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Diccionario de creencias y tradición oral de Nuevo León

Diccionario de creencias y tradición oral de Nuevo León

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López Carrera, Juan Cristóbal, and Lilia Alanís Loera. 2006. Diccionario de creencias y tradición oral de Nuevo León. Hualahuises-Monterrey, Nuevo León, Mexico: Kasa de las Historias.

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López Carrera, Juan Cristóbal, and Lilia Alanís Loera. 2006. Diccionario de creencias y tradición oral de Nuevo León. Hualahuises-Monterrey, Nuevo León, Mexico: Kasa de las Historias.

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DICCIONARIO DE CREENCIAS Y TRADICIÓN ORAL DEL NORESTE DE MÉXICO NUEVO LEÓN
Lilia Alanís Loera Cristóbal López Carrera

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Agradecemos a quienes participaron realizando entrevistas y nos dieron cobertura desde la urbe para llevar a buen fin nuestros trabajos: Martha Beatriz Ramos Tristán, Rosario Blanco Cerda, Manuel Armando Durazo Álvarez, Raúl García Flores, Gabriela Márquez Rodríguez, Kolectivo Itinerante, Alicia Salinas de Lamadrid, familia Salinas Elosua, Roberto Rebolloso, César Jaime, estaciones foráneas del sistema Radio Nuevo León, Centro de Estudios Regionales-Linares, Rolando Guerra, Dirección General de Culturas Populares (México D.F. PACMYC-1993), Fondo EME 1993-1995, Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Nuevo León 19941995, PACMYC-2004, Negu Gorriak, Erika del Ángel, Rebeca Moreno Zúñiga, Claudia Ivonne, Cisma Discos y Distribución-Fernando Lozano, Anastasio Carrillo, Gerardo Sánchez Carrera, familia Sánchez Carrera, Irma Braña, Homero Adame, Amílcar Cabral, Víctor Khabanov, Erik, Koyi, Pablo César, las compañeras del Taller de escritura: Alicia Varela, Blanca Salazar, Ana Isaura Santoyo, María del Socorro Salazar, Miriam E. Colin, Lourdes Aguirre. Agradecemos especialmente a quienes nos contaron algo o ayudaron en la recopilación de campo (archivo de grabaciones de Editorial Vestigios-Kasa de las Historias). Sus nombres completos y lugares de origen se refieren en la lista de informantes.

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Primera edición, 2006 © Cristóbal López Carrera, Lilia Verónica Alanís Loera © Kolectivo Itinerante-La Kooperativa, Dirección General de Culturas Populares-CONACULTA, PACMYC, 2004 Diseño de portada: Jesús Lozano Higa Impreso y hecho en Monterrey, México Printed and made in Monterrey, Mexico

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DICCIONARIO DE CREENCIAS Y TRADICIÓN ORAL DEL NORESTE DE MÉXICO, NUEVO LEÓN
Lilia Verónica Alanís Loera Cristóbal López Carrera

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Nota introductoria
El diccionario busca difundir un componente esencial de nuestra historia y cultura: la tradición oral. Reúne de manera concisa una serie de creencias mágico-religiosas y costumbres de la población campesina. Tiene un acceso alfabético e incluye una síntesis y descripción de cada concepto derivadas del contexto regional; cada noción se ejemplifica y complementa con testimonios, historias, fragmentos de lírica popular y citas de publicaciones. En el desarrollo de la obra se sigue la lógica del imaginario popular, aun cuando muchas de las referencias y garantes de la misma parezcan inverosímiles. Las definiciones y referencias se encuentran delimitadas por un acervo de grabaciones, vivencias y lecturas, razón por la cual pueden existir vacíos de información y otros ejemplos diferentes a los presentados. Al final de cada transcripción se cita el nombre del informante y el municipio donde vive, mientras que en la lista de informantes se incluyen nombre, edad y comunidad de todos los colaboradores. Hay algunas transcripciones que no consignan nombres de los informantes, esto se debe a que: a) ese fue su deseo, b) dieron su información en el transcurso de la entrevista a otro individuo y no se tuvo el cuidado de anotar sus datos personales, c) se realizó la grabación en una actividad colectiva –por ejemplo, una fiesta–, cuya dinámica tornaba difícil el registro de los datos correspondientes. En el caso de referencias a publicaciones se cita autor, título y página; cuando se trata de notas periodísticas se incluye ciudad y fecha. En canciones y corridos se ofrece el nombre de quien registró la composición y el título. Después de la bibliografía y la hemerografía se anexan los intérpretes, el nombre de la grabación de donde se transcribieron, el lugar de

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producción, la casa editora, el número de serie y la fecha de producción. Por último, cuando se utiliza el tiempo presente para referir costumbres o creencias de la población no significa que éstas se encuentren ampliamente extendidas, sino que en el transcurso de los años 1993 a 1997 se tuvo la oportunidad de grabar a por lo menos dos personas en lugares diferentes de Nuevo León que dieron testimonio de ello por medio de un ejemplo x, en el que incluyeran un relato, refirieran a una actividad, a un objeto concreto, a una actitud, a un fenómeno natural, o por medio de la simple evocación de sus familiares y amigos.

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Prólogo

Este libro tuvo como antecedente una guía de trabajo utilizada para recopilar ejemplos de creencias y tradición oral en ejidos del centro oriente de Nuevo León. La guía se basaba en una síntesis de narraciones orales escuchadas en la ciudad de San Nicolás de los Garza, en el pueblo de General Terán y en el ejido Cerro Prieto, de Linares. La guía se articuló en un principio con las pláticas de nuestros padres, abuelos, conocidos. Dicho material se utilizó desde 1993 en la búsqueda de información relacionada con el aborigen nómada en tres ejidos linarenses, sin embargo, las expectativas fueron superadas y la guía se amplió mediante entrevistas abiertas e informales en las que se le platicaba a la gente historias que personas mayores de su comunidad y de otros municipios ya sabían sobre algún ser o fenómeno en particular, es decir, se entrevistó a partir de lo que lo que ya “se sabía” al respecto. Siempre se buscó entrevistar a las personas de mayor edad que tuvieran tiempo y mostraran disposición, lo cual no evitó que en ocasiones se grabara también a jóvenes y a niños. Así fueron surgiendo poco a poco nuevos temas, otros cuentos, otras anécdotas, otras creencias. La experiencia en campo demostró que es más útil preguntar ejemplificando con narraciones que la plática sin dirección o el interrogatorio rígido. Por ejemplo, si se llega cuestionando ¿Aquí nunca oyeron hablar de los gigantes? o

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¿Qué decía la gente de más antes sobre los gigantes?, es casi seguro que respondan no saber o no acordarse. Hay más probabilidades de éxito si se comenta algo así: En General Terán platicaban que veían las sombras de los gigantes que se iban a dormir a las sierras, ¿aquí contaba la gente de más antes algo parecido? Ante esto último, no son raros los comentarios como el siguiente: Fíjese que eso no, pero de los gigantes alcanzamos a oír que... En fin, la guía de trabajo fue de especial ayuda, pues dada la amplitud de temas era necesario seguir una secuencia cuando se platicaba con algún informante, o simplemente añadir resúmenes de las versiones encontradas. Durante el otoño de 1993 finalizaron las tareas de recopilación en Linares, General Terán y Hualahuises. Fue entonces que el equipo de trabajo integrado por Rosario Blanco Cerda, Martha Beatriz Ramos Tristán y quien esto escribe, realizó un último examen de la guía temática con la idea de publicarla como un manual de investigación. Sin embargo, durante 1994 se amplió el trabajo de campo a cinco municipios: Mier y Noriega, Rayones, Melchor Ocampo, Villa de García y Lampazos; en consecuencia debimos esperar para añadir los resultados de dicho muestreo. En esta última fase tuvo especial participación, en el trabajo de campo, el sonorense Manuel Armando Durazo Álvarez. Posteriormente surgió una idea más ambiciosa que la de convertir la guía en un manual de investigación: articular un diccionario. Después de escuchar todas las cintas y realizar un índice temático del conjunto de las grabaciones, Lilia Verónica Alanís Loera accedió a participar como coautora de este proyecto. Ella y quien esto escribe realizamos la síntesis, redacción y selección de los ejemplos de este libro que es, en el sentido más amplio, una obra colectiva tanto de las personas entrevistadas y de todos aquellos que nos comentaron algo sobre el particular como de los participantes

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en otras fuentes auditivas y escritas. La edición de este diccionario tiene los siguientes objetivos: 1. 2. 3. Documentar una síntesis de la tradición oral e imaginario colectivo. Dinamizar componentes de nuestra identidad cultural. Establecer una fuente y propuesta para futuros estudios sobre el tema y áreas afines.

Por sus características, este material podría servir de apoyo educativo a nivel elemental y profesional, o como propuesta de difusión e investigación. En este último sentido, podría utilizarse para iniciar recopilaciones generales de narrativa tradicional en comunidades rurales, municipios y áreas metropolitanas similares a la de Monterrey; asimismo, sirve para rastrear algún componente particular en un conjunto de comunidades, incluso extenderse a espacios regionales más amplios que un solo estado del Noreste mexicano. Naturalmente la obra pretende resumir la información recopilada en 300 horas de grabación, sin embargo, no agota la información en torno a los temas seleccionados y descritos. Es seguro que existen en otras comunidades nuevoleonesas versiones complementarias u opuestas a ciertas definiciones y ejemplos. Por lo tanto, así como es una obra colectiva, también se trata de una obra abierta. Conformar un diccionario completo de los temas implicaría grabar, analizar y transcribir narraciones de buena parte de los ejidos, ranchos, caseríos, municipios y ciudades de la entidad. Finalmente, al hablar de creencias y tradición oral de Nuevo León no las concebimos como patrimonio exclusivo de nuestro estado; la mayoría de las referencias incluidas no pueden ser delimitadas por fronteras políticas; se

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pueden encontrar versiones de ellas en otras regiones de México, América y el mundo, así como en otras épocas de la humanidad. Cristóbal López Carrera

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Ahora pensamos que un libro es un instrumento para justificar, defender, combatir, exponer o historiar una doctrina. En la Antigüedad se pensaba que un libro es un sucedáneo de la palabra oral: sólo se lo veía así. Recordemos el pasaje de Platón donde dice que los libros son como las estatuas; parecen seres vivos, pero cuando se les pregunta algo, no saben contestar. Para obviar esa dificultad inventó el diálogo platónico, que explora todas las posibilidades de un tema. Tenemos también la carta, muy linda y muy curiosa, que Alejandro de Macedonia le envía, según Plutarco, a Aristóteles. Éste acaba de publicar su Metafísica, es decir, de mandar hacer varias copias. Alejandro lo censura, diciéndole que ahora todos podrían saber lo que antes sabían los elegidos. Aristóteles le responde defendiéndose, sin duda con sinceridad: “Mi tratado ha sido publicado y no publicado”. No se pensaba que un libro expusiera totalmente un tema, se lo tenía como una suerte de guía para acompañar una enseñanza oral. Jorge Luis Borges

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A
Abeja. Insecto cuya miel se utiliza como endulzante y remedio para la tos. Es metáfora de dificultades y conflictos. A veces muelen caña de azúcar, pero no es su actividad principal; hay muchas otras actividades que ellos hacen; por ejemplo, aquí la gente va mucho a traer panales, panales de miel. Cositas así raras que les sirven esporádicamente.
(Antonio Barrera Vargas; Montemorelos)

El editorial del semanario local Hora Cero en su edición 166 es una muestra: “La otra pregunta que se escucha en las calles es: ¿Y después de que se vayan los federales, qué? Nadie sabe a ciencia cierta cómo van a reaccionar quienes se dedican al —señala. Como dicen en el rancho: ellos vienen a tirar el panal, pero a nosotros nos toca torear las abejas”.
(Alberto Nájar, “Tamaulipas: la guerra perdida”, en Masiosare, México, Núm. 372, 6-II-05, p. 6)

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Pues ahora sí comerciantes a trabajar con esmero ya les maté a Margarito que les quitaba el dinero. Un domingo en la mañana Alonso salió pa’ Texas yo ya les corté el panal ahí les dejo las abejas.
(Tomás Ortiz, corrido “La venganza de Alonso”)

Agapito Treviño. Salteador de caminos que vivió durante el siglo XIX; escapó varias veces de las autoridades, pero finalmente fue ejecutado en el centro de Monterrey. Se le recuerda como una suerte de Robin Hood local. La gente afirma que robaba a los ricos para ayudar a los pobres y montaba siempre un caballo blanco; otros aseguran que dejó un tesoro en cierta cueva encantada del cerro de La Silla. Lo único que me platicaba él era de Agapito Treviño, era lo único que me platicaba él porque él anduvo en las carretas, anduvo cuando no había carretas. Este es el antiguo camino de Villa de Santiago, él andaba en carretas. Él me platicaba que le salía Agapito Treviño, “El Caballo Blanco”, los asaltaba a todos, les quitaba todo el dinero, ¿verdá? No los asaltaba de aquí pa allá porque cuando iban no llevaban nada, los asaltaba de allá pa acá cuando ya traían los centavos; entonces sí, los robaba y todo, los asaltaba, ¿verdá? y se iba pal cerro de La Silla a esconderse. Eso es lo único que me platicaba él.
(Faustino San Miguel; Villa de Santiago).

Véase: Bandidos, Cueva.

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Agüeros. Los augures eran religiosos romanos que interpretaban el porvenir a través del canto y el vuelo de las aves; de la denominación de estos personajes se derivan las palabras “augurios” y “agüeros”: indicios de un suceso futuro. Los agüeros pueden ser buenos o malos y sobresalen aquellos relacionados con animales. Se consideran señales aciagas: Soñar víboras de cascabel y no matarlas. Derribar cuadros y quebrar espejos. Encontrar un coyote o un faisán en el camino. El llanto del cielo (gotas de lluvia sin nubes). Un gato negro o aves del mismo color. Un cometa surcando el cielo. Así, es la misma cosa, échale un nudo al coyote cuando cruza... porque platicaban que era mala suerte cuando iba uno por un camino, ¿verdá?, y se atravesaba un coyote.
(Román Flores Ramos y Manuela García de Flores; Melchor Ocampo)

Encontramos las siguientes premoniciones de muerte: El canto de la lechuza y del tecolote. El grito de la zorra. El graznido del cuervo. Ver a familiares difuntos y platicar con ellos. Soñar con recién fallecidos. Una paloma negra que entra a la vivienda. Entonar un alabado cuando no hay cuerpo tendido (muerto). El canto de una gallina semejando al de un gallo. El aullido de un perro.

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La presencia de un pájaro carpintero cabeza negra. El alarido de La Llorona Se acostumbran ciertas actitudes para evitar el sino fatal del augurio, por ejemplo, matar al emisario nefasto, realizar una invocación a Dios o santiguarse. Los tecolotes son malos; avisan cuando se quiere morir un cristiano. Por ejemplo, el día que yo me muera viene el tecolote, se para ahí (en el patio), y empieza a cantar, y es que me voy a morir... También los cuervos... Una vez era tarde y estaba bien nublado cuando llegó una parvada de cuervos, ¡pos sí adivinan!; en cada estante de la cerca se puso uno y empezaron a cantar: “kar” y “kar”; se empinaban así pa abajo y cantaban. Pos ese día, a las dos de la mañana, me vinieron a avisar que mi Lupito se había matado. Y cuando mi Lencho, fue diferente: cantó una gallina en la tarde. Él se había ido pa la boda y la gallina cantó en la tarde. Pa las diez de la noche ya estaba muerto. Lo mataron.
(Rosa Pequeño Delgado; Linares)

Cuando aúlla la zorra siempre se lleva de varios... a varios muertitos. María fue la que me dijo una noche: “¿Oyes? ¡cállate! –dijo–, está aullando una zorra. Sabrá Dios quiénes más nos iremos a morí, – dijo. Se mueren tres o cuatro cuando grita ese animal”. Y no, pos sí; al otro día falleció mi compadre Polito y se murió de repente una señora en San Antonio. Ayer fueron a darles el pésame allí; yo no pude ir a saludarles ahorita; iré después. Me acuerdo que ella dijo: “Fíjate que de tres a cuatro se mueren cuando aúlla la zorra”. Y pos sí, fallecieron varios. Por cierto que ni le he contado a María de los muertos, y ella fue la que me dijo que el animal estaba avisando.
(Evangelina Sustaita; Hualahuises)

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Otros agüeros: Un cuervo graznando frente al hogar es indicio de mensajes o visita. Un pájaro carpintero de cabeza roja es anuncio de carta. Una paloma café (mariposa nocturna) dentro de la casa significa que se va a recibir dinero. El sonar de la tambora (del conjunto tradicional de tambora y clarinete) es considerado preámbulo de lluvia. Tirar una cuchara significa visita (si cae volteada hacia arriba, es que se le va a dar de comer). Saludos de mano que se cruzan (entre cuatro personas) es matrimonio próximo. Matar víboras de cascabel durante el sueño es señal de buena suerte. Los cuervos, estos de aquí, todavía tienen su... cuando empezaba a gritar el cuervo era que iba a venir visita (me parece), que iba a venir gente: empezaba el cuervo grite y grite.
(Celestino Ledezma Delgadillo; Rayones)

Entre aquellas señales derivadas de la observación hallamos: Vuelo de grullas: preámbulo del tiempo frío; invierno. Merodeo de pinacates: lluvia. Burro sacudiendo sus extremidades posteriores: cambio de clima. Hormigas inquietas o que salen por alimento: cambio de clima, especialmente lluvia. Grito del coyote y canto a deshoras del gallo: variaciones de temperatura.

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Caracoles o ratas de monte que ascienden por los arbustos: lluvia fuerte, tempestad. Víbora de cascabel que sube a un arbusto: tormenta. Vuelo y alteración repentina de parvadas de aves: frío. Retozar, pleito y bramido de los toros: lluvia. Remolino de viento: lluvia, bajas temperaturas. Viento del norte: frío. Vuelo del pauraque: cambio de clima, especialmente lluvia. Dicen que los coyotes comienzan baile y baile, se muerden la cola y empiezan grite y grite. Esto significa que ya va a venirse el tiempo frío, o sea la cambiada del tiempo. Fíjese: el grito del coyote viene siendo como cuando cantan los gallos a deshoras.
(Alfredo Pérez Casas; Rayones)

Y por eso la seña: cuando quiere llover muncho comienza a retozar un buey viejo, comienza a retozar y brincar pa allá y pa acá; cuando eso sucede, llueve luego, luego... ¿eh?... un buey. Otros animales que anuncian agua son las cabras; éstas comienzan a... comienzan a brincar, a correr y a retozar, fíjese. También los camaleones: un camaleón lo cuelga ¡y llueve!
(Juan de la Rosa Sánchez; Linares)

¿Las grullas?, pos nada más es en el mes de octubre cuando pasan; yo creo se les viene... va a entrar el invierno, o no sé, pero duran en el cielo unos días no más. Y dice uno “bueno, pues ora no se ven las grullas”. Ya tenía tiempo que no las veo, pero vienen en octubre, ya falta poco, andan en el día y andan de noche.
(Álvaro Sepúlveda; Villa de García)

Véase: Alabado, Burro, Cometa, Coyote, Cuervo, Gallina, Grulla, Hormiga, Lechuza, Llorona, Mariposa negra, Pájaro

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carpintero, Paisano, Pauraque, Pinacate, Remolino de viento, Tecolote, Zorra.

Águila. Algunas personas utilizan extremidades de este animal como amuleto o como elemento decorativo en los espejos retrovisores de autos, en llaveros; otras reproducen la efigie de su cabeza en objetos de metal: destapadores, cachas de cuchillo. En una historia procedente de Linares se narra que el pájaro renueva sus garras, pico y plumaje, cada cierto tiempo. A semejanza de otras aves de presa, es símbolo de valentía y de vida rústica. El águila es muy viva. Dicen que cuando ya está muy vieja, muy viejita, el águila se pierde en la sierra, ¡no sale pa nada! se deja de ver y se le ponen las uñas muy gruesas, también el pico. Luego se pone a desplumarse toda porque ya está muy vieja. En las peñas de la sierra empieza a raspar las uñas y el pico pa que se le caigan, para que se le caiga todo lo de encima, hasta que otra vez, de vuelta, vuelve a emplumar. Eso sí es cierto, vuelve a emplumar, a emplumar. Le salen uñas nuevas y su pico otra vez. Entonces sí ya nomás se viste bien y a... dice “ya me voy a volar”, se va a juntar otra vez con todos los pájaros. Esa historia del águila sí es verdad; allá en la sierra se esconde, se esconde onde no la vea la gente y se empieza a quitar ella las plumas: todas, todas, todas. Golpea el pico en las peñas para que se le caiga; las uñas, igual. Dicen que después se viste toda toda de nuevo. Bien bonita queda.
(Esther García Vázquez; Linares)

–Aquí guardan las garras de las águilas o de los halcones. –Y qué les hacen.

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–Nada, las traen como... tipo amuleto. –A poco la gente cree que... –¡No!, pero las traen como cosa llamativa o algo así. -¿De adorno? –Sí, de adorno; dejan secar toda la patita y las garras, y luego le amarran un hilo de cobre y la cuelgan donde traen el retrovisor, el espejo de las trocas.
(Gina Cadena Rodríguez; General Treviño)

Alabado. Copla religiosa interpretada para evitar que el diablo se apodere del alma de un muerto. Se canta durante el velorio cuando el cuerpo está tendido o en el trayecto hacia el panteón. Existía la prohibición de interpretarlo en otro tipo de situaciones porque propiciaba la muerte de familiares. Salían cantando el “Alabado” y le preguntaba yo que para qué era eso (a un tío mío que cantaba eso), y me contestaba: “Para correr al demonio que estorba al ánima de este cuerpo”.
(Cruz Plata Barba; Hualahuises)

Véase: Alabanza, Muerte, Muerte-ritos fúnebres.

Alabanza. Copla sagrada que en el ritual funerario tiene la misma función que el “Alabado”: evitar que el espíritu maligno se apropie del alma del difunto. También se entona por otros motivos: sortear la influencia de la mala hora (el diablo) y para invocar lluvias. Alabados y Alabanzas se interpretan en comunidades de la zona centro-sur y en áreas de montaña, aunque la segunda es más común en las fiestas patronales, procesiones y pastorelas, expresando un tono y sentido diferentes al funerario: de comunicación con la divinidad.

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Las alabanzas eran tristes. Al oírlas, lloraba cualesquiera; los familiares con más ganas. Una de esas alabanzas decía: Padrecito de mi vida pues ya no me estén llorando con verme aquí en este estado la gloria me están quitando la gloria me están quitando. A los presentes y ausentes que me están acompañando en la gloria nos veremos sólo Dios sabe hasta cuándo sólo Dios sabe hasta cuándo.
(Lolo Calvo; Linares)

Adiós hija del padre madre de mi hijo adiós del Espíritu Santo adiós, adiós, adiós. Adiós reina del cielo madre del Salvador adiós ¡oh madre mía! Adiós, adiós, adiós.
(Fragmento de “Alabanza de la Sierra Madre Oriental”; Iturbide)

Véase: Alabado, Curandero, Magia, Mala hora, Muerte, Muerte-ritos fúnebres, Procesión.

Alicantre, alicante (Pityophis deppei). Es una creencia extendida que esta culebra de rayas multicolores se enamora de las mujeres y es

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corajuda, también que se alimenta de leche animal y humana. Con sus ojos y el contoneo de la cola hipnotiza o distrae a las víctimas aprovechándose de este trance para obtener alimento. Los alicantres son amarillos... brincan, vuelan de una parte a otra. Una vez yo fui a dar a un lugar llamado La Laguna, y estaba la novedad de que un alicantre había enamorado a una muchacha joven, bonita y grande. Aquella muchacha se hallaba tan “alicantrada” que estaba toda manchada de amarillo en la cabeza. No salía a ninguna parte ni hablaba con nadie, estaba nada más agachada. (Desde entonces yo le cogí mucho miedo a los alicantres porque nunca había oído hablar de eso.) Entonces, para quitarle lo “alicantrado” le dijeron al papá que la sacara de la casa sin avisarle, que hiciera un viaje y se la llevara, y se la llevó. Se salieron, se llevaron a la muchacha. Un día madrugaron y se fueron sin que ella dijera algo. Pero luego cuentan que la víbora que la tenía “alicantrada” se mató... Dicen que se agarró de un murillo a otro y se daba golpes contra el suelo, o de pared a pared, y que cuando vinieron estaba ensangrentada la pared y el animal estaba tirado muerto... en la casa... También dicen de una señora que tenía a su niño bien flaquito, que el niño estaba bien flaco aun cuando le daba mucho pecho, leche materna. Su esposo, que se iba para la labor y regresaba después de mediodía, se preguntaba por qué la señora no alimentaba bien a su hijo. Nada más comía el niño y a la señora le daba sueño: se prendía el niño a mamar, ¿verdá?, y ella se dormía... Entonces venía el alicantre al pasito, serpenteando, despacio, metía la punta de la cola en la boca del niño y se prendía a mamar del pecho de la señora. Por eso estaba el niño todo flaquito y lleno de granos en la boca. ¡Pos nada; el alicantre se estaba tragando toda la leche! Hasta que se dieron cuenta del animal y alguien le dijo que pusiera un vestido en la cama... y como la víbora creía que [el vestido] era la señora se metió entre la ropa buscando el pecho... fue del modo que la pescaron y la mataron.

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Además esa víbora mamaba a las vacas. Cuando nosotros vivíamos allá en Los Ventura había un corral y allí tenían vacas; el alicantre llegaba y se enrollaba entre las piernas... se pescaba de las piernas del animal y se ponía a mamar, aunque allí también se dieron cuenta y lo mataron. Y dicen que cuando lo mataron escurría toda la leche que se había tragado.
(Emilia Briones Luna; Rayones)

Ella vivía al lado de unas lomitas, y por el otro lado de los cerros su esposo trabajaba. Cuando la señora iba a dejarle el lonche a su marido oía que le chiflaban, siempre le chiflaba algo. Y como ella siempre le contaba eso a su esposo, una vez él le reprochó que si ella lo engañaba, le preguntó que quién era el que andaba detrás de ella –porque cuando iba ella a dejarle el lonche se ponía celoso al oír que le chiflaban. Entonces la señora contestó que ¡pos que ella no tenía a naiden más!, ¿verdá?, que no sabía quién le chiflaba. Pero él insistía que sí... Hasta cierta vez que pasó por donde mismo, la señora se dio cuenta de que era un alicantre el que chiflaba. Pero dicen que la víbora se le enredó en la cintura y luego la mató, mató a la señora. Después, su esposo pasó y la miró allí... Pero dicen que la esposa se “comió” al animal, que se le metió –no sé cómo– por las narices y la boca. La señora se comió la víbora, se le metió a ella por la boca.
(María del Rosario Flores Peña y Eva Flores Peña; Villa de Santiago)

Véase: Víbora.

Alma. Véase: Espíritus, Ánimas, Sombra. Amuletos. Son variados aquellos objetos que en Nuevo León se utilizan para alejar el mal, propiciar el bien o la buena fortuna.

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Los hay de herencia prehispánica, europea, africana y oriental (hinduistas, chinos); aunque los orientales, principalmente, son de reciente adopción. Para la buena fortuna se consideran los siguientes: pata y cola de conejo, pata de venado, piedra de imán, piedra de rayo, rama de laurel, hierbabuena, garras de aves de presa (águila, gavilán, halcón, lechuza), uña de león (puma), colmillos de oso y de jabalí, cascabel de víbora, cuarzos y efigies diversas (indio, Buda, elefante). En función de posibles males y de fuerzas mágicas se usan: crucifijo y rosario, medallas de vírgenes, cabresto hecho de cerda de caballo, piel de coyote, tijera en cruz, ajos, ojo de venado, limones en la bolsa, hojas y cruces de palma, piedra de alumbre e imágenes como la de Pancho Villa. Relativo a cuestiones sentimentales: el camaleón, la chuparrosa, el cascabel de víbora. Lo que sí he visto y he oído es que el cascabel de víbora (quitárselo al animal y cargarlo) es para la buena suerte. ¡Pos será o no será! Yo de mi parte nunca uso eso.
(Pedro Avendaño; Linares)

En la escena del crimen se encontró un casquillo calibre 9 milímetros. La víctima traía en su cartera 249 dólares, 120 pesos, documentos personales y, paradójicamente, un sobre con dos amuletos para la buena suerte. Juan Enrique García Valdés, síndico primero de Montemorelos, fue quien dio fe del cadáver.
(Mario A. Álvarez, “Ejecutan a pasaporteado”, en: El Norte, Monterrey, 31-VIII-1997, p. 12-B)

Le hicieron valla unos 40 policías [al banquero Jorge Lankenau Rocha], y en la aduana entregó sus pertenencias: una corbata, cuatro piedras de cuarzo, un amuleto envuelto en piel (era un hueso en forma de víbora), un celular Motorola, una grabadora y la bolsa que siempre llevaba pegada a su abdomen, donde guardaba sus amparos.

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Ayer ni los amuletos, ni el cuarzo, ni los amparos, nada le valió.
(Alejandro Salas, “Me están violando mis derechos: JLR”, en: Extra, Monterrey, 18-XI-1997: 14)

Miren, éstas son unas uñas de león que mató mi marido; mató dos, uno aquí en Gatos Güeros y otro en el rancho de nosotros. Fíjense que en el penal de Monterrey buscan estas uñas –me dijo un sobrino– para arreglar... para ponerles a las leontinas. La leontina es una cadenita que traen los relojes de bolsillo para guardarse en la bolsa. Dicen quesque la uña del león es buena suerte ¡pos quién sabe para qué! ¿Les tendrán miedo? Estas uñas son del león que mató aquí, deben de tener... deben de tener unos cuarenta años. Las traigo porque mi viejo decía antes de morir: “Si hay quien las necesite, se las regalas”. Pero sí, dicen que las compran para arreglarlas como en el penal de Monterrey. Fíjese lo grande y filoso que todavía se ven, ahora imagine una mordida de esa bestia ¡uuy! Nomás que éstas están así como se las quitamos al animal, no están arregladas. Porque las lijan y las arreglan, las dejan blancas blancas, ¿cómo será eso?
(Jacinta Hernández Prieto; Linares)

Véase: Armadillo, Cabresto, Camaleón, Colmillo, Conejo, Coyote, Curandero, Chuparrosa, Espíritu de Pancho Villa, Jabalí, León de la sierra, Niños, Oso, Piedras, Víbora.

Ánima de la Anacahuita. Devoción existente en Villa de García al ánima o espíritu de cierto militar revolucionario. Según las versiones, un hombre prometió darle sepultura a los restos del soldado a cambio de que se le curara cierta enfermedad. La osamenta fue enterrada al pie de un árbol de anacahuita

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(Cordia bossieri), cuya flor es símbolo oficial del estado de Nuevo León. Yo era una niña cuando me traían... pero nomás taba la pura anacahuita verde, verde, y decían que ¡pos que hacía milagros!, y la sepultura... Dicen que era un soldado. Eso dice la gente, que era un soldado.
(Hipólita Coronado; Villa de García)

Una vez un hombre se vio muy malo y le pidió que lo aliviara no sé de qué enfermedad, que si lo aliviaba le hacía una sepultura (eran los restos de un muerto de la Revolución Mexicana). Entonces el hombre se alivió y fue y le hizo su sepultura, a la osamenta... Pero la cabecera de la sepultura tenía una anacahua chica –yo creo. Ora... yo creo que todavía está ahí la Anacahua, ya grande, ya vieja. Y finalmente el señor ese se murió, pero ahora el que se entiende ahí es uno de esa Hacienda de Icamole, no sé quién sea. Entre ése y otro le hicieron una como casita... ahí tiene su capillita... Viene gente hasta de Estados Unidos, allí, a visitarla.
(Pedro Jaramillo Rodríguez; Villa de García)

Sí. Conocí a Sabino Moreno. Ya estaba muy grande. Fue el que sepultó al ánima. Se llamaba Agustín, del apellido no me acuerdo, pero allí está escrito. Ese hombre sufrió riatazos, sufrió humillaciones, sufrió hambre, hasta que una bala perdida lo mató, y allí estaba: debajo de la anacahuita. A Sabino le pidió agua porque se estaba muriendo. Era cuando estaba la vía vieja del ferrocarril. Ahí lo enterraron, pero lo enterraron mal; por eso en la noche se le apareció a Sabino y le dijo: “Si tú me entierras bien, te doy la salud”. Sabino cumplió y quedó sano. No. No hay día para visitar al ánima. El ánima es muy poderosa, por eso le ponían muchas veladoras y se quemó la anacahuita, pero

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no toda. A veces todo el monte estaba seco, menos la anacahuita donde está enterrada el ánima.
(Rosa Flores de Esparza, Villa de García, citada en: Fernando Garza Quiros, Armando Flores, etcétera...,p. 85)

Véase también: Ánimas, Espíritus.

Ánima de la Pamita. Ánima o espíritu que se invoca para encontrar cosas perdidas o solicitar milagros. El nombre parece un diminutivo de “Pame”, grupo indígena que emigró en gran número al centro y sur de Nuevo León a fines del siglo XVIII y principios del XIX. Muchas gentes le pedían como por... porque hacía milagros. Sí, hacía milagros y le pedían lo que quisieran al Ánima de la Pamita; eso fue lo que oí yo.
(Antonia Platas; Hualahuises.)

Nada más de que le hables al Ánima de la Pamita para que aparezcan las cosas perdidas, y eso sí... nada más le prendes una velita.
(María de los Ángeles Carrera Pequeño; Linares)

Véase: Ánimas, Espíritus, Indios.

Ánimas. Es vasta la creencia sobre almas que vagan por el mundo material sin ya pertenecerle; se visualizan en forma corpórea, vestidas de blanco, ligadas a voces y ruidos. Las identifican con seres amados, muertes violentas, personas que en vida no alcanzaron a cumplir encomiendas y deseos (amores, venganzas). Si se trata de ánimas en pena, nuestra gente invoca su descanso mediante veladoras, rezos, misas y otros ritos, o satisfaciéndoles

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algún deseo póstumo. En casos extremos se hace necesaria la bendición y la presencia de un especialista religioso (sacerdote, curandero) para exiliarlas de “este mundo” o de un sitio en particular. Tienden a relacionarse con la señalización y protección de tesoros. Cuando son vistas por enfermos son signo de muerte. Dicen que aquí andan las ánimas que no están juzgadas de Dios todavía, hasta el día del juicio final.
(Evangelina Sustaita; Hualahuises)

Por ahí dice una leyenda que en el rancho de Canales se aparecen tres mujeres que en vida fueron rivales se dieron de puñaladas allá entre los mezquitales. El causante de esas muertes Santos Valdés se llamaba a las tres por separado les decía que las amaba pero a ninguna quería nada más las engañaba.
(Ramiro Cavazos; corrido “Las tres mujeres”)

Cuentan que se oye doblar la campana de aquella capilla y que las ánimas de los muertos, envueltos en jirones de sudarios, corren de un lado a otro, como si se tratara de una cacería, ya que los animalitos huyen espantados; los perros aúllan, las víboras dan horrorosos silbidos. Al otro día se ven sobre la tierra las huellas de los desencarnados pies de los esqueletos. Por eso en Linares, N. L., lo llaman “El cerro de las ánimas”.
(Julieta Pérez, en Colectivo, Silueta de mi sombra, p. 82)

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Aquí mucha gente platica haber visto personas que ya murieron, que andan en pena. Platicaba... platicaba un tío mío que él una vez estuvo prisionero y lo metieron a una celda con muy mala fama: a quien metían en esa celda no amanecía... Él dice que estando ahí, encerrado, sintió cuando le cayó una mano pesada en el estómago, una mano lo agarró al tiempo que escuchaba una voz: “Mira, yo vengo a esto... tengo prometida una manda: una promesa, una imagen, una misa... Si tú prometes decirme la misa te doy la... te van a dar la libertad rápidamente, pero ¡tienes que irme a dar la misa a ese lugar que te digo!”. Mi tío se desertó de soldado y lo agarraron en Puebla; sin embargo, al otro día de su aprehensión no le hallaron causa y lo echaron pa fuera, le dieron libertad. Entonces, él lo primero que vino a hacer a San Luis fue decirle una misa a esa ánima, porque fue la que lo salvó.
(Efraín Segundo Rosales; Mier y Noriega)

Véase: Ánima de la Anacahuita, Ánima de la Pamita, Espantos, Espíritus, Judío errante, Muerte, Sombra.

Aquelarre. Véase: Brujas-baile.

Armadillo (Dasypus novemcinctus). Este mamífero es de consumo doméstico. En el área rural su carne es apreciada en diversos guisos; para prepararla cuidan de no romper la hiel. La gente le reconoce valor terapéutico, ya que lo emplea como remedio contra enfermedades epidérmicas, esquericia, epilepsia y empachos. Su concha sirve de ornamento, canasto y la emplean en sahumerios para contrarrestar embrujos. Algunos usan su pata como amuleto.

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Ustedes nunca han oído... nunca les han dicho pa qué es buena la cáscara... la concha del armadillo. Ésa sirve pa cuando se tuercen las personas de la boca, que se les hace la boca así, para un lado. Las cáscaras del armadillo se ponen junto con nidos de los pájaros en brasitas, en poquitas brasas, y se espera uno a que salga el humo para barrer con éste a las personas. Luego da uno masaje al lado de la boca del afectado, a la parte torcida, para enderezársela al afectado. Sí, pa que se le enderece la boca. Los nidos de cualquier pájaro, sí, los nidos de los pajaritos del campo, juntos, junto con un pedazo de concha del armadillo se ponen en bracitas y luego usted le cubre con algo la cabeza al enfermo, especialmente los ojos, para que el humo nada más le dé en la parte afectada, porque el humo es fuerte. Después usted lo está sobando en la parte torcida para que se le caliente con el humo, porque el humo es caliente. ¡Ah! y la carne del armadillo ¡ésa nos la comemos nosotros! Es buena. Nada más que no se le revienten las tripas porque reventándosele se envenena la carne: no sirve. Reventándose un animalito de ésos de adentro, de las vísceras, no se lo puede uno comer.
(Francisca Rivera Sánchez; Linares)

Ya no he visto que usen las conchas de los armadillos para hacer colgaderas u otras cosas, pero antes sí veía, sí se usaban. Alguna gente las usaba como canasto, había gente que usaba las conchas para poner cosas de costura, ¿verdá? Agarraban el caparazón y le daban forma para poner allí las cosas de la costura. Sí alcancé a ver eso yo.
(Román Flores Ramos y Manuela García de Flores; Melchor Ocampo)

Ni la pata de armadillo que carga como amuleto para la buena suerte le valió a Óscar Flores, representante de Bronco, para que en

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el concierto de despedida que ofrecieron el viernes en Tláhuac no lloviera.
(Paula Ruiz y Mary Hernández, “Arranca Bronco cabalgata del adiós”, en El Norte, Monterrey, 8-X-1997, p. 5E)

Astros. La relevancia que se le da a ciertos astros en la zona rural permite identificarlos de una manera específica; así, tenemos a Venus que es llamado comúnmente “Lucero de la Tarde”, “Estrella de la Oración”, “Estrella de la Mañana” y “La Muchacha”. Por otra parte, las Pléyades son conocidas como “Cabrías”. Se observa también un par de luminarias a las que suelen llamar “Ojos de Santa Lucía”. Existen, asimismo, cuerpos celestes más difíciles de identificar; tal es el caso de “La Estrella Guía”, “La Cruz del Sur”, “El Carro” (o “La Carreta”), “Las Tres Marías” y “Los Reyes”. Las estrellas sirven para orientarse en el monte, y son una metáfora recurrente de la lírica tradicional que las asimila al amor, a la mujer, al compañerismo, a la buena suerte, incluso a los muertos. ¡Hay una desgraciada estrella que no falla, que siempre sale! Sale al querer oscurecer... y cuando andaba yo de gambusino, buscando vetas de barita ¡lo que quería era que saliera pa orientarme! Ésa sale por ahí [señala al poniente, sobre el horizonte], por ahí se va derecho hasta que se mete; ésa no se carga a ningún lado. Cuando no había estrella no me salía de onde estaba acampando por nada del mundo.
(Ismael Hernández Sepúlveda; Hualahuises)

Hay además la estrella de... ¡no me acuerdo cómo le nombran! Es una estrella grande que cuando oscurece, en esta época, está por ahí asina, no muy alto en el cielo. Esa estrella se mete más o menos ahorita, se mete como a las diez de la noche y, por ejemplo, aquí en García, a

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veces nos tocaba regar huertas durante la noche, a las once o a las doce de la noche. Entonces, cuando nos juntábamos algunos para hacer ese trabajo, decía yo: –¿Qué horas son ahorita? Y contestaban: –¡Pos nombre!, no sé, yo no traje reloj. –Pero yo sí tengo reloj –les decía–, ahorita son las doce de la noche o es la una de la mañana, según mirara tal o cual estrella. Y comentaban: –Bueno, pero pos ¿en qué conoces las horas? –Pos en las estrellas –les contestaba. Aquí ya nadie se da cuenta de eso, pero uno sí, digo, yo por mi parte. Porque como yo asistí mucho tiempo en el campo, así es de que por ese motivo conozco esos astros.
(Pedro Jaramillo Rodríguez; Villa de García)

Reparando en la gran cantidad de estrellas visibles se nos señaló hacia el sur, apenas arriba del horizonte “La Cruz de Mayo”, conjunto de cuatro estrellas o cinco con la forma de una cruz acostada y ligeramente inclinada hacia arriba. La gente del área señala que esta “Cruz de Mayo” sólo se ve en el cielo durante dicho mes. Posteriormente, cuando le preguntamos a una joven sobre esta constelación, dijo haber escuchado a unas personas mayores comentar la misma idea (en el camión, cuando venía de Doctor Arroyo). Por su parte, el señor Pilar García Fraustro responde señalando hacia el sur: “Sí, esa cruz se aparece acá”.
(Cristóbal López, “Diario de campo”, Mier y Noriega, 3-V-1997)

Véase: Camino de Santiago, Cometa, Eclipse, Estrella fugaz, Luna, Sol.

Augurios. Véase: Agüeros.

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Aura (Cathartes aura). Ave conocida también como zopilote. Es una señal segura para ubicar animales muertos; su alimento es la carroña y se le ve volando en círculos sobre el sitio en donde se encuentran los cadáveres. La gente confunde esta ave con el buitre. ¿Las auras? Ésas anuncian dónde hay muertos, ya sean animales o personas, porque yo también he visto que las auras se han comido a las personas. Mire, allá en mi tierra (Aramberri, N. L.) mataron al esposo de una sobrina mía, lo asesinaron y le mocharon la cabeza; y la cabeza, ¡pos sólo Dios sabe dónde iría a parar!, pero el cuerpo lo echaron a un arroyo. Y las auras... por las auras y los perros de los muchachos que mataron a ese señor fue que otros dieron con los restos del muerto; no, porque ya toda la gente estaba bien cansada de buscarlo... Pero las auras andaban volando bien alto, ¿verdad?, y luego se bajaban bien rápido; ya ven que el aura se eleva y luego de repente se deja caer pa bajo. Sí no ha sido por las auras ¡pues no encuentran los restos del muertito! Porque ésas es lo que avisan, que en algún lugar hay animales o personas muertas.
(Francisca Rivera Sánchez; Linares)

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B
Bandidos. La memoria popular recuerda a hombres armados que robaban, traficaban y escondían su botín en lugares inhóspitos; por ejemplo, en cuevas, cimientos de construcciones abandonadas, túneles. Los bandidos aprovechaban su amplio conocimiento del ámbito rural y se beneficiaban de las revueltas sociales. Entre los más socorridos por la memoria colectiva están: Agapito Treviño “Caballo Blanco”, el huachichil Huajuco, el indio Pedro José, y el “Ojo de Vidrio”. En el Cerro de la Tetías hay una cueva, según esto, de bandidos, ¿verdá?, de bandidos. Y contaban que esos bandidos querían... pos como que deseaban levantar una revolución o algo así. Parece que eran bandidos de varias partes, ¿vedá? de varios estados. Éstos se empezaron a juntar y luego buscaron un escondite, ¿vedá? Porque ese cerro que les digo yo tenía una cierta entrada, a sus peñas,

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por abajo, ¿vedá? Ese era un lugar que los protegía a ellos, ya sea del tiempo o de sus enemigos.
(Susano Perales Hernández; Linares)

Dicen que era la casa de unos bandidos quienes iban y asaltaban el ferrocarril El Nacional, yo creo que cuando empezó ese tren. Dicen que mataban a todos los soldados y se venían corriendo de la estación vieja, luego se metían al río y ya no los encontraban. Los perseguían los soldados, pero al llegar al río se desaparecían por una entrada secreta.
(Álvaro Sepúlveda; Villa de García)

Véase: Agapito Treviño, Cueva, Huajuco, Pedro José, Tesoros, Túneles.

Baraja. Las cartas son populares en nuestra comunidad, mas la práctica de su juego en exceso motiva que los jugadores sientan la presencia del diablo (o se sospeche un pacto de alguno de ellos con él). Jugar baraja especialmente después de la medianoche propicia la aparición del ángel caído o la de otros espantos. Está extendida la creencia de que el presente y el futuro de una persona se cifran en los números y símbolos de los naipes; de ahí el afán popular por leer las cartas. La suerte cifrada en la baraja es concebida como metáfora del destino. Una vez escuché una canción en Reynosa de la que ya no me acuerdo. Les he preguntado a varios, así, que saben de canciones viejas, y tampoco se acuerdan... O sea que este cabrón estaba en la iglesia, en la misa, y todos tenían su librito, pero él tenía una baraja. Entonces el padre le preguntó por qué, que por qué tenía la baraja. Entonces él le explicó por qué ¡todo le explicó! Le dijo que cuando veía al rey ¡pos era Dios!,

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y que cuando salía la sota significaba otra cosa, ¡y todo lo demás! Le explicó el significado de cada carta. Pero no me acuerdo bien de esa historia. Era una canción platicada que pasaban en el radio. Preguntando por ella una vez conocí a un pelado que también la oyó y me dijo unos pedacíos, pero no se la sabe tampoco toda... La otra parte que recuerdo es que ese pelado que estaba en la iglesia con la baraja se encuentra de pronto al as ¡y se vuelve a acordar de Dios! O sea que todo lo que decía la Biblia él lo leía en la baraja. Todos estaban leyendo, todos estaban leyendo, ¿verdá?, mientras él taba pasando carta por carta, haga de cuenta un rosario, ¿verdá? ¡Pero nombre! No he vuelto a oír esa canción, tampoco la he podido hallar ¡pa saber ésas!
(Juan López García; General Terán)

Barro. Material terroso empleado en la fabricación de utensilios y para el revestimiento de chozas. En contadas comunidades de Linares, Iturbide, Doctor Arroyo, aún se moldean tazas, comales, jarros. Existe un relato sobre la creación de dichos utensilios que escuchamos en el ejido Loma Alta, de Hualahuises. En la narración, un indio ve juntarse el agua de lluvia en las pisadas de su padre; lleva entonces un molde de las huellas al fuego. Después de varios intentos infructuosos, añade al lodo cal y pasto, elaborando así el primer jarro. ¿El barro? Sí, lo usaba para comales, ollas y todo eso... más antes había mujeres de esas que hacían comales y hacían moldes.
(Carlota Álvarez; Linares)

–Soy María García Navarro, de puritito barro. ¿Cuántos años tienes tú? –Yo, cincuenta y seis; ¿y tú, María? –No los tengo, no los guardé. Se pasaron de noche...

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–¿Qué averiguas? ¿Dónde están tus años, los encerraste en la caja fuerte? Dime, ¿eres de barro? –No, yo soy de plástico. No me gusta cómo sabe el barro humedecido. Se pega, como la suerte. –¡Oye! ¿qué te pasa? El barro es mejor, es más bonito. No, el plástico no; es insípido, además, te cansarás siendo eterna.
(“María García Navarro”, Stella Brewster García de Alba; Lampazos)

Sí, aquí habitaban los indios, primero los naturales y luego unos injertados, pero fíjense, les voy a contar una historia que pasó aquí en la sierra, allá pa ribita. Habían pasado las lluvias y iban dos indios, el padre y el hijo, subiendo un cerro. Iban descalzos pos en ese tiempo ni pa guaraches había. Y el papá iba caminando adelante en aquel lodazal. Porque cuando llueve se ponen los caminos muy feos por aquí. Y ahí iban con sus morrales, uno atrás del otro, subiendo para buscar algún animal para comer. El chamaco era muy curioso y se fijó cómo la huella del pie de su papá se quedaba marcada en el lodo y le dijo: “Mire apa, cómo se queda l’agua encharcada en la huella”. Y se fijaron bien que el pie se sumía en el lodo y el agua quedaba sin salirse. Y así empezaron a hacer experimentos con el lodo pa ver si podían hacer como una vasijita. Primero tomaron un montón del lodo y lo dejaron secando al sol, pero nomás secó se quebró, así que ése no servía. Luego intentaron con piedritas, pero también se desmoronaba. Así que tuvieron que seguir inventando, hasta que se les ocurrió poner yerbitas, así como zacate, y mezclarlo con el lodo y dejarlo secar. Así apareció el barro y desde entonces se hacen vasijas aquí y en todas partes.
(Homero Adame, “El origen del barro”, recreación literaria de una plática escuchada a un anciano de Hualahuises)

Borrados. Véase: Indios, Rayados.

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Bruja, o. En décadas pasadas fue más patente en Nuevo León la creencia en brujas o personas que trabajaban la magia, aunque todavía son personajes cotidianos que están presentes en casi todos los municipios. Se consideran efectivas las practicantes de comunidades de Linares, General Terán, Bustamante y, especialmente, las de la congregación La Petaca, el ejido Vaquerías y el ejido Gatos Güeros. Los brujos adquieren sus conocimientos estudiando libros de magia o aprendiendo directamente de familiares y amigos que practican dichas artes. Sus fuerzas abarcan desde el poder para convertirse en bestias hasta la capacidad de matar y enamorar a las personas. Pueden desplazarse a grandes distancias para visitar enfermos, reunirse con “colegas” o proveerse de hierbas; al volar, utilizan fórmulas verbales del estilo “Sin Dios y sin Santa María y hasta los Altos de Vaquerías”. Se transforman en lechuza, cócono, tecolote, cuervo, víbora, perro, vaca, gato (cambian sus ojos por los del felino para ver en la noche); a veces emiten una luz durante su trayecto. Se cree que estos personajes son invocados con la frase “Ven por chile y sal”, o atrapados con maldiciones y con nudos en un cordel si se rezan las “Doce Verdades del Mundo”. Es común el relato de un pájaro bajado con esta oración y encerrado en la cárcel, sitio del que escapa, o donde se convierte en mujer y suplica la dejen libre. Son diversos sus poderes: enferman, empobrecen, enamoran, contrarrestan “males puestos”, predicen el futuro, ayudan y/o dañan en campañas políticas. El ámbito de su trabajo se extiende de manera efectiva más allá del área rural; la oferta y demanda de brujas o brujos se mantiene en cualquier colonia del área metropolitana de Monterrey, no obstante la cobertura de programas asistenciales médicoeducativos y la dinámica de cambio urbana. Su parafernalia no se limita a los sectores populares; abarca a familias e individuos

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de la élite económico-política. Hasta se han dado casos en los que se ultima, de manera sangrienta, a personas sospechosas de prácticas brujeriles. Otras ideas asociadas a estos especialistas religiosos son que chupan la sangre y dejan moretones, sobre todo en los niños; asimismo, se sabe que deben entregar un alma al diablo después de cierto número de pacientes como pago u ofrenda por su ayuda. Contra su fuerza o presencia se mencionan la fe en Dios y la Iglesia católica, la utilización de las “Doce Verdades del Mundo”, las tijeras en cruz, rezos, veladoras, “Las Siete Palabras”, limones, ajos, la cruz de palma, la oración de “La Magnífica”, albahaca, el cabresto negro, el sombrero en la cabecera de la cama; además, la educación y el conocimiento, la medicina moderna, la incredulidad. Un pariente mío se fue para el otro lado y en la orilla de un río había unos sabinos grandes. Sobre aquellos sabinos se acercaban unos pájaros. Entonces mi pariente, que ya vivía ahí, sacaba la pistola con el fin de matar a esas brujas, les daba de balazos con el fin de bajarlas, aunque nunca les dio. Luego pasó el tiempo y volvieron otra vez esos pájaros, y él volvió a hacer la misma cosa, dispararles. Eso le pasó allá en los Estados Unidos, después se vino aquí pa abajo, a Linares; ya acá, cierta vez estaba sentado cuando se le arrimó una viejita desconocida, la que le dijo: –Oiga ¿verdad que usted en el tiempo fulano fue al otro lado, a la orilla de Estados Unidos con México? –Sí –le contestó. –¿Verdad que usted era uno de esos que sacaba su pistola con el fin de tirarle a unos pájaros que llegaban y se acercaban a aquel árbol? –Sí, sí es cierto. –Bueno, pos le voy a decir que yo era de esas que me sentaba allá a descansar, y usted con muy mala fe sacaba su arma con el fin de tirarle a uno, pero no tenía usted poder suficiente para que su arma

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reventara [disparara]; y yo me sentaba allá nomás a descansar, no con el fin de perjudicar a alguna persona. Uno es como usted que ya va cansado y se sienta a descansar, así lo hacía yo, me gustaba aquel lugar pa descansar y usted obraba de mala fe, pero no se le concedió. Sin conocerla se arrimó y le dijo eso. Luego, sin más, le volvió a decir: –Quiero ser su amiga, el día que se le ofrezca vivo en La Petaca, mi nombre es fulana de tal y pa lo que se le ofrezca visíteme, vaya a platicar como unos amigos...
(Miguel Escobedo Puga y Rosendo Torres González; Iturbide)

A los sepultureros la muerte no les espanta, más miedo le tienen a los vivos que muy misteriosos llegan a los panteones a enterrar retratos, frascos y dejar otros objetos encima de las tumbas... “Sí siente uno miedo en la noche aquí cuando uno es chico, pero ya luego cuando anda trabajando sabe que no pasa nada, el único detalle son gentes que vienen según ellas a hacer limpias o algún otro tipo de embrujo”, dice Salazar Lara. Lo que generalmente esas “misteriosas” personas llevan a los cementerios son monos de cera, retratos de hombre o de mujer, de parejas; a veces dejan en un trapo cebollas, clavo, chiles, ciertos polvos o frascos con líquido, las depositan, cuentan los empleados de cementerios, alrededor de tumbas, porque ahí las han encontrado ellos mismos o algún familiar del difunto cuyos restos reposan en la fosa elegida por los “hechiceros”. No sabemos lo que buscan, muchas veces nos preguntan: ‘Oiga, alguna persona que haya muerto de esta forma, de algún disparo, un choque’, pero no les decimos porque a lo mejor quieren hacer algo con eso”, comenta el joven sepulturero.
(María de Jesús Ávila, “Temen más a los vivos que a los muertos”, en EL Norte, Mty., 2-X-1996, p. 1-B)

Cierta vez tres niños entraron a un jacal de Terán y en un rincón hallaron muchos monitos de lodo y madera, los monitos tenían

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clavadas espinas, agujas; otros estaban mutilados. Ni tardos ni perezosos los peques llevaron sus juguetes nuevos al monte para quitarles agujas, espinas, y arreglar sus defectos. Entonces sucedió lo increíble: al tiempo que los niños jugaban (y cuidaban de sus monitos), individuos de la región empezaron a levantarse de sus convalecientes lechos, sanaron de extrañas enfermedades, dejaron de sufrir dolores; hubo incluso una joven que saltó viva de su ataúd ¡cuando la llevaban a enterrar! Desde luego, la historia tiene un lado trágico: una descuidada familia –con fama brujeril– quedó sin clientes, desempleada.
(Anecdotario popular de General Terán)

Véase: Amuletos, Brujas-bailes, Cabresto, Cócono, Cuervo, Curandero, Embrujamientos, Emplazamiento, Enyerbada, Huesos, Lechuza, Libros de magia, Magia, Mal puesto, Monitos, Nagualismo, Doce Verdades del Mundo, Petaca, Sol.

Brujas-bailes. Celebraciones nocturnas llevadas a cabo en lugares agrestes (cerros, montes) con la presencia del diablo y ambientadas con hogueras y música. Estos mitotes generalmente se hacían para reforzar y/o celebrar el pacto con que las hechiceras se unían al maligno; si eran de iniciación para una prospecta bruja, incluían una serie de pruebas como enfrentar apariciones de animales o visiones de Satanás. El baile terminaba en la madrugada, con el canto de los gallos. Platicaba un señor quesque él iba en su carro cuando se topó con un baile muy bonito. Estaba tan elegante aquel baile que dijo: “¡Miren qué bonito baile! ¿Qué lugar será éste? ¡Vamos a gustar un rato del baile!”, dijo el dueño del carro a su familia; ahora aquí nos vamos a quedar hasta que amanezca.

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Se bajó el señor con su familia y dicen que ¡bueno! andaba mucha gente bailando, baile y baile. Y esas gentes también estuvieron gustando del baile, pero porque ellos creían que era baile normal, de esas fiestas que hacen las gentes aquí, en los ranchos, ¿verdá? Bueno, estuvieron gustando mucho del baile y luego en la madrugada, pa cuando acordaron, ya... ya habían gustado mucho del baile cuando ¡ma! se acabó todo... Con el canto del gallo desapareció el baile (el gallo es de diosito porque dice “Cristo nació”). Entonces, ahí solos, dijeron “¿Pa dónde ganamos? Aquí vamos a estar hasta que amanezca”. Y sí, amaneció, diosito les dio su luz, pero estaban en un monte tan duro que batallaron pa salir. ¡Fíjate, amanecieron en un monte bien duro porque habían estado en un baile de las brujas! ¡Habían gustado de una fiesta donde estaban las brujas bailando! Pero ellos no creían que era baile de brujas, creían que era baile bueno. Y decían que ¡bien bonita aquella música! Muchas muchachas bailando, bien elegante aquel baile, con muchas cosas pa vender; nomás que yo creo que ellos no compraron nada.
(Bernardina Lozoya; Linares)

Iban a bailar a onde se da la canela, ¡quién sabe en qué parte se da mucha canela! Y eso se sabe porque cierta vez agarraron a una, agarraron a una y dijo que ellas iban a bailes allá quién sabe a qué parte donde se da mucha canela.
(Teodoso Barba Barba; Hualahuises)

Véase: Bruja. Buitre. Véase: Aura. Burro. Este cuadrúpedo fue un medio de transporte fundamental en la región durante la Colonia y buena parte del siglo XIX, importancia que todavía conserva en la zona montañosa. Existe una serie de narraciones que lo asocian al diablo, al remolino de viento, a una carga de oro extraviada,

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a la entrega de imágenes de Cristo, y a las transfiguraciones de los diableros. La gente del campo augura cambios de clima cuando sacude sus patas posteriores, y atribuye a su leche propiedades benignas en la curación de enfermedades pulmonares o contra la anemia. La leche de burra es buena para la anemia, es como un medicamento, aunque yo creo que los doctores ni creen en eso. Sí, tomar leche de burra cuando la acaban de ordeñar es bueno para anemias profundas; el líquido es muy color de rosa, dicen, yo no la conozco.
(María Dolores Cárdenas Bravo; Hualahuises)

Bueno, platican que unos... una vez llegaron unos ingenieros ¡pos a un lugar donde había un ranchito!, en el campo. Esos ingenieros iban a investigar acerca de unas presas que se iban a construir, ¿verdad? Entonces, comiendo en cierta casa, alguien les dijo: –Miren, no se vayan a tardar, no se vayan a tardar mucho porque va a llover, y nada vale que llueva, después ustedes no van a poder pasar por esa cañada. Porque ésa se crece mucho, trae mucha agua y ustedes se van a quedar allá sin comer. Para esto, dicen que fue una señora quien ¡pos en sus conocimientos que tenía! les advirtió eso. Y los ingenieros comentaron “¡Nombre! esta viejita ¡pos qué sabe!”. Pero ella tenía sus conocimientos, su creencia... y pos resulta que como cosa adrede se vino bien fuerte la lluvia y se creció la cañada, y los ingenieros se quedaron de aquel lado de la cañada sin comer y sin nada, allí solos. Bueno, pos otro día que ya amaneció y pudieron pasar, uno de ellos recordó lo que había expresado aquella señora y le preguntó: –Oiga señora, ¿por qué, cómo supo usted que iba a llover si no había ni nubes? Y ella respondió:

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–No ¿sabe lo que sucedió? Que en la mañana vi que se levantó el burro, luego se atirantó y sacudió una pata. Cuando eso sucede nosotros tenemos la creencia de que anuncia lluvias; por eso llovió. Y la contestación del ingeniero fue –le dijo a su compañero: –¡Vámonos, vámonos!, porque aquí los burros saben más que nosotros.
(Nemesio Samaniego Mendoza; Lampazos)

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Caballo. La gente utiliza este equino como medio de transporte y para consumo humano. Su importancia en la vida cotidiana del campo se aprecia claramente en la lírica regional, ya que lo relacionan con el compañerismo, la agilidad y la valentía. En ciertas comunidades, las carreras de caballos, legales e ilegales, se practican con el fin de festejar reuniones, aniversarios o apostar dinero. Igual se realizan algunas suertes “de a caballo” como la chiva colgada, el gallo enterrado y los juegos de argollas. Su visión negra y nocturna está relacionada con el diablo; en Linares se recopiló un cuento acerca de un corcel de siete colores. General Terán.- Autoridades municipales informaron que antes de que finalice el año la Presidencia Municipal organizará otra carrera de caballos con el fin de recabar fondos para las actividades del DIF. Lo anterior fue señalado por las mismas autoridades municipales quienes dijeron que con el fin de recabar fondos para que el DIF pueda realizar las actividades y programas de asistencia social, se ha programado otro evento (...)

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Añadieron que en la primera carrera llevada a cabo el pasado 24 de diciembre obtuvieron muy buen resultado, debido a la gran afluencia de personas que asistieron, la cual no presentó incidentes.
(Laura Garza, “Organizarán carrera de caballos”, en La Voz, Monterrey, 31-XII-1997, p. 7)

Le preguntaban a Antonio por su última voluntad: “Que no monten mi caballo y le den su libertad”. Caballo de la cordada que traes adentro el demonio hoy relinchas de tristeza cuando te acuerdas de Antonio.
(DAR, corrido “Caballo de la cordada”) Véase: Cabresto, Diablo, León de la sierra.

Cabañuelas. Creencia popular que consiste en predecir las condiciones climatológicas de cada uno de los meses del año a partir de la observación de cada uno de los días del mes de enero. Según esta creencia, el primer día de enero corresponde a este mes, el segundo día a febrero, y así sucesivamente hasta llegar al 12 de enero que correspondería al mes de diciembre; luego, a partir del día 13, se cuentan los meses al revés, correspondiendo el 14 a noviembre; el 15 a octubre, etc. Los últimos seis días de enero se cuentan a razón de dos meses para cada día; de esta manera, el día 25 correspondería a los meses de enero y febrero; mientras que el día 30, a los de noviembre y diciembre. Finalmente, cada hora del día 31 abraza de manera sucesiva dos meses. Las cabañuelas empiezan el primero de enero y salen hasta el día 31; primero van corriendo los meses del uno hasta el 12 de enero, del

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13 al 24 de enero, los meses se regresan. Luego, los meses se vuelven a contar diariamente, pero van en pares, el día 24 salen de dos en dos: enero y febrero, marzo y abril, mayo y junio. Finalmente, el 31 están saliendo los meses cada hora de dos en dos.
(María Dolores Cárdenas Bravo; Hualahuises)

Cabresto. Soga hecha con crin de caballo, vinculada a las faenas rurales y con algunas nociones mágicas. Se asocia a los tesoros: la colocan sobre el dinero escondido y se convierte en víbora cuando otros intentan desenterrarlo. En el mismo orden de ideas, un diablero transforma reatas en ofidios para intimidar y probar el valor de sus compañeros. Los vaqueros evocan el uso del cabresto negro contra peligros humanos y animales; la soga, colocada en el campamento, semeja a la víbora prieta y ahuyenta a la serpiente de cascabel. A lo anterior se suman las siguientes narraciones o creencias: un indio usaba una de estas sogas con un sombrero en uno de sus extremos para saber por dónde venían los enemigos y cuántos eran; otro individuo “cabresteaba” la tierra al tiempo que le hablaba a un remolino de viento (manipulando al remolino de un lado para otro). Tener un cabresto negro y buen caballo implica ser una persona preparada y de valor. Además, los individuos embrujados pueden mejorar su salud si son “cabresteados” (azotados con dicho lazo). Se hacía con esa crin de caballo un cabresto: una reata, y si era una enfermedad leve con ésa se curaban (o con tierra del marrano...). Aquí el cabresto de cerda de caballo se acostumbraba de cualquier color.
(Gregorio Gámez Villanueva; Mier y Noriega)

Las reatas negras las ponían para que no se arrimara la víbora de cascabel, porque viendo la serpiente de cascabel a la víbora negra (la

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víbora prieta), le tiene miedo; por eso se ponía un cabresto alrededor de donde uno dormía, para que no se arrimaran las de cascabel.
(Sr. Arévalo Villanueva; Linares)

El último cabresto que vi yo se lo hizo un señor que se llamaba Genovevo Salazar; él era de aquí, de San Vicente. Se lo regaló a un hermano mío –en paz descansen los dos. Fue un trabajo bien acabado ¡qué artistas ni qué nada! ¡Bien bonito! Una cosa ¡bien acabada!, que ni de fábrica. Ese hombre tenía muchas bestias y trabajaba mucho eso: la cerda, la crin del caballo. Ese cabresto era de color negro y blanco; tenía un hilo blanco, era una especialidad ¡pero bien retorcido, una cosa bien bonita!
(Román Flores Ramos; Melchor Ocampo)

Una noche estaba sentado junto a una fogata con un guardia cuando ambos vieron que algo se acercaba arrastrándose como reptil. Pensaron que era una víbora, pero ambos se llenaron de terror al ver que lo que serpenteaba no era sino la soga, que se detuvo ante ellos a unos siete metros, entonces empezó a alargarse y a aumentar de diámetro, un extremo se volvió abultado, se formó una boca con dientes cónicos y afilados, enormes ojos aparecieron al mismo tiempo que los orificios de la nariz, y una lengua delgada y dividida en dos por la punta se distinguió. Se cubrió de escamas verdosas. Al fin la soga se transformó en una serpiente (...) El teniente murió después de pasar por terribles sufrimientos. En su peor pesadilla soñaba que una soga se transformaba en serpiente y lo atacaba. A pesar de haber sido un hombre muy cruel, con sus sufrimientos pagó el daño que hizo a otras personas durante su vida.
(Georgina Arrambide, “El misterio de la soga”, General Terán, en: Colectivo, Silueta de mi sombra, p. 8-9)

Véase: Bruja, Caballo, Diableros.

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Cacalote o Cascalote. Véase: Cuervo.

Cacería. Es relativamente común la caza de animales como una forma complementaria de sustento alimenticio (venado, aves silvestres, tejón, rata del monte); para obtener instrumentos y productos (piel de víbora para cintos, concha de armadillo para colgar cosas); con propósitos mágico-decorativos (cola y pata de conejo, uña de león, colmillos de oso y jabalí); con intenciones comerciales (cueros de felinos y zorra); para usos terapéuticos (piel y grasa de coyote, cebo de tlacuache, huesitos de víbora de cascabel). En ciertas comunidades rurales sacrifican animales salvajes por necesidad alimenticia, aunque cazar animales de manera exagerada propicia el encuentro con bestias cuya visión y gritos atemorizan a los monteadores. Tal es el caso de un venado al que no se puede matar, a veces identificado con el diablo. Un buen cazador debe tomar en cuenta –entre otras– las siguientes circunstancias: época del año, dirección del viento, tipos de rastro y olor, lugares que frecuentan los animales, las características de los ojos del animal ante el reflejo de la luz, diversas técnicas como untarse hierbas, dar de comer a los perros trozos de corazón de venado, usar trampas de hierro, lazo y anzuelo. Naturalmente existen muchas exageraciones y relatos jocosos vinculados a la práctica venatoria; por ejemplo, del norte al sur de la entidad es posible oír relatos acerca de cazadores ciegos que atinan a su presa apuntándole con el oído, o de otros que sujetando armadillos de la cola, son arrastrados cientos de kilómetros bajo tierra, finalizando su odisea con la muerte del animal, desbarrancado en las márgenes del río Bravo. Es metáfora de emboscada, persecución y asesinato de personas.

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A un tío mío lo mordió un oso, y entonces mataron al oso porque ya iba herido cuando lo mordió. Lo mataron y le quitaron los colmillos... y esos colmillos se los encargó un señor para hacer un llavero, como para un llavero.
(Refugio Flores Peña; Villa de Santiago)

Pos fíjese que en El Milagro no acostumbrábamos cazar; a duras penas, cuando mucho, un conejito, un conejo. Porque las liebres nunca las querían mis hermanos, las liebres no. Y aquí, en Icamole, acostumbran comerse el tlacuache, el tejón, las liebres, las ratas; pero allá en El Milagro, mis hermanos no. O sería que estábamos... por ejemplo, el río llevaba mucho pescado ¡bastante!, así es que iban y pescaban, sacaban las... de pescado ¡bastante!, y teníamos mucho cabrito, muchas gallinas; si por suerte se nos iba una vaca pa la vía y la mataba el tren, ¡pos ya nos la comíamos entre todos! Y les digo, todo el ranchito comía, yo creo por eso era que casi no cazaban.Cuando mucho, mucho que mataran, que agarraran en las trampas –cuando andaban con las trampas– en tiempo de frío, un conejo.
(Hipólita Coronado Rojas; Villa de García)

Ahí en La Chilosa hubo un... –el ojo de agua es La Chilosa– un venado que nadie lo dominó. Según dice la gente, ¿verdad?, y muchos, que nadie lo dominó; dicen que se venía caminando el venadito ¡grandote!, astas grandes. Y entre más le tirabas [disparabas], más se acercaba, entre más le tirabas, más se acercaba, en la mera frente; y como te digo, buenos tiradores [cazadores]. Ésos no fallaban con una carabina treinta treinta, entre más le tiraban y le pegaban, más se acercaba. Y ahí viene y ahí viene, hasta que no había más que... lo veían que... los ojos, los ojos del venado, ¿verdad?, como que aventaban lumbre. Además sacaba la lengua así [gesto a manera de imitación], sacaba la lengua al tirador como saboreándose. Y ya, por decir, a diez metros ¡otro disparo!; y ya no se acercaba el venado, nomás les sacaba la lengua el venado, ¡pero grande!, no creas que chiquillo ¡un venadote! Sacaba la lengua nada más...

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Lo que dicen los buenos cazadores que hubo... que le miraban los ojos como brillosos y que... caminaba un poquito más, así, y se paraba otra vez. Y como la carabina treinta es de siete tiros dejaban uno pa... pa... ya mejor no le tiraban... Bueno, y decían que era una protección de los animales, que eso era una protección de los animales que siempre habían matado. Porque los mataban encandilados con luz o cuando tenían que bajar al agua, eso es lo que decían. Los mataban porque allí era... la gente cazaba de noche (...) Y yo creo que ése podía ser... pos un apoyo para que ya no los cazaran de una forma tan inútil, ¿verdad? Porque los encandilan, los emboscan con ventaja cuando van al agua.
(Manuel López García; General Terán)

Véase: Armadillo, Cócono, Conejo, Coyote, Jabalí, León de la sierra, Lobo, Nagualismo, Oso, Pantera, Tejón, Tlacuache, Venado, Víbora, Zorra.

Cadernal (Cardinalis cardinalis). Ave de plumaje comúnmente rojo; afirman que es corajuda y, por tanto, no puede permanecer largo tiempo en cautiverio. Algunos añaden que se golpea contra las paredes de la jaula hasta causarse la muerte. Su nombre es una metátesis de “cardenal”.

Camaleón (Physrnosoma cornutum). Reptil al que se asigna influencia benéfica en cuestiones de amor; se utiliza como amuleto (disecado, molido). Además, nuestra gente le atribuye poder sobre los vientos y las aguas; acostumbra colgarlo en cercas y arbustos en tiempos de sequía para invocar corrientes de viento y lluvia. Se suele decir que se alimenta de aire y algunos lo llaman “torete”.

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Todavía ahorita dicen que hay gentes que se protegen con animalitos del monte pa que haiga cariño. Bueno, a mí me platicaba un muchacho amigo mío –ya hace muchos años–, me platicaba que el camaleón era muy bueno porque lo matabas y lo ponías a secar, y ya seco lo molías. Y afirmaba que luego se usaba el polvo, ¿verdad?, para echarle a las mujeres. Entonces las mujeres ¡pos se casaban o se enamoraban de aquella persona!, de aquella persona que les echaba polvo de camaleón... La gente más antes pescaba el camaleón... ya ven que ese animalito tiene unos cuernos, bueno, ahí en esos cuernos le amarraban cualquier hilito y lo colgaban, y cuentan que a los dos, tres días, se venía el agua, la lluvia. Pero ésas eran costumbres que ya pasaron, porque ahorita no, –cómo les diré– ahorita la gente pos no es creyente.
(Juan Cruz Alonso y Jesús Cruz Alonso; Lampazos)

Los camaleones son pa la buena suerte. En mi sierra sí hay porque una vez pisamos dos yo y mi abuelo. Andábamos por entre el monte siguiendo unos venados y salieron dos animalillos de ésos. Son así como sapos, pero de color gris y con bastantes puntitas arriba, puntitas así como las que tienen las iguanas. Esos camaleones mi abuelito los mató con el rifle, ¡pero ni les salió sangre!, y cuando se los echó a la bolsa iban pataleando, casi vivos. Se los echó a la bolsa y luego ¡pal mes o dos! ya decía la gente “¡ah, Valeriano trae... si bieras visto la muchachona que trae!”. Y eso que ya... ya está viejo mi abuelo. Bueno, pues así como está de viejo, decían “¡no, si bieras visto la muchachona que trae Valeriano, nombre, te asustas!”. Ese camaleón que mató y guardó mi abuelo se fue acabando en la bolsa y quedaron los puros huesos; después de traerlo en la bolsa tanto tiempo se secó el animalito. Trayendo un camaleón se te pegan las muchachas. Haz de cuenta que alguien dice “¡ira! qué bonita aquella muchacha”; así,

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la muchacha al ver a alguien que porta un camaleón presiente algo –pero por el animalito. Entonces ella va y le habla al muchacho (la mujer sola, sin que el hombre le hable). Va la muchacha sola a declarársele al chavo, y eso es por el animalito, por el camaleón. En el pueblo yo he visto a mucha gente que los trae, o sea... más bien les he tocado las bolsas donde los llevan; así, a amigos míos les atoco las bolsas y les digo: –¿Qué traes ahí? –Nombre, nada –contestan, pero no les creo. –¡Órale!, me tienes que decir qué traes ahí. Así, hasta que algunos me dicen por fin qué traen. Entonces sacan el camaleón forradito pa que no se acabe, pa que dure muchos años. Eso lo he notado en primos y amigos. Un amigo y un primo míos tienen un rancho llamado La Hacienda Villafaña, que está en la salida de Monterrey, allá donde termina Monterrey. Ellos usan el camaleón, o sea, van a la cacería y matan animales de ésos, y cuando los venden, los venden en dos o trescientos mil pesos, máximo cuatrocientos; así, camaleones grandotes y chiquitos.
(Víctor Hugo Briones Valdez; Rayones)

Camino del cielo. Según pláticas dispersas, existe un camino por donde transitan las almas salvas hacia la gloria: el Cielo cristiano. Es el camino del cielo, que es donde van las almas a la gloria.
(Efraín Segundo Rosales; Mier y Noriega)

Ah, pos nos decían que cuando uno se moría se encontraba con dos caminos: el de la gloria, que era de puras espinas, y el del infierno, que era de puras flores; y pos todos escogían el de las flores, pero ¿luego pa regresarte? Ya no te regresabas porque ya eras del diablo.
(María de los Ángeles Carrera Pequeño; Linares)

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Véase: Camino de Santiago, Cielo.

Camino de San Pedro y San Pablo. Véase: Camino de Santiago.

Camino de Santiago. Bajo este nombre se conoce, en algunas comunidades rurales, a la Vía Láctea. Lo describen como una polvareda producida por una carrera de caballos entre los apóstoles Santiago, Pedro y Pablo. Otras versiones afirman que es representación de Santiago practicando coleaderas (suertes a caballo) en el cielo. Es plenamente visible durante el verano. Va el camino del patrón Santiago por las alturas, y cuando ya se están llegando las fiestas de ese santo, el camino está directo a la iglesia, directo a la iglesia de Valladares –eso era de la gente. Y en otros tiempos el camino de Santiago está apuntando para otra parte... Aquí se venera, en Santiago Valladares, Coahuila, el 25 de julio. Durante esas fechas aquí se pone el camino... [señala al cielo]. Es el tierral donde va él al galope, va a caballo haciendo una polvareda de la fregada, pero...
(Felícitas Chávez Hernández y Nazario Hernández Briseño; Lampazos)

La polvaredita sale en el viento, ¿verdá?, no todo el tiempo la ve uno, pero sí sale... Sí, eso sí se ve en el cielo, como un humito donde va el caballo... porque Santo Santiago era de a caballo. Al principio, de primero, sí se veía desde dónde venía el camino. Se veía como un humito, como un humito pegado allá arriba, al cielo, y decía papá: “Vengan a ver a Santo Santiago cómo va, va a caballo corre y corre, yo creo lleva la rienda en el viento”.
(Florencio Pedraza y Basilia Gauna Sánchez; Hualahuises)

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Véase: Astros, Camino del Cielo, Cielo, Santos.

Campamocha (Slagmomantis limbata). Insecto al que se le atribuyen efectos adversos; en las prácticas de brujería lo preparan para dañar la salud de personas y animales. Las vacas revientan y mueren cuando la comen. Semeja una ramita seca. Eran dos señoras que se habían peleado muy, muy feo, después se conformaron y una de ellas estaba lavando en un arroyo cuando la otra fue encarrerada a llevarle unos frijoles refritos con algo más de comidita, porque cuando uno está lavando le da un hambre que ¡híjole! Entonces aquella señora se comió el bocado bien sabroso, pero en la noche estaba con el estómago así, para arriba y para arriba [creciéndole] hasta que, pos se reventó. Luego alguien platicaba que murió de eso porque la otra señora que se había peleado con ella le había echado una campamocha en la comida, y es que ésas son muy venenosas, se la habían echado a la comida.
(Oralia Muñoz Rodríguez; Hualahuises)

Véase: Embrujamientos.

Canciones de cuna. Versos cantados a los niños antes de dormir para estimularles el sueño. Contienen palabras tiernas o personajes que provocan pánico, como el diablo, el cuco, el viejo. Algunas de las canciones más conocidas son “Señora Santa Ana” y “El Viejo”. Señora Santa Ana por qué llora el niño por una manzana que se le ha perdido.

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Manzanita de oro si yo te hallara se la diera al niño para que callara. Baja borreguito por esa ladera comiendo rositas de la primavera.
(Isidra Maldonado Guerrero; Hualahuises)

Duérmete niño, duérmete ya porque ahí viene el viejo te come la carne y te deja el pellejo.
(Hilaria Alemán Ramos; Linares)

Candelilla (Euphorbia cerifera). Planta común del noreste de México cuya cera natural es empleaba para la fabricación de veladoras; en el presente, su recolección y procesamiento se han intensificado por la demanda de su cera en el mercado internacional (es utilizada en la elaboración de cosméticos, pinturas, plástico). En el municipio de Higueras incineran sus ramas durante una fiesta religiosa que lleva el nombre de la planta. Véase: Fiesta de la Candelilla.

Canibalismo. La idea de devorarnos los unos a los otros es persistente; nuestra entidad conserva creencias y tradiciones orales acerca de la antropofagia supuestamente practicada por los indios y las brujas. Sin embargo, la fantasía referente

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a comer gente trasciende su asociación con los tribeños o con ciertas costumbres brujeriles; comúnmente suele emplearse como muestra de cariño o como amenaza. No es muy raro escuchar expresiones como la siguiente: “¡Ya deje de molestar y vayáse a la escuela porque si no me lo como!” (Hualahuises). En el área sur-serrana se refiere, incluso, un culto cuya parafernalia incluía el consumo de personas. Decía: –A ti ya no te como, pero ¡ira!, a esa muchachita sí me la como, no se me hace trabajoso comérmela (a María, que estaba sentada allí, en un cajón). Y advertía mamá: –No andes dejando a esa niña sola, si no ¡te la va a comer el indio, te la va a comer el indio! Era hermana mía, yo la crié. Entonces le decía yo al indio: –No andes viniendo aquí, si te vas a... si te quieres comer una niña no... no vengas...
(Evangelina Sustaita de Platas; Hualahuises)

Yo juego con mis sobrinos porque... he escuchado eso, de que se juega diciendo que te vas a comer un cachete, una pierna o algo, y eso se comenta cuando estás cambiando al niño. Cuando tú a un niño le estás poniendo una camiseta y está desnudito dices “ay, te voy a cortar el cachete, te voy a cortar la pierna y me la voy a comer en un taco”. Aquella parte del cuerpo que esté más bien proporcionada; si tiene buena pierna, pos una pierna.
(Susana Marroquín Cavazos; Villa de Santiago)

Esa vieja tenía una mirada muy curiosa, su cara era igual a la de una india que andaba en mi rancho cuando yo era chico; aquella mujer era bruja, según decían, nadie sabía de ónde venía. Mire güerita, no crea que le digo mentiras, yo nomás le digo lo que

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sé, porque a mí nadie me quita que esa vieja regresó por la niña Mariana. Además, cuando no li hacían caso, o sea usté me entiende, en lo que ella ordenaba, les gritaba rete feo: “¡Ora verán, si no me obedecen me los como!”. Pos no es que yo quiera llenarla de miedo, niña, pero esa costumbre de comerse a las criaturas, según contaban las gentes, es de los indios diantes, de los rayados que andaban por acá, por las rancherías.
(Gabriela Riveros, relato “Ven por chile y sal”; Monterrey)

En el ejido donde vivía mi mamá oía pláticas de que en Villa Mainero, Tamaulipas, había un señor así... que curaba a la gente. Y que acá, más acá, en el otro lugar, que no sé cómo se llama, había una señora que también curaba. Unas gentes iban con el señor y otras con la señora... Pero el señor le tenía envidia a la señora y por eso... así empezó todo hasta que llegaron a comer gente. Sí, es que les entró un espíritu como del demonio.
(Benito de Jesús Luna Ramos; Iturbide)

Canícula. Así es denominada la temporada más caliente del año. Por lo general se calculan 40 días que empiezan el 14 de julio. Algunos observan que es una temporada propicia para enfermedades e infecciones, y que si el periodo inicia con lluvia, el calor se atenúa. El sol es más caliente, calienta más en esos días (son cuarenta); están los soles más calientes... Es del 14 de julio al... 24 de agosto, son 40 días.
(María Dolores Cárdenas Bravo; Hualahuises)

No falta quienes relacionan esta temporada calurosa con un castigo de la naturaleza hacia los hombres (...) Lo que sucede en esta temporada, indicó, es que los rayos del sol llegan perpendiculares al hemisferio

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y sumado a un sistema de alta presión no permiten que llueva; esto afecta sobre todo al norte y al Golfo de México y desaparece hasta fines de agosto, cuando se empiezan a presentar las lluvias. Cuando ese sistema llega a romperse es cuando decimos que la canícula entra con agua, es decir, con lluvia.
(María Luisa Medellín, “La Canícula, tradición y calor llegan hoy”, en: El Norte, Mty., 16-VII-1997, p. 1-B)

Caramuela (Milpiés Spirobolus). La imagen que se tiene de esta especie de gusano es negativa; es un elemento utilizado en los trabajos de las brujas. Las caramuelas son malas porque sueltan una leche blanca que es veneno. Son malas y las usan muchas mujeres que saben hacer remedios, hacen morralitos y allí las echan pa hacer males.
(Juan de la Rosa Sánchez; Linares)

Véase: Embrujamientos.

Carbón. Mineral vinculado directamente a las riquezas subterráneas. Un tesoro se convierte en carbón al manifestarse envidia entre las personas involucradas en su búsqueda o hallazgo. Como contraparte existe la certeza de que el carbón puede retornar a su estado original (oro, plata) cuando es buscado por personas humildes y desinteresadas. Por esos rumbos decían que un señor venía desde Monterrey vendiendo, y cada vez que dormía en determinado ranchito (pero no sé exactamente en qué rancho) veía una lumbrita, una llama. Él veía mucho esa llama y una vez le señaló al dueño: “Oiga, cada vez que vengo yo, más o menos en este lugar, veo una lumbre, ¿no se ha fijado usted ahí?”. En ese rancho siempre veía la lumbre y les dijo

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más o menos dónde. ¡Y se fue el dueño! Escarbó y sacó una tinaja, pero era puro carbón... Entonces por ahí guardó la tinaja de carbón para enseñársela al mercader cuando regresara. Pasado el tiempo vuelve el vendedor y pide un vaso, les pide un vaso para beber agua y fue a meterlo a la tinaja (creía que la tinaja tenía agua), y nada ¡pos sí estaba llena de algo! Entonces ya cogió preguntando “¿pos qué hay aquí?”. Era dinero. Luego les comenta: –Oigan, ¿pos por qué tienen este dinero ahí? –¿Dónde? –¡Pos ahí en la tinaja! –Es carbón señor, la relación que usted se encontraba es carbón. Escarbamos, sacamos la tinaja y es puro carbón. –¡No señor! Fue y sacó el dinero, la bajaron, la vaciaron; era puro dinero.
(Jacinta Hernández Prieto; Linares)

El compadre no fue, él nomás les indicó que en tal sitio había un dinero enterrado. “Vayan a sacarlo”, les comentó. Pero a esos dos les entró envidia y dijeron: “No, si lo llevamos a él ¡pos alcanza más! porque él nos dijo dónde está”. Y se fueron solos, escarbaron, encontraron algo, pero luego cuentan que se les volvió puro carbón –dicen que sí se convierte–; como quiera se llevaron el carbón y dijeron: “Vamos a echárselo a mi compadre por no haber venido con nosotros y embustero”. De bribones fueron a tirar el carbón en la casa del compadre, pero en la casa de éste se volvió dinero, y al final el compadre fue el de la bonanza esa.
(Esther García Vázquez; Linares)

Véase: Relaciones, Tesoros.

Cautivos. Las referencias a individuos capturados, tanto por los mestizos como por los indios, son todavía comunes,

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principalmente entre habitantes de la zona norte de la entidad. Exactamente, así se lo llevaron en la travesía, pasaron por aquí los indios y se lo llevaron (sus padres ya no supieron nada de él). Hasta después de mucho tiempo cuando él ya se hizo hombre vino a dar aquí porque mató a un indio, le clavó la flecha; al ir a darle agua a unos caballos se disgustaron él y el indio, y allí lo flechó, y de allí... se vino él, pero vino a dar como quiera a su pueblo. Cuando se lo llevaron a él de aquí del pueblo era niño, de allí de onde andaba en la calle, de ahí se lo llevaron. Y cuando él regresó traía las costumbres de los indios. Cuando volvió él ya no se llamaba como se llamaba antes (se llamaba como yo, Cornelio Sánchez, ¿ve?). Él regresó y decía todo alrevesado su nombre, ¿ve?, porque sí sabía él su nombre cuando se lo llevaron, pero luego ya se hizo a... a la idea de ellos, ¿ve?, y hablaba todo medio mocho. Entonces él venía diciendo que se llamaba... pos no, no recuerdo bien. Mi papá era el que me platicaba de... de cómo venía él nombrando las cosas. Porque... bueno, mi papá todavía no nacía cuando pasó eso, todavía ni se casaba mi papá. Pero después, cuando mi papá y sus hermanos nacieron y comenzaron a crecer, empezó mi abuelo a platicarles.
(Cornelio Sánchez López; Lampazos)

Sorpresivamente los indios los atacaron y capturaron a la muchacha, su padre apenas tuvo oportunidad de escapar y rápidamente corrió a dar aviso para que le ayudaran a rescatar a su hija. La buscaron por largo tiempo, lo único que encontraron fue un rastro que la desafortunada muchacha fue dejando, pedazos de tela de su vestido; cuando ya no pudo cortar la tela fue dejando cabellos. No volvieron a saber de María Antonia por muchos años. Pasó el tiempo y un día una familia de Parás, que fue de viaje a Oklahoma, la encontró por aquellas lejanas tierras, le preguntaron por qué jamás había avisado

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que estaba con vida a su familiares, y ella les contestó que jamás se atrevió a comunicarse con sus familiares porque se había casado con el jefe de la tribu que la raptó, y que casada con el indio era muy feliz. Tiempo después, un hijo de María Antonia visitó Parás para conocer la tierra de su madre.
(Sra. Armandina Villarreal de V., Parás, en: Para saber, p. 3)

Véase: Indios.

Ceniza. Vestigio del fuego que se pone en el suelo en forma de cruz para desviar los vientos fuertes y las tempestades. En algunos lugares se asocia con prácticas mágicas y con el diablo. Más antes, en el puro tierral, bailaba la gente de los ranchos ¡en el puro tierral! Y cuando había boda o baile yo veía que las muchachas, este... se salían muchas mujeres y andaban por detrás de las casas con puños de ceniza ¡haciendo crucitas! ¡Que pa que no lloviera!... Ponían cruces de ceniza para que no se desbaratara el baile.
(Antonia Platas; Hualahuises)

La curandera parecía la bruja de la leyenda; larga, seca y huesosa, con la nariz corva como ave de rapiña, las uñas como garfios y el pelo enmarañado. Tenía en sus manos un bulto de ceniza caliente y unos ungüentos con los que empezó a frotar el cuerpo, esquelético también, del enfermo, pasándole luego unas palmas benditas y haciéndole cruces por todas partes. Hizo que don Teófilo y su mujer le ayudaran a bajar al piso a Quintín y entonces lo regó totalmente de ceniza, barriéndola con una escoba tan pronto terminó esta operación.
(Rosa de Castaño, Rancho Estradeño, p. 88)

Mi papá ejercía un platito de peltre, blanco, ahí en ese platito tenía ceniza.

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Yo no vi cómo trabajaba, pero tenía ceniza con un tenedor y un trinche en cruz ¿eh? Entonces él se ponía a trabajar y agarraba el trinche al mismo tiempo que decía: “¡Mira, aquí lo estoy viendo! [al diablo] aquí lo estoy viendo...”, en la ceniza.
(Alfredo Espinoza Camero; Linares)

Véase: Viento, Tempestad.

Centella. Descarga eléctrica de poca intensidad vinculada con el rayo, diferenciada o confundida con el mismo. La experiencia de nuestra gente afirma que azota de forma violenta la superficie terrestre, llegando a matar personas y animales; dicen que deja los cuerpos con apariencia de no tener osamenta. Otros narran que su fuego consume lo que toca, aunque llueva copiosamente, e imaginan su origen en el sol, “porque es el fuego divino y lumbre”. ¿La centella? Ésa cae del sol, puede estar lloviendo, llueve y llueve, y cae del sol. Cuando ésa cae quema, troza los árboles y donde cae prende, mientras que el rayo es aire.
(Evangelina Sustaita; Hualahuises)

Santiago Aguilera –actualmente es operador de tráiler –señaló que ese día no fumó ni encendió cerillos, tampoco lo hizo Marcos Arizmendi. Que la explosión fue provocada por un rayo centella que cayó en el tanque, ese día llovía en los alrededores de Villaldama. Álvaro Rodríguez explicó: “Es frecuente que en esa región sucedan esos fenómenos y se desprendan del cielo rayos o descargas eléctricas sin llover”. A 30 años de aquel suceso aún hay restos del camión incendiado, el tanque aún se utiliza como depósito de combustible, la gente recuerda ejemplos de valentía, anécdotas que ahora provocan risa y la visita de un rayo centella que vino a escribir una página en su vida.

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El fuego terminó a las 15:00 horas, al agotarse el combustible.
(Luis Antonio Lucio López, Las piruetas del perico, historias de Villaldama, pp. 39-40)

Pues sí, dicen que donde cae... Una centella a tu ahijada la dejó atarantada y le mató la chivita... yo creo que es lo mismo que un rayo.
(Felícitas Chávez Hernández y Nazario Hernández Briseño; Lampazos)

Véase: Cielo, Rayo, Sol.

Cielo. El firmamento es considerado, en primera instancia, personificación divina. Le piden deseos, se le agradecen peticiones y se le utiliza como testigo de los asuntos terrenos. Igualmente se considera que de las alturas pueden llegar bendiciones o desgracias (milagros, desastres naturales). Algunos conciben situaciones tristes cuando llovizna sin haber nubes, afirman que es el llanto del cielo por tragedias inminentes. Además, la bóveda celeste es la morada de Dios, la Virgen, los ángeles y los santos: sitio a donde van a dar las almas de los muertos que en vida tuvieron una conducta ejemplar. Esa canción, “Príncipes del cielo”, la compusimos porque cuando estábamos morritos pasaba por la cuadra un ruco con un triciclo que juntaba botes y periódico, era amigo de nosotros y platicábamos con él. Nos decía que se peleaba con un tigre de aquel lado del cerro de La Silla, y cosas así. Siempre lo esperábamos para que nos contara sus aventuras. Pero una vez andábamos muchos güerquillos en la calle matando a los “abuelitos”, esos insectos como hormigas con alas que salen después de que llueve; andábamos con tablas y chanclas aplastándolos cuando llegó el ruco del triciclo; ¡nombre!, se enojó

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y nos correteó, nos quería pegar. Luego nos juntó a todos y nos regañó, dijo que no anduviéramos haciendo daño a esos animalitos porque eran los príncipes del cielo, que si hablábamos con ellos podían guardarnos secretos y cumplirnos deseos porque volaban hasta donde estaba Dios. También dijo: “Bueno, a lo mejor los deseos no se los cumplen, pero pueden estar seguros que sus secretos no los va a saber nadie más”. Después pasó el tiempo, ya no lo volvimos a ver, quién sabe qué se haría. Pero nos acordamos y por eso compusimos –mi carnal Tony y yo– la rola “Príncipes del cielo”: Hoy que acaba de llover y que el aire fresco vuela en silencio esperaré a verlos a los príncipes del cielo (...) Mi alma quiere volar irse y nunca regresar quiere irse lejos con los príncipes del cielo no la dejaré partir no dejaré que me deje aquí. Les diré un secreto a los príncipes del cielo voy a pedirles un deseo un deseo algo bello.
(Cano Hernández, canción “Príncipes del cielo”)

Véase: Astros, Camino del cielo, Camino de Santiago, Centella, Cometa, Luna, Nubes, Rayo, Serpiente de agua, Sol, Tamborileros, Tempestad, Trueno.

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Cócono (Meleagris gallopavo). Nombre que se le da al pavo en el área rural. Es uno de los principales naguales de las brujas, quienes toman la forma del ave para visitar durante la noche a las personas que han hechizado o que están curando de algún maleficio. Son variados los cuentos donde un cócono es bajado del cielo utilizando oraciones como las Doce Verdades del Mundo (ya en la tierra, capturado, el animal se convierte en mujer). Es un ave doméstica, pero subsisten bandadas silvestres.Tanto de las primeras como de las segundas se consume la carne. Las plumas se utilizan como elemento decorativo en casas y para el penacho del indio en las pastorelas. Parte de estas ideas y costumbres, probablemente, son herencia aborigen. En Linares, Hualahuises, Montemorelos y San Carlos, Tamaulipas, vivieron etnias identificadas con un sinónimo del vocablo “guajolotes”. Pues decían que el chamuco se aparecía en forma de cócono, que en forma de cócono. Mire, yo tenía un amigo que ya murió. Ese muchacho, cada vez que venía... venía y me buscaba, y nos íbamos así con él (...) Me invitaba así a un camino que hacía cruz: “Vamos, vamos a... hoy tengo cita con un amigo a las doce de la noche. Nomás no te vayas a asustar porque es un amigo mío que a veces viene en forma de cócono, a veces viene en forma de burro, de marrano, o de un toro muy bravo. Pero no te asustes, no te hace nada, es mi amigo”. ¡Y pos él!... Yo no vi, nunca vi nada ni mi hermano tampoco. Pero a él sí lo veías, ahí, platicando con el diablo ¡sólo Dios sabe lo que platicaría! Esto sucedía aquí en Vallecillo, pa las orillas del pueblo.
(Andrés Esquivel Vázques; Vallecillo)

Cierta vez íbamos por un camino y dijo mi padre: “Me voy a parar a pedir agua”; y allí donde nos detuvimos estaba una niña mece y mece

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a un niño, en una cuna, entonces le dijo mi papá a la chiquilla: –¿No me quieres regalar tantita agua? Entonces la niña contestó: –Nomás deje ver si este chiquillo se queda quieto. ¡Pos no se quería quedar solo! Hace años ¡años! Yo estaba medianita, así. La niña le contestó: –Déjeme ver si se queda sosiego el niño en la cuna. Pero el niño lloraba y lloraba, aunque lo meciera, hasta que le dijo: –Te voy a volver cócono pa que te estés tranquilo, y nomás dijo esto, ¡zas!, brincó el cócono, saltó pal suelo el niño transformado en cócono y ahí se quedó, ahí se quedó, por allí andaba el cócono. Fue cuando ella se fue a traernos el agua, y tomamos; ya ella después lo volvería otra vez en niño, quién sabe. ¡Pero qué lista!, si era una niña, una chamaca meciendo a un niño en la... Sí, una chamaca, pero hace muchos años, hace más de sesenta años de eso.
(Antonia Platas; Hualahuises)

Los cóconos ¿cómo van a ser brujas si es un animal que se come? (...) El cócono que sea malo es una transformación, se dice. Pero en realidad ésos llevan una astucia; no el animal, la persona que se transforma en cócono. Hay todavía gente que se puede transformar, nada más que ahora como ya está muy civilizada en eso... pero sí hay. Pero eso son pláticas, son pláticas que se hacen de eso; ahora, de haber, sí lo hay, pero pos son secretos que... muy oscuros. Yo no sé cómo le llamarán a esas personas que se transforman, pero una persona que enferma dicen que tiene el maleficio, hasta ahí sé yo.
(Álvaro Sepúlveda; Villa de García)

Véase: Bruja, Cacería, Diablo, Lechuza, Tecolote, Nagualismo.

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Colibrí. Véase: Chuparrosa.

Colmillo. Diente agudo y fuerte de los mamíferos. Al igual que en otras regiones de México y el mundo, es objeto de creencias y costumbres. Algunas personas consideran de buena suerte los colmillos de oso y jabalí, los usan como dijes y llaveros especiales, aunque a veces simplemente los guardan en un lugar seguro de la casa. Es sinónimo de habilidad y experiencia. A un tío mío lo mordió un oso, y entonces mataron al oso porque ya iba herido cuando lo mordió. Lo mataron y le quitaron los colmillos... y esos colmillos se los encargó un señor para hacer un llavero, como para un llavero.
(Refugio Flores Peña; Villa de Santiago)

Ese muchacho que le platiqué yo el otro día, que está por allá, en el otro lado, en Florida (está muy lejos, desde allá hacen tres días para llegar aquí), ese hijo mío que está allá es el más chico, y a ése le gustaba –oiga– con una lezna, ¿sabe lo qué es una lezna, verdá? De esas cosas con que agujeran cualquier piel... y así abujeraba las uñas del león [puma] y luego abujeraba las del oso, y se las colgaba aquí en la bolsa, como llavero. Tenía una curia [curiosidad], que yo creo que por ahí tiene guardadas todavía las uñas de león; nomás que la uña del león es mucho más filosa –oiga– que la del oso. Pero ¿sabe cuál es? El colmillo; yo me equivoqué, fíjese que lo que él abujeraba eran los colmillos, no las uñas, bueno, del león las uñas, y de los osos, los colmillos...
(Miguel Escobedo Puga; Iturbide)

Véase: Amuletos, Jabalí, Oso.

Cometa. Astro cuya visión presagia catástrofes: guerras,

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enfermedades, crisis, sequías. En menor medida, nuestra gente dice que los cometas anuncian años lluviosos. Vi el primer cometa antes de la Revolución [antes de 1910, cuando empieza la Revolución Mexicana]. Luego vi otros dos, creo que son ya cuatro cometas los que he visto... Cuando salió el primero decían “va a venir revolución”; salía temprano ese cometa y estaba muy grande, se le miraba la colota; el otro salía así, pa otro lado... Decían mi papá y mi mamá que si era rojo significaba guerras, y que cuando salía blanco era necesidad; en caso de salir negro... –quién sabe cómo sería eso– representaba enfermedad. Bueno, esas son pláticas que ellos nos hacían.
(Andrés Villasana Ríos, Juana González de Villasana; Mier y Noriega)

Los cometas anunciaban calamidades, si va a salir el cometa es porque va a haber mucha necesidad o plagas de enfermedades; decían que cuando salía un cometa había siete años de calamidades. Y siempre pasaba uno igual...
(Emilia Briones de Luna; Rayones)

Conejo (Sylvilagus floridanus). La utilidad de este roedor es variada; se aprovecha su carne, su piel y sus extremidades. Al igual que en otras regiones, se considera un animal de buena suerte. Llevar colgando una de sus patas (o su cola) representa búsqueda de fortuna y prosperidad; otras veces se usan como simple atavío. Era un muchacho, ¿verdá?, era un indio. A ese indio lo mandó el Dios del sol a que fuera a buscar alimento y... y fue, ¿verdá?, a buscar comida. Entonces se encontró a conejo y lo quiso matar, pero conejo no se dejaba. Lo anduvo persiguiendo hasta que se perdió y sus ganas de comer aumentaban, tenía hambre y hambre. Fue cuando se le volvió a aparecer conejo y le habló:

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–Hay un hechicero por aquí que puede darte mucha comida, nada más que a cambio debes darle tu alma. Y el indio contestó: –¡Pero yo no podría dar mi alma porque tengo familia! –Pues si quieres alimentar a los tuyos tendrás que hacerlo. El indio, desesperado, dijo: –Está bien, llévame con él. Y contestó conejo: –Espérame aquí, yo iré a traerlo. Apenas terminó de decir estas palabras cuando conejo se transforma en un hechicero, lo lleva a una cueva, y le dice al indio: –Entra. –¿Y... pero qué vas a hacer conmigo? –dijo el indio. Antes de que terminara de decir esas palabras el hechicero le cortó un pedazo del brazo dejándole una marca profunda y dijo: –Llévale este alimento a tu familia, ¡pero si no regresas, a tu familia y a tus semejantes les irá muy mal! Yo me vengaré sobre ellos. Así fue como el indio visitó a su familia para dejarles algo de alimento: la carne de su propio brazo, ¿verdá? Luego regresó con el brujo. Entonces éste lo agarró y lo ensartó en un gancho donde cuelgan la carne de los becerros; ahí, el hechicero todas las noches le cortaba un pedazo de carne para cenar él. Y el indio se fue acabando, no podía hacer nada, sólo preguntaba: “¿Pero por qué me haces esto?”. Pasado un tiempo, cuando ya sólo quedaba el corazón del indio colgado del gancho, dijo el hechicero: –Tú tienes muy buen corazón –porque el indio tenía muy buen corazón, ¿verdá?–, te voy a dar tu forma normal, pero ya no podrás ser hombre, te convertiré en un conejo, animal que fue la desgracia tuya. Y al corazón del indio lo convirtió en conejo, y... siempre que... que hay alguien que no puede... que tiene hambre y que se pierde, cuando es un indio, va el conejo y le dice: “Cómeme si quieres”. O sea, el animal se deja que lo caces para que te lo comas.
(Azael Córtez Dueñas; Linares)

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Veáse: Amuletos, Cacería, Sol, Venado.

Correcaminos. Veáse: Paisano.

Cosecha. Antaño existieron una serie de ritos unidos al levantamiento de la cosecha. Incluían la primera siega con música y entrega de las primicias (primeros frutos) a las advocaciones locales, a la Iglesia. Hasta el presente, en algunas comunidades las primeras mazorcas de una labor son consideradas objetos benignos. Se conservan reverencialmente en el hogar, o se ofrendan al santo patrono. Para esto se decía una misa que se llamaba Misa de Espigas, concluyendo con un gran comelitón en plena labor, con elotes cocidos y asados, así como calabaza tatemada. Como punto relevante de esta buena cosecha era llevar a la iglesia de Doctor Arroyo, a la virgen de la Purísima Concepción, las “primicias”, por los primeros frutos de la tierra.
(Varios autores, Tradiciones y costumbres de Nuevo León, 1994, p. 112)

Más antes se usaba que el que levantaba mucha cosecha en la parcela preparaba los montones de cajas de cerveza, de soda, listones y todo. Entonces los que iban a pizcar, ¿verdá?, se encontraban con todo eso en las últimas monas o trincheras del sembradío. Pero nomás acababan de pizcar la última mazorca y echaban el último costal, ¡luego, luego agarraban al dueño de la cosecha y lo amarraban! Lo liaban con un mecate y se ponían por todos lados, luego lo echaban arriba de la carreta con clarinete y tambora, y la caballada atrás, hasta dos o trescientos pelados a caballo, con buenas sillas.
(Cecilio Cazanova Iturralde; Hualahuises)

Notamos además que en la puerta de entrada había una mazorca colgada. Preguntamos el porqué, y se nos contestó que era de una

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cosecha de larga duración (una vez al año), y que servía como amuleto para buenas cosechas.
(Yosune Ibarra y Gustavo Herón Pérez Daniel, “Notas de Campo”, Montemorelos, 13-V-1997).

Véase: Fiesta de los Chicaleros

Coyote (Canis latrans). Animal nativo de Norteamérica cuya presencia y hábitat se han extendido durante los últimos siglos. Pocos animales infunden sentimientos tan encontrados de admiración, odio y respeto como este cánido, que desde tiempos prehispánicos es prototipo de astucia y maldad. Es proverbial referir que el coyote es ladino (hábil, burlón) y matrero (traicionero), y con capacidad de sortear trampas y emboscadas tendidas por cazadores, o de penetrar en propiedades campesinas para llevarse animales domésticos. Su fama es tal que no son raros los apodos, canciones y corridos que equiparan ciertas habilidades del hombre a su figura. Aquí, a semejanza de otras zonas de México, el hijo más pequeño de una familia es conocido cariñosamente como “el coyotito”; incluso, su apelativo lo ostentan traficantes de papelería oficial, droga y seres humanos. La observación de sus hábitos ha hecho prevalecer ideas variadas; por ejemplo, su grito es señal de luto y tragedia o de cambios de clima, especialmente frío. Además, según el anecdotario local, cuando un coyote no tiene que comer, tumba los dátiles de las palmas dando vueltas alrededor de ellas, gritando y cantando “abajo, dátil, abajo, dátil”. Antes se le perseguía para vender su piel, a la que se atribuyen la virtud de curar dolencias reumáticas cuando las personas duermen sobre ella y, en menor medida, algunas propiedades mágico-religiosas. En este último sentido se habla de un cinto de piel de coyote que concede valor y

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fuerza a quien lo elabora y porta, siempre y cuando el animal sea desollado vivo; o se sabe de una tambora hecha con su cuero cuyo sonido derriba o hace vibrar objetos y que propicia hechos de sangre durante las fiestas (Montemorelos-General Terán-Linares). Se piensa que es de mala suerte cruzarse con él por el camino, conservándose la práctica de realizar un nudo en la camisa o pañuelo para conjurar el mal. En algunas zonas se refiere que los brujos y diableros se convierten en este animal para realizar sus actividades. De hecho, en el sur de Nuevo León (Galeana-Dr. Arroyo-Mier y Noriega) se conserva el término “coyote-nagual”. Otros afirman que posee un cabello del diablo o que es animal del diablo; se refiere también la existencia de un relicario con pelos de la bestia. Por las calles de nuestras urbes es común oír que se ofrece en venta la pomada de coyote, “para todo tipo de males”, y existen versiones de conocida fábula donde el animal sustituye al lobo (“¡Ahí viene el coyote!”). Existen comparaciones que poseen su antecedente más antiguo en los tribeños Coyote, que habitaron la región Noreste, y la casta colonial resultante de la mezcla de indio y mestizo. Coyote es un animal que es ladrón. Sí, es muy habilidoso porque él vive nomás de eso, nomás de andar robando. Por eso les digo que Dios lo echó al mundo para que se mantuviera de las cosas de otros, porque ¿pos quién le da de comer? Tiene que robar por eso.
(Juanita Hernández Briceño; Lampazos)

Ta como cuando dicen que... que iban... o sea, se encontraron dos coyotes, ¿verdá? ¿No han oído esa plática? Se encontraron dos coyotes entre el monte. Se encontraron dos coyotes entre el monte y se preguntaron: –¿Cómo te llamas tú? –Pos coyote.

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–¿Y tú? –¡Pos otro! –¡Ah chingas!, cómo, si también eres coyote. –No, yo me llamo otro. –¿Apuestas a que te llamas coyote? –¡Apostamos a que no! –Es más, vámonos por un camino para comprobarlo. –Pero ¡vete tú adelante! –Esperamos que pase... que pase alguien... que pase alguien por el camino, que venga alguien. Allí iban caminando cuando se les atraviesa una persona y dice: –¡Mira un coyote! Luego, cuando ve al segundo, grita: –¡Ira, otro! –No te dije que me llamaba otro –dijo el segundo coyote.
(Juan López García; General Terán)

Oiga, la manteca del coyote era para untarse, la gente de antes tenía la creencia esa de untarse la manteca de coyote en las piernas. Hay coyotes muy flacos y hay coyotes muy gordos, entonces cuando mataban uno, la manteca la freían –como freír grasa de un marranito, ¿verdad? Por ejemplo, cuando a usted le dolían las piernas, le dolía un brazo o tenía una reuma, ¿verdad?, se usaba untarse la manteca de coyote. Las gentes de antes también tenían la creencia de quitarle la piel al coyote. Sí, le quitaban la piel al animalito. En ese entonces arreglaban el cuero con cáscara de encino, de un árbol que se llama encino. Lo curtían como... ¿ha visto usted algunas pieles curtidas, verdad? Bueno, así las preparaban. Luego las tendían en su cama, en donde usted dormía, eso era para que se le retirara a usted el reumatismo. Acostado usted en la piel del coyote se le quitaban esos achaques. Ese es el fin de ese animalito, la creencia que tenía la gente. Otra creencia de la gente surgía cuando los coyotes aullaban. Por ejemplo, aquí todavía, hasta ahorita, hay veces que se oyen aullar,

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aúllan como aúlla un perro. Sucede ¡hombre! pues que de pronto, ahí derecho, aúlla un coyote; luego, poco después, aúlla otro pa acá; y luego a poco otro pa allá. Cuando eso pasa dice uno “se va a venir el frío”. Si ya se oye gritar uno de esos animales, decimos “se va a venir el frío” o bien “va a cambiar el tiempo”. Ellos, los coyotes, son muy ahuichotes, muy sabios. Aunque son animales... también tienen su manera de avisarse.
(Miguel Escobedo Puga; Iturbide)

Véase: Cacería, Diableros, Lobo, Nagualismo, Perro, Pinacate, Tamborazo, Zorra.

Cráneo. En algunos ranchos ganaderos es costumbre colocar cráneos secos de toro o vaca en las cercas y entradas de las propiedades; asimismo, son señales de orientación campirana. En la ciudad lo utilizan para decorar hogares y negocios. La calavera es tradición muy vieja, también decían que la calavera era de buena suerte; muchos la usan, yo he visto que las usan aquí las calaveritas chiquitas... Es buena suerte la calaca... Y la calavera de toro es para identificar y juntar los animales; por ejemplo, hay gentes muy precavidas como los patrones que ¡si no nomás ponen una, ponen dos!, una en cada aguja del potrero. Esto es para identificar, ahí, que allí es rancho ganadero. Hay veces que en los zaguanes ponen el nombre del rancho y... y ponen unas calaveras también... de vaca.
(Hipólito Reyna Sánchez; Linares)

El cráneo de toro lo cuelga uno, lo cuelga en el pico de un árbol. Algún hombre puede decir “voy a poner de seña esto, pa una vez que vuelva, si no la quitan de aquí, saber que voy bien, que no voy perdido”; así, son señales que ponen para que no se pierda la gente.
(Juan de la Rosa Sánchez; Linares)

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Véase: Toro, Perro, León de la sierra.

Cuervo (Corvus corax). A semejanza de otras tradiciones (escandinava, altaico-siberiana, indígena norteamericana) este pájaro es considerado mensajero; si grazna frente al hogar es señal de muerte o malas noticias. En menor medida anuncia visitas o cartas. Algunos conciben que tiene la virtud de curar a quienes sufren convulsiones, siempre y cuando los enfermos coman alimento masticado por el ave. Otros conservan su denominación náhuatl al referir la existencia de un cuervo “cascalote”, vocablo que también ostentó una tribu seminómada del centro oriente de Nuevo León. Existen relatos en los cuales se explica el origen de su plumaje negro, y es considerado nagual de brujas. Después del diluvio Dios mandó varios pájaros a que le llevaran los ojos de los muertos para comprobar que el mundo se había acabado; mandó al pauraque y al pitacoche. Ninguno cumplió bien su encargo. Entonces mandó al chico, que es el zinzontle. Se vino el chico y regresó diciendo la misma cosa: “No pude traerme los ojos de los muertos”. Fue cuando mandó a cuervo. Al mandarlo, ése sí se aventó hasta mero abajo y tironió entre el lodo pa sacar los ojos. Finalmente los sacó de entre el lodo y se los llevó. Entonces ya quedó como es el cuervo ahora, ¿verdá?, todo negro. No, porque eran blancos los cuervos; cuando nacen son blancos. De esa forma comprobó Dios que el mundo se había acabado, porque le llevaron los ojos de los muertos que se habían quedado enterrados cuando el diluvio.
(Hilaria Alemán Ramos; Linares)

El cuervo, ése... Más antes, si usted criaba un cuervo, vamos a suponer, ése le hacía los mandaos, le llevaba un recado a cualquier hombre, a cualquier vecino ¡eh!, ¿y cómo sabía él?...

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Sirve mucho un animalito de ésos, un cuervo; él le podía llevar los recaos. Le hacía uste un recao a un amigo y le decía al pájaro “¡ándele! se lo lleva a tal parte”, a cualquier lugar, a una casa, a la casa fulana. Entonces volaba el cuervo y aventaba el mensaje allí, en el patio. Eso me lo platicaba mi abuelito y mucha gente dice que es cierto.
(Juan de la Rosa Sánchez; Linares)

Véase; Agüeros, Bruja, Nagualismo, Paloma, Pauraque, Petaca, Pitacoche.

Cueva. Las grutas son abundantes en la geografía e imaginación tradicional del noreste mexicano, generalmente tienen conexión con bandidos, indios, tesoros y el mal. Cuevas de indios: sitios donde se han encontrado o perduran rastros de la presencia aborigen, petrograbados, pinturas rupestres, utensilios. En un plano simbólico los indígenas aparecen para resguardar la entrada de la cueva, o como simple visión. Cuevas de tesoros: accidentes del terreno considerados refugios estratégicos para esconder, encontrar e imaginar tesoros. Cuevas malignas: a semejanza de otras latitudes, se vinculan a prácticas brujeriles y al diablo. A veces, nuestras grutas pueden hablar o abrir y cerrar sus bocas. Hay familias nuevoleonesas que preservan su devoción a la Virgen del Chorrito: diminuta imagen de la guadalupana situada a la entrada de un conjunto de cavernas. Yo muy seguido sueño sueños pesaos... Una vez soñé un sueño de una señora dijunta que vino por mí y me llevó a unas cuevas. No eran minas, eran unas cuevas mucho muy grandes, muy alumbradas, y veía yo onde íbamos caminando, ¡una chulada, si viera qué hermosura! Nombre ¡qué tiene!, una cosa chula. Anduvimos mucho por aquellas cuevas viendo, ahí me traía y

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me traía... hasta que de repente ¡nomás desperté! y se acabó el sueño. Y así por el estilo... Puro lucerío había adentro, ¡muy bonito, muy alumbrado!
(Andrés Esquivel Vázques; Vallecillo)

Aquí era poblado de indios, inclusive hay unas cuevas muy bonitas que... ¿Pero quién puede llegar allí? Están por detrás de esta Sierra Borrada, por allá están. Platican que son unas cuevas muy bonitas, una cueva que es como... pues como de pura piedra laja, ¿verdá?, pura laja, pura laja, y tiene unas pinturas muy hermosas, ¿que qué siglos tendrán? Fíjate que esas pinturas son desde los tiempos indios. Mi papá nos contaba que allí iban varios sacerdotes ofreciendo no se sabe a qué astro o a qué... Cree él que eran sacerdotes porque traían vestimentas de sacerdote y capas grandes, serían reyes o algo así. Decía que todas las pinturas estaban como “caminando”, dirigiéndose a un solo lugar, ¡y qué pinturas!, con qué serían... con qué estarían hechas las pinturas que nunca se habían borrado.
(Guadalupe Llerena viuda de Sánchez; Rayones)

Véase: Agapito Treviño, Bandidos, Indios, Pedro José, Tesoros, Virgen del Chorrito.

Culebra de agua. Véase: Serpiente de agua

Culebrilla. Metáfora del relámpago o del rayo en algunos lugares. Véase: Rayo. Curandero, a. Persona que ejerce prácticas terapéuticas y rituales. Antítesis de la bruja, a la curandera se le identifica

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con la realización del bien: la magia blanca. Sus tareas incluyen desde sanar enfermos y encontrar cosas perdidas, hasta invocar espíritus y ver el futuro. Fundamenta sus remedios en la medicina tradicional, recetando tés, infusiones, sahumerios, chiqueadores. La aplicación de estos elementos naturales suele estar vinculada a una serie de ritos: invocación de espíritus, prohibiciones, alabanzas, rezos y la extracción de objetos extraños del cuerpo del paciente. Un curandero que ha trascendido es el Niño Fidencio (José Fidencio Síntora; Acámbaro, Guanajuato, 1898-Mina, N. L., 1938). Éste se ha transformado en figura central de un culto que sintetiza costumbres y creencias de la herbolaria, el catolicismo popular y el espiritismo. Una vez se supo de un señor que ya tenía mucho tiempo de estar enfermo, a quien llevaron con un hombre de ésos, curanderos; allí lo arroparon con una cobija y el curandero pidió que le dieran unos chiles de color, de esos secos. Luego prendió los chiles en un bote e hizo un humaredón... ¡Mató a aquel pobre señor! Lo ahogó con el humo.
(Cornelio Sánchez López; Lampazos)

Eran buenas las curanderas, pues curaban a la gente; ahora hay doctores y evitan que anden tomando hierbas, pero pos por tal de hacer negocio con los centavos (...) Los curanderos todavía existen; cuando dicen “no, éste está desahuciado por los médicos”, cuando una persona está desahuciada por los médicos la gente dice “vamos a ver un curandero”, y el curandero dice “no, lo tienen embrujado”.
(Indalecio Torres Sustaita e Isidro Bravo González; Iturbide)

Para donde me iba a curar eran puros rateros, rateros los curanderos, rateros los curanderos y... pues se acabó todo aquello, se acabó la fortuna y se acabó la enfermedad. No crea que son mentiras, todos me conocen, soy nativo de aquí y

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ya le digo, tenía mil 200 cabras, bien seleccionados, bien cruzaditas... Tenía una oportunidad y me ganaba unos centavitos, había una producción de temporadas en que vendía yo 700 o 400 cabritos, con una producción de 200 o 300 pesos mensuales de queso. Se acabó todo aquello y se acabó la enfermedad.
(Señora; Mier y Noriega)

En algunos lugares el culto [al Niño Fidencio] se ha modificado, hay grupos en la ciudad de Monterrey y de otros estados, que han incorporado a su práctica curativa otros espíritus, por ejemplo a héroes de la historia regional como Pancho Villa, Emiliano Zapata o el doctor Eleuterio González “Gonzalitos”; a personajes famosos como Sor Juana Inés de la Cruz; a santos católicos como San Martín de Porres, Manuelito de Atocha, Jesusito o Ramoncito. (...) Los curanderos o médiums fidencistas obtienen un conocimiento empírico, transmitido en forma oral de los recursos naturales como son plantas, minerales y animales, así como su forma de empleo. Entre los fidencistas los rituales como “la barrida o limpia” y los amuletos protectores son muy populares. A esta magia popular se han agregado talismanes, polvos, baños, sahumerios, veladoras, oraciones, imágenes de otros cultos como los de Pedrito Jaramillo, un famoso curandero de los Olmos, Texas.
(Olimpia Farfán, El Fidencismo: la curación espiritista, pp. 29, 35)

Véase: Bruja, Canibalismo, Ceniza, Chile del monte, Doce Verdades del Mundo, Espíritus, Espíritu de Pancho Villa, Magia, Mal de espanto, Mal de ojo, Santa Muerte, Petaca.

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Ch

Chango. La imagen del chango, mono o gorila, aparece de variadas formas. Su encuentro y visión nocturna están relacionadas con el diablo. Algunas madres campesinas atemorizan a los niños con la idea de que se los va a llevar el chango, incluso hay quienes evocan la existencia del primate en algún rincón del cerro de La Silla o en parajes de General Terán. En Linares y el sur de Nuevo León se recuerdan personas “encartadas” de chango: descendientes de cruzas entre humanos y la bestia; en este último caso, nos encontraríamos ante el recuerdo de mestizaje con individuos cuyo fenotipo era marcadamente afromestizo, o de cierta etnia aborigen (Nuevo León contó, durante la época colonial, con un importante componente poblacional negroide, y en el sur del mismo habitó una tribu de indios “negritos”). Chango es también un vocablo para denominar al viejo de la danza de matachines, y en el sur del estado se recopiló cierta referencia a un “chango-gorila” que produce los truenos.

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Las magias de las brujas las sacan de libros, esos libros de magias traen todo, todo traen; yo una vez estaba leyendo uno ¡de esos libros de magia!, pero no tuve valor de hacer las cosas que ahí venían. Ahí decía, por ejemplo, que un huevo de gallina ¡pero de una gallina negra! –¡hasta las patas debe de tener negras!–, se enterraba en un estiércol de caballo, o sea, en un montón de cirre de caballo. Ese huevo, ya enterrado, debía ir usted a regarlo todas las noches a las doce de la noche. Haciendo eso, a los 21 días sale un changuito, así, un changuito, como un chango, igual. Sale un changuito y habla, dice: –Qué desea de mí, dígame qué es lo que desea. Entonces ya responde uno: –Pos yo quiero tener bastante suerte, quiero ser poderoso. –Pues dime en qué forma quieres tener suerte y ser poderoso –pregunta el chango. Y ya vuelve a contestar uno, ¿verdá?: –Yo quiero ganar dinero en la carreras o en la jugada de baraja. –No, pues está bueno. Y se dicen unos cuantos rezos, se dicen unos cuantos rezos pa que se aparezca aquel, aquel animalito. Nomás se aparece y luego, luego le dice a usted, le habla él: –¿Qué desea? –No pos esto y lo otro, o esto y lo otro –dice uno. –Ta bueno –dice el changuito. Y está arreglado todo. Eso era lo que hizo un amigo de mi papá, don Sigifredo Espinoza, él hizo el changuito ese. Llegaba a una jugada de baraja, llegaban papá y el hombre ese, y le decía el segundo: “Nomás a la carta que le vaya yo apuéstale tú también, y échale lo que quieras”. Y no perdían ¡para nada! Toda la suerte se venía con ellos. Porque ahí se le aparecía el changuito, y nomás don Sigifredo lo veía. Le decía a papá: “Échale estos dineros al rey de copas, apuéstale lo que quieras”.

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Ese monito es esclavo de uno y no crece, está en un solo punto; es un animalito chiquito, así, cabe en la palma de la mano. Ése no se muere, es espíritu, es un espíritu.
(Hipólito Reyna Sánchez; Linares)

¿Manuela la pamorana?, era de más antes esa mujer, india legítima, yo creo. Pero era negrita, negrita, y tu abuelo también era negrito, negrito. Más antes había mucha gente así, pero ya después se fue mezclando y mezclando... Esos estaban negritos porque eran indios legítimos. Allá, en el ejido, por eso le pusieron el Cerro Prieto, porque más antes había mucha gente prieta. Había unos señores bien feos, que serían “encartados” [cruzados] de chango; yo conocí a dos de esos señores, tenían las narizonas de este tamaño, anchas y abiertas, bien feos. Estaban chatos de la cara, ¡cosa horrible!, y la boca así, grande y salida. Dicen que ésos eran encartados de mono, de mono chango, de los de más antes. Digo yo que ¡pos no habría mucha gente!, yo creo que los changos bajaban del cerro y engendraban, ahí, con las... con las mujeres, luego salían los hombres bien feos; a dos conocí yo, eran... eran tíos de Hilario Martínez. ¡Pero cosa horrible!, eran dos señores los que conocí, nomás los miraba uno y le daban miedo, le daban miedo. Sí, le decían Cerro Prieto ¡pos porque había mucha gente prieta!
(Rosa Pequeño Delgado; Linares)

Chicaleros. Denominación de los danzantes enmascarados, “viejos”, “judíos”, “diablos” o “chamucos” que en algunas comunidades del sur de Nuevo León realizan una fiesta ritual durante la Semana Santa. Véase: Fiesta de los Chicaleros.

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Chichimecas. Vocablo despectivo que usaban los aztecas y los colonos sedentarios (españoles, mestizos) para denominar a los aborígenes que habitaron el actual norte de México; el significado de la palabra suele traducirse como “hijos de los perros” o “chupadores de sangre”. Los chichimecas eran cazadores-recolectores nómadas o seminómadas, conocedores profundos de la naturaleza y sin jerarquización sociopolítica y religiosa importante. Sus tribus o federaciones más importantes fueron los Zacatecos, los Huachichiles, los Coahuiltecos, los Pames y los Tamaulipecos. El nombre suele usarse de manera peyorativa, como sinónimo de gente salvaje o rústica; en mucho menor grado se usa una abreviatura del mismo, “Meco”, para referirse a la gente en general; por ejemplo, el más famoso grupo de tamborazo linarense es conocido todavía en las rancherías como Los Chichimecas de San Julián. No parece ser un caso aislado en el mundo, cabe decirlo. Hace unos cuantos días, en Colonia, Alemania, así como en Londres, grupos análogos a los chichimecas que se apoderaron de la UNAM, organizaron simultáneamente una gran marcha anticapitalista. El objetivo: acabar en el acto con el capitalismo.
(Víctor Kerbert, “La raza sin espíritu”, en: El Norte, Mty. 24-VI-1999, p. 6)

Véase: Cócono, Coyote, Cuajuco, Cuervo, Cueva, Hormigas, Hualahuises, Indios, Pauraque, Pedro José, Piedras, Rayados, Trueno, Venado, Virgen del Chorrito.

Chile del monte (Capsicum annuum). Condimento típico recolectado por temporadas para el autoconsumo y la comercialización. La gente del campo asegura que no se puede sembrar, y es utilizado por curanderas; éstas

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realizan sahumerios con sus plantas y los aplican a personas embrujadas. Las brujas pueden ser invocadas si se les ofrece este producto con sal. Hay brujas buenas, que se dedican a hacer el bien, deshaciendo los hechizos y devolviendo la salud a los que tienen el mal compuesto. Unas las curan con ahumazos de chilpiquín y hierbas aromáticas, mientras rezan ciertas oraciones en voz ininteligible.
(Manuel Neira Barragán, La medicina popular y la brujería en Nuevo León y Coahuila durante los siglos XVIII y XIX, p. 18)

O sea... aquí se acostumbra que hay una frase que le dicen a las lechuzas que son gentes, transformadas en gente; les dices “mañana vienes por... mañana vienes por sal y chile”, o algo así. Sí, entonces... entonces esa persona... esa persona en la mañana ¡lógico que viene y te pide eso!, te pide chile o te pide sal, o te pide otra cosa que no sea eso. Pero viene y te pide algo.
(Gloria Esthela Ruiz Herrera; Parás)

Véase: Bruja, Curandero.

Chimole. Palabra usada en la región para denominar los preparativos de una fiesta de rancho, especialmente la elaboración de los alimentos; es de por sí una celebración previa e incluye música en vivo. Deriva del vocablo náhuatl chimoli: salsa de chile. No pos chimole significa... chimole son los que la hacen... chimole son los que lo hacen, los que van a hacer el chimole... Es cuando se hace una comida para una fiesta, entre muchas mujeres, ¿verdá?, cuando se hace una comida entre muchas mujeres para... pos vamos a decir para “x” fiesta.
(Juan López García; General Terán)

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Viene siendo lo que preparan, toda la comida hecha para otro día. Entonces se iba uno ¡pos dizque al chimol!, ahí platicaba uno con los muchachos, moliendo, haciendo tortillas, cociendo carne; bueno, de todo se hace en él. No dormíamos en toda la noche, el viernes en la noche, pero entonces en la madrugada, cuando ya iba a amanecer, dejábamos el molino y se arrancaba uno a bailar con la tambora y el clarinete.
(Modesta Murillo Rodríguez; Linares)

Chupacabras. Ser imaginario que durante finales de la década de los noventa (1996-1998) asoló regiones de América central y Norteamérica. Lo describen como un ser alado y humanoide que ataca animales de corral, succionándoles la sangre. Aquí, al igual que en otras partes, la idea del monstruo se construye a partir de historias tradicionales sobre espantos o bestias desconocidas, los ataques de depredadores (pumas, coyotes, comadrejas) a ciertos animales de granja, y de los informes sobre el ente aparecidos en los medios masivos de comunicación. A pesar de que los ataques de animales salvajes son relativamente comunes en el campo, y de que la sequía impulsa a beber la sangre de las presas, el chupacabras acentuó miedos, generó alarma y hasta movilizó a las autoridades. En los municipios de Salinas Victoria y Cadereyta Jiménez lo balacearon; en Villa de García, agentes judiciales de un grupo especial (tipo comando) lo emboscaron en una cueva; mientras que en el sur, una variante reciente del mismo (1998), bautizado por la prensa como “El Monstruo de Galeana”, generó desasosiego en las comunidades y movilizó a una partida de soldados. Gallinas, chivos, borregos, cerdos, perros y vacas fueron sus víctimas a lo largo y ancho de la entidad.

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Iban en el carro compacto que era un jeep, es un jeep, y llevan unos focos para aluzar; y dicen que antes de... dos ¡Nombre! No le miento, veinte minutos antes de llegar a Saltillo vieron algo que iba adelante de ellos ¡volando!, en el jeep. Entonces estos chavos aluzan a esa cosa que iba volando y era un pájaro enorme... Por las características y por la película tenía luz propia –el pájaro–, emitía una luz del techo y las alas eran de un gris plata. Entonces dicen que tenía características... No le lograron ver la cara, pero en la película sale perfectamente el cuerpo, y dicen que tiene las características del famoso chupacabras, ¿verdad? Entonces, ahorita siguen investigando. Pero dicen que llegó un momento en que... rebasaron una camioneta ellos y la camioneta se orilló, o sea, se asustaron mucho y dicen que al quererse salir ellos también de la carretera (porque la película ya se había terminado), para orillarse y regresarse para Monterrey, ¡el pájaro se regresa!, se regresa y los empieza a seguir. ¡Eh!, obviamente ¡pos! somos humanos, ¿verdá?, y aunque ellos se dediquen a investigar pos sí les entró, pues ¡pavor, pánico!, porque esta cosa venía pegada a ellos por sobre la ventana del conductor y... y no le lograban ver la cara; era un... un animal enorme del tamaño prácticamente de una avestruz.
(Señora; Monterrey)

Cuando en la ciudad de Monterrey se difundió la noticia de que el chupacabras vivía en la Cueva de la Boca, Nuevo León, la multitud enardecida quiso prenderle fuego, pero fue detenida por una valla de niños. Eran los alumnos de la escuela Francisco Cirilo, de Villa de Santiago, quienes a unos cuantos meses de haber iniciado un taller con especialistas ambientales habían tomado una decisión: ellos mismos se encargarían de impedir que se les hiciera daño a los murciélagos de la zona.
(Rosario Manzanos, “Los niños, promotores de la salvación de los murciélagos, según un programa México-Estados Unidos”, en Proceso 1180, p. 64)

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Véase: Espantos, Cacería, Pantera. Chuparrosa (Lampornis Clemenciae). Denominación del colibrí; se utiliza seca y en polvo como amuleto para el amor. Animales de buena suerte: la chuparrosa. Ese pajarito decían quesque era de muy buena suerte, ¡ah, cómo matábamos chuparrosas nosotros! Pescábamos animalitos de ésos en las matas pa la buena suerte. Las guardábamos y las disecábamos, las disecábamos bien, bien; luego las traíamos, así, en una cajita, o cuando salía uno, ¡era la buena suerte! Cuando las matábamos las abríamos y les echábamos pajita o aserrín, y quedaban como si fueran vivas, bien curiosas, las ponía uno así de adorno. Espiábamos las chuparrosas y allá cada cuando... allá de lejos en lejos, pescábamos una. Son bien vivas, pero eran buena suerte.
(Esther García Vázquez; Linares)

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D

Desobedientes. Hijos que por no respetar a sus padres o transgredir una costumbre reciben un castigo ejemplar. Entre los casos más representativos se encuentran los enterrados y las mujeres convertidas en sirena. Se refieren para atemorizar o prevenir a quienes no acatan la autoridad familiar. Bueno, una mujer se estaba peinando y le dijo la mamá que fuera a peinarla a ella, pero como la hija no quería, le contestó: “¡Ay mamá, cómo friega usted!”. Como quiera al fin agarró el peine y se puso a peinar a su madre, pero le dio un estirón muy fuerte y se quedó pegada. Entonces se las comió la tierra, se las comió a las dos (a la mamá también). Platican que se veía que estaban así, engarruñadas.
(Concepción Maldonado Guerrero; Hualahuises)

Según esto, alguien le había faltado el respeto a la mamá, por ahí viene la historia. Parece que después de un regaño le contestó a su madre, pero ésta, al irse, le dijo:

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–¡Te va a salir el diablo! –¡Que me salga! –exclamó el hijo desafiante– ¡yo me chingo [peleo] con él! Y en la noche llegó –cuentan– bien rasguñado, se encontró con el diablo y le tiraba machetazos, le tiraba, pero ¿a quién le pegaba? A nadie, y de allá pa acá no fallaban.
(Juan López García; General Terán)

Véase: Enterrados, Espantos, Sirena.

Diableros. Personajes burlescos y desafiantes que parecen ser comunes en diversas regiones de América. Poseen la habilidad de mantenerse sin trabajar, hacer que una osamenta de toro se levante y “camine”, pueden estar en dos sitios a la vez, tornarse invisibles, manipular el fuego, matar a distancia con diversos trucos, dominar el ganado trazando círculos en la tierra, servirse de fetiches como monitos de tela que les cumplen sus deseos, y transfigurarse en animales (cócono, coyote, venado). Cambian la textura de ciertos objetos para su beneficio: cabrestos en víboras, hojas de árboles y guijarros en dinero. Son respetados por su experiencia y de algunos se rumora que tienen pacto con el diablo, sin embargo, no se les considera malignos porque pueden desafiar o derrotar al ángel caído. Suelen morir de manera accidental o en medio de un gran dolor. –¿Qué tan malo será el cristiano ese? A lo mejor son puros cuentos los milagros que le cuelgan. –Qué cristiano ha de ser, si dicen qu’es diablero. Aseguran qu’el “malo” lo protege y un siñor qui aqui estuvo nos platicó que dizque trai una estampa del mesmo Satanás, grande, grande, ansí como

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d’este tamaño –y dejando de moler hacía el ademán con ambas manos para indicar el tamaño de poco más de un palmo–, es de fierro y cuando lo persiguen se la pone en el pecho y dizque no lo devisan los rurales.
(José Lobatón, El Gringo, p. 148)

Decía mi padre que en una ocasión se fueron a tallar lechuguilla, allá en la sierra (vivía en Cerros Blancos, aquí cerquita del ranchito), y encontraron unos huesos de animal tirados, ante los cuales comentó un señor: –Si ese torito se levantara yo lo toreaba. Y contestó otra persona: –¿De veras lo toreabas? –¡Sí lo toreo! Y andaba con la oaxaca [cesto de ixtle] cargada y la mula, pero así, de repente, fue a dar el viejo a donde estaban los huesos, diciendo: “¡Levántate torito, levántate!”. Y empezó a juntar los huesos, juntó la cabezota, asina, con el resto de la osamenta, ¡y que se va dando la parada un torón negro!
(Heriberto Estrada Rodríguez; Mier y Noriega)

Ese que se la hizo fue un tío de papá, el mismo que le hizo la del coyote... O sea que llegaron a un arroyo, a un río, ¿verdad?, para bañarse, y ya sabían que venía el tío, venía el viejillo diablero, ¿verdá?, allá por el barranco, y comentaron –¡Ahí viene el viejillo! ¡Háblenle para que nos haga una broma! Entonces, cuando llegó le dijeron: –¡Eh, eh, viejo diablero chingao, a ver qué... a ver haga algo aquí! –A ver, voltéense todos pa allá –les ordenó. Y ya todos le dieron la espalda unos momentos, unos entre el agua y otros acá, en la orilla. Luego les gritó:

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–¡Ahora sí volteen! –¡Nombre –cuenta papá– estaba un... pero coyotote atrás de nosotros! y... chingue su... ¡Todos nos metimos más pa dentro del agua! ¡Pero coyote! –dice. El viejito no estaba ya, y en su lugar estaba un coyote, ¡pero coyote! sentado atrás de ellos. Esa la platicaba papá y ¡pos ni modo de decir que no era una historia cierta!
(Juan López García; General Terán)

Véase: Coyote, Cócono, Diablo, Nagualismo, Libros de magia, Magia, Doce Verdades del Mundo, Monitos, Venado.

Diablo. Las creencias en torno a la existencia del diablo son amplias; son coincidentes aquellas donde toma apariencia de remolino de viento y de animales. De estos últimos, los más comunes son el perro negro, el burro, el caballo negro, el toro, el venado, el gato, el chango y el marrano. También se presenta en figura de niño parlante y con colmillos, como un ser indefinido de ojos brillosos, un caballero elegantemente vestido e, incluso, “en cualquier forma”. Lugares propicios para su invocación y aparición son el monte cerrado, el cruce de caminos, las tragedias, el baile de brujas y la cueva. Pocos seres tienen tantas denominaciones, ya que se le conoce como “demonio”, “maligno”, “chamuco”, “Satanás”, “malhora” o “mala hora”, “cosa mala”, “espíritu del mal”, “el colorado”, “pingo”, “cuco”, “ángel caído”. Igualmente se le asocia a un ánima, “Santa Tais del Monte”, que se invoca para encontrar animales perdidos. Es posible escuchar menciones acerca de su firma en la piel de personas condenadas y en libros de magia negra. Perviven cuentos de muchachas casadas con él y de músicos

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que lo acompañaron a fiestas, así como relatos que explican por qué ya no existe. Entre los amuletos contra su fuerza suelen encontrarse objetos como las cruces hechas de palma bendita y otros símbolos católicos. Antes, la sola mención de su nombre propiciaba temor de su presencia; actualmente es personaje común en los chistes. Decían que se aparecía muchas veces en forma de cristiano... pero era plática, también en forma de animal se podrá aparecer, ¿verdad?, pero no, no era una creencia muy formal, no... Afirmaban que se podía aparecer en forma de un animal como el perro, y pos en el animal más malo que pueda haber: en el gato.
(Manuela García de Flores; Melchor Ocampo)

Sí, habían gentes que hacían pactos. Tenían valor y hacían pacto, había muchos que hacían pactos... Pero ahora dicen que al condenado diablo le hablan y le hablan y ¡no sale! Platican que hay muchos que le hablan en un cruce de tres caminos, ¡pero ya no sale! Oyes, y de eso platican un chiste, que andaban unos güercos bien méndigos en el río bañándose cuando dijo el diablo: “Voy a darles un susto a estos cabrones yo”. Y se apareció en forma de un burro, por lo que gritaron todos: “¡Miren un burro, a montarle!”. Y le brincó un niño, le brincó otro y... entre más lo montaban el burro se iba haciendo más grande y más grande, pero los cabrones, luego que ya se subieron todos, dijeron: –¡Oye! ¿¡Qué pasó con este burro, por qué va tan grande!? ¡Híjole! – dijo el que iba montado al último– no tiene... vamos a hacerle cola al burro porque no tiene agujero... ¡traigan una lezna! –¡Nombre! –brincó el diablo. Luego dijo: –¡Si no me voy me agujeran!... Resultó que los güercos eran más diablos que el diablo. Desde entonces dicen que no hay diablo.
(Guadalupe Sepúlveda; Hualahuises)

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Véase: Baraja, Bruja, Brujas-bailes, Caballo, Cabresto, Ceniza, Coyote, Diableros, Espantos, Gato, Libros de magia, Magia, Mala hora, Remolino de viento, Sol, Toro, Tecolote, Venado.

Doce Verdades del Mundo. Esta denominación recibe una plegaria cuya fuerza mágica es utilizada para beneficios y maleficios. Se debe rezar al derecho y al revés sin interrupción, al mismo tiempo que se realiza una serie de nudos en un cordel (u objeto semejante). Permite, entre otras cosas, protegerse de peligros inminentes, estar en dos lugares al mismo tiempo y bajar brujas que surcan el cielo en forma de ave. Algunos advierten sobre su peligrosidad, pues suele trascender las buenas intenciones; deseando realizar con ellas un bien puede suscitarse un mal, y una vez iniciado éste, “anudan” progresivamente a quien las sabe. En este último sentido las Doce Verdades del Mundo son una carga infausta que provoca muertes y una larga agonía. Las Doce Verdades del Mundo decidme una: “Uno es un solo Dios verdadero que vive y reina y reinará para siempre jamás”. Luego se dice: “Hermano bueno, las Doce verdades del Mundo decidme dos: dos son las dos tablas de Moisés, uno es un solo Dios verdadero que vive y reina y reinará para siempre jamás amén”; y se continúa: “Hermano bueno, las Doce Verdades del Mundo decidme tres: tres son los tres candelabros, dos son las dos tablas de Moisés, uno es un solo Dios verdadero que vive y reina y reinará para siempre jamás”. Así, sucesivamente se van contando hasta la doceava.
(Esther García Vázquez; Linares)

No te las puedo decir porque no son como el conocimiento de los libros que está escrito y se aprende leyendo; tú, cuando ya no quieres saber

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nada de estudios nomás dejas el libro y ya, pero las Doce Verdades del Mundo se quedan en la mente y no te las puedes quitar. Sirven para muchas cosas; por ejemplo, una vez tuve un pleito con una persona de aquí que me amenazó de muerte. Días después de esa amenaza me fui a México a dejar un ganado y varios me vieron cuando subí al tren con otros vaqueros. Sucedió entonces que durante ese tiempo que estuve fuera mataron una noche a mi rival, y su esposa, que fue testiga de la muerte, denunció que uno de los atacantes había sido yo, a los otros dos asesinos dijo no conocerlos, nomás a mí. Hasta el día de la muerte de esa señora ella gritó y juró que yo había matado a ese hombre, y yo estaba en México.
(Señor; General Terán)

4. Decid la cuarta. R. Los Santos Cuatro Evangelios. 5. Decid la cinco. R. Las cinco llagas que quedaron en el sagrado cuerpo de nuestro señor Jesucristo. 6. Decid la seis. R. Los seis candelabros que arden en el altar al celebrar la misa mayor. 7. Decid la siete. R. La séptima son las siete palabras que dijo Jesucristo en el madero de la cruz. 8. Decid la ocho. R. Las ocho angustias. 9. Decid la nueve. R. Los nueve meses que María Santísima trajo a Jesucristo en su purísimo vientre. 10. Decid la diez. R. Los diez mandamientos. 11. Decid la once. R. Las once mil vírgenes que asisten al trono de la Beatísima trinidad. 12 Decid la doce. R. Los doce apóstoles que acompañan a Jesucristo desde su predicación hasta su muerte de cruz en el calvario. Esto era para ahuyentar a las brujas, contaban que al decir cada verdad hacían un nudo en un mecate...
(María Eugenia viuda de Ibarra, Escobedo, citada en: Morales Mata, Luis Armando, Mitos y leyendas)

Véase: Bruja, Diableros, Lechuza, Oraciones, Petaca.

Duendes. Se les identifica con gente pequeña que representa a niños muertos sin bautizar o “niños del limbo”. Trafican,

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trabajan y hacen travesuras en las hogares durante las noches, desde limpiar las cocinas y barrer, hasta cambiar los objetos de su sitio y atar las cintas de los zapatos. Los rumores sobre sus correrías se extienden a nuestras urbes, donde lo mismo se les ubica en el corazón de fábricas que en la lírica y creencias de grupos rockeros. Son una figura efectiva para asustar o con la cual se identifica a los niños traviesos. Pos allá dicen que los duendes que se... que se levantaban a media noche y hacían la lumbre en la chimenea, ponían el café y dejaban todo limpio en algunas cocinas los duendes; que traficaban, y ya pa cuando se levantaba la gente estaba todo bien hecho, y eran los duendes.
(Rafaela Bravo Martínez; Hualahuises)

Yo no lo vi, pero nos platicaron... Vivieron en el rancho La Anacua y decían que allí había duendes. Platicaban mi papá, ¿verdá?, y mis tíos, que había duendes... Que ellos se salían y dejaban, por ejemplo, los frijoles en la lumbre ¡y los duendes le atizaban la lumbre! Ellos les prendían la lumbre... le echaban agua. Total, contaban que no los dejaban dormir, no los dejaban descansar porque ¡hasta les hablaban! También platicaban que ya cansados una vez se iban a cambiar de ahí (porque ya no los soportaban), se iban a cambiar de ahí para otra parte, ya llevaban todas sus cosas, pero se les había olvidado la escoba, entonces dicen que iban muy lejos con la mudanza cuando se acordaron: –Oye ¡pos se nos olvidó la escoba! Y que gritaron atrás los duendes: –¡Aquí la llevamos! Los iban acompañando.
(María del Refugio Pequeño; Hualahuises)

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E

Eclipse. Interposición de astros a la cual se atribuye influencia negativa. Se busca revertir esta fuerza nefasta de varias maneras; por ejemplo, su posible efecto durante la gestación hace que las mujeres embarazadas porten un pedazo de metal en el vientre. De forma semejante, en las parcelas utilizan botellas de vidrio o trozos de tela roja para evitar la pérdida prematura de los frutos. Además, hombres y mujeres evocan que los eclipses son pleitos de la Luna o el Sol con la Tierra. Platicaban que el eclipse de Sol es un pleito con la Tierra. El Sol y la Tierra pelean y la Tierra cubre al Sol y lo tapa; le gana en ese momento. Por eso la Tierra tapa al Sol; lo tapa, lo cubre... El Sol no ha podido con la Tierra y ni podrá, aunque sea muy poderoso, por eso cuando pelea con la Tierra la tapa nomás por un rato; y el eclipse de Luna también es pleito con la Tierra: la Luna y la Tierra. Pero como no le han podido ganar a la Tierra... La Tierra es muy poderosa por muchas cosas, por ejemplo en

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cosechas y todo lo que se da, ¡todo!. Por eso es más poderosa la Tierra... porque el Sol no le da a usted lo que le da la tierra. El Sol le da calor nomás y luz, y la Tierra le da mucho producto y vida. Le da provisión para que se... y la Luna pos nomás porque le da luz en la noche.
(Félix Flores Peña; Villa de Santiago)

Como ahora... hace poco que el eclipse se comió la Luna, ¿verdá? ¿Fue el Sol o fue quién el que se la comió? ¿Sería el Sol o fue la Tierra la que se comió a la Luna? porque quedó nublado (...) Se me hace que fue la Tierra que tapó... porque fue como a la una de la madrugada; sí, fue de noche, entonces no pudo ser el Sol, fue la Tierra que tapó a la Luna, fueron la Tierra y la Luna. A nosotros nos tocó verlo, andábamos precisamente en Leones, en el ejido Leones, allá nos tocó de casualidad; estuvimos un rato, así, viendo el eclipse, hasta que nos dio mucho sueño y ya nos dormimos.
(María Maldonado Yánez; Linares)

Mire, el eclipse es muy sencillo, si usted tá en estado [embarazada], para que no salga cucha [chueca] la criatura y mocha de un brazo, mal de un pie o engarruñao, se cuelga una llavita en la cintura... por dentro de su vestido, es muy bueno eso... Al maíz también le hace daño, lo eclipsa, pero yo pongo botellas alrededor de la huerta de sandía y no se eclipsa... pongo botellas para que no se caiga la... pa el eclipse... pa que no se seque la huerta.
(Juan de la Rosa; Linares)

Embrujamientos. Secuelas de las prácticas hechas por las brujas sobre alguna persona o sobre los bienes que a ésta pertenecen. Se realizan mediante ritos en los que se emplean partes del cuerpo, objetos personales, elementos del medio ambiente y/o escatológicos: cabellos, huesos de muerto, tierra de panteón, excrementos; animales negros,

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sapos, camaleones, caramuelas, campamochas; fetiches de cera, madera, lodo y tela; dibujos clavados con alfileres, fotografías, prendas de vestir; espinas. Es general el temor, ya que se sabe son aplicados a través de bebidas y alimentos con el fin de unir o separar parejas, enloquecer personas y/o emplazarlas. Se oían pláticas de que la bruja se iba en la noche al panteón a sacar tierra para poner un mal, para poner un mal a una persona; por decir, si uno de nosotros le tenía mala voluntad a alguien, iba con la bruja y le ponía el mal a la persona que uno quisiera. Sí se oían esas cosas, pero, o sea, aquí no había eso...
(Manuela García de Flores; Melchor Ocampo)

Yo he oído de muchas gentes que van a los panteones, o los han visto que van y no sabemos a qué. Son gentes creyentes en hacer cosas malas y van a traer cosas para hacer maldades. Les valdrá o no, quién sabe. Pero dicen, platican de eso, quién sabe.
(Jacinta Hernández Prieto; Linares)

Véase: Brujos, Curandero, Chile del monte, Emplazamiento, Enyerbado, Monitos, Santa Muerte, Petaca.

Emparedados. Individuos que por diversos motivos eran colocados entre la paredes o cimientos de grandes construcciones: casas viejas, puentes, muros de presas, iglesias. En Monterrey, se cuenta que algunas mujeres de la clase social alta eran emparedadas vivas entre los muros de las casas si se embarazaban antes del matrimonio o cometían adulterio. Por otra parte, en el área rural es común la creencia de que se colocan niños en las murallas de las presas para darles solidez, o como una forma de encerrar sus espíritus; dichos

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espíritus se encargan de prevenir, mediante gritos, cuando hay peligro de desborde o fisuras en las construcciones. Estas últimas creencias se han registrado lo mismo en el sur (Mier y Noriega) que en el norte (Lampazos), así como en el área de montaña (Galeana y Rayones); incluso hay narraciones de Linares y de la Villa de Santiago que las atestiguan como prácticas reales, concretamente, en las presas Cerro Prieto y La Boca. Luego dice sí, eso de las mujeres empared... empareda... ¿qué están en las paredes? Emparedadas, sí; Yolanda me dijo de esto y otras personas también, que aquí pasaba mucho eso, que ponían a las mujeres en las paredes, vivas... Dice sí, pos incluso, cuando ya no querían batallar con ellas lo que hacían (porque estaban ellas en las casas) era que las encerraban, les tapaban las salidas, ahí las entumbaban... Okey ¡más!... Entonces seguimos plática, plática, plática, plática, plática y plática, okey... Entonces volvimos a hablar de las mujeres en las paredes... porque yo le dije a ella que Ofelia Sepúlveda... Bueno, esta Ofelia fue directora de una escuela de mujercitas enseguida de la catedral por 25 años (apenas se jubiló hace tres o cuatro años); es uno de esos edificios del centro... y el dueño de ese edificio ahora es el hijo de Raúl Salinas... por eso se piensa que el edificio tiene algo (porque ésos no van a comprar algo por nada); well, dice aqueia que... “Oh sí, –dijo– en la escuela teníamos una cocina y ahí tomábamos café cada mañana yo y unas maestras –como nosotros estar aquí. Nos la pasábamos sentadas platicando, día por día, año por año... Y un día, unas gentes del edificio de enseguida deciden que quieren tumbar algo porque están buscando tesoros... ¡Imagínate!, aquí está la mesa y aquí están las señoras tomando café, y los que andaban buscando el tesoro trabajando del otro lado de la pared; entonces aquí, en esta pared de al lado, ¡pues resulta que hallaron a una mujer en la pared!, haz de cuenta aquí junto a nosotros...” Y luego dice que las maestras decían después: “Imagínate tantos años ahí, enseguida de esa mujer tomando café”.

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¿Sabes?, es que también como que uno no lo piensa, estás busque, busque y busque algo y lo que andas buscando está mero enfrente de ti... También me dijeron que en las esquinas –pero eso Yolanda y Artemio–, que en las esquinas de las iglesias ponías gentes vivas porque así le daban solidez a las construcciones, y que la Iglesia del Roble se cayó porque no tenía niños en las esquinas.
(Marie Theresa Hernández; Monterrey)

Donde yo he oído eso es en Cerro Prieto. Una vez fuimos allá a pasearnos y como yo no le veía las compuertas a la presa (sí tiene compuertas, pero yo no se las veía) le pregunté a mi esposo que cómo le hacían para detener y controlar tanta agua; íbamos en una troca por arriba de la muralla y él me contestó: “¿A poco no sabes? Es que le ponen niños enterrados en la muralla, por eso aguanta muy bien”. Eso me dijo.
(Señora; Villa de Santiago)

Cuando se moría un niño decían que si acaso quería sepultarlo ahí, para cuando lloviera anunciara la lluvia; entonces nomás va a haber una tormenta y ahí en el puente chiquito se oye que llora un niño... Y acá en la presa también, cuando hicieron la presa pusieron un niño ya muerto, lo pusieron ahí, nomás que éste niño está acá, del lado de Bahía... ahí está ese niño... También sé que cuando moría un niño chiquito lo pedían, le daban buen dinero a los padres con tal de que lo sepultaran ahí, para saber cuando iba a llover; ya nomás se quería venir el agua y ¡pos ya empezaba el niño a llorar! Al otro día amanecía llueve y lueve... O cuando hay mucha creciente también el niño llora...
(Concepción Tamez; Villa de Santiago)

Véase: Túneles, Enterrados.

Emplazamiento. Tiempo determinado que dura un embrujo, hasta la curación o muerte del afectado. También se refiere

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a la fecha específica en la que morirá la persona que ha sido embrujada. Véase: Bruja, Curandero, Embrujamientos, Enyerbado, Mal puesto.

Enrabiados. Individuos que adquieren hidrofobia, mordidos generalmente por perros que portan la enfermedad; gritan, rasgan su piel y corren desaforados hasta el instante de su muerte. Al respecto, se recomienda no contestar los alaridos provenientes del monte, ya que pueden ser los de un enrabiado buscando víctimas para atacar. A veces se organizaban partidas de caza para perseguirlos y matarlos. Antes había mucha, mucha rabia, y contaban que a cierto ranchito ¡pos ya había venido un enrabiado y había querido desbaratar una casa! Entonces a un señor de ahí, de ahí, que tenía bastante familia, se le ocurrió salirse de su casa y llevarse sus hijos y su mujer pal monte. Luego, subió a su señora y toda la familia a un mezquite e hizo una lumbre bien grande. Y por los gritos sabían bien por dónde andaba el enrabiado, andaba nomás por entre el monte, entonces aquel señor le gritó y no... nomás se fueron contestando varios gritos cuando de pronto ¡aquí está el enrabiado!, porque a los enrabiados nomás les echaban un grito y ¡saltaban! buscando de dónde venía. Entonces ¡pa pronto se pescaron y se agarraron!, se pelearon y cayeron entre la lumbre. Se quemaron los dos, pero él salvó a su familia con todo y señora.
(Rosa Pequeño Delgado; Linares)

Más antes no atendían a los enrabiados porque ¡pos no había ni medicinas!, y cuando alguien tenía la rabia ni quien se le arrimara.

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Lo que sí sucedía era que los encerraban y los ponían a comer ajo, puro ajo, ajo y ajo, esa hierba corta la rabia.
(Antonia Platas; Hualahuises)

Enterrados. Personas que fueron enterradas vivas en sitios apartados del campo, casi siempre por castigo a su desobediencia y mala conducta o por motivos desconocidos. Estos seres a veces hablan con los campesinos y les piden comida o ayuda para salir de la tierra, solicitudes que casi siempre les son negadas. En el mismo orden de ideas, se habla de personas asesinadas y colocadas sobre tesoros con el propósito de que sus espíritus los protejan y oculten; también se sabe de fetos sepultados en los patios de conventos e iglesias. Hay quienes afirman que algunas de las nociones sobre enterrados tienen origen en la época pre revolucionaria, cuando los grandes hacendados y caciques castigaban a los campesinos rebeldes sepultándolos vivos; otros sostienen que los niños sacrificados en los patios de construcciones religiosas eran producto de relaciones sexuales de monjas o novicias con clérigos. Bueno, mi mamá nos platicaba de un muchacho que había golpeado a su papá y a su mamá y que se lo había comido la tierra, se fue hundiendo y quedó casi hasta acá, hasta el cuello; así estuvo un tiempo, hasta el pecho enterrado, y luego se lo comió la tierra completamente. Pero pos antes decían que eso sí sucedía; antes, en estos tiempos, no. Ahora los hijos matan a sus papás...
(Concepción Mendoza Ríos; Linares)

No sé por qué un hijo desobedeció a su papá, a sus padres, entonces se abrió la tierra y se hundió hasta aquí, hasta la cintura; iba mucha

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gente a verlo, pasaban por ahí para ver al desobediente. Nosotros no fuimos, nada más oíamos la plática. Contaban que desobedeció a sus padres y entonces lo castigó diosito, abrió la tierra y se lo tragó.
(Hilaria Alemán Ramos; Linares)

Aquí también se decía que el que enterraba un tesoro o los que enterraban un tesoro, ésos ya no tenían derecho de sacarlo porque no lo iban a encontrar nunca; o que el tesoro caminaba de un lugar a otro... Dicen también que si iban cuatro o cinco, preguntaban “¿a ver, quién se va a quedar a cuidar el tesoro?”, y ya contestaba alguno “pos que yo”. Entonces a esa persona la mataban y la sepultaban ahí donde escondían la riqueza. Por eso cuentan que no se puede sacar ese tesoro hasta que no busquen la manera de... de salvar el alma de aquella persona que anda penando, que quedó ahí. Pero pos es pura leyenda lo que les estoy diciendo de eso... porque ustedes van a decir ¡pos todavía cree en eso! ¡No! Mucha gente sí lo cree, tiene esa imaginación; yo no.
(Efraín Segundo Rosales; Mier y Noriega)

Véase: Desobedientes, Emparedados, Huesos, Sirena, Tesoros.

Enyerbado. Persona dañada o embrujada mediante la utilización de plantas. También se aplica al animal salvaje difícil de cazar que es envenenado con carne enyerbada. Dime qué me diste, prieta linda creo que me tienes enyerbado porque todo cambia en esta vida sólo tú cariño no ha cambiado.
(DAR, canción “Prieta linda”)

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Véase: Bruja, Curandero, Embrujamientos, León de la sierra.

Espantos. Diversas apariciones y encuentros que infunden temor por su naturaleza repentina, inexplicable. Se manifiestan en imágenes indefinidas o incorpóreas (bultos, sombras); en forma humana (difuntos, mujeres vestidas de blanco, hombres mutilados y enterrados, indios, niños); como animales (perro negro, caballo, chango, lechuza, tecolote, venado, puerco); por medio de sonidos (cadenas, galopes, golpes en la puerta, gritos, pasos); luces y fuegos; duendes y, desde luego, el diablo en sus múltiples representaciones. Invariablemente se asocian a muertes prematuras y violentas, personas con promesas incumplidas, penitencias, venganzas de ultratumba, tesoros escondidos, espíritus y osamentas. La impresión que causan los espantos puede provocar una enfermedad, y a veces la muerte. Al cuestionarle sobre miedos dijo que de niña la asustaban con “ahí viene el sapo”. Ahora teme a los truenos. Dijo que también celebraban el día del guajolote y el conejo. Además teme constantemente en pesadillas a los locos, a los “desgarrados” y al chupacabras. En ocasiones le causan aflicción las tolvaneras y se asustó con los narcosatánicos.
(Yosune Ibarra y Herón Pérez Daniel, “Notas de Campo”, Cerralvo, 7-VII-1997)

A mi abuelito le gustaba cazar de noche, en el monte, y cuentan que un día se halló un venado grande y luego que... que donde le apuntaba a ese animal se aparecía un hombre, y logo cuando le quitaba la carab... cuando no le apuntaba, era otra vez el venado; y así estuvo, cada vez que le apuntaba ¡que era un hombre! Entonces mi abuelito se fue corriendo pa su casa, pero logo fue al

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otro día y se le volvió a aparecer, y hasta dicen que la carabina se le descompuso, que la jua [fue] a arreglar y que le dijeron que... que la habían... que porque era cosa mala eso que se le apareció, por eso no podía disparar, dijeron.
(Cristóbal Escobedo Rodríguez; Iturbide)

Véase: Ánimas, Chupacabras, Diablo, Duendes, Emparedados, Enterrados, Espíritus, Hombre pájaro, Huesos, Luz errante, Mal de espanto, Revolución del agua, Tesoros.

Espíritus. Se encuentra extendida la creencia de que los espíritus de los muertos “visitan la tierra” y “se les da permiso de regresar” durante ciertas fechas del año, especialmente durante los primeros dos días de noviembre y en el aniversario de su natalicio o fallecimiento. Algunos nuevoleoneses conciben que las almas de los recién fallecidos permanecen en el hogar días después de su defunción, y que cuando alguien va a morir ve los espíritus de seres amados difuntos; éstos charlan con el convaleciente y le recomiendan cosas. Otras referencias aseguran que las almas de los muertos viven junto a nosotros, mientras que los espíritus de los vivos pueden viajar durante el sueño. Existen además invocaciones y devoción casi extintas a manes de la naturaleza como el “Espíritu del río” y “Santa Tais del Monte”. El espíritu del que se muere... Hay unas personas, ¿verdá?, quienes creen que el espíritu se reencarna ¡pos que en un animal, o en otra cosa!, y oiga ¡pos quién sabe! Pero dicen que el espíritu del que se muere ¡ése no muere!
(Pedro Jaramillo Rodríguez; Villa de García)

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Dicen que los espíritus no se retiran hasta los, ¿qué?, ocho días, que anda el espíritu volando por ahí; y yo también digo que algo hay de cierto en eso porque... bueno, la carne ya sabe uno que se pudre y se acaba, pero el alma o el espíritu de uno ¿a dónde va, qué es? Eso es lo que nunca ha podido la gente darse cuenta. Dicen que después de muerta una persona el espíritu sigue tres días en la casa, quién sabe si será cierto.
(Juanita Hernández Briceño; Lampazos)

Cuando las mujeres llevan una criatura chiquita levantan una piedra antes de pasar el río, levantan una piedrita y ya pasan el río. No sé qué superstición es ésa. ¡Ah!, ya me acordé, es pa que no... pa que el espíritu del niño no se quede allí. Lo mismo sucede donde hay cruces, porque donde hay una crucita es que ahí mataron a alguien o sepultaron a alguien. Entonces pasa uno y levanta una piedrita para aventarla ahí. Yo he visto crucitas que están con el alto [montón] de piedritas, de tanta persona que pasa y avienta la piedrita.
(Natalia de la Rosa; Linares)

Bueno, por ahí vi a mi padre y a mi madre que ya están muertos, los vi a los dos. Los veía y oí que él me habló, dijo: –¿Tú eres Lencho? –me dijo. Le contesté: –Si papá –le dije– ¿qué anda haciendo aquí? Dijo: –Pos –dijo– vine a verte. Y le dije: –Pero ¿pos a usted lo mataron? –le dije... le dije yo en el sueño, fíjese. –No –contestó– a mí no me mataron –dijo–, yo me fui muy lejos de aquí... Pero el que se va es el espíritu, sí, el espíritu.
(Florencio Pedraza; Hualahuises)

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Véase: Ánimas, Curandero, Gato, Emparedados, Enterrados, Espíritu de Pancho Villa, Muerte, Niños, Piedras, Santa Muerte, Sombra.

Espíritu de Pancho Villa. Francisco Villa fue un guerrillero de la Revolución Mexicana que ascendió por méritos propios a general. Con su División del Norte “Los Dorados” venció a las tropas federales y burló a las estadounidenses. En la parte final del proceso revolucionario fue traicionado por las facciones de Venustiano Carranza y Calles-Obregón, razón por la cual se retiró a Chihuahua, donde murió asesinado. Últimamente se ha expandido en el Noreste la devoción a su espíritu. Se le invoca en situaciones difíciles y es común encomendarse a él con maldiciones (palabras altisonantes) para asegurar que escuche y cumpla; su efigie se adquiere en yerberías y se le representa en cultos populares; incluso, se le implora que venga y termine la Revolución. En los sentidos histórico y mítico representa en el norte del país lo que Emiliano Zapata para el sur. Las canciones sobre sus hazañas y vida son innumerables. Relicario Espiritual. Pancho Villa. Oración. Al Espíritu Mártir de Pancho Villa, Gran General Revolucionario. En el nombre de Dios nuestro señor invoca a los espíritus que te protejan para que me ayudes. Así como ayudastes en el mundo terrenal a los NECESITADOS. Así como venciste a los PODEROSOS. Así como hiciste retroceder a tus ENEMIGOS. Así te pido tu protección espiritual para que me libres de todo mal y me des el ánimo necesario y el valor suficiente para enfrentarme a lo más difícil que se me presente en la vida. Amén.
(Estampa con plegaria en el reverso, adquirida en el Mercado Juárez, Monterrey)

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Estrella fugaz. Es llamada comúnmente “pajita”. Fragmento de aerolito que cae a la tierra dejando una estela luminosa; la gente simula tomarla con la mano al tiempo que pide un deseo. Cuando caen muchas, a este fenómeno suele denominársele “lluvia de estrellas”. En una referencia de la sierra de Santiago especifican que hay una relación entre los sitios donde caen las estrellas fugaces y las vetas de minerales. –No se acostumbra, aquí, pedirle un deseo a la primera estrella que se ve. –¡Ah! pos si. Según dicen que a la primera estrella se le debe pedir un deseo, pero yo... yo... yo no muchos deseos le pido; a los que siempre les piden aquí es a los meteoritos, ¡ah!, estreas fugaces. Bueno, yo soy una de las personas que les pido. –¿Pasan mucho aquí, se ven mucho los meteoritos? –Pues de vez en cuando. –¿Sí?, y, ¿pero esa leyenda ya tiene tiempo? –Sí, o a lo mejor soy yo la única que la conoce. –No; sí, sí, también se dice eso sobre el meteorito. –Pero fíjese que sí funciona. –¿Sí funciona? –Sí. –Si no es indiscreción, ¿qué pidió la otra vez? –¡Ja ja ja! No...
(Gloria Esthela Ruiz Herrera; Parás)

Estrellas. Véase: Astros.

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F

Fiesta de la Candelilla. Fiesta tradicional realizada en el municipio de Higueras el 11 de diciembre. Como cualquier fiesta religiosa y popular implica procesión, cantos, danzas de matachines y verbena. Su rito principal se realiza en la noche, al quemarse la candelilla, y es el sacerdote local quien enciende la primera enramada. Las piras de hierba se consumen frente a las casas y frente al templo católico. Antes del día 11 las personas preparan la candelilla, que debe ser arrancada con manos y pies para ser transportada sobre la espalda; se cree que si se corta y lleva de otra manera, usando implementos de hierro y vehículos automotores, no arde. El festejo motiva la reunión familiar, ya que los nativos de Higueras, o quienes tienen raíces allí, arriban de otros pueblos, ciudades y de la Unión Americana. Su origen suele vincularse a ritos de los españoles, a la fiesta de la Virgen de Guadalupe y a los indios. Esto se hace cada año, pero pos yo no sé desde cuándo comenzaría, yo creo que desde que empezó a haber aquí gente...

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Yo tengo 80 años y pa cuando tuve luz de conocimiento ya se hacía esta cosa... Pa el tiempo en que nací ya se hacía todo esto de la candelilla quemada... Aunque ahora es menos, ahora es menos, como que se está perdiendo la costumbre... El día 11, o sea hoy, ya al oscurecer, se empiezan a poner los montones de hierba, se empieza a quemarla desde el oscurecer hasta... bueno ¡hasta la hora que quiera uno!, ¿verdad?, por ejemplo hasta las doce de la noche. Y al último hay una misa que dan aquí, ¿ve?, cuando ya salen de la misa es lo último... Yo creo que esto fue costumbre de los españoles o algo así; yo no sé mucho de eso... pero como que fue una costumbre que dejaron aquí los antecesores, los antecesores de allá, muy atrás.
(Señor; Higueras)

Como te digo, cada año se hace y la traen del monte en hombros porque si la acarreas en carreta o en mueble [automóvil], dicen que batalla pa prender... Toda la semana la están acarreando, ¡vaya!, el día que las personas tengan tiempo. Entonces se llega el día 11 y ya se hace la loma, se hace la, ¿cómo se llama?, la gavillita. Luego se espera uno a la hora después de la misa y es cuando se prenden las iluminarias, porque se les dice “las iluminarias”. Esas iluminarias son una tradición de la Virgen de Guadalupe. Siempre se hacen, cada año se hace esto.
(Jesús L. López; Higueras)

Véase: Candelilla.

Fiesta de los chicaleros. Festividad realizada durante la Semana Santa en varias comunidades de Galeana, como los ejidos San Francisco de los Blancos y 18 de Marzo. Su eje consta de un grupo de hombres con vestimenta raída,

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máscaras y chicotes, que recorre los caminos danzando, haciendo bromas y buscando bailador para “la hermana” (al son de gritos, latigazos y música de acordeón). Tiene su apogeo el Sábado de Gloria, finalizando con una simulación de matrimonio entre un hombre vestido de blanco, representando a la hermana de los chicaleros, y un espectador del público. El festejo incluye dentro de sus representaciones la petición de lluvia, la realización de siembra-cosecha y el sacrificio-consumo de un cerdo. Deriva su nombre del “chical”, maíz seco preparado en forma de caldillo que los danzantes pedían a cambio de objetos robados previamente; sin embargo, en la actualidad se prescinde de su consumo y se sustituye la petición de chicales por dinero. Realmente lo que estamos representando ahorita lo llamamos “Los Chicaleros”, porque aquí se consume mucho el maíz que se le llama chical, por eso, de ahí salió la palabra chicaleros... La fiesta empieza cuando se viste a un hombre de mujer, quien es el que baila con todos los muchachos; después de que pasa eso, los chicaleros (los diablos) son los que le traen los muchachos para que bailen.
(Señor; Galeana)

Surgida del más horrendo de los avernos, ella, de nombre Corcholata Huesuna de la Pompa y Pompa, nacionalidad desconocida, de 197 años de edad, casada 40 veces y homicida de sus últimos 39 maridos (¡qué bárbara!), acaecidas sus muertes, según parte médica, por infartos provocados con el néctar de sus fatídicos besos (cuidado, cuidado) y la saña con que los trató en la intimidad; desciende de conocida familia del gremio huesuno, conocidos y compadres de Satanás, Belial, Luzbel, etc., etc., familia horrenda de costumbres canibalescas. El condenado este, de nombre Carroño Sangronini de la Garrotada

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y Cos, originario de Panteolandia, de 300 años de edad, virgen y sin pecados, según consta en dictamen médico y fe de bautismo respectivamente... desciende de familia gorrona y fuera de onda; enamorado empedernido de la Trevi, le encantan los programas “Siempre lo mismo” y “Dos carcachas y un sepulcro”, entre otros, además le encanta dormir (encuerado dice aquí) y bañarse en las aguas residuales del canal del guano... He aquí pues la pistola de Ocampo Nachas: Ella deberá ser despilfarradora y fiel a las pretensiones de Sancho, deberá cobijarse con las acolchonadas pompis del tendero, deberá en casos de carencias en casa comerse a mordiscos la longilínea barriga del marido... Él deberá ser sumiso y callar cuando observe in fraganti a su vieja, está obligado a no bañarse para estar al tiro con la señora de la casa, realizará pachangas muy seguido con los cuates que sean del agrado de la doña, procreará con su pareja por lo menos 80 descendientes.
(Fragmentos de Acta de Boda en Fiesta de los Chicaleros; Galeana)

Véase: Cosecha, Chicaleros.

Fiesta de los Jicos. En el extremo sur de la entidad son conocidos como “jicos” las frutas que tienen dos nacimientos en un brote; a veces, para los habitantes de esa región, es motivo de festejo encontrarlos y, por tal, se regalan a una persona. Esto último da pie a una relación de compadrazgo celebrada con una fiesta. Hay frutas como el plátano del que algunas veces salen dos plátanos juntos, dos higos, dos tunas, y también resultan a veces dos mazorcas unidas; a esto, las gentes del sur, en este caso Doctor Arroyo, los llama “jicos”. Cuando alguien, hombre o mujer, se lo encuentra, se lo entregan a la persona elegida, la cual tiene el compromiso de

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mandarlo a hacer de azúcar o de harina; lo hacen tan bien que parece natural, lo regresa adornado y acompañado de música hasta la casa de la persona que lo encontró. De esta manera se hacen compadres con las siguientes obligaciones: la persona que mandó hacer el jico lo regresa con música y deberá hacer baile; a quien se le regresa, y que es la persona que lo encontró, tiene que hacer comida o cena para el compadre.
(José Ramiro Báez Torres, “El desierto Nuevoleonés”, en: Tradiciones y costumbres de Nuevo León, 1994, p. 108)

Aquí hay una tradición; por ejemplo, en aquellos años yo le regalaba... Hay cosas que les llaman “jicos”: jico es como un plátano que sale doble, o como dos tunas que salen juntas, o dos mazorcas pegadas (como cuates, gemelos), a eso le llamaban jicos. Por ejemplo, el jico yo se lo regalaba a usted, luego, después de eso, usted me lo volvía a regalar, pero en forma de dulce, hecho de azúcar; entonces yo, al recibirlo, tenía que hacer comida como si fuera una boda, y luego usted ponía la música, el baile, una fiesta en grande.
(Efraín Segundo Rosales; Mier y Noriega)

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G

Gallina. Tiene connotaciones religiosas si es negra. El ave con plumaje de este color es utilizada para realizar actos de brujería. Además, la relacionan con augurios: si canta como gallo, es signo de muerte; cuando esto ocurre debe matarse para impedir el deceso de un ser querido; otras veces dicen que su inquietud anuncia cambios de clima. Sigue siendo parte fundamental de la comida, en el campo. Véase: Agüeros.

Gallo. Al igual que en otras regiones, es considerado modelo de valentía y arrojo. Cuentan que anunció el advenimiento de Jesucristo cantando “Cristo nació”, por tanto, su grito señala el amanecer: anuncia la llegada de Dios, en el Sol. Entre la gente mayor de pueblos y rancherías sigue siendo indicio efectivo de las horas nocturnas.

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Pero perdone lo que le voy a decir, a mí se me hace que el gallo... es valiente el gallo. Digo yo que por algo es valiente. Usté ha de saber... Sí se da cuenta por qué el gallo es valiente. Dicen que el gallo, cuando nació Jesucristo, cantó y le dio mucho gusto; por eso Dios le dio un premio al gallo: la valentía. Y no tiene más que... así es ¡eh! Sí, el gallo es valiente.
(Juan Cruz Alonso; Lampazos)

Garras. Véase: amuletos.

Gato. Animal cuya agilidad y astucia llegan al extremo de “ligar” (hipnotizar) a sus presas. Es proverbial su vinculación con asuntos malignos: afirman que tiene un “pelo del diablo” y advierte la presencia de seres sobrenaturales; ve en la oscuridad, por eso las brujas cambian sus ojos por los del felino para viajar en la noche. Algunos ancestros nuevoleoneses aconsejan tomar suficiente agua antes de dormir; si se va sediento a la cama, el espíritu sale del cuerpo durante la noche para beber y un gato puede devorarlo en el camino (acción que evita el regreso del espíritu y provoca la tiricia o muerte). Al igual que en diferentes culturas, es considerado símbolo nefasto. También se considera que tiene siete vidas. Yo nada más he oído decir que las brujas le quitan los ojos al gato y se los ponen ellas porque... ¡pues porque los ojos de los gatos miran más y miran malo! El gato ve de noche. ¿No se han fijado ustedes que cuando alguien toca a un gato, luego, luego se frunce? Por eso dicen que cuando le van a contar los pelos a un gato ¡pos no se puede!, porque nomás lo agarran tantito y

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se frunce, ¿cuándo se deja? Además, el gato tiene un pelo del demonio, como este otro animal, el coyote.
(Antonia Platas; Hualahuises)

¡Ah!, había también una plática que nos decían acerca de que... no te duermas con el gato porque mientras duermes se sale tu espíritu y el gato es muy listo, espera... Luego, cuando estás dormido y viene el espíritu para entrar contigo otra vez, se lo puede comer el gato y quedas muerto. También esa la platicaban... ¿tú crees?
(Manuel López García; General Terán)

Véase: León de la sierra, Pantera.

Gigante. Ser de la mitología universal presente también en Nuevo León; aquí, su existencia se remonta a un “tiempo de los gigantes”, durante el cual devoraban gente, utilizaban los cerros como cabecera para dormir y cruzaban la creciente de los ríos con facilidad. Los gigantes perecieron en el Diluvio. Dios mandó los 40 días y noches de lluvia para castigar su arrogancia y desafío al poder divino; algunos se acostaron y jamás pudieron levantarse, otros acomodaron su cabeza en las nacientes montañas de la Sierra Madre y se quedaron dormidos. Nuestra gente asegura que aún es posible hallar parte de sus huesos, en especial las muelas, en barrancos, lechos secos de lagunas y ríos, así como en algunos valles. Fragmentados esqueletos de megafauna se consideran testimonio de su muerte. Incluso, estos vestigios son usados en la medicina tradicional para revitalizar y dar valor, o contra “todo tipo de males”: hemorragias posparto, brujería, etc. En otro orden de ideas, señalan a San Cristóbal como un gigante que se ganó

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el aprecio de Dios cuando lo ayudó a cruzar un río. Allá arriba están unas cuevas bien grandes, y dice mi mamá que ahí se escondían las gentes cuando había los gigantes, pero dicen que ya mataron a los gigantes. La otra vez mi mamá andaba escarbando y se encontró un huesote, pero ahí lo dejó.
(Aleida Liset Villalobos Rodríguez; Iturbide)

Pos los gigantes eran una nación, eran una nación que había antes (tal como estar nosotros ahorita aquí, en la nación mexicana), y según esto eran gentes muy grandes... Según esto, cuando vino la destrucción, platicaban que ellos se burlaban de que no... que a ellos no los alcanzaba el agua del diluvio; es más, cuando al fin vino por medio de Noé, el arca, ellos todavía no creían. Hasta cuando ya subió mero arriba el agua, que ya los tapó, fue cuando –creo– le hablaban, según esto, a Noé, para que les abriera el arca. Pero éste dijo: “No, ya no hay tiempo –respondió–, yo les hablé antes del diluvio –dijo– pero no lo creyeron; ya el que entró está a salvo, el que me hizo caso entró y el que no...” Eso fue cuando dicen que subió el agua para arriba y, según esto, los huesos que hallaban por ahí son de los gigantes que quedaron enlamados, enterrados.
(Señor; Doctor Arroyo)

Yo creo que los gigantes eran una raza que había, pero a Dios no le pareció que hubiera esa raza... Los gigantes –creo yo– no tenían coyunturas en las rodillas. Eran... eran derechos, parejos (no tenían coyunturas), y entonces hay muchos que se han hallado huesos de gigante enterrados, sí, enterrados en la sierra. Ésos, el modo de dormir era recargados en un barranco de la sierra, dormían recargados en los barrancos porque no podían acostarse... Si se acostaban ya no se levantaban porque no tenían rodilla.

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Entonces fue cuando diosito –creo yo– escogió una raza para que quedara en el mundo, y esa raza fue la que tiene la doblez en la rodilla. Digo... lo que quiero decir es que esa raza anterior no tenía doblez en la rodilla. Entonces la acabó y seguimos nosotros.
(Florencio Pedraza; Hualahuises)

Golondrina. Ave considerada señal de la primavera. Según el dicho popular, año con año vuelve al mismo nido, por lo que es un símbolo del retorno, de lealtad. En menor medida es motivo de alegría y recuerdo agradable de tiempos pasados. Mire, tengo dos nidos de golondrina ahí; desde que vivían aquí mis hijos, siempre me gustaron las golondrinas. Cuando estaban mis hijos se subían al techo y les ponían tablitas para que anidaran. Ciertas veces había hasta cuatro nidos de ellas en la casa. A mí sí me gustan las golondrinas, yo digo que ningún pájaro tiene la canción ni la poesía que tiene la golondrina. La gente de más antes decía”desgraciada la casa donde no anidan las golondrinas”, porque ellas besaron la frente de Jesucristo en la cruz, dice la poesía. A las gentes de más antes les gustaban mucho esos pájaros, a los abuelitos, y a mí también me gustaron. Siempre anidaban las golondrinas.
(Emilia Briones de Luna; Rayones)

Gorila. Véase: Chango.

Grulla (Grus canadiensis). Ave migratoria de color blanco que señalaba tradicionalmente la llegada del otoño y la inminencia del invierno. Actualmente parece hallarse extinta.

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Primero pasaban muchas grullas porque llovía muncho, ahora estarán muertas por ahí, o estarán en otra región, porque ya no pasan como pasaban antes. Era un animal que pasaba muy continuamente; nomás volaban las grullas –volaban de acá, del norte–, y decíamos “ahí viene el norte, van a hacer fríos muy fuertes”, y ya nomás regresaban del sur pal norte, decíanos “ya se va a acabar el frío”. Esa era la creencia que teníamos nosotros, y pos ahora fíjese que no pasan, primero se hacían de ellas arcos en el cielo, cuando pasaban volando, aletean, aleteando.
(Reynaldo Jaime Castaño; Lampazos)

Guajolote. Véase: Cócono.

Hombre-mujer. Persona que tiene la capacidad de cambiar de sexo; transexualidad que algunos atribuyen a las fases de la luna, especialmente al cuarto menguante y la luna llena. Se le denomina comúnmente “manflor” o “malflor”. Antes había personas que tenían un mes de mujer y otro mes ¡que de hombre! Platicaban eso, oía yo, y que la gente ¡pos las veía!, que un mujer se volvía... hombre. Sí, pos sería un mes de mujer y otro mes de hombre.
(Juan de León Morín; Mier y Noriega)

Yo, te digo, tuve una novia ¡muy bonita! ¡Nombre, viera que bien bonita! Morenita, así como esta muchacha que está aquí, bien bonita, con los ojos muy tristes, y... pero mire lo que son las cosas la... la pesqué en mujer. Pero si viera que al mes, cuando hizo cuarto la luna, era un hombre.
(Señor, Linares)

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H

Hombre pájaro. Ser que supuestamente habita en cuevas situadas en la sierra de Monterrey. Lo describen como un ave del tamaño de una persona que tiene rasgos o movimientos humanoides. Algunos dicen que simplemente se trata de un pájaro con tamaño anormal; aunque no faltan quienes aseguran que es un ser diabólico o una especie de pterodáctilo. Las versiones sobre su aparición, origen y forma crecieron cuando el rumor sobre sus correrías fue difundido por la televisión local. La idea del Hombre pájaro como espanto se circunscribe al área metropolitana de Monterrey, aunque está muy extendida la creencia de que las brujas se transforman en aves para realizar sus trabajos. Por otra parte, en el ámbito rural se evoca un tiempo en que los hombres y los pájaros hablaban el mismo idioma, además de que es muy conocida la asociación e identificación que tiene la gente del campo con las aves en general, especialmente con las de presa o las canoras; esto último se aprecia en los nombres

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de algunos grupos musicales norteños, como Los Gorriones del Topo Chico, El Palomo y el Gorrión, Los Tremendos Gavilanes, Los Halcones de China, Los Cardenales de Nuevo León, Los Canarios de Nuevo León, Los Cuervos del Bravo. Manuel era un hombre humilde apodado “El Gavilán” vivía en un rancho escondido municipio de Terán la injusticia de las leyes hace a los hombres cambiar (...) Manuel liberó a su esposa cien reos dejó escapar les gritaba y les decía “síganme que tengo un plan Manuel ha muerto pa todos ahora quedó “El Gavilán”
(DAR, corrido “El Gavilán”)

Se fugó el águila real como lo había prometido ninguna ley de la tierra jamás lo verá cautivo su destino eran los cielos lo firma Amado Carrillo. Logró el control de los aires porque de veras podía piloteando sus turbinas de la muerte se reía el hombre gozó a lo grande mientras le duró la vida.
(Paulino Vargas, corrido “Nave 727”)

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Lleva siete cicatrices “El Halcón” se fue a la sierra siete veces los emboscaron allá en Reynosa su tierra se fue a curar las heridas a orillas de la pradera (...) “El Halcón” no está domado en la sierra es un salvaje en su cintura una escuadra como labrado un tatuaje con el filo de su garras siempre ha dejado un mensaje.
(Juan Villarreal, corrido “El Halcón”)

Véase: Águila, Cócono, Lechuza, Cuervo, Pauraque, Tecolote.

Hora mala. Véase: Mala Hora. Hormiga. Es conocido el comportamiento de este insecto antes de la lluvia, pues manifiesta mayor actividad e inquietud. Entre otras, la gente reconoce hormigas “mantequeras”, “coloradas”, “arrieras”, “voladoras” y “pamoranas”, estas últimas son de color morado o negro. El término “pamorana” es vestigio de una tribu homóloga que habitó Nuevo León y Tamaulipas, donde también existe una sierra que ostenta dicho nombre. General Treviño es la comunidad más bonita de todo el mundo, es la más bonita, no estoy diciendo que la mejor. Lo que no se compara con la naturaleza, no se qué pueda ser. Sácale comparación con la naturaleza y vives feliz, le das solución a todos tus problemas. Las hormigas son más inteligentes que las gentes de Monterrey,

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digo porque a las gentes de Monterrey se las llevó un ciclón, y las hormigas no se arriman a vivir a la orilla del río. Aquí en Treviño no necesitamos saber nada, nomás con ver a la naturaleza tenemos para poder vivir.
(Sr. Hinojosa; General Treviño)

Sr. Director: Proponemos observar y poner atención a la propia naturaleza. Nadie a ciencia cierta pudo pronosticar ni la granizada ni la tromba que se generaron en días pasados. Ni los meteorólogos locales ni los internacionales. Sin embargo, mi esposa y un servidor observamos en nuestro jardín, y por la noche, dos días anteriores a los dos eventos, cientos de hormigas con alas. Ambos coincidimos en que el tiempo iba a cambiar y por lo tanto la probabilidad de lluvia era evidente.
(Alejandro Lozano, Colinas de San Jerónimo, Monterrey, en: El Norte, Monterrey, 29-V-1999, p. 4-A)

Huajuco. Caudillo aborigen de tribu huachichil que vivió durante el siglo XVII; el dominio de varias lenguas nativas le dio liderazgo y llegó a atacar Monterrey. Posteriormente, estableció una alianza con las autoridades del virreinato y se dedicó a capturar y vender gente de la tribus a los colonos criollos y españoles. Fue muerto por otros tribeños chichimecas en el área de Montemorelos. Algunos lo recuerdan como un personaje importante o bandido en el área de Villa de Santiago, población que conserva un valle y un cañón con su nombre. Como aquí, el cañón del Huajuco, era un indio. Había un indio que se llamaba Huajuco y todo el cañón eran sus dominios; conste que aquí le dicen el Huajuquito, en los Cavazos, sería uno de sus hijos. Todo el cañón eran sus dominios y cuando venían otras tribus él

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luchaba con ellas y los corría. Todo eso le pertenecía a él, no quería... Eran sus territorios.
(Pedro del Socorro Cepeda; Villa de Santiago)

Véase: Bandidos, Chichimecas, Indios, Pedro José. Hualahuises. Villa de Nuevo León fundada alrededor de 1646 como una misión franciscana y avanzada tlaxcalteca tendiente a pacificar y aculturar al conjunto de tribus habitantes del sureste de Monterrey. Hasta el presente, los inicios de la población se atribuyen al aborigen, especialmente al de nación Hualahuis; incluso, la gente del municipio más próximo (Linares) identifica en el argot popular (anécdotas, chistes, comentarios) a los habitantes de Hualahuises como indios. La tradición oral de la villa conserva referencias e historias acerca de los primeros tiempos de la población, así como de la aparente diferenciación y oposición histórica con el vecino municipio de Linares. Donde vivieron fue en Hualahuises, ese era pueblo de los indios; es que no sé cómo estuvo eso, pero por eso se llama Hualahuises, porque el indio que los mandaba a todos se llamaba Hualahuises.
(Antonia Platas viuda de Garza; Hualahuises)

Platicaba mi abuela, la mamá de mi papá, que su abuelo de ella había sido de los españoles que habían venido aquí a enseñarles oficios a los indios. El papá de mi abuela, la mamá de mi papá, decía que había venido el español a enseñarle oficios a los indios. Dice que él les enseñaba cómo se hacían sombreros, ropa –el abuelo de ella–, que según esto se llamaba Segundino Pedraza. El abuelo era español y le enseñaba a toda la indiada –dicen– de ahí (hay un rancho Del Cangrejo); venían, cómo trabajaban los indios

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que estaban nobles. Les enseñaban muchas cosas. Ellos eran muy inteligentes... Empezaban a venir ya españoles aquí, ya cuando se fue mezclando la raza española y la indígena. Los fundadores fueron indios, indígenas, los fundadores de este pueblo.
(Carlos Sepúlveda Hernández; Hualahuises)

Esta iglesia de aquí, o sea Hualahuises, es cien años mayor que Linares, por eso ¿cómo puede estar Hualahuises circulado por Linares alrededor? Si Hualahuises es mayor, no puede ser. Nomás que pos las autoridades se venden... No pos decían que ése, ese indio que mandaba a todos esos indios que estaban aquí (que eran los indios Hualahuises), porque acá, esta parte de aquí, eran indios linarenses estos de acá [señala hacia Linares], y aquéllos eran Hualahuises [señala hacia el centro de Hualahuises]; eran diferentes. Entonces aquéllos echaron en corrida –en guerra– a éstos, y los aventaron pa allá a Linares; por eso allá le pusieron Linares, porque hasta allá los aventaron... –¿Los indios de aquí se mezclaron con los que llegaron a conquistar? –Sí, se mezclaron con los otros. Por eso aquí en Linares, cuando ya que se dividieron bien a bien (por causa de guerra) aquí vino, mandaron soldados, nomás que los soldados que mandaron hicieron mucho por el indio de Linares. Pero nunca pudieron agarrar al indio este. Todo el tiempo les dieron mucha batalla y nunca lo pudieron agarrar, era muy bravo. Entonces aquí, Hualahuises, el terreno de Hualahuises, en lo mero legal, del más antes, la guarda raya es la botica Morelos de Linares [situada en el primer cuadro de esta última ciudad]. De allí pa acá es de Hualahuises.
(Cecilio Casanova Iturralde; Hualahuises)

Véase: Indios, Rayados, Pedro José.

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Huesos. En sitios apartados esporádicamente se desentierran fragmentos de esqueletos que suelen estar ligados a historias de crímenes o espantos; tales osamentas pueden ser, indistintamente, vestigios arqueológicos de épocas remotas (por ejemplo entierros), o muestras de violencia reciente (como es el caso de algunos ejecutados por el narcotráfico). De la misma manera existe una serie de creencias y prácticas concretas en torno a los huesos de gente y de animales; así, es muy conocido que ciertos individuos roban huesos de los cementerios para realizar trabajos de brujería, o que los huesitos de víbora de cascabel son benéficos para el desarrollo físico de los recién nacidos. Además, en las laderas de las montañas o en el curso de los arroyos suelen encontrarse restos de fauna prehistórica que son identificados como “huesos de gigante”; éstos se consideran efectivos en el tratamiento de un gran número de males como hemorragias, dolores de cabeza y embrujamientos. El huesito del espinazo de la víbora algunas personas lo acostumbran usar para los niños que se empachan con la baba, para que no se empachen con la babita. Les ponen un huesito ya bien hervido, bien limadito, se los ponen en su cadenita. Lo traen allí ¡que para no empacharse con la babita!, porque a veces viven malitos del estómago, con diarrea, y no se componen. También usan ese hueso que por los dientitos... sí, eso es para protegerlos de que no se empachen con la baba y les broten bien sus dientitos.
(María Dolores Cárdenas Bravo; Hualahuises)

En El mezquital todavía hay huesos de un barranco, dicen que son de gigantes, que hallaron restos de pie, en los (...), que están clavados, y esos huesos los perseguían mucho, que porque son medicinales; a mujeres que estaban en estado les daban a comer ese hueso para que tuvieran fuerza, tiene mucho calcio el hueso ese.
(Alejandro Pérez Barrientos; Iturbide)

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Véase: Bruja, Coyote, Cráneo, Diableros, Embrujamientos, Gigantes, Perro, Toro, Víbora.

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I

Indios. La población de Nuevo León se conformó con base en un fuerte componente indígena, tanto de tribus cazadoras recolectoras chichimecas como de pueblos indios venidos del altiplano: purepechas, tlaxcaltecas, otomíes; por tanto, es relativamente fácil escuchar narraciones asociadas al recuerdo o visiones del aborigen, principalmente en lo que respecta a cuevas, grabados o pinturas en piedra, tesoros. Una referencia general sobre el indio es que era muy fuerte, longevo y sin canas, atribuyéndoseles a los individuos con alguna de estas características el tener “sangre de indio”. Se recuerdan algunas de sus denominaciones; respecto a las tribus y grupos tenemos a los Chichimecos (“Mecos”), Huachichiles, Juquialanes, Carrizos, Borrados, Negritos, Pames, Alazapas, Kikapús o Chikapús, Hualahuises, Rayados, Pamoranos, Pauraques, Tobosos, Apaches, así como a la tribu de los blancos y la tribu de los morenos. En lo referente a individuos: Huajuco, Pedro José, Juan Nicolás, Toro Pinto

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Muy Bragado, Huma, Tacuaniate, Manuela “La Pamorana”, el gran jefe Hualahuis, Gochi, Juquialan, Nacataz. La toponimia registra nombres de tribus y caudillos: Agualeguas, Hualahuises, Huinalá (Nuevo León), Huachichil y sierra de Zapalinamé (Coahuila), Miquihuana (Tamaulipas), localidad Hualahuitas en Montemorelos, arroyo el Ayancual en los Ramones, rancho y barranca el Pame en General Terán, mesa de Catujanos en Lampazos, cañón del Huajuco en Villa de Santiago, ejido Magüiras en Hualahuises, hacienda Juquialanes y Sierra Borrada en Rayones, rancho El Toboso en Melchor Ocampo, monte Huma en China-Terán, monte Cueva Borrada y ejido La Pamona en Linares, brecha y sierra Pamorana en General Bravo y Tamaulipas, ejido Icamole y arroyo Nacataz en Villa de García, además de “Loma del Indio”, “Chupadero del Indio”, “Arroyo del Indio”, “Paso del Indio”. En torno a su figura se han encontrado pláticas diversas: indígenas que se comían a la gente, tribeños que hacían serenatas y danzas, naturales que bajaban de la sierra para llevar mujeres a sus bailes, indios mansos, broncos, naturales que tenían sus ídolos, otros que iban corriendo en una sola noche hasta Veracruz. Se habla también de aborígenes cautivos, rastreadores, tribeños que se robaron la imagen de la Virgen de los Dolores llevándosela al pueblo o la ganaron en una rifa, indígenas que eran muy cristianos y elaboraron la Virgen del Chorrito, naturales que dieron origen a la tradicional quema de la candelilla en Higueras. Otras referencias: indígenas roba-ganado, indio que apuntó con un rifle a una persona que escarbaba buscando un tesoro y lo mató, natural que era muy buen tirador de arco y flecha, indio bajado de la sierra con tambora, nativo que iba a comerse a unos vaqueros y se mató accidentalmente con un mosquetón, tribeño que buscaba las tumbas de sus antepasados, indio que nunca se rindió y cuando lo capturaron no quiso comer y murió de hambre y tristeza.

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Hay testimonios de personas que convivieron con indígenas en Iturbide y Lampazos en la década de los treinta, del siglo pasado. Además, de vez en cuando se oyen rumores de que sobreviven algunos aborígenes en parajes aislados de la sierra nuevoleonesa. Finalmente, en General Terán, Linares, Iturbide y Villa de Santiago denominan “indios” a las chispas de lumbre que se forman en brazas y comales de cocinas rústicas. Mi bisabuelo era indio y estaba en la sierra... A mi bisabuelo lo bajaron con tambora; sí, tocándole. Pos luego no dicen “indio bajado de la sierra con tambora”, por algo, por mi bisabuelo Teodoro Platas.
(Manuel Platas Aguilar; Hualahuises)

Para acá por el lado de Vaquerías cogieron una india que se les quedó y duró muchos años esa india; por ahí... allí mataron indios, mataron también indios ¡déjenme platicarles!... En ese tiempo esa india... dicen que cuando se venía el viento del norte ¡fuerte!, lloraba y aullaba –porque ya hablaba español y todo–, aullaba y lloraba y decía “hay sangre en mi tierra, hay sangre en mi tierra”. Olfateaba cuando venteaba norte, presentía algo...
(Jacinta Hernández Prieto; Linares)

Pero sí me acuerdo yo que iba y le preguntaban aquéllas: –¿Oye, por qué... qué es cuando le hablan a uno? Y el indio decía: –Es un tesoro que te quieren dar mis hermanos –decía él–, mis antepasados. Decía: –Hay mucha riqueza en las cuevas. Iba y se metía, había cuevas grandísimas, hay; yo creo todavía existen (...) Y le preguntábamos nosotras: –¿Y qué es cuando le hablan a uno desde las cuevas?

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Dice: –Son mis hermanos muertos que quieren entregarle el tesoro. Y aquéllas se burlaban de mí porque decían: –¡Órale, anda pa que te den el tesoro! (...) Esas cuevas tenían humo y cosas así, como que había vivido gente, ¡pero sólo Dios sabe de cuántos años atrás habría sido eso! Era lo que veíamos nosotros ahí. Pero sí nos hablaban, a mí muchas veces me hablaron, muchas veces, clarito oí de a tiro mi nombre, sí.
(Amada Martínez Sustaita; Iturbide)

Mi abuela, aposentada en una casota enfrente de la plaza, vigilaba desde su mecedora a mi mamá –que fue muy guapa como todas las mamás– y la alertaba sobre un indio de Agualeguas que, muy trajeado y muy formal, la cortejaba. Total, el moreno de papá se quedó con la blanquita de mamá. Mis hermanos, mestizos, no están de acuerdo con mi versión, pero a mí me lo contó mi abuela, así es que se aguantan.
(Enrique Canales, “Prisión india”, en: El Norte, Mty., 6-I-1998)

Véase: Amuletos, Bandidos, Cacería, Canibalismo, Cautivos, Cócono, Conejo, Coyote, Cueva, Cuervo, Chichimecas, Espantos, Hormiga, Huajuco, Maguey, Mariposa Negra, Nagualismo, Oso, Pauraque, Pedro José, Petaca, Perro, Peyote, Piedras, Rayados, Tamborazo, Tesoros, Trueno, Venado, Viento, Virgen del Chorrito, Zorra.

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J

Jabalí (Pecari tajacu). Mamífero reconocido por su fuerza y salvajismo, cuya carne es tenida en alta estima por campesinos y cazadores. Se preserva la costumbre de guardar o utilizar sus colmillos como pieza de ornamento o para la buena suerte (en forma de dijes). En General Terán era estimado el tono de la tambora revestida con su piel, y en Hualahuises elaboran adornos con sus extremidades. Aquí en El Potrero había de esos animales que le digo y el jabalí, pero desapareció el jabalí por las pedreras, por tanta gente que va a las grutas y todo eso. Y es que al animal le gusta la quietud, aunque es muy grande El Potrero. Aquí por la carretera a Valle Verde, allí en todo eso todavía hay jabalí. Papá iba a La Pachona, un rancho que está de San José para acá, de San Jorge para acá (de allí es nativito el jabalí); una vez trajieron de ese lugar, él y otro amigo, 16 jabalines muertos y uno vivo, chiquito. Su carne es como la carne de puerco, nada más que al abrir el

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animal, después de muerto, es como el conejo o la liebre, hay que quitarle la hiel, o algo así; algo que trae, porque si eso se llega a reventar le apesta toda la carne a campo, huele muy feo. El macho siempre trae hembras y jabalines chicos; el macho grande le hace frente al cazador.
(Álvaro Sepúlveda; Villa de García)

Los jabalines son pa comer ¡son bien sabrosos! su carne es como la del marrano. Había gente que a los jabalines les ponía lazos en las cuevas, les ponían lazos y luego les echaban los perros. Llevaban perros y cuando los jabalines salían a aporrearse con los perros, se lazaban, se lazaban en las puertas de las cuevas. Se ponían bien bravos, pero como quiera los mataban, les daban golpes en la cabeza, les daban con un palo en la frente ya amarrados. También los mataban a balazos, ¡pero bien bravos que son, bien bravos pa los perros y pa la gente! Son muy bravos y, ¡los colmillotes que tienen! Los traen por fuera los colmillos, por el hocico, ¡bien feos!
(Hilaria Alemán Ramos; Linares)

Véase: Amuletos, Cacería, Tamborazo.

Jicos. Véase: Fiesta de los Jicos.

Juan Oso. Personaje legendario cuya apariencia corpulenta y velluda lo asemejaba al plantígrado. Según la leyenda, es hijo de un oso y de una mujer. Su madre, siendo presa del animal, permanece encerrada en una cueva, donde nace Juan, hasta que se escapan o son rescatados por unos cazadores. Después de huir, madre y crío se incorporan a la vida cotidiana de un pueblo, pero muchos adolescentes se burlan de la apariencia tosca y peluda del joven, llamado Juan Oso,

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actitud de desprecio superada por éste mediante golpes y pruebas de fuerza física ante los demás. La historia se narra a manera de cuento o como un suceso real, especialmente en comunidades serranas. En Montemorelos hay un indigente de casi cien años que ostenta su apodo y es parte viva de la leyenda. Nos decía güelita que era una señora, no, más bien una muchacha que vivía con su papá, muy lejos, y que la mandaban a cuidar vacas, hasta que salió un animal y se la robó: un oso. Se la llevó a una cueva y la encerró, y que... a ella casi no le gustaba vivir allá porque estaba muy lejos en la sierra y le daba miedo. Y que... luego la muchacha tuvo un hijo que era mitad de oso y mitad de hombre, y se llamaba Juan Oso. Pasó el tiempo y cuando estaba más grande la muchacha quiso escapar con la criatura, porque ella no quería comer carne cruda de los animales muertos, pero el oso estaba espiando. Al fin se escaparon... Juan Oso y la señora alcanzaron a rodar la piedra que tapaba la boca de la cueva, y se salieron y vinieron a dar con el papá de la mujer.
(Rosario Flores Peña; Villa de Santiago)

El niño fue creciendo y fue creciendo, entonces había una escuela ahí en el pueblo, y ya le dijo el abuelo, el papá de la muchacha: “Vamos a llevar al niño a ver si lo matriculas, lo matriculas ahí en la escuela, a ver si lo quieren”. Y pos sí, sí lo admitieron; ya estaba grande de edad pero sí lo admitieron. Bueno, y el muchachito bien aplicado, muy inteligente. Nada más que ¡pos todos los muchachos se reían mucho de él porque estaba muy pachón [gordo, peludo] de acá de los pies! Se reían mucho de él y a él le daba mucho coraje. Entonces un día le dijo a la maestra que los muchachos se burlaban mucho de él, y la maestra preguntó: –¿Dime quién y quién se burla de ti?

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–Todos, hasta las niñas se burlan de mí. Y entonces les dijo la maestra a los niños, les dijo que no se anduvieran riendo de él, que tenía un defecto, pero... pues era gente como uno. ¡No! los muchachos como quiera siguieron burlándose, entonces él les dijo cierta ocasión, les puso en conocimiento: –Miren, yo no quiero pelear con ustedes porque yo sé que les voy a hacer un daño grande, es mejor que no... que no me hagan ningún mal, no me hagan desesperar. Pero los niños como quiera siguieron jode y jode, hasta el muchacho más grande de todos decía: –¡Nombre! ¿Pos qué nos puedas hacer? ¡Yo soy de tu tamaño!, yo estoy de tu tamaño, si quieres vamos a jugar unas guantadas [luchas]. ¡Nombre, no me sirves para nada! –le decía el muchacho aquel. Y ¡no pos... siguió insistiéndole, buscando pleito!, hasta que ¡no, pos el Juan Oso lo agarró y lo aventó, lo volvió a agarrar y lo volvió a aventar!, y le dijo: –¿Quieres más? Y ya nomás con eso que le hizo a ése ya los otros no le dijeron nada.
(Hipólito Reyna Sánchez; Linares)

Hermelinda Escobedo, de 59 años, contó historias sobre osos, específicamente la historia de Juan Oso, cuento registrado desde hace siglos en Europa. Sin embargo, para ella no era cuento; situó el secuestro de una muchacha por el oso en Loma Alta, un ejido vecino, para finalmente señalar que el fruto de esa unión era un anciano de Montemorelos al que llaman Juan Oso (a este último señor lo conocemos, es un anciano indigente que recorre las calles del municipio).
(Cristóbal López, “Notas de campo”, Montemorelos, 13-V-1997)

Véase: Nagualismo, Oso.

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Judío errante. Alma en pena de un judío maldecido por Cristo; su penitencia es vagar por el mundo hasta el día del Juicio Final. Aparece en forma de luz misteriosa. Véase: Espantos.

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L

Lechuguilla. Véase: Maguey, Mezcal, Sotol.

Lechuza (Tyto Alba). Ave nocturna cuya voz atemoriza, en ocasiones, a nuestra gente. Como en diversos tiempos y latitudes, aseguran que su canto predice desgracias; otros afirman que el pájaro espera la muerte de personas para llevarse su espíritu, burlándose, durante esta tétrica misión, mediante el tronido de su pico y garras. Una creencia muy extendida identifica a esta ave con las brujas. Las mujeres hechiceras adquieren forma de lechuza con el fin de surcar el cielo y desplazarse a lugares donde consiguen chile y sal o canela, también para visitar enfermos. Las personas distinguen a las lechuzas que son animales de las que son malignas; las segundas pueden portar una luz, salen a partir de las doce de la noche, y se les puede dañar o capturar con maldiciones y rezos.

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Pues miren, sé una historia que no es cuento... Se trata de una señora que se casó en un rancho de ahí por El Aguacate, en la hacienda Los Naranjos, acá por Cadereyta. Allí, los recién casados hicieron su jacal. Esos jacales eran de dos aguas, tenían el techo detenido con unos troncos llamados latas y el techo era de hoja, de hoja de caña de azúcar. A ese jacal vino una lechuza e hizo nido en el mero techo, por dentro. Pero a la señora no le gustó que la lechuza criara en su jacal. Entonces ésta le tumbó el nido y los lechucitos a la lechuza, mató a los lechucitos, tumbó a los animalitos del nido. Y se fue la lechuza . Luego resulta de que con el tiempo la señora tuvo una niña y siempre la tenía en la cuna. Pues resulta que un día viene la lechuza y le saca los ojos a la niña en venganza de que la mamá de la pequeña le había matado sus lechuzos. Quiere decir que no era lechuza común y corriente, que era bruja. Porque cómo es que se fue y luego ya con el tiempo vino y le sacó los ojos a la niña.
(María Elena Oyervides viuda de Serrato; Cadereyta Jiménez)

Entonces nos levantábamos muy temprano, nos levantábamos Carmela y yo a encerrar las vacas y a moler nixtamal, y un día, en el mezquite que estaba en medio del patio, vimos que se reían... se reían unas... unas lechuzas. Así, con risa de gente, de una mujer. Se secreteaban y rechinaban el pico. Desde una orilla del patio vimos pa arriba y eran dos, taban así, grandotas, blancas. Se veían claro en la madrugada. Se reían, se carcajeaban, se sacudían, luego se secreteaban. Hagan de cuenta que eran mujeres... Era cuando estaba bien mal yo, es cierto de esas lechuzas. Entonces Carmela dijo “¿salimos ajuera?”. Salimos ajuera y entonces las agarramos a pedradas, pero nomás volaban de un árbol a otro y otro. Eran tercas, volaba una y se paraba en otro lugar, luego llegaba la otra ¡riéndose y carcajeándose! Cuando volvía a volar una pa allá, se iba detrás la compañera también, y cuando estaban juntas se carcajeaban. Así se pasaron la noche hasta que volaron pa los corrales.

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Eso sí fue cierto, mi hermana y yo las vimos. Las seguimos y volaban de un árbol a otro... Pero ¡pos quién sabe qué sería! Ahí en esos ranchos muy seguido había lechuzas de ésas.
(Lucila López García; General Terán)

A mí una vez me tocó un caso de que stábamos yo y mi mamá sentadas aquí y... pasó una lechuza, pero no una lechuza así, simple como un pájaro. No, era como una bruja transformada, o sea... porque las personas que son hechiceras tienen el poder o la facultad de ser... de ser... de transformarse en animal. Entonces stábamos sentadas yo y mi mamá aquí enfrente de la... aquí en la banqueta, y luego de repente pasó un animal de esos, una persona (yo digo que no fue animal) y gritó, o sea, chifló pero el silbido que daba no era como un silbido común y corriente, o sea, era como el de un animal. Era como una persona transformada en eso...
(Gloria Esthela Ruiz Herrera; Parás)

Véase: Agüeros, Bruja, Cóconos, Chile del monte, Doce Verdades del Mundo, Luz Errante, Nagualismo, Petaca, Tecolote.

León de la sierra (Felis concolor). El puma americano o “león de montaña” es un carnívoro que, a pesar de su mala fama y de ser perseguido tenazmente, campea en nuestra entidad. En las comunidades de la cordillera se cree que protege a las personas que se internan en el monte, pero sólo por tres noches: la cuarta puede devorarlas. Así, en el ejido Los Ángeles, de Linares, un anciano contó que cuando salían a tallar ixtle no duraban cuatro días en las faldas de la montaña para evitar que este animal se los comiera. Según los relatos, el felino camina en círculo previniendo de inminentes peligros, especialmente del ataque de un “tigre” (probable jaguar). Quizás por lo anterior se tiene estima de su cráneo,

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piel, colmillos y uñas; estas últimas se guardan con aprecio o son utilizadas como atavíos y amuletos en llaveros, collares, cadenas; también los pantalones elaborados con su cuero eran estimados por habitantes de la sierra de San Carlos, Tamaulipas. A su carne y grasa se les atribuyen propiedades curativas; su grasa es usada para hacer trampa en carreras de caballos: colocada en las patas del equino, éste se desboca rumbo a la meta mientras la estela de su olor obliga al contendiente a salirse del carril, permitiendo al primero ganar. La gente del campo conoce sus hábitos, y a veces le arrebata los venados que caza, pero cuando mata ganado lo rastrea y embosca hasta darle muerte; para lograr esto último lo acosan con ayuda de “perros leoneros” o lo envenenan con carne enyerbada. Es prototipo de valentía y sagacidad, existen corridos que utilizan el símil hombre-león para remarcar dichas características. Cuando va un señor al monte tiene que poner tres veces una lumbre (tres noches), porque si no, lo mata el león; si prende las lumbres tres veces, el león lo cubre de los demás animales para que no lo ataquen (...) Mi papá un día estaba malo, muy malo, y entonces le dijo a la virgen que si lo curaba se iba a ir por el cerro hasta Monterrey (a pie). Y ya en el camino mi papá dijo que juntáramos leña para prender lumbre. Y luego la prendimos y la dejamos toda la noche encendida para que nos cuidara (las tres noches); y al cuarto día mi papá dijo que ya no prendiéramos, que porque después nos podía atacar el león... ese cuarto día llegamos a Monterrey y agarramos el autobús para El Chorrito.
(Mario Alberto Espinoza Verdín; Iturbide)

No, los camaleones se usan para la buena suerte: un camaleón vivo. Lo traen al pobre animal sin comer y sin nada, y dicen que es pa la

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buena suerte. Pos la gente así es de creyente ¡que el camaleón!, y yo sí creo, pero en otras cosas; traigo una uña de león. Mataron a un león y dije “oye, tráime una uña”. En ésa sí creo porque el león es el rey de la selva, ¿vedá? Y sí tengo la uña de león, la uña de león sí es buena suerte. La gente que puede, pues, la manda a encasquillar, en oro. Ese león del que yo tengo la uña lo mataron aquí en la sierra, más pa arriba del ejido El Poblado. Pero el león de las sierras de aquí no tiene melena, no es como el africano, es como un perro grande con la cola muy larga, de orejas chiquitas. Sí, la uña del león es buena, quién sabe por qué, ¡no, pos, es creencia! ¿Qué poder puede tener un hueso? Aquí el cuero del león no lo utilizan, pero sí se comen la carne y el cebo, es muy bueno para varias enfermedades. El cebo de león, sí a usted le duele aquí, en la nuca, o está lastimado, se lo frota en la parte adolorida y se compone. Tiene poder curativo el cebo de león. Sí, para una dislocadura –-esa luxación, cuando se zafan los tendones– se pone esa manteca y luego ya, lo compone totalmente el sobador.
(Guadalupe Sépulveda Hernández; Hualahuises)

Véase: Amuletos, Cacería, Enyerbado, Gato, Pantera. Libros de magia. Volúmenes consultados por brujos, curanderas y diableros para iniciarse en las artes mágicas y practicarlas. El más conocido es el Libro de San Cipriano. Al parecer, se trata de reimpresiones de tratados mágicos medievales. Esa viejita traía un libro aquí... que le decían el Libro de San Cipriano. San Cipriano fue un mago, fue un hechicero, y luego se convirtió al cristianismo, después fue Santo. Por eso esa viejita vivía con ese libro, porque tenía muchas recetas.
(Carlos Sepúlveda; Hualahuises)

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¡Señor de mi vida!, en la lectura está todo... Hay un libro que ése lo “designora” mejor que nada para que haga cosas, para que haga y deshaga; leyendo ese libro puede abrir cualquier puerta de un soplido... no necesita llave, no necesita nada. Nada más con que usted sepa lo que viene ahí. Pero ¿para saberlo hacer? Eso es pura secretería de la magia negra; yo nunca la hice, nunca lo hice.
(Clemente Cázares Mendoza; Mier y Noriega)

Nos contó que estudió “medicina” en San Antonio, donde perteneció a la secta de los “Crucicistas”. Lo que sabía de cartomancia y magia negra lo aprendió ella sola de “sus libros de ocultismo”. Orgullosa y desafiante nos recalcaba que ella había podido estudiar y que no explotaba a la gente. Nos confesó entre pláticas que sus padres eran ganaderos, que nunca tuvo que depender de sus poderes para vivir, sólo lo hacía por el bien comunitario. Traía colgada una imagen de la Virgen de Fátima y una estrella de seis picos. Al cuestionarle sobre alguno de los títulos de los libros en los que había estudiado, se encrespó tanto que se negó groseramente a contestarnos.
(Yosune Ibarra, Gustavo Herón, “Notas de campo”, Cerralvo, 4-X-1997)

Véase: Bruja, Curandero, Diableros, Magia.

Lobo (Canis lupus). Según los informes de grupos e instituciones ecologistas, el lobo mexicano está extinto; sin embargo, algunos individuos lo describen y aseguran su presencia en parajes aislados de la Sierra Madre Oriental; específicamente, en cañones y valles de Galeana, Linares y Rayones. Hay gente que recuerda haberlo rastreado y cazado, e incluso se conservan “loberas”, suerte de pozos profundos que servían como trampas para el animal. El nombre de la fiera es emblema de valor, rebeldía y compañerismo.

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Una vez andaba yo raspando una miel, taba yo sentada raspando el maguey cuando salió ese animal con la cola larga, el hocico bien grandote y como de color pardo, pardo aquel animal. Pero no era coyote. Venía medio asustado porque le venía ladrando un perro que siempre andaba conmigo; entonces cuando lo vi, ¡que agarro una piedra! Le tiré y le di por las patas, por abajo. Entonces corrió pa otro lado y en ese tiempo el perro siguió correteándolo, se lo llevó pa la sierra. Y ya nunca lo volví a ver a ese animal, pero decían que era lobo. Eso fue como en el año del cuarenta o el cuarenta y cinco.
(Juana Sustaita; Iturbide)

Yo estuve trabajando en Monterrey en una peluquería por casi diez años –la cual estaba por Platón Sánchez, entre las calles de Reforma y Colón–, allí era vecino mío un carnicero llamado Arturo González. Él era el presidente de la unión ganadera de un pueblo que está a un lado de Marín, no recuerdo el nombre exacto del pueblo. Me comentaba él que en su tierra empezó un animal a hacerles daño en las reses, que mataba y mataba... Hasta que un señor dijo: “Pos yo voy a ver si cazo al animal este”. Y cuenta que el hombre se preparó: echó carne seca, sal, agua y parque pa la carabina, ¿verdá?, y empezó a buscarlo, a rastrearlo. Hasta que dio con él. Dice que era un lobo, y ahí no hay lobos, los lobos vienen de Galeana, de por ahí, de Linares; por esos rumbos sí hay, y bastantes. Entonces comenta que alcanzó a ver el animal, ¿vedá?, lo vio cuando agarró una vaca, un toro o algo así, lo mató y empezó a comer. Comía a llenar, luego se iba a una lomita y aullaba, luego ya se iba a dormir. Pero detrás de él andaban coyotes y coyotas, andaban como diez o quince animales, comían de lo que dejaba el lobo. Él comentaba que era lobo porque era más grande que un coyote y con el pelaje de otro color. Entonces dice que lo siguió durante tres

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días, hasta que al final le dio blanco y lo mató. Decía mi vecino Arturo que él le había regalado, en esos años, cincuenta pesos y una vaquilla (al señor que cazó el lobo), y que cada quien que tenía reses le regalaba, le regalaba lo que fuera. El cazador llevaba el cuero del animal como prueba y le daban algo. Porque ese animal, si no lo cazaban, pos seguiría matando reses de todos los propietarios. Bueno, y acá para Galeana, allá por los años cincuenta y sesenta, vino una comisión de ganaderos a pedirle a los... a las asociaciones de tiro, de caza y tiro, que los ayudaran porque los lobos estaban diezmando mucho el ganado; y me acuerdo que habló de eso José Sepúlveda, dueño de la armería Sepúlveda. Ese señor hizo el exhorto en televisión –en las primeras televisiones o en radio, ya no me acuerdo. Entonces se organizaron y fueron a la cacería del lobo, y ¡nombre, se dieron vuelo! Dicen que había docenas de animales y todos los hombres tire y tire, trajeron cantidad de esos animales.
(Álvaro Sepúlveda; Villa de García)

Véase: Cacería, Coyote, Perro, Zorra.

Luna. El satélite natural de la Tierra ocupa un lugar importante en la vida cotidiana de nuestros pueblos. Se cree en la influencia positiva de la luna “maciza” o “llena” en la tala de madera, la cosecha del maíz, el apareamiento de bestias y la procreación de niños, también que favorece la resistencia en la construcción, la conservación del fruto y la salud. Además, se contemplan sus fases para advertir alteraciones del clima y, en menor medida, “cambios de sexo” de ciertos individuos. En Villa de Santiago y General Terán relatan que dos compadres viven en ella por causa de un pleito. A semejanza de otros astros, suele invocársele como testigo y compañera en la lírica tradicional.

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Ahora trabajo desenraizando terrenos, cortando madera. Es más, ahora me ofrecieron un trabajo allá en La Purísima, pero me voy a esperar unos diez días para que amacize la luna, porque como está tiernita, ahorita, la luna, no se puede cortar la madera porque se pica. Si usted corta la madera con luna tiernita, la pica un animal verde, un mosco verde que hay, se pudre la madera; pero ya estando la luna maciza ese animal no le hace nada a la madera, por eso los palos se deben de cortar durante la luna maciza, o sea, cuando ya está llena.
(Gregorio Quiroga Cantú; Agualeguas)

En la luna es en lo que a veces nos fijamos, ¿verdá?, en la luna; a veces porque se está acabando, otras veces porque hay luna nueva... Como en cada cuarto, en cada cuarto que hace revolución. La luna tiene algo que ver en los cambios, por ejemplo cuando hace cuarto menguante, todas esas cosas, o cuando hay luna llena hay cambios de tiempo, sean de norte, sean de lluvia. Nomás fijándose uno bien se da cuenta que hay cambios.
(Isidra Maldonado Guerrero y Pedro Pedraza de León; Hualahuises)

Una vez oí a un señor decir que la luna traía lluvia porque venía creciendo ladeada y se le tiraba el agua, le dije “¡cómo eres pendejo!, la luna no trae nada; el agua la trae el tiempo, las nubes”. Nomás que la gente es así... Y por pláticas he oído que los científicos ya llegaron a la luna, pero pos yo no creo eso, no lo creo. No, la luna está muy lejos, o es nomás un... como un espejo, o un reflejo; por mucho que haga la gente aquí, en el mundo, nadie puede llegar hasta allá arriba. No creo que vayan a entrar ahí donde está la luna; o no tiene fin.
(Fernando Torres Torres; Villa de Santiago)

Véase: Astros, Cielo, Eclipse, Hombre-mujer, Sol.

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Luz errante. Una de las visiones por excelencia de nuestro imaginario colectivo. Es tan común que forma parte esencial del paisaje nocturno en algunas comunidades. Varía de forma, tamaño y color, pero siempre se manifiesta como una luminosidad, o serie de luces, que recorre los caminos con movimientos caprichosos: se eleva al cielo, cruza las labores, surca el horizonte, se detiene, “brinca”, acompaña a los viajeros de la noche. Algunos la identifican con lumbre, gases de la tierra, señal de riqueza subterránea, un pueblo perdido; otros, con La Llorona, ánimas en pena, lechuzas, ovnis y hasta con una lámpara de Aladino. Sí se veían esas luces... Y había otra luz que bajaba por el rumbo de la Anacua, bajaba la luz... bajaba esa luz pero ya para llegar a la presa, daba la vuelta pal bordo y nunca se supo qué era. Yo creo que si significaba algún dinero todavía ha de estar allí, o serían gentes que mataron en aquellos años.
(Lucilda López García y Juan López García; General Terán)

Y otra cosa más que le voy a decir... que aquí no muy lejos hemos visto una... como un pueblo iluminado, en uno de los cañones, aunque no siempre; mi señora también lo vio y varias personas de aquí lo han visto. En la noche que nos ha tocado ir pa Sabinas lo hemos visto desde la carretera, ¿pero ónde mero estará? Sólo Dios sabe dónde. Pero sí se ve así por los cañones, en medio de la dos lomas, se ve el lucerío, ¡si viera qué chulada, qué hermosura de luces!... Pero es mucho lo que se ve de luces, como si fuera un pueblo bien iluminado, ¡no, no, una cosa chula!
(Andrés Esquivel Vázquez; Vallecillo)

En noches sin luna, de lejos en lejos en el lado noreste de la cabecera municipal de Gral. Terán, sin emitir ruido alguno, se deja ver una

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bola de luz a una altura de aproximadamente 5 metros, se desplaza hacia el sureste. Dicha bola ha sido perseguida por hombres a caballo, pero nunca alcanzada, son varias las hipótesis que se tienen en torno a ella: una es que se trata de un ave nocturna que emite luz, otros dicen se debe a un gas que escapa por una grieta que tiene la tierra. Los lugareños aseguran que hace muchos años un patrón puso como contra [compuerta de una acequia] a un regador que murió, fue al cielo y pidió protección para los de su clase, por lo que Dios comisionó para ello a Santa Martha, Patrona de los Regadores, y que esa bola de luz es la lámpara de Santa Martha que viene a cumplir con su cometido.
(Juan Islas, “La lámpara de Santa Martha”, en: Leyendas de General Terán, Nuevo León; General Terán)

Es más, aquí en el ejido hay un... mira... cada año nosotros vemos... No sé qué será, pero eso sí lo he visto, ¿será por la rotación de la tierra? Será... Bueno, hasta en las noticias ha salido. De aquí del canal siempre se ven unas luces en el mes de enero, más o menos, casi por el Día de Reyes. Esas luces tiene la gente años viéndolas. Nosotros también, ¿verdá?, hija. Yo he ido hasta en la camioneta a verlas, ahí, en la madrugada he ido. Se ven de lejos, ¿verdá?, son luces que... haz de cuenta que se mueven como si fuera un pueblito, como si fueran un pueblo. Hay veces que es muy grande, y hay veces que es más chico... pero siempre se ven por enero, cada año, cada año, cada año, se ven los resplandores y... mucha gente de aquí los ha visto. Pero eso no es de ahora, siempre las han visto... Toda la gente vamos ahí, a la orilla del canal, de ahí se ven cada año en Navidad, de Navidad al Año Nuevo, hasta por el 6 de enero...
(Señora; Ciudad Anáhuac)

Véase: Ánimas, Espantos, Lechuza, Tesoros.

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Llorona. La Llorona es un tipo de espanto difundido ampliamente en todo México y en el mundo. En Nuevo León la describen como una mujer vestida de blanco y de larga cabellera, que llora y grita en las noches por haber dado muerte a sus hijos. Nuestras madres narran que, en castigo a su crimen, Dios la envió a penar siguiendo el curso de las fuentes de agua –contracorriente– y que no logrará sosegar su espíritu hasta encontrar los cuerpos de sus pequeños. Su clamor es concebido como augurio de muertes, enfermedades, lluvia, y su arquetipo aparece desde el extremo sur hasta el norte, incluyendo las comunidades de montaña y la zona metropolitana de Monterrey. Por ejemplo, en Mier y Noriega algunos aseguraron oír sus gritos durante un fuerte aguacero; en Lampazos de Naranjo un niño mexicoamericano dio fe de su presencia en las pláticas de los regadores que trabajan en los campos de cultivo estadounidenses; mientras que, en una adaptación al medio ambiente semidesértico, un anciano de Doctor Arroyo situó su figura alrededor de tanques de agua comunitarios. Ahí en el Charco Largo decían que cada vez que estaba la atmósfera cargada y que quería llover, oían que lloraba, y ese llanto lo tenían algunos carreteros como símbolo de que iba a llover, de que se iba a crecer el arroyo que daba al Salto, el que viene de la fábrica. Nomás se oían esos ruidos de la llorona y anunciaban que iba a haber crecientes. A veces la identifican con una lámpara o luz errante.
(Julia Sánchez Villarreal; Villa de Santiago)

Decían que cuando le bajaba bastante agua al río que salía, que venía la Llorona buscando al hijo, que buscando a los hijos, al hijo que había tirado al agua en una creciente, que se murió y que el Dios

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la convirtió... no la llevó al cielo, que la convirtió en puro espíritu de andar buscando y llorando.
(Teodoro Plata Mejorado; Hualahuises)

Los puso ahí en el mar, a esperarla, porque diosito... Ella trabajaba y puso a sus hijos en el agua porque nadie se los quería cuidar; eran muchos niños y un día los dejó en el mar, pero cuando regresó ya no había nada de niños... desde esa vez ella se aparece en la oscuridad, en el sol no. Haz de cuenta que a nosotros nos pegan en la noche y empezamos a llorar... entonces La Llorona oye y piensa que son sus hijos y empieza a llorar, y dice bien recio “¡Aay, mis hijos!”.
(Aleida Liset Villalobos Rodríguez; Iturbide)

Aquí ya no pasa nada, con decirle que ya hasta los espantos se acabaron. Antes la gente decía muchas cosas, y eran de verdad porque uno mismo veía luces y escuchaba ruidos de la noche. Una vez a mí me tocó oír a La Llorona. Ya andaban diciendo que pasaba por el río. Esa vez andaba en el molino de tiro, era invierno y soplaba el viento cuando oí el lloriqueo de la vieja ésa, nomás se me enchinó el pellejo del puro susto, y hasta los perros ladraban todos nerviosos, y mire que hasta la mula del molino brincaba. Pero todo se acabó, ahora ya tenemos luz, hay más bailes y televisión y la gente se acuesta tarde. Será que se acabaron los espíritus, quién sabe.
(Homero Adame; recreación literaria de una plática escuchada a un anciano de Linares)

Véase: Ánimas, Espíritus, Espantos, Luz errante.

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M

Magia. Fuerza inmaterial, positiva o negativa, que altera los seres y las cosas. Su presencia en la vida cotidiana de nuestro pueblo se expresa en innumerables creencias, actos y fenómenos, desde los mitos y ritos de sacerdotes, brujas y curanderas, hasta los juegos o suertes de diableros y el conocimiento adquirido en libros sobre el tema. Las artes mágicas tienen aplicaciones específicas identificadas por colores: tal es el caso de la magia blanca, para curaciones y beneficios; la magia negra, para perjuicios en general; y la magia roja, ligada a acciones violentas. La magia, a semejanza de la fe, es componente esencial de toda religión y culto. Unos conocen la magia, conocen la magia roja, porque son de guerra; otros conocen la magia blanca, pero la magia blanca está ahí, en la Biblia, y ésa es lo puro bueno. Los que escogen la magia blanca escogen lo puro bueno (por eso le dicen la magia blanca).

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La magia negra ¡pos es la mala!, y la magia roja es la de la guerra.
(Florencio Pedraza; Hualahuises)

La tía Paula, con la que vivió mi papá hasta antes de casarse, tuvo una hija que se vino a vivir a Monterrey donde puso unos billares y se dedicaba a trabajar con la magia negra. Llegó a ser de las personas más importantes. Vinieron a verla gentes hasta del otro lado. Llegó a hacer mucho dinero porque curaba, pero usando la fuerza de la magia negra. Como era prima hermana de mi papá, él acostumbraba visitarla mucho. Se llamaba Josefina. En el billar tenía una calavera debajo del mostrador donde se servían las cervezas (...) Dicen que para que una calavera de esas brinde suerte debe ser de una persona que haya muerto asesinada, porque supuestamente si lo matan antes de que se cumpla su tiempo de vida natural, entonces su alma queda penando hasta que llegue su día del juicio.
(Testimonio de Miguel Luna; Aramberri, en: Guillermo Berrones, Ingratos ojos míos, Miguel Luna y la Historia de El Palomo y el Gorrión: 76-77)

Véase: Bruja, Curandero, Diableros, Libros de magia.

Maguey. Los hombres y mujeres primitivos de la región elaboraban con las puntas del maguey (Agave lechuguilla, especialmente) raspadores y agujas; también, con sus fibras y las de la palma (Yucca carnerosana) fabricaban utensilios de jarciería y cestería, objetos que formaban parte importante de su vida cotidiana porque eran utilizados en sus tareas de pesca y recolección o como probables ornamentos rituales. Por ejemplo, en cuevas de Coahuila, los arqueólogos han recopilado y estudiado hilos y cordeles, pelucas, asidores para objetos calientes, redes, bolsas, capas, mantos, faldas y otros tipos de vestimenta.

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Los habitantes indígenas del actual noreste de México también utilizaron la planta como parte esencial de su alimentación –se ingería asada–, y como fuente de bebidas dulces o embriagantes (fermentadas). Siguiendo una reconstrucción de su aprovechamiento del medio ambiente, en un ecosistema tipo oasis (desierto-ciénagas-sierra), podemos precisar que de primavera a verano aprovechaban el aguamiel; de verano a otoño el quiote y la raíz; luego, del otoño al invierno se ingería aguamiel y mezcal, pencas asadas de la planta en barbacoa. Finalmente, en el invierno –o periodos de mucha escasez– se ingería el bagazo del mezcal. La población nuevoleonesa, sobre todo en la zona surserrana, sigue aprovechando las plantas de este tipo en la construcción de sus casas, para formar con sus pencas canales de riego. También se usa como objeto funerario o elemento decorativo, como forraje para el ganado, en la preparación de aguardiente o la exquisita barbacoa de pozo; asimismo, se consume regularmente su aguamiel y el quiote tatemado. En las zonas semidesérticas la talla de lechuguilla y la elaboración de productos derivados fue, hasta hace algunas décadas, una de las pocas y raquíticas –pero seguras– fuentes de ingresos. Hasta la fecha, en comunidades aisladas se recolecta y talla lechuguilla para fabricar objetos de ixtle como estropajos, escobetillas y cordeles (en caseríos de Iturbide, Galeana, Aramberri, Zaragoza, Doctor Arroyo, Mier y Noriega, Villa de García, Bustamante y Villa de Santiago). La importancia pretérita de la lechuguilla en Nuevo León ha quedado registrada en un verdadero fósil viviente, un mito cosmogónico sobre la planta, el cual es, a la vez, todo un mito cultural. La lechuguilla no se acaba, ésa existe por siempre porque ésa es la ayuda de la pobrería, es la ayuda. Cuando no hay trabajo las gentes

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se van a tallar, traen sus manojos de ixtle, y ya tienen con que ir a comprar (con eso). Eso sí, para eso es la lechuguilla. Por eso está; yo creo diosito mandó ese... esas lechuguillas, ahí, a los montes, pa que ¡pos nos mantuviéramos!, porque en los ranchos no había otros trabajos, sólo eso, todos trabajábamos en eso. Nos vestíamos, nos... comíamos, y había veces que hasta nos sobraba feria.
(Juan Esparza Alvarado; Rayones)

–¿En qué ha trabajado usted? –Puro tallar lechuguilla desde niño. –¿Dónde venden lo que tallan? –Más antes aquí en García, con el Sr. Pedro Lozano. –¿Sí sale para pasarla? –Sí, ahí sale. –¿Sigue tallando? –Sí. –¿A cuánto pagan el kilo ahorita? [mayo, 1998]. –A $8.50 primero, y bajó a $7.50. –¿Cuántos kilos talla usted diario? –Cinco o seis, pero ya casi no hay, ahora casi no ha llovido. –¿Hay más gente cerca de aquí que también talle? –No, pues no. Tengo hijos y hijas en García, uno trabaja en la presidencia y otro en las huertas.
(Feliciano Nuño Gallegos; Villa de García)

Quiero contarles una leyenda que escuché de labios de la gente de Mier y Noriega, por allá tienen una leyenda sobre la lechuguilla que por aquí también la conocen: es una de las plantas que se da en las zonas desérticas o semidesérticas y tiene su leyenda de acuerdo a las tradiciones de esta gente. Ellos platican que cuando no había todavía gente de color pálido como nosotros –porque por el lado de Mier y Noriega, Aramberri y Zaragoza había una raza media negroide, natural de la región,

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entrando a un terreno un poquito más o menos histórico–, hay esta leyenda que dice cómo fue que un dios bajó de los cielos para decirle a un indio cómo hacer para vivir y le prometió tres cosas: sustento, casa y cobijo. En aquel entonces perseguía esta gente a pie corriendo los venados para cazarlos; los cazaban por cansancio, los cazaban los conejos también por cansancio, a pedradas, con un palo, con lo que encontraban a su paso. Sucede que un día, uno de tantos cazadores quedó aislado de todos los demás y por allí, en los pocos montes que hay pegados a la sierra, se aparece un dios y le dice: –Muchacho. –Dime señor, ¿de dónde saliste?, ¿dónde estabas tú?, ¿qué pasó?, ¿quién eres o qué? –Yo soy un dios. Tuvimos una junta los dioses en el cielo y optaron por mandarme como enviado a decirte que tú serás también enviado a tu pueblo a decirle que yo vengo a ofrecerles techo, sustento y cobijo. –¿Y...? –Porque ustedes tan paseándose nada más, no hacen asentamientos humanos, son nómadas, cambian de lugar a cada rato, y eso nos está preocupando a los dioses. Necesitan ustedes ubicarse en lugares. –No me lo van a creer. –No, sí te lo van a creer. Ten la seguridad, yo te voy a apoyar. Entonces de la nada sacó una lechuguilla, una planta de lechuguilla y le dijo: –Diles a tu pueblo que lo siembren en las laderas de los cerros y que yo, que soy el encargado de reproducir la lechuguilla, tendrá reproducción suficiente para que ustedes tengan techo, sustento y cobijo. Aquel amigo se fue loco de gusto y llega a su pueblo: –¿Y saben qué?¡Me dieron esto! Me encontré un dios, se presentó conmigo, ¡por dios santito, miren hombre! –No, no, no, ni por ese dios santito ni por todos los dioses te lo

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vamos a creer, tás loco tú, ¿de dónde arrancaste esa planta? Oye, por cierto que es bien rara, ¿esto dónde nació o qué? –Nombre de veras, me dijeron que la pusieran allí hombre, allí en las laderas, allí donde hubiera más o menos humedad, allí va a crecer; yo sé lo que les digo. Yo vi al dios, él me la dio. –¡Nombre, sácate! No, pos aquél, es más, fue repudiado por su gente. Él se fue, pues no había más que hacer. Fue y muy tristemente hizo un pocito por allí, entre unas piedras; allí sentó la lechuguilla, le echó un puño de tierra arriba y empezó a llorar (decepcionado de su gente) y con sus lágrimas hizo que en cada lágrima brotara una lechuguilla. Se quedó asombrado, pero no por eso dejó de llorar y cada lágrima que derramaba aquel muchacho era una planta de lechuguilla que se reproducía. En sus ratos de ocio –porque él ya no volvió a la tribu– en uno de tantos días de coraje agarra un palo, le quita una hoja y le pega a esa hoja, porque tenía espinas, era lo peligroso, y le pega y le pega y entonces ve que tiene una fibra; saca unas cuantas fibras, las deja ahí tiradas. Pero a los pocos días que regresa vio que la fibra estaba todavía ahí y ya estaba seca; por no dejar, la toma y la empieza a hilar, la empieza a hilar, la empieza a hilar y ya tenía un cordoncito, un cordoncito que fue creciendo, lo dobló, fue creciendo en grosor también, lo volvió a doblar y vio que tenía suficiente resistencia. Para entretenerse fue y cortó una vara por ahí, echó un nudito por un lado, echó un nudito por el otro y luego le dio la restirada a ver qué onda; ahí ya hizo un arco, con él se entretenía y entre más lo ajustaba, tuum, tuum, tuum, un sonido musical con el que se entretenía (algo tenía que hacer, andaba solo). Tuvo entonces hambre y pos cortó otra vara y se fue a perseguir un conejo. Ahí va a la carrera, pero pos no, no pudo alcanzarlo; total, no iba a comer ese día. Para no dejar y por entretenerse pescó aquella varita con los dientes, hizo una ranurita, enderezó bien la varita, la puso allí y empezó a jugar: ¡fuit! ¡ah!; tons se fijó que llegaba lejos y le estiró más: ¡fuit!, y ahí iba a buscar el palito, ¡fuit! y dijo “no pos ya la hice”. Pos con los dientes también empezó a sacarle punta, y entonces sí, volvió a pasar un conejo; no

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staba muy fogueao –entonces no había armas de fuego, aquellas que: pum, pum, pum, pum, pum, y no vuelves a ver un conejo nunca. Agarró puntería y le pasó cerquita, dijo “no, entonces sí lo alcanzo, voy a practicar”. Y en una palma empezó a practicar y a practicar y a practicar y a practicar, hasta que dominó aquel aparatito que había inventado. En una de tantas alcanzó un conejo y dijo “tenía razón el dios, ya tengo comida, ya tengo sustento” (se estaba cumpliendo una de las promesas del dios). Fue y arrancó más hojas y las puso a secar, y entonces juntó bastantes cordoncitos y para no dejar se puso a tejerlos; hizo el primer costalito y se cubrió con él porque empezaba ya la temporada de frío. Se cumplía otra de las promesas del dios: tenía cobijo; y para no dejar, siguió haciendo costales, cortó cuatro o cinco varas, las puso en forma de cono, las cubrió con aquello, y ya tenía también cobijo, techo; tonces se sombrió ya en ese árbol, en ese, en eh, en esa choza que hizo, vaya, improvisada. Alguien lo echó de menos en la tribu, alguien dijo: “¿Dónde está el loco aquél, no volvió, se habrá muerto? –dijo–, habrá que buscarlo porque es temporada de cambiar, es temporada de irnos de este lugar para donde haya más cacería, donde haya más comida, donde halla más fruto, donde haya más sustento”. Y lo encontraron a aquél dormido muy cobijadito, a la sombra y bien harto, y con tres o cuatro conejos muertos para prepararlos a la hora que fuera. Entonces aquellas gentes dijeron: “¡Mira! Es cierto lo que los dioses dijeron, es cierto lo que él decía, y nosotros bola de brutos pasando hambres porque no le entendimos lo que el decía”. Entonces lo hicieron no jefe de la tribu, desde entonces fue el gran chamán, el gran brujo. El que enseñaba a los demás a tener techo, sustento y cobijo.
(Anastasio Carrillo Guajardo “Tacho”; General Terán)

Véase: Mezcal, Sotol.

Mal de espanto. Alteración física y emocional acentuada, sobre todo, en los niños. Se origina a raíz de una fuerte

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impresión o susto causados por un suceso inesperado, éste puede ser el encuentro repentino con un animal, presenciar un accidente o tener una visión inexplicable. Su cuadro sintomático es: falta de apetito, tristeza, ensimismamiento, inquietud repentina y temores. Al igual que el mal de ojo, no es reconocido ni tratado por la ciencia médica, por lo que la misma comunidad prescribe para su alivio “limpias” con oraciones, albahaca, huevos, piedras de alumbre, pirul, rosarios y crucifijos manipulados a lo largo de todo el cuerpo en forma de cruz. A mi hermano lo curaron de espanto porque iba caminando por el arroyo, para la casa, cuando pasaron bastantes caballos que lo asustaron. Llegó llorando a la casa, pero después mi abuelita lo curó con poleo y también con un huevo. Lo curó hasta que pasaron varios días, se compuso, y ya no lo volvieron a asustar.
(José Rafael Bazaldúa Lamas; Iturbide)

Antes curaba yo de susto y echaba rifas, pero ya desde que vinieron esos de los aleluyas [protestantes] me dijeron que eso no era bueno, que no anduviera haciendo eso porque no era bueno y lo dejé... Barría a la gente con tres padres nuestros y tres aves marías, y Dios te salve, casi siempre empezaba: “Por esta cruz perdida donde fue derramada la sangre de Cristo, aquí curo susto y espanto y suspensión del corazón, que se espante el susto”; con la persona que fuera hacía eso tres veces, tres noches.
(Dora Elia López de Salinas; Melchor Ocampo)

A mí mi abuelita me curó de espanto, yo andaba afuera cuando se me apareció una chiva, entonces me metí para la casa y le dije a mi mamá, porque me asusté; luego, para curarme, echaron una piedra lumbre amarrada con poleo: me barrieron. Entonces me dijo mi abuelita que echaron la piedra a la lumbre; así es, la mete usted a la

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lumbre y... y ya cuando dure una hora en el fuego la saca, hasta que esté ardiendo, y ahí sale formada la figura que lo asustó a usted.
(Carlos Manuel Escobedo Arredondo; Iturbide)

Véase: Curandero, Espantos, Revolución del agua, Tejón.

Mal de ojo. Denominación dada a un conjunto de síntomas sin causa aparente: dolores de cabeza, sopor, vómitos, temperatura; en el caso de los niños, llanto persistente. Desde la perspectiva médica institucional su existencia no tiene justificación; sin embargo, la gente aclara que se pone mal de ojo por medio de la observación. Entre las formas efectivas para contrarrestarlo se encuentran las oraciones, realizadas al mismo tiempo que se barre y santigua el cuerpo con hierbas, ropa, huevos. Para protegerse de la enfermedad se porta el llamado “ojo de venado”. Preventivos: una cuenta de azabache, un ojo de venado o huesitos de serpiente de cascabel al cuello de la criatura, a manera de collar con un “chocho” al centro, enhebrado en hilaza roja.
(Manuel Neira Barragán, La medicina popular y la brujería en Nuevo León y Coahuila durante los siglos XVIII y XIX: 18)

Cuando estaba enfermo de eso, con un vestidito del niño decía yo: “En nombre de Dios y la Santísima Trinidad, que se retire la mala tentación de quien le haya hecho ojo”, y le rezaba el rosario.
(Dora Elia López Salinas; Melchor Ocampo)

Pues sí, hay algunas gentes que tienen muy fuerte el ojo, y ¡pos a veces! hay algún animal que ven por curiosidad, perro, gato o gallina, pero no lo agarran y le hacen mal de ojo y se mueren. A mí me ha tocado ver a este señor Luis, es tío mío... Él tenía un caballito al que

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le hicieron ojo, tendría tres o cuatro días el animal y se le murió. Pero no se dieron cuenta ellos que le habían hecho ojo. También se les puede hacer ojo a las cosas, yo tenía una lamparita chiquita y un muchachito le hizo ojo, se deshizo el tubito... se quebró de a tiro; y es que le gustó la lamparita y no me la cogió... Y es que algunas gentes tienen mucha electricidad en la vista, o sea, que cualquier cosa que se les antoje agarrarla y no lo hacen... Porque muchas veces tanto al niño que le hacen ojo como a la persona que hizo el mal les duele la cabeza, los dos se sienten mal. A mí me platicó una señora, que es muy buena para hacer ojo, que a ella le dijeron que para que se le acabara esa fuerza que tenía en la vista (esa electricidad) mirara al sol de frente en la mañana; que al tiempo que sale el sol lo viera de frente todo lo que aguantara, que con eso se le acababa la fuerza que tiene.
(Refugio Flores Peña y Tomasa Flores Moreno; Villa de Santiago)

Mala hora. Instante en que concebimos la presencia del mal. Se manifiesta como una influencia negativa en la gente: alteraciones fisiológicas, miedo, desasosiego, temor a “malhorearse” y sucesos violentos ocurridos en el transcurso de aquellos minutos del día en que se presiente. Algunas versiones la sitúan a las 12:00 horas y al momento del ocaso, pero son reiterativas aquellas que la ubican a la medianoche. Es sinónimo de tragedias y del diablo. Había un instante nombrado la mala hora... que era cuando pasaba la mala hora o la malhora; ese es un momento, al tiempo de ponerse el sol, que también llaman la hora de la oración (porque cuando se metía el sol era tiempo de la oración). Pasaba la mala hora y algunas gentes sí se malhoreaban. Según esto, la malhora le entraba a uno en forma de roña o de una clase de roncha. Le empezaba a dar comezón, ¡ay!, y empezaba

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usted a hacerse de una roncha... Sí, mucha gente se malhoreaba, mucha gente se enfermaba de eso y dicen que era por la malhora; algunos ¡hasta se iban al hoyo [tumba] con una mala hora! Eso sucedía cuando faltaba tantito pa la noche, al pardear, en la tarde... Pero... había gentes que tenían conocimientos y se quitaban la malahora con algún credo, con algún rezo o con alguna oración... También con tierra la curaban, le echaban tierra a los enfermos: se la untaban y se les pasaba el mal, pero yo creo que eso sería cuando la malhora no era muy pesada, cuando era leve. Cuando era cosa... cuando era cosa pesada sólo la podía curar gente que en aquellos años nombraban curanderas, un curandero o una curandera. Ésos venían y le hacían su remedito, le rezaban alguna oración, algún credo, y lo barrían. Lo barrían con algunas ramitas, y ya.
(Gregorio Gámez Villanueva, Magdalena Tobías Villanueva y Heriberto Estrada Rodríguez; Mier y Noriega)

Sí se oye, ¿verdá?, dicen que sale entre las 12:00 y la 1: 00, ¿verdá?, Sale... ya sea en la noche o en el día. Esa es la malhora que sale, ¿verdá?, y creen que es el espíritu malo, que es Satanás... Sí, dicen que a las 12:00 sueltan al diablo y a la una lo vuelven a recoger... dicen, quién sabe si será cierto.
(Carlota Álvarez de Avendaño y Blanca Esther Aldape; Linares)

Véase: Diablo.

Mal puesto. Sinónimo de embrujo. Véase: Brujos, Embrujamiento, Emplazamiento, Enyerbado.

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Manda. Cumplimiento de una promesa hecha a alguna figura religiosa; generalmente consta de la visita a un santuario, una peregrinación o una serie de rezos.

Manflor, a o Malflor, a. Véase: Hombre-mujer.

Mariposa negra. La entrada de una mariposa negra en la casa anuncia la muerte de un familiar; para conjurar este peligro se acostumbra matar al insecto o expulsarlo. Es superstición de origen prehispánico y casi se conserva el nombre náhuatl del animal: papalotl: papalote. Yo creo son creencias porque antes, ya hace muchos años, tenía uno la creencia de que cuando veía una paloma negra decía “¡mátala! o ¡sácala!, porque ésa anuncia muerto”. Y ahora ¡hay muchas palomas!, cada rato vienen aquí. Le digo a Polita: “Fíjate que antes la creencia era que esos animales anunciaban desgracia”. Esa era la creencia.
(Hipólita Coronado Rojas; Villa de García)

–¿Y de la mariposa negra?, pues llegamos él y yo, no estaba Ticha, no había nadie. Llegamos en la noche, ¿verdá?, atardeciendo, y hasta en la mañana la vimos, fue en la mañana cuando la vimos. –¡Ora!, el bote donde estaba encerrada esa mariposa tenía jabón, fab, detergente. Ahí se metió y mamá nomás le puso la piedra arriba pa que no se saliera. Entonces preguntó él “¿y esto?”, y dijo ella “ahí la tengo encerrada –dijo– ahí se metió, nomás la tapé, ¡nombre! ya tiene muchos días, ya tiene varios días, está muerta”. Y se miraba muerta. –Haz de cuenta disecada, y... ¿quién la echó pa fuera? ¿Yo, verdá? –Usté, usté quitó la piedra, usted le quitó la piedra al bote...

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–¡Pos al cabo staba muerta!, pero al quitarle la piedra a la boca del bote la mariposa se volteó y voló, hasta dijimos “¡estaba viva!”. –Sí, dijimos sorprendidos “¡está viva!”. Se fue, se fue volando, y mamá no dijo nada, pero a los pocos días murió. Platicando se acuerda uno, me acuerdo de Carmela, me platicó una cosa también de su casa, pero hace muchos años de eso, cuando vendía tacos su esposo Roberto, ¿verdá?, tenía una hachita de esas como la que usábamos nosotros también (cuando vendíamos tacos), estaba bien afilada y siempre la tenían colgando por ahí. Y que una noche llegó una paloma, fíjense, se paró en la ventana y luego se metió pa dentro de la casa de Carmela. Entonces dijo Carmela: “Pues sea pa bien o sea pa mal”, y que la agarra a puros hachazos, pero ¡nunca le podía pegar! Nunca le podía pegar, ahí andaba echándole maldiciones y tirándole hachazos, al mismo tiempo que decía: “Te tengo que matar, sea pa bien o sea pa mal, pero yo te vo a matar”. Hasta que la hizo pedazos; dice Carmela: “Y la maté, fue pa bien o fue pa mal, pero yo la maté”.
(Juan López García y Manuel López García; General Terán)

Véase: Agüeros.

Mezcal. Denominación genérica con la que se conoce a las bebidas alcohólicas obtenidas de algunos agaves o magueyes. El origen de la palabra es náhuatl y significa “maguey asado”: metl: maguey; izcaloa: asar. Naturalmente, el nombre se refiere a las pencas asadas del maguey que fueron un elemento importante en la dieta de los pueblos prehispánicos. Con la introducción del proceso de destilación en América y el descubrimiento del aguardiente de maguey, éste tomó por extensión el nombre de mezcal. En el noreste su producción y consumo suele ser artesanal e ilegal, en caseríos aislados de la sierra, razón por la cual es un producto marginado

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de los circuitos de distribución establecidos y del mismo consenso público. No sucede aquí lo que en otras regiones de México como Oaxaca, cuyos destilados han trascendido internacionalmente debido a su calidad, pero también por estar ligados a una vigorosa cultura popular y, desde luego, a un importante circuito turístico. Durante mucho tiempo el mezcal fue la bebida alcohólica predominante, en la región sur-serrana de Nuevo León, y su importancia como actividad económica se refleja en el conocimiento que de su elaboración tienen algunas personas mayores de Iturbide y Aramberri, para quienes es, incluso, un producto de orgullo local. En menor medida la bebida sigue presente en reuniones diversas: pláticas, bautizos, cumpleaños, bodas, parrandas, carreras de caballos, incluso en los velorios. La gente le atribuye virtudes medicinales (“para todo mal: mezcal...”) y es un atenuante del frío y el cansancio. El mezcal de la montaña se distribuye regularmente en ciudades como Montemorelos, sitio donde aún se obtienen botellas de la bebida elaborada en comunidades del municipio de Rayones. En Linares se obtiene el destilado en Iturbide o el procedente de comunidades tamaulipecas, mientras que en el área de Villa de Santiago se puede conseguir el manufacturado en localidades como Laguna de Sánchez y Rincón del Salto. Sólo en Bustamante (área norte de Nuevo León) y La Chona, Aramberri (zona sur) la bebida se produce y distribuye legalmente. Nosotros hemos trabajado maguey que está en sierras, sierras pelonas y sierras sombrías, y hemos notado que el maguey que está sombrío... que el maguey que está sombrío sí da mezcal, pero da menos, nosotros anduvimos cinco años en ese trabajo...
(Juan Espinoza Castillo; Iturbide)

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Casi siempre y hasta antes de que surgieran los adelantos tecnológicos en México, el ranchero se reservaba un peso para la compra de una bebida alcohólica llamada mezcal, la que era surtida en gran parte de la sierra de San Carlos, Tamaulipas y que era vendida en “topo”, o sea, el equivalente a la capacidad de una coca-cola chica, con un precio de 20 centavos. Tal porción era suficiente para pasar una noche en vela, sirviendo de pretexto para reunirse, ya sea en el casco de la ranchería, en un baile o en algún otro lugar cercano a las casas. No quiero pasar por alto la alusión a la afición a la bebida de referencia que en múltiples ocasiones trajo a relucir viejas rencillas, que en no pocas veces degeneraron en hechos trágicos o de sangre, que en forma sistemática han enlutado los hogares de la gente ranchera del municipio de General Terán, Nuevo León.
(Florentino Martínez Cantú, “Costumbres y tradiciones de los habitantes de General Terán”, en: Colectivo, Tradiciones y costumbres de Nuevo León, 1995: 61).

Véase: Maguey, Sotol.

Mezquite (Prosopis laevigata). Árbol típico de las zonas áridas y semiáridas de México. Aparece en el habla campesina y la lírica tradicional como un símbolo de la geografía y población norestenses; metáfora de probables raíces prehispánicas, ya que el fruto de sus vainas era fundamental para la alimentación de las etnias que habitaron la zona (los documentos coloniales registran una tribu de indios llamados Mezquite). En algunas comunidades se conservan vestigios de una visión mística en torno al mismo; por ejemplo, en un rancho de Sabinas Hidalgo existió una pareja de ancianos que le rezaban regularmente a uno de estos árboles. En el ejido San Rafael, de Mier y Noriega, la fiesta de la Santa Cruz giraba en torno a un mezquite que con el paso del tiempo sufrió la mutilación de sus ramas para dejar la forma de una

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persona crucificada, figura alrededor de la cual se construyó una pequeña capilla. Su madera es apreciada como combustible (elaboración de leña y carbón), así como para la realización de diversos objetos, desde algún cáliz y puerta para iglesias, hasta bancos y canoas (pilas de agua) en localidades de la sierra. A sus ramas y vainas también se les conciben virtudes terapéuticas. Algunas personas creen que atrae los rayos; otras, que reverdece con la sequía. Entonces sentí la caricia fresca de la sombra de un árbol y me di cuenta de que, efectivamente, allí a un lado de la tumba, crecía un añoso y retorcido mezquite, con el tronco ya grueso y cuyo follaje daba sombra y protección al lugar. Se ignora si una mano piadosa lo plantó allí o nació de una semilla llevada por el viento y que, en forma casual, fue depositada junto a los restos de aquellos tres valientes [los generales norteños: Pablo González M., Ernesto Aguirre, José Carlos Murguía]. El sepulturero lo explica así: “Tal vez, como ellos anduvieron tantos días por el monte, en su ropa o en sus zapatos agarraron la semilla y, al ser enterrados, se cayó y quedó sobre la tierra; la lluvia, el sol y sobre todo Dios, hicieron lo demás”.
(Victoria Von Hersen, “Una tumba para tres generales”, en: La sonrisa de la historia: 206)

Monitos. Fetiches pequeños con figura humana que se realizan de diversos materiales como madera, lodo, cera, tela; son comunes en la tradición brujeril de la región y el temor que se les tiene ha generado múltiples historias acerca de su uso y correrías. Generalmente se les clavan espinas y agujas o se les realizan mutilaciones y deformaciones varias. La relación mágica entre los monitos y las personas se concibe porque los primeros están hechos a imagen y

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semejanza de individuos específicos o porque a los fetiches se les colocan fragmentos de ropa, cabello o fotografías de la persona a quien se desea hacer daño. Además, los monitos de tela aparecen como auxiliares de los diableros; pueden cobrar vida si se les invoca para atender solicitudes de dinero, mujeres o suerte en el juego (General Terán), o adquirir movimiento para realizar tareas cotidianas como acarrear agua (Hualahuises). En el municipio de Doctor Arroyo fue famoso el caso de un monito que fue encarcelado y hasta fusilado por las autoridades. Varios habitantes de una ranchería acuden ante la policía municipal para denunciar que algunas personas de la ranchería vecina, donde es común la práctica de la brujería, se dedican a azuzarlos por viejas rencillas territoriales a través de sustos y maldades. Como testimonio presentaron un monito de trapo de unos 20 centímetros, similar al de un vudú haitiano, con alfileres clavados en todo su cuerpo. La policía rural dijo a los quejosos que no es posible ejercer acción contra nadie y lo único posible es detener al monito. El monito permaneció una semana en prisión. El fetiche encarcelado se convirtió en la principal atracción del pueblo y fue motivo para que se desencadenaran todo tipo de historias en torno a él. Durante esa semana la cárcel de Doctor Arroyo registró el mayor número de visitantes, ya que hacíamos fila para conocerlo.
(César Jaime Rodríguez, “El monito, historia de una historia colectiva”, en: Vestigios, Num. 2, Invierno 1995-1996: 10)

Nombre, allá en el rancho de donde son mis abuelos el monito ya se aparecía desde hace mucho, atravesaba todo el rancho, pero el monito no era como se ve ahorita, era un monito gigante, como de tres o cuatro metros, y dicen que asustaba a todos los que se encontraba, hasta que un día le dijeron al comandante, aquí al de la rural, que fuera a atraparlo, y llegó el comandante al rancho junto con otros

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rurales y lo estuvieron esperando a ver si salía, y ya en la noche llegó a avisarles una señora, de las que viven en las primeras casas, de que ya se veía la sombra del monito, y que nos vamos todos hasta el panteón a esperarlo allá, y que nos escondemos, y ya cuando iba entrando el monito que nos salimos del escondite y que grita el comandante“¡listos!”, y que salen todos los rurales con las armas apuntándole, y que el comandante grita “¡fuego!”, y ya cuando le iban a disparar, que todas las pistolas como que se traban y ninguno pudo dispararle, y el monito seguía avanzando, y que al comandante se le ocurre sacar un escapulario o una medalla que traía, y empieza a avanzar enseñándoselo y creo que también iba rezando algo, y cuando el comandante se le iba acercando el monito que se empieza a hacer chiquito, y caminaba más y se hacía más chiquito, hasta que se hizo del tamaño que está y ya luego se lo trajieron para acá, para la cárcel.
(Ignacio; Doctor Arroyo)

Véase: Bruja, Embrujamientos.

Mono. Véase: Chango.

Muerte. Extinción de la vida de un ser humano que implica la separación del cuerpo y del alma. Cada cultura tiene formas de expresar el sentimiento que trae consigo el fin de la existencia; en nuestro medio, la muerte representa tristeza y resignación; sin embargo, no conlleva la separación absoluta entre el ámbito de los vivos y la persona ausente, porque los difuntos están presentes en la memoria y los sueños, o son evocados en diversos rituales como el canto de alabanzas y corridos, la conmemoración del día de difuntos, la realización de rosarios, misas y el apilamiento de piedras. A veces, estas ceremonias tienen la función de acortar el paso del

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purgatorio al paraíso (al cielo), y permitir que se sosiegue el alma de un difunto. A semejanza de lo que ocurre en otras tradiciones, el tránsito de la vida a la muerte es concebido como un viaje. Cuando alguien está enferma, que está ya muy grave, vienen muchas personas a verla: hermanos, esposos, familiares, o sea... la desahuciada platica con ellos... con puros chingados muertos.
(Guadalupe Llerena viuda de Sánchez; Rayones)

Sí, los muertos siguen viniendo porque... porque hay veces que uno, claramente, sueña a sus padres, los sueña... o los ve, los está viendo cuando no está usted dormido, pero tampoco está despierto, en el entresueño; sí, los está viendo... Así nos sucede a todos los que tenemos, por ejemplo, cariño de padre y de madre, y de hermanos. Está usted muy tranquilo en aquel momento que los está contemplando, pero no se acuerda que ya no viven, no se acuerda. En el sueño, ¿verdá?, no se acuerda que ya no viven. Pero está muy contento porque los está viendo. Eso me sucede a mí cuando sueño a mis hermanos o a mi padre. Una noche clarito soñé que mi padre me habló, aquí, por un lado de la puerta, en donde ta la llave del agua.
(Florencio Pedraza; Hualahuises)

Véase: Agüeros, Alabado, Alabanza, Ánimas, Espantos, Espíritus, Muerte-ritos fúnebres, Muerte-ofrendas, Piedras, Santa Muerte.

Muerte-ofrendas. Ofrecimientos a los difuntos realizados en fechas especiales; destacan los del 2 de noviembre (Día de Muertos o de Todos los Santos), así como los de aniversario de nacimiento y fallecimiento; incluyen la visita de seres amados a las tumbas, ponerles flores, velas, vasos de agua, hacer rezos. Algunos acostumbran llevar

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música en vivo, bebidas o alimentos que gustaban al fallecido: cerveza, calabacitas, elotes cocidos, dulces, etc. Mi abuelita y mis tías les preparan... Bueno, mi tía Juanita, ahora que se murió su esposo, le prepara comida a mi tío Santos; sí, el día de los santos, que es el día de los finados. Mi abuelita hace empanadas y prepara comidas para cuando vengan porque ellos, los difuntos, vienen a visitar la casa. Lo mismo sucede el día de los angelitos [1 de noviembre]; mi abuelita, como tiene niños muertos, les prepara juguetes y cosas así en la casa, y según esto ¡vienen a jugar!, sí se oyen ruidos. Yo una vez me dio mucho miedo porque estaba despierta y oí ruidos en la cocina, pero era que buelita les pone cosas ahí, les ponen veladoras, les pone cosas. Este año pasado ¡pos no les puso veladoras ni nada de eso!, porque no tenía con qué comprarlas, ¿verdá?
(Marisela Cortés Peña; Los Ramones)

Cuando yo me esté muriendo Cuando yo me esté muriendo que no me manden coronas y que saquen del velorio y que saquen del velorio toda la gente llorona. Que yo no quiero flores ni corona quiero una cumbia bien sabrosona Que yo no quiero flores de muerto porque se alarga mi sufrimiento (...) y que me pongan ventilación porque yo sufro sofocación.
(Graciela de Tobón; “La cumbia del muerto”)

Véase: Agüeros, Alabado, Alabanza, Ánimas, Espantos, Espíritus, Muerte, Muerte-ritos fúnebres, Piedras, Santa Muerte.

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Muerte-ritos fúnebres. Serie de actos sacros vinculados a la defunción o derivados de la misma. Entre los más relevantes se encuentran: formar en el piso una cruz de cal y recogerla al terminar el novenario para depositarla en el panteón, así como la velación en el hogar o en una funeraria; en el hogar, el cuerpo es tendido en la cama, sobre una mesa o en el piso. En décadas pasadas se colocaba un adobe bajo la cabeza del difunto con el fin de que el cuerpo se adaptara a la tierra. Solía acompañarse de alabanzas, plañideras, rezos, charlas, comida, café y mezcal; hoy en día se prescinde de plañideras y alabanzas. Algunas veces los familiares, o porque así lo quiso el ahora difunto, disponen que se toque música durante el entierro y en fechas conmemorativas como el aniversario luctuoso o natalicio. El cuerpo se trasladaba al panteón en tarimas o sobre hombros, actualmente se lleva en carro funerario; durante el trayecto, la gente entonaba alabanzas y alabados, ahora se limita a seguir el vehículo. Poner el cuerpo muerto en el suelo es lo primero que se debe de hacer; por ejemplo, si yo me muero deben de acostarme ahí, en la tierra, de perdido un rato, con un adobe de cabecera. Ahorita no, se muere alguien y luego, luego levantan el cuerpo pa la caja, no recibe nada... Eso no está bien, debe de colocarse el cuerpo en la tierra porque si no... pena ese muerto... Porque somos de la tierra, somos de la tierra y a la tierra tenemos que ir a dar.
(Pedro Jaramillo Rodríguez; Villa de García)

Cuando yo me muera –decía– quiero que me compongas un corrido, fíjese. Y cuando él muere, otra sorpresa, va una hija de él y me dice, me dice: “Oiga usté, don Chencho, mi padre tenía encargado que le fuera tocar usted a su sepulcro”. Ahora esto, el que fue a tocar conmigo aquí está, él fue, Manuel Charles. Él fue, fuimos él y yo a

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acompañarlo con música hasta el panteón. Son cosas verídicas, como le digo, era un juramento, una promesa: Para empezar a cantar se necesita un motivo quiero toda su atención pa recordar a un amigo Oscar, así se llamaba a quien dedico el corrido. De ese pueblo de Terán la muerte se lo llevó pero antes de su partida muchos recuerdos dejó por ser un hombre valiente siempre así lo demostró. Su gusto fueron los gallos los gallos y la baraja los guantes, vino y mujeres y convivir con la raza pero se llega la raya de esa ninguno se pasa (...)

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Año del noventa y tres con la muerte no pudiste el treinta y uno de octubre la fecha en que tú te fuiste aquí quedó este corrido porque tú así lo pediste. Ya con ésta me despido mil gracias por su atención sus familiares cumplieron sin duda su petición que lo llevaran sus hijos con música hasta el panteón.

Y así fue, fue cierto, se lo cumplimos; allí estuvimos Manuel Charles y yo, cumplimos.
(Chencho Herrera, compositor e intérprete; General Terán)

Véase: Agüeros, Alabado, Alabanza, Ánimas, Espantos, Espíritus, Muerte, Muerte-ofrendas, Piedras, Santa Muerte.

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N

Nagualismo. Capacidad de algunas personas para transfigurarse en forma y naturaleza animal; aparece vinculada al poder de brujas y diableros. En las brujas el nagualismo depende de necesidades de su “profesión”; así, para ver en la oscuridad, visitar enfermos y desplazarse a lugares lejanos adquieren figura de lechuza, cócono, tecolote y cuervo. El diablero utiliza la personalidad animal para resaltar sus habilidades y superar ciertos retos que sostiene con los pobladores. La creencia en naguales es vestigio de la cosmovisión aborigen mesoamericana y áridoamericana, aunque sólo hemos escuchado dicho vocablo náhuatl en cuatro municipios: Bustamante, Galeana, Doctor Arroyo, Mier y Noriega Mi tío Nestor se volvía como él quisiera... en forma de animal: coyote, venado, algo así. Platicaban que una vez él venía de por allá, de aquel lado del arroyo, cuando se topó con un señor llamado Magdaleno López,

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quien tenía rifle y le gustaba la cacería; mi tío venía caminando y le dijo: –Leno ¿cómo te va? –Bien, Néstor, bien. –¡Mira!, allá en tal parte, en la vista fulana –le dijo– pasó un venadón grande pal agua, pal arroyo aquél. ¡Anda, espéralo, y en el regreso te lo echas, lo matas! –¿De veras, Néstor? –comentó Melesio. –Sí, ¡ándale!, ve. El hombre no perdió tiempo, se echó el rifle al hombro y ¡vámonos!, se fue y se puso donde le había dicho mi tío. Se asomó y vio las huellas del venado, era cierto, iban para el arroyo. Entonces ya se escondió y dijo: “Cuando regrese, en la pasada, ¡me lo echo!”. No, luego a poco vio al venadote que venía caminando con unos cuernotes, ahí viene y ahí viene... Se acercó el animal y le empezó a tirar el hombre, pero con cada disparo ¡el venado nomás movía la cabeza! y brincaba pa delante, dirigiéndose pa donde él estaba. En cada tiro y en cada tiro lo tenía más y más cerca, ¡pero nunca le pegó!, y cuando le quedaba nomás un tiro tanteó, pensó “este es Néstor, no tiene ni que.... pero este tiro que me queda lo voy a dejar para él, donde lo encuentre me lo voy a echar [matar]”. Otro día pasó mi tío Néstor por donde estaba Melesio, y le preguntó riéndose: –¿Qué pasó, Leno, mi pedacito de carne? –¡Si hasta dejé un tiro para ti, porque tú eras –contestó–, nomás que ya se me bajó la chiva! [el coraje]. –¡Pos no dices que eres cazador! ¿Por qué le erraste tantos tiros? Sí, sí, el tío Néstor se volvía animal, ¡pero quién sabe cómo le haría pa volverse otra vez gente!
(Cruz Plata Barba; Hualahuises)

Me platicó una comadre de General Terán que tengo en California, que los muchachitos estaban portándose muy mal y les dijo, que les dijo:

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–Se me portan bien o los... ¡o los convierto en tecolote! Y que respondieron los güercos: –¡No, en tecolote no, mamá! porque nos metes muy noche. Pero que en otra vez volvieron a portarse mal y los subió a las hebras de la luz, que allá estaban arriba temblando de frío los tecolotes; así me lo contó. Y luego que una vez otro señor les dijo a los mismos niños: –¿Oye, por qué están rasguñados ustedes de la cara, tando tan chiquitos, por qué están rasguñados de la cara? –preguntó. –Ira, es que papá y mamá y los papaces de ellos –contestó uno– vuelan muy alto, y nosotros como estamos chiquitos todavía no le sabemos muy bien a eso de volar, entonces nos arañamos en los uña de gato [especie de arbusto espinoso] y dondequiera, por eso estamos todos rasguñaos.
(Fernando Martínez González; Marín)

Véase también: Bruja, Cócono, Conejo, Cuervo, Diableros, Lechuza, Oso, Tecolote, Venado.

Niños. La primera etapa de la vida humana necesita de precauciones que apuntan hacia un objetivo común: velar por la salud física y espiritual del pequeño. Estas atenciones implican requerimientos esenciales para su bienestar y desarrollo, educación informal y protección ante temores atávicos. Prevalecen las atenciones relacionadas con cantos de cuna, alimentos y vestimenta. Por ejemplo, ponerles algo rojo para cortarles el hipo; colgarles collares con huesos de víbora de cascabel para que no tiren saliva y desarrollen dentadura sana; evitar dejar tendida la ropa durante la noche para que no le caiga sereno o le entren malos espíritus. En cuanto a la educación informal, sobresalen figuras socorridas por los padres con intención de establecer límites al comportamiento infantil; aquí el repertorio es amplio: el

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cuco, el viejo, La Llorona, el enrabiado, el tecolote, el diablo, Dios; advertencias como las de ser comidos y convertidos en animal. En el ámbito de las costumbres y los ritos hallamos la colocación de crucifijos en la cabecera de la cama, tijeras en cruz y sombreros (evitan que el tecolote se los lleve o los chupe la bruja); tomar una piedra en la mano cuando se va a cruzar un río, al tiempo que se invoca el nombre del infante y se dice una oración (asegura que el espíritu del río no se apodere de él); enterrar su ombligo en patios o muros de casas (para que al crecer arraigue en su lugar de origen y dé solidez a las construcciones). En semejante orden de ideas, existen mitos como el de párvulos con una piedra de virtud en la cabeza, o que los duendes son “niños del limbo”, mientras otros evocan la aparición y encuentro en el monte de recién nacidos que hablan y portan colmillos. Perviven, a la vez, ideas acerca de sacrificios, como esa de emparedar criaturas vivas en las murallas de las presas para que su espíritu grite peligros de fisuras y desborde; o esta otra de sepultarlas sobre tesoros para que ejerzan como sus protectores. En el área rural, la manifestación nocturna y montaraz de niños –especialmente su grito y llanto– provoca miedo y es identificada con el diablo. Platican que a los niños se los llevan las brujas cuando no están bautizados, por eso se les debe poner la imagen de un santito en la cabecera. Esa los ampara mientras los bautizan.
(Felícitas Chávez Hernández; Lampazos)

Ponían una persona en... más bien ponían un niño en el muro de la presa, ¿sería en un cuadro de cemento? Eso me platicaron a mí y afirmaban que cuando la presa se quería ir [desbordarse o reventarse] hablaba el espíritu de la criatura...

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Yo creo que decía “se va la presa, se va la presa”, así me platicaron a mí.
(Manuel Pequeño; Linares)

Hay niños que traen piedra de virtud en la cabeza, dicen. Aquí había uno que afirmaban tenía piedra en la cabeza, y hasta comentaban que de un modo se harían de ella cuando muriera (porque menos no podían)... Y que a la mamá le decían unos que le compraban al niño (cuando estaba chiquito) porque era sabio. Sí, se lo compraban, entonces dijo ella: “¡Ah!, a poco yo voy a vender a mi hijo”. Y ¡no!, pos después se murió la señora y ahí quedó el muchacho; ahorita ya está hombre él. Pero mire, lo ve usted, así [la informante dobla el cuello], como que le pesa muncho la cabeza; sí, él dice que le pesa mucho porque la tiene muy grande, que por eso dobla el cuello. Pero otros dicen que no, que se le ladea porque tiene piedra en la cabeza.
(María Luisa Mendoza Ovalle; Mier y Noriega)

Más antes, cuando pasaban las grullas y había un niño que no podía hablar, decían: “Cuando pasen las grullas menéale una cuchara en la boca”, decían que haciendo eso se sentaban a hablar los pequeños. Sí, eso sí decían. Pero ahora ya no, ya ni las grullas pasan. Antes las grullas pasaban muy seguido, pasaban así, todas, como en un cordón, como si fueran cogidas de las alitas, y decían: “Ahí van las grullas –decían– ese niño no se te vaya a hacer mudo, cuando pasen las grullas menéale una cuchara en la boca”. Taba yo chiquilla cuando oía decir eso.
(Emilia Briones de Luna; Rayones)

Véase: Diablo, Duendes, Emparedados, Espantos, Espíritus, Huesos, Mal de espanto, Mal de ojo, Ombligo, Piedras, Virgen del Chorrito.

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Nubes. Fenómeno atmosférico que algunos aseguran poder deshacer cuando presagia tempestad; para el efecto, rezan una oración al tiempo que santiguan el cielo con la mano u objetos punzocortantes: machetes, cuchillas; otros acostumbran darles nombre o concebir en ellas figuras variadas. A semejanza de diversas tradiciones, son metáfora de idealismo, desasosiego. Hay una nube que sale, acá, para la sierra chiquita, acá para la sierra de San Carlos. Se pone la nube grande y se le dibujan muchos... muchas figuras; y allá, más antes, el papá de papá decía que... decía que cuando salía esa nube estaba próxima la lluvia, a los dos o tres días se venía la agua y ¡bien buena la agua! La nube vaca, le decían a esa nube.
(Hipólito Reyna Sánchez; Linares)

Buscar forma de cosas o animales en la formación de nubes es una afición ocasional de muchas personas, pero en estas fechas decembrinas, cuando la Navidad se acerca, voltear al cielo y ver esta imagen, captada ayer al mediodía cerca de El Cerrito, despierta un significado especial.
(“Fantasías navideñas”: ¿El reno y la paloma de la paz?, en: El Norte, Mty., 10-XII-1997)

La nube de San Cristóbal siempre se pintaba... esa siempre salía nomás de acá [del suroeste]; no pal norte ni pa abajo. Era una nube blanca que luego se ponía roja, ya cuando iba a llegar se ponía roja y empezaba a llover. Pero tenía que aparecerse unos tres o cuatro días –o más– antes de que llegara aquí. Esa nube siempre que... cuando llegaba aquí nosotros le llamábamos tempestad, y era tempestad.
(Manuel López García y Juan López García; General Terán)

Véase: Cielo, Tempestad.

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O

Ojo de venado. Semilla que se utiliza como amuleto para evitar el “mal de ojo”. Véase: Mal de ojo.

Ombligo. Hay diversas costumbres y creencias en torno al cordón umbilical de los recién nacidos; a veces lo entierran en el patio de los solares con la creencia de que esta práctica generará el arraigo del individuo en la tierra que lo vio nacer; otras, lo colocan en el cimiento de las casas con la esperanza de que la membrana otorgue solidez a las construcciones. Se da el caso de quienes llevan el ombligo de un lado a otro en un frasco, conforme se cambian de casa. Mi ombligo está en Potrerillos mi amor en el Barrancón en Magüiras tengo amigos

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en la Laja y el Troncón y en Santa Rosa hay testigos que soy un hombre de honor.
(J. Guadalupe Carmona; canción “Hualahuises”)

Véase: Niños.

Onza. Véase: Pantera.

Oraciones. Nuestro ámbito católico maneja un gran número de plegarias tendientes a reafirmar la comunicación entre el creyente, Dios, y las advocaciones respectivas. Su función es venerar, agradecer y solicitar dones a Dios, las vírgenes y los santos. Hay oraciones particulares para cada figura religiosa, su forma y contenido responden a la historia y vicisitudes del personaje sacro; por ejemplo, Santa Bárbara es invocada durante las tormentas, debido a que quienes la martirizaron fueron muertos por medio del rayo. En un nivel menor, subsisten plegarias para gestiones específicas, como aquéllas usadas para propiciar el descanso de un muerto, curar de espanto, atrapar brujas, defenderse de animales y enemigos, velar el sueño; para la buenaventura en el trabajo, para propiciar lluvias, proteger viajes, ahuyentar malas intenciones. Algunas son vestigios y préstamos de tradiciones no católicas o son parte de la recreación popular. Es una oración que se utiliza, o más bien unas palabras... Inclusive viene una parte para defenderse de personas muy agresivas. Por ejemplo, si usted está averiguando con una persona y quiere retirarlo, o quiere aplacarlo, nomás va a decir cinco o seis palabras; las piensa nomás, pero tiene que decirlas tres veces seguidas. Son cortitas esas palabras que le va decir a la persona:

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Con dos te veo Con tres te ato La sangre te veo Y el corazón te parto ¡Ayúdame Cristo Jesús! Tiene que decir tres veces toda esa oración, con eso se aplaca tu enemigo y se va.
(Señor, Linares)

Dios, ayúdalo a protegerse y salvarse en tu nombre y en el nombre de la paz. Santifícalo en el nombre del espíritu. Si es cierto de la pasión, si es cierto de la glorificación, así será la salvación del cuerpo, para salvar, para glorificarte, Dios todopoderoso. Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, quita las desesperaciones de sus cuerpos. La bendición de Dios todopoderoso ha sido en tu cuerpo, en el nombre del Padre y en el nombre del Hijo, y en el nombre del Espíritu Santo, de los siglos y los siglos, amén, que Dios los bendiga, que Dios les dé paz y glorificaciones en el nombre del Espíritu Santo, para que ustedes tengan la virtud y la generosidad... Esta es una glorificación.
(Curandero tradicional; Bustamante)

Eso dicen que pasó por ahí por los Ramones, por ai, por ai, por ai; de Monterrey a Matamoros iba ese pelao a llevar ¡pos sería mensajería, sería dinero!, sería, quién sabe, y lo iban siguiendo, ¿verdá? Entonces ¡pos tenía que descansar! y se puso a rezar ¡pos pa protegerse!, o sea que se puso a rezar –según cuentan– las Doce Verdades del Mundo, y los que lo iban siguiendo, ¿vedá?, no sabían. Pero ya cuando se estaba durmiendo le faltó decir una palabra del rezo. Entonces ya cuando llegaron los que venían atrás de él, siguiéndolo, hallaron que andaban doce, doce: doce guardias alrededor de él. Doce soldados, ¿verdá?, cuidando, cuidándolo. Pero a uno de esos guardias le faltaba una pata porque a aquel hombre

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le faltó decir la última palabra de su rezo, la última letra: la última verdad. Le faltó algo ahí, la última... andaba nada más que con una pata, se apoyaba con un...
(Juan López García; General Terán)

Véase: Doce Verdades del Mundo, Espíritus, Espíritu de Pancho Villa, Magia, Procesión, Santos, Virgen.

Osamenta. Véase: Huesos.

Oso (Ursus americanus). El oso es un animal común en el área montañosa de Nuevo León. Probablemente desde tiempos prehispánicos acostumbran quitarle sus uñas y colmillos para usarlos de amuletos. Hasta el presente, su carne y grasa son utilizadas como alimento; incluso, se cree que la segunda tiene propiedades medicinales. Se le caza a balazos, con trampas, lazos de alambre y ganchos de uña (especie de anzuelo de grandes proporciones) y su piel es un elemento decorativo apreciado como alfombra o tapete. A veces crían a los cachorros de las bestias sacrificadas o conservan sus cráneos como trofeos. Subsiste un conjunto de ideas en torno a su comportamiento: que espía y hace señas (ademanes, chiflidos) a las mujeres, que tira piedras, que le gusta penetrar en las cocinas rurales para robar alimentos, que tiene ademanes humanos. No es raro el relato y la creencia de que las osas quieren a los hombres, o de que el oso se enamora y roba a las campesinas para procrear seres mitad oso, mitad humano. En el área urbana su figura posee connotaciones sexuales y de conducta torpe.

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Decían que un oso se enamoró de una muchacha; el oso se enamoró de ella y se la llevó para una cueva. En esa cueva la muchacha se embarazó y tuvo un hijo que era oso y que también era humano: la mitad era oso y la mitad era humano. Luego la muchacha tuvo otro hijo, pero éste si era todo humano. Cuando el oso iba a traer comida para la muchacha siempre dejaba la puerta tapada con una roca para que la muchacha no se saliera, pero una vez el oso dejó la boca de la cueva abierta y la muchacha se salió, pero se salió nada más con el hijo que era humano. Entonces cuando el oso regresó con la comida la muchacha ya no estaba, y como en la cueva nada más estaba el osito que era mitad humano, el oso le aventó una piedra y lo mató; y la muchacha ya se había venido con su otro hijo.
(Leonora Danés; Iturbide)

Eran un compadre y una comadre que se juntaron, tuvieron relaciones sexuales; entonces platicaba la gente de más antes que por eso se habían hecho animales, osos... Platican, es como el que platica cuentos, hombre... Sí, eran compadres ellos y se hicieron novios, luego se juntaron, y como estaban en compañía se volvieron animales. Por eso la osa es como una mujer... Los osos son animales, pero tienen vista como uno, pechos como uno, se sientan como uno, nomás que es puro pelo, tá lleno de pelo todo.
(Antíoco Torres Martínez; Iturbide)

La que protege al hombre es la osa, y el oso protege a la mujer; yo digo eso porque eso me han contado a mí. Dicen que cuando una mujer se queda sola, el oso la persigue y... pa hacerla como familia de osos, pero... pero no puede... Y el oso pos se quiere llevar a la mujer, se la lleva, pero pos no le hace nada. Nomás la cuida, nomás, y la osa nomás se lleva al hombre, se lo lleva así donde anda.

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Porque... Bueno, eso a mí me pasó la otra vez con un oso, ¿o quién sabe qué era? No lo vide [vi], pero nos aventó piedras... Nos aventó piedras y nosotros corrimos y nos siguió, nomás hasta tal parte, hasta allí llegó. Pero esa vez mataron a ese oso, era un oso. No, si hubiera... si hubiera sido osa, sí nos habría seguido hasta la casa. Sí, la osa tiene que proteger al hombre, ¡porque anda solo en el campo!, y... se lo lleva pa cuidarlo, sí... Porque si la osa no tiene familia, pos busca... busca al... familiares. Busca al hombre, pa... para criar hijos, pero... no puede criar con el hombre porque es diferente.
(Jesús Alejandro Casas Ramos; Rayones)

Véase: Amuletos, Cacería, Colmillo, Juan Oso.

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P

Paisano (Geococcyx californianus). Nombre regional que se le da al correcaminos o faisán. Los pobladores lo distinguen por su rapidez y mencionan que si lo encuentran en las veredas, les traerá buena o mala suerte. También afirman que el consumo de su carne ayuda a sanar enfermedades de la piel como erupciones e infecciones. De ese paisano lo único que se oye aquí es que cuando atraviesa un camino es buena suerte, que es la buena suerte... Una vez se perdió un pastorcito, se perdió el niño y se le cortaron las cabras, se le fueron y no supo de ellas. Andaba con mucha sed y hambre, era muy tarde y se durmió, quedó bien dormido en unas rocas. Entonces vino un paisano y le picó la cabeza, le picó la cabeza hasta despertarlo, y se fue el animalito adelante de él, y se fue el chamaquito siguiéndole, siguiéndole. El pájaro fue y lo llevó a donde había agua; tomó agua el niño y se puso a llorar, se puso a llorar el

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niño porque ¡pos quería comer! Entonces volvió a seguir al animalito ese y éste lo sacó al camino, ya nomás salió al camino y el chamaquito agarró el rumbo; comenzó a orientarse y fue a dar a la casa. Pero por el ave esa, por el paisano. Eso... verídico es, fue de a de veras. Además, el paisano mata a la víbora de cascabel y es medicinal, la carne es muy buena pa los granos.
(Alfredo Espinoza Camero; Linares)

El nombre es faisán, no paisano, paisanos semos usted y yo; el pájaro es faisán, ese es el nombre del animal, es faisan... Ese pájaro es muy sabroso en caldo, el animalito es bueno pa la lepra, pa que se le quiten, así, los granos; para eso es bueno, si tiene granos ¡eso es muy bueno!, la carne del animal ese. Con la carne del paisano y su caldito se le quitan todos los granos; aquí lo han comido hecho en caldo para eso, ha resultado efectivo para los granos.
(Gregorio Quiroga Cantú; Agualeguas)

Véase: Agüeros.

Pájaro carpintero (Acorn woodpecker). Ave que se caracteriza por ser arborícola, tener un pico largo y plumaje multicolor. Cuando en las comunidades rurales se le ve cerca de la casa, significa que van a llegar visitas. Lo clasifican en dos tipos: el de cabeza roja y el de cabeza negra. El primero representa buenos augurios y el segundo, sucesos aciagos. Los carpinteros avisan de cosas que van a pasar. Dicen que si es un carpintero cabeza roja son noticias buenas: una visita o algo así... Pero siendo cabeza negra, pos son malas noticias, sí.
(Evangelina Sustaita; Hualahuises)

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Aquí, nada menos, mi esposo tiene la superstición de un carpintero. Cuando ese pájaro viene y suena ahí en el poste, dice mi esposo “¿oyes?, para hoy viene visita”. Todo es nomás que lo oigamos sonar y no falta quien venga; entonces, cuando alguien nos visita, decimos “vino el carpintero muy temprano”. Son supersticiones que tiene uno.
(Emilia Briones de Luna; Rayones)

Yo he oído a una señora de aquí que dice eso, ¿verdá?, de que cuando el carpintero pica en los árboles cerca de la casa es malo, que si el carpintero está haciendo eso es porque va a ver una muerte, ¿verdá? Pero nosotros no creemos en eso que dice la señora, nosotros creemos que el carpintero pica árboles para sacar de comer.
(Román Flores Ramos; Melchor Ocampo)

Véase: Agüeros, Cuervo.

Pájaro Cu. En la región se habla de esta ave a pesar de que nadie la ha visto o ha tenido contacto directo con ella. Existen historias sobre su origen; cuentan que por estar desnudo, todos sus hermanos le cedieron una pluma: lo hicieron un pájaro con plumaje colorido. El Cu prometió regresar las plumas otorgadas, pero se fue y nunca lo han vuelto a encontrar: sólo escuchan su canto (que anuncia lluvias próximas, cambios de clima). Es conocido además como “pájaro picametate”. Se platica una leyenda, ¿verdá?, acerca de cuando vino a dar aquí un Pájaro Cu. Ese Pájaro Cu venía desnudo completamente porque entonces no había quien lo avalara para prestarle una pluma. Hasta que finalmente consiguió cuatro avales, cuatro fiadores: el paisano, el

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cuervo, el tecolote, y no me acuerdo que otro animal. Ésos lo vistieron, le consiguieron las plumas, y cuando ya se vistió de mil colores por una pluma de cada pájaro, que dizque se fue el pájaro...
(Efraín Segundo Rosales; Mier y Noriega)

Del Pájaro Cu contaba mi abuelita que decían que nació pelón, pelón, pelón, sin nada de plumas, y ya cuando tuvo uso de razón les pedía a todos los pájaros que lo vistieran, ¿pos cómo le hacía él? Entonces las aves acordaron regalarle plumitas; todos los pájaros le regalaron plumitas y así lo vistieron de muchos colores. Pero nomás se vio vestido y voló, voló, voló. Al huir cuentan que el tecolote dijo: “Déjenlo que se vaya, al cabo yo de día o de noche lo busco”. El tecolote fue el encargado, el que se hizo responsable de encontrarlo, algunos afirman que por eso dice “cu cu, cucucu, cucucu”. Sí, el Pájaro Cu tiene plumas de todos colores.
(Jacinta Hernández Prieto; Linares)

Paloma. Existen versiones acerca del diluvio según las cuales la paloma es enviada por Dios para observar e informar de la evolución de las aguas; en el mismo sentido de mensajera, emprende vuelo durante la parte final de múltiples canciones. La gente campesina afirma que su voz expresa estados de ánimo, frases de burla, hábitos, noción que aprovecha para asignarle nombres particulares; así, las “palomas tristes” se caracterizan por una melodía afligida y monótona, mientras otras repiten en su gorjeo el estribillo “comer tuna, comer tuna”, y son denominadas como tales, “palomas de comer tuna”. Al igual que en diferentes tiempos y latitudes, su variedad silvestre es un símbolo de vida libre y felicidad: del amor (de hecho, otra interpretación popular sobre su canto, afirma que

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dice cariñosamente “acurrúcate aquí, acurrúcate aquí”). Además, algunas personas consideran su carne y sangre alimentos exquisitos, tónicos; por ejemplo, recomiendan dar a los bebés carne de pichón a baño maría por sus propiedades nutricionales. En otro orden de ideas, es muy conocida su identificación con el Espíritu Santo de la Trinidad cristiana. Palomas que van del norte si cruzan el Río Bravo díganle a toda la gente de lo que pasó en Chicago: ha muerto Leonardo Reyes por ser tan enamorado.
(DAR, corrido “Leonardo Reyes” )

Mataron a la paloma que te llevaba un recado por eso siempre pensaste que yo te había abandonado. En él te contaba todo te pedía que regresaras que perdonaras mis faltas y conmigo te casaras. Por eso aunque pase el tiempo no me podré perdonar que habiendo tan buen correo con quien te lo fui a mandar.
(Basilio Villarreal-Ramiro Cavazos; canción “Mataron a la paloma”)

Pantera. En comunidades de la sierra y en los linderos de la

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misma se entretejen historias sobre la astucia y depredación de alguna pantera, probable variante negra de un puma o jaguar. La relacionan siempre con ganado muerto y una persecución o encuentro fortuito. Algunos especifican se trata de una pantera-onza: gato salvaje un poco más grande que la comadreja y muy delgado. Es sinónimo de fiereza y valor. Ah, el león es el puma de la sierra, aquí le dicen león porque... Así lo conocen, pero aquí el león africano no habita, no habita el africano; a ese puma le dicen león, pero... Es que como aquí no hay león africano, a cualquier animal salvaje le dicen león. Aquí también a la pantera le dicen león, un día mataron una, sí, y le dicen león, león negro.
(Raúl Carreón Flores; Iturbide)

Véase: Cacería, Gato, León de la sierra.

Pauraque (Nyctidromus albicolis). Pájaro nocturno cuyo nombre proviene de una tribu que habitó el sur de Texas y áreas de Tamaulipas. Los rancheros lo identifican con el pardear y el amanecer, o especifican su hábito de volar sin rumbo aparente; el reflejo de su mirada es rojo. Cuentan también que si llega a salir de día, anuncia cambios de clima, especialmente lluvia. En rancherías de Terán se atribuye a la persona descuidada “tener memoria de pauraque”, porque, afirman, la pauraca pone sus huevos en el nido del cenzontle, olvidando después el sitio donde nacen sus polluelos. Algunos linarenses lo llaman “pájaro piedra” debido a que durante el día, cuando está inmóvil, se confunde con las rocas del suelo; mientras que en comunidades de Doctor Arroyo, Santa Catarina y Mina, lo nombran “toro viejo”, ya que supuestamente repite en su canto dichas palabras.

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En un relato, Dios lo envía para ver si hay sobrevivientes después del diluvio; Pauraque, a pesar de ser advertido de no pararse en ningún sitio, se detiene a saciar su sed. Por tal desobediencia se le condena a beber sólo del viento cuando el líquido vital cae en pequeñas cantidades de las alturas, durante la “Revolución del agua”. En General Terán, Lampazos y Villa de Santiago su volar errabundo y costumbres noctívagas han originado sobrenombres en ciertos individuos o familias. No, a esos pobres pauraques diosito no les dio licencia de... de estar en un solo lugar, ni siquiera donde duermen, esos pájaros no tienen ningún sosiego; aquí en el sol se echan y ahí se quedan dormidos. No hacen nido ni hacen nada. Por eso dice uno a veces: “¡Chihuahua, tú tás como los pauraques!”; nomás de aquí pa allá, sin nunca detenerte.
(Isabel Samaniego Mendoza, Nemesio Samaniego Mendoza; Lampazos)

Los pauraques nomás salen al oscurecer y al amanecer, pero no todo el tiempo, allá cada y cuando. Nomás antes de que oscurezca se ve, ¡y vuelan muchos! Sí, cuando es la temporada salen bastantes. En el día es raro que miremos uno, es que están en el suelo, entre las piedras: se confunden con el color de las piedras del suelo, porque hasta sus huevos ponen en el suelo y ahí están.
(Leonel Tirado Cabriales; Linares)

En Nueva Rosita, Coahuila, trabajando en la campaña de prevención contra el paludismo, tuve la oportunidad de conocer a un descendiente de indios pauraque (...) Y decían que el nombre del pájaro era por el color grisáceo, cafesuzco grisáceo, que tiene el pájaro, porque no es café completamente, sino que tiene vetas de color gris, muy parecido a lo que después los españoles les llamaron los rayados, eran los rayados. Decía el señor éste que se rayaban con ceniza mojada, con el jugo de hierbas o jugo de penca

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de nopal, y les duraban las rayas (...) El señor se llamaba Ramiro González, ese apellido tenía, el otro apellido ¡pos no sé cuál era!
(Anastasio Carrillo Guajardo “Tacho”; General Terán)

Los pauraques ¿sí los conocen ustedes? Salen al pardear, o nada más cuando llueve. A nosotros nos contaban que cuando acabó el diluvio, Dios mandó al cuervo, a la paloma y al pitacoche para que le llevaran información del mundo. Y el pauraque... luego mandó al pauraque, le dijo: “Bueno, ahora vas tú, nomás vas a ver si hay sobrevivientes, pero en tu viaje no te vayas a parar en ningún sitio, ni agarres nada”. No ¡pos se vino el pauraque!, y lo que le prohibieron fue lo primero que hizo; luego, luego se puso a tomar agua el pauraque, y advirtiéndole Dios que no hiciera nada, ¿verdad?, que viniera nada más a ver si había sobrevivientes. ¡Nombre, tragó bastante agua! Pero pues Dios se había dado cuenta, ¿verdad? Cuando regresó al cielo le dijo: “¿No te advertí que sólo ibas a ver, que no hicieras ni tocaras nada, que no tomaras nada...?”. Pauraque tampoco contestó, pero no había obedecido, ¿verdad?, y Dios le dijo: “Pos ora de castigo, nunca vas a pararte para tomar agua, nada más cuando llueva es cuando vas a tomar agua, cuando tengas sed a ver cómo le haces para beber del agua que esté cayendo del cielo”. Ese fue su castigo: el pauraque no puede tomar... –¿Aunque le den, aunque le den en la boca o lo agarren y lo avienten? –¿Quién le va a dar? No se puede parar porque fue una orden, un castigo que Dios le puso. Fíjense cuando llueve salen esos pajaritos, unos animalitos chiquitos, así como pauraques. ¿Sí los conocen ustedes? Sólo cuando está lloviznando salen a tomar agua. Pero nomás la que alcanzan a agarrar con el pico. Nunca se paran en ninguna parte a tomar agua, en los ríos, en los charcos. Por eso nunca salen, nomás cuando llueve, ¡fíjense!, cuando

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llueve sale ese animal. –Yo siempre me los encuentro en el monte, pero... a veces los veo medio azonzados cuando andan en el suelo.
(María de los Ángeles Carrera Pequeño y Rebeca Prado Escamilla; Linares)

Véase: Agüeros, Cuervo, Indios, Paloma, Pitacoche, Rayados.

Pavo. Véase: Cócono.

Pedro José, el indio. Pedro José Naporán fue un caudillo indio del Nuevo Reino de León, durante el ocaso del periodo colonial, es decir, a fines del siglo XVIII. Su lucha giraba en torno a la recuperación y reparto de sus tierras ancestrales y la liberación del yugo mestizo. Las correrías y fama de este aborigen de la tribu de los borrados se extendían por la Sierra Madre y zonas del actual estado de Tamaulipas, federándose a menudo con otras naciones y guerreros chichimecas. Los documentos sobre su vida y la misma tradición oral dan cuenta de que las tropas criollas, así como las volantas mestizas y de indios auxiliares, no lo podían capturar; de hecho, el insurrecto terminó sus correrías bajando por voluntad propia a Hualahuises, después de casi diez años de lucha en la montaña. En este pueblo fue traicionado por gente de Linares, quienes le iniciaron causa criminal. Cautivo, pasó de Linares a Monterrey y, posteriormente, a la Ciudad de México. En esta última urbe murió mientras se resolvía su situación legal. El recuerdo del caudillo indígena es tan vigoroso que algunos sitúan su historia en las postrimerías del siglo XIX ¡asaltando ferrocarriles! Incluso, no falta quien asegura que un amigo suyo conoció a un integrante de la banda rebelde.

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Rumores sobre su vida, cueva y supuesto tesoro, perduran en los municipios de Hualahuises, Linares, Montemorelos, Villa de Santiago, Galeana e Iturbide. Pues sí oíamos decir de los indios, pero ya no alcanzamos a conocerlos, ya no. Que estaban por aquí en la sierra, ahí en esa cueva. Sí, la cueva que decían, que dicen, que es de Pedro José, del indio Pedro José, por ahí estaban.
(Concepción Maldonado Guerrero; Hualahuises)

Y hay otra cueva grande que le llaman la cueva de Pedro José, ese Pedro José había sido un bandido de muchos años y ahí enterraba el tesoro, el dinero, lo que robaba. Tenía una cueva hondísima de 20 o más metros de profundidad toda ahumada, donde hacían lumbres. Ahí iban gentes: mi mamá, mis hermanos, se juntaban familias, iban con 15 o 20 burros; allí descargaban tortillas, comida, allá pasaban la noche. Hacían lumbre allá adentro, por eso la cueva está ahumada. Iban como día de campo porque más abajo hay una cascada como de 70 metros, aunque no sé si todavía esté esa cascada (como el agua se ha ido acabando). Era un paseo bonito porque hay mucha vegetación para allá, nomás que es muy trabajoso para entrar, tiene que ser a caballo o a pie.
(Armando Torres de la Peña; Iturbide)

Se decía, se decía –porque eso sí, fue una plática muy famosa– que todo allá, todos los ranchos, de aquí del pueblo; se decía que, aquí en la boca del río, donde nace el río, hay una parte (y de aquí se ve el reliz de la sierra) que le nombran la Peña Colorada; y en ése, en ese reliz, por allí, según eso, existió un indio, que ése poco venía al pueblo. ¡Sabrá Dios cómo vendría! Entre la noche o quién sabe, según ellos platicaban, los señores de antes, que ese indio se llamaba Pedro José y que cuando murió –o lo mataron, o se pelió ¡sabrá Dios!, eso

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sí no supe yo– que había dejado un tesoro ahí en ese lugar, y se dice que hay un perol y quién sé cuánta cantidad de dinero: puro oro macizo. Pero que de ahí no pueden sacar nada, es una cueva grande. Pero de ahí no puede uno sacar nada porque la palabra de él fue que el que quisiera aquel tesoro lo sacara “todo, o nada”. Y así se dijo y así se dice todavía hasta la fecha: “Todo o nada”; que voy a sacar tantito; no, no: todo, y si no, nada”.
(Guillermo Maldonado Guerrero; Hualahuises)

Véase: Cueva, Chichimecas, Hualahuises, Indios, Rayados.

Perro. Uno de los animales domésticos más estimados por su lealtad y vigilancia. En torno al perro se difunden ideas supersticiosas, por ejemplo, la de que su aullido anuncia desgracias. Lo identifican con el diablo y lo consideran un ayudante de éste, sobre todo si es de color negro y se observa por las noches; por si fuera poco, sus lágrimas permiten ver, al hombre, cosas sobrenaturales o al mismísimo demonio. De manera análoga, en la zona de montaña se le considera nagual de brujas, y en Hualahuises se halló la referencia de que un cráneo de perro, situado en el techo de la casa, es efectivo para que las brujas no se acerquen. Finalmente, en Linares hablan de una tambora confeccionada con su piel que provoca riñas al ser tocada durante las fiestas. Las tribus aborígenes del norte eran llamadas genéricamente Chichimecas, que significa “del linaje de los perros” o “hijos de los perros”. A una señora no la querían invitar a una fiesta, allá en San Juan de Dios, municipio de Galeana, entonces ella se convirtió en perra y fue a la celebración, como quiera fue. Pero cuando la gente se dio cuenta de que andaba una perra adentro, la golpearon y la sacaron...

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o sea que la echaron a palos, ¿verdá? Posteriormente le preguntaron a la señora que por qué no había ido a la festividad, si después siempre sí la habían invitado, ¿verdá?, y dijo “pos yo fui, pero ¡pos me corrieron!”. Decían que era ella el animal que fue golpeado; quién sabe si será cierto, yo no sé.
(Edmundo Loredo Candela; Guadalupe)

Mi tía dice que... que los perros en la noche ven cosas malas. Por eso ellos ladran, porque quieren espantarlas, pero... Una viejita por eso tenía mucho miedo cuando ladraban los perros... Hasta que un día dijo “me voy a poner las lagañas de los perros, a ver qué es lo que ven”. Entonces, un día, les quitó las lagañas a su perro y se las puso. Luego, en la noche, cuando oyó ladrar los perros, se asomó a ver qué era lo que veían y se murió de susto porque... por lo que vio. Dicen que vio al diablo, y que se ven muchas cosas más, por eso se asustó y se murió de susto.
(Raúl Carreón Flores; Iturbide)

El guarache izquierdo volteado boca abajo es bueno pa que el perro no esté aullando, voltéenlo y no aúlla; porque si volteas el guarache derecho el perro como quiera tá aúlle y aúlle, no deja dormir. También el perro en la noche pos como que ladra mucho y aúlla, mi mamá decía “nombre, el perro ve visiones”, ¿verdá?, y a lo mejor sí. Para esto, decía ella quesque cierta vez unos señores estaban platicado de los perros, y quesque dijo un señor: –Nombre, no es cierto que los perros ven visiones en la noche. A lo que otro contestó: –Sí, cómo no; mira, si quieres comprobarlo úntate de la lágrima del perro, aquí, en el ojo, y verás. Y quesque sí se había untado el señor ese, se untó de aquí, ¿verdad?, de la lágrima del perro. Se untó en los ojos y quesque en la noche este... estaba bien asustado porque miraba muchas cosas...

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Y luego uno todavía pregunta por qué en la noche se oye la ladrería de los perros, hasta aúllan y ¡Ave María! –dice uno–, qué mirará el perro.
(Pedro Avendaño y Carlota Álvarez de Avendaño; Linares)

Véase: Coyote, Cráneo, Diablo, Lobo, Tamborazo, Zorra.

Petaca. Esta congregación situada a cinco kilómetros de la ciudad de Linares es una de las comunidades con mayor tradición brujeril en el noreste de México. Nociones sobre embrujos, nagualismo, milagros y tragedias irradian desde el sitio hacia muchos lugares. Su mismo nombre, de origen náhuatl (petlacalli: caja hecha de cañas y cuero) es motivo de historias; en una de éstas, cierto misionero esconde objetos sagrados de los curanderos indios con el fin de acabar con las prácticas religiosas no cristianas. Dicha parafernalia fue encerrada dentro de una petaca y posteriormente colocada bajo tierra. De esa suerte de caja utilizada para erradicar los cultos aborígenes se cree derivó el nombre de la localidad. Investigaciones en proceso nos llevan a pensar que parte de su tradición brujeril se originó en expresiones religiosas de herencia afromestiza, ya que la población del sitio tuvo un mestizaje con fuerte presencia negroide. Esta historia fue vivida por mi mamá cuando ella estaba chiquita. Se decía de una señora, “la china Ignacia”, que era curandera, en La Petaca. Supuestamente de ahí viene la fama de que en la Petaca hay brujas. Era una señora que tenía muchos fetiches, monos de trapo, y parece que los usaba en una maleta, una petaca, ¿verda?, y como que de ahí viene el nombre de La Petaca. Bueno, pues en La Petaca había una matanza, ¿verdá?, un rastro muy grande; a ese rastro le decían “el degüello”, porque mataban animales. En ese lugar, a la medianoche ya estaban matando

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animales para que bien temprano estuvieran listos para la venta, y en una ocasión andaba por allí una lechuza volando por ahí arriba, ¿verdá?, y los perros le ladraban y le aullaban. Entonces algunas de las personas que trabajaban en el degüello conocían las Doce Verdades del Mundo, y que las empezaron a decir -al mismo tiempo que amarraban unos hilos, o algo así. Entonces la lechuza empezó a bajar y bajar y bajar, pero como allí había muchos perros, ya cuando estaba casi en el suelo los perros la corretearon y le desgarraron un ojo. Otro día, en la mañana, resultó esa señora que le decían “La china Ignacia”, resultó con un paliacate en la cabeza y con... tapándose, supuestamente, el ojo que supuestamente le habían desgarrado a la lechuza. Y de ahí para acá siempre traía un paliacate en la cabeza tapándose ese ojo. Le preguntaba la gente que por qué lo traía, que qué le había pasado, y decía que un caballo le había dado una patada en el ojo (y a esa señora pues sí se le conoció después su fama de bruja). Eso era lo que platicaban.
(Señora Dueñas; Linares)

“La Petaca está porque hay muchos pendejos que creen en brujas: Yo soy católica y creo en Dios”, afirma enfática doña María Cepeda. Ella es quizá la más famosa curandera que vive en La Petaca... ... “¿Qué chingados quiere contar de La Petaca? ¿Qué es La Petaca? ¿Eh? No es nada, aquí no pasa nada. ¿Cuál tradición? Aquí no existe nada. ¿Por qué no se va a Monterrey y cuenta algo de la Coyotera? [barrio popular de dicha urbe]. Ahí sí está el desmadre”... Ella no acepta entrevistas porque dice que los medios inventan todo. “Son puras mentiras las que platican los periódicos, yo sé que va ir a contar que me vio con una víbora colgada al cuello y cosas de ésas”, expresa la mujer.
(César Cepeda, “La Petaca, se acabó el hechizo”, en: El Norte Mty, 25-II-1996: 14-D)

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Contaban que esa señora decía: “Sin Dios y sin Santa María, y hasta los altos de Vaquería” [Vaquerías: comunidad de General Terán]. Platicaban que de aquí de La Petaca iban para allá las brujas en forma de pájaros, y que eso decían para poder volar. Y cuentan que... que una vez iban volando varias, entonces pasó la primera por el agujero de un árbol, y luego la otra, pero al pasar la tercera dijo “ay diosito”, y al exclamar estas palabras se convirtió en mujer y allí se quedó atorada. Entonces tuvieron que traer hachas y mochar el mezquite pa sacarla, porque ahí se quedó atorada.
(Jacinta Hernández Prieto; Linares)

Véase: Amuletos, Bruja, Brujas-bailes, Cócono, Cuervo, Curandero, Doce Verdades del Mundo, Embrujamientos, Lechuza, Magia, Libros de magia, Nagualismo, Oraciones.

Peyote (Lophophora williamsii). Esta planta fue esencial para la vida cotidiana y cosmovisión de nuestros antepasados cazadores recolectores; grabados y pinturas rupestres con su imagen son las huellas visibles de su importancia ritual. Hasta el presente, el cactáceo cumple una función reveladora o divina entre minorías de regiones vecinas: tepehuanes, tarahumaras, huicholes, grupos étnicos que habitan territorio estadounidense, y uno que otro mestizo nostálgico. Entre la población del noreste del país el uso del peyote es relativamente común y desligado de implicaciones religiosas. En Doctor Arroyo, N. L., se llegó a consumir con vino mezcal mientras se jugaban partidas de baraja que duraban días (1940-1950); y se sabe de una localidad serrana en la cual se ingería diluido (1994) con la misma bebida durante bodas o fiestas de quince años. Sin embargo, en el campo es mucho más extendido su empleo con fines terapéuticos (mezclado con alcohol para disminución de dolores), así como para resistir

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largas caminatas o extenuantes jornadas de trabajo (estimulante). Áreas metropolitanas de ciudades como Monterrey no escapan a estas costumbres. La gente lo procura con fines médicos, psicotrópicos u ornamentales. De hecho, en las localidades rurales en cuyas inmediaciones crece, suele decirse que la gente de la urbe se lo lleva con asiduidad y sin ningún cuidado, arrancándolo de raíz, lo que ha disminuido su población y abortado la gestación de otros pequeños. Aquí, al igual que en otras zonas de México, se cuenta que el cactus se mueve de lugar y se torna invisible a quienes lo buscan por vicio, lo cortan en exceso o inapropiadamente; otros afirman que los parajes y la tierra aceptan a los fuereños que encuentran peyote, pero que no cualquiera puede dar con él, hallarlo (Rinconada, Villa de García, 1996; Rincón del Salto, Villa de Santiago, 1997). Es que ellos como que se reunieron en un templo o un culto, le nombraban así, más o menos, y ahí se fueron a hacer unas cuevas ¡que a sacar un tesoro!, y ya estando ahí todos se violaron, y también decían después que se habían tomado un peyote o una cosa así... Esas gentes ya no andaban en su conocimiento... Pues eran unas gentes que estaban en la... que andaban sacando un tesoro al pie del cerro del Pilón [no es el cerro homónimo de Montemorelos, N. L., sino otro situado en las inmediaciones de Villa Mainero, Tamaulipas], que andaban muchos hombres y mujeres, chamacos; de ahí bajaron, pero yo creo que venían ¡pues enfermas las gentes! Parece que dicen que tomaron un peyote, que le nombran agua de peyote, luego ya bajaron ahí y... en eso...
(José Velázquez Escobedo y Eusebio Balderas; Iturbide)

Munchos no saben lo que es un peyote, a veces vienen y agarran aquí peyotes y les digo “¿saben lo que contiene un... agarrar un peyote de

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ésos (si te agarran con él)?”, y contestan: “No, pos no sé, dicen que esto es pa alcohol y que pa esto...”. “Pos si –digo–, pero pregunta primero, porque este es igual que la mariguana; si te hallan un peyote pues te pueden detener. Haz de cuenta que es como mariguana, el peyote”. Pero es como todos, si tú sabes una cosa y a mí me ponen de comandante y entonces vienes y tú agarras un peyote, no porque agarraste un peyote eres vendedor de drogas o esto y lo otro, porque no sabes ni lo que agarraste. Tú lo quieres pa una cosa o pa alcohol y... y eso es lo que pasa. No saben que es prohibido la mata esa. Tú te lo puedes llevar, es más, si te ven un peyote no creo que te digan nada, sí, porque ya saben qué es. Pero es más, lo puedes envolver en algo y lo pones por ahí para que no te lo vean. –Sí, sí lo voy a guardar, ahí traigo una mochila.
(Federico Treviño Saucedo; Mina)

Piedras. Las piedras son objetos de uso y culto desde la prehistoria, ejemplo de esto son los numerosos vestigios arqueológicos y símbolos grabados en las rocas de nuestros montes; de hecho, en zonas de lo que ahora es Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas habitó una tribu de indios “piedra”, singular unión entre una manifestación de la naturaleza y los hombres. En el presente, no es rara la pervivencia de su empleo práctico, religioso, ornamental y recreativo, tanto en el ámbito rural como urbano. De acuerdo a su propiedad, origen y función, ostentan nombres tradicionales: piedras de imán, piedras de alumbre piedras de rayo, de trueno, o del cielo, chuzos, pedernales. Las de imán precisan ser alimentadas con objetos de hierro como alfileres, broches, agujas, y se les atribuyen propiedades bienhechoras. Las de alumbre son utilizadas para curar de espanto, rito cuya

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parte final consiste en arrojarlas al fuego, dibujándose en su textura ardiente la causa de la enfermedad. Las del cielo arriban con los rayos y truenos de las tormentas; se conservan como curiosidad, para afilar cuchillos, de amuleto, o por un motivo casi olvidado: detener la lluvia lanzándolas al aire. En lo que respecta a los pedernales, se aprovecharon para hacer fuego, nuestro pueblo los golpeaba con un eslabón para lanzar chispas y encender yesca; actualmente se guardan de recuerdo y se coleccionan; otros, los venden y los usan para elaborar dijes. Costumbre arcaica, pero vinculada a ritos católicos, es aquella de colocar piedras en cruces de muertos situadas junto a caminos y carreteras (para que descanse el espíritu del difunto); igualmente, manipular un guijarro cuando se cruzan fuentes de agua con un bebé (para protegerlo del espíritu del río). En el mismo sentido, se da la constante de imaginar y rendir culto a vírgenes delineadas en rocas. Por otra parte, hallamos la mención de piedras de virtud, “valiosas” o “preciosas”, en la cabeza de niños con malformaciones genéticas (principalmente hidrocefalia), así como en un venado que se ostenta imposible de cazar; estas últimas, herencia probable de la tradición medieval europea. Debido a su aspecto y huellas de la naturaleza encontramos: “piedras de sol” (con un tipo de fósil) y “piedras de agua” (diluidas por la corriente de ríos), ambas utilizadas para adornar casas y jardines. Las piedras poseen una connotación diabólica cuando vuelan del monte a los senderos o a los hogares campesinos sin origen ni causa aparente. “Su casa está vacía y sólo la abrimos para que se airee, su ropa sigue en donde mismo, nomás le faltan la Biblia, los libros de karate y unas como flechitas (de piedra) que él juntaba, porque todo eso se

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lo llevaron los hombres de negro (agentes de la PGR) que vinieron a rastrear todo en este ejido”.
(Daniel Aguilar, citado en Melitón García, “Hasta el queso se comieron”, en: El Norte, Monterrey, 28-IX-1997: 6-A)

Llama la atención, a primera vista, que la mayoría de las casas se encuentran construidas con una piedra que las embellece grandemente y le dan al pueblo un cariz muy pisteable. Después de platicar un rato con algunos de los vecinos nos enteramos que la extracción de dichas piedras es un medio de subsistencia para muchos habitantes, quienes cuentan con propiedades en las que se halla el material y las han transformado en pequeñas pedreras.
(Éric Lara, “Notas de campo”, Vallecillo, 4-X-1997)

Tal parece que el destino está marcado para todos los valientes de la piedra Hoy a Pedro el turno le ha tocado lo mataron sin que se defendiera. Otra tumba para ese cementerio que es testigo de toda una leyenda una cruz con el nombre de Pedro y otro corrido para el rancho de la Piedra
(DAR, corrido “Otra tumba más”)

Hace años se contaba la siguiente historia que a continuación narro con estilo personal, pues me la contaron hace ya bastante tiempo y no pude grabarla ni tomé la precaución de transcribirla inmediatamente. Ahora trato de contarla de la manera más fiel, aunque suene más a cuento que a leyenda: Allá en Raíces vivieron las gentes del pasado y dejaron escrito su paso por el mundo, formando círculos, espirales y viboritas

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(petroglifos) en la roca. El lugar aparte de eso no tenía nada de raro, pero en la noche, justo a la hora del crepúsculo, las piedras que hay por doquier en las lomas, al otro lado del arroyo, empezaban a despertar. Se veían sombras moverse y se oían voces y música de otros tiempos. Las piedras despertaban de su sueño. En ellas vivían las conciencias de los antiguos. Esa gente amó tanto a su tierra que antes de morir le pidieron a Dios que les permitiera quedarse ahí por toda la eternidad, y Dios les concedió el deseo. Todas las noches los espíritus volvían a la vida para recorrer la tierra que tanto amaban. Todo aquel que por azar se encontraba o veía esas sombras de la noche se asustaba tanto que juraba no volver por ahí nunca más. Unos decían que era el diablo, otros que había dinero enterrado, pero nadie se atrevió jamás a escarbar. La paz de esos habitantes se vio turbada allá por los años 40, cuando un poeta-historiador de Linares se dio a la tarea de recolectar petroglifos y llevarlos a un futuro museo que él mismo proyectó. Mucha gente empezó a ir y venir por esos lugares, siempre buscando las piedras que tuvieran signos o dibujos o inscripciones. Se llevaron la que pudieron arrancar de la tierra, dejando sólo aquellas de la larga pared. Las ánimas perdieron su punto de referencia y desde entonces dejaron de manifestarse por las noches. Con el paso de los años ese terreno cambió de dueños varias veces, hasta que en la actualidad hay grandes pastizales para alimentar ganado. La gente que ahí vive nunca habla de ruidos o visiones, el lugar es ahora un rancho más de la vasta región semidesértica de México.
(Homero Adame; “Raíces”, Linares)

Véase: Amuletos, Cueva, Curandero, Indios, Mal de espanto, Niños, Pauraque, Rayo, Trueno, Virgen.

Pinacate (Geotrupes vernalis). En cierto cuento recopilado en Linares, este insecto negro tiene la hazaña de haber

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engañado a Coyote. Se le denomina también “rodacuache” y algunos creen que al salir en gran cantidad anuncia lluvia. Un testimonio habla de un diablero que usaba un pinacate para realizar trucos, hasta que alguien se lo mató accidentalmente. Me acuerdo que papá nos platicaba una historia de los pinacates y nos hacía reír. Esos animalitos salen a hacer bolitas de tierra y excremento de la res, en los caminos; casi siempre se ven en las veredas arriando una bola de ésas. Y cierta vez andaba el pinacate en sus tareas cuando vino el coyote y le dijo: –Oye, pinacate, ¿qué andas haciendo? Estaba agachado el pinacate, pero le contestó: –Estoy oyendo lo que dicen en el otro mundo. –¿Y qué están diciendo ? –insistió coyote. –Que van a salir a matar, a comer... a matar todos los coyotes que andan por las veredas. ¡Y que arranca, arrancó el coyote! ¡Se salvó! Ya se lo iba a tragar el coyote, nomás que le dijo el pinacate, le dijo: –¡Silencio!, pos estoy oyendo lo que dicen en el otro mundo. –¿Qué están diciendo? –Que van a venir a matar a todos los coyotes que andan por las veredas. ¡Y que arranca, arrancó!, se fue el coyote. Entonces el pinacate se salvó de que se lo comiera el coyote.
(Sr. Salazar Pequeño; Linares)

Viera lo que hizo el hombre, levantó con cuidado el rodacuache y luego se puso a llorar, quería volverlo a la vida, buscaba juntarle las partes destrozadas, lo acariciaba, le hablaba. Pero el animal estaba bien muerto y no revivió. Todos los que estábamos presentes mirábamos pos sorprendidos, ¿verdá?, y callados, cómo aquel animalito representaba tanto para

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él. Y el que lo había pisado ¡pos fue por accidente!, ¿verdá? Después de que pasó eso, aquel hombre dejó de echar sus rifas y se fue del rancho pa Matamoros, y a los pocos días de llegar al puerto murió no sé de qué. Yo creo que la muerte de aquel animalito ya le anunciaba su suerte, su destino.
(Anónimo; Hualahuises; recreación de historia escuchada en un autobús)

Véase: Diableros.

Pitacoche. Ave de plumaje color gris y ojos rojizos. Al igual que a la paloma, al cuervo y al pauraque, le asignan un encargo divino después del diluvio, pero se embriaga y no cumple con su misión. Por este desacato, Dios lo castiga: le quita su canto que, originalmente, era igual al del chico – cenzontle–, además, lo obliga a permanecer con los ojos rojos, de borracho. Un caserío de Aramberri lleva su nombre. Señales de mala suerte ¡había tantas!; por ejemplo, no criábamos un pitacoche porque era mala suerte ¡porque era mala suerte!. Acarreaba desgracia, decían ¡que se quemaba la casa! El pitacoche tiró los cantos porque se empedó [emborrachó], lo que él sabía cantar lo sabía el chico (cenzontle); por eso, ahora, el chico es el que canta muy bonito. El pitacoche ya no canta bien porque dicen que se empedó. Pitacoche tiró los coritos que se sabía, los mismos que se sabía, y sabe, el chico; de seña tiene hasta los ojos rojos el pitacoche (pruebas de que vivía borracho).
(Esther García Vázquez; Linares)

¿Ustedes nunca supieron del diluvio, cuando llovió mucho y todo se acabó? En ese diluvio Dios nomás salvó un par de cada animal que

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había sobre la tierra, un par de cada cosa, por decir, dos palomitas de comer tuna, o sea, un par de todos los pajaritos que hubiera. Pero después de que el diluvio había acabado con todo, ¿verdá?, le dijo al pitacoche: “Ve a ver cómo está el mundo. Nada más no vayas a tocar cosas de lo que hay abajo, nada, nada. Tú nomás vas a ver cómo está la tierra, ¿vedá?, a ver qué movimiento hay allí abajo, a ver si hay sobrevivientes o algo. Pero no vayas a tocar ni a tomar nada”. Bueno, así nos la platicaron a nosotros, ¿verdá? Se vino del cielo el pitacoche y halló puras botellas de vino, se las tomó y regresó bien borracho ante la presencia de Dios, ¿vedá?, con los ojos bien rojos. Y éste le reclamó: “¿No te dije que no tomaras nada?, ahora de castigo así te vas a quedar siempre”. El pitacoche no le contestó a Dios, ¿verdá?, pero ¡pos nomás no obedeció! Desde entonces quedó con esos ojos, se le ven los ojos como de borracho al pitacoche.
(Bernardina Lozoya Rodríguez; Linares)

Véase: Cuervo, Paloma, Pauraque.

Procesión. Caminata colectiva llevada a cabo con rezos, cantos y danzas, cuyo fin es celebrar a Dios, a las vírgenes y a los santos; por lo general, se realiza como reconocimiento y auto de fe, aunque en otras ocasiones se hace para celebrar un acto originario como la fundación de pueblos e iglesias, los ritos de Semana Santa o implorar lluvia. De aquí nos pasamos a platicar con un grupo de señoras (tres) que hacían procesión en la calle y tocaban las campanas del pequeño templo local. Nos explicaron que lo hacían para mantener la fe, se sentían sus guardianas, puesto que en el pueblo [San José de la Popa] nadie reza, ni va al templo.
(Yosune Ibarra y Gustavo Herón, “Diario de campo”, Mina, 27-IX-1997)

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El día de la Santa Cruz, el día 3 de mayo, hacen fiestecita. Bajan la crucita de allá de arriba de la loma y la visten, le hacen flores; hay veces que la llevan con músicos como en una peregrinación. Luego la llevan otra vez pa allá pa la loma. Esa cruz es un pedazo de madera, nomás que está bendita. Esa cruz, pa cuando teníamos luz de conocimiento, ya existía, y había muchas crucitas aquí...
(Andrés Esquivel Vázquez; Vallecillo)

En un peregrinar solemne, lleno de fe y devoción, más de un millar de católicos acompañados del Cristo de la Expiración rezaron ayer para que lloviera en Nuevo León. Y la petición obtuvo respuesta hora y media después: llovió en toda el área metropolitana. Según la tradición, que data de hace más de 290 años, el Cristo de la Expiración, conocido también como el Señor de la Lluvia, es sacado a las calles del centro de Guadalupe el segundo domingo del mes de agosto. El fin: hacer caer la lluvia.
(César Cepeda, “Señor de la lluvia hace el ‘milagro’”, en: El Norte, Monterrey, 3-VI-1996: 8-D)

Véase: Alabanza, Oraciones, Santos, Virgen.

Puma. Véase: León de la sierra, Pantera.

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R

Rayados. Conjunto de grupos étnicos que habitaron el actual noreste de México. Se les llamaba de esta manera debido a las pinturas o tatuajes que ostentaban en su cara y cuerpo, signos aplicados, generalmente, con incisiones, ceniza, tintes variados. Eran conocidos también como la “Nación Borrada”, y en el municipio de Rayones existe una sierra que conserva el nombre tribal que le impusieron. Éste se internó por el potrero de Las Blancas y, siguiendo senderos que sólo frecuentaban los venados, fue a dar al pie de la Sierra Borrada, en el cañón de San Marcos. Allí dejó persogado su caballo y la silla la escondió en un mogote de encinos y magueyes.
(José Lobatón, El gringo: 141-142)

Una vez fue un indio, pero era indio rayado, era rayada la piel: tenía rayas azules, verdes, blancas, pero así era su piel... Yo estaba chiquilla cuando iba, yo creo tendría unos nueve años... Iba a la casa y decíamos “¡ahí viene e]l indio!”, le teníamos bastante

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miedo, entonces decía el indio: –No –decía– no corra comita –dice– no corra, ahora ya no como gente, ¡pero no se me hace trabajoso comerme a esa chamaquita! Y es que estaba una hermanita mía, así, chiquita, estaba sentada en un cajón. –No se me hace trabajoso –comentó–, no se me hace trabajoso comérmela. Y dije yo: –¡Ah, entonces ya no andes viniendo aquí! Y dice el indio: –No, pero a ti no te voy a comer –dice–, más antes sí me comía a la gente, pero ahora ya no porque ya comí grasa; ya ahora si yo voy con mis hermanos –decía– me comen ellos a mí... Este indio estaba liso, pero con la cara bien rayada, los brazos y todo el cuerpo.
(Evangelina Sustaita de Platas; Hualahuises)

La abuela sí platicaba que llegó a andar una india rayada en estas partes. Llegaron a conocerla aquí; sí, existió aquí en los ranchos esa india, e indios rayados también los conocieron ellos. Aquí, en esta región de nosotros, platicaba la abuelita de nosotros. Casi que hasta una de ésas era... Sí, algo así, una de esas indias había sido de la casa (pero allá muy atrás)... Sería como de la gente de ellos, parece que llegó a ser parte de la gente de ellos, como que la señora rayada fue bisabuela de mi abuela, algo así. La abuela mía platicaba, algo así, como que era india rayada la... la bisabuela de ella. Su bisabuela era de ésas, fue de esas gentes (...) Y están las cruzas todavía, todavía existen las cruzas entre uno, como que uno también tuvo sangre de indio, nada más que ya mezclada. En esta región hay mucha sangre de indio, una vez nos dijo a nosotros un señor –a mí y al papá mío– dijo: –Ustedes tienen sangre de indio. Y contestó papá:

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–Pos que al cabo es cierto.
(Teodoro Plata Barba; Hualahuises)

Véase: Canibalismo, Indios, Pauraque, Pedro José.

Rayo. Descarga eléctrica de alta intensidad generada por el choque de cargas positivas y negativas de las nubes, o de una nube y la tierra. Al igual que la centella, a veces ocasiona muertes de personas y de animales, razón por la cual lo conciben como un castigo divino o arma de Dios. Nuestra gente suele llamarlo “culebrilla” debido a su semejanza con el movimiento de las sierpes, y en el área rural es también denominación de un guijarro. Los rayos que caen cuando llueve pienso que son electricidad, según dicen, que es electricidad, tal vez de la tierra o quién sabe. Lo que sí, ésos matan gente y animales.
(Señor; Higueras)

–¿Por qué les llaman “piedras de rayo”? –Porque vienen del cielo. –¿Y eso quién les dijo? –Una prima mía. –¿Y ustedes las juntan? –Sí. –¿Para qué? –Para cuando llueva avientarlas pa arriba y se quite el agua. –¿Y sí se quita? –Sí. –¿Y qué más platican de esas piedras? –No sé.

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–¿Y juntan más piedras o nomás ésas? –Más. –¿De otras, para qué? –Para poner de adorno... –¿Cómo está eso de las “piedras de rayo”; ellas ya…? –Cuando llueve avientamos las piedra pa arriba. –¿Para qué? –Pa que se quite el agua. –¿Y qué más? –Cuando se quitaba el agua recogíamos las piedras, pa cuando llueva otra vez...
(Norma Leticia Hernández Reyes y Alejandro Hernández Reyes; Linares)

Véase: Centella, Cielo, Tempestad, Trueno.

Relámpago. Véase: Centella, Rayo.

Relación. Palabra que se refiere para identificar, señalar y localizar tesoros, es decir, desde el momento que se manifiesta la idea de encontrar una riqueza subterránea hasta su búsqueda, hallazgo, creencias y peligros inherentes. Las relaciones existían porque más antes había mucha riqueza en el campo y nuestras gentes enterraban el dinero; antes no había bancos ni nada parecido. Ese es el porqué de las relaciones ¡porque todavía hay relaciones! Por ejemplo, si los ganaderos vendían una parte de sus animales enterraban el dinero, lo escondían porque, como le digo, en aquel tiempo no había bancos.
(José Pérez Chávez; Linares)

Había lugares donde decían que espantaban, decían que asustaban

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porque había una relación; una relación se refería a lo que había de dinero enterrado en tal parte. Platicaban que por esa riqueza oculta asustaban en la orilla de un camino o en un cerro... Pero ¡yo nunca encontré nada!
(María del Refugio Pequeño y Antonio Nevares González; Hualahuises)

Véase: Carbón, Tesoros.

Remolino de viento. Alteración giratoria y rápida del aire. Su movimiento turbulento provoca polvaredas y a veces daños ligeros. De los fenómenos naturales es el único que se identifica extensamente con el Diablo; al manifestarse, la gente se santigua e invoca a Dios para alejar la presencia del maligno. Se concibe como augurio de cambio de clima. Decían “ahí anda el diablo”, cuando se hacían ésos... cuando se levantaba un remolino de aire. Pero uno que ya conoce sabe que esos aparecen cuando quiere llover, cuando quiere hacer frío, se vienen esos remolinos de aire y... parece que bailan, parece que bailan, así, de un lado pa otro.
(Alfredo Pérez Casas; Rayones)

Creo que más allá sí... cuando yo estaba de unos quince años, en aquellos planos [valles] oía decir a las gentes, a las mujeres: “¡Ándenles chamaquillos, háganse porque ahí viene el diablo! ¡Ándenles, tápense la cara porque ahí viene el diablo!”, y el remolino en su... Pero eso era cuando venía un remolinazo grande, que la tierra...
(Juan de León Morín; Mier y Noriega)

Mi suegra cuenta que un día ella se acostó y que en la noche se vino un remolino bien fuerte, bastante aire; se acabó una caja de cerillos queriendo prender la lumbre... Y cuenta que de repente sentía que le daban piquetes por aquí y

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piquetes por allí, y por acá, en todo el cuerpo, y ahí tá y ahí tá, y ella ¡pos no podía dormir! Hasta que imploró “¡Ave María Purísima, qué será esto!”, fue hasta cuando se quitó todo el viento. Entonces fue cuando ella pos ya se pudo dormir, dice “ya pude dormir, y otro día me levanté muy temprano para ir a ver a mis suegros”. Y al llegar a la casa de éstos, le dijo su suegro: –¿Qué crees Lupe? Que anoche soñé que el diablo te andaba llevando. Y ella contestó: –¡Pos por poco se le concede! –dijo–, porque anoche no me dejó dormir, me daba piquetes pa allá. Dice ella que sí, que eso sí le pasó a ella, que le daban piquetes cuando estaba el remolino bien fuerte, y ella se sacudía la tierra y ya...
(Petra Torres Colunga; Iturbide)

Véase: Diablo.

Revolución del agua. Preámbulo de una tempestad que no alcanza a manifestarse completamente, o nubes de tormenta que pasan de largo sin lluvia. Fenómeno atmosférico común durante los meses de mayo y junio. En esas lomas se aparecía un animal desconocido en el tiempo de la revolución del agua y algunos decían que ese animal era el diablo... Precisamente, ese pariente que no creía en los espantos se topó con esa fiera y se asustó, por eso nunca volvió al sitio. Pero él platicó a otros todo lo que yo les dije a ustedes de su historia, y debido a esas pláticas unos señores se animaron a ir. Fueron también durante el tiempo de la revolución del agua con unas varitas, ¿verdá?, dizque para buscar un tesoro, se pusieron a escarbar por ahí. Y en eso estaban cuando vieron que arriba de la lomita brillaba algo (el sol staba ya bajito, o algo así). Pero no sólo era un brillo,

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vieron como algo que venía caminando pa abajo. Entonces decidieron irse dos, a ver qué era, dos, y uno se quedó ahí. Lo que sigue se me hace menos creíble, pero lo que no me gusta es que los dos fueron testigos; los dos lo vieron. Total que dos de ellos se fueron subiendo pa allá, a ver aquello que brillaba en el cerro, ascendieron hasta que... pos como que había hojas secas y... oyeron un ruidito; oyeron un ruidito y ¡no!... ¡pos era un indio!... un indio con todo y su “chamal”, o quién sabe cómo se llamará el plumaje ese que usaban. Lo que venía bajando era un indio que apuntaba con arco y flecha, pero se bajó derecho, a ellos no los vio –como que a ellos no les puso cuidao, ¿verdá? Se bajó derecho pa allá, pa donde se había quedado el hombre solo. Entonces ¡no!, los dos se apearon, se regresaron por la vereda y llegaron allá, donde estaba su compañero. Nada más que pos el hombre ¡nomás no les dijo nada de lo que vio! No les dijo nada, sus únicas palabras fueron: ¡Vámonos, vámonos! Ya no vamos a buscar el tesoro, ¡no, no! Nada de escarbar. Pero ellos no supieron qué le dijo el indio o qué fue lo que él vio, si el indio lo golpeó o lo amenazó, algo de eso. No supieron qué fue lo que le pasó mientras ellos no estuvieron. Total el hombre se espantó y murió después, al tiempo murió de espanto. Eso pasó en unos lugares de por aquí, según él los mienta, en un sitio que le dicen El Pajareño, perteneciente a General Terán, por ahí, por ahí, por esos lugares sucedió lo que les platico, por la orilla de esos ríos, algo así.
(Susano Perales Hernández; Linares)

Véase: Sol, Sol de agua, Tempestad.

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S

Santa Muerte. A finales de los años noventa una práctica religiosa se extendió, entre la gente del noreste de México y el sureste de Estados Unidos, el culto a la Santa Muerte. Ser concebido como una suerte de espíritu protector al que se le prenden veladoras, se le reza y se le otorgan diversas ofrendas. En un primer momento la entidad formaba parte de creencias y prácticas marginales o subterráneas y estaba asociada a oficios peligrosos como el de narcotraficante o policía. Sin embargo, el culto rápidamente amplió su penetración y, para principios del tercer milenio, ya era visible y plenamente aceptado entre hierberos y curanderos tradicionales, tanto nuevoleoneses (Monterrey) como texanos (San Antonio); algunos de éstos aseguran que heredaron su devoción por promesas, revelaciones varias (sueños, apariciones) o situaciones límite (curaciones inesperadas, accidentes) padecidas por un familiar o ellos mismos. Una parte de los devotos señalan que la creencia en la Muerte es como la de cualquier santo católico; otros, señalan

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que la relación con ella implica cierto peligro porque puede tornarse vengativa y cruel si no se le cumplen las ofrendas o los rezos prometidos. Generalmente, su representación es la de un esqueleto cubierto con una capa y hoz en mano, símbolo que aparece con algunas variantes cromáticas en efigies, altares, collares, folletos, pulseras, oraciones, dijes, estampas, libros y páginas de internet. También se le denomina la Santa Niña o la Niña Blanca, aunque en el Noreste su culto no es público, como si sucede en algunas zonas de la ciudad de México, Distrito Federal. Su devoción no es de herencia prehispánica ni exclusiva de la nación mexicana, como algunos escritores o antropólogos afirman, existe por ejemplo- una entidad semejante que llaman “La San Muerte” en Argentina; además la imagen del culto es de origen medieval, proviene de la efigie de la muerte avalada por El Vaticano para representar las hambrunas y pestes de los siglos XIII y XIV en Europa. Las creencias, mitos, ritos y símbolos populares asociados a este ser son parte de la religiosidad popular, expresión que adopta devociones aún y cuando no sean reconocidas por la religiosidad institucional; en este caso, la Iglesia Católica. En el norte de Nuevo León y la frontera chica de Tamaulipas se le identifica como protectora y símbolo de “Los Zetas”, grupo de pistoleros del Cartél del Golfo. Oración para todos los días. Jaculatoria: Muerte querida de mi corazón no me desampares de tu protección, y no dejes a fulano__ ________un solo momento tranquilo, moléstalo a cada instante y no dejes de inquietarlo para que siempre piense en mi (se rezan tres Padres Nuestros).
(Novena de la Santísima Muerte, hierbería “San Lázaro” Nuevo Mercado Juárez Casilla No. 27, 2003)

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Ella empezó a creer en la Santísima Muerte a partir de que tuvo un sueño, a la edad de 12 años. En el sueño la Santísima Muerte se le apareció y le dijo su nombre para que cuando tuviera problemas, en el transcurso de su vida, la invocara; también le dijo el significado de las veladoras, para cualquier problema que ella tuviera; la veladora blanca era para problemas familiares, el color rojo para los problemas de amor, el color negro para problemas más pesados (brujerías). Ese sueño ella no lo tomó en cuenta de momento. Se casó y tenía muchos problemas con su esposo; un día llegó hasta su casa un paquete del cual nunca supo la procedencia. En ese paquete venía un libro en el cual se instruía sobre cómo invocar la Santísima Muerte y acerca de todos los trabajos que se podían hacer con ella. Patricia afirma que siguió sin tomarle mucha importancia, pero sí se acordaba del sueño que tuvo. Hasta que un día su marido la golpeó y, desesperada, tomó el libro y empezó a hojearlo. En el libro venía cómo solucionar los problemas familiares. Con mucha fe, cuenta Patricia, puso un altar en el cual pone cada dos días una manzana grande, fresca y roja, veladoras blancas, y un vasito con agua. Desde entonces –afirma– todos los días reza, en la noche, frente al altar, y desde entonces no tiene problemas de ningún tipo. Sin embargo relata que un día ella pensó en terminar con este ritual, pero cuando se durmió soñó con la Santísima Muerte y ésta le dijo que no la quitara, porque lo que tenía ella se lo había regalado y que sólo le pedía a cambio su fe, que si su fe terminaba también terminaría lo que ella le había regalado. Es por eso, Patricia, que sigue con su fe hacia la Santísima Muerte.
(Irma Rebeca Altaba, Usos y representaciones de la muerte, en el noreste de México: el caso de la Santa Muerte, p. 15)

Guardados de Abajo, Miguel Alemán, Tamaulipas.- En la residencia de Gilberto García Mena, alias “El June”, presunto cabecilla del Cártel del Golfo en la región, se localizó un altar en honor a la Santa Muerte, así como frases en las que se le pide a ésta dinero y protección.

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José Luis Santiago Vasconcelos, coordinador de Investigaciones de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos contra la Salud, mostró a la prensa el altar que tenía “El June” en una casa anexa a su residencia, la cual fue asegurada en días pasados. Conectada a la residencia con sólo un estrecho pasillo, la casa-templo en honor a la Santa Muerte llamó la atención a los ministerios públicos de la FEADS, por las leyendas que colgaban del altar. En las frases se resalta el “amor” al dinero que tiene “El June” y su banda. “Muerte querida de mi corazón, no me desampares con tu protección”, “Dinero, ven dinero”. Estas y otras leyendas estaban inscritas también en cada una de las decenas de veladoras encendidas alrededor de la fotografía de la Santa Muerte (...) A decir de la gente, “El June”, operador del líder del Cartel del Golfo, Oziel Cárdenas, no es un narcotraficante violento, aunque toda su gente tenía que andar armada y dispuesta a la lucha, por existir rivalidades con bandas contrarias de la misma región.
(Miguel Domínguez, “Rinden narcos culto a la muerte”, en: El Norte, 9-IV-01)

Véase: Curandero, Embrujamiento, Espíritus, Muerte, Muerte-ofrendas, Muerte-ritos fúnebres, Santos.

Santos. Figuras religiosas y arquetipos de virtud enmarcados en la tradición de la Iglesia católica y en la devoción popular. Cada uno tiene atributos y poderes que le permiten ser reconocido y venerado, es decir, “hay santos para cada ocasión”. Se les profesa fe y se les invoca su favor con fiestas, oraciones, veladoras y mandas, en variedad de situaciones que incluyen aniversarios, accidentes, problemas sentimentales y económicos, juegos de azar, temores, fenómenos atmosféricos y ritos. A veces roban sus efigies o las colocan de cabeza para que realicen milagros. Sobresalen, a nivel popular, el Santo Niño de Atocha, San Antonio, San Martín Caballero.

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Una advocación atípica es la de San Cipriano, a quien se le adjudica tutela en las prácticas de magia negra. Cuando las tempestades muy fuertes, mamá decía: “Santa Bárbara doncella, líbranos de un rayo y de una centella”. Nada más eso exclamaba mamá cuando se venían las tempestades: “¡Santa Bárbara doncella, líbranos de un rayo y de una centella!”. Eso era lo que ella decía, lo que yo alcanzaba a oír.
(Carlos Sépulveda Hernández; Hualahuises)

En aquel entonces había un viejito de por aquí que no creía en los santos y se fue a la Revolución, decía mamá. Ese viejito andaba en campaña allá para el sur, lejos, y un día lo mandaron de correo, de un lugar a otro; su misión era larga, peligrosa, y ya cuando iba el caballo muy cansado le gritó al patrón Santiago: “¡Patrón Santo Santiago, préstame tu caballo!”, luego siguió cabalgando. Y ya se sentía él desfallecer cuando al poco tiempo divisó en el horizonte un bultito blanco (porque el caballo del patrón Santiago es blanco), y aquella visión se fue arrimando cada vez más velozmente, entre más, más... mientras el caballo de él a duras penas... avanzaba. Así estuvo unos instantes ¡cuando aquí nomás!, se topó con un caballo blanco, y apenas lo había agarrado y puesto su montura cuando ¡el otro caballo cayó bien muerto! Fue cierto de eso, fue cierto, el tío Higinio platicaba... Entonces el viejito, cuando ya se acabó toda esa cosa de la Revolución, regresó, pagó manda en Santiago Valladares [población de Coahuila cercana a Lampazos], se hizo capitán de la danza y no falló a las fiestas, año por año... Y no creía él.
(Felícitas Chávez Hernández; Lampazos)

Estaba tan seco que ya no hallaban ni qué hacer, entonces ya se juntaron muchos y se fueron para... sacaron a... a San Cristóbal. Se lo llevaron en procesión, ¡quién sabe hasta dónde! Pero entonces, cuando iban por determinado sitio vieron que se empezó a nublar

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¡aquél nublarse de nubes!, y comentaron muchos: “Ay, a lo mejor va a llover –dijeron– nos va a hacer el milagro”. Ellos como quiera iban con él, cantándole, rezándole y, bueno, cuando ya venían de vuelta quesque vieron cómo empezaban a juntarse bastantes de aquellas nubes negras negras. Poco después empezó el trueno y el relámpago, todo eso, la lluvia.
(Basilia Gauna Sánchez; Hualahuises)

Véase: Amuletos, Camino de Santiago, Oraciones, Procesión, Santa Muerte, Virgen.

Sapo (Bufo bufo). Nuestra gente concibe que estos anfibios son malos. Quien hace enojar un sapo se expone a que el animal regrese en la noche y lo mate, ahorcándolo o asfixiándolo; existen testimonios al respecto y es una creencia tan extendida que, invariablemente, se conserva la práctica de sacrificarlo (después de que se le molesta o juega con él). Hervido, seco y en polvo se le estima para realizar “males puestos” porque lo consideran venenoso. Otros creen que anuncia lluvias. Los sapos se enojan y siguen a la gente, eso no se ha probado, pero afirman que si haces enojar a un sapo, o a un camaleón, te expones a que te maten en la noche. A un sapo si lo haces enojar mucho, ¿ves?, y luego no lo matas, viene en la noche y cuando estás acostado se te para en el pecho, aquí. Se te sube aquí en el pecho, durante el sueño y... y nomás con el puro frío te hace daño porque el sapo es muy frío, con el puro frío te mata, te quita la vida. Eso dicen, platican que es cierto eso. Por eso cuando trata uno de... ¡pos si haces enojar un sapo es mejor que lo mates. Si los haces enojar muncho se esponjan, los sapos, se esponjan enojados, se inflan mucho. Cuando esto sucede, mejor mátalo por aquello de las dudas.

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Es cierto, en la noche te cae cuando estás bien dormido, viene y se te para aquí, en el pecho; yo creo te hace daño con el miado, o no sé con qué... La cosa es que dicen que lo matan a uno ¡los sapos! Lo mismo el camaleón.
(Felícitas Chávez Hernández y Nazario Hernández Briseño; Lampazos)

Me acuerdo de una historia que hace poco le platiqué yo a usted, platicaba papá que atorear un sapo es malo. Que un señor, con una cuarta, ¿verdá?, estuvo toreé y toreé a un sapo; andaban unos vaqueros y uno de ellos estuvo chínguele y chínguele hasta que lo hizo enojar. Allí estuvo aquel hombre con una cuarta, de las que se usan para los caballos, hostigando al sapo, hasta que dijeron los demás “¡vámonos, vámonos!”. Que iban para ¡pos no sé exactamente a dónde!, de un rancho a otro, lejos, ¿verdá?, y que llegaron como a la una o dos de la tarde a su destino; entonces dijeron “vamos a descansar, vamos a descansar”. No y ¡pos se bajaron de los caballos!, cuando llega... cuando ven el sapo que iba llegando atrás de ellos, y dice uno: –Mira el sapo que atoreaste allá, ¡ése es! –porque siempre se ha dicho que el sapo es malo, pero quién sabe–, mira el sapo que toreaste allá, ¡ése es! Y dice otro: –¡Acuéstate! Acuéstate a ver qué te hace y ponte las chivarras [chaparreras] arriba, de protección (las chivarras son de cuero, ¿verdá?, de vaca). –¡Sí, acuéstate a ver qué te hace!, échate unos costales y... a ver qué te hace. No, pos aquel va y se acuesta allá y se pone unas chivarras, se acostó aquel hombre y ¡no! el sapo se vino brincando y se subió arriba de él. Entonces nomás le hizo tres veces así, arriba [se estiró en sus cuatro patas para arriba y para abajo], al mismo tiempo que resollaba; haz de cuenta que el sapo hizo unas lagartijas, luego descansó y se fue.

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Entonces se arrimaron los otros y le dijeron: –Ya se fue, ¡ándale, levántate! –Estaba muerto. Y esa la platicaba papá como cierta, ¿verdá?, la platicaba como cierta, como que él la conoció... como que él conoció a la gente que le sucedió.
(Manuel López García; General Terán)

Serpiente de agua. Visión acaecida durante las tormentas; es figurada como una sierpe gigantesca que se desplaza entre las nubes y luego desciende repentinamente sobre la tierra causando destrozos. Su descripción incluye la imaginación de torrentes de agua vertidos por su boca. Para alejar su presencia la gente utilizaba invocaciones y procesiones. Platicaba mi papá que había... que había nubes que traían culebras, ¡ahora ya les tienen otro nombre!, pero en aquel tiempo les decían culebras; eso era, creo yo, lo que ahorita conocemos como una tromba, una tromba. En aquellos años les decían culebras a unas nubes muy tempestuosas que venían haciendo forma de sierpe con agua, granizo, aire ¡y llegaban haciendo destrozos! Aquí, en el 1944, cayó un granizazo y fue una nube de ésas... una nube de esas que les decían ¡pos culebra!, ¿verdá? Pero más antes a una culebra le decían culebra porque en la parte donde se clavaba ¡hasta perforaba la tierra!, hacía pozos... Esas culebras, decían que, cuando abrían el hocico eran como una víbora que se veía en la nube, que se iba la nube, así, serpenteando, y que cuando la culebra colgaba el hocico pa abajo o lo abría, iba echando granizo, aire ¡y cuánto!, como un remolino. Y ahí donde caía la culebra, ahí perforaba la tierra.
(Hilario Martínez Serna; Linares)

Campana de bronce de menos de un geme de alto. Procede de San

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Rafael (municipio de Cadereyta, N. L.). En el siglo pasado se le utilizaba en las procesiones que pedían desapareciera la “serpiente de agua”.
(“Descripción de foto de campana”, en: Fernando Garza Quirós, Muebles y utensilios de la región noreste: 76)

Véase: Tempestad.

Sirena. Ser fantástico representado en la iconografía medieval y moderna con torso de mujer y cola de pescado. En la mentalidad popular de nuestra región, la sirena simboliza un castigo para las mujeres que desobedecen la costumbre de no bañarse durante Semana Santa. Una vez transformada en sirena, es llevada por el cauce de los ríos hasta el mar, donde expresa sus atributos: componer y entonar canciones. A mi abuela le decían eso... le decía la gente de más allá que en Semana Santa no se bañara, que no se bañara en la Semana Santa porque se hacía sirena, como la mujer que se bañó y que se hizo sirena... No ¡pos la sirena! Esa muchacha se hizo sirena porque se fue a bañar el Viernes Santo, por eso se hizo sirena. Sí, se volvió sirena encantada en el agua, hecha por la providencia divina, y ahí anda todavía en la agua.
(Juan de León Morín y Clemente Cázares Mendoza; Mier y Noriega)

Nos platicaba mamá que en un rancho donde vivía tía Josefita, parece que le decían Las Latas, muy allá, muy adentro de Allende, había un río; ese río nos lo llevaron a enseñar una vez que fuimos, y dice que decían: “¡No se vayan a bañar porque les va a pasar lo que a la sirena!”. Entonces nosotros preguntamos: “¿Cuál sirena?”, y contestó: “Pos un pescado muy grande que se volvió sirena... una muchacha que iba a bañarse y bañarse hasta que le salió cola”.

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Sería verdad o sería mentira, quién sabe. Pero ellas tenían miedo bañarse en ese río, ir muy seguido al río, porque les iba a salir cola con escamas y todo. Era un pescado muy grande, una mujer que le salió cola como a la sirena...
(María Teresa Cavazos A.; Villa de Santiago)

Yo no he visto de verdad a la sirena, la he visto en los papeles [revistas, libros]. Decían que ésa es la que compone las canciones... Decía un señor de Reynosa que ya se murió que él la conocía... “Cada vez que la sirena va a cantar, a componer una canción –decía– yo la oigo cantar. En la madrugadita chiquita, ya cuando quiere amanecer se sale a cantar”, decía. Decía el señor ese que ya se murió: “Yo sí la conozco, todas esas canciones ella las compone”. Fíjese, yo allá no la vi... pero esa sirena yo la conozco en los papeles, pintada, en papeles sale la sire... esa sirena pintada. Tiene la cola... de aquí de la cintura pa abajo es pescado y de acá de la cintura pa arriba es gente. Decía el viejito que esa mujer se volvió así porque no respetaba los mandatos de su mamá; ¡ah, no! que se quería bañar los Viernes Santos y se bañó ¡por eso se hizo pescado! La mamá le decía que no fuera a bañarse en esa fecha porque era malo. Todos esos días –por eso cada año vienen– se respetan, más el Viernes Santo, pero ella dijo: “Me voy a bañar, quien quite y me haga pescado”, y se hizo pescado... Sí, decía el señor que él la conocía (el viejito que nos platicaba, ese que ya se murió). Comentaba: “Yo la conozco y sé por qué se hizo pescado: la mamá la maldició porque ella no entendió, le gritó ‘ojalá y te hagas pescado’, por eso se hizo sirena”, decía el señor. Por eso hay que saber respetar a los padres... el señor decía: “Yo sí la conozco y la conocí desde muchacha, la conocí desde antes que fuera así, que se volviera sire... pescao”. Y sí, era muy malcriada con su mamá, pero ese día su mamá le dijo “ojalá y te hagas pescado”, pos le alcanzó la maldición.
(Esther Carrizales; Linares)

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Véase: Desobedientes, Enterrados. Sol. Existe la creencia de que el sol marea a personas y animales, especialmente a los niños; hay quienes, por el contrario, ven en sus rayos un principio de vitalidad. A semejanza de lo que ocurre en diversas latitudes y épocas, nuestra gente concibe que la estrella es Dios, que Cristo viene en el astro, o que el sol es la cara de la divinidad; quizá por esto los compositores populares lo invocan como testigo y sinónimo de vida. Los pobladores de la sierra poseen “piedras de sol”: piedras que evocan la figura del astro en su textura; mientras que en Villa de Santiago exclaman: “Se están casando las brujas con el diablo”, cuando llueve y el astro es visible, fenómeno que en el área de Linares es denominado “sol de agua”. Algunos lo llaman “el güero”, “la cobija de los pobres” o, simplemente, “la rueda”. Dijo que en el cerro se ven lumbres, que significa dinero. Y en los caminos se aparece una mujer con una lámpara que asusta. Los niños nos miraban asombrados, uno de ellos, el mayor, hablaba como la anciana. La anciana los regañó y les ordenó que se metieran, alegando que el sol marea. Todos traían ropa gringa.
(Yosune Ibarra y Gustavo Herón Pérez, “Diario de Campo”, Cerralvo, 7-VII-1997)

Sí, sí había curanderas, pero no actuaban como las brujas... Las primeras curaban susto, curaban espanto, curaban empacho con hierbas, eran viejitas hierberas... Te curaban del sol también... Te ponían un trapo ¡chinga! y si hervía el vaso estabas asoleao... Y cuando llegabas a asolearte te sacaban el sol con el... este... ¿cómo se llama?, con el sauce.
(Juan Ramos Lozano; Melchor Ocampo)

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Por debajo del agua los dos nos amamos porque nadie lo sabe nomás tú y yo y los astros del cielo pero ellos no hablan con envidia nos miran la luna y el sol.
(José H. Rodríguez; canción “Por debajo del agua”)

Véase: Astros, Centella, Cielo, Eclipse, Luna, Piedras.

Sol de agua. Denominación de cierta condición atmosférica en que se da, al mismo tiempo, lluvia y sol; aparición a intervalos del astro rey en el inicio o final de una tormenta. Véase: Revolución del agua.

Sombra. Suerte de alma o espíritu. Se dice que a una persona le “pisan la sombra” cuando está subyugada por alguien; la consecuencia de esto es tristeza, enfermedad o desasosiego. En otra acepción, el término denomina ciertas visiones nocturnas, espantos en general. He pensado en la vida si tú me quisieras he llorado al saber que mi vida te estorba he deseado olvidarte al pasar de los años pero nunca podré, me persigue tu sombra.
(A.D.A.; canción “Me persigue tu sombra”)

Sotol. Variedad de maguey cuyas flores se utilizan en la zona sur-serrana como ornamento funerario o festivo; en

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comunidades de Galeana se colocan sobre las tumbas, y en el municipio de Iturbide son esenciales para decorar las calles durante las fiestas de San Pedro, el 29 de junio. Además, pobladores de Rayones utilizan la vara central de esta planta para elaborar una especie de bastón. Véase: Maguey, Mezcal.

Susto. Véase: Curandero, Espantos, Mal de espanto.

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T

Tamborazo. Música típica de Linares, General Terán y municipios vecinos como Hualahuises, Montemorelos, los Ramones, Allende, Cadereyta, y San Carlos, Tamaulipas. Se ejecuta con una tambora de madera y piel, acompañada por dos clarinetes. Su repertorio está conformado por huapangos, polcas y otros ritmos o géneros tradicionales. Actualmente casi ha desaparecido la costumbre de improvisar coplas durante su interpretación. En los primeros dos municipios, la tambora y el clarinete amenizan desde bautizos y campañas políticas, hasta entierros y carreras de caballos, pero son más comunes en bodas, cumpleaños y ferias. De hecho, su música es considerada un símbolo de identidad linarense, especialmente, la agrupación que fundaran los hermanos Hinojosa: Los Tamborileros de Linares, o Chichimecas de San Julián. De un músico originario de Guadalupe La Joya, General Terán, cuentan que acostumbraba usar una tambora forrada con dos tipos diferentes de piel: de cabrito y de coyote;

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comúnmente, tocaba sobre el cuero de chivo, pero cuando alguna fiesta se alargaba demasiado, nada más le daba vuelta a su instrumento y percutía sobre la piel de coyote, entonces se suscitaban pleitos y terminaba la fiesta. Había en el pueblo de Terán una feria, con su ruleta, su baile de tamborazo que comenzaba desde la tarde, sus peleas de gallos, sus ‘pelones’ (albures) y lo que no podía faltar: las carreras de caballos. En esta región era uso y costumbre que no se repartían invitaciones para el baile, ni tampoco iba la comisión de tres o cuatro pollos del pueblo, muy peinados y con sus “trapos de apadrinar”, a invitar al jefe de la casa y a su apacible familia. Aquí, desde muy temprano, por la tarde, comenzaba a tocar la tambora con una persistencia implacable. Al que no estuviera acostumbrado a esta clase de invitación, le habría parecido un suplicio...
(José Lobatón; El Gringo: 78)

El pueblo de los Ramones adelantó el 60 aniversario del ejido La Conquista para poder contar con la presencia de su “rey”: Javier Ríos, y los Invasores de Nuevo León. El pasado jueves se llevó a cabo la celebración de fundación de la tierra donde nació el acordeonista norteño más admirado en Nuevo León, y como era de esperarse, lo recibieron con todos los honores (...) Las actividades de “fiesta” en el ejido iniciaron con un homenaje a la bandera, después con música de tamborazo en la plaza principal.
(Salvador Ruiz, “Festejan ‘La Conquista’“, en: Extra, sección Espectáculos, Monterrey, 13-VIII-1997: 30)

Según esto, dicen que se murieron dos batos de aquí de la región y estaban esperando su turno para entrar al infierno, pero como había mucha gente y mucho desmadre, en una descuidada se pasaron a la fila de los que iban pal cielo y ¡entraron al cielo! Pero entonces,

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cuando el diablo checó su lista, notó que le faltaban dos pelados de Linares y le avisó a San Pedro que de seguro se le habían colado. San Pedro checó su lista y sí, tenía apuntadas dos personas de más; rápidamente se puso a buscar a los prófugos, pero no los encontró. Entonces, temeroso, fue con Dios a explicarle el problema y le pidió consejo. Éste le dijo: –¿Dices que son de Linares? Nombre, no te preocupes, ¡tráite a los hermanos Prado o a Pedro Hinojosa! (tamborileros y clarineteros famosos). San Pedro fue por ellos y les dijo Dios: –A ver ¡toquen una pieza! ¡No! y aquellos pelados ya andaban disfrutando del paraíso cuando escucharon la tambora y el clarinete, que empiezan a dar alaridos y gritar: “¡Arriba Linares, arriba el cielo!”, ¡a zapatear cantar y cuánto! No, y pos nomás vio Dios dónde estaba el desgarriate, luego, luego mandó a San Pedro por ellos para que se los llevara al diablo; los devolvieron al infierno.
(Anecdotario popular linarense)

Los del sur de Tamaulipas se pasan para Linares donde van a divertirse a los salones de baile con tambora y clarinete se pasean por las calles con tambora y clarinete se pasean por las calles.
(Huapango “El sur de Tamaulipas”)

Véase: Augurios, Coyote, Chimole, Jabalí, Perro, Venado.

Tecolote (Bubo virginianus). Nombre náhuatl del búho; ave rapaz y nocturna cuyo canto se vincula a presagios de muerte.

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Por lo general, se le confunde con la lechuza. Cuando hay algún moribundo por causas de hechicería o de pacto diabólico, se para en árboles cercanos para burlarse y esperar el deceso. Los campesinos aseguran que imita los sonidos de diversos animales, y existe el temor de que puede robar los espíritus de infantes no bautizados. En los municipios del interior su figura es utilizada para controlar las travesuras y desobediencias de los niños: “Si no te portas bien, te va a llevar el tecolote”, suelen advertir las madres. Es considerado nagual de las brujas y el diablo; por otra parte, en un cuento tiene la encomienda de buscar al Pájaro Cu. Recuerdo que andábamos yo y un muchacho tallando lechuguilla por la Tinajita, una sierra, y cuando veníamos saliendo por Tecojotes, por donde hay un llano, estaba en un encino un tecolotón ¡pero con unos tucuruqueos [cantos del tecolote] bien hechos! En ese entonces cargaba uno las pistolas a la vista del público, no había problemas, por eso mi compañero traía una pistola 38 y yo traiba una 44. Entonces... que le empezamos a querer tejer balazos a aquel tecolote. Mi pistola taba buena, yo la conocía muy bien, pero esa vez ¡pos nunca reventó! [disparó]. Tampoco la de mi amigo. Bueno, pos como no le pudimos disparar nos fuimos... y cuando íbamos como a unos 30 pasos oímos aquella risada de una mujer, ¡pero a todo dar!, bien fuerte. ¡Nombre!, íbamos que se nos amargó la boca... ¡No!, que íbamos a voltiar, íbamos diciendo nomás “Ave María Purísima”... Y en ese mismo sitio, una vez venía bajando con el señor Miguel (si quiere pregúntele a él, estaba de recién llegado aquí) cuando vimos unas lucecitas, dos luces, ahí vienen las luces por el cerrito ese, luego se oía como un murmullito y dijo don Miguel: –Son tecolotes... Oiga, ¿pero los tecolotes cargan lumbre? –Pos eso sí quién sabe –contesté yo. Y, así, bajamos... aunque él se me adelantó porque tiraron unas risadas los tecolotes, se golpeaban las risas a todo dar [hacían eco]

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y a él le entró miedo. Se fue adelante de mí y eso que traiba dos tinas de agua. Después de eso, él mismo y yo habíamos acordado de poner una cruz en ese picacho, aunque después se nos olvidó. No, por eso es que, ya le digo, hay muchas cosas, pero apenas viéndolas. Porque si ustedes las platican no se las creen, los juzgan locos.
(Alejandro Pérez Barrientos; Iturbide)

Una vez venía yo de Bustamante y pasé por las montañas, allí conocí a una mujer que se llamaba Felícitas Chavira, quien me dijo: –¿De dónde vienes? Le dije: –De Bustamante. Después llegaba yo a su casa, ahí comía, y ella decía que era bruja: –¡Qué bruja vas a ser, hombre, nomás eres habladora! –le decía yo. Y ella continuaba: –Mira, un día te voy a dar un susto que no vas a creer; no te quiero asustar, pero ya verás. Y un día venía yo del rancho ya tarde, regresaba solo, venía yo a caballo saliendo al cañón ese, cuando aquí nomás voló un tecolote y escuché un chillido. Se paró el tecolote en una palma, así, adelante de mí, y dije: –Ahora verás, te voy a matar. Y saqué la pistola, pero luego que la saqué el pájaro tiró una carcajada, diciendo: –¡Ándale, mátame! Al escuchar eso, ya no hice nada, nomás metí la pistola y me acordé de la vieja, me vine y se fue luego, luego, el tecolote. A ésa la vi yo, yo lo viví, no me lo platicaron.
(Andrés Villasana Ríos; Mier y Noriega)

Véase: Cócono, Lechuza, Nagualismo, Niños, Pájaro Cu.

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Tejón (Taxidea taxus). Algunos pobladores de la región acostumbran consumir la carne de tejón preparándola como cualquier otro guiso. Destaca la utilidad de su grasa en el tratamiento del asma o para quitar el susto. ¿Saben para qué es buena la manteca del tejón? Esa es buena para los sustos; si uno de ustedes está asustado, así, que no come bien y tiene miedo de cosas, se untan la grasa del tejón o preparan comida con ella, y pa otro día ¡pos ya no te asustas! Sí, la manteca de tejón es pal que está asustao.
(Jesús Alejandro Casas Ramos; Rayones)

El cebo de tejón se usa... El tejón es un animal del monte bien carajo; allí en el rancho lo matan los perros, están tan gordos como los marranos. Una vez llevaron uno y le saqué todo el cebo en un sartén de teflón, dejé al animal sin grasa, le saque todo. Aquí venía un señor que tiene asma y le recetaron manteca de tejón, pero no encontraba y yo le di la que tenía; bueno, no se la di, ¿verdá?, le dije: “Dame veinte pesos para el trabajador que hizo ese trabajo”. El cebo de tejón sí es muy milagroso para el asma, tomado.
(Guadalupe Sepúlveda Hernández; Hualahuises)

Tempestad. Denominación coloquial de la tormenta; por la conjunción de rayos, truenos, fuertes vientos y lluvia que en ésta se manifiestan, crea incertidumbre y temor. La inseguridad que una tempestad provoca ha hecho persistir prácticas mágico-religiosas tendientes a calmarla o desviarla, como rezar, hacer cruces de cal o ceniza, colocar boca abajo, en el patio, el metate o el molcajete, santiguar y cortar el cielo con la mano, con cruces de palma, con veladoras y cuchillas. Es costumbre cubrir espejos y esconder objetos de metal por temor de que éstos atraigan rayos.

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Me acuerdo yo que una vez, ahí en rancho El Armadillo, venía una tempestad muy fuerte; entonces, el mayordomo de nosotros, don Santiago Salinas, puso una cruz de ceniza en la puerta del jacal y se desvió la... la tempestad, agarró otro rumbo. Bueno, como quiera sí llegó un poco, pero no fue mucha, porque me acuerdo que él mismo se colgó de la cimbra del jacal para que no la levantara el aire. Eso sí, esa cruz de ceniza la ponen en las casas para que se vaya la tempestad para otro rumbo.
(Nazario Sepúlveda Briceño; Lampazos)

Ta como cuando gritaban “¡ahí viene la nube!” y que “¡mira nomás, hay que sacar el machete!”, que “saca el santito” y que “saca el cuchillo” ¿¡pa qué quieren eso!? Se venía una tempestad y decían “sal a cortar la nube porque tú eres primerizo”. Los hijos primogénitos salían a cortar la nube con un cuchillo, otros decían: “ándale. ve y dánzale!”. ¡Nada de eso, no!, a mí nunca me hicieron cortar una nube, aunque no era primeriza. ¡Nunca me hicieron que persignara una nube! Nunca admití eso ni lo he admitido. Persignar una nube ¡ni con la mano!, mucho menos con cuchillo. ¡Pos pa qué!, les digo, no hay necesidad. El Señor es el que nos tiene en este mundo, sabe lo que va a hacer.
(Hilaria Alemán Ramos; Linares)

Véase también: Centella, Cielo, Nubes, Rayo, Serpiente de agua, Trueno.

Tesoro. Encontrar una fuente de riqueza en metales u objetos preciosos es una de las ideas más extendidas en la geografía del mundo, sobre todo en la imaginación de poblaciones marginadas. En nuestro ámbito, la gente explica el origen de tesoros en robos cometidos por indios, revolucionarios,

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bandidos, personas ricas, quienes optaban por esconder su botín en terrenos abruptos y añejas casonas. En su acepción fantástica, sobresale como una riqueza extraordinaria y oculta, con las siguientes características: su escondite es señalado por espantos en forma de personas, animales, lumbres, diversos ruidos; suelen resguardarla visiones de ánimas, indios, fieras, el diablo, bandidos, osamentas y voces que expresan frases como la famosa “todo o nada”; desenterrarla implica la muerte segura de alguno de los participantes en el hallazgo. Es que dicen, según la historia, ¿verdá?, que los que se hallan el dinero o los que lo están sacando... todos esos “caminan”, se mueren. “Caminan” con el tiempo, ¿verdá?, digo, si es mucha cantidad de dinero, si el dinero es poco no se mueren.
(Ramiro Rodríguez Torres; Lampazos)

Otros vinieron con la intención de buscar tesoros ocultos o misterios (...) Más de 30 años la hacienda de San Pedro sufrió tristeza y el abandono, el saqueo y la destrucción. Por eso ahora a últimas fechas la gente tenía temor a venir, siempre se hacían visitas de día, porque toda la vida, y mejor ustedes que nadie sabe y se han de acordar, que decían que aquí asustaban. Por eso les digo que las visitas las hagan a buenas horas y de día, antes de que oscurezca.
(Viviana Villarreal Vda. de Gutiérrez, Zuazua, citada en: Gustavo Leal, La hacienda de San Pedro: 89-90)

Cerca de la cueva de Bocacalí hay una cueva que dicen que es muy grande y que los que han entrado en ella no le han encontrado fin. Está cerca de la “Cuesta Blanca” por donde pasa el camino, y cuando pasa uno sobre ella, se oye como que está hueco el cerro. En ella dicen que hay montones de dinero acuñado de pura plata limpia, es de cuando pasaban allí las “conductas” de mulas cargadas

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de dinero en tiempos de los españoles, (cuando los indios broncos se adueñaban de algunas y las llevaban a esconder allá). Pero dicen que está apoderado del diablo, o más bien que el diablo está apoderado de ese dinero, ya algunos valentones, de tiempo en tiempo, han querido sacar ese dinero, pero algunos ya no han vuelto y otros han salido pero sin nada de tesoro y medio locos. “Todo o nada” les dijeron a los dos que dicen que entraron con la esperanza de hacerse ricos. Algunos se resolvieron y dicen que llegaron y empezaron a llenar costales. Pero cuando terminaron y ya se iban se les apareció un hombre vestido de negro y les dijo: “Todo o nada”, y ya estaba el montón de dinero, y así nunca terminan y salen sin nada... los que salen.
(Jaime del Toro Reyna, Crónicas de Aramberri, p. 42)

Aquí se dice que si ustedes iban a enterrar un tesoro, o alguna persona iba a enterrar un costal de pesos, le debían dar una arrastrada al lugar con una ristra de ajos o con un cabresto de cerda. De esta forma, el que iba a escarbar después donde estaba ese tesoro ¡pos no lo iba a poder desenterrar!, porque le salía una víbora, una serpiente que se les echaba encima con aquel chillidazo, mientras que quien no tenía miedo mataba el animal al tiempo que volaban hechos pedazos los ajos o el cabresto, ¿verdá? Eso de la magia todo el tiempo ha existido, ¿verdá?
(Efraín Segundo Rosales; Mier y Noriega)

Véase también: Carbón, Cueva, Espantos, Luz errante, Relaciones.

Tlacuache (Didelphis marsupialis). Omnívoro silvestre que mejor se ha adaptado a la presencia del hombre en la región. Suele vivir en pleno centro de muchos municipios y en el área metropolitana de Monterrey. En los primeros, se le persigue especialmente por el daño que causa en las aves de corral; en

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el área citadina, es cazado como una suerte de pasatiempo por adolescentes y jóvenes. A diferencia de lo que ocurre en otras regiones del país, aquí no encontramos mitos y cuentos sobre este marsupial. Al contrario, utilizan su figura en forma despectiva; por ejemplo, para señalar que alguien no tiene importancia señalan que es un “tlacuache cola pelona”. Subsiste, sí, el consumo de su carne y grasa, así como la creencia de que sirven para curar males respiratorios. Son proverbiales su resistencia física y habilidad para “hacerse el muerto”con el fin despistar a sus depredadores. El tlacuache se come: se cuece y se cuece; yo lo he hecho a vapor, en una de esas ollas que se les pone su bandejita abajo. Pongo agua abajo y al animal lo pongo arriba. Eso sí, le pongo sal, pimienta y ajo (embarrados en la carne). Lo pongo arriba como barbacoa y se hace el tlacuache... Sabe a puerquito, a carne de puerco, es grasoso.
(Modesta Murillo Rodríguez; Linares)

Aquí las víboras las usa la gente por gusto: las asa, se las come uno en pedacitos, o cuando ya está seca se le echa en polvo a la comida y se la comen. Es buena para algún grano que padezcas o alguna alergia. Pero no, aquí no estamos acostumbrados a eso (sic). Lo que sí, a papá una vez corriendo se le fue un tiro, iba persiguiendo un coyote y al brincar un arroyo se le fue una bala entre cuero y carne, y nunca le cerró la cicatriz de la bala. Aquí entre cuero y carne le quedó abierto. Hasta que alguien le dijo“¿qué no hay cebo de tlacuache aquí? Si tienes cebo de tlacuache, ¡ponte!”. Entonces papá se talló con cebo de tlacuache y se le cerró la herida ¡fíjate! Eso sí, hay muncho tlacuache, podemos venderte ¡camionetas! con tlacuaches.
(Juan Ramos Lozano y Eugenio López; Melchor Ocampo)

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Torbellino. Véase: Diablo, Remolino de viento.

Tormenta. Véase: Tempestad.

Toro. Las creencias en relación a este animal son variadas; si aparece en forma de visión nocturna se asocia con el diablo; según otras pláticas, los diableros del sur de la entidad pueden manipular sus huesos, otorgarles movimiento. El toro es sinónimo de grandeza, fuerza, aunque el habla regional utiliza una variante de buey, “güey”, como vocablo de identificación general y sinónimo de comportamiento inhábil. Cuando retoza, pelea o brama, es señal de lluvia, tempestad. Su cráneo seco es símbolo de vida rústica y se utiliza para delimitar propiedades ganaderas, o bien, como simple objeto decorativo. En comunidades linarenses como los ejidos Gatos Güeros y Leones se convoca a junta ejidal soplando cuernos labrados de la bestia. En un cruce de caminos salía un toro que a toda la gente la echaba en corrida, pero no sé dónde pasó eso, no fue aquí. A todos los echaba en corrida hasta que dijo alguien: “No, ora verán, a mí no me va a hacer correr”, y se dirigió a donde salía la bestia. Y llegó al cruce de caminos cuando, ¡allá viene el toro! Entonces se bajó del caballo el hombre, sin miedo, y cuando el toro se acercó lo agarró de los cuernos, y ahí va empujando al toro pa atrás, pa atrás, pa atrás, pa atrás, ¡hasta que se hundió el animal en la tierra! Y el hombre se quedó en las manos con las orejas de un cazo... ¡Era dinero! Esa es una talla [plática, anécdota], será verdá o será mentira; quién sabe.
(Felícitas Chávez Hernández; Lampazos)

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Nosotros cuando estábamos chiquillos... era de que si oíamos el pitido del cuerno de toro –se oía bien lejos, ¿verdá?, “uuuuuuu”– decíamos “nos citan en la casa”; nos íbamos corriendo pa la casa. ¿Se acuerda, eso era lo que teníamos? ¿Se acuerda que andaba papá bien lejos, o yo, o él o Ramiro?, ¿y con qué nos comunicábamos? ¡Con el cuerno, el cuerno! Si se necesitaba reunirse para una cosa, salías a un lado de la cerca y “uuuuuuu”, pitabas y de volada llegábamos corriendo. ¿Sabría papá labrar el cuerno pa pitar? Porque tiene su chiste, yo nomás lo vi ya labrado, el cuerno grandote, así. Nosotros todos aprendimos, lo pitábamos y sabíamos bien quién era el que pitaba, por el tono. Pero no cualquiera lo pita.
(Juan López García y Manuel López García; General Terán)

Véase: Cráneo, Diablero.

Trueno. Sonido fuerte y seco que sigue al rayo. Suele atribuírsele a la “ira de Dios” o a diversas de sus actividades como el “rodar de sus carros” y el “arrastre de sus cueros”. También es imputado, aunque de manera marginal, a obras del maligno, a un chango y a los “juegos de duendes”. En la vecina Sierra de Tamaulipas habitaron indios Trueno, y nuestra gente conoce una piedra del mismo nombre. Bueno, Dios manda los truenos y Dios los recoge. Aquí en la Laguna yo vivía cerquita de un pino y los pinos son muy apropiados para eso porque tienen mucha electricidad, yo vivía ahí y me preguntaban: –¿No tienes miedo por los truenos? (¡Pos me veían junto a un pino grande, enorme!) Entonces les dije:

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–No, yo no tengo miedo, ta tronando y relampagueando y ¡todo eso!, pero no... Dios manda los truenos, y luego Dios los recoge.
(San Juana Sustaita Torres; Iturbide)

Dicen que ésos son los niños del limbo [los niños que se mueren sin bautizar], que ésos son los truenos. Sí, son los truenos, son los niños del limbo... Así oía yo decir más antes, pero no sé el significado, ¿por qué? Sí, sí decían: los truenos son los niños del limbo, los que se mueren sin bautizar.
(Emilia Briones de Luna; Rayones)

Aquí nomás lo que dijo un amigo es que con los truenos venía ¡el chango!, el chango ¡el chango-gorilo! Que el chango-gorilo venía adelante cuando venía el trueno, el trueno y el ¡truenazo!, ¡y los danzantes como rayos, señor! Los matachines esos; sí, los indios (...) Hay una persona que... que se imagina... Según esto él se imagina –sabe dónde oiría esa plática– que cuando llueve, los truenos y los relámpagos que se despiden, no son cosas que Dios manda, sino que son cohetes que viene aventando el Chamuco, a quien él le dice “el chango”. Esa es una persona que... ¡pos él se lo imagina!, ¿vedá? No es porque a él le toque conocer; a no ser que se la haya encontrado en un libro, aunque no, no creo.
(Magdaleno Tobías Villanueva y Gregorio Gámez Villanueva; Mier y Noriega)

Véase: Rayo. Túneles. Pasajes construidos en la época colonial para establecer comunicación secreta entre diversas edificaciones de la ciudad de Monterrey, principalmente el Obispado y la Catedral; hay quienes afirman que los túneles forman parte

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de una pequeña ciudad subterránea donde vive gente aislada de la superficie. En cabeceras municipales también es común la referencia a estos pasos. José Cano contaba que se fueron al Obispado y... se fueron en el túnel hasta la Catedral... y abajo había casas, ¡casas!, pa los lados de los túneles; era un lugar muy grande, ¡tan grande que pos una carreta grande con caballos y todo puede pasar! ¡Pero más que eso, estaban casas a los lados y habían mujeres con niños!, y dijo José Cano que vieron mujeres con niños, y decían que esas mujeres con niños vivían en las casas, y las mujeres eran monjas y los niños eran de ellas... Esto es lo que le dijo José Cano a su hermana, entonces la hermana le contó a Artemio, que me dijo a mí. Yo ya sabía de eso desde unos dos meses atrás, pero no lo tomé muy, muy en serio... Pero muchas veces cuando oigo a dos... cuando oigo a dos personas decir algo parecido de lo que dudo, es cuando pienso ¡ajá!, ¿qué pasó? Hace unos días andaba yo con esta obsesión de los túneles, no sé por qué pero me puse a pensar, a pensar, a pensar en los túneles, o quizás porque fui al Obispado y...
(Marie Theresa Hernández; Monterrey)

Véase: Emparedados.

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U

Urraca (Quiscalus mexicanus). Ave negra. Según el cronista de Villa de García, algunas familias acostumbran colocar sus plumas en las puertas como protección contra las brujas. Por otra parte, en una historia de la montaña, cierta mujer “da a luz” uno de estos pájaros. Mi abuelita padecía unos ataques porque una mujer que era querida de mi abuelito le había dado alguna hierba para que se enfermara; además, después de que tuviera dos hijas, tuvo problemas de embarazo, y ella sin estar en estado. Sucedió entonces que cierta vez que fueron a la Mesita, ya casi para llegar, amaneció muy grave de parto, y sin estar embarazada (siempre, todos los años iban a la Mesita, y pos hacían bastimento para llevar porque duraban tres días de camino) se puso muy grave y muy grave de parto, al grado de que trajeron la partera y tuvo una urraca; alumbró un pájaro. Después siguió padeciendo y mi abuelito ya ni tenía fuerza de tanto batallar con ella, de tanto padecer, hasta que un día la llevó a Galeana con una señora que era curandera. Le dijo:

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–Ay, señora, aquí le traigo esta mujer, está enferma, ya me cansé de batallar con ella, estoy fastidiado y ya no tengo con qué curarla. Y ella le contestó: –No le haga fuerza señor, aquí déjemela, yo... yo la voy a curar (...) Y aquella señora la alivió, se vino mi abuelita aliviada, ya no volvió a padecer.
(Emilia Briones de Luna; Rayones)

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V

Vejez. Etapa final de la vida humana. Algunos individuos recuerdan que en décadas pasadas los ancianos, por su libre voluntad, se refugiaban en el monte para esperar el fin de su existencia. La frase “agarró pal monte” es equivalente a “se murió” o “se mató”. En similar connotación, la figura del viejo se invoca para atemorizar y sosegar niños, y es parte esencial de las danzas rituales (matachines). En la lírica popular, lo mismo es símbolo de abandono que de experiencia. Decían que los antiguos sacaban a los papás, cuando ya estaban muy viejitos, a perderlos a un bosque; entonces, ahí se acababan, moría la gente, no había sepulcro. Sí, no había sepulcro, no había panteones, al menos no como ahora, no había nada de eso.
(Florencio Pedraza; Hualahuises)

Ayer, me dijeron viejo y por un momento me estremecí

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después me miré al espejo y al fin noté lo que envejecí. No voy a sufrir por eso yo estoy tranquilo con esta edad si voy a dejar el puerto voy a marcharme con dignidad. Por qué llorar, por qué sufrir si al fin los seres que tanto amamos tarde o temprano se van a ir por qué llorar por qué sufrir si en cada arruga y en cada cana dejé una historia de mi vivir.
(Martín Urieta; canción “Mi vejez”)

Véase: Canciones de cuna.

Venado. Una de las bestias esenciales en la vida cotidiana regional desde tiempos arcaicos. Las diferentes partes de su cuerpo eran productos de primera necesidad e intercambio para los grupos cazadores-recolectores chichimecas; incluso, para algunas de estas etnias, fue un ser místico: “padre creador” o “protector del monte”. Dicha importancia pretérita explica una creencia actual: no se debe cazar por vicio ni en ciertos parajes, porque se corre el peligro de encontrarse con un venado invulnerable a los tiros. Éste se aparece durante cacerías nocturnas y, en vez de morir o huir cuando le disparan, se acerca a los cazadores. Lo anterior con las siguientes variantes: El animal se aproxima con cada bala y realiza algún gesto, saca la lengua como saboreándose, mueve la cabeza y rasca la tierra con las patas; se hinca, habla y advierte que el

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monteador no necesita más carne de la que lleva, o que si le dispara, el cazador matará a su padre y a su madre (TeránRayones-Hualahuises-Linares). El ciervo se transforma, intermitentemente, en hombre, al apuntarle con un rifle (Iturbide). El gamo espanta a los cazadores lanzando flechas por la cornamenta (San Carlos, Tamaulipas-Linares). Un hombre desnudo con cuernos de venado espanta a unos cazadores que matan animales por vicio y diversión (General Terán). Cierto diablero reta a un cazador y se transforma en venado para burlarse de él. Un brujo transforma a un cazador en la bestia, en castigo a sus depredaciones (Linares). Un ranchero logra abatirlo grabando una cruz en la culata de su escopeta (Montemorelos). En relatos de Galeana asocian al ciervo con el hallazgo de un tesoro o, finalmente, lo abaten, pero al ir a recoger su cuerpo, no lo hallan: desaparece. En un ejido de Aramberri relacionan la aparición del animal con muertes violentas. En Mier y Noriega cuentan que el venado es invulnerable porque porta en su cuerpo una piedra protectora. Generalmente la gente relaciona dichas visiones del ciervo con el diablo y, en menor medida, con las habilidades de diableros o con los hechizos de alguna bruja. A veces hablan sólo del brillo de sus ojos y de que arroja chispas de lumbre. Historias más, historias menos, el venado es hasta el presente una fuente de proteína animal, razón por la cual se sigue aprovechando su carne. Además, se tiene aprecio de distintos artículos confeccionados con su cornamenta, piel y patas: adornos de pared, cintos, morrales, tamboras, pizcadores de maíz, cuartas. El símil hombre-venado aparece en giros del lenguaje, incluyendo canciones y corridos connotando sensibilidad,

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agilidad y muerte. En este sentido, hay jóvenes que por su comportamiento “hasta parecen unos venados”, choferes de autobuses que “corren como venados” y hombres que preparan crímenes “venadeando” a su presa. Estos dos tipos tenían costumbre de cazar: –¡Vamos a matar venados! –decía uno. Aunque tuvieran carne, era vicio. –¡Vamos! –decía el otro. Iban y mataban y traían, se traían lo que querían, lo demás lo tiraban; era vicio ya. Era algo maligno en ellos. Y una vez que andaban de cacería vieron en un... en un monte vieron pasar algo muy rápido; entonces, volteó uno, volteó el otro y se preguntaron: –¿Vistes? –¿Vistes? Era un hombre desnudo, completamente, con la cornamenta de un venado. Lo vieron y no supieron ni qué onda, ¿no?, y luego, desde esa vez, se les quitó la idea de andar haciendo eso, de andar matando venados.
(José Ángel Pecina López; General Terán)

Bueno, a nosotros el que nos la platicaba ¿sabe quién era? Don Pancho Vázquez. Éste era un viejito muy chistoso, pero quién sabe si sería cierto o no sería. Era venadero [cazador de venados], era viejito también antiguo. Se dedicaba a cuidar ganados: ganadocabras. Nosotros teníamos un ganadito en la sierra y allá nos juntábamos con él. Decía qué él bía sido muy bueno para tirar, para cazar, y... y que había visto ese venao así con esa forma que... que le tiraba, y que el venao, en vez de correr, nomás pateaba y se dejaba que se le arrimara, pero que nunca le pudo pegar. Quesque tenía... decían que ese venao tenía piedra ¿qué clase de piedra sería? ¡Sabe! Eso... eso nos lo platicaba ¡sería cierto, o no

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sería! Decían que ese venao tenía piedra ¡pos sería en la cabeza, sería en el menudo, sería... sabe Dios onde la tendría...!
(Gregorio Gámez Villanueva; Mier y Noriega)

Un cazador, un cazador andaba... Esta me la platicaron a mí y ahí se las voy a pasar al costo. Este era un señor que estaba bien enviciado en la cacería, y pos se llegó el tiempo de la cacería, cuando el señor ese dice: “Pos yo vo a traer un venado”. Le dijo a la señora: “Oye, me arreglas un lonchecito porque voy a cazar”. Bueno, le arregló el lonche la señora y se fue solo, él solo. Hasta que pos ya llegó a onde había venados y se fue y se fue y se fue, ahí va y ahí va y ahí va, cuando al poquito momento de caminar vio unos ojos, vio unos ojos y dijo: “¡Pos ese es venado!”. Dijo: “Voy a lograr, a ver si me permite arrimarme otro poquito, otro poquito más”. Se arrimó y agarró al animal como a cincuenta pasos más o menos, levantó el rifle y ¡palo!, ¡le disparó!, y sintió que sí le pegó. Nada más que el venado brincó sobre la luz. Brincó sobre la luz y vino... se le puso más cerquita. Entonces que le corta al maúser [rifle de alto poder] y ¡bola!, el cazador le tiró otro balazo, ¡y sentía que le estaba pegando!. Pero el venado brincó otra vez más delante y se le paró bien cerquita, y que hacía las orejas así el venado... con la luz, que movía las orejas. Pos hombre... ¡y que le mete otro balazo! Le tiró tres balazos o cuatro balazos y en todos le pegó. Pero ya cuando estaba como a diez pasos del animal, cuentan que le habló el venado, que le habló el venado... Le dijo: –No me mates, porque si me matas –dijo– vas a matar a tu papá y a tu mamá. Entonces, exclamó el cazador: –No –dijo– aunque así sea. Y aventó los balazos; volvió a disparar. Entonces sí lo mató y fue, lo echó a una tartana [especie de carreta con dos ruedas] que traía, luego se fue para su casa.

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¡Pos hombre!, la señora, esposa del cazador, como estaba... como estaba sola, en la noche le dijo al suegro y a la suegra que se fueran a dormir con ella porque tenía miedo. Y pos sí se fueron a la casa, pero el señor... el cazador llegó a las horas de la noche y, y, y le... le pareció raro ver tres personas acostadas en la cama; entró y dijo: “Aquí nomás mi mujer dejé y ahora hay dos gentes más acostadas, ¿qué significa esto?”. Y las tres personas estaban tapadas hasta la cabeza. Entonces que saca el cuchillo y ¡pas! y ¡pas! Atacó; le mochó la cabeza al papá y a la mamá. Tal y como le dijo el venado, así le salió; mató a sus progenitores.
(Hipólito Reyna Sánchez; Linares)

Tenías que llegar solito como venado al aguaje a su Cerralvo querido llegaba de un largo viaje si no hay forma de escaparse hay que aguantarse el coraje.
(DAR, corrido “Lupe Ruvalcaba”)

Véase: Cacería, Diableros, Espantos, Indios, Nagualismo.

Víbora. Su figura se asocia con elementos y parajes naturales; aparece en el cielo como una “serpiente de agua” que devasta todo en su trayectoria y en forma de rayos, los denominados “culebrías”. De manera análoga, un ejemplar gigante puede ser maldecido por un sacerdote y convertirse en un perfil rocoso de la montaña, o ser la guardiana de lagunas, árboles, cuevas. Además, es típica la asociación de estos reptiles con tesoros y, en menor medida, son un indicio de lluvia. Nuestra gente cuenta que antes la víbora andaba erguida, pero por

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asustar al burro de la Virgen María fue condenada a vivir arrastrándose. La frase “cuando las víboras andaban paradas” se utiliza todavía, en son de broma, para hacer referencia a sucesos antiguos. En los municipios del norte la sierpe de cascabel (Crotalus atrox) es considerada un manjar, se seca o asa, ingiriéndose en trozos, molida y guisada. Le atribuyen virtudes terapéuticas a su carne y grasa contra granos, cáncer, insolación, lo mismo sucede con sus huesos que, hervidos en sal y limados, sirven para hacer collares que previenen del empacho y dan consistencia a la dentadura de los bebés. Por si fuera poco, el cascabel de víbora es considerado bueno para atraer el amor y para la fabricación de instrumentos musicales. Cintos, billeteras, broches y otros artículos se elaboran en Monterrey, Rayones, Hualahuises y Linares con su cuero. En ranchos de General Terán, las víboras de cascabel muertas se colgaban de los árboles durante tres días, luego se bajaban y se quemaban para evitar envenenarse con sus huesos, mientras que en comunidades de Mina todavía acostumbran enterrar sus cabezas por temor a enterrarse los colmillos. Generalmente, se les teme debido a que “ligan” (hipnotizan) a sus presas; otros afirman que clavarse un hueso del reptil es mortal. Tal vez por toda esta parafernalia soñar que se matan víboras de cascabel es indicio de buena suerte; si durante el sueño no se matan, significa daños y enemigos que se ciernen sobre uno. Por otra parte, a la víbora negra se le considera un animal benéfico porque mata a las serpientes de cascabel; en correlación con esta visión benigna se usa la frase “pura víbora prieta”, en el mismo sentido que se usa “raza” o gente muy amiga y conocida. Existen muchas historias acerca de sierpes de gran tamaño o de su habilidad para burlar al hombre.

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Del pueblo de Aramberri al rancho del Refugio se usa un camino de herradura que atraviesa un cerro que se llama la “Cohetería”; al bajar del cerro se llega a un arroyo entre dos lomas donde se encuentra un trozo de roca que semeja una enorme serpiente, con ojos, escamas, todo parecido. Corre la siguiente conseja: hay por ese rumbo y en el mismo cerro una mina que se llama la Mina Colorada, se dice que en tiempos de la dominación española, cuando la mina estaba en su apogeo, iba una recua de mulas cargadas de oro de la mina, cuando al bajar la loma salió esa enorme sierpe y se tragó las mulas con todo y el oro que llevaban en el lomo, así como a los arrieros, salvándose nada más uno que corrió a avisar al señor cura lo que había sucedido. Cuentan que el cura se vino con todos sus arreos y preguntó por dónde se había ido el animal; el arriero le dijo por dónde y se fue a seguirlo por el rastro, pues estaba dejando las señas. Al alcanzarlo sacó sus utensilios y le dijo: “Serpiente del infierno, yo te conjuro... Piedra te vuelvas”, y ya no se movió, allí está todavía; algunos han intentado romperla para sacar el tesoro, pero apenas han roto la cola, al llegar a la panza no han podido romperla.
(Jaime del Toro, Crónicas de Aramberri: 33)

–La víbora, si te muerde una vena: ¡muerte instantánea! –Aquí a los hijos míos les gusta la carne de víbora de cascabel, pero tostada en la lumbre, en la brasa, que esté bien tostada es como se la comen ellos. Hay gente que la prepara de otra manera, yo no la como. –Una vez mi papá sufría de unos granos feos en las manos, eran granos de color morado, llorosos; veía los médicos y no... no había alivio, y buscando terreno pa las cabras, él y un vecino que aquí vive, de aquel lado de los Aldamas, se encontraron con un señor que le pregunta: –¿Qué te pasa en la manos? Y responde mi papá: –Tengo ya dos o tres meses que tengo estos granos y no he sentido alivio; he visto doctores y doctores.

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Y le cuestiona el señor ese: –¿Qué clase de terreno es donde tiene usté el ganado? Y contesta mi padre: –Pos es cabacera de mesa y plan, y allí se dan unas sierpes muy grandes. Y dice el señor: –Mire, cuando mate una víbora de cascabel móchele todo lo grueso, si no está enojada es mejor, y la asa, de tal manera que quede bien tostada, y en ese molino de moler café ahí la muele, y en el almuerzo, en la comida, usted le echa una cucharada de polvo de víbora. Pos sí lo hizo mi papá y desde la primera cucharada empezó a sentir alivio, menos tormento y menos tormento, ¡y sí se alivió!, gracias a Dios y a ese animal tan temible.
(Manuela García de Flores y Román Flores Ramos; Melchor Ocampo)

La víbora de cascabel la matas y le quitas los cascabeles. Los cascabeles sirven pa las acordeones, pa que tengan buen tono, buen sonido; también sirven pa los pianos, pal bajo y pa una cosa que le pegan, algo así como un cencerro. Pa todo eso sirven, pa que tengan buen tono los instrumentos musicales. Pa eso es. Mi papá mata víboras de cascabel y siempre vende los cascabeles, o se los regala a amigos que tienen grupos. No sé si usted conozca al grupo Alborada, y ¿a Los Cazadores de Terán? Bueno, a todos ellos les dio mi papá muchos cascabeles de víboras pa que... pa que se los pusieran en las guitarras, con esos cascabeles suenan bien bonito, el sonido suena bien bonito, bien finito. La piel de víbora se usa para las botas; él trae un cinto de piel de víbora [señala a uno de sus compañeros que porta un cinto de piel de reptil]. Esos cintos los hacen aquí también, o sea, puedes matar una víbora y si tú traes un cinto nomás le quitas la cabeza al animal, luego le quitas el pellejo, así pa atrás; a la carne le estiras pa adelante mientras otro le estira la piel pa atrás, luego ya nada más metes el cinto en la piel.

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Y los huesitos de víbora de cascabel los usan para ponerle collares a los niños; sí, para que no les piquen los moscos, los zancudos, las arañas, todo eso... Yo tengo un tío, todavía lo tengo, ¿verdá?, es nuevo, él traía un collar con huesitos de víbora; ese collarcito se lo regaló su tío. Se lo regaló un tío al que se le habían muerto todos sus hijos, se lo regaló para que lo tuviera de recuerdo de sus primos y... una vez se andaba bañando en una acequia cuando se le enredaron tres culebras, aquí en el pescuezo, pero... ninguna le picó ni le mordió nada, ni una le picó ni le mordió porque traía el collar con huesos de víbora de cascabel.
(Víctor Hugo Briones Valdez; Rayones)

Véase: Alicantre, Huesos, Serpiente de agua.

Viento. El hombre puede disponer de las corrientes de aire según sus necesidades; así, puede tanto atraer los vientos como alejarlos. Para atraerlos basta con golpear arbustos de granjeno e invocar a “Barbas de Oro” o a “Barbas de Ixtle”. Para alejar o devolver sus rachas violentas se recurre a las cruces de ceniza en el suelo. En el centro oriente de Nuevo León algunos evocan a los indios cuando corre el viento del norte, mientras que la lírica regional lo concibe como mensajero, pues se cree que puede comunicar noticias o dispersar palabras y promesas. Lo que hacía era que sacaba la ceniza y formaba cruces alrededor del patio, era lo que me acuerdo yo que hacía mi mamá, pero... más yo no sé para qué. Nomás decía ella: “Viene el aire muy fuerte, hija, déjame hacer unas cruces de ceniza”.
(Francisca Rivera Sánchez; Linares)

El guarache de una niña se me despintó ¡porque lo puse afuera pa que se viniera el aire! Lo colgué y... ahí estoy con el guarache colgado, pero

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no me di cuenta y éstos me lo aventaron para arriba de la enramada; hasta hace poquito lo encontramos: se quedó blanco, blanco. Pero ni sé... el aire no se vino ¡ni nada! Es que dicen que colgando un guarache se viene el aire, y yo lo colgué nomás ahí... También dicen que le hablaban a Nicanor, ¿qué?, a Barbas de Oro, o quién sabe a quién más ¡ándele!, pa que se venga el aire, y que “¡Barbas de Ixtle!”, “¡Barbas de Oro!”, quién sé qué le gritaban... “¡Barbas de Ixtle!, “¡Barbas de Oro!”. Pero ¡pos quién sabe! son creencias que uno... “¡Barbas de Ixtle, Barbas de Oro!”, ¡gritábamos nosotros!, y ya se venía el aire, “¡allá se está viniendo el aire!”, decíamos. Pero yo creo que era ya la fe que teníamos nosotros de colgar aquel guarache.
(Señora; Linares)

–A nosotros nos platicaban –platicaba papá– que cuando se hacía el viento norte, viento seco, que iban a atacar los indios. Sí, cuando norteaba así, ¡fuerte!, decían que iban a atacar los indios... Pero cuando pegaba el norte seco así sobre los árboles, aunque, ¿ya no se oye? Ya no hay... –Ya no se oye ese aire. –¿O será por estar en Monterrey? –¿Aquí, en Terán, todavía se oye el viento del norte? ¿Cuando hace frío empieza a nortear seco? –Bueno, habría que ver, ¿verdá?, porque antes las casas eran de carrizo y lodo, de ramas y madera, ¿verdá?, por lo que se prestaban pa que hubiera una ranura, una rajadita y “fsszziuuuuuuu” [imitación de sonido de viento]; entonces se oía que decían “a noite a noite”, ¿se acuerda, compadre, que decían eso? –El norte, miento, “al noite...”. –Otras veces decían “no, sta picando el huasteco, pa mañana vienen nortes”, o sea que se venía... se venía fuerte el huasteco que es el viento del sur, y cuando cala el huasteco anuncia vientos del norte. –Luego preguntaba uno: “¿Bueno, y por qué los indios... por qué ellos atacan cuando corre el viento frío?”. Y nos decían: “Porque

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cuando viene el... el norte fuerte se acuerdan de sus tierras y quieren venirlas a rescatar”, ¿verdá?, que por eso venían... –¿Cómo estaba eso?, usted también platíquemelo. –No, no, pos eso de que... eran como los esclavos que se llevaban, ¿vedá?, o que se querían devolver cuando soplaba el norte...
(Juan López García y Manuel López García; General Terán)

Virgen. Las diversas representaciones de la Virgen María son determinantes en la cultura católica y en la religiosidad popular. Es evidente su veneración si consideramos la variedad existente de efigies, rezos, oraciones, promesas, mandas, milagros, procesiones, leyendas, dijes, tatuajes y danzas que dan fe de su culto. En el ámbito regional, imaginan su aparición en piedras del monte, que son llevadas a las comunidades para rendirles devoción. Actualmente los sitios y objetos en donde la ven y adoran son variados, desde ventanas de automóviles hasta comales. Marginalmente, existen chistes y canciones donde ridiculizan su figura. Nuestra gente venera sobre todo a la Virgen de Guadalupe, a la de San Juan de los Lagos, y a la del Chorrito, en Hidalgo, Tamaulipas. Otra leyenda nos relata que por el año de 1718 cayó en la ciudad [Monterrey] una lluvia torrencial que duró 40 días e inundó gran parte de esta localidad. En ese entonces, afuera de la ciudad hacia el poniente, vivía una india tlaxcalteca, esposa de un zapatero, que guardaba en su casa una imagen de la Virgen de la Purísima, y cuando las aguas desbordadas del río llegaron a este barrio, se dice que la piadosa mujer acercó con fe la imagen al borde de las olas. Casi de inmediato, la corriente perdió fuerza y se salvaron de la inundación aquella barriada y la ciudad también. Este milagro influyó para que esa mujer construyera

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una pequeña capilla que llamó Casa de la Virgen, donde las mujeres de esa época iban a rezar todos los sábados, aunque el lugar estaba fuera de la ciudad. Actualmente el templo que se encuentra en ese lugar refleja la arquitectura religiosa moderna de la ciudad.
(Centro de estudios municipales de Nuevo León, Los municipios de Nuevo León: 307)

Cierta temporada en que la sequía devastaba los campos se formó una procesión con la imagen de la Virgen para invocar la lluvia, y sí, a los pocos días se vino un chubasco como pocos. Pero con tanta agua se ahogaron las cosechas y se desbordaron los ríos, inundándose muchas rancherías de Montemorelos y Terán. Entonces, la misma gente que formó la procesión para pedir lluvia se juntó enojada, entró a la iglesia y sacó la imagen de Cristo, arrojándola en la creciente del río Pilón al grito de: “Pa que veas lo que hizo tu chingada madre”.
(José Ángel Pecina López; General Terán)

Yo tengo 57 años y no me acuerdo de cuándo se hayan encontrado esta virgen en la piedra. Según platican los de más antes, se la hallaron en un arroyo (porque así está en las estrofas, en la alabanza que le compusieron). Pero como el señor que se la encontró ya murió, se la dejó a un sobrino. Ese sobrino es el que le hace las fiestas, aunque ya no está él aquí, está en Saltillo. Ahora yo soy la encargada de abrir, de prender veladoras, le rezo sus rosarios todos los días, mientras que la otra encargada viene cada 15 días. Ella es la que le hace las fiestas, a ella le dan... o sea, pide limosnas a todo el pueblo pa organizar eso. Antes sí le hacían muchas fiestas grandes, cuando estaba el señor que se la encontró, porque se la encontraron en... ahí tiene la fecha en que se la encontraron: se la encontraron en el 1916. Por eso le digo que yo no le sé decir todo, yo eso platico porque me acuerdo que los que se la encontraron platicaban.
(Juana Pérez Lomas; Rayones)

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Véase: Cueva, Oraciones, Piedras, Procesión, Santos, Virgen del Chorrito.

Virgen del Chorrito. Diminuta imagen mariana situada junto a una fuente de agua y en la entrada de un conjunto de grutas (Hidalgo, Tamaulipas). Su efigie de piedra es el eje de un culto popular entre gente del noreste de México y del sureste de Texas. La devoción de la Virgen del Chorrito es un paralelo norestense de la Virgen de Guadalupe, no sólo porque la asimilan con la del centro de México, sino por el proceso sincrético en el que se halla inscrita. Su fiesta más importante es el 18 de marzo e incluye danzas, pastorelas, mandas y una gran peregrinación a su capilla con la imagen de San José. La memoria colectiva conserva narraciones de gente extraviada y muerta en sus grutas, así como versiones de que fue hecha por indígenas del área o traída por éstos. Además, vinculada a esta advocación, existen leyendas de niños convertidos en piedra, historias contadas en municipios como Linares, Hualahuises, Iturbide e Hidalgo, Tamaulipas, vinculadas a un rito específico, el de las penitentes: mujeres que suben al santuario del Chorrito arrastrándose de espaldas con niños en su pecho para encomendárselos a la Virgen. Adiós la sierra chiquita adiós también mi ranchito adiós todo Tamaulipas adiós Virgen del Chorrito murió José Silva Sánchez ya les canté sus versitos.
(ADA, corrido “Jesús Silva Sánchez”).

Allá en El Chorrito, donde está la Virgen de Guadalupe, estaba una niña muy grave, entonces sus papás, como la niña estaba muy

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grave, le gritaron a la virgen, ¿verdad?, le gritaron que se aliviara la niña, prometiendo que cuando ella se aliviara se la iban a dejar un mes de esclava ahí en el templo. Así, cuando la niña se alivió y todo, ellos fueron a pagar la promesa, como luego dicen, fueron a pagar una manda, ¿verdad? Pero ya cuando se iban a regresar del Chorrito se les hizo dolor dejar la niña, entonces dicen que ellos se la trajeron, pero al ir caminando por la orilla del río ¡de pronto voltearon para atrás!, y ya no... la niña ya no iba detrás de ellos, sino que estaba hecha piedra, y ahí está... dicen que está la niña, la monita hecha de piedra.
(María Elena Meléndez; Iturbide)

Adiós virgen sacrosanta rendidas gracias te doy adiós tu cuevita santa yo ya me voy. Adiós lindo portalito en donde estuve el día de hoy adiós Virgen del Chorrito yo ya me voy.
(Alabanza “Despedida de la virgen del Chorrito”, en: Alabanzas a nuestra señora del Chorrito: 24)

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Z

Zopilote. Véase: Aura.

Zorra (Vulpes macrotis). Las menciones sobre este animal coinciden al señalarlo como un emisario nefasto. Encontrarla en las veredas o escuchar su grito cerca de las comunidades significa desgracias, muertes violentas. Incluso, en Linares refieren que las espían y matan cuando gritan, para evitar sucesos aciagos, práctica que recuerda una costumbre otomí. Al igual que en otras regiones del mundo, hay quienes adornan espejos y antenas de vehículos con el rabo del animal; asimismo, su figura es arquetipo de sagacidad e inteligencia; frases del tipo “es un viejo zorro”, denotan admiración y respeto. Nomás gritaba la zorra y decía uno “¡ay, qué irá a pasar! ¿Por qué grita la zorra?”. Así decía la gente más antes y uno agarró esas costumbres también. Y sí pasan casos, ¿será por coincidencia o será, quién sabe?

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Uno de esos casos sucedió cuando mi padrino Ambrosio tuvo su primer pleito, cuando tiró los primeros tiros, sus primeros balazos. Antes de esa balacera iba adelantito de mi padrino una zorra grite y grite, iba gritando, y quién sabe quién le dijo: –¡Oye, mira ese animal fregado, hombre, mátala! Mi padrino contestó: –¡Nombre! –dijo– déjala que se vaya, vas a ver que más adelante me van a servir mejor los balazos. Y a los cuantos días mataron a mi tío en el rancho, y no nada más él falleció ¡se mataron más! Lo mataron a él y mataron a dos tíos, a un tío carnal y a un tío político, también hirieron a un hermano y dos primos de él.
(Pedro José Serna Lozoya y Florencio Mata Hernández; Linares)

Hay lágrimas en los ojos tristeza en el barrio entero porque mataron al Zorro el treinta y uno de enero a tiros lo asesinaron porque le tenían miedo. En Guadalupe al oriente a las siete de la tarde el proverbio no les miente lo que dice no es alarde otra vez murió un valiente en las manos de un cobarde (...) El Zorro estaba tomando con mucho gusto ese día como andaba desarmado Sandoval ya lo sabía por eso pudo matarlo a mansalva y sangre fría.

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Epílogo La narrativa tradicional y creencias populares del noreste de México (y quizás la de buena parte del planeta) sufren una fuerte alteración, especialmente desde la década de los sesenta. Este libro nos permitió conocer una muestra de sus ejemplos, pero también darnos cuenta que éstos cada día quedan más confinados a unas cuantas personas (sobre todo ancianas y ancianos del ámbito rural). Es decir, las nuevas generaciones viven poco sus diversas manifestaciones, incluso, aunque la población de nuestras urbes es de origen o herencia rural, casi no conocen y valoran todas estas historias, creencias y versos. Estamos plenamente conscientes de que la tradición oral y el imaginario colectivo se hallaban ligadas a condiciones productivas diferentes a las recientes o actuales, y que por lo tanto las nuevas dinámicas socioeconómicas las convierten, día a día, en tradiciones menos vivas y amplias. Sin embargo, también estamos seguros de que son parte importante del acervo histórico y cultural de nuestro pueblo. El conocimiento y la difusión amplios de este tipo de materiales es entonces una necesidad histórica, filosófica y sociológica, ahora que las diversas expresiones culturales comunitarias necesitan enfrentar el presente y el futuro de una manera dinámica, para que así puedan sobrevivir y ser parte importante de la conciencia de la región y del país, no sólo con relación a Estados Unidos y Canadá, sino con relación al resto del mundo. En fin, un acervo de narrativa tradicional y cosmovisión arcaica sobreviven en Nuevo León aunque día a día se altere lo poco que queda debido al desarrollo desequilibrado de Monterrey (y de su área metropolitana) respecto a los municipios del Noreste, así como por la invasión negativa de patrones de consumo y comportamientos urbanos en las

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comunidades rurales (videojuegos, individualismo). En otras palabras, este fenómeno está ligado a la indiferencia de las élites locales (económicas y culturales) y a la influencia de los valores del mercado. Esperamos de una manera sincera que este libro revierta en algo ese olvido y enajenación del interior norestense y nuevoleonés, que no es sino el olvido de nosotros mismos.

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Agradecimientos / fuentes Ejido el Carrizo, Ramones: Fidencio Reyes Maldonado, Edmundo Loredo Carrera, Maricela Cortez Peña. Ejido El Toro, Montemorelos: Antonio Barrera Vargas (24), Juan Ramírez González (54), Olga Lidia Rosales Lozano (23), Lucinda Lozano, Clemente Rosales. Congregación Bernabé Botellos, Cerralvo: Celestina Ruvalcaba (43), Juan José Madrigal (48), María de Jesús Ríos Toscano, Enedelia Madrigal Oviedo (19), Leonarda Maldonado Gutiérrez (78), Antonio Madrigal Maldonado (55). Cerralvo: Ignacio Guerrero Rosa Benavides Peña (35), Doña Manuelita, Alicia Montemayor de García, Yolanda Cruz de Espinoza, Fernando Reyes Núñez, Blanca Gaytán Treviño. General Terán: Juan López García (51), Manuel López García (55), Lucila López García (53), José Ángel Pecina López (43). Ejido Santa Ana Nuevo, General Terán: José Cruz Quintanilla Yerena. Rancho El Coyote, General Terán: Chencho Herrera “El orgullo de Terán”. Rancho El Palo Blanco, General Terán: Cristóbal López Rodríguez †. Ejido La Purísima, General Terán: Anastacio Carrillo Guajardo “Tacho” (59). Cadereyta: María Elena Oyervides viuda de Serrato (79) y familia. Rincón del Salto/Laguna de Sánchez, Villa de Santiago: María del Rosario Flores Peña (15), Eva Flores Peña (16), Refugio Flores Peña (42), Félix Flores Peña (60), Tomasa Flores Moreno (42), Marycruz, Adriana. Laguna de Sánchez, Villa de Santiago: Fernando Torres Torres (76).

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El Cerrito, Villa de Santiago: Faustino San Miguel (60). La Boca, Villa de Santiago: Pedro del Socorro Cepeda (57). San Javier, Villa de Santiago: Concepción Tamez (74). El Cercado, Villa de Santiago: Julia Sánchez Villarreal (76), María Teresa Cavazos A. (63), Susana Marroquín Cavazos (28). Ciudad Guadalupe: Edmundo Loredo Candela. Monterrey: Cano Henández (25), Marie Theresa Hernández (43). Higueras: Francisco Martínez González (70), Ma. Cristina Benavides (28), Magdaleno Rentería González (53), Plácido Benavides (63), María Isabel Hernández (40), Jesús Armando García (34), Manuel Víctor González (72), José Martínez González, Orfelindo Villarreal González (75), San Juana Gaytán (55), Jesús L. López (49), Marín: Fernando Martínez González (70). Ejido Jesús María del Terrero, Mier y Noriega: Gregorio Gámez Villanueva (54), Magdaleno Tobías Villanueva (59), Heriberto Estrada Rodríguez (57). Ejidos San Rafael, y Dolores, Mier y Noriega: Onésimo Téllez, Gabriel Juárez, Celia, Norma Salazar, Brenda Ricarda, Pilar García Fraustro (55), Juan Carlos Rodríguez Sánchez (7), Alberto Sánchez Sánchez (68), Mariana Rodríguez Martínez. Cabecera municipal de Mier y Noriega: Efraín Segundo Rosales (52), Teodoro Castillo Barba (85), María Luisa Mendoza Ovalle (84), Andrés Villasana Ríos (93), Juana González de Villasana (69), Clemente Cazares Mendoza (84), Pánfilo Villasana Vargas (91), María Luisa Mendoza Ovalle (84), Livorio Meléndez Mendoza (63), Juan de León Morín, al padre Julio de la Garza y toda la parroquia de este municipio. Dr. Arroyo: Luciano Reyes, Eleuterio Rincón, Ignacio (11).

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Rayones: Emilia Briones de Luna (89), Juan Esparza Alvarado (85), Matías Torres, Rogelio Escobedo Puga (72), Francisco Escobedo Puga (62), Alma Guadalupe Ramos Llerena (58), Alfredo Pérez Casas (69), Celestino Ledezma Delgadillo (55), Roberto Treviño Yerena (57), Delia García, Pablo Cardona Mejorado (82), Idelfonso de la Fuente Álvarez (75), Guadalupe Llerana viuda de Sánchez. Ejidos Casillas, Santa Rosa, La Cebolla, Rayones: Juan Román A. (12), Jesús Alejandro Casas Ramos (13), Víctor Hugo Briones Valdez (13), Leonel Franco Valdez (15), Juan Francisco Ramón G. (12), Alejandro Valdez Casas (14), Víctor Hugo Briseño Valdez (13) y a todos los maestros y niños del albergue. Hacienda Juquialanes, Rayones: Juan Pérez Lomas (57). Iturbide: San Juana Sustaita Torres, Miguel Escobedo Puga (73), Rosendo Torres González (67), Benito de Jesús Luna Ramos (11), Armando Torres de la Peña (82), Indalecio Torres Sustaita (70), Aleida Liset Villalobos Rodríguez (9), Isidro Bravo González (65), Amada Martínez Sustaita (55), Raúl Carreón Flores (10), José Rafael Bazaldúa Lamas, María Elena Meléndez (47), Leonora Danés (13), Antíoco Torres Martínez (68), Carlos Manuel Escobedo Arredondo (11), Petra Torres Colunga (22), Mario Alberto Espinoza Verdín, (14), José Velázquez Escobedo (70), Eusebio Balderas (53). Mesa de Noalitos, Iturbide: Alejandro Pérez Barrientos (75). Camarones, Iturbide: Alfredo Bernal Bazaldúa, Esperanza Sánchez Bazaldúa, Humberto Bernal Sánchez, Pedro Bernal, Alejandrina Ortiz Rubio. Ejido Icamole, Villa de García: Hipólita Coronado Rojas (80), Leonarda de Esparza (77), Domingo Jaramillo (40), Teodoro Esparza Flores (52). Ejido Cerritos, villa de García: Octaviana González Gámez,

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Feliciano Nuño Gallegos (74). Cabecera municipal de Villa de García: Pedro Jaramillo Rodríguez (78), Gumersinda Carrizales (82), Pedro Salas Mata (81), Álvaro Sepúlveda, Rafael Fernández (54), Hildebrando S. Garza Sepúlveda (45). Comunidad San José de la Popa, Mina: Federico Treviño Sauceda (47). Melchor Ocampo: Dora Elia López de Salinas (77), Juan Ramos Lozano (78), Eugenio López (63), Juan Francisco Hinojosa López (76), Román Flores Ramos (63), Manuela García de Flores (58), Valentín Flores García (39), Mario Ramos Salinas (62), Vicente López García (86). General Treviño: Gina Cadena Rodríguez (18), Sr. Hinojosa. Parás: Gloria Esthela Ruiz Herrera (22). Lampazos: Angelina Torres, 84 años, Juan Cruz Alonso (74), Ramiro Rodríguez Torres (63), Cornelio Sánchez López (74), Juanita Hernández Briseño (91), Felícitas Chávez Hernández (68), Nazario Hernández Briseño (81), Reynaldo Jaime Castaño (85), José María Flores Cruz (85), Nemesio Samaniego Mendoza (71), Isabel Samaniego Mendoza (77), Jesús Cruz Alonso, Virginia Delgado de León (71), Vidal García Canales (82), Stella Brewster García de Alba (56). Vallecillo: Andrés Esquivel Vázquez (69), Ramón Rodríguez Sánchez (12), Luis Miguel Rodríguez Sánchez (10). Ejido Rancho Nuevo, Agualeguas: Gregorio Quiroga Cantú (76). Roma, Texas: María García Navarro. Ejido Camarones, Ciudad Anáhuac: Aurelia Torres (68) y familia, Lorenza Guel (65). A las familias de los ranchos El Palo Blanco, Tierra Blanca, La Anacua, El Coyote (General Terán); Santa Elena y Laborcitas (Montemorelos); El Carrizo (Ramones).

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A las familias de los ejidos San Francisco y El 18 de Marzo, de Galeana (especialmente al “gremio” chicalero). A la familia, “Chacho”, Napoleón Nevarez Pequeño, Isidra Maldonado Guerrero†, Guillermo Maldonado Guerrero, Pedro Pedraza de León. A la gente de la cabecera municipal de Iturbide y de sus siguientes comunidades: Santa Inés, San Francisco, El Madroño, San Antonio de Cuevas, El Pino, Santa Rosa, La Colorada. A la gente de Doctor Arroyo y Vallecillo.

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García Flores, Raúl, compilador-productor, La música ritual en Mier y Noriega, N. L., (Ecos norestenses Vol. 3), Monterrey, Financiarte, 1995. López, Cristóbal, compilador-productor, Voces del norte (cinta casera: compilación de narraciones orales grabadas en varios municipios del Estado de Nuevo León), HualahuisesLinares, 1993. López, Cristóbal, compilador-productor, Mar de historias. Tradición oral de Nuevo León, I. Ríos de herencia europea, (audiocasete y cuaderno de notas), Monterrey-HualahuisesGeneral Terán, Fondo Estatal para la cultura y las Artes de Nuevo León-EME-Radio Nuevo León, 1995. López, Cristóbal, compilador-productor, Entre un mar y el sol, tradición oral de Nuevo León, II. Horizontes indígenas, (audiocasete y cuaderno de notas), Monterrey-HualahuisesGeneral Terán, Fondo Estatal para la cultura y las Artes de Nuevo León-EME- Radio Nuevo León, 1995. IX Jornada sobre la identidad de la cultura norestense, sobrevivencias de la cultura chichimeca en la cultura regional, 18-II-1993, Museo de Historia de Nuevo León, (serie de conferencias grabadas por César Jaime Rodríguez y quien esto escribe, colección personal).

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Este libro se terminó de imprimir en el mes de marzo de 2006 en los talleres de Serna Impresos SA de CV. La corrección estuvo a cargo de: Martha Beatriz Ramos Tristán, Erika del Ángel Esquivel, Carolina Olguín García. El cuidado de la edición y formación es de Cristóbal López Carrera e Irving Juárez Gómez. Monterrey, Nuevo León, Tierra de las Montañas Azules, Aridoamérika.

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