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EL EGO

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1. EL EGO ¿Qué es el ego?

El ego es todo el contenido que hemos acumulado en nuestra psicología a lo largo de la vida, con el que vivimos constantemente identificados. Está compuesto por conceptos, reacciones, costumbres, ideologías, inclinaciones, recuerdos, imágenes, etiquetas, creencias, métodos, traumas, temores, etc. El ego es el resultado de toda la información que recogemos y almacenamos a medida que vamos viviendo. En el transcurso de la existencia nos vamos narrando a sí mismos una historia acerca de la vida. Interpretamos, clasificamos, valoramos y le atribuimos un significado a todo lo que contemplamos y experimentamos. Esa historia se convierte en nuestra visión personal de todas las cosas y en la identidad que utilizamos como representación ante el mundo exterior. La actividad de toda esta información acumulada es la que nos hacen sentir individualidad existencial y separación de los demás.

El ego es un conjunto de yoes

El ego es como un órgano que está compuesto por muchas células a la cuales podemos llamar “yoes”. "yoes" es una palabra para definir el yo en plural. Para expresar que existen muchos "yo" diferentes dentro de uno mismo. Los yoes son los diferentes estados de la psicología dentro de los cuales podemos encontrar el yo inseguro, el yo romántico, el yo tacaño, el yo celoso, el yo introvertido, el yo chismoso, el yo grosero, el yo amigo, el yo amable, el yo fanático, el yo interesado, el yo conquistador, el yo preocupado, entre otros.

Yo = información, sensación y conducta

Un yo es como un programa de computadora que se encuentra instalado en nuestra psicología. Cada uno de estos programas está formado por tres componentes: Información, sensación y conducta. Un yo es información acumulada de algún tipo, como razones, recuerdos, imágenes, etc. La información siempre se procesa acompañada de una sensación característica ya sea buena, mala, agradable o desagradable. Sentimos todos nuestros pensamientos, ideas, inclinaciones, recuerdos, etc. Las sensaciones también son información. No solo reconocemos las cosas con los conceptos que nos hemos formado, sino también con sensaciones que nos producen. La conducta o comportamiento es la manifestación externa del yo.

Cada yo es una conducta psicológica diferente a las otras

Un yo psicológico es un patrón de comportamiento con características muy diferentes a las de otros yoes. Los yoes pueden ser vistos como personas diferentes que se manifiestan por turnos en nosotros. Por ejemplo: si analizamos el yo de la pereza podremos descubrir que produce pensamientos, emociones, deseos, reacciones motrices, etc. Muy diferentes a las de otros yoes, como el yo de la ira o el yo deprimido. Cada yo aflora en su momento y se manifiesta en nuestra psicología como una reacción a un estimulo especifico. Cada yo tiene sus expresiones, gustos, deseos, planes, proyectos, etc.

Ningún “yo” es permanente

La psicología humana es muy inestable porque en ella se manifiestan estados cambiantes. Cuando cambia el ambiente, cambia el yo. La psicología es similar a un automóvil que es manejado por conductores que se relevan constantemente. Los yoes son los diversos choferes de nuestra psicología que cambian y se turnan el mando. Cuando un yo toma el volante, produce unos pensamientos, emociones, deseos, planes, conductas, etc., que más tarde son reemplazadas por las de otro yo. Por esta razón nuestras determinaciones, estados

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de ánimo y elecciones cambian bruscamente cuando un yo es reemplazado por otro. En un momento podemos expresar alegría y después de un rato ser manejados por el yo de la tristeza. Todo depende del ambiente y condiciones a los que estemos expuestos.

El yo es dual

Todos los yoes poseen un complemento opuesto, del cual dependen para existir. Nuestra psicología es dual y contiene comportamientos de polos opuestos como: el yo derrochador el yo tacaño, el yo extrovertido - el yo introvertido / el yo amable el yo grosero / el yo amigo el yo enemigo / el yo fanático el yo escéptico / el yo despreocupado el yo preocupado / el yo eufórico - yo depresivo / yo fornicario el yo célibe, etc. Al estar influenciados por la ley del péndulo nuestra conducta oscila de extremo a extremo de acuerdo a las condiciones del ambiente. Ejemplo: Somos tacaños para comprar unas cosas y derrochadores para comprar otras. Somos amables con determinadas personas y groseros o indiferentes con otras, somos amigos de quienes cumplen unos requisitos y enemigos de quienes no los cumplen, etc. Si queremos comprender y disolver determinado yo, es preciso descubrir y estudiar la relación que tiene con su opuesto. Tomando conciencia de los yoes de ambos polos vamos recogiendo la sabiduría de los extremos (la sabiduría del bien y el mal) que nos permite percibir conscientemente la determinación equilibrada y justa para cada instante.

La perspectiva del yo

Cuando un yo está activo, se adueña de nuestros procesos psicológicos y nos hace VER todo a través de su perspectiva. Todos los yoes producen proyecciones, sensaciones y emociones que hipnotizan nuestra conciencia. El yo es como un lente de color que modifica el aspecto de lo que estamos percibiendo. Si tenemos un lente rojo, veremos todo rojo. Si usamos un lente verde creeremos que todo es verde. Cuando nos identificamos con un yo, solo podremos VER lo que nos proyecta con su perspectiva que está limitada y condicionada. Por eso vemos las cosas como somos y no como son. Ejemplos:

Si nos identificamos con el yo de la lujuria, todo lo veremos con morbo, voluptuosidad, etc. Si nos identificamos con el yo depresivo, este nos proyectara todo gris, difícil, complicado, negativo, etc.

El ego es la herencia cultural de la sociedad a la que pertenecemos

Todos los seres humanos nacemos en estado de inocencia, sin contenidos psicológicos propios ni condicionamientos. Nacemos con una psicología libre, espontánea y abierta, pero a la vez sin una base para desenvolvernos por sí mismos. La inocencia es un obstáculo para subsistir en el medio sistematizado al cual debemos incorporarnos como personas. Hacemos parte de una sociedad, y por eso debemos aprender códigos, reglas, horarios, leyes, conceptos, lenguajes, métodos, etc. Que ya están establecidos como mecanismos de organización. Por eso a lo largo de la vida nos llenamos de los valores del entorno para poder entender lo que es bello, agradable, bueno, malo, legal, ilegal, conveniente, etc. Nos vemos en la necesidad de desarrollar un programa común que nos permita relacionarnos, desempeñarnos, cumplir funciones y subsistir en el medio al que pertenecemos. Los contenidos psicológicos que hoy poseemos, que nos caracterizan y en los cuales nos apoyamos para vivir nos son aspectos legítimos de nuestro ser. Son cosas que adquirimos del entorno. Nuestras costumbres, creencias, ideales, temores, inclinaciones, modelos, etc. Son el resultado de las influencias. Es decir que todo hombre es una prolongación o extensión del medio en el que se desenvuelve. Nuestra percepción personal de la vida está compuesta por una selección de cosas que hemos agarrado de afuera. Somos el entorno con todas sus contradicciones, incoherencias, ilusiones, apariencias, deseos y problemas.

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El ego es tiempo psicológico

El ego es la huella que dejan todas las experiencias en nuestra psiquis. Es el pasado que cargamos en forma de imágenes, recuerdos, ideas de las cosas, etc. Nuestra mente viaja constantemente en un tiempo creado y proyectado por ella misma. El pasado que recordamos y el futuro que imaginamos son proyecciones que hace nuestra mente a partir de los contenidos que ya tiene acumulados. Todas las visiones que contemplamos de otros tiempos no son reales y sin embargo nos preocupan, emocionan, tensionan y nos duermen la conciencia. Percibimos el presente a través de los conceptos del pasado. No podremos tener un contacto con lo real mientras se interpongan las proyecciones e imágenes mentales que nosotros mismos emitimos.

El yo condiciona la voluntad

Todos los yoes son un condicionamiento para la voluntad y la acción. Cada yo es un programa que solo tiene ánimo y motivación para sus respectivos propósitos. El yo solo trabaja cuando hay una promesa de placer, satisfacción o una amenaza de dolor. EL YO ES DESEO. Cada yo se adueña de la mente utilizándola para realizar cálculos que le permitan determinar los posibles beneficios o pérdidas que implica la ejecución de cualquier acción. Hasta las acciones más nobles y altruistas esconden ocultos intereses cuando son producidas por algún yo. La voluntad del yo nos faculta para hacer obras inmensas motivadas en la recompensa, pero nos impide hacer obras insignificantes cuando no hay de por medio una promesa de satisfacción o un amenaza de dolor.

Los yoes consumen nuestra energía

La manifestación inconsciente de innumerables yoes nos mantienen gastando energía. El yo siempre ocupa nuestra conciencia y nos desgasta con la proyección de sus pensamientos, con sus emociones, deseos y actos. La energía es la materia prima de nuestras obras y se encuentra monopolizada por los diversos yoes que la acaparan para manifestarse y poder realizar sus proyectos.

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