él? -inquirí. los que albergan en Canterburya los peregrinos. a quienhabían reservando una habitación. -¡Oh! ¡El conde! ¿Está seguro? -pregunté con redoblado interés. en los que.

tras platicar consigo mismo de esta manera. ¿Tiene cuali-dades? -Tres.. que no se atreve a. al menos por el momento. belleza y...no le falta valor: se ha casado con una mujer joven y guapa. es mejor que cada cual se ocupe de lo suyo. Semejante vida debe de ser terrible paramadamela condesa -apostilló.Alyre. -Nada más normal. -Es la condesa deSt. miré por la ventana más allá de las ondulaciones del terreno. que nunca tiene cuatro ochavos en el bolsillo. Si con el tiempo llegaba a persuadirme de lo contrario. decidido y claramente militar. ya me entiende.. resolución y amor.. de piel bronceada. donde se erguía el castillo.mon-sieur.y loscriadoslos contrata para cada ocasión. y sumamente atractivas.. Ni uno solo duerme en el castillo. supongo -dijo de manera evasiva-. Así pues.. puedo decir que.. ¡Qué vida! ¡Qué par de enemigos con los que tiene que enfrentarse: los celos y el chantaje! El caballero. Me eché a reír. ¿nos volvemos acaso .monsieur. podría intentar el efecto de unos cuantos napoleones. en Versalles -dije.. Es cierto. Pero. -El coche lo aparca aquí.monsieur. -Una pregunta que creo puede usted contestar sin correr ningún riesgo de enemistad -dije-. -Luego su coche y caballos y criados están en el castillo. posó los ojos una vez más en el castillo de aquel brujo y dejó escapar un suave suspiro. enmarcado por un lúgu-bre decorado de follaje. ¿Está el conde en casa? -Tiene muchas casas. lo mismo que yo a él. Posiblemente élw ya estaba pensando en sacar algún beneficio. un suspiro de nostalgia. y que exista una relación pacífica. -A tener problemas con el conde -completó la frase-. cuando nos encontramos con un ángel.-¿Viejo? Nosotros lo llamamos «el judío errante». diamantes. si olvidamos. amigo mío.por lo menos. claro.él podría perjudicarme de dos o tres maneras. Aquel viejo astuto se negaba a satisfacer mi curiosidad. pero imagino que podrá decirme algo más de ella. -¡Ah! ¿Y cuáles son? -Juventud. pero creo. Sin embargo. Y ve. exclamé para mis adentros. Era inútil insistir. -Sí. delgado. -Ya veo. ¡Elviejo roñoso!. está viviendo actualmente en el castillo dé la Carque. -¿Y quién es ella? -pregunté con subido interés. ¡Qué tonto era entonces! Sin embargo. en su carruaje. Más interesado que nunca. Espera sacarle los dia-mantes por medio de esta tortura. y de aire inteligente. -Lo he visto hoy.monsieur. El dueño del Dragón Volador era un hombre mayor. Tal vez no tenía nada que relatar. Luego supe que había servido a las órdenes dé Napoleón en las primeras cam-pañas de Italia.

El cura la rompió mientras conversaba conmademoiselleFidone. par mafoi. en la derecha.entre telarañas y. -¿Qué quieres decir. qué.mon-sieur. al caballero de su derecha lo encontraron. Mi ánimo había decaído. Personas que jamás han vuelto. casi vacía.monsieur.loscriados de las personas que tuvieron la suerte de conseguir alojamiento en Versalles. nosotros estamos siempre igual de locos. señor. ¿ya has encontrado dónde dormir? -En el desván. Pero nos llevamos muy bien. el ama de llaves. A fe de un cristiano.entre gatos y lechuzas. Vive la bagatelle! -No sabía que estuviera tan llena la posada. El otro era un noble ruso. vivió en este hotel durante un mes y. -Principalmente.que en esta casa han tenido lugar milagros diabólicos. Todo esto lo oí contar. Pero estaba empezando a sentir la melancolía del paisaje y de la estancia en la que.al postillón que nos trajo hasta aquí. _Hombre.Resulta que un antiguo escudero del finado rey guillotinado durante la Revolución -simonsieurtiene la bondad de hacer memoria-. como le he dicho. Se encontraron sus botas en el lugar exacto que había pisado antes de desaparecer. -¿Qué quieres decir? ¿Ha habido aparecidos? -Nada de eso. Sin saber cómo.más sensatos al envejecer? A mí me pare-ce que son nuestras ilusiones las que van cambiando con el tiempo. Parbleu! Cuando salgamos del Dragón Volador espero que sea por la puerta. ante los ojos de media docena de testigos fidedignos. se conservó durante tres años entre las curiosidades de esta casa. asombrado. me encontraba. al que le había permitido el emperador volver a Fran-cia. ¡Ojalá! No..St. ante siete caballeros de probada veracidad los últimos momentos de Pedro el Grande.St. -¿Qué te parece el Dragón Volador? -¿El Dragón Volador? El viejo y llameante dragón.. con la taza de café en la mano. de pie en medio de la habitación de abajo. se esfumó.Clair?Oigamos la historia o milagro o lo que quiera que sea.El dia-blo en persona.monsieur. -No. mientras describía. el cual. de uno noventa de estatura. que se desvanecieron en presencia de media docena de testigos..monsieur. . desapareció de manera similar.Clair -exclaméal ver a mi criado entrar y ponerse a ordenar mis cosas-. pero del noble ruso nunca más se vol-vió a oír. y al caballero de la izquier-da con la copa de aguardiente. si es cierto lo que cuentan.monsieur. -Seguro que éste se la bebió en medio de su turbación -sugerí. -Entonces tiene que ser verdad -comenté en tono jocoso. en el cuarto de ésta.monsieur. -Es sólo esto.. sosteniendo una copa de aguardiente en la mano izquierda y su taza de café. al cabo de dicho tiempo. se había deslizado por mi cuerpo un extraño presentimiento y tenía pocas ganas de bromear.

impasible y solemne. . Mientras tenía lugar esta danza. Una túnica extrañamente bordada caía de sus hombros recubiertos con símbolos jeroglíficos. cuyas cortinas estaban corridas.CAPÍTULO XII . le asomaban por debajo de la túnica. produciendo un efecto casi deslumbrador. -Qué alegría haberlo encontrado -dijo el marqués-. resultaba per-fectamente acompasada. El que abría la marcha agitaba la varilla a dere-cha e izquierda para abrir paso al palanquín. joyas centelleantes. transportado con barras doradas por cuatro chinos rica-mente ataviados. con la pequeña cruz blanca en el pecho. Me volví y vi a mi lado a un dominó negro con una cruz blanca. una mano se posó suavemente sobre mi brazo. mis ojos repararon en una silla de manos dorada. Hace aproximadamente una hora me tropecé con ellos más allá y formulé algunas preguntas al oráculo. Tiene que hablar con el mago. La túnica iba ceñi-da por un cinturón ancho y dorado. Había algo tan singular. sin embargo. Ésa es la mejor atracción de todas las salas. y precisamente en este momento. el bordado era negro y oro sobre un fondo abigarrado de colores brillantes. y por el alboroto de las improvisaciones y demás ingeniosidades propias de una mascarada bien organizada. al menoscompa-rablea aquella magnificencia. deteniéndome de vez en cuando a escuchar un diálo-go ingenioso. Fui avanzando indolentemente con mi disfraz de dominó. en cuanto a las figuras y posturas. una canción burlesca o un monólogo divertido. Me había detenido y mirado a mi alrededor. o más bien un palan-quín chino. En mi vida he visto una cosa tan asombrosa.avanzaba en paralelo a la silla. puntiagudos y curvados hacia arriba al estilo oriental. mirando a mi alrededor por si pasaba por allí mi amigo en domino negro. voces. que hacía alarde de la fantástica exuberancia de la decora-ción «celeste». pero.iluminada para la ocasión con no menos de cuatro mil candelas. Pero éste aún no había dado señales de vida. colores vivos. especialmente a cada puerta que franqueaba. caminaba con la barbilla hundida en el pecho y los ojos clavados en el suelo. Danza que se vio pronto acompañada de más palmas y de gritos monótonosy rítmicos. Llevaba bajo el brazo un libro de aspecto singular y en la mano una varita de madera barnizada de negro. de luenga barbanegra y con un gran fez al estilo de los que llevan losderviches. Entre los salones y galerías abiertos al público destacaba la enorme perspectiva de la Grande GaleriedesGlaces. tal y como había convenido con el marqués. Y un hombre menudo y ceremonioso. No había una sola sala vacía.El mago Imposible imaginar un espectáculo más brillante que aquel baile de disfraces. realzado por signos cabalísticos color rojo oscuro y negro. La gran suite de salones estaba abarrotada de personas disfrazadas de la manera más increíble. Aquéllosy los de las varillas batieron las palmas repetidas veces y bai-laron en silencio alrededor del palanquín una danza curiosa y medio sal-vaje que. extraño y solemne en aquel espectáculo que me sentí al punto intrigado. Delante y detrás marchaban otros dos con una varita en la mano. Mientras vagabundeaba así en medio de aquel espectáculo fastuoso. Yo nunca había visto nada parecido. y sus cejas negras y enormemente pobladas. al mismo tiempo. El rostro del personaje era oscuro. que reflejaban y repetían todos los espejos. Cada rincón estaba animado por música. Me encantó constatar que los portadores colocaban su carga a unos metros del lugar donde yo estaba. unas medias rojas y unos zapatos bordados de oro.

donde se hallaba elmago de la barba negra. petición a la que accedimos religiosamente. charlando con su vieja amiga la duquesa de Argensaque. Uno de estos hombres -el que con su varita dorada había encabeza-do la procesión-. y más asustadas aún si cabe que yo. He venido con el conde deSt. le seguí presuroso. Los criados chinos mantenían un círculo des-pejado a su alrededor y los espectadores se arremolinaban sin sobrepasar el círculo. iré a buscarla dentro de unos minutos para que pueda también conocerle y agradecerle la ayudaque nos prestó con tanto valor en aquella ocasión tan desagradable que nos toco vivir. contestó: . al igual que yo. El conde depositó una moneda en su mano.el conde me colmóde cumplidos y cortesías. Como pueden suponer. Alyre y la condesa (y señaló con la cabeza en dirección de una figura enjuta. ¡Nunca me habría esperado semejantes respuestas! Estoy sorprendidísimo. extendió hacia él la mano: -¿Quiere dinero? -le preguntó el conde. Se lo presentaré. He visto cómo lo consultaban también otras personas. Luego. El marqués me lo presentó. tras retirar la cabeza y volver a cerrar la cortinilla. avanzaba tieso a nuestro lado en dirección del palanquín. -Tiene que hablar con el mago como sea -dijo el marqués al conde deSt. era el conde). -Oro -contestó el acólito. que no conoce absolu-tamente nadie en este mundo más que yo y dos o tres de las personas más discretas de Francia.Alyre-. no me ha quedado ninguna duda de que conoce todos los detalles sobre la misión que tengo encomendada. -¿De veras? Entonces haremos lo posible por probar también -contestó. con su disfraz de dominó. Los tres nos dirigimos hacia el palanquín. se lo aseguro. y dijo al final. le oímos decir: -¡Qué farsa tan ingeniosa! ¿Quién será el que está dentro delpalanquín? ¡Parece conocer a todo el mundo! El conde. sin dejar de hacer una hábil mención mi afortunada intervención en laBelle Étoile. Al marqués y a mí se nos pidió que hiciéramos lo propio al penetrar en el círculo. Se divertirá mucho. Nunca olvidaré la impresión que me ha pro-ducido. -Venga conmigo -dijo-. A nuestro lado pasó un joven vestido de español que acababa de hablar con el mago en compañía de un amigo. dos salones más allá. también disfra-zada de dominó. La primera pregunta que hizo el conde fue la siguiente: -¿Soy soltero o casado? El mago descorrió la cortina rápidamente y aplicó el oído hacia un chino ricamente ataviado que estaba sentado en la litera.Aunque sus respuestas hayan sido un poco veladas. para mi gran contento: -La condesa anda por aquí. que evi-dentemente han quedado igualmente sorprendidas.

¿Y puedo saber entre qué potencias y por qué motivo en concreto? -Entre el conde y la condesa deSt. Pero. Siguieron dos o tres preguntas. De ser tal el caso. -¿Es cierto -preguntó el conde. El conde se quedó sin voz unos minutos (supuse que con las mejillas al rojo carmín debajo del disfraz. tal vez. cambiando de tema perentoriamen-te. lleno de cicatrices. En las siguientes preguntas se observó el mismo ceremonial.que ha habido una batalla en Nápoles? -No. ¿hay algo en el mundo que yo ame más que a mi mujer? -Sus diamantes. Me pareció que le costaba trabajo encontrar su siguiente pregunta. en Francia. se vio rescatado por el marqués. dejando a un lado mi propia autoestima. El marqués me dijo después que aquélla era la fecha en que habían firmado su contrato matrimonial. por un documento que suscribieron el 25 de julio de 1811. le susurró: -Mire quién viene por su derecha. quien. -¡Ah! Yo diría que eso se puede aplicar más o menos a todo el mundo. -Todo lo que usted merece. En una palabra. Observé que el marqués se había echado a reír. -¿Me ama mi mujer? -preguntó jocosamente. sino un médium que se limitaba a transmitir las contestaciones de otra persona más importante que él. -¡Ah! -exclamó el conde.-Lo segundo. con una mirada sarcástica a su alrededor-. y. Tenía el rostro ancho. pues yo no sabía prácticamente nada de la vida y mila-gros del conde. El hombre de la varita negra no era un profeta. que estaba arrepentido de haberse metido en aquel berenjenal. era . cogiéndolo de un brazo. cuyas respuestas parecieron divertir sobremanera al marqués. pálido. -¿A quién amo más en este mundo? -A sí mismo. Yo miré a la dirección indicada por el marqués y vi una figura chupa-da y desvaída acercarse hacia nosotros. No venía enmascarado. -En efecto -dijo el conde.Alyre.) Nadie más que nosotros sabía que el interrogador era el conde deSt. pero cuyo verdadero significado se me hurtó por completo.Alyre.

el conde retrocedió instintivamente mientras se acercaba el cabo bravucón con su uniforme azuly chaleco y polainas blancos. al que no le queda más que la mano con la que blande su espada. que le escupirá en la cara si la encuentra. donde mi bastón había dejado su marca. Sus heridas lo eximen. y casi había llegado a las manos con un húsar prusiano. quiso saber: -¿A quién persigo en este momento? -A dos personas. ¡Bravísimo! Aquí estoy. ¿Empiezo ya. Naturalmente. el brazo izquierdo ajustado de manera que parecía amputado y la parte inferior de la manga de la guerrera vacía y prendida con alfileres al pecho. . la cual.a hacerle mis preguntas? Sin esperar la respuesta. -¡Dinero! ¡Oro! ¡Bah! ¿Qué dinero puede haber atesorado un solda-do herido como vuestro humilde servidor. una marca que figuraría en lo sucesivo entre las más honorables cicatrices de guerra. CAPÍTULO XIII . luego me hice cargo de la situación. se lanzó a hablar con voz estentórea. y una viuda francesa.¡Ja! ¿A dos? Vaya. que no era otro que el de concertar una entrevista con una viuda acaudalada a la que creía haber causado una tierna impresión. sin más preámbulos. al estar siempre ocupada. Por su parte. a quien matará si lo encuentra. Lucía auténticas tiras de esparadrapo en las sienes y las cejas. Ya habían estado dos veces a punto de echarle por cacarear con voz estentórea las hazañas de Napoleón el Grande. . Tras una docena de preguntas y respuestas.mon sorcier. no deja ni un dedo disponible para recoger el botín que abandona el ene-migo en desbandada? -No le pidan oro -dijo el mago-. mi amigoGaillardeera igual de ruidoso y fantoche cuando interpretaba su personaje que cuando interpretaba el auténtico de coronel de dragones. monsieur profeta. escoltado por un par de gen-darmes. -¡Bravo!. ¿y quiénes son? -Un inglés. Sin duda se habría visto implicado en varios altercados sanguinarios si su prudencia no le hubiera recordado que el objeto de su asistencia a aquella fiesta. no habría llegado a buen puerto de haberse visto obligado a abandonar prematuramente aquella fiesta.con el uniforme de cabo de la Guardia Imperial.El oráculo me cuenta cosas maravillosas Durante unos momentos olvidé que mi disfraz de dominó resultaba impenetrable a la dura mirada del veterano militar y me preparé para un animado rifirrafe.el feo rostro del coronelGaillarde. que él contribuía a amenizar con su presencia.

pues aquel sabio parecía desvelar todos los secretos de forma inesperada. Aquel rostro parecía rojo sangre. los ojos cerrados y la barbilla apoyada en la pechera de su pelliza borda-da. Quería probar al profeta. ricamente ataviado al estilo chino. sus polainas y su gorro de piel de oso. deduje. . -Yo le cortaré la cresta a ese gallito -soltó con un juramento y una sonrisita. Sólo una vez tuve la oportunidad de un vista-zo aceptablemente largo. Era un personaje mucho más importante que su intérprete. Sus faccio-nes parecían amplias y pesadas. Un anglicano es una rara avisen París. y el inglés una heri-da en su cabeza. No. Vi. todo aquello como casi de un solo vistazo. se alejó desgarbadamente con sus cicatrices. no vaya a ser que la persecución de usted acabe uniéndolos. Se dirá a sí misma que se requiere cierto tiempo para llegar a ser coronel. ¡Mil gracias! ¡Adiós! Y. -¿Cuál es mi religión? -pregunté. asombrado. La viuda. como he dicho. pero esa impresión era consecuencia. tenía la cabeza inclinada hacia abajo. -¡Bah! ¿Cómo podría ser eso? -El inglés protege a las damas. Permanecí unos segundos dubitativo. ¡Pero no importa! ¿Por qué los persigo? -La viuda ha infligido una herida en su corazón. y el marqués dijo: -Adelante. Estaba unos metros más atrás. Y usted también lleva razón. estaban conversando de algún otro tema. Y el marqués y él. Su rostro parecía impasible: la imagen viva de la apatía. su chaleco. -A fe mía que tendría razón. El oráculo iba. El terreno estaba ahora despejado para mí. yo había estado esforzándome por ver a la persona apo-sentada en el palanquín. -Una bella herejía -contestó el oráculo al instante. y era más que probable que algunos de los míos no le hicieran mucha gracia al conde. Sentí gran alivio. al parecer ple-namente saciados en su curiosidad. Cada cual por separado son demasiado fuertes para usted. y con un tono más suave preguntó-: ¿Dónde está ella? -Suficientemente cerca para ofenderse si usted falla. Ya ha conseguido que esta idea le entre bien en la cabeza. miré de reojo para ver si el conde estaba cerca. que estaba fuera. de la luz que entraba por las cortinas de seda rojas. Su carácter y pose parecían una réplica exagerada de la inmovilidad del personaje que se comunicaba con el bullicioso mundo exterior. no dispuse de muchos segundos para hacer observaciones.-El señor mago llama a las cosas por su nombre y sabe que su atuen-do lo protege.monsieurprofeta. mirando a su alrededor y estirando al máximo su cuello flaco. mientras que el inglés es incuestionablemente joven. Lo que vi fue muy singular. -¿Una herejía? ¿Puedo saber cómo se llama? -Amor. se casará con él. amigo mío. si lo ve. Mientras me acercaba al mago. Entre tanto. como llamábamos al hombre de la varita negra. ándese con cuidado. Le obedecí.

eran las últimas palabras que me había susurrado la condesa. váyase! Me sobresalté al oírlas. ¿Es correspondido mi amor? -seguí preguntando. y que amo a muchas mujeres. -¿Qué es lo que más anhelo? -pregunté. -Inténtelo. en serio -pregunté. . iba disfrazado de tal manera que ni mi propio hermano me habría reconocido! -Ha dicho usted que yo amaba a alguien. ¡Por el amor de Dios. reconocí al instante. ¡Cada vez mayor suspense! Las respuestas me parecían indicar un conocimiento minucioso de cada detalle de mi pequeño romance. Yo estaba hablando más bajo que antes. Adiós. sin saber apenas lo que decía. El hombre de la varita negra cerró las cortinas y susurró lenta y clara-mente estas palabras. -Pero. y me había acercado al hom-bre moreno de la barba para que así no tuviera que elevar la voz. ¡Santo cielo! ¡Qué cosa tan milagrosa! ¡Unas palabras con toda segu-ridad no escuchadas por ningún oído terrestre más que por el mío y el de la dama que las había pronunciado! Miré el rostro impasible del portavoz de la varita. huelga decirlo. y que pueda olvidarlo. -El paraíso. y apliqué el oído. -Y ¿qué me impide alcanzarlo? -Un velo negro. ni siquiera que tuviera la menor conciencia. Váyase. de que aquellas palabras pudieran interesarme particularmente. -¿Puede repetirlas? -Acérquese. el interro-gador. con la intención de dar a nuestro colo-quio un giro menos embarazoso-. que. Me acerqué. Como saben. ¿he aprendido alguna vez de memo-ria palabras de devoción? -Sí. del que ni siquiera el marqués sabía lo más mínimo. yo. Puede ser que no vuelva a verle.-¡Ah! Entonces supongo que soy politeísta. -Sólo a una. ¡Además. Nada indicaba que se hubiera dado cuenta.

. los propios portadores. se aceleraba. El portavoz de aquella asombrosa superchería -si es que lo era. como el oráculo acababa de decir. luego. mientras el movimien-to se hacía cada vez más veloz. el hombre del enorme fez y barba y varita negras empezó una especie de danza dederviche. el torbellino era tal que los bailarines parecían volar a la velocidad de una rueda de molino y. en un corro exterior. De nuevo en el corrillo de espectadores. y la aseguraron por debajo. acompañé al marqués de Harmonville. -Demasiado. Éste golpeó el suelo con la varita y exclamó con voz aguda: -El gran Confu permanecerá en silencio una hora. si no es una religión. ¡Cómo exalta la imaginación! ¡Cómo debilita la razón! ¡Cuán crédulos nos torna! Todo aquello. a juzgar por su actitud. al cabo. me dijo: -El conde acaba de irse a buscar a su mujer. -¿Cuánto tiempo durará este amor? -Hasta que la rosa pierda sus pétalos.En esto se le unieron los hombres con las varitas doradas y. ¡la oscuridad! -suspiré-. -Y luego. tocó a su fin.. mientras el palanquín se erigía en el centro de los círculos descritos por estos solemnes danzarines. casi me ofuscaba el cerebro y hasta influía en mi conducta. -¿Mucho o poco? -insistí. frenéticos.-¿Me ama alguien? -repetí. es al menos una superstición. ahora rodeado de un aura de misterio en mi imaginación. Lástima que ella no estu-viera aquí para consultar al profeta. me atrevo a afirmar que habría sido divertido ver cómo reaccionaba el conde. que cayó con un ruido seco. poco a poco. cuyos gestos se tornaban bruscos. al menos por el momento.. La rosa. de lo que. Inflamaba mi ardor. Al acercarme. Con el corazón latiéndome con fuerza. los portadores bajaron una especie de persiana -de bambú.. mirando al suelo y reflexionando. los extraños actores se mezclaron con la multitud y el espectáculo. finalmente. me habría reído bastan-te. tratándose de otro. en medio de las palmas de la concurrencia y del asombro general. a mí me afectó poderosamente. El marqués de Harmonville se encontraba cerca de allí. extraños.. El amor. .me hizo con su varita una señal para que me retirara. ¿Y si vamos en su busca? Le he pedido que le presente a la condesa. lo vi levantar de repente la mano con gesto imperioso y hacer una señal al acólito que empuñaba la varita dorada.. Otra alusión. -La luz de unos ojos violeta. lo que yo hice con los ojos aún fijos en aquel grupo. hasta que. -En secreto -fue la respuesta. Pero hasta entonces vivo en la luz. cuyo ritmo. Al instante.

CAPÍTULO XIV -Mademoisellede la Vallière

El marqués y yo estuvimos vagando por los salones. No resultaba fácil encontrar a un amigo en unas estancias tan abarrotadas de gente. -Quédese aquí -dijo el marqués-. Se me ha ocurrido una manera de dar con él. Además, sus celos pueden haberle hecho pensar que no le interesa presentarle a su mujer. Es mejor que vaya yo primero a razonar con él, dado que parece usted desear bastante esa presentación. Esto ocurrió en la estancia que actualmente se llama el «Salón de Apolo». Los cuadros que lo adornan siguen grabados en mi recuerdo, pues mi aventura de aquella velada estaba destinada a transcurrir en aquel marco. Me senté en un sofá y miré alrededor. A mi lado, tres o cuatro perso-nas estaban sentadas en aquella espaciosa habitación de muebles dora-dos. Estaban charlando animadamente; todas salvo la persona sentada más cerca de mí, que era una dama. Apenas dos pies se interponían entre nosotros. La dama estaba a todas luces ensimismada. Era la perla de la sala. Llevaba el traje inmortalizado por Collignan en su retrato de cuerpo entero demademoisellede La Vallière. Es un traje, como bien saben, no sólo rico, sino también elegante. Llevaba el pelo empolvado, pero se podía adivinar que era castaño oscuro. Asomaba un precioso piececito, y ¿podía haber algo más exquisito que su mano? Era sumamente provocador que esta dama llevara un disfraz y no se lo quitara de vez en cuando, como hacían muchos. Yo estaba convencido de que era bonita. Aprovechando el privilegio de la mascarada, un microcosmos en el que es imposible, salvo mediante la voz y la alusión, distinguir a un amigo de un enemigo, dije: -Mademoiselle,no es fácil engañarme a mí -empecé. -Tanto mejor, monsieur- contestó el disfraz sin inmutarse. -Quiero decir -proseguí, decidido a terminar mi galantería- que la belleza es un don más difícil de ocultar de lo que suponemademoiselle. -Sin embargo,monsieurlo ha conseguido sin ningún problema -dijo con el mismo tono dulce y despreocupado. -Veo que el traje de la bellamademoisellede La Vallière reviste unas formas que sobrepasan a las del retrato; alzo los ojos y contemplo un disfraz y, sin embargo, reconozco a la dama. La belleza es esa piedra pre-ciosa de Las mil yuna nochesque desprende, por oculta que esté, una luz que la delata. -Conozco la historia -dijo la joven dama-. La luz la delataba no al sol, sino en la oscuridad. ¿Hay tan poca luz en estas habitaciones,mon-sieur,para que una pobre luciérnaga desprenda tanto brillo? Creí que allí donde se moviera cierta condesa estaríamos en un ambiente luminoso...

¡Enigmático y turbador parlamento! ¿Qué podía yo contestar? Esta dama podría ser, como dicen que son algunas damas, una amiga de hacer daño o una íntima amiga de la condesa deSt.Alyre. Así pues,pre gunté con cautela: -¿Qué condesa? -Si usted me conoce, debe saber que es mi más querida amiga. ¿No es ella hermosa? -¡Cómo puedo saberlo! Hay tantas condesas... -Todo el que me conoce sabe quién es mi amiga más querida. Veo que no me conoce... -Es usted cruel. No puedo creer que me haya equivocado. -¿Con quién estaba usted paseando hace poco? -preguntó. -Con un caballero, un amigo-contesté. -Ya lo he visto; sí, con un amigo, por supuesto. Pero creo que lo conozco, y me gustaría estar segura. ¿No es por casualidad marqués? De nuevo una pregunta que volvía a ponerme en un aprieto. -Aquí hay demasiada gente. En un momento puede uno pasearse con una persona y en otro con otra distinta... -Que una persona sin escrúpulos no tenga dificultad en eludir una pregunta tan sencilla como la mía... Sepa, pues, de una vez por todas, que nada desagrada tanto a una persona inteligente como la desconfian-za. Usted,monsieur,es un caballero discreto, al que debo respetar en consecuencia. -Mademoiselleme despreciaría si yo violara una confidencia. -Pero usted no me engaña. Usted imita la diplomacia de su amigo. Yo detesto la diplomacia. Significa fraude y cobardía. ¿No cree que loconozco ? Me refiero al caballero con la cruz de cinta blanca en el pecho. Conozco perfectamente al marqués de Harmonville. Ya ve para qué le ha servido su ingeniosidad. -A esa conjetura no puedo contestar ni sí ni no. -No está obligado. Pero ¿cuál era su motivo para mortificar a una dama? -Eso es lo último que yo haría en este mundo. -Usted fingió conocerme, pero no me conoce. Por capricho, indolen-cia o curiosidad quiso conversar, no con una dama sino con un disfraz. Me ha admirado y parece confundirme con otra persona. Pero ¿quién es completamente perfecto? No se puede encontrar la verdad en esta tierra. -Mademoisellese ha formado una opinión errónea de mí. -Igual que usted de mí; ahora descubre que no soy tan tonta como suponía. Yo sé perfectamente a quién desea usted halagar con sus cumplidosy declamaciones melancólicas,y a quién anda buscando con ese propósito.

-Dígame a quién se refiere -le supliqué. -Con una condición. -¿Cuál? -Que usted confiese que he acertado si nombro a la dama. -Usted me atribuye propósitos poco claros -objeté-. No puedo admi-tir que haya querido hablar con una dama en el tono que usted describe. -Bueno, no insistiré en eso; prométame solamente que, si nombro a la dama, reconocerá usted que llevo razón. -¿Tengo que prometerlo absolutamente? -Por supuesto que no. No hay ninguna obligación. Pero su promesa es la única condición para que yo siga hablando con usted. Dudé unos instantes; pero luego pensé que no tenía la más remota posibilidad de acertar. La condesa no podía haber confesado a nadie nuestro brevísimo romance, y era difícil que la persona disfrazada de La Vallière supiera quién era la persona disfrazada de dominó. -De acuerdo -dije-. Lo prometo. -Debe prometerlo por el honor de un caballero. -De acuerdo. Lo prometo por el honor de un caballero. -Pues esa dama es la condesa deSt.Alyre. Yo estaba sorprendido, y desconcertado, pero recordé mi promesa y dije: -La condesa deSt.Alyre es, a no dudarlo, la dama a la que yo espera-ba ser presentado esta noche; pero le ruego que crea, por el honor de un caballero, que ella no tiene la menor sospecha de que yo estaba buscan-do dicho honor, y hasta es poco probable que se acuerde siquiera de mi existencia. Yo tuve el honor de prestarles al conde y a ella un pequeño servicio, demasiado insignificante, me temo, para haber merecido por su parte algo más que un ligero recuerdo. -El mundo no es tan desagradecido como usted supone. Y, aun cuando lo fuera, quedan aún algunos corazones que lo redimen. Yo puedo garantizarle que la condesa deSt.Alyre nunca olvida una acción amable. La condesa no muestra lo que siente; así que es una mujer des-graciada sin que se le note. -¿Desgraciada? Bueno, en realidad me temía que pudiera serlo. Pero, en cuanto a lo que usted tiene la bondad de suponer, es un sueño bas-tante halagador. -Le he dicho que soy la amiga de la condesa, y a ese título debo de conocer algo de su carácter. Entre nosotras se intercambian confidencias, y yo puedo saber más de lo que usted piensa acerca de esos servicios insignificantes cuyo recuerdo supone usted tan fugaz. Aquella conversación me estaba interesando cada vez más. Yo era igual de depravado que los demás

Hay pocos hombres a los que se puede conceder una entrevista como la que voy a proponerle. -Pero usted es su amiga. Me sobrevino la . una posada que limita con el parque del castillo de la Carque. celoso y tirano. y con un bastón por única arma. Estaba aturdido. -Eso puede facilitar las cosas. Una dama puede con-fiar en usted sin miedo. se había lanzado ante el sable de un dragón rabioso y había salido victorioso. contando desde la planta del vestíbulo. guardando un sigilo escrupuloso en cuanto a su desti-no. mi venta-na es la del extremo derecho.jóvenes de mi edad. -¿Ha dicho que la condesa es desgraciada? -pregunté-. ¿no? -sugerí. y el carácter abyecto de mi propósito me importaba un ardite ahora que se habían despertado el amor propio y todas las pasiones que se mezclan en este tipo de romances. ¿Qué habitación del Dragón Volador ocupa usted? Estaba sorprendido de la audacia y decisión de aquella muchacha. La imagen de la bella condesa había vuelto a superpo-nerse a la bonita contrapartida de La Vallière. Según miro desde la parte trasera de la casa. cuando descansa de su presencia. ¿Cuál es el motivo de su infelicidad? -Muchas cosas. Se verá con ella a las dos de la madrugada en el parque del castillo de la Carque. -¿Cómo? Obtuve otra pregunta por respuesta: -¿Ha reservado habitación en alguno de los hoteles de Versalles? -No. salir del Dragón Volador y saltar la tapia del parque sin que lo vea nadie. por su amor. Es imposible describir lo que sentí al escuchar aquellas palabras. junto a la esquina. ni si es un hombre de honor. Usted habrá observado. y le explicará en unas palabras muchas cosas que yo no estoy en condiciones de hacer aquí. ¿No le basta con esto? Y. no me fue posible. que tenía delante de mi Habría dado cualquier cosa por oírle repetir solemnemente que ella se acordaba del campeón que. donde se encuentran mis aposentos. Su marido es viejo. No necesito preguntarle si tiene valor para una aventura. confiando en la más escrupulosa reserva de su parte. se siente sola. -¿Cómo puedo intentarlo? -Ella le ayudará. Debe volver a su hotel. que le concederá una audiencia de unos minu-tos. que crecen tan cerca unas de otras que forman un pequeño bosquecillo. -Muy bien. Estoy alojado en el Dragón Volador. si mira al parque. cam-biarse de ropa y. -¿Hay espacio para otra amistad? -Inténtelo. allí encontrará a la condesa. ¿No estaría burlándose de mí? -Eso se lo puedo decir con total precisión -dije-. dos o tres pequeñas arboledas de castaños y tilos. está en el segundo piso. Sólo tiene una persona a la que abrir su corazón. reconocerá fácilmente el bosquecillo que le he mencionado. -¿Y usted cree que le basta con una amiga? -replicó-.

un extranjero? Mademoiselle sabráperdonarme si considera lo mucho que valoro la posibilidad dever y hablar con la condesa. como estoy en el secreto. y.duda. me aproximé al conde. Por mi buena estre-lla. -Creo que se acerca acompañado de mi amigo. mi gratitud duraría toda la vida. Su valor está ya sobradamente probado. -Mademoiselledebe comprender que.monsieur. y la de ella.Alyre dijo que pensaba presentarme a la condesa. Lo juro por la última compañera de esta flor -cogió durante unos instantes entre sus dedos un delicado capullo de rosa blanca que se hallaba disimulado en su ramo-. El conde deSt. a las dos en punto dela madrugada? -Con toda seguridad-contesté. -Y. Entre tanto. ¿Le extraña entonces que me muestre algo incrédulo? Pero me ha convencido y espero sepa perdonar mi titubeo. No. -¿No convendría que fuera usted ya. es obvio que soy su amiga. -¿Estará pues en el lugar que le he dicho. Mil gracias..a reunirse con su amigo? -Le prometí esperarlo aquí hasta que volviera. No podía creer aquellas pala-bras tan trascendentales. como pretendo estarlo. ¿considera lógico utilizar su querido nombre de esta manera? ¿Y todo para hacerle una vulgar jugarreta a usted. es mejor que no me vea a su lado. Que soy la confidente de la condesa lo juro por todo lo que tiene de entra-ñable un adiós susurrado. estoy convencida. ya podría esperar sentado. si me atreviera a convencerme a mí mismo de que semejante dicha y semejante honor están realmente destinados para mí. -Ya se lo dije.. Pero ¿cómo voy yo a creer quemademoiselleno habla movida más por su propia simpatía o bondad que por la certeza de que la condesa deSt. no hay ningún peligro que no esté dispuesto a arrostrar con entusiasmo. dando un pequeño rodeo. y eso redoblaría sus celos y su vigilancia. en el secreto que hasta ahora él supuso que no era compartido por nadie más que por la condesa y él mismo. -¿Y monsieur estan ingenuo como para creerlo? -¿Por qué no iba a creerlo? -Porque es muy celoso y astuto.monsieurno se abstendrá de hacerlo por miedo. Más que bastante. no necesita asegurármelo. No. -Y. si soy su amiga. Vendrá y dirá que no la ha encontrado y le prometerá presen-társela en otra ocasión. o que lo estoy engañando cruelmente.Alyre me va a conce-der semejante honor? -Monsieurcree que no estoy. ¿o he de decir más bien por nuestrabelleétoile?¿No he dicho ya bastante? -¿Bastante? -repetí-. Sospecharía que hemos estado hablando de su mujer. Sonreí bajo mi disfraz cuando éste me aseguró que la duquesa de la Roquème había cambiado de salón . No viene acom-pañado de ninguna dama. -En mis actuales circunstancias. Si esta dicha sólo le fuera a llegar a través de sus buenos oficios. Di las gracias ami desconocida y disfrazada amigay. Ya verá cómo no le presenta nunca a su esposa.

Tras intercambiar cuatro palabras corteses. desempeñaba un cargo oficial. Era uno de los héroes deWaterloo. Napoleón había permitido regresar a Francia. El segundo -igualmente extrañó. Temía que pudiera proponerme que lo acompañara a su casa. hace cuatro años. esa casa fue escenario de dos casos muy extraños. pero que esperaba. y lo único negativo que yo conocía de él era su costumbre de calmar la sed con champán siempre que acudía a bailes. Cuando trabajaba en un departamento de policía distinto. retorcía los labios de forma extraña y se abanicaba con su disfraz. observé con agrado que prefería el silencio y se conformaba con el papel de oyente mientras charlábamosmonsieurCarmaignacy yo. era imposible conseguir que la temperatu-ra no resultara sofocante. delgado y más tieso que un palo. Acto seguido empecé a respirar más a gusto. a quienes todos los países del mundo. Así pues. Evité al marqués de Harmonville. Consulté mi reloj. con extraordinaria cautela e indecisión. vela-das musicales y otro tipo de reuniones. EraTomWhistlewick.y se había llevado con ella a la con-desa. especialmente para personas disfrazadas. Así pues. observé que las palabras no le fluían con nitidez. en la dirección opuesta a la que habían tomado el conde y mi amigo el marqués. Era calvo.al que el emp.. y poco después oí una voz amiga que me llamaba por mi nombre en inglés. fiestas. Al presentarme a su amigo. y no tenía ganas de verme obligado a darle una explicación. astuto y difícil de entender en aquellas curiosas condiciones. CAPITULO XV . como supe enseguida. Era una noche apacible y bochornosa. admiraban. inhalaba rapé y llevaba gafas. me quité el disfraz. y la profusión de luces contribuía a aumentar el calor. . El primero fue el de un acaudaladoémi-gré. -Le he oído decir -dijo el caballero francés. que desapareció también de manera misteriosa. a una media legua de aquí. Eran algo más de las doce. Arqueaba las cejas. Desa-pareció.MonsieurCarmaignac era bajito.mon-sieurCarmaignac. que caminaba al lado del conde. en un futuro muy próximo. como vi hacer a otras personas a las que el misterio les importaba tan poco como a mí. a pesar de que algunos salones eran realmente muy amplios. En algunos lugares la turba resultaba incómoda.Extraña historia del Dragón Volador En aquella época.con la gloria recién estrenada. tener la oportunidad de presentarnos. se acomodó en un banco junto a nosotros y pronto pareció tener dificultades para mantener los ojos abiertos. Tomera un tipo jocoso. Se había quitado el disfraz y tenía el rostro acalorado como yo. las fiestas francesas tenían lugar más temprano que nuestros modernos bailes londinenses.fue el de un rico aristócrata ruso.que se aloja en el Dragón Volador. del de Dragones. salvo Francia.. me perdí rápidamente entre la multitud y avancé lo más deprisa que pude hacia la «Galería de los Espejos».

-Mi criado -dije- me ha hecho un relató confuso de algunos aconte-cimientos y, si no recuerdo mal, con las mismas personas como protago-nistas; es decir, un emigrado francés y un noble ruso. Pero como ha pre-sentado las cosas como si se tratara de fenómenos paranormales ó sobrenaturales no he creído ni una palabra de cuanto me ha dicho. -No, no se trata de casos sobrenaturales, sino simplemente inexpli-cables -puntualizó el caballero francés-. Por supuesto, se han planteado hipótesis, pero el misterio nunca se ha dilucidado ni, que yo sepa, se han aportado pruebas convincentes. -Por favor, cuénteme la historia -le rogué-. Creó que tengo derecho, ya que afecta al lugar en el que me hospedo. ¿No sospecha usted del per-sonal de la casa? -¡Oh! Ha cambiado de dueño desde entonces. Pero hay una habita-ción en particular sobre la que parece cernerse la fatalidad. -¿Podría describirme esa habitación? -Ciertamente. Es una alcoba espaciosa del segundo pisó con arteso-nado de madera situada en la parte posterior de la casa, y en el extremo derecho según se mira desde las ventanas. -¡No me diga! ¡Caramba, pero si ésa es mi habitación!-exclamécon redoblado interés, y una pizca de aprensión-. Los huéspedes en cues-tión, ¿murieron ó desaparecieron por arte de magia? -No, no murieron. Desaparecieron como por ensalmo. Le contaré lo que pasó con pelos y señales, pues en el primer casó fui yo quien acu-dió a la casa oficialmente a hacer la investigación; y, aunque no llevé personalmente el segundo, me dejaron ver el expediente y fui yo quien redactó la carta oficial a los familiares de los desaparecidos, que habían solicitado al gobierno la investigación del casó. Recibimos cartas de los parientes más de dos años después, por las que supimos que los desapa-recidos no habían vuelto a dar señales de vida. Aspiró un poco de rapé y me miró fijamente. -¡Ninguna señal de vida! Le referiré lo que ocurrió, según nuestras pesquisas. El noble francés, que era el caballero deChâteauBlassemare, a diferencia de la mayor parte de los emigrados, había tomado pre-cauciones a tiempo; así, había vendido buena parte de sus bienes antes de que la revolución avanzara tanto que hiciera inútil dicha operación y se exilió llevándose consigo una suma de dinero considerable. Regre-só con casi medió millón de francos, que invirtió mayoritariamente en fondos estatales franceses, dejando en Austria una suma mucho mayor en forma de tierras y títulos mercantiles. Habrá observado que este caballero era rico y que no había prueba alguna de que hubiera perdi-do dinero ni de que estuviera pasando por ningún apuró financiero. ¿Me sigue? Asentí con la cabeza. -Este caballero gastaba por debajo de lo que su situación económica le habría permitido. Poseía unos aposentos confortables en París y durante cierto tiempo se dedicó a frecuentar los teatros y otros lugares de razonable esparcimiento. No jugaba. Era un hombre de mediana edad, que quería pasar por más joven de lo que en realidad era, con lo que ello supone de pequeñas vanidades; pero, por lo demás, era una per-sona afable y educada que no molestaba nadie. Como ve, una persona poco susceptible de provocar hostilidades. -Desde luego -convine. -A principios del verano de 1811 obtuvo un permiso para copiar un cuadró en uno de esos salones de

pintura y vino aquí a Versalles con esta finalidad. Su obra avanzaba lentamente. Después de cierto tiempo abandonó el hotel de Versalles y se fue a vivir, para cambiar un poco, al Dragón Volador. Allí tomó, por decisión personal, la habitación que casualmente le han dado a usted. Desde entonces parece ser que pintó muy poco, y fueron raras las veces que fue a su casa de París. Una noche le dijo al posadero del Dragón Volador que iba a París a pasar un par de días por asuntos persónales; que su criado le acompañaría, pero que se quedaba su habitación del Dragón Volador y regresaría unos días des-pués. Dejó allí parte de su ropa, pero se llevó a París un baúl, su neceser y el restó del equipaje, con su criado en la parte trasera del carruaje. ¿Me sigue,monsieur? -Con suma atención-contesté. -Pues bien,monsieur,llegadocerca de su casa de París, detuvo repen-tinamente el carruaje y le dijo al criado que había cambiado de planes; que dormiría en otro lugar aquella noche; que tenía un asunto muy im-portante que resolver en el norte de Francia, no lejos de Ruán; que se pondría en marcha antes del amanecer y que volvería un par de semanas más tarde. Llamó un simón, empuñó una saca de cuero que, según contósu criado, era suficientemente grande para contener unas camisas y un abrigo; pero que era también enormemente pesada, como él mismo pudo comprobar, pues tuvo que sostenerla mientras su amo sacaba de la bolsa treinta y seis napoleones, de los que el criado debía rendir cuentas a su regreso. Luego le mandó que se marchara en el carruaje mientras él, empuñando la mencionada saca, subía al simón. Hasta este punto, como ve, el relato es bastante claro. -Perfectamente -convine. -Pero ahora viene el misterio -dijomonsieurCarmaignac-. Después de esto, que nosotros sepamos nadie volvió a ver al conde deChâteauBlassemare, ni conocidos ni amigos. Luego averiguamos que, la víspera, el agente de cambio del conde había vendido, por orden de éste, todos sus bonos franceses y le había dado su equivalente en dinero. La razón esgrimida para esta operación concordaba con la que había dado a su criado. Dijo que marchaba al norte de Francia para pagar algunas deu-das y que no sabía exactamente cuánto dinero iba a necesitar. La saca, cuyo excesivo peso había extrañado al criado, contenía, a no dudarlo, una suma de oro considerable. ¿Quieremonsieurprobarmi rapé? Me alargó su tabaquera abierta, de la que tomé un poco a modo de experimento. -Cuando se inició la investigación -prosiguió-, se ofreció una recompensa por cualquier información que pudiera arrojar alguna luz sobre el misterio, sobre todo por la que pudiera facilitarnos el conductor del simón, como, por ejemplo: «me contrató la noche del día tal, hacia las diez y media, un caballero con una saca de cuero negro, que se había apeado de un carruaje privado y dio dinero a su criado tras contar-lo dos veces.» Se presentaron unos ciento cincuenta cocheros, ninguno de los cuales resultó ser el hombre que buscábamos. Sin embargo, obtu-vimos una curiosa e inesperada prueba para otro caso completamente distinto. ¡Qué barbaridad! ¡Qué ruido hace ese arlequín con su espada! -¡Intolerable!-convine. El arlequín desapareció, ymonsieurCarmaignac reanudó su relato: -La información a que me refería nos la suministró un muchacho de unos doce años que conocía al conde perfectamente, ya que le había ser-vido varias veces como mensajero. Afirmó que hacia las doce y media de aquella misma noche -en la que, tome usted nota, brillaba una hermosa luna llena- fue enviado, al haberse puesto de repente su madre con dolores, a buscar a la comadrona, que vivía a tiro de piedra del Dragón Volador. La casa de su padre, punto de partida, se hallaba a unos dos kilómetros de distancia de la posada, para alcanzar la cual tenía que rodear el parque del castillo de la Carque. El

camino pasa por delante del viejo cementerio deSt.Aubin,separado de éste sólo por una valla muy baja y dos o tres árboles viejos y enormes. El muchacho se puso un poco nervioso al acercarse a este antiguo cementerio y, a la luz brillante de la luna, vio a un hombre al que reconoció claramente como al conde, a quien conocían con el mote de «El sonrisas». Tenía un aspecto muy triste y estaba sentado encima de una lápida, sobre la que había también una pistola, mientras él cargaba otra. »El muchacho pasó por allí de puntillas, sin hacer ruido, sin apartar la vista en ningún momento del conde deChâteauBlassemare, o del hombre al que había confundido con él. No iba vestido como de cos-tumbre, pero el testigo juró que no le cabía la menor duda en lo que a su identidad se refería. Dijo que tenía una expresión grave y adusta, pero que, aunque no sonreía, era la misma cara que él conocía de sobra. De esto estaba completamente seguro. Si era él, fue la última vez que alguien lo vio. Desde entonces no se ha vuelto a oír hablar de él. Nada se ha descubierto de él en Ruán y alrededores. No hay pruebas de su muer-te, pero tampoco hay el menor indicio de que siga con vida. -Es un caso realmente singular -convine; iba a hacer otro par de pre-guntas cuandoTomWhistlewick, que sin que yo me diera cuenta se había levantado a dar un paseo, volvió mucho más despierto y mucho menos achispado. -Vamos, Carmaignac, se está haciendo tarde y debo irme, de veras, por el motivo que le he dicho antes. Beckett, tenemos que vernos pronto. -Siento mucho,monsieur,no poder relatarle ahora el otro caso, el del otro inquilino de la misma habitación, un caso más misterioso y sinies-tro que el último, ocurrido en el otoño del mismo año. -¿Por qué no me hacen el honor de venir a comer conmigo mañana al Dragón Volador? Mientras avanzábamos por la «Galería de los Espejos», conseguí arrancarles su promesa. -¡Por Baco! -exclamóWhistlepoco después-. Fíjense en esapagoda,o silla de manos o lo que quiera que sea: sigue aún donde la dejaron esos individuos, sin que haya nadie cerca de ella... No me explico cómo hacen para adivinarlo todo tan diabólicamente bien.JackNuffles, aquien he conocido esta noche, dice que son gitanos. ¿Dónde están, por cierto? Voy a echar un vistazo al profeta. Lo vi tirar de las persianillas, que estaban construidas a imitación de las celosías venecianas: cubrían las cortinas rojas del interior, pero no parecían ceder, y Whistlewick sólo pudo mirar por debajo de una que no estaba totalmente bajada. Al volver, nos contó lo siguiente: -Apenas he visto al viejo. Estaba demasiado oscuro. Está cubierto de oro y rojo, y tiene un sombrero de mandarín bordado; duerme como un lirón, ¡y por Júpiter que huele peor que una mofeta! Aunque sólo sea por oler vale la pena acercarse... ¡Buah! ¡Puf!¡Arg! ¡Vaya perfume! ¡Beerg! Decliné aquella invitación tan seductora, y nos dirigimos lentamen-te hacia la puerta. Me despedí de ellos, recordándoles su promesa. Así, pude subirme por fin a mi carruaje y dirigirme sin más dilación hacia el Dragón Volador por el más apartado de los caminos, bajo la sombra de árboles antiguos e iluminado por la suave luz de la luna. ¡Cuántas cosas habían ocurrido en las dos últimas horas! ¡Qué varie-dad de cuadros extraños y animados se habían agolpado en taxi breve espacio! ¡Qué aventura tan estupenda me esperaba!

busqué a tientas un par de botas para ponerme en lugar de mis finos zapatos planos. En aquel momento me habría gustado no entrar nunca en aquel laberinto que me conducía no se sabía a dónde. sus chimeneas y numerosos chapiteles recortados sobre el cielo grisáceo. y entré en la espaciosa alcoba. a medio camino entre mi ventana y el castillo. Dejé mi disfraz sobre un sofá. Por lo tanto. que. iluminados por la luz que se filtraba de la puerta del vestíbulo. como sus señores no abandonarían el baile hasta el último momento. me llenaron momentáneamente de remordimiento y horror. música. subí presuroso las anchas escaleras con el dis-fraz en la mano. CAPÍTULO XVI . pero la amargura ya estaba deslizándose en mi copa. Localicé el lugar exacto de aquel lúgubre conjunto de árboles. Más cerca de mí. Muchos criados de personajes importantes se encontraban allí acuartelados. entraba un rayo de luna que iluminaba el suelo con una luz oblicua. no podrían volver a sus rincones del Dragón Volador hasta haber cumplido con sus obligaciones. eran unas compañeras muy recomendables en la . La locura de mi empresa. Adivinarán con qué extraño interés y emoción contemplé aquel des-conocido escenario de la aventura que me aguardaba. y durante varios minutos unos vagos presentimientos apesadumbraron mi corazón. tomé un par de pistolas cargadas. hacia la que me precipité. Acabábamos de detenernos bajo el dosel de follaje. y la culpabilidad que entrañaba. luces. Pero el tiempo volaba y la hora se aproximaba. Más allá se divisaba el contor-no del castillo de la Carque. delante de la ense-ña del Dragón Volador.¡Cómo contrastaba el silencioso y solitario camino iluminado por la luna con el abigarrado torbellino de placeres a cuyo rugido. el solemne mobiliario y las oscu-ras cortinas del alto lecho hacían que la noche pareciera más sombría. distinguí la masa tupida de árboles que la dama enmascarada me había indicado como lugar de encuentro. entre la bella condesa y yo. Despedí a mi cochero. yo sabía que disponía de tiempo suficiente para mi excursión misteriosa sin despertar la curiosidad de nadie por verme salir con las puertas ya cerradas. aquella misma noche.El parque del castillo de la Carque No había peligro de que el Dragón Volador cerrara sus puertas en aquella ocasión antes de las tres o las cuatro de la madrugada. con mi dominó revoloteando alrededor. finalmente. sin los que ningún caballero podía asistir a una velada. Por la ventana. Poco más habría bastado para revelar aquel mi poco viril estado anímico a mi vivaracho amigoAlfred Ogleo incluso al mordaz pero simpáticoTomWhistlewick. Era demasiado tarde para volverse atrás. Contemplé el paisaje que dormitaba bajo aquellos rayos argentinos. a la sazón llamados «escarpines». Me calé el sombrero y. según me habían aconsejado. un poco a la izquierda. cuyas copas estaban tenuemente iluminadas por la claridad de la luna. diamantes y colores acababa de hurtarme! La visión de la naturaleza solitaria a aquella hora de la noche actuó como un sedante repentino. El artesonado negro. y.

Una vez en el vestíbulo. y. Ante mí se elevaba el bosquecillo designado. La impresión de descuido y ruina hacía más bonita aún la escena. lo dejé en su sitio y bajé corriendo las escaleras. Un tupido manto de hiedra cubría en este punto la tapia y formaba en lo alto una especie de racimo. donde. lige-ramente a la izquierda. Ter-minados aquellos preparativos. divisé el gablete de la vieja posada.inestable situación que estaba atravesando entonces la sociedad francesa: por doquier pulula-ban soldados en desbandada. le diré algunas cosas acerca de ella. A cada paso parecía más alto y proyectaba una sombra cada vez más negra a mis pies. llamé a mi criado. la fuente y la aparición de Egeria. No tardaré más de diez minutos. se erguía un templete griego o capilla. y la esperanza aceleró los latidos de mi corazón. que parecía cubierto de escarcha. Seguí avanzando. el chorro de agua centelleaba cual lluvia de diamantes al claro de luna. -La condesa estará aquí enseguida -dijo. Si el paseo me gusta. además de servir de pantalla a mi empresa en caso de que alguien estuviera mirando por casualidad en aquella dirección. y sentí cierto placer al verme sumergido por completo en medio de la sombra.. silbando todo el tiempo una tonadilla que se me había pegado en una visita a la ópera. Esto me facilitaba la escalada. de manera semiconsciente. voy a darme un paseo en esta noche de luna. que parecía más negro que los crespones de una corona fúnebre. No se oía ningún ruido de pasos ni se veía el menor rastro de figura humana. una fuente abastecida por los grandes estanques del otro lado del castillo derramaba sus aguas con sonido metálico sobre una ancha pila de mármol. satisfecho del resultado. aquel decorado romántico me sugería en cierto modo la gruta. pero. que valen. No te acuestes hasta que yo vuelva. ceñido por una pequeña escalinata. confieso que cogí un espejo y lo llevé junto a la ventana para comprobar mi aspecto a la luz de la luna. con columnas corintias acanaladas y vanos cubiertos de vidrio. Este bosquecillo se abría ligeramente en el centro. Luego. Luego avancé por la carretera. El moho se insinuaba en el pedestal y la cornisa. Entre tanto. Bajé los escalones y miré a derecha e izquierda. entre las grietas se abría paso la hierba. y el mármol descolorido y añejo exhibía los estigmas de un largo abandono. Nada podía favorecerle más. A unos doscientos metros aproximadamente del Dragón Volador. de la que salía una luz tenue. Ya estaba cabe los tilos grandiosos y los castaños centenarios. Yo estaba demasiado atento al castillo. Era de mármol blanco. . La luz de la luna era suficiente para consultar el reloj. como quien no sabe qué dirección tomar. contemplandoora la luna ora las nubes blancas que se deslizaban por el otro lado. y más triste. -St. ¡Lo conseguí! Ya me hallaba en el parque del castillo de la Carque. su figura parecía más graciosa y elegante que nunca-. me habló una voz por detrás. que cobijaba una estatua. está triste por su matrimonio con un tirano celoso que la quiere obli-gar a vender sus diamantes. La joven estaba en medio del claro y la luz de la luna caía directamente sobre ella. de donde debía llegar la dama. a la luz de la luna. podría alargarlo un poco más. para percibir con detalle estos efectos. Mientras observaba atentamente. Me volví sobresaltado: allí estaba la persona dis-frazada demademoisellede la Vallière que había visto unas horas antes. algunos de ellos bastante peligrosos. así como una ventana. A unos metros de la escalinata. semioculta tras el follaje.. Es una mujer desgracia-da. Faltaban sólo ocho minutos para la hora convenida.Clair-le dije-. dejé de disimular: me di media vuelta y escudriñé con atención el cami-no. como el furtivo infame que traspasa los dominios de un señor confiado.

me pareció que algo picada.. -Pero -añadí.monsieur.mademoiselle-dije con la sinceridad de la impaciencia-. -Eso es un prejuicio. No quiero entrar en . más de una vez. si puede hacer estas cosas.Alyre.-Treinta mil libras esterlinas. Me cree vanidosa porque pretendo en algunos aspectos igualarme a la condesa deSt. su dulce voz siempre resuena en mis oídos. como ella. Le desafío a que me diga que mi mano es menos hermosa que la suya. en la aventura de laBelleÉtoile. Hice una reverencia.mademoiselle. es maravillosamente dulce. Yo me declaré dispuesto a ser el esclavo de la condesa.pero yo no he dicho eso. -¿Admite. -Un poco más chillona. La dama parecía realmente molesta. no es ningún peligro. ¿Puedo ayudarla de alguna manera en esta lucha desigual? Dígame cómo. que no parecía conducir a nada. -No. pues se estaban desperdiciando unos momentos preciosos mientras manteníamos aquella conversación insulsa. y cuanto mayor sea el peligro o el sacrificio. -¿Desea ella verme? -pregunté con tierna vacilación.Alyre está en casa. ¿Puedo ayudarla de alguna manera? -Si desprecia el peligro. no más chillona: su voz no es chillona.que se ríe de mí. sin más recompensa que su pobre gratitud.eso no es cierto. ¡Ah! ¿Es entonces la mía mejor? -Perdóneme. Dicho lo cual. dama. más feliz me hará. y pareció romper a llorar. la dama disfrazada se volvió. La de usted es una voz muy dulce. quiere decir -contestó la señorita de La Vallière. Día y noche sus bellos ojos me siguen a todas partes.. -Primero diga si ha pensado realmente en ella. Con estas palabras. pero se me antoja un poco más aguda. que. a la luz de la luna. se quitó el guante y alargó la mano. Aquello era indigno e irritante.Pero es sólo un parecido. sin embargo.usted me dijo que estaría aquí pronto. -Siempre y cuando no ocurra nada imprevisto. y vigila constantemente. que mi mano es tan bonita como la suya? -No puedo admitirlo. sino también su amistad. las leyes tiránicas de este mundo y es suficiente-mente caballeroso como para dedicarse en cuerpo y alma a la causa de una dama. entonces. -Dicen que mi voz se parece a la de ella -dijo el disfraz. con la palma hacia abajo.. claro que la puede ayudar. y ganarse así no sólo su gratitud.monsieur. no podía contradecir a una -Veo. -Siempre la he tenido presente. como el conde deSt. pero no es tan patéticamente dulce como la suya. es dificilísimo dar un paso sin peligro. si desprecia. Lo he oído decir a un amigo. -En efecto-contesté-.

no necesita jurarlo. La disfrazada rió primero fríamente y. El conde. que he conocido por mi criado!¡Richard. La mía ha sido una vida muy tris-te. me rechazó.Richard!¡Oh. ¿Vendrá de nuevo mañana por la noche a las once y cuarto? Yo estaré aquí a esa hora. a nadie que me aconsejara. la condesa deSt.comparaciones. no debe hacer eso -dijo con voz queda-. En el otro extremo del castillo hay un pe-queño cementerio. luego. y. Me quedan sólo unos minutos. pero no se olvide de extremar la precaución para que nadie sospeche que ha venido aquí. y mis ojos vieron en persona a la condesa deSt. Aún no nos conoce-mos lo suficiente. si viniera uña tercera vez. sonriente. -Llevo más de un año viviendo en un terrible estado de indecisión. con una capilla en ruinas. que cogí y llevé a mis labios. aunque usted se equivocó. Pero por fin he encontrado a un amigo valeroso y decidido.Alyre nunca habría confiado en usted ni le habría dado ninguna cita. Lo atravesará y se encontrará a unos veinte metros de aquí. -Mañana debe venir por otro camino -dijo-. yo arrostraría igualmente cualquier peligro antes que perder a un amigo. Pero ha llegado la hora de dar el paso. más solitaria que la de un claustro. No he tenido a nadie que escu-chara mis confidencias. Comprenda mi situación.yque es usted todo un campeón. y mi entusiasmo iba aumentando en proporción. en un lugar rodeado de matorrales. Por supuesto. Sabe de sobra que no me he olvidado de usted. inconsecuente. volveríamos a cambiar. tímida y más bella que nunca. Y ella. pero la condesa deSt. Pero aquella mujer hermosa y. monsieur. El camino está desierto y hay una barrera que permite acceder a este camposanto.Richard. mientras así hablaba.es odiarlo. fiel y sin miedo. Los vecinos temen pasar por allí de noche. Y. En el matrimonio no existe laindiferencia. Cada momento me parecía más hermosa. Confío en usted. con cierta simpatía. aún se acuerda de la condesa de laBelleÉtoile. Pero ahora estoy segu-ra de que es usted una persona de fiar. además de valiente. No amar al marido -continuó. Creo que. -¡Cielo santo!-exclamé-. mi rey! ¡Cuánto le amo! Yo la habría estrechado contra mi corazón.Alyre. -No. confundida. a nadie que me libe-rara de los horrores de mi existencia. exclamó: -Le probaré lo que digo. Exhalando un suspiro.¡Qué monstruosamente estúpido he sido! ¡Así que fue conmadamela condesa con quien estuve hablando todo el rato en el salón! La contemplé en silencio. se retiró el disfraz. ¡Cómo olvidar la escena heroica del vestíbu-lo de laBelleÉtoile!¿Ha conservado usted la rosa que le di al despedir-nos? Sí. con un esbozo de sonrisa dulce y comprensiva. -No. si alguna vez arriesgara su vida por mí.mi héroe! ¡Oh.¡cuántas veces he repetido en la soledad su nombre. debo decirlo. me habría arrojado a sus pies. Me lo debe usted. le prometí observar al pie de la letra sus instrucciones. Si usted hubiera cedido al coqueteo de una rival disfrazada demademoisellede La Vallière. me alargó la mano. no debemos desperdiciar en extravagancias estos preciosa momentos. ridículo por . y también que. Yo le prometí repetidas veces que moriría antes que permitir que cualquier imprudencia pusiera en peligro aquel secreto que daba a mi vida sentido e interés.Alyre es a todos los respectos la dama más hermosa que jamás han contemplado mis ojos.

me prestará tal vez la ayuda que necesito tan impe-riosamente. Volví a escalar la tapia del parque y regresé al Dragón Volador antes de que cerraran las puertas. yo iba a París. ¡Qué gran contratiempo! . su vehículo había sufrido un percance. es tremendo cuando le acometen los celos. en medio de una fiebre de euforia. y tenía el brazo derecho en cabestrillo. A pesar de lo tarde que era. que enmarcaban su escueta cabeza. creo. Por eso.Alyre. mi desayuno estaba aún en la mesa. pero no hasta después de las seis. y me encantaba hacerlo en su compañía. de tomarme cierta libertad. En este momento tengo que acudir a una reunión con otras tres o cuatro personas. y con el propósito. dijo. quien tal vez se sienta más obligado conmigo. Tengo motivos. más de diez minutos. diga que no conoce a ninguno de los dos. por lo que me pedía un asiento en el mío en caso de que tuviera intención de ir a París. La bufanda negra le colgaba del pecho. pero me pareció que su expresión era más sombría que en ocasiones anteriores. Se levantó. una reunión a la que no puedo faltar.porfavor.El ocupante del palanquín El marqués me visitó al día siguiente. delante de mí. -Con mucho gusto -dijo el marqués-. estoy casi seguro de que no podremos terminar antes de esa hora.monsieurBeckett. Mañana por la noche le contar más cosas. al toparme de repente con aquel hombre. ultrajado al menos en la intención. -Le he visitado.Alyre. Yo no era un pecador suficientemente endurecido como para no sen-tir cierta turbación. que no puedo explicar ahora. la obedecí Esta entrevista no duró. Hizo con la mano un gesto perentorio para que me marchara. Fue conmigo hasta mi hotel y subió a mis aposentos. CAPÍTULO XVII . leyendo un periódico. Adiós. Con una hora que me hubiera reservado todo se habría arreglado. extreme la precaución. -¡Qué voy a hacer. para pedirme un favor. Me extrañó ver allí a un hombre sentado en uno de los sillones. En efecto. pero mi amigo el marqués de Harmonville. dándonos la espalda. Finja con todas las personas con las quo hable no conocer a ninguno de los moradores del castillo de la Carque alguien menciona al conde o a la condesa deSt. parecían ébano esculpido sobre un horrible rostro de boj. No era fácil saber si aquel día había algo inhabitual en su fisonomía o si era simplemente el efecto de mi pre-vención por todo lo que había oído durante mi misteriosa entrevista en su parque. Musitando un «adiós». entonces! -exclamó el conde-. los bucles oleaginosos de su peluca negra. Permanecí despierto en mi lecho. vi a la bella condesa deSt. Había venido. para hacer cuantoestoy haciendo ahora y cuanto voy a hacer después. con los lentes calados. Era el conde deSt.Alyre en su presencia.todo lo demás. A causa del gran barullo que se había formado a la salida del baile. siempre en la oscuridad. Hasta que despuntó el día. con la esperanza de encontrarlo aquí -graznó-. ¡Váyase ya! Déjeme sola. al menos momentánea. y vino a llevarse aquella visión. me temo. Sonrió.

Cuando llegue el momento. y ayer escribí rechazando dicho encargo. En ella se decía que el cadáver del primo del conde. la nota no era nada alegre. y ya no podría echarme atrás. Poco me importaban los insesde unos días. si el recibo estuviera a mi nombre. ya que los fondos estatales franceses caerían con toda seguridad en breve plazo. la enfermedad de la que había muerto y varios otros detalles. estado en el que me lo encontré a mi vuelta. Pero me han ase-gurado que. Yo le pregunté a nombre de quién debía ordenar que se extendiera el recibo. Era bastante dinero. Y como usted se ha ofrecido tan amablemente a acompañarme. si no tiene ningún reparo. amén de una nota acerca del lugar exacto en el que se debía cavar la tumba (bastante sencilla). Ciertamente. como no tiene a ningún otro pariente. Querían que yo me convirtiera en albacea. no puedo rechazar este encargo. ello me convertiría en albacea ante la ley. su casa. o la suma entera. París había perdido su encanto para mí.monsieurde St. entre dos panteonesdela familia deSt. mi querido amigo. por eso quiero acudir a la oficial de defunciones para firmar en el libro y obtener la debida autorización para su inhumación. He tenido la mala suerte de torcerme el pulgar y no podré escribir durante una semana. según sus propios deseos. Me detuve en la oficina de mi agente de cambio. Luego me entregó el dinero para sufragar los gastos del entierro.El cortejo fúnebre. El asunto. embozado en su bufanda de seda negra y con el sombrero calado hasta los ojos. Pero aquí surge otro problema. para un hombre tan alegre y encantador comomonsieurBeckett. Sin embargo. Aquella circunstancia tuvo también . cuyo brazo de marmórea blancura me convocaba en la noche al bosquecillo de tilos y castaños del castillo Carque. Salimos del hotel. así como la edad.Amand. le ruego que. a la vez loca y reprobable.monsieur!La verdad es que no me atrevo a pedirle ese favor.Amand. Así pues.Le ruego lea esta nota que me ha llegado esta mañana.Alyre. -No a mi nombre. es un pocofuneste. a la una y media de la madrugada. la suya podría servir tanto como la mía. eché de menos una vez más mi tranquila habitación del Dragón Volador. como una firma es igual de válida que otra. que. Pero había concertado con él una entrevista para aquel día y sentí alivio al oírle decir que era mejor dejar el dinero en manos de mi banquero unos días más. Como ya he dicho.-Yo le ofrezco una hora de mi tiempo con mucho gusto -dije. todo saldrá perfectamente. por desagradable que sea. iba a ser enterrado.que había fallecido enChâteauCléry. acompañado por cualquier miembro de la familia que deseara asistir al entierro. -Apenas he visto a ese pobre caballero dos veces en mi vida -dijo el conde-. a saber. llegaría dos días después. con el permiso del conde deSt. Me apresuré a cumplir el pequeño asunto que se me había encomendado. más un suplemento por nocturnidad. en comparación con la imagen que ocupaba mis pensamientos. pero. entenderán por qué me he entretenido en contar todos estos detalles. El conde me facilitó el nombre y apellido del finado. la melancolía de los bosques del castillo de la Carque y la emocionantey embriagadora proximidad del objeto de mi pasión. se escriba el recibo a su nombre. Yo hice lo que me había pedido. -¡Qué bueno es usted. se echó una cabezadita en un rincón del carruaje. en el cementerio parisiense dePèreLachaise. yo tenía una suma líquida en mi banco. el conde. Mientras yo me encargaba de las formalidades. se decía. llegaría a casa de éste (el castillo de la Carque) hacia las diez de la noche siguiente para ser transportado desde allí en un coche fúnebre.

y después de retirarse todos los invitados. se podía perdonar si se imputaba al inge-nio y bufonería irreprimibles de la juventud.una incidencia directa en mis aventuras subsiguientes. los criados que ayudaban a apagar las luces y a cerrar las puertas la encontraron aún allí. vino el camarero a anunciar que la cena estaba servida y podíamos pasar al comedor. Yo estaba pensando para mis adentros en lo inexplicable que había sido mi coloquio con el mago. De regreso al Dragón Volador. Unos dijeron que se tra-taba de una farsa para insultar a los aliados. sehallaba en aquellos momentos alborotado a raíz de una jugarretaindignante. y su peso extraordinario les recordó por primera vez la pre-sencia de su ocupante humano. que se trate de individuos más astutos de lo que suelen ser los simples saltimbanquis. no a un hombre vivo. a no ser. Esta afirmación demonsieurCarmaignac. a mis dos invitados. más proclives al misticismo. TomWhistlewick estaba en gran forma.y rayana en el sacrilegio. Maldije interiormente mi estupidez por haberme comprometido con su agradable sociedad. y se puso casi de inmediato a contar una historia muy extraña.como persistía en llamar al palanquín. -Fue realmente una broma muy original. para mi de-sesperación. aunque algo sospechosa -dijo Whistlewick. encontré en mi saloncito. Sin embargo. pues se suponía que para entonces sus propietarios habrían mandado a algún mensajero a retirarlo. Casi exactamente lo mismo tuvo lugar hará unos cien años en un baile de gala en París. de quienes me había olvidado por com-pleto. había quedado en el lugar donde la habíamos visto por última vez. como descubrí después. bastante corpulento. Otros opinaron que no era más que una broma pesada y cínica que. y no se logró dar con los desalmados farsantes. del que se habían olvidado. Forzaron la puerta. que habían hecho a alguien la noche anterior. por supuesto. sino también todo París. Mis invitados se encargaron de compensar mi relativa taciturnidad. más asombroso me parecía. Pero nadie se presentó. Lapagoda. en cuyo honor se había orga-nizado el baile. Mientras hablábamos de aquel asunto. . y ésta no es digna de su nombre si no encuentra pronto. Hubo incluso algunos. Ni el mago ni su acólito ni los portadores habían vuelto a aparecer. pues entre mis libros de anécdotas y recuerdos franceses se encontraba aquel mismo incidente subrayado por mi propia mano. Terminado el baile. Pero aquello ya no tenía remedio y unas pala-bras a los camareros bastaron para reparar enseguida mi olvido. -Ni siquiera original -dijo Carmaignac-. que aseguraron que el cadáver había sido condiciónsine quanonpara la exhibición adivinatoria. cuando más pensaba en ello.y que las revela-ciones y alusiones que tanto habían asombrado a los asistentes se habían debido indudablemente a la necromancia. pese a su gravedad. e imaginen cuál no fue la consternación al descubrir. y pone a disposición de la justicia. Me dijo que no sólo Versalles. ata-viado con túnica china y sombrero de colores. ¡sino a un muerto! Debían de haber transcurrido tres o cuatro días desde la muerte de aquel hombre. a los individuos que han atentado contra el de-coro y los sentimientos del público. tan expeditivamente tildado pormon-sieurCarmaignac de «saltimbanqui». Entonces se ordenó a los criados que se lo lle-varan de allí. -El asunto está en manos de la policía -observómonsieurCarmaignac-. decidieron dejarla donde estaba hasta la mañana siguiente. era exacta.

Por cier-to. se mostraron contentos y muy locuaces. Hubo otro caso. el posadero le dio la habitación a la que me he referido. El sosiego y buen humor que produce son más duraderos y agradables que la tumultuosa euforia de Baco. pero tenía unmodicumbonum.cambiar de habitación ahora que hay menos gente en la posada? Por supuesto. además del noble ruso. A un caballero francés -ojalá pudiera recordar su nombre-.CAPÍTULO XVIII . prosiguiendo un hiloargumentaique se me había hurtado-. a pesar de que se trataba de una posada apartada. -Por favor. .El camposanto La cena que nos sirvieron fue realmente buena. la que usted ocupa. es decir. no.monsieur. que jamás había pisado la tierra. disimulando su seriedad con una sonrisa. a las que. que acudió a esa posada. antes que los otros dos. si la memoria no me falla. llénese el vaso -dije. aunque lo recordé precisa-mente esta mañana. ¡Un hombre realmente excéntrico! No era un millonario. pues mis pensamientos estaban por completo en otra parte. El personal de la posada decía que era el hombre más feo. siempre y cuando piense usted que-darse aquí más tiempo. -¡Saquefuerzas de este vino. yame comprenden: una cantidad cercana al medio millón de francos. pero espontáneas. más extraño todavía. La historia que contó fue muy curiosa. El efecto moral que produce cenar bien es inmenso: todos noso-tros lo sentimos aquella noche. Tras consultar a su agente de cambio sobre la posibilidad de invertir este dinero en valores extranjeros. Tocaba el violín. probablemente se comía aquí mejor que en algunos de los más prestigiosos hoteles de París. ni mucho menos. -Sí -dijo Carmaignac. el Dragón Volador.¿no piensa -añadió volviéndose hacia mí. Pero bebamos antes un poco de vino. lo cual me ahorró el trabajo de tener que hablar. y salía por la noche a dar un paseo.monsieur. cantando o tocando el violín. Oigámosla. no presté prácticamente ninguna atención. cantaba y escribía poe-sía. cuyo nombre no recuerdo ahora. Se había alojado en la misma habitación. así podré pasear de noche por la ciudad. hijo de un comerciante. Mis amigos. si he de ser sincero. -Este caso ocurrió -dijo Carmaignac-. pues. Sus costumbres eran extrañas. hasta que de repente surgió un tema que me interesó poderosamente. gracias. aunque pase aquí esta noche. Ahora ya conoce usted su situación financiera cuando ocurrió la catástrofe. y estuvieron todo el rato contando historias divertidas. A veces se pasaba todo el día en su habitación escribiendo. -Ah.y distaba mucho de ser apuesto. Pienso cambiar de hotel.para afrontar la catástrofe! -bromeó Whistlewick mientras se llenaba el suyo. pero también el más bonachón. al igual que los vinos. Pero. Pero ha dicho usted que hay otra historia parecida relacionada también con esa misma habitación. pues. por lo menos.monsieur. sacó todo el dinero del banco. Ya había dejado de ser joven -tenía más de cuarenta años. espero no sutilizarme como los otros.

y aquél le repitió desde el interior queno quería que lo molestaran. con mayor fuerza. en su lugar habitual. sin que nadie desde entonces haya sabido cómo lo hizo ni haya tenido noticias suyas. pues ésta se atrancaba desde den-tro. nadie podía salir de la casa sin tener la llave. »Así pues. »Sentado a la mesa de su despacho lo encontró el camarero. mandó llamar al posadero y le dijo que desde hacía tiempo venía meditando un poema épico. parecía estar completamente enfrascado en su trabajo. Supongo que estará muerto. con la llave en el bolsillo. suficiente papel para escribir toda La Henriada y provisión proporcional de plumas y tinta. los postigos estaban cerrados. Pero cuando volvió el camarero. y a las nueve de la mañana siguiente llamó a su puerta y. miró por el ojo de la cerra-dura. Alguien dijo que el escritor había salido de la habita-ción cerrando la puerta por fuera y. Pero nadiecontestó. se había marchado de la posada. que lo ha obligado a esconderse con el mayor sigilo y celeridad. . al ver que salía luz por el ojo de la cerradura. que quería empezar a escribir aquella noche. Aquel incidente probaba que el poeta estaba en la casa después de que se cerraran bien las puertas de la calle. Volvió a llamar. al ver que su huésped no había dejado la llave en la cerradurabuscó otra para abrir la puerta. la gran dificultad con que se encuentran los asesinos es cómo ocultar el cadáver. Lo único que sabemos con certeza es que. si no. Las llaves las guardaba el propio posadero. y los postigos estaban cerrados por dentro. El conde deSt. Éste contestó con cajas destem-pladas al inoportuno criado y lo despidió repitiéndole la orden de que no lo molestaran durante la noche. -Absolutamente nada. Pero no se descubrió nada. se evaporó.z hacia las doce y media. éste comentó después que había visto escribir tan deprisa que parecía que en cualquier momento iba a empezar a arder el papel (éstas fueron sus palabras textuales). como él los había dejado. tras ocupar la habi-tación en la que usted duerme. y que nadie podía haberlas cogido sin despertarlo.Dio entonces parte de este continuado y alarmante silencio al posadero. le llevó una taza de café. descono-cido para nosotros. La noche siguiente a aquella operación financiera fue presa de un arrebato poético. a quien pertenece esta casa. -Usted ha mencionado tres casos -le recordé-. . Todos igualmente incomprensibles. Es muy difícil creer que alguien haya asesinado a tres personas consecutivamente en la misma habitación y haya hecho desa-parecer sus cadáveres sin dejar rastro alguno. y ello dejando la puerta sin cerrar por fuera. Que eso era lo único que podía decir.-Pues bien. eso fue lo último que se supo de su dinero -prosiguió Carmaignac-. ocurrió que. el cual juró que las encontró coleadas en la cabecera de su cama. Sin embargo. un rato después de atrancarse las puertas. Las velas estaban ya boqueando en los candeleros. un criado que no se había enterado de su orden de no ser molestado. -¿Y desde entonces no se ha sabido nada de ese poeta épico? -pre-gunté yo.Alyre. por lo que no quería que lo molestaran bajo ningún con hasta las nueve de la mañana. aquí surgía otro problema: elDragón Volador cerraba sus puertas a cal y canto a las doce de la noche. »Ahora bien. una frugal cena fría en una mesita. a no ser que contara con la complicidad o ayuda de alguien de la casa. el cual. pero ni siquiera alzó la vista. al no recibir contestación. que hacia las nueve. Las velas estaban aún ardiendo. Tenía dos pares de velas. Nunca volvió a aparecer. Cuando se comete un asesinato. a la mañana siguiente. La cama estaba sin deshacer. elgarçonse marchó. después de esa hora. una media hora después la puerta estaba cerrada. pero daban aún luz suficiente para constatar que el huésped había desaparecido. debe de haberse metido en algún asunto sucio. tres. -Sí. y todos en la misma habitación. y. mostró gran actividad y consternación. Y ahora les contaré algo acerca de su poseedor. llamó ala puerta para saber si el poeta quería algo.

Afortunadamente. Estaba justo delante de mí. Yo lo veía sólo de perfil. Una espesa nube había oscurecido la luna. El cielo estaba salpicado de nubes. al igual que nues-tros enebros ingleses. conviene dejarlo claro. con los ojos puestos en el objeto que estaba justo delante de mí. La luna empezó a asomar bajo la nube que la había mantenido ocul-ta durante aquel tiempo. pasa por delante del viejo camposanto. Cogí mis pistolas con una apren-sión indefinible ante la eventualidad de tener que utilizarlas antes de mi regreso. Cuanto más clara era la luz de la luna más clara resultaba también aque-lla imagen. al tiempo que dejaba un poso de extrañeza y grave-dad en el fondo demi ser. de manera que a lo sumo podía distinguir los contornos de los objetos más próximos. por así decir. a la luz intermitente de la luna. en modo alguno enfrió mi fervor. la forma de un álamo en miniatura y el oscuro follaje de un tejo. Aquí. Sensación que. Me puse a pasear porla habitación. también a mi izquierda. a la izquierda del camino. Descubrí que había llegado con cierto adelanto y me senté un rato en el borde de una lápida. No conozco el nombre de este arbusto. pues suponía que la bella condesa tenía bue-nas razones para no desear que yo penetrara en los dominios del castillo antes de lo estipulado. No quería presentarme antes de tiempo. y se halla situado entre éste y el parque del castillo de la Carque. siempre bajo majestuosos árboles viejos. la distinguí con total nitidez: era la silueta del coronelGaillarde. que sus funciones en el departamento de policía le habían permitido conocer. sino un hombre de pie. por fin. desde allí. en este lugar fantasmal. avancé lentamente por el lado izquierdo dela carretera y. tiñendo de tonos oscuros las alegres y frívolas historias que relató también. y el gravemonsieurCarmaignac nos dis-trajo con un asombroso ramillete de anécdotas escandalosas. y. Entre las formas que se recortaban sobre el gris metálico del horizon-te. Afortunadamente. Reinaba el más completo silencio. inmóvil. flotando en la negra nie-bla.Luego cambiamos de tema. Permanecí sentado en ese estado de indolencia inducido por la espera. Mi aventura me absorbía y arrobaba. semioculto entre los árboles. bordeando la tapia del parque y describiendo una ruta de circunvalación. ocupa poco más de veinte áreas. tienen unos dos metros de altura. Subí a mi habitación y miré en dirección del castillo de la Carque. pero lo he visto a menudo en lugares particularmente fúnebres. que. que estaba sumida en una oscuridad sinies-tra. Nunca había sido mayor mi entusiasmo. mis invitados tenían sendos compromisos en París y me dejaron hacia las diez de la noche. pero no había duda alguna . Ya había averiguado el lugar exacto en que se encontraba el pequeño camposanto: aproximadamen-te a unos dos kilómetros de distancia. emergía la blanca superficie de una lápida sepulcral. Me deslicé en silencio. Éste. hasta que. a unos doce pasos de distancia. hice una pausa y escuché. tenía un aspecto melancólico y fantasmagórico.y eso sólo de manera vaga. el árbol que había estado observando perezosamente empezó a adoptar una nueva forma. éste no miraba en mi dirección. Miré alrededor de la habitación. con una sensación desagradable. a medida que la luz iba en aumento. y el parque. Volvieron vagamente a mi mente las extrañas anécdotas referidas pormonsieurCarmaignac sobre la habitación que yo ocupaba. destacaban algunos de esos arbustos o árboles que. entré en una pista más estrecha. y a veces. que tenía aquel ligero contorno negro que he descrito. Ya no era un árbol.

La luna brillaba ahora ininterrumpidamente. Seguí las instrucciones que me había dado la condesa deSt.Alyrey avancé entre arbustos y matorrales hasta el punto más próximo al ruinoso templo. Sí. dándome la espalda. Alcancé los escalones y me encontré en medio de la antañona columnata de mármol. ampliando la distancia que existía entre nosotros con cada zancada. con la vista y el oído aguzados. el último en esca-larla. atravesé el peque-ño espacio que me separaba del lugar de la cita. vi dos sombreros conversando (las voces per-tenecían a quienes los llevaban). Oí el sonido de otro silbi-do. mirando a su alrededor. cuyas ven-tanas ojivales estaban prácticamente ocultas por pantallas de hiedra. las figuras emergieron plenamente a la vista al saltar la valla que había al lado del camino. igual de tenue. y con el corazón latiéndome fuertemente. y. el coronel avanzó en la direc-ción de aquel sonido. Si. por casualidad. en aquel lugar y momento precisos. acechando alguna señal o la llegada de alguien. extremando al máximo la precaución. yo me quedé tendido sobre la hierba. Esperé a que aquellos sonidos se esfumaran por completo en la dis-tancia antes de entrar en el parque. Una tras otra. no en dirección del parque. Ella no estaba allí ni en el santuario interior. Me deslicé sigilosamente.en cuanto a su blanco mostacho. pero en un tono bajo y cauteloso. Oí sus pasos y el ruido de su conversa-ción mientras se alejaban. le oí hablar.En cualquier caso. a la que parecía odiar! Levantó un brazo y silbó con suavidad. su rostrofarouchey sudesgarbado uno noventa de estatura. en la dirección donde resultaban audibles estos sonidos. me aproximé al pequeño monumento. y luego saltó al otro lado de la carretera. Me encontraba de nuevo bajo las gigantescas ramas de los viejos tilos y castaños. yo sabía que debía disponerme a reanudar inmediatamente el combate iniciado en el vestí-bulo de laBelleÉtoile. La dama no había llegado todavía. Ambos avanzaron. permaneció unos instantes arriba. suavemente. acto seguido. derramando sus rayos sobre el delicado follaje y moteando el verdor del suelo bajo mis pies. volvía los ojos en mi dirección.Alyre. Allí estaba ante mí. CAPITULO XIX . ¡qué nefasta fortuna la que había apostado. A pesar de todo. para mi gran alivio. a un observador tan peligroso! ¡Y qué felicidad para él golpearme duramente y al mismo tiempo echar por tierra los planes de la condesa deSt. en la dirección opuesta al Dragón Volador. escudri-ñando por encima de una tumba. Me pareció ver un sombrero sobresaliendo por la tapia en ruinas y luego vi otro sombrero. cual soldado adelantado que espía al enemigo. una vez allí. reconocí la voz peculiar deGaillarde. sino del camino. El coronel.La llave .

-Yo no bajaré hasta aquí a reunirme con usted. He decidido huir. Yo le prometí obediencia total.usted dice que me ama. mi corazón me dice que actúo sabiamente. -Mañana por la noche -dijo. Pese a la gravedad del momento. Huiremos juntos a Suiza. y hasta que me ama quizá. centelleaba y refulgía a la luz de la luna. y luego dígame si puede ayudarme. Estoy segura de que desea defender-me. Son de mi exclusi-va propiedad. ¿Ve esa luz roja que sale de la ventana de la torre. saldrá de aquí a las nueve y media. Mis poderosos amigos intervendrán para conseguir la separación. Si ese propósito no se lleva a cabo. Algún pensamiento terrible parecía abrumarla.Amand.Richard. con los ojos y oídos bien abiertos. por los que me ofrecen treinta mil libras de vuestro dinero inglés. Avancé con ansiedad. Mire.Esperé en el último peldaño. le juré consagrarme a ella de por vida y le dije que dispusiera de mí a su antojo. como les ocurre a los jóvenes alocados en una situación parecida. cuando me conozca de verdad.hasta PèrelaChaise. Un hom-bre joven. mi querido amigo. a un tirano.mi marido acompañará los restos de su primo. generoso y valiente como usted no puede ser también rico. en la esquina del castillo? Asentí. Ella reprimió el ardor de mi apasionado saludo con una firmeza dulce pero perentoria. y yo la conduje al lugar donde se había desarrollado nuestra última entrevista. Pero ella me mandó callar con la misma firmeza melancólica. en nombre de un sacramento. Un par de minutos después. usted compartirá todo esto con-migo.monsieurdeSt. Estaba ordenándolas cuan-do llegó la hora y le he traído ésta para enseñársela. ¡Qué confianza tan loca tengo en usted!. ¡qué gran locura parece! ¡Qué concepto tan pobre debe de tener de mí! Pero. y a romper para siempre con los antinaturalesy abominables lazos que me unen. Me encuentro en el momento más crítico de mi vida. Ya pueden ustedes imaginarse la manera florida y vehemente en que le expresé mi agradecimiento. Estoy encadenada a un hombre al que desprecio. suspiró profundamente. sobre todo diamantes. Sin su ayuda no puedo cumplir mi propósito. Estoy segura de que usted entiende de joyas. moriré.El féretro. guapo. . Era la condesa.debo hablarle con absoluta franqueza. -Sí -dijo-. al que detesto con toda mi alma. según me ha dicho. Creo que se apiada de mí. suspendido de sus preciosos dedos. y. Usted acudirá aquí mismo a las nueve de la noche. pero me dio la mano. Se quitó la capucha. -Escúcheme. me juzgará con justicia. se sacudió sus hermosos cabellos y. Citarme aquí con usted. sin dejar pistas a nuestros perseguido-res. -¡Es magnífico!-exclaméal contemplar un collar de diamantes que. oí el crujir de unos ramajos. voy a desprenderme de todas mis joyas para convertirlas en dinero. pensé que me estaba mostrando aquella joya con el regodeo normal con que una mujer exhibe este tipo de gemas. Tengo joyas. Me las llevaré conmigo. sin embargo. mirándome con ojos tristes y brillantes. miré en aquella dirección y vi que se acercaba entre los árboles una figura envuelta en un abrigo. según contrato matrimonial. Al oír aquellas palabras tuve un arranque de elocuencia. No habló. -Richard. Entonces seré feliz por fin y podré recompensar a mi héroe.

no habrá nada que temer. Cuentan que un hombre se encerró en ella toda una noche y que cuando. Tras esto siguió un coloquio romántico. Yo habré abierto la ventana para que pueda entrar. -Mañana por la noche todas las precauciones serán pocas. En cuanto vea esa luz rosácea en esa ventana. Era una doble llave: una tija larga y delgada. y. He apostado todo a la carta de su fidelidad. y que puede acercarse sin peligro. tan subido de poesía y pasión que me resultaría imposible reproducirlo aquí.-La he colocado allí para que pueda reconocerla mañana por la noche. Y ahora. inde-pendientemente de cómo hagamos el reparto de bienes. Lo he cogido del escritorio del conde. Y luego me dio una instrucción particular: -He venido también provista de una llave. para ver que las cerraduras funcionan perfectamente. y. Le diré por qué. cuyo uso debo explicarle. no nos opongamos al destino. Bueno. Aquélla era la oportunidad que yo estaba esperando. un coche tirado por cuatro caballos nos estará esperando en la puerta de la cochera. fueron a preguntar por él. Me produce una felicidad especial la idea de compartir nuestros recursos. Asegú-rese de probar primero las llaves. Fue con la ayuda de esta llave.y que acudiría a la cita con aquella suma en forma de oro y bille-tes. Yo tendré mis joyas preparadas. Encárguese también de eso. Usted aportará su dinero. -¡Cielo santo! -exclamó ella con una especie de desencanto-. como el dueño del Dragón Volador era por aquel entonces un sinvergüenza. Yo creo que en realidad quería zafarse de sus acreedores. con nuestra energía. Es precisamente la habitación que yo habría elegido para usted. ¡Así que es usted rico! Eso quiere decir que he perdido la dicha de hacer doblemente feliz a mi generoso amigo. a un precio seguramente inferior al que tenían. Aquí tiene un documento y un plano en que se describe cómo se ha de proce-der. cada cual a partes iguales. Yo dejaré los diamantes en sus manos. mi vida está en sus manos. con un paletón a cada extremo: uno aproximadamente del tamaño con que se abre una puerta corriente y el otro casi tan pequeño como los que abren un estuche. No me atrevo a retirar-los mientras esté mi marido en la casa. había desaparecido.es saber si podremos convertir rápidamente los diamantes en dinero. querido Richard-prosiguió apoyando cariñosamente el brazo sobre mi hombro y mirán-dome a los ojos con una pasión inefable mientras con la otra mano apre-taba la mía-. estratagemas y recursos. Mi marido. si está escrito que así sea. y yo mis joyas. a la mañana siguiente. -Lo único que me preocupa todavía -prosiguió. tan pronto como subamos al coche. Le hice saber que tenía en poder de mi banquero una suma no inferior a treinta mil libras. Contribuyamos. Y ahora debo confiar una vez más en su ingenio para despistar al personal del Dragón Volador. descubrió la manera en que se había efectuado la escapada. dará comienzo nuestra huida. He sabido que ocupa la habitación embrujada del Dragón Volador. Cinco minutos después. En cuanto a usted. evitando así el riesgo que entrañaba vender sus diamantes de mane-ra precipitada. Sacaremos por lo menos una ventaja de cinco horas. ¿Está dispuesto a arrostrar todo esto por amor a mí? De nuevo volví a proclamarme esclavo suyo. que investigó el asunto. Cualquier contratiempo daría al traste con todas mis esperanzas. lo ayudó a esfumarse. entonces. sabrá que el cortejo fúnebre ha abandonado el castillo. le aconsejo que traiga el dinero consigo porque podrían transcurrir muchos meses antes de que podamos volver a París o revelar nuestro lugar de residencia a alguien. Y nuestros pasaportes. y. . ponga los nombres y lugares de destino que le plazcan.

Bien. estamos más cerca de otros delitos mayores de lo que sospechamos. el bizarro coronel dio media vuelta y. palideció de repente y. Más de una vez he dado las gracias al cielo por la misericordia que tuvo conmigo al guiarme por los laberintos en que estuve a punto de perderme. . a asesinar si fuera necesario y a meter-me en complicaciones inextricables y horribles (¿qué me importaba a mí?) por una mujer de la que no sabía más que era tan hermosa como imprudente. Y. No era de extrañar que se sintiera tan aterrorizada: cerca de nosotros. que saltaron por donde se divisaban los gabletes del Dragón Volador. Aquello. saqué del bolsillo una de mis pistolas y la armé.Mientras pronunciaba la última palabra. dispuesto a arrostrar todos los peligros. descono-cedor de este particular. con uno de sus alaridos frenéticos. -¡Ahí está la estatua! -exclamó el coronel con su habitual tono cor-tante y discordante-. de espaldas al castillo.monsieur. a no dudarlo. muy claramen-te iluminado por la luna. y acercándose a paso rápido. La examinaremos mejor la próxima vez. No quiso aceptar mi insistente invitación a acompañarla hasta el castillo. mirando en la dirección en la que había lanzado aquella mirada tan angustiada. A mí me protegían la cornisa y un trozo de pared. Permanecí con el dedo en el gatillo decidido a abatirlo si se atrevía a entrar en el lugar en que se hallaba la condesa. -Ni más ni menos. Una vez que nos hemos metido en asuntos secretos y culpables. la tran-quilicé asegurándole que impediría por todos los medios la posible vuelta del coronel loco. se acercaban el coronelGaillardey su compa-ñero. Di un paso atrás. como si le faltara el aliento. pero. se alejó entre los árboles en dirección de la tapia del parque. exclamó: -¡Dios mío! ¿Quién está ahí? En aquel mismo momento dio un paso atrás y desapareció por la puerta labrada en el mármol permaneciendo cerca de ésta al fondo de una pequeña cámara sin tejado. Encontré a la condesa presa de auténtico terror. a desafiar todas las leyes divinas y humanas. yo estaba esperando el momento en que. habría sido un asesinato. -¿A la que aluden las estrofas? -preguntó su compañero. se lanzara sobre mí como un loco. Yo permanecí en el umbral que ella acababa de atravesar. Sí. Ella se recuperó enseguida y se despidió nuevamente con palabras dulces y pausadas. Yo me quedé mirándola fijamente. para mi gran alivio. pero en mi fuero interno tenía la decisión completamente tomada. con la llave en la mano y una agitación en el cerebro rayana en la demencia. Sin embargo.vámonos de aquí. Allí estaba yo. es ésa. cuya ventana estaba tapada por una espesa pantalla de hiedra que apenas dejaba filtrarse un rayo de luz. tan pequeña como el propio santuario. Estaba claro que no me había visto. a unos quince metros de distancia.

ninguna ley me obligaba a dejarme abatir por un rufián sin oponer resistencia alguna. a unos doscientos metros del Dragón Volador. En el reloj sonaron las doce de la noche. esta vez quizá no tan feliz. el claro de luna prestaban un pintoresquismo particular al camino angosto que conducía a la puerta de la posada. y oí al criado atrancar ruidosamente la puerta prin-cipal. Me detuve unos instantes a mirar. busca unlordinglés. los gigantescos ála-mos al otro y.al hada mala. en el Dragón Volador? De haber vivido en la época de los cuentos de hadas. Sin embargo. Iba tocada con lo que se solía denominar una cofia peraltada. -He hecho un pequeño fuego. . empujado por los celos. Pero yo ya era mayorcito. cuyo borde blanco contrastaba con su piel morena y amarillenta y tor-naba más fea aún su cara arrugada. que parecía dispuesta a dormir un sueño bastante largo. con todo París a sus pies. En aquel momento me sentía incapaz de pensar con el sosiego nece-sario: los acontecimientos se estaban precipitando demasiado deprisa y yo. aún abierta. y de haberme relacionado diariamente con la deliciosa condesa d'Aulnois. Cogí una vela. y. sobre todo. Yo había aceptado un papel protagonista en un drama con venganza. a modo de preludio. -Disculpea una vieja. que tanto interés encerraba para mí. más allá de los árboles. Levantó los hombros encorvados y me miró a la cara con ojos anormalmente negros y brillantes. Le di las gracias.CAPÍTULO XX . Seguía con la vela entre sus trémulos dedos. Las frondosas ramas del viejo parque a un lado. Pregunté en el vestíbulo. los ojos oscuros de la anciana seguían fijos en los míos. pero ¿qué diversión. se me ocurrió que unos ojos indagadores podrían encontrar sentido a aquella contemplación nocturna y que tal vez el propio conde. Al abrir la puerta de mi habitación me llevé un buen susto al encon-trarme ante una mujer bastante vieja con la cara más alargada que jamás he visto. apenas me reconocía a mí mismo ni creía en mi propia historia mientras recorría premioso el trecho que me separaba de la puerta. pudiera detectar alguna señal en aquella luz insólita en las esca-leras del Dragón Volador. Eché un vistazo a la sala común. si se puede saber. No había llegado a la posada ningún caballero durante la pasada media hora.monsieur-dijo-. con una constancia e inteligencia que delataban que mi secreto había sido descubierto.Una cofia peraltada Me encontraba de nuevo en el camino. Allí no encontré rastro alguno del coronel. inmerso en aquel drama tan extravagante como culpable. La fría luz de la luna penetraba profusamente por la ventana de las anchas escale-ras. Ya estaban apagadas las luces de aquella hospedería rural. Asíy todo. en mi posada me esperaba seguramente otro encuentro. ni siquiera se me ocurrió preguntarle qué asunto la había llevado allí. pero ella no se marchaba.porque la noche es muy fría. a cuya señal se habían esfumado sucesivamente los malhadados huéspedes de aquella habitación. con el grotesco espadachín. habría visto en aquella aparición marchita algenius loci. Estaba vacía. Me sentía confundido y alarmado. Me alegré de haberme llevado las pistolas. Ciertamente. el castillo torreonado.monsieur. del Dragón Volador.

y yo le digo que se marche. No sé si el aire encerrado durante mucho tiempo tiene alguna cualidad . a cual más desconcertante. según sus propias palabras). se abrió una puerta en el panel.Sé bien por qué se aloja usted aquí. La anciana atravesó lentamente la estancia y cerró la puerta antes de que yo hubiera podido encontrar algo que replicar. tras dos o tres vueltas de la llave. junto a la puerta y justo debajo de ésta. y usted el suyo. Me aseguré de que la puerta había quedado bien cerrada. dejando al descubierto un paño de pared desnudo y una abertura estrecha y abovedada. que yo guardaré el mío»? En mi cabeza bullían mil preguntas. Pero. Alyre. pueden suponer bien.Me preocupo por el honor de una familia antigua a la que he servido en días más felices. Deje esta casa mañana por la mañana y no vuelva nunca por aquí.Además. Mi aventura parecía un viaje a través de una montaña boscosa. independientemente del desdén que yo sintiera hacia los peligros que aquella anciana había esbozado tan misteriosamente. Los celos del viejo conde. Levantó la mano que tenía libre mientras me miraba con una expre-sión de intenso terror. Tras estudiarlo un buen rato. Lo examiné detenidamente y. Yo mantendré mi secreto. tras una pequeña presión. practicada en el espesor de la pared. -Es inútil. -Nada en esta tierra. no resultaba en modo alguno agradable. pronto lo encontrará tan duro de guardar que no tendrá más remedio que divulgarlo. volvió a su lugar nuevamente. un pequeño trozo de moldura cedió y reveló una cerradura. ¿por qué debería usted preocuparse por mí? -Yo no me preocupo por usted. No sé de qué me habla-contesté-. y aún menos si ese extraño estaba de parte del conde deSt. Hasta ahora había interpretado con éxito mis instrucciones. se vio recompensada con un descubri-miento parecido. hice un reconocimiento. Pero sé. coloqué ante mí el pergami-no que contenía el croquis y notas que me informaban sobre cómo debía utilizar la llave. El rincón situado a la derecha de la ventana estaba cortado de través por la cenefa. que un secreto tan peligroso fuera sospechado por un extraño. eso es todo. -¿A mí?-exclamécon el mayor aire de sorpresa despreciativa que pude afectar.-Estos ojos viejos lo vieron a usted anoche en el parque del castillo. Una búsqueda parecida.monsieur. razoné. me senté a la mesa y. y ahora. que había confiado en mí tan generosamente (o tan locamen-te. ¿no era más peligroso aún tratar de comunicarnos? ¿Qué había querido decir la vieja arpía con aquello de «Guarde usted su secreto. Permanecí un buen rato inmóvil donde ella me había dejado.. cuando ser noble equivalía a ser honrado por todos. del hecho de que había al menos otra persona que sospechaba de nuestro secreto? Pero. Penetré con la vela en la mano. parecen a esta vieja arpía la cosa más terrible de la creación. más allá de la cual se veía una escalera de caracol de piedra.. en cuanto al suyo. por la acción de un muelle.monsieur.monsieur. El paletón pequeño de la llave entraba aquí al igual que en la cerradura superior. donde a cada paso un nuevo duende o monstruo surge de la tierra o salta de un árbol. Con todo. Expulsé expeditivamente de mi mente aquellas dudas angustiosas y terribles.que hablo en vanoy que usted es insolente. ¿No debía yo buscar por todos los medios la manera de informar a la condesa. con una vela a cada lado. Al retirar el dedo.

extraña. y en aquel caso infestaba el ambiente con un olor a mam-postería rancia. a través de las hojas más altas. reposó mi cabeza aturdida. por miedo a que alguien pudiera haber abierto su ven-tana al oír el chirrido de la cerradura oxidada. besé la llave misteriosa que su mano había empuñado aquella misma noche y la coloqué debajo de mi almohada. Tras pergeñar esta coartada para el posadero. que no consiguió conciliar el sueño durante un buen rato. Mi candela iluminó débilmente la desnuda pared de piedra que rodeaba la escalera. Esperaba volver en el plazo de una semana y. Le dije que iría a la ciudad aquella noche. Ni un general habría ideado un acceso más seguro para llegar desde el Dragón Volador hasta el lugar donde yo había platicado en dos oca-siones con el ídolo de mi latría culpable. Plenamente satisfecho de mi experimento. que estaba oxidada.Clairguardaría la llave de mi habitación y cuidaría de mis cosas. sino también . y muy sencilla. Me habría encontrado en medio de la más completa oscuridad de no haber sido porque. le pedí que dijera todo aquello a cualquier amiga) que pudiera visitarme. asimismo. donde tenía que ver a algunas personas por asuntos relacionados con los negocios. me armé de valor y abrí la puerta. CAPÍTULO XXI . Coloqué la bujía sobre las escaleras y apliqué ambas manos. Allí descubrí que la maleza se extendía casi hasta el parque y se unía con el bosquecillo que rodeaba al templete de que ya he hablado antes. Suavemente. Cerca de la puerta había un bosquecillo de acebos. poco después. Estaba situada en el ángulo que se correspondía con la parte del artesonado de mi habitación que aparecía indicada en el croquis recién consultado por mí. me abrí paso con dificul-tad hasta salir a una zona despejada. titila-ba un resplandor de claro de luna. pero a mí siempre me ha parecido así.Veo a tres hombres en un espejo Aquella mañana me desperté muy temprano y no pude volver a dor-mirme: estaba demasiado nervioso. Pero. Fui a ver a mi posadero tan pronto como pude hacerlo sin despertar sospechas. Empecé a bajarla y unas vueltas después me encontré sobre el suelo de piedra. El aire de la noche entró por el vano y apagó la vela. cuyo pie no podía ver. volví a la puerta no sin cierta dificultad. y de allí a ***. casi tan denso como una jungla. entre tanto. sobre la cual. poco después. El paletón grande de la llave entraba perfectamente en la cerra-dura. subí de nuevo a mi habitación y volví a cerrar la puerta secreta. empotrada en el grueso de la pared. El problema era cómo conseguir que me dieran las casi treinta mil libras esterlinas de que disponía en una forma en que resultaran no sólo fáciles de transpor-tar. Durante unos minutos no me moví. Volví la mirada hacia la vieja posada y vi que la escalera por la que yo había bajado estaba encajada en una de esas torretas alargadas que deco-ran este tipo de edificios. Aquí había otra puerta de roble viejo. giró con dificultad y emitió un chirrido que me hizo temer por el secreto de mi operación. me encaminé hacia París a resolver las cuestiones financieras de la operación. mi criadoSt.

decidí dar un paseo por las callejuelas aledañas a la catedral. tuve la sangre fría suficiente para fingir hallar-me completamente enfrascado en los objetos que tenía ante mí. Puedo asegurarles que no me entretuve ni un minuto más en aquella tiendadonde había hecho un descubrimiento tan singular como inesperado. y hacia allí me dirigí. en un recoveco que forma-ba ángulo recto con la pared lateral de la tienda. siguen aún en pie. ni quién era el individuo que mordía la punta de su pluma. y la tercera. con el pelo lacio y negro y el aspecto más penoso que he visto jamás en mi vida. Asimismo. de techo bajo. y así fui saliendo lentamente de la tienda. No sé si aquellas calles antiguas tan curiosas. En la primera población importante a la que llegáramos a la mañana siguiente nos abasteceríamos de un guardarropa improvisado. el tío de la Eloísa de Abelardo. Al percatarme de ello. Me detuve en ella una hora aproximadamente. había decidido no llevar equipaje. disimulado por una envoltura de cuero. donde había una ventana con muchos cristales en forma de diana. Entre otras tien-das desvencijadas y excéntricas. plenamente acorde con el carácter romántico de la aventura. Recuerdo haber visto en una de ellas una casa antigua con una inscripción mural en la que se podía leer que había sido la residen-cia de Canon Fulbert. en las que observé restos de antiguas iglesias góticas habilitadas como almacenes. La tienda. y hasta tan sucio. Una era el coronelGaillarde. había una mesa a la que estaban sentadas tres personas enfrascadas en lo que pare-cía una conversación seria. Todas estas cuestiones quedaron resueltas con la mayor rapidez posible. sucios a más no poder. No es el caso de calentarles ahora la cabeza con todos los trámites que hice para obtener los pasaportes. pues la poca luz que entraba por la ventana me daba de espaldas y la parte de la tienda que tenía ante mí estaba sumida en una oscuridad casi total. sin necesidad de recurrir a la correspondencia o a cualquier otro medio que pudiera delatar mi lugar de residencia. vi un gran espejo con un marco deslustrado y pasado de moda. que estaba jugueteando con una pluma. Una vez en mi habitación.disponibles en cualquier parte a la que decidiera ir. algunos colgados de la pared. Despedí al vehículo que había alquilado y entré en la posada con un cofre en la mano -de unas dimensiones maravillosamente pequeñas. El dueño se hallaba limpiando una pieza de armadura con incrustaciones y me dejó curiosear a placer y examinar las distintas curiosidades allí acumuladas. Luego visité laConcier-gerie.la otra. porcelana y muebles.Clairy le conté prácti-camente la misma historia que al posadero. y sentí gran alivio al notar que no se oían pasos. y su mirada fue seguida al instante por sus dos compañeros. mandé llamar aSt. entre muebles viejos y artículos polvorientos. era un hombre del-gado y pálido. me volví y. Contento por haber escapado de allí. Durante unos instantes no supe qué hacer. Al llegar a aquella ventana. Le di cincuenta libras para que gastara todo lo que necesitara y abonara la cuenta de la . Me detuve un instante para ver si me seguía alguien. el marqués de Harmonville. fui a dar con una en la que parecían ven-der todo tipo de antigüedades: armaduras. picado de viruela. uno de los más hermosos y apartados rincones de Suiza. A dos de estas personas las reconocí al ins-tante. El marqués levantó los ojos. Los empleos que el marqués aceptaba a veces lo obligaban sin duda a juntarse con gente rara. Pero estaba claro que no me habían reconocido. Eran las dos de la tarde. en la que. Entré. estaba oscura y llena de polvo. habida cuenta de su cuantio-so contenido-.Como aún me quedaba tiempo libre. No era asunto mío investigar qué había podido reunir al coronelGaillardeyal marqués en aquel lugar tan destartalado. Reflejado en él vi lo que en las casas antiguas he oído llamar una «rotonda».el palacio de justicia y la preciosaSainte Chapelle. llegué a la entrada del Dragón Volador justo cuando se estaba poniendo el sol. Baste decir que el lugar de destino que escogí para nuestra huida fue. ¡Nada más que las dos! ¿En qué emplear todas las horas libres que me quedaban? Aún no había visto la catedral deNôtreDame. Fui adentrándome paulatinamente hasta llegar al final.

si no me encuen-tras en mi habitación. Con la vela en la mano. -Ve -le dije. abrí la puerta y me adentré en el espeso bosquecillo. que cada vez era más espesa. deseándome todo tipo de felicidad y sin duda prometiéndose algún pequeño esparcimiento con mi dinero. No me había costado trabajo engañar a mis criados y al personal del Dragón Volador. entre tanto. perfilándose entre los troncos de los viejos árboles. No creo que haya nada cobarde en mi naturaleza.Clair. podría haber burlado con éxito la curiosidad de todos ellos incluso si se . Por fin. Cerré bien la puerta y avancé lentamente entre la vegetación. a unos cincuenta metros de allí. Estaré escribiendo algunas notas.y tómate una botella de vino con tus amigos. el único cómplice en mi reprobable aventura. Te llama-ré si necesito algo. al menos durante media hora. y la noche era tan cerrada que. donde alquilaría un coche. en medio de la noche oscu-ra.habitación hasta mi vuelta. por lo que no quiero que nadie me moleste. Mis ojos se posaban a menudo en el solemne reloj viejo de la chimenea. Al cabo de ese tiempo probablemente descubras que ya he marchado a Versalles.Embeleso Bajé la escalera de caracol en medio de la más completa oscuridad. Extremando la precaución. agucé el oído unos segundos para asegurarme de que nadie se acercaba y luego crucé el cuarto a toda velocidad. Luego. Todo era favora-ble a mi empresa. sentí algo parecido al suspense y a la angustia de un soldado que va a entrar en acción. aquí tienes la llave de mi cuarto. por tanto. entreabrí la puerta secreta. con mayor comodidad aunque sin dejar el abrigo de la espesura. franqueé la puerta secreta y eché el pestillo al salir. las columnas del templo de mármol se elevaron como fantasmas ante mí. El posadero salió al vestíbulo a preguntarme si necesitaba un vehícu-lo para ir a París.Clairse despidió. Me encontraba en la escalera de caracol en medio de la más completa oscuridad. puedes darlo por supuesto. Había llegado el momento de introducir la llave que me había dado mi dama. El cielo favoreció mis planes cubriéndose de un mar de nubes. Hasta ahora todo estaba saliendo bien. CAPÍTULO XXII . conforme se acercaba el momento críti-co. pero mantenién-dome en su linde. una vez abajo. ¿Me iba a echar atrás? ¡Por nada del mundo! Eché el cerrojo a la puerta. alcancé el camino del bosque. subí las escaleras con premura. En esta jungla la oscuridad era casi igual de completa. y haciendo menos ruido que la noche anterior. pero confieso que. ¿Comprendido? St. aunque hubiera levantado las sospechas de todos los huéspedes de la posada. me puse el gabán y me metí una pistola en cada bolsillo. apagué la vela. Lo ordenarás todo y cerrarás la puerta. adiviné dónde estaba la puerta y busqué a tientas el ojo de la cerradura. tomé el cofre bajo el brazo. Llamé aSt. descorrí el cerrojo de la puerta de la habitación. Faltaban sólo cinco minutos para la hora concertada. con la llave entre los dedos. Luego tomé una cena ligera y apresurada. Yo estaba preparado para aquella pregunta y le repliqué de inmediato que pensaba ir a pie hasta Versalles.

Musitando. acompañando al cortejo fúnebre. que ustedes se dirán que se me podía haber ocurrido mucho antes. ¿Y si yo desaparecía también al igual que aquellos otros hombres cuyas historias me habían sido contadas? ¿No me había esforzado todo lo posible por borrar cualquier huella de mis actos y por despistar a todas las personas con las que había hablado en cuanto a la dirección que iba a tomar? Aquel pensamiento gélido se insinuó como una serpiente en mi mente y luego desapareció. descubrí que media docena de peldaños conducían hasta allí. suave y constante brillaba la luz en la ventana. pasión. Tenía conmigo un par de pistolas de doble cañón. Hasta llegué a desear tropezarme con algún peli-gro real para demostrarle la enormidad de mi amor a aquella criatura. que servía de puerta. abordé el castillo de la Carque. Ningún signo de luz o vida. De repente me pareció también que la oscuridad se hacía más profunda y el aire se volvía más gélido ami alrededor. ¿hay acaso posibilidad de que se tuerza la empresa? ¡Bah!. me coloqué la caja fuerte bajo el brazo y. destacándose sobre la piedra oscura.mi queridísimoRichard. vi la luz que me daba la señal. Yo tenía que esperar simplemente. es decir. una especie de verja. ella hizo que me sentara a su lado en un sofá. . Sorteando los troncos y las raíces de los viejos árboles. Al acercarme. mien-tras yo subía los peldaños. pero ¿durante cuánto tiempo? Apoyado en mi tesoro. que pudiera interponerse en mi cami-no el viejo conde. me dije despa-chando con una sonrisa aquellas imaginaciones absurdas. ninguna voz humana. y que en aquel momento se encontra-ría a unos dos kilómetros de distancia. Apenas se distinguía el contorno del edificio. Una sombra del interior se acercó a la cortina. en las jambas de la puerta y. intrepidez. me murmuró con dulzura: -¡Richard. Terminados los primeros saludos tumultuosos. me vino un extraño pensamiento. La luz de color rosa. Yo disfrutaba entonces de la juventud en todo su esplendor. No se veía ninguna luz en la ventana. Mientras platicaba conmigo mismo de aquella guisa. ante la visión de aquella señal. -¿Qué es eso? -me preguntó.venga! ¡Ah. llegué al lugar de observación convenido. rumbo a Pére Lachaise. que parecía confundirse con la opacidad del cielo. a quien había visto temblar de terror ante el coronel bravucón? Empecé a barajar todas las posibilidades que podrían presen-tarse. con la mirada puesta en la maciza sombra que representaba el castillo y presa de los más ardientes y exaltados anhelos. ninguna pisada ni ningún ladrido de perro daban motivo para la inquietud. estaba abierta. Me mostró apresuradamente un cofre que contenía una gran profusión de brillan-tes de gran tamaño. Luego me dijo que el conde ya se había ido. Pensé: con una aliada tan hábil y valerosa como mi bella condesa.hubieran asomado a la ventana. Mi amor se trocó en un entusiasmo delirante. Una cortina de aquel ventanal estaba echada. Dejé mi tesoro. emblema de la esperanza radiante y alba de un día feliz. tras unas cuantas zancadas rápidas. salvo por mi dulcinea. la descorrió y. que tenía cuatro vidas en mis manos. Allí estaban también los diamantes. Clara. con toda la fuerza. determinación y ansias de aventura que la acompañan. apa-sionadas palabras de amor. y así permanecimos un par de minutos. envuelto en cuero. miré fijamente en dirección del castillo. cómo he deseado que llegara este momento! Nunca me había parecido tan hermosa. con los brazos apoyados en ellas. ¿Qué podría ocurrir? ¿Qué me importaba.

ni una esterlina más ni menos. -Es mi doncella particular. ¿Está seguro? ¿La ha contado? -Sí. conforme se aproximaba el momento de la verdad. Avanzó con calma hasta la puerta. Durante los últimos minutos se había insinuado en ella la sombra de una duda. ¿Por qué estaba pálida? ¿Por qué aquella mirada oscura en sus ojos? ¿Por qué había cambiado también su voz? ¿Había salido algo mal de repente? ¿Acechaba algún peligro? Pero pronto se calmó mi zozobra. Es de total con-fianza. Ahora voy a pedirle que cierre las cortinas de esa ventana y eche la barra de seguridad a los postigos. Dice que es más prudente retrasar la partida hasta que pasen unos diez minutos. Abrió la puerta de dicha habitación y echó una mirada a su interior. una mirada casi de recelo. al menos durante cierto tiempo. quizá con cierta expresión de sorpresa en el rostro-.. Nos ha preparado café en la habitación contigua. Era lógico que. -Me hace sentirme algo nerviosa viajar con tanto dinero. ¡Es tan extraña! No se mueva. -Así que ha traído toda esa gran suma. usted se quitará el gabán cuan-do estemos listos para partir. A un hombre en aquella situación la . un aire de abstracción. Eso me habría hecho más feliz aún de lo que me siento. Se había producido un cambio en la manera de comportarse de mi bella condesa. No me gusta-ría que los cocheros sospecharan que transportamos un tesoro tan grande. por supuesto. que vendrá con nosotros. y durante unos segundos oí una conversación susurrada. -Tengo que decirle también a mi doncella que no lleve demasiado equipaje. Apenas había hecho eso cuando se oyó a alguien llamar a la puerta. Olvida usted que durante un largo período de tiempo puede ser nece-sario observar el más estricto silencio en cuanto a nuestro paradero y mantenernos al margen de todo contacto social. ella me lo habría hecho saber al instante.. Es mejor que no le vea por ahora. Si hubiera habido algo semejante. Habría sido de su parte una muestra suple-mentaria de amabilidad dejarme que proveyera yo por las necesidades de los dos. Por supuesto que la he contado al retirarla del banco. Salió de la habitación haciendo un gesto para que extremara la pre-caución. Quédese donde está.-Un cofre con treinta mil libras de dinero contante y sonante -con-testé. se fuera poniendo cada vez más nerviosa. -Sé quién es -me dijo en voz baja. y tratará de ocultarlos con él. y ese dinero no hace sino aumen-tarlo. Me la han entregado hoy mismo -respondí. -¡Mi querido y generoso ángel! -declamé en un rapto de pasión-. -¿No es innecesario llevar tanto dinero teniendo todo esto? -dijo tocando los diamantes-. Vique no estaba alarmada. No volvió tan pronto como yo habría deseado. -¿Qué? ¿Todo ese dinero? -exclamó. -Sí. Pongamos juntos nuestros cofres. Estas joyas constituyen un peligro muy grande.

Más allá.AMAND AGÉ DE XXIIIANS Retrocedí. hice un descubri-miento sobrecogedor. Era un ataúd. -¿Ha visto algo. CAPÍTULO XXIII . Habría sido más prudente por su parte haberme puesto al corriente de la situación. y cada una de mis facultades estaba concentrada en lo que se avecinaba. No puedo explicar de otro modo el que hiciera tantas cosas insensatas aquella noche. ¡Así que el féretro no había salido todavía! Allí estaba el cadáver. Al ins-tante adiviné que había detectado en la expresión de mi rostro el decur-so de mis pensamientos. asombrado por partida doble. Me encontraba en un estado de gran excitación y ansiedad. La abrí sin pensarlo dos veces. Había una puerta en el otro extremo. que le haya molestado.. en vez de volver a cerrar inmediatamente aquella puerta. Era una habitación pequeña. Sin duda esto explicaba la manifiesta turbación de la condesa.Alyre. . que no debería haber abierto nunca. yo había penetrado en aquella habitación y habría podido toparme con algunas de las personas que tanto empeño tenía-mos en evitar. Abandoné aquel lugar fúnebre y cerré la puerta. y en ese senti-do se habían desligado del presente inmediato. Completamente ignorante de aquel hecho. Desconfiar de mí era la peor imprudencia que podía haber cometido. No se oía absolutamente nada. Donde.Una taza de café La estancia carecía de alfombras..inacción absoluta le resultaba punto menos que insoportable. de manera completamente inesperada. sobre una mesa estrecha. Me puse a pasear por la habitación presa de inquietud. decidí coger una vela y penetrar en dicha estancia. No cabía ninguna duda. vi algo tan singular que no podía dar crédito a mis ojos. Y en la tapa había una placa con la siguiente inscripción en francés: PIERREDE LAROCHEST. En el suelo había gran cantidad de virutas y una veintena de ladrillos. No hay nada más peligroso que la precaución mal aplicada. pues lanzó una mirada apresurada en dirección de la puerta. Aquellas reflexiones se vieron interrumpidas casi tan pronto como habían tomado forma con el regreso de la condesa deSt. Me habían engañado.. Tal vez la más estúpi-da de todas fuera que. Me acerqué y retiré de ese algo un lienzo que no lograba disimular su forma. Afiné el oído. mi queridoRichard?¿Ha salido de esta habitación? Yo le contesté inmediatamente que sí y le conté con absoluta fran-queza lo que había visto. pues en modo alguno me faltaba la cualidad de la astucia.

sino siempre. Yo también me serviré después. Venga conmigo. a la habitación contigua -dijo-. Los caballos nos están esperando a la puerta de la cuadra. avanzó de puntillas hacia la puerta y puso el oído. Cuando hube apurado la taza. Tras hacerme una ligera señal. No quería que los sepultureros dePèreLachaise supusieran que se había aplazado el funeral. como para impedir que me moviera. inconscien-temente. había hablado con ella. Inmediatamente después estaremos libres para emprender nuestro loco y venturoso viaje. y permaneció sin respirar en esa actitud unos instantes. no quería que se sintiera más inquieto de lo necesario. no pensemos más en él. Sabía que los restos del pobrePierrellegarían con toda seguridad esta misma noche. enganchados al carruaje. al tiempo que extendía la mano hacia atrás como para advertirme de que no me moviera: al cabo de unos segundos volvió nuevamente de puntillas y me dijo al oído: -Están retirando el ataúd.que engañaré a mi valeroso y apuestoRichard. Era excelente. y no sólo ahora. mientras posaba el brazo derecho sobre mi hombro.a mi héroe. Ade-más. y. acariciando con los dedos mis rizos. Aseguró con cerrojo la puerta. y de rap-tos y protestas de amor. No me conside-raré perdonada por mi querido Richardsi se niega a que le sirva. según me dijo. a pesar del retraso inesperado. en otra más pequeña. murmuró: -Tómese esto. había unos vasitos de licor y una garrafa que contenía. a la vez dulce y triste. en la idea que me había formado de la galantería a la francesa. cariño. En cuanto a estefunestehorror (le entró un bonito escalofrío). advertí en su rostro y actitud una expresión de penitencia tan exquisita que tuve que conte-nerme para no caer postrado a sus pies. -Yo misma le serviré. -Todo lo que diga mi hermosa reina yo lo cumpliré -murmuré-. es un asunto repugnante y horrible. La acompañé a la habitación desde la que su doncella. Aún hoy me avergüenzo al recordar la grandilocuencia con la que . El féretro con el cadáver debe salir de esta casa dentro de diez minutos. Llenó una taza de café y me la pasó con la mano izquierda. que me parecieron realmente precio-sas. He de confesar que aquellos arrebatos líricos se basaban. situada a su lado. después. al volverse. Esas horribles per-sonas ya han debido de irse y estaremos más seguros ahí por el momento. como supe poco después. levantó una mano. Sobre una bandeja de plata había una cafetera y unas antiguas tazas de porcelana. me pasó el licor. El cadáver está ahí. El cadáver no llegó hasta ocho o diez minutos des-pués de que él se marchara. -Es la última vez -agregó con un pequeño tono de súplica.-Bueno. crema de noyó. que también bebí. ¿Estoy perdonada? Acto seguido se produjo otra escena de apasionada efusión. aunque sólo murmurados por miedo a que pudieran oírnos. Por fin. pero el conde se marchó un cuarto de hora antes de que yo encendiera la lámpara y le abriera el ventanal. -Volvamos. Déjeme que sea su camarera. con los ojos fijos en mí y el oído puesto en la puerta de la estancia donde habían colocado el ataúd. tiene buenas razones para desear que se celebre el funeral antes de amanecer.

Eugénie!-exclaménuevamente embelesado. que. -¡Mi queridoRichard!¿Qué le ocurre? -exclamó. Salió corriendo y volvió con otra copita diminuta. ¡Cielo santo! ¿Se ha puesto enfermo? Por favor. con frases cargadas de patetismo. No encuentro palabras para describirlo. No era en absoluto un mareo. Me llamaba por mi nombre. Luego la posó y zarandeó una campanilla con energía. Le hice saber cuán impaciente estaba por emprender cuanto antes nuestro viaje. Pasó lentamente la vela ante mis ojos. si me ama tanto como yo a usted. pero en su rostro sólo había una expresión de intenso escrutinio. tras decirme unas palabras elocuentes y tiernas. y el suspense de una aventura de la que dependía el futuro. Yo no estaba en condiciones de ofrecer la menor resistencia. La desesperación de mi dama fue intensa y ruidosa. me quedé mirando sus hermosos ojos y volví a besarla sin que ella opusiera resistencia alguna. y. tomó una vela y se plantó delante de mí. Parecía haber perdido toda sensación de miedo.pero ¿cómo he de llamar yo a mi diosa? -pregunté. De una manera expeditiva. mientras decía esto. Le besé la mano.Alyre. en este sillón. me sacu-día los hombros. ahora paladean-do su nombre. había desaparecido como por ensalmo de aquella criatura tornadiza. -Llámeme Eugénie. con terror en los ojos-. para que hiciera el menor signo de vida y prometiéndome que. con una pizca de horror en ella. palidísima. Estaba arrellanado en el sillón. los labios. por mi nombre de pila. me llevé a los labios y bebí.bueno . CAPÍTULO XXIV . completamente incapaz de articular una sílaba. siéntese. y vi cómo cerraba con sumo cuidado la puerta que daba acceso a la estancia en la que yo había tomado café poco antes. El ambiente fúnebre del momento anterior. pálida. Aquí. si es que exis-te tal cosa. noté de repente una sensación extraña por todo el cuerpo.traté a la condesa deSt. Pasados unos minutos. -¡Oh. de cerrar los párpados ni de mover los ojos o los músculos. me levantaba el brazo y lo dejaba caer implorándome sin cesar. -Y ahora se va a tomar una deliciosa copita de noyó -dijo con tono alegre. se quitaría la vida. se hubiera vuelto inflexible. seamos naturales. Colocó juntos ambos cofres (me refiero al suyo con las joyas y al mío con el dinero) sobre la mesa.Esperanza . Sí. Era como si la membrana que recubre el cerebro. fue algo así como una repentina congestión cerebral. Reconocí demasiado bien las sensaciones que siguie-ron. -Usted me llama a míRichard. aquellas exclamaciones cesaron repentina-mente. obser-vando el efecto. Casi me obligó a hacerlo. si no lo hacía. En unos segundos me vi sumido en el mismo estado que había padecido durante varias horas interminables durante mi viaje nocturno a París en compañía del marqués de Harmonville. La condesa pasó a mostrarse silenciosa y fría.

cuyo tictac regular percibía con total claridad. Ha entrado y ha visto todo. Bien. Llevaba un par de guantes negros en la mano y un sombrero con cinta de crespón. llamándome de nuevo.¿Cuándo empezó? La condesa se acercó y se colocó junto a él y me miró fijamente durante unos segundos. me levantó la mano y la sacudió. ¿Qué es? ¿Un billetero? ¿O.. -Ven. nenita. mi dechado de mujer! Me estaba mirando con una curiosidad odiosa. estaba la repisa.vamos a contar todo esto. mi preciosamignonne. ¿verdad? -Sí -contestó ésta con voz baja y dura-.. -¡Planard debería haberse encargado de eso! -contestó el conde seca-mente-. recordé. La dama miró hacia donde. su rostro daba muestras de agitación.bravissima! ¡Mipreciosa reina.. Pero Planard y tú no debe-ríais haber dejado abierta esa puerta. y sobre ella un reloj. mientras buscaba con sus escuálidos dedos curtidos la mano de la dama.machère. -Brava... mi pequeña Venus. el cual. mi heroína. o. No pueden imaginar el efecto de la mirada silenciosa de aquellos dos ojos malvados.Alyre. cuando se abrió la puerta de la habitación en la que yo había visto el ataúd y entró una siniestra e inesperada aparición. Tenía un aspecto a la vez espantosamente malvado y asustado.Acababa de colocar mi pesado cofre. ¡Eh! ¿No me conoce? Se acercó otro poco y escudriñó mi rostro con atención. -¡MonsieurBeckett! -gritó dos o tres veces-. Su boca se fruncía y crispaba. Cuando no hablaba. hacía bastante tiempo que debía de estar de camino rumbo aPèreLachaise. cinco. -Bien. Todo está saliendo a la per-fección. si no me habían informado mal. mi querida Eugénie. seis minutos y medio -dijo sin inmutarse... Menos mal que no ha levantado la tapa del ataúd -apostilló con tono enfadado. sonriendo. Era el conde deSt. mi Juana de Arco. Se plantó ante mí unos instantes. pues retrocedió ligeramente. enmarcado por las jambas de la puerta y un fondo de oscuridad..yo no puedo estar en todas partes! Avanzó hacia mí una media docena de pasitos y se caló las lentes. Su figura endeble y mezquina iba cubierta de riguroso luto.. y luego la dejó caer y dijo: -Ha funcionado admirablemente. que pareció tener gran dificul-tad en levantar.¡Mafoi. como un retrato. como ya he dicho. pero ella no parecía muy interesada en sus caricias. -Cuatro.. qué? .

Mientras volvía a colocar en el cofre los billetes y los cartuchos. con las manos extendidas y los dedos temblorosos. en su estuche. Habrían llamado menos la atención. en el extremo de una habita-ción. Sí. Pero ¿dónde está la llave? ¿No ves esa maldita cerradura? ¡Dios mío! ¿Dónde está? ¿Dónde está la llave? Decía todo esto arrastrando los pies delante de la condesa. ahora ya no tiene remedio. No estaba seguro -las mujeres tienen más san gre fría y más recursos histriónicos que la mayor parte de nuestro torpe sexo. volcando su contenido sobre la mesa. se me alcanzaba aún el porqué de aquella trama. metódicamente. Veamos -exclamó mien-tras desataba las correas con dedos temblorosos-.de si la vuelta del conde había constituido también una sorpresa para ella. Anota. sin la menor alteración de la visibilidad. incluidas algunas llaves. Uno. Aquel canalla a quien yo conocía estaba a punto de robarme. comprobará por sí mismo la amplitud del campo de visión. Así pues. muy bien. casi nada de lo que ocurría en aquella habitación se hurtaba a mi observación. Pero a todos los demás efectos yo estaba muerto. Mi per-cepción mental era asimismo terriblemente viva. lo cerró. rápido. Y otros. sí. como yo estaba. y si aquel escrutinio del contenido de mi cofre era una iniciati-va improvisada del conde. Sigue. creo. Tenemos que contarlo todo. de manera menos perfecta (por efecto de la refracción. -Yo no la tengo. Uno. Como he dicho. tres. en el propio ojo).. Y así sucesivamente hasta contar todo mi tesoro en mi mismísima presencia. Aquí tengo lápiz y papel. El viejo ya había dado con la llave. -¡Ah! Muy bien. lo volvió a colocar. dos. abrió una caja . descubrirá que abarca perfectamente toda la extensión de una habitación grande hasta una distancia muy corta. Y otros. dos.. mientras yo lo veía y oía todo con la mayor nitidez. por supuesto -protestó la condesa. me encontraba exactamente en el mismo estado que había padecido durante mi viaje con el marqués rumbo a París. Sacaron todo lo que había. hasta un punto bastante próximo. y ya faltaba poco para que comprendiera el carácter atroz de la misma. ¿Por qué no le dijiste que se lo die-ran en billetes más pequeños? Bueno. que había colocado sobre la mesa. contó de nuevo la suma total para asegurarse de que cuadraba. Diez mil francos otra vez. Escribe: otros diez mil francos.. Pero no. y.. Veamos. Escribe mil napoleones. -Cartuchos de cien napoleones. ¿Cómo la voy a tener? Está en su bolsillo. Yo no podía mover los ojos ni una milésima en ninguna dirección. Pero cada minuto iba aclarando mi situación. los dedos del viejo bellaco registraban mis bo l-sillos. Pero si alguien se coloca. -Diez mil francos. Vamos a ver. Planard se pondría insoportable si conociera la cantidad. Cierra con cerrojo esa puerta. Vamos a contar. ni el «papel» que repre-sentaba la condesa en él. ¿Anotado? Otros diez mil francos. Primero abrió el estuche de cuero y luego el cofre de hierro. Un instante después. Otros mil.-¡Es esto! -dijo la dama lanzando una mirada de desagrado al cofre cubierto de cuero. ¿Anotado? Billetes más pequeños habrían veni-do mejor. Éstos te pueden poner en terribles apuros. ¡Escribe! Y así sucesivamente hasta que todo quedó contado. Luego vinieron los billetes.

El viejo estaba al borde de un ataque de nervios. o Planard o lo que quiera que fuera se acercó hasta mí mientras se quitaba los guantes. fíjese. -¡Graciasa Dios. . -¿Qué? ¡Que le parta un rayo! -bramó el conde-. permanecía sentada. es decir. No me quedaba tampoco la menor duda en cuanto a la causa del estado en que me encontraba. ni siquiera recordar para mí solo. tras colocar en ella el joyero de la condesa y mi cofre. y la inminencia de la muerte corporal se aplaza al antojo de quienes deciden sobre nuestros tormentos inhumanos. sino al vacío. Piensen ustedes en la típica pesadilla. ¿por qué no me liquidaban rápidamente? ¿Qué obstáculo podía haber para aplazar la catástrofe que aceleraría su propia salvación? No puedo referir con palabras. miró en dirección de la habitación oscu-ra que había más allá y aplicó el oído. Inmediatamente después de realizar estas operaciones. en un sueño en el que los objetos y el peligro son reales. Quitó el cerrojo a la puerta. de bruja. que metió en el bolsillo. En medio de aquel estado angustioso. Planard. La dama y él volvieron a mirarme con ansiedad durante un rato. empezó a echar pestes contra Planard a causa de su retraso. cuya descripción me resulta imposible de hacer. La dama parecía menos impaciente. Pero.Desesperación Un momento de esperanza tan violenta como peregrina. ¿Quieres que te traiga una vela? Mi amigo el marqués de Harmonville. -¿Se conformará con esa cantidad? -preguntó la dama. ¿Es que no tiene conciencia? Le juraré que es la mitad del lote.fuerte disimulada en la pared y. de manera que yo la veía de perfil. sin mirarme ya a mí. y luego el viejo conde empezó a refunfuñar contra Planard por segunda vez mientras cotejaba su reloj personal con el de la pared. Volvió a cerrar la puerta y regresó. y con él los terrores de la desesperación. de una esperanza que era casi una tortura. Mi última esperanza se desvaneció al ver sin careta aquel rostro hastia-do. ¡Qué extraño aquel cambio tan repentino! Ahora su rostro tenía un aire sombrío. -Mire. -He apartado diez mil francos para Planard -dijo palpándose el bol-sillo de su chaleco. la cerró. vi cómo se abría lentamente la puerta de la estancia donde había visto el ataúd y cómo hacía su entrada el marqués de Harmonville. CAPÍTULO XXV . Ahora supe que iban a culminar su robo con un asesinato. luego vino un diálogo. que por fin has venido! -exclamó el conde. sujetándolo por el brazo con ambas manos y tirando de él hasta donde me encontraba yo. Todo ha salido a la perfección. en silencio. el espantoso terror que se apoderó de mí.

se interrumpiría la evaporación y le encontrarían en el estómago una materia extraña. con-vertido así. en doctor. volviéndose a sus compañeros -esto lo supuse por el soni-do de su voz-. -¿En el café caliente? -Sí. -¿Cuántas gotas le han administrado? -preguntó el marqués. -No me cabe la menor duda. di la verdad. bajo el pie de este Cupido. Acto seguido me abrió la camisa y aplicó el estetoscopio a mi pecho. -¿Cuánto tiempo hace exactamente? Le dije que se fijara en la hora exacta. dijo: -Setenta gotas. . Me volvió a mirar a los ojos y me tomó el pulso. en voz muy baja. Me pasó la mano por la frente y luego estuvo un rato mirándome a los ojos. me pare-ció un fragmento de membrana vegetal. El experimento que hice con él en su carruaje fue sólo de treinta gotas y pude comprobar que tenía un cerebro sumamente sensible. un poco más a este lado -dijo mientras. con la oreja pegada al auricular. por lo que pude ver. me miraba con gravedad. -Y bien. di la verdad -la apremió el conde. ¿comprenden? Si tuviera usted alguna duda. mudándolo de una parte a otra. Vamos. Tiempo de sobra. Luego puso sobre mis labios algo que. sesenta en el café caliente y diez en el licor. mientras mantenía la cabeza lo más alejada posible para que su aliento no la afectara. Se necesita una larga carrera de culpa para subyugar por completo a la natu-raleza e impedir esos signos exteriores de agitación que sobreviven al bien. levantó la cabeza y se dijo nueva-mente a sí mismo: -Ha cesado cualquier acción perceptible de los pulmones. aun suponiendo que diez se desperdiciaran. El minutero se encontraba exactamente aquí. ¿qué opina? -susurró el conde. -Acción suspendida -dijo para sí. -Setenta -dijo la dama. como si tratase de oír un sonido muy lejano. parte de ella venenosa. -Si muriera. Después. -Sí -dijo en soliloquio. como bien saben. inclinado sobre mí.-La vela. de repente. ¿Está segura de no haberle administrado más de setenta? -Segurísima -sentenció la dama. lo más indicado sería practicarle un lavado de estómago. -Y eso hice. el doctor me estaba tratando con la frialdad con que se dispone a un cadáver antes de impartir una lección de medicina. No sería conveniente matarlo. Por su parte. -Mi querida Eugénie. Me pareció que la voz baja y dura de la condesa temblaba un poco. deberían mantenerlo paralizado durante seis horas y media. doctor. Estoy completamente segura -replicó.

los instintos de la vida intactos y ninguna excitación perturba la apreciación de este horror completamente nuevo. La dama pasó a la habitación en la que yo había tomado mi traicio-nero café. -Por supuesto. tornando inútil cualquier persecución. estos intrigantes me dejarán en la cama para que me recupere como buenamente pueda. pensé. pero pronto me resultó claro que sus planes eran bien diferentes. ¿eh? -No puedo decirlo mientras no lo sepa. Luego me enfilaron la prenda que el doctor había llamado mi cami-són. mientras aprovechan para escapar con su botín. -Eso ya lo arreglaremos en su momento. ¿no? -dijo el conde. debemos proceder con premura. que anudaron bajo mi barbilla. y ya no volví a verla. -Así que no lo quiere decir a un amigo. señalándome a mí con el dedo. volviendo con un rollo de lino en la mano. El conde tomó una vela y franqueó la puerta situada en el extremo de la habitación. ¿Están aquí su camisón y su sosiega? Ya me entienden. a pesar de la urgencia del momento. en silencio. La naturaleza y finalidad de aquella atención para con mi persona me resultaban harto extrañas. -Es hora de que lo tumbemos. -Supongo que se marchan de Francia -dijo el ex marqués. -Y ¿adónde piensan ir? -Eso no lo hemos decidido aún -contestó rápidamente. tarea que despacharon en pocos minutos.. y no quedará en su estómago ni una par-tícula de fluido. La evaporación será completa. yo todavía no sospechaba nada. Tal había sido mi gran esperanza hasta entonces. -Sí. Mañana mismo -contestó el conde. más pare-cido a los que utilizan las mujeres que a los masculinos. Y ahora. me resultó tranquilizador oír que no tenían inten-ción de asesinarme. ha llegado el momento en que debe retirarse. Este negocio ha resultado ser muy poco provechoso. aquí están -contestó el conde.-Entonces durará probablemente siete horas. los dos procedieron a desnudarme. En cualquier caso. -Sí. cuando la mente está límpida.madame-dijo el doctor volviéndose a la dama y hacién-dole. Primero cerró con llave una puerta. Quien no haya pasado por ello no conoce los terro-res de la muerte próxima.. Y ahora. . -Entonces. un sayal que me cubría hasta los pies. una reverencia-. Luego se recuperará. así como un gorro. y luego la otra.

El ataúd estaba vacío. uno junto al otro. que era muy metódico. Traté de rezar en aquel momento de pánico sobrehumano. Oí un cuchicheo y luego el ruido de pies que se arrastra-ban. no pude verlo hasta que lo hubieron acercado junto a mí. perecería allí dentro de la manera más horrible que se pueda imaginar. en uno de los tres armarios empo-trados que se hallaban disimulados en la pared. Arrastra-ban algo que producía un ruido sordo y prolongado. El conde. los vi entrar de espaldas por la puerta. Y ahora. me encontraba sostenido por éste. asegúrese también de que quedan bien juntos antes de cubrirlos con el sudario. con su nom-bre en la placa encima de mi pecho y una tonelada de barro sobre mi ataúd. de pie sobre un extremo del ataúd. pero como se habían interpuesto entre el objeto arrastrado y yo. en caso de que mi desaparición despertara alguna sospecha. Era el ataúd que había visto antes en la estancia conti-gua. se exhumaba el ataúd y se examinaba el cadáver en él encerrado.El conde y Planard entraron juntos en la estancia situada justo enfrente de mí. Entonces. ni el más exhaustivo examen podría detectar rastro alguno de violencia. después de llevar varias horas en la tumba. las órdenes pertinentes enPère Lachaise y había abonado los gastos del entierro del inexistentePierredeSt. y hasta había escrito a algunos amigos míos de Inglaterra diciéndoles que no esperaran carta mía durante tres semanas por lo menos. Yo mismo había dado. se plantó a los pies del ataúd y echó una última mirada general.Catástrofe -Parecen buenos caballos. Planard levantó la tapa. Me ceñiré a describir lo que ocurrió. es preciso tenerlo todo terminado para antes de las tres y media. lo vi con meri-diana claridad. Si. Yo mismo había contribuido a dar falsas pistas a la policía. juicio final y tormento eterno lograron distraerme de mi destino inmediato. cuando me despertara de aquella catalepsia.Amandera una farsa para despistar a la policía. Un instante después. y. y firmado. yo lo mantendré en posición vertical para que usted le meta los pies en el ataúd. alisándome con cuidado los encajes de la pechera y los pliegues del sudario. No me empeñaré en describir lo que es de por sí indescriptible: el horror en estado puro que se había adueñado de mi alma. encerrado en su ataúd. hizo un lío con ella y la guardó.cuyo lugar iba yo a ocupar. cogió mi ropa.Amand. aunque habrá que cambiarlos por el cami-no -iba diciendo Planard-. CAPÍTULO XXVI . ningún análisis químico podría detectar huella alguna de veneno. El funeral deSt. Luego. ¡horror!. tal y como me quedó grabado en la memoria . Ahora comprendí su abominable plan. Lo habían dejado en el suelo. Planard me extendió los brazos en paralelo a mis costados y. En medio de mi júbilo culpable. al parecer de satisfacción. Dé a los hombres un par de napoleones. sin dejarme escapatoria alguna. como había indicado Planard. por algún capricho de la curiosidad o de la sospecha. pero sólo pensamientos de terror. la muerte había llamado a mi puer-ta. vamos. luego. pegado al sillón en el que yo estaba arrellanado. poco a poco me fueron dejando caer. Aquel ataúd estaba destinado a mí. según oí decir después.

pues unos segundos después deslizaron una tabla cerca de mi rostro. y sin ninguna dilación. Yo me he permitido asegurarle. Entró en la habitación desde la estancia en que había estado anteriormente el ataúd. lo cual podría haber dado pie a algunas conjeturas. se preparó para dirigir el duelo con el mayor dramatismo posible. -Los empleados de pompas fúnebres están en el vestíbulo -dijo el conde. -El conde deSt. pudiendo sólo distinguir lo que se pronunciaba clara y distintamente. No me dejaron mucho tiempo para tratar de adivinar lo que iban a hacer conmigo. Planard fue el primero en llegar. no como llegó entonces hasta mis oídos (oía de una manera demasiado imperfecta e interrumpida para poder perge-ñar una narración fidedigna). pondré mi casa y mis llaves a disposi-ción de sus investigadores tan pronto como me comunique qué mer-cancías de contrabando se están buscando concretamente. gabinetes y armarios empotra-dos pueda haber en su casa. se movía con cierta arrogancia. por cuanto sé. -Por supuesto -exclamó el conde con voz firme. Haga el favor de sujetar un extremo mientras yo sujeto el otro. El conde se puso los guantes negros y. Tras ajustar bien todos los tornillos. Sí pude oír el forcejeo de un destornillador y el chirriar de varios tornillos según los iban introdu-ciendo. que .Alyre asistir al funeral de su pariente. esta orden de registro deberá bastar para probar al señor conde que tengo instrucciones precisas para proceder a un registro general. y de que una porción de ellas se oculta en esta casa. y cuyos rápidos pasos oyó ense-guida aproximarse. un caballero que desempeña un cargo importante en el departamento de policía. con un pañuelo blanco en la mano. Estaba algo detrás de la cabecera del ataúd. el doctor Planard dijo que iba al vestíbulo a llamar a los mozos encargados de llevarse el ataúd y colocarlo en la carroza fúnebre. al cual le han informado de que grandes cantidades de mercan-cías de contrabando inglesas y de otros países se han distribuido en este vecindario. esperando la llegada de las personas que acompañaban a Planard. los dos hombres arreglaron la habitación y dispusieron el ataúd de manera que quedara perfectamente centrado sobre las guías. pero con el sem-blante súbitamente empalidecido-. los sonidos me lle-garon desde entonces de manera más apagada. Después. cuantas habitaciones. Ha venidomonsieurCarmaignac.de manera perdurable.Alyre me disculpará -contestó Carmaignac algo secamente-. Ni la voz de Jehová hablando entre truenos me habría resultado más espantosa que aquellos ruidos vulgares. a efectos de la inspección reglamentaria. sino según lo que supe después por algu-nas personas. pues el conde no quería bajo ningún concepto que hubiera en la habitación algo que delatara precipitación o desorden. El resto lo debo relatar. dejándome completamente a oscuras. que no hay nada más falso que dicha información y que usted no tiene ningún tipo de inconveniente en abrir de par en par. Siento tener que comunicarle una inte-rrupción bastante inoportuna. por haberse anticipado a mí. Su actitud había cambiado sensiblemente. espero que permita al conde deSt. -Monsieurlecomte-dijo mientras franqueaba la puerta seguido de media docena de personas-. mi querido amigo. -No deben entrar hasta que hayamos cerrado el ataúd -dijo Planard-. Gracias. -MonsieurCarmaignac. pero mis superiores me prohíben revelarle dicho extremo. Monsieur.

. Otra mirada rapidísima a Planard. peroPhilippe-un hombre calvo y con el rostro más tiznado que el de un carbonerodejó en el suelo una caja de cuero de herramientas. Mis instrucciones son bien precisas. Perfecta-mente. semejante profanación. yo debo actuar como si sospechase de todo el mundo. Se trata simplemente de levantar la tapa. señor. se rompió al colocar el último tornillo. No. los criados son a veces tan ingeniosos. Si todo está en orden.. señor. Lo conozco demasiado bien..monsieur. pero no conoce tan bien como yo las artimañas al uso entre los criados. -Me refiero al cadáver.Amand?Pobre hombre. siento decirlo.Philippe. yo registro.Monsieurlecomteno debe suponer en ningún momento que yo sospecho de él. éstos se alinearon como una hilera de setas...yace aquí muerto. Además. -Por supuesto quemonsieurlecomtecree lo que dice. y le doy mi palabra de honor que en ese ataúd no hay 3 nada más que el cadáver. -N. seleccionó un destornillador y. -Las cosas que yo busco -dijomonsieurCarmaignac.. no puedo permitirlo. ¿Cómo no iba a reconocer a PierredeSt.. Vi de nuevo la luz. usted habrá tenido el gusto de ver otra vez... -¡Ah! Entonces lo ha visto usted.monsieur. pero tenemos un deber que cumplir.monsieurPierredeSt. -Lo siento. Cuando me ordenan registrar.. -dijo el conde. tras echar un vistazo al ataúd y tantear con la uña las cabezas de los tornillos. -Pero.replicó el conde con tono perentorio acercándose al ataúd y extendiendo los brazos sobre él-.quita la tapa de ese ataúd. y cuyo cadáver va a trasladar hastaPèreLachaise una carroza fúnebre que está lista para par-tir en la puerta. Por ejemplo. la última-vez. El conde intercambió una rápida mirada con Planard. manifiestamente apenado. a su amado pariente. Lo he reconocido al instante. sólo un momento. que suelen estar bastante avezados en el arte del contrabando. el destornillador. -No habrá tal. -Por supuesto.Amand-contestó el conde con altivez.. ya se sabe. no puedo decir con seguridad qué es lo que contiene ese ataúd. Pero confío en que este retraso no les ocasione ningún problema. como usted ve -intervino Planard señalando con el dedo el ataúd-. supongo. como es de suponer. Claro que sí. a veces se ocultan cosas tan extrañas en lugares tan extraños.. esa herramienta. -Discúlpeme. -¿Que si lo he visto? Tantas veces. -Eso. supongo -insinuó el caballero. -El cadáver de mi pariente. y..cabrían en un espacio muy reducido.Es decir. que . con unas hábiles vueltas a cada uno de los tornillos. y la tapa cayó a un lado. eso no puedo permitirlo. No puedo tolerar semejante indignidad. Levantemos la tapa. Usted permanecerá en esta habitación.pero tengo órdenes estrictas al respecto. A ver. de la que. El conde protestó.monsieur. descuide. -El tiempo suficiente para reconocerlo.

Alyre.». Dios mío! ¡Si hubiera podido simplemente soltar un alarido! Veía cómo el careto pardusco y mezquino del pequeño conde me miraba fijamente desde el otro lado. como este caballero me pone trabas para asistir a las exe-quias de mi pariente. El conde miró en dirección de la puerta. sacó el traje que mis secuestradores habían metido allí apenas dos minu-tos antes. No está bien hacer trabajar más de la cuenta a personas que cobran un sueldo moderado por el trabajo nocturno.Alyre. Debe de haberlos robado a una persona llamada Beckett. uno de ellos con las inicia-les «R. a fe mía. -Espere unos minutos -insistió impertérrito Carmaignac-.Philippe.creía haber visto por última vez.«Mr. no está muerto. le ruego asista al funeral en mi lugar. sino simplemente drogado. -Planard. Como mi estado cataléptico me obligaba a mirar de frente y fijamente.intenta abrir ese armario con la llave maestra. -Aquí hay tarjetas de visita. aquí hay un reloj y un montón de sellos.Beckett. Es probable que esa ropa sea suya. Pareció desagradablemente asombrado.Berkeley Square». mando arrestar aNicolasde la Marque. Lleva usted toda la razón. En este momento soy yo el único que da aquí órdenes con relación al ataúd. no se preocupe. Y. el cortejo saldrá dentro de unos minutos. el reloj aún tiene cuerda. ¡Oh. -Si no la tiene a mano. recuperando el valor-. Primero debo pedirle la llave de ese armario -agregó señalando en dirección del armario en el que acababan de esconder mi ropa. Hace diez por lo menos que no lo he visto abierto. y-el funeral debe seguir adelante. y también un pañuelo marcado con las iniciales «R. una vez abierto el armario. a quien despedí hará un año. Quiero ver lo que hay dentro. -Yo.nosabría decirle -contestó el conde-. No sé nada del con-tenido de ese armario. tenía la llave. ¿De quién es esa ropa? -preguntó Carmaignac cuando.El hombre del ataúd. No hay nada aquí de lo que busco.. Pero el eje de mi visión seguía inmóvil. oh maravilla. Había también en la habitación otros dos agentes. la situación se estaba volviendo insostenible. Hubo también otros rostros que me echaron un vistazo. Un criado sinvergüenza. -Mi querido conde deSt.dice la tarjeta. por donde estaba entrando un gendarme... Y. ya veo -dijo Carmaignac. el rostro del seudomarqués también me miraba. Mandaré a alguien a buscar la llave... B. Vi cómo la cara de Carmaignac se inclinaba sobre mí con un curioso fruncimiento de ceño. -Ya veo. me parece. conde de St. hace siglos que no se usa.. llamado Lablais. señor. Por su manera de mirarme. R. B. .monsieur. -Le ruego pida a su operario que vuelva a colocar la tapa del ataúd y la asegure bien con los tornillos -dijo el conde.» Ese criado Lablais debió de ser un consumado granuja. -Se me ocurre que podría haber robado también esta ropa -prosiguió Carmaignac. -Pues.Pues. y. por haberle robado y trata-do de asesinar..Amand. Beckett. graves y fornidos. el cual en ese caso seríamonsieurBeckett y nomonsieurdeSt. Naturalmente. -En efecto. en aquel momento sólo veía el techo. pero no caía en la misma línea recta de mi visión. me pareció que no me había reconocido.al hombre que está en ese ataúd. retirándose-.. Sólo que. yo no tengo nada que objetar -dijo el conde-.

pero fácilmente reco-nocible por el artífice que lo había confeccionado. Molde que encajaba a la perfección con la placa de oro hallada en la mandíbula de la calavera. entre cuyo número me contaba yo. inmediatamente por encima del tobillo. siendo el pro-pio GabrielGaillardeel que había acabado ocupando el ataúd. El resultado fue que el ojo de cristal que había ocupado el lugar del perdido seguía aún en su cuenca. quienes lo habían dejado sin blanca. Se abrieron varias tumbas enPèreLachaise. por algu-nos cabos sueltos que había logrado atar.se había inscrito un nombre falso. Esta estratagema. donde lo habían reajustado. ligeramente descolocado. En aquel caso concreto. colaborasen en crear el misterio que hacía defi-nitiva su propia destrucción. con dos gendarmes sentados a cada lado. de factura muy parti-cular. que lee el corazón de los hombres. Desde hacía tiempo venía sospechando.» Y. y estaban demasiado descompuestos para ser reconocidos.a quien a duras penas habían logrado mantener callado hasta entonces. bajo la dirección de Planard. ora suplicando impíamente a «Dios. La otra era la de mi jovial amigo Whistlewick. que había acudido a identificarme. que habían sido el conde deSt. El coronel se había enfurecido por la pérdida de su hermano menor. sobre cuya tapa -al igual que sobre la lápida sepulcral. Aquel GabrielGaillardehabía sufrido una grave caída de un caballo desbocado unos cinco años antes de su misteriosa desaparición. el viejo bandido era apresado. fueron conducidos directamente a laConciergerie. de lo contrario. mintiendo y delirando de esta guisa.cuyo molde. que desde hacía tiempo venía consideran-do patrimonio propio para cuando la muerte se llevara a su hermano de este valle de lágrimas. Estas medidas sencillas me restauraron en el espacio de unas tres horas aproximadamente. ora protestando. Antes debo decir unas palabras sobre mi persona. Más fácil aún de reconocer fue su dentadura. La persona para la que se había encargado la tumba era puramente ficticia. Hacían que sus víctimas. ora amenazando. de índole muy dis-tinta. y más aún por la de su dinero. tan ingeniosa como monstruosa. pero que ahora estaba completamente al servicio de la acusación.Amand.Alyre y su bella compañera.Un instante después. A esta sospecha vinieron a sumarse otras más siniestras todavía. Allí se añadieron al concierto general dos voces. probablemente habría seguido bajo los efectos de la droga unas siete horas. que uno de los dentistas más mañosos de París había adaptado para las encías del talGaillarde. fue sacado a rastras de la habitación y colocado en el mismo coche celu-lar en que se encontraba ya su bella y criminal cómplice. también pre-viamente arrestada. había sido llevada a cabo con éxito en su caso. se abrió una investigación. Sólo uno fue identificado. había conservado por fortuna. Los cuerpos exhumados llevaban allí demasiado tiem-po. correspondía también al lugar donde se había fracturado la pierna GabrielGaillarde. además de sufrir una fractura en la pierna derecha. Enseguida contaré cómo hicieron fracasar aquella conspiración con-tra mi propiedad y mi vida. un granuja tan redomado como sus compinches. Por supuesto. como es lógico. debido a las peculiaridades del accidente. Me colocaron en un baño caliente. condesa o no. y oí cómo solta-ba con su voz discordante una vehemente e inconsecuente perorata. accidente en el que había perdido un ojo y algunos dientes.que de hipótesis con . Una era la del fanfarrón coronelGaillarde. en un principio más a consecuencia de la rabia -lo que le inducía a creer lo que fuera.un tal GabrielGaillarde.conocido del empleado que se había encargado de tramitar el funeral. Había mantenido el mayor secreto en cuanto a las heridas sufridas en el rostro. La trama de aquellos infames conspiradores se había urdido con una habilidad y un sigilo consumados. que también habían seguido con-migo. Era muy probable que a mí me hubieran reservado el mismo honor con el seudónimo dePierredeSt. el acta de defunción la había firmado -y dado la orden de inhumacióny abonado los gastos. y. La rotura del hueso por encima del tobillo. La identificación fue curiosa.

El resultado fue que él impuso las condiciones de su propia libertad. sin ni siquiera honrar a mi amigo el marqués de Harmonville con una visita a su confortable castillo. después de haber salvado el pellejo. Creo que sólo me queda referirme a dos detalles suplementarios. Pero. «por los pelos». Se me tildó de zopenco. los ladrillos que vi en la estancia del ataúd habían sido transportados hasta allí envueltos en paja para hacer creer en la existen-cia de un cadáver y evitar las sospechas y contradicciones que podría haber originado la llegada de un ataúd vacío al castillo. Esto. su especial belleza. los magníficos brillantes de la condesa fueron tasados por un joyero y vendidos por unas cinco libras a una reina de la tragedia que andaba necesitada de un aderezo de oropel.en caso de que fracasara Planard. e incluso hicieron de mí varias caricaturas. El marqués salió bien parado. no había resultado tan agradable como había esperado. Lejos de abordarme con ánimo hostil. un incidente fortuito dirigió al coronel sobre la buena pista. Fue ella quien. ino-centón y tonto. le devolvió el buen humor. sería capaz de aportar las necesarias prue-bas médicas. descubrí que fui más bien objeto de pitorreo -bondadoso pero despectivo-. La condesa había sido años atrás una de las actrices más destacadas en la pequeña escena de París. Huelga decir que la policía actuó con suma precaución para poder recoger todas las pruebas conducentes a constituir un acta de acusación condenatoria. En segundo lugar. para mi mortificación personal.se hallaban en peligro. Mi viaje a París. me convertí en una especie de personaje público. Hasta había mandado venir a un médico famoso. me dio cortésmente la mano asegurán-dome que consideraba el bastonazo que le había propinado en la cabeza como un revés recibido en una lid un tanto irregular pero de cuya justi-cia y validez no le cabía la menor duda. Yo hice de principal testigo de cargo en aquella cause célèbreydisfruté de todos los atractivos que se derivan de tan envi-diable cometido. En primer lugar. admirablemente disfrazada. A la bella Eugénie le asistieron circunstancias atenuantes -al parecer. se convirtió en informador de la policía y concertó con ella la visita realiza-da al castillo de la Carque en el momento crítico en que se pudiera coger al conde y a sus cómplices con las manos en la masa y tener pruebas fun-dadas para la acusación. como dijo mi amigo Whistlewick. pueden creerme. que. tuve la candidez de creer que iba a ser objeto de un interés considerable por parte de la sociedad parisiense. su cómplice. fue ejecutado.fundamento. Finalmente. de donde había sido rescatada por el conde para que se convirtiera en su cómplice principal. El coronelGaillarderecuperó parte del dinero de su hermano. había espiado mis docu-mentos durante el memorable viaje nocturno a París y quien había interpretado el papel de maga dentro del palanquín con ocasión del baile . saca-do de la fortuna no muy boyante del conde y de la soi-disante condesa. Un capricho del azar puso sobre aviso al granuja de Planard de que los conspiradores -incluido él mismo. El conde. dignidad «parala que no había nacido» yde la que huí tan pronto como pude. junto con la ejecución del conde.y la condenaron a sólo seis años de cárcel. Es decir. pero.

EL FANTASMA Y EL COLOCAHUESOS Mientras echaba un vistazo a los papeles de mi ínclito amigoFrancisPurcell -que Dios tenga en su santa gloria-. toda vez que intensificaba el misterio y hacía que el profeta se mantuviera vivo en las conversaciones de la gente y en los pensamientos de los bobos con quienes éste había dialogado.cuyos hábitos y gustos literarios eran en muchos aspectos más refinados que los de los estudiantes de Maynooth. Aquel sofisticado embuste había tenido por objetivo mantener vivo mi interés por la bella condesa. pues nuestro párroco era un concienzudo coleccionista de antiguas tradiciones locales. su testamento dejó en mis manos todos sus documentos manuscritos. Tal vez convenga añadir que la superstición ilustrada por el siguiente relato -a saber. durante su primer período de ultratumba.de disfraces en Versalles. a abastecer a sus compañeros de cam-posanto de agua fresca para calmar la sed ardiente del purgatorio. Como suele decirse. Tengo motivos sobrados para agradecer al misericordioso Señor del universo aquella temprana y terrible lección sobre las imprevisibles celadas que nos puede tender el maligno. Yo repartí el resto del verano y el otoño entre Suiza e Italia. Pero también dejó en mí otros sentimientos más graves y profundos.por consideración para con los callos de su añorada esposa. pero yo nunca había sabido que su afición a lo maravilloso y lo fantástico lo había llevado a poner por escrito los resultados de sus investigaciones hasta que. interés que temían pudiera desfallecer. que el último cadáver enterrado está obligado. La horrible impresión que produjo en mi espíritu se debió en buena parte a la simple acción de mis nervios y mi cerebro. me condujo -aun-que aún debieron pasar algunos años.a una concepción más feliz. Es un docu-mento más entre otros muchos parecidos. La introducción de un cadáver real -procurado por una persona que abastecía a los anatomistas de Parísno implicaba ningún peligro real. El que esto escribe da fe de un caso en el que un labriego respetable y acaudalado de la comarca deTip-perary. de las que ya no es el caso ponernos a hablar aquí. La recogida y ordenamiento de tales leyen-das era. La mascarada también había tenido como objeto seleccionar a otras víctimas potenciales. y no por ello menos seria. me tropecé con el documento que adjunto más adelante. A quienes piensen que la redacción de tales escritos desentona con el carácter y modo de vida de un cura de pueblo no les vendría mal recordar que existió una raza de sacerdotes -los de la vieja escuela. todavía lo recuerdo. con objeto de mitigar la fatiga de sus inevitables excursiones en busca de agua para repartirla entre las sedientas ánimas del purgatorio. una raza ahora prácticamente desaparecida. en que abun-daba la región donde residía. uno para los días secos y otro para los húmedos. su principal hobby. de la vida. aquella vivencia hizo de mí un hombre más experimentado que amargado. uno ligero y otro pesado. en mi calidad de «legatario residual». que marcaron definitivamente mi vida.goza aún de plena vigencia en el sur de Irlanda. que durante casi cincuenta años había desempeñado la ardua tarea de párroco en el sur de Irlanda. Eran famosos los terribles conflictos que se . metió en su ataúd dos pares de borceguíes de cuero.

que había instruido durante mucho tiempo a la avispada juventud de su parroquia natal en las artes y ciencias liberales que juzgaba conve-niente profesar. salvo que era algo aficiona-do a la bebida. En fin.que así se llamaba mi padre. y seguro que nadie recordaba a un colocahuesos -niño. aten-ción. que Dios se apiade de todos nosotros.habían producido entre dos comitivas fúne-bres camino del cementerio. cuandosirPhelim salía de viaje. como una especie de atención para con aquella vieja familia. que la palabra de mi padre era tan fiable como el juramento de cualquier gentilhombre del país.Terry Neil. y me atrevería a decir que no hay mozo en ninguna de las siete parroquias que la cuente mejor ni más deprisa que yo. No mucho después.. él acudía siempre a declarar en su favor. donde estaba su retrato. pero. empleadas pensan-do sin duda más en su efecto eufónico que en la corrección de las mis-mas. como iba diciendo. Pero no entretendré al lector con más preámbulos. acudían a su casa desde los lugares más distantes para que les recolocara los huesos. como se podía ver dándose una vuelta por las tabernas del lugar. esto no viene a cuento-. Se podrían citar asimismo otros muchos casos parecidos que muestran la vigencia que tiene todavía esta superstición entre los cam-pesinos del sur. por cierto. y romper botellas y vasos. quiéralo Dios. se dirigió al camposanto por un atajo y. que era un hombre honesto y sobrio. esta historia tan extraña es más cierta que dos y dos son cuatro. tenía la costumbre de pasear en medio de la noche desde que se le había reventado un vaso sanguíneo al intentar sacar el corcho de una botella -cosa que cualquiera podría haber inten-tado. y . nada más natural pues nadie podía competir con él en recomponer con tanta habilidad la pata de una silla o una mesa. y seguro que lo intentará alguna vez. y puedo asegurar. y. cada cual empeñada en asegurar a su falle-cido la prioridad en la sepultura. y lo mismo digo trabajando la madera y reparando árboles viejos y otras cosas por el estilo. circunstancia que puede explicar la presencia de varias palabras algo fuertes en el transcurso de la narración. en fin. Y no había nadie como él en toda la comarca que trabajara la tierra igual de bien. de la manera más fidedigna posible. y someteré en cambio a su consideración el siguiente: Extracto de los papeles manuscritos del finado Rvdo. todo iba viento en popa. que Dios lo tenga en su santa gloria. una zona bastante amena. Pero era costumbre que. de Drumcoolagh: Voy a narrar la siguiente historia tratando de emplear. maña-na y tarde. saltándose a la torera uno de los más arrai-gados prejuicios. bajo el viejo castillo. pero eso no tiene importancia. Así pues. Así pues. por miedo a dejarse arrebatar por el otro fallecido esta inestimable ventaja. paso ya directamente a someter a su consideración las portentosas aventuras deTerry Neil: Recórcholis. que era el caballero más cabal que había parido madre. pasó el ataúd por encima del muro para adelantarse así al que estaba haciendo su entrada por la puerta en aquel mismo momento. por cierto. Pues bien. y me enorgullece decirlo. las mismas palabras del narrador. harto desagradable pues a nadie se le ocultaba que en el viejo castillo ocurrían cosas raras. y la consiguiente exención del impues-to que gravaba a los familiares del último en ser enterrado. y se la oí contar a él mismo muchas veces. joven. ocurrió otro caso en el que una de las dos partes. Tal vez conven-ga observar que éste era lo que se suele llamar un hombre «bien habla-do». señorías.. Así pues. Los vecinos decían que el abuelo del amo. y te digo también que. las pobres personas que se habían roto un brazo o una pierna y no podían poner el pie en el suelo. al ver que le iban bien los nego-cios compró un pequeño terreno junto a la propiedad del caballero Phalim. algunos de los arrendatarios se quedaran vigilando en el viejo cas-tillo.más hábil ni más famoso en todo el país. hombre o viejo. Y fue así como le dio por dedi-carse a la reparación de piernas rotas. si a algún pobre hombre lo llevaban a juicio.FrancisPurcell. el viejo caballero solía salirse del cuadro de la pared. pues fue a mi propio padre a quien le pasó.

« ¡Vaya fastidio!». los dos bajaron a la cocina mientras el fuego prendía en el salón. ron-dando por la casa y haciendo toda clase de travesuras. dijo mi padre para sus adentros.beber todo lo que encontraba -qué vergüenza. pues no quería queLawrencesupiera que tenía miedo. señorías.Lawrence-dijo. volvía a su lugar.Terry. y pueden estar seguros de que mi padre no hizo ascos a aque-lla invitación.» Pero no tenía escapatoria.pues hay un viejo nido de grajos en la chimenea. y luego. Así.estoy simplemente cerrando los ojos para que no les entre el humo del tabaco y no se pongan a llorar. a la caída de la noche. Y.. Así. -En el vestíbulo no se puede encender la lumbre -dijoLawrence-. y acto seguido se echó un trago de whisky para ahuyentar el frío de su corazón. como les iba diciendo. quien salió a abrirle. lo que no tardó en producirse. y a la tercera noche le tocó el turno a mi padre. el viejo picarón. y. Llovía bastante y hacía una noche oscura y tenebrosa cuando mi padre llegó y se roció con agua bendita. como si en su vida hubiera roto un vaso. al poco tiempo subieron y se sentaron conforta-blemente junto a la chimenea del salón.-Ah. a fumar y a beber un poco de whisky. -Así es imposible seguir hablando -dijo mi padre-. loado sea el Señor. una de whisky puro y otra de agua bendita. algunos de los arrendatarios tuvieron que quedarse de guardia en el castillo. al ver quién era.eso no puede ser -dijoLawrence-. hay que observarla en toda regla. Pues bien. en cierta ocasión la fami-lia del castillo se fue a Dublín a pasar un par de semanas. pues sabía que el cuadro del caballero estaba colgado en el salón. estuvieron conversando y fumando juntos de la manera más agradable. como iba diciendo. Y Larryle dijo: -Encenderemos un pequeño fuego en el salón. si entraba alguien de la familia. pues no está bien que la gente como yo se siente en el salón. Pues bien.LawrenceConnor.y empezaron a hablar. Fue el viejo mayordo-mo. se dice para sus adentros. pues era bastante viejo y estaba acostumbrado a dormir mucho. Señor-. y ese viejo espíritu vagabundo. ¿Es que no te das cuenta de que te estás durmiendo? -Por todos los demonios -dijoLarry-.muy bien. me parece una buena idea. Así que no te metas tanto con tus semejantes -agregó con tono . -¿Y por qué no en el vestíbulo? -preguntó mi padre.. lo invitó a pasar la noche charlando. y decidió tomar la cosa con buen ánimo. señorías. «tener que pasar toda la noche en vigilia. mi padre y él se llevaban muy bien desde siempre. cosa lógica en él. reparen en esto. «Al diablo con la vieja costumbre». subió al castillo con dos botellas. con una expresión de absoluta inocencia en el rostro. hasta que aLawrenceempezó a entrarle el sueño. y al decirle mi padre que le tocaba a él montar la guardia en el castillo. y el fuego de carbón mineral y turba ardía estupendamente y les calentaba las canillas. Vamos entonces a la cocina. como de cos-tumbre. -Recórcholis -dijo mi padre-.Si queremos observar la vieja costumbre. -Oh.

como si estuviera quitándose la chaqueta de montar. hombre! A mí me tenía que pasar esto. si lo hacía. -Recórcholis -dijo mi padre-. al ver mi padre que no servía de nada amonestarlo. pues la contó como si le fuera en ello la vida mientras trataba de mantener despierto al viejoLarry. el viejo taimado -y ésta fue. éste se iría a la cama con toda seguri-dad y lo dejaría completamente solo en aquella habitación. Bueno. no haría ni tres minutos que había cesado la tormenta cuando mi padre creyó oír un ruido un tanto extraño enci-ma de la chimenea. la peor jugarreta de todas. una historia bastante divertida. se le ocurrió de repente que. Por mucho que lo intentaba no podía dejar de mirar de vez en cuando al cuadro. que Dios lo tenga en su santa gloria-. y dar luego un salto sobre la chimenea para caer de pie sobre el suelo. -dijo al darse cuen-ta-. señorías. que habría bastado para mantener despierto a un lirón y. Pero hubo una cosa bastante extraña que he olvidado referirles.lo primero que hizo fue quedarse mirándonos atentamente a ver si estábamos dormidos. sigue con tu historia. pues tenía un carácter muy fuerte.. antes de que llegara la historia a su final. No lo molestaré al pobre. cuando se hubo despachado bien. pensó incluso que los muros del castillo iban a derrumbarse en medio de una conflagración universal.aunque en realidad sus esfuerzos no le sirvieron de nada pues. abrió los ojos rápidamente. él se quedó ronco y.brusco. Así pues. ¿No es bastante duro lo que me pasa a mí? ¡El muy villano dice que es mi amigo y luego se me duerme de esta manera. -Y arrastró un sillón hasta donde estabaLawrencey se puso lo más cómodo que pudo. Después de un descomunal rugido del viento. Pues bien. a lo que iba. y ¿qué vio? Nada menos que al viejo caballero saliendo del cuadro. Y. y eso que tenemos aquí una botellita para hacernos compañía! ¡Por los clavos de Cristo! -volvió a exclamar. -¡Por vida en la mar serena! -exclamó mi padre-. Pero como seguía igual de nervioso. pero de repente la tormenta cesó y la noche se volvió más apacible que una velada de julio. Y. señorías. se puso a pasear por la estancia y a rezar tan intensa-mente que empezó a sudar (me perdonen sus señorías).. prosiguió con su historia. si he de morir. la manera como la contó mi padre creo que nunca había sido antes superada ni lo sería des-pués. lo cual era mucho peor aún. que te estoy escuchando -agregó mientras volvía a cerrar los ojos. ojalá tuviera yo la mente tan sosegada como elLarry.Si consiguiera dormir un poco.. Por cierto. Además. fue la historia deJimSoolivan y su vieja cabra la que contó. Venga. Y. cuando iba a dar un achuchón aLawrencepara despertarlo. según creyó mi padre. pues.LarryO'Connor ya estaba ron-cando como un hipopótamo. ¡Ojalá que yo pudiera dormir así también! Dicho lo cual.. ¡Qué mala suerte tuve el día que me mandaron venir a este maldito lugar! De todos modos. para impedir que un cristiano comoLawrencese durmiera. unas veces fijamente y otras guiñándole un ojo. -Ah -exclamó-. -¡Vaya. se trincó casi medio litro de licor a ver si así se tranquilizaba un poco. volvió a colocarla con cuidado en el sitio de antes y se puso a pasear por la habi-tación con aire tan sobrio y paso tan firme como si no hubiera . alargó la mano y agarró la botella de whisky y se trincó por lo menos medio litro. y al final observó que el personaje del retrato lo seguía con la mirada a todas partes. por una parte. mejor respirar a gusto. no sirve de nada asustarse ahora. por la otra. con mayor razón. No está bien en un amigo ni en una persona con principios importunar al que está durmiendo. y en cuanto vio que así era. mi padre trató de mantener la calma y hasta estu-vo a punto de quedarse dormido de no haber sido por la manera como atronaba la tormenta y crujían las ramas de los árboles y silbaba el viento a través de la viejas chimeneas del castillo.

tú eres un hombre respetable (y no le faltaba razón). al menos eso había oído decir al padre Murphy. cuando se trata de arreglar cosas como ésta -dijo dándose un golpecito en la pierna-. -Eso es también una gran verdad -volvió a convenir mi padre (aun-que era una gran mentira. yo me dirijo a quien es . que el olor a azufre le impidió respirar y le dio un ataque de tos que casi lo tira al suelo. -¡Ay! -se disculpó mi padre-.Terry Neil? -Pues aquí estamos. el cual sabía de aquello más que nadie -el pobre ya murió. Terence Neil. mejor dicho para lo que he bajado (mi padre tomó buena nota de aquel desliz. -Gracias.. siempre que pasaba por su lado. cuyo rostro se iba volviendo rojo de furor-. -Bien -dijo el espíritu-.Yo siempre fui un buen amo para PathrickNeil. De todos modos. sintiéndose algo mejor-. Me asombra cómo puedes tener la inso-lencia de sermonear a un caballero acerca de su alma. ejemplo de sobriedad para toda la comarca. -Y. Aunque yo era más sobrio que la mayoría de los hombres (al menos que la mayoría de los gentilhombres). lo que es más. cacho zopenco? ¿Dónde te has dejado los modales? Si estoy muerto. -Eso es una verdadera lástima -exclamó mi padre-. No es en mi alma en la que estoy pensando. Y ahora escúchame bien. Tal vez desee su señoría hablar con el padre Murphy. Pero mi padre. Pues bien. ¿Que Dios me tenga a mí en su santa gloria? ¿A cuento de qué. pues sabía que era azufre lo que ardía en el infierno. -¿Que Dios me tenga en su santa gloria? -repitió el espíritu. ¡que Dios se apiade de todos nosotros!. -Terence -dijo el caballero-. como tendría derecho a estarlo. y aunque en diferentes períodos fui un cristiano bastante aceptable. Usted fue siempre un gentilhombre muy educado. un hombre trabajador y serio. ignorante gañán. y sumamente caritativo y humano con los pobres.tomado ni una gota. deteniéndose a dos pasos de mi padre y volviéndose hacia él-. Así que eres tú el que está aquí.. mi padre casi ni se había inmutado hasta que el espíritu pasó a su lado. miserable canalla -dijo el caballero-. -Y que lo digas -refrendó el caballero-. por pequeño que pareciera). señoría -asintió mi padre. pues estaba más muerto que vivo-. notaba un fuerte olor a azufre. pero no tenía más remedio que seguirle la corriente). Es un honor para mí poder ver a su señoría aquí esta noche.señoría -dijo mi padre. señorías. y la gente como tú no tiene por qué soltármelo a la cara cada dos por tres -exclamó con un taconazo en el suelo que hizo retumbar el entarimado. y esto fue lo que más lo asustó. -¡Caramba!-exclamael caballero. Que Dios lo tenga en su santa gloria. que Dios lo tenga en su santa gloria-. con perdón de sus señorías. a pesar de todo ello no estoy a gusto donde me encuentro ahora. no es culpa mía. ¿Qué. para servir a su señoría -dijo mi padre con la poca voz que le permitía el miedo. Soy desde luego un pobre hombre idiota e ignorante. no ha sido para que me cuentes tu triste vida ni para conversar con un tipo como tú para lo que he subido aquí. tan cerca.. -Eso es cierto por mi honor.tu abuelo.. creo que siempre fui un caballero sobrio y cabal -agregó el otro. cómo te va. -Sujeta la lengua.

no es mi alma lo que más me preocu-pa. y él se hallaba tumbado boca arriba. así. la gente donde me encuentro es terriblemente aficionada alagua fría. que me rompí en el cobertizo de Glenvarloch el día que maté al negro Barney. agarró con fuerza la pierna y empezó a tirar y a tirar hasta que el sudor empezó a bajarle por la sien. antes me tomaré un traguito para no desfallecer -dijo el caballero alargando la mano hacia la botella con el pretexto de que se encontraba débil. so necio -exclamó el caballero-. y lo peor es que allí hace muchísima calor y a mí me han encomendado la tarea de ayudar a llevar elaguas aunque me dan muy poco a cambio. que no seré yo el insolente que haga semejante cosa a una persona tan eminente como su señoría. hijo del diablo! -exclamó el caballero. Por tu salud. pese a lo astuto que era. pues. una tarea de lo más engorrosayaburrida. -¡Tira más fuerte. le salió mal la treta pues cogió la botella equivocada-. ydesde luego mucho más de lo que me convendría. Me preocupa mi pierna derecha. Sólo sirvo para hacerlo con personas de mi nivel. el caballero salió despedido por encima de la mesa. de lo contrario. a la que quie-ro que le des un achuchón o dos hasta que encaje el hueso en su sitio. -Bueno. y eso es todo. a quien no le hacía ninguna gracia andar toqueteando a un espíritu-. Terence -brindó-. déjate de monsergas. Y precisamente lo que más me fastidia es la invalidez de mi pierna. alzó la botella de agua bendita. -Bah. arréglamela bien. y te diré por qué me preocupa mi pierna. si bien. por todas las Potestades y Dominaciones que no dejaré un hueso de tu esqueleto sin triturar. Toma. que es lo que más ansía. con la pata de un butacón viejo arrancada de cuajo en una mano. -Como mande su señoría -dijo mi padre. -Oh. En el lugar en el que paso la mayor parte del tiempo. Mi padre fue aquella mañana a ver al padre . Cuando volvió en sí. para tu conocimiento. mientras el viejo Larryseguía durmiendo y roncando más fuerte que nunca. salvo el pequeño recreo de que dispongo para echar un vistazo por aquí. pero tan pronto como ésta hubo rozado sus labios dejó escapar un grito tan espantoso que pareció que el techo y los muros se iban a venir abajo y le entraron unos ataques y convulsiones tan terribles que la pierna se le descoyuntó y quedó atrapada entre las manos de mi padre.) -Espero -dijo mi padre. No es mi alma -prosiguió sentándose enfrente de mi padre-. y mi padre cayó de espaldas al suelo en medio de la habitación. aquí está mi pierna -dijo el caba-llero levantándola para que se la cogiera-. pues. -Sujeta esa lengua. el alegre sol matutino se filtraba entre los posti-gos de la ventana. y ahora tira con todas las fuerzas que te queden. sepa su señoría -dijo mi padre.experto en la materia. te lo puedo asegurar. Mi padre tiró como un poseso. mi padre comprendió que no le valía escurrir el bulto.que a su señoría no le preocupe haberlo matado. (Mi padre explicó después que se trataba de un caballo de carreras que había sufrido una grave caída al saltar la gran valla que rodea la cañada. tengo que andar mucho más de lo que andaba antes. Al oír aquello. Dicho lo cual. ya que todos están siempre sedientos y beben más agua de la que pueden transportar mis piernas. -¡Más aún! -aulló el caballero.

El curioso tratamiento de la luz constituye. ya por haber perdido su pierna. ni hay nadie que pueda imponer su mano sobre nosotros dos. en cuyo primer plano aparece una figura femenina ataviada con una especie de túnica blanca. pese a que éste es ciertamente exquisito. como si fuera a desenvainarla de un momento a otro. único foco de luz que ilumina su figura y su rostro. pues registra fidedignamente una escena extraordinaria y misteriosa. y lo que contó lo creyó todo el mundo. Mi bisabuelo. Sin embar-go. la sobrina de Gerard Douw.Murphy. que conoció bien al pintor. Y en verdad que así es. que le cae desde la misma cabeza. el caso es que nadie supo que hubiera vuelto a pasearse por allí. un retrato perfecto de RoseVelderkaust. y casi en la más completa oscuridad. que . pues. salvo el contorno de su silueta definido por el tenue arrebol de una vela agonizante. el principal mérito aparente del cuadro. rostros y situaciones que han existido en la realidad. Y digo aparente porque su verdadero valor estriba en el tema y no en el tratamiento. Este cuadro singular posee algo que le imprime carácter de realidad. sobre todo porque prácticamente no volvió a hablar de ello nunca más. en el rostro de la figura femenina que ocupa el lugar más destacado del cuadro. En segundo plano. ya fuera porque no le había gustado el líquido. este atuendo no es hábito de ninguna orden religiosa. se aprecia la figura de un hombre vestido a la antigua usanza de Flandes en actitud de alarma. El cuadro en cuestión muestra el interior de lo que podría ser la cámara de algún antiguo edificio religio-so. y desde entonces hasta el día de su muerte nunca dejó de confesarse ni de ir a misa. como es habitual en todas sus obras. sino escenas. o fantasma. y eterniza. Y. el cual esboza una de esas sonrisas enigmáticas que tan bien sientan a una mujer bonita cuando está tramando una jugarreta. en cuanto al caballero. le oyó contar a él mismo la terrible historia del cuadro. Hay algunos cuadros que nos impresionan y asombran por la mane-ra especial en que representan no simples formas y combinaciones idea-les que han pasado por la imaginación del artista. La figura sos-tiene en la mano una lámpara. de mí su vara y deje de amedrentarme su estampa. Aparte. el primero y me parece único amor de Godfrey Schalken. la mano sobre la empuñadura de la espada. SCHALKEN EL PINTOR «Pues es un hombre con el que no tengo nada en común. » Hay una obra extraordinaria de Schalken que se conserva bastante bien.

Pero había ganado el corazón de su queridaRose Velderkaust. la tradición oral que circula asociada al mismo. tan tosco. Y su amor no quedó sin recompen-sa. aunque tímida. durante la cual tendría que hacer frente a innúmeros obstáculos. se enamoró perdidamente de la bella sobrina de su adinerado maestro. -¡En qué maldito momento se me habrá ocurrido pintar este tema! -exclamó el joven-. si hemos de creer lo que se cuenta. una perturbación tan extraña y misteriosa que torna inútil toda investigación y arroja sobre la propia historia una sombra de terror preternatural. ay. si me dan la venia. Y ahora. obstinado y desaliñado en el cenit de su celebridad. y cuyas manchas se dispuso ahora a limpiarse en sus holgados calzones flamencos. A pocas personas les sienta tan mal el manto del romance como al zafio Schalken. maldito santo! En aquel momento oyó cerca una especie de resoplido seco que le hizo volverse bruscamente y percatarse de que su trabajo estaba siendo observado por un desconocido. ¡Maldito cuadro. a pesar de su temperamento flemático. Así pues. aunque todas ellas en vano. hombre desgarbado pero diestro pintor de óleos que deleitan a los críticos de nuestro tiempo casi tanto como sus modales repugnaron a los refinados de su tiempo. La paciencia del joven pintor estaba agotada. poseía la delicadeza y gentileza que acompañan a las bellas y rubias doncellas flamencas. A un metro y medio por detrás de él se hallaba un anciano envuelto en una capa y tocado con un sombrero cónico de ala ancha. . Primero tenía que labrarse un nombre y ganarse la independencia profesional.luego le regaló. entre los pliegues de la capa. Mientras con una mano se apartaba de la frente sus luengos mechones. El relato y el cuadro se han convertido en una especie de patrimonio de nuestra familia. Un día en que Schalken se hallaba trabajando en el taller después de que sus compañeros se hubieron marchado ya a sus casas. que llevaba protegida por una especie de guantelete. En sus años jóvenes Schalken estudió con el inmortal Gerard Douw. y no se atrevía a pedir al viejo Gerard la mano de su preciosa pupila. Era una composición reli-giosa que representaba las tentaciones de un rechoncho san Antonio. en sus días menos gloriosos pero más felices fue el protagonista de un exaltado romance lleno de misterio y pasión. El joven artista poseía suficiente discernimiento. como anochecía deprisa. sin embargo. con la otra blandía el trozo de carboncillo que tan mal había cumplido su cometido. dejó a un lado los colores y se aplicó en terminar un esbozo en el que había puesto un empeño extraordinario. y. maldito diablo. pese a no tener una espe-cial inclinación religiosa. eran numerosas las raspaduras y correcciones de que habían sido objeto el santo y el demonio. una vez descrito el lienzo. sabía que le esperaba una época dura llena de incertidum-bres y desabrimientos. El joven pintor la adoraba y amaba con toda su alma. Se sentía furioso y mortificado ante aquella producción inacabada. y. Pero había algo que empañaba su júbilo: era pobre y desconocido. se distinguían los eslabones de una cadena del mismo metal. así. Era el pintor más dichoso y orgulloso de toda la cristiandad.RoseVelderkaust era más joven que él. como prueba su perdurable celebridad. El sol ya se había ocultado y el agonizante crepúsculo estaba deviniendo en noche oscura. para no sentirse satisfecho de su obra. Un buen día le declaró sus sentimientos y arrancó de ella una res-puesta afirmativa. una cabeza maciza de oro. Schalken llevaba unas dos horas traba-jando de esta guisa. este hombre. destinados a sufrir un inesperado contratiem-po. lo cual suponía media batalla ganada. a la luz del último resplandor del crepúsculo. Huelga decir que sus esfuerzos se intensificaron a partir de entonces y que. en el pecho. y. en la mano. Pero aquellos intensos esfuerzos y las esperanzas que los sostenían y embellecían estaban. se vieron coronados por el éxito. voy a intentar relatar. portaba un largo bastón de ébano rematado por lo que parecía. En la espaciosa y vieja estancia reinaba un gran silencio. sin éxito aparente. pues no había alcanzado aún los diecisiete años de edad. y.

. El joven sintió curiosidad por. desea hablar con él mañana.. acercán-dose a la ventana para ver a los transeúntes que pasaban por la calle oscura donde se hallaba situado su estudio. No habría resultado fácil adivinar la edad del intruso. de Rotterdam. Transmitido el mensaje.. sin mirar a derecha ni izquierda atravesó el pasillo que hacía poco había atravesado -si es que no seguía allí todavía-. ¿Se había esfumado como por ensalmo. pues no había ninguna otra salida. señor -contestó el aprendiz. pronto saldremos de dudas. tuviera tiempo de articular una respuesta.con paso rápido pero silencioso. sobre un asunto de especial importancia. más frecuentemente. junto con su porte firme y tieso. ¿Qué puede querer de mí?= Lo más seguro que le haga un retrato. su misterioso visitante. sea lo que sea. -dijo para sí Gerard Douw cuando se. ora deteniéndose a mirar el trabajo de alguno de sus alumnos ora.. de Rotterdam. conjuró todo el valor que le quedaba y. sin atreverse a respirar siquiera hasta que salió a la calle. Lo cual lo dejó harto perplejo. Bueno. -Pues entonces ya se acerca la hora -dijo el maestro. Así que se llama Minheer Vanderhausen. y a tal fin se dirigió veloz a la ventana. con un esfuerzo sin duda desproporcio-nado con la no probada gravedad del momento. ver qué dirección tomaba aquel burgués de Rotterdam al salir del estudio. desde la que se podía ver puerta de la calle (entre la puerta del estudio y la de la calle había u pasillo bastante largo. Así. O alguien con una colección que tasar. se quedaron vacíos. Sin embargo. consultando un reloj grande y redondo como una naranja-. Había llegado de nuevo el final de la jornada y todos los caballetes. y había un algo tan extraño y hasta se podría decir tan aterrador en su perfecta. tan pronto se hubo repuesto de su sorpresa. -Minheer Vanderhausen. ¿no es así? -Así es. pétrea. salió de la habitación antes de que Schalken. ¿no? . Gerard Douw se había puesto a pasear por la estancia nervioso e impaciente. 0. permitían supo-ner que sus años no sobrepasaban la sesentena. O tal vez se trate de un pariente pobre que quiere ser aprendiz mío. salvo el de Schalken. tras cerrar bien la puerta y meterse la llave en el bolsillo..acercaba la hora convenida-. En mi vida había oído ese nombre hasta ayer. no hay nadie en Rotterdam que me pueda dejar una herencia. Godfrey -exclamó Douw volviéndose a Schalken tras una larga y minuciosa indagación desde su puesto de observación. Minheer Vanderhausen. y a ser posible en esta misma habitación. -Un hombre ya mayor y ricamente vestido. señor. tranquilidad que el irritado artista consiguió reprimir el amago de comentario hostil que había empezado a aflorarle a los labios. por la noche a esta misma hora. Aquella persona des-prendía tanta gravedad e importancia. No. -Di a Gerard Douw -sentenció con el mismo ademán impasible.que la hora fijada eran las siete de la tarde según el reloj del Ayuntamiento? -Acababan de dar las siete cuando lo vi. Eso es todo. por lo que Schalken sabía que el viejo y extrañar visitante no habría podido alcanzar la calle entre tanto. cuyo sombrero impedía que se le vieran los rasgos de la cara.. quela quitó las ganas tanto de seguir solo en la habitación como de aventurar-se a salir al pasillo. o tal vez se había escondido en un rincón del pasillo con algún fin siniestro? Esta última posibilidad suscitó en su ánimo una vaga desazón. de Rotterdam.La estancia estaba tan oscura que no se veía nada más allá de aquel personaje.que Minheer Vanderhausen. pero cierta cantidad de pelo negro que le asomaba por debajo del sombrero.) Pero esta maniobra suya resultó vana. el desconocido se volvió bruscamente y. lo invitó educadamente a tomar asiento y le preguntó si traía algún recado para su maestro. -¿No dijiste.

invitó al desconocido a tomar asiento. tú te quedarás a esperarlo. -Entonces que lleve este cofre a un joyero para que tase el valor de su contenido y vuelva con el certificado de la tasación. bien. aunque tampoco muy viejo. Mientras decía aquello. no podía ser joven. un día antes. Iluminado por una lámpara. Claro que. le pareció a Schalken. Éste ocultó su preciosa carga bajo los pliegues de la capa y. puesto que ya lo conoces. el sonoro reloj del Ayuntamiento empezó a des-granar las siete campanadas. De acuerdo con las órdenes del desconocido.. el cual quedó tan asombrado de su peso como de la brusquedad con que el desconocido se lo había dejado. los ojos de maestro y aprendiz se habían quedado fijos en la puerta y Douw esperó a la última campanada para exclamar: -Bien. Gerard Douw pudo ver a la misma figura que. colocó un cofrecito de unos veinte centíme-tros cuadrados en manos de Gerard Douw. la retiraron parcialmente. había saludado tan inesperadamen-te a su alumno Schalken. así. -¿Es de total confianza este hombre? -preguntó Vanderhausen vol-viéndose hacia Schalken. al final. según la primera impresión del judío. -Aquí llega. y casi blanca por el paso del tiempo. a modo de admoni-ción. Penetró en la tienda y. señor -dijo Schalken en voz baja. sin dudarlo se quitó el sombrero y. parecía estar enteramente recubierto de plomo. Apostaría una docena de florines a que su señoría se habría quitado rápidamente la careta pidiendo piedad para un viejo conocido. Había algo en el porte de aquel personaje que al punto convenció al pintor de que no se trataba de ninguna mascarada. y su atuendo era rico y austero. de la mejor calidad. pues. que se había situado detrás de su maestro. Godfrey.-Sí. contenía un montón de lin-gotes de oro. sacó de la capa el cofre de Vanderhausen. El visitante hizo un amago de movimiento con la mano. -Así es -contestó el visitante lacónicamente. se lo dio a Schalken para que fuera a cumplir el encargo. -De total confianza -confirmó Gerard. con la superficie muy arañada y ensuciada. cuya planta baja estaba ocupada a la sazón por una orfebrería regentada por un judío. En aquel momento. por lo que pude ver -contestó el alumno-. atravesan-do velozmente dos o tres callejuelas.. Protegidos por dos o tres capas de lino. ¿no es así? -dijo Gerad Douw. sino que se hallaba realmente en presencia de alguien importante. Éste. pero permaneció en pie.. si no. resulta ser una farsa monta-da por Vankarp o algún bromista como él? Me gustaría que hubieras tenido valor para liarte a palos con el viejo burgomaestre. con un saludo cortés.¿y si. de Rotter-dam. tras pedir al pequeño hebreo que lo llevara al lugar más secreto. como agradeciendo este gesto de cortesía. aquí me tiene. en espera de sus órdenes. pronto recibiremos a su señoría. como el que suelen llevar los burgueses acaudalados y respetables. -Tengo el honor de estar ante Minheer Vanderhausen. se detuvo en una casa que hacía esquina.. si es que tiene inten-ción de ser puntual. y debajo apare-ció un cofre de madera dura. perfectamente colocados y. estuvo tocando y sobando todos y cada uno de los lingotes del glorioso metal con un pla-cer . que también abrieron con cierta dificul-tad. -Creo saber que su señoría desea hablar conmigo -continuó Douw-. Volviéndose bruscamente hacia la puerta.

Con anterioridad. -Deseo -dijo el misterioso caballero.poner en sus manos cuanto antes la prueba de mi riqueza como garantía de mi trato generoso para con su sobrina. en cuya ocasión vi. -No trate de embarullarme. usted es su tutor y ella su pupila. como tampoco podía presumir de sus orígenes. junto con su dote. pero no se atrevió a expresar su sorpresa. que debía enteramente a la generosidad de su tío.Geralddecidió-y.especial. pensó. al margen de la prudencia y cortesía dictadas por la ocasión. sin saber por qué. Es el caso que deseo casarme con ella. pero debe comprender que ella dispone también de su libre albedrío y que puede no estar de acuerdo con lo que nosotros consideramos ventajoso para ella. y espero que. una vez que el aprendiz había marchado a llevar a cabo su encargo. para que disponga de la manera que le parezca más adecuada para los intereses de su pupila. y semejante oferta no se podía despreciar aunque proviniera de un tipo raro o de una persona de presencia no demasiado atractiva. y. Esa suma quedará en manos de usted. a su sobrinaRoseVelderkaust. aquel desconocido. pues éstos distaban mucho de ser linajudos. pues. qué hermosura! Después del escrutinio. deberá cerrar el trato aquí y ahora.qué perfección! ¡Ni un grano de aleación! ¡Qué belleza.todo el tiempo que estuvo en presencia de aquel estrafalario desconocido. plenamente convencido de que aquella fortuna era extraordinariamente favorable a su sobrina. habida . señor pintor -soltó Vanderhausen-. Con el ansiado documento en el bolsillo y el magnífico tesoro bien guardados bajo la capa. el pintor notó una especie de frío y opresión -como dicen que ocurre cuando uno se encuentra junto a un objeto que produ-ce antipatía natural. si le convenzo de que soy más rico que cualquier hombre con el que usted haya podido soñar casarla. y Gerard Douw. Ella será mía si así lo dispone usted. -No me cabe la menor duda -dijo Gerard. El muchacho volverá dentro de un par de minutos con una suma cuyo valor es cinco veces superior a la fortuna que su sobrina tiene derecho a esperar de su marido. el judío certificó de su puño y letra que el valor de aquellos lingotes sometidos a tasación ascendía a no sé cuántos miles de táleros. los volvió a poner en su sitio mientras exclamaba: -¡Mein Gott.de que la alianza que usted propone sería a la vez ventajo-sa y honrosa para mi sobrina. pues tenía una dote muy modesta. encontró a su maestro y al desconocido conversando porfiadamente. sensación que no le permitió decir nada que pudiera ofenderlo en lo más mínimo.Roseno podía esperar un casa. Vanderhausen se había dirigido a Gerard Douw en los siguientes términos: -Esta noche no puedo entretenerme con usted más que unos minu-tos. será exclusivamente para ella mientras viva. Usted visitó la ciudad de Rotterdam hará unos cua-tro meses. por lo que trataré de resumirle en pocas palabras el asunto que me ha traído hasta aquí. tras dos o tres carraspeos preliminares. en la iglesia de San Lorenzo. secundará mi solicitud haciendo uso de la autoridad que le asiste. después de examinarlos detenidamente. al entrar al estudio. El hombre de Rotterdam avanzó un poco mientras le hablaba. rezó para sus adentros para que volvie-ra pronto Schalken. Gerard Douw quedó enormemente sorprendido de la comunicación que acababa de hacerle Minheer Vanderhausen. ¿No le parece una disposición generosa? Douw asintió. Si aprueba mi propuesta. en cuanto a las demás objeciones. pues no puedo esperar cálculos ni dilaciones. debía de ser a la vez muy acaudalado y generoso. Schalken volvió sobre sus pasos y.miento demasiado bueno.

etcétera. «Le gusta salirse conla suya. -dijo Douw con un esfuerzo enor-me-. su oferta es generosapero. -Bueno.no prestarles atención por el momento. Y Godfrey Schalken fue testigo..cuenta de las costumbres de la época. -Ni una hora más -dijo el pretendiente con ademán impasible. Mientras decía esto sacó una cajita con material de escribir. -Volveré mañana a las nueve de la noche a ver al objeto de nuestro contrato. Dicho lo cual. como ya hemos dicho. pues ya me estoy aburriendo. . de Rotterdam. -En cuanto a mi respetabilidad -dijo el desconocido con tono cota. y Gerard firmó aquel importante documento. pensó Douw.tante-. pero. preguntó: -¿Da su consentimiento? El pintor le dijo que le gustaría disponer de otro día para reflexionar. Yyo le haré ver que lo considero indispensable. Wilken Vanderhausen salió raudo de la estancia con un saludo frío.» -No se comprometerá usted innecesariamente -dijo Vanderhausen adivinando y parafraseando misteriosamente lo que acababa de pensar su interlocutor-. pero se comprometerá si es necesario. independientemente de las dudas que yo pueda tener para cerrar el trato de inmediato. Es un buen trato. sin saberlo. no logrará saber de mí más que lo que yo decida revelarle. no pienso comprometerme innecesariamente. Haga el favor: de no aburrirme con sus preguntas. Gerard Douw. no tengo derecho a rechazar su oferta. el extraño visitante lo plegó y metió con parsimonia en un bolsillo interior. Ya tiene suficientes garantías de mi respetabilidad: mi palabra. si no hay más remedio.debe usted darla por descontada por el momento. y mi oro. de un acto que lo privaba para siempre de su queridaRoseVelderkaust. antes de una semana a partir de aquella fecha. tenía derecho a ello. entregaba en matrimonio a Wilken Vanderhau-sen. Sin embargo. a su sobrina. pero Vanderhausen le dijo que esperara. se dispu-so a retirarse. supongo. -Señor -dijo dirigiéndose al desconocido-. y acto seguido entregó a su vez el cofre y el certificado a Gerard Douw y permaneció un rato en silencio mientras éste cotejaba ambas cosas con lo estipulado en el contrato que tenía en sus manos. Doy mi consentimiento. Mientras el pintor leía con atención dicho contrato a la luz de un titilante candil colgado en la pared opuesta.RoseVelderkaust. -Que este joven sea testigo del trato -dijo el viejo pretendiente. Dicho lo cual. entró en el estudio y. Finalmente. tras hacer entrega al desconocido del cofre y de la tasación efectuada por el judío. Gerard Douw. Una vez firmado el contrato. -Entonces firme inmediatamente -dijo Vanderhausen-. alguno en enterarme enseguida al respecto.. si es usted mezquino. si es usted honorable. es el caso que desconozco absolutamente todo sobre su familia y rango. pensándolo bien. Si le convence el oro que voy a dejar en sus manos. antes de que me vaya debe usted haber firmado este compromiso. le pasó un documento en el que figuraba por escrito que él. Pero supongo que no tendrá usted reparo. «Es un viejo bastante irritable». y no desea que mi propuesta se retire de inmediato. Schalken.

si le hubiera pedi-do la descripción de su futuro esposo. En todo esto no había nada particular-mente objetable. de haberlo esta-do. estaban las sillas de alto respaldo. los ademanes. compuesto por Rose. da la orden de que nos sirvan la cena a las nueve. llevaba las manos enfundadas en un par de guantes de cuero espeso. Schalken no sospechaba todavía la amenaza que se cernía sobre el más querido de sus proyectos. el hechizo de amor que producen suele resultar irresistible para cualquier cerebro o corazón masculinos. La abertura delante-ra del gabán dejaba ver un traje muy oscuro. tesoro. y a cualquier tutor le habría parecido tan absurdo dar importancia a la atracción mutua en semejante acto contractual como redactar los vinculantes aspectos financieros del mismo en términos sentimentales. No quiero que piense que somos pobres o desaseados. El pequeño grupo. ansioso de despejar sus dudas. Gerard Douw mandó venir a su sobrina y. Confía en mí. Poco después. que le subían hasta más arriba de las muñecas. no porque previera oposición por su parte.Schalken. A las nueve en punto se oyeron unos golpes en la puerta de la calle y alguien fue rápidamente a abrir. cerca de la cual una mesa antigua. algo toscas pero sobradamente confortables. después de comer. Gerard llamó a Schalken. pero. que acababa de quitarse. estaba ya preparada para la cena. Siguieron unos pre-miosos pero decididos pasos primero escaleras arriba y luego a lo largo del pasillo. qué rostro! . y dispuestas en orden riguroso. que el tiempo apremia. aunque. Al día siguiente. esa preciosa carita te va a traer suerte. Sin embargo. unos calcetines de seda púrpura recubrían sus piernas. En una mano llevaba el bastón y el sombrero. En cualquier caso. aunque sus rasgos no habían sido vistos nunca antes por ninguno de los allí presen-tes. que pronto te casarás. de negro azabache. Espero a un amigo. para su asombro y casi terror. no sólo se habría visto obligado a confesarle que no había visto su rostro sino que tampoco sabía quién era realmente. por fin la puerta de la habitación se abrió lentamente e hizo su aparición un personaje que sobresaltó. un espectro ataviado como Minheer Vanderhausen. pero ¡Dios mío. los andares.-Rosese sonrojó y sonrió-. Gerard Douw tampoco estaba al corriente de la atracción mutua existente entre el aprendiz y su sobrina. Un fuego animado chisporroteaba en la chimenea. y le pidió que fuera a su casa a cenar en com-pañía deRosey Vanderhausen. alarmarse y esperar. se había acercado a la venta-na para ver desde allí la salida del desconocido. Gerard Douw y su aprendiz se encontraban en el seño-rial. que con los resplandores de la lumbre parecía de oro pulido. Dicho lo cual. que estaba a punto de mar-char a su sombría casucha. sino por simple miedo al ridículo. no vio salir a nadie. Por su parte. Al caer la tarde. que no le llegaba del todo a las rodillas. es poco probable que hubiera considerado esto como óbice para que se cumplieran los deseos de Minheer Vanderhausen. cuando se dan. Iba envuelto en un gabán oscuro.su tío y el joven artista. a su alrededor. a nuestros flemáticos holandeses(Roseestuvo a punto de proferir un grito de terror. Pero dejemos eso. tras mirarla de arriba abajo con aire satisfecho. y ten preparado el salón para las ocho de esta noche. la altura eran los mismos. y. Por supuesto que aceptó la invitación. Luego marchó del taller en compañía de su maestro. sin quitar los ojos de su bonita e inocente cara: -Rose. y ya por entonces antiguo salón. si bien hablaron muy poco por el camino. que se había engalanado para reci-bir al desconocido. la cogió de la mano y le dijo con tono paternal. pues a ambos les sobraban motivos para reflexionar. Es muy difícil que se den en una misma persona una carita y un temperamento como los tuyos. ponte todo lo guapa que puedas. mi querida mozuela. Sobre los pliegues de la le caían abundantes y luengos mechones entrecanos. se dirigió a la estancia donde estaban trabajando sus alumnos. a modo de guanteletes. y casi aterrorizó.mi pequeña. esperaba la llegada del visitante con especial impaciencia. y sus zapatos iban adornados con rosas del mismo color.) Era el esperado. y la otra le colgaba pesadamente a un lado. que le ocultaban por completo la nuca. pues. el pintor no comunicó a su sobrina el paso impor-tante que había dado con relación a ella. En aquella época el matrimonio era ocasióny objeto de trueque y especulación. Mira.

lo reconozco. contenía asimismo el compromiso por parte de Vander-hausen de hacer a su novia unas concesiones más espléndidas todavía que las que había esperado su tutor. aunque fuera diez veces más feo tose vía. -Querido tío -exclamóRose-. joven necia! -la conminó Douw. si bien. y. del muelle del Pescante. que cuando se cuentan pueden parecer poco relevantes. Sin embargo. Había algo indescriptiblemente raro. Vanderhausen privó al pintor de Leyden de su nefasta pre-sencia.¡qué hombre tan espantoso! No me gustaría volver a verlo ni por todo el oro del mundo. pero me consta que es rico y generoso.Cuando lo vi junto a la puerta no pude dejar de pensar que estaba viendo a la vieja estatua de madera poli. y el propio anfitrión apenas tuvo valor suficiente para articular unas cuantas frases de cortesía: el terror nervioso que inspiró la presencia de Vanderhausen fue tal que se habría necesitado muy poco para que sus anfitriones salieran huyendo despa-voridos. fruto de la ausencia de movimiento respiratorio en el pecho. para modificar su aspecto exterior. sin embargo. y. sugerían un estado indefinible de trastorno. -¡Silencio. también de la misma ciudad. aunque no pudo por menos de reconocer en su fuero interno la justeza de aquella comparación. todo su semblante despedía un aire sensual. de Rotterdam. era como si sus miem-bros estuvieran gobernados y movidos por un espíritu no acostumbrado a la maquinaria corporal. estaba decidido a no permitir ninguna alusión de su sobrina a la fealdad de su futuro esposo. los labios. El desconocido habló muy poco durante su visita. Querida. Estas dos peculiaridades. así. y de garantizar a la misma el usu-fructo de la manera más irreprochable posible: se dejaba el dinero en manos del propio Gerard Douw. Era curioso cómo aquel venerable desconoci-do parecía esforzarse por exhibir su carne lo menos posible. el pequeño grupo oyó cerrarse la puerta tras él. tío? -dijoRose-. había una especie de quietud fúnebre en toda su persona. eran casi negros. pese a no tenerlas tam-poco todas consigo-. es cierto que este hombre no tiene un rostro atractivo. Por fin. durante su visita no se quitó los guantes ni una sola vez. los ojos. Gerard rió. en conjunto. vale más que todos los petimetres emperifollados que se pasean por la calle mayor. de Leyden. cromada que tanto me asustó en la iglesia de San Lorenzo de Rotterdam. y. que presen-taban una proporción exagerada de blanco turbio. y. el que pareciera totalmente desprovis-ta del pavor misterioso que sentían hacia el desconocido tanto él como su aprendiz Godfrey Schalken. -¿Sabes una cosa. . en segundo lugar. por otra parte. maestro en el arte de la pintura. éstos conservaron la suficiente sangre fría para fijarse en dos cosas bastante extrañas de su visitante: durante todo el tiempo que estuvo allí sus ojos no se cerraron ni movieron una sola vez. Gerard Douw halló por fin el valor y la serenidad suficientes para invitarlo a entrar. estas dos virtudes bastarían para contrarrestar su deformidad:si no bastan. con una muda inclinación de cabeza. Un hombre puede ser más feo que el diablo y. maligno y hasta satánico. si su corazón es bueno y obra con rectitud. y hasta horrible. para alivio general. así como un paquete dirigido a Gerard Douw que contenía un contrato de matrimonio debidamente redactado entre Wilden Vanderhausen. que no excedió la media hora. terciopelos. en todos sus movimientos. sí bastan para que no lo consideremos un obstáculo. a tono con el resto del rostro. sobrina de Gerard Douw. no dejaba de agradarle bastante. yRoseVelderkaust. joyas. y. algo indefinible que no era natural ni humano.Toda la carne era de color azul plomo -esa coloración generalmente provocada por medicinas metálicas administradas en cantidades excesivas-. producen un efecto muy fuerte y desagradable cuando se ven y observan. A la mañana siguiente llegaron de varios puntos de la ciudad ricos presentes paraRoseen forma de sederías. Sin embargo. a la vez que le causaba cierta perplejidad. Después de permanecer un buen rato en el umbral de la puerta. etcétera. el desconocido penetró en la estancia.

tras un período de vacila-ción. pero nadie le facilitó una sola pista sobre el obje-to de sus pesquisas. cada día que pasaba su inquietud iba en aumento. Nadie había oído hablar en Rotterdam del tal Minheer Vanderhausen. Pero su búsqueda resultó vana. Menos de una semana después de la primera entrevista que acabamos de relatar. contrariamente a lo que él esperaba. Pasó dos días o tres sin acudir al taller. de la magnanimidad de los pupilos ni de los tormentos o arrobos de los amantes. el contrato de matrimonio quedó debidamente firmado. sumidos en una silenciosa y deliciosa melancolía. al ver lo que vio: aquellos extraños individuos posaron sobre el suelo una litera antigua de gran tamaño. habían llegado a Rotterdam al anochecer.para asegurarse de la seguridad y bienestar de su pupila. No se le alcanzaba cómo aquel hombre de aspecto tan honorable podía ser semejante villano. Bajó a mirar en el interior del vehículo y encon-tró una bolsa cuyo contenido triplicaba ampliamente la tarifa del viaje. sólo en cierto modo. A su llegada. por lo que no tuvo más remedio que regresar a Ley-den. y el novio. frivolidad e inmisericordia. aunque no se le alcanzaba con qué fin había actuado de aquella manera. con barbas en pico y mostachos. y. antes de que ésta se hubiera alejado demasiado. permanecían en sus manos sin que nadie los reclamara. que tenía los ojos empapados de lágrimas y las manos encogidas por el miedo. la pérdida de su gentil compañía lo había dejado muy deprimido. Poseía la dirección completa en Rotterdam de Minheer Vanderhausen y. Eso era todo lo que había visto. y a la promesa previamente expresada por ambas partes. una pequeña comitiva de hombres sobriamente vestidos. El cochero le dijo que. ni tampoco se habla de la crueldad de los tutores. para vencer la tristeza que solía invadirle principalmente al final de la jornada. casi convencido. sus digestiones se vieran repentinamente interrumpidas. Gerard Douw. El cochero había frenado al punto. decidió viajar a dicha ciudad -viaje que. unos dos kilómetros antes de entrar en la ciudad. estaban llamando con vehemencia. a la antigua usanza. a la que profesaba un sincero y profundo afecto. hasta la litera. sus temores se disiparon. era deglutida por las sombras de la noche. El relato que presento aquí rebosa de sordidez. pero que. sus temores aumentaban en vez de disminuir. en la que ambos se aco-modaron. luego volvió y. habida cuenta de lo tarde que era y de lo soli-tario que estaba el camino. se apeó y ayudó a la novia a hacer lo propio. con-siguió trabajar con mucho mayor empeño que antes: el estímulo del amor había dejado paso al estímulo de la ambición. pedía a Schal-ken cada vez con mayor frecuencia que lo acompañara a cenar. no entrañaba ninguna dificultad especial. después de lo cual condujo a ésta. se había cruzado en la carretera impidiendo el avance del carruaje. Una noche en que el pintor y su alumno se hallaban sentados junto a la lumbre. de que iban a ser víctimas de alguna fechoría. Los hombres rodearon luego la litera. Ciertamente. que debían exigirse en sumas trimestrales. que levantaron al punto y portaron en dirección de la ciudad.En esta historia no hay ninguna escena sentimental que describir. no tuvo ninguna noticia de su sobrina ni de su honorable esposo. se dirigió presuroso al establecimiento donde Vander-hausen había alquilado el pesado -pero para la época lujosísimo. aunque con menos alegría. Los inte-reses del dinero.carruaje que lo había llevado a Rotterdam a él y a su flamante esposa. Sin embargo. Aquel misterio se convirtió en motivo de permanente angustia y aflicción para Gerard Douw. El cochero holandés vio cómo. A partir de entonces. a la puerta de la calle. Transcurridos varios meses. y Schalken vio cómo el tesoro por cuya existencia habría arriesgado su propia vida le era arrebatado con solemne pompa por su repelente rival. Vanderhausen había come-tido un fraude en el contrato suscrito con él. Asimismo. y cada día que pasaba sin tener noticias de su sobrina. mejor dicho con desesperación. más perplejo y preocupado que antes de emprender aquel viaje. Las preguntas del criado que fue a averiguar la causa de aquel ruido tuvieron como respuesta nuevos y más violentos . tras abrir la portezuela del coche desde dentro. Gerard Douw no dejó ninguna casa del muelle del Pescante sin visitar. por cierto. tras una opípara cena. y no tenía nada más que añadir acerca de Minheer Vanderhausen y su bella dama. tras un largo viaje con varias etapas.

Una vez recobrado el conocimiento. Si lo hacéis. ¡Llamadlo inmediatamente! Gerard Douw despachó al instante a un mensajero y logró conven-cer a su sobrina para que se fuera enseguida a descansar a su dormitorio. pero su vesti-do los sorprendió tanto como su inesperado aspecto: llevaba una especie de sayo de lana blanca. que venga ya el ministro del Señor! -repitió en tono de súpli-ca-. El pintor y su alumno oyeron luego abrirse la puerta de la calle.golpes en la puerta. tan extraña como urgente. Venía muy sucia y perturbada por el viaje. levantando la vela para que su luz ilu-minara con mayor claridad el interior del dormitorio. Varias gotas de un sudor frío empezaron a deslizarse por su frente. penetró en pos de la sombra que se les había adelantado. . Tenía un aspecto sal-vaje y los ojos desencajados por el terror y el agotamiento. dijo: -¡Oh. ¡imagen más que mortal del hambre!. exclamó con la misma urgencia: -¡Comida! ¡Dadme algo de comer. nada más que los muebles. Desenfundó la espada y. Tras proferir estas misteriosas palabras. -¡No me dejéis sola ni un momento. Pero no vio a nadie allí. estoy perdida. o moriré! Sobre la mesa quedaba un buen trozo de cordero asado. Estaban entrando en esta habitación cuandoRosese detuvo de repente y. pero ésta se abrió brus-camente yRoseentró en tromba enlahabitación. pero. Al dormitorio de Gerard Douw se accedía a través de una estancia muy espaciosa. Dios mío! ¡Está ahí! ¡Está ahí! ¡Miradlo: anda por ahí! –gritó señalando hacia la puerta de la alcoba. y Schalken se aplicó de inmediato a cortarle un poco. o tam-bién pudo ser que otros pensamientos más turbadores y espantosos se hubieran apoderado de ella. que iba arrastrando por el suelo. pero no arrancaron su consentimiento hasta que no le hubieron prome-tido que no la dejarían sola ni un segundo. no se le ocultaba que algo había entrado furtivamente en la alcoba. pareció sentir de repente una gran vergüenza. ella se le adelantó: cogió ávidamente el trozo y lo desgarró y devoró como una fiera. Los dos consiguieron reanimarla después de mucho esfuerzo. Los muertos y los vivos no pueden ser la misma cosa: Dios lo ha prohibido. por el amor de Dios. por favor! -volvió a implorar-les-. deprisa! ¡O me dais vino (estoy perdida! Asustados por aquella petición. Schalken y él portaban sendas velas para que todos los objetos estuvieran suficientemente iluminados. Schalken creyó ver una silueta oscura e imprecisa penetrar en el dor-mitorio. cerrado a la apura del cuello. -¡Oh. Sin embargo. llamad a un ministro del Señor! -exclamó-. No me sen-tiré segura hasta que no venga. Schalken se dirigió a la puerta de la habitación. Cuando el paroxismo del hambre hubo amainado. con un misterioso siseo que a los dos les produjo un escalofrío de terror. se dejó guiar por ellos hasta el dormitorio. le ofrecie-ron al punto el vino. e inmediatamente después unas apresurados pasos escalera arriba. Sólo Él podrá liberarme.Roseexclamócoresa impaciencia que es fruto del terror: ¡Vino. Tan pronto como la pobre criatura entró en la estancia cayó desvanecida. La angustia con la queRoseles imploraba que no la dejaran sola ni un momento acrecentaba aún más su terror. que ella bebió can una prisa y una ansiedad que los sorprendió a los dos por igual. Después de beberlo. pues rompió a llorar amargamente y a retorcerse las manos: -¡Por favor.

trae otra vela! La oscuridad es peligrosa. y un segundo después se hizo el silencio. pero ésta no cedió ni un milímetro. retumbó desde la alcoba. como desde la cama a la ventana. Oyeron en la alcoba gritos incesantes. Para que entiendan cabalmente el suceso que voy a contar ahora es preciso aclarar antes la situación exacta de las distintas partes en juego. la puerta que separaba las dos habita-ciones se cerró violentamente detrás de él. . Schalken y Douw volvieron a emplearse a fondo para abrir la puerta. cediendo a su presión. olvidándose en aquel momento de sus reiteradas órdenes. Un último alarido. Dios lo ha prohibido. como empujada por un fuer-te viento. No me puede engañar. y los sonámbulos duerman. sobre todo. Gerard Douw. cerebro sutil y corazón frío. y hasta llegó a pasársele por la cabeza. pero antes de que tuviera tiempo de empezar. ¡Por el amor de Dios. y. exclamó: -¡Godfrey. no se vaya.y por deseo expreso de ésta. junto a la cama. sino sólo. El anciano sacerdote y Schalken se hallaban en la antesala. se hallaba su tutor. alarmada en extre-mo. como: «Que los desvela: dos descansen. o al menos eso creyó él. si queréis salvarme no os mováis de mi lado! Al final lograron convencerla para que se echara sobre la cama. con ese desgañitamiento que caracteriza al terror desesperado.» Hasta la llegada del sacerdote estuvo pronunciando frases inconexas de esta índole. Pero la ventana estaba abierta.a los buenos oficios del sacerdote cuyos auxilios tan urgentemente ella misma había solicitado. los precipitó dentro de la habitación. su actitud agreste y despavorida. que se hubiera escapado de algún manicomio y tuviera auténtico miedo de que sus per-seguidores pudieran atraparla. considerando su aspecto hosco. no se atrevió a hacerle ninguna pre-gunta para no reavivar recuerdos dolorosos y horribles que hubieran podido aumentar aún más su agitación. pues. en medio de la agitación del momento pasó a la sala contigua para traerle lo que pedía. El ancia-no sacerdote carraspeó. está conmigo. Está aquí cerca. Ya no oían rui-dos de ningún forcejeo ni brega. a quien Gerard Douw tenía en gran estima por ser un avezado polemista (sin duda era más temido por su combatividad que amado por su caridad) de moral infle-xible. pero los gritos parecieron aumentar en volumen mientras. En cuantoRoselo vio entrar en la habitación le pidió que rezara por ella como se reza por quien se encuen-tra en manos de Satanás y a quien sólo el cielo puede traer un poco de esperanza.Rosese hallaba acostada en la alcoba. a la que ya me he referido. y Schalken se subió a una silla para divisar la calle y el canal. De vez en cuando repetía: «Los muertos y los vivos no pueden ser lo mismo. tan largo y desgarrado que apenas parecía humano. tan pronto como aquél hubo traspasado el umbral. la fase final de un remolino en las aguas del ancho canal. desde donde no dejaba de suplicarles que permanecieran a su lado. Schalken y su maestro se precipitaron hacia la puerta.-Lo he visto -aseguraba ella-. lógicamente. entre tanto. decidió pedir consejo médico tan pronto como la mente de su sobrina se hubiera tranquilizado gracias . una repentina ráfaga de viento apagó la vela que iluminaba la estancia donde se hallaba tendida la pobre muchacha. Pero su aviso había llegado demasiado tarde. que el terror o los malos tratos hubieran perturbado la mente de la pobre muchacha. está en esta habitación. querido tío! -gritó la desdichada muchacha mientras saltaba de la cama y se precipitaba detrás de él para detenerlo. como si un momento antes éste se hubiera abierto para recibir un cuerpo pesado. se descorrían los pestillos de la ventana y ésta chirriaba sobre el alféizar. Casi al mismo tiempo. la puerta dejó de resultarles infran-queable. -¡Por Dios. la cual. como si la hubieran abierto. No vio ninguna silueta humana. la hora intem-pestivay.» O decía otras frases arcanas. creyeron oír. Está ahí. Así. pero sus conjuntos y desesperados esfuerzos no sirvieron de nada. Sólo se oyó el ruido de unos pasos ligeros cruzando la estancia. cuya puerta estaba abierta. Estaba vacía. Gerard Douw empezó a temer. y. Lo conozco bien. Pronto llegó el sacerdote -un hombre de aspecto ascético y edad venerable-. Una vela ardía en la alcoba y tres en la estancia contigua.

en su semblante.) No obstante. el cortejo no había llegado todavía.RoseVelderkaust. aunque para nuestros lectores más cerebrales no tenga ningún valor probatorio. que cayó en un sueño profundo. y portaba una lámpara. . que le cubría también la cabeza. La siguió unos instan-tes. los cuales servían de protec-ción contra eventuales ataques de bichos.Nunca se halló el menor rastro deRoseni se supo nada con certeza de su misterioso cortejador (tampoco hubo nadie que aportara alguna pista en medio de aquel intrincado laberinto y permitiera mantener viva la esperanza. Allí se sentaron Schalken y su anfitrión.Rose Velderkaust. Estaba en una celda bastante grande en la que nadie había entrado desde hacía mucho tiempo. llegada junto a la cama. si es que de un espectro se trataba. bajó las escaleras. al llegar a las escaleras. a Rotterdam para asistir al funeral. Schalken sintió una vaga alarma ante aquella aparición y. sino sobre todo la plasmación pictórica de su primer amor. y el pintor vio con horror la lívida y demoníaca figura de Vanderhausen completamente erguida sobre la cama. y aún seguía sin aparecer. como era costumbre hacer en invierno en tales ocasiones. La figura se detuvo también y. descorrió las cortinas y proyectó la lámpara hacia el interior. No había nada horrible. para gran sorpresa de éste. dejó una fuer-te y duradera impresión en el espíritu de Schalken. y con difi-cultad. estaba tendido junto a un enorme ataúd que descansaba sobre cuatro pequeños pilares. Un sentimiento mixto de terror e interés. Tras restregarse los ojos. Schalken llegó tarde. pero. la figura se volvía frecuentemente hacia él con la misma sonrisa picaruela. percibió una figura femenina que iba envuelta en una especie de hábito blanco. del que fue despertado por alguien que le dio unos golpecitos en el hombro. cuyo misterioso destino siempre será objeto de especulación. la luz de la lámpara que llevaba le reveló el rostro y los ras-gos de su primer amor. pero éste ya no estaba en el cuarto. ésta empezó a avanzar en dirección del tramo de las escaleras de la cripta. El sacristán. como se puede suponer. Esbozaba aquella misma sonrisa picaruela que había seducido al artista en los años felices de su primera juventud. que vivía a la sazón muy lejos de allí. no contaba con demasiados asistentes. donde permaneció hasta que a la mañana siguiente lo descubrió el encargado de la cripta. Schalken estuvo convencido de la realidad de esta visión y decidió legar a la posteridad una curiosa prueba de la fuerte impresión que le había producido: un cuadro ejecutado poco des-pués de dicha experiencia. al instante cayó sin conocimiento al suelo. un irresistible impulso a seguir su estela. El cortejo fúnebre tenía que realizar un viaje muy largo y. tomó un pasillo estrecho a la izquierda y. y en un rincón se hallaba una cama de cuatro columnas. ocurrió una cosa que. ni siquiera tristeza. demasiado intenso para poder oponerle resistencia. el cansan-cio de un viaje precipitado de casi cuarenta horas hizo mella en la mente y el cuerpo de Godfrey Schalken. Hasta el día de su muerte. que encontró abierta y donde vio que estaba anunciada la ceremonia. vio también que habían abierto la cripta en que iba a recibir sepultura el cadáver. Toda la estancia estaba llena de ricos y antiguos muebles. decidió por fin recurrir a su pipa y jarra de cerveza para hacer más llevadera la soledad. La aparición. el cual. que me parece especialmente valioso por cuanto que en él podemos ver no sólo ese estilo característico suyo que ha hecho que sus cuadros sean tan cotizados. se detuvo. Schalken. Schalken se dirigió entonces a la iglesia. Sin embargo. Llegó la noche. al ver paseando por la iglesia a un caballero bien vestido con el propósito declarado de asistir a las anunciadas exequias. En un primer momento Schalken pensó que el viejo sacristán lo había llamado. tras unos cuantos intentos vanos por hacer entrar a su huésped en conversación. recibió notificación de la muerte de su padre y de su próximo entierro en la iglesia de Rotterdam. Muchos años des-pués de los acontecimientos que acabamos de relatar. A pesar de la tristeza y preocupación del momento. al volverse. lo empujaba en pos del espectro. lo invitó hospitalariamente a compartir con él el calor de una lumbre que. lo introdujo en lo que le pareció un aposento holandés a la anti-gua moda. Pero. como los que había inmortalizado Gerard Douw en sus cua-dros. con cortinajes negros a su alrededor. seguida de Schalken. había encendido en la chimenea de un cuarto que comunicaba con la cripta mediante un tramo de escale-ras. al mismo tiempo.

Jenner-. Llega a tiempo para escuchar un cuento. siéntate aquí con nosotras. por qué no pre-para primero un poco de té y empieza luego. podemos decir que la hora triste y tierna del ocaso ya le ha llegado a nuestra entrañable viejecita del norte.Mrs.Jenner-. Estos últimos años se ha dedicado al cuidado de inválidos adultos. y vio allí un fantasma. están en la actualidad bastante creciditos también. tomó un traguito. le echa los brazos alrededor del cuello y le da dos sonoros besos. es ahora más blanco que la nieve. -Estaba empezando a contarme lo que le pasó la primera vez que la mandaron a trabajar a casa de una anciana que se estaba muriendo -diceMrs. -¡Qué suerte tiene! -exclamóMrs. aunque igual de afable. las cuales no se ven ya por la pradera deGolden Friars. si no te da miedo. tras dejar en manos más jóvenes a la pequeña población que vive en la cuna y anda a cuatro patas. que un día tuvo también en sus brazos a la preciosa Laura Mildmay. que se peina con raya en medio y tiene recogido bajo la cofia.EL ESPECTRO DE MADAM CROWL Hace ya unos veinte años queMrs. la cual entra ahora sonriente en la habitación... -¿De fantasmas? Precisamente lo que más me gustaría oír en este momento.Jenner-. justo antes de irse a la cama. La buena mujer obedeció y. cariño -dijoMrs. tras preparar un poco de esta tonificante bebida. De cualquier modo. Su pelo. si el tiempo madura a unos y marchita a otros. aún anda tiesa y con paso seguro y ligero. -¿De veras? ¡Qué maravilla! -¡Pero no es uno de esos cuentos que están escritos! No es ningún cuento. sino una historia verdadera que vi con mis propios ojos..Jolliffe no luce aquel esbelto talle que la había distinguido. Quienes recuerdan su rostro bonachón entre los primeros que emergen de las sombras de la inexistencia y le deben las primeras lecciones en el deleitoso arte de andar y balbucear. y su rostro es algo más pícaro. y no le pue-den quedar ya muchos más mojones que contar en el camino que la lle-vará a su morada definitiva. -Bueno. Pero. Así. Algunos de ellos lucen ya algu-nas canas entre los mechones morenos. arrugó ligeramente las cejas para concentrar-se en lo que iba a contar y alzó luego la mirada con un maravilloso . que le cuenten una historia de aparecidos y de fantasmas. Ahora tiene más de setenta años. Pero a esta criatura probablemente no le apetezca ahora.Jolliffe.. aquel «lindo pelo» que ella pei-naba con tanto esmero para luego enseñarlo a las madres asombradas.pues sus nombres permanecen grabados para siempre en las grises lápidas del camposanto.

aunque la letra es demasiado pequeña para mis ojos fatigados. yo les dije que iba a servir a casa de la señora Arabella Crowl. señor -digo yo.Jolliffe carraspeó. todavía la conservo en mi armario. Estaba llorando cuando subí a la calesa. al ver el carruaje y el caballo me entraron ganas de volverme con mi madre a Hazelden. las macizas vigas del techo y la majestuosa cama de columnas con cortinas oscuras. y. Y. me preguntaron adónde me diri-gía. pues mi madre me había metido una pequeña biblia en la maleta. puso los ojos en blanco y empezó su narra-ción con estas palabras: El espectro demadam Crowl Yo soy ahora una mujer vieja. pero la noche que llegué a la finca de Applewale tenía sólo trece años. cerca de Lexhoe. y el viejo cochero JohnMulbery. y yo sabía que la llevaba conmigo.gesto de solemnidad. ¿Llevas alguna biblia? -Sí. Yo lo miré como diciendo « ¿por qué?». La buena deMrs. es un fantasma en toda regla. -Ah.vas a durar poco allí. entonces -dice uno de ellos. Te protegerá contra las . los muebles antiguos. en el cuarto de mi tía en Applewale. sino que quería más bien resultarles simpática. Yo iba con un poco de miedo cuando llegué a Lexhoe. Bueno. y una especie de calesa estaba esperándome en Lexhoe para llevarme hasta Applewale. Eran dos caballeros que habían subido también a la calesa. Al mirarlo a la cara para decirle «Sí. No te olvides de ponerla bajo la almohada todas las noches. todo bien calentito. señor». Mi tía era allí el ama de llaves. Mrs. creí verlo guiñar un ojo a su amigo. que era una persona de gran corazón. dentro de la cual se podían vislumbrar cuantas sombras se quisieran. que parecían concitar terror antes incluso de abrirse. A veces pienso que a lo mejor estaban bromeando. -Porque sí -dice él-. pues yo hablaba con el mayor candor y no se me ocurría ocultarles nada. -Bien -dice él-. Tú mírala y obsérvala bien: verás que está poseída por el demonio. y más te vale que no se lo cuentes a nadie. y empecé a comerme las manzanas miran-do por la ventanilla de la calesa. Al caer la tarde. con laboiseriede roble. aunque no estaba segura. recién salida la luna. me compró medio kilo de manzanas en elGolden Lionpara que me alegrara un poco y me dijo que había un bizcocho de grosella y té y chuletas de cerdo esperán-dome. Aquella vieja estancia era un escenario ideal para semejante narra-ción. Hacía una hermosa noche de luna. en Applewale. Es una vergüenza que los caballeros asusten a una pobre muchacha inocente como era yo entonces.Jenner y la bonita muchacha estaban atentas a los labios de la anciana.

casi tan viejos como la vetusta mansión. su ayu-danta. y demadamCrowl. esperando que apareciera ante mi vista la gran mansión. y yo tan cerca de mi tía que no había visto nunca antes.Wyvern -mi tía la llamaba Meg Wyvern cuando hablaba con ella yMrs. pues no había más que tres o cuatro criados. Yo lo vi sólo dos veces en todo el tiempo que pasé en la mansión de Applewale. Nunca me dio nada. Era alta y delgada. sujetos con bisagras al muro exterior. amarillos y verdes. pero era una mujer algo severa y creo que habría sido más afectuosa conmigo de haber sido yo hija de su hermana y no de su hermano. y todos los crista-les de las ventanas en forma de rombo. y ni cuatro personas con los brazos extendidos tocándose con las puntas de los dedos habrían podido abarcar el tronco de uno de ellos. y creo que ella me gustaba más que mi tía -a los niños se les gana enseguida con una broma o un cuento-. que eran unas personas muy responsables y cumplidoras. como os he dicho.Wyvern cuando hablaba de ella. Y me habría gustado preguntarle muchas más cosas sobre la vieja señora. El señor de la casa -se llamabaMr. trataba de animarme con sus risas y chascarrillos. con grandes vigas negras horizontales y verticales. y sombras de árboles -dos o tresque se deslizaban por la fachada -se podían contar las hojas-. y de repente nos detuvimos delante de ella. pero tenía muy buen carácter y estaba siempre riendo. El corazón me dio un vuelco cuando el vehículo enfiló la oscura ave-nida. yo llevaba la cabeza sacada por la ventanilla. con adornos y madroños rojos. en Lexhoe. Sentí un nudo en la garganta al ver que se había terminado el viaje. que tenían el pestillo echado en el resto de las ventanas delanteras. que andaba muy despacio. aunque mi tía siempre fue buena conmigo. y. Pero ésta es otra historia que no viene a cuento aquí.y manos largasy finas con guantes negros. aunque se debió sobre todo a mi tía y a Meg Wyvern. pero era un poco sucia y guardaba la ropa de fiesta bajo llave y llevaba puesto casi siempre un vestido de sarga color chocolate.ChevenixGrowl. . que le duraba muchísimo tiempo. pero yo era demasiado tímida y su amigo y él se liaron a hablar de otros asuntos. y hablaba muy poco. y con aquel caserón tan grande delante de mí. además de la vieja señora de la casa. como me veía tan triste y apena-da. y a la hora del té no paraba de contar historias. Me entró tanto miedo cuando dijo aquello que no os lo podéis imaginar. ni dos peniques. que brillaban sobre todo en el ventanal del vestíbulo.y era nieto demadam Growl-iba por allí dos o tres veces al año para asegurarse de que la señora era bien tratada. y grandes postigos a la antigua usanza. Bueno. No tengo nada que reprocharle. pero su pala-bra era ley. a pesar de todo. Era una casa enorme en blanco y negro.y unos gabletes que a la luz de la luna parecían más blancos que una sábana. y al poco tiempo me apeé.garras de la vieja. Mi tía me llevó a su alcoba para que descansara un poco mientras ella preparaba el té en su cuarto.era una mujer bastante gruesa y muy alegre de unos cincuenta años. he de decir que cuidé bastante bien a la señora. a la que había ido a ser-vir y a la que ya tenía miedo. sólo que era una mujer algo intransigente y demasiado callada. Cobraba un buen sueldo. Por mi parte. en todo el tiempo que estuve allí. Tenía más de cincuenta años. Mi tía me besó en el vestíbulo y me llevó a su habitación. Los árboles eran espesos y grandes. Mrs. cara pálida con ojos negros. y la mayoría de las habitaciones estaban completamente cerradas.

pero supongo que tendrás que estar sentada en su habitación con tus labores cuidando de que no le pase nada y procurando que se dis-traiga con las cosas que tiene encima de la mesa. y me miró a la cara y me dijo que me parecía a mi padre. la que se fue el viernes pasado? Mi tía escribió a mi madre diciéndole que se iba a marchar. esa pregunta sí puedes hacerla -dice ella-. pensé. -¿Y por qué se marchó de aquí la muchacha. -¿Por qué? -pregunto otra vez. Shutters-ése era el nombre de mi tía. se ha marchado.) Mientras yo estaba aún tomando el té. bizcocho reciente y carne ahumada. tiene un carácter de lo más fuerte que hay. Tú la tomas como es. encontré un fuego estupen-do alimentado con carbón. Shutters. y tocar fuerte la campanilla si causa problemas. por favor. y allí estaba la rollizaMrs. -Ha subido a ver si la viejaJudithSquailes está despierta -diceMrs.Pero primero me dio una palmadita en el hombro y me dijo que estaba muy alta para los años que tenía y que me había criado muy bien. ni ciega -me dice ella-. Últimamente ha estado tosiendo un poco. Te aconsejo que no preguntes cosas de ella delante de tu tía. pero ya . y me preguntó si sabía hacer las labores elementales de costura. -Noventa y tres y ocho meses ya cumplidos -dice ella riéndose-. lo que pasa es que está bastante chocha y no recuerda bien las cosas. La señora es una vieja bastante quisquillosa. -Sí.Judithcuida demadam Growl cuandoMrs. No sé.Mrs.te lo dirá. y le gusta más que le cuenten Barba Azul a que le hablen de los asuntos de la corte o de la nación. que ya había muerto. y en la mesa té. mi tía subió a ver amadam Growl. -¿Cuántos años tiene la señora? -le pregunto. No hables tanto. -No le gustó aMrs. turba y leña.supongo -dice ella-. por favor: ¿está bien de salud la vieja señora? -Bueno.y yo estamos haciendo otra cosa. -Y dígame.Wyvern. con paredes recubiertas de roble-. alegre y parlanchina como siempre (seguro que hablaba más en una hora que mi tía en todo un año. ¿cuál va a ser mi trabajo con la vieja señora? -le pregunto otra vez. Para lo vieja que es. Cuando entré en el cuarto contiguo. -¿Con la vieja señora? Bueno -dice ella-. y llevarle lo que te pida de comer o beber. Unas palabras demasiado duras para ser la primera vez que ponía el pie en su cuarto.Wyvern-. Te conviene andar con cuidado con ella. todo en un mismo montón. -Y otra pregunta. tu tía. a tu tía no le gustan las mozas parlanchinas. su hermano. tiene un oído más agudo que un mos-quito. -¿Está sorda la señora? -No. pero que esperaba que fuera una cris-tiana mejor que él y que no intentara imitarlo. pues pierde los estribos y se la llevan los demonios a las primeras de cambio. el del ama de llaves -muy con-fortable. y ya está. Shutters.

) A veces se enfurruñaba y entonces no dejaba que la vistieran ni desnudaran. y el de Mrs. sabían que. siéntate y tómate una jarra de cerveza antes de irte a la cama.está mejor. Durante todo aquel tiempo. No sé qué es. Al ver que yo estoy llorando. Y.y yo. Todos eran muy raros y pasados de moda. donde permanecí un buen rato despier-ta.Wyvern estaba al otro lado.Wyvern. Se decía que había sido muy guapa de joven. vamos. me fui a la cama. reírle las gracias y com-placerla en todo. Pues bien. y yo debía estar atenta a sus posibles llamadas.Wyvern hablar y me puse la mano en la oreja para ver si pillaba algo. que cobraban un buen sueldo y vivían holgadamen-te. pues no estaba acostumbrada a tomarlo. y sus colecciones habrían bastado para llenar siete tiendas por lo menos. estaba en el piso de arriba. Había una cosa que todos tenían bien claro: bajo ningún concepto debían llevarle la contraria ni burlarse de ella. vamos! La muchacha no quería hacer ningún daño. Oí aMrs. -¿Qué haces ahí? -dice mi tía con un tono bastante brusco. mira a mi tía y. sino. y me atrevo a decir que tiene cuerda todavía para rato. Ven aquí. por lo menos hasta los cien años.Mrs. tía? -digo yo volviéndome con la chaqueta de cuero en la mano-. volvién-dose hacia mí cuando más distraída la creía-. doy unos paseos por la habitación mi-rando las cosas que hay. Tú no nos hagas preguntas y nosotras no te contaremos mentiras. El médico venía dos veces por semana a ver a la anciana. todo el mundo hacía lo que él ordenaba. . La vieja señora estaba de malas pulgas aquella noche (llevaba así desde después de comer. diciendo: -Mientras estés aquí no metas las narices donde no te importa. Pero en Applewale no quedaba ya nadie con vida que recordara aquellos tiempos. Era terriblemente aficionada a los vestidos. pero me dio sólo un empujón mientras me arre-bataba aquella prenda de las manos. antes bien. ¡Shhh! Ahí viene tu tía por el pasillo. todas sin excepción se quedarían sin trabajo. que empiezo a sentirme más a gusto en la casa. con correas y hebillasy unas mangas más largas que las cortinas de la cama.) Todo el mundo la colmaba de atenciones. cerró la puerta con brusquedad. a un lado del de la vieja señora.y veo dentro una extraña chaqueta vieja de cuero. Había unas preciosas piezas de porcelana en el aparador y varios cuadros en la pared. como podéis imaginar. tía. Las personas que trabaja-ban en Applewale. volviéndola a colgar en su sitio. Mi cuarto. pues todo era nuevo para mí. ¿Qué tienes en la mano? -¿Esto. y creo que el té me había puesto tam-bién bastante nerviosa. y había también una puerta abier-ta en laboiserie. Y entra mi tíay se pone a hablar conMrs. Wyvern estuvo desternillándose de risa arrellanada en su sillón. salvo de vez en cuando en alguna fiesta u ocasión especial. pero no conseguí oír ni una sola palabra de labios demadamCrowl (creo que no dijo nada. cuando ella muriera. A pesar de lo pálida que solía estar mi tía. secándose los ojos de tanto reír. le dice: -¡Vamos. el rubor le afloró a las meji-llas y los ojos se le iluminaron de rabia. pero valían una fortuna. zagala. No es más que una prenda para una persona chiflada. Creo que estuvo a punto de darme un buen sopapo. conviene que lo sepáis. y.

ni siquiera el ruido de la respira-ción. Pero no pillé ni una sola palabra de cuanto dijo. Y mi tía le vuelve a contestar: -Que pongan mala cara. Era una gran habitación. toda aquella noche. tú bajarás luego corriendo yJudithte ser-virá la cena en mi habitación. aguzando el oído de vez en cuando. pues estaba empezando a tener miedo en aquel cuarto tan amplio. y el día estaba nublado. La habitación estaba iluminadísima: conté hasta veintidós velas de cera. el mayor que había visto en mi vida. Pero me alegré cuando se terminó el paseo: los árboles eran muy grandes y el lugar umbrosoy solitario. se fue. Unos veinte minutos después. los pasó acos-tada con la ropa puesta y sin decir palabra. su voz parecía un gemido apagado. Voy a bajar a tomar mi taza de té. Al final. conlas velas ya encendidas y sola en mi cuarto. y digan lo que quieran. ya sabéis. mi tía me dio una hora libre para que fuera a pasear. mirando en aquella dirección. para distraer la mente. Luego la misma voz extraña de la cama dice otra cosa que tampoco logro distinguir. el Maligno no puede hacer daño a nadie si el Señor no lo permite. Fue entonces cuando oí por primera vez la que supuse era la voz de la vieja señora. y lloré bastante pensando en mi casa mientras caminaba sola por aquellos para-jes. Yo seguí hojeando el libro ilustrado.o un animal. salvo los momentos en que bajé para tomarmi alimento. Para lo que yo estaba haciendo en aquella casa. vi asomar el rostro de mi tía. y todo el día siguiente. y también oírla hablar. si el Señor está de nuestro lado. lo mismo podía haberme quedado en Lunnon.. vi que estaba abierta la puerta que daba a la estancia demadam Crowl. Al atardecer.. Después de comer. Cuan-do nosotras hayamos subido. como de un ave -no sabría decir cuál en concreto. todas . mirando esto y aquello.Mrs. señora. -¡Shhh! -me dice en voz baja con una mano en los labios mientras se acerca de puntillas-. y yo encerrada en mi cuarto cosiendo. Wyvern y yo volveremos enseguida.Pues bien. Me habría gustado ver a la vieja señora. no hagas ruido hasta que vuelva. mientras hojeaba las fábulas ilustradas de Esopo. Me froté las orejas para oír lo mejor posible. Había también un espejo. Ella seguirá dormida en su habitación. noté que la puerta se movía y. ¿sabéis qué se me ocurre? Pues' nada menos que mirar dentro del dormitorio de madam Growl. Sí oí a mi tía contestarle: -Señora. Dicho lo cual. Gracias a Dios que se ha dormido por fin. como antes. con una inmensa cama de columnas rodea-da de cortinas de seda con flores estampadas que bajaban casi desde el techo hasta el mismo suelo. donde se encontraba mi tía. entonces me puse a hablar con las ilustraciones y conmigo misma para distraerme un poco. Tenía un timbre extraño. ¿quién podrá contra nosotros? Seguí con la oreja orientada en dirección de la puerta y conteniendo la respiración. Luego me levanté y me puse a pasear de un lado a otro. pero ya no volví a oír nada más en aquella habitación. pero sin oír nada.

donde está la vieja señora?» Me consideraréis una descerebrada si os digo que tenía muchísimas ganas de ver amadamCrowl. y no me quedaba más remedio que recular de la manera que podía. y os aseguro que en mi vida había visto unas uñas tan largas. me habría dado la media vuelta y escapado rauda. Pero me armo de valor y me deslizo entre los pesados cortinajes. pero aquello era la cosa más espantosa que jamás se había visto. voy y me acerco a la cama. Tenía las manos. de ApplewaleHouse. Si hubiera pensado un instante. Pero así era. finalmente. a la famosa madamCrowl. con un abanico en la mano y un ramillete de flores en el corpiño. Pues bien. y comprobar que no se movía ni un pliegue de las cortinas. pequeña granuja! ¿Por qué has dicho que yo maté al niño? Te voy a hacer cosquillas hasta dejarte tiesa.Wyvern. Satén y seda. tenía una nariz retorcida y flacuchay se le veía la mitad del blanco de los ojos..y yo aproveché para dar media vuelta y atravesar mi cuar-to y bajar las escaleras como una . Y he aquí que de repente abre los ojos. pegadas a los costados. Yo seguía retrocediendo. Al no oír respiración alguna. que se las pegabaMrs. Un cadáver no deja de ser una cosa natural. con un par de calcetines de seda con espiguilla y unos zapatos de tacones altísimos. queridas. sabía que perdería el conocimiento si llegaban a tocarme. Apuntando hacia mí con los dedos tiesos. y en aquel instante apareció mi tía en la puerta y lanzó un grito seco y la vieja dama se vol-vió hacia ella. des-corro lentamente las cortinas y veo tumbada ante mí. y encorvada por la edad. se sienta en la cama. Bueno. que deja ver una gran dentadura postiza. Decían que se colocaba ante el espejo ataviada de aquella manera. y yo pensaba para mí: si no la veo ahora.. Las cortinas están echadas. oro y bordados de filigrana. estoy segura de que os habríais llevado un buen susto ante aquella visión. y unas cejas postizas pardas. riéndose nerviosamente y babeando. hasta mi corazón parecía haberse parado. Retrocedí otro poco hacia el rincón y solté un terrible alarido -como si me estuvieran arrancando el alma del cuerpo-. pero sigue el mismo silencio sepulcral. me armé de valor y entré en la habi-tación de puntillas sin dejar de mirar ami alrededor. qué espectáculo! Una gran peluca empolvada. me dice: -¡Oye. le coronaba la cabeza y ¡madre mía.encendidas. mientras ella seguía chacoloteando como una marioneta. Pero. y. Tal vez anti-guamente había estado de moda entre la gente de postín llevar las uñas tan largas. Era un capricho suyo que nadie se atrevía a negarle. con los dedos apuntándome a la garganta y haciendo todo el tiempo con la lengua un sonido como «sisss-sisss-sisss». con una malvada risita en los labios arrugados. todas ellas terminadas en punta. Entonces. se da la vuelta. como la dama pintada en la lápida de la iglesia de Lexhoe. escarlata y verde. pero sus dedos estaban ya a sólo unos centí-metros de mi garganta. primero los dedos y luego la mano entera.Allí estaba ella completamente engalanada. Pero no podía apartar los ojos de ella. a lo mejor pasan muchos días sin que se me presente una ocasión tan buena.. casi tan alta como ella. empolvada de blanco y las mejillas de rojo. se me pasa por la cabeza: « ¿Por qué no echar un vistazo a la cama. ¡Dios mío!. arrugada y fofa. ¡Virgen santa. y las piernas me tiemblan. Yo no podía ni soltar la cortina ni moverme ni apartar los ojos. Entonces me acerco a mirarme en el gran espejo. posa ruidosamente los dos tacones en el suelo y se me queda mirando fijamente con sus dos ojos grandes y vidriosos. cuánto pellejo! Tenía la garganta.y allí estaba ella tan tiesa y orgullosa.. Espero un poco. Impo-sible ver algo igual en aquellos días. Permanecí junto a la puerta con el oído aguzado mientras contempla-ba embobada la escena. pequeñas y arrugadas.

cuando le dio por farfullar . Y el hijo que el señor Crowl había tenido de su segundo matrimonio con la señora acabó heredando la propiedad. el viejo señor. Y yo se las repetí. era el titular de la finca en la época en que yo llegué a Applewale. Mucho antes de que llegara mi tía. Os aseguro que estuve llorando un buen rato a lágrima viva en el cuarto del ama de llaves. También solía bajar al lago. Unos setenta años atrás.Mrs.exhalación.Wyvern se rió bastante cuando le conté lo sucedido. donde se bañaba y pasaba el día pescando o remando en una barca. el señor de Chevenix Crowl. con sus zalamerías y halagos. la misma prenda de cuero que yo había visto en el armario junto a la habitación de mi tía. Se le dejaba demasiada libertad. El médico temía que le hubiera dado un ataque de locura.Mrs. Pues bien. Y ahora voy a contaros lo que yo vi con mis propios ojos. y que había conseguido camelar a su marido. en cuya ocasión la habían tenido que sujetar con una camisa de fuerza. creo recordar. pero mudó el semblante cuando oyó las palabras que me había dicho la vieja señora. sólo que su sombrero había aparecido junto al lago bajo un espino que todavía se puede ver en el día de hoy. un viudo con un hijo de nueve años. Y. hasta un día o dos antes de pasar a mejor vida. siendo joven y muybella . Y como del niño nunca más se volvió a saber nada. nieto de la vieja señora. Una semana después. por lo que se pensó que se había ahogado. Un buen día aquel niño desapareció y nadie supo decir adónde había podido ir. pequeña granuja! ¿Por qué has dicho que yo maté al niño? ¡Te voy a hacer cosquillas hasta dejarte tiesa!» -¿Y dices que ella mató a un niño? -me pregunta. sino que le entró una gran depresión y debilidad y se fue apagando entre muchas toses. no ocurrió así. solía salir de casa por la mañana para ir ora a la granja del guarda a desayunar con él. de Applewale.Wyvern estaba conmigo me contó una cosa de madamCrowl que yo no sabía. un día queMrs. Llevaría unos seis meses allí cuando a la vieja señora le sobrevino la última enfermedad. Pues bien.Judithsiempre estaba conmigo cuando las dos mujeres mayores se ausentaban de la habitación de la vieja señora. « ¡Oye. aquel suceso había sido la comidi-lla diaria de toda la comarca. Recuerdo que era invierno. -Repítelas otra vez -me pidió. como os he dicho. pues le había ocurrido lo mismo quince años antes. y muchas veces ya no volvía hasta la noche.Wyvern -le contesto. el hijo de éste. -Yo no digo eso. Después de aquello. ora a la conejera. se había casado con el señor Crowl. Yo habría saltado por la ventana antes que quedarme sola en la habitación con ella. la gente comentaba que la madrastra sabía más cosas de las que estaba dispuesta a contar. con el paso del tiempo la gente fue olvidando aquel suceso. nadie supo decir qué le había pasado.

cuya puerta estaba abierta de par en par. La habitación que yo ocupaba ahora era bastante amplia. Así. Mi tía. de la silla y de mi bata. se caía al suelo. El bajo de su vestido iba rodeado de un resplandor rojo que parecía estar con-sumiéndole los pies. Y me puse a pensar enseguida en todos los de mi casa. Muchas de las cosas que decía a grito pelado habrían puesto los pelos de punta al mismísimo diablo. una distancia tan grande que el cura y el doctor acordaron que no convenía tenerla durante más tiempoinsepulta . de Applewale. y sobre todo en mi hermanaJanetylos gatitosy los perros y todo lo demás.Wyvern. una silla y una mesa. que era un rincón en el que había estado antes la cama de columnas. y alargó las manos para coger algo que había allí . dos puertas más allá de la que había sido la alcoba demadam Crowl. le dieron unos ataques que la dejaron postrada. lo cual me alegró sobremanera. poco sentido tenía ya el que siguiera con vida.Mrs. Pero éste se encontraba en Francia. creyendo que el fuego ha prendido en algo. y las sombras de la cama. ahora que carecía ya de función. Pues bien. como solía llamar-la mi tía. pero sin más muebles que mi cama. y estaba tan nerviosa que no me podía dormir. Aquel mismo día escribie-ron al señor de Chevenix para que viniera cuanto antes.atropelladamente pala-bras incoherentes y dar chillidos en la cama. y se ponía a hacer cosas fuera de la cama. Aquel día recibimos la noticia de que el señor llegaría a Applewale a la mañana siguiente. y nosotras seguimos viviendo en la gran casa hasta que el señor viniera a darnos a conocer su voluntad y a pagarnos el finiquito que considerara oportuno. y así pasó por fin a mejor vida y todo se terminó para la viejamadam Crowl. A mí me pusieron en otra habitación. apuntándome con las uñas de sus manos arrugadas como si fuera a clavármelas. mi tía y el resto de nosotras. sino que me quedaba en la cama muerta de miedo mientras oía sus alaridos y ara-ñazos en el suelo.JudithSquailes y una mujer de Lexhoe estaban siempre atendiéndola. que fue amortajada e introducida en el ataúd. conboiseriede roble. la vieja dama de Applewale fue enterrada en la cripta de la iglesia de Lexhoe. como si alguien la estuviera amenazando con un cuchillo en la garganta. o algo parecido. lo habían sacado de allí y dejado temporalmente apoyado en una pared de mi habitación. Podéis imaginar que ya no volví a entrar en su habitación. Estaba acostada de espaldas a la puerta y miran-do a la pared. que está colgada en la pared. sobre las doce y cuarto veo unos resplandores en la pared como si algo estuviera ardiendo por detrás. pues casi estaba segura de que me volverían a mandar a casa con mi madre. y la habitación más oscura que boca de lobo. Además. El cura estaba allí y rezó por ella. pero nada podían hacer ya por ella los rezos. derecha a la pared de la recámara. Y el gran espejo en el que la vieja señora tantas y tantas veces se había mirado y remirado de pies a cabeza. se ponen a bailar como locas en el techo y las paredes. Al final. muy pocos enseres para una habita-ción tan grande. toda vez que los únicos que iban a asistir al entierro eran ellos dos. pero. Venía derecha hacia mí. con una ráfaga de aire frío. Esto ocurrió la noche antes de que llegara a Applewale el señor de Chevenix. emperifollada en sus satenes y terciopelos haciendo muecas con los ojos desencajados y con la cara más fea que se puede imaginar. al no tener suficientes fuerzas para caminar ni permanecer de pie. Yo no me podía mover. y el reloj dio las doce y aún seguía despierta. pues como podéis imaginar se sacaron muchas cosas de su alcoba para amortajarla. ¡Y qué veo. que no tenía cortinas. y vuelvo deprisa la cabeza. Dios bendito! Pues nada menos que a la vieja arpía. con el rostro oculto entre sus viejas y hechizadas manos e implorando piedad. pero afortunadamente pasó por delante de mí.

Tendría más de ochenta años cuando me lo contó. Yo le tenía a él bastante respeto. supongo que yo me iré pron-to de aquí. también me contó que la llave tenía un anillo de metal. como podéis imaginar. una llave muy grande con un extraño ojo de metal. y yo me veo de pie en la otra punta de la cama. la que la chica soñó que había abierto mi abuela. -Esa misma -le contesto. que te buscaré otra casa en cuanto pueda. Debe de ser un sueño. creyendo que me voy a desvanecer. y debemos contarle lo que has visto -dice. sin saber cómo he llegado hasta allí. Y él me dice sonriendo: -Cuéntame todo lo que has visto. En tiempos del viejosirOliver. y no me atreví a acercarme hasta que me llamaron. -Espera -dice soltándome la mano y abriendo el aparador-. como me había esperado. mi tía no me echa ninguna regañina. y yo era un niño entonces. querida. Era la segunda vez que lo veía. -Segurísima -digo yo. -¿Estás segura? -vuelve a preguntarme. mozuela -dice pensativa. La vajilla y las joyas se guardaban allí hasta que pusieron el arma-rio metálico en el cuarto trastero.Wyvern. y esa llave que tú dices la encontraron en el fondo del arcón donde . El señorCrowlllegó a Applewale aquel mismo día. Pero. se queda pensando un rato y le dice a mi tía: -Recuerdo bien ese rincón. de unos treinta años de edad. y la habitación se queda a oscuras. no sé lo que le diría. dándole la vuelta. a la que doy un susto de espanto. Mi tía recogió todas mis cosas y me dio también las tres libras que se me debían. ¿Era como ésta? -me pregunta sacando una llave y enseñándomela con el ceño fruncido. y no te preocupes. Aquellas palabras. Por fin me res-ponde mi lengua y suelto un alarido mientras salgo disparada por la galería y casi arranco de cuajo la puerta deMrs. esto basta. era un hombre apuesto. zagala. Mi tía estuvo hablando con él en el cuarto del ama de llaves. Y de repente se vuelve hacia mí pivotando como una marione-ta. todavía pensativa-. Pero aquélla era la primera que hablaba conmigo. y con las primeras luces bajo a ver a mi tía lo más deprisa que me permiten las piernas. el viejo Wyndel me contó que había una puerta en ese cuarto de la izquierda. De eso hace veinte años. Podéis imaginar que no pegué ojo aquella noche. -Bien. siéntate aquí y cuéntamelo todo de pe a pa. pero es mejor que tú te vayas a casa esta misma tarde. acordándome de pronto-. Pues bien. por ser el hombre más rico de Lexhoe. las recibí como agua de mayo. Yo no había visto nunca aquella puerta. Cuando termino. pues sabes que no existen en el mundo esas cosas que llaman fantasmas o espíritus. como rumiando algo y volviéndola a meter donde estaba. sino que me coge de la mano y me mira fijamente a la cara. fuera lo que fuera. -El señor llegará antes de las doce del mediodía. Me dice que no tenga miedo y luego me pregunta: -¿Llevaba la aparición alguna llave en la mano? -Sí -le digo.dentro.

Se necesitó sólo un par de minutos para. sacar el trozo de madera de la cerradura. justo lo que me imaginaba. en medio de un montón de huesos y polvo. con un pequeño cincel y un martillo. Shuttters. El corazón se me desbocaba en la gar-ganta. Me dio una libra de oro y yo marché a Lexhoe aproximadamente una hora después en la diligencia. el cerrojo cedió y la puerta se abrió acompañada de un chirrido. de puntillas. -¡Ahá!-exclamael caballero. Y mientras ella va a la chi-menea yo miro por debajo de su brazo y veo agachado en el rincón más lejano a un mono o una cosa despellejada encima del arcón. -Un gato muerto -dice él retrocediendo y cerrando la puerta-. pero que no tenía cierres y se abrió fácilmente. gracias . entra despacio con el atizador en ristre y asesta a la cosa un batacazo tal que ésta cae estrepitosamente. que podía ser también la vieja bruja más chupada que jamás se ha visto en la tierra. Ahora tengo otros asuntos que tratar con usted. Pero allí había ahora un armario viejo. a mirar en los estantes más detenidamente.. retrocediendo-. La llave entró perfec-tamente. -¡Virgen santa!-exclamami tía al darle el atizador y viendo también por encima de sus hombros aquella cosa espantosa-. El caballero la cogió y entró. con lo que hace. ¡Qué puede ser eso! Déme el atizador. Lo corrimos y vimos el con-torno de una puerta en laboiseriede roble y el ojo de una cerradura obturado con madera y cepillada con el mismo cuidado que todo lo demás y todo el reborde de la puerta tapado con masilla de color roble. más extraña que la primera. Bueno. de no ser por los goznes que sobresalían ligeramente. creí saber perfectamente en qué esta-ban pensando los dos en aquel momento. yo quiero hacerle además un regalo -dice él dándome una palmadita en la espalda. Vamos. y. -¡Ahá! -dijo él con una sonrisita-. en lugar de obedecerle. Obedecí con poco entusiasmo. y bien contenta que volví a casa. pero luego él coge la calavera que yacía en el suelo. Y esta muchachita me dice usted que se marcha hoy mismo a su casa. A pesar de lo joven que yo era.ella guardaba sus viejos abanicos. todo lo demás se había reducido a polvo al primer impacto. Mi tía. cabeza incluida. trataba de mirar por encima de sus hombros. ¡Mejor retírese y cierre esa puerta! Pero. Eran los huesos de un niño. ¿no? Supongo que ya tendrá su paga. yo no veía absolutamente nada. zagala. Durante un buen rato nadie dice nada.. no me extrañaría nada que encontráramos allí algunas cucharas de plata o diamantes. tras darle una vuelta. pues estaba más oscuro que boca de lobo. no vimos lo que había dentro. Vol-veremos después usted y yo. con paredes y bóveda de ladrillo. El cuarto era bastante pequeño. Había otra puerta dentro. nadie habría imaginado que había allí ninguna puerta. Y en lo sucesivo nunca volví a ver amadamCrowl de Applewale. ¡deprisa! -ordena a mi tía. y tuve bien agarrada la mano de mi tía todo el rato que estuve en aquella espantosa habitación diciéndoles a los dos por dónde se había movido la aparecida y dónde estaba exactamente la puerta que yo había visto en la pared. Tenga cuidado. Mi tía encendió una vela. Bueno.Mrs. señor. tienes que subir conmigo y decirme dónde estaban exac-tamente las cosas que viste. de manera que.

cuan-do su anciano padre creía que se había escapado o lo habían raptado unos gitanos. no voy a desperdiciar más palabras y paso ya a contarles la historia en cuestión. La pluma. como a veces he hecho a petición general. ni en apariciones ni en sueños. Mi primo(Tom Ludlow)y yo estudiábamosmedicina juntos .padre deTom. nos eximía de la obligación semanal de pagar alquiler. y que él vio la luz. También me dijo que alguien había dejado su sombrero al borde del lago para hacer creer que se había ahogado. nuestro proyecto se llevó a cabo casi tan pronto como fue concebido. Por lo que aquí interesa. me pondré a trabajar enseguida para contarles con la mejor disposición lo que tenga que contar. sin que sus gritos. pues. junto a la lumbre después de una buena cena una noche de invierno con el viento frío rugiendo fuera y todos bien calentitos y confortablemente instalados.y me aseguró que se trataba del niño desaparecido hacía tanto tiempo que aquella vieja arpía había encerrado en la oscuridad hasta que se muriera. supongo. víctima de un con-tagio contraído en el noble desempeño de su labor sacerdotal. en una palabra. RELATO DE CIERTOS SUCESOS EXTRAÑOS EN LA CALLE AUNGIER Esta historia mía no es para escribirse. después de que la charla junto a la lumbre lleve un buen rato versando sobre emocio-nantes relatos llenos de terror y misterio.y. Y entre los papeles del señor había una copia de la nota escrita después de desaparecer el niño. Nuestras pertenencias eran contadas. presupues-tas estas condiciones. puede resultar bastante bien -si yo no me alabo a mí mismo quién lo va a hacer en mi lugarPero es un riesgo hacerlo como me piden que lo haga. del caserón de Applewale. pero franco y alegre. Así. súplicas y aporreos pudieran ser oídos por nadie. si me aseguran los mollia tempora fandi. El salón que daba a la calle nos servía de cuarto de estar. la última vez que se le vio. Y eso es todo lo que tenía que conta-ros sobre la viejamadamCrowl. Toda su ropa se convirtió al primer toque en una nube de polvo en el cuarto donde se encontraron los huesos. bas-tante distinto a mí. Pero cuando ya era una mujer. Pero si logran conven-cer a sus amigos para que la lean una vez caída la noche. una propuesta doblemente satisfactoria.una de las cuales estaba vacía en la época en que acudimos a la capital a estudiar. Mi tíoLudlow. nos permitía vivir más cerca de nuestras aulas y diversiones. Si se cuenta. por un lado. la tinta y el papel son vehículos muy fríos para lo maravilloso. en la que se decía que el pequeño llevaba con él un cuchi-llo de mango verde y varias canicas. por el otro. . Pues bien. yTomme pro-puso que nos alojásemos en la susodicha casa mientras no se alquilara. Creo que él habría tenido bastante éxito de haberse dedicado a esta profesión. y muy escrupuloso en la observancia de la verdad.a Dios. pero el pobre chico prefirió la iglesia y murió joven. Él residía en el campo. nuestros enseres eran casi tan simples como los de una tienda de campaña. que soy de un temperamento excitable y nervioso.había comprado tres o cuatro casas viejas en AungierStreet. Pero había un puñado de canicas y un cuchillo con mango verde. en una palabra. y el mobiliario escaso. y el «lector» es decidi-damente un animal más crítico que el «oyente». mi tía vino a pasar conmigo un día y una noche en Littleham. junto con un par de peniques que el pobre niño llevaba en el bolsillo. baste con saber que era de carácter tranquilo. por cierto.

cuando yo empecé a notar que pasaba malas noches y dor-mía mal. que parece acom-pañar a la mayor parte de las mansiones antiguas. sencillamente repelente. en la robustez especial de vigas y cornisas. yTomel dormitorio de enfrente. en él su antiguo confort parecía predominar sobre su algo tétrica vetustez. pues había algo extraño y pretérito en su arquitectura -en el alzado de las paredes y el tendido de los techos. Pero esto no era más que una parte. ahora .adquiría a mis ojos un carácter especialmente siniestro y fantasmagórico. pero el mío. éste -aunque sin afectación alguna. se acordaba de cuando el viejo juez Horrocks (el cual. tras haberse ganado la fama de demasia-do amigo de condenar a la horca. los amplios salones estaban tapizados de cuero dorado y. omnipresente e impenetrable. Por la noche. Todo lo contrario que el dor-mitorio interior. En fin. cierta relación misteriosa e indes-cifrable que atentaba vagamente contra la esencia más íntima de lo que se suele entender por cómodo y confortable y ofrecía indefinibles sospe-chas y aprensiones a la imaginación. Sin duda había en sus propor-ciones y rasgos una discordia latente. pero. Esto lo supimos por una mujer ya mayor que regentaba una pequeña tienda destartalada en la bocacalle y cuya hija -de cincuen-ta y dos años de edad. no encuentro otra palabra mejor. no puedo precisar cuándo la habían construido exactamente. en el extraño emplazamiento diagonal de las chimeneas. Los dormitorios estaban recubiertos de madera. la casa era muy antigua. Sin embargo. y ese cuarto oscuro que se encuentra en la mayoría de las casas antiguas de Dublín -cual gabinete fantasmagórico. digo. pero. En aquellos años de Maricastaña. no era nada sombrío. Para empezar. el escéptico iba a recibir pronto un terrible correctivo. por nada del mundo habría aceptado yo pasar allí una noche solo. cada cual en su dormitorio respectivo. El agente de mi tío que la compró y la inscribió en el registro de la propiedad me contó que había sido vendi-da. que tenía dos ventanas melancólicas extrañamente orientadas -miraban inútilmente a los pies de la cama-. enChichester House. La vela dis-tante y solitaria deTomrelucía en vano en medio de su oscuridad. el que fuera alcalde de Dublín en tiempos de Jacobo II. en 1702.creo. me atrevo a decir.que. se había amalgamado con el dormitorio al derribarse la pared. no había en ella nada «moderno». se había realizado un gran esfuerzo para empapelar los salones. por atracción simpática. en cualquier caso. Toda aquella estancia en su conjunto me resultaba a mí. el papel parecía algo vulgar y desento-naba del resto. Sin embargo. Yo nunca había intentado ocultar al pobreTommis propensiones a la superstición. en la forma de puertas y ventanas. había conocido épocas y cambios suficientes para poseer ese aire miste-rioso y entristecido. Esto me inquietó tanto más por cuanto que yo me preciaba de tener un sueño profundísimo y de ser poco propenso a las pesadillas. En ella se veían muy pocas cosas nuevas. Llevábamos poco tiempo viviendo allí. tenían un aspec-to formidable. empujado por una «locura temporal» había acabado colgándose él mismo con la cuerda de jugar a la comba de la maciza y vieja baranda. junto con otras muchas fincas confiscadas. de alguna manera. esta «recámara» -como nuestra «criada» gustaba de llamar.era nuestra única y solitaria criada: venía al ama-necer y se retiraba castamente tan pronto como dejaba preparado el té en nuestro señorial aposento. desde las barandas hasta los marcos de las ventanasque parecía abomi-nar de cualquier retoque para proclamar enfáticamente su antigüedad por muchos adornos y barnices modernos de que hubiera sido objeto. Me parece que su fachada había sido remozada unos cincuenta años atrás.solía reírse de aque-llos terrores míos. que. en la singular solidez de toda la madera. y que había pertenecido asir ThomasHacket.Yo ocupaba el dormitorio de encima. según dictamen del juez de instrucción) vivió aquí bien acompañado de excelente carne de venado que regaba con el mejor oporto. que era interior y que a mí no me gustaba ni un pelo. como les voy a relatar a continuación. aparte de esto. Así pues. a la vez interesante y deprimente. como dije antes. y tal vez fuera mejor así. que daba a la calle. Por ejemplo. esta anciana.

y. y haber sido igual de enérgicoy malvado aunque yo no lo hubiera visto. mis inquietudes adoptaban una forma definida. que tan misteriosamente se superponía a los crista-les de la ventana. me pegaba todas las noches una buena «panzada de horrores». Tenía la nariz corva. sino mediante un tonificante. el demonio que me había mantenido esclavizado durante la espantosa vigilia nocturna.puro engendro de mi fantasía y de mi pobre estómago? En una palabra. sentía una antipatía insuperable a describir a mi amigo y camarada aquellas mis turbaciones nocturnas.. Esto. por el que asomaba un pelo cano por los años. etcétera? No cabe . Después de un primer plato de sueños desagradables y pavorosos. con espantosa claridad. Estos ras-gos estaban rematados por un gorro de terciopelo carmesí. Recuerdo perfectamente -cómo no. tras un intervalo que siempre parecía tener la misma duración.. como bien saben. no mediante un exorcismo. y entonces una sen-sación de pavorosa anticipación se apoderaba de mí de manera lenta pero implacable. mientras me encontraba en aquella situación «clarividente» -teatro iluminado en el que se iba a mostrar el consabido cuadro de horror. cuyos pliegues podría describir ahora mismo y cuyo semblante era una extraña mezcla de inteligencia. lo que signaba el comienzo de mi sesión de horror. un cuadro salía volando de repente hasta la ventana. como por una atracción eléctrica. se desarrollaba de la siguiente guisa: Veía. la sobriedad. como no podemos por menos de reconocer.cada arruga. contenía el retrato de un hombre viejo vestido con una bata de seda de flores carmesí. que mantenía la mirada clavada en mí mientras el mío se la devolvía con la inexplicable fascinación de la pesa-dilla. podía haber estado igual de cerca de mí. la templanza. pesadilla o ilusión infernal -llámenlo como gusten. aunque sin duda por la intensísima angustia y horror sobrenatural con que iba asociada aquella extraña fan-tasmagoría. y la misma visión me visita-ba al menos (en promedio) cada dos días a la semana. ¿cómo explicarlo? ¿Era aquella aparición -tan singular como terrorífica. que. grises y prominentes. Me parecía como si algo horripilante pero indefinido me estuviera acechando en algún lugar desconocido con vistas a mi tor-mento personal. y. Aquel cuadro. donde permanecía fijo. cada objeto y pequeño detalle del dormitorio. como el pico de un buitre. que se alargaba a veces durante varias horas. si bien reinaba una profun-da oscuridad. mis queridos amigos. sin saber por qué. trashaberse pavoneado. parecían brillar con una crueldad y frialdad del otro mundo. mi atención se fijaba invariablemente. mientras que las cejas conservaban su negrura original. tono y sombra de aquel rostro. o creía ver. el gallo desaparecía y. es inherente a la pesadilla corriente. ¿era algo «subjetivo» (por utilizar el tecnicismo tan popularizado en nuestros días) y no la agresión e intrusión palpables de un agente externo? Esto. Hay que ser justos y reconocer con total franqueza que el maldito retrato empezó a espaciar sus visitas como consecuencia de aquel tonifi-cante. El espíritu maligno. y así durante horas y horas. sensua-lidad y poder. me levanta-ba para iniciar la nueva jornada. nos confabulábamos para dispersar mis horrores. fieles al presunto materialismo de la medicina. bajo la forma de aquel retrato. Pues bien. tenía embrujados mis sentidos. en las ventanas que había frente a mi cama. sus grandes ojos. Aquel sueño. no es necesariamente cierto.del que yo era un triste juguete. ¿Qué significa todo el código moral de la religión revelada sobre el cuidado debido a nuestros cuer-pos. Finalmente. Sin saber exactamente por qué. así. cómo él. al tiempo que presagiaba cosas siniestras. Pero. Casi siempre me limitaba a decirle que había tenido una pesadilla abominable.que tornaba mis noches insoportables. con los nervios destrozados.todo era distinto: en vez de disfrutar de mi descanso habitual.

seguidos de un ruido sordo producido por lo que resultó ser un gran candelabro de metal lan-zado con toda su fuerza por el pobreTom Ludlow contra la baranda y que fue dando tumbos hasta el segundo tramo de las escaleras. y salté de la cama. -Sí. El hipnotizador y el electrobiólogo fallarán por término medio en nueve de cada diez pacientes. cosa extraor-dinaria. Sé buen chico. mirando a través del vetusto barandal hacia la ventana del pasillo.Tom?-le pregunté sacudiéndolo con nerviosa impaciencia.. quédate aquí. y ¿dónde está la vela? -En tu habitación. sintiéndome inusualmente nervioso.Dick. No importa. se sentaba en el borde de mi cama. Él respiró primero y luego me contestó con unas frases no muy cohe-rentes: -No pasa nada. pero ¿qué ocurre? ¿Qué es lo que ha pasado exactamente? ¿Por qué no me lo dices. por donde penetraba la luz tenue de una luna nublada. Cierra la puerta con cerrojo.los detalles de la espantosa visión que lo había dejado tan abatido.duda de que existe una clara relación entre lo material y lo invisible. pero ninguno se puede comparar con el que se había apoderado del pobreTomaquella noche.. Me encuentro en un «estado de shock». -¿Qué ocurre. nada. Hice lo que me pedía mientras él. no vayas. Pero yo no sabía aún nada de esto. me despertaron unos pasos en el corredor. encien-de tu vela y abre la ventana. una vela.Tom.. ¿He dicho algo? ¿Qué he dicho? ¿Dónde está la vela. ¿quieres que vaya por ella? -No..Richard?Está oscuro. está bastante oscuro -dije-. ¿no crees? No ha podido ser otra cosa que un simple sueño.. -Creí -dijo.me voy a que-dar aquí contigo. y otras no.. te lo repito: todo ha sido un simple sueño. -Por supuesto que ha sido un simple sueño -dije yo. Una noche en que estaba yo durmiendo profundamente. .. Tomabrió la puerta de par en par y entró reculando en mi habitación. envolviéndose con una de mis mantas. el tono saludable del sistema corporal y su energía intacta pueden. prote-gernos contra influjos que de lo contrario tornarían espantosa la vida como tal. Un simple sueño.Dick. Se requieren unas condiciones especiales del sistema corpo-ral para la aparición de ciertos fenómenos espirituales. Yo no quería que me contara -ni creo que a él le hubiera apetecido hacerlo en aquel momento. y.dime qué te ocurre. y lo mismo cabe decir del espíri-tu maligno. Estoy un poco nervioso. nada. Yo tenía. Y no hay más que hablar. lo más seguro -dije-. presa de una extraordinaria agitación. Después descubrí que mi compañero presuntamente escéptico pasa-ba también momentos de turbación. Esta operación tiene éxito unas veces. Yo salté de la cama y lo cogí del brazo sin tener la menor idea de lo que estaba ocurriendo. -¿Que qué me ocurre? Oh.que había un hombre en mi habitación y... Todo el mundo sabe lo contagioso que es el miedo de cualquier tipo. casi simultáneamente.Tom?¿Qué te ha pasado? ¿Qué diantre te ha pasado. No. Allí estábamos los dos con nuestros camisones delante de la puerta abierta. He debido de soñar algo.Tom?¿Estás en tus caba-les? Venga. si no me equivoco.. ya ha pasado.

yo espera-ba que mi puerta fuera a abrirse en cualquier momento para dar paso al modelo u original de mi detestado retrato. Pues bien. ¡que me cuelguen si me quedo aquí más tiempo.. tan pronto como yo encontrara alojamiento apropiado.-Tom. le ocurrieron un par de aventuras insignificantes a vuestro humilde servidor. con los nervios propios del cambio de casa. tú puedes encargarte de buscar habitaciones para los dos. con la contundencia y la parsimonia propias de un adulto. para verme asaltado por la indigestión y. produ-ciendo un ruido a la vez seco y fofo. y que. Eran unos pasos lentos y pesados. Recuerdo bien la noche. Ahora bien. antes al contrario. pero hay una cosa obvia: que este horrible case-rón nos repatea a los dos.he pensado que. Eran las dos de la madrugada y las calles estaban más silen-ciosas que un cementerio. Entre tanto. voy a ir a verlo mañana y volveré dentro de un par de días. para mantener completamente a raya a los espíritusnegrosyblancos. Hablemos de cualquier otro tema. pues. le escribiría urgentemente para que diera por terminada su visita a tíoLudlow. había dejado a un lado mi volumen de anato-mía. Cuando los pasos alcanzaron el rellano de mi piso. con la puerta bien cerrada y todos los ingredientes de un ponche de whisky sobre la mesita de noche -de diseño bastante irregular-. había decidido conservar el ánimo a base de buenos lingotazos de licor -práctica ésta recomendada por la sabiduría de mis antepasados-. espíritus azules y grises queme acechaban. se desvanecería a la mañana siguiente junto con los demás vapores y sombras de la noche. pues. entre tanto. sirvieron entonces para estimular conside-rablemente mi apetito de cambio. ocurrió que. parecía decidida a hacer el mayor ruido posible y a avanzar con total parsimonia. Sin embargo. perfectamen-te audibles... fruto evidente de la visión que tanto le había perturbado. Pero me equivoqué..no me hables de nada relacionado con tu absurdo sueño -le dije afectando desdén. bajando por la susodicha escalera. sino que.. Yo había creído que aquella resolución. por absurdas que puedan parecer ahora difumi-nadas por el paso del tiempo.Tompartió temprano al pueblo de su padre tras acordar que.. ¿no te parece? Tomasintió y. en que me encontraba sentado junto al fuego de mi dormitorio. transcu-rrió casi una semana entera antes de firmarse el contrato de arrenda-miento y escribir yo a toda prisa aTompara que regresara cuanto antes. donde me esperaban media docena de páginas delSpectator. y estaba regalándome con un tonificante previo al ponche y a la cama. como hace mucho tiempo que no veo a mi padre.Richard. lo mejor que podemos hacer es buscar otro alojamiento cuanto antes. debido a una serie de pequeños aplazamientos y circunstancias. por noches malí-simas! Así que. un día o dos tras la partida de mi compañe-ro. unos . y estaba claro que aquellos pies iban completamente descalzos. tras una pausa. muy desagradable al oído. pero en el fondo muerto de miedo-. dijo: -Oye. los ruidos de la casa eran. que.cuando oí pasos en el tramo de escaleras entre el desván y el piso de mi dormitorio. parecieron detenerse. Yo sabía perfectamente que la criada se había marchado a su casa hacía bastante tiempo y que nadie más que yo tenía motivos legítimos para andar por la casa a aquellas horas. También era obvio que la per-sona que bajaba las escaleras no tenía ninguna intención de pasar inadvertida.

Mi aprensión aumentó igualmente al notar que la puerta. y. delante de mí a un monstruo negro. le lancé el atizador con toda mi fuerza a la cabeza. y temeroso de que me hubieran cortado la retirada. Armado de valor. inquietantemente anunciada por unos truenos de tor-menta y un diluvio de lluvia deprimente. como suele decirse. Asimismo debo manifestar con toda sin-ceridad que. no les ocultaré que el aparador que contenía nuestra vajilla se hallaba justo allí. las hice materialmente añicos. o creo ver. Ésta llegó. teniendo en cuenta que mi imaginación estaba muy excita-da. cogí el atizador de la chimenea. Ahora que había cesado el ruido.. Agucé el oído. donde aún resplandecían algunos rescoldos. y cuál no sería mi horror cuando veo. y de las pisadas regulares que aporreaban las escaleras en medio de la soledad de mi embrujada morada.segundos después sentí un gran alivio al percibir que los pasos reanu-daban su descenso en dirección de los salones de la planta inferior. no se podía explicar tan fácilmente. pero la noche siguiente. de espaldas a la pared. es decir. mi estado anímico era una caldera a punto de estallar. desde donde no me llegó ya ningún ruido. y salí al pasillo. Yo tenía la moral por los suelos y un terrible pavor a que llegara la noche. en suma. y luego. ¿cómo explicar el ruido de aque-llos horribles pies descalzos. estando ya acostado y en medio de la total oscuridad. los horripilantes ojos de aquel bicho no habían sido más que un par de tazas de té invertidas. pues aquella aparición. Pues bien. y a aquella hora en la que yo no podía recurrir a ninguna ayuda? No. No sabría decir con total seguridad si la aparición de aquella noche había sido una simple ilusión óptica de mi fantasía jugando con los oscuros contornos del aparador y. empezó a avanzar hacia mí con su forma original. por tanto. no sabría decir si con forma de hombre o de oso. oí cómo los horribles pies descalzos seguían bajando las escaleras. Movido instintiva-mente por el terror más que por el valor. donde permanecí en un estado de espantoso bloqueo mental hasta que se hizo de día. No aprecié ningún nuevo movimiento. con dos inmensos ojos verdosos que brillaban tenuemente. retorné lo más rápidamente posible a mi habitación. pero no lo conseguí. volví a mi habitación y cerré la puerta con doble vuelta de llave. Todo el mundo conviene en lo desagradable que resulta el sonido de la propia voz en semejantes circunstancias. como daban fe los fragmentos del juego de té que se amontona-ban en el suelo.. Aquello redobló mi sensación de incomu-nicación. en medio de un horrible estropicio de objetos rotos. tuve la satisfacción de constatar que había lanzado el ati-zador con admirable tino y. se había cerrado detrás de mí. Además. nada. que estaba seguro de haber dejado abierta. en cualquier caso. hasta que cesó el ruido al llegar al vestíbulo. pero no oí moverse ni una mosca. Un minuto después. Salté de la cama. Traté de tranquilizarme ante la evidencia de aquellas pruebas. que aportara alguna explicación al nerviosismo que me roía. Las calles se vaciaron de gente antes de lo habitual. presa de una vaga alarma. El sonido había cesado en aquel momento... aunque en aquel momento yo no me acordaba de esa circunstancia. decidí probar fortuna: abrí la puerta y grité estentó-reamente por encima de la baranda: -¿Quién anda ahí? La única respuesta que obtuve fue el eco de mi propia voz retum-bando por la vieja mansión. Todo aquello tenía una pinta realmente fea. hasta la planta baja y el vestíbulo. Esta vez había ingerido ya mi ponche y por tanto «la moral de la tropa» era excelente. y hacia medianoche no se oía ya más que el .. tras cambiar una o dos veces de forma. La noche siguiente no aprecié ruido alguno por parte de mi descalzo co-inquilino. la oscuridad y el frío eran descorazonadores. tras otra pausa. hacia la misma hora oí claramente a mi buen amigo bajar de nuevo de las buhardillas. como en la ocasión anterior.. oída en medio de la más completa soledad. nunca pude determinar después si había sido víctima de mi propia fantasía.

y mi ojo capto algo que se movía. una auténtica rata. por una parte. volvió a darme suficiente coraje y entereza en el momento preciso en que empecé a oír las pisadas contundentes y fofas bajando parsimoniosamente las escaleras. cada vez más fuerte. pues. pero la interrumpí ense-guida para averiguar si se oía algo nuevo. como el detestado sonido había cesado. Era del tamaño del pie de Goliat. Mientras atravesaba la estancia improvisé una plegaria. gestioné varios asuntos. vi. que había sucedido a la tormenta.desapa-cible golpeteo de las gotas contra el suelo. ¡Maldito retrato y maldito original! Estaba comple-tamente convencido de que aquella rata -sí. Me habría gustado oír el traqueteo de algún vehícu-lo o el aburrido vocerío de alguna trifulca lejana. no se veía ningún monstruo en la escalera. No se oía más que el ulular del viento. y otros que enloquecen si ven un gato. la mirada infernal y el sem-blante maldito de mi viejo amigo del retrato transfundidos en la cara de aquel bicho abotargado. El silencio. me estaba mirando fijamente con una expresión de malicia perfecta-mente humana. pues estaba seguro de queTomiría allí directamente al llegar. Cogí una vela con un si es no es de temblor en la mano.que acababa de ver era el temido ser maligno que vagabundeaba disfrazado por la casa en una especie de aquelarre nocturno. Preferí no acostarme y mantenerme alerta para entrar en com-bate. me sentí con la suficiente confianza para aventurar unos pasos más hasta la baranda. Shakespearedice: «Hay algunos hombres que no soportan mirar a un cerdo. a mi vuelta encontré una nota de éste mismo comunicándome su intención de regresar al día siguiente. En medio de aquella gran ciudad. Aquella noche dormí con lo puesto en mis nuevos lares de Digges'Streety a la mañana siguiente volví a desayunar a la mansión de los fan-tasmas. entre tanto. Confieso que vacilé unos segundos junto a la puerta antes de encontrar el suficiente valor para abrirla. el más impor-tante de los cuales fue la nota urgente que le mandé aTom pidiéndole que viniera. el ponche. Que me muera si no era la rata más mons-truosa que jamás había visto o imaginado. . Estaba muy nervioso y traté en vano de enfrascar-me en lo que estaba leyendo. se había vuelto más silencioso y la oscuridad más oscura todavía. los pasos misteriosos habían vuelto a retumbar. que embrutece a tanta gente. hasta que «FLANAGAN & CO'SBEST OLD MALT W HISKY» devino en una suerte de acompañamiento atenuado de todas las fantásticas y horribles especulaciones a que se había entregado mi cerebro. pues estaba decidido a ver a toda costa a aquel engendro. gris. ríanse de mí si quieren. Aque-lla noticia me alegro por doble motivo. Me senté y me quedé mirando la etiqueta cuadrada de la botella negra. Me instalé lo más cómodamente posible y encendí dos velas en vez de una. si es que era visible. pues. Y ¡horror de los horrores! Un par de peldaños más abajo de donde yo estaba. en cualquier momento. Mi presencia de ánimo iba disminuyendo por minutos. El pasillo estaba completa-mente vacío. mitad ridícula y mitad horripilante. y sepa Dios con qué otra cosa también. y. la cual se había alejado definitivamente allende las montañas de Dublín. y. de aspecto solemne y antañón. pesado y se bamboleaba como un peso muerto de un peldaño a otro. La mañana siguiente la pasé arrastrándome penosamente por las calles embarradas de la ciudad. Los pasos seguían su cadencia regular. mientras seguía arrastrándose y mirándome a la cara casi por entre mis pies. Sin embargo. por la otra. Volví como un rayo a mi habitación con una sensación de asco y horror difícil de describir y cerré a cal y canto la puerta como si hubiera un león al otro lado. ya había conseguido encontrar nuevo alojamiento y. Curiosamente. que turbaba la paz noc-turna de mi mansión. vela en mano. su regreso me resultaba particularmente grato tras la aventura de la noche anterior. Me puse a pasear por la habitación silban-do tonadillas marcialesy humorísticas alternativamentey aguzando el oído de cuando en cuando por si oía el temido ruido.» Yo estuve a punto de perder el juicio al contemplar aquella rata. empecé a sentirme solo con la natura-leza. podría jurarlo.

por lo que deduje que debía de ser algún ratón trajinando en el revestimiento de madera de la pared. mi queridoTom-insistí-. y. estaba tan inmóvil como si ya me hubiera dormido.tres veces distintas. Allí estaba. en tu caso. »La primera vez estaba acostado en esa cama grandota tratando de dor-mir. No creo que a mí me hubiera asustado demasiado. Y prácticamente la primera pregun-ta que me hizo fue sobre el motivo principal que nos había empujado a cambiar de residencia. pues lo normal es que me hubiera vuelto loco si no logro escapar rápida-mente. te aseguro que bajo ningún concepto volvería jamás a pasar una noche en este horrendo caserón. y estoy completamente seguro de que quería hacerme un daño mortal. y.Dick. Si los hubieras visto.. aunque un poco inquieto en el fondo. Sin duda le había refrescado un recuerdo sumamente desagradable. . aunque ya había apagado la vela. Mi curiosidad fue disminuyendo y. Me incorporé un par de veces en la cama. mis pensamientos discurrían por derroteros alegres y agradables. si te empeñas. -Graciasa Dios -exclamo con auténtico alivio al oír que todo esta-ba arreglado-. en cuanto a mí. Me alegro por ti. »Debían de ser por lo menos las dos de la madrugada cuando creí oír un ruido en ese. unos minu-tos después. oigamos entonces tu aventura -dije con cierta acrimonia. si bien he de reconocer que formamos un contingente demasiado aguerri-do para que a los fantasmas se les ocurra hacer alguna de las suyas. Trataré de reproducir el relato a poder ser con sus mismas palabras. -dijo mi primo como restando impor-tancia a mi relato-. pero aquellos ojos. él miro primero a su alrededor con inquietud. Y así seguimos platicando. aquella cara..te la contaré -dijo-. -Bueno.. Pero gracias a Dios que logré escapar.. en ese odioso recoveco del extremo de la alcoba. Pero enseguida suspendió su tarea y se puso a escuchar el relato con la boca y los ojos abiertos (éstos como pla-tos). Era como si alguien viniera arrastrando lentamente un trozo de cuerda.Dick. Estaba com-pletamente despierto. Desde que nos instalamos aquí no hemos pasado ni una sola hora a gusto. sepa su señoría que no me hace mucha gracia contarla precisamente aquí. -¡Al diablo este lugar!-exclaméa mi vez con una mezcla de miedo y odio-. creo que su razonamiento no estaba desprovisto de cierto fundamento. -Bueno. -Bueno. -Ya. Nuestra Hebe se hallaba en aquel momento en un rincón de la habitación recogiendo en un cesto los pedazos de nuestra vajilla. el mejor exorcista habría sido un gato en plena forma física-dijo con una risita provocadora. Pasé un trago malísimo. y yo aproveché para contarle mi aventura con aquella vieja rata hinchada. pero sin conseguir ver nada.Y no me equivoqué. La verdad es que me hace poca gracia recordar aquello. No obstante. Ante aquel desafío. si eso fuera todo. -Me inclino a pensar que. la levantara y luego la volviera a dejar caer suavemente en el suelo. Aunque dijo aquello en tono de broma. habrías reconocido que era cualquier cosa menos lo que parecía ser. -Lo vi tres veces.

bastante corpulento. Pero. me armé de valor y examiné deteni-damente la habitación. Como me acordaba de tus sueños con el retrato. sin. y lo mismo dos o tres subsiguientes. me sobrevino finalmente un sueño profun-do pero agitado. Así. yo esperaba hacer proselitismo conmigo mismo y convertirme en un perfecto escéptico respecto al tema del fantasma. Yo estaba tratando de convencerme a mí mismo de que todo aquello era una mera ilusión y no quería revivir la espantosa impresión de la noche anterior. con unos temblores raya-nos en el puro pánico. precisa y curiosamente. recuperé la autoconfianza y empecé a imaginar que creía en la teoría de las ilusiones espectrales que en un principio había tratado en vano de imponer a mis convicciones. Sin volverse a derecha ni izquierda. lo había visto perfec-tamente. yo seguía erre que erre. vi de repente a un hombre viejo. sin embargo. »Mientras me encontraba en este estado. ¿cómo diantre lo había visto yo? Era una noche cerrada. En cuanto amaneció. que nunca podré olvidar en el resto de mi vida. como si yo mismo hubiera devenido en otro cadáver. me sentí incapaz de articular palabra o moverme. ¡Dios bendito. al igual que la siguiente. un sueño cataléptico podía explicarlo todo. »Te aseguro que me hizo falta mucho valor para volver la noche siguiente a mi dormitorio embrujado y acostarme en aquella misma cama. lo cual era un verdadero con-suelo. y él no parecía tener nada que ver conmigo. tras pasar junto a los pies de mi cama. ¿para qué cruzar la habitación con apariencia visible? Además. que somos. y yo tampoco aprecié desorden alguno entre los objetos del armario. no me da vergüenza reconocer.yo estaba simplemente mintiéndo-me a mí mismo. las perso-nas a las que menos probabilidades tenemos de engañar. ¿qué le importaba . »Aquella aparición. había sido completamente anómala. Dick. con una especie de bata roano-roja y un gorro negro. lo decía todo. Tenía la cabeza ligeramente inclinada a un lado. y en especial el trayecto que había seguido aquel espantoso intruso. »Uno de los fenómenos más notables relacionados con la práctica de la mendacidad es el gran número de mentiras deliberadas que nos con-tamos a nosotros mismos. como nunca había visto una forma humana. huelga recordártelo. y me con-vencí. y. ni tampoco atentar contra mi declarado escepticis-mo al contarte aquella experiencia preternatural. »Mientras pasaba a mi lado aquella espantosa e indescriptible encar-nación de la muerte y la culpa. no quise hablarte de aquella visión infernal para no amedrentarte más aún. Como estaba agotado. de que no había sido más que un sueño. Yo no lo había molestado. Con todo aquello. pues. pasó a mi lado y penetró en el armario que hay junto a la cabecera de la cama. como un charlatán de feria. qué rostro el suyo! Tomse detuvo un instante antes de proseguir: -Aquel espantoso rostro. Bueno. El espectro había atravesado la habitación sin reconocer mi presencia. »Aquella constatación me aportó una pizca de consuelo y tranquili-dad. Bajé tarde. entonces. o un impostor. aquella noche transcurrió bastante tranquila. atravesando mi habitación tieso y premioso en sentido diagonal. que consigue que la gente lo acabe creyendo de tanto oírlo. Cuatro horas después de aquello aún me sentía demasiado aterrorizado y débil para moverme. Además. Llevaba algo bajo el brazo. ni mi vela ni el fuego estaban encendidos y. Lo hice.dejé de observar. penetró en el cuarto de la izquierda. sospechar en un principio nada sobrenatural. cuyo original estoy ahora seguro de que era el que yo había visto. por extraño que parez-ca. a mí que en el fondo no me creía ni una palabra de aquel maldito embolado. razoné. »Éste no se me había vuelto a aparecer. pero éste no había dejado ninguna huella a su paso. Sin embargo. había salido de la recámara y. con colores y contornos. Sin embargo.

»Yo seguí recitando con cansina monotonía aquella balada hasta el último verso. Salió haciendo eses harto de whisky.y al punto me despabilé por completo y miré fijamente delante de mí sin despegar la cabeza de la almohada. cerré los ojos y traté de concentrarme en la letra de la canción. animado por una algarada entre borrachos en la calle de atrás. lenta pero claramente: "¡muerto. cuya condición etílica me atrevo a decir que se asemeja-ba bastante a la de su héroe. a lo largo de mi desa-gradable duermevela. se había caído a un río.vi otra vez aquel maldito espectro delante de mí mirándome con su semblante pétreo y diabólico a menos de dos metros de mi cama. se alejó demasiado para que yo pudiera seguir deleitándome con su buen humor. »Pero de aquel sueño profundo me desperté sobresaltado. y. me dormí rápidamente. más ciego que un topo. volví a acostarme mirando hacia la chimenea. El claro de luna penetraba a raudales por la ventana sin cortinas. Entró en una tabernaaponerse morado. el cual. y luego se fue difuminando. y así sucesivamente. al final me encontré musitando "más muerto que muerto" al tiempo que otra especie de voz dentro de mí parecía decir. -Sólo lo vi claramente unos tres segundos -prosiguió su relato-. estando reunidos como estábamos en el mismísimo escenario de la narración. »Y entonces.y. Así. estaba cantando la popular tonadilla cómica "Murphy Delany". tras enterarse por el veterinario que estaba "más muerto que muerto". Tomse detuvo aquí y se enjugó el sudor de su rostro.Dick?. y. no sabría decir durante cuánto tiempo. ¡y que el Señor se apiade de tu alma!". un airado altercado seguido de una batalla campal entre el cadáver y el juez ponía fin a la historia en medio del buen humor y del júbilo general. Sin embargo. apagué la vela y. Yo me sentía un poco nervioso. alegreyretozón. que por momentos se iba perdiendo en la lejanía: Era Murphy Delany. los tres nos alegrábamos de que fuera de día y se oyeran en la calle los ruidos del trajín cotidiano. me metí en la cama. aunque. Sabía que había tenido una pesadilla horrible. ¿querrás creerme. desgraciadamente para mí. al salir de la taberna. Me incorporé en la cama y miré alrededor. emitió su fallo a tenor de dicho diagnóstico en el momento en que el interfecto recobraba el conocimiento. aún oía el canto de un trasnochador achispado de vuelta a casa. La muchacha estaba tan pálida comoTom. pero durante mucho tiempo después quedó como una columna de vapor oscuro en el punto donde se había . la triful-ca doméstica del callejón se había amortiguado un tanto. sentía unos sudores de muerte. La letra de aquella canción se me había pegado y yo seguía repasando las aventuras del aquel paisano respetable. pero no acertaba a recordar en qué había consistido. muerto. muerto!. »El cantante. caí en un estado de somnolencia que no era ni profunda ni reconfortante. que. Ligeramente reconfortado por oír una voz humana. Más fresco que una lechuga. Mi corazón latía desbocadamente. y luego da capo.yo a aquel ente con aquella indumen-taria y aquel aspecto tan extraños? ¡Un ardite! Pues a mí me importaba también otro soberano comino. del que era pescado para ser lleva-do a presencia del juez de primera instancia. conforme su música se iba apagando. todo estaba como lo había visto la última vez.

¿Qué me podía impedir disfrutar allí de un sueñecito de una hora? La atmósfera parecía bullir con el ale-gre canturreo de la vida. aquel vapor también se esfumó. »Cedí. alrededor de las dos. durante el día. estaba literalmente agotado de cansancio y no deseaba más que dormir. a contarte lo que me había pasado. »El destino quiso que tu habitación estuviera cerrada y que te hubie-ras llevado la llave. creo. bastante más de las doce.apareci-do. »Sin ningún sobresalto ni sensación especial de miedo. digo. »Pues bien. nunca. Me quedaba un rato en el salón cuando tú te ibas a acostar. Entonces cogí mi ropa y bajé al vestíbulo.donde me quedaba hasta que se iba el último cliente. el efecto de aquel agotamiento sobre mis nervios se parecía al de un narcó-tico y me hacía menos sensible al horror que tan habitual se había vuelto para mí.. como colofón. sentado en una silla. lo que se dice dormir no dormí ni un solo día. a aquella casi irresistible tentación y. con cobertor y almohada incluidos! »Fue realmente espantoso. y más cuando yo te había hablado siempre con cierto retintín filosófico y había ridiculizado tus historias de fantasmas. »Pasé más de una semana sin dormir en una cama. hasta el punto de que nunca. por las calles de la ciudad. para darle el aspecto de haber dormido en ella. pero no acababa de decidirme a contarte la razón. y estoy seguro de que aún seguía allí. que era posible echar solamente un sueñecito de media hora en la cama. y la luz meridiana que entraba de la calle llena-ba todos los rincones de la habitación. salvo los dos o tres minutos que la visitaba sigilosamente cada día para deshacerla. y así mi vida durante todo aquel período fue más miserable que la de un delincuente que tiene a los alguaciles a sus talones. Con la mente y el cuerpo agota-dos tras una semana entera sin dormir. Pero he aquí que una variedad de circunstancias concurrieron a producir la espantosa escena que iba yo a vivir aquella noche. con la puerta medio abierta. como de costumbre.tal vez no me creas si te digo que durante muchas noches después de aquello no volví a poner el pie en mi dormitorio. en un lamentable estado de nerviosismo y agotamiento. como sin duda recordarás. Aquel maldito modo de vida me esta-ba comiendo la salud. me desperté suave pero completamente. Estaba. me tumbé a disfrutar de un sueño de solamente media hora en. a . y luego salí a la calle y pasé el resto de la noche paseando por la ciudad. donde me vestí. Eran. el alegre sol del día tornaba muy agradable la estancia en la habitación. Fui a la mía a deshacer la cama. acallando mis temores. Yo odiaba la mía.Dick. Fui tan tonto. en segundo lugar. y. para que Martha no descubriera el secreto de mis ausencias nocturnas. »Estaba completamente decidido a que nos mudáramos de casa. Además. entre la pared y yo. idiota de mí. durante todo aquel tiempo. El resto de la noche lo pasaba deambulando. Creía que te ibas a reír de mí. pero. volví a entrar en aquel nefasto dormitorio. Estuve durmiendo varias horas de un tirón como un auténtico bendito. ¡atención: nada menos que una cama de plumas. y no regresé hasta el amanecer. A veces echaba una cabezada en un banco de"Robin Hood"o. En primer lugar.Dick. la ventana estaba abierta y un agradable frescor inva-día la habitación. y me guardé para mí aque-lla espantosa experiencia. por vergüenza. como un sereno. yo había imaginado. y luego me dirigía sigilosamente a la puerta de la calle rumbo a la taberna"Robin Hood". Cuando el sueño ha sido pro-fundo y suficientemente largo para que la naturaleza se quede comple-tamente satisfecha.. convencido de que te reirías de mí a mandíbula batiente. Después de un buen rato. no cabe duda de que el demonio había participado en mis necios preparativos. tras quitarme el gabán y aflojarme la corbata. »Una tarde decidí disfrutar de una hora de sueño en tu cama. pues.que no me atreví.

tan indescriptiblemente espantosa. sus labios esbozaban una sonrisa tan sen-sual. Dick. Se volvió despacio y ¡qué veo! Allí estaba el rostro pétreo. las omito aquí por mor de la brevedad. nadie salvo quien haya vivido tan espantosa experiencia. que Dios se apiade de todos nosotros. me pareció. No vi ni recuerdo nada más hasta que me encontré en tu habitación.menudo se despierta uno de esta manera repenti-na. como bien saben. un escalofrío ha atravesado mi sangre y mi médula y nunca volve-ré a ser el mismo. »Había una figura sentada en el viejo y gran sofá. Te aseguro que. Aunque. cuya otra punta. como para enrollarlo en el mío. como digo. junto a la chime-nea. sostenía firmemente en la mano. conque figúrense pasar la noche allí. ¿Así que no saben que el viejo pecador. pero no podía equivo-carme. -Yo había oído hablar de esto muchas veces -dijo de pronto-. »Tuve muchísima suerte de haber conseguido escapar. como ella dice. Durante el relato había hecho varios comentarios graves en voz baja. mirándome con un rictus de sarcasmo. se sentó detrás de nosotros. no exactamente ahí -dijo ella-.Dick!¡Nunca! Nuestra criada. había conseguido alcanzar el pasillo. y de que estaba animado por un infernal propósito. mientras viva. pues se levantó y se acercó a mi cama. a mi cama con la intención. marca-do por la malicia y la desesperación. de subirse a ella.una sombra ha pasado por encima de mí. El abominable espectro seguía delante de mí. no conoce historias tan raras que. Se acercó. Porque. daré constan-temente gracias al Altísimo por ello.. Ella nunca me dejó entrar en esahabitación. que creí que me iba a volver loco. como ya he dicho. se ahorcó colgándose de la baranda? ¿Y que fue en la recámara donde encontraron los mangos de la cuerda de saltar a la comba y el cuchillo con el que estuvo . quién iba a ser si no. Como una exhalación me lancé al suelo por el lado opues-to y. -Amén -musité yo-. ¿por qué no lo había creído? ¿Es que mi madre. Me estaba dando prácticamente la espalda. a poca distancia. Que Dios conceda descanso a su alma. que vive ahí en la calle de atrás. estaba haciendo parsimoniosamente un lazo en el otro. ¿Es que murió ahí? -¿Que si murió ahí? No. el juez Horrock. un segundo después. -¿Que ahí había dormido él? ¿Quién? -pregunté yo a renglón seguido. Pero nunca me lo había creído hasta ahora. esperándome junto a la baranda. mientras se ocupaba de aquella macabra pantomima. »Mi ángel bueno debió de asistirme en aquel espantoso trance. ¡Nunca. con la boca abierta y las cejas contraídas sobre sus pequeños y brillantes ojos negros. Dick. »Pero el hechizo no se había deshecho todavía: el valle de la sombra de la muerte no se había franqueado todavía. Y miró asustada por toda la habitación. pero éstos. sin saber cómo.ypoco a poco se fue acercando a nosotros.eso no me lo puede rebatir nadie. Ahora no me cabía la menor duda de que era consciente de mi presencia. había ido dejando de trabajar conforme avanzaba el relato deTom. casi no hay quien las cuente? Pero ustedes no deberían haber dormido en el dormitorio interior. hasta que. una mujer de cincuenta y dos años. con un extremo de la cuerda enrollado al cuello. tranquila y total. Per-manecí unos segundos traspasado por la mirada de aquel horrendo fan-tasma. sin dejar en ningún momento de mirar de reojo hacia atrás. Llevaba alrededor del cuello una soga. y otras curiosas excla-maciones suyas. Nadie sabe realmente lo que signi-fica enfrentarse a semejante presencia.. ni siquiera de día. ahí había dormido él. adujada. la Virgen me bendiga.Dick. y. -¿Cómo que quién? Pues el viejo juez.

Había sido un ataque. no recuerdo el nombre. que viene el amo! ¡El amo! ¡Me está haciendo señas! ¡Madre mía querida. que me contó cosas muy curiosas. se contaba una historia muy rara. la cuerda con la que se ahorcó? La cuerda era de la hija del ama de llaves. -Bueno. que su alma descanse en paz. supongo que habrá por ahí historias de que el fantasma se ha aparecido a otras personas. dije-ron. ¿Y por qué no iban a contarse historias? ¿No fue en esa misma habitación donde durmió durante más de veinte años? ¿Y no fue en la recámara donde encontró la cuerda que acabó con su vida por fin. pero en cualquier caso había dos muchachas y el padre. y ella se ponía a aullar como una loca para que no se le acercara el viejo del cuello retorcido. y lo peor que hizo el viejo malvado. en realidad no hay mucho que contar -dijo. Él tenía unos sesenta años. y a mi madre le falta ya poco para cumplir los ochenta. que la Virgen nos bendiga. y era un fornidoy saludable caballero para los años que tenía. se la contaré lo mejor que pueda. -¿Cuánto tiempo hace de eso? -pregunté yo. e hinchada como una morcilla. y los médicos dijeron que había sido por agua en el cerebro. pero los más ancianos estaban seguros de que había sido obra del viejo juez. con una pipa en la boca y sin ningún diente. casi tocando el suelo. como él había hecho con muchos hombres mejores que él a lo largo de su vida? ¿Y no pusieron su cadáver en esa misma cama después de morir. pero mis dedos están ya cansados y lo dejo para otra ocasión. me gustaría contar ahora estas cosas. Y decían que era una mocetona bien guapa y bien vestida cuando el viejo juez puso fin a su vida. y muy raras. y luego en la tumba del camposanto de San Pedro. y la niña ya no vivió un solo minuto tranquila después de aquello: se despertaba sobresaltada a mitad de la noche y se ponía a gritar por las pesadillas. Pero sí sé que hace muchísimo tiempo. lo que no tiene nada de extrañar. Al oír aquella extraña historia que no les he contado. pues el ama de llaves era ya vieja. con la cabeza más negra que el azabache. -¿Qué pasó con eseNicholasSpaight? -pregunté yo. Mi madre dice que la pobre criatura era hija del ahorcado. no pudo decir lo que le había pasado. ¡que la Virgen nos . mi madre las conoce todas. pues era un viejo desalmado por todos los costados y el juez más cruel que ha pisado jamás suelo irlandés. En fin. y luego gritaba: «¡Ay. -Por lo que ha dicho usted del peligro de dormir en ese dormitorio -dije yo-. vaya que sí -contestó con cierta renuencia.aprestando. historias se cuentan bastantes. y nadie ha parado aquí mucho tiempo. En fin. me dijo muchas veces mi madre. que él dormía en esa maldita alcoba interior y. eso fue lo único que pudieron decir. después de que el juez de primera instancia acabara las diligencias? Sí. Siempre ha habido accidentes y muertes repentinas. fue asustar a la pequeña hasta hacerla morir como hizo. ¡que Dios nos pille confesados!. le hicimos un par de preguntas más sobre las supuestas visitas espectrales de que había sido objeto la casa desde la muerte del viejo y malvado juez. de un talNicholasSpaight que lo pasó también muy mal por esto. y de ahí lo metieron en el ataúd. Como él estaba más muerto que muerto. Y nos contó una historia muy extraña. lo encontraron muerto una mañana con medio cuerpo fuera de la cama. -¿Qué? ¡Cómo voy a saberlo yo! -contestó-. Es lo que decía todo el mundo. Pero si desean escucharla en otra ocasión. y tendría unos ochenta años cuando se casó mi madre por primera vez. -Bueno. -A nadie le ha ido bien aquí -dijo-. y decían que era el espíritu del viejo juez el que la atormentaba. no dejes que me lleve!» Y la pobre criatura acabó muriéndose. me pareció a mí-. que picó tanto mi curiosidad que aproveché la oportunidad para visitar a su anciana madre. La primera vez que se alquiló la casa fue a una familia.

y desde entonces nadie. fue Micky Byrne el que ocupó la misma habitación. No sé en qué habitación dormía. la catástrofe que final-mente sobrevino a la casa. pero. una noche el pobre Micky cogió una borrachera. hasta que. Así pues. la encontraron sentada en las escaleras del corredor. al final. y achispado como estaba. Como entre las virtudes de aquel caba-llero no se contaba la sobriedad. sino también bastante fuera de este mundo. pues le he prometido esperarlo. Ya les he contado mis aventuras y las deTom.junto con alguna que otra anécdota que ha servido para mejor ilustrar el relato. les relataré. respirando de alivio. ni siquiera sus mejores amigos.Byrne le oyó decir fueron: "¡Oh. Ésta fue posteriormente reconstruida y. »Más tarde. madera y mortero para el humilde registro de este relato verídico.Byrne que los niños se ponían de pie en la cama por la noche. lo mismito que la hija pequeña del ama de llaves que había muerto. completamente desquiciada. Y así salimos los tres juntos.. tiritando y hablando sola. y ¿me creen si les digo que en medio de la noche le parece oír un ruido en las escaleras. al acudir los criados temprano a la casa. con su mujer y tres hijos pequeños. se quemó parcialmente él mismo e incendió por completo la casa. prendió fuego a las cortinas de la cama. Y ahora añadiré una cosa.así como de periódicos con los habituales anuncios grandilocuentes y engañabobos. y yo misma oí contar aMrs. »Algún tiempo después ocupó la casa una solterona rica. pero sí que vivía sola. Pues resulta que una mañana. durante cierto tiempo. ahíto de vino. y que se asustaban y se ponían a gritar a cada hora. al atravesar por última vez el umbral de aquella casa maldita. No necesito decirles que lo que es el héroe novelesco de carne y hueso para el normal desenvolvimiento de la trama lo es también esta vieja casa de ladrillo. les deseo que pasen una muy buena noche y que tengan unos sueños muy agradables. como obligado por el deber. la alquiló un curandero que se hacía pasar por un tal barón Duhlstorf.. MISTERIO EN LA CASA DE LOS AZULEJOS . se lo aseguro. pudieron sacarle una sola palabra que no fuera: "No me pidáis que me vaya. Y las últimas palabras queMrs. los que conocían la historia de esta vieja casa sabían muy bien qué era lo que le había pasado. y lo encontraron tendido en las escaleras de abajo con el cuello partido. albergó a un empresario de pompas fúnebres. en la que el héroe no sólo aparece a través de sus aventuras. y ahora. y tenía las ven-tanas del salón abarrotadas de botellas con horrores indescriptibles con-servados enbrandy. que le había dado un susto de muerte. una vez cumplida mi tarea. y luego oyó un porrazo que retumbó por toda la casa. Luego añadió la criada: -Voy al callejón a decir aJoeGavvey que venga a recoger el resto de las cosas y se lo lleve todo a la nueva casa. una noche. como solía hacer de vez en cuando.bendiga!. cuando la casa se alquiló por habitaciones. va y no se le ocurre otra cosa que salir a ver qué pasa?. de acuerdo con la práctica inmemorial del mundo de la ficción. por supuesto." Nunca consiguieron sacarle a quién se refería. y que no es otra que la siguiente: unos dos años después de ocurrir lo que nos pasó a mi amigo y a mí. Dios mío!". sin que ella supiera decir cómo ni por qué.

la buena ancianaSally.para divisar el viejo caserón.Sally.que creía a pie juntillas en aquellas histo-rias.Sallyhablaba por los codos y conocía toda suerte de cuentos antiguos de aventuras y misterios que ayudaban a Lilias a dormirse placenteramente.que la casa a la que se ha ido a vivir ahora lo curará rápidamente del libre pensamiento. Ésta se hallaba situada junto a un solitario recodo de la estrecha carretera.Mervyn se había mudado a la vieja y embrujada Casa de los azulejos. pues sabía que no tenía nada que temer mientras viera a la viejaSallysentada con su labor junto al fuego y oyera el ligero ruido que hacía su padre. No es que Lilias necesitara ayuda. -Bueno.hay personas que se llaman librepensadoras y no creen en nada. al subirse a la silla. Lilias se había asomado a menudo al camino de entrada -corto. pues no sé nada de él. -En nuestros días. que ya estaba acurrucada en su cama de columnas- . ni siquiera en los fantasmas -dijo Lilias. si no lo es.Sally. A su manera tranquila.con amable cadencia. ora aminorando el ritmo para describir una escena de horror especial ora deteniéndose por completo -es decir. debe de ser una persona muy valiente y muy buena. -Y ahora que me encuentro a salvo en la cama. «allá en Ballyfermot». amedrentador y furtivo. yo no he dicho queMr. como era su costumbre. nadie le hubiera advertido acerca de los arcanos peligros que allí le aguardaban.I La viejaSallysiempre ayudaba a su joven ama cuando ésta se prepa-raba para ir a la cama.atiza el fuego (aunque era la primera semana de mayo. que unas veces escu-chaba embobada y otras se perdía hasta cinco minutos seguidos de su amable cháchara. pero. recto y herboso. para alcanzar los libros de la estantería (tranqui-lizante prueba de que el afable y solícito guardián de la casa estaba des-pierto y atareado. -Pues le aseguro. mi querida viejecitaSally. el párroco. a ver si consigues asustarme de verdad. sin que. MissLilly. habían ocupado inquilinos misteriosos y había sido escenario de peligros preternaturales. Así. así le habían contado desde niña. como si la vergüenzay la culpa la hubieran obligado a ocultarse entre los viejos y melancólicos olmos y las abundantes cicutas y ortigas.te confieso que yo sentiría muchísimo miedo si tuviera que dormir allí -dijo Lilias con un pequeño estremecimiento mientras se representaba unos momentos la vieja mansión con su singu-lar aspecto maligno. arrancó a hablar -en aquel terreno en el que tan bien se desenvol-vía. sus-pendiendo su labor y mirando con misterioso asentimiento a su joven ama. si es cierto la mitad de lo que cuentan -contestóSally. pues poseía las virtudes de la limpieza y la diligenciay sólo molestaba a la buena ancia-na lo suficiente para que no se considerara un trasto inservible.Mervyn sea un librepensador.) La viejaSallyestaba contando a su joven ama. cómo el jovenMr. que. la noche era gélida) y cuéntame otra vez lo que pasó en ese caserón. inexpli-cablemente.

dejadme entrar!» «Es él». Aquí la viejaSallyreanudó sus labores de punto. el viento volvía a aullar de tal manera que parecía estar riendo y llorando a la vez. y después otra vez a la ventana. y al no hacer ellos ningún amago de moverse ni de ir a abrir la puerta. él era mozo de cuadra entonces -rea-nudóSallysu relato-. MissLilly? -Creo que sí. a las cinco o seis semanas de estar durmiendo allí.Se topaba de repente con ellos en una revuelta del camino. y encima estaba cojo. y también un silbidoy unos golpecitos con el látigo en la ventana. junto al espeso grupo de árboles viejos. que iba sonriendo y brincando a su lado. ¡Caramba. grita desde el otro lado de la ventana: «¡Dejadme entrar. finalmen-te. como si alguien estuviera tratando de abrirla por la fuerza. como ambos imaginaron. caminando en silencio por entre los retorcidos troncos con un niño pequeño de la mano. se oyó un espantoso golpeteo a la ventana. en la que le comunicaban que preparara sus cosas. Esto ocurría sólo en las noches muy oscuras en que no había luna. Y la viuda Cresswell se encontró con ellos a la caída de la noche en la vereda del huerto y no supo de qué se trataba hasta que vio a los hombres intercambiarse mira-das inteligentes mientras ella contaba la historia. que no era otra que una dama vestida con capa y capucha. y la voz del conde. Así que Clinton se dirige a la puerta de la casa y grita: « ¿Quién es?». se atrevía a salir al huerto después de caer la noche. le contó cómo. Cuando se hizo con el huerto. como conteniendo la respiración. pues sus problemas se habían resuelto ya prácticamente. los dora-das camuesos que asomaban entre las hojas iluminadas por los rayos del sol poniente y resultaban tan apetecibles a los escolares de Ballyfermot seguían intactos cuando resplandecía el sol matutino. y cómo les daba tanta pena que les entraban ganas de abrir la puerta y dejarlos entrar. y luego prosiguió con su narración. ha dado la vuelta a la . ¿No era el viejo que cojeaba y llevaba una extraña pelu-ca negra? -Sí. aunque poca necesidad había allí de perros. y se detenía creyendo que se trataba de alguna dama que había venido aquí por alguna razón. Le daba mucho miedo el ruido que hacía su amo en la puerta cuando volvía tarde e iban él y el viejo Oliver a abrirle. dice el mayordomo. como si estuviera escuchando el viento en el recinto embrujado de la casa de los azulejos. Y ¿no se acuerda del viejo Clinton. pues nadie. que había suspendi-do durante unos momentos. Oían de pronto los sollozos de los perros mientras arañaban la puerta de la casa. que era muy leído. eso es. No. y los dos miran primero a la ventana y luego el uno al otro. la carta que le habían mandado por correo aquel mismo día. se dice Clinton para sus adentros. -La misma noche que le sobrevino la muerte en Londres. El viejo Oliver tenía reuma en una rodilla. ¡vive Dios!». estaba oyendo leer a Clinton. y mientras estaba leyendo. Tal vez. supercontentos y muertos de miedo a la vez.pidiera entrar. -A mí me contó aquello varias veces -dijo la viejaSally-. «Claro que es él. Prevención ésta que no se debía a ningún capricho. dejadme entrar. pero los forasteros pasaban raudos como la sombra de una nube. el viejo mayordomo. Así. pero no oye ninguna respuesta.ora. Mick Daly escogió como lugar para dormir el desván encima de la cocina y juró que. Oliver. y no repararon en ella. ni joven ni viejo. y que esperaba estar de nuevo con ellos en el plazo de unos días. había visto por dos veces la misma escena. bajando la voz en una especie de susurro narrativo cuando llegaba el momento critico. luego venían esos ruidos que tan bien conocían. qué bien se acuerda! Aquello fue por una coz de uno de los caballos del conde. ni siquiera levantaron la cabeza cuando los saludó. Prime-ro se callaba el viento. la cabeza inclinada y un dedo en los labios. y a lo mejor al mismo tiempo que la carta. dice también Clinton. aunque la mujer parecía caminar despacio y el niño no dejaba de tirarle de la mano. cuando los vecinos arrendaron el huerto que lle-gaba hasta las ventanas de la parte trasera de la casa. como si el propio conde -que el pobre descanse en paz. los perros que tenían entonces se pasaban toda la noche dando aullidos salvajes entre los árboles y arrastrándose junto a los muros de la casa. perfecta-mente protegidos por el misterio de la noche.

historia tras historia. Y así. y ella se da una vuelta en la cama para que sepa que hay alguien allí. y se va hacia la ventana tranquilo y premioso. A lo mejor ha sido un perro. pero no volvió a tomar bocado ni líquido nunca más. que se había vuelto casi tan pálido como él. «tal vez por eso se ha ido por ahí». mientras Lilias caía en un sueño profundo. Por la mañana acudió con su madre. esgrimiendo la muleta a modo de arma. y en esto que él alarga tanto el cuello que se le sale de la corbata y la cara se le queda vuelta hacia el techo. suspirando.. y empieza a sentirse nervioso y vuelve a la puerta principal. llorando y temblando. pero sigue sin recibir ninguna respuesta. siempre que entraba por una puerta la otra se cerraba rápidamente. y empezó a prestar atención a cosas en las que no había reparado antes. y entonces corre la tranca y abre la puerta. «Voy a abrir la puerta de todos modos». Dicho lo cual. «y quiere entrar sin ruido». y mirando constantemente hacia atrás con el rabillo del ojo. o algo parecido. le dice algo. pensando que así se marchará. No ha podido ver hacia dónde ha ido. pero a partir de entonces nadie vivirá tranquilo en la casa. que parece más blanco que la hoja blanca de la carta de su amo que está temblando entre su índice y pulgar. . Y ya no vio nada más.. y que el lugar solía estar caliente. y bien muerto que estaba. sino que cayó desmayada en la cama. y estremeciéndose con cualquier ruido. dice Clinton. grita. como otra boca completamente abierta que se está riendo de ella. dice. y ha entrado como si viviera en la casa. como si alguien quisiera impedirle que saliera deprisa. Y Clinton cie-rra la puerta y se echa a temblar de miedo y vuelve con Oliver. sólo nota algo que se cuela subrepticiamente entre sus piernas. hubiera salido de la habitación justo al entrar ella. por ejemplo. «El amo está muerto». »Después del susto que se había llevado con lo que había visto en el huerto. que estaba encima del vestíbulo. y ella. con una mirada torva. pre-gunta el mayordomo. « ¡Eh! ¿Me oye? ¿Quién está ahí?». Su madre dijo que había pasado despierta toda la noche por unos pasos misteriosos que oía en la habitación conti-gua. como si. »Pero lo peor de todo era la pobreKittyHalpin. pero en vez de marcharse se acerca a la cama y. cuando iba al gran dormitorio del señor. abría cajones y hablaba y suspiraba sin parar. pero sus palabras son espesas y raras. hasta que a la pobre le entró una fiebre muy fuerte y murió antes de que transcurrieran cinco semanas de aquello. deseando dormirse y preguntándose quién podría ser cuando de pronto entra un hombre apuesto con una especie de holgado chaqué de seda y sin peluca (sólo un gorro de terciopelo). pero no le oigo bien". y -¡que Dios nos pille confesados!.ella ve en su garganta un corte. como si la hubiera hecho alguna cosa pesada que había reposado allí. y ella se asusta muchísimo y dice: "Perdone su seño-ría. la muchacha que murió de lo que había visto. Pero lo que más la asustaba era que a veces encontraba una marca larga y derecha desde la cabeza hasta los pies de su cama. mirando fijamente a Clinton. pero no dejaba de rezar pues algo le decía que no era eso. alguien que tropezaba con cajas. la narración de la viejaSallyfluía como un río. « ¿Qué es? ¿Qué es?». no está seguro. pero no oye ninguna respuesta ni ningún ruido fuera. si hacia arriba o hacia abajo. se dirige a la puer-ta trasera y vuelve a preguntar a gritos quién es. la pobre. quienquiera que fuera. permane-cía sentada junto al fuego con la mano de su madre cogida. el mayor-domo. como las de un muñeco que intenta hablar. pues conocían bien sus proble-mas.casa para llamar en la puerta trasera. como. Pero no ve allí ni hombre ni mujer ni niño ni caballo ni forma viviente alguna. pues sólo lo ha visto un instante con el rabillo del ojo. al enterarse Jinny Cresswell de lo que había ocurrido podéis estar segura de que no se quedó allí más tiempo que el imprescindible. y luego la narradora salía sigilosamente en dirección de su aseada alcoba y de sus inocentes sueños.

des-pués de lo que había sufrido allí la familia de su yerno. se había encargado de la administración de la finca en que se hallaba situada la casa de los azulejos. contemplando el huerto. Bajo las cenizas de aquellos relatos se escondía un pequeño rescoldo de verdad. según calculó. pero mi editor se negó a ello (y creo que con razón. quien. hacia la caída de la tarde. los que nuestros antepasados llamaban cuentos de invierno-. Para ser más claros. Aquel año. y no una mano joven. pequeña. . por lo que voy a ofrecer aquí sólo algunos extractos de la misma.Mrs.yMrs. ha escuchado con especial interés y relata con suma minuciosidad. No se veía más que una mano. Lamento que la causa no se alargara al menos lo suficiente para que pasara a las actas del tribunal el relato auténtico e inexplicable que hace MissRebecca. en su calidad de primo de la madre del joven heredero. AldermanHarper. hacia el 24 de octubre.Prosser llegaron allí a mediados de junio. se produjo una extraña discusión entreMr. las cuales. Pero el concejal redactó un escrito.II Estoy seguro de que la joven se creía todo cuantoSallyle contaba. que va aumentando con las nuevas aportaciones que hace cada nuevo narrador. residente en la calle Mayor de Dublín. apoyado nada menos que por siete largas declaraciones juradas. después de ver cómo su numerosa servidum-bre la iba abandonando paulatinamente. cuyas copias fueron entregadas al señor juez con el deseado efecto. pues la consideraba persona veraz. la cual había casado con un caballero apellidado Prosser. sino. El talAldermanHarper había tomado en alquiler esta casa para su hija. no sólo debería quedar eximido del pago del arriendo. le dijo que la casa estaba embrujada y que ningún criado viviría allí más de unas cuantas semanas y que. y ésta. aunque al principio las considera san-deces. Aquello ocurrió dos semanas después de que tuviera lugar el horrible robo de Clondalkin. bellamente conformada. ylordCastlemallard. LordCastlemallard presentó una denuncia en el registro de la pro-piedad para obligar al señor concejal Harper a cumplir lo pactado y abo-nar las mensualidades del arriendo.Prosser se hallaba sentada sola junto a la ventana del salón trasero. Pero todo aquello no valía más que lo que suele valer semejante cháchara -prodigios. que es realmente curiosa ade-más de idiosincrásica. pues. de unos cuarenta años. Yo quería reproducir aquí toda la carta. hace una minuciosa y curiosa relación de cosas extrañas ocurridas en la casa de los azulejos. sino que además debían demoler aquella casa por constituir una amenaza y estar permanentemente habi-tada por seres mucho peores que malhechores ordinarios. resolvió eximirlo. fábulas. cuando vio nada menos que una mano que se posaba sigilosamente en el alféizar de piedra. aque-lla casa no estaba embrujada por meros rumores de la gente. un misterio para cuya solución tal vez alguno de mis lectores pueda aportar una teoría personal. MissRebeccaChattesworth. y su padre fue entonces a ver alord Castlema-llard y le dijo sencillamente que no suscribía el contrato de arriendo porque en aquella casa ocurrían unas cosas extrañas y misteriosas que no podía explicar. blanca y algo regor-deta. Éste la amuebló y tapizó sin reparar en gastos. dijo que no podía seguir viviendo en aquella casa. y la señora imaginó que la mano era de uno de los bribones que habían participado en él.Mr. aunque yo confieso no tener ninguna. como si alguien agazapado tratara de trepar. Sin embargo. en vez de abrirle expediente judicial. en una carta fechada a finales de otoño de 1753. de una persona de cierta edad. Las cosas extrañas y misteriosas no empezaron hasta un día de finales de agosto.) La carta de esta vieja dama digna tal vez resulte demasiado larga.

la que daba al huerto. mientras la cocinera. ComoMr. Se procedió al punto a registrar el huerto.junto a la ventana. y se empezó a creer que el problema había desaparecido. pero esta vez deslizándose lentamente por todo el cristal. se oye-ron exactamente los mismos golpes en la puerta de entrada. pero no se descubrió nada que indicara que alguien había estado merodeando por la ventana.JaneEasterbrook. sentados en el salón trasero (que por entonces utilizaban como cuarto de estar). un hombre bastante testarudo y bromista. y una pre-sión como si alguien estuviera tratando de entrar por la fuerza. notó como un golpetazo. en un agujero practicado en el bastidor para instalar un cerrojo que cerrara el postigo. había llegado el momento de hacer algo. no hizo ulteriores pesquisas. y la mano se fue retirando lentamente. según sus propias palabras. Pero la noche del 13 de septiembre.Prosser. Durante todo aquel tiempo. se encontraba sola en la cocina. Hacia la seis de la tarde del sábado. producido al parecer con los nudi-llos.yMrs. Durante varias noches sucesivas estuvieron oyendo un tamborileo. Esta vez la mano tardó varios segundos en retirarse. para exasperación del amo y terror de su mujer. hacia las nueve y media. Convencido como estaba de que todo aquello era una broma o una impostura. justo debajo. y no se atrevía a andar por las habitaciones después de anochecer si no era en compañía de otra persona.Prosser era. como si quisiera detectar alguna aspereza en su superficie. y el criado. se rió de los miedos de su familia y decidió dar caza perso-nalmente al fantasma. cosa que lo asustó bastante. salpimentado de juramen-tos y amenazas contra el presunto conspirador doméstico. pues no sólo sus criados. Y todo ello en la parte trasera de la casa. Prosser había cedido a la histeria general: cada cual se recluía en la casa a partir del crepúsculo. Convencimiento que no se guardó para él solo. primero la punta y luego las dos primeras articulaciones. Al volver la doncella a la cocina. sino también la buenaMrs. según he oído. al cerrar. y.Mr. y otras tan fuertes y bruscos que parecía que se iba a quebrar el cristal. Sin embargo. aunque con interrupciones. fue a abrir la puerta trasera. con una especie de suave manoseo. pero no vio nada. la doncella inglesa. «le dio un pasmo» y pasó todo el día siguiente en la cama. como si se tratara de una señal clandestina. se vieron turbados por repetidos golpeteos en la ventana. durante casi dos horas. En efecto. que. Las mujeres se asustaron. Al ver aquello. al principio suave y luego más fuerte. y a lo largo de todo el muro. unas veces lentos y fur-tivos. un rechoncho dedo blanco. la cocinera gritó y profirió una especie de jaculatoria. ade-más. que hurgaban el interior como intentando abrir algún pestillo. El criado no quiso abrirla. había una batería de macetas. sino que lo fue divulgando paulatinamente. como ya saben. Pero un martes por la noche. armado de un fusil.Lanzó un grito de terror. «una mujer honrada y sobria de unos sesenta años de edad». observó. Aquella misma noche se oyó varias veces un apresurado aporreo en la ventana de la cocina. sino que se limitó a preguntar quién andaba allí. esperaba el momento oportuno para pillar al granuja in fraganti. se alargaron. en la puerta trasera. al ir a la despen-sa por el pequeño tazón de plata en el que servía el ponche de su ama y posar la vista en la pequeña ventana de cuatro cristales. parece ser que vio la misma mano regordeta -aunque fina. . que deberían haber impedido la aproximación de cualquier intruso. aunque el aporreo prosiguió en los cristales de la cocina. Pero no oyó nada más que el ruido de una mano deslizándose despacio por la hoja de la puerta. Luego pasaron varios días y noches sin que ocurriera nada raro.

sin embargo.Prosser dejó de reírse del miedo de su fami-lia y se mostró igual de reacio que los demás a hablar de aquel asunto. el «fallo final» fue que la impronta de aquella mano difería por completo de la de cada uno de los moradores de la casa y que se correspondía exac-tamente con la de la mano que habían vistoMrs. hacia las doce y cuar-to de la noche oyó cómo la palma de una mano golpeaba primero suave-mente la puerta de su dormitorio y luego se deslizaba despacio por toda la hoja. Miró por todas partes.Prosser se dirigió con parsi-monia a la puerta. quienquiera que fuera el propietario de dicha mano. Mr. incluidos él mismo y su mujer. Mr. «con la palma de la mano».Prosser fue a examinar la marca sin darle mayor importancia (pero. cuando iba abrir. ni tampoco supo la razón por la que su amo había mirado hacia atrás con tanto nerviosismo y cerrado la puerta con tan tremendo portazo. donde «leyó un rato la Biblia y recitó sus oraciones. No dijo nada aMrs. La im-pronta del pie descalzo en la arena de la playa no asustó a Robinson Crusoe ni la mitad que aquello.Prosser se hallaba en el cuarto de los niños.» Per-maneció despierto un buen rato. tras meterse un par de pistolas cargadas en los bolsillos del gabán. como si una mano lo hubiera sujetado.Prosser y el cocinero.Mr. . y la manera de llamar también era distinta. El criado no vio ni notó nada. Dejando abierta la puerta del salón. Por entonces. que se hallaba en el salón. la mujer de la limpieza se quedó horrorizada al ver la huella de una mano en el polvo de la mesa del «saloncito» donde habían estado desempaquetando azulejos y otros objetos el día anterior. los mandó entrar de uno en uno y le hizo po-sar la palma de la mano sobre la mesa de marras para obtener así las hue-llas de todos los habitantes de la casa.Mr. y una noche queMrs. en el que tenía plena confianza.Prosser se levantó sobresaltado y. Pero. no se encontraba ya fuera de la casa. Los golpes eran suaves y regulares. dio a éste otro par de pistolas y.Prosser. airado. Era la primera vez que se oía llamar de esta manera en esa parte de la casa. y. pero no vio nada. y notó que algo extraño pasaba bruscamente por debajo. pero recibió como respuesta aquella misma rozadura en la puerta que tan bien conocía. Mr. sino bien instalado en algún rincón de su interior. se impacientó más aún y cambió su golpe-teo suave del principio por una serie de porrazos enfáticos y estentóreos. A partir de entonces.Prosser. oyó unos golpes ligeros en la puerta de la casa.Prosser y se retiró a su dormitorio antes de la hora habitual. donde había «un armario metálico» junto a la despensa en el que guardaba sus «armas de fuego. No hacía nada de viento. más para tranquilizar a sus criados que por convencimiento personal). y. Aquella sutil demostración dejó bien claro que. se acercó a la puerta. fue a cerrar la puerta gritando: « ¿Quién está ahí?». su brazo sufrió un extraño tirón. como juró después. según supuso. abrió la puerta con el bastón levantado. El importunador. lejos de asustarse de su proximidad. Por la mañana. Se sentía profundamente inquieto e igualmente convencido de que al abrir la puerta de entrada el intruso se había colado en la casa. su marido.Hacía una semana que no se oían golpes. cambió repentinamente de parecer y retrocedió despacio en dirección de la cabecera de las escaleras de la cocina. avanzando sigilosamente con un garrote en ristre seguido del criado. y algunos medio locos. Todo transcurrió a gusto deMr.» Llamó a su criado. todos los moradores de aque-lla casa estaban muy nerviosos por lo de la mano. espadas y cachiporras. lo que permitía que se oyeran con total claridad.

» Luego tocó la campanilla y.Prosser a cerrar la puerta de la alcoba. sobre la almohada. una mesita de tocador y un espejo que miraba a las ventanas.Prosser la descubrió al mismo tiempo espiando la dirección de sus ojos.Prosser. había visto «los terrores de la muerte». cerca de su cabeza y asomando justo entre las cortinas. su marido podría haber agregado: "Y también los terrores del infierno. Hubo muchas más cosas. pero el gabinete estaba vacío. consiguió queMrs. y los médicos dictaminaron que el mal se debía a principios de agua en el cerebro. que aparecen debida-mente detallados en la extensa carta deRebecca.Prosser se recupe-rara de aquel «trance». Y una noche. con la ayuda de todos los criados. la rechoncha mano blanca. al irMr. Por encima de la cuna de la niña había un dosele-te con unos treinta centímetros de fondo.Prosser se hallaba durmiendo. y escudada por la sombra del doselete. La cuna se hallaba colocada longitudinalmente a la pared. Abrió dicha puerta de un tirón y miró al interior. con el cabezal tocando a la puerta de un armario empotrado o aparador. algunos de los cuales. dondeMr. que bajaba hasta unos veinti-cinco centímetros de la almohada en la que reposaba su cabecita. según sus propias palabras. pero baste con esto.Prosser empezó a verse turbada por unos extraños y horribles sueños. y cerraron la puerta al entrar. a juzgar por su aspecto. Mr. Observaron que la pequeña estaba más tranquila cuando la cogían en brazos y que. la niñera descubrió la causa de los padeci-mientos de la criatura (yMrs.Prosser rodeó la cama a tiempo para ver cómo la puerta del gabinete era cerrada por la misma mano blanca y rechoncha.Aquella misma noche. «que iba a enloquecer."») Pero el suceso que al parecer desencadenó la crisis definitiva fue la extraña enfermedad de su primogénita. llevaba asimismo bajo el brazo un librote de cuen-tas relacionadas con los negocios de su suegro. Ésta se retrajo hábilmente entre las cortinas yMr. lo cual le pareció tanto más inexplicable por cuanto sabía que ésta se hallaba acostada.eran unas pesadillas realmente espantosas. con la cara lívida y cubierta de escarcha. Finalmente. con la muñeca apoyada en la almohada y los dedos avanzando hacia la sien con un movimiento lento y ondulado. presa de pánico. se extrañó de que no se oyera absolutamente nada en la habi-tación.Prosser tendida en la cama.) Vieron cómo. oyeron un suave golpeteo en la puerta. una niña de dos años y medio. y entre ellay la niñera la bajaron al dormitorio de los señores. La singularidad de esta historia me parece a mí que . La madre profi-rió un grito y sacó inmediatamente a la criatura de la cuna. según el creyó muerta. no se podía dormir en la cuna. durante el cual. Había una vela ardiendo en la mesita de noche además de la que él portaba en la mano. a los pocos segundos. Víctima de un extraño paroxismo de terror. La volvió a cerrar y echó el pasador. se pasaba en vela todas las noches junto a la cuna de la pequeña. acompañada de la niñera.Mrs. avanzaba hacia la cabeza de la niña. que no se cerraba del todo. asomando por la abertura del armario empotrado. Descorrió la cortina y vio aMrs. en frase del marido (y tíaRebeccaañade: «según le oí decir a ella misma. con la palma hacia abajo. toda vez que él gozaba de un oído particularmente fino. reculó bruscamente primero y luego lanzó con toda su fuerza el libro de cuentas contra las cortinas detrás de las cuales suponía que se ocultaba el propietario de aquella mano. si la volvían a dejar en la cuna. ni siquiera la respiración de su mujer. y. la mano blanca y regordeta de siem-pre. y durante unos segundos creyó. Mrs. a excepción de la ropa que colgaba de las perchas de la pared.Prosser. pero. se ponía enseguida a gri-tar aterrorizada.

a medio camino entre las montañas y la carretera de Dublín. a la derecha. de quien hablaba en pasado como «el pobre Jemmie». se había visto atormentado por la visión de cierto caballero regordete y pálido. malicioso y desagradable plagado de arru-gas. Espero que el lector me perdone por haberme alargado tanto con la historia de la casa de los azulejos. agotado por el trabajo o con algún tipo de fiebre. tuve ocasión de conocer aMr. Éste. aunque bastante locuaz. Uno de los pocos habitáculos humanos que proyectan hacia lo alto sus columnas de humo de turba en medio de esta llanura solitaria es el construido con tierra y de techumbre malamente cubierta de paja de un «granjero duro». según su madre. La persona a la que perteneciera dicha mano no apareció nunca. que tenía delante todos los días a la hora de desayunar. comer y cenar. James Prosser. Se asienta en medio de un racimo de árboles junto al borde de un riachuelo serpenteante. por alguna hábil arti-maña. cuando el monte Keeperse yergue a su vista. EL GATO BLANCO DE DRUMGUNNIOL ¡Quién no ha oído contar de niño la famosa historia de la gata blan-ca! Pero yo voy a contar aquí la historia de un gato blanco muy distinta a la de la amable y encantada princesa que tomó este disfraz durante una temporada. En el año de 1819.Prosser citó aquello como un caso especial de pesadilla monóto-na. El que viaja deLimericka Dublín. y.estriba en que describe el fantasma de una mano. el cual nos contó a todos de manera muy concisa la historia de su primo. siempre que se sentía enfer-mo. mientras desayunaba en el colegio universitario. y especialmente a la de cierta edad. y un rostro sensual. sino simplemente de una mano que se manifestada de tal manera que su propietario conseguía siempre. olvidando a menudo que los demás podrían aburrirse. se va viendo gradualmente rodeado. El gato blanco del que voy a hablar es un animal mucho más siniestro. como llaman enMunstera los más prósperos de los labriegos. siendo niño. y destacó el horror y la angustia tan terribles con que su primo. con el pelo cano y recogido en una coleta-. era el cuarto embrujado de un caserón cerca de Chapelizod. y no es que se tratara de una mano separada de su cuerpo. un traje de encaje lleno de botones y pliegues. sustraerse a la vista. Prosser -un anciano delgado y grave. a lo largo de toda su vida. individualizada y persistente. cuyo carácter agreste y melancólico alivia algún que otro seto desparramado. y nada más. Mr. visión que se había quedado grabada en su memoria con la misma fuerza que el atuendo y las facciones del retrato de su padre. Pero este ancestral relato popular siempre ha tenido un encanto especial para mí. y durante muchas generaciones ha dado cobijo a una familia de apellido Donovan. tras dejar atrás las colinas de Killaloe a la izquierda. En medio se extiende una llanura ondulada que se va hun-diendo paulatinamente hasta un nivel inferior al del camino. se veía constantemente constreñido a mencionarla. por una cadena de colinas más bajas. . que tenía una peluca de muchos bucles. le gusta hablar y hablar de lo que más le interesa. y ya saben: a la gente en general. había dormido durante cierto tiempo en el que.

testigo de los trabajos de una raza ya pasada. similar a lo que en Inglaterra he oído llamar lago alpino. cubierta por doquier de nieve. Estuve a punto de perder el conocimiento de puro terror. pensando en las escenas heroi-cas que acababa de leer. señor. Su itinerario en línea recta la habría hecho pasar -haciendo abstracción de la laguna. cerca de allí. después de tantos . me contó. o en la melancólica belleza de una puesta de sol otoñal. después de la habitual panzada de lectura. en vez de dete-nerse al borde de la laguna. y así la vi. y. de la manera más fiel posible. inofensivo y muy instruido. y supongo que la índole especial de mi estudio debió de estimular su amor patrio. Un día. Yo tenía sólo trece años entonces.que intentaré repetir aquí. el perfil oscuro y dominante del viejo torreón al fondo. o una mente cualquiera con las ilusiones de la fanta-sía. prosiguió como si el agua no fuera obstáculo. tanto que parecía acariciar la hierba bajo sus pies.Lejos de allí. me recomendaron a un talMr. Iba atravesando diagonalmenteel vasto campo con paso regular. me cansé final-mente y me puse a mirar a mi alrededor. Ahora se ganaba la vida dando clases. y vivía en Drumgunniol.a unos diez metros más abajo de donde yo estaba sentado. donde la perdí de vista. Llevaba un vestido gris claro y muy largo. Ni siquiera ahora. Pues he aquí que. que doscientos años atrás había servido de refugio contra agresores y bandidos. al parecer sin verme. con la misma claridad como lo veo a usted. personaje soñador. y tras preguntar por algún profesor capaz de ins-truirme en la lengua irlandesa. que jamás he encontrado en mi vida a una persona más sencilla y más de fiar. y que aún ocupa su antiguo emplazamiento en la esquina del granero. Yo imaginaba perfectamente cómo. Yo he visto muchas veces esa antigua y singular granja de labriegos: su huerto de inmensos manzanos cubiertos de musgo. pues me confió muchos pensamientos suyos largo tiempo callados y muchos recuerdos de su terruño y de sus primeros años. o en el gélido esplendor de una noche de plenilunio. a la distancia aproximada que yo había calculado. atravesar la laguna sobre su superficie y pasar. como yo había esperado. La figura atravesó una abertura que había en el ángulo más alejado del campo. solía llevarme laHistoria romana deGoldsmitha mi lugar favorito. Estaba tan despierto como lo estoy ahoramismo. Cuando era niño. Fue él quien me contó estahisto-ria. aquel escenario coadyuva-ba a sintonizar una mente soñadora como la del honrado Dan Donovan con la superstición. Descubrí que había estudiado con una beca en elTrinity Collegede Dublín. la torre desmo-chada cubierta de hiedra. Se encuentra en una vaguada limitada al norte por el viejo huerto. la solitaria cadena de colinas cubiertas de aliaga y bre-zales. haciendo barrera. con una línea de rocas grises y racimos de robles enanos o abedu-les. la manera como iba vestida me resultó tan singular en aquella parte del mundo donde el atavío femenino estaba perfectamente reglamentado por la tradiciónque no pude quitarle los ojos de encima. Al acercarse noté que iba descalza y parecía ir mirando a un punto fijo. como si le sirviera de guía. La impresión general de soledad hacía de todo aquello un escenario ideal para un relato salvaje y sobrenatural. visto en el gris de una mañana invernal. deseoso de estudiar varios legajos irlandeses que habían caído en mis manos. no obstante. una piedra lisa situada cabe un espino junto a una laguna bastante profunda. Apenas tenía fuerzas para volver a casa y estaba tan asustado que durante tres semanas permanecí recluido en casa sin poder estar solo ni siquiera un minuto. y vi a una mujer que asomaba por un extremo del huerto y empezaba a bajar la cuesta. el seto. tan frondoso. un lugar solitario de-lo más apropiado para estudiar con tranquilidad. Dono-van. El horror que me había producido la aparición en aquel campo fue tal que ya no volví nunca más a aquel lugar. a ciento cin-cuenta pasos de distancia. con sus mismas palabras. Es cierto. y recuerdo cada detalle como si hubiera ocurri-do ahora mismo.

querida -contestó él. cuando había feria o mercado. Todo el mundo de esta comarca sabe perfectamente a qué me estoy refi-riendo (y todo el mundo relacionó entonces con eso mismo lo que yo había visto). cumplidos ya los catorce años -es decir. y.entonces. o cual-quier otra cosa que te pueda preocupar. y lo mismo las demás cosas. Yo era pequeño y ligero para mi edad. -No. . y. Todo anda bastante bien. y dime si hay alguna otra novedad. Ella obedeció.años. en toda la comarca. Y. -Que Dios te bendiga. tras acariciarla de nuevo. un año después de la referida visión en el campo de la laguna-. Pero aquella noche tenía un aspecto deprimido. se habían retirado ya a descansar. nos encontrábamos esperando a que volviera a casa mi padre de la feria de Killaloe. se volvió hacia mí. y él me cogió en sus brazos y me besó. mujer. No es ninguna fantasía mía. dijo a mi madre: -Echa el cerrojo. Procuraré contárselo a ustedes de la mejor manera posible. celoso de su atención. así como los cria-dos de la granja. y él. Yo no creo haber visto nunca a mi padre borracho. se me ocurriría pasar por allí. y mi madre se levantó a abrirle. tesoro.Mickey. vol-vía a casa algo alegre y achispado y con las mejillas arreboladas. -Bueno. Sabíamos que volvería antes que los mozos que traían el ganado. bajándome con aire muy deprimido. pálido y triste. muy pocos chicos de mi edad habrían podido decir del suyo. gracias a Dios. nada. que estaba tirándole de la mano. Mick. que estaba ponién-dose nerviosa-. y cuéntame si se ha vendido bien el ganado y todo ha salido bien en la feria o si has tenido algún problema con el amo. con una fatalidad singular que durante casi ocho años se ensañó con nuestra familia. Lo cual no significa que no se tomara su vaso de whisky como todo hijo de vecino. salvo los hombres que volvían de la feria con el rebaño. Mis hermanos y hermanas. -Alegra esa cara. y luego rodeó con los brazos el cuello de su mujer y la besó tiernamente. Mi madre y yo estábamos sentados junto a la chimenea charlando y vigilando que la cena de mi padre se mantuviera caliente en el fuego. cosa que.Molly. Mick. se dirigió hacia la lumbre y se sentó en un taburete con los pies extendidos hacia la turba candente y las manos apoyadas en las rodillas.Las vacas se han vendido bien. Me había quedado acompañando a mi madre. si se quiere. Recuerdo la noche en que. cerca de la puerta. querido -dijo mi madre. Meehal -dijo ella besándolo cariñosamente. con mis brazos aún en su cue-llo. pues él venía a caballo y nos había dicho que se pararía a verlos marchar y luego vendría corriendo a casa. Entró con la montura y las bridas en la mano. Por fin oímos su vozy sus enérgicos golpes en la puerta. las dejó junto a la pared. si es así. mira esa cena caliente que te está esperando y atácala. Aquella aparición la relacioné enseguida con un acontecimiento misterioso o. y no hay ningún problema entre el amo y yo. -Bienvenido a casa. pues me encan-taba aquel tipo de vigilias.

de repen-te tan páliday d escompuesta como mi padre. con aspecto muy apurado. -Nada -contesté nuevamente. nada más que la montura y las riendas que traías en la mano. pues sabía lo que significaba la aparición del gato blanco.-Ya he cenado en el camino. tras hacer la señal de la cruz... Mira.. mi madre se apoyó en él. como el animal estaba muy tranquilo. Bueno. Yo sabía que estaba recitando sus oraciones. Bueno. y. en voz baja y con la vista fija en el fuego. agregó con una risita-: ¡Eh! Seguro que es una broma que me estás gastando. He visto al gato blanco.no voy a andarme con misterios contigo. si es que a eso se le puede llamar un gato y no otra cosa peor. -Nada de color blanco ha llegado hasta la puerta conmigo ¿verdad? -repitió. pues a lo mejor me queda ya poco tiempo de estar aquí. Mi madre esperó un rato a que terminara su plegaria y luego le pre-guntó dónde lo había visto por primera vez. Me han dicho que el domingo pasado cayó en una trampa un conejo blanco en el bosque de Grady.cuando lo vi aparecer por detrás de la hierba que hay junto al camino y ponerse primero delante de mí y luego detrás.y no tengo ganas -contestó. que se me acerca dispuesto.. y a lo mejor a saltarme al cuello y pegarme un mordisco. -Cuando subía por la vereda. -No ha entrado en casa nada conmigo.hasta que conseguí llegar aquí y llamé a la . en realidad ha ocurrido algo que me ha quitado las ganas de tomar nada. -Mejor -dijo mi padre.Molly. mirándome todo el tiempo con sus ojos centelleantes. y juraría que lo oí aullar al pegarse a mí -tan pegado como estamos nosotros dos. -No ha sido ninguna rata ni ningún conejo. a restregarse el lomo contra mis espinillas. y así un rato. que pareció más bien un gemido. lo besó y luego se echó a llorar. Fue al volverme. Así que te diré lo que ha pasado. si me quedo quieto. Mi padre terminó su relato. padre -dije yo-. Mi madre se había dejado vencer por el pánico y estaba rezando de nuevo. así que pensé que podía dejarlo en el campo de abajo. Dando a mi padre una palmada en el hombro para animarlo un poco. ¿verdad? -dijo en voz muy baja volviéndose hacia mí. -¡Que el Señor se apiade de nosotros! -exclamó mi madre. y que Teigue vio ayer una gran rata blanca en el granero. después de dejarlo -me había llevado conmigo la montura y las riendas.y luego. y luego se pasó su mano grande por la frente una o dos veces.Molly. No irás a decirme que confundo una rata y un conejo con un gato blanco grande con unos ojos verdes más grandes que platos y el lomo arqueado como un puente. -Has interpretado mal lo que he dicho -repuso mi padre-. y después a un lado y luego al otro. con tu mujer levantada y todo lo demás? -le regañó mi madre. -Nada. Él le apretujó las manos. empezó a murmurar para sí. tratando de repo-nerse. Yo estaba también terriblemente asustado. y exhaló un fuer-te suspiro. Tenía el rostro húmedo y reluciente por los sudores del miedo. el cual. lo conduje fácilmente por todo el camino.. -¿Que has cenado en el camino sabiendo que te esperábamos en casa. y con ganas de llorar.. recordé que los mozos iban por el camino con el ganado y que nadie cuidaría del caballo si no lo hacía yo.

mi tío abuelo era un hombre cruel. Mi buen amigo Dan Donovan hizo una pausa. amén de libertino. Un riachuelo atravesaba entonces la carretera -habían construido un puente hacía poco en aquel punto. Los años del hambre acarrearon grandes cambios. me temo. ¿Ochenta años? Bueno. por el movimiento de sus labios comprendí que estaba rezando. y fue ésta la única cruz que tuvo que llevar. finalmente. a mí mismo y. Y no falló tampoco esta vez. Ocurrió de la siguiente manera: Mi tío abuelo. con un terrible presentimiento? Sencillamente por-que todos y cada uno de nosotros sabíamos que mi padre había recibido. setenta ovejas y ciento veinte cabras. como era de suponer. ¡que Dios le haya perdonado!. pues. Pero. Una semana después. Una noche.. YEllen Colemanmurió con el corazón destrozado. mi padre cogió una fiebre que se había propagado y murió antes de un mes. pues tomó en arriendo Balraghan durante unos años e hizo mucho dinero. y quería triunfar en el mundo. Tam-bién bebía lo suyo y maldecíay blasfemaba cuando se enfadaba.LosColemanno eran ricos. pero al final no cumplió su palabra. Pero aquello no le quitó el sueño al inhumano labriego. ya no queda allí ningúnColeman. y deduje que era por el des-canso de aquella alma desaparecida. Se había cansado de ella. más. Pero el dinero no ablanda un corazón duro. imposible. pero no tuvo ninguno. Connor Donovan. Pues bien. pues todo lo demás le salía a pedir de boca. ¿por qué una circunstancia tan simple agitaba a mi padre. Acabó casándose con una joven de los Collopy que tenía una gran fortuna: veinticuatro vacas. En aquella época vivía en las montañas.. no lejos de Capper Cullen. volvía de la feria de Negagh.puerta. pero al ser ella tan hermosa podía esperarse hacer un buen casamiento. y estaba casi siempre seco en . de lo que convenía a su alma. y. a todos los miembros de esta fa-milia de labriegos. Poco después reanudó su relato. como habéis oído. Fue la his-toria de siempre. ni el padre de mi padre. por desgracia. Se llamabaEllen Coleman.Según me han con-tado. Yo hablé hace tiempo con muchas personas ancianas que recordaban con nitidez todo lo relacionado con este caso. Era más rico de lo que nunca llegaría a ser mi padre. en aquel encuentro con el gato blanco. noventa años sería más exacto. Aquel mal fario no había fallado nunca hasta entonces. Se casó. Le habría gustado tener hijos. Pero se portó mal con ella: le prometió el matrimonio y la convenció para que se fuera con él. Hace ya ochenta años que esta maldición anda asociada con mi familia. y se hizo todavía más rico. una bonita muchacha de la familia de losColeman. según me contaron-.la veía a veces en los mercados y fiestas patronales. un aviso de su muerte inminente. peor casamiento que el suyo. era en aquel tiempo propietario de la vieja granja de Drumgunniol. a mi madre. y se enamoró de ella. y este tipo de personas suelen ser crueles de corazón.y es probable que esta familia se haya extinguido. Con Donovan -mi tío abuelo. con estaMaryCollopy.

donde se había abatido el golpe espectral. al pasar a su lado. todo él tem-blando y echando vapor. Se bajó para llevarlo de las riendas. Podría haberlo divulgado con total franqueza. el animal. deslizándose lentamente por el terreno en la misma dirección y dando de vez en cuando unos pequeños saltos.y mandó llamar enseguida al sacerdo-te. como les he dicho. pero que no podía decir con seguridad qué era exactamente ya que se movía a lo largo del seto y desapareció en el punto hacia el cual él se estaba dirigiendo. La puerta. perdió la poca paciencia que le quedaba y. La práctica corriente es colocar el cuerpo en el gran salón de la casa. De repente. mi tío abuelo dirigió su caballo hacia aquel riachuelo seco y. tenían el color de un cuerpo alcanzado por un rayoquedaron grabadas en su carne y le acompaña-ron a la tumba. pero el animal reculó. donde permaneció inmóvil. no era mayor que su sombrero. mi tío abuelo no volvió a recuperarse. Más muerto que vivo. sobre todo porque no le encontraba ninguna explicación. Cuando estaba seco. junto a él. aunque un tanto a su manera. una cosa blanca que. y Con Donovan. En este caso particular se siguió. hubo velatorio. empleando con saña el látigo y las espuelas. cerca de la vieja granja de Drumgunniol. Aquella marcas extrañas -según decían. el caballo se puso en movimiento de un arreón. y taburetes para las personas que quisieran entrar. hacía las veces de carretera. Por alguna razón. cabe el roble. lo hizo bajar hasta el lecho con la intención de franquear la abertura que había en el otro extremo. Cuando se hubo recuperado lo suficiente para poder hablar -aunque como quien se encuentra en su última hora. Al acercarse a la «abertura». Desde aquel momento. Se vol-vió un hombre asustado. Había candelabros alrededor de la cama. durante el velatorio. o creyó ver. irrumpió en maldiciones y blasfemias. pipas y tabaco sobre la mesa.verano. le asestó un fuerte golpe en la espalda que le hizo dar con la cabeza sobre el cuello del caballo. mi tío abuelo entró. dado que pasaba. por alguna razón especial. Cuando lo llevaron a su cama vieron claramente las marcas de cinco uñas en la piel de su espalda. Pero nadie lo creyó. cuando hubo alcanzado los dos fresnos junto a la granja. y encontrarse así a unos doscientos metros de su puerta. presa de terror. a pesar de las caricias y latigazos de su amo. permaneció abierta. Estuvo hablando un buen rato -con el sacerdote. la cual. al pasar bajo el amplio ramaje del roble. Era el principio del verano. Al alcanzar la abertura. Como aquella noche había luna. que la gente utilizaba entonces como atajo para llegar hasta la casa. a una mujer a la orilla del lago con el brazo extendido. al verse tan cerca de la casa. Mi tío abuelo le gritó y lo espoleó en vano. con pocas revueltas. pues todo el vecindario sabía de sobra que era el rostro de la muertaEllen Colemanel que había visto. . como correspondía a un labriego tan importante y acaudalado. pero aseguró que no había reconocido la cara de la figura que había visto en la abertura. Había luna llena y mi tío esta-ba muy enojado por la resistencia del animal. vio claramente. Su mujer no sabía qué pensar. estornudó y le entró un terrible ataque de temblor. una disposición distinta: el cadáver se colocó en una pequeña habitación que daba a la más grande. los preparativos de la cere-monia fueron algo diferentes de lo habitual. taciturno y atribulado. alcan-zó la puerta en un santiamén. vio. con el corazón apesadum-brado y la conciencia intranquila-. el caballo se paró en seco. Contó lo que le había pasado. seguía aterrorizado y persistía en su obstinación. y con la caída de las primeras hojas del otoño murió. aunque estaba segura de que algo muy malo le había ocurrido. Por supuesto. Ciertamente tenía un secreto que contar. Pero. Lo encontraba muy débily enfermo. Vol-vió a montarlo. repitió su historia. mientras la puerta permanecía abierta para la recepción. según él mismo describió.

como un demonio! Que Dios me perdone por mentar al maligno en esta habitación. y. vamos! -ordenó horrorizada ante semejante profanación-. al acercarse a la cama una de las mujeres a coger una silla que había dejado al lado. mujer! Tú estás chiflada -dijo uno de los mozos de la granja. Si la mano de mi tío abuelo había estado extendida por el suelo. que centelleaban a la luz de la luna! -¡Hala. con los ojos más grandes que platos de peltre. sin duda éste la había recogido bajo el lienzo que lo cubría.Doolan.Una vez amortajado el cadáver. ¿Para qué puede querer él un pie tuyo? -exclamó uno desdeñosamente. Después del crepúsculo. Tú estás chiflada. mirando fijamente a la cama que ahora se veía perfectamente. lo dejaron solo en esta pequeña estancia mientras hacían los preparativos para el velatorio. con el rostro demudado.Doolan. se paró en seco. La puerta estaba medio abierta. que iba rezando todo lo deprisa que se lo permitían los labios y encabezaba el grupo con una vela de sebo.Doolan no corrió ningún peligro de tropezar con ella al entrar. por todos los santos del cielo -dijo la vieja Sal Doolan. échese atrás! -exclamó des-pavorida la mujer que estaba cerca de ella cogiéndola repentinamente por el vestido. ésta se aventuró en el interior. por lo que la largaMrs. ¿Quién de vosotros ha dejado entrar ese gato aquí.Y. Con el ruido que estáis haciendo no oigo nada. sin luz. -¡Shhh! ¿Queréis callaros? -exclamó la cabecilla perentoriamente-. -¡Que Dios nos bendiga!¡Mrs. lo que es más. anda! Eso es lo que has imaginado al entrar en la habitación oscura.no sigas hablando. dijo: -¡Que me muera ahora mismo si no tenía la cabeza levantada y esta-ba mirando fijamente a la puerta. pero sin que nadie pareciera dis-puesto a ejecutarla. ¡El amo de la casa. y de quien es? -preguntó mirando con rece-lo al gato blanco que se había acomodado sobre el pecho del cadáver. -¡Sacadlo de ahí ahora mismo. -¡Eh. a pesar de sus comentarios anteriores. Pero no había avanzado más que unos pasos con la vela en alto cuando. que no era un . -Con vela o sin vela. salió de la habitación con un grito. lo he visto -insistióMolly-. mujer de Dios? -dijo una de sus compañeras. musitando sus conje-turas y aprensiones sobre la naturaleza de aquel bicho. con semejante bestia encima. como una cerilla. En los años que llevo vividos he amortajado a muchas personas. -Que alguien me dé una vela. pero nunca había visto nada semejante. una vez que hubo recuperado el habla. de la manera sobrenatural antes descrita. -Sandeces. que sabía rezar casi como un sacerdote. o manto. ¡vamos! Cada cual retransmitió la orden. Pero. ¿Por qué no cogiste una vela.Molly. una mujer delgada y tiesa. y tirando con fuerza de ella mientras todos los que la seguían retrocedían alarmados por su vacilación. -Dadle una vela -convinieron todos. cogida con los dedos. qué dices. Que alguien lo saque de ahí ahora mismo. y rodeada por un auditorio boquiabierto. sosteniendo la vela en alto para ver mejor la habita-ción. casi podría jurar que he visto también que sacaba tres veces el brazo de la cama y lo arrastraba por el suelo para agarrarme por los pies. no había ni uno de ellos que no pareciera pálido y asustado mientras seguían aMrs. Todos se estaban santiguando. tal y como la despavorida muchacha la había dejado.

cerraron bien la puerta con cerrojo y candado. El día antes de que mi tío Teigue perdiera la vida por la explosión de su fusil. siempre que alguien entraba en la habitación veía al gato encima del cadáver. maullando despacio pero feroz-mente conforme se acercaba. mientras que este bicho es claramente sospechoso de malignidad. cerrando bien la puerta tras ellos. Es sencillamente el mensajero de la muerte.gato de la casa ni nadie había visto nunca. Así. De repente. el gato se le apareció. Pero el gato ya no estaba allí. Ningún fantasma se ha asociado nunca tan indisolublemente a una familia como esta nefasta aparición a la mía. Y el que haya adoptado la forma de gato -el más frío y. ya he acabado con él. «zarzos». y. siempre que dejaban solo al hombre muerto. que a modo de cobertor bajaba casi hasta el suelo. el gato se colocó sobre el cojín que había junto a la cabeza del cadáver y. pero ahora saltó tranquilamente por un lado de la cama y desapare-ció por debajo de ésta. el fantasma mantiene una relación de afecto hacia la familia afligida a la que está hereditariamente asociada. el gato estaba allí acompañándolo fatídicamente. y ponerse a maullar a su oído. y. horcas y otros aperos por el estilo. se pusieron finalmente a buscar bajo la cama. fue deslizándose lentamente a lo largo del cuerpo exánime hacia ellos. sí de manera muy parecida a como se le había aparecido a mi padre. al abrir la puerta encontraron el gato blanco sentado. como si no hubiera sido molestado en ningún momen-to. según dicen. Mrs. De nuevo se reprodujo casi la misma escena. convencida de que el bicho iba a morderle en el cuello. lo que la hacía saltar con un grito y una plegaria. Y el monaguillo. a la mañana siguiente. Todos salieron a empellones de la estancia en medio de una espantosa confusión. el más vengativo de los brutos. Cuando a mi abuelo le llegó la hora de la muerte. Generalmente. el lienzo. lo oía saltar sobre el respaldo de su sillón cuando ella se sentaba. aunque él parecía estar bien en aquella época. lo ocultó a la vista. y transcurrió un buen rato antes de que los más temerarios se atrevieran a echar otro furtivo vistazo. En resumidas cuentas. sobre el pecho del muer-to. Y así prosiguió para estupor y terror del vecindario. Rezando y santiguándose. El gato blanco seguía sentado donde antes. armados de palas. tras lanzar una mirada torva a todos los presentes. con semejante resulta-do.es bastante indi-cativo del tenor de su visita. y dedu-jeron que se había escabullido entre sus piernas mientras estaban en el umbral. donde mi tío abuelo guardaba su contrato de arrendamiento y demás papeles. vio a un gato blanco sentado debajo de la pequeña ventana del cuarto donde yacía el cuerpo de mi tío abuelo mirando fijamente a los cuatro pequeños cristales cual gato que ojea a un pájaro. sólo que algunos dijeron después haber visto al gato escondido debajo de una gran caja que había en un rincón de una habitación exte-rior. se le apareció al atardecer. Una vez muerto mi tío abuelo. hasta que la puerta se abrió finalmente para el velatorio. Pero. por muchas precauciones que toma-ran. al mirar a su alrededor bajo los ramajes del viejo huerto. . y enterrado con todas las debidas ceremonias. sobre el pecho del hombre muerto. aunque no lo veía. Pero no he acabado aún con el gato blanco. si no exactamente igual. así como su libro de oraciones y rosarios. Pero hay una diferen-cia. y sin olvidarse de echar agua bendita.Doolan lo oía maullar a sus talones donde quiera que iba.

junto a la laguna. ve antes fatídicamente al gato blanco y sabe que ya le quedan pocos días de vida. donde lo perdió de vista. Mi tío se hallaba lavando el cañón de su fusil en el lago. cerca de Oolah. y no había ningún escondite alrededor. a la hora del atardecer. en el campo en el que yo vi a la mujer caminando por el agua. No se explicaba cómo se le había acercado. al atrave-sar la cerca de la granja de Drumgunniol. Cada miembro de nuestra familia que muere.vino a Drumgunniol para asistir al funeral de un primo que había muerto a dos kilómetros de allí. ella estuvo a punto de desmayarse aunque logró llegar hasta la puerta de la casa. La pobre murió también. vio al gato blanco. o enferma de muerte. La hierba es baja allí. con la cola nerviosamente arqueada y un verde amenazador en los ojos. como ya les he contado. unas veces grandes y otras más pequeñas. Mi hermano pequeñoJimlo vio también tres semanas antes de morir. sólo un mes después. el animal seguía dando vueltas a su alrededor. Mi pobre tíaPeg-que se casó con un O'Brian. hiciera lo que hiciera mi tío. donde el gato se encaramó al espino blanco que hay allí y desapareció de su vista. que se puso a su lado. a las dos o las tres de la madrugada. De vuelta del velatorio. pero el hecho es que lo vio de repente cerca de sus pies. e. en Drumgunniol. . hasta que llegó al huerto.

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