¡Qué vergüenza! ¡Qué vergüenza Asturias! ¡Qué vergüenza asturianos la razón que hoy nos reúne aquí!

Qué inútil la sangre que nos trajo hasta esta Plazuela, qué triste nuestra sombra llamada dolor y qué perversa la violencia sin sentido que se nos clava por los cinco sentidos. Qué despreciables las manos que derraman esa sangre, que infames los corazones que alimentan ese dolor y que abyectos los bolsillos que pagan esa violencia. Qué orgullo indescriptible, compañeras y compañeros, ser hoy vuestra garganta y su voz, la voz de los toros torturados hasta morir. Qué orgullo compartir tiempo, espacio y coraje con los que no veis a un ser bizarro y feliz en ese animal que agoniza en el ruedo, sino a la víctima aterrorizada y doliente de un inmenso embuste ruin y sádico en el que lo único real es su pánico, su sufrimiento infinito y su muerte, la muerte de un toro que quería vivir y al que ultimaron en Xixón. La esquizofrenia institucional que finaliza con el último estertor de ese animal asfixiado con su propia sangre, un animal que intentando respirar se ahogó en un oxígeno rojo y húmedo sobre la arena ancha en vileza y profunda en lágrimas de la Plaza de El Bibio, sigue un patrón repetido que comenzando en un mismo lugar acaba en infinitos cadalsos, cual monstruo con una sola cabeza para planear la muerte y mil tentáculos para cometerla. Un modelo, sin embargo, ideado y llevado a cabo por hombres porque la verdadera bestia, la capaz de las mayores bajezas no es una criatura de leyenda ni un animal no humano: es, hoy como siempre, en Xixón como en Madrid, un miembro de nuestra especie. Europa le entrega dinero a España para la ganadería. Para toda, incluida la de toros destinados a la lidia aunque unos y otros disimulen. No podrían hacerlo si constase como una partida separada para la tauromaquia, pero he ahí la primera gran farsa: de ese todo se detrae posteriormente, ya en nuestro País, una parte para lo que siendo un espectáculo cruel y violento estaría prohibido subvencionar con fondos europeos. Fondos que son el respirador artificial que mantiene activas las constantes vitales de la tauromaquia, y esa es la segunda mentira gigantesca, pues por si sola hace ya mucho tiempo que habría muerto. En todo este despropósito nada hay más estremecedor que el terrible sufrimiento físico y psíquico del desdichado toro y que la perversa legitimación de la violencia. Pero inmediatamente después de eso, lo más sangrante, lo que más nos duele, es que nos toméis por idiotas, por idiotas profundos, porque vuestros embustes son tan descomunales como zafios. ¿De verdad queréis que creamos que no hay dinero suficiente para educación, sanidad o personas dependientes pero que sí llega para regalárselo al lobby taurino? Tercera falacia del vademecum de supervivencia taurino. ¿Pensáis que los que hoy estamos aquí – moralmente millones, no habría plazuelas de San Miguel suficientes para albergarnos- somos tan ignorantes como para creernos que al toro le gusta ser torturado, que disfruta en el ruedo escarbado, desgarrado, cortado y atravesado por el acero? Cuarta calumnia que brota de vuestras bocas sucias. ¿O tan majaderos como para aceptar que por ser un crimen largo en el pasado está justificado para seguir siéndolo en el futuro? Quinta patraña de la tarde. Aquí, lo verdaderamente longevo, lo tradicional por inmemorial, es vuestra actitud. La historia está llena de ejemplos en los que el crimen de la mano de unos pocos era vendido a la mayoría como diversión o

necesidad, como distinción y orgullo. Pero esto no es la Roma de los Césares llena de sometimiento ni la Europa Medieval cargada de oscurantismo, esto es la Asturias de 2013, un tiempo y un pueblo donde la inteligencia de sus habitantes es comparable a su sensibilidad y a su valor indomable. La muestra la tenéis hoy, la tenéis aquí y ahora. Después, una vez más, menguaréis cifras y negaréis evidencias. Pero la verdad no nace en las notas de prensa falseadas sino que lo hace en unas calles insobornables. Sois, además de cínicos, de farsantes, de canallas, de ciegos de corazón, de duros de retina y de lisiados de cerebro lo que Nietzsche llamaba esqueletos tatuados, al referirse a aquellos que reemplazan lo que les falta de carne y de mérito por colores artificiales. Vosotros, carentes de todo lo que presumís sólo tenéis un traje azabache, oro, plata, grana, purísima, nazareno o rosa palo, generoso en colores tejidos con el dinero que nos quitáis y teñidos con las falsedades que nos otorgáis. Como si además de saqueados fuésemos mentecatos. Por justicia, por dignidad, por progreso, por ética, por economía... Los asturianos, respaldados por la inmensa mayoría de la sociedad, exigimos el fin de las subvenciones a las corridas de toros en Gijón, a ver si de verdad se pueden mantener por si solas. La mentira tiene las patitas muy cortas y a la tauromaquia, cruel, miserable, cara, primitiva y prescindible, se las amputarán el día que dejen de pagarla con nuestro dinero. ¿Necesitáis más ejemplo que el de Oviedo? ¿Quiénes son aquí los idiotas o, más bien, quiénes se lo hacen? ¿Cuándo vais a admitir que la tauromaquia no es más que un vestigio de un ayer negro, triste entonces aunque tal vez comprensible en una sociedad atrasada y a menudo brutal, pero impensable e inadmisible hoy. Decidnos, ¿tenemos cara de imbéciles o, lo que es peor; nos veis y entendéis con alma de siervos? El sexto toro de hoy, rastreros de la moral y mecenas de la infamia, tiene por nombre ABOLICIÓN. Y ese, a diferencia de los otros cinco, fue criado en nuestra ganadería. Os juramos que jamás olvidaréis su marca, porque esa marca será la inscripción sobre la tumba de un fascismo llamado tauromaquia que nosotros cavaremos. Hoy, en Xixón, en esta Plazuela de San Miguel, estamos hundiendo nuestras palas en la historia para enterrarla, para llenar de vacío las fosas que vosotros llenáis de cadáveres de inocentes. Y escuchadnos bien taurinos: no tenéis ni tendréis argumentos, ni coraje, ni propinas ni amenazas suficientes para detenernos e impedir que os demos tierra. No como mujeres ni hombres pero sí como sádicos violentos. Gracias Xixón. Gracias Asturias. Gracias España y resto del mundo. Gracias a los millones que hoy, sea pisando esta Plaza o sea a miles de kilómetros estáis aquí, desnudos de cobardía y plantando cara a los que cubren la suya con montera, taleguilla, medias y zapatillas. Clavados e inquebrantables entre ellos y los toros a los que quieren asesinar. ¡¡GRACIAS COMPAÑERAS Y COMPAÑEROS!!

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