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CANTO DE SOLEDAD

Andrea Rodríguez Hirtle

COLECCIÓN DE NARRATIVA
DEL IES PABLO NERUDA
IES Pablo Neruda
Las llaves de la literatura, 2009
Castilleja de la Cuesta (Sevilla)

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PRÓLOGO

En Canto de soledad, Cleo, la joven


protagonista tiene asumida su muerte a manos de
Rose, una bella vampiresa que la persigue
incansablemente atraída por su olor.
Phil y Diana son un vampiro y una elfa que,
alejados de su propio destino, luchan contra todo tipo
de seres maléficos.
Cuando los tres entran en contacto y unen sus
fuerzas para acabar con Rose el resultado será, cuando
menos, sorprendente.

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AQUELLA ERA UNA de esas oscuras noches
en las que la luna no se ve, al estar tapada por las
oscuras e imponentes nubes que encapotaban el
cielo.

Me temblaban las manos y no sabía si era


de frío, o por el simple terror que estaba
convulsionando mi cuerpo hasta el punto de no
poder tenerme en pie. La miraba a ella, tan
hermosa, como traída de otra época y aunque
inspiraba confianza, todo lo que quería era huir,
alejarme de ella y olvidarme de todo el asunto.
Sabía que mi final vendría pronto y en cierto
modo lo había asumido, me había despedido de la
vida en cuanto salí de casa sabiendo que no tenía
otra opción que enfrentarme a ella. Me miraba con
ojos fríos y puede que incluso un poco divertidos
por el simple hecho de saber que tras tantos
meses de haberme perseguido por fin me tenía
delante y yo no podía escapar de sus manos, de
una muerte segura. También sabía que no tenía
posibilidad alguna de escapar, puesto que era más
rápida que el viento, ni podía enfrentarme a ella
en una lucha entre iguales dada su fuerza
sobrehumana.

Una angelical sonrisa se formó en sus labios.


En otras circunstancias habría sido realmente
hermosa pero desde mi punto de vista era la más
terrorífica sonrisa que podía haber surcado su
rostro.

- Es una alegría tenerte aquí, delante de mí,


de nuevo.- Su sonrisa se ensanchó.
- Siento no poder decir lo mismo.- Gruñí.
Tenía la boca seca y apenas fue un susurro pero
sabía que me había escuchado.
- No te preocupes… no te va a doler
demasiado…- Su voz estaba teñida de un
detestable tono sarcástico. Su sonrisa se congeló
quitándole esa luz natural que irradiaba.

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Se acercó con una lentitud exagerada, a lo
mejor solo para que mi sufrimiento se prolongara
o puede que fuera para poder disfrutar del
momento.
Se agachó a mi lado y me sonrió. Esta vez
su sonrisa era de autentica felicidad.

- Oh… Para qué mentirte, claro que te va a


doler.- Se acercó mucho más a mí.

Una fría ráfaga de viento despeinó mi


cabello y me heló hasta los huesos.

- Vaya… Un imprevisto...- Dijo con voz un


tanto frustrada.
- ¿Qué demonios…?- No me dio tiempo a
acabar la frase. Un musculoso brazo me agarró de
la cintura y tiró de mí fuertemente dejándome sin
aliento. Me lanzó al otro lado del pequeño callejón
oscuro en el que nos encontrábamos.

Se escuchó un gruñido, o eso quise pensar,


porque parecía que provenía de varios lugares. El
chico que me había salvado me miró durante unos
segundos, y pude reconocer en sus ojos que él
también era como ella, que posiblemente no me
había salvado la vida sino que acababa de llegar
mi nueva perdición. Recibí una respuesta
inesperada ante mi mirada confundida, me sonrió
fugazmente y se volvió a concentrar en la chica.
Entonces todo fue muy confuso. Unos brazos me
apartaron un poco más. En este caso eran
femeninos. Una chica de pelo largo y despeinado
se colocó delante de mí con intención de
protegerme.

- No te preocupes Cleo, te protegeremos.-


Dijo en un susurro. Tenía una voz suave y musical
que me inspiró confianza.

El chico que me había apartado de mi


perseguidora ahora andaba en círculos alrededor
de su contrincante que le miraba con gesto
tranquilo. Saltó hacia ella en un momento de
descuido y le mordió el cuello. Un grito, o más
bien, un rugido de dolor se escapó de sus labios.
Sonreí. Ella se dio la vuelta y miró con desprecio

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al chico, que no podía tener más de veinte años.
Le sonrió, me miró a mí y en un instante ya no
estaba, había desaparecido.

Una lágrima se derramó por mi rostro. Todo


había pasado, aunque sabía que solo era cuestión
de tiempo que todo volviera a pasar, porque no se
había rendido en seis meses, y no lo iba a hacer
entonces.

- Tranquila, ya pasó.- Dijo el chico mientras


me acercaba a él y me acunó entre sus brazos.
- Solo es cuestión de tiempo que me mate…
¿Para qué prolongar la agonía?- Conseguí decir
entre un sollozo y otro.
- Oh… No, Cleo no pienses eso… Nosotros te
protegeremos.- Dijo la chica con voz dulce.

En ese momento el chico me levantó y todo


comenzó a desvanecerse. Oía voces de lejos y
veía tenues luces difuminadas, pero no conseguía
distinguir ninguna imagen. Noté como una mano
de terciopelo me acariciaba la cara y como una
voz femenina me susurraba al oído, aunque no
conseguí entender lo que me dijo supe que quería
que estuviera tranquila, ya que una vez más su
voz me inspiró confianza. Sentí la conciencia
tranquila, cerré los ojos y me dormí.

- Cleo, cariño tienes que despertarte.-


Escuché una voz entre sueños.
- ¿Qué…? ¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado?-
Dije entre bostezos y suspiros mientras abría los
ojos.

Allí estaba ella. Tan hermosa como la noche


anterior solo que con gesto cansado y una sonrisa
cariñosa en sus labios.

- Tranquila, estás a salvo, con Phil y


conmigo.- Sonrió más. - Anoche te salvamos de
las garras de Rose, y te trajimos con nosotros…
Estabas tan… Indefensa…
- Sí… Cierto… Gracias por salvarme
anoche…-Sonreí. - ¿Quiénes sois? Sé que no sois
humanos así que no me mientas.

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- Pues… Phil es… Un vampiro… No debes
temerle, no te hará daño… Y yo… Yo soy un
híbrido.- Me quedé perpleja.
- ¿Híbrido? - Pregunté.
- Sí… Por llamarlo de alguna manera… No lo
soy en sentido literal, pero, sí, más o menos sí.
Tengo todas las habilidades de los elfos aunque no
lo soy del todo… Soy como… Una elfa encerrada
en el cuerpo de una humana, esa es la mejor
definición.- Me quedé sin habla.

En ese momento Phil llegó con gesto


preocupado.

- ¿Qué ocurre?- Preguntó la chica aún con la


sonrisa en la boca.
- Lo siento Diana, pero el buen momento se
acabó. Rose ha vuelto a la carga. En una pequeña
ciudad como Fía no hay muchos asesinatos, y es
fácil saber cuándo estos son provocados por un
vampiro.- Me miró y una amplia sonrisa se
extendió por su rostro.
Estaba segura que la mitad de esa
explicación estaba dirigida a mí, pero no dije
nada, simplemente le devolví la sonrisa.

La expresión feliz de Diana se volvió


indescriptible. Era una mezcla de horror y tristeza.

- Tranquila Di, no tienes que ir si no


quieres.- Dijo Phil con gesto tranquilo – Puedo
arréglamelas solo contra esa rata.
- Venga ya… Sabes que eres incapaz de
enfrentarte a nadie si no es con mi ayuda. – Esa
sonrisa dulce que tanto me gustaba volvió a
aparecer en su rostro.

En ese momento se levantaron los dos y


comenzaron con una pelea de cosquillas. Tras ese
torrente de risas que yo disfruté con una sonrisa
en mis labios Phil me miró pensativo mientras la
sonrisa desaparecía de su rostro.
- En cuanto a ti… - Dijo pensativamente
mientras me miraba.- Creo que deberíamos
protegerte… Pero si Diana y yo estamos luchando
contra Rose… Tendrás que ser muy responsable…
Si quieres conservar la vida, claro. – Sonrió.

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- Quiero ayudar. – Dije completamente seria
– Si Rose está aquí es porque sé su secreto
y me ha perseguido hasta aquí, así que
asumo todas las responsabilidades.

Tras un breve instante de gestos pensativos


Phil asintió y salió de la habitación. Le imité y me
dispuse a buscar un lugar en el que poder
acomodarme hasta saber qué tenía que hacer.
Encontré una pequeña y acogedora
habitación extrañamente decorada que contenía
un sofá, un sillón y una pequeña mesa, todo de
distintos colores. Me acomodé en el pequeño sofá
color rojo y jugué con mi oscuro pelo enredado.
Phil entró en la habitación como si no me hubiera
visto y se sentó junto a mí.

- He estado hablando con Diana,- Dijo aún


sin mirarme.-Creemos que lo mejor para ti sería
quedarte aquí, a salvo, pero ya que te has
decidido a ayudar, lo podrías hacer ayudándonos
a encontrar a Rose.- Le miré pensativa y me
devolvió la mirada.
- De acuerdo… ¿Cómo debería de hacer
eso?- Pregunté. La expresión de su rostro era de
disimulada tensión, por lo que supe que algo iba
mal.
- Simplemente debes de pasearte por la
calle, confiamos en que ella te busque a ti.-
Desvió la mirada. – Intentaremos seguirte… Pero…
Calló.
- ¿Pero? – Pregunté impaciente.
- Si se da el caso de que no lleguemos a
tiempo… Sabes lo que te ocurrirá… ¿Verdad?-
Volvió a mirarme con cara de súplica.
- Lo sé… No debéis preocuparos por mí, he
sobrevivido durante seis meses a ella, he tenido
incluso que alejarme de mi familia para no
hacerles daño… Es mi última oportunidad… ¿Por
qué no arriesgarlo todo?- Mi tono se había vuelto
un disimulado llanto y una lágrima se deslizaba
por mi rostro. Phil me acunó en sus brazos y me
susurró al oído.
- Venga… Tranquila, cuando todo esto acabe
podrás volver a casa. - Me acariciaba el pelo
acompasadamente y mis sollozos se iban
aminorando.

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- O puede que nunca vuelva.- Conseguí
decir. Me miró atormentado y me sonrió.

Por primera vez me fijé en sus extraños ojos


color miel, y por un momento me pareció que
eran lo más bello del mundo. Pude ver reflejado
en el rostro de Phil la hermosura sobrehumana
que había distinguido en el de Rose, y en cierto
modo, también en el Diana. Me fijé en su pelo
rubio oscuro que resaltaba su pálida piel, en sus
hermosos ojos que en cierto modo me
inquietaban, pero me gustaban, en su fina nariz
que parecía sonreír, y en labios de un rojo intenso
que ahora se curvaban en una leve sonrisa.

- Phil… ¿Puedo preguntarte una cosa?-


Pregunté en un susurro.
- Lo que quieras- Dijo aún mirándome a los
ojos.
- ¿Por qué hacéis esto por mí?- No lo había
entendido desde el principio y la curiosidad ardía
en mi interior.
- Verás… Yo una vez estuve en tu situación…
Era el año 1923, un vampiro loco me perseguía
por el simple hecho de existir. Tuve que huir de
casa, e incluso salir del país, pero me encontró,
tal y como ha pasado contigo. Sé qué es pasar por
esto solo y no quiero que tengas que hacerlo tú
también.- Su hermoso rostro estaba cubierto por
una profunda capa de nostalgia.
- ¿Qué pasó después?- Pregunté.
- Después nos encontramos otra vez, no
pude escapar, y me mordió. Diana apareció justo
en el momento preciso y me salvó pero él ya me
había mordido… Y no pudimos evitar que me
convirtiera en lo que ahora soy…- Sus ojos
reflejaban su tristeza.- Y lo perdí todo…- Me miró
y una triste sonrisa se dibujó en su rostro. En ese
momento me di cuenta de que Diana había estado
presente durante la conversación, aunque no sé
cuando llegó.

- Bueno chicos dejaos de cháchara. Cleo


tienes mucho que aprender.- Miró a Phil con una
sonrisa de complicidad.
- ¿Aprender qué?- Mis ojos se tornaron
incrédulos cuando una gruesa espada plateada

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apareció en sus manos. – No sé cómo esperas que
aprenda tan rápido a manejar eso.- Señalé al
objeto que ella sujetaba y Diana la miró con gesto
extrañado.
- ¿Recuerdas que te dije que tengo algunas
habilidades de los elfos?- Asentí. – Bueno, pues
puedo hacer un poco de magia, puedo transportar
cosas, sanar heridas, hacer aprender cosas y
algunas cosas más… ya lo verás más adelante.-
Me sonrió.

Se acercó a mí y me puso la espada entre


las manos. Después tiró de mi brazo y me levantó
con una facilidad casi insultante. Me llevó a un
hermoso jardín muy cuidado en el que todo era
verde, todo estaba cubierto por una espesa capa
de jazmines. Me sentó en un disimulado banco y
me sonrió.
Un hermoso canto emanaba de su garganta,
hablaba en una extraña lengua pero me parecía
entender todo lo que decía. Las palabras
resbalaban por sus labios como gotas de agua.
Poco a poco comencé a ver el artefacto que tenía
en las manos de otra manera. Noté como mis
brazos se fortalecían y mis manos agarraban cada
vez más fuerte la empuñadura de la espada hasta
que una gota de sangre cayó al suelo.

- ¡¡No!!- Gritó Diana interrumpiendo su


hermoso canto.

Pero era tarde. Phil ya estaba ahí con sus


ojos fijos en mí. Su mirada era inquietante y una
tranquila sonrisa surcó su rostro. Se acercó
lentamente a mí mientas le lanzaba una mirada
cautelosa a Diana.

- Phil, no me obligues a hacer esto.- Diana


esperó un momento pero Phil ya había recorrido la
mitad del espacio que nos separaba. –Phil… Sabes
que lo haré y sabes que no te gusta.- Repitió,
pero Phil seguía acercándose.

Diana se interpuso entre nosotros. Su rostro


ya no era hermoso, tranquilizador, ahora era
terrible. Sus brillantes ojos verdes ahora eran
color negro e irradiaban oscuridad. Su boca,

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normalmente sonriente ahora se escondía en una
forzada línea de tensión. El cabello enmarañado le
caía por la cara desordenado y un rugido resonó
desde lo más profundo de su garganta.

- Tú lo has querido.- Gruñó.

Saltó como una pantera y chocó contra Phil


que cayó al suelo y adoptó una postura defensiva.
Diana desapareció y apareció justo detrás
de Phil, pero este parecía esperarla por lo que se
dio la vuelta. Fue demasiado lento, Diana lo había
encadenado a uno de los hermosos árboles.

- Ven a que te cure esa herida.- Su rostro


había vuelto a su belleza natural y ahora sonreía.
Me había olvidado de la herida, aún estaba pálida
de miedo y Diana se dio cuenta.- Oh… Tranquila,
está bien encadenado… Y sabes…- Diana continuó
hablando, pero yo no la escuchaba, estaba
hipnotizada con la mirada de Phil que no podía
escuchar nada, y realmente, tampoco podía ver
nada que no fueran sus ojos.

De repente noté un fuerte dolor en la mano


herida. Pegué un salto y miré a Diana.

- ¿Pero qué haces?- Pregunté enfadada


mientras acariciaba mi mano.
- Pues limpiarte la herida, por supuesto. Phil
no se tranquilizará hasta que el olor a sangre
desaparezca.- Una triste sonrisa surcó su rostro.

Pasaron los minutos y ese dolor punzante no


desaparecía así que decidí distraerme un poco.

- ¿Por qué tengo que aprender a usar la


espada? Si lo que necesito es defenderme o matar
a Rose podría usar un arma de fuego… Eso sería
más fácil.- Pregunté intentando distraer el casi
insoportable dolor que cruzaba mi mano. Diana
dejó de limpiar la herida y me miró confundida.
- Pensaba que sabías más sobre vampiros.
No se les puede matar con un arma, solo se les
puede eliminar si una espada de plata les
atraviesa el corazón, o si otro vampiro o ser con
fuerza sobrehumana deciden cortarle a cachitos.-

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Una sonrisa burlona le surcó el rostro, y siguió con
su trabajo.

Al cabo de unos minutos mi mano estaba


vendada y Phil parecía estar mucho más tranquilo.
Me miraba con ojos avergonzados, aunque sentía
que la culpa era mía y no estaba enfadada con él.
Parecía estar demasiado acostumbrada a que un
vampiro alocado intentara matarme.

-No te preocupes, ya no te hará daño.-


Diana debía de haberse dado cuenta de lo que
pensaba.
-Confío en ti.- Le sonreí.

Habían pasado unas horas. Phil ya no estaba


encadenado puesto que Diana ya confiaba en él.
Phil y yo practicábamos con la espada y pude
comprobar por mi misma los efectos positivos de
la magia de Diana. Se me daba bastante bien.

- Creo que Diana ha hecho un buen trabajo


contigo, estás preparada.- Phil me miró con ojos
de despedida.
- ¿Qué significa eso?- Pregunté en un
susurro dado que me había quedado sin aliento
por el miedo repentino que llenaba mi cuerpo.
- Que tendrás que salir ahora mismo sin
protección alguna a que Rose te busque.- Sonrió
amargamente.
- Bueno… Tendré la espada… ¿No?- Mi voz
se tiñó de duda en ese momento. No me habían
dicho en qué condiciones iba a salir ahí fuera a
hacer de cebo para Rose, de hecho, lo habían
hecho con indirectas. No me habrían dicho que iba
a ser el mayor peligro de mi vida si fuera a estar
con la espada.
- Lo siento, creía que lo sabías… Era solo por
si acaso… Sabes que si sé que estás en peligro te
teletransportaré.- Diana se unió a la conversación.

En ese momento todas las imágenes de la


noche que había estado más cerca de la muerte
volvieron a mi cabeza. Esa noche oscura, ese
rostro angelical, esa voz dulce, demasiado dulce
para mí, ese olor a muerte que desprendía y su
sonrisa. Su hermosa sonrisa terrorífica, se me

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congelaba la sangre solo de pensar en ella. Las
manos me temblaron una vez más.

- Tranquila Cleo, estás pálida… ¿Estás bien?-


Diana se acercó a mí con gesto preocupado. Volví
a la realidad.
- Sí, no te preocupes… Solo estaba…
Recordando…- Diana pareció adivinar lo que había
estado pensando, una vez más.
- Cleo sabes que no llegará a estar tan cerca
de ti.- Le lanzó una mirada furtiva a Phil.
- Claro que no, Cleo, sabes que estamos
aquí para protegerte.- Phil me sonrió. Su perfecta
sonrisa me confundió.
- Lo sé, solo son tonterías.- Sonreí aturdida.

Con la cara pálida y el cuerpo débil salí de


aquella extraña guarida en la que vivían el
vampiro y la elfa. Se despidieron de mí con un
gran abrazo y muchas palabras de ánimo aunque
era absurdo porque me iban a seguir de cerca.

Las calles estaban húmedas y oscuras.


Parecía mentira que solo hubiera pasado un día
desde la última vez que vi a Rose. Sabía muy bien
a dónde tenía que ir, a mi casa. También sabía
muy bien el camino que debía tomar, calles
oscuras y solitarias. Mi casa no estaba muy lejos,
por lo que habíamos planeado dar un gran rodeo
para darle más oportunidades a Rose.

Caminaba muy lento, con los ojos muy


abiertos, atentos a cualquier movimiento y
aguzaba el oído, porque también tenía que estar
lista si llegaba. Mi imaginación se dejó volar, me
parecía oír pasos por todos lados. Mi corazón
parecía querer salir de mí, estaba mareada por mi
respiración acelerada y lo veía todo borroso
debido a las lágrimas involuntarias que emanaban
de mis ojos, pero pude ver perfectamente esa
silueta oscura al final del estrecho callejón donde
me encontraba.

Su ondulado cabello color oro caía


perfectamente peinado por su espalda. Sus ojos
fríos pero a la vez hermosos me miraban con
impaciencia y sus labios de curvaban en una

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sonrisa perfecta. Era ella. Se acercó a mí
lentamente. Parecía estar bailando. Una imagen
pasó por mi cabeza. Era la pequeña pero hermosa
Diana. No podía permitir que sufriera ningún
daño. Daba igual si debía perder la vida
defendiéndola, sabía que no debía morir.

- La irresponsable Diana.- Comenzó


diciendo.- ¿Nunca te dijeron que andar por la
ciudad sola y de noche es peligroso?- Esperó a
que le respondiera, pero yo no era capaz de
articular palabra.
- ¿Dónde están tus amigos? Te han dejado
¿No?- Su voz se tiñó de una mezcla de ironía y
felicidad.- Pobrecita, sola otra vez.- Sonrió. En ese
momento una nueva estrategia cruzó fugaz mi
mente.
- Sí, me dejaron, pero eso no es asunto
tuyo.- Respondí cortante. En ese momento una
nueva esperanza cruzó mi cuerpo llenándome de
esperanza. Le mentiría a Rose, así Phil y Diana
pasarían más inadvertidos.
- ¡Qué pena! ¡No podrán ver cómo te mato!-
Lo había convertido todo en una broma y eso me
gustaba. Cómo se iba a reír cuando viera a Phil y
a Diana a mi lado.

¿Dónde estaban? Deberían haber llegado ya.


A lo mejor era cierto lo que Rose decía y me había
quedado sola. Un escalofrío me cruzó. No podía
pensar eso. Tenía que confiar en Diana y Phil o lo
habría perdido todo. No podía esperar más, Rose
estaba demasiado cerca, y con fuerzas renovadas.

- ¿Cómo prefieres morir? ¿Lenta y


dolorosamente o rápida y fácilmente? – Estaba
tan cerca de mí que podía sentir su aliento.- Por
supuesto solo sería una petición, puesto que llevo
meses planeando cómo matarte. ¿Ves esos
cristales de ahí? – Los señaló y pude ver una
botella rota en el suelo.- te llenaré de heridas
para poder apreciar mejor el olor de tu sangre,
pero no sin que antes sufras un poco.

Rápida como el viento me mordió el brazo,


pero sin beber mi sangre. Un intenso dolor
recorrió mi brazo hasta llegar al pecho. Un grito

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de agonía se escapó de mis labios. Después todo
se volvió borroso. Una voz salía de las sombras.
Una voz femenina que yo conocía muy bien. Rose
retrocedió escrutando las sombras. No se dio
cuenta de que Phil estaba detrás suya hasta que
pudo sentir su aliento en la nuca. Con un grito de
terror y el miedo escrito en sus ojos se dio la
vuelta de un salto. Una espada de plata que yo
muy bien conocía apareció en mis manos. En
aquel momento el coraje invadió mi corazón y
pude pensar con exactitud. Sabía lo que tenía que
hacer, sabía cómo hacerlo y pensaba hacerlo en el
momento en el que se descuidara. Phil también
parecía saber lo que hacer, agarró a Rose por los
brazos y me llamó. Esta, al ver lo que sucedía
mordió a Phil para soltarse, pero él no cedió y ella
no paró de patalear y morderle.

Me acerqué lo más rápido que pude.


Cojeaba, la mordedura de Rose contendría algún
veneno que ahora me estaba matando, poco a
poco, con sufrimiento.
Frené justo enfrente de Rose. Ahora no se
veía hermosa. En sus ojos podía ver reflejado el
miedo. Lo tienes bien merecido, había pensado
yo. Ahora era su turno, le tocaba sufrir, vivir el
terror que yo había sufrido mientras ella me
perseguía. Había tenido que renunciar a todo, huir
era mi ocupación. No tenía amigos, mi familia me
odiaba, y todo por su culpa. Lo que estaba
viviendo jamás sería suficiente.

-¿Te gusta el miedo, Rose? ¿De verdad te


gusta vivir un poco de lo que he tenido que vivir
yo durante meses? Una pena que esto se deba
acabar…- Ahora yo imitaba el tono con el que ella
me había hablado antes. No me importaba lo que
pudieran pensar de mí, ya no. Sabía que mi vida
se acabaría pronto, y si no lo hacía volvería a
estar sola. Sola, al recordar esa palabra un
escalofrío recorrió mi cuerpo.

Balanceé la espada frente a mí. Sonreía, y


más tarde pensé que debería de haber tenido un
aspecto realmente terrorífico, pero me daba igual,
sabía que mi vida acabaría, cada vez estaba más

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segura. El escozor del brazo había subido y me
abrasaba el pecho.

Agarré la espada con firmeza y con un grito


casi de impaciencia atravesé el corazón de Rose
con ésta. La vampiresa jadeó, me miro con odio,
luego con miedo, y cayó inerte en el suelo.

Me temblaban las manos y casi no era capaz


de respirar. ¿Ya había acabado todo? ¿De verdad
había sido todo tan fácil? La idea no entraba en mi
cabeza…

- ¡Cleo! Cleo, no te muevas, has sido


mordida por un vampiro, y has entrado en fase.-
La familiar voz de Diana sonaba vacilante detrás
de mí.
- ¿Entrado… en fase…?- Mi voz parecía tan
irreal… No podía haber sido yo la que pronunció
esas palabras.
- Sí, Diana.- Ésta vez era la martirizada voz
de Phil la que sonaba.- Ahora eres uno de los
nuestros…
- Diana, por favor dime que puedes
ayudarme.- Mi voz seguía pareciéndome irreal.
- Lo intentaré.- Contestó ésta.

De lo más profundo de su garganta nació la


primera nota, seguida de otra, y otra…
Produciendo el que yo creía el canto más hermoso
jamás escuchado, pero la magia de Diana no me
curó el escozor, y aún notaba cómo mi cuerpo
cambiaba…

- No funciona.- La atormentada voz de Phil


interrumpió el hermoso canto de Diana.

Una inspiración me llegó con la suave brisa


que recorrió el callejón en el que nos
encontrábamos. Notaba una energía que
traspasaba cada célula de mi ser. Una energía
reconfortante… Que me hacía sentir la necesidad
de expresar lo que me ocurría… Y entonces, la
energía se dirigió a mi garganta y una nota se
escapó de ella, seguida de otras muchas más. Mi
hermoso canto me hizo sentir bien, pero no
consiguió curar el escozor que sentía en mí.

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- Es inútil, ya eres una vampiresa…- Escuché
la voz de Phil en mi mente.
- No Phil, no es inútil… Cleo… Eres una elfa…
Una elfa-vampiresa.- También distinguí la voz de
Diana en mi aturdimiento. Todo se volvió borroso
y me desmayé.

Después no sabría decir cuándo decidí


quedarme a vivir con Phil y Diana, pero ellos
estuvieron encantados de recibir a una Elfa-
Vampiresa entre ellos… Mi vida parecía haberse
resuelto… Ahora era feliz.

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