Un zorrero en el Lejano Oriente. Del púlpito a la vida mundana.

Fray José Urbina de Esparragosa (1811-1863) en Filipinas En algunos momentos de la historia surgen personas que de una u otra manera por su forma de vivir y de actuar mejoran la situación del momento y contribuyen a modificar el devenir de los acontecimientos. Hemos querido rescatar la vida de un vecino de nuestro pueblo en el cual confluyen muchas acciones que lo llevaron a darle fama y grandeza, aunque sea para nosotros poco conocido, en la fecha de sus doscientos años de nacimiento. Merece incluirlo en la lista de esparragoseños ilustres. Tal fue el caso del vecino Fray José Urbina Expósito. Fray José nace el día 14 de agosto de 1811, segundo hijo del matrimonio que contrajeron Pedro Urbina y María de los Dolores Expósito en febrero de 1807. Fue bautizado tres días después por el Beneficiado Propio de la Parroquia don José Eduardo Gómez Benítez, poniéndole por nombre José Eusebio. Después de pasar su infancia junto a sus hermanos Benito y María Jacoba en nuestro pueblo, probablemente en torno a los 14 años seria matriculado en el Convento de San Francisco de Zalamea de la Serena, donde se impartía cátedra de gramática, filosofía y teología, localidad natural de su abuela materna Buenaventura Blázquez, la cual y su familia intercedería ante el padre Prior para ingresarlo y darle estudios, donde optaría por profesar como religioso en 1827. En 1835 partió de Sevilla como misionero en la Misión 74 para evangelizar las islas Filipinas. Desarrolla su labor pastoral en el Distrito de la Infanta-Baler. Una vez allí lo encontramos en distintos destinos y realizando distintas funciones eclesiásticas. En primer lugar fue destinado como párroco en Baler desde 1839 hasta 1853, principal destino donde realizará su gran aportación al pueblo filipino y español. Este distrito poseía un inmenso territorio muy apto para el cultivo pero poco aprovechado, tan solo por arroz y maíz. Por ello el fraile se ve obligado a llevar a cabo obras públicas en 1846, superando muchas dificultades, y abriendo un canal de más de 5 km de largo, con el que se puso en regadío un terreno equivalente para mas de 5.000 habitantes. Otra gran actuación fue en el plano militar. Baler se encontraba entre territorios no cristianizados y caminos inseguros. Por esta causa, y para la defensa del pueblo, el fraile construyó en 1847 dos castillos, uno en lo alto del monte Encanto, y otro en la parte opuesta del rio san José, en Confites, junto a la playa, dirigido ambos por dicho religioso y costeados con sus economías y las del pueblo. Además en el plano religioso construyó en manpostería y piedra la iglesia parroquial, bajo la advocación de San Luis y la casa parroquial. Siguió igualmente apoyando el edificio del tribunal, la escuela y la caja de la comunidad. Fueron importantes estas obras ya que décadas después un grupo reducido de militares españoles resistirían un asedio heroico de once meses en el contexto de la resistencia a la caída del imperio español representado por el desastre de 1898. Un segundo destino, aunque breve lo desarrolló en la misión de Dipacúlao, entre 1851 y 1852. Consiguió convertir abrazando la fe y bautizando a 300 indígenas, pero lo destinaron a otro lugar y dejó su labor a medias. En Magdalena, permaneció desde 1853 hasta 1860, complementando su labor

pastoral en toda la zona. En 1854 concluye las obras y adorna de manera celosa la iglesia de Santa María Magdalena. Obtuvo el nombramiento de Definidor electo de la Provincia en el año 1855. Ese mismo año se celebraron solemnes cultos con motivo de la definición dogmatica del misterio de la Inmaculada Concepción, y el cabildo catedralicio programa un novenario desde el 12 al 20 de mayo. Aparece oficiando como subdiácono en la misa del día 16. El día 20 se realiza una magna procesión por la ciudad de Manila y lo encontramos como el principal promotor de la adquisición de la imagen de San Roque, la cual procesiona vestida con mucho lujo y adornada de pedrería y otras alhajas de oro y plata, obsequio del pueblo de Pandacán y de su párroco Fray José Urbina. Un tercer y último destino pastoral lo efectuó desde 1860 hasta su muerte en la enfermería de Santa Cruz el día 2 de marzo de 1863, como Ministro de Lucban. Será en este último lugar donde descubrimos que reemplaza su labor religiosa por una vida matrimonial con Brígida Molina, viuda de Félix Querijero, del que nacen los siguientes hijos; María Dolores Molina, Zenaida Molina, Sabino Molina, Filomena Molina. Falleció en la enfermería de Santa Cruz en 1863. Fue muy apreciado en estas islas y, como dato curioso, se dice de él que era de patente belleza. Entre todos es destacable, y es lo que hace singular al fraile, María Dolores Molina, la madre del Presidente Quezon. Manuel Quezón recibió su educación principalmente de manos de su madre y de tutores particulares se matriculó como interno en el Colegio de San Juan de Letrán, donde finalizó su instrucción secundaria. Inició luego estudios de derecho en la Universidad de Santo Tomás; recibió su licencia como abogado en 1903. Trabajó durante cerca de dos años en administración y topografía; inició su carrera como funcionario al ser designado fiscal primero en Mindoro y luego en Tayabas. Obtuvo posteriormente un puesto de concejal; en 1906 fue electo gobernador de Tayabas como independiente. Defensor a ultranza de la independencia de Filipinas. Fue uno de las figuras más destacadas en la creación del partido nacionalista. En 1907 fue electo a la primera Asamblea de Filipinas. Entre 1909 y 1916 recibió la comisión de representar permanentemente a Filipinas en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, encargado de negociar la llamada ley Jones de autonomía. En 1916 fue electo senador, y designado presidente de la Cámara. Ocuparía esa posición hasta 1935. En 1919 encabezó la primera misión de independencia frente al Congreso de los Estados Unidos, y llevó a cabo las negociaciones que resultaron en 1934 en la Ley de Independencia Tydings-McDuffie. En 1935 Manuel Quezón triunfó en las primeras elecciones presidenciales nacionales tras la independencia. Aunque los términos originales establecían un mandato de seis años sin posibilidad de reelección, la Constitución fue modificada para permitirle prolongar su mandato, y en 1941 fue reelecto. En un acto de notable humanidad, facilitó la entrada en las Filipinas de los refugiados judíos que huían de los regímenes fascistas de Europa, y promovió un proyecto para establecer a los refugiados en Mindanao. Tras la invasión japonesa a las Filipinas durante la Segunda Guerra Mundial, Quezón huyó a los Estados Unidos. Allí sirvió como miembro del Consejo de la Guerra del Pacífico, en carácter del cual firmó la declaración de guerra de Naciones Unidas contra el Eje Roma-Berlín-Tokio; en el exilio escribió su autobiografía, titulada La Buena Lucha. Contrajo la tuberculosis y murió por la ribera de Lago Saranac, Nueva York, el 1 de agosto de 1944. Fue enterrado inicialmente en el Cementerio Nacional de Arlington; su cuerpo fue llevado tras el fin de la para su entierro en el cementerio del norte de Manila, y luego trasladado a Ciudad Quezón al monumento del Círculo Memorial a Quezón.

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