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El Shopping de La Guerra

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Felipe Calderón triplicó el gasto militar

El shopping de la guerra

Ilustración: Leticia Barradas

Cuando el presidente Felipe Calderón se vistió la mañana del 3 de enero de 2007 con una casaca militar verde olivo, que le quedaba evidentemente grande y, no imaginaba lo que el futuro le deparaba: su gobierno quedaría marcado por la guerra contra el narco. Ese día, los militares presentes en Apatzingán, Michoacán, lo escucharon decir que no habría cuartel contra el crimen organizado. Vaticinó que habría muertos por desgracia, pero no había manera de que calculara que serían tantos como unos 90 mil. Advirtió que para librar el combate habría que prepararse y equiparse. Y las fuerzas armadas siguieron las órdenes: salieron a hacer el shopping de la guerra. Y lo hicieron tan en serio que el gasto militar en el gobierno de Felipe Calderón se triplicó. Pasó de 25 mil millones a 77 mil millones de pesos al año. Se compró de todo, de acuerdo con 66 contratos de las fuerzas armadas obtenidos por emeequis: por ejemplo, 250 vehículos artillados Sand Cat a 4 millones de pesos cada uno; camionetas blindadas de 2.6 millones de pesos por unidad; helicópteros Panther con un costo total de 141 millones de dólares: aviones Casa C-295, cientos de Humvees, lanzagranadas, lanzacohetes, pistolas, rifles, ametralladoras, millones de municiones y mucho equipo más. Incluso, como parte de estas compras de guerra, se adquirió una nueva carroza fúnebre.
Por Rafael Cabrera

Cómo iba a saber Felipe Calderón que la imagen de esa mañana del miércoles 3 de enero de 2007 lo acompañaría inevitablemente durante todo su gobierno. Ataviado con una casaca militar verde olivo evidentemente grande para su cuerpo, con las mangas cubriéndole la mitad de los dedos, y una gorra más amplia de lo debido, el presidente de la República inauguraba el año con lo que pretendía ser una demostración de fuerza. Acudía al campo militar de Apatzingán, Michoacán, a desayunar con los primeros miles de soldados y policías federales a los que encargaría la tarea de combatir a fuego graneado al crimen organizado. Lo flanqueaban, circunspectos, los secretarios de la Defensa Nacional y Marina, Guillermo Galván y Francisco Saynez, respectivamente. Estaba a punto de comenzar la guerra contra el narco que marcaría los seis años de su gobierno. Con la voz propia del comandante en jefe de las fuerzas armadas mexicanas, los arengó: “En este gran esfuerzo nacional, en el que ustedes están en la primera línea de batalla, lo que buscamos es detener el avance de la delincuencia. Enviar a los criminales a las cárceles y devolver la tranquilidad a nuestros hogares, calles, plazas, a nuestras escuelas, a los centros de trabajo, a donde viven nuestras familias”. Para que su estrategia de seguridad tuviera éxito, advirtió, se requerirían mejores leyes, un programa integral de procuración y justicia, y nuevas armas y mejores vehículos: “Necesitamos dotar de mejores instrumentos a nuestras fuerzas de seguridad, a la policía”. Y, ante las instrucciones, el ejército salió de compras, lo mismo que la Marina y la Policía Federal. Y lo hicieron en grande durante todo el sexenio. La Secretaría de la Defensa Nacional renovó su flota de vehículos con miles de camionetas Cheyenne, camionetas blindadas con un costo de millones de pesos para los altos mandos y cientos de unidades de alta tecnología que las milicias de Estados Unidos e Israel tienen a su servicio. También modernizó su arsenal: adquirió lanzagranadas, lanzacohetes, pistolas, rifles, ametralladoras y millones de municiones a empresas armamentistas europeas y estadunidenses. La Marina no se quedó atrás: compró 22 nuevos helicópteros artillados modelo Panther AS565 MB, aviones Casa C-295, así como helicópteros Black Hawk. Ahora, que está a punto de concluir el gobierno del presidente Calderón, se puede decir que su estrategia de combate no sólo tuvo como efecto el que hubiera decenas de miles de muertos, desaparecidos y desplazados, sino otro igual de relevante: el gasto militar en México se disparó. Los reportes entregados por el gobierno mexicano a la Oficina de Asuntos de Desarme de la ONU evidencian el incremento del presupuesto militar en este sexenio: si para 2007 el gasto mili-

tar fue de 25 mil 300 millones de pesos, para 2011 llegó a 77 mil 600 millones de pesos. En sólo cinco años el gasto en equipo y armamento aumentó 300 por ciento. Y aunque las cifras no coinciden del todo con el presupuesto que cada año el Congreso destinó a las fuerzas armadas, son un indicador, al menos parcial, de que la estrategia oficial conllevó una presión financiera para gastar más y más en esta guerra. De hecho, la ONU no es el único organismo que ha reportado el salto del gasto militar en México. El Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI por su siglas en inglés) ha documentado que entre 2002 y 2011, es decir, durante los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón, la inversión militar creció al menos 52 por ciento. “En parte debido a la ineficacia y la corrupción de las fuerzas policiales, 45 mil soldados han sido desplegados a nivel nacional para apoyar los esfuerzos de aplicar de la ley. El gasto extra ha sido para aumentar los salarios, para combatir las altas tasas de deserción y para las nuevas adquisiciones de armas para apoyar la lucha contra el narcotráfico”, señala el organismo en su informe Yearbook 2012. Los especialistas destacan que el gasto militar ejercido durante el gobierno de Calderón se caracterizó porque la mayoría del equipo fue nuevo y no de segunda mano. “Casi en su totalidad fue equipo nuevo, con cero kilómetros, lo que contrasta con sexenios anteriores, cuando se buscaban ‘oportunidades’ en el mercado internacional”, destaca Íñigo Guevara, maestro en Seguridad Nacional por la Universidad de Georgetown e integrante del Colectivo de Análisis de la Seguridad con Democracia (Casede).  Las compras de segunda mano permiten contar con equipos de manera inmediata, pero con altos costos de mantenimiento y repuestos. “La opción ‘de agencia’ permite planear a largo plazo, pero hay que esperar, pues los equipos tienen que ser construidos. Esto significó que la mayoría de los equipos pedidos en 2007 y 2008 llegaron en 2010 y 2011”, explicó Guevara. Aunque son considerados como documentos reservados y no existe forma de saber cuántos se firmaron en realidad en el sexenio, emeequis obtuvo más de medio centenar de contratos hechospor la Sedena. Es imposible determinar cuántas adquisiciones más de equipo y armamento se hicieron, pero los documentos solicitados por esta revista dan cuenta parcial del gasto ejercido para hacer frente a los cárteles del narcotráfico. Se trata de 66 contratos –54 para compra de vehículos y 12 para la adquisición de diferentes tipos de armas– que en conjunto ascienden a más de 3 mil 397 millones de pesos. Los documentos también revelan que un reducido grupo de seis empresas, entre ellas Mile-

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nio Motors SA y Epel SA, han sido beneficiadas en la asignación de contratos, pues juntas han acaparado la mayoría del gasto militar. emeequis accedió a los contratos a través de la Ley Federal de Transparencia. Aunque el ejército demoró casi cuatro meses en entregarlos, un plazo mayor al marcado por la legislación, en los hechos fue la única dependencia que decidió hacerlos públicos, pues la Secretaría de Marina y la Policía Federal determinaron reservarlos con el argumento de que su apertura pondría en riesgo la seguridad nacional. Al revisar los contratos –como forman parte del Fideicomiso Público de Administración y Pago en Equipo Militar, creado en 2007 y al que se le han canalizado 22 mil 500 millones de pesos, la mayoría de las compras se encuentran bajo reserva–, el gasto militar toma dimensiones, aunque no sean claras ni totales: el ejército

reporta haber gastado 2 mil 800 millones de pesos para la compra de parque vehicular y más de 595 millones para abastecerse de armamento. Pero el ejército no fue el único que estrenó equipo. Aunque la Secretaría de Marina y la Policía Federal reservaron sus contratos, sí entregaron información general sobre el gasto ejercido durante los últimos seis años. En la compra de armamento, vehículos, equipo de seguridad y aeronaves, la Marina ha destinado al menos 3 mil 400 millones de pesos durante el sexenio. Eso incluye 22 nuevos helicópteros, con un costo de 141 millones de dólares, entre los que destacan los modelos Panther AS565 MB, una de las aeronaves más usadas en misiones militares, con capacidad de vuelo de 306 kilómetros por hora, que puede contar con ametralladoras calibre 20 mm, lanzacohetes y lanza misiles.

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cursos de los mexicanos, incluso, la pérdida lamentable de vidas humanas”. Pero en esta guerra, no sólo se cuentan bajas. También hay quienes han ganado. Este es el shopping de la guerra de Felipe Calderón.

Los “gatos de arena” contra el narco
Felipe Calderón viajó la mañana del 19 de febrero de 2011 a la ciudad de Reynosa, Tamaulipas, para conmemorar el Día del Ejército. El sitio elegido tenía un evidente significado: es la tierra de Los Zetas, el cártel de mayor poder en México, responsable de haber elevado la violencia en el país a niveles inimaginados. Poco más de cuatro años después de haber lanzado su guerra contra el narco, el presidente parecía retar abiertamente al crimen organizado al congregar a las tropas para festejarlas. Resguardado al interior del campo de la Octava Zona Militar, Calderón se dirigió aquel día a la élite militar: “Hemos querido hacerlo aquí, precisamente en Tamaulipas, como una expresión de nuestro respaldo y aprecio a los soldados de México, que cumplen su delicada labor en una de las áreas de operaciones de alto impacto, en este caso en el Operativo Noreste. Nos ha tocado lo que, sin duda, es enfrentar el desafío contemporáneo mayor, la mayor amenaza a los mexicanos, que es el crimen organizado transnacional…”. Cerca de él, oían sus palabras el secretario de la Defensa, Guillermo Galván, y el gobernador priista del estado, Egidio Torre Cantú, quien llegó al poder luego de que uno de los cárteles asesinó al candidato original, su hermano Rodolfo, a escasos días de la elección de 2010. No todo fueron discursos aquella solemne mañana. Hacia el final del acto, el ejército presentó sus nuevos vehículos tácticos: los Sand Cat. Y no hubo mejor manera de presentarlos: el propio presidente se puso al volante de uno de ellos, mientras el general Galván fungió como copiloto. Durante escasos dos minutos maniobró el vehículo de guerra en una pista de prueba ante la mirada de las tropas y de los reporteros. Al descender, Felipe Calderón lucía sonriente, satisfecho. Sand Cat, el “gato de arena”, es un vehículo táctico de origen israelí, que salió al mercado en 2005 y es manufacturado por la empresa Oshkosh. Los contratos entregados por el ejército mexicano muestran que fueron adquiridos 245 vehículos de este tipo: 170 en el año 2010 y 75 en 2011. Cada una de estas unidades tuvo un precio cercano a 4 millones de pesos. Los Sand Cat se caracterizan por la alta velocidad que pueden alcanzar no obstante su peso, además de que su diseño y blindaje les permite soportar diversos tipos de fuego y explosiones. Los modelos comprados por el gobierno federal cuentan con capacidad para nueve pasajeros,

Los marinos también estrenaron aviones Casa C-295, con capacidad para transportar 71 soldados, longitud de 24.5 metros y la posibilidad de llevar en su interior hasta tres camionetas; tres helicópteros Black Hawk y cuatro aviones Casa CN-235-300 entregados por Estados Unidos como parte de la Iniciativa Mérida. Por su parte, la Policía Federal, organismo fortalecido en este gobierno, aunque su fin ha sido anunciado ya por el gobierno entrante, tuvo un gasto en armas, camionetas blindadas, aeronaves y equipo, que rebasó los 7 mil 600 millones de pesos. Aquella mañana de enero de 2007, mientras se dirigía a los militares, el presidente Calderón lanzó una advertencia que, vista ahora, parecía un augurio de lo que serían sus seis años de gobierno: “Ésta no es una tarea fácil ni será rápida; tomará mucho tiempo, implicará enormes re-

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Gasto militar de México reportado a la ONU

25.3

50.8

59.3
2009

67.4
2010

77.6
2011

2007 2008

Total del periodo: 280.4 mil millones de pesos
Fuente: Informes entregados por el gobierno de México a la Oficina de Asuntos de Desarme de la ONU

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tienen un nivel de blindaje NIJ IV Plus, que es uno de los más altos. Su peso bruto es de 6.9 toneladas y puede soportar una carga de hasta dos toneladas. La garantía de estos vehículos expirará en tres años a partir de la compra o cuando hayan alcanzado los 57 mil kilómetros de circulación, mientras que su blindaje sólo fue garantizado por un año. Otros países que cuentan con este tipo de unidades son Canadá, Suecia y Bulgaria. Los analistas atribuyen la compra de estas unidades a la necesidad de otorgar más protección a las unidades militares, “por lo que se seleccionó al Sand Cat”.  La compra de estos vehículos se realizó a la empresa de blindajes y seguridad privada mexicana Epel, localizada en el DF. Detrás de esta compañía, se encuentran empresarios de la comunidad judía, de entre los cuales uno destaca: Eduardo Cuauhtémoc Margolis Sobol, un personaje que ha sido señalado como ex miembro del Mossad, el servicio de inteligencia de Israel, y al que además se le ha vinculado con el caso de la presunta secuestradora Florence Cassez. La empresa Epel fue creada en 1987, según el Registro Público de la Propiedad del DF. Sin embargo, Margolis Sobol no aparecía en ese momento como accionista. Los propietarios eran integrantes de la familia Epelstein, de donde viene el nombre de la compañía. Fue en 2003 cuando Margolis Sobol fue nombrado como administrador único. Los registros del gobierno capitalino señalan que el giro de la empresa es “la prestación de servicios, compra, venta de equipo de seguridad y blindaje de automotores, así como la asesoría en todo lo relacionado con la seguridad”. En su sitio de internet la compañía presume

dos tipos de productos: los blindajes y los vehículos de guerra: “Epel Blindajes es una empresa especialista en la distribución de Sand Cat, y cuenta con la asesoría de Oshkosh Vehicles. Estos vehículos de origen israelí son altamente funcionales en el desempeño táctico de vehículo ligero, perfecto para misiones de reconocimiento, patrullaje y persecución”. Con la compra de los 245 Sand Cat, Epel obtuvo uno de los contratos más grandes por la compra de vehículos para el ejército mexicano: más de 981 millones de pesos.

Dillon Aero: las camionetas ocultas del Ejército
El video en YouTube apenas dura un minuto con 11 segundos, tiempo suficiente para dejar en claro el poder de las armas diseñadas por Dillon Aero. En la imagen aparecen dos camionetas de color negro circulando, una tras otra, sobre una avenida desierta. La toma cambia y se muestra el interior de una de ellas; sale a cuadro un tirador abriendo la escotilla y maniobrando una metralleta que se despliega en el techo del vehículo que avanza en la retaguardia. Y las ráfagas comienzan. Una tras otra. Imposible saber cuántas balas son disparadas. De la boca de la metralleta sale fuego. Decenas, cientos de casquillos brincan y se desperdigan sobre el techo de la camioneta. Después, una toma aérea. Las camionetas de lujo avanzan en fila a alta velocidad. Otra toma interna demuestra como la metralleta gira y ajusta su posición. Y luego aparecen cinco segundos en los que el arma no deja de disparar. Como este video, existen otros 10 que presumen las capacidades del equipo.

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El ejército mexicano cuenta con dos de estas camionetas. Pero a diferencia de las Sand Cat y de otros vehículos, no los ha presumido. Su compra se realizó con un bajo perfil y así se ha mantenido su operación, a pesar de que son de los vehículos de más alta tecnología adquiridos para hacer frente al crimen organizado. Los contratos entregados por la Sedena se encuentran fechados en 2008. Se adquirieron dos camionetas Suburban 4x4 blindadas, de la marca Chevrolet, con metralleta adaptada en su interior, desplegable a través de la escotilla. Cada una de las camionetas con armas incluidas tuvo un costo de 304 mil dólares, es decir, alrededor de 3 millones 800 mil pesos. Aunque en los documentos entregados por la Sedena se reservaron los detalles de las camionetas y armas, el modelo estándar de las metralletas es la Dillon M134D, conocida popularmente como minigun, con capacidad de disparar hasta 3 mil balas por minuto. Una ráfaga de 50 balas cada segundo gracias a los seis cañones que rotan a través de un sistema eléctrico. El calibre de sus municiones es de 7.62 milímetros. Esta metralleta está diseñada para que su conjunto de cañones den un millón de vueltas, aunque cada 30 mil disparos debe realizarse mantenimiento y limpieza para garantizar su funcionamiento apropiado. Dillon Aero es una compañía armamentista ubicada en Arizona, EU, y es uno de los fabricantes de armas al servicio del ejército de su país. Fue establecida a mediados de la década de los ochenta por Mike Dillon, quien incluso firmó los contratos con la Secretaría de la Defensa Nacio-

nal. El éxito de la empresa llegó al modernizar la ametralladora General Electric Gau-2, la cual presentaba diversos fallos en uso intenso. De ese modo nació la minigun M134 D, la cual fue aceptada por el Departamento de Defensa de EU en 2003 para integrarse a su arsenal. Los ejércitos de EU y México no son los únicos que cuentan con este tipo de armamento, pues también los del Reino Unido, Jordania y Colombia lo han sumado a sus arsenales.

La versión militar de las Hummers
Las lujosas Hummers tienen su origen en un vehículo de uso militar que comenzó a ser ensamblado a mediados de los años ochenta por la empresa AM General, bajo cuya responsabilidad se construían también los motores para vehículos y aeronaves del ejército de EU. Aquel vehículo es conocido como Humvee o HMMWV, un acrónimo de “High Mobility Multipurpose Wheeled Vehicle”, nombre que sintetiza sus principales características: vehículo multipropósito de alta movilidad que cubre los requerimientos de una unidad para conflictos armados. Mientras las Hummers se propagaron como vehículos asociados al lujo y la ostentación, las Humvee se mantuvieron siempre en la esfera de las labores militares. Uno de los vehículos más populares entre los militares del planeta, encajaba muy bien para cubrir los requerimientos derivados de la lucha contra el crimen organizado en México. Así que la Secretaría de la Defensa Nacional recurrió a la empresa AM General para adquirir

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sus sofisticados vehículos de guerra. A través de tres contratos suscritos, el gobierno adquirió un total de 279 Humvees por poco más de 31.2 millones de dólares, aproximadamente 401 millones de pesos. La primera compra fue pequeña, de apenas 26 vehículos, en 2008; un año después, la segunda compra subió a 53 vehículos; finalmente, en 2010, el ejército mexicano compró una flotilla de 200 unidades. Los contratos muestran que las Humvee cuentan con mayor amplitud que su versión comercial, se encuentran blindadas y poseen tracción en cuatro ruedas. La mayoría de estos vehículos han sido asignados a labores de seguridad en la zona norte del país. El Humvee es uno de los vehículos de seguridad más populares en el mundo. Aunque hay diferentes versiones, prácticamente se encuentran en los cuerpos policiacos y los ejércitos de todo el planeta, aunque Estados Unidos es su principal comprador. La empresa AM General se localiza en el estado de Indiana y comenzó a colaborar con el Pentágono hace unos 30 años para desarrollar un nuevo vehículo de uso militar. Para 1983, y tras varios prototipos y pruebas, la empresa ganó un contrato de mil 200 millones de dólares para producir 55 mil Humvees en un lustro. Desde entonces, se estima que la compañía ha producido unas 250 mil unidades.

una de las empresas consentidas por el ejército mexicano en los últimos años, cuyos dueños son Eduardo Solana y Diego José Garibay y García de Quevedo. Garibay y García de Quevedo se desempeñó hasta hace unos años como presidente del capítulo Jalisco de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex). En 2005 fue nombrado por Vicente Fox, con aval del Senado, como cónsul honorario del Reino de Suecia en Guadalajara.

Las armas contra el narco
Para hacer frente a los fusiles AR-15 y AK-47 de los cárteles, el ejército mexicano ha nutrido su arsenal con armamento de origen europeo y estadunidense. La Sedena ha suscrito en los últimos seis años contratos por 595.5 millones de pesos en la compra de armas de diferente calibre. Se han adquirido lanzagranadas, pistolas, ametralladoras, subametralladoras y lanzacohetes, así como millones de municiones. De los 12 contratos entregados por la Sedena, cuatro fueron asignados a la empresa FN Herstal. En total, le han sido pagados 33.5 millones de euros, unos 537 millones de pesos. A FN Herstal se le ha comprado lo siguiente: • 165 subametralladoras y 16 pistolas con cargador especial. Costo total: 921 mil euros. • 520 ametralladoras y 290 ametralladoras de culata corrediza, 2 millones de municiones, así como diversos cañones de repuesto y equipo complementario. Costo: 32.6 millones de euros. La adquisición de armas, documentada en los contratos, ha incluido también los siguientes rubros: • A la empresa sudafricana Ripperl Effect Weapom Systems se le compraron 240 lanzagranadas. Costo: 1.3 millones de dólares. • A la estadunidense ALS Technologies INC se adquirieron 24 lanzagranadas. Costo: 80 mil dólares. • A la también estadunidense MLM International Corporation se le compraron 150 lanzacohetes. Costo: 626 mil dólares. Una compra final: una nueva carroza fúnebre para los elementos del ejército que han caído en la guerra contra el narco. Adquirido en febrero de 2008, el vehículo es uno de los más lujosos en su tipo: una carroza Cadillac Escalade de color negro. Tiene las mismas dimensiones que la camioneta original, pero el área del asiento trasero fue fusionada a una cajuela más amplia para permitir el almacenamiento del féretro. Su costo fue de 434 mil pesos. Y a la vista de los caídos en combate no fue una mala decisión. ¶

¿Y las Cheyenne, Apá?
Quizá una de las mayores sorpresas que contienen los contratos es el descubrimiento de que en 2007-2009 se realizó la compra de miles de camionetas para las tropas, la que estuvo acompaña de una adquisición de otra naturaleza: ocho camionetas de lujo blindadas destinadas a los altos mandos. Los contratos dan cuenta de ello: • En 2008 se compró a Epel una camioneta Ford Explorer Eddie Bauer a un precio de 1.2 millones de pesos. • De la compañía Blindajes Mexicanos el ejército obtuvo una camioneta Jeep Cheeroke y una BMW X5 Premium, ambas blindadas, con valor conjunto de 5.3 millones de pesos. • A Milenio Motors le compraron tres camionetas Suburban 2500 blindadas, con costo individual de 1 millón 600 mil pesos. Tres años después, otras dos camionetas Suburban fueron adquiridas a la misma empresa a 2.6 millones de pesos por cada una. Para las tropas regulares también hubo camionetas, sólo que éstas fueron Chevrolet Cheyenne 4x4. De 2007 a la fecha, la Sedena compró 2 mil 709 unidades. La adquisición se hizo mediante 10 contratos asignados a Milenio Motors SA, ubicada en Zapopan, Jalisco. La compra total de las camionetas sumó 874.5 millones de pesos y se hizo a Milenio Motors,

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EL DINERO DESTINADO A LAS FUERZAS ARMADAS
El dinero destinado a las Fuerzas Armadas y la Policía federal fue incrementado por el Congreso de la Unión a propuesta del Presidente Felipe Calderón, a fin de combatir a los cárteles del narcotráfico.

Secretaría de la Defensa Nacional
2007 2008 2009 2010 2011 2012 32.2 34.8 43.6 43.6 50 55.6

Secretaría de Seguridad Pública

2007 2008 2009 2010 2011 2012

32. 34. 43. 43. 50 55.

2007 2008 2009 2010 2011 2012
Total del sexenio: 174.6 mil millones de pesos

13.6 19.7 32.9 32.4 35.5 40.5

Total del sexenio: 259.8 mil millones de pesos

Fuente: Presupuestos de Egresos de la Federación 2007-2012

5 40.5

25.3

50.8

59.3
2009

67.4
2010

77.

1 2012

2007 2008

201

67.4
2010

77.6
2011

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