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ALEJANDRO LAVQUÉN

Poemas

COTIDIANO

Los hombres despiertan como despiertan cada día. Se levantan. Lavan su rostro y beben café, los que tienen como beber café. Los hombres empañan los vidrios de los autobuses. Piensan en su paso por la vida, o quizá, en la vida sobre sus pasos. Los hombres caminan. Los animales caminan. Pero los hombres son hombres y los animales son animales. Todo es normal:

La artillería de pocos hombres se derrama sobre los corazones de muchos hombres. El romanticismo de la luna paga sus pecados al Banco Mundial. Sierras eléctricas extirpan el verde de la tierra. En Londres, el Big-Ben da la hora. En New York, la estatua de la libertad sostiene su antorcha de piedra. La codicia desgarra los estómagos africanos.

El tigre asiático engorda con el sudor engrillado de los rebaños. Voladores de luces, como esperanzas bíblicas, inyectan dosis mortíferas de apatía y carnaval en las conciencias congeladas.

, Los ríos se asfixian en América, al igual que una canción en la voz de un tuberculoso. La suerte rezonga en los hipódromos, la lotería se duerme para despertar un próximo domingo. “El azar y la miseria, son directamente proporcionales a la cesantía”, razona un intelectual.

¡Tengo hambre!

reclama un despistado. Una beata se persigna.

ALEJANDRO LAVQUÉN

SÓLO ESTA NOCHE

Poemas

Ven esta noche, y sin mediar palabra, abre mi pecho con un beso para que de él salgan ciudades antiguas y el rostro de mi padre muerto. Arranca mi corazón y ponlo entre una camelia y la lluvia. Sólo esta noche, cuando desnuda y lenta, la sonrisa del otoño se extravíe en mis temores. Cuando una puerta encuentre su llave en el intervalo de mi sed. Cuando la luz y las tinieblas se reconcilien.

ALEJANDRO LAVQUÉN

SÓLO NADA

Poemas

El hombre salió del Bar, buscó en sus bolsillos. Encontró nada. Caminó sin dirección alguna en su rostro, titubeó al cruzar el puente que conducía al silencio de su habitación, se durmió cinco veces antes de fumarse el amanecer, levantó el auricular y quiso discar un número que no encontró en su memoria. Desconsolado, recorrió las calles hasta vislumbrar la noche. El hombre salió del Bar, buscó en sus bolsillos. Encontró nada.

ALEJANDRO LAVQUÉN

FUERA DE LUGAR

Poemas

Me siento ajeno a esta época de transiciones apócrifas,

de

rostros y cuerpos cromados, ocultándose en el silabario pueril de la uniformidad.

Mi

descontento es colosal,

como la furia de sitiadores y sitiados en las llanuras de Troya. Desconozco las fórmulas de la convivencia cortesana

y no me interesa rendir cuentas ante el comisario de la ética convencional. Sólo me reconozco dichoso cuando la lluvia

me recuerda en su otoño

y abundancia.

Cuando septiembre regresa florecido y con un cigarrillo sin filtro

en la boca.

Cuando asumo que un día sabré decirte adiós sin vacilaciones,

y tú comprenderás que mi viaje por la humanidad sólo fue un sueño parecido a la existencia.

ALEJANDRO LAVQUÉN

CIUDAD A TRASLUZ

Poemas

Me lastima con su eco el gemido subterráneo de los habitantes de esta ciudad clínica. Me devasta la sonrisa el péndulo que oscila entre los ojos desesperados de los mendigos. Las promesas no son más que ilusiones, arrinconadas en los harapos que cuelgan de los edificios. Una suciedad de medioevo, sacude su alfombra sobre los vestigios de las promesas desechadas por el monarca del prostíbulo neoliberal.

ALEJANDRO LAVQUÉN

Poemas

BRILLA Y BRILLA UNA LUZ

Brilla y brilla una luz en el umbral del tiempo. Junto a la luz una campana va y viene, ilógica y silenciosa. Es noche en el planeta. Es noche en toda música. Es noche en el semblante de una estatua. Es noche en los senos de la luna. Es noche en tu voz, amada. Es noche en el lenguaje. (hay extraños adjetivos en mi boca) Es noche en la fertilidad de los sexos. Es noche en la muerte, que pasea desnuda frente a mi puerta.

ALEJANDRO LAVQUÉN

Poemas

MADRUGADA EN ALAMEDA 777

(Luciérnaga)

El otoño la trae desnuda, con flores en sus manos

y la sonrisa de niña pobre

anunciando el alba. En sus mejillas enrojecidas la indiferencia se licúa junto

a la oscuridad de la noche.

(Palabras y Miradas)

Ojos desorbitados se insertan en los rostros dispersos que nos acompañan en este bar. Golpean como la noche las escaramuzas en cada corazón. El lenguaje de las murallas cae como reliquia de los siglos sobre nuestras divagaciones, sin saber el idioma que deseamos comprender. Sin saber la tragedia que oculta el peregrinar de las estrellas sobre los rostros.

ALEJANDRO LAVQUÉN

Poemas

ALGUIEN LLEGA EN LA NOCHE

I

ALGUIEN LLEGA EN LA NOCHE Entra sin golpear y me dice:

Disculpa la tardanza, he muerto y no lo sabía. Anduve en un país lejano que no reconocen los mapas ni el idioma de nuestros antepasados. La lluvia fertilizó mi rostro muchas veces antes de parir mi lenguaje una razón en lo cotidiano.

(Aún era un niño cuando escuché por primera vez que amor y desengaño son dos alas con opuestos destinos, que la semilla que brota desde la piel ansiosa de una caricia, puede ser lágrima o flor.)

Milité junto al arado y a la sublevación de un pueblo que todavía espera la plusvalía de su sudor. Así fui forjando la dinastía de mis sentimientos en tanto mis ojos grababan cada página de los libros que me concedió la aurora.

II

Un día de extramuros me interné por un sendero que creí conducía al Edén, pero sólo era el sueño de cual me hablaron mis padres antes de morir soñando que en el mundo había esperanza. Me estremecí entonces y lloré sobre sus sepulcros sin comprender los signos de la muerte.

III

Antes de llegar hasta tu habitación pernocté muchas veces en lo árido de un beso,

en la sensación horrible de la soledad enseñando sus vísceras transparentes. Sólo la foresta y el lenguaje de las raíces lograron que mis razones

escalaran hasta la sonrisa de los valles

bebiendo del mismo manantial. Estreché sus manos y me alimenté de la madera y la flor, de la lluvia y del vocabulario de las montañas lúcidas e inmemoriales.

,

allí encontré al indígena y al campesino

ALEJANDRO LAVQUÉN

EL CAMINO

Poemas

Sin saber adónde vamos ni si llegaremos, abandonamos el pecho de la madre. La encrucijada es permanente, las azoteas, los péndulos, cada lágrima y cada risa que se nos atasca en el camino. El amor puede ser ángel o demonio en los corazones, nunca indiferente. Las ventanas y las puertas la salvación o el sepulcro. Sólo la lluvia es impredecible alrededor del mundo, las olas y el sabor de un beso.

ALEJANDRO LAVQUÉN

Poemas

OVALLE EL NAVEGADO

En memoria de su tripulación

Una bombilla se cimbra sobre la puerta desgastada por la lluvia, sus colores quedaron atrapados en el oficio de cada noche, cuando las borracheras exploraban las entrañas de las prostitutas

y el olor de los vagabundos enmudecía las mesas de la cantina más pendenciera del puerto.

Hoy las ruinosas murallas sólo conversan garabatos indescifrables

y las huellas de meadas trasnochadas.

Allí le cortaron la garganta al travesti Toledo

y la gorda Clorinda perdió la virginidad a los cuarenta y cinco años

tras enredarse en la sotana del capellán de la marina. Fueron años de corsarios y naufragios, de besos fugaces y de sombras, cada tiempo y cada historia golpeó la sangre y los fluidos. Las razones y sinrazones fornicaban con tristeza en las esquinas, como queriendo expurgar los pecados de los apóstoles. Hubo noches de tormenta y risotadas de otros continentes, amores sacrílegos, estrellándose contra el oleaje de la vanidad. Habitaron sus recodos estibadores y cafiches, marineros de otros mundos, mecheras de oficio permanente y más de algún poeta ceniciento que bebía sus nostalgias. Empleados públicos y otros explotados, siempre tenían un hombro donde llorar. Codiciosos jugadores encontraron las estrellas y otros tantos viajaron de improviso al Cerro Panteón, donde el azar es una jugada de Dios. Setenta años justos navegaron los tripulantes de encendidas guitarras y canciones, sin principio ni fin a lo largo de flores y cuchillos, de banderas y religiones.

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