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La naturaleza engañosa del pecado - Jonathan Edwards

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La naturaleza engañosa del pecado

-Jonathan Edwards [1703-1758]

¿Cómo es posible que las personas vivan de manera que desagradan a Dios y no en tanto parecieran completamente insensibles a eso y siguen de frente completamente olvidadas de sus pecados? Eso se debe a la naturaleza ciega y engañosa del pecado. El corazón del hombre está lleno de pecado y corrupción, y la corrupción tiene un efecto espiritual de ceguera. El pecado siempre carga una gran oscuridad, cuanto más el prevalece, más el obscurece y nubla la mente. El nos siega a la realidad que está en nuestro propio corazón. Así, el problema no es en absoluta la falta de luz de la verdad de Dios. La luz brilla suficientemente a nuestro al redor, pero la falta esta en nuestros ojos; están oscurecidos y ciegos por la incapacidad mortal que resulta del pecado. El pecado engaña fácilmente porque controla la voluntad humana, eso altera el juicio. Cuando la concupiscencia prevalece, predispone la mente para aprobarla. Cuando el pecado influencia nuestras preferencias, el parece agradable y bueno. La mente está naturalmente predispuesta a pensar que todo lo que es agradable es correcto. Por tanto cuando un deseo pecaminoso vence la voluntad, también nubla el entendimiento. Cuando más la persona anda en el pecado, probablemente su mente será más obscurecida y ciega. Así que el pecado asume el control de las personas. Por tanto, cuando ellas no están conscientes de su pecado, esta exremadamente difícil hacerlas reaccionar del error. Al final de cuentas el mismo deseo maligno que las llevo al pecado, las cegará. Cuanto más una persona violenta consiente con la malicia o con la soberbia, pero estos pecados cegarán su entendimiento para que él los apruebe. Cuanto más un hombre odie a su vecino, más el tiende a pensar que tiene una buena causa para odiar y que aquel vecino es digno de odio, que merece ser odiado y que no es su deber amarlo. Cuanto más prevalecen los deseos de un hombre impuro, más dulce y agradable el pecado le parecerá, y más él tenderá a pensar que no hay mal en eso. Semejantemente, cuando más una persona desea cosas materiales, probablemente más piensa que es disculpado por pensar así. Dirá a si misma que necesita ciertas cosas y no puede vivir sin ellas. Si son necesarias, raciocina ella, no es pecado desearlas y las concupiscencias de su corazón pueden así ser justificadas. Cuanto más prevalecen, más ciegan la mente e influencian el juicio que las aprueba.

“El que confía en su propio corazón es insensato” (Proverbios 28:26) . Si beben mucho es por su constitución física lo exige. inmediatamente los condenas y te condenas a ti mismo. Cuando ves a otros errar. el amor así mismo también predispone a las personas a disculparse en su pecado. La naturaleza humana es muy sutil cuando se trata de racionalizar el pecado. hermanos. Rotulan la avaricia de prudencia. hasta personas piadosas pueden. Es asa que encuentran buenos nombres para todas las formas de maldad. porque tú haces los mismos pecados (Romanos 2:1). es difícil juzgar nuestros propios caminos con justicia. dicen tener una conciencia obstinada y consideran su discordia mezquina una cuestión de principios. debemos revisarnos. “Engañoso es el corazón más que todas las cosas y desesperadamente corrupto: ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9). interrogar nuestro corazón cuidadosamente y pedir a Dios que nos sondee completamente. Algunos son tan dedicados a sus maldades que cuando la conciencia los importuna. “Todo camino del hombre es recto a sus propios ojos” (Proverbios 21:2). despedirán una energía tremenda intentando hacer que su conciencia se adapte a su compartimiento. “Todos vemos la paja en los ojos de otros pero no vemos la viga en nuestros ojos” (Mate 7:3). Procuran buenos nombres para denominar sus tendencias pecaminosas. y así vivir de manera que desagrada a Dios. ellas las transforman en virtudes o lo mínimo en tendencias inocentes. entre tanto que se dice: Hoy. por causa de eso deberíamos de hacer un autoexamen diligente y preocuparnos en descubrir si hay un camino malo en nosotros. Si calumnian o hablan del vecino. que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo. Como el pecado es tan engañoso. o entonces. Ellas no gustan de condenarse. las personas tienen tendencias de adaptar sus principios a su práctica y no al contrario. Son naturalmente predispuestos en su propio favor. Deben de permitir que su comportamiento se conforme con la conciencia. y como tenemos mucho pecado en el corazón.Por eso la Biblia denomina los apetitos mundanos de las concupiscencias como engaño (Efesios 4:22). Cuando se alegran de las calamidades del prójimo fingen que es porque esperan que eso traiga algún bien a la persona.” [Hebreos 3:12-13] Las personas ven más fácilmente los errores de los otros que los suyos. “Mirad. para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. permanecer ciegas y engañadas por la concupiscencia. le llaman la ganancia del negocio inteligente. antes exhortaos los unos a los otros cada día. por un tiempo. afirman ser celosos contra el pecado. No podemos confiar en nuestro corazón en esta cuestión. La concupiscencia también incita a la mente carnal a inventar disculpas para las prácticas del pecado. torturan la mente a fin de encontrar argumento que hagan que se calle y que nos convenza que procedieron lícitamente cuando pecaron. En vez de eso. Si entran en una discusión.

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