El Dragon Volador

La habitación del “Dragón Volador”y otros cuentos de terror y misterio

J. Sheridan Le Fanu

La habitación del “Dragón Volador”y otros cuentos de terror y misterio Prólogo LA HABITACIÓN DEL “DRAGÓN VOLADOR” PRÓLOGO CAPÍTULO PRIMERO - En ruta CAPITULO II - El patio de la BelleÉtoile CAPÍTULO III - Desposorios de Muerte y Amor CAPÍTULO IV -MonsieurDroqville CAPÍTULO V - Cena en la BelleÉtoile CAPÍTULO VI - Un sable desenvainado CAPÍTULO VII - La rosa blanca CAPÍTULO VIII - Una visita de tres minutos CAPITULO IX - Chismes y consejos CAPÍTULO X - El velo negro CAPÍTULO XI - El Dragón Volador CAPÍTULO XII - El mago CAPÍTULO XIII - El oráculo me cuenta cosas maravillosas CAPÍTULO XIV -Mademoisellede la Vallière CAPITULO XV - Extraña historia del Dragón Volador

CAPÍTULO XVI - El parque del castillo de la Carque CAPÍTULO XVII - El ocupante del palanquín CAPÍTULO XVIII - El camposanto CAPITULO XIX - La llave CAPÍTULO XX - Una cofia peraltada CAPÍTULO XXI - Veo a tres hombres en un espejo CAPÍTULO XXII - Embeleso CAPÍTULO XXIII - Una taza de café CAPÍTULO XXIV - Esperanza CAPÍTULO XXV - Desesperación CAPÍTULO XXVI - Catástrofe EL FANTASMA Y EL COLOCAHUESOS SCHALKEN EL PINTOR EL ESPECTRO DE MADAM CROWL RELATO DE CIERTOS SUCESOS EXTRAÑOS EN LA CALLE AUNGIER MISTERIO EN LA CASA DE LOS AZULEJOS EL GATO BLANCO DE DRUMGUNNIOL

Prólogo

La obra de Sheridan Le Fanu, aunque quedó relegada al olvido en los años posteriores a su muerte, se ha convertido con el tiempo en algo imprescindible en las antologías o colecciones de literatura sobrenatural y de terror, gracias, en gran medida, a la labor de otro de los grandes del cuento espeluznante, que la dio a conocer al gran público: M.R. James. Descendiente de una familia hugonote emigrada a Dublín en 1730, Le Fanu (1818-1873) consagró casi toda su vida a las letras y a labores edi-toriales, después de haberse graduado en elTrinity Collegede Dublín y haber ejercido la carrera de las leyes durante poco tiempo. De las revis-tas y periódicos que publicó a lo largo de su vida cabe destacar elDublin University Magazine,que fue conocido y apreciado internacio-nalmente. Parece que nunca abandonó Dublín, y su vida estuvo marca-da por la ausencia de acontecimientos exteriores, lo que se acentuó tras la muerte de su mujer. Acabó convirtiéndose en un auténtico recluso que ni siquiera frecuentaba a sus amigos más íntimos, dedicándose a escribir sus narraciones en la oscuridad y a meditar sobre cuestiones espirituales relacionadas con la filosofía de Swedenborg, por lo cual empezaron a llamarle «el príncipe invisible». Le Fanu fue un autor prolí-fico; escribió catorce novelas, treinta relatos cortos, algunas baladas y numerosos artículos. Muchas de sus novelas han sido olvidadas; sin embargo, algunas de ellas siguen siendo muy apreciadas en la actuali-dad:UncleSilas,The House by Churchyardy Wylder's Hand.Pero es en el relato corto donde sobresale con brillantez el arte narrativo de Le Fanu, y algunas de sus creaciones permanecen como auténticas obras maestras del género. Citemos simplemente Carmilla -precursora insigne de las mujeres vampiro- yGreenTea,en las cuales aparece otra de las grandes creacionesde Le Fanu: el doctorMartinHesselius, investigador de lo sobrenatural.

LA HABITACIÓN DEL “DRAGÓN VOLADOR”

PRÓLOGO

El curioso caso que voy a exponerles lo trata el doctor Hesselius de manera penetrante, y más de una vez, en su extraordinario ensayo sobre las drogas en la oscura Edad Media. En este ensayo, que el autor titulaMortisImago,se trata acerca del Vinum laetiferum, laBeatifica, el Somnus Angelorum, elHypnus Sega-rum, elAgua Thessalliae y otras veinte infusionesy destilaciones, conoci-das de los sabios que vivieron hace ochocientos años, dos de las cuales, según él, aún son utilizadas por la cofradía de los ladrones, según reve-lan a veces investigaciones policiales. El ensayo en cuestión,MortisImago,ocupará, si no me equivoco, dos volúmenes, el noveno y el décimo, de las obras completas del doctorMartinHesselius. Debo señalar, para concluir, que dicho ensayo está curiosamente enri-quecido con abundantes citas de poemas y textos medievales, las más interesantes de las cuales, por extraño que pueda parecer, son egipcias. He seleccionado este caso particular entre muchos otros igualmente sorprendentes, pero, a mi entender, menos interesantes desde el punto de vista narrativo; he escogido esta forma de relato particular simple-mente porque me parece más entretenida.

En ruta En el año de gracia de 1815 yo acababa de heredar. Bufanda que se bajó unos instantes para darme un millón de gracias en francés. ¡ay!. y yo -superado definitivamente el ligero «jaque de los cien días» por el genio deWellingtonen el campo deWaterloo-me sumé a aquella riada humana en busca de enseñanzas. una sustanciosa cantidad en fondos consolidados y otros valores bursátiles. No había llegado a volcar. eché gustoso una mano a los siniestrados. calculo que faltarían unos seis kilómetros para llegar a un pintoresco pueblo fronterizo -cuyo nombre. con veintitrés años de edad. el caballero se retiró al interior del vehículo. pues moduló sus pala-bras en un inglés tan bello y . Adelantábamos constantemente caballos de relevo que volvían. eso creo. Imposible mirar hacia adelante o hacia atrás sin divisar las nubes de polvo levanta-das por la marea de vehículos. Una de las pocas cosas que yo sabía bien. era cautivadora. Eran tiempos difíciles para aquellos pacientes ser-vidores públicos. el itinera-rio que el ejército aliado había seguido hacía tan sólo unas semanas -un número increíble de carruajes haciendo la misma ruta-. creo. pero mi cabeza estaba tan llena de París y del futuro que pasé por allí con poca paciencia y menos atención. Así que decidí desempeñar el papel de buen samaritano: mandé detenerse a mi sotacochero. un caballero anciano y enjuto sacó la cabeza por la ventanilla. además del deporte del boxeo. he olvidado. le contesté. me apeé y. Una bonita cabeza de mujer tocada asomaba por la ventana del vehículo siniestrado. iba embozado en una bufanda negra que le tapaba las orejas y la nariz. Parecía estar enfermo. siguiendo. así pues. que parecían poco avezados en aquel tipo de emergencias. Los postillones. Pero. al tiempo que volvía a apare-cer la recatada y bonita cabeza.y unas dos horas para que se hicie-ra de noche cuando llegamos a la altura de un vehículo que al parecer se hallaba en apuros. con todo.yla de los hombros que también se entrevieron unos instantes.CAPÍTULO PRIMERO . se habían bajado. Viajaba yo en la posta de Bruselas a París. se disponían a prestarles ayuda. al tiempo que dejaba al descubierto su peluca negra y hacía mil gestos de agradecimiento. Yo debería haber observado el paisaje con mayor atención. practicado por la generalidad de los ingleses de la época. y dos criados. extenuados y polvorientos. Casi al mismo tiempo. calzados con buenas botas. como el de tantos otros lugares más importantes por los que pasé en aquel viaje apresurado. aunque hacía calor. era hablar francés. pues. presuntamente deseosos de ins-truirse a través del conocimiento directo de otros países. pero los dos caballos de cabeza estaban caídos por el suelo. Tras varias inclinaciones de cabeza. La dama debió de oírme hablar a mi sirviente. Todo el mundo parecía dirigirse a París en posta. La primera caída de Napoleón había abierto el conti-nente europeo a los viajeros ingleses. la dama del bello tocado llevaba un tupido velo negro y no pude ver más que la filigrana del encaje mientras se retiraba. haciendo gala de una perfecta corrección gramatical. asistido por mi criado. Sutour-nure. a las posadas donde los habían alquilado.

quedando grabada en mi recuerdo. El escudo de armas que figuraba en el panel del carruaje era harto curioso. Su originalidad llamó particularmente mi atención. En mi audacia. Yo me consideraba un joven bien parecido -y creo que con total fundamento-. ¡Qué fascinación tan grande ejerce un títu-lo en la imaginación! No en la de personas esnobs o de escasa moralidad. y el coche que seguíamos se detuvo en laBelleÉtoile. No tardamos en llegar a la pequeña población antes mencionada. Permanecí unos instantes sin apartar los ojos de ella con la vaga espe-ranza de que se volviera y me diera la oportunidad de verle la cara. que volví a maldecir el velo negro que se interponía entre ella y mi roman-cesca curiosidad. Los desconocidos se apearon y penetraron en la casa. Se encontraba leyendo una carta. todo ello hacía suponer que se trataba de personas nobles. Entré con el aire más inocente del mundo.y nadie podía poner en tela de juicio mi uno ochenta y pico de estatura. sino que. creo. Allí estaba el mismísimo sombrero del que me había enamorado. aparentando apatía e indiferencia.balbuciente. Yo me apeé a mi vez y subí los esca-lones indolentemente. no lo perdiera de vista y se detuviera en los mismos puestos de relevo. Las despreocupadas atenciones del caballero llegan más hondo al corazón de la lozana lechera que largos años de viril devoción del honra-do leñador. sino que. se plantó delante de una pequeña consola de una sola pata pegada a la pared. sino todo lo contrario. El ave se sostenía sobre una pata. Había también un par detenantesa cada lado. Recuerdo perfectamente el emblema representado: la figura de una cigüeña pintada en color carmín sobre lo que los heraldistas deno-minan un «campo de oro». Es. Era una estancia espaciosa. La superioridad de rango ejerce un influjo poderoso y genuino sobre el amor. La dama se hallaba de espaldas a mí. además de a mi propia persona. la corrección de sus cria-dos. y lo mismo se puede aplicar a las demás capas sociales. La dama. que quede bien claro. me di cuenta de que la dama me había mirado con ojos nada indiferentes. Pero no lo hizo. la dama se alejaba ahora de un joven y prudente caba-llero que la seguía con ardiente mirada y suspiraba profundamente con-forme la distancia se iba agrandando. y descubrí que. Le dije al postillón que no se le ocurriera adelantar a aquel vehículo. y bañada por la luz dorada del sol. antes bien. sentí el poder de su mirada. la elegancia del carruaje y el curioso escudo de armas.y con una voz tan dulce. no me resultó por ello menos intere-sante. el que presumí era su marido? Instintivamente. no me paré a preguntar en qué habitación podría encontrarlos. Subí las escaleras. y con la otra tenía agarrada una piedra. Estaba abierta la puerta de un salón. contenía a otro ser vivo: a la precio-sa y elegante dama. como es de suponer. sobre la que se ele-vaba un hermoso espejo con un marco desdorado. . Yo no podía distinguir si el celoso velo estaba levantado. Miré en el aposento de la derecha y luego en el de la izquierda. y. el emblema de la vigilancia. Los modales corteses de aquellas personas. Dejando un reguero de polvo detrás de las ruedas. y por los dos. Pero los que yo buscaba no estaban allí. Nosotros seguíamos a paso lento.una confortable posada antigua. ¿Qué necesidad tenía la dama de darme las gracias? ¿No lo había hecho sobradamente. a través de su velo. aunque no recuerdo qué eran. dando uno o dos pasos. ¡Qué mundo tan injusto! Pero en este caso hubo algo más. la idea del superior refinamiento va asociada con él.

pues la misma dulce voz que yo había oído antes dijo ahora fríamente. Hasta distinguí las venas azules que recorrían la blancura de su garganta despejada. Fue más el tono distinto de su frase que el contenido de la misma lo que me dio renovado ánimo. de una tonalidad que los poetas modernos lla-man «violeta». me alegro de tener otra oportunidad de agradecer amonsieurla ayuda. Mi curiosidad dio paso a ese tipo de sentimientos que se adueñan tan rápidamente de los jóvenes. Ella se encargó de poner las cosas en su sitio. Aquellos espléndidos ojos melancólicos pasaron del espejo a mi per-sona con una mirada altiva. enseguida la dama bajó su velo negro y se dio media vuelta. Seguía leyendo. pues reflejaba el retrato de medio cuerpo de una mujer extraordinariamente hermosa. como para quitar un poco de tensión a la escena: -No obstante. Eran ojos grandes. y en francés: -Sin dudamonsieurignora que este cuarto es privado. Sin duda le parecí arrepentido y confuso (confieso que así me sen-tía). Como tenía la mirada baja. melancólico. Nada podía superar la delicadeza (le sus facciones ni el lustre de su tez. Pensé que habría preferido que no la viera. Como por entonces yo gozaba de una vista buena y penetrante. dulce. hasta los más mínimos. En aquel lapso.Yo podría perfectamente haberlo confundido con un cuadro. Aunque también poseía una nota indefinible de sensualidad. CAPITULO II . pues ella dijo entonces. con una aten-ción tan intensa como si me fuera en ello la vida. Ella no . Pero mi interés era tan grande que quería quedarme unos minutos más. Sus finos dedos sujetaban una carta. ella alzó los ojos. en cuya lectura parecía estar enfrascada. Debería haberme retirado con el mismo sigilo con que había entrado antes de que fuera advertida mi presencia. tan presta y eficaz.El patio de la BelleÉtoile Aquel rostro era de los que enamoran a primera vista. Yo estaba observando cada mirada y movimiento suyos. aquella carta debía de inte-resarle sobremanera. sólo que sus párpados eran largos y sus cejas delicadas. Su rostro era ovalado. Yo no había visto nunca una figura humana tan inmóvil. mascullé unas disculpas y retroce-dí en dirección a la puerta. que ha tenido la bondad de pres-tarnos hoy. no pude distinguir de qué color tenía los ojos. y me embargó la sensación de estar cometiendo una impertinencia. vi aquel bello rostro con perfecta claridad. Mi audacia se rindió ante aquella dama. Inclinando la cabeza cuanto pude. me encontraba ante una estatua coloreada.

Bajé las escaleras henchido de felicidad y fui directamente a hablar con el dueño de laBelleÉtoile(como ya he dicho. al tiempo que agitaba la mano en dirección a la puerta por la que yo había entrado.monsieur.monsieurdebe saber que nadie suele contratar una alcoba si no piensa pernoctar. -¿Por quién? -Personasde distinción. tal era el nom-bre de mi posada). una hora antes apro-ximadamente. Todo aquello me resultó sumamente halagador.necesitaba darme las gracias. -Ciertamente. nuestras habitaciones no podrán estar nunca desocu-padas. dije que me gustaba y pregunté si estaba libre.. -Monsieurtendrá la amabilidad de retirarse -dijo la dama con un tono que parecía de invitación.. Él contestó que lo sentía muchísimo. su celoso marido. pero que el aposento y las dos habitaciones contiguas estaban ocupadas. Estaba claro que aquellas personas pensaban parar allí.monsieur. Los tomé de inmediato.. espero me pueda dar algunas habitaciones. en la parte de la casa que sea. -Pero ¿quiénes son? Deben de tener algún nombre. Son los únicos que hay ahora mismo libres. Describí el aposento del que acababa de salir. -En fin.y noté que había vuelto la vista rápidamente hacia una segunda puerta de aquella misma estancia. y. sobre todo el que se produjera tan inmediatamente después del ligero reproche. Casi en el mismo momento se oyó una voz aflautada y nasal impartiendo órdenes a un criado. di unos pasos atrás y cerré la puerta. Pertenecía a la persona que tan profusamente me había dado las gracias desde la portezuela del coche de camino. Los designamos simplemente por las habitaciones que ocupan.pero es tal la riada humana que se dirige hacia París que hemos dejado de preguntar los nombres o títulos a nuestros huéspedes. Ahora hablaba en voz baja y con timidez.No nos interesa.Monsieurpuede disponer de dos aposentos. iba a aso-mar por ella a no más tardar. Hice de nuevo una profunda reverencia.. supuse que el caballero de la peluca negra. o título. voz cada vez más próxima. -Sin duda. -¡Me habría gustado tanto alojarme en esos aposentos! ¿Es también dormitorio alguno de ellos? -Sí. señor. por cierto. ciertamente no estaba obligada a hacer-lo de nuevo. Mientras las cosas sigan así. -¿Cuánto tiempo piensan parar aquí? -Tampoco eso puedo decírselo. aunque tal hubiera sido el caso. por lo menos no se irían hasta la mañana .

las cuales estaban provistas de auténticas cerraduras. sino que le administré ese laxante que en muchas ocasiones actúa de forma muy venturosa sobre la lengua y que no es otro que una propina.. y otros. sin duda el emblema de una familia distinguida. recién salidos de los establos.siguiente. nos podrían parecer aburridas. con un saludo y una sonrisa ligeramente sarcásticos: Monsieur eslibre de hacer conjeturas. pero no sé. El criado me miró unos instantes mientras se metía la llave en el bol-sillo. ¿Quiénes son la dama y el caballero que han viajado en este carruaje y a quienes. Así pues. Me detuve a unos pasos.apuntando al escudo de armas de la puerta-. Un criado estaba cerrando con llave una de las portezuelas.que no puedo decirlo. y dijo. la cual descubrí que daba al patio de la posada. como el mío. con una sincera expresión de sorpresa. -¡Monsieures muy generoso! -No hay de qué.. parecidos a los que en Inglaterra se llamaban antiguamente sillas de posta. colocados en la punta de sendos postes. -¿Me puedes decir dónde viven? -Por mi honor. -¡Bonita esa cigüeña roja!-observé. haciendo que los dos toneles que. calientes y cansados. como sin duda recuerdas. No cedí al desaliento. Tras una pequeña búsqueda di con el vehículo que andaba buscan-do. Numerosos vehículos -unos priva-dos. Tomé posesión de mis habitaciones y miré por la ventana.estaban sobre el pavimento esperando su turno de relevo. bajé corriendo hasta la puerta trasera y. Esta luz hace que todo nos resulte pintorescoy nos interesen cosas que. me encontré en el empedrado desigual. Los criados más atareados trajinaban de un lado a otro.monsieur. y la escena en su conjunto parecía animada y divertida. en el sobrio gris de la mañana. y los que no tenían nada que hacer se paseaban o bromeaban. con la mirada fija en la enseña del vehículo. en un santiamén. servían de paloma-res. El sol estaba ya próximo a ponerse y arrojaba sus rayos dorados sobre las chimeneas de ladrillo rojo de los obradores. para ser sustituidos por otros. parecieran incendiados. ¡No lo sé! . En medio de todo aquello creí reconocer al vehículo y a uno de los criados de las «personas linajudas» que tanto interés despertaban en mí en aquel momento. Puede ser su hija. mi criado y yo prestamos hoy ayuda en una emergencia. y a la joven dama la llamamos la condesa. cuando sus caballos se halla-ban caídos en el suelo? -Es el conde. en medio del espectáculo visual y sonoro que en semejante tipo de lugares suele acompañar a los momentos de especial trajín y vaivén. El criado se quedó mirando el napoleón de su mano y luego volvió la vista hacia mí. Empecé a sentirme como quien se embarca en una aventura. Muchos caballos estaban siendo liberados de los arneses.

Era un encargo que se adecuaba a las mil maravillas a los gustos y temperamento de mi dignoSt. una vez que estemos en París. Por supuesto. toma con ellos un petit soupery ven luego a contarme toda su historia. espero enterarme rápidamente de todo. Ya me he entrevistado con uno de los dos. que no sabe nada y así me lo ha hecho saber. -¿Y dónde estámonsieurPicard? -Ha ido al cuchillero a que le afilen las cuchillas. A ése le deberás sonsacar todas las cosas que puedas. -St. es el mayordomo del noble desconocido. ¡Vuela! Y vuelve con todo tipo de pormenores y circunstancias interesantes. había bajado al patio. ¿Comprendido? Y ahora. era un tipo habilidoso y vivarachoy. el que me interesa sobre todo. que me muero por conocerlos. como habrán observa-do. pero su expresión no delataba nada que no fuera cortesía y complacencia. es el venerable gentilhombre. Toma quince francos. en menos que canta un gallo. El otro.. donde poco después se hurtó a mi vista en medio de tanto carruaje estacionado.A mí me contrataron en Bruselas el día mismo de la partida. Pero ahora sé de ellos más o menos lo que usted. y que me habría revelado con toda honestidad los secretos de aquella familia de haber estado al corriente de alguno.Desposorios de Muerte y Amor .mi compañero. De su boca no he podido recoger ninguna información.monsieur.-¿Que no sabes dónde vive tu amo? Seguro que sabes de él más cosas que el nombre. por supuesto. había nacido en Francia. y lo sabe todo. asentimientos y encogimientos de hombros. Pero no creo que le vaya a contar nada. No podré descansar hasta que no descubra algo sobre esas personas linajudas que tienen sus aposentos debajo de los míos. Fue aquélla una cosecha bastante pobre para tan dorada siembra. MonsieurPicard. -Nada que valga la pena contar.Clair. Aunque lo había traído conmigo de Inglaterra. Estoy seguro de que se burlaba de mí en secreto.. con quien. y no la joven dama que lo acompaña. CAPÍTULO III . Tras varias miradas de complicidad. el mayordomo demonsieurel conde.Clair. pero no habla nunca salvo para impartir órdenes.cierra la puerta y ven aquí. estaba perfectamente al corriente de los usos y costumbres de sus compatriotas. Creo que aquel hombre decía la verdad. ha pasado muchos años a su servicio y lo sabe todo. me había acostumbrado a hablar con esa familiaridad especial que la antigua comedia francesa impone entre amo y criado. cuyo nombre he olvidado ahora. busca a los criados a los que hemos echado hoy una mano.monsieur. Me despedí cortésmente y volví a subir las escaleras rumbo a mi habitación. Llamé de inmediato a mi criado. Bueno. desde mi ventana vi cómo. se retiró. márchate ya.

es muy de lamentar que ese hombre no pueda ha-cer más que una vez al día una comida suculenta de tres platos. ati-plada y nasal. aunque no pude distinguir qué estaban diciendo. cuando el minutero de su reloj viaja tan despacio como la manilla horaria. espesa y castaño oscura. Dicho llana-mente. todo aquello estaba hecho con la vaga. de manera que yo casi dejé de oírla. o por la entrada de laBelleÉtoile. pero no tanto como al prin-cipio. en la medida en que me lo permitían la memoria y la práctica. A micheveluremorena. Mientras ultimaba los preparativos. creí.. Di un par de vueltas por la habitación y suspiré. imprimiéndole. y me peiné el cabello. esa ligerísima inclinación que la persona inmortal antes mencionada acostumbraba a imprimir al suyo. ¡Qué gran consuelo! Sin embargo. que en aquella época era para mí un motivo de orgullo y que retocaba con frecuencia. Saqué de su caja mi irreprochable sombrero y lo coloqué suavemente sobre mi sagaz cabeza. «completaron mi equipo». le ha sucedido ahora una docena de cabellos completamentecanos . La otra voz seguía cerca de la ventana. sobre un cráneo lustroso y rosa que no guarda prácticamente ningún recuerdo de aquélla. La voz masculina era muy curiosa. desapare-ció el último rayo horizontal de sol. quedando sólo un resplandor cre-puscular. empapé el pañuelo en eau-de-Cologne (a la sazón carecíamos de la gama de esencias con que los perfumistas nos han colmado desde entonces). tamborilea en la mesa con los dedos. Mi novela yacía abandonada en el sofá junto con mi manta de viaje y mi bastón. Y la voz que le con-testaba hablaba con un tono dulce que también reconocí al punto. . Pero no hablemos de cosas que puedan mortificarnos. bajo mi ventana. pues oí dos voces con-versando. luego. con una especie de sátira demoníaca. Y me esmeré al máximo en mi aseo personal. la reconocí al instante. aplasta su agraciado semblante contra los cristales de la ventana tara-reando tonadillas que le aburren. y que nunca jamás podría olvidar. la cena era aún una comida sustanciosa. vaguísima esperanza de que aquellos ojos pudieran posarse en el irreprochable atavío de un esclavo melancólico y conservaran la imagen quizá con una secreta aprobación. en una palabra. ¿cómo emplear los tres cuartos de hora que faltaban todavía? Es cierto que llevaba conmigo para el viaje dos o tres libros entrete-nidos. pero hay muchos estados de ánimo en los que uno no puede leer. el inmortal«Beau». de las que somos esclavos. en los tiempos de los que hablo. quería echar un vistazo antes de bajar. Noté que la ventana debajo de la mía estaba también abierta. y me habría importado un ardite que la heroína y el héroe se hubieran ahogado juntos en la barrica que veía en el patio. era.Cuando el día se alarga demasiado.Me puse un chaleco de piel de búfalo y mi cha-qué azul de botones dorados. El diálogo duró sólo un minuto. cuando no sabe qué hacer consigo mismo. ante el espejo. Un par de ligeros guantes franceses y ese tipo de bastón nudoso parecido a una porra que tan en boga estuvo en Inglaterra durante un par de años. Toda aquella atención a mi aspecto personal para dar un simple gar-beo por el patio. la desagradable voz masculina reía. y luego se alejó de la ventana. con rizos naturales. Por supuesto. Mi melena era entonces abundante. y ésta parece haberse detenido. me ajusté mi gargantilla blanca. Las leyes de la materia.era fruto de mi devoción a los maravillosos ojos que había contemplado unas horas antes por primera vez. cuando a un hombre solo lo co-rroen la impaciencia y el suspense. y ya se acercaba la hora.. cuando nuestro hombre bosteza. Suspiré al unísono con aquella hora melancólica y abrí la ven-tana de par en par. Pero. nos niegan ese recurso. como leemos en las novelas deWalter Scott. la luz vino a faltarme. doblada y atada a la manera de Brummel. como ya les he contado.

madame. El timbre de suvoz tenía acaso exquisita dulzura característica.No era un altercado. con la paciencia de un ángel. el cristal es sin duda el más eficaz. decidí bajar al vestíbulo. por una vez. Puedenestar seguros de que tardé bastante tiempo en recogerlo. al bajar al piso inferior. aquellos dos podrían haber sido la pareja más tranquila del mundo.pude distinguir perfectamente la letra. pero fidedig-na. para divertir con nuestra música a los cria-dos y palafreneros. podía ser que algunas personas hicieran en tales circunstancias lo que nunca habían hecho antes. La voz de la dama rió alegremente. ¡Qué voz tan encantadora la de aquella condesa! ¡Cómo modulaba. así. en la entonación. pues en las posadas reinaba el más completo desorden. No estamos aquí. Me he atrevido a hacer una traducción torpe. ni siquiera el murmullo de su conversación. filosofé. ¿Sería posible que. había una nota de patetismo y un poco también de burla. al despuntar el alba o caer la tarde. cerró la ventana. si un juez hubiera tenido que pronunciarse por el carácter de los tonos que oía. Entre los aislantes menos espesos. me ha oído subir la venta-na. Y el anciano. creí detectar. fuera una esclava! Seguro que sabe quién ocupa el aposento que está encima del suyo. supuse. supongo. Como no podía pasar toda la noche en aquel pasillo recogiendo mi bastón. -Parecéis buscar disputa. de una mezzosoprano. MuerteyAmor a su presa atrapan acechando en paciente emboscada. se amplificaba y temblaba! ¡Cómo me emocionó y me trastornó! ¡Qué lástima que un viejo grajo destemplado tuviera poder para amedrentar a semejante Filomena! ¡Qué vida tan contradictoria!. y a quién has sospechado que va dirigida. la dama empezó a cantar una extrañachanson. Había pocas probabilidades de que la bella cantante apareciera en aquel momento. ¡Qué no habría dado yo para que hubiera sido una tri-fulca -y cuanto más violenta mejor-. -¡Basta ya. evidentemente no había nada excitante en aquel coloquio. mozaymozo se escogenyreúnen. la belleza de una Venus y el talento de todas las Musas. de la letra: Muerte y Amor se desposaron y ahora acechan en paciente emboscada. Consulté el reloj y vi que sólo quedaba un cuarto de hora para el comienzo de la cena. pero con tal violencia que bien podría haberse roto algún cristal. pero la fortuna no me sonrió. viejo celoso. Fácil adivinar a quién va dirigida su música. Así. ¡Que una hermosa condesa. Ya no oí nada más. ¡ay!. Unos instantes después. junto a supuerta. y haber podido intervenir como enmendador de entuertos y defensor de la belleza ultrajada! Pero. En aquellos tiempos todo el mundo renunciaba a sus refinamientos habituales. creo saber. pasé por la puerta del conde lo más despacio que pude.madame!-exclamó la voz vieja con brusca severidad-. Salí de mi habitación embargado por una agradable emoción y. el conde y la condesa ocuparan sendos asientos en la mesa común? . Dejé caer mi bastón al suelo del pasillo.Huelga recordarles que la voz cantada suena más que la hablada. Ardiente suspiro o gélido aliento enloquece o entumece a élya ella.

como he dicho. Mi romance se había intensificado desde mi llegada a la posada.Ya se había hecho de noche. íntimas relaciones con las viejas familias y legítimo influjo en la corte lo hacían la persona más adecuada para esas misiones amistosas que. e inmediata-mente se presentó como el marqués de Harmonville (esta información me la facilitó en voz baja) y pidió permiso para ofrecerme una carta delordR***. Llevaba un rato de pie sobre los escalones. y leí: Miquerido Beckett: Me permito presentarle a mi queridísimo amigo el marqués de Harmonville. con esa cortesía a la vez natural y altiva que caracteriza a un noble francés de la vieja escuela. y de sus modales se desprendía un aire de distinción tal que resultaba imposible no suponer que se trataba de una persona de abolengo. Puedo asegurar que aquel par de Inglaterra pisaba muy fuerte en el mundillo político y que su nombre sonaba como el más probable suce-sor para el distinguido puesto de ministro plenipotenciario inglés en París.CAPÍTULO IV -MonsieurDroqville Abrigando aquella emocionante esperanza. quien conocía algo a mi padre y en otro tiempo me había hecho a mí también algún pequeño favor. los efectos lunares que transformaban los objetos y los edificios de aquella callejuela. Yo recibí la nota con una reverencia. tan afablemen-te había emprendido. Yo asentí. y una agradable luz de luna iluminaba el paisaje. ¡Qué dulce melodrama si ella resultaba ser la hija del conde y estaba enamorada de mí! ¡Qué deliciosa tragedia. mirando.Beckett. y aquella luz poética no hacía sino poten-ciar mis sentimientos. Me preguntó si no sería yo por casualidad un talMr. si resultaba ser la esposa del conde! Con este talante autoindulgente fui abordado por un caballero alto y de buena planta. que parecía rondar los cincuenta. bajé premiosamente los escalones de laBelleÉtoile. Luego habló del marqués como de un hombre cuya enorme riqueza. quien le explicará la índole de los servicios que quizá esté en su mano hacerle a él y a nosotros. para satisfacer el deseo de su soberano y de nuestro gobierno. Tenía un aspecto amable y donoso. Me abordó. como yo. en cam-bio. Mi perplejidad no pudo ser mayor al leer acto seguido: .

Miré el reverso de la carta y quedó resuelto el misterio. que ahora devuelvo... M. o hacer. Yo le agradecí sinceramente aquellas muestras de amabilidad. amonsieurDroqville? Es cierto que yo me llamo Beckett. En estos momentos me dirijo a la ciudad. tengo motivos para agradecer a mi buena estrella que se haya producido ante un caballero de honor. donde espero ver.. Debería haberle dicho antes que. para mí. Me temo que sea algo grave. pues la mirada de penosa tur-bación que durante un buen rato se había asomado al rostro del mar-qués se iluminó ahora. no cabe duda.. Monsieur. ni aun con la mayor cau-tela. . Sabe que me resulta muy complicado intervenir. Walton estuvo aquí ayer. de que algo se está tramando en Domwell. y aquel aristócrata escribía como si fuéramos amigos íntimos. Como estaba de Dios que se iba a producir un error. el 15 de agosto. éste sonrió amablemente y me tendió la mano. espero. Lamento en lo más profundo que haya podido producirse semejante error. No conocía a nadie llamado Haxton ni. cuando haya hablado con él cinco minutos. pero esa carta no va destinada a mí. aunque muy poco. esta carta. alordR***.. incluir su nombre en la lista de mis amigos. Yo me llamoRichardBeckett. será un secreto tan inviolado como lo era antes de abrirla. mientras que esa carta va dirigida aMr.MonsieurBeckett me permitirá. R*** Estaba completamente desconcertado. Puedo decir que la sinceridad de mi pesar y mi buena fe debían de leerse en mi semblante con total claridad. y me dijo que era proba-ble que su escaño se encontrara seriamente amenazado. y que conozco. a excep-ción de mi sombrerero. Pero me permito aconsejarle que envíe enseguida a Haxton a que averigüe qué es lo que está ocurriendo. Para mi gran consternación. -¿Qué disculpas puedo presentar amonsieurel mar. -No tengo la menor duda de quemonsieurBeckett va a respetar mi pequeño secreto.. en esta lamentable circunstancia? Solamente puedo darle mi palabra de caballe-ro de que.P» Miré atónito al marqués. ¿Qué puedo decir. Yo no podía presumir de ser amigo delordR***.Stanhope Beckett.prosiguió-. Normandía. a nadie que respondiera al nombre de Walton. diputado por Shillingworth. por razones que entende-rá después. a muchos amigos.Por cierto.ha renunciado a su título durante unas semanas y que se hace llamar simplementemonsieurDroqville. y no puedo decir nada más. pues yo era simplementeRichardBeckett. se decía lo siguiente: « ParaGeorgeStanhope Beckett.no sabe lo contento que me sentiría si logra-ra convencerle para que vaya a visitarme a Claironville. el mar-qués -de acuerdo con todos nuestros amigos. Esq. a los que quizále interesará conocer. dice. Suyo afectísimo.

me sumí en un sueño encantador. Me sentía halagadísimo. Pertenecía a un oficial francés. Tras despedirse con su especial galanura. Preguntándome cuántas veces se habrían posado los ojos de ella en el mismo objeto. lo que hacía más siniestro aún aquel rostro repelente. sepa que nuestra comunicación no se interrumpirá aquí. Un símbo-lo muy apropiado. Me sentía especialmente a gusto en medio de aquella sole-dad y.. donde ahora reinaba la calma. El oficial alzó la barbilla. mi atención volvió a centrarse en la romántica luna mientras bajaba los escalones. monsieur Droqville se va a ocupar igualmente de usted. Yo permanecí un rato en medio de la escalinata ponderando la nueva amistad que acababa de hacer. A los pocos minutos me hallaba de nuevo en el patio de la posada. El lugar ruidoso de una o dos horas antes estaba ahora completamente en silencio y vacío. salvo algunos carruajes desperdigados. si se le ocurre alguna manera en la que pueda serle útil monsieur Droqville. Avancé por mitad de la calle entre extraños objetos y entre casas antiguas y pintorescas.. con una risita burlona. ¡Como la sangre! Ja. Con renovadas muestras de gratitud. Y roja. como se suele decir. Tal vez en aquellos momentos se encontraba cenando la servidumbre. le había caído bien al marqués. bañado también por la luz de la luna.. Pero los maravillosos ojos. enarcó las cejas y. Una pronunciada cicatriz le bajaba de la frente a la nariz. en mi casa de París. entre tanto -prosiguió-. por los motivos que us-ted supone perfectamente. de uno noventa de estatura aproximada-mente. Las cortinas del vehículo estaban echadas. Me planté ahora delante del blasón pintado de la porte-zuela que examinara antes con luz solar. Continuó: -Por el momento no puede ver a mis amigos. vesti-do con el uniforme de faena. agregó: . Me estaba comportando de la manera necia y sentimental como se comporta un adolescente con ocasión de su primer amor. La claridad de la luna prestaba nitidez a cada objeto y proyec-taba sobre el empedrado la sombra afilada y negra de las ruedas. -Y. Permanecí un rato ante él.. y las portezuelas. desapareció por la puerta que daba acceso a laBelleÉtoile. aunque el marqués de Harmonville se encuen-tre ausente. y que yo dispondré las cosas de manera que pueda usted dar conmigo fácilmente. Tal vez el marqués juzgaba prudente asegurarse de la buena disposición del involuntario conocedor de un secreto político. en un estado de ensoñación y de reflexión. cerradas con llave.Por supuesto. qué bien! La cigüeña es un ave de presa. Estaba claro que. Este tipo de simpatías a primera vista suele cristalizar en amistades de larga duración. Detrás de mí se oyó una voz sorda: -¡Una cigüeña roja. es vigi-lante. sin que nadie me estorbara. comprobará que. Peromonsieurtendrá se-guramente la amabilidad de hacerme saber en qué hotel piensa albergarse en París. Era ancho. los tiros y los muelles. Así. dirigí mis pasos hacia el coche de mi amada. Me había vuelto y estaba mirando el rostro más pálido que jamás había visto. la estremece-dora voz y la exquisita figura de la bella dama que se había apoderado de mi imaginación volvieron a imponerse rápidamente sobre cualquier otra consideración. supuse. rapaz y pesca gobios. le facilité la información que deseaba saber. ja. lo circunvalé. feo y torvo. por vago que éste fuera. le agradecí efusivamente su hospitalario ofrecimiento.

atrapar al ladrón. a veces sin nada que lo cobijara. sacar a la luz un delito. En cualquier caso.. prosiguió: -No debe conceptuarme como una persona demasiado curiosa e impertinente. CAPÍTULO V . Entré en el comedor. aún resonaba en mis oídos.. creyéndonos perfectamente solos. Mire. La enigmática arenga de aquella persona. -Es ésta la primera vez que visita Francia. puedo añadir también. compuesta de unos treinta individuos. pues creo recordar que casi tocó el mío. a quien no había esperado ver en un lugar tan público. me señaló. ¿verdad? -dijo. Si no tiene a ningún amigo experimentado que lo acompañe durante su visita. Sin embargo. ensartar a un bandido en la punta de su espada. ¿comprende?. vino a alimentar la fecunda imaginación de un amante.Cena en la BelleÉtoile El ejército francés estaba en aquella época de un humor pésimo. El conde no se hallaba entre los comensales. monsieur! Se dio bruscamente la media vuelta y salió del patio con paso marcial. descubrimos que nuestras payasadas han sido observadas de cerca por alguien. -Hizo una pausa. Era la hora de la cena. No era fácil conseguir que un personal tan atareado como el de laBelleÉtoilesirviera la cena en los aposentos privados en medio de la gran confusión reinante a la sazón. un hombre de energía. ni tampoco su bella compañera.. en busca de las perso-nas que tenían un interés especial para mí. una silla vacía que había a su lado.-En cierta ocasión abatí por mera diversión a una cigüeña que se creía a salvo en las nubes. En este caso. con una sonrisa significativa. pero el marqués de Harmonville. Tal vez el chismorreo de los comensales arroja-ba nueva luz sobre el tema que tanto me interesaba. . ja!Adieu. pero París es tal vez la capital más peligrosa que pueda visitar un caballero joven y generoso sin la compañía de un mentor. Yo acababa de recibir uno de esos sustos repentinos que tanto nos sobresaltan cuando. que pareció com-placido. llena de odio y retintín. decide descubrir un secreto. por tanto. ja. empezó a conversar conmigo casi de inmediato. y él. por su proximidad. muchas personas a las que no les gustaba la mesa común podían acabar haciendo de la necesi-dad virtud si no querían morirse de hambre. Tras confirmarle que así era. Y eran precisamente los ingleses los que menos probabilidades tenían de ganarse su simpatía. -Se encogió de hombros y esbozó una risita perversa-. escudriñando con la vista a aquella pequeña asamblea. era obvio que el caballero cadavérico que acababa de apostrofar el blasón del carruaje del conde con tan mis-teriosa acrimonia no había dirigido su malevolencia contra mí. Yo le obedecí. un hombre de una extraordinaria presencia de ánimo que ha dado la vuelta a Europa debajo de una tienda y.. es difícil que no lo consiga.monsieur. Estaba picado por algún antiguo recuerdo y se había marchado encendido en cólera. ¡Ja. el efecto se intensificó con la extrema fealdad de aquel rostro y. parbleu! . y.cuando un hombre como yo.

descubrirá que hay grandes diferencias -dijo-. en cierto modo también. . entre los que destacan las carreras. son más activos e imaginativos. antes incluso de empezar la partida. mi joven amigo. -Por supuesto que sí. se limita a facilitar a sus cómplices la manera de desplumar a sus invitados. cuando tenía su edad. No cabe duda de que cada nación tiene sus particularidades intelectuales y morales. Estos valiosísimos atributos los sitúan a un nivel completamente diferente. Son más ingeniosos que los granujas londinenses. El marqués sacudió la cabeza mientras esbozaba una sonrisa. descorazonado. -Sí. -Igual que la mayoría de los granujas londinenses. La mayoría vive del juego. y es así como timan y roban a forasteros acaudalados. la clase que vive de la Pillería es tres o cuatro veces mayor que en Londres. donde se apuesta muy alto. sin ir más lejos. que varían según el tipo de impostura. La gente que vive de un arte siempre lo entiende mejor que cualquier aficionado. comportamiento y conver-sación no tienen igual.Yo le hice saber que no tenía semejante amigo. Venía con una bolsa de treinta mil libras esterlinas. por una regla que impedía doblar la apuesta original más de cuatro veces consecutivas. -Pero yo he oído hablar de un joven inglés. -A pesar de todo. generan un estilo de villanía no menos peculiar. están aquí muy extendidas. Para empezar. sirviéndose de compin-ches. particularidades que. y que venía bien provisto para ello. reuní una suma del orden de quinientos mil francos. -Veo -dijo riendo. por jóvenes necios delbeaumondefrancés. de las que sus compatriotas andan poco sobrados. entre las clases criminales. Mi interlocutor se encogió de hombros con una sonrisa en los labios. En todas estas casas se juega fuerte. La supuesta pareja anfitriona raras veces se une al juego. Son habitués de ciertos lugares de juego. Y las dotes de comediante. Algunos de sus miembros hasta vive espléndidamente. hijo delordRooksbury que reventó dos mesas de juego parisienses el año pasado. Había oído hablar de ello. Pero aquí se hace de una manera más elaborada. que había visto mucho mundo en Inglaterra y que. Veo que usted tramó el mismo plan. traté de llevar a término la misma arries-gada empresa. Esos granujas saben adoptar los modales de las clases distinguidas y se mueven entre el lujo como pez en el agua. Sin embargo. esperaba hacer saltar la banca gracias al simple procedimiento de doblar siempre la apuesta. Algunos de estos individuos imponen respeto incluso a los burgueses parisienses. sino que ade-más habían tomado las debidas precauciones contra el mismo. que los creen sinceramente personas distinguidas porque sus costumbres son dispendiosas y lujosas y sus casas son frecuentadas por extranjeros de campanillas y. luego descubrí que no sólo estaban al corriente del truco. y así me vi frenado en mis planes. la naturaleza humana era fundamentalmente la misma en todas las partes del mundo. pero de manera muy distinta. En París. -¿Y esa regla sigue aún en vigor? -pregunté yo. pero que me manten-dría vigilante. Hay gente cuyos modales. y con unafinessereal-mente exquisita. y viven en casas preciosas en los barrios más ele-gantes. imagi-naba.que usted ha venido aquí a hacer lo mismo. y merced a su mayor conocimiento de los juegos de azar desvalijan a los incautos haciendo trampas. Yo también. e imaginaba que los tramposos que tenía enfrente no sabían nada al respecto. y vive mucho mejor. billares y otros antros. Le confesé que me había preparado para una empresa de mayor envergadura aún. con mueblesdel gusto más refinado y exquisitamente lujosos . sobornos y otros artificios.

Hace quince años habría sido el tutor ideal para usted.. además del respeto que siento hacia él. si quiere un buen consejo -dijo-. pues me sentiría muy mal si. -Sí. con una suma tan grande depositada en bancos de París. tras beber un trago deMâcon. y el hombre más sensato de este mundo. -Por el honor de un soldado. estoy encantado con usted. la próxima vez que vea usted a mi amigolordR***.prosiguió: -¡Nadie! ¡No es sangre.. y sin tener en cuenta que yo valgo por seis hombres en el campo de batalla. huesos y músculos. y. Para mi siguiente aventura conseguí introducirme en una de esas elegantes casas de juego que pasan por ser mansiones privadas de personas de distinción y me salvó de la ruina un caballero a quien desde entonces he tratado cada vez con mayor respeto y amistad. que no hay bicho viviente en esta sala que sane más deprisa que yo. alegre y generoso. -Tras unos minutos de silencio. y aparte también del valor. En aquel momento recibí una especie de codazo de mi vecino de la derecha. El caballero de que hablo no es otro que el conde deSt. El tono con el que dijo esto fue seco y estentóreo. aparte de estos atributos que me han sido dados. prosiguió-: En fin. Le di mis más sinceras gracias por su valiosísimo consejo y le rogué tuviera la amabilidad de darme cuantos consejos se le ocurrieran. a la que lleva al menos cuarenta y cinco años.. ya pueden . y que. es terriblemente celoso. He reconocido a su criado y he ido a visi-tarle a sus aposentos. Al volverme reconocí al oficial cuyo rostro ancho y pálido casi me había asustado en el patio de la posada. -¿Y la dama? -La condesa creo que es digna en todos los sentidos de un hombre tan bueno -contestó con un tono algo seco. Si no viviera ac-tualmente tan al margen de la vida social. así que le ruego perdone mis preguntas y mis consejos tal vez demasiado indiscretos. tuviera que decirle que lo han desplumado en París. joven. hay mil vam-piros y arpías que se pelearán por tener el privilegio de devorarlo. -Creo que la he oído cantar esta tarde. si exceptuamos una cosa. -Pues que está casado con una criatura encantadora. habría considerado casi un deber el presentárselo. merced a esta excepcional capacidad de cicatrización que poseo. Un golpe accidental mientras se daba la vuelta en su asiento. no debo per-derle a usted de vista. Digo que. tendones. sino licor! ¡Milagro! Aparte de la estatura. se limpió la boca con furor y. No arriesgue ni un solo napoleón en una casa de juego. Da la casualidad de que dicho caballero se encuentra ahora en esta casa. Es el honor personificado. -¿Qué cosa? -vacilé. -Pues. donde he podido comprobar que es el mismo hom-bre valiente. aunque creo que sin ningún moti-vo. cortés y honorable que siempre he conocido. me da la impresión de que es una persona con muchas cualida-des.-Cualquier conocido de mi queridísimo amigolordR*** me intere-sa. deje el dinero en el banco en que esté.Alyre. La noche que decidí saltar la banca perdí entre siete mil y ocho mil libras. Está entroncado con una familia de recio abolengo. Ahora estaba profundamente interesado. Un inglés rico como usted. y casi me hizo sal-tar en mi asiento. por todos los ángeles de la muerte que pelearía desnudo contra un león y le arranca-ría los dientes de un puñetazo y lo azotaría con su propia cola hasta darle muerte.

. -Perdone. prisionero en Madrid. El excéntrico oficial..preguntó. ecco un galant'uomo!-exclamó con marcial éxtasis un italiano bajito y regordete que fabricaba mondadien-tes y cunas de mimbre en la isla deNôtreDame. -Bravo.caballe-ros. La sangre me brotaba como por una chimenea. se concentró en su botella de vinordinaire. caballeros. una lanzada en mi hombro izquierdo. donde hicimos de los prusianos cien mil billones de átomos. pero ¿no le he visto por casualidad hace un rato examinar junto a mí el escudo de armas de ese vehículo? ¿Me puede decir quién llegó en él? -Yo diría que el conde y la condesa deSt. un bayonetazo en el cartílago de las costillas del lado derecho. un trozo de obús me atravesó la pierna y me abrió una arteria. por el mismísimo Lucifer! ¡Aquello sí que fue una batalla! Cada uno de los que allí había. en laBelleÉtoile? . lo hubie-ra atado a mi pierna por encima de la herida y hecho un par de nudos. Miren mi mano.destrozarme. apartando ligeramente la silla de la mesa. eh! ¡Ja. y cinco días después estaba jugando a la pelota con un general inglés. y estaba más fresco que una lechuga.bravissimo!Per Bacco. Por primera vez hablaba en voz baja-. volviéndose en su silla para llamar al camarero. -¿Y están aquí. Un minuto después debería haber expirado si no me hubiera arrancado el fajín en un santiamén.. caballeros. monsieur.¡Sus hazañas serán celebradas en toda Europa! ¡La historia de estas guerras debería escribir-se con su sangre! -¡Bah! ¡No tiene importancia! -exclamó el soldado-. ja! Y todo eso en un periquete. si me vieran desnudo.Alyre. tragó en cinco minutos más humo del que se necesitaría para que se asfixiaran aquí todos ustedes. ¡No está mal. con un pie descalzo. hasta el hueso. -Sí.. Hizo ademán de levantarse. suturado con tres puntos. había perdido demasiada sangre y desde entonces estoy más pálido que el culo de un plato.dijoluego el oficial. despedazarme con balas de cañón. -Dicho lo cual. Ocho días y medio después estaba yo haciendo una marcha forzada. -Garçon!. metralla en la pantorrilla. un tajo con un sable en toda la palma. Perosacrébleu. y era otra vez la vida y alma de mi com-pañía. cuya mirada se había vuelto de repente torva y grave. se alojan en el primer piso-contesté. No habría sabi-do . Parbleu!. parecía haber delegado en otros comensales la tarea de dirigir la con-versación general. con armas ytenantesblasonados en la portezuela y una cigüeña más roja que mis hazañas? El camarero no lo sabía. ¿Quién ha venido en ese carruaje amarillo oscuro y negro estacionado en mitad del patio.dijo-. El otro día. De forma aparentemente accidental. y el trozo mayor de una espoleta en la frente. caballeros. y pude oírle perjurar y mascullar insultos para sus adentros con ceño fruncido y huraño. se reirían con ganas. que recibí cuando intenté salvar mi cabeza. que la naturaleza me devolverá mi integridad en menos tiempo que uno de vuestros sastres remienda una vieja casaca. El marqués había cerrado los ojos y me pareció resignado y asqueado todo el tiempo que duró la escena. Pero no importa. Todo eso son simples menu-dencias. contra los muros del convento de Santa María de la Castidad. En aquella misma ocasión recibí dos balas de mos-quete en los muslos. en Ligny. se fijó ahora en mí. y en medio minuto había perdido la suficiente como para llenar un jarro. La sangre está bien derramada. un sablazo que me arrancó una libra de carne del pecho. un fragmento de metralla en mi deltoides izquierdo. Pero enseguida volvió a sentarse. cortando así la hemorragiay salvando mi vida. atravesarme. ¡En Arcole.

ha cambiado de clima cada media hora.más de una vez lo han confundido con un aparecido.-Haga el favor de poner la botella sobre esa mesa. Fui a sentarme junto a la chimenea. -Es el hombre más pálido que he visto en mi vida.monsieur. Otras personas se habían retirado igualmente.monsieur. y un vaso al lado. mi bella condesa! ¿No nos vamos a conocer nunca?» CAPÍTULO VI .Hace un año se alojó aquí durante una semana aproximadamente.monsieur.monsieur. Había llenado mi cuarto vaso cuando caí dormido. pero éste se había marchado.decir si estaba alarmado o furioso.dije-. -Garçon. no tiene ningu-na preocupación y está sentado solo junto al fuego en un confortable sillón tras haber cenado en abundancia se le puede perdonar perfecta-mente si echa una cabezadita. ¿Puedo quedarme aquí una media hora? -Naturalmente.monsieur. pues la noche se había vuelto fría. -¿Viene a menudo por aquí? -Sólo ha venido una vez antes.Un sable desenvainado A un hombre que ha viajado todo el día en la posta. el vino era excelente. Debo señalar que mi cabeza estaba inclinada en una postura incómoda. y mi pensamiento res-plandeciente y sereno. y la partida de los comensales no tardó en dispersarse. Me sentía muy a gusto. Dos o tres tarugos de leña ardían en el fuego. « ¡Ah.¿Podría decirme quién es ese oficial? -Es el coronelGaillarde. Tuve un sueño mientras echaba aquella cabezada junto a la lumbre. -¿Me puede servir una botella de borgoña. que sea bueno de verdad? -Puedo traerle el mejor borgoña de Francia. -Eso es bien cierto. . además. en un gran sillón de roble esculpido que tenía un respaldo maravillosamente alto y que pare-cía más viejo que Matusalén. Me volví para decir un par de cosas al marqués. se siente a gusto consigo mismo. todo el mundo sabe que la cocina francesa no es el mejor aperitivo para un sueño apacible.

Ingenioso. -Eso depende de a qué ella se refiera. sobre la que posó sus manos largas y delgadas.yahora estaba bebiendo su copa. envuelto también con tela negra. pero el rostro ancho e inicuo del coronelGaillardeme estaba mirando. desde el otro lado de la lumbre. me puse de pie y proferí un grito ahogado. Una. por arriba y por abajo. hacía frío.Alyre. -¿Qué quiere decir el señor coronel? -pregunté. se había tomado una demi-tasse de café noir. colocó las manos bajo los pies de la joven y entre los dos empezaron a levantarla. poco a poco. Me embargaba una horrible sensación de expectación. sálveme!» Noté que no podía ni hablar ni moverme. El coronel. con su correspondiente secreto. -Así lo creo. procure no tener sueños peores que los que ha tenido esta noche -dijo con tono enigmático mientras meneaba la cabe-za con una risita entre dientes-. Otra. El lugar parecía vacío. ¿no es cierto? -dijo entornando un ojo con aire pensativo y mirándome fijamente con el otro ojo. Estaba perfectamente despierto. el conde deSt. Un eco apagado daba idea de la vastedad del lugar. Lo poco que veía tenía ese carácter sobrio del estilo gótico y ayudaba a mi imaginación a dar forma y amueblar el vacío negro que me abisma-ba. -Usted es el joven caballero que está hospedado encima del conde y la condesa deSt. Oí un sonido parecido al paso lento de dos personas avanzando por la enlosada nave lateral. y me llevé un susto de espanto cuando el cuerpo que yacía sobre el catafalco (sin moverse). se deslizó hacia la cabeza de la figura. que me estaba mirando con sarcasmo. -Estoy tratando de descubrirlo por mí mismo -dijo-. sin otra luz que la que prove-nía de los cuatro cirios colocados en las esquinas de una especie de estra-do cubierto por un paño negro. Rompiendo el hechizo con un esfuerzo descomunal. temeroso de que se me hubiera escapado alguna palabra ofensiva por el papel que él había desem-peñado en mi sueño-. y mi vista sólo alcanzaba (al tenue res-plandor de los cirios) hasta un pequeño radio. Durante unos instantes no sabía ni quién era yo.contestó secamente el coronel. me dijo con una voz susurrante que me dejó helado: «Vienen a enterrarme viva. Sueños peores -repitió. jovencito. yacía el que me pareció ser el cadáver de la condesa deSt. -¿Dónde está ella? -exclamé con un estremecimiento. hasta que todo el hilo quede bien liado en mi pulgar y logre dar con la otra punta. ¡Por favor. sí. de un lado a otro. -Bueno.Alyre. sobre el que. . -¡Cielo santo!-exclamécon la respiración entrecortada y mirando a mi alrededor. por mucho trabajo que me cueste seguiré el hilo tramo a tramo. de esta y esa manera. y creo que lo conseguiré. monsieur. pálido como la muerte. el coronel de semblante pálido marcado por una cicatriz.Alyre. Cuando tenga sujeta una punta del hilo entre el índice y el pulgar. Las dos personas que se acercaban salieron entonces de la oscuridad. así es-contesté. de la que emanaba un agradable aroma de coñac. en el que se dibujaba una sonrisita de triunfo infernal. -Me quedé dormido y he estado soñando -dije. Estaba paralizado por el miedo.Mee ncontraba en una catedral inmensa.

luego se produjo una pausa. ¡Cielo santo. y ni siquiera tuve el pequeño consuelo de contemplar la misma luz que estaba contemplando en aquel momento la hermosa dama mientras escribía. -¿Puedo ayudarle de alguna manera para acelerar su partida? -me ofrecí. Como veo. de esos que tanto se valoraban entonces. me encontré en una placita bordeada de casas con gabletes y en cuyo centro se erguía.. o permanecía sentada en su sillón pensando en.¿no? ¡Más astuto que cinco zorros juntos! ¡Más despierto que una comadreja! Parbleu! Si no me hubiera importado rebajarme. Pero no puedo decir cuándo se producirá ese aconteci-miento. Es una obra en la que todos los papeles están ya repartidos. -¡Ah.. lo alzó con una reverencia y lo bebió despacio. Por desgracia. sobre un pedestal. pero volviéndolo a llenar-. lo puso al mando de un regimiento. -Me temo que no.. una estatua de piedra desgastada por varios siglos de lluvia. pero en su famosa campaña.. -He pedido caballos. habría hecho fortuna como espía. . que me reconoció a su vez casi inmediatamen-te. ha recibido algunas heridas peligrosas en la cabeza. por supuesto. Sólo sería capaz de renegar de una buena amistad hecha en mis años jóvenes si para cultivarla me obligaran a vivir en semejantes luga-res. Diré simplemente que mi paseo duró una media hora y que.. Estatua que estaba mirando también un hombre delgado y bastante alto. Yo soy un simple aficiona-do.Pero le doy mil gracias. Visité el patio y miré hacia las ventanas de la condesa. -¡Ah. Siguió hablando un rato mientras volvíamos despacio hacia laBelleÉtoile.Estas pequeñas pobla-ciones de provincia. -Más que bueno -dije-.. lo llenó. qué fuerte hay que ser para vivir en ellas!. Acepté aquella grave privación con la mayor resignación que pude y decidí darme una vueltecita por la población. y no le habrían traído esta pócima. Solía dar un tostón espantoso al personal del Departamento de la Guerra. ni mucho menos! -exclamó con cierto desprecio. -Yo espero una carta. que yo aproveché para preguntarle si sabía algo del coronelGaillarde. también usted padeceennui. Dio unos pasos en mi dirección y dijo encogiéndose de hombros y riendo: -Le sorprenderá encontrar amonsieurDroqville mirando esa vieja figura de piedra a la luz de la luna.. y sólo la amistad me ha empujado a tomar parte en ella. cómo no! Está un poco loco. estaban cerradas. quienquiera que fuese. cuando volvía dando un pequeño ro-deo.sí. No les aburriré con efectos de luz de luna ni con las ensoñaciones de un hombre que se ha enamora-do instantáneamente de un hermoso rostro. Le buscaron un empleo. bah! ¡No es de lo mejor. Siempre fue un combatiente temerario. o una llegada. Tiene la cabeza constantemente llena de pájaros. Pero algo hay que hacer para matar el tiempo. sin ningún cargo de responsabilidad.. Supongo que sigue usted mañana su viaje a París.monsieur. calándome el sombrero. que no podía prescindir de nadie. Cualquiera de las dos cosas mesacarían de aquí. ¿Es bueno el vino de aquí? -dijo con una mirada inquisitiva hacia mi botella. leía. salí sin otra compañía que mi recio bastón. ¿Quiere un vaso el señor coronel? Tomó el mayor que encontró. a quien reconocí al instante: no era otro que el marqués de Harmonville. Me libré de aquel hombre tan pronto como me lo permitió la buena educación y. Debería haberme dicho que le pidiera un borgoña. Napoleón.

Un poco por detrás del conde estaba la con-desa.monsieur. ¡Qué oportunidad tan buena se me brindaba! Me acerqué a la dama. con elgarçonque me había servido el borgoña una hora antes. y en el vestíbulo estaba teniendo lugar un furioso altercado. El actor principal de aquel extraño drama era.monsieur. A casi todos los jóvenes les gusta. vestido con su traje de viaje.Hay. me dio las buenas noches de manera misteriosa y desapareció.Es un poco alborotador. en efecto. Ya se veían las luces de laBelleÉtoile.El marqués se detuvo en su puerta. Se le notaban en la frente sus venas nudosas. le hice señas de que se detuviera. que el coronelGaillardeparó en laBelleÉtoiledurante una semana hace cierto tiempo. me agarró del brazo. había un coche tirado por cuatro caballos. también con atavío de viaje. cuando menos. pálidos de terror.En la puerta. El dueño de laBelleÉtoileestaba tratando de calmar al coronel. contemplabanla escena impotentes . Mientras proseguía premiosamente hacia mi posada. Permanecí unos segundos estupefacto. El coronel no dejaba de berrear manteniendo la espada en alto. le rechinaban los dientes y acom-pañaba sus denuncias estentóreas con zapatazos contra el suelo y moli-netes con su sable. -Me ha dicho antes. alojarse en una posada honrada y cobijarse bajo el mismo techo que otros hombres honrados. tenía los ojos desencajados. Los berridos del coronel Gaillardese imponían a cualquier otro sonido. con aire desencajado. presenciar una algarada. -No sabe uno a qué atenerse -mascullé entre dientes mientras me alejaba. Pero. -Desde luego.monsieur. -Sí. iluminado por la luna. ¡Pareja de vampiros. si alguno de los dos trata de salir por esa puerta. . pero un hombre muy astuto también. deprisa! Por san Pedro y Lucifer que. le rebanaré la cabeza. la cual. de demonios! ¡Llamad a los gendarmes. cuando el pequeño camarero pasó a mi lado.Alyre. Resultaba evidente que se había visto interceptado cuando se dis-ponía a subir a su coche. Dos camareros. -No creía a mis ojos cuando reconocí el ave de presa roja. Iba pensando en el coronelGaillardey. si no recuerdo mal. -¿Está en su sano juicio? El camarero puso ojos de plato. me tropecé. -¿Nunca ha sospechado nadie que esté loco? -Nunca. y con su bufanda de seda negra cubriéndole la parte inferior del ros-tro. en esta ciudad. de lobos. y sus delicados dedos sostenían una rosa blanca. el coronel. Imposible concebir una efigie más diabólica del odio y la furia que la personificada por el coronel. sentí que ésta me iba a interesar a mí de manera especial. o había. intuitivamente. en la sombra de una hilera de álamos. que estaba plantado ante el viejo conde deSt. otra posada llamadaL'ÉcudeFrance. llevaba el rostro cubierto por su espeso velo negro. Hice corriendo los cincuenta metros que me sepa-raban de allí y me encontré en el vestíbulo de la vieja posada. No podía creer que tuvieran la audacia de viajar por la ruta nacional.

ni si estaba vivo o muerto. a consecuencia de mi ingeniosa idea. sin mirar a derecha ni izquierda ni dar las gracias a nadie. supli-caba y maldecía a sus criados.-¡Oh. que estaban algo achispados y no habían asistido a la dramática escena. interponiéndome entre el conde y Gaillarde. tras una pausa de indecisión. bajó los escalones y desapareció en el interior de su coche. Rompí su espada bajo mis pies y lancé los trozos a la calle.La rosa blanca Yo era demasiado rápido para el coronelGaillarde. e. rufián. que ella aceptó. mientras él retrocedía. Éstos ocuparon ahora sus puestos con la agilidad que produce la desazón. en medio del claro de luna. La mano de la dama se posó sobre la mía. y yo le cerré la portezue-la.que no dejaba de lanzar invectivas. tímida pero nerviosa. yo lo golpeé en la cabeza con mi macizo bastón. cobarde! La dama dejó escapar un grito leve. abandonada así a su suerte. sin importarle otra cosa que no fuera mi condigno casti-go. CAPÍTULO VII .Mientras él levan-taba su espada. tal era el vendaval de deliciosas y diabólicas emociones que sen-tía dentro de mí. Sus labios casi tocaron mi mejilla al decirme apresuradamente: -Puede ser que no vuelva a verle. grité: -¡Sujete su lengua y despeje el camino. Va a matar a mi marido. tambaleándo-se. los caballos empezaron a moverse y el coche se fue alejan-do con su preciosa carga por la pintoresca calle principal. ¿Qué podemos hacer? No quiere dejarnos pasar. y plenamente decidido a partirme la crisma en dos. le asesté otro golpe. y la conduje hasta el coche. Estaba a punto de preguntarle si tenía alguna orden con la que hon-rarme (mi mano reposaba sobre el borde inferior de la ventanilla. y ¡ay!. -No tema nada. En un santiamén corrí al lado de mi bella condesa. que dio con sus huesos en el suelo. Los látigos de los postillones chasquearon. en dirección de la puerta. que pueda olvidarlo. . rumbo a París. Este horrible loco. No me importó ninguno de sus galones militares. como mi conciencia me insinuó después. que estaba abierta). váyase! Yo apreté su mano durante unos segundos. mientras la espada del frenético soldado. casi en el mismo lugar.. pero colocó en la mía la rosa que había estado entre sus dedos durante la agitada escena que acabábamos de vivir. Todo sin mediar una sola palabra.Alyre salió disparado. donde quedó aparentemente muerto. monsieur!.madame-contestécon romántica devoción. Todo aquello se produjo mientras el conde impartía órdenes. y. El viejo conde deSt. silbaba en el aire para abatirme. Ella la retiró. le ofrecí mi brazo. ¡Por el amor de Dios. Adiós.. que recompensó con creces el riesgo que yo corría.susurró en medio de su agitación-. Váyase. matón. Entró en él.

ni por ruegos ni por dinero. El lector supone sin duda que yo tenía otros motivos. mientras su talante distante se troca-ba en amigable.No hubo un solo camarero de la posada que no estu-viera dispuesto a corroborar bajo juramento la veracidad de aquella afirmación.Dicho lo cual. no había manera alguna de conseguir caballos aquella noche. y luego le dije que no debía rechazar un insignificante souvenir de un huésped que había quedado encantado de todo lo que había visto en la famosísimaBelleÉtoile. lo apoyaron contra la pared. mientras se llevaba apresuradamente las monedas a los bolsillos. e introdujeron un vaso de coñac. Con un profundo suspiro. así. y. Ena quellos tiempos de inestabilidad política no estaba claro cuál era el pro-cedimiento en vigor para castigar a los criminales. coloqué en su mano treinta y cinco napoleones.para un caballero que había almor-zado y cenado en laBelleÉtoileyque tenía que continuar hacia París aquella misma noche. en la proporción de dos vasos a uno. mi pequeña prenda de despedida. el militar habría decapitado a la mitad de los huéspedes de la BelleÉtoile. que había amputado ochenta y siete piernas y brazos tras la batalla de Eylau. quedaba claro que entre nosotros dos se habían instaurado unas relaciones muy cordiales. Inmediatamente saqué a relucir el tema de la cabeza rota del coro-nel. El solícito dueño de laBelleÉtoiley sus ayudantes levantaron al héroe herido en mil batallas. en su gran boca. más que el suyo y el mío. también cabezas). Yo sentí esto de manera instintiva. en cualquier caso había una conmoción en la sede del pensamiento. Como comprenderá cuál no sería mihorror al saber que. que fue debidamente apuntado en su cuenta. al tacto de los cuales su semblante. no se puede andar especulando ni escatimando medios económicos. para desear rea-nudar cuanto antes mi viaje a París. Cuando se emplea algún tipo de fuerza para conseguir un objetivo importante. como ven. Al principio creyó que el cráneo del arrojado coronel se había fracturado. con la rosa blanca dobla-da en mi pañuelo. El coronel fue conducido a su habitación roncando apopléjicamente. además del deseo de escapar de las fastidiosas pesquisas judiciales. Se mandó llamar a un pequeño cirujano militar de unos sesenta años. apuntalándo-lo a cada lado con baúles y almohadas. en la que iba decidido a hacer saltar bancas y romper corazones (y. sus laureles y sus escayolas a esta su ciudad natal. había motivos sobrados param antenerlo fuera de combate durante al menos un par semanas. Yo empecé a sentir cierta inquietud. Ambos convenimos en que. Mejor pasarse por mil que quedarse a un milímetro de la meta. Pedí una botella del mejor vino que había en la posada. mi favor secreto. invité al posadero a compartirlo conmigo. donde por primera vez aquel delicioso elixir no fue ingurgitado desaforada-mente. acababa en el cadalso o en la guillotina. Qué lástima si aquella excursión mía. de cabeza calva y con gafas. me di la vuelta. se tornó radiante. si yo no hubiera dado aquel certero bastonazo. hasta entonces poco simpático.Yo permanecí inmóvil sobre el pavimento hasta que se perdió del todo en lontananza. había visto pasar de una mano a otra. Vi al posadero en la sala en la que habíamos cenado. pese a su extraordinaria capacidad autocurativa. dulce y precioso que ningún ojo mortal. ¿Quién era aquel caballero? ¿Había marchado ya? ¿No se le podría convencer para que aguardara hasta el día siguiente? . y se había retirado con su espada y su sierra. El último par de la ciudad lo había reservado elÉcudeFrance.

idiota! Ese hombre estaba más borracho que una cuba. según me han referido. Quizá era ella. llevaba más de sesenta horas sin dormir. donde encontré a mi criadoSt. él se la colocó sobre las rodillas para que le sirviera de mesa en miniatura.St. Es hija de un matrimonio anterior. ¿a quién le importa? Recoge todas mis cosas. Asentí. en mi coche de camino y con sus caballos. -Perdone que sea un compañero tan aburrido -dijo-. Permítame que le recomiende que haga usted lo mismo: el café de aquí es realmente bueno. Es una joven muy hermosa y encantadora. poco después. Subí rápidamente a mi cuarto. donde había tenido la suerte de conseguir caballos mandando por delante a su criado. Tomaré aquí una taza de café. mis pensamientos cambiaron unos instantes de rumbo.dime ahora quién es esa dama -le conminé. -No soporto que me esperen los camareros mientras bebo el café -dijo-. -¿No tiene una hija? -Sí. Al marqués le estaba entrando la modorra y. no importa cuál de las dos cosas sea. hasta la siguiente posta. pero el marqués dormía como un tronco. y su nombre no era otro que el demonsieurDroqville. Está mohíno. Hubo un pequeño retraso mientras él abonaba aquellas cosas. Al cabo de un rato me aventuré a preguntarle al marqués de Harmonville si la dama que acompañaba al conde era de verdad la condesa.Al verlo. siempre lo sabía todo.Clair. luego pasó al interior del vehículo la pequeña bandeja y me ofreció una taza de café. y sólo durante un par de minutos. Y la bandeja. cayó completamente dormido en su rincón. según me dijo. puede decir lo que quiera.Clair. No se despertó.Alyre. Gracias. ya he echado un sueñecito. Como yo le dije que no necesitaba la bandeja. por la espada del general a quienmonsieurha tenido la suerte de mandar a la cama con un buen ataque de apoplejía. Me gusta saborearlo tranquilamente.monsieurDroqvilley yo viajábamos juntos rumbo a París. -Esa dama es la hija o esposa. -¡Cierra el pico. el anciano caballero que ha estado tan a punto de ser troceado esta noche. -Y bien. . Era realmente un café buenísimo. eso creo.El caballero se encontraba ahora en sus habitaciones recogiendo su equipaje. Media hora después. No puedo contestarle con exactitud. ¿Dónde se hospedamonsieurDroqville? Por supuesto que lo sabía. del conde deSt. Hoy sólo he visto al conde. -Guardaremos las tazas -dijo al camarero que le traía las tazas-. Ordenó dos tazas de café expreso y esperó con la cabeza asomada por la ventana. Yo también daba algunas cabe-zadas.

podíamos considerarnos afortunados de haber encontrado dos. Me habría restregado los ojos. Desde mi rincón seguía visuali-zando en diagonal. Avanzábamos muy lentamente. Este café hará maravillas en mí. me fueron entrando unas ganas terribles de dormir. Éste me inspiraba toda una gama de sueños románticos. pero estaba claro que había perdido la capacidad de cerrarlos. 1 mi voluntad no mandaba ya sobre mi cuerpo. Me esforcé por poner fin a aquella imagen fatigosa. ya me siento como nuevo. Repetí el esfuerzo varias veces. que notó esto. y me cuesta mucho trabajo mantenerme despierto. que sujetó con dos pinzas en la ventanilla opuesta.no había experimentado ninguna sensación de terror. envuelto ahora en papel blanco. Echó hacia atrás la cabeza y dijo. Durante un rato el café nos volvió parlanchines. Hice un esfuerzo sobrehumano por gritar. Deseaba con todas mis fuerzas conciliar el sueño. volviéndose hacia mí: . En mi impaciencia. con el mismo resultado. el interior del coche. y la conversación se animo. Fuera lo que fuera. El marqués cogió del suelo su valija. yo he dormido muy poco duran-te las dos o tres últimas noches. tenía mi querido souvenir -mi rosa blanca. aquello no se podía equiparar con una simple pesadilla. que oí chocar contra la calzada. Con todo. por ejemplo. Un valioso hallazgo. El marqués. y así entré en un estado de somnolencia completamente nuevo e indescriptible. la colocó sobre sus rodillas. presentando su retrato de manera que se me quedaran bien grabadas algunas enseñanzas de orden práctico. para algún campesino madrugador. pero sin llegar nunca a perder la conciencia del todo. La encendió con una cerilla. llenas de sal y de colorido. Acabó pareciéndome aburrida la visión del marqués leyendo con sus lentes caladas. la diferencia de velocidad resultaba deprimente. A pesar de las historias divertidas y curiosas que contó el marqués. pero ni siquiera podía mover una mano. a no dudarlo. yo había empleado hasta entonces cuatro caballos por etapa. Hasta entonces. Empecé a sentir el peso del sueño. El marqués era extremadamente simpático. Pero. pero la barrera entre la vigilia y éste se me antojaba absolutamente infranqueable. además de hábil. Descubrí que me resultaba a tan difícil mover cualquier articulación o músculo como. Nos pusimos en marcha antes de haber apurado las tazas. con sus peligros y seducciones. la abrió y sacó la que resultó ser una lámpara. Me acomodé en mi rin-cón. con los ojos semientornados. ¡Empecé a asustarme de verdad! ¿Estaría padeciendo algún ataque? Era horrible ver cómo mi afable compañero seguía dedicándose a sus ocupaciones rutinarias cuando podría haber ahuyentado mis horrores con un simple sacudimiento. por un acto de voluntad insólito. y finalmente hizo lo propio con la pequeña bandeja. que se puso a leer con mucha atención. Volví a intentarlo. Primero arrojó su taza por ella. luego la mía.-Al igual quemonsieurel marqués. se caló las lentes y sacó un fajo de cartas.cerca del corazón. hacer volcar el carruaje. y me hizo una brillante y divertida descripción de la vida parisiense. se resignó afablemente a que nuestra con-versación fuera decayendo. pero algo me impedía cerrar los ojos del todo. Su ventanilla iba abierta. pero nada. en aquella emergencia. Mi compañero había vuelto a empaquetar sus cartas y estaba miran-do por la ventanilla mientras tarareaba el aria de una ópera. ha-ber intentado. doblando y guardando las cartas una a una.

Un lúgubre terror se había apoderado de mi espíritu. ya se ven luces.-Sí. Me miró más de cerca y. yo quedaba abando-nado en el mismo rincón y en la misma postura. Mi criado se acercó a mi portezuela y la abrió. ¿Cómo terminaría aquello? ¿Era real-mente la muerte? . Entramos en una pequeña población. volviéndose alegremente hacia mí-. Clairmientras entraban en la posada. gracias a Dios. pues. pero. -Tu amo duerme profundamente. Le traeremos algo a monsieur Beckett. con una sonrisa afable. Me sentía como un alma encarcelada. -Sí. y un pequeño enco-gimiento de hombros. dijo: -¡Pobrecillo! ¡Qué cansado debe de estar! ¡Qué sueño tan profundo le ha entrado! Cuando se detenga el coche seguro que se despertará. de la que salía luz. ¡Está tan cansado! Sería una cruel-dad molestarle ahora. ni lo padecería tampoco después. no había padecido nunca nada parecido a aquella tortura. muda e inmóvil. Espero con toda el alma que no se parezca a ninguno de los tipos de muerte que pueden acaecernos. Despabiló la llama y echó más aceite a la lámpara. ¡qué cansado debe de estar! -exclamó tras haber esperado una respuesta de mi parte. Extremando el cuidado para no despertarme. salió tras dirigirme a mí otra sonrisa ama-ble y a mi criado otra palabra de precaución. El poder del pensamiento seguía claro y activo.Una visita de tres minutos En varias ocasiones de mi vida he sufrido fuertes y largos dolores cor-porales. Luego colocó nuevamente las cartas en la valija. llegaremos dentro de unos minutos. -¡Ya hemos llegado! -dijo mi compañero. Tú y yo nos retiraremos mientras cambian los ca-ballos. Entre tanto. Vi abrirse la puerta de una posada. El coche se detuvo. CAPÍTULO VIII . Supongo que serían las dos de la madrugada. se metió las lentes en el bolsillo y volvió a mirar por la ventana. en cuanto se despierte. Pero no me desperté. era inenarrable. y tomaremos un piscolabis. Lo oí conversar conSt. y mi angustia. seguro que va a morirse de hambre. la cerró.

y todo lo hacía con rapidez y decisión. formada en el oído. Ya he dicho que el marqués de Harmonville no había apagado su lámpara de coche al entrar en la posada de aquella aldea. Simplemente. esperando con ansia su regreso: algún accidente afortuna-do haría que yo despertara de mi catalepsia. perdido el control de mi cuerpo. con un lápiz. la portezuela del coche se abrió de repente. cerró la puerta suavemente y se sentó a mi lado. Inmedia-tamente después de su desaparición oí nuevamente la voz del marqués.He de señalar que mi facultad de observar no había sufrido merma alguna.. los galones y botones en las puñetas de la guerre-ra. Entró. Sin ruido alguno de pasos que anunciaran una llegada inminente. creí distinguir bajo la capucha la cinta dorada de una gorra militar. según mis cálculos. Entró en el coche y vi cómo me miraba esbozando una sonrisa. Este hombre parecía trabajar con la celeridad sigilosa y fría propia de un agente secreto. La lámpara daba una luz parecida a la de una vela. por un sueño tan profundo. inclinándose hacia míy ponién-dose en visera su mano enguantada. se debía de hallar a unas dos leguas de distancia cuando de repente sentí un extraño palpitar en un oído y la sensación de que el aire pasaba por él y se alojaba en la garganta. creo. A las cartas les echó un vistazo somero. quizá. Ah.. por lo que vi al in-truso perfectamente. ocurría que mi voluntad había. lo que indicaba un plan bien definidoy establecido de antemano. También vi. luego. también vi una cicatriz roja que le atravesaba la mejilla desde los labios. Era un hombre joven con un holgado abrigo gris os-curo y una especie de capucha. El joven llevaba un espeso mostacho y una pequeña mata de pelo bajo el labio inferior. se hinchara y explotara en él. El lugar donde había recibido la visita de aquel agente secreto. Yo pensé que iba a robarme y. a todas luces. los volvió a meter en mi bolsillo y desapareció. Lo que le interesaba era. me examinó de cerca la cara duran-te unos segundos. el documento a que acabo de referirme. lo desplegó y. Volvió a sumirse en la lectura y clasificación de sus papeles a la luz de la lámpara que acababa de coadyuvar a las maquinaciones de un espía. con perfecta nitidez. fáciles de distinguir bajo las amplias mangas del holgado abrigo. Era obvio que no era aquello lo que buscaba. del que sacó mi preciosa rosa blanca y todas las cartas que había. y una persona desconocida entró silenciosamente y cerró la portezuela. Sus propósitos eran a todas luces siniestros. medio envidiándome. Colocó los papeles en el mismo orden en que los había encontrado. noté un extraño zumbido en la cabeza y una . Deslizó una mano en el bolsillo de mi chaqueta. Podía oír y ver todo con la nitidez habitual. que le cubría la cabeza. como podríamos denominarlo. Ahora estábamos ya fuera de la población y proseguíamos el viaje a la misma velocidad moderada. Parecía como si una burbuja de aire. Su visita. Este hombre había entrado con el sigilo de un fantasma. La tensión indescriptible del cerebro pareció ceder de inmediato. a asesinarme. Yo escuchaba atentamente. si hubiera sospe-chado. Pero yo no era más que un cuerpo inerte en sus manos. entre las que figuraba un documento de especial importancia para mí. Mi preciosa rosa la dejó también a un lado. Al moverse. Todo esto lo hizo en un abrir y cerrar de ojos. por así decir. no duró más de tres minutos. empezó a tomar rápidas notas sobre su conte-nido en un pequeño cuaderno de bolsillo.

A él le sobrevino a bordo de un barco. Se sumió en un estado que luego describió igual que usted. pero el mar-qués seguía distrayéndome con su amable conversación. como mi otro amigo. Una o dos horas después.. que ni siquiera deben ver amonsieurDroqville. como el marqués está. la forma como ha cedido. Le dije que. Él colocó la valija a su lado.que debo recordarle que por el momento no soy el marqués de Harmonville. a resultas de un estado de especial excitación. Le pediré que me diga el hotel en el que piensa alojarse. la abrió y examinó su contenido minuciosamente. aunque muy débilmente. »Me gustaría -prosiguió. Lo que me sorprende es el paralelismo de las causas propiciadoras del ataque. aunque no pueda verle a menudo. donde me dejé caer luego temblando. Esa gente siempre actúa con mucha habilidad. -Hemos intimado tanto -dijo al final. así como también a otros lugares de más difícil acceso. Daría cualquier cosa para que ciertas personas no leyeran nunca media docena de cartas que llevo aquí. sin embargo. pues. como puede ver.descubrir quién fue esecoquinque espió sus cartas. Pero no vale de nada volvernos ahora porque no conseguiría-mos enterarnos de nada. -Sí. como es ese demente coronel de dragones. este último ya se las ingeniará para hacerle entrar en el palco quemonsieurel marqués tiene en la ópera. y había tenido que hacer valer a la vez su fuerza y su cora-je. decirle lo enfermo que me había senti-do. ¿Padeció una recaída? -Traté con él después durante muchos años. Sin embargo. no . Ese bellaco no habrá tocado mi valija. la mansión de Harmonville se encuentra por el momento ocupada por dos o tres viejos criados. -Me alegra saber que no he sido el único. Era un hombre valiente como usted. finalmente. me cogió la mano y me preguntó con aire serio si estaba enfermo. como ocurre con un miembro que. Cuando le hube contado todo. y nunca me habló de tal cosa. Sólo pude contestarle con un gemido profundo. Luego me preguntó con gran solicitud por el mal que me había sobrevenido. con una sensación de debilidad mortal. Todo en su sitio. sobre el asiento.. en condiciones tan desfa-vorables para usted. gracias a Dios -mascu-lló-. podré serle de gran utilidad. y así pude. por lo que yo había podido observar. de viaje. se ha dormido. Asimismo le puse al corriente de la violación de mis cartas durante su ausencia. el cansancio se apoderó de él y pareció caer en un sueño profundo. Poco a poco el proceso de restablecimiento fue tocando a su fin. sino solamentemon-sieurDroqville. Si se hubiera tratado de cualquier otro tipo de facineroso. -¡Cielo santo! -exclamó-. Exhalé un grito y me quedé medio levantado en mi asiento. el cansancio y. según la frase popular. estoy casi convencido de que debió de ser un agente de policía. El marqués se me quedó mirando. al sueño. podía estar tran-quilo a ese respecto. pues me sentía débil y agotado. con un espadachín experimentado. me dijo: -Un amigo mío me dijo en cierta ocasión que era posible un ataque como el que ha sufrido usted. cuando lleguemos a París. El inesperado y valiente combate. lo que me hace pensar que se trata de la misma clase de ataque.especie de vibración en todos los nervios del cuerpo. Yo hablaba muy poco. tan pronto como concluya la misión diplomática del marqués de Harmon-ville. no hay nada que temer. y éste tenga libertad para mostrarse a plena luz. de seguro que le habría robado. Sin embargo. Y.

Llevaba dos días en París y ya había visto toda suerte de monumen-tos. tan afable y gentil como siempre. no creo haber visto nunca aquella deliciosa capital tan encantadoramente excitada y excitante. Así pues. Me mantengo en la sombra durante el día.Chismes y consejos Mi accidentado viaje había terminado por fin. Cuanto más nos aproximábamos a París más valoraba su protección. y ya estaba empezando a temer que mi aristócrata amigo se hubiera olvidado por completo de mí cuando el camarero me ofreció la tarjeta de«MonsieurDroqville». También tengo que decir una cosa. no necesito (aunque pudiera. Allí estaba el marqués de Harmonville. Pero.monsieurBeckett. por así decir. Mientras aún le daba las gracias. -Actualmente soy un ave nocturna -dijo tan pronto como hubimos intercambiado los saludos de rigor-. Todo el mundo recuerda la gran exci-tación que siguió a la caída de Napoleón y a la segunda restauración borbónica. Aqué-lla era mi primera visita. así como a mis visitas a los museos y a otros monumentos de la metrópoli. También me había recuperado por completo de la extraña indisposición padecida durante mi viaje nocturno.excusará a su amigo. ni recibi-do ninguna noticia del marqués de Harmonville. La protección de un hombre tan importante. CAPITULO IX .y con gran júbiloy premura le dije que hiciera subir al caballero. Caía la tarde. Ahora me hallaba sentado a la ventana de mi hotel contemplando la brillante ciudad de París. el coche se detuvo de repente delante del lugar donde nos esperaban caballos de relevo y donde tenía-mos que separarnos. e incluso a esta hora sólo me he atrevido a venir en coche . Nada podía ser más gentil que los modales y las atenciones del mar-qués. Como pueden imaginar. se había topado por error. podría hacer mi visita bastante más deliciosa de lo que me había esperado. pese a haberla visitado numerosas veces después. Mi romance se había apoderado tan por completo de mí que la esperanza de ver al objeto de mis sueños prestaba un secreto y delicioso interés a mis paseos a pie y en coche por las calles y alrededores. que se interesaba tan ama-blemente por el desconocido con el que. di mis más sinceras gracias al marqués. No había ni visto ni oído hablar del conde ni de la condesa. sin haber experimentado ninguna muestra de esa rudeza e insolen-cia de las que otros se quejaban por parte de los exasperados oficiales del derrotado ejército francés. que en poco tiempo había recobrado toda su alegría y cuyo bulli-cio era aún mayor que el habitual. de cumplir su promesa de visitarlo este otoño en elChâteaude Harmonville. después de tantos años transcurridos) recordar y describir mis experiencias e impresiones del aspecto tan singular que tenía París en aquellos días extraños.

Alyre. No se pierda ni uno. Le man-tendrán ocupado. me ofreció un catálogo y una guía. durante al menos tres semanas. al menos unos cuantos días. esté bien alerta. pero él creía probable que se quedaran. una vez que ha sido uno aceptado por el beau monde ya no puede vivir a su aire. permítame regalarle estas entradas para mi palco. en la urbe. Recuerde esto: aquí está rodeado de hábiles estafadores y granujas de todo tipo que viven de lo que sustraen a los forasteros. Supongo que no ha venido a París sin cartas de recomendación. No confíe en nadie que no conozca. a los que había tenido la suerte de salvar de un trance sumamente desagradable en el vestíbulo de la posada. y él echó un vistazo a las señas. y con gran cantidad de anécdotas diverti-das y escandalosas. ¡ay!. A ustedes. Yo le mostré media docena de cartas. De esta manera metódica. Absténgase de jugar. . Entre tanto. -No tenga en cuenta estas cartas -dijo-. tendré el gusto de poder ser verdaderamente útil para usted. Le volví a dar las gracias y le prometí sacar provecho de sus consejos. durante mi ausencia había dado ins-trucciones a mi secretario para que facilitara entradas todas las noches al primero de mis amigos que se lo pidiera.cerrado. Pero. que. ya que habría que hacer bastantes preparativos. en París. después de una ausencia tan prolongada. No sabe cómo me disgusta no poder utilizarlo más a menudo durante las dos próximas semanas. En primer lugar. Cuando eso haya pasado. le pregunté por el conde y la condesa de St. Él pareció encantado y dijo: -Ahora le diré algunos lugares a los que debería ir. Los amigos para los que he emprendido esta misión algo peligrosa así lo han dispuesto. Creen que todo estará perdido si consiguen reconocerme. en París. para una persona ávida de novedades y placeres como yo. yo disfrutaré ya de toda mi libertad. Todos los lugares que le voy a mencionar son dig-nos de verse. Un amigo a su lado vale más que todas las cartas juntas. Déjese en mis manos. Lo llevaré personalmente de casa en casa. Le di de nuevo las gracias y prometí seguir sus consejos al pie de la letra. Coja un plano y escriba letras o números sobre los puntos que le voy a indicar. Yo mismo lo presentaré en sociedad. le dejarían sin blanca si lo hiciera. No haga amistad ni intime con nadie hasta entonces. unas palabras en mis funciones de mentor. -Dentro de dos semanas. Así pues. no los había visto desde entonces. Poseían una bonita casa antigua a las afueras de París. tal vez de una sola -dijo-. Pero mi corazón estaba demasiado lleno de la bella dama de la Belle Étoile para permitir que nuestra entrevista terminara sin que yo hubiera intentado saber algo más de ella. día y noche. antes de volver a instalarse en su hogar. les gusta apurar hasta la última gota los placeres anónimos de una gran ciudad antes que embar-carse en las obligaciones de la vida social. -Y ahora. y recuerde que. Le di mis más sentidas gracias. y yo mismo lo introduciré en la rutina brillante pero relativamente tranquila de la buena sociedad. los jóvenes. No sabía dónde para-ban. y haremos así una pequeña lista. y el resultado es que ahora me encuentro con casi nada para mí mismo. poseían un valor incal-culable.

-¿Cuánto tiempo han estado fuera? -Unos ocho meses, creo. -Son pobres, me parece haberle oído decir. -Sí, para una persona como usted podrían considerarse pobres. Pero, monsieur, el conde tiene unas rentas que le permiten vivir con comodidades y hasta con elegancia, sobre todo llevando una vida tran-quila y apartada en este país barato. -Entonces son muy felices, ¿no? -Digamos que deberían ser felices. -Y ¿qué se lo impide? -Él es celoso. -Pero su mujer... No le da motivo alguno... -Me temo que sí. -¿Cómo, monsieur? -Siempre he pensado que es un poco demasiado..., excesivamente... -¿Demasiado qué, monsieur? -Demasiado bonita. Pero aunque tiene unos ojos extraordinaria-mente bellos, unas facciones exquisitas y la tez más delicada del mundo, creo que es una mujer honrada. ¿No la ha visto usted nunca? -Vi a una dama completamente embozada en su abrigo, con un velo que le tapaba la cara, la otra noche en el vestíbulo de la Belle Étoile, cuando le partí la cabeza a ese individuo que estaba intimidando al anciano conde. Pero su velo era tan tupido que no me permitió ver sus rasgos. -Respuesta ésta, como convendrán, bastante diplomática-. Podría ser la hija del conde. ¿Se pelean? -¿Quién, su mujer y él? -Sí. -Un poco. -¿Y por qué motivo? -Es una vieja historia: por los diamantes de ella. Son de gran valor Valen, según La Perelleuse, aproximadamente un millón de francos.Elconde desearía venderlos para disponer de mayor numerario, que élestá dispuesto a gastar como a ella le plazca. Pero la condesa, a quienpertenecen, se resiste a ello, y por una razón que, quiero creer, no está capaci-tada para revelársela. -Dígame, por favor, cuál es esa razón -dije, picado en mi curiosidad, -Supongo que piensa lo bella que estará con ellos cuando se casecon su segundo marido. -¡Ah! Claro, sin duda. Pero el conde deSt.Alyre es un hombre bueno, ¿no? -Admirable, y sumamente inteligente. -¡Cómo me gustaría que me lo presentara! Oyéndole a usted parece tan... -Tan agradablemente casado. Pero viven completamente apartados del mundo. Él la lleva de vez en cuando a la ópera o a alguna diversión pública; pero nada más.

-Y él debe de recordar tantas cosas del antiguo régimen, y tantos epi-sodios de la revolución... -Sí, es el hombre más indicado para un filósofo como usted. Se suele quedar dormido después de comer, pero no su esposa... Bueno, hablan-do en serio, le aseguro que apenas frecuenta elbeaumonde y que se ha vuelto un tanto apático, al igual que su esposa. Y nada parece interesarle a la condesa, ¡ni siquiera su marido! El marqués se levantó para despedirse. -No arriesgue su dinero -reiteró-. Pronto tendrá oportunidad de colocar parte de él en un negocio muy ventajoso. Varias colecciones de cuadros realmente buenos, pertenecientes a personas que apoyaron la restauración bonapartista, van a ser vendidos en subasta dentro de unas semanas. Podrá hacer maravillas cuando comience la venta. ¡Va a haberauténticas gangas! Resérvese para ellas. Yo le mantendré puntualmente al corriente. Quede con Dios. A propósito -dijo, deteniéndose en seco> al acercarse a la puerta-, casi me olvidaba. La semana que viene vaa haber un acontecimiento que debería entusiasmarle, pues suele escasear bastante en Inglaterra. Me refiero a unbalmasqué,organizado, según dicen, con un esplendor aún mayor del habitual. Tendrá lugar en Versalles. Todo el mundo estará allí; la gente se afana para conseguir invita-ciones. Pero creo que podré conseguirle una. Buenas noches.Adieu!

CAPÍTULO X - El velo negro

Hablando el francés de corrido y con dinero en cantidades ilimita-das, no había nada que me impidiera disfrutar de todo lo disfrutable en la capital francesa. Pueden suponer cómo se pasaron los dos siguientes días. Al cabo de los cuales, y hacia la misma hora,monsieurDroqville volvió a visitarme. Cortés, afable y alegre como de costumbre, me dijo que el baile de disfraces había quedado fijado para el miércoles, y que había consegui-do una invitación para mí. ¡Qué mala suerte! Lo sentía muchísimo, pero no podía asistir. Se quedó mirándome en silencio unos instantes con un aire de sos-pecha y amenaza que no comprendí, y luego preguntó, con cierta brus-quedad: -¿Y tendríamonsieurBeckett la amabilidad de decirme por qué no puede asistir? Yo estaba un poco sorprendido, pero le dije la simple verdad: tenía una cita para aquel día por la tarde con dos o tres amigos ingleses y no veía la manera de liberarme de aquel compromiso. -¡Ah, así que es eso! Ustedes, los ingleses, estén donde estén, siempre andan buscando lo mismo: la aburrida compañía de otros compatriotas, cerveza y bistecs; y cuando vienen aquí, en vez de tratar de aprender algo nuevo de la gente que visitan, y que fingen querer estudiar, se dedican a hincharse a comer, a perjurar y a fumar entre ingleses, y al final de sus viajes no salen más experimentados ni más pulidos que si hubieran esta-do de juerga en una tabernucha de Greenwich.

Prorrumpió en unas carcajadas sarcásticas (creo que en aquel momento le habría gustado envenenarme). -¡Ahí la tiene!- prosiguió arrojando la invitación sobre lamesa-Tómela o déjela, como bien le plazca. Supongo que he hecho el tonto con usted; pero no es corriente que un hombre como yo se tome tantas molestias, pida favores, y consiga finalmente un privilegio para un conocido para luego ser tratado de esta manera. Aquello me pareció de una impertinencia asombrosa. Me sentía turbado, ofendido, a la vez que arrepentido. Posiblemente había contravenido sin saberlo las normas de la buena educación según los cánones franceses, lo que casi justificaba la severidad del brusco reproche del marqués. Y así, en medio de una terrible confusión de sentimientos, me apre-suré a presentar mis disculpas para tratar de recuperar el favor de aquel amigo casual que había mostrado para conmigo tanta amabilidad desinteresada. Le dije que rompería a toda costa el compromiso que desafortunadamente me mantenía atado; que había hablado con muy poca reflexión yque ciertamente no le había mostrado mi agradecimiento en propor-ción a su amabilidad y a mi verdadera estimación de su persona. -Por favor, no diga una palabra más; mi desconcierto ha sido sólo por usted, y reconozco que lo he expresado en términos muy duros, que, estoy seguro, su buena disposición sabrá perdonar. Quienes me conocen un poco mejor saben que a veces digo muchas más cosas de las que quiero decir; y siempre lamento que me ocurra esto.MonsieurBeckett se olvidará pronto de que su viejo amigo,monsieur Droqville, ha perdido momentáneamente los estribos por atención a él, y así... volve-mos a ser los buenos amigos de siempre. Sonrió como elmonsieurDroqville que había conocido en laBelleÉtoileyalargó la mano, que yo tomé respetuosa y cordialmente. Nuestra disputa pasajera había terminado dejándonos mejores y amigos. El marqués me aconsejó que reservara una cama en algún hotel de Versalles, ya que luego encontraría problemas dada la gran demanda existente, y que lo hiciera inclusive la mañana siguiente. Así pues, ordené unos caballos para las once en punto, y, tras inter-cambiar unas cuantas palabras más, el marqués de Harmonville me dio las buenas noches y bajó a toda prisa las escaleras, tapándose con un y pañuelo la boca y la nariz. Desde mi ventana vi cómo subía de un brinco a su coche cerrado y desaparecía. Al día siguiente fui a Versalles. Cuando me aproximaba a la puerta del HôteldeFranceme dije para mis adentros que no había pecado pre-cisamente de madrugador, sino más bien de todo lo contrario. Alrede-dor de la entrada se agolpaba un enjambre de carruajes, de manera que resultaba imposible dar un paso adelante si no era a pie y sorteando toda una legión de caballos. El vestíbulo estaba a rebosar de criados y caballe-ros que gritaban al hotelero, el cual, en un estado de educada locura, aseguraba a todos y cada uno de ellos que no había habitación ni apo-sento libre en todo el hotel. Me deslicé hasta la puerta, dejando el vestíbulo a los que seguían profiriendo gritos y súplicas con la

adivinen cuáles serían mis sentimientos cuando vi pasar por el angosto margen que quedaba al otro lado de la calzada una calesa descubierta.falsa esperanza de que el propietario pudiera. dando una voltereta. y puedo añadir que no hay una sola habitación libre en toda la ciudad. En un periquete me encon-tré junto a la portezuela. y el mío estaba acercándose. Aquella maniobra resultó muy útil para subir al vehículo. Por entonces yo tenía una vista extraordinariamente buena. mi postillón había logrado con excesivo celo hacer avanzar los caballos. Pero. oí una voz que me resultó familiar: -MonsieurBeckett! Volví la cabeza y vi al marqués mirando por la ventanilla de un carruaje. poco a poco. Aquélla era una situación irritante. y donde. en el que había cuatro caballeros enfrascados en una discusión muy animada. . a medida que los otros carruajes iban retirándose. desagradablemente atemperados con risotadas. Pero no se preocupe: he encontrado algo para usted que le puede convenir. una vez en él. Por fortuna. Fue una visión agradable para mí. tras dar el marqués unas órde-nes a su cochero. ya ha visto que no hay ni una sola cama libre en ninguno de los hoteles. Diga a su criado que me siga. A quienes observaran mi intrépida carga sin estar al corriente de mi secreto debí de parecerles un demente. y. y usted suba y siéntese a mi lado. en una especie de cabriolé. si quería. y. Subí a mi coche y me dirigí. desgraciadamente. yo era más un Murat que un Moltke y preferí una carga directa sobre mi objeto antes que recurrir a ninguna táctica. alHôtelduRéservoir. -Lo mejor es irse de Versalles -dijo-. Afortunadamente. Pero.Pero encontré la entrada igual de abarrotada. mientras me esforzaba por sacudirme el polvo de la ropa con un pañuelo. hice lo propio. salté repartiendo disculpas incoherentes por encima de un coche abierto. en la que estaba seguro de haber recono-cido a la condesa. la calesa que me interesaba había pasado antes de la catástrofe. pueden imaginarse que no deseaba realmente presentarme así ante el objeto de mi quijotesca devoción. Su coche había tenido que aminorar la marcha debido a un carro que ocupaba toda la anchura del camino y avanzaba con la lentitud propia de tales vehículos. no sé cómo. y a su marido. pero ¿qué se podía hacer? Mientras me hallaba en el vestíbulo de este hotel hablando con uno de sus inten-dentes. a la máxima velocidad que permitieron mis caballos. encontrarles un hueco. Habría sido más inteligente por mi parte saltar a la acera y dar un rodeo por delante de los carruajes detenidos delante de la calesa. cuya existencia sólo cono-cen muy pocos parisienses. acababa de abrirse una brecha en medio de aquel conglomerado de carruajes. Atra-vesé como una flecha el asiento trasero de un carruaje que estaba al lado del mío. Indiqué al criado que nos siguiera. Si ya antes había estado impaciente. ahora se hallaba ante la escalinata del hotel. y. cubierto como estaba yo de polvo y con el sombrero aplastado. cubierta con el velo. nos pusimos rápidamente en movimiento. en la que un anciano y un perro estaban echando una cabe-zadita. tropecé al apearme y caí sobre los lomos de un par de caballos. Permanecí unos instantes en medio de una tormenta de insultos. en medio de todo aquello. El resultado fue el mismo. y no menos de cuatro hileras al otro lado. ¿cómo salir de allí? Había coches delante y detrás. que al instante se encabritaron y me hicieron morder el polvo de la calle. -Le voy a llevar a un lugar confortable.

pintado y dorado. se proyectaba hospitalariamente con un amplio y florido arco. Nos detuvimos ante una posada de planta antigua y maciza. y. le agradará saber también que es una posada encantada. Cerré la puer-ta del coche. le he reservado una habitación. menos antiguo que el resto. su arquitectura era más rica y florida que la habitual en semejante clase de edificios. Era un dragón volador. CAPÍTULO XI . Algo que llevemos en la mano. pero mi anonimato me lo impide. convenido. tam-bién distinguida.Tiene usted suerte de que mi aburrida encomienda me trajera a este lugar tan temprano.. Hasta luego. si voy. yal otro numerosos árboles viejísi-mos . -Yo no entraré.. Una especie de porche. a los que mis ojos y oídos se habían ya acostumbrado. una persona de mi edad necesita el contagio de espíritus jóvenes y de la compañía de alguien que disfrute de todo espontáneamente. la cola. me pondré el mismo disfraz. de manera que no deberíamos tardar en encontrarnos. siga mi consejo y vaya disfrazado de dominó. de una altura poco frecuente en Francia. eso es. se retorcía y anudaba infinitas veces. Está a menos de dos kilómetros de distancia: es una antigua posada llamada Le DragonVolant. dado que las paredes lucían numerosos escudos de armas. Una flor no valdría. Si quiere disfrutar del baile. Al menos a mí me habría agradado en mis años jóvenes. Los árboles hacían que el edificio resultara más pintoresco aún. Yo no me divierto en tales ocasiones si no voy con una persona joven. y usted hará igual. Ah. pues. pero seguro que le parecerá un lugar confortable. sitúese cerca de la puerta hasta que nos encontremos. ¿Y si lleva usted una cruz roja de unos cinco centímetros de larga -usted es inglés. y aca-baba en una punta bruñida y dentada como el dardo de la muerte. con alas en rojo y oro vivos. ¿Cómo nos reconoceremos mutuamente? Déjeme pensar. Todo esto me lo dijo cuando yo estaba ya pie en tierra... sobre el cual. La majestad y paz del lugar contrastaban extrañamente conel relumbróny bullicio de la vida parisiense.El Dragón Volador Eché un vistazo ami alrededor. lo que indicaba su destino ori-ginal como mansión privada de alguna persona acaudalada y. pues creo que es un tema que aún levanta ampollas. cons-truida con piedra de Caen. con los bosques de Versalles a un lado. Creo que habíamos recorrido unos dos kilómetros hasta el lado más alejado del palacio cuando embocamos un camino viejo y estrecho.cosida o sujeta en el pecho de su dominó. Nos veremos esta noche. Adiós. siempre es mejor que nada. labrado en altorrelieve de piedra. le dije adiós y lo vi alejarse. desplegadas. Entraría gustoso con usted. pues mucha gente llevará flores. . si cabía. a cualquier sala que vaya usted. Yo le buscaré en todas las puertas que franquee. destacaba la enseña de la posada. Así queda.sabedor de cómo estaban las cosas aquí. en cualquier caso. y yo una blanca? Sí. Pero no aluda a este espantoso hecho cuando hable con el posa-dero. probable-mente. color verde claro y oro. Espero dejarme caer un rato por allí.

podría haber descubierto una correspondencia exacta con la heráldica de los muros exteriores. melancólico y hasta deprimente en todo aquello. por ejemplo.. Era una habitación bastante grande. -Dicen.monsieur.measeguró.suele pasar bastante tiempo fuera.El conde deSt.contestó-.Alyre. monsieur. Yo no lo sé.monsieur. Pero sí puedo ase-gurarle que no es rico. Fue ahora el posadero quien clavó su mirada en mí. tal y como había deseado el finado. pero él no puede esperar mucho tiempo -contestó con una sonrisa sarcástica. con artesonado de madera oscura y conmueblessolemnes y sombríos. Hace unos siete meses. de haber mostrado suficiente curiosidad.monsieur. recibió una buena herencia de aquella persona fallecida. que daba a un pequeño parque de árboles fron-dosos situado detrás de un castillo coronado por un grupo de torretas o chapiteles. Bueno. Sólo quería decir que resulta difícil saber qué uso haría él de sus riquezas. que se elevaba en el flanco izquierdo de la casa y terminaba en un tejado con forma de apagavelas. Daban muestras de incuria. Había algo interesante. El posadero me condujo a mi aposento. -parafraseé mirándolo-. en los que. -Tal vez. -Es viejo. El conde pasó unos días muy afligido.¿Yquién es él? -inquirí. .Alyre. creo. como. -Ni lo uno ni lo otro. a quienhabían reservando una habitación.. -El conde deSt.proseguí. Me acerqué a la venta-na de jambas de piedra. No es mucho. qué pena que su propietario no sea ya tan rico.es elChâteaude la Carque. y él lo enterró en el cementerio dePèreLachaise. O digamos. como los que he mencionado anteriormente. los que albergan en Canterburya los peregrinos. -¿Y es pobre? -seguí investigando.monsieur. según cuentan. y casi de decadencia: la tristeza de la grandeza pasa-da y cierto aire de abandono producían una impresión deprimente en el observador. Fui recibido con toda la consideración debida a unmilordinglés provisto de una bolsa repleta de dinero. Entréy me anuncié comomonsieurBeckett. característica de los castillos franceses. -Ese castillo.Luego estuve contemplando durante unos minutos la magnífica y antigua enseña.que juega mucho. Pregunté al posadero cuál era el nombre del castillo. -¡Oh! ¡El conde! ¿Está seguro? -pregunté con redoblado interés. Era grande y sólida. -Sin embargo. Después examiné más detenidamente el exterior dela casa. salvo una torreta redonda. que con una hospedería francesa. bastante anticuados. aunque.monsieur. Había una gran chime-nea con el manto esculpido con escudos. El parque y el castillo parecían presididos por la melancolía. -¡Qué pena que esté tan descuidado! -señalé-. no debería de ser tan pobre. . Lo que me hace suponer que no es un hombre muy popular. un poco sombría. por lo que he oído decir. Pero el dinero no parece sentarle nunca bien. un pariente suyo murió muy lejos de aquí.y cuadraba más con mi concepto de los hostales ingleses antiguos. -Completamente. tal vez. Enviaron el cadáver a esa mansión del conde. ¿verdad? -Tal vez. -¿Viene frecuentemente a este lugar apartado? -No. -Yo le pago el alquiler de esta posada.

por lo menos. Más interesado que nunca. si olvidamos. resolución y amor. que no se atreve a.monsieur. y sumamente atractivas. de piel bronceada. decidido y claramente militar. ¡Elviejo roñoso!. al menos por el momento. -Una pregunta que creo puede usted contestar sin correr ningún riesgo de enemistad -dije-. posó los ojos una vez más en el castillo de aquel brujo y dejó escapar un suave suspiro. -¡Ah! ¿Y cuáles son? -Juventud.monsieur.. exclamé para mis adentros. Tal vez no tenía nada que relatar. ¡Qué vida! ¡Qué par de enemigos con los que tiene que enfrentarse: los celos y el chantaje! El caballero.-¿Viejo? Nosotros lo llamamos «el judío errante». y que exista una relación pacífica. Era inútil insistir.mon-sieur.. Si con el tiempo llegaba a persuadirme de lo contrario. -¿Y quién es ella? -pregunté con subido interés. Luego supe que había servido a las órdenes dé Napoleón en las primeras cam-pañas de Italia. donde se erguía el castillo..no le falta valor: se ha casado con una mujer joven y guapa.él podría perjudicarme de dos o tres maneras. ¿Tiene cuali-dades? -Tres. -Es la condesa deSt. Pero. está viviendo actualmente en el castillo dé la Carque. -Sí. Y ve. pero creo. diamantes. El dueño del Dragón Volador era un hombre mayor. y de aire inteligente. ya me entiende. que nunca tiene cuatro ochavos en el bolsillo. Posiblemente élw ya estaba pensando en sacar algún beneficio.. ¿Está el conde en casa? -Tiene muchas casas. puedo decir que. supongo -dijo de manera evasiva-. -Ya veo. un suspiro de nostalgia. en Versalles -dije. enmarcado por un lúgu-bre decorado de follaje. Sin embargo. -A tener problemas con el conde -completó la frase-. Me eché a reír.monsieur.. -Nada más normal. belleza y. -Lo he visto hoy.. -El coche lo aparca aquí. lo mismo que yo a él. cuando nos encontramos con un ángel. ¿nos volvemos acaso . podría intentar el efecto de unos cuantos napoleones. miré por la ventana más allá de las ondulaciones del terreno. ¡Qué tonto era entonces! Sin embargo.. es mejor que cada cual se ocupe de lo suyo. claro. Semejante vida debe de ser terrible paramadamela condesa -apostilló. pero imagino que podrá decirme algo más de ella. en su carruaje. amigo mío. Así pues. delgado. Es cierto.. tras platicar consigo mismo de esta manera. Espera sacarle los dia-mantes por medio de esta tortura.. -Luego su coche y caballos y criados están en el castillo. Ni uno solo duerme en el castillo.Alyre.y loscriadoslos contrata para cada ocasión. Aquel viejo astuto se negaba a satisfacer mi curiosidad.

. ante siete caballeros de probada veracidad los últimos momentos de Pedro el Grande. el ama de llaves. y al caballero de la izquier-da con la copa de aguardiente. al que le había permitido el emperador volver a Fran-cia. Personas que jamás han vuelto.al postillón que nos trajo hasta aquí. -¿Qué quieres decir? ¿Ha habido aparecidos? -Nada de eso. se conservó durante tres años entre las curiosidades de esta casa. ante los ojos de media docena de testigos fidedignos. vivió en este hotel durante un mes y.St. -No. de uno noventa de estatura. casi vacía. con la taza de café en la mano. nosotros estamos siempre igual de locos. en la derecha.Clair?Oigamos la historia o milagro o lo que quiera que sea. Parbleu! Cuando salgamos del Dragón Volador espero que sea por la puerta.. se había deslizado por mi cuerpo un extraño presentimiento y tenía pocas ganas de bromear.Resulta que un antiguo escudero del finado rey guillotinado durante la Revolución -simonsieurtiene la bondad de hacer memoria-.monsieur.Clair -exclaméal ver a mi criado entrar y ponerse a ordenar mis cosas-.monsieur. -Seguro que éste se la bebió en medio de su turbación -sugerí.más sensatos al envejecer? A mí me pare-ce que son nuestras ilusiones las que van cambiando con el tiempo. Mi ánimo había decaído..que en esta casa han tenido lugar milagros diabólicos. Se encontraron sus botas en el lugar exacto que había pisado antes de desaparecer.monsieur. que se desvanecieron en presencia de media docena de testigos. si es cierto lo que cuentan.El dia-blo en persona. sosteniendo una copa de aguardiente en la mano izquierda y su taza de café. -Principalmente.monsieur. al cabo de dicho tiempo. mientras describía. A fe de un cristiano.mon-sieur.St. al caballero de su derecha lo encontraron. ¡Ojalá! No. Vive la bagatelle! -No sabía que estuviera tan llena la posada. . qué. me encontraba. el cual. Pero nos llevamos muy bien. -¿Qué te parece el Dragón Volador? -¿El Dragón Volador? El viejo y llameante dragón. desapareció de manera similar. El otro era un noble ruso. en el cuarto de ésta.. pero del noble ruso nunca más se vol-vió a oír. _Hombre. señor.entre telarañas y. -Entonces tiene que ser verdad -comenté en tono jocoso. de pie en medio de la habitación de abajo. -Es sólo esto. Sin saber cómo. ¿ya has encontrado dónde dormir? -En el desván. -¿Qué quieres decir.entre gatos y lechuzas. se esfumó. como le he dicho. El cura la rompió mientras conversaba conmademoiselleFidone. par mafoi. Pero estaba empezando a sentir la melancolía del paisaje y de la estancia en la que. asombrado.monsieur.loscriados de las personas que tuvieron la suerte de conseguir alojamiento en Versalles. Todo esto lo oí contar.

Cada rincón estaba animado por música. La túnica iba ceñi-da por un cinturón ancho y dorado. impasible y solemne. Ésa es la mejor atracción de todas las salas. No había una sola sala vacía. el bordado era negro y oro sobre un fondo abigarrado de colores brillantes. Danza que se vio pronto acompañada de más palmas y de gritos monótonosy rítmicos. cuyas cortinas estaban corridas. en cuanto a las figuras y posturas. pero. Una túnica extrañamente bordada caía de sus hombros recubiertos con símbolos jeroglíficos. una canción burlesca o un monólogo divertido. con la pequeña cruz blanca en el pecho. de luenga barbanegra y con un gran fez al estilo de los que llevan losderviches. -Qué alegría haberlo encontrado -dijo el marqués-. El que abría la marcha agitaba la varilla a dere-cha e izquierda para abrir paso al palanquín. mis ojos repararon en una silla de manos dorada. caminaba con la barbilla hundida en el pecho y los ojos clavados en el suelo. Me había detenido y mirado a mi alrededor. Delante y detrás marchaban otros dos con una varita en la mano. produciendo un efecto casi deslumbrador. Pero éste aún no había dado señales de vida. Mientras vagabundeaba así en medio de aquel espectáculo fastuoso. puntiagudos y curvados hacia arriba al estilo oriental. Me encantó constatar que los portadores colocaban su carga a unos metros del lugar donde yo estaba. Hace aproximadamente una hora me tropecé con ellos más allá y formulé algunas preguntas al oráculo.CAPÍTULO XII . Me volví y vi a mi lado a un dominó negro con una cruz blanca. . Aquéllosy los de las varillas batieron las palmas repetidas veces y bai-laron en silencio alrededor del palanquín una danza curiosa y medio sal-vaje que.avanzaba en paralelo a la silla. transportado con barras doradas por cuatro chinos rica-mente ataviados. voces. Mientras tenía lugar esta danza. que hacía alarde de la fantástica exuberancia de la decora-ción «celeste». o más bien un palan-quín chino. una mano se posó suavemente sobre mi brazo. mirando a mi alrededor por si pasaba por allí mi amigo en domino negro. colores vivos. y por el alboroto de las improvisaciones y demás ingeniosidades propias de una mascarada bien organizada. Y un hombre menudo y ceremonioso. al mismo tiempo. realzado por signos cabalísticos color rojo oscuro y negro. Entre los salones y galerías abiertos al público destacaba la enorme perspectiva de la Grande GaleriedesGlaces. Había algo tan singular. sin embargo. unas medias rojas y unos zapatos bordados de oro. y precisamente en este momento. y sus cejas negras y enormemente pobladas. Fui avanzando indolentemente con mi disfraz de dominó. joyas centelleantes. Tiene que hablar con el mago. resultaba per-fectamente acompasada. especialmente a cada puerta que franqueaba. Yo nunca había visto nada parecido. Llevaba bajo el brazo un libro de aspecto singular y en la mano una varita de madera barnizada de negro. le asomaban por debajo de la túnica. En mi vida he visto una cosa tan asombrosa. deteniéndome de vez en cuando a escuchar un diálo-go ingenioso.iluminada para la ocasión con no menos de cuatro mil candelas. al menoscompa-rablea aquella magnificencia. extraño y solemne en aquel espectáculo que me sentí al punto intrigado.El mago Imposible imaginar un espectáculo más brillante que aquel baile de disfraces. La gran suite de salones estaba abarrotada de personas disfrazadas de la manera más increíble. que reflejaban y repetían todos los espejos. El rostro del personaje era oscuro. tal y como había convenido con el marqués.

extendió hacia él la mano: -¿Quiere dinero? -le preguntó el conde. también disfra-zada de dominó. La primera pregunta que hizo el conde fue la siguiente: -¿Soy soltero o casado? El mago descorrió la cortina rápidamente y aplicó el oído hacia un chino ricamente ataviado que estaba sentado en la litera. que evi-dentemente han quedado igualmente sorprendidas. -Venga conmigo -dijo-. le oímos decir: -¡Qué farsa tan ingeniosa! ¿Quién será el que está dentro delpalanquín? ¡Parece conocer a todo el mundo! El conde. Los criados chinos mantenían un círculo des-pejado a su alrededor y los espectadores se arremolinaban sin sobrepasar el círculo. y más asustadas aún si cabe que yo. Se lo presentaré. se lo aseguro. El marqués me lo presentó.el conde me colmóde cumplidos y cortesías. -¿De veras? Entonces haremos lo posible por probar también -contestó. y dijo al final. contestó: . Luego. le seguí presuroso. Nunca olvidaré la impresión que me ha pro-ducido. He visto cómo lo consultaban también otras personas. Al marqués y a mí se nos pidió que hiciéramos lo propio al penetrar en el círculo. Se divertirá mucho. A nuestro lado pasó un joven vestido de español que acababa de hablar con el mago en compañía de un amigo. El conde depositó una moneda en su mano. que no conoce absolu-tamente nadie en este mundo más que yo y dos o tres de las personas más discretas de Francia. era el conde). dos salones más allá. Alyre y la condesa (y señaló con la cabeza en dirección de una figura enjuta. Como pueden suponer. al igual que yo. para mi gran contento: -La condesa anda por aquí. tras retirar la cabeza y volver a cerrar la cortinilla. donde se hallaba elmago de la barba negra. avanzaba tieso a nuestro lado en dirección del palanquín.Alyre-. petición a la que accedimos religiosamente. sin dejar de hacer una hábil mención mi afortunada intervención en laBelle Étoile. -Oro -contestó el acólito. iré a buscarla dentro de unos minutos para que pueda también conocerle y agradecerle la ayudaque nos prestó con tanto valor en aquella ocasión tan desagradable que nos toco vivir. Uno de estos hombres -el que con su varita dorada había encabeza-do la procesión-.Aunque sus respuestas hayan sido un poco veladas. ¡Nunca me habría esperado semejantes respuestas! Estoy sorprendidísimo. no me ha quedado ninguna duda de que conoce todos los detalles sobre la misión que tengo encomendada. Los tres nos dirigimos hacia el palanquín. He venido con el conde deSt. charlando con su vieja amiga la duquesa de Argensaque. con su disfraz de dominó. -Tiene que hablar con el mago como sea -dijo el marqués al conde deSt.

-¿A quién amo más en este mundo? -A sí mismo. en Francia. El conde se quedó sin voz unos minutos (supuse que con las mejillas al rojo carmín debajo del disfraz. y. En las siguientes preguntas se observó el mismo ceremonial.-Lo segundo. cuyas respuestas parecieron divertir sobremanera al marqués. Pero. De ser tal el caso. -¿Es cierto -preguntó el conde. -¿Me ama mi mujer? -preguntó jocosamente.Alyre. El marqués me dijo después que aquélla era la fecha en que habían firmado su contrato matrimonial. se vio rescatado por el marqués. Me pareció que le costaba trabajo encontrar su siguiente pregunta. tal vez. pero cuyo verdadero significado se me hurtó por completo. Observé que el marqués se había echado a reír.) Nadie más que nosotros sabía que el interrogador era el conde deSt. -¡Ah! -exclamó el conde. Siguieron dos o tres preguntas. que estaba arrepentido de haberse metido en aquel berenjenal. Tenía el rostro ancho. -En efecto -dijo el conde. cogiéndolo de un brazo. -¡Ah! Yo diría que eso se puede aplicar más o menos a todo el mundo. pues yo no sabía prácticamente nada de la vida y mila-gros del conde. sino un médium que se limitaba a transmitir las contestaciones de otra persona más importante que él. -Todo lo que usted merece. con una mirada sarcástica a su alrededor-. ¿Y puedo saber entre qué potencias y por qué motivo en concreto? -Entre el conde y la condesa deSt. dejando a un lado mi propia autoestima. le susurró: -Mire quién viene por su derecha. cambiando de tema perentoriamen-te.que ha habido una batalla en Nápoles? -No. No venía enmascarado. Yo miré a la dirección indicada por el marqués y vi una figura chupa-da y desvaída acercarse hacia nosotros. ¿hay algo en el mundo que yo ame más que a mi mujer? -Sus diamantes. El hombre de la varita negra no era un profeta. quien. pálido.Alyre. era . En una palabra. lleno de cicatrices. por un documento que suscribieron el 25 de julio de 1811.

con el uniforme de cabo de la Guardia Imperial. que no era otro que el de concertar una entrevista con una viuda acaudalada a la que creía haber causado una tierna impresión. no deja ni un dedo disponible para recoger el botín que abandona el ene-migo en desbandada? -No le pidan oro -dijo el mago-. mi amigoGaillardeera igual de ruidoso y fantoche cuando interpretaba su personaje que cuando interpretaba el auténtico de coronel de dragones. una marca que figuraría en lo sucesivo entre las más honorables cicatrices de guerra. al que no le queda más que la mano con la que blande su espada.a hacerle mis preguntas? Sin esperar la respuesta. quiso saber: -¿A quién persigo en este momento? -A dos personas. ¿Empiezo ya. sin más preámbulos. no habría llegado a buen puerto de haberse visto obligado a abandonar prematuramente aquella fiesta. . y una viuda francesa. a quien matará si lo encuentra.¡Ja! ¿A dos? Vaya. . ¿y quiénes son? -Un inglés. Lucía auténticas tiras de esparadrapo en las sienes y las cejas. que le escupirá en la cara si la encuentra.El oráculo me cuenta cosas maravillosas Durante unos momentos olvidé que mi disfraz de dominó resultaba impenetrable a la dura mirada del veterano militar y me preparé para un animado rifirrafe. -¡Bravo!. que él contribuía a amenizar con su presencia. Tras una docena de preguntas y respuestas. Sus heridas lo eximen. monsieur profeta. y casi había llegado a las manos con un húsar prusiano. -¡Dinero! ¡Oro! ¡Bah! ¿Qué dinero puede haber atesorado un solda-do herido como vuestro humilde servidor. el brazo izquierdo ajustado de manera que parecía amputado y la parte inferior de la manga de la guerrera vacía y prendida con alfileres al pecho. escoltado por un par de gen-darmes. CAPÍTULO XIII . se lanzó a hablar con voz estentórea. la cual. Naturalmente.el feo rostro del coronelGaillarde. luego me hice cargo de la situación. al estar siempre ocupada. Sin duda se habría visto implicado en varios altercados sanguinarios si su prudencia no le hubiera recordado que el objeto de su asistencia a aquella fiesta. el conde retrocedió instintivamente mientras se acercaba el cabo bravucón con su uniforme azuly chaleco y polainas blancos.mon sorcier. donde mi bastón había dejado su marca. ¡Bravísimo! Aquí estoy. Por su parte. Ya habían estado dos veces a punto de echarle por cacarear con voz estentórea las hazañas de Napoleón el Grande.

-¿Cuál es mi religión? -pregunté. pues aquel sabio parecía desvelar todos los secretos de forma inesperada. que estaba fuera. y era más que probable que algunos de los míos no le hicieran mucha gracia al conde. -Yo le cortaré la cresta a ese gallito -soltó con un juramento y una sonrisita. tenía la cabeza inclinada hacia abajo. asombrado. de la luz que entraba por las cortinas de seda rojas. y el marqués dijo: -Adelante. Entre tanto. Y usted también lleva razón. Se dirá a sí misma que se requiere cierto tiempo para llegar a ser coronel. y con un tono más suave preguntó-: ¿Dónde está ella? -Suficientemente cerca para ofenderse si usted falla. ándese con cuidado. -Una bella herejía -contestó el oráculo al instante. como llamábamos al hombre de la varita negra. todo aquello como casi de un solo vistazo. deduje. mientras que el inglés es incuestionablemente joven. Quería probar al profeta. ¡Mil gracias! ¡Adiós! Y. no vaya a ser que la persecución de usted acabe uniéndolos. su chaleco. se casará con él. si lo ve. se alejó desgarbadamente con sus cicatrices. -¡Bah! ¿Cómo podría ser eso? -El inglés protege a las damas. La viuda. El terreno estaba ahora despejado para mí. Le obedecí. Su carácter y pose parecían una réplica exagerada de la inmovilidad del personaje que se comunicaba con el bullicioso mundo exterior. .-El señor mago llama a las cosas por su nombre y sabe que su atuen-do lo protege. Era un personaje mucho más importante que su intérprete. -¿Una herejía? ¿Puedo saber cómo se llama? -Amor. amigo mío. Lo que vi fue muy singular. Un anglicano es una rara avisen París. Y el marqués y él. como he dicho. yo había estado esforzándome por ver a la persona apo-sentada en el palanquín. Vi. ricamente ataviado al estilo chino. Ya ha conseguido que esta idea le entre bien en la cabeza. Estaba unos metros más atrás.monsieurprofeta. Mientras me acercaba al mago. pero esa impresión era consecuencia. -A fe mía que tendría razón. No. Cada cual por separado son demasiado fuertes para usted. Sentí gran alivio. miré de reojo para ver si el conde estaba cerca. Sus faccio-nes parecían amplias y pesadas. no dispuse de muchos segundos para hacer observaciones. Su rostro parecía impasible: la imagen viva de la apatía. sus polainas y su gorro de piel de oso. Permanecí unos segundos dubitativo. Aquel rostro parecía rojo sangre. ¡Pero no importa! ¿Por qué los persigo? -La viuda ha infligido una herida en su corazón. los ojos cerrados y la barbilla apoyada en la pechera de su pelliza borda-da. Sólo una vez tuve la oportunidad de un vista-zo aceptablemente largo. El oráculo iba. y el inglés una heri-da en su cabeza. estaban conversando de algún otro tema. mirando a su alrededor y estirando al máximo su cuello flaco. al parecer ple-namente saciados en su curiosidad.

en serio -pregunté. huelga decirlo. -Sólo a una. Adiós. eran las últimas palabras que me había susurrado la condesa. reconocí al instante. yo. ni siquiera que tuviera la menor conciencia. -Y ¿qué me impide alcanzarlo? -Un velo negro. con la intención de dar a nuestro colo-quio un giro menos embarazoso-. y que amo a muchas mujeres. -El paraíso. iba disfrazado de tal manera que ni mi propio hermano me habría reconocido! -Ha dicho usted que yo amaba a alguien. del que ni siquiera el marqués sabía lo más mínimo. que. El hombre de la varita negra cerró las cortinas y susurró lenta y clara-mente estas palabras. Como saben. váyase! Me sobresalté al oírlas. Váyase. y me había acercado al hom-bre moreno de la barba para que así no tuviera que elevar la voz. . -Inténtelo. sin saber apenas lo que decía.-¡Ah! Entonces supongo que soy politeísta. Nada indicaba que se hubiera dado cuenta. ¡Por el amor de Dios. -¿Puede repetirlas? -Acérquese. ¿Es correspondido mi amor? -seguí preguntando. ¡Santo cielo! ¡Qué cosa tan milagrosa! ¡Unas palabras con toda segu-ridad no escuchadas por ningún oído terrestre más que por el mío y el de la dama que las había pronunciado! Miré el rostro impasible del portavoz de la varita. -Pero. Puede ser que no vuelva a verle. ¡Además. ¿he aprendido alguna vez de memo-ria palabras de devoción? -Sí. Yo estaba hablando más bajo que antes. y que pueda olvidarlo. el interro-gador. -¿Qué es lo que más anhelo? -pregunté. Me acerqué. y apliqué el oído. ¡Cada vez mayor suspense! Las respuestas me parecían indicar un conocimiento minucioso de cada detalle de mi pequeño romance. de que aquellas palabras pudieran interesarme particularmente.

al cabo. -Y luego. cuyo ritmo. hasta que. acompañé al marqués de Harmonville. es al menos una superstición. -En secreto -fue la respuesta. Éste golpeó el suelo con la varita y exclamó con voz aguda: -El gran Confu permanecerá en silencio una hora. mientras el movimien-to se hacía cada vez más veloz. en un corro exterior. -La luz de unos ojos violeta. mirando al suelo y reflexionando. -¿Mucho o poco? -insistí. mientras el palanquín se erigía en el centro de los círculos descritos por estos solemnes danzarines. tratándose de otro. me atrevo a afirmar que habría sido divertido ver cómo reaccionaba el conde.. -Demasiado. frenéticos. Otra alusión. Lástima que ella no estu-viera aquí para consultar al profeta. el torbellino era tal que los bailarines parecían volar a la velocidad de una rueda de molino y. La rosa. me habría reído bastan-te. -¿Cuánto tiempo durará este amor? -Hasta que la rosa pierda sus pétalos. El portavoz de aquella asombrosa superchería -si es que lo era. en medio de las palmas de la concurrencia y del asombro general. me dijo: -El conde acaba de irse a buscar a su mujer. se aceleraba. a juzgar por su actitud. . al menos por el momento. Inflamaba mi ardor. y la aseguraron por debajo. extraños. los extraños actores se mezclaron con la multitud y el espectáculo. de lo que. como el oráculo acababa de decir.. ¡Cómo exalta la imaginación! ¡Cómo debilita la razón! ¡Cuán crédulos nos torna! Todo aquello. si no es una religión. el hombre del enorme fez y barba y varita negras empezó una especie de danza dederviche. poco a poco. El marqués de Harmonville se encontraba cerca de allí. que cayó con un ruido seco. ahora rodeado de un aura de misterio en mi imaginación. luego. Con el corazón latiéndome con fuerza. De nuevo en el corrillo de espectadores.me hizo con su varita una señal para que me retirara. El amor.En esto se le unieron los hombres con las varitas doradas y.. lo que yo hice con los ojos aún fijos en aquel grupo. Pero hasta entonces vivo en la luz. cuyos gestos se tornaban bruscos. Al acercarme.-¿Me ama alguien? -repetí. finalmente. los portadores bajaron una especie de persiana -de bambú. lo vi levantar de repente la mano con gesto imperioso y hacer una señal al acólito que empuñaba la varita dorada. Al instante. casi me ofuscaba el cerebro y hasta influía en mi conducta. ¿Y si vamos en su busca? Le he pedido que le presente a la condesa. a mí me afectó poderosamente. tocó a su fin. ¡la oscuridad! -suspiré-. los propios portadores....

CAPÍTULO XIV -Mademoisellede la Vallière

El marqués y yo estuvimos vagando por los salones. No resultaba fácil encontrar a un amigo en unas estancias tan abarrotadas de gente. -Quédese aquí -dijo el marqués-. Se me ha ocurrido una manera de dar con él. Además, sus celos pueden haberle hecho pensar que no le interesa presentarle a su mujer. Es mejor que vaya yo primero a razonar con él, dado que parece usted desear bastante esa presentación. Esto ocurrió en la estancia que actualmente se llama el «Salón de Apolo». Los cuadros que lo adornan siguen grabados en mi recuerdo, pues mi aventura de aquella velada estaba destinada a transcurrir en aquel marco. Me senté en un sofá y miré alrededor. A mi lado, tres o cuatro perso-nas estaban sentadas en aquella espaciosa habitación de muebles dora-dos. Estaban charlando animadamente; todas salvo la persona sentada más cerca de mí, que era una dama. Apenas dos pies se interponían entre nosotros. La dama estaba a todas luces ensimismada. Era la perla de la sala. Llevaba el traje inmortalizado por Collignan en su retrato de cuerpo entero demademoisellede La Vallière. Es un traje, como bien saben, no sólo rico, sino también elegante. Llevaba el pelo empolvado, pero se podía adivinar que era castaño oscuro. Asomaba un precioso piececito, y ¿podía haber algo más exquisito que su mano? Era sumamente provocador que esta dama llevara un disfraz y no se lo quitara de vez en cuando, como hacían muchos. Yo estaba convencido de que era bonita. Aprovechando el privilegio de la mascarada, un microcosmos en el que es imposible, salvo mediante la voz y la alusión, distinguir a un amigo de un enemigo, dije: -Mademoiselle,no es fácil engañarme a mí -empecé. -Tanto mejor, monsieur- contestó el disfraz sin inmutarse. -Quiero decir -proseguí, decidido a terminar mi galantería- que la belleza es un don más difícil de ocultar de lo que suponemademoiselle. -Sin embargo,monsieurlo ha conseguido sin ningún problema -dijo con el mismo tono dulce y despreocupado. -Veo que el traje de la bellamademoisellede La Vallière reviste unas formas que sobrepasan a las del retrato; alzo los ojos y contemplo un disfraz y, sin embargo, reconozco a la dama. La belleza es esa piedra pre-ciosa de Las mil yuna nochesque desprende, por oculta que esté, una luz que la delata. -Conozco la historia -dijo la joven dama-. La luz la delataba no al sol, sino en la oscuridad. ¿Hay tan poca luz en estas habitaciones,mon-sieur,para que una pobre luciérnaga desprenda tanto brillo? Creí que allí donde se moviera cierta condesa estaríamos en un ambiente luminoso...

¡Enigmático y turbador parlamento! ¿Qué podía yo contestar? Esta dama podría ser, como dicen que son algunas damas, una amiga de hacer daño o una íntima amiga de la condesa deSt.Alyre. Así pues,pre gunté con cautela: -¿Qué condesa? -Si usted me conoce, debe saber que es mi más querida amiga. ¿No es ella hermosa? -¡Cómo puedo saberlo! Hay tantas condesas... -Todo el que me conoce sabe quién es mi amiga más querida. Veo que no me conoce... -Es usted cruel. No puedo creer que me haya equivocado. -¿Con quién estaba usted paseando hace poco? -preguntó. -Con un caballero, un amigo-contesté. -Ya lo he visto; sí, con un amigo, por supuesto. Pero creo que lo conozco, y me gustaría estar segura. ¿No es por casualidad marqués? De nuevo una pregunta que volvía a ponerme en un aprieto. -Aquí hay demasiada gente. En un momento puede uno pasearse con una persona y en otro con otra distinta... -Que una persona sin escrúpulos no tenga dificultad en eludir una pregunta tan sencilla como la mía... Sepa, pues, de una vez por todas, que nada desagrada tanto a una persona inteligente como la desconfian-za. Usted,monsieur,es un caballero discreto, al que debo respetar en consecuencia. -Mademoiselleme despreciaría si yo violara una confidencia. -Pero usted no me engaña. Usted imita la diplomacia de su amigo. Yo detesto la diplomacia. Significa fraude y cobardía. ¿No cree que loconozco ? Me refiero al caballero con la cruz de cinta blanca en el pecho. Conozco perfectamente al marqués de Harmonville. Ya ve para qué le ha servido su ingeniosidad. -A esa conjetura no puedo contestar ni sí ni no. -No está obligado. Pero ¿cuál era su motivo para mortificar a una dama? -Eso es lo último que yo haría en este mundo. -Usted fingió conocerme, pero no me conoce. Por capricho, indolen-cia o curiosidad quiso conversar, no con una dama sino con un disfraz. Me ha admirado y parece confundirme con otra persona. Pero ¿quién es completamente perfecto? No se puede encontrar la verdad en esta tierra. -Mademoisellese ha formado una opinión errónea de mí. -Igual que usted de mí; ahora descubre que no soy tan tonta como suponía. Yo sé perfectamente a quién desea usted halagar con sus cumplidosy declamaciones melancólicas,y a quién anda buscando con ese propósito.

-Dígame a quién se refiere -le supliqué. -Con una condición. -¿Cuál? -Que usted confiese que he acertado si nombro a la dama. -Usted me atribuye propósitos poco claros -objeté-. No puedo admi-tir que haya querido hablar con una dama en el tono que usted describe. -Bueno, no insistiré en eso; prométame solamente que, si nombro a la dama, reconocerá usted que llevo razón. -¿Tengo que prometerlo absolutamente? -Por supuesto que no. No hay ninguna obligación. Pero su promesa es la única condición para que yo siga hablando con usted. Dudé unos instantes; pero luego pensé que no tenía la más remota posibilidad de acertar. La condesa no podía haber confesado a nadie nuestro brevísimo romance, y era difícil que la persona disfrazada de La Vallière supiera quién era la persona disfrazada de dominó. -De acuerdo -dije-. Lo prometo. -Debe prometerlo por el honor de un caballero. -De acuerdo. Lo prometo por el honor de un caballero. -Pues esa dama es la condesa deSt.Alyre. Yo estaba sorprendido, y desconcertado, pero recordé mi promesa y dije: -La condesa deSt.Alyre es, a no dudarlo, la dama a la que yo espera-ba ser presentado esta noche; pero le ruego que crea, por el honor de un caballero, que ella no tiene la menor sospecha de que yo estaba buscan-do dicho honor, y hasta es poco probable que se acuerde siquiera de mi existencia. Yo tuve el honor de prestarles al conde y a ella un pequeño servicio, demasiado insignificante, me temo, para haber merecido por su parte algo más que un ligero recuerdo. -El mundo no es tan desagradecido como usted supone. Y, aun cuando lo fuera, quedan aún algunos corazones que lo redimen. Yo puedo garantizarle que la condesa deSt.Alyre nunca olvida una acción amable. La condesa no muestra lo que siente; así que es una mujer des-graciada sin que se le note. -¿Desgraciada? Bueno, en realidad me temía que pudiera serlo. Pero, en cuanto a lo que usted tiene la bondad de suponer, es un sueño bas-tante halagador. -Le he dicho que soy la amiga de la condesa, y a ese título debo de conocer algo de su carácter. Entre nosotras se intercambian confidencias, y yo puedo saber más de lo que usted piensa acerca de esos servicios insignificantes cuyo recuerdo supone usted tan fugaz. Aquella conversación me estaba interesando cada vez más. Yo era igual de depravado que los demás

Sólo tiene una persona a la que abrir su corazón. ¿no? -sugerí. ¿No le basta con esto? Y. no me fue posible. No necesito preguntarle si tiene valor para una aventura. ni si es un hombre de honor.jóvenes de mi edad. ¿Cuál es el motivo de su infelicidad? -Muchas cosas. Me sobrevino la . Estaba aturdido. una posada que limita con el parque del castillo de la Carque. está en el segundo piso. y le explicará en unas palabras muchas cosas que yo no estoy en condiciones de hacer aquí. que le concederá una audiencia de unos minu-tos. junto a la esquina. por su amor. cam-biarse de ropa y. Debe volver a su hotel. -¿Cómo puedo intentarlo? -Ella le ayudará. contando desde la planta del vestíbulo. allí encontrará a la condesa. -¿Y usted cree que le basta con una amiga? -replicó-. se había lanzado ante el sable de un dragón rabioso y había salido victorioso. La imagen de la bella condesa había vuelto a superpo-nerse a la bonita contrapartida de La Vallière. -Pero usted es su amiga. y el carácter abyecto de mi propósito me importaba un ardite ahora que se habían despertado el amor propio y todas las pasiones que se mezclan en este tipo de romances. y con un bastón por única arma. Estoy alojado en el Dragón Volador. Hay pocos hombres a los que se puede conceder una entrevista como la que voy a proponerle. Se verá con ella a las dos de la madrugada en el parque del castillo de la Carque. Usted habrá observado. si mira al parque. cuando descansa de su presencia. Una dama puede con-fiar en usted sin miedo. salir del Dragón Volador y saltar la tapia del parque sin que lo vea nadie. Es imposible describir lo que sentí al escuchar aquellas palabras. -Muy bien. que tenía delante de mi Habría dado cualquier cosa por oírle repetir solemnemente que ella se acordaba del campeón que. Según miro desde la parte trasera de la casa. Su marido es viejo. celoso y tirano. reconocerá fácilmente el bosquecillo que le he mencionado. -¿Hay espacio para otra amistad? -Inténtelo. dos o tres pequeñas arboledas de castaños y tilos. ¿No estaría burlándose de mí? -Eso se lo puedo decir con total precisión -dije-. -Eso puede facilitar las cosas. donde se encuentran mis aposentos. -¿Cómo? Obtuve otra pregunta por respuesta: -¿Ha reservado habitación en alguno de los hoteles de Versalles? -No. que crecen tan cerca unas de otras que forman un pequeño bosquecillo. guardando un sigilo escrupuloso en cuanto a su desti-no. ¿Qué habitación del Dragón Volador ocupa usted? Estaba sorprendido de la audacia y decisión de aquella muchacha. se siente sola. -¿Ha dicho que la condesa es desgraciada? -pregunté-. mi venta-na es la del extremo derecho. confiando en la más escrupulosa reserva de su parte.

-Ya se lo dije. -Y. Sonreí bajo mi disfraz cuando éste me aseguró que la duquesa de la Roquème había cambiado de salón . si soy su amiga. -Creo que se acerca acompañado de mi amigo.Alyre me va a conce-der semejante honor? -Monsieurcree que no estoy. Ya verá cómo no le presenta nunca a su esposa. y. -¿Estará pues en el lugar que le he dicho. si me atreviera a convencerme a mí mismo de que semejante dicha y semejante honor están realmente destinados para mí. a las dos en punto dela madrugada? -Con toda seguridad-contesté. Su valor está ya sobradamente probado. -¿No convendría que fuera usted ya. como pretendo estarlo. Que soy la confidente de la condesa lo juro por todo lo que tiene de entra-ñable un adiós susurrado. es obvio que soy su amiga. -Y. No. como estoy en el secreto. No viene acom-pañado de ninguna dama. dando un pequeño rodeo. Sospecharía que hemos estado hablando de su mujer. y eso redoblaría sus celos y su vigilancia. -¿Y monsieur estan ingenuo como para creerlo? -¿Por qué no iba a creerlo? -Porque es muy celoso y astuto.a reunirse con su amigo? -Le prometí esperarlo aquí hasta que volviera. y la de ella. en el secreto que hasta ahora él supuso que no era compartido por nadie más que por la condesa y él mismo. ¿o he de decir más bien por nuestrabelleétoile?¿No he dicho ya bastante? -¿Bastante? -repetí-. mi gratitud duraría toda la vida. Por mi buena estre-lla. Pero ¿cómo voy yo a creer quemademoiselleno habla movida más por su propia simpatía o bondad que por la certeza de que la condesa deSt. -Mademoiselledebe comprender que. o que lo estoy engañando cruelmente. no hay ningún peligro que no esté dispuesto a arrostrar con entusiasmo. Mil gracias. estoy convencida. me aproximé al conde.monsieur.duda..monsieurno se abstendrá de hacerlo por miedo. Lo juro por la última compañera de esta flor -cogió durante unos instantes entre sus dedos un delicado capullo de rosa blanca que se hallaba disimulado en su ramo-..Alyre dijo que pensaba presentarme a la condesa. ya podría esperar sentado. un extranjero? Mademoiselle sabráperdonarme si considera lo mucho que valoro la posibilidad dever y hablar con la condesa. Vendrá y dirá que no la ha encontrado y le prometerá presen-társela en otra ocasión. ¿Le extraña entonces que me muestre algo incrédulo? Pero me ha convencido y espero sepa perdonar mi titubeo. Di las gracias ami desconocida y disfrazada amigay. Entre tanto. No podía creer aquellas pala-bras tan trascendentales. El conde deSt. es mejor que no me vea a su lado. Si esta dicha sólo le fuera a llegar a través de sus buenos oficios. -En mis actuales circunstancias. no necesita asegurármelo. Más que bastante. ¿considera lógico utilizar su querido nombre de esta manera? ¿Y todo para hacerle una vulgar jugarreta a usted. No.

Así pues.fue el de un rico aristócrata ruso. El primero fue el de un acaudaladoémi-gré. y la profusión de luces contribuía a aumentar el calor. a una media legua de aquí.al que el emp. se acomodó en un banco junto a nosotros y pronto pareció tener dificultades para mantener los ojos abiertos. vela-das musicales y otro tipo de reuniones. desempeñaba un cargo oficial. Se había quitado el disfraz y tenía el rostro acalorado como yo. me quité el disfraz. admiraban. y poco después oí una voz amiga que me llamaba por mi nombre en inglés.mon-sieurCarmaignac. con extraordinaria cautela e indecisión. Arqueaba las cejas. observé con agrado que prefería el silencio y se conformaba con el papel de oyente mientras charlábamosmonsieurCarmaignacy yo. Tomera un tipo jocoso. -Le he oído decir -dijo el caballero francés.con la gloria recién estrenada. retorcía los labios de forma extraña y se abanicaba con su disfraz. del de Dragones. especialmente para personas disfrazadas. a pesar de que algunos salones eran realmente muy amplios.. El segundo -igualmente extrañó. Napoleón había permitido regresar a Francia. . inhalaba rapé y llevaba gafas. en la dirección opuesta a la que habían tomado el conde y mi amigo el marqués. EraTomWhistlewick. tener la oportunidad de presentarnos.Extraña historia del Dragón Volador En aquella época. era imposible conseguir que la temperatu-ra no resultara sofocante.MonsieurCarmaignac era bajito. como supe enseguida.y se había llevado con ella a la con-desa. delgado y más tieso que un palo. En algunos lugares la turba resultaba incómoda. Acto seguido empecé a respirar más a gusto. observé que las palabras no le fluían con nitidez. y lo único negativo que yo conocía de él era su costumbre de calmar la sed con champán siempre que acudía a bailes. en un futuro muy próximo. Cuando trabajaba en un departamento de policía distinto. como vi hacer a otras personas a las que el misterio les importaba tan poco como a mí. y no tenía ganas de verme obligado a darle una explicación. que desapareció también de manera misteriosa. Temía que pudiera proponerme que lo acompañara a su casa. pero que esperaba. Tras intercambiar cuatro palabras corteses. CAPITULO XV . las fiestas francesas tenían lugar más temprano que nuestros modernos bailes londinenses. Era uno de los héroes deWaterloo. a quienes todos los países del mundo. Era calvo. Desa-pareció. astuto y difícil de entender en aquellas curiosas condiciones.que se aloja en el Dragón Volador. me perdí rápidamente entre la multitud y avancé lo más deprisa que pude hacia la «Galería de los Espejos». Al presentarme a su amigo. Evité al marqués de Harmonville.. Era una noche apacible y bochornosa. que caminaba al lado del conde. Eran algo más de las doce. Consulté mi reloj. esa casa fue escenario de dos casos muy extraños. Así pues. fiestas. hace cuatro años. salvo Francia.

-Mi criado -dije- me ha hecho un relató confuso de algunos aconte-cimientos y, si no recuerdo mal, con las mismas personas como protago-nistas; es decir, un emigrado francés y un noble ruso. Pero como ha pre-sentado las cosas como si se tratara de fenómenos paranormales ó sobrenaturales no he creído ni una palabra de cuanto me ha dicho. -No, no se trata de casos sobrenaturales, sino simplemente inexpli-cables -puntualizó el caballero francés-. Por supuesto, se han planteado hipótesis, pero el misterio nunca se ha dilucidado ni, que yo sepa, se han aportado pruebas convincentes. -Por favor, cuénteme la historia -le rogué-. Creó que tengo derecho, ya que afecta al lugar en el que me hospedo. ¿No sospecha usted del per-sonal de la casa? -¡Oh! Ha cambiado de dueño desde entonces. Pero hay una habita-ción en particular sobre la que parece cernerse la fatalidad. -¿Podría describirme esa habitación? -Ciertamente. Es una alcoba espaciosa del segundo pisó con arteso-nado de madera situada en la parte posterior de la casa, y en el extremo derecho según se mira desde las ventanas. -¡No me diga! ¡Caramba, pero si ésa es mi habitación!-exclamécon redoblado interés, y una pizca de aprensión-. Los huéspedes en cues-tión, ¿murieron ó desaparecieron por arte de magia? -No, no murieron. Desaparecieron como por ensalmo. Le contaré lo que pasó con pelos y señales, pues en el primer casó fui yo quien acu-dió a la casa oficialmente a hacer la investigación; y, aunque no llevé personalmente el segundo, me dejaron ver el expediente y fui yo quien redactó la carta oficial a los familiares de los desaparecidos, que habían solicitado al gobierno la investigación del casó. Recibimos cartas de los parientes más de dos años después, por las que supimos que los desapa-recidos no habían vuelto a dar señales de vida. Aspiró un poco de rapé y me miró fijamente. -¡Ninguna señal de vida! Le referiré lo que ocurrió, según nuestras pesquisas. El noble francés, que era el caballero deChâteauBlassemare, a diferencia de la mayor parte de los emigrados, había tomado pre-cauciones a tiempo; así, había vendido buena parte de sus bienes antes de que la revolución avanzara tanto que hiciera inútil dicha operación y se exilió llevándose consigo una suma de dinero considerable. Regre-só con casi medió millón de francos, que invirtió mayoritariamente en fondos estatales franceses, dejando en Austria una suma mucho mayor en forma de tierras y títulos mercantiles. Habrá observado que este caballero era rico y que no había prueba alguna de que hubiera perdi-do dinero ni de que estuviera pasando por ningún apuró financiero. ¿Me sigue? Asentí con la cabeza. -Este caballero gastaba por debajo de lo que su situación económica le habría permitido. Poseía unos aposentos confortables en París y durante cierto tiempo se dedicó a frecuentar los teatros y otros lugares de razonable esparcimiento. No jugaba. Era un hombre de mediana edad, que quería pasar por más joven de lo que en realidad era, con lo que ello supone de pequeñas vanidades; pero, por lo demás, era una per-sona afable y educada que no molestaba nadie. Como ve, una persona poco susceptible de provocar hostilidades. -Desde luego -convine. -A principios del verano de 1811 obtuvo un permiso para copiar un cuadró en uno de esos salones de

pintura y vino aquí a Versalles con esta finalidad. Su obra avanzaba lentamente. Después de cierto tiempo abandonó el hotel de Versalles y se fue a vivir, para cambiar un poco, al Dragón Volador. Allí tomó, por decisión personal, la habitación que casualmente le han dado a usted. Desde entonces parece ser que pintó muy poco, y fueron raras las veces que fue a su casa de París. Una noche le dijo al posadero del Dragón Volador que iba a París a pasar un par de días por asuntos persónales; que su criado le acompañaría, pero que se quedaba su habitación del Dragón Volador y regresaría unos días des-pués. Dejó allí parte de su ropa, pero se llevó a París un baúl, su neceser y el restó del equipaje, con su criado en la parte trasera del carruaje. ¿Me sigue,monsieur? -Con suma atención-contesté. -Pues bien,monsieur,llegadocerca de su casa de París, detuvo repen-tinamente el carruaje y le dijo al criado que había cambiado de planes; que dormiría en otro lugar aquella noche; que tenía un asunto muy im-portante que resolver en el norte de Francia, no lejos de Ruán; que se pondría en marcha antes del amanecer y que volvería un par de semanas más tarde. Llamó un simón, empuñó una saca de cuero que, según contósu criado, era suficientemente grande para contener unas camisas y un abrigo; pero que era también enormemente pesada, como él mismo pudo comprobar, pues tuvo que sostenerla mientras su amo sacaba de la bolsa treinta y seis napoleones, de los que el criado debía rendir cuentas a su regreso. Luego le mandó que se marchara en el carruaje mientras él, empuñando la mencionada saca, subía al simón. Hasta este punto, como ve, el relato es bastante claro. -Perfectamente -convine. -Pero ahora viene el misterio -dijomonsieurCarmaignac-. Después de esto, que nosotros sepamos nadie volvió a ver al conde deChâteauBlassemare, ni conocidos ni amigos. Luego averiguamos que, la víspera, el agente de cambio del conde había vendido, por orden de éste, todos sus bonos franceses y le había dado su equivalente en dinero. La razón esgrimida para esta operación concordaba con la que había dado a su criado. Dijo que marchaba al norte de Francia para pagar algunas deu-das y que no sabía exactamente cuánto dinero iba a necesitar. La saca, cuyo excesivo peso había extrañado al criado, contenía, a no dudarlo, una suma de oro considerable. ¿Quieremonsieurprobarmi rapé? Me alargó su tabaquera abierta, de la que tomé un poco a modo de experimento. -Cuando se inició la investigación -prosiguió-, se ofreció una recompensa por cualquier información que pudiera arrojar alguna luz sobre el misterio, sobre todo por la que pudiera facilitarnos el conductor del simón, como, por ejemplo: «me contrató la noche del día tal, hacia las diez y media, un caballero con una saca de cuero negro, que se había apeado de un carruaje privado y dio dinero a su criado tras contar-lo dos veces.» Se presentaron unos ciento cincuenta cocheros, ninguno de los cuales resultó ser el hombre que buscábamos. Sin embargo, obtu-vimos una curiosa e inesperada prueba para otro caso completamente distinto. ¡Qué barbaridad! ¡Qué ruido hace ese arlequín con su espada! -¡Intolerable!-convine. El arlequín desapareció, ymonsieurCarmaignac reanudó su relato: -La información a que me refería nos la suministró un muchacho de unos doce años que conocía al conde perfectamente, ya que le había ser-vido varias veces como mensajero. Afirmó que hacia las doce y media de aquella misma noche -en la que, tome usted nota, brillaba una hermosa luna llena- fue enviado, al haberse puesto de repente su madre con dolores, a buscar a la comadrona, que vivía a tiro de piedra del Dragón Volador. La casa de su padre, punto de partida, se hallaba a unos dos kilómetros de distancia de la posada, para alcanzar la cual tenía que rodear el parque del castillo de la Carque. El

camino pasa por delante del viejo cementerio deSt.Aubin,separado de éste sólo por una valla muy baja y dos o tres árboles viejos y enormes. El muchacho se puso un poco nervioso al acercarse a este antiguo cementerio y, a la luz brillante de la luna, vio a un hombre al que reconoció claramente como al conde, a quien conocían con el mote de «El sonrisas». Tenía un aspecto muy triste y estaba sentado encima de una lápida, sobre la que había también una pistola, mientras él cargaba otra. »El muchacho pasó por allí de puntillas, sin hacer ruido, sin apartar la vista en ningún momento del conde deChâteauBlassemare, o del hombre al que había confundido con él. No iba vestido como de cos-tumbre, pero el testigo juró que no le cabía la menor duda en lo que a su identidad se refería. Dijo que tenía una expresión grave y adusta, pero que, aunque no sonreía, era la misma cara que él conocía de sobra. De esto estaba completamente seguro. Si era él, fue la última vez que alguien lo vio. Desde entonces no se ha vuelto a oír hablar de él. Nada se ha descubierto de él en Ruán y alrededores. No hay pruebas de su muer-te, pero tampoco hay el menor indicio de que siga con vida. -Es un caso realmente singular -convine; iba a hacer otro par de pre-guntas cuandoTomWhistlewick, que sin que yo me diera cuenta se había levantado a dar un paseo, volvió mucho más despierto y mucho menos achispado. -Vamos, Carmaignac, se está haciendo tarde y debo irme, de veras, por el motivo que le he dicho antes. Beckett, tenemos que vernos pronto. -Siento mucho,monsieur,no poder relatarle ahora el otro caso, el del otro inquilino de la misma habitación, un caso más misterioso y sinies-tro que el último, ocurrido en el otoño del mismo año. -¿Por qué no me hacen el honor de venir a comer conmigo mañana al Dragón Volador? Mientras avanzábamos por la «Galería de los Espejos», conseguí arrancarles su promesa. -¡Por Baco! -exclamóWhistlepoco después-. Fíjense en esapagoda,o silla de manos o lo que quiera que sea: sigue aún donde la dejaron esos individuos, sin que haya nadie cerca de ella... No me explico cómo hacen para adivinarlo todo tan diabólicamente bien.JackNuffles, aquien he conocido esta noche, dice que son gitanos. ¿Dónde están, por cierto? Voy a echar un vistazo al profeta. Lo vi tirar de las persianillas, que estaban construidas a imitación de las celosías venecianas: cubrían las cortinas rojas del interior, pero no parecían ceder, y Whistlewick sólo pudo mirar por debajo de una que no estaba totalmente bajada. Al volver, nos contó lo siguiente: -Apenas he visto al viejo. Estaba demasiado oscuro. Está cubierto de oro y rojo, y tiene un sombrero de mandarín bordado; duerme como un lirón, ¡y por Júpiter que huele peor que una mofeta! Aunque sólo sea por oler vale la pena acercarse... ¡Buah! ¡Puf!¡Arg! ¡Vaya perfume! ¡Beerg! Decliné aquella invitación tan seductora, y nos dirigimos lentamen-te hacia la puerta. Me despedí de ellos, recordándoles su promesa. Así, pude subirme por fin a mi carruaje y dirigirme sin más dilación hacia el Dragón Volador por el más apartado de los caminos, bajo la sombra de árboles antiguos e iluminado por la suave luz de la luna. ¡Cuántas cosas habían ocurrido en las dos últimas horas! ¡Qué varie-dad de cuadros extraños y animados se habían agolpado en taxi breve espacio! ¡Qué aventura tan estupenda me esperaba!

En aquel momento me habría gustado no entrar nunca en aquel laberinto que me conducía no se sabía a dónde. Por lo tanto. Contemplé el paisaje que dormitaba bajo aquellos rayos argentinos. según me habían aconsejado. y entré en la espaciosa alcoba. me llenaron momentáneamente de remordimiento y horror. aquella misma noche. Despedí a mi cochero. iluminados por la luz que se filtraba de la puerta del vestíbulo. entraba un rayo de luna que iluminaba el suelo con una luz oblicua. diamantes y colores acababa de hurtarme! La visión de la naturaleza solitaria a aquella hora de la noche actuó como un sedante repentino. no podrían volver a sus rincones del Dragón Volador hasta haber cumplido con sus obligaciones. a la sazón llamados «escarpines». un poco a la izquierda. Me calé el sombrero y. sus chimeneas y numerosos chapiteles recortados sobre el cielo grisáceo. CAPÍTULO XVI . hacia la que me precipité. eran unas compañeras muy recomendables en la . cuyas copas estaban tenuemente iluminadas por la claridad de la luna. Dejé mi disfraz sobre un sofá. pero la amargura ya estaba deslizándose en mi copa. entre la bella condesa y yo.El parque del castillo de la Carque No había peligro de que el Dragón Volador cerrara sus puertas en aquella ocasión antes de las tres o las cuatro de la madrugada. Muchos criados de personajes importantes se encontraban allí acuartelados. yo sabía que disponía de tiempo suficiente para mi excursión misteriosa sin despertar la curiosidad de nadie por verme salir con las puertas ya cerradas. con mi dominó revoloteando alrededor. Poco más habría bastado para revelar aquel mi poco viril estado anímico a mi vivaracho amigoAlfred Ogleo incluso al mordaz pero simpáticoTomWhistlewick. Pero el tiempo volaba y la hora se aproximaba. Era demasiado tarde para volverse atrás. y durante varios minutos unos vagos presentimientos apesadumbraron mi corazón. Más cerca de mí. delante de la ense-ña del Dragón Volador. El artesonado negro. el solemne mobiliario y las oscu-ras cortinas del alto lecho hacían que la noche pareciera más sombría. y. busqué a tientas un par de botas para ponerme en lugar de mis finos zapatos planos. como sus señores no abandonarían el baile hasta el último momento. luces. sin los que ningún caballero podía asistir a una velada. Localicé el lugar exacto de aquel lúgubre conjunto de árboles. Por la ventana. finalmente. que. y la culpabilidad que entrañaba. Más allá se divisaba el contor-no del castillo de la Carque. a medio camino entre mi ventana y el castillo. distinguí la masa tupida de árboles que la dama enmascarada me había indicado como lugar de encuentro. La locura de mi empresa. Acabábamos de detenernos bajo el dosel de follaje. subí presuroso las anchas escaleras con el dis-fraz en la mano.¡Cómo contrastaba el silencioso y solitario camino iluminado por la luna con el abigarrado torbellino de placeres a cuyo rugido. tomé un par de pistolas cargadas. música. Adivinarán con qué extraño interés y emoción contemplé aquel des-conocido escenario de la aventura que me aguardaba.

. lige-ramente a la izquierda. Era de mármol blanco. y el mármol descolorido y añejo exhibía los estigmas de un largo abandono. No te acuestes hasta que yo vuelva. El moho se insinuaba en el pedestal y la cornisa. voy a darme un paseo en esta noche de luna. y más triste. como quien no sabe qué dirección tomar. No tardaré más de diez minutos. está triste por su matrimonio con un tirano celoso que la quiere obli-gar a vender sus diamantes. a la luz de la luna. A unos metros de la escalinata. A cada paso parecía más alto y proyectaba una sombra cada vez más negra a mis pies. la fuente y la aparición de Egeria. Nada podía favorecerle más. como el furtivo infame que traspasa los dominios de un señor confiado. ¡Lo conseguí! Ya me hallaba en el parque del castillo de la Carque. le diré algunas cosas acerca de ella. Me volví sobresaltado: allí estaba la persona dis-frazada demademoisellede la Vallière que había visto unas horas antes. Luego. de manera semiconsciente. Yo estaba demasiado atento al castillo. La joven estaba en medio del claro y la luz de la luna caía directamente sobre ella. además de servir de pantalla a mi empresa en caso de que alguien estuviera mirando por casualidad en aquella dirección. me habló una voz por detrás. ceñido por una pequeña escalinata. con columnas corintias acanaladas y vanos cubiertos de vidrio. se erguía un templete griego o capilla. llamé a mi criado. para percibir con detalle estos efectos. que valen. Faltaban sólo ocho minutos para la hora convenida. Entre tanto. Seguí avanzando. -St. divisé el gablete de la vieja posada. dejé de disimular: me di media vuelta y escudriñé con atención el cami-no. y. Luego avancé por la carretera. su figura parecía más graciosa y elegante que nunca-. . y sentí cierto placer al verme sumergido por completo en medio de la sombra. donde. el chorro de agua centelleaba cual lluvia de diamantes al claro de luna.Clair-le dije-. Mientras observaba atentamente. Una vez en el vestíbulo. algunos de ellos bastante peligrosos. A unos doscientos metros aproximadamente del Dragón Volador. lo dejé en su sitio y bajé corriendo las escaleras. Esto me facilitaba la escalada. Ter-minados aquellos preparativos. pero. así como una ventana. de la que salía una luz tenue. Este bosquecillo se abría ligeramente en el centro. Un tupido manto de hiedra cubría en este punto la tapia y formaba en lo alto una especie de racimo.inestable situación que estaba atravesando entonces la sociedad francesa: por doquier pulula-ban soldados en desbandada. No se oía ningún ruido de pasos ni se veía el menor rastro de figura humana. y la esperanza aceleró los latidos de mi corazón. semioculta tras el follaje. podría alargarlo un poco más. -La condesa estará aquí enseguida -dijo. entre las grietas se abría paso la hierba. Bajé los escalones y miré a derecha e izquierda. una fuente abastecida por los grandes estanques del otro lado del castillo derramaba sus aguas con sonido metálico sobre una ancha pila de mármol. satisfecho del resultado. La luz de la luna era suficiente para consultar el reloj. que parecía cubierto de escarcha. que parecía más negro que los crespones de una corona fúnebre. contemplandoora la luna ora las nubes blancas que se deslizaban por el otro lado. silbando todo el tiempo una tonadilla que se me había pegado en una visita a la ópera. Ya estaba cabe los tilos grandiosos y los castaños centenarios. Es una mujer desgracia-da. Ante mí se elevaba el bosquecillo designado. La impresión de descuido y ruina hacía más bonita aún la escena. Si el paseo me gusta. aquel decorado romántico me sugería en cierto modo la gruta. que cobijaba una estatua. de donde debía llegar la dama.. confieso que cogí un espejo y lo llevé junto a la ventana para comprobar mi aspecto a la luz de la luna.

La dama parecía realmente molesta. que no parecía conducir a nada. No quiero entrar en . -Eso es un prejuicio. ¿Puedo ayudarla de alguna manera en esta lucha desigual? Dígame cómo. se quitó el guante y alargó la mano. Yo me declaré dispuesto a ser el esclavo de la condesa. más de una vez. como el conde deSt. que mi mano es tan bonita como la suya? -No puedo admitirlo. -No. -Primero diga si ha pensado realmente en ella. Me cree vanidosa porque pretendo en algunos aspectos igualarme a la condesa deSt. -¿Admite.Alyre. su dulce voz siempre resuena en mis oídos.que se ríe de mí. no es ningún peligro.. -¿Desea ella verme? -pregunté con tierna vacilación. pero no es tan patéticamente dulce como la suya. ¿Puedo ayudarla de alguna manera? -Si desprecia el peligro. y ganarse así no sólo su gratitud.usted me dijo que estaría aquí pronto. me pareció que algo picada.monsieur. -Siempre la he tenido presente. las leyes tiránicas de este mundo y es suficiente-mente caballeroso como para dedicarse en cuerpo y alma a la causa de una dama.monsieur. más feliz me hará. dama. Hice una reverencia. pues se estaban desperdiciando unos momentos preciosos mientras manteníamos aquella conversación insulsa. Día y noche sus bellos ojos me siguen a todas partes. Con estas palabras.-Treinta mil libras esterlinas. sin embargo. que. -Un poco más chillona. Le desafío a que me diga que mi mano es menos hermosa que la suya.eso no es cierto. -En efecto-contesté-. no podía contradecir a una -Veo. y cuanto mayor sea el peligro o el sacrificio. Lo he oído decir a un amigo. -Dicen que mi voz se parece a la de ella -dijo el disfraz. si desprecia. Dicho lo cual. quiere decir -contestó la señorita de La Vallière. si puede hacer estas cosas. sin más recompensa que su pobre gratitud. es maravillosamente dulce. en la aventura de laBelleÉtoile. pero se me antoja un poco más aguda.Alyre está en casa. la dama disfrazada se volvió. La de usted es una voz muy dulce. Aquello era indigno e irritante. y vigila constantemente. a la luz de la luna. -Pero -añadí. claro que la puede ayudar. entonces. no más chillona: su voz no es chillona.Pero es sólo un parecido. -Siempre y cuando no ocurra nada imprevisto.mademoiselle-dije con la sinceridad de la impaciencia-. y pareció romper a llorar. ¡Ah! ¿Es entonces la mía mejor? -Perdóneme. como ella. con la palma hacia abajo.pero yo no he dicho eso. sino también su amistad.. es dificilísimo dar un paso sin peligro..mademoiselle.

si viniera uña tercera vez. yo arrostraría igualmente cualquier peligro antes que perder a un amigo. y mi entusiasmo iba aumentando en proporción. que cogí y llevé a mis labios. Comprenda mi situación. En el otro extremo del castillo hay un pe-queño cementerio. Y.comparaciones. ¿Vendrá de nuevo mañana por la noche a las once y cuarto? Yo estaré aquí a esa hora.Richard!¡Oh. debo decirlo. sonriente. aunque usted se equivocó. con cierta simpatía. Aún no nos conoce-mos lo suficiente. confundida. La disfrazada rió primero fríamente y. Si usted hubiera cedido al coqueteo de una rival disfrazada demademoisellede La Vallière. con una capilla en ruinas. En el matrimonio no existe laindiferencia.Alyre nunca habría confiado en usted ni le habría dado ninguna cita. a nadie que me libe-rara de los horrores de mi existencia. Me lo debe usted. pero la condesa deSt. -Llevo más de un año viviendo en un terrible estado de indecisión.mi héroe! ¡Oh. Sabe de sobra que no me he olvidado de usted. El camino está desierto y hay una barrera que permite acceder a este camposanto. no debe hacer eso -dijo con voz queda-. y también que. tímida y más bella que nunca. más solitaria que la de un claustro. pero no se olvide de extremar la precaución para que nadie sospeche que ha venido aquí.¡Qué monstruosamente estúpido he sido! ¡Así que fue conmadamela condesa con quien estuve hablando todo el rato en el salón! La contemplé en silencio. le prometí observar al pie de la letra sus instrucciones. Y ella. aún se acuerda de la condesa de laBelleÉtoile. me rechazó. -Mañana debe venir por otro camino -dijo-. Exhalando un suspiro. La mía ha sido una vida muy tris-te. Pero ahora estoy segu-ra de que es usted una persona de fiar. -No.yque es usted todo un campeón. luego. Lo atravesará y se encontrará a unos veinte metros de aquí. Pero aquella mujer hermosa y. Creo que.Alyre es a todos los respectos la dama más hermosa que jamás han contemplado mis ojos. ridículo por . Pero ha llegado la hora de dar el paso. inconsecuente. Por supuesto. fiel y sin miedo. Confío en usted.Alyre. No amar al marido -continuó. El conde.Richard. además de valiente. Yo le prometí repetidas veces que moriría antes que permitir que cualquier imprudencia pusiera en peligro aquel secreto que daba a mi vida sentido e interés. exclamó: -Le probaré lo que digo. mi rey! ¡Cuánto le amo! Yo la habría estrechado contra mi corazón.es odiarlo. ¡Cómo olvidar la escena heroica del vestíbu-lo de laBelleÉtoile!¿Ha conservado usted la rosa que le di al despedir-nos? Sí. la condesa deSt. se retiró el disfraz. con un esbozo de sonrisa dulce y comprensiva. -¡Cielo santo!-exclamé-. volveríamos a cambiar.¡cuántas veces he repetido en la soledad su nombre. monsieur. y. mientras así hablaba. si alguna vez arriesgara su vida por mí. No he tenido a nadie que escu-chara mis confidencias. Me quedan sólo unos minutos. y mis ojos vieron en persona a la condesa deSt. me alargó la mano. a nadie que me aconsejara. me habría arrojado a sus pies. en un lugar rodeado de matorrales. Pero por fin he encontrado a un amigo valeroso y decidido. -No. Los vecinos temen pasar por allí de noche. no necesita jurarlo. que he conocido por mi criado!¡Richard. Cada momento me parecía más hermosa. no debemos desperdiciar en extravagancias estos preciosa momentos.

siempre en la oscuridad. Adiós.Alyre. es tremendo cuando le acometen los celos. Hasta que despuntó el día. más de diez minutos. su vehículo había sufrido un percance. mi desayuno estaba aún en la mesa. delante de mí. y me encantaba hacerlo en su compañía. Por eso. Volví a escalar la tapia del parque y regresé al Dragón Volador antes de que cerraran las puertas. los bucles oleaginosos de su peluca negra. -¡Qué voy a hacer. Hizo con la mano un gesto perentorio para que me marchara. Mañana por la noche le contar más cosas.Alyre. me prestará tal vez la ayuda que necesito tan impe-riosamente. Había venido. para hacer cuantoestoy haciendo ahora y cuanto voy a hacer después. pero me pareció que su expresión era más sombría que en ocasiones anteriores. Me extrañó ver allí a un hombre sentado en uno de los sillones. creo. leyendo un periódico. Musitando un «adiós». dándonos la espalda. pero no hasta después de las seis. CAPÍTULO XVII . y tenía el brazo derecho en cabestrillo.Alyre en su presencia. al toparme de repente con aquel hombre.El ocupante del palanquín El marqués me visitó al día siguiente. estoy casi seguro de que no podremos terminar antes de esa hora. ultrajado al menos en la intención. No era fácil saber si aquel día había algo inhabitual en su fisonomía o si era simplemente el efecto de mi pre-vención por todo lo que había oído durante mi misteriosa entrevista en su parque. y con el propósito. de tomarme cierta libertad. ¡Qué gran contratiempo! .todo lo demás. Era el conde deSt. ¡Váyase ya! Déjeme sola. En efecto. que no puedo explicar ahora. En este momento tengo que acudir a una reunión con otras tres o cuatro personas. con la esperanza de encontrarlo aquí -graznó-. A pesar de lo tarde que era.monsieurBeckett. parecían ébano esculpido sobre un horrible rostro de boj. Con una hora que me hubiera reservado todo se habría arreglado. -Le he visitado. Sonrió. Finja con todas las personas con las quo hable no conocer a ninguno de los moradores del castillo de la Carque alguien menciona al conde o a la condesa deSt. con los lentes calados. Se levantó. pero mi amigo el marqués de Harmonville. diga que no conoce a ninguno de los dos. A causa del gran barullo que se había formado a la salida del baile.porfavor. entonces! -exclamó el conde-. para pedirme un favor. en medio de una fiebre de euforia. Yo no era un pecador suficientemente endurecido como para no sen-tir cierta turbación. dijo. yo iba a París. Fue conmigo hasta mi hotel y subió a mis aposentos. quien tal vez se sienta más obligado conmigo. me temo. Permanecí despierto en mi lecho. -Con mucho gusto -dijo el marqués-. por lo que me pedía un asiento en el mío en caso de que tuviera intención de ir a París. vi a la bella condesa deSt. Tengo motivos. extreme la precaución. la obedecí Esta entrevista no duró. La bufanda negra le colgaba del pecho. al menos momentánea. una reunión a la que no puedo faltar. que enmarcaban su escueta cabeza. y vino a llevarse aquella visión.

que. mi querido amigo. a la una y media de la madrugada. llegaría dos días después. más un suplemento por nocturnidad. Cuando llegue el momento. Pero aquí surge otro problema. amén de una nota acerca del lugar exacto en el que se debía cavar la tumba (bastante sencilla). -¡Qué bueno es usted. si el recibo estuviera a mi nombre. y ayer escribí rechazando dicho encargo. llegaría a casa de éste (el castillo de la Carque) hacia las diez de la noche siguiente para ser transportado desde allí en un coche fúnebre.Le ruego lea esta nota que me ha llegado esta mañana. eché de menos una vez más mi tranquila habitación del Dragón Volador. según sus propios deseos. todo saldrá perfectamente. He tenido la mala suerte de torcerme el pulgar y no podré escribir durante una semana.monsieurde St. se echó una cabezadita en un rincón del carruaje. se escriba el recibo a su nombre. para un hombre tan alegre y encantador comomonsieurBeckett. entre dos panteonesdela familia deSt. Yo le pregunté a nombre de quién debía ordenar que se extendiera el recibo. entenderán por qué me he entretenido en contar todos estos detalles.El cortejo fúnebre. estado en el que me lo encontré a mi vuelta. la suya podría servir tanto como la mía.Alyre. el conde. no puedo rechazar este encargo. cuyo brazo de marmórea blancura me convocaba en la noche al bosquecillo de tilos y castaños del castillo Carque. Poco me importaban los insesde unos días.monsieur!La verdad es que no me atrevo a pedirle ese favor.-Yo le ofrezco una hora de mi tiempo con mucho gusto -dije. El conde me facilitó el nombre y apellido del finado. a saber. Pero me han ase-gurado que. por desagradable que sea. Como ya he dicho. así como la edad. Me apresuré a cumplir el pequeño asunto que se me había encomendado. Sin embargo. como una firma es igual de válida que otra. la nota no era nada alegre. Así pues. Querían que yo me convirtiera en albacea. la enfermedad de la que había muerto y varios otros detalles. la melancolía de los bosques del castillo de la Carque y la emocionantey embriagadora proximidad del objeto de mi pasión. es un pocofuneste. y ya no podría echarme atrás. en comparación con la imagen que ocupaba mis pensamientos. pero. Y como usted se ha ofrecido tan amablemente a acompañarme. o la suma entera. su casa. por eso quiero acudir a la oficial de defunciones para firmar en el libro y obtener la debida autorización para su inhumación. iba a ser enterrado. Era bastante dinero. como no tiene a ningún otro pariente. París había perdido su encanto para mí. Salimos del hotel. yo tenía una suma líquida en mi banco.Amand. Ciertamente. En ella se decía que el cadáver del primo del conde. -No a mi nombre. embozado en su bufanda de seda negra y con el sombrero calado hasta los ojos. Pero había concertado con él una entrevista para aquel día y sentí alivio al oírle decir que era mejor dejar el dinero en manos de mi banquero unos días más.que había fallecido enChâteauCléry. a la vez loca y reprobable. ello me convertiría en albacea ante la ley. le ruego que. Luego me entregó el dinero para sufragar los gastos del entierro. se decía. El asunto. Yo hice lo que me había pedido. en el cementerio parisiense dePèreLachaise. acompañado por cualquier miembro de la familia que deseara asistir al entierro. -Apenas he visto a ese pobre caballero dos veces en mi vida -dijo el conde-.Amand. Aquella circunstancia tuvo también . si no tiene ningún reparo. ya que los fondos estatales franceses caerían con toda seguridad en breve plazo. Mientras yo me encargaba de las formalidades. Me detuve en la oficina de mi agente de cambio. con el permiso del conde deSt.

a mis dos invitados. -El asunto está en manos de la policía -observómonsieurCarmaignac-. Maldije interiormente mi estupidez por haberme comprometido con su agradable sociedad. tan expeditivamente tildado pormon-sieurCarmaignac de «saltimbanqui». bastante corpulento. Pero aquello ya no tenía remedio y unas pala-bras a los camareros bastaron para reparar enseguida mi olvido. Terminado el baile. de quienes me había olvidado por com-pleto. Otros opinaron que no era más que una broma pesada y cínica que. como descubrí después. De regreso al Dragón Volador. Mientras hablábamos de aquel asunto. y ésta no es digna de su nombre si no encuentra pronto. -Fue realmente una broma muy original.y que las revela-ciones y alusiones que tanto habían asombrado a los asistentes se habían debido indudablemente a la necromancia. Hubo incluso algunos. pese a su gravedad.como persistía en llamar al palanquín. los criados que ayudaban a apagar las luces y a cerrar las puertas la encontraron aún allí. sino también todo París. aunque algo sospechosa -dijo Whistlewick. que habían hecho a alguien la noche anterior. Mis invitados se encargaron de compensar mi relativa taciturnidad. para mi de-sesperación. del que se habían olvidado.y rayana en el sacrilegio. y su peso extraordinario les recordó por primera vez la pre-sencia de su ocupante humano. y no se logró dar con los desalmados farsantes. Ni el mago ni su acólito ni los portadores habían vuelto a aparecer. sehallaba en aquellos momentos alborotado a raíz de una jugarretaindignante. encontré en mi saloncito. a los individuos que han atentado contra el de-coro y los sentimientos del público. vino el camarero a anunciar que la cena estaba servida y podíamos pasar al comedor. cuando más pensaba en ello. Me dijo que no sólo Versalles. que se trate de individuos más astutos de lo que suelen ser los simples saltimbanquis. . y pone a disposición de la justicia. Sin embargo. Pero nadie se presentó. Forzaron la puerta. más proclives al misticismo.una incidencia directa en mis aventuras subsiguientes. había quedado en el lugar donde la habíamos visto por última vez. a no ser. y después de retirarse todos los invitados. ata-viado con túnica china y sombrero de colores. era exacta. Unos dijeron que se tra-taba de una farsa para insultar a los aliados. se podía perdonar si se imputaba al inge-nio y bufonería irreprimibles de la juventud. -Ni siquiera original -dijo Carmaignac-. más asombroso me parecía. que aseguraron que el cadáver había sido condiciónsine quanonpara la exhibición adivinatoria. Entonces se ordenó a los criados que se lo lle-varan de allí. Yo estaba pensando para mis adentros en lo inexplicable que había sido mi coloquio con el mago. en cuyo honor se había orga-nizado el baile. Casi exactamente lo mismo tuvo lugar hará unos cien años en un baile de gala en París. pues entre mis libros de anécdotas y recuerdos franceses se encontraba aquel mismo incidente subrayado por mi propia mano. Esta afirmación demonsieurCarmaignac. Lapagoda. pues se suponía que para entonces sus propietarios habrían mandado a algún mensajero a retirarlo. decidieron dejarla donde estaba hasta la mañana siguiente. por supuesto. no a un hombre vivo. y se puso casi de inmediato a contar una historia muy extraña. e imaginen cuál no fue la consternación al descubrir. TomWhistlewick estaba en gran forma. ¡sino a un muerto! Debían de haber transcurrido tres o cuatro días desde la muerte de aquel hombre.

Ya había dejado de ser joven -tenía más de cuarenta años. El efecto moral que produce cenar bien es inmenso: todos noso-tros lo sentimos aquella noche.monsieur. lo cual me ahorró el trabajo de tener que hablar. la que usted ocupa. ¡Un hombre realmente excéntrico! No era un millonario. el posadero le dio la habitación a la que me he referido. A un caballero francés -ojalá pudiera recordar su nombre-. si la memoria no me falla. Pienso cambiar de hotel. no presté prácticamente ninguna atención. Sus costumbres eran extrañas. Tocaba el violín. si he de ser sincero.¿no piensa -añadió volviéndose hacia mí. pero también el más bonachón. el Dragón Volador. llénese el vaso -dije. probablemente se comía aquí mejor que en algunos de los más prestigiosos hoteles de París. Tras consultar a su agente de cambio sobre la posibilidad de invertir este dinero en valores extranjeros. A veces se pasaba todo el día en su habitación escribiendo.monsieur. . Pero bebamos antes un poco de vino. que acudió a esa posada. hijo de un comerciante. Por cier-to. pues.para afrontar la catástrofe! -bromeó Whistlewick mientras se llenaba el suyo. además del noble ruso. prosiguiendo un hiloargumentaique se me había hurtado-. y estuvieron todo el rato contando historias divertidas. pero espontáneas.El camposanto La cena que nos sirvieron fue realmente buena.cambiar de habitación ahora que hay menos gente en la posada? Por supuesto. gracias. no. Pero. antes que los otros dos. ni mucho menos. a las que. -¡Saquefuerzas de este vino. aunque pase aquí esta noche. que jamás había pisado la tierra. -Ah. Mis amigos. pues mis pensamientos estaban por completo en otra parte. El personal de la posada decía que era el hombre más feo.monsieur. al igual que los vinos. es decir. más extraño todavía. cuyo nombre no recuerdo ahora. aunque lo recordé precisa-mente esta mañana. Se había alojado en la misma habitación. Ahora ya conoce usted su situación financiera cuando ocurrió la catástrofe. pues. Pero ha dicho usted que hay otra historia parecida relacionada también con esa misma habitación. La historia que contó fue muy curiosa. y salía por la noche a dar un paseo. Hubo otro caso. a pesar de que se trataba de una posada apartada. Oigámosla. así podré pasear de noche por la ciudad. El sosiego y buen humor que produce son más duraderos y agradables que la tumultuosa euforia de Baco. por lo menos. se mostraron contentos y muy locuaces. espero no sutilizarme como los otros. cantando o tocando el violín.CAPÍTULO XVIII . siempre y cuando piense usted que-darse aquí más tiempo. disimulando su seriedad con una sonrisa. -Sí -dijo Carmaignac. sacó todo el dinero del banco. -Este caso ocurrió -dijo Carmaignac-.y distaba mucho de ser apuesto. cantaba y escribía poe-sía. yame comprenden: una cantidad cercana al medio millón de francos. -Por favor. hasta que de repente surgió un tema que me interesó poderosamente. pero tenía unmodicumbonum.

y. por lo que no quería que lo molestaran bajo ningún con hasta las nueve de la mañana. y todos en la misma habitación. -¿Y desde entonces no se ha sabido nada de ese poeta épico? -pre-gunté yo. Y ahora les contaré algo acerca de su poseedor. ocurrió que. se había marchado de la posada. Supongo que estará muerto. Que eso era lo único que podía decir. -Usted ha mencionado tres casos -le recordé-.Alyre. se evaporó. a no ser que contara con la complicidad o ayuda de alguien de la casa. a quien pertenece esta casa. Todos igualmente incomprensibles. aquí surgía otro problema: elDragón Volador cerraba sus puertas a cal y canto a las doce de la noche. suficiente papel para escribir toda La Henriada y provisión proporcional de plumas y tinta. como él los había dejado. Es muy difícil creer que alguien haya asesinado a tres personas consecutivamente en la misma habitación y haya hecho desa-parecer sus cadáveres sin dejar rastro alguno. sin que nadie desde entonces haya sabido cómo lo hizo ni haya tenido noticias suyas. una frugal cena fría en una mesita. La noche siguiente a aquella operación financiera fue presa de un arrebato poético. »Así pues. después de esa hora. -Absolutamente nada. parecía estar completamente enfrascado en su trabajo. y que nadie podía haberlas cogido sin despertarlo. pero ni siquiera alzó la vista. descono-cido para nosotros. la gran dificultad con que se encuentran los asesinos es cómo ocultar el cadáver. eso fue lo último que se supo de su dinero -prosiguió Carmaignac-. y aquél le repitió desde el interior queno quería que lo molestaran. si no. Alguien dijo que el escritor había salido de la habita-ción cerrando la puerta por fuera y. pues ésta se atrancaba desde den-tro. el cual. elgarçonse marchó. con mayor fuerza. una media hora después la puerta estaba cerrada. Volvió a llamar. que quería empezar a escribir aquella noche. y ello dejando la puerta sin cerrar por fuera. con la llave en el bolsillo. . -Sí. a la mañana siguiente.Dio entonces parte de este continuado y alarmante silencio al posadero. Las velas estaban ya boqueando en los candeleros. un rato después de atrancarse las puertas. Pero cuando volvió el camarero. y los postigos estaban cerrados por dentro. le llevó una taza de café. Sin embargo. Aquel incidente probaba que el poeta estaba en la casa después de que se cerraran bien las puertas de la calle. Lo único que sabemos con certeza es que. en su lugar habitual. La cama estaba sin deshacer. Cuando se comete un asesinato.-Pues bien. mostró gran actividad y consternación. el cual juró que las encontró coleadas en la cabecera de su cama. »Sentado a la mesa de su despacho lo encontró el camarero. pero daban aún luz suficiente para constatar que el huésped había desaparecido. y a las nueve de la mañana siguiente llamó a su puerta y. »Ahora bien. nadie podía salir de la casa sin tener la llave.z hacia las doce y media. éste comentó después que había visto escribir tan deprisa que parecía que en cualquier momento iba a empezar a arder el papel (éstas fueron sus palabras textuales). Las velas estaban aún ardiendo. tres. tras ocupar la habi-tación en la que usted duerme. al no recibir contestación. . Tenía dos pares de velas. los postigos estaban cerrados. mandó llamar al posadero y le dijo que desde hacía tiempo venía meditando un poema épico. miró por el ojo de la cerra-dura. debe de haberse metido en algún asunto sucio. Éste contestó con cajas destem-pladas al inoportuno criado y lo despidió repitiéndole la orden de que no lo molestaran durante la noche. que lo ha obligado a esconderse con el mayor sigilo y celeridad. El conde deSt. Las llaves las guardaba el propio posadero. al ver que salía luz por el ojo de la cerradura. un criado que no se había enterado de su orden de no ser molestado. llamó ala puerta para saber si el poeta quería algo. que hacia las nueve. Pero nadiecontestó. Nunca volvió a aparecer. al ver que su huésped no había dejado la llave en la cerradurabuscó otra para abrir la puerta. Pero no se descubrió nada.

a unos doce pasos de distancia. Cuanto más clara era la luz de la luna más clara resultaba también aque-lla imagen. flotando en la negra nie-bla. Estaba justo delante de mí. desde allí. que tenía aquel ligero contorno negro que he descrito. y el gravemonsieurCarmaignac nos dis-trajo con un asombroso ramillete de anécdotas escandalosas. Sensación que. en modo alguno enfrió mi fervor. con una sensación desagradable. Mi aventura me absorbía y arrobaba. Ya no era un árbol.Luego cambiamos de tema. sino un hombre de pie. inmóvil. la distinguí con total nitidez: era la silueta del coronelGaillarde. Éste. el árbol que había estado observando perezosamente empezó a adoptar una nueva forma. y. y el parque. conviene dejarlo claro. Afortunadamente. Subí a mi habitación y miré en dirección del castillo de la Carque. Una espesa nube había oscurecido la luna. Me puse a pasear porla habitación. por así decir. bordeando la tapia del parque y describiendo una ruta de circunvalación. hice una pausa y escuché. Volvieron vagamente a mi mente las extrañas anécdotas referidas pormonsieurCarmaignac sobre la habitación que yo ocupaba. al igual que nues-tros enebros ingleses. pero lo he visto a menudo en lugares particularmente fúnebres. que sus funciones en el departamento de policía le habían permitido conocer. Ya había averiguado el lugar exacto en que se encontraba el pequeño camposanto: aproximadamen-te a unos dos kilómetros de distancia. a la izquierda del camino. Yo lo veía sólo de perfil. Me deslicé en silencio. que estaba sumida en una oscuridad sinies-tra. tienen unos dos metros de altura. ocupa poco más de veinte áreas. y a veces.y eso sólo de manera vaga. por fin. No quería presentarme antes de tiempo. pero no había duda alguna . Nunca había sido mayor mi entusiasmo. Reinaba el más completo silencio. entré en una pista más estrecha. hasta que. emergía la blanca superficie de una lápida sepulcral. a medida que la luz iba en aumento. mis invitados tenían sendos compromisos en París y me dejaron hacia las diez de la noche. Miré alrededor de la habitación. con los ojos puestos en el objeto que estaba justo delante de mí. pues suponía que la bella condesa tenía bue-nas razones para no desear que yo penetrara en los dominios del castillo antes de lo estipulado. que. siempre bajo majestuosos árboles viejos. también a mi izquierda. semioculto entre los árboles. Afortunadamente. tenía un aspecto melancólico y fantasmagórico. Entre las formas que se recortaban sobre el gris metálico del horizon-te. de manera que a lo sumo podía distinguir los contornos de los objetos más próximos. Cogí mis pistolas con una apren-sión indefinible ante la eventualidad de tener que utilizarlas antes de mi regreso. destacaban algunos de esos arbustos o árboles que. en este lugar fantasmal. Aquí. avancé lentamente por el lado izquierdo dela carretera y. y se halla situado entre éste y el parque del castillo de la Carque. Descubrí que había llegado con cierto adelanto y me senté un rato en el borde de una lápida. No conozco el nombre de este arbusto. Permanecí sentado en ese estado de indolencia inducido por la espera. El cielo estaba salpicado de nubes. tiñendo de tonos oscuros las alegres y frívolas historias que relató también. a la luz intermitente de la luna. al tiempo que dejaba un poso de extrañeza y grave-dad en el fondo demi ser. la forma de un álamo en miniatura y el oscuro follaje de un tejo. La luna empezó a asomar bajo la nube que la había mantenido ocul-ta durante aquel tiempo. pasa por delante del viejo camposanto. éste no miraba en mi dirección.

para mi gran alivio. su rostrofarouchey sudesgarbado uno noventa de estatura. en la dirección donde resultaban audibles estos sonidos. pero en un tono bajo y cauteloso. mirando a su alrededor. vi dos sombreros conversando (las voces per-tenecían a quienes los llevaban). escudri-ñando por encima de una tumba. y. Seguí las instrucciones que me había dado la condesa deSt. ¡qué nefasta fortuna la que había apostado. permaneció unos instantes arriba. atravesé el peque-ño espacio que me separaba del lugar de la cita. las figuras emergieron plenamente a la vista al saltar la valla que había al lado del camino. cual soldado adelantado que espía al enemigo.En cualquier caso. reconocí la voz peculiar deGaillarde. Alcancé los escalones y me encontré en medio de la antañona columnata de mármol. Me encontraba de nuevo bajo las gigantescas ramas de los viejos tilos y castaños. La luna brillaba ahora ininterrumpidamente.Alyrey avancé entre arbustos y matorrales hasta el punto más próximo al ruinoso templo. y luego saltó al otro lado de la carretera. le oí hablar. CAPITULO XIX . con la vista y el oído aguzados. Ella no estaba allí ni en el santuario interior. extremando al máximo la precaución. una vez allí. no en dirección del parque. Si. suavemente. sino del camino. Sí. por casualidad. A pesar de todo. me aproximé al pequeño monumento. acechando alguna señal o la llegada de alguien.Alyre. yo sabía que debía disponerme a reanudar inmediatamente el combate iniciado en el vestí-bulo de laBelleÉtoile.La llave . igual de tenue. derramando sus rayos sobre el delicado follaje y moteando el verdor del suelo bajo mis pies.en cuanto a su blanco mostacho. Una tras otra. en aquel lugar y momento precisos. a un observador tan peligroso! ¡Y qué felicidad para él golpearme duramente y al mismo tiempo echar por tierra los planes de la condesa deSt. yo me quedé tendido sobre la hierba. Oí el sonido de otro silbi-do. Me pareció ver un sombrero sobresaliendo por la tapia en ruinas y luego vi otro sombrero. en la dirección opuesta al Dragón Volador. acto seguido. a la que parecía odiar! Levantó un brazo y silbó con suavidad. ampliando la distancia que existía entre nosotros con cada zancada. El coronel. Oí sus pasos y el ruido de su conversa-ción mientras se alejaban. el último en esca-larla. Me deslicé sigilosamente. y con el corazón latiéndome fuertemente. La dama no había llegado todavía. Allí estaba ante mí. volvía los ojos en mi dirección. cuyas ven-tanas ojivales estaban prácticamente ocultas por pantallas de hiedra. el coronel avanzó en la direc-ción de aquel sonido. Ambos avanzaron. Esperé a que aquellos sonidos se esfumaran por completo en la dis-tancia antes de entrar en el parque. dándome la espalda.

centelleaba y refulgía a la luz de la luna. Se quitó la capucha. cuando me conozca de verdad. ¡qué gran locura parece! ¡Qué concepto tan pobre debe de tener de mí! Pero. Si ese propósito no se lleva a cabo.Esperé en el último peldaño. y yo la conduje al lugar donde se había desarrollado nuestra última entrevista. Estoy segura de que usted entiende de joyas. Un hom-bre joven. sobre todo diamantes. Sin su ayuda no puedo cumplir mi propósito. No habló. Estaba ordenándolas cuan-do llegó la hora y le he traído ésta para enseñársela. usted compartirá todo esto con-migo. Pese a la gravedad del momento. oí el crujir de unos ramajos. He decidido huir. suspiró profundamente. Estoy encadenada a un hombre al que desprecio.Amand. -Richard. saldrá de aquí a las nueve y media. Me las llevaré conmigo. y. ¡Qué confianza tan loca tengo en usted!. -Mañana por la noche -dijo. Ya pueden ustedes imaginarse la manera florida y vehemente en que le expresé mi agradecimiento. Pero ella me mandó callar con la misma firmeza melancólica. le juré consagrarme a ella de por vida y le dije que dispusiera de mí a su antojo.usted dice que me ama.mi marido acompañará los restos de su primo. Mire. en nombre de un sacramento. -¡Es magnífico!-exclaméal contemplar un collar de diamantes que. mi querido amigo. Era la condesa. Un par de minutos después. según contrato matrimonial. según me ha dicho. sin dejar pistas a nuestros perseguido-res. -Escúcheme.El féretro. sin embargo. Huiremos juntos a Suiza. mi corazón me dice que actúo sabiamente.monsieurdeSt. moriré. en la esquina del castillo? Asentí. y a romper para siempre con los antinaturalesy abominables lazos que me unen. ¿Ve esa luz roja que sale de la ventana de la torre. Creo que se apiada de mí. Me encuentro en el momento más crítico de mi vida. por los que me ofrecen treinta mil libras de vuestro dinero inglés. guapo.Richard. a un tirano. Usted acudirá aquí mismo a las nueve de la noche. y luego dígame si puede ayudarme. Ella reprimió el ardor de mi apasionado saludo con una firmeza dulce pero perentoria. -Yo no bajaré hasta aquí a reunirme con usted. -Sí -dijo-. me juzgará con justicia. Al oír aquellas palabras tuve un arranque de elocuencia. se sacudió sus hermosos cabellos y. Estoy segura de que desea defender-me. Yo le prometí obediencia total.hasta PèrelaChaise. miré en aquella dirección y vi que se acercaba entre los árboles una figura envuelta en un abrigo. pero me dio la mano. Tengo joyas. mirándome con ojos tristes y brillantes. pensé que me estaba mostrando aquella joya con el regodeo normal con que una mujer exhibe este tipo de gemas. como les ocurre a los jóvenes alocados en una situación parecida. con los ojos y oídos bien abiertos.debo hablarle con absoluta franqueza. Entonces seré feliz por fin y podré recompensar a mi héroe. voy a desprenderme de todas mis joyas para convertirlas en dinero. . Citarme aquí con usted. Algún pensamiento terrible parecía abrumarla. Son de mi exclusi-va propiedad. suspendido de sus preciosos dedos. generoso y valiente como usted no puede ser también rico. y hasta que me ama quizá. Avancé con ansiedad. al que detesto con toda mi alma. Mis poderosos amigos intervendrán para conseguir la separación.

He apostado todo a la carta de su fidelidad. Y ahora debo confiar una vez más en su ingenio para despistar al personal del Dragón Volador. querido Richard-prosiguió apoyando cariñosamente el brazo sobre mi hombro y mirán-dome a los ojos con una pasión inefable mientras con la otra mano apre-taba la mía-. le aconsejo que traiga el dinero consigo porque podrían transcurrir muchos meses antes de que podamos volver a París o revelar nuestro lugar de residencia a alguien. Cuentan que un hombre se encerró en ella toda una noche y que cuando. sabrá que el cortejo fúnebre ha abandonado el castillo. -Lo único que me preocupa todavía -prosiguió. tan subido de poesía y pasión que me resultaría imposible reproducirlo aquí. entonces. y yo mis joyas. No me atrevo a retirar-los mientras esté mi marido en la casa. ¡Así que es usted rico! Eso quiere decir que he perdido la dicha de hacer doblemente feliz a mi generoso amigo. inde-pendientemente de cómo hagamos el reparto de bienes. En cuanto a usted. mi vida está en sus manos. evitando así el riesgo que entrañaba vender sus diamantes de mane-ra precipitada. Aquí tiene un documento y un plano en que se describe cómo se ha de proce-der.y que acudiría a la cita con aquella suma en forma de oro y bille-tes. había desaparecido. Le hice saber que tenía en poder de mi banquero una suma no inferior a treinta mil libras. He sabido que ocupa la habitación embrujada del Dragón Volador. Aquélla era la oportunidad que yo estaba esperando. Sacaremos por lo menos una ventaja de cinco horas. Era una doble llave: una tija larga y delgada. Le diré por qué. con nuestra energía. tan pronto como subamos al coche. Usted aportará su dinero. Bueno. Lo he cogido del escritorio del conde. como el dueño del Dragón Volador era por aquel entonces un sinvergüenza. Cinco minutos después. -Mañana por la noche todas las precauciones serán pocas. Es precisamente la habitación que yo habría elegido para usted. no nos opongamos al destino. ponga los nombres y lugares de destino que le plazcan. Y ahora. Yo creo que en realidad quería zafarse de sus acreedores. y. -¡Cielo santo! -exclamó ella con una especie de desencanto-. y que puede acercarse sin peligro. estratagemas y recursos. Y luego me dio una instrucción particular: -He venido también provista de una llave. Fue con la ayuda de esta llave. Mi marido. Tras esto siguió un coloquio romántico. Me produce una felicidad especial la idea de compartir nuestros recursos.es saber si podremos convertir rápidamente los diamantes en dinero. no habrá nada que temer. lo ayudó a esfumarse. con un paletón a cada extremo: uno aproximadamente del tamaño con que se abre una puerta corriente y el otro casi tan pequeño como los que abren un estuche. a la mañana siguiente. Yo tendré mis joyas preparadas. que investigó el asunto. dará comienzo nuestra huida. Cualquier contratiempo daría al traste con todas mis esperanzas. Yo habré abierto la ventana para que pueda entrar. descubrió la manera en que se había efectuado la escapada. cuyo uso debo explicarle. si está escrito que así sea. Yo dejaré los diamantes en sus manos. Encárguese también de eso. y. Asegú-rese de probar primero las llaves. . fueron a preguntar por él. y. cada cual a partes iguales. para ver que las cerraduras funcionan perfectamente. En cuanto vea esa luz rosácea en esa ventana. Y nuestros pasaportes.-La he colocado allí para que pueda reconocerla mañana por la noche. un coche tirado por cuatro caballos nos estará esperando en la puerta de la cochera. Contribuyamos. a un precio seguramente inferior al que tenían. ¿Está dispuesto a arrostrar todo esto por amor a mí? De nuevo volví a proclamarme esclavo suyo.

Aquello. para mi gran alivio. de espaldas al castillo. con la llave en la mano y una agitación en el cerebro rayana en la demencia. mirando en la dirección en la que había lanzado aquella mirada tan angustiada. estamos más cerca de otros delitos mayores de lo que sospechamos. descono-cedor de este particular. pero en mi fuero interno tenía la decisión completamente tomada. a asesinar si fuera necesario y a meter-me en complicaciones inextricables y horribles (¿qué me importaba a mí?) por una mujer de la que no sabía más que era tan hermosa como imprudente. pero. Yo permanecí en el umbral que ella acababa de atravesar. Estaba claro que no me había visto. como si le faltara el aliento. muy claramen-te iluminado por la luna. es ésa. se alejó entre los árboles en dirección de la tapia del parque. Ella se recuperó enseguida y se despidió nuevamente con palabras dulces y pausadas.monsieur. Y. a desafiar todas las leyes divinas y humanas. Yo me quedé mirándola fijamente. La examinaremos mejor la próxima vez. que saltaron por donde se divisaban los gabletes del Dragón Volador. exclamó: -¡Dios mío! ¿Quién está ahí? En aquel mismo momento dio un paso atrás y desapareció por la puerta labrada en el mármol permaneciendo cerca de ésta al fondo de una pequeña cámara sin tejado. dispuesto a arrostrar todos los peligros. Más de una vez he dado las gracias al cielo por la misericordia que tuvo conmigo al guiarme por los laberintos en que estuve a punto de perderme. . saqué del bolsillo una de mis pistolas y la armé. Permanecí con el dedo en el gatillo decidido a abatirlo si se atrevía a entrar en el lugar en que se hallaba la condesa. Bien. a no dudarlo. No era de extrañar que se sintiera tan aterrorizada: cerca de nosotros. se lanzara sobre mí como un loco. -¡Ahí está la estatua! -exclamó el coronel con su habitual tono cor-tante y discordante-. Encontré a la condesa presa de auténtico terror. habría sido un asesinato. yo estaba esperando el momento en que. Di un paso atrás. Sin embargo. -Ni más ni menos. la tran-quilicé asegurándole que impediría por todos los medios la posible vuelta del coronel loco. -¿A la que aluden las estrofas? -preguntó su compañero. Sí. se acercaban el coronelGaillardey su compa-ñero. Allí estaba yo. tan pequeña como el propio santuario. cuya ventana estaba tapada por una espesa pantalla de hiedra que apenas dejaba filtrarse un rayo de luz. a unos quince metros de distancia. palideció de repente y. No quiso aceptar mi insistente invitación a acompañarla hasta el castillo.vámonos de aquí. y acercándose a paso rápido. con uno de sus alaridos frenéticos. Una vez que nos hemos metido en asuntos secretos y culpables. el bizarro coronel dio media vuelta y.Mientras pronunciaba la última palabra. A mí me protegían la cornisa y un trozo de pared.

Me detuve unos instantes a mirar. Iba tocada con lo que se solía denominar una cofia peraltada. Pero yo ya era mayorcito. apenas me reconocía a mí mismo ni creía en mi propia historia mientras recorría premioso el trecho que me separaba de la puerta. los ojos oscuros de la anciana seguían fijos en los míos.Una cofia peraltada Me encontraba de nuevo en el camino. Ciertamente. que tanto interés encerraba para mí. empujado por los celos. inmerso en aquel drama tan extravagante como culpable. y de haberme relacionado diariamente con la deliciosa condesa d'Aulnois. sobre todo. en mi posada me esperaba seguramente otro encuentro. Las frondosas ramas del viejo parque a un lado. en el Dragón Volador? De haber vivido en la época de los cuentos de hadas. Pregunté en el vestíbulo. En aquel momento me sentía incapaz de pensar con el sosiego nece-sario: los acontecimientos se estaban precipitando demasiado deprisa y yo. ni siquiera se me ocurrió preguntarle qué asunto la había llevado allí. busca unlordinglés. Allí no encontré rastro alguno del coronel. No había llegado a la posada ningún caballero durante la pasada media hora.monsieur. pudiera detectar alguna señal en aquella luz insólita en las esca-leras del Dragón Volador. cuyo borde blanco contrastaba con su piel morena y amarillenta y tor-naba más fea aún su cara arrugada. pero ¿qué diversión. el claro de luna prestaban un pintoresquismo particular al camino angosto que conducía a la puerta de la posada. Seguía con la vela entre sus trémulos dedos. y oí al criado atrancar ruidosamente la puerta prin-cipal. . Eché un vistazo a la sala común. a unos doscientos metros del Dragón Volador. Sin embargo. habría visto en aquella aparición marchita algenius loci. Me sentía confundido y alarmado. En el reloj sonaron las doce de la noche. Me alegré de haberme llevado las pistolas.porque la noche es muy fría. -He hecho un pequeño fuego. Le di las gracias. Cogí una vela. pero ella no se marchaba. con una constancia e inteligencia que delataban que mi secreto había sido descubierto. el castillo torreonado. se me ocurrió que unos ojos indagadores podrían encontrar sentido a aquella contemplación nocturna y que tal vez el propio conde. Al abrir la puerta de mi habitación me llevé un buen susto al encon-trarme ante una mujer bastante vieja con la cara más alargada que jamás he visto. Yo había aceptado un papel protagonista en un drama con venganza. Ya estaban apagadas las luces de aquella hospedería rural.CAPÍTULO XX . con el grotesco espadachín. y. La fría luz de la luna penetraba profusamente por la ventana de las anchas escale-ras. que parecía dispuesta a dormir un sueño bastante largo.al hada mala. -Disculpea una vieja. Asíy todo. si se puede saber. ninguna ley me obligaba a dejarme abatir por un rufián sin oponer resistencia alguna. con todo París a sus pies. aún abierta. Estaba vacía. más allá de los árboles. los gigantescos ála-mos al otro y. Levantó los hombros encorvados y me miró a la cara con ojos anormalmente negros y brillantes. a cuya señal se habían esfumado sucesivamente los malhadados huéspedes de aquella habitación. a modo de preludio.monsieur-dijo-. esta vez quizá no tan feliz. del Dragón Volador.

junto a la puerta y justo debajo de ésta. Expulsé expeditivamente de mi mente aquellas dudas angustiosas y terribles. más allá de la cual se veía una escalera de caracol de piedra. según sus propias palabras). El rincón situado a la derecha de la ventana estaba cortado de través por la cenefa. Lo examiné detenidamente y. con una vela a cada lado. No sé si el aire encerrado durante mucho tiempo tiene alguna cualidad . Hasta ahora había interpretado con éxito mis instrucciones. razoné. Me aseguré de que la puerta había quedado bien cerrada. un pequeño trozo de moldura cedió y reveló una cerradura.Además. No sé de qué me habla-contesté-. tras dos o tres vueltas de la llave. Yo mantendré mi secreto. en cuanto al suyo. hice un reconocimiento.-Estos ojos viejos lo vieron a usted anoche en el parque del castillo. que un secreto tan peligroso fuera sospechado por un extraño. tras una pequeña presión. volvió a su lugar nuevamente. independientemente del desdén que yo sintiera hacia los peligros que aquella anciana había esbozado tan misteriosamente.Me preocupo por el honor de una familia antigua a la que he servido en días más felices. a cual más desconcertante. Deje esta casa mañana por la mañana y no vuelva nunca por aquí. Levantó la mano que tenía libre mientras me miraba con una expre-sión de intenso terror.monsieur. pronto lo encontrará tan duro de guardar que no tendrá más remedio que divulgarlo. se vio recompensada con un descubri-miento parecido. y yo le digo que se marche. Alyre. me senté a la mesa y.. no resultaba en modo alguno agradable. cuando ser noble equivalía a ser honrado por todos. practicada en el espesor de la pared. y aún menos si ese extraño estaba de parte del conde deSt. y ahora. Al retirar el dedo. por la acción de un muelle. El paletón pequeño de la llave entraba aquí al igual que en la cerradura superior. ¿no era más peligroso aún tratar de comunicarnos? ¿Qué había querido decir la vieja arpía con aquello de «Guarde usted su secreto.monsieur. se abrió una puerta en el panel. -¿A mí?-exclamécon el mayor aire de sorpresa despreciativa que pude afectar. ¿No debía yo buscar por todos los medios la manera de informar a la condesa. Los celos del viejo conde. La anciana atravesó lentamente la estancia y cerró la puerta antes de que yo hubiera podido encontrar algo que replicar. -Nada en esta tierra.que hablo en vanoy que usted es insolente. Una búsqueda parecida. que yo guardaré el mío»? En mi cabeza bullían mil preguntas. del hecho de que había al menos otra persona que sospechaba de nuestro secreto? Pero. pueden suponer bien. eso es todo. Permanecí un buen rato inmóvil donde ella me había dejado. que había confiado en mí tan generosamente (o tan locamen-te. ¿por qué debería usted preocuparse por mí? -Yo no me preocupo por usted. dejando al descubierto un paño de pared desnudo y una abertura estrecha y abovedada. Pero. Mi aventura parecía un viaje a través de una montaña boscosa.. -Es inútil. donde a cada paso un nuevo duende o monstruo surge de la tierra o salta de un árbol. Con todo.Sé bien por qué se aloja usted aquí. parecen a esta vieja arpía la cosa más terrible de la creación. coloqué ante mí el pergami-no que contenía el croquis y notas que me informaban sobre cómo debía utilizar la llave. Penetré con la vela en la mano.monsieur. y usted el suyo. Tras estudiarlo un buen rato. Pero sé.

El problema era cómo conseguir que me dieran las casi treinta mil libras esterlinas de que disponía en una forma en que resultaran no sólo fáciles de transpor-tar. Volví la mirada hacia la vieja posada y vi que la escalera por la que yo había bajado estaba encajada en una de esas torretas alargadas que deco-ran este tipo de edificios. CAPÍTULO XXI . Mi candela iluminó débilmente la desnuda pared de piedra que rodeaba la escalera. poco después.Clairguardaría la llave de mi habitación y cuidaría de mis cosas. giró con dificultad y emitió un chirrido que me hizo temer por el secreto de mi operación. que estaba oxidada. donde tenía que ver a algunas personas por asuntos relacionados con los negocios. casi tan denso como una jungla. Le dije que iría a la ciudad aquella noche. El aire de la noche entró por el vano y apagó la vela. Estaba situada en el ángulo que se correspondía con la parte del artesonado de mi habitación que aparecía indicada en el croquis recién consultado por mí. Tras pergeñar esta coartada para el posadero. Ni un general habría ideado un acceso más seguro para llegar desde el Dragón Volador hasta el lugar donde yo había platicado en dos oca-siones con el ídolo de mi latría culpable. poco después. asimismo. El paletón grande de la llave entraba perfectamente en la cerra-dura. titila-ba un resplandor de claro de luna. besé la llave misteriosa que su mano había empuñado aquella misma noche y la coloqué debajo de mi almohada. Coloqué la bujía sobre las escaleras y apliqué ambas manos. le pedí que dijera todo aquello a cualquier amiga) que pudiera visitarme. sino también . pero a mí siempre me ha parecido así. reposó mi cabeza aturdida. me armé de valor y abrí la puerta. que no consiguió conciliar el sueño durante un buen rato. Plenamente satisfecho de mi experimento. me abrí paso con dificul-tad hasta salir a una zona despejada. y en aquel caso infestaba el ambiente con un olor a mam-postería rancia. y de allí a ***. Pero. Esperaba volver en el plazo de una semana y. Allí descubrí que la maleza se extendía casi hasta el parque y se unía con el bosquecillo que rodeaba al templete de que ya he hablado antes. volví a la puerta no sin cierta dificultad. Durante unos minutos no me moví. me encaminé hacia París a resolver las cuestiones financieras de la operación. por miedo a que alguien pudiera haber abierto su ven-tana al oír el chirrido de la cerradura oxidada. Me habría encontrado en medio de la más completa oscuridad de no haber sido porque. entre tanto. sobre la cual. Suavemente. Empecé a bajarla y unas vueltas después me encontré sobre el suelo de piedra. Fui a ver a mi posadero tan pronto como pude hacerlo sin despertar sospechas. a través de las hojas más altas. mi criadoSt.Veo a tres hombres en un espejo Aquella mañana me desperté muy temprano y no pude volver a dor-mirme: estaba demasiado nervioso. Aquí había otra puerta de roble viejo. y muy sencilla. cuyo pie no podía ver. Cerca de la puerta había un bosquecillo de acebos. empotrada en el grueso de la pared. subí de nuevo a mi habitación y volví a cerrar la puerta secreta.extraña.

tuve la sangre fría suficiente para fingir hallar-me completamente enfrascado en los objetos que tenía ante mí. Al llegar a aquella ventana. decidí dar un paseo por las callejuelas aledañas a la catedral. entre muebles viejos y artículos polvorientos. Una vez en mi habitación. No es el caso de calentarles ahora la cabeza con todos los trámites que hice para obtener los pasaportes.Como aún me quedaba tiempo libre. Despedí al vehículo que había alquilado y entré en la posada con un cofre en la mano -de unas dimensiones maravillosamente pequeñas. Me detuve en ella una hora aproximadamente. estaba oscura y llena de polvo. de techo bajo. Al percatarme de ello. y hacia allí me dirigí. Reflejado en él vi lo que en las casas antiguas he oído llamar una «rotonda». porcelana y muebles. algunos colgados de la pared. Una era el coronelGaillarde. Fui adentrándome paulatinamente hasta llegar al final. Baste decir que el lugar de destino que escogí para nuestra huida fue.el palacio de justicia y la preciosaSainte Chapelle. mandé llamar aSt. Entre otras tien-das desvencijadas y excéntricas. donde había una ventana con muchos cristales en forma de diana. Eran las dos de la tarde. Entré. Asimismo. No era asunto mío investigar qué había podido reunir al coronelGaillardeyal marqués en aquel lugar tan destartalado. Durante unos instantes no supe qué hacer. y así fui saliendo lentamente de la tienda. era un hombre del-gado y pálido. Todas estas cuestiones quedaron resueltas con la mayor rapidez posible. El dueño se hallaba limpiando una pieza de armadura con incrustaciones y me dejó curiosear a placer y examinar las distintas curiosidades allí acumuladas. sin necesidad de recurrir a la correspondencia o a cualquier otro medio que pudiera delatar mi lugar de residencia. habida cuenta de su cuantio-so contenido-.la otra. ¡Nada más que las dos! ¿En qué emplear todas las horas libres que me quedaban? Aún no había visto la catedral deNôtreDame. vi un gran espejo con un marco deslustrado y pasado de moda. siguen aún en pie. había decidido no llevar equipaje. me volví y. pues la poca luz que entraba por la ventana me daba de espaldas y la parte de la tienda que tenía ante mí estaba sumida en una oscuridad casi total.Clairy le conté prácti-camente la misma historia que al posadero. y su mirada fue seguida al instante por sus dos compañeros. A dos de estas personas las reconocí al ins-tante. disimulado por una envoltura de cuero. El marqués levantó los ojos. sucios a más no poder. el marqués de Harmonville. No sé si aquellas calles antiguas tan curiosas. picado de viruela. en un recoveco que forma-ba ángulo recto con la pared lateral de la tienda. y hasta tan sucio.disponibles en cualquier parte a la que decidiera ir. Puedo asegurarles que no me entretuve ni un minuto más en aquella tiendadonde había hecho un descubrimiento tan singular como inesperado. Pero estaba claro que no me habían reconocido. con el pelo lacio y negro y el aspecto más penoso que he visto jamás en mi vida. llegué a la entrada del Dragón Volador justo cuando se estaba poniendo el sol. y la tercera. en la que. En la primera población importante a la que llegáramos a la mañana siguiente nos abasteceríamos de un guardarropa improvisado. Contento por haber escapado de allí. Recuerdo haber visto en una de ellas una casa antigua con una inscripción mural en la que se podía leer que había sido la residen-cia de Canon Fulbert. y sentí gran alivio al notar que no se oían pasos. fui a dar con una en la que parecían ven-der todo tipo de antigüedades: armaduras. La tienda. el tío de la Eloísa de Abelardo. ni quién era el individuo que mordía la punta de su pluma. Le di cincuenta libras para que gastara todo lo que necesitara y abonara la cuenta de la . uno de los más hermosos y apartados rincones de Suiza. en las que observé restos de antiguas iglesias góticas habilitadas como almacenes. había una mesa a la que estaban sentadas tres personas enfrascadas en lo que pare-cía una conversación seria. plenamente acorde con el carácter romántico de la aventura. Luego visité laConcier-gerie. Los empleos que el marqués aceptaba a veces lo obligaban sin duda a juntarse con gente rara. que estaba jugueteando con una pluma. Me detuve un instante para ver si me seguía alguien.

El posadero salió al vestíbulo a preguntarme si necesitaba un vehícu-lo para ir a París. ¿Me iba a echar atrás? ¡Por nada del mundo! Eché el cerrojo a la puerta.Embeleso Bajé la escalera de caracol en medio de la más completa oscuridad. Llamé aSt. Yo estaba preparado para aquella pregunta y le repliqué de inmediato que pensaba ir a pie hasta Versalles. adiviné dónde estaba la puerta y busqué a tientas el ojo de la cerradura. abrí la puerta y me adentré en el espeso bosquecillo.habitación hasta mi vuelta. Estaré escribiendo algunas notas. Me encontraba en la escalera de caracol en medio de la más completa oscuridad. aunque hubiera levantado las sospechas de todos los huéspedes de la posada. Mis ojos se posaban a menudo en el solemne reloj viejo de la chimenea. subí las escaleras con premura. Faltaban sólo cinco minutos para la hora concertada. pero mantenién-dome en su linde. En esta jungla la oscuridad era casi igual de completa. Con la vela en la mano. el único cómplice en mi reprobable aventura. las columnas del templo de mármol se elevaron como fantasmas ante mí. Extremando la precaución. agucé el oído unos segundos para asegurarme de que nadie se acercaba y luego crucé el cuarto a toda velocidad. entre tanto. Por fin. Todo era favora-ble a mi empresa. pero confieso que. ¿Comprendido? St. una vez abajo. CAPÍTULO XXII . a unos cincuenta metros de allí. entreabrí la puerta secreta. y la noche era tan cerrada que. No creo que haya nada cobarde en mi naturaleza. perfilándose entre los troncos de los viejos árboles. sentí algo parecido al suspense y a la angustia de un soldado que va a entrar en acción. Hasta ahora todo estaba saliendo bien. No me había costado trabajo engañar a mis criados y al personal del Dragón Volador. tomé el cofre bajo el brazo. Cerré bien la puerta y avancé lentamente entre la vegetación. conforme se acercaba el momento críti-co. Te llama-ré si necesito algo.Clairse despidió. apagué la vela. con mayor comodidad aunque sin dejar el abrigo de la espesura. donde alquilaría un coche. franqueé la puerta secreta y eché el pestillo al salir. que cada vez era más espesa. -Ve -le dije.y tómate una botella de vino con tus amigos. Al cabo de ese tiempo probablemente descubras que ya he marchado a Versalles. con la llave entre los dedos. en medio de la noche oscu-ra. Luego. deseándome todo tipo de felicidad y sin duda prometiéndose algún pequeño esparcimiento con mi dinero.Clair. puedes darlo por supuesto. Había llegado el momento de introducir la llave que me había dado mi dama. y haciendo menos ruido que la noche anterior. Lo ordenarás todo y cerrarás la puerta. Luego tomé una cena ligera y apresurada. podría haber burlado con éxito la curiosidad de todos ellos incluso si se . me puse el gabán y me metí una pistola en cada bolsillo. por lo que no quiero que nadie me moleste. si no me encuen-tras en mi habitación. descorrí el cerrojo de la puerta de la habitación. aquí tienes la llave de mi cuarto. alcancé el camino del bosque. por tanto. El cielo favoreció mis planes cubriéndose de un mar de nubes. al menos durante media hora.

Musitando. emblema de la esperanza radiante y alba de un día feliz. Ningún signo de luz o vida. llegué al lugar de observación convenido. me vino un extraño pensamiento. que tenía cuatro vidas en mis manos. ¿hay acaso posibilidad de que se tuerza la empresa? ¡Bah!. . suave y constante brillaba la luz en la ventana. pasión. estaba abierta. y que en aquel momento se encontra-ría a unos dos kilómetros de distancia. envuelto en cuero. ninguna pisada ni ningún ladrido de perro daban motivo para la inquietud. pero ¿durante cuánto tiempo? Apoyado en mi tesoro. es decir. salvo por mi dulcinea. me coloqué la caja fuerte bajo el brazo y. De repente me pareció también que la oscuridad se hacía más profunda y el aire se volvía más gélido ami alrededor. apa-sionadas palabras de amor. me dije despa-chando con una sonrisa aquellas imaginaciones absurdas. Mientras platicaba conmigo mismo de aquella guisa. vi la luz que me daba la señal. Mi amor se trocó en un entusiasmo delirante. La luz de color rosa. Dejé mi tesoro. ¿Qué podría ocurrir? ¿Qué me importaba. con la mirada puesta en la maciza sombra que representaba el castillo y presa de los más ardientes y exaltados anhelos. tras unas cuantas zancadas rápidas. la descorrió y. Sorteando los troncos y las raíces de los viejos árboles. en las jambas de la puerta y. determinación y ansias de aventura que la acompañan. Allí estaban también los diamantes.venga! ¡Ah. ante la visión de aquella señal. con toda la fuerza. Apenas se distinguía el contorno del edificio. que ustedes se dirán que se me podía haber ocurrido mucho antes. Me mostró apresuradamente un cofre que contenía una gran profusión de brillan-tes de gran tamaño. miré fijamente en dirección del castillo. destacándose sobre la piedra oscura. Una cortina de aquel ventanal estaba echada. ¿Y si yo desaparecía también al igual que aquellos otros hombres cuyas historias me habían sido contadas? ¿No me había esforzado todo lo posible por borrar cualquier huella de mis actos y por despistar a todas las personas con las que había hablado en cuanto a la dirección que iba a tomar? Aquel pensamiento gélido se insinuó como una serpiente en mi mente y luego desapareció. acompañando al cortejo fúnebre. que pudiera interponerse en mi cami-no el viejo conde. -¿Qué es eso? -me preguntó. rumbo a Pére Lachaise. una especie de verja. Yo disfrutaba entonces de la juventud en todo su esplendor. No se veía ninguna luz en la ventana.hubieran asomado a la ventana. Pensé: con una aliada tan hábil y valerosa como mi bella condesa. me murmuró con dulzura: -¡Richard. Luego me dijo que el conde ya se había ido. intrepidez. y así permanecimos un par de minutos. Al acercarme. descubrí que media docena de peldaños conducían hasta allí. ella hizo que me sentara a su lado en un sofá. Una sombra del interior se acercó a la cortina.mi queridísimoRichard. que servía de puerta. Tenía conmigo un par de pistolas de doble cañón. Terminados los primeros saludos tumultuosos. ninguna voz humana. a quien había visto temblar de terror ante el coronel bravucón? Empecé a barajar todas las posibilidades que podrían presen-tarse. Hasta llegué a desear tropezarme con algún peli-gro real para demostrarle la enormidad de mi amor a aquella criatura. con los brazos apoyados en ellas. cómo he deseado que llegara este momento! Nunca me había parecido tan hermosa. Clara. Yo tenía que esperar simplemente. abordé el castillo de la Carque. mien-tras yo subía los peldaños. que parecía confundirse con la opacidad del cielo.

-Me hace sentirme algo nerviosa viajar con tanto dinero. Es mejor que no le vea por ahora. Eso me habría hecho más feliz aún de lo que me siento. ¿Por qué estaba pálida? ¿Por qué aquella mirada oscura en sus ojos? ¿Por qué había cambiado también su voz? ¿Había salido algo mal de repente? ¿Acechaba algún peligro? Pero pronto se calmó mi zozobra. Olvida usted que durante un largo período de tiempo puede ser nece-sario observar el más estricto silencio en cuanto a nuestro paradero y mantenernos al margen de todo contacto social. -Así que ha traído toda esa gran suma. Salió de la habitación haciendo un gesto para que extremara la pre-caución. Nos ha preparado café en la habitación contigua. ella me lo habría hecho saber al instante. ni una esterlina más ni menos. al menos durante cierto tiempo. Abrió la puerta de dicha habitación y echó una mirada a su interior. Si hubiera habido algo semejante. Es de total con-fianza. usted se quitará el gabán cuan-do estemos listos para partir. conforme se aproximaba el momento de la verdad. No volvió tan pronto como yo habría deseado. y durante unos segundos oí una conversación susurrada. -¿Qué? ¿Todo ese dinero? -exclamó. un aire de abstracción. se fuera poniendo cada vez más nerviosa. y ese dinero no hace sino aumen-tarlo. Apenas había hecho eso cuando se oyó a alguien llamar a la puerta. Ahora voy a pedirle que cierre las cortinas de esa ventana y eche la barra de seguridad a los postigos. Vique no estaba alarmada. Me la han entregado hoy mismo -respondí. -¡Mi querido y generoso ángel! -declamé en un rapto de pasión-. Era lógico que. -Es mi doncella particular. No me gusta-ría que los cocheros sospecharan que transportamos un tesoro tan grande. -¿No es innecesario llevar tanto dinero teniendo todo esto? -dijo tocando los diamantes-.. -Sé quién es -me dijo en voz baja. A un hombre en aquella situación la . Pongamos juntos nuestros cofres. ¡Es tan extraña! No se mueva. por supuesto. Habría sido de su parte una muestra suple-mentaria de amabilidad dejarme que proveyera yo por las necesidades de los dos. -Tengo que decirle también a mi doncella que no lleve demasiado equipaje.-Un cofre con treinta mil libras de dinero contante y sonante -con-testé. Dice que es más prudente retrasar la partida hasta que pasen unos diez minutos. -Sí. Estas joyas constituyen un peligro muy grande. Por supuesto que la he contado al retirarla del banco. Quédese donde está. que vendrá con nosotros. y tratará de ocultarlos con él. ¿Está seguro? ¿La ha contado? -Sí. Durante los últimos minutos se había insinuado en ella la sombra de una duda. quizá con cierta expresión de sorpresa en el rostro-. Se había producido un cambio en la manera de comportarse de mi bella condesa. Avanzó con calma hasta la puerta.. una mirada casi de recelo.

No puedo explicar de otro modo el que hiciera tantas cosas insensatas aquella noche. La abrí sin pensarlo dos veces. Desconfiar de mí era la peor imprudencia que podía haber cometido. Habría sido más prudente por su parte haberme puesto al corriente de la situación. Me habían engañado. asombrado por partida doble. Donde. Había una puerta en el otro extremo. pues lanzó una mirada apresurada en dirección de la puerta. No hay nada más peligroso que la precaución mal aplicada.AMAND AGÉ DE XXIIIANS Retrocedí. Abandoné aquel lugar fúnebre y cerré la puerta. Sin duda esto explicaba la manifiesta turbación de la condesa. Aquellas reflexiones se vieron interrumpidas casi tan pronto como habían tomado forma con el regreso de la condesa deSt. Tal vez la más estúpi-da de todas fuera que. que le haya molestado. Era una habitación pequeña. mi queridoRichard?¿Ha salido de esta habitación? Yo le contesté inmediatamente que sí y le conté con absoluta fran-queza lo que había visto.. sobre una mesa estrecha. ¡Así que el féretro no había salido todavía! Allí estaba el cadáver. -¿Ha visto algo. de manera completamente inesperada. . Me acerqué y retiré de ese algo un lienzo que no lograba disimular su forma. Y en la tapa había una placa con la siguiente inscripción en francés: PIERREDE LAROCHEST.. No se oía absolutamente nada. yo había penetrado en aquella habitación y habría podido toparme con algunas de las personas que tanto empeño tenía-mos en evitar. Al ins-tante adiviné que había detectado en la expresión de mi rostro el decur-so de mis pensamientos. y en ese senti-do se habían desligado del presente inmediato. pues en modo alguno me faltaba la cualidad de la astucia. hice un descubri-miento sobrecogedor.inacción absoluta le resultaba punto menos que insoportable. Más allá. Completamente ignorante de aquel hecho. No cabía ninguna duda. decidí coger una vela y penetrar en dicha estancia. Me encontraba en un estado de gran excitación y ansiedad. vi algo tan singular que no podía dar crédito a mis ojos. que no debería haber abierto nunca. Era un ataúd. en vez de volver a cerrar inmediatamente aquella puerta.Alyre. y cada una de mis facultades estaba concentrada en lo que se avecinaba.Una taza de café La estancia carecía de alfombras.. CAPÍTULO XXIII . Me puse a pasear por la habitación presa de inquietud. Afiné el oído. En el suelo había gran cantidad de virutas y una veintena de ladrillos.

acariciando con los dedos mis rizos. advertí en su rostro y actitud una expresión de penitencia tan exquisita que tuve que conte-nerme para no caer postrado a sus pies. después.-Bueno. Venga conmigo. Ade-más. -Volvamos. inconscien-temente. que también bebí. Por fin. Cuando hube apurado la taza. y. aunque sólo murmurados por miedo a que pudieran oírnos. Yo también me serviré después. Déjeme que sea su camarera. Aún hoy me avergüenzo al recordar la grandilocuencia con la que . y de rap-tos y protestas de amor. Tras hacerme una ligera señal. levantó una mano. -Es la última vez -agregó con un pequeño tono de súplica. Los caballos nos están esperando a la puerta de la cuadra. enganchados al carruaje. que me parecieron realmente precio-sas. ¿Estoy perdonada? Acto seguido se produjo otra escena de apasionada efusión. me pasó el licor. Era excelente. La acompañé a la habitación desde la que su doncella. Aseguró con cerrojo la puerta. Llenó una taza de café y me la pasó con la mano izquierda. Sabía que los restos del pobrePierrellegarían con toda seguridad esta misma noche. He de confesar que aquellos arrebatos líricos se basaban. como para impedir que me moviera.a mi héroe. No quería que los sepultureros dePèreLachaise supusieran que se había aplazado el funeral. El cadáver está ahí. avanzó de puntillas hacia la puerta y puso el oído. sino siempre. El cadáver no llegó hasta ocho o diez minutos des-pués de que él se marchara. tiene buenas razones para desear que se celebre el funeral antes de amanecer. -Yo misma le serviré. Sobre una bandeja de plata había una cafetera y unas antiguas tazas de porcelana. no pensemos más en él. pero el conde se marchó un cuarto de hora antes de que yo encendiera la lámpara y le abriera el ventanal. había hablado con ella. en otra más pequeña. y permaneció sin respirar en esa actitud unos instantes. a la habitación contigua -dijo-. En cuanto a estefunestehorror (le entró un bonito escalofrío). al volverse. situada a su lado. a pesar del retraso inesperado. como supe poco después. en la idea que me había formado de la galantería a la francesa. Esas horribles per-sonas ya han debido de irse y estaremos más seguros ahí por el momento. había unos vasitos de licor y una garrafa que contenía. cariño. según me dijo. al tiempo que extendía la mano hacia atrás como para advertirme de que no me moviera: al cabo de unos segundos volvió nuevamente de puntillas y me dijo al oído: -Están retirando el ataúd. Inmediatamente después estaremos libres para emprender nuestro loco y venturoso viaje. a la vez dulce y triste. es un asunto repugnante y horrible. con los ojos fijos en mí y el oído puesto en la puerta de la estancia donde habían colocado el ataúd. y no sólo ahora. -Todo lo que diga mi hermosa reina yo lo cumpliré -murmuré-. No me conside-raré perdonada por mi querido Richardsi se niega a que le sirva. mientras posaba el brazo derecho sobre mi hombro.que engañaré a mi valeroso y apuestoRichard. crema de noyó. no quería que se sintiera más inquieto de lo necesario. murmuró: -Tómese esto. El féretro con el cadáver debe salir de esta casa dentro de diez minutos.

Alyre. me quedé mirando sus hermosos ojos y volví a besarla sin que ella opusiera resistencia alguna. mientras decía esto. palidísima. Yo no estaba en condiciones de ofrecer la menor resistencia. me sacu-día los hombros. siéntese. Pasó lentamente la vela ante mis ojos. con terror en los ojos-. si me ama tanto como yo a usted. con una pizca de horror en ella. -Usted me llama a míRichard. No era en absoluto un mareo. Me llamaba por mi nombre. Casi me obligó a hacerlo. en este sillón. ahora paladean-do su nombre. Le besé la mano.pero ¿cómo he de llamar yo a mi diosa? -pregunté. con frases cargadas de patetismo. Colocó juntos ambos cofres (me refiero al suyo con las joyas y al mío con el dinero) sobre la mesa. se hubiera vuelto inflexible. y el suspense de una aventura de la que dependía el futuro. Reconocí demasiado bien las sensaciones que siguie-ron. En unos segundos me vi sumido en el mismo estado que había padecido durante varias horas interminables durante mi viaje nocturno a París en compañía del marqués de Harmonville. y. fue algo así como una repentina congestión cerebral. -Y ahora se va a tomar una deliciosa copita de noyó -dijo con tono alegre. Pasados unos minutos. de cerrar los párpados ni de mover los ojos o los músculos. De una manera expeditiva. obser-vando el efecto. Salió corriendo y volvió con otra copita diminuta. se quitaría la vida.bueno . me llevé a los labios y bebí. Era como si la membrana que recubre el cerebro. -¡Mi queridoRichard!¿Qué le ocurre? -exclamó. y vi cómo cerraba con sumo cuidado la puerta que daba acceso a la estancia en la que yo había tomado café poco antes. -¡Oh. El ambiente fúnebre del momento anterior.Esperanza . si no lo hacía. noté de repente una sensación extraña por todo el cuerpo. Luego la posó y zarandeó una campanilla con energía. los labios. me levantaba el brazo y lo dejaba caer implorándome sin cesar. pálida. completamente incapaz de articular una sílaba. si es que exis-te tal cosa. para que hiciera el menor signo de vida y prometiéndome que. Sí. Estaba arrellanado en el sillón. tras decirme unas palabras elocuentes y tiernas. -Llámeme Eugénie. por mi nombre de pila. seamos naturales. tomó una vela y se plantó delante de mí. ¡Cielo santo! ¿Se ha puesto enfermo? Por favor. Le hice saber cuán impaciente estaba por emprender cuanto antes nuestro viaje. Parecía haber perdido toda sensación de miedo. que.traté a la condesa deSt. había desaparecido como por ensalmo de aquella criatura tornadiza. CAPÍTULO XXIV . pero en su rostro sólo había una expresión de intenso escrutinio. Eugénie!-exclaménuevamente embelesado. La condesa pasó a mostrarse silenciosa y fría. Aquí. La desesperación de mi dama fue intensa y ruidosa. aquellas exclamaciones cesaron repentina-mente. No encuentro palabras para describirlo.

. Tenía un aspecto a la vez espantosamente malvado y asustado.¡Mafoi. su rostro daba muestras de agitación.machère. estaba la repisa.Acababa de colocar mi pesado cofre. y sobre ella un reloj. Era el conde deSt. sonriendo.. Bien. mi querida Eugénie. -¡MonsieurBeckett! -gritó dos o tres veces-. o. pues retrocedió ligeramente.. ¿verdad? -Sí -contestó ésta con voz baja y dura-. ¡Eh! ¿No me conoce? Se acercó otro poco y escudriñó mi rostro con atención. No pueden imaginar el efecto de la mirada silenciosa de aquellos dos ojos malvados. Menos mal que no ha levantado la tapa del ataúd -apostilló con tono enfadado. cuyo tictac regular percibía con total claridad. llamándome de nuevo...Alyre. ¿Qué es? ¿Un billetero? ¿O. mientras buscaba con sus escuálidos dedos curtidos la mano de la dama. -Brava. como un retrato. nenita. que pareció tener gran dificul-tad en levantar. mi heroína.vamos a contar todo esto. mi preciosamignonne. enmarcado por las jambas de la puerta y un fondo de oscuridad. Pero Planard y tú no debe-ríais haber dejado abierta esa puerta. hacía bastante tiempo que debía de estar de camino rumbo aPèreLachaise.. qué? . me levantó la mano y la sacudió. Llevaba un par de guantes negros en la mano y un sombrero con cinta de crespón.. -Ven. pero ella no parecía muy interesada en sus caricias. Su figura endeble y mezquina iba cubierta de riguroso luto. Se plantó ante mí unos instantes.. seis minutos y medio -dijo sin inmutarse. -Cuatro.¿Cuándo empezó? La condesa se acercó y se colocó junto a él y me miró fijamente durante unos segundos. el cual..bravissima! ¡Mipreciosa reina.yo no puedo estar en todas partes! Avanzó hacia mí una media docena de pasitos y se caló las lentes. recordé. Ha entrado y ha visto todo. como ya he dicho. Cuando no hablaba. cinco. y luego la dejó caer y dijo: -Ha funcionado admirablemente. si no me habían informado mal.. mi Juana de Arco. cuando se abrió la puerta de la habitación en la que yo había visto el ataúd y entró una siniestra e inesperada aparición. mi pequeña Venus. La dama miró hacia donde. -¡Planard debería haberse encargado de eso! -contestó el conde seca-mente-. Su boca se fruncía y crispaba. mi dechado de mujer! Me estaba mirando con una curiosidad odiosa. Todo está saliendo a la per-fección. -Bien.

No estaba seguro -las mujeres tienen más san gre fría y más recursos histriónicos que la mayor parte de nuestro torpe sexo. y si aquel escrutinio del contenido de mi cofre era una iniciati-va improvisada del conde. Pero si alguien se coloca. Escribe mil napoleones.. casi nada de lo que ocurría en aquella habitación se hurtaba a mi observación. Uno. y. Y así sucesivamente hasta contar todo mi tesoro en mi mismísima presencia. Pero cada minuto iba aclarando mi situación. Y otros. Como he dicho. volcando su contenido sobre la mesa. lo volvió a colocar. creo. lo cerró.. ahora ya no tiene remedio. Un instante después. contó de nuevo la suma total para asegurarse de que cuadraba. Veamos -exclamó mien-tras desataba las correas con dedos temblorosos-. hasta un punto bastante próximo. Pero ¿dónde está la llave? ¿No ves esa maldita cerradura? ¡Dios mío! ¿Dónde está? ¿Dónde está la llave? Decía todo esto arrastrando los pies delante de la condesa. Yo no podía mover los ojos ni una milésima en ninguna dirección. ¡Escribe! Y así sucesivamente hasta que todo quedó contado. Sacaron todo lo que había. que había colocado sobre la mesa. Cierra con cerrojo esa puerta. rápido. Sigue. -Cartuchos de cien napoleones. comprobará por sí mismo la amplitud del campo de visión. Aquí tengo lápiz y papel. sin la menor alteración de la visibilidad. de manera menos perfecta (por efecto de la refracción... Mientras volvía a colocar en el cofre los billetes y los cartuchos. por supuesto -protestó la condesa. -¡Ah! Muy bien. sí.-¡Es esto! -dijo la dama lanzando una mirada de desagrado al cofre cubierto de cuero. como yo estaba. Uno. Pero a todos los demás efectos yo estaba muerto. tres. incluidas algunas llaves. Así pues. Diez mil francos otra vez. dos. Planard se pondría insoportable si conociera la cantidad. ¿Anotado? Otros diez mil francos. Vamos a contar. abrió una caja . ¿Cómo la voy a tener? Está en su bolsillo. Escribe: otros diez mil francos. metódicamente. Sí. Tenemos que contarlo todo. Y otros. Pero no. ¿Anotado? Billetes más pequeños habrían veni-do mejor. y ya faltaba poco para que comprendiera el carácter atroz de la misma. dos. muy bien. Mi per-cepción mental era asimismo terriblemente viva. se me alcanzaba aún el porqué de aquella trama. Anota. en el extremo de una habita-ción. -Diez mil francos. Éstos te pueden poner en terribles apuros. los dedos del viejo bellaco registraban mis bo l-sillos. Aquel canalla a quien yo conocía estaba a punto de robarme. -Yo no la tengo. Primero abrió el estuche de cuero y luego el cofre de hierro. Habrían llamado menos la atención. mientras yo lo veía y oía todo con la mayor nitidez. descubrirá que abarca perfectamente toda la extensión de una habitación grande hasta una distancia muy corta. Otros mil. con las manos extendidas y los dedos temblorosos. en su estuche. El viejo ya había dado con la llave. ni el «papel» que repre-sentaba la condesa en él. ¿Por qué no le dijiste que se lo die-ran en billetes más pequeños? Bueno. Veamos.de si la vuelta del conde había constituido también una sorpresa para ella. en el propio ojo). Vamos a ver. Luego vinieron los billetes. me encontraba exactamente en el mismo estado que había padecido durante mi viaje con el marqués rumbo a París.

en silencio. es decir. . El viejo estaba al borde de un ataque de nervios. sin mirarme ya a mí. sujetándolo por el brazo con ambas manos y tirando de él hasta donde me encontraba yo. ni siquiera recordar para mí solo. fíjese. Planard. cuya descripción me resulta imposible de hacer. ¿por qué no me liquidaban rápidamente? ¿Qué obstáculo podía haber para aplazar la catástrofe que aceleraría su propia salvación? No puedo referir con palabras. de bruja. ¿Quieres que te traiga una vela? Mi amigo el marqués de Harmonville. Mi última esperanza se desvaneció al ver sin careta aquel rostro hastia-do. Pero. de manera que yo la veía de perfil. ¿Es que no tiene conciencia? Le juraré que es la mitad del lote. No me quedaba tampoco la menor duda en cuanto a la causa del estado en que me encontraba. Quitó el cerrojo a la puerta. -¡Graciasa Dios. Piensen ustedes en la típica pesadilla. la cerró. que metió en el bolsillo. sino al vacío. y con él los terrores de la desesperación. CAPÍTULO XXV . de una esperanza que era casi una tortura. Ahora supe que iban a culminar su robo con un asesinato. tras colocar en ella el joyero de la condesa y mi cofre. -¿Qué? ¡Que le parta un rayo! -bramó el conde-. ¡Qué extraño aquel cambio tan repentino! Ahora su rostro tenía un aire sombrío. vi cómo se abría lentamente la puerta de la estancia donde había visto el ataúd y cómo hacía su entrada el marqués de Harmonville. empezó a echar pestes contra Planard a causa de su retraso. En medio de aquel estado angustioso. luego vino un diálogo. -He apartado diez mil francos para Planard -dijo palpándose el bol-sillo de su chaleco. permanecía sentada. La dama parecía menos impaciente.fuerte disimulada en la pared y. el espantoso terror que se apoderó de mí. que por fin has venido! -exclamó el conde. Todo ha salido a la perfección. y la inminencia de la muerte corporal se aplaza al antojo de quienes deciden sobre nuestros tormentos inhumanos. La dama y él volvieron a mirarme con ansiedad durante un rato.Desesperación Un momento de esperanza tan violenta como peregrina. Inmediatamente después de realizar estas operaciones. -¿Se conformará con esa cantidad? -preguntó la dama. en un sueño en el que los objetos y el peligro son reales. Volvió a cerrar la puerta y regresó. miró en dirección de la habitación oscu-ra que había más allá y aplicó el oído. -Mire. y luego el viejo conde empezó a refunfuñar contra Planard por segunda vez mientras cotejaba su reloj personal con el de la pared. o Planard o lo que quiera que fuera se acercó hasta mí mientras se quitaba los guantes.

-Acción suspendida -dijo para sí. inclinado sobre mí. -¿Cuántas gotas le han administrado? -preguntó el marqués. Acto seguido me abrió la camisa y aplicó el estetoscopio a mi pecho. bajo el pie de este Cupido. de repente. doctor. Por su parte. . Después. Estoy completamente segura -replicó. mientras mantenía la cabeza lo más alejada posible para que su aliento no la afectara. -Y bien. como bien saben. con la oreja pegada al auricular. ¿Está segura de no haberle administrado más de setenta? -Segurísima -sentenció la dama. -¿En el café caliente? -Sí. Vamos. me pare-ció un fragmento de membrana vegetal. levantó la cabeza y se dijo nueva-mente a sí mismo: -Ha cesado cualquier acción perceptible de los pulmones. -Setenta -dijo la dama. -No me cabe la menor duda. Luego puso sobre mis labios algo que. con-vertido así. -¿Cuánto tiempo hace exactamente? Le dije que se fijara en la hora exacta. El experimento que hice con él en su carruaje fue sólo de treinta gotas y pude comprobar que tenía un cerebro sumamente sensible. ¿comprenden? Si tuviera usted alguna duda. como si tratase de oír un sonido muy lejano. un poco más a este lado -dijo mientras. ¿qué opina? -susurró el conde. mudándolo de una parte a otra. -Y eso hice. sesenta en el café caliente y diez en el licor. por lo que pude ver. volviéndose a sus compañeros -esto lo supuse por el soni-do de su voz-. se interrumpiría la evaporación y le encontrarían en el estómago una materia extraña. en voz muy baja.-La vela. lo más indicado sería practicarle un lavado de estómago. -Mi querida Eugénie. deberían mantenerlo paralizado durante seis horas y media. -Si muriera. dijo: -Setenta gotas. Me pasó la mano por la frente y luego estuvo un rato mirándome a los ojos. Se necesita una larga carrera de culpa para subyugar por completo a la natu-raleza e impedir esos signos exteriores de agitación que sobreviven al bien. -Sí -dijo en soliloquio. di la verdad -la apremió el conde. Me pareció que la voz baja y dura de la condesa temblaba un poco. me miraba con gravedad. el doctor me estaba tratando con la frialdad con que se dispone a un cadáver antes de impartir una lección de medicina. Tiempo de sobra. Me volvió a mirar a los ojos y me tomó el pulso. di la verdad. El minutero se encontraba exactamente aquí. en doctor. aun suponiendo que diez se desperdiciaran. No sería conveniente matarlo. parte de ella venenosa.

aquí están -contestó el conde. debemos proceder con premura. a pesar de la urgencia del momento.-Entonces durará probablemente siete horas. El conde tomó una vela y franqueó la puerta situada en el extremo de la habitación. ha llegado el momento en que debe retirarse. ¿Están aquí su camisón y su sosiega? Ya me entienden. una reverencia-. .. los dos procedieron a desnudarme. -Por supuesto. -Es hora de que lo tumbemos. y no quedará en su estómago ni una par-tícula de fluido. estos intrigantes me dejarán en la cama para que me recupere como buenamente pueda. La dama pasó a la habitación en la que yo había tomado mi traicio-nero café. Tal había sido mi gran esperanza hasta entonces. -Supongo que se marchan de Francia -dijo el ex marqués. Primero cerró con llave una puerta. me resultó tranquilizador oír que no tenían inten-ción de asesinarme. Mañana mismo -contestó el conde. tornando inútil cualquier persecución. pero pronto me resultó claro que sus planes eran bien diferentes. Luego me enfilaron la prenda que el doctor había llamado mi cami-són. Este negocio ha resultado ser muy poco provechoso. volviendo con un rollo de lino en la mano. tarea que despacharon en pocos minutos. -Sí. en silencio. yo todavía no sospechaba nada. -Eso ya lo arreglaremos en su momento. señalándome a mí con el dedo. pensé. -Así que no lo quiere decir a un amigo. así como un gorro. los instintos de la vida intactos y ninguna excitación perturba la apreciación de este horror completamente nuevo. Y ahora. La naturaleza y finalidad de aquella atención para con mi persona me resultaban harto extrañas. ¿no? -dijo el conde. más pare-cido a los que utilizan las mujeres que a los masculinos. Quien no haya pasado por ello no conoce los terro-res de la muerte próxima. y luego la otra. un sayal que me cubría hasta los pies. ¿eh? -No puedo decirlo mientras no lo sepa. cuando la mente está límpida. -Y ¿adónde piensan ir? -Eso no lo hemos decidido aún -contestó rápidamente. Luego se recuperará. -Sí. mientras aprovechan para escapar con su botín. -Entonces.. Y ahora. La evaporación será completa. En cualquier caso. que anudaron bajo mi barbilla. y ya no volví a verla.madame-dijo el doctor volviéndose a la dama y hacién-dole.

no pude verlo hasta que lo hubieron acercado junto a mí. es preciso tenerlo todo terminado para antes de las tres y media. de pie sobre un extremo del ataúd. luego. Ahora comprendí su abominable plan. ¡horror!. las órdenes pertinentes enPère Lachaise y había abonado los gastos del entierro del inexistentePierredeSt. perecería allí dentro de la manera más horrible que se pueda imaginar. me encontraba sostenido por éste. vamos. Yo mismo había dado. pegado al sillón en el que yo estaba arrellanado. por algún capricho de la curiosidad o de la sospecha. Aquel ataúd estaba destinado a mí. se plantó a los pies del ataúd y echó una última mirada general. alisándome con cuidado los encajes de la pechera y los pliegues del sudario. asegúrese también de que quedan bien juntos antes de cubrirlos con el sudario. poco a poco me fueron dejando caer. Traté de rezar en aquel momento de pánico sobrehumano. Un instante después. Oí un cuchicheo y luego el ruido de pies que se arrastra-ban. El conde. En medio de mi júbilo culpable. Planard me extendió los brazos en paralelo a mis costados y. Planard levantó la tapa. Luego. pero sólo pensamientos de terror. y.Amandera una farsa para despistar a la policía. sin dejarme escapatoria alguna. Dé a los hombres un par de napoleones. tal y como me quedó grabado en la memoria . al parecer de satisfacción. con su nom-bre en la placa encima de mi pecho y una tonelada de barro sobre mi ataúd. cuando me despertara de aquella catalepsia. Lo habían dejado en el suelo. y hasta había escrito a algunos amigos míos de Inglaterra diciéndoles que no esperaran carta mía durante tres semanas por lo menos. encerrado en su ataúd. se exhumaba el ataúd y se examinaba el cadáver en él encerrado. en caso de que mi desaparición despertara alguna sospecha. El funeral deSt. Era el ataúd que había visto antes en la estancia conti-gua. aunque habrá que cambiarlos por el cami-no -iba diciendo Planard-. ningún análisis químico podría detectar huella alguna de veneno. cogió mi ropa. uno junto al otro. los vi entrar de espaldas por la puerta. yo lo mantendré en posición vertical para que usted le meta los pies en el ataúd. la muerte había llamado a mi puer-ta. ni el más exhaustivo examen podría detectar rastro alguno de violencia. Entonces.Catástrofe -Parecen buenos caballos. juicio final y tormento eterno lograron distraerme de mi destino inmediato. después de llevar varias horas en la tumba. según oí decir después. No me empeñaré en describir lo que es de por sí indescriptible: el horror en estado puro que se había adueñado de mi alma. Arrastra-ban algo que producía un ruido sordo y prolongado. Me ceñiré a describir lo que ocurrió. Y ahora. Si. Yo mismo había contribuido a dar falsas pistas a la policía. pero como se habían interpuesto entre el objeto arrastrado y yo. hizo un lío con ella y la guardó.cuyo lugar iba yo a ocupar. y firmado. CAPÍTULO XXVI . lo vi con meri-diana claridad. El ataúd estaba vacío. que era muy metódico. como había indicado Planard. en uno de los tres armarios empo-trados que se hallaban disimulados en la pared.Amand.El conde y Planard entraron juntos en la estancia situada justo enfrente de mí.

esperando la llegada de las personas que acompañaban a Planard. Tras ajustar bien todos los tornillos. Planard fue el primero en llegar. dejándome completamente a oscuras. pero con el sem-blante súbitamente empalidecido-. con un pañuelo blanco en la mano. -Por supuesto -exclamó el conde con voz firme. que no hay nada más falso que dicha información y que usted no tiene ningún tipo de inconveniente en abrir de par en par. cuantas habitaciones. mi querido amigo. sino según lo que supe después por algu-nas personas. pues unos segundos después deslizaron una tabla cerca de mi rostro. pondré mi casa y mis llaves a disposi-ción de sus investigadores tan pronto como me comunique qué mer-cancías de contrabando se están buscando concretamente. pero mis superiores me prohíben revelarle dicho extremo. el doctor Planard dijo que iba al vestíbulo a llamar a los mozos encargados de llevarse el ataúd y colocarlo en la carroza fúnebre. El conde se puso los guantes negros y. No me dejaron mucho tiempo para tratar de adivinar lo que iban a hacer conmigo. Ni la voz de Jehová hablando entre truenos me habría resultado más espantosa que aquellos ruidos vulgares. lo cual podría haber dado pie a algunas conjeturas. -MonsieurCarmaignac. por haberse anticipado a mí. Siento tener que comunicarle una inte-rrupción bastante inoportuna. Ha venidomonsieurCarmaignac. y cuyos rápidos pasos oyó ense-guida aproximarse. un caballero que desempeña un cargo importante en el departamento de policía. esta orden de registro deberá bastar para probar al señor conde que tengo instrucciones precisas para proceder a un registro general. Su actitud había cambiado sensiblemente.de manera perdurable. se preparó para dirigir el duelo con el mayor dramatismo posible. Haga el favor de sujetar un extremo mientras yo sujeto el otro. que . espero que permita al conde deSt. Entró en la habitación desde la estancia en que había estado anteriormente el ataúd. gabinetes y armarios empotra-dos pueda haber en su casa. por cuanto sé. al cual le han informado de que grandes cantidades de mercan-cías de contrabando inglesas y de otros países se han distribuido en este vecindario. Gracias. El resto lo debo relatar.Alyre me disculpará -contestó Carmaignac algo secamente-. Monsieur. los dos hombres arreglaron la habitación y dispusieron el ataúd de manera que quedara perfectamente centrado sobre las guías. y de que una porción de ellas se oculta en esta casa. -No deben entrar hasta que hayamos cerrado el ataúd -dijo Planard-. Después. Yo me he permitido asegurarle. -Los empleados de pompas fúnebres están en el vestíbulo -dijo el conde. y sin ninguna dilación. -Monsieurlecomte-dijo mientras franqueaba la puerta seguido de media docena de personas-. a efectos de la inspección reglamentaria. Estaba algo detrás de la cabecera del ataúd. pudiendo sólo distinguir lo que se pronunciaba clara y distintamente. se movía con cierta arrogancia.Alyre asistir al funeral de su pariente. -El conde deSt. no como llegó entonces hasta mis oídos (oía de una manera demasiado imperfecta e interrumpida para poder perge-ñar una narración fidedigna). los sonidos me lle-garon desde entonces de manera más apagada. Sí pude oír el forcejeo de un destornillador y el chirriar de varios tornillos según los iban introdu-ciendo. pues el conde no quería bajo ningún concepto que hubiera en la habitación algo que delatara precipitación o desorden.

Cuando me ordenan registrar.monsieur. Se trata simplemente de levantar la tapa.monsieurPierredeSt.quita la tapa de ese ataúd. manifiestamente apenado. a su amado pariente. yo registro. como usted ve -intervino Planard señalando con el dedo el ataúd-. Perfecta-mente. que suelen estar bastante avezados en el arte del contrabando. El conde intercambió una rápida mirada con Planard. supongo. Otra mirada rapidísima a Planard.cabrían en un espacio muy reducido.. Claro que sí. con unas hábiles vueltas a cada uno de los tornillos. Si todo está en orden. No.Amand?Pobre hombre.. pero no conoce tan bien como yo las artimañas al uso entre los criados.pero tengo órdenes estrictas al respecto.monsieur. -Discúlpeme... y le doy mi palabra de honor que en ese ataúd no hay 3 nada más que el cadáver. peroPhilippe-un hombre calvo y con el rostro más tiznado que el de un carbonerodejó en el suelo una caja de cuero de herramientas. Lo he reconocido al instante.. y la tapa cayó a un lado. -Por supuesto... y cuyo cadáver va a trasladar hastaPèreLachaise una carroza fúnebre que está lista para par-tir en la puerta. éstos se alinearon como una hilera de setas. señor. -¡Ah! Entonces lo ha visto usted. Pero confío en que este retraso no les ocasione ningún problema. a veces se ocultan cosas tan extrañas en lugares tan extraños. sólo un momento.yace aquí muerto. Lo conozco demasiado bien. supongo -insinuó el caballero.. se rompió al colocar el último tornillo.. descuide. que .Amand-contestó el conde con altivez. ¿Cómo no iba a reconocer a PierredeSt.. seleccionó un destornillador y. esa herramienta. usted habrá tenido el gusto de ver otra vez. la última-vez. y. pero tenemos un deber que cumplir. como es de suponer. tras echar un vistazo al ataúd y tantear con la uña las cabezas de los tornillos. -Por supuesto quemonsieurlecomtecree lo que dice. -dijo el conde. -Me refiero al cadáver. de la que. Vi de nuevo la luz. No puedo tolerar semejante indignidad.monsieur. -Eso. el destornillador.Es decir. -Lo siento. yo debo actuar como si sospechase de todo el mundo..replicó el conde con tono perentorio acercándose al ataúd y extendiendo los brazos sobre él-. -El cadáver de mi pariente. -¿Que si lo he visto? Tantas veces. no puedo decir con seguridad qué es lo que contiene ese ataúd. Por ejemplo. -El tiempo suficiente para reconocerlo. -N. Usted permanecerá en esta habitación. no puedo permitirlo. Levantemos la tapa. -Pero.. -No habrá tal. eso no puedo permitirlo.Monsieurlecomteno debe suponer en ningún momento que yo sospecho de él. Además. los criados son a veces tan ingeniosos.Philippe. siento decirlo. señor. El conde protestó.. -Las cosas que yo busco -dijomonsieurCarmaignac. Mis instrucciones son bien precisas. ya se sabe. semejante profanación. A ver.

ya veo -dijo Carmaignac. -En efecto. B. Beckett.».» Ese criado Lablais debió de ser un consumado granuja. Y. por haberle robado y trata-do de asesinar. graves y fornidos. -Ya veo. aquí hay un reloj y un montón de sellos. y-el funeral debe seguir adelante. B. Debe de haberlos robado a una persona llamada Beckett.al hombre que está en ese ataúd.nosabría decirle -contestó el conde-. R.Alyre. -Mi querido conde deSt.. le ruego asista al funeral en mi lugar. pero no caía en la misma línea recta de mi visión.Philippe. señor. -Planard. por donde estaba entrando un gendarme.creía haber visto por última vez. . En este momento soy yo el único que da aquí órdenes con relación al ataúd. conde de St. Sólo que. no está muerto.Alyre.Berkeley Square».«Mr. el cortejo saldrá dentro de unos minutos. como este caballero me pone trabas para asistir a las exe-quias de mi pariente. Pareció desagradablemente asombrado.intenta abrir ese armario con la llave maestra. yo no tengo nada que objetar -dijo el conde-.Beckett.. hace siglos que no se usa. a quien despedí hará un año. mando arrestar aNicolasde la Marque. Y. Mandaré a alguien a buscar la llave. el rostro del seudomarqués también me miraba. Primero debo pedirle la llave de ese armario -agregó señalando en dirección del armario en el que acababan de esconder mi ropa.. sino simplemente drogado.. Naturalmente. -Yo.El hombre del ataúd. oh maravilla. no se preocupe.. -Pues. el reloj aún tiene cuerda. Había también en la habitación otros dos agentes. uno de ellos con las inicia-les «R. Es probable que esa ropa sea suya. a fe mía. Pero el eje de mi visión seguía inmóvil. ¿De quién es esa ropa? -preguntó Carmaignac cuando. Un criado sinvergüenza. me pareció que no me había reconocido. Hace diez por lo menos que no lo he visto abierto. El conde miró en dirección de la puerta.dice la tarjeta. -Le ruego pida a su operario que vuelva a colocar la tapa del ataúd y la asegure bien con los tornillos -dijo el conde.monsieur. el cual en ese caso seríamonsieurBeckett y nomonsieurdeSt. -Espere unos minutos -insistió impertérrito Carmaignac-. Vi cómo la cara de Carmaignac se inclinaba sobre mí con un curioso fruncimiento de ceño. la situación se estaba volviendo insostenible. Lleva usted toda la razón. y también un pañuelo marcado con las iniciales «R. retirándose-.. una vez abierto el armario. Como mi estado cataléptico me obligaba a mirar de frente y fijamente. -Se me ocurre que podría haber robado también esta ropa -prosiguió Carmaignac. recuperando el valor-. me parece.Amand. y. ¡Oh. Por su manera de mirarme. No sé nada del con-tenido de ese armario. llamado Lablais. sacó el traje que mis secuestradores habían metido allí apenas dos minu-tos antes. Quiero ver lo que hay dentro. -Si no la tiene a mano.. Hubo también otros rostros que me echaron un vistazo.. en aquel momento sólo veía el techo. tenía la llave. -Aquí hay tarjetas de visita.Pues. No hay nada aquí de lo que busco. No está bien hacer trabajar más de la cuenta a personas que cobran un sueldo moderado por el trabajo nocturno. Dios mío! ¡Si hubiera podido simplemente soltar un alarido! Veía cómo el careto pardusco y mezquino del pequeño conde me miraba fijamente desde el otro lado.

Hacían que sus víctimas. que uno de los dentistas más mañosos de París había adaptado para las encías del talGaillarde. Sólo uno fue identificado. de lo contrario.Amand. siendo el pro-pio GabrielGaillardeel que había acabado ocupando el ataúd. y estaban demasiado descompuestos para ser reconocidos. el acta de defunción la había firmado -y dado la orden de inhumacióny abonado los gastos. quienes lo habían dejado sin blanca. de índole muy dis-tinta. colaborasen en crear el misterio que hacía defi-nitiva su propia destrucción. que también habían seguido con-migo. que desde hacía tiempo venía consideran-do patrimonio propio para cuando la muerte se llevara a su hermano de este valle de lágrimas. mintiendo y delirando de esta guisa.que de hipótesis con . fue sacado a rastras de la habitación y colocado en el mismo coche celu-lar en que se encontraba ya su bella y criminal cómplice. también pre-viamente arrestada. de factura muy parti-cular. entre cuyo número me contaba yo.Un instante después. Enseguida contaré cómo hicieron fracasar aquella conspiración con-tra mi propiedad y mi vida. ora suplicando impíamente a «Dios. ora protestando.cuyo molde. que habían sido el conde deSt. además de sufrir una fractura en la pierna derecha. condesa o no.a quien a duras penas habían logrado mantener callado hasta entonces. ora amenazando.un tal GabrielGaillarde. pero fácilmente reco-nocible por el artífice que lo había confeccionado. donde lo habían reajustado. Desde hacía tiempo venía sospechando. Por supuesto. por algu-nos cabos sueltos que había logrado atar. Allí se añadieron al concierto general dos voces. pero que ahora estaba completamente al servicio de la acusación. Más fácil aún de reconocer fue su dentadura. un granuja tan redomado como sus compinches. y. bajo la dirección de Planard. Me colocaron en un baño caliente. Había mantenido el mayor secreto en cuanto a las heridas sufridas en el rostro. que lee el corazón de los hombres. tan ingeniosa como monstruosa. probablemente habría seguido bajo los efectos de la droga unas siete horas. La persona para la que se había encargado la tumba era puramente ficticia. Se abrieron varias tumbas enPèreLachaise. accidente en el que había perdido un ojo y algunos dientes. con dos gendarmes sentados a cada lado. La identificación fue curiosa. y más aún por la de su dinero. Antes debo decir unas palabras sobre mi persona. A esta sospecha vinieron a sumarse otras más siniestras todavía. La rotura del hueso por encima del tobillo. Aquel GabrielGaillardehabía sufrido una grave caída de un caballo desbocado unos cinco años antes de su misteriosa desaparición. en un principio más a consecuencia de la rabia -lo que le inducía a creer lo que fuera. inmediatamente por encima del tobillo. correspondía también al lugar donde se había fracturado la pierna GabrielGaillarde. había conservado por fortuna. Molde que encajaba a la perfección con la placa de oro hallada en la mandíbula de la calavera. Estas medidas sencillas me restauraron en el espacio de unas tres horas aproximadamente. Esta estratagema. debido a las peculiaridades del accidente. sobre cuya tapa -al igual que sobre la lápida sepulcral. como es lógico. Los cuerpos exhumados llevaban allí demasiado tiem-po. y oí cómo solta-ba con su voz discordante una vehemente e inconsecuente perorata.conocido del empleado que se había encargado de tramitar el funeral. Era muy probable que a mí me hubieran reservado el mismo honor con el seudónimo dePierredeSt.» Y. el viejo bandido era apresado. Una era la del fanfarrón coronelGaillarde. La trama de aquellos infames conspiradores se había urdido con una habilidad y un sigilo consumados. fueron conducidos directamente a laConciergerie. El coronel se había enfurecido por la pérdida de su hermano menor. El resultado fue que el ojo de cristal que había ocupado el lugar del perdido seguía aún en su cuenca. ligeramente descolocado. había sido llevada a cabo con éxito en su caso.Alyre y su bella compañera. se abrió una investigación. En aquel caso concreto.se había inscrito un nombre falso. que había acudido a identificarme. La otra era la de mi jovial amigo Whistlewick.

de donde había sido rescatada por el conde para que se convirtiera en su cómplice principal. los magníficos brillantes de la condesa fueron tasados por un joyero y vendidos por unas cinco libras a una reina de la tragedia que andaba necesitada de un aderezo de oropel. sería capaz de aportar las necesarias prue-bas médicas. no había resultado tan agradable como había esperado. dignidad «parala que no había nacido» yde la que huí tan pronto como pude. Un capricho del azar puso sobre aviso al granuja de Planard de que los conspiradores -incluido él mismo. los ladrillos que vi en la estancia del ataúd habían sido transportados hasta allí envueltos en paja para hacer creer en la existen-cia de un cadáver y evitar las sospechas y contradicciones que podría haber originado la llegada de un ataúd vacío al castillo. descubrí que fui más bien objeto de pitorreo -bondadoso pero despectivo-. Finalmente. pueden creerme. sin ni siquiera honrar a mi amigo el marqués de Harmonville con una visita a su confortable castillo. Es decir. le devolvió el buen humor. tuve la candidez de creer que iba a ser objeto de un interés considerable por parte de la sociedad parisiense. que. para mi mortificación personal. La condesa había sido años atrás una de las actrices más destacadas en la pequeña escena de París. un incidente fortuito dirigió al coronel sobre la buena pista. como dijo mi amigo Whistlewick. había espiado mis docu-mentos durante el memorable viaje nocturno a París y quien había interpretado el papel de maga dentro del palanquín con ocasión del baile . junto con la ejecución del conde. me dio cortésmente la mano asegurán-dome que consideraba el bastonazo que le había propinado en la cabeza como un revés recibido en una lid un tanto irregular pero de cuya justi-cia y validez no le cabía la menor duda.y la condenaron a sólo seis años de cárcel. Mi viaje a París. Pero. Lejos de abordarme con ánimo hostil. Se me tildó de zopenco. En primer lugar. «por los pelos».fundamento. Yo hice de principal testigo de cargo en aquella cause célèbreydisfruté de todos los atractivos que se derivan de tan envi-diable cometido. Fue ella quien. ino-centón y tonto.en caso de que fracasara Planard. su cómplice. A la bella Eugénie le asistieron circunstancias atenuantes -al parecer. pero. Hasta había mandado venir a un médico famoso. El coronelGaillarderecuperó parte del dinero de su hermano. su especial belleza. fue ejecutado. El marqués salió bien parado. se convirtió en informador de la policía y concertó con ella la visita realiza-da al castillo de la Carque en el momento crítico en que se pudiera coger al conde y a sus cómplices con las manos en la masa y tener pruebas fun-dadas para la acusación. Huelga decir que la policía actuó con suma precaución para poder recoger todas las pruebas conducentes a constituir un acta de acusación condenatoria. saca-do de la fortuna no muy boyante del conde y de la soi-disante condesa. En segundo lugar. me convertí en una especie de personaje público. Esto. El conde. después de haber salvado el pellejo. El resultado fue que él impuso las condiciones de su propia libertad. Creo que sólo me queda referirme a dos detalles suplementarios. admirablemente disfrazada.se hallaban en peligro. e incluso hicieron de mí varias caricaturas.

Aquel sofisticado embuste había tenido por objetivo mantener vivo mi interés por la bella condesa. Yo repartí el resto del verano y el otoño entre Suiza e Italia. con objeto de mitigar la fatiga de sus inevitables excursiones en busca de agua para repartirla entre las sedientas ánimas del purgatorio.goza aún de plena vigencia en el sur de Irlanda. en que abun-daba la región donde residía. una raza ahora prácticamente desaparecida. Es un docu-mento más entre otros muchos parecidos. pues nuestro párroco era un concienzudo coleccionista de antiguas tradiciones locales. metió en su ataúd dos pares de borceguíes de cuero. a abastecer a sus compañeros de cam-posanto de agua fresca para calmar la sed ardiente del purgatorio. pero yo nunca había sabido que su afición a lo maravilloso y lo fantástico lo había llevado a poner por escrito los resultados de sus investigaciones hasta que. Tengo motivos sobrados para agradecer al misericordioso Señor del universo aquella temprana y terrible lección sobre las imprevisibles celadas que nos puede tender el maligno. que marcaron definitivamente mi vida. me tropecé con el documento que adjunto más adelante. su testamento dejó en mis manos todos sus documentos manuscritos. que durante casi cincuenta años había desempeñado la ardua tarea de párroco en el sur de Irlanda. La introducción de un cadáver real -procurado por una persona que abastecía a los anatomistas de Parísno implicaba ningún peligro real. y no por ello menos seria. uno para los días secos y otro para los húmedos. de la vida. que el último cadáver enterrado está obligado. uno ligero y otro pesado. Como suele decirse. toda vez que intensificaba el misterio y hacía que el profeta se mantuviera vivo en las conversaciones de la gente y en los pensamientos de los bobos con quienes éste había dialogado.a una concepción más feliz.de disfraces en Versalles. de las que ya no es el caso ponernos a hablar aquí. Eran famosos los terribles conflictos que se . EL FANTASMA Y EL COLOCAHUESOS Mientras echaba un vistazo a los papeles de mi ínclito amigoFrancisPurcell -que Dios tenga en su santa gloria-. todavía lo recuerdo.por consideración para con los callos de su añorada esposa. en mi calidad de «legatario residual». me condujo -aun-que aún debieron pasar algunos años. Tal vez convenga añadir que la superstición ilustrada por el siguiente relato -a saber.cuyos hábitos y gustos literarios eran en muchos aspectos más refinados que los de los estudiantes de Maynooth. La mascarada también había tenido como objeto seleccionar a otras víctimas potenciales. aquella vivencia hizo de mí un hombre más experimentado que amargado. A quienes piensen que la redacción de tales escritos desentona con el carácter y modo de vida de un cura de pueblo no les vendría mal recordar que existió una raza de sacerdotes -los de la vieja escuela. La horrible impresión que produjo en mi espíritu se debió en buena parte a la simple acción de mis nervios y mi cerebro. durante su primer período de ultratumba. La recogida y ordenamiento de tales leyen-das era. Pero también dejó en mí otros sentimientos más graves y profundos. su principal hobby. El que esto escribe da fe de un caso en el que un labriego respetable y acaudalado de la comarca deTip-perary. interés que temían pudiera desfallecer.

y seguro que lo intentará alguna vez. de Drumcoolagh: Voy a narrar la siguiente historia tratando de emplear. señorías. que había instruido durante mucho tiempo a la avispada juventud de su parroquia natal en las artes y ciencias liberales que juzgaba conve-niente profesar.. por miedo a dejarse arrebatar por el otro fallecido esta inestimable ventaja. pues fue a mi propio padre a quien le pasó. circunstancia que puede explicar la presencia de varias palabras algo fuertes en el transcurso de la narración. pero eso no tiene importancia. saltándose a la torera uno de los más arrai-gados prejuicios. como iba diciendo. Y fue así como le dio por dedi-carse a la reparación de piernas rotas. quiéralo Dios. bajo el viejo castillo. que era un hombre honesto y sobrio. como una especie de atención para con aquella vieja familia. paso ya directamente a someter a su consideración las portentosas aventuras deTerry Neil: Recórcholis.más hábil ni más famoso en todo el país. pero. cuandosirPhelim salía de viaje. de la manera más fidedigna posible. Los vecinos decían que el abuelo del amo. ocurrió otro caso en el que una de las dos partes. y me enorgullece decirlo. esta historia tan extraña es más cierta que dos y dos son cuatro. No mucho después. Tal vez conven-ga observar que éste era lo que se suele llamar un hombre «bien habla-do». que Dios se apiade de todos nosotros. todo iba viento en popa. aten-ción. En fin. las pobres personas que se habían roto un brazo o una pierna y no podían poner el pie en el suelo. hombre o viejo. y me atrevería a decir que no hay mozo en ninguna de las siete parroquias que la cuente mejor ni más deprisa que yo. el viejo caballero solía salirse del cuadro de la pared. harto desagradable pues a nadie se le ocultaba que en el viejo castillo ocurrían cosas raras. que Dios lo tenga en su santa gloria. por cierto. y se la oí contar a él mismo muchas veces.FrancisPurcell. Pues bien.Terry Neil. y te digo también que. por cierto. y. algunos de los arrendatarios se quedaran vigilando en el viejo cas-tillo. y romper botellas y vasos. que era el caballero más cabal que había parido madre. y someteré en cambio a su consideración el siguiente: Extracto de los papeles manuscritos del finado Rvdo. y puedo asegurar. Se podrían citar asimismo otros muchos casos parecidos que muestran la vigencia que tiene todavía esta superstición entre los cam-pesinos del sur. Así pues. como se podía ver dándose una vuelta por las tabernas del lugar. las mismas palabras del narrador. maña-na y tarde. él acudía siempre a declarar en su favor.habían producido entre dos comitivas fúne-bres camino del cementerio.. donde estaba su retrato. Así pues. Y no había nadie como él en toda la comarca que trabajara la tierra igual de bien.que así se llamaba mi padre. salvo que era algo aficiona-do a la bebida. pasó el ataúd por encima del muro para adelantarse así al que estaba haciendo su entrada por la puerta en aquel mismo momento. en fin. y . y seguro que nadie recordaba a un colocahuesos -niño. esto no viene a cuento-. y la consiguiente exención del impues-to que gravaba a los familiares del último en ser enterrado. que la palabra de mi padre era tan fiable como el juramento de cualquier gentilhombre del país. Pero era costumbre que. acudían a su casa desde los lugares más distantes para que les recolocara los huesos. Así pues. joven. si a algún pobre hombre lo llevaban a juicio. cada cual empeñada en asegurar a su falle-cido la prioridad en la sepultura. Pero no entretendré al lector con más preámbulos. una zona bastante amena. al ver que le iban bien los nego-cios compró un pequeño terreno junto a la propiedad del caballero Phalim. se dirigió al camposanto por un atajo y. empleadas pensan-do sin duda más en su efecto eufónico que en la corrección de las mis-mas. nada más natural pues nadie podía competir con él en recomponer con tanta habilidad la pata de una silla o una mesa. tenía la costumbre de pasear en medio de la noche desde que se le había reventado un vaso sanguíneo al intentar sacar el corcho de una botella -cosa que cualquiera podría haber inten-tado. y lo mismo digo trabajando la madera y reparando árboles viejos y otras cosas por el estilo.

subió al castillo con dos botellas. Fue el viejo mayordo-mo.muy bien.beber todo lo que encontraba -qué vergüenza. y acto seguido se echó un trago de whisky para ahuyentar el frío de su corazón. Y. hay que observarla en toda regla. como de cos-tumbre. Llovía bastante y hacía una noche oscura y tenebrosa cuando mi padre llegó y se roció con agua bendita..Si queremos observar la vieja costumbre. hasta que aLawrenceempezó a entrarle el sueño. y el fuego de carbón mineral y turba ardía estupendamente y les calentaba las canillas. -Oh. lo invitó a pasar la noche charlando. loado sea el Señor. como si en su vida hubiera roto un vaso. mi padre y él se llevaban muy bien desde siempre. Así que no te metas tanto con tus semejantes -agregó con tono .Lawrence-dijo. pues sabía que el cuadro del caballero estaba colgado en el salón. -En el vestíbulo no se puede encender la lumbre -dijoLawrence-. ron-dando por la casa y haciendo toda clase de travesuras. «Al diablo con la vieja costumbre». como iba diciendo. -¿Y por qué no en el vestíbulo? -preguntó mi padre. cosa lógica en él. estuvieron conversando y fumando juntos de la manera más agradable. el viejo picarón. a la caída de la noche. ¿Es que no te das cuenta de que te estás durmiendo? -Por todos los demonios -dijoLarry-. y pueden estar seguros de que mi padre no hizo ascos a aque-lla invitación. «tener que pasar toda la noche en vigilia. -Recórcholis -dijo mi padre-.y empezaron a hablar. Pues bien. algunos de los arrendatarios tuvieron que quedarse de guardia en el castillo. con una expresión de absoluta inocencia en el rostro. Pues bien. al poco tiempo subieron y se sentaron conforta-blemente junto a la chimenea del salón. y ese viejo espíritu vagabundo. si entraba alguien de la familia. a fumar y a beber un poco de whisky. Y Larryle dijo: -Encenderemos un pequeño fuego en el salón. Así. Señor-.eso no puede ser -dijoLawrence-. volvía a su lugar.-Ah. Vamos entonces a la cocina. me parece una buena idea.estoy simplemente cerrando los ojos para que no les entre el humo del tabaco y no se pongan a llorar. y decidió tomar la cosa con buen ánimo. señorías. pues no quería queLawrencesupiera que tenía miedo. dijo mi padre para sus adentros.. los dos bajaron a la cocina mientras el fuego prendía en el salón. y.LawrenceConnor.» Pero no tenía escapatoria.pues hay un viejo nido de grajos en la chimenea.Terry. como les iba diciendo. reparen en esto. en cierta ocasión la fami-lia del castillo se fue a Dublín a pasar un par de semanas. quien salió a abrirle. y al decirle mi padre que le tocaba a él montar la guardia en el castillo. pues no está bien que la gente como yo se siente en el salón. -Así es imposible seguir hablando -dijo mi padre-. señorías. y a la tercera noche le tocó el turno a mi padre. pues era bastante viejo y estaba acostumbrado a dormir mucho. « ¡Vaya fastidio!». se dice para sus adentros. una de whisky puro y otra de agua bendita. y luego. al ver quién era. Así. lo que no tardó en producirse.

pero de repente la tormenta cesó y la noche se volvió más apacible que una velada de julio. abrió los ojos rápidamente. -dijo al darse cuen-ta-. -Recórcholis -dijo mi padre-. a lo que iba. -Y arrastró un sillón hasta donde estabaLawrencey se puso lo más cómodo que pudo. y al final observó que el personaje del retrato lo seguía con la mirada a todas partes. señorías. mi padre trató de mantener la calma y hasta estu-vo a punto de quedarse dormido de no haber sido por la manera como atronaba la tormenta y crujían las ramas de los árboles y silbaba el viento a través de la viejas chimeneas del castillo. -¡Vaya. al ver mi padre que no servía de nada amonestarlo. Además. la manera como la contó mi padre creo que nunca había sido antes superada ni lo sería des-pués. cuando se hubo despachado bien. hombre! A mí me tenía que pasar esto.LarryO'Connor ya estaba ron-cando como un hipopótamo. Pero como seguía igual de nervioso. ¿No es bastante duro lo que me pasa a mí? ¡El muy villano dice que es mi amigo y luego se me duerme de esta manera. mejor respirar a gusto.. Bueno. -Ah -exclamó-. unas veces fijamente y otras guiñándole un ojo. se le ocurrió de repente que. Así pues. sigue con tu historia. no sirve de nada asustarse ahora. la peor jugarreta de todas. si lo hacía. ¡Ojalá que yo pudiera dormir así también! Dicho lo cual. y en cuanto vio que así era. Por mucho que lo intentaba no podía dejar de mirar de vez en cuando al cuadro. ¡Qué mala suerte tuve el día que me mandaron venir a este maldito lugar! De todos modos. y eso que tenemos aquí una botellita para hacernos compañía! ¡Por los clavos de Cristo! -volvió a exclamar. con mayor razón. según creyó mi padre. prosiguió con su historia. fue la historia deJimSoolivan y su vieja cabra la que contó. y ¿qué vio? Nada menos que al viejo caballero saliendo del cuadro.brusco. para impedir que un cristiano comoLawrencese durmiera. pensó incluso que los muros del castillo iban a derrumbarse en medio de una conflagración universal. y dar luego un salto sobre la chimenea para caer de pie sobre el suelo. Y. volvió a colocarla con cuidado en el sitio de antes y se puso a pasear por la habi-tación con aire tan sobrio y paso tan firme como si no hubiera .Si consiguiera dormir un poco. Y. como si estuviera quitándose la chaqueta de montar. Después de un descomunal rugido del viento. lo cual era mucho peor aún. Por cierto. No lo molestaré al pobre. ojalá tuviera yo la mente tan sosegada como elLarry. se trincó casi medio litro de licor a ver si así se tranquilizaba un poco. si he de morir. Pues bien. que Dios lo tenga en su santa gloria-. antes de que llegara la historia a su final. alargó la mano y agarró la botella de whisky y se trincó por lo menos medio litro. pues la contó como si le fuera en ello la vida mientras trataba de mantener despierto al viejoLarry. -¡Por vida en la mar serena! -exclamó mi padre-. no haría ni tres minutos que había cesado la tormenta cuando mi padre creyó oír un ruido un tanto extraño enci-ma de la chimenea. por la otra. pues. el viejo taimado -y ésta fue. Pero hubo una cosa bastante extraña que he olvidado referirles. Y.lo primero que hizo fue quedarse mirándonos atentamente a ver si estábamos dormidos. una historia bastante divertida. que habría bastado para mantener despierto a un lirón y. Venga. él se quedó ronco y. por una parte. que te estoy escuchando -agregó mientras volvía a cerrar los ojos.. se puso a pasear por la estancia y a rezar tan intensa-mente que empezó a sudar (me perdonen sus señorías). señorías. No está bien en un amigo ni en una persona con principios importunar al que está durmiendo.aunque en realidad sus esfuerzos no le sirvieron de nada pues. éste se iría a la cama con toda seguri-dad y lo dejaría completamente solo en aquella habitación. pues tenía un carácter muy fuerte. cuando iba a dar un achuchón aLawrencepara despertarlo...

cómo te va. -¡Ay! -se disculpó mi padre-. ejemplo de sobriedad para toda la comarca.tu abuelo.Terry Neil? -Pues aquí estamos. -Y que lo digas -refrendó el caballero-. -Eso es una verdadera lástima -exclamó mi padre-. Me asombra cómo puedes tener la inso-lencia de sermonear a un caballero acerca de su alma. ¿Qué. cuyo rostro se iba volviendo rojo de furor-. Aunque yo era más sobrio que la mayoría de los hombres (al menos que la mayoría de los gentilhombres). Es un honor para mí poder ver a su señoría aquí esta noche. señoría -asintió mi padre.señoría -dijo mi padre.tomado ni una gota. cuando se trata de arreglar cosas como ésta -dijo dándose un golpecito en la pierna-. que Dios lo tenga en su santa gloria-. siempre que pasaba por su lado. yo me dirijo a quien es . pero no tenía más remedio que seguirle la corriente). y aunque en diferentes períodos fui un cristiano bastante aceptable. -Eso es también una gran verdad -volvió a convenir mi padre (aun-que era una gran mentira. -Bien -dijo el espíritu-. y esto fue lo que más lo asustó. -¡Caramba!-exclamael caballero. un hombre trabajador y serio. y sumamente caritativo y humano con los pobres. deteniéndose a dos pasos de mi padre y volviéndose hacia él-. ignorante gañán. pues estaba más muerto que vivo-. Tal vez desee su señoría hablar con el padre Murphy. miserable canalla -dijo el caballero-. -Eso es cierto por mi honor.. ¿Que Dios me tenga a mí en su santa gloria? ¿A cuento de qué. tan cerca.Yo siempre fui un buen amo para PathrickNeil.. por pequeño que pareciera). creo que siempre fui un caballero sobrio y cabal -agregó el otro. como tendría derecho a estarlo. notaba un fuerte olor a azufre. Así que eres tú el que está aquí. pues sabía que era azufre lo que ardía en el infierno. con perdón de sus señorías. cacho zopenco? ¿Dónde te has dejado los modales? Si estoy muerto. lo que es más. Y ahora escúchame bien. no ha sido para que me cuentes tu triste vida ni para conversar con un tipo como tú para lo que he subido aquí. sintiéndose algo mejor-. -Sujeta la lengua. no es culpa mía. tú eres un hombre respetable (y no le faltaba razón).. -¿Que Dios me tenga en su santa gloria? -repitió el espíritu. y la gente como tú no tiene por qué soltármelo a la cara cada dos por tres -exclamó con un taconazo en el suelo que hizo retumbar el entarimado. No es en mi alma en la que estoy pensando. ¡que Dios se apiade de todos nosotros!. a pesar de todo ello no estoy a gusto donde me encuentro ahora. al menos eso había oído decir al padre Murphy. mejor dicho para lo que he bajado (mi padre tomó buena nota de aquel desliz. De todos modos. para servir a su señoría -dijo mi padre con la poca voz que le permitía el miedo. Pero mi padre. -Terence -dijo el caballero-. mi padre casi ni se había inmutado hasta que el espíritu pasó a su lado. Pues bien. Terence Neil. -Gracias. Que Dios lo tenga en su santa gloria. -Y. que el olor a azufre le impidió respirar y le dio un ataque de tos que casi lo tira al suelo. el cual sabía de aquello más que nadie -el pobre ya murió. Usted fue siempre un gentilhombre muy educado. señorías. Soy desde luego un pobre hombre idiota e ignorante..

No es mi alma -prosiguió sentándose enfrente de mi padre-. el caballero salió despedido por encima de la mesa. pues. te lo puedo asegurar. Al oír aquello. la gente donde me encuentro es terriblemente aficionada alagua fría. y te diré por qué me preocupa mi pierna. que me rompí en el cobertizo de Glenvarloch el día que maté al negro Barney. de lo contrario. que es lo que más ansía. el alegre sol matutino se filtraba entre los posti-gos de la ventana. -Como mande su señoría -dijo mi padre. Sólo sirvo para hacerlo con personas de mi nivel.que a su señoría no le preocupe haberlo matado. así. y él se hallaba tumbado boca arriba. Cuando volvió en sí. Terence -brindó-. por todas las Potestades y Dominaciones que no dejaré un hueso de tu esqueleto sin triturar. si bien. -¡Más aún! -aulló el caballero. no es mi alma lo que más me preocu-pa. Mi padre fue aquella mañana a ver al padre . Toma. pues. -¡Tira más fuerte. ya que todos están siempre sedientos y beben más agua de la que pueden transportar mis piernas. a quien no le hacía ninguna gracia andar toqueteando a un espíritu-. Y precisamente lo que más me fastidia es la invalidez de mi pierna. En el lugar en el que paso la mayor parte del tiempo. antes me tomaré un traguito para no desfallecer -dijo el caballero alargando la mano hacia la botella con el pretexto de que se encontraba débil. una tarea de lo más engorrosayaburrida.experto en la materia. salvo el pequeño recreo de que dispongo para echar un vistazo por aquí. arréglamela bien. -Oh. a la que quie-ro que le des un achuchón o dos hasta que encaje el hueso en su sitio. y eso es todo. -Bueno. hijo del diablo! -exclamó el caballero. tengo que andar mucho más de lo que andaba antes. Dicho lo cual. ydesde luego mucho más de lo que me convendría. le salió mal la treta pues cogió la botella equivocada-. mientras el viejo Larryseguía durmiendo y roncando más fuerte que nunca. Me preocupa mi pierna derecha. aquí está mi pierna -dijo el caba-llero levantándola para que se la cogiera-. -Sujeta esa lengua. con la pata de un butacón viejo arrancada de cuajo en una mano. pero tan pronto como ésta hubo rozado sus labios dejó escapar un grito tan espantoso que pareció que el techo y los muros se iban a venir abajo y le entraron unos ataques y convulsiones tan terribles que la pierna se le descoyuntó y quedó atrapada entre las manos de mi padre. y ahora tira con todas las fuerzas que te queden. que no seré yo el insolente que haga semejante cosa a una persona tan eminente como su señoría. y mi padre cayó de espaldas al suelo en medio de la habitación. para tu conocimiento. (Mi padre explicó después que se trataba de un caballo de carreras que había sufrido una grave caída al saltar la gran valla que rodea la cañada.) -Espero -dijo mi padre. pese a lo astuto que era. agarró con fuerza la pierna y empezó a tirar y a tirar hasta que el sudor empezó a bajarle por la sien. sepa su señoría -dijo mi padre. -Bah. alzó la botella de agua bendita. so necio -exclamó el caballero-. Por tu salud. mi padre comprendió que no le valía escurrir el bulto. déjate de monsergas. y lo peor es que allí hace muchísima calor y a mí me han encomendado la tarea de ayudar a llevar elaguas aunque me dan muy poco a cambio. Mi padre tiró como un poseso.

le oyó contar a él mismo la terrible historia del cuadro. pues. de mí su vara y deje de amedrentarme su estampa. el caso es que nadie supo que hubiera vuelto a pasearse por allí. y casi en la más completa oscuridad. rostros y situaciones que han existido en la realidad. Y. la mano sobre la empuñadura de la espada. pues registra fidedignamente una escena extraordinaria y misteriosa. el cual esboza una de esas sonrisas enigmáticas que tan bien sientan a una mujer bonita cuando está tramando una jugarreta. como si fuera a desenvainarla de un momento a otro. pese a que éste es ciertamente exquisito. sobre todo porque prácticamente no volvió a hablar de ello nunca más. el primero y me parece único amor de Godfrey Schalken. en cuyo primer plano aparece una figura femenina ataviada con una especie de túnica blanca. salvo el contorno de su silueta definido por el tenue arrebol de una vela agonizante. un retrato perfecto de RoseVelderkaust. ya fuera porque no le había gustado el líquido. La figura sos-tiene en la mano una lámpara. se aprecia la figura de un hombre vestido a la antigua usanza de Flandes en actitud de alarma. El curioso tratamiento de la luz constituye. la sobrina de Gerard Douw. o fantasma. y eterniza. ya por haber perdido su pierna. y lo que contó lo creyó todo el mundo. sino escenas. que conoció bien al pintor. Sin embar-go. Hay algunos cuadros que nos impresionan y asombran por la mane-ra especial en que representan no simples formas y combinaciones idea-les que han pasado por la imaginación del artista. Aparte. el principal mérito aparente del cuadro. en el rostro de la figura femenina que ocupa el lugar más destacado del cuadro. SCHALKEN EL PINTOR «Pues es un hombre con el que no tengo nada en común. El cuadro en cuestión muestra el interior de lo que podría ser la cámara de algún antiguo edificio religio-so. Y en verdad que así es. y desde entonces hasta el día de su muerte nunca dejó de confesarse ni de ir a misa. como es habitual en todas sus obras. único foco de luz que ilumina su figura y su rostro. Este cuadro singular posee algo que le imprime carácter de realidad. ni hay nadie que pueda imponer su mano sobre nosotros dos. » Hay una obra extraordinaria de Schalken que se conserva bastante bien. que le cae desde la misma cabeza. en cuanto al caballero. En segundo plano.Murphy. Mi bisabuelo. Y digo aparente porque su verdadero valor estriba en el tema y no en el tratamiento. que . este atuendo no es hábito de ninguna orden religiosa.

Huelga decir que sus esfuerzos se intensificaron a partir de entonces y que. que llevaba protegida por una especie de guantelete. y. Se sentía furioso y mortificado ante aquella producción inacabada. se enamoró perdidamente de la bella sobrina de su adinerado maestro. como anochecía deprisa. El joven pintor la adoraba y amaba con toda su alma. Y ahora. a la luz del último resplandor del crepúsculo. durante la cual tendría que hacer frente a innúmeros obstáculos. eran numerosas las raspaduras y correcciones de que habían sido objeto el santo y el demonio. tan tosco. dejó a un lado los colores y se aplicó en terminar un esbozo en el que había puesto un empeño extraordinario. para no sentirse satisfecho de su obra. destinados a sufrir un inesperado contratiem-po. en la mano. si me dan la venia. aunque todas ellas en vano. lo cual suponía media batalla ganada. se vieron coronados por el éxito. sin embargo. Era una composición reli-giosa que representaba las tentaciones de un rechoncho san Antonio. pues no había alcanzado aún los diecisiete años de edad. Un buen día le declaró sus sentimientos y arrancó de ella una res-puesta afirmativa.RoseVelderkaust era más joven que él. este hombre. sabía que le esperaba una época dura llena de incertidum-bres y desabrimientos. y. una perturbación tan extraña y misteriosa que torna inútil toda investigación y arroja sobre la propia historia una sombra de terror preternatural. maldito diablo. como prueba su perdurable celebridad. El joven artista poseía suficiente discernimiento.luego le regaló. poseía la delicadeza y gentileza que acompañan a las bellas y rubias doncellas flamencas. en el pecho. -¡En qué maldito momento se me habrá ocurrido pintar este tema! -exclamó el joven-. con la otra blandía el trozo de carboncillo que tan mal había cumplido su cometido. voy a intentar relatar. una cabeza maciza de oro. hombre desgarbado pero diestro pintor de óleos que deleitan a los críticos de nuestro tiempo casi tanto como sus modales repugnaron a los refinados de su tiempo. y cuyas manchas se dispuso ahora a limpiarse en sus holgados calzones flamencos. y no se atrevía a pedir al viejo Gerard la mano de su preciosa pupila. la tradición oral que circula asociada al mismo. ¡Maldito cuadro. una vez descrito el lienzo. entre los pliegues de la capa. Pero había algo que empañaba su júbilo: era pobre y desconocido. aunque tímida. maldito santo! En aquel momento oyó cerca una especie de resoplido seco que le hizo volverse bruscamente y percatarse de que su trabajo estaba siendo observado por un desconocido. La paciencia del joven pintor estaba agotada. A un metro y medio por detrás de él se hallaba un anciano envuelto en una capa y tocado con un sombrero cónico de ala ancha. Schalken llevaba unas dos horas traba-jando de esta guisa. ay. Así pues. pese a no tener una espe-cial inclinación religiosa. El relato y el cuadro se han convertido en una especie de patrimonio de nuestra familia. portaba un largo bastón de ébano rematado por lo que parecía. Pero aquellos intensos esfuerzos y las esperanzas que los sostenían y embellecían estaban. El sol ya se había ocultado y el agonizante crepúsculo estaba deviniendo en noche oscura. sin éxito aparente. obstinado y desaliñado en el cenit de su celebridad. Primero tenía que labrarse un nombre y ganarse la independencia profesional. Mientras con una mano se apartaba de la frente sus luengos mechones. Un día en que Schalken se hallaba trabajando en el taller después de que sus compañeros se hubieron marchado ya a sus casas. a pesar de su temperamento flemático. . así. Era el pintor más dichoso y orgulloso de toda la cristiandad. y. si hemos de creer lo que se cuenta. y. en sus días menos gloriosos pero más felices fue el protagonista de un exaltado romance lleno de misterio y pasión. Pero había ganado el corazón de su queridaRose Velderkaust. En sus años jóvenes Schalken estudió con el inmortal Gerard Douw. A pocas personas les sienta tan mal el manto del romance como al zafio Schalken. Y su amor no quedó sin recompen-sa. se distinguían los eslabones de una cadena del mismo metal. En la espaciosa y vieja estancia reinaba un gran silencio.

Había llegado de nuevo el final de la jornada y todos los caballetes. permitían supo-ner que sus años no sobrepasaban la sesentena. Minheer Vanderhausen. O tal vez se trate de un pariente pobre que quiere ser aprendiz mío. más frecuentemente.La estancia estaba tan oscura que no se veía nada más allá de aquel personaje. señor. ora deteniéndose a mirar el trabajo de alguno de sus alumnos ora.acercaba la hora convenida-. con un esfuerzo sin duda desproporcio-nado con la no probada gravedad del momento. conjuró todo el valor que le quedaba y. pues no había ninguna otra salida. -Pues entonces ya se acerca la hora -dijo el maestro. En mi vida había oído ese nombre hasta ayer. sin mirar a derecha ni izquierda atravesó el pasillo que hacía poco había atravesado -si es que no seguía allí todavía-.. ¿no? . Gerard Douw se había puesto a pasear por la estancia nervioso e impaciente.. tuviera tiempo de articular una respuesta. y había un algo tan extraño y hasta se podría decir tan aterrador en su perfecta. y a tal fin se dirigió veloz a la ventana. -Un hombre ya mayor y ricamente vestido. O alguien con una colección que tasar. Así. señor -contestó el aprendiz.que la hora fijada eran las siete de la tarde según el reloj del Ayuntamiento? -Acababan de dar las siete cuando lo vi. pronto saldremos de dudas. tan pronto se hubo repuesto de su sorpresa. No. de Rotterdam. cuyo sombrero impedía que se le vieran los rasgos de la cara. pétrea. y a ser posible en esta misma habitación. acercán-dose a la ventana para ver a los transeúntes que pasaban por la calle oscura donde se hallaba situado su estudio. ver qué dirección tomaba aquel burgués de Rotterdam al salir del estudio. Bueno. salió de la habitación antes de que Schalken. ¿Se había esfumado como por ensalmo. el desconocido se volvió bruscamente y.que Minheer Vanderhausen. Aquella persona des-prendía tanta gravedad e importancia. tras cerrar bien la puerta y meterse la llave en el bolsillo. de Rotterdam. junto con su porte firme y tieso.con paso rápido pero silencioso.. sobre un asunto de especial importancia. 0.) Pero esta maniobra suya resultó vana. Transmitido el mensaje. salvo el de Schalken. por la noche a esta misma hora. de Rotterdam.. lo invitó educadamente a tomar asiento y le preguntó si traía algún recado para su maestro. desde la que se podía ver puerta de la calle (entre la puerta del estudio y la de la calle había u pasillo bastante largo. El joven sintió curiosidad por. Lo cual lo dejó harto perplejo. sea lo que sea. No habría resultado fácil adivinar la edad del intruso. o tal vez se había escondido en un rincón del pasillo con algún fin siniestro? Esta última posibilidad suscitó en su ánimo una vaga desazón.. -dijo para sí Gerard Douw cuando se. sin atreverse a respirar siquiera hasta que salió a la calle. quela quitó las ganas tanto de seguir solo en la habitación como de aventurar-se a salir al pasillo. Sin embargo.. ¿no es así? -Así es. tranquilidad que el irritado artista consiguió reprimir el amago de comentario hostil que había empezado a aflorarle a los labios. Así que se llama Minheer Vanderhausen. no hay nadie en Rotterdam que me pueda dejar una herencia. -¿No dijiste. -Minheer Vanderhausen. Godfrey -exclamó Douw volviéndose a Schalken tras una larga y minuciosa indagación desde su puesto de observación. su misterioso visitante. por lo que Schalken sabía que el viejo y extrañar visitante no habría podido alcanzar la calle entre tanto. Eso es todo. consultando un reloj grande y redondo como una naranja-. -Di a Gerard Douw -sentenció con el mismo ademán impasible. se quedaron vacíos. desea hablar con él mañana. pero cierta cantidad de pelo negro que le asomaba por debajo del sombrero. ¿Qué puede querer de mí?= Lo más seguro que le haga un retrato.

-De total confianza -confirmó Gerard. ¿no es así? -dijo Gerad Douw. como agradeciendo este gesto de cortesía. parecía estar enteramente recubierto de plomo. pero permaneció en pie. no podía ser joven. tú te quedarás a esperarlo. Claro que. -Tengo el honor de estar ante Minheer Vanderhausen. Éste ocultó su preciosa carga bajo los pliegues de la capa y. le pareció a Schalken. como el que suelen llevar los burgueses acaudalados y respetables. de la mejor calidad.¿y si. Mientras decía aquello. pues.. se detuvo en una casa que hacía esquina. según la primera impresión del judío. tras pedir al pequeño hebreo que lo llevara al lugar más secreto. -Así es -contestó el visitante lacónicamente. al final. y su atuendo era rico y austero. sacó de la capa el cofre de Vanderhausen.. -Entonces que lleve este cofre a un joyero para que tase el valor de su contenido y vuelva con el certificado de la tasación. atravesan-do velozmente dos o tres callejuelas. De acuerdo con las órdenes del desconocido. -¿Es de total confianza este hombre? -preguntó Vanderhausen vol-viéndose hacia Schalken. perfectamente colocados y. así. Protegidos por dos o tres capas de lino. Godfrey. cuya planta baja estaba ocupada a la sazón por una orfebrería regentada por un judío. Apostaría una docena de florines a que su señoría se habría quitado rápidamente la careta pidiendo piedad para un viejo conocido. pronto recibiremos a su señoría. sin dudarlo se quitó el sombrero y. si es que tiene inten-ción de ser puntual. Gerard Douw pudo ver a la misma figura que. invitó al desconocido a tomar asiento. Volviéndose bruscamente hacia la puerta. había saludado tan inesperadamen-te a su alumno Schalken..-Sí. por lo que pude ver -contestó el alumno-. contenía un montón de lin-gotes de oro. -Creo saber que su señoría desea hablar conmigo -continuó Douw-. y debajo apare-ció un cofre de madera dura. Éste. sino que se hallaba realmente en presencia de alguien importante.. señor -dijo Schalken en voz baja. en espera de sus órdenes. de Rotter-dam. y casi blanca por el paso del tiempo. Había algo en el porte de aquel personaje que al punto convenció al pintor de que no se trataba de ninguna mascarada. bien. que también abrieron con cierta dificul-tad. El visitante hizo un amago de movimiento con la mano. Iluminado por una lámpara. un día antes. colocó un cofrecito de unos veinte centíme-tros cuadrados en manos de Gerard Douw. si no. puesto que ya lo conoces. aunque tampoco muy viejo. la retiraron parcialmente. que se había situado detrás de su maestro. los ojos de maestro y aprendiz se habían quedado fijos en la puerta y Douw esperó a la última campanada para exclamar: -Bien. aquí me tiene. estuvo tocando y sobando todos y cada uno de los lingotes del glorioso metal con un pla-cer . el sonoro reloj del Ayuntamiento empezó a des-granar las siete campanadas. con la superficie muy arañada y ensuciada. a modo de admoni-ción. el cual quedó tan asombrado de su peso como de la brusquedad con que el desconocido se lo había dejado. con un saludo cortés. Penetró en la tienda y. En aquel momento. -Aquí llega. resulta ser una farsa monta-da por Vankarp o algún bromista como él? Me gustaría que hubieras tenido valor para liarte a palos con el viejo burgomaestre. se lo dio a Schalken para que fuera a cumplir el encargo.

en cuya ocasión vi.de que la alianza que usted propone sería a la vez ventajo-sa y honrosa para mi sobrina. Usted visitó la ciudad de Rotterdam hará unos cua-tro meses. será exclusivamente para ella mientras viva. por lo que trataré de resumirle en pocas palabras el asunto que me ha traído hasta aquí. habida . pero debe comprender que ella dispone también de su libre albedrío y que puede no estar de acuerdo con lo que nosotros consideramos ventajoso para ella. Esa suma quedará en manos de usted. el pintor notó una especie de frío y opresión -como dicen que ocurre cuando uno se encuentra junto a un objeto que produ-ce antipatía natural.Geralddecidió-y. a su sobrinaRoseVelderkaust. que debía enteramente a la generosidad de su tío.Roseno podía esperar un casa. -Deseo -dijo el misterioso caballero. en la iglesia de San Lorenzo. al margen de la prudencia y cortesía dictadas por la ocasión. rezó para sus adentros para que volvie-ra pronto Schalken. Es el caso que deseo casarme con ella. y espero que. debía de ser a la vez muy acaudalado y generoso. pues éstos distaban mucho de ser linajudos. Con anterioridad. Schalken volvió sobre sus pasos y. pensó. tras dos o tres carraspeos preliminares. El muchacho volverá dentro de un par de minutos con una suma cuyo valor es cinco veces superior a la fortuna que su sobrina tiene derecho a esperar de su marido. deberá cerrar el trato aquí y ahora.especial. pues. -No me cabe la menor duda -dijo Gerard. como tampoco podía presumir de sus orígenes.miento demasiado bueno. sensación que no le permitió decir nada que pudiera ofenderlo en lo más mínimo. Ella será mía si así lo dispone usted. sin saber por qué. secundará mi solicitud haciendo uso de la autoridad que le asiste. y Gerard Douw.qué perfección! ¡Ni un grano de aleación! ¡Qué belleza. Gerard Douw quedó enormemente sorprendido de la comunicación que acababa de hacerle Minheer Vanderhausen. qué hermosura! Después del escrutinio. y. al entrar al estudio. aquel desconocido. El hombre de Rotterdam avanzó un poco mientras le hablaba. para que disponga de la manera que le parezca más adecuada para los intereses de su pupila. el judío certificó de su puño y letra que el valor de aquellos lingotes sometidos a tasación ascendía a no sé cuántos miles de táleros. en cuanto a las demás objeciones. Vanderhausen se había dirigido a Gerard Douw en los siguientes términos: -Esta noche no puedo entretenerme con usted más que unos minu-tos. junto con su dote. después de examinarlos detenidamente. señor pintor -soltó Vanderhausen-. encontró a su maestro y al desconocido conversando porfiadamente. Con el ansiado documento en el bolsillo y el magnífico tesoro bien guardados bajo la capa. Si aprueba mi propuesta. si le convenzo de que soy más rico que cualquier hombre con el que usted haya podido soñar casarla.poner en sus manos cuanto antes la prueba de mi riqueza como garantía de mi trato generoso para con su sobrina. pues no puedo esperar cálculos ni dilaciones. -No trate de embarullarme.todo el tiempo que estuvo en presencia de aquel estrafalario desconocido. ¿No le parece una disposición generosa? Douw asintió. una vez que el aprendiz había marchado a llevar a cabo su encargo. y semejante oferta no se podía despreciar aunque proviniera de un tipo raro o de una persona de presencia no demasiado atractiva. pero no se atrevió a expresar su sorpresa. usted es su tutor y ella su pupila. plenamente convencido de que aquella fortuna era extraordinariamente favorable a su sobrina. pues tenía una dote muy modesta. los volvió a poner en su sitio mientras exclamaba: -¡Mein Gott.

-Señor -dijo dirigiéndose al desconocido-. Ya tiene suficientes garantías de mi respetabilidad: mi palabra. si es usted mezquino. y no desea que mi propuesta se retire de inmediato.tante-. -Entonces firme inmediatamente -dijo Vanderhausen-. el extraño visitante lo plegó y metió con parsimonia en un bolsillo interior.no prestarles atención por el momento. pero se comprometerá si es necesario. antes de una semana a partir de aquella fecha. -Que este joven sea testigo del trato -dijo el viejo pretendiente. Es un buen trato. y mi oro. como ya hemos dicho. y Gerard firmó aquel importante documento. tras hacer entrega al desconocido del cofre y de la tasación efectuada por el judío. y acto seguido entregó a su vez el cofre y el certificado a Gerard Douw y permaneció un rato en silencio mientras éste cotejaba ambas cosas con lo estipulado en el contrato que tenía en sus manos. -En cuanto a mi respetabilidad -dijo el desconocido con tono cota. su oferta es generosapero. pero Vanderhausen le dijo que esperara. sin saberlo. etcétera. Haga el favor: de no aburrirme con sus preguntas.debe usted darla por descontada por el momento. si es usted honorable. Mientras el pintor leía con atención dicho contrato a la luz de un titilante candil colgado en la pared opuesta. -Ni una hora más -dijo el pretendiente con ademán impasible. entregaba en matrimonio a Wilken Vanderhau-sen.cuenta de las costumbres de la época. «Le gusta salirse conla suya.. supongo. Yyo le haré ver que lo considero indispensable. independientemente de las dudas que yo pueda tener para cerrar el trato de inmediato.» -No se comprometerá usted innecesariamente -dijo Vanderhausen adivinando y parafraseando misteriosamente lo que acababa de pensar su interlocutor-. le pasó un documento en el que figuraba por escrito que él. . si no hay más remedio. Mientras decía esto sacó una cajita con material de escribir. Dicho lo cual. es el caso que desconozco absolutamente todo sobre su familia y rango. pero. «Es un viejo bastante irritable». Gerard Douw. Gerard Douw. antes de que me vaya debe usted haber firmado este compromiso. -dijo Douw con un esfuerzo enor-me-. no logrará saber de mí más que lo que yo decida revelarle. a su sobrina. entró en el estudio y. Finalmente. Sin embargo.. no pienso comprometerme innecesariamente. Dicho lo cual. Y Godfrey Schalken fue testigo. Pero supongo que no tendrá usted reparo. pensándolo bien. se dispu-so a retirarse. de Rotterdam. pues ya me estoy aburriendo. tenía derecho a ello. de un acto que lo privaba para siempre de su queridaRoseVelderkaust. preguntó: -¿Da su consentimiento? El pintor le dijo que le gustaría disponer de otro día para reflexionar. -Bueno. Una vez firmado el contrato. Schalken. -Volveré mañana a las nueve de la noche a ver al objeto de nuestro contrato.RoseVelderkaust. no tengo derecho a rechazar su oferta. Si le convence el oro que voy a dejar en sus manos. alguno en enterarme enseguida al respecto. Doy mi consentimiento. pensó Douw. Wilken Vanderhausen salió raudo de la estancia con un saludo frío.

Gerard Douw mandó venir a su sobrina y. es poco probable que hubiera considerado esto como óbice para que se cumplieran los deseos de Minheer Vanderhausen. por fin la puerta de la habitación se abrió lentamente e hizo su aparición un personaje que sobresaltó. de negro azabache.mi pequeña. No quiero que piense que somos pobres o desaseados. Confía en mí. esperaba la llegada del visitante con especial impaciencia. Al día siguiente. y la otra le colgaba pesadamente a un lado. compuesto por Rose. Dicho lo cual. si le hubiera pedi-do la descripción de su futuro esposo. si bien hablaron muy poco por el camino. Un fuego animado chisporroteaba en la chimenea. En todo esto no había nada particular-mente objetable. que pronto te casarás. pero ¡Dios mío. pero. Gerard llamó a Schalken. cerca de la cual una mesa antigua. unos calcetines de seda púrpura recubrían sus piernas. tras mirarla de arriba abajo con aire satisfecho. los ademanes. da la orden de que nos sirvan la cena a las nueve. qué rostro! . Espero a un amigo. aunque sus rasgos no habían sido vistos nunca antes por ninguno de los allí presen-tes. y. que no le llegaba del todo a las rodillas. que el tiempo apremia. tesoro. se dirigió a la estancia donde estaban trabajando sus alumnos. En cualquier caso. Sobre los pliegues de la le caían abundantes y luengos mechones entrecanos. llevaba las manos enfundadas en un par de guantes de cuero espeso. y casi aterrorizó. y dispuestas en orden riguroso. El pequeño grupo. de haberlo esta-do. y sus zapatos iban adornados con rosas del mismo color.su tío y el joven artista. y ten preparado el salón para las ocho de esta noche. mi querida mozuela. a su alrededor. cuando se dan. y le pidió que fuera a su casa a cenar en com-pañía deRosey Vanderhausen. Por su parte. pues a ambos les sobraban motivos para reflexionar. después de comer. no vio salir a nadie. Siguieron unos pre-miosos pero decididos pasos primero escaleras arriba y luego a lo largo del pasillo. aunque. sino por simple miedo al ridículo. Es muy difícil que se den en una misma persona una carita y un temperamento como los tuyos. que acababa de quitarse. estaba ya preparada para la cena. Iba envuelto en un gabán oscuro. En aquella época el matrimonio era ocasióny objeto de trueque y especulación. que le subían hasta más arriba de las muñecas. Por supuesto que aceptó la invitación.-Rosese sonrojó y sonrió-. En una mano llevaba el bastón y el sombrero. La abertura delante-ra del gabán dejaba ver un traje muy oscuro. Gerard Douw y su aprendiz se encontraban en el seño-rial. el hechizo de amor que producen suele resultar irresistible para cualquier cerebro o corazón masculinos. que con los resplandores de la lumbre parecía de oro pulido. Poco después. que le ocultaban por completo la nuca. sin quitar los ojos de su bonita e inocente cara: -Rose. se había acercado a la venta-na para ver desde allí la salida del desconocido. Gerard Douw tampoco estaba al corriente de la atracción mutua existente entre el aprendiz y su sobrina. Pero dejemos eso. ansioso de despejar sus dudas. la altura eran los mismos. ponte todo lo guapa que puedas. Luego marchó del taller en compañía de su maestro. alarmarse y esperar. no porque previera oposición por su parte. y ya por entonces antiguo salón. estaban las sillas de alto respaldo. Al caer la tarde. el pintor no comunicó a su sobrina el paso impor-tante que había dado con relación a ella.) Era el esperado. A las nueve en punto se oyeron unos golpes en la puerta de la calle y alguien fue rápidamente a abrir. a modo de guanteletes. los andares. que estaba a punto de mar-char a su sombría casucha. pues. la cogió de la mano y le dijo con tono paternal. no sólo se habría visto obligado a confesarle que no había visto su rostro sino que tampoco sabía quién era realmente. a nuestros flemáticos holandeses(Roseestuvo a punto de proferir un grito de terror. para su asombro y casi terror.Schalken. Mira. que se había engalanado para reci-bir al desconocido. Sin embargo. algo toscas pero sobradamente confortables. esa preciosa carita te va a traer suerte. y a cualquier tutor le habría parecido tan absurdo dar importancia a la atracción mutua en semejante acto contractual como redactar los vinculantes aspectos financieros del mismo en términos sentimentales. un espectro ataviado como Minheer Vanderhausen. Schalken no sospechaba todavía la amenaza que se cernía sobre el más querido de sus proyectos.

para alivio general. Estas dos peculiaridades. de Rotterdam. cromada que tanto me asustó en la iglesia de San Lorenzo de Rotterdam.Toda la carne era de color azul plomo -esa coloración generalmente provocada por medicinas metálicas administradas en cantidades excesivas-. contenía asimismo el compromiso por parte de Vander-hausen de hacer a su novia unas concesiones más espléndidas todavía que las que había esperado su tutor. -¡Silencio. así. terciopelos. El desconocido habló muy poco durante su visita. en segundo lugar. Había algo indescriptiblemente raro.¡qué hombre tan espantoso! No me gustaría volver a verlo ni por todo el oro del mundo. lo reconozco. Gerard rió. del muelle del Pescante. el pequeño grupo oyó cerrarse la puerta tras él. Sin embargo. también de la misma ciudad. y de garantizar a la misma el usu-fructo de la manera más irreprochable posible: se dejaba el dinero en manos del propio Gerard Douw. producen un efecto muy fuerte y desagradable cuando se ven y observan. sobrina de Gerard Douw. sugerían un estado indefinible de trastorno. es cierto que este hombre no tiene un rostro atractivo. pero me consta que es rico y generoso. aunque no pudo por menos de reconocer en su fuero interno la justeza de aquella comparación. etcétera. así como un paquete dirigido a Gerard Douw que contenía un contrato de matrimonio debidamente redactado entre Wilden Vanderhausen. maestro en el arte de la pintura. eran casi negros. si bien. y. Por fin. A la mañana siguiente llegaron de varios puntos de la ciudad ricos presentes paraRoseen forma de sederías. y el propio anfitrión apenas tuvo valor suficiente para articular unas cuantas frases de cortesía: el terror nervioso que inspiró la presencia de Vanderhausen fue tal que se habría necesitado muy poco para que sus anfitriones salieran huyendo despa-voridos. y. vale más que todos los petimetres emperifollados que se pasean por la calle mayor.Cuando lo vi junto a la puerta no pude dejar de pensar que estaba viendo a la vieja estatua de madera poli. en todos sus movimientos. durante su visita no se quitó los guantes ni una sola vez. algo indefinible que no era natural ni humano. maligno y hasta satánico. éstos conservaron la suficiente sangre fría para fijarse en dos cosas bastante extrañas de su visitante: durante todo el tiempo que estuvo allí sus ojos no se cerraron ni movieron una sola vez. los labios. sin embargo. a la vez que le causaba cierta perplejidad. con una muda inclinación de cabeza. fruto de la ausencia de movimiento respiratorio en el pecho. no dejaba de agradarle bastante. Sin embargo. de Leyden. que presen-taban una proporción exagerada de blanco turbio. Vanderhausen privó al pintor de Leyden de su nefasta pre-sencia. para modificar su aspecto exterior. si su corazón es bueno y obra con rectitud. Un hombre puede ser más feo que el diablo y. y. en conjunto. . y. era como si sus miem-bros estuvieran gobernados y movidos por un espíritu no acostumbrado a la maquinaria corporal. yRoseVelderkaust. el desconocido penetró en la estancia. Querida. joven necia! -la conminó Douw. aunque fuera diez veces más feo tose vía. que no excedió la media hora. estaba decidido a no permitir ninguna alusión de su sobrina a la fealdad de su futuro esposo. joyas. estas dos virtudes bastarían para contrarrestar su deformidad:si no bastan. había una especie de quietud fúnebre en toda su persona. los ojos. todo su semblante despedía un aire sensual. Gerard Douw halló por fin el valor y la serenidad suficientes para invitarlo a entrar. a tono con el resto del rostro. pese a no tenerlas tam-poco todas consigo-. tío? -dijoRose-. el que pareciera totalmente desprovis-ta del pavor misterioso que sentían hacia el desconocido tanto él como su aprendiz Godfrey Schalken. y. Era curioso cómo aquel venerable desconoci-do parecía esforzarse por exhibir su carne lo menos posible. y hasta horrible. por otra parte. -Querido tío -exclamóRose-. que cuando se cuentan pueden parecer poco relevantes. sí bastan para que no lo consideremos un obstáculo. Después de permanecer un buen rato en el umbral de la puerta. -¿Sabes una cosa.

sumidos en una silenciosa y deliciosa melancolía. sus temores se disiparon. a la que profesaba un sincero y profundo afecto. aunque con menos alegría. pero nadie le facilitó una sola pista sobre el obje-to de sus pesquisas. Asimismo. a la puerta de la calle. No se le alcanzaba cómo aquel hombre de aspecto tan honorable podía ser semejante villano. la pérdida de su gentil compañía lo había dejado muy deprimido. Sin embargo. A su llegada. mejor dicho con desesperación. Nadie había oído hablar en Rotterdam del tal Minheer Vanderhausen. Pero su búsqueda resultó vana. El cochero le dijo que.En esta historia no hay ninguna escena sentimental que describir. a la antigua usanza. habida cuenta de lo tarde que era y de lo soli-tario que estaba el camino. y cada día que pasaba sin tener noticias de su sobrina. sus temores aumentaban en vez de disminuir. habían llegado a Rotterdam al anochecer. después de lo cual condujo a ésta. Gerard Douw. tras una opípara cena. luego volvió y. casi convencido. una pequeña comitiva de hombres sobriamente vestidos. no tuvo ninguna noticia de su sobrina ni de su honorable esposo. se había cruzado en la carretera impidiendo el avance del carruaje. Aquel misterio se convirtió en motivo de permanente angustia y aflicción para Gerard Douw. que debían exigirse en sumas trimestrales. Gerard Douw no dejó ninguna casa del muelle del Pescante sin visitar. y Schalken vio cómo el tesoro por cuya existencia habría arriesgado su propia vida le era arrebatado con solemne pompa por su repelente rival. y no tenía nada más que añadir acerca de Minheer Vanderhausen y su bella dama. Pasó dos días o tres sin acudir al taller. Transcurridos varios meses. A partir de entonces. El cochero había frenado al punto. contrariamente a lo que él esperaba. sus digestiones se vieran repentinamente interrumpidas. de la magnanimidad de los pupilos ni de los tormentos o arrobos de los amantes. que tenía los ojos empapados de lágrimas y las manos encogidas por el miedo. Bajó a mirar en el interior del vehículo y encon-tró una bolsa cuyo contenido triplicaba ampliamente la tarifa del viaje. Poseía la dirección completa en Rotterdam de Minheer Vanderhausen y. ni tampoco se habla de la crueldad de los tutores. para vencer la tristeza que solía invadirle principalmente al final de la jornada. el contrato de matrimonio quedó debidamente firmado. no entrañaba ninguna dificultad especial. pero que. El cochero holandés vio cómo. antes de que ésta se hubiera alejado demasiado. estaban llamando con vehemencia. hasta la litera. y. Las preguntas del criado que fue a averiguar la causa de aquel ruido tuvieron como respuesta nuevos y más violentos . se apeó y ayudó a la novia a hacer lo propio. frivolidad e inmisericordia. en la que ambos se aco-modaron. Ciertamente. que levantaron al punto y portaron en dirección de la ciudad. y a la promesa previamente expresada por ambas partes. tras un período de vacila-ción. Los hombres rodearon luego la litera. Menos de una semana después de la primera entrevista que acabamos de relatar. Una noche en que el pintor y su alumno se hallaban sentados junto a la lumbre.carruaje que lo había llevado a Rotterdam a él y a su flamante esposa. por cierto. de que iban a ser víctimas de alguna fechoría. Los inte-reses del dinero. era deglutida por las sombras de la noche. por lo que no tuvo más remedio que regresar a Ley-den. decidió viajar a dicha ciudad -viaje que. unos dos kilómetros antes de entrar en la ciudad. más perplejo y preocupado que antes de emprender aquel viaje. y el novio.para asegurarse de la seguridad y bienestar de su pupila. con-siguió trabajar con mucho mayor empeño que antes: el estímulo del amor había dejado paso al estímulo de la ambición. aunque no se le alcanzaba con qué fin había actuado de aquella manera. Vanderhausen había come-tido un fraude en el contrato suscrito con él. pedía a Schal-ken cada vez con mayor frecuencia que lo acompañara a cenar. se dirigió presuroso al establecimiento donde Vander-hausen había alquilado el pesado -pero para la época lujosísimo. tras un largo viaje con varias etapas. sólo en cierto modo. Eso era todo lo que había visto. con barbas en pico y mostachos. tras abrir la portezuela del coche desde dentro. al ver lo que vio: aquellos extraños individuos posaron sobre el suelo una litera antigua de gran tamaño. El relato que presento aquí rebosa de sordidez. permanecían en sus manos sin que nadie los reclamara. cada día que pasaba su inquietud iba en aumento.

pero ésta se abrió brus-camente yRoseentró en tromba enlahabitación. que iba arrastrando por el suelo. llamad a un ministro del Señor! -exclamó-. Desenfundó la espada y. ¡Llamadlo inmediatamente! Gerard Douw despachó al instante a un mensajero y logró conven-cer a su sobrina para que se fuera enseguida a descansar a su dormitorio. -¡No me dejéis sola ni un momento. Varias gotas de un sudor frío empezaron a deslizarse por su frente. e inmediatamente después unas apresurados pasos escalera arriba. o moriré! Sobre la mesa quedaba un buen trozo de cordero asado. con un misterioso siseo que a los dos les produjo un escalofrío de terror. Los muertos y los vivos no pueden ser la misma cosa: Dios lo ha prohibido. Sin embargo. Tras proferir estas misteriosas palabras.golpes en la puerta. exclamó con la misma urgencia: -¡Comida! ¡Dadme algo de comer. y Schalken se aplicó de inmediato a cortarle un poco. deprisa! ¡O me dais vino (estoy perdida! Asustados por aquella petición. pero no arrancaron su consentimiento hasta que no le hubieron prome-tido que no la dejarían sola ni un segundo. Dios mío! ¡Está ahí! ¡Está ahí! ¡Miradlo: anda por ahí! –gritó señalando hacia la puerta de la alcoba. que venga ya el ministro del Señor! -repitió en tono de súpli-ca-. -¡Oh. Estaban entrando en esta habitación cuandoRosese detuvo de repente y. Los dos consiguieron reanimarla después de mucho esfuerzo. por el amor de Dios. Tenía un aspecto sal-vaje y los ojos desencajados por el terror y el agotamiento. . Schalken se dirigió a la puerta de la habitación. Sólo Él podrá liberarme. Después de beberlo. El pintor y su alumno oyeron luego abrirse la puerta de la calle. Schalken y él portaban sendas velas para que todos los objetos estuvieran suficientemente iluminados. por favor! -volvió a implorar-les-. ¡imagen más que mortal del hambre!. Venía muy sucia y perturbada por el viaje. pues rompió a llorar amargamente y a retorcerse las manos: -¡Por favor. pareció sentir de repente una gran vergüenza. Una vez recobrado el conocimiento. le ofrecie-ron al punto el vino. estoy perdida. que ella bebió can una prisa y una ansiedad que los sorprendió a los dos por igual. dijo: -¡Oh. No me sen-tiré segura hasta que no venga. levantando la vela para que su luz ilu-minara con mayor claridad el interior del dormitorio. o tam-bién pudo ser que otros pensamientos más turbadores y espantosos se hubieran apoderado de ella. Pero no vio a nadie allí.Roseexclamócoresa impaciencia que es fruto del terror: ¡Vino. se dejó guiar por ellos hasta el dormitorio. ella se le adelantó: cogió ávidamente el trozo y lo desgarró y devoró como una fiera. penetró en pos de la sombra que se les había adelantado. pero su vesti-do los sorprendió tanto como su inesperado aspecto: llevaba una especie de sayo de lana blanca. Al dormitorio de Gerard Douw se accedía a través de una estancia muy espaciosa. cerrado a la apura del cuello. Schalken creyó ver una silueta oscura e imprecisa penetrar en el dor-mitorio. Si lo hacéis. no se le ocultaba que algo había entrado furtivamente en la alcoba. pero. La angustia con la queRoseles imploraba que no la dejaran sola ni un momento acrecentaba aún más su terror. nada más que los muebles. Tan pronto como la pobre criatura entró en la estancia cayó desvanecida. Cuando el paroxismo del hambre hubo amainado. tan extraña como urgente.

Gerard Douw. y. Está ahí. pero sus conjuntos y desesperados esfuerzos no sirvieron de nada. desde donde no dejaba de suplicarles que permanecieran a su lado. Pero su aviso había llegado demasiado tarde. Una vela ardía en la alcoba y tres en la estancia contigua. y un segundo después se hizo el silencio. retumbó desde la alcoba. se hallaba su tutor. se descorrían los pestillos de la ventana y ésta chirriaba sobre el alféizar. y. No vio ninguna silueta humana. trae otra vela! La oscuridad es peligrosa. Casi al mismo tiempo. Así. De vez en cuando repetía: «Los muertos y los vivos no pueden ser lo mismo. -¡Por Dios. y los sonámbulos duerman. junto a la cama. los precipitó dentro de la habitación. y Schalken se subió a una silla para divisar la calle y el canal. Dios lo ha prohibido. como: «Que los desvela: dos descansen. querido tío! -gritó la desdichada muchacha mientras saltaba de la cama y se precipitaba detrás de él para detenerlo. Sólo se oyó el ruido de unos pasos ligeros cruzando la estancia. En cuantoRoselo vio entrar en la habitación le pidió que rezara por ella como se reza por quien se encuen-tra en manos de Satanás y a quien sólo el cielo puede traer un poco de esperanza. como empujada por un fuer-te viento.Rosese hallaba acostada en la alcoba. Pero la ventana estaba abierta. Estaba vacía. cediendo a su presión. tan largo y desgarrado que apenas parecía humano. como si un momento antes éste se hubiera abierto para recibir un cuerpo pesado. El ancia-no sacerdote carraspeó. alarmada en extre-mo. está en esta habitación. Pronto llegó el sacerdote -un hombre de aspecto ascético y edad venerable-. olvidándose en aquel momento de sus reiteradas órdenes. Para que entiendan cabalmente el suceso que voy a contar ahora es preciso aclarar antes la situación exacta de las distintas partes en juego.-Lo he visto -aseguraba ella-. Lo conozco bien. pero ésta no cedió ni un milímetro. que el terror o los malos tratos hubieran perturbado la mente de la pobre muchacha. pero los gritos parecieron aumentar en volumen mientras. cuya puerta estaba abierta. lógicamente. entre tanto. como si la hubieran abierto. .» O decía otras frases arcanas. la fase final de un remolino en las aguas del ancho canal. considerando su aspecto hosco. Ya no oían rui-dos de ningún forcejeo ni brega. El anciano sacerdote y Schalken se hallaban en la antesala. una repentina ráfaga de viento apagó la vela que iluminaba la estancia donde se hallaba tendida la pobre muchacha. no se atrevió a hacerle ninguna pre-gunta para no reavivar recuerdos dolorosos y horribles que hubieran podido aumentar aún más su agitación. a quien Gerard Douw tenía en gran estima por ser un avezado polemista (sin duda era más temido por su combatividad que amado por su caridad) de moral infle-xible. pues. sobre todo. la puerta dejó de resultarles infran-queable. ¡Por el amor de Dios. cerebro sutil y corazón frío. Schalken y Douw volvieron a emplearse a fondo para abrir la puerta. la puerta que separaba las dos habita-ciones se cerró violentamente detrás de él. como desde la cama a la ventana.y por deseo expreso de ésta. Gerard Douw empezó a temer. y hasta llegó a pasársele por la cabeza. decidió pedir consejo médico tan pronto como la mente de su sobrina se hubiera tranquilizado gracias . pero antes de que tuviera tiempo de empezar. No me puede engañar. a la que ya me he referido. su actitud agreste y despavorida. Oyeron en la alcoba gritos incesantes. Está aquí cerca.» Hasta la llegada del sacerdote estuvo pronunciando frases inconexas de esta índole. no se vaya. exclamó: -¡Godfrey. en medio de la agitación del momento pasó a la sala contigua para traerle lo que pedía. creyeron oír. con ese desgañitamiento que caracteriza al terror desesperado. tan pronto como aquél hubo traspasado el umbral. está conmigo. si queréis salvarme no os mováis de mi lado! Al final lograron convencerla para que se echara sobre la cama. la hora intem-pestivay. que se hubiera escapado de algún manicomio y tuviera auténtico miedo de que sus per-seguidores pudieran atraparla. Schalken y su maestro se precipitaron hacia la puerta. la cual. sino sólo. Un último alarido. o al menos eso creyó él.a los buenos oficios del sacerdote cuyos auxilios tan urgentemente ella misma había solicitado.

pero. sino sobre todo la plasmación pictórica de su primer amor. ésta empezó a avanzar en dirección del tramo de las escaleras de la cripta. ni siquiera tristeza. El sacristán. un irresistible impulso a seguir su estela. percibió una figura femenina que iba envuelta en una especie de hábito blanco. dejó una fuer-te y duradera impresión en el espíritu de Schalken. La siguió unos instan-tes. . decidió por fin recurrir a su pipa y jarra de cerveza para hacer más llevadera la soledad. y aún seguía sin aparecer. A pesar de la tristeza y preocupación del momento. Un sentimiento mixto de terror e interés. que vivía a la sazón muy lejos de allí. a Rotterdam para asistir al funeral. Schalken se dirigió entonces a la iglesia.Rose Velderkaust. que encontró abierta y donde vio que estaba anunciada la ceremonia. No había nada horrible. que cayó en un sueño profundo. Estaba en una celda bastante grande en la que nadie había entrado desde hacía mucho tiempo. como era costumbre hacer en invierno en tales ocasiones. el cual. para gran sorpresa de éste. y con difi-cultad. como los que había inmortalizado Gerard Douw en sus cua-dros. estaba tendido junto a un enorme ataúd que descansaba sobre cuatro pequeños pilares. lo invitó hospitalariamente a compartir con él el calor de una lumbre que. Sin embargo. y en un rincón se hallaba una cama de cuatro columnas. recibió notificación de la muerte de su padre y de su próximo entierro en la iglesia de Rotterdam.RoseVelderkaust. El cortejo fúnebre tenía que realizar un viaje muy largo y. La figura se detuvo también y. seguida de Schalken. tomó un pasillo estrecho a la izquierda y. y portaba una lámpara.Nunca se halló el menor rastro deRoseni se supo nada con certeza de su misterioso cortejador (tampoco hubo nadie que aportara alguna pista en medio de aquel intrincado laberinto y permitiera mantener viva la esperanza. si es que de un espectro se trataba. que me parece especialmente valioso por cuanto que en él podemos ver no sólo ese estilo característico suyo que ha hecho que sus cuadros sean tan cotizados. había encendido en la chimenea de un cuarto que comunicaba con la cripta mediante un tramo de escale-ras. ocurrió una cosa que. En un primer momento Schalken pensó que el viejo sacristán lo había llamado. Tras restregarse los ojos. Schalken estuvo convencido de la realidad de esta visión y decidió legar a la posteridad una curiosa prueba de la fuerte impresión que le había producido: un cuadro ejecutado poco des-pués de dicha experiencia.) No obstante. cuyo misterioso destino siempre será objeto de especulación. Hasta el día de su muerte. descorrió las cortinas y proyectó la lámpara hacia el interior. Toda la estancia estaba llena de ricos y antiguos muebles. la figura se volvía frecuentemente hacia él con la misma sonrisa picaruela. al ver paseando por la iglesia a un caballero bien vestido con el propósito declarado de asistir a las anunciadas exequias. no contaba con demasiados asistentes. Pero. al mismo tiempo. y el pintor vio con horror la lívida y demoníaca figura de Vanderhausen completamente erguida sobre la cama. donde permaneció hasta que a la mañana siguiente lo descubrió el encargado de la cripta. vio también que habían abierto la cripta en que iba a recibir sepultura el cadáver. lo introdujo en lo que le pareció un aposento holandés a la anti-gua moda. Allí se sentaron Schalken y su anfitrión. La aparición. aunque para nuestros lectores más cerebrales no tenga ningún valor probatorio. Muchos años des-pués de los acontecimientos que acabamos de relatar. al volverse. bajó las escaleras. Schalken sintió una vaga alarma ante aquella aparición y. Esbozaba aquella misma sonrisa picaruela que había seducido al artista en los años felices de su primera juventud. Schalken llegó tarde. los cuales servían de protec-ción contra eventuales ataques de bichos. con cortinajes negros a su alrededor. llegada junto a la cama. al instante cayó sin conocimiento al suelo. lo empujaba en pos del espectro. demasiado intenso para poder oponerle resistencia. como se puede suponer. en su semblante. el cansan-cio de un viaje precipitado de casi cuarenta horas hizo mella en la mente y el cuerpo de Godfrey Schalken. del que fue despertado por alguien que le dio unos golpecitos en el hombro. se detuvo. el cortejo no había llegado todavía. la luz de la lámpara que llevaba le reveló el rostro y los ras-gos de su primer amor. al llegar a las escaleras. Llegó la noche. pero éste ya no estaba en el cuarto. Schalken. tras unos cuantos intentos vanos por hacer entrar a su huésped en conversación. que le cubría también la cabeza.

Jolliffe. que se peina con raya en medio y tiene recogido bajo la cofia. por qué no pre-para primero un poco de té y empieza luego. que un día tuvo también en sus brazos a la preciosa Laura Mildmay. tomó un traguito. -¿De veras? ¡Qué maravilla! -¡Pero no es uno de esos cuentos que están escritos! No es ningún cuento. Pero a esta criatura probablemente no le apetezca ahora.. Estos últimos años se ha dedicado al cuidado de inválidos adultos.Jenner-. Quienes recuerdan su rostro bonachón entre los primeros que emergen de las sombras de la inexistencia y le deben las primeras lecciones en el deleitoso arte de andar y balbucear. si el tiempo madura a unos y marchita a otros. podemos decir que la hora triste y tierna del ocaso ya le ha llegado a nuestra entrañable viejecita del norte. aún anda tiesa y con paso seguro y ligero.. aquel «lindo pelo» que ella pei-naba con tanto esmero para luego enseñarlo a las madres asombradas. Su pelo. -¿De fantasmas? Precisamente lo que más me gustaría oír en este momento. sino una historia verdadera que vi con mis propios ojos.EL ESPECTRO DE MADAM CROWL Hace ya unos veinte años queMrs.Jolliffe no luce aquel esbelto talle que la había distinguido. la cual entra ahora sonriente en la habitación.. arrugó ligeramente las cejas para concentrar-se en lo que iba a contar y alzó luego la mirada con un maravilloso . -¡Qué suerte tiene! -exclamóMrs. y vio allí un fantasma. Ahora tiene más de setenta años. -Estaba empezando a contarme lo que le pasó la primera vez que la mandaron a trabajar a casa de una anciana que se estaba muriendo -diceMrs. si no te da miedo. y su rostro es algo más pícaro. aunque igual de afable. tras preparar un poco de esta tonificante bebida. le echa los brazos alrededor del cuello y le da dos sonoros besos. Llega a tiempo para escuchar un cuento.Jenner-. Pero. De cualquier modo. que le cuenten una historia de aparecidos y de fantasmas. Algunos de ellos lucen ya algu-nas canas entre los mechones morenos. siéntate aquí con nosotras.pues sus nombres permanecen grabados para siempre en las grises lápidas del camposanto. La buena mujer obedeció y. justo antes de irse a la cama. es ahora más blanco que la nieve. y no le pue-den quedar ya muchos más mojones que contar en el camino que la lle-vará a su morada definitiva.Mrs. cariño -dijoMrs. las cuales no se ven ya por la pradera deGolden Friars. -Bueno. tras dejar en manos más jóvenes a la pequeña población que vive en la cuna y anda a cuatro patas.Jenner-. están en la actualidad bastante creciditos también. Así..

-Ah. No te olvides de ponerla bajo la almohada todas las noches. Al mirarlo a la cara para decirle «Sí. dentro de la cual se podían vislumbrar cuantas sombras se quisieran.gesto de solemnidad. es un fantasma en toda regla. Mi tía era allí el ama de llaves. -Porque sí -dice él-. las macizas vigas del techo y la majestuosa cama de columnas con cortinas oscuras. Bueno. ¿Llevas alguna biblia? -Sí. en Applewale. y empecé a comerme las manzanas miran-do por la ventanilla de la calesa. A veces pienso que a lo mejor estaban bromeando. con laboiseriede roble. Y. y el viejo cochero JohnMulbery. al ver el carruaje y el caballo me entraron ganas de volverme con mi madre a Hazelden. Estaba llorando cuando subí a la calesa. pero la noche que llegué a la finca de Applewale tenía sólo trece años. Aquella vieja estancia era un escenario ideal para semejante narra-ción. señor -digo yo. me preguntaron adónde me diri-gía. y yo sabía que la llevaba conmigo. Yo lo miré como diciendo « ¿por qué?». puso los ojos en blanco y empezó su narra-ción con estas palabras: El espectro demadam Crowl Yo soy ahora una mujer vieja. Mrs. Te protegerá contra las . me compró medio kilo de manzanas en elGolden Lionpara que me alegrara un poco y me dijo que había un bizcocho de grosella y té y chuletas de cerdo esperán-dome. aunque la letra es demasiado pequeña para mis ojos fatigados. todavía la conservo en mi armario. señor». Hacía una hermosa noche de luna. Yo iba con un poco de miedo cuando llegué a Lexhoe. recién salida la luna. que parecían concitar terror antes incluso de abrirse. Es una vergüenza que los caballeros asusten a una pobre muchacha inocente como era yo entonces. creí verlo guiñar un ojo a su amigo. pues mi madre me había metido una pequeña biblia en la maleta. Tú mírala y obsérvala bien: verás que está poseída por el demonio. -Bien -dice él-. y una especie de calesa estaba esperándome en Lexhoe para llevarme hasta Applewale.Jenner y la bonita muchacha estaban atentas a los labios de la anciana. en el cuarto de mi tía en Applewale. Al caer la tarde. aunque no estaba segura. y más te vale que no se lo cuentes a nadie. pues yo hablaba con el mayor candor y no se me ocurría ocultarles nada. yo les dije que iba a servir a casa de la señora Arabella Crowl. los muebles antiguos.Jolliffe carraspeó.vas a durar poco allí. que era una persona de gran corazón. cerca de Lexhoe. La buena deMrs. sino que quería más bien resultarles simpática. entonces -dice uno de ellos. Eran dos caballeros que habían subido también a la calesa. y. todo bien calentito.

Bueno. además de la vieja señora de la casa. en todo el tiempo que estuve allí. como os he dicho. y con aquel caserón tan grande delante de mí. he de decir que cuidé bastante bien a la señora. yo llevaba la cabeza sacada por la ventanilla. Me entró tanto miedo cuando dijo aquello que no os lo podéis imaginar. su ayu-danta. con adornos y madroños rojos.y unos gabletes que a la luz de la luna parecían más blancos que una sábana. pero era un poco sucia y guardaba la ropa de fiesta bajo llave y llevaba puesto casi siempre un vestido de sarga color chocolate. trataba de animarme con sus risas y chascarrillos. y grandes postigos a la antigua usanza. aunque mi tía siempre fue buena conmigo. Mi tía me llevó a su alcoba para que descansara un poco mientras ella preparaba el té en su cuarto.era una mujer bastante gruesa y muy alegre de unos cincuenta años. Y me habría gustado preguntarle muchas más cosas sobre la vieja señora. con grandes vigas negras horizontales y verticales. y a la hora del té no paraba de contar historias. y de repente nos detuvimos delante de ella. Sentí un nudo en la garganta al ver que se había terminado el viaje. y hablaba muy poco. Los árboles eran espesos y grandes. El corazón me dio un vuelco cuando el vehículo enfiló la oscura ave-nida. casi tan viejos como la vetusta mansión. aunque se debió sobre todo a mi tía y a Meg Wyvern. cara pálida con ojos negros. Yo lo vi sólo dos veces en todo el tiempo que pasé en la mansión de Applewale. Mi tía me besó en el vestíbulo y me llevó a su habitación.Wyvern cuando hablaba de ella.y era nieto demadam Growl-iba por allí dos o tres veces al año para asegurarse de que la señora era bien tratada.garras de la vieja. esperando que apareciera ante mi vista la gran mansión.Wyvern -mi tía la llamaba Meg Wyvern cuando hablaba con ella yMrs. y. pero tenía muy buen carácter y estaba siempre riendo. en Lexhoe. . pero era una mujer algo severa y creo que habría sido más afectuosa conmigo de haber sido yo hija de su hermana y no de su hermano. y la mayoría de las habitaciones estaban completamente cerradas. pero su pala-bra era ley. Cobraba un buen sueldo. y ni cuatro personas con los brazos extendidos tocándose con las puntas de los dedos habrían podido abarcar el tronco de uno de ellos. a la que había ido a ser-vir y a la que ya tenía miedo. y sombras de árboles -dos o tresque se deslizaban por la fachada -se podían contar las hojas-. El señor de la casa -se llamabaMr. Era una casa enorme en blanco y negro. y todos los crista-les de las ventanas en forma de rombo. pero yo era demasiado tímida y su amigo y él se liaron a hablar de otros asuntos. Nunca me dio nada. No tengo nada que reprocharle. Tenía más de cincuenta años. a pesar de todo. que le duraba muchísimo tiempo. y al poco tiempo me apeé.y manos largasy finas con guantes negros. Mrs. Por mi parte. que eran unas personas muy responsables y cumplidoras. amarillos y verdes. sólo que era una mujer algo intransigente y demasiado callada. pues no había más que tres o cuatro criados. y demadamCrowl. que tenían el pestillo echado en el resto de las ventanas delanteras. sujetos con bisagras al muro exterior.ChevenixGrowl. que andaba muy despacio. como me veía tan triste y apena-da. que brillaban sobre todo en el ventanal del vestíbulo. y yo tan cerca de mi tía que no había visto nunca antes. Era alta y delgada. Pero ésta es otra historia que no viene a cuento aquí. y creo que ella me gustaba más que mi tía -a los niños se les gana enseguida con una broma o un cuento-. ni dos peniques.

-Ha subido a ver si la viejaJudithSquailes está despierta -diceMrs.supongo -dice ella-. Para lo vieja que es. pensé. por favor: ¿está bien de salud la vieja señora? -Bueno. No hables tanto. -Y otra pregunta. su hermano. y me miró a la cara y me dijo que me parecía a mi padre. alegre y parlanchina como siempre (seguro que hablaba más en una hora que mi tía en todo un año. por favor. Te aconsejo que no preguntes cosas de ella delante de tu tía. encontré un fuego estupen-do alimentado con carbón. y en la mesa té. Últimamente ha estado tosiendo un poco. bizcocho reciente y carne ahumada. No sé. Shutters. Shutters-ése era el nombre de mi tía. el del ama de llaves -muy con-fortable. -Y dígame. y ya está. Cuando entré en el cuarto contiguo. Shutters. -¿Con la vieja señora? Bueno -dice ella-. y allí estaba la rollizaMrs. -Sí. lo que pasa es que está bastante chocha y no recuerda bien las cosas. -¿Por qué? -pregunto otra vez. y le gusta más que le cuenten Barba Azul a que le hablen de los asuntos de la corte o de la nación. pero que esperaba que fuera una cris-tiana mejor que él y que no intentara imitarlo. pues pierde los estribos y se la llevan los demonios a las primeras de cambio. todo en un mismo montón. -¿Cuántos años tiene la señora? -le pregunto. La señora es una vieja bastante quisquillosa.Wyvern. Tú la tomas como es. tiene un carácter de lo más fuerte que hay. y me preguntó si sabía hacer las labores elementales de costura. tiene un oído más agudo que un mos-quito. -¿Y por qué se marchó de aquí la muchacha. tu tía.te lo dirá. esa pregunta sí puedes hacerla -dice ella-. a tu tía no le gustan las mozas parlanchinas. Te conviene andar con cuidado con ella. mi tía subió a ver amadam Growl.Pero primero me dio una palmadita en el hombro y me dijo que estaba muy alta para los años que tenía y que me había criado muy bien. turba y leña. con paredes recubiertas de roble-. y tocar fuerte la campanilla si causa problemas.y yo estamos haciendo otra cosa. -Noventa y tres y ocho meses ya cumplidos -dice ella riéndose-. la que se fue el viernes pasado? Mi tía escribió a mi madre diciéndole que se iba a marchar. pero supongo que tendrás que estar sentada en su habitación con tus labores cuidando de que no le pase nada y procurando que se dis-traiga con las cosas que tiene encima de la mesa. ¿cuál va a ser mi trabajo con la vieja señora? -le pregunto otra vez. -¿Está sorda la señora? -No. ni ciega -me dice ella-.Wyvern-. se ha marchado. -No le gustó aMrs.) Mientras yo estaba aún tomando el té.Judithcuida demadam Growl cuandoMrs. que ya había muerto. pero ya .Mrs. Unas palabras demasiado duras para ser la primera vez que ponía el pie en su cuarto. y llevarle lo que te pida de comer o beber.

Ven aquí. A pesar de lo pálida que solía estar mi tía. por lo menos hasta los cien años. Era terriblemente aficionada a los vestidos. y el de Mrs. Todos eran muy raros y pasados de moda. No sé qué es. No es más que una prenda para una persona chiflada. me fui a la cama. zagala. ¿Qué tienes en la mano? -¿Esto. y. con correas y hebillasy unas mangas más largas que las cortinas de la cama. siéntate y tómate una jarra de cerveza antes de irte a la cama.y yo. El médico venía dos veces por semana a ver a la anciana.y veo dentro una extraña chaqueta vieja de cuero.Wyvern. . reírle las gracias y com-placerla en todo.está mejor. todo el mundo hacía lo que él ordenaba. conviene que lo sepáis. Wyvern estuvo desternillándose de risa arrellanada en su sillón. vamos! La muchacha no quería hacer ningún daño. Al ver que yo estoy llorando. y creo que el té me había puesto tam-bién bastante nerviosa. tía. pues todo era nuevo para mí. pero no conseguí oír ni una sola palabra de labios demadamCrowl (creo que no dijo nada. cuando ella muriera.) A veces se enfurruñaba y entonces no dejaba que la vistieran ni desnudaran. Había una cosa que todos tenían bien claro: bajo ningún concepto debían llevarle la contraria ni burlarse de ella. Y. La vieja señora estaba de malas pulgas aquella noche (llevaba así desde después de comer. y yo debía estar atenta a sus posibles llamadas.Wyvern estaba al otro lado. volvién-dose hacia mí cuando más distraída la creía-. Tú no nos hagas preguntas y nosotras no te contaremos mentiras. Durante todo aquel tiempo. doy unos paseos por la habitación mi-rando las cosas que hay. pero valían una fortuna.Wyvern hablar y me puse la mano en la oreja para ver si pillaba algo.) Todo el mundo la colmaba de atenciones. salvo de vez en cuando en alguna fiesta u ocasión especial. y sus colecciones habrían bastado para llenar siete tiendas por lo menos.Mrs. cerró la puerta con brusquedad. ¡Shhh! Ahí viene tu tía por el pasillo. todas sin excepción se quedarían sin trabajo. sino. estaba en el piso de arriba. Creo que estuvo a punto de darme un buen sopapo. tía? -digo yo volviéndome con la chaqueta de cuero en la mano-. el rubor le afloró a las meji-llas y los ojos se le iluminaron de rabia. y había también una puerta abier-ta en laboiserie. que empiezo a sentirme más a gusto en la casa. Pero en Applewale no quedaba ya nadie con vida que recordara aquellos tiempos. que cobraban un buen sueldo y vivían holgadamen-te. Y entra mi tíay se pone a hablar conMrs. antes bien. -¿Qué haces ahí? -dice mi tía con un tono bastante brusco. Oí aMrs. Las personas que trabaja-ban en Applewale. le dice: -¡Vamos. Pues bien. como podéis imaginar. diciendo: -Mientras estés aquí no metas las narices donde no te importa. sabían que. secándose los ojos de tanto reír. pero me dio sólo un empujón mientras me arre-bataba aquella prenda de las manos. y me atrevo a decir que tiene cuerda todavía para rato. Se decía que había sido muy guapa de joven. donde permanecí un buen rato despier-ta. a un lado del de la vieja señora. Había unas preciosas piezas de porcelana en el aparador y varios cuadros en la pared. vamos. mira a mi tía y. volviéndola a colgar en su sitio. Mi cuarto. pues no estaba acostumbrada a tomarlo.

noté que la puerta se movía y. salvo los momentos en que bajé para tomarmi alimento. Dicho lo cual. con una inmensa cama de columnas rodea-da de cortinas de seda con flores estampadas que bajaban casi desde el techo hasta el mismo suelo. Pero no pillé ni una sola palabra de cuanto dijo. señora. y también oírla hablar. ¿quién podrá contra nosotros? Seguí con la oreja orientada en dirección de la puerta y conteniendo la respiración. Para lo que yo estaba haciendo en aquella casa. Wyvern y yo volveremos enseguida. y lloré bastante pensando en mi casa mientras caminaba sola por aquellos para-jes. vi asomar el rostro de mi tía.. Luego la misma voz extraña de la cama dice otra cosa que tampoco logro distinguir. pues estaba empezando a tener miedo en aquel cuarto tan amplio.Mrs. Sí oí a mi tía contestarle: -Señora.o un animal. lo mismo podía haberme quedado en Lunnon. y el día estaba nublado. para distraer la mente. Fue entonces cuando oí por primera vez la que supuse era la voz de la vieja señora. Tenía un timbre extraño. conlas velas ya encendidas y sola en mi cuarto. y digan lo que quieran. el Maligno no puede hacer daño a nadie si el Señor no lo permite. y todo el día siguiente. -¡Shhh! -me dice en voz baja con una mano en los labios mientras se acerca de puntillas-. el mayor que había visto en mi vida. tú bajarás luego corriendo yJudithte ser-virá la cena en mi habitación. ya sabéis. Al atardecer. ¿sabéis qué se me ocurre? Pues' nada menos que mirar dentro del dormitorio de madam Growl. Pero me alegré cuando se terminó el paseo: los árboles eran muy grandes y el lugar umbrosoy solitario. como antes. La habitación estaba iluminadísima: conté hasta veintidós velas de cera. Y mi tía le vuelve a contestar: -Que pongan mala cara. y yo encerrada en mi cuarto cosiendo. mirando en aquella dirección. toda aquella noche. Ella seguirá dormida en su habitación.. pero ya no volví a oír nada más en aquella habitación. no hagas ruido hasta que vuelva. aguzando el oído de vez en cuando. Había también un espejo. Cuan-do nosotras hayamos subido. ni siquiera el ruido de la respira-ción. todas . mientras hojeaba las fábulas ilustradas de Esopo. mirando esto y aquello. Me habría gustado ver a la vieja señora. Era una gran habitación. se fue. como de un ave -no sabría decir cuál en concreto. Unos veinte minutos después. Al final. los pasó acos-tada con la ropa puesta y sin decir palabra. Luego me levanté y me puse a pasear de un lado a otro. pero sin oír nada. Gracias a Dios que se ha dormido por fin.Pues bien. si el Señor está de nuestro lado. Yo seguí hojeando el libro ilustrado. Me froté las orejas para oír lo mejor posible. vi que estaba abierta la puerta que daba a la estancia demadam Crowl. su voz parecía un gemido apagado. entonces me puse a hablar con las ilustraciones y conmigo misma para distraerme un poco. donde se encontraba mi tía. Voy a bajar a tomar mi taza de té. mi tía me dio una hora libre para que fuera a pasear. Después de comer.

me armé de valor y entré en la habi-tación de puntillas sin dejar de mirar ami alrededor. pero sus dedos estaban ya a sólo unos centí-metros de mi garganta.Wyvern. escarlata y verde.y yo aproveché para dar media vuelta y atravesar mi cuar-to y bajar las escaleras como una . Yo seguía retrocediendo. qué espectáculo! Una gran peluca empolvada. pequeña granuja! ¿Por qué has dicho que yo maté al niño? Te voy a hacer cosquillas hasta dejarte tiesa. Apuntando hacia mí con los dedos tiesos. y en aquel instante apareció mi tía en la puerta y lanzó un grito seco y la vieja dama se vol-vió hacia ella. Decían que se colocaba ante el espejo ataviada de aquella manera. cuánto pellejo! Tenía la garganta. de ApplewaleHouse. Satén y seda. riéndose nerviosamente y babeando. tenía una nariz retorcida y flacuchay se le veía la mitad del blanco de los ojos. todas ellas terminadas en punta. finalmente. Pero no podía apartar los ojos de ella. des-corro lentamente las cortinas y veo tumbada ante mí. Un cadáver no deja de ser una cosa natural. pero aquello era la cosa más espantosa que jamás se había visto. como la dama pintada en la lápida de la iglesia de Lexhoe. queridas. primero los dedos y luego la mano entera. posa ruidosamente los dos tacones en el suelo y se me queda mirando fijamente con sus dos ojos grandes y vidriosos. se sienta en la cama.. Al no oír respiración alguna. Impo-sible ver algo igual en aquellos días. empolvada de blanco y las mejillas de rojo. pegadas a los costados. a la famosa madamCrowl. Pero. Pero así era. y encorvada por la edad. donde está la vieja señora?» Me consideraréis una descerebrada si os digo que tenía muchísimas ganas de ver amadamCrowl. Retrocedí otro poco hacia el rincón y solté un terrible alarido -como si me estuvieran arrancando el alma del cuerpo-. ¡Virgen santa. con los dedos apuntándome a la garganta y haciendo todo el tiempo con la lengua un sonido como «sisss-sisss-sisss».Allí estaba ella completamente engalanada. y no me quedaba más remedio que recular de la manera que podía.. le coronaba la cabeza y ¡madre mía.encendidas. estoy segura de que os habríais llevado un buen susto ante aquella visión.. Bueno. con una malvada risita en los labios arrugados. Entonces. se me pasa por la cabeza: « ¿Por qué no echar un vistazo a la cama. con un abanico en la mano y un ramillete de flores en el corpiño. hasta mi corazón parecía haberse parado.y allí estaba ella tan tiesa y orgullosa.. me habría dado la media vuelta y escapado rauda. sabía que perdería el conocimiento si llegaban a tocarme. Pues bien. a lo mejor pasan muchos días sin que se me presente una ocasión tan buena. voy y me acerco a la cama. Si hubiera pensado un instante. Era un capricho suyo que nadie se atrevía a negarle. casi tan alta como ella. ¡Dios mío!. que deja ver una gran dentadura postiza. y unas cejas postizas pardas. se da la vuelta. con un par de calcetines de seda con espiguilla y unos zapatos de tacones altísimos. Tal vez anti-guamente había estado de moda entre la gente de postín llevar las uñas tan largas. Tenía las manos. Pero me armo de valor y me deslizo entre los pesados cortinajes. Permanecí junto a la puerta con el oído aguzado mientras contempla-ba embobada la escena. oro y bordados de filigrana. y las piernas me tiemblan. que se las pegabaMrs. Y he aquí que de repente abre los ojos. pero sigue el mismo silencio sepulcral. Yo no podía ni soltar la cortina ni moverme ni apartar los ojos. Entonces me acerco a mirarme en el gran espejo. Las cortinas están echadas. Espero un poco. y comprobar que no se movía ni un pliegue de las cortinas. y. mientras ella seguía chacoloteando como una marioneta. pequeñas y arrugadas. y yo pensaba para mí: si no la veo ahora. arrugada y fofa. me dice: -¡Oye. y os aseguro que en mi vida había visto unas uñas tan largas.

Wyvern -le contesto. Os aseguro que estuve llorando un buen rato a lágrima viva en el cuarto del ama de llaves. sino que le entró una gran depresión y debilidad y se fue apagando entre muchas toses. por lo que se pensó que se había ahogado. El médico temía que le hubiera dado un ataque de locura.Judithsiempre estaba conmigo cuando las dos mujeres mayores se ausentaban de la habitación de la vieja señora. Pues bien.exhalación. con sus zalamerías y halagos. donde se bañaba y pasaba el día pescando o remando en una barca. Se le dejaba demasiada libertad. Mucho antes de que llegara mi tía. era el titular de la finca en la época en que yo llegué a Applewale. el señor de Chevenix Crowl. pues le había ocurrido lo mismo quince años antes. como os he dicho. Después de aquello. la gente comentaba que la madrastra sabía más cosas de las que estaba dispuesta a contar. Una semana después. « ¡Oye. siendo joven y muybella . Yo habría saltado por la ventana antes que quedarme sola en la habitación con ella. Y como del niño nunca más se volvió a saber nada. un viudo con un hijo de nueve años. aquel suceso había sido la comidi-lla diaria de toda la comarca. en cuya ocasión la habían tenido que sujetar con una camisa de fuerza. la misma prenda de cuero que yo había visto en el armario junto a la habitación de mi tía.Wyvern se rió bastante cuando le conté lo sucedido. sólo que su sombrero había aparecido junto al lago bajo un espino que todavía se puede ver en el día de hoy.Mrs. Y el hijo que el señor Crowl había tenido de su segundo matrimonio con la señora acabó heredando la propiedad.Mrs. creo recordar. Recuerdo que era invierno. con el paso del tiempo la gente fue olvidando aquel suceso. Y yo se las repetí. Pues bien. Unos setenta años atrás. ora a la conejera. pero mudó el semblante cuando oyó las palabras que me había dicho la vieja señora. solía salir de casa por la mañana para ir ora a la granja del guarda a desayunar con él. no ocurrió así. Llevaría unos seis meses allí cuando a la vieja señora le sobrevino la última enfermedad.Wyvern estaba conmigo me contó una cosa de madamCrowl que yo no sabía. y muchas veces ya no volvía hasta la noche. Y. cuando le dio por farfullar . nieto de la vieja señora. -Yo no digo eso. nadie supo decir qué le había pasado. Un buen día aquel niño desapareció y nadie supo decir adónde había podido ir. el viejo señor. hasta un día o dos antes de pasar a mejor vida. Y ahora voy a contaros lo que yo vi con mis propios ojos. de Applewale. se había casado con el señor Crowl. -Repítelas otra vez -me pidió. y que había conseguido camelar a su marido. un día queMrs. el hijo de éste. pequeña granuja! ¿Por qué has dicho que yo maté al niño? ¡Te voy a hacer cosquillas hasta dejarte tiesa!» -¿Y dices que ella mató a un niño? -me pregunta. También solía bajar al lago.

apuntándome con las uñas de sus manos arrugadas como si fuera a clavármelas. que está colgada en la pared. Y el gran espejo en el que la vieja señora tantas y tantas veces se había mirado y remirado de pies a cabeza. pero afortunadamente pasó por delante de mí. La habitación que yo ocupaba ahora era bastante amplia. sino que me quedaba en la cama muerta de miedo mientras oía sus alaridos y ara-ñazos en el suelo. una distancia tan grande que el cura y el doctor acordaron que no convenía tenerla durante más tiempoinsepulta . y alargó las manos para coger algo que había allí . Esto ocurrió la noche antes de que llegara a Applewale el señor de Chevenix. Aquel día recibimos la noticia de que el señor llegaría a Applewale a la mañana siguiente. Así. mi tía y el resto de nosotras. creyendo que el fuego ha prendido en algo. como si alguien la estuviera amenazando con un cuchillo en la garganta. con una ráfaga de aire frío. que era un rincón en el que había estado antes la cama de columnas. Podéis imaginar que ya no volví a entrar en su habitación. cuya puerta estaba abierta de par en par. y sobre todo en mi hermanaJanetylos gatitosy los perros y todo lo demás. Dios bendito! Pues nada menos que a la vieja arpía. se ponen a bailar como locas en el techo y las paredes. de la silla y de mi bata.Mrs. Además. lo habían sacado de allí y dejado temporalmente apoyado en una pared de mi habitación. con el rostro oculto entre sus viejas y hechizadas manos e implorando piedad. Pero éste se encontraba en Francia. Al final. Estaba acostada de espaldas a la puerta y miran-do a la pared. y así pasó por fin a mejor vida y todo se terminó para la viejamadam Crowl. pero. y nosotras seguimos viviendo en la gran casa hasta que el señor viniera a darnos a conocer su voluntad y a pagarnos el finiquito que considerara oportuno. A mí me pusieron en otra habitación. El cura estaba allí y rezó por ella. pero nada podían hacer ya por ella los rezos. se caía al suelo. sobre las doce y cuarto veo unos resplandores en la pared como si algo estuviera ardiendo por detrás. y la habitación más oscura que boca de lobo. Venía derecha hacia mí. de Applewale. Pues bien. Aquel mismo día escribie-ron al señor de Chevenix para que viniera cuanto antes. como solía llamar-la mi tía.atropelladamente pala-bras incoherentes y dar chillidos en la cama. una silla y una mesa. Y me puse a pensar enseguida en todos los de mi casa. derecha a la pared de la recámara. y vuelvo deprisa la cabeza. y se ponía a hacer cosas fuera de la cama. poco sentido tenía ya el que siguiera con vida. muy pocos enseres para una habita-ción tan grande. que no tenía cortinas. Yo no me podía mover. que fue amortajada e introducida en el ataúd. emperifollada en sus satenes y terciopelos haciendo muecas con los ojos desencajados y con la cara más fea que se puede imaginar. pero sin más muebles que mi cama. dos puertas más allá de la que había sido la alcoba demadam Crowl. toda vez que los únicos que iban a asistir al entierro eran ellos dos. pues como podéis imaginar se sacaron muchas cosas de su alcoba para amortajarla. conboiseriede roble. lo cual me alegró sobremanera. y el reloj dio las doce y aún seguía despierta.Wyvern. y estaba tan nerviosa que no me podía dormir. El bajo de su vestido iba rodeado de un resplandor rojo que parecía estar con-sumiéndole los pies. Muchas de las cosas que decía a grito pelado habrían puesto los pelos de punta al mismísimo diablo. la vieja dama de Applewale fue enterrada en la cripta de la iglesia de Lexhoe. ¡Y qué veo.JudithSquailes y una mujer de Lexhoe estaban siempre atendiéndola. y las sombras de la cama. al no tener suficientes fuerzas para caminar ni permanecer de pie. pues casi estaba segura de que me volverían a mandar a casa con mi madre. o algo parecido. le dieron unos ataques que la dejaron postrada. Mi tía. ahora que carecía ya de función.

mozuela -dice pensativa. el viejo Wyndel me contó que había una puerta en ese cuarto de la izquierda. Podéis imaginar que no pegué ojo aquella noche. una llave muy grande con un extraño ojo de metal. creyendo que me voy a desvanecer.dentro.Wyvern. sin saber cómo he llegado hasta allí. y no me atreví a acercarme hasta que me llamaron. La vajilla y las joyas se guardaban allí hasta que pusieron el arma-rio metálico en el cuarto trastero. no sé lo que le diría. El señorCrowlllegó a Applewale aquel mismo día. Me dice que no tenga miedo y luego me pregunta: -¿Llevaba la aparición alguna llave en la mano? -Sí -le digo. -Espera -dice soltándome la mano y abriendo el aparador-. y yo era un niño entonces. pues sabes que no existen en el mundo esas cosas que llaman fantasmas o espíritus. las recibí como agua de mayo. Debe de ser un sueño. como podéis imaginar. como me había esperado. esto basta. como rumiando algo y volviéndola a meter donde estaba. ¿Era como ésta? -me pregunta sacando una llave y enseñándomela con el ceño fruncido. Pues bien. pero es mejor que tú te vayas a casa esta misma tarde. por ser el hombre más rico de Lexhoe. acordándome de pronto-. Mi tía estuvo hablando con él en el cuarto del ama de llaves. también me contó que la llave tenía un anillo de metal. se queda pensando un rato y le dice a mi tía: -Recuerdo bien ese rincón. fuera lo que fuera. a la que doy un susto de espanto. Pero aquélla era la primera que hablaba conmigo. Pero. y esa llave que tú dices la encontraron en el fondo del arcón donde . la que la chica soñó que había abierto mi abuela. -Segurísima -digo yo. y la habitación se queda a oscuras. y con las primeras luces bajo a ver a mi tía lo más deprisa que me permiten las piernas. Y él me dice sonriendo: -Cuéntame todo lo que has visto. de unos treinta años de edad. -¿Estás segura? -vuelve a preguntarme. era un hombre apuesto. Y de repente se vuelve hacia mí pivotando como una marione-ta. Aquellas palabras. sino que me coge de la mano y me mira fijamente a la cara. -Esa misma -le contesto. De eso hace veinte años. Mi tía recogió todas mis cosas y me dio también las tres libras que se me debían. Cuando termino. zagala. Por fin me res-ponde mi lengua y suelto un alarido mientras salgo disparada por la galería y casi arranco de cuajo la puerta deMrs. que te buscaré otra casa en cuanto pueda. dándole la vuelta. Era la segunda vez que lo veía. -El señor llegará antes de las doce del mediodía. y no te preocupes. supongo que yo me iré pron-to de aquí. Yo no había visto nunca aquella puerta. todavía pensativa-. En tiempos del viejosirOliver. y yo me veo de pie en la otra punta de la cama. y debemos contarle lo que has visto -dice. mi tía no me echa ninguna regañina. siéntate aquí y cuéntamelo todo de pe a pa. Tendría más de ochenta años cuando me lo contó. querida. Yo le tenía a él bastante respeto. -Bien.

justo lo que me imaginaba. que podía ser también la vieja bruja más chupada que jamás se ha visto en la tierra. tienes que subir conmigo y decirme dónde estaban exac-tamente las cosas que viste. nadie habría imaginado que había allí ninguna puerta. creí saber perfectamente en qué esta-ban pensando los dos en aquel momento. El corazón se me desbocaba en la gar-ganta. Y en lo sucesivo nunca volví a ver amadamCrowl de Applewale. El caballero la cogió y entró. pues estaba más oscuro que boca de lobo. sacar el trozo de madera de la cerradura. Y esta muchachita me dice usted que se marcha hoy mismo a su casa. más extraña que la primera.. Lo corrimos y vimos el con-torno de una puerta en laboiseriede roble y el ojo de una cerradura obturado con madera y cepillada con el mismo cuidado que todo lo demás y todo el reborde de la puerta tapado con masilla de color roble. con paredes y bóveda de ladrillo. gracias . Bueno. entra despacio con el atizador en ristre y asesta a la cosa un batacazo tal que ésta cae estrepitosamente. con lo que hace. Me dio una libra de oro y yo marché a Lexhoe aproximadamente una hora después en la diligencia. y tuve bien agarrada la mano de mi tía todo el rato que estuve en aquella espantosa habitación diciéndoles a los dos por dónde se había movido la aparecida y dónde estaba exactamente la puerta que yo había visto en la pared. no me extrañaría nada que encontráramos allí algunas cucharas de plata o diamantes. Mi tía encendió una vela.ella guardaba sus viejos abanicos.. señor. no vimos lo que había dentro. y.Mrs. Vamos. Vol-veremos después usted y yo. Tenga cuidado. Mi tía. en medio de un montón de huesos y polvo. pero luego él coge la calavera que yacía en el suelo. de manera que. Durante un buen rato nadie dice nada. de no ser por los goznes que sobresalían ligeramente. Había otra puerta dentro. -¡Ahá! -dijo él con una sonrisita-. El cuarto era bastante pequeño. pero que no tenía cierres y se abrió fácilmente. retrocediendo-. Bueno. tras darle una vuelta. y bien contenta que volví a casa. cabeza incluida. Shuttters. el cerrojo cedió y la puerta se abrió acompañada de un chirrido. zagala. A pesar de lo joven que yo era. a mirar en los estantes más detenidamente. -¡Ahá!-exclamael caballero. en lugar de obedecerle. yo no veía absolutamente nada. ¿no? Supongo que ya tendrá su paga. yo quiero hacerle además un regalo -dice él dándome una palmadita en la espalda. trataba de mirar por encima de sus hombros. Ahora tengo otros asuntos que tratar con usted. Obedecí con poco entusiasmo. ¡Qué puede ser eso! Déme el atizador. todo lo demás se había reducido a polvo al primer impacto. -Un gato muerto -dice él retrocediendo y cerrando la puerta-. -¡Virgen santa!-exclamami tía al darle el atizador y viendo también por encima de sus hombros aquella cosa espantosa-. Eran los huesos de un niño. con un pequeño cincel y un martillo. Pero allí había ahora un armario viejo. Y mientras ella va a la chi-menea yo miro por debajo de su brazo y veo agachado en el rincón más lejano a un mono o una cosa despellejada encima del arcón. ¡Mejor retírese y cierre esa puerta! Pero. de puntillas. ¡deprisa! -ordena a mi tía. Se necesitó sólo un par de minutos para. La llave entró perfec-tamente.

nos eximía de la obligación semanal de pagar alquiler. por el otro. Él residía en el campo. La pluma. víctima de un con-tagio contraído en el noble desempeño de su labor sacerdotal. bas-tante distinto a mí. Pero había un puñado de canicas y un cuchillo con mango verde. Creo que él habría tenido bastante éxito de haberse dedicado a esta profesión. cuan-do su anciano padre creía que se había escapado o lo habían raptado unos gitanos. en una palabra. si me aseguran los mollia tempora fandi. puede resultar bastante bien -si yo no me alabo a mí mismo quién lo va a hacer en mi lugarPero es un riesgo hacerlo como me piden que lo haga. . después de que la charla junto a la lumbre lleve un buen rato versando sobre emocio-nantes relatos llenos de terror y misterio. También me dijo que alguien había dejado su sombrero al borde del lago para hacer creer que se había ahogado. Pero si logran conven-cer a sus amigos para que la lean una vez caída la noche. Pero cuando ya era una mujer. y que él vio la luz. por cierto. Así. no voy a desperdiciar más palabras y paso ya a contarles la historia en cuestión. El salón que daba a la calle nos servía de cuarto de estar. y el mobiliario escaso. en la que se decía que el pequeño llevaba con él un cuchi-llo de mango verde y varias canicas. baste con saber que era de carácter tranquilo. ni en apariciones ni en sueños.y. RELATO DE CIERTOS SUCESOS EXTRAÑOS EN LA CALLE AUNGIER Esta historia mía no es para escribirse. que soy de un temperamento excitable y nervioso. Por lo que aquí interesa. yTomme pro-puso que nos alojásemos en la susodicha casa mientras no se alquilara.a Dios.una de las cuales estaba vacía en la época en que acudimos a la capital a estudiar. supongo. nuestro proyecto se llevó a cabo casi tan pronto como fue concebido. súplicas y aporreos pudieran ser oídos por nadie. junto a la lumbre después de una buena cena una noche de invierno con el viento frío rugiendo fuera y todos bien calentitos y confortablemente instalados. Pues bien. presupues-tas estas condiciones. y muy escrupuloso en la observancia de la verdad. me pondré a trabajar enseguida para contarles con la mejor disposición lo que tenga que contar. sin que sus gritos. la tinta y el papel son vehículos muy fríos para lo maravilloso. pero franco y alegre. Toda su ropa se convirtió al primer toque en una nube de polvo en el cuarto donde se encontraron los huesos. nuestros enseres eran casi tan simples como los de una tienda de campaña. mi tía vino a pasar conmigo un día y una noche en Littleham. y el «lector» es decidi-damente un animal más crítico que el «oyente». en una palabra.padre deTom. nos permitía vivir más cerca de nuestras aulas y diversiones. pero el pobre chico prefirió la iglesia y murió joven. la última vez que se le vio. por un lado. una propuesta doblemente satisfactoria.había comprado tres o cuatro casas viejas en AungierStreet. como a veces he hecho a petición general. del caserón de Applewale. Si se cuenta. junto con un par de peniques que el pobre niño llevaba en el bolsillo. Y eso es todo lo que tenía que conta-ros sobre la viejamadamCrowl. Mi primo(Tom Ludlow)y yo estudiábamosmedicina juntos .y me aseguró que se trataba del niño desaparecido hacía tanto tiempo que aquella vieja arpía había encerrado en la oscuridad hasta que se muriera. Y entre los papeles del señor había una copia de la nota escrita después de desaparecer el niño. Mi tíoLudlow. Nuestras pertenencias eran contadas. pues.

que daba a la calle. el papel parecía algo vulgar y desento-naba del resto. Sin embargo. Para empezar. y que había pertenecido asir ThomasHacket. Sin duda había en sus propor-ciones y rasgos una discordia latente. Todo lo contrario que el dor-mitorio interior. El agente de mi tío que la compró y la inscribió en el registro de la propiedad me contó que había sido vendi-da. en la robustez especial de vigas y cornisas. en la singular solidez de toda la madera. junto con otras muchas fincas confiscadas. pues había algo extraño y pretérito en su arquitectura -en el alzado de las paredes y el tendido de los techos. se había amalgamado con el dormitorio al derribarse la pared. los amplios salones estaban tapizados de cuero dorado y. digo. el escéptico iba a recibir pronto un terrible correctivo. Esto me inquietó tanto más por cuanto que yo me preciaba de tener un sueño profundísimo y de ser poco propenso a las pesadillas. no era nada sombrío. como les voy a relatar a continuación. esta anciana. se acordaba de cuando el viejo juez Horrocks (el cual. Llevábamos poco tiempo viviendo allí. me atrevo a decir. empujado por una «locura temporal» había acabado colgándose él mismo con la cuerda de jugar a la comba de la maciza y vieja baranda. en la forma de puertas y ventanas. cada cual en su dormitorio respectivo.adquiría a mis ojos un carácter especialmente siniestro y fantasmagórico. En ella se veían muy pocas cosas nuevas. había conocido épocas y cambios suficientes para poseer ese aire miste-rioso y entristecido. no encuentro otra palabra mejor. tenían un aspec-to formidable. según dictamen del juez de instrucción) vivió aquí bien acompañado de excelente carne de venado que regaba con el mejor oporto. Me parece que su fachada había sido remozada unos cincuenta años atrás. que.Yo ocupaba el dormitorio de encima. como dije antes. Por la noche. en el extraño emplazamiento diagonal de las chimeneas. el que fuera alcalde de Dublín en tiempos de Jacobo II. a la vez interesante y deprimente. Toda aquella estancia en su conjunto me resultaba a mí. de alguna manera. Así pues. Sin embargo.creo. en 1702. esta «recámara» -como nuestra «criada» gustaba de llamar. que tenía dos ventanas melancólicas extrañamente orientadas -miraban inútilmente a los pies de la cama-. yTomel dormitorio de enfrente. cuando yo empecé a notar que pasaba malas noches y dor-mía mal. no puedo precisar cuándo la habían construido exactamente. cierta relación misteriosa e indes-cifrable que atentaba vagamente contra la esencia más íntima de lo que se suele entender por cómodo y confortable y ofrecía indefinibles sospe-chas y aprensiones a la imaginación. ahora .era nuestra única y solitaria criada: venía al ama-necer y se retiraba castamente tan pronto como dejaba preparado el té en nuestro señorial aposento. por nada del mundo habría aceptado yo pasar allí una noche solo. en él su antiguo confort parecía predominar sobre su algo tétrica vetustez. pero. Los dormitorios estaban recubiertos de madera. y ese cuarto oscuro que se encuentra en la mayoría de las casas antiguas de Dublín -cual gabinete fantasmagórico. enChichester House. que era interior y que a mí no me gustaba ni un pelo. en cualquier caso. omnipresente e impenetrable. Yo nunca había intentado ocultar al pobreTommis propensiones a la superstición. desde las barandas hasta los marcos de las ventanasque parecía abomi-nar de cualquier retoque para proclamar enfáticamente su antigüedad por muchos adornos y barnices modernos de que hubiera sido objeto. pero el mío. tras haberse ganado la fama de demasia-do amigo de condenar a la horca. por atracción simpática.que. aparte de esto. éste -aunque sin afectación alguna. En fin. y tal vez fuera mejor así.solía reírse de aque-llos terrores míos. Por ejemplo. Esto lo supimos por una mujer ya mayor que regentaba una pequeña tienda destartalada en la bocacalle y cuya hija -de cincuen-ta y dos años de edad. En aquellos años de Maricastaña. sencillamente repelente. no había en ella nada «moderno». se había realizado un gran esfuerzo para empapelar los salones. La vela dis-tante y solitaria deTomrelucía en vano en medio de su oscuridad. la casa era muy antigua. pero. Pero esto no era más que una parte. que parece acom-pañar a la mayor parte de las mansiones antiguas.

un cuadro salía volando de repente hasta la ventana. nos confabulábamos para dispersar mis horrores. sensua-lidad y poder. que mantenía la mirada clavada en mí mientras el mío se la devolvía con la inexplicable fascinación de la pesa-dilla. cómo él. pesadilla o ilusión infernal -llámenlo como gusten. sin saber por qué. la sobriedad. mis inquietudes adoptaban una forma definida. Hay que ser justos y reconocer con total franqueza que el maldito retrato empezó a espaciar sus visitas como consecuencia de aquel tonifi-cante. contenía el retrato de un hombre viejo vestido con una bata de seda de flores carmesí. bajo la forma de aquel retrato. podía haber estado igual de cerca de mí. aunque sin duda por la intensísima angustia y horror sobrenatural con que iba asociada aquella extraña fan-tasmagoría. mientras me encontraba en aquella situación «clarividente» -teatro iluminado en el que se iba a mostrar el consabido cuadro de horror.. fieles al presunto materialismo de la medicina. mis queridos amigos. que se alargaba a veces durante varias horas. me levanta-ba para iniciar la nueva jornada. lo que signaba el comienzo de mi sesión de horror. es inherente a la pesadilla corriente. Después de un primer plato de sueños desagradables y pavorosos. como no podemos por menos de reconocer.cada arruga. trashaberse pavoneado. el gallo desaparecía y. así. Estos ras-gos estaban rematados por un gorro de terciopelo carmesí. y así durante horas y horas. si bien reinaba una profun-da oscuridad. en las ventanas que había frente a mi cama. Casi siempre me limitaba a decirle que había tenido una pesadilla abominable. o creía ver. Aquel cuadro. que tan misteriosamente se superponía a los crista-les de la ventana. se desarrollaba de la siguiente guisa: Veía. Pues bien. no es necesariamente cierto.todo era distinto: en vez de disfrutar de mi descanso habitual. y entonces una sen-sación de pavorosa anticipación se apoderaba de mí de manera lenta pero implacable. cuyos pliegues podría describir ahora mismo y cuyo semblante era una extraña mezcla de inteligencia. como bien saben. que. grises y prominentes. Pero. tenía embrujados mis sentidos. como por una atracción eléctrica. el demonio que me había mantenido esclavizado durante la espantosa vigilia nocturna. Finalmente. Sin saber exactamente por qué. etcétera? No cabe . ¿cómo explicarlo? ¿Era aquella aparición -tan singular como terrorífica. ¿Qué significa todo el código moral de la religión revelada sobre el cuidado debido a nuestros cuer-pos. por el que asomaba un pelo cano por los años.del que yo era un triste juguete. sus grandes ojos.. la templanza. como el pico de un buitre. Aquel sueño. con los nervios destrozados. mi atención se fijaba invariablemente. tras un intervalo que siempre parecía tener la misma duración. Me parecía como si algo horripilante pero indefinido me estuviera acechando en algún lugar desconocido con vistas a mi tor-mento personal. y. ¿era algo «subjetivo» (por utilizar el tecnicismo tan popularizado en nuestros días) y no la agresión e intrusión palpables de un agente externo? Esto. sentía una antipatía insuperable a describir a mi amigo y camarada aquellas mis turbaciones nocturnas. Tenía la nariz corva. El espíritu maligno. mientras que las cejas conservaban su negrura original. cada objeto y pequeño detalle del dormitorio. y. y haber sido igual de enérgicoy malvado aunque yo no lo hubiera visto. Recuerdo perfectamente -cómo no. al tiempo que presagiaba cosas siniestras. tono y sombra de aquel rostro.que tornaba mis noches insoportables. Esto. donde permanecía fijo.puro engendro de mi fantasía y de mi pobre estómago? En una palabra. y la misma visión me visita-ba al menos (en promedio) cada dos días a la semana. con espantosa claridad. me pegaba todas las noches una buena «panzada de horrores». no mediante un exorcismo. sino mediante un tonificante. parecían brillar con una crueldad y frialdad del otro mundo.

Tom?¿Estás en tus caba-les? Venga. -¿Que qué me ocurre? Oh.Dick. Hice lo que me pedía mientras él.. casi simultáneamente.. Se requieren unas condiciones especiales del sistema corpo-ral para la aparición de ciertos fenómenos espirituales. Allí estábamos los dos con nuestros camisones delante de la puerta abierta. Pero yo no sabía aún nada de esto. He debido de soñar algo. -Sí. si no me equivoco. Yo salté de la cama y lo cogí del brazo sin tener la menor idea de lo que estaba ocurriendo. Todo el mundo sabe lo contagioso que es el miedo de cualquier tipo.. presa de una extraordinaria agitación.que había un hombre en mi habitación y.Dick. prote-gernos contra influjos que de lo contrario tornarían espantosa la vida como tal. una vela.Richard?Está oscuro. mirando a través del vetusto barandal hacia la ventana del pasillo. pero ninguno se puede comparar con el que se había apoderado del pobreTomaquella noche. seguidos de un ruido sordo producido por lo que resultó ser un gran candelabro de metal lan-zado con toda su fuerza por el pobreTom Ludlow contra la baranda y que fue dando tumbos hasta el segundo tramo de las escaleras. -Por supuesto que ha sido un simple sueño -dije yo. Tomabrió la puerta de par en par y entró reculando en mi habitación. nada. me despertaron unos pasos en el corredor.Tom?-le pregunté sacudiéndolo con nerviosa impaciencia. ¿He dicho algo? ¿Qué he dicho? ¿Dónde está la vela. está bastante oscuro -dije-.los detalles de la espantosa visión que lo había dejado tan abatido. Yo no quería que me contara -ni creo que a él le hubiera apetecido hacerlo en aquel momento. sintiéndome inusualmente nervioso. -Creí -dijo. el tono saludable del sistema corporal y su energía intacta pueden. Él respiró primero y luego me contestó con unas frases no muy cohe-rentes: -No pasa nada. y lo mismo cabe decir del espíri-tu maligno. Cierra la puerta con cerrojo. No importa. Sé buen chico..Tom. No. y otras no.. envolviéndose con una de mis mantas.. ¿quieres que vaya por ella? -No.me voy a que-dar aquí contigo.Tom?¿Qué te ha pasado? ¿Qué diantre te ha pasado. -¿Qué ocurre. Yo tenía. cosa extraor-dinaria..dime qué te ocurre. Estoy un poco nervioso. ¿no crees? No ha podido ser otra cosa que un simple sueño... se sentaba en el borde de mi cama. Me encuentro en un «estado de shock». no vayas. lo más seguro -dije-.duda de que existe una clara relación entre lo material y lo invisible. y salté de la cama. . ya ha pasado. Esta operación tiene éxito unas veces.. pero ¿qué ocurre? ¿Qué es lo que ha pasado exactamente? ¿Por qué no me lo dices. Una noche en que estaba yo durmiendo profundamente. encien-de tu vela y abre la ventana. por donde penetraba la luz tenue de una luna nublada. y ¿dónde está la vela? -En tu habitación. Y no hay más que hablar. te lo repito: todo ha sido un simple sueño. Un simple sueño. quédate aquí. Después descubrí que mi compañero presuntamente escéptico pasa-ba también momentos de turbación. nada. El hipnotizador y el electrobiólogo fallarán por término medio en nueve de cada diez pacientes. y.

Richard. Ahora bien. debido a una serie de pequeños aplazamientos y circunstancias. También era obvio que la per-sona que bajaba las escaleras no tenía ninguna intención de pasar inadvertida. muy desagradable al oído. voy a ir a verlo mañana y volveré dentro de un par de días. Pero me equivoqué. unos . bajando por la susodicha escalera. Eran las dos de la madrugada y las calles estaban más silen-ciosas que un cementerio. Yo había creído que aquella resolución. Hablemos de cualquier otro tema. pero en el fondo muerto de miedo-. tras una pausa. perfectamen-te audibles.. tan pronto como yo encontrara alojamiento apropiado. antes al contrario. pues. sirvieron entonces para estimular conside-rablemente mi apetito de cambio. había dejado a un lado mi volumen de anato-mía. para verme asaltado por la indigestión y. le escribiría urgentemente para que diera por terminada su visita a tíoLudlow. y estaba regalándome con un tonificante previo al ponche y a la cama.-Tom. Yo sabía perfectamente que la criada se había marchado a su casa hacía bastante tiempo y que nadie más que yo tenía motivos legítimos para andar por la casa a aquellas horas. había decidido conservar el ánimo a base de buenos lingotazos de licor -práctica ésta recomendada por la sabiduría de mis antepasados-.. por absurdas que puedan parecer ahora difumi-nadas por el paso del tiempo. sino que. para mantener completamente a raya a los espíritusnegrosyblancos. un día o dos tras la partida de mi compañe-ro. se desvanecería a la mañana siguiente junto con los demás vapores y sombras de la noche. Cuando los pasos alcanzaron el rellano de mi piso. Eran unos pasos lentos y pesados... con los nervios propios del cambio de casa. le ocurrieron un par de aventuras insignificantes a vuestro humilde servidor. y estaba claro que aquellos pies iban completamente descalzos. entre tanto.Tompartió temprano al pueblo de su padre tras acordar que. Sin embargo. transcu-rrió casi una semana entera antes de firmarse el contrato de arrenda-miento y escribir yo a toda prisa aTompara que regresara cuanto antes. los ruidos de la casa eran. fruto evidente de la visión que tanto le había perturbado. que. pues. con la contundencia y la parsimonia propias de un adulto. tú puedes encargarte de buscar habitaciones para los dos. ¿no te parece? Tomasintió y.cuando oí pasos en el tramo de escaleras entre el desván y el piso de mi dormitorio. lo mejor que podemos hacer es buscar otro alojamiento cuanto antes. por noches malí-simas! Así que.he pensado que. ¡que me cuelguen si me quedo aquí más tiempo. donde me esperaban media docena de páginas delSpectator. Pues bien. Recuerdo bien la noche. ocurrió que. como hace mucho tiempo que no veo a mi padre. parecía decidida a hacer el mayor ruido posible y a avanzar con total parsimonia.no me hables de nada relacionado con tu absurdo sueño -le dije afectando desdén. y que.. yo espera-ba que mi puerta fuera a abrirse en cualquier momento para dar paso al modelo u original de mi detestado retrato. Entre tanto. pero hay una cosa obvia: que este horrible case-rón nos repatea a los dos.. en que me encontraba sentado junto al fuego de mi dormitorio. espíritus azules y grises queme acechaban. con la puerta bien cerrada y todos los ingredientes de un ponche de whisky sobre la mesita de noche -de diseño bastante irregular-. dijo: -Oye. parecieron detenerse. produ-ciendo un ruido a la vez seco y fofo.

Todo el mundo conviene en lo desagradable que resulta el sonido de la propia voz en semejantes circunstancias. como suele decirse. no les ocultaré que el aparador que contenía nuestra vajilla se hallaba justo allí. como daban fe los fragmentos del juego de té que se amontona-ban en el suelo. por tanto. hasta que cesó el ruido al llegar al vestíbulo. Salté de la cama. en suma. oí cómo los horribles pies descalzos seguían bajando las escaleras. y temeroso de que me hubieran cortado la retirada. ¿cómo explicar el ruido de aque-llos horribles pies descalzos. los horripilantes ojos de aquel bicho no habían sido más que un par de tazas de té invertidas. pues aquella aparición. No sabría decir con total seguridad si la aparición de aquella noche había sido una simple ilusión óptica de mi fantasía jugando con los oscuros contornos del aparador y. y luego. tras otra pausa. mi estado anímico era una caldera a punto de estallar. tuve la satisfacción de constatar que había lanzado el ati-zador con admirable tino y. hacia la misma hora oí claramente a mi buen amigo bajar de nuevo de las buhardillas. decidí probar fortuna: abrí la puerta y grité estentó-reamente por encima de la baranda: -¿Quién anda ahí? La única respuesta que obtuve fue el eco de mi propia voz retum-bando por la vieja mansión. que aportara alguna explicación al nerviosismo que me roía. con dos inmensos ojos verdosos que brillaban tenuemente. Armado de valor. nada. donde aún resplandecían algunos rescoldos. le lancé el atizador con toda mi fuerza a la cabeza. de espaldas a la pared. donde permanecí en un estado de espantoso bloqueo mental hasta que se hizo de día. delante de mí a un monstruo negro. pero no oí moverse ni una mosca. empezó a avanzar hacia mí con su forma original. y.. volví a mi habitación y cerré la puerta con doble vuelta de llave. y a aquella hora en la que yo no podía recurrir a ninguna ayuda? No. retorné lo más rápidamente posible a mi habitación. nunca pude determinar después si había sido víctima de mi propia fantasía. Asimismo debo manifestar con toda sin-ceridad que. Yo tenía la moral por los suelos y un terrible pavor a que llegara la noche. Ahora que había cesado el ruido.. Pues bien. Ésta llegó. Traté de tranquilizarme ante la evidencia de aquellas pruebas.segundos después sentí un gran alivio al percibir que los pasos reanu-daban su descenso en dirección de los salones de la planta inferior. y de las pisadas regulares que aporreaban las escaleras en medio de la soledad de mi embrujada morada. Movido instintiva-mente por el terror más que por el valor. que estaba seguro de haber dejado abierta.. es decir. como en la ocasión anterior. Aquello redobló mi sensación de incomu-nicación. El sonido había cesado en aquel momento. oída en medio de la más completa soledad. inquietantemente anunciada por unos truenos de tor-menta y un diluvio de lluvia deprimente. la oscuridad y el frío eran descorazonadores. teniendo en cuenta que mi imaginación estaba muy excita-da. y hacia medianoche no se oía ya más que el . tras cambiar una o dos veces de forma. pero no lo conseguí. se había cerrado detrás de mí. hasta la planta baja y el vestíbulo. no se podía explicar tan fácilmente. aunque en aquel momento yo no me acordaba de esa circunstancia. en medio de un horrible estropicio de objetos rotos.. Además. o creo ver. No aprecié ningún nuevo movimiento. y salí al pasillo. presa de una vaga alarma. Agucé el oído. cogí el atizador de la chimenea. en cualquier caso. Todo aquello tenía una pinta realmente fea. Las calles se vaciaron de gente antes de lo habitual.. Un minuto después. estando ya acostado y en medio de la total oscuridad.. pero la noche siguiente. Esta vez había ingerido ya mi ponche y por tanto «la moral de la tropa» era excelente. las hice materialmente añicos. y cuál no sería mi horror cuando veo. no sabría decir si con forma de hombre o de oso. desde donde no me llegó ya ningún ruido. Mi aprensión aumentó igualmente al notar que la puerta. La noche siguiente no aprecié ruido alguno por parte de mi descalzo co-inquilino.

mitad ridícula y mitad horripilante. pues estaba decidido a ver a toda costa a aquel engendro. Me habría gustado oír el traqueteo de algún vehícu-lo o el aburrido vocerío de alguna trifulca lejana. pero la interrumpí ense-guida para averiguar si se oía algo nuevo. Mientras atravesaba la estancia improvisé una plegaria. Y ¡horror de los horrores! Un par de peldaños más abajo de donde yo estaba. en cualquier momento. Me puse a pasear por la habitación silban-do tonadillas marcialesy humorísticas alternativamentey aguzando el oído de cuando en cuando por si oía el temido ruido. a mi vuelta encontré una nota de éste mismo comunicándome su intención de regresar al día siguiente. hasta que «FLANAGAN & CO'SBEST OLD MALT W HISKY» devino en una suerte de acompañamiento atenuado de todas las fantásticas y horribles especulaciones a que se había entregado mi cerebro. el más impor-tante de los cuales fue la nota urgente que le mandé aTom pidiéndole que viniera. El silencio. una auténtica rata. que turbaba la paz noc-turna de mi mansión.» Yo estuve a punto de perder el juicio al contemplar aquella rata. pesado y se bamboleaba como un peso muerto de un peldaño a otro. su regreso me resultaba particularmente grato tras la aventura de la noche anterior.que acababa de ver era el temido ser maligno que vagabundeaba disfrazado por la casa en una especie de aquelarre nocturno. No se oía más que el ulular del viento. entre tanto. ya había conseguido encontrar nuevo alojamiento y. Preferí no acostarme y mantenerme alerta para entrar en com-bate. pues. el ponche. Cogí una vela con un si es no es de temblor en la mano. Los pasos seguían su cadencia regular. me sentí con la suficiente confianza para aventurar unos pasos más hasta la baranda. Estaba muy nervioso y traté en vano de enfrascar-me en lo que estaba leyendo. y otros que enloquecen si ven un gato. Aquella noche dormí con lo puesto en mis nuevos lares de Digges'Streety a la mañana siguiente volví a desayunar a la mansión de los fan-tasmas. la mirada infernal y el sem-blante maldito de mi viejo amigo del retrato transfundidos en la cara de aquel bicho abotargado. Sin embargo. ¡Maldito retrato y maldito original! Estaba comple-tamente convencido de que aquella rata -sí. y. y sepa Dios con qué otra cosa también. Volví como un rayo a mi habitación con una sensación de asco y horror difícil de describir y cerré a cal y canto la puerta como si hubiera un león al otro lado. y. Me senté y me quedé mirando la etiqueta cuadrada de la botella negra. los pasos misteriosos habían vuelto a retumbar. La mañana siguiente la pasé arrastrándome penosamente por las calles embarradas de la ciudad. pues estaba seguro de queTomiría allí directamente al llegar. Aque-lla noticia me alegro por doble motivo. Que me muera si no era la rata más mons-truosa que jamás había visto o imaginado. me estaba mirando fijamente con una expresión de malicia perfecta-mente humana. El pasillo estaba completa-mente vacío. podría jurarlo. empecé a sentirme solo con la natura-leza. Shakespearedice: «Hay algunos hombres que no soportan mirar a un cerdo. pues. gris. vela en mano. cada vez más fuerte. no se veía ningún monstruo en la escalera. por la otra. Me instalé lo más cómodamente posible y encendí dos velas en vez de una. que embrutece a tanta gente. se había vuelto más silencioso y la oscuridad más oscura todavía. En medio de aquella gran ciudad. Confieso que vacilé unos segundos junto a la puerta antes de encontrar el suficiente valor para abrirla. Mi presencia de ánimo iba disminuyendo por minutos. la cual se había alejado definitivamente allende las montañas de Dublín. por una parte. vi. y mi ojo capto algo que se movía. Curiosamente.desapa-cible golpeteo de las gotas contra el suelo. Era del tamaño del pie de Goliat. gestioné varios asuntos. mientras seguía arrastrándose y mirándome a la cara casi por entre mis pies. que había sucedido a la tormenta. si es que era visible. de aspecto solemne y antañón. volvió a darme suficiente coraje y entereza en el momento preciso en que empecé a oír las pisadas contundentes y fofas bajando parsimoniosamente las escaleras. como el detestado sonido había cesado. ríanse de mí si quieren. .

Y así seguimos platicando. No obstante. -dijo mi primo como restando impor-tancia a mi relato-. Aunque dijo aquello en tono de broma. Sin duda le había refrescado un recuerdo sumamente desagradable. sepa su señoría que no me hace mucha gracia contarla precisamente aquí. Desde que nos instalamos aquí no hemos pasado ni una sola hora a gusto. -Bueno. »Debían de ser por lo menos las dos de la madrugada cuando creí oír un ruido en ese. si eso fuera todo. él miro primero a su alrededor con inquietud. -Bueno. habrías reconocido que era cualquier cosa menos lo que parecía ser.. si te empeñas. pero aquellos ojos. en tu caso. oigamos entonces tu aventura -dije con cierta acrimonia. en ese odioso recoveco del extremo de la alcoba. -Me inclino a pensar que. y. -Lo vi tres veces. Pero gracias a Dios que logré escapar. La verdad es que me hace poca gracia recordar aquello. estaba tan inmóvil como si ya me hubiera dormido. No creo que a mí me hubiera asustado demasiado. creo que su razonamiento no estaba desprovisto de cierto fundamento. en cuanto a mí.. Mi curiosidad fue disminuyendo y. el mejor exorcista habría sido un gato en plena forma física-dijo con una risita provocadora. te aseguro que bajo ningún concepto volvería jamás a pasar una noche en este horrendo caserón.te la contaré -dijo-. mis pensamientos discurrían por derroteros alegres y agradables. por lo que deduje que debía de ser algún ratón trajinando en el revestimiento de madera de la pared.. pero sin conseguir ver nada. -Ya. Pasé un trago malísimo. Me incorporé un par de veces en la cama. Y prácticamente la primera pregun-ta que me hizo fue sobre el motivo principal que nos había empujado a cambiar de residencia. Pero enseguida suspendió su tarea y se puso a escuchar el relato con la boca y los ojos abiertos (éstos como pla-tos).tres veces distintas. -¡Al diablo este lugar!-exclaméa mi vez con una mezcla de miedo y odio-. -Graciasa Dios -exclamo con auténtico alivio al oír que todo esta-ba arreglado-. Trataré de reproducir el relato a poder ser con sus mismas palabras.Y no me equivoqué. aquella cara. la levantara y luego la volviera a dejar caer suavemente en el suelo. y estoy completamente seguro de que quería hacerme un daño mortal.Dick. Nuestra Hebe se hallaba en aquel momento en un rincón de la habitación recogiendo en un cesto los pedazos de nuestra vajilla. aunque ya había apagado la vela.. . »La primera vez estaba acostado en esa cama grandota tratando de dor-mir. unos minu-tos después. aunque un poco inquieto en el fondo. mi queridoTom-insistí-. Si los hubieras visto.Dick. si bien he de reconocer que formamos un contingente demasiado aguerri-do para que a los fantasmas se les ocurra hacer alguna de las suyas. y yo aproveché para contarle mi aventura con aquella vieja rata hinchada. Era como si alguien viniera arrastrando lentamente un trozo de cuerda. y. pues lo normal es que me hubiera vuelto loco si no logro escapar rápida-mente. Ante aquel desafío. Me alegro por ti. Allí estaba. Estaba com-pletamente despierto. -Bueno.

Yo estaba tratando de convencerme a mí mismo de que todo aquello era una mera ilusión y no quería revivir la espantosa impresión de la noche anterior. ni tampoco atentar contra mi declarado escepticis-mo al contarte aquella experiencia preternatural. atravesando mi habitación tieso y premioso en sentido diagonal. En cuanto amaneció. ¿cómo diantre lo había visto yo? Era una noche cerrada. y lo mismo dos o tres subsiguientes. ¿para qué cruzar la habitación con apariencia visible? Además. por extraño que parez-ca. El espectro había atravesado la habitación sin reconocer mi presencia. Además. Tenía la cabeza ligeramente inclinada a un lado. había salido de la recámara y. Con todo aquello. no quise hablarte de aquella visión infernal para no amedrentarte más aún. huelga recordártelo. sin. y él no parecía tener nada que ver conmigo. Como me acordaba de tus sueños con el retrato. sospechar en un principio nada sobrenatural. con colores y contornos. tras pasar junto a los pies de mi cama. que consigue que la gente lo acabe creyendo de tanto oírlo. como un charlatán de feria. me armé de valor y examiné deteni-damente la habitación. ¡Dios bendito. ni mi vela ni el fuego estaban encendidos y. al igual que la siguiente. Bueno. con una especie de bata roano-roja y un gorro negro. Yo no lo había molestado. y en especial el trayecto que había seguido aquel espantoso intruso. Sin embargo. »Uno de los fenómenos más notables relacionados con la práctica de la mendacidad es el gran número de mentiras deliberadas que nos con-tamos a nosotros mismos. lo había visto perfec-tamente. a mí que en el fondo no me creía ni una palabra de aquel maldito embolado. Pero. precisa y curiosamente. y. recuperé la autoconfianza y empecé a imaginar que creía en la teoría de las ilusiones espectrales que en un principio había tratado en vano de imponer a mis convicciones. »Aquella aparición. yo esperaba hacer proselitismo conmigo mismo y convertirme en un perfecto escéptico respecto al tema del fantasma. Llevaba algo bajo el brazo. o un impostor. había sido completamente anómala. qué rostro el suyo! Tomse detuvo un instante antes de proseguir: -Aquel espantoso rostro. vi de repente a un hombre viejo. »Éste no se me había vuelto a aparecer. que somos. bastante corpulento. y me con-vencí. Lo hice. Cuatro horas después de aquello aún me sentía demasiado aterrorizado y débil para moverme.dejé de observar. pues. »Mientras me encontraba en este estado. de que no había sido más que un sueño. que nunca podré olvidar en el resto de mi vida. Sin embargo. penetró en el cuarto de la izquierda. Así. me sentí incapaz de articular palabra o moverme. yo seguía erre que erre. Como estaba agotado. »Mientras pasaba a mi lado aquella espantosa e indescriptible encar-nación de la muerte y la culpa. como nunca había visto una forma humana. ¿qué le importaba . Dick. me sobrevino finalmente un sueño profun-do pero agitado. pasó a mi lado y penetró en el armario que hay junto a la cabecera de la cama. como si yo mismo hubiera devenido en otro cadáver. »Aquella constatación me aportó una pizca de consuelo y tranquili-dad. sin embargo. Bajé tarde. y yo tampoco aprecié desorden alguno entre los objetos del armario. no me da vergüenza reconocer. razoné. aquella noche transcurrió bastante tranquila. lo cual era un verdadero con-suelo. pero éste no había dejado ninguna huella a su paso. cuyo original estoy ahora seguro de que era el que yo había visto. las perso-nas a las que menos probabilidades tenemos de engañar. Sin volverse a derecha ni izquierda. »Te aseguro que me hizo falta mucho valor para volver la noche siguiente a mi dormitorio embrujado y acostarme en aquella misma cama. entonces. con unos temblores raya-nos en el puro pánico. lo decía todo.yo estaba simplemente mintiéndo-me a mí mismo. un sueño cataléptico podía explicarlo todo.

y luego se fue difuminando. y así sucesivamente. del que era pescado para ser lleva-do a presencia del juez de primera instancia. pero durante mucho tiempo después quedó como una columna de vapor oscuro en el punto donde se había . todo estaba como lo había visto la última vez. estando reunidos como estábamos en el mismísimo escenario de la narración. lenta pero claramente: "¡muerto.vi otra vez aquel maldito espectro delante de mí mirándome con su semblante pétreo y diabólico a menos de dos metros de mi cama. y. apagué la vela y. aunque. un airado altercado seguido de una batalla campal entre el cadáver y el juez ponía fin a la historia en medio del buen humor y del júbilo general. que. se alejó demasiado para que yo pudiera seguir deleitándome con su buen humor. »Pero de aquel sueño profundo me desperté sobresaltado.Dick?. alegreyretozón. muerto.yo a aquel ente con aquella indumen-taria y aquel aspecto tan extraños? ¡Un ardite! Pues a mí me importaba también otro soberano comino. El claro de luna penetraba a raudales por la ventana sin cortinas. Yo me sentía un poco nervioso. se había caído a un río. Entró en una tabernaaponerse morado. el cual. La muchacha estaba tan pálida comoTom. ¡y que el Señor se apiade de tu alma!". que por momentos se iba perdiendo en la lejanía: Era Murphy Delany. me dormí rápidamente. cerré los ojos y traté de concentrarme en la letra de la canción. la triful-ca doméstica del callejón se había amortiguado un tanto. Salió haciendo eses harto de whisky. sentía unos sudores de muerte. y. »Y entonces. Más fresco que una lechuga. conforme su música se iba apagando. Ligeramente reconfortado por oír una voz humana. ¿querrás creerme. emitió su fallo a tenor de dicho diagnóstico en el momento en que el interfecto recobraba el conocimiento. los tres nos alegrábamos de que fuera de día y se oyeran en la calle los ruidos del trajín cotidiano. a lo largo de mi desa-gradable duermevela. »El cantante. caí en un estado de somnolencia que no era ni profunda ni reconfortante. tras enterarse por el veterinario que estaba "más muerto que muerto". Me incorporé en la cama y miré alrededor. estaba cantando la popular tonadilla cómica "Murphy Delany". -Sólo lo vi claramente unos tres segundos -prosiguió su relato-. muerto!. Sabía que había tenido una pesadilla horrible. cuya condición etílica me atrevo a decir que se asemeja-ba bastante a la de su héroe. Tomse detuvo aquí y se enjugó el sudor de su rostro. pero no acertaba a recordar en qué había consistido. y luego da capo. al final me encontré musitando "más muerto que muerto" al tiempo que otra especie de voz dentro de mí parecía decir. La letra de aquella canción se me había pegado y yo seguía repasando las aventuras del aquel paisano respetable. Así. no sabría decir durante cuánto tiempo. aún oía el canto de un trasnochador achispado de vuelta a casa.y al punto me despabilé por completo y miré fijamente delante de mí sin despegar la cabeza de la almohada. Mi corazón latía desbocadamente. desgraciadamente para mí. más ciego que un topo. Sin embargo. volví a acostarme mirando hacia la chimenea. al salir de la taberna. animado por una algarada entre borrachos en la calle de atrás. »Yo seguí recitando con cansina monotonía aquella balada hasta el último verso. me metí en la cama.y.

y luego salí a la calle y pasé el resto de la noche paseando por la ciudad. a aquella casi irresistible tentación y. Estuve durmiendo varias horas de un tirón como un auténtico bendito.donde me quedaba hasta que se iba el último cliente. Fui tan tonto. como de costumbre. aquel vapor también se esfumó. A veces echaba una cabezada en un banco de"Robin Hood"o. durante el día.que no me atreví. pero. entre la pared y yo. »El destino quiso que tu habitación estuviera cerrada y que te hubie-ras llevado la llave. me tumbé a disfrutar de un sueño de solamente media hora en.apareci-do. Entonces cogí mi ropa y bajé al vestíbulo. yo había imaginado. la ventana estaba abierta y un agradable frescor inva-día la habitación. y la luz meridiana que entraba de la calle llena-ba todos los rincones de la habitación. »Pues bien. Me quedaba un rato en el salón cuando tú te ibas a acostar. Cuando el sueño ha sido pro-fundo y suficientemente largo para que la naturaleza se quede comple-tamente satisfecha. ¿Qué me podía impedir disfrutar allí de un sueñecito de una hora? La atmósfera parecía bullir con el ale-gre canturreo de la vida. alrededor de las dos. estaba literalmente agotado de cansancio y no deseaba más que dormir. acallando mis temores. lo que se dice dormir no dormí ni un solo día. »Cedí. ¡atención: nada menos que una cama de plumas. Aquel maldito modo de vida me esta-ba comiendo la salud. durante todo aquel tiempo. y así mi vida durante todo aquel período fue más miserable que la de un delincuente que tiene a los alguaciles a sus talones. Fui a la mía a deshacer la cama. Con la mente y el cuerpo agota-dos tras una semana entera sin dormir. convencido de que te reirías de mí a mandíbula batiente. Eran. digo. Estaba. sentado en una silla. »Estaba completamente decidido a que nos mudáramos de casa. creo.. donde me vestí. a . no cabe duda de que el demonio había participado en mis necios preparativos. como sin duda recordarás. y me guardé para mí aque-lla espantosa experiencia. en un lamentable estado de nerviosismo y agotamiento. y. salvo los dos o tres minutos que la visitaba sigilosamente cada día para deshacerla. para darle el aspecto de haber dormido en ella. Pero he aquí que una variedad de circunstancias concurrieron a producir la espantosa escena que iba yo a vivir aquella noche. nunca. »Una tarde decidí disfrutar de una hora de sueño en tu cama. y estoy seguro de que aún seguía allí. a contarte lo que me había pasado. para que Martha no descubriera el secreto de mis ausencias nocturnas. El resto de la noche lo pasaba deambulando. el alegre sol del día tornaba muy agradable la estancia en la habitación. en segundo lugar. el efecto de aquel agotamiento sobre mis nervios se parecía al de un narcó-tico y me hacía menos sensible al horror que tan habitual se había vuelto para mí.Dick. y luego me dirigía sigilosamente a la puerta de la calle rumbo a la taberna"Robin Hood". con cobertor y almohada incluidos! »Fue realmente espantoso. Además. como un sereno. Creía que te ibas a reír de mí. con la puerta medio abierta.tal vez no me creas si te digo que durante muchas noches después de aquello no volví a poner el pie en mi dormitorio. y más cuando yo te había hablado siempre con cierto retintín filosófico y había ridiculizado tus historias de fantasmas. como colofón. Después de un buen rato. bastante más de las doce. que era posible echar solamente un sueñecito de media hora en la cama. y no regresé hasta el amanecer. me desperté suave pero completamente. »Pasé más de una semana sin dormir en una cama. volví a entrar en aquel nefasto dormitorio. En primer lugar.Dick. Yo odiaba la mía. pues. idiota de mí. pero no acababa de decidirme a contarte la razón. hasta el punto de que nunca. por vergüenza. por las calles de la ciudad.. »Sin ningún sobresalto ni sensación especial de miedo. tras quitarme el gabán y aflojarme la corbata.

Nadie sabe realmente lo que signi-fica enfrentarse a semejante presencia. Dick. se ahorcó colgándose de la baranda? ¿Y que fue en la recámara donde encontraron los mangos de la cuerda de saltar a la comba y el cuchillo con el que estuvo . ni siquiera de día. Se acercó. ¿por qué no lo había creído? ¿Es que mi madre. pues se levantó y se acercó a mi cama. no conoce historias tan raras que. las omito aquí por mor de la brevedad. hasta que. sin dejar en ningún momento de mirar de reojo hacia atrás. pero éstos. que creí que me iba a volver loco. »Había una figura sentada en el viejo y gran sofá. quién iba a ser si no. El abominable espectro seguía delante de mí. sus labios esbozaban una sonrisa tan sen-sual. con un extremo de la cuerda enrollado al cuello. no exactamente ahí -dijo ella-. tranquila y total. Ella nunca me dejó entrar en esahabitación. Pero nunca me lo había creído hasta ahora. Se volvió despacio y ¡qué veo! Allí estaba el rostro pétreo. casi no hay quien las cuente? Pero ustedes no deberían haber dormido en el dormitorio interior. sin saber cómo. como para enrollarlo en el mío. daré constan-temente gracias al Altísimo por ello. ¿Es que murió ahí? -¿Que si murió ahí? No. nadie salvo quien haya vivido tan espantosa experiencia. -¿Cómo que quién? Pues el viejo juez. »Tuve muchísima suerte de haber conseguido escapar. adujada. y. una mujer de cincuenta y dos años. Aunque. a poca distancia. ¡Nunca. que Dios se apiade de todos nosotros. un segundo después. -Yo había oído hablar de esto muchas veces -dijo de pronto-. »Pero el hechizo no se había deshecho todavía: el valle de la sombra de la muerte no se había franqueado todavía.Dick!¡Nunca! Nuestra criada. mientras viva. Dick. como ella dice. y de que estaba animado por un infernal propósito.eso no me lo puede rebatir nadie. estaba haciendo parsimoniosamente un lazo en el otro. pero no podía equivo-carme. ahí había dormido él.. conque figúrense pasar la noche allí. se sentó detrás de nosotros. y otras curiosas excla-maciones suyas. Que Dios conceda descanso a su alma. cuya otra punta. de subirse a ella. mirándome con un rictus de sarcasmo. -¿Que ahí había dormido él? ¿Quién? -pregunté yo a renglón seguido. con la boca abierta y las cejas contraídas sobre sus pequeños y brillantes ojos negros. junto a la chime-nea. como ya he dicho. a mi cama con la intención. Y miró asustada por toda la habitación. como digo. Te aseguro que. como bien saben. había ido dejando de trabajar conforme avanzaba el relato deTom.ypoco a poco se fue acercando a nosotros. Porque. Como una exhalación me lancé al suelo por el lado opues-to y. que vive ahí en la calle de atrás..Dick. la Virgen me bendiga. marca-do por la malicia y la desesperación.menudo se despierta uno de esta manera repenti-na. el juez Horrock. tan indescriptiblemente espantosa. Per-manecí unos segundos traspasado por la mirada de aquel horrendo fan-tasma. esperándome junto a la baranda. Ahora no me cabía la menor duda de que era consciente de mi presencia.una sombra ha pasado por encima de mí. Llevaba alrededor del cuello una soga. un escalofrío ha atravesado mi sangre y mi médula y nunca volve-ré a ser el mismo. había conseguido alcanzar el pasillo. mientras se ocupaba de aquella macabra pantomima. Me estaba dando prácticamente la espalda. -Amén -musité yo-. me pareció. ¿Así que no saben que el viejo pecador. sostenía firmemente en la mano. »Mi ángel bueno debió de asistirme en aquel espantoso trance. No vi ni recuerdo nada más hasta que me encontré en tu habitación. Durante el relato había hecho varios comentarios graves en voz baja.

En fin. Él tenía unos sesenta años. y ella se ponía a aullar como una loca para que no se le acercara el viejo del cuello retorcido. me pareció a mí-. me dijo muchas veces mi madre. -Por lo que ha dicho usted del peligro de dormir en ese dormitorio -dije yo-. se contaba una historia muy rara. Pero si desean escucharla en otra ocasión. y luego en la tumba del camposanto de San Pedro. y de ahí lo metieron en el ataúd. y la niña ya no vivió un solo minuto tranquila después de aquello: se despertaba sobresaltada a mitad de la noche y se ponía a gritar por las pesadillas. -Bueno. lo que no tiene nada de extrañar. Y nos contó una historia muy extraña. casi tocando el suelo. e hinchada como una morcilla. que viene el amo! ¡El amo! ¡Me está haciendo señas! ¡Madre mía querida. supongo que habrá por ahí historias de que el fantasma se ha aparecido a otras personas. Mi madre dice que la pobre criatura era hija del ahorcado. La primera vez que se alquiló la casa fue a una familia. y luego gritaba: «¡Ay. historias se cuentan bastantes. Siempre ha habido accidentes y muertes repentinas. en realidad no hay mucho que contar -dijo. que su alma descanse en paz. que me contó cosas muy curiosas. con una pipa en la boca y sin ningún diente. que él dormía en esa maldita alcoba interior y. pero los más ancianos estaban seguros de que había sido obra del viejo juez.aprestando. -¿Qué pasó con eseNicholasSpaight? -pregunté yo. En fin. y decían que era el espíritu del viejo juez el que la atormentaba. y lo peor que hizo el viejo malvado. -¿Qué? ¡Cómo voy a saberlo yo! -contestó-. ¿Y por qué no iban a contarse historias? ¿No fue en esa misma habitación donde durmió durante más de veinte años? ¿Y no fue en la recámara donde encontró la cuerda que acabó con su vida por fin. pues era un viejo desalmado por todos los costados y el juez más cruel que ha pisado jamás suelo irlandés. después de que el juez de primera instancia acabara las diligencias? Sí. y a mi madre le falta ya poco para cumplir los ochenta. Y decían que era una mocetona bien guapa y bien vestida cuando el viejo juez puso fin a su vida. -¿Cuánto tiempo hace de eso? -pregunté yo. -Bueno. que picó tanto mi curiosidad que aproveché la oportunidad para visitar a su anciana madre. -A nadie le ha ido bien aquí -dijo-. eso fue lo único que pudieron decir. pero mis dedos están ya cansados y lo dejo para otra ocasión. la cuerda con la que se ahorcó? La cuerda era de la hija del ama de llaves. de un talNicholasSpaight que lo pasó también muy mal por esto. vaya que sí -contestó con cierta renuencia. le hicimos un par de preguntas más sobre las supuestas visitas espectrales de que había sido objeto la casa desde la muerte del viejo y malvado juez. ¡que la Virgen nos . no recuerdo el nombre. no dejes que me lleve!» Y la pobre criatura acabó muriéndose. y tendría unos ochenta años cuando se casó mi madre por primera vez. fue asustar a la pequeña hasta hacerla morir como hizo. lo encontraron muerto una mañana con medio cuerpo fuera de la cama. Al oír aquella extraña historia que no les he contado. dije-ron. Es lo que decía todo el mundo. Pero sí sé que hace muchísimo tiempo. pero en cualquier caso había dos muchachas y el padre. pues el ama de llaves era ya vieja. y los médicos dijeron que había sido por agua en el cerebro. con la cabeza más negra que el azabache. y era un fornidoy saludable caballero para los años que tenía. como él había hecho con muchos hombres mejores que él a lo largo de su vida? ¿Y no pusieron su cadáver en esa misma cama después de morir. y muy raras. Como él estaba más muerto que muerto. no pudo decir lo que le había pasado. se la contaré lo mejor que pueda. y nadie ha parado aquí mucho tiempo. Había sido un ataque. mi madre las conoce todas. me gustaría contar ahora estas cosas. que la Virgen nos bendiga. ¡que Dios nos pille confesados!.

Así pues. pudieron sacarle una sola palabra que no fuera: "No me pidáis que me vaya. pues le he prometido esperarlo. Pues resulta que una mañana. completamente desquiciada. y que no es otra que la siguiente: unos dos años después de ocurrir lo que nos pasó a mi amigo y a mí. por supuesto. durante cierto tiempo. hasta que. fue Micky Byrne el que ocupó la misma habitación. al final.. de acuerdo con la práctica inmemorial del mundo de la ficción.Byrne le oyó decir fueron: "¡Oh. la catástrofe que final-mente sobrevino a la casa. como obligado por el deber. y tenía las ven-tanas del salón abarrotadas de botellas con horrores indescriptibles con-servados enbrandy. se lo aseguro. la alquiló un curandero que se hacía pasar por un tal barón Duhlstorf. No necesito decirles que lo que es el héroe novelesco de carne y hueso para el normal desenvolvimiento de la trama lo es también esta vieja casa de ladrillo.. les deseo que pasen una muy buena noche y que tengan unos sueños muy agradables. y desde entonces nadie. Y ahora añadiré una cosa. lo mismito que la hija pequeña del ama de llaves que había muerto. y luego oyó un porrazo que retumbó por toda la casa.bendiga!. y lo encontraron tendido en las escaleras de abajo con el cuello partido. MISTERIO EN LA CASA DE LOS AZULEJOS . Como entre las virtudes de aquel caba-llero no se contaba la sobriedad. les relataré. una noche el pobre Micky cogió una borrachera. »Más tarde. y ahora. madera y mortero para el humilde registro de este relato verídico. se quemó parcialmente él mismo e incendió por completo la casa. Y las últimas palabras queMrs. y ¿me creen si les digo que en medio de la noche le parece oír un ruido en las escaleras. sin que ella supiera decir cómo ni por qué. cuando la casa se alquiló por habitaciones.junto con alguna que otra anécdota que ha servido para mejor ilustrar el relato. como solía hacer de vez en cuando. pero. albergó a un empresario de pompas fúnebres. al acudir los criados temprano a la casa.así como de periódicos con los habituales anuncios grandilocuentes y engañabobos. en la que el héroe no sólo aparece a través de sus aventuras. Ésta fue posteriormente reconstruida y. ni siquiera sus mejores amigos. al atravesar por última vez el umbral de aquella casa maldita. y yo misma oí contar aMrs.Byrne que los niños se ponían de pie en la cama por la noche. sino también bastante fuera de este mundo. va y no se le ocurre otra cosa que salir a ver qué pasa?. Luego añadió la criada: -Voy al callejón a decir aJoeGavvey que venga a recoger el resto de las cosas y se lo lleve todo a la nueva casa. Y así salimos los tres juntos. que le había dado un susto de muerte. la encontraron sentada en las escaleras del corredor. y achispado como estaba. Dios mío!". Ya les he contado mis aventuras y las deTom. ahíto de vino. una noche. prendió fuego a las cortinas de la cama." Nunca consiguieron sacarle a quién se refería. una vez cumplida mi tarea. pero sí que vivía sola. No sé en qué habitación dormía. tiritando y hablando sola. y que se asustaban y se ponían a gritar a cada hora. respirando de alivio. los que conocían la historia de esta vieja casa sabían muy bien qué era lo que le había pasado. con su mujer y tres hijos pequeños. »Algún tiempo después ocupó la casa una solterona rica.

que unas veces escu-chaba embobada y otras se perdía hasta cinco minutos seguidos de su amable cháchara. habían ocupado inquilinos misteriosos y había sido escenario de peligros preternaturales. Lilias se había asomado a menudo al camino de entrada -corto. Ésta se hallaba situada junto a un solitario recodo de la estrecha carretera.Sallyhablaba por los codos y conocía toda suerte de cuentos antiguos de aventuras y misterios que ayudaban a Lilias a dormirse placenteramente. la noche era gélida) y cuéntame otra vez lo que pasó en ese caserón. pero. ora aminorando el ritmo para describir una escena de horror especial ora deteniéndose por completo -es decir. a ver si consigues asustarme de verdad. inexpli-cablemente.para divisar el viejo caserón.Sally.que la casa a la que se ha ido a vivir ahora lo curará rápidamente del libre pensamiento.I La viejaSallysiempre ayudaba a su joven ama cuando ésta se prepa-raba para ir a la cama. cómo el jovenMr. pues no sé nada de él.Mervyn sea un librepensador. ni siquiera en los fantasmas -dijo Lilias. Así. pues sabía que no tenía nada que temer mientras viera a la viejaSallysentada con su labor junto al fuego y oyera el ligero ruido que hacía su padre. para alcanzar los libros de la estantería (tranqui-lizante prueba de que el afable y solícito guardián de la casa estaba des-pierto y atareado. que.atiza el fuego (aunque era la primera semana de mayo.te confieso que yo sentiría muchísimo miedo si tuviera que dormir allí -dijo Lilias con un pequeño estremecimiento mientras se representaba unos momentos la vieja mansión con su singu-lar aspecto maligno. mi querida viejecitaSally. sus-pendiendo su labor y mirando con misterioso asentimiento a su joven ama. que ya estaba acurrucada en su cama de columnas- .) La viejaSallyestaba contando a su joven ama. si es cierto la mitad de lo que cuentan -contestóSally. A su manera tranquila. pues poseía las virtudes de la limpieza y la diligenciay sólo molestaba a la buena ancia-na lo suficiente para que no se considerara un trasto inservible.Sally.Mervyn se había mudado a la vieja y embrujada Casa de los azulejos. el párroco. No es que Lilias necesitara ayuda. nadie le hubiera advertido acerca de los arcanos peligros que allí le aguardaban. la buena ancianaSally. al subirse a la silla. sin que.hay personas que se llaman librepensadoras y no creen en nada. «allá en Ballyfermot». MissLilly. -Bueno. arrancó a hablar -en aquel terreno en el que tan bien se desenvol-vía.con amable cadencia. amedrentador y furtivo. como era su costumbre. -En nuestros días. como si la vergüenzay la culpa la hubieran obligado a ocultarse entre los viejos y melancólicos olmos y las abundantes cicutas y ortigas. -Pues le aseguro. así le habían contado desde niña. recto y herboso. si no lo es. -Y ahora que me encuentro a salvo en la cama. debe de ser una persona muy valiente y muy buena.que creía a pie juntillas en aquellas histo-rias. yo no he dicho queMr.

dice también Clinton. como si el propio conde -que el pobre descanse en paz. perfecta-mente protegidos por el misterio de la noche. Cuando se hizo con el huerto. ¡Caramba. Oliver. y al no hacer ellos ningún amago de moverse ni de ir a abrir la puerta. pero no oye ninguna respuesta. en la que le comunicaban que preparara sus cosas. Prevención ésta que no se debía a ningún capricho. luego venían esos ruidos que tan bien conocían. supercontentos y muertos de miedo a la vez. Esto ocurría sólo en las noches muy oscuras en que no había luna. Prime-ro se callaba el viento. y luego prosiguió con su narración. y después otra vez a la ventana. El viejo Oliver tenía reuma en una rodilla. dejadme entrar!» «Es él». pero los forasteros pasaban raudos como la sombra de una nube. pues sus problemas se habían resuelto ya prácticamente. a las cinco o seis semanas de estar durmiendo allí. la carta que le habían mandado por correo aquel mismo día. caminando en silencio por entre los retorcidos troncos con un niño pequeño de la mano. como conteniendo la respiración. Oían de pronto los sollozos de los perros mientras arañaban la puerta de la casa. se atrevía a salir al huerto después de caer la noche.ora. los perros que tenían entonces se pasaban toda la noche dando aullidos salvajes entre los árboles y arrastrándose junto a los muros de la casa. y a lo mejor al mismo tiempo que la carta. y que esperaba estar de nuevo con ellos en el plazo de unos días. como si alguien estuviera tratando de abrirla por la fuerza. dejadme entrar. Así que Clinton se dirige a la puerta de la casa y grita: « ¿Quién es?». Así. se oyó un espantoso golpeteo a la ventana. y mientras estaba leyendo. bajando la voz en una especie de susurro narrativo cuando llegaba el momento critico. eso es. pues nadie. ¡vive Dios!». Tal vez. ni joven ni viejo. junto al espeso grupo de árboles viejos. él era mozo de cuadra entonces -rea-nudóSallysu relato-. y cómo les daba tanta pena que les entraban ganas de abrir la puerta y dejarlos entrar. le contó cómo. y se detenía creyendo que se trataba de alguna dama que había venido aquí por alguna razón. Y la viuda Cresswell se encontró con ellos a la caída de la noche en la vereda del huerto y no supo de qué se trataba hasta que vio a los hombres intercambiarse mira-das inteligentes mientras ella contaba la historia. había visto por dos veces la misma escena. la cabeza inclinada y un dedo en los labios. ha dado la vuelta a la . aunque poca necesidad había allí de perros. Y ¿no se acuerda del viejo Clinton. y también un silbidoy unos golpecitos con el látigo en la ventana. y la voz del conde. estaba oyendo leer a Clinton. que no era otra que una dama vestida con capa y capucha. dice el mayordomo. -A mí me contó aquello varias veces -dijo la viejaSally-. MissLilly? -Creo que sí. se dice Clinton para sus adentros.Se topaba de repente con ellos en una revuelta del camino. ni siquiera levantaron la cabeza cuando los saludó. el viento volvía a aullar de tal manera que parecía estar riendo y llorando a la vez. los dora-das camuesos que asomaban entre las hojas iluminadas por los rayos del sol poniente y resultaban tan apetecibles a los escolares de Ballyfermot seguían intactos cuando resplandecía el sol matutino. y no repararon en ella. Le daba mucho miedo el ruido que hacía su amo en la puerta cuando volvía tarde e iban él y el viejo Oliver a abrirle. -La misma noche que le sobrevino la muerte en Londres. aunque la mujer parecía caminar despacio y el niño no dejaba de tirarle de la mano. que era muy leído. Aquí la viejaSallyreanudó sus labores de punto. No. y los dos miran primero a la ventana y luego el uno al otro. cuando los vecinos arrendaron el huerto que lle-gaba hasta las ventanas de la parte trasera de la casa.pidiera entrar. ¿No era el viejo que cojeaba y llevaba una extraña pelu-ca negra? -Sí. y encima estaba cojo. «Claro que es él. el viejo mayordomo. qué bien se acuerda! Aquello fue por una coz de uno de los caballos del conde. que había suspendi-do durante unos momentos. como ambos imaginaron. grita desde el otro lado de la ventana: «¡Dejadme entrar. que iba sonriendo y brincando a su lado. como si estuviera escuchando el viento en el recinto embrujado de la casa de los azulejos. finalmen-te. Mick Daly escogió como lugar para dormir el desván encima de la cocina y juró que.

pero no dejaba de rezar pues algo le decía que no era eso. pues sólo lo ha visto un instante con el rabillo del ojo. abría cajones y hablaba y suspiraba sin parar. «tal vez por eso se ha ido por ahí». pre-gunta el mayordomo.casa para llamar en la puerta trasera. «El amo está muerto». se dirige a la puer-ta trasera y vuelve a preguntar a gritos quién es. y ella se asusta muchísimo y dice: "Perdone su seño-ría. permane-cía sentada junto al fuego con la mano de su madre cogida. y luego la narradora salía sigilosamente en dirección de su aseada alcoba y de sus inocentes sueños. alguien que tropezaba con cajas. pues conocían bien sus proble-mas. y se va hacia la ventana tranquilo y premioso. Por la mañana acudió con su madre. »Después del susto que se había llevado con lo que había visto en el huerto. Y ya no vio nada más. si hacia arriba o hacia abajo. no está seguro. que se había vuelto casi tan pálido como él. y bien muerto que estaba. y empezó a prestar atención a cosas en las que no había reparado antes. mirando fijamente a Clinton. « ¿Qué es? ¿Qué es?». deseando dormirse y preguntándose quién podría ser cuando de pronto entra un hombre apuesto con una especie de holgado chaqué de seda y sin peluca (sólo un gorro de terciopelo). Pero lo que más la asustaba era que a veces encontraba una marca larga y derecha desde la cabeza hasta los pies de su cama. como. suspirando.. dice Clinton. dice. pero no le oigo bien". Su madre dijo que había pasado despierta toda la noche por unos pasos misteriosos que oía en la habitación conti-gua. al enterarse Jinny Cresswell de lo que había ocurrido podéis estar segura de que no se quedó allí más tiempo que el imprescindible. y estremeciéndose con cualquier ruido. y en esto que él alarga tanto el cuello que se le sale de la corbata y la cara se le queda vuelta hacia el techo. A lo mejor ha sido un perro. pensando que así se marchará. y -¡que Dios nos pille confesados!. y empieza a sentirse nervioso y vuelve a la puerta principal. esgrimiendo la muleta a modo de arma. como si. «y quiere entrar sin ruido». pero en vez de marcharse se acerca a la cama y. hasta que a la pobre le entró una fiebre muy fuerte y murió antes de que transcurrieran cinco semanas de aquello. que estaba encima del vestíbulo. sino que cayó desmayada en la cama. la narración de la viejaSallyfluía como un río. hubiera salido de la habitación justo al entrar ella. historia tras historia. como si alguien quisiera impedirle que saliera deprisa. sólo nota algo que se cuela subrepticiamente entre sus piernas. que parece más blanco que la hoja blanca de la carta de su amo que está temblando entre su índice y pulgar. y ella se da una vuelta en la cama para que sepa que hay alguien allí. « ¡Eh! ¿Me oye? ¿Quién está ahí?». pero no volvió a tomar bocado ni líquido nunca más. llorando y temblando. y ella. con una mirada torva. »Pero lo peor de todo era la pobreKittyHalpin. Y Clinton cie-rra la puerta y se echa a temblar de miedo y vuelve con Oliver. «Voy a abrir la puerta de todos modos».ella ve en su garganta un corte. grita. Dicho lo cual. pero a partir de entonces nadie vivirá tranquilo en la casa. la pobre. como si la hubiera hecho alguna cosa pesada que había reposado allí. quienquiera que fuera. y ha entrado como si viviera en la casa. pero sigue sin recibir ninguna respuesta.. como las de un muñeco que intenta hablar. pero sus palabras son espesas y raras. por ejemplo. la muchacha que murió de lo que había visto. y que el lugar solía estar caliente. o algo parecido. Y así. como otra boca completamente abierta que se está riendo de ella. Pero no ve allí ni hombre ni mujer ni niño ni caballo ni forma viviente alguna. mientras Lilias caía en un sueño profundo. y entonces corre la tranca y abre la puerta. . cuando iba al gran dormitorio del señor. siempre que entraba por una puerta la otra se cerraba rápidamente. pero no oye ninguna respuesta ni ningún ruido fuera. y mirando constantemente hacia atrás con el rabillo del ojo. No ha podido ver hacia dónde ha ido. el mayor-domo. le dice algo.

Aquello ocurrió dos semanas después de que tuviera lugar el horrible robo de Clondalkin. de una persona de cierta edad. y no una mano joven. pero mi editor se negó a ello (y creo que con razón. AldermanHarper. Lamento que la causa no se alargara al menos lo suficiente para que pasara a las actas del tribunal el relato auténtico e inexplicable que hace MissRebecca.Prosser se hallaba sentada sola junto a la ventana del salón trasero. se había encargado de la administración de la finca en que se hallaba situada la casa de los azulejos. hacia la caída de la tarde. cuando vio nada menos que una mano que se posaba sigilosamente en el alféizar de piedra. Yo quería reproducir aquí toda la carta. dijo que no podía seguir viviendo en aquella casa. Sin embargo. las cuales. por lo que voy a ofrecer aquí sólo algunos extractos de la misma.) La carta de esta vieja dama digna tal vez resulte demasiado larga. los que nuestros antepasados llamaban cuentos de invierno-. Para ser más claros. bellamente conformada. después de ver cómo su numerosa servidum-bre la iba abandonando paulatinamente. en su calidad de primo de la madre del joven heredero. de unos cuarenta años. contemplando el huerto. que es realmente curiosa ade-más de idiosincrásica. aunque yo confieso no tener ninguna. Aquel año. residente en la calle Mayor de Dublín. LordCastlemallard presentó una denuncia en el registro de la pro-piedad para obligar al señor concejal Harper a cumplir lo pactado y abo-nar las mensualidades del arriendo. El talAldermanHarper había tomado en alquiler esta casa para su hija. resolvió eximirlo. pues. hacia el 24 de octubre. des-pués de lo que había sufrido allí la familia de su yerno. la cual había casado con un caballero apellidado Prosser. fábulas. sino. y su padre fue entonces a ver alord Castlema-llard y le dijo sencillamente que no suscribía el contrato de arriendo porque en aquella casa ocurrían unas cosas extrañas y misteriosas que no podía explicar. cuyas copias fueron entregadas al señor juez con el deseado efecto. aunque al principio las considera san-deces. Bajo las cenizas de aquellos relatos se escondía un pequeño rescoldo de verdad. blanca y algo regor-deta. apoyado nada menos que por siete largas declaraciones juradas. Las cosas extrañas y misteriosas no empezaron hasta un día de finales de agosto. y la señora imaginó que la mano era de uno de los bribones que habían participado en él. pues la consideraba persona veraz. sino que además debían demoler aquella casa por constituir una amenaza y estar permanentemente habi-tada por seres mucho peores que malhechores ordinarios. ylordCastlemallard.Mrs. Pero el concejal redactó un escrito. como si alguien agazapado tratara de trepar.II Estoy seguro de que la joven se creía todo cuantoSallyle contaba. no sólo debería quedar eximido del pago del arriendo. se produjo una extraña discusión entreMr. ha escuchado con especial interés y relata con suma minuciosidad. en una carta fechada a finales de otoño de 1753. hace una minuciosa y curiosa relación de cosas extrañas ocurridas en la casa de los azulejos.Prosser llegaron allí a mediados de junio.Mr. Pero todo aquello no valía más que lo que suele valer semejante cháchara -prodigios.yMrs. le dijo que la casa estaba embrujada y que ningún criado viviría allí más de unas cuantas semanas y que. pequeña. No se veía más que una mano. quien. Éste la amuebló y tapizó sin reparar en gastos. un misterio para cuya solución tal vez alguno de mis lectores pueda aportar una teoría personal. en vez de abrirle expediente judicial. que va aumentando con las nuevas aportaciones que hace cada nuevo narrador. según calculó. aque-lla casa no estaba embrujada por meros rumores de la gente. MissRebeccaChattesworth. y ésta. .

y otras tan fuertes y bruscos que parecía que se iba a quebrar el cristal. primero la punta y luego las dos primeras articulaciones. y a lo largo de todo el muro.JaneEasterbrook. como si quisiera detectar alguna aspereza en su superficie. había llegado el momento de hacer algo. como ya saben. se rió de los miedos de su familia y decidió dar caza perso-nalmente al fantasma.Prosser era. al cerrar. se oye-ron exactamente los mismos golpes en la puerta de entrada. armado de un fusil. se alargaron. Y todo ello en la parte trasera de la casa. Las mujeres se asustaron. sentados en el salón trasero (que por entonces utilizaban como cuarto de estar). justo debajo. ComoMr. y el criado. según he oído. la doncella inglesa. la cocinera gritó y profirió una especie de jaculatoria. ade-más. Pero un martes por la noche. Prosser había cedido a la histeria general: cada cual se recluía en la casa a partir del crepúsculo. observó. pero no se descubrió nada que indicara que alguien había estado merodeando por la ventana. para exasperación del amo y terror de su mujer. que deberían haber impedido la aproximación de cualquier intruso. la que daba al huerto. Se procedió al punto a registrar el huerto. Hacia la seis de la tarde del sábado. notó como un golpetazo. se encontraba sola en la cocina. Pero la noche del 13 de septiembre. . mientras la cocinera. producido al parecer con los nudi-llos. y. esperaba el momento oportuno para pillar al granuja in fraganti. no hizo ulteriores pesquisas. y no se atrevía a andar por las habitaciones después de anochecer si no era en compañía de otra persona. sino que se limitó a preguntar quién andaba allí. Pero no oyó nada más que el ruido de una mano deslizándose despacio por la hoja de la puerta.Lanzó un grito de terror. y la mano se fue retirando lentamente. en un agujero practicado en el bastidor para instalar un cerrojo que cerrara el postigo. aunque con interrupciones. se vieron turbados por repetidos golpeteos en la ventana. cosa que lo asustó bastante.Prosser. con una especie de suave manoseo. pues no sólo sus criados.junto a la ventana. según sus propias palabras. En efecto. «una mujer honrada y sobria de unos sesenta años de edad». parece ser que vio la misma mano regordeta -aunque fina. que hurgaban el interior como intentando abrir algún pestillo. aunque el aporreo prosiguió en los cristales de la cocina. Convencimiento que no se guardó para él solo. y se empezó a creer que el problema había desaparecido. salpimentado de juramen-tos y amenazas contra el presunto conspirador doméstico. «le dio un pasmo» y pasó todo el día siguiente en la cama. y una pre-sión como si alguien estuviera tratando de entrar por la fuerza.Mr. Al ver aquello. en la puerta trasera. Durante varias noches sucesivas estuvieron oyendo un tamborileo. había una batería de macetas. Al volver la doncella a la cocina. pero esta vez deslizándose lentamente por todo el cristal. Esta vez la mano tardó varios segundos en retirarse.yMrs. El criado no quiso abrirla. que. Aquella misma noche se oyó varias veces un apresurado aporreo en la ventana de la cocina. pero no vio nada. un rechoncho dedo blanco. al principio suave y luego más fuerte. Sin embargo. sino que lo fue divulgando paulatinamente. sino también la buenaMrs. fue a abrir la puerta trasera. Durante todo aquel tiempo. durante casi dos horas. al ir a la despen-sa por el pequeño tazón de plata en el que servía el ponche de su ama y posar la vista en la pequeña ventana de cuatro cristales. un hombre bastante testarudo y bromista. como si se tratara de una señal clandestina. Luego pasaron varios días y noches sin que ocurriera nada raro. unas veces lentos y fur-tivos. hacia las nueve y media. Convencido como estaba de que todo aquello era una broma o una impostura.

Prosser se levantó sobresaltado y. cambió repentinamente de parecer y retrocedió despacio en dirección de la cabecera de las escaleras de la cocina.Prosser se hallaba en el cuarto de los niños. fue a cerrar la puerta gritando: « ¿Quién está ahí?». incluidos él mismo y su mujer. Dejando abierta la puerta del salón. y una noche queMrs. cuando iba abrir. hacia las doce y cuar-to de la noche oyó cómo la palma de una mano golpeaba primero suave-mente la puerta de su dormitorio y luego se deslizaba despacio por toda la hoja. sino bien instalado en algún rincón de su interior. la mujer de la limpieza se quedó horrorizada al ver la huella de una mano en el polvo de la mesa del «saloncito» donde habían estado desempaquetando azulejos y otros objetos el día anterior. airado. El importunador. donde había «un armario metálico» junto a la despensa en el que guardaba sus «armas de fuego. y. oyó unos golpes ligeros en la puerta de la casa. no se encontraba ya fuera de la casa.Prosser fue a examinar la marca sin darle mayor importancia (pero. en el que tenía plena confianza. Mr.Mr.Mr. Mr.Prosser se dirigió con parsi-monia a la puerta. pero recibió como respuesta aquella misma rozadura en la puerta que tan bien conocía. y algunos medio locos. como juró después. donde «leyó un rato la Biblia y recitó sus oraciones. lo que permitía que se oyeran con total claridad. Era la primera vez que se oía llamar de esta manera en esa parte de la casa. los mandó entrar de uno en uno y le hizo po-sar la palma de la mano sobre la mesa de marras para obtener así las hue-llas de todos los habitantes de la casa. y la manera de llamar también era distinta. ni tampoco supo la razón por la que su amo había mirado hacia atrás con tanto nerviosismo y cerrado la puerta con tan tremendo portazo. más para tranquilizar a sus criados que por convencimiento personal). Mr. según supuso.Prosser y se retiró a su dormitorio antes de la hora habitual. dio a éste otro par de pistolas y.Prosser. que se hallaba en el salón. sin embargo. pero no vio nada.Prosser y el cocinero. Todo transcurrió a gusto deMr. Aquella sutil demostración dejó bien claro que.Prosser. No hacía nada de viento. se impacientó más aún y cambió su golpe-teo suave del principio por una serie de porrazos enfáticos y estentóreos. Se sentía profundamente inquieto e igualmente convencido de que al abrir la puerta de entrada el intruso se había colado en la casa. El criado no vio ni notó nada.Prosser dejó de reírse del miedo de su fami-lia y se mostró igual de reacio que los demás a hablar de aquel asunto. y.Hacía una semana que no se oían golpes. Los golpes eran suaves y regulares. como si una mano lo hubiera sujetado. espadas y cachiporras. se acercó a la puerta. Por entonces. quienquiera que fuera el propietario de dicha mano. Por la mañana. . y notó que algo extraño pasaba bruscamente por debajo. avanzando sigilosamente con un garrote en ristre seguido del criado. su brazo sufrió un extraño tirón. todos los moradores de aque-lla casa estaban muy nerviosos por lo de la mano. tras meterse un par de pistolas cargadas en los bolsillos del gabán. Pero.» Llamó a su criado. Miró por todas partes. «con la palma de la mano». su marido. No dijo nada aMrs. lejos de asustarse de su proximidad. A partir de entonces.» Per-maneció despierto un buen rato. el «fallo final» fue que la impronta de aquella mano difería por completo de la de cada uno de los moradores de la casa y que se correspondía exac-tamente con la de la mano que habían vistoMrs. La im-pronta del pie descalzo en la arena de la playa no asustó a Robinson Crusoe ni la mitad que aquello. abrió la puerta con el bastón levantado.

y. Abrió dicha puerta de un tirón y miró al interior. Y una noche. con la palma hacia abajo. Mr.Mrs. una niña de dos años y medio. La cuna se hallaba colocada longitudinalmente a la pared. Ésta se retrajo hábilmente entre las cortinas yMr. cerca de su cabeza y asomando justo entre las cortinas. Hubo muchas más cosas.Prosser la descubrió al mismo tiempo espiando la dirección de sus ojos. ni siquiera la respiración de su mujer. con el cabezal tocando a la puerta de un armario empotrado o aparador. la niñera descubrió la causa de los padeci-mientos de la criatura (yMrs. se pasaba en vela todas las noches junto a la cuna de la pequeña. asomando por la abertura del armario empotrado.Prosser a cerrar la puerta de la alcoba. La volvió a cerrar y echó el pasador.eran unas pesadillas realmente espantosas. la mano blanca y regordeta de siem-pre. algunos de los cuales. pero el gabinete estaba vacío. Por encima de la cuna de la niña había un dosele-te con unos treinta centímetros de fondo.Prosser. que aparecen debida-mente detallados en la extensa carta deRebecca.) Vieron cómo. según el creyó muerta. a juzgar por su aspecto. Finalmente. dondeMr. y cerraron la puerta al entrar. Mrs. durante el cual. a los pocos segundos. La singularidad de esta historia me parece a mí que .Prosser se recupe-rara de aquel «trance». en frase del marido (y tíaRebeccaañade: «según le oí decir a ella misma. a excepción de la ropa que colgaba de las perchas de la pared. y entre ellay la niñera la bajaron al dormitorio de los señores. que bajaba hasta unos veinti-cinco centímetros de la almohada en la que reposaba su cabecita. sobre la almohada. con la cara lívida y cubierta de escarcha. su marido podría haber agregado: "Y también los terrores del infierno. oyeron un suave golpeteo en la puerta. La madre profi-rió un grito y sacó inmediatamente a la criatura de la cuna. pero baste con esto. se ponía enseguida a gri-tar aterrorizada. al irMr. consiguió queMrs.Prosser empezó a verse turbada por unos extraños y horribles sueños. se extrañó de que no se oyera absolutamente nada en la habi-tación.Prosser se hallaba durmiendo. la rechoncha mano blanca.Aquella misma noche. había visto «los terrores de la muerte». con la muñeca apoyada en la almohada y los dedos avanzando hacia la sien con un movimiento lento y ondulado.Prosser rodeó la cama a tiempo para ver cómo la puerta del gabinete era cerrada por la misma mano blanca y rechoncha. presa de pánico. según sus propias palabras. avanzaba hacia la cabeza de la niña. pero. reculó bruscamente primero y luego lanzó con toda su fuerza el libro de cuentas contra las cortinas detrás de las cuales suponía que se ocultaba el propietario de aquella mano.Prosser tendida en la cama. llevaba asimismo bajo el brazo un librote de cuen-tas relacionadas con los negocios de su suegro.» Luego tocó la campanilla y. no se podía dormir en la cuna.Prosser. que no se cerraba del todo. lo cual le pareció tanto más inexplicable por cuanto sabía que ésta se hallaba acostada. Observaron que la pequeña estaba más tranquila cuando la cogían en brazos y que. con la ayuda de todos los criados. y durante unos segundos creyó. si la volvían a dejar en la cuna. Víctima de un extraño paroxismo de terror. acompañada de la niñera."») Pero el suceso que al parecer desencadenó la crisis definitiva fue la extraña enfermedad de su primogénita. toda vez que él gozaba de un oído particularmente fino. Había una vela ardiendo en la mesita de noche además de la que él portaba en la mano. y los médicos dictaminaron que el mal se debía a principios de agua en el cerebro. «que iba a enloquecer. Descorrió la cortina y vio aMrs. una mesita de tocador y un espejo que miraba a las ventanas. y escudada por la sombra del doselete.

un traje de encaje lleno de botones y pliegues. a medio camino entre las montañas y la carretera de Dublín. a lo largo de toda su vida. En el año de 1819. Espero que el lector me perdone por haberme alargado tanto con la historia de la casa de los azulejos. que tenía delante todos los días a la hora de desayunar.estriba en que describe el fantasma de una mano. Éste. cuando el monte Keeperse yergue a su vista. a la derecha. En medio se extiende una llanura ondulada que se va hun-diendo paulatinamente hasta un nivel inferior al del camino. el cual nos contó a todos de manera muy concisa la historia de su primo. La persona a la que perteneciera dicha mano no apareció nunca. malicioso y desagradable plagado de arru-gas. y nada más. y no es que se tratara de una mano separada de su cuerpo. El gato blanco del que voy a hablar es un animal mucho más siniestro. había dormido durante cierto tiempo en el que. y ya saben: a la gente en general. cuyo carácter agreste y melancólico alivia algún que otro seto desparramado. con el pelo cano y recogido en una coleta-. y un rostro sensual. como llaman enMunstera los más prósperos de los labriegos. visión que se había quedado grabada en su memoria con la misma fuerza que el atuendo y las facciones del retrato de su padre. olvidando a menudo que los demás podrían aburrirse. siendo niño. comer y cenar. y especialmente a la de cierta edad. se va viendo gradualmente rodeado. Pero este ancestral relato popular siempre ha tenido un encanto especial para mí. sustraerse a la vista. EL GATO BLANCO DE DRUMGUNNIOL ¡Quién no ha oído contar de niño la famosa historia de la gata blan-ca! Pero yo voy a contar aquí la historia de un gato blanco muy distinta a la de la amable y encantada princesa que tomó este disfraz durante una temporada. tras dejar atrás las colinas de Killaloe a la izquierda. por alguna hábil arti-maña. mientras desayunaba en el colegio universitario. y destacó el horror y la angustia tan terribles con que su primo. agotado por el trabajo o con algún tipo de fiebre. era el cuarto embrujado de un caserón cerca de Chapelizod. . siempre que se sentía enfer-mo.Prosser citó aquello como un caso especial de pesadilla monóto-na. según su madre. tuve ocasión de conocer aMr. de quien hablaba en pasado como «el pobre Jemmie». se había visto atormentado por la visión de cierto caballero regordete y pálido. aunque bastante locuaz. que tenía una peluca de muchos bucles. El que viaja deLimericka Dublín. Mr. y. Uno de los pocos habitáculos humanos que proyectan hacia lo alto sus columnas de humo de turba en medio de esta llanura solitaria es el construido con tierra y de techumbre malamente cubierta de paja de un «granjero duro». Se asienta en medio de un racimo de árboles junto al borde de un riachuelo serpenteante. se veía constantemente constreñido a mencionarla. Prosser -un anciano delgado y grave. sino simplemente de una mano que se manifestada de tal manera que su propietario conseguía siempre. y durante muchas generaciones ha dado cobijo a una familia de apellido Donovan. por una cadena de colinas más bajas. le gusta hablar y hablar de lo que más le interesa. individualizada y persistente. James Prosser.

y que aún ocupa su antiguo emplazamiento en la esquina del granero. Estaba tan despierto como lo estoy ahoramismo. un lugar solitario de-lo más apropiado para estudiar con tranquilidad. después de tantos . Apenas tenía fuerzas para volver a casa y estaba tan asustado que durante tres semanas permanecí recluido en casa sin poder estar solo ni siquiera un minuto. solía llevarme laHistoria romana deGoldsmitha mi lugar favorito. con la misma claridad como lo veo a usted. no obstante. y tras preguntar por algún profesor capaz de ins-truirme en la lengua irlandesa. y vivía en Drumgunniol. haciendo barrera. o una mente cualquiera con las ilusiones de la fanta-sía. aquel escenario coadyuva-ba a sintonizar una mente soñadora como la del honrado Dan Donovan con la superstición. Yo imaginaba perfectamente cómo. La impresión general de soledad hacía de todo aquello un escenario ideal para un relato salvaje y sobrenatural. Descubrí que había estudiado con una beca en elTrinity Collegede Dublín. Un día.a unos diez metros más abajo de donde yo estaba sentado. La figura atravesó una abertura que había en el ángulo más alejado del campo. la solitaria cadena de colinas cubiertas de aliaga y bre-zales. Yo he visto muchas veces esa antigua y singular granja de labriegos: su huerto de inmensos manzanos cubiertos de musgo. pensando en las escenas heroi-cas que acababa de leer. o en la melancólica belleza de una puesta de sol otoñal. cubierta por doquier de nieve. la manera como iba vestida me resultó tan singular en aquella parte del mundo donde el atavío femenino estaba perfectamente reglamentado por la tradiciónque no pude quitarle los ojos de encima. Al acercarse noté que iba descalza y parecía ir mirando a un punto fijo. Cuando era niño. de la manera más fiel posible. a la distancia aproximada que yo había calculado. me recomendaron a un talMr. Es cierto. pues me confió muchos pensamientos suyos largo tiempo callados y muchos recuerdos de su terruño y de sus primeros años. Dono-van. a ciento cin-cuenta pasos de distancia. visto en el gris de una mañana invernal. que doscientos años atrás había servido de refugio contra agresores y bandidos. similar a lo que en Inglaterra he oído llamar lago alpino. deseoso de estudiar varios legajos irlandeses que habían caído en mis manos. después de la habitual panzada de lectura. inofensivo y muy instruido. me contó. Llevaba un vestido gris claro y muy largo. en vez de dete-nerse al borde de la laguna. Ni siquiera ahora. atravesar la laguna sobre su superficie y pasar. como yo había esperado. señor. el seto. me cansé final-mente y me puse a mirar a mi alrededor.Lejos de allí. y. testigo de los trabajos de una raza ya pasada. Pues he aquí que. y supongo que la índole especial de mi estudio debió de estimular su amor patrio. Fue él quien me contó estahisto-ria. como si le sirviera de guía. Ahora se ganaba la vida dando clases. El horror que me había producido la aparición en aquel campo fue tal que ya no volví nunca más a aquel lugar. el perfil oscuro y dominante del viejo torreón al fondo. Iba atravesando diagonalmenteel vasto campo con paso regular. Estuve a punto de perder el conocimiento de puro terror. prosiguió como si el agua no fuera obstáculo. que jamás he encontrado en mi vida a una persona más sencilla y más de fiar. Yo tenía sólo trece años entonces. donde la perdí de vista. y recuerdo cada detalle como si hubiera ocurri-do ahora mismo. personaje soñador. y así la vi. al parecer sin verme. cerca de allí. tanto que parecía acariciar la hierba bajo sus pies. con sus mismas palabras. o en el gélido esplendor de una noche de plenilunio.que intentaré repetir aquí. con una línea de rocas grises y racimos de robles enanos o abedu-les. la torre desmo-chada cubierta de hiedra. y vi a una mujer que asomaba por un extremo del huerto y empezaba a bajar la cuesta. una piedra lisa situada cabe un espino junto a una laguna bastante profunda. tan frondoso. Su itinerario en línea recta la habría hecho pasar -haciendo abstracción de la laguna. Se encuentra en una vaguada limitada al norte por el viejo huerto.

las dejó junto a la pared. si es así. con una fatalidad singular que durante casi ocho años se ensañó con nuestra familia. Yo no creo haber visto nunca a mi padre borracho. salvo los hombres que volvían de la feria con el rebaño. Mick. y él. un año después de la referida visión en el campo de la laguna-.Mickey. y dime si hay alguna otra novedad. y lo mismo las demás cosas.entonces.años. Me había quedado acompañando a mi madre. querido -dijo mi madre. y no hay ningún problema entre el amo y yo. se habían retirado ya a descansar. Pero aquella noche tenía un aspecto deprimido. Procuraré contárselo a ustedes de la mejor manera posible. -Que Dios te bendiga. mira esa cena caliente que te está esperando y atácala. cerca de la puerta. No es ninguna fantasía mía. Mick. -No. -Bueno. o cual-quier otra cosa que te pueda preocupar. Todo el mundo de esta comarca sabe perfectamente a qué me estoy refi-riendo (y todo el mundo relacionó entonces con eso mismo lo que yo había visto).Molly. Meehal -dijo ella besándolo cariñosamente. muy pocos chicos de mi edad habrían podido decir del suyo. y cuéntame si se ha vendido bien el ganado y todo ha salido bien en la feria o si has tenido algún problema con el amo. se dirigió hacia la lumbre y se sentó en un taburete con los pies extendidos hacia la turba candente y las manos apoyadas en las rodillas. si se quiere. querida -contestó él. con mis brazos aún en su cue-llo. Recuerdo la noche en que. Y. y. se me ocurriría pasar por allí. Yo era pequeño y ligero para mi edad. nos encontrábamos esperando a que volviera a casa mi padre de la feria de Killaloe. Ella obedeció. y mi madre se levantó a abrirle. -Bienvenido a casa. bajándome con aire muy deprimido. y él me cogió en sus brazos y me besó. Mis hermanos y hermanas. dijo a mi madre: -Echa el cerrojo. Todo anda bastante bien. Lo cual no significa que no se tomara su vaso de whisky como todo hijo de vecino. celoso de su atención. Aquella aparición la relacioné enseguida con un acontecimiento misterioso o. cuando había feria o mercado. se volvió hacia mí. tesoro. así como los cria-dos de la granja. Sabíamos que volvería antes que los mozos que traían el ganado. Mi madre y yo estábamos sentados junto a la chimenea charlando y vigilando que la cena de mi padre se mantuviera caliente en el fuego. pálido y triste. pues él venía a caballo y nos había dicho que se pararía a verlos marchar y luego vendría corriendo a casa. que estaba ponién-dose nerviosa-. mujer. -Alegra esa cara. y. y luego rodeó con los brazos el cuello de su mujer y la besó tiernamente. Entró con la montura y las bridas en la mano. cosa que. vol-vía a casa algo alegre y achispado y con las mejillas arreboladas. que estaba tirándole de la mano. tras acariciarla de nuevo. nada. gracias a Dios. Por fin oímos su vozy sus enérgicos golpes en la puerta. pues me encan-taba aquel tipo de vigilias. . cumplidos ya los catorce años -es decir. en toda la comarca.Las vacas se han vendido bien.

Mi padre terminó su relato. Mi madre esperó un rato a que terminara su plegaria y luego le pre-guntó dónde lo había visto por primera vez. así que pensé que podía dejarlo en el campo de abajo. después de dejarlo -me había llevado conmigo la montura y las riendas. -Nada. lo conduje fácilmente por todo el camino. pues sabía lo que significaba la aparición del gato blanco. y a lo mejor a saltarme al cuello y pegarme un mordisco. padre -dije yo-. y que Teigue vio ayer una gran rata blanca en el granero. -Has interpretado mal lo que he dicho -repuso mi padre-. mi madre se apoyó en él. y luego se pasó su mano grande por la frente una o dos veces.. como el animal estaba muy tranquilo. y después a un lado y luego al otro. y exhaló un fuer-te suspiro. y. a restregarse el lomo contra mis espinillas. Así que te diré lo que ha pasado. empezó a murmurar para sí. He visto al gato blanco. Él le apretujó las manos.y no tengo ganas -contestó. el cual. que pareció más bien un gemido.-Ya he cenado en el camino. pues a lo mejor me queda ya poco tiempo de estar aquí. en voz baja y con la vista fija en el fuego.no voy a andarme con misterios contigo. y juraría que lo oí aullar al pegarse a mí -tan pegado como estamos nosotros dos. con tu mujer levantada y todo lo demás? -le regañó mi madre. recordé que los mozos iban por el camino con el ganado y que nadie cuidaría del caballo si no lo hacía yo. Me han dicho que el domingo pasado cayó en una trampa un conejo blanco en el bosque de Grady. si me quedo quieto. lo besó y luego se echó a llorar. Fue al volverme.. Mira. mirándome todo el tiempo con sus ojos centelleantes. Yo estaba también terriblemente asustado. y con ganas de llorar. de repen-te tan páliday d escompuesta como mi padre. Dando a mi padre una palmada en el hombro para animarlo un poco. ¿verdad? -dijo en voz muy baja volviéndose hacia mí. Bueno.. -No ha sido ninguna rata ni ningún conejo. con aspecto muy apurado.. Yo sabía que estaba recitando sus oraciones. -Mejor -dijo mi padre. que se me acerca dispuesto..Molly. -¡Que el Señor se apiade de nosotros! -exclamó mi madre.Molly.hasta que conseguí llegar aquí y llamé a la . -Nada -contesté nuevamente. tratando de repo-nerse. Tenía el rostro húmedo y reluciente por los sudores del miedo. en realidad ha ocurrido algo que me ha quitado las ganas de tomar nada. y así un rato..y luego. -¿Que has cenado en el camino sabiendo que te esperábamos en casa.cuando lo vi aparecer por detrás de la hierba que hay junto al camino y ponerse primero delante de mí y luego detrás. -No ha entrado en casa nada conmigo. tras hacer la señal de la cruz. -Nada de color blanco ha llegado hasta la puerta conmigo ¿verdad? -repitió. nada más que la montura y las riendas que traías en la mano. No irás a decirme que confundo una rata y un conejo con un gato blanco grande con unos ojos verdes más grandes que platos y el lomo arqueado como un puente. Bueno. -Cuando subía por la vereda. agregó con una risita-: ¡Eh! Seguro que es una broma que me estás gastando. si es que a eso se le puede llamar un gato y no otra cosa peor. Mi madre se había dejado vencer por el pánico y estaba rezando de nuevo.

era en aquel tiempo propietario de la vieja granja de Drumgunniol. Acabó casándose con una joven de los Collopy que tenía una gran fortuna: veinticuatro vacas. ¿Ochenta años? Bueno. ¿por qué una circunstancia tan simple agitaba a mi padre. Se casó. un aviso de su muerte inminente. setenta ovejas y ciento veinte cabras. Pero el dinero no ablanda un corazón duro. mi tío abuelo era un hombre cruel. Se llamabaEllen Coleman. finalmente. me temo. Y no falló tampoco esta vez. peor casamiento que el suyo. mi padre cogió una fiebre que se había propagado y murió antes de un mes. imposible. por desgracia. Pero se portó mal con ella: le prometió el matrimonio y la convenció para que se fuera con él. Se había cansado de ella. Pero aquello no le quitó el sueño al inhumano labriego.y es probable que esta familia se haya extinguido. y quería triunfar en el mundo. en aquel encuentro con el gato blanco. YEllen Colemanmurió con el corazón destrozado. pues tomó en arriendo Balraghan durante unos años e hizo mucho dinero. a mí mismo y. Era más rico de lo que nunca llegaría a ser mi padre. pero no tuvo ninguno. y fue ésta la única cruz que tuvo que llevar. y se enamoró de ella. no lejos de Capper Cullen. Un riachuelo atravesaba entonces la carretera -habían construido un puente hacía poco en aquel punto. Pero. En aquella época vivía en las montañas. a todos los miembros de esta fa-milia de labriegos.puerta. Le habría gustado tener hijos. ¡que Dios le haya perdonado!. pues todo lo demás le salía a pedir de boca. más. ni el padre de mi padre. como habéis oído. y se hizo todavía más rico. Con Donovan -mi tío abuelo. y estaba casi siempre seco en . y deduje que era por el des-canso de aquella alma desaparecida. Connor Donovan. y. Hace ya ochenta años que esta maldición anda asociada con mi familia. como era de suponer. de lo que convenía a su alma.. Pues bien. Yo hablé hace tiempo con muchas personas ancianas que recordaban con nitidez todo lo relacionado con este caso. por el movimiento de sus labios comprendí que estaba rezando. pues. según me contaron-. Aquel mal fario no había fallado nunca hasta entonces. Ocurrió de la siguiente manera: Mi tío abuelo. Fue la his-toria de siempre. una bonita muchacha de la familia de losColeman. a mi madre. con un terrible presentimiento? Sencillamente por-que todos y cada uno de nosotros sabíamos que mi padre había recibido. Una semana después.Según me han con-tado. volvía de la feria de Negagh.. Una noche. pero al ser ella tan hermosa podía esperarse hacer un buen casamiento. Poco después reanudó su relato. con estaMaryCollopy. Los años del hambre acarrearon grandes cambios. noventa años sería más exacto. Tam-bién bebía lo suyo y maldecíay blasfemaba cuando se enfadaba. Mi buen amigo Dan Donovan hizo una pausa. y este tipo de personas suelen ser crueles de corazón. ya no queda allí ningúnColeman.LosColemanno eran ricos. amén de libertino.la veía a veces en los mercados y fiestas patronales. pero al final no cumplió su palabra.

el caballo se puso en movimiento de un arreón. todo él tem-blando y echando vapor. Su mujer no sabía qué pensar. pues todo el vecindario sabía de sobra que era el rostro de la muertaEllen Colemanel que había visto. Al alcanzar la abertura. seguía aterrorizado y persistía en su obstinación. con el corazón apesadum-brado y la conciencia intranquila-. cuando hubo alcanzado los dos fresnos junto a la granja. Lo encontraba muy débily enfermo. De repente. Por supuesto. empleando con saña el látigo y las espuelas. pero que no podía decir con seguridad qué era exactamente ya que se movía a lo largo del seto y desapareció en el punto hacia el cual él se estaba dirigiendo. repitió su historia. lo hizo bajar hasta el lecho con la intención de franquear la abertura que había en el otro extremo. Podría haberlo divulgado con total franqueza. Pero nadie lo creyó. pero aseguró que no había reconocido la cara de la figura que había visto en la abertura. Por alguna razón. hacía las veces de carretera. Aquella marcas extrañas -según decían. deslizándose lentamente por el terreno en la misma dirección y dando de vez en cuando unos pequeños saltos. Cuando estaba seco. La práctica corriente es colocar el cuerpo en el gran salón de la casa. como les he dicho. Había candelabros alrededor de la cama. al pasar a su lado. Estuvo hablando un buen rato -con el sacerdote. como correspondía a un labriego tan importante y acaudalado. por alguna razón especial. pipas y tabaco sobre la mesa. En este caso particular se siguió. estornudó y le entró un terrible ataque de temblor. Desde aquel momento. al pasar bajo el amplio ramaje del roble. perdió la poca paciencia que le quedaba y. tenían el color de un cuerpo alcanzado por un rayoquedaron grabadas en su carne y le acompaña-ron a la tumba. y taburetes para las personas que quisieran entrar. los preparativos de la cere-monia fueron algo diferentes de lo habitual.verano. pero el animal reculó. que la gente utilizaba entonces como atajo para llegar hasta la casa. a una mujer a la orilla del lago con el brazo extendido. irrumpió en maldiciones y blasfemias. le asestó un fuerte golpe en la espalda que le hizo dar con la cabeza sobre el cuello del caballo. La puerta. permaneció abierta. una disposición distinta: el cadáver se colocó en una pequeña habitación que daba a la más grande. Mi tío abuelo le gritó y lo espoleó en vano.y mandó llamar enseguida al sacerdo-te. alcan-zó la puerta en un santiamén. donde se había abatido el golpe espectral. Había luna llena y mi tío esta-ba muy enojado por la resistencia del animal. Al acercarse a la «abertura». presa de terror. mi tío abuelo dirigió su caballo hacia aquel riachuelo seco y. el caballo se paró en seco. una cosa blanca que. según él mismo describió. Como aquella noche había luna. y con la caída de las primeras hojas del otoño murió. aunque estaba segura de que algo muy malo le había ocurrido. la cual. junto a él. sobre todo porque no le encontraba ninguna explicación. el animal. Ciertamente tenía un secreto que contar. Más muerto que vivo. mi tío abuelo no volvió a recuperarse. con pocas revueltas. dado que pasaba. a pesar de las caricias y latigazos de su amo. mientras la puerta permanecía abierta para la recepción. cabe el roble. durante el velatorio. no era mayor que su sombrero. y encontrarse así a unos doscientos metros de su puerta. vio. taciturno y atribulado. donde permaneció inmóvil. vio claramente. Vol-vió a montarlo. al verse tan cerca de la casa. Cuando se hubo recuperado lo suficiente para poder hablar -aunque como quien se encuentra en su última hora. . cerca de la vieja granja de Drumgunniol. o creyó ver. Contó lo que le había pasado. mi tío abuelo entró. y Con Donovan. Cuando lo llevaron a su cama vieron claramente las marcas de cinco uñas en la piel de su espalda. Se bajó para llevarlo de las riendas. Pero. aunque un tanto a su manera. Se vol-vió un hombre asustado. Era el principio del verano. hubo velatorio.

Doolan. y. ¿Para qué puede querer él un pie tuyo? -exclamó uno desdeñosamente. que iba rezando todo lo deprisa que se lo permitían los labios y encabezaba el grupo con una vela de sebo. como un demonio! Que Dios me perdone por mentar al maligno en esta habitación. -¡Shhh! ¿Queréis callaros? -exclamó la cabecilla perentoriamente-. Pero. Con el ruido que estáis haciendo no oigo nada. salió de la habitación con un grito. -Dadle una vela -convinieron todos. con los ojos más grandes que platos de peltre. Después del crepúsculo. o manto. de la manera sobrenatural antes descrita. ésta se aventuró en el interior. lo que es más. Todos se estaban santiguando.Doolan. -¡Eh. Pero no había avanzado más que unos pasos con la vela en alto cuando.Una vez amortajado el cadáver. En los años que llevo vividos he amortajado a muchas personas. lo dejaron solo en esta pequeña estancia mientras hacían los preparativos para el velatorio. casi podría jurar que he visto también que sacaba tres veces el brazo de la cama y lo arrastraba por el suelo para agarrarme por los pies. sosteniendo la vela en alto para ver mejor la habita-ción. musitando sus conje-turas y aprensiones sobre la naturaleza de aquel bicho.Y. dijo: -¡Que me muera ahora mismo si no tenía la cabeza levantada y esta-ba mirando fijamente a la puerta. con el rostro demudado. qué dices. -Sandeces. -Que alguien me dé una vela. ¡vamos! Cada cual retransmitió la orden. mujer de Dios? -dijo una de sus compañeras. pero nunca había visto nada semejante. al acercarse a la cama una de las mujeres a coger una silla que había dejado al lado. pero sin que nadie pareciera dis-puesto a ejecutarla. -Con vela o sin vela. una mujer delgada y tiesa. mirando fijamente a la cama que ahora se veía perfectamente. anda! Eso es lo que has imaginado al entrar en la habitación oscura. que no era un . que centelleaban a la luz de la luna! -¡Hala. mujer! Tú estás chiflada -dijo uno de los mozos de la granja. ¡El amo de la casa. Que alguien lo saque de ahí ahora mismo. y de quien es? -preguntó mirando con rece-lo al gato blanco que se había acomodado sobre el pecho del cadáver. Si la mano de mi tío abuelo había estado extendida por el suelo. sin luz. no había ni uno de ellos que no pareciera pálido y asustado mientras seguían aMrs. y rodeada por un auditorio boquiabierto. -¡Que Dios nos bendiga!¡Mrs. ¿Por qué no cogiste una vela. ¿Quién de vosotros ha dejado entrar ese gato aquí.no sigas hablando. a pesar de sus comentarios anteriores. Tú estás chiflada. se paró en seco. La puerta estaba medio abierta.Doolan no corrió ningún peligro de tropezar con ella al entrar. tal y como la despavorida muchacha la había dejado. sin duda éste la había recogido bajo el lienzo que lo cubría. -¡Sacadlo de ahí ahora mismo. échese atrás! -exclamó des-pavorida la mujer que estaba cerca de ella cogiéndola repentinamente por el vestido. por lo que la largaMrs. vamos! -ordenó horrorizada ante semejante profanación-. por todos los santos del cielo -dijo la vieja Sal Doolan. que sabía rezar casi como un sacerdote. y tirando con fuerza de ella mientras todos los que la seguían retrocedían alarmados por su vacilación.Molly. lo he visto -insistióMolly-. como una cerilla. una vez que hubo recuperado el habla. con semejante bestia encima. cogida con los dedos.

y. Generalmente.gato de la casa ni nadie había visto nunca.es bastante indi-cativo del tenor de su visita. y dedu-jeron que se había escabullido entre sus piernas mientras estaban en el umbral. Pero el gato ya no estaba allí. se pusieron finalmente a buscar bajo la cama. sobre el pecho del hombre muerto. Todos salieron a empellones de la estancia en medio de una espantosa confusión. horcas y otros aperos por el estilo. cerraron bien la puerta con cerrojo y candado. lo oía saltar sobre el respaldo de su sillón cuando ella se sentaba. aunque él parecía estar bien en aquella época. Pero. . el gato se le apareció. y ponerse a maullar a su oído. así como su libro de oraciones y rosarios. el lienzo. siempre que alguien entraba en la habitación veía al gato encima del cadáver. y enterrado con todas las debidas ceremonias. Y el monaguillo. al mirar a su alrededor bajo los ramajes del viejo huerto. sobre el pecho del muer-to. Y el que haya adoptado la forma de gato -el más frío y. pero ahora saltó tranquilamente por un lado de la cama y desapare-ció por debajo de ésta. cerrando bien la puerta tras ellos. lo ocultó a la vista. sólo que algunos dijeron después haber visto al gato escondido debajo de una gran caja que había en un rincón de una habitación exte-rior. y. Así. con semejante resulta-do. y transcurrió un buen rato antes de que los más temerarios se atrevieran a echar otro furtivo vistazo. lo que la hacía saltar con un grito y una plegaria. al abrir la puerta encontraron el gato blanco sentado. vio a un gato blanco sentado debajo de la pequeña ventana del cuarto donde yacía el cuerpo de mi tío abuelo mirando fijamente a los cuatro pequeños cristales cual gato que ojea a un pájaro. Pero hay una diferen-cia. armados de palas. si no exactamente igual. fue deslizándose lentamente a lo largo del cuerpo exánime hacia ellos. el fantasma mantiene una relación de afecto hacia la familia afligida a la que está hereditariamente asociada. Ningún fantasma se ha asociado nunca tan indisolublemente a una familia como esta nefasta aparición a la mía. De repente. maullando despacio pero feroz-mente conforme se acercaba. siempre que dejaban solo al hombre muerto. Rezando y santiguándose. como si no hubiera sido molestado en ningún momen-to. que a modo de cobertor bajaba casi hasta el suelo. Y así prosiguió para estupor y terror del vecindario. El día antes de que mi tío Teigue perdiera la vida por la explosión de su fusil. Una vez muerto mi tío abuelo. hasta que la puerta se abrió finalmente para el velatorio. De nuevo se reprodujo casi la misma escena. el gato se colocó sobre el cojín que había junto a la cabeza del cadáver y. ya he acabado con él. «zarzos». convencida de que el bicho iba a morderle en el cuello. El gato blanco seguía sentado donde antes. Mrs. Es sencillamente el mensajero de la muerte. por muchas precauciones que toma-ran. sí de manera muy parecida a como se le había aparecido a mi padre. Cuando a mi abuelo le llegó la hora de la muerte. se le apareció al atardecer. En resumidas cuentas. mientras que este bicho es claramente sospechoso de malignidad. según dicen. a la mañana siguiente. aunque no lo veía. donde mi tío abuelo guardaba su contrato de arrendamiento y demás papeles. tras lanzar una mirada torva a todos los presentes. Pero no he acabado aún con el gato blanco. y sin olvidarse de echar agua bendita.Doolan lo oía maullar a sus talones donde quiera que iba. el gato estaba allí acompañándolo fatídicamente. el más vengativo de los brutos.

o enferma de muerte. No se explicaba cómo se le había acercado. sólo un mes después. el animal seguía dando vueltas a su alrededor. unas veces grandes y otras más pequeñas. pero el hecho es que lo vio de repente cerca de sus pies. Mi hermano pequeñoJimlo vio también tres semanas antes de morir. como ya les he contado. e. La pobre murió también. a las dos o las tres de la madrugada. cerca de Oolah. y no había ningún escondite alrededor. La hierba es baja allí. Cada miembro de nuestra familia que muere.vino a Drumgunniol para asistir al funeral de un primo que había muerto a dos kilómetros de allí. a la hora del atardecer. hasta que llegó al huerto. . en Drumgunniol. al atrave-sar la cerca de la granja de Drumgunniol. Mi pobre tíaPeg-que se casó con un O'Brian. ve antes fatídicamente al gato blanco y sabe que ya le quedan pocos días de vida. en el campo en el que yo vi a la mujer caminando por el agua. con la cola nerviosamente arqueada y un verde amenazador en los ojos. vio al gato blanco. Mi tío se hallaba lavando el cañón de su fusil en el lago. que se puso a su lado.junto a la laguna. donde el gato se encaramó al espino blanco que hay allí y desapareció de su vista. donde lo perdió de vista. De vuelta del velatorio. ella estuvo a punto de desmayarse aunque logró llegar hasta la puerta de la casa. hiciera lo que hiciera mi tío.

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