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Cristología 3 - la iglesia en los primeros siglos

Cristología 3 - la iglesia en los primeros siglos

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Jesucristo, Dios y hombre verdadero.
Tratado teológico sobre Cristo.
Jesucristo, Dios y hombre verdadero.
Tratado teológico sobre Cristo.

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Arguments - Jesucristo

- 1 -
El testimonio de la fe de
la iglesia en los primeros
siglos
1. LOS PRIMEROS
TESTIMONIOS DE LA FE
DE LA IGLESIA
Desde los primeros tiempos, la
Iglesia confesó abiertamente el
misterio de la Trinidad de Dios y de
la encarnación del Verbo.
La fe de la Iglesia en el misterio de Cristo está
expresada claramente:
en la liturgia del Bautismo,
en las profesiones de fe,
en la liturgia eucarística
y en la oración cristiana.
Esta fe versa esencialmente sobre el misterio
de la Trinidad y el realismo de la Encarnación,
es decir, la afrmación de la perfecta divinidad
y de la perfecta humanidad del Salvador.
Versa también sobre la realidad de los
acontecimientos de la vida del Señor y su
dimensión salvadora: el Verbo se hizo carne
verdaderamente, nació verdaderamente,
padeció verdaderamente.
Los primeros Padres de la Iglesia
proporcionaron un testimonio
sobresaliente en su lucha




contra las herejías trinitarias y
cristológicas
En este tema se estudian testimonios
destacados de la vida de la Iglesia,
manifestada sobre todo en la liturgia.
Asistimos también a los comienzos de la
refexión teológica, incentivada, en gran parte,
por las herejías trinitarias y cristológicas a
las que tienen que hacer frente los primeros
Padres de la Iglesia, concretamente las
herejías de los docetas y de los gnósticos .
Entre los teólogos de los primeros tiempos
destacó San Ireneo con su visión de Cristo
como aquél que recapitula en sí todas las
cosas y en quien encuentra su centro la
historia de la salvación .
Primeras expresiones de la
fe
La fe trinitaria y cristológica de la
Iglesia está expresada, ya desde la
Antigüedad:
en la liturgia del Bautismo, en las
profesiones de fe
La confesión de fe es aquello que hay que
saber y creer antes del sacramento del
Bautismo, y que hay que afrmar al recibirlo.
Estas confesiones pueden
confesar a Jesús en su carácter de
Salvador y Mesías,
incluirlo dentro de la Santísima
Trinidad como Verbo, Hijo del
Padre.
en la liturgia eucarística,
En el caso de la liturgia eucarística, la Iglesia
la ha visto desde sus inicios profundamente


Extraído de Mateo Seco, Lucas F. y Domingo, Francisco. Cristología. Instituto Superior de
Ciencias Religiosas. Universidad de Navarra, 2004.
Arguments - Jesucristo
- 2 -
relacionada con el misterio de la Santísima
Trinidad.
en la oración cristiana
La oración cristiana es también esencialmente
trinitaria.
Aunque hereda muchos rasgos de la oración
judía, se distingue de ella, entre otros, por este
rasgo fundamental: se dirige a Dios Padre por
la mediación de Jesucristo, su Hijo, que es el
sacerdote de la Nueva Alianza, en la unidad
del Espíritu Santo.
Herejía de los docetas
Los docetas niegan la verdad de la
encarnación
Los docetas consideraban la materia como
algo malo y, por lo tanto, decían que el Verbo
no pudo tomar un cuerpo realmente; decían
que sólo pudo tomar una apariencia de
cuerpo. De ahí el nombre de docetas.
Les escandalizaba que la naturaleza divina
conviviese con la materia, que ellos concebían
tan negativamente. Las diversas formas de
docetismo coincidían en el intento de dar a la
carne de Jesús un origen y una naturaleza no
material, con el fn de no poner en peligro la
trascendencia de su Persona.
2. LAS HEREJÍAS
TRINITARIAS. REACCIÓN
DE LA IGLESIA
Confesar que Jesús es el Hijo
eterno del Padre conduce a afrmar
que la unicidad de Dios se realiza
en el marco de la trinidad de
Personas
El hecho de la divinidad de Cristo trae
consigo la cuestión trinitaria. En efecto, no
sólo decimos que Cristo es Dios, sino que es
el Hijo del Padre.
Ya desde los primeros siglos se hacía
imprescindible:
mostrar cómo se ha de entender
esta divinidad dentro de la unicidad
de Dios
y en qué consiste su relación flial al
Padre, es decir, cuál es su posición
en el seno de la Trinidad.
Esta cuestión es el centro del gran debate
teológico del siglo IV, que tuvo su punto
culminante en el Concilio de Nicea (año
325).
Aquí trataremos este tema como introducción
necesaria al estudio de lo que constituye
propiamente la cuestión cristológica: la unidad
de persona y la dualidad de naturalezas
existentes en Cristo.
Esto, al comienzo, no era fácil
de aceptar. De ahí las herejías
trinitarias: monarquianismo y
subordinacionismo
Comenzamos con el análisis de las dos
formas principales de herejías trinitarias:
negar que exista en Dios pluralidad
de personas (monarquianismo )
o decir que las personas del Hijo y
del Espíritu están subordinadas al
Padre, es decir, le son inferiores, lo
cual equivale a negar que sean Dios
(subordinacionismo )




Arguments - Jesucristo
- 3 -
Monarquianismo y
subordinacionismo
El monarquianismo decía que hay
en Dios una sola Persona.
El monarquianismo afrma la existencia de
una única Persona: el Padre. Según ellos,
no existe la pluralidad de personas en Dios,
porque Dios es Uno, y defender lo contrario
supondría incurrir en el politeísmo.
No hay más que dos caminos para negar la
pluralidad de personas:
o negar que Cristo sea
verdaderamente Dios,
o negar que sea un ser subsistente
realmente distinto del Padre.
Los monarquianos eligieron este
segundo camino.
Los monarquianos decían que las tres
personas divinas no eran otra cosa que tres
formas distintas de manifestarse Dios.
El subordinacionismo dice que
el Hijo es inferior al Padre: es un
“dios” de segunda categoría
El subordinacionismo, afrma que el Hijo es
inferior y subordinado ontológicamente (es
decir, en el orden del ser) al Padre.
En un comienzo el subordinacionismo
fue sólo una tendencia que
consideraba al Hijo inferior al
Padre, o una forma inadecuada de
expresar la relación del Hijo con el
Padre (motivada por el hecho de que
el Hijo es la segunda persona de la
Santísima Trinidad).
En el siglo IV se radicalizó
totalmente, hasta el punto de
considerar a Jesucristo como un Dios




de segundo orden o, mejor, como la
primera de las criaturas.
El arrianismo
Para Arrio, el Verbo no es Dios,
sino la primera y más importante
de las criaturas. Es el caso más
extremo de subordinacionismo.
La fgura de Arrio, muerto en 336 d.C., centró
el gran debate teológico en torno a la divinidad
del Verbo que desembocó en el Concilio de
Nicea.
Con Arrio se alcanzó la formulación extrema
del subordinacionismo, según la cual el
Verbo es una cosa hecha por el Padre, una
criatura.
Para afrmar esto, Arrio se apoyaba en
distintas frases de la Escritura como El Padre
es mayor que yo (Jn 14, 28), o en la aplicación
al Logos de los textos veterotestamentarios
concernientes a la Sabiduría: Desde el
principio y antes de los siglos me creó (Si 24,
14).
Arrio no entendió que el orden
interno de la Trinidad no
signifca ni prioridad temporal, ni
subordinación en el terreno del ser
Lo que Arrio no entendió es que, aunque
afrmar que el Padre es fuente y origen de toda
la Trinidad equivale a afrmar la existencia de
un orden dentro de Dios (al ser el Padre la
fuente de la divinidad del Hijo y del Espíritu
Santo), este orden interno de la Trinidad —
que se deriva del orden en la procedencia—
no signifca ni prioridad temporal, ni una
subordinación en el terreno del ser.
El Hijo es igual al Padre en todo, pues es
Dios de Dios. Negar esto equivaldría a negar
su perfecta fliación y, en consecuencia,
equivaldría a negar la perfecta paternidad del
Padre. Esto es lo que le sucede a Arrio.
Arguments - Jesucristo
- 4 -
El Concilio I de Nicea (a.
325)
El documento más importante es
el Símbolo de Nicea, donde se
profesa explícitamente la fe en la
perfecta divinidad del Verbo
El Concilio I de Nicea facilitó el auge y el
desarrollo de la cristología. Su documento
más importante fue el llamado Símbolo de
Nicea , en el cual se profesa explícitamente
la fe en la perfecta divinidad del Verbo,
es decir, en su consustancialidad con el
Padre.
Proclama así que el Hijo no es
algo hecho por el Padre, sino una
comunicación del propio ser del
Padre por modo de generación
En vista de los subterfugios de Arrio para
negar la perfecta divinidad del Hijo, los
Padres de Nicea decidieron incluir una
glosa de suma importancia: “es decir, de
la esencia (ousía) del Padre”.
Se proclama así en forma inequívoca que
el Hijo no es algo hecho por el Padre, sino
una comunicación del propio ser (ousía)
del Padre por modo de generación.
La expresión engendrado ha de tomarse
en toda su radicalidad: como una
generación en la que el Padre “entrega”
verdaderamente su propia sustancia al
Hijo. No es una generación por gracia,
sino una generación por naturaleza.
Precisamente porque el Padre entrega al
Hijo su propia sustancia al engendrarle, es
necesario decir que el Hijo tiene la misma
sustancia que el Padre (es consustancial,
homousios).
El apolinarismo
Según Apolinar de Laodicea, el
Verbo se une a la Humanidad de
Jesús haciendo las veces del alma:
Cristo no tendría alma humana ni
libertad humana
Apolinar de Laodicea (fallecido antes del
392) luchó contra Arrio en el tema de la
Trinidad de Dios, aunque se le acercó en
el terreno cristológico, pues consideraba
que el cuerpo de Cristo fue un cuerpo
celestial. Defendió la perfecta divinidad
del Verbo, pero afrmó que el Verbo se une
con la humanidad de Cristo haciendo las
veces de alma.
Apolinar defende, pues, la unidad de
Cristo, a base de “lesionar” su humanidad.
Al hacerlo, planteó por primera vez y de
forma directa la cuestión que afecta más
propiamente a la cristología: ¿cómo dos
naturalezas perfectas y completas, la
naturaleza divina y la humana, pueden
unirse en Cristo tan íntimamente como
para constituir un único y mismo Cristo,
una sola persona?
Nace aquí un debate teológico y una
profundización en el ser y en el obrar de
Cristo, que ocupará a los Padres de la
Iglesia desde el siglo IV hasta el siglo VII.
El apolinarismo subvertía toda
la fe en la redención, porque, sin
libertad humana, Cristo no puede
obedecer
Es verdad que se dice en la Biblia que
el Verbo se hizo carne (Cf Jn 1, 14), y
es verdad que la teología anterior había
utilizado el término encarnación para
referirse al hecho de que el Verbo se
hizo hombre. Pero esa teología usó con
frecuencia dicho término precisamente
para evitar los peligros del docetismo.
Nunca se utilizó para designar una carne
Arguments - Jesucristo
- 5 -
carente de espíritu humano, para decir
que, por la encarnación, el Verbo hacía en
Cristo lo que hace el alma en los demás
hombres.
La cristología de Apolinar, al negar
que Cristo tenga una humanidad
completa, le quita cualquier capacidad
de elegir y de amar, con lo cual también
desaparece la capacidad de obedecer
y, consiguientemente, la capacidad
de salvarnos por medio de su ofrenda
sacerdotal (que, como tal ofrenda, tenía
que ser libre con libertad humana). Así lo
vio, por ejemplo, San Gregorio de Nisa.
3. CRISTO: UNA SOLA
PERSONA
La unicidad de Persona en Cristo
es la cuestión central de la
Cristología
Al terminar el siglo IV, toda la teología era
consciente de la necesidad de mantener
frmemente la integridad de las dos
naturalezas en Cristo.
El Concilio de Nicea había puesto de relieve
la unidad de Cristo y la perfecta divinidad
del Verbo; el rechazo del apolinarismo había
subrayado que la unidad de Cristo incluía una
humanidad completa.
Por esa razón, a Santa María, que
engendra la naturaleza humana
de Cristo, se le llama Theotokos,
Madre de Dios
Con la afrmación de la doble naturaleza
de Cristo se habían clarifcado puntos
importantes del misterio de la encarnación.
Quedaba aún hablar de la maternidad de
Santa María, a la que se llamaba ya Madre
de Dios, Theotokos.
Nestorio rechazó que se le pueda llamar
Theotokos, Madre de Dios, mientras que San
Cirilo de Alejandría entendía que la afrmación
de que Santa María es verdaderamente
Madre de Dios pertenece a la fe cristiana. Así
lo proclamará solemnemente el Concilio de
Éfeso.
La crisis nestoriana y el
Concilio de Éfeso
Según Nestorio, hay en Cristo
dos naturalezas perfectas, pero
sólo unidas moralmente (no
físicamente)
Desde que en 428 Nestorio fuera elevado a
la sede de Constantinopla, actuó duramente
contra contra arrianos y apolinaristas. En esta
lucha, se esforzó por que en ningún momento
se pudiesen confundir en Cristo la naturaleza
humana y la divina.
Sin embargo, Nestorio empleó un lenguaje
con el que daba a entender que en Cristo
había dos sujetos: el sujeto humano y
el sujeto divino, unidos entre sí por un
vínculo moral, es decir, por una acuerdo de
voluntades, pero no unidos físicamente.
En consecuencia, propiamente
hablando, Santa María sería Madre
de Cristo, pero no Madre de Dios
En consecuencia, rechazaba que se le
pudiera dar a Santa María el título de
Theotokos (Madre de Dios) más que en
sentido oblicuo: según Nestorio, Santa María
sólo sería Christotokos, Madre de Cristo, el
cual está unido al Verbo moralmente, sólo por
el acuerdo de las voluntades .
El rechazo a Nestorio fue inmediato, sobre
todo por su negación de la maternidad
divina de Santa María. San Cirilo fue su más
importante objetor. Tras recibir las primeras
noticias de la enseñanza de Nestorio, en el
Arguments - Jesucristo
- 6 -
año 429, tomó la iniciativa en la defensa de la
Theotokos. Nestorio y San Cirilo se enviaron
tres cartas,, el primero defendiendo su tesis
de la Virgen María como Cristotokos, y San
Cirilo apoyando la de Theotokos.
El Concilio de Éfeso defende la
unicidad de persona en Cristo
y defne que Santa María es
Theotókos, Madre de Dios
El Concilio de Éfeso no diseñó una nueva
fórmula dogmática. Los Padres conciliares se
limitaron a leer dos cartas:
la segunda carta de Cirilo a Nestorio,
que se aprueba solemnemente y
que, por tanto, pasa a ser la doctrina
ofcial del Concilio,
y la respuesta de Nestorio a esta
carta, que es condenada y que, por
lo tanto, contiene lo que el Concilio
rechaza.
La encarnación no es una
metamórfosis de lo divino en lo
humano, sino una unión entre lo
divino y lo humano
Según la doctrina del Concilio de Éfeso, el
Verbo ha tomado una naturaleza humana
completa, es decir, el alma y cuerpo. El
“descenso” del Verbo tuvo lugar sin que
hubiese mutación en su naturaleza. La
encarnación no es, pues, una metamórfosis
de lo divino en lo humano, sino una “inefable
e inexpresable” unión entre lo divino y lo
humano, una unión tan íntima y física que
permite apropiar al Verbo los acontecimientos
de la vida de Jesús.
Cirilo marca también su distancia de
Nestorio:
al subrayar el hecho de que el Verbo
no se ha unido al prósopon de un
hombre -no ha asumido una persona



humana-, sino una naturaleza
humana completa.
e insistir en que la unión no ha de
entenderse como una unión moral
de dos sujetos, sino como una unión
física de la que resulta una sola
persona.
Es decir rechaza, por una parte, que esa
unión pueda entenderse como una simple
“inhabitación o conjunción” de lo divino en lo
humano, y, por otra, rechaza también que se
pueda entender en forma apolinarista, como
si lo divino absorbiese a lo humano.
La unión no suprime la diferencia existente
entre las naturalezas, pero tampoco mantiene
yuxtapuestas a esas naturalezas, es decir, no
se puede hablar de “un hombre que coexiste
junto con el Verbo”
Santa María, Madre de Dios
Santa María es Madre de Dios,
porque engendra la naturaleza
humana del Verbo, y las relaciones
de maternidad y fliación son
relaciones de las personas
Lo que más se recuerda del Concilio de
Éfeso es su defnición de que Santa María es
verdadera Madre de Dios, Theotokos, tal y
como exigía la segunda Carta de San Cirilo a
Nestorio, aclamada por el Concilio de Éfeso.
Santa María es Madre de Dios en sentido
estricto, porque las relaciones de maternidad
y fliación son relaciones de las personas y no
de las naturalezas.
La persona del Verbo es hija
de Santa María al haber sido

Arguments - Jesucristo
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engendrada por ella en su
naturaleza humana
La Persona del Verbo, en su naturaleza
humana, recibe una nueva generación y un
nuevo nacimiento de Santa María. Existen,
pues, en el Verbo dos fliaciones naturales:
la filiación natural al Padre, del cual
es Hijo en cuanto a su naturaleza
divina;
la fliación natural a su Madre, de la
cual es hijo en cuanto a su naturaleza
humana..
4. UNIÓN Y DISTINCIÓN
ENTRE LA HUMANIDAD Y
LA DIVINIDAD DE JESÚS
Afrmar que en Cristo hay una
sola Persona no signifca que
su naturaleza humana haya sido
“absorbida” por la divina
En el Concilio de Éfeso se había insistido en
que, en Cristo, la unión de ambas naturalezas
es una unión física y tiene lugar según la
hipóstasis.
Las expresiones unión hipostática o unión
según la hipóstasis se utilizan para signifcar
que, en Cristo, la naturaleza humana y la
naturaleza divina están unidas en la hipóstasis
del Verbo, es decir, en la Persona del Verbo.
Se dice con esto que la unión de ambas
no tiene lugar en las naturalezas (las dos
naturalezas no se mezclan), sino en un
elemento distinto de ellas: en la persona.
Fe en la encarnación del Verbo:
perfecto hombre, con cuerpo
humano, inteligencia humana,


voluntad humana, libertad humana,
operaciones humanas
Se trata de la unión más íntima que puede
darse: el Verbo toma sobre sí la carne
humana con una unión tan estrecha que los
hechos y padecimientos de Cristo son en
realidad hechos y pasiones del Verbo. Por
esta razón se ha dicho en Éfeso que Santa
María es Madre de Dios.
Muchos “ultracirilianos” argumentaban que
hablar de la permanencia en Cristo de las dos
naturalezas después de la unión hipostática era
acercarse peligrosamente al nestorianismo.
Admitían que Cristo está compuesto de dos
naturalezas, pero se negaban a aceptar que,
tras la unión hipostática, el Verbo siguiese
subsistiendo en dos naturalezas. Esto
equivalía a decir que en Cristo sólo hay una
naturaleza. La naturaleza humana habría
sido absorbida por la divina. De ahí que se
les califcase con el nombre de monofsitas.
Los monofsitas
Los monofsitas afrman que en
Cristo sólo existe la naturaleza
divina
Existen distintas formas de monofsismo:
un tipo de monofsismo considera
que la naturaleza humana, al
ser asumida por el Verbo, resultó
absorbida por la naturaleza
divina;
otro tipo de monofsismo plantea la
unión entre lo humano y lo divino en
Cristo como si de esa unión hubiese
resultado una nueva y especial
naturaleza divino-humana,
exclusiva de Cristo: Cristo, en lo
humano, no sería igual a nosotros,
y tampoco sería igual al Padre en lo
divino.


Arguments - Jesucristo
- 8 -
La posición de Apolinar de Laodicea se suele
considerar también como una variante del
monofsismo: consideraba que la unión entre
lo humano y lo divino tiene lugar porque
la divinidad entra en composición con el
cuerpo de Cristo, desempeñando en éste las
funciones del alma espiritual. En cualquier
caso, el resultado sería, pues, una sola
naturaleza.
Este es el monofsismo que
defende Eutiques
Lo cierto es que la terminología que había
empleado San Cirilo no era aún muy precisa.
Hay textos cirilianos en los que se aprecia
un claro monofsismo verbal. Algunas de sus
expresiones, que en el conjunto de su posición
son claras, sacadas fuera de su contexto
podían entenderse en forma monofsita, que
fue justamente lo que hizo Eutiques .
El monofsismo que tiene delante el Concilio
de Calcedonia (año 451) es el de Eutiques.
Su monofsismo afrma que Cristo es una
Persona de dos naturalezas, pero que por la
unión que hay entre ambas ya no subsiste
más que una sola naturaleza: la naturaleza
divina. La naturaleza humana habría quedado
absorbida en la divina.
A este monofsismo de Eutiques
responde la Carta del Papa León
Magno a Flaviano (Tomus ad
Flavianum)
Una sola naturaleza después de la unión.
He aquí toda la cristología de Eutiques.
La consecuencia es obvia: la carne de Cristo
ya no es consustancial a la nuestra, sino
que ha sido transformada en algo distinto. El
documento clave tanto de esta controversia
como del Concilio de Calcedonia es una carta
de San León Magno al arzobispo Flaviano , a
la que se adhieren los Padres conciliares
.
El Concilio de Calcedonia (a.
451)
Fue el concilio más numeroso de la
antigüedad
Fue el concilio más numeroso de la antigüedad.
Iniciado el 8 de octubre de 451, este concilio
se dio por concluido el 31 de ese mismo mes.
Una semana antes se había sancionado
defnitivamente la fórmula de fe.
La defnición cristológica de la fe establecida
por este Concilio es de primordial
importancia en la cristología.
La defnición conciliar confesa su
fe en “un solo Hijo, nuestro Señor
Jesucristo”, el cual es perfecto
Dios y perfecto hombre
Desde el punto de vista literario, el Documento
puede dividirse en tres partes:
El preámbulo insiste en que es
necesario mantener la fe defnida
por los concilios de Nicea y
Constantinopla, que son citados
extensamente.
La exposición de los errores,
tipifca a los nestorianos y a los
eutiquianos.
La defnición conciliar propiamente
dicha confesa la fe en “un solo Hijo,
nuestro Señor Jesucristo”, el cual
es perfecto Dios y perfecto hombre.
Es una afrmación que se repite de
diversas formas buscando dejar claro
que confesamos a “un solo Cristo en
dos naturalezas”, que se encuentran
unidas “sin confusión, sin mutación,
sin división, sin separación” de forma
que constituyen una sola persona,
pues Cristo no está dividido



Arguments - Jesucristo
- 9 -
5. EL MONOTELISMO
Y EL III CONCILIO DE
CONSTANTINOPLA (a. 681)
Tras el Concilio de Calcedonia, los
monofsitas insisten en su error,
reduciéndolo ahora a la cuestión
de la voluntad y de la operación de
Cristo
La cuestión de la unidad y diversidad en Cristo
se enfoca desde una nueva perspectiva a raíz
de la herejía monoteleta, según la cual habría
en Cristo una sola voluntad . La controversia
toma, pues, un giro hacia la subjetividad: se
pasa desde la perspectiva del ser de Cristo al
terreno de su forma de obrar.
El Concilio III de Constantinoplaaplica,
en el terreno de la operación, la
afrmación calcedonense de la
unicidad de persona y de la duplicidad
de naturalezas: hay dos naturalezas
perfectas, luego hay también dos
operaciones
Puntualiza, además, cómo es la
operación por la que el Hijo de Dios
ha salvado al hombre.
Uno de los temas centrales de esta
controversia es precisamente la agonía de
Jesús en el Huerto: cómo ha de entenderse
la oración no se haga mi voluntad, sino la
tuya (Mt 26, 39). ¿A qué voluntad se refere
nuestro Señor?
Según los monoteletas, aunque
en Cristo haya de hecho dos
naturalezas perfectas, en el
querer y en el actuar hay una sola
operación y una sola voluntad.
En el III Concilio de Constantinopla son
condenados, pues, el monoergismo y el
monotelismo, que defendan que en Cristo


hay una sola operación (enérgeia) o una sola
voluntad (thélema).
Voluntad humana y voluntad
divina en Jesucristo
(diapositiva 2)
En Cristo hay verdadera voluntad
humana y verdadera libertad
humana, siempre en armónico
y libre acuerdo con la voluntad
divina
En el año 634, Sergio, patriarca de
Constantinopla, escribió al Papa Honorio para
comunicarle la existencia de una controversia
originada en torno a si hay en Cristo una o dos
energías. También le comunicaba la decisión
que había tomado de prohibir que se hablara
de una o de dos energías en Cristo. Defendía
su decisión argumentando que había sido
tomada “para no difcultar a los disidentes (los
monofsitas) el camino de vuelta”.
Sergio plantea la cuestión con una gran
habilidad y con un claro sofsma.
La habilidad consiste en insinuar
que se trata de una más de las
interminables discusiones orientales
en cuestión terminológica;
el sofsma consiste en dar a
entender que de la existencia de
dos actividades en Cristo se seguiría
necesariamente la existencia de dos
voluntades contrarias entre sí. Y
para evitar esta posibilidad, insinúa
Sergio, lo mejor es “mutilar” la
voluntad humana de Cristo, impedir
que pueda elegir libremente.
Pero esto equivale a quitar a la humanidad
de Cristo toda capacidad de decisión propia
y, por lo tanto, toda capacidad de obedecer
libremente al Padre. En consecuencia, la
salvación realizada por Cristo no sería ya el


Arguments - Jesucristo
- 10 -
fruto de un acto verdaderamente humano, sino
la acción del Verbo cumplida mecánicamente
por la naturaleza humana del Señor.
El Concilio III de Constantinopla (a.
681) condena el monotelismo
El rechazo del monotelismo encuentra su
máximo exponente en la defnición del
Concilio III de Constantinopla (a. 681)Para
mostrar su continuidad con los cinco concilios
ecuménicos anteriores, Constantinopla III
inserta en su defnición el Símbolo de Nicea
y Constantinopla y se remite explícitamente
al Concilio de Calcedonia, insistiendo en
que hay dos naturalezas perfectas en Cristo.
El Concilio III de Constantinopla puntualiza
que estas dos naturalezas están vivas y
operantes, de forma que actúan íntimamente
unidas, pero sin confusión entre ellas.
El ser y el actuar de Cristo han de
entenderse, pues, como un acorde
perfecto entre las dos naturalezas,
también en lo que concierne a sus
respectivas operaciones.
Ambas operaciones son naturales
en cuanto que corresponden a
las naturalezas en las cuales es y
subsiste Cristo.
Una verdad claramente expresada en
la Escritura
Constantinopla III tiene muy presente la
Sagrada Escritura. En ella se dice con claridad
e insistencia que, al encarnarse, el Verbo
ha tomado sobre sí todo lo humano menos
el pecado (Hb 4, 15): la noble actividad de
la voluntad humana en toda su verdad (con
las naturales limitaciones propias de toda
criatura); y la grandeza propia de lo humano,
esto es, la capacidad de ofrecer la propia vida
como sacrifcio.
Como siglos más tarde recoge el Concilio
Vaticano II citando expresamente el III de
Constantinopla, el Verbo de Dios hecho
hombre “trabajó con manos de hombre, pensó


con inteligencia de hombre, obró con voluntad
de hombre, amó con corazón de hombre”. Y
con este amor consiguió nuestra salvación.

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