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Trbol, diamante, corazn y pica: novelas cortas y cuentos Por Toms Borrs.

Madrid, 1964 EL GRAN PECADOR En la aldea respetaban la legendaria costumbre: todos los aos, por San Miguel, se reunan los vecinos en la plaza a las doce de la noche. Alguno, subido en el rollo, declarbase con gritos y lgrimas el mayor pecador del pueblo. Le ponan, pues, un saco de lana basta y, aadidas unas monedas, el penitente peregrinaba a Roma para purificarse. As la bondad era luz de los fieles ; el temor de obligarse a descubrir su culpa les alentaba a apartarse del mal. Los purificados no reincidan y los an no confesos de pecadores emulaban su dulce herosmo. El da de la confesin ante los hermanos en Dios era zozobra de todos, encerrados en sus casas para examen de conciencia. El temor de haber cado ms bajo que los convecinos y tener que exhibir su mancha moral pona sudores de miedo en su alma. Para no pasar por el congojoso trance, obedecan la Ley de lo Alto, y la vida en la aldea era de paz y amor, escasa de conculcaciones. No podan evitar la propia acusacin, pues al anochecer el alcalde encenda fuego en el rollo, pedestal de los contritos, y sobre el fuego colocaba una olla llena de agua. El agua herva a las doce de la noche, en el punto en que cesaba el patrocinio del arcngel, relevado en el calendario por San Jernimo. Y era sabido que si el agua continuaba hirviendo tranquila, el reo voluntario era con certeza quien deba responder de la culpa ms negra del ao. Pero si entre los moradores de la aldea disimulbase alguno con ofensa superior a la del declarado, el agua, borboteante, rebosaba la olla, sala en reguerillo hacia quien call por ocultar su desliz y, escaldndole, le constrea a dar testimonio contra s. El saco de lana le era ceido, y apoyndose en el bculo iniciaba el camino de Roma para expiacin y salud.